Mahalo Kaluhiokalani 

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Montgomery «Botones» Kaluhiokalani. Foto po
Montgomery «Botones» Kaluhiokalani. Fotografía de Jeff Divine.

Charlie don’t surf. (Coronel Kilgore en ‘Apocalypse Now’)

Convendrán que es una las secuencias más oníricas de la historia del cine. Robert Duvall, bordando el papel del chiflado coronel Kilgore, obliga a sus soldados a surfear en medio de la guerra de Vietnam para hacerse con una playa del delta del Mekong tomada por vietcongs en Apocalypse Now al grito de «me sobran cojones para hacer surf en esta playa». 

Pero esta obscenidad surrealista, que muchos creen que el guionista (y surfista) John Milius introdujo en Apocalypse Now cuando estaba pasado de LSD, está basada en hechos reales. Más allá de la inspiradora escena del film de Coppola, no se ha grabado a día de hoy nada mejor, en lo referente al surf, que Between the Lines. Nada que ver con la perogrullada comercial de Le llaman Bodhi o la arquetípica El gran miércoles, escrita por el propio Milius. En el documental se cuenta la vida de Pat Farley y Brant Page, dos jóvenes que se enfrentan a un dilema: ¿Iir a Vietnam o huir para seguir surfeando? El primero se alistó como voluntario y regresó condecorado, pero también tocado de Vietnam. El segundo acabó detenido por el FBI tras escapar a Hawái tratando de evitar su incorporación a filas.

Sin embargo, el momento cumbre del documental es la confesión real de Tom Lucker, un soldado que cuenta cómo se adentró, junto a otro compañero (y surfista) en las líneas enemigas vietnamitas para coger olas en una playa cercana. Hacían turnos de vigilancia en la orilla y lograron sobrevivir, pero nunca se supo el nombre del compañero de Lucker. Entre los candidatos está un tal Buddy Kaluhiokalani. Un tipo reservado que nunca quiso hablar de lo vivido en Vietnam. A su regreso a Estados Unidos se compró una casa en la playa en Hawái, se dejó crecer una larga melena y se dedicó a fumar y surfear con un viejo tablón de más de diez pies. Un universo al que solo tenía acceso un pequeño de seis años e inconfundible melena afro, su sobrino Montgomery, al que su madre bautizó así por su devoción a Montgomery Cliff. Todos le conocían por Botones, debido a los tirabuzones de su alborotada melena. 

Botones, hijo de un militar de ascendencia africana y una hawaiana, comenzó a alternar el skate con la tabla redonda que le permitía desplazarse por la orilla haciendo giros imposibles que decidió adaptar al surf tan pronto su tío le regaló la primera tabla. Mientras el resto de jóvenes se conformaban con cabalgar las olas y dejarse llevarse hasta la orilla, él implantó un estilo mucho más agresivo incorporando figuras absolutamente innovadoras para una época, los 70, en la que no había límites y los hippies habían invadido las playas. En 1973, cuando Coppola aún andaba rodando El padrino y Apocalypse Now ni existía en su mente, Botones acudió al Campeonato de Estados Unidos en Malibú, donde quedó segundo, pese a ser un simple aficionado de trece años. El chico regresó indignado a casa, donde le habían preparado una fiesta. Se encerró en su cuarto y advirtió: «No volveré a competir. Ningún juez está capacitado para evaluar mis movimientos porque ninguno ha visto nada parecido ni comprende mi forma de entender el surf». Era la primera vez que el carácter indómito de Kaluhiokalani chocaba con el academicismo de los jueces. No sería la última. 

Botones no era un renovador, era directamente un transgresor. Una suerte de Muhammad Alí montado en una tabla o un Garrincha regateando olas. Así lo recuerda uno de sus mejores amigos, otro de los mitos del surf hawaiano, Micky Nielsen: «Fue el primero que se posicionó contra los concursos. La cuestión era que nadie sabía cómo evaluarle. ¡Qué cojones! Hacía cosas que la mayoría ni siquiera imaginábamos que se podían hacer. ¡Y lo hacía con una tabla de una sola quilla! Lo que hacen ahora los surfistas, él ya lo hacía en los 70con una tabla que medía y pesaba el doble y tenía una quilla». 

Botones dejó la escuela a los quince años y se centró en su pasión, el surf, aunque por entonces no era profesional. No se ganaba mucho dinero porque no estaba instaurado el circuito profesional todavía. Cuando Kaluhiokalani entraba en el agua, la multitud se arremolinaba en la orilla para verle hacer alguno de sus legendarios spots: el 360, los cambios de pie, el pocket surf… Su físico imponente, mitad africano y mitad hawaiano, y su incansable sentido del humor le hacían estar siempre rodeado de chicas. Botones comenzó a codearse con otros mitos del surf hawaiano como Abellira Reno, Rory Russell, Jock Sutherland, Jeff Hackman, Eddie Aikau o Larry Bertlemann.

Su fama le precedía y las fiestas se hacían interminables. Corrían los años 70, el consumo de drogas estaba normalizado, especialmente entre los más jóvenes, y el surf, paradigma del espíritu libre, era un reclamo perfecto. Botones fumaba desde los doce años y comenzó a consumir con frecuencia. Marihuana, LSD, cocaína, heroína… «Las drogas estaban aceptadas. El raro era quien no las tomaba. Botones solo quería pasar un buen rato, eso es todo lo que pretendía. Nos conocíamos desde los once años. Creció sin dinero, pero todo el mundo quería ir de fiesta con él porque era ¡Botones! Al principio es divertido, todos te dan esa mierda gratis, pero luego se convierte en una adicción. Y entonces toda la vida gira en torno a eso en lugar de girar alrededor del surf». Las palabras de Nielsen retratan la caída de Kaluhiokalani a los infiernos en los 80. 

Un día, uno de esos vomitivos reality show de máxima audiencia se propuso encontrar a Botones. Y lo hizo. El surfista estaba tirado en un callejón, agonizando con el mono por su adicción a la heroína. El hallazgo fue emitido en prime time. Todo el país pudo ver la lastimosa imagen. Un hombre sin alma se arrastraba por culpa de la droga. Sin embargo, lejos de hundirle, aquello supuso un punto de inflexión para el surfista. Una catarsis. Sus amigos lo sacaron del pozo e ingresó en una clínica de desintoxicación. Botones descubrió, viendo una y otra vez las terribles imágenes del reality show, el esperpento en que se había convertido. Una tarde paseando por la playa, a finales de los 90, comprendió que su lugar estaba en el agua. Luchó por subirse de nuevo a una tabla de surf para volver a ser el mismo que retrató el fotógrafo Jeff Divine dos décadas antes en una icónica imagen del surf que muestra a Botones con su peculiar melena haciendo el gesto de la paz con los dedos antes de coger olas.  

Pese a que ganó el Sunkist Malibu Pro con veintiún años y acabó acumulando más de cien victorias en su carrera, eso solo le reportó el dinero justo para dar de comer a sus ocho hijos y nueve nietos. El Progresista del Surf, el Style Master, el Innovador de la Ola, el Outsider… Muchos fueron los calificativos que recibió. Aún hoy, Kelly Slater, considerado el mejor surfista de la historia, sostiene que «si él hubiera competido con nosotros, difícilmente podríamos haberle ganado. Era un adelantado a su tiempo. Su medio natural era el agua y su forma de expresión, el surf. Había nacido para esto». A la edad de cincuenta y un años Botones tomó parte en la prueba más peligrosa del circuito mundial, la de Teahupoo, donde los surfistas son remolcados en motos de agua para poder coger olas de hasta doce metros de altura. Algunos profesionales del circuito rechazan participar por temor a las gigantescas olas y el suelo rocoso de Teahuppo. Botones disfrutó, como siempre, domesticando aquel muro de agua. 

Kaluhiokalani abrió una escuela de surf en North Shore, en la playa en la que comenzó a coger olas, para contagiar su pasión por el surf a pequeños y mayores. Hace unos años contrajo cáncer. Murió con cincuenta y cuatro años dejando un legado atemporal, una escuela de movimientos abierta hace más de cuarenta años que aún hoy se estudia en las escuelas de surf. Su sonrisa eterna y su físico hercúleo le conferían una imagen de ídolo pop que, de haber nacido un par de décadas más tarde, le habrían convertido en una figura de talla mundial que se rifarían las marcas deportivas. El Jimi Hendrix del surf. 

Mahalo Kaluhiokalan, (gracias, Botones).

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2 Comentarios

  1. Bill Kilgore es uno de los más grandiosos personajes de la historia del cine. Y solo está un ratito en la pantalla. No se cuántas veces habré visto Apocalypse Now entera. Y muchas también, solo hasta que la lancha se adentra en el río….

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