Novak Djokovic, Naomi Osaka y lo mejor que nos dejó el Australian Open 2019

Open de Australia 2019. Fotografía: Cordon.

Tres sets y ocho juegos ganados por parte del perdedor. Hay que remontarse a la humillante final de Roland Garros 2008, en la que Federer solo le pudo hacer cuatro a Rafa Nadal, para buscar una comparación en finales de Grand Slam entre el llamado «Big Three». Si hace menos de un año Djokovic estaba pensando en retirarse al menos una temporada, y descansar el codo malherido, ahora está a un torneo de repetir la hazaña de 2015-2016 y ganar los cuatro grandes de forma consecutiva.

Es la suya una enorme historia de superación, como la es la del propio Rafa Nadal, que se presentó en Melbourne con un partido de exhibición como todo bagaje competitivo en los últimos cuatro meses. Nada, en cualquier caso, comparado con lo de Petra Kvitova, quien hace dos años fue apuñalada salvajemente en su casa y vio cómo la mano izquierda —es zurda— le quedaba destrozada, sin apenas posibilidades de regresar al circuito. El Open de Australia 2019 nos ha dejado muchos detalles que pueden invitar a pensar en épica, remontada y cambios… pero en realidad ha sido más de lo mismo. La historia de un estancamiento masivo del que solo se salva la campeona femenina, Naomi Osaka, a la sazón nueva número uno del mundo.

Vayamos con los detalles…

1. Quince títulos de Grand Slam ya para Novak Djokovic, siete de ellos en Australia. A dos de Nadal y a cinco de Federer. No tengo claro que esa estadística sea la única válida para determinar al mejor jugador de esta generación, pero desde luego es indicativa. Más me impresiona el hecho de que a esos quince grandes, Novak sume triunfos en los nueve Masters 1000, en las ATP World Tour Finals y en la Copa Davis, además de un registro personal favorable con sus dos grandes rivales. Salvo la medalla de oro olímpica lo tiene absolutamente todo. Lo de este domingo fue una exhibición de saque, resto, derecha y revés. Es cierto que tuvo enfrente a una versión disminuida de Nadal, pero cuando juega así es imparable: no deja ni un resquicio al rival ni a su hinchada.

2. La victoria en la final la cimentó desde el saque. En todo el primer set cedió un punto y en el último juego. En el segundo, la cifra aumentó a cinco, aunque sin enfrentar bolas de break, y solo en el tercero se vio más apurado, entre otras cosas porque Nadal decidió jugársela al todo o nada en varias ocasiones. Aun así, la única bola de break que concedió en todo el partido la solventó con facilidad y cuando el partido ya estaba muy a su favor. Todo esto ante uno de los mejores restadores de la historia. Por su parte, el servicio de Nadal fue casi siempre un regalo. No tanto por el saque en sí sino por los golpes de continuación: derechas o reveses que casi nunca eran definitivos, a diferencia de lo que habíamos visto durante toda la semana.

3. Como habrán leído ya en muchos sitios, son ya diecisiete los sets consecutivos que Djokovic le ha ganado a Nadal en pista dura desde la final del US Open 2013. En total, el serbio se ha llevado trece de los últimos dieciséis partidos entre ambos en todas las superficies. Obviamente, es un dato preocupante para el español. Si el resto de grandes títulos a lo largo de los próximos años se los van a seguir repartiendo entre ellos dos y Federer, las perspectivas para el serbio son inmejorables: ninguno le tose en la superficie más utilizada con diferencia a lo largo de la temporada. Con todo, y aunque no tenga ninguna evidencia que apoye mi argumento, sigo pensando que no va a haber otra «era Djokovic» que dure dos, tres o cuatro años, hasta los treinta y cinco. Quizá no es más que un acto de wishful thinking pero me resisto a ver a estos dos mismos tenistas en la final de Wimbledon o de Roland Garros o del US Open en 2022, cuando sumen setenta años entre ambos. Las dos sorprendentes derrotas de Djokovic en la final de París –ante Khachanov– y en la final de Londres —ante Zverev— apuntaban a algo parecido al relevo… pero ahí ha quedado de momento la cosa.

4. De hecho, no hay nada más desesperanzador para el circuito que el hecho de ver que Nadal, sin competir desde septiembre y que había tenido que renunciar a Brisbane por molestias físicas, haya llegado a la final y lo haya hecho sin ceder un set ni perder el servicio en todo el torneo. Ahora mismo, la superioridad del número uno y el número dos del mundo sobre todos los demás es tal que, a medio gas, como se ha demostrado en la final, Rafa solo tuvo que disputar un tie-break en seis partidos. Puede que su cuadro no fuera el más duro posible, pero ahí estaba Álex de Miñaur, reciente ganador en Sídney; estaba Tomas Berdych, que parecía en gran forma, y estaban Frances Tiafoe y Stefanos Tsisipas, otros dos ilustres miembros de la «next gen». No le hicieron ni cosquillas y se ve que bastaba con buscárselas con un poco de fe.

5. Quizá es eso lo que falta a esta generación: fe. No lo sé. Tsisipas la tuvo para ganarle a Federer y tanto Khachanov como Zverev —lo acabamos de decir— la tuvieron al mejor de tres sets el año pasado para ganarle a Djokovic… pero el caso es que Nadal no les dio ni una sola opción. Muchos se apresuraron a decir que era «el mejor Rafa de la historia en pista dura» pero eso era imposible. Nadie se pasa lesionado tanto tiempo, se retira por precaución de un torneo y, de la nada, juega el mejor tenis de su carrera. Ni siquiera Federer, pese a ganar en 2017 después de seis meses de parón. En aquella ocasión, al menos el suizo jugó la Hopman Cup entera y tuvo que sufrir como un perro en tres agónicos partidos a cinco sets.

6. En cualquier caso, el resultado para Nadal es excelente, por mucho que Djokovic se le acerque en la famosa lista de grand slams y se aleje en la clasificación ATP. Después de cada lesión de este tipo y más conforme avanzan los años —cumplirá treinta y tres en junio—, vuelven los rumores acerca de su recuperación y una vez tras otra, ahí está Rafa para demostrar por qué lleva catorce años entre los diez primeros del mundo. Simplemente, este no era su torneo. No para ganarlo, al menos. Es su cuarta final perdida en Australia, lo que choca especialmente teniendo en cuenta que entre los otros tres grandes tan solo ha perdido otras cuatro.

7. Vamos ya con el resto de mortales y empecemos por el doble defensor del título, Roger Federer. Claramente, ha perdido comba. No ya contra Rafa y Novak —con los tres en su esplendor hace años que Federer es el tercero en discordia— sino con el resto de competidores. No tengo claro dónde está el problema porque físicamente no parece especialmente lento, así que no tiene por qué ser una cuestión de edad. Sus derrotas en los últimos tres slams —todas ellas antes de semifinales— han seguido un patrón parecido: empieza jugando de maravilla, desaprovecha varios puntos clave y de repente se viene abajo sin voluntad alguna de remontada. Cuando Roger se hunde, se hunde con todo, no hay matices. Contra Tsisipas fue muy superior en el primer set y bastante superior en el segundo. Dispuso de diez bolas de break y las perdió absolutamente todas. Cuando vio que el griego le igualaba el partido en el segundo tie-break, en vez de tirar de jerarquía, se dejó llevar por sus demonios.

8. Ahora bien, eso aún puede cambiar. Por supuesto, el adiós de Federer está mucho más cerca que lejos. Dudo que sea esta temporada porque los Juegos de Tokio 2020 están ahí y no creo que Roger quiera renunciar a una quinta cita olímpica como ya tuvo que hacerlo en Río por lesión. Mientras tanto, debe seguir al acecho. No le veo opciones serias contra Djokovic o Nadal —salvo quizá contra el segundo en hierba— pero si los dos salen de su camino, Roger siempre será Roger. No le enterremos hasta que él decida meterse en el ataúd.

9. Las dos grandes noticias del cuadro masculino han sido, por supuesto, Lucas Pouille y Stefanos Tsisipas, dos veinteañeros que llegaron a semifinales. Todo un acontecimiento. Lo de Pouille fue aún más sorprendente, teniendo en cuenta su pésimo 2018 y la irregularidad que le caracteriza. Tirando de un servicio excelente, fue pasando rondas hasta que se encontró con Djokovic en las semifinales… donde solo pudo hacerle cuatro juegos. Supongo que ver que Nadal solo le hacía ocho en la final, le hará sentir mejor.

10. En cuanto a Tsisipas, apunta alto. No sé qué quiere decir eso en este circuito tan mediocre, pero ha demostrado que puede jugar bien en tierra batida y en pista dura y se va a instalar entre los diez primeros del mundo durante algún tiempo. Con veinte años recién cumplidos no se le puede pedir más. Le ganó a Federer sin complejo alguno y naufragó tácticamente ante Nadal, que le hundió a base de bolas altas al revés a una mano. Sus declaraciones pospartido: «No sé cómo Federer le ha podido ganar más de diez veces» lo dicen todo del naufragio. La buena noticia para Stefanos es que su esplendor debería coincidir con la retirada de Rafa y ahí, sobre todo en tierra batida, se abre un hueco descomunal.

11. Otra historia positiva del torneo fue la «resurrección» de Roberto Bautista y Pablo Carreño. Es sorprendente que a estas alturas de su carrera, Bautista debute en los cuartos de final de un gran torneo, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Derrotó a grandes rivales como Marin Cilic en un partido épico y corroboró lo visto en Doha, donde fue capaz de ganar a Wawrinka, Djokovic —sí, el mismo del que hablábamos antes— y Berdych antes de hacerse con el título. En cuanto a Carreño, ocurre como con Pouille: absolutamente nadie le esperaba en octavos y aun así consiguió filtrarse con buenas dosis de sufrimiento. En esa ronda perdió ante Nishikori, no sin antes dejar uno de los momentos del campeonato.

12. Pongámonos en situación: después de un 2018 para olvidar, Carreño llega a octavos de final de Australia y le gana los dos primeros sets a Kei Nishikori. La cosa parece hecha pero se complica: desaprovecha un break a favor en el tercero y acaba cediéndolo en la muerte súbita. Pierde el cuarto sin ofrecer demasiada resistencia y en el quinto cede su servicio nada más empezar, dejando que Nishikori saque para culminar la resistencia… pero, de repente, Carreño saca su mejor tenis, rompe al japonés y consigue forzar el llamado «super tie-break» del quinto set, al mejor de diez puntos. No solo eso, sino que se adelanta 8-5, una diferencia prácticamente imposible de remontar. Y entonces, pasa lo que han visto en el vídeo. Una decisión polémica, un jugador que se va completamente del partido y cinco puntos que van pasando uno tras otro al marcador del nipón, entre la desesperación y los insultos de su rival. En la siguiente ronda, Nishikori, para seguir su tradición, se retiraría.

13. Por cierto, a esto del «super tie-break» habrá que acostumbrarse. De momento, a mí se me hace corto. Entiendo que no tiene sentido llegar al 70-68 pero ponerse a ello en el 6-6 me resulta precipitado. Tal vez podrían esperarse al 10-10 y no pasaría nada. En cualquier caso, si los jugadores lo prefieren, no hay mucho que discutir.

14. Españoles: aparte de Bautista, Nadal y Carreño, Verdasco tuvo momentos de verdadera brillantez en el que es su Grand Slam favorito y se quedó a un punto de ganar a Marin Cilic en tercera ronda. El problema, en términos de relevo, es que Verdasco tiene treinta y cinco años. De los jovencitos, aún no se sabe nada, aunque se sabrá: Jaume Munar  —que ya no es tan jovencito a sus veintiún años— se retiró en primera ronda después de perder dos tie-breaks con Fabio Fognini, mientras que Nicola Kuhn y Alejandro Davidovich se quedaron en la segunda ronda clasificatoria. En cualquier caso, seguimos creyendo.

15. Si la «next gen» como concepto y a excepción de Tsisipas ha sido la gran decepción del torneo, nadie encarna mejor esa decepción que Alexander Zverev. Lo del alemán es incomprensible: es capaz de ganar a los mejores y jugar como los ángeles en torneos tan importantes como los Masters 1000 o las mismísimas World Tour Finals… pero se viene abajo lamentablemente en cada Grand Slam. Y, sinceramente, si no eres capaz de cambiar eso ni con Ivan Lendl como entrenador, tienes un problema muy serio. Lendl consiguió cambiar la mentalidad de Murray y puede que lo consiga con Zverev, pero el camino se nos está haciendo largo. Está claro que el chico no está para competir de tú a tú con Djokovic o Nadal al mejor de cinco sets, pero entre eso y perder contra Raonic en tres mangas (1-6, 1-6 las dos primeras) tiene que haber un punto medio.

16- Por cierto, hay que hablar de Murray. Qué difícil es evaluar su carrera. Se retirará después de Wimbledon —puede que antes, acabó su partido de primera ronda contra Bautista en Australia hecho unos zorros— con solo tres Grand Slams en su carrera. Los mismos que Wawrinka. Y, con todo, ha sido un jugador descomunal y un verdadero ejemplo fuera de la pista, destacando por su sensibilidad en torno al sexismo en el tenis. No en vano, eligió a Amélie Mauresmo como entrenadora cuando su carrera necesitaba un nuevo giro. Ha sido finalista en todos los grandes, ha ganado una pila de torneos, ha sido campeón olímpico dos veces… y aun así, ni siquiera su fugaz paso por el número uno, evitará que, con los años, el famoso «big four» quede para la historia como un «big three con acompañantes». Sobreviviente de la tragedia de Dunblane, cuando un loco entró en su colegio y mató a dieciséis niños, el escocés ha estado siempre rodeado por ese aura de maldito e inconformista, incapaz de agradar a tanta gente que estaba empeñada en ser agradada por él. Confiemos en que pueda estar en Wimbledon y que reciba la ovación que se merece en la pista central.

17. Último apunte masculino: Alex de Miñaur, el australiano de origen vasco, tiene «pintaza». Vale que contra Nadal no pudo hacer nada y que quizá no es lo más sensato afrontar un Grand Slam jugando nueve partidos en dos semanas… pero a los diecinueve años este chico parece cosa seria, igual que Shapovalov, que al menos cayó en tercera ronda sacándole un set a Djokovic, es decir, con algo de dignidad. No se puede decir lo mismo de Karen Khachanov, otra gran decepción que se nos pasará pronto.

18. Pasemos al cuadro femenino y empecemos loando justamente a la campeona: Naomi Osaka. No es solo su talento, sino su capacidad para lidiar con situaciones críticas. Ganó el US Open derrotando en la final a Serena Williams en medio del abucheo de toda la pista central y casi entre lágrimas. En su siguiente grande repite título después de recuperarse de una de esas situaciones que marcan una carrera: Osaka tuvo un 7-6, 5-3 y 0-40 a su favor sobre el servicio de Kvitova y no solo desperdició las tres bolas de partido sino que perdió su servicio dos veces más en el set y acabó teniendo que irse a un tercero. Cualquier otra jugadora —más a los veintiún años— se habría venido abajo, pero a los tres juegos ya volvía a estar break arriba y esta vez ya no dio más opciones.

19. La alegría de Osaka fue la decepción de Kvitova, pero, ¡qué torneo el de la checa! Se plantó en la final sin perder un solo set gracias a un cuadro bastante favorable y se agarró a esa final como se agarró a la vida en diciembre de 2015. Hablamos de un ataque cuyas secuelas físicas y mentales acabarían con cualquiera de nosotros y Petra ahí está, luchando por volver a ser la mejor del mundo, como cuando ganaba Wimbledons e impresionaba con su juego de ataque. Se ha quedado a un paso de un nuevo grande y de recuperar el número uno, pero ha demostrado de qué material está hecha. Esperemos que haya más oportunidades.

20. Si lo de Kvitova fue una sorpresa —relativa, pues no dejaba de ser la cabeza de serie número seis—, no sé cómo calificar lo de Daniele Collins, su rival en semifinales. La estadounidense, número 35 del mundo, consiguió superar a Caroline García y Angelique Kerber para lograr su mejor resultado en un slam. Aún tuvo energía para aguantarle un set a Kvitova (llegó a estar break arriba) pero se vino abajo en el segundo. Hablamos de alguien que venía de caer en primera ronda de Sidney tras pasar por la ronda clasificatoria.

21. Si Kvitova y Collins fueron las sorpresas, Karolina Pliskova fue la gran «aguafiestas». Todo el mundo soñaba con un nuevo enfrentamiento entre Naomi Osaka y Serena Williams después de lo que pasó en Nueva York, pero la mala suerte se cebó con la estadounidense. Sin quitar méritos a una gran jugadora como es Pliskova, solo la desgracia en forma de «falta de pie» y lesión en el tobillo pueden lograr que Serena pase de ganar 5-1 en el tercer set y disponer de cuatro pelotas de partido a acabar arrastrándose y perdiendo 5-7. El récord de la homófoba Margaret Court-Smith sigue a un grande de distancia pero se está haciendo rogar. Y Serena, como Roger, va para treinta y ocho este año. Aunque apenas se note.

22. Garbiñe Muguruza. ¿Qué hacemos con Garbiñe Muguruza? Yo sigo pensando que tiene otro slam en su raqueta y que, en cualquier caso, habiendo ganado dos y sido número uno del mundo, pues ni tan mal. Su torneo fue anodino, como casi todo lo que viene haciendo últimamente. Muy por debajo de su talento. Protagonizó como anécdota el partido con comienzo más tardío de la historia del Grand Slam —pasada la medianoche ante Johanna Konta— para acabar cayendo en la siguiente ronda ante la propia Pliskova sin ofrecer demasiada resistencia. Al menos, esta vez no hubo imágenes de discordia con su entrenador.

23. Quien se presentó sin entrenador en Melbourne fue Simona Halep. Ella misma se ocupó en autodescartarse para el título con tanta insistencia que empezó a resultar sospechoso. Sin embargo, tenía razón: parece que su juego no es el mismo y la ex número uno del mundo cayó en octavos ante Serena Williams perdiendo de paso su trono. Le hizo sudar a la estadounidense, eso sí, justo dos días después de derrotar a su hermana Venus, ganadora de este torneo… en 2003.

24. En cuanto al resto del tenis femenino español y confirmado el bajón anímico y físico de Carla Suárez, que volvió a quedarse en segunda ronda, destaca la presencia de la ganadora del Roland Garros junior de 2015, Paula Badosa. Entre lesiones y diversos problemas, a Badosa le está costando llegar. Tanto que esta fue su primera participación en un Grand Slam y perdió en primera ronda. La buena noticia es que aprovechó la segunda semana para quedarse en Australia, disputar un torneo ITF y llegar a la final. Debería al menos ser fija en los grandes cuadros; a partir de ahí, el nivel del circuito WTA es tan alto y tan variado, que es difícil pronosticar.

25. Vamos con el resto de ganadores: los franceses Herbert y Mahut completaron su Grand Slam particular al hacerse con el torneo de dobles masculinos. Por el camino, eliminaron a los hermanos Bryan, de vuelta al circuito como pareja tras casi un año de lesión de Bob. Teniendo en cuenta los excelentes resultados que cosechó Mike con Jack Sock el año pasado —ganaron Wimbledon, el US Open y las World Tour Finals— el hecho de esperar pacientemente a su hermano y seguir adelante con su carrera en común cuando ambos están ya en los cuarenta dice mucho de él. El doble femenino fue, sorprendentemente, para la pareja Sam StosurZhang Shuai, lo que quiere decir que por fin Stosur puede presumir de ser campeona del Abierto de su país después de más de una década intentándolo en individuales. Los mixtos fueron para la excelsa doblista Barbora Krejcikova y el bombardero estadounidense Rajeev Ram.

26. Por último, repasemos los ganadores de los torneos junior, por si algún año de estos —¿2025, 2030…?— consiguen tomar el relevo de Djokovic y Nadal. Ya sin Chun Hsin Tseng como gran dominador, el torneo masculino lo ganó el italiano Lorenzo Musetti, del que se hablan maravillas, y que tuvo que salvar dos bolas de partido antes de imponerse al estadounidense Emilio Nava por 14-12 en el tie-break definitivo. El femenino fue también a manos de la cabeza de serie número uno, en este caso la danesa Clara Tauson, que derrotó en la final a la canadiense Leylah Annie Fernández.

Nos vemos en cuatro meses y medio en Roland Garros, donde no es de prever otra final que no sea un nuevo Nadal- Djokovic… aunque ahí, desde luego, el serbio no lo tendrá tan fácil.


Roger Federer, Serena Williams y veinte cosas que aprendimos de este último Wimbledon

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Roger Federer tras perder contra Milos Raonic en Wimbledon 2016. Fotografía: Cordon Press.

A la tercera fue la vencida. Después de dos finales de Grand Slam perdidas este año, Andy Murray y Serena Williams consiguieron alzar el título en Wimbledon y, todo hay que decirlo, con bastante holgura. A los treinta y cuatro años, el dominio de «la pequeña de las Williams» en los grandes torneos de la WTA es abrumador. Baste con decir que entre 2015 y lo que va de 2016 suma cuatro títulos, dos finales y una semifinal. De acuerdo, no es perfecta, pero su estatus ya está prácticamente a la altura de las más grandes campeonas. Su vigésimo segundo slam la iguala con Steffi Graf, solo por detrás de Margaret Smith Court, aunque la australiana apenas tuvo competencia durante sus años de esplendor.

Otra cosa es lo de Murray, porque todos sabemos que el gran dictador del circuito masculino es Novak Djokovic. Tan dictador que casi habíamos pasado por alto la excelente temporada del escocés. Pasado el ecuador de la temporada, Murray queda a menos de mil puntos del serbio en la clasificación anual, es decir, si consigue mantener la concentración y la ambición aspira a acabar 2016 como número 1 del mundo ante un tipo que acaba de igualar un récord de 1969.

El camino de Andy hacia su tercer Grand Slam, el segundo en Wimbledon, fue prácticamente un paseo excepto por ese partido que siempre se le atraganta en cada torneo y que esta vez le pilló en cuartos de final contra Jo-Wilfried Tsonga. Murray ganaba dos sets a uno y tenía break a favor en el cuarto. De repente perdió cuatro juegos seguidos, se fueron a la quinta manga y el francés llegó a tener bola de break sobre el servicio de Murray en el primer juego. Quizá de haber aprovechado esa oportunidad ahora estaríamos hablando de otro ganador… pero no lo creo, la superioridad de Murray ahora mismo sobre cualquier rival que no se apellide Djokovic es tal que algún recurso habría encontrado para darle la vuelta al desaguisado.

Con todo, un torneo como Wimbledon da para mucho análisis, vamos a intentar resumirlo todo en veinte párrafos:

  1. Igual que los triunfos de Novak Djokovic no tendrían que haber eclipsado la enorme temporada de Andy Murray, hay que intentar que el triunfo de Murray no eclipse el enorme torneo de Milos Raonic. El canadiense ha conseguido ser el primer jugador nacido en la década de los noventa en llegar al menos a una final de Grand Slam. Estando en 2016 me parece una barbaridad. Ya solo queda que algún noventero dé el paso adelante y gane por lo menos un Masters 1000, que de momento ni eso.
  1. Por cierto, la final entre Murray y Raonic fue solo la segunda de Grand Slam desde el Australian Open de 2005 sin Djokovic, Federer o Nadal. La otra excepción se dio en el US Open de 2014, cuando Kei Nishikori y Marin Cilic se jugaron el trofeo. En Wimbledon hay que remontarse hasta 2002, la final entre Hewitt y Nalbandian. De 2003 en adelante, siempre había estado presente alguno de los tres grandes.
  1. De hecho, no faltó mucho para que Federer estuviera el domingo en la pista central. Faltó poco más de un punto, el que le hubiera dado el break casi definitivo en el cuarto set ante Raonic las tres veces que tuvo oportunidad. No pudo ser. El suizo acabó entregando la manga tras desaprovechar un 40-0 con su servicio en el último juego —dos dobles faltas y un millón de decisiones tácticas inexplicables— y llegó al quinto set sin gasolina, como si tuviera casi treinta y cinco años y llevara todo el año sin enganchar dos meses seguidos de competición.
  1. Le mando un mensaje a Carlos Moyá, el entrenador de Raonic, para felicitarle y lo primero que me dice es: «Derrota durísima para Roger». Esto tiene tres explicaciones: 1) Que sabe que yo soy un forofo de Federer como no lo soy de nadie más en este mundo, 2) que él también, en cierto modo, siente ver a una leyenda perder de esa manera y 3) que los dos sabemos que este, ahora sí, pudo ser su último baile en un Grand Slam. En semifinales, sin Djokovic en el cuadro, con ventaja de dos sets a uno, en un torneo que ha ganado siete veces… El escenario era inmejorable, pero a la vez llegaba en el peor momento. Federer venía de jugar dos torneos de preparación horribles y uno no pasa de la nada al todo en dos semanas así como así. Salvo que seas Pete Sampras y estés en el US Open de 2002.
  1. ¿Qué pasó con Djokovic? Bueno, pues que perdió. Ya saben para qué hacen estas cosas, para que unos ganen y otros pierdan. Sería absurdo decir que a Novak le daba igual ganar este Wimbledon porque a nadie le amarga un dulce, pero después de ganarlo todo y sabiendo que tiene los Juegos Olímpicos a un mes de distancia, es normal que su preparación física y mental esté destinada a otros retos. Que la derrota fuera ante Sam Querrey quizá resultó lo más sorprendente.

  1. Raonic aparte, no se puede decir que los jóvenes aspirantes hayan tenido un gran torneo (y Raonic, ojo, tiene veinticinco años, no es ningún adolescente). Thiem hizo la típica de jugar todos los torneos previos para caer desfondado en segunda ronda del que verdaderamente cuenta. Ya sé que en Roland Garros le salió bien, pero como táctica es un suicidio. Zverev pasó un par de rondas, que es lo que uno puede considerar un éxito a los diecinueve años, y Fritz tuvo la enorme mala suerte de enfrentarse a Stan Wawrinka en la primera. Aun así le ganó un set. Viéndole jugar en Sttutgart ante Federer da la sensación de que este chico va a ganar en Londres más de una y de dos veces, pero nunca se sabe.
  1. Nick Kyrgios es un caso aparte. Llegó a octavos de final, sí, pero su actitud volvió a ser bochornosa. Ha llegado un momento en el que el jugador australiano parece irrecuperable para la competición… y eso que solo tiene veintidós años. Todo son quejas, todo son burlas, todo son distracciones. Como alguien comentaba en Twitter, si es verdad que no le gusta el tenis quizá debería hablar con Agassi, pero ni creo que Agassi tenga tiempo para hacer de Hermano mayor ni creo que Kyrgios tenga la humildad suficiente para aceptar ningún consejo.
  1. La gran historia de la primera semana fue la de Marcus Willis, el desconocido profesor de tenis que consiguió clasificarse pasando por interminables rondas previas y ganar su partido de primera ronda contra Ricardas Berankis. Hablamos de un hombre de veinticinco años que da clases a treinta libras la hora y que ocupa el puesto 772 del mundo, que es como nada. ¿El premio por esa victoria? Un cheque de cincuenta mil libras y un enfrentamiento en segunda ronda contra Roger Federer, donde además consiguió ganar siete juegos.
  1. Tres buenas noticias y dos decepciones para acabar con el cuadro masculino: empezando por lo primero, hay que destacar a Thomas Berdych, que parecía acabado y se coló en semifinales, a Lucas Pouille, que no había ganado un partido en Wimbledon en toda su carrera y llegó este año a cuartos de final, cayendo en cinco sets ante el propio Berdych, y a Marin Cilic, otro hombre que parecía desaparecido desde su victoria en Nueva York hace casi dos años y que se quedó a tres match points de eliminar a Federer y meterse en semifinales.
  1. ¿Las decepciones? Stan Wawrinka y David Ferrer. Lo de Wawrinka cayendo en la primera o segunda ronda de un torneo para acabar ganando el siguiente es algo a lo que ya nos tiene acostumbrados. Más preocupante parece lo de David Ferrer. Con treinta y tres años, viene de encadenar muchas temporadas con demasiados torneos jugados. Es como si de repente todo ese cansancio físico y mental se le hubiera echado encima en apenas seis meses. Decir que su carrera a alto nivel está acabada sería mucho decir, pero volverle a ver en las últimas rondas de los grandes torneos sería una enorme sorpresa. Lo que nos lleva a…
  1. El tenis español. En Roland Garros, tuvimos a Muguruza y la tuvimos como campeona. En Wimbledon volvimos a los tiempos de «la hierba es para las vacas». Solo Carla Suárez consiguió llegar a la segunda semana y volvió a caer en octavos ante una rival cuando menos asequible. Parece que su límite está ahí y no es poca cosa si se compara con el resto: sin Nadal y Ferrer no hay nada que hacer. Feliciano ganó un partido heroico contra Fognini, pero a su edad es complicado pedirle grandes gestas. De los menores de veinticinco años seguimos sin saber absolutamente nada.
  1. Por cierto, la derrota de Garbiñe Muguruza entra dentro de lo esperable. Creo que el sentimiento común entre toda la prensa especializada cuando ganó Roland Garros fue algo así como «cuidado, no vayamos a meterle demasiada presión». Tiene todos los golpes pero le falta la concentración y la mentalidad para decir «voy a dar lo mejor de mí en cada punto, en cada juego, en cada set… y así cada semana». Su victoria en París no era un pasaporte a la gloria eterna, su derrota en Londres tampoco debería alarmar a nadie.
  1. Quien, desde luego, sí tiene esa mentalidad ganadora y es la única que parece tenerla con cierta regularidad en el circuito femenino es Serena Williams. Verla ganar y arrollar año tras año es espectacular. Hablamos de una chica que ganó su primer Grand Slam en 1999, es decir, hace diecisiete años. Algunas de sus rivales no habían nacido o llevaban aún pañal. A su título individual le añadió el de dobles con su hermana Venus, un doblete que llega a pocas semanas de los Juegos de Río.
  1. A sus treinta y seis años —se dice pronto, teniendo en cuenta que debutó con catorce, en partido contra Arantxa Sánchez-Vicario—, Venus Williams no solo logró la victoria en dobles —la decimocuarta de su carrera, todas junto a su hermana Serena— sino que se plantó en semifinales del cuadro de individuales, asegurándose así seguir unas cuantas semanas más entre las diez mejores del mundo. No solo llegó a la penúltima ronda sino que se lo puso muy complicado a Angelique Kerber, de vuelta tras el fiasco de Roland Garros.
  1. Y es que, de hecho, si en alguien debe fijarse Muguruza es en Kerber: ganó Australia, cayó en primera ronda en Roland Garros y ahora de nuevo finalista en Wimbledon, recuperando el número dos del mundo. Es decir, triunfó, cayó y se volvió a levantar. De todos los tópicos del mundo del deporte este es el más inevitable: sobreponerse es todo, que diría Rilke. Kerber lo ha hecho. Veremos Garbiñe.
  1. Las aspirantes seguirán un año más siendo eso: aspirantes. Y entre todas sigue destacando Agnieszka Radwanska, probablemente la mejor jugadora del circuito en torneos fuera del Grand Slam. La polaca nos dejó al menos el mejor partido del torneo, una maratón ante la eslovaca Dominica Cibulkova que acabó con 9-7 en el tercer set después de salvar innumerables puntos de partido. Tiene veintisiete años y por lo tanto habrá margen para más oportunidades. Pero conviene que las vaya aprovechando.

  1. Creo que ya se puede decir oficialmente: Belinda Bencic tiene un problema. Después de un 2015 estelar como adolescente se ha encontrado con un 2016 en el que no deja de encadenar lesiones. Ese tipo de lesiones que no te inhabilitan pero hacen que te retires a los pocos juegos de la primera ronda. Un continuo «sí pero no» que recuerda a lo que le pasó a Eugenie Bouchard tras su portentoso 2014. Solo esperamos que la crisis le dure menos a la suiza que a la canadiense, que se sostiene entre las cincuenta mejores del mundo por los pelos.
  1. La lluvia obligó a la organización a hacer una minijornada de recuperación el sagrado Middle Sunday. Pocos partidos y muchísimos aficionados. Wimbledon sigue siendo una religión y uno no deja de preguntarse por qué es tan complicado añadir una gira de hierba al circuito ATP. Una gira decente, quiero decir, algo más de tres semanas y un Grand Slam. Entiendo que es una cuestión de dinero: para que algo entre, algo tiene que salir y nadie está dispuesto. ¿Se imaginan lo que sería la ATP si ahora, en vez de volver al cemento norteamericano que ya frecuentamos en febrero y marzo, tuviéramos al menos un mes más de Masters 1000 en hierba? Una delicia.
  1. Y, sin embargo, hay que centrarse en el futuro, sea el que sea. Los Juegos de Río hacen que la gira norteamericana se adelante, así que en nada estará ya todo el circo de camino a Canadá y a Cincinnati. ¿Con Nadal? Aún no está claro aunque se supone que sí. Una lesión de muñeca no es algo con lo que haya que tener prisa y si no que le pregunten a Juan Martín del Potro (por cierto, Delpo llegó a tercera ronda, derrotando precisamente a Wawrinka, poco a poco le vamos teniendo de vuelta). Puede que se pruebe en uno de los dos torneos y de ahí vaya directamente a los Juegos, donde será el abanderado español.
  1. ¿Quién es el favorito para ese torneo? Djokovic, sin duda. Y si de camino pilla Cincinnati, mejor que mejor, así completa su palmarés con TODOS los torneos de Grand Slam, TODOS los Masters 1000, el oro olímpico y la Copa Davis. Ahora bien, no es fácil volverse a enganchar cuando uno ha desconectado mentalmente un par de meses. Es complicado pensar en alguien que no sea Murray como rival, pero, ojo, en los Juegos los partidos son al mejor de tres sets y ahí los torneos se abren. No es casualidad que en el palmarés haya gente como Marc Rosset o Nicolás Massú, con todos mis respetos. Si la caída de Federer en el quinto set ante Raonic no le ha provocado una nueva lesión y llega al cien por cien, me costaría mucho descartarle de entrada.

File photo dated 05/08/2012 of Great Britain's Andy Murray with his Olympic Gold and Silver Medals at Wimbledon.
Andy Murray en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Fotografía: Cordon Press.