Una educación inglesa

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Blackadder. Imagen: BBC.

Diez sitcoms británicas raras, nuevas, favoritas y/o terribles

Mi primer recuerdo consciente de una sitcom inglesa es de 1985, con Els joves (The Young Ones) de Ben Elton, que durante mi 1.º de BUP emitía TV3 en primicia nacional. Sumerjan la cosa en su adecuado contexto y manténganla allí, en remojo: antes de Els joves yo había visto a trompicones Un hombre en casa (y su secuela, Los Roper) en TVE, también la sensacional Caída y auge de Reginald Perrin, que no entendí (la emitieron en 1984, a mis trece años, y me perdí su lado cáustico). Quizás alguna más. Pero nadie me había avisado de que podía existir algo como The Young Ones. O, si lo hicieron, yo estaba demasiado ocupado examinando mi acneica tez como para prestar atención.

Aquel primer capítulo de The Young Ones me marcó. Lo pillé empezado, sin créditos de inicio. Mis padres, que sabían de mi reciente conversión a la anglofilia, me reclamaron en el salón, y me planté ante la TV justo cuando Vivyan (el punki) aparecía atravesando una pared con una pierna humana (ajena) en las manos. Sus compañeros televisivos de piso le exigían que se lavara las mismas antes de comer, así que Vivyan se dirigía —ostensiblemente pedo— al lavadero, lo destrozaba a patadas y realizaba sus abluciones con el superviviente chorrito de la pared. Su primera frase, ya sentado a la mesa, era (berreando): «VENGO DEL DEPÓSITO DE CADÁVERES». A mitad de capítulo anunciaban la aparición de un grupo musical, y eran… ¡Nine Below Zero! Una feroz banda mod de R&B, que arrancó a tocar por vía catódica su frenético «Eleven plus eleven».

Comprenderán que después de eso no cambiara de canal a Fortunata y Jacinta. Tenía yo catorce años, y Els joves parecía creada para nosotros, adolescentes hiperexcitados del uno al otro confín. Gracias a aquella TV3 (que debió hacerse con un paquete de oferta de la BBC, o algo), todo lo que vi por televisión a lo largo de los cuatro años siguientes fueron sitcoms inglesas, a cual mejor: Allo Allo, Black Adder, Bottom, Fawlty Towers, Red Dwarf… (aunque también la anodina Some mothers have’em).

Esa querencia se ha mantenido en lozano estado hasta hoy, a mis cuarenta y dos años. Casi todo lo que consigue interesarme aún son series cómicas inglesas. ¿Las americanas? Seinfeld parece confeccionada con algodón de azúcar, y Friends contiene más moralina sibilina que un panfleto salesiano. Las sitcoms inglesas, por el contrario, son antiautoritarias, soeces, irónicas y demenciales; y, por supuesto, extratronchantes. En ellas lo habitual es mancillar el statu quo y dibujarles cuernos a las estructuras de poder; algo que no se da en las series españolas, por cierto, siempre tan cautas en lo que respecta a meterse con la monarquía o la Constitución. Las sitcoms británicas ridiculizan al clero, la derecha, la intelectualidad, el arte con ínfulas, la creación solemne y la familia política. Se aplauden el humor surreal, el sarcasmo sutil, la escatología a porrillo y la temulencia como forma de vida (ver Black Books). El humor inglés televisivo es, en resumen, de lo mejor del siglo XX (y XXI), justo por debajo de la música pop.

Y por ello quiero presentarles hoy unas cuantas series que es posible que no conozcan. O sí. No sabría decirlo a ciencia cierta, porque no les conozco de nada y todavía no nos unen vínculos de afinidad. Es razonable suponer, asimismo, que no hayan visto esta ristra de producciones británicas, pues para ello tendrían que haber pasado cada minuto de los últimos diez años adheridos a una pantalla de TV hasta que existiese amenaza de desprendimiento retinal. Viendo la tele como si hubiesen anunciado DEFCON 2, y estuvieran a punto de señalar los puntos de evacuación civil.

Mi selección mezcla la recomendación con el grito de alarma. Algunas de ellas son certificables aberraciones emergidas de las mefíticas marmitas de Belcebú, pues los ingleses también meten la pata y producen arte excrementicio (como demuestra la existencia de Damien Hirst o Coldplay). No todo son novedades: incluyo Black Books, por ejemplo, porque continúa siendo semidesconocida para el serividente (término que acabo de acuñar) español. Siguiendo el mismo baremo, no toco The Office porque —pese a su genialidad— está más calcinada articulísticamente que el tubo de escape de mi Vespa 160.

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Mrs. Brown Boys. Imagen: BBC / BocPix / RTÉ.

1) Mrs. Brown Boys: Hay que ver Mrs. Brown Boys, aunque solo sea porque el periódico The Independent la declaró «peor serie de la historia», y el resto de robóticos críticos de la isla se unió al pogromo. Ver MBB es como enfrentarse a un zombi podridillo —pero bastante cómico en su desprendimiento de extremidades— emergiendo de una tumba cavada hacia 1973. Su humor es de un tipo que raramente se ve ya en la TV británica, y que se basa en chauvinismo demencial, estereotipos ofensivos a porrillo, tetas turgentes y gases posteriores, sutileza subcero, humor de esparto, bromas sobre termómetros rectales y abuelas achispadas, y cuyo protagonista es un garañón irlandés de cincuenta y siete años convenientemente ataviado de maruja pantuflera. ¿Recuerdan When the whistle blows, la rancia serie que Ricky Gervais parodiaba en Extras? Pues igualita. Y pese a ello, Mrs. Brown Boys hace alarde de un galáctico nivel de máxima audiencia, además de varios premios Bafta y el de mejor sitcom de los National Television Awards. Lo cierto es que la serie me hace reír contra mi voluntad, quizás porque soy de Sant Boi, un lugar donde siempre se ha celebrado el humor gordo, incorrecto y ocasionalmente punible por la ley. Imaginen Top Secret + una jota aragonesa de contenido X, y sabrán a qué atenerse. No apta para finolis.

2) House of Fools: Jamás conseguiré el pasaporte inglés, porque aquí donde me ven padezco una minusvalía: no me hacen ninguna gracia Vic & Bob (Vic Reeves y Bob Mortimer). Me recuerdan demasiado a los empleados de Caixa Catalunya de la esquina. Vic & Bob son… ¿Cómo decirlo? Dos tíos sin salero esforzándose titánicamente por ser tíos con salero. Sin éxito. Pero allí en UK, Vic & Bob son un tesoro nacional, y ay de aquel que no se carcajee. House of fools es una serie de humor «surrealista» y «loco», cuya premisa es: va ese fistro duodenal (Bob) y de repente la casa se le llena de invitados. El punto fuerte de la serie radica en la impudicia de los guiones, y el «qué leches pasará ahora» (pues puede suceder de todo, eso sí es cierto). Hace unos días vi un par de capítulos en casa de un amigacho inglés, en Greenwich, y no conseguí reírme ni una pizca, pese a que la vecina de al lado (en la serie) tenía de invitado a Bruce Willis (de mentira; pero incluso así, una idea potencialmente graciosa). House of Fools es locura por la propia locura, como en Hellzapoppin’. No hay centro ni eje ni arriba ni abajo, igual que en el budismo. Y cantan mucho.

3) The Wright Way: Un misterio más tocho que el de las pirámides egipcias o quién compra aún el Interviu es: ¿qué carajo le sucedió a Ben Elton? Prominente cómico stand-up anti-thatcherista durante el auge de la alternative comedy de los ochenta y artífice de la Mejor Serie de la HistoriaTm (Blackadder), además de la revolucionaria The Young Ones, suponemos que un día fue raptado por venusianos, clonado y sustituido por un memo populista, excretador del peor humor jamás visto, y responsable único de ese crimen contra la humanidad que es We will rock you, el musical sobre Freddie Mercury. Por no hablar de sus abismales best sellers, Popcorn o Dead famous. Ben Elton, sin embargo, no se rinde, y cada década regurgita sobre el desarmado y cautivo público inglés una desganada teleserie, realizada sin medios, chistes o esperanza. La presente es The Wright Way, defenestrada después de tan solo seis capítulos y despedazada a dentelladas por la crítica; esta vez con razón. The Wright way tiene menos gracia que un incendio en una guardería. El protagonista, empleado de Seguridad y Salud Laboral, declama más que Josep Maria Flotats, y su hija en la serie es lesbiana, lo que (oh, Dios santo) resulta ser un anacrónico motivo de chanza. El guión parece escrito a tres manos entre José Arévalo, un fulano en coma y Escrivá de Balaguer. Justo cuando la turba enfurecida se encaminaba hacia la BBC con antorchas, la cadena empezó a emitir Sherlock, apaciguando así los ánimos del respetable. Les fue de poco, esta vez.

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Black Books. Imagen: Channel 4.

4) Black Books: Mi serie favorita desde hace más de una década. Bernard Black es el iracundo, nihilista y borrachín protagonista, dueño de una librería de segunda mano, Black Books. Sus dos compañeros de correrías y odio sociópata son Fran (desafortunada en amores y aficionada a empinar el codo) y Manny (exoficinista renacido en jipi-friki, tampoco le hace ascos a un tintorro sulfúrico). ¿Cómo decirles? Me meo con Black Books. Vivo en Black Books. Incluso (esto es altamente desaconsejable) me identifico con ella. Sus personajes beben, juran, juran y beben y vuelven a beber. Mancillan a los clientes, se ríen del teatro, tienen la casa hecha una porqueriza, son patológicamente incapaces de encajar en el mundo de los guays. Black Books es «una forma de vida», como Quadrophenia. Si se hiciera algo así en nuestro país terminarían todos los responsables en la cárcel. En distintas cárceles, como presos políticos vascos. Su cocreador, oh casualidad, es Graham Linehan, responsable también de Father Ted (mi otra serie favorita) y The IT Crowd (lo mismo). Lineman me haría reír incluso recitando el BOE, miren lo que les digo.

5) The Green Wing: Tomando como modus operandi (vivendi también) la errónea premisa de que si una serie es la monda, el resto de series futuras donde participen actores de aquella serán igual de lindas, busqué otras sitcoms con Tamsin Creig (la calamitosa y entrañable Fran de Black Books). Error. ¡Meeeec! ¡ZAS-BONG! (se abre trampilla y nos precipitamos al pozo del Rancor). The Green Wing es como Los locos del bisturí, pero provoca menos risión que una catástrofe aérea. Una creación de Victoria Pile (autora de Smack the Pony) que, como los improbables artefactos-con-hélice de Leonardo Da Vinci, nunca consigue despegar del suelo. Incluye muchas cerdadas sobre semen, culos, patosez social y fornicio (¡bien!) pero el guión es demasiado tísico para sostenerlas (ooooh…). Una reciente decepción, si les he de ser sincero. Vergüencilla ajena, incluso.

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Father Ted. Imagen: Hat Trick Productions / Channel 4.

6) Father Ted: Graham Lineman, de nuevo usando el formato trío, en este caso usando a tres párrocos irlandeses aislados en una isla remota —uno corrupto y no particularmente brillante, otro alcohólico y pervertido, y el tercero más simplón y babieca que un futbolista de élite— con el mismo tipo de humor: gamberro y ocasionalmente brutal, plagado de malentendidos y severa crítica anticatólica, fino y delicadamente grueso a la vez. Su protagonista, Dermot Morgan, sufrió un ataque al corazón veinticuatro horas después de terminar el último capítulo, y falleció. A día de hoy se sigue celebrando el Tedfest, el encuentro de Ted-frikis, en la misma isla donde se filmaron las series. Mi segunda sitcom favorita del universo explorado. Déjenme gritar, una vez más: Feck! Arse! Drink! Girls!

7) Blackadder (o La Víbora Negra): Podría seguir haciéndome el listo, listando series que no conoce ni mi padre, pero hablar de Blackadder es una cuestión de justicia. Bastante gente la ha visto (especialmente en Catalunya, donde fue hitazo de TV3), otros la conocen solo de oídas, pero muy pocas personas pueden alardear de haber visto las series completas más de DIEZ veces. Diez. Ante todos ustedes, ese hombre: yo. Coloso del revisionado machacón. Ustedes ya saben de qué va Blackadder, o deberían: seguimos el linaje Adder (Rowan Atkinson, en el mejor papel de su vida) a través de la alta Edad Media, la Inglaterra isabelina, el siglo XVIII y la Primera Guerra Mundial. Cuando esos entes llamados «jóvenes» me espetan que The Office dejó obsoleta la risa enlatada, me veo en la obligación de recordarles que Blackadder la utilizaba en algunas series, y es LA MEJOR SITCOM JAMÁS HECHA. Cosa que he dicho antes de Black Books, en efecto. Y de Father Ted. Nunca he logrado decidirme por una de las tres. Compren ahora mismo el DVD pack y véanla una y otra vez. Y otra. Y otra más.

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Look Around You. Imagen: Mivvin Colour / Talkback Productions / BBC.

8) Look Around You: Un humor tan, pero tan, sutil que si pestañeas te lo pierdes. Look around you es una sensacional parodia de los filmes educativos sobre ciencia o matemáticas creados para la divulgación escolar. Una parodia perfecta, realizada con tanta ironía cara-de-póquer, que a primera vista parece no tener ni p*** gracia. Experimentos imposibles, artefactos absurdos, clases inconsecuentes, y todo producido con el look barato y paleolíticamente computerizado de los «módulos» didácticos de los primeros ochenta. Es una genialidad, pero requiere esfuerzo y una previa puesta-a-punto de los mecanismos de ironía descabellada. Su cocreador es Peter Serafinowicz, que algunos de ustedes quizás conozcan por la sensacional Shaun of the Dead (Zombies party) y otros (los sub-10) porque es la voz original de Darth Maul, de La Guerra de las Galaxias. Ayer mismo estaba reviendo las series #1, y copiosas lágrimas de hilaridad esquiaban por mis mofletes. Palabra. ¿Germs come from Germany? Jua, jua. Que me meo, oh buen Dios.

9) Spaced / Hippies: La primera es la sitcom más vibrante que he visto nunca. Es como un comic-book descacharrante. Su premisa es más vieja que Sir Cliff Richard: narra la relación de los extravagantes inquilinos de un inmueble en el norte de Londres. Lo que la hace única son las constantes referencias frikis (ciencia ficción, aventuras, cómics, cultura pop), el uso continuado de estupefacientes (éxtasis incluido; les ruego intenten visualizar Los Serrano con gente empastillada, y verán que es una imposibilidad cósmica), y los extraordinarios guiones de Simon Pegg —actualmente petándolo en modo fílmico con Bienvenidos al fin del mundo—. Pegg siempre resulta brillante e inspirado. Hippies, por la parte que le toca, es una soberbia sitcom, similar pero ambientada en el underground psicodélico inglés de finales de los sesenta, y en este caso los guiones no los firma Pegg, sino el equipo de… ¿Lo adivinan? En efecto: Graham Lineman y Arthur Matthews. Compren ambas, inauguren un pack de seis latas de cerveza y a vivir, que son dos días.

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Only Fools and Horses. Imagen: BBC.

10) Only Fools and Horses: Algunas series inglesas, en mi opinión, han envejecido peor que otras. En el ámbito de las sitcoms sucede lo mismo que en el pop. Al escuchar el primer elepé de los Ramones, Lou Reed exclamó: «Oh Dios mío, es demasiado perfecto (…) Hace que todos los demás, yo y Patti Smith incluidos, parezcamos unos blandos». Del mismo modo, algunas series que no estaban del todo mal fueron arrolladas por la estampida de Black Adder o The Office. Es imposible volver atrás y ver como si tal cosa algunas de las series estrella de los seenta y setenta, nombres icónicos como Hancock, Dudley Moore & Peter Cook, Spike Milligan, incluso los Goons del joven —y orondo— Peter Sellers. Todas estas series están bien, pero fueron víctimas de su tiempo. Cuando miro series como Only Fools and Horses o Steptoe & Son mi primer pensamiento es: si esto llega a aparecer en 1989 en lugar de diez años antes, otro gallo nos cantaría. Only Fools and Horses —las aventuras de dos hermanos buscavidas en el sur de Londres— es buena, pero gentil y para toda la familia. Quizás por ello, en una encuesta reciente de la BBC se hacía aún con el #1 de Mejor Sitcom Inglesa de todos los tiempos. No lo es, sépanlo.