Génesis y materialización del Bilbao icónico

Fotografía: Fernando Coelho (CC BY 2.0)

En el principio todo era oscuridad. Mucho tiempo después se formó un caldo primigenio y alcanzó tal grado de pestilencia que se decidió, con buen criterio, que ya era hora de eliminarlo de la ría del Nervión. Y el resto es historia, porque ese fue el desencadenante de la transformación urbanística y arquitectónica de Bilbao. Crear una ciudad desde cero para que resulte atractiva a los visitantes y a sus propios habitantes no es fácil, como cualquiera que haya jugado al SimCity puede atestiguar. Aún más complicado es remodelar una ciudad tanto a nivel urbanístico como económico, con habitantes y tejido industrial implantado, y convertirla en un icono. Pero había que comenzar de alguna forma, y esa fue el Plan de Saneamiento Integral de la Ría. 

Las infraestructuras

Hasta mediados de los ochenta, la industria y la población vizcaína vertían sin mucho control las aguas residuales al Nervión. Sus márgenes, cuando no se encontraban ocupadas por astilleros, fábricas o almacenes portuarios, eran lugares por los que era mejor no dejarse caer (literalmente; o de lo contrario podías contraer cualquier infección). El progresivo cierre de la industria pesada desde los setenta empujó a las autoridades a buscar cómo reenfocar la ciudad y toda su metrópoli hacia un nuevo sector productivo. No obstante, se decidió que lo primero era la salud, por lo que un curso fluvial oscuro y pestilente atravesando la ciudad era incompatible con esa idea. Hoy en día, con la prueba palpable de los fotogénicos concursos de saltos desde el puente de La Salve, se puede decir que se ha conseguido una ría saneada. Eso sí, el Plan de Saneamiento Integral de la Ría ha costado unos mil millones de euros. Y aún está en marcha después de más de treinta años de trabajos. 

Pero la limpieza de la ría no era lo único en lo que se estaba trabajando. La transformación de la ciudad se atacó desde varios frentes y, como el saneamiento, algunos de ellos no han sido justamente valorados. Para empezar, la ampliación del puerto de Bilbao, que permitió el traslado de empresas y la consiguiente desocupación de terrenos junto a una ría a la que se comenzaba a poder asomarse. Sumen setecientos millones más de euros, con el presupuesto y los trabajos aún abiertos hoy en día. 

Al no existir actividad portuaria dentro de la urbe, la red ferroviaria de mercancías así como las superficies ocupadas por los contenedores y resto de productos de la actividad se desplazaron hacia los nuevos terrenos ganados al mar por el puerto, combinándolo, eso sí, con nuevas líneas férreas que llegaban a los nuevos tinglados. Con una ría en proceso de limpieza y el desmantelamiento de naves industriales portuarias aquello iba tomando forma. 

Si bien se estaba despejando la ciudad, sobre todo la zona de Abandoibarra, de redes ferroviarias de mercancías, aún existían líneas de viajeros que atravesaban la ciudad como una cicatriz pero que resultaban insuficientes para disuadir a quienes acudían a Bilbao en coche. El soterramiento y desvío del ferrocarril convencional existente (que también se abordó) iba a mejorar el aspecto en superficie, pero se consideró que había que reducir aún más el tráfico de vehículos particulares. Para ello se proyectó Metro Bilbao. 

Como suele ocurrir en estos casos, existe cierta confusión sobre la autoría, que recae en exclusiva en el estudio de Norman Foster. Fue un excelente trabajo de adecuación arquitectónica, con una amplia caverna revestida de escamas de hormigón prefabricadas, una línea de validación ubicada en una vertiginosa estructura metálica en cabalgavía (denominada mezzanina) y sus icónicas marquesinas de entrada, de cristal y acero, conocidas popularmente desde un primer momento como fosteritos y que hoy en día, incluso en los pliegos de contratación de las sucesivas ampliaciones de la línea del suburbano, se denominan así de forma oficial. Pero el trazado fue fruto de los ingenieros de la empresa pública IMEBISA (Ingeniería para el Metro de Bilbao, S. A.), mientras que únicamente el diseño de las estaciones y su relación con el exterior fue adjudicado a Foster en un concurso restringido. Esta infraestructura ha costado hasta el momento unos mil quinientos millones de euros (y tampoco está terminada, hay líneas pendientes de ejecución).

El urbanismo

El soterramiento del ferrocarril y la ejecución del Metro potencialmente iban a liberar mucho suelo en superficie. Por su parte, los terrenos que se estaban desocupando por el desmantelamiento de la industria portuaria y los mercancías eran muy tentadores, pero tenían dueño, claro. Se hacía necesario crear un organismo que se encargara de esas gestiones, por lo que se fundó Bilbao Ría 2000, una sociedad anónima de capital público integrada al 50 % por la Administración central y administraciones vascas (departamentos de distintos ministerios, Ayuntamiento, Diputación y Gobierno Vasco). Su funcionamiento se basaba en la financiación de las urbanizaciones (de acuerdo a planes especiales u otras figuras análogas de ordenación) de las áreas liberadas a través de las plusvalías por la venta de terrenos para promoción privada. De esta forma fue posible transformar la playa de vías y los acopios de contenedores de Abandoibarra en una agradable área de esparcimiento y paseo junto a la ría, además de facilitar la construcción de torres de oficinas, edificios dotacionales y viviendas.

La ciudad iba a tener espacio disponible, con menos congestión de tráfico, se estaban diseñando entornos agradables y recuperando la ría. Se iban a poder peatonalizar grandes áreas, por donde pasear y contemplar las calles y los edificios. Solo faltaba la guinda o la palanca que diera el impulso definitivo. 

La edificación

Mientras se limpiaba la ría y se daban los primeros pasos en soterramientos y trazado de Metro Bilbao, una fundación privada de nombre impronunciable y muy difícil de deletrear era agasajada para que estableciera una sede para sus colecciones en la ciudad. El edificio de la Alhóndiga, que estaba abandonado, era la ubicación elegida por las autoridades, pero un arquitecto que iba a participar en el concurso del diseño descubrió que una parcela pegada a la ría y junto al puente de la Salve, entre contenedores y vías ferroviarias, tenía un potencial arrollador. Esa parcela no estaba disponible y sus propietarios no la querían vender, pero el Ayuntamiento, la Diputación y el Gobierno Vasco tenían tanta fe en el proyecto del Guggenheim Bilbao que comenzaron un expediente expropiatorio que tardó años en resolverse, mientras las complejas formas metálicas se iban levantando. Era un edificio que muy pocos querían, tanto por el enorme desembolso que supuso (cuando Bilbao tenía otras necesidades en apariencia más prioritarias) como porque muchos pensaban que no era buena idea la construcción de un contenedor de arte en el que iba a primar «lo de fuera» y donde además no se tenía el control (ni la propiedad) sobre las colecciones que se iban a exponer. Bilbao ya tenía su foco de atención con el edificio más mediático de finales de siglo XX

Hoy en día, Bilbao es un museo de arquitectura contemporánea al aire libre. Comenzando en paralelo al Nervión desde la polémica pasarela peatonal Zubi Zuri de Santiago Calatrava, inaugurada en 1997, se puede contemplar Isozaki Atea, un conjunto de siete edificios diseñados por Arata Isozaki en 2007 donde destacan dos grandes bloques prismáticos que enmarcan la transición de la ciudad a la ría.

Caminando un par de minutos se divisa el Guggenheim Bilbao (Frank Gehry, 1997), del que poco más se puede decir, pero, cuando los primeros volúmenes empezaron a tomar forma, el edificio se antojaba incomprensible y extraño y no encajaba en absoluto en Bilbao, por otra parte una ciudad gris y hasta entonces nada vanguardista. Hasta a los más entusiastas les resultaba muy difícil defender, cuando el esqueleto metálico emergía como un ominoso primigenio tentacular del suelo de los antiguos astilleros, que aquellos elementos prismáticos con nombres tan descriptivos o cinematográficos como Pez y Flor, pasando por Potemkin o T1000, iban a encajar bien en ese entorno y que el conjunto iba a ser el catalizador de la transformación bilbaína en el emblema arquitectónico y urbanístico mundial que es en la actualidad y que se disputa la atención museística bilbaína con el centenario Museo de Bellas Artes. La reforma y ampliación de este último, inaugurada en 2001 y dirigida por el arquitecto Luis M.ª Uriarte, le ha valido numerosos premios internacionales por su capacidad para articular los espacios expositivos existentes con los de nueva creación cuidando la integración de los mismos entre sí y el conjunto en la trama urbana. 

Unos cien metros más adelante se encuentra la pasarela peatonal Pedro Arrupe (José Antonio Fernández Ordoñez, Francisco Millanes y Lorenzo Fernández Ordoñez, 2003). Con una sección resistente en forma de U de acero dúplex y revestida de madera de lapacho, esta estructura integra las rampas y escaleras que permiten salvar los desniveles con el entorno y comunicar la Universidad de Deusto y su nueva Biblioteca (Rafael Moneo, 2009), con su característica fachada de pavés de vidrio. Junto a esta, destaca la brillante textura del mármol de Macael que recubre los volúmenes del Paraninfo de la Universidad del País Vasco (Álvaro Siza, 2010). Detrás de estos edificios universitarios asoma la cristalina Torre Iberdrola (César Pelli, 2011), el techo del País Vasco con sus 165 metros de altura, que se enfrenta, al otro lado de la plaza Euskadi, con el Museo de Bellas Artes anteriormente mencionado.

Esta ruta finaliza en el Palacio Euskalduna (Federico Soriano y Dolores Palacios, 1999), que se ha convertido en un polo de atracción de congresos internacionales por su versatilidad, y el puente del mismo nombre (Javier Manterola, 1997) que, con una innovadora tipología estructural con una sección en Z, cruza la ría hacia el otro gran hito bilbaíno de las próximas décadas, la isla de Zorrotzaurre. En esta área de actuación ya se yerguen el Hospital del IMQ (Carlos Ferrater y Alfonso Casares, 2012) y el puente Frank Gehry (Arenas&Asociados, 2015). Todo esto solo en un paseo de dos kilómetros y medio, pegado a la ría. 

La cronología de lo sucedido en Bilbao es compleja, con muchos factores puestos en marcha a la vez que, a toro pasado, parecen evidentes y lógicos. Todos esos miles de millones de euros que organismos públicos y promotores privados han invertido en Bilbao fructificaron en un ejemplo mundial de transformación. Los que creyeron en esta idea, muy criticados desde múltiples ángulos (económico, social, político y cultural) en su momento, merecen nuestro reconocimiento.


Disneyland: el lugar más real de los Estados Unidos

Disney World, Florida, 2012. Fotografía: Cordon Press.

Los desiertos poseen una magia particular, pues han agotado su propio futuro y, por lo tanto, están libres del tiempo. Cualquier cosa erigida allí, una ciudad, una pirámide, un motel, está fuera del tiempo. No es casualidad que los líderes religiosos surjan del desierto. Los centros comerciales modernos tienen casi la misma función. Los futuros Rimbaud, Van Gogh o Adolf Hitler surgirán de sus desechos atemporales. (J. G. Ballard. La exhibición de atrocidades, edición anotada. 1992).

A todos los que llegan a este lugar feliz: Bienvenidos. (Walt Disney. Discurso de inauguración de Disneyland. 1955).

Los maquilladores de comida son las personas más poderosas del planeta. No viven en palacios de oro ni en parlamentos europeos ni en despachos ovales ni en bancos mundiales; trabajan en estudios de cine o fotografía, a menudo solos o con pequeños grupos de personas a su disposición y, sin embargo, sus productos modelan nuestra comprensión del mundo y de la propia realidad hasta la primera respuesta que nos define como seres humanos: la respuesta emocional.

¿No me creen? Pues piensen en la última vez que vieron un anuncio de comida rápida. Si son aficionados al deporte los tendrán muy recientes porque es en medio de los partidos cuando más publicidad de este tipo aparece en la pantalla: pizzas bordeadas de queso desafiantemente cremoso, hamburguesas jugosas envueltas en saltarinas hojas de lechuga cubiertas del rocío más fresco de la mañana, pepinillos verdes como esmeraldas y tomates capaces de alimentar a ciudades enteras, pan con semillas de sésamo colocadas según patrones ignotos pero perfectos. Perfectamente cremoso, perfectamente jugosas, perfectamente cubiertas de rocío, perfectamente verdes y perfectamente suculentos. Todo es perfecto.

Luego vas al McDonald’s del barrio y lo que te dan es una birria. La hamburguesa que tienes en la bandeja de plástico imitación madera es un sucedáneo disminuido de esas fotografías a todo color que colonizan las paredes del restaurante. Y te frustras. No deberías hacerlo porque, al fin y al cabo, todo forma parte de un engranaje mercadotécnico y estás bien acostumbrado a ello. Sin embargo, te frustras, aunque sea de forma moderada. La cosa te jode porque ya no se trata de objetos accesorios; no es un coche o una falda o un apartamento en la playa. Es lo que nos alimenta: las hamburguesas y las pizzas, pero también las manzanas brillantes y las sopas de cocido humeantes y los filetes de pollo despampanantes. Nos hemos creído que la comida que nos anuncian es la comida real cuando, a veces, ni siquiera es comida. Las semillas de sésamo son pequeñas escamas de PVC, el pan es poliuretano y el kétchup y la mostaza son trazos de pintura acrílica roja y amarilla. Incluso la carne y la lechuga se colocan especialmente para dar bien en cámara; solo un fragmento, hacia el objetivo. Todo ello cogido con horquillas y cubierto de laca para aguantar el tiempo de la grabación y el calor de los focos. Todo ello cuidadosamente manufacturado por un maquillador de comida.

Sin embargo, esto solo son consecuencias; los culpables de nuestra frustración no son esos poderosos artesanos anónimos y tampoco el constructo difuso al que llamamos marketing. El primer responsable es Walter Elias Disney, porque él construyó una ciudad real a partir de una colección escogida de mentiras.

La ciudad de mentira

Puestos a ser falsos, Disney no fue exactamente el primero. Las Vegas ya se había refundado el 26 de diciembre de 1946 cuando Bugsy Siegel inauguró el Flamingo Hotel & Casino y, en realidad, la estructura arquitectónica de lo falso era prácticamente una tradición norteamericana desde la construcción de los parques de atracciones de Coney Island a principios del XX o de la Exposición Universal de Chicago en 1893. Esta lógica de la imitación era evidente en artilugios híbridos como el elefante habitable de Coney Island o las colosales fachadas neoclásicas de Chicago que simulaban mármol italiano, si bien se habían fabricado con madera pintada de estuco. De hecho, tampoco estos dos ejemplos pioneros eran verdaderas invenciones pues se apoyaban en el sistema constructivo natural de un país sin historia arquitectónica.

A lo largo de los siglos XVIII y XIX, la construcción estadounidense es esencialmente colonizadora; los edificios se levantaban a gran velocidad para poder solidificar los asentamientos a medida que los colonos avanzaban hacia el oeste. Las casas, los fuertes y los graneros debían construirse en el menor tiempo posible y así fundar la población como elemento consolidado. Para conseguir esta construcción de gran velocidad, se desarrolla un sistema, el balloon frame, que consiste esencialmente en una estructura de madera ligera y atomizada en pequeñas partes, normalmente embebida en las fachadas. Así, los edificios construidos con este método son herederos directos de las tramoyas teatrales y, pese a que teóricamente penalizan su durabilidad frente a la construcción con piedra, ladrillo u hormigón, terminaron conformando el procedimiento constructivo predominante en los Estados Unidos. La tradición americana es la tradición del decorado, de la imitación. Es decir, que las refulgentes fachadas-anuncio de Las Vegas o el mármol de cartón piedra de la Expo de Chicago son la verdadera arquitectura americana.

Pero en ninguno de estos casos se era verdaderamente consciente de lo que se estaba haciendo, solo respondían a una manera —arquitectónica y experiencial— de entender el mundo. Disneyland era distinta. Desde su propio discurso de inauguración, pronunciado por el mismo Walt el 17 de julio de 1955, Disneyland destilaba y cristalizaba los Estados Unidos en una ciudad.

Disneyland, California, 1960. Fotografía: Orange County Archives (CC).

A todos los que llegan a este lugar feliz: Bienvenidos. Disneyland es vuestra tierra. Aquí los mayores reviven los buenos recuerdos del pasado; aquí los jóvenes saborean la promesa del futuro. Disneyland está dedicado a los ideales y los sueños que han creado América.

Efectivamente, Disneyland no era un parque de atracciones, era un lugar conformado fuera del pasado y fuera del futuro. Como el desierto descrito por J. G. Ballard, se colocaba con extrema precisión fuera del tiempo y fuera de cualquier límite que no naciese de los sueños más o menos imprecisos de una América entendida como artefacto emocional. Lo que pasa es que esos anhelos no flotaban en el aire; Disneyland era —y es— una realidad construida. Lo sueños, que son entidades imposibles, se consolidaban en espacios tridimensionales y arquitecturas palpables, físicas. En materialidad instantánea y comprensible. Así, en una sociedad occidental de metrópolis mutantes y seres humanos impredecibles, Disneyland se entendía —y se entiende— como una isla de felicidad controlada, aunque se cimentase sobre una serie de mentiras, de máscaras corregidas y aumentadas, extraídas de los productos de la Walt Disney Company. El europeo castillo de Cenicienta, más europeo que cualquier construcción del Viejo Continente; el poblado del Oeste, también construido con balloon frame pero mucho más amable y mucho más limpio que los que colonizaron el país; Tomorrowland, tan en el futuro que ningún futuro llegará nunca a ser igual.

Todo construido como el decorado de un teatro, como en La noche americana de Truffaut. Un escrupuloso envoltorio de fachadas de cartón piedra y madera pintada que imitan madera real y piedra real, mientras los cuerpos de los edificios son despreciables y permanecen ocultos porque tienen que ser invisibles. Porque el prestidigitador nunca revela sus trucos y nadie quiere saber que, al final, la magia es un entramado de distracciones visuales. Una coreografía donde lo más importante es saber lo que hay que enseñar y lo que no. Y lo que se enseña en Disneyland es perfecto. Ciento sesenta acres perfectos.

Y lo más perfecto y lo más intrincado no son las montañas rusas ni los castillos; el lazo que ata el simulacro es la avenida que articula toda la ciudad: Main Street U. S. A. En Disneyland, la calle también es una máscara. Esa Main Street no pertenece a ningún lugar concreto, sino que representa a todo el país. Los Estados Unidos solidificados en fachadas pintorescas, en bancos pintorescos y en farolas pintorescas. Aunque todo sea igual al tacto; aunque las ventanas sean ciegas porque no abren a ningún interior; aunque la segunda planta, demasiado baja, no tenga detrás ningún espacio porque no hay altura libre suficiente para albergarlo. El espacio urbano es una ilusión óptica. Un trampantojo arquitectónico perfecto y, esta vez, real.

Islas de realidad

Pese a las reticencias iniciales de los inversores, Disneyland fue un éxito instantáneo. Ciento sesenta mil personas visitaron el parque californiano el día de la inauguración, más de tres millones y medio el primer año, la mitad de los cuales llegaron desde fuera de California. Todo el mundo quería experimentar una ciudad perfecta y la Walt Disney Company les concedió su deseo. Disney World abrió sus puertas en 1967 en Florida, Tokyo Disneyland en 1983 y Euro Disney en París en el 92. El desembarco en Europa desencadenó una fiebre global y, en cosa de dos décadas, cientos de parques temáticos de todo pelaje y condición acabaron poblando el planeta. Todos los países y todas las regiones del mundo querían tener una ciudad perfecta. Así que, para ser perfecto, el mundo acabó imitando a la imitación.

En 1972, Robert Venturi, Denise Scott Brown y Steven Izenour publicaron Learning from Las Vegas, que bien podría haberse titulado Learning from Disneyland. En el libro, abogaban por la fachada como principal elemento significativo de la arquitectura contemporánea. Esa fachada no se entendía como consecuencia del espacio interior sino como artefacto dirigido al espacio público. Por tanto, la imagen del edificio no debía responder al contenido espacial del mismo sino a su carácter semiótico. Las fachadas contemporáneas eran anuncios y los edificios no eran espacios arquitectónicos sino símbolos. El mundo se construía de acuerdo al modelo de Disneyland hasta el punto de que, en 1991, el profesor universitario Peter K. Fallon acuñaría el término disneyficación: el proceso según el cual un lugar real es desprovisto de su carácter original para ser sustituido por una versión higienizada y desinfectada del mismo. Es decir, por un decorado. Las ciudades contemporáneas se repiensan exclusivamente desde su imagen, son un disfraz manufacturado para el consumo turístico, aunque sea de los propios residentes.

El bucle se cerró en 1996, cuando la Walt Disney Company fundó la ciudad de Celebration en Florida, a unos pocos kilómetros de Disney World. Celebration se concibió como una comunidad meticulosamente calculada para ser feliz: calles peatonales, anchos amables, tiendas atractivas, un lago artificial planificado hasta el detalle más nimio, parques, piscinas, una escuela, una oficina postal y hasta su propio Ayuntamiento, pese a que el pueblo no es técnicamente independiente. Y casas, casas bonitas, agrupadas según estilos arquitectónicos del pasado, pintadas de distintos colores, con cubiertas inclinadas y ventanas de madera blanca, proyectadas por algunos de los arquitectos más representativos y más en consonancia con lo que Disney buscaba. Philip Johnson, Michael Graves, César Pelli o los mismos Robert Venturi y Denise Scott Brown levantaron obras en un experimento que llenó las páginas de periódicos y revistas especializadas en arquitectura y diseño. Porque todo estaba diseñado y todo era un experimento. Una máquina de ingeniería social en la que hasta el escudo de la ciudad se había dibujado para ofrecer la imagen de mayor paz, tranquilidad y felicidad posible. Celebration era un pueblo real disneyficado desde su propio planeamiento urbano. La compañía imitaba a la imitación de la imitación.

Pero no funcionó, claro. Celebration es demasiado perfecta, demasiado fabricada, demasiado nostálgica y absolutamente falsa. En 2001 fue elegida comunidad del año por el Urban Land Institute, pero sus calles parecen la pesadilla de color pastel que Tim Burton filmó en Eduardo Manostijeras. Porque Disneyland se cierra por las noches y renace nueva e impoluta cada mañana, mientras que una ciudad nunca se apaga. La gente no la experimenta durante cantidades limitadas de tiempo; vive una vida real dentro de ella. Y la realidad es muy difícil de controlar.

Cuando desarrolló el concepto de hiperrealidad, Jean Baudrillard afirmó que «Disneyland es el lugar más real de los Estados Unidos porque no finge ser más de lo que realmente es: una simulación». No tiene un modelo al que referirse porque es su propio modelo. No hay frustración posible porque, al contrario que la hamburguesa comestible que comparamos con la del anuncio, Disneyland solo es un decorado e, inherentemente, nada más que un decorado, tanto físico como emocional. Celebration y la mayoría de las ciudades occidentales fingen ser parques temáticos mientras lidian con miles de circunstancias cotidianas; fingen ser ciudades mientras ofrecen la imagen de parques temáticos. Sin embargo, Disneyland y sus cientos de herederos parecen glorificaciones de lo ficticio cuando son un archipiélago de realidad. El problema es que esa realidad es la droga química más poderosa del planeta: tan precisa y tan pura que solo puede resistirse en pequeñas dosis. Porque nadie sería capaz de experimentar Disneyland más de un par de días sin volverse loco.


Iñaki Azkuna: “Que Otegi esté en la cárcel me parece injusto”

Iñaki Azkuna (Durango, 1943) es alcalde de Bilbao desde el año 1999 y ha vivido en primera persona la proyección internacional de la ciudad del Guggenheim de Frank O. Gehry. Habíamos pretendido realizar la entrevista el otoño pasado, pero un nuevo tratamiento del cáncer que le afecta desde 2003 nos obligó a posponerla. Con fama de ser un hombre temperamental, capaz de llamar pesetero a Santiago Calatrava cuando nadie tosía al arquitecto valenciano, nos recibe en una sala adjunta a su despacho en el Ayuntamiento, donde desde un rincón nos observa con cierta ironía un busto de Unamuno. Nos vende Bilbao con pasión y orgullo y convencería a cualquiera que niegue la mayor a la ciudad; con una sonrisa nos reconoce la fama de fanfarrones de los bilbaínos, aunque: “qué le vamos a hacer, hay cosas mucho peores que esa”. En el trato se muestra cordial pero directo y rotundo, con respuestas no exentas de cierto sentido del humor, lo que nos lleva a contextualizar algún comentario como el que ha aparecido en la prensa el día de la entrevista (“los chinos duermen y procrean en sus tiendas. No sé dónde se mueren, pero son competencia”). Antes de entrar en política y formar parte del Gobierno Vasco con el PNV, trabajó como médico.

El doctor Pedro Cavadas ha creado polémica al decir que los niños quieren ser médicos para llevar una bata blanca, por el dinero o por ligarse a las enfermeras. ¿Y usted?

Yo desde luego no quise ser médico ni por las enfermeras ni por el dinero. Quise ser médico porque me gustaba la profesión. La vocación me fue entrando porque vi ejemplos médicos ilusionantes y ejemplares.

Siempre tuvo claro que quería ser médico, antes que político.

Nunca pensé en ser político; pensé en ser médico. Es más, los políticos primero deberían ser buenos profesionales, lo mismo albañiles que abogados que cirujanos. Pero creo que hay que tener un trabajo, una profesión, y no estar al albur del partido correspondiente.

Entonces no cree que se deba entrar en el aparato del partido desde joven, sino que hay que tener experiencia profesional anterior.

Creo que sí. Y si se tiene experiencia en la administración pública y en la administración privada, mejor que mejor.

¿Y un gobierno de tecnócratas en lugar de políticos?

No he dicho eso. Hay que tener una experiencia en la vida profesional, y al mismo tiempo ir haciéndote político. Te haces político por muchas cosas: unos por servicio a los demás, otros porque les gusta el poder, otros porque creen que así van a alcanzar unas cimas tremendas… y la mayoría de los políticos porque llevan dentro, en la sangre, una forma de ver y transformar el país que sea a su imagen y semejanza. Otra cosa es que lo consigan.

O que les dejen…

En contra de lo que se está diciendo en este momento en España, la mayoría de los políticos que conozco son gente honrada. Y hay algún sinvergüenza que otro al que efectivamente al final se le nota.

¿Tal vez por la situación económica se necesita cargar contra alguien y se carga contra los políticos?

Ya… el Motín de Esquilache fue por los sombreros, pero debajo subyacía algo; la noche de San Bartolomé fue porque los protestantes mataron a los católicos, no solo porque eran unos talibanes, sino porque subyacían también unas ansias de poder… siempre hay algo detrás. Lo que no se puede hacer ahora es echar la culpa a los políticos. Hombre, los banqueros algo tendrán que decir, los comerciantes, los que han hechos pingües negocios en múltiples actividades y los mangantes de guante blanco que nos han arruinado también algo tendrán que decir. Y todos esos no han sido políticos.

Todos tenemos en mente casos de figuras que no son políticas y que al parecer han tenido ciertos ingresos de alta cuantía y difícil justificación para la opinión pública, como los casos de Iñaki Urdangarin y Santiago Calatrava, por ejemplo.

Hay que esperar a los juicios, hay que ser prudentes en vez de ser tan maledicentes en este país. Esto no es el Dos de Mayo ni hay que pasar a cuchillo a los franceses. Veremos lo que dice el juez de Urdangarin no sea que tanto hablar, tanto hablar, al final no pase nada… Y de Calatrava no tengo nada que hablar.

(decepcionado) Vaya… Usted como alcalde de Bilbao puede que sea uno de los más envidiados del Estado, o incluso de Europa, por el nivel económico, por ser un ejemplo de cómo transformar una ciudad, porque el Ayuntamiento no está endeudado…

Sí, pero no se equivoque. Nosotros estamos mal como los demás. Lo que pasa que… ¿cómo es ese dicho? ¿En el reino de los ciegos el tuerto es el rey? Sí, nosotros estamos menos mal que otros, pero tampoco estamos bien. Lo que pasa es que tuvimos dos cosas buenas a favor: en los últimos 11 años hemos ido pagando nuestras deudas y en este momento nos encontramos con una deuda cero con los bancos, lo que no quiere decir que no tengamos una deuda puntual con un ciudadano si nos gana un juicio. Y en segundo lugar, nosotros en el 2008 nos dimos cuenta de la que venía y comenzamos a ajustarnos, cosa que tenía que haber hecho Zapatero mucho antes. En el Ayuntamiento empezamos a hacer un ajuste con grandes críticas, porque aquí todo el mundo critica, ¿verdad?: “¡Ah, lo que tenéis que hacer es invertir más, gastar más!”. Mira la que ha venido. Estamos todos en una situación de ajuste tremenda. Es más, creo que 2013 va a ser peor que 2012 porque este año va a ser fiscalmente muy malo y los frutos se recogen en 2013. En 2013 lo vamos a pasar muy mal.

Desalentador.

Desalentador en ese sentido, pero esperanzador en el sentido de que haciendo ajustes, poniendo orden y seriedad en la casa —que ya es hora de que se ponga orden y seriedad en España—, igual salimos de la crisis. Y digo igual porque no puede ser que en los últimos 20 años hayan crecido las universidades y los aeropuertos como hongos, la alta velocidad ha parado en todas partes… ¿Puede aguantar eso el país? Alguien tendrá que poner freno a ese tipo de cosas. Hay que poner seriedad para que no nos pase como en Grecia, que primero engañaron a la Unión Europea con sus cifras y luego han seguido engaño tras engaño. Hasta que la bola ha crecido tanto que no cabía en el palacio.

En una entrevista reciente dijo que para salir de la crisis hacía falta un espíritu como el que tuvo la población de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. ¿Cree que está realmente en manos del pueblo recuperarnos?

No, pero lo que no puede ser es que España quiera salir adelante con 50 huelgas al día y echándonos los trastos todos, entre comunidades autónomas y el gobierno central. Esto es una jaula de grillos y evidentemente así no se sale adelante. Se sale adelante con un espíritu común, diciendo “¡vamos a salir adelante!” y poniendo los mimbres necesarios para hacerlo. Pero si estamos aquí cada dos por tres de huelga, a golpes, echándonos los trastos… mala solución.

Pues parece que solo nos queda esperar porque según el Ministro de Economía España ha hecho ya todo lo que tenía que hacer.

Yo creo que le queda mucho por hacer. Acabo de decir un montón de cosas. Los trenes, los aeropuertos, las universidades… ¿todos tenemos que tener de todo?

Pero en eso no tenemos marcha atrás si son obras ya ejecutadas.

Vamos a ver, ¿cuántos ayuntamientos han hecho polideportivos y no los pueden abrir? Hay un montón en España que no pueden ni pagar la luz. Hombre, racionalicemos las cosas. He visto una lista de los aeropuertos que son deficitarios y la mayoría lo son. Se quieren construir puertos a 20 km de donde hay otro puerto. Los clubes de fútbol deben unos 800 millones a Hacienda. Son locuras que se hacen y que luego lo pagamos entre todos.

Me da la sensación de que los clubes de fútbol son intocables.

Si son intocables, viva la constitución de Cádiz. Si Hacienda no cobra a los clubes, que tampoco nos cobre a los demás.

¡Me parece bien! Ya que hablamos de fútbol, me llama la atención que tengan el Ayuntamiento engalanado con los colores del Athletic.

Bueno, hemos puesto una banderola muy baratita con los colores del Athletic. Tenemos ilusión de ir a Madrid, y quién sabe si podremos ganar al Barcelona.

Es que me he acordado de la polémica de las banderas en el Ayuntamiento, cuando dijo que por usted no ponía ninguna.

Ninguna. No me gusta ninguna. Solo pongo la del Athletic. No me gustan las banderas, ni los banderizos; este país ha sufrido mucho por los banderizos. Por una bandera se ha matado a gente. Pero no hace falta irnos a hace tres siglos, en la Transición por una bandera ha muerto gente. No las odio, pero no soy un fanático de ponerlas. La del Athletic no es una bandera, es un color de Bilbao que  quizá sea una de las cosas que más una en Bilbao y en Bizkaia.

¿No cree que se le da demasiada importancia al fútbol? Al fin y al cabo es solo un deporte.

Seguramente, pero las emociones no hay quien las controle. Vamos a dejar que las emociones vayan por su cauce y ya pararán, ahora que estamos en racha.

Pero esas emociones, espoleadas desde diversos intereses como son los propios directivos o la prensa, ¿no pueden ser hasta peligrosas?

Ya. Pero ¿qué me está proponiendo? ¿Que saque un bando prohibiendo que se hable de fútbol?

(Risas) No, pero por ejemplo se ve como algo absolutamente normal insultar dentro de un campo de fútbol. Al portero, simplemente por sacar de portería, ya se le llama cabrón.

A los políticos nos llaman cabrones por mucho menos que sacar de portería (risas). Pero al fin y al cabo sí, es un deporte. Por tanto lo que tenemos que hacer es canalizar esas emociones y si ganamos la Copa pasarlo bien y punto. Sin más. Aunque naturalmente esas emociones también influyen en la ciudad, e incluso tienen una vertiente económica, no hay duda de que aumenta la moral de la gente y en un momento dado la ciudad está mucho más reconfortada e incluso es más fácil sacar la mano del bolsillo estando contento que estando triste.

¿Cómo ve el partido, la final de Copa?

Bueno, vamos a ir a ver qué pasa, a disfrutar o a sufrir, pero con la cabeza alta. Y vendremos con la cabeza alta. Si ganamos estupendo, y si perdemos… bueno, hemos estado y hemos sido subcampeones.

¿Le ha gustado el equipo de Bielsa?

Sí, ha tenido unos cuantos partidos que me han gustado mucho, sobre todo los europeos y después de una época del Athletic que ha sido aburrida. Tiene un buen equipo en este momento, puede dar juego.

Y ahora el Ayuntamiento forma parte del accionarado del nuevo estadio, San Mames Barria.

Hemos transformado las tasas y licencias que tenían que pagar por la obra en acciones. Nosotros no perdonamos, transformamos lo que nos tenían que pagar en tasas y licencias en acciones. Somos el accionista minoritario pero estamos en el Consejo de Administración y colaboramos con la ciudad. Hicimos lo mismo con el Guggenheim y el Euskalduna.

¿El desarrollo de Bilbao podría haber llegado a lo que es sin el Guggenheim?

No sería lo mismo, pero… vamos a decirlo al revés. El desarrollo de Bilbao ha sido además del Guggenheim. Es decir, ha sido sobre todo la limpieza de la ría, con la construcción de unos grandes colectores que llevan nuestras miserias a unos puntos determinados, y la recuperación de las orillas de la ría. Esas orillas eran tinglados industriales, navales, que nos alejaban de la ría a los bilbaínos durante cientos de años. Y las hemos recuperado. Ahora hay cinco kilómetros de paseos y el agua de la ría está mucho más limpia que hace 20 años. Ese ha sido el gran desarrollo de Bilbao y aparte de eso hemos tenido la fortuna de creer y crear el Guggenheim, porque muy poca gente creyó en aquel momento en él. Para mí es la mejor obra que ha hecho Frank Gehry en el mundo. Y luego el Palacio Euskalduna, la rehabilitación del Museo de Bellas Artes, la Alhóndiga… Se han hecho todas esas cosas entre las instituciones y también ayudados por las empresas privadas. El Guggenheim claro que es el faro, pero hay más cosas que han sido importantes. Para los que desde hace 50 años no habían visto pelota mano en Bilbao el frontón ha sido una maravilla, y el Bilbao Arena que hemos hecho entre Diputación y  Ayuntamiento.

Si un alcalde se puede equiparar a un presidente de un equipo de fútbol y los campeonatos son los edificios de firma arquitectónica, ¿Bilbao es la urbe que actualmente tiene la mejor sala de trofeos?

Dios me libre de equipararme a un presidente de un equipo de fútbol. ¡Dios me libre!

Perdone. No me lo tenga en cuenta.

Pero… sí, Bilbao en los últimos diez años ha cosechado muchos “trofeos”. En los años 70 Barcelona fue la gran capital del urbanismo español, luego Bilbao ha sido una urbe también muy importante en cuanto a desarrollo urbanístico y en cuanto a cambio de una ciudad industrial, gris y fea a una ciudad más transparente, más abierta, una ciudad que ha cambiado totalmente.

¿Quién podría faltar, qué trofeo, qué arquitecto le gustaría a usted?

Fue una pena lo de Jean Nouvel. En el RAG iba a hacer una cosa muy hermosa, pero con la crisis no ha podido ser. Cuando Jean Nouvel estuvo aquí, en Bilbao, nos enseñó unos bocetos extraordinarios, iba a hacer una cosa bellísima. Ahora no puede ser, y van a hacer viviendas de otra manera. Sí, nos falta Jean Nouvel.

Porque con Óscar Niemeyer en Avilés y Renzo Piano en Santander…

A Renzo Piano se le dio la posibilidad de hacer el master plan de Zorrotzaurre, y no sé qué pasó que al final lo hizo Zaha Hadid, con la cual tenemos mucha amistad. Es una gran persona y una gran arquitecta.

Creo que Zorrotzaurre va a salir a exposición pública nuevamente, ¿es verdad?

Sale el plan especial otra vez. La ley del suelo es un rollo, es tan garantista que cada paso que damos tiene que salir a exposición pública, que está muy bien, pero si luego cambias una coma también hay que sacarlo. Es tremendo, un martirio, pero bueno.

Igual le vienen bien estos parones a la tramitación del plan especial para dar tiempo a que mejore la situación económica.

La situación económica no se va a arreglar con los parones. Se arregla con seriedad y ordenando la casa, que es lo que tiene que hacer Mariano Rajoy.

Usted quería transformar el arco de San Mamés en un puente en Zorrotzaurre.

Fue una idea que me dieron los ingenieros y no era mala. Un puente en Zorrotzaurre, solo para peatones, era muy bonito, y así el arco tenía una finalidad. Otros quieren destrozarlo y llevarse un pedazo a su casa. Hay gustos para todos. Se hará lo que quiera el Athletic, y nosotros lo aceptaremos.

Además del desarrollo de Zorrotzaurre, la otra gran obra que está pendiente en Bilbao es la entrada de la alta velocidad.

La entrada de la alta velocidad a Bilbao es fundamental. Va a ser importantísimo para toda la Cornisa Cantábrica, para Bilbao y para Euskadi. Las obras van bien hasta Basauri. La entrada a Bilbao va a ser más complicada. Pero no creo que aquella presentación que hizo el ministro José Blanco sobre la remodelación de la estación se pueda llevar a cabo en unos cuantos años, mientras persista la crisis. Lo mismo creo que no se va a poder hacer en otras ciudades. Pero el tren de alta velocidad entrará en Bilbao. El Vitoria-Bilbao va viento en popa, y para el año 2015 o 2016 estaremos en el tren de alta velocidad.

El 2015 o 2016 está muy cerca y la entrada en Bilbao presenta muchos problemas…

¡Estamos en el 2012, hombre! No hay tantos problemas, lo que no hay es dinero.

Respecto a la deuda del ayuntamiento de Bilbao ha salido recientemente el alcalde de Barakaldo diciendo que sí, que el Ayuntamiento de Bilbao no tiene deuda pero que el organismo Bilbao Ría 2000, que se encarga de las actuaciones urbanísticas tanto en Bilbao como Barakaldo, debe 218 millones de euros.

Ese organismo se creó para reconstruir Bilbao después de las inundaciones. Fue un acuerdo político entre la administración vasca y la española. Y luego, los socialistas añadieron Barakaldo. Primer asunto. Segundo: Bilbao Ría 2000 ha hecho unas obras maravillosas en Bilbao y en Barakaldo. Y tercero: efectivamente, a Bilbao Ría 2000 le cogió la crisis en plena faena de las obras y nos hemos endeudado, pero también hay que decir que Bilbao Ria 2000 tiene un respaldo de terrenos y valores. Y no voy a entrar en discusión con el alcalde de Barakaldo porque si quiere discutir tiene el consejo de administración de Bilbao Ría 2000, donde está representado.

Ahora que se está hablando mucho de Patxi López en los medios por la ruptura del pacto y por la investigación a su cuñado…

(interrumpiendo) No estoy de acuerdo. Patxi López sale todos los días en la prensa estatal. Y en la prensa vasca es el único que sale. En Euskal Telebista, por ejemplo, las noticias son Patxi Lopez y los demás apenas salimos seguramente porque somos gente carente de interés. Lo del cuñado lo dejamos en manos de la decisión de los tribunales. Y en cuanto a la ruptura del pacto, se veía venir. Esas cosas no duran toda la vida. Evidentemente el acceso al poder en España del PP ha hecho que las cosas se equilibren. Patxi López ha mostrado su faz de izquierdas dándole un poquito de grasa a Rajoy, y naturalmente Antonio Basagoiti no lo puede aguantar y se rompe. Estaba más claro que el agua.

La ruptura del pacto también parece marcada por los tiempos políticos: se acercan las elecciones al Gobierno Vasco.

Naturalmente, llegadas las elecciones cada uno se va a su convento, cada uno muestra su faz. Y en este caso está claro que Basagoiti no podía seguir apoyando al lehendakari.

¿Se presentan como las elecciones al Gobierno Vasco más abiertas desde los años 80?

Hombre, lo que creo es que en aquellos primeros años la gente todavía no tenía un voto consolidado, y ahora tiene más opciones. La ciudadanía es mayor de edad, ya sabe a quién votar, ya sabe lo que hacemos, ya sabe el grado de honradez, de seriedad de cada uno… bueno, vote usted a quien quiera, señor o señora, está usted en su derecho. El voto le corresponde al ciudadano, no se le puede hurtar esa propiedad.

Pero luego resulta que en Grecia una formación política como Amanecer Dorado recibe un apoyo significativo en las urnas y todo el mundo se lleva las manos a la cabeza por lo que vota la gente.

Yo sería partidario de ilegalizar en Europa todos los partidos nazis. Tenemos una experiencia amarga en Europa con el nazismo; sabemos lo que es el fascismo en España, en Italia, en Alemania… en todos los países ha habido ramas nazis, por eso no me andaría con chiquitas. Y desde luego creo que los griegos harían muy bien en prohibir a Amanecer Dorado. Con los nazis no andaría jugando, no quiero saber nada de ellos. Esos son los que no quieren la democracia. Y con todos los errores que puede tener la democracia, con todas las debilidades que puede tener la democracia, es el menos malo de los sistemas.

¿Qué opina del movimiento 15M que precisamente propone modificar la democracia tal y como la tenemos planteada para corregir esos errores?

El 15M ha surgido porque estamos en la situación en la que estamos. En 2005 no surgió, cuando nadábamos en la abundancia. Han surgido ahora, con una tasa de paro tremenda que va en aumento, con una situación económica catastrófica y es natural que estén indignados: están cabreados y, sobre todo, sin un puesto de trabajo. Pero yo tengo mis dudas de que se vaya a consolidar ese movimiento.

¿Por qué?

Cuando digo consolidar quiero decir canalizar el movimiento. Porque una cosa es que todos los años se celebre el día de los indignados y que se reúnan en las plazas de las ciudades y lo recuerden. Eso es una cosa, pero otra cosa es canalizar ese movimiento hacia un movimiento político, hacia un partido o hacia algo que sea una alternativa. Porque si no, ¿qué?

Entonces no cree que las ideas del 15M se puedan llevar a la práctica.

Si las ideas son estupendas… ahora le voy a decir una idea estupenda: todo el mundo debería ser bueno. ¿Y? ¿Eso cómo se traduce? Unos siguen siendo buenos, y otros son malísimos.

Volviendo a las elecciones al Gobierno Vasco, ¿cuál cree que será el resultado?

¡Ay, amigo! Si supiera eso estaría en una peana.

También es verdad. Reformulo la pregunta. Viendo los últimos resultados de las distintas elecciones del año pasado, ¿podrían seguir la misma línea?

No son las mismas elecciones. Las autonómicas suelen ser diferentes. Hombre, no creo que en el próximo mandato el lehendakari sea socialista. En primer lugar no creo que vaya a haber un pacto PP-PSOE y está por ver las fuerzas políticas qué números sacan, que es una incógnita en este momento. Si lo supiésemos, estaríamos muy contentos todos.

O muy disgustados. En estos días ha llamado la atención que en una consulta interna del PNV ha resultado Ibarretxe como el segundo más votado para presentarse a lehendakari, por detrás de Iñigo Urkullu.

Juan José Ibarretxe ha dicho en público y a mí en privado que no se presentaba nuevamente a la primera línea. Es incidir nuevamente en lo mismo; ha sido lehendakari, vicelehendakari, presidente de las juntas de Álava… ha sido todo en la vida política de este país. Pues punto. No mareemos la perdiz.

¿Puede ser un voto de castigo interno (a Urkullu) votar a alguien que no se quiere presentar?

Eso ya me parecen conjeturas. Yo como alcalde no soy tan inteligente como para entrar en esas conjeturas.

En algunos círculos se contaba con que, hasta que ha salido la sentencia de Arnaldo Otegi, iba a ser el siguiente lehendakari.

A mí me parece un error tenerle en la cárcel. Me parece un error porque la impresión que tenemos en el País Vasco, o por lo menos mucha gente, es que Otegi sí ha dado pasos para conseguir la paz en el país y para que ETA deje las armas. Yo sí tengo esa impresión. Por tanto que Otegi esté en la cárcel me parece injusto.

Si por ejemplo Otegi saliera mañana de la cárcel y…

Si no va a salir; no me diga que si va a salir. Le han metido 10 años, joder, ¡qué va a salir mañana!

(Risas) De acuerdo, no hagamos hipótesis. Pero por ejemplo Martin Garitano, el diputado general de Gipuzkoa, ha dicho que si por él fuera mañana mismo estarían todos los presos de ETA en la calle.

Ah, bueno. Pues que los saque. Si tiene poder para eso que los saque.

¿Eso mejoraría en algo la situación?

Los presos no van a salir. La sociedad española no lo va a permitir. Saldrán los que tengan que salir. Lo que sí se puede hacer es acercar a los presos a Euskadi, a sus casas. Pero ya se ha dicho en el anterior gobierno y en éste que amnistía no va a haber. Parece ser que la propia Constitución lo prohíbe. Por tanto, si amnistía no va a haber, me parecen loables los deseos del diputado general de Guipuzkoa, pero eso no es posible, no van a salir. Sí son posibles vías por medio del Derecho y de las leyes por las cuales un preso puede buscar fórmulas para redimir sus penas de otra forma, la vía Nanclares o vía lo que sea. A mí me parece bien eso. Los que tienen 30 asesinatos no van a salir. Nosotros estamos de acuerdo con el acercamiento. Y como a Otegi no se le conocen crímenes me parece un error fundamental que a un político como él le tengan en la cárcel.

Los incidentes por el desalojo de Kukutxa, el caso de Iñigo Cabacas, las críticas por las cargas policiales aparentemente desproporcionadas para disolver concentraciones… ¿se están desprestigiando las fuerzas de orden público?

No tienen nada que ver unos casos con otros. La Ertzaintza tuvo un problema con Iñigo Cabacas, un problema desgraciado, y el pobre chaval ha resultado muerto, pero eso está en los juzgados y habrá que aceptar lo que resulte. Creo que a la Ertzaintza no se le puede estropear su historial por ese hecho solo. Es un hecho que tendrá que ser sometido a la justicia y aclararlo. Pero dicho eso también digo que a la Ertzaintza no se le puede ahora acusar como han hecho algunos llamándoles asesinos. ¿Asesinos? Si han sido asesinados unos cuantos de ellos durante los últimos 30 años. Las policías cumplen con su función. Y no sé si nos hemos dado cuenta de que la función de la policía suele ser en general coercitiva. La policía no es los de la Adoración de la Buena Muerte que van los viernes a rezar. La policía cuando entra, entra. Seguramente se ha cometido algún error de planificación o de ejecución, y eso es lo que tiene que aclarar el juez. No se puede poner a caldo a todas las policías por hechos aislados. Fíjese en la Transición los excesos que hubo, y ahora ¿qué pasa? ¿vamos a poner a todos los cuerpos policiales a parir porque hubo esos excesos? Y menuda gente hubo en la Transición. Pero no se puede destruir la honorabilidad de un cuerpo policial por unos hechos aislados. Yo por lo menos no estoy de acuerdo.

En el caso de Cabacas, las mayores críticas llegaron de la izquierda abertzale y usted les acusó de manipulación repugnante y de que no los había visto decir las mismas cosas en relación a los asesinatos de ETA.

La izquierda abertzale ha estado jaleando a ETA, entonces no me den ustedes lecciones de democracia. Y no me diga que la policía es asesina cuando ustedes han estado apoyando esos asesinatos. No lo admito. Y desde luego la izquierda abertzale se ha pasado diez pueblos en ese caso. Así como la familia fue ejemplar y los amigos, la izquierda abertzale no lo ha sido ni mucho menos.

Hace unos 15 años, la primera vez que fui a las txosnas de la Semana Grande de Bilbao, me llamó la atención que algunas zonas tenían colgadas fotos de presos de ETA y anagramas de ETA, mientras la gente seguía bebiendo y bailando como si nada, como si fuera normal. Pero luego, se han ido eliminando estas pancartas. ¿Se debe más a las leyes que prohíben la exhibición de estos símbolos o a un cambio en la percepción de la ciudadanía?

Normal no era. Solo que en ciertos sitios de Bilbao, un mundo especial —que era el mundo de la izquierda abertzale— es el que manejaba los hilos de todo eso. Y aparecían las fotos de los presos e incluso algún anagrama de ETA que tuvimos que quitar. Naturalmente eso ha ido evolucionando y primero se les ha ido cerrando un poco el espacio, siendo persistentes con ellos, les hemos controlado más. Y luego la evolución política ha sido la que ha sido. La evolución de ETA, que ha sido catastrófica, también ha tenido que influir en ese mundo. Porque ETA todavía podría llegar a matar a alguien, pero ETA está vencida en el sentido de que al final una sociedad que tuvo miedo, una sociedad que no reaccionó al principio, luego ha reaccionado y ha reaccionado muy bien. Ahora vienen algunos historiadores catastrofistas diciendo que esta sociedad no se movió nunca… no se movió porque tenía miedo. Hace 30 y 40 años primero teníamos miedo de Franco y después de ETA. Es normal. La sociedad en su conjunto ha sido miedosa, se ha retraído. Pero poco a poco ha ido saliendo y ha ido viendo que ETA nos llevaba al suicidio político, al suicidio de un país que solo le faltaba saltar de un acantilado al mar. Yo creo que ha sido una evolución muy positiva y la sociedad en ese sentido ha reaccionado bien, los partidos políticos a pesar de sus diferencias también han estado en lo fundamental de acuerdo y bueno, hoy es el día que hay que aprovechar la situación en la que estamos. El gobierno tiene que ser inteligente, ser enérgico por una parte pero flexible por otra… ahí estamos. Así como he dicho que los presos que tienen muertos encima de su espalda no los van a soltar, hay otras medidas de acercamiento, medidas que el propio código penal actual permite, pues pongámoslo en marcha. También hay gente en España que dice no, que ni se aplique el Código Penal. Oiga, el código cómo no vas a aplicarlo si es la legalidad vigente; si no respetamos la legalidad esto no es un estado de derecho. Y si no es un estado de derecho esto es la selva. Y como yo no quiero vivir en la selva sino en un estado de derecho, pues hay que aplicar la ley. La que nos gusta y la que no nos gusta, pero tenemos que aplicarla.

Fotografía: Roberto Ortiz