Free y la maldición de «All Right Now»

English rock group Free performing at the Royal Albert Hall, London, 11th February 1972. Left to right: Andy Fraser, Paul Rodgers and Paul Kossoff (1950 - 1976). (Photo by Michael Putland/Getty Images)
Free actuando en el Royal Albert Hall, 1972. Fotografía: Getty Images.

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Los Beatles tenían las melodías y el enfoque original, los Stones eran salvajes y satánicos, pero quién más se atrevía a jugar con fuego como hicieron Free en su clásico «All Right Now». (Phil Sutcliffe, Sounds, 27 de marzo de 1976)

Nunca emitieron una queja pública porque no estaban organizados, pero los amantes del rock que durante los años noventa veían la televisión de madrugada rodeados de latas de cerveza vacías y ceniceros llenos hasta los topes de colillas estaban hasta las mismísimas narices del trato que se le daba a Free. Todos y cada uno de los anuncios teletenderos de recopilaciones de música para conducir con tus gafas de sol de pera cogiendo al sistema por los huevos escuchando las mejores canciones de la historia del rock insistían en lo mismo. Si el espacio publicitario del típico revolucionario utensilio para rascarse la espalda se renovaba cada determinado tiempo, las recopilaciones roqueras no. De los Free, insigne grupo de principios de los setenta, siempre se proponía la misma canción: el dichoso «All Right Now».

Un estribillo tan manoseado y desnaturalizado a estas alturas del siglo siguiente al de su composición que da más ganas de llorar que de agitar la melena. Despierta las mismas emociones que la canción de Documentos TV de Ry Cooder. Pero les da igual. En cada compilado, con una sonrisa helada, nos seguirán metiendo el «All Right Now». Irás a comprar yogures de coco al supermercado y en cuanto te descuides sonará un «All Right Now» en el hilo musical. En el telediario darán una muy informativa pieza sobre el regreso de los pantalones de campana y pondrán el «All Right Now». Digámoslo claro de una vez: puto «All Right Now», dejen ya de pincharla de una puta vez. Tiremos los discos y borremos nuestros discos duros.

Si no fuera por los suculentos beneficios que les habrá supuesto, es muy probable que los miembros del grupo que han sobrevivido también estén hasta las narices de su hit. Y de no ser así, pues aquí estamos para poner el foco en el resto de su carrera a parte del maldito «All Right Now», que fue muy interesante, innovadora y tiene una segunda etapa, sus tres últimos discos, que nunca han sido convenientemente valorados.

Es difícil elegir un miembro de Free para empezar a contar la historia del grupo a partir de él. Pocos grupos fueron fruto, en aquella época, del trabajo colectivo como ellos. Paul Rodgers, un cantante de soul en un grupo de blues. Andy Fraser, un bajista sin cuyo protagonismo no podría entenderse a Free, un tío capaz de poner su instrumento al mismo nivel de importancia que la voz o la guitarra solista sin meter una matraca infernal, como le suele pasar a los bajistas con ínfulas. Paul Kossoff, uno de los mejores guitarristas de la época dorada del rock. Y Simon Kirke, un batería que sabía hacer lo más difícil que hay en su profesión y que sus colegas suelen ignorar, tocar despacio, además de ser capaz de ponerle ritmo a uno de los más genuinos recursos del grupo: el silencio. No está mal como carta de presentación.

Free surgieron en Inglaterra en los años en que el blues era la moda más refrescante. Paul Rodgers venía de un grupo llamado Brown Sugar. Andy Fraser había estado en los Bluesbreakers de John Mayall. Y Kossoff y Kirke provenían de Black Cat Bones, un grupo que logró grabar un LP muy aceptable en 1970, y donde Kossoff fue sustituido por Rod Price, el celebérrimo slide de Foghat. Cuando Alexis Korner les vio tocar juntos por  primera vez se quedó fascinado con ellos y les puso el nombre de Free. Pero eran niños. Algo así como los Backstreet Boys al principio, rondaban los quince y diecisiete años. El disco que rula por ahí de Paul Kossoff en Black Cat Bones, Paul’s blues, tiene un sonido criminal, pero sobre todo es interesante porque el guitarrista tiene quince años y ya toca como un animal.

Kossoff decidió tocar desde que escuchó a los Shadows en la radio. Sus padres le llevaron a clases y estuvo seis años formándose en guitarra clásica. Luego vio a Clapton tocar con John Mayall en un pequeño club y tuvo ahí la epifanía propia de los tiempos, la que afectó a tantos. La gente le estaba gritando a Slowhand eso de «¡Dios! ¡Dios!» y a Paul le sedujo la atención que recibía un artista recorriendo el mástil de su guitarra al estilo de moda. Se olvidó de la formación clásica y empezó a escuchar a B. B. King y Freddie King y el soul de Otis Reding y Ray Charles, sin perder de vista lo que hacían sus compatriotas Clapton y Peter Green en los años buenos de Fleetwood Mac.

Guitarist Paul Kossoff (1950 - 1976) performing with English rock group Free, at Fairfield Halls, Croydon, London, 12th September 1972. (Photo by Michael Putland/Getty Images)
Paul Kossoff, 1972. Fotografía: Getty Images.

Los chavales se patearon el circuito londinense, llamaron la atención de Island y sin dejar de tocar en directo grabaron su primer LP, Tons of Sobs. Un disco de blues crudo y áspero. Alguna vez ha sido comparado con los discos de Blue Cheer con Leigh Stevens. Costó solo ochocientas libras. Ninguno alcanzaba los veinte años aún y Fraser solo tenía dieciséis. Lo produjo Guy Stevens, quien trabajara para Mott the Hoople en los setenta y pasará a la historia por ser el responsable de la producción del London Calling de los Clash. Su granito de arena en el primer disco de Free fue tomar la decisión de partir en dos «Over the green hills», la canción más Free del primer disco de Free. Las partes se emplearon como intro y outro del álbum. Se grabó en octubre de 1968 y se lanzó en marzo del 69. Volcaron en el vinilo su repertorio en directo, con mención especial para «Walk in my Shadow», con una letra de machotes tipo mira-nena-te-voy-a-follar. «Worry», que abría la cara A, sonaba oscura y con riffs densos a lo Tony Iommi, que por aquel entonces estaba grabando las demos de Earth, el grupo con Geezer Buttler y Ozzy Osbourne del que saldría Black Sabbath. Hay que señalar bien en qué momento empezó Free a poner sobre la mesa un sonido tan duro. Por esas fechas, Jimmy Page, que le sacaba seis años a Kossoff, estaba buscando músicos para una cosa que se le había ocurrido que podría molar. Aún no existía ni etiqueta para esa propuesta.

«Moonshine» también era muy Sabbath, pero especialmente por la letra. Paul canta sobre esperar a que salga el sol apoyado en su propia tumba. «I’m a Mover» también era un temazo, pero donde quedó mejor registrado fue en su directo Free Live! que saldría tres años después. No en vano eran canciones concebidas para tocar en directo. Algo que no dejaron de hacer ni para meterse en el estudio a grabar su segundo disco, el homónimo Free en 1969, que ya tendría una personalidad insobornable.

Aunque el referente hasta el momento eran las tormentas sónicas que desataban los Cream de Eric Clapton, que registraron su disco de despedida ese año, Free venía con una propuesta más ordenada que los archivos de la policía. Se orientaron a la noble búsqueda de la canción perfecta. En este segundo LP, los adjetivos oscuridad y dureza se sustituyen por la sutileza de la guitarra en «I´ll be Creeping», la que abre el disco, o el ritmo funk que impone Fraser, desaparecido antes en el primer disco, tal vez por su tierna edad. Y todo con un cantante superlativo. Pero las relaciones entre ellos no eran buenas. Kossoff, de hecho, intentó escapar probando para los puestos que habían quedado libres en Rolling Stones y Jethro Tull, nóminas que se llevaron Mick Taylor y Martin Barre.

Una gira por Estados Unidos con los Blind Faith de Eric Clapton les abrió el mercado americano. Slowhand alucinó con Kossoff, que ya había logrado una narrativa propia. Cito al crítico Jaime Gonzalo en Ruta 66: «No tardó en fabricarse su propio estilo, cuyas claves residen en que, más que solos, lo que perseguía era crear sonidos y con ellos formas». En esa gira, Clapton entró en el camerino de Free y hubo un malentendido. Admirado, le preguntó a Kossoff cómo hacía esa técnica del vibrato. Este le contestó que si estaba de cachondeo. Obviamente, lo había aprendido de él, pero Clapton pensó que se estaba burlando, riéndose en su cara. Fue un sutil equívoco, una chorrada, pero por esa gilipollez ya no hubo química entre ambos. Y venían a ser padre e hijo.

Aunque Free fuese un buen disco, de preciosa portada, además, de Ron Raffaelli —el fotógrafo de Jimi Hendrix—, el pepinazo lo dieron en el tercero, Fire and Water. Al igual que habían hecho en el anterior, Fraser y Rodgers se echaron el disco a las espaldas y se curraron un clásico espectacular. Se abre con el corte que da título al álbum, un estribillo hard rockero difícil de olvidar. Y al final de la cara A y al principio de la B, dos verdaderas gemas: «Heavy Load» y «Mr. Big», esta última con un crescendo al final que se convirtió en el punto culminante de sus conciertos.

El disco es tan bueno que cuando llegas a la innombrable, su single más conocido y que está al final, hasta te parece una castaña, pero con ella llegaron al número uno de las listas. El LP salió solo un mes antes de la espectacular actuación que hizo el grupo el último día del histórico festival de la isla de Wight en 1970, momento en el cual el grupo ya estaba consagrado y en el Olimpo. Si no te emociona Kossoff en ese vídeo, si no te conmueve, tal vez te trates de Antonio Anglés. A raíz de esa aparición, según dijo Andy Fraser, no podían ni salir a la calle sin que se les echara encima la gente diciendo cuánto les amaban.

Es entonces cuando al maldición de «All Right Now» comenzó a hacer efecto. Antes de acabar ese año, Free volvieron al estudio el 21 de agosto. Diez días antes de Wight. La industria quería exprimirlos y para muchos fans, después del nivel y el éxito de Fire and Water este siguiente trabajo, Highway, resultó decepcionante. Aunque, ojo, nosotros afirmaremos lo contrario. No solo el disco es muy bueno, sino que tiene doble mérito. Primero, por meterse a grabarlo tan rápido. Y segundo y muy importante, por no seguir con la estela que les estaba haciendo millonarios. Además, el sello no se curró nada la promoción y la portada fue bastante patatera, por lo que el problema con las ventas pudo venir de ahí también más que de la calidad de lo registrado.

Los anteriores discos se habían compuesto mientras estaban girando, aquí por fin tuvieron tiempo para respirar en el estudio. También trabajaron mucho más a gusto y se autoprodujeron a sí mismos, porque anteriormente nunca habían quedado del todo satisfechos con los productores que les facilitó la compañía. Con tiempo, comodidades, canciones dando dinero en las listas, Highway sonó como se encontraba el grupo: a gusto.

Es quizá su disco más soft. Hay ritmos funk con más protagonismo que antes. Tiene mucho piano, una cadencia country, —por lo visto estaban muy sorprendidos por los discos de The Band, especialmente Music From the Big Pink—. La única dificultad que tuvieron en toda la grabación fue el día en que se murió Jimi Hendrix. Kossoff llamó a Kirke llorando, destrozado. Según recuerda el batería, desde aquel día nunca volvió a ser el mismo. Tenía esperanzas de tocar algún día con Jimi, al que había visto en una tienda de instrumentos en la que trabajaba años atrás. Hendrix entró y dejó a todos boquiabiertos al probar una guitarra para diestros con la zurda, del revés, tranquilamente. A Kossoff el impacto por su muerte le hizo dejar de comer y abandonarse de mala manera. Le tuvieron que impedir que cogiera un avión y se fuera al funeral a Seattle y que se conformara con enviar flores. Años después, en una entrevista en Guitar Player en 1975, lo admitió. Se le fue la olla con su pasión por Hendrix.

Pero lo realmente grave fue que el single llamado a suceder a «All Right Now», la negroide «The Stealer», que es una canción buenísima, se comió los mocos. Y otras, como «The Highway Song», seguían teniendo chispa, con un Kossoff enorme en lo suyo, el arreglo elegante, simple. Con más escuchas el álbum gana y completa una tetralogía de mérito. Inicios blues, un segundo disco más folk, el tercer hard rock y el cuarto, pues podríamos empezar ya a hablar de AOR. Para Kossoff era sin duda alguna el mejor trabajo que habían hecho hasta la fecha. Así lo dijo en la prensa.

Sin embargo, la bajada de ventas fue bestial. Un hostión. Psicológicamente les afectó tanto que se separaron. Y todo porque no fueron capaces de volver a darle de comer al monstruo, de volver a poner en el mercado un asqueroso «All Right Now». Los críticos encontraron el nuevo disco demasiado introspectivo. Baladista. Lo que lo estaba petando en 1971 era el heavy rock. Esa melaza no se entendía en uno de los grupos que habían colaborado como nadie en poner de moda el género con su anterior disco.

Esta pausa o primera disolución del grupo fue fatal para Kossoff, que empezó a consumir todo lo que tenía a su alcance. Desde antidepresivos a heroína. Tenía muchos problemas de autoestima, era tímido, introvertido, y sin estar arropado por un grupo y metido en las rutinas de las giras, lo único que era capaz de hacer desde que se levantaba era enchufarse en vena y volver a la cama. Mientras tanto Rodgers formó Peace, con quienes solo grabó un par de canciones —una de ellas, «Lady», está en el recopilatorio de Free The Free Story—. Y Fraser, Toby, donde tampoco se registró una sola canción. Paradójicamente, solo Kossoff y su colega Kirke sacaron un disco presentable. Fue con Tetsu Yamauchi y John «Rabbit» Bundrick y tuvo un nombre que no era un prodigio de la imaginación: Kossof, Kirke, Tetsu, Rabbit. Kossoff aquí está enorme, aunque el disco se parece demasiado a Free, y hasta se atreve a cantar en «Colours». Es un trabajo muy correcto donde también destacan los teclados del tejano Rabbit Bundrick que, dicho sea de paso, compuso más de medio álbum.

Pero este disco no sirvió para mantener a Kossoff alejado de la drogadicción. Se había vuelto adicto al Mandrax, los quaaludes, y tan grave era la situación que la reunión de Free fue por él. El grupo se tuvo que volver a juntar solo con la intención de rescatarle. El resultado fue Free at Last, un LP que tuvo éxito, pero que está por debajo de sus antecesores. Como Kossoff, que llevaba tales ciegos a los conciertos de la gira que, según recuerda Fraser, el público se ponía a llorar de pena por él. Al final, el bajista, harto de tener que soportarle, abandonó el grupo.

En un último esfuerzo, Free todavía registró un último álbum de estudio, Heartbreaker, con los amigos de Kossoff, Tetsu Yamauchi al bajo y Rabbit Bundrick al teclado. Paradójicamente, pese a la calamitosa situación de convivencia del grupo y toxicología de su guitarrista, el LP salió soberbio. «Wishing Well» abría el disco fumándose todo lo que quedaba de década para situarse en la liga de los petaestadios que estaban por llegar diez años después, grupos como Journey, Boston, Foreigner, Survivor y compañía.

No es casualidad que Rodgers, compositor de la mayor parte del disco, formase dos años después Bad Company depurando el estilo aquí exhibido hasta crear tamaño mito y hartarse de recorrer el planeta en limusinas llenas de botellas de champagne y chavalas en cueros. «Come Together in the Morning», la segunda, baja el pistón hasta niveles que podríamos decir que el estribillo lo haría suyo muy a gusto Julio Iglesias. Luego el plástico transcurre por estos derroteros baladistas genuinos de Free hasta llegar, fíjense bien, a una canción top del grupo y muy desconocida, o muy pocas veces se la ha destacado. Se trata de «Easy on My Soul», que llegó a salir como cara B del single del LP. Un teclado espectacular, similar al de «Riders on the Storm» de los Doors, domina la canción hasta que Rodges se exhibe en un estribillo que nada tiene que envidiar al inefable «All Right Now», pero pasó desapercibido. Fue el último single de Free.

Para entonces, Paul Kossoff ya había sido expulsado del grupo. Sufrió una sobredosis con infarto de miocardio, y lo apartaron definitivamente del negocio. Y durante su convalecencia lo que hizo fue buscarse más problemas. Detenido por conducir borracho y drogado, condenado a pasar por rehabilitación, también logró eludir esa pena y seguir poniéndose. Enganchado completamente, su manager Terry Slesser buscó lo que fuera para salvarlo. En su penúltima sobredosis tuvieron que devolverlo a la vida cuando estaba clínicamente muerto.

Solo recibió una buena noticia en estos meses. El disco en solitario que había grabado tras dejar Free, Back Street Crawler, fue comprado por Atlantic para lanzarlo en América. Cuando ya había un plan de la discográfica para convertirlo en una estrella en Estados Unidos, en un vuelo entre Los Ángeles y Nueva York, se le paró el corazón de otra sobredosis. Tenía veinticinco años. Ni club de los veintisiete ni leches.

A Andy Fraser le diagnosticaron el VIH y el sarcoma de Kaposi en los ochenta. Luchó contra la enfermedad durante años, manteniéndose en forma y tocando, hasta que murió el año pasado, 2015. Su amigo Kirke se embarcó en Bad Company con Paul Rodgers y por fin se hartaron de ganar dinero fabricando hits como churros, esta vez menos dañinos que el dichoso «All Right Now»; la canción que mató de éxito a Free y pone a prueba nuestra paciencia en las radiofórmulas roqueras, los recopilatorios y los bares de británicos en Canarias.

Kossoff hoy en día es tenido en cuenta como uno de los mejores de su época y su talento es reconocido en toda publicación especializada que se precie. Pero incluso su recuerdo a veces nos llega en cofre de maldición. Hace unas semanas quien esto escribe leía en el muro de José Carlos Sisto, padre de los psicoactivos Materdronic, un recuerdo a la figura de Ollie Halsall, guitarrista de varios grupos, el más importante Patto. Combo progresivo hard rockero, pero más orientado al jazz. «Hold Your Fire» es uno de los mejores discos de la década de los setenta sin duda ninguna. Resulta que Ollie Halsall acabó en España ganándose la vida con Ramoncín, Radio Futura, Antonio Flores… una lista interminable. Hasta compuso para Hombres G. Su adicción a la heroína le llevó a situaciones extremas. Llegó, se dice, a tocar en el metro. ¿Te imaginas encontrarte en un pasillo de Diego de León a Robert Plant? Pues esto era equiparable en talento. El caso es que Ollie, recordaba el músico, vivió en casa de un amigo suyo durante un tiempo. Años después, de charla, aparecieron por un rincón dibujos de Ollie. Uno era un retrato de Paul Kossoff. Lo adoraba y era su guitarrista favorito. Y esto siendo coetáneos. Le gustaba tanto que lo pintó y ahí quedó su retrato en esa casa, donde Halssal enfilaba sus últimos días, casi como en un cuento de Poe.


Las portadas de disco más escandalosas de la historia

No son pocos los músicos que han tenido problemas, queriendo o sin querer, con las carátulas de sus discos. El motivo de escándalo ha variado mucho con el tiempo: por ejemplo, entre los años cincuenta y setenta podía resultar “provocador” cualquier detalle inocuo e incluso irrisorio, cosas que en nuestros días ni siquiera despertarían atención. Mientras que ahora se editan algunas portadas que en otros tiempos ni siquiera hubiesen sido consideradas publicables. Así que aquí tendremos algunas carátulas que hoy nos parecen inocentes, junto a alguna que otra salvajada de tiempos más recientes… y curiosamente, quizá en su día fueron bastante más controvertidas algunas imágenes inocuas de lo que otras más crudas puedan serlo hoy. El caso es que a lo largo de la historia de la industria discográfica existen muchos ejemplos de portadas que despertaron polémica y aquí por supuesto no vamos a incluir todos esos ejemplos, pero sí varios de los más legendarios, curiosos o extraños. (Haga clic en la miniatura para ver la portada correspondiente)

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Electric lady landQuizá el caso más paradigmático de portada escandalosa es la del doble álbum Electric Ladyland, de The Jimi Hendrix Experience. La compañía de discos decidió que un harén de mujeres en pelota picada se correspondía bien con la imagen que el público tenía de Hendrix gracias a sus letras repletas de cálidas referencias a las féminas, sus movimientos sexuales en escena y la apenas disimulada vocación del guitarrista de Seattle como mujeriego insaciable. Además, el título del disco casi invitaba a ello. Pero, como era de esperar, en plenos años sesenta aquella portada era demasiado para las mentes bienpensantes del momento: la sobredosis de tetas no sentó bien y la discográfica se vio obligada a terminar cambiando la idea original por un retrato icónico del rostro del músico. Lo más curioso de todo el asunto era que mucha gente creía que la portada de las chicas había sido idea del propio Hendrix y asumían que llenar la portada de “foxy ladys” parecía muy propio de él… sin embargo, el guitarrista la consideraba una provocación vulgar y nunca le gustó; de hecho, la discográfica había utilizado la foto de las mujeres en contra de su opinión.

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Beatles yesterday and todayLos Beatles —o parte de ellos— sí se sintieron más cómodos al utilizar una de sus fotografías más chocantes para ilustrar el recopilatorio Yesterday and today. En la imagen aparecían disfrazados de médicos, manchados de sangre, rodeados de casquería y muñecos despedazados que simulaban ser niños muertos. El truculento montaje, que había sido idea del fotógrafo de una de sus sesiones, divirtió a los cuatro músicos. Aceptaron posar de tal guisa porque estaban hartos de las típicas fotos promocionales “happy” e inocentes que el público asociaba con ellos. Pero fueron tantas las tiendas que se negaron a poner aquella portada en sus exhibidores y tan fuertes las críticas, que la discográfica se vio obligada modificar la portada. Pegaron —literalmente— una nueva fotografía sobre la funda de los discos que aún tenían por vender. Paul McCartney, el principal impulsor de la idea de la carátula —parece que por una vez el más siniestro del grupo no fue John Lennon— se mostró decepcionado e hizo comentarios despectivos hacia quienes se habían escandalizado por la imagen, afirmando que aquello era una metáfora sobre la guerra del Vietnam. Lennon estuvo de acuerdo con la ocurrencia de usar la foto en la portada, como era de esperar habiendo fetos, sangre y cosas desagradables de por medio. A quien parece que no le hizo mucha gracia fue al etéreo George Harrison, que lo consideró una idea “estúpida”. Hoy en día el disco con la portada original es una pieza de coleccionista de mucho valor monetario. También el disco censurado que aún conserve la imagen censora pegada a la carpeta tiene su valor, ya que constituye una rareza porque la mayor parte de la gente sencillamente arrancó lña pegatina para poder contemplar aquella polémica imagen de los Beatles rodeados de tripas, cabezas y sangre. All you need is love.

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Two virginsTenía que ser él. En un alarde de ¿modernidad? ¿expresividad?, o Dios sabe qué, John Lennon tuvo los santos redaños —y por las dudas, ahí le cuelgan— de publicar un disco en cuya portada aparecían completamente desnudos él y su novia Yoko Ono. Aquello hacía que el Electric Ladyland de Hendrix pareciese un óleo de Velázquez. Podemos formularnos muchas preguntas acerca de esta carátula: ¿era realmente necesario? Supongo que Lennon le veía el lado poético al asunto, pero a algunos todavía nos cuesta asimilar la ocurrencia, más que nada por el resultado estético. ¿Alguien se imagina una portada en la que, no sé, aparezca Neil Young como su madre lo trajo al mundo (aparte de cabreado, quiero decir)? Hay cosas que sencillamente no son una buena idea. No obstante hay que reconocer que Lennon ya se las arreglaba por entonces para organizar mayores escándalos que el de esta portada sin necesidad de sacar la pistolita de paseo.

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Blind FaithBlind Faith fue un grupo que nació de las cenizas de Cream, con Eric Clapton y el batería Ginger Baker uniendo sus fuerzas a otra superestrella del momento, Steve Winwood. Sacaron su primer y único disco en 1969, pero incluso en aquellos tiempos de alegría hippie y cantos al arco iris la portada de su álbum causó un considerable escándalo. Se trataba de la fotografía de una niña preadolescente que posaba desnuda, sujetando la maqueta de un avión con supuestas connotaciones fálicas. El revuelo, lógicamente, no se hizo de esperar. Las leyendas urbanas tampoco: muchos creyeron que se trataba de la hija del propio “Ginger” Baker, dado que el batería —como bien indica su apodo— también era pelirrojo. Otros, en cambio, daban una versión menos inocente y aseguraban que era una “groupie” menor de edad a la que los pervertidos rockeros usaban como juguete sexual en sus giras. Al final, lo cierto es que no se trataba de lo uno ni lo otro: la chiquilla era simplemente una modelo que el fotógrafo responsable de la portada había contratado a través de sus padres. Había querido componer una imagen metafórica que evidentemente nadie entendió y que se suponía que simbolizaba el inocente fruto de la vida —la chica— junto al fruto del progreso humano, una nave espacial. La edad de la modelo tenía que ser precisamente esa, explicó el fotógrafo, porque es el momento de transición entre una niña y una mujer. Sea como fuere, el escándalo fue considerable y más teniendo en cuenta que el disco llegó al número uno de las listas.

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Moms apple pieHoy en día esta portada puede parecernos una broma más bien inocua, pero en 1972 el disco homónimo de Mom’s Apple Pie dio bastante que hablar por la imagen de una tarta en la que podía distinguirse claramente una vagina. La combinación entre el aparentemente inocente nombre de la banda (“la tarta de manzana de mamá”) y el dibujo con estilo como de cuento infantil con las claras connotaciones sexuales más o menos ocultas, fue algo quitó el sueño a muchos sufridos padres de la época, hasta el punto de que la compañía de discos tuvo que retocar el dibujo en posteriores ediciones, tapando el dulce coñito de manzana con ¡un muro de ladrillo!

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Diamond DogsSi hubo alguien que supo sacar partido del escándalo a principios de los setenta, ese fue David Bowie. Proyectando ambigüedad sexual y dando material a la prensa con floridas declaraciones, consiguió que se hablase mucho más de él de lo que ya se habría hablado con los grandiosos discos que había estado grabando junto a Mick Ronson. Y fue precisamente en el primer disco sin Ronson cuando Bowie eligió una cubierta de dudoso gusto que levantó bastante polémica. Se trataba de un dibujo que lo presentaba convertido en una especie de híbrida mutación queer de un perro, conveniente provisto de sus perrunos genitales. Muy desagradable todo, estéticamente hablando, aunque para gustos hay colores. Una vez más, la discográfica se vio obligada a retocar la portada, eliminando con aerógrafo las partes pudendas del Bowie-Rintintín para convertirlo en un híbrido igualmente horrendo, pero eso sí, asexuado (¡ah, menos mal!). Hoy en día, un ejemplar del disco en el que aparezcan esos genitales constituye una valiosa rareza por la que se paga bastante dinero. Así es la gente.

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RM country lifeEsto ya es otra cosa. En 1974 Roxy Music publicaron el LP Country life, pero en la portada no había perros, ni niñas prepúberes, ni tartas de manzana. Brian Ferry fue a por todas y colocó la fotografía de dos esplendorosas mujeres que había conocido durante sus vacaciones; el cantante las convenció para posar y aparecer en la carátula ataviadas únicamente con ropa interior. Naturalmente, en aquellos tiempos la cubierta se consideró inaceptable en muchos países (entre ellos, cómo no, España) y el disco fue subsiguientemente editado sin las dos señoritas en lencería. Mala suerte.

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Virgin KillerLos alemanes Scorpions ya se caracterizaban por discos cuyas portadas, invariablemente chabacanas y horteras, se habían convertido en una marca de fábrica, pero fueron más lejos que nunca con el álbum Virgin Killer. Aunque la iniciativa, en realidad, partió de la discográfica, deseosa de que el grupo llamase más la atención. Optaron por la fotografía de una niña rubia completamente desnuda y en postura insinuante, cuyos genitales estaban cubiertos por el efecto de un cristal roto. La idea como decimos fue de los ejecutivos de la casa de discos y los propios miembros del grupo no supieron muy bien cómo tomárselo, aunque pensaron que les serviría para atraer la atención de los medios, y así fue. En aquellos días previos a Internet y al auge de la pornografía infantil en la red, el LP originó un escándalo, aunque no exactamente con las connotaciones que podría tener hoy en día, cuando ya consideramos sencillamente inviable la edición de un disco con una presentación semejante. En consecuencia, la carátula fue cambiada en algunos países, mientras que en otros se siguió vendiendo el disco con la imagen original, pero tapada con un plástico para que no fuese visible en las tiendas. No es la única portada chocante en la historia de este grupo, pero desde luego sí fue la más delicada de todas.

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On stageA veces el escándalo llega por los motivos más nimios y risibles. Una de las leyendas urbanas más chorras relacionadas con la carátula de un disco y el consiguiente escándalo “sexual” (es un decir) se remonta a los tiempos en que el quinteto Five keys publicó el disco On stage. A primera vista no parece haber nada de extraordinario en la fotografía: vemos a los cinco tipos posando con actitud de cantar, algo perfectamente típico en los grupos vocales de su tiempo. Sin embargo, si nos fijamos en el individuo de la izquierda, algo parece sobresalir de su pantalón… naturalmente se trata de su mano, pero a la gente le gustan estas tonterías y rápidamente empezó a correr la voz de que el muy sinvergüenza había posado con el pene al aire. La cosa no pasaba de una broma que iba de boca en boca, pero eso no impidió que se disparase hasta el punto que la compañía modificó la fotografía para posteriores reediciones, eliminando el dedo de la discordia antes de que el supuesto “sexto miembro” de Five Keys se convirtiese en una celebridad nacional.

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The pros and cons of hitch hickingRoger Waters, el antiguo líder de Pink Floyd, era conocido por las temáticas oscuras y retorcidas de sus canciones, por la atmósfera opresiva y melancólica de casi toda su música. En fin, todo el mundo está más o menos familiarizado con algunas de las imágenes de The Wall. En 1984 publicó un disco también conceptual que había compuesto más o menos en la misma época. Titulado “Los pros y los contras de hacer autostop”, la cubierta no estaba sin embargo en línea con la habitual oscuridad del trabajo de Waters. Se veía a una señorita haciendo dedo ataviada únicamente con una mochila y unos zapatos de tacón… y absolutamente nada más. Todo un atrevimiento para un músico de su fama en aquella época. Aunque esta vez no solamente reaccionaron los habituales guardianes de la decencia, sino también grupos feministas que consideraron la imagen una “apología de la violación de autostopistas”… ahí es nada. El argumento del disco habla de la crisis existencial e infidelidad de un hombre casado que se enrolla con una chica a la que recoge en una carretera, y la chica desnuda de la portada —además de servir para llamar la atención— representaba gráficamente esta tentación, pero durante los ochenta y noventa algunos de esos grupos de protesta ideológica la tomaron con los músicos de rock, así que los ataques a cualquier carátula que mostrase carne no siempre llegaban únicamente desde la derecha conservadora.

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family manLa banda norteamericana de punk Black Flag editó Family Man en 1984, un disco híbrido con discursos hablados —a cargo, naturalmente, de Henry Rollins— y temas instrumentales, algo que era bastante diferente a lo que habían grabado hasta entonces. Pero lo más notorio del álbum era el dibujo de la carpeta, en el que se veía a un hombre que acababa de tirotear a su mujer e hijos y que está a punto de pegarse un tiro. Todo un alarde de poesía visual que naturalmente hizo las delicias de los amantes del cine de Disney y las comedias en plan Tú a Londres y yo a California.

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FrankenchristJello Biafra, líder de los Dead Kennedys, se ha caracterizado siempre por intentar tocarle los bemoles al sistema de las maneras más variopintas posibles. Desde el nombre artístico que escogió para él y para su banda punk, hasta una lista de travesuras provocadoras que es demasiado larga para desgranar aquí. Con el título de este disco, Frankenchrist, ya tenía más que suficiente para soliviantar a los guardianes de la decencia, especialmente en 1985, la época del advenimiento del PMRC. El PMRC fue un lobby moralista-censor-mojigato fundado por las “esposas de Washington”, un grupo de beatas histéricas encabezadas por la aborrecible Tipper Gore, mujer de Al Gore. Sí, el mismo que ahora va de progre salvador del ecosistema, de los arbolitos, del ozono y de todo lo que se tercie. El caso es que aunque la portada de Frankenchrist parecía bastante inocua —unos tipos en cochecito—, lo delicado venía en la parte interior de la carpeta, donde se reproducía un dibujo de Giger, autor de los diseños de Alien. El dibujo consistía en un “paisaje” de penes introduciéndose en vaginas y estaba escondido a la vista cuando uno compraba el disco, uno solo lo descubría cuando desempaquetaba el álbum en casa. Jello Biafra fue llevado a juicio acusado de poner material indecente al alcance de los compradores menores de edad. El cantante fue finalmente absuelto de los cargos, pero el proceso judicial le costó la ruina económica. A partir de ese momento se convirtió en uno de los más fieros opositores de las piadosas y cristianísimas madres fascistoides del PMRC, convirtiéndose junto a Frank Zappa en uno de los adalides de la libertad de expresión en su país durante aquellos años.

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LovesexyTambién Prince tuvo problemas con el PMRC durante sus años más exitosos; de hecho fue una canción suya la responsable de la creación de dicho comité censor, cuando la horrorizada Tipper Gore (¡una pobre víctima!) descubrió con espanto que su hija de once años estaba escuchando un disco de Prince que contenía un tema, Darling Nikki, en el que se que mencionaba la masturbación. En vez de afrontar el asunto desde una perspectiva educativa, Tipper Gore recurrió a la influencia de su maridito político y decidió convertirse en salvadora de la nación. Creó el PMRC y se enfrascó en una ofensiva que tuvo como objetivo principal a músicos de rock y de pop, con la connivencia de los sectores más conservadores del país (esos que en España se hacen llamar “liberales”). Prince fue uno de los objetivos de la asociación de consortes histéricas de Washington, pero no se enfrascó en una guerra dialéctica abierta como Frank Zappa. Eso sí, tampoco renunció al fuerte ingrediente sexual de su música. Ni corto ni perezoso, decidió que el mundo necesitaba verle posando en pelotas en la portada de uno de sus discos (¡no!), llamado Lovesexy. Naturalmente, aquello le ponía difícil a sus fans —sobre todo a los más jóvenes— el trago de ir a la tienda y llevarse “aquello” ante la suspicaz mirada del dependiente. Quizá por eso fue un disco menos exitoso que los anteriores, quién sabe, aunque contenía el irresistible single Alphabet St., cuyo videoclip, al menos en España, era emitido a todas horas. En fin, amiga Tipper, ya ves lo que conseguiste… ¡muchas gracias! (¡¡no!!).

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Fuck me JesusNaturalmente, cuanto menos conocido es un grupo más fácil lo tiene para forzar la nota en las cubiertas de sus discos. En 1991 las cosas habían cambiado un tanto y la fiebre censora de los ochenta ya no estaba en su punto álgido, pero un artista de primera fila aún podía generar un considerable escándalo si pretendía incluir según qué referencias en su trabajo. Especialmente referencias religiosas: por entonces aún estaba reciente el escándalo en torno a la película La última tentación de Cristo, de Martin Scorsese. Pero ese era un problema que las pequeñas bandas de metal europeo no tenían o no consideraban tener, protegidas por su relativo anonimato. Así, los suecos Marduk sacaron un disco que no solamente tenía el llamativo título de Fuck me Jesus sino que mostraba en portada a una mujer introduciéndose libidinosamente un crucifijo por la retaguardia. Aunque desde luego no hablamos de una banda mundialmente famosa —o hubiésemos visto el asunto en todos los telediarios— la potente imagen dio que hablar, incluso generando su propio “merchandasing”, incluidas camisetas y demás.

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God hates us allMás revuelo causaron los norteamericanos Slayer, que eran bastante más famosos y por tanto estaban más sujetos a la atención periodística y a la polémica fácil. En la portada de su God hates us all (“Dios nos odia a todos”) se veía una Biblia ensangrentada y cubierta de clavos, algo que despertó protestas entre sectores conservadores y creyentes. No era la primera vez que Slayer se veía metido en polémicas por canciones como Angel of Death, en la que se hablaba del criminal nazi Joseph Mengele, algo que tuvo a no poca gente confundida y que hasta hoy ha hecho circular la idea de que Slayer son racistas o pro-nazis (desde luego, les guste o no, son uno de los grupos favoritos de los skinhead estadounidenses). Sea como fuere, el guitarrista y autor de las letras, Kerry King afirmó que el mensaje de esta portada no era exactamente anticristiano —de hecho su cantante, el chileno Tom Araya, se define como católico— aunque naturalmente eso es algo que difícilmente podía disipar la polémica.

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Christ IllusionOtra vez Slayer: en el 2006 editaban Christ Illusion, en cuya carátula se representaba un Jesús tatuado, mutilado, tuerto y según el grupo, “con aspecto de drogadicto callejero”, rodeado de cabezas y restos humanos. Dado que hubo no pocos puntos de distribución que se negaban a exhibir el disco con la carátula original, Slayer se vieron obligados a editar una versión alternativa con la imagen parcialmente cubierta.

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Beggars BanquetLos Rolling Stones tienen una nutrida historia en cuanto a portadas polémicas por razones de lo más peregrino: Sticky Fingers, Love you live, Some girls, la campaña publicitaria de Black and Blue… pero para ellos todo empezó con el retrete de Beggars Banquet. Con aquel disco, los Stones abandonaban la era de Acuario y empezaban a cultivar un sonido más sucio, para lo cual no hallaron mejor acompañamiento que una portada presidida por un cochambroso baño público, algo que hoy puede parecer inocuo pero que por entonces resultaba muy atrevido para una banda tan famosa. Allí donde no pudo distribuirse el disco con la portada original, se incluyó una funda completamente blanca… coincidiendo casualmente con el “álbum blanco” de los Beatles. Si llega a imitar la idea un par de bandas más, las tiendas de discos hubiesen terminado pareciendo la nave de 2001.

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8 Way SantaUna de las polémicas más cómicamente absurdas relacionadas con este asunto de las portadas se produjo en 1991 cuando el grupo de Seattle Tad publicó su 8-way Santa. La imagen frontal, en la que se veía a un tipo manoseándole el pecho a su mujer, no resultaba demasiado escandalosa para los años noventa y parecía más bien una parodia de los “artworks” hippiosos de otros tiempos. Así que el disco se publicó sin mayor inconveniente. El problema era que la foto no pertenecía a los miembros de la banda, sino que la habían encontrado dentro de un álbum de fotografías comprado en una casa de empeños. La imagen les hizo gracia, la retocaron y la usaron para su disco. Y claro, pedir a unos tipos como Tad que se molestasen en comprobar los derechos de la fotografía o que asegurasen el tema desde el punto de vista legal era demasiado. Así que un buen día el grupo se llevó una sorpresa: la cariñosa pareja anónima de la portada se dio cuenta de que, sin saberlo, su foto perdida aparecía en la portada de un disco. Lejos de sentirse orgullosos de formar parte de la movida “grunge” figurando en el álbum de uno de los grupos más cafres de la ciudad, los dos veraniegos hippies demandaron a Tad y estos se vieron obligados a retirar la portada original, cambiándola por una foto del grupo. Cuidado con las casas de empeño, que las carga el diablo.

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Love it to deathNo sólo los Five Keys tuvieron problemas con un dedito travieso. Alice Cooper hizo asomar uno de sus dedos por la bragueta en la foto de cubierta de Love it to death, el tercer disco de la Alice Cooper Band. Parece que en 1971 aquel gesto era demasiado para lo que el buen y decente cristiano era capaz de procesar, así que la publicación del álbum causó escándalo entre muchos ciudadanos bienpensantes, especialmente porque el grupo estaba dando que hablar entre la juventud gracias al himno adolescente I’m eighteen. Así pues, la compañía terminó reeditando el disco con la imagen retocada, y el dedo de Alice, ¡desapareció mágicamente! Porque ya sabemos, ni la guerra de Vietnam ni los escándalos políticos: el dedito de Alice Cooper era lo que debía preocupar a la ciudadanía.

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Laugh I nearly bought oneEn 1992, los británicos Killing Joke publicaron un recopilatorio cuya portada mostraba a un sacerdote católico bendiciendo a las tropas nazis, que lo saludaban  a su paso con el brazo en alto. El grupo ya había tenido problemas al utilizar aquella imagen como cartel de gira, e inclusos e vieron obligados a suspender algunos conciertos. Todo ello pese a que la fotografía en cuestión no era un montaje realizado con intención sarcástica, sino que se trataba de una imagen completamente real de un miembro de la jerarquía eclesiástica alemana en los tiempos de monsieur Hitler.

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We're Only in It for the MoneyEl cachondo de Frank Zappa ideó una parodia de la famosísima cubierta del Sgt. Pepper’s de los Beatles como portada para el disco We’re only in it for the money de su banda de entonces, The Mothers of invention. La imagen no se realizó sin conocimiento de los propios Beatles, es más, fue el propio Zappa quien pidió permiso personalmente a Paul McCartney. Pero este se limitó a comentarle que aquello debía ser asunto de los abogados, lo cual dejó a Zappa perplejo. Finalmente, la compañía discográfica en la que estaba Zappa decidió no usar la imagen como carátula y la movió al interior de la carpeta del disco, temiendo que combinada con el título del álbum (“Estamos en esto por dinero”) provocase una demanda por parte de los Beatles. El músico estadounidense se sintió ultrajado por la decisión, pero no le quedó más remedio que tragar. Por cierto, en el collage paródico de la cubierta aparece nada menos que Jimi Hendrix: el guitarrista zurdo estuvo en la sesión fotográfica y aparece en un extremo de la imagen, muy cerca del propio Zappa.

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Street SurvivorsUna portada tristemente profética: en 1977 los adalides del “rock sureñoLynyrd Skynyrd, publicaban el álbum Street survivors. Estaban en lo más álgido de su carrera, convertidos en superestrellas en América. En la portada aparecían los miembros de la banda rodeados de llamas, una imagen como otra cualquiera que sin embargo adquirió una extraña connotación por cruel capricho del destino. Solamente tres días después de que el LP se pusiera a la venta, el avión de gira del grupo se estrelló y en el accidente murieron el cantante Ronnie Van Zandt, el guitarrista Steve Gaines y una de sus hermanas, que ejercía como corista. Aquella repentina desgracia hizo que la carátula se tornase inesperadamente tétrica, así que por petición de los familiares terminaron retirándose las llamas de la imagen, quedando únicamente el retrato de los miembros en lo que fue último disco con la malograda formación original del grupo.

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Party musicLa coincidencia también se cebó con el lanzamiento discográfico del dúo de rap estadounidense The Coup. En septiembre de 2001 tenían previsto el lanzamiento de su álbum Party music. Lo sorprendente es que en la portada se veía a los dos miembros del grupo bajo las torres gemelas del World Trade Center, haciéndolas explotar por control remoto utilizando como detonador un afinador digital en vez de un teléfono móvil. Un fingido acto terrorista que intentaba censurar la política exterior de su país, una política según ellos basada en conflictos bélicos motivados por intereses corporativos. Pero justo en el momento previsto para la publicación sucedió lo que todos recordamos y de manera siniestramente casual la realidad terminó imitando al arte: la imagen de las torres tras el ataque aéreo resultaba completamente idéntica a lo que se mostraba en la cubierta del disco. Ni que decir tiene que The Coup se vieron obligados a cambiar la portada, más en un momento donde el país estaba en estado de shock.

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Live ScenesDream Theater tuvieron un problema parecido con su disco en directo del 2001, en cuya carpeta aparecía la silueta de Nueva York —incluidas las torres gemelas— en llamas. Lo más curioso es que el álbum fue publicado el mismo 11 de septiembre y encima se titulaba Live scenes from New York, una extraordinaria coincidencia.

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Back To The ShitAl decir “cantante femenina de soul” probablemente muchos tengan la imagen de una mujer elegante, siempre en su sitio y con una actitud impoulta de dama respetable. Pues bien, ese estereotipo no conjunta demasiado con Millie Jackson. En 1989 publicaba un disco con el exquisito título de Back to the shit (“Regreso a la mierda”), cuya más que llamativa carátula presentaba a la amiga Millie sentada en un retrete, con las bragas por los tobillos y expresión de estar haciendo un esfuerzo extra. Muy elegante todo. Aquello hacía que el Beggars Banquet de los Stones pareciese una postal de boda, pero en realidad se ajustaba bastante a la personalidad de Millie, que en directo tenía una más que considerable vena cómica y chabacana. Solía adornar sus canciones con monólogos cerdos y chistes de toda índole, además de deleitar al público con temas cuyos títulos (Fuck you simphony, por ejemplo) bien podrían haber sido suscritos por Frank Zappa. Francamente, había que tener —con perdón de ustedes— muchos cojones para hacer estas cosas en los ochenta y mucho más siendo una mujer.

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Born AgainHablando de mal gusto, pocas veces en la historia un grupo ha detestado tanto la portada de su propio disco. Born again fue el primer y único disco que Black Sabbath grababan con Ian Gillan, antiguo cantante de Deep Purple. Más allá de que los críticos consideraron el disco como el peor de Sabbath hasta la fecha —aunque lo cierto es que se vendió bastante bien—, lo que de verdad produjo impacto fue la imagen del bebé-demonio de la portada, que resultaba más que chocante para el año 1983 y muy especialmente tratándose de un grupo internacionalmente famoso. Aunque al guitarrista y líder Tony Iommi le gustó el inenarrable diseño, el batería Bill Ward no se privó de comentar que la carátula le parecía “horrible” y el propio Ian Gillan ironizó ante los periodistas diciendo que la primera vez que vio el disco terminado, la portada le “hizo vomitar”. Eso sí, ahora Black Sabbath pueden presumir de que Born again aparece casi invariablemente en todas las listas de peores portadas de la historia, junto a freaks como Heino y probados campeones de las carátulas de mal gusto como los ya mencionados Scorpions.

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Moby GrapeOtro dedito travieso. Moby Grape fue una de las muchas bandas psicodélicas surgidas a mediados de los sesenta. Ya en su primer trabajo, el batería Don Stevenson quiso colarle un gol a la compañía y posó para la fotografía de portada sujetando una tabla de lavar —tradicionalmente usada como instrumento casero para dar ritmo a las canciones—, para lo cual extendía inadvertidamente su dedo corazón. Naturalmente, lo que estaba haciendo era un “middle finger” en toda regla: la discográfica se dio cuenta demasiado tarde y aunque retocaron la imagen en posteriores ediciones, la cubierta original con el simpático gesto dirigido a los compradores siguió circulando por ahí.

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See JungleA principios de los ochenta, después de haberse quedado sin su puesto de manager de los Sex Pistols, el inaguantable Malcolm McLaren consiguió otro éxito con la banda Bow Wow Wow, que se hizo célebre con su versión de un viejo tema de los sesenta, I want candy. La controversia en forma de portada llegó con el disco See Jungle! See Jungle! Go Join Your Gang, Yeah. City All Over! Go Ape Crazy (sí, vaya nombrecito). La fotografía de la carátula reproducía un famoso lienzo de Manet, con la cantante Annabella Lwin haciendo el papel de la célebre mujer desnuda de aquel cuadro. El problema es que la cantante sólo tenía catorce años en el momento en que se realizó la sesión fotográfica, lo cual provocó que su madre amenazara con denunciar a McLaren, ya que habían acordado que la fotografía no sería usada como portada. Incluso la policía británica metió baza en el asunto y Annabella estuvo a punto de ser obligada a dejar el grupo, aunque finalmente se la permitió continuar previo compromiso del manager de no usar a la chica como reclamo sexual ni mostrarla en actitudes provocativas mientras fuese menor de edad.

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Appetite for destructionOtro ejemplo clásico de disco famoso con dos portadas: el primer álbum en estudio de los Guns n’Roses se titula Appetite for destruction precisamente porque ese es el nombre de la ilustración que le servía de portada, un dibujo de Robert Williams en el que se veía a un robot a punto de vengar la violación de una chica. La cubierta provocó problemas de distribución ya que muchas tiendas no querían exhibir el álbum —hablamos de 1987—, así que la discográfica terminó cambiándola por el ahora ya clásico logotipo de la cruz y las calaveras representando a los miembros del grupo. A mí me gusta más la portada sustituta que la original, he de decir.

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We Can't Be StoppedLos Geto Boys fueron un grupo de rap que se dieron a conocer por llevar más lejos la provocación y la crudeza de sus letras que lo que se estilaba en el género cuando aparecieron. Especialmente conflictivo era el rapper enano Bushwick Bill, que en mitad de una pelea con su novia —con pistola de por medio— perdió accidentalmente un ojo. Para su álbum We can’t be stopped, el grupo no tuvo una idea mejor que usar una foto de Bushwick en el hospital, con la herida visible, acompañado de sus colegas. Enternecedor.

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Matando GuerosCon toda seguridad una de las portadas más salvajes de la historia, y desde luego la más salvaje de este artículo. Brujeria es la banda paralela de Dino Cazares, guitarrista del grupo metálico Fear Factory. Aunque está generalmente formada por músicos estadounidenses, Brujería se lanzó como proyecto anónimo supuestamente basado en México y formado por miembros de una imaginaria banda de narcotraficantes. Las macarrónicas letras en español dicen toda clase de burradas en torno a los temas más aberrantes que se puedan imaginar y el concepto general era el de crear la banda metálica más desagradable posible. Su primer disco se llamaba Matando güeros y mostraba en portada la cabeza (fotografía real) de un narco decapitado por sus enemigos, lo cual provocó la lógica censura en muchos puntos de venta, que se negaban a vender el álbum. Lejos de cambiar la portada, los Brujeria adoptaron la cabeza (a la que apodan Coco Loco) como mascota del grupo. Poesía y sensibilidad pop en cantidades industriales.

Hasta aquí el repaso a algunas portadas escandalosas. Cuando se recuperen de la visión del amigo Coco Loco —crean que ya lo siento—, quizá volvamos con más.