Paul Canoville: cuando tus hinchas son tu peor enemigo

Paul Canoville. Foto Cordon.
Paul Canoville. Foto: Cordon.

Ganar un trofeo en fútbol vale una buena onza de gloria. Venderlo, eso ya depende de lo enganchado que estés al crack. A Paul Canoville le bastaron un ticket de metro a Dalston, norte de Londres, cinco minutos en una joyería y setenta libras para empeñar su medalla de campeón de la Segunda División inglesa con el Chelsea. Por la recompensa, el joyero, o no era futbolero, o no era del Chelsea. Pero bastó: «Cogí ese puñado de billetes y me largué directo a comprar crack».

Canoville hizo historia en el fútbol sin darse cuenta. Fue el primer jugador negro en ponerse una camiseta de los blues en partido oficial y a nadie le importó un carajo. Una de esas páginas en minúscula que adquieren valor solo décadas después.

Fichó en diciembre de 1981. Los duros ochenta de Thatcher. El fútbol británico era obrero, frío y racista. En el Chelsea, todavía peor. Los hooligans del Chelsea eran una banda de ultraderechistas con malas pulgas, afiliados al National Front. El 12 de abril de 1982, cientos de ellos se desplazaron hasta Selhurst Park para seguir a los blues en el derbi contra el Crystal Palace. Mediada la segunda parte, el míster, John Neal, lanzó un silbido a Paul Canoville: «Canners, ¡calienta!».

«¡Lárgate, puto negrooo!». «¡Fuera de aquí, monooo!». A Canoville empezaron a caerle patadas de las que no dejan hematomas pero duelen durante años. Jamás pensó que la afición de Selhurst Park —donde, años después, Éric Cantona reventó la cara a un hincha listillo de una patada voladora— fuera tan despiadada con los rivales. Miró de reojo hacia atrás, a las gradas su banda. Los gordos desencajados que le mandaban a la copa de un árbol no llevaban bufandas del Crystal Palace. Iban de azul. Agitaban banderas del Chelsea. Eran los suyos, por así decirlo. Entonces, un plátano aterrizó a sus pies. Y los gritos aislados se convirtieron en un coro organizado: «No queremos al negro, no queremos al negro, lalalaaaa, lalaaaaa».

«Me sentía revuelto hasta físicamente. Estaba aterrorizado. El balón salió y entré por Clive Walker, que había marcado el único gol del partido. Los gritos fueron a peor. Por suerte, el partido acabó pronto y me refugié en el vestuario, con aquellas crueles voces persiguiéndome», escribe Canoville, en su autobiografía Black and Blue.

Sentado, con la cabeza entre las manos, recibió alguna palmada, algún prescindible «¿todo bien?» y unas palabras del entrenador: «Paul ¿qué tipo de gente crees que son? Pagan un dinero que les cuesta mucho ganar para ver a su equipo en casa y fuera, y abusan de uno de los jugadores que puede ayudarles. Así de estúpidos son». La única gasa que llevarse a la herida. Pensó que, partido a partido, la cosa cambiaría. Se equivocó. Cuando , con 0-0, marcaba, algunos coreaban: «Seguimos 0-0, el del negro no cuenta».

Pasó cuatro años y medio en Stamford Bridge: 79 partidos y 11 goles, incluyendo un hat-trick al Swansea. Era un esforzado comodín para las dos bandas del mediocampo. Un zurdo al que casi siempre le tocaba jugar por la derecha. Un tipo que siempre fue por el lado equivocado.

En una concentración de pretemporada, un compañero suyo de vestuario, un John Terry de la época donde todos eran John Terry, le llamó «puto negro» en una salida nocturna. Canoville se dio cuenta de que estaba borracho e intentó apagar el fuego. Impertérrito, su colega le repitió: «Puto negro». Volaron hostias, como es menester, y a la mañana siguiente el blanco le esperaba con un palo de golf, versión rudimentaria de Craig Bellamy buscando a John Arne Riise por un hotel en La Manga. En caso de duda, la culpa solía ser del negro. Y Canoville fue traspasado de inmediato, al Reading, por 50 000 libras. Al poco tiempo, una lesión le retiró.

Y aquí termina la parte feliz de la historia. Canners nunca conoció a su padre. Su madre, inmigrante caribeña, multiplicaba horas en el hospital. Paul dividía su tiempo entre la delincuencia y el balón, lo que no le dejaba mucho para sus estudios. No era el cliente ideal de una empresa de seguros, no. Ni tampoco un gran ahorrador. Cuando dejó el fútbol, sin un penique, empezó a trabajar como conductor, mientras sacaba unas libras como semiprofesional los fines de semana. Primero llegó el aburrimiento. Luego, la cocaína. Después, el crack. Casi sin darse cuenta, se gastaba quinientas libras a la semana en papelinas.

Cuando conseguía un trabajo precario, como guarda, repartidor o reponedor, le duraba unas semanas, hasta que llegaba drogado, y saltaba a la siguiente casilla. Como con las mujeres. Conseguía un lecho en casa de alguna chica, seducida por un exjugador de fútbol, la dejaba embarazada, y saltaba a la siguiente casilla. Así, hasta sumar once hijos con diez mujeres. Uno de sus pequeños, Tye, tuvo problemas de salud recién nacido. No dejaba de toser. Paul lo llevó al hospital. Falleció en sus brazos. 

Desafortunado en el juego y en amores, los refranes no suelen sonreír si eres pobre y negro. Tampoco su salud era de acero. Lastrado por las drogas, un cáncer casi acaba con su vida. En 1997, postrado en un hospital mientras se recuperaba de la quimioterapia, vio al Chelsea alzar la FA Cup. Su entrenador, Ruud Gullit, un negro con rastas, aplaudido en pie por todos los bufandas azules.

Hasta que un excompañero suyo en el Chelsea se topó un día en la calle con un fantasma que le recordó vagamente a Canners. Era Canners. Hablaron y decidió llevarlo a un centro de rehabilitación. Salió de la droga, consiguió un empleo como asistente en una escuela, superó un segundo cáncer, y se dio cuenta de que se le daba bien hablar con los críos. Poco a poco llegó lo demás. Su historia en los periódicos. Su fundación, llamada Motivación para Cambiar (MTC). El homenaje en el descanso de un partido del gran Chelsea de Drogba, Anelka, Essien y otros jugadores negros como él. Su vendida autobiografía. Las charlas a jóvenes del centro de formación de los blues. Y un solo recuerdo de su época en Stamford Bridge: el balón de su único hattrick. Su madre lo había escondido. Si no, también lo habría vendido por una papela de crack.


Con perdón, señor Verne

viajeluna señor verne

Este artículo encuentra disponible en papel en nuestra trimestral nº3 especial Verne y su tiempo.

—Buenos días, señor Verne.

Bonjour, monsieur.

—Permítame presentarme. Soy un periodista español, vivo en el siglo XXI y acabo de leer su Diario de un periodista americano en 2889. Creo que, visto que nos encontramos a mitad de camino, conviene que sepa algunas cosas. No puedo más que destacar que tuvo buen ojo en las predicciones.

—Diantres, ¿reciben ustedes fototelegramas de Marte y Venus?

—No exactamente. En Marte hemos estado y todo, al menos hemos mandado un pequeño vehículo. Pero no hay estación de telegramas. Imagínese un funcionario perezoso y una sala con ese calor… quién lo soportaría.

—Lo entiendo. Estas dichosas levitas, son un sopor. ¿Entonces? Hay publicidad proyectadas en las nubes.

—Tampoco exactamente. Digamos que las nubes son el único espacio publicitario que falta por canibalizar, aunque a veces en la playa pasan avionetas con telones publicitarios. 

—Suena grandioso, inventivo. En eso no había pensado.

—Mmmm… casi más bien grotesco. Y suelen anunciar cremas hidratantes de gama baja o parques acuáticos con música techno.

—¿Música techno

—Como el ruido de una fábrica proyectado en un espacio cerrado con gente que se mueve al son.

—Suena como para volverse a mi siglo. 

—Sin duda

—Entonces, ¿qué predicciones se han cumplido?

—Acertó usted teniendo poca fe en el ser humano. Esos proyectiles cargados de enfermedades no solo se han hecho realidad, es que pueden cargar hasta sustancias todavía peores que abrasan a la población sobre la que se lanzan. 

—¿Y se han usado? 

—Por supuesto. Se sigue haciendo. Ahora mismo, en varias zonas de África y Oriente Medio. Pura guerra bacteriológica, como predijo su artículo. 

—Casi me apena haber acertado.

—No fue su única predicción que dio en la diana. El fonotelefoto se llama vídeoconferencia que ahora todos pueden activar desde pequeños dispositivos móviles que permiten hablar y verse en tiempo con cualquier persona en cualquier lugar del mundo. Exactamente como esos espejos telefóticos que usted esboza. Los telescopios están mucho más perfeccionados. Sus calculadoras gigantes se quedan cortas para nuestros ordenadores. Acierta con la energía eólica y las fuentes naturales de producción energética. La agricultura ha creado semillas resistentes a todo. Ah, y Gibraltar sigue siendo inglesa. 

—Qué alivio para los británicos.

—Sí, pero su mejor frase es la segunda del artículo.

—Refrésqueme la memoria, hace ya un siglo. Y tanta absenta…

— «Los hombres, hastiados de las maravillas, permanecen indiferentes ante lo que el progreso les aporta cada día». 

—¿No es una época de dicha general?

—En absoluto. La tecnología, como usted adivinó, ha producido un aislamiento mayor del hombre contemporáneo. Hay menos justicia social. Cada vez existen más alimentos y están más desigualmente repartidos. La industria es un sector que está desapareciendo de los países desarrollados. En España, por ejemplo, muchas personas no tiene trabajo estable. Y entre la juventud es peor.

—¿Con tantas invenciones no son ustedes capaces de hacer trabajar a la gente?

—No. Y su visión del director de periódico como una especie de ser omnipotente por encima del presidente de la nación… en fin, bastante tienen los periódicos con no desaparecer. No han adaptado su propuesta del periódico hablado, donde uno llama a un experto o un periodista cada mañana para enterarse de lo que quiera.

—¿No me dirá usted que con todo ese progreso tecnológico todavía siguen imprimiéndose en papel?

—Pues sí, el modelo de negocio es el mismo, un siglo después, solo que además le regalan cuberterías. 

—Extraño. ¿La gente no tiene tenedores en su casa?

—Sí.

—No me lo explico entonces

—Ya, yo tampoco. Pero así es. Regalan cubiertos y vajillas. Pero la gran novedad es internet. La gente tiene todo el saber acumulado y que necesite, todos los periódicos, todas las fotos, los libros, la posibilidad de comunicar, gracias a una red a la que acceden por sus aparatos móviles, esos de los que hablábamos antes.

—Fascinante. Eso debe de conceder al periodismo un poder absoluto de control.

—Pues no. No solo genera pocos recursos publicitarios. Además, los medios carecen de la credibilidad de antaño. Los sueldos bajan. Los diarios despiden periodistas. El poder económico, por tanto, tiene un mayor poder de coacción sobre los medios de información. Luego está la radio, que es un lugar donde se dan noticias que ya se saben por internet, varias personas discuten siempre de lo mismo o se pone música. Y luego queda la televisión, un aparato de entretenimiento audiovisual, ante el que la gente pasa cuatro horas diarias y que es el centro de reunión familiar. 

—¿La gente se reúne por televisión?

—No, se sientan todos juntos a verla, como un cine en la sala de estar. 

—¿Y no hablan?

—Lo justo.

—Una curiosidad, ¿la resurrección?

—Al igual que en su texto, todavía no se ha logrado. Pero de aquí a 2889, quién sabe…

—No parecen ustedes mucho más felices, la verdad.

—No son buenos tiempos, señor Verne. Le dejo, porque este diálogo va a publicarse en línea y en papel también, y ya sabe que no hay que abusar de los recursos escasos. Ha sido un placer, señor Julio Verne.

—Perdón, Michel Verne.

—¿Cómo? ¿No hablo con el gran escritor de Diario de un periodista americano en 2889?

—El mismo. Mi padre solo lo corrigió. Pero ya sabe, en aquel momento yo no tenía un nombre y todo artículo firmado por Julio Verne se vendía como rosquillas.

—Le entiendo. Hay cosas que no han cambiado mucho en este siglo. 


«Fantacrónica» de Mariano

Juan Manuel Moreno Bonilla y Mariano Rajoy. Foto: Cordon Press.
Juan Manuel Moreno Bonilla y Mariano Rajoy. Foto: Cordon Press.

Tengo la costumbre de cobrar por lo que hago. Esta vez haré una excepción. No con Jot Down, pero sí con el potencial beneficiario de esta fantacrónica: Mariano Rajoy.

«Mariano saltó sobre un AVE a Sevilla esa misma tarde, en cuanto recibió la llamada de Soraya anunciándole el Waterloo electoral. Estamos de acuerdo en que, en la antigua política, una foto con el perdedor siempre era un mal negocio. Pero el perro de Pavlov electoral ya no funciona solo con campanillas. Ahora come cuando le viene en gana. Nadie en los medios esperaba al presidente. El primer golpe de efecto fue verle salir al estrado, en directo. Primero habló Moreno Bonilla, que agradeció su trabajo a los militantes y puso su cargo a disposición del partido. En público y a micrófono abierto, asumiendo que si encajas diecisiete goles en tu primer partido, tu continuidad no depende de lo que opine tu espejo. Con A de Asumir, Juanma. Tomó el testigo Rajoy: “Hoy hemos perdido. Quizás no hemos entendido lo que Andalucía esperaba de nosotros en esta campaña, pero sí lo que la nueva política espera del Partido Popular. Ser una formación que da la cara cuando las cosas van bien y, sobre todo, cuando se tuercen. Ser un partido valiente. Por eso no acepto la dimisión de Juanma. Cuando uno establece un proyecto, cree en los suyos. Y yo creo en ti y en el trabajo del partido en esta campaña. Es evidente que la ciudadanía todavía espera una confirmación de nuestro discurso, y la va a tener. Necesitáis sentir los beneficios de nuestras reformas. Somos un país que se ha puesto en marcha. Nos falta coger velocidad. Y no tengan dudas de que, hoy, el PP tiene diecisiete escaños menos en Andalucía pero es diecisiete veces más fuerte. Porque hemos recibido y entendido esos diecisiete mensajes sobre nuestra capacidad para mejorar. Por eso estoy aquí esta noche, mientras otros líderes nos ven por televisión desde Madrid. Porque un líder está con los suyos cuando ganan, pero sobre todo cuando pierden”. Mariano Rajoy bajó de la tarima y fue agradeciendo uno por uno su entrega a los militantes presentes».
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Esto no ocurrió. Ni ocurrirá. No creo en lo que acabo de escribir, pero supongo que sí lo harán quienes cobren por encargarse de la comunicación del Partido Popular. O eso, o su vida debe de ser realmente complicada. Algunos intuíamos hace semanas que, solo con las estadísticas, podría no bastarle al PP, porque la nueva política exige unas gotas de autenticidad catódica, por alma, sinceridad o puro interés, eso ya que elija el interesado. Los que siempre aplauden antes de tiempo, sin una cucharada de argumentario que llevarse a la boca, clamaron enseguida por un proyecto más de derechas. Como si dificultar el aborto a las chiquillas fuera a suponer cinco escaños más en Andalucía. Les aviso y tampoco les cobro: no, no se trata tampoco de girar a la derecha.
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Les recomiendo una escena. Nanni Moretti, en Aprile, se desgañitaba viendo al candidato de la izquierda, Massimo D’Alema, debatir con Silvio Berlusconi. «Di algo de izquierdas, D’Alema, di algo de izquierdas, ti prego». Desolado ante la inacción de D’Alema y su desmochado bigote, terminaba implorando ante la TV: «Di algo, aunque no sea de izquierdas. Di algo, D’Alema». De eso se trata ahora. De decir algo.
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Madina y Sánchez, descuelguen el «Do not disturb»

Eduardo Madina con Paloma Rodríguez, Rubalcaba y Soraya Rodríguez. Foto: Cordon Press.
Eduardo Madina con Paloma Rodríguez, Rubalcaba y Soraya Rodríguez. Foto: Cordon Press.

Nos miramos al espejo abrazados a nuestra bullanga y nuestra barra de bar. Nos admiramos divertidos en nuestra improvisación permanente. Y, a lo mejor, hasta tenemos nuestro rollo, pero políticamente, España es el país con la política más aburrida de Europa. Llevamos años siendo un soberano coñazo. Discursos huecos, inexistente pelea interna en los partidos, teocracia en los grupos parlamentarios, dirigentes inanimados, debate público reducido al alma y arma de tertuliano. Y, de repente, llegó la fiesta. 

El nuevo escenario político igual no es tan complejo; solo más divertido. Los líderes de los partidos mayoritarios se afanan en encontrar la pócima mágica de su conexión con la gente porque no han entendido que la política, simplemente, vuelve a apasionar. Y que el mensaje tiene que ser radical, emocional, fundamental… o se evapora.

El electorado ha pasado a ser también espectador. Y, como todo público, exige participar y que no le aburran. Algunos se mesarán esos cabellos que nunca se despeinan en público: «¡Oh no, la noble política convertida en un espectáculo público!». Sí. Y no tiene nada de malo. La gente tiene sed de argumentos, novedades y, claro, también caras. La consecuencia es que, por fin, la política genera expectación, interés y, claro, también audiencia.

Ya no vale el veraneo ideológico del centro y colgar el cartel de «Do not disturb» en los mensajes políticos. Ahora toca ser auténtico en las formas y en el contenido. Creerse lo que dicen. Ahí está el futuro de la política. Podemos y UPyD son quienes mejor lo han entendido. Consiguen hacer pasar sus mensajes, bien a través de la simplificación de los símbolos o del refinamiento de sus eslóganes. Pero siempre tienen claro cuál es el titular de sus intervenciones. Si no te gustan, al menos les coges tirria. Pero no te dejan indiferente y han sabido generarse una imagen de cambio y una credibilidad. Han obligado a los otros a reaccionar y contrarrestarlos. A los partidos tradicionales les falta gritar: «no vale el gol, ha disparado a trallón», y les critican por tirar de demagogia, como si la demagogia no valiera para vender coches, entradas de cine o justificar guerras.

Por eso el PSOE tiene ahora no una oportunidad, sino su último billete para cruzar la laguna Estigia. Es un partido desmigajado, que, al igual que el centroizquierda europeo, carece de paradigma, de un tronco al que agarrarse, de dos o tres ideas base a las que volver en tiempos de tormenta. Además, en España navegan sin líder y con una base menguante. Eduardo Madina y Pedro Sánchez tienen un reto: conseguir lo que no han hecho en sus primeras intervenciones: desterrar esa imagen de cuñado y/o yerno perfecto.

No hace falta salir con camisas arremangadas para acercarse a la gente, como parece haberles aconsejado pavlovianamente (o pablovianamente, visto el atuendo habitual de Pablo Iglesias) algún spin doctor. No se trata de llevar chaqueta o no, sino de emocionar, algo que ambos olvidaron en su estreno. Parecen atenazados por el miedo a generar rechazo, cuando el motor de cualquier político (siempre que no sea democristiano) debería ser decir cosas que generen enfado, envés inevitable de despertar emoción y sumar admiración. Obama gasta camisas arremangadas y sonrisa de prime time y lleva cinco años y medio engorilando a la base republicana, ya sea con Medicare o la reforma migratoria. Hollande no ha molestado a casi nadie.

Con las horas, y demasiado poco a poco, vamos percibiendo que Edu Madina apuesta por un partido a la izquierda que tenga a IU como socio preferente, y Pedro Sánchez por un partido más centrado. Madina no pone reparos, sino límites, a una consulta en Cataluña, y Sánchez opone una visión más restringida de la Constitución (aunque ambos se desdijeron de sus primeras respuestas, Madina para no parecer radical y Sánchez para no perder votos en el PSC). Madina quiere conquistar al nuevo público de izquierdas surgido desde el 15M, que ahora sí acude a las urnas, y a los desencantados del PSOE, mientras Sánchez quiere horadar el terreno de UPyD e incluso del PP. ¿Y por qué no lo dicen todo un poco más claro? 

Matteo Renzi (treinta y nueve años), nuevo primer ministro italiano, entendió esta nueva política antes que nadie. Generó curiosidad en la base, desdén en los apoltronados, se hizo con el partido sin pactar con el ala vieja, clarificó su discurso y cambió las formas de hacer política. De un plumazo, el resto de candidatos parecieron anticuados. Desde que ha llegado al Gobierno, lleva un decreto ley votado cada diez días. Algunos lo llaman caricatura. En realidad es solo cambio. Fue el único líder del centroizquierda europeo que arrasó en las elecciones europeas. 

Por el bien del PSOE, los hasta ahora chicos obedientes Madina y Sánchez deben subrayar sus diferencias, no limarlas. Deben demostrar si son políticos de esta nueva fase o de la antigua. Ese cambio, imprimir pasión a su discurso político, es más importante para el PSOE que los matices ideológicos que imprima cada uno de ellos si se hace con la secretaría general del partido. Eso sí que parece una cuestión primaria.


Javier Gómez: “Yo no tengo la culpa”

J. M. Barrie lo llamó El País de Nunca Jamás y colocó allí a Peter Pan y Campanilla. Esa tierra de la diversión y la irresponsabilidad hoy existe y nos rodea: la sociedad del “yo no tengo la culpa”. El secreto consiste en buscarse un enemigo exterior. Invéntese un pelele, póngale pelo de estropajo y rellénelo de material blando para zurrarle la badana. La más vieja y efectiva estrategia de comunicación pública para resistir cuando el mar comienza a cabecear contra la quilla y la tormenta se encabrita.

Mariano Rajoy se ha dado cuenta tarde hasta de eso, y donde no colaba “la herencia socialista”, porque esto viene de un poco más atrás, ni la crisis mundial, porque otros salen del charco, ya se empieza a responsabilizar a Merkel por lo bajini en los corrillos de Gobierno. Y nos resucitan las postales de posguerra y los niños desnutridos, pero la política es “la correcta”, que sí, que sí, que me lo ha dicho un dato desestacionalizado de afiliación a la Seguridad Social.

Tendría que aprender de Aznar, capaz de encontrar culpables en montañas lejanas o desiertos remotos antes de asumir que él empujó a España por el abismo de la especulación urbanística y puso la primera piedra de un sistema que hizo de las Cajas de Ahorros el chorro inagotable de la corrupción autonómica, como la fuente de Pepsi que se montó Elvis en Graceland. Con lo que odiará Aznar a Chávez, virrey de guayabera, matando moscas imperialistas hasta el último día, y cuánto se parecen, abrazados al realismo mágico, uno el de Gabo, el otro de Vargas Llosa, tejiendo un fantasmagórico mundo de amenazas al que ellos derrotarán con flamígera espada.

En la sociedad del “yo no tengo la culpa”, dan igual izquierda que derecha, como en los ERE’s de Andalucía, que la culpa es del Whatsapp. O la supuesta financiación ilegal del PP, que otro gallo habría cantado si la chica de la limpieza hubiera vaciado las papeleras de fotocopias. Y cuando se trata de adelgazar al monstruo, como en la Asamblea de Madrid, PSOE e IU votan en contra de reducir los diputados de 129 a 65. Eso sí, no porque toca a menos, sino para luchar “contra el populismo”. Con un par.

Cataluña es otro ejemplo perfecto. La Generalitat acaba de organizar un simposio titulado “España contra Cataluña”, y para qué perder tiempo en matices. Se estudiarán la “represión”, la “opresión” y todas las palabras que suenen a trombón.

Pero no va esta columna sólo de política. Mourinho ha usado el libreto del enemigo externo hasta en los días de sol. El árbitro, la prensa, el entorno, Casillas, Cristiano, el público, Unicef, Guardiola, la Fifa, la Uefa, Del Bosque, y sin exprimir la memoria. Lo curioso es que en muchas de sus pataletas llevaba razón, pero a costa de repetir la estrategia, acabó cansando al personal y prestándose a que otros le dieran esa misma medicina: elegirlo como encarnación infantiloide de todos los males.

Y si no tenemos un enemigo a mano, le echamos la culpa a los padres. Como ahora, que cuando los hijos se pillen una buena curda, la multa le va a caer al currela y cabeza de familia. Eso ha propuesto el delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. “Tolerar o favorecer por inacción el consumo excesivo y reiterado de alcohol es una forma de maltrato”, perora este cargo público, pagado con el dinero de todos y también con el margen que dejan los impuestos de las botellas de ginebra.

Tiene hasta una ecuación mortuoria: “El alcohol mata neuronas”. Ya, que se lo digan al cementerio que he ido cultivando desde mi adolescencia, y al que de vez en cuando voy a poner flores. Pero si he terminado vomitando miserablemente en una acera, que también, puedo asegurar que la inacción de mi padre ha tenido poco que ver, así que déjenle tranquilo, que bastante tiene con los ayuntamientos que no le pagan lo que le deben. Los impagos también aniquilan neuronas. Y hasta familias enteras.

Habría tenido su sentido aplicar esto de los padres a la política: castigar a Bruselas por haber dejado que la pipiola España se emborrachara de cemento, especulación y sobreendeudamiento. En esta sociedad donde la culpa siempre es de otro, todo aquel grano incómodo que nos recuerda nuestros errores, como la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, es ETA. Y si podemos impedir que el Parlamento Europeo les conceda un premio, mandamos a Iturgaiz, plusmarquista de espantapájaros, para que agite a Otegi, el antiguo enemigo oficial. Pero quizá la PaH no molesta solo por recordar que el problema somos nosotros: sino que también tenemos en mano la solución.


Talant Dujshebaev: “El fútbol es más política y nacionalismo que deporte”

Talant Djushebaev para Jot Down 1

Talant Dujshebaev (Biskek, Kirguistan, 1968) no es un tipo de esos que intenta caerle bien al entrevistador de primeras. Estamos todavía sentándonos en El Doblete, ese bar de los bajos del Calderón que condensa un barrio y un orgullo en tres mesas y siete sillas, pisando de puntillas por las primeras conversaciones de cortesía, cuando Talant lanza el primer balón a la escuadra. Con la mano, por supuesto: “Mira, yo intento no leer nada de prensa. Solo libros de historia o de entrenadores. A lo largo de los años te llevas decepciones, porque tus propias entrevistas salen con un titular totalmente diferente a lo que has intentado expresar. Intentáis sacar las cosas a vuestra manera para poder vender”. Empieza bien esto. Como tampoco es cuestión de ponerse el chándal e intentar pararle una al mejor jugador de balonmano que mis ojos hayan visto, le dejo marcar y seguimos por ahí. Al fin y al cabo, lo de Talant Dujshebaev, hoy entrenador del Atlético de Madrid, siempre fue marcar el ritmo. “Es que en las noticias todo es negativo: ha pasado esto, han matado a este, terremoto aquí… Hay demasiada carga emocional negativa. A lo mejor, como en España estaba prohibido decir cosas negativas durante la dictadura, ahora ocurre lo contrario. Yo crecí en la URSS y no tenías tanta información negativa. Aquí todo es politiqueo, todos cargando contra todos. Y cansa”.

¿Crees que el deber del periodismo no es contar la verdad sino ser más positivo?

Decir la verdad está bien, pero con menos critiqueo. Todo es negativo, todo es politiqueo. ¿No se puede hacer lo mismo positivamente? ¿Intentando ayudar al país para salir de esta situación? Aquí siempre es los del PP contra los del PSOE, o al revés. El mundo del deporte es parecido: el Madrid, contra el Barcelona; los del Barcelona, contra los del Madrid. Una guerra que supera el deporte. Es también política.

¿Y en balonmano no existen esas guerras? Tú mismo las has tenido, y cruentas, con el Barça.

Sí, pero en balonmano somos más nobles. Por una sencilla razón: somos mucho más humildes. El fútbol, en cierto modo, ya es más política, sentimiento y nacionalismo que deporte. No es bueno.

¿Se ha prostituido el fútbol como deporte con tanto “politiqueo”, como dices?

Sí, sin duda. Es así. Todo es una guerra. En balonmano podemos pelearnos, pero luego nos damos un abrazo y tomamos una cerveza. Como mucho, el cabreo nos dura un par de días.

¿De quién es la responsabilidad de esta politización del fútbol?

En todos los deportes que no son fútbol lo más grandioso son los Juegos Olímpicos. Como jugador, intentas que España llegue lo más alto posible en el medallero, pero si no lo consigues no puedes evitar las críticas: “Qué malos son estos de balonmano o del atletismo. Paquetes. No llegan ni a la final”. No sabemos que en España no invertimos nada y exigimos que haya éxitos. España invirtió en el 86 con el plan ADO para Barcelona 92 y, en un ciclo de seis años, se vio el boom. En los del 96, un poco menos. En Sidney 2000 bajamos. En Atenas, aún más. Pero luego, en cambio, al fútbol le pagamos lo que sea. ¿Por qué? Porque el fútbol es política: la bandera de su país, de su comunidad, de su ciudad. Si lo hemos politizado, la culpa es nuestra. Pero entonces no nos quejemos del resto de deportes. ¿Se sabe en qué condiciones entrenan los de halterofilia, las chicas de balonmano o los de judo? Da pena.

Acaba de jugarse la Copa del Rey y las entradas eran las más caras de Europa.

No tiene ningún sentido. Ponen entradas a 270 euros y se pagan. Mientras la gente las compre, seguirán teniendo esos precios. En Alemania, el nivel de vida es muy superior y esas entradas son más baratas. Pero la sociedad genera ese desequilibrio: es normal que luego le toque pagarlo. No lo digo en contra del fútbol: sino pensando en el deporte en general.

¿Ha servido de algo económicamente ganar el Mundial de balonmano?

Para nada. Ha paralizado todo lo negativo durante un mes y, como se ganó, todo el mundo contento. Diez días después, hemos vuelto a la realidad.

Talant Djushebaev para Jot Down 2

Solo dos equipos de la liga ASOBAL, Barça y Atlético de Madrid, no tenían ayudas públicas. ¿Hemos estado viviendo en una mentira?

Antes te nombraba la Unión Soviética. Todos los deportes tenían posibilidad de existir porque el Gobierno invertía en ellos. El deporte es de las mejores salidas para los jóvenes, y más aún los deportes colectivos. En atletismo, o corres o no corres. En natación, o nadas o no nadas. Pero la convivencia de deportes colectivos, como rugby, baloncesto, balonmano… te hace otro. Te dan otros valores en la vida. No se trata solo de ser campeones: son de criar chavales disciplinados, bien educados, bien relacionados en sociedad, capaces de esforzarse.

En todas tus entrevistas hablas de disciplina. ¿Crees que falta una cultura de disciplina en este país? No hablo solo del deporte, sino del país.

Sí. Los culpables somos los padres. No hay que ir muy lejos: en España, hace 40 años, el honor y el respeto eran valores por encima de otros en la sociedad. Ahora mismo, no hay respeto en España, ni en el resto de países modernos democráticos. ¿Cuántas veces he ido al colegio y he visto a los padres abroncando a los profesores porque le decían algo a su hijo? Luego le pregunto a mi hijo y me cuenta que el chaval ni estudia ni hace nada.

En la URSS, supongo, algo así sería impensable.

[Arquea sus ojos rasgados al máximo]. El profesor lo era todo allí. El jefe, el rey. Porque le dejas a tus hijos para que los eduque. Me parece bien que no se puedan dar collejas, pero jolín, un poco de disciplina. Salgo del colegio hace poco y recojo a mi hijo. Hay un kiosko con chucherías. Un chaval tira un papel al suelo. Cuando veo estas cosas, me duele, me machaca. Le digo: “¿A que en tu casa no lo haces? Recoge eso”. Llega la abuela: “¿Quién cojones te has creído que eres?”. La sobreprotección de los padres y familiares malcría a nuestros hijos. O los educamos desde pequeños o estamos perdidos. Y el deporte es fundamental. En nuestra escuela de balonmano de Ciudad Real cambiamos a muchos chavales. No solo como jugadores, sino como personas.

De tus dos últimas respuestas se desprende una cierta añoranza de ciertos aspectos de orden, respeto y disciplina de las dictaduras, la franquista y la soviética. Te pueden caer dobladas. No digas luego que es por culpa de la prensa.

Yo me enfadé con un periodista de El País porque en el titular puso: “Odio al Barcelona”. Yo dije eso, sí, pero explicando que era el mejor equipo de todos los tiempos y que ese odio deportivo era mi mayor halago. Mi mejor contrincante. Son los que más dolores me han producido.

¿Y sobre las dictaduras?

Yo no alabo a las dictaduras. Adoro la democracia, pero creo que en nuestra cultura se han perdido valores del pasado, no de las dictaduras: respeto a los mayores, disciplina… Ayer veía un reportaje de fútbol. Los aficionados del Zaragoza [tras perder en casa 1-2 frente a Athletic] insultaron a los jugadores a los que aclamaban hace un año. Gritos de mono a algunos de color. Racismo total, que es lo que más me jode. Sale el rumano Sapunaru: “Eh, tú, ¿vas a robar los cobres?”. Le están diciendo a su jugador que es un ladrón porque es un rumano. Sale otro: “Catalán de mierda”. Enseguida, el locutor: “No representan a la afición del Zaragoza”. Vale, pero sí que son de allí. Yo he visto a David Davis, negro y español, llorando en un vestuario en Zaragoza después de que le lanzaran gritos racistas.

¿España es un país de maleducados?

Totalmente. Un país de maleducados donde es gratis insultar. ¿Dónde estaban los de seguridad protegiendo a los jugadores del Zaragoza? En España, todo el mundo puede decir lo que quiera. A mí me insultaron a la salida de un pabellón rival, los de seguridad lo oyeron, y cuando contesté, los guardias fueron a por mí. En vez de decir: “Descerebrada, tú, a la cárcel 15 días a hacer trabajos sociales. A barrer las calles”. Verás como la próxima vez no insulta. En el reportaje de fútbol que te decía, igual. Están los vídeos. Los tienes ahí todos. Cógelos y 15 días de trabajos sociales en la cárcel. Ser digno en este mundo no está bien visto. Hay que ser hipócrita y mentir. La gente me criticará, pero es así. Un día voy en coche. Hago una maniobra equivocada por la lluvia. Bajo la ventanilla y pido perdón al chaval… ¡y me manda a tomar por culo! Claro, salí y me fui a por él. Luego tú eres la persona pública y eres el culpable.

¿Veías más desesperación en la crisis de la URSS, a mediados de los 80, o en la crisis actual de España?

En la URSS todos éramos más o menos iguales. Teníamos derecho de medicinas, comida, estudios… Había una capa de poderosos, como en todas las sociedades, pero no había tantas diferencias. La gente, dentro de los límites, vivía bien. No tenías esta preocupación de comer o de luz, o de agua. El Gobierno se encargaba. Luego, con la crisis del estallido de la URSS, entonces hubo un caos en el país y la crisis fue furibunda. No había nada en los mercados. Todo era de contrabando. Nosotros éramos felices en una sociedad protegida. De repente llegó un agujero negro. Los niños, en lugar de hacer deporte, estaban en la calle vendiendo periódicos o limpiando coches. Duele. Esa generación de niños se ha perdido en el deporte. Ahora, con la nueva riqueza, también está cambiando la mentalidad y me dicen mis amigos que Rusia empieza a perder ciertos valores.

Talant Djushebaev para Jot Down 3

Rusia siempre ha sido un país especial, con sus propios códigos. Recuerdo una discusión con un antiguo jefe de Internacional sobre Vladimir Putin. A mis quejas, él replicaba que no se dirige un país de 170 millones de kilómetros cuadrados y el carácter de los rusos como una democracia occidental. ¿Miramos Rusia con ojos demasiado occidentales?

En cierto modo, sí. No entendemos que los rusos siempre han necesitado alguien con mano dura. Aunque Putin no es el mismo que cuando empezó. Llegó con energía, con ganas, y ahora ha sido el primero que ha cambiado la ley para poder volver a presentarse tras unos años en que puso a Medvedev. Huele más a dictadura que a democracia. Ser el zar de Rusia es muy goloso. Yo siempre fui de Putin. Estaba enamorado de él como político, pero me arrepiento de haberle defendido tanto porque ha incumplido lo que dijo. Es como Mourinho.

¿…?

Yo siempre le defendía, pero después de perder la Copa del Rey tengo que criticarlo porque ha cambiado. No se puede no ir a recoger una medalla. No se puede hablar solo sobre uno mismo en las ruedas de prensa. Que si “mi currículum”, que si “cualquier otro siendo subcampeón estaría orgulloso”… Hombre, claro, vete a la Real Sociedad y métela en la Champions. No se puede ser tan egocéntrico. Siempre le he defendido, pero al final ha habido comportamientos indefendibles. Sobre todo en contraste con Cholo Simeone. Cuando le felicitan, no deja de hablar del equipo. Mourinho es egocéntrico y Simeone piensa en el colectivo porque ha sido jugador. Sabe reforzar mentalmente al grupo. Ha dado las gracias a los utilleros, a todos. Y esa gente irá con él a muerte. Ha unido al Atlético de una manera bestial. Habla bien de todos sus rivales y no con rencor, sino con respeto.

¿Tienes contacto con gente de Biskerk, en Kirguistán, donde naciste?

Sí.

Porque uno de los hermanos Tamerlan, que atentó en Boston, pasó por Kirguistán en uno de sus viajes. Me preguntaba si tienes noticias de una creciente islamización de la República, donde, cuando tú vivías allí, la religión estaba relativamente proscrita.

Este tema me preocupaba mucho tras la desaparición de la Unión Soviética. Mi país está en el centro de Asia, alrededor de Estados poderosos y muy religiosos, y es perfecto para hacer de puente. Me inquietaba que el islamismo pudiera introducirse. Nosotros siempre fuimos nómadas. Los kirguís son un pueblo de pastores, no existía el sedentarismo hasta la llegada de la URSS. Hubo muchos intentos de introducir la religión, pero nunca calaron. Los nómadas son como cabras locas. Viven a su manera y yo estoy orgulloso de ese pasado.

¿Nunca te tentó el Islam?

Yo, por donde nací, debería de ser musulmán. Mi mujer, rusa, debería de ser ortodoxa. Y mis hijos son católicos, bautizados en Santander. Eso es la vida. Yo sí creo que existe Dios, pero me da igual que se llame Alá, God, Yaveh o como quieran. Viví mi infancia en un país de 280 millones, como era la URSS, en Kirguistán había unos cinco millones y medio y, de ellos, verdaderamente kirguís éramos tres millones. Dos y medio eran rusos, ucranianos, alemanes… y nunca vi un problema étnico. Éramos hermanos. A mi alrededor, de crío, solo había un kirguí. El resto de amigos eran uzbekos, kazajos, judíos, alemanes, rusos, ucranianos… Nunca supuso un problema. Al romperse la URSS tuve miedo de que el radicalismo entrara, como en Chechenia. Allí siempre han sido diferentes. Son una nación guerrera. Nosotros somos más pacíficos y no ha calado.

Fuiste designado segundo mejor jugador del siglo XX tras Wislander. ¿Es un orgullo o jode?

Siempre he dicho que nunca me han importado los premios individuales en un deporte colectivo. Es mucho más bonito ser campeón del mundo que mejor jugador del mundo.

¿Tu hijo, Alex Djusebaiev, jugará el año que viene en el Atlético de Madrid?

En un principio, sí.

Me han dicho que el bueno es el siguiente, Dani.

Va a hacer 16. Todavía es muy pequeño. Juega en nuestro filial, el Safa, de lateral o central. Es muy grande, ha salido a su madre, 1,96, y crecerá más. Poco a poco.

Talant Djushebaev para Jot Down 4

¿Qué opinas de la aparición de Qatar como paraíso del deporte, también en balonmano? A vosotros se os fue allí Nikolas Markussen en medio de la temporada. ¿Es solo dinero o hay algo más?

Ojalá Qatar hubiera querido de verdad meterse y estructurar el mundo del balonmano. Sin ánimo de críticas, tengo buena relación con ellos desde hace años y he intentado ayudarles, pero creo que no han entendido. Me encantan los sistemas para desarrollar, como hizo Cruyff en el Barcelona. Todo lo que hoy es ese club se lo debe a Johan. Hay que tener paciencia. Yo he hecho varios proyectos para Qatar con el fin de que, en el área del Golfo, el balonmano fuera un deporte en las escuelas, que se instalara junto al fútbol. Pero no han querido.

¿Lo has comentado con Valero Rivera?

Valero va allí de seleccionador. Sabe que Mundial 2015 es allí y puede hacer algo grande deportivamente. Lo mío no era un objetivo deportivo, sino social, estructural. Pero en Qatar tienen mucha prisa.

¿Te sorprendió el anuncio de que Urdangarin se podía ir allí?

La verdad es que sí. Ni por asomo pensé que iba a ir, y no ha ido de momento. Si va para organizar el Mundial 2015, lo veo bien para dar renombre a nuestro deporte. Todos critican a Iñaki, pero es mi amigo y yo lo voy a defender. Me da igual todo. Tendrá o no tendrá razón. Para criticar están otros, yo lo voy a defender. Iñaki fue un gran deportista y un gran amigo. Conmigo nunca se portó mal.

¿Y si se confirma lo que se está investigando?

Demasiadas personas te critican en la vida como para que también lo hagan tus amigos. ¿Ha cometido errores? Todos en la vida lo hacemos. Si aprende de ello, me alegraré por él. Está pagando ya mucho por ello.

¿Hombrados era la solución para la Federación de Balonmano?

Era una buena posibilidad. Cuando nosotros éramos jugadores, siempre soñamos con tener a uno de los nuestros ahí arriba. Alguien que entienda las dificultades del balonmano. Siempre pensé que Lorenzo Rico sería ese hombre. Una persona que lo ha vivido, siempre tendrá más posibilidades de entender. Pero respeto mucho al nuevo presidente. Ojalá lo haga bien por el balonmano.

¿Prefieres tenerlo en la portería o en la Federación?

Si le quitas diez años, en la portería. Pero ahora que está a punto de retirarse, no sé, no sé… en la portería también [risas].

Con la de ofertas millonarias que has tenido, ¿por qué nunca te has ido?

Mis más cercanos me lo han preguntado también. Pero desde que estoy en Ciudad Real, y ahora en el Atlético de Madrid, no tengo contrato. No lo necesito. Es un pacto de palabra con Domingo Díaz de Mera. No hablo de lo que voy a ganar, ni de plazos. Mientras él quiera y me necesite, seguiré. Y tengo un compromiso con algunos jugadores para que ellos se quedaran, como Jonas Kallman, Hombrados, Julen Aguinagalde, Cañellas

¿Podéis seguir manteniendo a flote al equipo a pesar de la crisis?

Creo que tendemos un equipo competitivo la próxima temporada, aunque otra vez bajando el presupuesto.

¿Un 10 o un 15%?

No. Alrededor de 35% o 37%.

¿Se puede pelear así con el Barça? ¿No te sientes un poco Sísifo?

Es difícil. Sigo teniendo posibilidad de ir a sitios donde me dan todo el presupuesto. Es una posibilidad y la he pensado. Pero también es bonito para mí quedarme, porque siento que si me voy puede que el Atlético de Madrid desaparezca. Ya estamos retrocediendo a la situación de los años 90 por la crisis. Si el Atleti desaparece, el balonmano español retrocederá a los 80. El deporte sería más amateur. Y nos ha costado mucho ser profesionales, nadie quiere volver atrás, aunque algunos lo propongan. Que nadie me entienda mal, pero me siento responsable.

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Fotografía: Begoña Rivas


Javier Gómez: El “poder blando” de Pablo Laso

Siempre me pareció que la mejor primera frase de un libro la escribió Ernesto Sábato en El túnel: “Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne”. Sin rodeos ni misterios. Lo interesante es el porqué. Copiémosle el arrojo para sacar conclusiones de la Final Four, que ya toca: “Bastará decir que Pablo Laso es el mejor entrenador posible para el Real Madrid”. Ahora toca el porqué.

Algo me llamó la atención de este equipo técnico. Fue en una charla veraniega, recién perdida la ACB ante el Barça. Iba yo pontificando, como suelo, sobre las causas del descalabro, cuando mi interlocutor me cortó con un in your face dialéctico que ni Lebron: “Y nosotros. Te estás olvidando de que hemos fallado nosotros, los técnicos. También era nuestra primera final y lo hemos pagado”. ¿Es más fuerte un líder que reconoce sus errores o el que los enmascara?

Pablo Laso ha perdido una Copa del Rey de dos, una Liga ACB y su única final europea en dos años. A algunos les parece mucho. “No es un entrenador de finales”, “le falta reaccionar”, “sus rotaciones son mecánicas”, “tiene miedo a sentar a ciertos jugadores”… ¿Qué ha conseguido? Una Copa del Rey. Pero eso no es tan importante, creedme. Ha logrado algo de lo que se habla poco en baloncesto: “Identificación”. Volemos a Londres.

Aeropuerto de Stansted. Avión de vuelta a Madrid, la derrota escociendo como un tatuaje reciente. Dos de la mañana. Penetran todos los jugadores en un avión mudo. Se sientan. Miradas atadas a los cordones. Olor a queroseno del Pireo. Pasan unos minutos y aparece Pablo. Las primeras palmadas empiezan en el fondo, donde se sientan las viejas glorias, los que ganaron ocho de las grandes, Emiliano, Sevillano, Rullán, Itu, Beirán… el avión entero prorrumpe en un repentino aplauso, el único que se oye en dos horas y media. Las mejillas de Laso se ponen del color de sus gafas de diseño rojas. Juzguen ustedes. Todo queda resumido en el palabrejo de antes: identificación.

Lo consiguieron antes Ferrándiz, Lolo Sainz y Clifford Luyk, como también Obradovic en el Panathinaikos, Blatt en el Maccabi, Messina en el CSKA, Pepu en Estudiantes, Pitino en Louisville y antes en Kentucky, Phil Jackson en L.A., Bobby Knight en Indiana… o, en fútbol, Benítez en Liverpool, Wenger en el Arsenal, Mourinho en el Chelsea y Ferguson en el United. Encajar en una horma, manejar un extraño hilo invisible que representa un club y un estilo por encima de las victorias, que pueden o no llegar. No se trata sólo del vistoso juego del Madrid, eso ya está muy escrito, sino de algo que se prolonga fuera de la cancha: una forma de ser, un temperamento, los únicos valores que resisten en el baloncesto a la cárcel de las estadísticas. Un orgullo indefinible. Exactamente aquello que, extrañamente, no ha conseguido Xavi Pascual en el Barça a pesar de las muchas victorias en su haber. En mi opinión, por error y capricho del barcelonismo, pero eso es ya otro artículo.

Los responsables madridistas deberían tenerlo en cuenta en sus próximas decisiones. Esa identificación ha calado entre las grietas del madridismo. Entre los cronistas, que ya es difícil, aunque algunos le esperarán a la salida del bar, como acostumbran. Y también entre el público tras muchos años de vanos esfuerzos. Para los que hemos nacido en el Palacio de los Deportes y crecido con Corbalán, Fernando Martín, Petrovic, Sabonis… ver a menudo el estadio lleno o a 2000 madridistas desplazados a Londres silenciando la grada del Olympiakos por momentos es casi una aparición mariana. De hecho, alguien en la sección debería plantar un sauce en el O2 e ir a rendirle culto con ofrendas, que lo de los panes y los peces merengues no ocurre cada día.

Hay tipos a los que aprecias por una sola conversación. Fernando Torres es uno de ellos. Teníamos 15 minutos en una sala de la ciudad deportiva del Liverpool. Allá por el 45, y sin gin tonics, teorizaba sobre por qué la afición de Anfield es la mejor del mundo: “La gente suele estar orgullosa de su coche y su equipo; o de su mujer y su equipo; o de su casa y su equipo; pero durante mucho tiempo, en esta ciudad sólo se estaba orgulloso de los colores. El sentimiento de pertenencia es distinto”. No se trata de que los hinchas sean más fieles cuanto más feas son sus mujeres, o al menos no sólo. La explicación de Torres iba más allá: identificación, un concepto especialmente valioso en estos tiempos faltos de símbolos.

¿Por qué sigue Laso sin convencer a algunos? Porque, quizás sin saberlo, se ha convertido en el mayor exponente en el basket del “poder blando” que teorizó Joseph Nye en las relaciones internacionales. Una forma de dirección que privilegia la comunicación y la persuasión por encima de la autoridad y la coacción. No castiga a los jugadores durante los partidos, al menos visiblemente. No suele quejarse de los árbitros en ruedas de prensa. Como decía Nye, “el poder, como el amor, es más fácil experimentarlo que definirlo”. Laso prefiere un perfil bajo y un poder menos visible, que algunos interpretan como endeblez, aunque caigan gritos y hostias a las pizarras. “Le tiene miedo a Llull”, escribía el habitualmente bien informado @elcapitaenciam. Las taquillas de un vestuario turco todavía retumban y podrían testificar sobre si Laso es capaz de cantarle las 40 al a veces acelerado base madridista.

Si algo se asemeja al poder en un vestuario es la capacidad de involucrar a todos los jugadores en un camino colectivo, lo que nunca consiguió Messina a pesar de su valía. Pregunten quién quiere irse del Madrid. Errores, Laso ha cometido muchos. En Londres también, nos ha jodido. Es evidente que al equipo le falta un punto de madurez competitiva y toca tomar decisiones. Pero yo hoy no quería hablar de baloncesto, sino de algo mucho más importante.


Javier Gómez: La Final Four y el póster de Mickey Rourke

Un directivo madridista, semanas después del batacazo en Copa del Rey frente al Barcelona, reconocía en privado cierto estupor por aquella derrota: “No nos esperábamos que algunos de nuestros jugadores fueran tan débiles mentalmente. Seguro que habrá otra oportunidad esta temporada: pero ahí tendrán que demostrar si valen o no valen; si son fuertes o no”. La oportunidad está delante de sus narices. Se disputa el viernes en el O2 de Londres. Semifinal de la Final Four: Madrid-Barça.

Los azulgrana llegan como un batallón de fusileros franceses tras la batalla de Verdún: Ingles y Sada, tocados; Jawai, casi baja; CJ Wallace y Todorovic, con graves molestias; Mickeal, retirado por una tromboembolia pulmonar… por eso sorprenden las declaraciones del entrenador Xavi Pascual: “No puedo permitirme el lujo de llorar”. Igualito que en fútbol o en política, donde todavía no se han inventado los antirretrovirales para el virus FIFA, la “herencia recibida” o la “crisis de los mercados”.

Ignoro si, como se dice, los perros se parecen a sus dueños, pero los buenos equipos siempre se parecen a sus entrenadores. Este Barça es Xavi Pascual. Un tipo de poco brillo y mucho método. Un boxeador que no persigue la mascletá pomposa del K.O., sino castigar el estómago y las costillas. Una y otra vez. Hasta que, pasados los asaltos, el aire ya no sube por las vías respiratorias y, solo entonces, conecta el golpe ganador. Un Guardiola del basket al que el barcelonismo no hace todo el caso que se merece, por cierto. Será que sus vaqueros y sus jerseys molan menos. “Lo más positivo es que la gente de la calle confía en mí”, afirmó ayer en su rueda de prensa. Del club no dijo nada.

Ese es el reto del Madrid, que se presenta  un peldaño de talento y dos de físico por encima del Barça, pero dos escalones más abajo en la cuestión psicológica. Quizás porque lo que todavía no ha logrado el equipo blanco, que ha enamorado por su juego, (pero por ahora sólo ha logrado una Copa del Rey, y conviene que se lo repitan cada día para conjurar el efecto adormecedor de los halagos), es parecerse más a su entrenador: Pablo Laso.

Mickey Rourke contaba que emplea un viejo truco del Actor’s Studio para entrar en sus personajes. Se cuelga una foto gigantesca de ellos, tamaño pared, delante de su cama. Cada vez que se levanta o acuesta, ahí los tiene, de frente, mirándole, con la expresión que mejor caracterice el rol que pretende encarnar. Ahora, en la cama de Rourke, hay un póster tamaño sábana de Gareth Thomas, el excapitán de la selección galesa de rugby, que contó con el apoyo de su entonces esposa para, recién retirado, reconocerle al mundo que siempre fue gay. Su próxima película: The Welshman.

Los jugadores del Madrid, no sé si con o sin póster frente a sus camas, han calcado al Pablo Laso que, de naranja Taugrés, cruzaba la llanura vitoriana en un santiamén a base de contraataques. Un base que Montes habría definido como “aseado”. Elegante, rápido, caballeroso y calmado en la cancha. Les falta algo fundamental: parecerse al Pablo Laso entrenador, capaz de dar dos voces y una hostia en la pizarra, exigente y peleón, afónico y vehemente. Tarea pendiente de ellos y del coach.

Laso no se ha alejado ni un centímetro de su propuesta inicial. Correr, anotar, ritmos altos… pero parece haberse dado cuenta, tras las derrotas en la ACB y Copa del Rey (un naufragio sobre todo mental de algunos jugadores, como reconocía su directivo), de que el equipo está menos armado de lo que pensaba para la batalla psicológica. Y si pierde el duelo  de cabezas, perderá también el físico y, sobre todo, el de talentos. Si se llevan esta Final Four, será gracias a Rudy, Llull o Mirotic. Pero solo porque antes el equipo habrá logrado impregnarse de la determinación de Slaughter, la voluntad de Reyes o la calma de Sergio Rodríguez, que parece haber leído a Rourke sobre boxeo: “En cualquier deporte de combate lo más importante es relajarse y respirar”.

Quizás consciente de ello, Laso ha apretado las tuercas a algunos jugadores en los últimos meses. Para recordarles que el espejito mágico de la prensa no es como el del cuento, que siempre decía la verdad. Puso firme a Mirotic frente al Maccabi. Se enfrentó al desaire de Llull en el reciente partido de ACB contra el Barça. Habló seriamente con Rudy tras una Copa del Rey en que naufragó mentalmente ante el Barça. Ha subido el nivel de exigencia mental y disciplinario para que nadie dé por tomada Omaha Beach cuando aún no ha comenzado el desembarco.

Sobre todo porque, si vencen al Barça, en la final espera previsiblemente otra horma tridimensional de un entrenador: el CSKA de Ettor Messina. El otro día, el entrenador aseguraba a Jot Down: “Podremos jugar bien o no esta Final Four, pero hemos alcanzado un nivel de solidez que me gusta. Los jugadores han entendido el mensaje”. Solidez. Ausencia de fisuras. Resucitar cuando estás jodido y agazapado en la trinchera. Rematar al rival cuanto está contra las cuerdas. Y todo, en la última batalla. Exactamente el póster al que debe parecerse el Madrid.

 


Francisco Polo: “Me preocupa que haya juicios públicos, pero no me siento responsable”

Francisco Polo para Jot Down 1

Será el muñeco “bubble-head” de Obama, o el de Michelle; será la revista de tendencia Monocle, bien planchada encima de la mesa; será la tarta casera de frutas y las cookies; será la vitrina esquinada succionando sol y vida de la Gran Vía; serán las paredes inmaculadas pero la oficina de Change.org parece un mundo aparte. Un mundo perfecto en el que da resquemor pisar con fuerza, hacer un chiste verde o no comer cookies.

Su director, Francisco Polo, se siente “un líder sin complejos”. O sea, un líder con tres botones desabrochados y deportivas blancas; que se define como gay en su bio de twitter; con su periplo estadounidense y sus premios como emprendedor social. Antes de hablar con Jot Down, acaba de atender a una cadena norteamericana que emite “para toda América y Asia”. Su discurso es como su oficina: un mundo perfecto y sin aristas. Pero ahí sí toca pasar sin llamar.

Change es una plataforma desde la que la gente puede lanzar peticiones por los temas más variopìntos: que no se repita el drama del Madrid Arena, que se mantenga abierta la unidad de cardiopatía infantil de un hospital de Las Palmas o “que paren las violaciones en la India”. Acaba de saltar a las portadas por lograr un millón de firmas por la dimisión de la cúpula del PP y de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno. Basta incluir nombre, un apellido, un mail y el código postal, y ha hecho más daño que cualquier manifestación en la calle Génova. ¿El click desde el sillón es el nuevo activismo del siglo XXI?

Las cifras son apabullantes.

Ha sido la petición con más crecimiento en menos tiempo en toda la historia de Change a nivel mundial. Nunca habíamos visto una petición pasar de cero a 300.0000 firmas en menos de 12 horas. Ya es la que más firmas tiene en la historia de change.org en España. Pasar el millón no deja de ser un número simbólico, pero significativo. Es mucha presión, que después se traducirá o no en decisiones concretas, pero que haya tanta gente pidiendo la dimisión del presidente del Gobierno y toda la cúpula del Partido Popular por el escándalo que publicó El País sobre los pagos secretos es significativo.

Pero hay que hablar de los controles [hoy, 11 de febrero, la petición para la “dimisión de la cúpula del PP y de a dimisión del presidente del Gobierno” cuenta con 1.121.553 firmas]. Yo quise probar vuestra seguridad. Con el mismo nombre, apellido y código postal, y cambiando sólo el servidor del mail, he firmado por duplicado y no lo habéis detectado.

Tenemos dos tipos de controles. Los automáticos, para ataques de bots o de spam. Desde San Francisco, nuestros técnicos, cuando ven un envío masivo, lo corrigen. Y luego hay un control manual. Cada cierto tiempo revisamos peticiones para ver si alguna sobra. Además, si la dirección es falsa, ese correo rebota y también lo detectamos.

Siento insistir. Yo he firmado dos veces con mi mismo nombre. Y nadie ha anulado al menos una de las firmas.

No podemos evitar que una persona entre una segunda vez con un segundo correo electrónico. O incluso con el mismo correo pero desde una IP diferente. Lo reconozco, del mismo modo que en Facebook no se puede evitar que se creen dos perfiles.

Ya, pero Facebook no sirve para pedir dimisiones de un Gobierno, por ejemplo. Vosotros tenéis una responsabilidad social mucho mayor.

Lo que nos interesa es que la representación general de las firmas sea representativa. Nadie podría hinchar una petición con 10.000 firmas, porque eso sí lo detectaríamos.

Pero una a una, sí. Como sólo pedís nombre, apellido, código postal y mail, basta con saber el correo de alguien para hacerle firmar. Ayer le comenté a un compañero de LaSexta que tenía esta entrevista. Y me dijo: “pregúntales por qué me mandan correos como si hubiera firmado cosas que no he firmado”.

Ahí lo relevante es que hay una adulteración de una petición. Puedes suplantar una identidad, como puedes hacerlo en Twitter o en Facebook. Pero eso no quiere decir que la gente lo haga. Nosotros apenas hemos recibido quejas de los usuarios diciendo “alguien ha firmado por mí”.

Si esos agujeros existen, puede hacerlo quien quiera y cuantas veces quiera. Y al no detectarlo, ni siquiera vosotros sabéis cómo de grande es el agujero.

Tú me estás proponiendo que tengamos sistemas de detección automática. Nosotros, por una cuestión de equilibrio entre la usabilidad del sitio y la fiabilidad de las firmas, hemos decidido optar por este sistema, que nosotros creemos que es más sofisticado y hace la plataforma más usable. La mayor parte de la gente solo viene a firmar, sin intenciones aviesas.

Pero si la usabilidad permite que alguien firme por mi compañero poniendo su mail, algo falla.

Entonces esa persona debe ir a nuestro panel de ayuda y decir que no ha firmado.

Francisco Polo para Jot Down p

¿La responsabilidad de detectar el fraude no debería recaer en vosotros? Ni siquiera pedís un click en el mail para validar vuestra petición. ¿Cómo decir públicamente que hay 800.000 o 900.000 firmas que piden algo si no podéis asegurar que realmente existen?

El 99% que firma en change.org lo hace para provocar cambios sociales y dan su identidad.

¿Y cómo sabes que es el 99% y no el 83%? ¿O el 42%? Si no comprobáis que sean firmas reales…

Porque no recibimos quejas de personas diciendo que las han suplantado. Y cuando eso ocurre, inmediatamente ayudamos a quitar esa firma. Mucha gente tiene la costumbre de no desloguearse de un sitio, luego en ese ordenador entra su pareja, va a firmar algo y no siempre la suplantación es con mala intención. Y si hay suplantación, la responsabilidad es del usuario. Eso puede ser hasta un delito y es responsabilidad del que lo hace.

Bastaría con pedir un DNI.

Entiendo que la gente quiera mayores precauciones. Pero nosotros hemos decidido tener un control suave y funciona. La gente firma con un solo correo electrónico de forma honesta. No somos un proceso legislativo y no pedimos el DNI. No aspiramos a ser una plataforma que proponga iniciativas populares, somos una plataforma de movilización donde la gente firma con su correo electrónico. Ya existen plataformas de peticiones con DNI. ¿Cuánta gente firma? ¿Qué cambios consiguen?

La cuestión es si todo vale para conseguir cambios. ¿No te parece anacrónico que una empresa que critica la falta de controles en los procesos democráticos peque de lo mismo?

Nosotros no tenemos agenda en ese sentido ni pedimos nada concreto. Nuestra plataforma está abierta para todos. No decidimos las peticiones.

En el momento en que asumís las “campañas de comunicación” de algunas peticiones, y luego hablaremos de ello, no podéis decir que no tenéis relación con las peticiones. No os mantenéis al margen.

Nosotros intentamos tener una plataforma que refleje de la mejor manera posible una petición de cambio. Y sí, una misma persona puede firmar con un segundo correo esa petición. No lo puedo negar. Pero lo que no quiero es que la gente crea que las peticiones están desvirtuadas. Es nuestra preocupación que no nos utilicen.

Visto desde otro punto de vista, ¿no le da miedo convertirse en juez de un tema que no ha sido juzgado? No se sabe si hay culpables o no, solo indicios. Tanto en el tema del PP como en muchos otros.

Por supuesto. Pero no es change.org quien pide esa dimisión, sino una persona concreta.

Bueno, pero en el momento en que aportas la estructura, la publicitas y te haces eco de su crecimiento, te haces en cierto modo responsable del contenido de la petición.

Yo creo que esa gente no pide que Rajoy dimita, sino que sea responsable y consecuente.

La petición dice “dimisión inmediata del presidente del Gobierno”. No deja lugar a muchas dudas.

Yo no me considero juez de ese juicio, pero sí, me preocupa que haya juicios públicos y que se ponga en duda la presunción de inocencia de la gente.

¿Entonces?

Como digo, me preocupa que haya juicios públicos, pero no me siento responsable. No soy paternalista, es la gente la que tiene que decidir qué peticiones tienen que tener eco mediático y qué consecuencias. Yo no me hago cargo.

¿No crees que este tipo de “cibermovilización”, donde basta con poner tu nombre y tu mail, suponiendo que sean ciertos, es una especie de sedante social?

No. Una persona que se moviliza a través de Internet no deja de hacerlo en la calle. Frente a los que nos llaman “activismo de salón”, la universidad de Washington sacó un estudio a finales de 2011 sobre comportamiento de gente que firmaba peticiones online. Es gente dos veces más influyente que una persona normal, con más capacidad de transformar su entorno y más implicada en otro tipo de participación, en sus barrios, en organizaciones. Al contrario, todo esto es algo que utiliza la gente más movilizada. Y para mucha gente es la única forma que tienen de participar. Uno que está con su hijo, su trabajo, tiene sólo un ratito y firma.

Change significar cambiar. ¿Cambiar el qué?

Nosotros, a diferencia de otras organizaciones clásicas, como Greenpeace o Amnistía Internacional, no tenemos una visión concreta de qué queremos cambiar. Para nosotros, el valor supremo es el empoderamiento. Dar a la gente una herramienta que les ofrezca poder para cambiar las cosas. Y que, con esas acciones, acaben mejorando el mundo, con cambios a nivel local o global.

Como un intermediario de la indignación.

Una herramienta para que la gente pueda provocar cambios. Somos la mayor plataforma de peticiones online del mundo con más de 25 millones de usuarios en todo el mundo, de los cuales tres están en España. Se crean más de 10.000 peticiones nuevas cada mes en todo el mundo (1.000 en España). Y, lo más interesante, la gente siempre se pregunta si esto sirve para algo. Sí, sirve para algo. En el mundo cada día vemos cambios concretos, historias de todo tipo, peticiones relacionadas con animales, con derechos de las personas LGTB [Lesbianas, gays, transexuales y bisexuales], con la política…

Y todo, con una firma.

No solamente es una firma.

¿Qué más hay?

En primer lugar, el hecho de que haya una persona que decida dar un paso adelante para cambiar una realidad a través de change.org. Luego, el resto de personas no es solo que firmen, es que apoyan la petición. Y, después, necesitas que los medios de comunicación locales, nacionales o estatales se hagan eco de esta petición para aumentar la presión. Hay quien contrapone lo online y lo offline, y no hay ninguna contraposición.

Francisco Polo para Jot Down 3

Vosotros no trabajáis directamente en la realidad.

Sí que lo hacemos. Somos una plataforma online, donde empiezan las peticiones. Después, el creador, sí está inmerso en esa realidad.

Pero ese creador no sois vosotros.

Nosotros no tenemos una agenda, con lo cual el equipo de campañas no crea nuevas peticiones. Pero cuando de repente vemos que una petición está cogiendo mucha fuerza, o va a beneficiar no solamente al que lo pide sino a una comunidad mayor, nuestro equipo de campañas se pone en contacto con el creador de la petición. Y ponemos a su servicio a la mejor gente de campañas de España. Les orientamos acerca de la propia petición y solemos trabajar con él y asesorarlo.

O sea, que sois una especie de estructura itinerante comunicativa para todas aquellas personas que quieren luchar por algo pero no saben cómo.

Exactamente, somos una estructura líquida y cada semana vamos trabajando con diferentes creadores de peticiones para ayudarles. Nuestro departamento de comunicación dedica un 5% de su tiempo a promover la marca change.org y, el resto de tiempo, trabajan con los creadores de peticiones para ver qué nota de prensa pueden sacar, en qué medios tendrá más difusión su petición…. Utilizamos todos los resortes que sabemos que funcionan.

¿Cómo hacéis para decidir qué petición requiere vuestra atención? Porque hay un fenómeno que es peligroso: luchar por todo, por todos y en todo momento.

Nosotros creemos que todo el mundo debe tener la capacidad de luchar por el tema que quiera en cualquier momento. No es que yo luche por todo, sino que cada uno luche por aquello en lo que cree. Nadie mejor que la gente que está en diferentes sitios para conocer las raíces de los grandes problemas. Por ejemplo, en Estados Unidos no existe el matrimonio entre personas del mismo sexo. Y Change está permitiendo miles de victorias en este campo. El último gran éxito es que los Boy Scouts permitan que sean sus agrupaciones locales quienes decidan si admiten gays. Lo que hemos hecho es dar a la gente la posibilidad de utilizar esas herramientas que estaban limitadas sólo a unas pocas organizaciones.

Una especie de “ponga un Greenpeace en su vida”.

Más o menos. Nosotros decimos: conviértete en Greenpeace. Te vamos a dar a ti, persona que crees que no puedes cambiar las cosas, todas las herramientas que tiene Greenpeace para cambiar a realidad. La comunicación es muy importante en el cambio social.

Hay una palabra que me parece clave para entender los problemas de España hoy: la transparencia. Del Gobierno, de los bancos, de las comunidades autónomas, de la Fundación Ideas, de Bárcenas, del dopaje, de la Corona… parece como si en España las instituciones hubieran llevado una vida paralela sin control.

En cierto modo ha pasado eso. El 15M logró un despertar de la ciudadanía. Introducir en la mente de la gente una idea: la política no está respondiendo a nuestras necesidades, el sistema económico no está funcionando al servicio de las personas, sino que estas le servían a él, y, en tercer lugar, en lo social no somos un país tan justo y con un reparto equitativo de la riqueza. Ahora, gracias a Internet, la gente tiene herramientas para pedir cambios. Lo que falta son las herramientas democráticas para conseguirlos. El sistema democrático español no tiene vías suficientes para que los ciudadanos hagan escuchar su voz y entonces se están utilizando herramientas alternativas, como change.org.

¿Puede cambiar algo la ley de transparencia?

Es básica. España es el único país de la Unión Europea con más de un millón de habitantes que todavía no tiene una ley de Transparencia. Se está tramitando en el Congreso y, de forma totalmente alucinante, los partidos políticos, las fundaciones, los sindicatos y la Corona no estarán englobados por esa Ley de Transparencia. En Change.org ya hay una plataforma que pide exactamente lo contrario. ¿Cómo puedes votar si no tienes información? Cuando tú sabes lo que está pasando, podrás saber si la imagen que te vende un partido es real. Entonces podrás tomar decisiones informado.

¿Qué información le falta al ciudadano?

Yo quiero saber, por ejemplo, cuánto cobra todo el mundo en los partidos políticos. Pero voy más allá, como en los países nórdicos. Estoy a favor de una ley para que todo el mundo sepa cuánto cobra todo el mundo en este país.

Tiene que haber límites de privacidad. Yo no tengo por qué decir cuánto me pagan por hacer esta entrevista.

Si no hay nada que ocultar, ¿dónde está el inconveniente? Eso existe en los países nórdicos y acaba con la corrupción porque todo es transparente. Todo el mundo sabe quién ha ingresado qué, y de quién.

Vale. ¿Qué beneficios tuvo Change el año pasado?

No te lo puedo decir. No hablamos de nuestros beneficios.

¿?

Es una política de la empresa.

¿Y la transparencia?

Si tuviera sede en España, se podría saber. Pero al estar en Estados Unidos, no tiene por qué publicarse. Es una cuestión de competencia. Somos una empresa. Para que te hagas una idea, tenemos unas 150 personas trabajando para la organización en todo el mundo, en más de 18 países. Eso sí, somos una empresa social. Todo lo que ganamos lo reinvertimos. No trabajamos para ganar dinero, sino para contribuir a una misión social. A principios de 2012 sólo estábamos en Estados Unidos, el Reino Unido, España, en la India y en Australia. Como fue un año muy bueno, se reinvirtió en la expansión y ahora estamos en 18 países, en varios idiomas y ayudamos a la gente en cada uno de esos países a hacer sus peticiones.

Francisco Polo para Jot Down 4

Ya que no podemos saber la cifra, ¿cómo gana dinero change.org?

Somos una plataforma como Youtube o Twitter. Tú puedes colgar peticiones gratuitamente, pero si eres una ONG igual quieres promocionar un vídeo o una petición. Si nos contratan, pueden promocionar su petición. Y les damos un servicio muy concreto y de mucho valor para ellos, ayudarles a conectar con la persona que firma una petición. Cuando se ve una petición que aparece como patrocinada, se ofrece la posibilidad al internauta de que la ONG se ponga en contacto con ellos. Además de la visibilidad y el número de firmas de su petición, puedes conectar con un posible voluntario o un posible donante.

Y tal cómo está la situación de las ONG, ¿os da para ganar dinero?

Lo que hacemos es mejorar los servicios que hacen otras empresas. La gente ve a todos esos chicos que están por la calle con carpetas. Generalmente son empresas que ofrecen servicios de captación de socios y son muy caras. Nuestro servicio es mucho más barato y eficiente.

Da la sensación de que en otros países, con un 25% de paro y las instituciones del país desangrándose por su corrupción interna, las protestas serían mucho mayores en nuestra situación. Hay menos tejido asociativo que en otros países… ¿La sociedad española está dormida?

No. Yo creo lo contrario. Cada vez más gente se da cuenta de que tiene que participar en la vida pública y asociativa. La diferencia con otros países es que nuestra democracia es mucho más joven y la gente no está acostumbrada a ejercer el poder que tiene y no existen las herramientas para ejercerlo. En España no hay todavía una cultura de organización de la ciudadanía. Hay gente que quiere cambiar cosas y no sabe cómo hacerlo. Pero yo mismo he visto la progresión de la ciudadanía. Cuando creé Actuable, la gente apenas sabía hacer las peticiones. Ahora sí.

¿Y los políticos? Porque parecen haberse quedado todavía más atrás.

Totalmente. Hace falta una reforma del sistema electoral de nuestro país que haga que los partidos y los políticos sean más responsables. Hacen falta listas listas abiertas y circunscripciones pequeñas donde el político responda ante sus ciudadanos. En España no hay política fuera de los partidos.

Da la sensación de que los líderes de España no están preparados para el mundo de hoy. Viven en una política antigua, mandan balones fuera, no entienden que hay que dar respuestas rápidas y transparentes. ¿Hay un problema de liderazgo?

En España hay muy malos ejemplos de liderazgo. El único líder que se entiende es un dictador, alguien que oprime y dice lo que tienes que hacer. Yo entiendo que un líder es una persona que trabaja al servicio de la gente de diferentes maneras. Cuando toca liderar y ponerte delante de la gente para empujar, porque tienes más energía, porque tienes una visión que sabes a dónde quieres llegar o porque sabes sacar lo mejor de un grupo.

Con lo cual tú te sientes un líder.

Sin ningún tipo de complejo. Lo que creo es que en España la gente no debería tener miedo a liderar. No tenemos ejemplos positivos de liderazgo. Los gobernantes no tienen dónde mirarse. Y lo más grave de todo eso es que como el sistema político es tan cerrado y está tan denostado, que es en parte también responsabilidad de los ciudadanos, los mejores de nuestra sociedad jamás deciden dedicarse a la política.

Te defines como emprendedor social. A mucha gente en la izquierda le cuesta juntar empresario y social en la misma frase. Hay una especie de alergia a la idea de lo privado y del beneficio.

Uno de los grandes dramas de la izquierda y la derecha es que son fundamentalistas. Yo me planteo qué es lo que va a cumplir la mejor función. Yo intenté crear una ONG y no funcionó porque el trabajo voluntario no era suficiente. Me di cuenta de que debíamos hacerlo como empresa. Yo podía ofrecer un servicio muy bueno y generar beneficios.

En la biografía de tu blog mencionas que trabajaste en política y con partidos pero no dices en cuál.

Trabajé en una consultora para grandes partidos políticos y eso me permitió ver la política desde fuera. Luego estuve en la carrera diplomática y me atraía mucho el proyecto del partido socialista. Soy gay y el matrimonio igualitario me pareció un avance capital y me tocó. Llamé a Elena Valenciano y pedí trabajar en el PSOE. Entonces me llamó para incorporarme al equipo. Estuve casi un año en la secretaría de política internacional. Luego me propusieron dirigir la campaña online de 2009. Para un chico de 28 años era mucha responsabilidad, pero quería asumirla. Me succionaron hacia arriba sin preguntarme y ahí pude ver cómo funcionaba el partido. Estuve en la secretaría de organización, el gobierno dentro del partido. En ese momento el partido empezó a cambiar, traicionando un proyecto que era muy bonito. Me di cuenta por la ley Sinde. Esa ley se conoció dentro del partido el día en que sale en el BOE y era un recorte de libertades que me daba vergüenza. Muchos de los que no estaban de acuerdo o no tenían mi vocación de independencia, cambiaron su postura. Pero yo no. Me marché en noviembre de 2010. Fue enriquecedor.

Francisco Polo para Jot Down 5


Borja Sémper: “El futuro en Euskadi se tiene que construir también con Bildu”

Borja Semper para Jot Down 1

Borja Sémper es un tipo engominado, risueño y que fuma sin parar. También podría haber comenzado escribiendo que Borja Sémper es un tipo inquieto, futbolero y que tiene problemas de fontanería en su nueva casa. O, a lo mejor, que Borja Sémper es un irundarra, enganchado al café con leche, que adora Madrid y suele llevar al fútbol a su hijo de cinco años. Poco importa. Al final, Borja Sémper es ese tipo que está ahí delante, escuchando, y eso ya es mucho para ser político.

Entrevistados decenas y decenas de ministros, secretarios, aspirantes a, decapitados de, politicastros, líderes de verdad, líderes de papel cebolla, correveydiles, ideólogos de casta, vocingleros, embalsamadores de Lenin o liberales de Givenchy, lo más infrecuente de un político es que parezca una persona, problemas de grifería incluidos. Con sus pasiones y sus excesos en la vitrina. Así es Borja Sémper, 36 años, presidente del PP en Guipúzcoa. Encantado de haberse conocido, también como todo político, algo kamikaze, capaz de ser chincheta en su propio partido y de asumir que “el futuro en Euskadi se tiene que construir con Bildu”, frase que todavía estremece las dentaduras en ciertas filas del PP. Él lo tiene claro. Y dice que Rajoy, también.

¿Qué es más difícil en Guipúzcoa: ser del PP o del Real Madrid?

Estudié en un colegio público en Irún, al lado de casa, y llegaban a tirarme piedras por ir a clase con la camiseta del Madrid.  Ya ves, iban marcando tendencia algunos. Es que en el País Vasco, antes, y ahora un poco también, hay quien quiere resolver las cosas a pedradas. Como yo soy un poco provocador, suelo decir en broma eso de “si quieres taza, pues taza y media”: del PP y del Madrid.

Lo suyo es puro mourinhismo aplicado. A la contra y resistente.

Es que yo no entendía por qué no podía llevar la camiseta de un puto equipo de fútbol que para mí era solo eso, un equipo de fútbol. Y es verdad que insistir me granjeó algún problema que otro. Pero es verdad que en Irún nunca hemos sido muy de la Real Sociedad. El Real Unión de Irún era un rival histórico de la Real e Irún es un poco el Bilbao de Guipúzcoa, nos sentimos un poco el centro del mundo. Así que nunca hemos tenido un gran afecto más allá del razonable por la Real Sociedad. Yo siempre he sido del Real Unión y del Real Madrid.

¿Y cuando se enfrentaron en Copa ambos equipos?

Eso del corazón dividido en fútbol no existe. Seré políticamente incorrecto y algo honesto: iba con el Real Madrid. Pero no me disgustó que lo eliminara al Real Unión. Al final, sí o sí ganabas.

Al final, uno es siempre de un equipo de fútbol antes que de un partido político. A no ser que tu padre sea un tarado.

Y tanto. De hecho, en mi casa no hay democracia. Mi hijo va a ser del Real Madrid sí o sí. Lo del PP es menos importante. Ahí me sale la vena talibán y no lo oculto. Es más, es algo que tengo que decir y verbalizar para sentirme mejor conmigo mismo [sonrisa].

¿Quién está más perdido: Mourinho o Rajoy?

Rajoy no está perdido. Y Mourinho lo que está es probablemente muy equivocado. Se pensó que el Madrid era como el Inter, el Oporto o el Chelsea. Y no. Mourinho ha intentado crear un “Real Mourinho” y el Madrid te come. Aquí hay grandes jugadores, tíos hechos y derechos, que han salido llorando por el túnel de vestuarios. Quería controlar el Madrid no solo deportivamente y su personalidad es antagónica a la del Madrid. Otra cosa es que viniera bien su fichaje en un momento de depresión generalizado. Llega Mourinho, aquí estoy yo, a pecho descubierto. Vale que le metieron cinco, pero no volvió a pasar. Ante el mejor equipo de la historia, ganamos una copa del rey y una liga en el Camp Nou. Eso también es mérito de Mourinho. Aunque con esa plantilla igual lo conseguiría hasta yo. Pero esa estrategia de tensión acaba por agotarse. Mi Real Madrid es el de Casillas, el de Raúl y, si me apuras, hasta el de Butragueño.

¿El de Valdano también, aunque tire un poco a la izquierda?

Personaje controvertido, pero su forma de comunicar le iba seguramente mejor al Madrid que la de Mourinho. El himno del Madrid no se canta en el estadio, como el del Barça o el del Liverpool, pero tiene una letra que habla de que “cuando pierde, da la mano”. Eso no lo he visto últimamente. Hay actitudes que no me gustan. Cristiano es un líder, pero no me gusta que no celebre el gol de un compañero. Un tío que se cae y se queja por sistema. Yo no quiero eso para el Madrid. A mí me preocupa que los niños quieran ser Messi y no Ronaldo.

Pero vamos, que llegó al PP por el Madrid. Le arrinconaban por llevar la contraria y…

Podría ser una buena reflexión… pero no es así. Yo entre en el PP deslumbrado por la figura de Gregorio Ordóñez. Era el presidente del PP en Guipúzcoa, lo que soy yo ahora, cuando lo mataron [en 1996]. Tenía un discurso contundente muy firme contra ETA en un periodo, finales de los 80 y principios de los 90, en el que no era habitual oír a los políticos hablar así. Este tipo consiguió que el PP ganara en San Sebastián y saliera de las catacumbas en Guipúzcoa. Hablaba y la gente le entendía, lejos del discurso manido de los políticos. Esa valentía y esa honestidad me deslumbraron. Dos años después de afiliarme lo asesinaron. El más tonto del pueblo, Valentín Lasarte, asesinó al más brillante, Gregorio Ordóñez. Una metáfora de la vida y, desde luego, de la política en Euskadi.

Ahora la política ha perdido un lenguaje, está formateada. Pero de eso hablaremos luego. Tenía 17 años y entró en un partido político en un lugar donde militar tenía un coste.

Con 17 años cogí el tren y me presenté en la sede. Esta es una de las críticas que se nos hacen a los políticos que hemos hecho toda nuestra vida dentro de un organización. Pero yo, en el País Vasco, en las juventudes, lo puedo justificar. Era una cuestión de compromiso. Algo que no podemos comparar con el ejercicio de la política en otro sitio. En el resto de España, seas de izquierdas o de derechas, ser político ha llevado implícito un cierto reconocimiento social, un estatus y determinados privilegios, aunque ahora no sea así. En el PP y en el País Vasco, no.

El barro.

El puto barro. Pero tenía una autenticidad brutal y era el ejercicio de la política auténtica y diferente. No nos hacía mejores ni peores. Nos definía

En Madrid se ha presentado siempre el problema vasco como una cuestión de buenos y malos. ¿No cree que se ha simplificado demasiado?

Yo sí creo que los buenos eran los que morían y los malos eran los que mataban.

Eso es evidente. Pero yo me refiero a los que quedan entre unos y otros. O sea, casi todo el mundo. ¿Esas etiquetas no lo han hecho todo más difícil?

Hombre, había manifestaciones en que gritaban “ETA, mátalos”. O “eres el próximo en la lista”. Esos sí son malos. Hay un caldo de cultivo del odio y de supporters del terror que ha existido. Eso es un poso del que nos vamos a tener que liberar y va a costar mucho. Pero lo más importante es que ETA se ha acabado. Eso transforma la política en Euskadi. Cuanto antes cambiemos el chip de que ETA se ha acabado, antes podremos construir el futuro. Aunque es verdad que determinados círculos de opinión en Madrid siguen queriendo transmitir un determinado clima de Euskadi que no se corresponde con la realidad.

Creo que no me explico. Hubo un momento, con Aznar y luego, el primer Rajoy, en que el PP y parte del PSOE pasaron de decir “los malos son los que matan”, a los malos son los que dicen ETA, mátalos; luego, toda la izquierda abertzale; luego, los que compartían cosas con la izquierda abertzale dentro del nacionalismo; luego, todos los nacionalistas y luego los que, fuera de Euskadi, creían que debía haber una expresión política de la izquierda abertzale. Más tarde, hasta José Luis Rodríguez Zapatero era sospechoso por hablar de diálogo. Al final, terminas en una torre de marfil diciendo “los malos son todos menos yo, el único demócrata”. Alguien se ha arrogado el patrimonio de la democracia y de querer el fin de ETA. Cualquier vía alternativa era sospechosa de complicidad. Me parece una de las mayores perversiones políticas de los últimos años.

En cierta medida, eso puede ser así. Pero contextualicemos. La política condicionada por el terrorismo va a una velocidad brutal. Hay una relación objetiva: ETA ha desaparecido porque se ilegalizó a Batasuna y por la acción de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Desde el momento en que metes en un espacio de incomodidad al mundo político de Batasuna, empiezan a cuestionarse la situación. Mandaba ETA. Era así. En un momento dado, pierden capacidad operativa. Matan, pero no son los de los 80. Se les detiene. Se les acorrala. La independencia por el terrorismo se demuestra que no va a llegar. La imbatibilidad de ETA se demuestra que es un mito. Pierden apoyo social. Y los Otegi y compañía no pueden actuar en política porque están ilegalizados. El chiringuito se desmorona. Y llega un momento en que dicen: “oye, ¿cómo que tú me mandas? Por la vía de la violencia no vas a conseguir nada. Incluso nos están zumbando más. No funcionas y encima yo estoy en la cárcel. Vámonos a dar una vuelta a la tortilla. Ahora voy a mandar más”. Eso es una gran crisis y está derivado por la ilegalización de Batasuna. Lo reconocen  hasta los del PNV… en privado, claro.

Borja Semper para Jot Down 2

Pero si es que yo no hablo de ETA. Sino de todo aquello que la gente mete en el saco de ETA. En Madrid se sigue oyendo que “Bildu es ETA”. O sea, que tipos como Oskar Matute, que viene de Ezker Batua, o la gente de Eusko Alkartasuna, ¿son ETA? ¿No le parece una burda simplificación? Habrá que permitir que la gente elegida democráticamente se exprese democráticamente.

Puedo compartirlo. Bildu no es ETA. Es una coalición formada por EA, Aralar y Alternatiba, donde el mayor peso político lo tiene la izquierda abertzale. Que todo sea ETA no es cierto. Pero quien controla Bildu es quien decía hasta anteayer “ETA, mátalos” o justificaba un atentado. Aun así, este diagnóstico objetivo no debe condicionar el futuro. El futuro de la sociedad vasca, guste o no en determinados sitios, se tiene que construir también con Bildu. Un político tiene que ser capaz de trascender de sus tripas para proyectar un futuro mejor de lo que ha sido el pasado. Esta tesis la manejan también Mariano Rajoy y el ministro del Interior. Es la realidad. El futuro hay que construirlo. Pero tampoco me parece justo que ahora parezca que somos culpables los que poníamos la nuca. Yo estoy dispuesto a hacer un esfuerzo y pasa por entender que en ese futuro estará Bildu. Ahora bien, y te lo dice alguien que ha sufrido situación extrema, me han querido matar, han matado a amigos, yo trasciendo eso, pero pido corresponsabilidad a los de Bildu.

¿Y qué le pide a Bildu?

Que digan que ni uno solo de los asesinatos que ha cometido ETA tiene justificación alguna. Ni hoy, ni ayer, ni mañana. En la revista Bakeaz salió una carta de tres ex miembros de ETA, de los de la vía Nanclares, donde incluso se negaban a decir que habían sufrido para que nadie pensara que se autoeximían de su responsabilidad en lo ocurrido. “Fue todo responsabilidad nuestra”, decían. La izquierda abertzale tiene que dejar claro que la violencia no tuvo sentido.

Vamos, que la izquierda abertzale rechace la violencia ética, y no solo estratégicamente. ¿Qué te pareció el veto del PSOE a Amaiur en el recurso al Tribunal Constitucional por las pensiones? Porque si se pide a la izquierda abertzale un compromiso con las vías pacíficas y políticas, y luego uno crea guetos en el parlamento…

Sí, pero cada uno tendrá que hacer un examen de conciencia. Porque luego igual se toman cafés con ellos en la cafetería del Congreso.

¿Está diciendo que fue un paripé?

No lo califico. Pero alguna calificación tiene que tener que te tomes cafés y luego no hagas la foto. Si se coincide, se coincide, no pasa nada.

Muy coherente no resulta que el PSOE acabe de votar los presupuestos de Bildu en Guipúzcoa mientras en Madrid no se hacía la foto.

Esa falta de coherencia debe arreglarla el PSOE. Porque en el Partido Socialista de Euskadi hay gente que está esperando el divorcio definitivo de Bildu con la violencia para pactar con ellos como en Cataluña se pacta con Esquerra Republicana. Algunos, en privado, te reconocen que políticamente ven muchas coincidencias con ellos.

Acaba de decir “se coincide y no pasa nada”. Cuando Bildu ganó el Ayuntamiento de San Sebastián y la Diputación de Guipúzcoa, se dijo de nuevo que iba a “gobernar ETA” y que era una anormalidad política. Ahora que ya ha pasado un tiempo, ¿tiene la sensación de que gobierne ETA?

No. Nos gobiernan unos incompetentes.

Entonces, como en el resto de sitios.

Si es que por fin vamos a tener la oportunidad de discutir de política con Bildu. Eso es lo que yo quiero.

Vamos, que no gobierna ETA

No, gobierna un señor que editorializaba contra gente y periodistas en el País Vasco. Se lo voy a recordar cuando toque. No lo voy a obviar. Pero es diputado general y voy a hablar de política con él.

En el PP vasco han llegado a acuerdos con Bildu, de hecho, sobre autopistas en la Diputación y sobre temas puntuales en el Ayuntamiento.

Nosotros teníamos una idea para modificar el sistema de aparcamiento por hora. Dice Bildu que está de acuerdo aceptando dos enmiendas. Mi reflexión es: ¿puteo al donostiarra no mejorándolo, o trascendemos lo que nos chirría y acordemos lo que es bueno por los donostiarras? Se puede hacer política. Eso, desde algunas tertulias, lugares y líneas editoriales, convierte al PP vasco en melifluo y filoterrorista. Ese trazo grueso, mal endémico de la política, también lo superaremos. Yo escribí una carta abierta en El País días después de que ETA anunciara el cese definitivo de las armas. Tenía información, por mis contactos políticos y policiales, y mi tesis era que ETA se ha acabado. Sabía que ETA estaba muerta aunque faltara la esquela. Por eso lo escribo. Desde ciertos sitios de Madrid me respondieron que no tenía ni idea, que es una trampa y tengo síndrome de Estocolmo. El tiempo nos está dando la razón. Aznar ha dicho hace dos días: “Se ha derrotado a ETA”. Jaime Mayor Oreja ya no habla de la ofensiva de ETA que va a romper España. Ahora tendrá que reformular su teoría.

¿Mayor Oreja es el “Tea Party” del PP?

No. Es bueno que existan Mayores Orejas, porque eso demuestra que el PP es un partido vivo. A mí no me molesta que Mayor Oreja esté en el PP. Es bueno que exista, como Rodríguez Ibarra en el PSOE. Debe haber pluralidad. Lo que no tolero son los juicios de valor sobre el discrepante y menos de un compañero de partido.

Ahora entenderá a qué me refiero con lo de aquellos que se sienten los únicos demócratas.

Es que los inquisidores, y no digo que Jaime Mayor Oreja lo sea, abusan de juicios de valor en la política española. Es tener muy poca fe en la nación española pensar que se va a romper. Yo no lo creo.

Gerry Adams siempre dijo que en Irlanda del Norte libró tres guerras al mismo tiempo. La primera contra los ingleses. La segunda, contra los unionistas. Y la tercera, contra algunas de sus propias filas, y que esta siempre fue la más dura. ¿Les ha pasado algo parecido en el PP vasco en las últimas elecciones?

En cierta medida, sí. Porque yo entiendo la incomprensión o la discrepancia. Pero no acepto que se quiera tergiversar lo que opina el PP vasco para calificarnos de lo que sea. Nosotros no tenemos problemas en decir lo que pensamos. Lo hacíamos cuando nos mataban, imagina ahora. Sabemos dónde tenemos que ir. A nosotros se nos pedía estar en la trinchera con el cetme. De repente, todo aquello por lo que hemos luchado durante tantos años llega y ETA desaparece. Ahora, el reto del PP vasco es superar este umbral. Demostrar que podemos y debemos ofrecer ideas y no solo la nuca. ¿Qué pasa? Que algunos no quieren que el PP vasco salga de la trinchera. Quieren un PP enrocado en un tema. El gran cambio del PP vasco y el gran valor de Basagoiti y los que estamos con él es decir: no queremos hablar solo de ETA, sino de muchas más cosas.  Queremos tener protagonismo por más temas.

¿La línea aperturista del PP vasco cuenta con la confianza de Mariano Rajoy?

Sí. Y creo que está gestionando muy bien el tema vasco. El ministro del Interior, también, aunque le hayan caído palos por hablar de reinserción. El PP vasco está haciendo un esfuerzo ímprobo por entender la situación y proponer soluciones.

Quizás eso les pasó factura en las últimas elecciones vascas, donde perdisteis tres escaños.

No. Yo creo que fue lo contrario: fuimos más presa de nuestros propios miedos.

Alguien en Euskadi, una pieza bien colocada en el engranaje del proceso de paz, me decía esta semana que la política de Rajoy es “No hago pero no entorpezco”. No doy pasos concretos pero no impido que se den.

El PP ha dicho algo impactante que ha pasado demasiado desapercibido. Que la política de dispersión se acabará cuando ETA se disuelva. Y que acogerá en procesos de reinserción a quienes abandonen el terrorismo.

¿Seguís esperando que ETA dé un paso?

Ellos siguen intentando controlar el único frente que les queda: las cárceles. Pero tienen que hacerse mayores de una vez. La realidad que viven los presos no es la verdad de la calle. Proyectan sobre ellos una ficción para tener prietas las filas. La política de dispersión no era infligir un daño, sino que la organización no controlara a los etarras. Jaime Mayor Oreja, por ejemplo, acercó al País Vasco a muchos presos.

Lucía Méndez, de El Mundo, escribió recientemente que Mayor Oreja  se moría por ir a Suiza a darle la mano al jefe de ETA, y que Aznar se lo impidió.

No sé si es así, pero el pasado, pasado es. Al final, el Gobierno está ofreciendo cosas. Pero tienen que dar un paso ellos. Tienen un problema. La cultura de la violencia está demasiado interiorizada en mucha gente. Pero ya no les esperamos. La sociedad vasca ya no les espera. Su gran drama es que no les esperan. Y la puntilla definitiva se la daremos PP y PSOE cuando dejemos de hablar tanto de ellos. La izquierda abertzale siempre nos ha ganado en el ajedrez de la comunicación. Jugaban con nosotros. No tenían prisa, la revolución no tenía que ser mañana. ¿Y si cambiamos las reglas de juego? ¿Y si les decimos que no estamos jugando partida contra ellos? vamos a ponerles en esa situación. Por eso quiero el debate político con el Garitano de turno

Borja Semper para Jot Down 3

Puesto a desear el debate político, lo lógico sería tenerlo con Arnaldo Otegi. ¿Le parece justo que esté en la cárcel?

Sí. Yo me creo la Justicia.

Pero lo acusaron de crear una nueva Batasuna con Rafa Díez Usabiaga cuando Sortu es lo mismo, un marco político de referencia para la izquierda abertzale. ¿Tiene algún mérito Otegi en el nuevo marco sin violencia?

Arnaldo es el que lee la situación de debilidad de ETA y la necesidad de la izquierda abertzale de no desaparecer. Pero es supervivencia política, no parte de una reflexión ética sobre la violencia.

Usted apostó por acercar posturas con el PNV.

Cuando yo llegué a presidente del PP de Guipuzcoa, hace tres años, no había relación con el PNV. Lo primero que hice fue llamar a Joseba Egibar, jefe del PNV, y le dije: “Nos vemos cuando quieras. Y en el batzoki“. Nos reunimos y ¿sabes qué pasó? Nada. El militante nos decía: qué bien. El político tiene que liberar también. Tomar decisiones. La sociedad tiene menos prejuicios y está menos ideologizada de lo que nosotros nos creemos.

Usted critica la homogeneización de los políticos. Pues bienvenido a Bulgaria. España es quizás el país con los políticos menos creativos, más dependientes del aparato, listas cerradas…

Los políticos parecemos salidos de una fotocopiadora. Pero no es así. Somos seres humanos. El problema es cuando el ejercicio de la política, dentro de un partido, dentro de una organización, anula la singularidad de ese político. Pero todo depende al final de nosotros, de si queremos dejarnos homogeneizar. Probablemente es lo más cómodo, pero todos los días hay que tratar de luchar para no acomodarse.

¿Y aquí quién tiene la culpa de lo que ha ocurrido?

Aquí usamos demasiado el “yo no he sido”. Los ciudadanos culpan a los políticos. Los políticos, a otros políticos. Esos otros políticos, a los banqueros. Aquí nadie tiene responsabilidad de la situación, pero todos somos en el fondo responsables. Llevamos treinta y pocos años de democracia. Asistimos a explosiones de rabia, como el 15M, que luego se intentan manipular por algunos movimientos políticos, pero no hay una sociedad civil con conciencia crítica. En el ejercicio de la política, estamos en pañales todavía. Somos una democracia muy joven. Eso explica que no podamos comparar nuestra forma de hacer política con países más consolidados: los americanos votan al sheriff del condado, y al fiscal del distrito. Votan si se legaliza la marihuana.

No es un secreto que la gente está indignada con los políticos. Pero ustedes, ¿con quiénes están indignados?

Nosotros no podemos permitirnos el lujo de estar indignados. Sería injusto y una pérdida de tiempo.  Indignado es el que sufre, el que se va a quedar en paro, el desahuciado. Como para decirle yo que estoy indignado. Sí estoy muy cabreado con ciertas cosas. Esta historia nace en sitios que no controlamos, en determinadas operaciones financieras con sede en no sé dónde; que luego se traslade a Europa y España; que se reproduzcan determinados sistemas; que aquí no pague nadie. Hay muchos responsables de la situación actual pero hay muy pocos que han pagado por ella. La gente no es gilipollas. La gente está dispuesta sufrir siempre que ese esfuerzo y ese sufrimiento sean compartidos. No puede haber nadie privilegiado. Y sigue habiendo determinados sectores privilegiados.

¿Cuáles?

Probablemente, los políticos todavía no han purgado lo suficiente el haber jugado con entidades financieras. Es evidente que no se han purgado responsabilidades porque algunas cajas de ahorros hayan sido juguetes en manos de ciertos políticos. Y eso ha degenerado en lo que ha degenerado. No es casualidad que aquellas entidades financieras con más problemas sean las de gestión pública y las que estén fuertes, las privadas. Alguien jugó a ser banquero sin serlo: los políticos de turno. Y en determinados consejos de administración de algunas cajas de ahorros primaban los criterios políticos antes que los de gestión.

¿Hay algún curso acelerado por correspondencia  para pasar de político a consejero de administración? Porque son fastuosos los saltos de algunos.

Soy absolutamente refractario a eso. Yo creo que no consejo de administración no puede haber un político por muy bueno que sea porque hay un conflicto de intereses.

Borja Semper para Jot Down 5

Ángel Acebes ganaba 163.000 euros como consejero de Bankia y presidente de la Comisión de auditorías. Dice su abogado que está imputado “de rondón”. Acebes, que hizo política como la viva imagen de la rectitud, no tenía ni idea de auditorías. Hay dos opciones: o miraba para otro lado o no sabía lo que pasaba, en cuyo caso es un ejemplo claro de panfilismo con el bolsillo lleno. Y en cualquiera de las versiones parece lógica la imputación.

El principal problema del caso de Acebes es que no es una singularidad. Es cierto también que exministros, ex altos cargos de la administración, cuando dejan su cargo, tienen una colocación más fácil que un ciudadano medio. Y tiene su explicación, en cierto modo.

Pero si no tienen preparación para ello…

Claro. Pero eso depende de la responsabilidad personal. No de los políticos como colectivo. Claro que a todos nos gustaría cobrar 163.000 euros. No conozco a nadie que no quisiera cobrar esa pasta.

¿Por qué la crisis parece menos dura en Euskadi?

No todos los sitios son iguales. Tiene un tejido empresarial sustentado en pequeñas y medianas empresas.

Cataluña también, y mire.

Sí, pero el concierto económico le da a Euskadi una capacidad de reacción y una situación de cierta comodidad que no tienen otros lugares.

¿Y eso no es bueno para Cataluña?

Sí. Lo que probablemente no sea bueno es para el sistema general. A no ser que nos carguemos este modelo de Estado, basado en la solidaridad interterritorial, en el que yo creo.

¿Me dice que Euskadi está mejor porque es más egoísta?

No. No es eso. Hay dos factores fundamentales. El tejido empresarial. La base de la economía vasca, y principalmente guipuzcoana y vizcaína, es la exportación de componentes. Aunque el mercado interior de demanda flojee, exportamos más del 80% de los bienes producidos y por lo tanto sufrimos menos. Hubo que cambiar el modelo industrial antiguo, el de los Altos Hornos, y lo hicimos con la solidaridad de todos los españoles.

Patxi López asegura que en Euskadi se han hecho menos recortes.

No, los ha habido igualmente. Una cosa es el discurso político y otra, la realidad. Se puede creer en los Reyes Magos, a mí me encantan, pero en el País Vasco ya no hay pediatras por la tarde, se cierran los ambulatorios los fines de semana, se han reducido profesores, se ha incrementado el número de alumnos por aula… Todas son decisiones unilaterales del Gobierno vasco. Si entramos en el circo de las declaraciones, entonces sí que el panorama es otro.

¿Alguien dentro del PP se creyó el programa electoral? ¿No tiene la sensación de que se sabía que no se iba a poder cumplir?

No, lo que creo es que hubo un error de cálculo. No tanto en cuanto a la gravedad de la situación, pero sí un error de cálculo de las medidas que se tenían que aplicar. Yo conozco a Rajoy algo. No mucho, pero algo. Creo que es un buen tipo, una buena persona, y no creo que sea un mentiroso patológico. Él estaba plenamente convencido de que no iba a tener que hacer las cosas que está haciendo. Por lo menos no hasta ese extremo. No cumplir el programa electoral es una putada, para el ciudadano, para el presidente y para el partido. Y somos conscientes de ello. Porque yo sí creo que el programa electoral es un contrato no firmado. Este tinglado debería de funcionar así si nos queremos volver a creer la política. La credibilidad es muy difícil de ganar y muy fácil de perder.

Pues ahora Gobierno y oposición no tienen ninguna.

Claro. Pero nunca ha habido un presidente que haya apostado tanto su futuro propio, y el de su Gobierno, al éxito de determinadas medidas. Todas las cartas de Rajoy están echadas.

Lucía Méndez, en su libro Morder la bala, asegura que altos cargos del PP le habían reconocido que pensaban que, por llegar ellos, esto se solucionaba: aparezco yo y se abren las murallas. Eso es no tener ni idea de cómo funciona hoy la economía. Seguir en el siglo pasado.

Ha cambiado casi todo. Los políticos, como casi siempre, vamos por detrás de la sociedad. Hay un proceso de adecuación e interpretación de esa nueva realidad que se tiene que instaurar. Antes, había un cambio de Gobierno, y por ese mero cambio de hombres y siglas, se generaba un nuevo impulso. Eso se ha acabado ya. Era como cuando un equipo de fútbol no funciona y cambia al entrenador a ver si así hay un chute de ánimo. La situación económica es tan diferente del pasado, que en la tormenta eso ya no funciona. El nivel de descrédito de los políticos, el pasar de ser aquellos que iban a resolver los problemas a ser parte del problema, transforma completamente el ejercicio del poder.

¿Cree que los que gobiernan hoy en día pueden interpretar ese cambio de paradigma? A lo mejor es que, directamente, ni entienden el mundo de hoy, ni saben comunicar para el mundo de hoy. Los Rajoy, Arenas, Montoro, Rubalcaba, Lissavetzky, Ana Botella, Rosa Díez, Cayo Lara… poco importa el partido.

Hay una cosa bien clara: el primero que sepa entender a esa nueva sociedad que se comunica por whatsapp, vuela en low cost y que mira el mundo sin las gafas de antaño es el que se llevará el gato al agua. El que no entienda por dónde van el mundo y la política, se queda atrás

¿Se está quedando atrás el Gobierno?

No se le puede juzgar por esos parámetros porque no está haciendo política. Está intubando al enfermo. Está empezando a suministrar  la medicación al enfermo.

Ese discurso esconde cierta perversión. Porque hay muchas formas de intubar. Hacerlo de una manera u otra implica ya una opción política e ideológica.

Yo sí conozco gente muy buena en política, en el Gobierno y la oposición. El político tiene que dar un titular bueno, entrar en un corte de radio acertado y que claves el mensaje en diez segundos para la televisión. No hay lugar para la reflexión interna porque se lee como una discrepancia dentro del partido. No hay espacios de diálogo. Si hago autocrítica, mi adversario la va a usar en mi contra. Igual esto es ingenuo, pero no soy tonto. Sé por dónde va el mundo, aunque no me gusta. La crisis es política, de los medios de comunicación, de la sociedad, de cada uno. Es lógico responsabilizar al político, al líder. Pero seamos valientes y vayamos más allá: hagamos autocrítica y el compromiso de cada uno para cambiar las cosas. ¿Estamos haciendo todos algo para cambiar esto?

¿Por qué en este país se confunde ser conservador y de derechas?

Porque vivimos de prejuicios y un desconocimiento político brutal. Había dos bloques ideológicos, derecha e izquierda, y yo mismo estuve obligado a etiquetarme. Pero no me gustan las etiquetas.  Ni soy conservador ni me siento de derechas, sino liberal. Si te autodefines de izquierdas parece que por definición eres ecologista, te gusta la igualdad, eres progay y eres un tío de puta madre con el que salir de copas es divertido. Eso es una gran mentira. Hay gente muy progresista adscrita a la derecha. Y gente carca en la izquierda. Eso no lo da un carnet. Eso hay que demostrarlo con los hechos. Ser liberal es tener mucha más confianza en la persona. A mí me importa poco a quién reza la gente, a quién besa y con quién se acuesta.

A mucha gente en su partido, no.

Porque el PP tiene muchas influencias. Es un gran abanico. Desde la democracia cristiana hasta gente socialdemócrata. En política también se lucha por cambiar a tu propio partido.

Borja Semper para Jot Down 4