Mariticidios: quien bien te quiere…

mariticidio
Ilustración: Diego Cuevas.

Mariticidio, del latín maritus (marido) + –cide, de caedere (cortar, matar), literalmente significa matar al marido o novio. Ya sabréis por dónde van los tiros, nunca mejor dicho. Vale que no es nada nuevo esto de liquidar a tu marido o novio, hagamos un breve repaso: ya en la mitología griega, las danaides, hijas del rey Dánaos, que eran cincuenta, familia numerosa, asesinaron a sus cincuenta maridos en la noche de bodas. Miento, se libró Linceo por haberse portado bien. Pasando al plano real, Claudio, emperador romano que entró en los hogares españoles en la década de los setenta, murió en el año 54 al comer un plato de setas envenenadas. La culpable: su esposa Agripina, que quería colocar en el trono a su hijo Nerón… Si nos saltamos casi veinte siglos, tenemos en Londres a Mary Ann Cotton, que se salió envenenando a tres de sus cuatro maridos entre 1865 y 1872. En nuestro país y ya en el siglo XX fue sonado el caso de la «dulce Neus», que orquestó en 1981 el asesinato de su marido Juan Vila, violento y maltratador, a cargo de sus propios hijos. «Ahora que papá está dormido es el momento», dijo la madre al entregarles la pistola. 

Todo esto está muy bien, pero solo como introducción para que los lectores y lectoras tenga el camino expedito a la hora de descubrir, en este artículo, mariticidios cometidos sobre músicos famosos en el mundo de la música pop. 

Johnny Jackson (The Jackson 5) (3 de marzo de 1955 – 1 de marzo de 2006) 

Johnny Porter Jackson, con ese apellido, y nacido en Gary, Indiana, en 1955, tenía todas las papeletas para ser familia de los Jackson más famosos del lugar; pero lo cierto es que no hay nada que acredite que fuera primo de Jermaine, Michael, Tito y compañía, como así se vendió. 

Johnny Jackson se crio en Gary, cerca de donde vivía la familia Jackson, y se hizo un nombre como niño prodigio de la batería, el mejor del instituto Beckman Junior High. Corría el año 1966 y Joe Jackson, el patriarca, estaba dando forma a los Jackson Five Singing Group, que derivaría finalmente en The Jackson 5. A finales de ese año 1966 Johnny Jackson sustituyó a Earl Gault, el batería original. Pese a la coincidencia existente entre su apellido y el de los cuatro restantes de la formación, Johnny no guardaba ninguna relación de parentesco con ellos. Sea como fuere, lo promocionaron como primo de la familia cuando ocupó el sillón de la batería. Con él a las baquetas grabaron sus mejores, sus inmortales páginas en el mundo del pop, primero en el sello Steeltown y, a partir de 1969, consagrándose mundialmente con la Motown de Berry Gordy

Su carrera en la banda finalizó en 1976 cuando rompieron su contraro con el sello insignia de Detroit y ficharon por la CBS, hartos del encorsetamiento al que estaban sometidos y a la poca autonomía de que disponían en la gestión de su propia carrera y de sus ingresos. The Jackson 5 pasaron a llamarse The Jacksons, y ahí acabó la andadura de Johnny. 

El 1 de marzo de 2006 su amigo de la infancia Anthony Acoff le telefoneó para ir a una jam session, pero Johnny nunca se presentaría. Esa misma noche los vecinos del número 2600 de Connecticut Street, en Gary, avisaron a la policía al oír una disputa en el primer piso. Al parecer, Jackson golpeó a su novia Yolanda Davis, quien corrió a la cocina a por un cuchillo. Cuando él se abalanzó sobre ella, se lo clavó en el pecho y este cayó al suelo. Yolanda se agachó, pensó que era una herida superficial y se marchó de la casa; pero la puñalada había causado una hemorragia interna fatal que acabaría con la vida del batería a los cincuenta y cuatro años de edad. 

Janet Jackson costeó su funeral, al que asistieron todos los miembros de los Jackson 5 excepto Michael. 

En agosto de 2007, Yolanda Davis se declaró culpable de homicidio involuntario, y fue sentenciada a dos años de prisión. 

Donnie Owens (30 de octubre de 1932 – 27 de octubre de 1994) 

A primera vista, Donnie Owens puede parecer un caso más de one hit wonder, gracias al éxito de su balada fifties «Need You», que llegó al número 25 del Billboard estadounidense en 1958; pero su trayectoria se salpicó de hitos que hacen que ese calificativo se le quede bastante corto y se presuma injusto. 

La carrera musical de Owens, naciendo en 1932 en Chester, Pensilvania, comenzó cuando salió del ejército, donde militó en la aviación, sirviendo en la guerra de Corea. Instalado en Coollidge, Arizona, donde actuaba como músico local, conoció a otro veterano de Corea, Lee Hazlewood —el hombre detrás de lo mejor de Nancy Sinatra—, quien trabajaba como disk jockey. Este le presentó a Duane Eddy, en cuya banda se enroló como guitarra. Guitarra rítmica, lógicamente… Fruto de esa colaboración brotaría la canción de la que hemos hablado antes, «Need You», una composición de Buddy Wheeler, el bajista de Duanne Eddy, que no tenía ningún futuro en su banda, al ser instrumental. Owens accedió a grabarla, convirtiendo así el lamento del teenager con el corazón roto en un hit

Aparte de labrar su carrera en solitario, Owens compuso para otros artistas, ejerció como productor y también fue músico de sesión en discos de gente como Nancy Sinatra, Lee Hazlewood o el mismísimo Elvis, y continuó actuando intermitentemente hasta el 27 de octubre de 1994. 

Ese día, Owens se vio involucrado en una riña con un inquilino en el motel que regentaba su novia en Phoenix, el Palms Motel. Ella sacó su arma para ahuyentar al tipo que estaba amenazando a su novio pero, accidentalmente, se le disparó alcanzando mortalmente a Donnie Owens en el estómago. Fue llevado al hospital de Phoenix donde falleció horas después. Faltaban solo tres días para su sesenta y dos cumpleaños. 

Donnie Owens fue enterrado una semana más tarde con todos los honores militares en el National Memorial Cemetery de Phoenix. 

Felix Pappalardi (Mountain) (30 de diciembre de 1939 – 17 de abril de 1983) 

Siempre irá asociado el nombre de Felix Pappalardi a las raíces del rock duro, del rock contundente, ya sea por su estrechísima colaboración con el power trío Cream, produciendo y arreglando el magnífico Disraeli Gears (1967) o por su legado más directo como bajista de Mountain, la banda fundada por el voluminoso Leslie West, cuyas dimensiones sirvieron para darle nombre a la formación. Pero aunque haya quedado vinculado su apellido al hard rock, a la distorsión y amplificadores al 10, los inicios de Pappalardi como arreglista transcurrieron en un ambiente muy diferente, ya que se curtió en la escena folk del Greenwich Village, quizá la némesis de lo anterior. 

Una de las figuras clave en la carrera del productor, baluarte profesional en su trayectoria y sentimental en su vida, fue Gail Collins. Aunque a la postre se convertiría en su verdugo. Gail Collins Pappalardi se convirtió en la esposa de una estrella del rock, a la vez que adquirió protagonismo en su carrera. No sobre las tablas, sino en un segundo plano, tanto en labores de producción como en la composición de canciones junto a su marido: «Strange Brew», de Cream, sin ir más lejos, está firmada por ella, así como varias canciones de Mountain. También fue la responsable de los diseños de las portadas de varios de los elepés de la banda. Formaban, en definitiva, una pareja brillante y creativa, aunque no exenta de peleas y flirteos con las drogas. 

A mediados de los setenta, el bajista se vio forzado a retirarse de los escenarios por problemas en su oído, provocados sin duda por el elevado volumen que caracterizaba los shows de Mountain. Se centró en su faceta de productor, en la que siguió colaborando Gail hasta la mañana del 17 de abril de 1983. 

Aunque, aparentemente, el matrimonio mantenía una relación abierta y cada uno se acostaba con quien quería, Pappalardi comenzó una relación con Valerie Merians y, según Corky Laing, batería de Mountain, su gran error fue decírselo a Gail. La influencia de las drogas unida a su enfado creciente ante la posibilidad de perder a su marido acabó en una disputa más en su apartamento neoyorquino que se saldó con el peor final posible: Felix Pappalardi caía herido mortalmente en el cuello por un disparo con un arma de pequeño calibre —tipo derringer— que él le había regalado a su esposa unos meses atrás. En el juicio ella alegó que fue accidental, que su marido estaba intentando enseñarle a utilizarla, pero lo cierto es que su primera llamada fue a su abogado y a continuación, hacia las seis de la mañana, al servicio de emergencias. 

Gail Collins Pappalardi fue acusada de asesinato en segundo grado y posesión criminal de un arma, siendo sentenciada a cuatro años en prisión, de los cuales cumplió dos. 

Felix Pappalardi fue enterrado en el Woodlawn Cemetery de Nueva York. Tenía cuarenta y tres años. 

Stacey Sutherland (13th Floor Elevators) (26 de mayo de 1946 – 24 de agosto de 1978) 

Para hablar de Stacey Sutherland no vamos a salir del condado de Texas, donde nació (el 26 de mayo de 1946 en San Antonio) y murió (el 24 de agosto de 1978 en Houston). Entre ambas fechas una vida demasiado corta, marcada por la música, las drogas y, en su etapa final, por Bunni, su esposa. 

Ya en sus días como colegial, Stacey se saltaba las clases para dedicarse a tocar la guitarra, que era lo que realmente le flipaba, a orillas del río Guadalupe, que cruzaba el rancho de sus padres. Esta práctica le serviría más tarde, siendo ya adolescente, para enrolarse primero en las filas de los Lingsmen y, posteriormente, formar parte de 13th Floor Elevators, el grupo que estaba formando Roky Erickson a finales de 1965 en Austin (Texas, por supuesto). La banda explota, lisérgica y musicalmente, durante la segunda mitad de la década, y Sutherland contribuye activamente en la composición del repertorio a la que vez que sucumbe al influjo de la droga, que también atrapará irremisiblemente a Roky Erikson. No en vano se convirtieron en adalides del rock psicodélico y defensores del consumo de  marihuana y drogas lisérgicas, lo que les acarreó no pocas detenciones y entradas y salidas en prisión (y en el caso de Erikson, también en el psiquiátrico). 

Para llevar a cabo este estilo de vida se fueron a vivir en plan comuna a una vieja mansión en Houston que pertenecía a su sello discográfico. Su nombre, «Funky Mansion». Y fue allí donde conoció a finales de la década a Ann Elizabeth Bunnell, que había adoptado el sobrenombre de «Bunni» para ejercer como bailarina en el Boobie Rock de Houston. 

Sutherland continuó en la banda hasta su disolución en 1968. Posteriormente formó Ice, formación que no llegó a grabar material y cuando la década agonizaba fue encarcelado, en plena adicción a la heroína. Cuando salió de la cárcel se dio a la bebida y en 1976 se reencontró con Bunni, con quien se casó el 28 de mayo de 1977. Se mudaron al barrio alternativo de Montrose, en Houston, donde la droga corría libremente. En 1978 la relación hacía aguas, y en las primeras horas de la mañana del 24 de agosto, después de un día dedicado a beber y discutir, Bunni le disparó a Sutherland en la cocina de su bungalow. Al parecer, ese día él estaba mostrando una actitud beligerante con el hijo de ella, de quince años. La bala cortó una arteria principal provocando una hemorragia interna masiva. Más tarde ese día, el Houston Chronicle incluyó la siguiente reseña: 

Un residente de Montrose fue asesinado a tiros hoy en su residencia en 516 Pacific Street. La policía identificó a la víctima como Stacy Keith Sutherland, de 33 años. A causa de un disparo en el estómago con un rifle calibre 22, a las 3:30 a.m., Sutherland murió a las 5:07 a.m. en el Hospital Ben Taub. 

Los oficiales arrestaron a una mujer de 34 años en el lugar. No se han presentado cargos. 

Stacey Sutherland fue enterrado en el Center Point Cemetery (en Texas, como el lector estará pensando), no muy lejos del rancho familiar donde solía practicar con la guitarra. 

Tommy Blake (14 de septiembre de 1931 – 24 de diciembre de 1985) 

La historia trágica de Tommy Blake es la del hombre en pos del éxito, en busca del hit definitivo en plena eclosión del rock and roll. Una historia salpicada de adversidades, de adicciones y rematada con un disparo a bocajarro. 

Hijo ilegítimo, Thomas LeVan Givens nació el 4 de septiembre de 1931 en Dallas, Texas (estamos atrapados en ese estado, parece). Sin padre y mal mirado por su madre, el joven Tommy creció descarriado y siendo adolescente entró en prisión por violación. Con veinte años se enroló en el ejército pero no pasó del campo de entrenamiento, ya que perdió un ojo en un accidente y tuvo que abandonarlo. Posteriormente, en modo fantasma, diría que la herida se la produjo en Corea… 

Al salir del cuerpo de marines, Blake se instaló en Louisiana, consiguió colocarse como disk jockey y se casó por primera vez en 1954 con Betty Jones. A raíz de su trabajo en la emisora KRUS conoció a Carl Adams (guitarrista) y a Ed Hall (bajista), quienes trabajaban como músicos de sesión en la emisora, para que formasen su banda de acompañamiento, los Rythm Rebels. Con ellos grabó para la RCA y para la SUN, pero en ningún caso despegaron las ventas, y se decidió centrarse en la composición. A principios de los setenta, sin haber conseguido el hit que pretendía, desencantado y escarmentado, Blake se colocó como carpintero y su alcoholismo y su desesperación fueron en aumento, atravesando incluso por un infarto en 1972 del que logró recuperarse. 

Tommy Blake se casó por tercera vez con Samantha Carter, quien pondría fin a su vida en la Nochebuena de 1985. Según el testimonio de Sondra Hall, amiga cercana de Samantha, esta volvió del mercado con la compra y encontró a Blake bebiendo cerveza con un colega. 

Ninguno le ayudó con la compra, cosa que le enfureció. Cuando se fue su amigo, ambos discutieron y ella cogió un arma que tenía en el garaje y le llamó. Cuando él llegó le disparó una sola vez, en el corazón. 

Al parecer, Samantha solo pasó en prisión la Navidad de 1985, pero fueron retirados los cargos y puesta en libertad. Un misterio que nunca se ha aclarado. 

Lee Morgan (10 de julio de 1938 – 19 de febrero de 1972) 

Abandonamos el mundo del rock, de la psicodelia y del rockabilly para abordar un mariticidio en el nebuloso mundo de los clubes de jazz, quizá el ambiente más adecuado, por su asociación histórica con el cine y la novela negra. El relato de la historia de amor y muerte de Edward Lee Morgan lo haremos desde el punto de vista de su asesina, Helen Moore, quien, en febrero de 1996, apenas un mes antes de morir, decidió dar una entrevista y hablar por primera y última vez de su relación con el trompetista y sobre su asesinato. 

Helen Moore fue una chica de campo de Carolina del Norte que acabó en Nueva York a los dicienueve años cuando enviudó de su primer marido, un contrabandista que acabó ahogado. A principios de la década de los sesenta conoció a Lee Morgan, doce años más joven que ella. Para entonces, este ya había grabado un puñado de discos, la mayoría en el omnipresente sello Blue Note, y se había codeado con músicos de la talla de Dizzy Gillespie, John Coltrane o Art Blakey, quien le dio la oportunidad de enrolarse en sus legendarios Jazz Messengers —semillero de leyendas— hasta que sus problemas con la heroína le forzaron a salir de la banda. Es ahí donde entra en juego Helen Moore, ya que ella le cuidó, le atendió y le ayudó a salir de la droga. Se convirtió en su mánager y enderezó su trayectoria, que había comenzado a despuntar donde él menos lo esperaba: en las listas de pop con «The Sidewinder». A partir de ahí Morgan desarrolló una prolífica carrera, siempre fiel a Blue Note, grabando casi una veintena de álbumes en menos de diez años. Giró por los Estados Unidos y se codeó con lo mejor del mundo del espectáculo. Le iba bien y Helen estaba encantada, desplegando sobre él una mezcla de amor y protección. Fue precisamente esa mezcla de sentimientos mal gestionados lo que precipitaría el trágico desenlace. 

Cuando llevaban unos diez años de relación ella notó que el comportamiento de Morgan había cambiado y se había vuelto más distante. Pasaba mucho tiempo en las calles y a veces no volvía a casa durante días. Ella sospechó que se veía con otra mujer y era algo que no podía concebir. Le invadió un sentimiento de posesión e incluso de maternalismo. Ella era mayor que él, ella le trajo de vuelta, levantó su carrera, él le pertenecía. No podía hacer lo que estaba haciendo. 

Así llegamos al día de los hechos, el frío 19 de febrero de 1972. Aquella noche, Lee Morgan tenía un bolo en el Slug’s de Manhattan, club que había abierto sus puertas en 1964. Tras finalizar el segundo pase, pasadas las dos de la madrugada, apareció por allí Helen, que le vio con otra chica, llamada Judith Johnson, y ambos comenzaron a discutir al punto de que él la echó del local. Al poco tiempo ella volvió portando una pistola plateada del calibre 32 y, en un ataque de ira y locura, le disparó en el corazón. Cuatro de los cinco miembros del quinteto estaban ya sobre el escenario esperando que subiera su líder, que nunca más subiría. Morgan se desplomó en el suelo del Slug’s y, aunque fue avisada una ambulancia, el temporal de nieve que azotaba la ciudad impidió que llegara a tiempo para intentar salvar su vida. El trompetista moriría desangrado antes de llegar al hospital Bellevue y se convertía en un clásico. 

Edward Lee Morgan fue enterrado en el White Chapel Memorial Park de Feasterville, en su Pensilvania natal. Tenía solamente treinta tres años. Helen Moore fue arrestada y juzgada y pasó una temporada en prisión antes de ser puesta en libertad bajo fianza. 

Tony Clarke (13 de abril de 1940 – 28 de agosto de 1971) 

Entre los amantes del northern soul, de bailar sobre el parqué con relucientes zapatos los ritmos derivados del soul, convenientemente blanqueados y suavizados, será Tony Clarke un personaje conocido y pinchado gracias a su 45 revoluciones «The Entertainer». 

No se sabe a ciencia cierta si Tony Clarke fue su nombre real o artístico, ni tampoco nos interesa mucho en este artículo. Lo cierto es que nació en 1940 en Nueva York y se mudó a Detroit. A finales de los cincuenta, Clarke era un cantante aficionado pero estaba decidido a hacerse un hueco en el mundo de la música, ya fuera cantando o componiendo. En 1962 ya había publicado dos singles con dos sellos distintos, sin apenas repercusión. Un año después saborea por primera vez el éxito, pero como compositor: haciendo equipo con Billy Davis entregan a Etta James un Top 10, el clásico «Pushover». En el haber del dúo constará además la autoría de «Two Sides (to Every Story)», también para Etta James, y de «Mr. Bus Driver Hurry», del gran David Ruffin, entre otras. 

Con estos reconocimientos y a través de su compañero Davis ficha por el sello Chess y es ahí donde graba, en 1965, «The Entertainer», canción que le llevaría al top 10 del Billboard de R&B y que le haría famoso. Con los beneficios derivados de su hit adquirió el sello Brute en Detroit, a la vez que seguía grabando y consiguiendo hitos, como aparecer en el Dick Clarke Revue o girar con el mismísimo James Brown

En la segunda mitad de la década se instala en Hollywood e incluso consigue un pequeño papel en Ahora me llaman Mr. Tibbs (1970), protagonizada por Sidney Poitier; pero la nostalgia le hace estar viajando continuamente a Detroit para ver a sus hijos, que viven con su exmujer Joyce Elaine Williams, con la que tiene frecuentes disputas a causa de la custodia, al punto de que llegó un momento en que ella le llegó a prohibir el acceso a su casa. En los buenos tiempos, Joyce fue la destinataria de «Joyce Elaine» canción grabada para el sello Chess en 1965. 

En las primeras horas del sábado 28 de agosto de 1971, Tony Clarke se plantó sin avisar en casa de su ex armado con un gato para neumáticos. Si alguien se planta con un gato en tu casa no puede vaticinar nada bueno: en el mejor de los casos quiere que le ayudes a cambiar una rueda; en el peor, darte con él en la cabeza. Joyce, que no estaba por la labor de ninguna de las dos opciones, se curó en salud y le pegó un tiro a su ex marido, acabando con su vida y alegando defensa propia. 

Tony Clarke fue enterrado en el United Memorial Gardens de Superior, Michigan. 

Willmer «Little Axe» Broadnax (28 de diciembre de 1916 – 1 de junio de 1992) 

Para despedir el artículo pasaremos de la intensidad del jazz a la emocionalidad del gospel para abordar la historia más truculenta de todas las que hemos tratado: el caso de Willmer «Little Axe» Broadnax

En teoría, Willmer Broadnax nació en Houston, Texas, el 28 de diciembre de 1916 y fue el mayor de tres: su hermano William y su hermana Amartha. Tanto William como él comenzaron en el mundo del gospel en la iglesia de St. Paul de Houston. A finales de los años treinta se mudan a Los Ángeles donde se enrolan en los Southern Gospel Singers para formar luego su propio vehículo músico-religioso: los Golden Echoes. A Willmer se le conoció como «Little Axe» en contraposición al apodo de su hermano William, «Big Axe», por dos motivos: su baja estatura y su rango de voz más agudo y suave. Al frente de los Golden Echoes llega a firmar para Specialty Records en 1949 pero poco después se deshace la formación. Broadnax se enrola en Spirit Of Memphis, uno de los cuartetos mejores pagados del momento, con los que graba para King records. Little Axe trabajaría posteriormente en los Fairfield Four y, ya en la década de los sesenta, en los Five Blind Boys Of Alabama, antes de retomar hacia 1965 los Golden Echoes. 

Poco más se sabe del menudo cantante tenor hasta que la policía interviene en un altercado que se produce el 23 de mayo de 1992 en Morris Street, Filadelfia. Para entonces, Willmer tiene setenta y cinco años y una novia, Lavina Richardson, de cuarenta y dos, a la que vio ese fatídico día en un coche con otro hombre. Ni corto ni perezoso embistió al coche por detrás y luego sacó del vehículo a su novia, amenazándola con un cuchillo. Al ver la escena, un transeúnte decide separarlos y le desarma, momento que aprovechó ella para apuñalarle tres veces. Willmer Broadnax moriría el 1 de junio a causa de las heridas sufridas. Solo cuando falleció se comprobó que Willmer Broadmax era transgénero. Entre las teorías que circulan, cobra fuerza la versión que indica que Willmer en realidad podía ser Amartha y William su hermano mayor, lo que no se sabe es qué fue del Willmer Broadnax original. Quizá este murió siendo niño y Amartha tomó su identidad. No creo que lo sepamos nunca.

En febrero de 1993 tuvo lugar el juicio por la muerte de Broadnax. La jueza fue clara al dirigirse a la mujer que mató al hombre que, según dijo, la había estado atormentando durante varios años: «Creo que es una buena persona, no creo que sea una mujer cruel. Pienso que él la volvió loca, pero ser víctima de un síndrome de mujer maltratada no te da licencia para matar». Lavina Richardson fue declarada culpable de homicidio involuntario, y la jueza finalizó con una recomendación: «Manténgase alejada de los hombres mayores. Manténgase alejada de los hombres. Punto».


Bibliografía

Young Soul Rebels: A Personal History of Northern Soul, Stuart Cosgrove

MJ: The Genius of Michael Jackson, Steve Knopper

The Long Journey to Glory: My Side of the Jacksons’ Story, Reynaud D. Jones.

Hepcats & Rockabilly Boys, Robert Reynolds.

«Felix Pappalardi Meets A Tragic End», Johnny Black (Classic Rock).

«Stacy and Bunni: A Montrose love story», Ivan Koop Kuper. 

«Mr. Hoody. The Tragedy of Tommy Blake», Shane Hughes. 

The lady who shot Lee Morgan, Larry Reni Thomas

«A tenor passes: Willmer Broadnax», Lisa C. Moore.


¿Cuál es d-e-l-e-t-r-e-o más original en una canción?

Todos hemos escuchado más de una vez y en más de una canción a su intérprete deletreando alguna palabra. Algunas veces es fácil reconocer la palabra o frase en cuestión, pero en ciertos temas hay que afinar el oído (dependiendo del grado de comprensión del inglés cantado, claro). En algunos casos son palabras deletreadas, y en otros suelen ser acrónimos, o sea, palabras formadas por las iniciales de las palabras que forman parte de ella. Voy a obviar la referencia a canciones que aluden a TV, a LA, a USA, e incluso dejaremos que el KKK siga con la novia de Joey Ramone, ya que son siglas bastante trilladas, y nos interesa buscar deletreos más originales. Voten por su favorito o añadan lo que consideren oportuno en los comentarios.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo).


«Gloria», de Them

En el caso de nombrar una a una todas las letras de una palabra, a todos se nos vendrá a la cabeza el estribillo de «Gloria», de Van Morrison, tantas veces versionada. Es un caso flagrante de este tipo de deletreos. Aunque el germen de la canción se sitúa en el verano 1963, mientras el León de Belfast tocaba con The Monarchs en Alemania, esta se hizo inmortal el 5 de abril de 1964 en los estudios de la Decca en Londres. Ese día, Them grabaron siete canciones, y «Gloria» saldría en single como cara B de la versión de «Baby Please Don’t Go» en octubre de ese mismo año. Una cara B con el mismo efecto que El padrino II.

And her name is G-L-O-R-I

G-L-O-R-I-A (GLORIA)

G-L-O-R-I-A (GLORIA)

I’m gonna shout it all night (GLORIA)

I’m gonna shout it everyday (GLORIA).


«Respect», de Otis Redding

En este caso se da la circunstancia de que el deletreo no venía de fábrica, como en «Gloria», sino que fue añadido a la versión que Aretha Franklin hizo de la canción, escrita originalmente por Otis Redding en 1965 y publicada en su tercer disco, el fabuloso Otis Blue. No solo esa fue su aportación, sino que el significado del mensaje varía ostensiblemente en boca de Otis a la de Aretha. El 14 de febrero de 1967, dos años después de que la original hubiera cundido en la audiencia de R&B, Jerry Wexler conseguía que Aretha grabase una versión que pretendía abarcar más mercado, como así fue. Si nos fiamos del ingeniero de la Atlantic en esa sesión, Tom Dowd, el deletreo del título fue ocurrencia de Carolyn Franklin, hermana menor de Aretha, quien hizo los coros junto a su otra hermana Erma

R-E-S-P-E-C-T Find out what it means to me, 

R-E-S-P-E-C-T, Take care, T-C-B. 

Curiosamente, nos llevamos de propina el deletreo de las iniciales TCB en este tema, haciendo referencia a «take care business», o sea, «cuida lo tuyo». 


«B-A-B-Y», de Carla Thomas

Sin salirnos de la STAX, un año después de que Otis Redding grabase «Respect», Carla Thomas también se encargó de separar bien separadas las letras de baby en su tema más popular, allá por 1966. La autoría de la canción se debe, cómo no, al tándem Isaac Hayes y David Porter, y llegó al número 3 en las listas de R&B, cota que nunca más volvería a alcanzar la reina del Memphis soul —si exceptuamos «Tramp», su dueto con Otis Redding al año siguiente—. Incluso el título de la canción formaba un acrónimo con las letras de esa palabra.. Si tenéis una recopilación de soul decente por casa, esta canción estará presente en ella.

I live for you and can’t help it

You know I really don’t want to help it

B-A-B-Y, baby

B-A-B-Y, baby.


«D-I-V-O-R-C-E», de Tammy Wynette

De un tono bastante triste es la canción en la que Tammy Wynette deletrea palabras relacionadas con la disolución del matrimonio, y con la que consiguió un gran éxito en 1968. En ella nos relata su temor a que se consume el final de su matrimonio mientras intenta que su hijo de cuatro añitos (J-O-E) no se entere de qué va la película, nombrando una a una las palabras claves del proceso (C-U-S-T-O-D-Y, H-E-L-L…). Por lo tanto, esta canción es una mina a la hora de rellenar este artículo.

Originalmente fue escrita en 1967 por Bobby Braddock. Ya había empezado a escribir una canción llamada «I-L-O-V-E-Y-O-U», deletreando la declaración universal de amor, pero no interesaba a nadie. Mas eso le dio la idea para darle la vuelta a la tortilla y, como comentaba antes, construir una letra en la que se deletrearan las palabras claves para que no se enteraran los niños. Al principio a nadie le interesaba grabarla, hasta que pidió ayuda a su amigo Curly Putman, autor, entre otras, de «Green, Green Grass of Home». Este le dijo que le parecía una canción demasiado alegre para tratar un tema tan agrio, así que le dio algunos retoques y la canción quedó atribuida a ambos. A Bill Sherrill, el mánager de Wynette, le encantó, y en poco tiempo la tuvieron grabada y sonando en las radios, convirtiéndose en número 1 en las listas de country. Años después, en 1979, Tammy Wynette grabaría también «I-L-O-V-E-Y-O-U» en su disco Just Tammy. Para esa época, ya llevaba cuatro matrimonios fallidos, así que hubiese sido el momento ideal de grabar «D-I-V-O-R-C-E».

Our D-I-V-O-R-C-E becomes final today

Me and little J-O-E will be goin’ away

I love you both and it will be pure H-E double L for me

Oh, I wish that we could stop this D-I-V-O-R-C-E.


«Biology», de Joe Jackson

En 1980 se grababa el último álbum con la formación original de la Joe Jackson Band, en el sello A&M, antes de que este se pasara temporalmente al swing. El disco, Beat Crazy, pasó por las listas sin pena ni gloria, pese a tener un buen puñado de canciones en la más genuina línea de un Joe Jackson que ya empezaba a sacudirse la etiqueta de new wave. En la canción que nos trae a este artículo, el bajo de Graham Maby comienza martilleando sin piedad, ablandando el terreno para que Joe Jackson intente explicar lo que siente por las mujeres de un modo científico… Así, en el estribillo de la canción, deletrea la palabra que le da título a la canción: 

It’s just B-I-O-L-O-G-Y

Can’t you see It’s just Biology.


«Fire in Cairo», de The Cure

Si todos nos sentimos cómodos y seguros de nosotros al cantar Gloria, de Them, la que viene ahora ya requiere más destreza. Es para el B1 por lo menos.

El 8 de mayo de 1979  vio la luz el álbum con el que se abría la trayectoria de una banda imprescindible, The Cure. El título del disco fue Three Imaginary Boys, y la canción que nos trae aquí, no exenta de exotismo, «Fire in Cairo». Aunque hay varias interpretaciones sobre la naturaleza de la canción, no hace referencia a ningún disturbio ni revuelta en la capital egipcia, sino más bien a la persecución de un amor, de un anhelo, el disfrute del momento y del desvanecimiento posterior. 

You take me in your arms 

And start to burn

F-I-are-E-I-N-see-A-I-are-O

F-I-are-E-I-N-see-A-I-are-O.

Como curiosidad, el pictograma que representa a «Fire in Cairo» en la trasera del vinilo fue usado como portada del single «Boys Don’t Cry».


«Jesse James», de Laurel Aitken

Si en nuestra primera canción Van Morrison deletreaba un nombre propio, Gloria, en este caso el cubano de ascendencia jamaicana Laurel Aitken recurre al apellido de una celebridad, de un fuera de la ley, el forajido de Missouri Jesse James, que murió limpiándole el polvo a un cuadro, tiene guasa la cosa. «Jesse James», canción de  corte rock-steady, fue publicada en 1969 por el sello británico Nu Beat. La letra, pírrica, consiste en deletrear el apellido del forajido y decir que cabalga de nuevo y que no le llamen Billy The Kid, sino Jesse James. Ya puestos podría haber usado el nombre completo, James Woodson James, para estirar la letra un poco más.

J-A-M-E-S, James

Jesse James

Jesse James rides again

Don’t call me Billy the Kid

Call me James

Jesse James.


«Friction», de Television

Marquee Moon, ópera prima maestra el la que Television regateaban al punk —y le marcaban un golazo—, se grabó en febrero de 1977 en los estudios del sello neoyorkino A&R Recordings. Uno de los trabajos de orfebrería guitarrística del dúo LloydVerlaine que en él se incluyen es «Friction». Pero no solo de guitarras vive Television (de hecho Richard Lloyd no le da mucha importancia a su fraseo en esta canción), sino que Verlaine además es un consumado letrista. Y en la canción que nos ocupa hace uso de no pocas referencias subliminales y referencias sexuales (u homosexuales) más o menos explícitas hasta llegar, en el tramo final de la canción, a deletrear la palabra que titula la misma.

And too much friction (friction)

But I dig friction (friction)

We’re both crazy ’bout friction (friction)

F-R-I-C-T-I-O-N.


«T-R-O-U-B-L-E», de Elvis Presley

La palabra trouble es un lugar común en el rock and roll. En el trono de los problemas está, sin duda, la composición de Leiber y Stoller para Elvis Presley en 1958, inmortalizada en la película King Creole. Aquí no hay deletreo que valga, pero, curiosamente, en 1975, Jerry Chesnutt (el autor de la deliciosa «A Good Year for the Roses») escribiría para Elvis otra canción titulada «T-R-O-U-B-L-E». Como podréis adivinar por el título, en esta sí hay deletreo por parte del narrador de la canción, un pianista de un night club, quien, durante uno de sus shows, ve entrar en el local a una mujer fatal, e intuye que va a haber jaleo, que esa mujer va a traer problemas —temática políticamente incorrecta en nuestros días—. Para poder completar las rimas, Chesnutt recurrió a  más deletreos, como A-L-O-N-E o L-O-O-K-I-N-G. Y la verdad es que Elvis lo hace de maravilla.

Well, hello T-R-O-U-B-L-E

What in the world you’re doin’ A-L-O-N-E?

Say, good L-double O-K-I-N-G

I smell T-R-O-U-B-L-E.


«Trouble», de The Music Machine

Si decíamos que trouble es un lugar común en el rock and roll era por algo… En este caso es el californiano Sean Bonniwell, el hombre del guante, el icónico frontman de The Music Machine, quien nos hace ver que hay vida más allá de «Talk Talk» y se marca una letra de miedos y tormentos adolescentes, regada con una buena dosis de fuzz, en «Trouble». La canción se incluyó como segundo corte del único álbum de The Music Machine, (Turn On) The Music Machine, editado en 1966, y en ella Bonniwell deletrea la palabra que le causa el tormento y que bautiza la canción, y la finaliza con cierto aire, no sabemos si consciente o inconsciente, a Gloria, de Them.

How to rectify the

Growing mental pain

Of T-R-O-U-B-L-E , trouble-wow-wow-wow-wow.


«Lola», de The Kinks

Vale que el deletreo de «Lola» no es para tirar cohetes, pero dada la magnitud de la canción (seguramente, la mejor del artículo) y de Ray Davies, el creador (sin duda, el mejor del artículo; aunque su hermano Dave reclame infructuosamente la autoría de la música), se ha ganado todo el derecho a figurar en el listado. La canción se publicó en single el 12 de junio de 1970 —con «Berkeley Mews» en la cara B— y reconcilió a los de Muswell Hill con las listas de éxito: «Lola» llegó al número 2 en el Reino Unido. Aunque el mensaje de la letra es ya de sobra conocido por cualquier amante del pop, quizá no es tan de dominio público que ya en 1918, en plena época de la prohibición, había una canción anti ley seca que rimaba «Lola» con «Coca-Cola». En «Ev’ry Day’ll Be Sunday When The Town Goes Dry», escrita por William Jerome y Jack Mahoney, se incluye la frase «At the table with Lola they will serve us Coca-Cola». Pero el tema que nos trae aquí es que Ray Davies recurre al deletreo en esas dos palabras clave, «Lola» y «Cola», justo en las dos primeras estrofas de la canción. 

I met her in a club down in North Soho

Where you drink champagne and it tastes just like cherry cola

C-O-L-A cola.

She walked up to me and she asked me to dance

I asked her name and in a dark brown voice she said, «Lola»

L-O-L-A Lola, lo lo lo lo Lola.


«R.A.M.O.N.E.S.», de Motörhead

«Fue el máximo honor. Como si John Lennon escribiera una canción para ti». Esas son las palabras de Joey Ramone preguntado acerca de «R.A.M.O.N.E.S.». A partir de 1991, la canción se convirtió en titular indiscutible en los directos de Motörhead. Homenajeando a los neoyorkinos ya desde la misma duración de la canción, un minuto y veintiséis segundos, y subido en una locomotora que viaja hasta Rockaway Beach, Lemmy va desgranando en el estribillo cada una de las letras del nombre de la mítica banda. Además de esto, nombra a cada miembro del grupo en la canción, finalizando con un «Joey, call me on the phone». En el concierto de despedida de los Ramones, Lemmy se subió al escenario a cantarla con ellos.

Misfits, twilight zone,

R-A-M-O-N-E-S, R-A-M-O-N-E-S 

RAMONES.


«Vacation», de Connie Francis

La primera en la frente. Concetta Rosa Maria Franconero, nombre original de Connie Francis, comienza la letra de «Vacation» nombrando cada una de las letras de la santa palabra, bajo un ritmo muy high-school. Viendo la racha de desdichas que atravesó la de Nueva Jersey entre 1974 y 1984, no sería extraño pensar que Connie pidiera vacaciones de la vida; pero la composición, de Gary Weston, Hank Hunter y la propia Francis, se remonta a 1962, cuando la italoamericana estaba en lo mejor de su carrera. Según declaró la propia Francis, «cuando me enviaron la canción, solo tenían “V-a-c-a-t-i-o-n in the summer sun”. Eso es todo lo que escribieron. El resto de la letra lo escribí yo». Pero vaya, tampoco es una letra de la cual alardear, querida Connie…  La canción llegó al número 9 del Billboard en septiembre de 1962, siendo el último Top 10 de su carrera.

V-A-C-A-T-I-O-N in the summer sun

Put away the books, we’re out of school

The weather’s warm but we’ll play it cool

We’re on vacation, havin’ lots of fun

V-A-C-A-T-I-O-N in the summer sun.


«L-O-V-E», de Al Green

Al Green es amor. Así se titulaba el disco que en 1975 publicó el reverendo Al Green en Hi Records. Su noveno álbum, una obra dedicada al amor. Cuatro canciones del disco tienen la palabra love en el título y, para colmo, uno de los saxofonistas es Andrew Love, de los Memphis Horns. La canción que nos trae aquí es la que abre el disco, y se lanzó como single, llegando al número 1 en las listas de R&B el 12 de abril de 1975, desbancando a Eddie Kendricks. La escribió el propio Al Green, con ayuda de dos grandes: Willie Mitchell —quien también produjo el disco— y el sublime guitarrista Teenie Hodges. En ella, Al Green lo fía todo al amor, aun sin saber bien cómo explicarlo, a lo largo de tres minutos.

En 1982, Edwyn Collins, al frente de sus Orange Juice, intentó llevarla a su terreno combinando la naturaleza soul de la canción con su marca personal: elegancia y pop.

L-O-V-E

Love is a walk down Main street

Love is an apple that’s so sweet

Love is something that can’t be beat

L-O-V-E

It’s strange to me


«L.A.F.S.», de Nick Lowe

El amor vuelve a ser el leit motiv, el motor de la siguiente canción, en este caso escondido tras la letra L del título. El debut de los Cowboy Outfit como banda de respaldo del gran Nick Lowe tiene lugar en mayo de 1984 con el lanzamiento del LP Nick Lowe and His Cowboy Outfit. La décima canción del disco, «L.A.F.S.» estuvo producida y arreglada por Elvis Costello, bendito compañero de fatigas de Lowe, quien le aporta un toque soul con su correspondiente arreglo de vientos a la inevitable reminiscencia newwave que destila la canción. El título son las siglas de Love At First Sight, amor a primera vista, algo que se produce a diario. Y es ahí donde encontramos el deletreo.

L.A.F.S. means love at first sight

I heard and read and talked about it

Up until last night

L.A.F.S. means love at first sight

And something left like lightning strikes once

But never ever.

«W-O-M-A-N», de Etta James


Como respuesta al «I’m a Man» de Bo Diddley, y con tan solo siete meses de diferencia, Etta James lanzaba, en octubre de 1955, «W-O-M-A-N». La canción saldría como cara B de «That’s All», en el sello Modern Records. La música se inspiró claramente en «I’m a Man» —que a su vez robó el ritmo a «Hoochie Coochie Man»—, y la letra fue obra de la propia James junto con las hermanas Abye Malloy y Jean Mitchell, sus dos compañeras de viaje en su primer grupo, The Creolettes, reconvertidos en The Peaches por obra y gracia de san Johnny Otis. Con la fiereza blusera que es capaz de desplegar, Mrs. James pone los puntos sobre las íes a los hombres, reafirmándose a sí misma como mujer, reafirmando su sexualidad, su atractivo físico, su carisma. A medida que avanza la letra desafía a prohombres tales como Jesse James, Davy Crockett o John Dillinger, deletreando con rabia cada letra de de palabra clave, y título, de la canción. 

Now John Dillinger

The woman in red got him

Now teach all you hardies about a W-O-M-A-N

I’m a W O M one A and a N

A woman

A woman.

Propongo que sea entonada en las manifestaciones del próximo 8 de marzo.


Lemmy canción
Lemmy Kilmister. Foto: Cordon.


Paraplejia, polidactilia y otras contrariedades

Django Reinhardt. (DP)

Desde que, hacia 1795, le diagnosticaron un principio de sordera al maestro alemán Ludwig Van Beethoven, han sido bastantes los músicos que han desempeñado su actividad pese a tener limitaciones físicas. Vamos a repasar algunas de las estrellas de la música pop que, pese a sufrir accidentes o enfermedades que le han hecho arrastrar alguna discapacidad física, han conseguido desarrollar su carrera musical orillando su desventaja. Haremos un recorrido cronológico, pasando por alto la ceguera, aspecto al que hay que dedicarle un artículo en exclusiva.

Jean Baptiste Reinhardt, alias Django («Me despierto», en romaní) Reinhardt, nació en Bélgica en 1910, pero se crio en un campamento gitano cercano a París, donde tocaba el violín primero, y la guitarra después. El 2 de noviembre de 1928 un incendio devastó la caravana donde vivía con Bella, la mujer con la que había contraído matrimonio un año antes. Las flores artificiales que fabricaba ella, y que almacenaba en la caravana, estaban hechas por entonces con un celuloide altamente inflamable, lo que favoreció que se desatara el infierno cuando una vela cayó accidentalmente sobre ellas. Ambos lograron escapar, pero Reinhardt sufrió quemaduras severas. Los médicos recomendaron amputar su pierna derecha, aunque él rechazó la cirugía y consiguió salir adelante ayudado por un bastón. Su mano izquierda también resultó dañada, ya que el fuego le provocó la atrofia de los dedos anular y meñique. Este hecho, lejos de convertirse en un obstáculo para continuar su carrera musical, le convirtió en un sublime guitarrista de jazz poseedor de un original e inconfundible estilo.

La polidactilia (del griego poly, «muchos» y daktylos, «dedo») es un trastorno genético que se da cuando una persona nace con más dedos en la mano o en el pie de los que le corresponde (normalmente un dedo más). A estos dedos se les llama «dedos extra» o «dedos supernumerarios» y normalmente son apéndices muertos, sin movimiento. Para Theodore Roosevelt «Hound Dog» Taylor, esto no representó ninguna discapacidad, aunque en una noche de borrachera se cortó el dedo extra de su mano derecha con una navaja de afeitar. Hound Dog Taylor nació en 1917 en Natchez, Mississippi, con seis dedos en cada mano y, pese a que se inició en el mundo del blues tocando el piano, destacó a partir de los veinte años tocando la guitarra. Cabe destacar que fue el primer artista que publicó un disco en el conocido sello de blues Alligator en 1971, cuatro años antes de su muerte a causa de un cáncer de pulmón.

A Walter Brown «Brownie» McGhee tampoco le condicionó profesionalmente el virus de la polio, que le atacó a los cuatro años provocando que su pierna derecha quedara más corta que la izquierda. Como consecuencia de ello, tuvo dificultades para caminar si no era apoyado en un bastón o una muleta. Quizá por la barrera que esto suponía para sumarse a los juegos de los demás niños de su entorno, McGhee se sumió en otro universo y aprendió a tocar la guitarra y el piano. Por suerte para él, la ONG March Of Dimes, que nació para combatir la polio, financió en 1937 una intervención que le hizo deshacerse para siempre de muletas y bastones. Fue a partir de ahí cuando su carrera comenzó a despegar al conocer al mánager de Blind Boy Fuller, de cuyo armonicista, Sonny Terry, se apropió a la muerte de este, comenzando así un dúo que hizo historia en el blues.

Afectado por la polio, y con peor suerte que McGhee, también resultó uno de los mejores hacedores de canciones de la historia del pop, Doc Pomus. En 1925, diez años después de que viniera al mundo el bluesman, nacía Jerome Solon Felder en Nueva York. Durante el verano de sus siete años sus padres lo enviaron a un campamento alejado de la metrópoli, para escapar de la epidemia de polio que la asolaba. Al tercer día de estar allí, se despertó por la mañana y vio que no podía mover las piernas. En el hospital no sabía qué es lo que ocurría, sus padres hablaban con los médicos sin que él pudiera oírles. La única señal que le llegaba eran los ojos de Millie, su madre, llenos de lágrimas. Y supo que algo horrible le había ocurrido. Sus piernas habían quedado inmovilizadas, y necesitaría apoyarse en muletas o silla de ruedas durante toda su vida. El pequeño Jerome, que soñaba con ser campeón del peso pesado de boxeo con muletas, se convirtió en campeón mundial de composición de canciones, principalmente junto a su compañero Mort Shuman. Para muestra, varios maravillosos botones: «A Teenager in Love», «Viva Las Vegas», «Save The Last Dance For Me», «Surrender», «(Marie’s the Name) His Latest Flame»…

Johnnie Ray alcanzó la gloria durante la década de los cincuenta gracias a su éxito «Cry». Su peculiar estilo de cantar, desgarrado y teatral (componía gestos de dolor, se llevaba la mano a su oído izquierdo, se tiraba del pelo, lloraba…), era debido en parte a su deficiencia en un oído, en el cual llevaba un audífono. Según cuenta un amigo de la infancia, Jim Low, dicha carencia se produjo en un accidente a los doce años estando en los boy scouts, cuando fue manteado por sus compañeros y cayó al suelo, golpeándose su oído derecho. Eso le convirtió en el chico más solitario del mundo, según sus propias palabras. Una posterior operación de cirugía en 1958 no hizo sino empeorar el oído que le quedaba sano, quedándose prácticamente sordo. Su vida personal estuvo marcada por su ambigua sexualidad, que le reportó más de un problema con la ley, y su alcoholismo, que precipitaría su fallecimiento a causa de una cirrosis hepática en el hospital Cedars-Sinai de Los Ángeles, el 24 de febrero de 1990.

Avanzando en el siglo llegamos a los años del nacimiento del rock’n’roll —a lo cual contribuyó Johnnie Ray—, donde se forjaron mitos como el de Gene Vincent. Nacido en Norfolk, Virginia, en 1935, a los veinte años sufrió un grave accidente de moto mientras prestaba servicio en la armada, que casi provocó la amputación de su pierna izquierda. Se rompió la tibia y la fractura no cerró bien, por lo que tuvo que llevar una abrazadera metálica en su pierna el resto de su vida. Fue precisamente durante su recuperación en el hospital naval de Portsmouth donde compuso la melodía de «Be-Bop-A-Lula». Se dice que la letra la escribió otro paciente, Don Graves, a quien se la compró su mánager Bill Davis, que figura en los créditos. La canción se publicó en junio de 1956 y subió al número 7 de las listas norteamericanas. Cuatro años después, durante una gira por Reino Unido, sufrió otro accidente, esta vez de coche —en el que falleció su compañero Eddie Cochran—, que le provocó nuevas heridas en su pierna, amén de costillas y clavícula fracturadas, y en su alma. El dolor físico unido a problemas con el alcohol derivarían en su muerte en 1971 a causa de una úlcera de estómago.

Uno de los estilos musicales que transformaron el rock’n’roll a mediados de los sesenta fue el garage. Observamos dos grupos representativos de este estilo con algún componente limitado físicamente. The Barbarians se formaron a principios de la década en Massachusetts y fue una banda de corto recorrido, ya que solo publicaron un elepé en 1965. Como rareza presentaban a un batería, Victor Moulton, que tocaba con un garfio en sustitución de su mano izquierda, destrozada al explotarle una bomba de fabricación casera en 1959, cuando contaba con catorce años de edad. El incidente fue inmortalizado en una de sus canciones más conocidas, que lleva como título el apodo con el que era conocido, «Moulty». Al otro lado del Atlántico, Johnny Kidd, al frente de sus Pirates, concibió en Inglaterra canciones como «Please Don’t Touch» o la más célebre «Shakin’ All Over». Se creó una imagen de «pirata» llevando un parche en su ojo derecho. Sobre los motivos que le impulsaron a esto corre la leyenda de que se hirió el ojo con una cuerda rota de guitarra, aunque lo cierto es que padecía estrabismo, así que, en este caso, se trata de una fake new. Frederick Albert Heat, su nombre «despiratizado», decidió ocultar su afección ocular bajo un parche negro, a la vez que adoptó para su apellido artístico el del corsario escocés del siglo XVII William Kidd. Este moriría ahorcado en 1701 y aquél murió el 8 de octubre de 1966 a la temprana edad de treinta años en un accidente automovilístico en Lancashire, Inglaterra.

Jerry García, de ascendentes gallegos por parte de padre, estaba pasando las vacaciones de sus cinco años, allá por 1947, en las montañas de Santa Cruz, al norte de California, donde se entretenía cortando troncos con su hermano mayor Clifford Ramon, al que todos llamaban Tiff (el nombre real de Jerry era Jerome John, bautizado en honor de Jerome Kern). Mientras Jerry sujetaba el tronco, Tiff descargaba el hacha sobre él, hasta que, en un fatídico error de cálculo, la hoja del hacha cortó el dedo corazón de la mano derecha del pequeño Jerry. Tras el trauma inicial, pronto empezó a sacarle partido, siendo un niño, a la anomalía que suponía ser alguien diferente, con un dedo menos. A nivel musical no le afectó para nada a la hora de montar una de las bandas de referencia de los años sesenta, los Grateful Dead, así como para figurar regularmente en la lista de los cien mejores guitarristas para la revista Rolling Stone.   

Sin abandonar la década de los sesenta nos adentramos en aguas, y olas, pertenecientes a la música surf, uno de cuyos grupos abanderados fue Jan & Dean. Este dúo de californianos copó las listas norteamericanas en la primera mitad de los años sesenta gracias a canciones como «Surf City», «Dead Man’s Curve» o «Drag City», en competencia directa con los Beach Boys. La fulgurante carrera de la pareja finalizó en 1966 con el accidente de coche que casi le cuesta la vida a Jan Berry cuando se dirigía a una reunión de negocios en Beverly Hills. Su corvette chocó contra un camión aparcado en Whittier Drive, no muy lejos de la «Dead Man’s Curve» de Sunset Boulevard, a la que le cantara dos años antes. Tras el brutal accidente permaneció más de dos meses en coma y tuvo que aprender de nuevo a hablar y andar, aunque quedó paralizado de medio cuerpo. Aun así, a finales de los setenta volvieron a los escenarios impulsados por la nostalgia para rememorar sus mejores éxitos.

Un año después de la tragedia de Jan Berry, tuvo lugar el accidente de coche que le costó la pérdida de un ojo a Ray Sawyer, el líder de Dr. Hook. Sawyer dormitaba en el asiento del copiloto de un Chevrolet Corvair que conducía un amigo cuando el vehículo chocó contra un guardarrail cerca del río Columbia, en Portland, Oregón, donde trabajaba como leñador. Cuando despertó tenía los ojos ensangrentados y estaba atrapado entre los hierros del vehículo. Un año después abandonaba el hospital con solo un ojo sano y un brazalete de acero en una pierna, para dejar de cortar troncos y convertirse en Dr. Hook hasta su muerte a los ochenta y un años a finales de 2018. Precisamente el nick con el que se lanzó a la jungla musical se debe a su parecido con el capitán Hook, de Peter Pan, a raíz del parche que se colocó para tapar su ojo muerto.

Robert Wyatt fue el batería y cantante de Soft Machine, banda británica encuadrada dentro del incipiente rock progresivo de finales de los sesenta. Tras publicar cuatro discos, salió de la formación y montó Matching Mole (un avispado juego de palabras, ya que «Machine Molle» es la traducción francesa de «Soft Machine») antes de enfocar su energía en su carrera en solitario a finales de 1972. Dicha carrera se vería marcada por la paraplejia que sufrió el 1 de junio 1973, al caer, borracho, desde la ventana de un cuarto piso en una fiesta en Londres. Se rompió la duodécima vértebra y quedó paralizado de cintura hacia abajo. «Oí mi propio grito como si fuera el eco del aullido de un lobo, alejado de mí. Luego recuerdo ser introducido en una ambulancia. Seis semanas después desperté en un hospital y en un nuevo mundo».

Esto no fue obstáculo para continuar su trayectoria, de marcado componente político (como miembro activo del Partido Comunista ha defendido la causa palestina y ha luchado contra el apartheid, entre otras causas), en silla de ruedas hasta nuestros días, pero sí le impidió seguir progresando con su principal instrumento, la batería.

El que fuera vocalista de Harold Melvin & The Blue Notes, Teddy Pendergrass, comenzó su exitosa carrera en solitario a mediados de los años setenta, siendo un claro exponente de la música negra, explotando su vertiente soul más sexual, tanto en sus canciones como en el plano más personal. En marzo de 1982, a pocos días de su treinta y dos cumpleaños, se vio relegado a una silla de ruedas cuando su Rolls Royce verde se empotró contra un árbol en su Philadelphia natal, dañándose la columna y quedando paralizado de cintura hacia abajo. Tras una larga temporada de tratamiento, retomó su carrera en 1984, reencontrándose por primera vez con el público un año después en el Live Aid, que, en su versión americana, se celebró precisamente en Philadelphia. En 2006 anunció su retirada y el 13 de enero de 2010 falleció debido a una insuficiencia respiratoria.

El siguiente artista en desfilar por este doloroso carrusel es el tercero en verse afectado por el mismo virus. En 1949, Ian Robyns Dury tenía siete años, la misma edad que Doc Pomus cuando fue atacado por el virus de la polio. Una tarde de agosto la madre de su amigo Barry les llevó a Southend, ciudad costera del sureste de Inglaterra, donde ambos pasaron el día bañándose en una piscina, un baño que resultaría fatal para el pequeño Ian. Unas seis semanas después, fue con su tía a casa de su abuela en Cornualles a pasar unos días. Estando allí cayó enfermo y el doctor que le visitó no dudó en mandarlo al hospital, temiendo que hubiese sido víctima de la polio, como así resultó. Su brazo y su pierna izquierda quedaron paralizados de por vida y Dury habría de ayudarse de un bastón, que pasó a formar parte de su icónica imagen.

Su carrera estuvo marcada por su activismo y su adhesión a causas como la lucha contra el cáncer, el sida o la polio. Ian Dury falleció de cáncer a los cincuenta y siete años el 27 de marzo de 2000. La epidemia de polio de 1949 en Reino Unido también afectó al ilustre Donovan Leitch, que contaba con tres años de edad. Según él mismo cuenta, se contagió jugando en las calles del Glasgow de la posguerra, por donde campaban enfermedades como la difteria, la escarlatina o la polio. Como consecuencia de ello, su pierna derecha resultó afectada, quedando más débil y más corta que la izquierda. Para evitar que desarrollara un pie zambo debido al daño en los músculos de la pierna, se le cortó quirúrgicamente el tendón de Aquiles en la parte posterior del talón. Significaba que su pierna derecha podía crecer normalmente, pero sería más delgada y corta que la izquierda. «Afortunadamente, en la industria de la música, la gente solo se interesaba por mi forma de cantar y tocar y no por el tamaño de mis piernas», declaró en 2016, cuando cumplió cincuenta años de carrera musical. Para concluir la lista de artistas afectados por la polio, citamos aquí a un nacional, Isidro Arenas, teclista y vocalista de Tennessee, quien contrajo el virus en su infancia, provocando desde entonces que tenga que apoyarse en muletas para caminar. 

Otro batería que perdió un brazo sin que por ello abandonase su instrumento fue Rick Allen, el tercer y definitivo batería de los ingleses Def Leppard. En 1983 publican su álbum más aclamado, el superventas Pyromania (número 2 en Estados Unidos por detrás de Thriller) y el último día del año 1984, en la cima de su carrera, Rick Allen sufre un accidente de coche en Sheffield, Inglaterra. Su Corvette acaba chocando contra un muro y dando varias vueltas de campana al intentar un adelantamiento a gran velocidad, y Allen salió despedido del coche al no llevar ajustado el cinturón de seguridad, quedando su brazo izquierdo seccionado a la altura del hombro. Una matrona que llegó al lugar del accidente poco después recogió el brazo y lo guardó en hielo, pero fue imposible el reimplante en el hospital. Lejos de amilanarse, aprendió a tocar durante dos años la batería con un solo brazo, con la ayuda de un kit electrónico adaptado a su minusvalía, y se reintegró en el grupo en 1986, reapareciendo con Def Leppard en el festival Monsters of Rock de ese año.

La fatalidad se cebó con un genio del soul y del funk castigado por el destino a acabar sus días en una silla de ruedas, al quedar paralizado de cuello hacia abajo. La noche del 13 de agosto de 1990, Curtis Mayfield actuaba en el Wingate Field, en Brooklyn, Nueva York. Apenas un mes antes había publicado su álbum Take on the Streets y estaba relanzando su carrera, después de la bajada de popularidad de la música soul durante los ochenta, la tibia recepción de We Come in Peace with a Message of Love (1985) y la quiebra de su sello Curtom (formado, al igual que el mítico sello Stax, por las iniciales de sus fundadores, Curtis Mayfield y Eddie Thomas). La noche de ese lunes en Brooklyn las condiciones meteorológicas no eran las más idóneas para un concierto al aire libre ante más de diez mil personas. El senador Markovirz, quien financiaba el evento, presentó sobre el escenario al gran Curtis justo antes de que el viento derribara una torre de iluminación que cayó justo encima de él, rompiéndole fatalmente la tercera, cuarta y quinta vértebras. Quedó semiinconsciente sobre el escenario hasta que una ambulancia lo trasladó al cercano Kings County Hospital. Los médicos salvaron su vida pero su cuerpo quedó paralizado. No podría volver a andar, ni actuar ni tocar la guitarra.  Aun así, en 1996, publicó el LP New World Order. A consecuencia del accidente sus problemas de salud se irían agravando y moriría por complicaciones derivadas de la diabetes que sufría el 26 de diciembre de 1999 a la edad de cincuenta y siete años.

La dolorosa despedida de este artículo llega de la mano de James Victor Chesnutt, nacido en 1964. Su madre escribía poemas y su abuelo tocaba la guitarra, así que no era nada descabellado que el joven Vic Chesnutt se convirtiese en cantautor, como así ocurrió. Pero a Chesnutt le encantaba beber, le confería el poder convertirse en otra persona y salir de sí mismo, obviaba su baja autoestima. Y esta afición a la bebida le llevó a estrellarse con su coche en 1983 en el estado de Georgia. Cuando se despertó del coma, Vic Chesnutt, que contaba con dieciocho años de edad, se vio confinado a una silla de ruedas de por vida, paralizado de cuello hacia abajo. Sin embargo, la compleja personalidad de Chesnutt, una de cuyas aristas era el odio a sí mismo, ayudó a que el accidente y sus consecuencias no acabaran con él. «Si yo hubiera sido un chico modélico, podría haber sido más difícil para mí, pero yo era un idiota, conducía borracho. Lo hice. Lo acepté de inmediato. Como, “¿qué, esperabas algo más de tu vida?”. En realidad nunca sentí demasiado miedo. Estaba más bien fascinado, de una manera enfermiza. Me sentí como, “Oh, bueno. Esto le da un giro completamente nuevo a las cosas”».

Su amigo Michael Stipe le impulsó y le ayudó a grabar su primer disco, Little, en 1990, y el 6 de octubre de 2009 publicaría su último trabajo, Skitter on Take-Off. Entre ambos, catorce discos más, preñados de humor amargo, poesía, autodesprecio, melancolía y desnudez. El día de Navidad de 2009, después de haberlo intentado sin éxito en varias ocasiones anteriormente —antes y después de su accidente—, puso fin a su vida ingiriendo más relajantes musculares de los que su cuerpo podía tolerar. Tenía cuarenta y cinco años.


Entre la fatalidad y la insensatez

Stiv Bators. Imagen: Sire Records.

Dice la Real Academia Española que una de las acepciones de «destino» es «encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal». Hasta ahí todo bien. La mayoría, unos por convicción, otros por pereza, lo asumimos y no estamos dispuestos a luchar contra eso. «Que venga lo que tenga que venir». Pero incluso adoptando esta postura conformista, siempre podemos poner algo de nuestra parte para que el destino no nos trate de forma cruel. Vamos a repasar en estas líneas cómo la falta de sentido común, unida a la fatalidad, desencadenó la tragedia, provocando la muerte de algunos músicos célebres. Quizá dándole una pensada antes de llevar a cabo su última acción hubieran conseguido hacerle un simple guiño al destino, como cantara Bob Dylan. Y quizá no.

Cuidado con esa bombilla, Claude

Claude François fue el primer cantante galo en actuar en el Royal Albert Hall. Fue en enero de 1978 ante seis mil personas, la mayoría fans enloquecidas. Para poder llegar a conseguir este hito, Claude Antoine Marie François, alias CloClo, el chico de cara angelical y alma torturada, se había convertido en el segundo cantante francés de los sesenta y setenta, por detrás de su eterno rival Johnny Halliday, a quien detestaba. El momento clave en su carrera llega en 1967 cuando el compositor Jacques Revaux consigue que François grabe una canción suya, titulada «For You», después de ser rechazada por cantantes como Petula Clark y Dalida. Pero a este no le convence ni el tono lúgubre de la canción ni su cadencia, y reforma melodía y letra, convirtiéndola en «Comme D’habitude» («Como de costumbre»), un canto al amor fosilizado. A finales de ese maravilloso año, Paul Anka, de vacaciones en París, vio a François interpretándola en televisión. Ni corto ni perezoso, como se suele decir, compró los derechos de la canción, le cambió la letra y la convirtió en una agridulce reivindicación. El 30 de diciembre de 1968, Frank Sinatra grababa «My Way» en una sola toma, y en marzo de 1969 se convertía en un clásico inmortal, y Françoise se aseguraba cobrar royalties de por vida, aunque esta se truncase solo nueve años después.

El 11 de marzo de 1978,  pasadas las tres de la tarde, Claude François estaba relajado en la bañera de su magnífico apartamento de París. En el plató de la cadena televisiva SFP le esperaban sus Clodettes, junto a Sylvie Vartan y el presentador de Rendez-vous du dimanche para grabar una actuación. François advirtió que la bombilla que iluminaba la estancia comenzaba a parpadear. Molesto, y desprovisto temporalmente de sentido común, intentó fijarla, aún en la bañera, cuando recibió la descarga fatal que recorrió su menudo cuerpo. Aunque los servicios de emergencia llegaron con presteza, no pudieron hacer nada por salvar su vida. A las 16 horas los informativos anunciaban la muerte de Claude François. No había cumplido aún los cuarenta.

Cuidado con ese cigarro, Steve

El último acto de la tragedia griega de Steve Marriott tuvo lugar el 20 de abril de 1990. El Marriott que se adentra en la década de los noventa es un hombre acabado, castigado por la droga, es solo un recuerdo con un buen puñado de canciones a sus espaldas, pero aún tiene una oportunidad de reflotar su carrera y su dilapidada economía: una reunión de Humble Pie junto a Peter Frampton —casi dos décadas después de que este abandonara la formación para convertirse en estrella planetaria— para un disco y una gira, por un montante de tres millones de libras. A sus cuarenta y cuatro años era una oferta irrechazable, el último salvavidas para su errática madurez.

El 19 de abril de 1990, Marriott y su tercera mujer, Toni Poulton, volaban de vuelta desde Los Ángeles a Londres después de participar en las sesiones de grabación del futuro disco de Humble Pie. A la ingesta de pastillas para calmar la ansiedad hay que sumarle el alcohol y las drogas que le acompañan desde la disolución de Small Faces, prácticamente, y durante el viaje en avión la pareja no para de discutir y alterar el orden. Una vez en Londres, les recogió un amigo, el promotor Brian Shaw, y fueron a cenar al restaurante Straw Hat, en Sawbridgeworth, cerca de Essex, donde la pareja siguió discutiendo. A la salida fueron a casa de Brian, donde decidieron pasar la noche. Toni cayó dormida en la cama, después de discutir con Marriot por enésima vez, y cuando despertó vio que él no estaba. Había pedido un taxi y se había ido a su mansión del siglo XVI en Arkesden, Essex. Y allí se consumó la tragedia, a medida que se consumía el cigarrillo que Marriott se encendió tumbado en la cama justo antes de quedarse dormido. Steve Marriot estaba a punto de dejar el tabaco.

Aproximadamente a las 6:30 del 20 de abril, un automovilista que pasaba vio fuego saliendo por el techo de la vivienda de Marriott y avisó a los bomberos. En declaraciones a los medios, Keith Dunatis, el oficial de bomberos de la división, que fue quien encontró el cuerpo, dijo:

Fue muy difícil llegar arriba. Registramos las áreas de los dormitorios y hacía mucho calor, supimos de inmediato que nadie podría haber sobrevivido al incendio. Empezamos a palpar las paredes y lo descubrimos tirado en el suelo entre la cama y la pared. Diría que estaba en la cama y trató de escapar. Tan pronto como vi el cuerpo claramente, supe quién era. Yo era un fan, es difícil expresar mis sentimientos con palabras. La escena era espantosa en ese rincón de la habitación. Lo vi tirado allí y pensé que era una pena. Me ocupo de muchos incendios, pero este fue como caminar por el sendero de la memoria. Logramos rescatar todas sus guitarras y equipo musical. Fue como ver que parte de nuestras vidas se ha ido para siempre.

El incendio despertó al guitarrista, quien, desorientado y confuso, salió de la cama por el lado equivocado, hacia la pared, en lugar de dirigirse a la puerta del dormitorio, por donde podría haberse salvado. No tuvo tiempo de reaccionar y falleció por inhalación de humo.

Cuidado con esa pistola, Johnny

Corría el año 1954 cuando Johnny Ace adquirió en Florida un revólver Harrington & Richardson, del calibre 22, por unos cincuenta dólares. Según el director de su banda de acompañamiento, Johnny Board, «Johnny Ace se comportaba como un niño. Se compró la pistola en Florida y trataba el arma como un juguete».

John Marshall Alexander Jr. salió del tremendo semilllero de Beale Street de su Memphis natal a principios de los cincuenta, de la mano de Ike Turner. Comenzó grabando para el sello Moderna como acompañante al piano de B.B. King —otro clásico de la escena de la calle Beale— y, posteriormente, como cantante en solitario. De ahí pasó al sello Duke, donde empezó a escalar el Olimpo del rythm and blues hasta llegar a la fatídica Navidad del año 1954. En diciembre de ese año Ace ha sido nombrado el artista más pinchado, en una votación realizada entre disc jockeys por el semanario Cash Box, y las ventas de sus grabaciones se disparan.

Fue Big Mama Thornton la encargada de abrir el concierto del día de Navidad de 1955 en el City Auditorium de Houston al filo de las nueve de la noche. Posteriormente hizo su aparición Johnny Ace y acabó su set cantando a dúo «Yes Baby» con Thornton. Luego, en el backstage se desencadenó la tragedia. Según la versión de la propia Thornton, recogida en The late great Johhny Ace (James M. Salem) en el camerino se encontraban, aparte de ella y Ace, su novia, Olivia Gibbs, una amiga de esta, Mary Carter, y otro conocido de la pareja. Olivia se sentó sobre su falda y, para variar, Johnny Ace, botella de vodka mediante, sacó su pistola y comenzó a gastar bromas pesadísimas, como apuntar a la cabeza de Mary Carter y disparar, sin resultado. Luego hizo lo mismo apuntando a la cabeza de su chica, y el arma tampoco se disparó. Aunque Thornton intentó disuadirle de que dejara la pistola quieta, Ace al parecer le dijo que no se preocupara, que la pistola no se iba a disparar. A continuación, apuntó a su sien y apretó el gatillo y la única bala que había en el cargador se alojó en su cerebro. Johnny Ace cayó muerto al suelo y la sangre comenzó a brotar de su cabeza, para espanto de los presentes.

Un mes y medio después de su absurda muerte, Johnny Ace se situó durante diez semanas seguidas en lo más alto del Billboard de R&B con «Pledging My Love», convirtiéndose en el primer artista que alcanzaba el primer puesto después de muerto.

Cuidado con esa pistola, Terry

Cuenta Walter Parazaider, saxofonista de Chicago, que una noche a finales de los sesenta, después de un bolo en el Whiskey A Go Go, en Los Ángeles, se le acercó Jimi Hendrix en el camerino y le felicitó. «Los vientos son un auténtico pulmón. Y ese guitarrista es mejor que yo».

Ese guitarrista no era otro que Terry Kath, uno de los fundadores en la segunda mitad de los sesenta de Chicago Transit Authority, conocida mundialmente como Chicago a partir de 1969. La propuesta de la banda, instalada en la contracultura reinante en la época, se alejaba del pop y la psicodelia imperantes, sobre todo en la costa oeste adonde se trasladaron, para desarrollar su propia personalidad a base de sección de vientos, creatividad, y el uso de cualquier estilo disponible a su alcance, principalmente soul y rock and roll, con numerosas incursiones en el mundo del jazz.

Centrándonos en la figura de su cantante y guitarrista, a medida que la banda va subiendo posiciones en el escalafón mundial, coleccionando números uno y Top 10 en el Billboard estadounidense, Kath se va sintiendo menos a gusto con la deriva del grupo, y con la suya propia, abismada por el abuso de drogas.

En 1978 Terry Kath, coleccionista y amante de los coches, las armas y las guitarras, tiene casi finalizado un disco en solitario donde poder dar rienda suelta a su universo, al margen de la banda, donde su enorme talento no se veía lo suficientemente recompensado. Un álbum que no verá nunca la luz porque el de Chicago no respetó la primera de las cuatro reglas del manejo seguro de armas de fuego, popularizadas por el marine nortemericano Jeff Cooper, que fue un historiador e instructor sobre el uso de armas de fuego. Esta regla reza: «Un arma de fuego siempre está cargada».

El 22 de enero de 1978, Kath se presentó en casa de su compañero James Pankow después de otra de sus peleas con su mujer. Llevaba varios días sin dormir e iba hasta arriba de drogas. Este le recomendó que se fuese a dormir, y Kath le dijo que iría a pasar varios días a casa de Don Johnson, uno de los roadies de la banda. El lunes 23 de enero lo primero que hizo Kath fue pegarse una fiesta en casa del roadie. Para las estrellas del rock un lunes es un día tan bueno como otro cualquiera para montar una fiesta. Y cuando esta acabó, quedaron únicamente Kath y el dueño de la casa en el salón, el primero jugueteando con una pistola del calibre 38 que solía llevar encima. Johnson, preocupado, le advirtió que dejara el arma quieta, a lo que el guitarrista respondió, levantándola, «No te preocupes, está descargada, ¿lo ves? ¿O piensas que me voy a volar la tapa de los sesos?». A continuación, apuntó el arma a su sien y apretó el gatillo. Y no, el arma no estaba descargada, alojaba una bala fatal en el cargador. Terry Kath estaba a una semana de cumplir los treinta y dos años.

Cuidado con ese disolvente, Robert

A finales de los sesenta, Robert Higgimbothan dejó la música y se estableció como agente inmobiliario en New Jersey. Antes de eso había sido boxeador en categoría amateur y, lo que más nos interesa, creador del clásico de rythm & blues «Hi Heel Sneakers» —del cual vendió más de un millón de copias en los sesenta— e intérprete original de «Long Tall Shorty», escrita al alimón por Herb Abramson —cofundador de Atlantic Records— y Don Covay y popularizada, entre otros muchos, por los Kinks. Claro que para las dos ocupaciones anteriores, Higgimbothan hizo uso del apodo con el que se dio a conocer en el equipo de fútbol de su instituto: Tommy Tucker. A mediados de los setenta volvió al mundo del espectáculo, grabando dos elepés para los que reclutó nada menos que a Bo Diddley.

Tucker, o Higgimbothan, tomó una decisión fatal el viernes 22 de enero de 1982: reparar el suelo de madera de su vivienda con un producto que contenía tetracloruro de carbono. En el pasado, dicha sustancia se usó en la producción de líquido refrigerante, como plaguicida, como agente para limpiar y desgrasar, en extinguidores de fuego y para remover manchas. Debido a sus efectos perjudiciales, estos usos están prohibidos hoy en día y solamente se usa en ciertas aplicaciones industriales. Si la exposición al tetracloruro de carbono es muy alta, el sistema nervioso, incluso el cerebro, es afectado. Las personas expuestas pueden intoxicarse y sufrir dolores de cabeza, mareo, somnolencia, náusea y vómitos. Estos efectos pueden desaparecer si la exposición cesa, pero en casos graves, pueden llevar al coma e incluso a la muerte.

Tommy Tucker murió a consecuencia de la inhalación de tetracloruro de carbono en el College Hospital de Newark, en Nueva Jersey. Tenía cuarenta y ocho años. Su hija Regina, nacida en 1958, ha seguido sus pasos como cantante de blues bajo el nombre artístico de Teeny Tucker.

Cuidado con ese taxi, Stiv

Certeza: a todos nos aterra tener que acudir a urgencias de cualquier hospital. A la gravedad del hecho que nos lleve allí, hemos de sumarle el fastidio de tener que esperar horas hasta que nos atiendan en una sala recubierta de azulejos llena de gente. Eso mismo pensaría Stiv Bators cuando el 3 de agosto de 1990 se marchó de un hospital de París tras esperar varias horas sin ser atendido, algo que todos hemos hecho o hemos pensado alguna vez. Pero es que a él acababa de atropellarle un taxi.

Steven John Bators fue un punk transoceánico. Vivió el auge y ocaso del punk en sus dos cunas principales: Nueva York y Londres. En la gran manzana, como líder de los Dead Boys, carne de CBGB, enarboló la bandera de la autodestrucción, el nihilismo y la pose y actitud punk. En 1980 decide cruzar el charco y se aferra en Londres a los rescoldos del movimiento a la vez que intenta una tibia reinvención musical al frente de los Lords Of The New Church, de donde salió escaldado cuando la década tocaba a su fin. Tras conocer a Caroline Warren —la exmujer del capo de Crypt Records, Tim Warren—, se mudó con ella  a París, llevándose con él su desordenado proyecto de vida, con la idea de seguir componiendo y huyendo hacia adelante.

Fue en esta tesitura cuando ocurrió la fatalidad, acentuada por la falta de sentido común de nuestro protagonista. Respecto a la secuencia y naturaleza de los hechos hay varias versiones, pero la más extendida es que, después de ser atropellado en la tarde noche del 3 de agosto de 1990 en París, Bators se dirigió a que lo examinaran de sus heridas. Al parecer, tras varias horas de espera sin ser atendido, se hartó y se marchó a su casa, aparentemente en buen estado. Pero el daño provocado por el atropello no era visible, y Bators, a sus cuarenta años, murió mientras dormía a causa de las heridas internas sufridas.

Lo curioso es que, años antes de su fatal accidente, el loco de Bators estuvo a punto de perder la vida haciendo méritos para aparecer en este artículo. En una de sus performances al frente de los Lords Of The New Church, le dio por autoestrangularse en el escenario con el cable del micro, pero se le fue la mano y estuvo casi un minuto inconsciente, teniendo que ser reanimado en el backstage por un guardia de seguridad y su novia, momento recogido en vídeo y que circula por YouTube.

Cuidado con esa paquetilla, Robbie

Por desgracia, abundan en el mundo del espectáculo las muertes relacionadas con el consumo de drogas, pero en el caso que vamos a tratar, al mero hecho de consumir sustancias, que puede ser autodestructivo o esporádico, se suma la fatalidad de la confusión. O sea, meterse una cosa pensando que es otra. Y, en estos ambientes, ello te puede acarrear la muerte.

A mediados de la década de los setenta, la música funk y disco, por un lado, y el rock sinfónico y pomposo, por otro, han desplazado a las grandes bandas de pop y rock de los sesenta. Claros exponentes del primer caso son los escoceses Average White Band, que en agosto de 1974 lanzan su segundo álbum, AWB, con el que llegarán a lo más alto de las listas, gracias, entre otras, a su canción más conocida, la tremenda «Pick Up the Pieces». Un mes después, el 22 de septiembre de ese año, en plena promoción y saboreo de las mieles del éxito, los chicos de AWB acuden a una fiesta en la mansión del millonario Kenneth Moss después de petarlo en un concierto sold-out en Hollywood, en el célebre Troubadour. En un momento de la fiesta, alguien pasa una paquetilla con lo que todos piensan que es cocaína, así que directo a la nariz, a qué esperamos.

Poco tiempo después, todos los que habían esnifado los polvos blancos enfermaron y presentaron dificultades respiratorias. Robbie McIntosh, el batería de la banda, que contaba con veinticuatro años de edad, fue llevado por su esposa de regreso al motel cercano de Howard Johnson, donde murió alrededor del mediodía del día siguiente. Una autopsia mostró que la causa de la muerte fue «intoxicación aguda por heroína-morfina» por ingestión nasal. Cher, también presente en la fiesta, pero más comedida, se llevó al bajista Alan Gorrie de regreso a su mansión de Beverly Hills y lo mantuvo caminando hasta que se recuperó, lo que le salvó la vida.

La policía investigó al responsable de la fiesta, el excéntrico magnate Kenneth Moss. Este se declaró culpable de homicidio involuntario y fue sentenciado a ciento veinte días de cárcel y cuatro años de libertad condicional.

Cuidado con escalera mecánica, Frankie

No sabemos, en los hechos que provocaron la muerte de Frank Jalovec —quizá el menos conocido de los que visitan este artículo—, qué porcentaje hay que atribuirle a la fatalidad y cuánto a la insensatez, si es que la hubo. Para conocer a nuestro protagonista tenemos que remontarnos a la segunda mitad de la década de los setenta y situarnos en Chicago, donde Jalovec entra a formar parte de una banda llamada Local 710, que acabará llamándose The Kind en 1977, y compartiendo local con Pezband, lo que puede dar una idea de por dónde irán sus tiros. Efectivamente, siguiendo la senda del naciente power pop.

En 1980 se disuelve la banda, dejando para la historia una sola canción grabada, y Jalovec pide permiso para seguir usando el nombre, reclutando otros miembros, que serán los que trasciendan musicalmente en la línea de los propios Pezband o los Plimsouls. Con él como voz principal y guitarra rítmica, la banda grabará dos elepés antes de disolverse por segunda vez en 1985.

Y en 1993 llegó la tragedia. Frank Jalovec trabajaba en Montgomery Elevator Co., una empresa de transportes verticales, entre semana, y aplastaba su gusanillo musical los fines de semana tocando en los Legends, una banda más de versiones. El 26 de enero de ese año, el Chicago Tribune informaba de la trágica muerte de un trabajador de esa empresa, aplastado por una escalera mecánica. El sargento Ted O’Connor declaraba que Frank Jalovec, un empleado de Montgomery Elevator Co., estaba reparando el sistema de frenos de la escalera mecánica cuando le pidió a su compañero de trabajo que activara un interruptor eléctrico determinado, lo que provocó que la escalera mecánica comenzase a moverse, aplastando al que fuera líder de The Kind. Tenía cuarenta y un años.

Fuera del mundo de la música, pero aún dentro del mundo del espectáculo, cabe recordar el trágico fin de la bailarina y coreógrafa de principios del siglo XX Isadora Duncan. El 14 de septiembre de 1927 se montó en el coche de su amigo Benoit Falchetto, un Amilcar CGSS, descapotable dispuesta a dar un paseo. Al día siguiente, el New York Times publicaba su obituario:

El automóvil iba a toda velocidad cuando la estola de seda que ceñía su cuello empezó a enrollarse alrededor de la rueda, arrastrando a la señora Duncan con una fuerza terrible, lo que provocó que saliese despedida por un costado del vehículo y se precipitase sobre la calzada de adoquines. Así fue arrastrada varias decenas de metros antes de que el conductor, alertado por los gritos, consiguiese detener el automóvil. Se obtuvo auxilio médico, pero se constató que Isadora Duncan ya había fallecido por estrangulamiento, y que sucedió de forma casi instantánea.

Los dos últimos protagonistas en pasar por este artículo proceden del teatro amateur, y murieron en idénticas y sorprendentes circunstancias: Renato di Paolo, italiano, de veintitrés años de edad, murió el 21 de abril de 2000, Viernes Santo, y Thiago Klimeck, brasileño de veintisiete, perdió la vida el 22 de abril de 2012, tras pasar en coma desde el 6 de abril, Viernes Santo. Ambos interpretaban a Judas Iscariote y ambos acabaron ahorcados accidentalmente dando vida al traidor en sendas recreaciones teatrales.


Asuntos de vital interés

Asuntos de vital interés, de Eric Lerner. Alianza editorial, 2019.

Eric Lerner y Leonard Cohen, dentro de su inimitable marco existencial, denominaron «asuntos de vital interés» a la parte de sus conversaciones —mantenidas durante más de cuarenta años de amistad— que merecían la calificación de «interesantes». O sea, quedaba fuera de este epígrafe lo referente a la vida profesional, sentimental, familiar o a las vicisitudes médicas, que no fueron pocas. Entraban, sin embargo, temas como los neandertales, los hoteles decadentes o el apareamiento del pingüino emperador. Al principio de su relación era el mensaje lo importante. Al final, rebosantes de experiencia, les bastaba con diseccionar al otro por el tono de su charla. Gran parte de las conversaciones reveladas se produjeron en torno a la mesa de la cocina del apartamento de Los Ángeles en el que convivieron durante varios años, su confesionario particular.

Lerner, editor (Zero), novelista (El secreto de Pinkerton: El manuscrito original), guionista (Dos pájaros a tiro, Kiss the Sky), nos relata, en un tono ágil y sin boato —salvo cuando entra en bucle con el koan, el zendo, el sesshin, el sanzen…, terminología asociada al zen, una escuela de budismo con características propias—, las confesiones mantenidas con el canadiense, desde que se conocieron a finales de los setenta en una sesión de zen. Es precisamente el maestro de estas sesiones, Joshu Sasaki Roshi, quien vertebra el relato. A veces puesto en duda, la mayoría de las veces venerado ad infinitum («Habría estudiado contabilidad si Roshi fuese contable»), pero siempre presente. Un clavo ardiendo al que agarrar dos existencias a la deriva, sin ancla, sin certezas, sin interés. Ambos encontraron en el zen su particular taller de reparación de egos.

Así, el autor convierte al lector en una especie de voyeur acreditado, un voyeur con pase de prensa, testigo de pasajes de la vida de Cohen que se alejan de lo trillado en una publicación biográfica. Lerner nos acerca al Cohen repleto de incertidumbres, íntimo, austero, antisocial, al que la paternidad asió a la vida al tiempo que sepultaba su libertad («Podríamos haber sido libres si no hubiésemos sido padres»), al que se refugió en su maestro Roshi huyendo del mundo, al que renació para morir cuando todo estaba perdido —quedó arruinado a principios de siglo y tuvo que volver a salir a la carretera para paladear un éxito casi póstumo («Ah, pero ¿sigue vivo?»)— y al que soportó con un estoicismo sorprendente su calvario final. No espere, por tanto, el lector, averiguar las fuentes de inspiración, los métodos de grabación, los entresijos de los camerinos o la historia detrás de las canciones de Cohen. Disfrutará, en cambio, con la contemplación del poeta haciendo la compra en la tienda de ultramarinos (que no falten los pepinillos, el queso y las galletas saladas), deambulando en calzoncillos por su casa o haciendo de canguro de sus propios hijos, lo que no quiere decir que no se trate su faceta artística. Tendría que tener el autor un escalpelo muy fino para separar al creador del hombre. Se hace patente en el relato la voluntad férrea que le ató a la escritura hasta poco antes de morir. En su lecho de muerte, confiesa Lerner, estaba tratando de terminar un poemario («Más que nada, por aburrimiento»).

Seis meses antes del fallecimiento de Cohen, Lerner le comentó que había comenzado a escribir este libro, así como el modo en que iba a articularlo: en torno a sus riffs, trasladando el universo musical a sus conversaciones. El poeta, como primer receptor de los textos de Lerner, dijo que esperaba leerlo, aunque ambos sabían en esos momentos que ya estaría muerto cuando el libro estuviese acabado. 

Unas confesiones que nos revelan dos personajes de una inmadurez trabajada pero entrañable, con miedo a la vida y pavor a la muerte.