¿Qué acontecimiento histórico español merecería llevarse al cine?

Cuántas veces habremos escuchado la queja de que el cine español se ha centrado excesivamente en la Guerra Civil… pues bien, se ve que hay quien ha empezado a tomar nota. Series como Isabel o El Ministerio del Tiempo han mostrado en estos últimos años que el público respondía con entusiasmo cuando se abordaban otros momentos de nuestra historia y con ese mismo empeño ha llegado a las salas este viernes Los últimos de Filipinas. El sitio de Baler tenía todos los ingredientes para ser adaptado a la pantalla, así que era cuestión de tiempo que terminara haciéndose. Pero hay otros muchos episodios históricos que están ahí pidiendo a gritos ser narrados en una película, les proponemos a continuación recordar algunos y, por supuesto, pueden añadir los que deseen.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)

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El asedio de Numancia

Último día de Numancia, de Alejo Vera.
Último día de Numancia, de Alejo Vera.

Lleva tiempo hablándose de una posible superproducción hispano-estadounidense con la participación de TVE, para la que se han barajado nombres como Viggo Mortensen o Gerard Butler, pero la falta de financiación parece haber dejado en el limbo el proyecto, a falta de novedades al respecto. Como otros acontecimientos pasados forma parte incluso del habla cotidiana, raro será el locutor futbolístico que no se haya referido en alguna ocasión a la resistencia numantina.

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La batalla de las Navas de Tolosa

La batalla de las Navas de Tolosa, de Van Halen.
La batalla de las Navas de Tolosa, de Van Halen.

«Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro» decía Orwell en 1984. El fundado temor que nos invade como espectadores ante cualquier recreación histórica está en cuánto habrá en ella de presentismo, de adecuación de los hechos narrados a los valores y modas contemporáneas, más aún si ese episodio puede explotarse políticamente de alguna forma en el contexto actual. Sea como fuere, lo acontecido en el norte de Jaén en 1212 resultó decisivo para la posterior conformación de España y rodado con el suficiente presupuesto podría hacerle sombra en épica y espectacularidad a Braveheart y hasta a El Señor de los anillos. El Reino de Castilla, el de Navarra, la Corona de Aragón y voluntarios de otras partes infligieron, pese a su inferioridad numérica, una derrota al Imperio almohade de la que ya no lograría recuperarse.

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El Paso honroso de Suero de Quiñones

Mural de Vela Zanetti en el Hotel Conde Luna de León.
Mural de Vela Zanetti en el Hotel Conde Luna de León.

El noble caballero leonés Suero de Quiñones vivía de tal forma consumido por su amor a doña Leoñor de Tovar que cada jueves llevaba una argolla metálica al cuello como expresión de su servidumbre hacia ella. Solo una gesta a la altura de su amor le haría digno de ella, de acuerdo a las estrictas normas caballerescas. Tras pedir audiencia al rey Juan II de Castilla le solicitó permiso para realizar un torneo en el puente de Hospital de Órbigo, lugar de paso del Camino de Santiago, entre los meses de julio y agosto de 1434. Allí «cualquiera Señora de honor, que por allí passáre ó á media legua dende, que si non lleváre Caballero, que por ella faga las armas yá devisadas, pierda el guante de la mano derecha». Salvo que algún otro caballero quisiera salvar dicho guante, por lo que tendría que batirse en duelo con él. La marca a alcanzar en su desafío era la de romper trescientas lanzas rivales (ayudado por otros nueve compañeros «Fijosdalgo é de limpia sangre»). Y lo logró, causando pese a tanto combate una sola muerte, la del caballero Claramonte, a quien «metiendole todo el fierro de la lanza por el ojo izquierdo fasta los sesos, fizole saltar el ojo del casco (…) grandes llantos fiscieron por el desdichado defuncto todos los Aragoneses y Catalanes que alli se fallaron, é Suero de Quiñones non menos». Cumplido el reto, peregrinó a Santiago para depositar allí la argolla junta a una cinta con el mensaje escrito para su dama «si no os place corresponderme, en verdad que no hay dicha para mí». Ella debió quedar complacida y al año siguiente como toda buena historia terminó en boda. De semejante hazaña se dio cuenta posteriormente en el Libro del Passo honroso del que provienen las citas anteriores, en El Quijote y hoy en día en Hospital de Órbigo se celebra cada año un torneo en su homenaje.

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La conquista de México

La llegada de Cortés a Veracruz y la recepción por los embajadores de Moctezuma, autor desconocido, mediados del siglo XVII.
La llegada de Cortés a Veracruz y la recepción por los embajadores de Moctezuma, autor desconocido, mediados del siglo XVII.

Pese a que vivimos tiempos en que las únicas narraciones tolerables tienen la perspectiva de Pocahontas, la conquista del Estado Méxica por Hernán Cortés fue tan espectacular, trascendental y afrontó tal cantidad de peligros que hasta tres grandes proyectos que incluyen nombres como Steven Spielberg y Martin Scorsese están barajándose para su adaptación, así que solo nos queda esperar. De todo ello ya hablamos con más detalle en este artículo.

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La batalla de Lepanto

Detalle de La batalla de Lepanto, de Andrea Vicentino.
Detalle de La batalla de Lepanto, de Andrea Vicentino.

«La más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros», así es como definió esta batalla alguien que no hablaba por hablar, Cervantes, quien como es sabido regresó de ella vivo pero no de una pieza. Tuvo lugar en 1571 y enfrentó al Imperio otomano con una coalición católica en que más de la mitad de la mitad de los barcos fueron españoles. Más de doscientos mil hombres participaron en ese combate a bordo de unos seiscientos barcos, empleando bombas de fuego, cañones y arcabuces, entre otras armas. Naturalmente rodar algo así no sería sencillo, pero no resultaría inalcanzable tal como demuestra la producción surcoreana The Admiral: Roaring Currents, que recrea con todo detalle una batalla naval de proporciones comparables que tuvo lugar en esos mismos años entre aquel país y Japón.

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El milagro de Empel

Grabado de Frans Hogenberg.
Grabado de Frans Hogenberg.

Pocos años después, en 1585, le sucedió a la anterior esta otra victoria militar en un escenario completamente distinto, en el transcurso de la Guerra de los Ochenta Años. Los holandeses habían ofrecido la posibilidad de rendirse a los cinco mil miembros de los Tercios que aún resistían en una isla entre dos ríos, a lo que replicaron diciendo que preferían la muerte a la deshonra. En vista de la respuesta anegaron el campamento español obligándolos a agruparse en un monte llamado Empel, donde un soldado encontró en el barro una imagen de la Inmaculada Concepción. Como era de esperar, el hecho fue interpretado como una señal divina y elevó la moral de la tropa, que vio la noche siguiente cómo una helada congeló el curso del río permitiéndoles andar sobre él para atacar al enemigo, logrando así una clamorosa victoria. A falta de una película, el pintor Augusto Ferrer-Dalmau ha retratado en dos ocasiones este acontecimiento, aquí y aquí.

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La caza de brujas de Zugarramurdi

Auto de fe, de Goya.
Auto de fe, de Goya.

En sociología se habla de «pánico moral» para aludir a la reacción exagerada y en ocasiones infundada ante algún grupo o comportamiento que se considera amenazador para la sociedad. Al otro lado del Atlántico tuvieron los llamados juicios de Salem a finales del siglo XVII, a los que Arthur Miller dedicó en los años cincuenta una célebre obra teatral en un contexto político y social con elementos comunes, precisamente porque lo interesante de este fenómeno es que se repite en diferentes épocas y lugares bajo diversas formas, aunque siempre con las mismas prácticas de delación sin pruebas, linchamiento sin posibilidad de defensa y paranoia colectiva espoleada desde las instituciones. Esta localidad navarra fronteriza tuvo también su particular caza de brujas y brujos, que gracias a las prácticas del tribunal de la Inquisición de Logroño terminaron confesando lo que hiciera falta y delatando a quien fuera, de manera que las sospechas se extendieron como una epidemia y dieron lugar a un macroproceso a más de trescientos acusados. La última película de Alex de la Iglesia recurrió a este pretexto argumental para contar una historia de fantasía ambientada en el presente, nos falta entonces una recreación de la época y de los hechos reales.

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Sitio de Cartagena de Indias

La captura de Puerto Bello, por George Chambers Sr.
La captura de Puerto Bello, por George Chambers Sr.

Para cerrar el capítulo de grandes batallas no podemos dejar de mencionar a Blas de Lezo, que además presenta la ventaja a la hora de adaptarlo de que las mejores frases del guion ya las pondría él. En 1741, durante el transcurso de la denominada Guerra de la oreja de Jenkins supo defender el fuerte de Bocachica en Cartagena de Indias contando con apenas cuatro mil soldados, frente a una flota inglesa de ciento ochenta y seis naves y más de treinta mil hombres.

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El pronunciamiento de Riego

Retrato de Rafael de Riego, autor desconocido.
Retrato de Rafael de Riego, autor desconocido.

El género biográfico no es tan frecuente en España como en Hollywood, suponemos que por una cuestión de presupuesto, dado que suele ser cine de época. Son muchos los personajes que podrían inspirar un biopic, quizá de los más interesantes por su influencia histórica y la intensidad con la que vivió sería este militar de origen asturiano. Para que Fernando VII se aviniera a proclamar aquello de «marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional» hubo que apretarle las tuercas y en ello jugó un papel clave Rafael del Riego. Quien además combatió en la guerra contra las tropas napoleónicas, viajó por Europa, conoció la gloria y también el escarnio que culminaría en su ahorcamiento en 1823, alcanzando así para las generaciones venideras la condición de mártir de la libertad.

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Zugasti contra el bandolerismo

Bandidos al monte, de Eugenio Lucas Velázquez.
Bandidos al monte, de Eugenio Lucas Velázquez.

El bandolerismo fue un fenómeno principal aunque no exclusivamente andaluz que tuvo su recreación en televisión a cargo de la inolvidable serie Curro Jiménez, en ópera con la Carmen de Bizet y en cine con la muy apreciable Carne de horca, de Ladislao Vadja. Pero no basta. Son tantas las leyendas y aventuras forjadas en torno a estos personajes que de tener una industria del cine más sólida en nuestro país hubieran dado para un subgénero casi comparable al wéstern. Merece la pena señalar el caso de Julián Zugasti, gobernador de Córdoba entre 1870 y 1873, todo un Wyatt Earp o Eliot Ness a la española del que ya hablamos aquí.

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El cantón de Cartagena

Tropas republicanas entrando en el Cantón Independiente de Cartagena, autor desconocido.
Tropas republicanas entrando en el Cantón Independiente de Cartagena, autor desconocido.

El año 1873 dio para mucho en España, pues mientras ocurría lo anterior, también estaba teniendo lugar la Tercera Guerra Carlista —centrada especialmente en el País Vasco y Navarra, en Cuba había otro frente abierto con el incipiente independentismo, Amadeo I de Saboya abdicó del trono dando lugar a un cambio de régimen y, ya para rematar, en Murcia se declaró Cartagena como cantón independiente. Normal que el presidente de la ahora Primera República, Stanislao Figueras, acabara diciendo «señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros» y, desentendiéndose de todo, se marchara al día siguiente a Francia. Todo esto lo empaquetas en un guion y abrumaría al mismísimo Cecil B. DeMille, pero si resulta demasiada acción también cabe la posibilidad de centrarse en el cantón. Fue este una tragicomedia que comenzó izando la única bandera roja disponible, una turca a la que tiñeron la media luna con la sangre de un voluntario (tenían pocos recursos pero eran resolutivos), provocó muchos muertos en su breve trayectoria y terminó con el intento desesperado de incorporarse nada menos que al territorio de Estados Unidos.

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