Made for China

Star Wars: los últimos jedi. Imagen: Walt Disney Studios.

En una galaxia no muy, muy lejana, el auténtico enemigo de la Alianza Rebelde resultó ser la República Popular China y sus hábitos de consumo. Star Wars: Los últimos jedi se pegó el costalazo de su vida al aterrizar, a principios de 2018, en territorio chino y obtener una recaudación en taquilla tan paupérrima como para provocar que, una semana después de su estreno, el noventa por ciento de los cines optase por descolgarla de la cartelera y guardarla en el armario porque no salía rentable abrir la puerta para acomodar a cuatro felinos. El público del país decidió en masa que tenía mejores cosas que hacer que lidiar con espadas láser y el Episodio VIII solo facturó en aquellas salas poco más de cuarenta millones de dólares, una taquilla que la situaba por debajo de un descalabro comercial llamado Valerian y de un ñordo fílmico tan noble como Geostorm.

Y todo ello a pesar de los esfuerzos de una Disney que vació el monedero deslizando el tráiler delante de cada blockbuster, empapelando poblaciones con pósteres, movilizando camiones promocionales y paseando a sus protagonistas por las ciudades del lugar. Una estrategia que también apostó por introducir el imaginario de Star Wars en el flamante Shanghai Disneyland Park, el parque temático inaugurado en 2016 y gestionado a medias entre la multinacional capitalista de Mickey Mouse y el Partido Comunista Chino. Unas instalaciones cuatro veces más grandes que el Disneyland original, con espectaculares atracciones exclusivas (atención a las dedicadas a Piratas del Caribe o Tron) y una arquitectura en la que se han inyectado todo tipo de elementos y referencias a la cultura china para agradar a la comunidad. Porque el camino hacia la conquista del país asiático resulta mucho menos abrupto cuando se construyen las cosas pensando en satisfacer a su gobierno.

A la hora de hablar de galaxias, el problema principal en China es que las aventuras de Leia y compañía no están enraizadas en la nostalgia colectiva. La trilogía original no se estrenó en salas en su momento (finales de los setenta y principios de los ochenta) por culpa de una política de importación cultural que veía con malos ojos lo de abrir la puerta a la diabólica cinematografía extranjera. Aunque existieron copias pirata en circulación durante varios años, las gentes del lugar tuvieron que esperar hasta el lejano 2015 para contemplar la primeras tres entregas de Star Wars en pantalla grande. Y al público todo aquello de aterrizar con lag en la saga no le sentó nada bien: en la red social Douban (un rincón para puntuar y comentar todo tipo de productos culturales) un caballero llamado Xiaosi Buxiang sentenció «Aunque el desarrollo de los personajes es flojo, la actriz principal no es guapa, el actor principal no es atractivo y las escenas de acción parecen peleas infantiles, los efectos especiales son fabulosos para 1977».

Lo doloroso para el foráneo es descubrir que la mayor parte de la sociedad china está más familiarizada con las precuelas segregadas por George Lucas durante los dos mil que con las cintas de culto originales. En la revista Forbes se dedicaron a analizar las causas del fracaso de Los últimos jedi y concluyeron que la propuesta navegaba en las antípodas del gusto del público chino: lucía unas peleas con espada que resultaban sosas para una audiencia acostumbrada al cine de artes marciales, se apoyaba en un concepto de space-opera que se atragantaba en una sociedad más amiga de la ciencia ficción que del culebrón galáctico y la estética del conjunto resultaba deprimente para unos espectadores que por alguna razón asociaban las tormentas de colorines con entretenimiento mayúsculo. En China, las películas empanadas en tonalidades diversas han demostrado tener más posibilidades de pescar taquilla y cintas como Avatar, Guardianes de la galaxia, Coco, The Mermaid o las entregas de la saga Transformers se han convertido en éxitos en parte por lo atractivo de su paleta de colores.

Espectador chino contemplando un capítulo cualquiera de la franquicia Star Wars. Imagen: Walt Disney Studios.

Como consecuencia de todo lo anterior, en Disney decidieron que era necesario facilitar la tarea al auditorio oriental y estrenaron una versión de Star Wars: Los últimos jedi ligeramente diferente a la del resto del mundo. Se trataba de la misma película con un añadido para dummies: cada vez que se presentaba en pantalla un nuevo personaje lo hacía acompañado de una ventana pop-up donde se resumía, en chino y en inglés, su vida y milagros. La idea no funcionó, pero evidenciaba que se ha convertido en una práctica común el intentar contentar a un mercado con mil cuatrocientos millones de consumidores posibles.

No pasarán

En China lo de vetar películas podría considerarse como parte de sus tradiciones milenarias, Los diez mandamientos (1923), El doctor Frankenstein (1931), Alicia en el País de las Maravillas (1933) y Ben Hur (1925) fueron prohibidas bajo la acusación de estar basadas en «supersticiones». En la actualidad, la Administración Estatal de Prensa, Publicación, Radio, Películas y Televisión de la República Popular China es el organismo, de nombre eterno y creencias férreas, encargado de seleccionar las películas que cruzarán sus ariscas fronteras. Lo gracioso del asunto es que nadie conoce con total certeza las normas o criterios reales sobre los que dicha administración juzga las películas y eso provoca que sus decisiones resulten especialmente llamativas.

Babe: el cerdito en la ciudad fue prohibida por mostrar animales parlanchines, Infiltrados por sugerir que el Gobierno chino podría lanzarle un pepinazo nuclear a Taiwán, Regreso al futuro por contener viajes en el tiempo, Tomb Raider: la cuna de la vida por insinuar que existen sociedades secretas en China, Memorias de una geisha por la mala fama de las geishas y también por mostrar japoneses interpretados por actores chinos y Top Gun por presentar a Estados Unidos como un país dominante en cuestiones militares. Piratas del Caribe: el cofre del hombre muerto fue vetada porque tradicionalmente la sociedad china es muy respetuosa con los ectoplasmas y por aquella aventura piratesca flotaban demasiados fantasmas. Por el mismo motivo, la nueva Cazafantasmas y La cumbre escarlata tampoco recibieron luz verde para asaltar las salas chinas. Con El caballero oscuro la Warner ni siquiera se molestó en enviarla a la administración porque se olían que no pasaban el filtro ni por la sombra. Brokeback Mountain protagonizó un show vergonzoso: no llegó al país porque lo de tener vaqueros cabalgando a otros vaqueros no le hacía nada de gracia a la Administración, pero el Gobierno celebró públicamente el Óscar a Ang Lee (natural de Taiwán) para a continuación condenar el discurso, que versaba sobre la homosexualidad y la tolerancia, que soltó el director durante la recogida del galardón.

Brokeback Mountain. Imagen: Focus Features.

El tema tibetano resulta incluso más peliagudo, porque cualquier film que retrate al Dalai Lama o al Tíbet de manera positiva provocará automáticamente que el Gobierno chino estampe una letra escarlata sobre sus responsables. Brad Pitt estuvo años baneado del país tras protagonizar Siete años en el Tíbet y China suspendió temporalmente sus negocios con la productora de la película, Columbia TriStar. Lo mismo ocurrió con Disney, Martin Scorsese y Kundun, una biografía del Dalai Lama. Nada de esto resultaba realmente sorprendente viniendo de un país que obligó a Microsoft a eliminar la palabra «Tíbet» del software de reconocimiento de voz y de una sociedad que consideraba respetable a Lady Gaga hasta que a la cantante se le ocurrió citarse con el Dalai Lama para hablar sobre yoga. Una decisión que colocó a la artista pop en la lista negra del Estado y provocó que sus desengañados clubs de fans anunciasen que aquel movimiento era más o menos lo mismo que hacerse colega de Osama Bin Laden.

Mina de oro

El interés de las productoras por el mercado chino es evidente si uno tiene la calculadora a mano: en aquel país hay la hostia de gente. La superproducción estadounidense World of Warcraft costó ciento sesenta millones de dólares y solo recaudó unos miserables cuarenta y siete en tierras norteamericanas, pero salvó los enseres al cosechar doscientos veinte millones en China, el país donde el juego en el que está basado el film es popular hasta niveles enfermizos. xXx: Reactivated y Resident Evil: capítulo final hicieron taquillas vergonzosas (cuarenta y veinte millones respectivamente, la mitad de sus presupuestos) en Estados Unidos, pero facturaron ciento sesenta millones en China. Otras producciones también sacaron buenas tajadas en suelo chino tras escoñarse en su país natal, se trataba de cintas como Terminator: génesis, Pacific Rim, Need for Speed, Los Mercenarios 3, Plan de escape o Brick Mansions. El mercado chino se había convertido en un campo de juego atractivo para las productoras, sobre todo teniendo en cuenta que el público potencial chino era palomitero antes que refinado: entre las películas más taquilleras de la historia de China se encuentran Fast & Furious 7, Fast & Furious 8 y Transformers 4.

Made for China

Existen películas que hacen concesiones importantes a los mercados extranjeros. El protagonista de Capitán América: el soldado de invierno tenía apuntados en su libreta los nombres de Rafa Nadal, Camilo José Cela o Héroes del Silencio en la copia proyectada en España mientras en otros países lucía notas diferentes. En la versión japonesa de Del revés, el brócoli que asqueaba a la protagonista fue sustituido por pimiento verde porque los infantes de Japón tienen mucho en contra del segundo alimento y son muy fans del primero. En Aviones, el personaje de Julia Louis-Dreyfus (un avión canadiense llamado Rochelle) cambiaba de nacionalidad, aspecto y nombre según el país en el que se emitiese. Zootrópolis contiene una breve escena con un presentador de televisión que muta según el país: en Estados Unidos, Canadá y Francia tiene aspecto de alce, pero en Japón es sustituido por un tanuki, en Brasil por un jaguar, en Australia y Nueva Zelanda por un koala y en China por un elegante oso panda.

Zootrópolis lucía personajes específicos para algunos países. Imagen: Walt Disney Studios.

Todo lo anterior son cambios menores, pero llamativos, que casi pueden considerarse fórmulas de cortesía con los foráneos antes que técnicas de marketing agresivo. Pero el amplio mercado chino y la cantidad de dinero en juego han logrado que las compañías se replanteen sus estrategias y empiecen a calzar sus películas con un par de rodilleras para satisfacer los antojos del público asiático. Iron Man 3 es uno de los ejemplos más dolorosos de este tipo de maniobras, porque la versión estrenada en las pantallas chinas incluyó cuatro minutos de material extra que no se pudieron ver en el resto del globo: metraje adicional que introducía con calzador a las superestrellas del cine chino Wang Xuquei y Fan Bingbing en papeles secundarios y ridículos. Secuencias desconectadas por completo de la película que tenían la desfachatez de incluir un product placement descarado y obligar al personaje de Xuquei a servirse un vaso de leche Yili como si estuviera en un anuncio televisivo. La estrategia comercial, que llegó a meter a los actores asiáticos en el tráiler oficial, fue despreciada por la audiencia por lo absurdo de los pegotes añadidos.

Años atrás, Iron Man 2 también se vio obligada a adaptarse al mercado oriental aunque lo hizo de manera completamente distinta: eliminando las palabras «Rusia» y «ruso» de todos sus diálogos. Poco después de Iron Man 3, en Marvel volvieron a intentar atrapar al auditorio chino utilizando como anzuelo a la actriz Fan Bingbing, una de las mujeres mejor pagadas de todo el mundo, al ficharla para X-Men: días del futuro pasado. El papel ya no era un parche local como el que tuvo lugar en la saga de Tony Stark, pero su rol de mutante capaz de teletransportarse tuvo una presencia tan escasa en pantalla como para propiciar numerosos chistes con el nombre del personaje: Blink, «parpadeo» en inglés.

Iron Man 3. Imagen: Marvel Studios.

A estas altitudes, Hollywood ya había decidido que ni siquiera necesita disimular sus intenciones de generar taquillazos en el mercado chino. Ahora me ves 2 fichó al actor taiwanés Jay Chou y rodó parte de la historia en Macao. Looper contó con financiación china a cambio de sustituir una visita a París por un viaje a Shangái. El remake The Karate Kid reubicó la historia en China a pesar de que el kárate es realmente un arte marcial japonés (Jackie Chan confesó que entre el equipo de rodaje se referían a la producción como Kung Fu Kid). Transformers: La era de la extinción rodó parte de la trama en Hong Kong y Doctor Extraño tiró de un polémico whitewashing para sortear disgustos: convirtió al Anciano tibetano, que ejercía como mentor del héroe en los tebeos, en Tilda Swinton con la cabeza rapada y trasladó el patio de entrenamiento del Tíbet a Nepal. Para Noche de marcha, una comedieta juerguista de 2013, se optó por editar el material hasta producir dos películas con un mensaje diferente. La versión original persigue las desventuras de un asiático norteamericano en las jaranas universitarias, mientras que la versión ideada para el mercado chino convierte al protagonista en un estudiante de intercambio cuya historia habla de «la importancia de abrazar las propias raíces al enfrentarse a los peligros de un Occidente hedonista». En Independence Day: contraataque el product placement de la marca de leche Moon Milk fue tan exagerado como para poner muy nerviosa a la audiencia, algo similar a lo que pasaría aquí si pagas la entrada para ver a los X-Men y te encuentras con Lobezno bebiéndose tazones de Central Lechera Asturiana. La publicidad poco encubierta también asomó por Capitán América: Civil War y obligó al muchomillonario de Tony Stark a utilizar móviles baratos de la marca china Vivo.

Los recortes también fueron una práctica común para asegurar un hueco en la cartelera oriental: Quentin Tarantino trasquiló Django desencadenado, pero tras estrenarla en los cines chinos tuvo que llevársela de nuevo a casa para repasarla con más tijeretazos. Titanic insertó un zoom sobre la jeta de Kate Winslet en la escena del posado para evitar que sus carnes al aire ensuciasen las aseadas mentes asiáticas. En Misión Imposible 3 los trotes de Ethan Hunt (Tom Cruise, el único actor que incluye entre sus registros el Modo Carrera) por los tejados de Shangái necesitaron de edición adicional para eliminar la ropa tendida de las azoteas porque los censores consideraban que tanto trapo al aire reflejaba a una sociedad empobrecida e incapaz de costearse una secadora. Las salvajes dos entregas de la japonesa Parásito fueron condensadas en una sola película después de extirpar de las mismas cien minutos de escenas violentas. El atlas de las nubes recibió un buen mordisco al verse obligado a cercenar treinta y ocho minutos de metraje que incluían varias relaciones sexuales entre parejas homo y hetero. Piratas del Caribe: en el fin del mundo solo puede proyectarse en China si se elimina por completo de la historia al personaje de Sao Feng (Chow Yun-Fat) porque representa a un chino malvado y eso no existe en el mundo real. Pixels excluyó la escena en la que los videojuegos asaltaban la Gran Muralla China para no ofrecer una imagen de país indefenso. La Ben-Hur de 2016 eliminó todas sus referencias a Jesucristo y el cristianismo, Men in Black 3 cercenó el instante en el que Will Smith flasheaba a un grupo de turistas asiáticos, Skyfall tuvo que suprimir una escena donde James Bond (Daniel Craig) despachaba a un guardia de seguridad de Shangái, y los recortes en Alien: Covenant se llevaron por delante un beso gay y casi aniquilan por completo al extraterrestre titular, porque en la versión china del film el alien clásico solo asoma la cabeza durante poco más de un minuto.

En China esto es un cameo. Alien: Covenant. Imagen: Twentieth Century Fox.

Mario Casas conquista China

El taquillazo más inesperado, que no el mayor, ocurrido en los cines chinos durante 2017 no llegó de la zarpa de orcos de piel verdosa ni acompañado por superhéroes norteamericanos, sino junto a Bárbara Lennie, Mario Casas y José Coronado. A principios del año pasado, el thriller Contratiempo de Oriol Paulo saldó su paso por salas españolas con tres millones y medio de euros de recaudación. Pero la verdadera sorpresa ocurrió siete meses después, cuando los distribuidores chinos se pusieron en contacto con el realizador y le ofrecieron con mucha intensidad la posibilidad de estrenar la cinta a lo bestia en China. El énfasis estaba justificado porque Contratiempo se había convertido en un éxito en el mercado pirata asiático. La versión ilegal de la película de Paulo acumulaba un millón de descargas y coleccionaba, vía redes sociales, recomendaciones de los actores estrella del país (que solo la podían haber visto tirando de métodos piratillas). El film acabó siendo proyectado de manera oficial en siete mil salas, llegó acunado por una promoción al estilo de los blockbusters americanos y se convirtió en un taquillazo que solo durante el fin de semana de su estreno en China ya amasó más dinero que durante toda su vida en la cartelera española. Se agarró varias semanas al top ten de las películas más vistas y acumuló un total de veintiséis millones de euros. El éxito propició que Contratiempo se estrenase también en Corea, la India, Taiwán o Grecia, y que se acordasen un par de remakes para el futuro. Y todo ello sin obligar a sus protagonistas a pasarse la película bebiendo marcas chinas de leche con nombres graciosos.

Contratiempo. Imagen: Warner Bros. Pictures.


¿Cuál es el beso definitivo visto en cine?

Una película buena es aquella que termina en boda. Ese es el exigente criterio que usaba mi abuela, y aunque siempre me pareció digno de tener en cuenta resulta problemático, al dejar fuera prácticamente todo el género zombi y la filmografía al completo de Steven Seagal. Tal vez una historia que acabe en boda sea el broche de oro para la carrera de este fornido actor ruso. Y si además contiene zombis, mejor. Mientras tanto, parece más razonable valorar una película en función de si incluye beso, que no es tanto como casarse pero supone una expresión de afecto y de compromiso mutuo que va mucho más allá del apretón de manos o la palmadita en la espalda. A lo largo de la trama hemos visto incrementarse la tensión sexual entre los protagonistas, desde lo que a menudo suele ser un malentendido inicial, pasando por una evaluación crítica de la otra parte mientras viven juntos toda clase de aventuras hasta que, en lo que acostumbra a ser el desenlace, con ese gesto sellan su visto bueno y dan a entender que terminarán follando y —ahora sí, aunque ya no se nos muestre en pantalla— incluso contrayendo matrimonio. Es el final feliz que estábamos esperando. A continuación mostramos los más memorables para que voten o añadan su favorito.

(La caja de voto se encuentra al final del texto)

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El Imperio contraataca

A la princesa Leia le gusta Han Solo porque era un sinvergüenza, admitía, pero Luke Skywalker resultaba ser todo lo contrario y tampoco le hacía ascos, todo vale para el convento (y eso sin contar las escenas eliminadas). Con tanta consanguinidad en aquel universo normal que en la cantina de Mos Eisley no hubiera uno medio normal, así que mejor nos quedamos con la relación entre los dos primeros y ese beso interrumpido por C3PO.

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El planeta de los simios

Durante el rodaje de esta película en 1967 ocurrió un hecho curioso, tal como contaban en Planet of the Apes Revisited. Los actores que interpretaban a chimpancés, gorilas, orangutanes y humanos se reunían entre ellos para comer en mesas separadas, sin interactuar cada uno con los restantes grupos. El actor James Franciscus llegó a percatarse de este tribalismo inconsciente: «Mirad alrededor. ¿Os dais cuenta de lo que está pasando? Esto es un microcosmos de lo que probablemente ocurre en todo el mundo». Efectivamente. Es lo que en biología llaman especiación y es lo que terminó llevando precisamente a que existieran chimpancés, gorilas, orangutanes y humanos como especies distintas. Claro que esa deriva de poblaciones a veces puede verse interrumpida cuando se entremezclan genes de grupos diferentes, que es lo que el personaje de Charlton Heston anda aquí con ganas de hacer con Zira, un tanto reacia al comienzo aunque luego parece quedarse con ganas de más.

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Casablanca

«Bésame. ¡Bésame como si fuera la última vez!» le decía Ingrid Bergman a Humphrey Bogart cuando estaban en París, intuyendo que cada uno seguiría su propio camino aunque luego se reencontrasen momentáneamente en la ciudad de Casablanca.

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E.T.

Recordando su infancia solitaria, Steven Spielberg imaginó una historia que describiera el vínculo tan estrecho que adquiría un niño con un alienígena, de tal forma que lo que uno pensaba, sentía o bebía afectase al otro. La idea tuvo una acogida extraordinaria y la película llegó a recaudar más de un gritón de dólares. Esta es una de sus escenas más recordadas, con un Elliott que repite lo que E. T. ve por televisión y no con una escogida al azar de su clase, que estaría ebrio pero tonto no era, sino con Erika Eleniak, quien más tarde sería modelo Playboy y actriz en Los vigilantes de la playa.

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Star Trek

Puede que Spock no sea el primero que se nos venga a la mente al escuchar el término «galán», pero sabe hablar de la lógica con tal apasionamiento que acaba conquistando el corazón de Uhura, a quien llega a tocarle el arpa cual Cupido para sofocar sus últimas resistencias. No obstante —y a riesgo de poner celoso al vulcano hay otro beso de Uhura que también nos interesa: el que le dio a Kirk en un capítulo de la serie emitido en 1968, convirtiéndose así en el primer beso interracial de la historia de la televisión. Aquí lo cuentan.

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Vértigo

La cinta tuvo una acogida inicialmente tibia por parte del público, cosa que decepcionó a Hitchcock, pues él pretendía siempre agradar a los espectadores antes que a la crítica. Pero con el paso de los años ha ido ganando prestigio y se ha convertido en todo un clásico del cine. Esta historia de la obsesión del personaje de James Stewart por la atractiva rubia de moño hipnótico culmina con esta visión alucinada de su sustituta, a quien termina dando por buena con ese beso.

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Brokeback Mountain

Aunque en esta película que narra la difícil relación amorosa de dos cowboys Ang Lee filmó las escenas sexuales de una manera en la que predominaba el amor sobre el erotismo, el beso de reencuentro fue tan apasionado que Heath Ledger estuvo a punto de romperle la nariz a Jake Gyllenhaal.

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Pompeya

Si tuviéramos que cantar las alabanzas de este filme acabaríamos bastante rápido, digamos que cumple con lo que se podía esperar del responsable de Mortal Kombat y la saga Resident Evil. Ahora bien, este momento final —que forma parte del cartel, no hay spoiler que valga— compensa todo lo anterior, así es como Michael Bay filmaría una escena romántica. Jon Nieve le planta tal ósculo a la chica mientras el mundo explota a su alrededor que la deja petrificada para la posteridad.

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Lo que el viento se llevó

La cobra es una de las plagas de nuestro tiempo, la reacción ineludible a buena parte de los intentos que uno atina a dar. ¿Cómo es posible que tenga tan poco reflejo en la pantalla? Porque sencillamente es algo muy poco cinematográfico. En el terreno de la ficción la mayor parte de los besos son correspondidos y si por exigencias del guion algunos deben ser rechazados, tiene mayor fuerza dramática que reciban por respuesta una sonora bofetada como la que aquí se lleva Rhett Butler. Pero como Clark Gable es todo un señor sabe mantener la compostura, ya tendrá más adelante ocasión de vengarse.

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El diario de Bridget Jones: Sobreviviré

En otras ocasiones, como vemos en esta secuela, el beso es aceptado aunque a continuación se rechace la sentida declaración de amor que lleva unido. Al menos le queda la vaga promesa de ser la primera en caso de que algún día cambie de orientación.

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Match Point

No es frecuente ver a Woody Allen rodando escenas tan arrebatadoras como la que ven sobre estas líneas, pero le animamos a que siga por este camino porque le quedó realmente bien.

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El Padrino II

En el Evangelio de Marcos se describe la traición de Judas, quien se hizo acompañar de una turba armada al encuentro de Jesús, dándoles previamente esta contraseña: «Al que yo le dé un beso, ese es; arréstenlo y llévenselo bien asegurado». De ese beso de Judas proviene la costumbre mafiosa llamada «beso de la muerte», con la que se marcaba a algún miembro de la familia acusado de traición. Eso es lo que hace Michael con su hermano mientras se encuentran en La Habana, momentos antes de que un Fidel Castro que ahora es noticia por su muerte se hiciera con el poder obligándoles a huir. La amenaza sobre el bueno de Fredo en cualquier caso terminaría ejecutándose en territorio estadounidense.

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La teoría del todo

Stephen Hawking lleva los últimos años profetizando la extinción de la humanidad con tanto énfasis que parece que no anhela otra cosa que vernos muertos a todos. Pero en ese negro corazón hubo en otro tiempo sitio para el amor y eso es lo que nos cuenta este magnífico biopic. Con este conmovedor beso su novia une su destino al suyo, aunque previamente le hubieran diagnosticado una enfermedad degenerativa por la que no le daban más de dos años de vida.

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Spiderman

De todos los miles de besos que hemos visto en pantalla, bajo casi todas las formas imaginables, este fue el primero en emplear semejante postura. Es por tanto digno de ser incluido esta selección.

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El año que vivimos peligrosamente

Al presidente de Indonesia, Sukarno, le gustaba usar la expresión italiana «Vivere pericoloso» y de ahí surgiría el título de la novela que un cineasta de enorme talento como Peter Weir llevaría al cine. Tuvo además la suerte de contar con Mel Gibson y Sigourney Weaver de protagonistas y con Vangelis en la banda sonora. La combinación de todos ellos resultó inmejorable, siendo esta escena un buen ejemplo de ello.

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Desayuno con diamantes

George Peppard alcanzó la fama en dos épocas, primero en los sesenta con películas como Con él llegó el escándalo o esta otra, y luego en los ochenta con la serie El Equipo A, además se casó en cinco ocasiones, bebió hasta el alcoholismo y fumó hasta morir de cáncer. Puede decirse que aprovechó el tiempo. Aquí interpretaba a un escritor frustrado que vivía a costa de una amante rica hasta que conoce a su alma gemela, una cazafortunas con bastantes pájaros en la cabeza encarnada por Audrey Hepburn. Tras decirle un par de cosas la deja atrás junto con el anillo para ir en busca del gato, ella duda en ponérselo y cuando ya sabemos qué futuro ha escogido se reencuentran bajo la lluvia mientras suena «Moon River».

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Cinema Paradiso

Qué mejor manera de concluir que con una de las escenas más recordadas de la historia del cine, cualquier ocasión es buena para volverla a ver. Giuseppe Tornatore quiso homenajear a su profesión con esta historia de un director que regresa a su Sicilia natal para acudir al funeral del proyeccionista que le inculcó esta pasión. Allí recibirá como legado una bobina con el montaje de todos los besos censurados décadas atrás.

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¿Cuál es el mejor director de cine actual?

Si la pregunta fuera sobre el mejor de la historia pondríamos Stanley Kubrick y luego algunas otras opciones para que la gente pudiera equivocarse a gusto. Pero elegir de entre los que ahora se mantienen en activo… ahí la cosa se complica. No lo tenemos muy claro, no parece haber un talento que destaque muy por encima del resto, así que hemos preparado esta lista para que nos ayuden a dictar sentencia. Puede que nos haya quedado muy anglosajona, con imperdonables ausencias de cineastas indios, nigerianos e iraníes, así que les invitamos a que añadan los suyos, de cualquier nacionalidad que estimen conveniente. Y voten, voten.

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Martin Scorsese

Foto: David Shankbone (CC)
Foto: David Shankbone (CC)

Si hiciéramos una lista de los mejores directores de la historia del cine ocuparía un buen lugar, pero que hoy en día, después de cuarenta años en activo, merezca estar también entre los mejores cineastas contemporáneos es algo casi prodigioso. Y no descartemos incluirlo en una lista de talentos prometedores. Viendo El lobo de Wall Street da la impresión de que tiene cuerda para rato, adentrándose en un género casi nuevo para él como el de la comedia, que las pocas veces que lo ha intentado le ha salido muy bien; basta recordar After hours. En ese halagüeño futuro tal vez termine prescindiendo de una vez por todas de los finales moralistas y redentores que incluye a regañadientes en sus películas. Ya saben, esos diez últimos minutos en los que nos alecciona sobre que esa vida de fiestas, putas, drogas e ilegalidades varias que hemos visto en los ciento veinte anteriores en realidad es muy mala y no debemos tomarla como ejemplo, Dios nos libre. Pero nos lo dice guiñándonos un ojo.

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Zack Snyder

Foto: Eva Rinaldi (CC)
Foto: Eva Rinaldi (CC)

Entró por la puerta grande con un magnífico remake como El amanecer de los muertos, de la que nos atrevemos a decir que es la mejor película de zombis que hemos visto nunca. Su siguiente film, 300, puso el listón aún más alto. Fiel al mito en todos los aspectos salvo en el que más nos hubiera gustado: la convención del arte clásico conocida como «desnudo heroico». Creemos que con los protagonistas completamente desnudos hubiera ganado en intensidad poética. La siguiente que dirigió fue Watchmen, una magnífica adaptación a la altura del cómic, que contó además con una memorable introducción. A continuación volvió a dar en el clavo con Ga’Hoole: la leyenda de los guardianes, la mejor película de búhos que hemos visto nunca. Su siguiente obra fue quizá su mayor patinazo, Sucker Punch, que entusiasmó a algunos y a otros bastante menos, pero al menos demostró audacia y originalidad. Y por último El hombre de acero, solemne y espectacular, aunque su mensaje tan ambiguo nos dejó confundidos: eso de un enviado del cielo que a los treinta y tres años se sacrifica por una humanidad que no le comprende… un momento ¿no estará aludiendo a Jesucristo, verdad? Es que tanta sutileza se nos escapa, si le hubiera añadido una túnica, una corona de espinas y un leproso cerca pues aún. Sea como fuere, ahora está enfrascado en una nueva versión de Superman, esta vez contra Batman. Promete.

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Christopher Nolan

Foto: Richard Goldschmidt (CC)
Foto: Richard Goldschmidt (CC)

Memento es la película que le catapultó al Olimpo de los directores que cualquier aficionado debía tener cuenta, aquellos con más personalidad y ambición. Desde entonces no ha defraudado en su intento de aunar la profundidad filosófica y el cine más comercial. Quiere dirigirse a las masas pero sin caer en la frivolidad y lo está consiguiendo, quizá en Origen más que ninguna otra, una locura sobre sueños dentro de sueños que logró dejar estupefactos a tantos espectadores. Sus tres versiones sobre Batman son sin duda las tres mejores que se han hecho sobre este personaje de cómic, consiguiendo la cuadratura del círculo de dotarle de un fondo psicológico sombrío y una espectacularidad y estruendo dignas del Antiguo Testamento. Esperamos con impaciencia lo próximo, Interstellar.

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Woody Allen

Foto: Colin Swan (CC)
Foto: Colin Swan (CC)

Escribir sobre Woody Allen es un reto. Apenas has referido algo de su última película cuando ha estrenado otra. Tratas de exponer algo sobre esa otra y te ha puesto dos sobre la mesa. Balbuceas y un puñado más te ha caído encima. Como guinda, algún corto «secreto». Si se hiciera un estudio cifras/rentabilidad/calidad como el que se hace para determinar el rendimiento de algunos deportistas, Allen estaría arriba del todo. Si fuera luchador de un videojuego sería aquel que tiene todas las barritas (strengh, agility, stamina…) bien llenas por igual. Pocas actividades creativas han contado con semejante fusión entre creatividad y estajanovismo, entre fraguel y curry. El 95% de los directores existentes firmarían gustosos sus películas menores. Pero además tiene las medianas y las mayores. Una factoría de una sola persona dedicada a arrojar luz (y teoría y técnica de las sombras) al mundo.

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Kathryn Bigelow

Foto: David Shankbone (CC)
Foto: David Shankbone (CC)

Habituados a ver paletos que cuando están en la guerra se pasan el día sintiendo nostalgia por su hogar y por la dichosa tarta de manzana de su madre, que los sacan a ver mundo por primera vez en su vida y su única reacción es dar la brasa a su alrededor con la foto de su novia, en The Hurt Locker Bigelow nos contó justo la historia opuesta: la del soldado que cuando está en casa se aburre como una ostra y lo que le gusta es estar allá donde se repartan las hostias. Con esa película se convirtió en la primera mujer en ganar un Óscar al mejor director y logró depurar su característica habilidad para las escenas de acción, que ya demostró en auténticos clásicos del género como Le llaman Bodhi. Por su siguiente film también fue nominada, La noche más oscura, en el que ejerció de cronista de la política exterior de Estados Unidos.

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David Lynch

Foto: Thiago Piccoli (CC)
Foto: Thiago Piccoli (CC)

El único ser vivo que podría derrotar en un debate a Nicolas Cage utilizando el ave que anida en su pelo como argumento. Su primera película, Cabeza borradora, oscilaba entre deliciosa comedia familiar y pesadilla de horror solo descriptible con adjetivos lovecraftianos, no lo tenemos muy claro. Con la serie Twin Peaks consiguió el reconocimiento internacional entre el gran público, pero para entonces ya había rodado maravillas como El hombre elefante, Terciopelo azul o Corazón salvaje. Muchos lo admiran y tantos otros lo consideran poco más que un vendedor ambulante de aceite de serpiente, pero que sus películas componen un universo personal original e inimitable no se puede poner en duda. Se le puede acusar de intenso, pero lo cierto es que su obra no ofrece ningún reto intelectual forzoso: no hay que entenderlo, solo dejarse llevar. Todo responde a una lógica sencilla, la misma que tienen los (malos) sueños. Incluso su filme más unánimamente aclamado por la crítica, Una historia verdadera, sigue en el fondo esa línea. Dígannos qué tiene de realista que un anciano cruce dos estados del Medio Oeste norteamericano conduciendo una cortadora de césped topándose solo con gente maravillosa, en lugar de con una familia de psicópatas mutantes caníbales, que sería lo normal. Imaginamos a Lynch partiéndose de la risa en privado cuando leía a los críticos felicitándose de que el director hubiera filmado al fin algo «normal».

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Quentin Tarantino

Foto: DP.
Foto: DP.

Tras su formidable comienzo con dos clásicos del cine era inevitable que su nivel descendiera, pero ha demostrado seguir siendo capaz de rodar películas muy entretenidas y que en algún momento de su metraje cuentan con alguna escena, personaje o diálogo sencillamente brillante. Bien sea el baile en Death Proof , los diálogos cargados de tensión de Malditos Bastardos o el personaje de DiCaprio en Django desencadenado.

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Ang Lee

Foto: Nicolas Genin (CC)
Foto: Nicolas Genin (CC)

Originario de Taiwán, no se ha limitado a lo que es etiquetado popularmente como «películas de chinos» (da igual el género, son de chinos y ya) pues de hecho una de sus mayores virtudes es su extraordinaria versatilidad a través de estilos, épocas y tradiciones culturales. Rodó una adaptación de Jane Austen, Sentido y sensibilidad,que es puro cine de tacitas. Más adelante se atrevió con una leyenda china como Tigre y dragón, continuó con una adaptación de Hulk y luego con un drama sobre dos vaqueros homosexuales como Brokeback Mountain, entre otras. Su última aportación es una conmovedora fábula con una cuidadísima estética y una historia que incita a la reflexión, La vida de Pi.

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Steven Spielberg

Foto: Georges Biard (CC)
Foto: Georges Biard (CC)

Al igual que Scorsese, este director parece haberle echado un buen trago al cáliz que aparecía en la mejor de su tetralogía de Indiana Jones. Pasan las décadas y su brillo no se apaga, sigue incansable agigantando su filmografía, que ya analizamos aquí. Va alternando el cine de entretenimiento —con ese extraordinario talento para rodar secuencias que lo hace único— con otras más serias en las que retrata algún periodo histórico, como en la reciente Lincoln. Su próximo proyecto, según algunas noticias, giraría en torno a la conquista de México por Hernán Cortés. Desde luego en principio es un tema a abordar muy interesante, veremos lo que da de sí en sus manos.

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Michael Mann

Foto: Hans Landa (CC)
Foto: Hans Landa (CC)

Si «clásico eh lo que no se pueh hasé meóh», según la célebre sentencia del torero el Gallo, tenemos en Michael Mann a un director clásico en el mejor sentido. Sus innovaciones y hallazgos en la forma son más una manera de actualizar a los grandes de Hollywood que de romper con lo que quizá no necesite ni roto ni descosido. Los bien enarbolados guiones con los que trabaja giran en torno a la labor propia como Destino y al Amor. Ambos con mayúscula. Pocos se atreven ya con estos grandes temas a pecho descubierto. Director de escasa filmografía, tras dejar monumentos como Heat o El dilema, demostró hace unos años que sigue en plena forma con Enemigos Públicos. Tras la desigual acogida de la serie Luck, esperamos como oro en paño Cyber, que se estrenará a principios de 2015. Un Grande. También con mayúscula.

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Park Chan-wook

Foto: Masha Kuvshinova (CC)
Foto: Masha Kuvshinova (CC)

O el coreano que le debe muchísimo a la venganza. Arrasó en su país con Joint security area, un whodunit que elegía como escenario la frontera entre las dos Coreas, y aquello le permitió desatarse por completo: Sympathy for Mr. vengeance, Old boy y Sympathy for lady vengeance conformaban una trilogía con protagonistas incomunicados, antisociales y atípicos cuyo único nexo común era recorrer el camino alimentados por la venganza salvaje. Rodaría desde comedias románticas en psiquiátricos (Soy un cyborg) hasta historias de vampiros (Thirst). Cintas en esencia tan inclasificables como su director, pero que compartían algo: una capacidad visual asombrosa, una violencia seca y directa alejada de las costumbres de la gran pantalla y algunos giros de guión que dejaban a M. Night Shyamalan llorando desnudo bajo la ducha.

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Paul Thomas Anderson

Foto: Jürgen Fauth (CC)
Foto: Jürgen Fauth (CC)

La rata de videoclub adiestrada en la pornografía setentera y ochentera, desde los diez años y gracias a una colección paterna de VHS, que se hizo mayor para ponerse tras una cámara y ganarse el título de niño prodigio. Sydney, Boogienights y Magnolia casi parecían una broma, destilaban tanta precisión quirúrgica que sus logros eran demasiado notables para ser las tres primeras obras de un director que venía de admirar tanto las barbas de Kubrick como el lubricante del cine X. Con el control sobre el plano secuencia, el reparto coral y las actuaciones para enmarcar Anderson se erigía como una reencarnación estilizada de Robert Altman. Remató con Punch-drunk love, Pozosdeambición y Themaster. Y ante todo firmó un hecho irrebatible a favor de su capacidad como director: hizo creer al mundo que merece la pena ver una película con Adam Sandler.

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Foto: DP.
Foto: DP.

Zucker, Abrahams y Zucker

David Zucker, Jim Abrahams y Jerry Zucker, también conocidos como ZAZ, directores, productores, guionistas y actores. A veces el trío en comandita, otras solo dos o uno de ellos en colaboración con algún amigote, nos han regalado algunos de los momentos más descojonantes del cine de las últimas décadas. Si lo creadores de artefactos de humor maravillosamente estúpido como Top Secret, Aterriza como puedas, Hot Shots! o la serie Agárralo como puedas no merecen competir en esta lista nosotros ya no sabemos lo que es ser un esteta.

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David Cronenberg

Foto: Cordon Press.
Foto: Cordon Press.

Lo que distingue a unos creadores de otros es la capacidad para construir un universo propio y compartirlo con el mundo. Cronenberg lo logró utilizando como ladrillo el horror corporal y se convirtió en el mesías de la nueva carne. En una actualidad donde la gente vive pegada a sus móviles los desvaríos de Videodrome parecen un futuro plugin para el iPhone, los huesos que se convierten en pistola de eXistenZ son una fase de cualquier videojuego y el morbo de Crash son vídeos perversos de accidentes en las entrañas más oscuras de internet. Así que para culminar sus profecías ya solo nos falta esperar a que nos explote la cabeza como en Scanners. La mal llamada madurez creativa le alejó de tales carnicerías (Una historia de violencia, Promesas del este, Un método peligroso) pero dejó clara una cosa, que seguía siendo igual de diestro cuando se dedicaba a filmar otro tipo de horrores.

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Wes Anderson

Foto: Cordon Press.
Foto: Cordon Press.

Si tuviéramos que imaginar cómo es el aspecto del director de las películas Life Aquatic, Viaje a Darjeeling o El gran hotel Budapest nos saldría algo como lo que vemos en la foto. Definitivamente sus películas son suyas y no de otro. Ha logrado crear un estilo caracterizado por una estética fruto del LSD, unos personajes melancólicos a los que describe con humor y unas historias con elementos fantásticos. La escena de la fuga de la cárcel de su última película es simplemente una maravilla para contemplar una y otra vez.

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Otras cien razones por las que vivir

101. El tercer movimiento del Septimino de Beethoven, en realidad titulado Septeto en mi bemol mayor Op. 20., y sus efectos en el humor de quien lo escucha. Lo que estamos insinuando es que debería oírlo mientras lee esta lista.

102. Este olor:

Fotografía: Rubén Díaz.

103. Los cuentos de Woody Allen.

104. El pasaje de El barón rampante en el que los niños se reconcilian, al principio del tercer capítulo, y Biaggio le lleva a Cosimo «dos higos secos, Mino, y un poco de pastel…». Habrá retratos de la ternura más ciertos, pero yo no los he leído.

105. Las estatuas de dos mil años que están buenas.

Hércules joven, una escultura romana c. 69-96 a.C. Fotografía cortesía de Dansshots.

106. La forma con la que J. R. R. Tolkien insinuó, pero nunca confirmó, que sus elfos tenían las orejas puntiagudas: en los idiomas élficos que inventó, le reservó el mismo lexema a las palabras «hoja» —«lassë» en quenya, «lhass» en sindarin— y «oreja» —«lár» en quenya, «lhewig» en sindarin.

107. Matt Harding.

108. Una gran cantidad de secuencias de Upside Down, una película de Juan Solanas. Por quedarnos con alguna, la del tango, la de cuando el protagonista se tira al mar o la de la persecución.

109. La posibilidad de que haya vida inteligente fuera de la Tierra. Si no es lo más emocionante que has oído nunca es que tienes horchata en las venas.

110. Louise Weber, La Goulue, bailarina de cancán. No la conocí, pero parecía una persona estupenda.

La Goulue en 1885. Fotografía: Louis Victor Paul Bacard / Musée d’Orsay (DP).

111. La niña del pompero. Otra persona estupenda.

Fotografía: Anónimo. Vía Know Your Meme.

112. Los gatos.

113. Las gran cantidad de personas más jóvenes que tú que son más inteligentes que tú.

114. Ser cuanto más vieja más pelleja.

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Liza Minnelli. Fotografía: Joella Marano (CC).

115. El talento de Picasso para la pintura realista y el hecho de que no le diese la gana ponerlo en práctica.

116. Rosa Parks.

117. La biografía de Rimbaud.

118. Darle la palabra al señor Nabo.

119. Dinotopia, de James Gurney.

Cortesía-de-James-Gurney.-Más-en-www.dinotopia.com.
Imagen cortesía de James Gurney.

120. Las traducciones de poesía que priman la rima sobre la literalidad. Un ejemplo.

121. Latinoamérica.

122. El duelo final entre Michelle Yeoh y Ziyi Zhang en Tigre y dragón, una película de Ang Lee.

123. Los que se atreven a cantar encima de lo inmejorable. Neil Hannon sobre Yann Tiersen o David McAlmont sobre Michael Nyman, por poner dos ejemplos.

124. La vida en un hilo, una película de 1945 escrita y dirigida por Edgar Neville.

125. Lauren Bacall.

Lauren Bacall en una imagen promocional de Cayo Largo, de 1948.

126. La voz de Steve Coogan.

127. El fan art delirante.

128. Los ballets setentones.

129. Este anuncio de L’homme de Yves Saint Laurent en 2006.

130. El milagro de P. Tinto, una película de Javier Fesser.

131. El realismo mágico.

132. Esta entrevista a Bill Murray, Matt Damon, Hugh Bonneville y Paloma Faith en The Graham Norton Show.

133. Las Oréades, un cuadro de Bouguereau.

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Las Oréades, de William Bouguereau en 1902 (DP).

134. La persona que discurrió el estilo de montaje de programas como Mujeres Ricas, ¿Quién quiere casarse con mi hijo? o Perdidos en la tribu, todos de la productora Eyeworks-Cuatro Cabezas.

135. La habilidad de David Sides de embellecer todo lo que toca. Aquí un ejemplo.

136. El 25 de septiembre de 1957, cuando Eisenhower desplegó a la 101 División Aerotransportada del Ejército de Estados Unidos contra la Guardia Nacional de Arkansas, que impedía la entrada de estudiantes negros en centros educativos para blancos.

Fotografía: US Army (DP).

137. Throne Room, de John Williams, el tema final de La guerra de las galaxias.

138. El Juego de la vida diseñado por John Conway.

139. Este color:

Fotografía: Rubén Díaz.

140. Douglas Adams, Terry Pratchett, Christopher Moore, Tom Sharpe, Neil Gaiman y en fin, todos esos.

141. Miranda Hart, Catherine Tate, Jennifer Saunders, Dawn French y las humoristas británicas en general.

142. Manolito Gafotas.

143. La certeza de que Artax en realidad no murió, porque no era de verdad.

144. Sarah Bernhardt interpretando a hombres.

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Sarah Bernhardt c. 1900. Fotografía: James Lafayette (DP).

145. Eyes Wide Shut, una película de Stanley Kubrick.

146. Este vídeo:

147. La parte de la trompeta en Old Town, de Phil Lynott.

148. El humahuaqueño, de Edmundo Zaldívar.

149. El piano ortofónico de Baranov-Rossiné, Baranov-Rossiné y toda la gente que ha querido convertir la música en color.

El prototipo del piano ortofónico de Vladimir Baranov-Rossiné. Fotografía: Philippe Migeat / Centre-Pompidou / MNAM-CCI.

150. Las onomatopeyas. Besar el aire al decir «beso», caballos al trote en «quadrupedante putrem sonitu quatit ungula campum», Don McLean inventando la música al tararear «this’ll be the day that I die».

151. Los crescendos.

152. Pertenecer a uno de los pocos órdenes zoológicos en toda la historia de la biología cuyos miembros son capaces de manipular con las extremidades sus propios genitales. A lo mejor suena a gracieta, pero no lo es.

153. Las veinte entregas de Willam’s Beatdown. Y si hubiera cincuenta, las cincuenta.

154. La mamarrachaería socialmente aplaudida.

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Salvador Dalí. Fotografía: Allan Warren (CC).

155. Melvin Udell.

156. Kristen Wiig.

157. Rubén Darío

158. Lee Miller en la bañera de Hitler.

Fotografía: David E. Scherman (DP).

159. Este flash mob.

160. El segundo soliloquio de Segismundo en La vida es sueño, de Calderón de la Barca.

161. Los últimos veinte minutos de Dogville, de Lars von Trier.

162. El forastero misterioso, una novela de Mark Twain.

163. Las sinopsis de cine de Sinopsis de cine.

164. La forma en la que está contada El atlas de las nubes, de David Mitchell. La novela, no la película.

165. John Larriva en general y este cuadro suyo en particular:

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Ian Malcolm: From Chaos. Imagen cortesía de John Larriva.

166. La sonrisa de María Pagés cuando saludaba al público al final del espectáculo de Riverdance.

167. Cualquier versión mínimamente entusiasta de Ding Dong The Witch Is Dead, la canción que celebra la muerte de la Bruja del Este en El Mago de Oz.

168. La decisión de no lanzar la bomba atómica sobre Kioto durante la II Guerra Mundial si fue, como suele decirse, para evitar la destrucción de su patrimonio histórico y artístico.

169. Grandes machos con caligrafía de niña pequeña.

Una postal de Ernest Hemingway a Gertrude Stein en 1924 (DP).

170. Los fiestones de las películas de Baz Luhrmann.

171. Ficciones, de Jorge Luis Borges.

172. El plano del búho de Blade Runner.

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Imagen: The Ladd Company / Shaw Brothers / Warner Bros.

173. Esta entrevista de Joaquín Soler Serrano a Julio Cortázar. Lo mismo podríamos decir de esta a Borges.

174. Palma Fine Books, que es una librería inglesa en Palma de Mallorca. Se puede ver en este vídeo, pero no le hace justicia.

175. Participar en un rodaje, casi en cualquier rodaje.

176. El amor entre el follaje, valga la redundancia. Quien lo probó lo sabe.

177. La entrada de la Reina de Saba en Salomón, el oratorio de Händel, tocada con un arpa.

178. The Royal Tenembaums, una película de Wes Anderson.

179. Astérix y Obélix.

180. Homer Simpson cuando era Homer Simpson.

181. Plantar batalla a las leyes más elementales de la vida.

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Joan Rivers. Fotografía: Cordon Press.

182. La versión de Voglio vederti danzare de Astrud y el Col.lectiu Brossa.

183. El final de V de Vendetta, secuencia muy emocionante a la par que la única de la historia del cine en la que Natalie Portman sobra.

184. Los hombres con perfil de moneda antigua.

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Tom Hiddleston. Fotografía: Cordon Press.

185. Las mujeres felinas.

Natalie Dormer. Fotografía: Suzi Pratt (CC).

186. Lana Wachowski.

187. Tristram Shandy: A Cock And Bull Story, una película de Michael Winterbottom.

188. El duelo entre Minerva McGonagall y Severus Snape.

189. Photoshop. Sí, Photoshop.

190. La carraca lila.

Carraca Lila (cloudzilla - CC)
Fotografía: Cloudzilla (CC).

191. Simon Pegg y Nick Frost.

192. Los mambos de Pérez Prado.

193. Shoes, una canción de Reparata, y todas sus versiones.

194. El lamento por Ícaro, de Herbert James Draper.

El lamento por Ícaro, Herbert James Draper, 1898 - Tate Britain DP
El lamento por Ícaro, de Herbert James Draper, 1898. Imagen: Tate Britain (DP).

195. Sócrates.

196. Las visiones idealizadas de la realidad. Esta misma lista contribuye a casi cualquiera de ellas.

197. Prácticamente cualquier cosa pintada por Roberto Ferri.

198. El olor de los primeros minutos de una tormenta de verano.

199. La fontanería, la luz eléctrica, la calefacción, los váteres y demás comodidades domésticas. Si no le parecen una razón para vivir, no me lo diga: ya dispone de ellas.

200. La ilusión de que el futuro será mejor.


Cultura Mainstream: cómo nacen los fenómenos de masas

¿Por qué triunfan Avatar, Shakira, Spielberg, Mujeres desesperadas, Slumdog Millonaire, Disney, Michael Jackson o MTV? Esa es la pregunta que se hace el sociólogo Frédéric Martel y que le llevó a escribir este libro, que tal vez no llegue a ser un éxito de masas pero es imprescindible para cualquier persona interesada en la cultura pop, los medios de comunicación o sencillamente el mundo en que vivimos.

Hablar de cultura popular es hablar de Estados Unidos, país al que dedica la primera mitad del libro. Desde Nueva York, Miami, pasando por Nashville y hasta Hollywood, Martel entrevista a todo aquel que se le ponga por delante y tenga algo que decir al respecto ya sea músico, productor de cine o editor de libros. De acuerdo a las conclusiones que extrae, Estados Unidos es la fábrica mundial de la cultura pop mundial básicamente por tres motivos: la aplicación de un modo de producción industrial a la creación cultural, la desaparición de barreras entre la cultura aristocrática de origen europeo y el entretenimiento popular (alta/baja cultura) y en tercer lugar pero no menos decisivo, su cosmopolitismo. Los Ángeles, por ejemplo, es la mayor ciudad surconeana del mundo tras Seúl, la mayor ciudad iraní tras Teherán, la mayor ciudad polaca tras Varsovia… en palabras de Martel: “Estados Unidos no es simplemente un país, ni siquiera un continente; es el mundo, o por lo menos el mundo en miniatura. Ningún país tiene tanta diversidad y ninguno puede representar hasta ese punto una nación universal”. Al acoger a Night Shyamalan, Ang Lee o Javier Bardem logran dos cosas: beneficiarse de su talento e impedir que pueda articularse una competencia en el resto del mundo.

A esto último, la competencia en el resto del mundo y especialmente en los países emergentes, es a lo que dedica la segunda parte del libro con el significativo título de La guerra cultural mundial. Y aquí llega la paradoja para competir con el entertainment americano; la estrategia que está siguiéndose es la de imitar sus modos añadiéndole una pincelada localista. El propio nombre de Bollywood es una buena síntesis de ello y el director de una escuela de cine allá ubicada al que entrevista no puede ser más explícito al respecto: “todas nuestras clases se dan en inglés. Es la única lengua común de todos los indios. Y además queremos preparar a nuestros estudiantes para que sean competitivos en los mercados asiáticos, donde es también la lengua común. Pero sobre todo, si insistimos en el inglés, es porque todas las técnicas del cine, el vocabulario, los softwares, las herramientas digitales, todo es estadounidense”. Al fin y al cabo puede que americanizarse no sea otra cosa más que, simplemente, modernizarse.