¿Pero quién secuestró a Shergar?

Shergar y el jockey Walter Swinburn encabezan la carrera, 1981. Foto: Cordon.

3 de junio de 1981. Ante más de ochenta mil personas, un precioso caballo castaño llamado Shergar se impone en el famoso Derby de Epsom por más de diez cuerpos batiendo el récord en la mítica carrera inglesa. Tras esa brutal exhibición también ganaría con rotundidad carreras tan relevantes como el Derby Irlandés o el King George VI, ambas pruebas catalogadas como grupo I, la máxima categoría que se otorga a una carrera de caballos. Shergar se había convertido probablemente en el mejor caballo de carreras del mundo y en ese momento ningún aficionado dudaba que iba a entrar en la historia de los purasangres por la puerta grande. Pero lo que nadie sospechaba es que su fama no se debería solamente a sus actuaciones en las pistas o a su éxito como progenitor en la yeguada, sino también, y fundamentalmente, a su trágica desaparición. Y es que dos años más tarde, Shergar fue secuestrado a punta de pistola. Y tras eso, nunca más se volvería a saber de él.

«Hemos venido a por Shergar, y queremos tres millones de dólares por él. Nos pondremos en contacto con el propietario antes de las doce del mediodía. La clave de verificación será rey Neptuno»; con ese escueto mensaje se despidió el líder del grupo de hombres armados que se llevaron al campeón de Newbridge, la yeguada donde servía Shergar como semental.

Shergar había nacido cinco años antes en los verdes prados irlandeses, y dueño de un exquisito pedigrí, desde sus primeras actuaciones en pista demostró su calidad como corredor. Luciendo los históricos colores verde y rojo del príncipe de los ismaelitas, el magnate Aga Khan, y tras disputar ocho carreras en las que se impondría en seis de ellas con unas ganancias de más de 400 libras de esa época, en otoño de 1981 se retiraría de las pistas con todos los honores, siendo premiado con el galardón de Caballo del Año en Europa. Pese a las mareantes ofertas recibidas por parte de inversores norteamericanos, el Aga Khan no estaba dispuesto a desprenderse de un caballo que era la plasmación de todos sus sueños como propietario y criador de caballos. Las carreras eran su obsesión, y Shergar, su obra maestra.

Estaba decidido, no iría a Estados Unidos, se quedaría en Irlanda, en una yeguada en el condado de Kildare, centro neurálgico de la cría de caballos irlandesa, donde comenzaría a servir como semental. El campeón se quedaba con ellos. Un orgullo para un país tan amante de los caballos como Irlanda. Sindicado en acciones nada más terminar su carrera como corredor, se vendieron participaciones del caballo a diferentes criadores, por un valor total de unos quince millones de dólares. Pero el sueño se tornaría pesadilla un 8 de febrero de 1983, cuando un grupo de hombres armados irrumpió en la casa del encargado de la yeguada, Jim Fitzjerald.

El secuestro fue efectuado de una manera sumamente profesional. Pasadas las ocho de la noche, y tras retener a los trabajadores que cuidaban de la yeguada, cargaron al caballo en un transporte específico para caballos, mientras que en otro coche se llevaron secuestrado a Jim, que no sería liberado hasta horas más tarde. La fecha no fue elegida al azar. El día anterior al secuestro se había celebrado una de las mayores subastas de caballos del año en Irlanda, con lo que todas las carreteras de la zona estaban invadidas de camiones llenos de caballos que trasladaban a sus nuevos destinos, lo que dificultaría más la búsqueda de Shergar. Uno de los secuestros más extraños de la historia de Irlanda había comenzado.

Para empezar, una vez que Jim Fitzjerald fue liberado, y tras llamar a su hermano, que también trabajaba con él en la yeguada, para decirle que se encontraba sano y salvo, se pusieron en contacto con los accionistas del caballo, con el veterinario responsable de Shergar, con gente conectada con el mundo de las carreras de caballos e incluso con altos cargos de ministerios irlandeses, hasta que el ministro de Economía irlandés Alan Dukes telefoneó al ministro de Justicia, y este a su vez a la policía… habían transcurrido más de ocho horas desde la desaparición del caballo hasta que el hecho fue conocido por la policía. La investigación no despegaba con buena pinta.

Tras una ronda de urgencia entre ellos, los accionistas del caballo deciden que no se pagará ningún rescate por el animal. Y es que, pese al altísimo valor de Shergar, someterse a las exigencias de los captores supondría un peligrosísimo precedente. Irlanda es tierra de caballos (y de incentivos fiscales en lo relacionado con la cría), y muchos de los mejores y más caros sementales del mundo estaban estabulados en la isla esmeralda. Y todos, sin excepción, están sin medidas de seguridad especiales. Son explotaciones familiares, que, pese a albergar a ejemplares valorados en millones de dólares, se siguen manejando de una manera tradicional. Implementar medidas de seguridad supondría un coste incalculable, y el fin de una actividad tan rentable como tradicional en Irlanda. Y, para más inri, la aseguradora Lloyds negó tajantemente la posibilidad de un pago de rescate. Se optaría por la recompensa, descartándose, por lo menos oficialmente, pago alguno a los secuestradores. «En ese momento, todos los propietarios decidieron comenzar a negociar, pero nunca pagar», declararía años más tarde Jackie Astor, uno de los mediadores en el secuestro.

Shergar y Walter Swinburn, 1981. Foto. Cordon.

Curiosamente los secuestradores, que tan eficientemente habían llevado a cabo el secuestro de Shergar, se comenzaron a mostrar sumamente incompetentes para la negociación del rescate. Según se supo luego, hicieron diversas peticiones, en su mayoría irracionales, hasta el punto de que suscitaron la duda de si realmente esperaban recibir el rescate (por ejemplo, llegaron a exigir el pago en billetes de cien libras esterlinas, billete que no existía).

Desde el primer momento se piensa en la organización terrorista IRA como responsable del secuestro. Pero hay algo que no cuadra. Los captores dan por supuesto que el caballo es propiedad por entero del Aga Khan, cuando cualquier aficionado irlandés sabe que el caballo ha sido sindicado en acciones, una circunstancia realmente extraña dada el carácter y el conocimiento de los terroristas irlandeses del terreno en el que se movían. Otro aspecto sorprendente es que los captores minusvaloraron la reacción popular ante el secuestro, ya que en un país tan amante de los caballos y las tradiciones como Irlanda, era fácil suponer que cada habitante de las zonas rurales iba a dar aviso a la policía de cualquier pista que encontraran sobre la desaparición de Shergar. Y es que las carreras de caballos, y Shergar en particular, son uno de los grandes motivos de orgullo en Irlanda, cosa que sin duda los terroristas del IRA debían de conocer. El encargado de la investigación designado fue el detective James Murphy, pero el Aga Khan, que todavía poseía una gran parte de las acciones de Shergar, le ninguneó desde el primer momento, prefiriendo contratar a un ejército de investigadores privados.

Hay que resaltar que el IRA nunca reivindicó oficialmente el secuestro, lo que ha dado lugar a diferentes teorías, como que el acto delictivo había sido llevado a cabo por una célula de la organización terrorista sin contar con la aprobación de la plana mayor de la organización, o que directamente el IRA solo había sido contratado por la mafia marsellesa para llevar a cabo el secuestro, como ajuste de cuentas con el Aga Khan debido a turbios asuntos nunca aclarados. Más descabellada parece la teoría de que el secuestro fue encargado al IRA por el coronel Gadafi para saldar la deuda que tenía la organización irlandesa con Libia por una compra de armas, e incluso basado simplemente en una antipatía por motivos religiosos e ideológicos contra el Aga Khan (durante muchos años circuló el rumor de que Shergar estaba ejerciendo secretamente de semental en algún país árabe). El principal defensor de esta teoría de la conexión Gadafi e IRA.es Colin Turner, un periodista londinense, como defiende en su libro En busca de Shergar (libro que, por cierto, contiene diversos errores de bulto y hechos que se ha demostrado que nunca sucedieron)

¿Y qué tal la mafia de Nueva Orleans? Esta teoría está basada en la conexión del agente de purasangres, Jean Michel Gambet. Parece ser que Gambet tenía cuantiosas deudas con la mafia, y habría planeado el secuestro de Shergar para la mafia como pago de sus deudas. El secuestro no llegó a buen puerto, con lo que Gambet no fue capaz de devolver lo que debía, por lo que se creyó que le prendió fuego al coche y posteriormente se suicidó de un disparo. Sin embargo, el examen forense indicó que había sido asesinado. Todo muy confuso.

Sea como fuere, la opinión más extendida es que de una manera u otra el IRA había estado involucrado en el hecho. Así, años más tarde, Sean O’Callaghan, exmiembro del IRA que acabó trabajando como agente doble para la policía, confesaría haber participado en el secuestro y que tuvieron que dar muerte a Shergar a las pocas horas de su captura al haberse dañado irreversiblemente en las patas, habiéndose llevado a cabo la negociación cuando el caballo ya había fallecido. Pero esta versión tampoco ha acabado de convencer a la policía, ya que la verosimilitud de las informaciones de Sean en el pasado tampoco es que fuera irreprochable. Y, como colofón, Nicky Kehoe, señalado por O’Callaghan como miembro activo en el secuestro, lo ha negado furibundamente, acusando a Sean de mentiroso «mintió en el pasado, y miente ahora. Nadie en su sano juicio le creería», declaró el que es actualmente dirigente del Sinn Féin.

Por otro lado hay otros rumores que indican que Shergar fue ejecutado a sangre fría cuando el cerco policial comenzó a estrecharse. Obviamente este punto nunca ha sido (ni será) reconocido por el IRA. Lo único cierto es que el cuerpo de Shergar nunca ha aparecido, pese al tiempo transcurrido y a la copiosa recompensa ofrecida por la compañía de seguros.

Y es que la plana mayor de los terroristas irlandeses siempre ha negado su intervención en el hecho, incluso su conocimiento de los culpables. Así, Martin Kenny, perteneciente a la cúpula del Sinn Féin, declaró hace poco que no solo no sabe quién estuvo detrás del secuestro, sino que directamente nunca oyó a nadie comentar que conociera a alguien que tuviera alguna información de qué pasó con Shergar, cosa realmente extraña dada la red de informadores que tenía el IRA a todos los niveles. En esa línea se mantiene el historiador Kevin O’Connor, persona muy conocedora de las tripas del IRA, que siempre se ha mostrado contrario a esta teoría, manteniendo que era imposible que en una estructura tan jerarquizada y profesional como era la banda terrorista un hecho tan importante hubiera escapado al control y conocimiento de las más altas instancias de la organización.

Y es que solo en la verde Irlanda, tierra de magia y leyendas, podría darse un caso tan rocambolesco como el secuestro y desaparición del que probablemente sea uno de los caballos de carreras más famosos del mundo, el inolvidable Shergar.


La Pegasus World Cup y el español que odiaba el frío

Fotografía: Oliver Chua (CC).

Si hay un mundo donde la tradición es ley, ese es sin duda el de las carreras de caballos. Así, las principales carreras del mundo tienen su historia, sus costumbres y sus referentes; el Derby de Epsom (de donde proviene el término «derbi» que ahora se aplica para todo) se viene celebrando desde finales del siglo XVIII en un recorrido tan absurdo como diferente que lo hace tan especial que a ningún dirigente se le ocurriría modificarlo, o las tradiciones del meeting de Royal Ascot, con la llegada de la reina de Inglaterra en carruaje para abrir el evento mientras los asistentes la ovacionan luciendo sus chisteras y pamelas.

Incluso cada carrera tiene sus bebidas «personalizadas», como el famoso «Mint Julep» del Derby de Kentucky, una mezcla de bourbon, menta y azúcar, del que se consumen más de ochenta mil copas durante la jornada de la histórica carrera americana. Y es que cada carrera tiene su personalidad, labrada durante décadas o siglos. Por eso es tan difícil crear carreras de caballos nuevas que se hagan un hueco entre el puñado de pruebas míticas que se disputan a lo largo del mundo.

Por mucho dinero que se ofrezca al ganador, los grandes propietarios siempre suelen escoger la gloria sobre la bolsa, ya sea por su condición de guardianes de la tradición, como puede ser la reina de Inglaterra o la familia real saudí, por su condición de millonarios, como las grandes fortunas históricas europeas, o simplemente porque, de cara al prestigio del caballo cuando pase a ejercer de semental, luce más un entorchado en esas míticas pruebas a la hora de fijar el precio por cubrición. Como ejemplo, desde hace veinte años se celebra en Dubái la prueba mejor dotada del mundo… y, aun así, cada año pierde brillo y fuste y solo la participación de los caballos de su organizador, el multimillonario y hombre fuerte en el Gobierno de Dubái, Mohamed Bin Rashid Al Maktum, consiguen que esta carrera siga estando en la élite de las carreras de caballos.

Por eso, cuando hace un año el magnate tejano Frank Stronach anunció la creación de una carrera con unas condiciones tan novedosas como atractivas, el mundo del turf (como se denomina a las carreras de caballos) no pudo más que mostrar su escepticismo. Y es que sus reglas rompían todo lo establecido. Se fijaba previamente el número de participantes en doce, y cada propietario, tras el pago de un fee de un millón de dólares, preinscribiría a dos ejemplares casi un año antes de la disputa de la carrera. Luego podría vender, prestar, alquilar o compartir su derecho a participar en la carrera con otros propietarios. A su vez, esos propietarios, además del derecho a participar en la carrera y de tener preferencia para las siguientes ediciones, también tendrían una cuota del dinero que se produjera por derechos de televisión, merchandising, monto en las apuestas, etc.

Sorprendentemente, a las pocas semanas los doce puestos para los cajones de salida estaban vendidos. Como llamativa se puede definir la magnífica acogida de una idea tan rompedora en el inmovilista mundo de las carreras de caballos, no solo por vender las plazas tan rápido, sino porque los compradores han sido algunos de los emporios más reconocidos y poderosos de este mundillo. Y es que las grandes cuadras americanas, europeas o japonesas apoyaron sin fisuras esta nueva forma de entender el turf, medio deporte medio negocio, pero siempre espectáculo. La cita será el sábado 28 de enero en el hipódromo de Miami, con las cámaras de la NBC en directo y más de ochenta mil espectadores in situ, y una bolsa de siete millones de dólares para el caballo vencedor. Por poner un ejemplo, el ganador del Derby de Kentucky recibe menos de 1,5 millones de dólares. Nunca se ha visto nada igual en la historia del turf. El espectáculo está servido.

Y allí, entre los mejores de la élite, tendremos a un jinete español, Antonio Gallardo. Nacido hace veintiséis años, este jerezano ya lleva seis años en el dificilísimo turf de Estados Unidos. Y es que en Gallardo se aúna la mejor y más cinematográfica versión del sueño americano con los recuerdos en blanco y negro de la emigración española de hace décadas.

Antonio, ¿por qué no te vas a Miami, que es un sitio calentito? Tienes un peso bueno, eres inteligente, estás progresando, vete tres meses, aprende todo lo que puedas y después te vienes conmigo como primer jockey de la cuadra a Francia.

Y es que un comentario en una cena puede cambiar la vida de un deportista. Eso fue lo que le sucedió a Gallardo al oír lo que su entrenadora, la americana afincada en Europa Jennifer Bidgood, le aconsejó cuando caía el invierno en Europa.

Cuando llegué a Estados Unidos estuve durmiendo en el suelo. La casa donde estaba no tenía colchones, ni muebles. Apenas tenía dinero para comer. Los primeros meses fueron muy duros. Vine sin nadie y la soledad es muy dura. Pasé semanas sin subirme a un caballo. Pronto entendí por qué apenas hay jockeys europeos allí.

Estados Unidos es un mundo de una competitividad brutal donde los mejores jinetes de toda Sudamérica pugnan por hacerse un hueco. Los comienzos de Gallardo en EE. UU. fueron duros, muy duros. Era un desconocido y no contaba con el apoyo de un poderoso agente ni una cuadra determinada. Trabajaba como freelance y no le ofrecían montas, y tuvo que comenzar limpiando las cuadras para subsistir. En su primera semana no había conseguido que le dejaran subirse a un caballo. Parecía abocado a ser otro jinete que tras una breve experiencia en Estados Unidos regresaba a su país de origen contando la dureza e injusticia de un turf tan ultracompetitivo como el americano.

En España era de los jinetes más prometedores, pero allí eso daba igual: su estilo no servía para EE. UU., esto era otro mundo, España quedaba muy lejos, y las reglas eran diferentes. Era uno más entre los cientos de jinetes llegados de todos los lugares del mundo que cada año esperaban vivir el sueño americano, con el inconveniente añadido del poco peso que tiene el residual turf español. Pero Gallardo supo ver rápidamente lo que a muchos jinetes les cuesta años aceptar. Había que empezar de cero, muchos jinetes con más nombre que el español no habían conseguido triunfar. O se adaptaba o fracasaría, no había más opciones. Buscó un agente por medio de un conocido que tenía en Europa. Eran las reglas americanas. Y montaría como un americano.

Tenía que cambiar en la manera de montar, pero no tenía manera de hacerlo porque apenas me subía a un caballo. Así que fabriqué un caballo con palos, con mi agente Víctor Centeno.

Pero poco a poco el Pecas, como se le conoce coloquialmente, comenzó a entender esta manera tan peculiar de vivir las carreras de caballos. Su adaptación es sorprendente y su nombre empieza a sonar; comienza a no ser extraño verle ganar sus carreras. Incluso algunos preparadores le van a buscar para ofrecerle montas tras verle montar en los entrenamientos de los caballos. Es joven y se ha acoplado perfectamente a la forma de montar americana, de estribos más cortos, más aerodinámica y teniendo que medir más los esfuerzos del caballo, con pistas más rápidas que las europeas y en perfecto estado, lo que obliga a ir siempre cerca de la punta de la carrera. Y su mejora se va haciendo patente, reflejándose en sus resultados. Y, como como en casi todas las cosas, hay un momento y un nombre; Kathleen O’Connell, la primera mujer del Hall of Fame del Hipódromo de Calder y una entrenadora de prestigio en Florida.

Gallardo había empezado a hacerse con un nombre en lo concerniente a los caballos difíciles (el haber trabajado en España domando potros le había curtido en ese quehacer). Y es que en Estados Unidos si un caballo se muestra díscolo en la precarrera, el jinete se baja y se niega a montarlo, acto que es legal y aceptado. O’Connell tenía en su cuadra un potro realmente difícil, por lo que le ofreció la monta a ese españolito que tan bien se agarraba a la montura. Una vez en los cajones de salida, y cuando el resto de los caballos ya habían partido, la montura de Gallardo se quedó clavada, pero su jinete, más que otra cosa por enseñarle a correr mirando para futuras carreras, lo fustigó, obligándolo a correr, pero partiendo con retraso considerable… El caballo ganó la carrera, y O’Connell comenzó a darle oportunidades, sobre todo con caballos difíciles. Ya era alguien. Empieza a crecer, y desde hace un par de años, comienza a pelear con los mejores, y poco a poco sus números empiezan a sobresalir de una manera constante; cambia de agente, empieza estar a otro nivel. Triunfa en las estadísticas de hipódromos tan relevantes como Tampa, Calder o el mismísimo Gulfstream (donde se celebrará la Pegasus Word Cup), obteniendo repetidamente el premio al jockey del mes en esos hipódromos.

Ahora que me encuentro en el grupo de los top jockeys en Tampa todo es diferente. Hay días que trabajo con un solo caballo. Voy con mi agente, chequeamos las cuadras más grandes de las que me apoyan, y termino mi jornada. En mis inicios montaba catorce o quince caballos por las mañanas y competía en carreras por la tarde. La espalda me mataba. Yo muchas veces sentía en las últimas carreras que los músculos no me daban. Hasta que cogí más condición. No he tenido tantos músculos en mi vida, pero aquí los tienes que tener, porque pelear mano a mano con otro jockey es duro. Aquí los jinetes te echan los caballos encima, son muy inteligentes. Montan al límite, con verdadera hambre. Ojo, que yo también lo hago hoy en día, es una de las cosas que he aprendido. Ser fiero en la pista.

Con más de mil victorias en menos de cinco años, sin duda se puede decir que se ha hecho un hueco entre las grandes fustas del circuito americano, pero le falta el eslabón que lo encadene a los elegidos, a las verdaderas estrellas del turf de Estados Unidos; participar en las grandes carreras donde solo diez o doce jinetes de entre los más de diez mil jinetes profesionales de todo el circuito están presentes. Pruebas como la Breeders Cup, el histórico Derby de Kentucky y, por supuesto, la novedosa y excesiva Pegasus Cup. Y ahí sí que estará el jerezano, montando un pura sangre llamado War Story. Un hecho histórico para un turf modesto como es el español.

Y es que, algunas veces, el talento se impone a la lógica, y el próximo sábado veremos a un jinete español en la carrera mejor dotada de la historia, viviendo la esencia del sueño americano, siendo protagonista de la opulenta e histórica primera edición de la Pegasus Cup en Miami. Y todo porque Antonio Gallardo odiaba el frío.


Frankie Dettori, el último pistolero

Castle Harbour ridden by Frankie Dettori wins The Conundrum HR Consulting Stakes during day one of the Dante Festival at York Racecourse.
Frankie Dettori. Fotografía: Cordon Press.

Parece diáfano que actualmente lo políticamente correcto en el deporte es ser humilde y modesto. Sin duda la mujer del César en este siglo hubiera sido deportista profesional. No solo hay que serlo, sino, y fundamentalmente, parecerlo. Una franca sonrisa te hace ganar muchos adeptos, contratos publicitarios, popularidad. Hay que evitar un mal gesto, una salida de tono. No hay nada como ser un perfecto chico de pueblo bendecido con el don de la genialidad, o un superviviente de una favela que nos recuerde la maravillosa redención por el deporte, lavando la conciencia del espectador medio. Actitudes vitales sin duda admirables, pero cargantes. Y es que hay otro estilo de figuras. Están los grandes deportistas, luego los cracks y, por último, las estrellas. Y es que para ser considerado «una estrella» se necesita algo más que ser genial en tu disciplina. Tienes que lucir una personalidad arrolladora, ser uno de esos individuos que, como decía Scott Fitzgerald, cuando entran en una fiesta hasta la música suena más baja como muestra de respeto. Y así es Lanfranco Dettori, un maravilloso y genial jinete italiano. Una estrella en el más cinematográfico y amplio sentido de la palabra.

«Yo, desde pequeño, siempre quise ser un gánster». Parafraseando a Ray Liotta en el comienzo de Uno de los nuestros, algo parecido podría decir Dettori con respecto a ser jockey. Nacido hace poco más de cuarenta años en Milán e hijo de un jinete italiano de cierto renombre, se puede decir que nació encima de un caballo, abandonando la escuela para entrar como aprendiz en un establo dedicado a las carreras de caballos. Un año más tarde, sin hablar una palabra de inglés y con cien libras en el bolsillo partiría hacia una de las mecas del turf mundial, Newmarket, una pequeña localidad inglesa a una hora de la capital que vive por y para el caballo de carreras, entrando a trabajar con su compatriota Luca Cumani. Jinete precoz, desde sus comienzos dio muestras de su genialidad, sucediendo a un mito de la fusta como Lester Piggott en ser el jockey más joven en alcanzar las cien victorias en Gran Bretaña. Cuentan que en la cuadra ninguno de sus compañeros dudaron de que tenían entre ellos a una futura estrella del turf.

Su nombre empieza a ser habitual entre los triunfadores del día en el durísimo y competitivo mundo de las carreras de caballos británicas, lo que le lleva en 1994 a fichar como jinete titular para la cuadra de una de las figuras más relevantes del mundo de las carreras de caballos, el sheikh Mohamed Al Maktoum, hombre fuerte del Gobierno de Dubái y una de las mayores fortunas del mundo. A partir de ese momento los nombres de Dettori y Al Maktoum se verán indisolublemente unidos por casi veinte años, llegando el jinete italiano a considerar al jerarca como su segundo padre. Sus triunfos en las principales carreras europeas se suceden y Dettori se convierte en una de las personalidades más reconocibles para el público británico, fueran o no aficionados a las carreras de caballos.

Su carrera se podría decir que se sustenta en dos pilares. Por un lado su calidad, su derroche físico e inteligencia encima de un caballo, y por otro su magnífica relación con los aficionados y su excepcional manejo de los medios de comunicación. Así, por ejemplo, en 1996 es protagonista de una de las mayores gestas que se han producido en los hipódromos europeos, cuando Lanfranco se impone en las siete carreras que se disputan el mismo día en uno de los templos mundiales de las carreras, el imponente y mítico hipódromo de Ascot. Luego, ganará las más importantes carreras del mundo, entre ellas dos veces el Derby de Epsom, pero para Dettori este será «su momento», el día que recordará toda la vida. El mejor en el mejor sitio, algo inolvidable para quienes lo vivieron. Esos siete triunfos consecutivos les producen a los bookmakers ingleses unas pérdidas de más de veinticinco millones de libras de mediados de los noventa. Pero también en 1998 participó en el programa This is your life, donde mostraría a los televidentes ese encanto italiano suyo tan característico, demostrando poseer un magnetismo fuera de lo común, más propio de una estrella de la televisión que de un deportista de élite.

A finales de los noventa se puede decir que la vida sonríe a Dettori; considerado el mejor jinete europeo, su talento y entrega en las pistas no hacen más que reportarle victorias en las pruebas de más fuste de Europa, y su contrato con la poderosísima cuadra del jeque de Dubái le convierte en uno de los deportistas mejor pagados de Gran Bretaña. Pero el primer día de junio del año 2000 su vida va a cambiar. Mientras se desplazaba en una pequeña avioneta sufre un terrible accidente cerca de Newmarket. La aeronave se desploma incendiándose inmediatamente. El otro pasajero, el también jinete Ray Cochrane, consiguió sacar a Dettori de entre las llamas, salvándole de una muerte segura, para inmediatamente intentar rescatar también al piloto, maniobra en la que no tendría éxito, que morirá abrasado en el avión. Lanfranco siempre ha considerado que ahí comienza su segunda vida.

Recuerdo a Ray tirando de su chaqueta mientras intentaba sacarlo de entre las llamas. Lloraba porque no podía salvarlo. Tuve suerte de que Ray me sacara a mí primero; si no, sin duda estaría muerto.

Claustrofóbico a partir del accidente (calificado de «salvación milagrosa» por los expertos en aviación), el italiano tardará unos meses en querer volver a subirse a un caballo, meditando seriamente su retirada. Será su mujer, y principal apoyo en su vida, quien le empujará a volver a intentarlo, y con Ray Cochrane como mánager. Se recuperaría y volvería a ser considerado el mejor jinete del mundo, ganando todas las carreras denominadas «clásicas» de Inglaterra, siempre luciendo el mítico color azul del sheikh Mohamed.

Pero años más tarde eso cambiará. La cuadra del sheikh contratará nuevos entrenadores y nuevos jinetes. Traen a su base de Newmarket a una joven y prometedora fusta francesa que ya montaba los caballos del jerarca del golfo en Francia, Michael Barzalona. Dettori empieza a sentirse ninguneado, sintiendo que es orillado en la elección de los mejores caballos. No era la primera vez que traían jinetes consagrados a la cuadra, y Dettori siempre había salido triunfante, pero esta vez parecía diferente. El nuevo entrenador parecía apoyar sin fisuras a su nueva elección.

Mirado con perspectiva, el jinete italiano recordaría esos momentos como unos de los más duros de su carrera. «Yo ya había competido contra grandes jinetes dentro de la cuadra. Barzalona era un buen chico, educado y montaba muy bien, pero necesitaba coger experiencia, conocimiento, y parte de mi trabajo era enseñarle. Los dos pertenecíamos al mismo equipo. Yo traté de enseñarle cómo se montaba en Inglaterra, pero no fueron justos conmigo. Llegué a entrar en depresión. Y de ahí mis problemas con las drogas».

Time Test ridden by Frankie Dettori comes home to win the Tercentenary Stakes during Ladies Day, on day three of the 2015 Royal Ascot Meeting at Ascot Racecourse, Berkshire.
Frankie Dettori durante una carrera en 2015. Fotografía: Cordon Press.

El ambiente en la cuadra empeora, hasta llegar a ser una situación insostenible. Pero lo peor está por llegar. Se anuncia que Dettori ha vulnerado la legislación antidroga (ha dado positivo en consumo de cocaína) que rige las carreras de caballos y que será sancionado con seis meses sin poder competir. Inmediatamente el sheikh Mohamed rescinde su contrato. Dettori tratará de ponerse en contacto con el emir, al que considera su segundo padre, pero no logra que le reciba, ni siquiera que se ponga al teléfono. Sin contrato, repudiado y sancionado, parece un juguete roto. Lanfranco nunca olvidará esos momentos.

Estaba viendo la televisión cuando se anunció mi sanción. En Sky News fue noticia de portada. En segundo lugar anunciaron que Obama era reelegido como presidente. Y en tercer lugar hablaron de la guerra en Siria. Yo pensé «el mundo está loco». No estoy orgulloso de lo que he hecho, pero no he matado a nadie.

Durante su sanción entrará en Gran Hermano Vip, definitivamente parecía un jinete del pasado, un recuerdo. Pero en junio del 2013 volvió. «Fue duro, más duro de lo que esperaba. Las grandes cuadras ya tenían sus jinetes. Yo me sentía bien, pero los triunfos no llegaban, y la prensa no dejaba de insistir en que ya no era el mismo jinete, que no ofrecía garantías». En el mes de su vuelta montaría en el hipódromo de la Zarzuela en Madrid, donde ofreció su mejor perfil publicitario, haciéndose fotos y firmando autógrafos con su inmaculada sonrisa. Pero algo no funcionaba. Años más tarde, Dettori declararía que se había puesto de deadline finales del 2013. Si la cosa no mejoraba, se retiraría. Ficha por el jeque Al Thani, un propietario recién llegado y en ese momento con pocos caballos, pero con una organización perfecta, como se demostraría más tarde. Al margen de la importancia de la cuadra, no excesiva dado el pequeño número de caballos, hay un detalle que Dettori nunca olvidará: «Yo le pedí un año de contrato, pero me dijeron que no, que tenían mucha fe en mí. Me ofrecieron tres años». Algo empezaba a cambiar.

Y, sobre todo, volvería con John Gosden, uno de sus primeros entrenadores. Cuando regresaba de una competición hípica en septiembre del 2014 recibe un mensaje en el móvil donde le comentan que el jinete de Gosden ha rescindido su contrato con él para fichar (cómo no) con el sheikh Mohamed. En broma, el italiano comenta a su mujer: «No sé si debería escribir a John». Inmediatamente el móvil suena «Hola, soy John. ¿Te apetecería venirte conmigo como en los viejos tiempos?». El 1 de marzo de 2015 firma con Gosden, comenzando una nueva etapa en la vida de Dettori. El primer caballo que montará para él será Golden Horn, con el que meses más tarde se impondrá en el Derby de Epsom. Realmente su regreso no podría haber sido más triunfal. ¡Ah! Barzalona fue despedido de la cuadra inglesa del sheikh meses más tarde de la rescisión del contrato de Dettori, y el entrenador que le apoyaba fue sancionado por doping, siéndole retirada la licencia y expulsado inmediatamente del organigrama del emir de Dubái. Y Dettori será galardonado como mejor jinete del mundo en el año 2015.

Hace unos pocos meses se dio una imagen en el tradicional hipódromo de Newmarket que simboliza lo que es Dettori. Los principales jockeys se tenían que desplazar a otro hipódromo a toda velocidad tras montar en esa pista. Para ello, y como es habitual, les esperaba un helicóptero. Se vio a otra de las grandes fustas europeas correr raudo y vestido de una forma casual hacia la aeronave que les esperaba. Minutos más tarde aparecía Dettori perfectamente trajeado y con unos zapatos relucientes aproximándose al helicóptero sin ninguna prisa, sonriente, saludando a las cámaras, firmando autógrafos y haciéndose fotos con sus fans, mientras que un asistente le llevaba la maleta. Cuentan que una vez le preguntaron a Sinatra si no temía que con la edad, al perder registros vocales, el público le diera la espalda. Frank, evidentemente molesto, reprendió al periodista: «No has entendido nada. Yo no vendo música, yo vendo estilo». Pues algo similar se podría decir de Dettori. Parece el mejor, es el mejor, y está orgulloso de que todo el mundo lo sepa. Porque debajo de su vanidad y de su fotogénica sonrisa luce toda la calidad de un auténtico fuera de serie. Galardonado con la Orden del Imperio Británico por su aportación al deporte, es socio de un restaurante con el reconocido chef Marco White; ha escrito libros de cocina y posee una línea de comida italiana congelada. Pero también ha sido jinete del año varias veces, premio BBC por personalidad deportiva del año y decenas de galardones más.

Dettori es una estrella y, como tal, ama el protagonismo. Su hábitat natural no son las frías y solitarias mañanas de los galopes. Necesita público, presión, adrenalina. Los focos le quieren, y él quiere a los focos. Personaje carismático donde los haya, es imposible no reparar en él. Sonrisa cautivadora, siempre elegante e impoluto, parecería más un artista que un jinete. Pero si en el paddock es una estrella, su fulgor encima del caballo es todavía, si cabe, superior. Dotado de una elegancia innata para montar a caballo, ha sabido conjugar el estilo aerodinámico americano con la eficacia europea. Dettori ha sido, y es, un gran jinete. Confiable al 100%, puede considerársele el jinete más genial de las últimas décadas del panorama mundial. Durante muchos años fue indudablemente el número uno, y se podría decir que fue un  jinete que dio un salto más allá.

Hace pocas fechas consiguió su victoria número tres mil, uniéndose a las históricas leyendas del turf en alcanzar ese registro. En una muestra de su personalidad decidió no montar esa semana para que su victoria tres mil se produjera en el hipódromo donde aterrizó hace casi treinta años, Newmarket. Pero, realmente, hubiera dado igual que hubiera ganado tres mil que mil que cinco mil. Solo son cifras sin ningún valor. Su magnetismo, habilidad, sentido del paso y, sobre todo, clase, están un paso por delante de los números, registros vulgares que nunca reflejarán la sensación que produce cuando, acomodando su cabeza por debajo de sus brazos, lanza su montura hacia la meta.

Lanfranco es la estrella, es el mejor. Y para muchos aficionados siempre será el jinete de su vida, pues dentro del espectáculo deportivo que es el turf ha sabido reflejar como nadie su vertiente más artísticamente cinematográfica. Porque, como escribió Irvin Berlin, «There is no business like show business». Y de show, y de business, y de arte, nadie como el italiano. Ha sido todo. Un mito. El mejor pistolero. El último pistolero. El héroe que se enfrenta en solitario a la vulgaridad y al hastío de un turf cada vez más monocromo. Hasta la llegada de Ryan Moore. Pero esa ya es otra historia.

"Grand Prix de l'Arc de Triomphe" presented by Qatar Racing . Golden Horn, mounted by jockey Lanfranco Dettori, winner 2015 - John Gosden, coach of Golden Horn - FRANCE, Paris, 04.10.2015, Horse racing, Grand Prix de l'Arc de Triomphe presented by Qatar Horse riding event, competition held on the Hippodrome de Longchamp on October 4th. race course Longchamp. Frankie Dettori;John Gosden (British racehorse trainer)
Lanfranco montado sobre Golden Horn celebra su victoria junto a John Gosden. Fotografía: Cordon Press.