Las parabólicas ya tendrían que habernos matado a todos

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parabólicas 5G
Señales. Imagen: Buena Vista Pictures. parabólica

Todas las promesas que vienen seguidas del término 5G me parecen maravillosas. Pensemos en las retransmisiones de eventos religiosos, esto es, el fútbol. Con la posibilidad de tener el campo encima de la mesa en una superposición de realidad aumentada que puedas comentar y manipular con amigos que están en su casa, entran ganas de seguir viendo muchos lustros más esta infinita letanía que es el fútbol. Si es que con que avance un poco más la monitorización de biomarcadores vamos a poder conocer la fatiga de los jugadores en directo, con barritas de energía, como en los videojuegos. 

Sin embargo, vivimos en una época tan simpática que es más común pensar en el 5G como obsesión de los llamados negacionistas. Salen con pancartas de «lo que mata es el 5G» en sus manifestaciones, en el Reino Unido se ha llegado a prender fuego a postes de teléfono y según Miguel Bosé «una vez que activen la red 5G, clave en esta operación de dominio global, seremos borregos a su merced y necesidades». Un tal Thomas Cown ha difundido unos vídeos que se hicieron virales en los que explicaba que cada pandemia que ha sufrido la humanidad ha aparecido como consecuencia de un «salto cuántico en la electrificación de la Tierra», lo que demuestra que la pandemia de SARS-CoV-2 ha sido por el 5G. Y es así constantemente, tenemos más presente el término 5G por el miedo que le tienen ciertas personas y las teorías psicodélicas que se cuentan que por el avance que supone. Todo un hito de la comunicación social. 

Desde hace muchos años, es conocido que las ideas delirantes se adaptan a los cambios que se producen en la humanidad. En el caso de personas con patologías mentales previas, hay muchos factores que se pueden encontrar en la concepción de los delirios, sobre todo relativos a la personalidad, antecedentes culturales y el entorno inmediato. Lo contaba en 1992 un artículo del Irish Journal of Psychological Medicine para ilustrar una oleada de alucinaciones que se habían producido en Gran Bretaña, la derivada de la instalación de antenas parabólicas de televisión en los ochenta. 

Como muestra, el informe incluía la situación de tres pacientes que habían sido ingresados de urgencia en los servicios psiquiátricos de South Glasgow. Los ejemplos servían para mostrar cómo los cambios más inmediatos y contemporáneos alimentaban los delirios de los pacientes. 

El primero era el caso de una niña de dieciséis años. Había llegado a urgencias con un episodio de psicosis, estaba muerta de miedo y en posición fetal. Hablaba rápido y de forma incoherente. Decía que algo horrible le iba a pasar a ella y a su familia por su culpa, mencionaba a Dios y al diablo. Estaba en la cama y había escuchado una voz susurrar su nombre. Todo comenzó cuando su familia instaló una antena parabólica. Estaba convencida de que el satélite la estaba vigilando, de modo que los vecinos podían conocer sus pensamientos. Podían ver su mente por televisión. 

Un segundo caso era el de un hombre de sesenta y seis años. Contaba que desde hacía cinco años, el profeta Ezequiel se estaba comunicando con él y le había dicho que era uno de los siete ángeles del Apocalipsis. En esta conversación, le explicó que las antenas parabólicas se habían colocado para monitorizar el comportamiento de los vecinos e ir apuntando sus pecados y faltas de cara al juicio final. Un delirio similar al del tercer caso, una mujer de treinta y siete años. Decía que había visto brillos, destellos, que eran de la televisión por satélite. La señal de que estaba siendo espiada por las antenas parabólicas, lo que permitía a otros seguir sus movimientos. 

En las conclusiones, los investigadores señalaban que no solo las parabólicas, también otros elementos ligados a la actualidad de ese momento como el VIH o la guerra de Las Malvinas, habían alimentado la imaginación desorbitada de las personas con patologías mentales de este tipo. No obstante, las parabólicas particularmente, concluían, eran especialmente poderosas para incorporarse a los delirios. Tal vez fuese por la generación que había crecido en la Guerra Fría, siempre pensando en los satélites como herramientas del espionaje militar, tal vez por la forma y visible colocación de estos objetos, o seguramente por ambas a la vez, la cuestión es que eran «un sustrato ideal para la fenomenología de la psicosis». 

Apenas un mes más tarde de la publicación de estas conclusiones, un psiquiatra y profesor de la Universidad de Oklahoma envió una carta a la revista científica en repuesta al artículo. Decía que lo había leído con atención y que le gustaría aportar un caso similar sucedido en Estados Unidos. Se trataba de una mujer de treinta y dos años. Sus vecinos acababan de instalarse la antena parabólica, justo cuando ella acababa de dejar de tomarse la medicación para un trastorno de esquizofrenia paranoide. En su delirio, creía que el Pato Donald estaba enamorado de ella. Se lo había dicho a través del satélite gracias a esa antena. 

A su familia empezó a preocuparle que se pasara horas alrededor de la parabólica, hasta que un día alguien llamó a la policía. La chica había trepado hasta el tejado y se estaba masturbando con la antena parabólica creyendo que estaba teniendo un encuentro sexual con el Pato Donald. Tras recibir medicación, fue consciente de sus actos y, aunque mostró una tendencia a evitar neuróticamente las antenas parabólicas desde entonces, fue capaz de hablar de lo que había pasado y de tomárselo con humor, decía el médico. Encontraba una relación entre lo que le impulsó a construir su fantasía así como a dejar de tomar la medicación: el intenso poder simbólico de la parabólica. Graciosamente, este doctor añadía un pronóstico para concluir: «Estoy seguro de que cada vez más personas en esta situación centrarán más sus energías en estas y otras tecnologías de uso común». 

Efectivamente, años después, la literatura científica está llena de casos de delirios relacionados con las nuevas tecnologías, internet sobre todo, y advertencias a los médicos para que tengan en cuenta estos factores en sus diagnósticos. Es más, estudios con perspectiva más amplia, como este de Jeffrey Sconce, señalan que la manía de persecución electrónica tiene doscientos años. Como dice el autor: «Los delirios que involucran a los medios de comunicación han aumentado constantemente durante el pasado siglo, hasta el punto de que muchos clínicos argumentan que ahora constituyen el síntoma más común entre los considerados psicóticos, especialmente aquellos clasificados como esquizofrénicos y paranoicos». De hecho, sigue, «los delirios de influencia técnica sobre la mente y el cuerpo son anteriores al advenimiento de la electrónica propiamente dicha, han surgido dentro de las rápidas transformaciones sociales de La revolución industrial». Según documenta, la electricidad, el magnetismo y la llegada del teléfono, entre otros avances, fueron temas centrales entre los delirios de los internos en centros psiquiátricos del siglo XIX y principios del XX.  

Lo que yo humildemente me pregunto es cómo nos lo hemos montado para que en la era de la comunicación haya tanta gente que se comporte de forma similar a los casos descritos, con la particularidad de que esos son derivados de patologías mentales, porque no nos engañemos, la inmensa mayoría de los negacionistas, salvo alguna celebrity, están supuestamente en plena posesión de sus facultades mentales. 

La tabla de precios no existe. Por favor, revisa tu shortcode.

8 Comentarios

  1. Esta claro que este artículo está patrocinado por Bill Gates y su pretension de que nos inoculen la vacuna del chip con el 5G para controlar cuántas veces nos masturbamos al día y poder así determinar a quién damos nuestro voto. Lo sé porque me lo asegura este señor verde con trompetillas por orejas que tengo sentado en el sillón de salón mientras veo Cuarto Milenio.

  2. La coartada de estar chiflado para creer en todas estas patrañas conspiranoicas no vale. O vale para muy pocos. Estar en plena posesión de las facultades mentales y ser gilipollas son cosas perfectamente compatibles.

  3. Yo tengo una conocida negacionista del covid, y sostengo polémicas por whatsapp ( bueno, por Telegram, que el whatsapp también tiene no sé qué … ) con ella. Me manda artículos de diversos medios – que, vaya desgraciada casualidad, siempre son de extrema derecha – , a los que yo replico con otros también diversos ( aunque alterno, para que no se diga, los de izquierdas y los de derechas ). Cuando la acorralo, su respuesta siempre es: que todos esos son medios “oficiales” o “del sistema” y por tanto no se cree nada. El caso es que sus fuentes informativas son, pongo 3 ejemplos:
    – Rafapal, uno que se anuncia como “periodismo para mentes cósmicas” ( sin comentarios )
    – Ejercito remanente, cuyo nombre ya pone los pelos de punta, ultraconservadores católicos; o
    – DiscoveryDsalud, donde nos enteramos de que el Sida no existe o de que la quimioterapia no sirve para nada.
    En fin, que todos son de esta cuerda. Si teneis curiosidad, googlead alguno de ellos y vereis si exagero.
    Sobre estos temas, unos libros que he leido ultimamente:
    – El pensamiento conspiranoico, N. Ceballos,
    – Porqué creemos en cosas raras, M. Shermer,
    – Bullshit, contra la charlatanería, C. Bergstrom,

    • Gracias por la info. Me despiertan muchisima curiosidad. Tengo algunos en la familia y funcionan en la misma linea. A cer q me encuentro.

      • Mas libros:
        – Contra la simpleza, ciencia y pseudociencia, D. R. Altschuler;
        – Que le den a la ciencia, Rocio Vidal ( ésta es una youtuber muy conocida, tiene un blog llamado La gata de Schödinger )

  4. lConspiraciones reales ocultas tras conspiraciones imaginadas. Los casos psicopatológicos se explican por sí mismos, pero ¿por qué personas sanas, de inteligencia y educación dentro de la media, son víctimas de estas teorías delirantes? La explicación está en la responsabilidad de empresas del estilo de cambridge analytica, que se dedican a trazar perfiles de personas vulnerables a la intoxicación informativa gracias a los datos de las redes sociales, para a continuación bombardearlos con los bulos adecuados a cada una. Una vez engañadas, el sesgo de confirmación hace casi imposible hacer cambiar de opinión a estas personas. Estas campañas son terrorismo digital, manipulan en base al terror y el caos informativo. Buscan desincentivar el voto a las personas de unas tendencias políticas e incentivar a otras para votar, normalmente a la extrema derecha. Trump y Bolsonaro pagaron estas campañas con buenos resultados en sus países. Ya supondréis que partido está haciendo lo mismo en España.

    • Has hecho un analisis común pero desacertado. El rollo de las burbujas algorítmicas bien. Pero estas campañas de Cambridge analytics son bastante más complejas que el hecho de darle lo que quiere a la gente q tiene ciertas inclinaciones. (Es también tratar al público de estupido de primeras).
      Cambridge analytics con trump lo que hizo no fue eso ( al menos no exclusivamente ) si no algo mucho más maquiavélico: daba ( y da ) estupideces sacadas de contexto, muchas veces además de lo más aberrante de la extrema derecha (véase del mismo trump, o véase terraplanistas), a un público de izquierdas. Entonces, la izquierda atacaba con mofa y superioridad moral estos argumentos creando generalizaciones sobre la derecha (ya q habían recibido información sesgada) y estas últimas se volvían vírales fácilmente, llegando a un público moderado al que también le habían llegado las noticias completas, quedando retratadas pues las críticas como fascistadas izquierdistas (sin falta de parte de razón ) y caricaraturizando pues a los caricaturistas.
      Lo cual generó repudio y q la extrema derecha creciera. Así como la conspiranoia creció a su vez al ver a líderes mintiendo o hablando sin saber sobre cortes q para la derecha carecían de importancia en su contexto real.
      Y etc etc. seguimos en estas

  5. Para mí gran parte del éxito – relativo, claro – de estas teorías conspiranoicas reside en: “yo soy mas listo y estoy mejor informado que los demás, pobres pringaos que se creen todo lo que les sueltan en la caja tonta. A mí no me la pegan. ” Así de sencillo.

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