Un recorrido por los carteles más inverosímiles de nuestra historia

Keep Calm and Kill Zombies. Un cartel, como resumen de una idea, continúa siendo uno de los mensajes más potentes de la historia. Capaz no solo de servir al fin para que fue hecho, sino de transformarse y perdurar hasta formar parte de la cultura de nuestro tiempo. En 1939, y como mensaje de ánimo a la resistencia contra los nazis, el gobierno británico imprimió ejemplares por valor de tres millones de euros de hoy, con un simple Keep Calm and Carry On: mantén la calma y sigue adelante. Elegante tipografía acorde a la visibilidad que se imponía en el metro de Londres, y un atractivo color rojo de fondo. Que los sentenció a quedar para siempre en los depósitos de guerra, porque ¿a qué funcionario delirante se le había ocurrido elegir como color principal el de los comunistas rusos? Eran esos tiempos.

Nadie vio públicamente, jamás, ese cartel hasta el año 2000. Cuando una librería de segunda mano al norte de Inglaterra decidió imprimir quinientos ejemplares. El dueño había encontrado uno en el interior de una caja de libros, comprada en una subasta. Sus clientes lo adoraban, y le pedían continuamente una reproducción. Un periodista de The Guardian reveló su historia y origen, popularizándolo. Para 2007 se habían vendido cincuenta mil copias, aunque su difusión global ocurrió a partir de la crisis de 2008, cuando empezó a distribuirse en memes y camisetas con origen en Estados Unidos. Añadiendo detrás del Keep Calm cualquier cosa que se le ocurriera al artista porque, efectivamente, aquellos tiempos de quiebra podían, como los de la Segunda Guerra Mundial, hacerte perder los nervios.

Pero los mensajes que perduran y de los que los colectivos se apropian hasta formar parte de la cultura común no se reducen al extranjero. En nuestra historia tenemos el mejor ejemplo, redactado en inglés desde aquí, y con un origen que poco tiene que ver con lo que interpretamos hoy. Spain is Different. Inventado por el Patronato Nacional de Turismo, algo creado en la dictadura de Primo de Rivera por el conde de Romanones. En 1928. El cartel original con ese eslogan, de los años 30, era un poco disléxico, pues servía lo diferente con lo más castizo. Una imagen más próxima a la heredada de la narrativa de viajeros extranjeros durante el XIX, bandoleras y flamencas.

carteles inverosímiles

Un artículo de aquellos años publicado en La Vanguardia se hace eco de la reacción que provocó el mensaje en los viajeros, al menos en Barcelona. Un inglés, o alguien que conocía ese idioma, había escrito debajo del lema Spain is Different, Oh, and How!, un «ya lo creo» lleno de sarcasmo. El redactor lo explica, taxistas, hoteles y bares abusan explotando al turista, la calidad del servicio hostelero es baja… de qué nos sonará esto.

Manuel Fraga, ministro de turismo con Franco en los años 60, los rescató para su campaña de esos años —de hecho se le atribuye su autoría—. La idea era hacer positivos los rasgos propios del país, que Europa asociaba al subdesarrollo. Diferentes sí, pero eso nos hace atractivos. Uno de sus focos, entre otros muchos, fue el gazpacho, no un plato de pobres, sino una delicia gastronómica, se les dijo a los extranjeros, muchos de los cuales siguen pidiendo cuando vienen esa «sopa de tomate fría». Qué caray con las traducciones. Desde entonces se quedó para siempre con nosotros ese «España es diferente», expresión que define esas cosas que solo pueden pasar aquí porque somos inverosímiles, como nuestros carteles.

Aunque el turismo no fue el único espacio para lo inverosímil, en realidad los grandes carteles se produjeron en la publicidad de productos milagro. Como el Massosein, masajeador de senos por agua fría a presión, muy fácil de hacer en casa. En su versión prensa, acompañando la foto del cartel original, ofrecía enviar gratis junto al aparato el «interesante librito Belleza y dureza de los senos». Fechado en 1936, podría corresponder, si eliminamos sus mensajes, al cartel de cualquier película de terror en blanco y negro de la época. La modelo debe estar mirándose al espejo, pero por su expresión bien podría haber sido mordida por un vampiro o estar destinada a ser novia de Frankestein. O quizá haya abusado de las sustancias. Tal vez en los 30 resultara una imagen muy erótica, dirigida en realidad a ellos, para que regalasen el instrumento a sus parejas.

carteles inverosímiles

Lo cierto es que la aparición de fotografías en los carteles españoles de los años 30 supuso toda una revolución. Hasta entonces, y al igual que en el resto del mundo, se había seguido el patrón de usar ilustraciones, más fáciles de reproducir, y con más control sobre la imagen. Pero, sobre todo, con color. Las fotos desaparecerían de los carteles de propaganda durante la guerra civil, y ese patrón se mantendría con las nuevas campañas de turismo marca España de los años 60, y con el boom de la publicidad de esa misma década. Un nuevo país que comenzaba a consumir y a comprar marcas asistió a nuevos carteles inverosímiles.

Como el de «Mamá siempre lleva a casa Cruzcampo». Cuatro niños de entre siete y once años se agrupan en torno al mayor, que litrona en mano está dispuesto a darle un buen trago, y quizá compartir con sus hermanos, que se lo solicitan sosteniendo vasos. No es que la marca tuviera especial interés en pervertir a la infancia, el resto de fabricantes anunciaban lo mismo, y de hecho la botella grande de litro fue un formato pensado para las nuevas neveras. Si cruzamos el precipicio del tiempo y la distancia cultural, comprenderemos que estos anuncios iban dirigidos a una nueva clase media, que podía permitirse tener frigoríficos, un bien de lujo. Y sobre todo que cumplían un viejo sueño paternal muy español: alimentar a sus hijos con una bebida alcohólica, uno de los bienes más caros en la cesta de la compra. La generación nacida en los 40 fueron niños que aún recibieron sopetas de vino —como la leche con cereales, pero con trozos de pan duro, vino y azúcar—, y poder comer eso era signo de preocuparte por alimentar bien a los tuyos.

carteles inverosímiles

Y es que algunos de nuestros carteles son inverosímiles porque nuestra propia historia también lo es. Por eso muchos se han convertido en un objeto de culto, y sus reproducciones, en decoración habitual de nuestras casas y lugares de trabajo. Dependiendo de gustos, uno puede colgar el Keep Calm, un meme del Spain is Different o, quién sabe, a la terrorífica chica del Massosein, con una impresión en cartón pluma. La forma más fácil de colocarlo sin marco. Lo que sería inverosímil es colgar uno de niños cerveceros y subirla a las redes sin liarla parda. Keep Calm and Print Posters.


¿Cuál ha sido el mejor cartel propagandístico?

La democracia es un gran invento pero las campañas electorales un poco menos. Ya ha terminado la última de un año especialmente cargado y, recordemos con alivio, en la mayor parte de España no habrá más elecciones hasta dentro de tres años. Se pueden extraer muchas conclusiones de lo vivido y cada uno tendrá las suyas, pero si vamos al meollo de lo que importa el consenso es que los candidatos han sido muy guapos. Conscientes de ello, han posado en los carteles con su mejor sonrisa como si de cantautores se tratase. Por si no fuera bastante, para arreglarles el cutis han contado con más infografía que una película de Pixar y los fotógrafos han logrado extraer de ellos las inevitables miradas de grandeza hacia el horizonte de prosperidad al que quieren llevarnos. En conclusión: un tostón. Lo de antes sí que eran carteles como Dios manda, a menudo muy poco democráticos pero oiga, no se puede tener todo. Así que a continuación va una breve selección de los pósteres de propaganda política más logrados de un siglo XX tan generoso en ellos, aunque pueden añadir algún otro si lo desean.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)

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Dear God, Keep Them Safe!

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Las guerras son muy caras y una manera de financiarlas menos coactiva que la subida de impuestos son los bonos de guerra, créditos que el gobierno solicita a los ciudadanos apelando a su patriotismo. En el caso de Estados Unidos, durante la Segunda Guerra Mundial se llevó a cabo una enorme campaña publicitaria en las que se enarbolaba la defensa de las libertades civiles y el modo de vida americano (como en este cartel sobre la libertad de expresión), pero también a menudo con mensajes más viscerales en los que se agitaba una amenaza en principio lejana que podía recaer en la propia familia. Como en este en el que la sombra de una esvástica se cierne sobre unos niños o el que tenemos sobre estas líneas, con el evocador toque retrofuturista que dan las máscaras de gas.

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Victoria, hoy más que nunca

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Nos tentaba incluir en esta lista el Guernica de Picasso, pero mejor añadimos a la persona que le encargó pintarlo, Josep Renau, quien en su condición de director general de Bellas Artes fue también responsable del traslado de las obras del Museo del Prado para evitar su destrucción durante la guerra civil española. Terminó exiliado en la RDA realizando fotomontajes sutiles como un martillo neumático (The American Way of Life) pero sin duda su mejor etapa artística fue durante la propia guerra, con carteles sencillamente extraordinarios como el que vemos arriba, impreso en Barcelona en 1938.

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Columna de hierro

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Lo cierto es que la guerra civil dio tanto de sí en este ámbito de la propaganda que se merece una encuesta propia que dejaremos pendiente. Aquí tenemos la obra de otro cartelista valenciano, Eleuterio Bauset Ribes, que retrató a este peculiar campesino adicto al gimnasio y los esteroides en el acto de clavar la bayoneta a un pérfido capitalista con unas fauces propias de un critter. Este otro cartel suyo es también muy conocido.

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Destroy this Mad Brute

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Al igual que el anterior, este cumple uno de los fines de todo póster propagandístico que se precie: deshumanizar al enemigo. Una vez apartada de la mente nuestra humanidad compartida resultará mucho más fácil matarlo, pues no es más que una bestia furiosa de grandes colmillos. Que además, apelando a instintos atávicos, pretende arrebatarnos a nuestras mujeres para mancillar su honra, como un monstruo cualquiera de película de serie B. ¡Inadmisible! El pickelhaube o casco prusiano y la porra con la palabra «Kultur» nos recuerdan que es alemán. El cartel fue obra de H. R. Hopps y sirvió para reclutar soldados estadounidenses durante la Primera Guerra Mundial. Curiosamente hace unos años la revista Vogue lo homenajeó con una portada del deportista LeBron James y la modelo Gisele Bündchen que levantó cierta polémica al considerarse racista.

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Kultur-Terror

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Y aquí tenemos su reverso, publicado en 1944 por el partido nazi noruego y obra del artista Harald Damsleth. Los americanos que habían desembarcado en Europa para derrotar al Tercer Reich eran un decadente y grotesco monstruo de judaísmo, música jazz, Ku Klux Klan, negros enjaulados, bombas, dinero, mafiosos y mujeres semidesnudas que iban a destruir la muy superior cultura europea.

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La llamada de la Madre Patria

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El 22 de junio de 1941 Hitler invade la Unión Soviética con una monumental movilización de más de tres millones de soldados. Un acontecimiento que sacude las conciencias rusas y casi inmediatamente se suceden enérgicos llamamientos para alistarse en el ejército y salvar a la Madre Patria. Al cabo de unos días el artista Irakli Toidze la representó así inspirándose en su esposa y el cartel conoció una difusión masiva, convirtiéndose en una de las imágenes más emblemáticas del siglo XX.

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I Want YOU for U.S. Army

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Este sería el equivalente estadounidense y la anécdota de su origen es de sobra conocida: durante la guerra angloamericana de 1812 los envíos de carne al ejército por la empresa de un tal Samuel Wilson llevaban las iniciales U.S. y los soldados comenzaron a bromear sobre Uncle Sam. Posteriormente el dibujante James Montgomery Flagg le daría este aspecto en un cartel de reclutamiento para la Primera Guerra Mundial y pasaría a convertirse en un meme popular versionado hasta el infinito y más allá. Ese gesto de señalar no deja de ser una impertinencia, pero sin duda logra el efecto de interpelar al espectador.

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Lenin vivió, Lenin vive, Lenin vivirá

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En 1967, con motivo del cincuenta aniversario de la Revolución Rusa, se editó este cartel con una frase del poeta Vladímir Mayakovski: «Lenin vivió, Lenin vive, Lenin vivirá». Fíjense qué pose tiene Lenin ante esa bandera flameante, madre mía: qué señorío, qué manera de molar, parece un héroe de cómic con la gabardina al viento en lo alto de alguna azotea. Solo se echa en falta en esa mano libre una recortada.

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Stalin trabajando de noche

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Y aquí vemos a su sucesor. La residencia oficial de Franco, el palacio de El Pardo, tenía una luz encendida durante toda la noche en el despacho como forma de representar que siempre estaba trabajando al servicio de los españoles, era la denominada «lucecita de El Pardo». Se trataba de un recurso propagandístico copiado de Mussolini y como vemos aquí Stalin no quería ser menos con su particular lucecita del Kremlin, volcado en la redacción de lo que imaginamos será una lista de personas a fusilar.

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Nuestro triunfo en el espacio es el himno a la Unión Soviética

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Poco después de la muerte de Stalin daría comienzo la carrera espacial. Era amenazadora, al llevar a un nuevo terreno la confrontación, pero también estaba cargada de esperanza, ante las posibilidades casi infinitas que se abrían. Aquí una interesante selección de pósteres.

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Libros en todas las áreas del saber

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Eso es lo que anuncia a voz en grito esta hermosa moza de dentadura perfecta, pero como estos caracteres cirílicos no hay quien los entienda el cartel se ha usado desde entonces para cualquier cosa.

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He’s Watching You

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Ahí tenemos al mismísimo Darth Vader vigilándonos. El cartel es estadounidense, de 1942, y está dirigido a alertar de la posible presencia de espías, por lo que convenía extremar las precauciones y no hablar nunca de más, muy especialmente entre los trabajadores del sector militar e industrial. Eran numerosos los avisos en ese sentido, como este, este o este otro.

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¡Cuando montas solo, montas con Hitler!

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¿Quién no ha soñado alguna vez con tener a Hitler como amigo invisible? Pues es tan sencillo, según este afiche, como conducir solo y se te aparece de copiloto dándote sus sabios consejos nacionalsocialistas a la manera del conejo Harvey. Pero en una interpretación menos literal del mensaje a lo que se alude es a la austeridad exigida en tiempos de guerra a la población civil, que debe medir su consumo ya sea en combustible o hasta en comida.

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We Can Do It

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La Segunda Guerra Mundial fue, entre otras muchas cosas, una carrera por incrementar la producción armamentística en la que los Aliados lograron imponerse con rotundidad. La propaganda destinada a la población civil enfatizaba en consecuencia la importancia del trabajo como un deber patriótico y este póster de Westinghouse Electric en un ejemplo de ello. En su momento pasó casi desapercibido, pero con el paso de los años ha llegado a convertirse en un icono pop.

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Un ¡borracho! es un parásito, ¡eliminémosle!

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Este cartel corresponde a Albert Sanmartí y hay que comprenderlo en su contexto, cuando la falta de disciplina en cualquier ámbito puede terminar inclinando la balanza de la guerra. A pesar de ello no deja de tener una severidad entrañable visto hoy día y dan ganas de ponerlo como decoración en un bar cualquiera.

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Los trabajadores hemos despertado

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En las elecciones de julio de 1932 el NSDAP obtuvo su mejor resultado (si descartamos las del año siguiente por su falta de limpieza) gracias a su capacidad para atraer a diferentes sectores sociales, y en un país en el que el 46% de la población era clase obrera resultaba vital atraerse a algunos para la causa. Este cartel de dichas elecciones es un buen ejemplo de tal empeño, con su fondo rojo y un hercúleo obrero de camisa medio desabrochada que parece salido de la portada de una novela romántica. Enfrente una caterva de enanos que entorpecen su camino con reproches y al fondo una gigantesca esvástica presidiéndolo todo.

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Pongamos nuestros talentos al servicio de un avance victorioso

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El intento de industrialización acelerado que tuvo lugar en China entre 1958 y 1961 terminó provocando una catástrofe económica que se llevó por delante la vida de entre veinte y treinta millones de personas. En una amarga ironía fue conocido como «El Gran Salto Adelante», aunque cobra sentido si lo que imaginamos enfrente es un precipicio. Naturalmente la propaganda maoista daba una visión mucho más amable, y aquí vemos a estos vigorosos trabajadores cruzando el mar como Moisés, al fondo uno incluso va montado en un cohete tan ricamente, de una manera que evoca a ¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú. Esta alegre procesión está en realidad inspirada en la leyenda de los ocho inmortales, sobre un grupo de dioses dotado cada uno de un superpoder que orientaban hacia el bien común.

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¿Cuál es tu cartel de cine favorito?

Seguramente no haya carteles más originales que los realizados en Polonia, aunque presentan el pequeño inconveniente de hacer que todas las películas parezcan del género de terror… Un buen póster debería ser capaz de transmitir de un vistazo algunos aspectos fundamentales acerca de aquello que anuncia —su género, sus protagonistas, el público al que va dirigida— y a estas alturas la industria del cine ya ha elaborado una semiótica en torno a una serie de clichés de los que hablamos en su momento. En esa tensión entre la originalidad y la eficacia descriptiva unos pocos carteles logran convertirse en pequeñas obras de arte por sí mismos, han llegado a resultar icónicos y adornan las paredes de nuestras casas e incluso se convierten en objetos de coleccionismo que alcanzan cientos de miles de euros en subastas. Naturalmente resulta difícil en muchos casos llegar a distinguir si uno de ellos nos atrae porque es la película la que nos gusta; es lo que intentaremos a continuación, aunque por supuesto cada lector es muy libre de votar según el criterio que le plazca así como de añadir otros ejemplos si lo desea.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)

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El gabinete del doctor Caligari

Imagen:
Imagen: Decla Bioscop.

En 1920 las campañas de marketing de las grandes producciones actuales eran algo inimaginable, pero ya se hacían estupendos carteles como este. La película, que ya ha pasado a ser de dominio público, pueden verla aquí.

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Metrópolis

Imagen:
Imagen: U.F.A.

Schulz-Neudamm fue el responsable de este ejemplo de art déco, con esa robot ante la ciudad futurista al borde de la revolución (puede verse aquí). Un cartel del que hoy día solo quedan cuatro copias originales. Una de ellas en manos al parecer de Leonardo DiCaprio, mientras que otra fue subastada hace tres años por 1,2 millones de dólares.

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King Kong

Imagen:
Imagen: RKO Radio Pictures.

Como vemos, los carteles que se imprimieron en su día para promocionar clásicos del cine como este son hoy en día apreciadas piezas de coleccionista, uno como el situado sobre estas líneas llegó a venderse hace unos años por 244.500 dólares. Su autoría se atribuye a Carroll Clark y Alfred Herman.

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Lo que el viento se llevó

Imagen:
Imagen: MGM.

Ya nadie se acuerda del anodino cartel original desde que en 1966 Tom Jung y Howard Terpning crearan este otro mucho más arrebatado, con Rhett Butler cogiendo en brazos a una entregada señorita Escarlata cuyas enaguas intuimos que acabarán echas jirones unos segundos más tarde.

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La invasión de los hombres del espacio

Imagen:
Imagen: Malibu Productions.

El género de serie B de los años cincuenta contiene una apreciable cantidad de cintas a las que catalogar como obras maestras sería quizá exagerado, pero desde luego son muy entretenidas. Ahora bien, para sus carteles sí que es justa dicha etiqueta: El hombre del planeta X, Planeta prohibido, El monstruo de los tiempos remotos o la que ven sobre estas líneas.

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El ataque de la mujer de 50 pies

Imagen:
Imagen: Allied Artists.

Reynold Brown fue el ilustrador responsable de los pósteres de grandes clásicos del cine cargados de solemnidad como Espartaco, Rey de reyes o Ben-Hur. Pero también dibujó los de películas de ciencia ficción que le permitieron dejar volar la imaginación como Tarántula o el que vemos arriba, sencillamente espectacular, con esos hombrecillos que desde su posición pueden contemplar algo que escapa a nuestra ángulo.

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La naranja mecánica

Imagen:
Imagen: Warner Bros Pictures.

Bill Gold es el más grande ilustrador de carteles que ha dado el cine y si echamos un vistazo a las películas para las que ha trabajado el listado es impresionante: Casablanca, El sueño eterno, Extraños en un tren, Un tranvía llamado Deseo, Gigante, Esplendor en la hierba… Y así podríamos seguir, pero lo más curioso es que no se quedó anclado en un estilo clásico sino que fue modernizándose al ritmo en que el cine lo hacía. Este cartel que creó para La naranja mecánica es un buen ejemplo de ello.

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El exorcista

Imagen:
Imagen: Warner Bros. Pictures.

Y aquí tenemos otro. Gold no quiso utilizar lo que habría sido el recurso fácil de mostrar a la niña poseída, lo que habría privado al público de ir descubriendo su progresivo deterioro. En su lugar muestra la silueta del exorcista frente a la casa, con una luz muy potente desde una de sus ventanas que nos indica que algo gordo está pasando allá.

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Alien

Imagen:
Imagen: 20th Century Fox.

Y como no hay dos sin tres aquí otra brillante creación de Bill Gold. Sobre Alien ya hablamos aquí y el cartel es otro acierto añadido a los mucho que tiene la película. Ese huevo flotando en la oscuridad eclosionando, insinuando sin mostrar, juega con el miedo del público a una amenaza que no podemos ver tal como hacía también la narración. Elegante y misterioso, queda mucho mejor que otras alternativas que se barajaron. Por otro lado, mencionábamos al inicio los carteles polacos y a falta de información sobre su autor nos queda la intuición de que de pequeño se cayó en una marmita de LSD. Del que hizo para esta película, sin llegar al nivel del original, hay que reconocer que también acojona, con esa caja torácica con ojos que tampoco es que guarde mucha relación con el protagonista, pero bueno, ya debía de tener la idea y mejor aquí que en Kramer contra Kramer. Este curioso engendro incomprensiblemente no hizo un cameo en Prometheus y la verdad es que no hubiera desentonado en el conjunto.

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Apocalypse Now

Imagen:
Imagen: United Artists.

No podía faltar un cartel del tipo conocido como «cabezas flotantes», obra del ilustrador Bob Peak, autor de otros como el de Excalibur en el que podemos reconocer su estilo. En el centro y en primer plano tenemos la cara de vinagre de Marlon Brando, que apenas salía en los últimos minutos pero era sin duda el gran protagonista del film y al fondo, con sus siluetas superpuestas al sol, los helicópteros de su escena más celebrada.

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Manhattan

Imagen:
Imagen: United Artists.

Si preguntásemos por los nombres de la infinidad de directores que han retratado Nueva York, probablemente el primero que la mayoría diría es Woody Allen. Si quisiéramos saber su película más característica nos responderían que Manhattan. Y si finalmente pidiéramos a nuestro interlocutor que nos indicara qué escena recuerda mejor, seguramente mencionaría la del protagonista junto a Diane Keaton sentados frente al puente de Queensboro visto desde Sutton Square. Esa imagen es por tanto la decantación pura del Nueva York cinematográfico y es la que con gran acierto se escogió para este memorable cartel, que desde entonces ha sido imitado u homenajeado en innumerables filmes posteriores.

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Tiburón

Imagen:
Imagen: Universal Pictures.

Una chica nadando inconscientemente a punto de ser devorada por un enorme tiburón que surge de las profundidades. Una imagen que expresa con sencillez y espectacularidad el argumento de la película que lanzaría a Spielberg a lo más alto.

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Per Aspera Ad Astra

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Imagen: Gorky Film Studio.

Una película con semejante cartel no puede ser mala. Cine soviético de ciencia ficción de 1980 con su buena dosis de carga propagandística, droga dura.

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E.T., el extraterrestre

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Imagen: Universal Pictures.

Hay varios carteles de E.T. de los que el más gracioso es, cómo no, el polaco, pero los dos más conocidos son el de los dedos tocándose y este otro con Elliot y el extraterrestre volando delante de la luna, que pasó a formar parte del logo de la productora Amblin.

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Pulp Fiction

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Imagen: Miramax Films.

James Verdesoto es un ilustrador de origen ecuatoriano autor de más de cuatrocientos carteles que incluyen títulos como Ocean’s Eleven, Notting Hill, El último samurái o El paciente inglés. Pero ninguno de ellos se aproxima al formidable éxito que ha logrado este, todo un icono contemporáneo del que se han vendido un gritón de copias que representa de manera ingeniosa una portada de una novela pulp a las que alude el título.

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American Beauty

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Imagen: Dreamworks Pictures.

La escena más característica de la historia era esa fantasía del protagonista con la amiga de su hija desnuda rodeada de pétalos de rosa, de manera que la compañía Pulse Advertising desarrolló este cartel que juega además con una alusión a la sexualidad adolescente. Tradicionalmente la virginidad ha sido vinculada a una flor que poseía la doncella y que una vez abierta es polinizada, en el momento del llamado precisamente «desfloramiento».

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La amenaza fantasma

Imagen:
Imagen: Lucasfilm.

La película podrá gustar más o menos (más bien menos) pero este póster es una maravilla. Como es habitual en los últimos años hubo varios teasers y avances de todo tipo para crear expectación antes de su estreno. En este vimos expresada de forma sencilla y eficaz un aspecto fundamental de la trama, empleando un elemento tan característico del universo de Star Wars como el clima soleado y desértico del planeta Tatooine, que permite crear esa sombra de Anakin con la forma del futuro Darth Vader en que se convertirá.

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Por qué los carteles de cine son anuncios malos

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Zero Dark Thirty —traducida en España como La noche más oscura en un nuevo alarde de creatividad mal entendida— es una de las grandes favoritas a los Oscar 2013. Cómo no iba a serlo, si es la versión de Kathryn Bigelow de los diez años que tardó Estados Unidos en dar caza al terrorista más grande de todos los tiempos, Osama Bin Laden. El nombre de la película hace referencia al término militar que significa “treinta minutos después de medianoche”.

Paralelamente, Zero Dark Thirty era el póster más interesante de los últimos tiempos. Y digo bien era, porque ha sido alterado de manera cobarde justo antes de la distribución de la película. El original era simplemente el título de la película tachado. La nueva versión es el título de la película con la protagonista de fondo. ¿La diferencia? En el primero había una idea creativa, y en el segundo no. El primero es una to-do list de la CIA. El segundo no es nada. Siendo benevolentes, podría ser un guiño al personaje de Linda Hamilton en Terminator 2.

zero-dark-thirty-releases-a-uk-poster-121641-00-1000-100El caso de Zero Dark Thirty me duele porque no han tenido valor de apostar por una idea que ya tenían, pero no me sorprende en absoluto; de hecho, la mayoría de los carteles de cine tienen un nulo valor publicitario. Casi todos los pósters de películas son una colección de retratos más o menos inspirados de sus protagonistas. Piensen en los carteles de peliculones como Un trabajo en Italia, La ventana indiscreta o Toy Story. Como cuando para anunciar un yogur de fresa se pone un bodegón de fresas. Son una renuncia a la reflexión. Un atajo. Un ejercicio de vagancia.

No todos los pósters de cine son malos, claro. Mientras algunos se dedican a preguntarse si El Padrino es la mejor película de todos los tiempos o no, yo no pregunto nada, sino que lo afirmo: el de El Padrino es el mejor cartel de película de todos los tiempos.

Pero vayamos al principio: ¿qué es un cartel de cine? Es condensar la esencia de muchos metros de metraje en un pedazo de papel. Es sencillamente el anuncio publicitario de un producto llamado película. Su objetivo es simplemente conseguir que la gente pague por ver esa película, idealmente en una sala de cine.

the-godfather-original-poster-1972Ahora bien, igual que sucede con la publicidad de otros productos, un cartel de cine hay dos maneras de concebirlo: con, o sin idea creativa. Es decir, que podemos elegir poner a los protagonistas como ponemos un coche o un paquete de yogures (un packshot en el argot publicitario), o podemos intentar contar la película en una frase, en una imagen. Es probablemente más sencillo atraer a gente poniendo la cara de George Clooney o la de Uma Thurman, si te has gastado 20 millones de dólares para que salgan en tu peli. Pero ahí reside el papel de la creatividad, a ir un pasito más allá de lo que cualquiera podría hacer con un mínimo de Photoshop.

Por eso mismo creo que el de El Padrino es el mejor póster de una película jamás creado. Y no hablo de aquel con Brando en huecograbado blanco, sino del original: una mano —la mano del Don— sujetando una cruceta de titiritero, de cuyos hilos pende el título del film. Ahí queda resumida la película, y la de sus dos secuelas: la historia de la mano que mueve los hilos, del “Master of Puppets” que diría Metallica. Pam, pam, pam, preciso como una ejecución mafiosa.

Para mí el de El Padrino es el mejor, pero hay otros ejemplos:

Alien (Ridley Scott, 1979): este es un buen cartel por su diseño gráfico y un cartel excelente por su titular: “En el espacio nadie puede oír tus gritos”. Que se lo pregunten a Sigourney Weaver.

Amén (Costa-Gavras, 2002): una historia sobre el papel de la iglesia católica durante el nazismo, resumida en un pedazo de papel mediante la fusión de sus respectivos logotipos. Funcionaría aún mejor sin las fotos de los actores.

Batman (Tim Burton, 1989): los que éramos niños en 1989 recordamos este póster colgando en el cine de nuestro barrio: un logo y una fecha. Y punto. La llegada del Hombre Murciélago se anunciaba como The Next Big Thing: campañas de Coca-Cola, videojuego para Spectrum, disfraces de carnaval… incluso Alaska se quitó de la moda de Acid (los smileys amarillos) para pasarse a la batmanía. Nunca antes hubo un hype mayor con una película que, a fin de cuentas, era un poco coñazo.

Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993): los dinosaurios pudieron con el murciélago. Podían haber mostrado a uno de aquellos impresionantes e hiperrealistas dinosaurios creados por ILM para la ocasión. El póster —“Una película que ha tardado 65 millones de años en hacerse”— solo deja ver el logo del parque, un esqueleto de tiranosaurio sobre fondo rojo sangre. Además, la película fue todavía mejor que su cartel.

Star Wars Episodio I: La Amenaza Fantasma (George Lucas, 1999): de acuerdo, la película es infumable. De acuerdo, el póster oficial es el enésimo collage de bustos de protagonistas y naves espaciales. Y sin embargo este otro modelo, que se utilizó a modo de teaser meses antes de la salida de la película, sintetiza perfectamente no ya el primer episodio, sino la saga entera de Star Wars. El pobre Jake Lloyd —el niño cuya sombra era Darth Vader— jamás volvió a salir en una película.

La lista no es exhaustiva, pero creo que ilustra mi punto: cualquiera de los estudios que produjeron esas películas podría haberse contentado con un bodegón de personajes. Ninguna quiso hacerlo.