Raúl del Pozo: cruzado de prosa y presente

Publicado por

La historia de un país, quizá la literaria, se escribe en el tacto áspero y malo de una hoja de periódico. Por encima de modas, el presente se agria en su vocación de tedio y se huele en la contraportada de la prensa: con esencia de sobaco, con sobeo de barra. Las mordidas al día, el regate lírico a un consejo —coñazo— de ministros mas las calzas de una infanta, un infante o un ducado en quiebra moral, conforman el engranaje último del columnismo: modalidad de nuevo periodismo surgido, por ventura, en este confín de Europa donde champiñonean con frecuencia muy de milagro estos vástagos de Quevedo.

Raúl del Pozo vela a dos columnas y en días laborables por el caudal del lenguaje, por comunicar con poesía el brillo de la rue, cohabitada de parias bienolientes y enchaquetados esnobs o puteros con másters.  Escudriña Raúl siempre vigilante los secretos del Congreso de los Diputados, muy pleno de personalismos burros, y de pasos perdidos y de otras hierbas con poltrona. Venido a Madrid desde la cercana Cuenca a por la gloria o a por una exclusiva, como quien caza pajaritos en las parameras conquenses, en sus ojos nobles se asoman la noche y la historia en sintaxis torrencial, rugiente y verdadera. Se comía Barajas cuando reporter en busca de historias y mitos con curvas, y reposaba su palabrismo de urgencias en el edificio de Pueblo, próximo a los milagros del moreno de Medinaceli, entre el tráfago de los naipes y desfile de gatos nocherniegos. Enfermo de gabardina y de luna. 

Viste impecable, clava sus ojos en los del interlocutor con un brillo golfo, y uno, claro, se desnuda y le cuenta sus fracasos amatorios o las frustraciones de este género en el que matamos diariamente, lo dijo Umbral, un soneto o una novela. A quienes llegamos a la capital desde la puteada provincia nos acoge paternal, nos resguarda en su capote de amistad, nos da lo caliente de la vida y le vemos refulgir en su parla un agradecimiento, secreto, por devolverle, tantos años después, al foro lo que es del foro.

— A comerte Madrid, Nieto.

Raúl del Pozo, el tito Raúl para Montero Glez, la felicidad de viernes para Eduardo Martínez Rico, cabalga napoleónico entre las trincheras digitales: por no perder frescura y trending topics. Después supera a uno, mamado de marrachadas 2.0, en conocimientos de la Red y sus afluentes. Y tras el vuelo rasante por lo digital, su conversar vuelve a la metáfora, la risa, la coña marinera y los sueños compartidos en esto de que el papel aguante, por lo menos, a mi primera boda.  Su prosa no hereda sino que, por suerte, comparte, homenajea con mérito, la geometría espacial y umbraliana de Los placeres y los días.

Umbral y Raúl Del Pozo: referidos mutuamente en sus tintas, ambos distintos y similares. Cruzados en un Jerusalén perdido: que el periodismo, la literatura del pueblo que pasó las cuatro reglas, no se degenere entre análisis políticos de pena y los chocheos doctrinales y plomo de los mamporreros.

El periodismo de siempre descansa en su literatura y su humildad; recostado, a la manera del doncel de Sigüenza, en la genialidad incesante de la columna.

— A comerte Madrid, Nieto.

Claro que sí, maestro, padrino. 

 

La tabla de precios no existe. Por favor, revisa tu shortcode.

One Comment

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.