La mejor ciencia ficción la están escribiendo mujeres

Fotografía: artnoose (CC BY-NC-SA 2.0)

La ciencia ficción la inventó una mujer —Mary Shelley—, pero después fue un género masculino: la mayoría de lectores y escritores eran hombres. De los treinta y cuatro autores que han sido nombrados «Gran Maestro» por la Asociación de Escritores de Ciencia Ficción de Estados Unidos, solo seis son mujeres. Además, hubo que esperar veintiocho años desde la creación de este título para que en 2003 llegase la primera, que fue Ursula K. Le Guin. Pero desde entonces las cosas han cambiado mucho. Aunque el tópico seguirá diciendo que las historias del futuro, del espacio y de otros mundos son «cosas de chicos», la realidad es tozuda y muy diferente. Ahora mismo, las mejores novelas de ciencia ficción las están escribiendo mujeres.

Las mujeres dominan los premios más conocidos. Desde 2014, para el premio Nebula a la mejor novela de ciencia ficción ha habido veinticuatro mujeres nominadas y solo once hombres. Los tres últimos ganadores han sido tres escritoras: Naomi Novik, Charlie Jane Anders y Nora K. Jemisin. El premio Hugo lo ha ganado Jemisin tres años consecutivos —un hito que ningún autor había conseguido—, pero antes lo obtuvieron Ann Leckie (2014), Jo Walton (2012) y Connie Willis (2011). En otros géneros los premios importan poco, pero el mundillo de la ciencia ficción les da mucho valor.

Los premios, además, son solo la punta del iceberg. Por debajo vemos que cada vez más mujeres escriben ficción especulativa (que es el paraguas para la ciencia ficción, la fantasía, el terror y las historias de superhéroes), al menos desde los años noventa. En paralelo, o como consecuencia, todos esos géneros han ido ganando lectoras, sobre todo adolescentes. A nadie le sorprende que Harry Potter, Los juegos del hambre o Divergente tengan más éxito entre las chicas, aunque son libros de fantasía y ciencia ficción. Ahora mismo, en Goodreads, que es la red social sobre libros con más usuarios del mundo, la ciencia ficción tiene más lectoras que lectores.

Pero ¿qué ciencia ficción están escribiendo las autoras de esta nueva ola? He hecho una lista con algunas de sus novelas de más éxito. Es una lista incompleta, con omisiones que no dudo que serán indignantes, pero que debería servir. Son seis ejemplos de lo que estas autoras aportan al género: una atención mayor por los personajes, más mujeres en roles protagonistas y reflexiones originales sobre diversidad, sexo, poder o feminismo.

Justicia auxiliar, de Ann Leckie (Ediciones B). La novela de ciencia ficción que más me ha gustado en años. Ganó el Hugo, el Nebula y el Locus en 2014. La historia está ambientada en un remoto imperio galáctico y sigue los pasos de Breq, un ente con aspecto humano, pero que en realidad es la conciencia artificial que gobernó una nave de guerra. La novela está llena de aciertos, empezando por su narrador. Aunque Breq habla en primera persona, a menudo es omnisciente: la nave observa todo lo que ocurre en sus pasillos, escucha todas las conversaciones y puede leer las emociones de sus tripulantes con una intuición inhumana.

Leckie ha escrito una novela que funciona como un clásico, aunque tiene dos líneas argumentales, personajes cuidados y muchos aspectos originales. Leckie también añade algunas piezas para la reflexión feminista. En Justicia auxiliar no hay ningún personaje del que sepamos si es un hombre o una mujer. El narrador es una radchaai y su cultura no distingue a las personas por su sexo. Breq usa pronombres femeninos para todas las personas y se refiere a «la capitana» o «las niñas», sin distinción entre hombres y mujeres. Cuando describe una persona dice que es corpulenta, atractiva o que tiene el pelo largo, pero no menciona su sexo. Al principio esto produce extrañeza, que es lo que Leckie quiere, pero acabas representándote a los personajes a tu manera.

La quinta estación, de Nora K. Jemisin (Ediciones B). Con esta novela Jemisin ganó el Hugo y fue finalista del Nebula en 2016, dando comienzo a una serie de tres libros que ha tenido un enorme éxito. Es una novela a medio camino entre la ciencia ficción y la fantasía, que arranca despacio —al menos para el lector impaciente en el que me he convertido—, pero que luego construye un mundo interesantísimo. La Quietud es un planeta inestable, azotado por temblores que colapsan las distintas civilizaciones con regularidad. Es una tierra violenta que somete a los humanos… mientras estos someten a ciertos mutantes con poderes orogénicos. La novela tiene tres mujeres como protagonistas, algo que es casi una constante en esta lista.

Todos los pájaros del cielo, de Charlie Jane Anders (Insólita). Anders ganó el Nebula y fue finalista para el Hugo tomando una fórmula típica del cómic: los protagonistas son dos niños raros y marginados que sobreviven al instituto, aunque ambos tienen poderes (Patricia es una bruja y Laurence un genio geek). En muchas cosas es una típica novela juvenil para millennials o postmillennials. Pero eso es una novedad, porque hasta poco era raro encontrar relatos de ciencia ficción que pusiesen una relación personal en el centro de la historia. La novela ocurre en un futuro inmediato y el tono me recordó a Ready Player One, la novela de Ernest Cline que Spielberg llevó al cine el año pasado.

Six Wakes, de Mur Lafferty. Finalista del Hugo y del Nebula este año, la novela de Lafferty aún no tiene edición en español. De ella me gusta sobre todo el planteamiento: la Dormire es una nave generacional que se dirige a un planeta lejano con miles de colonos en animación suspendida y una tripulación de seis personas, todas clones, que durante cuatrocientos años morirán y resucitarán varias veces para ir gobernando la nave. Estos clones superlongevos darían para muchas reflexiones, aunque el libro apenas las sugiere. Lafferty ha preferido seguir un esquema que le gustaba mucho a Isaac Asimov y ha escrito una novela de misterio que arranca con un crimen por resolver. La novedad es que los muertos, reencarnados, serán quienes investigarán su propia muerte para averiguar cuál de ellos los mató a todos.

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, de Becky Chambers (Insólita). Otra space opera que narra las aventuras de una tripulación multiespecie. Tengo que reconocer que es un subgénero que no me gusta demasiado, aunque es muy popular en cine y televisión (pensad en Star Trek, Firefly o Guardianes de la galaxia). Chambers, no obstante, ha incorporado a su primera novela novedades que hacen el libro mucho más interesante. El centro de la historia son los personajes, y en especial Rosemary Harper, una humana marciana que comparte nave con dos siameses sianat, una médico de raza grum, una inteligencia artificial y una piloto aandrisk. Este lío de razas lo explota Chambers para construir una utopía multicultural sobre diversidad, género y sexo no convencional. Es una novela optimista y casi tierna.

El poder, Naomi Alderman (Roca). La novela de Alderman se distingue por dos razones. Primero, porque es la única de la lista que debe su éxito al circuito de literatura mainstream y no al de ciencia ficción. La novela se coló en las listas de los mejores libros de 2017 según New York Times y Washington Post, y hasta Barack Obama la ha leído. También es la única novela con una reflexión feminista en el centro de la historia: un buen día las mujeres (y solo las mujeres) descubren que pueden emitir rayos eléctricos, igual que algunas anguilas, convirtiéndose de golpe en el sexo dominante. Desde esa premisa la novela responde dos preguntas: cómo usarán las mujeres sus poderes y qué forma tendrá la sociedad a partir de ese momento. La novela suele relacionarse con El cuento de la criada, la novela de Margaret Atwood y la serie de televisión de HBO que la recrea, porque su autora fue mentora de Alderman y es una de sus influencias reconocidas.

El poder es un ejemplo perfecto de ficción especulativa. Lo que a veces se llama literatura del «¿Y sí…?», historias que parten de una premisa fantástica o improbable, pero exploran sus consecuencias con verosimilitud. ¿Y si las mujeres desarrollasen poderes? Es un truco para hablarnos de nosotros y de nuestras sociedades. Son novelas que funcionan como un experimento, cambian una pieza de la realidad y observan que pasa. Muchas de las obras de ficción que más me gustan responden a preguntas así: montones de libros (como El día de los trífidos o Los desposeídos), pero también películas (Hijos de los hombres), series (The Leftovers) o videojuegos (Last of Us).


Marta Rossich: «Los lectores jóvenes son la gran esperanza de la literatura de género»

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Marta Rossich (Barcelona, 1979) nos recibe en la sede barcelonesa de Ediciones B, en una sala que ha abarrotado de libros de ciencia ficción y fantasía. Como buena guerrillera editorial, la trayectoria de Marta incluye un poco de todo, desde trato con la prensa hasta coordinación de colecciones y sellos editoriales. Tras una estancia de dos años y medio en China se hizo cargo en 2014 de Nova, histórico sello de literatura de género. Charlamos sobre ciencia ficción, libros electrónicos, novelas landscape (¡que no románticas!), la interacción entre literatura y videojuegos, la energía del mundo editorial chino, la fantasía de Brandon Sanderson… Abundan las metáforas bélicas y la gesticulación enérgica subrayada por carcajadas repentinas. 

¿De verdad se sigue leyendo en España? Cada vez más alternativas de ocio le quitan tiempo a la lectura, desde las series hasta el Candy Crush.

Ya lo veis [señala a los libros esparcidos por la mesa], yo estoy convencida de que sí se lee. Claro que sí. Me he acabado dedicando a la edición de literatura de género en un momento clave, en plena renovación de contenidos. De golpe, títulos de ciencia ficción y fantasía han ido subiendo en Estados Unidos a las listas de los más vendidos… Abanderados por estos títulos, hemos renovado la colección Nova y duplicado las ventas. Claro que se lee hoy en día.

¿Leías ciencia ficción antes de entrar en Nova?

Debo confesar que no era nada aficionada. Eso me ha permitido iniciarme como una lectora más, empapándome sin ideas preconcebidas sobre la obra editorial previa de Nova. Al descubrir treinta años publicando a los mejores autores globales de ciencia ficción he ido apreciando su variedad de estilos… Y estoy rastreando a los autores que siguen vivos, estudiando cómo se mueven en mercados internacionales mucho más maduros en género que el nuestro. Intento ser joven de espíritu: al fin y al cabo, mi gran esperanza son los nuevos lectores que han crecido leyendo Harry Potter y se convierten en lectores de género. Intento iniciarme con ellos, aconsejada por mi gurú Miquel Barceló y la gente brillante que me asesora. Y a cambio, lo que pongo a su disposición es mi capacidad de lucha editorial.

El mundillo de la ciencia ficción tiene fama de ser algo endogámico. ¿Te ha costado adaptarte?

Mi integración está siendo una lección de vida. Tenía miedo de que se me rechazara por no ser una especialista en ciencia ficción, pero he encontrado gente muy generosa que me ha aceptado y aconsejado sobre lo que hago bien y lo que debería corregir. Tanto nivel de implicación y trabajo en equipo no lo había visto nunca en otro tipo de literatura. La literatura de género es una lucha conjunta: editores, autores, blogueros, traductores, correctores, coleccionistas, libreros, ilustradores…  Me parece gente acostumbrada a colaborar entre sí y con ganas de normalizar el género, rompiendo las barreras que intentan reducirlo a un nicho de mercado. Uno de mis objetivos es comprender y conocer a los prescriptores de fantasía y ciencia ficción, para abrir el género al máximo de público posible.

Empezaste en el mundo editorial coordinando a traductores y colaboradores autónomos en Planeta, y más adelante en Tusquets. ¿Cómo ves las condiciones de trabajo de este colectivo?

Mal, y lo sé de primera mano. Al principio de mi vida laboral entré como becaria en Planeta, después hice de freelance un tiempo, mientras estudiaba. Las condiciones son malas. En este sector prima la pasión que le pongas al trabajo, que te gusta lo que haces… El enganche del sector editorial. La gente que conozco quiere seguir luchando y trabajando con la literatura, cada uno en su propia trayectoria.

En Edhasa llevaste durante un año las relaciones públicas, contacto con periodistas… ¿Qué imagen te llevaste del periodismo cultural en España?

En Edhasa el tipo de literatura que llevaba era más tradicional, autores como Wiesenthal y algo de  novela histórica. Y en Tusquets, donde edité Tokio Blues de Murakami, la importancia de la prensa era brutal. Ahora en mi lucha por el género empleo armas que aprendí en esas etapas… En cualquier caso, volviendo a la pregunta: a menudo el periodismo español tiende a olvidar la literatura de género.

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Ya en Ediciones B, allá por el 2008, tomaste la iniciativa de recuperar parte del legado de Bruguera reeditando las colecciones de Joyas Literarias Juveniles e Historia Selección; libros de Julio Verne, Emilio Salgari…

En Ediciones B empecé renovando toda la línea de bolsillo, con lo que aprendí a trabajar en bloques, hacer campañas… Una línea de bolsillo es un territorio muy libre, de experimentación. Y dándole vueltas a qué podríamos sacar, recordé que Ediciones B había comprado hacía tiempo el fondo de Bruguera. Fui a dar una vuelta por el archivo de Parets, quedé impresionada con las Joyas Literarias Juveniles y me propuse rescatarlas… Una prueba que salió bastante bien y llamó el interés de la prensa.  

¿Un guiño nostálgico? Porque fue una reedición calcada, ¿no?

Fue facsímil, sí, tal cual. Bueno, hicimos algunos cambios en la cubierta, actualizaciones sutiles para que no pareciera tan vintage, pero la idea era que fuera lo más parecido al original posible. Los tengo en mi casa… No los originales, que están en el archivo a buen recaudo, sino la que edité en 2008.

En Ediciones B contactaste, se dice que a través de Twitter, con John Locke, el autor independiente que se autopublicó en Amazon KDP (Kindle Direct Publishing), vendiendo millones de thrillers a noventa y nueve centavos.

Twitter no pudo ser porque no tenía en ese momento, pero contacté con John Locke a través de email, de forma espontánea… Como si fuera una fan.

¿Qué te hizo pensar que lo que funcionó en digital vendería también en papel?  

Bueno, en España no funcionó demasiado bien. Era el inicio del boom de los escritores autoeditados, cuando se pensaba que los contenidos del KDP de Amazon EE. UU. podrían viajar a otros mercados. En aquellos años creíamos que muchos más autoeditados podrían funcionar en papel, pero el tiempo ha demostrado, sobre todo a partir de 2009, que la criba es muy estricta y algunos autores no despegan en papel. Otros sí; a Juan Gómez-Jurado lo publicamos en noviembre: sigue vendiendo muy bien. Y eso ocurre tanto en thriller como en otros géneros, como prueba Andy Weir con El marciano.

Que también empezó autopublicando en Amazon.

Fue difundiendo su novela por entregas para los fans, con muchísimo éxito… Los lectores le pedían que las ensamblase en un libro, así que acabó colgándolas en Amazon y poniendo un PVP al conjunto. Cuando publicó El marciano de esta forma se dispararon meteóricamente las ventas, y  lo compró Crown, una editorial de Estados Unidos. Luego se empezaron a vender las traducciones a otros países, los derechos cinematográficos… ¡De una primera novela!

Tenéis dos versiones editadas, la de antes de la película y la de después, con Matt Damon en portada.

Sí, en Nova jugamos con todo lo que podemos, y las películas son importantes. Me di cuenta de que El marciano y Ready Player One son dos títulos clave cuando volví de China y me encargaron Nova, hace dos años. Antes de irme ya había publicado Ready Player One en una colección de ficción comercial. Pero desde China me di cuenta de que un libro que habíamos lanzado sin promoción y en un silencio absoluto, iba entrando y saliendo en las listas Top 100 de los más vendidos de España en Amazon, FNAC… Cuando volví forcé su reimpresión, y ahora lleva diez ediciones y es un libro de culto. Al encargarme del sello Nova, pensé que con Ready Player One y El marciano iba a renovar la colección, que estaba un poco dormida después de la gran obra de Barceló, y lancé los dos libros de golpe y dentro de Nova. ¡Ahí tendrían que haber estado desde el principio! A partir de estos dos empecé a jugar con el resto de la colección, reeditando, poniendo fajas más grandes, luchando para que salgan entrevistas en los medios, buscando la oportunidad de reimprimir algunos títulos… Peleo con la misma intensidad por libros de 2011 que por los actuales. De ahí la sobrecubierta de El marciano con la imagen de la película.

¿Iréis aprovechando las películas para hacer más dobles cubiertas?

Depende. En la literatura de género, los lectores, blogueros y libreros están muy informados de las cubiertas e ilustradores de la edición original, así que los cambios son delicados. Pero claro, la película es una excusa para revitalizar el libro, aunque El marciano ya funcionara bien y no fuera imprescindible; los libros de culto funcionan en realidad solos. Pero puedo aprovechar la película para volver a anunciar la novela en un boletín de novedades, hacer marketing interno, hablar con la prensa…

Editasteis Armada, la siguiente novela del autor de Ready Player One, ¿no?

La lanzamos en marzo… Nova tiene líneas muy distintas, y una de ellas son los contenidos comerciales con capacidad de llegar a lectores jóvenes. La película de Spielberg basada en Ready Player One llegará en 2018, y de Armada también se han vendido los derechos cinematográficos. También hemos publicado Luna, de Ian McDonald, uno de los autores de ciencia ficción más importantes de Gran Bretaña… Se vendieron los derechos a la productora CBS y habrá una serie. En esta línea son importantísimos los contenidos audiovisuales, sean películas o series de televisión. Son una excusa para llegar en particular a los lectores jóvenes, que son la gran esperanza de la literatura de género.

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¿Dirías que autores y editores tienen una cierta responsabilidad política? Otros editores se consideran activistas.

Yo soy una guerrillera de la literatura de género. En su último ensayo, Javier Cercas habla de El Quijote subrayando que la gran virtud del buen género es su carácter plebeyo, perteneciente al pueblo. Mi única responsabilidad es asegurarme de que los contenidos importantes de fantasía y ciencia ficción estén disponibles para lectores en lengua española, y luchar sin cuartel por ellos.

Resulta muy curiosa tu forma tan bélica de hablar. Como si lucharas en una guerra en la que eres a la vez editora, prensa, quien busca los derechos y los gestiona.

Y quien encarga a Simonetti las portadas de la nueva edición de Mistborn, quien convence a Manuel de los Reyes para que sea el nuevo traductor oficial para los libros del Cosmere de Brandon Sanderson; quien busca equipos de traducción con gente como David Tejera y Manu Viciano, Silvia Schettin y Alexander Páez… Busco siempre el feedback de libreros imprescindibles como Antonio Torrubia, hago equipo indispensable con Ilu Vílchez, nuestra responsable de marketing online, y Belén Feduchi, nuestra jefa de prensa… Y tengo la gran suerte de que me dejan espacio y recursos aun estando en una editorial mainstream. Mi lucha es aprovechar que estoy dentro de una editorial grande y generalista para poner su maquinaria comercial detrás del género. Quiero que Nova sea el Tor español… Hasta el punto de que me expreso como Tor y me fijo muchísimo en lo que hacen. Pelear en la guerrilla implica aprovechar cualquier ventanita y oportunidad de promoción. Si en un boletín comercial de Ediciones B en que aparecen todas las colecciones me dejan la contra, me lanzo con toda la maquinaria comercial de frente.

¿Quién es tu competencia en España?

Mi competencia, que está muy bien que la haya, está formada en parte por Planeta con Minotauro, Random House con Fantascy… Por otro lado los editores de género altamente profesionales como Ediciones Gigamesh o Valdemar. Otros que lo están haciendo muy bien son Alianza Runas. Que haya competencia hace que no nos durmamos. Además, en ciencia ficción y fantasía los lectores tienen un nivel altísimo de exigencia. Eso me daba un poco de miedo, ya que sin ser especialista en el tema heredo una colección mítica. No quiero meter la pata en ningún título. Me voy a equivocar seguro, pero…

Un gran éxito te permite fallar otras veces.

Lo que importa no es solo el éxito en las ventas, sino en el contenido. La mítica frase de José Manuel Lara de no confundir tu biblioteca con tu catálogo no se aplica en mi caso porque no soy especialista en género, pero sí me he rodeado de asesores brillantes. Un editor es un artesano: los artistas son los escritores. Yo lo que tengo que hacer es editar en buenas condiciones para llegar al máximo de lectores posibles… Tanto a los aficionados de siempre como a los lectores que se han cansado de la novela negra después de la explosión mainstream. Y, por supuesto, la literatura de género está en sintonía con los lectores jóvenes.

Jóvenes de cuarenta, como nosotros.

[Ríe] ¡Muy bien llevados! Aunque yo aún soy treintañera.

Tor edita cada año cuatro autores noveles junto a autores consagrados. ¿Tenéis planeado hacer algo así?

En realidad ya lo estamos haciendo, pero estoy metida en un río que me fuerza a navegar por ciertos cauces. Primero tengo en cuenta a Brandon Sanderson, la revitalización de nuestro propio fondo, la ciencia ficción hard como Seveneves… Luego quiero potenciar los materiales de no ficción de cultura popular, como por ejemplo sobre videojuegos. Busco que los libros dialoguen entre ellos, y editar por el momento manteniéndome en el espíritu de Miquel Barceló, que es cien por cien…

¿Anglosajón?

¡No! Internacional.

Traéis pocos autores de visita, ¿no? ¿Por qué no viene Neal Stephenson, por ejemplo?

No es fácil, pero sí que hemos traído a nuestros autores. Stephenson y McMaster Bujold estuvieron en la antigua librería Gigamesh; Andy Weir dio una charla en streaming con prensa desde su casa; Sanderson estuvo en Barcelona hace años, y luego en el Celsius de 2015. Este año Ian McDonald ha estado en el Celsius de Avilés y Cixin Liu y Brandon Sanderson vendrán ahora a Barcelona… Pensad que hemos pasado de publicar seis o siete títulos en 2014 a más de veinte. Mi primer objetivo en Nova era que los números me acompañaran, para tener libertad en mi guerra por el género. Los libros que venden más me ayudan a realizar actividades complementarias de promoción y mejora. Los lectores aprecian las ediciones en tapa dura con buenas cubiertas e ilustraciones, guardas, marcapáginas… Todo eso es caro. Y para asegurar que se venden en buenas condiciones, voy a menudo a librerías especializadas como Gigamesh o a generalistas como FNAC para comprobar que mis libros estén bien colocados en las mesas de novedades. Cada paso es una batalla de esta guerra. Hace meses vi a un veinteañero que cogía un ejemplar de El camino de los reyes de Brandon Sanderson, se lo enseñaba a su novia, y decía: «Nunca un autor me ha hecho leer tantas páginas». Como la lucha por el género es tan dura, necesito momentos místicos que me animen a seguir luchando.

¡Munición para la guerra!

Momentos como que en la feria del libro de Londres me digan los editores de Gollancz que les encanta mi catálogo… O enterarme de que Seveneves está en el Nielsen y Bill Gates lo recomienda… O conocer al editor de Heyne y ver que lleva pajarita con topos… O que Cline conceda una entrevista para El Periódico o El Mundo… O que de golpe Brandon Sanderson decida plantarse en la Eurocon de Barcelona, la primera semana de noviembre. Cualquier detalle me ayuda a seguir. ¿Sabéis? La energía y sensación de aventura que aprendí viviendo en China ahora las tengo luchando por el género.   

En la feria del libro de Frankfurt conseguiste los derechos de El problema de los tres cuerpos de Cixin Liu, la primera novela no anglosajona en ganar el premio Hugo.

Conseguir este libro me costó muchísimo. Me enteré de su existencia cuando estaba viviendo en Shanghái. Ahí me di cuenta de que Cixin Liu es una superestrella en China continental, donde ha vendido más de un millón de ejemplares. En su momento ya vi que este libro había que publicarlo. Al volver a Barcelona empecé a buscar a sus agentes, y me di cuenta de que era una agencia nueva. Fue bastante complejo, estuve detrás del libro un año y medio y por fin saldrá el 28 de septiembre.

¿Antes de que ganara el Hugo?

Sí. Es una novela brutal, el primer volumen de una trilogía. Obama se lo leyó estas Navidades, Mark Zuckerberg lo convirtió en el primer libro de ficción de su club de lectura… China es un mercado editorial muy especial, porque todas las editoriales son estatales, y las únicas empresas privadas en el sector son las agencias literarias que operan desde Hong Kong, Shanghái… Hace poco apareció la primera agencia literaria estatal, y el primer autor que representó fue Cixin Liu. Vamos a coincidir con la publicación en Alemania, Francia y Gran Bretaña. Es mi título más personal ahora mismo, porque conjuga mi lucha por el género con mi experiencia personal en China.

¿Qué te llevó de vivir en Barcelona a establecerte en Shanghái en 2012?

Mi marido, que es sinólogo, tenía que pasar al menos un par de años en China por motivos profesionales. Llevaba años yendo y viniendo, realizando una investigación sobre historia de la economía de China. Yo en esa época estaba muy focalizada en la edición, viviendo el boom de mi máximo best seller: Sarah Lark. Pero pensé que solo se vive una vez, y que cuando te llega una oportunidad de ese tipo hay que aferrarse a ella… Así que cogí una excedencia y me marché con mi marido a China dos años y medio. Allí tuve que buscarme la vida para encontrar trabajo en el sector editorial chino. Una occidental difícilmente puede ser editora en China, hay cupos hasta sobre cuántos taiwaneses pueden trabajar como editores dentro de las editoriales chinas. Para trabajar solo podía hacerlo a través de las agencias, así que me puse a rastrear. Aprendí de todo, empezando por hablar un poco de chino. Me vi en un lugar donde cada día es una aventura. Incluso la alimentación china te cambia el cuerpo…

¿En qué sentido?

No tiene nada que ver con la comida china de aquí. Comen muy poca carne y mucha verdura deliciosa. Tienen muchísima imaginación cocinando las verduras, es un espectáculo. En China descubrí también el yoga: creía que las jóvenes chinas hacían taichí, pero no, allí también está de moda el yoga. La combinación de comida china y yoga me cambió el metabolismo. Echo mucho de menos esa energía. En China la gente no tiene prejuicios: gritan mucho, les da igual todo, son capaces de salir en pijama por la noche a dar un paseo romántico por el barrio…

Esa no es la imagen hermética que se tiene de China.

Eso es más bien japonés. Los chinos son muy expresivos, muy diferentes al aire regio asiático que imaginamos. Gritan, se tocan mucho para los estándares orientales… A veces se pasan, como si no controlaran los espacios interpersonales. En China te ocurren cosas muy raras: por ejemplo, si no cierras bien la puerta de tu casa, igual te entra alguien dentro.

¿En tu casa? ¿A hacer qué?

¡Quién sabe! Muchas veces no llegas a entenderlo. Desde entregar un sobre a saludar. Son muchos y tienen una idea diferente del espacio privado. En China cenan muy pronto, y después aprovechan la vida de las calles saliendo a pasear con chanclas Crocs y en pijama de ositos o corazones. Allí es lo más normal del mundo, hay mucha gente en pijama por la calle. No se extrañan por nada.

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Estuviste en el Instituto Cervantes de Shanghái.

Sí, colaboré con ellos en la programación de actividades culturales. En Shanghái hay mucho interés por España, ya que los chinos creen tener muchos puntos en común con los españoles: la centralidad de la familia, la importancia de comer bien y usar ingredientes de calidad… Dicen que los chinos viven para comer, y uno lo confirma al ver sus festines y la enorme variedad de platos. Les encanta la comida española.

¿Cómo fue tu integración en China?

Mi marido habla muy bien el chino: eso ayudó a que nuestra integración en China fuera sencilla. Yo me convertí en una entusiasta de la energía de China. Shanghái es como el Nueva York de los años veinte: todo está por suceder, es su momento.

Del Cervantes saltaste a Peony, una agencia literaria china. El mundo literario chino es poco conocido en España. ¿Qué recomendarías leer de su catálogo de autores?  

Peony empezó representando a Mo Yan. De sus autores actuales destacaría Han Han, el enfant terrible de las letras chinas: un chico muy joven que también es piloto de fórmula uno. Su novela Triple Door ha vendido dos millones de ejemplares.

¿Hasta qué punto se puede ser rebelde en un país con censura? ¿Te topaste allí con ella en algún momento?

La he vivido, sí. Una de mis tareas en Peony era ver qué contenidos en lengua española podían ser vendidos a China, donde hay dos mercados: China continental, donde las editoriales son estatales y existe la censura… Y Taiwán, el reverso de la moneda, un negocio privado y sin tanto control del estado. El contenido en lengua española más fácil de vender en China continental es la no ficción de parenting: el primer libro que vendí a China es Todos los niños pueden ser Einstein. Hay mucha competitividad en el mundo de los hijos únicos. Luego el sector infantil crece muchísimo, no reparan en gastos. Cuesta más mover las novelas, aunque María Dueñas o Intemperie, de Jesús Carrasco, se han vendido muy bien en China. Mi otra tarea para Peony era buscar autores asiáticos, sobre todo chinos, que pudieran introducirse en España y Francia, un mercado mucho más maduro en cuanto a publicación de autores asiáticos. La publicación de autores chinos y asiáticos en español es compleja. Si en una colección mainstream de novela negra pones El don, de Mai Jia, te queda como un «libro champiñón», es decir, fuera de su contexto; es muy difícil que «dialogue» con autores como Larsson o Dolores Redondo. En cambio, precisamente porque China es un mercado tan maduro en fantasía y ciencia ficción, me encanta la posibilidad de publicar un autor chino de género. Tengo la teoría de que los lectores de ciencia ficción y fantasía tienen más interés por la cultura popular asiática, lo que nos puede ayudar a que autores chinos lleguen a más gente aquí.

Apareces en los agradecimientos de Confesiones de un gánster de Barcelona, «por creer desde el principio en el proyecto». ¿Cómo te involucraste en esta biografía novelada de uno de los más famosos atracadores del país?

Es un libro buenísimo, mítico… Lo edité, sí. Dani Rojo trabajaba en ese momento muy pegado a Loquillo, de quien habíamos publicado un libro. Dani lo acompañaba en los Sant Jordi y encuentros literarios. Nos contó su historia, y vimos ahí claramente un libro en potencia. Nos dijo que había estado trabajando mucho tiempo con Lluc Oliveras a base de entrevistas con grabadora. Nos encantó el proyecto y vi claro que sería un libro único. Trabajamos el texto a fondo, con un editing que hice yo misma.

¿Haces copy-editing?

Un editor debe ser una figura caleidoscópica, así que he intentado formarme en todo: editings, prensa, trabajar para una scout en Londres, en bolsillo, en trade, como agente en China, ahora en Nova…

En Ediciones B tenéis el catálogo B de Books, que contiene casi todos los libros de Sanderson, uno de los autores que más estáis promocionando. ¿Compensa poner tanto fondo en digital? Otras editoriales solo ponen el quince por ciento de su catálogo.

Pensamos muy fuerte en digital, lo vemos indispensable. No los vendemos directamente a través de una plataforma propia, pero tenemos una política de precios agresiva. Ni nos planteamos no tener todos los libros disponibles. Palabras radiantes de Sanderson cuesta treinta y tres euros en papel y menos de diez euros en digital. En Amazon montamos Kindle Unlimiteds, Kindle Flash… Para El marciano hicimos un Kindle Flash el día de Sant Jordi que logró ponerlo en el número uno en ventas.

Hablando con gente de Lektu sobre libros electrónicos comentaron que el aficionado a la ciencia ficción es más dado a reconocer el trabajo del autor y a comprar libros físicos junto a los digitales, quizá por coleccionismo. ¿Compartes esa percepción?

Sí, los lectores de género compaginan digital y papel. Los fans quieren ediciones muy cuidadas en papel, y son muy exigentes en todo. Por ejemplo, para relanzar a Sanderson he intentado compaginar precios ajustados en digital con nuevas ediciones de tapa dura, con el texto corregido… Y al ver que funcionaba la colección conseguí argumentos para añadir más recursos.

Con motivo de su segundo centenario has escrito sobre Flora Tristán, precursora del feminismo. ¿Cuáles son tus preocupaciones al respecto en el mundillo editorial?

Como editora no me he encontrado con ningún problema. Por otro lado, el número de autoras de género que publican es uno de los temas candentes ahora mismo y quiero trabajarlo. Creo que surgirán muchas autoras, igual que cada vez hay más lectoras de género. Por ejemplo, estoy muy contenta de tener Justicia auxiliar de Ann Leckie en mi catálogo, pero no puede ser que de nuestros últimos treinta títulos publicados solo haya uno escrito por una mujer. Eso tiene que cambiar.

¿Tenéis estadísticas de lectoras, específicamente mujeres?

En el género hay aún más lectores que lectoras, pero con Brandon Sanderson probablemente el número de lectoras haya aumentado. Me encantaría tener forma de medirlo, claro. Cuando venga Sanderson a Barcelona podremos hacer un estudio de campo.

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Fuera de Nova has editado landscape novels, que supongo podríamos traducir como novela de paisajes… ¿Serían un tipo de novela romántica?

No, no es novela romántica al estilo de Lisa Kleypas o Johanna Lindsey. El landscape es un género diferente, con las premisas muy acotadas. Fue creado en Alemania por un editor, Lübbe, y su cabeza de cartel es Sarah Lark, pseudónimo de una autora alemana llamada Christiane Gohl. Escribió hace unos diez años En el país de la nube blanca, que ha vendido ocho millones de ejemplares en todo el mundo, de los cuales un millón y medio son en castellano… Su éxito creó un nuevo género, con muchas autoras siguiendo su estela. Las novelas landscape tienen protagonistas femeninas, normalmente británicas o europeas, y suelen ambientarse a mediados del siglo XIX o principios del XX. Las protagonistas deben empezar una nueva vida en un paraje completamente desconocido y alejado. En el caso de Sarah Lark es Nueva Zelanda, pero Kabus habla de Escandinavia, Haran de Australia, Vosseler de India y Singapur… Siempre lugares lejanos y exóticos. Estas historias suelen ser sagas familiares que empiezan con este traslado y describen cómo las mujeres se adaptan, empiezan una nueva vida, se casan (no siempre con el marido ideal), crean una familia, buscan amigas… En el caso de Sarah Lark, siempre son trilogías extensas que siguen esta historia familiar; otras autoras escriben volúmenes autoconclusivos. Tiene tanto éxito porque te permite viajar con la mente sin moverte del sofá.

¿Qué tipo de lectores o lectoras van a firmas de Sarah Lark?

Mujeres, de una franja de edad entre treinta y cinco y sesenta y cicno años, aunque se están incorporando lectoras más jóvenes y alguna veinteañera.

¿Mujeres con ganas de cambiar de vida?

Mujeres con ganas de soñar que cambian de vida. Planteárselo al menos. Sarah Lark hizo una tesis doctoral sobre qué imaginan las mujeres cuando sueñan despiertas. Esa es la clave de su éxito, porque lo aplica en su literatura. Tiene una manera de trabajar muy particular: es una autora muy prolífica, escribe treinta páginas al día. Vive en su finca propia cerca de Mojácar, donde recoge caballos enfermos que la gente no quiere.

La mujer que susurra a los caballos…

Por la mañana cuida de los caballos y va pensando en sus novelas mientras cabalga. Y por la tarde escribe. A un muy buen ritmo, por cierto.

Si dejamos de lado las responsabilidades de editora, ¿qué tipo de libros y autores prefieres leer por simple gusto?

En el fondo soy muy clásica, una proustiana convencida. Y enfermizamente ecléctica, me viene de familia leer cosas muy distintas. Me gustan Murakami, Foster Wallace, Kafka, Javier Cercas… Por mi vinculación con Asia, me encantaría ayudar a que la cultura asiática se difundiera mejor en lengua española. La literatura china es muy desconocida: los editores occidentales buscan el Murakami chino, pero no existe. China es otra cosa.

¿Tras tanto leer y editar textos ajenos, nunca has querido escribir tú misma?

Ya dicen que muchos editores son escritores frustrados. Me apetecería, pero no me atrevo. A veces sueño que estoy escribiendo una novela y la explico oralmente a otra persona… Incluso me he grabado contándole a otra persona historias de observación cotidiana, de lo que me rodea. Algo que me haya ocurrido, que me haya hecho pensar. Pero cuando lo escucho pienso que no, todavía no.

¿Os habéis planteado publicar audiolibros?

Lo estamos pensando, sí. Estaría muy bien, no solo para Nova sino en otros sellos de la casa. En todo caso yo no lo llevo, sino Ilu Vílchez.

La posición hacia la fantasía desde el ámbito de la ciencia ficción es algo ambivalente. Por ejemplo en la Nueva guía de lectura Barceló recomienda Elantris, pero dice que el lector de fantasía suele ser más acomodaticio que el de ciencia ficción. ¿Te has encontrado con este recelo hacia la fantasía?

Quizá por un tema histórico. Aunque en mi caso es al revés: quiero profundizar en esa «mancha» de fantasía que Sanderson está dejando en Nova; quiero buscar otros autores de fantasía que puedan dialogar con sus libros.

¿Qué habéis visto en la fantasía de Brandon Sanderson para promocionarla tanto?

La naturalidad con que entras en su mundo hace que tenga capacidad para atraer a lectores de todas las edades y que no leen fantasía tradicionalmente. Nuestro anterior jefe comercial nos sirvió de conejillo de indias: fue el primer libro de fantasía que leyó. Además, la fantasía de Sanderson tiene un punto muy femenino. Elantris se llevó el premio Romantic Times, El aliento de los dioses quedó finalista, y alguno de Mistborn también. Tiene algo muy humano.  

La trilogía de los Reckoners de Sanderson podría considerarse young adult: acción, superhéroes, primer amor… Sin embargo, Barceló se niega a que se considere la saga «juvenil» por interesar a lectores de todas las edades y por no meterla en el mismo saco de calidad literaria que Crepúsculo, Los juegos del Hambre, etc. ¿No es un poco injusta esta valoración?

Yo personalmente considero los Reckoners como novela juvenil, pero no tengo ningún problema con que esté en una colección adulta. Y es que el propio Sanderson no tiene prejuicio en pasar de una cosa a otra, de los complejos libros del Cosmere al más infantil Alcatraz o a novelas orientadas a jóvenes que pueden atrapar a lectores de cualquier edad. Sanderson ha hecho incluso cómic: ahora ha publicado White Sand en EEUU, con Dynamite, que nosotros lanzaremos el año que viene.

Sanderson está escribiendo los diálogos del videojuego basado en su serie Mistborn. ¿Ves en el futuro a los autores convertidos en híbrido de escritor, guionista y, yo qué sé, youtuber?  

Sí. No sé muy bien cómo y me gustará verlo. El mundillo de los videojuegos forma parte del contenido de muchos libros: El problema de los tres cuerpos, Ready Player One, Armada… El propio Sanderson bascula entre una cosa y otra: no solo de novela juvenil a adulta, sino con otros formatos, el juego de rol de su Mistborn, cómic… El género es muy experimental, y sus autores son muy creativos y modernos.

En el prólogo de Firefight, Barceló te atribuye directamente el hecho de poder contar con el cuento «Mitosis» como extra de la edición española. ¿Cuál fue tu papel?

Insistir una y otra vez a sus agentes. Intento dar el máximo a nuestros lectores. Para Mistborn compré las tres portadas brasileñas de Simonetti, un artista francés de primera fila… Aprovechando la publicación del quinto libro de la saga, relanzaremos los cuatro primeros con las nuevas portadas. Todo eso luego los lectores y el propio autor te lo valoran.  

Sanderson parece muy prolífico.

En un año y medio hemos relanzado nueve libros suyos. ¿Habéis visto su web? ¿Lo que llega a escribir? Escenas eliminadas, comentarios, easter eggs… Plantea sus libros del Cosmere como un solo universo de al menos treinta y seis volúmenes. Antes he mencionado que la maquinaria del género es una lucha conjunta de libreros, editores… La obra de Sanderson tiene un solo autor pero un «Sanderson Team» detrás: agentes, editores, prescriptores, diseñadores… Sanderson tiene gran control sobre cómo lo editamos y sabe que también nosotros hemos montado un «Sanderson Team» con los grandes especialistas de su obra en castellano, como Marina Vidal y Dídac de Prades. ¡Se entera de todo! Y debe de estar contento, porque vendrá en noviembre a la Eurocon de Barcelona.

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Libros para leer, libros para pensar, libros para mirar

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Fotografía: Ginny (CC).

Jot Down para FNAC

Leer

No son pocos quienes, ante ciertos fenómenos editoriales de dudosa calidad, afirman eso tan manido de «al menos, consiguen que la gente lea». Bueno, leer es fenomenal, desde luego, pero como dicen otros que tampoco son pocos: «para leer eso, mejor no leer nada». No estoy de acuerdo con ninguna de las dos sentencias; tal y como yo lo veo, para leer algo malo, mejor leer algo bueno.

Parece una obviedad porque es una obviedad, pero claro, no siempre nos apetece escudriñar profundas introspecciones psicológicas ni adentrarnos en textos hercúleos que cambien nuestra percepción de la existencia. A veces solo queremos leer. Sin más. Divertirnos, entretenernos, acompañar a personajes que no somos nosotros en aventuras que no vivimos nosotros. Con frecuencia se ha catalogado a la literatura escapista de género menor, pero qué quieren que les diga, escapar es tan necesario en la vida como poder tomarse un vermú a la una de la tarde de una tarde de primavera. Solo hay que elegir el escape correcto.

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Fotografía: vanderfrog (CC).

Piensen en la Odisea, en Tirant lo Blanch o en La isla del tesoro. Quizá Homero, Joanot Martorell o Robert Louis Stevenson pretendían algo distinto, pero sus obras no dejan de ser pura diversión, puro escapismo. Del bueno. Y no hay que fijarse solo en los clásicos; hay cientos, miles de libros contemporáneos cuya misión esencial es el disfrute despreocupado del lector. Llevarle de viaje por el tiempo entre escritores románticos y magos egipcios, como hace Tim Powers en Las puertas de Anubis; quitarle años de encima hasta volver a ser un niño del extrarradio, como hace Elvira Lindo en Manolito Gafotas; o llevarle de paseo por la Barcelona de 1992 con asombrados ojos marcianos, como hace Eduardo Mendoza en Sin noticias de Gurb. Pero si buscan algo aún más reciente, adéntrense en el Área X que Jeff VanderMeer nos abre en su trilogía Southern Reach. En Aniquilación, Autoridad y Aceptación descubrirán un territorio abandonado por la civilización, solitario y boscoso, casi selvático, sujeto a leyes ajenas al ser humano y a la propia lógica de la naturaleza. Un paisaje que no debería existir;  tan intrínsecamente extraño pero tan magnético que, por mucho que les estremezca, no podrán resistirse a la necesidad de regresar. Aunque ya hayan cerrado la última página.

Pensar

Pensar es lo más importante de nuestra especie. Lo que nos distingue y lo que nos define. Ya lo decía el filósofo: «Pensar es un placer, genial, sensual. Pensando espero al hombre a quien yo quiero, tras los cristales de alegres ventanales». O algo así, que tampoco soy yo un experto en grandes honduras del intelecto. Para eso siempre pueden acudir a los tochos fundamentales de la literatura universal y que ellos les activen las neuronas. Qué se yo, En busca del tiempo perdido de Proust, La insoportable levedad del ser de Kundera, Ensayo sobre la ceguera de Saramago o ¡Hala Madrid! Sobran los motivos de Tomás Roncero.

Ahora bien, hay días donde queremos descubrir algo que nos haga pensar casi sin darnos cuenta porque, vaya, no siempre tenemos el cerebro para farolillos pero nos resistimos al deleite de lo insustancial. Ahí es donde la mejor ficción especulativa llega a nuestro rescate.

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Fotografía: Literaturlärm (CC).

¿Que son ustedes personas muy concienciadas con las desigualdades sociales pero ya tienen desgastado El capital? Lean Los desposeídos de Ursula K. Le Guin y conviértanse en un nativo de la luna anarquista de Anarres, donde hasta el verbo «poseer» ha desaparecido, y comprueben la extrema diferencia con el capitalismo exhibicionista del planeta Urras. Por el contrario, ¿es usted una persona que cree firmemente en la inalienable libertad e individualidad del hombre pero Ayn Rand le parece una petarda insufrible? Coja una novela de Philip K. Dick. Ubik, El hombre en el castillo, Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, SIVAINVI… Prácticamente cualquiera, en serio. Porque todas describen, de forma explícita o soterrada, las lucha de los protagonistas contra un Estado realmente totalitario, pese a sus apariencias. De hecho, su totalitarismo es tan extremo que ha modificado hasta la propia estructura de la realidad. ¿Quieren reflexionar sobre los problemas de género pero la tercera ola del feminismo les da un poco de respeto? Abran Justicia Auxiliar y embárquense gracias a Ann Leckie en una sociedad futura donde la inteligencia artificial está formada por miles y hasta cientos de miles de humanos operando en mente colmena y donde cada uno de ellos pertenece a una nave espacial y son, en sí mismos, la propia nave. Pero sobre todo, comprueben lo incrustado que está el género masculino en la literatura de ciencia ficción, en la literatura general y hasta en los propios mecanismos del lenguaje y el pensamiento. Porque en esa sociedad hiperevolucionada, los géneros han perdido toda importancia y, de hecho, la lengua no los distingue. Tal es así que, aunque mantienen los mismos dos sexos de la humanidad convencional, en su idioma no existen los pronombres masculinos, solo los femeninos. Al cabo de unas cuantas páginas se darán cuenta de que su cerebro ha entrado en un curioso conflicto cada vez que denominan «ella» a un personaje que ustedes saben que es un hombre. Y quizá entenderán la cantidad de veces que, a lo largo de la historia de la literatura, han dado por hecho que, sin especificarlo, el protagonista era un hombre.

Mirar

Todo empezó con el libro de las mutaciones, el I Ching. No con los resultados del oráculo chino, sino con la manera en que los caracteres se colocaban en las páginas. Tan importante era el contenido como la estructura gráfica: distintos tamaños, distintas presiones del pincel, distintas posiciones; conformando así una verdadera expresión pictórica. Casi tres mil años después, entre 1913 y 1916, Guillaume Apollinaire publicó sus Caligramas. Las letras y las palabras se despegaban de la rigidez del renglón para flotar libremente en trazos, a veces figurativos y a veces puramente plásticos. En los años treinta se les encuadró en la denominada «poesía concreta», porque aislaba al poema como entidad per se. Esto es, las ataduras clásicas como el ritmo o la rima perdían gran parte de su envergadura en favor de la comprensión del poema como objeto único y, por tanto, de la investigación visual o espacial que propusiese.

Pero si los Caligramas buscaban desatarse de reglas explorando libremente, el colectivo OuLiPo hizo justo lo contrario: se autoimpusieron límites. Fundado en París en 1960 por Raymond Queneau, el grupo llamó a esta técnica Littérature à contraintes. Escritura con restricciones. Podían ser fonemas, palabras, ecuaciones matemáticas o incluso el movimiento del caballo en el ajedrez.  

El mejor ejemplo de este método puede ser El secuestro, donde George Perec concibe un tormentoso cuento de misterio en el que es el propio lector quien debe resolverlo. En principio no es muy distinto de otros: se nos exponen indicios, se nos introduce en el enredo y se nos dirige por un confuso bosque de señuelos. Creemos conocer lo que sucede, pero volvemos por nuestro recorrido sin comprender que no es nuestro, sino el que Perec pone conscientemente en nuestros pies. Y entonces, de repente, nos detenemos de leer.

Emi Yáñez (CC).
Fotografía: Emi Yáñez (CC).

Y comenzamos a mirar. Y a remirar, arriba y abajo, por cada una de las doscientas ochenta páginas que tiene la novela en su estupenda traducción en español. En ese momento nos damos cuenta de cuál es la ausencia que siente el protagonista, Tonio Vocel. De qué es lo que le han secuestrado y de quién es el autor del rapto. Si miran el párrafo anterior, que apenas es una obtusa imitación de Perec, quizá lo vean. Falta una letra. Y créanme que me ha costado un triunfo componer un párrafo de noventa palabras omitiendo una vocal; pues el escritor galo escribe una novela de trescientas veinte páginas sin usar en ningún momento la «e»: la vocal más frecuente en francés. Por eso la traducción necesitó hasta diez manos —las de Marisol Arbués, Mercè Burrel, Marc Parayre, Hermes Salceda y Regina Vega—  y por eso es tan formidable. Porque además, rizando el rizo, sustituyeron la «e» por la letra de mayor empleo en lengua castellana. La «a».

Y si quieren seguir explorando en la literatura para mirar, lo mejor que pueden hacer es encontrarse con Mark Z. Danielewski, quien lleva desde que publicó House of Leaves en el año 2000 convirtiendo la lectura en una experiencia absoluta. Como dijimos en esta misma revista, los libros del escritor neoyorquino no se leen de adelante a atrás, sino desde todas las direcciones; hay que girarlos, doblarlos y hasta salirse de ellos. Bailar en círculos a su alrededor como en Only Revolutions o sumergirse en la policromía textual de The Fifty Year Sword.

MIGUEL BUSTOS

Como todos los años, abril es el mes del libro en la FNAC. Para 2016 cuentan con el ilustrador Miguel Bustos, quien les ha diseñado tres bandoleras promocionales que resumen los tres conceptos sobre los que se asienta la campaña de este año: Leer, pensar, mirar.

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