De vino, pintura y presente

Sala de Arte en la bodega ENATE vino

Jot Down para bodega ENATE

Sucedió en tan solo veinticinco años. En ese lapso nuestra idea de entender el arte, y la de entender el vino, cambiaron radicalmente. Y aunque hubo otros muchos procesos de transformación social que coincidieron en el último tercio del siglo XX, pocos fueron tan rupturistas. Al menos para un país con las colecciones de pintura clásica más importantes del mundo —empezando por el Prado—, y con la mayor cantidad de hectáreas de viñedo. Pudo haber acabado en desastre, pero, lejos de eso, nos hizo reconectar con nuestro pasado de artistas y viticultores de una manera totalmente renovada. Convirtiendo los lugares que fueron escenario del cambio en el destino favorito de muchos viajeros. Hoy los museos de arte contemporáneo figuran entre los más visitados, y los templos del vino se conciben como lugar al que hay que ir al menos una vez en la vida.

Sin conocer los escenarios de ese cambio es difícil comprender y disfrutar el proceso. Las vanguardias artísticas, abstracción, informalismo y figurativismo, irrumpieron en el conocimiento del gran público desde el MACE de Ibiza, el Teatro-Museo Dalí en Figueres, o el MNCARS de Madrid. Al vino moderno le abrió el camino una nueva bodega, inaugurada el mismo año en que abría sus puertas el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. ENATE, en el Somontano, supuso un antes y un después, al desterrar la idea clásica de galerías subterráneas en penumbra, llenas de telarañas, para ofrecer un espacio visitable. Años más tarde su ejemplo sería seguido por arquitectos internacionales como Rafael Moneo, Santiago Calatrava, o Frank Ghery cuando vinieron a poner en marcha el mismo proceso en las bodegas clásicas. Para entonces ENATE ya se había convertido en lo que es hoy, una de las muestras de arte más importantes de España.

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Aquel doble cambio fue sobre todo un proceso empujado desde el interior. Picasso y Dalí habían dirigido la vanguardia mucho antes, pero en el extranjero, y su obra tardaría en llegar a nosotros. En cambio, autores como Antonio Saura, Eduardo Chillida, Rafael Canogar, o José Manuel Broto, impulsaron la definitiva modernización artística desde la península. Por primera vez un grupo de artistas se atrevió a decir que Velázquez y Goya no tenían por qué ser lo único reverenciado. Era el arte de los padres, y en oposición a él se estaban haciendo creaciones capaces de conectar con la sensibilidad de las nuevas generaciones. Con el tiempo, todos ellos estarían en la colección ENATE.

La ruptura con el vino no fue diferente. Entre los años ochenta y los dos mil su consumo descendió en más de un cuarenta por ciento. Los jóvenes abandonaban el «vino de mesa» que había acompañado las comidas y cenas de sus padres, para trasladar su consumo a locales y restaurantes. Pidiendo mayor calidad, menor graduación, y la asociación entre botella y experiencia gastronómica. Las bodegas de siempre respondieron cuidando algo más las elaboraciones, etiquetando con cuidado, resaltando las denominaciones de origen. En los noventa ENATE vino a revolucionar por completo ese panorama dando un paso más.

La bodega puso la primera piedra de lo que vendría muchos años más tarde, un turismo enológico donde la arquitectura se equipara en importancia al viñedo, a los vinos que produce, y a cómo los elabora. Luz y grandes espacios, que invitan a conocer el proceso de elaboración de un vino moderno. Todo eso por sí mismo era una revolución casi inconcebible para el panorama vinícola español, aunque hoy se asuma como parte de sus valores naturales. Pero lo más singular, lo que no ha sido imitado, es que decidiera tener, como etiquetado de sus botellas, la obra de algunos de los pintores abstractos, figurativos, del informalismo o el grafismo, como Saura, que habían revolucionado el panorama del arte primero, y conquistado el gusto del público.

Hoy las obras de Saura, José Manuel Broto, Salvador Victoria o Erwin Bechtold, entre otros, siguen luciendo en las etiquetas de sus vinos. Sus nombres son referentes en los estilos de arte contemporáneo, como la abstracción o el informalismo. Pero es que además las creaciones que se exhiben en la bodega están centradas en la interpretación desde el presente de uno de los elementos omnipresentes en el arte, especialmente en el clásico: la viticultura. Vidrio transparente alzado en brindis deja ver tintos y blancos, además de botellas en el suelo, como en La merienda de Goya, o cráteras, jarras de cerámica y mitología, en el Triunfo de Baco, de Velázquez. Su reinterpretación moderna es absolutamente novedosa.

Lo es también que se haya promovido desde una bodega. Empleando además una botella de vino como escaparate expositivo nacional e internacional —más de un veinte por ciento de la producción de ENATE se exporta—. Una ruptura muy de vanguardia, completada por la decisión de asociar cada uno de sus vinos con la obra de un pintor nacional o internacional de reconocido prestigio. Nombres como los citados anteriormente, que han elaborado y elaboran aún sus creaciones específicamente para la bodega, creando la iconografía artística contemporánea del mundo del vino.

Es el rasgo propio de ENATE, y gracias a ese empeño ha convertido su sala de arte en un verdadero museo, con la doble vocación de enseñar al público el proceso de elaboración del vino moderno, y exponer más de cien obras originales —del total de cuatrocientas que albergan sus fondos—. Ejercicios de creación sobre el universo vinícola, ilustrativas de las vanguardias, y de la obra de reconocidos pintores. Lo que la convierte hoy en un destino obligado para los amantes del enoturismo, y para todos los demás, como lugar único que reúne el universo de la elaboración y crianza con el de la creación artística ligada a la viticultura.

Su condición de pioneros en el turismo enológico ha hecho de las experiencias que ofrecen una auténtica forma de vivir la conjugación entre arte y vino. Las han enriquecido además superponiéndolas con climatología, paisaje, arquitectura interior, y arquitectura exterior. Hasta lograr que el espacio en torno a los viñedos, lo mismo que su edificio, y el propio espacio del Somontano, convivan y se complementen.

Catas maridaje, degustaciones de monovarietales —la gama de vinos más premiada de ENATE, máxima expresión del Somontano—, de los tintos de colección UNO, y del menú degustación con que redondear la experiencia sensorial de aromas y sabores. De un modo muy aragonés, además, con alubias y ternasco, el delicioso cordero de esta tierra. Todo ello unido al recorrido por las instalaciones y la sala de arte. Si bien, y ese es otro de sus rasgos distintivos, las experiencias en ENATE no se limitan a sus espacios interiores.

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Arte y vino también están en el exterior. Vicente García Planas, artista integral de los objetos encontrados, elaboró la escultura El bosque de hierro, creada como doble espacio, de contemplación de la obra y de escenario para la degustación de vinos. Las tardes de paseo que alternan viñedo y pintura, en los meses de clima más benigno, son también un motivo para el viaje. Aunque pocas experiencias resultan más inmersivas que la barbacoa, con vistas al Somontano, donde vino, naturaleza, gastronomía y arte no pueden estar mejor maridados. La horizontalidad del proyecto arquitectónico de la bodega y sus espacios conectan al visitante de forma sutil con el paisaje del Somontano que la rodea. Cielo y tierra tocándose, separados apenas por el azul del horizonte o las faldas de los montes donde arrancan los Pirineos. Esta área del alto Aragón, centro de la denominación de origen que lleva su nombre, es un lugar natural privilegiado, de los más demandados por el turismo activo. Las rutas en bicicleta, escalada y barranquismo, unidas a las de senderismo, son frecuentadas por parejas, familias y amantes de la aventura. Los cañones del río Vero y la sierra de Guara han conservado pueblos románicos y medievales, como Aínsa o Barbastro. Y todo ello tiene además el mejor complemento, una alta gastronomía elaborada con productos de proximidad, y un turismo del vino referente en el ámbito nacional e internacional.

Sin olvidar, naturalmente, los tiempos que hemos vivido. La digitalización y vida conectada a que nos obligó el confinamiento han dado a luz en ENATE un nuevo tipo de visita. El tour en este caso es online, complementado por la variedad de vinos recibidos en casa, cuatro variedades embotelladas para degustación individual. Tú te tienes que encargar del servicio y la cristalería, y al otro lado el personal de enoturismo te va conduciendo por las instalaciones, la sala de arte, y las paradas en donde hacer las catas. Una bodega viva, que evoluciona y que continúa ayudando como aceleradora de arte en Aragón, sala de exposición contemporánea y escaparate de exhibición para nuestros grandes artistas. Incluso en el turismo a distancia.

Y es que el vino moderno nos enseñó que no es solo un líquido con determinado sabor y olor, de una añada o una variedad de uva, ni siquiera de una denominación de origen. Esas son tan solo definiciones aproximadas, válidas para el enólogo y la experiencia del paladar. Un vino es sobre todo, la experiencia íntima sentida por quien lo disfruta. Algo tan absolutamente personal como la emoción al contemplar una obra de arte. Y solo en este rincón del Somontano llamado ENATE son posibles ambas cosas.


Monegros: mujeres en primera línea de campo

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Elena Alcubierre en su granja de Lanaja. Foto: Laureano Debat.

Monegros explota en colores durante las primaveras lluviosas. Las amapolas bordean las carreteras y los caminos, devolviéndole la circulación sanguínea a una tierra agrietada por la sed. Pero cuando el agua falta hasta las chicharras se quedan afónicas. Por eso, la llegada del regadío supuso un antes y un después en una zona cuyos cultivos dependían de la clemencia del cielo. Aunque no fue fácil: los gobernantes que debían dar luz verde al canal de Monegros se mostraron vacilantes y su construcción se vio paralizada, así como también las esperanzas de un baldío que necesitaba el agua para comer. Fueron las mujeres, procedentes de varios de los tramos por donde debía pasar el canal, quienes se movilizaron un 25 de febrero de 1915 para pedir que se concluyeran las obras que ponían en jaque las oportunidades de sus municipios. Llegaron de noche a Huesca, las hospedaron en posadas y, al amanecer, el gobernador civil pidió que las sacaran de la ciudad. Demasiado ruido. Sin embargo, las canalistas de Lanaja no se fueron, resistieron a las puertas de la ciudad defendiendo su propuesta. Y el canal continuó construyéndose.

Cien años después, el tablero del juego ha cambiado. La entrada en la Unión Europea y los avances tecnológicos y sociales han hecho que se produzcan innovaciones no solo en las formas de trabajo sino también en las oportunidades generadas. Aragón también es una región abatida por la despoblación en el medio rural: el 50 % de sus habitantes viven en las ciudades, donde las mujeres hallan una mayor tasa de inserción laboral. Es por ello que desde la Universidad de Zaragoza han desarrollado el Estudio de la Situación del Mundo Rural Aragonés desde una perspectiva de género, con datos actualizados hasta 2020. Porque resulta imprescindible abrir un debate que aborde la igualdad de oportunidades en el medio rural. En Monegros, el empleo en la agricultura y ganadería durante el año pasado representó el 17,22 % del total de los puestos de trabajo, de los cuales un 32 % fue para las mujeres. 

Esta comarca ha sido tierra de montes negros, de tiros cruzados por los bandos en la guerra. De sol y campo. Quizá muchos de los que ahí viven no sepan que en otro tiempo fue mar y obvien el hecho de que alguna de las piedras que lanzaban cuando eran niños son animales fosilizados hace millones de años. Un lugar donde los campos cambian de color sin avisar: del gris invierno al verde primavera, del amarillo de verano a los naranjas de otoño. Pendiente de la lluvia y dependiente de los nuevos sistemas de regadío. Tierra domesticada a brazo arremangado. Territorio construido y contado con sustantivos masculinos, que ha olvidado que también sus nombres son femeninos. 

Ole tus lunares

El día que Esperanza Valero puso un pie por primera vez en Robres junto a sus 5 Magníficos, puesta y dispuesta a ser el centro de la orquesta de las fiestas, no sabía que entre el frío acurrucado de febrero iba a encontrar el amor. Un amor que primero sería de carne y hueso y que luego también tomaría a la tierra. 

El 22 de marzo cumplió setenta y cinco. Lleva viviendo aquí más de cuarenta y siete años, que son los que tiene su único hijo. Nos atiende en la plaza frente de su casa, rodeada de tanques de la guerra civil que ahora solo son escultura y memoria. Nacida en un pueblecito de Cuenca, su familia se mudó a Manresa cuando ella tenía diez años. Allí había muchas fábricas y con tan solo doce años empezó a trabajar haciendo hilo para los telares. «Yo era así de alta, me parece que me he encogido. Si venía una inspección me decían: tú di que tienes dieciocho». 

El suyo es un viaje con efecto bumerán. Se fue del pueblo para acabar siendo adoptada por otro, pero eso sería más adelante. Primero anduvo cantando por los matinales radiofónicos con catorce o quince años, donde coincidió con Peret, Rudy Ventura y el Gato Pérez. Giró de forma altruista por hospitales y orfanatos a través de la asociación Arte, Alegría y Caridad de Manresa hasta que la fábrica cerró. Entonces su altura y su edad se habían equiparado: con dieciocho años cumplidos le surgió la posibilidad de dedicarse profesionalmente a la música con el grupo Esperanza Valero y Los 5 Magníficos. 

Así fue como llegó a Robres para la fiesta de San Blas. «Yo en la orquesta iba a trabajar, se piensa la gente que solo ibas de fiesta. No. Es un trabajo y duro. Íbamos a Navarra, País Vasco, Aragón, Cataluña, menos Andalucía anduve por toda España. Y en Manresa aún hoy ponen mis discos, allí soy muy conocida». En la fotografía de la portada del disco Ole tus lunares comprobamos el impacto de sus ojos oscuros, la belleza y el desparpajo de la joven cantante. Y cuesta poco imaginar cómo Lorenzo cayó rendido a sus encantos el día que la conoció, trayéndola y llevándola al camerino situado a las afueras del pueblo. 

Un año después de conocerse, escribirse cartas y visitarse esporádicamente, se casaron y Esperanza se instaló definitivamente en Robres. Seguramente su llegada al pueblo monegrino no dejó indiferente a nadie. «Supongo que alguna diría pues a los cuatro días se marchará esta». Pero no se marchó, al contrario: compatibilizó sus aprendizajes de madre primeriza con la construcción de su primera granja de cerdos en un campo de su marido, quien nunca había mostrado especial interés en el sector primario y trabajaba por cuenta ajena en la fábrica de lácteos RAM.

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speranza Valero en el portal de su casa en Robres. Foto: Laureano Debat.

Con el mismo entusiasmo con el que recuerda la noche en que acompañó a Julio Iglesias en una actuación en Barbastro, nos habla de cómo su emprendimiento rural fue creciendo. Empezó con una granja de cerdas madres para criar lechones, la amplió a quinientas plazas y la integradora para la que trabajaba se echó para atrás. «Nos dijeron que tenían que ser de mil para arriba. Pues entonces dijimos: vamos a pasarlo a cebo. Con aquello se ganaba mucho dinero pero se trabajaba mucho. Pero a mí me gustaba, los cogía, les daba besos, todo». 

Para poder ir y venir a la granja tuvo que aprender a montar en bicicleta, pero en las gélidas noches de invierno de Monegros no parecía un buen plan, así que se sacó el carnet de conducir y se compró un Panda. «Me llamaban la viuda, no sabían que tenía marido. Como él no venía a cargar el camión. Yo misma con un saco y una tabla me cargaba cien cerdos y, además, en media hora. Y cuando llegaba ahí, a la primera vez que venían a cargar para los mataderos decían: oh una mujer, una mujer. Y yo decía: pues me cago en la mar, sí, una mujer, una mujer. Y luego ya no me decían nada porque los cargaba igual o mejor que ellos». 

Hoy, a sus setenta y cinco años, después de sostener la economía familiar cuando su marido cayó enfermo, de enseñarle el oficio a su hijo con una empresa en funcionamiento y de trabajar como restauradora en la iglesia del pueblo, Esperanza Valero es una parte fundamental de Robres. Siempre llena de vitalidad y de humor, partiéndose de risa hasta cuando cuentas cosas como esta: «Una vez salíamos de misa con la cartera, Mariflor, la pobre que se murió. Nos metemos en el bar a tomar un vermú y nos sentamos en una mesa. Era todo hombres. Y dice uno: ¿y estás, qué hacen aquí? Y hace el otro: déjalas, que estas trabajan». 

Brazo ejecutor

Nadie mejor que Belén para definir quién era Angelines Aguín: «Mi madre ha sido una curranta nata y eso no se lo quita nadie. Pero curranta, curranta».  La voz de la hija en pretérito perfecto nos confirma que aunque hace cinco años que falleció, Angelines sigue muy presente. Hija de colonos de San Juan del Flumen, trabajó mano a mano con su padre en el campo. La apodaron la «chica-chico» porque siempre estuvo en primera fila en el sector de la agricultura, en un terreno muy masculino que para ella fue de lo más normal. En su intervención televisiva en el programa Aragón en Abierto lo dejaba claro: «Yo soy como soy, un hombre a mi lado puede hacerlo igual que yo o yo igual que él, ni no soy ni más ni menos». Acudimos a su hija y a su marido para que nos ayuden a revivirla desde los ojos de quien la ve como un referente y desde la mirada de su compañero de vida. 

Salvador Andrés nos recibe en la casa familiar que compartió con Angelines, cuya imagen aún persiste en los portarretratos de las estanterías. «Éramos un equipo. Yo llevaba más las cosas de contabilidad y sulfatos, los temas teóricos. Ella era más dicharachera, le gustaba más charrar, ir para aquí con el camión o el tractor, ir a los talleres le encantaba. No me he sentido en ningún momento discriminado ni nada, pero cuando íbamos de viaje a algún sitio me tocaba a mí coger coche, fíjate tú. Pero el camión siempre lo ha cogido ella». 

Con Belén tomamos algo en un bar de Zaragoza y nos cuenta que su madre viene de una familia que siempre se dedicó a la agricultura, que no conoció otra cosa, probablemente, porque antes tampoco había mucho más formas de salir adelante en Monegros. Habla de ella como lo que fue: una pionera y una luchadora. Aunque desde fuera pudiese ser anómalo, Belén nos lo deja claro: «Mi madre se encontraba muy a gusto en un mundo de hombres. A mi madre no la mandes a la Asociación de Mujeres, a ella no le gustaba estar ahí». 

Angelines y Salvador empezaron dedicándose a la hortaliza, sobre todo a la lechuga, que ellos mismos cultivaban, recogían, envasaban y llevaban al mercado. En aquel entonces hacían falta brazos y a Belén también le tocaba ir a echar una mano con doce años. «Mi padre era el que pensaba y mi madre el brazo ejecutor», recuerda. Después primó el tomate, pasaron al pimiento hasta llegar a la cebolla. Fueron creciendo sin intermediarios, haciendo todo ellos mismos. Angelines se levantaba a las siete de la mañana, iba al campo, envasaba, recolectaba y a la noche salía para el mercado a llevar la mercancía, regresando a casa cerca de las dos de la madrugada. Dormía poco, madrugaba mucho y no perdonaba, eso sí, su hora de siesta. 

De una hectárea de cebollas pasaron a tener más de cien. Y con esta hortaliza hicieron dinero y montaron una empresa exportadora que solo se vio frenada cuando sus hijos se hicieron mayores. Belén no fue educada para dedicar su vida al campo: «Sí que a mi madre le hubiese gustado que mi hermano se dedicara a la agricultura y a mí me decía siempre que me fuera, que aquí no me quedara. Es un poco contradictorio, porque ella no defendía tampoco que sean solo los hombres los que deben trabajar en la tierra». 

Pese a la insistencia de Salvador, Angelines nunca dejó de fumar y un cáncer de pulmón se la llevó a los sesenta años: «No nos ha ido mal, hemos trabajado mucho y ahora tenemos un patrimonio decente para vivir. Y sin más. Y ahora que empezábamos a vivir bien y que no íbamos a jubilar pasó esto. Pues ¿qué le vamos a hacer?», nos dice, borrando la sonrisa que le ha acompañado durante toda la entrevista.

En Mercazaragoza aún se deben acordar de aquella Angelines vital y decidida, que saludaba a los puesteros y hacía bromas y le resbalaban las miradas masculinas que se preguntaban qué hacía una mujer sola entrando en ese recinto sacrosanto de la testosterona. Una mujer que siempre se hizo respetar en un mundo de hombres y que despertaba admiración y, seguramente envidia, entre muchas mujeres de la zona. Porque en San Juan aún se dice que no había nadie como ella.  

Descalza en el arroz 

«Algunas veces me hablaban como la secretaria de ATRIA y yo tenía que aclarar que no, que soy la técnico». María Carmelo lleva desde los años noventa como técnica de la Agrupación para Tratamientos Integrados en Agricultura. Nos lo cuenta en el patio de su casa en San Lorenzo del Flumen, el pueblo de colonización al que sus padres llegaron cuando ella tenía cuatro años. Su futuro siempre estuvo vinculado a tener una formación académica, pero su relación con el campo surge tras abandonar la carrera de Medicina. 

Los dos años que pasó decidiendo cómo continuar su formación, estuvo trabajando junto a su padre en la producción de fruta. Pero Monegros no es precisamente una zona frutícola y la falta de infraestructura dificultaba el desarrollo de esa actividad. Era demasiado trabajo: controlaban las plagas que podían dañar los árboles, contrataban cuadrillas para que les ayudasen a recolectar la fruta que luego guardaban en una cámara frigorífica, su madre se encargaba de prepararla para la venta y María con su padre la llevaban al mercado. «A mí lo del tractor  y la maquinaria no ha sido lo que más me ha gustado. Iba a hacer los tratamientos sanitarios, coger la fruta y clarear».

Entonces se marchó a la Almunia de Doña Godina a estudiar Ingeniería Técnica Agrícola. Toda esa experiencia acumulada hizo de María una estudiante privilegiada: «Muchas de las cosas que veía en la facultad ya las conocía y las sabía de sobra, mientras muchos de mis compañeros o compañeras no tenían ni idea. Por ejemplo, distinguía perfectamente una rama de manzano de la de un peral en la prueba de identificación de maderas frutales con verla». Durante el tercer año de carrera, un profesor le propuso encargarse de un estudio sobre el arroz para investigar una plaga que estaba obstaculizando su cultivo en la zona de Monegros y su nivel de especialización la llevó hasta la que ha sido su ocupación principal. 

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María Carmelo en el patio de su casa en San Lorenzo del Flumen. Foto: Laureano Debat.

María entraba en los campos de arroz descalza porque con botas de tacos se corría un alto riesgo de quedarse agarrada en el fango, eso se lo había enseñado su padre: «Yo lo primero que hacía era quitarme los zapatos y entrar al agua. Ya si te veían entrando al agua era otra cosa». No almacena malos recuerdos asociados a un trato machista por parte del entorno, pero sí que reconoce, como otras entrevistadas, que tuvo que demostrar su valía porque la ponían a prueba todo el tiempo: «Tú vas a un campo que tiene un problema y un agricultor que se ha dedicado toda la vida a eso va a decir: y este ingeniero va a venir a enseñarme a mí. Independientemente de si eres chico o chica, pero si eres chica hay mucho más reparo. También, si eres chica, parece que siempre tienes que demostrar algo más, que tienes que saber más. A mí han venido con una hierba a decirme a ver qué tal este arroz y eso no era arroz ni nada, era una hierba». 

Hoy es una profesional muy reconocida dentro del sector primario. Fue la primera y única mujer en integrarse en el Consejo Rector de la Cooperativa de Sariñena (1995-1999), concejala del ayuntamiento de Lalueza por el PSOE durante ocho años, miembro del Sindicato de Riegos y, en la actualidad, es representante del sector del arroz a nivel nacional y en Bruselas a través del COPA COGECA. No concibe la figura del agricultor con poca o ninguna formación. Nos dice que hay pocos sectores que conozcan tan bien el funcionamiento de la Unión Europea como los agricultores, que saben de normativa y su aplicación y que actualmente están aumentando sus reivindicaciones ante la falta de trasparencia sobre los cambios que habrá en la política agrícola común a partir del 2023. El sector ha cambiado, se ha profesionalizado, pero sigue siendo muy dependiente de la intervención pública y, eso a fin de cuentas, como la misma María reconoce, lo convierte en algo muy burocrático y lento. 

Viaje a la semilla 

«Eso me hizo cambiar el chip. Hay gente que está dispuesta a llevarse este producto cueste lo que cueste», dice Ana recordando uno de los primeros días en la panadería:

—Quiero un bollo.

—No quedan de hoy, son de ayer. Estarán buenos, pero ya que vienes a comprar no te quiero vender un bollo de ayer.

—Dámelo.

—Pues te lo regalo.

—No, no. Te lo voy a comprar y te lo voy a pagar porque quiero seguir comiendo este bollo toda mi vida. Y si no apuesto por vosotros y si nos regaláis todo, no seguiréis aquí. 

Era al principio. Acababan de abrir y vendían poco y nada. Había que convencer a la gente para que comprara y hacerla probar, ver, testear el producto. Y muchos de sus clientes esperaban a que mejoraran la fórmula, porque los primeros panes salían mal. Pero la gente apoyaba: «No importa, lo llevo igual. Ya os saldrá mejor». 

Los olores y sabores son memoria, a veces engañándonos con nostalgia, otras veces con recuerdos certeros. Juan José Marcén, en el pueblo de Leciñena, se preguntó un día que por qué el pan que comía no sabía como el de antes. Generalmente preguntas así suelen acabar en callejones sin salida que se conforman con el pan de ahora.  La diferencia es que Marcén se empeñó en buscar el camino de vuelta. Y lo encontró. 

Veinticinco años después, su sobrina Ana Marcén recuerda cuando su tío Juan José les hacía probar el pan que horneaba con la semilla de trigo Aragón 03, que se creía perdida para siempre pero que un matrimonio de jubilados de Perdiguera, a cinco kilómetros de Leciñena, seguía cultivando. «Lo hacían por romanticismo, porque había alimentado a toda su familia y no la querían perder. Entonces tenían un poco de campo sembrado con eso», cuenta Ana, la actual gerente de Ecomonegros, la empresa familiar que impulsó la recuperación de este tipo de trigo original y que volvió a hacer el pan como antes. 

Ecomonegros abrió en 2006 como una panadería en Leciñena con obrador de panes y bollos preparados con trigo Aragón 03. Quince años después es una empresa con tres panaderías en Zaragoza, una tienda online y el obrador de Leciñena con su despacho y centro de operaciones de una firma que vende trigo, harina, pan y repostería, y que da trabajo a quince personas a jornada completa y a dos freelances. Hay otros molinos que cultivan este mismo trigo y lo muelen, panaderías en Sevilla que les compran la harina para hacer el pan y hasta comunidades de Mallorca que les compran la semilla para cultivar Aragón 03 para autoconsumo. Incluso el cocinero norteamericano Dan Barber, famoso por explotar una vertiente claramente ecologista en su cocina, vio un reportaje sobre Ecomonegros en BBC World y los contactó para conseguir el trigo Aragón 03, al que ha juntado con otra variante autóctona de Estados Unidos para crear el denominado trigo Barber. 

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Ana Marcén en el obrador de Ecomonegros Foto: Toni Galán.

Ecomonegros abre doscientos treinta y siete días al año y treinta y seis horas a la semana. «Hay mucha gente que se queda sin pan y nos dicen que lo tenemos que cambiar. Y yo les digo que no, que para que sigan comprando este pan yo tengo que tener calidad de vida para que quiera seguir haciéndolo. Tiene que ser un winwin: yo gano en salud mental y física, tú ganas en un buen pan», dice Ana, que también canta y compone bajo el nombre artístico de AMA y ahora está en plena grabación de su cuarto disco. También tiene dos libros publicados: una biografía de su abuelo (que aún vive) y otro titulado Cómo hacer todo lo que quiero hacer a estas alturas

Es madre de una niña de cinco años y su jornada laboral empieza cuando la deja en la escuela y acaba cuando la recoge. Fue duro llegar a este equilibrio, incluso antes cuando tuvo aprender a ser emprendedora y vencer sus miedos. «Llega un momento en el que dudas de ti misma. Y tuve que hacer un aprendizaje a todos los niveles, no solo empresarial sino también personal, porque si no era imposible dirigir una empresa con quince personas». Pasó episodios de ansiedad, estrés y depresión que empeoraron cuando fue madre. «Me vine abajo. Yo no podía dedicarle todas las horas del mundo a mi empresa porque me sentía superculpable de abandonar a mi hija. Y guardar ese equilibrio, hablar de por qué yo quiero estar con mi hija en el parque en lugar de estar trabajando, eso no lo entendían. Una gerente no está en el parque cuidando a su hija y no cuelga a un proveedor el teléfono porque su hija está con fiebre y no quiere hablar con nadie».

Para mucha gente comer el pan de la empresa de Ana Marcén representa un fenómeno de magdalena proustiana con emociones dobles, a veces contradictorias: puede haber tanta felicidad como dolor en el recuerdo. «Una señora probó un bollo un día y se echó a llorar. Nos dijo que desde que se había muerto su madre que no había probado un bollo como este». Pero, a veces, vuelven traumas. «Cuando mi abuelo era joven el pan no se hacía como ahora, se usaban trigos muy malos, era la guerra. Entonces, los recuerdos que mucha gente tiene del pan con Aragón 03 no son muy buenos, porque se hacía con mezcla de centeno, de cebada, vete a saber lo que le echaban». Y se acostumbraron al pan blanco porque era cosas de ricos, porque hablar de pan negro, de semilla Aragón 03 ahora es oportunidad y emprendimiento, mientras que antes fue resignación y necesidad. 

Vacaciones a regañadientes

La granja de Isabel Atarés está situada en las inmediaciones de Curbe, la tierra de sus abuelos colonos. Cinco años antes, cuando vivía en Huesca, no pensaba que se apasionaría tanto por este trabajo. «Me he ido no sé si dos o tres veces de vacaciones. Y a regañadientes. Y este año pasado que me operaron», dice mientras mete trozos de paja en la boca de sus terneros, que sacan sus cabezas entre las rejas. Estando de viaje se lo pasó todos los días llamando, con el sentimiento de haber dejado a un hijo. La operación también supuso una pausa en el trabajo y, pese a las recomendaciones de que tenía guardar reposo, no pudo evitar ir a echar un vistazo y  controlar que todo estuviese como es debido. 

A lo que parecería ser completamente una adicción al trabajo y un placer inigualable por estar ahí, hay que sumar también la explicación comercial: «Una granja de terneros no es lo mismo que una granja de cerdos, un ternero no vale lo mismo que un cerdo. Un ternero no se pone malo y se le deja o se le mata, aquí hay que sacarlo adelante como sea». Ella cobra por ternero y día, si se le muere uno al día siguiente ya no lo cobra. Es como un hotel en el que el tiempo promedio que pasa un ternero es entre dos y tres meses. Y de aquí van a la granja de cebo, donde se les da un pienso especial para el engorde. 

A toda la familia les gustaba el campo y decidieron irse a vivir a Curbe hace cinco años. Isabel había estudiado formación profesional superior de Administración y Finanzas y en Huesca era empleada en una oficina. Al llegar al pueblo se planteó cómo podría ganarse la vida y, cuando su marido barajó la posibilidad de la granja, ella se negó rotundamente, aunque poco a poco empezó a ceder y ahora no se imagina en ningún otro lugar que no sea este. Un reto que decidió afrontar en solitario, su marido sigue con su trabajo de montador de equipos de riego por aspersión y algún fin de semana la ayuda en tareas puntuales, cuando ella lo necesita. Dar la leche, cuidar a los terneros, revisarlos y todo el mantenimiento diario de la mamonería lo hace ella sola y a diario. Y está feliz: «Nunca se sabe las vueltas que da la vida, pero no me veo volviendo a la vida en una oficina o en el ritmo de una ciudad». 

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Isabel Atarés en su granja de mamones. Foto: Laureano Debat.

Un día normal de trabajo para Isabel Atarés comienza a las siete de la mañana, cuando ya está en la granja para poner la caldera a calentar, echar un vistazo a los terneros y asegurarse de que estén todos bien y no haya ninguno malo, prepararles la leche y dárselas. La leche que beben los animales es agua caliente con polvos especiales para el crecimiento. Cada uno tiene su bidón y una tetina de goma por donde chupan: viendo todos estos aparatos en fila parecen biberones gigantes. Una vez que desayunan, les echa pienso y paja y se va a casa. Por la tarde, se repite el mismo ritual. Entre medio, hace la compra, limpia su casa, cocina y se encarga del papelerío, que suele ser también mucho trabajo. Todo esto de lunes a domingo, de enero a diciembre, todos los días. «Una de las ventajas es que yo me organizo como quiero, aunque esto es un negocio muy sacrificado porque ellos llevan su horario, la leche es a una hora por la mañana y a una hora por la tarde fija. Pero si tengo que llevar a mi madre o al crío al médico puedo levantarme una hora antes y hacerlo, irme a mitad de mañana». 

Y otra de las ventajas es tener a su madre en Curbe, que le ha ayudado en los cuidados de su hijo, que tenía cuatro años cuando se instalaron en el pueblo. «Cuando yo empecé a trabajar en esto ella era la madre y yo la abuela. Recuerdo llegar a casa a las mil de la noche y mi madre gritándole al crío es que no sé qué y yo chica, mamá, déjalo al pobre crío. Y digo: aquí hemos cambiado los papeles, es verdad, lo cuidaba más ella que yo». Ahora Isabel tiene más tiempo, se organiza mejor y sabe cómo administrarse para tener más disponibilidad. Además su hijo ha cumplido nueve años, una edad que lo hace menos dependiente que antes. 

Se siente muy bien tratada y valorada por sus compañeros del sector y niega rotundamente haber sufrido situaciones de machismo. Aunque reconoce que al principio sufrió algo de menosprecio por su falta de experiencia y soportó actitudes prejuiciosas «de gente mayor por la inexperiencia de ser más joven, por haber empezado hace poco, pero hay gente que lo hace bien de toda la vida y gente que lleva toda la vida y lo sigue haciendo mal». Dice que se ha tenido que hacer de otra manera desde que emprendió este negocio, pero se siente orgullosa de descubrirse tan echada hacia delante. Procrastinar no cabe en sus planes, sobre todo porque pagar una hipoteca cuesta tanto y cuando, además de cuidar terneros, hay que sacar adelante una tierra difícil: diez hectáreas que heredó de sus abuelos colonos y que Isabel usa para agricultura. «La tierra que le tocó a mis abuelos es malísima, pero con los años y con el riego se iba volviendo a bien, pero hay que mimarla mucho, hay que saber qué cultivos pones para tratar la tierra y que vaya hacia adelante. Este secarral es salitre puro». 

Granjas y corazones con rotulador 

Elena Alcubierre tiene veintiséis años y es la más joven de todas las entrevistadas. Nos costó dar con ella, que nos hiciera un hueco, lo que da buena cuenta de lo ajetreada que la tiene su trabajo: una semana porque estaba regando, después porque le venían a descargar terneros y, al fin, puede recibirnos una mañana de domingo en la que Monegros se ha despertado lloviendo y los olores de la tierra nos atraviesan y nos calman, a partes iguales, en este pedazo de monte del pueblo de Lanaja. 

«A mí lo que más me gusta es dar la leche. Me levanto, vengo aquí a las siete y media, ocho de la mañana, preparo la leche y les doy de beber, más o menos dos horas por la mañana, dos horas por la tarde. También tienes que echar paja y a veces se puede complicar por alguna baja o hay que medicar, pincharlos porque están malos». Elena usa una plataforma llena de tetinas para que varios terneros puedan desayunar a la vez y, mientras nos cuenta esto, está terminando su jornada matutina.  

Nos mira con sus redondos y vivaces ojos marrones por encima de su mascarilla y nos cuenta que ella vivió en Huesca durante toda su infancia, pero los fines de semana los pasaba en Lanaja, de donde son sus padres. Cuando acabó bachillerato se marchó a Zaragoza a estudiar Trabajo Social y, antes de acabar la carrera, ya tenía claro su futuro: «Surgió la oportunidad de incorporarme a la agricultura por las tierras que tenían mis padres y me lo propusieron, porque a mí me gustaba mucho el campo. A mi hermana, por ejemplo, ni se les ocurrió proponérselo». A pesar de que le encantaron sus estudios en la universidad, confiesa que nunca se vio trabajando de ello, que estar encerrada en una oficina no entraba en sus planes: «Y dije: ¿por qué no me hago una granja, si me  gustan los animales? Y mis padres: ¿pero estás segura de que quieres hacer eso?  Y yo sí, la verdad es que me gustaría. Y ellos me apoyaron desde el inicio».

Sus amigos universitarios se lo tomaron a broma, no se creían que ella iba a estar a cargo de una granja de terneros mamones en medio de Monegros. «La gente de Huesca o de Zaragoza tampoco conocen mucho. Sí, la agricultura, la ganadería, pero no saben exactamente al cien por cien lo que es». Al final, acabaron entendiéndola.

monegros mujeres campo
Elena Alcubierre en su granja de Lanaja. Foto: Laureano Debat.

En el pueblo fue más difícil. La gente de Lanaja asumió desde el inicio que sería un proyecto para su padre, a punto de jubilarse como funcionario. No se imaginaban a Elena como la vemos ahora, con su mono color caqui, una cinta sobre el pelo recogido en una coleta y sus botas de goma, manejándose con soltura entre la maquinaria y los animales, apasionada y desenvuelta, demostrando en cada gesto que este es un proyecto suyo y de nadie más. «Mucha gente se incorpora a la agricultura, pone a la mujer como agricultora y la mujer no se dedica a la agricultura, lo que pasa es que, como te dan una subvención, pues la meten ahí y ya está. La gente quizá se pensaba que era más eso: incorporarme yo por ganar una subvención o lo que sea, y que en realidad se iba a dedicar mi padre». 

Aquellos comentarios le sentaban bastante mal y tampoco entendía del todo por qué esos prejuicios de género. «Las mujeres hace cincuenta años a lo que se dedicaban era a la agricultura y a la ganadería. Y, además, la casa. Pero eso sigue invisibilizado, no se ve reflejado en ningún sitio. Y a esas mismas mujeres les sigue pareciendo raro que una mujer se dedique a esto, siendo algo que toda la vida lo llevan haciendo», dice mientras reconoce que esto de hacer entrevistas le da vergüenza, pero que ha entendido su parte de responsabilidad. Quiere que se deje de ver como algo extraño a una mujer trabajando en el campo y que ya no sea necesario dar explicaciones por ser emprendedora en el sector primario.  

Para Elena, este trabajo es más goce que sacrificio. «La granja no me ata veinticuatro horas, tengo tiempo para todo». Una integradora le lleva el alimento y los terneros, ella solo pone la paja y el trabajo. Recibe la remuneración cada mes y sin brecha salarial: «Me pagan a mí lo mismo que le podrían pagar a un hombre. En ese sentido es totalmente igual». Pone el énfasis en la ilusión puesta en algo que le gusta de verdad y reivindica que «porque seas mujer no tienen que machacarte de esta manera, tanta presión, porque cuando un hombre se incorpora con una granja de cerdos no pasa nada, es su trabajo y ningún problema». 

Desde hace un rato un ternero marrón le está lamiendo la mano. Ella la mueve con naturalidad y le devuelve el cariño sin apenas darse cuenta. Tenemos que parar la entrevista y hacer unas fotos. Elena mira hacia atrás y dice: «Un dato curioso. El otro día estaba mirando agendas que tenía de bachiller, cuando aún estaba estudiando en Huesca, y ya tenía dibujado cómo sería una granja. O sea, que ya me rondaba desde el instituto». Y se echa a reír.  ¿Y no dibujabas corazones? «Sí, claro. Corazoncitos también». 

Coautor 4149


Una raya en el monte

Traza una raya en el campo y los niños se pondrán a jugar. Saltarán por encima en un sentido y en el otro. «Yo he llegado más lejos», «Tú la has pisado», «No se vale porque tomaste carrerilla…». Caminarán sobre ella con los brazos abiertos, imaginando un funambulismo a ras de suelo. La utilizarán como meta o como línea de salida para hacer carreras más o menos desenfrenadas. Y, en un alarde de ingeniería trazadora, la ampliarán en rayuela para saltar de una casilla a otra, abriendo y cerrando las piernas, yendo y volviendo.

Traza una raya en el campo y los adultos se pondrán a establecer diferencias en discusiones casi siempre agrias. «Aquí y allí», «este lado y aquel», «nosotros y los otros», «lo nuestro y lo vuestro», «los amigos y los enemigos…». Y no solo establecerán diferencias, también otorgarán a la raya valores simbólicos de obligado cumplimiento. «Por aquí nadie pasa», «prohibido el acceso», «solo se atraviesa con pasaporte, salvoconducto o pagando un canon…». Y, en casos extremos, invadirán para hacer avanzar la raya unos cuantos metros y hasta exterminarán a los que han cometido el grave delito de vivir al otro lado. Para los niños la raya es diversión. Para los adultos la raya es frontera.

A menudo los adultos intentan justificar su infantil intento de poner puertas al campo. Entonces hablan de «fronteras naturales», como si la geografía contuviera en su accidentada extensión las claves de una separación o la semilla, siempre presta a germinar, de un odio interterritorial. Ríos, cordilleras, valles sirven para otorgar carácter infranqueable a marcas que, tarde o temprano, se revelan inútiles, a menudo absurdas. En cualquier caso, por mucho empeño que pongamos en defenderlas o en derribarlas, siempre resultan arbitrarias y, con el paso del tiempo, inevitablemente oscilantes. El pico de una montaña no es separación sino convergencia de laderas, vértice unificador, punto culminante donde se reúnen las pendientes. Convertir el pico en punto de una raya invisible implica negar la existencia misma de la montaña. Y el río, antes que ruptura acuática, es confluencia, demostración vadeable de que las dos riveras se bañan en las mismas aguas. Y qué decir del valle, sino que se trata de una salvable hendidura en la tierra que se sujeta, casi pende, de dos elevaciones.

La propia naturaleza se encarga continuamente de desmentir el carácter natural de estas fronteras, cubriéndolas de vegetación idéntica, sometiéndolas a similar climatología y poblándolas de una fauna que circula sin retención de un lado a otro. La meteorología también se encarga de poner en su lugar lo que, por muchas banderas que icemos, no deja de estar junto, lo uno al lado de lo otro con indiscutible continuidad. La crisis climática en la que ya vivimos resulta igualmente aclaradora y vemos cómo nos afecta de manera global en un juego de interrelaciones que superan naciones, estados o imperios.

En nuestra tozudez delimitadora hemos ido reforzando la raya con verjas, alambradas, muros… Se trata de un obstáculo pretencioso y desafiante que tarde o temprano caerá en la obsolescencia, como ya ocurrió con la muralla china, el muro de Adriano o el de Berlín. Sin embargo, no cejamos en el empeño y en las últimas décadas se han multiplicado las barreras y los sistemas de control. Pero no lo olvidemos. Toda esa prohibición reforzada con cemento y alambrada no prueba la divisibilidad de la tierra sino el afán acaparador de bienes, terrenos e intereses políticos. No hay fronteras naturales, solo ambiciones humanas.

Y de esto habla el libro que a continuación se despliega en viñetas. Cuenta la historia de una raya, mejor dicho, del pequeño fragmento de una gran raya, que, con algunos vaivenes, viene separando Francia de España. La frontera de Ordesa ha sido en el siglo XX un paso estratégico que le ha dado protagonismo histórico. Los que nacieron allí, los que fueron niños de la raya, los que crecieron divirtiéndose con ella saben que, por mucha importancia que se le dé, siempre se puede jugar con ella. Por eso de mayores se han convertido en contrabandistas, guías, pasadores, rescatadores, paqueteros y demás oficios relacionados con el salto de un lado a otro, con el funambulismo fronterizo o con las carreras que tienen la raya como meta o como línea de salida.

La de Ordesa es, además, una frontera mellada por el mandoble gigantesco de la espada de Roldán. Así que, a la porosidad que infiltra cualquier barrera, hay que añadir la brecha honda que obliga a escalada, pero también proporciona escondite y recoveco. El juego con la raya está garantizado. También el peligro que conllevan las extremas prohibiciones que la historia hace flotar sobre ella. Son varias historias las que siguen, pero solo son variaciones de una, la historia de la línea trazada en el monte, mejor dicho, de un fragmento de esa línea, pero que puede representar la de todas que, con disciplina fronteriza, parcelan el planeta.

Mercadeo de capricho con riesgo policial, resistencia estratégica en la guerra civil, vía de escape de los perseguidos por los nazis, la frontera de Ordesa condensa acontecimientos que pueden explicar los síntomas de una historia que ha partido y repartido mucha frontera en un siglo eminentemente fragmentador como fue el pasado siglo XX. Pero las historias que se suceden en este cómic, aun preservando su autonomía, se enlazan una con otra. Es el ejemplo más claro de la negación de la raya. Las historias, en lugar de separadas, están unidas precisamente por la frontera, funcionando así no como lectura del desgarro sino de la sutura, relatos distintos unidos por una misma frontera. Así que, querido lector, ya solo te queda pasar al otro lado del prólogo, vadear la tibia corriente que lleva del texto a la viñeta y jugar. Jugar a saltar los muros, los del tiempo con el recuerdo y los del espacio con el paso al otro lado. Jugar a comprender que, por muchas divisiones que quieran interponer, siempre existirá la convicción de su arbitrariedad, el sentimiento de comunidad que, fronteras aparte, nos une, y la necesidad de saltar por encima. Para demostrar que las fronteras solo son una raya, a menudo invisible, en la inmensidad inabarcable del paisaje.

Este texto es el prólogo del cómic Frontera de Ordesa, de los autores Juanarete y David Tapia, que acaba de publicar GP Ediciones. Se puede adquirir aquí.


Nacho Escuín: «La palabra tiene capacidad de generar realidad, y más ahora que estamos en la era de la posverdad»

Fotografía: Ángel Fernández

Ignacio Escuín Borao (Teruel, 1981) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Mientras impartía clases como profesor de Literatura en la Universidad de San Jorge aceptó el reto de montar la editorial de la universidad. De ahí pasó a trabajar para la Fundación María Domínguez hasta que Javier Lambán lo requirió para que ocupara la dirección general de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón.

Acudimos a entrevistar a Nacho coincidiendo con la celebración del Salón del Cómic de Zaragoza, un evento multitudinario donde cada año acuden más lectores y editores relacionados con el noveno arte. La apuesta del Gobierno de Aragón por sus industrias culturales tiene al sector del cómic como beneficiario de sus políticas con el objetivo de potenciar el talento creativo de la comunidad. Conversamos con Nacho sobre su trabajo en política, su labor como editor y sobre poesía, mucha poesía.

Este Salón del Cómic de Zaragoza es referente a nivel nacional, ¿en qué se diferencia de otros salones?

Creo que lo principal que tiene este salón es que ha nacido del propio sector del cómic de la ciudad, se originó en las asociaciones. Eso ya garantiza una naturaleza distinta, es decir, no es un proyecto creado desde una institución. Empieza con una relación muy fuerte con los centros cívicos de Zaragoza, nace casi como una estructura vecinal y poco a poco va ganando espacio y tiempo. El sector del cómic en Aragón goza de muy buena salud y hace que todo esto tenga más sentido. Es decir, referentes, dibujantes, escritores de cómic… Las editoriales están haciendo muy buen trabajo, van creciendo poco a poco, y el trabajo de las librerías de cómics en Zaragoza es excepcional. Como hemos tenido la oportunidad de hacer bastantes cosas con ellos veo cómo se relacionan, los conocen en todos los sitios. Creo que eso también posibilita que este salón abra las puertas a todo el mundo y nadie le dice que no, tiene todos los autores y ese es uno de los secretos.

El Gobierno de Aragón apuesta por la presencia institucional en otros salones y eventos culturales relacionados con el cómic, ¿cuál es el objetivo?

Difundir lo que nuestras industrias culturales nos piden y estar a la altura de su talento. Si nosotros tenemos un sector emergente como es el del cómic, lo que tenemos que hacer desde las instituciones es propiciar que llegue al mayor número de gente posible. Hemos abierto la Feria de Teruel al sector del cómic y ha sido una gran novedad, tiene muchísimo éxito, vende todos los años bastante. En el Salón del Cómic de Barcelona comparten espacio editoriales y librerías especializadas, y creo que esa apuesta está funcionando bien. Luego, una gran suerte es tener a gente como Dani Viñuales, que se inventa el salón de cómic transfronterizo de Jaca, nos sale bien y empezamos una relación emergente con los franceses, este año vamos a Francia nosotros. Se trata de estar un poco a la altura de las necesidades del sector y lo mejor que tiene este sector del cómic aquí es que no solamente son escritores y dibujantes, sino que también son teóricos, hay gente dentro de la propia estructura que sabe muchísimo y creo que lo están transmitiendo muy bien y están haciendo entender a todo el mundo que el sector tiene que crecer en todas las estructuras, no solo en hacer buenos libros sino también potenciarse como industria.

¿Es el cómic el noveno arte?

El cómic es, el otro día lo decía Altarriba y estoy de acuerdo, en realidad dos artes: el arte en sí y la literatura. Hay que valorarlo como lo que es y potenciarlo, no puedo decir otra cosa. Hemos hecho un cómic de Goya con el Torres que lleva el nombre de Goya a absolutamente todos los sitios, otro sobre Buñuel que ha realizado GP Ediciones, y la conclusión es que el poder que tiene el cómic para llegar a un nuevo público, y además con esa belleza, no lo tiene ahora mismo ningún otro producto literario. Es también interesante porque hay una doble vía de implicación entre las instituciones y el sector. Juntos hemos hecho un buen trabajo, como con las obras de arte de la colección de Sijena, que ha servido para a explicar a todo el mundo, y sobre todo a los institutos, por qué son tan importantes esos bienes que han vuelto al monasterio.

Tú tuviste problemas, ¿no? Cuando fuiste a Lérida y no te dejaban entrar al museo y sin embargo había una persona que ya estaba fuera de las instituciones pero que estaba dentro y se atrincheraba…

Vamos a contextualizar. Se trata de los bienes que tenían que volver a Aragón desde Barcelona y desde Lérida. La primera parte volvió desde Barcelona voluntariamente porque Santi Vila así lo ordenó, pero la parte de Lérida no salía. Santi Vila se fue del gobierno catalán y las posturas se radicalizaron, como sabéis, muchísimo. Hay una sentencia que no se cumple y finalmente un juez ordena la ejecución. A partir de ese momento se activa un operativo policial en toda regla. La noche empieza muy pronto, el día 10 a las 22:00 horas estábamos ya preparados para viajar, teníamos órdenes de no salir hasta que nos diera la guardia civil el OK y a las 23:45 de la noche partimos hacia Fraga los técnicos del museo y conservadores capitaneados por mí. Llegamos a Lérida a las 3 y pico de la mañana en coches blindados y ahí empieza la segunda parte. Nos encontramos con que ellos no han respetado lo que estaba pactado respecto al operativo. Tenía que haber solo técnicos del museo, pero ahí estaba Josep Boya, director general de Patrimonio, y nosotros no podíamos entrar.

Ya no era el director general de Patrimonio.

Ya no lo era porque estaba el 155. Hablamos con la guardia civil y entramos. Fue muy desagradable y tuvimos que salir escoltados del museo. Ahora estamos con el asunto de las pinturas murales que también nos tienen que devolver y ellos dicen que no se pueden mover. Casualmente para cesiones temporales se han movido en cuatro o cinco ocasiones ya.

¿Qué cómics destacarías de los que se presentan en este salón?

El de Goya del Torres y el de Buñuel de GP. También hay una artista turolense que me encanta, Laura Rubio, y obviamente los Malavida, que son los primeros, y esto es muy importante decirlo, que como asociación empezaron con todo esto. El salón del cómic no sería lo que es sin ellos. Roberto Malo es un escritor que ha publicado en un montón de editoriales aragonesas distintas, pero ahora ya está de guionista con ellos. Incluso de una novela que yo le publiqué hace muchos años ellos acabaron haciendo un cómic. Están trabajando muy bien y tienen una serie que les funciona estupendamente que se llama Estoy hecho un cocinicas, con recetas de cocina en cómic. Son muy divertidos.

Según el CIS, lo que menos vende en literatura es el cómic y la poesía. ¿Cómo sobreviven las editoriales de poesía y cómic?

Los números son números, no se pueden discutir, pero creo que lo que no vende es la poesía.

Los datos indican que la ficción alcanzaba una cuota del 40%, el ensayo bajaba y lo peor era la poesía y el cómic, que no llegaban al 1%.

El ensayo creo que se mantiene gracias a los grupos de investigación de las universidades. Tiene un público muy fijo, muy determinado y las tiradas son pequeñas, esto también es importante. Los resultados de otro estudio apuntan que en España se vende, de cada título de poesía, entre quinientos y mil ejemplares.

Eso es imposible, ¿tanto?

Eso es el asunto, ventas por encima de mil ejemplares las consiguen pocos poetas. Esta es la cruda realidad. Creo que el cómic está vendiendo mucho más.

¿Cómo sobreviven las editoriales?

Las editoriales de poesía sobreviven gracias a las subvenciones. Cuando algo tiene que ser subvencionado por obligación es porque no es rentable, esa es precisamente la obligación. Es muy complicado cuando estamos hablando siempre de empresas de una o dos personas como máximo, aunque cuando se habla de poesía a uno le viene a la mente Visor.

Karmelo Iribarren vende mucho en Visor.

Karmelo vende ahora, nunca había vendido. Cuando Karmelo publicaba en Renacimiento o en Guacánamo, una editorial de Barcelona menor, lo conocíamos pocos. Era un autor de culto.

Y dices que las editoriales de cómic no necesitan tantas subvenciones como las de poesía.

Creo, de verdad, que están generando algo muy bueno: público nuevo. La diferencia esencial está en que el lector de poesía no se renueva a la velocidad y volumen a la que se está renovando el cómic. No hay más que ver lo que hay en el Salón del Cómic de Zaragoza. Sobre todo, por la gente joven. Cuando voy a Liber, a la feria del sector de libro, no veo a tanta gente. Es increíble. Y está comprando todo el mundo, veo que no paran. Luego otra historia es cómo se regula el número de ventas. Me explico: lo que venden las editoriales en ferias no se computa porque no es una venta que registren las librerías, que son quienes proporcionan los datos. Solo las propias editoriales saben lo que se está vendiendo. En palabras de Olvido García Valdés: el autor, en realidad, muchas veces no sabe lo que vende. Durante el día del libro de Zaragoza hay editoriales que venden un tercio de lo que van a vender en todo el año.

Si el gasto medio en libros por persona en España es de sesenta euros al año, ¿qué acciones se podrían impulsar desde las instituciones para ayudar al sector editorial?

Hay que seguir con los planes de fomento de la lectura. En Aragón había un proyecto maravilloso que puso en marcha Ramón Acín, se llamaba Invitación a la lectura, y venían autores, se leía, se vendía. Se lo cargaron, no es que lo redujeran, lo dejaron de hacer. Es lo mismo que pasó en el Ministerio, no hay planes de fomento a la lectura. Ahora parece que los quieren volver a impulsar…

Supone poco presupuesto.

No vale nada.

Entonces tiene que ser algo ideológico: no quiero que la gente lea.

No quiero que la gente sea libre y no quiero que la gente tenga espíritu crítico. Nosotros lo estamos intentando, hemos puesto en marcha una cosa que se llama Enseñarte que no solamente implica literatura, sino música, danza, todas las artes. Ese resultado yo no lo voy a ver, hay que pensar a largo plazo, pero ahí está. Ese es el público que se va a gastar más dinero en un futuro.

¿Has comprado algo por Amazon?

He comprado, pero lo he dejado de hacer. He hecho regalos comprando por Amazon porque se lo mandan a casa a la persona a la que le quieres regalar algo con tu cartelito y tu notita en dos días. Pero intento comprar en librerías pequeñas: Antígona, Cálamo,  París… Porque también he sido editor y en su día los pequeños libreros me apoyaron.

La revista cultural Turia celebra su 35 aniversario. ¿Conoces a su director Raúl Maicas? ¿Qué te parece el proyecto?

Me parece un milagro que haya durado y que dure y que tenga la salud que tiene. Es verdad que es una de las pocas veces que se ha llegado a un pacto institucional. Turia no se toca gobierne quien gobierne y ponemos todos de nuestra parte. El Gobierno de Aragón apoya el proyecto a través de Fomento y nosotros también apoyamos números puntuales con financiación directa cuando es necesario. Turia es una puerta que te abre, nunca mejor dicho, las puertas de la Biblioteca Nacional para presentarla ahí, el Instituto Cervantes que trae a Teruel escritores de primerísima fila a presentar los números y es todavía un espacio para la crítica que está muy devaluada en los medios habituales. Que Turia tenga un pedazo de dosier de crítica literaria me parece increíble. Luego hay otras secciones que me pueden gustar más o menos, pero la de poesía con poemas nuevos es muy interesante y la parte de entrevistas está muy bien. Tanto Raúl Maicas como la que fue autora intelectual de ese proyecto, Ana María Navales, lo hicieron muy bien.

En Turia colaboras con críticas literarias, ¿siempre son positivas? ¿Te cuesta trabajo por tu experiencia como editor criticar textos de forma negativa?

Ahora estoy en otras cosas. Presento libros porque no sé decir que no, pero intento que sea lo menos posible porque no quiero que se genere algo raro, es mi sector. Antes hacía critica, además de en Turia, en Heraldo de Aragón, en el suplemento Artes y Letras. En Turia no elegía el libro que criticaba, funciona de manera distinta, los colaboradores reciben un encargo de Raúl. Obviamente la mayor parte de las veces yo conocía a los autores que estaba reseñando. Creo que alguna vez he hecho alguna reseña en Heraldo con un poco de acidez, incluso alguna muy dura. Hice una reseña a Manuel Vilas que nos generó a los dos un amplio periodo de nuestras vidas de desencuentro, por suerte ahora nos hemos reído juntos, nos hemos tomado unas cervezas y se nos ha pasado. Todo el mundo habla del ego del escritor, pero el del crítico… ahí hay una lucha. No lo sé, tengo mis dilemas, no sé si hay que hacer reseñas negativas. Hay que animar a la lectura y al consumo de los libros, entonces hay que hacer reseñas inteligentes, ni buenas ni malas.

Antón Castro, premio nacional de periodismo cultural, dirige ese suplemento.  ¿Cómo es tu relación con él?

Me llevo fenomenal con Antón Castro, ha sido autor de mi editorial, soy amigo suyo y de sus hijos. Antón es el motor de todo lo que pasa en el mundo del libro aquí. Yo creo que presenta un libro al día, y vive la literatura. Es premio nacional de periodismo cultural. Casi nada.

Eclipse y Eclipsados. Háblanos de ambos proyectos, la revista y la editorial.

La revista es una de las cosas más chulas que he hecho en la vida, probablemente la más bonita y todo empezó en segundo de carrera, en el año 99. Como nos pasa a todos los filólogos, en primero lo coges con ganas, en segundo te desencantas y, o tienes un proyecto, o sufres. Porque es una carrera preciosa, pero empiezas a ver la dificultad. Todo el tiempo te están diciendo lo difícil que lo vas a tener luego para trabajar, te planteas dudas sobre qué vas hacer. Tuve la suerte de encontrarme con una gran generación de poetas y escritores más o menos de mi misma edad, un poco mayores casi todos. Nos reunimos un día en la cafetería de la facultad y cuando les dije que iba a montar una revista me dijeron que no, que íbamos a montar una revista, fue genial. Después la revista se quedó en la facultad con gente nueva, tuvo una nueva dirección y luego, finalmente, esa nueva dirección decidió que la dejaba de hacer. Pero para mí fue un triunfo grande de todos que quedara, que no dependiera exclusivamente de nosotros. Cuando terminé la carrera monté la editorial, porque obviamente tienes algo dentro. Creo que editar es un ejercicio de generosidad que todos los autores deberían, alguna vez en la vida, vivir. Y soportar al autor. Se aprende muchísimo y aprendes mucho como autor. A mí me ha hecho un autor más responsable con mis editores haber sido editor, saber exactamente hasta dónde puedo pedir, el darme cuenta del esfuerzo que están haciendo para sacar cada libro. En todos mis libros de poesía solo puedo estar agradecido, cada uno ha hecho lo que ha podido, hay algunas editoriales que siguen, otras han quebrado, pero sé que todo lo hicieron con la mejor intención y casi todos los miembros de Eclipse siguen siendo buenos amigos, eso quiere decir que hicimos algo bien.

¿Cómo llegas a ser director general de Cultura y Patrimonio?

Yo también me lo pregunto. Cuando terminé la carrera tuve una beca de colaboración con un departamento de Magisterio, cuando terminé el contrato me fui de Zaragoza y mi primera parada fue San Sebastián, fui a conocer a Karmelo Iribarren. Estuve con él, fue maravilloso, me contó muchas cosas, yo tenía claro que eso iba a ser mi tesis, quería escribir sobre realismo, pero había algo de San Sebastián que no me llenaba y me fui a Gijón. Ahí estaba viviendo David González, que era para mí, en aquel momento y creo que todavía, el verdadero realismo, y yo quería hacer realismo. Me alquilé un piso en Gijón, ahí conocí muy bien a David, hice con él una antología de poesía escrita por mujeres, la Verdadera historia de los hombres. Otro punto crucial en mi vida es cuando me lleva David por primera vez a Huelva, a Edita, la feria de editores. Groso modo eso es el inicio de la tesis, tuve la grandísima suerte de tener un director de tesis que es Alfredo Saldaña, un gran poeta, pero sobre todo una persona que enseña a leer y que me enseña que hay que saltar la anécdota porque en la poesía realista es muy feo quedarse con la anécdota ¿de qué va el poema? Eso es lo que importa.

Publiqué luego el ensayo de la tesis en la Universidad de Valladolid en una colección de ensayo literario, de teoría literaria y, seguidamente, al terminar la tesis se quedó una plaza de profesor de literatura libre, porque María Angulo se fue a Buenos Aires con una beca, y así entré en la universidad. La Universidad San Jorge no tenía servicio de publicaciones así que hablé con el rector y con el vicerrector y les dije: «pues voy a montar la editorial de la universidad». Me la encargaron, María decidió que no volvía, me quedé con las clases de literatura y además monté el servicio de actividades culturales. A partir de ese momento, con un frenesí desbocado, ganamos hasta un premio nacional de edición universitaria con un libro de Mayakovski en coedición con Castilla la Mancha; en un año ganamos un premio nacional y yo tenía actos culturales en Zaragoza todos los días. Jueves de poesía, había charlas, había foros, cursos de escritura y un día me llamó Javier Lambán y me dijo que quería contar conmigo para la Fundación María Domínguez, conocí ahí también a Alberto Sabio, hicimos unos cuantos actos culturales y llegaron las elecciones, ganó Javier y un día, estando en una reunión de grupo de investigación discutiendo sobre temas, me llamó para ofrecerme ser director general de Cultura y Patrimonio.

¿Has vivido siempre en Aragón? ¿Qué podría ser de tu vida fuera de este lugar?

Quitando ese período que viví en Gijón, sí, he vivido siempre aquí. Soy de Teruel, a los dieciocho años salí de allí, pero venía a Zaragoza donde vivían mis abuelos y estuve una época con ellos, así que siempre he estado muy protegido. He tenido varias veces oportunidades laborales en Madrid y por diferentes motivos no las he aceptado: asuntos de carácter familiar, porque no me quería ir o porque no lo tenía claro. Me siento muy aragonés, me gusta estar aquí, conozco a todo el mundo y creo que el sector cultural de Aragón se ha puesto muy interesante. No digo que no necesite otras cosas, pero tengo que decir que casi todo lo cultural que pasa importante en Madrid o en otros sitios de España también acaba pasando por Aragón: las exposiciones grandes, las obras de teatro… El tema de consumo cultural estos días me ha hecho pensar bastante, porque creo que los datos no son reales. Creo que Aragón sí que está consumiendo cultura y las instituciones tenemos algo que ver, porque estamos programando mucha cultura. El Gobierno de Aragón ha promovido muchísima cultura gratuita.

¿Está regalando libros?

No, pero sí conciertos gratuitos y muchas actividades. Los museos de la comunidad son gratuitos y los del ayuntamiento también. Cuando se aprobó la Ley de Patrimonio se decidió que todos los museos propiedad de Gobierno de Aragón fueran gratis. Si os dais una vuelta por el Pablo Serrano y por otros museos de Zaragoza podéis ver desde goyas maravillosos hasta el arte contemporáneo del Pablo Serrano por cero euros. El ayuntamiento de Zaragoza ha hecho muchísimos conciertos gratis.

Dice la consejera de Educación, Cultura y Deporte que la DGA ha multiplicado por diez las ayudas al sector del libro, ¿cómo se materializa este incremento de las partidas presupuestarias?

Tenemos una consejera y un presidente que se creen la cultura por encima de todo. Las partidas de ayudas al libro eran de veinticinco mil euros. Cerré mi editorial en parte porque no podía soportarlo. Hice la poesía completa de Labordeta, que tuve la suerte de preparar con él en vida; no lo llegó a ver, pero trabajamos muy bien juntos. Ochocientas y pico páginas, una tirada de mil doscientos ejemplares. Recibí ochocientos euros de subvención del Gobierno de Aragón. Ahora hay unas ayudas decentes y hemos abierto una línea nueva de ayudas a librerías para pagarles todos los eventos culturales.

¿Y ahora la cosa está en doscientos cincuenta mil euros?

Sí, doscientos veinticinco mil, pero aparte vamos a Liber, a la Feria del libro de Madrid, a Guadalajara (México) y vamos a Miami el año que viene. Es decir, muchísimo más. En el libro estamos por encima de un millón porque además editamos nosotros directamente. No solamente ayudamos a la edición, sino que editamos. Considero que un gobierno tiene que hacerlo.

¿Qué es el Centro del Libro de Aragón?

El centro es un apartado, es una sección de cultura que tiene identidad propia, y por lo tanto reivindica la importancia del libro. Ahora que hay una Dirección General del Libro, eso es lo que hemos tenido siempre con el Centro del Libro. El Centro del Libro lo dirige José Luis Acín, el hermano de Ramón Acín, y en un momento determinado tuvo nueve personas trabajando ahí. Con la anterior legislatura se quedó solo José Luis Acín, sin personal y sin presupuesto. No iban a ferias, no iban al Liber, no había ayudas, como hemos contado, pero José Luis es un trabajador excepcional. Una de mis suertes para poder hacer todo lo que estamos haciendo es tener a gente como él que posiblemente ha editado en su vida unos tres mil libros. Siempre está y con humildad, sin quitar protagonismo a nadie. Eso es esencial. El motor del Centro del Libro es José Luis Acín. Y no se cerró en su día porque no podían despedir a José Luis por ser funcionario. Existe el Centro del Libro porque existe José Luis.

Hace poco estuvisteis en la Feria del Libro de Guadalajara en México. ¿Cómo fue la experiencia? ¿De qué manera ayudan estos eventos al sector del libro?

A Guadalajara fuimos con un regalo debajo del brazo que fue el libro de Carlos Saura que acabamos de editar. Hemos sacado una colección que se llama Luis Buñuel y que hacemos en colaboración con la Universidad de Zaragoza y la UOC. Habíamos publicado el libro de fotografías que Ramón Masats le hizo a Buñuel en el rodaje de Viridiana. Hicimos la exposición y sacamos el libro catálogo, lo vio Saura y le encantó. De repente, me llama un día la hija de Carlos, Ana, para decirme que su padre quería publicar un libro con nosotros. Esto fue a comienzos del 2018, y antes de final de año ya teníamos el libro editado. Es un libro muy bonito, fotografía iluminada. En las últimas películas que ha hecho ese es el tipo de escenarios que él mismo pinta.

El Centro del Libro de Aragón fue a la feria de Guadalajara con stand propio, con la sociedad de editores de Aragón vendiendo libros y con Carlos Saura. Yo no pude ir, pero entiendo que fue impresionante, viendo las fotos y la cantidad que había de gente por ahí. Abría a las 9 de la mañana y había días que cerraba a las 11 de la noche. Ha sido pesado, pero están muy agradecidos de que el Gobierno de Aragón haya financiado la posibilidad de que estén ahí.

¿Y qué llevabais de Goya?

De Goya llevamos Los sueños de la razón, que estuvo en Madrid en el Museo Lázaro Galdiano, la misma exposición que va a Miami y a Los Ángeles. Tiene un libro catálogo excepcional.

¿Maridan bien el vino y los libros en la Dirección General? ¿Es el vino cultura? ¿Hay acciones conjuntas?

Nosotros tenemos un patrocinador bien claro que es Enate, una marca de vino muy vinculada al arte. Todas las etiquetas de Enate están hechas por artistas, son preciosas y cuando entramos al gobierno, una de las cosas que queríamos hacer era recuperar la dotación económica que le habían retirado. Diez mil euros le dan directamente al ganador del premio de las letras cada año. El primer año lo ganó Vilas, el segundo año Agustín Sánchez Vidal, y este tercer año lo ha ganado José Luis Corral. Enate ha estado ahí, regala vino a los escritores que están con nosotros en las ferias, nos ayuda y nos apoya. Este año estuvieron en la organización de los premios Forqué, que ya acogimos en 2018 y salió muy bien. Estoy muy agradecido por cómo Enate ha atendido la cultura y tengo más peticiones de otras bodegas, lo que pasa es que obviamente tengo que ser responsable con el que está patrocinando desde el principio. Pero ha habido efecto llamada y tenemos varias denominaciones de origen más que quieren colaborar. De hecho, hemos hecho algo con Campo de Borja, que está haciendo unos libros excepcionales. En el Museo de Zaragoza, en nuestro patio, se hacen catas de vinos y ha ido tan bien la relación que nos han regalado la restauración de una obra del museo, un cuadro del XVII. Es que da gusto cuando ves que gente que no tiene por qué dedicarse a la cultura quiere estar contigo en la cultura.

También estaréis en la Expoesía de Soria. ¿Por qué empezaste a escribir poesía y cómo llegaste a publicar tu primer libro?

Tuve un muy buen profesor de literatura en el instituto. Yo no estaba leyendo más que la poesía oficial, la que salía en los libros o lo que me llegaba, pero él me empezó a pasar libros y ahí empecé a escribir poesía, y luego tuve la suerte de ganar el Premio Lázaro Carreter con lo primero que publiqué, por cierto, con Vilas en el jurado.

Antes de la crítica.

Sí, tenía catorce o quince años, tuve mucha suerte al principio. Gané bastantes premios e iba publicando. Y luego, ya sabes cómo es el sector literario, si te mueves es muy fácil publicar, porque todo el mundo quiere autores que se mueven. Al principio tuve suerte con los premios y luego he tenido suerte de otras maneras. Soy un tipo con mucha suerte, tengo críticas, pero tengo suerte.

Vamos a seguir con unos versos tuyos: «Pero no nos engañemos, / enamorarse no es tan fácil / es hacer a alguien único entre el resto / y yo podría encontrar toda la belleza del mundo / en todos sus cuerpos». ¿También te gusta toda la poesía? ¿Tienes algún favorito?  

Principalmente me gusta la poesía y leo todo lo que cae en mis manos, pero por supuesto que tengo autores favoritos. Como ya he citado antes unos cuantos, se entiende que me gustan, pero, además, para mí fue esencial la primera vez que leí algo de Gil de Biedma. Me empezó a cambiar el gusto poético. Cernuda me parece colosal, y poco reconocido dentro del 27, ya sé que es muy conocido, pero no lo suficiente. Por su calidad poética debería ser muchísimo más conocido. Toda la operación que ha habido para Machado no la ha tenido Cernuda, no ha habido una operación Cernuda. También se habla de Lorca, y estoy encantado que la gente lea a Lorca, pero se le comprende mejor leyendo a otros al mismo tiempo, cosa que no se está haciendo.

Te doctoraste con la tesis Fórmulas del nuevo realismo en la poesía española contemporánea (1990-2009). Háblanos de los poetas realistas.

Se trata del grupo que surge a partir de la llegada a España de Roger Wolfe. Roger empieza a traducir a Bukowski, es su primer traductor aquí. Su índice de lecturas no tiene nada que ver con el índice de lecturas de los escritores españoles. Viene con ese punto inglés, incluso americano, que trae cosas nuevas. Y entonces se empieza a formular un grupo en el que están Karmelo Iribarren, David González, que acaba publicando un muy buen libro en DVD ediciones, cuando DVD empieza a surgir. Esto es importante porque llega a ser el lugar en el que van a acabar publicando casi todos escritores realistas, porque el trabajo de Sergio Gaspar es espectacular en esos años y publica libros maravillosos. El mejor libro de Manuel Vilas está publicado por DVD, se llama El Cielo. Ese libro merecería el Premio Nacional de Literatura, sin ninguna duda. Si no lo conocéis buscadlo porque es la clave del cambio estético de Vilas, cuando empieza a hacer cosas diferentes. DVD publica a Fonollosa, publica a mucha gente que es clave en cómo cambia la poesía española. Y luego hay un libro esencial que es la antología de poetas heterodoxos, donde está Riechmann, donde está Orihuela, donde está todo el grupo de Huelva, Eva Vas, Francis Vázquez, que acaba de morir, Comendador, que creo que vive en Extremadura, pero tiene una relación muy grande con ese círculo y ese núcleo de Barcelona donde está David Castillo, poetas muy interesantes que hace mucho tiempo que no publican poesía.

¿Eres tú uno de esos poetas del nuevo realismo? ¿En qué antología poética podemos encontrar tu nombre?

Mejor que lo digan otros. Pero, por ejemplo, en el homenaje que se hizo a Bukowski, en Caballo de Troya, ahí hay como una lista oficial.

Realismo y realismo sucio, ¿cuál es la diferencia?

Tener mala intención, porque cuando pones un apellido a algo directamente lo estás colocando en una posición. El término sucio aleja a muchísimos lectores, viene del dirty realism americano, pero ahí está con otro matiz y aquí se ha utilizado siempre desde algunas fuerzas poéticas para aislar a otras. Por ejemplo, se utilizó el término sucio para evitar la comparación cuando la poesía realista y la de la experiencia es igual de realista. Yo siempre digo «la mal denominada de la experiencia», «mal denominada de la conciencia», porque son etiquetas horrorosas, pero les ha ido muy bien, desde la nueva sentimentalidad mira dónde estamos, lo que han conseguido, uno de ellos es director del Cervantes.

A mí me gustan los poemas de Luís García Montero.

A mí me gustó mucho Las habitaciones separadas, por ejemplo, pero la última poesía, sus últimos libros, me gusta menos. Con Marzal me pasaba lo mismo. La fiesta, publicado en una colección pequeñita, es una maravilla de libro. Y sin embargo a partir de Metales pesados me interesa menos. A veces cambian la estética.

«¿En el principio era el verbo», leemos en la Biblia, ¿tiene la palabra capacidad de generar realidad?

Uf, qué pregunta… La palabra tiene toda la capacidad de generar realidad, y más ahora que estamos en la era de la posverdad. Podemos contar lo que queramos. El problema es ese, que entramos ahí a una fina línea…  en Europa ahora se está discutiendo sobre este tema, ¿verdad? Tema que os toca a los periodistas profesionalmente, ¿dónde está el límite?, ¿se puede regular? ¿regulamos o no regulamos? Están ahora en esa batalla de acreditaciones los medios que tienen una etiqueta de verdad. Qué complicado.

¿En qué se diferencia un premio literario de un concurso de méritos?

En teoría un premio literario es anónimo. Hasta ahí. Sobre este tema ya he escrito mucho al respecto y ahora no puedo decir lo que tengo que decir. Con la teoría esa de anónimo yo creo que queda clara la diferencia. El premio, en teoría, es anónimo.

¿Cuáles da el Gobierno de Aragón? ¿Qué otros premios hay?

El Gobierno de Aragón tiene el Premio de Poesía Miguel Labordeta, el gran poeta aragonés de todos los tiempos junto a Gracián, si es que Gracián hacía poesía. Pero desde luego Miguel Labordeta es el gran poeta de posguerra, de nuevo otro poeta maltratado que os recomiendo. Su primer libro, Sumido-25, tiene más poesía que los de poetas que llevan ochenta libros a las espaldas. Es impresionante, de verdad, devastador. Es el hermano de José Antonio Labordeta. Murió joven y creó aquí un grupo de poetas que se llama grupo del Niké, porque se reunían todos en el café Niké y montaron una cosa maravillosa que se llamó Oficina Poética Internacional. Y en mitad del franquismo traían todas las semanas a poetas de fuera, al café con ellos. Había tertulias literarias, leían poemas, venían editoriales, se publicaban entre ellos. El premio se llama así por esta figura. Aparte del Premio de las Letras Aragonesas está el Premio de Trayectoria Profesional, que reconoce a un profesional del sector. Este año el premio ha sido para Paco Uriz, lo conoceréis porque es el traductor habitual de lenguas sueca en Nórdica y en varias editoriales más. Él ha cambiado la poesía, es muy importante el papel de algunos traductores para entender los cambios en la poética nacional. ¿Por qué la gente se vuelve medio polaca? Pues porque Abel Murcia ha hecho unas traducciones maravillosas. ¿Por qué la gente coge ejemplos nórdicos? Porque Paco Uriz hizo un gran trabajo, es dos veces Premio Nacional de Traducción. Y aquí nadie le había premiado. Era un poco absurdo. Está el Premio al Mejor Libro Editado también y luego están los de Política Lingüística.

Un escritor joven, ¿a qué premios puede concurrir con más probabilidad de éxito?

Pues a todos.

¿Los premios que dan instituciones privadas pueden ser más fáciles para alguien joven?

Hay un debate muy interesante entre premios públicos y premios privados. La editorial privada, o si alguien monta un premio y es privado, que haga lo que le dé la gana. Los que tenemos una obligación de transparencia absoluta somos las instituciones.

Concretando más la pregunta, ¿te han dado a ti alguno?

Sí.

Háblanos de otras corrientes en poesía. Partiendo de los llamados Novísimos, que son de los años setenta, ¿qué ha venido después?

Primero viene Gil de Biedma, que es el que lo cambia todo, y Ferrater, que hace que los Novísimos sean los novísimos.

¿Qué te parece la antología de Castellet?

Se quedan fuera poetas muy interesantes. En concreto se queda un aragonés fuera, un catalán que lleva toda la vida aquí, que es Francisco Ferrer Lerín, que es un pedazo de poeta. Y también se queda fuera Ricardo Barnatán. La mujer de Barnatán, que fue directora de Cultura de El Periódico durante muchísimos años, Rosa, una tía superinteresante también. A partir de ahí, es verdad que los novísimos marcan luego un legado para los postnovísimos, y Villena continúa con la línea de sacar nombres. Aparecen grupos bien interesantes, como hemos dicho antes, de la poesía de la experiencia, la de la sentimentalidad. Hay un grupo muy interesante que nace en Asturias, en Oviedo, donde está José Luis Piquero, donde está Martín López Vega. Hay un rebrote de esa poesía que es heredera directa de los novísimos. Y luego hay outsiders, que es lo mejor que le ha pasado a la poesía, que ahora mismo, creo, es el género literario más abierto, hay desde experimental a sentimental, hay de todo. Esto no está pasando en la novela, aparte del bum de la novela histórica… Cuando la gente se pone en contra de los outsiders, digo: «pero si es lo mejor que le ha pasado a la poesía». Están haciendo que se vendan miles de libros a gente joven.

¿Está todo inventado en poesía? ¿Cuál piensas que será la próxima revolución?

Está todo inventado en todo. La próxima revolución será tecnológica.

En poesía.

En todo. En la literatura. Hemos pasado por todas las partes, de poesía hiperexpresiva a poesía de aforismo pura. No me atrevo a decir por dónde va a ir, pero sí que va a ser cada vez más libre porque el poeta, reitero, es muy libre.

¿Contemplas una poesía transversal, que no sea en un papel?

Totalmente. Y además hipertecnologizado. Los poetas antes tenían pánico a decir que escribían en el ordenador. Decían que eras peor poeta si escribías directamente al ordenador. Hasta que salió Karmelo diciendo: «si yo no he escrito un poema a mano en mi vida». Va a cambiar todo… Hay una historia que es también muy habitual, el poeta que dice que es mejor poeta porque corrige mucho y es lento escribiendo. Qué más da, seas lento o seas rápido. Hay todavía muchos clichés históricos, pero se van a acabar derribando todos.  

¿Cómo podemos saber si un poema es bueno o malo?

Esto es lo de siempre como con cualquier cosa. Está el gusto, pero hay unos criterios de calidad obvios. El ritmo es uno de los elementos esenciales en la poesía. Si un poema no funciona técnicamente, va a ser muy difícil que le guste a alguien. El resto son adornos.

¿Tienes un método para escribir poesía?

Ahora justo lo que estoy haciendo es todo lo contrario que en el libro anterior. Estaba haciendo una poesía de versos de tres o cuatro líneas. Larguísimos. De aliento largo. Me gustaba mucho. Me servía para expresar muchas cosas. Y ahora estoy haciendo lo contrario, el verso más largo tiene cuatro palabras.

He leído algunos tuyos que me parecían un texto.

Sí, estaba haciendo eso y lo llevé a más y más. Ahora tengo la necesidad de ser más contundente y más parco en palabras. No sé cómo explicarlo.

¿Qué importancia le das a la forma?

La forma tiene que estar supeditada a lo que uno quiere contar. El error es intentar supeditar el poema a la forma. Para mí la poesía es una fórmula de expresión. A partir de aquí no la tengo prevista métricamente ni en cuestión de rima, que es lo que marcaría una medida de los versos. Es una obviedad, pero los versos miden lo que tienen que medir, hay cosas que hay que contar en largo y otras no…

¿Hay recursos literarios en tus poemas?  

Siempre los hay. Creo que el filólogo, por deformación, utiliza todo lo que ha aprendido.

Sobre la inutilidad de la poesía, Brecht escribió «Nadie dirá después / “fueron tiempos oscuros” / sino “por qué callaron los poetas”?» ¿Qué te sugiere?

Creo que la poesía es necesaria. La literatura genera un espacio de libertad donde puedes decir lo que piensas de verdad. Esto es un espacio de libertad si el autor lo sabe entender, porque en este espacio es en el único en que podemos ser libres. La poesía es importantísima, puedes decir cosas que piensas de verdad. Yo en un libro digo muchas más barbaridades de lo que te voy a decir en una entrevista.

Los poetas nos parecen siempre personas enclenques, ¿por qué son los primeros que matan en las guerras? A Lorca, parece que al chileno…

La poesía es un elemento que el poder no puede controlar.

Es esto de «por qué callaron los poetas».

Pasa cuando el poder no puede controlar algo que no es mercantil. Ni con el mercado han podido controlar la poesía.

Para acabar, recomiéndanos una antología poética, un vino aragonés que tenemos que probar y un sitio especial de la DGA dónde hacerlo.

Lo tengo clarísimo. En la terraza del Pablo Serrano al caer la tarde, con un Dos Tres Cuatro de Enate, leyendo El Parnaso 2.0, que es la antología de poetas aragoneses.


¿Qué castillo español compraríamos de estar en venta?

Según nos informaban los medios esta semana, el Castillo de Butrón se ha puesto en subasta por el módico precio de salida de 3,5 millones de euros. Aquellos lectores que estén interesados por esta bellísima fortaleza medieval restaurada en el siglo XIX han de saber que pueden pujar por ella en internet. Nosotros nos abstenemos porque no nos termina de convencer su ubicación, acabados y que además no hay metro cerca. Lo que nos ha llevado a plantearnos la duda de con cuál de estos «harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra», como los definía Machado, nos daríamos el capricho. Ahí van algunas sugerencias. Dado que hay más de dos mil quinientas fortificaciones en nuestro país alguna se quedará fuera, así que voten o añadan la que más les guste.

Alcázar de Segovia

Foto: Miguel303xm (CC)
Foto: Miguel303xm (CC)

Es un castillo roquero y mudéjar, es decir, que se construyó sobre las rocas de un peñasco para controlar mejor el entorno y en su estilo tiene influencias árabes, pues fue construido en tiempos de la reconquista, aunque previamente había allí una fortificación romana. En él vivió Alfonso X y se casó Felipe II y como pueden ver parece un castillo de cuento, aunque para ser exactos son los cuentos los que se parecen a él, concretamente Disney encontró aquí su inspiración para diseñar el palacio de Cenicienta. Actualmente contiene un museo, podrán encontrar más información aquí.

Castillo de Peñafiel

Foto: Lavadodecerebro (CC)
Foto: Lavadodecerebro (CC)

Con más de mil años de antigüedad, este castillo situado en lo alto de un cerro en la provincia de Valladolid se ha convertido en una imagen icónica y es además la sede de un museo del vino. ¿Cabe imaginar entonces un lugar mejor para atrincherarse? Lo que las tropas de la reina Urraca de Castilla no lograron asaltar tampoco lo conseguirá una turba de zombis. Pero si queremos aventurarnos al exterior al lado está la localidad de Penafiel, en la que encontraremos la iglesia de Santa María, que contiene el Museo Comarcal de Arte Sacro. Más información aquí.

Castillo de Guadamur

Foto: Antonio Soler (CC)
Foto: Antonio Soler (CC)

Al Sur de la provincia de Toledo encontraremos esta fortaleza que comenzó a construirse con influencia italiana en el siglo XV y que alojó a personalidades tan ilustres como Felipe el Hermoso y Juana la Loca. Ha sido además escenario de acontecimientos históricos como la invasión napoleónica, las guerras carlistas o la Guerra Civil. Actualmente es propiedad privada aunque hay partes que pueden visitarse.

Castillo de Colomares

Foto: Ismael zniber (CC)
Foto: Ismael zniber (CC)

Este castillo con forma de barco podría estar en Las Vegas sin desentonar pero en lugar de ello ha terminado en la localidad malagueña de Benalmádena. Comenzó a construirse en 1987 en homenaje a Cristóbal Colón, mezclando para ello diversos estilos y pareciéndose a Gaudí más que nada. De un Gaudí bajo los efectos del LSD y de tres temporadas seguidas de Hora de Aventuras, concretamente. No es recomendable utilizarlo para resistir asedios, pues que el enemigo lo bombardearía día y noche por el mero placer de hacerlo pedazos.

Castillo de Almansa

Foto: Mancha-La (CC)
Foto: Mancha-La (CC)

Situado sobre el cerro del Águila que le da así un aspecto imponente, tiene como tantos otros un origen árabe, aunque su aspecto actual se lo debe a su reconstrucción en el siglo XIV. En su interior actualmente se realizan fiestas locales, exposiciones de herramientas de tortura y veladas de terror. Parece un lugar acogedor.

Castillo de Manzanares el Real

Foto: Ramón Durán (CC)
Foto: Ramón Durán (CC)

Junto a la sierra de Guadarrama y al río Manzanares, es el castillo mejor conservado de la Comunidad de Madrid y no está en venta pero sí en alquiler. Comenzó a construirse a finales del siglo XV para la Casa de los Mendoza, aunque por su espectacular aspecto en invierno bien podría pertenecer a la de los Stark. Sobre las diversas actividades culturales que acoge a lo largo del año podremos encontrar más información aquí.

Castillo de Sigüenza

Foto: Randi Hausken (CC)
Foto: Randi Hausken (CC)

Esta mole de piedra da la impresión de ser tan sólida que no importa los milenios que pasen por ella. Sin embargo, desde el siglo XII en que fue construida su deterioro llegó a ser tan grande que tuvo que ser restaurado de arriba a abajo para recuperar su aspecto original y pasar a ser un Parador Nacional de Turismo de la provincia de Guadalajara. Más información aquí.

Palacio de la Aljafería

Foto: DP
Foto: DP

Actualmente ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y es la sede de las Cortes de Aragón. Pero desde que comenzó su construcción en el siglo XI ha tenido una gran variedad de usos que le otorgan un gran valor histórico. Fue inicialmente un palacio árabe, luego perteneció a los Reyes Católicos y sede de la Inquisición y más adelante escenario de la lucha contra las tropas napoleónicas durante el Asedio a Zaragoza.

Castillo de Almodóvar del Río

Foto: Cortesía del Ayuntamiento de Almodóvar del Río.
Foto: Cortesía del Ayuntamiento de Almodóvar del Río.

Su origen se remonta nada menos que al siglo VIII y, una vez más, su construcción corresponde a los musulmanes. Situada en la provincia de Córdoba, de ser una temible y orgullosa fortaleza que dominaba toda la región ha pasado a ser hoy en día un lugar en el que se celebran bodas, «noches de bodas con desayunos románticos» y eventos como team buildings. No lo consintamos más y devolvámosle su uso originario.

Castillo de la Atalaya

Foto: Antonio Bañón Francés (CC)
Foto: Antonio Bañón Francés (CC)

Situado en Villena, Alicante, fue construido por los árabes tal vez sobre una fortaleza romana previa y reconstruido en el siglo XIV. Ha sido asediado en múltiples ocasiones a lo largo de los siglos y durante la Guerra de la Independencia sufrió graves daños, aunque posteriormente ha sido reconstruido. Aquí pueden saber más.

Castillo de La Riba de Santiuste

Foto: Vegafotoswiki (CC)
Foto: Vegafotoswiki (CC)

Fue construido en el siglo IX en lo que ahora es la provincia de Guadalajara, sufrió diversas calamidades a lo largo de la historia hasta que en los años setenta fue adquirido por un particular —como vemos no es tan raro esto de comprarse un castillo—, aunque ahora permanece abandonado. Bueno, no completamente. Al parecer tiene un peculiar habitante al que el prestigioso espacio Cuarto Milenio le dedicó un programa. Resulta que es un castillo con fantasma incorporado, lo cual está muy bien, pues ninguno de los mencionados hasta ahora lo tenían y se echaba en falta. El problema es que a ese espectro sobrenatural los lugareños le han puesto de nombre Manuela. Y francamente, así es difícil aterrorizar a la gente.

Castillo de Cardona

Foto: Josep Renalias (CC)
Foto: Josep Renalias (CC)

Fue construido en el año 886 por Wifredo el Velloso, al que la leyenda atribuye haber creado también la bandera catalana con su propia sangre. Buena la lió. Este castillo, mucho tiempo después, ya en 1714, fue testigo de la Guerra de Sucesión y actualmente ha pasado a ser un Parador Nacional de Turismo. De él cabe destacar también su iglesia románica de San Vicente de Cardona.

Palacio Real de Olite

Foto: Guiex com (CC)
Foto: Guiex com (CC)

Comenzó a construirse en el siglo XIII y fue la corte del Reino de Navarra. Fue considerado en su tiempo uno de los más lujosos de Europa y hoy en día sigue conservando tal esplendor que hace no mucho tiempo una alcaldesa belga de visita, quizá extasiada ante tanta belleza, rompió a follar en uno de sus torreones. Pueden encontrar más información sobre este monumento aquí.

Castillo de Belmonte

Foto: turismocastillalamancha.es (PDP)
Foto: turismocastillalamancha.es (PDP)

El marqués de Villena ordenó construir a mediados del siglo XV esta fortaleza en lo que ahora es la provincia de Cuenca. Posteriormente quedó abandonada sufriendo un progresivo deterioro, hasta que la la emperatriz Eugenia de Montijo, casada con Napoleón III, hizo que se restaurara. En este castillo se rodó la película Los señores del acero y es hoy día sede de diversas actividades culturales, como puede verse aquí.

Castillo de Ponferrada

Foto: Turisleón (CC)
Foto: Turisleón (CC)

Este castillo del siglo XII ubicado en la provincia de León, es también conocido como Castillo de los Templarios, dado que inicialmente estuvo bajo el control de la Orden del Temple. En la antigüedad tenía un foso y un puente levadizo, que hoy en día lamentablemente no se conserva y que hubiera sido una eficaz barrera contra un posible desahucio.

Castillo de Coca

Foto: Rowanwindwhistler (CC)
Foto: Rowanwindwhistler (CC)

Este monstruo está construido en estilo gótico-mudéjar en el siglo XV y no con bloques de piedra como los anteriores sino con ladrillos, aunque no puede decirse que contribuyan a darle un aspecto mucho más esbelto. Quizá con la fosa llena de agua ganaría algo, o al menos se vería menos de él, que es tan grande como feo. Aquí puede encontrarse más información sobre esta fortaleza segoviana.

Castillo de Mota

Foto: Garijo (CC)
Foto: Garijo (CC)

Lo encontraremos en Medina del Campo, Valladolid, y también está construido en buena parte con ladrillo. Comenzó a erigirse en el siglo XIV y llegó a servir de cárcel para una de las personalidades más destacadas del Renacimiento, César Borgia (que tanto inspiraría a Maquiavelo para El Príncipe), y que lograría escaparse descolgándose mediante una soga. Aquí su página web.

Castillo de Loarre

Foto: DP
Foto: DP

Es un castillo abadía de estilo románico del siglo XI situado en Huesca, tiene un singular atractivo por su armonía con el paisaje, parece como si en vez de construirse hubiera sido directamente esculpido en la montaña. Pudimos verlo en la película de Ridley Scott El reino de los cielos.


Un café en Huesca

BUNker, teruel

Si pasan por la antigua carretera de Teruel a Zaragoza, a muy pocos kilómetros de Teruel, en un lugar llamado los Llanos de Caudé, presten atención al monótono paisaje. Y no corran. Pasarán a muy pocos metros de un pequeño mausoleo, con sus coronas de flores y su bandera republicana. Ese lugar que vislumbrarán a través de la ventanilla del coche con la fugacidad de las apariciones y los espejismos, señala el lugar donde estaba el antiguo pozo (uno de ellos) al cual fueron arrojadas las víctimas de la represión franquista. Durante mucho tiempo no hubo recordatorio alguno en el lugar. Solo los habitantes de la zona conocían la existencia de esa fosa común. Un pastor de la zona, a base de contar los tiros que escuchaba, llegó a contar 1005 víctimas. Hace poco la zona se urbanizó. Se pretendía construir un polígono industrial. Pero el monumento resiste. Y bajo el asfalto reposan los huesos de las víctimas, esperando que alguien se acuerde de ellas. No son los únicos restos que quedan por exhumar, ni en España ni en Aragón.

Muy cerca de allí, y no es ninguna casualidad, están las lápidas de tres pilotos alemanes de la Legión Cóndor, que fueron derribados en combate. Estas lápidas, al igual que muchos búnkers, trincheras, nidos de metralletas y otros restos de la Guerra Civil, se pueden visitar fácilmente y pueden ser punto final de una serie de excursiones a pie, en bicicleta, a caballo y en coche, que han sido adecuadamente reseñadas en dos libros fundamentales: Lugares de la guerra. 35 itinerarios por la batalla de Teruel y Más lugares de la guerra. Otros 35 itinerarios por la batalla de Teruel, de Alfonso Casas Ologaray. Si tienen tiempo y ganas, cojan una mochila y échense al monte; además de estos restos de la guerra, las sierras de Teruel tienen muchísimos atractivos: grandes bosques, montañas altas pero a las que es fácil ascender, con cumbres de 2000 metros, barrancos y paredes verticales para los que buscan la dificultad, ríos y pantanos donde pescar, bañarse o simplemente sentarse a descansar en la orilla, entre la sombra de los árboles, rincones tranquilos, solitarios, rincones para dejar volar la mente y olvidar los problemas. Luego vuelvan a la civilización. Mora de Rubielos, Rubielos de Mora, Albarracín, Valderrobles, son algunos de los muchos pueblos de la zona que merecen entrar en la categoría de pueblos más hermosos de España. Allí encontrarán buenos restaurantes y buenos alojamientos, con todas las comodidades posibles. Descansen y olviden. Pero no lo olviden todo.

LAPida aviador alemán, teruel 02

Este reportaje trata de esto. Del viaje hacia el pasado. Del viaje hacia una parte de nuestra historia reciente. Todo viaje es placer. Pero entre placer y placer no es incompatible un momento de reflexión. Hay historias terribles que tal vez deberían ser olvidadas. O mejor aún: deberían no existir. Pero por desgracia existen. Nosotros no podemos cambiar el pasado. Pero sí podemos conocerlo.

Para lo que les voy a contar a continuación tienen que conducir un poco más lejos. Pasen el largo valle del Jiloca. Pasen los viñedos de Cariñena. Dejen de lado Zaragoza, Fuendetodos, Belchite. Son lugares muy interesantes, que merecen una parada, pero lo dejaremos para otra ocasión. Ahora vamos hasta Huesca, hasta una de las comarcas más desoladas del país (de un país con muchas comarcas desoladas): los Monegros.

¡Ah! Y pongan música. Si puede ser pongan una vieja canción de un grupo británico llamado Manic Street Preachers. Un canción que ostentó el curioso récord de ser la canción que había llegado al número uno con el título más largo. Esta canción es If you tolerate this your children will be next y ese título no es una invención, es el lema de un cartel de la Guerra Civil española. ¿Sorprendidos? Escuchen la canción. Habla de caminar por Las Ramblas, de matar fascistas… La canción fue un gran éxito en 1998, como ya he dicho, justo 51 años después de la creación del cartel del que toma el título. Tal vez ustedes no hayan visto muchos carteles de este tipo. O quizá sí. Sé por experiencia que en algunos casos los carteles de propaganda bélica exageran la realidad. En este caso no hacía falta exagerar nada: un niño muerto por un bombardeo es un niño muerto por un bombardeo. La imagen es suficientemente terrible para llamar la atención y para remover conciencias (al menos de los que la tienen). Pero el cartel no estaba destinado a los españoles, que sufrían la guerra todos los días, sino a los que la veían de lejos, a los que tal vez pensaban que aquello no iba con ellos. Y ahí entraba el texto, que era tan terrible y tan acertado como la imagen: “Si toleras esto tus hijos serán los próximos”. Este cartel podía verse en las calles de Londres y otras ciudades europeas en 1937. Algunos le hicieron caso (muchos voluntarios de las Brigadas Internacionales sabían bien lo que se jugaban, y así lo dejaron escrito), otros no hicieron tanto caso y luego se arrepintieron: como el Gobierno americano cuando reconoció que debían haber ayudado a la República (“¡a buenas horas!”, podríamos decir), y otros, sencillamente, no le prestaron el menor interés. Por desgracia Hitler y Mussolini se encargaron un par de años después de dar la razón a los republicanos españoles. Después de todo sabían muy bien cómo hacerlo: la España republicana había sido un campo de pruebas perfecto.

Volviendo a la canción de Manic Street Preachers, uno podría preguntarse por qué un grupo de rock inglés de la década de los 90 ha decidido escribir una canción sobre una guerra que sucedió 60 años antes y en un país extranjero. Para empezar porque muchos ingleses lucharon en ella. Lucharon voluntariamente, lucharon porque creyeron que era su deber hacerlo. Lucharon llenos de idealismo y también, hay que decirlo, de espíritu de aventura. Para venir a jugarte la vida a un país que no es el tuyo y sin que nadie te obligue tienes que tener las ideas muy claras y ser un poco temerario. Así eran dos de los protagonistas de este artículo, un periodista aún desconocido: George Orwell, y un escritor ya famoso: André Malraux. No fueron los únicos, Hemingway, sin ir más lejos, también merece un lugar especial. Pero Hemingway apenas pisó el frente de Aragón. En cambio, Orwell y Malraux pasaron buena parte de la guerra en estas tierras, Orwell en las trincheras de la sierra de Alcubierre, en los Monegros, y Malraux volando sobre las sierras de Teruel en los aviones que él había conseguido para el bando republicano, que, como es bien sabido, estaba muy necesitado de casi todo. Los dos sobrevivieron y los dos escribieron sobre lo que habían vivido. Orwell escribió un libro fundamental: Homenaje a Cataluña, y Malraux escribió una novela, La esperanza, que inmediatamente después fue convertida en película del mismo título.

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Los que hemos tenido la suerte de no vivir ninguna guerra no necesitamos más que leer unas cuantas páginas de Homenaje a Cataluña para hacernos una idea veraz de cómo fue aquello. “No luchábamos contra los fascistas, luchábamos contra los piojos”, llega a decir Orwell. Sus descripciones de la vida en el frente son tan exactas y a la vez tan escuetas que es muy fácil ponerse en la piel del escritor. Pero si no tienen bastante con el libro, o mejor dicho, porque no deberían tener bastante con el libro, si tienen ocasión viajen hasta el pueblo de Alcubierre, en Huesca, y siguiendo las indicaciones lleguen hasta las antiguas trincheras, muy cercanas al pueblo. Verán que han sido restauradas. Que han sido acondicionadas para ser visitadas. Verán que el Gobierno de Aragón ha editado unos magníficos folletos explicativos. Verán que hay paneles y carteles con fotos y señalizaciones, que hacen muy cómodo e interesante el paseo por ese lugar. Pero sobre todo salgan de la senda, métanse en el monte, contemplen la tierra reseca, el altiplano árido y frío, recuerden cómo Orwell nos habla del frío, de la soledad, de la desesperante rutina, de la continua visión del enemigo, tan cerca pero tan inalcanzable (al igual que las luces de la ciudad de Zaragoza, que Orwell llegaba a ver desde su posición en las noches despejadas), de la suciedad y la sed, y del ansia de lucha y del miedo, del dolor, de los compañeros caídos, de las falsas noticias, y de las malas noticias que caían en forma de papel desde aviones enemigos (la noticia de la caída de Málaga a manos de los nacionales, llegada del cielo para desmoralizar a unas tropas a las que les faltaba casi de todo pero les sobraba moral), y de la larga y postergada esperanza de victoria. Si están un momento solos y cierran los ojos casi podrán imaginarse que son George Orwell, o cualquiera de sus compañeros del POUM, siempre conservando el buen humor. “Mañana nos tomaremos un café en Huesca”. Esa era la broma habitual. Cada día, cada semana, esperando la ofensiva, esperando la gran batalla entre escaramuzas inútiles, piojos y frío. Al final la ofensiva llegó pero Huesca resistió. Orwell fue herido, pasó por diversos hospitales: Siétamo, Barbastro, Lérida, Monzón… Y luego volvió a Barcelona y se enteró de que su partido adoptivo, el POUM, había sido ilegalizado. Orwell lo cuenta todo con pelos y señales. No ahorra ningún sufrimiento al lector. Pero hace también algo muy importante: se molesta en rebatir a otros corresponsales, algunos de los cuales escribían sus crónicas sin pisar el lugar de los hechos. Incluso mintiendo descaradamente. Al final, George Orwell, como muchos de sus compañeros, tuvo que salir del país casi como un fugitivo. Pero siempre le quedó pendiente algo. “Si alguna vez regreso a España, me tomaré un café en Huesca”. No lo hizo. No pudo hacerlo.

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Si ustedes pasan por Huesca, si creen en la literatura y en la verdad, tómense un café en recuerdo suyo. Les llevará solo un momento. Y luego pueden ver los cercanos castillos de Montearagón y de Loarre, además de los Mallos de Riglos. O pueden subir a Jaca o a Canfranc.

La estación de Canfranc es hoy un lugar desolado. Hace poco se iniciaron unas obras que pretendían convertirla en un hotel de lujo. Pero la crisis acabó con ellas. Viendo los vagones oxidados, las oficinas arrasadas, las cornisas que sirven de nidos y se caen a trozos, cuesta imaginar cómo sería este lugar en los duros años de la posguerra. Por allí pasaron muchos judíos que huían desde lugares distantes a miles de kilómetros (y en muchos casos su buena suerte acabó allí: fueron detenidos y repatriados). Además de los gendarmes franceses y de los policías españoles, durante la Segunda Guerra Mundial existió un destacamento de soldados alemanes y por ella entraron a España, en vagones de mercancías, las casi 100 toneladas de oro con el que Hitler pagaba el wolframio a Franco y a Salazar. Este edificio esconde lujo, belleza, sueños, esfuerzo y secretos, muchos secretos. Es uno de esos lugares que está pidiendo a gritos una buena novela. Dejen el coche y anden por las vías. O métanse en el bosque y paseen por los alrededores. Pero no se despisten. Las noches del Pirineo son frescas o directamente frías. Mejor volver hacia el sur.

En todas las guerras al final lo único que cuenta es matar o morir. De eso, de matar y morir, aprendió mucho George Orwell, que en el momento de ser herido estaba disparando contra los fascistas… “Pero resultaba casi divertido, pues los fascistas no sabían de donde venían los disparos y yo estaba seguro de acertarle a alguno tarde o temprano. Sin embargo, las cosas resultaron justo al revés: un tirador fascista me hirió”. La sinceridad de Orwell es apabullante, pero se queda corto: no le hirió, casi lo mata. De hecho, si salvó la vida fue por los primeros auxilios de un fotógrafo americano que estaba de centinela (Harry Milton, compañero del POUM) y también por esa suerte inexplicable que tantas veces decanta la balanza: la bala pasó rozando la arteria, pero le atravesó el cuello limpiamente. Orwell llegó a ser el gran escritor que fue por una cuestión de milímetros.

De eso, de matar y morir, también aprendió mucho André Malraux. Malraux, como Hemingway, pensó en qué podía ser más útil a la República y decidió conseguir pilotos y aviones. Uno de esos aviones se estrelló en los montes de Teruel, muy cerca de Valdelinares, el pueblo más alto de España, y los vecinos de la zona rescataron al piloto herido y, cargándolo en una improvisada camilla, lo transportaron por los caminos de las sierras durante dos días hasta ponerlo a salvo. Además, por si fuera poco, cargaron también con los restos del motor del avión. Malraux se quedó impresionado con su humildad y su espíritu solidario. Estos hombres no sabían nada de mecánica de aviones. Habían cargado durante dos días con un montón de chatarra muy pesado y absolutamente inútil, pero las buenas intenciones, si no bastan, al menos sí se deben dignificar, y eso lo comprendió inmediatamente Malraux, que utilizó esta anécdota como punto de partida de su novela y posterior película.

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Idealistas y pragmáticos. Todas las guerras están llenas de idealistas y pragmáticos. La película de Malraux llegó tarde, cuando se estrenó la guerra ya estaba casi perdida. Y Malraux, como Orwell, nunca volvió a España. Como ellos hubo muchos más. No sé cuál era el porcentaje de idealistas y de pragmáticos en las Brigadas Internacionales pero creo que no me equivoco si digo que debían abundar los primeros. En los momentos tranquilos del viaje, piensen en una historia que me contó mi abuelo. Mi abuelo, permítanme que lo diga, luchó en el bando republicano. Luchó porque le tocó luchar, como muchos otros. Mi abuelo no solía hablar de la guerra. Y yo, la verdad sea dicha, tampoco solía preguntarle mucho. Pese a todo, en una ocasión me contó, no recuerdo cómo empezó la conversación, cómo algunos soldados que él conocía, vecinos suyos, habían vuelto del Teruel recién conquistado con los bolsillos llenos de unos billetes que en la zona republicana no tenían ningún valor. No los destruyeron. Ni los dejaron donde estaban, en el suelo, entre los escombros. Decidieron guardárselos “por si acaso”. Ese “por si acaso” dice mucho de esos soldados. Y uno no puede evitar preguntarse: ¿qué habría hecho Orwell, qué habría hecho Malraux, qué habría hecho cada uno de nosotros?

Cuando pasen por Teruel, suban a sus torres mudéjares. Sigan la ruta de los edificios modernistas. Si tienen niños, pasen el día en Dinópolis. Aunque no entre en sus planes, quédense a pasar la noche. Encontrar un buen hotel, céntrico y barato, no les costará mucho. Y después de cenar dense una vuelta por la plaza del Torico y las calles adyacentes. Encontrar un buen pub o un buen bar no les costará casi nada. La ciudad resultó muy dañada en los diversos ataques del 37-38. Pero los edificios fueron reconstruidos. Y se aprovechó para ensanchar algunas calles y abrir algunas plazas. Aunque al mismo tiempo se derribó la única iglesia románica que quedaba en pie. Los idealistas y los pragmáticos, siempre mezclados, siempre luchando y trabajando codo con codo, en la guerra y en la paz.

Si se acercan a Alcañiz, si visitan el castillo (hoy convertido en un estupendo Parador), recuerden, aunque solo sea por un momento, a esa maestra republicana que decidió llevarse de excursión a los niños de la escuela. Hoy nada en ese lugar recuerda qué sucedió aquel día. Era un día soleado y la maestra pensó que era una buena ocasión para subir al castillo. No podía pensar que unos aviones iban a descargar sus bombas sobre ella. Y luego recuerden ese viejo cartel de la República, y piensen en esa terrible frase de advertencia, de súplica, que luego, 50 años después, se convirtió en el estribillo de una canción que iba a llegar al número uno de las listas de éxitos inglesas. Los propagandistas de la República por desgracia no tuvieron que rebuscar mucho para encontrar una imagen que simbolizara todo el horror que vivía el pueblo español: tenían de sobra donde elegir. El bombardeo de Alcañiz solo fue uno entre tantos.

Piensen en ello, en lo que han visto. Recuerden cómo era la vida de miliciano que Orwell contó en sus libros y que ustedes aún pueden casi revivir con un breve paseo por las trincheras de Alcubierre. Hay lugares hermosos y lugares terribles, y hay lugares hermosos y terribles a la vez. En Teruel y en Huesca hay algunos de ellos. Visítenlos con calma. Detengan el coche y hagan fotos. No tengan prisa y déjense llevar. Vean ermitas góticas encaramadas a las rocas. Trepen por las ruinas de sus castillos. Si quieren esquiar, esquíen. Si quieren vivir emociones fuertes, vayan a la sierra de Guara y desciendan los cañones del río Vero. Muy cerca de allí está Barbastro, donde iban a parar todos los heridos de Alcubierre, después de un penoso viaje en camión que Orwell tuvo que vivir en persona y cuyo relato no expondré aquí pues merece la pena que lo lean ustedes mismos. Háganlo. Vean. Lean. Hablen con la gente del lugar. Después saquen sus propias conclusiones. Pero no olviden. El recuerdo no inmuniza contra la barbarie. Pero el olvido es mucho peor.

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Juan Alberto Belloch: “Rubalcaba tiene algo de Merlín, ha sobrevivido a todo”

Juan Alberto Belloch Julbe (Mora de Rubielos, 1950) es alcalde de Zaragoza desde 2003. Juez desde 1976 y magistrado desde 1981, acumuló destinos durante su carrera hasta presidir la Audiencia Provincial de Bilbao a finales de los ochenta. Fue portavoz de Jueces para la Democracia y fundador de la Asociación de Magistrados Europeos para la Democracia y las Libertades. Durante el último gobierno de Felipe González fue simultáneamente ministro de Justicia y de Interior. Nos recibe en su despacho consistorial, a los pies del crucifijo de plata y caoba del Siglo XVII que un ordenanza traslada al salón del Ayuntamiento cada vez que se celebra un pleno. A nuestra espalda, un gran lienzo de Agustina de Aragón. Acaba de arrancar su tercer periodo como alcalde de la ciudad, por primera vez sin mayoría, con las manos más atadas que nunca. Admirado y odiado, persona próxima y atenta o soberbia y vanidosa según quién cuente la película, nadie duda de que nos encontramos ante un auténtico animal político.

¿En qué estado se encuentra ese proyecto sobre una especie de Las Vegas en los Monegros? Si se materializara, ¿cómo prevé que puede afectar a la ciudad de Zaragoza?

Siempre he sido escéptico, nunca creí que ese proyecto fuera realizable en los términos en que se planteó. Es cierto que existe un mercado potencial, en los países árabes y en el este de Europa, que desde hace tiempo busca en el sur de Europa un lugar semejante a Las Vegas. Pero el tiempo me ha dado la razón porque el proyecto está paralizado. De llegar a materializarse podría ser útil. El interés por el turismo es indudable y no creo en el tópico de que creara problemas de seguridad. Pero el hecho es que el proyecto está paralizado.

Zaragoza está entre las cinco mayores ciudades españolas, sin embargo es percibida más como una ciudad grande que como una gran ciudad. ¿Qué es necesario para alcanzar ese estatus, simbólico pero con consecuencias reales? ¿Son los grandes eventos un atajo en ese camino?

Un matiz: somos la cuarta ciudad en actividad económica. Respecto a ese carácter simbólico, creo que la Expo de 2008 convirtió a Zaragoza en una gran ciudad. El problema es seguir siéndolo, que no haya marcha atrás, porque no se está siempre en primera división: si se hacen mal las cosas bajas a segunda. Cuando publiquéis esto ya se sabrá si se ha ganado la capitalidad europea de la cultura para 2016: esto equivaldría a estar jugando la Champions… Dicho esto es obvio que sí que creo en los grandes eventos.

La incipiente alianza de gobierno con IU y CHA ¿le hará renunciar al proyecto de unos juegos olímpicos de invierno y a una nueva Expo?

A Expo Paisajes, sí. Ya se ha visto que la mayoría no lo quiere y por lo tanto sería absurdo continuar. El caso de los juegos olímpicos no es lo mismo, a lo que nos hemos comprometido es a no liderar el proyecto. El pacto de gobierno me obliga a dejar de presidir la candidatura, pero no a dejar de perseguir unos juegos olímpicos de invierno.

¿Siguen vigentes las tesis de Richard Florida sobre tecnología, talento y tolerancia? ¿Está actualmente Zaragoza en condiciones de atraer a la clase creativa que según él es el motor del crecimiento?

El paso del tiempo no hace nada más que confirmarlas. Nosotros queremos materializarlas en algo similar a lo que fue la Residencia de Estudiantes el siglo pasado adaptada a la actualidad. Además de estar juntos científicos y artistas, tienen también que estar tecnólogos y emprendedores y que sirva de atractivo para profesionales de primer nivel. La iniciativa pública está ahí, pero en las actuales circunstancias seguramente costará que los proyectos privados se pongan en marcha. Sin el apoyo institucional, estos proyectos no se pueden hacer. Pero una “milla digital” no puede ser pública, es el mercado el que determinará las fechas.

¿Puede dar a nuestros lectores tres buenas razones para visitar e incluso mudarse a Zaragoza?

La ventaja más obvia es que estamos a una hora y cuarto de Madrid y Barcelona. Pese a su población, todavía es cómoda, andable. Tiene una movilidad cómoda y tranquila en tranvía, en bicicleta y con pocas emisiones. Y tiene infraestructuras y servicios para una ciudad de más de un millón de habitantes, incluida la cultura. Adicionalmente, es una ciudad muy segura.

Respecto a un corredor de transporte de gran capacidad entre España y Francia: Cataluña y Valencia defienden un corredor mediterráneo, Aragón defiende un corredor central pirenaico. ¿En qué medida depende el futuro de la ciudad de esta decisión?

No sólo el futuro de la ciudad, sino el de Aragón y también en buena medida del centro y Este de la Península. En cualquier caso no se trata de elegir, son dos propuestas distintas. El corredor del Mediterráneo ya existe. Sin embargo nunca ha existido un corredor en condiciones en el Pirineo central con túneles de cota baja. Son dos proyectos necesariamente compatibles.

Estas luchas entre regiones y la estructura de poderes autonómicos, ¿están convirtiendo a España en un país del “sálvese quien pueda” regional?

Es evidente que mucha gente duda de la efectividad de nuestro sistema de autonomías. Mi posición es que este sistema ha sido un éxito rotundo. El hecho es que hoy en día España no es como Italia. En Italia hay una diferencia económica, social y cultural entre el sur y el norte de tal calibre que existe un riesgo real de secesión. En España el sistema de autonomías ha evitado que se perpetuaran las grandes diferencias históricas, no sólo las económicas: la calidad de los servicios básicos es prácticamente idéntica en todo el país. Por otro lado, gracias a las CCAA se ha podido comenzar a rescatar mucho de nuestro patrimonio, que se dirigía a convertirse en ruinas. Las diferencias son abismales respecto a cuando se gobernaba desde un ministerio en Madrid. El siguiente paso, obviamente, es que las ciudades dispongamos de suficiencia financiera y de más autonomía. A día de hoy no tenemos la capacidad y los recursos para dar los principales servicios adecuadamente a los ciudadanos.

En su doble condición de juez y político, ¿cree que el Tribunal Constitucional goza de la necesaria independencia? Hay partidos políticos que reclaman su reforma.

Está claro que no se trata del TC inicial, el de Tomás y Valiente, que era respetado por todas las fuerzas políticas y por los juristas; ha perdido su prestigio. Se han tenido más en cuenta para los nombramientos las preferencias políticas que la capacidad técnico-jurídica y eso es un error. El TC no puede ser un terminal de los partidos políticos para que las personas más afines entren o dejen de entrar. Por otro lado es un escándalo que no se renueve dentro de los plazos. Sin duda, cuando haya elecciones, quien tendrá más prisa será el Partido Popular.

¿Por qué hay tanto miedo a emprender una reforma de la Constitución?

Digamos que somos un país escarmentado. Aquí hubo cuarenta años de dictadura. Nos da miedo, al menos a los de mi generación, “abrir el melón” de la Constitución porque ¿qué temas tocamos? Hay algunos en los que casi todos estamos de acuerdo, como la reforma del Senado o la sucesión a la Corona. Además, una reforma sólo sería posible con un acuerdo cerrado PP-PSOE, al que posteriormente podrían sumarse otras fuerzas políticas. Y no están los tiempos como para llegar a acuerdos sólidos en ninguna materia dada la permanente confrontación. Y en el fondo hay un cierto temor a un cambio de un texto que nos ha permitido el periodo más largo que hemos tenido en España de prosperidad y paz civil.

Después de 35 años de democracia para los ciudadanos la clase política parece seguir sumida en el descrédito, ¿qué se necesita para cambiar esa percepción?

Según las encuestas el desprestigio es similar para políticos, jueces y prensa. Hasta hace poco he participado en tertulias radiofónicas y escribía columnas en prensa, así que se puede decir que yo encarnaba las tres profesiones con peor prestigio entre la opinión pública… En cierta manera, a los políticos nos pagan para ser chivos expiatorios y cuando hay frustración es normal que la mirada se dirija a nosotros. Pero además de eso, la confrontación permanente entre dirigentes políticos aumenta el descrédito. No existe un mínimo respeto institucional, más bien estamos sumidos en peleas de taberna.

Otro reconocido juez que entró en política fue Baltasar Garzón. Su reciente alejamiento, ¿es la consecuencia de aquella entrada en política o de sus errores como juez?

La carrera de Garzón es muy compleja porque tiene de todo. Hay páginas absolutamente elogiables en todo lo que se refiere a las dictaduras y a abrir el derecho internacional a la persecución penal de crímenes contra la Humanidad. También en la lucha antidroga y, salvo algún error puntual, en lo que se refiere a la persecución del terrorismo de ETA. Logró demostrar y transmitir que Batasuna no era nada más que el brazo político de ETA. Pero también es verdad que tiene una gran afición, para ser juez, a estar en primera plana en los medios de comunicación. Y un juez debe de tener cuidado, hay que leerle las sentencias más que estar permanentemente en la palestra pública. Ése es un papel más de la política que de la justicia y eso es lo que en mi opinión le ha perdido, al margen de los errores puntuales que determinan su procesamiento. Es cierto que si la Sala Segunda del Tribunal Supremo dice que hay indicios de que ha cometido un delito yo tengo que respetar a la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Pero creo que ha sido su permanente exposición pública la que le ha hecho más frágil.

¿Se plantea retomar la carrera judicial en el futuro?

No, definitivamente no (risas). Tras haber sido ministro de Justicia no se puede volver a ser juez, es una cosa muy complicada.

En el siglo XVII a España se le terminó la burbuja de la plata americana y el retraso tecnológico y cultural le impidió poder competir haciéndole perder el tren de Europa y quedándose atrás. Hoy, tras la burbuja inmobiliaria y financiera, ¿estamos viviendo otro siglo XVII?

No estamos en una época de monocultivo. Es verdad que el mercado inmobiliario fue el principal factor de crecimiento de la economía, un crecimiento exageradamente rápido. Llegabas a España y lo primero que veías eran grúas, eso no sucede en otros países. Pero la economía real de España es más amplia. Tenemos cientos de empresas con una enorme capacidad exportadora y grandes empresas en el terreno de las telecomunicaciones, las finanzas y la energía. Cuando se habla últimamente de un posible rescate de España… no soy pesimista en ese sentido. Lo que hay que hacer es aprovechar mejor lo que tenemos. Todo el mundo sabe que la fachada de rascacielos a lo largo del Mediterráneo es un disparate; y no hace falta ser ningún experto, cualquiera lo ve y piensa que alguien se ha vuelto loco. Hay que aprovechar la crisis para reordenar el urbanismo, que es incompatible con un turismo de futuro, regresar a la ciudad mediterránea, consolidada y al mismo tiempo promocionar el alquiler… Hay que cambiar el modelo aprovechando las circunstancias.

Llegan por todas partes mensajes sobre aumentar la flexibilidad que se traducen en el lenguaje de la calle como “cutrerío laboral” y desamparo. ¿Esto va a tener fin? ¿Hasta dónde se puede tensar la cuerda?

Yo creo que está a punto de no poderse tensar más. Con Grecia estamos exagerando todos los que formamos parte dela UE, porque es la UE la que está forzando las cosas más allá de lo que la gente puede tolerar. La solución para Grecia no puede pasar por exigir que pague lo que debe, sino que debe ser sujeto de procedimientos de quita y espera, un programa sensato que no obligue al país a vender todo su patrimonio y coloque a sus trabajadores en una situación imposible. Hay que atender también a la sostenibilidad social, que es la que está en peligro.

La población que se suma al movimiento de los indignados parece cada vez más enfadada. ¿Considera que es posible una escalada de violencia descontrolada?

Es verdad que un primer momento se sumaron personas muy distintas. Pero no se puede confundir un grupúsculo anarco-fascista perfectamente identificado con los veinte mil ciudadanos que se manifestaron en Zaragoza, familias enteras de todas las clases sociales. El grueso del movimiento se desmarcó de la violencia, si tiene algún rasgo característico es que es pacifista. Lo que le falta es tener portavoces e interlocutores claros, ser capaces de negociar con las instituciones aun a cambio de institucionalizarse más y atreverse a tener un programa negociable, una mayor precisión en la definición de sus objetivos. Es posible que este movimiento se convierta en el poder más importante no institucional.

Uno de los lemas de los indignados es “contra el bipartidismo”. ¿Cree que la subida electoral de IU y UPyD es coyuntural o responde a esta misma corriente de fondo?

Creo que en principio es más contra la política en general. Hombre, PSOE y PP somos los mayores partidos y por lo tanto nos tienen “especial ganas”. Pero aquí han silbado a IU, a Chunta, y a todos. En cualquier caso, una reforma de la ley electoral, que es la pretensión de estos partidos, depende de nosotros; sin PSOE y PP no se puede hacer. Por lo tanto, lo sensato es dialogar y negociar con nosotros.

Sobre el papel de la socialdemocracia, ¿van a quedar las conquistas sociales de la segunda mitad del siglo XX como una mera anécdota histórica?

A lo largo de la historia, en España y en otros países, hay una corriente progresista y una corriente conservadora. En su origen, el progresismo lo representaba el liberalismo político, las cartas de derechos políticos. A ello la socialdemocracia incorpora, creo que de manera definitiva, nuevos derechos sociales como los sistemas de salud. Hoy en día nadie propone liquidarlos y la única diferencia con los conservadores se encuentra en un intento de favorecer a la sanidad privada. Pero el acceso universal a la educación y a la salud nadie lo cuestiona y no va a ser un recuerdo del pasado. El tema real es ¿qué debemos hacer ahora los progresistas? Hay que ampliar el horizonte a otros ámbitos más allá de los derechos civiles y sociales

Las uvas de la ira, película de John Ford basada en la novela de Steinbeck, mostraba el drama de unos campesinos cuyas tierras son expropiadas. ¿Tendría sentido decir que John Ford era más de izquierdas que la mayoría de los políticos de izquierda actuales?

Una novela terrible. Bien, John Ford era exactamente un liberal. Y mira que esa palabra hoy y aquí suena fatal porque también se proclama liberal un Jiménez Losantos, es decir, la extrema derecha. Pero fue una palabra muy prestigiosa. En Europa hemos tenido una actitud pedante de quitarle importancia al progresismo de los liberales norteamericanos.

¿Por qué en el mundo ya casi no se hace cine político como el de los años setenta, cuando se estrenaban películas como Todos los hombres del presidente, que cuestionaban el poder político vigente?

Sí, el cine se está reduciendo a la gran taquilla y posiblemente ha abandonado la reflexión política. Quizá porque las personas que realmente estamos interesadas en estos temas tenemos otras vías de aproximarnos a ellos y ya no son tan necesarias las películas con contenido político. En cualquier caso, en términos de pedagogía política una buena película puede enseñar más cosas y más rápido que estar estudiando y leyendo por internet. Pero sucede como con la prensa escrita, no creo que vaya a desaparecer finalmente, tan sólo se va a reducir y sobrevivirán los periódicos que logren lo que logran muy pocos: ser veraces y ser profundos, que es su única ventaja evidente frente a otros medios más rápidos. Sólo sobrevivirán los buenos. Y seguramente con el cine político pasará algo parecido.

¿Qué opina del cine de Michael Moore? ¿No temen los políticos que aparezca una versión española decidido a sacarles los colores?

Nada que temer, sería muy positivo. Lo que es complicado es darle el sentido del espectáculo que le añaden los americanos, convertirlo en algo divertido, entretenido y al alcance de cualquier persona.

¿Qué pensaría George Orwell si levantase la cabeza y viera que hay un programa de TV llamado Gran Hermano?

Nunca he visto ese programa salvo pasando con el mando a distancia. Incluso me pongo nervioso para no ver ni una sola escena… me parece abominable. Supongo que se horrorizaría y cambiaría de canal rápidamente (risas)

¿Deberían los despachos de los políticos y administradores tener cámaras como en Gran Hermano para que veamos siempre de qué se habla ahí?

En ese caso, los temas importantes se irían a tratarlos al bar. En la parte de la ejecución de los proyectos, tal vez hay algo de cierto en este propósito. En cambio, en el inicio de estos, en ocasiones no se pueden hacer públicos porque los matarías antes de nacer, casi siempre. Sólo cuando ya no es un feto, un bebé, tiene robustez, entonces aguanta una mayor transparencia. Hay muchos ejemplos prácticos que se ven todos los días, la forma típica de destruir una idea es sacarla prematuramente a la palestra. Por lo tanto, en la formación de una idea o proyecto es normal que exista discreción. En todo lo demás, la transparencia siempre es positiva. Por otro lado y regresando a las ciudades, ninguna administración es tan transparente como la municipal. Cualquier miembro puede pedir toda la documentación sobre cualquier tema y se le debe dar, legalmente. Eso no ocurre ni en el gobierno de España, ni en los de las CCAA, ni en las instituciones europeas. En el caso concreto de Zaragoza, la ciudad produce infinitamente más documentación que el gobierno de Aragón.

La reciente ruptura de negociaciones por parte de la CEOE invita a pensar que el poder económico da por amortizada esta legislatura y que en la próxima, dadas sus expectativas, sus reclamaciones serán mejor atendidas. Ante estos síntomas de parálisis, ¿tiene sentido el adelanto electoral?

Lo que quieren una parte de los empresarios organizados es que durante esta legislatura se adopten todas las medidas duras que después ya no se van a poder adoptar. Es decir, quieren aprovechar para llegar hasta el final en las reformas que proponen. Y sucede que no les gustan las que proponemos nosotros. La última, sobre la negociación colectiva, les habría gustado que fuera de otra manera. Y les está sucediendo lo mismo que a la UE con Grecia, creen que se puede tensar indefinidamente la cuerda. Sin duda, si el PP obtiene una mayoría absoluta, todo lo que plantea la CEOE se convertirá en realidad en pocos meses. Pero lo más desagradable prefieren que lo haga Zapatero. Y sin duda, en mi opinión, una parte dela CEOE desea que España necesite ser rescatada como vía a obtener todas las medidas duras con las que ellos sueñan por las noches. Creen que es su gran oportunidad.

¿Considera suficientes los pasos dados por la izquierda abertzale? ¿Imagina un País Vasco gobernado por Bildu?

De momento está claro que no se han alejado suficientemente de ese mundo. Les cuesta un trabajo extraordinario condenar la violencia de ETA y pedir que se disuelvan. Sin embargo es cierto que han comenzado a hacerlo, aunque sea de manera matizada. Es una especie de proceso con el que si continúan, podrían terminar siendo un partido normal, de izquierdas, que sea perfectamente constitucional. Está el ejemplo de Euskadiko Ezkerra, que se constituyó en partido cuando se disolvieron los “polimilis” con un largo historial de crímenes detrás. Mario Onaindía renunció y denunció aquel pasado. Pero si se mantienen las medias tintas, esto difícilmente llegará. Y la situación actual les impide pactar, algo casi imprescindible para gobernar en el País Vasco. Hoy por hoy, su mundo es muy limitado. En resumen, si bien ETA no va a durar más allá de unos o dos años, su equivalente político va a necesitar más tiempo para adaptarse a las exigencias del sistema democrático. Y todo esto sin olvidar que están vigilados por la legalidad y que la legalización puede tener una marcha atrás. En cualquier caso, les conviene retirar su apoyo absurdo a una pandilla de asesinos.

En Los Sueños (recopilación de relatos sarcásticos) Quevedo escribió que los abogados y los alguaciles siempre iban al infierno. Si Quevedo viviese hoy, ¿a quién mandaría al infierno?

Pero de los jueces no dice nada (risas). Mandaría al infierno a los mismos que están mandando desde el movimiento 15-M, no creo que hubiera mucha diferencia. Personalmente a Quevedo lo adoro, habrá otros en España que hayan hecho mejores cosas, pero globalmente es el más completo. Era muy político, un escritor magnífico y un gran libelista que ayudaba a Lope de Vega cuando lo ponían a caldo y además un espadachín acojonantemente bueno. Por cierto, nunca se le ha hecho una película a su altura. En cualquier caso, tenía una gran capacidad política, así que seguramente a la hora de mandar al infierno excluiría a los políticos y, desde luego y no es broma, a los jueces. Y lo digo yo que soy juez casi genéticamente hablando, de diez generaciones (risas)

¿Qué libro o película le hubiese gustado protagonizar?

Seguramente no tengo cualidades para protagonizar una película. Algún amigo me dijo, cuando era más joven y más delgado, que podría ser bueno para hacer de malo en las películas por los rasgos acentuados, las ojeras… En fin, otra cosa es qué vida me hubiera gustado vivir. Y ahí diría Quevedo o Juan de Austria. Me encanta, desde que siendo pequeñito lo mandan al pueblo como hijo bastardo y a partir de ahí se crea a sí mismo hasta vencer en Lepanto. Los celos que le tenía Felipe II eran epopéyicos, lo odiaba con todas sus fuerzas, pero pasó a la historia. Y en tiempos más recientes, quizá me hubiera gustado ser algún director de cine norteamericano.

Qué libro, película u obra de ficción podría protagonizar… Francisco Camps.

Algún sainete (suspiro)

Cándido Méndez.

Cándido Méndez muchas, que tiene una cara muy robusta y muy especial. Creo incluso que da el tipo del sindicalista cinematográfico, se refleja bien (risas). Hay que decir que es una buena persona, es de los que les gusta ser feliz y lo intenta. Y no está permanentemente enfadado. Yo le tengo afecto y respeto.

Baltasar Garzón.

Su propia vida ya es una película.

Federico Jiménez Losantos.

(Aspaviento) Este hombre es de Teruel y es lo que más me preocupa, porque no me gusta tener ningún convecino de esas características. Yo creo que no puede hacer ningún buen papel en ningún sitio.

¿Realmente existe Teruel?

No sólo existe, sino que es el lugar más bonito de España. Hay muchos terueles ocultos, con prácticamente la totalidad de paisajes sintetizados en un único sitio. Por lo tanto existe, sí, y va a existir con más fuerza en el futuro.

¿No se vive más tranquilo en un lugar inexistente?

Sí, ma non troppo (risas)

¿Qué personaje de la actualidad encarnaría mejor a Don Quijote?

Nadie mejor que Fernando Fernán Gómez, que además su temperamento era así. Generoso, arriesgado, inteligente y con chispa.

¿A Mary Poppins?

Soraya Sáenz de Santamaría y no son ganas de fastidiar, eh, es que es verdad.

¿Al pirata Long John Silver?

Busca una foto mía de cuando era ministro, ponle un loro, y daba el tipo perfectamente. De más joven me llamaban Sandokán. Ahora ya con estos kilos es difícil imaginarlo.

¿A Harry el Sucio?

Es un personaje enternecedor. Bajo la apariencia de chapuza, es un personaje lleno de vida y de sensibilidad, aparentemente escondida, extraña, desapacible con lo que a veces hace.

¿Al mago Merlín?

Hace unos años habría dicho Pío Cabanillas, con su frase “no se sabe quién ganará pero ganaremos nosotros”. Rubalcaba también tiene algo de Merlín, ha sobrevivido a todo. Una vida complicada, larga, difícil, con puestos de responsabilidad.

Fotografía: Jesús Llaría