Juego de bacterias

Bacterias
Hormigas rojas usan sus cuerpos para tender un puente entre dos hojas. Fotografía: Freepik. bacterias

Hay muchas maneras de tener suerte. A veces, la buena o mala suerte es una cuestión de azar ciego, como cuando encuentras cincuenta euros en la calle, o cuando eres alcanzado por un relámpago. Otros tipos de suerte requieren algún esfuerzo por nuestra parte. No puedes ganar la lotería si no compras el billete. No puedes descubrir accidentalmente la penicilina si no has pasado algunos cientos de jornadas en el laboratorio de investigación. Pasteur dijo que la suerte favorece a la mente preparada. Lo que quiso decir es que, en muchos casos, tienes que hacer un esfuerzo físico, mental y a veces económico para visitar los lugares donde la suerte puede encontrarte. En otros, claro, ya se encarga alguien de ponerte en el camino de la fortuna.

Aun así, todo esto sugiere que, en algunas situaciones, hay cosas que tienes que hacer para exponerte a la serendipia. Pero ¿cuál es la forma correcta de hacerlo? Algunas cosas, como jugar a la lotería, te expondrán a sucesos de azar, pero, en promedio, no vale la pena hacerlas. Otras actividades, como la exploración espacial, pueden implicar demasiado riesgo para que una persona las lleve a cabo, pero tal vez podrían grupos de personas motivadas.

Cuando pienso en la casualidad, la fortuna o el azar, siempre he encontrado útil echar un vistazo a cómo la enfrentan en el mundo natural. En muchos sentidos, los humanos hemos purgado todo tipo de riesgos de nuestra vida cotidiana mediante una ingeniosa innovación tecnológica, mientras que otras especies animales siguen enfrentándose al riesgo de inanición, de muerte o de reproducción de una forma mucho más cruda y dramática, revelándonos así, con sus comportamientos, la naturaleza del azar de una forma mucho más cruda. La sofisticación que los animales muestran en el manejo de estos sucesos es estimulante, aunque quizá no se descubra de forma tan inmediata como la igualmente fabulosa belleza física de muchos, o su elegante forma de moverse.

La mayoría de los organismos sufrimos variaciones y sucesos impredecibles en nuestro ambiente a lo largo de nuestras vidas. Desde sucesos obvios como una plaga, que nos obliga a desplazarnos o buscar otras formas de producir un recurso, o el ataque de un depredador, que activa una serie de respuestas fisiológicas, hasta sucesos más sutiles, como olvidarnos el agua cuando salimos a pasear durante horas en un día soleado; o cuando nos han invitado al cumpleaños de un familiar en el que nos obligan a atiborrarnos de tarta de chocolate y de pronto nuestro cuerpo no tiene muy claro cómo lidiar con tal exceso de energía. Todos los días tenemos que enfrentarnos a distintas variaciones y sucesos impredecibles. Lidiar con imprevistos debería estar en cualquier buena lista de tareas.

Una de las formas de hacer frente a los acontecimientos imprevisibles pero probables es tener preparada una lista de los diferentes tipos de acontecimientos y errores que pueden ocurrir y emparejar cada acontecimiento con un plan correspondiente. Este es el enfoque adoptado por organismos relativamente sencillos como las bacterias.

Por ejemplo, la bacteria Escherichia coli se alimenta principalmente de azúcares que se encuentran en su entorno. Ayer había glucosa y nuestra bacteria se dedicó a generar energía con maquinaria que aprovechaba la glucosa. Pero hoy estos alimentos no están disponibles, o lo están en mucha menor concentración. Nuestra bacteria tiene varias opciones. Una es encontrar otro sitio con una mayor concentración de glucosa. Otra es cambiar la maquinaria que tenía funcionando para extraer energía de la glucosa, alterando su expresión genética para activar una serie de genes distintos que le permitan utilizar otros azúcares como fuente de energía. Del mismo modo, si lo que le faltase fuese un aminoácido concreto en el ambiente, podría producir las enzimas necesarias para sintetizarlo. De esta manera, nuestra bacteria es capaz de producir un comportamiento acorde con el entorno en el que se encuentra. 

Incluso organismos grandes y complejos más parecidos a los humanos optan a menudo por la estrategia de «tener un plan listo cuando el problema llegue». Si eres un ñu, naces y, después de dos minutos, sabes cómo andar y salir a integrarte en la manada antes de que un depredador dé contigo. No necesitas aprender a caminar en un período de meses, como los bebés humanos. Igualmente, si un ratón siente una sombra en su cabeza que se hace cada vez más grande, instintivamente huirá del posible pájaro que se aproxima a toda velocidad. Y si nos encontramos con una serpiente, también para nosotros es muy útil tener una respuesta estereotípica de alerta, porque nos permitirá movernos y huir mucho antes que si tuviéramos que esperar a ser mordidos.

Parece claro que es ventajoso tener respuestas preprogramadas a las amenazas y desafíos recurrentes y estereotipados. Pero hay una pega muy obvia a este sistema. Solo sirven para responder al problema si está en su lista de cosas que pueden salir mal. Si no lo han recogido antes en la lista, asociado a un plan de contención, estarían indefensos. Otro problema importante es el coste que implica almacenar todos los planes y respuestas en su ADN. Para hacer frente a estos desafíos de un modo más flexible, muchos animales han optado por recurrir al aprendizaje de una manera que les permite hacer frente tanto a los problemas que causa un vuelco del azar como a los no tan probables.

El aprendizaje permite a los individuos explotar ciertos aspectos del medio ambiente que son únicos de un tiempo y lugar determinados. La capacidad de los animales para aprender acerca de esas características amplía el tipo y la cantidad de información a la que pueden responder y, en consecuencia, les permite tener un mayor y más adaptado repertorio de comportamientos. Este es el beneficio obvio del aprendizaje. Pero también hay, por supuesto, una desventaja. Cada fracaso enseña al ser humano algo que necesitaba aprender, ya que, como dice el tópico, a menudo solo podemos aprender de nuestros errores. Veamos cómo se desarrolla esta circunstancia en la naturaleza.

Los renacuajos de la mayoría de las especies son capaces de reconocer innatamente el olor de sus potenciales depredadores. Tan pronto como perciben el olor de una larva de libélula o de un ditisco, permanecen inmóviles para que estos no puedan ser localizados. El coste de este comportamiento es que los renacuajos no comen. Y los renacuajos son máquinas de comer, inmersos desde que nacen en una carrera desenfrenada por alcanzar la metamorfosis lo más rápido posible con el mayor tamaño posible; quedarse quieto es perder oportunidades de comer.

Además, solo porque una larva de libélula sea un depredador potencial no significa que lo sea de facto. Muchas libélulas se especializan en atrapar un tipo de presa que no tiene que ser un renacuajo. Hay larvas de libélula que solo comen renacuajos y son un verdadero peligro, pero otras se alimentan de invertebrados. Por lo tanto, muchas detecciones de peligro potencial para los renacuajos serán falsas alarmas que solo estorban en la carrera pantagruélica por metamorfosear. Por este motivo, en algunas especies evolucionó otra estrategia: para poder permanecer comiendo durante más tiempo, solo reaccionan quedándose quietos cuando detectan el olor de las especies que han aprendido que son depredadoras. El problema es que hasta que no han aprendido que un potencial depredador realmente se alimenta de su propia especie, no lo consideran un peligro en absoluto y están a su merced. 

La estrategia —aprendizaje— incluye, por lo tanto, algunos aspectos buenos y otros malos. ¿Qué hacemos? ¿Decidimos aprender o no? No hay una respuesta única: depende del contexto. En zonas donde hay pocas especies de depredadores potenciales y siempre son las mismas, sería ventajoso reconocerlas de forma innata; en zonas donde hay muchas especies de depredadores potenciales o la frecuencia de encuentro con una u otra varía con el tiempo, sería más ventajoso aprender. Y esto es lo que hacen algunas especies: han desarrollado diferentes tendencias a la hora de aprender dependiendo de su entorno. Ahora estamos empezando a ver que nuestra capacidad humana de aprender y responder, nuestra capacidad de experimentar la serendipia, es hasta cierto punto un regalo de nuestro entorno. Vivimos en formas y circunstancias que hacen ventajoso ser flexibles. Y así lo somos.

Una vez que tienes la capacidad de aprender, puedes empezar a ser aún más sofisticado sobre cómo aprendes. El aprendizaje, como imaginarán, viene con un potencial ilimitado. Aunque ya seas un buen cocinero, sepas dónde puedes pasear a tu perro y hayas encontrado un buen restaurante para cenar con tus amigos, siempre existe la posibilidad de mejorar. Si buscas más restaurantes, es posible que encuentres uno mejor. Si practicas en la cocina, puedes ser más rápido y preparar comidas más saludables. Por supuesto, el aprendizaje extra no es gratuito, trae aparejado un coste. Buscar nuevos y mejores restaurantes significa comer en un montón de restaurantes malos a lo largo de ese aprendizaje mientras que, en su lugar, podrías haber estado comiendo en tu actual restaurante favorito. 

Esto se conoce como «el dilema de exploración-explotación». Todas estas tareas, y muchas otras, implican un compromiso entre la explotación de las oportunidades que ya conocemos y la exploración de mejores oportunidades en otros lugares. Podría decirse que la exploración es una propiedad ubicua de la existencia. Este dilema lo afrontan diferentes animales que buscan el equilibrio entre la exploración global y la explotación local para sobrevivir; explorando lo suficiente para poder encontrar los recursos disponibles en un determinado entorno y explotando lo suficiente para poder recolectarlos. 

Tal vez, el lector siente que la exploración y la casualidad han desempeñado un gran papel en su vida y se pregunta cómo traer más serendipia a ella. Tal vez, incluso está buscando una fórmula que le diga cómo equilibrar la exploración con el aprovechamiento de lo que ya sabe. Bueno, no puedo darle tal fórmula, porque no conozco las circunstancias exactas de su vida. Pero puedo ilustrar cómo podría ser esa fórmula para el simple caso de la búsqueda de comida en animales, donde los objetivos son un poco más claros. A pesar de la simplificación, las lecciones pueden ser aplicables. Después de todo, un animal en busca de alimento no es tan diferente de un humano en busca de éxito en su propia vida.

Cuando los animales buscan comida, el elemento crucial que necesitan es averiguar cuán rico es el medio en el que viven. En los ambientes ricos, los animales son más propensos a seguir explorando e ignoran los recursos de baja calidad. En ambientes pobres, los animales ponen mucho esfuerzo en explotar hasta la última oportunidad que encuentran. Esta estrategia es la que claramente llevan a cabo los monos verdes. En los meses de verano, cuando el alimento es abundante, ignoran hojas e insectos mientras siguen buscando frutas, flores y huevos. En los meses de invierno, cuando el alimento es escaso, sí recurren a degustar insectos y hojas. Si no sabes si tu entorno es rico o pobre en recursos, puedes usar una estrategia en la que primero muestreas alrededor de veinte o treinta localizaciones donde suele haber alimentos —los denominados «parches de comida»—, independientemente de su calidad, para averiguar cuál es la distribución de los recursos de tu entorno. Y luego, en función de tu estimación de lo rico que es el entorno, moldear tus decisiones posteriores sobre cómo obtener recursos. En situaciones en las que el alimento no aparece demasiado agrupado, no hay parches muy definidos y la estrategia es algo distinta. Es el caso del abejorro, que va libando en flores que nunca están demasiado juntas. En este caso, nuestro explorador, normalmente basa su búsqueda en áreas restringidas, intensificándola en un área local después de haber encontrado comida, pero explorando más a medida que los hallazgos exitosos disminuyen. ¿No les parece que se puede hacer una interesante lectura de todo esto a la hora de afrontar nuestro día a día en aspectos que van de lo emocional a lo laboral? 

Las cosas se ponen aún más interesantes cuando consideramos que nosotros, como humanos, no solo tenemos la opción de explorar por nuestra cuenta, sino también de aprender de las exploraciones ajenas. En muchos sentidos, casi todo lo que hacemos se recoge de otras personas por medio de la observación y la comunicación. ¿Tiene el hecho de que vivamos en grupos alguna implicación en cómo abordamos la gestión del azar y la exploración en nuestras propias vidas? Otra mirada al mundo animal sugiere que la respuesta es sí. Podemos observar los compromisos involucrados en la toma de decisiones cuando los animales forman parte de un grupo comparando el comportamiento de abejas y abejorros. Aunque ambas especies son insectos sociales que viven en colonias, muestran diferencias bastante interesantes en su comportamiento a nivel de grupo. Las colonias de abejorros incluyen un número menor de individuos y en ellas el trabajo se reparte por tamaño, mientras que en las abejas melíferas este se divide por edad. Además, los abejorros no comparten información con sus compañeros sobre dónde están las mejores fuentes de alimento. Por lo tanto, en los abejorros, la estrategia para buscar alimento se optimiza a nivel individual, mientras que en las abejas melíferas se puede sacrificar el rendimiento individual en la búsqueda de alimento a cambio de transmitir eficazmente la información sobre los alimentos a sus compañeras. 

Los abejorros pueden vivir como lo hacen porque la mayoría de estas especies viven en la zona templada, donde los recursos se establecen en pequeños parches bien distribuidos por el entorno. Sin embargo, las abejas melíferas evolucionaron en los trópicos, donde las fuentes de alimentos son escasas, pero están muy concentradas. Y deben competir por estos recursos (por ejemplo, los árboles con flores) con otros recolectores de néctar. Para ganar esta competición, deben reclutar a muchos de los miembros de su propia colonia para explotar y defender los parches de alimentos recién descubiertos. Esto, a su vez, ha dado lugar a una compleja comunicación y a una división social del trabajo en la que algunos individuos actúan como exploradores; individuos especializados en buscar nuevas fuentes de alimento que luego reclutan a otros miembros de la colonia cuyo trabajo principal implica tareas como la defensa de la colonia o la limpieza. Al explorar en grupo, las abejas melíferas son capaces de eliminar riesgos en su suministro de alimentos. Aunque es muy improbable que un solo buscador individual encuentre una buena fuente de alimento, el gran número de buscadores asegura al colectivo la posibilidad de encontrarla. El tamaño de la típica fuente de alimento, a su vez, garantiza que esos raros descubrimientos proporcionen suficiente alimento a todo el grupo. Si trabajasen a nivel individual, el resultado más típico sería el no descubrimiento de alimento y la muerte por inanición. Pero explorando y explotando como grupo, pueden prosperar en un entorno difícil.

Acabamos de estudiar una variedad de formas diferentes de responder a la imprevisibilidad. La primera opción era actuar como una bacteria: tener en mente una lista de errores que podrían ocurrir y un plan fijo de cómo lidiar con ellos. La segunda opción era permitir una mayor improvisación y aprendizaje, teniendo en cuenta que el aprendiz debe estar dispuesto a enfrentarse al coste de errores ocasionales y ser capaz de soportarlos. Otra opción era no solo estar dispuesto a adaptarse a la imprevisibilidad, sino también a buscarla activamente mediante la exploración. Por último, una forma aún más eficiente de atraer y explotar la serendipia es hacerlo como grupo aprovechando el poder de la multitud. 

Podemos, hasta cierto punto, ver que todas estas estrategias para tratar de gestionar e incluso aprovechar el azar se llevan a cabo también en las sociedades humanas. La respuesta de las bacterias se ejemplifica mejor con algo como los sistemas automáticos de alarma de incendios. Conocemos el problema: los incendios accidentales. Sabemos cómo detectarlos: alguien construye un detector de humo. Y sabemos cómo remediar las consecuencias: con la activación automática de sistemas de rociadores de agua para apagar las llamas. Este tipo de aprendizaje de estímulo-respuesta se hace aún más explícito dentro de las empresas, que a menudo utilizan la elaboración de planes de acción para gestionar sus riesgos. Por ejemplo, las empresas petroleras, cuyos presupuestos se enfrentan a graves riesgos en función de las fluctuaciones del precio mundial del petróleo, han creado a menudo estrategias casi automatizadas condicionadas por el precio para disminuir la perforación de nuevos pozos, la exploración y aumentar la explotación de los sitios de perforación actualmente activos cuando el precio del petróleo cae. 

La importancia del aprendizaje es demasiado obvia como para requerir demasiada aclaración. Hemos trasladado el aprendizaje desde un comportamiento o un hábito a un papel institucional, ya que todas las sociedades modernas han construido un sistema escolar en el que se permite a los niños practicar y jugar con anticipación a los desafíos de la edad adulta. Pero es interesante hacer notar que este lugar de aprendizaje ha sido diseñado alrededor de principios similares a los que los animales enfrentan cuando deciden si vale la pena arriesgarse a aprender. Hemos diseñado ambientes donde la supervisión de los adultos mantiene bajas las posibilidades de caer en un error irreversible o muy costoso, mientras que el sistema de calificaciones proporciona una fácil retroalimentación que señala el camino hacia la mejora individual. No es una coincidencia que estas dos propiedades —bajo coste de los errores y rápida retroalimentación— sean precisamente las condiciones que promueven la evolución de las estrategias de aprendizaje también en el reino animal.

Aprendizaje
Macacos japoneses en las termas naturales de Nagano. Fotografía: Opatsuvi / Freepik.

En otro punto de similitud con la naturaleza, también empleamos estrategias de exploración colectiva siempre que vamos a comprar toda clase de productos. Desde libros a cosméticos, pasando por taladradoras o plantas de interior, su reflejo más obvio es el modo en que funciona actualmente el comercio electrónico. Los mecanismos de recomendación de productos de Amazon, por ejemplo, agregan las decisiones de compra y calificación de cientos de millones de usuarios y ponen así su sabiduría colectiva a nuestra disposición a un coste extraordinariamente bajo. De esta manera nos beneficiamos, en un principio, al tener un conocimiento avanzado sobre la calidad de los artículos sin tener que hacer el esfuerzo de probar nosotros mismos los miles de productos disponibles a un clic. 

Pero la culminación de la exploración colectiva es, por supuesto, la ciencia. La exploración, como hemos ido viendo, siempre tiene costes asociados. Y el fino equilibrio entre la exploración y la explotación es algo a lo que todos los individuos de todas las especies tenemos que enfrentarnos a lo largo de nuestra vida. Pero nuestra cultura nos ha brindado la oportunidad de seguir explorando en circunstancias en las que ya tenemos la información necesaria para aprovechar nuestros conocimientos. En general, una exploración desmesurada sin explotación de los recursos traería consecuencias negativas para el individuo. Esto es obvio cuando la exploración de un único individuo es inviable, incluso suicida, como claramente ocurre en los viajes espaciales ahora, o en las exploraciones científicas de siglos pasados. También esta exploración sería peligrosa en aquellas ocasiones en los que la profundidad en un tema tiene muy baja probabilidad de ofrecer resultados útiles inmediatos, o resultados que el propio individuo o el colectivo pueda llegar a explotar o siquiera observar en su tiempo de vida. 

Pero hacerlo, permitir este modo aparentemente estéril de sondear la realidad, proteger a los individuos que tienen la habilidad de explorar de formas distintas, o que saben crear un ambiente particular, o que simplemente conservan su capacidad de indagar a pesar de los estragos de la edad, nos pone en el camino en el cual podemos buscar y aprovechar los pocos momentos fortuitos de éxito y ponerlos al servicio de la sociedad.

Así, la ciencia es la capacidad que nuestra cultura ha dado a los individuos para seguir explorando, recogiendo los frutos de esta exploración extrema, sin que el individuo tenga que pagar el coste, repartiéndolo entre todos. Hemos conseguido saltarnos el equilibrio necesario entre la exploración y la explotación. Y el resultado es un proceso colectivo de creación de conocimiento que nos permite a todos subirnos a hombros de gigantes, ver más allá de lo que otro ser vivo de nuestro planeta ha visto antes y, si tenemos suerte, añadir nosotros mismos un poco de sabiduría a esta montaña de conocimiento. Obviamente, todo se puede convertir en un producto más y que lo que hasta ahora era un bonito «desequilibrio» deje de serlo. 

Para finalizar, me gustaría recalcar que toda la abundancia de la que disfrutamos la sociedad moderna se debe en gran parte a sistemas altamente sofisticados de explotación del azar, y que estos mecanismos se remontan a más allá de nuestros inicios, a cuando solo las bacterias vagaban por la Tierra.


De la paradoja al dilema (o el arte de recalcular distancias)

Dilema
2001: A Space Odyssey. Fotografía: Cordon Press

La tendencia a organizar el mundo en partes contrapuestas quizá tenga que ver con que los humanos tenemos dos lados: el izquierdo y el derecho y muchos órganos vitales son dobles y simétricos (1).

Los grandes relatos que, como el Génesis, hablan del origen del mundo, tienen un patrón común. Todos se refieren a la ordenación y colocación de la materia en el espacio y a la ubicación y separación de la tierra y el agua y de las criaturas que debían poblar cada uno de esos medios. También se refieren a la necesidad de separar lo húmedo y lo seco, el calor y el frío, la noche y el día, lo bueno y lo malo. En definitiva, cuestiones esenciales para mantener la vida. 

Uno de los aprendizajes más primitivos de la persona consiste en saber elegir a qué acercarse y de qué alejarse. Esta rutina básica de la atención nos ha acostumbrado a vivir recalculando las distancias hacia lo amado y hacia lo temido (2). Un cálculo que es cambiante según las distintas etapas vitales y que se basa en un sistema de discriminación que permite a las personas calibrar este proceso y orientar la atención hacia lo que desea y evitar lo que no desea. 

Pero ambas cosas están paradójicamente implicadas. El acto de desear tiene un componente relacionado con saber qué rechazar y esto también funciona al contrario. 

Sin embargo, el individuo puede descuidar el manejo sobre este sistema de discriminación, de modo que termine cediendo su autogobierno sobre él y se convierta en un mecanismo que acabe por tiranizarlo. Este es el camino para convertir un rechazo en algo fóbico. 

Entonces, ¿de qué depende que el infortunio se convierta en un aprendizaje o en un trauma (3)? 

La adversidad nos viene dada por la mera existencia y puede ser gestionada con éxito o no. Las dificultades pueden convertirse en un aprendizaje para adaptarnos a contextos hostiles o en un conflicto psíquico más o menos invalidante. Para que los problemas existenciales se conviertan en síntomas o manifestaciones de inadaptación pueden seguirse las siguientes instrucciones: 

En primer lugar, es importante que el problema sea una situación o un comportamiento calificado por la persona como no deseado. También se requiere que se repita imprevisiblemente y no cambie, que no mejore. 

Por supuesto, se requiere que no esté bajo el control consciente de quien lo padece y que una o más personas, incluido el anfitrión del problema, lo nombre (a ser posible en latín) y lo caracterice o analice. Esto es importante como parámetro de objetivación y también porque un buen diagnóstico es la puerta a futuros reconocimientos oficiales. Y aunque aparentemente no mejore, debe ser considerado superable o con posibilidad de cambio, aunque de momento no se vea cómo hacerlo. 

Si además se pretende cronificar la situación (4) hay que unir el problema al lenguaje que lo nombra. En este sentido hay preguntas que tienden a perpetuar las dificultades deslizándolas hacia la fobia. 

El anfitrión del problema puede preguntarse por ejemplo: ¿por qué a mí? Y sobre todo: ¿qué he hecho para merecer esto? Que es la llave de acceso a la culpa. Puede fantasear con desgracias mayores o con la misma muerte y dedicarse a esperar próximas catástrofes, reforzando la idea de que no se puede hacer nada, que uno está indefenso. También puede centrarse en atender los síntomas que siguen como siempre y pasar por alto cualquier mejoría. De este modo, deja de alegrarse por pequeños éxitos en otras esferas de la vida y centra la atención en su mal. Esto debilita su posición activa en la gestión de soluciones y la autopercepción como víctima gana terreno.

Finalmente y con el tiempo, se aprende a buscar las causas de su mal en la infancia. Padres muy consentidores o, por el contrario, ausentes. Maestros distantes en la escuela, las malas compañías o quizá, un sistema político injusto. 

El síntoma puede dejar de servir a un propósito y convertirse en un hábito. (M. Erickson)

En síntesis, el pasado se convierte en destino. Cuando en realidad lo más conveniente hubiera sido concebir la propia biografía como un entramado dialéctico de decisiones tomadas con el fin de adaptarse a las condiciones de allá y entonces. 

El escenario de la dificultad pasa a ser esencialmente lingüístico. En adelante, no solo estamos enfermos sino que construimos el fenómeno patológico. Cosificamos el proceso, es decir: lo convertimos en un objeto. 

—Doctor, tengo una paranoia. 

—¿Y la ha traído? 

Ahora el problema es autosuficiente. Los plazos se producen fuera de su voluntad y es importante que sepa que ya es muy difícil volver a recuperar el control de su propia vida. Si vuelve a comportarse de modo normal corre el riesgo de que se utilice en su contra como una sofisticación de los síntomas. 

Cada situación suele ir acompañada de varias opciones tanto de conducta como de pensamiento. En definitiva, cualquier episodio existencial relevante es paradójico: la vida es dura y amable a la vez, el amor produce satisfacción y sufrimiento simultáneamente. La familia te procura protección y también padecimiento. Ante cada coyuntura existencial tenemos normalmente como mínimo dos caminos, habitualmente más. 

El mecanismo básico de generación de problemas consiste en olvidar o negar una de esas opciones. Esa obligación que nos autoimponemos para elegir una parte y desechar la contraria en vez de combinar los aspectos aparentemente contrarios, hace que convirtamos las paradojas en dilemas. También es un modo de construir fobias o de generar filias excesivamente entusiastas. 

Que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha. (Mateo 6, 1-8) 

Pongamos un ejemplo. Existen al menos dos grandes grupos de relatos que hablan acerca de cuál es el origen de la humanidad (5). Seguramente las personas simpatizan o rechazan uno u otro, según la congruencia con su propia sensibilidad y el modo personal de percibir el mundo. Dicho de otro modo: con los mecanismos que emplean para generar fobias o filias. Como hemos dicho, la forma de entender el comienzo indica el modo de entender la esencia de la humanidad y cómo puede ser su futuro (6). 

El primer relato cuenta que la humanidad nace con la utilización de las herramientas. Objeto que además de facilitar el trabajo, incluye el uso de armas y de tecnología. La película de Stanley Kubrick: 2001: Una odisea del espacio ilustra este mito. 

El segundo relato dice que la humanidad nace con el acto de compartir víveres y otros artículos de primera necesidad incluidos los objetos artísticos. El agua es alimento para la tierra, que a su vez alimenta la vegetación, que oxigena y nutre al aire. La «Hipótesis Gaia» es la gran representante de este mito. Aquí también se encuadran los ritos de compartir el pan y el vino como acto de pertenencia a la comunidad.

Como defensa del relato del intercambio, otras hipótesis de la sociología apuntan a que la prohibición del autoconsumo de víveres es el acto que funda la civilización (7). La obligación de que cada miembro de la comunidad regale a otro miembro la pieza cazada es lo que consolida el vínculo del clan y su funcionamiento como sistema. 

Cada uno de estos relatos nos conduce a un modo de entender la vida y sus conflictos existenciales. Nos catapulta a una posición cultural y política concreta y en consecuencia, a un paradigma pedagógico distinto. 

El relato de la herramienta nos remite a la separación y dominación del ser humano sobre la naturaleza. La herramienta define un campo dividido entre los que la poseen y los que no la poseen. El uso de la tecnología establece la jerarquía de la dominación de unos sobre otros. 

El relato del intercambio de comida habla de la fusión del ser humano con la naturaleza, de la búsqueda de respuestas ante los enigmas de la vida mediante el respeto a las manifestaciones y evolución del medio ambiente. 

El primer relato resalta que el mundo está lleno de objetos que, al igual que la herramienta, se pueden contar, medir y pesar. El segundo mito prioriza los procesos, el intercambio de energía y la transformación de sus interacciones. 

El mundo está lleno de música, no de materia. 

Heisenberg. 

En el relato de la herramienta, la atención se vuelca en las cosas de la realidad exterior, aspira a la objetividad. El mundo es, existe independientemente de que sea percibido o no por el sistema sensorial humano. Responde a una lógica aristotélica: si algo es cierto, lo contrario es falso. Los conflictos tienden a adquirir un rostro polarizado en el que las partes se enfrentan. 

El mito del intercambio de víveres apunta al interior de la persona, a la subjetividad como lugar de síntesis de los procesos de la interacción. El mundo se construye en la experiencia humana. Obedece a una lógica pascaliana: si algo es cierto, lo contrario, en ciertas condiciones, puede ser cierto también. 

El mito de la herramienta tiene relación con la definición de lo correcto y la exclusión de lo incorrecto, de él se derivan pedagogías de aislamiento y sometimiento. En el relato del intercambio de víveres lo importante es la armonización de opuestos, puesto que el objetivo es que coexistan. En consecuencia, practica pedagogías de emancipación y mestizaje. 

Cada relato nos lanza a una concepción social, cultural y política distinta y las prácticas educativas que se derivan de cada uno de ellos también tienen consecuencias diversas. 

Ante el claro predominio actual del relato instrumental y tecnológico conviene recobrar prácticas basadas en el intercambio. Es preciso intercambiar relatos, canciones y recetas de cocina. Es necesario intercambiar prácticas de pesca, modos de cultivo y de organización social ante la adversidad. Contrastar políticas, modos culturales, prácticas médicas y educativas. En definitiva, viajar al exterior de nosotros mismos para superar el miedo y la obsesión de que solo hay un modo de hacer las cosas. 

Quizá el antídoto contra el poder de la herramienta sea someterla a intercambio. Procurarle un uso más creativo que los actuales sistemas de sometimiento físico y psíquico entre miembros de distintas culturas o niveles sociales. 

Aunque para ello, existe una condición previa. Es preciso recobrar la confianza en que las personas disponen de los recursos necesarios para afrontar sus problemas. Una consecuencia del predominio de la tecnología es la convicción de que quienes no disponen de ella no saben afrontar su vida. Necesitamos soluciones urgentes y mixtas, nuevos pactos adecuados a las nuevas necesidades, nuevos relatos que expliquen este mundo mezclado. 

Todo lo absoluto pertenece al campo de la patología. (Nietszche) 

El campo de lo fóbico tiene inicialmente una dimensión de rechazo. Sin embargo, también puede interpretarse como un dispositivo defensivo y avisador ante las eventuales amenazas de la existencia. La filia está unida a una imagen de satisfacción y disfrute de afectos y objetos deseables. Pero sin el freno adecuado se puede convertir en el dominio del ser amado o en la dependencia del objeto querido a través de su aparente control. Donde no hay un afecto libre y saludable, el poder ocupa su lugar. 

En consecuencia, ambas polaridades solo encuentran una solución equilibrada desde su armonización y modulación (8). Ninguna existe por sí sola sino que ambas coexisten. La inadaptación consiste en elegir solo una parte, incluso la que creemos mejor. 

En definitiva, ¿cuánto miedo, rabia, o melancolía necesitamos para vivir? ¿Cuánta patología necesitamos para valorar la satisfacción y plenitud vital? ¿Cuánta satisfacción precisamos para alimentar nuestra capacidad de rechazo hacia lo que no queremos? 

Muchas veces la persecución del deseo va unida a una factura que el individuo cree que debe pagar. No hay nada más difícil de resistir que una serie de días buenos. En esas ocasiones, la intuición nos alerta de que algo malo va a pasar (9). 

Lo esencial es pulir ese tipo de inteligencia que antes hemos denominado sistema de discriminación y que nos permite elegir en cada momento la mejor opción disponible y en qué porcentaje es útil para el sostenimiento de la vida. Cada parte está contenida en su opuesto. Si nos mantenemos fieles al diálogo entre las polaridades ocurre la Función Trascendente (10): Los opuestos se integran en forma eficiente. 

Gandhi entendía la violencia como un síntoma que se produce a partir del desgajamiento de sus componentes. Poco antes de su muerte, le dio a su nieto Arun el siguiente texto: 

La violencia es:
—Riqueza sin trabajo.
—Placer sin conciencia.
—Conocimiento sin carácter.
— Comercio sin moralidad.
— Ciencia sin humanidad.
—Adoración sin sacrificio.
—Política sin principios. 

Para comprender la realidad circundante necesitamos hacer dos operaciones. En primer lugar, fragmentar y enfocar aspectos concretos de la realidad. Sin embargo, el verdadero disfrute del aprendizaje está en la segunda operación. Esto es, en volver a la percepción unificada de la realidad. Una focalización excesiva de la atención puede provocar sufrimiento debido a la nostalgia por la pérdida de la unidad del mundo. 

Muchas contradicciones que se dan en el pensamiento abstracto se disipan en la percepción emocional o en el discurrir experiencial y práctico de las situaciones dilemáticas. 

Plegué mis miedos
Plegué mis miedos al sentir tus labios.
Su humedad mullida, su paisaje,
no me dejaron ver en tu mirada
el revuelo de noches de tormenta,
ni la urdimbre de secas entretelas
que poco a poco, me secaría el alma.
>Ahora, con el alma seca,
qué beso, qué hechizo, qué paisaje
pueden desplegar, y pronto,
mis miedos, mi humedad, mi calma.
Ahora, seca el alma,
ensancho la risa en su prieto estuche
y me duele hasta el fondo de los pliegues
que vuelven a abrir sus amenazas.

Trinidad Ballester
 


Notas

(1) Irvin Thompson. En Lovelock y Bateson. (1989). La nueva comunicación. Madrid. Editorial Gaia: Pág. 19. 

(2) La base de los metaprogramas se basa en «Los tipos psicológicos» de Carl Jung (1923). Después Isabel Brigg-Myers desarrolló el sistema descriptivo psicológico más utilizado en los negocios y en la administración. Ver La PNL y la imaginación, de Rupprecht Weerth. 2000. Editorial Sirio: Málaga. Págs. 160ss. 

(3) Ver la interpretación que realiza Stephen Gilligan sobre la obra de Milton Erickson. Trance Camp. Organizado por el Instituto Amadeus Talentos de Barcelona. 11 a 16 de noviembre de 2010 y 25 a 30 de enero de 2011. Barcelona. Material policopiado. 

(4) Arist von Schlippe. (2003): Manual de terapia y asesoría sistémicas. Barcelona: Herder. 

(5) Ver el artículo: La ética de la herramienta (Tecnología y valores) de Bernardo Ortín. Publicado por la Revista Jot Down. Contemporary culture magazine. Junio-2012. Nº 1. Págs: 102-107. 

(6) Irvin Thompson. Op. Cit.: Págs. 23ss. 

(7) Jesús Ibáñez (1986): Más allá de la sociología. Madrid: Siglo XXI. 

(8) Paul Watzlawick. (2002). Lo malo de lo bueno. Barcelona: Herder. 

(9) Paul Watzlawick. (1995): El arte de amargarse la vida. Barcelona: Herder. 

(10) Carl Gustav Jung. (1960): The Structure and Dynamics of the Psyche. London.


El claustro registra actividad neuronal en pruebas de aprendizaje y memoria

Claustro
Estudio realizado por la División de Neurociencias Universidad Pablo de Olavide y publicado en la revista Cerebral Cortex, Oxford Academic.

Describen la actividad de un centro cerebral relacionado con los procesos mentales.

Miembros de la División de Neurociencias de la UPO, en Sevilla, han registrado por primera vez  la actividad funcional del núcleo cerebral del claustro durante pruebas de aprendizaje y memoria.

En su conocido libro La búsqueda científica del alma, así como en artículos especializados, el profesor Francis Crick, premio Nobel de Medicina por su descubrimiento de la estructura del ADN, propuso que las funciones mentales superiores podrían estar relacionadas con la actividad del núcleo del claustro. El claustro es una estructura plana y alargada que se extiende a lo largo de casi todo el cerebro y que está ampliamente interconectada con el resto de estructuras cerebrales. Aunque hasta ahora se asumía esta posible función del claustro como integrador de las funciones sensoriomotoras y cognitivas, su complicada disposición anatómica había hecho imposible la detección de la actividad de sus neuronas durante pruebas específicas de aprendizaje y memoria.

Estos problemas técnicos han sido resueltos por investigadores de la División de Neurociencias de la UPO, liderados por Dr. José M. Delgado García, profesor emérito de dicho centro, los cuales han mostrado que el claustro participa activamente en los procesos cognitivos que acompañan a la adquisición de nuevas habilidades motoras, pero no en los aspectos puramente biomecánicos de las mismas. En este complejo estudio han participado investigadores de la Universidad del País Vasco, del Instituto Max Planck de Heidelberg y del centro Charité de Berlin, así como de las Universidades de Ottawa y Guadalajara.

Para la realización de este estudio, los investigadores han hecho uso de sofisticadas técnicas de marcaje neuronal con vectores virales, así como de análisis espectral de la actividad neuronal. El estudio ha permitido concluir que el claustro cumple un importante papel en las funciones cognitivas cerebrales, sobre todo en los aspectos referentes a la novedad, relevancia e importancia vital de los estímulos sensoriales presentes en nuestro entorno. Al mismo tiempo, el estudio sugiere que en los procesos cognitivos intervienen de forma coordinada otras estructuras cerebrales, aparte del claustro. Este pionero experimento abre camino para ulteriores estudios relacionados con la actividad cerebral que subyace a los procesos mentales y cognitivos.

Podréis tener el acceso completo a la publicación de la revista Cerebral Cortex de Oxford Academic en el siguiente enlace:

The Claustrum is Involved in Cognitive Processes Related to the Classical Conditioning of Eyelid Responses in Behaving Rabbits

Referencia del artículo: M Mar Reus-García, Raúl del Sánchez-Campuzano, Julia Ledderose, Godwin K Dogbevia, Mario Treviño, Mazahir T Hasan, Agnès Gruart, José M Delgado-García. Cerebral Cortex, bhaa225.

 


De videojuegos como herramientas de aprendizaje

Assassin’s Creed Origins. Imagen: Ubisoft.

El sol se pone entre las dunas. La ciudad de Siwa se torna azulada, se pliega ante la presencia de una luna llena que acompaña la fría brisa. La Serpiente acecha en cada rincón. La secta secreta que rige el mandato de Ptolomeo, hermano de Cleopatra, que gobernará Egipto manteniendo a su hermana, la mujer destinada a pasar la historia de la humanidad, en el exilio. El medjay, a través de cuyos ojos viviremos la historia de Assassin’s Creed Origins, tiene un solo objetivo: encontrar y decapitar a la Serpiente. Vengar a su hijo. Proteger a los inocentes. Acabar con el faraón Ptlomeo.

En el camino, el que puede ser el antiguo Egipto mejor recreado en una obra de arte.

El equipo de Ubisoft, desarrolladores del título, se han tomado su tiempo para refinar una fórmula que lleva años transportando a sus jugadores a épocas pasadas. La recreación de una época pasada a través de textos, pinturas, fotografías cuando las hay y otros referentes no es cuestión menor: si hay películas que muestran las vestimentas, las costumbres, los escenarios que conformaban la vida diaria de nuestros antepasados, el videojuego tiene de su parte el poder de la inmersión. Al pasear por el Egipto de Ptolomeo no nos limitamos a observar. Vivimos el antiguo Egipto. Caminamos por las calles de una Alejandría recreada con la pasión y el asesoramiento de expertos egiptólogos. Así lo asegura Jean Guesdon, director creativo de Assassin’s Creed Origins, que a partir de principios de 2018 contará con la actualización «Discovery Tour», enfocada por completo en el aprendizaje.

Los videojuegos siempre están en el punto de mira. Cada vez que hay un crimen cometido por un joven, cada vez que algo se descontrola, cada vez que el fracaso escolar se dispara, la sociedad mira al arte digital buscando un chivo expiatorio. Los padres y los profesores nunca tienen la culpa. La culpa es de la violencia en los videojuegos. Pero estas pequeñas piezas de entretenimiento pueden aportar algo más allá de ocio: el aprendizaje dentro del medio se está imponiendo como una herramienta más que útil para relegar, de una vez por todas, eso de «la letra con sangre entra». No es de extrañar que sea un tema que se ve con recelo; que despierta más de una sonrisa irónica. La generación de nuestros padres apenas conocieron lo que eran los videojuegos; mucho menos sus padres. Si echáramos la vista atrás, los profesores de principios de siglo quizás pusieran el grito en el cielo ante la imagen de alumnos viendo una película en el aula. Sin embargo, tenemos algún ejemplo de cómo este arte puede unir fuerzas con los profesores para elevar el aprendizaje. El modo de juego «Discovery Tour» de Assassin’s Creed Origins, pionero en esto, se trata de una recreación 3D fidedigna que ha contado con expertos en el tema, y que invita al jugador a caminar por Egipto y recibir lecciones sobre el comportamiento de la gente, la situación social y política y los procesos de construcción o las biografías de los principales personajes. Un tour por la historia de la humanidad. Una lección que ningún libro o película es capaz de igualar.

José Manuel Galán (Madrid, 1963), es egiptólogo y profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Director del Proyecto Djehuty. También ha abalado públicamente a Ubisoft en su labor didáctica con el reciente lanzamiento de la saga de videojuegos. «Los desarroladores me permitieron acceder a material del juego antes de su presentación y tengo una idea clara» nos cuenta el profesor Galán, «Lo que más me sorprendió fue la exactitud en la recreación geográfica del paisaje: el ambiente del Nilo, el delta, el contraste entre el desierto y el río. Alejandría y la biblioteca es impresionante. En época de Cleopatra mucha de la arquitectura faraónica se encuentra ya en ruinas, pues muchas veces se nos olvida que hablamos de una civilización de tres mil años; entre las pirámides de Giza y Cleopatra han pasado dos mil quinientos años. Esto se encuentra perfectamente recreado en el juego. En la excavación que yo dirijo en Luxor lo vemos de continuo. No es un videojuego común: los detalles de tipo ambiente, social y geográfico están muy cuidados. Lo que más me llama la atención es la luz: volar con el halcón es una experiencia impresionante».

Assassin’s Creed Origins. Imagen: Ubisoft.

Si la recreación más fidedigna que podemos encontrar del Egipto de los faraones está recreado en un entorno 3D, y nace del esfuerzo de varios expertos en la materia y de la mente de los creativos, la terminología nos traiciona. Quizás lo que más daño le hace al videojuego es su propio nombre. Pero, ¿quién dijo que jugar no puede ser educativo? «La fórmula educativa que funcionaba hace veinte años no sirve ahora. Yo disfrutaba mucho leyendo a Heródoto, pero es que ahora Heródoto puede ser el personaje de un videojuego que trasmite de forma oral sus enseñanzas. Y además creo que es positivo que este aprendizaje venga unido a un juego, porque ya hay museos que tienen visitas virtuales y utilizan estas tecnologías, pero si la lección viene unida a un juego de aventuras los chavales absorben conocimientos de forma subconsciente, que es lo más importante». Jean Guesdon nos habló en la presentación del juego en España sobre la atención al detalle del desarrollo: al pasear por las calles de Alejandría, podemos pararnos a ver cómo un comerciante hace pan. La forma en que amasa, los ingredientes que le vemos utilizar, han sido recreados con los conocimientos que tenemos sobre la artesanía y la gastronomía de la época. Son estos detalles, más allá de los textos que acompañan las lecciones, lo que cala en el jugador. En el alumno. La escuela, por lo menos en España, todavía parece resistirse a ver al videojuego como una herramienta de aprendizaje. Y no digamos ya los padres. El niño, y cada vez son menos los niños los que juegan a videojuegos y más los adultos, se sienta frente al videojuego sin juzgarlo. Sin pensar en si aprender algo con el videojuego sería malo. Una traición al carácter lúdico y rebelde de la industria. Él se sienta y juega y, a veces, aprende. Una chica que juegue a Assassin’s Creed Origins va a ver la magna biblioteca de Alejandría mejor de lo que ningún estudioso la ha podido ver. Un chaval que emplee sus tardes en desgranar la historia de Bayek y el origen del clan de asesinos disfrutará del delta del Nilo como pocos. ¿Son estos datos menos importantes para la educación que la memorización de fechas?

«Poco a poco se va cambiando el sistema educativo», continúa el profesor Galán. «Los chavales sí que viven en el siglo XXI y a veces a los mayores, que somos los que producimos para ellos, nos olvidamos de eso. Y una cosa no quita la otra: soy defensor de la lectura, pero también del cine y el videojuego. No te puedes quedar anclado solo en la lectura. Si quieres enganchar a los chavales al conocimiento tienes que emplear los medios que ellos conocen y usan todos los días».

Claro que este no es, ni mucho menos, el primer intento de aunar videojuegos y educación. Y en esto Ubisoft es pionera. Otra de sus producciones, Valiant Hearts, de 2014, recreaba el ambiente de trincheras de la Primera Guerra Mundial inspirado en cartas que se recuperaron durante el conflicto y en hechos totalmente reales. Un videojuego con estilo de cómic que aportaba información sobre un conflicto que se estudia en todas las escuelas, y cuyo guion usaba la realidad como punto de partida. En este caso, el juego resultaba simpático a la vista por su estilo artístico y su violencia edulcorada, pero ¿es muy diferente de los videojuegos bélicos como Battlefield o Call of Duty? Los adultos quieren proteger a sus niños, y eso es loable, pero no somos conscientes de que la violencia que impedimos que consuman con los videojuegos la consumen con películas, en la televisión, en los propios patios del recreo. Quizás la lección más importante fuera que en los conflictos bélicos las muertes no son meros número, sino personas. Que las dinastías de faraones empleaban la traición como método para hacer política; que la caída de monarquías absolutistas e imperios se lograron con la sangre del pueblo. Que la historia, en definitiva, no es un alegre cuento de hadas. Tal vez debiéramos enseñar esta lección para que la violencia sea algo real y no un atractivo misterio. En estos terrenos, cualquier declaración categórica es una tentativa de error, pero quizás los videojuegos sí que puedan ser herramientas del aprendizaje. De retrato de la historia. «En el campo de la investigación, por ejemplo, tiene un valor importante en cuanto a difusión» dice el profesor Galán. «En mi investigación estamos utilizando recreaciones en 3D y de realidad virtual para difundirlo al público. Lo que ocurre es lo mismo que cuando das clase: al tratar de hacer algo asequible a un público que no es experto en el tema, me doy cuenta de ciertas cosas, aprendo de mi propia investigación. Para esto es muy necesaria la tecnología.».

Al videojuego le traicionó su nombre. Cada vez tienen menos de «juego» y más de «herramienta». A los niños se les castiga sin videojuegos y se les obliga a leer. Luego nos extrañamos de que no tengan ganas de leer y sí de jugar con la consola. El día que las consolas invadan las aulas tal vez seamos testigos de una revolución en los sistemas educativos. Tal vez vaya siendo hora de alejarnos de aquello de «la letra con sangre entra» y abrazar nuestro siglo no solo por las comodidades que nos brinda, sino por las oportunidades que podemos aprovechar para crecer.

Assassin’s Creed Origins. Imagen: Ubisoft.


Los niños invisibles: la vida de Dolores

Ilustración: Trinidad Ballester.

Dolores tiene una idea nítida acerca de cómo debe ser su familia, su relación de pareja y la forma sincera de hablarse entre padres e hijos. Se ensimisma con este monólogo interno y lo piensa y repiensa continuamente. Ni siquiera le hace falta que ocurra lo que sueña, parece que tiene bastante solo con pensar en todo esto.

Escucha en su interior las voces armoniosas de su familia reunida. Es como una sinfonía que la llena de paz. Le abre paso a una serenidad en la que suspende momentáneamente la respiración, lo que no experimenta con ninguna otra cosa que le suceda.

Cuando piensa en esta vida que anhela, tiene una sensación en la boca del estómago que se expande a oleadas, mientras piensa en lo que cada uno debe hacer, decir y cómo deben comportarse.

En realidad no hace nada por construir esta vida ideal. Suele ser reservada y contenida. No actúa porque le da miedo estropear su sueño. Aspira a ese momento ideal en el que todo esté bajo su control o que por lo menos tenga la máxima seguridad sobre ello.

Y el caso es que a veces tiene experiencias muy similares a lo que desea. Son ocasiones en las que su familia se reúne en un ambiente sincero y desenfadado. Momentos en los que las voces se entremezclan melodiosamente. Reuniones en las que todos se comportan de un modo agradable.

Entonces, en lugar de alegrarse le inunda la nostalgia, echa de menos su propia idea y en medio de la reunión dice que le gustaría que todos estuvieran más unidos y crearan un clima de confianza y amor, tal y como ocurre en su pensamiento. En esos momentos aprieta los puños de rabia, se echa a llorar y pide a toda la familia que la deje sola y en paz. Y así suele dar por finalizadas las reuniones familiares.

Ella dice que es perfeccionista, pero en realidad lo que le ocurre es que no puede actuar hasta no estar completamente segura de lo que va a hacer.

El aprendizaje se produce con el contraste entre las evidencias que recibimos del exterior y las referencias internas que tenemos acerca de las cosas. Nuestra atención viaja continuamente hacia afuera y hacia dentro para contrastar ambos campos. Podríamos decir que, en realidad, no conocemos la realidad sino que la reconocemos cuando lo que percibimos se parece a nuestras imágenes previas y preconceptos del mundo.

El hombre es tan perfectible y corruptible que puede volverse loco mediante su razón.

(Georges Lichtenberg).

El predominio de la atención al exterior pretende objetividad. Sin embargo, su abuso genera dificultad en la producción de sentido, por fallo o carencia de la propia versión de la realidad.

Por el contrario, la prevalencia de la atención al interior o percepción subjetiva, impone el propio pensamiento a lo que está ocurriendo en el exterior. Y es que, como dijo Aristóteles, la costumbre de creer impide a las personas observar lo que ocurre.

En ocasiones, el razonamiento permanente y circular, así como la puesta en duda de todas las hipótesis nos lleva a una racionalización extrema de lo que debería ser resuelto por las sensaciones o las acciones. Tal es el caso de quien duda sobre su orientación sexual y pretende resolverlo mediante su raciocinio, antes de iniciar cualquier experiencia en este sentido.

Recuerdo alguna ocasión en la que estaba de visita en casa de mi abuela, entonces llamaron a la puerta y ella me dijo:

—¿Quién será a estas horas? Yo no espero a nadie.

Solo la experiencia puede resolver estas dudas. Experimentar la sexualidad y abrir la puerta para ver quién llama.

Este cogitocentrismo (1) que constituye la prevalencia de la inteligencia racional tiende a congelar el ámbito emocional y a aplazar la experiencia.

Después de la muerte (corto diálogo de origen zen):

Maestro, ¿Qué le llega al hombre inteligente tras la muerte?
No lo sé.
¿No sois un hombre inteligente?
Sí, pero no estoy muerto.

Carrière, J.C. 2000: 152 (2).

El pensamiento rico en alternativas no es un problema, al contrario, sitúa los límites de lo que podemos hacer y nos aporta ideas para solucionar las cosas que nos preocupan.

El sufrimiento sobreviene cuando pretendemos controlar toda nuestra vida mediante la reflexión y el análisis. Contener el mundo con el pensamiento (3). Es posible que este sea uno de los peores desórdenes de la civilización.

Lo que enfocamos momentáneamente con la conciencia es solo un punto en el mapa y pensar que podemos abarcar la realidad enfocando un elemento es una falsa  ilusión.

Es interesante analizar qué tipo de fuerza puede enfrentarse a la acción tan eficientemente como para inhibirla. Teniendo en cuenta que la acción es un mandato biológico incesante y que los bebés lo tienen como algo imperativo. Entonces, la pregunta es: ¿qué puede ser tan potente como para impedir la acción?

Podemos buscar explicaciones y reflexionar a qué se debe este fenómeno. ¿Quizá a cierta exigencia genealógica de satisfacer a los ancestros? O bien ¿miedo a estropear algo por una acción alocada?

En cualquier caso, el síntoma tiene que ver con esto: con una inhibición de la acción. La psicoterapia breve y estratégica aboga por la necesidad de volver a la acción, de retomar el contacto con el exterior, de comprobar las hipótesis mediante su experimentación en lugar de su reflexión.

También tiene relación con el mito de la pureza, con lo inmaculado del pensamiento, antes de ser maleado con la acción. Con que la realidad no salpique el mundo de las ideas. Una versión deficiente del platonismo que defiende que la realidad más fiable solo está en el interior del sujeto.

Ya pasa el momento
ya se van los días
de la oportunidad
renovada al renacer
inefable de la muerte

Ya se cierran las puertas
poros húmedos
que quiso abrir la esperanza
Como se desgaja una grieta
como un pozo horizontal
al que asoman las horas taladas
como un viento fuerte
que ha soplado
esta vez en frío.

Ya se cierran los días
de la oportunidad.

(Trinidad Ballester).

Notas:

(1) «Cogito ergo sum» («pienso, luego existo»), principio filosófico de Descartes.

(2) En Cuentos que curan (2005) Bernardo Ortín. Ed. Oceano-Ambar. Barcelona. Pág. 84.

(3) La ilusión de controlar todo lo que ocurre en el mundo con el pensamiento. Primer hechizo descrito en el mismo libro. Pág. 81.


Diego Redolar Ripoll: “La testosterona influye en la toma de decisiones”

Diego Redolar Ripoll para Jot Down 1

Diego Redolar Ripoll es doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Lleva más  de 15 años desarrollando actividades docentes y de investigación en el departamento de Psicobiología y Metodología de las Ciencias en esta misma Universidad. Además, es profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, donde coordina asignaturas del área de Psicobiologia y donde codirige el Programa de Investigación de Neurociencia Cognitiva y Tecnologías de la Información. Hoy hablamos con él acerca de lo que sabemos sobre el cerebro, la conducta, sobre qué heredamos y qué podemos aprender. Veremos que el cerebro es cambiante, incluso a una edad adulta; y nos contará cómo es posible que una persona ciega vea con la espalda. Cosas veredes, “Cid, que farán hablar las piedras”.

Tu pasión por la neurociencia la despertó Ignacio Morgado, profesor y director de tu doctorado en la UAB, al que has dedicado dos de tus libros. ¿Cuál ha sido tu experiencia trabajando con él? 

Fue incluso antes de hacer el doctorado; cuando estaba cursando la carrera hice prácticas en su laboratorio. Me gustó mucho el ámbito de estudio de las neurociencias. A partir de ahí decidí hacer el doctorado, el máster, etc. Luego ya sí he tenido la oportunidad de trabajar con él como compañero en el laboratorio. Es una de esas personas con las que es fácil trabajar. Además tiene una forma de ver la ciencia, bajo mi punto de vista, muy completa. La visión que tiene de la neurociencia y de su aplicación a otros ámbitos considero que es muy integradora, va más allá de la visión que tienen otros investigadores.

¿Tenéis ahora intereses en investigaciones comunes?

Nos hemos separado; él se ha centrado más en modelos animales y yo en modelos humanos, dentro del mismo contexto, estudiando procesos como la memoria utilizando técnicas de estimulación.

Ignacio Morgado decía en una entrevista en La Vanguardia que la tecnología nos atonta; sin embargo, hay muchos estudios sobre cómo el uso de la tecnología hace que cada generación sea más inteligente que la anterior, sobre todo gracias a los smartphones y los videojuegos.

Estoy totalmente de acuerdo. Con el uso no solo de dispositivos móviles, sino también de otros dispositivos que favorecen la interacción a nivel de manejo de información en el día a día, estamos observando cómo suceden cambios importantes, cambios que tardarían en producirse mucho más tiempo. Hay estudios del grupo de Álvaro Pascual-Leone, en Boston, Harvard, que han visto que la representación en el cerebro del dedo índice y del dedo pulgar en la corteza motora está aumentada. Y eso es por el uso de estos nuevos dispositivos.

¿Puede ser que evolucionar realmente no lleve tanto tiempo como se creía?

No, lo que creo es que estamos utilizando los mecanismos plásticos cerebrales; los estamos utilizando de otra manera, y eso es lo que permite este tipo de cambios. Pero no, no creo que estemos rompiendo las barreras evolutivas. En la evolución, que es un proceso lento, los cambios sustanciales llevan miles de años.

En la UOC eres profesor responsable de varias asignaturas de la rama de biología, ¿qué diferencias hay entre la formación de la UOC y de la UAB?

La diferencia fundamental es la presencialidad, en la Autónoma son clases presenciales, las tareas docentes se limitan fundamentalmente al entorno físico en el contexto del aula, que es donde tienes la oportunidad de establecer contacto con tus alumnos. La UOC dispone de otro entorno, virtual, donde la dinámica es diferente,, y donde los profesores contamos con otras herramientas de aprendizaje que apoyan nuestra labor docente. Tal como está hoy en día el nuevo espacio europeo de enseñanza, las dos propuestas educativas pueden potenciar  la formación continuada. Lo que ocurre es que en la UOC puedes tener un seguimiento más específico del alumno; en la Autónoma es mucho más complicado hacer una implementación de evaluación continua personalizada, por lo que a veces el alumno se encuentra más desamparado.

En el modelo de enseñanza de la UOC hay muchas asignaturas que no tienen examen final, sino que el alumno demuestra sus capacidades mediante una prueba de síntesis basada en trabajos realizados durante el semestre. En esta prueba de síntesis en muchas ocasiones se permiten los apuntes. ¿Por qué en las asignaturas relacionadas con la biología no se sigue este modelo?

Una de las premisas de las que se parte en la Universidad, en el contexto europeo y en las asignaturas de Psicobiología, es que es muy importante la evaluación continua, en el sentido de que el proceso de aprendizaje comienza en el momento en que el alumno entra al aula y no acaba hasta el final. Durante todo ese tiempo hay una serie de pruebas. Entiendo que hay que potenciar esto por varias razones; en primer lugar, porque así estás más encima del alumno; en segundo lugar, porque así el alumno va adquiriendo los conocimientos de manera paulatina. Al final hay pruebas que son integrativas, donde se pide al alumno que todo lo que ha ido haciendo a lo largo del proceso formativo lo pueda exponer en un contexto determinado. Y hay asignaturas, las que se consideran más básicas, que incluyen conocimientos que se tienen que adquirir para abordar otras asignaturas. Así, en las que decimos que son más básicas, soy partidario de exámenes finales que nos van a asegurar que se han adquirido estos conocimientos necesarios y no solo eso, sino que el alumno es capaz de integrarlos.

En la UOC los docentes que se encargan de hacer el seguimiento a los alumnos y con los que estos se relacionan se denominan consultores. ¿Ya no se necesitan profesores para formar a los alumnos o es una cuestión de categorías laborales para ahorrar dinero?

Es una cuestión administrativa de cómo está fundamentado el  cuerpo docente en la Universidad; no solo de la UOC, también en la Autónoma, por ejemplo, se sigue el mismo esquema. Yo estoy a tiempo completo aquí en la UOC, como profesor titular de las asignaturas del área de Psicobiología, y soy además colaborador en la Autónoma. Igual pasa con profesores que lo son a tiempo completo en la Autónoma, y funcionan como colaboradores docentes en la UOC. El término correcto no es consultor, sino colaborador docente. Más que nada es una cuestión, ya digo, administrativa, porque las tareas docentes se hacen en equipo siempre, entre todos los profesores. Obviamente yo soy el responsable, pero las decisiones se toman entre todos. De manera que la implicación es la misma.

¿Puede un alumno con un buen expediente en la UOC hacer una carrera de investigación en, por ejemplo, estimulación intracraneal? ¿Tienes algún graduado de la UOC haciendo la tesis doctoral contigo?

Esto es un problema muy importante que tenemos, en el sentido de que todos los alumnos que se forman en el grado de Psicología pueden hacer un doctorado en Neurociencias después. Por su formación esto sería posible, cualquier alumno sería competente para poder realizarlo. El asunto está en que no tenemos ningún máster ni ningún doctorado en Neurociencia dentro de la universidad. Esto a nuestro grupo de investigación nos supone un problema, porque no podemos dar continuidad a los alumnos que hacen el grado. Lo que estamos es dando vías alternativas, compatibilizando el máster de Neurociencia en otra universidad y con el trabajo experimental en la UOC.

Exactamente, para ser neurocientífico, ¿cuál es currículo de base? ¿Médico, psicólogo, biólogo…?

Podemos decir, por suerte, que la neurociencia es multidisciplinar en el sentido de que puede albergar a diferentes profesionales, profesionales que se hayan formado en la biología, en la psicología, en veterinaria o en medicina. Luego se necesitan una serie de complementos de formación. Por ejemplo, yo estoy en el doctorado de Neurociencia de la Autónoma, y una de las cosas que tienen que cursar los alumnos son una serie de complementos en el doctorado, en el máster de Neurociencias, dependiendo del grado del que provengan. Así, un biólogo, que tendrá más controlada la parte de bioquímica, lo que habrá de compensar es la parte de ciencias más cognitivas. Y al contrario, una persona que venga de psicología, necesitará un refuerzo en química.

Como psicólogo  y neurocientífico, ¿qué opinión te merecen las terapias como el psicoanálisis, el modelo sistémico o la terapia breve? ¿Puede realmente “reprogramarseel cerebro para resolver patologías sin utilizar medicamentos?

No soy un experto en terapias, desconozco muchas de las que se utilizan hoy en día en psicología. Sí conozco algunos estudios que se han hecho desde la neurociencia. Por ejemplo, el año pasado estuve en el tribunal de una tesis de una chica que hizo su investigación en el Hospital del Mar, una chica holandesa, con niños con trastornos de atención e hiperactivos. Lo que vio esta chica, y está publicado en revistas de un alto impacto en neurociencia, fue que un entrenamiento cognitivo a los niños con TDAH provocaba los mismos cambios a nivel cerebral y funcional que la medicación con metilfenidato. Creo que son unos datos muy importantes a la hora de justificar, por ejemplo, todo tipo de terapias de neurorehabilitación, terapias cognitivas, etc. Al fin y al cabo, son diferentes vías para acceder a lo que nos interesa, que es el entrenamiento cerebral. Incluso a nivel estructural se ha visto que ciertos tipos de terapia modifican la estructura del cerebro. Con las técnicas que nosotros utilizamos, la estimulación magnética transcraneal, observamos que en el caso de la depresión se generan cambios plásticos que son parecidos a los cambios que se producen a largo plazo cuando se usan los antidepresivos. Es una forma de incidir diferente.

Diego Redolar Ripoll para Jot Down 2

¿La conducta es heredable?

Definir lo que es conducta es complejo. Yo entiendo la conducta en sentido amplio, no únicamente la parte observable. Partiendo de esta concepción amplia, es muy difícil decir si se hereda o no se hereda. No está tan claro. Muchos de los rasgos de la conducta que estamos estudiando son multifactoriales, es decir, hay múltiples factores que se relacionan con estos rasgos. Hay genes que explican ciertos aspectos de la conducta, como la inteligencia, pero son genes en plural, y además de ser varios, interactúan entre ellos; y también está el ambiente. Es complicado. Cuando se estudian cosas tan complejas como la inteligencia o la conducta nunca podemos partir de modelos unifactoriales.

¿Y la identidad sexual?

Aquí no sería como en el caso de la inteligencia, que es mucho más complejo. La identidad sexual, como otras funciones más relacionadas con la homeostasis y con el equilibrio de los órganos internos, viene muy determinada a nivel neuronal y a nivel endocrino. Lo que ocurre es que en el caso de los animales, cuando se estudia la conducta sexual en ratas, en ovejas, es más sencillo. En el caso del ser humano es algo más complicado; estamos en un medio social, influidos por aspectos del aprendizaje, etc. Volvemos aquí a partir de múltiples factores; de una parte estarían los parámetros biológicos, y de otra toda la parte social o de aprendizaje. Hay algunos estudios —por ejemplo los de Hamer y sus colaboradores, que son los que más han tocado este tema de las bases neuronales de la conducta sexual o la identidad sexual— que han visto que sí que hay algún gen que puede estar relacionado con la homosexualidad. Y además se ha visto cómo en el periodo prenatal el cerebro se puede desarrollar y diferenciar de una manera u otra. Hay partes del cerebro —como el hipotálamo— que a la hora de desarrollarse siguen un camino diferente dependiendo de si se trata de un hombre o una mujer. Y es cierto que sobre ese desarrollo hay muchos factores que pueden influir, factores ambientales como el estrés, por ejemplo. Hoy en día nos falta aún mucha información como para decir que esto es así o de esta otra manera. Lo que podemos decir es que son procesos muy complejos y que hay muchos factores subyacentes.

Conocemos que hay un dimorfismo cerebral entre hombres y mujeres, ¿estas diferencias físicas en las estructuras cerebrales acaban con las teorías relacionadas con la Tábula Rasa?

El diformismo fundamental entre un hombre y una mujer se da en muy poquitas estructuras. Donde el dimorfismo es más marcado es en ciertos núcleos de la región del hipotálamo, que es una región además implicada en la conducta sexual. Pero luego están todos los aspectos cognitivos, y aquí hay muchos estudios que han intentado ver diferencias entre hombres y mujeres, sobre la orientación en el espacio, sobre si los hombres son peores a la hora de establecer un determinado contenido narrativo… Son datos que han venido dados por conocimientos más o menos científicos. Pero hay demasiadas diferencias individuales. En términos generales puedes decir que las capacidades espaciales en los hombres están más desarrolladas, y que esto se podría explicar por ciertos aspectos evolutivos como el de que los hombres fueran cazadores y las mujeres estuvieran más vinculadas a la casa, a las tareas domésticas. Hoy en día, sin embargo, las diferencias individuales intragénero son abismales, con lo cual no puedes establecer que esto sea así.

¿Y entre personas de diferentes razas? ¿Hay alguna relación entre estos dimorfismos y los resultados en test de cociente intelectual?

Entre razas, que yo sepa, no hay ningún estudio en este sentido. Hay algún trabajo sobre las razas y las emociones… Ahora, desde el año 2006, que ya se tiene el genoma del neandertal, sí que hay ya más juego para ver si entre el Homo sapiens y el neanderthalis, que convivieron una época, hay diferencias. Aquí sí que, creo, pueden aparecer trabajos muy importantes que vengan a identificar estas diferencias entre especies de homínidos, e incluso a explicar cómo somos los humanos.

Hiciste tu posdoctorado en la estimulación eléctrica intracraneal. ¿Qué es exactamente y qué nos depara en el futuro esta técnica invasiva? ¿Se pueden estimular zonas internas del cerebro mediante algún proceso no invasivo?

No. Esta es una de las cosas en las que está trabajando un equipo en Israel. Es muy interesante porque con las técnicas de estimulación que se utilizan hoy en día en humanos únicamente podemos incidir en la corteza. En lo que está por debajo no puedes, solo indirectamente. Dicho de otra manera: si sabes que una zona de la corteza se comunica con una zona subcortical, estimulando una consigues actuar indirectamente sobre la otra. Pero si lo que te interesa es estimular esa zona que está por debajo de manera directa, con las técnicas que hoy tenemos no se puede. Este grupo en Israel está trabajando en unas bobinas especiales de estimulación que —por lo que dicen, todavía no se han comercializado— permitirán que se pueda incidir en áreas bajo la corteza cerebral.

Hay algunos proyectos en los que ya se han conseguido desarrollar interfaces hombre-máquina para mover músculos en casos de tetraplejia. ¿Dónde se darán los mayores avances para recuperar la movilidad, en la tecnología biónica o en la recuperación neuronal?

Creo que puede ser una sinergia de ambas cosas, en el sentido de que muchas de las intervenciones que hoy en día se están haciendo intentan aglutinarlo todo. Se ha visto que en la médula espinal las neuronas como sistema nervioso central no regeneran, que hay factores neurotróficos que no se liberan como tiene que ser y que esto además es así por nuestro desarrollo, porque podría ser incluso contraproducente que fuera al contrario. Las nuevas terapias lo que intentan es promover esa regeneración neuronal a su vez utilizando dispositivos, por ejemplo, microelectrodos, o andamiajes que se han probado en la médula espinal de ratas para intentar esa regeneración. Pienso que si algún día tenemos un avance importante en el tema de la tetraplejia vendrá por estas sinergias.

Para el estudio de las estructuras y los procesos en el cerebro se utilizan rmf y pet. ¿Cuál es la base teórica que subyace en esta tecnología?

Hay muchas técnicas de neuroimagen que en el estudio de lo que son las bases neuronales de los aspectos cognitivos marcan un antes y un después. Sabíamos que una persona podía memorizar una lista de palabras, pero no sabíamos qué ocurría en el cerebro. Es tras utilizar estas técnicas cuando sabemos por ejemplo que cuando las neuronas consumen glucosa y oxígeno es para llevar a cabo una determinada función. Estamos con estas técnicas midiendo cosas fisiológicas, como el consumo de glucosa o de oxígeno, todo lo que es la respuesta que se denomina hemodinámica. En inglés sería la respuesta Bold. Es un correlato, las neuronas que consumen esa glucosa u oxígeno son las neuronas que se están activando cuando están siendo reclutadas para desempeñar la función de que se trate (memorizar un listado de palabras, por ejemplo). Lo que ocurre es que no es a tiempo real, se hace la tarea y luego registras ese consumo de glucosa. Esto hasta hace cuatro años o así no se tenía nada claro. Es algo muy reciente.

Luego hay otras técnicas que son en tiempo más real, son más caras y de cara a la investigación es más difícil utilizarlas, como la magnetoencefalografía, que sí que tiene una resolución temporal muy buena.

Hay un estudio muy interesante y divertido que pone en duda la fiabilidad de estos medios. El estudio se llama “Respuestas sociocognitivas de un salmón muerto”. ¿Lo conoces? ¿Qué opinas de las técnicas de corrección estadística?

Hay varios grupos en el mundo que están trabajando en un paradigma, resting state en inglés, activación en reposo. Lo que se está viendo es que en el cerebro, cuando una persona está en situación de reposo (imaginemos en una resonancia) hay ciertas regiones que se están activando. Esta activación no es una activación arbitraria, sino que sigue una serie de pautas. Se habla por ejemplo de una red de neuronas que se activan por omisión, la red de activación por defecto, sería. Así, se está viendo que hay determinadas redes que se activan, que esa activación está correlacionada con aspectos funcionales. ¿Cómo podemos discernir si una región es crítica para una determinada función u otra? Pues comparando los resultados que tenemos. Es lo que está ahora mismo dando muchos resultados, mucha información sobre cómo funciona el default mode network, que es diferente en las personas que sufren esquizofrenia o que padecen Alzheimer que en una persona que no tiene ninguna patología. Se está avanzando mucho en este campo. Hay un grupo en Nueva York dirigido por Castellanos que está llevando a cabo estudios muy muy interesantes. Son estudios novísimos, de los tres o cuatro últimos años. Se está incluso haciendo una base de datos con todos los registros de esta actividad en reposo de todos los grupos que trabajan con neuroimagen en el mundo. Parece ser que este proyecto, Conectoma, dará mucha información que nos ayudará a interpretar mejor la activación cerebral.

Diego Redolar Ripoll para Jot Down 4

Se conoce como la paradoja de Pepsi a los diferentes estudios que han demostrado en test ciegos la mayoría de la gente prefiere Pepsi, pero cuando solo se deja un vaso sin identificar se prefiere Coca-Cola. ¿A qué se debe este efecto?

Cuando hemos de tomar una decisión y tenemos que  optar por una cosa u otra el proceso es muy complejo, intervienen una multitud de factores perceptuales, emocionales, cognitivos… Así, es difícil determinar cuál es el factor que te lleva a tomar finalmente una determinada decisión. Hay un libro, de Morgado, sobre inteligencia social, que habla del equilibrio entre la razón y las emociones en relación a la toma de decisiones, y un nuevo libro que es sobre cómo percibimos el mundo que integra esto ya con los aspectos perceptivos; además de la razón y la emoción está también la percepción. Serían los tres bloques los que intervendrían en la toma de decisiones. Podríamos incluso hablar de un cuarto, el refuerzo. Podemos observar cómo influye, por ejemplo, la testosterona en la toma de decisiones. Es un campo de estudio verdaderamente interesante.

Otro de los experimentos más conocidos que evidencian la dinámica de la percepción es la anécdota del Violinista en el metro. ¿Qué ponen de manifiesto historias como esta? ¿Qué otras cosas nos estamos perdiendo?

Es lo que da sentido al hecho de no centrarnos en  los fenómenos como algo aislado. Si hablamos de música puedes intentar explicarla a nivel perceptivo, qué ocurre cuando escuchamos una pieza musical. Lo que ocurre es que se activan estas determinadas regiones cerebrales si es una pieza que nos induce emociones o se activan estas otras. Es no obstante un proceso más complejo, como ocurre con otras funciones. El contexto puede explicar  muchísimas cosas, incluso la apreciación que hacemos. Hay muchos estudios sobre la atención donde se ha visto que la valoración que hacemos, la que hace el sujeto experimental, es muy diferente dependiendo del contexto. De ahí la importancia siempre del enfoque multidisciplinar.

Las grandes corporaciones siguen muy atentas los estudios de neuromarketing. ¿Sabes si están involucradas en los mismos? ¿Hay un límite ético entre lo que se puede averiguar de la operativa cerebral y la utilización de ese conocimiento para manipular a los ciudadanos?

He oído que empresas privadas fomentan el I+D obviamente no con intereses como en la Universidad, por el conocimiento per se, sino para que las investigaciones redunden en sus intereses económicos. Y no únicamente en lo que concierne al neuromarketing, sino también en un contexto político. No sé si fue en el año 2002 o 2005, hubo un trabajo de Wilson y colaboradores en el que lo que intentaron fue discernir el circuito neural que explicaba la confianza o desconfianza que nos generan los rostros. Por qué cuando no conocemos de nada a una persona nos genera más o menos confianza cuando la vemos. Se ha comprobado que hay ciertas regiones en la amígdala que están evaluando los diferentes parámetros del rostro, la simetría, la disposición, que hacen que un determinado rostro genere más o menos confianza. Esto me consta que en política es una de las líneas de investigación que se está llevando.

¿Y la reflexión ética sobre todo esto? 

En seres humanos las posibles intervenciones que se hagan no son invasivas, en el sentido de que se trata de tener conocimiento para luego saber cómo tienes que elaborar un producto determinado. Tal y como se está orientando la investigación es para conocer qué herramientas a nivel cerebral se utilizan en el procesamiento de la información para que se pueda presentar la información de una determinada manera con el fin de inducir una toma de decisión. ¿Esto es ético? ¿No es ético? Desde un punto de vista social no es un tema candente como el de utilizar células madre para buscar terapias alternativas para las demencias de determinado tipo. Ya la implicación ética no se ve de una forma tan directa, no hay una intervención, no es invasivo. Se trata de conocer cómo funciona el cerebro.

¿Conoces casos de transferencia tecnológica o spin-off empresariales en la investigación neurocientífica?

Sí, hay bastantes casos. No en España, donde también tenemos un problema, que es el que las subvenciones que se dan son mínimas… En otros países como Estados Unidos sí que hay una trasferencia muy importante. De hecho, pienso que es uno de los pilares, no solo en el ámbito de la salud, también en el ámbito tecnológico, que intenta potenciar el Gobierno.

En El Cerebro cambiante nos hablas de la neuroplasticidad cerebral y lo ilustras con el sistema que Dr. Paul Bach-y-Rita desarrolló que permite a personas ciegas ver con la espalda, luego con la lengua. ¿Es esto realmente posible? ¿Cómo funciona?

Sí, esto es realmente posible y, de hecho, hay dispositivos que se han aplicado a personas ciegas para que puedan ver. Funciona para algunos tipos concretos de ceguera. Se trata únicamente de cambiar la parte receptora de la información. Cuando vemos, registramos la información visual por la retina, la retienen una serie de receptores especializados y esa información cambia de energía lumínica a la energía que utilizan las neuronas, por decirlo de una manera sencilla, que es el potencial de acción. Es un proceso que se llama transducción, transducir la energía estimular (la luz) a la comunicación neuronal, el tipo de patrón que utilizan las neuronas para comunicarse, que es el potencial de acción. Esta trasducción se hace a partir de la retina y luego a través del nervio óptico se lleva la información a la corteza visual. Ahí es interpretada y entonces mediante procesos bastante complejos conseguimos la percepción del entorno que nos rodea. Lo que ocurre es que cuando la retina falla y no podemos captar esa información sí que le podemos enviar la información a la corteza que está implicada en la visión de otra manera distinta a la habitual, a través de dispositivos que sean capaces de captar esa información de la realidad. Los experimentos de Paul Bach-y-Rita consistían en que a través de estimulación somatosensorial en la espalda unos sensores iban registrando la información a partir de unas cámaras muy grandes. Esa información visual la codificaban en impulsos mecánicos que el sujeto recibía a lo largo de la espalda. Estructuralmente era muy aparatosos, no se podían aplicar a la vida diaria, sí experimentalmente. Ahora lo que se está llevando a cabo son alternativas que sí que se pueden llevar a la vida real. Son dispositivos lógicamente muy caros, se necesita una cámara que sea capaz de registrar la información del entorno y que sea además capaz de codificar esa información en potenciales de acción, que sea capaz de traducir esa información, por ejemplo, a través de la lengua. En la lengua tenemos tres nervios que llevan la información al cerebro. A través de la estimulación de esos nervios se puede hacer llegar al cerebro visual esa información del entorno. Se ha conseguido, con la tecnología que ya tenemos, que personas ciegas a las que se les coloca un electrodo en la lengua y unas gafas especiales puedan ver. No es una visión como la que tenemos los videntes, pero sí es suficiente como para poder establecer una interacción con el medio. A medida que avancen estos dispositivos entiendo que será una visión aún mejor.

En otro de tus libros, Cerebro y adicción, apoyas la teoría de que las drogadicciones son una forma patológica de aprendizaje; ¿qué subyace tras esta teoría? ¿La comprensión de los procesos involucrados nos permitirá encontrar formas nuevas de enfrentarse a los procesos de desintoxicación para drogodependientes?

Pienso que sí. Desde hace años hay muchos teóricos que hablan de un aprendizaje que se llama aprendizaje vinculado al refuerzo, es un aprendizaje que tenemos muy asimilado por especie. Ocurre que muchas sustancias de abuso utilizan a nivel cerebral las mismas estructuras que están involucradas en ese tipo de aprendizaje. Esto explica muchos aspectos cardinales de la adicción, como es la persistencia en el uso de una sustancia y el uso compulsivo. Son los dos factores críticos: compulsión y persistencia. Conocer todo este tipo de mecanismos nos ayudará en el futuro a tener terapias más adecuadas para poder tratar la adicciones a largo plazo, no solo a corto plazo, evitar las recaídas.

Diego Redolar para Jot Down

Hace poco los medios de comunicación se hacían eco de que Europa financiaría especialmente las áreas de investigación relacionadas con el grafeno y con el cerebro: ¿qué se espera por parte de la Unión Europea? ¿Los neurocientíficos no vais a sufrir directamente recortes?

Sufriremos recortes, seamos neurocientíficos o no. Ahora bien, las personas que tenemos la suerte de estar trabajando en áreas que se consideran ahora prioritarias veremos recortes, pero no tanto como en otras disciplinas. Desde un punto de vista social la suerte de las neurociencias es que generan mucho interés, y al generar este interés, al estar vinculados a aspectos que hoy en día preocupan mucho a la sociedad (pienso en el Alzheimer, por ejemplo), hace que haya más posibilidades de inversión. Aunque el contexto de crisis es innegable que afectará a todo el mundo.

El Alzheimer es una de las enfermedades neurodegenerativas que más preocupan a la sociedad occidental, tanto por sus efectos en las familias como por lo enormes costes económicos que se prevén. Juan Botas nos decía en una entrevista que desde la genética, el rastreo genético inverso puede ayudar a combatirlo. ¿Cuál es el enfoque neurocientífico para luchar contra esta enfermedad?

Se está estudiando desde muchos puntos de vista. Ocurre que lo primero es conocer muy bien a nivel celular qué es lo que está ocurriendo. Aquí la genética tiene mucho que decir. Los inicios de la investigación y el tratamiento hasta ahora se han centrado en la sintomatología, sobre todo farmacológicamente. En neurociencia lo que se ha hecho es, por ejemplo, determinar que en los estadios iniciales de la enfermedad hay un déficit de una sustancia que se llama acetilcolina. Lo que se hace entonces es intentar aumentar los niveles de esa sustancia. A la larga fallarán otras sustancias de otras regiones de cerebro. De manera que esto no es un tratamiento o la cura del Alzheimer. Estás paliando la sintomatología, nada más. Por eso digo que lo primero es saber qué está ocurriendo. Uno de los estudios más importantes es sobre lo que se llama la reserva cognitiva. En Barcelona, en el Clínico, hay un grupo que lidera David Bartrés que está viendo que en personas que genéticamente tienen predisposición a tener Alzheimer, en función de lo que ellos llaman reserva cognitiva, la incidencia de la enfermedad puede ser mucho menor e, incluso, que no se pueda distinguir a una persona que no tenga Alzheimer de otra que lo tenga, pero con una reserva cognitiva muy alta.

En mayo se celebra el día europeo del cerebro, ¿qué es esto exactamente?

Bueno, este año y el año pasado han sido muy importantes para las neurociencias. Ha habido una proyección y un interés social que no ha ocurrido en otras ramas.

Eres muy prolífico escribiendo, en pocos años has escrito manuales universitarios, tres libros de divulgación muy amenos y dentro de poco se publica en Panamericana Neurociencia Cognitiva. ¿Has pensado ya escribir alguna novela al estilo Robin Cook?

De momento no… Tengo parada una novela que empecé ya hace tiempo, no doy más de mí. Es cierto que sí que me gustaría. De hecho tengo este proyecto y si en algún momento tengo cierta tranquilidad quisiera retomarla.

¿Qué tipo de ficción te gustaba en tu adolescencia, qué te gusta ahora?

A mí siempre me ha gustado la novela histórica. Escritores como Noah Gordon me fascinan.

Para acabar, te propongo un juego. Te haré una pregunta sobre gustos en la que tienes que elegir una sola alternativa de dos sin reflexionar. La dificultad irá en aumento y tu puntuación será la de la pregunta inmediatamente anterior que hayas podido contestar sin pensar: 

¿Twitter o Facebook? 

Facebook.

¿Intuición o razón?

Razón.

¿Percepción o memoria?

Memoria.

¿Science o Nature?

Nature.

¿Robin Cook o Michael Crichton?

Michael.

¿Pet o RMf?

RMf.

¿Neocortex o hipotálamo?

Neocortex.

¿Ramón y Cajal o Severo Ochoa?

Ramón y Cajal.

¿Psicología o biología?

Biología.

¿UOC o UAB?

UOC.

Eres el primero que llega a 10, enhorabuena.

Diego Redolar Ripoll para Jot Down 3