Roger Domingo: «Los editores somos los primeros interesados en encontrar buenos libros, no salen solos»

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Roger Domingo

Nos encontramos con Roger Domingo, editor de Deusto, Gestión 2000, Alienta y Libros para Dummies un día especialmente lluvioso en Madrid, en el edificio de la editorial Planeta. Su despacho tiene un gran ventanal desde el que, en un momento dado de la entrevista, nos señala un arco de san Martín que se ha formado en el cielo. Delatando por su forma de llamar al arcoíris, y tal vez sin advertirlo, sus raíces catalanoparlantes. Además de los detalles de su oficio, nos habla de esta nueva etapa en la que se ha embarcado como maestro de autores, para enseñarles a interesar al editor y llegar a ser publicados. La mesa de reuniones en la que hablamos está flanqueada por una estantería con los volúmenes que ha editado, con Thomas Piketty, el economista de la izquierda, y Ayn Rand, la virgen atea de la derecha puesta de moda por Donald Trump, en lo más alto. Contiguos y mostrando sus portadas, como si estuvieran a punto de entablar una discusión de ideas opuestas.

Cuántos manuscritos pasan por tu mesa a diario.

Uf, bastantes. De españoles unos diez o doce, depende del día, más los latinoamericanos. Y todo lo que viene de fuera. Ahora que se acerca la Feria de Londres más, porque todas las editoriales internacionales de no ficción te mandan su catálogo, lo que lo convierte en una auténtica locura.

Y cuánto tardas en decidir si merece la pena o no estudiarlos.

En realidad muy poco. La mayoría de autores, y este es uno de los problemas básicos, no saben cómo llamar la atención del editor. Yo trabajo básicamente aplicando dos filtros. El primero es responder a la pregunta de si en el caso hipotético de que el libro estuviera bien yo podría publicarlo. Aquí se caen la mitad, en aproximadamente un minuto y medio, porque llegan cosas como libros de cocina o de temas espirituales, que no son cosas que yo publique. En el segundo filtro, sobre las cosas que sí podrían encajar, ya cada maestrillo tiene su librillo. Yo me lo mando al Kindle para echarle un vistazo.

Fuiste director de marketing antes de director editorial. ¿Eso ha condicionado tu forma de trabajar, dando más importancia al libro como producto de mercado en lugar de como producto cultural?

A todos los editores, en el fondo, nos define esa palabra tan bonita en catalán, lletraferit, que no suena igual de bien en castellano, letraheridos, los que sienten una pasión extrema por la literatura. Yo siempre tuve claro que estudiaría letras, lo que hice en la Pompeu Fabra, soy también hijo de editor, y crecí rodeado de libros. Pero además hacer la parte de empresa y marketing te aporta una visión sobre lo que funciona y no funciona en el mercado, que te ayuda a elegir qué libros tienes que publicar y cuáles no. Es un poco lo ideal en cualquier editor. El que solo se base en su instinto, que es como funcionaban muchos antes, no todos, con una visión muy alejada del mercado, no funcionará tan bien como cuando eres capaz de sincretizar ambas cosas.

En esta categoría tuya de edición de bestseller, ¿es tan importante que la propuesta del autor sea buena como que sepa vender o sea famoso?

No siempre. Depende un poco del tema que aborde la obra, pero en general es imprescindible que el autor participe en la promoción, y que por tanto sea capaz de comunicar su obra. No necesariamente de venderla, más bien de hablar sobre ella. Lo que sí es determinante es que el autor tenga una comunidad previa de seguidores, una tribu que esté esperando su libro como agua de mayo, que apenas lo anuncie vayan a las librerías a comprarlo, lo lean rápido y lo recomienden a sus amigos y en sus redes sociales. Hacen de evangelizadores. Y esto tiene que ser así porque básicamente ya no hay tiempo de generar demanda. Cada semana salen tantas novedades que sin esa demanda previa el librero tendrá la sensación de que ese ejemplar no se vende. O, como se dice en el argot del gremio, que no rota. Si pone diez copias en su librería y a los dos días solo ha vendido una, tendrá la tentación de devolverlo. Si a la semana ha vendido solo dos, lo devuelve seguro, y ese libro no volverá nunca a entrar en la librería. Para la editorial es muy difícil conseguir que la gente vaya a comprar el libro en las primeras dos semanas, pero si las supera, ya puede entrar en juego con las presentaciones y trabajar la promo para conseguir que el libro siga vivo.

Y pasadas esas dos semanas, cuánto dura el volumen en las librerías.

Hay libros de llamarada que se venden solo durante el primer mes y medio, dos meses, y luego se olvidan. El resto, que son más, los de longue haleine, de largo aliento, duran cuatro, cinco, hasta seis meses. Depende mucho del título, el tema y el público al que vaya dirigido. Por lo general la mayoría están dos, tres meses en la mesa de las librerías. Aunque también depende del momento en que lo sacas, si lo haces en junio ya no estará en septiembre, cuando salen las novedades. Si lo publicas en abril, un buen mes por Sant Jordi, el día del Libro, lo arrastras hasta la Feria del Libro, y estará abril, mayo y todo junio.

Roger Domingo

Una de tus últimas ediciones en Deusto, la del libro de Cipri Quintas, salió con una máquina expendedora. Un vending de libros. ¿Este tipo de experimentos surgen de Planeta o son cosas del autor?

Este caso fue una idea del propio autor, que tiene una personalidad muy creativa e innovadora, y había transformado una máquina de vending de Coca-Cola en una expendedora de libros. Tiene un restaurante aquí en Madrid, Silk, en La Moraleja, al que va mucha gente, y que también es discoteca, por allí pueden pasar al día quinientas personas. Y él, que es muy maestro de ceremonias, muy buen anfitrión, saluda a todo el mundo, por lo que quería que nadie se fuera del local sin comprarle el libro. Pero claro, siempre pasa que te dicen que sí, lo voy a comprar, no te preocupes, iré a la librería, o cuando esté en el puente aéreo, o en el AVE, yo te lo compro. En cambio de esta forma los llevaba hasta la máquina y lo tenía hecho. Además, como era un libro solidario, que donaba parte de los ingresos, el autor había hecho un acuerdo con varios hospitales, para que en la sala de espera, junto a la máquina de café y la de las Coca-Colas estuviera también la de su libro.

Jorge Herralde, de Anagrama, repite a menudo que de cada diez títulos anuales que selecciona solo dos funcionarán realmente bien, pero que es casi imposible saber qué dos serán. ¿Esto también sucede en las colecciones de ensayo, como las que tú diriges?

Sí, claramente. Esto es algo que ocurre en todo mercado, y ocurre siempre. Lo decía también un CEO de Coca-Cola, ahora no recuerdo su nombre, me gasto cada año varios millones de euros en anuncios, pero nunca sé qué millón se va a la basura, porque va destinado a un grupo de gente que en realidad no bebe Coca-Cola, sino Pepsi. Pero ya no es ocho-dos, que eso es Pareto cien por cien, con su referencia al ochenta-veinte, ahora hay una serie de libros que se disparan y luego está lo que llamamos la clase media, que no son libros con los que necesariamente pierdes dinero, pero que te dan lo justito. De ahí la necesidad de publicar muchos libros, para que el poquito sumado de todos te permita seguir adelante.

Y qué hay de la mid list, esos libros con menos ventas que hacen la carrera de los autores pero que ya no interesan a editoriales grandes como Planeta. ¿Están condenados a limitarse a las editoriales independientes?

Para entender lo que pasa ahora con los libros de mid list hay que remitirse a la pandemia, al año 2020, porque supuso un antes y un después en el sector editorial. Hasta ese año muchos libros se estaban dejando de publicar porque ya no daban dinero. Te pongo un ejemplo, el típico libro publicado en Estados Unidos que en España puede tener unas ventas de dos mil, tres mil ejemplares, que para un ensayo es bastante, aún te salía a cuenta. Entre lo que pagabas de anticipo y traducción lo recuperabas, sin ganar mucho, pero lo recuperabas. Pero llegó un punto en que esas ventas fueron bajando, y cuando vendes solo dos mil ya te sale lo comido por lo servido, sobre todo si quieres hacer una buena traducción y una buena revisión, no solo ortotipográfica sino de estilo, con alguien que revise bien si el traductor ha entendido lo que ha querido decir el autor en cada momento.

Y qué pasó en 2020 para cambiar este panorama.

El 20 fue el año en que volvimos a los libros. Nos volvimos locos, recuperando ese afán y ese placer por la lectura de antes, estuvimos encerrados en casa y leímos todo lo que teníamos allí y para lo que no habíamos encontrado tiempo. No pudimos acudir a las librerías, y en el último trimestre nos lanzamos, las ventas del último trimestre del 20 fueron excepcionales. Como todo hábito, que no se crea de la noche a la mañana, ese hábito de lectura ha permanecido, y lo hemos alimentado. Durante todo 2021 las ventas han sido muy importantes, hemos vendido un 17 % más que en 2020, que fue un año tan bueno como el 2019, empataron en cifras. Contando que en el diecinueve no había ninguna crisis económica, ni restricción al comercio. Ahora está por ver cómo evoluciona la mid list, yo tengo la sensación de que está subiendo, estamos vendiendo más con títulos pensados para vender tres mil ejemplares a lo sumo. Básicamente ahora estamos en un momento de mercado parecido al de antes de la crisis. Ahora la cuestión es ver si será flor de un día, o si con la inflación y los problemas de transporte habrá una nueva contracción del consumo y el mercado editorial volverá a donde estábamos en el diecinueve.

¿A quién ha beneficiado más en la cadena de distribución este aumento de ventas, a las librerías o Amazon?

Lo que más ha crecido por supuesto ha sido Amazon y el e-commerce. Amazon era un actor importante, pero no el más importante, y ahora es uno de los más importantes.

¿Para Planeta también? Porque antes era en El Corte Inglés y Carrefour donde vendíais más.

Sí, porque nosotros representamos el 25 % del mercado editorial. Al tener una porción grande del mercado nos afectan los hábitos de compra. El cambio ha dado un cierto auge a las librerías que tenían comercio electrónico. Algunas lo han hecho muy bien, el gremio de libreros se han asociado en Todostuslibros.com, que sacaron durante la pandemia, y ha ido estupendamente. También este renacimiento del consumo ha hecho que los aficionados vuelvan a las librerías, y no dejan de nacer nuevas, como Byron en Barcelona, que son librerías bonitas y hechas con encanto. Con lo cual yo creo que el cambio ha favorecido a todos los actores, al e-commerce, a los lectores que tienen mayor disponibilidad, y a los libreros.

Roger Domingo

Pero dices que la venta online es fundamental. No sirve solo tener una librería física.

Ambos modelos funcionan, y no tienen que ser antagonistas. Yo, como consumidor y editor estoy encantado con Amazon, me gusta el one click, me gusta encontrar el libro en Instagram porque un amigo lo está leyendo y desde el sofá, o incluso desde un atasco poder comprar el libro y saber que al día siguiente va a estar. Esta es una forma de comprar para el libro del que no quieres olvidarte y lo quieres tener. Pero luego sigue existiendo la maravilla de ir a las librerías a tocar y descubrir libros. La venta por impulso, que es en la que sustenta el mundo editorial, es una venta que se produce en librerías. A los que nos gusta leer cuando vamos a la librería vamos pensando en comprar un libro. Yo tengo un cumpleaños este fin de semana, sé que en algún momento voy a pasar por la Casa del Libro, porque tengo que regalar algo a una amiga y le voy a comprar un libro. Sé, porque me ha pasado ya, que de camino a ese libro voy a tropezarme con dos o tres libros que me voy a acabar comprando. Una cubierta que me gusta, el libro de un amigo. Esta es la venta por impulso, que sobre todo sucede en las librerías.

Las librerías son más importantes que el algoritmo.

No tiene que haber esa especie de rivalidad, ser de libreros o de Amazon. Yo soy de los dos. Lo de Amazon y el algoritmo está muy bien, pero funciona solo cuando vas a tiro hecho. Cuando sabes que lo vas a comprar. Las librerías tienen su razón de ser, y hay que evitar que un solo actor, en este caso Amazon, fagocite todo el mercado. Es un poco lo que está ocurriendo en Estados Unidos, y de ahí todas las fusiones y demás.

Otra cosa que trajo 2020, con la digitalización acelerada, fue la distribución del tiempo de ocio entre libros y plataformas. ¿Esta competencia ocurre también en el libro de ensayo?

Claro sí, del mismo modo que hay gente que deja de leer la novela para ver la serie, porque lo puedes ver en pareja, y comentarlo, etc., en el ensayo exactamente lo mismo. A mi me gusta poner un ejemplo para explicarlo. Tú y yo somos de la misma quinta, en el 1986 no sé por dónde andabas, pero en mi pueblo la gente se volvió loca con el cometa Halley. Todo el mundo se lanzó a comprar telescopios, todo el mundo se echó al monte para verlo pasar. En el 86, si tenías algún interés por la astronomía, había pocas opciones. Yo vivía en un pueblo, así que todavía menos. O irme a la biblioteca, o a la librería para ver qué había. Y básicamente había libros. Podías preguntar a tu profesor, o a un conocido, pero si querías saber, los libros eran el recurso. Ahora, si sientes un repentino interés por la astronomía, tienes libros, pero también apps que apuntas al cielo y te salen las constelaciones, canales de YouTube que puedes ver cuando quieras, y programas de televisión enlatados que ni tienes que esperar a que emitan. Hay podcast, hay blogs, un montón de información. Esa competencia te acaba pasando factura.

¿Y se puede combatir esa competencia con libros?

Sí, porque nuestra oportunidad, o reto, es convertirnos en el último reducto de la verdad. El libro, durante quinientos años, ha sido el vehículo de transmisión de conocimiento por excelencia, el lugar al que ibas cuando querías saber algo. La gente iba a la biblioteca o a la librería, no a YouTube, y ha sido así hasta hace quince o veinte años. Eso se ha perdido, pero podemos mantener el libro como el mejor vehículo de transmisión de conocimiento, para contener el saber, la ciencia, y los contenidos sin imposturas extemporáneas, que le hacen un flaco favor al lector. A mi lo que me motiva a seguir publicando libros es que los editores mantengamos vivo ese refugio de la verdad. Hacerlo llegar al gran público además de curarlos, y que pueda decirse que todo lo que está en ese libro es cierto, con referencia a estudios serios y hechos con rigor, no con la típica muestra de quinientas personas en Twitter. Para que con independencia de la opinión del autor, que por supuesto también está presente, tú te puedas hacer una opinión formada sobre lo que ocurre.

Hablemos de tu entrada en Deusto. Encontraste un sello clásico que vendía muy poco y perdía dinero. ¿Cómo lo resucitaste?

Fue complicado porque Deusto era otra cosa, sobre todo un sello de libros jurídicos, y hacía muchas cosas para abogados y gestores. Los últimos años no había funcionado, pero tenía una gran tradición, comenzó en 1957, y mucho prestigio por haber traído a España muchos títulos de management y empresa que se habían convertido en clásicos. Yo lo cogí en 2008, en el inicio de la crisis, cuando había mucha gente con ganas de leer sobre ella, pero que solo encontraba volúmenes académicos, escritos por economistas y dirigidos a otros economistas, muy de nicho, pero no para el gran público. Se me ocurrió que podríamos satisfacer esa demanda. Especialmente porque en el período entre 2008 y 2010 surgieron tres tipos de público. Uno quería leer para saber exactamente qué ocurría, qué era la prima de riesgo, o si realmente necesitábamos que nos rescataran. El segundo quería formarse una opinión para tenerla en la cena del sábado con los amigos, personas que no tenían una ideología muy clara, y deseaban saber si la hostilidad era o no necesaria. Y luego el tercero, un público que utilizaba los libros como reclamo o fortaleza ideológica, quería leer autores liberales si era liberal, o socialdemócratas si eran socialdemócratas. Identificamos textos de economistas escritos no desde la academia, sino para el gran público, que permitían entender las noticias, y comenzamos a publicarlos. Ahí empezamos, con El estallido de la burbuja, de Robert J. Shiller, que explicaba el porqué de la crisis, y luego seguimos con una serie de autores como Daniel Lacalle, Juan Ramón Rallo, etcétera.

Da la sensación de que Deusto, además de libros técnicos, publica sobre temas muy actuales y controvertidos, como la transexualidad o el papel de las fuerzas armadas, que ocupan dos de vuestros últimos lanzamientos.

Todo lo publicado en los últimos doce, trece años, desde esa nueva vida de Deusto que te he señalado, han sido temas de actualidad, con una visión desde la economía, la sociología, la política… Ahora coincide que hemos publicado dos sobre el debate de la teoría queer y el tema trans porque está en el debate público. El último libro que comentas, Nadie nace en un cuerpo equivocado, lo han escrito dos autores de izquierdas, próximos al PSOE, y enfrentados por tanto con el nuevo feminismo que representaría Podemos. Comparten los postulados feministas de izquierdas, pero no están de acuerdo con la Ley Trans de Irene Montero porque les parece equivocada o exagerada en algunos puntos, y los defienden desde posiciones socialdemócratas. Como la Ley Trans va a tramitarse a lo largo de este año, y se votará, tal vez, en septiembre, es un tema que está en el día a día del debate.

En el debate de las dos izquierdas, en este caso.

Es que si tú quieres entender de qué va el debate sobre la Ley Trans tienes varias opciones, según cuál sea tu manera de pensar y tus prácticas habituales, con miles de canales en YouTube que hablan sobre ese tema. Frente a eso la labor del editor es proporcionar un texto escrito por dos académicos, doctores en psicología, que te expliquen desde la ciencia qué es lo que está ocurriendo. Es una herramienta, el libro, para poder entender de qué va el debate, cuál es la problemática, y qué posibles soluciones hay. Básicamente es lo que intentamos en Deusto, libros que te permitan entender el mundo y la sociedad de un modo sosegado, huyendo de lo que es habitual en los debates en redes y en otros foros donde la gente sale a esgrimir eslóganes pero donde cuesta profundizar en las cuestiones.

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¿No tendéis a publicar más títulos liberales o conservadores porque eso conectará mejor con ese público formado por empresarios que viene a Deusto buscando libros técnicos?

Publicamos muchos temas de empresa, pero los empresarios no necesariamente son de derechas o liberales, hay muchos que sí, pero también hay un montón que son de izquierdas. No creo que el tipo de público nos determine. Su característica es más de grupo urbano, que lee El País, El Mundo, El Confidencial, y en lo económico que lee Expansión. Gente que quiere estar informada y va a los libros para aprender sobre otros temas. Hay de todo, no hay un perfil muy concreto ideológicamente. De hecho en las presentaciones de autores liberales, el público es evidentemente muy liberal, y en las de autores de izquierdas el público es de izquierdas. El libro de Piketty, por ejemplo, lo presentó la vicepresidenta Yolanda Díaz.

Lo que sí es cierto que a la gente le choca porque está acostumbrada a que todos los medios, y también muchas editoriales, tengan un perfil ideológico muy marcado. Sobre todo las editoriales independientes de izquierdas tienen un perfil ideológico muy marcado, aunque también las hay de derechas. Lo interesante es salir de esta dicotomía, que no aporta nada. Si solo publicas a un tipo de público es como si el otro no te interesara, pero hay propuestas interesantes a derecha e izquierda. Lo importante es que el lector discrimine en lo que está de acuerdo o en desacuerdo, si un autor se equivoca o no se equivoca.

Por tanto, no tienes en cuenta la ideología del autor cuando te llega una propuesta.

No se trata de la ideología del autor, cada uno tendrá la suya, todas me parecen bien, lo que me importa como editor es que al autor se le pueda tratar, que no sea un gilipollas engreído ni que tenga un ego desmedido, de esos que consideran que te dan su libro y ahí te lo comas, y que además tenga un libro que merezca la pena leer, independientemente del credo ideológico al que corresponda. Yo lo que intento es que Deusto no sea una editorial ni liberal, ni socialdemócrata, ni de derechas, ni de izquierdas, sino que abarque todo lo que merezca la pena publicar. Por ejemplo, en economía somos la editorial líder, y publicamos a todos los economistas tanto españoles como extranjeros. Somos la editorial con más premios Nobel de economía. Publicamos desde Thomas Piketty, economista de izquierdas por excelencia, a Thomas Sowell, que es el economista liberal. Lo mismo en España, a Lacalle o Juan Rallo que son liberales, o a Juan Torres López, que es de izquierdas y que ayudó, con Vicenç Navarro, a escribir el programa económico de Podemos.

¿Y tienes plena libertad para mantener esa independencia?

A veces es complicado. Hay gente que se queja, diciendo que Deusto debería publicar solo autores de izquierdas, o solo de derechas. Los autores de derechas me dicen a veces cómo se te ocurre publicar a Piketty. Macho, es que merece la pena leerlo, y da igual si eres liberal o conservador, hay que leerlo, sobre todo si eres economista. Hay gente que coge las editoriales como los equipos de fútbol, soy del Barça o del Madrid, esto no es un partido de fútbol, se trata de publicar ideas, y hay ideas tan buenas en el liberalismo como en la socialdemocracia. Es muy complicado, pero yo intento siempre huir de eso.

De lo que te será más difícil huir es de la actual cultura de la cancelación. ¿También generan polémicas los libros de Deusto?

Tenemos polémicas cada día. Con los libros que citabas sobre el fenómeno trans nos han atacado de arriba a abajo, han intentando cancelar ambos libros, hay librerías que no quieren tenerlos, porque consideran que atentan contra la dignidad de los transexuales, lo cual es una gilipollez, pero bueno. Estas cancelaciones un poco baratas la mayoría de veces se hacen sin haber leído el libro. Publiqué este de Nadie nace en un cuerpo equivocado, y del de Abigail Shrider, Un daño irreparable, que se intentó cancelar en EE. UU. y luego aquí en España, pero como digo, sin leer el libro. Pero alma de cántaro, espera a leerlo y verás que no tiene nada de lo que estás diciendo. Recientemente nos ha pasado también con los libros sobre el procés, hay librerías en Cataluña que no quieren títulos que vayan contra él, y hemos publicado muchos títulos en contra porque era lo que estaba en el debate hace cuatro años. Teníamos gente allí que se quejaba, o librerías que no querían el libro. Si la librería quiere hacer política estupendo, pero sería más lógico que montase un partido en vez de vender libros, pero cada uno gestiona su negocio como quiere.

Estas cosas no afectan a tu criterio editorial.

No, siempre son estériles y no llevan a nada, y menos aún a determinar lo seleccionado para ser publicado. A nosotros de hecho nos convienen. En el caso del último libro sobre lo trans, Nadie nace en un cuerpo equivocado, intentaron cancelarlo un mes y medio antes de que saliera. El libro no existía como tal, todavía no había llegado a imprenta, pero montaron tal escándalo, que en lugar de tirar los tres mil que teníamos previstos tiramos seis mil.

Una buena polémica siempre ayuda a las ventas.

Hombre claro, me vas a hacer la campaña. De repente todo el mundo en este barrio concreto de Twitter sabía que el libro se iba a publicar, y noventa días antes comenzaron los tuits de apoyo y los de crítica, funcionaron como una campaña, logrando que en Amazon, donde estaba en preventa, subiera al número tres y luego al dos. Aunque tú como editor no lo fomentes y guardes silencio, te conviene. Esto es una máxima del mundo editorial, es como el libro de Dan Brown, El código Da Vinci, como el Vaticano se quejó le pusieron enseguida una faja «el libro que el Vaticano no quiere que leas». Se trata de eso, show business.

Diriges otros tres sellos editoriales, Gestión 2000 y Alienta, algunos parecidos a las colecciones Deusto, y luego los libros para Dummies. De qué depende que una propuesta acabe en una colección u otra.

De la temática y del público al que se dirige. En Alienta publicamos básicamente solo libros de bienestar y salud, que no encajarían en Deusto, y libros de empresa más del soft business, centrados en habilidades directivas como aprender a hablar en público, o a negociar, o superación personal y autoayuda. En Gestión 2000 libros técnicos de empresa, cómo hacer un plan de marketing, gestionar el liderazgo, todo lo relacionado con la empresa.

Y los Libros para Dummies, ¿cómo funcionan? ¿Tienes que salir a buscar autores o te llegan propuestas?

Me llegan muchísimas propuestas. Esta es una franquicia de Wiley & Sons, que habilita a editoriales, en cada país a una, Edi8 en Francia, Porto en Portugal, Mondadori en Italia, hay unos treinta y cinco a cuarenta países. El acuerdo es que tienes que publicar una serie de libros originales, ser los primeros en publicar sobre tecnologías nuevas, y a autores nacionales. Es una colección con mucha mancha, sus libros amarillos son muy visibles al entrar en una librería. Lo que pasa es que las propuestas que recibimos en este caso sí que es difícil poder llevarlas a la práctica, porque los dummies tienen un estilo, una serie de directrices pedagógicas muy concretas que impiden coger un libro y convertirlo en dummies. No es solo cambiar las cubiertas, su método pedagógico consiste en que aunque no tengas ni idea de este tema te cojamos de la mano y en trescientas páginas no es que te conviertas en un experto, pero sabrás todo lo que tienes que saber.

Es un método similar al empleado cuando aprendes idiomas, vas repitiendo conceptos y luego ampliando, ampliando, hasta comprenderlo en su totalidad. Es como imposible, lo hemos hecho alguna vez pero no funciona, coger un texto escrito para ensayo y convertirlo en para dummies. Hay que volver a escribirlo y no tiene sentido. Por eso los libros que nos llegan no suelen funcionar. Buscamos nosotros al autor que mejor puede escribir sobre un tema y le ayudamos desde el principio, cómo tienen que ser los capítulos, cómo se debe distribuir la información en pequeños trozos, con muchos bullet points, ejercicios, etc.

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Antes nos hablabas de la importancia de tratar temas de actualidad. ¿Ya te están llegando propuestas sobre la guerra de Ucrania?

Sí, claro, ahora estamos trabajando con un libro, a ver si podemos sacarlo pronto, que trata las causas de la guerra. Pero en esto dentro del mundo editorial hay que ir con mucho cuidado porque es muy fácil pillarse los dedos. Una editorial no es ni un periódico ni una revista, lo que hoy veinte de marzo seguramente no tenga nada que ver con lo que hablaremos el veinte de abril. Un periódico puede encargar un reportaje y publicarlo el domingo que viene, una revista mensual, aunque vaya más tarde, sacarlo cuando aún se está hablando de ello. Cuando una editorial quiere hacer actualidad lo más probable es que acabe mal. Porque nosotros por rápido que vayamos necesitamos un par o tres de meses, hay que escribir el libro, no es moco de pavo sobre todo si tiene que ser bueno, hay que corregirlo bien, maquetarlo, imprimirlo y distribuirlo. Nosotros mandamos a los puntos de venta quince días antes, como al Corte Inglés, va al departamento central y ellos redistribuyen. Un par de meses no te los quita nadie en el mejor de los casos. Corres el riesgo de invertir mucho dinero o tiempo en contratar un libro que para cuando se haya publicado el foco sea otro.

Pero sí que estáis pegados al debate público, vuelvo a la Ley Trans que citábamos antes como ejemplo. Supongo que buscas un equilibrio.

Sí, y a veces funciona. En mayo de 2015, cuando Podemos sacó cuatro eurodiputados, el 30 de mayo, había mucha gente en España que no sabía quiénes eran, incluso ministros que iban por los pasillos de Génova preguntando esta gente quiénes son. No había trascendido todavía, pero ya había una demanda de mercado para saber quién es Podemos, de dónde sale, quiénes son sus líderes. Nos pusimos a trabajar el treinta de mayo, publicamos el 30 de junio yendo muy, muy rápido, y se vendió bien, diez mil ejemplares en aquel verano. Pero si en vez del 30 de junio hubiera salido el 30 de septiembre ya habría habido miles de artículos, crónicas, reportajes, ya no hubiera tenido mucho sentido sacarlo. En el mundo editorial tienes que ir con mucho cuidado, ahora estaba leyendo un libro que todavía habla de Pablo Casado, y va a imprenta mañana, pues he llamado a ver si lo podemos cambiar porque ha quedado obsoleto. Esto te ocurre todo el rato.

Llevamos tres crisis importantes, la de 2008, el coronavirus y Rusia en apenas veintidós años del siglo XXI. ¿Una época tan cambiante aumenta la demanda de libros de ensayo como los que tú publicas?

De hecho el ensayo no ha dejado de crecer en los últimos años, es de los géneros literarios que más crecen, y eso obedece a dos cuestiones. La primera, que hay una demanda de información, de saber qué está pasando, pero sobre todo la segunda, una demanda de información fidedigna, que es el gran reto de los editores. Hoy día tienes una pléyade de fuentes de información inabarcables. Sobre la guerra de Ucrania puedes ir a todo tipo de información y conocer todo tipo de opiniones. La cuestión es cuál es cierta y está curada, cuál no, cuál es directamente es fake news, como RT (Russia Today), o el resto de la propaganda prorrusa. Al ciudadano de a pie le cuesta mucho discriminar.

Los últimos años está ocurriendo también en España. Los grandes medios de comunicación están extremadamente politizados, fruto de la extrema politización de la sociedad. Se ve en TVE, donde a menudo meten mucha mano a los gráficos. Y no debería ser así porque es una televisión pública. Pero lo ves también en el resto de televisiones, cada uno obedece a su amo, y las tergiversaciones, por decirlo suavemente, son flagrantes. Si hasta el CIS de Tezanos, que es una institución pública mete mano, y se ha convertido en un chiste, qué no van a hacer los medios privados que obedecen a los intereses de sus accionistas.

El panorama es por tanto el de una fragmentación de la verdad. Y en ese panorama el gran reto de los editores, igual que hace diez años era la digitalización, ahora es convertirnos en paladines de lo fidedigno. Si hacemos las mismas trampas que a veces hacen los medios de comunicación perderemos todo el respeto. Pero si los editores somos capaces de permanecer como garantes de la verdad tenemos ganado el futuro.

Esta polarización de la que hablas no se ha contagiado también, en general, al sector editorial, que por cierto también responde a intereses de accionistas cuando hablamos de grandes grupos.

Yo diría que va por barrios. Hay editoriales, como te decía antes, que son netamente partidistas, y evidentemente de una de estas no puedes esperar nada que sea objetivo. Ahora ha nacido editorial Navona, y está detrás Jaume Roures, que tiene una agenda, y cuál va a ser el primer libro importante, pues el de Pablo Iglesias que se publica en tres semanas. Yo no sé qué va a pasar con Navona, pero si se convierte en una editorial que solo publica este tipo de autores, pues obligará al lector a ir con cuidado, porque ahí te van a explicar algo como ellos ven o quieren que tú veas. Me parece una opción legítima, evidentemente, tiene además su público, y aparte cuanto más pluralidad haya, mejor. De ahí la necesidad de ser transversal. Aquí publicamos de todo, autores de derechas e izquierdas, porque es gracias a esa transversalidad que le decimos al lector que no le vamos a vender nada, sino solo aquello que es mejor en cada caso.

Ahora tienes otra faceta como editor, la de formador de autores. Y has creado un curso para enseñarles.

El método MAPEA es básicamente un curso para aprender a escribir un buen libro y a conseguir publicarlo con una editorial. Hay ocho módulos, cuatro hacen referencia a cómo escribirlo, y cuatro a cómo publicarlo. Esto nace de mi experiencia personal, te lo he comentado al principio. Por un lado percibo que todo el mundo quiere escribir un libro en algún momento, ya lo ha hecho, o lo hará en el futuro. En mi vida diaria tengo, por un lado, todos los manuscritos que me llegan, de gente que coge mi email de la página web y me lo manda, y luego los amigos de amigos de amigos de amigos. Gente que te coge y te pregunta oye, quiero escribir un libro, a qué editorial lo mando, cómo lo hago. Mi vida era básicamente dar explicaciones sobre algo que yo veo muy claro pero que la gente no sabe.

¿Cuáles son esas cosas que un autor generalmente no sabe?

No sabe cómo tiene que estructurar una obra, no sabe qué géneros literarios hay, no sabe que el mercado se diferencia por géneros y que luego en las librerías un libro no es una novela, sino una novela romántica, o erótica, o histórica. Tiene que llevar un apellido. Tampoco saben que hay editoriales generalistas que publicitan todos los géneros y especializadas. No saben que cuando mandas un escrito a un editor, el editor no va a dejarlo todo y va a leerlo. Tienes que seducirlo, convencerlo de la necesidad de leerlo, esto se hace con la presentación y con un briefing literario.

Durante todos estos años me he encontrado con gente muy buena pero que no iban a publicar jamás porque no sabían cómo hacerlo. Lo típico, imagínate que tú quieres publicar un libro y me mandas un email con el manuscrito. Es lo normal, eres autor y piensas yo acabo mi manuscrito y lo mando, toma, ahí te va. Y qué ocurre. Pues que es como si me estuvieras tirando una pedrada, un melón. Porque no me dices si es una novela o un ensayo, ni quién eres, si es un libro de política, una novela histórica, de cocina, no sé, o va de flower power. Me estás pidiendo que lo deje todo y haga el esfuerzo de empezar a leer tu propuesta. Que es como ponerle una calavera encima, hacer que vaya directo a la basura, en cualquier editor de cualquier editorial del mundo. Así es imposible evaluarlo.

Y esto ocurre, según dices, en la mayoría de los autores.

Así es, los autores en general no saben cómo hacer una propuesta a los editores. Y es normal. Si yo quisiera publicar un disco, que no tengo ni pajolera idea del mundo de la industria musical, posiblemente haría lo mismo, mandaría a Sony una canción, y posiblemente lo haría mal. Hay que abordar una serie de cuestiones básicas, como no mandar la propuesta a todos los editores, eso no tiene ningún sentido. Hay mil en España, pues no la mandes a los mil, esto es como buscar trabajo, tienes que ver dónde encajas. Después de tantos años sigo dándome cuenta de que los autores van muy perdidos y no saben cómo hacerlo. A veces con pena, porque he leído novelas de amigos de amigos que tenían un novelón, pero que no saben cómo hacer, y no lo consiguen. Muchas veces quedan sin publicar porque no han tocado donde deberían.

También hay muchos escritores con la sensación de que el mundo editorial es inaccesible.

La mayoría de la gente topa con el mundo de la editorial como si fuera un muro inabarcable y acaba autopublicando. Pero ese muro no es tal. Los editores somos los primeros interesados en encontrar buenos libros, no salen solos. Yo mismo tengo que publicar cien libros al año. Voy con un cohete en el culo para encontrarlos. Todos los editores estamos siempre pensando en qué vamos a publicar, buscando autores, procurando que no se nos pase nada porque si no lo publicamos nosotros lo hará la competencia. Somos gente estresada que estamos siempre buscando savia nueva. Ese muro no existe, tienes que saber cómo franquearlo. Al darme cuenta de eso pensé voy a crear un programa online para que cualquier persona que tenga la voluntad de escribir un libro y el ansia de publicarlo con una editorial tradicional sepa cómo hacerlo.

Y el curso, exactamente, cómo se desarrolla.

Una vez que te apuntas tienes que seguir ocho módulos, uno por semana, y luego tienes un año para trabajar. Ahora en abril empieza MAPEA 7, llevamos siete ediciones. Bueno, en realidad será de 1 de mayo de 2022 al 1 de mayo de 2023. Durante este año tú puedes ver todos los vídeos, consultarme todo lo que te haga falta, y en ese curso tienes todo lo que necesites. Toda la parte teórica, si es una novela cómo definir a los personajes para que tengan el carácter que tengan que tener, el protagonista, el antagonista, cómo dividir la temática principal y subtemáticas, la trama principal y subtramas, cómo construir los diálogos, todo lo que hay que saber del corpus teórico. En el caso del ensayo lo mismo. Una novela no lleva prólogo, el ensayo lleva sobre todo introducción que es la parte más importante, si no haces una buena la gente no sigue, es como el libro tráiler de la obra. Todo ese tipo de cosas.

Roger Domingo

Esa es la parte de técnica de escritura, ¿y la de dirigirse al editor?

Para eso tienes una carta de presentación y un modelo de briefing, para que sepas cómo hacerlo. Además te incluye el listado de las mil editoriales que hay en España actualizado con emails y todos los datos, de contacto y demás, que necesites. El alumno se apunta, va viendo los ocho módulos, y en cada uno me tiene que mandar una serie de ejercicios para que yo sepa si lo hace bien o no. El primero es tu género literario que, como te dije antes, mucha gente no tiene claro. Luego las tramas, las subtramas, una serie de ejercicios. Después me mandan la carta de presentación y el briefing, y de las mil referencias de editoriales, por temas, que tienen que escoger, aquellas a que van a mandar su propuesta. Para que yo les diga si han escogido bien o les reoriento hacia dónde tienen que dirigirse, o si tienen que añadir más. Así al menos tenemos la certeza de que tienes las mejores posibilidades.

Finalmente, la parte de la contratación, para que sepan negociar un buen contrato. Al fin y al cabo no se dedican a eso, así que me mandan su contrato, yo lo reviso y digo mira, aquí te están timando, aquí donde ponen cinco años intenta que sean siete, o donde pone el ocho por ciento intenta que sea el diez, o haz un escalado etc. Para que firmen el mejor contrato, que puedan hacerlo sin miedo a que puedan tener algún problema en el futuro.

O sea, que es como un máster.

Es un máster, y es caro, son dos mil euros con los que tienes todo. Funciona muy bien, empezó hace dos años, hay cien autores ya que han publicado, y cada semana hay nuevos publicando, que o consiguen algo (deja de hablar para enseñarme el teléfono móvil). Mira, esto es de hoy, a las 13:37, me manda esta foto esta señora que es alumna, que ha ido a La Esfera de los libros a firmar el contrato.

¿Su primer libro?

Sí.

Y es una señora de edad.

Sí, es mayor.

Luego no importa ni eso, ni que seas novel, ni desconocido.

No, y ella además tenía una novela fantástica. Que en eso consiste, básicamente.

Cuántos alumnos tienes en cada edición.

Unos doscientos.

¿Y puedes escoger de sus manuscritos para tus propios sellos?

No, esto es lo primero que les cuento, en la primera clase. Cuando todavía se pueden dar de baja y pedir un reembolso. Yo me voy a desvivir para que tú puedas publicar. Pero hay cuatro sellos donde tienes el no de entrada, mis cuatro sellos. Por una razón muy sencilla, porque si no habría gente que pagaría el curso simplemente como atajo. Hay mucha gente que tiene dos mil euros y los puede gastar en cualquier cosa, así que los coge para emplearlos en que este señor publique su libro. No es así, y para que no haya malos entendidos lo dejo claro desde el principio. Yo te ayudo en todo lo que puedo, en lo que esté en mi mano. Pero en mis sellos no. Cada año hay cuatro o cinco que se dan de baja cuando lo digo, cuando aún pueden recibir el reembolso, porque iban por ahí. Y es una lástima, porque hay algún libro que hubiera publicado encantado porque sé que lo hubiera vendido bien.

Te pagan por leer, es una frase tuya para definir tu oficio. Y en tu tiempo libre, cuando te pagan, ¿lees también?

Sí, leo mucho, pero novela histórica.

¿Algún autor?

Santiago Posteguillo, por supuesto. Ken Follet también, y cualquier saga. Me sirve para desintoxicarme, estoy todo el día leyendo ensayo, está muy bien, me encanta, pero como ocio, como entretenimiento, prefiero lo histórico.

¿No te has enganchado a alguna plataforma?

No. Cine veo poquísimo, y de series nada.

Qué ve Roger Domingo en el futuro de la edición.

Será un futuro halagüeño. Llevamos mucho tiempo pensando que a la edición le iba a pasar como a los periódicos, que desaparecería, que no tiene razón de ser. Yo creo que no, que si los editores lo hacemos bien, siempre habrá demanda de información de calidad, curada. Va a cambiar mucho, porque durante los últimos diez años la competencia ha sido brutal. Hace quince años no había Netflix, ni redes sociales, ni podcast por un tubo, sí había YouTube pero no lo de ahora. Tengo una hija de once años y su mundo es ese, ahí está toda la gente a la que sigue. Si en quince años ha habido tanta competencia imaginemos la que habrá en los próximos cincuenta. Pero yo soy optimista. Si los libros han durado, como decía Irene Vallejo en El infinito en un junco, que lo cuenta muy bien, si lo que conocemos como libro desde Gutenberg ha tenido la historia que ha tenido, es porque es el mejor artefacto para la transmisión del conocimiento jamás inventado. Y habrá mil ataques, mil productos sustitutorios, pero el libro nos ha acompañado durante quinientos años y yo creo que me moriré todavía con libros.

Con libros físicos, se entiende.

Bienvenidos son los ebooks, yo soy un gran partidario de ellos, y los audiolibros que ahora están llegando y permiten a la gente que lea libros mientras está cocinando o saliendo a correr, me parece fantástico. Pero el libro como artefacto físico y repositorio de conocimiento no va a desaparecer.

Roger Domingo

La tabla de precios no existe. Por favor, revisa tu shortcode.

12 Comentarios

    • Igual que en la facultad, cuando los profesores te decían que si querías aprobar su asignatura tenías que comprar el libro que habían escrito ellos. Si quieres publicar con Roger Domingo, sigue sus cursos. ¡Oferta de 3×2 para las primeras cinco llamadas! ¡Llama ahora!

  1. Está muy bien que los editores revelen que solo publican a gente que tenga una tribu de seguidores detrás, porque así nos podemos ahorrar los libros que publica. Los libros de la gente que sale en la tele: periodistas, famosos, etc. son invariablemente malos.

  2. Hace tiempo cometí el error de estudiar un máster de edición confiando en poder trabajar de lo mío (sólo sirvió para que la universidad se forrase a costa de una docena de primos como yo), y nuestro director tuvo la feliz idea de invitar a un editor de un gran grupo mediático para que nos explicase cómo funciona realmente el negocio editorial. Si lo que pretendía era ilusionarnos, se lució. Algunos highlights: 1. Los manuscritos no solicitados van a parar a un montón que llaman la “slush pile” (la pila de basura) y no se los leen JAMÁS. Si el curro flojea, de vez en cuando los empleados del departamento cogen uno para reírse un rato; porque según nuestro orador invitado la inmensa mayoría tienen un nivel de calidad paupérrimo (faltas de ortografía, personajes que cambian de nombre cada tres páginas, márgenes imposibles), y al cabo de un mes se destruyen. 2. Casi todos los premios literarios que se conceden en España están pactados, sobre todo los que ofrecen mayor dotación económica. Todos en el mundillo saben que son una herramienta de márketing para promocionar a autores de la casa, y más a menudo de lo que creemos son escritos por autores fantasma o “negros” a sueldo. El famoso de turno se limita a poner el nombre y ya. 3. Ahora mismo las editoriales buscan presentadores de televisión, influencers y youtubers: gente que tenga una base de fans ya creada y que compran cualquier cosa que lleve el nombre de su ídolo. La editorial ya se encargará de poner la novela. 4. El nepotismo en el negocio es rampante. Cada vez que veáis a algún joven y sobradamente preparado emprendedor presentando su nueva editorial, buscad su nombre en Google. Descubriréis que es hijo o sobrino de algún capitoste de una gran empresa. Por eso me hacen tanta gracia estos profesionales que presumen de tener no sé cuantos manuscritos encima de la mesa y de que están siempre buscando nuevos talentos. Al menos no le han hecho una foto delante de una estantería llena de libros, eso ya habría sido pasarse de tópicos…

    • A mi lo que me fastidia, entre comillas claro, es que luego estos personajes son los responsables de haber creado un panorama literario paupérrimo, lamentable, aburrido y nada interesante, que espanta a los lectores que al final son quienes mantienen el kiosko. Porque el fulano de turno que compra un libro de su youtuber favorito solo compra ese, o los que saque el susodicho, pero ya.

      Es obvio que a estos mercanchifles los lectores no les interesan y ya de la cultura ni os cuento. Al final mojón tras mojón te das cuenta de que no sale a cuenta la cantidad de mierdezas que comienzas y el tiempo que pierdes para encontrar algo no ya bueno, sino decente, y pasas de leer.

      Y cuando esta gente por sacar cuatro duros rápidos se dan cuenta que no lee ni el tato y que solo se venden pelotazos y libros de famosos lloran por el panorama. Pero artistas, y sois los responsables de esta molicie y de haber espantado a los lectores.

      En fin, que asquete da todo.

    • El fundador de Blackie Books es hijo de uno de los antiguos jefazos de RBA y el tío va de malote de barrio que viene a sacudir el ‘statu quo’ del mundo editorial patrio. De no ser por el éxito de la biografía del cantante de Eels, aún seguiría haciendo bolos con su banda de rock. Ahí le vino Dios a ver.

  3. La parte final de la entrevista es la crónica de una “estafa”. La primera parte, un ejercicio de narcisismo.

    • “A ver, ¿cuánta gente estaba escribiendo libros sobre Podemos cuando sacaron cuatro eurodiputados en sus primeras elecciones?”

      No sé, ¿todos los tertulianos del país y sus mascotas? ¡Que parece que acabase de descubrir la pólvora, por Dios!

  4. ¡Madre mía! Estos razonamientos impecables no dejan de ser un torbellino, una tormenta de frente donde no hay paragüa que aguante; y pasan en desorden, además de hojas, páginas con espías sin problemas ni éticos ni morales, psicólogos impenetrables, sargentos en guerra cobardes, marcianos sin sexo, detectives siempre solteros, exploradores espartanos sin patria, adolescentes desorientados que nacieron y morirán con el rock, patriarcas conservadores y carcamanes, trans que me gustaría tener como hermanos, científicos monotemáticos, manipuladores informáticos en busca de créditos virtuales, el eterno sexo juvenil y senil que no se pone viejo, y amas de casa que un día se dan cuenta que algo les falta. Y por supuesto, detrás de todos estos, los millones de escritores que jamás conoceremos. Y leerlos a todos, ¡ni hablar! Mejor que vuelva a los clásicos que no son tantos al fin y al cabo, esos viejos amigos que sufren de insomnio, continuamente despiertos diciendo siempre lo mismo tratando de que la Historia no cambie, en latín a la izquierda, esa lengua que aunque muerta e incomprensible en ella me reconozco, y de frente a mis ojos el español, un dono al azar, horrible por lo gutural, masculino y burocrático, pero que volvería a elegir si nacería de nuevo.
    Desolador, Don Martín. ¿Adónde iremos a parar?

  5. A ver si me salen las cuentas sobre lo que dice:
    200 alumnos por curso x 2000 eurazos= 400.000 pavos que se levanta este tipejo en cada convocatoria.
    400.000 € x 6 convocatorias (ya que dice que va a empezar la 7ª) = 2.400.000 pavos que lleva ganados vendiendo el sueño de publicar en una editorial, cosa que sabemos que es bastante falso.
    200 alumnos x 6 convocatorias= 1200 alumnos que ya han pringado, de los cuales solo 100 han logrado publicar (datos sacados de la entrevista), por lo que el éxito de su método es del 8,3%. No llega ni al 10%. O sea, que su método es un mierdal.
    Conclusión evidente: se está forrando a lo bestia explotando la idea de la publicación a gente que, por lo general, no tiene mucho que contar, solo ganas de vender, e inundando el mercado con auténtica basura basada en pelotazos. Esto último lo digo después de haberme apuntado a una de sus charlas gratuitas en las que te habla en capitalista (un lenguaje muy rudo) y te enseña el éxito de algunos de sus alumnos que han publicado joyas del calibre “cómo dejar de fumar en 20 días” y mierdas por el estilo.
    Son los tipos como este los que hacen del mundo un sitio mucho peor y los que impiden, de una forma proactiva, que aparezca el próximo Poe o la próxima Ursula K. Leguin. Eso es así.

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