Novak Djokovic, Naomi Osaka y lo mejor que nos dejó el Australian Open 2019

Open de Australia 2019. Fotografía: Cordon.

Tres sets y ocho juegos ganados por parte del perdedor. Hay que remontarse a la humillante final de Roland Garros 2008, en la que Federer solo le pudo hacer cuatro a Rafa Nadal, para buscar una comparación en finales de Grand Slam entre el llamado «Big Three». Si hace menos de un año Djokovic estaba pensando en retirarse al menos una temporada, y descansar el codo malherido, ahora está a un torneo de repetir la hazaña de 2015-2016 y ganar los cuatro grandes de forma consecutiva.

Es la suya una enorme historia de superación, como la es la del propio Rafa Nadal, que se presentó en Melbourne con un partido de exhibición como todo bagaje competitivo en los últimos cuatro meses. Nada, en cualquier caso, comparado con lo de Petra Kvitova, quien hace dos años fue apuñalada salvajemente en su casa y vio cómo la mano izquierda —es zurda— le quedaba destrozada, sin apenas posibilidades de regresar al circuito. El Open de Australia 2019 nos ha dejado muchos detalles que pueden invitar a pensar en épica, remontada y cambios… pero en realidad ha sido más de lo mismo. La historia de un estancamiento masivo del que solo se salva la campeona femenina, Naomi Osaka, a la sazón nueva número uno del mundo.

Vayamos con los detalles…

1. Quince títulos de Grand Slam ya para Novak Djokovic, siete de ellos en Australia. A dos de Nadal y a cinco de Federer. No tengo claro que esa estadística sea la única válida para determinar al mejor jugador de esta generación, pero desde luego es indicativa. Más me impresiona el hecho de que a esos quince grandes, Novak sume triunfos en los nueve Masters 1000, en las ATP World Tour Finals y en la Copa Davis, además de un registro personal favorable con sus dos grandes rivales. Salvo la medalla de oro olímpica lo tiene absolutamente todo. Lo de este domingo fue una exhibición de saque, resto, derecha y revés. Es cierto que tuvo enfrente a una versión disminuida de Nadal, pero cuando juega así es imparable: no deja ni un resquicio al rival ni a su hinchada.

2. La victoria en la final la cimentó desde el saque. En todo el primer set cedió un punto y en el último juego. En el segundo, la cifra aumentó a cinco, aunque sin enfrentar bolas de break, y solo en el tercero se vio más apurado, entre otras cosas porque Nadal decidió jugársela al todo o nada en varias ocasiones. Aun así, la única bola de break que concedió en todo el partido la solventó con facilidad y cuando el partido ya estaba muy a su favor. Todo esto ante uno de los mejores restadores de la historia. Por su parte, el servicio de Nadal fue casi siempre un regalo. No tanto por el saque en sí sino por los golpes de continuación: derechas o reveses que casi nunca eran definitivos, a diferencia de lo que habíamos visto durante toda la semana.

3. Como habrán leído ya en muchos sitios, son ya diecisiete los sets consecutivos que Djokovic le ha ganado a Nadal en pista dura desde la final del US Open 2013. En total, el serbio se ha llevado trece de los últimos dieciséis partidos entre ambos en todas las superficies. Obviamente, es un dato preocupante para el español. Si el resto de grandes títulos a lo largo de los próximos años se los van a seguir repartiendo entre ellos dos y Federer, las perspectivas para el serbio son inmejorables: ninguno le tose en la superficie más utilizada con diferencia a lo largo de la temporada. Con todo, y aunque no tenga ninguna evidencia que apoye mi argumento, sigo pensando que no va a haber otra «era Djokovic» que dure dos, tres o cuatro años, hasta los treinta y cinco. Quizá no es más que un acto de wishful thinking pero me resisto a ver a estos dos mismos tenistas en la final de Wimbledon o de Roland Garros o del US Open en 2022, cuando sumen setenta años entre ambos. Las dos sorprendentes derrotas de Djokovic en la final de París –ante Khachanov– y en la final de Londres —ante Zverev— apuntaban a algo parecido al relevo… pero ahí ha quedado de momento la cosa.

4. De hecho, no hay nada más desesperanzador para el circuito que el hecho de ver que Nadal, sin competir desde septiembre y que había tenido que renunciar a Brisbane por molestias físicas, haya llegado a la final y lo haya hecho sin ceder un set ni perder el servicio en todo el torneo. Ahora mismo, la superioridad del número uno y el número dos del mundo sobre todos los demás es tal que, a medio gas, como se ha demostrado en la final, Rafa solo tuvo que disputar un tie-break en seis partidos. Puede que su cuadro no fuera el más duro posible, pero ahí estaba Álex de Miñaur, reciente ganador en Sídney; estaba Tomas Berdych, que parecía en gran forma, y estaban Frances Tiafoe y Stefanos Tsisipas, otros dos ilustres miembros de la «next gen». No le hicieron ni cosquillas y se ve que bastaba con buscárselas con un poco de fe.

5. Quizá es eso lo que falta a esta generación: fe. No lo sé. Tsisipas la tuvo para ganarle a Federer y tanto Khachanov como Zverev —lo acabamos de decir— la tuvieron al mejor de tres sets el año pasado para ganarle a Djokovic… pero el caso es que Nadal no les dio ni una sola opción. Muchos se apresuraron a decir que era «el mejor Rafa de la historia en pista dura» pero eso era imposible. Nadie se pasa lesionado tanto tiempo, se retira por precaución de un torneo y, de la nada, juega el mejor tenis de su carrera. Ni siquiera Federer, pese a ganar en 2017 después de seis meses de parón. En aquella ocasión, al menos el suizo jugó la Hopman Cup entera y tuvo que sufrir como un perro en tres agónicos partidos a cinco sets.

6. En cualquier caso, el resultado para Nadal es excelente, por mucho que Djokovic se le acerque en la famosa lista de grand slams y se aleje en la clasificación ATP. Después de cada lesión de este tipo y más conforme avanzan los años —cumplirá treinta y tres en junio—, vuelven los rumores acerca de su recuperación y una vez tras otra, ahí está Rafa para demostrar por qué lleva catorce años entre los diez primeros del mundo. Simplemente, este no era su torneo. No para ganarlo, al menos. Es su cuarta final perdida en Australia, lo que choca especialmente teniendo en cuenta que entre los otros tres grandes tan solo ha perdido otras cuatro.

7. Vamos ya con el resto de mortales y empecemos por el doble defensor del título, Roger Federer. Claramente, ha perdido comba. No ya contra Rafa y Novak —con los tres en su esplendor hace años que Federer es el tercero en discordia— sino con el resto de competidores. No tengo claro dónde está el problema porque físicamente no parece especialmente lento, así que no tiene por qué ser una cuestión de edad. Sus derrotas en los últimos tres slams —todas ellas antes de semifinales— han seguido un patrón parecido: empieza jugando de maravilla, desaprovecha varios puntos clave y de repente se viene abajo sin voluntad alguna de remontada. Cuando Roger se hunde, se hunde con todo, no hay matices. Contra Tsisipas fue muy superior en el primer set y bastante superior en el segundo. Dispuso de diez bolas de break y las perdió absolutamente todas. Cuando vio que el griego le igualaba el partido en el segundo tie-break, en vez de tirar de jerarquía, se dejó llevar por sus demonios.

8. Ahora bien, eso aún puede cambiar. Por supuesto, el adiós de Federer está mucho más cerca que lejos. Dudo que sea esta temporada porque los Juegos de Tokio 2020 están ahí y no creo que Roger quiera renunciar a una quinta cita olímpica como ya tuvo que hacerlo en Río por lesión. Mientras tanto, debe seguir al acecho. No le veo opciones serias contra Djokovic o Nadal —salvo quizá contra el segundo en hierba— pero si los dos salen de su camino, Roger siempre será Roger. No le enterremos hasta que él decida meterse en el ataúd.

9. Las dos grandes noticias del cuadro masculino han sido, por supuesto, Lucas Pouille y Stefanos Tsisipas, dos veinteañeros que llegaron a semifinales. Todo un acontecimiento. Lo de Pouille fue aún más sorprendente, teniendo en cuenta su pésimo 2018 y la irregularidad que le caracteriza. Tirando de un servicio excelente, fue pasando rondas hasta que se encontró con Djokovic en las semifinales… donde solo pudo hacerle cuatro juegos. Supongo que ver que Nadal solo le hacía ocho en la final, le hará sentir mejor.

10. En cuanto a Tsisipas, apunta alto. No sé qué quiere decir eso en este circuito tan mediocre, pero ha demostrado que puede jugar bien en tierra batida y en pista dura y se va a instalar entre los diez primeros del mundo durante algún tiempo. Con veinte años recién cumplidos no se le puede pedir más. Le ganó a Federer sin complejo alguno y naufragó tácticamente ante Nadal, que le hundió a base de bolas altas al revés a una mano. Sus declaraciones pospartido: «No sé cómo Federer le ha podido ganar más de diez veces» lo dicen todo del naufragio. La buena noticia para Stefanos es que su esplendor debería coincidir con la retirada de Rafa y ahí, sobre todo en tierra batida, se abre un hueco descomunal.

11. Otra historia positiva del torneo fue la «resurrección» de Roberto Bautista y Pablo Carreño. Es sorprendente que a estas alturas de su carrera, Bautista debute en los cuartos de final de un gran torneo, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Derrotó a grandes rivales como Marin Cilic en un partido épico y corroboró lo visto en Doha, donde fue capaz de ganar a Wawrinka, Djokovic —sí, el mismo del que hablábamos antes— y Berdych antes de hacerse con el título. En cuanto a Carreño, ocurre como con Pouille: absolutamente nadie le esperaba en octavos y aun así consiguió filtrarse con buenas dosis de sufrimiento. En esa ronda perdió ante Nishikori, no sin antes dejar uno de los momentos del campeonato.

12. Pongámonos en situación: después de un 2018 para olvidar, Carreño llega a octavos de final de Australia y le gana los dos primeros sets a Kei Nishikori. La cosa parece hecha pero se complica: desaprovecha un break a favor en el tercero y acaba cediéndolo en la muerte súbita. Pierde el cuarto sin ofrecer demasiada resistencia y en el quinto cede su servicio nada más empezar, dejando que Nishikori saque para culminar la resistencia… pero, de repente, Carreño saca su mejor tenis, rompe al japonés y consigue forzar el llamado «super tie-break» del quinto set, al mejor de diez puntos. No solo eso, sino que se adelanta 8-5, una diferencia prácticamente imposible de remontar. Y entonces, pasa lo que han visto en el vídeo. Una decisión polémica, un jugador que se va completamente del partido y cinco puntos que van pasando uno tras otro al marcador del nipón, entre la desesperación y los insultos de su rival. En la siguiente ronda, Nishikori, para seguir su tradición, se retiraría.

13. Por cierto, a esto del «super tie-break» habrá que acostumbrarse. De momento, a mí se me hace corto. Entiendo que no tiene sentido llegar al 70-68 pero ponerse a ello en el 6-6 me resulta precipitado. Tal vez podrían esperarse al 10-10 y no pasaría nada. En cualquier caso, si los jugadores lo prefieren, no hay mucho que discutir.

14. Españoles: aparte de Bautista, Nadal y Carreño, Verdasco tuvo momentos de verdadera brillantez en el que es su Grand Slam favorito y se quedó a un punto de ganar a Marin Cilic en tercera ronda. El problema, en términos de relevo, es que Verdasco tiene treinta y cinco años. De los jovencitos, aún no se sabe nada, aunque se sabrá: Jaume Munar  —que ya no es tan jovencito a sus veintiún años— se retiró en primera ronda después de perder dos tie-breaks con Fabio Fognini, mientras que Nicola Kuhn y Alejandro Davidovich se quedaron en la segunda ronda clasificatoria. En cualquier caso, seguimos creyendo.

15. Si la «next gen» como concepto y a excepción de Tsisipas ha sido la gran decepción del torneo, nadie encarna mejor esa decepción que Alexander Zverev. Lo del alemán es incomprensible: es capaz de ganar a los mejores y jugar como los ángeles en torneos tan importantes como los Masters 1000 o las mismísimas World Tour Finals… pero se viene abajo lamentablemente en cada Grand Slam. Y, sinceramente, si no eres capaz de cambiar eso ni con Ivan Lendl como entrenador, tienes un problema muy serio. Lendl consiguió cambiar la mentalidad de Murray y puede que lo consiga con Zverev, pero el camino se nos está haciendo largo. Está claro que el chico no está para competir de tú a tú con Djokovic o Nadal al mejor de cinco sets, pero entre eso y perder contra Raonic en tres mangas (1-6, 1-6 las dos primeras) tiene que haber un punto medio.

16- Por cierto, hay que hablar de Murray. Qué difícil es evaluar su carrera. Se retirará después de Wimbledon —puede que antes, acabó su partido de primera ronda contra Bautista en Australia hecho unos zorros— con solo tres Grand Slams en su carrera. Los mismos que Wawrinka. Y, con todo, ha sido un jugador descomunal y un verdadero ejemplo fuera de la pista, destacando por su sensibilidad en torno al sexismo en el tenis. No en vano, eligió a Amélie Mauresmo como entrenadora cuando su carrera necesitaba un nuevo giro. Ha sido finalista en todos los grandes, ha ganado una pila de torneos, ha sido campeón olímpico dos veces… y aun así, ni siquiera su fugaz paso por el número uno, evitará que, con los años, el famoso «big four» quede para la historia como un «big three con acompañantes». Sobreviviente de la tragedia de Dunblane, cuando un loco entró en su colegio y mató a dieciséis niños, el escocés ha estado siempre rodeado por ese aura de maldito e inconformista, incapaz de agradar a tanta gente que estaba empeñada en ser agradada por él. Confiemos en que pueda estar en Wimbledon y que reciba la ovación que se merece en la pista central.

17. Último apunte masculino: Alex de Miñaur, el australiano de origen vasco, tiene «pintaza». Vale que contra Nadal no pudo hacer nada y que quizá no es lo más sensato afrontar un Grand Slam jugando nueve partidos en dos semanas… pero a los diecinueve años este chico parece cosa seria, igual que Shapovalov, que al menos cayó en tercera ronda sacándole un set a Djokovic, es decir, con algo de dignidad. No se puede decir lo mismo de Karen Khachanov, otra gran decepción que se nos pasará pronto.

18. Pasemos al cuadro femenino y empecemos loando justamente a la campeona: Naomi Osaka. No es solo su talento, sino su capacidad para lidiar con situaciones críticas. Ganó el US Open derrotando en la final a Serena Williams en medio del abucheo de toda la pista central y casi entre lágrimas. En su siguiente grande repite título después de recuperarse de una de esas situaciones que marcan una carrera: Osaka tuvo un 7-6, 5-3 y 0-40 a su favor sobre el servicio de Kvitova y no solo desperdició las tres bolas de partido sino que perdió su servicio dos veces más en el set y acabó teniendo que irse a un tercero. Cualquier otra jugadora —más a los veintiún años— se habría venido abajo, pero a los tres juegos ya volvía a estar break arriba y esta vez ya no dio más opciones.

19. La alegría de Osaka fue la decepción de Kvitova, pero, ¡qué torneo el de la checa! Se plantó en la final sin perder un solo set gracias a un cuadro bastante favorable y se agarró a esa final como se agarró a la vida en diciembre de 2015. Hablamos de un ataque cuyas secuelas físicas y mentales acabarían con cualquiera de nosotros y Petra ahí está, luchando por volver a ser la mejor del mundo, como cuando ganaba Wimbledons e impresionaba con su juego de ataque. Se ha quedado a un paso de un nuevo grande y de recuperar el número uno, pero ha demostrado de qué material está hecha. Esperemos que haya más oportunidades.

20. Si lo de Kvitova fue una sorpresa —relativa, pues no dejaba de ser la cabeza de serie número seis—, no sé cómo calificar lo de Daniele Collins, su rival en semifinales. La estadounidense, número 35 del mundo, consiguió superar a Caroline García y Angelique Kerber para lograr su mejor resultado en un slam. Aún tuvo energía para aguantarle un set a Kvitova (llegó a estar break arriba) pero se vino abajo en el segundo. Hablamos de alguien que venía de caer en primera ronda de Sidney tras pasar por la ronda clasificatoria.

21. Si Kvitova y Collins fueron las sorpresas, Karolina Pliskova fue la gran «aguafiestas». Todo el mundo soñaba con un nuevo enfrentamiento entre Naomi Osaka y Serena Williams después de lo que pasó en Nueva York, pero la mala suerte se cebó con la estadounidense. Sin quitar méritos a una gran jugadora como es Pliskova, solo la desgracia en forma de «falta de pie» y lesión en el tobillo pueden lograr que Serena pase de ganar 5-1 en el tercer set y disponer de cuatro pelotas de partido a acabar arrastrándose y perdiendo 5-7. El récord de la homófoba Margaret Court-Smith sigue a un grande de distancia pero se está haciendo rogar. Y Serena, como Roger, va para treinta y ocho este año. Aunque apenas se note.

22. Garbiñe Muguruza. ¿Qué hacemos con Garbiñe Muguruza? Yo sigo pensando que tiene otro slam en su raqueta y que, en cualquier caso, habiendo ganado dos y sido número uno del mundo, pues ni tan mal. Su torneo fue anodino, como casi todo lo que viene haciendo últimamente. Muy por debajo de su talento. Protagonizó como anécdota el partido con comienzo más tardío de la historia del Grand Slam —pasada la medianoche ante Johanna Konta— para acabar cayendo en la siguiente ronda ante la propia Pliskova sin ofrecer demasiada resistencia. Al menos, esta vez no hubo imágenes de discordia con su entrenador.

23. Quien se presentó sin entrenador en Melbourne fue Simona Halep. Ella misma se ocupó en autodescartarse para el título con tanta insistencia que empezó a resultar sospechoso. Sin embargo, tenía razón: parece que su juego no es el mismo y la ex número uno del mundo cayó en octavos ante Serena Williams perdiendo de paso su trono. Le hizo sudar a la estadounidense, eso sí, justo dos días después de derrotar a su hermana Venus, ganadora de este torneo… en 2003.

24. En cuanto al resto del tenis femenino español y confirmado el bajón anímico y físico de Carla Suárez, que volvió a quedarse en segunda ronda, destaca la presencia de la ganadora del Roland Garros junior de 2015, Paula Badosa. Entre lesiones y diversos problemas, a Badosa le está costando llegar. Tanto que esta fue su primera participación en un Grand Slam y perdió en primera ronda. La buena noticia es que aprovechó la segunda semana para quedarse en Australia, disputar un torneo ITF y llegar a la final. Debería al menos ser fija en los grandes cuadros; a partir de ahí, el nivel del circuito WTA es tan alto y tan variado, que es difícil pronosticar.

25. Vamos con el resto de ganadores: los franceses Herbert y Mahut completaron su Grand Slam particular al hacerse con el torneo de dobles masculinos. Por el camino, eliminaron a los hermanos Bryan, de vuelta al circuito como pareja tras casi un año de lesión de Bob. Teniendo en cuenta los excelentes resultados que cosechó Mike con Jack Sock el año pasado —ganaron Wimbledon, el US Open y las World Tour Finals— el hecho de esperar pacientemente a su hermano y seguir adelante con su carrera en común cuando ambos están ya en los cuarenta dice mucho de él. El doble femenino fue, sorprendentemente, para la pareja Sam StosurZhang Shuai, lo que quiere decir que por fin Stosur puede presumir de ser campeona del Abierto de su país después de más de una década intentándolo en individuales. Los mixtos fueron para la excelsa doblista Barbora Krejcikova y el bombardero estadounidense Rajeev Ram.

26. Por último, repasemos los ganadores de los torneos junior, por si algún año de estos —¿2025, 2030…?— consiguen tomar el relevo de Djokovic y Nadal. Ya sin Chun Hsin Tseng como gran dominador, el torneo masculino lo ganó el italiano Lorenzo Musetti, del que se hablan maravillas, y que tuvo que salvar dos bolas de partido antes de imponerse al estadounidense Emilio Nava por 14-12 en el tie-break definitivo. El femenino fue también a manos de la cabeza de serie número uno, en este caso la danesa Clara Tauson, que derrotó en la final a la canadiense Leylah Annie Fernández.

Nos vemos en cuatro meses y medio en Roland Garros, donde no es de prever otra final que no sea un nuevo Nadal- Djokovic… aunque ahí, desde luego, el serbio no lo tendrá tan fácil.


Novak Djokovic, Angelique Kerber y todo lo que nos dejó Wimbledon 2018

Novak Djokovic tras ganar la final masculina de Wimbledon 2018 Foto: Cynthia Lum / Cordon.

Han vuelto. Djokovic y Kerber, Kerber y Djokovic. El serbio ya había apuntado maneras en Roland Garros, perdiendo medio lesionado en cuartos de final, y se había quedado a un punto de ganar en Queen’s, pero pocos esperaban que consiguiera su cuarto triunfo en Wimbledon y el decimotercero en un torneo de Grand Slam. Igual que Federer y Nadal fueron el relevo de Djokovic, Djokovic lo ha sido del suizo y el español, que venían de repartirse los seis últimos grandes. De hecho, Nole fue el semifinalista más joven de esta edición a sus treinta y un años, pero de eso hablaremos —de nuevo— un poco más tarde.

En cuanto a Angelique Kerber, dominadora absoluta del circuito en 2016, se apunta su tercera gran corona derrotando ni más ni menos que a Serena Williams en la final, un plus. Para la estadounidense queda el dato casi heroico de haber sido finalista con casi treinta y siete años y después de disputar solo cuatro torneos desde que ganara la edición 2017 del Open de Australia. Si no es la mejor tenista de todos los tiempos, desde luego lo parece. Son ya veinte años de éxitos sin apenas decepciones de por medio. Llega el momento de analizar un torneo algo previsible pero que nos dejó partidos para el recuerdo.

1- Empecemos por el cuadro masculino y por el campeón: Novak Djokovic. Cuando logró completar a su manera el Grand Slam en 2016 —ganó los cuatro grandes seguidos, aunque no en el mismo año natural— pocos dudaban de que la cosa no iba a quedar ahí y que pronto superaría a Federer y a Nadal en la lista de tenistas más laureados. Por entonces, el serbio llevaba doce majors por catorce del español y diecisiete del suizo. Dos años después, Nole se presentaba en Londres con solo una final disputada en este periodo —el US Open de 2016, con derrota ante Wawrinka—, después de una molestísima lesión de codo, tras haber cambiado varias veces de entrenador y con una edad —treinta y un años— a la que las resurrecciones solían ser misión imposible. Mientras él seguía anclado en los doce grandes, Nadal ya sumaba diecisiete y Federer, veinte. No era exactamente un «ahora o nunca», pero los expertos tampoco parecían dispuestos a esperarle mucho más.

2- Ahora bien, lo consiguió. Pasó rondas ante rivales como Edmund o Nishikori sin atascarse más de lo aconsejable y viéndose relegado en ocasiones a la Pista 2, hasta que llegó a la semifinal contra Rafa Nadal. Después de años y años de dominio serbio, Nadal había ganado los dos últimos enfrentamientos y partía como número uno del mundo. Una victoria del español habría consolidado una tendencia más que peligrosa para Novak. El partido fue un espectáculo en todos los sentidos, probablemente el mejor del año: a la tensión del momento se le sumaron dos jugadores en estado de gracia y una emoción superlativa. Dos veces estuvo a punto Nadal de romper el servicio de Djokovic y sacar para ganar el partido pero fueron las dos únicas en las que no pudo conseguirlo. Nole aguantó y aguantó, y de repente se encontró con un 9-8 a favor y 0-40 sobre el saque del balear. De las tres oportunidades, le sobraron dos.

3- En cualquier caso, a Nadal poco hay que reprocharle: se pasó cinco horas en la pista contra Djokovic, divididas en dos días, después de jugar durante otras cinco horas contra Juan Martín del Potro en cuartos de final. Todo esto, a los treinta y dos años y después de la paliza que se pegó en primavera durante la gira de tierra batida. Tampoco jugó a su favor el hecho de que el partido se disputara con el techo cerrado. El español se medio quejó, con esa manera suya de «decir pero no decir pero a la vez decir». Wimbledon es un torneo al aire libre, así está catalogado, y así debería haberse jugado. Otra cosa es que sea justo que los cuatro torneos del Grand Slam sean en cubierto, que igual no lo es.

4- Una vez más, la resistencia mental de Nadal destacó sobre la de todos sus competidores. Es un atleta extraordinario en ese sentido. No sé si el mejor de la historia, pero por ahí debe de andar. No se rinde nunca, bajo ningún concepto y hace fácil lo difícil: ganar los puntos que cuentan. Si el partido ante Djokovic se fue a cinco sets y estuvo tan cerca de ganarlo fue por una sencilla razón: mientras el serbio había amenazado con el break en nueve de sus saques, consiguiéndolo solo en tres, él rompió las cuatro veces que tuvo oportunidad. Es cierto que esta fiabilidad le falló en el momento clave, pero para llegar al momento clave hay que pasar por muchas etapas antes y esas etapas también cuentan.

5- Hemos dicho que la semifinal entre Nadal y Djokovic fue la verdadera final porque la final duró más bien poco: Kevin Anderson llegó completamente agotado después de su maratón del viernes ante John Isner, con un 26-24 incluido en el quinto set y más de cien aces entre ambos jugadores. El partido reabrió el debate sobre la necesidad de acortar estas quintas mangas con un tie-break, como ya hacen en el US Open. Tiene toda la lógica del mundo, porque pasarse casi siete horas sacando y sacando no parece lo más sensato. Quizá se podría buscar un término medio, como ampliar ese posible tie-break a diez puntos o realizarlo a partir del 8-8 o incluso el 10-10.

6- Sea como fuere, a Anderson le pasó factura el esfuerzo y apenas fue competitivo en la final. Era de esperar porque el sudafricano tampoco es ningún niño, aunque extrañó la diferencia en condición física teniendo en cuenta que Djokovic también se había pasado cinco horas y media en pista ante Nadal, acabando menos de veinticuatro horas antes. El torneo de Anderson fue majestuoso, en línea con lo que está siendo su inesperada segunda juventud. Apoyado en su saque, como siempre, derrotó en octavos a un sólido Gaël Monfils, que venía haciendo su mejor torneo en Londres, y fue capaz de remontarle dos sets en contra a Federer en cuartos de final, sin duda la gran sorpresa del campeonato.

7- Nos paramos ahí un momento porque la oportunidad lo exige. Federer no solo cedió una ventaja de dos sets a cero por solo quinta vez en su carrera, sino que perdió el partido después de tener match point a favor en el tercer set. Según apunta @OnlyRogerCanFly basándose en las estadísticas del mítico foro Tennis Warehouse, esta es la vigésima vez que algo así sucede. Si aún no sabe si veinte veces son muchas o pocas, cabe decir que a Djokovic solo le ha pasado tres veces en su carrera, a Murray cinco y a Nadal, siete, aunque cuatro de ellas son anteriores a 2006.

Roger Federer en el partido contra Kevin Anderson. Foto: Kevin Quigley / Cordon.

8- Tras el partido, Roger afirmó en rueda de prensa que era una derrota muy dura: «Lo mismo tardo meses en recuperarme como me olvido a la media hora». Ver el nivel de Djokovic de alguna manera le habrá aliviado. Aunque Federer empezó el torneo de maravilla —llegó a sumar treinta y cuatro sets ganados de manera consecutiva si sumamos los de 2017—, la derrota ante Anderson no fue una casualidad: le habíamos visto torpe en Stuttgart, aunque se llevara el título, y algo incómodo en Halle, aunque llegara a la final. Está a días de cumplir treinta y siete años y, por muy campeón vigente que fuera del torneo, esa es una edad a la que es un poco injusto que te exijan la victoria. Viendo que no hay relevo digno de tal nombre, las posibilidades de Federer de seguir ganando grandes y luchando por el número uno dependerán exclusivamente de si Djokovic vuelve a su nivel de hace dos años.

9- Hemos pasado muy de puntillas por la actuación de John Isner y es un poco injusto, pero también es reflejo del nivel actual del circuito: que un jugador así haya ganado este año en Miami y dispute una semifinal de Wimbledon cuando debería haber empezado su declive indica que el nivel medio es mucho más bajo que hace cinco o diez años. Isner sigue siendo el jugador que siempre ha sido: un gran sacador, con un revés cortado decente y una derecha errática. En toda su carrera eso no le había servido más que para llegar a cuartos de final del US Open de 2011. Encontrárselo en semifinales sobre hierba es hasta cierto punto decepcionante, por mucho que nos alegremos por él.

10- Isner se impuso en cuartos de final a Milos Raonic, que pese a sus lesiones sigue dando guerra en Wimbledon año sí y año también. El canadiense, a sus veintiocho años, era el más joven de los ocho cuartofinalistas. De la tan esperada next generation solo cumplieron Stefanos Tsitsipas (perdió en octavos), Karen Jachánov (también en octavos) y Álex de Miñaur, que cedió en tercera ronda ante un avasallador Rafa Nadal. El resto, un desastre: Borna Coric, ganador en Halle, perdió en primera ronda ante Daniil MedvedevDominic Thiem se retiró lesionado también en primera ronda contra Marcos Baghdatis; Denis Shapovalov se quedó en segunda ronda ante un rival —BenoîtPaire— con el menisco desgarrado, y Francis Tiafoe cayó en tercera ante el citado Jachánov después de ceder dos sets de ventaja. Tampoco duró mucho más la aventura del ruso, que cedió en tres rápidas mangas ante Djokovic en octavos.

11- La gran decepción del torneo fue sin duda, una vez más, Alexander Zverev. Cabría esperar de su actuación en Roland Garros, con unos batallados cuartos de final, que por fin el alemán empezara a demostrar su talento en un grande, pero habrá que esperar al menos dos meses más. Zverev ya estuvo a punto de perder en segunda ronda ante Taylor Fritz y al final lo hizo en tercera frente al renacido Ernests Gulbis. Es imposible saber qué pasa con este chico. Ha ganado torneos importantes en tierra, en dura y en hierba… pero solo ha pasado una vez de tercera ronda en un Grand Slam. En cuanto a Gulbis, habrá que ver si ha sido flor de un día o si su recuperación va en serio. Sería una excelente noticia.

12- En el terreno negativo, destacaron también Grigor Dimitrov y Marin Cilic. Dimitrov perdió en primera ronda ante Stanislas Wawrinka. Si fuera sobre tierra y en 2015, lo entenderíamos, pero Wawrinka nunca ha destacado sobre hierba y en 2018 está casi retirado del tenis por sus continuas lesiones. Todos los avances del búlgaro el año pasado, incluyendo su Masters 1000 y las World Tour Finals, parecen haberse quedado en nada. Por su parte, Cilic, finalista el año pasado y campeón diez días antes en Queen’s, cedió contra el argentino Guido Pella en segunda ronda. Una enorme ocasión perdida para el croata, que al menos tuvo todo el tiempo del mundo para ver el Mundial a gusto.

13- En nuestra sección «¿Qué hacemos con Nick Kyrgios?» de nuevo tocan lamentos. Perdió en tercera ronda contra Nishikori después de enfrentarse públicamente con Marion Bartoli, la campeona de 2013. La francesa le reprochaba su actitud excesivamente despreocupada en pista y Kyrgios decidió burlarse de ella en Twitter. Todo venía a cuento de la multa de quince mil euros que le puso la ATP por fingir que estaba masturbando una botella durante las semifinales del torneo de Queen’s. Los esfuerzos de Kyrgios por convertirse en una continuación de Bernard Tomic no dejan de ser preocupantes.

14- Por cierto, Tomic se apuntó a la previa, se sacó su plaza en el cuadro principal, ganó un partido e incluso le arrebató un set en segunda ronda a Kei Nishikori. También ganó un partido —es decir, más que Dimitrov y Coric juntos— el veteranísimo Ivo Karlovic, que a sus cuarenta años parece más fuera que dentro del circuito. Lo de Karlovic fue especialmente doloroso porque cayó a continuación ante Jan-Lenard Struff después de cinco sets y un 11-13 en el quinto, incluyendo punto de partido a favor. En el camino dejó sesenta y un aces, la segunda mejor marca del campeonato después de los sesenta y cuatro de Isner ante Ruben Bemelmans.

15- Los españoles. Aparte de las semis de Nadal, lo único mínimamente celebrable fue el récord de Feliciano López de torneos de Grand Slam consecutivos disputados (sesenta y seis, desde Roland Garros 2002). La fiesta duró un partido porque en segunda ronda cayó contundentemente ante Del Potro, que cuajó un excelente torneo. Ferrer, Ramos, Carreño y Verdasco cayeron en primera ronda. García-López y Feliciano, en segunda. A las chicas no les fue mucho mejor.

Angelique Kerber en el momento en el que se proclama vencedora de la categoría femenina de Wimbledon 2018. Foto: Cynthia Lum / Cordon.

16- Vamos, pues, al cuadro femenino. Angelique Kerber estuvo fantástica durante todo el torneo. Ya el año pasado estuvo más cerca de lo que pareció de haber logrado un buen resultado, pero se le complicó el partido contra Muguruza cuando parecía tenerlo controlado y al final ella se quedó en octavos y la española acabó levantando el trofeo. Este año se aprovechó de la masacre de favoritas —de entre las diez primeras cabezas de serie, solo Karolina Pliskova llegó a octavos de final y ahí se quedó— para conseguir su tercer grande tras los triunfos en Australia y el US Open de 2016. Lo más impresionante de su victoria fue la manera de manejar a Serena Williams en la final. Una cosa es ganar a Serena y otra cosa es arrollar a Serena. Lo segundo está al alcance de muy pocas.

17- Por cierto, la menor de las Williams entró en el torneo rodeada de dudas: hundida en el puesto 181 de la WTA después de un año y medio casi sin competir por su reciente maternidad, tras tener que retirarse de Roland Garros con una lesión en el pectoral y con turbios problemas con la USADA, pocos confiaban en que la estadounidense fuera capaz de llegar tan lejos. La suya es una historia increíble. Ganó su primer grande en los años noventa y creo que eso lo dice todo. Es cierto que se benefició de un cuadro muy asequible, pero, como siempre digo en estos casos, la culpa no es suya, sino de quien pierde antes de que ella gane.

18- Gran torneo el de Jelena Ostapenko, que llegó a semifinales con cierta contundencia después de un decepcionante Roland Garros. La letona apenas le dio guerra a Kerber, pero se va consolidando como una jugadora hábil en todos los terrenos pese a su juventud. También destacó Julia Görges, aunque dio la sensación de que en la semifinal contra Serena podría haber hecho un poco más, como sí hizo Camila Giorgi en cuartos, por ejemplo. En cuanto a las sorpresas positivas, recalquemos la de Kiki Bertens, que por fin rompió el muro de los octavos de final sobre hierba.

19- En cuanto a sorpresas negativas, todas las que quieran: Kvitova, Sharapova, Caroline García, Sloane Stephens y Elina Svitolina perdieron en primera ronda; Muguruza y Wozniacki lo hicieron en segunda; Halep, Mertens, Barty, Keys y Venus Williams se quedaron en tercera. También cayó en dicha ronda Carla Suárez Navarro, pero me temo que tampoco se esperaba mucho más de ella en este torneo.

20- Nos quedamos con Garbiñe Muguruza por aquello de que era la campeona vigente y que venía de hacer semifinales en Roland Garros. Cayó ante Alison van Uytvanck de la manera más inopinada, después de ganar el primer set y sin oponer resistencia en los dos siguientes: 6-2 y 6-1. Digo ahora lo mismo que dije después de Roland Garros. Hablamos de una mujer que ya ha ganado dos grandes y que ha sido número uno del mundo. Todo lo que venga de más será un regalo y así habrá que tomarlo.

21- El momento emotivo de la quincena lo protagonizó la propia van Uytvanck cuando, después de vencer en tercera ronda a Anett Kontaveit, se lanzó a las gradas para besar a su novia, la también profesional Greet Minnem. Ver a dos mujeres besándose en una pista de tenis debería ser lo más normal del mundo, pero desgraciadamente no lo es. Que se recibiera, en medio de las manifestaciones del orgullo gay en todo el mundo, con alborozo es una excelente noticia. Sobre todo porque para ella fue importante, que es lo que cuenta. Hay que tener en cuenta que hablamos de un deporte en el que la jugadora con más títulos de Grand Slam —Margaret Court-Smith— es una conocida homófoba.

22- ¿Qué pasa con Elina Svitolina? No hablo ya de sus resultados deportivos, que son más que preocupantes, sino de su aspecto físico. Ha perdido muchísimos kilos en pocos meses o eso parece y uno empieza a preguntarse si no habrá algún tipo de enfermedad detrás de un proceso que sin duda está afectando a su tenis. La rusa no parece excesivamente preocupada, así que esperemos que la cosa quede en nada y pueda recuperar su mejor nivel cuanto antes.

23- Una de las grandes alegrías del cuadro femenino fue volver a ver a Belinda Bencic disfrutando del tenis y jugando a un gran nivel. Aunque ya no nos acordemos, Bencic llegó a ser top ten hace apenas un par de años y desde entonces no se ha vuelto a saber de ella, afectada por una plaga de lesiones. En Londres recuperó su versión más ilusionante, derrotando a García, Riske y Suárez antes de caer contra la campeona en octavos y dando guerra. Confiemos en su recuperación. También sorprendió gratamente Eugénie Bouchard, de la que tanto se había hablado para mal últimamente y que se apuntó a la previa, consiguió pasar al cuadro principal y ganó su primer partido antes de caer frente a Ashleigh Barty. Esta semana, de nuevo a los torneos ITF.

24- En cuanto a las demás categorías, breve recuento de ganadores y ganadoras: Mike Bryan se impuso en el dobles masculino, pero sin hacer pareja con su hermano, sino con su compatriota Jack Sock, cuya crisis en individuales sigue vigente desde que se impusiera en el Masters 1000 de París. En los dobles femeninos ganaron las checas Barbora Krejcikova y Katerina Siniakova. Los dobles mixtos fueron a manos de Alexander Peya y Nicole Melichar, que derrotaron en la final a los grandes favoritos, Jamie Murray —el hermano de Andy— y Victoria Azarenka.

25- ¿Quieren mirar al futuro con un poco de esperanza, visto lo visto? Bien, apunten de nuevo el nombre del taiwanés Tseng Chun-hsin, el mismo que ganó en Roland Garros y fue finalista en Australia. Llegó a la final sin ceder un solo set y acabó derrotando al local Jack Draper, que estaba ante la posibilidad de ser el primer británico en ganar la competición júnior desde 1962. Tseng tiene dieciséis años y un futuro esplendoroso por delante. Sobre todo porque, para cuando empiece a ser competitivo, igual Federer, Nadal y Djokovic ya han decidido retirarse… En el júnior femenino, la campeona fue la polaca Iga Swiatek, una apasionada de Jane Austen a sus diecisiete años. Toma así el relevo de las hermanas Uwe y Agnieszka Radwanska, que no están pasando precisamente por su mejor momento como profesionales.


Rafael Nadal, Simona Halep y casi todo lo que nos dejó Roland Garros 2018

Fotografía: Chen Yichen / Cordon.

El 5 de junio de 2005, Manuel Fraga comenzaba sus últimas elecciones gallegas como candidato del PP con unas incendiarias declaraciones contra el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. El juicio contra Michael Jackson por abusos sexuales a menores llegaba a su fin ante el evidente deterioro físico del cantante mientras, en Bolivia, el líder indígena Evo Morales pedía elecciones para deponer al gobierno. En el mundo del deporte, el COI publicaba sus primeros informes de evaluación respecto a las distintas candidaturas para los Juegos Olímpicos de 2012: París y Londres aparecían como favoritas, con Madrid y Nueva York en un segundo plano. Moscú quedaba prácticamente descartada.

Todo esto sucedía el mismo día que, con diecinueve años recién cumplidos, Rafa Nadal se proclamaba por primera vez campeón de Roland Garros tras derrotar en cuatro sets al argentino Mariano Puerta, posteriormente descalificado por dopaje. Creo que es una buena manera de colocar las cosas en contexto: trece años después, Fraga está muerto como muerto está Michael Jackson. Tras Zapatero llegó Rajoy y tras Rajoy ha llegado Sánchez. Evo Morales lleva una década instalado en el poder y Madrid no solo perdió la votación por los Juegos de 2012 sino que volvió a perder las de 2016 y 2020 hasta que por fin decidió olvidarse del asunto.

El mundo cambia y cambia rápido excepto para algunos elegidos: por ejemplo, Rafa Nadal, campeón a los treinta y dos años de su undécimo Roland Garros, decimoséptimo torneo de Grand Slam de su palmarés. Como diría Tolstoi, cada una de sus tres derrotas en París tiene detrás una historia distinta, pero sus once victorias en catorce ediciones dejan un aire en común: paseo tras paseo hasta el paseo final. Nunca en el deporte de élite se ha visto un dominio tal sobre una disciplina como el de Nadal sobre la tierra batida. Analicemos en detalle lo que nos ha dejado esta edición.

1. A diferencia del año anterior, cuando Nadal no perdió ni un solo set ni estuvo cerca de hacerlo, esta vez Rafa se ha mostrado moderadamente humano. En primera ronda, Simone Bolelli le forzó un tie-break, lo mismo que Maximilian Marterer en octavos de final. En cuartos, Diego Schwartzman llegó incluso a ir ganando 6-4, 2-1 y 40-0 con su saque… pero se puso a llover y la cosa acabó 6-4, 3-6, 2-6 y 2-6. En semis, Del Potro rayó a un excelente nivel durante ocho juegos en los que debió haberse llevado el primer set. Ahora bien, no convirtió ninguna de las seis oportunidades de break y acabó sufriendo un suplicio. La final, una vez más, fue poco más que un trámite.

2. Éramos muchos los que pensábamos que el juego de Nadal era pan para hoy y hambre para mañana. Allá por 2006, 2007, 2008… cuando veíamos a ese postadolescente correr detrás de cada bola como loco y recargar su calendario hasta la exageración para acabar cada temporada con algún tipo de molestia o lesión, el veredicto común era que, a los treinta años, el mallorquín estaría ya más que retirado. Pues bien, tiene treinta y dos y ha ganado tres de los últimos seis grandes. Los otros tres los ha ganado Roger Federer, a punto de cumplir treinta y siete.

3. Por cierto, la última vez que Federer y Nadal consiguieron ganar seis Grand Slams consecutivos fue en el tramo 2008-2009. Rafa se impuso en Roland Garros 2008, en Wimbledon 2008 y en Australia 2009 mientras Roger lo hacía en el US Open 2008, en Roland Garros 2009 y en Wimbledon 2009. Por aquel entonces, Juan Martín del Potro fue el encargado de romper la racha en el US Open de 2009. Que los tres sigan entre los cuatro mejores del mundo una década después creo que dice mucho del nivel de las siguientes generaciones, pero ese es un tema ya mil veces tratado.

4. Se podría argumentar que Rafa no ha tenido grandes rivales camino a la final. Es cierto. Sin embargo, a diferencia de lo sucedido en el pasado US Open, donde levantó el trofeo sin jugar contra un solo rival de los veinte mejores del mundo, apelar en Roland Garros al ranking del rival es absurdo. A cinco sets solo hay un jugador capaz de ganar a Nadal en tierra y ese jugador es Alexander Zverev… solo que Alexander Zverev, que tiene el tenis para ello, aún no ha aprendido a manejarse en formatos largos. Cuando lo haga, veremos.

5. Tiempo para el finalista, Dominic Thiem. El austriaco es un buen jugador, sin duda. No me parece una estrella, pero sus resultados están ahí, sobre todo en tierra, y ha sido el único en ganar a Nadal en esa superficie en los dos últimos años. Ahora bien, la diferencia con el número uno del mundo cuando el número uno del mundo se lo toma en serio es abismal, como se mostró en la final: Thiem solo fue competitivo durante seis juegos. Con todo, Thiem se ha convertido a sus veinticuatro años y medio en el segundo jugador nacido en los noventa en llegar a la final de un torneo del Grand Slam y eso que su preparación no fue la idónea: en tres semanas ha tenido que jugar doce partidos por su decisión incomprensible de participar en el torneo de Lyon mientras todos los demás favoritos descansaban. Espero que, por muy bien que le haya ido, el año que viene se tome su físico más en serio.

6. Aparte de Juan Martín del Potro —casi 30 años, resultados mediocres en tierra batida durante las últimas temporadas, lesionado justo antes de empezar el torneo y aun así semifinalista—, la gran historia del torneo fue la de Marco Cecchinato, un habitual de los torneos challengers que puede encontrar por fin cierta estabilidad entre los cincuenta mejores del mundo ahora que ha dejado atrás sus problemas con las apuestas. Cecchinato jugó muy bien y mereció llegar donde llegó, especialmente después de eliminar a Djokovic en cuartos de final con una exhibición de garra y juego. Mi problema es que me cuesta mucho hablar bien de gente relacionada con el dopaje o con los amaños. Gente, en definitiva, que no entiende lo que debería ser el deporte. Por lo tanto, aquí lo dejo.

7. Novak Djokovic. Muy buenas sensaciones hasta cuartos de final. Ahí, un poco de caos y de cabreo. Pasó de afirmar que volvía a estar a su mejor nivel a cuestionar su presencia en Wimbledon por un nuevo problema, ahora en el hombro. Seamos prudentes: no sé si a los treinta y un años le va a dar tiempo a poner de nuevo en orden todas las piezas, pero después de lo visto en las dos últimas temporadas con jugadores que todo el mundo daba ya por acabados igual se lía a ganarlo todo a los treinta y cuatro.

8- Hablaba antes de Alexander Zverev como gran esperanza de futuro, o incluso de presente. Con Federer regulando su calendario y a poco que Nadal se relaje un poco en lo que queda de curso, el alemán podría incluso optar al número uno. Si le presento como el único capaz de poner fin a la dictadura de Rafa en París es simplemente porque ya estuvo a punto de ganarle en Roma —solo la lluvia lo impidió— y porque antes de Roma ya había ganado dos Masters 1000 en tierra batida, algo que ni Thiem ha logrado. Este Roland Garros tiene que suponer un antes y un después para él. A sus veintiun años se había chocado siempre con la muralla de los Grand Slams y los partidos a cinco sets. Este año ha demostrado que está dispuesto a no dejarse vencer. Su  juego fue horrible, de acuerdo, pero remontó en todas las rondas hasta llegar a cuartos de final, donde cayó exhausto y lesionado ante el posterior finalista. Son los pasos que todo el mundo ha de dar para llegar a lo más alto. Aprender a luchar y aprender a perder. Me cuesta mucho no imaginarlo como vencedor de un grande este año o el siguiente a más tardar.

9. Los otros jóvenes nos dejaron un sabor agridulce: Stefanos Tsitsipas sufrió más de la cuenta para derrotar a Carlos Taberner… pero puso en serios apuros a Thiem en segunda ronda. Con otro cuadro, igual podríamos haber visto más del griego. Dennis Shapovalov tampoco tuvo suerte: en segunda ronda se enfrentó a un Maximilian Marterer en el mejor momento de su carrera —veintitrés años cumplirá en pocos días— y cayó en cuatro sets. Alex de Miñaur llegó y se fue: tres mangas perdidas contra Kyle Edmund y a casa. En cuanto al prometedor Felix Auger Aliassime no fue capaz ni de llegar al cuadro principal, derrotado por el español Jaume Munar.

10. En Jaume Munar nos quedamos. Gran torneo el suyo, refrendado la semana siguiente con un meritorio y sufrido triunfo en el challenger de Prostejov, lo que le coloca este lunes a las puertas del top 100. Es de lo poco a lo que puede agarrarse el tenis español, que ve cómo la carrera de David Ferrer llega a su fin así como la de Feliciano López en individuales —otra cosa son los dobles, donde llegó a semifinales con Marc López y puede seguir jugando hasta los cuarenta si quiere—. El mal momento de Roberto Bautista sigue siendo preocupante y la gran actuación de Fernando Verdasco, que se impuso cómodamente a Grigor Dimitrov en tercera ronda, apenas compensa el patinazo de Pablo Carreño, que sufrió en primera ronda, sufrió en segunda y acabó derrotado en tercera, precisamente ante Cecchinato. Seguimos esperando a Nicola Kuhn, convaleciente aún de una lesión en un dedo, y a Alejandro Davidovich, reciente finalista del challenger de Lisboa.

11. Por cierto, hay gente que se toma esto en serio y gente que se lo toma con más ligereza. En una superficie tradicionalmente hostil para él, Marin Cilic se clasificó para cuartos de final y puso en apuros a Del Potro. En una superficie que debería adaptarse a su juego, Dimitrov hizo lo de siempre: marcharse a casa mucho antes de lo que su talento debería permitirle. Incluso Kevin Anderson y John Isner lucharon hasta llegar a octavos. Especialmente doloroso fue lo del sudafricano, que dejó escapar dos sets y un break de ventaja antes de caer ante Diego Schwartzman.

12. Fabio Fognini hizo un buen torneo teniendo en cuenta que la estabilidad mental no es lo suyo. Cayó en octavos, también en cinco sets. En el camino dejó unas declaraciones en las que se quejaba del trato preferencial que se le estaba dando a la «NextGen», relegando partidos de gente más consagrada como Garbiñe Muguruza a pistas con menos glamur. Supongo que en ese caso concreto tenía razón. Ahora bien, entiendo que Fognini también se estará dando cuenta de que el tenis profesional agoniza. Si sobrevive es solo gracias a las exhibiciones de dos tipos que sobrepasan con mucho la treintena, así que la única ilusión del aficionado está en ver si los muchachos de la «NextGen» consiguen hacer lo que la generación de Fognini nunca hizo: apartarles del trono.

13. Hablando de la «NextGen», qué buena pinta tiene Karen Khachanov. No copa portadas, no es el estandarte de nada… pero qué bueno es cuando quiere. Pasó por encima del alicaído Lucas Pouille antes de caer en octavos ante Zverev, en un partido que debió ganar.  

14. Vamos ya al cuadro femenino. Después de tres finales de Grand Slam perdidas, Simona Halep se encontró con un 3-6, 0-2 en contra en su cuarto intento frente a Sloane Stephens, vigente campeona del US Open. Fue uno de esos momentos que define una carrera: ¿iba a resignarse Halep a un nuevo «no pudo ser» y seguir la larga lista de números uno del mundo incapaces de llevarse un grande? No. La derrota habría sido demasiado devastadora como para permitírsela. Su juego durante el resto del segundo set fue de tal calidad que acabó desquiciando a Stephens, desaparecida en la tercera manga. Roto el dique del primer «grande» no sería de extrañar que la rumana consiga llevarse unos cuantos más… claro que lo mismo decíamos hace dos años de Angelique Kerber.

15. Sobre Stephens, poco hay que decir. La asesina silenciosa. Parece que no está, nunca llega como favorita, no coquetea con el número uno del mundo… pero se quedó a un paso de su segundo grande. En eso se parece a su compatriota Madison Keys, a la que derrotó en semifinales: a dos semanas, ambas pueden ser intratables. Las dos tendrán una nueva oportunidad en Wimbledon.

16. Me gustó mucho Garbiñe Muguruza. Siempre tengo la sensación de que le exigimos demasiado. Queremos que sea Nadal y no es Nadal, claro. Nadie es Nadal. Después de un año espantoso y lleno de lesiones, se plantó en semifinales de un torneo que ya ganó en 2016. Tiene veinticuatro años aún, ha sido ya número uno del mundo, ha ganado dos grandes y ha sido finalista en otra ocasión. Yo diría que no está mal. De haber ganado su semifinal, habría vuelto a lo más alto del ranking WTA; aun así, las semifinales la dejan en el número tres a la espera de defender título en Wimbledon.

17. La gran sorpresa fue, sin duda, la derrota de Jelena Ostapenko en primera ronda después de haber ganado el año pasado, confirmando una primavera más bien gris sobre tierra batida. No solo extrañó la derrota sino la rival ante la que cayó derrotada, Kateryna Kozlova, número 62 del mundo y que solo duró un partido más en el torneo. En el plano positivo, habrá que reconocer la mejoría de María Sharapova, capaz de llegar a cuartos de final de un Grand Slam por primera vez desde su sanción por dopaje. Con Sharapova me pasa lo mismo que con Cecchinato, así que, enhorabuena, pero no voy a extenderme más.

18. ¿Qué hacemos con Karolina Pliskova? Hace cosa de un año iba a comerse el mundo y no sé hasta qué punto el mundo va a acabar merendándosela. Finalista en el US Open de 2016, semifinalista en Roland Garros de 2017 y fugaz número uno del mundo el pasado verano, la checa cayó en tercera ronda ante Sharapova por un excesivo 6-2, 6-1. Llega ahora Wimbledon, un torneo en el que no ha pasado de la segunda ronda en ninguna de sus siete pasadas participaciones. ¿Será la hora de la remontada o de seguir con la depresión? Un talento así no puede desaparecer de buenas a primeras.

19. Serena Williams fue otra de las grandes protagonistas del torneo. En su primer grande desde que ganara el Open de Australia de 2017 ya embarazada, la campeonísima estadounidense llegó con cierta facilidad hasta octavos de final donde tuvo que retirarse por unas molestias en el pectoral. Para muchos, no ayudó el empeño en seguir disputando el dobles con su hermana Venus. Según ella, era la única manera de saber hasta qué punto era grave la lesión. En cualquier caso, si después de un año sin competir y medio lesionada, consigue llegar a octavos en tierra batida, miedo da pensar lo que puede hacer en hierba o en pista dura si no hay sobresaltos de por medio.

20. Apunten este nombre: Daria Kasatkina. Igual queda en nada, pero por si acaso, apúntenlo. Entiendo que a Naomi Osaka ya la tienen apuntada aunque no fuera ni mucho menos su mejor torneo.

21. Iba a hablar del tenis femenino español pero la verdad es que el tenis femenino español se ha visto reducido a Muguruza. La siempre fiable Carla Suárez Navarro cayó de forma sorprendente en segunda ronda y ninguna de las otras dos participantes en el cuadro principal —Lara Arruabarrena y Georgina García Pérez— consiguió pasar la segunda ronda. Ahora bien, son dos casos bien distintos. Mientras Lara ya es una veterana en estas lides, Georgina disputaba en París su primer Grand Slam y solo haberse impuesto en su primer partido es un recuerdo que le quedará para siempre, aunque Wozniacki la despertara a continuación del sueño con un 6-0 y 6-1.

22. Herbert y Mahut, una de las mejores parejas de dobles del momento, se llevaron el torneo en su especialidad frente a Marach y Pavic. Es su tercer torneo de Grand Slam después de haberse llevado Wimbledon y el US Open en 2016. Curiosamente, siendo franceses, nunca habían destacado en Roland Garros. Para celebrarlo, la pista entera coreó «La Marsellesa» en su honor.

23. Agárrense con los ganadores junior porque vienen curvas. En el cuadro masculino, se impuso Tseng Chun-hsin, de dieciséis años, que venía de ser finalista este mismo año en Australia. Con Sebastian Korda compitiendo ya en los «futures», probablemente el taiwanés haya quedado como la gran promesa del circuito juvenil. En el cuadro femenino, la ganadora fue la estadounidense Cory Gauff. Lo impresionante de esta chica es que acaba de cumplir catorce años y de hecho ya había llegado a la final del US Open con trece. ¿Saben cuántas jugadoras de catorce años habían ganado ya un Grand Slam como juniors? Tres: Gabriela Sabatini, Jennifer Capriati y Martina Hingis. No les fue mal a ninguna.

24. Acaba por fin la temporada de tierra batida, una temporada que se lleva mal salvo que uno sea muy aficionado de Rafa Nadal porque la verdad es que competencia hay la justa desde hace ya catorce años. Lo curioso es que Federer puede arrebatarle el número uno del mundo solo con llegar a la final esta semana en Sttutgart, pero probablemente lo vuelva a ceder después de Queen’s y Wimbledon salvo nueva heroicidad. ¿Los demás? Al acecho. Puede que vuelva Murray, pero no hay que esperar gran cosa de él. A Wawrinka igual convendría ir dándole por retirado y Djokovic sigue siendo una incógnita, como hemos visto. En cuanto a los nuevos, habrá que esperar. Tarde o temprano, alguien llegará y acabará con este eterno retorno de los mismos nombres. Desde que Marat Safin se impusiera en la final del Open de Australia de 2005 solo siete jugadores se han repartido todos los torneos de Grand Slam (cincuenta y tres): Nadal, Federer, Djokovic, Murray, Wawrinka, Cilic y Del Potro. El más joven de todos cumplirá treinta años a lo largo de 2018.