Juego de Tronos Medieval Warfare: la batalla de los ineptos

Imagen: HBO.
Imagen: HBO.

Por si alguien no lo ha visto a estas alturas, este artículo contiene SPOILERS

Sin duda alguna el momento estrella de la sexta temporada de Juego de tronos fue el esperado choque entre los dos bastardos norteños más famosos, que además parece preconfigurar lo que será la séptima, una factible ensalada de guantazos de tono épico. A esas alturas no quedaban muchos que no le tuvieran ganas al sádico a tiempo completo de Ramsay Bolton —que no psicópata, pues es más que evidente que encuentra placer torturando gente y esperasen ansiosos que Jon cara-de-pena Snow le diera por fin su merecido. La cuenta de episodios donde el resucitado excomandante hacía de comercial a puerta fría por todas las casas del Norte intentando recuperar los antiguos clientes de su padre se perdía en las nieblas del tiempo.

Y hete aquí que antes de poder disfrutar de la transformación de Ramsay en un saco de pienso para perros parlante, a los guionistas se les ocurrió que tocaba por fin una buena vieja batalla medieval como las de antes. No solo eso, sino que además de poner todo el presupuesto en el asador para utilizar medios clásicos como señores a caballo y especialistas a tutiplén, han declarado haber sido inspirados por episodios históricos como la mítica batalla de Cannae, la guerra civil estadounidense o el shakesperiano encuentro de Agincourt. Nada excesivamente original, pero sí un buen augurio para todo aficionado al periodo medieval, subsección alicatarse la cara a leches.

Pues llegados a ese punto, tras atravesar un espeso camino de spoilers, y visto el capítulo de marras, uno se pregunta cómo es posible que con estos mimbres tan prometedores se haya llegado a perpetrar un atentado semejante al conocimiento no ya histórico, sino conocimiento a secas. El desarrollo general de la batalla es tan lamentable que hasta un lego en la materia necesita realizar una suspensión de juicio con doble salto mortal y tirabuzón con tal de ver a Ramsay pagar su repelente malignidad, y rapidito. No, ni todo cabe bajo la etiqueta «ficción», ni comprendo la afición por pensar que el espectador es un imbécil que se traga cualquier cosa. No hablamos de la celebrada carrera en línea recta de Rickon o del incidente de la espada de goma valyria de Jon, sino de un desastre mucho más estructural. Pero para esto hay que ponerse a analizar la batalla seriamente desde el principio.

Que es bastante interesante, puesto que se plantea de manera similar a las batallas reales del medievo: con la llegada de los ejércitos al escenario seguramente planeado de antemano. La guerra en la Edad Media consistía en su inmensa mayoría en asedios o rápidas incursiones de saqueo en territorio enemigo —razias, aceifas o cabalgadas, como se les llamaba entonces, siendo las batallas campales muy escasas, por lo que tenemos cumplida información de casi todas. Esto, que parece un sinsentido hoy en día, tenía sus motivos, como por ejemplo dar tiempo a los nobles a preparar toda la cacharrería que llevaban encima para la guerra. Como quiera que el que llegaba antes al lugar cogía sitio, tenemos minipunto para Ramsay Bolton, que juega al ladito de casa.

Pero por si no fuera suficiente la cosa, Jon Nieve además presenta una notoria inferioridad numérica; si hacemos caso de las cuentas que salen en la serie y las de los fans de internet, Jon dispone de poco más de dos mil efectivos, entre los que se cuentan los salvajes infantería tribal desorganizada que desconoce el concepto de flanco, más un puñado de caballeros reclutados de aquí y allá, incluidos los sesenta y cuatro hombres que le cede la mini-Churchill de la casa Mormont, unos cuantos arqueros y pare usted de contar. Ah, y un gigante, contribución a la fantasía que podríamos homologar, qué se yo, a una unidad de elefantes de guerra. El tarado de Ramsay junta más de cinco mil hombres, entre arqueros, caballería e infantería pesada, organizada en unas curiosas unidades a medio camino entre una falange griega clásica y los famosos piqueros suizos de la Edad Media y principios de la Moderna.

La terrorífica espada de goma valyria en acción. Imagen: HBO.
La terrorífica espada de goma valyria en acción. Imagen: HBO.

Con este panorama, lo más prudente que puede hacer nuestro bastardo favorito (el Stark, no el otro) sería desplegarse en posición defensiva e intentar evitar lo que durante todo el Medievo era el temor de cualquier líder militar en inferioridad: verse rodeado por el enemigo. Para eso habría sido interesante colocar su caballería como reserva móvil o en los flancos, para interceptar movimientos enemigos. Esta es la teoría, claro, pero después resulta que ocurre la cosa esta de Rickon, Jon se pone todo loco y se lanza en solitario contra las tropas de Ramsay como si fuera del mismo centro de Bilbao, lo que lógicamente implica ordenar una carga frontal de caballería. Y aquí empiezan los facepalms continuos, que me faltan dedos para teclearlos.

El papel de la caballería en el Medievo ha sido muy importante, aunque se ha visto magnificado por el hecho de que los miembros de la misma fueran la élite nobiliar y por tanto los que acababan contando la película. Es cierto que la caballería podía decidir una batalla, pero resultaba imperativo utilizarla en el lugar y el momento oportuno para ello o la cosa podía acabar en desastre absoluto, arte en el que los franceses tienen un máster dada la legendaria ineptitud de sus caballeros. A grandes rasgos, había de dos tipos, pesada y ligera, cuyos cometidos eran bastante diferentes: si la pesada estaba formada por nobles fuertemente blindados y equipados con lanzas para el choque, la ligera se concentraba en hostigar, evitar maniobras de flanqueo y pillar a la caballería enemiga a contrapié.

La que trae Jon Snow al combate parece estar compuesta de lo que se conocía como men-at-arms en Inglaterra, serjeants en Francia y caballeros villanos en Castilla; soldados profesionalizados que no llegaban a la categoría de noble y por tanto su armamento y equipación no acaba de ubicarlos como caballería pesada, pero que combatían junto a los nobles. Los caballos carecen de protección más allá de la silla de montar, y los jinetes oscilan entre cotas de malla, placas y armaduras de cuero, con una lanza ligera en ristre. Poco músculo si de lo que se trata es de chocar frontalmente contra la formación enemiga. Aparte del hecho de que cargar toda la distancia que te separa de las filas de Ramsay cuesta arriba y a galope te asegura que los caballos pierdan toda la fuerza por el camino, pero bueno, todo sea por mantener la tensión dramática.

Esta táctica era la favorita de los reinos cristianos hispanos, ante la ligereza con la que la infantería musulmana iba equipada, y dado que los andalusíes no disponían a su vez de caballería pesada propia. Sin embargo, el infante don Juan Manuel nos da mucha información de cómo se podía resistir una carga de caballería: en algunos combates los musulmanes llegaban a acumular hasta cinco haces de infantería en el centro, o bien simulaban una retirada para esperar que se agotase la fuerza de la carga y pillarlos a la contra. También utilizaban obstáculos naturales o artificiales para impedir un posible reagrupamiento y segunda carga, como en la batalla de las Navas de Tolosa. Y es que no era sencillo cargar, pues debías llegar al choque con el máximo ímpetu para arrollar al enemigo (el galope solo se ordenaba en los últimos metros), todos a la vez formando un frente homogéneo algo que traía de cráneo a los teóricos militares de la época y esperando romper la formación contraria. Si no, podías verte fácilmente descabalgado y encarando a la infantería enemiga superviviente en solitario, con una maza o espada en la mano. Si te encuentras frente a campesinos penosamente armados esto no es un problema, pero no todos los días es domingo, así que más valía tener infantería de los tuyos detrás para echarte un cable. Teniendo todo esto en cuenta, a estas alturas de la batalla los Stark tienen la derrota ya garantizada con la carga suicida que se marcan porque Jon lo vale. Pero si hay un recurso infinito en esta vida es la estupidez humana, y aquí viene el otro bastardo a meter la pata hasta el cuezo.

El caso es que el sádico empieza bien, pues lo de arrojarles una nube de flechas es el recibimiento estándar para debilitar el ataque del oponente, si bien el cine nos ha distorsionado un poquito el asunto de los arqueros. Esta es una manía heredada de una querencia muy anglosajona por magnificar sus fazañas bélicas, que podríamos llamar el efecto english long bow por el cual todos los arqueros de las pelis tiran unas flechas que atraviesan lo que se les ponga por delante: escudos, armaduras, Rickons… Todo excepto a Jon Snow, cuya habilidad involuntaria para esquivar los proyectiles resulta incluso risible.

Adultos modernos jugando a guerritas medievales, versión english longbowmen. Imagen cortesía de aya-life.com
Adultos modernos jugando a guerritas medievales, versión english longbowmen. Imagen cortesía de aya-life.com

La épica británica ha elevado a los arcos largos ingleses a la categoría de mito; decisivos en el campo de batalla, disparan unas salvas terroríficas que ríase usted de los SS-20 soviéticos. Las matan bien muertas, como el Cucal, aciertan siempre y hacen unos agujeros que ni el casco del Prestige. Crecy y Agincourt son lugares tópicos de masturbación patriótica británica… Pero, ¿había para tanto? Pues parece que el tamaño del arco, el peso y constitución del proyectil y las crónicas dicen que eran temibles, aunque las pruebas de la arqueología moderna de reconstrucción son bastante dispares. Resumiendo, según cómo y a qué le den resultaban mortíferos. Es más, si se tiene en cuenta que la guerra donde adquirieron fama, la de los Cien Años, la acabaron perdiendo los ingleses (igual que en la guerra civil castellana, donde aparecieron también), que se tardaba como diez años en conseguir un arquero competente, o que la nobleza aristocrática no parece haber dicho ni pum de este arma revolucionaria mientras ponía el grito en el cielo con los ballesteros o los primeros arcabuces, hay que matizar esta mítica un poquito. Aparte de que es fácil eliminar a caballeros acorazados franceses si están amontonados o atascados en el barro, como los almogávares hicieron en el río Céfiso en 1311 sin un puñetero arquero. Ya les dije que la ineptitud de los nobles francos es legendaria.

Había dos maneras de disparar las flechas: en tiro parabólico o bien directo en línea cuando el enemigo cargaba ya cerca de la formación de arqueros, que lo mejor que podían hacer para entonces era retirarse detrás de alguna unidad más pesada. Salvo los susodichos longbowmen o los arqueros montados turcos, que disparaban un arco doble curvo con muchísima fuerza, era raro que las flechas tuvieran la potencia suficiente como para matar a cualquier atacante; lo normal era que muchas se clavaran en la armadura, escudos o protecciones causando heridas de diversa consideración o dejando inservible el equipo. Se trataba sobre todo de desbaratar la formación enemiga. Cuanto más desprevenido o ligeramente armado el sufrido receptor de la salva de saetas, peores los efectos, y aquí los caballos sin guardas eran la víctima favorita. Justo, justito, los que llevan los caballeros de Jon Nieve, por lo que el efecto en los animales es muy destructivo.

Así que la cosa sigue estando muy guardia negra para nuestro héroe, pero cuando ya solo tiene que empujar la pelota dentro de la portería, Ramsay decide una gilipollez: lanzar su caballería frontalmente contra la de Jon. Vamos a ver… pero… ¿por qué? Si tienes una estupenda infantería de lanceros ahí mismo, ¿para qué desperdicias lo más caro de tu ejército en un improbable e innecesario choque de caballitos cuando puedes convertirlos en pinchitos sin esfuerzo? Huelga decir, además, que esto de embestir de frente una caballería contra la otra era extremadamente raro más allá de las justas individuales precisamente por lo primero: si puedes sacrificar peones, no gastas la flor y nata de tus filas. Pero queda todo muy cinematográfico, claro. Para redondear la idiotez, el tipo decide seguir lanzando salvas de flechas sobre el mejunje resultante del impacto, por si le sobrevivía algún caballero propio. Si alguno de ustedes recuerda Braveheart, se podrá hacer a la idea de cuán sencillo es desbaratar una carga de caballería pesada con unos cientos de picas bien puestas, tal como hicieron los escoceses en Bannockburn en 1314 y se dará cuenta de la amplitud de la memez.

¡¡¡Hola, Ramsay, venimos a explicarte algo!!! Imagen: 20th Century Fox.
¡¡¡Hola, Ramsay, venimos a explicarte algo!!! Imagen: 20th Century Fox.

Es en este punto donde ya la tontería se desborda y tiene lugar uno de los episodios más bochornosos que uno recuerda en cuanto a batallas medievales, la montaña de cadáveres. Por mucho que se inflen la cara a guantazos a campo abierto y se junten caballos y hombres tirados por el suelo, que alguien me explique cómo se forma exactamente una pila de cuatro o cinco cuerpos de alto ahí en medio. ¿Escalan a los muertos para alicatarse la cara a leches en lo alto? ¿Para qué? ¿Quién acumula fiambres así, alguna unidad de palas excavadoras que no vemos? Es cierto que en muchas crónicas se habla de campos cubiertos de cadáveres que dificultan el paso por allí (por ejemplo, en Hastings la infantería normanda tiene problemas para cruzar el campo sembrado de despojos de combates previos, aunque ¡¡subían una colina cuesta arriba!!), pero tomarse tan literalmente licencias poéticas de la época queda francamente ridículo.

En fin, el caso es que alrededor de la absurda pila de despojos tiene lugar un combate de infantería muy confuso, donde se juntan los salvajes de Snow con los infantes de Bolton (no confundir con Michael), y acaban rodeados por la falange esta famosa, que de pronto se mueve como si tuvieran un petardo en el culo y forman un bonito círculo perfecto. Aquí los guionistas querían transmitir la angustia que debieron sentir los romanos al verse rodeados en Cannae aunque en este caso los cartagineses se fueron retirando gradualmente y dejando que la masa de infantería romana en el centro se fuera metiendo poco a poco en una trampa. Para ello agitan la cámara como si Jon estuviera en una rave con chirridos a todo trapo, en plan 28 días después, aunque a él la cara de pena y confusión le permanece impávida, mientras la falange de Ramsay va apretando el cerco.

Y aquí uno se pregunta si el gigante no podría haber hecho algo más que dar manotadas, no sé, coger una lanza larga y arrojar al que la maneja bien lejos, romper la fina línea enemiga, algo. Que esto fue lo que los romanos no pudieron hacer en la famosa batalla, pues estaban rodeados por una agrupación profunda y compacta. Menos mal que llegan a tiempo los jinetes de Rohan del Valle de Arryn, para chocar contra los lanceros y deshacerlos. Que también es curioso ver cómo chocan, pues logran la hazaña de desviarse en el último momento para no llevarse por delante por el mismo precio a los supervivientes de la infantería Stark.

En estas que el ejército de Ramsay se ha quedado de pronto sin más efectivos, cual Alemania en 1918 aunque parecieran muchos más y nuestro sádico decide consecuentemente salir pitando a refugiarse en su castillo. Se trata de otra escena rarísima, porque una extraña prisa se apodera del hasta entonces amuermado gigante, que corre en solitario a derribar la puerta principal de Chez Bolton. O era un gigante muy antipático o se me escapa el motivo por el cual el afortunado Snow no reagrupa a su gente y le proporciona cierta protección al grandote, que es puntualmente convertido en alfiletero por los arqueros contrarios. Que sí, que más drama y más sacrificio, pero hombre, se agradecería con cierto fundamento al menos. Quédense con que en la «vida real» la gente con cerebro no realiza estos dispendios militares. Total, que aquí termina el combate, con arqueros disparándose a bocajarro como si llevaran subfusiles de asalto, tanto rollo para llegar a lo que todos estábamos esperando: la cruel venganza contra Ramsay, por asesino y por mal actor.

No dudo que a muchos esto les disculpa todas las memeces anteriores, pero algunos de los finolis del tendido siete militar vintage estábamos ya completamente abochornados. Así que toca poner una vela al Cid y otra a santa Juana de Arco a ver si aprenden de cosas como la Gaugamela de Stone (lo único entretenido de la peli de Alejandro) y nos tratan un poco mejor en la próxima temporada, GoT, Hostias & Dragones. Vale, peor fue Troya, pero a la HBO hay que pedirle un poco más.

¿He cerrado el gas antes de salir del campamento? Imagen: HBO.
¿He cerrado el gas antes de salir del campamento? Imagen: HBO.