Patricia Ramírez: «No creo en una psicología que no esté basada en la ciencia»

Fotografía: Énkar Neil

Patricia Ramírez Loeffler (Zaragoza, 1971) es una mujer segura de sí misma, asertiva y con las ideas muy claras. No rehuye las preguntas y responde con conocimiento y entusiasmo. Se viene arriba con un público que abarrota La Rambleta, acostumbrada como está a hacer su trabajo en los grandes estadios de fútbol o en los medios de comunicación de mayor audiencia. Es, probablemente, la psicóloga deportiva más famosa del universo fútbol. Ha trabajado con el Real Betis Balompié y con el Real Club Deportivo Mallorca, aunque su trabajo no se restringe exclusivamente a la órbita del deporte rey. Hablamos de la importancia de la psicología en el deporte de alto rendimiento, de cómo las redes sociales han modificado las relaciones, de los modelos de liderazgo, e incluso de su incursión como neuropsicóloga en el campo de la enfermedad de Alzheimer.

La jornada en la que nos encontramos inmersos hoy en La Rambleta se titula «Preparándonos para vivir cien años». Patricia, como experta en psicología, ¿estamos preparados para vivir cien años?

¿Estamos preparados en qué sentido? ¿para disfrutarlo? ¿para cognitivamente estar bien? Yo creo que estamos preparados para vivir cuanto más mejor y, a ser posible, en buenas condiciones. Hoy en día hay mucho trabajo a nivel cognitivo, y sabemos desde la parte psicológica qué tipo de actividades cuidan nuestro cerebro para llegar a esos cien años en buenas condiciones.

Cuéntanos, ¿qué tenemos que hacer para llegar con unas buenas condiciones cognitivas, ya no a cien, sino a ochenta años por ejemplo?

Hoy sabemos que existe una serie de actividades que favorecen la neurogénesis, entre ellas la práctica regular del ejercicio físico, el poder meditar, dormir y descansar con calidad. Y todo lo que hacemos despertando la curiosidad, ponernos retos, aprender a hacer cosas fuera de nuestra zona confortable, trabajar, vestirte con la mano no dominante… Cualquier reto que le ponemos al cerebro favorece que se genere esa neurogénesis, que se ramifique el cerebro y que eso mantenga a nuestro cerebro cognitivamente más joven. Ya que vamos a vivir tanto que por lo menos podamos recordar qué hemos hecho anteriormente.

Entonces se trata de intentar salir de nuestra zona de confort. Esa es tu recomendación.

Bueno, no siempre, porque mi zona de confort cuando acabo el día es sentarme con mi marido a ver una serie y no quiero salir de ahí, pero sí es cierto que si queremos cultivar esa curiosidad y si queremos que nuestro cerebro sepa memorizar tenemos que entrenar ese músculo, porque el cerebro funciona un poco como cualquier otro músculo del cuerpo, si dejas de utilizarlo se atrofia. Podemos hacer ejercicios tan sencillos como ir a hacer la compra y hacer el cálculo matemático de cuánto cuesta lo que llevamos dentro del carro antes de llegar a la caja, podemos coger otro camino distinto para llegar al trabajo y obligar al cerebro a que elabore un mapa mental del recorrido, podemos abrocharnos, comer, ducharnos, con la mano no dominante, podemos hacer ejercicios que nos saquen de esa zona cómoda y que obligue al cerebro a pensar de otra manera, y eso sí que contribuye a la neurogénesis.

En resumen, ejercitar la memoria de trabajo.

A nivel cotidiano hay ejercicios muy sencillos, aprender cada día cinco palabras nuevas, aprender tres palabras en otro idioma, o hacer algún juego que requiera concentración. Hoy en día los móviles nos facilitan esto con las apps, y a nuestra edad, bueno… Porque estamos bien, pero la gente de sesenta, setenta, ochenta años tiene ahí un recurso riquísimo, no para evitar el deterioro cognitivo, pero sí para evitar muchas otras cosas. Es importante seguir aprendiendo toda la vida.

He leído que crees que la actitud condiciona más que la edad.

Totalmente. Mira, yo no creo en estas frases míticas que hay ahora en redes sociales en las que la actitud lo es todo y que sí tú quieres no hay límite, no hay techo, que los límites los pones tú. Todo esto es mentira, todo eso son frases de gente con un nivel de positivismo totalmente irreal. La actitud es importante pero no lo puede ser todo. Nosotros estamos condicionados por una genética, hay un talento, hay unas habilidades, hay una capacidad, hay unas condiciones socioeconómicas, hay un factor suerte que contribuye a que las cosas nos salgan mejor o peor, pero a igualdad de condiciones la actitud es un valor importantísimo.

Estamos hablando en todo momento de un envejecimiento, llamémosle, normal. Pero tú has trabajado en Granada, en el Hospital Universitario San Cecilio, con enfermos de alzhéimer. A mí me gustaría que nos contaras cuál ha sido tu experiencia y qué trabajo has hecho allí.

Estuve cuatro años en el departamento de neurología y trabajaba con Antonio Huete, que llevaba temas de demencia de alzhéimer, y yo llevaba la valoración neuropsicológica de los enfermos. Yo me dedicaba a evaluar el deterioro cognitivo con una serie de tests, el más conocido y más sencillo es el minimental, pero también con otros tests más complicados en psicología. Hay diferentes tipos de demencias, teníamos a gente con demencia por consumo prolongado de alcohol, teníamos a gente con treinta, treinta y cinco o cuarenta años que pensaba que tenía una demencia y realmente tenía deterioro cognitivo por un trastorno de ansiedad, que afortunadamente luego se revierte. Todo ese problema de no poder concentrarnos, de perder las llaves, de no poder estar atento, de leer y no retener, cuando eres tan joven, normalmente cursa con un trastorno de ansiedad, y yo me dedicaba a eso, a valorar en el paciente si había un deterioro cognitivo leve o una demencia, y si había demencia de qué tipo era.

Sobre el diagnóstico de alzhéimer, desde el punto de vista neuropsicológico, me gustaría que nos contaras cuán fiable es el diagnóstico psicológico para esta enfermedad

Pues mira, sinceramente, cuando yo estaba con este trabajo, que era en el año 2000 o 2001, no recuerdo que hiciésemos esas estadísticas. Recuerdo que simplemente tenía que valorar, dando unas puntuaciones, el deterioro cognitivo. Y dependiendo de la demencia, si había también una desorientación espacial, pérdida de memoria, un trastorno con el vocabulario, con el lenguaje… No encontrar las palabras adecuadas indicaba al neurólogo, aparte de las pruebas que ellos hacían, si solo había un deterioro cognitivo leve o era una demencia. Pero ahora no recuerdo la correlación, porque si se hicieron esas pruebas desde luego a mí esos datos no me los dieron. Ya me gustaría tenerlos, en psicología todo lo que no tenemos en datos no existe.

Y decías antes que trabajabas también en estimulación cognitiva con pacientes.

Sí, ahí hacíamos de todo, desde trabajar psicomotricidad fina, porque el paciente se vuelve muy torpe, hasta ayudar a los cuidadores en casa a tapar los espejos cuando el paciente ya no se reconoce o le da miedo verse en el espejo, o señalar el agua caliente o fría porque el paciente deja de percibir, a ordenar la ropa porque muchas veces el paciente de alzhéimer sale en pleno invierno con ropa de verano. También hacíamos talleres de lectoescritura, hacíamos puzles para trabajar la memoria, recordar fechas en las que estábamos, todo ese tipo de cosas.

Los aprendizajes que has sacado de trabajar con pacientes con alzhéimer son experiencias gratificantes pero también muy duras.

Muy duras.

¿Y cómo lo trasladas a otros campos de la psicología en los que trabajas?

Bueno, estuve cuatro años allí porque me lo pidió Antonio Huete, pero luego no he vuelto a trabajar con demencia de alzhéimer. Tengo un nivel de empatía muy grande, así que llegó un momento en el que no quería trabajar con trastornos psicóticos, ni con una depresión mayor, ni con enfermos de alzhéimer, porque si el cuidador sufre una depresión el enfermo ve como esa persona poco a poco se va apagando y lo pierdes. Así que decidí no seguir trabajando en ello. La lectura que saco de ahí para aplicar a lo otro es poca, porque al final me he terminado dedicando a esos entrenamientos psicológicos que nos permiten subir, de hábitos de vida saludables, de relaciones de pareja, de educación serena con los niños, de rendimiento deportivo. Hubo un momento en que lo anterior me tenía completamente marchita, todos esos trastornos de la personalidad, por más que trabajas ver un cambio cuesta muchísimo.

De hecho el cambio es a peor.

Normalmente ese cambio es a peor.

Y tienes dos patologías, la del paciente y la del cuidador, que tiene una depresión.

La psicología es un campo muy amplio, enfocado a ayudar.  Aunque la familia de los pacientes agradecen muchísimo la ayuda yo necesitaba ver otro tipo de cambios. Yo estudié psicología para aplicarla al deporte, y son dos campos totalmente distintos.

Por cambiar de tema, eres la psicóloga más influyente, una influencer como se dice ahora

Yo especifico ahí; a mí el colegio oficial de psicólogos me dio un premio como la psicóloga más influyente en redes sociales, porque igual en otros campos no.

En Twitter tienes unos ciento treinta mil seguidores. ¿Cómo lo llevas?

Bien, bien. Mira que Twitter es una red social complicada, porque enseguida hay alguien que salta, Instagram es una red como mucho más amable, es más difícil que la gente te salte, pero no tengo la sensación de recibir mucha crítica, alguna vez sí que hay algún comentario cuando escribo en la columna del Marca. Me dicen que si para esa columna hay que ser psicólogo, pues yo que sé, pues igual no, pero yo la escribo. Normalmente no recibo mucha crítica como para sentirme mal, al revés, en las redes sociales percibo mucho agradecimiento. Yo comparto información: en un momento determinado con un paciente sale una frase que crees que puede servir a los demás, la comparto, y puede ser que a alguien esa frase le venga como anillo al dedo e igual puede cambiar su perspectiva, hacerle reflexionar o tomar una decisión, o quitarse en un momento determinado el concepto de culpa. Eso para mí es una bendición.

Tú también dices que dime a quién sigues y te diré qué eres en las redes sociales. La comunidad que cada uno genera depende del discurso, el mensaje que lanzas hace que la red sea amable o no contigo, ¿es así?

Y que yo no soy una persona polémica, no comparto nunca ideas religiosas, ni políticas. Cuando algo no me gusta no lo critico, simplemente o dejo de seguir o no opino, pero no soy de las personas que cuando algo no le parece bien va enseguida y contesta para que se note que no me gusta. Hay críticas que creo que suman poco. Al no ser polémica, creo que la gente tampoco tiene mucho que decir contra mí.

Y desde el punto de vista profesional ¿cómo ha cambiado la irrupción de las redes sociales sobre nuestros comportamientos? ¿Hemos mejorado o hemos empeorado?

Yo, sobre todo, voy a hablar de la parte positiva porque también va relacionado con mi forma de ser. El conocimiento y la libertad que nos dan las redes sociales requiere información. Tú antes te sentabas delante del telediario y tenías que verlo entero. Con las redes sociales puedes seleccionar lo que quieras: política, ciencia, nutrición, si te interesa el deporte… Te permite seleccionar, y eso es una ventaja. ¿Qué parte negativa tiene? En la gente joven, y también en muchos adultos, existe el peligro de depender de esa aprobación social para sentirte bien. Aunque por lo general creo que las redes sociales nos han facilitado tener la información accesible y eso nos hace libres.

Tal vez nos crea cierta ansiedad por no poder llegar a toda la información o por no poder seguir a toda la gente que quieres seguir o por responder.

Pero ahí tenemos que educarnos y aprender a establecer prioridades. Igual que tenemos un límite para el tiempo que le dedicamos a la televisión por la noche antes de irnos a dormir, o un límite para la siesta porque te tienes que ir a trabajar, las personas tenemos que aprender a ponernos límites. Puedes limitar el uso de las redes sociales, dedicarle media hora por la mañana cuando desayunas y media hora por la noche antes de acostarte. Una forma de educarnos en el autocontrol, en la paciencia, es poner un límite si no lo tienes y en ese límite establecer tus prioridades.

¿Y cuándo das tú el salto a tener decenas de miles de seguidores? ¿Cuando empiezas a trabajar en el ámbito del fútbol u ocurre antes?

Ocurre antes, me abrí cuenta de Twitter cuando fui a dar una charla a la Federación Española de Baloncesto, porque colaboro en el curso de entrenador todos los años. Voy a Zaragoza y el director me dice «¿Tú no tienes Twitter? Pues hazte un Twitter». Y me lo abro y de ahí me voy a la concentración del Betis a Cardiff y Jorge Molina me dice «¿ya tienes Twitter?». Le digo que sí y ahí todos empiezan a compartir. Entonces pedí a la afición del Betis que colaborara en mis charlas mandándome historias personales relacionadas con el beticismo, y cómo han sentido el Betis, lo lancé en las redes sociales y a partir de ahí consigo unos once o doce mil seguidores. Pero el salto empieza cuando después de ese año empiezo a trabajar en Televisión Española y en El País Semanal.

Antes de llegar al Betis estabas en el Mallorca

Seis años en el Mallorca con Gregorio Manzano.

¿Cómo empieza esa experiencia?

La experiencia en el fútbol empieza con Luis Aragonés en el año 2000, en el Mallorca también, y esa fue muy corta. Luego voy a trabajar a Granada con un corredor. Me acuerdo que una vez en verano me llamó Gregorio Manzano. Y yo estaba en la consulta en agosto y me llaman por teléfono y digo «¿quién es?» y responde que Gregorio Manzano y le digo que si es para darle consulta. No lo relacionaba y me dice «no hombre, que soy el entrenador». Y me dice que quiere conocerme porque lleva siguiendo mi trabajo desde hace años, que ha leído mis artículos en el Marca, ha oído a Paquillo Fernández hablar de mí, y me dice que ahora no tiene equipo pero que le encantaría que en el próximo equipo me fuera con él. Y eso fue en verano. Y en febrero del año 2006 destituyen Cúper en el Mallorca y llaman a Gregorio y me dice: «oye, Patricia, que tenemos equipo y trabajamos ya la semana que viene». Y ahí empecé los seis años con él. Así empezó, vamos. Lo más intensivo del fútbol.

Pero había habido psicólogos en equipos de fútbol antes en la liga española, ¿no?

Bueno, lo que se conocía en ese momento era la experiencia que tuvo Benito Floro en el Real Madrid.

¿Cuál es el trabajo que hace un psicólogo en un equipo de fútbol?

Bueno, los distintos psicólogos en un equipo de fútbol trabajamos de forma distinta. Hay a quien le gusta trabajar a pie de campo, pero yo tengo una forma distinta, trabajo en la concentración. La charla que monto con los dieciocho jugadores que vienen convocados está relacionado con el late motiv que tengamos en el partido. Y eso viene fruto de una reunión con el cuerpo técnico en el que hablamos de cuál es el histórico con ese equipo, cómo estamos jugando, si venimos de haber ganado, perdido, empatado y de ahí sacamos conclusiones, de si por ejemplo es importante trabajar la concentración porque últimamente nos despistamos, o si es importante trabajar para ser más competitivos porque hasta pasados veinte minutos del primer tiempo no nos metemos en el partido… Y en función de eso yo monto una charla muy visual, porque el jugador está acostumbrado a ver o a estudiar con lo audiovisual. Hago una charla en la que se trabaja esa variante psicológica de una forma muy rigurosa, porque no creo en un psicología que no esté basada en la ciencia. Se usan fichas de trabajo, juegos, poniéndoselo fácil al jugador. Tengo una charla muy participativa con los dieciocho, siempre en forma de U para que todos se puedan ver, donde se comparte lo que hacemos, y así semana tras semana.

Entonces primero tienes la charla con el equipo técnico con el que haces el análisis del histórico del equipo, del momento de la liga en el que estás, del equipo con el que te enfrentas… y luego preparas la charla con los jugadores. Y ahí acabas.

No, no acabo. A mí, después del partido, me gusta analizar las cosas positivas, aunque hayamos perdido. Analizar qué cosas volveríamos a repetir de ese partido, qué cosas haríamos exactamente igual, qué cosas haríamos de una forma distinta. Luego tengo un eje transversal todo el año con el que trabajamos cada semana cuáles son los objetivos para cada entrenamiento y cada partido, vamos trabajando pensamientos. Y a nivel particular, individual de cada jugador, pues los hay que vienen de una lesión y hay que trabajar unos aspectos psicológicos, otro que no está siendo un jugador importante y entonces hay que trabajar la autoestima, la seguridad y la confianza. Depende de cada uno, y de sus necesidades personales.

¿Y cuál es la respuesta de los jugadores frente a un psicólogo y frente a un psicólogo mujer?

Bueno, creo que a los jugadores les da igual que seas hombre o mujer; el jugador quiere tener enfrente un buen profesional que le ayude a trabajar las variables psicológicas que mejoren su rendimiento deportivo, independientemente de si es hombre o mujer. Si el jugador entiende que tú sabes de fútbol, o que tienes una noción de lo que va lo suyo, y que eso implica o da a entender que tienes empatía para entender sus problemas y hacer un trabajo serio, riguroso con ellos, los tienes ganados. En los dieciocho años que llevo trabajando en el fútbol de élite no he tenido nunca un problema con ninguno, al revés, me he sentido totalmente apoyada, respetada, para mí son mis compañeros y los jugadores saben que yo los quiero muchísimo. Cuando un periodista viene y me pregunta por los egos de un jugador me revuelve las tripas. Estoy cansada de los juicios de valor sobre los jugadores, y esa predisposición a pensar que como son personas que cobran mucho dinero existe el derecho a juzgar su vida, con quién sale o con quién no. Dejemos la vida de los jugadores tranquila, dejemos los juicios de valor, pidámosle simplemente que sean buenos profesionales cuando salgan a jugar o a entrenar y ya está.

Entonces no es un mundo tan machista como por lo menos parece desde fuera.

¿Y por qué parece que es un mundo tan machista? Nunca he tenido la sensación de estar en un mundo machista, no.

Lo digo porque cuando ha habido una fisio o alguna médica que ha intervenido en un partido, no los jugadores, evidentemente, pero sí el público muchas veces ha hecho algún comentario fuera de lugar.

Nosotros no, pero a la afición no la podemos controlar. Pero desde luego con el trato y el respeto que  he tenido con los jugadores y el cuerpo técnico me he sentido una más. He viajado con ellos en el autobús, he convivido con ellos en el hotel, y jamás he sentido una falta de respeto, al revés, he sentido un profundo agradecimiento por parte de los jugadores. Imagino que de los cientos de jugadores con los que he trabajado alguno seguro que no le gusta mi trabajo, pero mi sensación es de agradecimiento. Es más, con muchísimos de ellos, una vez ya no hemos coincidido en el equipo, he seguido trabajando a nivel individual. Siento agradecimiento y respeto, nunca he sentido un ataque machista, ni mucho menos. Igual vas en un autobús con muchos hombres y puedes oír un chiste, pero como si lo puedes oír en tu casa y lo cuenta tu padre o tu hermano, o sea, que no puedo tener una queja.

Fabuloso.

De verdad.

Contabas que te llama Gregorio Manzano para planificar una temporada, pero también te podría llamar un entrenador para sacar al equipo de una dinámica negativa o de una situación complicada.

Mira, eso me ha pasado también, pero no creo en ese tipo de trabajo. Alguna vez, cuando me han llamado para hacer de bombero he ido, pero no creo en ese trabajo. Creo que el psicólogo debe ser un miembro más del cuerpo técnico dado que el éxito deportivo depende de tu rendimiento y de cómo gestionas tus emociones. Si le preguntas a un jugador de fútbol o de golf de en qué medida su éxito depende de su cabeza, con toda seguridad te dirá que en un porcentaje muy alto. Igual que entrenas tu parte física también tienes que entrenar tu parte mental. El psicólogo del deporte debe estar desde el inicio de la temporada y empezar a trabajar en pretemporada aspectos tan importantes como la comunicación, la cooperación, el compañerismo, el conocimiento del grupo, el tolerar la frustración, el liderazgo, establecer un código de conducta… Todo eso hay que trabajarlo al principio, porque va a aunar al grupo. Si en pretemporada generas vínculos emocionales entre los jugadores, que aprendan a quererse como personas, no solamente como jugadores, va a ser mucho más fácil que luego se quieran ayudar, que quieran cooperar, que en los momentos difíciles se echen un cable. Para mí el psicólogo del deporte debe estar integrado desde un inicio.

¿Pepe Mel también te llama antes del inicio de la temporada?

Sí, Pepe Mel me llama desde un principio. Justo salgo del Mallorca, ya que se termina el contrato y Gregorio se va, y Pepe me llama a principio de la temporada y lo único que me dice es «mira, Patri, me han hablado muy bien de tu trabajo», y me dice por favor que me vaya a trabajar con él, pero me dice «solo hay una condición, y es que este año tenemos que subir sí o sí, no hay plan B». Y yo digo: pues plan A. Y al final subimos, así que me quedé también al año siguiente en primera, y ahí ya decido dejar el fútbol como miembro del equipo para dedicarme a los medios de comunicación.

¿Por qué?

Pues porque ahí ya había escrito mi primer libro Entrénate para la vida, y lo tenía que presentar. Y empiezo a trabajar en El País Semanal, y en La 2 de Televisión Española. Y porque me gusta mucho la divulgación sencilla de la psicología, porque era para mí algo muy importante. En Granada vi que en la radio no se hablaba de psicología. Entonces me dediqué a ir radio por radio presentando un programa a ver quién lo quería, a la COPE le gustó y estuve seis años en COPE Granada trabajando en un programa de divulgación. Yo creía que la divulgación de la psicología cotidiana, no la de los grandes trastornos, era importante y que no había. Además el fútbol en el alto nivel es algo muy sacrificado cuando tienes familia. Los seis primeros años de mis hijos no los viví. Estaba en el Mallorca. Tienes que viajar todos los fines de semana con el equipo, y organizar tu consulta. En ese momento ya empezaba a despuntar como psicóloga del deporte y me invitaban a los másteres, y no podía ir . Cuando te preguntan en enero si podrás ir en mayo tienes que decir que no lo sabes, porque no sé si juego jueves, viernes, sábado, no sé dónde viajo porque el partido no te lo fijan hasta casi quince días antes, no puedes organizar tu agenda, y llegó un momento en que quería estar los fines de semana con mis hijos, quería participar en congresos, y sobre todo me llamaba mucho la atención el divulgar en medios.

Porque lo simultaneabas…

Un entrenador o un jugador de fútbol se pueden permitir el lujo de no simultanear, pero un psicólogo no.

Porque no cobráis lo mismo, ¿no?

No. Nunca me han cesado en un equipo, he tenido esa suerte, en el momento en que te cesan si no tienes una carrera profesional al margen te puedes morir de hambre.

Pero lo que sí adquieres es una visibilidad muy grande.

Te da visibilidad, pero la visibilidad no te da de comer.

Desde luego.

Lo que te da de comer es el trabajo, yo con la visibilidad en las redes no como. Te lo digo porque me hace gracia. Imparto talleres los fines de semana y la gente me dice «me gustan más tus pósits que los talleres», y yo le digo que los pósits no me los paga nadie. El pósit está muy bien, a ti te encanta, pero yo vivo de los talleres y no de los pósits . Y tendré que compaginar… Y la gente enseguida que cuelgas algo que medianamente te genera un ingreso lo rechazan, y tampoco es eso.

Siguiendo con el fútbol, en una temporada a veces pasas rachas negativas o dinámicas muy malas…

Muy malas, las pasamos canutas… Bueno, gracias al Valencia nos pudimos mantener en primera división porque en el Betis estuvimos en primera diez partidos sin ganar, que eso es muchísimo. Yo no sé cómo no nos echaron, no lo entiendo. Entonces fuimos a jugar contra el Osasuna, y parecía que empatábamos y en el último minuto nos meten un gol, injustísimo, porque habíamos hecho un buen partido. Y ese partido no nos vamos a la calle porque los jugadores dijeron que ese día habíamos jugado bien, los pobres nos salvaron. El siguiente partido nos jugábamos el cuello, en casa, contra el Valencia y les doy una charla para cambiar la dinámica de la suerte, una charla muy chula. Y empezamos el partido y en el minuto 17 o 21 nos meten un gol y digo, «mecachis, 0-1». Y yo veía en el banquillo a dos jugadores, que eran Amaya y Ezequiel, que me miraban y me decían «Patri, tranquila, vamos a tener suerte», porque yo había hablado de la suerte, y yo los miraba y decía «madre de Dios, si confían ellos más que yo». Yo nos veía ya en la calle, y en el minuto 89 Rubén Castro mete un gol, y viene a celebrarlo conmigo a la banda y le digo «por Dios, Rubén, métete ahí dentro que tenemos que ganar», y en el minuto 94 ¡gol!, y la cara de Emery… Si podéis ver el gol por ahí, la cara decía «no puede ser lo que ha pasado». Ganamos 2-1 gracias al Valencia y a partir de ahí rompimos la racha y fuimos hacia arriba… pero sobre todo gracias al equipo que teníamos. Jugadores, cuerpo técnico, club, todos comprometidos. Fue increíble, parecía que celebráramos la final de Champions.

Aparte de que el Valencia vaya haciendo favores por ahí, que es lo que acostumbramos a hacer los valencianistas, ir salvando equipos… ¿qué haces tú para cambiar esa dinámica de diez partidos sin ganar, que son muchos?

Sí, sí son muchos. ¿Qué ocurre? Yo lo primero que hago es preguntar a los jugadores «¿oye, chicos, qué pensáis que está fallando?». Y en el fútbol hay un sentimiento de que cuando entras en una racha parece que no puedes salir de ella por tus propios medios… Yo trabajaba el locus de control interno, el ver en qué medida nosotros generamos el éxito o el fracaso, qué parte de la suerte depende de nosotros y cómo podemos crear oportunidades, trabajaba mucho en focalizar la atención en las cosas que hacíamos bien para no dar mucha vuelta a los errores, mantener un pensamiento positivo, pero es verdad que después de diez partidos cuesta.

También has trabajado con otros equipos no solo de fútbol, como el balonmano Antequera, o el CB Granada. ¿Qué diferencias ves con el fútbol? Con estos equipos, ¿el trabajo del psicólogo es diferente?

A nivel neuropsicológico hay una diferencia muy grande; en el balonmano el control mente-mano es mucho más sencillo que el control mente-pie, por lo que puedes trabajar muchas cosas respecto a visualización y concentración, y atención en jugadas, como puede ser un tiro libre en baloncesto. En la parte neuropsicológica es más fácil trabajar en balonmano y en baloncesto, pero en la parte de equipo es lo mismo. El deporte de equipo es lo mismo, porque son humanos.

¿Hay más presión en el fútbol que en el baloncesto o en el balonmano?

Hay más visibilidad y cuando hay más visibilidad hay más presión, porque la presión viene muchas veces por la sensación de que no estás cumpliendo con las expectativas. La gente te está criticando y los jugadores son humanos, y las críticas muchas veces son injustificadas porque solo se valora el resultado, pero la gente no sabe cómo entrenan, la gente no sabe lo que al jugador le importa, la gente no sabe cómo el jugador se entrega, saca la conclusión de que si no tiene un buen resultado es que no suda la camiseta, no siente el escudo, que habrá veces que pase, pero la mayoría de veces no es así. El jugador es un profesional como tú y como yo.

¿Entonces tu trabajo es diferente, independientemente de la presión?

No, es el mismo, porque la presión la traducimos en psicología como ansiedad, debido a la interpretación que tú estás haciendo de esos juicios de valor, y la ansiedad es un factor común en cualquier deporte.

También has trabajado con deportistas a nivel individual.

Sí.

Y eso sí que es diferente ¿verdad?

Es muy diferente, porque el deportista a nivel individual es mucho más controlador, es su escaparate. Tú ten en cuenta que en el fútbol cuando fallas siempre hay un compañero detrás intentando ayudar, la responsabilidad es más compartida y eso nos permite relajarnos un poco. Pero para el jugador de golf, de tenis, para el ciclista es más obsesivo con todo.

Cuéntanos un poco más del trabajo individual del deportista

El trabajo individual realmente es el mismo, porque lo que tú trabajas en el deporte de alto rendimiento son las variables psicológicas que afectan al rendimiento y ahí está, para todos igual, la presión, el miedo, las expectativas, la seguridad, la confianza, la concentración, la toma de decisiones… Para el deportista individual es lo mismo, pero tengo la sensación de que el deportista individual es un poco más sufridor, por esa sensación de que está solo. Es esa soledad de cuando acabas un partido y has perdido. En un deporte de equipo siempre hay un compañero que viene y te dice algo, ríes con alguien… Cuando pierdes un partido de tenis estás solo, hay que trabajar un poco más esa parte de soledad y esa atribución que tienen de culpa, la gestión de la frustración, mientras que en un equipo siempre hay un compañero para echarte unas risas en el vestuario.

A mí, que me gusta mucho el tenis, me fascina el control mental que tienen los tenistas de alto nivel como Rafa Nadal. El otro día contaba Carlos Moyà que su hijo le preguntaba que cómo podía ayudar a Rafa Nadal, si es el número uno del mundo. ¿Qué le puede aportar un psicólogo a un jugador que tiene esa fuerza mental como Rafa Nadal?

Pues yo creo que nada.

Te estás vendiendo muy mal.

Tengo que ser sincera. Una persona que ha ganado lo que ha ganado, con dolor, cómo se ha recuperado, cómo ha sido el número uno, cómo se ha lesionado, cómo ha vuelto otra vez… Yo creo que me tendría que sentar con Rafa Nadal y decirle «oye, ¿cómo lo haces? ¿Qué me puedes enseñar que yo pueda enseñárselo a otros?». Porque hay veces que uno elabora una serie de estrategias mentales que le convierten a uno en supercompetitivo, en positivo… Ese hombre ha desarrollado una serie de estrategias que seguramente serán como las que yo enseño, pero para mí sería muy interesante saber su manera particular de aplicarlo, para enseñárselo a otros. Aquí el aprendizaje es a la inversa, soy yo la que tiene que preguntarle a él cómo lo hace para poder enseñárselo a los míos.

A mí me sorprende que un tipo que ha ganado tanto y durante tanto tiempo tenga el hambre de seguir ganando. Recuerdo a Björn Borg, que se retiró porque estaba jugando un partido y se dio cuenta de repente de que ya no le motivaba el tenis.

Eso es importante, claro. Tú date en cuenta de que estar ahí requiere un esfuerzo y un sufrimiento altísimo, y el nivel de renuncias que haces en tu vida es enorme. Si te pones a contar los días en que Nadal está fuera de su casa son doscientos y pico. Si este hombre quisiera tener una familia y casarse con su novia de toda la vida y tener hijos sería complicado. Tú haces una serie de renuncias y trabajas con un nivel de dolor y con un nivel de esfuerzo altísimo, expones a tu cuerpo y a tu mente a una situación que no es nada natural. Y eso es porque lo que haces te apasiona. En el momento que pierdes la pasión tienes que irte. Yo imagino que Nadal sigue siendo competitivo porque le seguirá apasionando el tenis, y porque en su mente debe tener una serie de objetivos pues como Alonso. Alonso tiene el objetivo de la triple corona y sigue luchando por conseguirlo, pero si tú no tienes pasión por lo que haces y tus objetivos ya no te estimulan, entonces tienes que dejarlo.

La actitud, como decíamos antes, es muy importante. Pero por otra parte, este tipo de deportistas, como Rafa Nadal, nos ofrecen un camino de vuelta, proporcionan modelos de valor para la sociedad. Otro ejemplo es Vicente del Bosque.

Ese liderazgo tan bonito que tiene.

Ese liderazgo silencioso que ahora incluso se pone como ejemplo en las escuelas de empresas.

Hay un término del inglés que a mí me gusta mucho, que es el servant leadership, que es como el liderazgo al servicio de los demás, donde desparecen un poco las jerarquías, en el que tu liderazgo está sobre todo orientado al servicio del trabajador, no para hacer servir, si no para ser servicial. Y yo lo veo un poco en ese sentido, es un liderazgo tipo Teresa de Calcuta; estoy aquí para que tú seas mejor, no para que tú me sirvas a mí. Y a mí me parece que ese liderazgo silencioso, servicial, es el que es capaz de tener un respeto absoluto hacia la persona que tú diriges y con eso poder sacar lo mejor de la gente.

Pero un líder no silencioso no tiene tampoco por qué perder el respeto del equipo.

El respeto de un líder se mide por muchos criterios; primero por ser un modelo de conducta, segundo por el respeto que tiene hacia la persona, tercero por conocer a cada uno de los miembros del equipo, porque todos son distintos… Tú no los puedes dirigir igual, porque tienes que conocer a cada persona, no al trabajador o al jugador, que también, pero sobre todo a la persona, y saber adaptar tu estilo de liderazgo a cada uno. Hay gente a la que tienes que retar porque se viene arriba. Tienes que conocer a la gente, porque hay a quien le retas y le hundes. Para mí el líder que se gana el respeto es el que da argumentos, el que motiva, el que respeta, el que se comunica de forma amable, el que confía, el que delega, el que trata de sacar lo mejor de los suyos, el que empatiza, el que establece objetivos que son desafiantes… A mí un líder autoritario, que grita, que falta al respeto, me parece que pinta poco.

No me refiero a eso. Me refiero a una gestión más dura, no a una gestión silenciosa. Por ejemplo el Cholo Simeone no debe tener el mismo comportamiento que Vicente del Bosque, y es un líder excelente. ¿Depende entonces del líder?¿depende del grupo?

Depende las dos cosas. Por ejemplo, el liderazgo de Bielsa no encaja igual liderando argentinos que liderando aquí en España. Y se supone que es uno de los hombres que más sabe de fútbol, y la gente que ha trabajado con él dice que es el entrenador más brillante que han tenido en su vida. Cualquier padre o madre sabe que no se puede educar igual a un hijo que a otro, porque hay uno que necesita más tiempo de comunicación, hay uno que necesita un tipo de razonamiento distinto, y tienes que adaptarte al tipo de persona, al tipo de personalidad de la gente a la que diriges.

Y la gestión de un equipo y la gestión de una empresa tienen muchos puntos de encuentro.

Claro que tienen puntos de encuentro, porque una empresa es un equipo.

¿El trabajo de un psicólogo es parecido?

Pues yo creo que hay muchos valores que tú trabajas en el deporte que puedes trasladar a la empresa. Me hace mucha gracia que me llamen para trabajar y me digan: «vamos a enseñar a trabajar en equipo a la empresa». No, vamos a trabajar en equipo en la guardería y eso es lo importante, porque en la guardería no se trabaja en equipo, en el colegio tampoco, en la universidad tampoco, porque tú tomas los apuntes y son tuyos, y rara vez los prestas. Vivimos en un sistema educativo muy individualista, y luego queremos en la empresa empezar a trabajar en equipo, y eso es muy difícil, muy complicado. Trabajar en la empresa como equipo para que luego sea uno el que asciende, y ese quizá es el que le roba la medalla al otro. Igual tenemos que cambiar tantos valores en la empresa para luego educar en trabajar en equipo, que yo empezaría por una educación en valores que empezara por arriba. Porque cuando educas en valores a los trabajadores ellos te dicen «¿pero eso mi jefe lo ha escuchado?». Porque cuando educas en valores y luego el de arriba se carga lo que haces entonces no vale para nada. Para mí la base de todo es la educación en valores, y ahí está el trabajo en equipo.

Trabajar desde arriba con los jefes y desde abajo con los niños, para que luego sean futbolistas o empresarios, o lo que quieran ser.

Sí, pero para trabajar en equipo primero. Tenemos que olvidarnos de este individualismo que tenemos, que es muy potente, y que el sistema educativo lo potencia.

Te decía que a Vicente del Bosque lo ponen como ejemplo de coaching empresarial y me gustaría que me dijeras que te sugiere la palabra «coaching».

Bueno, como te decía antes soy una persona muy poco polémica, ¿que qué me parece el coaching? Pues mira, creo que habrá gente que haga coaching y lo hará de forma maravillosa, pero yo creo en la ciencia. Estudié en la Universidad de Granada, donde se estudia la psicología cognitivo-conductual y las terapias de tercera generación, y para nosotros todo aquello que no hayas probado y que hayas demostrado que funciona no existe. Para estudiar el comportamiento humano y la parte neurocientífica y las bases biológicas del comportamiento humano necesitas, cuando yo estudié, cinco años de carrera y luego un máster de dos años y luego un doctorado, como hice yo de dos años. Así que tras nueve años estudiando no creo que la calidad o los recursos o la empatía o el entendimiento de la persona que trabaja sea lo mismo que cuando haces un curso de seis meses o un máster de dos años. Y no quiero descalificar a nadie porque creo que hay coaches maravillosos, con herramientas muy prácticas que sacan cosas muy chulas, pero también creo que cuando la gente busca ayuda profesional en este sentido es gente muy vulnerable, que está en un momento muy crítico y que tiene que tener mucho cuidado en elegir a un profesional adecuado. En disciplinas como la nutrición, la psicología o la preparación física existe mucho instrusismo y se puede hacer mucho daño. Hay que creer en la ciencia.

Y no solo el coaching, sino también otras prácticas pseudocientíficas que entran en el campo de la psicología probablemente de forma más virulenta. ¿Cómo podemos luchar contra eso?

Bueno, creo que para luchar contra eso tienes que tener un colegio profesional detrás. Y que cuando vas a buscar a una persona la busques con un colegio profesional que avale que tiene una experiencia, y que detrás tenga unos estudios que avalen que esa persona tiene conocimientos. También habrá profesionales, como imagino en todos los sectores, que tengan muchos conocimientos y mucha carrera universitaria y que luego no sean muy brillantes, pero por lo menos como cliente tienes que buscar gente que te avale desde la parte científica. Para mí eso es importante, pero claro, la gente es libre de elegir. Igual hay alguien que va a uno que es entrenador de la mente y le va muy bien, pues qué vamos a hacer. No podemos ir portal por portal quitando todo lo que ponga psico- lo que sea. El otro día me preguntaron: ¿qué piensas del coaching transnosecual?, unos nombres que no tengo ni idea.

Hay uno que es coaching celestial..

¿Para los que van al cielo?

No lo sé, no he profundizado en el tema.

Para que te vayas tranquilo al cielo, no lo sé, igual eso es un cura.

Seguramente, debería serlo, si no entiendo que sería intrusismo. Tienes un libro que se titula Por qué ellos sueñan con ser futbolistas y ellas con ser princesas. Dime que el título lo pusiste para vender más.

No. El título es ¿Por qué ellos sueñan con ser futbolistas y ellas con ser princesas?. Es un interrogante.

Es verdad.

Mucha gente me dice «vaya título más machista». Y no, es una pregunta para que la gente reflexione. Simplemente son estrategias para que la pareja se lleve bien y el título tiene mucho que ver en por qué. Aunque tengas un padre feminista, como he tenido yo, aun así quieres tener una muñeca o vestirte de princesa. A mí mi padre no me hizo los agujeros cuando yo era pequeña, ni me regaló una muñeca en su vida. Hay una base biológica que explica por qué las mujeres elegimos según qué cosas, aparte de la base educacional. Hay parte biológica que explica muchas cosas y luego la mayor carga está en la educación, ¿por qué todos los niños quieren ser futbolistas? ¿por qué a pocos les da como al mío por hacer esgrima? Algo hay, es esa reflexión, era un título que invitaba solo a la reflexión.

En ese libro tienes un capítulo que dice «¿Los hombres estamos más predispuestos al sexo?». Dime sí o no porque se nos acaba la entrevista.

Sí.

Vale.

Sí, porque…

No, no. No lo cuentes, que lean el libro.

Porque tenéis más niveles de testosterona.

Yo creo que vamos a ir acabando pero no me resisto a irme sin preguntarte por tu afición por los pósits. ¿Por qué en todos los vídeos aparecen tus pósits con dibujos?

Yo creo que soy una adicta a todo lo que sea papelería; rotuladores, fosforitos, pósits… Y un día me dio por poner un pósit en las redes sociales y desde entonces. Porque si me preguntas «¿cómo eres Patri?», fácil, soy una mujer fácil, me gustan las cosas fáciles, y las frases en los pósits me parecen fáciles. Me parece que resumen mucho en una sola frase, y como me encanta rotular y combinar, es como un ejercicio de meditación. Los pósits a mí me permiten meditar. Y luego veo que a la gente le gusta, hay ese feedback y como todo lo que refuerza lo repites me reforzaron un pósits y me quedé ahí enganchada. Me quedé enganchada a los pósits.


El ocaso de Margarita

Rita Hayworth, 1948. Fotografía: Cordon.

La princesa Yasmin Aga Khan vivió uno de los momentos más terribles de su vida junto a su madre. La cotidianidad del momento no le permitió anticipar la brecha que se abriría en el pecho de la hija del príncipe Ali Salman Aga Khan, y que haría cambiar su vida entera para siempre a partir de ese instante fatídico. Ambas estaban sentadas frente al espejo. Su madre, de nombre Margarita, se giró de repente hacia ella y le preguntó: «¿Quién eres tú?». Su madre tenía en ese momento cuarenta y dos años. Ella once.

Margarita, que empezó a bailar a los cuatro años, era bebedora habitual. Su padre, Eduardo Cansino, un bailarín sevillano de origen sefardí, también era un alcohólico. Obligaba a bailar a su hija por un puñado de dólares. Margarita contoneaba su cuerpo de Lolita en los antros de mala muerte de la ciudad fronteriza de Tijuana. Dicen las malas lenguas que su padre le pegaba y abusaba de ella. Su madre, Volga, acabó muriendo también como consecuencia del alcohol. Eduardo y Volga habían alcanzado la soñada isla de Ellis en 1913, la principal aduana de la ciudad de Nueva York en esos años previos al crack económico. Cinco años más tarde, Margarita nacía en un humilde apartamento del neoyorquino barrio de Brooklyn.

La princesa Yasmin fue la hija del tercer matrimonio de Margarita. A partir de ese momento de doloroso recuerdo, su madre empezó a dejar de recordar las vivencias más cotidianas. Solía hacerle una y otra vez las mismas preguntas cuando la recogía del colegio, como si las hubiera olvidado nada más enunciarlas. Sus amigos y compañeros de profesión tenían claro lo que le pasaba a Margarita; sus devaneos eran consecuencia de las frecuentes borracheras de antaño. Margarita decía oír voces fuera de la casa, y siempre creía que iban a entrar a robar. La policía acudía constantemente a su casa a certificar de forma irremediable la ausencia de sospechosos. A veces Yasmin la sorprendía lanzando la comida fuera de la alacena. Un día dejó de recordar el nombre del presidente de los Estados Unidos, y ya nunca más fue capaz de acordarse del día en el que vivía. Los médicos le diagnosticaron demencia por alcoholismo. Corrían los años sesenta, y su meteórica carrera como bailarina y actriz empezaba a desmoronarse.

Pero Yasmin no acababa de estar convencida con el diagnóstico. Su madre perdía memoria, eso era cierto, pero también presentaba signos de desorientación, mostrándose confundida y atemorizada. Lo que fuera que estaba acabando con su memoria y con su carrera no podía ser solo consecuencia de su alcoholismo. Era otra cosa.

En 1979 el psiquiatra neoyorquino Ronald Fieve sometió a Margarita a un TAC y a una batería de pruebas de memoria. Y construyó un diagnóstico radicalmente diferente a la patología determinada por sus médicos dos décadas antes: Margarita se encontraba plenamente inmersa en la fase de demencia de la enfermedad de Alzheimer. Dos años más tarde, el diagnóstico se hizo público. Margarita murió en el año 1987, con tan solo sesenta y ocho años. Veintisiete años después de la conversación que heló la sangre a su hija pequeña.

Hoy en día Margarita hubiese sido diagnosticada de enfermedad de Alzheimer de aparición temprana, la más rara de las variantes de este proceso neurodegenerativo que ya supera los cuarenta millones de enfermos en todo el mundo, y que se ha convertido en una de las grandes pandemias de nuestro siglo. Pero en los años setenta nadie sabía a ciencia cierta qué les ocurría a este tipo de enfermos, y muy poca gente, médicos incluidos, había oído hablar de la enfermedad del olvido. Alois Alzheimer, el psiquiatra alemán que describió por vez primera el mal que llevaría su nombre por recomendación de su mentor Emil Kraepelin, había muerto en 1915, tan solo tres años antes de que naciera Margarita. En aquellos lejanos años setenta la enfermedad era infradiagnosticada, los pacientes sobremedicados y enviados a menudo a instituciones mentales y a psiquiátricos.

Pero Margarita, Margarita Carmen Cansino, ya pertenecía al olimpo de los años dorados del cine de Hollywood. Alcanzó la fama entre los soldados americanos que volvían del frente de la Segunda Guerra Mundial utilizando como arma de seducción masiva la sensualidad del contoneo de su cuerpo en la gran pantalla en las películas en blanco y negro, aquellas que nos retrotraen al cine más canalla que ha vivido la meca del séptimo arte norteamericano. Margarita se convirtió en la diosa de las divas de aquellas películas sin happy end, donde el tipo duro abofeteaba a la estrella de turno, que conseguía enredar con sus ojos desafiantes y su pelo cobrizo al más galán de los granujas. Dicen que fue Maggie Mascel quien decidió cambiar su color de pelo, del negro latino al pelirrojo más encendido. Los productores de la Columbia decidieron transmutar su nombre a uno más americano. Era un cambio necesario para que la mujer más bella del mundo alcanzara las más altas cotas de popularidad y, por ende, de beneficio. Así que añadieron una «y» al apellido de su madre, Volga Haworth.  

Rita mira a la cámara y canta «Put the blame on Mame» destilando un erotismo único con cada movimiento de cadera, con cada nota que entona su voz, y cuenta una historia de desamor tras el terremoto que asola San Francisco. Pero el verdadero terremoto es ella, levanta sus cabellos rojizos con ambos brazos en un fotograma que quedará fijado en la retina de todos los hombres de todas las generaciones pasadas y de todas aquellas que han de venir a partir de ese momento mágico donde en la pantalla se congela una iconografía eterna. Rita mira insinuante a Glenn Ford, que le devuelve una mirada plagada de rabia y reproche. Gilda baja sensualmente el largo guante negro y lo lanza al entregado público, que lo recibe entre vítores y algarabías, mientras Johnny Farrell mantiene impasible su desafío con orgullo. Y es esta imagen la que quedará ya para siempre para el inmortal imaginario de un cine que fue y que nunca más volverá.

La autopsia de Margarita Carmen Cansino acabó por confirmar las huellas típicas de la enfermedad de Alzheimer en su cerebro, esto es, las placas seniles y los ovillos neurofibrilares que ya describió Alois Alzheimer en la primera paciente diagnosticada de la historia; Auguste Deter. Con Rita Hayworth la popularidad del mal de Alzheimer consiguió alcanzar cuotas planetarias, democratizándose de una vez por todas el conocimiento de la existencia de esta enfermedad. Su hija Yasmin Aga Khan es actualmente presidenta de la organización Alzheimer’s Disease International y una reconocida filántropa en la lucha contra el alzhéimer.


Borre solo este recuerdo, por favor

¡Olvídate de mí! (2004). Imagen: TriPictures .

En la película ¡Olvídate de mí! (Eternal sunshine of the spotless mind), Joe, el protagonista encarnado por Jim Carrey, descubre aterrado que su novia se ha sometido a un procedimiento para borrarle de su memoria. El procedimiento parece altamente específico, porque solo han desaparecido los recuerdos sobre Joe mientras que el resto permanecen intactos. ¿Quién no ha deseado alguna vez borrar una experiencia concreta? Este deseo se vuelve necesidad en los casos de trastorno por estrés postraumático (TEPT) en los que los recuerdos de una experiencia dolorosa y perturbadora como una violación o un atentado terrorista aparecen de forma recurrente. Recientemente, un equipo de investigadores ha conseguido borrar recuerdos de forma selectiva en neuronas de la babosa Aplysia. De forma natural, la estimulación del sifón, el órgano respiratorio de las babosas, produce una contracción de la branquia. En este experimento estimularon de forma repetida el sifón de la babosa, produciendo un efecto de sensibilización: la contracción de la branquia era cada vez más intensa. Además, este incremento se mantuvo en el tiempo, así que la babosa había creado un recuerdo. Más tarde, los investigadores bloquearon una proteína específica en las neuronas que codificaban ese recuerdo y cuando volvieron a estimular el sifón, la babosa respondió como si no la hubieran estimulado previamente, es decir, como si no tuviera el recuerdo. Lo más sorprendente es que los investigadores fueron capaces de eliminar este recuerdo sin afectar a los demás. Para los humanos, disponemos de terapias muy eficaces que permiten que las personas que sufren TEPT puedan seguir adelante, pero aún no sabemos eliminar por completo sus recuerdos traumáticos. Por eso, antes de borrar su recuerdo debe comprender que hay varias razones por las que es muy difícil que no quede ni rastro de una experiencia ya almacenada.

Conocemos procedimientos que pueden provocar que una persona no pueda recordar lo que le ha pasado recientemente o incluso lo que le pasó hace un par de años. El mejor ejemplo de este procedimiento es el famoso paciente HM. Este paciente fue sometido a una cirugía para aliviar las crisis epilépticas que sufría desde hace años y que le incapacitaban en sus actividades de la vida diaria. La cirugía logró disminuir sus crisis pero tuvo un resultado inesperado: HM perdió la capacidad de aprender o almacenar experiencias nuevas, es decir, vivió durante el resto de su vida con una profunda amnesia anterógrada. Brenda Milner, la neuropsicóloga que le evaluó durante más de cuatro décadas, tenía que presentarse día tras día porque el paciente HM no lograba crear un recuerdo sobre ella. Además, este paciente también sufrió amnesia retrógrada ya que perdió, aproximadamente, los recuerdos sobre los últimos cinco años anteriores a la cirugía. Lo llamativo es que los recuerdos más antiguos permanecieron intactos: no olvidó quién era, a qué se dedicaba o dónde pasó su infancia. Someterse a este método para olvidar a tu expareja, por ejemplo, supondría no solo perder este recuerdo, sino también perder todo lo ocurrido durante los últimos cinco años, incluida la decisión de querer olvidar.

Imagen 1. Amnesia retrógrada y anterógrada.

Existe un patrón de deterioro con el que lamentablemente estamos más familiarizados y que también produce un borrado de los recuerdos: la enfermedad de Alzheimer. En esta devastadora enfermedad las personas también pierden la capacidad de aprender cosas nuevas y, por ejemplo, no recuerdan a personas que les presentaron hace poco. Además, van sufriendo una progresiva amnesia retrógrada perdiendo los recuerdos más recientes —por eso no reconocen a sus nietos— y posteriormente los más remotos. Tomando el caso del paciente HM y la pérdida de memoria en la enfermedad de Alzheimer llegamos a la posición de salida en la misión de borrar un recuerdo, ya que lo que tienen en común estos dos trastornos aparentemente distantes es una región del cerebro llamada hipocampo.

—De acuerdo, pues llévame al hipocampo para que busque este maldito recuerdo y terminemos con esto.

—La visita guiada está incluida en el precio. Pase por aquí.

Imagen 2. Localización del hipocampo.

—Un momento, ¡aquí no está mi recuerdo! Pero… Si el paciente HM perdió todos esos recuerdos cuando le extirparon el hipocampo, ¿será porque estaban almacenados en esta región y no en otra?

—No exactamente. Quizá lo entienda mejor si asiste a la creación de un recuerdo. Hoy vamos a crear el recuerdo de la película Star Wars. Episodio V: el Imperio contraataca.

Aparentemente en el cerebro hay tantas neuronas como estrellas en la Vía Láctea y, de hecho, asistir a la creación de un recuerdo desde nuestra posición —el hipocampo— se parece a estar en un observatorio astronómico. Si en este momento abrimos el techo del observatorio y con el telescopio dirigimos nuestra mirada a diferentes poblaciones de neuronas podremos buscar cuál de ellas se está encargando de crear el recuerdo de la famosa escena entre Darth Vader y Luke Skywalker. Pronto nos damos cuenta de que la escena está algo dispersa: un grupo de neuronas trabaja para representar los aspectos visuales de la escena, otra población no necesariamente cercana se está encargando de procesar los sonidos, otra algo más lejana nuestra sensación de sorpresa… Sabemos que esto no se parece a un recuerdo, cuando uno recuerda la película que estuvo viendo anoche recuerda escenas integradas y no un conjunto fragmentario de los distintos aspectos de la experiencia. Decepcionados, dejamos de mirar por el telescopio y justo en ese momento nos damos cuenta de qué es lo que está ocurriendo en el hipocampo: varias neuronas de esta región están apuntando a cada una de esas poblaciones neuronales intentando ligar los distintos aspectos de la experiencia (Ver Imagen 3A).

Imagen 3. El papel del hipocampo durante la consolidación.

De esta manera aunque el hipocampo no contenga el recuerdo, sí contiene el mapa de reconstrucción de ese recuerdo y, si nos preguntan qué película vimos anoche, las neuronas del hipocampo podrán apuntar y activar de nuevo a las poblaciones que representaron los aspectos visuales, auditivos y emocionales necesarios para orquestar el recuerdo de esa experiencia. Esta es una de las razones por las que es difícil borrar un recuerdo: el recuerdo no sólo depende del hipocampo sino que está distribuido por varias regiones cerebrales indirectamente conectadas por el hipocampo. Por eso HM no pudo recordar a las personas que conoció después de la cirugía, porque al perder el hipocampo, perdió la posibilidad de ligar o crear un mapa sobre la configuración y distribución de esa experiencia en el cerebro.

—Vale, pero algo no me cuadra. Si sin el mapa del hipocampo no puedes ligar las nuevas experiencias, tampoco puedes recuperar las que ya tenías almacenadas. Es como si tu cerebro no supiera dónde las ha puesto. Pero antes has dicho que HM mantuvo los recuerdos remotos, que solo perdió los últimos 5-7 años. ¿No debería haber perdido todos sus recuerdos al carecer del mapa para reconstruirlos?

—Es que otro factor a tener en cuenta para borrar un recuerdo es su antigüedad.

En otros trastornos que también afectan a la memoria como en la enfermedad de Alzheimer, los recuerdos recientes parecen perderse antes que los recuerdos más antiguos. El psicólogo francés Théodule Ribot en 1881 escribió que «la destrucción progresiva de la memoria sigue una ley: avanza progresivamente desde lo inestable hasta lo estable» y, efectivamente, cuando creamos un recuerdo su configuración es frágil e inestable y por lo tanto más sensible a factores disruptivos como el daño cerebral o la interferencia. Por esta razón, nuestros abuelos recuerdan con pelos y señales sus anécdotas sobre la mili mientras que olvidan dónde han puesto las gafas o cómo se llamaba el nuevo vecino. Este proceso que fortalece y estabiliza las huellas de memoria con el tiempo es la consolidación, y probablemente va a ser otro obstáculo en nuestra misión de borrar un recuerdo.

Si volvemos al hipocampo y abrimos de nuevo el techo del observatorio veremos frecuentes fogonazos o reactivaciones de las mismas poblaciones de neuronas que estuvieron activas en el momento de la experiencia —es decir, cuando estábamos viendo Star Wars—. Esta reactivación sucede cuando recordamos o reexperimentamos el episodio, pero también espontáneamente cuando dormimos o estamos despiertos sin hacer nada en concreto. El cerebro utiliza este mecanismo de reactivación para rebobinar varias veces la información y fortalecerla. La RAE define la palabra rebobinar como «hacer que un hilo o cinta se desenrolle de un carrete para enrollarse en otro», y precisamente eso es lo que ocurre: la reactivación permite que ese recuerdo inicialmente inestable se fortalezca y se independice del hipocampo para depender de otras regiones (ver Imagen 3B). Cuando el recuerdo se consolida no necesita del índice o mapa que estaba codificado en las neuronas del hipocampo y que lo mantenía unido cuando aún era un recuerdo reciente. Gracias a este mecanismo el paciente HM conservó los recuerdos remotos, porque que ya no dependían del hipocampo para orquestar la reconstrucción del recuerdo. Lamentablemente, aquellos recuerdos que aún no habían sido estabilizados perdieron el mapa para ser reconstruidos.

La consolidación se produce progresivamente, así que en el peor de los casos nos encontraremos buscando un recuerdo que ya se haya independizado del hipocampo. Sobre cómo se hace esta mudanza a otras regiones aún sabemos poco, pero uno de los mecanismos de consolidación mejor estudiados es el que sucede durante el sueño. El sueño no es un fenómeno uniforme, sino que pasamos por diferentes fases en las que nuestro cerebro muestra diferentes tipos de actividad. La fase que se ha vinculado con la consolidación es el sueño de ondas lentas. Una de las fuentes generadoras de estas ondas lentas es la corteza prefrontal y la reducción de estas ondas se ha asociado a una disminución del recuerdo. Es frecuente escuchar a personas mayores informar de que cada vez duermen menos y, de hecho, esta reducción es mucho más severa en personas con deterioro cognitivo leve —la antesala de la demencia— y la enfermedad de Alzheimer. Precisamente la corteza prefrontal es una de las regiones en las que antes se deposita el beta-amiloide, una sustancia que está presente en el cerebro de las personas sanas pero que en las personas con enfermedad de Alzheimer se deposita de forma patológica, creado placas que impiden la comunicación entre las neuronas. En un interesante estudio, observaron que cuanto mayor era la acumulación de beta-amiloide en la corteza prefrontal, más alterado estaba el sueño de ondas lentas y el recuerdo a la mañana siguiente. La conclusión a la que llegaron los investigadores es que la interrupción de la comunicación entre el hipocampo y la corteza prefrontal durante el sueño estaba impidiendo a las personas mayores la consolidación de sus recuerdos.

Imagen 4. Corteza prefrontal.

La corteza prefrontal es una región altamente conectada a otras regiones sensoriales, motoras o emocionales y por lo tanto es una buena candidata para asumir parte del papel del hipocampo como integrador de diferentes aspectos del recuerdo. Llegados a este punto, podríamos pensar que borrar un recuerdo puede ser difícil dado que está distribuido por varias regiones cerebrales, pero eliminar su acceso parece relativamente sencillo: si es un recuerdo reciente, bastaría con eliminar las neuronas del hipocampo que albergan el mapa de reconstrucción, y si es un recuerdo remoto, podríamos aplicar la misma estrategia sobre las neuronas de la corteza prefrontal. De hecho, hasta ahora parece que el hipocampo mantiene los recuerdos en cuarentena hasta que progresivamente se van estabilizando y migrando a la corteza prefrontal. Sin embargo, un estudio llevado a cabo con roedores ha desafiado esta visión usando técnicas optogenéticas que permiten activar o desactivar de forma controlada determinadas neuronas. Este estudio revela que cuando tenemos una experiencia se crean dos copias del recuerdo simultáneamente: una en el hipocampo para su uso inmediato y otra en la corteza prefrontal a modo de copia de seguridad que, si se estabiliza, puede ser utilizada mucho más tarde. Durante los primeros días los roedores parecían utilizar la copia del hipocampo, pero conforme pasaba el tiempo estas neuronas se iban silenciando para ser relevadas por las neuronas de la corteza prefrontal. Al igual que pasaba con la acumulación de beta-amiloide y la reducción del sueño de ondas lentas en seres humanos, si a estos roedores les interrumpían la comunicación entre el hipocampo y la corteza prefrontal durante la consolidación, esa copia de seguridad no maduraba los suficiente para ser funcional.

Cuando hablamos de recuerdos, casi siempre nos referimos a experiencias concretas que ocurrieron en un momento y lugar determinados. Por ejemplo, tu última visita al dentista o las vacaciones en la playa durante el verano pasado. Estos recuerdos conforman nuestra memoria episódica, es decir, nuestra memoria para eventos o acontecimientos que conservan los detalles sobre el momento y el lugar en el que fueron adquiridos. Sin embargo, gran parte de nuestro conocimiento se asienta sobre los significados de las cosas y para saber qué es una naranja o qué es la lluvia no necesitamos pensar en la última naranja que nos comimos o en todas y cada una de las veces que hemos visto la lluvia caer. Estos recuerdos son diferentes a los recuerdos episódicos y conforman lo que llamamos memoria semántica. Para saber lo que es la lluvia no necesitamos recrear un episodio en concreto, y por eso el hipocampo no resulta imprescindible para acceder a esta información. De hecho, el paciente HM era capaz de completar crucigramas y entender conversaciones sin ningún problema. Aunque aún hay cierto debate sobre este asunto, parece que los conceptos y el significado de las cosas se adquieren mediante la acumulación de episodios. El proceso de consolidación hace que los recuerdos episódicos se estabilicen pero también que se conecten con otros episodios que contienen elementos similares. Así, acumulando episodios de días lluviosos creamos el concepto de lluvia. Poco a poco se difuminan las experiencias concretas y crece, como una enredadera, la compleja red de conocimiento semántico que poseemos sobre el mundo; hasta el punto en el que uno no recuerda cuándo aprendió lo que significa la palabra «llover» ni cuántas experiencias con la lluvia han dado lugar a ese concepto.

Recopilando, un recuerdo está sembrado en diferentes regiones cerebrales. Estas regiones cerebrales se conectan entre sí gracias a un mapa de la distribución de la experiencia que alberga el hipocampo y a otro mapa que tarda algo más en madurar en la corteza prefrontal. La letra pequeña de este servicio de borrado de recuerdos dice que es muy difícil extirpar completamente un recuerdo dada su dispersión, su progresiva mudanza a otras regiones, y el efecto que haya podido ejercer al enredarse con otros recuerdos que poseen elementos similares en la memoria semántica.

—¿Alguna vez llovió estando con su expareja? Porque quizá haya afectado a lo que piensa usted sobre la lluvia en general.

—Me temo que sí. Estuvimos viviendo en Santander.

—Bueno, pues si aún sigue interesado, necesito que firme aquí abajo.

He leído y acepto los términos y condiciones del borrado de recuerdos.

Este artículo ha sido finalista del concurso DIPC de divulgación del evento Ciencia Jot Down 2017

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Fuentes:

  • Antony, J. W. et al. (2017). «Retrieval as a fast route to memory consolidation». Trends in Cognitive Sciences.
  • Frankland, P. W., & Bontempi, B. (2005). «The organization of recent and remote memories». Nature Reviews Neuroscience, 6(2), 119-130.
  • Hu, J., et al. (2017). «Selective erasure of distinct forms of long-term synaptic plasticity underlying different forms of memory in the same postsynaptic neuron». Current Biology.
  • Kitamura, T. et al. (2017). «Engrams and circuits crucial for systems consolidation of a memory». Science, 356(6333), 73-78.
  • Mander, B. A. et al. (2015). «Beta-amyloid disrupts human NREM slow waves and related hippocampus-dependent memory consolidation». Nature Neuroscience, 18(7), 1051-1057.


Las expediciones elementales

Paneles de la Estación Espacial Internacional. Fotografía: NASA (CC).
Paneles de la Estación Espacial Internacional. Fotografía: NASA (CC).

La Expedition 1 fue la primera misión de larga duración de la Estación Espacial Internacional que comenzó el 2 de noviembre del año 2000. Los rusos Sergei Krikalev y Pavlovich Gidzenko, junto con el estadounidense Bill Shepherd, permanecieron ciento treinta y seis días orbitando nuestro planeta. Unos meses más tarde, en la Expedition 2, participaron dos ingenieros aeronáuticos americanos, Susan Helms y James Voss, y un comandante ruso, Yury Usachev. Esta vez la misión duró un poco más: ciento sesenta y tres días.

Expedition y Expedition 2 fueron también los nombres escogidos por la farmacéutica Eli Lilly para los dos primeros ensayos clínicos con el fármaco antialzhéimer solanezumab. Los ensayos empezaron en el año 2009 y se llegaron a reclutar más de dos mil pacientes.

Solanezumab era el enésimo fármaco antiamiloidogénico. Tras este pomposo nombre se esconden diferentes estrategias para eliminar los depósitos de escombros que se encuentran en los cerebros de los enfermos de alzhéimer. Esos despojos, que solo se pueden estudiar con exactitud tras la muerte del enfermo, están formados mayoritariamente por un péptido (un conjunto de aminoácidos unidos), al que se llama amiloide. Así que a las moléculas que intentan que no se acumule el amiloide se les llama antiamiloidogénicos. Así de fácil. Y ya Alois Alzheimer describió estos depósitos cerebrales en su artículo original del año 1907, y que fue traducido al inglés casi con un siglo de retraso. En este artículo primigenio, el doctor Alzheimer diseccionó con elegancia y esmero el primer caso de la enfermedad del olvido en una paciente de cincuenta y un  años llamada Auguste Deter, pero esa es una historia que habrá que contar en otra ocasión.

Durante los primeros ochenta años del siglo pasado, la enfermedad de Alzheimer cayó en el mayor de los ostracismos, hasta que la esperanza de vida comenzó a incrementarse a finales del siglo XX. Corría el año 1991 cuando John Hardy y David Allsop publicaron en la revista Trends in Pharmacological Sciences el artículo titulado «Amyloid deposition as the central event in the aetiology of Alzheimer’s disease», el cual marcaría una época. Han pasado desde entonces veinticinco años. Y en este tiempo se han probado un buen número de fármacos basados en la eliminación del amiloide en el cerebro. Y hasta ahora nada, sin noticias de Gurb.

Unos setecientos años antes, William of Ockham, el fraile franciscano que vivió en la ciudad de Surrey, establecía el principio de simplicidad en la resolución de problemas que se conoce como navaja de Ockham, y que posteriormente el nobel galés Bertrand Russell renombró como principio de parsimonia. Este postulado básicamente afirma que, en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable. Dicho de otro modo: hay que explicar los fenómenos con el menor número posible de causas. Bien, pues utilizando este principio de razonamiento, desde el año 1991 se acepta que si en los cerebros de los enfermos de alzhéimer hay depósitos de amiloide, el amiloide debe de ser el causante de la enfermedad. Y como punto de partida podríamos aceptar que es una hipótesis aceptable. Pero es que han pasado veinticinco años. Y seguimos pensando que la explicación más sencilla sigue siendo la más probable para la enfermedad de Alzheimer. Veinticinco años después. Y miles de millones de dólares más tarde.

Expedition 3 fue el nombre de la tercera misión a la Estación Espacial Internacional, comandada por el estadounidense Frank Culbertson, el único norteamericano que no estaba en la Tierra en los ataques terroristas del 11S a las Torres Gemelas, y que fotografió las columnas de humo que nacían en Manhattan a doscientas cincuenta millas de altura. Él fue uno de los tres hombres que vio el horror desde el cielo. «Las lágrimas no fluyen igual desde el espacio», sentenció.

Vista nocturna del Medio Oeste de los Estados Unidos desde la Estación Espacial Internacional. Fotografía: NASA (CC).
Vista nocturna del Medio Oeste de los Estados Unidos desde la Estación Espacial Internacional. Fotografía: NASA (CC).

Los dos ensayos clínicos Expedition del gigante americano no arrojaron los resultados esperados. En los pacientes no se conseguía interrumpir el deterioro cognitivo lo suficiente para echar las campanas al vuelo. Pero una luz aparecía al final del túnel. Aquellos pacientes con enfermedad leve parecían mejorar mínimamente. Pero para el foro de referencia en el campo, el AlzForum, el beneficio era pequeño. Probablemente más pequeño que los fármacos que actualmente se usan para el tratamiento de la enfermedad y que, hasta el momento, solo modulan los síntomas sin evitar el curso de la enfermedad.

Cuenta Paula Garret, la directora de marketing para el solanezumab de la gran farmacéutica americana, que cuando comentó los resultados con Paul Aisen, consultor de los ensayos clínicos de Eli Lilly y director del Alzheimer´s Disease Cooperative Study, este le confesó, también con los ojos llenos de lágrimas, que no se resignaba a creer.

Así que en 2013 comenzó Expedition 3, cambiando mínimamente la estrategia. Probarían de nuevo el fármaco solanezumab en un fase III en otros dos mil enfermos de alzhéimer, esta vez en pacientes «leves», esto es, antes en el curso de la enfermedad que en los ensayos Expedition y Expedition 2. El ensayo debía acabar en otoño de 2016.

El 15 de marzo de 2016 Eli Lilly anunciaba en su central de Indianápolis un cambio en el diseño del ensayo clínico Expedition 3. El cambio consistirá en modificar la interpretación de los datos a obtener. Es decir, no cambia el estudio, pero sí la forma de analizarlo.

El reclutamiento de pacientes para el Expedition 3 concluyó en 2015. La última visita a un paciente se prevé realizar en octubre de este año. Los resultados del efecto de solanezumab en pacientes con enfermedad de Alzheimer leve no los tendremos antes de 2017. Nadie sabe lo que pasará cuando se desbloquee el estudio.

Unos años antes, en 2006, la prestigiosa revista americana Nature Medicine, jugando con las palabras del bestseller de Dan Brown del 2003, publicaba un artículo de opinión titulado «The amyloid code». Empezaba así: «En la Iglesia del Santo Amiloide, el dios reinante es una proteína de cuarenta y dos aminoácidos, que se cree que es la clave de los misterios que subyacen a la enfermedad de Alzheimer. El amiloide tiene muchos creyentes, y como buena religión, unos pocos acérrimos herejes que cuestionan su supremacía».

En poco más de un año sabremos si las lágrimas del doctor Aisen estaban científicamente justificadas o, por el contrario, eran de cocodrilo.


Mister Edison y la fuerza de la gravedad

Thomas Alva Edison, 1929. Fotografía: Corbis.

En 1879, Thomas Alva Edison parecía capaz de lograr cualquier éxito, de alcanzar cualquier sueño, de inventar cualquier cosa. Tenía entonces treinta y dos años y ya había mostrado al mundo y patentado la bombilla eléctrica, el fonógrafo, el telégrafo automático, el teléfono, la red eléctrica y toda una serie de otros avances revolucionarios. Es cierto que se apropiaba de inventos ajenos, que su teléfono era una simple mejora del de Charles Bell o que su propuesta de la corriente continua perdería la batalla por las redes urbanas de electricidad frente a Westinghouse y sus redes de corriente alterna, pero si alguien parecía capaz de sorprender al mundo, ese era Edison, el «mago de Menlo Park», el lugar donde instaló el primer laboratorio de investigación industrial del mundo.

La revista satírica británica The Punch se editó desde 1841 a 1992 de forma ininterrumpida y luego tuvo una corta segunda vida en 1996 cuando el hombre de negocios Mohamed Al-Sayed, el casi suegro de la princesa Diana de Gales según él, compró la cabecera e intentó relanzarla, dicen algunos que para vengarse de otro semanario de humor, Private Eye, que no hacía más que atacarle y tratarle como un advenedizo, un nuevo rico con fortuna pero sin clase. Al-Sayed cerró definitivamente la publicación en 2002 con unas pérdidas al parecer cercanas a los treinta millones de euros. Siempre da tristeza el cierre de un medio de comunicación, más con una historia tan larga como la de The Punch y más aún cuando había tenido momentos gloriosos en su trayectoria; como cuando señaló al gobierno de la reina Victoria que la asignación anual del príncipe consorte Alberto era de treinta mil libras mientras que el total del presupuesto nacional para la enseñanza de los pobres era de diez mil, un detallito sin importancia.

En 1879, el Punch publicó un supuesto nuevo invento de Edison: la ropa interior antigravitatoria. Los grabados de la revista mostraban a los afortunados usuarios visitando un museo y flotando para ver de cerca los cuadros colgados en altura; disfrutando de un paseo por el campo, donde niños y damas eran arrastrados por intrépidos conductores de velocípedos como si fueran globos atados con un cordel; o en el interior del hogar, donde tres niños hacían volteretas en el aire ante la asombrada mirada de sus padres. Es curioso porque es la misma época en que Julio Verne estaba teniendo un éxito clamoroso con sus libros de ficción científica: Viaje al centro de la Tierra (1867), De la Tierra a la Luna (1872), Veinte mil leguas de viaje submarino (1871), La vuelta al mundo en ochenta días (1873) y La isla misteriosa (1875). De la Tierra a la Luna contiene sorprendentes coincidencias con el primer viaje a la Luna, el del Apolo 8, la primera misión tripulada que dejó la órbita terrestre, orbitó la Luna y retornó felizmente a la Tierra. En la nave viajan tres astronautas, Estados Unidos es el promotor y productor de la hazaña, despegan desde el estado de Florida, escapan de la gravedad terrestre a once kilómetros por segundo, necesitan ciento cincuenta horas de viaje para llegar a la Luna, no aterrizan allí sino que dan varias órbitas alrededor y regresan a la Tierra. Dicho en broma, Verne debería haber denunciado a la NASA por plagio, pero en realidad los cálculos que hizo fueron bastante exactos —se había documentado exhaustivamente— y se adelantó en casi un siglo a la experiencia real.

Evidentemente los calzoncillos y bragas antigravitatorios eran un cuento chino, una broma irónica de The Punch, pero es curioso por haber imaginado ese ambiente ingrávido antes de que la ciencia supiera mucho al respecto. Era una época fecunda donde los avances y teorías científicas suscitaban ideas en los escritores de novelas, en algún caso como hemos visto premonitorias de lo que luego los científicos conseguirían; un momento en el que la ciencia no era vista como algo siniestro, umbroso o peligroso sino como la linterna en la oscuridad, la herramienta que acabaría con la enfermedad, la pobreza y la ignorancia y nos llevaría a un mundo mejor. La gente agotaba el primer día de venta la edición completa de El origen de las especies de Darwin y pagaba sus buenas entradas para oír las charlas de los últimos descubrimientos en los laboratorios o los viajes de los grandes exploradores. Eran historias verdaderas, cargadas de pasión y riesgos, de fracasos encadenados y un éxito al final. El mismo Edison decía: «No he fallado, he descubierto exitosamente diez mil cosas que no funcionan».

Un siglo después del artículo de The Punch sobre la ropa interior antigravitatoria, los hombres habían experimentado de verdad lo que es flotar en el aire, el espacio había sido conquistado, nos habíamos alejado de la atracción terrestre. Doce hombres habían pisado la Luna y ese año, el 1979, la sonda Voyager I mandaba fotos de los anillos de Júpiter, la Pioneer 11 visitaba Saturno y la primera estación espacial norteamericana, el Skylab, iniciaba su descenso a la Tierra después de haber estado en órbita seis años y dos meses. Allí se habían iniciado numerosos experimentos sobre la microgravedad y sus efectos sobre el organismo, uno de los temas más importantes de la medicina del espacio. En tiempos cortos, la microgravedad induce alteraciones en el sistema neurovestibular —el que se encarga de nuestro equilibrio— y una alteración de la distribución de fluidos que se acumulan en la parte superior del cuerpo. Esos cambios generan el llamado síndrome de adaptación espacial. Los astronautas afectados, que han llegado a ser dos de cada tres en las misiones de la lanzadera espacial, sufren náuseas, vómitos, dolores de cabeza, anorexia, palidez… Las hipótesis planteadas sobre la causa de este síndrome son el conflicto entre las distintas informaciones sensoriales, alteraciones en el reparto de los fluidos, asimetría en los otolitos (sensores de gravedad en el oído interno), readaptación a la orientación en el espacio, reinterpretación cerebral de los movimientos de los otolitos o una mezcla de varias de ellas.

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Chris Cassidy  (imagen) y Tom Marshburn (fotógrafo) en un «paseo espacial», 2013. Fotografía: NASA (CC)

En misiones prolongadas en las estaciones espaciales, el análisis en animales y en los propios astronautas ha mostrado diferentes problemas causados por la microgravedad y/o las radiaciones cósmicas incluyendo atrofia cardíaca, daños cognitivos, pérdida de masa muscular, pérdida de densidad ósea, reducción en el volumen de sangre circulante, trastornos del sueño, problemas en la neurogénesis y la morfogénesis en el desarrollo embrionario del sistema nervioso central, inicio acelerado de una enfermedad de Alzheimer e incluso una pérdida del sabor de los alimentos producida probablemente por una alteración del sistema olfatorio y que eliminaría el aroma de la comida, al igual que cuando estamos resfriados. Es decir, no solo te entra un alzhéimer sino que encima no puedes apreciar un buen tournedó Rossini con foie. No será fácil llegar a Marte ni volver sin secuelas del viaje.

Ha habido distintos investigadores y lunáticos que han tratado de encontrar formas de superar la gravedad. Robert Babson, un exitoso hombre de negocios, creó la Fundación de Investigación sobre la Gravedad, que primero intentó controlar la atracción gravitatoria y luego se conformó con entenderla. Por sus conferencias pasó gente como Igor Sikorsky, inventor del helicóptero, y la fundación creó un premio de ensayo que ganó el astrofísico californiano George F. Smoot, que en 2006 recibió otro galardón mejor, el premio Nobel de Física. Otro nombre a citar es el de Thomas Townsend Brown, que cuando estaba en el instituto de educación secundaria vio que un tubo de Coolidge variaba aparentemente su masa dependiendo de su orientación e inventó un aparato que llamó el «gravitador» y decía que conseguía efectos antigravitatorios aplicando corrientes de alto voltaje a materiales con constantes dieléctricas elevadas. Brown era un auténtico forofo de los ovnis y trabajó en investigaciones secretas en Francia como el proyecto Mongolfier, un supuesto programa de la compañía aeronáutica Société National de Construction Aeronautiques du Sud Ouest (S.N.C.A.S.O.) para despegar del suelo terrestre anulando la atracción del planeta. Luego, distintos físicos han trabajado sobre los motores de antigravedad o hipermotores o en teorías usando distintas vías para reducir la gravedad. Algunos de ellos han sido objeto de patentes o han sido investigados por la NASA, pero sigue siendo igual de difícil que siempre alejarnos de la gravedad del planeta Tierra y salir al espacio, algo para lo que tenemos después de un siglo de intensas investigaciones una única herramienta: los cohetes.

El problema básico es que entendemos poco sobre la gravedad. Es la más débil de las cuatro interacciones fundamentales de la naturaleza, treinta y ocho órdenes de magnitud más débil (treinta y ocho ceros) que la fuerza nuclear fuerte, treinta y seis órdenes menos que la fuerza electromagnética y veintinueve órdenes menos que la fuerza nuclear débil pero, por otro lado, es la fuerza dominante a escala macroscópica, explicando la formación de las galaxias y los cuerpos astronómicos, las órbitas de planetas y satélites o los períodos de las mareas. Mientras que para las otras fuerzas hemos encontrado las partículas elementales responsables (el fotón para el electromagnetismo, los gluones para la interacción fuerte, los bosones W y Z para la interacción débil) la partícula elemental de la interacción gravitatoria, el gravitón, nadie la ha encontrado.

Edison fue también el protagonista de una novela de ciencia ficción escrita por Garrett P. Serviss, publicada en 1898 y titulada Edison’s Conquest of Mars (La conquista de Marte por Edison). Curiosamente, esta obra incluye por primera vez algunos de los artilugios y situaciones que se convertirían en clásicos del género como las abducciones por extraterrestres, los trajes espaciales y los rayos desintegradores. No incluye, sin embargo, ningún invento antigravitatorio, algo que sí haría H. G. Wells en su obra Los primeros hombres en la Luna (1901), donde uno de los protagonistas, el excéntrico científico Mr. Cavor, inventa una sustancia llamada cavorita que bloquea la gravedad y permite construir una nave espacial con la que viajar a nuestro satélite. Esta novela también anticipa algunos aspectos habituales de la ciencia ficción como la búsqueda codiciosa de riquezas por los exploradores del espacio, los alienígenas con aspecto de insectos sociales inteligentes o la preocupación en las civilizaciones extraterrestres cuando conocen la naturaleza predadora y violenta de los seres humanos.

La carrera de Edison seguiría siendo fructífera, incrementada además por la excelente promoción de sí mismo que hacía continuamente. Antes de una entrevista con un periodista pasaba por el taller de Menlo Park y se manchaba un poco con grasa la cara y las manos para parecer que salía de la lucha contra las máquinas en busca de un nuevo descubrimiento. Obtuvo mil noventa y tres patentes americanas a su nombre, además de muchas otras en Alemania, Francia e Inglaterra, aunque la inmensa mayoría no eran descubrimientos suyos sino de los científicos y técnicos que empleaba y explotaba. No se limitó a los inventos sino que fue el creador de la industria de la música grabada, las empresas distribuidoras eléctricas, la industria cinematográfica y las compañías de telefonía y telecomunicaciones, implantando en sus fábricas la producción en serie y las cadenas de montaje. Su fama fue tal que en 1920 una broma gastada a un periodista salió publicada en periódicos por todo el mundo como si fuera cierta: que había inventado un teléfono que permitía hablar con los muertos. Era aún más difícil que la ropa interior antigravitatoria.

Bruce McCandless en un «vuelo libre», 1984. Fotografía: NASA (CC)
Bruce McCandless en un «vuelo libre», 1984. Fotografía: NASA (CC)

Para leer más:

  • Iwase S, Mano T (2000) «Microgravity and autonomic nervous system». Nihon Rinsho 58(8): 1604-1612.
  • Ouellette J (2011) «Edison’s Anti-Gravity Underwear and Other Wonders». Discovery News. Enlace.
  • Ptak J (2011) «Edison’s Anti-Gravity Underwear Kite Babies, 1879». JF Ptak Science Books. Enlace.


La mutación de los paisas

Páramo de Belmira, en Antioquia (Colombia). Fotografía: Alejandro Arango
Páramo de Belmira, en Antioquia (Colombia). Fotografía: Alejandro Arango (CC)

Cuentan que en los pequeños pueblitos que colman las cumbres de las montañas de Antioquia, las madres ya conocen el desmemoriado fin que la muerte ha escogido para la mitad de sus hijos antes de nacer.

Saben de la maldición que persigue a su familia, saben que sus hijos morirán de la misma forma que como murieron sus madres, sus abuelos o sus tíos. Lo saben desde siempre, desde que tienen memoria, desde que empezaron a poblar aquellas lejanas laderas andinas, a más de dos mil metros de altitud. Dicen que acostumbran a encomendarse a dios en el día de la boda, para pedirle fuerzas suficientes para sobrellevar el peso de la maldición. Saben que ya no habrá remedio cuando comiencen los primeros olvidos, los primeros descuidos, que anticipan, casi sin remedio, que la desgracia ha vuelto a llamar a sus desvencijadas puertas.

Cuentan que los habitantes de los pueblos en las montañas antioqueñas, que entre ellos se llaman paisas, de paisanos, están perdiendo la memoria. Cuentan que ya no saben quiénes son, que caminan absortos por la casa que una vez reconocieron como hogar. Dicen que al principio empezaron a olvidar el nombre de sus hijos, y que ahora ni tan siquiera son capaces de recordar que una vez fueron padres.

Cuentan que cuando los afectados ya no tenían remedio, sus familiares intentaban que los acogieran en la casa de locos de Medellín. A casi ninguno ni tan siquiera les concedía ese deseo la esquiva fortuna.

Dicen que todo empezó con don Javier Sanpedro Gómez y doña Maria Luisa Chavarriaga Mejía, hace ya muchas décadas, allá por 1750, cuando estos dos vascos se establecieron en los alrededores de Angostura. Javier y María Luisa fueron la primera pareja que sufrió la bobera. Y allí relatan que empezó la maldición. Tres de sus hijos fueron macabramente escogidos para propagar el mal que acompaña al olvido.

Dicen que la maldición se extendió a partir de entonces como la pólvora, más allá de los lindes de Angostura, infectando a los pueblitos de la región, como cuando la Nada perseguía a Atreyu. Cuentan que los siguientes años empezaron a enfermar los habitantes de Belmira, de Yarumal, de Santa Rosa de Osos, incluso de San José de la Montaña.

Dicen los afortunados viejos de las montañas que la bobera es fruto de la brujería, del enyerbamiento y del maleficio de las estatuas españolas. Cuentan que uno de los sacerdotes que oficiaba en la zona se encargó de maldecir a las gentes del lugar, condenando a aquellos que tocaran las ramas de un árbol maldito a perder sus memorias y las de sus seres queridos. Esos hombres y mujeres vagarían hasta su muerte absortos y desorientados por las empinadas callecitas que escalan hacia la selva.

Dicen que la bobera se acabó extendiendo al norte y al suroeste de Antioquia. Que todo empezaba cuando los desgraciados afectados sufrían dolores de cabeza, y que luego llegaba la desmemoria y la dificultad en el andar y en el habla. Algunos de ellos enfermaban antes siquiera de cumplir los treinta años.

Fotografía: Meritxell Garcia (CC)
Fotografía: Meritxell Garcia (CC)

No fue hasta 1984 cuando Francisco Lopera Restrepo, coordinador del Grupo de Neurociencias de la Universidad de Antioquia, empezó a estudiar la bobera. El doctor Lopera conocía muy bien la región. Había nacido en Aragón, a tan solo sesenta kilómetros de donde habían vivido siglos atrás los vascos. Era uno de ellos, un paisa que volvía de Bélgica para comprender qué les pasaba a sus convecinos. También conocía bien el mal. Su abuela paterna fue una de las afectadas.

El doctor Lopera se interesó por un enfermo que vivía en las montañas del suroeste antioqueño. Se trataba de un paciente de cuarenta y siete años que estaba perdiendo la memoria, hijo y nieto de afectados, y donde la maldición había llegado a alcanzar hasta otros siete miembros de la familia. La familia sería posteriormente catalogada como C1, la primera del estudio colombiano. Hoy la nomenclatura llega a C40.

Ha pasado el tiempo. En la región hay ya más de cinco mil descendientes de Javier y María Luisa. Cinco mil personas procedentes de veintiocho familias emparentadas. Cinco mil personas que han transmitido durante generaciones y generaciones la mutación E280A en el cromosoma 14, siendo cuidadosamente seleccionada por la consanguineidad, los matrimonios entre familiares y el aislamiento de los pueblos anclados en las montañas colombianas. La mutación de los paisas.

El doctor Lopera ya sabe que la mutación tiene una herencia autosómica dominante, o lo que es lo mismo, que al menos la mitad de los hijos y alguno de los progenitores de cada familia afectada la sufrirán irremediablemente.

Tuvo que pasar casi una década para que el equipo del doctor Lopera pudiera confirmar la sospecha del origen de la bobera. Pudo comprobar de qué se trataba gracias a la donación de un cerebro de un miembro de una familia enferma. Este neurólogo conseguía demostrar que la bobera no era ni más ni menos que la enfermedad de Alzheimer. En su variante genética, claro está. Hoy el neurobanco del Grupo de Neurociencias de la Universidad de Antioquia supera los doscientos cerebros de antioqueños enfermos.

Dice el doctor Andrés Villegas, otro de los neurólogos implicados en el estudio, que en Antioquia probablemente está el mayor grupo familiar del mundo con una variante genética de la enfermedad de Alzheimer. Algo así como el Atapuerca del alzhéimer.

En diciembre de 2013, casi treinta años después de la evaluación del primer individuo afectado, se comenzó un ensayo clínico para evaluar el efecto del fármaco Crenezumab. A la universidad colombiana se han sumado el National Institute of Health estadounidense, el Banner Alzheimer’s Institute y la compañía Genentech, miembro del grupo farmacéutico suizo Roche. Todo ello recogido bajo el paraguas del estudio llamado Alzheimer’s Prevention Initiative (API). El fármaco pretende eliminar las placas amiloides que se forman en los cerebros de los enfermos. Ahora nos toca esperar y confiar. Allá por el año 2020 abriremos la caja y podremos saber qué ha pasado.

Desgraciadamente los resultados solo se podrán extrapolar de forma directa a los enfermos de alzhéimer de la variedad genética, la cual alcanza tan solo al uno por ciento de los casi cuarenta millones de enfermos repartidos a lo largo y ancho del mundo. Pero tal vez arroje un poquitito de luz para la mayoría de los enfermos, los de la variante no familiar, y tal vez algo de esperanza. Esperemos que así sea. Mientras tanto, seguiremos trabajando conjuntamente para desentrañar los entresijos de la pandemia que borra la memoria de los enfermos y causa la bobera en los paisas. El secreto para avanzar en esta devastadora enfermedad se esconde, tal vez, en el lema del escudo de Belmira, uno de los pueblitos donde campa a sus anchas la mutación paisa. El blasón reza «Unión y trabajo».

Muestras de tejido cerebral utilizadas el estudio de la enfermedad de Alzhéimer. Fotografía: Corbis
Muestras de tejido cerebral utilizadas el estudio de la enfermedad de Alzheimer. Fotografía: Corbis

Mientras tanto, nos contentaremos con tratar de recordar las palabras del eterno Mario Benedetti, a modo de antídoto. Ya saben, El olvido está lleno de memoria.


Bioneuroemoción y alzhéimer

Fotografía: Corbis
Fotografía: Corbis

El alzhéimer es una enfermedad neurodegenerativa caracterizada por una pérdida progresiva de memoria, asociada a atrofia y muerte neuronal, y donde observamos dos huellas características en los cerebros de los pacientes; las placas amiloides y los ovillos neurofibrilares. Hasta el momento no se conoce la causa exacta de esta enfermedad neurodegenerativa y tampoco se ha podido encontrar un tratamiento que prevenga o cure el mal de Alzheimer.

O por lo menos eso es lo que pensábamos hasta ahora.

La bioneuroemoción o biodescodificación nos da otra explicación que ni tan siquiera imaginábamos antes de que esta nueva medicina alternativa hubiera emergido. La nueva medicina germánica, como la llaman, ofrece una serie de explicaciones sobre las diferentes causas de las enfermedades humanas. Y el alzhéimer no es una excepción. Resulta que la causa de este trastorno neurodegenerativo no son los depósitos de amiloide, ni los ovillos neurofibrilares, ni la muerte de las neuronas. Atención. El alzhéimer es debido al «deseo de abandonar el planeta» y a la «incapacidad de enfrentar la vida tal como es». Pues eso.

Nos ilustra una tal Mónica Barbagallo en la página web Ciudad virtual de la gran hermandad blanca. Es cierto, el nombre de la web acojona. En una tabla podemos discernir entre las diferentes enfermedades y la causa emocional que las origina. Podemos descubrir el origen de grandes pandemias del siglo XXI, tales como la acidez (debido al «miedo, miedo paralizante», que una vez miedo vale, pero dos asusta), codos (como teórica patología debida a la «incapacidad en la vida de abrirse paso y luchar», lo que a priori parece de lo más obvio, para qué sino sirven los codos), eructos (causa: «agresión contra el exterior, afán por tragarse la vida con demasiada rapidez»), o polio (cuya causa parece deberse a los «celos paralizantes» y al «deseo de retener a alguien», por supuesto sin referencia alguna al virus con el mismo nombre), entre un largo listado de enfermedades reales y de otras presuntamente verdaderas o decididamente fantásticas. La lista es insuperable, no solo en su extensión, sino en su capacidad de sorprender al lector.

Centrémonos, por ejemplo, en el ano. Como enfermedad, se entiende. Hay cinco sintomatologías, a saber: grietas (debido a la «cólera en relación con aquello que uno no quiere soltar», es decir, algo así como la avaricia de la mierda), picor («culpa por el pasado, remordimiento», no datan si el pasado es de la noche anterior o va más allá), dolor (pasamos a mayores, aquí la causa es «la culpa, deseo de castigo, no sirvo para…»; nunca unos puntos suspensivos fueron tan enigmáticos), fístula («alguien se aferra al pasado», o a otra cosa diría yo) y, redoble de tambores… hemorragia («cólera y frustración», o el acabose).

Pero no nos desviemos del tema y volvamos al inicio. Hablemos del alzhéimer causado por el deseo de abandonar el planeta (aviso para astronautas) y a la incapacidad de enfrentar la vida tal como es. La solución parece pasar por realizar la siguiente acción positiva: «La recta acción del proceso de la vida se da en el momento adecuado». Es verdad, yo tampoco sé qué significa esto.

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Señales, 2002. Imagen: The Walt Disney Company / Divisa Home Video

Pero sigamos. Sugiero contrastar la rigurosísima información previa con el Diccionario de Enfermedades Emocionales que recoge la web Sánate y sana, que podemos adquirir en formato de tapa dura por tan solo veintidós dólares más gastos de envío. Veamos qué nos dice sobre las causas del alzhéimer: «Por desgracia, es común que quien padece esta enfermedad no tenga interés en sanar. Son más bien las personas que la rodean quienes se preocupan porque se alivie. La persona enferma cree que es el único medio de que dispone para vengarse. Sufrió en silencio una situación y ahora tiene una buena excusa para conseguir sus propósitos». Es decir, la causa del alzhéimer es la venganza… ¿Se puede ser más retorcido? Pero ojo, que también nos dan la solución: «Acepta la idea de que puedes ser una persona importante y querida aun cuando ya no quieras hacerte cargo de todo ni acordarte de todo. Habla de tus vivencias actuales y de las pasadas. Mira los años tan hermosos que tienes por delante si verdaderamente estás decidido a vivir». Canelita en rama. Así que mirando para adelante se cura el alzhéimer. Mientras tanto miles y miles de neurocientíficos seguimos perdiendo el tiempo y gastando recursos en buscar terapias, fármacos y herramientas diagnósticas.

Por motivos escatológicos y sexuales no me resisto, de nuevo, a analizar las enfermedades anales de este diccionario. Selecciono en este caso, probablemente por la imagen que subyace, la comezón anal. Bien, pues parece ser que «las comezones se relacionan con remordimientos y la culpabilidad en relación con mi pasado». ¿Con qué sino? Parece ser que culpa, culo y ayer son términos relacionables. «Algo me come o me pica y me siento culpable en lo que debo retener o soltar». Ya saben, la culpa estriñe. Recomiendo la lectura de webs de este pelaje para los momentos personales de bajón.

Volvamos al alzhéimer, que se nos va el santo al culo. Perdón, al cielo. Veamos otras causas de esta tremebunda enfermedad neurodegenerativa (ahora según los grupos de Facebook del movimiento): «Si yo soy una persona que presenta alzhéimer significa necesariamente que durante toda mi vida me he exigido hacer algo que nunca me gustó realmente hacer. Significa que toda mi vida he vivido agredido por alguien y que busco separarme de eso de manera urgente. Simultáneo a esto, estoy viviendo un conflicto de separación de alguien a quien amo muchísimo». En esta entrada ejemplifican la causa contando una historia de una mujer a la que su marido le obliga a abandonar su pueblo, le fuerza a tener hijos y a abandonarlos y luego le pega. La consecuencia de todo esto es… ¡bingo!, el alzhéimer.

Vayamos a definiciones más concretas y, sobre todo, a sus iluminados autores. La gurú Louise L. Hay nos dice que la causa del alzhéimer es «negarse a enfrentar la vida, la desesperanza y el desamparo, y la cólera». No, no es una renombrada investigadora de un centro de referencia mundial con cientos de artículos científicos publicados. Se trata de una modelo de alta costura reconvertida a escritora de libros de autoayuda tras superar un cáncer, parece ser que milagrosamente. Por cierto que recomienda como tratamiento para el alzhéimer la cromoterapia y abusar del morado, ya que este color resulta ser curativo para esta enfermedad neurodegenerativa. Curioso que el color coincida con el usado por la Alzheimer’s Association para visibilizar la enfermedad.

Esquema de un corte frontal de dos cerebros. A la izquierda un cerebro sano y a la derecha uno que padece alzhéimer. Imagen: DP
Esquema de un corte frontal de dos cerebros. A la izquierda un cerebro sano y a la derecha uno que padece alzhéimer. Imagen: DP

Pero hay más, existen diferentes terapias bajo el paraguas de la bioneuroemoción, tales como la sanación holística, la programación neurolingüística, el reiki magmático, el uso de campos morfogénicos, la sofrología, la radiación luminosa, las constelaciones familiares, la hipnosis ericksoniana, el árbol transgeneracional o los ciclos biológicos memorizados. Uno de la lista me lo he inventado. Apuesto a que les cuesta encontrarlo.

Pero sigamos con los grandes gurús de la bioneuroemoción y sus aportaciones al campo de la biomedicina y a la cura de las enfermedades humanas (desde anales hasta cerebrales). Podríamos hablar del ¿doctor? Ryke Geerd Hamer, por ejemplo, que resulta ser uno de los padres de este movimiento, con aportaciones tan reveladoras como las que realizó en los años ochenta cuando descubrió que todas las enfermedades que abarca la denominación «cáncer» son provocadas o por envenenamientos o por conflictos causados por uno mismo. Parece ser que Ryke todavía está pendiente de leer la tesis doctoral. Eso sí, está buscado por la justicia por haber provocado la muerte a algunos enfermos de cáncer tras convencerlos de que abandonaran las terapias convencionales. El doctor Bruce Lipton es otro de los grandes promotores de estas terapias, al cual se le atribuye el descubrimiento de la epigenética, nada menos. Apuesto a que el día que un científico reciba el premio Nobel por la epigenética, cosa que ocurrirá, el galardón no recaerá en este caballero. Parece ser que tras una buena carrera científica, Bruce sufrió una crisis personal que le hizo abandonar la universidad, fundar una banda de rock y definir las bases de la «nueva biología», volviendo a la vida académica de la mano de la biología emotiva, llamémosla así. Ahora se dedica a dar charlas, seguro que no baratas, donde hace afirmaciones tan estrafalarias como que los medicamentos «están matando a mucha más gente de la que ayudan». Con dos cojones. Podríamos hablar también de Sallomon Sellam, descubridor de la psicosomática clínica humanista (¿mande?) que postula que las causas de las enfermedades son la herencia transgeneracional a partir de mapas genealógicos; o Helen Schucman quien escribió una de las biblias del movimiento, Un curso de milagros, que utiliza el ínclito Enric Corbera para diseminar tan peligroso dogma a lo largo y ancho de nuestra piel de toro. Cuenta Helen que una voz en su cabeza le dictó el libro durante los siete años que tardó en escribirlo. Para que luego digan del pajarito de Nicolás Maduro. Parece ser que antes de morir (de un cáncer de páncreas, causado seguramente por un «conflicto de contrariedad indigesta» no resuelto) dijo que aunque no creía en dios, todo lo que había escrito era cierto. Manzanas traigo. O Jean Pierre Garnier Malet, que propugna una curiosa teoría acerca del desdoblamiento del tiempo, afirmando sin tapujos que podemos viajar en el tiempo con nuestros pensamientos. La lista es larga. Pero dejémoslo aquí.

Estos señores y señoras también tienen explicación para otras enfermedades del sistema nervioso. Por ejemplo, la esclerosis múltiple se debe a rigidez mental, dureza de corazón, voluntad de hierro, inflexibilidad y miedo. O el párkinson, cuya causa se atribuye al miedo e intenso deseo de retener a alguien o a algo, y por esa razón, comienza en las manos. Incluso la epilepsia, que se da en personas que se acusan mucho a sí mismas. Ahora bien, si la epilepsia es infantil es porque la enfermedad tiene como objetivo que el niño reciba atención y afecto, por lo que la culpa es de los padres.

Creo que si han llegado hasta aquí leyendo habrán descubierto que el título de este artículo es un fake. No se puede curar el alzhéimer con bioneuroemoción. Entre otras cosas porque la bioneuroemoción no es nada. Si acaso es algo, es una tremenda estafa a nivel planetario orientada a esquilmar el dinero de incautos o de desesperados, mintiéndoles veladamente mediante el uso de rudas estrategias verbales, piruetas pseudológicas y términos científicos confusamente imbricados. Todo ello asociado a una fuerte dosis de generación de culpa (versión new age del pecado). Y este cóctel parece resultar tan potente y mortífero que hasta se ha conseguido colar en universidades, hospitales o ayuntamientos, donde estos chamanes sacaperras sin escrúpulos han conseguido acceder, tal vez por ignorancia de sus anfitriones, tal vez por mercadeo académico. Pero recuerden ustedes que la ignorancia no es gratis. Como decía un tal Albert Einstein: «Si la educación te parece cara, prueba con la ignorancia».


Javier S. Burgos: «Anquilosar a los científicos a una plaza in aeternum es un error»

Javier S. Burgos para Jot Down 0

Javier S. Burgos Muñoz (Puerto de Sagunto, Valencia, 1971) es licenciado en Ciencias Biológicas (especialidad Bioquímica) por la Universidad de Valencia y doctor en Ciencias (especialidad Biología Molecular) por la Universidad Autónoma de Madrid. Ha sido profesor e investigador en la Universidad Autónoma de Madrid, en la Keck School of Medicine de la University of Southern California (USA), en el Instituto de Ciencias Básicas de la Salud de la Universidad Federal de Rio Grande del Sur (Brasil), en el Hospital Universitario de Bellvitge (Barcelona) y en el Hospital Universitario La Fe (Valencia).

Desde marzo de 2014 ocupa el cargo de director general de la empresa biotecnológica Neuron Bio, centrada en la búsqueda de fármacos contra la enfermedad de Alzheimer y otras enfermedades del sistema nervioso central, combinando responsabilidades propias de la gestión de una gran empresa con su trabajo como investigador. Es autor de Geografía de la locura.

Nos reunimos con Javier en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática de la Universidad de Sevilla en un día muy especial para él.

Cuéntanos qué ha pasado hoy (16 de marzo).

Se ha hecho pública una solicitud de patente que presentamos el día 11. Básicamente se trata de una herramienta diagnóstica que va a permitir determinar la enfermedad de Alzheimer mediante cinco biomarcadores sanguíneos. La ventaja de esto, evidentemente, es que se puede hacer en una muestra mínimamente invasiva como es la sangre.

Hasta ahora el alzhéimer tenía un diagnóstico de exclusión. Realmente cuando se diagnostica en vida, se trata de un diagnóstico de enfermedad de Alzheimer probable que es lo que dictaminan los neurólogos, y ese diagnóstico se hace fundamentalmente mediante tests neuropsicológicos, técnicas de imagen como la resonancia magnética o el PET y por marcadores del líquido cefalorraquídeo, fundamentalmente tau y Aβ42.

Para saber estos marcadores hay que hacer una punción lumbar. Esta es una técnica muy invasiva en la que tienes que pinchar en la columna del paciente, sacar el líquido cefalorraquídeo y analizar los marcadores. Por tanto, no solamente Neuron Bio sino mucha gente en el mundo está buscando una huella diagnóstica en sangre que te permita diagnosticar y hacer un seguimiento de la enfermedad y eso es lo que hemos presentado hoy.

¿Hay alguna otra compañía que tenga una prueba como la vuestra?

Como la nuestra exactamente no. Hay muchas empresas, y sobre todo grupos de investigación y grandes consorcios científicos que están buscando marcadores sanguíneos. Debemos tener en cuenta varias cosas: el número de marcadores que se evalúan, el mecanismo de acción de esos marcadores y luego también la simplicidad de la técnica, porque al final lo ideal es que se pueda realizar en cualquier laboratorio o en cualquier servicio de un hospital. Por tanto, hacer una técnica como una espectrometría de masas, por ejemplo, resulta demasiado complejo. Lo ideal es hacer kits, una caja en la que tú, mediante una serie de líquidos, puedas realizar una determinación.

¿Gente que está haciendo esto en el mundo? Hay. Si estuviéramos solos en esto a mí me preocuparía porque evidentemente hay que buscar cosas que puedan interesar al mercado y cuando algo es interesante hay gente trabajando en ello. Hay otras aproximaciones pero en la solicitud de patente se recogen unos marcadores que no se había visto que pueden servir para diagnosticar alzhéimer.

Las acciones han subido hoy un 35%.

No sé cómo ha cerrado el mercado, pero vamos, un treinta y algo por ciento parecía que iban a subir. Eso está bien, somos una empresa cotizada y todas las noticias que afectan a la compañía para bien o para mal se reflejan en la cotización, como no puede ser de otra forma. Venimos de un tiempo en el que pasara lo que pasara el mercado no se movía y ahora una buena noticia se refleja en la bolsa. A mí me parece que es razonable.

¿Cuánto habrá que esperar para que ese diagnóstico esté operativo?

Lo que es el diagnóstico o el análisis de estos marcadores se puede hacer ya. De hecho, para hacer este estudio nosotros hemos recolectado más de trescientos individuos, tanto controles, como sanos, como con deterioro cognitivo leve —que es la etapa temprana del alzhéimer— y los hemos analizado en nuestro laboratorio. Es decir, esas personas a las que les hemos hecho el estudio siguen en la consulta de neurología, son pacientes reales. Esas técnicas se podrían utilizar desde ya mismo y se podría hacer ese servicio diagnóstico. Lo que puede llevar un poco más de tiempo es convertirlo en un kit. Pero bueno, esa es otra aproximación que depende sobre todo de la comercialización.

La prueba se hace sobre el mal de Alzheimer que, como has contado en las charlas que has dado, es una de las enfermedades que más problemas y más dinero le va a costar a la sociedad en el futuro. 

Tremendamente. Es uno de los problemas más grandes que tiene la humanidad ahora mismo. Hoy tenemos treinta y seis millones de enfermos y el gasto aproximado que se asocia al alzhéimer supera los seiscientos mil millones de dólares. Actualmente esto es un problema tremendo, pero se va a multiplicar. De hecho, en 2050 se espera que haya ciento treinta y cinco millones de enfermos.

¿Correlaciona con la edad más incluso que con la genética?

Efectivamente, el primer factor para la enfermedad de Alzheimer es la edad por encima de todo lo demás. Es una enfermedad de personas con edad avanzada en el 99 % de los casos y luego hay otros factores: afecta el género femenino, es decir que las mujeres tienen más riesgo que los hombres, y el nivel de educación bajo también. Esto ocurre cuando la enfermedad no tiene una mutación genética de herencia dominante, que son un puñado de casos en el mundo.

El factor de susceptibilidad genética más asociado a la enfermedad de Alzheimer es la apolipoproteína E y luego vienen otra serie de factores de riesgo. Por el contrario, en la enfermedad familiar, esa que es menos de un 1 %, está asociado con el beta-amiloide que es un péptido que se deposita en el cerebro como consecuencia de un procesamiento anormal de la proteína que lo genera.

Por tanto la diana terapéutica de las investigaciones en alzhéimer ha cambiado. En un principio se consideraba que la clave estaba en el beta-amiloide y esto es solo en el caso de que la enfermedad sea genética.

Cierto. Hay dos tipos de enfermedad de Alzheimer: la familiar o genética, que es de aparición temprana y puede empezar a partir de los cuarenta años, y luego la enfermedad esporádica, que tiene genes de susceptibilidad pero no mutaciones. La enfermedad genética está afectando a la proteína precursora del amiloide, ese péptido que se deposita en el exterior de las neuronas como consecuencia del mal procesamiento.

En el año 91 se le echó la culpa de la enfermedad esporádica al amiloide, aplicando el principio de la navaja de Ockham, que dice que la explicación más sencilla es probablemente la más cercana a la realidad. A mí a priori me parece una aproximación correcta, pero desde el 91 al 2015 han pasado muchos años y lo que ya podemos decir es que el  beta-amiloide no es el causante directo de la enfermedad de Alzheimer.

Pero hay muchos grupos de trabajo todavía que están enfocados en los análisis y la investigación en el beta-amiloide.

Sí, pero si te fijas todos los desarrollos farmacológicos que han utilizado como diana terapéutica el beta-amiloide, o se han abandonado o por lo menos modificado. Ahora mismo hay corriendo algunos estudios donde se estudia la enfermedad familiar —la genética—, en familias concretas.

Hay un estudio en Antioquia, en Colombia, donde hay pueblos aislados en la montaña en los que se produce muy poco cruce entre ellos y por tanto hay muchos enfermos familiares en esas poblaciones. Ahí es donde se están haciendo los estudios. Yo no digo que el beta-amiloide no tenga que ver con la enfermedad familiar, probablemente sea la diana de la enfermedad familiar, pero no lo es de la esporádica. Aunque también puede que sea una consecuencia.

Javier S. Burgos para Jot Down 1

En este sentido existe aquel estudio sobre las monjas tan famoso que ponía de manifiesto que el beta-amiloide podría estar asociado a la demencia senil y no a tener alzhéimer.

Sí, en esto hay muchas teorías. El estudio que mencionas, The Nun Study, es muy curioso porque cogieron a un grupo de un convento donde las monjas estaban muy bien cognitivamente y de hecho murieron con muchos años en un estado cognitivo muy bueno. Estas mujeres donaron sus cerebros para analizar las huellas histopatológicas características de la enfermedad de Alzheimer y se vio que no se correlacionan, porque monjas que estaban cognitivamente muy bien tenían muchísima carga amiloide.

También hay una teoría de  Glenda Bishop, una australiana, que dice que el amiloide es un elemento de respuesta inmune, es decir que se acumula como consecuencia de la respuesta a un daño, por lo que un daño o el propio  envejecimiento podría producir una acumulación de amiloide que per se no sería patogénico.

¿Se puede decir que hoy en día no sabemos qué es el alzhéimer?

Sí, efectivamente. Hoy no sabemos la causa de la enfermedad de Alzheimer, así de claras y de francas hay que contar las cosas. ¿Por dónde van las nuevas tendencias? Por supuesto haciendo investigación para descubrir cuál es la causa de la enfermedad, pero eso no quita que tengas que seguir desarrollando marcadores y fármacos y que tengas que trabajar en todas las posibilidades para llegar cuanto antes.

¿Y macroproyectos como BRAIN u otros van a arrojar luz verdaderamente sobre las enfermedades cerebrales como el parkinson, alzhéimer, etc.?

Yo creo que no están exactamente bien enfocados pero sí que hay que trabajar en consorcios. Por ejemplo, nosotros en la herramienta diagnóstica que estamos comentando competimos, entre otros, con un consorcio australiano que está recogiendo muchísimas muestras.

Una cosa en la que hay que trabajar es en conseguir bancos de muestras y además tener buenos biobancos, accesibles, que las muestras estén bien caracterizadas, con un buen diagnóstico, con sus técnicas de imagen y eso es muy difícil que lo consiga un grupo. Eso tiene que partir de grandes consorcios y el alzhéimer, desde mi punto de vista, tiene que ir por esta vía.

Respecto a cómo buscar las líneas terapéuticas nos decía Juan Botas que ellos utilizaban las moscas de la fruta, vosotros empleáis el pez cebra. ¿Qué diferencia hay entre usar un modelo animal u otro?

Antes de esto seguramente hay que explicar un poco cómo funciona la cadena de valor farmacéutica.

La cadena de valor farmacéutica tiene una primera etapa preclínica en la que se hacen estudios llamados de alto rendimiento; una segunda de estudios intermedios en la que se usan por ejemplo el C. elegans, la mosca de la fruta o el pez cebra, luego viene la etapa preclínica a la que sigue la regulatoria y después las fases clínicas.

En la etapa preclínica, la parte de descubrimiento, no hay nada escrito, cada uno lo hace como cree adecuado. Nosotros apostamos por tener una aproximación fenotípica. ¿Qué significa esto? Pues que nosotros vamos a buscar moléculas que eviten que las neuronas se mueran y luego ya veremos el mecanismo, lo segundo está subrogado  a lo primero.

Casi todas las investigaciones que se ha hecho estos últimos años en la enfermedad de Alzheimer elegían una diana, el tau, el amiloide, etc. Esto está muy bien si la diana es la acertada, pero si te has equivocado estás tirando el dinero. Por tanto, ¿de qué nos sirven los modelos intermedios? pues son modelos no regulatorios. Tú no puedes ir a la Agencia Europea del Medicamento con pez cebra o drosophila porque no te valen, pero sí que vienen muy bien para dar el salto desde las células —que no están integradas, que no forman órganos, que no tienen un microambiente— a organismos sencillos en los que puedes parametrizar o modelizar la enfermedad. El C. elegans, tiene unas mil células si no me equivoco, por tanto estás funcionando con un organismo de mil células en las que puedes ver cómo se comportan entre ellas.

Va un poco al azar, ¿no?

La búsqueda de fármacos que generalmente han hecho las farmacéuticas ha sido al azar y probando muchos compuestos en modelos muy concretos. La idea era probar miles y si pudiera ser millones de compuestos, pero tú puedes dirigir eso. Tienes que poner modelos que se asemejen lo más posible a la enfermedad de Alzheimer, en este caso, y moléculas que provengan de ciertos ambientes en los que se hayan podido producir moléculas protectoras.

Pongo un ejemplo: uno de los modelos que utilizamos nosotros es el estrés oxidativo que está asociado al envejecimiento por la formación de radicales libres y esto produce la muerte de las neuronas. Yo lo que puedo hacer es forzar mis modelos al estrés oxidativo. En nuestro caso buscamos fármacos procedentes de microorganismos que hayan estado en ambientes de estrés oxidativo. ¿Por qué? Porque habrán generado mecanismos de defensa contra el estrés oxidativo. ¿Eso me garantiza que vaya a encontrar una molécula que me proteja de la muerte neuronal por estrés oxidativo? No, pero aumento mis probabilidades. Es una búsqueda al azar pero con cierta orientación.

De hecho, por ese sistema que utilizáis en el proceso habéis encontrado cosas completamente diferentes e incluso habéis montado una empresa de compuestos energéticos. ¿Cómo se da esa conexión?

Pues eso costaba mucho explicarlo al principio. Tenemos dos grandes departamentos o divisiones. En un primer momento había un departamento biofarmacéutico en el que teníamos trampas para cazar aquellas moléculas que fueran neuroprotectoras, pero necesitábamos la fábrica de moléculas. Tú puedes ir y comprar librerías en el mercado pero vas a tener lo que tiene todo el mundo, entonces generamos una división en la que lo que hacíamos era cultivar microorganismos, a partir de colecciones, en diferentes caldos de cultivo, sacar los caldos y esos mismos caldos probarlos sobre los modelos de neuroprotección e ir seleccionándolos.

Esa colección está compuesta por casi diez mil microorganismos de todo el mundo que provienen de sitios muy diversos como desiertos, volcanes o el jardín que tenemos enfrente, es decir, de cualquier sitio. Los microorganismos los puedes orientar a generar quimiodiversidad para hacer screening farmacéutico, pero también tienes una buena caja de herramientas para realizar pruebas sobre ellos. Tienes pequeñas factorías que te solucionan problemas biotecnológicos como por ejemplo identificar un microorganismo, probablemente una microalga, que produzca altas proporciones de DHA (ácido omega 3) o que consuma un residuo industrial para generar algo de valor.

¿Es lo que conseguisteis vosotros?

Nosotros empezamos trabajando con estos microorganismos, por un lado generando quimiodiversidad para sacar neuroprotectores y por otro para eliminar un residuo de la producción de biodiésel, la glicerina cruda industrial. Preguntamos a nuestros diez mil microorganismos cuál de ellos vivía solamente en glicerina cruda y producía un aceite compatible con la producción de biodiésel y esto se patentó, se depositó la cepa en la Colección de Cultivos Tipo de Valencia y ese fue el embrión de lo que hoy es Neol Biosolutions, que es una filial de Neuron Bio encargada de dar soluciones a diferentes industrias, sobre todo oleoquímicas.

¿Cuál es el camino de estos diez mil microorganismos hasta dar con uno que funcione? ¿Tenéis alguna proporción?

Los grandes números del desarrollo farmacéutico consisten en que de cada diez mil moléculas que tú pruebas una puede llegar a mercado. De hecho en 2013 la FDA aprobó veintisiete fármacos en todo el mundo. Las proporciones son esas: de diez mil, una, pero yo creo que son menos todavía las que llegan al mercado. Por el camino, según los cálculos, la media es que tardas unos diez años y gastas entre ochocientos y mil millones de dólares para desarrollar una molécula.

Entonces las empresas de biotecnología tienen pérdidas durante diez años.

Las empresas farmacéuticas. Este es el modelo farmacéutico que ha imperado desde las últimas décadas. Había macroempresas que hacían todo desde el principio hasta el fin. Pero lo que han hecho ahora las empresas farmacéuticas es liberar, por decirlo de alguna forma, los equipos de I+D y mirar hacia a las empresas biotecnológicas y los grupos de investigación. Actualmente han generado una estrategia conocida como Open Innovation que consiste en codesarrollar con empresas biotecnológicas o con grupos de investigación desde el principio. ¿Por qué? Lo primero porque se tienen muchas ópticas diferentes, cada empresa biotecnológica tendrá una aproximación, una diana, una plataforma y esto te va a dar mucha riqueza.

Se están alimentando de las empresas biotecnológicas pero ahí hay un gap muy importante, que es lo que se denomina el valle de la muerte y consiste en que las empresas biotecnológicas tienen dinero hasta cierto punto y si no se encuentra en ese momento con una empresa farmacéutica tienen un problema. Por lo tanto ese valle de la muerte hay que intentar reducirlo en la medida de lo posible y esto en la enfermedad de Alzheimer es especialmente dramático porque se han gastado miles de millones de dólares en desarrollos sobre todo en antiamiloidogénicos que no han funcionado. Yo lo que espero es que las empresas farmacéuticas tengan más avaricia que memoria y se den cuenta de que estamos  ante un problema pivotal en el mundo y que hay que darle una solución.

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Neuron Bio aparte de los métodos diagnósticos realmente está buscando esa cura para el alzheimer, ¿no? ¿Cómo se impulsó y cómo se motivó el nacimiento de Neuron Bio?

Evidentemente una aventura de este tipo proviene de muchos factores, pero sobre todo la empresa surge de Fernando Valdivieso, que es un catedrático ya retirado de la Universidad Autónoma de Madrid, concretamente del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, del que provengo, y que con su espíritu aventurero decidió montar una empresa a partir de las patentes que tenía en su grupo universitario y convenció a una serie de empresarios que estaban en el ámbito de la biotecnología para que capitalizasen la idea. Esto ocurrió en el año 2005 y aquí seguimos en 2015. Yo creo que uno de los grandes éxitos de Neuron Bio es haber sobrevivido diez años en un entorno como el que vivimos en España.

¿Hay apoyo institucional a proyectos como el vuestro?

Hay apoyo institucional pero yo creo que no tenemos una cultura del emprendedurismo biotecnológico. Estamos en un sitio muy complicado, es como intentar, no sé, torear en Bélgica. Se necesitan muchas cosas: ganadería, plazas, representantes y alguien que te vista de torero, ¿no? Pues hay que tener ese ambiente para que se pueda desarrollar la biotecnología y creo que España ni está en ese momento ni por lo que yo veo en las tendencias políticas y los programas electorales, pretende estar, lo cual todavía me preocupa más.

No hay una preocupación excesiva por la I+D y esto para mí es un punto estratégico, es decir: ¿a qué nos queremos dedicar dentro de cincuenta años? Porque probablemente hemos perdido el siglo. ¿Dónde queremos ir? ¿Queremos ser un país de turismo compitiendo con Croacia, Italia, etc. o pretendemos ser un país con un cambio de modelo productivo? Todo el mundo cacarea el modelo productivo pero nadie lo refleja. ¿Dónde está esa voluntad de cambiar el modelo? No existe. Estamos ante un problema muy grande porque todavía no nos hemos dado cuenta de que la I+D es lo que nos va a hacer cambiar. Los países ricos son ricos porque han invertido en I+D, no porque les sobre el dinero.

En uno de los artículos que publiqué en Jot Down conté que tuve la ocasión de coincidir con la gobernadora de New Jersey en Estados Unidos y ella se enorgullecía de que en New Jersey tenían el mayor número de ingenieros y científicos por milla cuadrada. Pues señores políticos españoles, miren ustedes hacia otro lado, hacia el otro lado del charco. Copiemos a quien sabe hacer este tipo de cosas porque a New Jersey le va bastante mejor que a nosotros en cuanto a modelos industriales e innovación. Hay que hablar de la balanza tecnológica, tenemos muchos temas de los que aprender y el problema es que ningún grupo político dice con claridad o proyecta con claridad un horizonte I+D. ¿Dónde está el pacto de Estado que necesita la ciencia? Porque hay una cosa muy importante desde mi punto de vista, que es que independientemente de partidos políticos lo que más democratiza a una sociedad es la ciencia. Es decir, si tú puedes hacer que el diagnóstico de X enfermedad esté en el hospital de la esquina podremos ir todos, si no irán a Houston los que tengan dinero para curarse un tumor. Lo que más democratiza a la sociedad es la ciencia, casi todos tenemos un smartphone en el bolsillo, el problema es que probablemente no sea invento español y tengamos que pagar por ello.

Tenéis la sede en el Parque Tecnológico de Granada y tenéis convenio con la universidad. ¿Cómo es el trabajo con ellos?

No es que tengamos un convenio, es que la Universidad de Granada es accionista de Neuron Bio porque Neuron Bio entregó una serie de acciones al principio para que fuera una especie de patrón en el Parque. También la Universidad Autónoma de Madrid es accionista nuestra porque somos un spin-off que viene de la UAM. Pero no solo trabajamos con la Universidad de Granada y la UAM, sino con muchas universidades en España. Vamos a ver, la punta de lanza en investigación normalmente está en las universidades y en el Consejo. Una cosa muy importante: en la empresa se hace tan buena investigación como en las universidades pero nosotros provenimos de la universidad y sabemos que ciertos desarrollos hay que ir a quien sabe hacerlos, hay que ir a esos grupos de investigación que son punteros y trabajar conjuntamente para funcionar en los dos sentidos de forma bilateral, y en este sentido Neuron Bio lo que busca en los grupos de investigación son herramientas y desarrollos que alimenten a la empresa.

¿Os nutrís de personal de la Universidad de Granada?

De la universidad en general y de otras empresas biotecnológicas o farmacéuticas, tenemos gente que viene de muchos sitios. Fundamentalmente tenemos en la compañía doctores y técnicos. Somos una compañía con un porcentaje de doctores altísimo, lo cual también es importante resaltar porque muchas veces se cree que el doctor ya está muy sesgado para hacer un buen trabajo. No señores, todo lo contrario, es una persona que por mi experiencia tiene una extraordinaria flexibilidad y puede abordar muchos problemas diferentes. Nosotros tenemos mánagers comerciales que son científicos, que han hecho la tesis doctoral pero que tienen la suficiente flexibilidad y versatilidad como para enfrentarse a otro problema diferente.

¿Cuál es la estructura de la empresa y la dimensión humana?

La dimensión humana,  entre las dos empresas, Neuron Bio y su filial Neol Bio, somos más de cincuenta personas. Ambas tienen un consejo de administración que representa a la mayoría de los accionistas y es el que suele tomar decisiones que ratifica la junta, y luego por debajo hay una estructura de dirección y debajo de esta hay diferentes departamentos. Nosotros somos fundamentalmente una empresa de I+D. Hacemos investigación y desarrollo paquetizada, es decir, generamos patentes para luego licenciarlas, por tanto tenemos mucho componente de I+D.

Tienes una vocación científica innata y sin embargo pasas de ser el director científico a ser el director general. ¿Cómo lo llevas?

Con resignación cristiana, supongo, pero en este país hay pocos gestores científicos. Yo creo que soy una rara avis, considero que es muy importante formar a gente proveniente de la ciencia para que además tenga otras aptitudes y competencias, y al revés; es decir, gente que venga de la gestión y acabe teniendo un conocimiento científico. La apuesta del Consejo desde siempre, y ya os he dicho que llevamos diez años, es que el director general sea un científico. Antes de mí la otra persona que ocupaba el cargo, Javier Velasco, era doctor en Ciencias Biológicas como yo. El resto de competencias se van aprendiendo aunque también hay que formar un equipo, sobre todo directivo, que respalde los gaps que cada uno pueda tener, porque evidentemente los hay.

Esa tendencia no es exclusiva de las empresas, también en la propia universidad o en el Consejo los investigadores según van alcanzando cierta edad van pasando más a ese tipo de labores de gestión administrativa.

Estoy completamente de acuerdo contigo, pero es el ecosistema en el que nos ha tocado vivir y muchas veces uno tiene que aceptar ciertos cargos de responsabilidad, no voy a decir en la juventud, que no es el caso, pero sí en un nivel no lo suficientemente senior. Eso pasa en los grupos de investigación como tú dices, pasa en las empresas… Pero bueno, una vez te llega ese reto tienes que mirar hacia adelante e intentar hacerlo lo mejor que puedas.

Sin embargo sigues haciendo patentes, de hecho quiero que nos cuentes lo que habéis conseguido con las enfermedades raras.

Pues esta es una historia para mí muy bonita porque viene de una deducción científica y eso siempre es muy satisfactorio para un investigador. Me considero un científico, no me considero otra cosa, ahora mismo soy gestor pero científico.

Nosotros casi desde el principio de la compañía enfocamos la potencial diana terapéutica en cómo se modula el colesterol en las neuronas en la enfermedad de Alzheimer y hemos estado trabajando sobre todo en el desarrollo de fármacos en este campo con cierto éxito. Visto que hay enfermedades pediátricas en las cuales la ruta del colesterol—que es una ruta canónica en la neurona y en todas las células del cuerpo humano— es tan importante a nosotros nos llamó la atención que había enfermedades pediátricas que mutando algún gen de la ruta del colesterol cursaban con problemas neurológicos tremendamente serios.

A mí, no sé por qué, la verdad, me llamó la atención un síndrome que es el de Smith-Lemli-Opitz, que son niños que tienen una mutación en la 7-dehidrocolesterol reductasa que hace que tengan niveles de colesterol extremadamente bajos. Estamos hablando de cinco o seis miligramos/decilitro cuando lo normal son ciento cincuenta o doscientos. De hecho yo creo que los que tienen cero, es decir en los que la mutación es total, ni llegan a nacer. Estos niños tienen muchos problemas porque el colesterol es muy importante en el desarrollo embrionario. Entonces, mirando esta enfermedad y la ruta del colesterol, que no es una ruta sencilla para nada, sino que tiene muchas puertas de salida y tiene muchas rutas colaterales muy críticas, adivinamos que probablemente una de esas rutas podía ser la inflamación y empezamos a intentar conseguir sangre de niños y de controles para evaluar si tenían un perfil inflamatorio exacerbado. Y bueno, de estos niños hay unos veinte en España, aproximadamente.

Javier S. Burgos para Jot Down 3

No teníais ninguna intención de ganar dinero con esto porque si hay veinte niños…

Ninguna, ninguna. Teníamos la intención primero de aprender, porque de esto surgió una patente de diagnóstico o lo que es lo mismo nuestro primer estudio en diagnóstico, y así aprendimos cómo se tiene que poner en marcha todo el mecanismo para hacer este tipo de análisis diagnósticos que ahora hemos finalizado con la presentación de la patente de alzhéimer, y un poco también para devolver a la sociedad parte de lo que te da. Al final la sociedad es la que pone el dinero, lo pone un inversor privado o lo pone el Ministerio mediante un préstamo blando pero al final la sociedad es la que te está aportando dinero y tú se lo tienes que devolver de alguna forma, por supuesto intentando hacer tu trabajo lo mejor que puedas todos los días, pero si te surge una idea tienes que intentar materializarla.

Tardamos más de una año en conseguir cinco muestras de niños con el síndrome y cinco muestras de niños sanos. Primero porque no encontrábamos los canales para hallar a estos niños, no había una asociación específica, estaba todo muy deshilachado en esta enfermedad. Luego había que buscar a los niños, identificar a los padres, conocer a los pediatras, pasar los comités de ética, etc. Tardamos un año largo en conseguir esas diez muestras sin saber qué iba a pasar y solo una semana en hacer los estudios y no exagero, tal vez menos.

Analizamos una cincuentena marcadores y de ahí lo primero que vimos fue que prácticamente todos los de inflamación estaban exacerbados, y también encontramos tres que nos permitían el diagnóstico, pero es que además esto abría otra puerta ya que los antinflamatorios que están en la farmacia podrían ser una de las herramientas terapéuticas para estos niños;, no para curarlos porque la deficiencia en colesterol la van a tener siempre, pero probablemente sí para aliviar algunos síntomas.

En estas enfermedades es muy complicado el diagnóstico porque se mezclan los síndromes, por lo que el trabajo nos resulta muy satisfactorio porque se trata de una deducción científica. Y cuando ves los datos te dan la alegría de confirmar que tu hipótesis era cierta. Demuestra cómo funciona la ciencia, y esto es muy importante, es decir, tú estás intentando solucionar un problema y de repente aparece una puerta lateral que puedes explorar. Además esto lo hicimos con dinero de Neuron Bio, nadie nos pagó este desarrollo y no esperamos nada a cambio. Como decía, es un ejemplo de cómo funciona la ciencia; muchas veces hay que darnos cierta libertad a los científicos para que creemos.

El Consejo de Administración puede que no esté tan contento porque no va a repercutir en ingresos.

No, lo que pasa es que el gasto económico ha sido muy pequeño. El mayor problema es el galimatías burocrático para conseguir esas muestras y sus autorizaciones pertinentes, pero luego la investigación ha sido muy barata y además nos ha permitido aprender. Tú para vender algo primero tienes que aprender a hacerlo y esto nos ha servido. También me permite reflexionar sobre la burocratización de la ciencia en España, que es muy alta.

Aquí es difícil conseguir acabar el proceso hasta acabar un producto farmacéutico.

Sí, pero ya no es solamente en eso, que es extremadamente complicado, sino por ejemplo en la convocatoria de proyectos y en todo este tipo de cosas en las que hay bastante dificultad burocrática, y no porque yo lo diga sino porque lo comparo con otros países.

Los países en los que hay mayor tradición en investigación son los menos burocratizados y eso es muy importante, tienes que tener agilidad. Tú para aplicar a la NIH por ejemplo, solo mandas una página, un summary, y ahí ya te dicen sí o no. Ya no envías cien páginas con tu currículo, tus publicaciones y una revisión actualizada… Mandas un resumen y yo te digo si me vale o no me vale; si me vale pasamos a la siguiente ronda y esto va a ayudar. Creo que también esto tiene que ver muchas veces con la lentitud en resolver temas como planes nacionales o proyectos motrices aquí en Andalucía. Los proyectos motrices que se están ejecutando en Andalucía son de la convocatoria de 2012 y estamos en 2015, pero es que desde 2012 hasta ahora no ha salido ninguna convocatoria.

En general la Unión Europea tampoco es mucho mejor en esto de la burocracia.

El horizonte evidentemente es complejo, desde mi punto de vista Estados Unidos es más ágil con diferencia y eso tenemos que trabajarlo. En un mundo globalizado esto resulta perjudicial porque estás perdiendo competitividad.

Nuestra esperanza en ese sentido no es parecernos a la Unión Europea sino a Estados Unidos.

Yo creo que nos tenemos que parecer a Estados Unidos en muchos aspectos y esto puede ser ventajista si queréis, pero me da exactamente igual. Si el otro lo hace muy bien lo primero que tienes que hacer es copiar, por lo menos empresarialmente, y si luego eres tan brillante que lo puedes superar pues todavía mejor, pero primero vayamos al modelo que funciona, en esto y en cualquier aspecto.

Dijiste al principio de la entrevista hablando del alzhéimer que es una demanda del mercado, mientras que las enfermedades raras evidentemente no lo son. ¿Qué se hace entonces? ¿Se pone esa investigación en manos de las instituciones públicas? Porque los centros privados difícilmente van a poder o querer invertir en este tipo de enfermedades.

Salvo algún chalado como nosotros… Lo que hay que mejorar es el success story.

Vamos a ver, el logotipo de algunas asociaciones de enfermedades raras es un árbol, no sé si os habéis fijado. En el árbol hay muchas ramas, cada rama tiene una hoja, y cada hoja representa una enfermedad rara. Hay siete mil enfermedades raras catalogadas, y las que todavía no están catalogadas, cuyo tronco es el mismo. El tronco al final es el funcionamiento de una célula. El ejemplo que yo os ponía de este síndrome: ¿qué tiene que ver un síndrome pediátrico provocado por el colesterol con el alzhéimer? A priori nada, ¿no? Pero si utilizas esta historia de éxito para contarlo tiene mucho que ver.

Al final el funcionamiento mecanístico de las neuronas es el mismo y cuando tú alteras una ruta canónica sacas aprendizajes. Probablemente el desarrollo, o todos los huevos, no los vas a poner en la cesta de las enfermedades raras y menos en la de las enfermedades ultrarraras como es este caso, pero sí que te sirven para este tipo de cosas. No obstante yo creo que en España últimamente está habiendo mucho movimiento en las enfermedades raras con el CIBERER y con muchas asociaciones que están particularmente implicadas. La verdad es que creo que están generando una comunicación que es crítica y me parece maravilloso.

¿Cómo de fácil o difícil es hacer una tesis o un postdoctorado en una empresa privada como la vuestra?

Bueno, en la nuestra no tenemos historias de tesis doctorales por ahora pero sí lo hemos valorado. Creo que en la empresa se pueden realizar tesis siempre y cuando el trabajo de esa tesis no esté dentro de las líneas troncales. Es decir, ¿al final qué tenemos nosotros en la empresa? Tenemos científicos profesionales. Muchas veces los propios científicos nos asustamos de la palabra científico pero somos científicos, vivimos de la ciencia y no nos tiene que asustar.

Como decía, tenemos científicos profesionales y un periodo de tesis doctoral es un periodo de formación del científico. El científico es realmente un científico cuando lee la tesis doctoral, es nuestro equivalente a cortarse la coleta. Nosotros tenemos muchos programas de prácticas y ¿por qué no uno de tesis doctoral? Claro que sí.

Es bueno que los estudiantes se enfrenten a un mundo de verdad, a la empresa privada y con unos plazos que son distintos a los de la universidad. 

Es imprescindible. En esto las culturas empresariales de biotecnología y las culturas académicas tienen que encontrarse, aunque cada vez se están haciendo mejor las cosas en España. Es que el punto de encuentro está en la transferencia. Por ejemplo, López Barneo decía en su entrevista que no pasa nada porque la gente se vaya y que tú te tienes que ir a donde se haga mejor ciencia, y un artículo publicado en El País esta semana iba en el mismo sentido. Esto es muy correcto para la ciencia global pero, ¿para el desarrollo industrial o el cambio de modelo productivo? Incorrecto, yo creo. ¿Por qué la gobernadora de New Jersey quiere que haya el mayor número de científicos e ingenieros en su estado? Porque está generando un PIB brutal y porque están generando inventos. Porque morirán nueve de cada diez empresas, pero la que no muera va a desarrollar algo que se va a vender en todo el mundo. En la balanza tecnológica española, que es la diferencia entre lo que pagamos por comprar patentes de fuera y lo que cobramos por vender las nuestras, existe una diferencia tremenda y eso es empobrecer un país. Bueno, y no solo eso, también hay que contar en esa balanza que no se suele contabilizar el dinero que nos estamos gastando en formación de especialistas que después están aprovechando otros países.

Un Ramón y Cajal se calcula grosso modo que nos cuesta a todos los españoles medio millón de euros, ¡uno! Una tesis doctoral o un licenciado en medicina tiene un gasto aproximado de sesenta mil euros por año. Si hacemos los cálculos desde que empezó en infantil hasta que acaba la tesis doctoral estamos gastando muchísimo dinero en formar a gente extraordinaria que luego se va a otro país, a New Jersey, a trabajar a gasto cero. A gasto cero porque ya le puedes pagar a ese señor o a esa señora todo lo que quieras porque no te ha costado nada, y además seguramente si se va no tendrá ningún problema en trabajar un montón de horas, con lo cual más de un favor estamos haciendo y esto habrá que regularlo de alguna forma, ¿no?

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Contabas que a veces el trabajo con la universidad no es todo lo fluido que debería ser.

Lo que deberíamos hacer es utilizar las instalaciones comunes para el bien de todos, tanto privadas como públicas. Es decir, si a alguien le funciona bien un microscopio confocal que cuesta medio millón de euros pues no vamos a tener cinco en un mismo campus, tengamos uno y que eche humo. Eso por un lado, y luego hay que poner de alguna forma las instalaciones más especializadas al servicio de los demás y cobrar por ello, por supuesto, hasta ahí podíamos llegar, pero hay que hacerlo así. Muchas veces probablemente viene un servicio técnico a tres o cuatro sitios que están colindantes, si tú aúnas las fuerzas igual tiene que venir una vez y no cuatro. En fin, todo lo que sea la optimización de recursos es positivo, porque probablemente en las épocas de bonanza cada uno ha querido tener su propia instalación y su propio microscopio y ya hemos aprendido que hay que optimizar recursos. Hay que invertir más en I+D pero también hay que optimizar recursos, eso es fundamental.

¿Quién corta el bacalao?

Es complicada la pregunta, pero supongo que esto debería ser una ley o un pacto por encima de universidades, empresas o centros de investigación. Las directrices tienen que estar mucho más arriba. De todas formas la crisis nos ha podido servir un poco para corregir ciertos defectos de la época de vacas gordas. No digo que la crisis sea buena pero quizás haya servido para optimizar ciertos recursos.

La crisis es puro darwinismo y el darwinismo nos ha llevado a donde estamos, no sobreviven las especies más fuertes sino las que mejor se adaptan. La crisis en esto es un momento de oportunidad, un momento en el que hay que optimizar recursos, hay que pensar como empresa en nuevas líneas de negocio, hay que explorarlas, hay que estrechar los lazos y te sirve también para negociar mejor. En fin, tienes una serie de herramientas que tienen que ser beneficiosas dentro del desastre de un escenario de crisis. Pero es que lo de la ciencia en este país ya no es de crisis, es de lo siguiente. Es que hemos bajado un 40 % desde 2009 en inversión en I+D. En Andalucía superamos escasamente el 1 % del PIB cuando el objetivo de Europa es el 3 %. Estamos en una situación complicada.

¿Os han llegado ayudas directas desde la Junta de Andalucía?

Sí, sí. Ahí están las patentes y los desarrollos realizados. Los proyectos que nosotros conseguimos de la Junta de Andalucía, de Corporación Tecnológica de Andalucía, de los ministerios, etc. son competitivos. Es decir, nosotros presentamos un proyecto que ganamos y que luego hay que ejecutar en un tiempo. Si en ese plazo no lo ejecutas hay que devolver el dinero y la mayoría de ese dinero viene de préstamos que hay que devolver. Es decir, subvenciones tenemos y hemos tenido históricamente, pero son minoritarias comparado con los préstamos, no te están regalando el dinero.

Hay un estudio sobre el pez cebra en el que demostráis que los peces tienen memoria y rompéis con esa creencia.

El pez cebra es un modelo maravilloso. Yo creo que se va a convertir en el nuevo ratón de laboratorio. ¿Por qué? Porque es un vertebrado, es muy fácil de manejar, los primeros días está fuera del Real Decreto de experimentación animal, por tanto se puede trabajar con él como si fuese una célula, puedes hacer con él todo lo que se le hace a un ratón, y lo más importante es que son organismos que tienen una embriogénesis muy rápida, de siete días, son transparentes y tienen todos los órganos excepto pulmones, obviamente. Puedes hacer estudios de todo tipo.

¿Le puedes poner electrodos en la cabeza?

Sí, claro que se puede hacer e incluso se les hacen resonancias. Se les hacen las cosas más avanzadas en biomedicina. Nosotros particularmente lo utilizamos para pruebas de toxicología que son muy importantes en el desarrollo farmacéutico, porque cuanto antes te des cuenta de que tu fármaco produce una cardiopatía mejor, porque antes lo descartas. Pero llegamos a hacer incluso estudios de comportamiento. El que tú comentas es el laberinto en T, que es una adaptación clásica del laberinto en T de roedores. También se hacen estudios de campo abierto, de comportamiento social, de ansiedad, de miedo… Prácticamente se pueden modelizar todas las memorias y todos los comportamientos en el pez cebra de una forma muy rápida y muy barata, porque necesitas menos muestras y puedes hacer más animales a la vez. Tiene una serie de ventajas que luego te permiten ir al siguiente paso, que es el roedor, con más garantías.

El animal que utiliza la biomedicina para avanzar en todos los campos es fundamentalmente el ratón. Luego cuando te vas a regulatoria —regulatoria es la fase en la que una agencia te va a autorizar para que tu fármaco se pueda probar en humanos— las agencias reguladoras te piden dos animales, uno roedor y otro no roedor, normalmente es rata y perro y en ocasiones muy, muy, muy concretas, el mono. Pero en las agencias reguladoras se aseguran de que tu compuesto sea seguro; si no, no entras.

¿Tienes constancia de que el pez cebra sea defendido por los animalistas para no experimentar? ¿Tenéis inspectores que ven las condiciones del pez cebra?

Supongo que tampoco les gustará. El pez cebra vive en unas condiciones fabulosas en el laboratorio, se les controla la temperatura, la iluminación —para que el pez no se estrese tiene un amanecer y un atardecer, es decir, es gradual—, tiene comida suficiente, tienen un número máximo de animales por volumen de pecera, se les controla el pH, los nitritos, los nitratos y absolutamente todos los parámetros, y además tenemos un veterinario que vela por el cuidado de estos animales. Las medidas son las ideales para que esos animales estén en la mejor de las condiciones. Para empezar, por la propia experimentación, porque si tú metes muchos elementos de distorsión tus resultados no van a ser fiables. Esto es así, por una parte por el buen desarrollo de los experimentos y por otra parte porque, evidentemente, los científicos no disfrutamos haciendo sufrir a nadie.

¿Crees que es necesario experimentar con animales?

Es absolutamente imprescindible. A principios de 1900 la esperanza de vida en España era de unos treinta y cuatro o treinta y cinco años, dependiendo de si eras mujer u hombre; ahora estamos por encima de los ochenta. ¿Cómo hemos ganado esos cincuenta años, ese medio siglo de esperanza de vida? Haciendo desarrollos biomédicos fundamentalmente, y en esos desarrollos biomédicos la experimentación animal ha jugado un papel imprescindible. Vuelvo a decir: no queda más remedio que hacer experimentación en animales.

¿A qué crees que se debe este movimiento en contra de la experimentación animal o de las vacunas?

Pues un poco yo creo que a la ignorancia, con todas sus letras. Defender que no hay que vacunar a los niños para mí es una osadía que es propia de la caza de brujas. Es algo parecido, viene desde el desconocimiento más profundo, desde la ignorancia más atrevida y fomentada por una serie de foreros y blogueros que vociferan sin conocimiento en contra de las vacunas. Cuando tú entras en una discusión sobre las vacunas o la experimentación animal u otros temas científicos con estos gurús, normalmente no tienen salida porque es puro razonamiento. Es que es obvio. Yo me pregunto si estos señores van al dentista, se toman una aspirina o si utilizan la homeopatía cuando tienen un tumor cerebral. Me pregunto esto.

Algunos sí, y se mueren.

Ellos sabrán. ¿Pero qué pasa cuándo decides por tus hijos? Ahí tenemos un problema grave. ¿Cuál es el problema ahí?, que los científicos no somos valientes y no salimos a contar las cosas como son, aunque tengan una serie de potenciales efectos secundarios.

Pero los medios de comunicación también tienen que ser responsables. 

Frente a la iniciativa ciudadana europea de 1,2 millones de firmas para evitar la experimentación animal en España, al menos la Confederación de Sociedades Científicas (COSCE) ha hecho un documento donde explica para qué se utiliza la experimentación animal y cuáles son las ventajas que se han conseguido con ella, firmada entre otros por un gran neurocientífico como es Juan Lerma, por ejemplo, que ha trabajado en el alzhéimer durante muchísimos años. La COSCE frente a esa solicitud, que además ha entrado al Parlamento Europeo y se va a evaluar, explica muy claramente con un documento redactado por científicos por qué es necesaria esta actividad.

Javier S. Burgos para Jot Down 5

La noticia de que esta petición se ha llevado al Parlamento Europeo aparece en todos los medios de comunicación y el comunicado no aparece en ninguno.

Bueno, pero ahí tenemos que estar nosotros para intentar comunicarlo.

¿Cómo se hace esto?

De nuevo partimos del ambiente en el que vivimos y de la poca cultura científica, que por cierto en los últimos años está cambiando, lo cual está muy bien. Ya se hacen entrevistas a los científicos, ya hay blogs, ya hay eventos que aglutinan a gente en torno a la ciencia por ejemplo el de Jot Down en Sevilla o el Desgranando Ciencia en el que yo también he participado alguna vez y en los que con motivo de la ciencia se llama a una serie de científicos que intentamos comunicar en las palabras más sencillas posibles todos los temas. Hablamos desde dinosaurios hasta enfermedades neurodegenerativas y además atraemos a los niños; y eso es muy importante, porque cuando al niño le explicas las cosas y lo haces bien es capaz de comprender. Es muy importante que los niños desde su más tierna infancia valoren la ciencia como algo bueno, positivo y divertido, y esto lo estamos haciendo en los últimos años.

Hasta ahora los científicos hemos sido un poco orgullosos y no hemos querido salir de los laboratorios. El científico era el típico señor muy listo que no se rebajaba a explicar las cosas a los demás. Creo que era Schrödinger el que decía que lo que no sepas explicar no merece la pena que lo hagas. Esto evidentemente hay que matizarlo porque si no, no se hará cierta ciencia avanzada, pero sí que debemos hacer el esfuerzo de contar las cosas. Si no podemos contarlas tenemos un problema.

Yo creo que a lo que debemos aspirar es a que la cultura científica sea cada vez más grande. Antes por ejemplo no había periódicos económicos en el kiosco, ahora hay cuatro o cinco. ¿Por qué no puede haber cuatro o cinco de ciencia? Empecemos por uno. ¿Por qué tenemos ese pudor los científicos de contar un descubrimiento? ¿Por qué es noticia en un periódico que en un reality show una señora se ponga un pijama de determinado color, y sin embargo, un trabajo que hace alguien en su laboratorio honradamente, con gran esfuerzo y probablemente mal pagado, no lo es? ¿Cuántos artículos científicos de interés se publican en este país al día en grandes revistas, en revistas del primer cuartil? ¿Eso no da para tener un periódico? Es noticia lo otro. Partimos de ahí, partimos de abajo, ya hacemos bastante. Es verdad que tenemos que formar a periodistas para que hablen de ciencia y los científicos tenemos que salir a la calle a contar nuestros descubrimientos, nuestras publicaciones, nuestros avances, nuestro trabajo diario y a partir de ahí se construye. Estamos muy lejos, pero yo creo que vamos por el buen camino.

¿Ves una evolución positiva?

Sí, sí. Creo que en los últimos años los científicos hemos abierto el armario, hemos salido a contar las cosas y hemos invitando a la gente a que venga. Hay eventos en los que la gente sale a la calle, sale a los bares, sale a las plazas y cuenta lo que hacen en ciencia sin pudor, explicándolo; y la gente disfruta, que es lo mejor. Tú tienes que ver a los niños pequeños en Desgranando Ciencia haciendo experimentos, volando un dron o viendo dinosaurios. Es que eso es la ciencia y eso es lo que cambia este y cualquier país. Eso lo descubrió Escandinavia hace muchos años y Estados Unidos ni te cuento. Pero aquí aún estamos con el «que inventen ellos» y el que «los mejores que se vayan fuera».

¿Qué descubrimiento o avance, en tu campo o en cualquier otro, estás seguro de que vas a ver en tu vida y que ahora mismo nos parece imposible pero seguro que está a la vuelta de la esquina?

Voy a hablar de la enfermedad de Alzheimer que es lo que a mí me ocupa. En estos casi veinticinco años desde que se publicó la propuesta de que el amiloide era el evento central de la enfermedad hemos cometido muchos fallos y hemos gastado cientos o miles de millones de dólares, y creo que por primera vez en los últimos años, con la aproximación que se está haciendo a la enfermedad de Alzheimer, es mucho más probable que consigamos avances que con lo que se ha hecho estos últimos años. Vuelvo a decir que esto igual es muy atrevido y que todo el dinero que hemos gastado y todos los experimentos y desarrollos farmacéuticos que han fallado no han sido en vano, han servido para aprender. La ciencia funciona así: hay que generar un dogma, ese dogma cae por su propio peso porque la hipótesis de la que se parte es errónea y eso nos sirve para crear un nuevo dogma que posiblemente esté más cerca de la realidad. Yo creo que veremos fármacos neuroprotectores en la próxima década o dos décadas.

No solo servirá para el alzhéimer entonces.

Fundamentalmente para enfermedades neurodegenerativas.

¿Paliativos o preventivos?

Preventivos. Las neuronas una vez muertas es muy complicado revivirlas. El cerebro de un enfermo de alzhéimer pierde un gran volumen de masa neuronal aparte de las neuronas que se atrofian. Si tu pesas un cerebro sano y un cerebro con alzhéimer, este puede tener la mitad de masa. Ha muerto muchísima neurona  y las que están vivas están atrofiadas; rescatar eso es prácticamente imposible, entonces lo que hay que hacer es diagnosticarlo cuanto antes y ahí hacer las pruebas de los desarrollos farmacéuticos, los que sean, con los aprendizajes que hemos sacado hasta ahora.

Tengo la esperanza, e igual es un sueño, de que en los próximos quince o veinte años tengamos una molécula que esté funcionando para prevenir la enfermedad de Alzheimer. Y si vale para el alzhéimer, y vuelvo al ejemplo del tronco de antes, va a valer para muchas cosas. Al final, cuando un neurólogo se pone delante de un paciente, es muy difícil saber si es una demencia vascular, una demencia senil o una enfermedad de Alzheimer. No es blanco o negro, hay una gama de grises, y por la experiencia y la trayectoria el neurólogo es capaz de diagnosticar con más o menos exactitud. Entonces, lo que aprendamos de la enfermedad de Alzheimer va a ser absolutamente extrapolable a otras enfermedades neurodegenerativas, seguro.

¿El estudio de estas enfermedades neurodegenerativas puede servir para saber cómo funciona el cerebro, que al fin y al cabo es uno de los grandes enigmas de la humanidad?

Sí, pero esto no lo vamos a resolver en breve.

Obviamente no se trata de una receta, pero todo lo que avancemos en ese conocimiento además impactará en muchas otras áreas, por ejemplo la informática.

Hombre, la informática juega un papel clave en el desarrollo de los últimos avances y de los últimos tiempos en neurociencia. La patente que hemos solicitado hoy tiene una base de datos de ochenta mil entradas, y eso o lo gestionas informática y estadísticamente o es imposible. O sea, antes en los laboratorios de bioquímica pescábamos con caña de pescar y ahora lo hacemos con red. Ahora somos capaces de ver miles de genes, el genoma completo en unas horas, mientras que antes un gen podía ser una tesis doctoral. La robótica también es un área que ha sido muy importante, todo lo que es la tecnología aplicada a la ciencia hace progresar a grandes pasos a la biomedicina.

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Hace unos años se decía que las células madre lo iban a curar todo en cualquier caso y ahora parece que la burbuja ha pinchado.

Las células madre siguen ahí y creo que sirven para ciertas enfermedades concretas. En enfermedades muy complejas como el caso del alzhéimer, el párkinson, etc. e incluso en enfermedades multifactoriales de las que desconocemos todavía el funcionamiento o la patogenia veo bastante alejada la utilización de células madre, pero ojalá me equivoque.

Vosotros cotizáis en el mercado secundario. ¿Esto qué significa? 

Sí, en el Mercado Alternativo Bursátil. Eso significa muchas cosas, pero primero lo voy a explicar: en Neuron Bio tuvimos la osadía, no sé si llamarlo atrevimiento, de ser la primera biotecnológica que cotizó en el MAB y también fuimos, probablemente por las mismas razones, la primera empresa en cotizar en continuo. Hasta el momento las empresas en el Mercado Alternativo Bursátil cotizaban en fixing, lo que significa que se negocia dos veces al día. ¿De qué ha servido cotizar en el MAB? Pues para bastantes cosas y muy importantes, a pesar de que los últimos tiempos en el Mercado Alternativo Bursátil han sido muy convulsos.

Lo primero es que te da una transparencia muy grande, de repente eres una empresa pública —se llama pública a la empresa que cotiza en un mercado abierto—, tenemos que dar una serie de informes semestrales, económicos y de evolución del negocio que todos nuestros accionistas y cualquiera puede ver. Nosotros desde el principio nacimos como sociedad anónima y estuvimos auditados por marcas de referencia, Price Waterhouse primero y ahora por Deloitte, y eso significa que nuestra transparencia es máxima. Por eso es importante cotizar en un mercado donde todas las reglas del juego están claras. Por otra parte, existe otro factor muy importante que es la financiación de las empresas. En este país es muy difícil financiar una empresa. Hay capital semilla para empezar a formar una empresa con las primeras subvenciones, pero luego para expandir y para crecer es muy complicado, sobre todo en los últimos años. Nosotros empezamos operativamente a finales del 2006, los años en los que el grifo bancario se había cerrado, con lo cual hubo que buscar fuentes alternativas, y hasta en esto estamos innovando. Como decía ha servido también para la financiación de la empresa porque el Mercado Alternativo Bursátil te permite hacer rondas de ampliación de capital de una forma más o menos ordenada y rápida y conseguir financiación que no podemos encontrar en otros caladeros.

Cotizar en el MAB significa por un lado transparencia, es decir, nosotros tenemos que estar comunicando semestralmente nuestras cuentas y cómo va el negocio, lo cual es siempre positivo, que te evalúen siempre es positivo; y por otra parte significa acceder a financiación que por otra parte no sé cómo lo haríamos porque, en el estado de desarrollo que tiene nuestra compañía, ir a financiación bancaria es prácticamente imposible, con lo cual el MAB es una buena salida para hacer ampliaciones de capital y para continuar con el desarrollo.

¿Ha perdido credibilidad el mercado después de lo de Gowex?

Ha sido un golpe muy duro, pero porque yo creo que se ha metabolizado mal. En todos los mercados hay casos de este tipo, no sé si tan llamativos o menos llamativos, pero esto es un ejemplo de un mercado maduro. El problema es que se nos ha puesto en tela de juicio a todas las compañías que estábamos allí, a todas, cuando las cuentas son públicas y están auditadas. Tenemos asesores registrados reconocidos y al propio MAB revisando las cuentas de cada una de las empresas.

Yo siempre pongo un ejemplo hablando de esto: ¿cuando tú te vas al mercado y compras a alguien unos tomates y resulta que los ha robado, puedes suponer que todo el mercado ha robado? ¿A que no? Pues el Mercado Alternativo Bursátil es exactamente lo mismo.

En el caso de Gowex ha sido una estafa, ¿el regulador ha sido culpable?

Ha sido una absoluta estafa y ha habido muchos problemas. Hay una serie de fallos continuados aquí, empezando por la propia empresa que falsea las cuentas, seguido de un auditor que nadie conocía, o por lo menos no estaba en la lista de los veinte, treinta, cuarenta primeros, y luego también por parte del MAB por asumir que el trabajo estaba bien hecho y por no hacer estudios comparativos de negocio con empresas parecidas. Era muy raro que Gowex llegase a capitalizar casi dos mil millones de euros en un negocio en el que solamente ellos eran capaces de generarlo y sus competidores no podían alcanzar esos niveles de negocio. Ha sido un fallo en cadena.

¿Hay otros proyectos empresariales del sector biotecnológico que hayan triunfado en bolsa?

Hay empresas muy potentes, hay farmacéuticas… Está Puleva, Grupo Ebro, te hablo de memoria, está Grifols…

¿España tiene un buen mercado biotecnológico?

Bueno, no tiene un mercado biotecnológico puntero. Probablemente porque el sitio en el que se siembra la semilla del mercado biotecnológico es la investigación. Hay que sembrar mucho en investigación, y la investigación generará avances significativos. Algunos de ellos se convertirán en patentes, algunos de ellos generarán spin-offs y algunas de estas funcionarán o no. Entonces hay que sembrar y regar mucho en la I+D para luego poder tener esos ejemplos. Yo creo que ahí está la clave.

Por poner un ejemplo: en el MAB creo que no llegamos a treinta empresas mientras que en el AIM, que es el mercado hermano en Londres, están por encima de las mil empresas y en las rondas de ampliación de capital en 2014 alcanzaron los ocho mil millones de euros. Yo no he hecho las cuentas en el MAB, pero no creo que llegáramos a veinte o treinta millones como máximo. Por tanto tenemos que seguir alimentando el mercado de empresas, darles herramientas, esto es muy importante. ¿Por qué voy a invertir? En Neuron Bio obviamente invertiré, pero ¿por qué voy a invertir en el MAB pudiendo invertir en una empresa cotizada en el Ibex 35?

Algo me tiene que dar el mercado a cambio ya que me juego mi dinero, por ejemplo una ventaja fiscal, que no existe. Es muy importante porque el señor que pone su dinero en Neuron Bio o en cualquier otra empresa biotecnológica debe conocer que el riesgo de los desarrollos es alto y debe saber que puede perder su dinero, pero también se le debe dar algo a cambio como la ventaja fiscal que te decía.

Eres científico y te gusta la poesía.

Dices lo de la poesía porque le hice una entrevista a Raquel (Lanseros), pero me gustan muchas cosas. Yo discutía con un amigo pintor y le decía que básicamente el arte y la ciencia es para mí intrínsecamente lo mismo, se trata de entender y saber el por qué.

Decía Borges que si tan solo pudiéramos comprender una flor sabríamos quiénes somos y qué es el mundo. Al final se trata del descubrimiento del ser humano, bien por vía científica racional, el que tenga una mente racional, de ver cómo van los mecanismos subyacentes a las células y a las enfermedades e incluso inventar nuevas ideas que luego puedes comprobar; bien por la vía emocional con la poesía, la pintura y la literatura. Son básicamente lo mismo, descubrir al ser humano.

¿Qué libro nos recomendarias?
Buf, es que es difícil, te voy a decir cánones… A mí un libro que me ha marcado mucho pero seguramente es muy recurrente, es En el camino de Jack Kerouac. Este es un libro muy importante para mí porque va a la esencia, y voy a aprovechar para hacer una reflexión sobre los científicos: muchas veces el personaje dice que hay que moverse, que hay que cambiar, y yo creo que debemos estar en perpetuo cambio y en perpetuo cambio de óptica de los problemas. Considero que para los científicos esto es esencial porque debemos estar en profundo cambio todos. Anquilosar a los científicos a una plaza in aeternum es un error.

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Paco Roca: «Los españoles que liberaron París te reconfortan con lo que eres, si es que ser español significa algo»

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En un país tan necesitado de símbolos comunes aceptados por todos es una pena que la figura de los españoles que derrotaron al nazismo en la II Guerra Mundial no haya tenido más predicamento. Sigue siendo un tema tabú. Prevalece un silencio impuesto por quienes se empeñan en que no cicatricen nunca las heridas de nuestra guerra. No obstante, una novela gráfica, Los surcos del azar, ha narrado la historia de los españoles que entraron en París en 1944 y se ha convertido en un éxito de crítica y ventas. Su autor, Paco Roca (Valencia, 1969) es bien conocido por Arrugas, su cómic sobre el alzhéimer, que le hizo recorrer todos los medios de comunicación de España y medio mundo. Nos cita en Casa Montaña, una taberna clásica en pleno barrio del Cabañal, en Valencia, un lugar que también lucha por no ser condenado a la desaparición y el olvido. Hablamos de toda su obra y etapas, de su método de trabajo, del futuro de la novela gráfica y de todo lo que puede enseñarnos, tanto al que la lee como al que la dibuja.

¿Qué sentiste el otro día con el homenaje a los españoles en París?

Fue muy emotivo y me hizo mucha ilusión. El Ayuntamiento de París me invitó a ir al acto, pero no pude. También, que el homenaje lo haya hecho una alcaldesa de origen español lo hace todavía más especial. Cuando decidí dibujar Los surcos del azar no tenía pensada una fecha para sacarlo, de hecho, me ha llevado varios años, y por casualidad ha coincidido con el setenta aniversario de la entrada de los españoles en París. La verdad es que me hizo especial ilusión por los hijos de excombatientes de La Nueve o a alguno que aún sobrevive. Dices: «¡Por fin!» La lástima es que ya solo quedan dos vivos, pero todavía hay muchas familias detrás de los que estuvieron en la guerra. Piensa que el exilio afectó a mucha gente, salieron de España medio millón de personas. Aún hoy te das cuenta de la cantidad de españoles que tienen una relación con el exilio. Ese reconocimiento de Francia a toda esa gente representa mucho. Además, desde hace años la bandera de la II República ondea junto al resto de banderas de países que ayudaron en la liberación de Francia. Y no solov por los combatientes de La Nueve, sino por todos aquellos españoles de la resistencia, que fueron muchísimos. Mientras, en España no se puede hacer ningún tipo de reconocimiento porque todo lo que suene a República o Guerra Civil…

Qué detalle y qué sensibilidad la del Ayuntamiento de París invitándote a ti, a un tío que ha hecho una novela gráfica.

Es uno de esos momentos en que te empiezas a dar cuenta de que la novela gráfica empieza a trascender más allá del mundo del cómic. En realidad, todo me vino de rebote, porque la alcaldesa de París hizo el prólogo de la edición francesa de Los surcos. Pero emociona que dentro de esos invitados piensen en un autor de cómic.

La idea de dibujarlo, de hecho, te surgió en Francia.

Sí, el Instituto Cervantes me había invitado para dar una charla junto a Carlos Giménez y como soy un despistado me equivoqué de fecha y llegué dos días antes a París. Estaban presentando la edición francesa del libro sobre La Nueve de Evelyn Mesquida y estaban allí dos excombatientes de los tres que había vivos en ese momento —Manuel Fernández, Luis Royo y Rafael Gómez—, me pareció muy interesante lo que estaban contando.

Me impactó ver a ancianos relatando su experiencia de guerra. Me impactó y me pareció enternecedor. Y sobre todo me pareció increíble que unos españoles hubieran hecho eso. Me sonaba haber visto en alguna foto que había blindados semiorugas con nombres de ciudades españolas, pero nada más. Nunca me había planteado cómo llegaron allí o si había españoles entre ellos. Luego me di cuenta de que esta historia me daba pie a hablar de historia contemporánea y de algo de lo que muy pocas veces se habla, que es el exilio español y, en particular, el del norte de África, que es desde donde parte mi relato sobre La Nueve.

Siempre he querido hablar de toda esa gente, medio millón de españoles que tuvieron que huir de su país. En mi cómic El faro o El ángel de la retirada lo había tocado de refilón, pero no lo había podido desarrollar como me hubiese gustado. Con los vehículos militares con nombres de ciudades españolas me di cuenta de que ya tenía un final cojonudo y ya solo tenía que hacer el resto.

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Qué es lo que más te impactó de todo lo que descubriste documentándote.

Muchas cosas, pero no puedes encajarlo todo en el cómic. Había una anécdota que saqué de un libro de un norteamericano, así que debería ser bastante imparcial, definía el sentimiento que tenía hacia los españoles. De Gaulle tenía la costumbre de condecorar a los resistentes y seguía un protocolo según el cual les preguntaba desde cuándo estaban luchando contra el fascismo y todos respondían: «desde que De Gaulle había hecho su discurso por la BBC». Pero cuando le tocó al español, le contestó que llevaba luchando mucho más que él, que cuando De Gaulle era partidario de los fascistas él ya estaba luchando contra Franco.

En cierta forma existía la sensación de que los españoles eran carne de cañón y, posiblemente, si hubiera habido suficientes franceses en el ejército de la Francia libre no habrían contado con los españoles, porque eran rojos y para un aristócrata como Leclerc, o para De Gaulle, eso… Los aceptaban y los necesitaban, pero no eran de su agrado. Y esa percepción era común en las democracias del momento.

Hay otra anécdota cojonuda pero que no supe cómo meter. Dentro de La Nueve había varios hermanos. Unos eran los Pujol que, como cuento en la historia, se habían separado durante el exilio. Durante tres años uno estuvo en la Legión Extranjera y el otro en los campos africanos, y se volvieron a encontrar en la campaña de Túnez. Imagínate separarte de tu hermano al salir de España, que te pasen mil cosas y encontrarte con él en la campaña de Túnez luchando contra Rommel. Es algo increíble. A partir de allí estuvieron los dos juntos en La Nueve y uno de ellos murió en Eccouché.

Y había otros hermanos, los Castells, uno de los cuales llegó hasta el final de la guerra, hasta el Nido del Águila de Hitler. La Nueve pertenecía a una división blindada y estaba dentro del ejército americano —de hecho iban con el uniforme americano— así que por sus méritos dieron a todos sus miembros una condecoración, un rectángulo que solamente se daba a los soldados norteamericanos. Imagínate este Castells: haces la Guerra Civil, sales en el último momento jugándote la vida, pasas mil penurias en la Legión Extranjera o en los campos del norte de África, haces la campaña de Túnez contra Rommel y los italianos, sobrevives, desembarcas en Normandía, haces la campaña de Francia, llegas hasta el Nido del Águila, otra vez sobrevives a todo eso y por fin sientes que ya ha terminado la guerra. Pues lo que le ocurrió fue que un día se subió al tren con su condecoración americana y coincidió con un norteamericano borracho. Le preguntó por qué llevaba esa insignia y Castells le dijo que se la había ganado. Le dijo que como era español no la podía llevar y que se la quitara, y como no lo hizo, el americano sacó una pistola y le pegó un tiro. Lo mató. Imagina morir así después de todo lo que había recorrido. Son historias increíbles, pero no encajaban en el cómic.

Me ha llamado la atención el mapa que dibujas del destino de los exiliados. O campos de concentración en África, o el desierto, o la Gestapo, o la batalla de Narvik en Noruega… cualquier elección que tomaran sobre su destino les dirigía irremisiblemente a la muerte.

Era como un juego macabro. Continuamente tenían que estar decidiendo sobre su futuro sin tener ninguna información. A los que estaban en los campos del sur de Francia les daban dos opciones: o quedarse allí o salir, pero salir a la Legión Extranjera o a los campos de trabajo para construir la Línea Maginot. ¿Qué era mejor? Y a los que estaban en campos en África lo mismo, también les daban la opción de entrar en la Legión Extranjera. Continuamente tenían que elegir y tomar decisiones que les llevaban a otros lugares. Con la Legión Extranjera podías acabar en Noruega, y si allí te cogían los alemanes podías acabar en las fábricas alemanas o en Mauthausen, como muchos de ellos. Los que estaban construyendo al Línea Maginot se quedaron en la bolsa de Dunquerque, y los que no pudieron pasar a Inglaterra, fueron enviados a Alemania. Los que pudieron pasar pasaron a formar parte del ejército inglés o se alistaron en el ejército francés y se hicieron la marcha del Chad con Leclerc. Podían acabar en cualquier lugar, pero en la mayoría de esos caminos estaban bastante jodidos. Incluso viéndolo desde ahora no sabría cuál coger porque tienes sufrimiento en todos y la muerte en muchos.

¿Tuviste alguna inspiración con Soldados de Salamina  por esa forma de narrar en que un personaje actual se encuentra a un anciano y le va sacando las cosas?

Conscientemente no. Me gusta la novela de Cercas, pero es un recurso que me venía muy bien. También está en Maus y en muchas películas cuya narración se basa en la entrevista de un periodista al personaje principal que narra su historia. Es un recurso ya utilizado muchas veces, pero lo necesitaba porque pensaba que tan importante era el presente como el pasado, ya que en el pasado podemos ver cómo lucharon e hicieron determinadas cosas, pero en el presente tenemos que entender qué los había motivado, algo que se entiende con el paso del tiempo. Me interesaba ver cómo en el fondo, pese a haber sido unos ganadores de la guerra, en cierta forma fueron unos perdedores. Prácticamente ninguno pudo regresar a su país y no consiguieron su principal objetivo, que era acabar con Franco, y ahí siguieron en el exilio.

Cuando hice El ángel de la retirada conocí a bastantes exiliados y todos tenían un sentimiento contradictorio. No se sentían españoles porque la España republicana que habían dejado no tenía nada que ver con la franquista. Y en muchos casos tampoco se sienten franceses. Están a mitad de camino. Me interesaba mucho, así que necesitaba esa entrevista.

¿Por qué elegiste a ese soldado como protagonista?

Quería que fuese un soldado real porque las trayectorias de la mayoría de ellos están documentadas y no me funcionaba demasiado el inventarme uno. Dudé entre varios. Uno de ellos, que quizá hubiese sido el más lógico, era Amado Granell, el teniente de La Nueve, pero murió en un accidente de tráfico en los años setenta. La otra opción era ceñirme a los tres que quedaban vivos. Pero en primer lugar, esos tres ya han contado muchas veces su vida; en segundo lugar, ninguno de los tres estuvo en la liberación de París, y en tercer lugar, me costaba demasiado ceñirme a una persona que siguiera viva.

Sin embargo, encontré que uno de los integrantes de La Nueve, Miguel Campos, era un tipo muy enigmático. Casi todo lo que sabemos de La Nueve viene de los diarios de ruta del capitán de la compañía, Raymond Dronne, que hacia los años setenta los reescribió y publicó. La memoria de La Nueve se ha mantenido sobre todo gracias a él, que acabó siendo un personaje de cierta importancia dentro de la política francesa. Este hombre habla de todos los españoles, sobre todo de los oficiales, y del resto no dice nada. Con Amado Granell no sé si tenía alguna rencilla, pero le dedica menos páginas que al resto. Y al que más le dedica es a Miguel Campos, del que dice que, aunque no era un militar de carrera —como todos los españoles, que estaba allí porque les había pillado la Guerra Civil de por medio y se habían metido sin ser militares—, tenía una gran visión militar de la estrategia, don de mando, era muy valiente y era capaz de infiltrarse en las líneas enemigas para operaciones de sabotaje. Le dedica bastantes páginas. Y lo mejor es que tiene un final de vida muy misterioso y novelesco, porque desapareció en una misión después de la toma de París. Para algunos murió allí, pero como no se encontró su cuerpo, se especuló mucho sobre qué le habría ocurrido.

En el grupo de anarquistas de París algunos dicen que se fue a hacer la invasión del Valle de Arán, otros que se fue con un grupo de anarquistas que se estaba creando cerca de Fez, en Marruecos. Se especula mucho, pero como muchos españoles tenían nombres falsos —se los cambiaron porque habían desertado de la Legión Extranjera o tenían miedo de que si eran capturados afectase a sus familias— es imposible seguir el rastro de Miguel Campos. Ni hacia atrás ni hacia delante, porque como ni siquiera se sabe si Miguel Campos fue su nombre real, no se puede encontrar a su familia ni se sabe dónde puede estar. Me pareció un buen personaje novelesco y lo tomé de protagonista para mi historia.

¿Ni siquiera en los archivos del Ejército Popular Republicano?

Es que probablemente Miguel Campos no era su nombre. Uno de los grandes problemas de los historiadores, como Robert Coale, que me ayudó mucho y lleva años con el tema de La Nueve, es el doble apellido español, porque los franceses no tienen, así que Miguel Campos Ruiz se queda en Miguel Campos y puede confundirse con cualquier otro Miguel Campos. Es imposible seguirles el rastro.

Al final La Nueve entró en París guiada por… un armenio en moto.

La entrada en París fue una escena de lo más surrealista: un grupo de españoles llegó para liberar París cuando la resistencia estaba esperando la llegada de la segunda división blindada y de los aliados, con la que habían estado comunicándose desde el Ayuntamiento. Pero quien llega es un armenio en una motocicleta destartalada seguida por Dronne, un capitán normando, cuyos soldados son mayoritariamente españoles y, montada en el jeep de Dronne, hay una alsaciana con el traje típico de Alsacia que se le ha tirado encima. ¿Qué pensarían los resistentes cuando ellos esperaban los tanques americanos y se encuentran aquello? ¿Esto es un circo o qué?

Hay una leyenda, que algunos aún mantienen y puede que sea cierta, porque la cuenta el propio Amado Granell, pero que tiene dos versiones. Una, que defiende Evelyn Mesquida y se basa en el testimonio de Granell, dice que una sección de La Nueve que entró en París esa noche se dividió en dos partes para asegurar su llegada al Ayuntamiento. En una iba Dronne y la otra estaba comandada por Granell. Y esto era perfecto para meterlo en un cómic o una película, porque era como una carrera para ver quién llegaba antes. El primero que lo hizo fue Granell, por eso la foto que apareció en los periódicos fue la suya con las autoridades.

Queda cojonudo y es muy novelesco. Y esa era la idea que yo tenía. Pero luego, hablando con el historiador Robert Coale, él comparte otra opinión. Dice que la realidad no fue nada novelesca. Para él no se separaron en ningún momento. Ya que Robert me estaba ayudando mucho, decidí seguir su consejo, el que parece que históricamente es cierto. Quizá luego aparezca algo que demuestre lo contrario, pero ahora hay suficientes pruebas como para creer que no se separaron. No obstante, me di cuenta de que eso desmontaba el clímax de la historia. Porque se va acumulando la tensión para llegar a París y liberarla pero, una vez allí, no ocurre nada, los únicos tiros que hay son fuego amigo. ¿Y ahora qué cuento?, me dije. Pues tuve que narrarlo desde el punto de vista del humor.

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Tu cómic El Ángel de la retirada sobre el exilio español en Francia, ¿por qué lo situaste el día de la final de la Eurocopa de 2008 entre España y Alemania?

Ese tebeo digamos que no lo siento como algo personal, fue casi un encargo de la Casa Española de Béziers. Contactaron con la editorial francesa con la que había publicado El faro, que está en Montpellier, allí cerca, y es un producto hecho para ellos. No estoy del todo contento con él porque no estaba pensado para el gran público. Se queda en nada, pasa muy de puntillas por un tema tan tremendo como el de los campos en las playas francesas y acaba con la actuación de Manu Chao… Está bien porque Serguei Dounovetz, el guionista, es un buen escritor, pero es un panfleto.

Hay varios tipos de exiliados. Los de la guerra, los de la vendimia y luego las segundas generaciones, que ya están integrados y tienen el corazón dividido entre la selección española de fútbol y la francesa. Esa mezcla de culturas que representa Manu Chao. Quise hacerlo notar indirectamente con lo del partido.

Pintaste el caso de una señora francesa que no le quería vender leche a una española y decía que prefería echársela a los cerdos.

Todos los países tienen miedo a la inmigración. Mira en España los problemas que hay con la valla, pues imagínate lo que fue Francia al final de la Guerra Civil cuando llegan medio millón de españoles. Tenían miedo de que fuese una avalancha. No sabían qué hacer con ellos. Y es una reacción comprensible, lo que no es comprensible es el trato humano que recibieron. Además, en Francia, Estados Unidos e Inglaterra no había buena percepción de la República española. Los ingleses hicieron lo posible por que fracasase porque para ellos era un peligro que España pasase de monarquía a república. Y en Francia la veían como un peligro, como a los antisistemas de la época. Todo lo de la quema de conventos, las matanzas de curas cuando empezó la guerra, creó muy mala fama a la República. Se les veía como demonios. Por eso ocurrían casos como ese que relaté. Ese menosprecio hacia gente que consideras inferior. También se daban casos a la inversa, de gente que apoyaba a los españoles, pero por lo general fueron muy poco hospitalarios.

Dibujaste a la gente pasándoselo bien ahora en las playas donde estaban los campos de concentración de españoles, como si bailasen sobre su tumba.

Francia tiene un pasado, en cierta manera, poco respetable, pero se ha reconciliado con él. Ha reconocido la labor de los republicanos españoles en la liberación de París, se ha reconciliado con su pasado vichysta, también ha admitido lo malo que fue su trato hacia esos españoles que estuvieron en sus campos. No hace mucho tiempo de eso, pero ya se ha normalizado, y de estos temas encuentras más información en Francia que en España. El problema lo tenemos nosotros aquí, que hemos hecho una Transición a la fuerza. Ni siquiera fue un cambio, en los primeros años de la democracia casi era la misma gente la que seguía estando allí, fue como un degradado.

No se juzgó lo que se había hecho ni se partió de cero para intentar evitar el rencor. Y por eso han quedado muchas heridas abiertas. Ese sentimiento de que hay que olvidar el pasado es un error. Si no reconocemos nuestro pasado es muy fácil caer en la incultura y ser manipulados. Escuchas declaraciones que te dejan sorprendido. Parece como si Franco era un dictador, sí, pero que era una buena persona. ¿De qué estamos hablando? Y estos temas no se pueden tratar, no se debe hablar sobre la Guerra Civil, ni del franquismo y todo lo que conlleva, como el exilio, ya que es como abrir la caja de Pandora que puede acabar con la democracia y es mejor tenerla cerrada.

Por este motivo, caemos irremediablemente en la ignorancia. Cosas como La Nueve o los campos de concentración de españoles en Francia quedan en el olvido porque estas cosas no se pueden remover. Es un error. Se pueden perdonar todos los crímenes, sobre todo del periodo franquista, pero se tienen que reconocer. No vale con olvidarlo, hay que dejar las cosas claras. Es un problema que en otros países con pasado fascista, como Alemania o Italia, no pasa.

Has tratado de reflejar en los Surcos que en Francia hubo una guerra civil durante la II Guerra Mundial, de los de Vichy contra la Francia libre, de ambos contra los comunistas…

Era muy largo intentar meter todo esto en Los surcos del azar, porque es un momento con muchos matices, igual que en España y, en general, en todos los países. El problema es que se tiende a simplificar la historia. Había alemanes e italianos antifascistas, te podías encontrar a alemanes nazis luchando contra alemanes que habían tenido que huir de Alemania por su ideología. Pero al final se simplifica y queda como que era Alemania contra Francia y no era así: era el fascismo contra las democracias del mundo. Francia tuvo también esa guerra interna. De hecho fue uno de los primeros países del mundo que reconocieron el Gobierno de Franco, incluso antes de que terminase la Guerra Civil. Pétain era amigo de Franco.

Está claro que ni siquiera De Gaulle o Leclerc defenderían a los republicanos españoles, pero había dos partes, sobre todo en las colonias, que durante la Segunda Guerra Mundial pertenecían a la Francia vichysta, que había firmado el armisticio con Alemania y era colaboracionista. Si ibas contra el gobierno de Vichy y eras francés acababas en Mauthausen o donde fuese; igual que si eras español o de donde fueras, cualquier antifascista acababa allí. Eran colaboracionistas del nazismo y el fascismo.

Te encuentras con cosas como que los aliados tuvieron que hundir la flota francesa cuando firmaron el armisticio, con lo cual el sentimiento de muchos franceses era que los ingleses, de repente, habían pasado a ser los enemigos. Tenían un cacao mental increíble. Y cuando los aliados desembarcan en el norte de África, te encuentras con que la Francia colonial tiene que luchar contra los aliados, entre ellos muchos españoles. Luego cuando las primeras colonias francesas caen, se cambian de chaqueta sin ningún problema, pasan de ser vichystas a ser de la Francia libre de De Gaulle y Giraud. También te encuentras a los franceses coloniales de Marruecos y Argelia luchando contra los franceses coloniales de Túnez, que seguían siendo, junto con Alemania e Italia, fieles al Gobierno de Vichy, así que eran franceses contra franceses. Y eso por no hablar de los colaboracionistas y los resistentes, que eran civiles enemistados. Tenían una guerra civil interna, aunque luego, eso sí, han sabido reescribir su historia para que todo quede perfecto y parezca que todos eran antifascistas.

Eso mismo dices en el cómic cuando incluyes que intentaban tomar rápidamente París para que no pareciera que la habían liberado los comunistas de la resistencia. Y explicas que esto ocurría porque ya en aquellos meses los franceses estaban tratando de reescribir su historia. Motivo por el que se olvidaron rápidamente de los españoles.

Para los aliados, París no era nada importante desde el punto de vista militar, incluso era un problema porque les podía retrasar, pero para los franceses no. La idea de los aliados era bajar desde Normandía y cortar el paso a los alemanes para que no pudiesen replegarse hacia Alemania, así que era muy importante hacer ese recorrido lo más rápidamente posible. Meterse en París era un problema porque no pensaban que fuera a caer tan rápido y se podía convertir en una Varsovia, con muchas muertes y metidos allí meses y meses sin poder avanzar. Pero para De Gaulle París era muy importante por lo que simbolizaba. Y era importante que fuera el ejército francés el que entrase. Era importante también porque la resistencia francesa estaba movida por los comunistas.

Es curioso, porque en ese momento en los países democráticos había otra guerra interna: la amenaza comunista. Y un militar de carrera como De Gaulle no podía consentir que el símbolo de Francia fuese liberado por los comunistas. De hecho, en su discurso lo dice, que París ha sido liberado por su ejército, y después por el trabajo de todos los franceses. Deja fuera incluso a los aliados, parece que los ingleses, los norteamericanos y los canadienses no tuviesen nada que ver en la liberación de Francia. Y aún mucho menos los españoles, los polacos, los argelinos…

Hay una película muy interesante, Indigens (Rachid Bouchareb, 2006, Argelia), que habla precisamente de todos esos extranjeros que lucharon por la libertad de Francia y fueron olvidados por la historia. Es un momento muy importante para Francia y hubiese sido muy diferente si el ejército de De Gaulle hubiese entrado en París un poco después y los comunistas se hubiesen hecho con la ciudad. Habría sido un cambio brutal. O que hubiesen entrado en primer lugar los norteamericanos. Para él era algo simbólico y muy importante, por eso quería dejar claro que los primeros en entrar en París había sido el ejército francés, aunque en este caso fuese con españoles por delante.

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En los Surcos te asesoró el historiador Robert S. Coale; ¿qué te decía?

Me ayudó a evitar exageraciones, generalmente. Si tienes un protagonista, en un cómic, una novela o una película, todo le va a pasar a él. Va a estar en todos los momentos importantes. Primero hice un guion y después el storyboard, que es como lo suelo hacer siempre. Así, ya lo tenía hecho, incluso con esa entrada en París mucho más novelesca que te comentaba. Y tenía a mi protagonista, Miguel Campos, que estaba en todos los sitios: defendiendo su posición, atacando un castillo… Lo lees y te parece normal, pero cuando tienes detrás a un historiador, te enseña la realidad. Te dice: si Miguel Campos pertenecía a la tercera sección en tal momento, tenía que estar en tal sitio, no podía estar atacando porque allí estaba la primera sección.

La verdad es que me limitó mucho el drama, pero sobre todo aportó realismo. Creo que eso le ha venido muy bien al cómic, lo hace todo mucho más creíble. Sin Robert hubiese quedado una historia más aventuresca. En realidad, la visión de la guerra que tiene un soldado es muy limitada, como mucho sabe lo que está haciendo su sección, pero no tiene ni idea de lo que hace el resto de su compañía, regimiento o división, y mucho menos cómo va la guerra a nivel global.

Así que me puse en ese punto, en cómo ve la guerra el soldado. E intenté documentarme más con documentales que con películas o cómics de género bélico, donde siempre hay puntos de vista amplios y ves la épica de la guerra. Preferí quedarme en cómo rodaría una guerra un fotógrafo o un cineasta si estuviese allí. A veces es inevitable y buscas otro punto de vista, pero siempre intento que sea el del soldado, una visión muy limitada. Por eso me venía bien esa entrevista con el presente, con el paso del tiempo el entrevistado y el entrevistador ya tienen una visión mucho más global de lo que fue la guerra y pueden hablar de lo que De Gaulle quería hacer. Pero en ese momento no tenían ni idea de si Patton le había dicho a De Gaulle que no, el soldado no se entera de nada.

En el epílogo un amigo te da las gracias por devolverle «al país al que pertenece».

Es un escritor catalán que se llama Javier Pérez Andújar, que a mí me gusta mucho,  y es mi amigo. Cuando hago los bocetos, antes de que se publique, se los paso a alguien para comprobar que todo se entiende. Los de Surcos se los envié a Javier y me contestó muy efusivamente, así que usamos esa frase suya para los textos, porque era muy emotivo. Creo que se refiere a que en cierta forma ese olvido de una parte importante de nuestra historia nos ha hecho perder quiénes somos. Y no me refiero a sentirnos españoles o tener una bandera, sino que la historia de La Nueve es una de esas que te reconfortan. Los españoles que liberaron París te reconfortan con lo que eres, si es que ser español significa algo. Aparte del fútbol y algún otro deporte hay pocas cosas que nos hagan sentirnos orgullosos de algo. Pero aquí puedes decir: «Era español, como yo, y entró en París con un par de cojones y venció a los alemanes». Es algo que te hace sentir orgulloso, y en la historia reciente tenemos pocos personajes a los que podamos agarrarnos para reivindicar lo que somos. Además, es una lucha que en estos momentos, tanto en España como en Europa, es muy importante, porque predomina ese sentimiento de que lo que se ha construido se está cayendo.

¿No te parece triste que en España no se pueda hablar de la guerra y el franquismo sin que moleste a ciertos sectores o que no haya ningún tipo de consenso sobre los hechos?

Franco impuso una monarquía, esta llevó a una democracia y el precio que hubo que pagar fue que se perdonase todo lo que había sucedido hasta entonces. Igual es que no había otra forma de hacerlo, pero es que no fue una Transición, fue el legado de Franco. Pérez-Reverte habla muchas veces de los trenes perdidos del progreso en España, como la vuelta del absolutismo tras la constitución de la Pepa, por ejemplo. Puede que uno de los trenes perdidos fuese que los aliados no entrasen en España y acabasen con el franquismo. Nuestro presente sería muy diferente y tendríamos una normalidad en la que podríamos condenar el fascismo. Y todos los partidos demócratas, tanto de derechas como de izquierdas, como ocurre en Alemania, afirmasen que el fascismo era algo malo.

Nos hemos creído un mantra que no es del todo cierto, eso de «no hay que remover el pasado», como si hablar del franquismo y la Guerra Civil fuera rancio. Entendería eso si hubiese una sobreinformación sobre el tema. Con Los surcos del azar, por ejemplo, he oído lo de «Ya estamos otra vez». Se nota que son comentarios de alguien que no lo ha leído, porque no va sobre la Guerra Civil, pero todo lo que compone ese periodo es rancio.

O, cuando es una película, eso de «Otra película sobre la Guerra Civil». Y posiblemente haya más películas españolas sobre el wéstern que sobre la Guerra Civil, pero parece que no se puede tocar. Lo entendería si, a cualquiera de los que lo dice, le preguntaras qué sabe sobre la Guerra Civil, el franquismo o el exilio y lo supiera. O si esos temas se dieran en la enseñanza, pero es que no es así. Es un comentario que viene desde la ignorancia, y pretender que para avanzar hay que mantener la ignorancia no tiene ninguna lógica. Es como si se dijera que, como ETA ya no existe, no se debe hablar más de sus crímenes, va a haber un perdón a los etarras y nos olvidamos de todo. Podría ser una buena manera de avanzar, pero ¿qué pasa con todas las víctimas de ETA? Una ley no cierra las heridas de la gente. «Vuestra familia está muerta, pero dejadlo ya, qué le vamos a hacer, hay una ley de amnistía y hay que mirar hacia delante». Las cosas no funcionan así, hay que hablarlas. Eso lleva a que haya ambigüedades y te encuentres a gente que tenga a La Nueve como héroes nacionales pero se lamente de que la bandera republicana esté en la ceremonia de celebración de la liberación de París.

En El Faro ya habías hablado de la guerra e hiciste mención de la represión en la zona republicana, por si alguien tiene la tentación de tacharte de ser demasiado parcial, hablaste de unos amigos del protagonista fusilados porque tenían tierras.

Es la historia del abuelo de una amiga. Me apetecía contar esa parte del exilio, pero me quedé en el momento en que decide huir y tirarlo todo a un río, porque se tenía que pasar la frontera sin armas, y en que al principio había mentido sobre su edad para poder ser carabinero, tener un buen jornal y poder ligarse a su chica. Eso es lo que me iba contando. De modo que quise hablar de la guerra a varios niveles. El ideológico, que afecta a una parte de la población. Pero hay otra población para la que fue una guerra de rencores, y hay que comprenderlo también. En este caso que planteé, antes de la República una gran parte de los campos españoles pertenecían a unos pocos y a la Iglesia, así que hay que comprender ese rencor que sentía alguna gente porque no solamente ellos, sino todos sus antepasados, habían estado sometidos por los terratenientes. La Guerra Civil fue el inicio de que salieran todos esos rencores de repente y la policía ya no tenía poder para hacer determinadas cosas. Esos rencores no están justificados, pero son comprensibles. Es el rencor que tiene el pueblo hacia aquel que tiene dinero.

En El juego lúgubre, tu cómic sobre Dalí, ¿por qué te dio por querer mostrarlo tan terrorífico, como una especie de Drácula de Bram Stoker, según has explicado?

Yo quería hacer una historia de terror porque me gusta y porque es un género muy complicado de llevar a las viñetas. El terror muchas veces se basa en el golpe, y en cómic el golpe es muy complicado porque el lector siempre hace trampas. Cuando abre el cómic, el ojo hace una visión general de la doble página. Una vez que la ha hecho, pasa a la primera y hace una visión general de ella. Y entonces empieza con la primera viñeta y la lee. Es la gran libertad del cómic, pero para algunas cosas es un problema porque el lector es tramposo y sabe qué va a pasar después. Aun así, yo quería hacerlo. Y también quería situarla en el contexto del mundo del arte, donde impera esa ética de que en el arte todo está permitido.

Primero pensé en Gaudí. Un tipo obsesionado por construir una catedral cuando ya nadie hacía catedrales. Estaba el tema de la masonería. Vivió dentro de la Sagrada Familia. Era inquietante y me daba para una historia gótica. Pero al final no me encajaba del todo y me pasé a Dalí.

Cuando estás empezando y no sabes por dónde tirar, sueles apoyarte en otra cosa. Yo cogí el Drácula de Bram Stoker y sustituí al vampiro por mi personaje. Dalí era perfecto porque era el inicio de la Guerra Civil, puedes entender el caos social y la falta de autoridad, y Dalí vivía en un pueblo aislado como Cadaqués, que podía recordar a Transilvania. Allí se codeaba con parisinos, un ambiente con drogas, vivía en una barraca de pescadores al lado del cementerio, y en el pueblo alucinaban con él. No le podían ni ver.

Dices que todas estas historias que contaba Dalí de que mordía un murciélago podrido o que de pequeño cagaba en un cajón se las había inventado.

Me gusta sobre todo la primera época artística de Dalí, me parece muy interesante, pero creo que su gran aportación fue él como persona, el happening que llevaba a todos los sitios. Es de los primeros artistas que él mismo es la obra de arte. Artísticamente había mucha gente mejor que él, y para destacar creó su personaje, que era excéntrico pero muy inteligente y culto. Se le daba muy bien vender humo. Y dentro de eso es como lo que hablábamos antes de Francia, reescribe su historia para hacer su presente coherente con su pasado. Dice que sus primeros recuerdos son del feto, dentro del huevo… era muy inteligente y estaba siempre a la última de todo. Tocaba de oídas pero sabía de ciencia, de arte… Y si le oyes hablar francés o inglés da risa, pero se expresa. Era un showman, un tipo completo, e hizo una ficción de su pasado. Su hermana después contaba que Dalí había tenido una infancia normal, que nada de todo eso era cierto, pero él lo vendía. Posiblemente habrá parte de realidad, pero mucho menos de lo que dice. Dalí novela su pasado.

Leí que su padre había tenido una enfermedad venérea por una prostituta y pensó que el primer hijo se le había muerto por eso, como una maldición, por eso decidió llenarle a Dalí el cajón de su cuarto de imágenes de enfermedades venéreas, de ahí que nunca practicara sexo y solo se masturbaba.

Sí, decía que le asustaba el sexo porque podía contagiarse de cualquier cosa. Por lo que he leído su vida sexual debía de ser mínima. Dice que solo hizo el amor dos veces, una con Gala, de la que dice que no fue para tanto, y otra con Lorca, de la que dice que fue muy dolorosa. No sé si es cierto, pero por lo visto era más de juegos sexuales con él de observador pasivo.

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En Los viajes de Alejandro Ícaro: Los hijos de la Alhambra hablas de la crueldad de los cristianos con los musulmanes en la Granada conquistada. Que les marcaban a ellos y a sus casas, que se intentó castrarlos… sin embargo, somos reticentes a entender que esto también fueron españoles discriminando y persiguiendo a otros españoles, en este caso por un motivo de religión. Granada fue musulmana más tiempo de lo que hasta ahora ha sido cristiana.

Todo eso es fruto de la educación que tenemos. Se habla de reconquista, pero ¿qué reconquista si eso fue su tierra durante siete siglos? No sé cómo se enseñará ahora en el colegio, pero antes existía esa mentalidad de que había que echar a los pobladores moros. Si lo analizas en términos históricos, lo que se hizo en Granada fue como un ghetto judío en la época nazi. Les prometieron que si les ganaban iban a respetar su religión y ellos se rindieron. Pero no. Crearon a continuación ghettos para ellos y llegó a haber una propuesta de ley que no se aprobó que contemplaba castrarles. Por eso los musulmanes idearon lo que cuento en mi cómic, la historia de los Plomos de Sacromonte, un hecho real. Los musulmanes enterraron al lado de una iglesia unas inscripciones sobre plomo que hablaban de la hermandad de los judíos, los musulmanes y los cristianos viejos, para que cuando la desenterrasen los cristianos vieran que eran hermanos, cambiaran de opinión y les trataran bien. No pasó. Los plomos se los llevó el Vaticano y dijo que eran falsos. El monte Sacromonte de Granada se llama así por esta historia.

Cuando hice este cómic era una época en la que el mercado francés, al que yo ya había salido con el tebeo sobre Dalí, te pedía tener un personaje antes de contar nada. Creé a Ícaro con la intención de que fuera pasando aventuras. Me inspiré en la época romántica, cuando había muchos aventureros. Me basé en un pintor escocés, David Roberts, que hizo dibujos sobre Egipto. En Delacroix. Gente que partían de su país, se dirigían al sur por España como antesala de Oriente, sobre todo Andalucía, que era lo más exótico, el resto de España les daba igual, y de ahí partían a Marruecos y luego a Egipto o Palestina.

El primer episodio de mi personaje, de esta manera, transcurría en España. Me basé en los libros de Dumas sobre su recorrido por España. Aunque solo habla de tópicos, en el fondo eso era el romanticismo, una búsqueda del tópico. Luego empleé los diarios de Flaubert, que hizo un viaje por el Nilo y lo detalló día a día. Todos estos románticos franceses habían pasado por la Alhambra. El problema es que intenté juntar demasiadas historias y cuando haces eso terminas pasando por encima de todo sin llegar a desarrollar nada. Al final, la historia se quedó ahí porque tuve problemas con el editor.

Me llamó la atención que durante muchos años la Alhambra fuese una zona de chabolas.

Sí, los vagabundos ocuparon el lugar. En plena Edad Media, la Alhambra fue el lugar más sofisticado y adelantado de toda Europa y después pasó a ser el hogar de los vagabundos hasta el siglo XIX. A partir de que los viajeros franceses se pongan a hablar de su belleza es cuando se empieza a cuidar. Alejandro Dumas cuenta en el libro que te he dicho que el gobernador de Granada se había cargado unas puertas del palacio para hacer leña para un banquete. Y que no sé quién había quitado los azulejos de una zona para hacerse su casa. Me imagino que ocurriría igual en Roma o en El Cairo, una falta de respeto con el pasado total.

Pasemos a otro cómic, El invierno del dibujante, sobre la historia de la Editorial Bruguera. Me parece bonito, como reconoces, que de pequeño mandaras tus dibujos con la esperanza de te publicasen.

Nunca me contestaron. Al final de los tebeos aparecía una dirección y envié dibujos, copias de Mortadelo y Filemón, alguna historia que había hecho… pero claro, eran de un niño. Yo pensaba que ya estaba al nivel de poder publicar. Pero al menos tenía la suerte de saber a qué me quería dedicar. Quería ser una mezcla de Ibáñez, Escobar o Vázquez con Walt Disney y Picasso. La pena es que soy del 69, una época en la que nunca te enfocaban para el mundo de las artes. Podía ser un hobby, pero no una profesión seria. No había información sobre qué tenía que hacer para dedicarme a eso.

Dices que sentías fascinación por Bruguera y que querías ver cómo era por dentro, cómo funcionaban las redacciones.

De vez en cuando en la revista aparecía una página entera que era la redacción de Bruguera. Todo era muy divertido, lleno de pequeñas historias, había uno que vivía dentro de un iglú… te imaginabas que trabajar de dibujante tenía que ser el mejor trabajo del mundo. Me encantaba cuando Escobar aparecía dibujando en Zipi y Zape y los niños iban a pedirle algo. Eran gente completamente anónima y gracias a que se dibujaban a sí mismos sabías un poco de ellos.

Uno de los motivos de hacer El invierno del dibujante fue la excusa de, documentándome, saber realmente cómo era aquel mundo y poder descubrir definitivamente qué había detrás.

Me imaginaba algo como en la película El apartamento, donde podía llegar un dibujante de vida interesante y la compartía con los otros… Además en ese momento, antes de la ley de censura infantil que hubo a finales de los años cincuenta, era un terreno muy libre y se hacía un cómic social, que podía estar a la altura de lo que en cine podía estar haciendo Azcona con Berlanga, o en novela lo que hacía Cela. Pero luego me empecé a dar cuenta de que realmente no era así, que cada uno dibujaba en su casa. Y me pasa muchas veces que documentándome no encuentro el camino que me gustaría, pero puedo tomar otro. En este caso fue cuando los dibujantes se salieron de Bruguera para montar su propia revista, Tío Vivo.

Fue un momento histórico. Terenci Moix trabajó un tiempo en la Editorial Bruguera y tiene un libro en el que cuenta toda aquella época y dice que hay un antes y un después de la creación de la revista Tío Vivo. Hasta ese momento el cómic era costumbrista y a partir de ahí es simplemente de gag y humor. Si lo piensas, eso, junto con la censura que no permitía criticar a la familia o hablar del hambre, hace que aparezcan Mortadelo y Filemón. Son unos personajes que ya no tienen ningún anclaje con la realidad. Podía estar situado en la España de esa época, pero de hecho siguen siendo las mismas historias que se cuentan ahora. Están fuera de lugar y fuera de tiempo, son gags y parodias, se ha perdido esa crítica social.

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El origen de la Editorial Bruguera fue bastante curioso.

Sí, el padre creó la editorial y antes de la Guerra Civil se la quedan sus dos hijos, uno nacional y el otro republicano. Cuando acaba la guerra, el nacional ayuda al republicano y se ponen con la editorial. Eran los años cincuenta, un momento en el que no hay una reconciliación, pero sí un bajar la cabeza del vencedor. Y ahí aparece un personaje como Rafael González, que es muy interesante. Ha sido republicano, estuvo trabajando en La Vanguardia hasta el último momento, y después se convierte en un explotador de sus empleados.

¿Lo de que este hombre era así es información contrastada?

Sí. Luego escribió unas memorias y pidió perdón a los dibujantes de Bruguera por los contratos abusivos que les hacía firmar. Pero le trato con bastante cariño, como a todos los personajes, porque me sabe mal por sus familias hacerles decir cosas que no estoy seguro que dijeran o ponerles a hacer cosas que no sé si eran ciertas.

Reflejaste a un republicano que se metió en la empresa para renunciar a sus principios y su vocación para al final acabar solo en la vida, a pesar de que todo lo había hecho para alimentar a su familia.

De hecho, me comentaron que cuando murió sus hijos se negaban a ir a su entierro, perdió completamente el contacto con su familia y se quedó aislado. Pero eso es lo que hace interesante a un personaje, que tenga esos matices. Por ejemplo, para los dibujantes, Rafael González era un cabrón por cómo los trataba, los contratos que les hacía y el lápiz rojo que tenía con el que les cambiaba cosas. Pero por otro lado, cuando hablaba con la gente que estaba en la redacción, me decían que Rafael González era la típica persona muy tímida, que nunca te mira a los ojos cuando te habla, muy inseguro, con una timidez que lo margina, pero no tienen una mala imagen de él. De hecho él escribía aquella sección de «Diálogos para besugos».

A la hora de escribir la historia y buscar referentes, recurres a la cultura. Y mi cultura es friki. De modo que me inspiré en la Guerra de las Galaxias. Rafael González sería Darth Vader. Era periodista, le gustaba escribir, pero el franquismo, la familia y el medio a perderlo todo le hace convertirse en un personaje gris, u oscuro en este caso. Y Víctor Mora es Luke Skywalker, era comunista en la clandestinidad y dibujaba el Capitán Trueno. Le exigían que lo dejara para ser redactor. Por eso, en un momento dado, dibujé cuando Rafael González le dijo que se planteara lo que estaba haciendo, abandonar su vocación, si no quería terminar como él.

El 15M te pilló yendo a firmar a la Feria del Libro e hiciste una pequeña historieta. Comentabas que igual que el espíritu hippie forma parte de nuestras vidas, que son más relajadas en las costumbres desde los sesenta, el 15M puede marcar un antes y un después.

El movimiento hippie no cambió las cosas porque quizás le faltaban propuestas, era algo más cultural que político, pero con el tiempo te das cuenta de que Steve Jobs y muchos empresarios actuales beben del movimiento hippie. Creo que el 15M es parecido. Aparentemente parece que no cambió nada, pero yo creo que sí, que hubo un antes y un después. Aparte de que luego han salido grupos políticos de ahí, ha despertado el sentimiento de que hay que salir a la calle y pelear, hasta ese momento era no hacer nada hasta que tocara votar. Ahora parece que el pueblo puede tomar las riendas de la situación, existe el sentimiento de que tenemos la fuerza para cambiar las cosas.

¿Crees que Podemos es la cristalización de esas protestas?

Es una más de las que hay. Me parece muy interesante que un profesor universitario decida poner en práctica sus lecciones.

Las calles de arena empieza con una hipoteca, igual que Arrugas.

Es verdad, no me había fijado.

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¿Estabas obsesionado con la tuya o es que era un tema recurrente en España?

En esa época mucha gente se hipotecaba. Luego ves que en otros países, como Francia, mucha gente vive de alquiler. Pero en España lo normal era hipotecarse, que es como encadenarse a algo. Contratos de quince o veinte años, es un momento muy importante en la vida de muchas personas y simboliza mucho.

La historia es sobre un hombre que se pierde en la zona vieja de su propia ciudad y encuentra un mundo como el de Alicia en el país de las maravillas. Creo que esto te sucedió a ti, te perdiste en El Carmen aquí en Valencia.

Me pierdo fácilmente. Desde pequeño es algo que me crea mucha ansiedad. Andando, algo menos, pero conduciendo me pone de los nervios el estar perdido. Es uno de los motivos por los que ya no conduzco. Perderte en tu propia ciudad es algo lamentable, pero al mismo tiempo te gusta, descubres sitios en los que nunca habías estado. Además nunca llevo dinero, voy siempre con la tarjeta de crédito, y cuando me pasó empezó a preocuparme qué podía pasar si seguía perdido y se hacía de noche, si tendría que dormir en algún sitio de allí y no aceptarían tarjeta de crédito.

En ese mundo mágico en el que penetra el personaje hay una torre de Babel y todas las chicas se llaman Eva. ¿Te gusta la Biblia?

Más que gustarme la Biblia me fascinaban sus ilustraciones. En mi generación no estaba obligado, pero era lo normal hacer la comunión aunque tu familia no fuera creyente. Las historias de la Biblia atraen porque están hechas para eso, para atraer a la gente, pero las ilustraciones, sean los grabados de Gustave Doré o la ilustración esa tan icónica de la construcción de la torre de Babel, son de las que te puedes perder en ellas. Por eso me gustan también los cómics, son imágenes en las que puedes desarrollar tu propia historia. Y esa ilustración de la construcción de la torre de Babel, donde puedes ver detalles como los carromatos subiendo, hace que te puedas imaginar mil historias. Y como en las clases de catecismo me aburría muchísimo, me parecía interesantísimo dedicarme a mirarla. De hecho, la torre de Babel está presente en muchas cosas que he hecho. Y para Las calles de arena me sirvió.

Creo que cada obra funciona en contraposición con la anterior, y si haces una obra tan cotidiana y anclada en la realidad como es Arrugas, necesitas que la siguiente sea un contraste, porque hacer dos seguidas en el mismo tono me cansa y creo que la van a comparar con la anterior. En cambio, si haces algo diferente es como un menú diario donde un día tienes macarrones y el otro paella, nadie va a decir que estaban mejor los macarrones de ayer porque es algo diferente.

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En tus inicios, cuando llevaste tus dibujos a Kiss para ver si te los compraban, te contestaron que querían que «las pollas fuesen más venosas y los coños más húmedos».

Es triste que el pobre Berenguer tenga que salir con esa frase, pero así fue. Yo vivía con mis padres todavía y esto del porno lo hacía a ratos mientras trabajaba en publicidad y muy a escondidas. Un día cogí todos los dibujos y me fui a Barcelona a ver a Berenguer en La Cúpula. Llegué, me hicieron esperar en la sala, donde todo era muy hippie, me recibió Berenguer. Y yo me lo imaginaba de otra manera. Al ser el director de una revista porno pensaba que sería, yo qué sé, un tío con barbas y cadenas. Pero tenía la pinta que podía llevar mi padre. Eso me dio mucha vergüenza. Se puso a pasar las páginas, observando con unas gafas pequeñitas para ver de cerca cómo enculaban a una chica, poniendo atención en los detalles. Las dejó y me dijo: bien, creo que podemos publicarlas, pero tienes que hacer las pollas más venosas y las vaginas tienen que estar como húmedas. No me podía creer los consejos que me estaban dando. Ah, y también que las chicas miraran a cámara cuando hacían una felación.

Como te he dicho, yo me dedicaba a la publicidad. Y uno de mis mejores clientes era Famosa. Yo hacía todo lo relacionado con Pinypon. Hacía las cajas, si llevaban un cuento dentro también lo hacía. Esto me ocupaba medio año de mi vida. Y lo gracioso es que los dos me exigían lo mismo, que todo fuese volumétrico. En la casita de Pinypon hacías las tejas y tenían que tener su luz reflejada, sus sombras, como que lo pudieses tocar. Lo mismo que me exigía Berenguer en Kiss, que se pudieran tocar. ¡Compartían criterio!

Antes, con el trabajo de Famosa, igual curraba cuatro meses y ya tenía para vivir todo el año. Recuerdo que tenía que enviar el trabajo a Famosa y los cómics a Kiss en un cedé que le entregaba a un mensajero. Algunos días a las seis de la mañana estaba acojonado por si me confundía de disco y en Pinypon se encontraban con la enculada de Kiss.

El caso es que luego te das cuenta de que hacías cómics porque necesitabas un espacio de libertad que la publicidad no te daba. Pero el problema es que en el porno tampoco tenia libertad. De cinco páginas tres tenían que ser sexo explícito, igual podía contar algo al principio y al final, pero no me aportaba nada. Me di cuenta de que estaba haciendo lo mismo que con la publicidad.

Otro de tus primeros tebeos, Road Cartoons, en El Víbora, estaba muy influenciado por Tank Girl, no lo puedes negar.

Sí. Me parecía que estéticamente estaba muy bien. También hay influencia de un autor del underground norteamericano, Richard Corben, que era muy cinematográfico. Lo importante de Road Cartoons es que nos lo pasábamos bien haciéndolo, pero hay que entenderlo como un ensayo. Yo venía de la ilustración, veía a los amigos que hacían cómics que no podían vivir de ello y te planteas cosas. Quería vivir del dibujo pero con el cómic no se podía, ¿qué hacer? Pues me metí en publicidad. Cerca de veinte años he vivido de ella. Y lo que me ocurrió es que tenía más medios que los dibujantes de cómics. La ilustración publicitaria en los ochenta y noventa era de las cosas mejor pagadas del mundo. Tuve ordenador desde muy pronto, mucho antes que los dibujantes de historietas. Trabajaba con PhotoShop, con 3D. Y al meterme en el cómic pensaba que cada viñeta debía ser una ilustración, pero luego me di cuenta de que es un error, aunque es una corriente dentro del cómic francés. Cuando intentas que cada viñeta sea un golpe visual va en contra de la narrativa.

La protagonista era una heroína feminista que iba por ahí matando violadores, igual podrías rescatarlo un día de estos y tendría éxito.

Ya no tendría sentido reeditarlo. Entonces juntamos todo lo que nos gustaba en ese momento, las pelis de Peckinpah, Russ Meyer, Tarantino, Robert Rodríguez, los dibujos de la Warner, la novela el Mundo del Río. Y todo había que meterlo en una revista que odiaba la ciencia ficción, El Víbora era un cajón de sastre en el que cabía todo menos la ciencia ficción y se la colamos con el sexo y la violencia. No sé si se podría reeditar, ahora me sobran los desnudos gratuitos y no creo que fuese necesario que la chica estuviese tremenda para contar la historia.

En el siguiente, Gog, el tío del bigote ¿era el Sean Connery de Zardoz, verdad?

Sí. Era otra mezcla de todo, también lo pasamos muy bien haciéndolo. Me vino genial trabajar con Juan Miguel Aguilera. Hacía novelas históricas, sabía documentarse y para mí todo esto fue como hacer un máster. Con Road Cartoons fue como si le encargaran una superproducción a un director novel, querías hacerlo todo a la vez y te desbordas. Con Gog aprendí a llevar más el control.

En las Memorias de un hombre en pijama, ¿lo que cuentas son todo casos reales?

No sé cómo hacen los periodistas de opinión que cada semana tienen que tener una columna. O los dibujantes que salen todos los días, como El Roto. A mí eso me estresa muchísimo. Cuando empecé con estas historias para el periódico Las Provincias, de aquí, de Valencia, me pasaba toda la semana jodido pensando que se me tenía que ocurrir una historia. Por esa época ilustré los artículos de David Trueba y me confesó que en cada entrega tenía la sensación de que se iba a descubrir que era un mal escritor. Sacarle partido a las cosas es oficio, pero tener una idea es un mundo.

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¿Cogiste o no la máquina de depilar de tu novia y te la enchufaste en las piernas?

Pues a eso voy. Al final como no tienes suficientes ideas bajas el listón del pudor. Se acerca la fecha de entrega y no tienes nada que contar y prefieres esto a no tener nada que enviar. Siempre intento que nunca se diga que el personaje soy yo, aunque al final acabas contando cosas que no deberías contar.

¿Cómo la de tu amigo que se rompió la polla?

Ese es un amigo que es soltero y, como tal, siempre tiene anécdotas interesantes. Se había ligado a una tía en un garito, estaba tirándosela en el baño cogida en brazos. Estaba en plena faena cuando, de repente, le vencieron las manos por cansancio y la tía se cayó hacia atrás de forma que le quebró la polla. El nombre técnico es fractura de los cuerpos cavernosos. Es una hemorragia interna, de toda la sangre de la erección. Dicen que es una de las cosas más dolorosas del mundo. Es insoportable, se te hincha todo y hay que rajar para que salga toda la sangre. Son cosas que conforme te las cuentan se te va arrugando poco a poco.

Sí, luego decías que tras escuchar la historia empezaste a practicar sexo con tu pareja con una sensibilidad exquisita.

¡Me volví una persona amorosa del todo!

También me gustó ahí la figura que describes de nuestros padres, de la generación anterior, que eran capaces de cambiar grifos, enchufes, lo que les pongas por delante mientras nosotros somos unos inútiles redomados.

De hecho, mi próximo trabajo es una historia de esa generación. Personas de origen humilde que prosperaron al igual que prosperaba la España de la democracia y que llegó a tener algo, pero tenían metida en la cabeza una austeridad absoluta. Mi padre, por ejemplo, nunca se gastaba el dinero con nada. No me llevó jamás a comer a ningún sitio. Y en mi casa jamás entró un obrero a hacer nada. Con mi padre ibas por la calle y de pronto te decía ¡espera! Y había que volver para atrás porque había visto un tubo o lo que fuera por ahí tirado que le servía para algo. Le preguntabas cuánto podía costar eso, que no lo cogiera, pero para él no era el precio, era el hecho de tenerlo gratis. Era otra mentalidad. Nosotros ya estamos dentro de la obsolescencia programada, mis padres en cambio tuvieron el mismo televisor no sé cuántos años; nosotros hemos crecido en la abundancia, pero a ver cómo llevamos lo que se nos viene encima ahora. Que hemos vivido el arriba y ahora estamos en el abajo. A ver cómo nos adaptamos. Yo soy negado para hacer cosas en mi casa.

¿Cómo se va a llamar?

De momento, a falta de un nombre mejor, La casa.

Terminemos con tu obra más reconocida, Arrugas. La motivación para dibujarla te vino porque te hicieron borrar a unos ancianos de un encargo de publicidad.

En la publicidad si hay algo que no vende es la vejez. Hay un canon que es la juventud, la belleza y demás. Un anciano en ningún anuncio que no vaya dedicado a ancianos va a funcionar. Pero que te manden quitar a un anciano de un cartel da mucha rabia.

Decidiste entonces empezar a desarrollar la idea de unos ancianos atracadores porque a partir de los setenta no se puede entrar en prisión, y terminó siendo una obra revolucionaria sobre la enfermedad de Alzheimer. ¿Cuál es tu balance de todo el proceso?

Fue todo una mera casualidad. Quería hacer la continuación de Alhambra y se me había ocurrido de lo de Arrugas. En aquella época estaba empezando a despuntar el tema de las novelas gráficas y en la editorial me cogieron Arrugas. En lugar de decidirse por lo que yo consideraba que era comercial fueron a por esto porque veían que era el futuro. Esto te da una idea de lo importante que es conocer el mercado. Francia, en aquel momento, ya estaba lista para que llegase un cómic así. En cambio, si la hubiera dibujado cinco años antes habría pasado desapercibido. Es lo que le pasó a Gallardo con El largo silencio, que me parece cojonudo, pero…

Me pilló que los medios de comunicación empezaban a hablar de cómic  y como María y yo y Arrugas eran de temática social pues ya estaba todavía más justificado darle bombo Además, también nos ayudó que, antes, los tebeos solo los podías comprar en tiendas especializadas, pero entonces empezaron a aparecer en las librerías. Llegó a un tipo de público que jamás se había interesado por el cómic.

Al final, he terminado hablando de Arrugas como de un grupo de los ochenta al que veinte años después le siguen pidiendo que toque la misma canción. Pero de algún modo sigo viviendo de Arrugas, porque sigue dando pie a que me publiquen otras cosas. Hay quien piensa que la novela gráfica es solo una etiqueta, pero el cómic convencional se ha estancado, como pueden ser los superhéroes o el manga, que cada vez venden menos, y la novela gráfica está captando nuevo público en todos los países aunque, encima, trate temas locales. En Alemania no hay mucha cultura cómic y la novela gráfica funciona, a los autores nos llevan a la Feria del Libro de Frankfurt. El caso es que en ese resurgir de un nuevo cómic con nuevos públicos, Arrugas encajó muy bien. Así que seguiré estirando el chicle.

Sigo viviendo de algo que hice hace quince años. Arrugas vendió en España cerca de sesenta mil ejemplares. Los Surcos ya va por treinta mil desde noviembre de 2013. Aunque, como digo, siempre necesitas que haya algo que siga tirando del comprador, en el caso de Arrugas fue la película.

Mira La vida de Adele.

El productor de Arrugas me contaba que es mucho más fácil ahora vender un cómic para hacer una adaptación al cine que una novela. El cómic es más inmediato, le echan un ojo y se hacen una idea mucho más rápida. Las novelas les cuesta más leerlas.

Dijiste que el éxito te ha convertido en un «feriante de pueblo».

Me cambió la vida en muchos sentidos. Pude dejar la publicidad, que ya no me gustaba demasiado. Además, la crisis a lo primero que atacó fue a la publicidad. Y concretamente, la ilustración publicitaria ya llevaba tiempo en crisis porque le había comido el terreno la fotografía. Así que me libré de todo esto, que se hundió justo cuando yo pude empezar a vivir de los cómics y viajar por todo el mundo haciendo bolos de todo tipo. A veces, actos de lo más marcianos. Un día me vi en un avión rumbo a Shanghái, Tokio y Pekín con el presidente Zapatero para vender la cultura española. Íbamos varios representantes de diferentes ámbitos y a mí me incluyeron también. Luego hablé a médicos en la Universidad de Puerto Rico. En Verona también, en un máster de Biología. Es lo que tiene la novela gráfica, si fuese solo un cómic, nunca habría llegado hasta las manos de un médico.

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Fotografía: Vicent Bosch


El declive de los pintores dementes

Utermohlen reflejó la evolución de la enfermedad de Alzheimer pintando autorretratos
Utermohlen reflejó la evolución de la enfermedad de Alzheimer pintando autorretratos desde que le fue diagnosticada en 1995. Fuente: Galerie Beckel Odille Boïcos.

En 2001 la banda galesa de los Manic Street Preachers publicaban la canción «His last painting» en su sexto álbum, Know your enemy. La pista estaba dedicada al proceso de demencia que sufría Willem de Kooning (1904-1997, alzhéimer multifactorial diagnosticado a los ochenta y cinco años). Este pintor de origen holandés y nacionalizado estadounidense ya se había convertido en uno de los maestros del expresionismo abstracto americano, junto con referentes como Mark Rothko o Jackson Pollock. El diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer le llegó cumplidos los ochenta años, lo que produjo un cambio en su estilo pictórico que disparó las ventas de sus obras más antiguas. Su obra Interchange, de 1955, superó los veinte millones de dólares en la casa de subastas de Sotheby’s. Tras su diagnóstico, Willem pintó más de trescientas cuarenta obras que han sido enormemente valoradas por algunos críticos de arte. A la misma vez su capacidad cognitiva descendía a los infiernos, llegando a confundir a su esposa con su hermana y siendo finalmente declarado incapacitado de forma legal debido a su demencia, lo que otorgó la tutela de su patrimonio a su hija Lisa.

El caso de de Kooning generó varios artículos de la relación entre demencia y arte en prestigiosas revistas médicas, entre ellas la británica The Lancet. Sin embargo, tanto la pintura abstracta desarrollada por el pintor americano como los métodos de detección de la enfermedad de la época no permitieron establecer con precisión una asociación directa entre el trazo del artista y la degeneración irreversible de su cerebro enfermo.

El caso paradigmático de la asociación entre pintura y alzhéimer pudo establecerse en la siguiente década. Empezaban los noventa cuando la esposa de William Utermohlen (1933-2007, enfermedad de Alzheimer diagnosticada a los sesenta y un años), Patricia, empezó a tener sospechas de que algo no iba bien. Patricia Utermohlen, Pat, profesora de Historia del Arte, empezó a darse cuenta de que William comenzaba a tener problemas a la hora de hacerse el nudo de la corbata, de escribir o de llevar las pequeñas cuentas de las finanzas caseras. Por entonces, William ya era un pintor de cierto éxito tanto en Europa como en Estados Unidos. Sus ascendentes habían llegado en el siglo XIX a América, provenientes de Alemania. William, que nació allá por los años treinta del siglo pasado en el sur de Filadelfia, había destacado desde su más tierna infancia en el dibujo y la pintura, aficionándose especialmente a dibujar personas y retratos.

En 1995 William fue diagnosticado de enfermedad de Alzheimer «probable», que es como se diagnostica este proceso neurodegenerativo cuando el paciente está vivo. Tenía sesenta y un años y hasta entonces una salud de hierro, que solo se había visto alterada seis años antes, cuando sufrió un accidente de tráfico que le dejó más de media hora inconsciente. A partir de entonces, y parece ser que por petición de Ron Isaacs, un enfermero amante de su obra que le incitó a seguir pintando, y junto con la supervisión y empuje de Pat, William realizó una serie de quince autorretratos que se han convertido en un recorrido único e intimista de cómo brota la enfermedad de dentro a fuera, de cómo las capacidades artísticas se pierden mientras las neuronas se van atrofiando o muriendo, de cómo el cerebro pierde su capacidad espacial para generar trazos que definan un rostro, de cómo los colores se apagan pasando del verde al gris, de cómo la dura mirada del pintor refleja la sospecha de la temida enfermedad y de cómo los ojos se vuelven tristes, convirtiendo la nitidez de las facciones en ovillos de rayas y borrones que no permiten adivinar los rasgos faciales mínimos de la cara que quiere ser pintada.

Cuenta Pat que la última conexión que pudo establecer Utermohlen con otro artista fue con Francis Bacon, mientras escrutaba el retrato del papa Inocencio X que había pintado Diego Velázquez. Y por alguna razón que ya nadie recuerda, tras observar largamente el retrato del papa pintó su autorretrato con los rasgos célebres del pintor dublinés.

Si Utermohlen reflejó la evolución de la enfermedad de Alzheimer pintando autorretratos, el proceso neurodegenerativo de Carolus Horn (1921-1992, diagnóstico de alzhéimer a los sesenta y tres años) puede trazarse por las sucesivas pinturas del puente Rialto de Venecia. Carolus fue diagnosticado del mal de alzhéimer en 1984, y al menos pintó cinco veces el famoso puente entre los años 1978 y 1988. Tras su diagnóstico, Carolus siguió pintando a diario hasta su fallecimiento.

Fuente Universität Heidelberg
El puente de Rialto de Venecia pintado por Carolus Horn en distintas etapas de su enfermedad. Fuente: Universität Heidelberg.

Llama la atención que los tres pintores, de muy diferentes estilos y escuelas, mantuvieran la necesidad de seguir pintando casi hasta su muerte tras la terrible noticia de la aparición de la enfermedad. En el caso de Utermohlen, aunque murió en 2007, su esposa piensa que realmente desapareció en el año 2000, cuando ya no fue capaz de volver a pintar. En su ocaso, Utermohlen acabó acercándose al expresionismo alemán próximo a los pintores de Die Brücke y alejándose del arte más figurativo de su etapa previa a la enfermedad. Después de su muerte, cedió su cerebro a la investigación, a lo que se había comprometido dos años después de su diagnóstico. Dice Pat que tras aceptar la donación de su cerebro pintó aterrado su Autorretrato con sierra.

Durante el proceso pictórico posterior al diagnóstico resulta difícil saber hasta dónde llega la voluntad del artista en la realización de sus obras y hasta dónde influye la degeneración progresiva de su cerebro. Sea como fuere, los cuadros postdiagnóstico del mal transmiten tristeza en los rostros, reflejan la desestructuración del equilibrio en las proporciones, dibujan la desorganización en los trazos, marcan la ausencia de coherencia en el uso de colores y promueven la aparición de errores de composición. En definitiva, se puede realizar un recorrido de la pérdida de las capacidades cognitivas del artista a partir del momento del diagnóstico de la enfermedad.

Los cuadros de los pintores dementes acaban reflejando la soledad del artista frente al lienzo, la rabia en las expresiones faciales tras la noticia de la enfermedad, y la progresiva pérdida de habilidades manuales y cerebrales. Otra de las huellas significativas de las pinturas de los artistas durante el proceso de demencia es la regresión infantil de sus composiciones, que tienden al garabato, y en los que desaparece el uso de colores. Parece ser que el desuso de los tonos verde y azul es característico de los enfermos, ya que discriminan mejor el rojo y el amarillo. A pesar de todo ello, resulta casi imposible arrancarles la necesidad de crear, de seguir pintando, sugiriendo el uso de la pintura como un componente terapéutico que resulta ser el motor de la ejecución de sus obras artísticas.

Desde luego, la manera de entender la vida y el sombrío futuro próximo no les permite alterar la necesidad de la actividad artística, especialmente sabiendo que tienen al enemigo dentro. Y no hay como conocer al enemigo para mirarlo con amargura a la cara e intentar conjurarlo con las herramientas de la razón y el arte. Como decían The Manics, know your enemy.