‘Spider-Man: No Way Home’. El corazón y el alma

Publicado por
image_pdfimage_print
Spider-Man: No Way Home
Spider-Man: No Way Home. Imagen: Marvel Studios.

¿Recuerdan el mundo antes del terremoto? Parece que ha pasado un siglo. En 2019 nos las pintábamos muy felices. Dejando aparte, ya saben, la guerra, Donald Trump, el hambre, la pobreza, Bolsonaro, el odio y la intolerancia, el auge de la extrema derecha, el cambio climático, el reguetón por todas partes… pero en fin, ¿qué han hecho los romanos por nosotros? El caso es que la cultura pop vivía una especie de particular rave, estaba de celebración y entierro al mismo tiempo. La gran megafranquicia de nuestra era, esto es, el Universo Cinematográfico Marvel, culminaba su enorme construcción catedralicia (Jordi Costa dixit) con Vengadores: Endgame, poniendo en el proverbial asador toda la carne macerada durante los diez años anteriores, despidiendo a unos héroes, ensalzando a otros y alcanzando un grado de epicidad que ya quisiera David Lean, oiga.

Y luego, el silencio.

Por un lado, era el momento de una necesaria parada y fonda después de ese fin de fiesta que había sido Endgame. Inevitablemente las siguientes entregas del serial infinito de Marvel tendrían que adoptar una escala mucho más pequeña, recoger los bártulos, barrer el polvo de la batalla y, en cierto sentido, empezar de nuevo. Habrá, sin duda, un nuevo clímax gigante en el horizonte, pero para ello es sabio dedicarse a construirlo poco a poco. Al fin y al cabo, como atestigua cualquier intento de revisionado, Endgame no se ve sin más; a Endgame se llega. Lo que ocurre es que, sumado a esa desescalada armamentística de la franquicia, en el mundo real estaba por llegar el apocalipsis. Qué les voy a contar que no sepan.

Así, dentro y fuera de las pantallas 2021 ha sido el año de intentar volver a la normalidad. O, al menos, a algo que se le parezca. Tras el retraso de Viuda Negra y compañía, la cuarta fase de Marvel daba un tardío pistoletazo de salida con Wandavisión, y desde ahí las piezas empezaban a reubicarse en el tablero. Con parsimonia, como en el ya lejano camino a la primera entrega de Vengadores. Pero, entre los pequeños pasos ‘palante’ (Shang-Chi, Eternals) y algún pasito ‘patrás’ (la mirada retrospectiva de Viuda Negra), daba la sensación de que esta nueva era marveliana apenas estaba calentando motores de forma tímida e, incluso, algo titubeante. Pues bien… eso se acabó. La Fase Cuatro del Universo Marvel ya está aquí en toda su esplendorosa gloria.

Porque Spider-Man: No Way Home es una película excesiva, a veces desequilibrada y cinematográficamente menos redonda que sus dos predecesoras… pero también es un chute de adrenalina que tira la casa por la ventana y pisa el acelerador argumental del Universo Marvel —a veces da la sensación de que cabrían en su metraje tres películas distintas, una detrás de otra— para volver a subir el voltaje de las grandes tramas con la que tan hábilmente sabe jugar Kevin Feige: esas que empiezan en una película y finalizan en una serie televisiva varios años después. Y eso, aquí, multiplíquenlo por mil. Porque la cinta de Jon Watts va más allá de la transmedialidad para entrar en lo que podríamos llamar «transerialidad», atreviéndose a rescatar o resolver historias iniciadas hace dos décadas, en sagas completamente distintas a la que nos ocupa (o eso creíamos).

Spider-Man: No Way Home
Spider-Man: No Way Home. Imagen: Marvel Studios.

No vamos a entrar en detalles, más allá de lo desvelado por la campaña oficial de marketing del film; al fin y al cabo, es mejor que estas cuestiones las descubran ustedes mismos en pantalla. Pero baste decir que Watts, junto a los guionistas Chris McKenna y Erik Sommers, saca buen rédito dramático a su reparto nuevo y antiguo. Personajes como el Otto Octavius de Alfred Molina no están ahí tan solo para dar gustete al fan viejuno, sino que se convierten en parte integral del desarrollo dramático del film. En su razón de ser, mucho más allá del simple fanservice. No hay gratuidad en la operación de No Way Home: de lo que se trata es de construir un elaborado punto y seguido en la aventura del Peter Parker que nos presentaron, un tanto in medias res, en Capitán América: Civil War. De ofrecerle eso que los cómics de superhéroes suelen hacer cada cierto tiempo con sus personajes: un final de etapa. Y un nuevo principio. Al fin y al cabo —y que nadie se tome esto como algún tipo de enrevesado spoiler— hasta los X-Men se graduaron en la escuela de Xavier. Quizá por eso el tono del film se va volviendo progresivamente más serio a medida que avanzan sus velocísimas dos horas y media.

Entre medias, a pesar de todo, Jon Watts sigue siendo Jon Watts, como demuestra su cámara nerviosa en los primeros compases de la película, cuando aún juega a la comedia de instituto antes de convertirse en un blockbuster de enormes (y múltiples) dimensiones; el Strange de Benedict Cumberbatch encaja como un guante en la narrativa, recordando a los lectores más veteranos aquella Marvel Team-Up donde el trepamuros formaba equipo con algún otro peso pesado de la editorial; y, por encima de todo, el perfecto trío formado por Tom Holland, Zendaya y Jacob Batalon sigue siendo el corazón y el alma de la película. Y esta es la clave del asunto, porque si algo debe tener un buen tebeo de Spider-Man es alma y corazón. Por fortuna, gracias a la arrolladora química entre los tres jóvenes intérpretes, No Way Home tiene ambas cosas por triplicado.

Spider-Man: No Way Home
Spider-Man: No Way Home. Imagen: Marvel Studios.
La tabla de precios no existe. Por favor, revisa tu shortcode.

One Comment

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.