Montserrat Domínguez: «Me temo que la guerra del Gobierno contra las voces más incómodas no ha hecho más que empezar»

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Llega con cara de periodista en ejercicio, la que tiene quien ha estado trabajando hasta las tantas de la mañana y ha madrugado para ir a una tertulia de televisión. Es lo que tiene compaginar una redacción digital, donde no existen los horarios, con la tele, donde transcurrió el grueso de su carrera. Montserrat Domínguez (Madrid, 1963) trascendió la figura del presentador de televisión cuando se hizo cargo de la Mirada Crítica en Telecinco; supo ser incisiva con la actualidad y abrir el espacio a la cultura. Después, tras una experiencia fallida en Antena 3, pasó a la radio en la Cadena Ser y ahora dirige el Huffington Post español, un modelo de medio digital que ha triunfado en Estados Unidos y otros países pero que en ninguna parte ha estado exento de críticas porque sus blogueros no estén remunerados.

Estudias en un colegio de monjas y te decides por el periodismo.

No tenía ni idea de qué hacer y me lo sugirió una profesora. Contar historias me parecía atractivo. Aunque entonces no había tantos referentes para mujeres en el periodismo, me pareció interesante y me lancé. Del colegio de monjas guardo un gran recuerdo. Viví la Transición con ellas. Todas llevaban hábito hasta que murió Franco y se lo quitaron. Algunas incluso lo colgaron definitivamente. Había un ambiente muy divertido y tuve una profesora de Literatura, que no era monja, maravillosa.

Fuiste adolescente en la Movida.

Es complicado hablar de la primera adolescencia sin convertirla en una época mágica. Habría disfrutado de Madrid en cualquier momento, pero sí que es cierto que entonces ocurría algo de lo que yo no era consciente que era el Madrid de la Movida. Con dieciséis, diecisiete, dieciocho y diecinueve años me pilló toda la efervescencia cultural, el ambiente que había en la calle, las ganas de pasárselo bien y grupos de música que eran una ruptura con todo lo que habíamos escuchado antes. Era un ambiente radicalmente distinto, pero tengo mis dudas de si lo que hago no es más que idealizar mi adolescencia y juventud por haber sucedido en plena Movida.

Ana Curra nos dijo que Madrid era muy gris y provinciana y de repente se transformó.

No lo sé, porque cuando yo dejé de ser niña y me convertí en un ser independiente Madrid ya estaba llena de vida. Lo que recuerdo es que era una ciudad algo más sucia, mucho más canalla, donde también se vivía con mucha dureza la droga y la inseguridad ciudadana. Las chicas a determinadas horas por ciertos sitios no podíamos ir solas, nos daba miedo. Esa percepción no la tengo ahora. Sigue habiendo zonas peligrosas, pero no como entonces. Con todo, nunca he percibido una ciudad gris.

Fuiste azafata de vuelo.

Entre otros oficios. Trabajé mientras me saqué la carrera, por eso tardé dos años más que mis compañeros en sacármela. También fui secretaria, y comercial en distintas empresas. Cuando empecé a trabajar de azafata con dieciocho años y me gané la independencia nunca más quise volver a vivir de mis padres. Por supuesto hubieran estado encantados de arroparme y costearme la carrera, pero me parecía que había llegado mi momento de desenvolverme yo sola por la vida.

Hiciste un máster de Periodismo en Nueva York. Publicaste un artículo en El País en esas fechas, 1990, sobre la legalización de la droga. ¿Por qué este tema?

Tenía que presentar una tesina y lo hice sobre la legalización de la droga, que entonces también estaba sobre la mesa y me parecía interesante reflejar cómo se veía en Estados Unidos. En España prácticamente no se hablaba de eso. Contacté con El País y les interesó una entrevista que hice a un profesor de Universidad, Ethan Nadelmann. En aquella época nadie habría augurado lo que está ocurriendo ahora, con la marihuana legalizada en cada vez más estados.

La carrera en la Complutense te decepcionó mucho.

En el máster en Nueva York, en la Universidad de Columbia, el método era sacarnos directamente a la calle a conocer la ciudad a fondo y escribir historias desde el primer día. Recuerdo que nos metían a todos los estudiantes en un autobús con un historiador, recorríamos Queens, Brooklyn, barrios que entonces estaban fuera de las guías turísticas, y nos iba contando qué era todo lo que veíamos. A la vuelta, nos mandaban elegir un barrio, ir solos al día siguiente y volver con una historia redactada por la noche. La verdad es que lo pasé fatal porque mi inglés era británico y el primer día no me enteraba de nada de lo que decía el profesor.

En cambio, la universidad aquí me decepcionó muchísimo. Yo era la primera de mi familia en ir y la teníamos un poco idealizada. Entendías que dar el paso a la educación superior era ampliar los horizontes de lo que habías estudiado. Pero mi profesor de Literatura en primero de carrera era infinitamente peor que la del colegio de monjas. Era un tipo al que solo le importaban las fechas de nacimiento, la de la muerte y el número de obras que había publicado Larra, por ejemplo. Nunca discutimos acerca de su valor o significado. Hubo un par de profesores buenos, pero por lo demás decidí que cuanto antes acabara con el trámite universitario mejor.

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Cuando te llama Luis Mariñas para hacer una prueba en Telecinco, entonces frente a un poblado chabolista, con los alrededores llenos de decampados y barrizales, te dijo que si no sabías encontrar dónde estaba la cadena tú sola no eras la periodista que buscaba.

No sé si seguirán las chabolas. Cuando volví de Estados Unidos lo hice, aunque podía haberme quedado un año más, porque empezaban las televisiones privadas. En Columbia había estudiado periodismo televisivo y sabía que estaban buscando estos perfiles. Tuve una entrevista con Luis Mariñas, otra en Canal+ y me decanté por esta cadena aunque estuve muy poco tiempo. Mariñas entonces estaba poniendo en marcha los informativos de Telecinco, trabajábamos en unos prefabricados, con un equipo muy pequeñito, con apenas dos cámaras y un servicio de documentación que eran seis cintas «gente en la calle en verano», «en invierno», cuatro edificios y poco más. Lo llevábamos en fichas, ni siquiera había un archivo. Y cuando llovía se ponía todo perdido de barro. Pero la suerte de entrar en Telecinco en aquella época fue que fui creciendo profesionalmente de la misma manera que los informativos fueron creciendo. Mariñas hizo un informativo muy innovador. Introdujo la opinión de contertulios, Aberasturi, Carmen Tomás, Antonio Remiro, es decir, un plantel de colaboradores con los que rellenábamos minutos porque no teníamos la posibilidad de Televisión Española o Antena 3 de hacer vídeos. En Telecinco he hecho prácticamente de todo: reportajes, guardias, cubrir la Conferencia de Paz de Oriente Próximo y presentar todos los informativos, en verano, por la noche, por la mañana. Esto, ir creciendo con la cadena, te permite ampliar tu campo de acción.

En estos primeros tiempos, con la guerra del Golfo del 90, tuvisteis problemas con los accionistas kuwaitíes de la cadena, KIO, por las opiniones que se vertían en esas tertulias

Antonio Remiro, catedrático en la Universidad Autónoma, que era el comentarista de internacional, estaba radicalmente en contra de la intervención norteamericana y lo decía de una forma clara como no se oía en ningún otro medio de comunicación. Nosotros temblábamos cada vez que le oíamos porque éramos conscientes de que eso podía tener un peaje. En una televisión tan pequeña, en el único informativo tener una voz absolutamente discordante con la intervención americana era muy llamativo. Estoy convencida de que Mariñas sufrió presiones, aunque nunca nos la trasladó. En todo caso, fue un gran ejercicio de libertad. Ahora me he quedado con las ganas de pregúntale a Luis cuánto tuvo que aguantar. Por cierto, que Luis Mariñas consiguió una entrevista con Sadam Hussein que está perdida en los archivos de Telecinco. Yo desde luego no he vuelto a ver las imágenes de algo que ningún otro periodista occidental había conseguido.

¿Se han repetido con mucha frecuencia presiones de ese tipo de los accionistas de una cadena por la información que se estaba dando?

Si te soy sincera, yo nunca las he percibido. He tenido la inmensa suerte de trabajar en medios en los que me he sentido protegida y he trabajado en absoluta libertad. No todos pueden presumir de eso, no sé si es suerte o jefes suficientemente hábiles para parar los golpes, pero ni en Telecinco, ni en Antena 3 ni luego en la Cadena Ser, ni ahora en el Huffington Post he recibido presiones para cambiar una línea, una información o para cambiar una línea editorial. Eso sí, llamadas de atención siempre hay, otra cosa es que lo interpretes como una línea roja que no debes cruzar o das el mensaje por escuchado y punto. He tenido la suerte de nunca tener un enfrentamiento por algo que como periodista creía que se tenía que publicar. Y en Telecinco las pasamos muy duras en la época de La Mirada Crítica. Fue complicada. Por Irak, el Prestige y el Yak.

¿Cómo viviste los atentados del 11-S en directo?

Aún no habíamos empezado los informativos de esa temporada. Yo tampoco lo había hecho con La Mirada Crítica, que comenzaba la semana siguiente. Creo recordar que había unas elecciones gallegas y estábamos pensando en ir a grabar el programa desde allí. Me enteré del ataque cuando volvía a mi casa, di la vuelta y regresé a la tele. Al llegar, Angels Barceló estaba sentada en un estudio provisional, todavía no habíamos estrenado el set nuevo. Había enlazado el final del informativo con las primeras noticias. Llegué, me senté a su lado, me dieron cuatro retoques de maquillaje y así transcurrió la tarde, con invitados y llamadas en directo, y también con esa sensación angustiosa, de vacío, de no saber qué está ocurriendo ni lo que estás contando. Había información muy confusa, las torres podían haberse caído por el avión, o por una carga explosiva, no sabíamos. Y como periodista tienes la responsabilidad de no dar información falsa, pero no tienes los medios para contrastarlo.

En un documental sobre ese día dijiste que estuviste no sé cuántas horas sin ir al baño.

No había manera de levantarse, era información permanente. Pero te digo una cosa, cuando estás en directo y tienes una descarga de adrenalina potente se te quitan los resfriados, puedes estar moqueando hasta un minuto antes, pero en el momento en que se enciende la luz y la cámara no vuelves a toser o moquear hasta que acaba. Y si tienes ganas de ir al baño, te olvidas, sencillamente.

En 2003 te cortaron un informativo para dar el resumen de Gran Hermano. A los personajes de este programa y del cotilleo de Telecinco los calificaste de «castigo divino».

En su momento lo definí como chapapote rosa porque era una locura. Fue cuando los programas del corazón y todo lo que iba alrededor invadieron la parrilla. En informativos nos sentíamos como en un acordeón y desde entonces han ido reduciendo mucho espacio. Para un periodista es tremendamente doloroso tener que renunciar a una parte de contenidos que tú crees que son relevantes para los ciudadanos para dar un resumen de Gran Hermano. Nunca lo he entendido, nunca lo entenderé. Supongo que las presiones comerciales serán tremendas, pero sigo pensando que la columna vertebral de una cadena de televisión son sus informativos. Igual que hay estrategias que a corto plazo pueden funcionar muy bien, a largo plazo unos informativos potentes son imprescindibles y siempre fidelizan.

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En la segunda legislatura de Aznar, Telecinco fue un referente de periodismo independiente ¿Qué presiones hubo?

Lo mágico fue que como profesionales no recibimos las presiones. Las paraba Juan Pedro Valentín con una elegancia que nos permitió a todos desarrollar nuestro trabajo. Yo desde luego lo hice así en La Mirada Crítica. No dábamos crédito a lo que veíamos en Televisión Española, ni a lo que nos contaban los compañeros que teníamos allí. Aquellos planos que sacaban buscando zonas de playa donde no se viera el chapapote, periodistas diciendo que todo estaba fenomenal y que en el pueblo estaban satisfechos y felices porque rápidamente se había organizado la limpieza de las playas, es decir, cosas que eran abiertamente mentira. Afortunadamente, tuvimos la ocasión de contar no solo lo que estaba ocurriendo, sino de poner de manifiesto la gran mentira que se estaba transmitiendo desde los informativos de Televisión Española. Era la época de Urdaci y vivían con una manipulación como yo no he visto antes ni después. No hacía falta más que ver los informativos, pero es que nuestros compañeros allí nos lo contaban llorando por las esquinas. Las presiones a nuestro director en aquel momento le costaron muchos quebraderos de cabeza, pero no se llegaron a trasladar a los profesionales.

Fichaste a Nacho Escolar antes de que fuera «Nacho Escolar».

Le conocí en torno a 1998, en una cena. La recuerdo porque fue la primera vez que alguien me habló de internet como herramienta para buscar y completar información. Me pareció fascinante y le pedí que se incorporara al informativo de la noche en Telecinco, que yo dirigía y presentaba, y creamos una sección que se llamaba El Navegante. Cada noche elaboraba una pieza de actualidad husmeando en la web. Debió de ser la primera vez que internet tomó forma en un informativo. Después de eso se quedó en la incipiente web de Telecinco e hizo un gran trabajo.

En La Mirada Critica te convertiste en una «líder de opinión», desde entonces vas a tertulias, opinas…

No acepto ese rol, lo rechazo completamente. Ni lo soy ahora ni lo fui entonces. Tuve la inmensa fortuna de dirigir un programa en el que además pudimos introducir muchísimos cambios. Muchas firmas, también llevé a escritores, voces diferentes, médicos, científicos o los trabajadores de Sintel, que estaban acampados en la Castellana y ese fue uno de los programas más vistos. Con esta pluralidad el programa tuvo un sabor, un look, absolutamente diferente a lo que se había visto hasta entonces.

Con un equipo muy reducido.

Francamente, era pequeño, pero los equipos de la mañana nunca han estado especialmente bien nutridos.

¿Cómo viviste el 11M?

Estaba en La Mirada Crítica, ya habían estallado los trenes. El matinal dio las primeras informaciones y luego lo cogimos nosotros. Lo recuerdo con auténtico horror. Fue un verdadero horror. Horrible. Lo mismo del 11S con el agravante de la cercanía, que había ocurrido a metros de donde estábamos. Y que era un ataque a gente que va a trabajar en un tren, la mayor infamia que se te puede pasar por la cabeza. Pensamos al principio que era ETA, en los primeros compases no teníamos duda porque tampoco teníamos otro esquema de algo similar en España. Al mismo tiempo era extraño, ETA tampoco había atacado de una manera tan indiscriminada, salvo en Hipercor, pero no fue exactamente lo mismo. Colocar mochilas en los trenes… era todo muy confuso. Cuando salíamos del directo fue cuando empezamos a recibir información de que no estaba clara la autoría. Fueron unas jornadas tremendas, intensas, de muchísima responsabilidad, profesional también, a la hora de ver qué decías, qué estaba contrastado y qué no. Pero di gracias de estar en la cadena en la que podíamos discutir, debatir, plantearnos qué estaba ocurriendo sin el tremendo corsé que tuvieron otros colegas y compañeros como los de la televisión pública.

Carme Chaparro nos dijo que Aznar llamó a Telecinco en persona.

Creo que habló con los directores de todos los medios de comunicación. Yo era directora de un programa y lógicamente conmigo no habló, pero creo que sí llamó.

Cuando hacías tus entrevistas preguntabas lo que había que preguntar, pero no repreguntabas o insistías mucho si no te convencía la respuesta. Algo que después de la crisis de 2008 parece que lo exige el espectador.

He hecho siempre las preguntas que quería hacer y he repreguntado cuando lo he visto necesario. Creo que hay un límite y eres tú el que lo tienes que poder en cada momento. Tú tienes que decidir qué le quieres sacar al entrevistado y cuáles son las maneras de conseguirlo. Yo logré sacar mucha información de los invitados. Pero cada uno tiene sus propios medios. Preguntar, preguntar y preguntar hasta que alguien conteste unas veces es cojonudo, la mejor fórmula, pero en otras no vale para nada. No percibo que ahora se hagan entrevistas más incisivas, siempre las ha habido. Lo que sí es verdad es que antes no estaban las redes sociales. Y tampoco hay que hacer caso a todo el que dice qué haría si estuviera en tu piel, porque entonces estás muerto. Es imposible contentar a todo el mundo. La gente que está escuchando, cada uno tiene su pregunta. Tienes que ser como los seleccionadores de fútbol, que tampoco pueden hacer caso a cada español.

Dijiste que los políticos más incómodos son los que solo repiten consignas.

Ahí es donde me siento más frustrada como profesional, cuando eres incapaz de arrancar algo más del argumentario a un político. A algunos se les nota mucho, otros son claramente populistas, que retuercen cualquier pregunta o le dan la vuelta para no contestarte. Pero una buena pregunta no es una en la que tú insistes con lo mismo una y otra vez, sino en la que logras que el entrevistado responda. Da igual cómo lo consigas.

Cascos se negó a ir a tu programa.

Nunca fue.

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Háblame de los políticos con los que te has topado.

Los más inteligentes eran los más interesantes y los más peligrosos. Por ejemplo, Alberto Ruiz Gallardón es notoriamente inteligente, no tiene un pelo de tonto, y por tanto como entrevistado era muy complicado, porque daba la vuelta a todas las preguntas y era capaz de contestarte una cosa y la contraria sin que pareciera que había una ruptura en su línea argumental. Una vez le pregunté si le gustaban los políticos como Giuliani, entonces alcalde de Nueva York, que había estado a pie de escombros tras el 11S, y me dijo que sí, que había que estar con la gente cuando lo pasa mal. Luego le pregunté qué opinaba de Aznar, que ni se había acercado a las costas gallegas. Y con la misma soltura me respondió que un político puede ser más eficaz trabajando desde su despacho [risas]. Otra era Esperanza Aguirre, que continúa siendo igual a como era entonces, muy tramposa con las respuestas. Exactamente capaz de defender una cosa un día y la contraria al siguiente.

¿Zapatero era de los que tiraba de argumentario?

Era un tipo interesante que al menos traía conceptos nuevos a la discusión política. Teníamos dudas entonces de si estaba preparado porque llegó a la secretaría general por sorpresa, contra pronóstico, nadie daba un duro por él. Te recuerdo que el gobierno de Aznar era muy fuerte, con mayoría absoluta, y Zapatero era una incógnita. No fue un mal entrevistado, se enrollaba mucho, eso sí, pero como tantos otros.

¿Podemos y Ciudadanos traen algo nuevo en este aspecto?

Yo sigo escuchando consignas sin parar. Por eso el político que es capaz de romper la imagen y la sensación de que está trasladando consignas tiene un plus de reconocimiento. Porque ese soniquete continuo del argumentario resulta tremendamente cansino. Lo que están haciendo muy bien los nuevos, Podemos, y los novísimos, Ciudadanos, es su capacidad para interactuar con los periodistas en un terreno en el que hasta ahora los políticos nunca habían querido estar, las tertulias. Antes nunca querían aparecer ahí y si ahora van es mérito de Pablo Iglesias. Se ha roto el statu quo de «yo voy pero solo hablamos de mi libro y de estos temas no preguntas». Pactarlas. Aunque ya hemos visto a Podemos en una ocasión decir «habíamos quedado que no íbamos a hablar de Venezuela». A medida que van entrando en el juego y el juego es más poderoso y más sucio, pues… De todas formas, Podemos ha logrado que los demás partidos hayan buscado caras nuevas para medirse a ellos en las tertulias. Este es un fenómeno sin precedentes. Nunca hemos visto un sábado en prime time dos cadenas con contenido político y de actualidad. Es realmente insólito.

¿No se grita mucho?

Sí que hay mucho ruido y, además, me da la impresión de que a medida que nos acercamos a las elecciones sube el nivel de ruido y de codazos para ver quién puede hablar o ha pedido antes la palabra. No tienen la naturalidad que tiene que tener una tertulia para que eso no se convierta en un ruido insoportable, pero sí que creo que tienen un valor, sin ninguna duda. En las elecciones del 96 hicimos varios programas especiales de política, y quisimos llevar a prime time que ETA había asesinado a Tomás y Valiente y nos destrozó un programa de La 1, Hostal Royal Manzanares. Nos machacó. Entonces era inviable, frente al entretenimiento no teníamos nada que hacer. Y este es un termómetro apasionante para ver cómo está cambiando este país.

No fuiste a la fiesta de aniversario de Antena 3. Qué te pasó en esa cadena, porque algo no funcionó.

Me invitaron a la fiesta y pusieron una foto mía en uno de los pasillos de Antena 3, donde han colocado retratos de todos los que han participado, y me hizo mucha ilusión porque fui una parte muy pequeña. La experiencia en esta cadena fue interesante y valiosa, pero frustrante en el sentido de que no pude hacer lo que quería hacer, o para lo que fui. Y ya está. De todo se aprende en las experiencias profesionales. Y no fue solo un problema de la cadena, también los espectadores esperaban a otro tipo de persona al frente de las mañanas, alguien que diera otro giro a las entrevistas o las tertulias.

¿Alguien menos progresista?

Lógicamente no sintonizamos bien. Fui a Antena 3 porque creía que podía dar un golpe a la mañana, nunca habían logrado despegar. Pensaba que podía ser potente, mejoramos mucho los datos de audiencia de los programas anteriores, pero no llegamos a ese territorio en el que hubiera podido trabajar con más libertad y tranquilidad y a la cadena le hubiera permitido sentirse cómoda conmigo.

¿Qué le ha pasado a Cintora?

No conozco de primera mano los detalles de su salida del programa, aunque he leído que continúa en Mediaset. La nota de prensa sí me pareció llamativa y muy reveladora, porque no busca excusas: es una enmienda total al tono combativo que había creado Jesús Cintora, un estilo al que hasta ahora solo se había atrevido La Sexta. Pero estamos en tiempo electoral, el Gobierno se pone nervioso porque las encuestas no soplan a su favor y sacan la artillería… Y parece que Cuatro no ha aguantado el pulso. Me temo lo peor: que la guerra del Gobierno contra las voces más incómodas no ha hecho más que empezar.

En una ocasión dijiste que el público antes de la crisis quería informativos cada vez más light.

Ahora ha cambiado, pero durante unos años asistimos a una banalización de los espacios informativos sin precedentes. En las dos cadenas comerciales, Telecinco y Antena 3, clarísimamente.

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En una ponencia tuya en la universidad dijiste que en los informativos se daban órdenes de que no salieran gordos en las imágenes de playas.

En mi época no, pero sé que eso existe. Tampoco te voy a dar nombres concretos, pero si zapeas no es muy difícil de detectar. Los informativos se han ido infantilizando y banalizando, te dan un caramelito fácil de digerir con mucho dulce y poco ácido. Aunque también hay crímenes e imágenes terribles, te funciona muy bien el cóctel de que ha llegado la Semana Santa, hace calor y la gente se va a la playa, ofreces chicas con buenas tetas y no sacas gordos.

Sabía que se pedían chicas en top-less, por ejemplo, pero prohibir gordos…

Hombre, no hay una circular. Se buscan imágenes de estilo publicitario. No es que se prohíban los gordos expresamente, pero al fin y al cabo es lo mismo. Exactamente lo mismo, ¿no?

¿Y en la radio qué tal?

Un programa, solo con el micro delante, con todo el potencial de la SER, viniendo de la televisión… eso fue toda una liberación. Te permite llegar más lejos. Y no dependes como en la tele de las conexiones del satélite, de si un invitado está o no de cuerpo presente.

Más adelante publicas otra vez en El País un reportaje escrito sobre Camboya, «Un país sin viejos». Te envió allí una ONG. Me llama la atención este dato que destacas de que en el Museo del Genocidio había un cartel que ponía «Prohibido reírse».

Ese cartel ahora mismo ha quedado anticuado, ahora debería ser «Prohibido hacerse un selfie». Es como si vas a Auschwitz y empiezas a descojonarte en la foto como la que se hizo esta chica que se convirtió en viral por lo desgraciado de la sonrisa y del momento. Posiblemente ahora en Camboya, si no lo han hecho, tendrán que poner el cartel de cuidadito con los selfies. Ese lugar transmite lo peor a lo que llega la condición humana. Posiblemente, después del nazi, el genocidio de los jemeres rojos es el único equiparable en la dureza, crueldad, locura, insania y las cicatrices que dejó en un pueblo. Viajé invitada por Marie Claire porque tienen un proyecto de escuela para niñas. La directora, Joana Bonet, me lo propuso. Fuimos con Pepa Bueno y la fotógrafa Ana Nance. Nos quedamos unos días más para conocer mejor toda la zona y de ahí surgió ese reportaje que a los colegas de El País les pareció interesante. Especialmente por las fotos de Ana, que eran excelentes.

En Soitu te hicieron una entrevista al llegar y te preguntaron si no erais ya mayorcitas para ir por ahí «haciendo de Madonna».

Era en tono distendido. La periodista era Ana Cañil, que ahora es colaboradora nuestra y le tengo mucho aprecio, lo que pasa es que no se corta en absoluto a la hora de hacer preguntas. Pero siempre hay esas críticas respecto a si personas conocidas están haciendo el tonto cuando apoyan alguna causa. Eso está superado. Cualquiera que pueda aportar algo dando visibilidad a un problema, en este caso el de las niñas, bienvenido sea. Al menos yo creo que mejor invertido no pudo estar mi tiempo.

¿Visitaste la industria textil?

No tuvimos ocasión. Fuimos a los barrios. Nuestra visita tenía como principal interés entender la importancia de que en un país como Camboya las niñas tengan derecho a la educación, que allí supone que no estén en la calle prostituyéndose o que no estén trabajando desde muy pequeñas en un taller o en una fábrica. Cuando Pepa Bueno y yo preguntábamos a las crías qué querían ser de mayor no te hablaban de grandes profesiones, te decían que querían ir a un taller textil. Para muchas de ellas trabajar en un taller, no necesariamente en condiciones de semiesclavitud como hay algunos, es su única posibilidad de salir de una pobreza aún mayor. Por eso es muy curioso entender de qué manera funcionan estas pequeñas iniciativas, en este caso privadas, como la de la ONG de Marie Claire, que lo que hacen es dar a familias que de otra manera estarían empleando a su hija la posibilidad de que esa niña estudie. Y lo hacen incluso proporcionándoles alimento a esas familias para que ellas no tengan que trabajar o cuidar de los hermanos.

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El año pasado hubo unas protestas en Camboya de chicas trabajadoras del sector textil que pedían sueldos de ciento setenta y siete dólares, las #WeNeed177; en sus pancartas aparecía el logotipo de Zara, entre otros. Hace un par de semanas publicaba la prensa que Amancio Ortega se había embolsado este año 970 millones de euros en dividendos.

No te voy a descubrir quién es Piketty y el trabajo tan espectacular qué ha hecho con El capital en el siglo XXI y cómo ha acertado a la hora de subrayar algo que ya venían varios economistas y sociólogos alertando. La desigualdad máxima hacia la que estamos avanzando nos está enviando de vuelta al siglo XIX. Lo vemos en los sueldos de grandes directivos, pero fundamentalmente en que esas industrias o empresas no dejan en esos países los beneficios sociales que podrían, los beneficios no revierten. Aunque cada vez hay más responsabilidad social. El coste para la imagen de la empresa de un documental como el que ha aparecido ahora de H&M, sobre las condiciones en que trabajaban las jóvenes camboyanas, es tan brutal que me consta que están tomando medidas para evitar estas situaciones en las que se les cae la cara de vergüenza.

«He trabajado en grandes medios y conozco la tensión permanente por el peso de la publicidad», dijiste en un encuentro con estudiantes.

No es descubrir la pólvora. Haberlas haylas. Yo de momento no he tenido que retirar una información, ni plantearme darle una vuelta para que sea más amable. Creo que las empresas saben cuáles son los límites de cada uno. Sabemos que no meten publicidad en un medio que sea especialmente combativo y sabemos que hay pequeños medios que ponen eso como arma, o me pones publicidad o publico información contra tu marca. Hay sablazos en ambos sentidos. Afortunadamente, en el medio que yo dirijo, de momento, respetan el territorio en el que nos movemos.

El Huffington ganó el Pulitzer reuniendo los relatos de los veteranos de guerra.

Para que luego digan que en el medio digital no es posible hacer buen periodismo. El periodista que lo ganó es David Wood. En Estados Unidos los veteranos, todos los que han pasado por distintas guerras, son muchos, tantos como un país entero, y sufren no solo el trauma posterior sino una complicada reinserción social. Es un tema también muy sensible; Philip Roth ha escrito sobre ello de forma prodigiosa en La mancha humana. Están fuera de la sociedad, que les quiere reconocer, el cine y la literatura glosan sus vivencias, pero luego realmente no encuentran un sitio.

Esperanza Aguirre te dijo en televisión que el Huffington parecía el PSOE «lanzado».

No lo sé, pero se lo agradecí mucho porque cualquier tipo de promoción nos viene bien. Somos un medio abiertamente progresista, entiendo que a Esperanza Aguirre no le guste, aunque eso no significa ni mucho menos que seamos el PSOE. Para nada. La prueba es que le sacudimos cuando nos parece que lo merece igual que a otro partido político.

Has comentado que antes del 25 de mayo, de las elecciones europeas, notasteis que algo grande se estaba cociendo en torno a Podemos por el tráfico que os daban en las estadísticas todas las noticias sobre ellos.

Todo lo que publicábamos de Pablo Iglesias se situaba inmediatamente entre lo más visto. Internet arrastra muy mala fama de que solo se ven gatitos, pero si cribas un poco las chorradiñas en las que todo el mundo pica y te fijas en lo más visto, te encuentras con lecciones muy curiosas. Una de ellas fue detectar cómo Podemos estaba desarrollando un interés, una fuerza y un peso específico antes de esas elecciones. Lo mismo que estamos viendo ahora con Ciudadanos.

¿Esto echa por tierra la teoría de que a Podemos lo han creado los medios, La Sexta concretamente?

Ellos son los primeros en reconocer que un escaparate como La Sexta les ha ayudado a transmitir su mensaje político, pero esto no es inventar la pólvora. No están prefabricados, llevaban mucho tiempo trabajando en un movimiento social y político que ha cristalizado en un partido en un momento dado, podría haberlo hecho antes o después. Es lo mismo que Ciudadanos, hay quien cree que lo han manufacturado las élites y los medios, que creen que para contrarrestar el efecto Podemos se puede crear el efecto Ciudadanos. Estos también se equivocan. No es verdad. Hay grupos de ciudadanos que se sienten huérfanos porque no quieren votar al PP y han encontrado en este partido la respuesta a sus plegarias. Te gustará más o menos, pero no está prefabricado. Otra cosa es que les estén haciendo la ola desde lugares muy diversos. Eso sí que es interesante, quiénes les están jaleando y por qué, pero tampoco son un producto manufacturado.

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Los blogs son la «columna vertebral» del Huffington, en tus propias palabras, y no son remunerados. Esto os ha granjeado múltiples críticas. En el blog El Descodificador te decían que con esa estructura se daba un paso más hacia una prensa integrada únicamente por jefes y accionistas.

En el Huffington Post trabajamos en torno a veinte personas, somos un medio muy pequeño. Trece de ellas están en plantilla y el resto son colaboradores. Es una fórmula muy similar a la que tienen muchos medios de comunicación en los que están muchos blogueros que se han cansado de insultarnos. Es la fórmula con la que llevan coexistiendo los medios desde hace mucho tiempo. Lo que es nuevo es que a los blogs y los blogueros, que no vienen necesariamente del mundo del periodismo, en el Huffington se les da hueco y voz. Eso hemos hecho y estoy orgullosa. Y no es periodismo, es comunicación. No tiene nada que ver con el periodismo, un trabajo que hacemos nosotros. Las columnas de los blogueros, ya sea un estudiante que escribe de lo que le apasiona, o un científico que se ha tenido que exiliar, o un escritor que acaba de publicar su primer libro, no son periodismo, son espacios de opinión. No entiendo esa agresividad de los periodistas que se sentían amenazados por que estas personas que no son periodistas sean capaces de escribir bien, cosas interesantes y que se publiquen. No entiendo esa actitud.

Igual es una cuestión semántica. Colaborador voluntario es equivalente a trabajador no remunerado. Y visibilidad es igual a cero euros.

Lo que se confunde es blog con periodismo y eso no es verdad. En los blogs no solamente escriben periodistas. Además, los periodistas hemos dejado de tener la llave de decidir qué se publica y que no. Ahora hay gente que escribe muy bien, que se gana la vida de otra manera, y quiere llegar a más gente. Nosotros ponemos a su disposición un blog porque lo que escriben nos parece relevante. ¿Es periodismo? Es posible a veces, pero no buscamos mano de obra no remunerada. Lo que buscamos es dar voz a gente que ocupa un lugar que antes solo ocupaban los periodistas.

Dijiste al empezar el proyecto que seguro que muchos de estos colaboradores gratuitos lograrían irse a otros medios que los contratarían gracias a la visibilidad que les iba a dar escribir en el Huffington. ¿Cuántos ha habido?

Ahora mismo estoy escribiendo una reseña para un libro que acaba de escribir uno de nuestros blogueros; un libro basado en las recetas que publica en su blog del Huffington. Es «El cocinero indignado», hace una especie de cuadro de la actualidad política y propone una receta según sea la situación. Escribe bien y con una fórmula muy divertida. Nos pidió el espacio hace más de un año y ahora va a sacar un libro. También nuestro pediatra, que tenía un blog muy divertido, pero que conocían solamente algunos padres de la zona de Paracuellos de Madrid. Empezó uno con nosotros y ahora ha publicado un libro. ¿Le quita el pan a un periodista? No. Y aquí también hay periodistas. Nunca sabes la situación de cada uno es un mundo. Puedes haberte ido fuera, a otro lugar, pretendes mantener la conexión con España y por eso escribes un blog. ¿Quién eres para juzgarlo?

Dijiste que había un intento de desprestigio de otros medios que tampoco pagan.

Hay una hipocresía. No es que te diga ejemplos, es que no sé decir ejemplos donde no haya blogs que no se pagan. Si lo hacemos nosotros está mal y si lo hacen otros medios no se les critica.

En los blogs, abajo, pone © 2015 PRISA.

En las condiciones que mandamos a los blogueros pone que pueden hacer con lo que publiquen lo que quieran. A veces salen en otros medios, periódicos regionales, por ejemplo. Ellos son propietarios de ese contenido y pueden moverlo como quieran. Es un quid pro quo.

No hay un índice de todos los blogs, no puedo verlos todos de golpe. Pero en las actualizaciones del jueves 19 y el viernes 20 y me encontré con ochenta blogs hechos por hombres y treinta y seis por mujeres. Íñigo Errejón, que también tenía proporciones similares en Podemos en las secretarías generales regionales, nos dijo en el JD#10 que se debía a que las mujeres les costaba dar un paso adelante, aunque estuvieran mucho más preparadas que hombres.

En el Huffington el porcentaje sería ideal que fuese un cincuenta por cincuenta, pero me gustaría verlo comparado con otros medios. Creo que el Huffington es uno de los lugares donde escriben más mujeres.

Pero eso que dice Errejón lo he vivido como directora de programas, había mujeres tremendamente válidas que no quieren salir. Hubo una época en la que a las mujeres las tenías que buscar con lupa. Había una resistencia pasiva. A colegas muy buenas les decía que se vinieran a la tertulia y no querían. Quizá es porque siempre hemos tenido pocas referencias y una tendencia a no valorar nuestras propias capacidades, a no destacar, eso de ¡no te signifiques! que no sé en qué parte de nuestra educación lo hemos absorbido. Es una lacra que he sentido en mí misma y la he visto en compañeras muy valiosas que no tenían nada menos que los colegas masculinos que estaban sentados al lado. Se notaba a la hora de dar el paso adelante, cuando te expones más a la hora de, por ejemplo, salir a decir qué te han parecido unas elecciones, valorar y tal.

Pero creo que eso afortunadamente ha cambiado. Ahora hay muchas más mujeres y ese es un gran valor porque son referentes para las que vienen detrás, les facilita el camino. A que otras digan que si una lo hace por qué ellas no. Por eso es importante la visibilidad de la mujer en puestos de dirección, en mesas de tertulia, como opinadoras y divulgadoras, porque anima a otras a dar el paso. No ha sido fácil para las mujeres nunca en ningún sitio, pero Francia por ejemplo siempre ha tenido mujeres en la prensa. Además, mujeres mayores, no solo chicas jóvenes al frente de los informativos. Empezando por Anne Sinclair, directora del Huffington francés y que dirigió un programa que fue líder en la televisión francesa. Fuera de nuestras fronteras ha habido más respeto a las mujeres.

Montserrat Domínguez para Jot down 7

Fotografía: Guadalupe de la Vallina


Màxim Huerta: «La auténtica basura no está en la televisión, sino en internet»

Es puntual, en eso se le nota el oficio. Y se inclina por la sintaxis precisa, en eso también se le nota. Màxim Huerta (Utiel, Valencia, 1971) sale a diario en la televisión pero, cuando le pedimos que ordene él mismo las etiquetas, pone primero la de escritor. Ha publicado cuatro novelas, la última galardonada con el Primavera de novela 2014, además de en prensa, teatro y cine. La tele, dice, «no son más que cinco minutos al día». Y así, de cinco minutos en cinco minutos, lleva dieciocho años haciéndola. Nos sentamos con él a hablar de eso mismo, de televisión, pero también de Ana María Matute y Woody Allen, de manipulación informativa y del método infalible para no pasar de moda: no estar previamente de moda.

Periodista, escritor o presentador. Elige.

¿Cuál prefieres tú? Diga lo que diga vas a poner presentador.

Yo pondría presentador y escritor.

Yo escritor y presentador.

Entonces la primera pregunta es para el escritor: ¿es cierto que te has leído todo, absolutamente todo, de Ana María Matute?

Me lo he leído todo y además varias veces. En general leo mucho. Es que soy hijo único, de niño no tenía más remedio que leer. En casa siempre me han regalado libros, sobre todo mi madre. He leído mucho por parte de madre (ríe). Y a Matute mucho. Las aristas de sus universos coincidían con las de los míos, digámoslo así.

Hablemos de esas aristas.

Huy, no. De las aristas de uno se habla en la consulta del psicólogo.

Hablemos de Matute, entonces.

Para mí fue una gozada que el Primavera me lo diera ella. Ese fue el premio, conocerla. Todas las tardes que me pegué con ella de vinos, hablando primero de su novela inacabada, luego sobre sus vértigos y al final sobre Errol Flynn y Ava Gardner. Ese fue el verdadero regalo.

¿Ya podemos ver algo suyo en tu primera novela, Que sea la última vez que me llamas reina de la tele?

Algo habrá, aunque en realidad no la considero mi primera novela. Para mí, mi primera novela es más bien la segunda.

¿Y eso?

Que sea la última vez… es una novela que hice por divertimento. Ya escribía, pero de pronto no me apetecía escribir, sino jugar y divertirme. Tiene mucho que ver con la época profesional que atravesaba. ¿Sabes cuando ves las fallas por detrás, que no son más que andamios feísimos? Con la tele ocurre un poco lo mismo. Aquella fue la época en la que me di cuenta de eso, de que la magia de la tele no existe. En el borrador, la novela se llamaba algo así como Amarga victoria, pero creo que en el título definitivo se nota la influencia de Dunia Ayaso y Félix Sabroso, a quienes quiero, porque ponían títulos muy largos. Seguramente ahora no le pondría ese título.

Simplemente con ojear el libro…

¿Ojear con hache o sin hache?

Ojear sin hache.

Vale, entonces sí. Prosigue (ríe).

Simplemente con ojear el libro se ve un poco de Garras de Astracán, de Terenci Moix, y un poco de la primera Maruja Torres, en particular de ¡Oh, es él! ¿He acertado?

Sí, de hecho me he divertido un montón con Terenci. Recuerdo cuando decía «hay un chico por las noches que me encanta, lo veo en la tele porque me excita» (ríe). Y recuerdo una noche en la que Boris (Izaguirre) me llamó y me dijo que le diese una sorpresa, cosa que hice. Se murió a la semana siguiente, pobre. Me he leído todo de Terenci y supongo que el libro es heredero de eso como lo es de Bridget Jones y en fin, de muchos libros. De cualquier divertimento literario, libros sin fundamento para quien tiene ganas de reírse. Incluso de los que no te acabas de leer, fíjate.

Inciso necesario: ¿cuál es el último libro que no has acabado de leer?

Te lo digo: Así empieza lo malo, de Javier Marías.

Volviendo a la novela, imagino que acabarías harto de desmentir…

… que Ana Rosa (Quintana) sea la protagonista.

Sí.

Pues sí, acabé harto. Es otra cosa que hoy no haría, escribir algo que dé pie a ese tipo de comparaciones. Si fuera el caso, todavía, pero no lo era. Además, creó tensiones innecesarias entre ella y yo.

Después de Que sea la última vez… vinieron El susurro de la caracola, Una tienda en París y La noche soñada, premio Primavera. Uno cada dos años, aproximadamente. ¿Cómo se escribe libros con tanta frecuencia?

Siendo muy alemán. Escribo todas las tardes, después de comer y de quedarme algo traspuesto (ríe). Escribo, corrijo, borro, releo… Pero hago algo todos los días. No es un ritmo tan frenético, ¿eh? Creo que Kafka hizo La Metamorfosis en dieciocho días o algo así. E Isabel Allende hace uno todos los años y, si no le gusta, no lo publica. Además, en la tele no invierto tanto tiempo. Soy como Victoria Abril, me pagan más por esperar que por actuar. Desde que estoy allí hasta que me toca entrar voy con mi libretita apuntándome cosas y pensando, que al final es un poco aprovechar la cama de otro para follar.

¿Crees que hay quien no te lee por salir en la tele?

Sí, seguramente.

¿Y quien te lee por salir en la tele? Porque habrá un poco de las dos cosas.

Hace dos años estuve firmando en Sant Jordi junto a un autor muy conocido, no diré quién, y antes de empezar me dijo: «Joder, qué tarde de marujas me vas a dar». Yo me callé, muy prudente. A lo largo de la tarde yo firmé mucho y nadie venía por la televisión, la mayoría me conocía como autor y por las redes sociales. Y cuando acabamos me dijo: «Te invito a un gin tonic». Le pregunté por qué y me respondió: «Porque quiero pedirte disculpas».

En redes tienes muchos seguidores, de eso me he dado cuenta documentando esta entrevista. Y es cierto que los comentarios que recibes son para el autor, no para el presentador. Me parece muy curioso.

A mí es algo que me sorprende. Hace poco estuve en París y saqué un montón de fotos, pero estuve solo el fin de semana y volví. Luego he ido colgando fotos en Instagram y la gente que lo sigue hace comentarios del tipo «a ver si vuelves ya». Piensan que sigo en París, ninguno ha puesto la tele por la mañana y ha visto que no, que estoy en España y saliendo por la tele. Y mira que, además, opino mucho y digo cosas sobre política y critico a políticos y ese tipo de cosas, pero luego en Twitter la gente me habla de los libros, no de la tele.

¿Qué fue lo primero que hiciste? ¿Radio?

No, prensa. Prensa en mi pueblo.

¿En Utiel?

Utiel y Buñol, sobre todo Buñol. Nadie me dio ninguna beca y ni ninguna oportunidad al principio, pero afortunadamente soy de pueblo y pude empezar por ahí, poco a poco. Estuve también en la radio de mi pueblo y luego en prensa comarcal. Acabé llevando veintiséis pueblos, imagínate. Veintiséis pueblos en el año 1993.

¿Y de ahí a la tele?

No. Antes estuve en Valencia como redactor jefe en un semanario de política, pero me quedé en paro. De ahí pasé a Canal Nou como reportero y porque mentí en el currículum, puse que hablaba con fluidez más idiomas de los que hablaba con fluidez y lo pagué más tarde, cuando me mandaron a Francia como enviado especial (ríe). Lo de presentar llegó por azar. Alguien dijo «el chico este que hace los directos, que baje a plató». Me cortaron el pelo, me dejaron aspecto de buen chico y ahí me quedé.

Primero en Metropolità y luego en el Informatiu de última hora, si no me equivoco. ¿Tienes buenos recuerdos de tu época en Canal Nou?

Personales sí.

¿Y de los otros?

Bueno, también. Fue la época en la que perdí todos los miedos. Aprendí a hacer noticias, a hacer directos… Y también aprendí a ver cómo se manipulaba.

A eso vamos. Antes de consumarse el cierre de Canal Nou hace un año, en noviembre de 2013, la cadena batió todos sus récords de audiencia emitiendo espacios de denuncia en los que algunos trabajadores explicaban detalladamente el control político al que venían siendo sometidos.

Tarde. Llegaron tarde. La dignidad no sirve de nada cuando no hay nada que perder. Admiro a los compañeros, sé que tienen que pagar sus hipotecas, y el medio se cerró por culpa de la gestión, que nunca es culpa de los periodistas. Pero a nosotros también nos toca entonar el mea culpa por haber callado.

Es un debate muy viejo. La manipulación tiene lugar con la participación necesaria de los periodistas de base.

Por eso hay que salir y negarse a hacer algo. En su momento, yo me negué y me apartaron como presentador.

¿A qué te negaste?

No lo he contado nunca en prensa, pero bueno. En una ocasión, durante una campaña electoral, me encerraron en un despacho a minutar el discurso que estaba dando Antoni Asunción, entonces candidato del Partit Socialista del País Valencià, en un mitin. El objetivo era pasárselo al momento a Eduardo Zaplana, que en esos momentos estaba a punto de salir en televisión, y que así supiese qué estaba diciendo Asunción para poder replicarle en directo. Y me negué.

¿Te lo plantearon así, tan a las claras?

No, pero hombre… Encerrado en una pecera de cristal, a puerta cerrada… «Luego nos lo das, ¿eh? Es para el informativo, para tenerlo yo». Era joven, pero tampoco era imbécil. Y los que dirigían Canal Nou muy listos no eran.

Desde luego. O no habría cerrado.

En todo caso, el cierre de Canal Nou no fue responsabilidad de los redactores, que no se nos olvide. No puedes culpar a los periodistas si se contrata a más personal de la cuenta. La culpa que tienen es la de ser la voz de su amo. Empezando por mí, que también tendré mi parte.

Ese es otro debate también muy viejo. Tú eras presentador de noticiarios, eso que a veces llamamos «busto parlante», y cuando hablamos de tele y manipulación nunca está muy claro hasta qué punto se debe responsabilizar a los presentadores, a aquellos que ponen voz y cara, pero nada más.

Depende. Hay cadenas en las que sí, el presentador simplemente se maquilla y habla, porque tiene una buena voz y o porque tiene credibilidad y es lo que quieren de él. Era el caso de Olga Viza o de Rosa María Mateo, que no escribían pero tenían una credibilidad brutal, algo admirable. En mi caso, cuando era presentador de informativos me hacían escribir y editar mis entradillas. En mi caso y en mi época, porque en Telecinco ocurría con todos. También Àngels Barceló, Juanra Lucas, Juan Pedro Valentín y Montse Domínguez se redactaban y editaban sus propias entradillas. Así que muy bustos parlantes no éramos. Yo no lo he sido nunca.

Imagino que eso se nota a la hora de improvisar.

Para mí, en informativos ocurría como en el sexo: lo más divertido llega cuando se rompe la rutina, cuando pasa algo. Cuando se hunde el submarino Kursk o cuando se muere Arafat es cuando de pronto se ve si el presentador es también periodista.

Y la mera resistencia física. Me quiero acordar de aquel directo de ocho horas que hizo Matías Prats durante el 11S.

A mí me pilló también. Estaba con Àngels Barceló.

¿Y cuántas horas estuvisteis haciendo informativos?

Desde las dos de la tarde hasta el informativo de madrugada, que acabó conmigo cerca de las cuatro de la mañana. En directo estuve como unas tres horas por la noche, el informativo de más audiencia que he tenido en mi vida. Un cincuenta y tantos por ciento, algo brutal.

Sigamos repartiendo culpas, que es algo muy sano. ¿No culpas también al espectador por la manipulación en los contenidos políticos?  

Yo nunca he considerado al espectador gilipollas. No creo en ese espectador pasivo que se traga todo lo que le echen. El espectador no es tonto y cuenta con el arma más poderosa, que es zapear. Por eso me gusta que haya muchas teles, muchos informativos, muchos periódicos y muchas radios: porque me gusta pasear por todas. Hasta por las que son absolutamente caverna, también por esas.

Pero no hablo de espectadores tontos, sino espectadores que toleran la manipulación. Algo que el espectador ha normalizado, por ejemplo, son los cambios de caras y las sustituciones en la televisión pública cada vez que se renueva el gobierno, y sin embargo eso mismo ya es sintomático.

Pero el espectador se comporta como los votantes. España ha votando siempre para quitar a otro. Para quitar a González, para quitar a Aznar… Siempre votamos para quitar, nunca por confianza. Nunca. Y eso mismo se acaba trasladando a la televisión. Además, siempre hay quien vota tres veces seguidas al corrupto porque quiere. Igual que hay votantes masoquistas, hay espectadores masoquistas.

Cuando se trata de informar sobre política, ¿hay más libertad en la televisión privada?

Sí. Cuando pasé a Telecinco estuve como seis o siete años en informativos, primero en la Comunidad Valenciana, luego en el Entre hoy y mañana de Telecinco y después en el informativo de la noche, y nunca, nunca tuve una consigna. La única la puse yo, porque pedí no poner deportes ni sucesos, a no ser que fueran noticia.

Te pregunto ahora como miembro que eres de la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión…

Soy miembro pero no sé muy bien para qué. Me apuntaron, o me apunté, en realidad no lo sé ni sé para qué. Recibo muchos e-mails en el buzón del correo, eso sí. Supongo que debe ser algo interesantísimo, pero no voy a ningún acto.

Te pregunto como profesional del ramo, entonces. Más allá de la información, ¿cuál es el primer pecado de la televisión pública española?

El miedo al riesgo. Y a innovar. Hay miedo a hacer productos dignos que, sin embargo, pierdan en la competición por la audiencia. ¿Por qué? La pública debe buscar la calidad, no la audiencia. Ese ha sido, y es, su gran error. Ha querido competir como una frutería más, siendo una privada más, y no lo es. La televisión pública es un servicio público, y un servicio público debería ofrecer buenos productos.

Vuelvo a tu biografía. En 2005, siendo ya una cara conocida en la tele nacional, te pasaste de los informativos a un espacio de mañana, algo que en la época no ocurría demasiado. ¿Te tienes por un pionero?

Huy, no. Después, esto mismo, lo han hecho casi todos.

Sí pero, ¿antes?

Antes lo había hecho Juanra Lucas con un programa que se llamó De buena mañana y Pedro Piqueras, pero nadie se acuerda.

Es que hombres por las mañanas, complicado.

Eso ahora, y no sé por qué. Acuérdate de Hermida, que ha sido un grande de las mañanas, y de Pepe Navarro, que también tuvo un programa matinal.

Entonces, ¿por qué ahora solo vemos mujeres en los magacines?

Porque las teles no tienen imaginación. Cuando una mujer triunfa en un tipo de espacio todos quieren una mujer en ese tipo de espacio; cuando triunfa un programa de debate, todas quieren un programa de debate; cuando hay un programa de concurso que arrasa, todas quieren un programa de concurso. Las teles actúan por imitación.

Al menos concédeme que tu experiencia fue singular, porque no te fuiste a presentar un espacio tú solo. No te fuiste a hacer el programa de Màxim Huerta, sino como colaborador en el programa de otra persona.

Sí, eso es más particular. Pero fui como presentador, o eso pone en el contrato: copresentador (ríe).

Copresentador, sí, pero en un programa que se llama El programa de Ana Rosa.

Sí. Cuando el programa lleva el nombre de la protagonista tú, obviamente, parece que estás siempre a la sombra del ciprés. Y es muy alargada, en su caso (ríe).

Al final el nombre y las siglas, las famosas «AR», son simplemente una marca. Una que, por cierto, ha funcionado muy bien.

Hombre, de entrada llevamos diez años, o sea que vamos funcionando. Y el nombre no es más que por comodidad. De nuevo, acuérdate de Hermida, que todo lo que hacía llevaba su nombre. Y a los redactores les resulta muy útil cuando llaman a los sitios. Se llame como se llame tu programa, al final acabas llamando en nombre del informativo de Piqueras o del programa de Ana Rosa. Personalmente me parece mejor que «El quinto A», «A toda mañana» y todo ese tipo de títulos absurdos que se le acaban poniendo a la mayoría.

¿No te seduce el protagonismo?

Estoy cómodo en un lugar secundario. Mira: estar de moda significa pasar de moda. En la cadena en la que trabajo ocupo un lugar discreto y prefiero que siga siendo así.

En la televisión española los late night van y vienen, los talk shows nunca acaban de arraigar, las sitcoms nunca han sido realmente sitcoms… Y sin embargo este formato, el magacín de mañana, lleva instalado desde la aparición misma de la televisión privada. Después de pasar casi diez años en el gran magacín de la televisión española, ¿a qué factores crees que se debe el éxito del formato?

A que nadie lo ve entero (ríe). Y a que es un programa muy flexible, consigue ir cambiando y por eso no sufre tanto desgaste como otros. El programa que hacemos hoy no tiene nada que ver con el que hacíamos hace cinco años, por ejemplo. Hoy casi todo es tertulia política y debate social y se habla mucho de problemas, de desahucios, de injusticias, etcétera. Casi no hay corazón, aunque en su día sí lo hubo.

¿No crees que en el formato se abusa de la crónica negra?

Hoy se hace mucho suceso, es cierto. Pero es algo que ocurre en todos los programas, en toda la televisión.

Aunque hoy llamemos «telebasura» a la televisión que simplemente no nos gusta, sabrás que el término nació a raíz del tratamiento televisivo de los crímenes de Alcàsser. ¿No temes que este crescendo de la crónica negra lleve al mismo sitio, a que un día alguien pierda el norte y vuelva a hacer alguna burrada?

No, porque el espectador ahora reacciona. Es cierto que se presta más atención que antes a los sucesos, pero también lo es que existen más límites. Yo soy muy crítico con todo esto, de todas formas. No quiero excusarme con que el resto lo haga. Si me preguntas por lo mío, respondo por lo mío.

Tengo que preguntarte. Esta misma mañana, en tu programa, habéis sacado en exclusiva imágenes del colchón en el que presuntamente violaron a las niñas de Ciudad Lineal.

Sí. Con una frase que a mí me ha chirriado: «fíjense en el colchón, ahora volveremos a él». Realmente no era necesaria, no hacía falta. Y luego una redactora ha leído parte de una declaración de una de las víctimas poniendo voz de niña. Te digo lo que ha pasado: Ana Rosa ha dicho en directo «esto es» y yo he contestado: «esto es morboso». Y a la persona responsable se le ha dicho que, por favor, esto ni una sola vez más. Pero con la televisión en directo, y en programas tan largos, ocurren cosas así: te enteras de lo que va a salir cuando sale. Es muy complicado que una sola persona, quien sea, tenga el control sobre absolutamente todo lo que se hace.

En eso te doy la razón. El problema es que el tono, que es algo fruto del trabajo colectivo, se va de las manos. Ocurre también en prensa escrita.

En prensa escrita, por ejemplo, la misma foto es mucho más limpia. Y el texto. Si nos parásemos a leer en alto muchas de las crónicas de prensa que se publican cada día, nos taparíamos los oídos. Pero no me quiero excusar, porque soy el primero al que la sección de hoy le ha chirriado. Insisto en lo que decía antes: si eres consciente de lo que vas a sacar y no te gusta, debes negarte a hacerlo. No ha sido el caso de hoy, pero yo mismo me he negado a sacar cosas en la tele porque no me gustaba no que se dieran, sino cómo se iban a dar. Por eso no tengo complejos a la hora de trabajar en este medio, porque en muchas ocasiones he dicho «yo estoy no lo doy», y no lo doy. Y porque si algo no me gusta, lo digo. Detrás de la cámara y en directo.

Yo celebro más lo segundo. Si lo haces pero llamas la atención sobre la forma en que se hace, estás desactivando el artefacto. Menos es nada.

Exacto. Es que si tú no lo haces lo hará otra persona, pero se hará.

Te pongo un ejemplo extremo: Entre todos, el magacín de Toñi Moreno en Televisión Española. Acabó siendo cancelado después de recibir un aluvión de críticas por hacer un espectáculo con la necesidad. ¿Es el magacín un formato más propenso a este tipo de riesgos?

Ese programa recibió muchas críticas pero lo quitaron porque no tenía audiencia. Si llega a tenerla, aguanta. Cuidado.

Seguramente tienes razón. Estoy pecando de ingenuo. 

Cuestión de audiencia, como siempre. Que también somos muy hipócritas.

Hablando de audiencias: Sálvame. Para muchos, el paradigma mismo de la telebasura, aunque su pecado sea ser intrascendente. ¿No penalizamos demasiado esto mismo, la irrelevancia, al meterla en el mismo saco de la telebasura?

Sí. Y luego nos encanta John Waters, ¿eh? Que luego vamos de listos.

Cuando entrevistamos a Josep Maria Mainat nos decía que «el entretenimiento, el puro entretenimiento, es muy raro que sea telebasura».

Sálvame y los programas como Sálvame son un vodevil, pero en otra época. Cuando no había tele había vodevil, teatro que era cutre, intrascendente. Y había un cine que se dedicaba solo a entretener, a ser un espectáculo, y revistas satíricas que solo hablaban de tonterías. Todo esto es tan viejo como las corralas. Es una forma de voyeurismo, una forma inocente de mirar al otro, solo que ahora se televisa.

Cuando preguntamos a Mainat por la expresión «caja tonta» nos respondió que «la caja no es tonta: es generalista, que no es igual. Y al ser generalista no puede mantener un nivel muy distinto del de la media, que es el que es, nos guste o no». No sé si tú eres tan derrotista.

Hombre, eso tiene muchos ángulos. La caja obviamente no es tonta, porque entonces llamaríamos tontos a los espectadores, que ven programas malos, programas regulares y programas fantásticos. Pero sí, la televisión generalista acaba siendo un reflejo de su país. No creo en esta idea de que la televisión engañe a los espectadores, de que refleje algo irreal: la televisión siempre devuelve un reflejo fiel de lo que está ocurriendo. En épocas de bonanza y de risas hay Un dos tres, y concursos, y en otras hay programas de preguntas porque a la gente le gusta ver personas inteligentes en la pantalla. ¿Eso es basura? Yo creo que no. En mi opinión, hoy la auténtica basura no está en la televisión, sino en internet.

Esta entrevista se va a publicar en internet. No me des titulares así que me deshago.

Pero es verdad. En todo internet. Entras y pones: «polla», «teta», «sexo», «pornografía», «crítica a tal», «escándalo de no sé qué» y ya está, ahí lo tienes. Nadie te lo sirve, eres tú el que lo busca. No lo critico, ojo, pero creo que el auténtico contenido sin desarrollo, barato, la auténtica fast food de contenidos, abunda mucho más en internet.

Estoy de acuerdo pero pienso que internet no es un medio, sino un gran continente. La televisión, por el contrario, es un flujo, algo unidireccional, y eso la convierte más en un medio.

¿Ves? Ya te estás quedando antiguo (ríe). Dentro de cinco años pensarás otra cosa. De cualquier manera, damos demasiada importancia a la televisión.

¿Y no la tiene?

No tanta. ¿Sabes dónde está la gente? En la calle. No está viendo la tele. Cada vez que alguien se da un golpe de pecho y dice «fijaos, hemos conseguido tanta audiencia», luego es un millón. ¡Un millón, y este país tiene cuarenta y siete millones! Y eso en el mejor de los casos. Nosotros tenemos una gran cifra, en torno a los seiscientos mil, pero al final hay que darse cuenta de que son seiscientos mil entre cuarenta y siete millones. Hay cuatro gatos viendo la tele. Cuatro gatos. Se le da demasiada importancia a la televisión. No es más que un electrodoméstico.

Me acabas de dar otro titular.

(Ríe) A lo mejor es una percepción mía, quién sabe. Es que yo no la tengo ni sintonizada. Tengo La Sexta en el canal cuarenta y dos, Telecinco en el veintiuno, y así todos. Y al lado un cartoncito, como mi abuela con los números de teléfono. Pero es lógico: estoy en la tele a las siete de la mañana y llego a casa a las dos, todos los días. ¿Tú crees que me voy a poner a ver la tele?

Podrías, para comentarla por internet, que se hace mucho. Es uno de los fenómenos más raros que nos ha dejado la revolución digital.

La necesidad de comentar la tele por internet viene de que hoy la tele aburre. La gente habla de un programa por Twitter no porque le guste, sino porque le gusta pero también le aburre un poco. Y no me extraña. Hay muy poca imaginación, funciona lo clásico, y mucha gente empieza a estar cansada. Por eso acuden a otros soportes.

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Te voy a hacer elegir entre papá y mamá. Pedro Almodóvar o Woody Allen.

¡Ay! No puedo elegir.

Tienes que elegir.

Pues mira, por el universo y por el punto Berlanga, me quedo con Pedro Almodóvar.

Te repito una pregunta que le hicimos a Berto Romero en la edición impresa de Jot Down. ¿Woody Allen ha vuelto?

Ha recuperado público.

Pero no piensas que haya vuelto.

No.

Romero nos decía que él se lo perdonaba todo a partir de Desmontando a Harry, que «a un señor que nos ha dado tanto, vamos a dejarle envejecer tranquilo».

Allen hoy es la semana fantástica El Corte Inglés. Le salió muy bien Blue Jasmine y todo esto ¿eh? Pero está haciendo películas de semana fantástica, para gustar.

¿Dirías que hay algo de Almodóvar en tus libros?

Lo hay, tanto en El susurro de la caracola como En la noche soñada hay dos escenas que recuerdan al mundo de Pedro. El mundo señoras, el mundo tías, el mundo mortaja, el mundo duelo, todo eso me parece fascinante. A lo mejor es porque mi parte materna es de La Mancha y lo llevo en el ADN.

Y porque son estampas y escenas muy españolas, a fin de cuentas. Por alguna razón le atribuimos la etiqueta de «almodovarianas», pero son algo que todos hemos conocido en cierto grado y que todos podemos comprender.

Es algo verdaderamente español, es verdad. Pero es el único que las retrata, el único que ha mostrado interés por ellas durante toda su carrera. Igual que Lorca puso su foco en un tipo de universo femenino que llamamos «lorquiano», pero que él no se inventó. En realidad, es algo muy español.

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Fotografías: Guadalupe de la Vallina


Carme Chaparro: «Hay Gobiernos que presionan más y otros menos, pero todos llaman a los informativos»

Carme Chaparro para Jot Down 0

Ha sido el rostro de algunas de las noticias más importantes de este país en los últimos quince años. Algunas trágicas, como la injustificable muerte de un compañero, José Couso, en la guerra de Irak; otras, alegrías históricas, como el triunfo de la selección española en el Mundial de Sudáfrica. Carme Chaparro (Salamanca, 1973) puede hablar de cómo se vive en la redacción de un informativo de televisión cuando gobiernan mayorías absolutas, cuando tus compañeros son secuestrados. Es testigo de cómo decreció el interés de los espectadores por la economía en los tiempos de la burbuja cuando rozábamos el pleno empleo, o también de que la crisis ha eclipsado problemas graves que están lejos de resolverse, como la violencia de género. Intentamos a través de su relato conocer de qué manera se ven los informativos de televisión durante tanto tiempo desde el otro lado de la cámara.

Nos recibe en su casa. En la estantería del salón, una foto de su marido, el cámara Bernabé Domínguez, junto a un carro de combate en Oriente Medio. Alrededor, muchos libros desordenados. Confiesa que se acaba de leer Guerra Mundial Z, y que es «excepcional, no tiene nada que ver con la película». Después cita de carrerilla su biografía lectora, empezó con Allende a los catorce años, luego García Márquez, Vargas Llosa, Ian McEwan, Tom Wolfe, Paul Auster… Aunque nos advierte de que si enredamos en los estantes, vamos a terminar preguntándonos «cómo escoge los libros esta loca». Pero nuestro encuentro lo marca la actualidad, no la literatura. Es once de septiembre, la Diada, y ella es catalana y feliz residente en Madrid.

¿Te han preguntado mucho por la Diada?

Al ser catalana y vivir en Madrid es normal que te llamen medios de comunicación y te pregunten tu opinión sobre lo que va a pasar, o no, en unas horas. Yo, como periodista de informativos, considero que mis opiniones —que las tengo, como todo el mundo deben quedarse al margen en determinados temas, pero sí es cierto que este caso lo traslado al ejemplo de una pareja. Si tienes una pareja y no te quiere, déjala. En Europa hay democracias mucho más participativas que la nuestra, como la Suiza, donde hacen referéndums hasta para preguntar si se puede recoger la caca del perro de un parque. Quizá aquí nos haría falta ser un poco más participativos democráticamente. ¿Por qué no se puede preguntar a determinada parte de la población si quiere o no seguir en este matrimonio? Es solo una pregunta. Luego lo que venga a partir de ahí será fruto de negociaciones políticas y ciudadanas, pero no debemos tener miedo a preguntar. Es bueno que la gente se exprese hablando y en las urnas, lo malo es que se exprese de otras maneras.

¿Percibes a veces en Madrid un, digamos, zumbido por el hecho de ser catalana? ¿Has tenido malas experiencias o, por el contrario, no hay ni el más mínimo problema?

Tengo muy buenos amigos y nunca me he sentido maltratada en Madrid, aunque a veces tienes la sensación de que va a rachas. Cuando hubo el boicot a los productos catalanes hace unas cuantas Navidades… El problema es que mucha gente cree que en Cataluña los que hablan catalán y castellano se están pegando por la calle. En mi caso, mi madre es extremeña y mi padre catalán. Con mi padre hablo en catalán y con mi madre en castellano. Cuando estamos los tres, hablo a mi padre en catalán y automáticamente, si miro a mi madre, cambio al castellano, pero sin darme cuenta. Porque en Cataluña se vive así, de manera muy conciliadora, integrada y natural. Otra cosa es que desde la política quieran ensuciar, o desde las tertulias, donde mucha gente que no ha vivido en Cataluña no sabe lo que pasa y habla de oídas para meter barro al asunto.

¿Crees entonces eso que se comenta a veces de que los medios agitan o generan un conflicto donde no lo hay?

Más que por los informativos, creo que el problema viene por las tertulias. Algunas tertulias políticas han copiado la estructura de los espacios del corazón. Ya sabes: pantojistas contra antipantojistas. Ves tertulias en las que están dándose golpes como si todo fuera la España de los dos bandos. Al final, todos opinan de todo y acaban dando esa imagen, como digo, de que estamos pegándonos por la calle, y no es así.

En el informativo del siete de septiembre, cuando Madrid no fue elegida para celebrar unos Juegos Olímpicos, abristeis con una música triste de piano, pero éramos muchos los que estábamos felices de que no nos los dieran. Aunque la famosa encuesta dijera que solo éramos un 9%. El caso es que Àngels Barceló, antigua compañera tuya, ha dicho: «desde la candidatura nos vendían un entusiasmo que contagió a los medios».

Lo que ha ocurrido debería servir para una reflexión en los medios de comunicación. Estoy de acuerdo con Àngels Barceló en que se creó una burbuja en la que prácticamente todos los periodistas de este país, al menos de las redacciones de Madrid, estaban muy convencidos de que la ciudad iba a conseguir los Juegos de 2020. Y deberíamos reflexionar sobre esto porque si leías medios de comunicación extranjeros te dabas cuenta de que el análisis era mucho más contundente y duro con la candidatura madrileña. Yo era de las pocas que pensaba que no estaba tan claro, y estuve todo el rato diciendo que necesitábamos un plan B en el informativo por si no se lo daban a Madrid, pero tampoco podía hablar muy alto, porque como soy catalana, te pueden decir: «¡Claro, como tú ya tuviste las tuyas!» No obstante, no sé si hubiera estado bien o mal que se los dieran a Madrid. Hacer previsiones a siete años vista es muy complicado. 

Se podría haber analizado de forma más realista, porque la sensación es de que ha habido una obediencia vertical en la prensa. Ha faltado el escepticismo que debería imperar en los medios, especialmente con un tema tan delicado como construir más.

Visto en perspectiva la sensación que da es que llevamos tanto tiempo de malas noticias que era una manera de meter una sonrisa, una alegría. Y al final todos los medios acabamos subiéndonos al carro del entusiasmo, quizá por la situación en la que estamos, todo el día contando noticias tristes… El año que viene es el Mundial, por ejemplo, y va a pasar lo mismo con el fútbol. España es la favorita desde el primer partido y habrá banderas, gente en la calle, fiestas, celebraciones, pero no como obediencia vertical, sino como desahogo, para alegrarnos un poco el día.

Pero una cosa es el deporte y otra inversiones de muchos millones de dudosa utilidad.

Sí, pero como te decía, no soy capaz de opinar sobre si hubieran sido buenos o malos unos Juegos en Madrid dentro de siete años. Todo depende de los proyectos que se hubieran ejecutado, cómo se hubieran hecho, del tipo de inversiones, de cómo los políticos hubieran contado o no con el apoyo de los foros sociales y los sectores económicos. Por ejemplo, reunir a todos los restauradores de la capital y preguntar qué se puede hacer para promover, de aquí al 2020, maravillosos negocios que entusiasmen al mundo y que cuando venga la gente a los Juegos se queden alucinados con la gastronomía madrileña. Las cosas se pueden hacer muy bien y muy mal. Si te dan los Juegos tienes siete años para hacerlo muy bien o para hacer otra burbuja y hacerlo muy mal. Por eso no me veo capacitada de decir si hubiera sido bueno o malo.

He leído en tu blog una opinión sobre el tema sirio. Te quejabas de que se daba la imagen de que Siria era el único país que había utilizado armas químicas. Debe de ser el tema más complejo que tenéis ahora mismo en la redacción, en el que no se puede hacer un análisis reduccionista.

Una pieza de informativo son cincuenta segundos más la entradilla, que son quince. Es imposible analizar al detalle una situación tan compleja, que además no tiene que ver solo con lo que está pasando dentro de las fronteras sirias. Al final, lo acabas reduciendo a un titular y a mí, particularmente, no me gusta dividir entre buenos y malos. En plan Al Assad es malo y la resistencia es buena. No es todo blanco y negro, es muy complejo. Ahí está (señala a la estantería) el libro de Robert Fisk, La gran guerra por las civilizaciones. Con estas 1.500 páginas tienes solo para empezar a entender cómo se construyó Oriente Próximo. No somos expertos. A no ser que seas Mónica Prieto, por ejemplo, o alguien muy especializado en un país porque vives ahí, los que estamos en España intentamos coger un poquito de cada sitio para hacernos una idea y explicársela a la gente, pero el tema de Siria es muy complejo. Aunque cada vez hay medios más escépticos; cada vez, ayudados por las redes sociales y los blogs de los periodistas, la gente se está informando más. Y nosotros los periodistas también, nos estamos volviendo más críticos, escépticos, miramos más lo que hay detrás de cada tema. Eso es muy bueno. No creo que ahora la gente diga eso de que Al Assad es el diablo.

¿Ahora ves más difícil que se diera un caso como el de la primera Guerra del Golfo, que se llamó la guerra de la CNN?

Hace unos años solo te podías informar por la televisión, los periódicos o la radio. Cuando la primera guerra de Irak yo estaba estudiando en el instituto. Pero creerse una noticia «prefabricada» depende del periodista. Y en ese sentido, los que había entonces, los de la vieja guardia, esos tan sabios a los que los medios están despidiendo, los grandes periodistas de máquina de escribir, no se tragaban nada, buscaban siempre sus propias fuentes. Algo que también requiere tiempo y que te dejen trabajar.

Pero ahora estamos intentando volver, a pesar de las limitaciones de tiempo y dinero de los medios que influyen en el trabajo del periodista, a preguntarnos el porqué de las cosas, que ese es nuestro trabajo. No puedes coger una nota de prensa y publicarla tal cual. Cuando llegaron los vídeos de los niños de Siria yo estaba en la televisión y en la sección de Internacional trabajaron muy duro para verificarlos, lo que pasa es que a veces es complicado hacerlo desde Madrid. Fíjate lo que le ha costado al Gobierno de los Estados Unidos conseguir pruebas. Siempre hay que poner las informaciones en cuarentena, vengan de donde vengan. Nuestra mirada tiene que ser escéptica y buscar qué hay detrás.

Carme Chaparro para Jot Down 1

Luis Fernández fue tu mentor.

Sí, Luisfer fue quien me puso a presentar.

Fuera del gremio no es muy conocido, pero fue quien cambió los informativos de Telecinco hasta el punto de que, según me ha comentado gente que trabajó con él, el suyo era el informativo que veían los del PP porque tenían los otros tan controlados que con el de Telecinco era por el que realmente le tomaban el pulso a la actualidad.

Puede ser. Yo coincidí poco con él. Entré en Telecinco para trabajar en la delegación de Barcelona en enero de 1997, y fue porque Luis Fernández decidió que Telecinco necesitaba delegaciones propias, no le valía con las imágenes de agencia. Abrió en Madrid, Valencia, Andalucía, País Vasco y Cataluña. Yo estaba una noche en TV3 minutando entrevistas del 30 minuts, un formato americano muy bien hecho, bajé al comedor a cenar algo y me encontré a un productor de informativos al que conocía de vista. Éramos los únicos en el comedor, así que me senté con él. Me preguntó si había hecho directos y le dije que en la tele de Les Corts. Me comentó que Telecinco iba a abrir una delegación, me pidió el currículum y así me contrataron.

¿De redactora?

Sí, de redactora. Buscaban a alguien que hubiera hecho directo en televisión, que no era tan fácil en aquella época en que no había tantas cadenas. Al año siguiente, en enero de 1998, Luis decidió que quería tener un espacio de información local en cada delegación. Cataluña fue la primera en empezar, se hizo un casting y yo ni me presenté. Pero no les gustó nadie y se les echaba el tiempo encima porque querían empezar el quince o veinte de enero y ya había pasado el día de Reyes. Entonces nos hicieron una prueba a las chicas de redacción, que éramos dos, y me dijeron que iba a presentar yo. Cuando me trasladé a Madrid, Luis ya no estaba, me trajo Juan Pedro Valentín.

¿Te consta o has oído eso de que Aznar pedía la cabeza de Luis Fernández?

No, pero sabiendo cómo es Luis me puedo creer todo. Es un tipo muy combativo. Es la típica persona que genera un amor de fan total u odio. Pero me pilló en Barcelona, así que tampoco lo viví.

Te tocó, en cualquier caso, la época del Prestige, la mayoría absoluta de Aznar, cuando Telecinco tuvo los informativos más independientes.

Llevo en Telecinco desde enero de 1997, prácticamente toda mi carrera profesional, y nunca, y es una de las cosas de las que me siento más orgullosa, nadie me ha dicho que no cuente algo. Ni en los tiempos de Luis Fernández, ni en los de Juan Pedro Valentín, ni en los de Pedro Piqueras. Cosa que otros compañeros de otros medios no pueden decir. Esa es una de las grandes fortunas que tengo como periodista: poder trabajar con absoluta libertad. Cuando aterricé en Madrid coincidieron el Prestige, la guerra de Irak y las manifestaciones en contra con un gobierno de derechas, y al resto de televisiones se le daban consignas muy claras. Lo sé porque todos tenemos amigos en todos los medios. Algunos no podían decir la palabra «chapapote», por ejemplo. Nos llevamos todos los premios ese año porque llamábamos a las cosas por su nombre. Pero no hicimos otra cosa distinta a lo que hacemos ahora: hacer periodismo. Lo que pasa es que ahora hay muchas más fuentes: Internet, Twitter, los blogs… es mucho más fácil que la masa crítica encuentre manera de informarse, cuando antes lo hacía solo a través de la tele o la radio. Por eso nos convertimos en referente.

Me ha comentado una periodista de otra cadena que el Gobierno actual está volcado en su crisis, pero que el de Aznar lo estaba en el control de los medios.

A mí me pilló la época final, pero todos los jefes de gabinete de cualquier ministro o secretario de Estado llaman a todos los medios de comunicación. Te puede llamar para comentar una rueda de prensa y decirte qué es lo importante que se ha dicho. Entonces tú dices: «Mira, deja que lo importante lo elija yo». Pero no te llaman a ti, llaman más arriba para hacer más presión. Esto sucede siempre, sea el gobierno que sea, todos llaman. Es su trabajo, controlar qué vas a sacar y cómo lo vas a contar, igual que tú les llamas para confirmar cosas. Hay gobiernos o ministerios que presionan mucho más y otros que presionan menos, pero todos llaman.

Durante el bombardeo de Yugoslavia, fueron secuestrados por fuerzas serbias Jon Sistiaga y el que ahora es tu marido, el cámara Bernabé Domínguez.

Yo estaba en Barcelona y me enteré por la televisión. En esa época no había móviles. Recuerdo el primer plano de Juan Pedro Valentín abriendo con un videowall gigante detrás con la foto de mi marido. Fue duro. Lo que ocurrió fue que estaban grabando en un tren en la frontera. Según los serbios, el tren invadía parte de su territorio y en mitad del vagón les cogieron gritándoles «¡albani terroristi!». Les llevaron a una casa y les encerraron toda la noche, apuntándoles con pistolas. No hubo torturas, pero sí que se llevaron algunos golpes. Tuvieron que hacer un vídeo diciendo que estaban grabando en territorio serbio. Cuando vimos ese vídeo, porque lo distribuyeron, nos quedamos pensando: «madre mía qué caras…». Luego supimos que se los habían llevado a Priština, justo en el momento en el que Solana dice que empieza el bombardeo de la OTAN. Les habían encerrado en un hotel y empezaron a ver caer las bombas. Pensaban: «¿Sabrán que nos tienen en este hotel y no lo bombardearán?». Tuvieron que poner colchones en las ventanas…

Vivieron lo que estaban viviendo todos los serbios.

Sí, imagínate. Luego consiguieron salir, creemos que se negoció a través del CNI, aunque esto nos lo imaginamos, porque no nos lo han confirmado nunca, son imaginaciones nuestras, pero pudo ir mucho por ahí. (*)

Luego la guerra de Irak, que causó gran impacto en la opinión pública española.

La sociedad española se implicó mucho por las grandes manifestaciones del «No a la guerra», con millones de personas en toda España pidiendo que nuestro país no se metiera. Fue la gran indignación por la foto de las Azores. Pocas veces ha habido en España un movimiento ciudadano tan unificado. Ahora tenemos el 15-M, la marea verde, la blanca… pero un movimiento tan contestatario de la ciudadanía como ese contra una acción que iba a emprender el Gobierno, pocas veces se ha visto en este país. Interesó porque media España estaba en la calle pidiendo que no nos fuéramos a Irak. Lógicamente, la gente se quería informar.

La cobertura fue muy fuerte. En la primera Guerra del Golfo, las imágenes eran las que enviaba la CNN, como de videojuego, con los «tomahawks» blancos sobre fondo verde. En la segunda, teníamos a periodistas empotrados mandando imágenes. Recuerdo a FOX y CNN enviando vídeos en directo de la fila de tanques que avanzaban por el desierto entrando en Irak. La gente estaba necesitada de saber lo que estaba pasando. Y fue un orgullo poder contarlo. También te digo que a nosotros nos llegaban muchas imágenes que no emitíamos por lo duras que eran. Dicen que los periodistas alentamos el morbo, pero no.

Sí, ya te he leído que una vez cubriste un accidente de tráfico y a uno de los cadáveres, carbonizado, le explotó de repente la vejiga.

Fue de las primeras cosas que hice en Telecinco. Me quedé congelada. Ni siquiera los habían cubierto con una manta, los acababan de sacar del coche. Entonces vi cómo uno explotaba y salía un chorro. Pregunté y me dijeron que era normal que pasara por la presión de los gases al haberse quemado. Pero es que a la tele llegan muchas imágenes como esas que no damos. De homicidios no os podéis imaginar las imágenes que no se han emitido. Ahora con internet y Youtube hay más acceso, pero nosotros procuramos evitarlas, y luego nos dicen que solo buscamos el morbo. Mira, una guerra es una tragedia, que maten a unos niños es una tragedia, que haya un accidente de tren en Galicia es una tragedia, y la tragedia no la puedes dar enseñando margaritas con música clásica de fondo, tienes que contarla. Evidentemente, con los primeros planos procuramos ser lo más quirúrgicos posible, que no se vea nada que permita identificar un cadáver, por ejemplo. Si hay una guerra y han gaseado a niños en Siria, pones los planos menos duros, pero señores, es que lo que está pasando ahí es muy duro. 

Volviendo a Irak, ¿cómo vivió la redacción una tragedia como la de Couso? Muere un compañero y tenéis que seguir trabajando, dar esa noticia…

Estábamos en la redacción y alguien de enlaces dijo que algo pasaba en el Hotel Palestina, estábamos recibiendo señal en directo de AFP o Reuters. Nos apelotonamos todos delante del monitor y vimos a Jon Sistiaga con un colchón y algo encima. Cada vez éramos más gente y de repente alguien dijo que quien había sobre el colchón era José. «Cómo va a ser José», pensábamos, Y nos llamaron diciendo que sí, que era José, pero que no pasaba nada, que lo llevaban al hospital y le iban a hacer un torniquete, aunque iba a perder la pierna. Todo esto con las comunicaciones de Bagdad en plena guerra, recuerda que la imagen de portada de todos los medios al día siguiente fue la estatua de Saddam Hussein cayendo. Y no nos lo creíamos. «Pero si José ha mandado esta mañana un vídeo, un enlace, desde el balcón». Entonces nos llamó «Quiño» de Antena 3 (el cámara Jesús Hernández Quiñonero), diciendo que estaba en el hospital y que a José lo habían metido en el quirófano. Y llegó la hora del informativo, bajé a vestirme y, cuando ya entraba a plató, aparece Hilario Pino y me suelta: «Acaba de morir, cambiamos la escaleta». Fue un shock. Cuando acabamos el informativo me dio el bajón y me puse a llorar. No pude hablar con mi marido, que había estado allí hasta hacía dos días con José, porque estaba entrando en directo… Él sí que lo pasó muy mal.

Carme Chaparro para Jot Down 2

Después de tantos años, ¿qué balance haces de la búsqueda de justicia?

Lo bueno que he sacado es conocer a la familia de José. Esta ha sido la lucha de la familia de Couso y del juez Pedraz, que quiere justicia y se ha enfrentado a todo y a todos, nadie más. Eso es algo que se ha visto en los papeles de Wikileaks, en los que incluso el gobierno socialista que tantas cosas dijo, que le dio la medalla al mérito al trabajo a José y dijo que el malo había sido Aznar, al que se le hizo un plante de cámaras en el Congreso, resulta que a la hora de la verdad el PSOE también se salió por la tangente. Si no hubiera sido por el juez y la familia no hubiéramos llegado hasta donde estamos, se hubiera olvidado. Es el único caso en todo el mundo en el que hay tres militares estadounidenses procesados. Aunque solo sea simbólico y no se llegue a nada, es una victoria descomunal.

También te tocó el 11M.

Sí, cuando ocurrió estaba llegando a la tele. En la curva de entrada al edificio estábamos escuchando la SER y recuerdo a Iñaki Gabilondo diciendo que parecía que había habido algo en Atocha, pero aún no se sabía nada. A mediodía, Aznar había llamado a todos los medios de comunicación diciendo que había sido ETA, pero en la redacción lo queríamos contrastar. Aunque abrimos diciendo que «Fuentes del Gobierno dicen que es ETA», nuestro trabajo como periodistas era poner en duda todas las versiones. Cuando luego se descubrió la furgoneta con los versos del Corán, muchos en la redacción dijeron: «¿Ves?». De hecho, recuerdo una persona, y no voy a decir quién, que tenía muy buenos contactos en fuentes antiterroristas, y cuando llamó Aznar nos advirtió de que a él le decían que no, que era imposible. Que se les podía pasar un tío con una pistola, pero tal cantidad de explosivo, no. Otegi ya había salido a decir que no había sido ETA. Pero claro, había llamado Aznar en persona. Por la tarde se desmontó todo, y aun así, en la rueda de prensa al día siguiente seguían manteniendo que era ETA. Entonces vinieron las manifestaciones y lo que todos sabemos qué ocurrió.

¿Había indignación en la redacción por lo que estaba haciendo el Gobierno?

Como te pilla trabajando y con esas prisas, hasta después, cuando ya ha acabado todo y reflexionas, no eres del todo consciente de que te la han intentado colar. Pero es que funciona así, todo el mundo te intenta meter su versión. Además, yo estaba con los directos, así que iba oyendo cosas, pero no estaba en los despachos, no recibía las llamadas.

Fuiste pareja con Hilario Pino y con Màxim Huerta.

Hilario era el conductor y editor, y yo estaba a su lado para complementar determinadas informaciones. Hicimos tres años con ese formato y luego se cambió. Con Màxim fueron un par de veranos muy divertidos. Ya nos conocíamos, él estaba en Valencia y yo en Barcelona, nos llamábamos a nosotros mismos «los periféricos». Fueron veranos duros, pero muy divertidos. Recuerdo una vez, en directo, el típico vídeo de final del informativo veraniego, con una cosa de masajes o algo así. Yo presenté la noticia y, cuando acababa, Max tenía que recogerlo y presentar otra cosa. Pero entonces, vimos a nuestra compañera del directo, que era una mujer, digamos, generosa de escote, vibrando en la cama de masaje en un plano medio… nos entró tral ataque de risa que Max fue incapaz de dar paso al vídeo siguiente (risas).

La época de Zapatero se denominó, informativamente, como la de «la crispación». ¿Cómo la recuerdas?

La verdad es que no sé si hay más crispación ahora… Pero de aquella época ¿recuerdas cuando las grandes manifestaciones contra la reforma de la ley del aborto, a favor de la familia, esas marchas multitudinarias en las que se colapsaba la calle Serrano?Serrano Tengo una amiga que trabaja en la SER, y era la época en la que desde medios de la derecha se atacaba directamente a los medios de izquierda. Esta amiga mía iba con los distintivos de la SER y, en plena faena, una señora de cincuenta y pico años le cogió el micro en la manifestación y empezó a llamarla manipuladora, que quería matar a los niños… Y de repente le preguntó dónde estaba la cámara. La señora ni siquiera sabía que la SER era una emisora de radio. Ella había oído que la SER era mala y ya está. Se espolea a la gente, de un bando y de otro, con titulares. Como decíamos antes, lo reducimos todo a blanco o negro. En este país estamos llegando a unos extremos en los que por intereses políticos estamos enfrentando a la población, que se está creyendo ciertos titulares.

Hay tantos mensajes que la gente piensa en titulares. Esto lo noto en Twitter: dices una cosa y te contestan a lo contrario de lo que has dicho, porque no lo han leído bien. En casa, la gente está haciendo la cena o la comida, quitándose los zapatos, y la tele está puesta de fondo. Se quedan con un titular, una imagen. Si tú machacas ese titular y esa imagen uno detrás de otro, la gente lo acaba interiorizando como si fuera verdad. Si insistes en que este año han crecido las becas, habrá determinadas personas que se queden con ese titular y lo usarán luego en el bar, porque todos somos politólogos y tenemos discusiones con los vecinos de café. El problema es ese, que se reduce todo para una guerra política. Se enfrenta a la gente en la calle.

Lo que enciende a la gente son las tertulias y debates. En determinados sitios se ha copiado el formato de los programas del corazón y no hay términos medios. Ciertos programas viven de que los contertulios se peleen, y cuanto más se peleen, mejor. ¿Es más digno un programa en el que se pelean contertulios políticos que un programa en el que se pelean dos del corazón? ¿Quién está haciendo más daño? El corazón, mira, te echas unas risas, pero no va a influir en tu vida. En cambio, si llevamos eso al terreno de la política y se miente, se manipula o se tergiversa la verdad, y ves que hay personas serias en la tele que se enfrentan, se traslada a la calle y puede llegar a ser muy peligroso. O al menos eso creo.

El quince de mayo de 2011 vuestro informativo fue el primero en hacer un directo desde la Puerta del Sol.

Me alegra que saques ese dato porque nuestros redactores fueron insultados y vapuleados cuando estaban haciendo los directos. Pero la primera cobertura periodística en una televisión de la gran manifestación del 15-M la mueve Iñaki Aguado, un compañero nuestro, que desde la semana anterior ya nos iba avisando de que había un gran movimiento que iba a hacer historia, y estuvo toda la semana en contacto con ellos. El viernes, dos días antes de la manifestación, cuando aún nadie hablaba de ellos, se fue a grabar. El domingo no había ninguna tele más, y nosotros lo llevamos a sumario e hicimos conexión en directo. Luego, visto lo visto, las otras teles y medios fueron a remolque. Pero después tienes que verte con gente que insulta a los periodistas de Telecinco diciendo que manipulamos, que no contamos las cosas. Pues en esto fuimos los primeros. He visto imágenes de compañeros nuestros como Antonio Gil haciendo un directo y gente intentando tirarle de la tarima donde estaba, dándoles golpes… Estoy informando. Te puede gustar más o menos lo que hago o cómo lo hago, pero me tienes que respetar. No vale pegar a los periodistas, no puede ser.

¿Cómo llevas las críticas que se hacen a Telecinco en general por sus programas del corazón y realities?

Yo empecé en Telecinco en el último tramo de las Mama Chicho, no sé si llegué a coincidir exactamente con ellas, pero su sombra fue muy alargada. Y eso sí que era muy complicado. Recuerdo que salía con el micro de Telecinco a la calle y todo el mundo me gritaba «¡Mama Chicho, Mama Chicho!». Esto sí que era duro. Lo de ahora es más una leyenda urbana. En serio. Yo tengo una cuenta de Twitter con setenta mil seguidores, recibo muchos mensajes al día Y claro que hay críticas, porque tiene que haberlas, pero la mayoría están hechas desde la educación y el respeto. Gente que está contenta y que nos pregunta por qué elegimos un tema o por qué no hemos sacado esa otra historia. También hay quien confunde nuestros contenidos con los contenidos de otros programas no informativos, pero me atrevería a decir que es gente que no nos sigue, o que no nos “ve”.  Es muy fácil criticar sin ver el producto. Y yo les digo que se paren a ver nuestros informativos, que comparen nuestra escaleta —guión con los de las demás cadenas. Estoy muy orgullosa de Informativos Telecinco y de la redacción. Hemos demostrado muchas veces que nuestro producto son los mejores informativos que se están haciendo en televisión en este país. En cuanto al resto de0 la programación, Telecinco es una empresa privada, emite lo que mucha gente quiere ver, somos líderes, pero esto hace a la cadena rentable, tener beneficios, y gracias a eso podemos hacer unos informativos libres y como consideramos los periodistas que deben hacerse.

¿Qué opinas de los cambios que ha habido en RTVE con la llegada de Rajoy?

No trabajo en TVE, por lo tanto, no soy quién para decirte si con Zapatero fue tan independiente. Eso lo saben los periodistas que están allí, que son los que reciben o no las presiones. Yo no me atrevo a opinar de algo que no sé de primera mano, que no he vivido o no conozco. Presiones de los políticos las hay siempre, o de las personas que trabajan para ellos y tienen que hacer de poli malo.

Qué gestión defiendes tú entonces, ¿una independiente o una controlada por la mayoría de turno del Congreso?

Una independiente, claro.

Como estaba antes.

A ver, una televisión pública tiene que ser independiente, tiene que dar contenidos de calidad y tiene que tener un director, no solo de la cadena, sino de informativos también, que sobrevivan a los distintos colores de los parlamentos cada legislatura. Además, tienen que ser personas con el suficiente criterio para saber manejar algo que es complicado de manejar, como las presiones políticas. Así debería ser en un mundo ideal, pero no lo es… Sería muy fácil decir que como llevamos pocos años de democracia tenemos poca cultura democrática, pero creo que a los políticos les parece un caramelo muy goloso la televisión, llega a mucha gente. Les cuesta soltarla, es más fácil para ellos tenerla de su lado.

Carme Chaparro para Jot Down 3

Hace unos días apareció Rajoy en televisión dando un paseo. En internet hasta se filtró la convocatoria de prensa, «Rajoy dará un paseo mañana»… ¿Os encontráis muchos «mudos» (como se conoce estas convocatorias en el argot) como este?

Imagina que hay una reunión del ministro de Trabajo con los sindicatos. ¿Cómo ilustras esta reunión si no puedes entrar a ella? El «mudo» nace para que los reporteros gráficos pudieran entrar y tomar unas imágenes de antes del encuentro, pero ya con todos sentados en la mesa mientras hablan del tiempo o de cualquier cosa. Luego, cuando las cámaras se van, empieza la reunión de verdad. Era una herramienta para poder contar el encuentro de un político con quien fuera, y sobre esas imágenes, narrabas los resultados o lo que pudieras saber de cómo había ido. Lo que pasa es que luego ese «mudo» colonizó muchos ámbitos de la vida política, y te encuentras con un paseo del presidente del Gobierno por un campo gallego.

¿Y para qué vas?

Para tener la imagen, y luego lo cuentas. Yo estaba trabajando el día del paseo de Rajoy. Cuentas que han hecho esto, que no nos han dejado acercarnos a preguntar y que estaba tal o cual persona. Luego, el espectador, que saque conclusiones.

En la televisión pública, los tiempos correspondientes a los partidos políticos están repartidos por su representación en el Parlamento. Eso se intentó llevar a las privadas pero no se consiguió. ¿Qué criterio se sigue?

La televisión pública no tiene nada que ver con la privada. La televisión privada, si no es rentable, cierra. La pública, si no es rentable, no cierra. Si eres un partido minoritario o sin representación y haces una propuesta interesante, novedosa y muy buena, te voy a dar tiempo; la televisión pública no porque no tienes representación parlamentaria. Pero yo sí porque te juzgo periodísticamente. Y si eres el partido que tiene mayoría absoluta, pero lo que has dicho hoy no vale un carajo, no te voy a dar tiempo, o te voy a dar quince segundos. Damos las cosas de manera periodística, que creemos que es como se tiene que dar.

Ahora los partidos políticos organizan actos los fines de semana con la intención de salir en la tele.

Todos, está clarísimo. No hay Congreso, no hay Senado… ¿cómo salen los políticos en la tele un fin de semana? Pues montando un acto y mandándonos las imágenes de ese encuentro a las redacciones gratis por satélite. Nosotros lo que hacemos es escuchar el acto y sacar la declaración que consideramos más interesante. Hace años ya que logran salir en televisión los fines de semana de esta manera. Pero a veces ni se saca porque no es interesante, eso ya queda en manos de la redacción.

Háblanos de «la curva», la medición de audiencia del informativo minuto a minuto.

Son datos que se nos envían cada día a los presentadores y editores. Es la audiencia minuto a minuto, tema a tema del informativo comparado con otras televisiones. Si la gente se ha ido incorporando o ha ido cambiando de canal dependiendo del tema que estés emitiendo en cada momento.

Llevas dieciséis años en televisión, ¿cómo has visto la evolución de los intereses del espectador a través de estos datos? Me han comentado que Internacional cada vez interesa menos.

La curva es imprevisible. Hay días en que sales del informativo muy contenta, y luego ves la curva fatal. Otros días salimos no muy contentos porque no ha habido noticias importantes o ha habido algún fallo y la audiencia es buenísima. Nunca lo sabes. Depende mucho de dónde vienes y dónde vas [se refiere al programa que va antes y al que va después, N. de r]. Pero sí te das cuenta, por ejemplo, de que la información económica hace unos años caía en picado y luego con la crisis, para arriba. Ahora son temas que normalmente suben la curva, a la gente le interesa. E internacional, que para mí es uno de los temas más apasionantes, efectivamente interesa menos. Ni siquiera el ataque de gas en Siria acabó de funcionar. La curva es una guía, pero yo hay cosas a las que no renuncio y creo que tengo que contarlas. Igual que no renunciamos a hablar de economía hace unos años, no puedes dejar de contar lo que está pasando en el mundo.

A Piqueras se le ha criticado mucho, recuerdo ahora una portada de El Jueves con él retratado como un carnicero y el titular «Todo por la audiencia».

Es un periodista excepcional. Hace unas escaletas que si pudieras estar en la reunión para ver cómo razona los temas alucinarías. Sabe mucho de televisión y la maneja muy bien, así como los tiempos y ritmos. Sabe cómo meter diversos picos en el informativo. Estoy convencida de que si coges escaletas de todos los informativos él no es ni de lejos el que mete más sucesos. Mira, a veces decides que un asunto es importante y nunca más vuelves a saber de él. Y otras no das algo, y en dos días es portada en todos los periódicos. Pues con Pedro siempre hay un hueco para todo lo que va a ser importante días después.

Decíamos que baja el interés en Internacional y te pregunto: qué sube, ¿temas de gastronomía, de belleza…?

No creas. Depende de en qué informativo estés, en qué franja y cómo cuentes las cosas. El público no es el mismo a la hora de comer que por la noche; un sábado al mediodía es más familiar, un sábado por la noche mucha gente está cenando fuera, y si es verano los niños están jugando…

Carme, yo lo que quiero es que me digas que vivimos en una sociedad decadente cada vez más interesada en temas relacionados con el consumismo.

Bueno, pues ya lo has dicho tú (risas) No, no es así. Lo que pasa es que la gente es multipantalla. Mira, en esta casa hay tres televisores, dos tablets y tres ordenadores. Son ocho pantallas, a las que hay que añadir los smartphones. La televisión nos da un concepto general, un titular, una idea de lo que es importante. La gente busca otras vías para informarse; nosotros, sencillamente, damos un abanico general. Cuando compras un periódico puedes ir directamente a deportes, sociedad o internacional, en la tele no.  Cada vez estamos más informados, pero de maneras alternativas, no solo con la televisión o la prensa.

Luego hay temas que pueden perder interés y no deberían, como la violencia de género.

He estado con mujeres maltratadas porque tengo una amiga, Núria Varela, que trabajaba en Interviú y que luego fue jefa de gabinete de Bibiana Aído, que me introdujo en el tema. Fue de las primeras personas que empezó a mover en España lo de la violencia de género, y lo descubrió entrevistando a alguna de esas mujeres. Lo tituló Los maridos españoles matan más que ETA, cuando ETA mataba mucho. Con todo lo que ha representado ETA en este país, ¿Por qué valía más la vida de un político que la de cincuenta, sesenta o setenta mujeres? ¿Y si de repente los que murieran fueran setenta panaderos al año o setenta abogados o setenta periodistas? ¿Por qué vale menos la muerte de una mujer maltratada? El revulsivo fue la muerte de Ana Orantes. La mujer que fue a Canal Sur a denunciar que el marido la maltrataba, el juez había dictaminado que el marido podía vivir en el piso de encima al de ella y dos días después de salir por la tele la quemó. A raíz de este suceso la gente se dio cuenta de que se estaba matando a mujeres, y que una mujer que muere apuñalada en el País Vasco es el mismo tipo de víctima que otra que muere de dos tiros en Algeciras. Es víctima del machismo. El hombre que mata no es un hombre de clase baja sin estudios, puede ser un tío de dieciocho años y puede ser un abogado. He estado con mujeres en una casa de acogida y una de ellas era escolta de un político muy importante, la otra era mujer de un catedrático de Economía que todavía se pasea por las televisiones, había dos chicas de dieciocho años… la violencia de género no tiene que ver con clases sociales o edades, abarca a toda la sociedad. Son hombres que todavía creen que la mujer es suya y la pueden dominar. Y es un proceso como el de una secta: no empiezo pegándote leches o puñetazos, primero te maltrato psicológicamente diciéndote que no te pongas esa minifalda o salgas con esas amigas, ejerzo cierto control mental sobre ti y cuando te tengo reducida y he conseguido lo que te he ordenado empiezo a maltratarte físicamente. Es un proceso y la mujer tarda de media diez años en denunciarlo.

¿Pero la gente se ha insensibilizado respecto a este tema?

Con la crisis han pasado a un segundo plano porque la situación económica del país, con niños que no tienen para comer, lo ha relegado a algo secundario.

Carme Chaparro para Jot Down 4

Ahora te pido una reflexión sobre prestar atención a la norma o a la excepción en los informativos: en la década anterior España recibió muchos inmigrantes. La norma es que la mayoría trabajan y hacen crecer el país. La excepción es que algunos delinquen. Sin embargo, en los informativos de todas las cadenas no se informaba de cómo su llegada servía para pagar las pensiones, por ejemplo, sino de «una banda de rumanos», «traficantes marroquíes»… ¿La excepción se convierte en norma de cara a la opinión pública?

Es cierto, solemos hacerlo, hablar de «una banda de rumanos». Cuando son españoles solemos obviarlo. Quizá al principio se hizo por ser la excepción. Ahí hemos podido tener cierta culpa en criminalizar a algunas nacionalidades. Ahora hay muchas operaciones en las que hay mezcla de españoles y extranjeros, e intentamos decir que hay tantos chinos y tantos españoles. Pero sí, algo de culpa hemos podido tener.

Ha habido por ahí titulares del tipo «La policía detiene a tres personas y un chino».

Sí, pero también pasa a veces con las mujeres. Recuerdo ver libros de Historia de EGB que decían «los hombres del Neolítico se desplazaban con sus mujeres». Las mujeres también eran parte de la humanidad en el Neolítico, ¿no? 

Hablamos de la curva, de que los temas áridos no gustan a la gente… y luego llega Jordi Évole y con una entrevista a un inspector de Hacienda consigue un millón y medio de espectadores.

Salvados es como un reportaje, o un informativo de una sola noticia. Lo que es revolucionario, además de Jordi, es el formato. Han conseguido contar en una hora un tema a base de entrevistas. Consiguen que los entrevistados digan lo que no quieren decir, y ese es el trabajo de un periodista. Jordi ha conseguido dar a la gente lo que quiere, lo que en un informativo no da tiempo a desarrollar en un vídeo de cincuenta segundos. Al final los datos que da son públicos prácticamente todos. Pero él hace el trabajo de unirlo todo, contar con una documentación exhaustiva y hacer las preguntas en un formato que te permite hacerlas. A Jordi lo conozco desde hace mucho, estudió la carrera conmigo. Empezó un año más tarde que yo y entró justo cuando la carrera pasaba de cinco a cuatro años, así que acabamos al mismo tiempo. Y hemos seguido en contacto.

Cuando empezaste a trabajar, se abrió la televisión a las chicas. Antes no pasaba.

Llegó un momento en que un grupo de mujeres periodistas más jóvenes llegamos a la televisión y se nos da la oportunidad de dar la cara y contar las cosas. Echo mucho de menos en televisión a Olga Viza, Àngels Barceló, MontseDomínguez… no me quiero dejar a nadie, pero son mujeres que han pasado por los informativos y ahora están haciendo otras cosas en la radio o en la prensa escrita. Hemos tomado el relevo desde hace unos años un grupo de mujeres jóvenes. A veces, por ser jóvenes, se nos discute la profesionalidad desde determinados sectores. Pero miras lo que ha hecho Sandra Barneda este verano con El programa de Ana Rosa, bregando con temas difíciles, y ves que ha hecho unos programas extraordinarios. Es una periodista espectacular, pero como es muy guapa y hacía un programa los sábados por la noche, era la guapa tonta. Este verano ha demostrado que no es así, hablando de temas de corrupción, por ejemplo. Así que dejen de cuestionarnos ya, por favor. ¡Que tengo cuarenta, ya no soy joven!

¿Qué opinas de The Newsroom? Al venir aquí me decías que no tenía que ver mucho con la realidad de una redacción de informativos.

Justo ayer vimos el último capítulo que se ha emitido en España. Es una serie y tiene tramas de ficción, pero luego hay cosas que quizá suceden en la tele americana, pero aquí son imposibles. Hubo un capítulo que trataba del vertido en el golfo de México, en el primer o segundo año de mandato de Obama. Ellos manejan el mismo sistema de edición que nosotros, que tiene un programa para leer todos los teletipos. Había un momento en el que decían que había un vertido de petróleo, pero que como el teletipo no venía en rojo, pues que «¡baaah!». Y nosotros al verlo: «¿Cómo que «baaah?». Si eres periodista, tú valoras. Si viene uno diciendo que se ha muerto el rey, pero no viene en rojo, ¿vas a decir «baaah»? «Ahora ha subido a naranja, vamos a mirar esa muerte del rey» (risas). Hay mucha ficción ahí. El mundo de la televisión no es como lo cuentan. Supongo que los médicos al ver una serie de médicos pensarán lo mismo. El problema que sí le veo a Newsroom es que quiere sentar cátedra y dar moralina. Me da la sensación de que Aaron Sorkin quiere darnos lecciones incluso a los propios periodistas.

¿Alguna vez te ha tocado hacer algo del toro Ratón?

Quita, quita. Pero lo han retirado ya, ¿no?

Murió y lo han disecado.

¡Es verdad!

Es que hablaban cada verano de que volvía a las fiestas de los pueblos y recordaban, casi con sonrisas, los muertos que tenía a sus espaldas. ¡Maravilloso, vuelve el toro Ratón! ¡Mató a tres e hirió a diez el año pasado! ¡Genial! ¡Viva!

No puedo, yo no puedo; y menos con una sonrisa. Pero con el toro Ratón sube la curva. Es lo mismo que me pasó el otro día. Vi en varios lugares que este verano solo habían muerto un cierto número de personas. ¿Cómo puedes decir «solo»? Aunque solo sea una es un drama. Debemos tener mucho cuidado con los gestos, pero también con el lenguaje. Es la cifra más baja, genial, pero no puedes decir «solo» y con una sonrisa. Tienes que decir que han muerto tantas personas, una tragedia, pero aun así es la cifra más baja y parece que nos concienciamos más y hay menos muertos en la carretera.

Cuando haces un informativo de fin de semana, que cuenta con menos medios humanos, como coincidan varias noticias importantes, se convierte en una locura.

Nos pasó el otro día con el «Madrid is eliminated» a las 21:02. Nosotros empezábamos a las 21:05. Teníamos una escaleta basada en que, en principio, hasta las 22:30 no se iba a saber quién iba a ganar. Todo era: «estamos esperando, la Puerta de Alcalá, en Tokio y Estambul también están esperando…». En televisión es muy complicado cambiar las cosas, pero mis compañeros tuvieron que cambiar el sentido a todos los vídeos. Uno detrás de otro. Todos se dejaron la piel, improvisamos, conseguimos abrir con el «Madrid is eliminated» que se había grabado dos minutos antes… Eso no lo hacemos Pepe Ribagorda y yo. Nosotros estamos ahí y hablamos, improvisamos, pero ese trabajo es obra de toda la maquinaria que hay detrás, desde los técnicos, realización, producción y redactores, y consiguió que no hiciéramos el ridículo empezando con «Madrid puede ganar». Había incluso un vídeo mostrando las inversiones que se iban a hacer en la capital…

Carme Chaparro para Jot Down 5

En una ocasión os coincidió la matanza de Breivik en Noruega, el estallido del escándalo de Murdoch y la muerte de Amy Winehouse ¿Qué tal se duerme tras un fin de semana así?

Fue un viernes por la tarde. Recuerdo la reunión con Piqueras a las cuatro. El jefe de Internacional habló de una explosión en Noruega, no se sabía si había muertos. Piqueras dijo «unas colitas», que es cuando habla el presentador y le tapan con unas imágenes. Después de los breves, es lo menos importante, no tiene ni categoría de vídeo. Pero claro, luego hubo otra explosión en el centro, y casi a las ocho o las nueve se supo lo de Breivik. A Pedro le dio tiempo a contar que había un tipo en una isla pegando tiros y poco más. Al día siguiente, cuando te levantas, ves la descomunal cifra de muertos que hubo. No fue un fin de semana especialmente caótico porque el sábado por la mañana ya manejábamos una cifra muy alta de víctimas, pero después de esos dos días de inmenso trabajo, en Twitter, donde yo llevaba poco, un editor de un periódico británico al que seguía puso «Ha muerto Amy Winehouse». Miré a Araceli Infante, que estaba en la edición conmigo, y grité: «¡Se ha muerto Amy Winehouse!». Y me dice: «Venga, no me jodas, vete a tomar…». Como siempre hacemos muchas bromas con teletipos falsos del estilo «Se ha muerto el papa», ella se pensó que estaba de cachondeo porque no salía en ningún lado. A este hombre debió de llamarlo alguna fuente, y por ese ego que tenemos los periodistas de querer ser los primeros en contar algo, antes de que a los de la web les diera tiempo a subirlo, él lo tuiteó y… vaya remate de fin de semana. A la corresponsal de Londres, Ainhoa Paredes, la habíamos mandado a Noruega. Al final nos llegaron buenas imágenes, cambiamos la escaleta e hicimos un vídeo explicándolo todo. A alguien como mi madre, por ejemplo, que no sabía quién es Amy Winehouse, le tienes que contar la muerte, pero luego tienes que hacer un vídeo explicando quién es y por qué revoluciona la música, más luego otro vídeo contando su decadencia personal…

En tu blog he visto que también le dejas recados a Rosell, el de la CEOE.

No soy economista y los periodistas tenemos que hacer una cura de humildad porque a veces opinamos de todo, pero en el blog cuento historias y reflejo cosas que me cuenta gente que conozco. Más que opinar, puedo decir si hay medidas que están perjudicando a la gente o no. Tengo amigos a los que contratan un lunes y despiden un viernes para no pagarles el fin de semana. Eso es legal, pero es discutible si es ético. O el marido de una amiga, que es cocinero, al que han hecho un contrato de cuatro horas y trabaja diez. Y si no, a la calle, todo por cuatrocientos euros al mes. ¿Qué hacemos con eso? ¿Quién lo para? ¿Llamas a una inspección de trabajo? ¿Cuánta gente hay así? Lo que hago es contar estas cosas. ¿Cuál es la receta del cambio? No lo sé, pero sé que estos abusos no deberían permitirse.

Fuiste becaria en la Cadena Ser y en TV3. ¿Qué te marcó de esta etapa, cuál fue la lección maestra?

Empecé en la Televisió de Les Corts. En Barcelona, en cada distrito, teníamos una televisión local que nacieron de los movimientos vecinales, no era nada de politiqueo. Se dividían los días de la semana y cada uno emitían dos distritos. Yo estaba los viernes, que salían Sants-Montjuïc y Les Corts. Nos daban un local y materiales, pero pagábamos una cuota mensual para la luz porque si no aquello no chutaba. Allí aprendí mucho, pero profesionalmente el irme a Tarragona y trabajar un verano con periodistas de radio me creó esa mirada crítica, de ir más allá de la rueda de prensa del alcalde. Me enseñaron a moverme por el ayuntamiento, con las empresas municipales. 

¿Es cierto que tuviste un programa de juegos de rol?

No tenía ni idea de juegos de rol, lo que quería era trabajar de periodista. Una compañera de la facultad, que es la que me metió en la tele de Les Corts, me pidió que fuera a ayudarlos en un programa de juegos de rol que habían montado. Luego tuve que ponerme las pilas e ir a hacer partidas de rol con ellos, que no me gustaba nada, pero nos lo pasamos muy bien. Teníamos una sección de un tío que pintaba figuritas de rol que era más aburrida… pero bueno. Lo positivo es que aprendes sin presión, no es como ser becario y de repente plantarte en Informativos Telecinco, sino que estás en tercero de Periodismo en una tele local que te deja hacer de todo porque sois cuatro pringados, y entonces experimentas.

Ahí presenté mis primeros informativos. A veces con gente enredando con los cables por debajo de la mesa mientras estábamos en directo. Informábamos sobre lo que pasaba en el barrio. Si la Asociación de Comerciantes había puesto flores en una calle, por ejemplo. Pero teníamos veinte años y nos gustaba pinchar. Cuando había pleno del distrito repartíamos palos a todos los políticos. De hecho, Joana Ortega, la vicepresidenta de Artur Mas, fue la regidora del distrito justo cuando yo me había marchado.

Luego estuve en TV3 y allí aprendí todavía más porque tuve la inmensa suerte de trabajar con uno de los mejores equipos de TV que ha habido en España, que es el tándem Joan Úbeda y Carlos Escribano. Son los que hicieron Ciutadans, por los que recibieron un Ondas. Por ejemplo, un capítulo de este programa se podía llamar «Infartados». Era media hora, sin la participación, ante la cámara o con su voz, del periodista, todo se hacía por detrás, con declaraciones pegadas magníficamente montadas con las que se iba haciendo un crescendo, como una serie de TV de la HBO, de gente que había sufrido un infarto.

Dejaste de ir a clase por la beca.

Dejé de ir a clase para estar con el equipo de Úbeda y Escribano. Me pasaba la semana allí. Me decían que me fuera a casa, pero yo me quedaba. ¿Un rodaje en los Pirineos tres días? Me daba igual. Lo hablé con los profesores y estuvieron de acuerdo. Me estudiaba la teoría y ya. El profesor de Redacción Periodística, que era el director del Magazine de La Vanguardia, Josep Carles Rius, me decía que, mientras tuviera compañeros que me dijeran lo que se hacía en clase, bien. Luego me presenté a los exámenes y lo aprobé todo.

Mucha gente dice que la carrera de Periodismo no sirve de mucho porque en realidad se aprende trabajando, que estaría bien como carrera complementaria, que es de las poco serias…

No sé cómo será ahora, porque ha cambiado. Sé que tienen más prácticas, pero cuando yo estudié, que entré en 1991, llevabas una cámara y el magnetófono con una cinta al lado, había pocos medios. No es como ahora, que puedes grabar casi una película con la cámara. Antes era una carrera muy teórica y poco práctica. Tan poco práctica que hacíamos la maquetación de los periódicos con tipómetros. Aunque la carrera sirve, igual habría que plantearla de otra manera, pero hay muchas deficiencias. Por ejemplo, antes no nos daban inglés, se supone que te lo tenías que buscar por otro lado. Un periodista es como un pato: anda, nada y vuela. Todo lo hace fatal, pero hace las tres cosas. Tienes que saber de todo. Pero es trabajando como aprendes.

Carme Chaparro para Jot Down 6

Fotografía: Guadalupe de la Vallina

(Gracias a Araceli Infante y Antonio Gil)

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(*) Jon Sistiaga ha contado recientemente en Acento Robinson de la Cadena Ser su versión de cómo fueron liberados del secuestro. 


Àngels Barceló: “Los informativos de las televisiones privadas no dan información, es otra cosa”

Àngels Barceló (Barcelona, 1963) nació el año en que mataron a Kennedy; desde entonces todo fue un lento progresar hacia la primera línea de los acontecimientos. Prácticamente no ha sucedido nada en España, ni en el mundo, durante los últimos 30 años que no haya sido narrado desde la primera fila por esta periodista comprometida con el oficio, ya sean atentados terroristas, catástrofes ecológicas, golpes de estado o goleadas azulgranas (que algunos también podríamos considerar una suerte de armagedón). Hoy le preocupa la deriva del periodismo, la pérdida de la necesidad de narrar, de vivir la noticia, de tocar la calle; un impulso que ha dado paso al anquilosamiento de la profesión, ya sea en un despacho, ya en una trinchera figurada. Y de este modo, algo que empezó por casualidad se ha convertido en una forma de entender la vida.

¿Qué cualidades debe tener un buen periodista?

Es una forma de entender la vida. Para mí un buen periodista tiene que tener compromiso, curiosidad y mucho espíritu de trabajo. Así entiendo yo la profesión; no sé si eso es ser periodista, pero así la entiendo yo. Se ha de querer preguntar y querer saber… Y otra cosa que he hecho siempre en los medios audiovisuales es sentir una necesidad brutal de contar las cosas.

¿Notas que esa necesidad se ha ido perdiendo entre tus compañeros?

En la profesión se ha ido perdiendo la curiosidad, y están haciendo perder las ganas de trabajar, pero no creo que sea tanto responsabilidad de los periodistas como de cómo está el ambiente empresarial y político. Siempre pongo como de ejemplo periodístico a Josep Martí Gómez, que es un periodista de Barcelona que roza los 80 años y que no entiende ninguna manera de hacer periodismo que no sea con su libreta y su bolígrafo, que creo que es como debe ser. Y es algo que se está perdiendo.

¿Qué se podría hacer para recuperarlo?

Primero, que los que son periodistas se crean que lo son y se crean esta profesión, que no es solo hacer una carrera y trabajar en un medio de comunicación: es una profesión que, si te la crees de verdad, es tu vida. Requiere mucha dedicación, e interfiere mucho en tu vida.

Ahora que casi todas las noticias vienen por agencia, ¿tiene las mismas posibilidades de destacar un periodista que empieza ahora que los de antaño?

Eso es lo malo, que ya no les dan esta oportunidad. A mí me da pena, porque las nuevas generaciones de periodistas que llegan ahora, que vienen becados, no tienen oportunidad de trabajar con alguien que les enseñe realmente lo que es el periodismo. Ellos tampoco tienen muy claro lo que representa, pero cada vez cuesta más encontrar periodistas séniors que se lo puedan explicar. Hay una frase de Martí Gómez que dice “esta profesión es como un sacerdocio”. Y yo así lo entiendo, por los sacrificios que requiere, pero también por las cosas maravillosas que te depara.

¿Ese conocimiento no se transmite de los veteranos a los que llegan?

Cada vez quedan menos veteranos. Además, en este país hemos pecado de que la gente, en cuanto se hace mayor, y por mayor me refiero a que tengan más de 40 años, tiene un afán de despachos muy importante. La gente no ha entendido que puedes ser periodista de la calle hasta los 78 años, y esto ha hecho mucho daño a nuestra profesión, porque los veteranos se han ido apalancando. Los jóvenes tienen que entrar, pero tienen que entrar siempre acompañados de los que ya saben. En este país ha habido mucha “despachitis”; la gente ha pensado que cuando ya tenía una edad determinada tenía que ser “Jefe de”, luego “Subjefe de” y luego “Más jefe de”; y esto ha hecho daño a la profesión.

¿Qué haces para evitar caer en esa “despachitis”?

Decir que no. Y he tenido muchas oportunidades.

¿Sigues saliendo y teniendo contacto con la calle?

Intento hacer todas las coberturas que puedo. La semana pasada estuve en la Mina de Santa Cruz, con los siete mineros encerrados. Soy el martirio de mis jefes, porque siempre estoy pidiendo que me dejen ir a sitios. No entiendo el periodismo sin el contacto con la calle. He tenido muchas oportunidades de estar sentada en un despacho, tanto en Cataluña como aquí, y siempre he dicho que no. Porque yo soy periodista, no soy gestora de nada. Solo sé hacer bien mi trabajo.

¿De dónde viene tu querencia por el periodismo?

De casualidad. Yo no tenía ningún tipo de vocación; me apunté a hacer Periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona como me podría haber apuntado a hacer cualquier otra cosa, pero poco a poco entré en el vicio este. Porque es un vicio absoluto. Quizá decir adicción sea exagerado. Muchas veces me he planteado abandonar; voy a cumplir 49 años y me pregunto qué más puedo contar, porque he contado cosas brutales. Yo siempre decía que una de las cosas que quería contar era la paz en Euskadi y el fin de ETA, y lo conté desde San Sebastián el día que ETA sacó el comunicado diciendo que cesaba la violencia. He contado en directo la caída de las Torres Gemelas, los atentados de Atocha, la victoria por mayoría absoluta del Partido Popular… ¿qué más me puede pasar? El día del 11S, que me pilló en directo en el informativo del mediodía de Telecinco, hice un programa desde las 2 hasta las 12 de la noche, y cuando acabó el programa me llamó una compañera que trabajaba en otro medio y me dijo: “Àngels, hoy ya nos podemos retirar.” Y le dije que no, porque después de eso vendría otra cosa. Además, en mi caso mi trabajo tiene un punto de egoísmo, porque yo quiero contar las cosas. Quiero ser yo quien las cuente.

Después de haber hecho tanto radio como televisión, ¿qué medio prefieres?

Es muy difícil decidirse por uno u otro, cada uno tiene lo suyo. Por ejemplo, el programa de la semana pasada desde la Mina de Santa cruz solo lo podía hacer por la radio, porque en la radio te desnudas y no puedes engañar, el oyente se da cuenta en seguida, pero no tiene la imagen, y la cobertura de la mina es muy radiofónica. Pero la cobertura de la revolución de la plaza Tahrir en Egipto es muy televisiva; yo la cubrí para la radio y echaba de menos el momento de la imagen, el poder acompañar todo lo que estaba contando con la imagen. No me puedo decantar por un medio o por otro. A veces estoy haciendo algo para un medio y echo de menos al otro y viceversa.

¿Al principio de tu carrera encontraste alguna dificultad añadida por ser mujer?

Sí, por ser mujer y por ser muy joven. Tenía que ganarme la credibilidad de la gente.

¿Crees que en este aspecto todo sigue igual? Hoy en día no hay tantas mujeres periodistas de relevancia como hombres.

Además acabamos de dar un paso tremebundo para atrás, sobre todo en televisión. Hubo una época en la que Olga Viza presentaba un informativo, Àngels Barceló presentaba un informativo… había gente de una cierta edad y trayectoria que hacía periodismo en televisión, pero ahora la televisión ha optado por otro tipo de mujer periodista, y en esto hemos retrocedido muchísimos años. Hay un perfil de mujeres que ya no tenemos espacio en televisión, pero los hombres sí.

¿Te refieres a que se escoge a los hombres para hacer periodismo serio mientras que a las mujeres se las escoge por el aspecto físico?

Sí, no tengo ningún complejo en decirlo. Me refiero a televisión. En radio, en cambio, no me he encontrado ningún problema: se ha confiado en mí y si soy mujer, soy mujer, no pasa nada.

¿Incluso entonces, a principios de los años 80, cuando empezaste en la radio?

Hice radio muy pocos meses, y después entré en televisión. El físico era importante, pero también pesaba que supieras hacer las cosas bien. Yo creo que ahora esto no se tiene en cuenta, el físico es lo que tiene más peso.

¿Qué opinas del revuelo que se ha montado con Sara Carbonero desde hace dos años?

No te voy a hablar de hace dos años, hace unos días (el partido de semifinales de la Eurocopa España-Portugal) Sara Carbonero le preguntó a Iniesta si le habría gustado tirar un penalti, cuando lo había chutado y lo había marcado. Imagínate que alguien hace esto en el Congreso de los diputados, que llega un periodista y le pregunta a alguien que acaba de ganar la presidencia del Gobierno si le habría gustado ser presidente. “Me acaban de nombrar”… A lo mejor soy excesivamente exigente con el trabajo de la gente, igual que con el mío. Uno puede cometer un error de vez en cuando, pero…

¿Qué te parece cómo está planteada la radio, con un modelo basado básicamente en la publicidad? ¿Está agotado ese modelo? En la SER hay un ERE, por ejemplo.

No creo que haya que cambiar de modelo. Los medios de comunicación también hemos vivido por encima de nuestras posibilidades; había una burbuja en la que entraba mucha publicidad y en la que todo funcionaba bien, y esto se ha acabado porque la crisis se ha llevado por delante el modelo de país. Hay que adaptar el modelo a la situación y las circunstancias, no podemos vivir igual que lo hacíamos hace diez años. Ni nosotros, ni el señor de la tienda de aquí delante, ni nadie. Todo ha cambiado y tenemos que adaptarnos. El peligro reside en aceptarlo renunciando a lo que nosotros hacemos, que es periodismo. Tenemos que adaptarnos a los tiempos que corren sin dejar de poner el valor en el producto que damos, que es la información. La crisis no debe afectar a la información.

¿Qué implican estos nuevos tiempos para un programa de radio?

Hacer filigranas. Hacer lo mismo con menos, que se puede hacer. Tener mucha capacidad de inventiva y mucha imaginación. Yo soy la más vieja de mi equipo, por algo soy la jefa; tengo un equipo muy joven, y ahí donde a mí se me acaba la imaginación ellos siempre tiene una idea que va más allá con menos coste económico. Pero me niego a pensar que el modelo de radio se haya terminado, porque la gente la escuchará en Internet, en el iPhone… me da igual donde la escuche, pero hay que hacerla con un micrófono delante en un estudio. El modelo no cambia.

Antes has nombrado a Olga Viza. Ella nos comentaba, refiriéndose a la prensa deportiva, que el sectarismo era la base del negocio.

Sí, pero en la prensa generalista pasa igual.

¿Es una consecuencia de la lucha por la cuota de mercado?

El forofismo vende, cada vez lo tengo más claro. Y no por lo que haga mi emisora, que yo podré quejarme de muchas otras cosas, pero afortunadamente somos una emisora plural. Es verdad que somos un grupo progresista, con determinadas cosas muy claras; para empezar, en mi programa nadie grita, y nadie dispara contra la trinchera contraria. A todo el mundo se le deja hablar. Pero el sectarismo sí que vende, y lo estamos viendo en las tertulias de televisión, por ejemplo. Cuantos más gritos, insultos y enfrentamiento, más audiencia. Y es otro factor que está contribuyendo a acabar con nuestra profesión. Además se llama periodista y periodismo a cosas que no son ni lo uno ni lo otro.

¿Qué reflexión hacer cuando ves que el que más grita es el que más audiencia tiene?

Quiero abandonar el país, quiero exiliarme. Últimamente utilizo mucho la frase “¿En qué país vivimos?” Yo nunca estoy a favor de la confrontación o la trinchera, me molesta muchísimo el grito y la agresividad, incluso en la entrevista. Intento sacarle todo a la gente, pero siempre con métodos que no empleen la agresividad. En un momento como este, en el que el periodismo debería ser el sustitutivo de la clase política, nos hemos convertido en los azuzadores, y ese no es nuestro trabajo.

¿Desde cuándo se va por este camino?

Hace ya mucho tiempo. Una cosa que me sorprendió me ocurrió cuando llegué a Telecinco después de trabajar trece años en TV3. En cuanto llegué se me puso una etiqueta, pese a que yo no había manifestado mi opinión, nadie sabía lo que pensaba ni de dónde venía; pero me convertí en una periodista no solo progresista sino socialista, cosa que no sé de dónde sacaron. Republicana, antimonárquica… me colgaron todas las etiquetas del mundo. Y fue algo que me impresionó.

¿Y eso por qué fue?

Supongo que porque era catalana y venía de Cataluña. Es verdad que yo siempre he manifestado opiniones sobre la inmigración, sobre la igualdad…

¿Cuándo te ocurrió esto?

En 1997, en Madrid. Es una de las cosas que más me impresionó: cómo se hace periodismo aquí en Madrid. Es una sociedad totalmente polarizada. Yo defiendo el compromiso, la igualdad… la igualdad y la inmigración. Pero si alguna vez se me ocurre decir algo porque pienso que también tiene razón quien dice otra cosa, la gente no puede entenderlo. Yo no me he metido en esa casilla, ¿por qué me meten ustedes? Es muy difícil hacer periodismo así.

¿Qué hiciste para salir de esa casilla?

No he salido. Intento ser muy honesta y sincera, y cuando me preguntan respondo. Y me acuesto cada noche tranquila, porque igual que te lo digo a ti, que lo vas a publicar, lo digo en cualquier sitio, no tengo un doble discurso. No he conseguido salir del encasillamiento, pero que cada uno piense lo que quiera. Yo duermo cada noche muy tranquila.

¿Notaste mucho cambio al pasar de una cadena pública como TV3 a una privada como Telecinco?

Sí. A pesar de que pude trabajar muy libremente en TV3, era una televisión que estaba mandada por un consejo de administración con representación de todos los partidos políticos, y era algo que se notaba y se vivía. Pasé a una privada en un momento en que pienso que se hicieron los mejores informativos que se han hecho en este país en mucho tiempo. Trabajé con total libertad: hicimos los informativos del Prestige, de la guerra de Irak… sobre lo peor que ocurrió en este país; lo hicimos gobernando Berlusconi, y no pasaba nada.

¿Cómo estás viviendo el ERE en la SER?

Con dolor. Todo lo que supone perjuicio para mis compañeros es dolor para mí.

En estos tiempos en que se mira tanto el gasto público, ¿tienen sentido las televisiones públicas?

Tiene más sentido que nunca una televisión pública como Televisión española. Como la que teníamos hasta la semana pasada al menos [TVE ha cambiado de director de informativos; Julio Somoano sustituye a Fran Llorente]. Era una televisión absolutamente plural, que no ofendía a nadie, que lo contaba todo bien… y no estoy hablando de la programación, no voy a entrar en si los programas me gustan más o menos, estoy hablando de la información.

¿No es posible hacer eso en una cadena privada?

Para las cadenas privadas no es un problema político, es un problema de audiencia. Los informativos de las televisiones privadas no me sirven, no dan información. Yo me dedico a la información, y pongo el informativo de las ocho y media o las nueve en una cadena privada y no me dice nada; eso no es información, es otra cosa. En cambio la pública, hasta la semana pasada, era la televisión que me servía de referencia. El problema es que seguramente se va a acabar. De todas formas, entiendo que las privadas lo hagan así; tienen otras necesidades, que son ingresar dinero. Si a ellos les funciona un informativo de ese tipo, me parece perfecto. Pero a la pública sí le pido un buen informativo.

¿Qué parte de culpa tenemos el público?

Toda. Es mi guerra de siempre. Si la gente dejara de mirar ciertas cosas, dejarían de emitirse. Me acuerdo, ya en mi última época en Telecinco, que bajamos de audiencia y la gente siempre decía “son los únicos informativos que se pueden ver”. ¡Pues miradlos! El otro día en Twitter todo el mundo le decía a Buenafuente que tiene que volver a la tele. ¡Pero si ha vuelto, y le ha echado la audiencia! El máximo responsable somos nosotros, y no acepto cuando la gente dice que en la tele solo ponen basura. Dejad de mirar la basura y dejarán de emitirla.

Entonces es un problema mucho más profundo.

Cuando todavía estaba en Telecinco, que fueron los inicios de Aquí hay tomate y todo eso, recuerdo que con compañeros de la redacción decíamos que sería algo pasajero, que ese tipo de televisión era una moda, pero pasaría. Y no ha pasado. Al contrario.

Eres muy aficionada al deporte.

Me gusta mucho, pero no me gusta nada la prensa deportiva.

¿Ha ido a peor en los últimos años?

Es necesaria y te evade. Cuando voy en el avión, a veces me leo un diario deportivo, pero en ocasiones me pregunto si eso es realmente periodismo. Generan unos debates ficticios, que no existen. Son capaces de alimentar durante diez días que Piqué y Sergio Ramos no se llevan bien. Y a lo mejor es verdad, pero en la selección juegan maravillosamente bien los dos juntos. Entiendo que la gente lo necesite porque se evade y les gusta ese tipo de lectura, pero… Igual que te decía antes lo de Sara Carbonero y el penalti del otro día, me pregunto ¿y si hiciéramos esto nosotros? Claro que también hay medios no deportivos que lo hacen…

¿A qué te refieres?

A generar este tipo de debates. Me preocupa que en la lista de profesiones peor valoradas esté el periodismo. Algo hemos hecho mal, y una de ellas es no saber marcar la frontera entre lo que es periodismo y lo que no lo es. Y no quiero decir que lo otro esté mal hecho, pero no le quiero poner la etiqueta del periodismo. Pongámosle la etiqueta de espectáculo, entretenimiento, divertimento… pero no lo llamemos periodismo, porque al final hemos confundido a la gente.

Pero entonces ya empiezas a tomar un papel de educador.

No, porque ya te digo que yo entiendo la existencia de esos medios, y yo misma los leo y los veo, pero pongámosle otra etiqueta. No pretendo educar a nadie. Pero yo soy una talibán de mi profesión, y la entiendo solo de una manera: como la hago. Como todos, he tenido la posibilidad de tomar caminos, y nunca he tomado otros caminos porque soy así. Seguramente estoy equivocada y soy menos rica, pero me acuesto cada noche con una tranquilidad y una felicidad…

¿Cubrir una rueda de prensa de Karanka es periodismo, por ejemplo?

Yo se lo digo a los de deportes: “¿Por qué no os levantáis y os vais?” Y ya no te digo de Karanka, sino una de Mourinho insultando a los periodistas; porque les insulta. Levantarse y marcharse porque ese no es tu trabajo sí sería periodismo. Lo otro es entrar en ese juego que yo entiendo, se necesita y ojalá dure muchos años por el bien de los compañeros, pero no es periodismo como yo lo entiendo. Yo sigo todas las ruedas de prensa del Consejo de Ministros y la gente pregunta y es insistente. No tiene nada que ver con lo que hacen en las ruedas de prensa de Karanka o Mourinho.

¿Cuál es la entrevista más enconada que has hecho?

Últimamente, hablando de política, lo son todas. No hay ningún político que te quiera responder a nada de lo que le preguntes.

Eso es un clásico.

Sí, pero últimamente mucho más. He notado una evolución. Recuerdo que una de las últimas fue al portavoz del partido Popular, Alfonso Alonso, y me decía una cosa que no era cierta. Por tres veces intenté que no dijera algo que no era cierto. No lo conseguí y dije “para aclarar a los oyentes, lo que usted está diciendo no es verdad, porque es así, así y así; y ahora, si quiere, continuamos la entrevista”. Cada vez es más difícil. No se relajan. Cada vez me cuesta mucho más. Quizá es que me estoy haciendo mayor y tengo menos paciencia.

¿Estás cada vez más desengañada de los políticos?

De la clase política de hoy en día sí.

¿Me podrías decir algún miembro del gobierno que te parezca que lo esté haciendo bien?

No.

¿No se salva ninguno?

No. Aún no he podido entrevistar a ningún miembro del gobierno, nunca han querido venir a mi programa.

¿Y el que más está patinando?

El propio presidente del gobierno.

¿Cuál es el mayor fallo que tiene?

No contarle a la gente la verdad. Tengo la sensación, y lo he dicho mil veces en antena, de que piensan que somos tontos. Piensan que nos pueden engañar con los eufemismos, que es lo más típico y lo más tópico. Y no pueden. La gente es mucho más lista de lo que se piensan. Y es que, a pesar de ellos, este país sobrevive, se levanta cada día, y lo poco que funciona, funciona. Tienen un gran desprecio hacia la gente.

¿Te esperabas esto?

No esperaba nada. Sabía que lo tenían difícil, pero pensé que serían un poco más hábiles a la hora de la gestión. Como criticaron tanto cómo lo había hecho el PSOE en cuanto a comunicación, pensé que serían un poco más hábiles simplemente para que no les dijeran que lo están haciendo igual que los otros. Y no son nada hábiles.

¿Eres capaz de ponerte en su lugar?

Me pongo en su lugar para decirles lo que estamos viviendo en nuestras carnes. Me pongo en su lugar, pero podrían gestionarlo de otra manera. La comparecencia de Luis de Guindos el otro día en el Congreso, explicando el no-rescate, porque para él no es un rescate, es una verborrea constante de cosas que no dicen nada y no responde a nada de lo que queremos saber.

¿De dónde crees que les viene esta tendencia al eufemismo, cuando no a mentir directamente?

Creo que se debe a la propia improvisación, que no saben qué hacemos ni dónde estamos ni qué queremos. Quiero atribuirlo a eso. No son conscientes de que los ciudadanos agradecerían más que les dijeran: “Señores, estamos en un momento jodidísimo y vamos a pedir ayuda para los bancos, porque si no de esta no salimos.” Creo que la gente lo entendería mucho más. Es que es mucho peor que salga Mariano Rajoy diciendo que ha presionado tanto a Europa que se lo han dado todo y luego salga Europa diciendo: “¿Perdón?”

¿Esto viene de la época en que se podía mentir más alegremente, cuando las cosas nos iban mejor a todos?

Creo que nunca nos han mentido tanto como se hace ahora. Es cuestión de la talla de los políticos. Hay una cosa que me llama mucho la atención: dentro del aparato de los partidos hay gente muy válida, gente con la que hablas en corto y dicen lo que la gente preferiría oír, pero luego entra en funcionamiento la maquinaria del partido, los cargos, el secretario del subsecretario de no sé qué, y ese mensaje, que hay gente en la base del partido que lo tiene, no llega a los ciudadanos. Y luego pasa lo que pasa: la gente está desencantada, los políticos son lo peor que hay, la desafección…

¿Qué cambio sería necesario?

Gente que hablara con honestidad.

¿Lo ves posible?

No, no lo veo posible. Sería en un mundo ideal.

Se decía que con el cambio de Gobierno se podían arreglar las cosas. ¿Ya no nos queda ni la esperanza?

La oposición también está en su peor momento. Salió tocadísima de las últimas elecciones y no ha remontado. El Partido Popular va bajando, pero es que el PSOE no va subiendo. Algo falla, aquí hay algún problema.

¿Crees que se va a cumplir la legislatura de cuatro años?

Yo creo que no, y es dramático. La gente tiene el futuro muy jodido. Hay un 50% de paro juvenil. Tengo una hija de 19 años que me pregunta qué va a hacer y…

¿Entiendes algún recorte de los que se están haciendo?

Bien explicados, puedo entender muchos. Yo no pertenezco a ninguna empresa pública, y me he recortado mi sueldo dos veces. Se pueden entender muchas cosas. El propio copago sanitario, el mismísimo recetazo, explicado y con una proporcionalidad, bien hecho, a lo mejor se puede entender. Pero tenemos una ministra de Sanidad que no ha dado ni una entrevista. ¡Una ministra de Sanidad que no contesta preguntas! Hablas con los médicos y te dicen que pueden gestionarlo, pero se ha de hacer bien. Hay muchas cosas que se pueden recortar y retocar, pero hagámoslo bien.

¿Quién está al mando en este Gobierno? ¿Soraya? ¿Rajoy?

Yo creo que nadie, y ese es el problema. ¿Dónde está el capitán del barco? Es como el Costa Concordia: el capitán ha salido catapultado y no sabemos quién está al mando.

Acabas de venir de León de ver a los mineros. ¿Le ves solución a su situación?

Ellos mismos son conscientes de que el sector de la minería está en su fase final, pero en este país nadie ha tenido la perspectiva de saber gestionar la reconversión de este sector. Y ahora mismo al Partido Popular le caen encima unos señores que tienen unas ayudas que se las habían prometido y que, en un tiempo de recortes, no se las dan. Yo no le veo salida, porque otro de los déficits de este gobierno es su capacidad de diálogo y de hablar. Aunque luego le digas que no se lo vas a dar, siéntate con ellos. Antes hablaba del desprecio, y es que es un desprecio a la ciudadanía constante. La propia supresión del debate sobre el estado de la nación… yo lo hago cada año, y es un coñazo, pero es el momento en el que ellos tienen que dar respuesta a preguntas en el Parlamento. Para eso les hemos elegido.

Antes has hablado del 11S. ¿Eras consciente de las consecuencias que iba a tener?

Yo no fui consciente de nada hasta que me levanté de la silla. Ese día retransmití una película. Pero en cuanto me levanté de la silla, me entró un temblor de piernas espectacular.

¿Pensaste que aún iba a ser peor de lo que ha sido durante estos diez años?

No fui consciente de que eso desencadenaría guerras. Lo que tenía clarísimo es que algo iba a cambiar a partir de entonces. Habían herido a Estados Unidos en su propio corazón y aquello no iba a quedar sin respuesta.

Aquello te sorprendía empezado ya el Telediario.

No, fue a punto de terminarlo. Eran casi las tres y yo había empezado a las dos y media. Mi compañera Marieta me dijo por el pinganillo que había un incendio en las torres gemelas, que estaba llegando la imagen y que la pinchaban de despedida. Pero al cabo de diez minutos volvimos. Aquello fue un máster.

¿Qué momento se te ha quedado del Prestige?

Llegar a un pueblo, ir hacia el puerto y ver a los pescadores salir con sus barcas a recoger chapapote del mar. Recuerdo que llamé al jefe de informativos de entonces y le dije que no sabía cómo lo íbamos a contar y si íbamos a ser capaces, pero que eso era bestial. Lo que más me sobrecogió fue el trabajo de la gente. La parte humana me pareció alucinante.

¿Has vuelto por allí?

No he vuelto, pero fue una semana de una intensidad…

Has comentado antes que una de las noticias que siempre habías querido dar y que pudiste hacerlo fue el fin de ETA. Hace unas semanas el Tribunal Constitucional legalizó Bildu. Una de las razones en las que apoyaron la legalización fue que es una realidad innegable y que la gente lo apoya. ¿Te parece una razón suficiente?

Es la normalidad. Si estás en el País Vasco te das cuenta de que lo normal es la presencia de Bildu, de Sortu. Y la normalidad pasa por que sean reconocidos y legalizados. Uno de los grandes errores del PP fue no dar grupo parlamentario propio a Amaiur. ¡Sacaron los votos, es una realidad! Además, ¿cuántos años llevamos pidiéndoles que entren en el juego democrático?

¿Hay que legalizar cualquier ideología si tiene apoyo en la calle?

No, ese es solo uno de los argumentos que se esgrimen en contra de la legalización. Uno de los motivos por los que no se legalizaba era porque estaba demostrado que era ETA. Bueno, pues han considerado que no lo es. Además, pienso que no es exactamente lo mismo. En un momento en el que ETA da el paso de decir que deja de matar entramos en otra dimensión y se tiene que valorar de otra manera, hay que dar pasos en el sentido de que esto es verdad y que vamos hacia delante. Ya habrá tiempo de darnos cuenta de que a lo mejor no, y entonces ya veremos qué hacemos, pero de momento no hay ningún argumento para pensar que esto no sea así. Y la prueba está en que la actividad policial y judicial continúa: hace muy poco detuvieron al presunto asesino de Isaías Carrasco, por ejemplo. Pero vamos a empezar a encauzar las cosas. La foto de ayer de la reina Isabel dándose la mano con el del IRA… ojalá un día en este país veamos eso.

¿Podremos verlo?

Yo creo que sí. Pensé que nunca daría el anuncio de ETA dejando las armas, y lo di. Pues espero que un día un etarra y el Rey se den la mano, y que en este país seamos normales de una vez.

Los miembros del Tribunal Constitucional los nombran los partidos políticos bajo el argumento de que así se logra un reflejo de lo que vota la sociedad. ¿Estás de acuerdo con este modelo?

No, estoy en contra de la politización de la Justicia, y llevamos ya muchos años en que la separación se ha diluido. Entiendo que la gente tiene ideología porque forma parte de nuestra forma de ser. Por lo tanto es evidente que los jueces tienen su ideología, pero son jueces. Que los políticos no se metan.

¿Propondrías eliminar el Tribunal Constitucional?

No, eso es lo que propone Esperanza Aguirre, pero eso jamás.

¿Porque no está bien, o porque lo quiere Esperanza Aguirre?

No, hombre, porque no está bien. En este país hemos evolucionado mucho y muy bien. Hemos pasado una transición y tenemos una Constitución y un Tribunal Constitucional. Es un país muy garantista y a mí me encanta que la justicia actúe cuando tiene que actuar. Deberían replantearse muchas cosas, pero ahora mismo es imposible. Mira lo que ha pasado en Televisión Española.

¿Te parecerían más fiables los cargos vitalicios, como en la Justicia de los Estados Unidos?

Tampoco. Un cargo vitalicio es un sitio del que vives toda tu vida.

¿La cultura tiene que estar al alcance de cualquiera? ¿Qué opinas de las descargas?

Soy antidescargas y antipiratería. Pago por todo lo que bajo de internet.

¿Por qué antes Sinde   y ahora Wert son dos de los ministros más odiados?

Ahora me ganaré enemigos, ya lo sé, pero es porque la “comunidad internauta”, que no sé quiénes son, tiene mucho poder de movilización a través de la red. Aspiro a que todo el mundo cobre por lo que hace. Podemos hablar de precios y de si se gestiona bien o mal, es otro debate, pero la barra libre para todo el mundo no me parece bien.

Es decir, bajarse Juego de tronos es robar.

Alguien ha trabajado para Juego de tronos y a alguien se le tendrá que pagar por eso. Debo de ser la única idiota, pero yo pago absolutamente por todo.

¿Cómo has visto a la selección española en esta Eurocopa?

Un poco como al Barça durante la temporada: mucho toque y poco gol. Les veo muy cansados físicamente, pero siguen siendo maravillosos. En la semifinal España-Portugal hubo una jugada de Pedro Rodríguez, Jordi Alba e Iniesta que … solo por esa jugada que no acabó en gol valía la pena ver el partido entero. Son malabaristas.

¿Qué opinas del debate del tiki-taka?

Es que soy culé. ¿Qué te voy a decir? Soy muy de tiki-taka, pero la temporada pasada me he descubierto a mí misma viendo partidos del Barça y diciendo: “¡Ya! ¿Queréis dejar de tocarla y meter el gol de una vez?” Y es la sensación que tengo con la selección española.

Enric González acaba de escribir un libro (Cuestión de fe) y él, que es muy perico, uno de los argumentos que desarrolla —a no ser que no lo haya entendido bien, que puede ser—, es que toda la historia del Barça como club antifranquista es algo inventado por Vázquez-Montalbán. ¿Qué opinas como culé?

A mí siempre me han contado, y no te lo digo en primera persona porque cuando he vivido el fútbol ya había democracia y por tanto nunca he tenido la sensación de ir al fútbol para desahogar mis instintos, que el Barça servía para desahogar esos instintos catalanistas e independentistas. No puedo rebatir esa teoría porque no la he vivido, yo he vivido el Barça en democracia. Sí que es verdad que los culés hemos identificado el Barça con el nacionalismo catalán, pero no sé si es cierto.

¿Qué le espera al Barcelona después de Guardiola?

Tito Vilanova.

¿Y qué esperas de él?

Lo mismo que esperaba de Guardiola cuando lo ficharon, era una incógnita total. Yo le había entrevistado poco antes, creo que es la última entrevista que dio; le pregunté si se veía entrenando al primer equipo del Barça y me dijo: “Eso sería…” Yo esperaba cero, lo mismo que de Vilanova. Espero que nos sigan dando este placer de verles jugar, igual que la selección española. Soy muy del Barça, pero también soy muy futbolera y me gusta el buen fútbol.

¿Te puedes ver un Manchester-Bayern de Múnich?

Sí. Mi hija dice que sus amigos flipan conmigo. Soy la única madre que cuando entran en su casa puede estar viendo cualquier partido.

¿Cuál es el mejor recuerdo que tienes como culé?

El 2 a 6 del Bernabéu. Lo vi en casa de un madridista que me acababan de presentar, un tipo genial, un notario de Figueras. El primer gol me contuve, el segundo gol me contuve, el tercer gol me contuve, pero al cuarto le dije “Por favor, sé que no nos conocemos de nada y nos acaban de presentar, pero déjame que grite.” Cuando acabó ese partido llamé a Santi Segurola y le pedí que me hiciera la crónica, porque yo misma no daba crédito a lo que había vivido.

¿Qué te dijo?

Pues me hizo “la maravillosa crónica de Santi Segurola”. Destacaba la relación entre el fútbol y la felicidad de la gente, porque ese día era muy feliz.

¿Por qué crees que a cierta gente le duele más que se metan con su equipo de fútbol que con su familia?

Un día leí en El País un artículo de Santiago Solari en el que hablaba precisamente de eso: del forofismo. A mí me gusta mucho el fútbol, pero el forofismo me está echando de él, porque no lo soporto. No lo soporto ni en los propios culés. Me ofende ver un partido del Barça con hooligans del Barça. Me molesta que haya gente del Barça que no reconozca que Sergio Ramos hizo una Eurocopa espectacular, y no lo quieren reconocer porque son del Barça. A mí me gusta tanto el fútbol que le perdono que sea del Madrid. Me encantó lo que hizo cuando le tocó tirar el penalti (se refiere al lanzamiento frente a Portugal). El forofismo me está quitando ese gusto que me daba ver los partidos y disfrutarlos. Si ganas, maravilloso; si pierdes, te lo has pasado bien un rato.

¿Ves Punto Pelota?

Lo he visto alguna vez. No habitualmente, pero sí alguna vez.

¿Cómo es posible que Pedrerol pasara de hacer El día después a Punto Pelota?

Es lo que te decía antes, la vida te da caminos y tú los escoges. Eso te da audiencia, la audiencia da publicidad y eso da dinero. Es un producto.

¿Cuando lo ves lo apagas?

No, soy capaz de engancharme con Punto Pelota. Engancharme cabreándome muchísimo, eso sí.

¿Quién es el que más te cabrea?

Es compañero de la SER, pero Roncero me puede.

¿Le viste llorar?

Sí, porque cuando llegué de ver el fútbol puse un momento Punto pelota y justo llegué en el momento del llanto de Roncero.

¿Cuál es tu peor momento como culé?

Muchos. Los culés hemos sufrido durante muchos años, nos va bien desde hace cuatro. Llegué a Madrid en 1997, y viví aquí la séptima, la octava y la novena copa de Europa del Madrid. Aunque no fueran contra el Barça. Además yo antes vivía al lado del Bernabéu y para mí aquello era una depresión constante.

¿Te da miedo que puedan volver los malos tiempos para el Barça?

Sí, pero hemos disfrutado tanto que si ahora vuelve durante un tiempo no me importará, que me quiten lo bailado. Lo peor lo tienen las generaciones jóvenes, como la de mi hija, que no entiende que el Barça pierda algún día. Le digo que no se acostumbre a esto, que el Barça antes siempre perdía. Mi primera Liga el Barça la ganó cuando yo tenía diez años, con Cruyff. Y luego ya nada hasta Terry Venables, cuando yo ya trabajaba. Yo di la victoria de la Liga contra el Valladolid, con ese penalti que paró Urruti.

¿Qué te gusta leer?

Leo mucha novela, todo lo que cae en mis manos. Las editoriales me mandan todas las novedades y soy una adicta a la lectura.

¿Qué recomendarías?

Lo que más me ha impresionado de lo último que he leído es Yo confieso, de Jaume Cabré. Es lo mejor que ha caído en mis manos en muchísimo tiempo. Tanto es así que pedí entrevistarle, porque había disfrutado tanto con esas 900 páginas… Pero además últimamente he disfrutado con muchas cosas, como el último de Almudena Grandes, El lector de Julio Verne. Soy muy del último libro que leo. Y ya he perdido el complejo: si no me gusta, lo suelto. Para mí fue una decepción Libertad de Franzen. Todo el mundo decía que era una maravilla y a mí me costó muchísimo. Tengo ahora otro suyo, Las correcciones, y lo tengo para este verano, pero me está dando un poco de pereza. Tengo un compañero en A vivir… que tenemos gustos literarios muy iguales, y siempre hacemos un club de lectura por Whatsapp, y me recomendó Libertad. Lo cogí y me lo terminé por militancia, porque no me gustó nada.

¿Qué aportarías a nuestra sección El libro que leería durante la película que no puedo perderme?

Yo es que en cine soy muy mala. Estoy recordando mucho Blade runner, pero sobre todo por el final, aquello de “He visto cosas…”.

¿La viste en el cine cuando la estrenaron?

Sí.

¿Ya te gustó entonces?

Sí, y creo que es de las películas que más veces he visto.

¿Cuál de los distintos finales te gusta más?

Me quedo con la original, la primera. En cuanto a recomendar un libro… no sé, todos. Ahora tengo en la mesita de noche uno que no hace falta leer del tirón: Una forma de resistencia, de Luis García Montero. Viene a decir que en esta época de crisis es recomendable guardar ciertas cosas, y habla de unas sandalias, de unos relojes… de objetos. Son capitulitos cortos y te reconcilias con la cotidianidad, con la vida.

¿Te da tiempo a leer?

Sí, muchísimo. Leo mucho en el tren, por ejemplo, porque voy y vuelvo de Barcelona todas las semanas, así que tengo dos horas y media de lectura que no me quita nadie. Y antes de acostarme siempre leo un ratito.

Antes hablábamos de diferentes maneras de hacer periodismo. ¿Qué te parece la manera de ejercerlo de Jiménez-Losantos?

Durante muchos años ha hecho periodismo, pero luego le ha podido la opinión, sus filias y sus fobias, y se han notado demasiado en lo que ha contado. Pero entiendo que ha hecho un trabajo importante en un momento determinado, en una emisora que era de su ideología. Me parece un buen profesional, aunque no tengo nada que ver con él en cuanto a ideología. No lo conozco personalmente.

¿Intereconomía?

No la veo nunca, salvo Punto Pelota a veces.

¿Te parece sano que exista una cadena así?

Ni sano ni insano. Si hay gente que lo ve y a quien gusta este tipo de periodismo y esta manera de contar las cosas, pues mejor para ellos, pero no es mi estilo.

Julia Otero.

Es una compañera en la que me veo muchas veces reflejada. Algunas tardes la escucho y me da la sensación de que somos muy intercambiables.

Andreu Buenafuente.

Cuando he salido de trabajar a las doce de la noche, he llegado a casa y he pillado el monólogo de Buenafuente o a Berto. Para mí ha sido la mejor desintoxicación del día.

¿Qué ha fallado en su último programa?

No soy crítica de televisión, pero a mí me parecía un programa demasiado igual a lo que ha hecho siempre; le faltaba el efecto sorpresa. Lo digo como espectadora. Aun y así yo lo veía.

¿Te gusta el tipo de periodismo que hace Jordi Évole?

Me gusta mucho lo que hace, lo que no me gusta es que se diga que el único periodismo bueno que se está haciendo es el suyo, porque hay otros que también hacemos buen periodismo. Hace un programa que aborda temas que la televisión ya no aborda porque ya no se toca la investigación, la investigación y la entrevista, y él consigue hacerlo. Consigue que le contesten y que lo reciban, aunque también es verdad que lo consigue porque va con esa pinta de “soy otra cosa, no soy exactamente un periodista”. Pero me parece un ejercicio buenísimo de denuncia y de compromiso, y recuerda que he comenzado la entrevista diciendo que para mí el periodismo es compromiso. Me parece fantástico, pero no me gusta que se diga que el único periodismo que se hace ahora en el universo es el de Jordi Évole, porque hay otra gente que también lo estamos haciendo.

¿Hay algún periodista de derechas al que admires, leas regularmente y de quien te interese su opinión?

No voy a entrar en el debate de derechas e izquierdas pero, aunque ideológicamente no estamos en la misma sintonía, Carlos Herrera me parece un profesional como la copa de un pino. Cuando le escucho por la radio me parece un panzer, es espectacular. Además le conozco personalmente y me parece un tío divertidísimo y un encanto; y seguramente no tenemos nada que ver el uno con el otro salvo que él es de un pueblo que está a tres kilómetros de mi casa.

Fotografía: Guadalupe de la Vallina

 

 


Carlota Reig: “Hemos endiosado a muchos deportistas”

“Normalmente no voy tan maquillada, pero vengo directa de hacer el Telediario”. Carlota Reig (Madrid, 1984) llega puntual a la Nevera del Ramiro de Maeztu, el legendario instituto por el que Club Estudiantes es tal. Va armada de una de esas sonrisas amplias y sinceras capaces de abrir casi cualquier puerta, lo que unido a sus 177 cm. hizo que el gran Andrés Montes le adjudicara el mote de Julia Roberts. Carlota lleva desde los 24 años frente a las cámaras de LaSexta Deportes y acaba de cubrir el Europeo de baloncesto en el que la selección española resultó campeona, todo un logro para esta periodista de mirada penetrante y dicción impecable. Tras una sesión de fotografía en las canchas, buscamos un lugar tranquilo y apartado de los estudiantes que entrenan y podrían arremolinarse a nuestro alrededor por estar en plena edad de conocer el Mal, y ya lejos del cartel de “No echen de comer a los dementes” conversamos largamente acerca de su profesión y, sobre todo, en lo que respecta al baloncesto.

¿Hubo algún medio, programa o personaje que te inspirara para ser periodista?

Siempre quise serlo, pero no por ningún medio o personaje en particular. Desde pequeñita me gustaba mucho escribir; pero no como un diario, sino reflexiones de las cosas que me pasaban y por qué podían pasarme. Y no sólo por escribir, sino porque también me interesaba mucho la actualidad, lo que estaba pasando en el mundo. Por eso decidí que me gustaría ser periodista.

Deduzco, por lo tanto, que el periodismo deportivo no es tu vocación. ¿Te gustaría trabajar en otros campos?

El deporte me interesa —de hecho los he practicado casi todos— pero también me interesa la política. Empecé trabajando en Real Madrid Televisión y en deportes me quedé. Es algo que me encanta, pero la verdad es que no informas de nada serio, te limitas a entretener. El día del adiós de ETA, por ejemplo, los otros periodistas te dan un poco de envidia sana; me gustaría hablar de eso, no de si Higuaín ha metido más goles con la derecha que con la izquierda.

¿Crees que el periodismo deportivo tiende últimamente a lo fácil?

Sí, son muchos tópicos que al final te cansan. Y no sólo en el lenguaje, estoy harta de escuchar “abrió la lata”. Cuando cojo un periódico deportivo y leo “mejor promedio goleador de Europa”, me aburre. Pero también me pasa con algunos diarios nacionales; llego al final y me doy cuenta de que no he leído ninguna historia interesante.

El otro día, por ejemplo, la portada de un periódico deportivo se centraba en un entrenamiento del Madrid pese a la de historias interesantes que genera el deporte.

Lo que cuenta es el dinero. Si metes en portada que, por ejemplo, Marta Domínguez vuelve a ganar una carrera, puede que vendas un periódico. Si la haces de un entrenamiento del Madrid con Cristiano Ronaldo, Mourinho e Íker Casillas vendes el doble. Por desgracia es así.

¿Te gustaría probar otro medio además del televisivo?

¿Por qué no? Aún no estoy preparada, para escribir tienes que seguir una serie de pautas, pero sí, en algún momento me gustaría escribir. Aunque no de deportes.

¿Cómo ves el papel de una mujer joven como tú en un mundo que tradicionalmente ha sido de hombres?

Ha habido otras mujeres antes que yo que han roto el estereotipo de que tiene que haber un hombre en un campo de fútbol o una cancha de baloncesto. En mi caso, por ser mujer, no he conseguido ni más ni menos. Hay a quien le puede chocar aún que le dé un abrazo o dos besos a los jugadores que me encuentro, pero ¿qué haría un tío? Pues chocaría la mano, daría un abrazo y unas palmadas en la espalda. Quizá queda un poco raro, pero ¿qué más da?

¿Los jugadores te tratan de forma distinta que a tus compañeros?

Creo que no, aunque siempre tienes el puntito de que un hombre le va a prestar más atención a una mujer que a otro hombre, sois así. Estoy convencida de que si un deportista tiene a un lado a un periodista-hombre al que no conoce y al otro a una periodista-mujer a la que tampoco conoce, en el 80% de los caso se va a ir hacia la chica.

¿Existe un tapón generacional que impide a periodistas jóvenes alcanzar puestos de más relevancia?

Presenté mi primer informativo con 24 años, que me parece una pasada. Ahora tengo 27 y me dejan hacer cosillas, pero es que en LaSexta siempre hemos sido todos muy jóvenes. Sí que es cierto que en TVE, por ejemplo, los periodistas duran y duran. Caen gobiernos, cambia el siglo y siguen los mismos presentadores. Cosa que no me parece mal, pero no hay relevo. En la radio ahora también hay muchas mujeres. Están Àngels Barceló, Julia Otero… Pero sí, me gustaría ver, además de a mujeres presentadoras, a mujeres mandando. En LaSexta, por ejemplo, apenas hay. Tenemos una editora que rige los contenidos, pero los tres grandes jefes de la cadena son chicos; estaría bien que hubiera alguna chica ya que somos casi todo mujeres.

¿Cómo analizas el creciente sensacionalismo que últimamente rodea a muchos programas deportivos?

A mí no me gusta, pero entiendo que es entretenimiento y el deporte no tiene que ser serio. Una cosa es que en un campo muera un deportista de un ataque al corazón o pase algo en la IndyCar como pasó hace poco. Pero si no, te estás dedicando a entretener. Intentas que la gente pase un buen rato entretenida e informada sobre deporte. Por lo tanto, sensacionalismo, depende.

¿Notas en la prensa en general un cierto amarillismo? ¿La prensa deportiva se ha convertido en prensa del corazón para hombres?

Sí, pero es lo que quiere este país. LaSexta hizo un especial de Al rojo vivo sobre el adiós de ETA mientras al mismo tiempo en Telecinco emitían Sálvame; la diferencia de audiencias fue brutal. Piensas que en España a nadie le interesa que una banda terrorista deje las armas, que interesa más qué le pasa a Belén Esteban por la cabeza. Es triste, pero es el país en el que vivimos.

Parece que prefiramos otros medios cuando lo que queremos es mera información.

Puede ser. Lo primero que hago por las mañanas es entrar en Twitter, ver qué ha pasado. Sigo, además de amigos, a periodistas y agencias de noticias; es como un teletipo. Me gustan los informativos, pero para ver cómo lo cuenta cada uno, es algo periodístico. Ahora mismo si te interesa buscar información o saber qué ocurre en el mundo vas a internet y está todo.

¿Crees entonces que en la televisión van a desparecer los informativos como tal?

Quedan muy pocos informativos que se dediquen sólo a informar. Prácticamente todos son una especie de magacín. Tienes información seria de política, pero también te meten reportajes sobre Halloween. Sólo es diferente en TVE, pero porque es como una burbuja; siguen haciendo las cosas igual que hace 20 años. Han evolucionado y han ido mejorando, pero siguen trabajando como se trabajaba antes; son los que aportan más información pura y dura. El resto intentan dar otro tono. El de LaSexta, por ejemplo, me parece más fresco, pero es verdad que no te informas.

¿Cuál debería ser la función de un periodista?

Aparte de informar y entretener, debería ayudar a mejorar cosas, sobre todo mediante la denuncia. Por ejemplo, lo que ha ocurrido en Libia y en Egipto ha sido gracias a los medios de comunicación. Si en la otra parte del mundo no estás viendo cómo está la plaza de Tahrir, no te crea una conciencia que te hace ver que están oprimidos y que necesitan ayuda. Y eso lo hace un medio de comunicación. Sirve para denunciar injusticias aquí o en cualquier sitio.

Es decir, para actuar como el cuarto poder que se supone que es. ¿Crees que está muy sujeto a los otros poderes, por lo que estamos lejos de conseguirlo?

Creo que hay esperanza. Atravesamos un período muy complicado, sobre todo por las elecciones que se avecinan, pero normalmente un medio de comunicación o un periodista tiene que ejercer un control sobre el poder. Si nadie informara de nada algunos políticos seguirían robando. No creo que estemos a años luz de esa situación. Francisco Camps, por ejemplo, dimitió por presión popular, y eso lo logran los medios de comunicación. Pero por ejemplo con lo de Blanco, lo de los 200.000€ del primo, lo está sacando todo un medio de comunicación; me pregunto hasta qué punto ese medio tiene interés en cargarse a Blanco. Hay que lidiar con todo. Pero no estamos tan lejos.

¿En la universidad se forma correctamente a los periodistas?

Depende. Yo tuve algunas clases que me sirvieron de mucho y otras que absolutamente nada. Además, a partir de tercero casi ni pisé la universidad. Me acuerdo de un profesor que nada más entrar dijo “¿Tú qué quieres ser?” Uno contestó “Periodista deportivo”. Y le dijo “Pues coge una cámara, vete a un estadio de fútbol y busca una historia curiosa. En esta universidad no pintas nada, no vas a aprender nada.” En cierto modo es verdad, para que te cuenten la Historia del Periodismo y poco más.

¿Qué opinas de que en la mayoría de los puestos más mediáticos —tertulianos y opinantes— , tanto en radio como en televisión, estén copados por gente ajena a la profesión?

Me aburre bastante ver a periodistas hablando sobre algo, porque al final solo son periodistas. Sobre una trama corrupta en política, por ejemplo, prefiero que me hable un político. Igual que en deporte, me aburren las tertulias de periodistas hablando de fútbol. Es verdad que los jugadores, a veces, no tienen mucho que decir, pero siempre es más interesante.

Si fueras la dueña de un gran emporio, ¿cómo sería tu medio de comunicación perfecto? ¿Qué crearías?

Probablemente, con lo tiempos que corren en los que al papel le queda poquísimo y en la tele la competencia es durísima, sería una agencia de noticias a través de internet, con perfiles individuales en los que el usuario pudiera seleccionar lo que le interesa. Creo que hacer previsión para las masas o el público en general ya no vale. Tienes que centrarte en un determinado sector, más individualista, como los canales de pago.

¿Cómo recuerdas a Andrés Montes delante y detrás de las cámaras?

Era un fenómeno, pero coincidí muy poco con él. Estuve los últimos 15 días en Polonia, que fue su último Europeo con LaSexta; al poco de regresar murió. Era una persona que impresionaba bastante. Mucha gente me preguntó si se había suicidado, y yo decía que no, pero que no me extrañaba que hubiera muerto porque al salir de los pabellones íbamos caminando a cenar y él, que creo que tenía tres by-pass, no podía dar dos pasos sin descansar. Y delante de las cámaras, narrando un partido de baloncesto, era un genio, el mejor. No ya sólo por los motes, lo hacía divertido. Un partido que podía ser un coñazo te lo contaba de otra manera. Además era un tipo muy peculiar, se ponía a hablar de música, era muy culto… me gustaba mucho. Ponía motes a todos. A mí, desde el primer día, me llamaba Julia Roberts. Estaba cenando tranquilamente y se dirigía a mí como Julia.

¿Y la química con Daimiel?

Muy bien. Cuando Montes murió Daimiel estaba tocadísimo. Andrés hablaba muchísimo de Daimiel. Salió del Plus hacia laSexta porque le hicieron un contratazo; pero él mismo, cenando, siempre estaba “porque con Daimiel… con Daimiel…”. Un fenómeno.

Hablemos un poco de la actualidad del baloncesto. ¿Qué opinas de los fichajes por parte de clubes europeos de jugadores afectados por el lockout de la NBA? ¿Pueden quedar descompensadas cuando éstos se marchen?

Como marketing me parece brutal. Tener en la liga a los Gasol entrenando con el Barça y en el Madrid dos NBA como Ibaka y Rudy Fernández es una pasada. Pero cuando se vayan va a ser un problema, sobre todo en el caso del Madrid. Rudy solo está levantando un montón de partidos pero, cuando no esté, ¿qué vas a hacer? Si se alarga mucho el lockout puede valer, pero lo cierto es que la temporada ACB no vale para nada, ni ser primero te da demasiado. Hasta los playoffs no se decide nada y la temporada regular prácticamente no cuenta. Veremos hasta cuándo dura.

¿Y el caso concreto de Ibaka, que es para sustituir a un lesionado?

Ése sí me parece un buen fichaje, porque es un tío que atrae a gente al pabellón y va a aportar cosas en defensa que hoy por hoy no puede aportar mucha más gente. Me parece un fichaje muy bueno.

El Barça dice que descarta los fichajes del lockout, pero se comenta que intentó fichar a Ibaka que, de hecho, es del Barça, y a Rudy. ¿Ésta es la primera victoria del Madrid en los despachos desde el fichaje de Sabonis?

Sí, en mucho tiempo. A mí me ha llegado que el Barça se interesó por Rudy. Y también es verdad que el Barça ha dicho que descarta hacer fichajes, pero si en enero sigue el lockout me extrañaría mucho que no intentaran fichar a Gasol. Oye, que si no lo quieren, alguien lo fichará. Eso de que no se meten en fichajes de lockout no me lo creo. No se meten porque no han podido.

¿Hay algún equipo en Europa que pueda ganar a un Barça con los Gasol?

Creo que es imposible.

¿Crees que Mark Cuban permitiría a Rudy romper su contrato para jugar en España toda la temporada?

Lo veo muy difícil. Mark Cuban es un tipo bastante especial y creo que está esperando a ver cómo juega. Hizo unas declaraciones cuando terminaba la pasada temporada diciendo que le gustaría verle, que cree que podría ser titular. Y el propio Rudy quiere ver qué hay de cierto, porque ¿a qué jugador no le gustaría triunfar en la NBA?

¿En la NBA entrará en la rotación igual que en Europa o será más un especialista tipo “microondas”?

No creo que pueda tener la repercusión que tiene en Europa, y él lo sabe, porque allí cuesta confiar en un jugador extranjero. Y además, pese a que el año pasado tuvo más minutos, llega a un equipo veterano pero campeón y creo que su posición está bastante cubierta. Pero allí hay partidos cada tres días, hay lesiones… hay que ver cuándo empieza la temporada y si al final Rudy se va o no.

¿Crees que Ricky Rubio se puede adaptar bien al juego de Adelman en Minessotta con un juego como el de los Sacramento Kings de Bibby?

Ricky necesita libertad para jugar; en los sistemas muy esquematizados, basados en el libro de jugadas, está más atado. Ha de ser creativo porque tiene más talento que nadie y cuando lo quiere sacar no hay un base mejor que él, pero los sistemas le agobian bastante. En la selección española, por ejemplo, juega maniatado, y tanto él como su familia están contentos porque en la NBA va a tener más libertad de juego.

¿Los esquemas de Xavi Pascual en el Barça eran demasiado rígidos para él? Porque los resultados del entrenador son innegables.

Sí, los resultados de Pascual son innegables y tiene gente en la plantilla como Navarro, por ejemplo; conseguir eso no es fácil. A Ricky le afectó mucho el momento de si se iba o no, tomar la decisión, se metió mucha gente por medio, el Madrid estuvo a punto de ficharle, al final acabó en el Barça, él es del Espanyol… Creo que, una vez allí, después de la vorágine, no supo recuperarse, y la decisión de la NBA le afectó un montón, por eso me parece magnífico que se vaya ahora.

Hoy en día todos sabemos casi con seguridad quién va a llegar a la Final Four de la Euroliga. ¿Crees que un sistema imitando al de la NBA con límites salariales, sin descensos, etc, igualaría la competición o el hecho de ser el Madrid o el Barça siempre te dará ventaja sobre el Alba Berlín?

Creo que dará ventaja, pero es algo que nunca se sabe. El año pasado el Bilbao Basket ganó al Madrid en los playoffs de la Liga ACB, cuando te juegas la temporada. Y la diferencia de presupuesto es brutal. El otro día me decía Sergio Scariolo, que ahora está con el Armani Jeans, que no son competitivos porque han de jugar con un mínimo de italianos. Pues estuvo ganándole al Madrid de 10 o 12 puntos.

¿Matará la Euroliga a la ACB?

O la ACB espabila o… no sé qué vuelta le pueden dar, porque yo lo he estado pensando y no se me ocurre, pero tienen que hacer algo; tienes un montón de partidos que sabes que no te valen para nada.

¿Qué milagro tiene que hacer Querejeta para ganar la Euroliga con Baskonia?

Es raro. Creo que al final les falta competitividad en los momentos clave, porque será por jugadores… Los jugadores que ha tenido el TAU han sido espectaculares: Luis Scola, Pablo Prigioni, Thiago Splitter, Marcelinho Huertas… Es verdad que el año pasado les tocó un grupo difícil, pero vi los partidos en los que cayó eliminado y parecía que había ansiedad.

¿España puede quitarle el oro a Estados Unidos en unos Juego Olímpicos?

Espero que en Londres 2012, porque no creo que a Pau, a Navarro o a Calderón les queden muchos más campeonatos. Era muy curioso porque en el Europeo no te decían que querían ganar el campeonato, sino desde el primer día querían llegar a la final para meterse en las Olimpiadas, era su objetivo. Y es que ya tienen una plata, pero un oro ante EEUU sería una pasada.

¿Qué parte de responsabilidad tiene Scariolo de la victoria en este último europeo?

Mucha. El último partido me pareció impecable. Es verdad que en otros partidos, en algunos tiempos muertos, jugadas decisivas o últimas posesiones no había estado muy acertado. Pero es que no es fácil, es un equipo en el que todos están acostumbrados a jugar. Llull, en el Madrid, juega casi todos los minutos; en un momento sentó a Pau y éste se enfadó; no es fácil lidiar con estas estrellas. Muchos dicen que en la selección manda Pau, y es verdad, pero hasta determinado punto. Hay un entrenador que les coloca, que les cambia jugadas… creo que es un buen entrenador para la selección.

¿Qué debe de decir Carlos Suárez cuando ve a Rudy defendiendo a “treses” altos?

Pues Rudy no lo hizo mal, pero es que lo de Carlos Suárez fue un poco raro: cuando fue descartado, salió diciendo que Scariolo le había prometido contar con él. Yo dudo que Scariolo le prometiera nada, es imposible. Si tienes catorce plazas te quedas a Suárez, porque es el único “tres” puro de la selección, pero con doce… ¿dónde cabe Suárez ahí?

¿Para ti Víctor Claver es un “cuatro”?

Scariolo lo ponía de “cuatro” y él se perdía bastante, mientras que en el Valencia juega de “tres” y se le da mejor, pero creo que a Claver lo que le pasa es que en la selección no termina de decir “aquí estoy yo y puedo aportar esto y eso”. Y es que en ninguno de los campeonatos a los que ha ido ha conseguido aportar nada más que tres minutos.

Pero promete, porque cuando se pone a jugar es una máquina.

Sí, porque en el Valencia sí lo hace.

¿Navarro hubiera llevado a la selección española donde está si no existiera Pau Gasol?

Creo que en un 90% sí. Navarro es un jugador imprescindible. En este Europeo, donde ha acabado como MVP, sobre todo en los últimos tres partidos, todo el ataque ha sido suyo: partidos de 35 puntos, una locura. Y los momentos en los que Pau estuvo más flojo del tobillo por la lesión el peso lo llevó Navarro. Aun con Pau al 100%, si no tienes a alguien como Navarro, Pau no te gana siempre él solo los partidos.

También un gran cambio en defensa de Navarro, porque recuerdo aquellos tiempos en los que metía 30 puntos y no ganábamos nada.

Es verdad.

Hace poco subiste una foto a Twitter de Ibaka y Mirotic jugando juntos en el Madrid. ¿Lo veremos alguna vez en la selección española?

Por lo que me dicen de la Federación, ya están trabajando en ello. Me parece genial, no tengo ningún problema en que haya jugadores nacionalizados que provengan de otros países. Todos suman y prácticamente se han criado aquí. Su baloncesto y formación es española.

Teniendo en cuenta que al que botarían de la selección sería a Felipe Reyes, ¿qué crees que les puede hacer un animal como él en los entrenamientos del Madrid de este año?

(Risas) No creo que fuera necesariamente a Felipe. Este año fue Felipe quien dijo que quería ir, y por eso le convocaron. Nadie pensó en prescindir de Felipe, primero le preguntaron si quería venir.

Si fueras seleccionadora de cara a los Juegos de Londres, ¿mantendrías a Felipe y te cargarías a Claver para que lo sustituyera Mirotic? Porque los Gasol van a ir.

Sí, me cargaría a Claver.

¿Es mejor Mirotic que Claver?

A mí me gusta más.

La selección española de baloncesto, tanto masculina, como femenina, juveniles, en silla de ruedas… no para de ganar medallas verano tras verano. ¿Cuál es el secreto del éxito de la Federación?

Se preocupan mucho por el equipo. Ni siquiera Estados Unidos en el pasado Mundial llevaba a tanta gente como España. Al menos en la absoluta, que es lo que conozco yo. Dos fisioterapeutas, un médico, uno de prensa… y la propia Federación lo dice, que se apuntan tantos jugadores porque les dan muchas facilidades. Saben que van a estar cuidados todo un mes, les encanta porque para ellos es como un campamento de verano, se van con sus colegas a jugar unos partidos, y encima ganan porque son muy buenos. Lo tienen todo: masaje aquí, masaje allí, máquinas especiales… por eso van tantas estrellas NBA, que no es fácil. En otras selecciones renuncian, o dicen que es que acaba de nacer su hija. Navarro lleva diez veranos yendo con la selección, sin estar con sus hijas, y por supuesto que quiere estar con ellas.

Cuando llegó Colangelo a USA Basketball dijo que la idea era imitar a España. Por algo será.

Claro, y además Colangelo siempre está en los campeonatos. Recuerdo una charla con él hace unos veranos, no recuerdo si fue el pasado Europeo o Mundial, en las que también estaba Calderón, que estaba lesionado, y éste decía que él iba allí con su preparador pero además estaban los fisios de la selección. Es que esto no lo tiene ningún otro equipo.

Y es el más europeísta de todos los “general manager” americanos.

Sí, es verdad, es muy majo.

¿Qué será del basket femenino en España cuando se retire Amaya Valdemoro?

Muy poca gente se había fijado en el baloncesto femenino y entonces pareció Amaya con su cinta de la bandera de España, que la veías y decías “Es Rafa Nadal, pero en tía y en baloncesto.” Ahora está con las dos muñecas rotas y estuve el otro día en su casa para un reportaje. No puede hacer nada, ni ir al baño, ni ducharse sola, con 35 años. Tiene una especie de museo lleno de trofeos en su casa y una foto muy curiosa, en la que están ella y Pau muy jóvenes. Y es que está casi a la altura de Pau.

¿Hasta dónde llegaría la selección española si fuera una franquicia NBA?

Sería un equipo bastante potente. A la actual la meto en playoff. Nuestro quinteto titular es quinteto NBA. Metes a los Gasol juntos, a Rudy, a Calderón, Ibaka desde el banquillo, Navarro…

¿Cuántos partidos tendrá la liga regular de la NBA este año?

Yo creo que el lockout no va a durar mucho. Me ha explicado el propio Calderón que a los jugadores les dan muchas charlas sobre cuánto dinero van a ganar; sientan a los recién llegados o a los que les van a poner un salario muy alto y les ponen una persona para gestionarlo. Por ejemplo, si se casan, que hagan separación de bienes, que no se metan en muchos líos de empresas, cosas así. Hace poco estuvimos con Pau en La Rioja y nos dijo que era imposible que el lockout durara mucho, porque los jugadores se gastan muchísimo dinero y no van a poder estar muchos meses sin cobrar.

¿Cómo puede influir una temporada corta y compensada en el equilibrio de poderes de la NBA? Decía Rajon Rondo que a su equipo le iba muy bien, debido a la alta media de edad de la plantilla. ¿Le da esto una última oportunidad a Boston de ganar el anillo?

A mí me impresionó el palo que se llevaron los Celtics el año pasado. Kevin Garnett, por ejemplo, no espabiló hasta los últimos partidos. Y es que los Celtics son Pierce, Garnett, Allen y Rondo, que es el único joven de los importantes. Por supuesto, si hay pocos partidos los Celtics van a a ser unos de los beneficiados.

¿Ganará Lebron James un anillo alguna vez?

Seguro. Tiene equipo.

¿Qué opinas de él?

Me parece un jugador bastante chulo. Una persona que lleva un tatuaje en la espalda que dice “el elegido” tiene un problema. Puede ser muy bueno, pero no sé hasta qué punto decírtelo tú mismo y retar a la grada cada vez que metes un punto diciendo que eres el mejor es conveniente. ¿Luego qué pasa? Pues que llegas a los playoff, el momento de la verdad, y no haces nada, que es lo que sucedió. Su equipo, Miami, perdió por él, porque tuvo un bajón. Eso quiere decir también que es un jugador muy bueno, vital, pero que si se le va la cabeza te quedas sin equipo.

¿A qué equipo tiene que ir Steve Nash para conseguir un anillo?

Dallas le habría ido muy bien. Tiene pinta de que este año va a saltar de Phoenix, lo que pasa es que allí le quieren muchísimo. No lo sé, porque se podría pensar que quizá a los Spurs, pero es que Tim Duncan ya está llegando al final de su carrera en la élite. Quizá le pondría en un equipo nuevo. ¿Por qué no con Ricky? Te lo llevas a los Timberwolves, que han cogido a los primeros del draft y tiene allí a un veterano para hacer jugar a los nuevos, y de paso aprende Ricky; como pasó en Chicago. Estaba fatal hasta que apareció Rose, y un jugador es capaz de levantar un equipo. Te metes en playoff, y si ahí suena la flauta…

¿No lo ves como sustituto de Fisher en los Lakers?

No. Luego seguro que me equivoco y pasa lo contrario.

Que quede claro que se trata de periodismo-ficción.

Si es periodismo ficción, entonces prefiero a Calde en los Lakers.

¿Quién va a ser el próximo español en la NBA?

Creo que será Mirotic.

El primer partido de la final de la última ACB en TVE tuvo 614.000 espectadores (4% share), mientras que la final del Eurobasket en LaSexta tuvo 4,7 millones (31,4%). ¿Dónde está el problema?

Creo que además de cómo trate el medio a las retransmisiones también influye el equipo. Ver a la selección es muy goloso. Sería injusto decir que es porque lo hacemos mejor, porque no es lo mismo ahora, con los Gasol jugando una final, que antes. Pero a mí me pareció un error que el primer partido suyo no fuera el debut de Rudy. Tienes a un NBA que ha firmado por un pastón. ¿Cómo no abres con ese partido? Yo no lo entiendo, pero supongo que hay gente en TVE y Teledeporte que se dedica a pensar eso y tendrán sus razones.

La semifinal del europeo entre Francia y Rusia en Marca TV tuvo 590.000 espectadores y un share del 5,7%, que es más que el primer partido de la ACB que comentaba antes. ¿No habíamos quedado en que el básket era un deporte para unos pocos entendidos y que realmente no llega a la masa? ¿Hay 600.000 entendidos que ven unas semifinales en las que no juega España?

Pero es que creo que Marca lo hizo muy bien. Y volviendo a lo de Teledeporte de antes, el otro día debuta Ibaka, y yo no lo vi por la tele, pero según me contaron no hubo ni un solo plano corto de Ibaka, no tienes la reacción del público… no sé, me parece que no tratan excesivamente bien el producto, que es supergoloso teniendo aquí ahora a jugadores NBA. Sabiendo lo que comentábamos antes, que la temporada regular no vale para mucho, ¡explota eso!

En la NBA los periodistas pueden entrar al vestuario, pinchan a los entrenadores en los tiempos muertos para oír que dicen… ¿crees que eso se podría importar para mejorar el producto?

Claro que sí. Pero no sólo en baloncesto, también en otros deportes. Me parece algo de locos que puedas hablar con Fernando Alonso tres minutos antes de subirse a un coche a 300 por hora y que no puedas hablar con un jugador de fútbol diez minutos antes de saltar al campo porque se va a desconcentrar. ¿Estamos locos? Hemos endiosado a muchos deportistas, y eso es un problema, porque cuando les pides que se salgan de lo que están acostumbrados te dicen que no.

¿Qué podría hacer la ACB para mejorar las audiencias? Y no tires para casa, aparte de llevarse las retransmisiones a LaSexta.

Oigo mucho rumor, pero no sé si se lo van a llevar a LaSexta. Tal y como estamos, con la crisis y a las puerta de una fusión, no sé hasta qué punto se va a hacer. Incluso me parece que a Teledeporte todavía le queda un año, no tengo muy claro cómo está lo de los derechos. Creo que han de crear un sistema de competición distinto en el que cada partido sea trascendental. Yo los veo, me gusta la emoción de cada partido, pero también veo los de fútbol porque sé que si pierden son tres puntos menos y la Liga se les escapa.

¿Abogarías por eliminar el playoff?

O un formato que sea un playoff contante. No sé si para eso se tendrían que quitar partidos,o algo que te haga decir: “Bueno, de acuerdo, voy a ver 30 partidos, pero van a valer para algo.”

Parece que las audiencias de la ACB mejorarán con los fichajes del lockout, pero ¿crees que se mantendrán cuando esos jugadores se vayan? ¿Se conseguirá enganchar a la gente?

No sé si será definitivo, pero ahora está atrayendo gente. Que se queden es difícil, aunque aparte hay mucho seguidor de baloncesto que no soporta la NBA. Pero también hay mucha gente que, por lo general, no entiende gran cosa de baloncesto, que han empezado a verlo ahora que hay NBA. Así que a lo mejor éstos se quedan un poquito más.

¿Eres de NBA o de baloncesto europeo?

Me gustan mucho los dos, no sabría quedarme con uno. Es verdad que la NBA es la locura, un ataque sin defensa, jugadas más espectaculares; sin embargo el baloncesto europeo está más pensado, es más táctico.

¿Qué se siente gritando la palabra “cojones” en prime time ante cuatro millones de espectadores?

No me di cuenta. Es decir, fui consciente al decirlo, pero no me di cuenta de lo que había pasado hasta que salí y vi que me había reventado el móvil: llamadas, mensajes, Twitter… en seguida dije: “Madre mía”. Pero bueno, estaba mi jefe allí, que es un loco del baloncesto, y se rió, así que bueno… Llevábamos en directo en el pabellón desde las cinco de la tarde, eso fue hacia las diez y media, acabas de ganar, de estar en el vestuario donde te han tirado agua… La historia fue que yo entré en el vestuario y me dijo Navarro que en un momento podría volver a entrar, pero que saliera que querían hablar ellos un minuto. Pero yo estaba con Scariolo dentro del vestuario listos para entrar en directo y preguntarle tres cosillas. Entonces Navarro empezó a tirar agua y yo me salí, como me había pedido, y justo en ese momento me dijeron: “¡Venga, Carlota, hablando!” Y lo que dices es “No, tío, llevo media hora esperando a que me des paso y ahora no puedo.”

Leído en los foros de acb.com: “Apenas sabe de basket, no sabe de geografía, no sabe contar, de sentido común va escasa. Puede tener más habilidades, pero eso queda en el secreto de su entrevista de trabajo.” ¿Se hubiera escrito esto de Carlos Reig?

No, pero también es cierto que, al ser mujer, se fijan en otros aspectos, pero a mí me preocupa cero, porque no me he parado a leer los foros, ya que sé cómo funciona esto. Cuando empecé miré alguno y, la verdad, mejor no gustarle a todo el mundo, porque entonces tienes un problema: eres plano, inane, no dices absolutamente nada. Mejor recibir alguna crítica. Y esto, personalmente, no lo leo. Hace un tiempo en Twitter, durante una discusión con un tipo sobre una información, me dijo que tenía 16 años. Claro, es que estás hablando con gente de 16 años que se sienta ahí y ¡venga! A mí, desde luego, ningún foro me va a decir cómo tengo que hacer mi trabajo.

¿Por qué todas las presentadoras de LaSexta son jóvenes y bellas en una cadena que mantiene en nómina a Antonio Lobato, Mel Otero o Berto Romero?

Me encanta compartir cadena con Berto, me parece un crack. LaSexta empezó como una nueva moda, por así decirlo, de la periodista mujer, y yo soy fan absoluta de Mamen Mendizábal, me parece una periodista acojonante: cómo cuenta la información, lo que sabe, qué puede aportar… y resulta que además es muy atractiva. Es cierto que también hay mucha moda de poner una presentadora guapa que no tiene mucho que decir pero que, bueno, tiene muchas aptitudes para trabajar en la tele, que se come la cámara, por así decirlo. No estoy muy a favor porque puedo ser perjudicada en algunos momentos, pero el negocio es ése.

¿Y por qué con los hombres no? También hay periodistas muy atractivos con cuerpazo y no se les señala por eso.

A lo mejor es por esta peculiaridad de cierto tipo de hombres, igual que llegan Carnavales y se disfrazan de mujer, cada vez que sale una mujer en la tele opinan de ella. No sé, yo cuando estoy en mi casa y sale un tío no me pongo a escribir a ver con quién se ha acostado para tener ese puesto. Me da igual, si es guapo, pues mira, mejor, pero a mí me interesa más lo que me vaya a decir que su belleza.

Esta pregunta no va por ti, sino por el medio en general. ¿Es Twitter el juguete de los malos periodistas?

No lo sé. Yo meto cosas de deporte y política, pero sobre todo son apreciaciones personales, pocas veces he puesto información. Lo usé mucho, eso sí, con la selección. Pero es verdad que nos fiamos mucho de Twitter. Mañana puedo escribir que me acabo de cruzar a Rubalcaba y Rajoy discutiendo ferozmente en plena calle; la gente lo empieza a retwittear y al final has creado una noticia de la nada por lo que, en ese sentido, puede ser un peligro.

¿Qué haces en los ratos muertos, cuando estás tantos días fuera de casa siguiendo a la selección?

Me llevo libros, mi portátil… me gusta estar tranquila en mi habitación escuchando música, porque la verdad es que no tienes muchos ratos libres. Quizá dos o tres horas por la tarde, pero luego estás que si un entrenamiento, un partido… Yo tenía que hacer cosas cada día para los dos informativos, y luego los partidos. Y muchas veces te vas a ver un partido, porque si es un europeo están los mejores jugadores y te apetece verlos. Pero sí, fuera del baloncesto, leer. Me llevé 100 años de cosa nostra, de Eric Frattini, porque me interesa mucho el tema de la mafia, y estoy con El pintor de batallas, de Pérez-Reverte, que me lo recomendaron y me parece un libro espectacular.

¿Sigues alguna serie de televisión?

Estoy con Los Soprano y terminé, allí precisamente, The Wire.

¿Qué te pareció?

Un escándalo. Buenísima. De hecho, estuve en Baltimore y me arrepiento de no haberla visto antes porque tengo ganas de volver, pasearme por las calles…

Un sitio curioso para hacer turismo.

Después de ver la serie me apetece mucho volver.

Te íbamos a preguntar algo de música, pero ya sabemos que Coldplay, así que…

No, me gusta mucho Coldplay, pero también me gusta mucho la clásica, me relaja mucho; también la música celta, me encanta el piano…

¿Lo tocas?

No, ni una tecla, pero siempre me ha llamado mucho la atención. Me hubiese encantado aprender y aprenderé algún día. Me gusta un poco de todo.

Dime tus tres libros favoritos, que te gustaría releer.

Génesis, El hombre en busca de sentido y me está gustando mucho el de Reverte, pero no me quiero lanzar porque aún no me lo he acabado y quizá me decepcione al final; así que el tercero sería El perfume.

Ahora, para terminar, te vamos a hacer la clásica batería de preguntas del estilo “quieres más a papá o a máma”: ¿Bombitas de Navarro o “fadeaway” de Nowitzki?

Bombitas de Navarro.

¿El gol de Iniesta en la final del Mundial o el tiro final de Jordan en Utah?

El gol de Iniesta.

¿Magic o Stockton?

Magic.

¿Petrovic o Kukoc?

Petrovic.

¿Ramón Trecet o Andrés Montes?

Montes.

¿Daimiel o Segurola?

Segurola.

¿Estudiantes o Joventut?

Joventut.

¿Cichi Creus o Alberto Herreros?

Creus como responsable de sección y como jugador, sin duda, Herreros.

¿Aíto García-Reneses o Pepu Hernández?

Pepu.

¿Lakers o Celtics?

Lakers.

Fotografía: Guadalupe de la Vallina

 

 


Manuel Jabois: Carnicero

Tras ser despedido por una renovación de interiores, según adelantó la Cadena Ser, Carnicero se fue a comer a un restaurante gallego de pulpos y lacones salados. Allí le sonó el móvil y era Rubalcaba, que le transmitía sus condolencias. Si entre las promesas del PSOE está la de que el presidente del Gobierno atienda personalmente a cada parado va a ser mejor nacionalizar Telefónica. De Rubalcaba admiramos su tesón en la sorpresa y lo acechante de su rostro, siempre a punto de entrar en sombra; llamó al móvil de Carnicero cuando Carnicero estaba en un restaurante, que ya es casualidad, y Carnicero descolgó el teléfono sin asombro porque en esos lugares si no es Ramón Sánchez Ocaña sólo puede ser Rubalcaba. Al fin y al cabo habían echado a Carnicero de la Ser una hora antes, en otro restaurante, y él había sugerido que detrás del despido estaba Rubalcaba, porque a Rubalcaba desde que le echaron encima el 11-M se le responsabiliza de los divorcios. La anécdota la contó Carnicero en una entrega más de su Semana de Pasión, retransmitida en directo al gran público en su blog como si se tratase de los episodios veraniegos de Los Cinco. Son días de furia y fama para el periodista, una de las voces de aquella Hora 25 de Llamas, Bayón y Carlos Mendo, los tres ya muertos. A Bayón, como a Carnicero, también lo echaron; su historia fue íntima y sencilla, casi como un entierro al que sólo acudiesen los deudos. Precisamente dijo ayer Carnicero que con Delkáder no pasaban estas cosas, algo que dice poco de Carnicero y menos de Delkáder. El despido de Bayón tuvo de triste lo que tiene España de cloaca madrileña, y algo de eso también hay en el telefonazo del candidato pidiendo a Carnicero que no hiciese pública su conversación, como una mujer casada. A Carnicero lo llama Rubalcaba para decirle que no tiene nada que ver con su despido y no lo llama Àngels Barceló para decirle que sí, por lo cual Carnicero enciende el ordenador para montar la de Pimpinela. De dónde se va no lo sabemos, pero se va seguro, y en ese irse están algunas de las respuestas al estado general de la gran tertulia española, a sus vicios de opereta y tenedor, porque para que uno salga tiene que haber entrado. La tertulia en España tiene un algo de aquel programa de Alonso Caparrós en el que se daban minipuntos para el equipo de las chicas, pero con más candor. “Si alguien sueña verme con el PP, es que está muerto”, dijo Carnicero marchándose del que fue su estadio durante años. “Mi sangre cada vez es más roja y se bombea con más fuerza”. Carnicero está echado a la fe, no a la razón. Se declara periodista de izquierdas, que ya es poco declarar, y a partir de ahora quien encarnará la socialdemocracia de pueblo será él, no el partido, y sobre esa base se construirá lenta, moliéndose como el grano, su venganza en sordina; la nostalgia aparatosa del repudio.