Tony Soprano Vs Vito Corleone


Cuando Marlon Brando encarnó al arquetípico Vito Corleone en El Padrino, daba la impresión de que ningún otro mafioso de ficción podría jamás dejar una huella comparable en el imaginario colectivo: Don Vito era el arquetipo definitivo de jefe de la Cosa Nostra, el molde por el que se terminarían cortando los personajes similares que surgieron más tarde. Pero bastantes años después, para sorpresa de todos —en primer lugar, para sorpresa de él mismo— el hasta entonces poco conocido actor secundario James Gandolfini consiguió lo impensable. En la serie de televisión Los Soprano se metió en la piel un jefe mafioso bastante distinto a Vito Corleone, y en ciertos aspectos más realista, con el que consiguió construirr un nuevo arquetipo de jefe mafioso cuyo peso no desmerece demasiado de aquel que encarnó Brando. Pero imaginemos que estos dos mafiosos de ficción tuviesen que enfrentarse cara a cara en la vida real, que cada uno de ellos dirigiese una organización criminal en el mismo lugar y en la misma época: ¿Se llevarían bien?¿Qué tan distintos son entre sí? ¿Cómo viven el uno y el otro los diversos aspectos de la vida?

Por qué están en la Mafia: Para Vito Corleone, los inicios en el mundo del crimen fueron una manera de proporcionar bienestar y seguridad económica a su familia. Vito poseía una ambición que había permanecido dormida durante parte de su juventud, cuando trabajaba en una tienda de ultramarinos, cuyo dueño lo había recogido siendo apenas un niño. Mientras pudo dar de comer a su esposa y sus hijos con aquel trabajo, Vito Corleone fue un individuo honrado. Pero al perder ese trabajo —a causa precisamente de la presión de un gangster, Don Fanucci, sobre el dueño de la tienda— tuvo que enfrentarse a la pobreza y decidió que haría cualquier cosa, legal o ilegal, con tal de huir de ella. Descubrió que se podía ganar mucho más dinero mediante la violencia o la simple amenaza que con un trabajo honrado. Creó una organización mafiosa propia y terminó convirtiéndose en un hombre muy rico, pero la protección de su familia nunca dejó de ser su motivación básica. Tony Soprano, en cambio, entró en la Mafia por mera inercia dinástica, en una organización ya creada en la que su padre había ocupado un lugar destacado. Tony asciende en la Mafia gracias a sus cualidades de liderazgo, pero su motivación fundamental no está tan definida como la de Don Vito. Mientras que para Corleone la Mafia es un soporte que sustenta a la familia y está dispuesto a cargar sin queja alguna con las responsabilidades y presiones de su posición, para Tony Soprano la Mafia es simplemente un modo de vida sobrevenido, al que ha tenido que adaptarse lo quisiera o no. Un modo de vida que le proporciona diversos placeres con facilidad, pero que también le realiza exigencias para las que no siempre está preparado.

Liderazgo: Vito Corleone lo tiene claro. Para que sus hombres le sean fieles, ha de pagarles un mejor salario del que les pagarían sus enemigos. Don Vito confía en muy pocas personas, generalmente miembros de su familia o amigos de muchos años atrás, pero es muy escéptico con respecto al concepto de lealtad y no parece sorprendido ni siquiera cuando descubre que gente cercana ha conspirado contra él. Lo considera parte del juego y aunque no es exactamente un paranoico, tampoco se hace demasiados ilusiones con respecto a la capacidad de los individuos para hacer honor a la amistad y la observancia a unos vínculos y unos valores. Tony Soprano, en el fondo, sospecha algo parecido, pero no puede evitar querer creer en que la lealtad es posible, al menos entre algunas personas. Le gusta pensar que de él mana una autoridad natural y también que existen las amistades verdaderas. Las traiciones le duelen visiblemente, mientras que Don Vito las acepta resignadamente como un gaje del oficio. La forma en que Soprano ejerce su liderazgo sobre sus subordinados también es distinta: a menudo confunde el liderazgo con la capacidad de infundir miedo, mientras que para Corleone la mejor forma de ganarse la lealtad de un hombre no es asustándolo, sino comprándolo.

Para Tony Soprano, la delincuencia no es sólo una herramienta, sino todo un modo de vida.

Poder: Vito Corleone es jefe de una organización mucho más importante y voluminosa que la de Tony Soprano, y esto marca una enorme diferencia entre ellos o es, mejor dicho, producto de esa misma diferencia. Parte de la envergadura de la organización de Don Vito se debe a su época, claro, pero también al cuidado que pone en cultivar sus contactos en las altas esferas políticas, policiales, judiciales, etc. Vito Corleone evita presentarse ante las autoridades como el vulgar caudillo de una banda de matones y se esfuerza en proyectar la imagen de una especie de hombre de negocios sui generis que, más allá de sus actividades ilícitas, está dispuesto a aportar su granito de arena en el desarrollo de un sistema capitalista que favorezca a todos: al bando de la ley y al suyo propio. Para ello recurre a abogados y asesores como su hijo adoptivo, Tom Hagen, que le sirven para evitar —siempre que sea posible— la forma mafiosa de hacer las cosas y el famoso “haré una oferta que no podrán rechazar”. Vito Corleone, si tiene ocasión, intenta primero comprar y convencer; las amenazas son un último recurso. También hace un especial hincapié en el cultivo de negocios legales que le sirvan como tapadera y tarjeta de presentación ante los estamentos gubernamentales o judiciales, o incluso ante la propia prensa. Tony Soprano, en cambio, no tiene la capacidad, la infraestructura ni la personalidad indicadas para establecer ese tipo de contactos de alto nivel. Es un matón; inteligente, pero poco sofisticado. Aunque es también brillante a su manera, su mente funciona más al nivel de barriada que la de Vito Corleone y su visión del mundo es bastante más limitada. Además, con su carácter vehemente difícilmente podría desenvolverse en los entresijos del poder, donde la diplomacia y la imagen resultan fundamentales. Tony Soprano es la clase de individuo que despierta un respeto instantáneo en la calle, pero que no podría manejarse con naturalidad en los pasillos y despachos de alta alcurnia.

Dinero: Como decíamos, el establecimiento de inversiones legales es una de las principales preocupaciones de Vito Corleone. Ya cuando inicia su carrera mafiosa crea una empresa de importación de aceite a modo de tapadera y mecanismo de blanqueo de dinero. Su intención, como la de algunos jefes de la Cosa Nostra reales de la época, era la de terminar instaurándose ante la opinión pública como un hombre respetable, un empresario y un emprendedor que ayuda a hacer patria. Tony Soprano, como buen mafioso, también recurre a empresas legales para obtener beneficios justificables y blanquear parte de su dinero. Pero hay una gran diferencia entre ambos jefes: Vito Corleone sabe que no puede guardar bolsas de plástico repletas de billetes en su jardín, porque en el caso de una redada lo tendría difícil para explicar el origen de ese dinero. Por ello, prefiere recurrir siempre a mecanismos convencionales para gestionar las ganancias de sus actividades criminales. Tony Soprano, en cambio, no puede evitar tener una visión más prosaica de los negocios. Necesita tener sus buenas cantidades de dinero en metálico físicamente en su poder, probablemente porque no sabe demasiado bien cómo obtener nuevos mecanismos de blanqueo distintos a los que su organización mafiosa ya manejaba de antemano. Mientras Vito Corleone ha tejido una red de mecanismos legales para intentar protegerse a él y a su fortuna, Tony Soprano —más en su línea callejera— piensa que en caso de emergencia sólo podrán salvarlo un puñado de billetes metidos en bolsas y algún que otro arma.

Mujeres: Para Don Vito, sólo existe una mujer, la suya. Pero, de acuerdo a la tradición siciliana de la que procede, su esposa tiene un papel secundario —por no decir absolutamente nulo— en sus negocios, y se ve completamente limitada al papel de madre y ama de casa. Para Don Vito el mundo es cosa de hombres y no existe ninguna fémina que tenga la más mínima influencia sobre él. Tony Soprano, en cambio, es un mujeriego empedernido. Aunque también se rige por los patrones machistas típicamente mafiosos, no puede evitar ser emocionalmente influido por diversas mujeres —por su madre, para empezar—y eso es algo que jamás le sucedería a don Vito.

Curtido en la soledad desde la infancia, Vito Corleone se resiste a mostrar sus sentimientos reales ante los demás.

Expresividad y emocionalidad: Durante su infancia en Sicilia, Vito Andolini vio cómo su familia era diezmada por la violencia mafiosa y llegó a contemplar con sus propios ojos el asesinato de su propia madre. Él mismo se libró por los pelos al salir corriendo entre tiros, escondiéndose con ayuda de algunos lugareños y embarcando hacia América en solitario. Un niño a quien ya no le quedaba nadie en el mundo. A su llegada a la isla de Ellis —lugar de recepción de los inmigrantes que llegaban a Estados Unidos por mar, donde para colmo le quitan legalmente el apellido de su familia y le pusieron como apellido el pueblo de procedencia, Corleone—, el pequeño Vito hubo de pasar un largo periodo de cuarentena encerrado a solas en una celda. Inmediatamente después se vio de repente en las calles de Nueva York, en un país extraño donde no conocía a nadie. Esta infancia traumática hizo que Vito desarrollase una auténtica coraza en torno a sí. Casi nunca le muestra sus sentimientos a nadie. Hay una barrera entre él y el mundo. En cambio, Tony Soprano no ha vivido ninguna de estas experiencias. Su relativamente cómoda infancia —si exceptuamos el sadismo encubierto de su madre— es más propia de cualquier niño norteamericano, y aunque le gustaría poseer esa misma coraza de Vito Corleone (el propio Tony se lamenta: “¿Dónde está Gary cooper? ¿Dónde está el hombre silencioso?”) lo cierto es que es un individuo a quien frecuentemente se le nota lo que siente, quizá más frecuentemente de lo que conviene a su posición.

Autocontrol: Tony Soprano comienza la serie visitando a una psiquiatra a causa de sus problemas de ansiedad, eso lo dice todo. Es propenso a angustiarse, es irascible, tiene un apetito incontenible y de vez en cuando pierde el control de una manera u otra. El dominio de sí mismo es su gran tarea pendiente. Vito Corleone, en cambio, es un hombre capaz de mantener una calculadora frialdad incluso en mitad de las situaciones más extremas… como el asesinato de su hijo, sin ir más lejos. Don Vito jamás levanta la voz, y la única vez que lo vemos hacerlo, cuando le pega una bofetada al cantante Johnny Fontane, nos damos cuenta de que en realidad Don Vito está actuando. Lo hace de manera calculada porque cree que la situación lo requiere, pero se trata de algo impostado y ficticio, y resulta más que patente el fastidio y el cansancio que le causa tener que recurrir a esas formas que no son las suyas. Vito Corleone cree firmemente que mostrar sus verdaderos sentimientos es una debilidad, y por nada del mundo se permitiría perder el control, algo que en su forma de ver las cosas equivale al más absoluto desastre.

Violencia: A Vito Corleone sólo lo vemos ejercer personalmente la violencia en dos ocasiones y en ambas lo hace de manera muy premeditada para obtener fines muy concretos. En una de esas ocasiones asesina a Don Fanucci —el hombre que le hizo perder su empleo— para hacerse con el control de los negocios del barrio y ya de paso, aunque no sea la motivación principal, como manera de vengarse. Vito dispara personalmente a Don Fanucci, pero porque aún no cuenta con esbirros de confianza que se hagan cargo del trabajo sucio por él. La segunda ocasión es cuando viaja a Sicilia y armado con un cuchillo destripa a Don Ciccio, el hombre que ordenó matar a toda su familia cuando Vito era sólo un niño, que hizo asesinar a su propia madre ante sus propios ojos y que apunto estuvo de asesinarlo a él también. Este segundo acto de violencia es una vendetta personal que Vito Corleone ha estado aguardando desde que se llamaba Vito Andolini y aunque para entonces ya dispone de hombres que podrían hacer ese trabajo por él, según su código vital le resulta necesario matar a Don Ciccio con sus propias manos. Ambos sucesos violentos tienen lugar en su juventud, pero más adelante Vito Corleone nunca se volverá a manchar las manos de sangre personalmente, porque sabe que no le conviene. Siempre que ha de ejercer violencia contra alguien, ya sea como advertencia o para quitarse a alguien de en medio, lo hace a través de otros, incluso de sus propios hijos. Además, esta vioencia casi siempre tiene un trasfondo estratégico, un carácter corporativo, “de negocios”. Vito Corleone no mata indiscriminadamente, mide muy buen sus ajustes de cuentas y venganzas y antepone el negocio a cualquier otra cosa. Tony Soprano, en cambio, es propenso a protagonizar actos violentos en primera persona, no pocas veces motivados simplemente por su temperamento explosivo. Sus arranques violentos, frecuentemente injustificados, y su propensión a la venganza furibunda no siempre están al servicio de la conveniencia de su organización. Suele utilizar la violencia como una forma de desahogar sus frustraciones, llegando a ejercerla incluso con algunos de sus subordinados sin motivo alguno. Aunque es un jefe inteligente y hasta cierto punto un buen estratega, su irascibilidad le pierde. Deja demasiados rastros de sangre tras de sí, algo que para un jefe mafioso —al menos en Estados Unidos— puede terminar convirtiéndose en un problema.

Los frecuentemente innecesarios italianismos al hablar le sirven a Tony Soprano para reforzar su propia imagen como mafioso, como una parte indisoluble del rol que desempeña en la vida.

Italia: Vito Corleone, como sabemos, es siciliano. Es más, aunque se marchó de la isla siendo un niño y creció en los Estados Unidos, lo hizo en un barrio repleto de inmigrantes italianos, de compatriotas, donde se seguía hablando italiano y se celebraban las fiestas típicas de Sicilia. Sin embargo no siente la necesidad de recordar constantemente sus raíces italianas. No hay en él ni rastro de chauvinismo latino y no se esfuerza en airear constantemente sus orígenes: para Don Vito, Sicilia es solamente un recuerdo de la infancia, y un recuerdo desagradable además. Vito Corleone ha crecido en América y ha asimilado América. Es un hombre adaptable, muy consciente de que para triunfar en Estados Unidos hay que transformarse en un perfecto americano. Él se siente americano, respeta ciertas tradiciones sicilianas pero lo hace sobre todo de cara a acontecimientos familiares y a ciertos aspectos de la organización mafiosa que requieren de cierto apego a esa tradición. Por lo demás, al Vito Corleone de los últimos años le queda bien poco de italiano, excepto los gustos gastronómicos y lógicamente su cerrado concepto de lo que es la familia. Tony Soprano, en cambio, ha nacido y crecido en New Jersey, para él Sicilia es solamente la patria de sus abuelos, una tierra mitológica de la que emana la tradición mafiosa que él sólo conoce por herencia, de segunda mano, y en versión americanizada. Quizá precisamente por no ser italiano de nacimiento, trata de acentuar sus orígenes familiares; utiliza constantemente italianismos al hablar y suele escudarse detrás de constantes referencias étnicas, aunque de una manera bastante postiza. Es un chauvinismo quizá comprensible en un hombre que ha heredado conceptos de la tradición de un país que no conoce, porque Tony Soprano es, lo quiera o no, un perfecto estadounidense. Heredero de un conjunto de ritos tanto familiares como criminales cuyo significado, en el fondo, no comprende completamente, se ve obligado —como muchos de sus colegas italoamericanos— a exagerar los rasgos italianizantes de su conducta, con tal de distinguirse del estadounidense medio.

Tradición mafiosa: Para Vito Corleone, la tradición es una herramienta más a su alcance, un conjunto de reglas que marcan, acertadamente o no, cómo debe organizar y dónde debe limitar sus negocios. Tanto desde un punto de vista instrumental como desde un punto de vista “moral”, la tradición es para Don Vito un contexto seguro en el que moverse. Obviamente no se adhiere un 100% a la tradición siciliana, porque algo así es imposible de aplicar en otro país y otra cultura, pero sí utiliza aquellos conceptos e ideales que, piensa él, le sirven para conferirle solidez a su organización. De hecho, algunos de sus valores mafiosos son cuestionados por las generaciones más jóvenes, y hay ocasiones en las que Don Vito es presa de ese tradicionalismo conservador e el que se siente ubicado y seguro. Para Tony Soprano, en cambio, la tradición mafiosa tiene un aura más esotérica e incluso folklórica. Como sucede con el resto de sus raíces italianas, ve la tradición mafiosa más como un símbolo que como un verdadero código de conducta. Es una manera de reforzar su identidad ante el mundo y justificar el papel que desempeña en un mundillo, el criminal, que es el único que ha conocido, pero cuyo origen no comprende verdaderamente.

Omertà: Don Vito, como buen mafioso siciliano, considera fundamental el silencio. Ya decíamos que es de carácter reservado e impenetrable, pero además respetar la “omertà” mafiosa es un principio instrumental inamovible para él. Sin silencio no hay Mafia. Tony Soprano, pese a su firme adhesión verbal a ese principio básico de la omertà, no puede evitar quebrantar tan básica ley al menos aparentemente, por ejemplo acudiendo a terapia psicológica, algo que él mismo sabe bien que está considerado como una falta grave en la Cosa Nostra. No siempre es capaz de ajustarse al ideal mafioso y sus vulnerabilidades humanas lo conducen a romper las reglas una y otra vez.

Don Vito Corleone considera que proyectar un aspecto respetable es útil para sus negocios y absolutamente necesario en un hombre de su posición.

Hijos: Vito Corleone ha levantado un imperio para el bienestar de su familia y considera natural que sus hijos —varones— terminen desempeñando, de un modo u otro, por lo legal o lo ilegal, un papel que ayude a mantener en pie su lucrativa organización. Su visión dinástica le lleva a considerar a sus hijos como sus herederos directos y, en principio, tiene pensado un papel a desempeñar para cada uno de ellos en el mantenimiento de su organización mafiosa. Su única hija, en cambio, queda relegada al papel de comparsa, como bien corresponde a su visión machista y arcaizante de la familia. Tony Soprano, sin embargo, tiene la intención de mantener a sus hijos alejados del mundillo mafioso. Los ha educado de una manera más convencional: mientras Don Vito “entrena” a sus retoños en los valores propios de la Mafia, Tony Soprano quiere que triunfen en un ámbito alejado del crimen y convertirlos en ciudadanos perfectamente normales ajenos a la tortuosa existencia del mafioso.

Imagen: Para Vito Corleone la respetabilidad lo es todo. Quizá porque sabe que el hecho de ser un inmigrante que, en un país donde no ha nacido, prospera ejerciendo el crimen, está sujeto a críticas y a ser visto por muchos como un sujeto especialmente indeseable. Don Vito responde proyectando la imagen más honorable de la que es capaz, como para contrarrestar todo aquello que sus actos puedan decir sobre él. Así que siempre se desenvuelve con diplomacia, viste con austera elegancia incluso ante su propia familia y sus maneras son invariablemente señoriales y apacibles. Siendo un hombre muy rico, evita cualquier ostentación innecesaria y toda su conducta pública está dirigida a modelar la figura de un exitoso empresario deseoso de formar parte integrante de la comunidad. Tony Soprano, en cambio, no siente esa necesidad de inspirar una venerable respetabilidad a toda costa. Proyecta una imagen muy distinta: viste de cualquier manera, se esfuerza más bien poco en aparentar ser algo que no es y con frecuencia incluso se comporta de forma abiertamente desordenada, aunque quizá se deba a que está menos expuesto a la atención del público que un jefe tan importante como Vito Corleone.

Estos son solamente algunos de los puntos en que Vito Corleone y Tony Soprano son diferentes entre sí. Obviamente se trata de personajes de ficción, pero ambos están modelados en torno a dos generaciones distintas de jefes mafiosos. Por hacer un ejercicio banal, y suponiendo que ambos dispusieran de la misma cantidad y naturaleza de recursos y de dos organizaciones igualmente poderosas, es fácil imaginar que Vito Corleone terminaría deshaciéndose de Tony Soprano con bastante facilidad si se hubiesen enfrentado durante los años cuarenta, cincuenta o sesenta. Justo la época en que la Cosa Nostra era más poderosa y recurría a resortes del poder político y policial de muy alto nivel, su frío sentido de la estrategia hubiese imperado frente a los arrebatos y las debilidades personales de Soprano. Por otra parte, alguien como Vito Corleone podría bien haber triunfado en cualquier otra profesión gracias a su tenacidad, su capacidad de sacrificio y su entereza, cualidades que no siempre están presentes en la caótica personalidad de Tony Soprano.

Más adelante, en cambio, el tradicionalismo de Corleone podría ser un freno para determinado tipo de negocios. Como el tráfico de drogas, un negocio muy, muy lucrativo al que algunos mafiosos de la vieja escuela se resistían a causa de las altas penas carcelarias que implicaba y lo fácil que resultaba seguir el rastro por parte de la policía, algo que temían pudiera favorecer el que los miembros de sus organizaciones terminasen colaborando con las autoridades si eran procesados (como así sucedió, de hecho, cuando se generalizó el tráfico de drogas en la Cosa Nostra). Esa mentalidad conservadora hubiese podido convertir a Vito Corleone, al menos a ojos de los mafiosos más jóvenes, en un peso muerto, en un dinosaurio a extinguir. A Tony Soprano no le hubiese costado encontrar aliados para derribarlo. Básicamente puede decirse que son personajes que retratan dos épocas en la historia reciente de los Estados Unidos, cada cual criado en un ecosistema distinto, con variables puntos fuertes y débiles. Sus respectivos temperamentos hablan, en realidad, de los profundos cambios que se han producido en la sociedad norteamericana. Valores diferentes, recursos diferentes, concepciones diferentes. Dos jefes mafiosos diferentes, pero dos personajes igualmente memorables.