Destino oculto

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Adaptación de un relato del autor de ciencia ficción Philip K. Dick a cargo del guionista de El caso Bourne (que aquí ejerce de director) y del mismo protagonista de dicho film, el recientemente atocinado Matt Damon. Gira en torno a uno de los temas recurrentes de dicho escritor y de una parte apreciable del cine que nos llega de Hollywood durante los últimos años: la verdadera naturaleza de la realidad. Sigue por tanto la estela entre la filosofía ontológica y el delirio paranoico de películas como El Show de Truman, Matrix, Dark City, Origen… pero sin estar a la altura de ninguna de ellas.

En este caso el protagonista es un joven congresista que, apenas se inicia la historia, descubre un poder oculto que controla no sólo su destino sino el del conjunto de la Humanidad. Pues bien, ¿qué hace tras ser iniciado en semejante misterio? ¿Cuál es su primera reacción tras asistir a la revelación más extraordinaria a la que un ser humano pudiera enfrentarse jamás?… Pedirle a ese ente secreto el número de teléfono de una chica que ha conocido previamente y que le ha gustado. Para qué andar atormentándose con dudas existenciales.

Tras ese insulso comienzo la intriga se va desarrollando (por decir algo) y se van proporcionando al espectador las premisas que rigen esa realidad oculta tras el mundo platónico de apariencias en el que vivimos. Y hace bien en permanecer oculta porque, francamente, qué coñazo de sitio (con perdón). Nada de ejércitos de robots que atacan ciudades subterráneas ni gigantescas cúpulas que cobijen un despiadado experimento televisivo seguido con avidez en todo el planeta, sino algo bastante más prosaico y que dejaremos que descubra el incauto lector que quiera ver Destino oculto pese a nuestras advertencias.

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