¿Cuál es la mejor canción en torno al crimen?

«El asesinato es una forma de conducta impropia, e incluso muy impropia; y no me cortaré la lengua para decir que cualquier persona que se dedique al asesinato tiene un modo indecoroso de razonar, y obra conforme a principios muy cuestionables». Así de categórico se mostraba Thomas de Quincey, si bien a continuación puntualizaba: «sequemos nuestras lágrimas y quizá tengamos la satisfacción de descubrir que una acción, perturbadora moralmente hablando, y sin nada que la justifique, juzgada con los principios del gusto se convierte en una actuación muy meritoria». No le faltaba razón. No es siquiera que el asesinato sea una de las bellas artes, es que sin él estas resultan descoloridas e insípidas ¿Qué quedaría de Shakespeare, Agatha Christie o Dostoievski si depurásemos su obra de todo crimen? Y en el cine de las diez mejores películas de la historia apenas se mantendrían E. T. y Armageddon. La música, por su parte, no correría mejor suerte. Incluso dejando de lado estilos dedicados a la criminalidad como las ancestrales murder ballads, los narcocorridos y en buena medida el hip hop, si solo nos centramos en el pop y el rock veremos que amar a alguien quizá sea lo más inspirador a la hora de componer una canción, pero le sigue muy de cerca el deseo de matarlo.

Así que recién pasados los idus de marzo, en los que se ha recordado el que quizá sea el crimen más famoso de la historia, veamos a continuación otros asesinatos —reales o imaginarios— que han sido cantados. Voten su favorito y les animamos también a que añadan los ejemplos que deseen en los comentarios.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)


«Where the Wild Roses Grow», de Nick Cave & The Bad Seeds y Kylie Minogue

En el ámbito anglosajón las canciones folclóricas en torno a un crimen o murder ballads se remontan a al menos el siglo XVII. Ya en el siglo XX ese legado tuvo su continuidad en la música country estadounidense, aunque también ha llamado la atención de figuras del rock como Bob Dylan y Nick Cave. Este último llegó a publicar todo un disco dedicado al género titulado precisamente Murder Ballads, del que este fue su principal sencillo y cuyo vídeo es un guiño al cuadro prerrafaelita Ofelia (la pintura también está en deuda con el crimen), inspirado a su vez en Hamlet.


«Seconds», de Human League

Aludíamos anteriormente a la muerte de Julio César, el crimen político que más tiempo ha dado que hablar. Claro que para un grupo tan empeñado en ser moderno, cuyo nombre —que inicialmente iba a ser The Future— provino de un juego de ciencia ficción y que dedicó temas a personajes como el juez Dreed, una referencia semejante a la cultura clásica no hubiera casado con su estilo. Más apropiado resultaba otro complot mucho más actual como fue el asesinato de Kennedy, que dio lugar a multitud de teorías conspiratorias y a una canción como esta.


«Psycho Killer», de Talking Heads

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX la figura del asesino en serie fue adquiriendo un creciente protagonismo en los medios de comunicación estadounidenses y, por extensión, en toda la cultura popular. David Berkowitz fue uno de los primeros, responsable de seis muertes debido a que se lo ordenó el perro de su vecino, o eso dijo. Su huella se dejó notar en varias canciones que lo aludieron y en películas como la de Spike Lee Summer of Sam. Curiosamente el tema con el que más se le asoció fue este pese a no haber sido su inspiración, simplemente hubo una coincidencia temporal cuando se publicó en 1977.


«Folsom Prison Blues», de Johnny Cash

Está visto que las excusas para matar y justificarse después, incluso presentándose como víctima, pueden llegar a ser de lo más pintorescas. Como aquel caso del que hablaba Lincoln en un discurso sobre el hombre que mató a sus padres y luego en el juicio pedía clemencia por ser huérfano. Aquí Cash nos contaba la historia de alguien que mató a otro «solo para verlo morir». La línea la extrajo de la película Inside the Walls of Folsom Prison y es la peor razón imaginable que encontró para matar a alguien, por lo que decidió utilizarla.


«Woke Up This Morning», de Alabama 3

Un crimen muy mediático a finales de los ochenta en Reino Unido, en torno a una mujer que mató a su marido, fue el hilo del que este grupo tiró para componer esta canción. Indudablemente suena muy bien, pero el éxito a menudo es azaroso y su impulso vino del productor de una serie en torno a un mafioso de Nueva Jersey, que encontró en las alusiones a las armas y la violencia de su letra la excusa perfecta para hacer de ella el tema de cabecera. Ahora ya nos resulta imposible escucharla sin que se nos venga a la mente Tony Soprano conduciendo mientras se fuma un puro.


«Hijo de la luna», de Mecano

Borges se refirió en cierta ocasión a un poeta como «irresponsable rimador»; eso es porque no llegó a conocer la obra de Mecano, los mayores creadores de ripios en lengua española tras aquel genio anónimo que ideó el «Albacete, caga y vete». En este caso se muestran contenidos más allá del «este hijo es de un payo / yo no me lo callo», en una letra de claras reminiscencias lorquianas. Que fue traducida a varios idiomas tras su fenomenal éxito desde que se publicase en 1986.


«Smooth Criminal», de Michael Jackson

Al margen de la polémica que estos días está generando el documental Leaving Neverland, si no sabemos diferenciar la obra del artista pocas creaciones nos quedarán por disfrutar. Este tema, uno de los más distintivos de Jackson, giraba en torno a un sigiloso criminal que asaltaba el apartamento de la tal Anne, a la que perseguía preguntando insistentemente si está bien. Fue el tema principal de Moonwalker, en 1988, y entre otras cosas es recordado por introducir ese movimiento de desafío a la gravedad que tenía truco.


«Caleb Meyer», de Gillian Welch & David Rawlings

No todos los crímenes llegan a término, por suerte. Aquí conoceremos a Caleb Meyer, que vive en las montañas y destila su propio whisky. Es probable que también almuerce estofado de ardilla y no conserve ni un solo diente frontal. Tampoco deja de acosar a Nellie Kane, pero ante el intento de violación ella se defenderá con una botella rota. El fantasma de Caleb se quejará por las noches, pero a Nellie no parece importarle mucho.


«Another One Bites the Dust», de Queen

Decía Agatha Christie que no hay mejor asesino que el tiempo, de manera que podemos concluir que la raíz de toda la violencia en el mundo no es otra que la impaciencia. Es el caso del protagonista de esta letra, disparando por la calle una ametralladora mientras se regocija en cómo muerde el polvo quien le haya hecho mal, lo que nos remite tal vez al ambiente mafioso del tema anterior. Precisamente fue Michael Jackson quien convenció a la banda de que usaran este tema como sencillo, no muy convencida al principio de sus posibilidades.


«Take the Money and Run», de Steve Miller Band

En aquellos años treinta en el que los gánsteres se disputaban el control de las ciudades americanas, una pareja de atracadores de bancos adquirieron a ojos de la opinión pública un aura de heroísmo, que lejos de concluir con su muerte amplió su estela en la cultura popular. Varias películas, series y canciones han glosado la breve pero intensa vida de Bonnie y Clyde, como la que le dedicaron Serge Gainsbourg y Brigitte Bardot. La que tenemos sobre estas líneas también se inspira libremente en ellos, aunque los presente bajo un nombre distinto.


«Hey Joe», de Jimi Hendrix

Los celos como detonante del crimen suelen ser un motivo recurrente en muchas canciones, como es el caso de esta cuya versión más conocida es la que realizó Hendrix, que fue la última en sonar el el festival de Woodstock en 1969.


«I Shot the Sheriff», de Eric Clapton

En un documental rodado casi treinta años después de que Bob Marley publicara este tema, una exnovia suya aseguró que en realidad lo coescribió ella y trata sobre el aborto. Él ya no puede replicar nada, en cualquier caso la interpretación más literal de la letra se refiere a un crimen realizado en defensa propia contra una autoridad despótica. A Clapton le gustó cuando lo escuchó mientras vivía recluido en una granja recuperándose de sus adicciones, así que hizo en 1974 esta versión en un estilo más roquero.


«Pumped Up Kicks», de Foster the People

A finales de los años noventa dos adolescentes del estado de Colorado comenzaron a escribir tanto en internet como en diarios personales fantasías llena de rabia sobre un gran atentado que incluyera tiroteos, coches bomba y hasta el secuestro de un avión para estrellarlo contra algún rascacielos de Nueva York. Finalmente ejecutaron su plan, convirtiendo la Escuela Secundaria de Columbine en el escenario de una de las peores masacres de la historia estadounidense. En ello se inspiró este tema de apariencia simpática, cuya letra, en palabras del autor, «trata sobre un chaval que pierde la cabeza y está planeando una venganza. Es un marginado. Siento que la juventud en nuestra cultura se está volviendo más y más aislada. Una especie de epidemia. En lugar de escribir sobre las víctimas de la tragedia quise entrar en la mente del asesino, como Capote en A sangre fría». Un tema tan escabroso no fue obstáculo para que la canción tuviera un éxito enorme y se haya empleado desde entonces en multitud de bandas sonoras.


«Bailaré sobre tu tumba», de Siniestro Total

Concluimos con un tema que habla de matar, asfixiar, ahorcar, degollar y trepanar a alguien en cuya tumba posteriormente se hará escarnio. No se dan más detalles sobre quién y por qué se hará tal cosa pero ahí entra la magia del arte, que permite a cada uno de nosotros ponerle rostro y así sentir como propia esta estupenda canción que dio título al álbum publicado en 1985. En otras ocasiones, sin embargo, concretaron más sus deseos de matar.


Fotograma del vídeo de «Where the Wild Roses Grow», de Nick Cave & The Bad Seeds y Kylie Minogue. Imagen: Mute Records.