Fran Guillén: El hechizo de Robben

Borussia Dortmund vs Bayern Munich

Decía el legendario entrenador de béisbol Tommy Lasorda que cuando empiezas a pensar en presión significa que has empezado a pensar en fracaso. Uno supone que a Robben hacía tiempo que le había venido la presión a la mente porque, a ojos de muchos, ya parecía un fracasado. Y es que, sin quererlo, la final entre Bayern y Borussia se convirtió en el primer exorcismo televisado a escala mundial. Como en las películas de serie B, en uno de los alaridos del holandés, de su garganta brotó la maldición, en forma de un vaho negro que se filtró hacia las alcantarillas de Londres.

Quedará para los restos la imagen de Robben galopando hacia la banda tras su gol, como la del niño extraviado en un supermercado, corriendo entre los carros de la compra hacia los brazos de su madre. Si me dicen que la suya estaba tras las vallas publicitarias, con su cometa favorita y un bocadillo de mortadela para merendar, no me quedaría más remedio que creérmelo. Yo pienso que, más que correr, huía. Había dejado a sus fantasmas ahí atrás, enmarañados, peleándose con ese balón obtuso que parecían querer empujar hacia afuera para así mantener vivo el encantamiento. Y él, claro, prefería tirar millas, como Cary Grant escapando del avión por el maizal.

Qué estigma el de Robben, cuyo talento tenía que salir de vez en cuando a la superficie a respirar, para no ahogarse sumergido entre tanta mufa. Lo único peor que la mala salud es la mala fama, dijo una vez García Márquez, y bien lo sabe Robben, al que casi entierran vivo entre ambas. Por eso el fútbol se alegró de que la providencia decidiera señalarle tras tantas noches errando la mano. No se había visto un duelista peor en momentos tensos y sin embargo, a trompicones de pura testarudez, terminó tocando tierra justo cuando muchos pensábamos que se nos ahogaba en la playa.

Ya no harán faltan distopías que dibujen a un Robben campeón de todo en un universo paralelo, en el que los mano a mano siempre entran y donde Heynckes gana una Champions y le piden que renueve. Robben ha huido de ese hechizo. Echó a correr hace una semana y todavía no ha parado.