Novak Djokovic, Naomi Osaka y casi todo lo que nos dejó el Open de Australia 2021

Novak Djokovic, ganador del Open de Australia 2021
Novak Djokovic, ganador del Open de Australia 2021. Foto: Cordon Press.

Menos de tenis, se habló de todo durante estas cinco semanas de concentración australiana. Son días duros y desagradables: primero llegaron las quejas por las cuarentenas, luego la evidencia de la desigualdad de oportunidades y por último las acusaciones de fingir lesiones para conseguir no se sabe muy bien el qué. ¿Un relato, una narrativa? No sé, pregúntenle a Toni Nadal. Los ánimos han estado encrespados pero no se puede esperar menos en medio de una pandemia. Al principio hubo público en las gradas, luego confinaron Melbourne y volvimos al vacío que marcó 2020. Al menos las semifinales y la final se volvieron a disputar con el clásico ambiente nocturno de un Grand Slam y la verdad es que fue muy de agradecer.

En cuanto a los resultados deportivos, nada nuevo bajo el sol. Ganó Novak Djokovic por novena vez, octava desde 2011. En el camino solo se ha dejado los títulos de 2014 (Wawrinka), 2017 (Federer) y 2018 (Federer). Es su decimoctavo título del Grand Slam, diecisiete de ellos conseguidos en los últimos cuarenta. Una década ganando prácticamente uno de cada dos grandes. Queda, aun así, a dos del récord de Nadal y Federer, y les voy a hacer un spoiler que seguro que no esperaban: a este nivel, Nadal va a ganar Roland Garros por decimocuarta vez y va a volver a mantener los tres grandes de ventaja. El eterno retorno de lo mismo. Entre ambos, han ganado diez de los últimos once Grand Slams. De hecho, desde Roland Garros 2004 solo ocho tenistas distintos han levantado título en un «grande»: Federer, Nadal, Djokovic, Del Potro, Murray, Wawrinka, Cilic y Thiem. Ocho en diecisiete años.

¿Se ven síntomas al menos de algo parecido a un cambio? Sí, supongo que sí. Tsitsipas le ganó a Nadal remontando dos sets. Es cierto que fue una versión algo limitada de Nadal, y que Rafa va ya para los treinta y cinco años, pero supongo que en otro momento sería inconcebible. Medvedev se paseó hasta la final después de haber ganado el Masters el año pasado. Rublev se consolidó como un competidor de talento que estará ahí cuando se retiren los mejores. Brotes verdes los hay desde el momento en que, del «Big Three», uno decide quedarse en casa (Federer), otro se lesiona la espalda justo la semana antes del torneo (Nadal) y el otro tiene una rotura del oblicuo en medio de su partido de tercera ronda (Djokovic). Así cualquiera, ¿no? Y al final, pese a todo, ganó uno de ellos. Más lo que nos queda este año. Hagamos un repaso a casi todo lo que nos dejó Australia en esta edición confusa:

1. No solo es que Djokovic haya ganado el Open de Australia nueve veces, con trece años de separación entre el primer título y el, de momento, último. Es que lo ha conseguido en nueve finales. Algunas de ellas, como la de este año, dando una exhibición. No creo que fuera favorito ante Medvedev y no creo que fuera una falta de respeto decirlo. Dio igual. El partido se rompió ya en el segundo juego y aunque el ruso lo intentó, no hubo manera. Djokovic fue una apisonadora de golpes a las líneas y recuperaciones imposibles, con esa elasticidad absolutamente inhumana.

2. Vuelve, como después de cada torneo, el debate sobre quién es el mejor jugador de todos los tiempos y los fans de Federer estamos a un paso de tuitear «STOP THE COUNT» en cualquier momento. Luego, Nadal ganará Roland Garros y la perspectiva volverá a cambiar y así sucesivamente. De momento, aparte de haber ganado dieciocho títulos de Grand Slam —solo dos menos que sus rivales—, a favor de Djokovic cuenta que ha ganado todos los Masters 1000, se ha impuesto cinco veces en las World Tour Finals, tiene el H2H ganado frente a Nadal y Federer… y en breve se convertirá en el jugador que más semanas ha ocupado el número uno en la clasificación ATP. No son malas credenciales, desde luego.

3. Ahora bien, queda la lucha por las relaciones públicas. Djokovic no consigue caerle bien a nadie, es impresionante. En su partido de tercera ronda ante Taylor Fritz, el serbio se lesionó. Esto es así y me parece indiscutible. Iba con dos sets de ventaja y empezó a dejar de moverse. ¿Cómo pudo hacer para ganar el quinto set y derrotar a su rival de octavos de final dos días después? Supongo que a base de analgésicos y fisioterapia. Ahora bien, los rumores de que era un tramposo que se inventaba lesiones se convirtieron en gritos abiertos por los medios de comunicación. Incluso Toni Nadal tuvo su momento para poner en duda la lesión de Djokovic. Yo, que soy muy inocente, me lo creo. Igual que me creo que a Nadal le doliera la espalda y aun así ganara catorce sets seguidos hasta que se le cruzó el saque de Tsitsipas. Todos los jugadores profesionales juegan con molestias. Algunos las superan. Otros no. Pero no se las inventan, por ahí no paso.

4. Vamos ya con el finalista: Daniil Medvedev sabe lo que es llegar a la final de un grande sobreviviendo cada partido al borde de la retirada porque es exactamente lo que hizo él en el US Open 2019… y también le costó sus críticas, abucheos, etc. El ruso tuvo un pequeño bache después de aquella final un tanto inesperada pero acabó 2020 como un tiro (triunfos en París y en las ATP Finals) y empezó 2021 de la misma manera (ganó la ATP Cup junto a sus compatriotas Rublev y Karatsev). Para mí, era el máximo favorito antes de empezar la competición porque algún día tiene que pasar que no ganen los de siempre. Cumplió, que es de lo que se trata. Tuvo un rato malo contra Kraljinovic en tercera ronda, probablemente cuestión de concentración, pero se peleó con su entrenador y ya se pudo poner otra vez al partido. El resto de encuentros fueron más o menos un paseo, incluyendo el de cuartos contra Rublev y las semifinales contra Tsitsipas. Queda como número tres del mundo, listo para destronar del dos a Nadal a poco que se den bien las cosas esta primavera.

5. Stefanos Tsitsipas. Progresa adecuadamente. Ya sé que en los setenta, los ochenta, los noventa… los campeones brillaban desde la adolescencia. Bueno, obviamente, aquí vamos a otro ritmo. Dentro de esa lentitud en el relevo, hay que valorar que el griego ya haya jugado tres semifinales de Grand Slam con veintidós años, encadenando además Roland Garros 2020 con Australia 2021, lo que habla muy bien de su versatilidad. Su partido contra Rafa Nadal en cuartos de final fue una prueba de madurez. Cuando estás dos sets abajo contra una leyenda, es tan fácil rendirte. Tan fácil y tan apetecible, casi: ¿para qué luchar por el imposible cuando puedo coger el vuelo de vuelta a mi casa y olvidarme de más de un mes encerrado en una isla enorme? Tsitsipas no se rindió: sacó a las mil maravillas, se aprovechó de unos evidentes problemas de movilidad de Nadal y supo moverle con la derecha y el revés. Nada que reprocharle, desde luego.

6. Tampoco hay mucho que reprocharle a Nadal, por otro lado. De entrada, no sabíamos ni si iba a participar, y al final se quedó a un tie-break de las semifinales. Todo esto en las pistas más rápidas que se recuerdan, según consenso de los jugadores y jugadoras presentes. Nadal jugó bien, sin excesos, pero sabiendo lo que hacía. Se plantó en cuartos sin perder ni un set y le ganó las dos primeras mangas a Tsitsipas. El partido era suyo. Ahora bien, falló un par de smashes en el tie-break del tercero, ese set se escapó, el griego se animó… y es cierto que Nadal no está para cambiar de ritmo en pista dura. Si el partido se complica, se complica. Ahora bien, hablamos del campeón del US Open 2019, así que no vamos a descartarle para nada. Y tiene toda la pinta de que, con esta consistencia, en Roland Garros arrasa un año más.

7. «La revolución rusa». Dos rusos se plantaron en semifinales —Karatsev y Medvedev— y tal vez podrían haber sido tres si Rublev no se hubiera enfrentado en cuartos con Daniil. Lo de Karatsev desde luego es una sorpresa. Bueno, «sorpresa» se queda corto. Jugar tu primer Grand Slam y llegar a semifinales es una heroicidad que nadie había conseguido antes. Karatsev tiene veintisiete años y venía de la «qualy». Su papel en la ATP Cup que ganó con Rusia se limitó a los dobles. Más allá de sus triunfos en el circuito challenger nadie tenía mucha idea ni de si era diestro o zurdo. Es cierto que se benefició de lesiones claves de sus rivales, como la de Dimitrov en cuartos de final, pero, en fin, ahí hay que estar. Veremos los próximos meses a ver en qué queda este fenómeno.

8. Por cierto, las lesiones. Hubo de todos los colores, tanto en el cuadro masculino como en el femenino. Muchos le echaron la culpa a las dos semanas de cuarentena en las que los jugadores no pudieron entrenar en condiciones. No me parece disparatado. Australia, y en concreto la región de Victoria, le ha dado una buena y necesaria lección de humildad al deporte profesional. No hubo excepciones. Es cierto que algunos disfrutaron de unas condiciones más amables en Adelaida, otros más duras en Melbourne por haber coincidido en sus vuelos con positivos en coronavirus y la mayoría se manejaba con un estricto calendario de salidas y entrenamientos, pero ni la carta de Djokovic a las autoridades sirvió para nada. Hay prioridades y la salud es la principal. Bien hecho. Ahora bien, ¿que toda esa presión física y mental para preparar un reto de tamaña exigencia puede derivar en mil lesiones musculares? Sin duda.

9. Vamos con las decepciones y empecemos con Felix Auger-Aliassime: por fin entonado en un grande, el canadiense se planta en octavos de final tras derrotar a su compatriota Dennis Shapovalov y sin ceder un set. En esa ronda le espera el citado Aslan Karátsev y en poco más de una hora el marcador ya va 6-3, 6-1 a favor de la gran promesa post-adolescente. ¿Qué pasa después? Molestias, incomodidad, vértigo… y derrota, por supuesto, en cinco mangas. Vaya oportunidad perdida para empezar a sentir la verdadera presión de las últimas rondas. Cuidado con esto porque dichas oportunidades luego no vuelven.

10. Otra decepción podría ser Dominic Thiem, que cayó, también entre molestias físicas, contra Grigor Dimitrov en octavos de final. Como ven, todo el torneo ha sido una sucesión de círculos viciosos. De hecho, lo normal habría sido que el austríaco hubiera perdido ya en tercera ronda ante el volcánico Nick Kyrgios, pero al australiano se le fueron acabando las pilas y desperdició una ventaja de dos sets. Mi problema con Thiem es que no creo que sea un superclase. Sé que es un prejuicio como otro cualquiera, pero en el fondo lo que esconde es un elogio: Thiem tiene que estar al cien por cien de mentalidad, concentración y tenis para poder competir con los mejores. No puede «ir y volver» como Zverev y que eso le baste. Desde que ganara el pasado US Open, se le ve a un ochenta por ciento. No es un desastre, pero al ochenta por ciento, Thiem es demasiado vulnerable.

11. Por cierto, aceptable torneo de Alexander Zverev, que parece que va dejando atrás lo de irse a cinco sets en cada ronda ante cualquier rival. Es cierto que esta vez no tuvo grandes rivales a su paso hasta cuartos de final pero, bueno, llegó a cuartos de final, que es lo que tiene que hacer, y le ganó el primer set a Djokovic. Luego, pues lo de siempre: una mezcla de contundencia en los golpes y un lenguaje corporal muy mejorable cuando las cosas se tuercen. Da la sensación de que su cabeza no está en el tenis y motivos tiene para ello entre tanto escándalo por sus fiestas en plena pandemia y las acusaciones de malos tratos por parte de su exnovia. Aparte, acaba de tener un hijo con otra exnovia. Tiene veintitrés años.

12. Australia fue el primer torneo de Grand Slam para Karatsev, con 2veintisiete años, pero también lo fue para Carlos Alcaraz, con diecisiete. El chico —y sobre todo su entorno— detesta que le comparen con Nadal, pero no le va a quedar otra. Es como cuando a cada corredor belga con un mínimo de talento le comparaban con Merckx. Esto funciona así. En lo que acabamos de descubrir cómo se va a comportar en la élite, si será un jugador más defensivo, más ofensivo, más vinculado a la tierra batida o a las pistas duras… Alcaraz ha conseguido pasar la qualy, ha vivido la experiencia de la cuarentena, que es para vivirla a esa edad, y ha conseguido ya su primer triunfo en un torneo de Grand Slam. En segunda ronda, cayó con el también joven y talentoso sueco Mikael Ymer, más rodado a este nivel. A continuación, se fue a jugar a Adelaida, donde se llevó por delante a David Goffin —qué pena para lo que ha quedado el belga— antes de caer en octavos de final con Thiago Monteiro. Poco a poco.

13. Poco más se puede decir del tenis español: Roberto Bautista, bastante beligerante durante la cuarentena, cayó en primera ronda contra Radu Albot. Aparte de Nadal, solo tres españoles llegaron a tercera ronda en el cuadro masculino, uno de ellos, Feliciano López. Feli, a los treinta uy nueveaños, amplió su récord de Grand Slams disputados consecutivamente, dejándolo en setenta y cinco, que es una burrada. Teniendo en cuenta que es el único jugador del circuito que además dirige un torneo Masters 1000, no está nada mal lo del toledano, que incluso remontó dos sets a Lorenzo Sonego en segunda ronda, algo que, como vemos, ha sido bastante habitual en el torneo. El resto de la «Armada», ya digo, tocada y casi hundida. Pablo Carreño también se metió en tercera ronda y se retiró lesionado ante Grigor Dimitrov. El joven Pedro Martínez Portero al menos le ganó un set a Dusan Lajovic antes de ceder definitivamente en la misma ronda.

14. Pasemos ya al cuadro femenino y demos la bienvenida a la que promete ser la nueva gran reina del circuito: Naomi Osaka. Lo curioso de la japonesa no es solo que lleve ya cuatro torneos de Grand Slam (US Open 2018, Australia 2019, US Open 2020, Australia 2021) sino que en total ha ganado siete en toda su carrera. Sabe rendir cuando tiene que hacerlo. Iguala a Kim Clijsters y se sitúa a uno de Maria Sharapova con solo veintitrés años. A poco que apuntale su juego en hierba y tierra, puede darse un buen festín, aunque lo bueno del circuito femenino es siempre su imprevisibilidad. En todos los torneos aparece alguien que puede dar la sorpresa.

15. En este Open de Australia, la invitada inesperada fue la estadounidense Jennifer Brady, quien no tuvo que ganar a ni una sola top 20 en su camino. En fin, cosas peores hemos visto. Todo lo contrario que Osaka, a quien le tocó el llamado «cuadro de la muerte» y que tuvo que eliminar a Serena Williams en semifinales y a Garbiñe Muguruza en octavos de final, partido en el que la española llegó a tener dos puntos de partido sobre el servicio de la japonesa antes de malgastar el suyo para pasar de ronda. Por ese lado del cuadro también andaban Simona Halep (cayó en cuartos ante Serena) e Iga Swiatek (perdió en octavos ante Halep). Bianca Andreescu, de vuelta tras su enésima lesión, perdió en segunda ronda ante Su-Wei Hsieh. Nivelazo absoluto, vaya.

16. Hay que detenerse en Garbiñe porque la ocasión lo merece: llegó a la final en el Torneo de Melbourne y se quedó a un punto de derrotar a la campeona en el Open. Buena nota en la gira australiana, sin apenas matices. No es justo dar por hecho que si hubiera convertido cualquiera de los dos puntos de partido de los que dispuso habría ganado el torneo porque es Garbiñe y la queremos tal y como es: una caja de sorpresas, pero, en fin, teniendo en cuenta su final el año pasado en este mismo torneo, ya solo le queda una gran actuación en un US Open para completar un palmarés más que brillante. En cuanto al resto de españolas, poco se puede decir que difiera de lo que dijimos del cuadro masculino: con Carla Suárez recuperándose de un linfoma de Hodgkin, ni Paula Badosa ni Sara Sorribes ni Aliona Bolsova consiguieron ganar un solo partido. Ya el hecho de que solo cuatro españolas estuvieran en el cuadro habla a las claras de la crisis en el deporte femenino.

17. Serena Williams llegó a semifinales y se echó a llorar en rueda de prensa, en lo que muchos vieron el anuncio de una retirada a final de año. Va a cumplir cuarenta años y ganó su primer grande… en 1999. ¿Puede ganar uno más y empatar a veinticuatro con Margaret Court-Smith? Bueno, si se confirma su intención de retirarse, le quedan solo tres balas y ya no es ni de lejos la dominadora del circuito. Ahora bien, la facilidad con la que se quita rivales de encima en las primeras rondas hace que sea una fija en la segunda semana independientemente de la superficie. Una vez ahí, te toca el cuadro de Jennifer Brady y a soñar, claro. Por cierto, su hermana Venus, a punto de cumplir cuarenta y uno, ahí sigue dando guerra. En segunda ronda perdió 6-1, 6-0 contra Sara Errani solo por su terquedad a la hora de no retirarse y de alguna manera «ensuciar» el triunfo ajeno. Encomiable.

18. ¿Por qué se quedó tan abierto el cuadro de Brady? Obviamente, porque las favoritas no estuvieron a la altura: Ashleigh Barty, la número uno del mundo, cayó en cuartos de final ante la sorprendente Karolina Muchova después de un torneo impecable. A Belinda Bencic la eliminó expeditivamente Elise Mertens en tercera ronda, confirmando que quizá lo suyo vaya a quedarse en nada. Sofia Kenin, campeona vigente del torneo, cayó en segunda ronda ante Kaia Kanepi, y Karolina Pliskova volvió a decepcionar a todo el mundo cayendo en tercera ronda. ¿Su rival? De nuevo, la checa Muchova. Enorme torneo, el suyo.

19. Ahora que los Grand Slams han optado —no queda otro remedio— por formatos más pequeños, solo hay tres competiciones más allá de los individuales: dobles masculinos, femeninos y mixtos. En la primera, los ganadores fueron Ivan Dodig y Filip Polasek, que derrotaron en la final a los campeones del año pasado, Rajeev Ram y Joe Salisbury. En la segunda, levantaron el trofeo Elise Mertens y Aryna Sabalenka. En cuanto a los mixtos, los campeones fueron Barbora Krejcikova y Rajeev Ram, que se rehízo así de su derrota en los masculinos.

20. En definitiva, torneo raro que acaba como cualquier otro torneo. Nadal ha ganado trece veces Roland Garros, Djokovic ha ganado nueve veces Australia y Federer ha ganado ocho veces Wimbledon. Solo resiste el US Open como garante de la igualdad competitiva. Son ya diecisiete años consecutivos en los que Rafa Nadal o Novak Djokovic ganan un torneo de Grand Slam. Si queremos mantener la mística del «Big 3» (aunque en los últimos diez años, Djokovic ha ganado diecisiete grandes y Federer cuatro), son diecinueve consecutivos para los tres grandes campeones desde que Roger se impusiera en Wimbledon 2003. Se viene ahora algo parecido a una gira europea indoor, una gira outdoor por oriente medio (Doha y Dubai) y luego ya, si todo va bien, volveremos a la tierra batida. Y ahí, visto lo visto el año pasado, solo una versión menor de Nadal junto a una superlativa de Thiem o Djokovic puede dar algo de emoción al torneo. La cosa queda 20-20-18, pero me da que solo hasta junio. Ahí estaremos para contarlo.