Árbol fuente, el Garoé

Foto: CC.
Foto: CC.

Mimerahaná, ziná zinuhá, ahemen aten haran hua, zu Agarfú finere nuzá
¿Qué traes? ¿Qué llevas ahí? Pero ¿qué importa la leche, el agua y el pan si Agarfa no quiere mirarme?
(Endecha aborigen)

Cuando Jean de Bethancourt y sus hombres desembarcaron, a principios del siglo XV, en la isla de El Hierro, los bimbaches ya tenían un plan. No se sobrevive en una superficie insular de 270 km2 con un puñado de buenos hábitos. Se necesita disciplina y comida. Se necesita ingenio. Más importante aún, se necesita agua dulce. Y si te vienen a invadir es necesario un plan y, es imprescindible que ese plan funcione. Pero los planes no siempre salen bien, y en un instante todo pasa a convertirse en leyenda.

Los aborígenes bimbaches llegaron del norte de África, y fueron los primeros pobladores de la isla canaria. Exprimieron una tierra, por entonces suya, y consiguieron subsistir hasta la llegada de los colonizadores europeos. Eran un pueblo dedicado al pastoreo, a la agricultura, a la pesca. Y antes de necesitar un plan tenían un secreto.

En el centro de su supervivencia se encontraba el misterio del agua, ese era su secreto. Si no hay ríos, ni arroyos, si las fuentes no brotan… si no llueve, el agua se convierte en diamante. Y como cualquier diamante, será la naturaleza quien lo proporcione. En esta ocasión en forma de árbol. Los bimbaches pudieron sacar el máximo rendimiento a un ejemplar de til, Ocotea foetens, que gracias a su privilegiada ubicación les permitiría captar el agua de las nieblas. Precipitaciones horizontales. Llamaban a este til Garoé, un individuo de gran fuste que les proporcionaba una cantidad de líquido suficiente para consumo doméstico y también para el ganado. Se convirtió en un manantial de agua, en fuente de riqueza y en llave de supervivencia. Fue un árbol mágico, su árbol santo, y el que les había permitido desarrollarse en una isla de escasa superficie y sin contacto con otros pueblos, con un clima y unas condiciones orográficas no siempre favorables.

Grabados del Garoé, Benzoni 1572 y de Bry 1596. (1)
Grabados del Garoé, Benzoni 1572 y de Bry 1596. (1)

El funcionamiento del árbol fuente es sencillo, las gotas suspendidas en las nieblas del mar de nubes son capturadas por la superficie de las hojas y el agua resbala hacia el suelo, pudiendo ser entonces recogida y aprovechada. Situado en el barranco de Tigulate al noroeste de la isla, el agua que goteaba del Garoé era recogida en una alberca desde donde se distribuía para el consumo humano y animal. «En lo alto de este árbol siempre hay una nubecilla y el Garoé deja caer unas gotas de agua que los hombres encauzan hacia una modesta fuente; gracias a ella, viven, durante los periodos de sequía extrema, seres humanos y animales…», así lo narra fray Bartolomé de las Casas en la Historia de las Indias de 1524, y hace pensar que no todo es leyenda.

El clima de la isla de El Hierro queda caracterizado por su peculiar orografía. A pesar de su latitud gracias a los vientos alisios y a la corriente de las Islas Canarias, no tiene unas características áridas, como el Sahara. Las precipitaciones anuales rondan los 450 mm, aunque con periodos de sequía en los que apenas se alcanzan los 5 mm al mes, y con grandes diferencias entre las distintas vertientes de la isla. No obstante, entre los 600 y los 1500m de altitud se genera el llamado mar de nubes, que resulta más o menos persistente a lo largo de los meses y que propicia las precipitaciones horizontales, que eran las aprovechadas por el Garoé.. Esta entrada de precipitaciones suponía un manantial de agua para los pobladores, y un recurso básico para su vida.

Detalle de las hojas del til (Ocotea foetens). (CC)
Detalle de las hojas del til (Ocotea foetens). (CC)

Continuando con la historia, y tornando ya a leyenda lacrimógena, en el tiempo en el que los bimbaches vieron la expedición europea acercarse a su territorio el plan se puso en marcha, decidieron ocultar el Garoé, el árbol fuente, y evitar así que el secreto del agua fuese descubierto por los intrusos. La esperanza de la retirada de las tropas en caso de no encontrar suministro de agua dulce era el único rayo de luz que estos aborígenes veían a su supervivencia. Esconder el Garoé era el futuro para pueblo bimbache. Ese era su plan, la resistencia pasiva.

La conquista fue razonablemente pacífica, sin embargo el secreto del agua pronto dejaría de ser asunto privado. Y es que el amor siempre acaba interponiéndose, y más en cuestiones de supervivencia. Fue la bimbache Agarfa la que en esta ocasión traicionó a su pueblo, y fue por amor. En el camino de la joven se cruzó un soldado andaluz, del que cayó perdidamente enamorada. Bajo pena de muerte el secreto de los bimbaches siguió a salvo durante un tiempo, pero la joven, viendo que la expedición conquistadora habría de abandonar la isla de no encontrar agua dulce, sucumbió a la tentación y le reveló a su enamorado la existencia del Árbol Fuente. Y fue el principio del fin para los bimbaches de El Hierro. El plan no había funcionado.

Finalmente, el Garoé fue derribado en 1610 por una tempestad. El remate a los bimbaches, el término de la leyenda. Bartolomé García del Castillo recoge en Antigüedades y ordenanzas de la isla de El Hierro el final del árbol, de manera práctica y sin sentimentalismos: «Por cuanto el Árbol Santo se cayó y con la madera y las ramas tiene ocupadas las charcas donde se recogía el agua, y es necesario que todo se saque y limpie, se ordena y manda que todos los alcaldes pedáneos citen a los vecinos para realizar dicha operación».

«Pocos ignoran la historia del Árbol Santo de la isla de El Hierro, que según las tradiciones que todavía se conservan, proveía abundantemente de agua á las necesidades de los habitantes. No nos detendremos en averiguar la verdad de este fenómeno, porque la física nos explica el modo con que aquel árbol, sin apelar á prodigios, podía dar agua, aunque no en tanta cantidad como quiere suponerse». He aquí la desmitificación del Garoé. Sin medias tintas Pascual Madoz apunta en 1830 en el Diccionario geográfico, estadístico, histórico de España, la crónica que hace menos dulce la historia del pueblo bimbache y de su Árbol Santo, dando un guiño de realidad al asunto.

Si bien no hay duda de que el Garoé, gracias a la historia, enriquecida por la leyenda y endulzada por las mieles del tiempo, es el más conocido de los árboles fuente, a lo largo de los años se han recopilado en numerosos documentos otros árboles con las mismas funciones a lo ancho del mundo. La existencia de árboles fuente permite explicar en parte la existencia de masas arbóreas con grandes necesidades hídricas en zonas con registros pluviométricos escasos. Por citar algunos ejemplos, en el Sultanado de Omán existen dos olivos (Olea europea) que llegan a recoger 180 litros al día en época de monzón, en el desierto de Atacama se describen ejemplares de Prosopis tamarugo y Schinus molle que riegan el suelo, y también se hallan unas palmeras datileras (Phoenix dactilifera) usadas como atrapanieblas en Cabo Verde, entre otros.

Estos ejemplos de la naturaleza han servido para desarrollar nuevas tecnologías en la captación de precipitaciones horizontales. Han sido el prototipo de los actuales sistemas de mallas, de los atrapanieblas. El aprovechamiento de las precipitaciones horizontales, además de los usos agroforestales, permite el abastecimiento de agua potable en pequeñas poblaciones de zonas en las que las lluvias son muy escasas o prácticamente nulas. Se convierten los atrapanieblas en los árboles fuente de pueblos que apenas ven llover, son el plan de su supervivencia a largo plazo, aunque ya no tienen que guardar ningún secreto.

Redes atrapanieblas, Chile. (CC)
Redes atrapanieblas, Chile. (CC)

El carácter singular de este ejemplar de til hizo, como ya se dijo, que los bimbaches lo considerasen un árbol mágico, un árbol santo, y que sus bondades se fuesen enalteciendo y agrandando con el paso del tiempo. Desde luego, parece de sobra probado que es físicamente imposible que un solo árbol fuese suficiente para abastecer a la población de la isla y a su ganado. Sin embargo, por qué no seguir considerandi con algo de magia a este ejemplar, que ha sido, de alguna manera, base para la construcción de atrapanieblas en algunas de las zonas más áridas del planeta. Que ha propiciado numerosa literatura y que al fin y al cabo no hace sino mostrar lo maravillosa que es la naturaleza, y como bajo la batuta del hombre puede ser llevada al milagro.

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(1) Imágenes extraídas de Barrio García, J. 2008. La imagen del Garoé en la literatura y la cartografía. Apuntes para un catálogo cronológico (1572-1924). XVIII Coloquio de Historia canario-americana, Las Palmas.

(2) Recogidos en Navarro Hevia, J. Martínez de Azagra Paredes, A. & Mongil Manso, J. (coord.). 2009. Hidrología de conservación de aguas. Captación de precipitaciones horizontales y escorrentías en zonas secas. Serv. Publ. Universidad de Valladolid. Valladolid.


Ponga un sinestésico en su vida

Vladimir y Vera Nabokov. Foto: Cordon.
Vladimir y Vera Nabokov. Foto: Cordon.

Imaginen los cincos color azul cielo de tormenta de verano e imaginen los días de la semana colocados en una espiral hacia lo alto del monte Olimpo. Imaginen lo cursis que podemos llegar a ser. Imaginen a Vladimir Nabokov discutiendo con Vera el color de sus letras, VN. Esto último imagínenlo con un poco de ayuda, lean la transcripción de la entrevista concedida por Nabokov a la BBC en 1962. Allí cuenta que comparte sinestesia con su mujer y su hijo, y que el color que cada uno de ellos asigna a los diferentes grafemas es distinto. Así resulta fácil pensar en Vladimir y Vera en plena conversación cromática: «Oh, this isn’t that color, this is this color».

Imaginen a un genio pensando. Y ese genio tiene sinestesia. Que no es más que la mezcla de los sentidos, la interrupción de unos sentidos con otros. Cuando los sentidos no entienden de fronteras, aparece la sinestesia. Lo cuenta Rust Cohle en la serie de la HBO True Detective, en el episodio 3 de la primera temporada, tranquilamente, como no podía ser de otro modo, sin darle importancia, para explicar las cosas que de verdad merecen la pena. Y la pregunta que le hace Lori —«So, when something feels good, it means that it feels twice as good, but in two different ways?»— es la forma más precisa de explicar cómo se siente la sinestesia, y al final, no es una pregunta. Queda en el aire si cuando algo resulta molesto se convierte en dos veces desagradable.

Un sentido, de los cinco que tenemos, interpreta sensaciones capturadas por otro sentido. Eso es todo. Eso es tanto. Ver en color los números escritos, saborear algunas palabras escuchadas, tocar sabores, oler la música. Y así. Está demostrado empíricamente que en las personas sinestésicas se activan simultáneamente dos o más zonas del córtex cerebral, de manera que una persona con sinestesia activa las mismas áreas del cerebro cuando por ejemplo percibe un número de un color determinado que una persona no sinestésica cuando percibe de forma real ese color. Llanamente esta es la base científica de la sinestesia. Y tan llanamente, porque esta afirmación supone una simplificación, elevada a la máxima potencia, de los procesos cerebrales que se esconden detrás de un fenómeno como la sinestesia. Pero deja claro que no es una asociación de la memoria, como pudiera parecer.

Es el olor a amarillo de la jacaranda en primavera, es el sabor ácido de la palabra cocotología, son los meses del año sobre los pasos de una escalera. Y lo cursis que estamos siendo.

Todos nacemos sinestésicos, usted también, pero las conexiones neuronales cambian a medida que el cerebro se va desarrollando; solo uno de cada dos mil adultos la conserva, lo que viene a ser el 0,05% de la población (1). Eso implica que lo más fácil es que conozca a alguien con sinestesia, y puede que sea de su círculo más cercano. Quizá ese alguien ni siquiera lo sepa.

En ocasiones esta cualidad se atribuye a los artistas, o por lo menos a personas con un potencial artístico mayor que el del resto de la población. Es muy probable que esta afirmación que relaciona a las personas con sinestesia con un rico mundo creativo no sea cierta, como tampoco lo es su tendencia a ser zurdos, sus problemas de lateralidad o su mayor propensión a la depresión. Y es que aparece aquí el denominado survivorship bias, que hace que el foco se centre en aspectos que llaman más la atención, dejando a un lado otras características que pueden ser bastante más significativas en el común de los sinestésicos y, coómo no, olvidando otros aspectos frecuentes y seguramente mucho más relevantes del conjunto de los artistas. ¿Quién incluye en la biografía de un artista su no sinestesia? Es muy fácil caer en este tipo de sesgo cuando buscamos en internet información sobre el tema y encontramos una lista de personas famosas con sinestesia como Charles Baudelaire, Marcel Proust, Arthur Rimbaud, Jimi Hendrix, el ya citado Nabokov, etc., todos con profesiones relacionadas con el mundo arte.

Afortunadamente, profundizando un poco más en el tema, se están llevando a cabo diferentes estudios del fenómeno en varias universidades, entre ellas alguna española (como la Universidad de Granada), que están poniendo el rigor científico necesario en cualquier estudio. Se puede encontrar literatura de calidad, artículos científicos en la red, que permiten dar un paso atrás para coger un poco de perspectiva y alejarnos del postureo en el que nos puede meter la red y que está tan de moda. Y en el que incluso estas líneas nos pueden enredar.

No es un fenómeno que implique distinción alguna en la sociedad, no al menos distinción si no se busca, porque en YouTube hay algunos vídeos donde personas anónimas explican las bondades de su sinestesia y alardean, de forma poco discreta en ocasiones, lo artistas que se sienten, lo especial que es ver los números de colores, oler la música, incluso ver el aura de las personas. ¿Alguien da más? Daniel Tammet siempre da más, pero de verdad. Su caso es llevar al extremo esta característica de los sentidos y alejarnos un poco de lo cotidiano. Pero merece la pena.

Daniel Tammet tiene síndrome de Asperger y precisamente nació un día azul, habla once idiomas, es un genio de las matemáticas y usa la sinestesia para hacer cálculos, para recordar decimales del número pi, para hacérselo más fácil a la memoria. Tiene varios libros publicados donde relata diferentes experiencias de su vida, la forma en que convive con sus rarezas y la manera de sacar partido a su inteligencia desbordante. De verdad, Tammet no representa el prototipo de sinestésico, solo es the boy with the incredible brain (2) y, además, tiene sinestesia.

El tema, llevado por segunda vez a un punto radical, fue tratado por Alexander Luria con su paciente S, que también tenía una memoria prodigiosa, de tal forma que para recordar algo, además de escucharlo o leerlo, lo relacionaba con un sabor, un color o incluso con su sentido del tacto. Esto le permitía llegar a recordar prácticamente todo lo que experimentaba, y además sentir lo que recordaba. No obstante, S tenía otra serie de problemas que le complicaban la existencia, más allá de la sinestesia y de lo que se pretende exponer aquí.

También Oliver Sacks en su libro Musicofilia recoge en alguno de sus relatos de pacientes con trastornos neurológicos la sinestesia, a través de historias clínicas como la de Sue B, que describe así su experiencia «[…] cuando oigo música, veo pequeños círculos o barras de luz verticales que se hacen más blancas o más brillantes, o más plateadas, en las notas más altas y adquieren un delicioso marrón intenso en las más bajas […]»

Entonces, imaginen a cualquier persona pensando. Y esa persona tiene sinestesia. Los rasgos comunes de la sinestesia, a los que hacía referencia unos párrafos atrás son, entre otros, su carácter permanente e involuntario, en principio se sostienen en el tiempo, el mismo estímulo causa la misma reacción y esta ocurre de forma automática, siendo difícil suprimirla de manera consciente. Es unidireccional, un estímulo causa una reacción, pero la reacción evocada no provoca al estímulo. Tiene carácter idiosincrásico, al igual que el matrimonio Nabokov, las sensaciones que producen ciertos estímulos varían de una persona a otra. Otro aspecto a destacar es su carácter emocional, hace sentir que lo experimentado es real, que no es una invención de la mente, y puede que este último punto sea el que haga difícil darse cuenta de que se tiene sinestesia.

Mucha gente con sinestesia cree que es algo que le ocurre a todo el mundo, de ahí que puede que el sinestésico que por estadística probablemente conozca ni siquiera lo sepa. Es un fenómeno sutil, además de interesante y en ciertos aspectos envidiable. Envidiable por la posibilidad que aporta de experimentar con un sentido lo que capta otro, sin necesidad de recurrir a sustancias alucinógenas, se entiende. Consumiendo sustancias como el LSD se pueden llegar a vivir experiencias sinestésicas (sinestesia inducida por drogas); sin embargo no se sostienen en el tiempo, una vez que pasa el efecto de la sustancia tomada la sinestesia desaparece. Es una posibilidad que siempre está ahí.

Aunque no es menester llegar a los niveles de genialidad de Tammet, a la sinestesia se le puede dar uso, y me refiero a un uso más cotidiano. Ponga un sinestésico en su vida, por ejemplo a la hora de memorizar fechas, de saber qué lugar ocupa una letra en el abecedario, de encontrar un seis en un mar de ochos, de recordar el color del mejor olor del verano. Y es que depende del tipo de sinestesia que se tenga (grafema-color que es la más común, gustativo-táctil, temporo-espacial, tacto-espejo, músicogustativa, etc.) podrá sacar mayor o menor partido al sinestésico de su vida. Y es una manera de hablar, usada como recurso, la sinestesia tiene tanto valor como el que la persona sinestésica sea capaz de darle.

La sinestesia grafema-color es la más habitual y es de la que habla Nabokov en la entrevista para la BBC; supone la asociación de un símbolo con un color. Las letras, los números, aunque impresos en negro, el sinestésico los «ve» en color.

Otro tipo de sinestesia bastante común es la temporo-espacial, que permite usar el espacio para colocar el tiempo, los números, las letras, etc. Normalmente esta posición del espacio es muy concreta y detallada.

Ejemplo de sinestesia temporo-espacial. (CC)
Ejemplo de sinestesia temporo-espacial. (CC)

El hecho de que los sentidos se mezclen puede generar en la persona que lo sufre ciertas reacciones más acentuadas que en el sujeto normal. Si el chirrido que hace una puerta mal engrasada produce sabor amargo o un violín desafinado genera un color desagradable, esto puede suponer sensaciones más negativas para la persona que lo padece, más allá del desagrado que supone para las personas no sinestésicas.

De alguna manera este fenómeno da sentido real y literal a expresiones cotidianas, a la sinestesia literaria. Hace palpable el discurso que Gabriel García Márquez arrojó al mar en una botella dirigida al dios de las palabras en el I Congreso Internacional de la Lengua Española: «¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cerveza que sabe a beso?». Eso y lo contrario. Ya ven lo cursis que podemos llegar a ser, pero no dejen de imaginar.

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(1) Callejas, A. & LupiáñezSinestesia. El color de las palabras, el sabor de la música, el lugar del tiempo. Alianza Editorial. Madrid, 2012.

(2) The boy with the incredible brain es un documental de Five Channel sobre Tammet.