Virus, la guerra de los mil millones de años

«La guerra había durado desde siempre. Nadie recordaba un tiempo en que el monstruo no hubiera estado presente». Con estas dos frases Juan José Gómez Cadenas y Juan Botas, amigos desde hace más de treinta años, cuando coincidieron en Stanford, comienzan uno de los capítulos de su libro Virus, la guerra de los mil millones de años

Un biólogo y un físico que se unen cuando más necesario es, para escribir un libro didáctico y entretenido, adjetivos que para un obra que nace sobre virus y con un físico experto en neutrinos como una de las plumas podría parecer, a priori, hasta inesperado. Inesperado sobre todo para quienes no conozcan que Juan José Gómez Cadenas ya nos tiene acostumbrado a una lectura entretenida en sus obras previas como Spartana, El ecologista nuclear o Los saltimbanquis. 

Pero si hay un adjetivo que califica el libro es el de riguroso, como se espera de dos científicos que por diferentes motivos han sido voces reconocidas durante la pandemia en esa potestas científica que los demás te otorgan. Autores que siempre les ha unido el denominador común del rigor científico y  la curiosidad.  

Porque los autores son rigurosos y precisos en todo lo que escriben. Tan precisos en escribir sobre virus como cuando se diseña un experimento bajo toneladas de roca en el túnel subterráneo de Canfranfc. Habilidad en la pluma para darnos luz en una pandemia tan desconocida en sus efectos sobre la salud como por sus efectos sociales en el más amplio término de la palabra. 

En tres grandes secciones el libro va diseccionando, sin más adjetivos calificativos que el de la ciencia y la evidencia, la realidad que nos rodea con miles de millones de virus con los que diariamente convivimos, hasta alcanzar un punto en que el lector es capaz de entender lo que es y, sobre todo, lo que no es en la actual pandemia por el virus SARS-Cov2 y sus efectos con la COVID-19. Los autores nos introducen en lo que los virus y sus efectos pandémicos fueron y serán pero, sobre todo, en lo que siempre han sido. 

Tres grandes secciones que recorren hábilmente desde aspectos básicos en virología a la actual pandemia, pasando por historias de éxitos y fracasos, empíricas o no, donde la humanidad ha ido venciendo a diferentes patógenos responsables de grandes plagas, pandemias que diezmaban la población. Historias que parecen de un pasado olvidado pero de la que nos separan decenas de años en algunos casos. 

Por eso la lectura de este libro es recomendable para todo tipo de lector que quiera saber de un modo entretenido y ágil qué nos está pasando y qué nos puede suceder y las soluciones existentes y, especialmente, para aquellos que asociaban un virus más a un programa informático capaz de alterar el normal funcionamiento de la computación binaria que un agente capaz de infectar y matar a millones de personas en pleno siglo XXI. Porque esta pandemia nos ha abierto los ojos a una realidad biológica que nos puede hacer pensar que el mundo vivido hasta hace unos meses podía ser imaginario, sin serlo. 

Porque aunque el riesgo de una epidemia siempre ha estado conviviendo con nosotros, la confortable Europa había escapado en los últimos años de las epidemias mas recientes que han afectado a otros territorios, como el ébola o los coronavirus SARS-CoV1 y el MERS. Solo el virus de la gripe hace presencia año tras año y era admitido como parte de nuestra rutina a pesar de que la terribles cifra por fallecidos anualmente, que alcanzan los quince mil, amén de los setecientos cincuenta mil contagios. 

Acontecimientos, logros y científicos que a lo largo de la historia han ido aportando soluciones van recorriendo las páginas del libro inspirando a lector y trasladándole la confianza de que la pandemia que vivimos es posible resolverla con conocimiento, con investigación y con un sentido común epidemiológico frecuentemente olvidado en aras de otro tipo de intereses. 

Y, con gran habilidad, los autores nos hacen entender que la mejor de las estrategias ante una amenaza vírica es la vigilancia, la alerta temprana, en definitiva, la prevención. Que más vale prevenir que curar, en un escenario donde ha quedado más que certificada esa popular frase y en donde, aun así, seguimos gastando solo un 1% del total del gasto sanitario en prevención. Porque la leyenda del tablero de ajedrez presente en el libro sigue siendo de actualidad y clarificadora de qué pasa cuando falla la alerta e intervención temprana y por qué es necesario reforzar todas las trincheras contra el virus, ya que una vez que las supera, solo una tratamiento que aún no se ha desarrollado podrá ayudarnos. Y, en lo que todos lo expertos coinciden, es que ni las estrategias de prevención ni las trincheras levantadas pasarán por su acierto a los libros de epidemiología, al menos en el capítulo de buenas prácticas. 

Abordar la salud humana, animal y medio ambiental en el concepto One Health es más importante que nunca. Separar las salud animal de la humana nos llevará a la próxima pandemia. En estos momentos, en una isla, en un mercado o en una jungla, un virus, en esa oportunidad que se da entre millones, está saltando la barrera interespecie y preparándose a colonizar células humanas que viajarán trasportando los virus en un próximo vuelo internacional. 

La salud no depende de los individuos, ni de los territorios, ni tan siquiera de la especies, y las zoonosis, esas enfermedades que proceden de los animales y nos afectan, serán cada vez mas frecuentes. Porque la globalización, el modo de vida y la interacción entre especies por contacto, por alimentos o por la inoculación a través de un vector, van a provocar que esa ínfima oportunidad de contagio entre especies siempre encuentre un receptor que la trasmita.

One Health es como este libro, autores que se unen para abordar la pandemia desde una visión global. Como es necesario crear equipo One Health para esta nueva realidad con médicos, veterinarios, farmacéuticos, mediambientalistas, químicos pero también informáticos, matemáticos, ingenieros o físicos. 

El libro Virus, la guerra de los mil años es un libro luminoso; luminoso porque aunque estemos viviendo una pandemia retransmitida mundialmente en directo, es oscura en el tratamiento informativo, en los datos que proporciona, en los efectos que el virus puede causar, además de salpimentada con demasiada frecuencia de un falso optimismo de una solución inmediata, sin atender a los más mínimos cánones que nos proporciona la ciencia. 

Por eso este libro es una referencia para quien quiera entender qué nos está pasando. Cuando en agosto los autores finalizaron el libro, el número de contagiados por SARS-CoV-2 en el mundo era de unos veinte millones. Hoy casi se duplica. Pero no vamos a bajar los brazos. Vivimos afortunadamente un tiempo teóricamente de luz. Tenemos conocimiento, medios y capacidades. Es inexcusable hacer las cosas bien, recuperar nuestras posiciones en esta batalla y estar preparados para un próximo ataque de los virus en esa guerra de más de mil millones de años. 


Los impacientes de la pandemia

Una impresora 3D imprime el marco de un par de gafas en el centro de investigación y aplicación de Hunan Vanguard Group. Foto: Xue Yuge/Xinhua  ZUMA Wire)

Mucho se ha escrito de la pandemia de la neumonía de Wuhan. Y mucho hemos oído, de los que saben y también de los que no saben, estos últimos pensando que de todo saben y de todo pueden hablar sin un pudor mínimo ante la situación de emergencia que vivimos. Y mucho hemos visto, como nunca antes había sucedido, asistiendo en directo a la evolución de una pandemia retransmitida en ocasiones con tintes cinematográficos pero con una dura, muy dura, y preocupante realidad detrás.

Quedan ya atrás semanas de escribir, sobre todo los científicos, de los riesgos. Quedan atrás semanas de haber tratado de explicar el riesgo de esta pandemia o el concepto de one health donde la salud humana, animal y medioambiental están íntimamente ligadas. El 60% de las nuevas enfermedades con riesgo para el ser humano son zoonosis, enfermedades trasmitidas desde los animales, con patrones de transmisión y propagación cambiantes debido, entre otras cosas, a hábitos sociales distintos, inmediatez en los desplazamientos entre regiones distantes o el propio cambio climático.

Quedan atrás años de advertencias, incluso más de diez cuando se publicara, tras la aparición de coronavirus SARS COV en 2003, un artículo de Cheng y colaboradores (Clinical Microbiological Review, 2007), en la Universidad de Hong Kong, donde advertían de que la presencia de grandes reservorios naturales de virus similares al SARS-CoV en murciélagos, especialmente en el murciélago de herradura, junto a la cultura de comer animales exóticos en el sur de China, convertía la situación en una bomba de relojería en una suerte no de qué, sino de cuándo. Como así ha sucedido y donde nos devuelve a que el conocimiento científico, el concepto one health y la toma de decisiones basadas en evidencias son necesarias hoy mas que nunca.

Quedan atrás años, meses, semanas y días de haber tomado decisiones que no se tomaron. Pero ahora es tiempo de actuar ante una pandemia que se está cobrando diariamente miles de vidas.

Las grandes pandemias no son extrañas para la humanidad. Agentes causales como el virus de la inmunodeficiencia adquirida humana, el virus de la influenza del 18, el virus de la viruela o, anteriormente, la bacteria Yersinia pestis.

Tenemos la fortuna de que actualmente son más, muchas más las armas que poseemos para luchar contra las pandemias que han habido en el pasado. El  conocimiento científico y técnico, los antibióticos, las vacunas, el diagnóstico temprano, las redes de datos… Pero también hay aspectos negativos como la rapidez de las comunicaciones físicas y por tanto de contagio y, sobre todo, una especie de soberbia que nos hace sentirnos en ocasiones invencibles, perder la perspectiva de nuestra propia dimensión y, en ocasiones, generar conductas irresponsables, individuales pero también colectivas.

Debemos comprender y aceptar como sociedad y como individuos nuestros éxitos y nuestros fracasos. Y debemos entender que la pandemia que vivimos, especialmente en Europa, ha sido la historia de un fracaso del que no tengo dudas que nos recuperaremos, pero peor de lo que debería haber sido si hubiéramos dado una respuesta acorde a su dimensión.

No puedo decir que la gestión de la crisis esté siendo un ejemplo. No «hemos hecho lo que nos ha dicho la ciencia», al menos hasta ahora, ni puede utilizarse como argumento para volcar en otros la responsabilidad de la toma de decisiones. Ni tan siquiera fuimos capaces de aplicar el sabio refrán de «mas vale prevenir que curar».

Pero ya no es tiempo de prepararnos sino de actuar. De protegernos a nosotros mismos y de proteger, atender y ayudar a los demás. Son momentos de actuar atendiendo a los enfermos y seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias, nacionales e internacionales, rompiendo la cadena de contagio mediante la reclusión de la población y de los territorios, diagnósticos y más diagnósticos, aislamiento y seguimiento de los aislados, transparencia de los datos y colaboración internacional plena, especialmente en las grandes áreas geográficas donde el virus no entiende de fronteras.

Pero podemos y debemos hacer más. De una lado, acelerar programas de investigación con fondos extraordinarios y de emergencia, coordinados, abiertos y colaborativos, para desarrollar nuevos métodos diagnósticos, nuevos antivirales, nuevos protocolos o una necesaria vacuna que aún tardará en llegar. Con una apuesta presupuestaria del tamaño de la urgencia. Desde la Unión Europea, pero también del Gobierno de España y en colaboración con las diferentes CCAA. Y, de otro lado, ser creativos con los recursos existentes; ser innovadores para adaptar conocimiento, recursos y metodologías al servicio de la lucha contra la pandemia.

Y aquí es donde aparecen los que me he tomado la licencia de llamar, «los impacientes de la pandemia». La impaciencia entendida como la inquietud de quien es consciente que de sus actos dependen soluciones. Movimientos ciudadanos que han dado el primer paso sin que nadie les llamara; personas que quieren ayudar y que saben cómo hacerlo; impacientes para construir soluciones;  biólogos moleculares, ingenieros, expertos en impresión 3D o diseñadores textiles que se han puesto al servicio de la lucha contra la pandemia, mas o menos autorganizados, en un tiempo donde la red se ha convertido en una autopista de colaboración y, en ocasiones, de salvación.

Pero no todo es fácil. Y ahí es donde el gobierno debe entender que esos colectivos no solo son útiles sino que son necesarios en un tiempo de guerra contra el virus en el que hasta se han visto derrotadas las cadenas de suministros hospitalarios. Y todos estos colectivos piden lo mismo: que les eliminen obstáculos, ayuden con la logística y faciliten su trabajo. Ayuda necesaria del gobierno para que, nuestros impacientes de la pandemia, sean aún más útiles.

Y como no somos el primer país afectado, deberíamos adelantarnos a acontecimientos que han sucedido en países cercanos, como Italia, y a los que hay que dar solución.

El hospital italiano de Brescia, en el corazón de la pandemia, desbordado por el número de afectados, se encontró con un grave problema adicional: la compañía fabricante de las válvulas de los respiradores había roto la cadena de suministros, no podía suministrarlas y la situación derivaba en el fallecimiento de pacientes por no poder ser tratados con respiración asistida. A la emergencia sanitaria se unía la emergencia de suministros.

Así que, en un una especie de conjuro mágico, un grupo de ciudadanos expertos se puso manos a la obra, rediseñando las válvulas y, mediante impresión 3D, fueron capaces de construirlas en seis horas y salvar la vida de ciudadanos infectados y que de otro modo habrían fallecido. Un modelo de colaboración abierta que ha inspirado a otros ciudadanos de otros países para entender que este movimiento, especialmente con la colaboración de expertos del mundo de la salud, en su más amplia acepción, y de la de makers de impresión 3D, es de gran ayuda, de una ayuda necesaria en  tiempo de guerra contra el virus.

Pero esta historia de éxito en la conjunción del conocimiento científico, del saber tecnológico y de la cooperación abierta no está exenta de las miserias que acompañan siempre a las buenas historias. La compañía fabricante, cuando les solicitaron el diseño y estándares de la pieza con la que podrían haber adelantado tiempo y evitado probablemente algún fallecimiento, no solo se los negó sino que además les amenazó con acciones legales derivadas de las patentes de las que eran propietarios en una suerte de sin sentido en ese cóctel de pacientes, patentes e impacientes.

Pero ahora la vida de miles de personas está en riego. Y la ciencia y el conocimiento abierto junto al desarrollo tecnológico y la fabricación colaborativa son más importantes que nunca, porque hacen posible lo imposible y aceleran los tiempos para alcanzar los resultados.

Como MegaBots en San Francisco, que hace unos pocos días lanzaron el proyecto colaborativo Open Source COVID19 Medical Supplies y que cuenta con casi cuarenta mil seguidores y colaboradores a través de Facebook. Un equipo internacional para evaluar, diseñar, validar y fabricar elementos médicos de emergencia que comenzó con una versión de código abierto denominado Open Source Ventilator, un proyecto que permitirá en un plazo esperemos breve construir ventiladores homologados, con miles de participante ya de todo el mundo y muchos españoles entre ellos, como con el proyecto AIRE.

O como Coronavirus Makers, una comunidad española de makers, regada de ingenio, inteligencia colectiva y solidaridad, con más de once mil miembros organizados por provincias, que han puesto al servicio de la lucha contra la epidemia miles de impresoras 3D. Y lo que empezó como un movimiento nacional ha cruzado las fronteras a Colombia, México y otros países de «impacientes de la pandemia» que se han puesto en marcha. En estos momentos ya han fabricado miles de pantallas médicas para nuestros sanitarios, con unos estándares homologados por  países de la UE. Por ejemplo, mil pantallas de protección ya han sido fabricadas en la Región de Murcia por el grupo regional de Coronavirus Makers, montadas, desinfectadas y distribuidas a los hospitales de la Región. Y están con mascarillas, respiradores y otros elementos urgentes, en un movimiento ya imparable.

Por eso es importante que intervengan los gobiernos cuanto antes y la propia Unión Europea para promover el conocimiento abierto, la acción colaborativa de los ciudadanos, reconocer y sobre todo facilitar el trabajo a quienes en estos momentos y de modo altruista están haciendo guerra de guerrillas en esta gran guerra contra el virus.

Lo primero que necesitan en tiempos de pandemia: el acceso a la información de la fabricación de los modelos y el uso gratuito de los mismos para poder fabricar con estándares tan buenos como las piezas originales y para evitar hacer lo que los ingenieros y makers italianos tuvieron que hacer con el diseño inverso. Y ahí los gobiernos deben actuar rápidos para llegar a acuerdos y conseguirlos de los fabricantes en caso de que sean necesarios. Su producción y la rotura de stock no puede ser un límite para resolver esta pandemia mientras existan capacidades disponibles. Y también los gobiernos tienen que ser rápidos en las pruebas y certificación de los prototipos por las autoridades sanitarias para comenzar a fabricar.

La autoridades europeas acaban de anunciar la publicación y uso gratuito de los estándares europeos de catorce artículos de material sanitario: batas, guantes, mascarillas… Y donde hasta ahora se tenían que comprar para su fabricación, ahora el acceso se libera para la misma. Un acierto de la Comisión Europea y del Comisario de Mercado Interior, Thierry Breton, comisario que demostró su sobrada experiencia publico/privada en la comparecencia que tuvo ante la comisión mixta congreso/senado hace apenas unas semanas. Pero es insuficiente y solo debe ser el inicio. Porque es tiempo de actuar, colaborar y huir de discursos de los que ya muchos estamos cansados.

Del mismo modo deberían existir responsables gubernamentales atendiendo específicamente, como ya ocurre en algunas comunidades autónomas, a las necesidades de estos grupos capaces de fabricar en entornos próximos a los hospitales, facilitándoles recursos, pruebas y certificación.

Promover desde las autoridades la ciencia y datos abiertos o la fabricación colaborativa se vuelve cada vez más imprescindible en condiciones ordinarias, pero es urgente y obligatorio en estos momentos, con un adversario que no es ficción sino tan real que nos va la vida en ello. Es tiempo de pasar a la acción y abrirles las puertas, de par en par, a los impacientes de la pandemia.

Escribía hace casi un par de meses sobre «Hygia Pecoris, One Health y la neumonía de Wuhan» afirmando que en ese momento era incapaz de predecir cuál sería su evolución, entre otras cosas porque limitar el impacto depende de la determinación de los gobiernos y el compromiso de sus ciudadanos. Ahora sabemos más. Y sabemos también que si se promueve una investigación abierta, compartiendo resultados y al tiempo se facilita una participación activa de las comunidades de makers, la salida será menos complicada. A ellos, gracias. Muchas gracias.


Manuel Heitor: «La única solución para Portugal, España e Iberia es tener más presencia de Europa y tener una Europa con más presencia de Iberia»

(Versão em português aqui)

Manuel Heitor es, desde 2015, ministro de Ciencia, Tecnología y Educación Superior de Portugal. Cuenta con una dilatada carrera académica como catedrático del Instituto Superior Técnico de Lisboa. Es doctor en ingeniería mecánica por el Imperial College of London. Ha sido profesor visitante en Harvard y Research Fellow en la Universidad de Texas. Fue uno de los cofundadores del Global Network for the Economics of Learning, Innovation and Competence Building Systems (Globelics). Entre 2005 y 2011 fue secretario de Estado de Ciencia, Tecnología y Educación Superior.

José Saramago, en su libro La balsa de piedra, imagina un escenario donde la península ibérica rompe amarras con Europa  y decide navegar sola por el Atlántico en busca de sus raíces americanas y africanas en una suerte de «iberismo» navegable. Usted también ha hecho referencia a esa idea en alguna ocasión. ¿Llegaríamos a buen puerto o quedaríamos perdidos en el Atlántico?

Saramago expresa esa imagen como una crítica social, y cuando yo escribí el artículo utilicé esa idea principalmente para contrarrestarla. Considero que la única solución para Portugal, España e Iberia es tener más presencia de Europa, que sigue teniendo un nivel bajo de penetración en nuestros países, y tener una Europa con más presencia de Iberia y, al tiempo, mantener una posición de atracción y relevancia en el Atlántico. No para salir de Europa, sino lo contrario. Creo que este es un contexto muy interesante para España y Portugal y para la colaboración de ambos países. 

Nuestra relevancia Atlántica se puede lograr, para mí, de dos modos principalmente: por el propio océano y sus costas, pero también por el espacio, por las nuevas fronteras del conocimiento. Y si hace quinientos años Portugal y España estuvieron involucrados en grandes aventuras en lo desconocido, creo que hoy tenemos conocimiento para hacerlo mejor y de una manera más sostenible y duradera. Y, obviamente, el refuerzo de la posición de Iberia en el Atlántico significa tener una estrategia conjunta muy clara, ciertamente con África y con América Latina, pero también con Estados Unidos y Europa en general. 

Como Air Center (Atlantic International Research Center)….

Exacto. Así es como creamos, entre otras estrategias, el AIR Center, una institución en red colaborativa internacional. Para poner en valor a Portugal y España en el contexto atlántico, junto con otros países interesados (incluido Reino Unido, Nigeria, Sudáfrica, Brasil, entre otros), pero mirando nuevos retos, especialmente lo que hoy pueden ser sistemas de bajo coste que integran el conocimiento, como la integración de la inteligencia artificial con la información por satélite. De hecho, después de más de veinte años de Portugal participando en la Agencia Espacial Europea y España participando durante casi veinticinco años, creo que hoy tenemos un desarrollo tecnológico y científico en el área espacial que nos permite mirar mejor al Atlántico con información satelital de bajo costo.

Por lo tanto, posicionarnos en la observación de la Tierra para mejorar la economía y crear empleos es crítico para Portugal. Porque nuestro objetivo no es solo mirar a Portugal y a España, sino comprender cómo podemos crear más y mejores empleos atrayendo a personas de todo el mundo a trabajar en ambos países. 

¿Están convergiendo los países europeos?

Europa tiene problemas que comparten todos los países. Portugal y España tienen presiones demográficas muy altas por el envejecimiento de la población y la escasez de nacimientos junto con las desigualdades económicas que tenemos, realidades que compartimos con muchos países europeos. O los problemas derivados del cambio climático que nos afectan a todos. 

Y al mismo tiempo existe un proceso de transformación digital acelerado. Hoy sabemos que la transformación digital puede y debe crear empleo, pero también sabemos que polariza el empleo. Así que tenemos que estar en el centro de este proceso de creación de empleo utilizando las oportunidades de transformación digital ante realidades como el cambio climático y ante un proceso de presión demográfica. Esto solo se hace con más conocimiento. 

Entonces, la idea que creo que es de interés para Portugal y España es que si trabajan la cohesión con el resto de países europeos pero también la competitividad, pueden converger en Europa pero solo si tienen más conocimiento. Las cuatro C: cohesión y competitividad para la convergencia europea, pero solo con más conocimiento. Porque uno de los problemas, para mí, de los últimos veinte años de Europa, es que los fondos de cohesión se destinaron principalmente a los más pobres y los fondos de competitividad a los más ricos y cuando nos miramos mutuamente en tiempos de crisis, entre 2010 y 2015, Europa se dividió aún más porque los fondos de cohesión y los fondos de competitividad también se dividieron aún más. Y los países ricos obtuvieron los fondos competitivos y los mas pobre los de cohesión. Y tenemos que asegurarnos de que estamos más cohesionado pero que somos más competitivos. Esto, a nivel político en el contexto europeo, es particularmente complejo y difícil. Porque los países del centro y del norte de Europa quieren ser cada vez más ricos y solo ayudar. Y no queremos ayuda. Queremos estar más cohesionados y ser más competitivos. Y, por lo tanto, necesitamos fondos de cohesión pero para ganar competitividad. 

Mediante la creación de nuevo conocimiento…

No puedes perder competitividad. Y esto solo se hace con más conocimiento. Por eso en Portugal hemos creado una estrategia para duplicar nuestra participación en los programas europeos competitivos en el siguiente periodo, como Horizonte Europa. Portugal en el marco actual 2014-2020 podrá atraer alrededor de mil millones de euros, aproximadamente el 1,65% del presupuesto Europeo. Portugal aporta el 1,25% y logró atraer 1,65%. Está bien, pero no es suficiente. Y, por lo tanto, queremos que en el siguiente periodo 2021-2027 se duplique. Que pase a dos mil millones. En mi opinión esto solo se puede hacer si Portugal y España están juntos. Por eso digo Iberia con más Europa y Europa con más Iberia. Debemos ser muy competitivos, no solo obtener fondos de cohesión para el crecimiento regional, sino obtener los fondos para la competitividad con más conocimiento. Y para eso tenemos que unirnos y trabajar juntos con unas redes europeas más fuertes. 

Como saben, Portugal y España lograron atraer financiación competitiviva pero no consiguieron entrar en las grandes iniciativas. Tal vez juntos podamos penetrar mejor en la industria automotriz o la industria aeroespacial. La industria espacial abre unas oportunidades brutales para Portugal y España. Y donde hace veinte años no pudieron entrar con la industria aeroespacial europea monopolizada por unas pocas empresas, especialmente las francesas—, hoy se abre una oportunidad a nuevas empresas. España ya tiene una capacidad considerable con empresas muy interesantes como PLD Space. 

Espero que la relación de Portugal y España se intensifique en esta área al abrir Portugal un puerto espacial y, junto con España y otros países, crear el AIR Center, especialmente para tener información satelital. La idea es construir el futuro y crear más empleos en Portugal y España. Y mejores trabajos para mirar con confianza a las generaciones futuras. 

Es usted conocido por trabajar mucho, dormir poco y comer menos. ¿Cuál es el secreto del éxito del ministro Heitor? 

Creer en las personas y, sobre todo, estimular a los más jóvenes y dar confianza a las generaciones futuras.

Hoy, en cualquier estrategia de conocimiento, tenemos que atraer a las personas, creer en ellas y tener ambición. Hay que poner a los demás por delante. Si estoy en el gobierno es para crear una relación de confianza con las generaciones futuras, no estoy aquí trabajando para mí. Estoy trabajando para otros y especialmente para las generaciones futuras, dando oportunidades a todos. 

Por lo general, cuando lanzo programas de asociación como, por ejemplo, el programa «Go Portugal – Global Science and Technology Partnerships Portugal», mi idea siempre es crear y estimular lo que yo llamo «redes de oportunidades». Sea cual sea el estatus socioeconómico de a quien le pueda interesar. Les da oportunidades a todos. Y cuando invertimos en universidades estadounidenses, fue para dar a los jóvenes portugueses más oportunidades de conocer la realidad del mundo. Como cuando apostamos por INL (International Iberian Nanotechnology Laboratory) o AIR Center. Es, sobre todo, crear redes de oportunidades, porque un país con el tamaño de Portugal tiene que reunir masa crítica suficiente y siempre dependerá de las personas. 

Si durante la crisis la cuestión de tener un sistema de financiación serio y sólido como tema crítico aún estaba en duda, hoy estoy seguro de que el éxito de Portugal y de la relación Portugal-España pasa en gran medida por atraer personas. Porque atraer talento será el activo más valioso que podemos dar. Si tenemos personas, tenemos todo. Por lo tanto hay que creer en las personas, creer en las generaciones futuras y crear oportunidades que serán diferentes a las nuestras, sobre todo si estamos tratando de crear empleos que no sabemos cuáles son. Estamos abriendo oportunidades para que otros las utilicen. Y abrir estas oportunidades siempre es muy difícil. 

¿Qué hace un experto internacional en mecánica de fluidos y combustión como ministro? ¿Es necesario que los profesores de universidad y los científicos sean ministros para que se le preste atención a la investigación o a la educación superior?

Creo que es parte de un gobierno tener un espejo social con diversidad de personas. Lo ideal es tener personas de todos los rangos. Y de todo tipo. Y en el ámbito académico y científico más aún, porque sabemos que las comunidades científicas y académicas están muy cerradas y necesitan abrirse. Yo no estoy en el gobierno representando a las comunidades académicas. Creo que estoy en el gobierno para abrir nuevas oportunidades, aportando también un conocimiento diferente. Pero creo que es importante tener personas de orígenes diferentes en los gobiernos y, sobre todo, comprender los problemas de diferentes tipos de colectivos. 

Es cierto que las comunidades científicas y académicas se han cerrado gradualmente debido a la especialización de su trabajo y, por eso, es cada vez más necesaria una ciencia abierta pero, desafortunadamente, tengo que decir que a nivel mundial creo que las iniciativas existentes están siendo un relativo fracaso. Debido, en parte, a los intereses económicos de los grandes editoriales que se alimentan de los intereses muchas veces «egoístas» de las comunidades académicas que, a su vez, se miden sobre todo con el número de los artículos publicados. El énfasis tendrá que estar cada vez más en la calidad y relevancia del contenido y no en la cantidad o cantidad de publicaciones. Si pudiéramos evitar o uso de los factores de impacto de las publicaciones, las revistas no publicarían tanto y tendrían menos influencia.

¿Y crees que es posible?

Es muy difícil. ¡Me veo en los ideales de mayo de 1968 con respecto a los términos de considerar que «está prohibido prohibir»!

Por lo tanto, debemos valorar sobre todo la calidad y relevancia del trabajo científico y la publicación de sus resultados a través de publicaciones, junto con el acceso abierto a estas publicaciones y la coproducción de conocimiento. El problema de la ciencia abierta es un problema estructural de la comunidad científica mundial, que ha simplificado la evaluación de la calidad de la ciencia con el recuento de artículos. Luego contribuyó a crear los monopolios de las publicaciones que ahora publican los artículos científicos. Tenemos que inventar una fórmula diferente, porque las comunidades científicas también se han cerrado para publicar.

También los gobiernos contribuyen a esta situación cuando sus convocatorias competitivas utilizan los índices de impacto para medir la calidad de la investigación.

Nosotros aquí hemos tratado de evitar por ley el uso de indicadores cuantitativos, especialmente en la evaluación de los recursos humanos y en la contratación de investigadores. Porque no abre la comunidad científica sino que la cierra, y hoy es un estímulo muy malo que va en contra de lo que queremos, que es el conocimiento como un bien público. 

Pero esta cuestión de la especialización del conocimiento muy asociada, sobre todo, con nuestro espíritu latinoamericano del sur es muy corporativa y ha dificultado la relación con diferentes sectores de actividad. Una de las estrategias que usé en los últimos años en Portugal fue fomentar la diversificación de nuestro sistema y la creación de nuevos centros y Laboratorios Colaborativos (CoLABs) donde apoyamos diferentes instituciones y empresas científicas públicas y privadas a crear nuevos laboratorios como agentes de interfaz. 

Como en Madrid la Red de Institutos Madrileños de Estudios Avanzados. O en Alemania el Instituto Fraunhofer desde la Segunda Guerra Mundial. Y en Holanda con el TNO. Y más recientemente en el Reino Unido con los Catapult. Crear más instituciones de interfaz que en el caso portugués fue el resultado de la colaboración de diferentes actores. En los últimos dos años, veintiséis nuevos Laboratorios Colaborativos han recibido apoyo y muchos ya funcionan muy bien. Por ejemplo, CoLAB DTX (transformación digital, en Guimarães) o CoLAB MORE (agricultura de montaña y productos naturales en Bragança). El objetivo es completar las instituciones científicas, que están orientadas hacia la producción científica, para se orienten hacia la creación de empleo cualificado. Se evalúan por la cantidad de trabajos que crean, ya sea directa o indirectamente. Por lo tanto, deben usar el conocimiento disponible para crear mejores empleos.

Ahí pueden ayudar las KICs  (Knowledge and Innovation Communities) del EIT (European Institute of Innovation and Technology). 

Exactamente. Trajimos KIC Digital a Portugal exactamente en esas áreas. Y creo que es muy importante. No reemplaza, ni debería reemplazar la investigación fundamental, pero sabemos que tenemos que diversificar el sistema, incluso para crear confianza en la población en general. Por supuesto, nada reemplaza a un centro de investigación o a un investigador. 

No es la ciencia ciudadana la que cambiará el contexto de la ciencia, pero la cultura científica es importante para crear más confianza en la población porque la relación ciencia-empleo es cada vez más crítica. Debemos convencer a los ciudadanos de que la ciencia crea empleos y no los destruye. En algún momento de los últimos años, con la aparición de tecnologías emergente y disruptivas, como la inteligencia artificial, se ha creado el mito de que las nuevas tecnologías han reducido o van a reducir el empleo. Esto es un mito, no es cierto. Vienen a crear más y mejores  empleos y más cualificados. El problema que tenemos que abordar con gran determinación es que los valores promedio de la creación de empleo con inteligencia artificial y otras tecnologías, están asociados con una creciente diversidad entre las zonas y regiones donde la creación de empleo es efectiva, en comparación con las zonas afectadas por la destrucción del empleo.

¿Cómo se le explica a los ciudadanos el beneficio que tiene para ellos un programa al que se van a destinar más de cien mil millones de euros? ¿Cómo podría explicar para qué sirve Horizonte Europa?

Con el convencimiento de que la ciencia crea más empleos y calidad de vida. Y es por eso que la relación de la ciencia con el empleo y la salud es absolutamente imprescindible. Porque es el modo mas poderoso de que los ciudadanos perciban lo que es la ciencia. Que estén convencidos de que la ciencia cura y crea más y mejores empleos. Y es por eso que en el contexto europeo ponemos tanto énfasis en la misión del cáncer. Todas nuestras familias tienen a alguien hoy afectado por el cáncer. Y si podemos decirle a los ciudadanos en Europa que la ciencia cura el cáncer o que, al menos, pospone la muerte por cáncer, los ciudadanos querrán que se invierta en ciencia. Si conseguimos que tres de cada cuatro enfermos de cáncer tengan una expectativa mejor a largo plazo, que es la misión con el cáncer, las personas, por lo general, creerán más en la ciencia. Por eso creo que es tan importante.

¿Y hemos acertado con las misiones? ¿Europa ha acertado?

Creo que sí, pero me parece que el volumen general de financiación es pequeño. Hace veinte años, cuando aparecieron las asociaciones europeas para la investigación y la innovación, la gran pregunta era si las asociaciones se iban a abrir o cerrar. Y hoy sabemos que las asociaciones han tendido a cerrarse. Por lo tanto, las misiones tienen que ser abiertas. Si no, tienen el efecto contrario. 

Veamos el caso del cáncer. Hoy tenemos el Cancer Core Europe. Que cuenta con una red de siete hospitales principales, uno de los cuales está en Barcelona. Mi objetivo principal es que el Cancer Core Europe esté en todos los países europeos. Porque si la idea de que tres de cada cuatro pacientes con cáncer tengan una mayor esperanza de vida solo ocurre en las áreas más ricas entonces será un fracaso. 

Y entonces, ¿cómo lo hacemos? La misión, en el programa de cáncer, es garantizar que en toda Europa el número de muertes por cáncer se reduzca en un 50%. Es decir, dos de cada cuatro pacientes mueren en menos de dos años y la idea es pasar a que tres de cada cuatro pacientes no mueran al menos dentro de dos años. Para toda Europa. Y en la primera definición de la misión del Cancer Core Europe dijeron: «Esto es solo para las zonas ricas». Esto no tiene interés, porque si no, todavía crea una brecha más grande en Europa. Lo que queremos es reducir las muertes por cáncer y así aumentar la calidad de vida de todas las familias europeas. Si esto se logra, es un gran éxito. 

Es un gran desafío porque la relación, una vez más, entre ciencia, medicina y salud, depende mucho de una articulación muy compleja entre diferentes instituciones. Barcelona es un éxito, he estado visitando muchos centros en Barcelona. Pero sabemos, al menos en Portugal, que es una de las relaciones más complejas entre lo que se hace en centros de investigación, facultades de medicina y enfermería y hospitales. Es una relación muy crítica. Pero es fundamental para la salud y el sistema científico. Creo que la relación entre ciencia y creación de empleo y ciencia y salud es crítica. 

Al final la competitividad está vinculada a la innovación. ¿Tiene Europa falta de líderes en innovación? Porque mi sensación es que estamos empezando a ser el centro de un sándwich tecnológico entre los gigantes americanos y asiáticos. ¿Podemos escapar?

Creo que, en primer lugar, Europa es un excelente lugar para vivir. Los europeos critican mucho, pero Europa sigue siendo el mejor lugar del mundo para vivir. Así que creo seriamente en Europa, especialmente si Europa tiene más Iberia e Iberia tiene más Europa. Pero, en cualquier caso, no podemos ocultar que existe un contexto muy fragmentado de mercados en Europa. Y la innovación requiere mercados. Y cuando los mercados están fragmentados, es mucho más difícil innovar. 

Cuando enseñaba, solía definir la innovación para mis alumnos como la forma en que emprendedores y empresas crean valor al valorar el cambio. Cambio a través del conocimiento o cambio de otros tipo. Pero la idea de crear valor recorre un largo camino hasta crear empleos. La creación de valor depende cada vez más del acceso a los mercados. Y debido a que Europa está fragmentada, los mercados son mercados muy pequeños. Mientras, los Estados Unidos tienen un mercado mucho más grande y viven mucho del mercado único. Por lo tanto, para Europa, la cuestión crítica para la innovación y para el Consejo Europeo de Innovación es abrir más mercados y, sobre todo, mercados externos para contrarrestar esta fragmentación de los mercados europeos. 

La ciencia y el conocimiento son cada vez más globales, sin duda ese es el ADN de la ciencia. Y hay también mercados globales. Pero los temas de innovación siguen estando regionalizados, muy enfocados incluso localmente. La innovación tiene que tener un impacto local, pero también tiene que tener una dimensión global. Y esta contradicción entre lo local y lo global crea muchos complejos a los centros de innovación que solo tienen una acción local. Creo que no es solo un problema de liderazgo. Sobre todo, es un problema comprender lo que es local y al tiempo acceder a los mercados globales.

El programa Catapult esta siendo un programa de éxito en Reino Unido. ¿Podría ser un ejemplo para seguir en Europa?

Lo que hicimos aquí en Portugal fue crear Laboratorios Colaborativos (CoLABs) porque las Catapult tienen mucho dinero público. Es, sobre todo, inversión pública. Nosotros establecimos laboratorios de colaboración con una orientación de financiación a compartir entre: un tercio de los fondos públicos del Estado, un tercio de los fondos competitivos (nacionales y europeos), y un tercio por el sector privado. Un tercio del dinero público, un tercio competitivo y un tercio en la empresa. Pero su composición tenía instituciones y empresas públicas y privadas. La idea, sobre todo, es crear más instituciones de interfaz. Estas instituciones son verdaderamente internacionales y operan en los mercados mundiales. Los centros, como Catapult en Inglaterra o Fraunhofer en Alemania son muy regionales y locales. No tan europeizados.

Pero son modelos en Europa.

Estas instituciones tienen que ser verdaderamente europeas.

Volvamos al EIT  como instrumento europeo.

Exactamente. Y tenemos también que abrir más el EIT y sus KICs a nuevos socios y aumentar su cobertura europea. Pero, nuevamente, estos son problemas muy complejos, porque involucran a personas, instituciones e incentivos. Y no existe una solución única, por eso hemos creado laboratorios colaborativos para acceder a los mercados de globales y, sobre todo, esta idea de que el sistema y sus agentes necesitan ser diversificados. No creo en la transferencia comercial de la universidad. 

Tiene que haber muchas instituciones diferentes. Tiene que haber una malla muy diversa de instituciones entre la creación de conocimiento y la creación de empleo. Y nuestros laboratorios colaborativos son una malla de diferentes instituciones con diferentes misiones y no son ni peor ni mejor, son diferentes entre sí. 

Nosotros, por ejemplo, en educación superior, también otorgamos un alto valor a nuestro sistema no universitario, el sistema politécnico. Lo cual es tener instituciones con diferentes misiones entre sí. No todos los centros de educación superior son universidades. Sé que los españoles no tienen un sistema con dos composiciones, universidades y politécnicos, pero creo que es importante diversificar el tipo de misiones.

Del 2000 al 2004 fue experto de la OCDE en el proyecto «futuro». ¿Imaginaba entonces este futuro?

Creo que el futuro implica aceptar que abordaremos una gran incertidumbre. Nunca tuve que prever el futuro sino, por el contrario, desarrollar capacidades para dialogar con la incertidumbre. Y el futuro siempre será incierto. No sabemos cuál será el futuro. Tenemos que poder reaccionar y ser proactivos ante la incertidumbre. Porque lo único que sé es que aumentará la incertidumbre. 

La incertidumbre, dentro de dos años, será mayor que ahora, por lo que no vale la pena pensar en el futuro. ¿Cómo construimos la capacidad de vivir en un sistema de mayor incertidumbre? La incertidumbre por el cambio climático, por el proceso de transformación digital o, desafortunadamente, por la presión demográfica que tenemos de mayores y menos jóvenes, especialmente en Portugal y España. Tenemos un clima de gran incertidumbre y el reto es cómo podemos dialogar con esta incertidumbre. En lugar de predecir el futuro, creo que debemos desarrollar capacidades para hacer frente a la incertidumbre.

Y como experto en combustión: Brexit, aranceles, independentismo, dos o tres velocidades… ¿Qué más nos puede pasar? ¿Se nos está quemando Europa?

No es sí o no, es cómo. Y es una pregunta que deberíamos hacernos todos. Cada vez tenemos una juventud más globalizada, que viaja más, que globaliza el mundo y también tenemos, al mismo tiempo, más movimientos nacionalistas. Que, de hecho, no entiendo. Pero ¿qué pasa? El Brexit, los movimientos en España, pero también en Bélgica, Alemania… y, por lo tanto, los movimientos nacionalistas, son un campo de creciente incertidumbre y son el resultado del descontento de la gente. 

Nuevamente, ya sea por problemas de desempleo o calidad de vida, tenemos un sistema especialmente capitalista que ha acentuado las desigualdades sociales. Y me parece que estas desigualdades acentúan estos movimientos. Porque si fuéramos menos desiguales, sería normal que hubiera menos movimientos nacionalistas. A medida que enfocamos la riqueza en una fracción muy pequeña de la población y excluimos los mecanismos de distribución de riqueza, se crean muchos polos de desigualdad. Entonces, el problema crítico, para mí, es tratar de entender que los movimientos nacionalistas son el resultado de lo que hemos creado nosotros mismos, que es un sistema que favorece mucho la concentración de la riqueza. Y necesitamos crear riqueza, pero distribuirla mejor. Porque la concentración excesiva de riqueza creó muchas desigualdades y dio lugar a movimientos nacionalistas muy grandes. Y así, en Portugal, España y en toda Europa, tenemos que asegurarnos de que las personas se den cuenta de la necesidad de distribuir mejor la riqueza para dar mejores condiciones a todos. 

Creo que es un tema crítico, que no hay los típicos problemas religiosos, al menos en Europa occidental. Hay otros problemas en el Medio Oriente donde, por ejemplo, la relación con Turquía o Grecia atiende a otras razones profundas asociadas con ideologías religiosas que tienen otra otra naturaleza. Pero, por supuesto, tenemos un sistema que gradualmente favorece cada vez más la concentración de la riqueza. Y este es un drama de nuestras sociedades. El diagnóstico es difícil.

Europa acaba de cambiar y reestructurar a su Colegio de Comisarios. De un portugués que ha trabajo mucho y bien por la ciencia e innovación europea, Carlos Moedas, a Mariya Gabriel, que será responsable de Investigación, Innovación y Mercado Digital Único. ¿Estamos ante la mejor estructura europea para la ciencia y las universidades?

Sí. En primer lugar, creo que el trabajo de Carlos Moedas fue muy importante para crear consenso en Europa sobre la ciencia y la innovación. Es un gran político y ha creado una red de consenso muy importante y, por lo tanto, creo que deja un buen recuerdo en Europa. 

El Tratado Europeo tiene una orientación clara en el área de investigación e innovación y, por lo tanto, no está claro a partir de ahora por qué el título del comisionado ha perdido la palabra investigación. Creo que no debería haberlo perdido y espero que se recupere en la definición. Creo que es malo perderlo. Obviamente es solo un símbolo, porque todo está en la Carta Europea, pero no veo ninguna razón para tomar la palabra educación en su lugar, porque la educación no está en el Tratado Europeo. Sabemos que el desarrollo de la ciencia y la innovación recorre el camino de la educación de los jóvenes y, por lo tanto, también y especialmente en el contexto de la educación superior. Sin embargo, las competencias y responsabilidades de la educación son nacionales, de los países. 

El único programa verdaderamente europeo en educación es el programa de movilidad Erasmus. Es un programa muy importante, pero muy pequeño. Y sabemos que existe un gran desafío para aumentar la movilidad. Ahora, la coordinación del sistema de educación superior con la investigación me parece muy, muy importante.

Aunque no esté recogido en la Carta Europea, uno de los objetivos europeos es el programa de Universidades Europeas. Por tanto, sí que hay una voluntad por parte de los países de que la educación superior, por ejemplo a través de estas universidades europeas, sea un objetivo cada vez más compartido.

Sí. Creo que cuando miramos los últimos treinta años, especialmente desde finales de los ochenta, ha habido un proceso muy importante de uso de los programas marco europeos. Estamos a punto de terminar el octavo que, como saben, ha contribuido a la creación de consorcios de investigación y redes de proyectos. Y luego, la creación del Consejo Europeo de Investigación dio más capacidad para atraer a los jóvenes durante un período de tiempo. Creo que fue un proceso lento, pero muy positivo. Ahora, cuando observamos la construcción de Europa, vemos que hay desafíos claros. Y veo, sobre todo, que el primero es el reclutamiento conjunto de talento. 

Lo que hicimos en Erasmus para que los jóvenes se desplacen, deberíamos hacerlo al reclutar docentes e investigadores. Este es un reto. Porque el Consejo Europeo de Investigación permite la movilidad para que un investigador vaya a una institución por hasta seis años, pero la idea es tener una carrera investigadora en Europa. Por lo tanto, son necesarias carreras conjuntas de reclutamiento e investigación en Europa, donde un investigador podría estar en varios países y en diversas instituciones. Ahí veo la evolución de las llamadas redes universitarias europeas para tener éxito, el camino hacia el reclutamiento y las carreras conjuntas. Entonces podremos pasar a una próxima fase de instituciones aún más complejas. A nivel de acuerdos institucionales o consorcios para garantizar la gobernabilidad de las instituciones, veo la dificultad porque son universidades públicas y, por lo tanto, es complicado. Pero no veo difícil el reclutamiento conjunto. Y esa es, para mí, la única manera de mejorar la circulación del talento en Europa.

Precisamente te iba a preguntar si la movilidad de los investigadores debería ser una cuestión prioritaria en Europa, ya que es fundamental para el crecimiento de la investigación y, a día de hoy, es muy difícil moverse de un país a otro.

Tenemos, por un lado, a Europa en su conjunto, que continúa perdiendo investigadores hacia los Estados Unidos. Por lo tanto, Europa tiene un déficit. Y hay muchos talentos europeos que salen de Europa. Pero, por otro lado, tenemos otros flujos unidireccionales dentro de Europa, especialmente desde las periferias europeas hasta el centro. Tenemos que mejorar nuestras carreras para atraer a otros en lugar de perder. Tenemos que crear condiciones únicas internamente para reducir estos flujos unidireccionales porque las personas buscan mejores condiciones y se van a los países ricos del centro y norte o a algunas áreas ricas que tienen mejores condiciones que en otras. Por lo tanto, tener una carrera investigadora y docente europea donde las personas pudieran moverse entre diferentes países es particularmente difícil. Sé que las instituciones ricas no quieren hacerlo, debido a que esto beneficia a los países más pobres. Yo mismo me lancé en el debate para que la presidencia portuguesa desarrolle carreras de investigación europeas.

Este es un aspecto tan importante como urgente.  

Pero lo veo muy difícil. Considero que Europa aún no está lista para ello. Muchos países no querrán facilitar el trabajo a las personas. Así tienen carreras y reclutamientos. Pero creo que el gran desafío para las universidades europeas es ese. No se trata solo de tener títulos y proyectos conjuntos, que ya lo hacen, sino de reclutar a una persona como profesora en Madrid, Helsinki y Londres.

En este contexto paneuropeo, ¿cómo ve el futuro de las grandes instituciones e instalaciones internacionales dedicadas a ciencia?

Como saben desde España, creo que la época de las grandes instituciones intergubernamentales como el CERN, y más tarde la ESA (European Space Agency), no se podrán repetir. Es muy difícil mantener las cuotas. ESA ya es diferente de CERN. CERN, como saben, va en función del PIB de cada país, es fijo. La ESA es otra discusión.

Cuando comenzamos AIR Center me di cuenta de que es mejor hacerlo mediante una institución no gubernamental porque es muy complejo. Si te fijas, el SKA (Square Kilometer Array) tardó catorce años en normalizarse. En el pasado lo hicieron posible, son instituciones únicas que debemos valorar, pero creo que tenemos que avanzar cada vez más hacia las instituciones en red.

No son realmente intergubernamentales como las veníamos concibiendo, pero sí son internacionales. Por lo tanto necesitamos mucha innovación institucional y contar con instituciones verdaderamente conectadas en red que permitan la contratación conjunta y carreras verdaderamente europeas que permitan el movimiento de personas en Europa para distribuir mejor el conocimiento y la riqueza. Ahora, este es un paso que llevará unos veinte años.

¿La ciencia ibérica es más vulnerable que la de otros países europeos?

Tenemos menos inversión. Y la vulnerabilidad está asociada con el nivel de inversión. Un país que invierte menos del 2% del PIB en investigación y desarrollo es más vulnerable que un país que invierte más. Por lo tanto, la vulnerabilidad está asociada con el nivel de inversión —es decir,  con los países más pobres— porque te quita capacidad para atraer investigadores. Portugal, durante los años de crisis, perdió muchos investigadores, ahora nos hemos recuperado. España también, pero cuanto más atractivo y más diverso es el sistema, menos vulnerable es. 

Todavía tenemos un largo camino por recorrer, pero creo que hay un campo de oportunidades por desarrollar y España tiene un mercado interno muy grande. Por eso creo que Portugal, vinculado a España, tiene mucho interés. Por razones históricas, en los últimos cuatrocientos años las historias de los dos países han estado muy divididas. Portugal está orientado hacia la costa y la zona transfronteriza es una zona desierta en ambos países. Hay que fortalecer este vínculo mediante la creación de nuevos mercados transfronterizos. Creo que es muy, muy importante. Y tenemos excelentes ejemplos, incluso cerca de la frontera. Uno es Bragança. 

Bragança era un área deprimida en el noreste de Portugal, cerca de Zamora. Está cambiando totalmente y no fue por los portugueses. Cambió, sobre todo, atrayendo a brasileños y africanos. Y hoy hay un politécnico con muchos estudiantes, un muy buen centro de investigación y está atrayendo a las empresas, así que, una vez más, estos se debe a los mercados globales que hicieron posible tener una política y una estrategia de intervención totalmente diferentes. 

Otro caso es el de Fundão cerca de Castelo Branco y Salamanca que, a través de una gran empresa francesa, Altran, creó un ecosistema completamente nuevo en el área de las tecnologías de la información. Por lo tanto, hay algunas buenas historias de éxito que nos llevan a creer que en estas áreas transfronterizas se puede crear futuro. Conozco estos dos casos en el lado portugués, pero seguramente también puede haber casos en el lado español, y crear este mercado en la región transfronteriza es muy importante.

Hablemos de Universidad. En 1998 escribió el libro, Nuevas ideas para la universidad. ¿Quedan nuevas ideas para la universidad?

Abrir las universidades a verdaderos espacios de intercambio y romper estigmas. Después de veinte años los desafíos son mucho más urgentes. ¿Por qué? En países como Portugal y España no tengo duda de que las universidad atrajo al mejor talento hace treinta o cuarenta años. Proporcionaron entornos a través de centros de investigación, especialmente para aquellos que querían explorar las nuevas fronteras del conocimiento e hicieron un doctorado e investigaciones. Hoy ya no es así. Hoy veo sobre todo, cuatro desafíos principales, a saber: a) ampliar la base social de participación en la educación superior a una sociedad basada en el conocimiento; b) diversificar y especializar el proceso de enseñanza / aprendizaje en la educación superior, intensificando la actividad de I + D; c) emplear mejor con más y mejor integración entre educación, investigación e innovación y una articulación con las empresas, el tejido productivo y la administración pública; y d) reforzar y ampliar la internacionalización de la educación superior y las actividades de I + D.

En algunas áreas, por ejemplo, la tecnología de la información con la inteligencia artificial o incluso en el área del espacio, que existen entornos empresariales que son muy interesantes y atraen a muchos jóvenes muy talentosos. Por lo tanto, el desafío que enfrentan las universidades hoy en día es proporcionar y facilitar entornos innovadores para atraer a los mejores. De lo contrario, en unos pocos años, tendremos a los peores estudiantes en estudios de doctorado. Esta es una situación límite. 

Necesitamos crear entornos que atraigan claramente a los mejores jóvenes y doctorados. Ahora los jóvenes se están vinculando con empresas y diferentes tipos de instituciones que no se encierran tras esquemas muy conservadores. Y es por eso que las universidades se enfrentan a desafíos cada vez mayores, porque las empresas se dieron cuenta de que tenían que acercarse a las universidades para atraer a las mejores personas. Y las universidades se dan cuenta de que tienen que entender cómo trabajan las empresas para atraer fondos. Y las dos realidades son diferentes, pero tienen que colaborar mucho más porque con este esquema de avance docente vinculado a las publicaciones se están cerrando mucho. Por lo tanto, el principal desafío durante veinte años en Portugal fue la apertura de las universidades. Y hoy sigue siendo el principal desafío en todo el mundo. Apertura, apertura, apertura.

Seguimos teniendo voces críticas sobre la reforma universitaria europea. ¿Bolonia sí o Bolonia no?

Creo que Bolonia trajo, entre otras cuestiones, cursos más cortos y diversos y me parece que fue un éxito. Portugal tuvo una implantación muy diferente a la de España. Y pienso que lo hizo mejor que España al tener más cursos de tres años. Portugal tuvo un problema que facilitó que la ingeniería tuviera cinco años, pero ahora la cortamos y son tres más dos.

Pero tenemos mucho para estimular y promover la capacitación a lo largo de la vida, valorando la especialización y la diversificación continua y sistemática de la fuerza laboral y las empresas. Hoy en Portugal, la comunidad estudiantil tiene una edad promedio de veinticinco años, lo que se compara con alrededor de cuarenta y un años en Dinamarca y en algunos países nórdicos. Esto se debe al hecho de que en el sur de Europa, y particularmente en Portugal y España, los jóvenes ingresan temprano y abandonan la educación secundaria superior muy temprano, ya que los empleadores no fomentan el aprendizaje permanente. Por lo tanto, debemos promover un esfuerzo colectivo para aprender más y durante toda la vida.

Tres de grado y dos de máster.

Exactamente. Y cada vez los títulos de posgrado son más y más cortos. Y cada vez vamos a tener más títulos cortos y más diversos de postgrado y grado. Por eso la diversificación del programa y de Bolonia fue un buen paso que avanzará en el futuro. Veo cada vez más la necesidad de que las universidades diversifiquen sus títulos y tengan títulos muy nuevos y muy cortos, porque el mercado está evolucionando mucho y buscando cosas cada vez más diferentes. 

En España estamos asistiendo a una explosión de la Formación Profesional Dual. ¿La ve complementaria a la universidad? ¿La ve necesaria?

Para nosotros en Portugal también fue un aspecto crítico. Es absolutamente esencial diversificar los esquemas de capacitación. Lo hicimos principalmente a través del sistema politécnico con las formaciones cortas. Los ciclos técnico-profesionales que luego daban acceso a la educación superior, que era la forma de permitirnos abrir la educación superior. Este año, por primera vez, tenemos a más del 50% de los jóvenes de veinte años en la educación superior, muy asociados a la formación corta. Porque las familias vulnerables tienen miedo de ir a un ciclo muy largo y, por lo tanto, las formaciones cortas crean confianza. Y lo que sí sabemos es que aquellos que entran ya no quieren irse. Por lo tanto, el 60% de los que ingresaron a los ciclos cortos continuaron en ciclo largos.

Por tanto, mejor ciclos cortos que ciclos largos. Mejor grados de tres años que de cuatro años. 

Exactamente. Y es por eso que los ciclos de tres años son mejores, porque reducen el abandono y la gente sigue mientras que un curso largo aumenta el abandono y el costo. Es exactamente lo contrario de lo que pensaban los rectores, que creían que con cursos largos  de cuatro o cinco años fidelizaban a las personas y se pagaban más tarifas.

Hay voces críticas que dicen que tenemos muchos egresados universitarios e, incluso, muchos doctores. ¿Tenemos demasiados?

Bueno, no tengo dudas de que no. Tenemos pocos. Y Portugal y España, en este momento, tienen falta de doctores. Los indicadores de Portugal y España son muy similares: formamos anualmente cerca de tres nuevos doctores por cada diez mil habitantes y tenemos alrededor de treinta doctorados por cada diez mil habitantes. Eso es un 30% por debajo de Países Bajos y la mitad de Finlandia o Noruega. Así que tenemos que tener dos indicadores: el flujo, que es el número de nuevos doctores cada año y el stock, cuántos hay. Y Portugal y España son muy similares.

Tenemos un flujo, por lo tanto, por debajo del promedio europeo y un stock muy por debajo. Por supuesto, al decir esto, también digo que también debemos modernizar la capacitación a nivel de doctorado y asegurarnos de que nuestras universidades también se den cuenta de que a los doctores no solo hay que formarlos para ser solo científicos sino también para el mercado laboral. 

La educación doctoral no es solo una formación científica o docente como lo fue hace veinte años, sino que es cada vez una formación más especializada. Y eso cambia completamente la pregunta. En algunas áreas es posible, en otras no es posible. Pero es normal que las personas quieran hacer un doctorado para especializarse en un área, lo que provoca nuevos problemas. ¿Por qué? Porque hay mucho conocimiento especializado que no está en las universidades, sino en las empresas. Mira ahora la inteligencia artificial. Si quiero ir a donde está el mayor conocimiento, no es siempre en la universidad. Está también en las empresas.

Por lo tanto, esto significa que en algunas áreas los doctorados deben realizarse con empresas, porque gran parte de la especialización del conocimiento no siempre se encuentra en la misma institución. Y es por eso que creo que todo lo que entra en la transferencia de conocimiento tiene que ser muy bidireccional. Porque en la universidad hay algún tipo de conocimiento, pero hay otro tipo de conocimiento que está en las empresas, cada vez más. Y si queremos formar a especialistas, tiene que ser con empresas. Las escuelas de economía y negocios han estado haciendo esto durante treinta años. Los MBA eran una forma fácil de obtener expertos en negocios. Los que imparten las clases muchas veces son empresarios, y no profesores que enseñan casos basados en empresas. Y este modelo se puede abrir a otras áreas.

El problema es que sigue habiendo profesores que están convencidos de que no es necesaria esa apertura empresarial.

El típico asunto de corporativismo y falta de apertura. Es el gran desafío. Si las universidades quieren tener más y mejores estudiantes posgraduados, tienen que abrirse a otros ambientes y para estimular nuevas formas de capacitación avanzada, incluso a nivel de doctorado, en entornos de colaboración, en estrecha articulación con las empresas y la administración pública.

Tengo interés en que nos hable de cuatro iniciativas que son muy importantes en relación a España y Portugal: el INL, el AIR Center, PRIMA y la nueva Red Ibérica de Computación que está en desarrollo.  

La idea siempre es buscar una Iberia más competitiva y que trabajando juntos podamos atraer más talento y ser más competitivos. Y así, una vez más, combinar la cohesión con la competitividad de una manera que pueda converger en más conocimiento. INL es hoy un verdadero éxito que atrae a investigadores de todo el mundo. 

El objetivo del AIR Center y la Red Ibérica de Computación es el mismo. Lo que estamos haciendo entre Barcelona y el Centro de Computación Avanzada de Minho, el MACC, donde ya hemos instalado una pequeña supercomputadora, es tratar de dar potencia informática a la península ibérica para que podamos tener la capacidad de atraer más empresas y más investigadores. 

Ahora sabemos que las empresas usan poco la informática avanzada porque se está volviendo costosa. Y, por lo tanto, para reducir los costos comerciales de acceso y uso de la nube, tendrán que recurrir a supercomputadoras más grandes. Por otro lado, el acceso masivo a datos e información requerirá más potencia informática. Es difícil explicar a las personas por qué estamos invirtiendo en algo que no necesitamos hoy. Pero dentro de diez años, definitivamente, lo necesitaremos. El caso del BSC (Centro Nacional de Supercomputación) en Barcelona es un gran éxito; no solo por las ochenta personas que directamente lo componen o por la supecomputadora, también por las quinientas personas que hay alrededor. Esto dio lugar a un ecosistema muy importante en el que tenemos una red informática avanzada relacionada con sus usuarios potenciales. 

De esta manera, nuestra estrategia informática avanzada tiene lo que yo llamo los cinco bites. Por un lado, la computación aplicada a la salud («Health bit»), especialmente en la prevención temprana del cáncer y a cómo se hace a día de hoy mirando las imágenes de tumores; después en el área asociada con el clima («Earth bit»), el cambio climático y la biodiversidad, donde se necesita más información, especialmente en cuanto al clima; luego en cuanto a la movilidad autónoma y las ciudades («mobility bit»), que cada vez necesitan acceso a más información e informática avanzada; también socialmente («Social bit»), porque nuestras redes sociales necesitan información para mantenerse; y luego, obviamente, para el desarrollo científico («science bit»). 

La ciencia necesita cada vez más datos para usar y, por lo tanto, estamos tratando de tener usuarios de supercomputación en una esfera diversa de aplicaciones, para que también tengan la capacidad de comprender por qué necesitamos computación avanzada. Mucha gente me pregunta para qué queremos una supercomputadora. La queremos porque, dentro de unos años, será definición de soberanía. 

¿Qué papel juega la educación superior, la ciencia y la tecnología en la relación entre los países? ¿Confía en la diplomacia científica como instrumento de relación entre países?

La diplomacia científica es cada vez más importante, porque en áreas donde los gobiernos y las empresas no pueden hablar, los científicos pueden ayudar. Creo que el caso más exitoso en el mundo es el sincrotrón SESAME en Jordania que, una vez más, ha logrado reunir a israelíes con jordanos, musulmanes y europeos en una misma sala de trabajo, y son científicos. Los gobiernos no hablan, por lo que este es un caso muy exitoso. 

PRIMA (Partnership for Research and Innovation in the Mediterraean Area) puede ser particularmente importante en este sentido. Sabemos que tenemos problemas en Siria y que los refugiados mueren en el Mediterráneo, principalmente porque estas personas huyen de áreas muy afectadas por el cambio climático en las que no hay trabajo. Y con las sequías, las personas, como no tienen trabajo, tienen que irse. Entonces, la cuestión a la que nos enfrentamos con el efecto del cambio climático en el área mediterránea ya sea en el sur o el norte del Mediterráneo es cómo podemos aumentar la productividad de la tierra usando menos energía, menos químicos y, sobre todo, menos agua porque son áreas muy áridas. Estos son problemas muy complejos que solo será posible resolver con más conocimiento. Y no son simplemente problemas científicos, ya que se trata de resolver temas migratorios desde el conocimiento.

Si Europa puede ayudar al sur del Mediterráneo, y por lo tanto al norte de África, a abordar estos problemas, también tiene una mayor posibilidad de resolver muchas de los problemas que hoy están asociados con flujos migratorios. Así que PRIMA tiene una  relevancia estratégica muy grande para Europa, porque conoce y aborda un problema crítico en el norte de África, que es un área muy afectada por el cambio climático. Sabemos que es un programa que tiene muy poco dinero y el desafío es enorme. Y sabemos que estos son problemas muy difíciles de resolver. Por lo tanto, se necesita mucha persistencia, y hacer ciencia es persistir y tener mucha paciencia. Tomará más tiempo. La pregunta es si tenemos tiempo para esperar… Tal vez se necesitaba más inversión, porque toda la inversión, para mí, es pequeña en cuanto a los términos de tamaño y complejidad del problema.

Usted gestiona ciencia, ministro, y sabemos que el presupuesto no es suficiente en este momento, pero los científicos siempre necesitan más y más. ¿Esto tiene una dimensión? ¿Hasta donde tiene que crecer un sistema de ciencia?

Mi entrada en el gobierno se debió a la sensación de que se necesitaba más y, por lo tanto, teníamos que atraer más inversión y más personas, claramente. Pero también más apertura.

No habrá ciencia en el futuro ni el tamaño aumentará si la ciencia ya no es responsable de elevar la calidad de vida y la calidad del empleo de las personas. Porque, para que sea sostenible, la gente tiene que darse cuenta de que la ciencia es útil. Obviamente, existe un conocimiento científico intrínseco y necesita algo de tiempo. Hubo un gran autor portugués, José Almada Negreiros, que tiene un libro en el que dice: «A ciência requer um tempo que cada um de nós não dispõe» [«La ciencia requiere de un tiempo del que cada uno de nosotros no dispone»]. ¿Entiendes? Y de hecho, este es un dilema al que nos enfrentamos. Vimos que desde las ecuaciones de Einstein se tardaron cuarenta años hasta que apareció el primer láser. Y luego tomó otros treinta años para que apareciera la primera miniatura láser. Hoy vamos a un óptico o a un dentista y nos tratan con un láser. Así que tomó ochenta años usar las ecuaciones de Einstein para sanar un diente o un ojo. Y por lo tanto, lleva tiempo.

¿No le da la impresión de que los científicos estamos enfadados siempre? A mí, sobre esta discusión permanente entre científicos y gobierno, me gusta pensar en aquello que decía Galdeano sobre la utopía: que es como el horizonte, y que cuanto más avanzamos, más se aleja, pero que sirve para que caminemos.

Pero creo que esto es algo bueno. Aunque muchos investigadores se piensen que es fácil encontrar financiación, me parece que esta presión es buena.

Me preocupa más lo contrario, que haya tan pocos movimientos sociales a favor de la ciencia. No ves manifestaciones de científicos. Es muy raro. Y creo que lo que realmente falta es activismo científico para impactar verdaderamente en la sociedad. Las pocas manifestaciones de los científicos que hay no tienen relevancia social, económica o política. Muy poca. Los agricultores cierran las carreteras y van a Bruselas. Nunca he visto investigadores europeos en Bruselas cerrando la ciudad y pidiendo más inversión. Y a veces hay algunas manifestaciones, pero siempre son pequeñas, muy pequeñas… Siempre tienen muy poco impacto. 

Al decir esto, no estoy pidiendo manifestaciones, pero creo que hay que señalar que los científicos se cierran mucho, que son poco activistas en el sentido positivo. Hay que hacer activismo científico para llamar la atención de las personas. No es suficiente con pedir dinero a los gobiernos. Porque los gobiernos dan lo que los ciudadanos piden. Y lo que vemos, no solo en Portugal, sino en España, es que la ciencia no tiene cabida en las campañas electorales. Nunca he visto ciencia en el centro de las campañas electorales en cualquier país o región.

De hecho, la ciencia no es relevante. Y esto también es culpa de los científicos. No hacen que la ciencia sea relevante en la vida cotidiana. El cierre de la ciencia fue un problema hace veinte años y sigue existiendo. Y eso necesita más activismo científico. Lo que sí sabemos es que no es suficiente para los científicos exigirle al gobierno. Sobre todo, tienen que pedirle a la gente que le pregunte a los gobiernos. Lo que tiene impacto es la gente. Nunca he visto una manifestación en París, Berlín, Londres, o en Madrid pidiendo más dinero para la ciencia. 

¿Cree que los ciudadanos perciben a los científicos como «unos de los nuestros»?

Debemos tener cuidado. Los científicos no pueden ser considerados personas diferentes de los demás. Un científico típico pide dinero y dice: «Soy una persona aparte, necesito más dinero y una carrera especial». Eso es un peligro porque enfrenta a las personas con los científicos. Es importante que la sociedad se dé cuenta de que los científicos son iguales a los demás. Y todos los movimientos del tipo: las carreras de los investigadores tienen que ser diferentes o la ciencia no paga el IVA, podemos crean estigmas sociales contra la ciencia. 

Uno de los principios del programa Ciência Viva, que creó hace treinta años José Mariano Gago, era mostrar a las personas que los científicos son iguales a los demás y que todos los jóvenes tienen acceso al conocimiento y pueden aspirar a ser científicos Y eso no ha cambiado. Porque, si consideramos que los científicos tenemos diferentes reglas o ventajas, creamos divisiones en la sociedad. Sé que es complejo, pero la mayoría de los científicos no tienen mucha cultura científica. Por lo tanto, la cultura científica en una sociedad también debe ser responsabilidad de los científicos. Pero aún hoy, hay pocos científicos que se preocupen por la cultura científica de la población.

En España, y probablemente suceda lo mismo en Portugal, la cultura siempre se ha asociado a las humanidades y las letras, no a la ciencia. Mi sensación es que ese cambio se está produciendo pero es muy lento.

Estoy totalmente de acuerdo. La ciencia es parte de la cultura, sin duda. Pero los científicos deben estar involucrados. No hay cultura científica sin científicos, ni política científica sin ciencia, ni ciencia sin política científica. Pero el tema crítico es que hoy en día en muchas universidades no viven un ambiente abierto y de efectiva cultura científica debido a que la hiperespecialización tiene a los científicos tan centrados y cerrados que muchos de ellos no tienen cultura científica.

¿Necesitamos volver a la Ilustración, esa época en la que la ciencia y el humanismo iban más de la mano que ahora?

Yo no creo que hayan caminado juntas. Quiero decir, eso pasó al comienzo del Renacimiento y solo eran dos o tres. La evolución del conocimiento desde el siglo XVII y, especialmente, en el siglo XVIII, forzó la especialización. Hoy somos mejores que hace veinte, cien o quinientos años atrás. Estamos mejor, pero cuanto más conocimiento tenemos, más complejo es. No soy nada apologista del pasado. Creo que, especialmente en Portugal y España, hoy estamos mucho mejor que hace cuarenta años o hace cuatrocientos años. Y, por supuesto, queremos dar una cultura humanista, pero estos son otros desafíos. Pero no volviendo al pasado, porque el pasado fue peor. Muy pocos tenían acceso al conocimiento.

¿Qué visión se tiene de España, en estos momentos, desde Portugal?  

Muy buena. Todos nosotros hemos sido educados para mirar a España con mucho cariño. Recuerdo que cuando era niño, lo mejor que nos podían decir era que íbamos a Badajoz a comprar caramelos y Coca-Cola, o a Madrid o Barcelona. Por lo tanto, los portugueses le tienen mucho cariño y adoran ir a España. Los primeros viajes que hacen todos los portugueses es llevar a sus hijos a España. España es un gran paradigma. Por lo tanto, la imagen de España y los españoles resulta muy positiva para los portugueses. 

Por supuesto, los acontecimientos políticos, especialmente en Cataluña, han planteado muchas cuestiones de incertidumbre. ¿Por qué? Porque tenemos que darnos cuenta de que Cataluña facilitó los movimientos de independencia de Portugal hace trescientos años. Pero, en cualquier caso, Portugal siempre ve a España con gran afecto y de una manera muy positiva. Por lo tanto, los portugueses siempre quieren trabajar con los españoles. Y creo que a veces España ve a Portugal como algo más bajo debido a su tamaño. Pero creo que en el lado portugués hay un gran cariño y atención por España. Hay muchos portugueses trabajando en España, siempre los ha habido y siempre los habrá. 

Portugal, como era un país cada vez más pobre, siempre estuvo muy abierto a la colaboración. Yo siempre vi a España como un país más rico. España representaba calidad de vida. Incluso en los días de la dictadura franquista, se iba a España a beber Coca-Cola. Hoy los niños ya no entienden que no podíamos beber Coca-Cola en Portugal. Por lo tanto, creo que hay una relación de gran amistad, cariño y apertura para trabajar siempre con España.  

Y para finalizar, lo importante: ¿arroz de pato portugués o arroz de marisco español?

Ni lo uno ni lo otro. Yo no soy muy de arroz. Me quedo con las gambas sin el arroz. [Risas]


Manuel Heitor: «A única solução de Portugal, de Espanha e da Ibéria é ter mais Europa e ter uma Europa com mais presença na Ibéria»

Tradução: Adrián Ramos

(Versión en español aquí)

Manuel Heitor é, desde 2015, Ministro da Ciência, Tecnologia e Ensino Superior de Portugal. Tem uma longa carreira académica como professor do Instituto Técnico Superior de Lisboa. É doutor em Engenharia Mecânica pelo Imperial College de Londres. Foi professor visitante em Harvard e Research Fellow da Universidade do Texas. Foi um dos co-fundadores da “Global Network for the Economics of Learning, Innovation and Competence Building Systems” (Globelics). Entre 2005 e 2011, foi Secretário de Estado da Ciência, Tecnologia e Ensino Superior.

José Saramago, no seu livro La balsa de piedra, imagina um cenário em que a Península Ibérica rompe a ligação com a Europa e decide navegar sozinha pelo Atlântico em busca das suas raízes americanas e africanas numa espécie de “iberismo” navegável. Também se referiu a essa ideia ocasionalmente. Chegaríamos a bom porto ou perder-nos-íamos no Atlântico?

A ideia do Saramago é uma crítica social e quando escrevi esse artigo era, sobretudo, para a contrariar. Considero que a única solução de Portugal, de Espanha e da Ibéria é ter mais Europa e ter uma Europa com mais presença na Ibéria, mas, ao mesmo tempo, valorizar a sua posição relativa no Atlântico. Não é, obviamente, sair da Europa. É, exatamente, o contrário. Este é um contexto hoje muito interessante, penso eu, para Espanha, para Portugal e para a colaboração de ambos os países. 

Trabalhando em conjunto, Portugal e Espanha, certamente podemos contribuir mais para a Europa e isso pode fazer-se, quanto a mim, de duas formas principais: pela relação atlântica, mas também pelo espaço e pelas novas fronteiras do conhecimento. E se há quinhentos anos Portugal e Espanha se envolveram em grandes aventuras no desconhecido, penso que hoje já temos mais conhecimento para fazê-lo melhor e de uma forma mais sustentável e duradoura. E, obviamente, o reforço do posicionamento da Ibéria no Atlântico passa por ter-se uma estratégia conjunta muito clara, certamente com África e com a América Latina, mas também com os Estados Unidos e com a Europa de uma forma geral.

Como Air Center (Atlantic International Research Center)…

Exato, foi assim que criámos, entre outras estratégias, o Air Center, uma instituição em rede colaborativa internacional, para poder valorizar Portugal e Espanha no contexto atlântico, juntamente com outros países interessados (incluindo o Reino Unido, a Nigéria, a África do Sul e o Brasil, entre outros), mas olhando para novos desafios, sobretudo aquilo que pode ser hoje os sistemas de baixo custo integrando conhecimento, como a inteligência artificial com a informação por satélite. De facto, ao fim de mais de vinte anos de Portugal a participar na ESA (European Space Agency) e de a Espanha já participar há quase vinte e cinco anos, eu considero que hoje temos um desenvolvimento tecnológico e científico na área espacial que nos permite olhar muito mais para o Atlântico com informação de baixo custo por satélite.

Por isso, posicionar o Air Center na observação da terra, mas criando economia e empregos com base nisso, é crítico para Portugal. Porque a nossa questão é não apenas olhar para Portugal e Espanha, mas perceber como é que nós podemos criar mais e melhores empregos, atraindo pessoas de todo o mundo para trabalharem em Portugal e Espanha. 

Os países europeus estão a convergir?

Portugal e Espanha têm pressões demográficas muito grandes e se olharmos para, por um lado, as pressões demográficas e o envelhecimento da população, juntamente com as desigualdades económicas que ainda existem e quando, é que consideramos que ainda estamos desiguais face ao centro da Europa. Temos potencial para crescer. Ou com as questões das alterações climáticas que nos afetam a todos. 

Mas, também, com um processo de transformação digital que está em curso acelerado. Hoje sabemos que a transformação digital pode e deve criar emprego, mas também polariza o emprego. Portanto, temos que estar no centro deste processo de criação de emprego, usando as oportunidades da transformação digital face às alterações climáticas e face a um processo de pressão demográfica. Isso só se faz com mais conhecimento. 

Por isso, a ideia que eu apresento para Portugal e Espanha tem interesse. Se trabalharem com mais coesão, mas também com mais competitividade, podem convergir para a Europa se tiverem mais conhecimento. Portanto os quatro C: coesão e competitividade para a convergência europeia, mas só com mais conhecimento. Porque um dos problemas, quanto a mim, dos últimos vinte anos da Europa, que é a nossa história, é que os fundos da coesão foram, sobretudo, para os mais pobres e os fundos da competitividade para os mais ricos e quando olhamos para os períodos de crise, entre 2010 e 2015, a Europa dividiu-se mais, porque também os fundos de coesão e os fundos de competitividade foram divididos. E temos juntos de garantir que estamos mais coesos, mas mais competitivos. Isto, politicamente e no contexto europeu, é particularmente complexo e difícil. Porque os países do centro e norte da Europa querem, cada vez, ser mais ricos e apenas ajudar. E nós não queremos ajudas. Nós queremos é ser mais coesos e mais competitivos. E, portanto, precisamos de fundos de coesão para ganhar competitividade. 

Ao criar novos conhecimentos…

Não podem perder competitividade. E isto só se faz com mais conhecimento. Por isso é que em Portugal iniciámos uma estratégia para duplicar a nossa participação em programas europeus no próximo quadro, com Horizonte Europa. Portugal, entre o atual quadro 2014-2020, vai conseguir atrair cerca de mil milhões de euros. Sensivelmente 1,65% do orçamento europeu. Portugal contribui com 1,25% e conseguiu atrair 1,65%. É bom, mas não chega. E, portanto, queremos duplicar no próximo quadro 2021-2027. Passar para dois mil milhões. Isto, quanto a mim, só se consegue fazer se Portugal e Espanha estiverem juntos. Por isso é que eu digo: Ibéria com mais Europa e Europa com mais Ibéria. E, portanto, ir buscar mais competitividade, não apenas ir buscar fundos de coesão pelo retorno geográfico, mas ir buscar os fundos para a competitividade com mais conhecimento. E, para isso, temos que nos unir e trabalhar juntos com as redes europeias mais fortes.  

Como sabem, Portugal e Espanha conseguiram atrair o financiamento competitivo, mas nas grandes parcerias não conseguimos penetrar. E, talvez, juntos consigam penetrar melhor naquilo que é a indústria automóvel e a indústria aeroespacial. A indústria espacial abre uma nova oportunidade brutal para Portugal e Espanha, porque são sistemas de baixo custo em que há vinte anos não era possível entrar e hoje a indústria aeroespacial europeia está tão monopolizada por tão poucas empresas, sobretudo francesas, que abre uma nova oportunidade a novas empresas. Espanha já tem uma capacidade considerável, com empresas muito interessantes, como a PLD Space.

Espero que a relação de Portugal e Espanha, nessa área também, permita abrir em Portugal um porto espacial e, em conjunto com a Espanha, criarmos o Air Center, sobretudo para termos informação por satélite. A ideia é construir o futuro e criar em Portugal e Espanha mais empregos. E melhores empregos para olharmos com confiança para as futuras gerações.

É conhecido por trabalhar muito, dormir pouco e comer menos. Qual é o segredo do sucesso do ministro Heitor?

É acreditar nas pessoas e, sobretudo, ter a ambição e criar uma relação de confiança com as futuras gerações.

Hoje, o conhecimento e a ciência estão longe de ser… De terem uma grande relevância política. Mas, esencialmente, pôr sempre os outros e as futuras gerações à frente. Se eu estou no governo, é para criar uma relação de confiança com as futuras gerações. Não estou aqui a trabalhar para mim. Estou a trabalhar para os outros e, sobretudo, para as futuras gerações, dando oportunidades a todos. 

Eu costumo dizer, quando lancei, por exemplo, esse programa do Go Portugal – Global Science and Technology Partnerships Portugal, a minha ideia é sempre criar o que eu chamo redes de oportunidades. Portanto, darmos oportunidades a todos, qualquer que seja o seu estatuto socioeconómico. E quando investimos nas universidades americanas, foi para dar mais oportunidades aos jovens portugueses de conhecer a realidade do mundo. Como quando apostámos no INL (International Iberian Nanotechnology Laboratory) ou no Air Center. É, principalmente, criar redes de oportunidades, porque um país com a dimensão de Portugal tem que juntar massa crítica suficiente e dependerá sempre das pessoas.

Se durante a crise ainda se pôs em dúvida a necessidade de ter um sistema de financiamento muito sério e sólido como uma questão crítica, hoje tenho a certeza que o sucesso de Portugal e da relação Portugal-Espanha passa muito por atrairmos pessoas. Porque atrair talento será o bem mais valioso que podemos dar. Se tivermos pessoas, temos tudo. Portanto, acreditar nas pessoas, acreditar nas futuras gerações e criar oportunidades que serão diferentes das nossas. Se, sobretudo, estamos a tentar criar empregos que não sabemos quais é que são. E, portanto, é abrir oportunidades para que as outras pessoas possam explorá-las. E abrir essas oportunidades é sempre muito difícil.  

O que é que um especialista internacional em mecânica de fluidos e combustão faz como ministro? É necessário que professores e cientistas universitários sejam ministros para dar atenção à pesquisa ou ao ensino superior?

Penso que faz parte de um Governo ter um espelho diversificado de pessoas. O ideal é ter pessoas de todas as gamas e de todos os tipos. Porque, obviamente, sabemos que as comunidades científicas e académicas são muito fechadas e fecharam-se muito. E precisam de abrir. E, por isso, eu não estou no Governo a representar as comunidades académicas. Eu considero que estou no Governo para abrir novas oportunidades, também trazendo um conhecimento diferente. Mas acho que é importante nos governos haver pessoas de todas as origens e, sobretudo, que percebam os diferentes tipos de comunidades. 

É verdade que as comunidades científicas e académicas se têm gradualmente fechado devido à especialização do seu trabalho. E, por isso, é uma dificuldade necessária para a ciência se abrir. Mas, infelizmente, tenho que dizer que ao nível do mundo, penso que é um fracasso. Porque não consegue vingar devido, por um lado, aos interesses económicos das grandes editoras, que são alimentados pelos interesses egoístas das comunidades académicas que querem é medir-se com artigos publicados. A ênfase terá que estar cada vez mais na qualidade e relevância do conteúdo e não na quantidade ou qualidade das publicações. Se nós conseguíssemos proibir que fossem usados fatores de impacto relativos ao número de publicações, as revistas também não publicavam tanto.

E entende que é possível?

É muito difícil.

Devemos valorizar, acima de tudo, a qualidade e a relevância do trabalho científico e a publicação dos seus resultados por meio de publicações, juntamente com o acesso aberto a essas publicações e a coprodução de conhecimento. Mas o problema da ciência aberta é um problema estrutural da comunidade científica a nível mundial, que simplificou a avaliação da qualidade da ciência com umas contagens de artigos que depois criou os monopólios de publicações que agora se reproduzem. Temos que conseguir inventar uma fórmula diferente, porque as comunidades científicas também se fecharam para poder publicar.

Os governos também contribuem para essa situação quando usam índices de impacto para medir a qualidade da pesquisa.

Nós aqui tentámos pôr isso na lei para proibir a utilização de fatores quantitativos. Sobretudo na avaliação de recursos humanos e na contratação de investigadores. Porque isto não abre a comunidade científica. Fecha-a e é um estímulo hoje muito mau, contrariando aquilo que nós queremos, que é o conhecimento como um bem público.  

Mas esta questão da especialização do conhecimento, muito associada, principalmente, ao nosso espírito latino do Sul, é muito corporativo e tem dificultado a relação com diferentes setores de atividade. Uma das estratégias que eu usei, nos últimos anos em Portugal, foi fomentar a diversificação do nosso sistema e a densificação com novas instituições colaborativas, criando os laboratórios colaborativos como instituições onde obrigámos diferentes instituições científicas, públicas e privadas, a criarem novos laboratórios como instituições de interface.  

À semelhança da Red de Institutos Madrileños de Estudios Avanzados, em Madrid. Ou algo que na Alemanha o Instituto Fraunhofer faz desde a Segunda Guerra Mundial. E na Holanda. E, mais recentemente, no Reino Unido com os Catapult. Criar mais instituições de interface, mas, no caso Português, resultaram da colaboração de diferentes atores. Alguns estão a funcionar muito bem, com o CoLAB DTC, em Guimarães, ou o CoLAB MORE, em Bragança. Porque em vez de serem orientados para a produção científica, são orientados para a criação de emprego. São avaliados por quantos empregos criam, quer diretamente, quer indiretamente. Portanto, devem usar o conhecimento disponível para criar emprego.

Lá podem ajudar as KICs (Knowledge and Innovation Communities) do EIT (European Institute of Innovation and Technology)

Exatamente. E nós trouxemos a Quick Digital para Portugal, exatamente nessas áreas. E penso que é muito importante. Não substitui nem deve substituir a investigação fundamental, mas nós sabemos que temos que diversificar o sistema, até para criar confiança na população em geral. Naturalmente, nada substitui um centro de investigação ou um investigador.

Eu penso que não é a ciência cidadã que vai mudar o contexto da ciência. A cultura científica é importante, mas para criar mais confiança na população, é cada vez mais crítica a relação ciência/emprego. A ideia de que a ciência cria emprego e de que não o destrói. Porque, a certa altura, nos últimos anos, com a emergência e a massificação da inteligência artificial, criou-se o mito de que as novas tecnologias reduziam o emprego. Esse é um mito, não é verdade. Vêm criar mais emprego. Portanto, a ciência tem que criar mais emprego. Quer na criação de emprego, quer na criação da qualidade de vida. O problema que temos de enfrentar com grande determinação é que os valores médios da criação de empregos com inteligência artificial e outras tecnologias estão associados a uma crescente diversidade entre áreas e regiões onde a criação de empregos é eficaz, em comparação com as áreas afetadas pela destruição do emprego.

Como explica aos cidadãos o benefício de um programa para o qual serão disponibilizados mais de 100.000 milhões de euros? Como poderia explicar para que serve a Horizonte Europa?

Com a convicção de que a ciência cria mais empregos e qualidade de vida. E é por isso que a relação da ciência com o emprego e a saúde é absolutamente essencial. Porque é a única forma que as pessoas, de uma forma geral, percebem o que é a ciência. A ciência cura. E por isso é que nós pusemos tanta ênfase no contexto europeu na missão do cancro. Todas as nossas famílias têm alguém, hoje, afetado por cancro. E se nós pudermos dizer aos cidadãos na Europa, a ciência cura o cancro. Ou, pelo menos, adia a morte do cancro. E se conseguirmos garantir que três em cada quatro doentes de cancro têm uma perspetiva longa de vida, que é a missão do cancro, as pessoas, de uma forma geral, acreditam mais na ciência. Por isso eu acho que é tão importante.

E nós acertamos as missões? A Europa está certa?

Acho que sim, mas acho que o volume global de financiamento é pequeno.  

Há vinte anos, quando apareceram as JTI’s e as parcerias, a grande questão era se as parcerias iam ser abertas ou fechadas. E hoje sabemos que as parcerias tenderam a ser fechadas. Portanto, as missões têm que ser abertas. Senão, têm o efeito contrário. 

Vejamos o caso do cancro. Hoje temos o European Cancer Core. Que tem uma rede de sete grandes hospitais, um dos quais em Barcelona. O meu principal objetivo é que o European Cancer Core esteja em todos os países europeus. Porque se esta ideia de três em cada quatro doentes de cancro terem uma perspetiva de vida só ocorrer nas zonas mais ricas e nas outras ser o contrário, então é o falhanço. 

E, por isso, como é que nós conseguimos? A missão do cancro é garantir que, por toda a Europa, o número de mortes por cancro seja reduzido em 50%. Quer dizer, dois em cada quatro doentes morrem em menos de dois anos e a ideia é passar para três em cada quatro doentes não morrerem, pelo menos, num prazo de dois anos. Em toda a Europa. E na primeira definição da missão pelo European Cancer Core, eles diziam “Isto é só para as zonas ricas.” Isso não tem interesse, porque senão ainda cria um fosso maior na Europa. O que nós queremos é reduzir as mortes por cancro e, portanto, aumentar a qualidade de vida de todas as famílias europeias. Se isso se conseguir, é um grande sucesso.  

É um desafio muito grande, porque a relação, mais uma vez, entre a ciência, a medicina e a saúde depende muito de uma articulação bastante complexa entre diferentes instituições. Barcelona é um caso de sucesso. Eu tenho ido muito ao centro de Barcelona. Mas sabemos, pelo menos em Portugal, que é das relações mais complexas entre o que se faz nos centros de investigação, nas escolas de medicina e nos hospitais. É uma relação muito crítica. Mas é crítica para a saúde e para o sistema de ciência. Eu acho que a relação entre a ciência e a criação de emprego e a ciência e a saúde são críticas. 

No final, a competitividade está ligada à inovação. Faltam à Europa líderes em inovação? Porque sinto que estamos a começar a ser o centro de uma sanduíche tecnológica entre os gigantes americanos e asiáticos. Podemos escapar?

Eu considero, antes de mais, que a Europa é um grande lugar para se viver. Os Europeus criticam muito, mas a Europa ainda continua a ser o melhor lugar do mundo para se viver. Portanto, acredito seriamente na Europa, sobretudo se a Europa tiver mais Ibéria e a Ibéria tiver mais Europa. Mas, em todo o caso, não podemos esconder que há um contexto muito fragmentado de mercados na Europa. E a inovação requer mercados. E quando os mercados são fragmentados, é muito mais difícil inovar. 

Quando dava aulas, definia a inovação aos meus estudantes como a forma como os empresários e as empresas ou os empreendedores criam valor valorizando a mudança. A mudança através do conhecimento ou mudança noutros tipos. Mas a ideia de criar valor passa muito por criar emprego. A criação de valor depende, cada vez mais, de aceder a mercados. E como a Europa está muito fragmentada, os mercados são muito pequenos. Enquanto nos Estados Unidos existe um mercado muito maior, que vive muito do mercado único. E, por isso, a questão crítica para mim, na Europa de inovação e de European Innovation Council, é abrir mais mercados e, principalmente, mercados externos e contrariar esta fragmentação dos mercados europeus. 

A ciência e o conhecimento são cada vez mais globais e os investigadores trabalham, indiscutivelmente, sendo o tal ADN da ciência. Os mercados são globais. Mas, depois, os temas de inovação focaram-se muito e regionalizaram-se no local. A inovação tem que ter um impacto local, mas tem que ter uma dimensão global. E esta contradição entre o local e o global cria muitos complexos àquilo que são os centros de inovação que têm só uma ação local. Eu penso que não é um problema de lideranças só. É um problema, essencialmente, de perceber o que é local e, ao mesmo tempo, aceder a mercados globais.

O programa Catapult está a ser um programa bem-sucedido no Reino Unido. Poderia ser um exemplo a seguir na Europa?

O que nós aqui fizemos em Portugal foi criar os laboratórios colaborativos. Porque os Catapult têm muito dinheiro público. É, sobretudo, investimento público. Nós criámos os laboratórios colaborativos na mesma orientação: um terço, um terço, um terço. Um terço de dinheiro público, um terço competitivo e um terço na empresa. Mas a composição deles tinha instituições públicas e privadas e empresas. A ideia, sobretudo, é criar mais instituições de interface. É estas instituições serem verdadeiramente internacionais e operarem em mercados globais. E, por isso, se nós temos uma estrutura científica já relativamente internacionalizada, estes centros, como o Catapult em Inglaterra ou o Fraunhofer na Alemanha, são muito regionais e locais. Não tão europeizados.

Mas eles são modelos na Europa.

Estas instituições têm que ser, verdadeiramente, europeias.

Vamos voltar ao EIT como um instrumento europeu.

Exatamente. E também temos que abrir mais o EIT e as suas KICs a novos parceiros e aumentar a sua cobertura europeia. Mas, mais uma vez, são problemas muito complexos, porque envolvem pessoas, instituições e incentivos. E não há uma solução única, mas nós criámos os laboratórios colaborativos para poder aceder a mercados de exploração e, sobretudo, a esta ideia de que as instituições de interface são muito críticas, porque o sistema precisa de ser diversificado. Eu não acredito na relação universidade-empresa.  

Tem que haver muitas instituições diferentes. Tem que haver uma malha muito diversificada de instituições entre a criação do conhecimento e a criação de emprego. E, portanto, isto é uma malha densificada de diferentes instituições com diferentes missões e não são piores nem melhores, são diferentes umas das outras.

Nós, por exemplo, no ensino superior, também estamos a valorizar muito o nosso sistema não universitário, o sistema politécnico. Que é para ter instituições com missões diferentes umas das outras. Nem todas são universidades. Eu sei que os espanhóis não têm um sistema com duas composições, universidades e politécnicos, mas eu penso que é importante para diversificar o tipo de missões.

De 2000 a 2004, foi um especialista da OCDE no projeto “Futuro”. Imaginou esse futuro então?

Eu acho que o futuro passa sempre por ter a conceção de abordarmos uma grande incerteza. Eu nunca tive a necessidade de prever o futuro, mas, pelo contrário, de criar capacidades para se dialogar com incerteza. E o futuro será sempre incerto. Não sabemos qual é que vai ser o futuro. Temos é que ter capacidade para reagir e ser proativos face ao nível de incerteza. Porque a única coisa que eu sei é que a incerteza vai aumentar.

A incerteza, daqui a dois anos, vai ser maior do que agora, portanto, não vale a pena estarmos a pensar o que é que vai ser o futuro. Como é que criamos capacidades para viver num sistema de maior incerteza? A incerteza que é traduzida quer pelas alterações climáticas, quer pelo processo de transformação digital, quer, infelizmente, por uma pressão demográfica que temos, com mais velhos e menos jovens, sobretudo em Portugal e Espanha. E, por isso, temos um clima de grande incerteza. E como é que nos capacitamos para dialogar com essa incerteza? Mais do que prever o futuro, acho que é desenvolver capacidades para poder enfrentar a incerteza.

E como especialista em combustão: Brexit, tarifas, independência, duas ou três velocidades… O que mais pode acontecer connosco? A Europa está a queimar-nos?

Não é sim ou não, é como. É uma questão que nos deve fazer refletir a todos. 

Cada vez temos uma juventude mais globalizada, que viaja mais, mas também temos, ao mesmo tempo, mais movimentos nacionalistas. Que, de facto, não se percebem. Mas que ocorrem. Os Brexit, os movimentos em Espanha, mas também na Bélgica, na Alemanha. E, portanto, os movimentos nacionalistas, que são campo de uma incerteza crescente e que são resultado do descontentamento das pessoas.

Mais uma vez, ou pela falta de emprego ou por questões de qualidade de vida, mas, de facto, nós temos um sistema, sobretudo de base capitalista, que tem acentuado as desigualdades sociais. Parece-me a mim que estas desigualdades acentuam estes movimentos. Porque se fôssemos menos desiguais, era normal que houvesse menos movimentos nacionalistas. À medida que concentramos a riqueza numa fração muito pequena da população e que excluímos a riqueza e os mecanismos de distribuição de riqueza de muitos, criam-se muitos polos de desigualdade. E, por isso, a questão crítica, quanto a mim, é tentarmos perceber que os movimentos nacionalistas são o resultado daquilo que nós próprios criámos, que é um sistema que favorece muito a concentração de riqueza. Nós precisamos de criar riqueza, mas de a distribuir melhor. Porque a concentração excessiva de riqueza criou muitas desigualdades e criou movimentos nacionalistas muito grandes. E, por isso, em Portugal, em Espanha e em toda a Europa, temos que garantir que as pessoas percebem a necessidade de melhor distribuir, quanto a mim, a riqueza, para dar melhores condições a todos.

Penso que esta é uma questão crítica, que não há questões tipicamente religiosas, pelo menos na Europa Ocidental. Há outras questões no Médio Oriente e, por exemplo, a relação com a Turquia ou com a Grécia, tem outras razões profundas associadas a ideologias religiosas que têm outra natureza. Mas que, naturalmente, temos um sistema que, gradualmente, cada vez favorece mais a concentração de riqueza. E esse é um drama das nossas sociedades.

O diagnóstico é difícil.

A Europa acaba de mudar e reestruturar o seu Colégio de Comissários. De um português que trabalhou muito e bem para a ciência e a inovação europeias, Carlos Moedas, a Mariya Gabriel, responsável pela pesquisa, inovação e mercado único digital. Estamos diante da melhor estrutura europeia para ciências e universidades?

Sim. Antes de mais, acho que o trabalho do Carlos Moedas foi muito importante para criar consensos na Europa sobre a ciência e a inovação. Ele é um grande político e criou uma rede de consensos muito importante e, portanto, penso que ele deixa uma boa memória na Europa.

O Tratado Europeu tem uma orientação clara na área da investigação e da inovação e, por isso, desde já, não se percebe porque é que o título da Comissária perdeu a palavra research. Acho que não devia ter perdido e espero que venha a ser recuperada na definição. Acho que é mau perder. É um símbolo, porque na Carta Europeia está lá tudo, mas não vejo razão para tirar a palavra educação, porque a educação não está no Tratado Europeu. Sabemos que a articulação da ciência passa muito (ou o desenvolvimento da ciência e da inovação passa muito) pela educação dos jovens e, por isso, o contexto do ensino superior é muito claro. Agora, mais uma vez, a questão da educação é uma questão nacional, dos países.

O único programa verdadeiramente europeu é o programa da mobilidade Erasmus. É um programa muito importante, mas muito pequeno. Sabemos que há um desafio grande de aumentar a mobilidade. Agora, a coordenação do sistema de ensino superior com investigação parece-me a mim que é muito, muito importante.

Embora não esteja incluído na Carta Europeia, um dos objetivos europeus é o programa Universidades Europeias. Portanto, existe uma vontade dos países de que o ensino superior, por exemplo através dessas universidades europeias, seja um objetivo cada vez mais compartilhado.

Sim. Eu penso que quando olhamos para os últimos trinta anos, sobretudo desde o final dos anos 80, tem havido um processo muito importante de usar os programas quadro. Já vamos a concluir o oitavo, como sabe, na criação de consórcios de investigação e de redes de projetos. E depois a criação do European Research Council deu mais capacidade para atrair jovens durante um período de tempo. Acho que foi um processo lento, mas muito positivo. Agora, quando olhamos para a construção da Europa, vemos que há desafios claros. E eu vejo, sobretudo, que o primeiro é o recrutamento conjunto.  

Aquilo que fizemos no Erasmus para os jovens circularem, devíamos fazer no recrutamento dos docentes e dos investigadores. Esse é um desafio. Porque o European Research Council permite a mobilidade para um investigador ir para uma instituição durante um período até seis anos. Mas a ideia é ter uma carreira de investigação na Europa. Portanto, o recrutamento conjunto e as carreiras de investigação na Europa, onde um investigador pudesse estar em vários países e em várias instituições. E, portanto, eu vejo a evolução das chamadas redes das universidades europeias que, para serem bem-sucedidas, o respetivo caminho passa pelo recrutamento conjunto e as carreiras conjuntas. Poderemos ir, depois, a uma fase seguinte ainda mais complexa das instituições. As instituições serem mesmo instituições multinacionais. Mas vejo isso difícil, porque estas são universidades públicas e, portanto, vejo muito difícil. Mas não vejo difícil o recrutamento conjunto. E é a única forma, quanto a mim, de se poder melhorar a circulação de talento na Europa.

Eu ia perguntar se a mobilidade dos investigadores deveria ser uma questão prioritária na Europa, pois é essencial para o crescimento da pesquisa e, hoje, é muito difícil mudar de um país para outro.

Nós temos, por um lado, a Europa no seu global, que continua a perder investigadores para os Estados Unidos. Portanto, a Europa tem um défice. E há muitos talentos europeus que saem da Europa. Mas, por outro lado, temos dentro da Europa outros fluxos unidirecionais, sobretudo das periferias para o centro. E, por isso, temos que melhorar as nossas carreiras, para atrair outros, em vez de perder. E temos, internamente, de criar condições únicas para reduzir estes fluxos unidirecionais, porque as pessoas vão à procura de melhores condições. E sabemos que vão para países ricos do centro e do norte ou para algumas zonas ricas que têm melhores condições do que noutras. Portanto, termos uma carreira de investigação europeia e uma carreira de docente europeu onde as pessoas pudessem circular entre os diferentes países é particularmente difícil. Sei que as instituições ricas não querem. Porque isto beneficia os países mais pobres e, portanto, eu próprio lancei o debate para a presidência portuguesa desenvolver as carreiras europeias de investigador.

Este é um aspeto importante e urgente.

Mas vejo-o muito difícil. Vejo que a Europa não está, ainda, preparada para isso. Muitos dos países não vão querer facilitar que as pessoas circulem verdadeiramente com trabalhos. Portanto, ter carreiras e recrutamentos. Mas penso que o grande desafio das universidades europeias é isso. Não é apenas ter projetos conjuntos. É ter o recrutamento, uma pessoa ser professor em Madrid, em Helsínquia e em Londres.

Nesse contexto pan-europeu, como vê o futuro de grandes instituições e instalações internacionais dedicadas à ciência?

Como sabe, em Espanha, eu penso que o tempo das grandes instituições intergovernamentais, como o CERNE e depois a ESA (European Space Agency), não se vão conseguir fazer mais. Muito difícil manter as quotas. A ESA já é diferente do CERNE. O CERNE, como sabe, é  fixado em função do PIB de cada país.. A ESA é outra discussão.

Eu percebi, quando criámos o Air Center, que era melhor ir para uma instituição não governamental, porque é muito complexo. E vê que o SKA (Space Kilometer Array) está há catorze anos para ser formalizado. Foram outras alturas que o possibilitaram, são instituições únicas que devemos valorizar, mas eu acho que temos que avançar cada vez mais para instituições em rede.

Que não são intergovernamentais, portanto, precisamos de muita inovação institucional e de ter instituições verdadeiramente em rede, que possibilitem o recrutamento conjunto e carreiras europeias com a circulação das pessoas na Europa para melhor distribuir, também, o conhecimento e a riqueza. Agora, é um passo que ainda vai demorar uns vinte anos.

A ciência ibérica é mais vulnerável do que a de outros países europeus?

Temos menos investimento. A vulnerabilidade está associada ao nível de investimento. Um país que invista menos do que 2% do PIB em investigação e desenvolvimento é mais vulnerável do que um país que invista mais. Portanto, a vulnerabilidade está associada ao nível de investimento, quer dizer, com os países que são mais pobres, porque é a capacidade de atrair investigadores. Portugal, durante os anos de crise, perdeu muitos investigadores, agora já recuperámos. A Espanha também, mas quanto mais for a capacidade de atrair e mais diversificado for o sistema, menos vulnerável é.  

Temos ainda um percurso grande a percorrer, mas acho que há um campo de oportunidade cada vez maior para nos desenvolvermos e Espanha tem um mercado interno muito grande e, por isso, é que eu acho que Portugal, ligado com Espanha, tem muito interesse. Por razões históricas, nos últimos quatrocentos anos, as histórias dos dois países dividiram-se muito. Portugal orientou-se para a costa litoral e também a zona transfronteiriça é uma zona deserta nos dois países. E reforçar esta ligação também criando novos mercados transfronteiriços acho que é muito, muito importante. E nós temos excelentes exemplos, até perto da fronteira. Um é Bragança. 

Bragança, que era uma zona deprimida no nordeste português, perto de Zamora. Está a ser totalmente mudada e não foi com portugueses. Foi, sobretudo, atraindo brasileiros e africanos. E hoje tem um Instituto Politécnico com muitos estudantes, tem um centro de investigação muito bom e está a atrair empresas para se localizarem ali e, portanto, mais uma vez, são mercados globais que possibilitaram ter uma política e uma estratégia de intervenção totalmente diferentes. 

Outro caso é o de Fundão, perto de Castelo Branco e perto de Salamanca que, através de uma grande empresa francesa, Altran, criou todo um novo ecossistema na área das tecnologias de informação. Portanto, começa a haver alguns bons casos de sucesso que nos levam a acreditar que nestas zonas transfronteiriças é possível criar futuro. Conheço estes dois casos do lado português, mas com certeza que poderá haver, também, casos do lado espanhol e criar este mercado na região transfronteiriça é muito importante.

Vamos falar sobre universidade. Em 1998, escreveu o livro Novas Ideias para a Universidade. Existem novas ideias para a Universidade?

Abrir as universidades a verdadeiros espaços de intercâmbio e romper estigmas. Passados vinte anos, isto não melhorou nas universidades e, hoje, os desafios são muito mais urgentes. Porquê? Em situações como as de Portugal e Espanha, as universidades, não tenho dúvida nenhuma, atraíam os melhores talentos, há trinta ou há quarenta anos. Porque providenciavam ambientes através dos centros de investigação, sobretudo para aqueles que queriam explorar as novas fronteiras do conhecimento e faziam um doutoramento. Hoje já não é assim.

Hoje vejo em algumas áreas, por exemplo nas tecnologias de informação, com o advento e a massificação da inteligência artificial, ou mesmo na área do espaço, que há ambientes empresariais que são muito interessantes e que atraem muitos jovens com muito talento. E, por isso, o desafio que hoje as universidades têm é providenciar e facilitar ambientes inovadores para atrair os melhores. Caso contrário, daqui a uns anos, temos a fazer os doutoramentos os piores estudantes. Isto é uma situação limite. 

É preciso criar ambientes que atraiam claramente os jovens com maior talento, que passam muito por uma ligação cada vez maior com as empresas, com diferentes tipos de instituições e não as instituições fecharem-se atrás de esquemas muito conservadores. E, por isso, as universidades correm desafios cada vez maiores, porque as empresas perceberam que tinham que se aproximar das universidades para atrair as melhores pessoas. E as universidades percebem que até têm que entender como é que as empresas funcionam para atrair financiamento. E as duas realidades são diferentes, mas têm que colaborar muito mais e, portanto, as universidades, também com este esquema de progressão de docentes ligado muito às publicações, estão-se a fechar e continuam a fechar-se muito. Por isso,, o principal desafio há vinte anos em Portugal era a abertura das universidades. E hoje isto continua a ser o principal desafio em todo o mundo. Abertura, abertura, abertura.

Continuamos a ter vozes críticas sobre a reforma das universidades europeias. Bolonha sim ou Bolonha não?

Eu acho que Bolonha, sobretudo o que fez, foi ter cursos mais curtos e mais diversificados e isso acho que foi um sucesso. Portugal teve uma adoção bastante diferente da Espanha. E penso que melhor do que a Espanha por ter mais os cursos com três anos. Portugal teve um problema, que facilitou as engenharias serem de cinco anos, mas que agora nós cortámos e agora volta tudo a ser três mais dois.

Mas temos muito a estimular e a promover a aprendizagem ao longo da vida, valorizando a especialização e diversificação contínua e sistemática da força de trabalho e das empresas. Hoje em Portugal, a comunidade estudantil tem uma idade média de 25 anos, em comparação com cerca de 41 anos na Dinamarca e em alguns países nórdicos. Isso se deve ao fato de que no sul da Europa, e particularmente em Portugal e Espanha, os jovens ingressam cedo e abandonam o ensino médio muito cedo, pois os empregadores não incentivam a aprendizagem ao longo da vida. Portanto, devemos promover um esforço coletivo para aprender mais e ao longo da vida.

Três de licenciatura e dois de mestrado.

Exatamente. E cada vez as pós-graduações são mais e mais curtas. E cada vez vamos ter mais diplomas de pós-graduação e de formação inicial curtos e muito diversificados. E, por isso, a diversificação do programa de Bolonha foi um bom passo, mas vai avançar. No futuro eu, cada vez mais, vejo a necessidade de as universidades diversificarem muito o tipo de licenciaturas e terem licenciaturas muito novas, muito curtas, porque o mercado está a evoluir muito e procura coisas cada vez muito diferentes.

Em Espanha, estamos a assistir a uma explosão de Formação Profissional Dual. Vê isso como complementar à Universidade? Considera necessário?

Em Portugal também foi crítico. É absolutamente essencial diversificar os esquemas de formação. Nós fizemos isto, sobretudo, através do sistema politécnico com as formações curtas. Os cursos técnico-profissionais que depois dão acesso ao ensino superior e foi a forma de possibilitar que nós abríssemos o ensino superior. Este ano, pela primeira vez, temos mais do que 50% dos jovens de vinte anos no ensino superior, muito associado às formações curtas. Porque as famílias vulneráveis têm receio de ir para um curso muito longo e, portanto, as formações curtas criam confiança. E o que nós sabemos é que aqueles que entram, depois já não querem sair. Portanto, 60% daqueles que entraram nas formações curtas continuaram.

Portanto, ciclos curtos são melhores do que ciclos longos. São melhores as licenciaturas de três anos do que de quatro anos.

Exatamente. E é por isso que os cursos de três anos são melhores, porque reduzem o abandono e as pessoas vão-se movendo. Um curso longo aumenta o abandono e aumenta o custo. E é exatamente o contrário do que os reitores achavam que ia acontecer, porque fidelizavam as pessoas para pagar mais propinas.

Há vozes críticas que dizem que temos muitos licenciados e até muitos doutorados. Nós temos muitos?

Bem, eu não tenho dúvida nenhuma que não. Que temos poucos. E Portugal e Espanha, neste momento, têm é falta de doutores. Portugal e Espanha estão a formar, sensivelmente, o mesmo, três doutores por cada dez mil habitantes. Que é 30% abaixo do que a Holanda está a fazer e é metade do que a Finlândia ou a Noruega fazem. Portanto, nós temos que ter dois indicadores: o fluxo, que é quantos é que formamos por ano, e o stock, quantos é que existem. E Portugal e Espanha são muito semelhantes.

Temos um fluxo, portanto, abaixo da média europeia e um stock muito abaixo. Naturalmente que, dizendo isto, digo que também é preciso modernizar a formação ao nível do doutoramento e garantir que também as nossas universidades percebem que os doutores não são formados apenas para ir para cientistas. São formados para ir para o mercado de trabalho.

A formação do doutoramento não é apenas uma formação de cientistas ou de professores como era há vinte anos, mas é cada vez mais uma formação de especialistas. E isto muda completamente a questão. Em algumas áreas é possível, noutras não é possível. Mas é normal que as pessoas queiram fazer um doutoramento para se especializarem numa área, o que induz novos problemas. Porquê? Porque há muito conhecimento especializado que não está nas universidades, que está nas empresas. Veja-se agora na inteligência artificial. Se eu quiser ir onde está o maior conhecimento, não é na universidade. É nas empresas.

E, por isso, tal mostra que em algumas áreas, os doutoramentos têm que ser feitos com as empresas, porque muita da especialização do conhecimento não está sempre na mesma instituição. E por isso é que eu acho que tudo quanto se fala em transferência de conhecimento, tem que ser muito bidirecional. Porque na universidade há algum tipo de conhecimento, mas há outro tipo de conhecimento que está nas empresas, cada vez mais. Se queremos formar especialistas, tem que ser com as empresas. As escolas de economia e gestão fazem isto há trinta anos. Os MBA’s foram uma forma fácil de ir buscar especialistas às empresas. São eles que dão as aulas, porque quem sabe de gestão são os empresários, não são os professores. E, por isso, são programas mistos tipicamente, onde vêm muitos empresários dar umas aulas e em que os casos são sobre empresas. E, portanto, esse modelo pode ser aberto a outras áreas.

O problema é que ainda existem professores convictos de que a abertura empresarial não é necessária.

A questão típica do corporativismo e da abertura. É o grande desafio. Se as universidades querem ter melhores estudantes, têm que se abrir a outros ambientes e estimular novas formas de formação avançada, mesmo ao nível do doutoramento, em ambientes colaborativos, em estreita coordenação com empresas e administração pública.

Estou interessado em falar sobre quatro iniciativas que são muito importantes em relação a Espanha e Portugal: o INL, o AIR Center, o PRIMA e a nova Rede Ibérica de Computadores que está em desenvolvimento.

A ideia é sempre olhar para uma Ibéria mais competitiva e que juntos, Portugal e Espanha a trabalhar juntos, consigamos atrair mais e ser mais competitivos. E, por isso, juntando mais uma vez a coesão com a competitividade de uma forma que se possa convergir com mais conhecimento. O INL hoje é um verdadeiro sucesso que atrai investigadores de todo o mundo.  

O objetivo do Air Center é o mesmo que na Rede Ibérica de Computação Avançada. Aquilo que estamos a fazer entre Barcelona e o Minho Advanced Computing Centre, o MACC, onde já instalámos um pequeno supercomputador, é tentar darmos capacidade de computação na Península Ibérica para podermos ter a capacidade de atrair mais empresas, mais investigadores. 

Nós hoje sabemos que as empresas usam pouco a computação avançada, porque usam muito, mas está a sair caro, a cloud, a rede, a nuvem. E, portanto, também, para reduzir os custos das empresas, vão ter que recorrer mais a grandes supercomputadores. Por outro lado, o acesso massivo a dados e informação vai requerer mais poder de computação. É difícil explicar às pessoas, porque nós estamos a investir em algo de que hoje não precisamos. Mas daqui a dez anos, vamos com certeza precisar. Eu acho que o caso de Barcelona, do BSC, é um caso de grande sucesso, porque não são as oitentas pessoas nem o supercomputador dentro da capela, são as quinhentas pessoas à volta. Aquilo criou um ecossistema muito importante e temos uma rede articulada de computação avançada, sobretudo usando os seus potenciais utilizadores. 

Por isso, a nossa estratégia de computação avançada tem o que eu chamo os cinco bites. Por um lado, olhar para a saúde (Health bit), para a computação na saúde, sobretudo para a prevenção precoce de cancros e, como hoje é feito, olhando para imagens de tumores. Toda a área associada ao clima (Earth bit), às mudanças climáticas e à biodiversidade, precisa de mais informação, sobretudo do clima. À mobilidade (Mobility bit). Cada vez mais, nas cidades, os temas de mobilidade e a mobilidade autónoma precisam de acesso a mais informação, precisam da computação avançada. A parte social (Social bit), porque as nossas redes sociais precisam de informação para ser guardada e depois, obviamente, ao desenvolvimento científico (Science bit). 

A ciência cada vez precisa de mais dados para ser usada e, portanto, estamos a tentar ter utilizadores da supercomputação, numa esfera diversificada de aplicações, para que haja também uma capacidade de perceber por que é que precisamos de computação avançada. Muitas pessoas perguntam-me para que é que queremos um supercomputador. Queremos porque, daqui a uns anos, vai ser definição de soberania. 

Qual o papel do ensino superior, da ciência e da tecnologia nas relações entre os países. Confia na diplomacia científica como instrumento de relacionamento entre países?

A diplomacia científica é cada vez mais importante, porque em áreas onde os governos e as empresas não conseguem falar, os cientistas podem ajudar. Penso que o caso mais bem-sucedido a nível do mundo é o CESAM, na Jordânia, que conseguiu pôr na mesma sala de trabalho israelitas com jordanos, muçulmanos com europeus, todos cientistas. Os governos não falam e, portanto, esse é um caso de grande sucesso.

PRIMA (Partnership for Research and Innovation in the Mediterraean Area) pode ser particularmente importante, porque sabemos que hoje, se temos os problemas na Síria ou os refugiados a morrerem no mediterrâneo, estão associados, sobretudo, às pessoas a fugirem de zonas altamente afetadas por alterações climáticas e onde não há emprego. E com as secas, as pessoas, como não têm emprego, têm que sair. E, por isso, a questão do efeito das alterações climáticas na zona do mediterrâneo, quer no mediterrâneo sul, quer no mediterrâneo norte, é como conseguimos aumentar a produtividade da terra, usando menos energia e, sobretudo, com menos água, porque são zonas muito áridas. São problemas muito complexos que só com mais conhecimento é que são possíveis. E não são problemas meramente científicos, como se está a ver com os refugiados e com o problema que está na Síria.

Se a Europa conseguir ajudar o mediterrâneo sul e, portanto, o norte de África, a combater estes problemas, também tem uma maior possibilidade de resolver muitos dos problemas que hoje estão associados à Europa com os problemas migratórios. Por isso, o PRIMA tem uma relevância estratégia para a Europa muito grande, que é, com o conhecimento, abordar um problema crítico do norte de África, uma zona altamente afetada por mudanças climáticas. Sabemos que é um programa que tem muito pouco dinheiro para o desafio. O desafio é gigante. E sabemos que são problemas muito difíceis. Portanto, é preciso muita persistência e fazer ciência é persistir e ter muita paciência. Vai demorar, se calhar, mais tempo e a questão é se temos tempo para poder esperar… E, talvez, precisava de mais investimento, porque todo o investimento, quanto a mim, está a ser pouco face à dimensão e à complexidade do problema.

Enquanto ministro, administra a ciência  e sabemos que o orçamento não é suficiente atualmente, mas os cientistas precisam sempre de mais e mais. Isso tem uma dimensão? Até que ponto um sistema científico precisa crescer?

Eu, quando vim para o governo, foi pela sensação que tinha que é preciso mais e, portanto, é preciso vir atrair mais investimento e mais pessoas, claramente que sim. Mas também mais abertura.

Não haverá ciência no futuro e a dimensão não aumentará se a ciência não for mais responsável por aumentar a qualidade de vida e a qualidade de emprego. Porque, para ser sustentável, as pessoas têm de perceber que a ciência é útil. Obviamente há conhecimento científico intrínseco e precisa de algum tempo. Havia um grande autor português, o José Almada Negreiros, que tem um livro onde dizia “A ciência requer um tempo que cada um de nós não dispõe.” Percebe? E, de facto, este é um dilema com que nós nos deparamos. Nós vimos que as equações de Einstein demoraram quarenta anos até aparecer o primeiro laser. E depois demorou mais trinta anos a aparecer a primeira miniatura do laser e hoje vamos a um oculista, a um dentista e somos tratados com um laser. Assim, demorou oitenta anos a conseguirmos usar as equações do Einstein para curarmos um dente ou um olho. E, portanto, é preciso tempo.

Não tem a impressão de que os cientistas estão sempre zangados? Para mim, sobre essa discussão permanente entre cientistas e governo, gosto de pensar no que Galdeano disse sobre a utopia: que é como o horizonte e que quanto mais avançamos, mais se afasta, mas serve para nos fazer andar.

Mas eu acho que é bom. Apesar de muitos investigadores acharem que é fácil aumentar o dinheiro, eu acho que é essa pressão é positiva.

Preocupa-me mais o contrário, o facto de haver tão poucos movimentos sociais a favor da ciência. Não vê manifestações de cientistas. É muito raro. E penso que há verdadeiramente falta do ativismo científico com impacto na sociedade. As poucas manifestações que há de cientistas não têm qualquer relevância social, económica ou política. Muito pouca. Os agricultores fecham estradas e vão para Bruxelas. Nunca vi os investigadores da Europa em Bruxelas a fechar a cidade e a pedirem mais investimentos. Nunca vi. E às vezes há algumas manifestações, mas são sempre pouco, muito pouco… Têm sempre muito pouco impacto. 

Eu, a dizer isto, não estou a pedir que venham para aqui fazer manifestações. Mas acho que temos que chamar também a atenção para o facto de que os cientistas se fecham muito e de que são pouco ativistas no sentido positivo. De fazer ativismo científico com impacto para dar responsabilidade às pessoas. Porque não basta pedir dinheiro aos governos. Porque os governos dão aquilo que os cidadãos pedem. E o que nós vemos não só em Portugal, mas em Espanha, eu nunca vi uma campanha eleitoral onde a ciência tenha… Eu nunca vi a ciência nas campanhas eleitorais.

De facto, não é relevante a ciência. E isso é, também, culpa dos cientistas. Não conseguem que a ciência seja relevante no dia-a-dia. O isolamento da ciência era há vinte anos um problema e continua a ser. E isso precisa de mais ativismo científico. O que sabemos é que não basta os cientistas pedirem ao governo. Têm que, sobretudo, pedirem às pessoas para as pessoas peçam aos governos. O que tem impacto é as pessoas. Eu nunca vi em Barcelona uma manifestação ou em Madrid a pedir mais dinheiro para a ciência. 

Considera que os cidadãos percebem os cientistas como “um dos nossos”?

Mas acho que também é preciso ter cuidado, que os cientistas não podem ser considerados pessoas diferentes dos outros. Um cientista típico pede dinheiro, diz “Eu sou uma pessoa à parte, preciso de mais dinheiro e uma carreira especial.” Isso é um perigo. Porque isso leva as pessoas a irem contra os cientistas. É importante a sociedade perceber que os cientistas são iguais aos outros. E todos os movimentos, por exemplo, as carreiras de investigadores são diferentes. Ou a ciência não paga o IVA. Tudo isso cria, depois, estigmas sociais contra a ciência. 

Um dos princípios do programa Ciência Viva, do José Mariano Gago, que ele criou há trinta anos, era mostrar às pessoas que os cientistas são iguais aos outros. E que não são diferentes. Porque se considerarmos que os cientistas têm regras ou regalias diferentes, isso cria clivagens na sociedade. Portanto, eu sei que é complexo. Mas a maior parte dos cientistas não tem muita cultura científica. Portanto, a cultura científica, numa sociedade, também tem que ser responsabilidade dos cientistas. Há muito poucos cientistas que se preocupam com a cultura científica da população.

Em Espanha, e provavelmente o mesmo acontece em Portugal, a cultura sempre esteve associada às humanidades e letras, não à ciência. Sou da opinião que essa mudança está a ocorrer, mas de forma muito lenta.

Estou totalmente de acordo. A ciência é uma parte da cultura, não há dúvida nenhuma. Não há cultura científica sem cientistas e não há política científica sem ciência, nem há ciência sem política científica. Mas a questão crítica, e sou muito contra os meus próprios colegas e ambientes, é que hoje em muitas universidades não se vive um ambiente de cultura científica, porque a especialização focou e isolou tanto os cientistas que há muitos cientistas típicos que não têm cultura científica.

Precisamos de voltar ao Iluminismo, aquela época em que a ciência e o humanismo andavam de mãos dadas mais do que agora?

Eu acho que não andavam mais. Quer dizer, isso é o princípio do renascimento. Mas eram só dois ou três. A evolução do conhecimento desde os séculos XVII e XVIII obrigou à especialização e, portanto, o conhecimento especializou-se. Mas estamos hoje melhor do que estávamos há vinte, há cem ou há quinhentos anos. Estamos melhor. Mas quanto mais conhecimento temos, mais complexo é. Eu não sou nada apologista do passado. Acho que o passado é, sobretudo em Portugal e Espanha, estamos muito melhor hoje do que há quarenta anos ou de que há quatrocentos anos. E, por isso, naturalmente, que queremos dar uma cultura humanista, mas esses são outros desafios. Mas não é voltar ao passado, porque o passado era pior. Eram muito poucos aqueles que tinham acesso ao conhecimento.

Qual é a sua visão de Espanha, agora, desde Portugal?

Muito boa. Todos nós fomos educados a olhar para Espanha com muito carinho. Eu lembro-me que quando era uma criança, a melhor coisa que nos podiam dizer era para ir a Badajoz comprar caramelos e coca-cola ou ir a Madrid ou a Barcelona. Portanto, os portugueses têm um carinho e adoram ir a Espanha. As primeiras viagens que todos os portugueses fazem é levar os filhos a Espanha. Espanha é um grande paradigma. Portanto, a viagem de Espanha e dos espanhóis é uma imagem muito positiva em Portugal.

Claro que os acontecimentos políticos, sobretudo na Catalunha, têm lançado muitas questões de incerteza. Porquê? E, obviamente, quando nós percebemos a independência portuguesa há trezentos anos atrás, temos que perceber que a Catalunha, na altura, facilitou os movimentos de independência em Portugal. Mas, em todo o caso, Portugal vê a Espanha sempre com muito carinho e de uma forma muito positiva. Portanto, os portugueses querem sempre trabalhar com os espanhóis. Já penso que, às vezes, a Espanha vê Portugal como um nível mais abaixo, devido à dimensão. Mas eu penso que do lado português há um carinho e uma atenção muito grande para com Espanha e um interesse enorme em trabalhar e, portanto, há muitos portugueses a trabalhar em Espanha, sempre houve, sempre haverá. 

Portugal, como foi um país sempre mais pobre, foi sempre muito aberto à colaboração. Eu via sempre a Espanha como um país mais rico. Representava qualidade de vida. Coisas que não se podiam fazer em Portugal, mesmo no tempo da ditadura do Franco, já se ia a Espanha beber coca-cola. Hoje os miúdos já não percebem, nós não podíamos beber coca-cola em Portugal. Mas, portanto, eu acho que há uma relação de grande amizade, carinho e de grande abertura para trabalhar sempre com Espanha.  

E, finalmente, o importante: arroz de pato português ou arroz de marisco espanhol?

Nem um nem outro. Não sou muito de arroz. Mas prefiro os camarões sem arroz. [Risos]


Ciberganaderos

Mauricio Lima (CC BY 2.0)

Como es conocido, deus ex machina es un recurso que los griegos y romanos utilizaban en sus obras para salir de los atolladeros en los que se habían metido en una trama argumental sin salida. Ante estas situaciones, un brazo articulado rescataba a los actores de situaciones cuanto menos delicadas. Como cuando la sacerdotisa Medea escapa en el carro del Sol que le había regalado su abuelo Helios, en esa eterna obra de Eurípides. Del mismo modo, podría haber resuelto una satisfactoria escapada de un guerrero griego ante el ataque de una veintena de persas. Soluciones tan inesperadas como satisfactorias y, en ocasiones, espectaculares. 

En este recurso griego debieron pensar algunos neoyorkinos cuando en el último momento de la crisis de las boñigas aparecieron los automóviles. Para refrescar la memoria, los excrementos de caballo cubrían las calles de Nueva York a finales del siglo XIX. Y no solo generaban un problema de salud pública, sino que incluso modificó la arquitectura de la ciudad, promoviendo las cinematográficas escaleras de acceso a los edificios que, de este modo, contribuían a aislarlos de las inmundicias callejeras. Para que se hagan una idea de número, a finales del XIX había en Londres unos diez mil taxis de caballos y unos cincuenta mil caballos de carga. Y Nueva York triplicaba estos volúmenes, con sus deyecciones diarias, liquidas y sólidas. Y aunque hoy se reconoce que The Times nunca publicó, como se le atribuía, ninguna noticia apocalíptica sobre la crisis de la boñigas,  la crisis sanitaria estaba servida y la proyección en ciudades creciendo en su número de habitantes conducían a un modelo de transporte insostenible. Bien, pues cuando la situación era cada vez mas compleja, aparece el automóvil como innovación tecnológica y desplaza el problema de un modo extraordinariamente rápido. Y los humos sustituyeron las boñigas. 

Sin duda alguna, que el final del XIX coincidiera plenamente con la II Revolución industrial contribuyó a esta solución tecnológica y, a buen seguro, los innovadores de la época pensaban constantemente en cómo aplicar las tecnologías desarrolladas a su vida cotidiana, a su salud, para el desarrollo económico y, en definitiva, para su bienestar y el bienestar común. Y aunque esta II Revolución industrial es principalmente recordada por el uso de la electricidad, la aparición del acero, los aceites y combustibles, el inicio de la globalización o la reorganización del trabajo, el impacto que tuvo en otros sectores productivos fue espectacular. Los desarrollos de fertilizantes, fungicidas o los primeros tractores impulsados por gasolina cambiaron la eficiencia productiva y el acceso a los alimentos; la nuevas técnicas de conservación de alimentos permitió transpóortalos a largas distancias y conservarlos, como la esterilización, pasteurización o la propia refrigeración; los primeros ensayos en inseminación artificial ganadera o el desarrollo de la centrifugadora, que permitió transformar la industria láctea. Estas innovaciones condujeron a otras que generaron un efecto sobre el progreso sin precedentes. Imagínense, fue la revolución de Tesla, Diesel, Verne, Bessemer, los hermanos Wright, Graham Bell, Pasteur, Edison, Eiffel, entre otros.

Probablemente este ambiente de cambio hizo que surgieran escritores, pensadores o ilustradores que intentaban, mas allá de lo que estaba sucediendo, imaginar el futuro que les (nos) esperaba. Una visión a veces utópica y distópica en otras muchas. Y frente a quienes imaginaron advenedizos aterradores futuros, otros vieron ese mismo futuro, cuanto menos, mejor que el que tenían.   

Y teniendo a Verne como máximo exponente de estos visionarios del futuro, permítame el lector traer una figura desconocida y rescatada por Isaac Asimov. Jean-Marc Côté fue un artista francés de finales del XIX al que una fabrica de tabaco le encarga una serie de ilustraciones para una serie denominada «en el año 2000» con el fin de adjuntarlas junto a las cajetillas de tabaco. Cuentan que la fabrica cerró antes de lanzar la campaña en la que participaba Côté y las pequeñas postales quedaron olvidadas hasta que años más tarde Isaac Asimov las rescata y las expone en su obra Futuredays, una visón del siglo XX desde el siglo XIX. 

Bien, pues en una colección de deliciosas estampas encontramos imágenes de realidades que hoy podemos reconocer en nuestra sociedad y en nuestra agricultura y ganadería. Y entre ellas, «agropostales» del futuro con cosechadoras automáticas o incubadoras de huevos que permitían automatizar los procesos.  

Y, ¿qué pasó con ese futuro imaginado por Côté y contemporáneos? Pues que la gran revolución industrial actuó como cimientos de un siglo XX que «ganaderamente hablando» se tradujo  en cambios disruptivos de lo sistemas productivos y en sistemas de transformación y conservación de alimentos. Y la actividad ganadera cambió. Junto a las tecnologías disponibles y de la mano del conocimiento en aspectos relacionados con la selección genética, la nutrición de lo animales, la mejora del estado sanitario de los sistemas productivos o la conservación de alimentos, la disponibilidad de la carne, los huevos o los productos lácteos se incrementaron exponencialmente. Pasamos de un modelo en donde la carne y otros alimentos de origen animal eran artículos exclusivos a «democratizar» su consumo durante el siglo XX en una sociedad donde la alimentación nos ha permitido mejorar nuestra longevidad y calidad de vida. En algunos casos se ha conseguido multiplicar por dos el peso de los animales consumiendo la mitad de alimentos, es decir, multiplicando su índice de transformación y ganando en eficiencia productiva. Pero hoy sabemos que lo alcanzado hasta hoy es insuficiente. 

Ilustración de Jean-Marc Côté. Clic en la imagen para ampliar.

Cuando casi hemos consumido el 20 % del siglo XXI, nos adentramos en un futuro que, como si de una cebolla se tratará, viene acompañado de capas de incertidumbre que muchos las interpretan como preludio del futuro distópico que nos espera, y del que solo un nuevo deus ex machina puede salvarnos. Es cierto que los retos son muchos, pero no es menos cierto que las tecnologías disponibles se multiplican y nuestro conocimiento sobre nuestra realidad y las posibles soluciones son cada vez mayores. El cómo abordar las incertidumbres nos obliga, en mi opinión, a no dejarnos arrastrar por las tecnologías en un suerte de determinismo tecnológico sino, de modo opuesto, fijar a dónde queremos llegar y, a partir de ese momento desarrollar una estrategia posible con el conocimiento y tecnologías existentes y/o desarrollar las que no existen aun para conseguirlo. 

La principal incertidumbre es consecuente a lo que podríamos llamar «los límites del planeta». El planeta es finito, y la presión a la que lo sometemos —y vamos a someterle— pone en cuestión el concepto de sostenibilidad del mismo. De un lado la existencia de una creciente presión demográfica. La estimación es que casi diez mil millones de vecinos viviremos en el 2050 en este barrio llamado planeta Tierra, vecinos que cada vez seremos más longevos. Una población que, además, demandará consumos crecientes de alimentos, incluyendo carne, leche y huevos. Según previsiones de la FAO, en 2020 harán falta seiscientos millones de toneladas de proteína y en 2050, mil millones de toneladas par atender a una población cercana a los diez mil millones de personas. De otro lado, los recursos naturales limitados necesarios para la actividad agraria en general y ganadera en particular. Y, por último, amenazas a combatir que van desde la necesidad de atenuar el cambio climático y sus efectos, a disminuir la utilización de antibióticos para controlar presente y futuras resistencias bacterianas en el nuevo y necesario concepto de «one health». 

Y mientras, la ganadería sigue evolucionando como lo ha hecho en los últimos ciento cincuenta años, pero ahora trasladándose a un modelo de sostenibilidad no solo económica sino también social, medioambiental y ética. Una ganadería que debe ser más eficiente, que preserve el medio ambiente y sea respetuoso con el bienestar animal. 

¿Cuál es la alternativa? Una alternativa para mí improbable a corto plazo pasa por una reducción global en el consumo de carne por habitante y, de este modo, compensar el incremento en el consumo debido al incremento global de la población. Esta reducción podría fundamentarse en el desarrollo de productos alternativos o de proteínas animales de origen no convencional. De ahí la actual oferta vegana de «carne» vegetal en múltiples formatos, construida a partir de  extractos vegetales, entre los que se incluyen leghemoglobina de la soja o leghemoglobina producida a partir de levaduras genéticamente modificadas, aceite de coco para mejorar la palatabilidad del producto, derivados del bambú, vegetales variados o zumo de remolacha para aportarle color. O de la carne «limpia» o carne de laboratorio resultado de la producción in vitro de células de origen animal en biorreactores que, posteriormente, incluso con la ayuda de impresoras 3D, pueden dar forma de filetes o hamburguesa. Sinceramente creo que de momento no dejan de ser muy minoritarios los colectivos que lo incorporaran en la dieta siendo, para la gran mayoría, objeto solamente de curiosidad aunque, como la «carne» vegetal, deberemos seguir atentos a su evolución. De otro lado están las fuentes alternativas de proteínas de origen animal como los insectos, que si bien tienen un índice de transformación casi óptimo, no resultan del agrado de la mayoría de la población como para que pudiera actuar como sustituto de la carne. 

Actualmente solo las proteínas procedentes de la acuicultura son una verdadera alternativa. Las granjas de peces se han transformado en verdaderas ganaderías y, personalmente, creo que la acuicultura está llamada a ser una de las principales fuentes de proteínas de origen animal en los próximos años. A modo de ejemplo, la acuicultura ha multiplicado por cincuenta su producción en los últimos años.

Y frente a estas alternativas, la ganadería de las especies que conocemos. Pero la ganadería tiene que ser mas eficiente y eso pasa por adaptar las nuevas tecnologías disruptivas y emergentes nacidas en la cuarta revolución industrial a un contexto tradicional como es la producción animal. Una ciberganadería con ciberganaderos, ganaderos digitales que sepan combinar nuevas tecnologías, biológicas, físicas o digitales a las necesidad de una ganadería que debe producir mas con menos recursos para alcanzar el grado de eficiencia que nos permita gastar menos recursos naturales y dar respuesta a los requerimientos de un consumidor cada vez mas exigente.

¿Qué nos espera? Me gustaría abrir una ventana al futuro como Côté o Verne pero, mientras tanto, estoy seguro que en los próximos años veremos lo siguiente. 

Foto: Julien Mattia / Cordon.

Granjas conectada en el llamado internet de las cosas e internet de la cosas vivas. O por qué no llamarlo el internet de los animales de granja. Existe una conexión de dispositivos nunca conocida. Tres mil millones de dispositivos conectados hace apenas diez años. Hoy hay más de veintidós mil millones. Y en cinco años, treinta y ocho mil millones. Y la agroindustria no podía ser diferente. Todas los animales van a disponer de dispositivos, mas aun con el 5G, que permitirán obtener información múltiple. Desde la geolocalización, a la temperatura, fisiología reproductiva, actividad metabólica o aparición de enfermedades. Todos estos datos serán combinados con datos de otras fuentes o de repositorios existentes para la toma de decisiones mediante inteligencia artificial en cuanto a la alimentación a suministrar, los ritmos reproductivos a seguir, el ordeño a hacer o una intervención de emergencia en bioseguridad que evite la propagación de enfermedades o, incluso, episodios zoonóticos. Información integrada en entornos de realidad virtual o mixta.

Asistiremos cada vez más a la automatización de los procesos: robots para el ordeño, para la limpieza, para el diagnóstico o para el pastoreo que podrán ser asistidos simultáneamente por drones que ya son capaces de identificar individualmente a los animales incluso por reconocimiento facial. Es impresionante ver los perros robots capaces no solo de actuar individualmente, sino también de actuar en manada con protocolos de machine learning. Con un aprendizaje automático, un conocimiento previo adecuado y una fuente de datos, maquinas dedicadas a la ganadería son capaces de aprender de aciertos y errores. Estoy seguro que la mayoría de los manejos estandarizados en granja serán sustituido  por robots en un futuro próximo. 

Asistiremos a la presencia en granja de nuevos materiales ligeros, resistentes, biocompatibles, flexibles. Materiales que se autorreparen, materiales con memoria, materiales que cambian de forma a demanda o que se autodesplacen. Materiales conductores mucho más resistente que el acero; o nuevos polímeros capaces de ser sustitutivos biológicos o nuevos hidrogeles que no se sequen. 

En las granjas existirán impresoras 3D que permitan construir desde grandes impresiones en sistemas productivos imposibles a pequeños dispositivos necesarios para una producción eficiente.

Pero no solo será tecnológico y digital. La edición genética que se no ofrece con técnicas seguras, relativamente sencillas y no muy costosas con CRISPR, nos permitirá obtener animales mas eficientes, mas resistentes a enfermedades y que por tanto requerirán menos tratamientos farmacológicos o incluso animales que, por ejemplo, produzcan una baja emisión de metano mediante la transformación de su microbioma. Y más allá de aspectos como la biología sintética, la edición genética también se ha «democratizado» y no podemos quedarnos en Europa y como consecuencia de una legislación extemporánea y errónea, fuera de este progreso que es global.

Y, finalmente, tendremos que irnos familiarizando con blockchain como certificador de los procesos que asegurará al consumidor desde el bienestar de los animales productores a la temperatura en el que el producto se ha mantenido en el lineal del supermercado, eliminando de otro lado la intermediación. 

Han pasado casi treinta años desde que Willian Gibson escribiera el termino ciberespacio y docenas de nuevos términos nos ilustran desde entonces en todo aquello que ocurre en el mundo «vitual» y que sin duda alguna tiene transcendencia e impacto en el mundo físico. Ciberseguridad, ciberacoso, cibercafé, cibernauta y, ¿por qué no?, ciberganadero. Porque todo está cambiando. ¿Han visto el último anuncio del Grupo Social ONCE. Se oye una voz en off: «Mi bisabuelo pastor, mi abuelo pastor, mi padre pastor y yo, también pastor», mientras un joven con discapacidad física en silla de ruedas maneja un dron que atiende al ganado. 

Terminamos el año 2019, el de Blade Runner, sin haber visto, ni conocer a nadie que lo haya visto, atacar naves en llamas más allá de Orión o ver brillar rayos C en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Pero lo terminamos con incertidumbres y preguntas que hace apenas unos pocos años no nos formulábamos, entre las que se encuentra ¿cómo se alimentará la población en el año 2050?. Y, como decía  Morfeo en Matrix «No existen preguntas sin respuesta, solo preguntas mal formuladas». Formulemos las preguntas adecuadas para avanzar en la incertidumbre del futuro. 


La gata vegana

Foto: DP.

Gloria Fuertes marcó, nos marcó la infancia a millones de personas. Y como todos saben, fue una especialista en gatos. El gato Pirracas y la gata Timotea, él de los tejados y ella de las azoteas; la gata Chundurata, que no había modo alguno de que se durmiera; o el famoso gato Garabato, ese gato astronauta que echaba de menos que no hubiera colinas en la Luna.

Del mismo modo, y aunque parezca una obviedad de esas que tanto le gustaban a la poeta de los niños, el perro ladra, la vaca muge, el burro rebuzna y el gato… maúlla.

Y esto no es todo. Podríamos continuar: el cerdo es omnívoro, la vaca es herbívora y el gato… carnívoro.

Llegados aquí y agradeciendo al lector que me haya permitido esta licencia para iniciar el texto, la condición fisiológica por la cual los animales se alimentan está directamente vinculada a su condición genética. Además de ser lo que comemos y que los alimentos sean capaces de modular la expresión génica de quienes los ingieren, e incluso dejar una huella para las siguientes generaciones, los genes también determinan qué debemos comer. Si carne, vegetales, frutas, insectos, un poco de todo… En el mundo animal casi todo está determinado. Sabemos que un león es un carnívoro estricto y que una jirafa es una herbívora estricta. Y lo condicionan sus genes, que permiten que, por ejemplo, se pueda digerir, o no, la celulosa.

Lo mismo ocurre con los animales domésticos. Un cerdo, como buen omnívoro, puede comer casi de todo; el perro es un carnívoro no estricto por lo que, además de carne, come otros tipos de alimentos. Y, frente a estos, el gato, como buen felino, es un carnívoro estricto. ¿Qué quiere decir? Pues que su dieta se basa fundamentalmente en el consumo de carne. ¿Significa esto que moriría si come eventualmente otro tipo de alimento? No. Puede consumir en alguna ocasión otro tipo de alimento, pero la base de la dieta debe estar constituida principalmente por carne. La carne le aporta los nutrientes necesarios para su vida, y otro tipo de alimentos no se lo pueden aportar: taurina, vitamina A o ácido araquidónico.

Que la necesidad dietética sea de un tipo u otro responde a la propia naturaleza fisiológica de cada especie, consecuencia de su adaptación durante miles de años. Al tipo de dientes o al movimiento mandibular; a la presencia o ausencia de determinadas enzimas digestivas; a la longitud y característica del aparato digestivo. Los gatos, por ejemplo, no han tenido la adaptación hacia la biología carnívora-omnivora que han tenido los perros tras treinta mil años de domesticación. Ni genética, ni bioquímica ni de comportamiento. Y por esto continúan siendo carnívoros estrictos.

Dicho esto, pasamos a ciertas tendencias nutricionales aparecidas en nuestro globalizado mundo fruto, en numerosas ocasiones, del estado del bienestar que nos ha traído a Occidente una oferta en cantidad y calidad de alimentos como no había ocurrido antes en la humanidad. Ahora podemos elegir. Entre ellas, la alimentación vegana. Una alimentación en la que se suprime cualquier producto de origen animal y que no solo responde a una tendencia dietética, sino que en numerosas ocasiones va unida a cuestiones de índole ética, en defensa de los animales, o incluso de índole medioambiental.

Lejos de mi intención adentrarme en el complejo debate vegano en el que algunos humanos, omnívoros, han decidido consumir solo alimentos de origen vegetal, sí me gustaría ahondar en las extensiones que este hábito alimenticio está propiciando. Porque como consecuencia de estas nuevas tendencias dietéticas algunos veganos, propietarios de mascotas, pretenden que sus mascotas se adapten al mismo modelo dietético que ellos. Y de aquí surgen los gatos veganos, olvidando la propia naturaleza fisiológica de estos felinos.

Comencemos por el principio. En estado salvaje no existen gatos veganos. No hay. En la naturaleza es imposible encontrar ejemplo alguno de gatos que se alimenten exclusivamente de vegetales. Y esto es consecuencia de la configuración fisiológica con la que los procesos evolutivos nos han ido diferenciando en la capacidad de digerir los alimentos para transformarlos en compuestos biodisponibles, asimilables. Los gatos tienen un tracto intestinal muy corto, y esto está relacionado con la capacidad y los patrones de fermentación, la digestión de los alimentos o la asimilación de nutrientes. O no disponen de determinadas enzimas necesarias para la producción de metabolitos esenciales. Por eso los gatos, como carnívoros, requieren obligatoriamente que se les aporte directamente a través de la ingesta algunos nutrientes que se encuentran en la carne, como la taurina, la vitamina A o el ácido araquidónico. El modelo dietético que necesita cada especie es el resultado de miles y miles de años de adaptación.

A pesar de que no existe evidencia científica alguna que corrobore que una dieta vegana sea suficiente para los gatos, sino todo lo contrario, cada vez son más numerosos los gatos veganos en nuestra sociedad. Gatos veganos de dueños veganos. Y si el gato caza ratones, no hay problema. Pero si no, mis colegas veterinarios están empezando a encontrar patologías de origen nutricional en estos felinos ya que los gatos necesitan comer carne; en caso contrario hay un déficit de nutrientes y enferman. Alteraciones dérmicas, oftálmicas, cardíacas, metabólicas o reproductivas no esperadas en gatos domésticos bien alimentados.

¿A alguien se le ocurriría darle de comer un entrecot a un caballo aunque su dueño sea carnívoro? ¿Darle un tataki de atún, por muy bueno que sea, a una oveja cuyo dueño solo coma pescado? No solo no tiene sentido sino que podemos abocarlos a la muerte. No hagamos veganos a los animales que no lo pueden ser, a pesar de que los suplementos dietéticos que en ocasiones se aportan puedan amortiguar la deficiencias nutricionales de una dieta.

Ahora que cada vez comprendemos más la nutrigenómica sabemos que alterar el modo de alimentación no solo condiciona a los propios animales y su salud, sino que puede condicionar a las siguientes generaciones si es que las alteraciones reproductivas provocadas por trastornos en la alimentación permiten su reproducción. Son los metabolitos derivados de la dieta, o su ausencia, los responsables de cambios epigenéticos que modulan la expresión génica y dejarán su huella para futuras generaciones. Y son numerosos los hallazgos científicos en este sentido.

Así que finalizo adaptando la famosa sonatina de Rubén Darío: «La gata vegana está triste. ¿Qué tendrá la gata vegana? Que ha perdido la risa, que ha perdido el color…».

Ante esta pregunta la respuesta es evidente. Suerte tiene si no ha enfermado. Lo vegano no está hecho para los gatos. Así que, si me permiten una recomendación, les planteo una solución sencilla: pongan un herbívoro o un omnívoro en la vida de un vegano. Será mas apropiado y, seguro, su nueva mascota se lo agradecerá.


Referencias:

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Knight, Andrew; Leitsberger, Madelaine (2016).  Vegetarian versus Meat-Based Diets for Companion Animals. Animals 6 (9): 57   

Rothgerber, Hank (2014). Carnivorous Cats, Vegetarian Dogs, and the Resolution of the Vegetarian’s Dilemma. Anthrozoos 27 (4): 485-498   

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