En Bahamas, la libertad

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Detalle de The Bahamas from Slavery to Servitude, 1783-1933, de Howard Johnson.

Fueron doce personas. Habían formado un comité para exigirle al Parlamento Británico la abolición de la esclavitud. La iniciativa partía de una petición firmada por trescientos cuáqueros, pero los miembros de este culto no tenían derecho a ser diputados. Por eso en el comité se sentaron tres anglicanos, Thomas Clarkson, Granville Sharp y Philip Sansom. El grupo se denominó oficialmente Sociedad para la Abolición de la Trata de Esclavos. Como ocurre ahora, el detonante fue una noticia impactante, el caso del Zong, un barco que se dedicaba rutinariamente a la venta de esclavos, pero que había contraído un seguro por la carga y decidió cobrárselo cometiendo un fraude: tirar «la carga» al mar y dar media vuelta. Murieron ciento treinta personas. Cuando el seguro se negó a pagar, llegó el escándalo. 

La Sociedad se creó un 22 de mayo de 1787. En un principio no estaba orientada a acabar con la esclavitud, sino con el comercio internacional de esclavos. Su actividad fue sobre todo informativa. Publicaron libros, carteles propagandísticos y emprendieron largas giras por localidades de todo el territorio británico dando discursos y organizando actos para concienciar a la población. Fabricaron medallones con la leyenda «¿No soy un hombre y un hermano?» que llegaron a hacerse muy populares, se convirtieron en una moda. Lentamente, el movimiento logró a reunir los apoyos necesarios para que, en 1807, el Parlamento Británico aboliera el comercio internacional de esclavos. 

Las consecuencias fueron inmediatas en todo el mundo. Gran Bretaña tuvo que indemnizar al resto de imperios, ya que una de sus actividades más lucrativas, el secuestro y venta como esclavos de personas, además de su explotaciones agrícolas con este tipo de mano de obra en sus colonias, se verían seriamente afectadas. La abolición amenazaba tanto a la economía de las colonias portuguesas y españolas como a sus gobiernos corruptos, en Mozambique los negreros dominaban todo el aparato del Estado. Allí la cuestión era especialmente complicada. Algún intento de abolir la esclavitud había tenido como respuesta amagos secesionistas. Era muy real la amenaza de que Angola y Mozambique se independizaran del Imperio portugués para unirse a uno brasileño basado en la trata. 

España, por ejemplo, recibió cincuenta millones de reales como indemnización por la abolición del comercio. Un pago que dio lugar a un caso de corrupción que nunca ha llegado a ser aclarado del todo. Con ese dinero, Fernando VII compró a Rusia unas fragatas que, a su llegada, fueron declaradas inútiles y hubo que desguazarlas y revenderlas como leña. 

La prohibición también dio lugar al delito, que permitió lucrarse a las oligarquías que manejaban las rutas comerciales y tenían muy pocos escrúpulos. La regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias y su marido tenían un cartel con empresarios esclavistas en los territorios españoles y cobraban por cada esclavo que entraba en Cuba. Este tipo de negocios, que en el caso de la regenta rendían al 1000 %, crearon una clase que luego tuvo gran importancia en el país. Con el objetivo de posponer la abolición de la esclavitud en las colonias españolas, a pesar de las presiones internacionales en este sentido, financiaron a los partidos que defendiesen sus intereses. Durante todo el siglo XIX, la batalla fue política y diplomática, pero también naval. Es un episodio poco recordado de la historia, pero la Marina Real Británica se dedicó a interceptar barcos cargados de esclavos. 

Los cónsules británicos, repartidos por todo el mundo, investigaron las redes de comercio de esclavos y aportaban la información al Foreign Office. Cuba fue uno de los territorios más disputados. No solo por los negreros españoles, sino por el expansionismo estadounidense, que también vio, en una aventura promocionada por los propietarios de esclavos del sur, la oportunidad de conquistar otro paraíso esclavista. La trata ilegal aportaba ganancias como un narcoestado moderno. Los propios diplomáticos británicos también eran untados con sobornos de toda clase. En los años 40 del siglo XIX, la economía cubana llegó a contar con casi 350 000 esclavos en las plantaciones. Los sobornos que pagaban los traficantes llegaban desde lo más alto de la administración de la isla hasta al soldado más raso. 

Para los británicos el problema se planteó cuando patrullando el mar encontraban barcos cargados de personas secuestradas en África. Lord Castlereagh, secretario de Estado de Relaciones Exteriores, y el Foreign Office, pronto se dieron cuenta de que tenían un problema. Cada barco que incautaban tenía una carga y era de seres humanos que, según su nueva legislación, eran libres. Entre otros lugares, su destino fue Bahamas. 

En la actualidad, el archipiélago es un destino turístico de ensueño, pero en estas islas paradisiacas también ocurrió un fenómeno extraordinario hace doscientos años. La Royal Navy fue asentando a todos los esclavos que liberaba, que comenzaban aquí una nueva vida. Estas personas, que no pudieron ser repatriadas cuando las liberaban los ingleses, llegaron también a Guayana Británica, Trinidad, Jamaica, pero Bahamas fue el destino más empleado porque estaba justo en la principal ruta de navegación con Cuba que seguían los traficantes. 

Muchos africanos liberados se alistaron en el ejército, personal de aduanas y en los servicios navales. Como población asentada, fueron claves para la cohesión del país a la hora de repeler una posible invasión estadounidense. Aunque existieran graves discriminaciones durante años después de la emancipación, surgió una clase media procedente de África con quienes habían asumido la libertad y la responsabilidad de su propia manutención. De ahí surgirían figuras como Alfred Adderley, prominente abogado que llegó a ser presidente del Tribunal Supremo en 1951, o Milo Butler, líder del Partido Liberal Progresista, que fue gobernador de Bahamas entre 1973 y 1979, reconocido con la Orden de Héroe Nacional de Bahamas. 

Además, en el mismo año 34 de la emancipación, aparecieron en Bahamas las Sociedades de Solidaridad. Su principal objetivo era proporcionar asistencia a los trabajadores en los periodos de enfermedad, vejez y los gastos de su funeral y pensiones para los familiares que perdían a su padre. De hecho, los afrodescendientes presumían ante el rey de que, con las formaciones de este tipo de sociedades, propias de la Inglaterra industrial, habían asumido los valores británicos como propios. Sin embargo, según el historiador Howard Johnson, estas agrupaciones en realidad reflejaban valores culturales africanos, ya existían en su tradición organizaciones similares para el autocuidado de la comunidad. 

Con la crisis del cultivo del algodón en el XIX, teniendo que buscarse el sustento por sí mismos, con las Sociedades de Solidaridad, los antiguos esclavos ahora liberados salieron adelante en una economía deprimida proporcionándose a sí mismos recursos para sobrevivir en condiciones de igualdad. No fue una historia idílica, tuvo muchas dificultades de todo tipo, pero es suficiente como para tener en cuenta que Bahamas, además de un entorno privilegiado, alberga en su pasado uno de los episodios de mayor humanidad de la historia. 

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One Comment

  1. Hay quien esta intentando huir del discurso triunfalista de este articulo en Escocia ahora, pues el discurso sobre la abolición se ha utilizado históricamente en el Reino Unido para tapar el horror que vivieron millones de africanos, un asunto directamente comparable con los campos de concentración de los Nazis cualquiera diría. Hay que poner el foco en las victimas.

    Eso dicho, la realidad de los esfuerzos “descolonizadores” de la actualidad es que, por muy bienvenidos que sean, acaban enfrentándose con la cruda realidad, que es que la monarquía inglesa luego británica estableció la primera empresa dedicada a la trata de esclavos en las islas, con un monopolio absoluto durante mucho tiempo de aquel “comercio” y que los dueños de las plantaciones en países como Jamaica no solo hicieron enormes fortunas en su momento sino fueron compensados por el Estado británico con pagos extraordinarios multimillonarios llegado el momento de la abolición en 1832.

    Los que beneficiaron de aquella infame trata siguen mandando en el Reino Unido día de hoy, y su efecto residual, el racismo, sigue siendo un problema grave, con el primer ministro Johnson siendo un racista constatado que ha recortado de forma brutal el presupuesto de cooperación y desarrollo, ninguna casualidad…

    …en este aspecto,la Universidad de Glasgow ha dado un paso importante en investigar y identificar donativos de siglos pasados procedentes de personas con ingresos de la esclavitud, creando un fondo y varios scholarships para estudiantes del Caribe en la actualidad…y no me acuerdo que mas….en un intento de “descolonizar”aquella, por lo demás, ilustre institución….

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