Reporte NBA: qué ha pasado este verano y cómo afectará a la temporada que viene (y II)

Paul Millsap y Paul Pierce, perro viejo. Fotografía: Keith Allison (CC)
Paul Millsap y Paul Pierce, perro viejo. Fotografía: Keith Allison (CC)

(Viene de la primera parte)

Desde que se iniciaran los movimientos el 11 de junio, más de doscientos jugadores han cambiado de equipo por lo menos una vez en apenas cuatro meses en una orgía de números, dinero, futuras opciones del draft y, a fin de cuentas, baloncesto de oficina.

Dinastías consolidándose, equipos haciendo borrón y cuenta nueva y otros que empiezan a formar las bases de lo que, esperan, sea un futuro brillante para la franquicia. Jugadores novatos, veteranos buscando la esquiva gloria del anillo, jugadores franquicia y suplentes que aportan longitud de banquillo. Ha habido movimientos en todos esos sentidos y muchos más.

Lo que sigue es un recuento de los cambios que han llevado a cabo los mejores dieciséis equipos de la pasada temporada, ordenados por su balance entre victorias y derrotas. Con lo cual, obviamente, tiene más peso la mejor conferencia, siendo la oeste, con especial hincapié en la división suroeste, en la que todos sus cinco equipos se clasificaron para playoffs.

De todas esas idas y venidas de jugadores, y de la repercusión que estas tengan sobre sus equipos, trata este artículo, en orden ascendente. Adicionalmente, y para que puedan ustedes echarme en cara todos los errores cometidos cuando termine la temporada, puntúo sus movimientos de verano de una a cinco estrellas:

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8. Portland Trail Blazers (51-31)

Incorporaciones: Al-Farouq Aminu, Ed Davis, Mason Plumlee, Gerald Henderson, Mike Miller, Maurice Harkless, Noah Vonleh, Phil Pressey, Daniel Diez

Elecciones del draft: Pat Connaughton (#41, derechos adquiridos de Brooklyn)

Salidas: LaMarcus Aldridge, Nicolas Batum, Arron Afflalo, Robin Lopez, Steve Blake, Wesley Matthews, Joel Freeland, Alonzo Gee, Brendan Haywood

Terminábamos el primer artículo haciendo un repaso de los sinsabores de Dallas este verano. Si hay algo que sirva de consuelo a los aficionados de los Mavs es mirar hacia Oregón. En Portland básicamente se han deshecho de todos sus mejores jugadores con la única excepción de Damian Lillard. Queda también el prometedor McCollum, que sin embargo ha tenido hasta ahora un rol secundario en Portland con apenas 14,5 minutos de media por partido, pero ambos juntos no logran camuflar el desastre sucedido en Portland. El caso es que tras una buena temporada 2014-2015, en la que lograron una cómoda clasificación para playoffs para sin embargo caer en primera ronda ante los contundentes Grizzlies, han decidido hacer borrón y cuenta nueva. Del borrón no cabe duda, sí de la cuenta nueva por venir.

Aldridge, jugador franquicia con un promedio de 23,4 puntos y 10,2 rebotes por partido la pasada temporada. Batum, jugador de los Trail Blazers desde su llegada a la liga en 2008 y aportando al equipo en todas las facetas del juego, traspasado a Charlotte a cambio de dos jugadores menores como son Henderson y Vonleh. Afflalo, uno de los mejores defensas de la liga, adquirido la temporada pasada desde Denver. Lopez, pívot fiable en ataque y duro en defensa. Matthews, excelente escolta y poseedor del récord de triples de la franquicia. Blake, buen base suplente con facilidad para anotar y pasar el balón, poseedor del récord de asistencias en un solo cuarto en la NBA con Portland, con catorce de ellas. Todo esto han perdido los Blazers en un solo verano.

Las incorporaciones sencillamente no están a la altura: Davis es un ala-pívot decente pero va a ser deprimente verlo reemplazar a Aldridge. Aminu no es alero suficiente como para reemplazar a Batum, y llega además a un precio de cuarenta millones de dólares por cuatro años. Mason Plumlee es un pívot del montón, Henderson un escolta cuya calidad desde la línea de tres anda a años luz de la de Matthews, Miller es prácticamente un exjugador, Vonleh ha tenido una buena liga de verano aunque no se deberían esperar grandes cosas de él, Harkless está haciendo una buena pretemporada que a pesar de ello contrasta con una gris carrera en la NBA, y el drafteado Connaughton apenas es digno de mención. Por si esto fuera poco, siguen sin un pívot titular a menos que se quiera considerar a Plumlee como tal. Adiós a la postseason.

Calificación de movimientos: una estrella

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7. Cleveland Cavaliers (53-29)

Renovaciones: LeBron James, Kevin Love, J.R. Smith, Timofey Mozgov, Iman Shumpert, Matthew Dellavedova, Richard Jefferson, James Jones, Mo Williams, Sasha Kaun (drafteado en 2008)

Elecciones del draft: Cedi Osman (#31, llegado vía Minnesota), Sir’Dominic Pointer (#53)

Salidas: Kendrick Perkins, Brendan Haywood, Shawn Marion, Mike Miller, Rakeem Christmas

LeBron James. Fotografía: Keith Anderson (CC)
LeBron James. Fotografía: Keith Anderson (CC)

Tras haber caído en las finales de la pasada temporada en unos heroicos playoffs en los que poco o nada podían lograr al tener tres de sus cinco titulares lesionados, lo único que debían hacer los Cavaliers era asegurarse de que los jugadores que más aportaron el año pasado continuaran en la franquicia. Y así ha sido. Tanto los dos jugadores que han sido all-stars como los que bordaron un papel excepcional el pasado año (Smith, Mozgov, Shumpert, Dellavedova —qué forma de dejarse la piel en playoffs—, Jefferson y Williams) aseguran que este equipo sea uno los más fuertes de la próxima temporada.

En cuanto a las incorporaciones, no es que hicieran falta: solo tres drafteados que no deberían gozar de apenas minutos dadas la extensión y calidad del banquillo de los Cavs. Osman es un jugador muy intenso y osado, pero será difícil de verlo jugar fuera de los minutos de la basura, a menos que las lesiones vuelvan a lastrar al equipo. En cuanto a Kaun, parece una versión reducida en tamaño de Mozgov, en lo ruso y en el juego: bueno en defensa, limitado al «recibir y anotar» bajo el aro en ataque.

Tan buenas como las renovaciones son las salidas, prescindiendo de jugadores en evidente decadencia y de un Christmas que ha sido intercambiado por una segunda ronda del draft de Indiana Pacers. Absolutamente nada que reprochar en este sentido. Lo único pendiente es la renovación de un muy buen jugador interior como es Tristan Thompson. En el momento de escribir este artículo las negociaciones parecen en punto muerto y sería la guinda para Cleveland la renovación de un jugador joven, agresivo como pocos en el rebote y con espacio para crecer aún.

Si las lesiones los respetan, no habrá nadie que se interponga entre los Cavs y las finales de la NBA y una vez ahí será difícil impedir que LeBron logre su ansiado anillo con el equipo de su estado.

Calificación de movimientos: cinco estrellas; con o sin Thompson esta franquicia ha asegurado ser el máximo candidato para levantar el trofeo Larry O’Brien la próxima temporada.

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6. San Antonio Spurs (55-27)

Incorporaciones: LaMarcus Aldridge, David West, Ray McCallum, Boban Marjanovic

Renovaciones: Tim Duncan, Manu Ginóbili, Kawhi Leonard, Danny Green, Matt Bonner

Elecciones del draft: Nikola Milutinovic (#26), Cady Lalanne (#55)

Salidas: Marco Belinelli, Tiago Splitter, Cory Joseph, Aron Baynes

Tim Duncan. Fotografía: miu3112 (CC)
Tim Duncan. Fotografía: miu3112 (CC)

Por si fuera poco renovar a sus tres mejores jugadores junto a Tony Parker, han conseguido hacerse con uno de los mejores jugadores de la NBA como es Aldridge. El ex de Portland busca con este movimiento el anillo que no podría haber logrado de continuar en su equipo, y tras el resto de movimientos llevados a cabo por los Spurs bien podría ver su deseo cumplido.

Además de Aldridge, llegan un veterano solvente como David West, un joven McCallum que el año pasado en Sacramento logró dar un paso adelante en su juego así como protagonizar varias de las mejores jugadas diversas noches (sirva esto como ejemplo). Marjanovic viene de hacer una temporada espectacular en el Crvena Zvezda de Belgrado, pero su adaptación a la NBA está en duda, en especial a nivel defensivo. Llega sin embargo al equipo idóneo para su correcto ajuste, y puede ser una de las pequeñas sorpresas del año.

La pieza central del éxito de San Antonio en las dos últimas décadas, Tim Duncan, una de las figuras más respetadas de la NBA, ha accedido a renovar reduciendo su sueldo a la mitad, de diez a cinco millones de dólares. Más drásticamente, Ginóbili ha pasado de cobrar siete millones la pasada temporada a 2,8 en la viniente. Ambos son dramáticos recortes que demuestran el compromiso y la generosidad de estos dos grandes del baloncesto.

En el polo opuesto a nivel salarial, gracias en gran parte a los dos futuros hall of famers del párrafo anterior, están Green y Leonard, el primero en su apogeo y el segundo a gran nivel pero aún joven, que ven sus sueldos crecer como merecido reconocimiento al papel aportado, con especial hincapié en el anillo conseguido en 2014.

Hay salidas dolorosas, como el fiel y correcto Splitter, o el buen anotador y tirador Belinelli, pero son correctamente reemplazados por las nuevas incorporaciones y lo ya existente.

Los Spurs prometen ser de nuevo el equipo jugando el mejor baloncesto de la NBA, siendo el único misterio el mismo que venimos afrontando desde hace años: ¿hasta cuándo podrán Duncan y Ginóbili rendir a gran nivel? La inevitable decadencia deberá llegar en algún momento, y de hacerlo esta temporada sus posibilidades de anillo quedarían muy reducidas. Sin embargo, con la siempre correcta gestión del minutaje de Popovich, y con la sensación de inmortalidad que estos dos veteranos ya han logrado emanar, sumando los buenos movimientos de verano, los de San Antonio deberían ser unos dignos candidatos al anillo. La continuidad más allá de este año es, como quiera que se mire, más discutible e incluso insostenible. Quizá sea esta temporada la última aspiración al anillo de la época Duncan

Calificación de movimientos: cinco estrellas.

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5. Memphis Grizzlies (55-27)

Incorporaciones: Brandan Wright, Matt Barnes

Renovaciones: Marc Gasol, Jeff Green

Elecciones del draft: Jarell Martin (#25), Andrew Harrison (#44, llegado vía Seattle… Phoenix, perdón)

Salidas: Kosta Koufos, Jon Leuer, Luke Ridnour

La mejor noticia del verano en Memphis ha sido la renovación del pívot más completo de la NBA, Marc Gasol (quizá en lucha por el puesto con el asimismo descomunal DeMarcus Cousins). Desde luego la renovación ha salido a un altísimo precio, algo más de ciento trece millones de dólares por cinco años —siendo el quinto optativo a elección del jugador—, pero la franquicia ha estimado conveniente el sacrificio con tal de mantener a un jugador querido y respetado no solo en Tennessee si no en toda la NBA.

Es también una buena noticia la renovación de Green, que llegó el año pasado a Memphis para dotar de una nueva arma ofensiva a un equipo algo carente en esa faceta.

Para aportar en ese sentido llega Jarell Martin del draft, un atlético ala-pívot que destaca en el campo del rival mientras que carece en el propio —algo que en un equipo tan rocoso como son los Grizzlies debería aprender a mejorar rápidamente—. Aunque la mejor de las incorporaciones es el despiadado Matt Barnes, un jugador de 3+D que debería encajar a la perfección en el esquema de Memphis dadas sus cualidades y las del equipo.

En cuanto a las salidas, se va un inconstante Koufos, reemplazado por el entrante Wright, un aparentemente más rotundo jugador que sin embargo y de modo sospechoso llega a su cuarto equipo NBA en dos años. Dejan también el equipo Leuer y Ridnour, dos pérdidas intrascendentes.

La sensación que queda tras todos estos movimientos es que la franquicia va a seguir el mismo rumbo. Fueron la pasada temporada el segundo equipo que menos puntos encajó tras Utah, con lo cual su defensa no admite críticas. Es el apartado ofensivo el que deberían mejorar, y las incorporaciones de este año no parecen ser suficientes como para paliar esa deficiencia. Varios jugadores terminan contrato el año que viene, y con Gasol asegurado, va a ser interesante ver cómo se mueven en Memphis para tratar de hacer de su muy buen equipo uno que verdaderamente aspire al anillo.

Calificación de movimientos: cuatro estrellas.

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4. Houston Rockets (56-26)

Incorporaciones: Ty Lawson, Marcus Thornton

Renovaciones: Patrick Beverley, Corey Brewer, KJ McDaniels, Jason Terry

Elecciones del draft: Sam Dekker (#18), Montrezl Harrell (#32)

Salidas: Josh Smith, Nick Johnson, Pablo Prigioni, Kostas Papanikolaou

James Harden. Fotografía: Drew Goodman (CC)
James Harden. Fotografía: Drew Goodman (CC)

El ejército de una sola barba —pero qué barba—, de nombre James Harden, debería volver a estar entre los tres mejores anotadores de la liga la temporada que viene, tras tres años consecutivos en el top 5.

Todas las renovaciones son positivas, con un Brewer crecido desde que llegó desde Minnesota, unos Beverly y McDaniels que si consiguen librarse de las lesiones tienen un futuro muy esperanzador, y un veterano como Terry que, a pesar de estar lejos de sus números con Atlanta y Dallas cuando aún estaba en su plenitud física, sigue siendo un jugador temible en los momentos finales del partido.

Ty Lawson viene para hacerse con el papel de base titular, y debería aportar mucho a nivel ofensivo así como liberar a Harden de tareas como subir el balón, si es que accede a prescindir de esa función, lo cual debería hacer. Lawson es un base con grandes fundamentos y sin miedo a cualquier rival, que encajará en la filosofía de un equipo muy dado a atacar como planteamiento defensivo. En el otro lado de la balanza, sus problemas con el alcohol son el motivo por el cual en Denver aceptaron a traspasarlo a cambio de cuatro jugadores de tercera categoría.

Dekker, llegado desde el draft, suele ser comparado con Chandler Parsons, antaño militante de los Rockets. Está por ver su evolución, pero no es de entrada una mala referencia.

Las bajas de Johnson, Prigioni y Papanikolaou son insustanciales, pese al buen papel llevado a cabo en algún que otro momento por todos ellos la pasada temporada, eso sí: de forma muy aislada. Sí es más dañina la baja de Josh Smith, una importante pieza en los Rockets que ha decidido irse a uno de los grandes rivales en el oeste, los Clippers.

La incorporación de Lawson debería ser de mayor incidencia que la pérdida de Smith. Al fin y al cabo era este un equipo náufrago de base más que de un cuatro dado a las excursiones inexplicables a la línea de tres, imaginando ser Nowitzki. Un Dwight Howard y un Terrence Jones sanos lograrán que nadie recuerde que J-Smoove jugó alguna vez en Houston.

En definitiva, un balance positivo que promete continuidad para un equipo rápido y vistoso.

Calificación de movimientos: cuatro estrellas.

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3. Los Angeles Clippers (56-26)

Incorporaciones: Josh Smith, Lance Stephenson, Paul Pierce, Wesley Johnson, Luc Mbah a Moute, Chuck Hayes, Cole Aldrich, Pablo Prigioni

Renovaciones: DeAndre Jordan, Austin Rivers

Elecciones del draft: Branden Dawson (#56, llegado vía New Orleans)

Salidas: Matt Barnes, Spencer Hawes, Jordan Hamilton, Nikoloz Tskitishvili, Lester Hudson

Lo que parecía el inicio de un desastre cuando DeAndre «The Giant» apalabró su fichaje con Dallas, se tornó en un giro de circunstancias radical tanto para Los Angeles Clippers como para los texanos cuando se desdijo y terminó renovando con los de California.

Dejaremos el desplante del poderoso pívot de Houston para otra ocasión puesto que no es el propósito de este artículo, sin embargo su renovación fue la mejor noticia de una serie de buenas noticias para los Clippers desde que se abriera el mercado, así como fue la peor noticia de una serie de malas noticias para los Mavericks.

Renueva justamente Austin Rivers, el hijo del entrenador que se ha ganado el contrato no por línea sucesoria sino por méritos en la cancha. Destacable y emotivo fue el momento en el que Chris Paul se acercó Doc Rivers para decirle «this is the one time you can be his dad and not be his coach» ante un soberbio partido de Austin la pasada temporada.

En el apartado de las incorporaciones, muchos movimientos y de gran trascendencia: Josh Smith, contundente ala-pívot al que Doc Rivers debería apartar de su infructuosa e incomprensible tendencia a jugar dentro de la línea de triples buscando puntuar de tres en tres con resultados por lo general contraproducentes. Su 38% de la pasada temporada en ese tipo de tiros es su mejor resultado histórico, pero hay muchas mejores opciones desde esa línea en los Clippers como para justificar la opción, especialmente cuando se le necesita en la zona. Llega también el efervescente Lance Stephenson, jugador de calidad indudable pero de sesera dudosa. Otro reto para Doc, que de lograr domarlo puede aportar muchísimo a un equipo de por sí ya repleto de alternativas. Sumad a estas dos incorporaciones un veterano con galones como Pierce que puede decidir partidos por sí solo y vuelve a su ciudad natal, un zorro viejo como es Prigioni, un todoterreno en Wesley Johnson, unos excelentes defensores como son el alero Mbah a Moute, el ala-pívot Hayes y en menor medida el pívot Aldrich, y lo que tenemos es un equipo infranqueable aún y cuando los titulares se sienten en el banquillo, sin duda la gran carencia de los Clippers en las recientes temporadas.

La pérdida de Barnes es sin duda importante, y en menor medida la de Hawes, pero lo llegado de fuera suple sus ausencias con creces. Así como a Memphis, a los Clippers les faltaba ese extra para convertirse en amenazas para los grandes del oeste. Y este año han dado un gran paso en ese sentido. No podían incorporar a ninguna gran estrella (DeAndre aparte) dado el estado del mercado y su espacio salarial, pero vaya si han logrado todo lo que podían lograr.

Calificación de movimientos: cinco estrellas.

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2. Atlanta Hawks (60-22)

Incorporaciones: Tim Hardaway jr, Tiago Splitter

Elecciones del draft: Marcus Eriksson (#50), Dimitrios Agravanis (#59)

Salidas: DeMarre Carroll, Pero Antic, John Jenkins, Austin Daye

Lo más llamativo del verano en Atlanta son dos cosas: la salida de un jugador tan «atlantanesco» como Carroll y la entrada de un jugador tan poco «atlantanesco» como Hardaway Jr. Son ambos movimientos a priori inexplicables.

Solo que no lo son.

Empecemos por Carroll: ha firmado un contrato claramente hinchado con Toronto que Atlanta no debería haber igualado. En primer lugar por lo hinchado y en segundo lugar por las alternativas: el joven Kent Bazemore hizo un muy buen papel la pasada temporada. Sin estar al nivel de DeMarre en el tiro más allá de los 7,62 metros, es joven y con capacidad de mejora en ese aspecto. Es un gran defensa y una bestia en el contragolpe y el ataque al aro rival. También el suizo Sefolosha palía la baja defensiva de Carroll así como el soporte desde la línea de tres. Incluso uno de los mejores triplistas de la liga (y de la historia) como Kyle Korver podría asumir la posición de alero para dar lugar en el puesto de escola al que abre el nuevo párrafo.

Hardaway Jr. ha demostrado ser un jugador con sobrada calidad ofensiva pero al mismo tiempo una elección de tiro cuando menos discutible. Llega no obstante al equipo más sesudo de la liga junto a San Antonio, y si Budenholzer (como apuntamos en la anterior parte, elegido como el mejor entrenador de la pasada temporada) logra moldearlo, puede ser un escolta anotador muy dañino para la línea rival, algo que Atlanta necesita. Hardaway aporta cosas que Korver, pese a su excelente tiro exterior, no logra aportar en cuanto a penetración de la defensa enemiga y por lo tanto apertura de segundas opciones.

Llega Splitter reemplazando a Antic, lo cual supone una indiscutible mejora para la suplencia del pívot titular Al Horford. A menos que venga a ser titular, Horford pase a hacer de cuatro y Paul Millsap a hacer de alero, una alternativa interesante pero quizá inviable en un contexto de small ball y juego rápido.

Dadas las circunstancias, han jugado bien sus cartas y no han caído en una costosa renovación con Carroll, dejando así las puertas abiertas para posibles futuras incorporaciones de nivel (y la excepción salarial Early Bird para renovar a Millsap). Las únicas dudas vienen en cuanto a si serán capaces de mantener el nivel cuando lleguen a playoffs. El año pasado su rendimiento cayó dramáticamente; quizá Splitter, un veterano en esto de partidos a vida o muerte, logre contagiar al vestuario con la serenidad del guerrero curtido.

Calificación de movimientos: cuatro estrellas.

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1. Golden State Warriors (67-15)

Incorporaciones: Jason Thompson, Chris Babb

Renovaciones: Draymond Green, Marreese Speights, Leandro Barbosa, Brandon Rush

Elecciones del draft: Kevon Looney (#30)

Salidas: David Lee, Justin Holiday, Gerald Wallace

Stephen Curry. Fotografía: Noah Salzman (CC)
Stephen Curry. Fotografía: Noah Salzman (CC)

Ningún equipo logra un 80% de victorias en la NBA sin ser un equipo sobresaliente a todos los niveles, y eso es lo que fueron los Warriors la pasada temporada. Desde la reinvención del concepto de base anotador por parte de Stephen Curry, pasando por lo insultante de la eficiencia de Draymond Green, hasta llegar al récord de anotación en un cuarto de Klay Thompson con 37 puntos, ahí es nada, los GSW de Steve Kerr fueron un torbellino baloncestístico que enamoró a cualquiera que disfrute de este deporte.

Las cosas como son: de haberse topado en las finales ante unos Cavaliers con Kyrie Irving, Kevin Love y Anderson Varejao, otro gallo podría haber cantado, pero es indiscutible que los momentos que este equipo nos ofreció la pasada temporada difícilmente serán ofrecidos por ningún otro. A menos que sea por ellos mismos. Y en esas están.

La renovación de Green es una excelente noticia, y se ha ganado el sueldo máximo con creces con trabajo duro y siendo siempre un sacrificado jugador de equipo. También es buena la renovación de otro jugador interior intensísimo como Speights. Barbosa ya no es el jugador velocísimo de antaño pero el que tuvo, retuvo. Lo de Rush es insignificante, a decir verdad.

El toque negativo está en el balance entre lo que deja el equipo y lo que llega. Si bien Holiday no es digno de ser llorado, sí puede serlo David Lee, excelente incorporación desde el banquillo para los Warriors hasta ahora, que llegó a cambio de Wallace y Babb. El primero fue inmediatamente traspasado a cambio de Thompson, que junto al rookie Looney suponen el pobre recambio para Lee. Es de suponer que la intención de Golden State tras el traspaso haya sido la de liberar espacio salarial y quizá también conceder al jugador su deseo de titularidad que le permita aspirar a ser nuevamente all-star.

No hay nada que nos haga pensar que no vuelvan a superar el 80% de victorias, que no vuelvan a tener al MVP en forma del sencillamente admirable Curry, ni siquiera de que no vuelvan a ganar el anillo. Pero teniendo el aura del campeón quizá deberían haber logrado algo mejor que perder a su sexto hombre a cambio de nada.

Calificación de movimientos: tres estrellas.

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Lo que nos queda por delante es otra apasionante temporada de baloncesto con muchos equipos dignos de lograr el anillo. Por motivos reduccionistas nos dejamos en el tintero escuadras con mucho que contar, de las cuales podremos disfrutar sin duda alguna en la temporada viniente. ¿O acaso no son dignos de ver Kobe, Carmelo, George, Dragic, Wade, Cousins, Drummond, Wiggins o Ricky?

Feliz 2015-2016 a todos.

Menos a Portland.


El personal Katrina de Ryan Anderson

Foto: TonyTheTiger (CC)
Foto: TonyTheTiger (CC)

Los New Orleans Pelicans están siendo una de las revelaciones del año. Tras una temporada 2013-2014 en la que ya empezaron a dar síntomas de mejora, este año han dado un paso adelante que bien podría permitirles entrar en playoffs por primera vez tras la marcha de Chris Paul. Anthony Davis es la pieza central del equipo y sobre la que se centran todos los focos, pero en la sombra y saliendo desde el banquillo, existe un hombre que, como Nueva Orleans, está resurgiendo de la miseria.

Cuando el huracán Katrina azotó la costa de Louisiana en agosto de 2005 el sistema de diques protectores demostró ser penosamente insuficiente y el 80% de la ciudad fue inundada. En el caos que siguió al colapso del sistema de protección, mil quinientas personas murieron y el coste de los daños se sitúa en ciento cincuenta mil millones de dólares. Aún a fecha de hoy la ciudad no se ha recuperado del impacto sufrido entonces. Del casi medio millón de personas que vivían en la ciudad, más de la mitad la abandonaron tras el paso del Katrina. El fuerte sentimiento de comunidad y el amor por una ciudad única está atrayendo de vuelta a los que huyeron de la catástrofe, y el año pasado la población alcanzaba de nuevo los trescientos setenta y nueve mil habitantes. Aún lejos de su mayor número, pero en efectivo crecimiento.

Quedan sin embargo muchas casas por reconstruir aún nueve años después, y a estas alturas ya nadie espera que el Gobierno de los Estados Unidos les tienda una mano. La reconstrucción de Nueva Orleans reside ahora en las manos de la comunidad y los voluntarios. Una de las ONG que trabajan en la zona es lowernine.org, que con un presupuesto anual de ciento cuarenta mil dólares reconstruye diez casas al completo cada año en el Lower Ninth Ward, el barrio más afectado por las inundaciones. Los voluntarios que trabajan ahí tienen que pagar por compartir dormitorios con literas.

Se estima que la total reconstrucción de la ciudad llevará todavía diez años más. Es un proceso lento y sacrificado, que involucra a muchas personas dando muchos pequeños pasos en la dirección correcta.

La acumulación de un gran número de esos pequeños pasos tuvo como consecuencia un gran paso como fue la celebrada vuelta a la ciudad del equipo de NBA, los New Orleans Hornets, en 2007. La franquicia había tenido que emigrar a Oklahoma al ser el pabellón gravemente dañado por los efectos del huracán, pero volvía a casa y con fuerza. Además del retorno de la franquicia, esa temporada se celebró en la ciudad el All Star, consolidando así un poco más la recuperación del equipo y, por extensión, de la ciudad.

Seis años después, la franquicia es distinta. Ya no se llama Hornets sino Pelicans, un nombre más acorde a la fauna local. Ya no es Chris Paul la estrella del equipo, ni están David West, Peja Stojakovic —cuyo dorsal ha sido, por cierto, recientemente retirado por los Sacramento Kings— o Tyson Chandler como puntales.

En cambio, llegó Anthony Davis como número uno del draft, un pívot de impresionantes aptitudes físicas que tras un par de años iniciales en los que las lesiones emborronaron su rendimiento, está ahora haciendo su mejor temporada y revelándose como el mejor pívot del mundo. Tyreke Evans vino traspasado desde Sacramento y está siendo un sólido jugador; Jrue Holiday es el base del equipo y aporta buenos números. Tienen, respectivamente, veintiuno, veinticinco y veinticuatro años. Dicho de otro modo, son insultantemente jóvenes, tienen hambre y su objetivo es clasificarse para los playoffs.

Fuera de los focos está Ryan Anderson. Saliendo desde el banquillo y a su vez joven, con veintiséis años, toma el relevo de los mencionados encima para hacer daño al rival. Gran tirador, inteligente, y un más que decente reboteador, especialmente teniendo en cuenta que dista mucho de ser un prodigio físicamente, es una pieza vital del equipo. Con más de 15 puntos y 5 rebotes por partido, es el principal candidato al galardón de sexto jugador del año.

Foto: Infrogmation of New Orleans.
Foto: Infrogmation of New Orleans.

Ocho años después del golpe del Katrina, la ciudad levanta la cabeza lentamente, tal y como lo hace su equipo de baloncesto. Ryan Anderson no solo forma parte del resurgimiento del equipo y de la ciudad, si no que está resurgiendo a nivel personal. Hace algo más de un año, sufrió su personal Katrina.

Su relación con Gia Allemand, actriz y modelo neoyorquina, tenía la fachada de una relación exitosa entre dos personas exitosas. Sin embargo, tras esa apariencia exterior había una relación de altibajos pasando por uno de sus momentos más turbios. Una noche fueron vistos discutiendo en público en un restaurante, en el que ambos alzaron la voz más de lo debido. Se separaron y Ryan se fue a su casa. Al rato recibió una llamada de la madre de Gia, la misma que había declarado poco antes que jamás había visto a su hija tan feliz en una relación. No corrían tiempos tan radiantes y la madre estaba preocupada: Gia no contestaba al teléfono. A esa llamada siguió un mensaje alarmante pidiéndole que fuera a ver a su hija cuanto antes porque algo iba mal.

Tenían todos motivos para estar preocupados, puesto que solo unos meses atrás Ryan la había encontrado inconsciente tras haber mezclado medicamentos con alcohol. Con esos fantasmas apoderándose de él, salió corriendo de su casa y condujo desesperadamente por las calles de Nueva Orleans. Aparcó frente al bloque de Gia y salió disparado de su coche, sin siquiera apagar el motor ni cerrar la puerta del mismo. Así encontraría el vehículo más tarde la policía.

Nada más entrar en el apartamento la vio colgando de la escalera de caracol que presidía la residencia, con el cable del aspirador alrededor del cuello. Intentó liberarla del lazo mortal entre gritos de pánico, con el perro de Gia correteando alrededor, consciente de la tragedia, impotente. El ruido atrajo a un vecino, que llamó de inmediato a urgencias. Ryan trató por todos los medios de revivir a Gia. Era demasiado tarde.

Cuando Monty Williams, el entrenador de los Pelicans, fue alertado de lo sucedido, no dudó un segundo en ir hasta el apartamento de Gia, donde se encontró a Ryan rodeado de policías, tirado en el suelo, llorando al borde de la histeria. Corrió hacia él y ambos se fundieron en un abrazo. Junto a un miembro de seguridad, lo sacaron de ese infierno y se lo llevaron hasta casa de Monty. Ahí, rezaron junto a Ingrid, su mujer, cuyo hermano también se había suicidado recientemente, y su apoyo y consejo fueron sin duda un importante punto de soporte en esos brutales primeros momentos. Esa noche la pasó Ryan en el sofá de la casa de su entrenador. Este la pasó en un colchón tirado en el suelo a su lado. Ninguno de ellos durmió un solo minuto y la noche pasó entre los sollozos de uno y la voz pausada del otro.

Monty tuvo que volver a la rutina del equipo, a los partidos y los entrenamientos. Ryan no pudo, ni podría hacerlo en los siguientes meses. Apenas reunió fuerzas para ir a vivir con sus padres, y aun así lo hizo forzado por su madre, que veía cómo su hijo se hundía en un abismo interior. En esa casa se unió toda la familia Anderson, desde los padres hasta la hermana de Ryan y su marido, que se turnaban para dormir con él y rellenar así de conversación las interminables noches de lamento. Esa casa era en cierto modo su refugio. Fuera, no lo era nada.

Una legión de periodistas ávidos de sensacionalismo estaban al acecho, tratando de averiguar los pormenores del suicidio, de la discusión que lo precedió, de cualquier nimio detalle con el que poder satisfacer las ansias de morbo del público al que, al fin y al cabo, se deben. Nada quería más evitar Ryan que ser preguntado por ello por un desconocido alzando una grabadora. Su estatus de estrella de la NBA era radicalmente opuesto a la intimidad que exigía. Sentado en el patio trasero de la casa de sus padres, con la Biblia en las manos, Ryan sopesó retirarse, con apenas veinticinco años.

Ahí apareció de nuevo su entrenador. Monty conoce los tiempos que siguen a una catástrofe de esa magnitud; los aprendió de su propia mujer. Sabe que hay que apretar las clavijas, que no hay que dar un ápice de espacio a la desolación. Por eso apenas un mes después del suicidio de Gia llamó a Ryan para que se reincorporara al equipo. Ryan no lo entendió así; consideró que su luto merecía más tiempo. Entre sus padres y Monty le fueron insistiendo hasta que el 6 de septiembre se reunió con el equipo. No le fue fácil reconectar con el baloncesto tras la debacle emocional que había sufrido, pero el calor del grupo le dio alas. Sus compañeros lo trataron con total normalidad desde el primer momento, sin miradas de lástima ni abrazos sentimentaloides. Le hablaban como si no hubiera pasado nada, con el mismo tono desenfadado y de colegueo de siempre. Era justo lo que necesitaba.

Foto: Keith Allison (CC)
Foto: Keith Allison (CC)

Poco a poco fue retomando sensaciones. Al principio se veía incapaz de comparecer de nuevo en público en un pabellón y soportar las miradas de miles de personas, juzgándolo en silencio. O, peor, juzgándolo a grito pelado. Para empeorarlo, una lesión a finales de octubre lo apartó de los partidos. Otro contragolpe. Pero era un hombre con una determinación; volvió, jugando y por todo lo alto. Su primer partido de la temporada, el 16 de noviembre frente a Philadelphia, jugó veintiséis minutos en los que metió ni más ni menos que 26 puntos, con un magnífico acierto del 62,5%

El baloncesto se convirtió, de acuerdo con sus declaraciones, en su santuario. Ahí podía evadirse de todo el sufrimiento, que quedaba cada vez más atrás. Su inicio de temporada fue fulgurante, promediando casi 20 puntos y 6,5 rebotes por partido. Se sentía cada vez más cómodo e importante dentro del equipo, y los aficionados se habían volcado a su favor.

Pero entonces de nuevo sucedió la tragedia. En un partido ante Boston, buscando recibir el pase de fondo de Anthony Davis, colisionó con Gerald Wallace y ambos jugadores cayeron al suelo. Wallace se levantó, pero no lo hizo Anderson. Boca arriba, resoplaba y miraba al techo con incredulidad. La repetición no aclaraba qué podría haber pasado. Parecía una colisión sin mayor incidencia, una de tantas como hay en un partido de baloncesto. Entonces no lo sabíamos, pero ahí había terminado la temporada de Ryan Anderson. No sabíamos que una doble hernia de disco lo iba a apartar en camilla de su santuario.

Ahí estaba de nuevo, Ryan, con el que venía siendo su compañero más inseparable de los últimos tiempos: el sufrimiento. El dolor físico se unía al psicológico esta vez. Pero como la persona que es, como Nueva Orleans, ha sabido resurgir.

El 28 de octubre debutó esta temporada frente a su público, entregadísimo al sufrido chaval originario de California. Ese partido llegó a sus últimos compases con los Magic de Orlando acechando a los Pelicans, a solo 5 puntos. Anderson tomó las riendas del equipo para meter 9 puntos en solo cuarenta y cinco segundos, incendiando el pabellón y demostrando de lo que es capaz. Mató al rival. Al final del partido, tras veintidós minutos, acumulaba 22 puntos y 9 rebotes, de los cuales 7 fueron ofensivos. Monty Williams, el hombre que ha estado a su lado en los peores momentos de su vida, lo elogió esa noche frente a la prensa: «Hace muchísimo por nuestro equipo. Ha cogido siete rebotes ofensivos, ¿cuántos tíos pueden hacer eso y al mismo tiempo meter triples?».

El resurgir de Ryan tiene especial significado en una ciudad que tanto sabe de la importancia del saber resurgir. Así lo plasmó Williams:

Verlo andar a través del túnel esta noche, cuando han anunciado su nombre, ha sido muy especial, por todo lo que ha tenido que pasar tanto fuera como dentro de la cancha, las lesiones… Sé que existen ciertas dudas y estoy seguro de que ha pasado unas cuantas noches sin pegar ojo dándole vueltas a lo que le ha sucedido en la vida. Pero su fe y su familia son sin duda unos grandes cimientos de los que partir. Sencillamente, es bueno tenerlo de vuelta en la pista.


David Stern que estás en los cielos

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David Stern. Fotografía: DP.

Si veinte años no es nada treinta serán poco más. Y sin embargo cubren casi media historia de la NBA. Treinta son los años que David Stern ha estado al mando. Treinta y ocho los que ocuparon sus tres cargos precedentes —Maurice Podoloff (1946-63), Walter Kennedy (1963-75), Larry O’Brien (1975-84)—, honorables señores cada uno de los cuales fue fiel producto de su época.

Stern, en cambio, admite la doble condición de coetáneo y precursor, de conservador y visionario, de presente y futuro si es que alguna vez comprendió su tarea de manera diferente.

La fortuna y David Stern fueron siempre de la mano. El brillante abogado neoyorquino graduado en Columbia al que la prestigiosa firma Proskauer Rose echó el lazo tan pronto pudo ejercer, tuvo suerte desde el principio. De la mano del viejo O’Brien, al que los tiempos rebasaban tal vez porque nunca logró superar la muerte de JFK a cuyo ascenso a la presidencia contribuyó como director de campaña, Stern asumió el cargo en el momento en que alguien tocado por la varita divina debía hacerlo. El 1 de febrero de 1984 la NBA tenía exactamente todo lo necesario para hacerla estallar. Pero nadie daba un centavo por aquel tipo pequeño con gafas que remataba su aspecto anodino con un bigote ridículo.

Acaso fuera cuestión de ponerse manos a la obra.

Pocos días antes el joven Stern había visto materializada en el All Star la idea por la que tanto había insistido al viejo jefe desde que lo viera hacer en la ABA. Añadir actuaciones al fin de semana de las estrellas. «¿Has visto lo que hacen esos chicos? A la gente le encanta. ¿Por qué no hacemos un concurso?». Y los mates vinieron así como a bautizar una era.

Con Stern nació el formato moderno de playoffs concediendo por fin la merecida relevancia a la primera ronda. Y como predestinado el resultado no se hizo esperar. En ella cayeron los vigentes campeones Sixers a manos de los Nets, el maltratado equipo del estado donde Stern se había criado. Pero dos semanas después el recién llegado denegaba el recurso de los Nets por lo que estimaban una irregularidad del reloj en la jugada decisiva de su posterior eliminación ante los Bucks.

No era preciso más. En apenas dos gestos Stern delineaba ya la que sería su futura línea de actuación, su creatividad y firmeza en gestión política, de una autoridad muy precisa.

En su estreno disfrutó de las mejores series finales de la historia hasta entonces. El rescate del viejo enfrentamiento entre Lakers y Celtics añadía una nueva dimensión en la presencia de Magic y Bird. Si cinco años antes ambos habían protagonizado el duelo entre canastas más visto en la historia del país ahora ocurría lo mismo en la escena profesional, que contaba para colmo con la mejor generación de jugadores nunca reunida.

Consumado aquel primer acto tuvo la diligencia de escuchar las protestas de Auerbach sobre el exceso de viajes en el último tramo del año. Protestas que una vez consultadas con su comité resolvió admitir modificando el formato de las series finales al 2-3-2 que ha marcado los últimos treinta años de competición. Porque Stern nunca rehusó la consulta si le ganaba la intuición de que algo podía mejorar. Razón por la que de aquel recurso de los Nets guardó en silencio en su despacho la objeción del técnico Stan Albeck: «We really need some sort of horn or a light that’s connected with the one that now indicates the end of the period. It would be a tremendous help to the officials and it would take away some of the judgment. Those things can be costly, especially in the playoffs». Nunca relajó la alerta ni la intuición de lo importante.

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Magic Johnson y Larry Bird. Fotografía: NBA.

Pero su primera obsesión tuvo raíz económica.

Pretendía evitar los males que azotaron la legislatura O’Brien y que cerca estuvieron de abismar la liga en la quiebra. Para garantizar la viabilidad del negocio, el fundamento más sagrado de su política de principio a fin, se estableció un límite salarial que perfiló entonces como el proyecto de un marco financiero que adecuar gradualmente a las necesidades del porvenir. Nadie lo sabía entonces. Pero arrancaba allí una fantástica obra de ingeniería sin fin para preservar los cimientos saneados y el edificio intacto. Edificio que añadiría pisos cada nueva temporada como si no hubiera cielo y sin aparatosas obras a la vista, el vivo ejemplo por el que algunos economistas mojaban la almohada.

Sumó a ello la lotería en el draft para evitar desmanes como el de Houston Rockets, en abierta sospecha luego de hacerse dos años seguidos con dos números uno —Sampson y Olajuwon—, para el segundo de los cuales perdieron catorce de los últimos diecisiete partidos y nueve de los últimos diez con una quíntuple traca final. Nunca el tanking, esa acusación tan repetida hoy, lo fue tan veraz y desvergonzado.

Y aun Stern fue lo bastante hábil para hacer creer que acometía aquella doble operación —tope y sorteo— en nombre de la igualdad, por su exclusiva razón, sabiendo mejor que nadie que la igualdad es un mito en mercados desiguales y encubriendo con ello su verdadera intención, que no era otra que limitar la tendencia natural de los peores propietarios al sobrepago a la estrellas con el consiguiente riesgo de contagio y dispendio, el atajo hacia el derrumbe. Porque la salud de la fortaleza por encima del mosaico de estancias, el control por encima de la igualdad, resumieron su credo diario durante treinta años. Credo que solo confesaba de puertas adentro.

Con Michael Jordan como caído del cielo el cuadro quedaba completo y el juguete más preciado estaba ya en sus manos. Y para lucirlo emprendió aprisa la tarea de instalarlo en todos los televisores del país. Comprobó que el cable era la primera solución para la emisión regular en los mercados locales y acordó con el magnate Ted Turner un contrato inicial de cincuenta millones por dos años, contrato cuyas sucesivas renovaciones reportarían a la NBA hasta 2008 cerca de cuatro mil millones de dólares. Ordenó la grabación, gestión y procesado de todos los partidos de la competición a través de un departamento (NBAE) que actuaba como productora y cuyo último término —Entertainment— resumía a la perfección el espíritu de una época, la suya, la primera Edad de Oro. La universalización del producto quedaría entonces en manos de gigantes tales como CBS, FOX y Warner entre otras. Pero las únicas siglas que brillaban en el primer plano eran otras.

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Michael Jordan. Fotografía: Diegoestefano97 (CC).

En 1989 el producto había dado tal salto que diez años atrás parecían un siglo. Y lejos de presentarse a las televisiones por la puerta de atrás, con sigilo y sudores fríos como habían sufrido los comerciales de la liga a finales de los setenta, Stern contaba con la seguridad de la demanda sin fin. Suplantó la vetusta CBS por algo más acorde a los tiempos conquistando un contrato a la NBC por más de seiscientos millones de dólares, una inyección que garantizaba años de estabilidad. Y no dejaría en adelante ni un solo detalle audiovisual que escapara al control de una NBA que tenía la lógica prioridad de alzarse a la vanguardia de las majors en tecnologías de imagen.

Para entender la magnitud del cambio pocos eventos comparables al draft. Durante décadas consistió en una cita entre ejecutivos que tomaban notas en una cuartilla mientras un coordinador deletreaba las elecciones por teléfono a la oficina central. Poco más que una timba privada de tantas horas como cigarrillos y rondas. Hoy en día el evento se ha universalizado convirtiéndose en una gala que santifica el destete de los nonatos con todos los ingredientes del espectáculo televisado, como unos Grammy que bautizan el acceso al Reino, ocupando la gorra el lugar de las aguas y Stern la mano obispal. Esta imagen, este sobredimensionado ritual es ya indisoluble de las pantallas apenas terminada la temporada. O iniciada la siguiente.

A Stern, no obstante, le tocó desde bien pronto el papel de aguafiestas.

El abogado puso fin a la orgía de droga que desde mitad de los setenta venía infestando las entrañas de la liga entre alcohol y cocaína. No le tembló el pulso para condenar al reincidente Micheal Ray Richardson, todavía una estrella, o a dos miembros del equipo subcampeón, Lewis Lloyd y Mitchell Wiggins, como no le temblaría nunca en una dura operativa a largo plazo cuya posible obstrucción terminó por disolverse con la tragedia de Len Bias en 1986 y el escándalo de los Suns un año después.

Pero como expulsar equivalía también a marginar y la condición de drogadicto equivalía a la de enfermo Stern supo también aflojar. No ya a través de algunos indultos. Sino con la destreza de la política amable estableciendo programas de prevención y ayuda que la NBA habría de abanderar. Desde entonces el número y cobertura de los servicios no dejaron de aumentar dentro de un marco de compromisos sociales que culminaría en 2005 con la creación del NBA Cares, un departamento con un presupuesto inicial en torno a cien millones de dólares que implicaba a jugadores y organización en programas de prevención y servicios benéficos, campañas de trabajo para la comunidad, programas educativos infantiles, recogida de alimentos, vida saludable, conciencia ecológica y prevención de enfermedades.

Precisamente una de ellas hizo sonar la bocina de que la fiesta, la genuina y programada, tocaba a su fin con el fatídico adiós de Magic Johnson como portador del virus del sida. Stern supo entonces situarse donde debía, facilitar las condiciones para que su estrella liderase una causa mundial y organizar una despedida de honor. Porque su aparición en el All Star Game de Orlando fue, como guionizada por Disney, una de las veladas más hermosas que el deporte haya ofrecido jamás.

Ese mismo año la presencia de la NBA en los Juegos Olímpicos era el premio que el baloncesto se permitía en la cumbre de un siglo de existencia con el mejor de sus productos. Stern no se arrogó la caída de la barrera más infame que había separado ambos baloncestos. No ahorró en elogios hacia Boris Stankovic como el promotor de la idea evitando la tentación de denunciar la mayor estafa administrativa que mantenía la FIBA hasta la votación de Múnich de 1989, que derogaba la cláusula por la que el baloncesto NBA era profesional y todo aquel bajo el marco FIBA amateur. Stern se opuso entonces a la decisión casi unánime del comité de propietarios, contrarios a la participación, convenciéndolos de que debían aceptar la invitación, de que eran otros tiempos, de que era bueno para todos, de que había llegado la hora de romper las fronteras y mostrar al mundo su tesoro en el mejor escenario posible. No era otra su ambición.

Aquella fue la cima, el fin de fiesta, y en términos personales, la cumbre más alta jamás conquistada en el mundo del deporte por un miembro de la comunidad judía, una minoría de tormentosa trayectoria que había resultado crucial en el desarrollo del baloncesto en la cuna del Noreste desde los albores de siglo hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, duros tiempos en los que buena parte de la sociedad americana despachaba a los judíos como ratas suburbanas. Stern encarnaba así el umbral de los suyos.

Aquel año fue de paso el detonante de la mayor transformación demográfica en la historia de la NBA desde la integración racial en los años cincuenta.

No deja de ser curioso que su política expansiva tuviera un inesperado recorrido que en el fondo arrastraba décadas de retraso. Porque la fundación de una División Europea como precursora de un expansionismo auspiciado por la propia NBA es idea, acaso la más peregrina de su discurso, mencionada ya al poco de llegar al cargo en 1984. «Dentro de su inmensa política operativa estrechar lazos con Europa y las competiciones más importantes del espectro FIBA se convertiría en una prioridad estratégica que el paso del tiempo acabó confirmando como uno de sus principales legados. Ya entonces Stern insinuaba en Italia, a donde acudió en septiembre presidiendo la gira de Suns y Nets, que algún día la NBA podía extender sus dominios a Europa, una de las ideas más recurrentes de su personal figura en las siguientes tres décadas. Sin embargo el proceso de internacionalización emprendido entonces no brindaría los resultados previstos en los términos que Stern adivinaba. Irónicamente aquella política expansiva de la NBA por todo el globo acabaría traduciéndose en el masivo ingreso de jugadores internacionales en la competición, un paradójico proceso de colonización inversa por el cual la NBA no emigró hacia el exterior tanto como el exterior lo hizo hacia ella, configurando un panorama de integración diametralmente opuesto al que había conocido hasta entonces»Invasión o Victoria», p. 314). Hasta la fecha la realidad ha demostrado esta expansión como la válida y verdadera, como la única real. La otra no es sino mercado de consumo.

Y aquí el mayor éxito pudo concentrarse abriendo el nuevo siglo.

China era el mayor mercado del mundo que Stern pretendía abrir a través de Yao Ming, para lo cual hubo de negociar directamente con las autoridades orientales, que si bien relajaron sus defensas con el emblemático gigante no lo hicieron con el caso menor de Wang Zhizhi. De toda aquella operación hacia China, maniobra que ahora figura algo apagada, queda, y no residualmente, el interés de una audiencia que incluso menguante sigue siendo masiva.

Nadie escapa a la crítica, menos un alto cargo, y Stern no fue una excepción. Si bien su caso admite mejor hablar de críticas. Porque supo preservar el suficiente equilibrio para impedir la existencia de un sector unánime y regular en su contra. Así fue hasta el ocaso de su mandato, cuando sucesivos temporales hicieron zozobrar la embarcación por distintos frentes.

Cuanto mayor alcance sus decisiones, cuanta mayor firmeza y autoridad, más intensas fueron las críticas. Decisiones drásticas a sucesos drásticos, como la batalla del Palace (2004), cuyas sanciones el tiempo no demostró descabelladas para lo que pretendía imponer. Curiosamente aquel incidente, el más grave sufrido nunca en escena, tuvo lugar diez años después de presenciar en directo otro altercado, el célebre entre Knicks y Bulls en el tercer partido de las semifinales del Este. A unos pocos metros de la trifulca Stern gestaría una nueva restricción: la salida de los banquillos durante una pelea, medida que al cabo provocaría consecuencias deportivamente sangrantes, las dos más célebres de las cuales padecieron en plena batalla por el título los Knicks en 1997 y los Suns en 2007.

Para erradicar la violencia no escatimó métodos expeditivos.

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Fuente: WIzznutzz.com

En el fondo todo respondía a la visión panorámica de la que su particular óptica nunca se vio libre, como el jugador de ajedrez que antepone el tablero a las piezas. «La historia de la NBA es también la historia de una sucesiva y metódica represión de la violencia. No tanto de las pulsiones violentas como de su liberación. (…) En relación con tiempos pasados la NBA actual es una bucólica pradera de juego. (…) Peligros también autorizados para todos los públicos»El ocaso de la violencia», 2010). Por eso lo ocurrido en el Palace no fue una simple pelea por muy cruenta que resultara. Los sucesos consumaban un seísmo que agotó la paciencia del dirigente, obligándole a la difícil tesitura de cortar por lo sano aun a riesgo de enfrentarse, más que a la masiva, exhibicionista y desafiante cultura negra del hip hop, a su versión más vulgar y agresiva en el frente gangsta.

Para detener lo que entendía como peligrosa infantilización de la NBA del tono menos edificante acordó con la NCAA la implantación del límite de edad en diecinueve años —que su sucesor desea elevar a veinte— o una temporada de margen entre la graduación del instituto y el debut en la liga. Con ello conseguía encubrir una vez más otro de sus firmes propósitos: poner freno a la depredadora prospección de cachorros, con sus tiburones y marcas detrás, en los institutos y competiciones AAU del país. De otro modo: reprimir la creciente corrupción del sistema en su antesala.

Introdujo además una medida impopular, una nota menos cosmética que social y por la que hubo de hacer frente a sus primeros agravios de tipo racial. El código de vestimenta para los jugadores parecía no más que un paternalista lavado de chapa y pintura pero en el fondo encerraba un propósito muy superior al aparente: una imagen, siempre la imagen, que ofrecer al exterior. Se diría que en una escala de arquetipos David Stern y Allen Iverson así como la cosmología que ambos representaban ocupaban a enorme distancia la proa y la popa de la embarcación. Y el capitán impuso su autoridad una vez más.

Con el paso del tiempo aquella medida ha devenido en un inesperado mercado de firmas que visten y lucen a algunas de las estrellas de la liga, ejerciendo de paso su influjo y vanguardia en el frenesí de la moda, en el siempre vivo escaparate off the court. Y también aquí calmaron las aguas.

Porque como por arte de magia terminaba por extraer de cada conflicto un rédito comercial.

Stern hubo de hacer frente a tres cierres patronales en 1995, 1998 y 2011. Compartieron los tres el dinero como denominador común pero un diferente sector sublevado.

En el primero Stern consiguió establecer la rookie scale ante el recelo que despertó entre los veteranos el caso Glenn Robinson y su demanda contractual de cien millones de dólares. Fue el primer frenazo a la escalada que culminaría con otro cierre tres años después. Porque si en el anterior fueron los novatos quienes vulneraban la jerarquía ahora eran las estrellas quienes reclamaban la suya con el riesgo de absorber tres cuartas partes del pastel. Para evitarlo Stern atrajo hacia sí el apoyo de la clase media, contraria a resignarse a las migajas.

Su última gran batalla, la que más daño pudo causar a su biografía, fue el cierre de 2011. Siguiendo la línea de desgaste público iniciada a mitad de la década anterior Stern sufrió esta vez la desaprobación general de público y jugadores ante las demandas de los propietarios de mejores repartos. El dirigente apareció entonces como el ogro abanderado de la insaciable codicia de los dueños del circo, debidamente guarecidos tras el rostro del jefe luego de exigirle una total inflexibilidad en las negociaciones. Y la victoria fue para ellos, conquistando el anhelado reparto a medias entre empleados y empleadores. Pero Stern no saldría ileso. Fue diana de los peores y más intensos reproches que culminaron con la metáfora esclavista denunciada por Jeffrey Kessler, abogado del sindicato de jugadores: «David Stern trata a los jugadores como a los trabajadores de una plantación».

Para Stern nunca fue momento de sacar pecho por presidir la organización más avanzada en términos de integración racial de todo el país —y posiblemente del mundo—. Fue esta otra de sus obsesiones silenciosas. Que la masa social que ocupaba base y despachos estuviera integrada por una representación lo más amplia posible. No en vano la NBA terminaba año tras año obteniendo las mayores puntuaciones en la Racial & Gender Report Card, un informe anual que vela por la equitativa distribución racial y el respeto a las minorías.

Fue además durante su mandato, y no antes, cuando tuvo lugar un hermoso hito con décadas de retraso. El momento en que el calvario sufrido por la comunidad afroamericana en el deporte de la canasta durante la primera mitad de siglo tendría por fin su merecido reconocimiento nacional. En su sesión primera del 6 de octubre de 2005 el Senado de los Estados Unidos emitía una resolución compuesta por diecisiete puntos a través de los cuales la nación americana expresaba su histórico reconocimiento a la lucha de los afroamericanos por la igualdad y la integración en el mundo del baloncesto, el deporte a cuyo mando se encontraba el mismo hombre que resolvió absorber el Black History Month, el Martin Luther King Day, la Noche Latina o el Basketball without Borders. Programas, eventos y campañas que incorporar para siempre en el calendario NBA.

Si alguna vez la táctica pudo encubrir un trasfondo comercial nunca lo hizo de manera más diplomática y de más admirable destreza.

No deja de ser llamativo que las sucesivas oleadas críticas de los jugadores tuvieran siempre como fondo sus particulares intereses. No solo ocurrió en los tres conflictos laborales, de los cuales dos quebraron el fingido acuerdo entre ellos. También cada vez que tocó a Stern maniobrar contra la posible existencia de las sustancias trampa. A escasas fechas de negociar el convenio de 2005 el dirigente fue igualmente claro ante el comité de congresistas reunidos en el Capitolio. Sometido a la Drug-Free Sports Act de 2005, de mayor cobertura que la Anabolic Steroids Control Act del año anterior, aclaró: «Nuestro programa será mucho más firme, pero si el Congreso estima oportuna una nueva legislación nos reuniremos [con los jugadores] para rebasar incluso el cumplimiento de cualquier normativa que ustedes dispongan». Nunca dio Stern un paso en este sentido que no despertara las inmediatas reservas del Sindicato de Jugadores y los peores nervios de su representante Billy Hunter, de agresivo recelo a los controles y sanciones.

No fueron pocos los conflictos en la última de sus tres décadas.

Las relocalizaciones siguen siendo una herida abierta desde que en 2002 los Hornets salieran de Charlotte camino de New Orleans previo paso por Oklahoma City a causa del Katrina. Y la ciudad aprovechó la ocasión para adjudicarse un equipo a costa de los Sonics, una de las franquicias más atractivas de la NBA que seguirá clamando contra su despido. Stern detuvo los intentos del entonces dueño de los Hornets, George Shinn, que empeoraba todo un poco más tras ser acusado de agresión sexual, de rematar New Orleans camino de Oklahoma. Pero Stern se mantuvo firme. El cruel paso del Katrina por la ciudad del jazz le inhibió de sacar de allí al equipo, aunque para ello tuviera que hacerse cargo de la franquicia entera, como así ocurrió. Es lo que no ha podido lograr aún la Seattle que perdió el suyo. Stern se marcha con pocas fisuras. Pero tal vez ninguna más desagradable que esta.

El escándalo Donaghy fue sin duda uno de los momentos más delicados de su gobierno. Porque lo ocurrido podía trascender incluso su cargo, ir mucho más allá.

El verano de 2007 el New York Post informaba que un árbitro —Tim Donaghy— estaba siendo investigado por el FBI por presunto fraude en el ejercicio de su profesión debido a las apuestas. La acusación fue probada. Y el caso había influido en las finales del Oeste de 2002 entre Lakers y Kings. Material suficiente para derrocar a un presidente. Pero las investigaciones posteriores, la comisión independiente encargada por la propia NBA y la colaboración del cuerpo arbitral lograron aislar a Donaghy como oveja negra en solitario antes de su ingreso en prisión. «I can tell you that this is the most serious situation and worst situation that I have ever experienced either as a fan of the NBA, a lawyer for the NBA or a commissioner of the NBA». En suma, que el cuerpo, como algunos sectores se habían arrojado ya a denunciar, lejos estaba de andar podrido. No obstante Stern implementó entonces un programa externo de gestión y control de su departamento arbitral. Y el silencio lo cubriría todo después.

Una de las aportaciones más valiosas y menos enunciadas de la era Stern pasa por su dirección en la ingeniería del juego. El Comité Colangelo nació para solventar el atrincheramiento de la pintura y la depresión del juego ofensivo fruto de los cuales el baloncesto NBA sufrió un infarto durante el oscuro periodo 1999-2004. Todo arrancó en la simple restricción del hand checking. Pero el marco de actuación propuesto era mucho mayor, de una gradual intervención quirúrgica prolongada en años que terminó liberando al cabo todas las potencias ofensivas reprimidas durante aquel lustro.

A lo que habría de acompañar, como de costumbre, un guiño divino. Porque igual que Magic y Bird echaron un primer cable a David Stern, así abanderó el cambio entonces el radiante experimento de Phoenix proyectado por Steve Nash, «el principal culpable de cuestionar muy seriamente el sustrato ideológico que había promovido la NBA durante más de una década hacia una colisión generalizada de las potencias defensivas y su paralela devaluación anotadora» (Una mente maravillosa, 2008). Era el alumbramiento definitivo de una nueva era.

El resultado de una operación semejante puede observarse hoy día en todo su esplendor. Y así el ritmo de juego —a medir en posesiones por partido— no ha hecho más que repuntar desde entonces, siendo el actual el más alto desde la primera retirada de Jordan, hace ahora dos décadas. Lo que en el cuadro de otra fabulosa generación de jugadores permite insinuar una segunda Edad de Oro.

Aun expirando su mandato, aun calientes los ánimos tras liquidar el cierre de 2011 a su favor, aun en sus índices más bajos de popularidad, tuvo arrestos de vetar el traspaso que daba con Chris Paul en los Los Angeles Lakers. Ocurrió que inmediatamente después de hacerse público los propietarios se le echaron encima en masa con el fin de impedirlo y Stern no hizo sino ejecutar el voto de la mayoría absoluta. Empleó para ello la coartada de que el traspaso múltiple dejaría a New Orleans, uno de los tres equipos implicados y propiedad de la NBA, como un solar, en la peor coyuntura posible para su venta.

Luego de presentar a su sucesor en el cargo aún tuvo tiempo de una última miel en términos de imagen cuando Jason Collins anunció su condición homosexual. Stern tomó el mando una vez más sin demora. «We are proud he has assumed the leadership mantle on this very important issue», cerraba el comunicado replicando igual orgullo al mensaje del hombre que lo había motivado.

Cumplido asegura quedarse también con el legado de otras dos competiciones de diferente signo: la NBA Development League y la WNBA, de cuya estabilidad, aun por encima de su fundación, dice sentir un orgullo especial mientras la NBDL va ganando anualmente en operatividad y son ya catorce de los diecisiete equipos que la componen los que ejercen como filiales de franquicias.

Obviamente el paso del tiempo suele ser favorable a los grandes productos, como si no fuera necesaria mayor intervención. Pero si algún legado magistral deja este hombre, si alguna destreza superior a cualesquiera homólogos en la historia del deporte, si algo mejora el regalo que cada competición pudo ofrecer a sus espectadores, es sin duda el envoltorio. Y el envoltorio de la Stern Era (1984-2014) es sin duda el más deslumbrante nunca visto. Como alquimista de la mercadotecnia nunca el espectáculo en el orbe deportivo dio mejores resultados.

Por nadie.

NBA owners talk a lot, but ultimately they deferred to Stern every single time they had a tough decision to make. For better or worse, he ran the league unilaterally (Tom Ziller).

No hay biografía intachable. Hay obras que juzgar o no las hay. Y aquí en pleno siglo XXI prosigue el cuerpo vivo y coleando, igual de joven y fresco, la belleza de esas siglas intacta y el valor por las nubes, de donde rara vez descendió. No mientras el piloto, que parecía serlo para siempre, continuara a los mandos.

Mandos que ahora asume Adam Silver adentrando la nave en la era digital y el futuro.

David Stern. Fotografía: MCT /Landov / Cordon Press.


Objetivo: la final de baloncesto de Londres 2012

 Sabemos que nos pueden ganar.

Mike Krzyzewski (1947), entrenador de la selección de Estados Unidos.

Los Juegos Olímpicos de Londres están en marcha, y con ellos, el torneo de baloncesto masculino. Hace seis meses, cuando aún había grandes interrogantes sobre la final olímpica de este deporte, veíamos las cosas de un modo; hace tres, de otro. Echemos el último vistazo ahora, cuando ya queda poco margen para la especulación.

A mi derecha: Aquiles (Estados Unidos)

Finalmente, los norteamericanos presentarán un equipo bastante más flojo que el esperado hace unos meses, lo cual no implica que dejen de ser los máximos favoritos para el oro. Su lista definitiva de 12 jugadores es la siguiente:

Carmelo Anthony, Chris Paul, Kevin Durant, Kobe Bryant, Kevin Love, LeBron James, Russel Westbrook, Deron Williams, Tyson Chandler, James Harden, Andre Iguodala y Anthony Davis.

La verdad es que siguen asustando a pesar de las ausencias. Para captar realmente el potencial que han perdido solo tenemos que pensar en el equipo que se ha quedado fuera por lesión o motivos extradeportivos: Rose, Rondo, Wade, Odom, Aldridge, Bosh, Howard, Bynum, Gay, Gordon, Billups y Griffin, una escuadra que, de competir en este mismo torneo, automáticamente sería candidata a la final. Son ausencias que han mermado notablemente su equipo, que no es el más fuerte que podrían haber presentado. Esta reflexión en voz alta viene al hilo de unas declaraciones de Bryant, en las que afirmaba que el equipo que irá a Londres podría ganar algún partido al Dream Team de Barcelona 92. Larry Bird, flemático, dio la razón a Bryant diciendo que todos ellos tenían ahora unos cincuenta años y que él hacía al menos 20 que no tocaba un balón. Fue y sigue siendo un grande. En fin, son discusiones absurdas generadas a partir de una afirmación gratuita (pero no descabellada) de Bryant, porque está claro que con el Dream Team formaron el mejor equipo que podían presentar (salvo Laettner, claro) y era insultantemente superior a sus rivales tanto por la calidad de su plantilla como por el retraso del resto del mundo baloncestístico respecto a la NBA. No olvidemos que era tal la diferencia entre el basket FIBA y el norteamericano que hasta 4 años antes les bastaba con llevar a los mejores jugadores universitarios para prácticamente asegurarse el oro en los JJ.OO. Y en sus declaraciones, el escolta de los Lakers solo dijo que este equipo podría ganar algún partido al Dream Team, quienes por cierto perdieron un amistoso-entrenamiento frente a una selección de jugadores universitarios antes de ir a los Juegos de Barcelona. Son datos que parece que se pierden en la memoria, como el supuesto fair-play del Dream Team original que no fue tal, con ese aire de sobraos, de risitas, de malabarismos frente a rivales que iban perdiendo de 30… sin olvidar a Barkley haciendo cosas como esta. Arrasaron a sus rivales, sí, pero no fueron precisamente un ejemplo de deportividad.

LeBron James, a por el anillo y oro olímpico en una misma temporada

La fase de preparación del equipo estadounidense ha servido para reafirmar dos sospechas:

  1. Cuando juegan bien, no hay equipo que sea capaz de ganarles.
  2. Cuando se atascan y su rival juega muy bien, se les puede llegar a tutear.

Los ejemplos de este segundo punto se han podido constatar en el primer cuarto contra Brasil (27-17) y contra España (23-21), y en el segundo y último cuarto contra Argentina (24-16 y 19-14, respectivamente). Ante un oponente que movía el balón con seguridad, hacía puntos en la pintura, aprovechaba los ventajosos cambios automáticos en defensa unido a una relativa falta de puntería de los norteamericanos, estos tres equipos (todos ellos candidatos a medalla, no lo olvidemos), les pusieron en aprietos…

… momentáneamente, claro. Porque después, lo ya sabido: minutos de defensa asfixiante al balón, incluso con 2 contra 1, y manos interceptando todas las líneas de pase para lanzar contraataques rapidísimos. Y cuando te quieres dar cuenta, te han endosado un parcial de 7-0 en dos minutos. Es muy difícil mantener la cabeza fría para evitar que el nerviosismo genere nuevas pérdidas y pararlos en la cancha cuando entran en ese ritmo de juego; a veces solo se pueden salvar los muebles desde la banda, ya sea pidiendo tiempo muerto en cuanto encadenan dos contraataques y hace falta espabilar a los tuyos o haciendo zancadillas desde el banquillo cuando salgan veloces a la contra. Una solución efímera, limitada al número de tiempos muertos o faltas descalificantes.

Por otro lado, un equipo estigmatizado porque juega gran cantidad de minutos sin pivots puros (porque puede ser una grave desventaja en defensa), ha demostrado que no lo es en contraataque e incluso, en ataque estático, como se pudo ver cuando Pau Gasol intentó defender a Anthony en la línea de tres y le enchufó dos en la cara. Y ese va a ser su planteamiento. En los partidos amistosos ha quedado claro que el núcleo duro del equipo lo forman James, Bryant, Durant y Anthony, con irrupciones puntuales de Paul, Williams o Westbrook. Love, Iguodala y Chandler tienen una labor mucho más oscura y el papel de Davis y Harden hasta el momento ha sido prácticamente testimonial. Su juego se basará en el talento individual, la potencia física y el acierto en el tiro exterior. Si no tienen un buen día en los lanzamientos triples (muy difícil teniendo a Durant, Anthony, Bryant, Paul…) pueden pasarlo mal ante defensas zonales muy cerradas con poderío interior, como Brasil o Francia (además de España, por supuesto). Aún así, que no nos engañen: con esta tropa, si jugasen 100 veces este mismo torneo, lo ganarían más de 95. Así que, efectivamente: ¡hay posibilidades!

Bueno, vale. Basta de risas. Quien dice 95 de 100, dice 99 de 100

 

A mi izquierda: Paris (España)

Tras tantos debates, el sustituto de Ricky Rubio ha sido la única sorpresa en una convocatoria continuista:

Pau Gasol, Rudy Fernández, Sergio Rodríguez, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Víctor Claver, Sergio Llull, Víctor Sada, Marc Gasol, Fernando San Emeterio y Serge Ibaka.

Hasta el día 12 de julio estuvo en la selección Rafa Martínez en vista de que Rudy y Navarro estaban tocados. Si bien el nuevo jugador del Real Madrid ya ha jugado buenos minutos, es más preocupante el estado físico de Navarro. No se puede fiar todo el futuro en el torneo al juego interior, por muy superiores que seamos sobre el papel: sin amenaza de lanzamiento exterior no se generan espacios para que nuestros pivots puedan sumar en la pintura. Por este motivo es imprescindible que el escolta barcelonista alcance un estado de forma apropiado cuanto antes; incluso por encima de Marc Gasol, ya que las posiciones interiores están mejor cubiertas -al menos hasta el partido contra Brasil (el último de la primera fase)- y, por supuesto, la de Sergio Rodríguez. Porque si queremos llegar a la final y disputársela a USA, necesitamos que los mejores estén bien: se ha notado un significativo bajón en algunos partidos cuando ha salido la llamada segunda unidad, sobre todo en los dos últimos (Argentina y USA) que comenzó con el equipo español como un vendaval pero se fue diluyendo con los cambios. Es muy importante que los partidos más sencillos se resuelvan cuanto antes para dar a los titulares descanso, y así, en los partidos decisivos utilizar el máximo de minutos a los 8-9 jugadores importantes, hasta que resuelvan el partido.

A pesar de nuestros esfuerzos, Carmelo Anthony nos hizo un hijo de madera en el partido amistoso del 24 de julio

Tras los encuentros amistosos no creo que quede nadie que piense que Mirotic debía haber sido convocado en lugar de Ibaka. Los rebotes, tapones e intensidad del jugador de los Thunder han sido de lo mejor de la preparación (junto con Pau, como siempre), aunque puntualmente  ha perdido los nervios en alguna refriega. Tanto Rudy (por la lesión) como Calderón (algo descontrolado los primeros partidos) han ido de menos a más, mientras que Rodríguez y Marc han estado a la altura de lo que se espera de ellos cuando han podido jugar. Llull, por la merma de minutos del convaleciente Navarro, ha tenido una gran presencia en algunos encuentros y es muy necesario para el juego de España, tanto en contraataques como en defensa y ocasionalmente en el lanzamiento exterior. Claver ha estado bastante activo y descarado, como si su fichaje por los Blazers le hubiera dado una inyección de autoestima, aunque todo sea que llegue la competición oficial y chupe banquillo en cantidades industriales como otros veranos. Por el contrario, Sada y San Emeterio (bastante apagado) no han respondido a las expectativas al menos en los amistosos, y tienen papeletas para ser los jugadores 11 y 12 de la rotación.

Los amistosos nos han permitido confirmar las sospechas sobre el sistema que utilizará la selección: en ataque, la primera opción será meter el balón al interior y a partir de ahí generar juego, hacia dentro o hacia fuera. Los mejores momentos de la selección han venido cuando han entrado los tiros exteriores, por eso es de capital importancia recuperar a Navarro… y acertar con los tiros libres (fallones ante USA), para disuadir al rival de la táctica del Hack-a-Shaq. En defensa no se aprecian muchas dudas, aparte de los legendarios teóricos problemas para defender al 3 contrario,  y los brazos interminables de Pau e Ibaka dificultarán gran cantidad de tiros, cuyos rebotes o rechaces habrá que aprovechar para lanzar contraataques. También parece que será frecuente ver la zona 2-3. En resumen, tenemos claro a lo que jugamos. Ahora hay que ponerlo en práctica.

El cuadro

Finalmente, el resultado del sorteo (1) dictaminó que el grupo de España lo completara Rusia, mientras que los otros dos equipos clasificados en el Preolímpico (Lituania y Nigeria –la sorpresa-) quedaban encuadrados en el otro grupo, el A. Demos un pequeño repaso a los rivales de la selección en su grupo, el B:

Shved, junto con Rudy, tiene uno de los cabellos más rebeldes del torneo

Rusia: El último en llegar se ha convertido automáticamente en el rival más duro del grupo. Peligro en todas las líneas, destacando al polivalente Andrei Kirilenko que una vez más será el jugador que más problemas nos dé en defensa y en ataque, tirando desde fuera o penetrando. Su temporada en la Euroliga ha sido imperial. Junto a él, la otra amenaza es el que ha sido su compañero este año en CSKA y en el futuro en los Wolves, Aleksey Shved, que puede reventar un partido en cualquier momento con su lanzamiento exterior y su creatividad, aunque por suerte su línea de juego es bastante irregular. Rusia también cuenta con jugadores interiores grandes y competentes, pero no deberían plantear excesivos problemas. Vence España por unos 10 puntos.

Brasil: Tal vez el único juego interior puro, junto el músculo de Francia, que puede tutear a nuestros interiores: Tiago Splitter, Nené Hilario y Anderson Varejao, contando además con las rachas de Marcelinho Huertas y Leandro Barbosa por el exterior, pueden hacer pasar una mala tarde a cualquiera (que le pregunten a USA). Un rival muy incómodo si está entonado. España gana de 10.

Gran Bretaña: La grada y presunto favor arbitral son sus grandes bazas. Y ya. No valen excusas, si vamos a por el oro Gran Bretaña no puede hacernos sufrir. En el amistoso del 9 de julio, el primero de la selección, se les ganó (con algo de esfuerzo) a pesar de jugar sin Rudy ni Navarro. España tiene que ganar de 15-20.

Australia: Un quinteto en el que estén David Andersen y Matt Nielsen nos podría dar problemas, con la amenaza en el lanzamiento de 3 del primero y los fundamentos en la zona del segundo, quien por cierto ha estado lesionado durante la preparación. Correosos, pondrán en apuros a todos los favoritos del grupo, pero España ganará de 10-15.

China: no hay disculpas, ya no está Yao Ming. Todo lo que no sea ganar cómodamente de más 15 puntos y dando descanso a los titulares, se debería considerar una sorpresa.

El último día de la primera fase (lunes 6 de agosto) se jugarán dos partidos que en principio son decisivos para que España se encuentre con USA solo en la final. En el Grupo A, los norteamericanos juegan contra Argentina, y en el B, los españoles contra Brasil. Podría darse la desgracia de acabar España invicta, que en el encuentro siguiente Argentina diera la campanada y que el cuadro acabase cruzando a los dos equipos antes de la final. Ídem si Brasil nos derrota. Pero todo apunta (al menos, mis pronósticos) que la clasificación de los grupos quedará del siguiente modo:

Grupo A: USA-Argentina-Francia-Lituania

Grupo B: España-Rusia-Brasil-Australia

De esta forma, España se cruzaría con Lituania en cuartos y con el ganador del Brasil-Argentina en semifinales.

Lituania: El torneo le llega muy pronto para el pivot europeo del futuro (Valanciunas) y demasiado tarde para el nuevo base del Barcelona (Jasikevicius). Sufrirán para entrar en la segunda fase, sobre todo tras la lesión del pivot Robertas Javtokas. Su jugador más peligroso será Kleiza, uno de los favoritos para el título de máximo anotador del torneo si está fino, que nos dará muchos problemas en los desajustes defensivos (si lo defiende un bajo, posteará; si lo defiende un alto, lanzará triples). No obstante, España debería ganar de unos 15 puntos.

Manu Ginobili frente a Kobe Bryant. Ambos, con un oro olímpico, quieren subir de nuevo a lo más alto del cajón

Argentina: El resultado del amistoso contra España fue muy engañoso. Los primeros minutos de los nuestros han sido de los mejores que ha jugado esta generación, tanto en defensa (aunque los argentinos también fallaron más de lo habitual) como en ataque, con puntos de todas las facturas. Es más justo para evaluarlos su partido contra USA, en el que no perdieron la cara en ningún momento. En su contra tienen que cuentan con una plantilla competitiva corta por lo que el cansancio puede ser un factor muy importante una vez llegados a semifinales, sobre todo tras el partido de cuartos que tendrán que jugar a cara de perro frente a Brasil. España, por descontado, gana, pero sufriendo y por menos de 10 puntos. Son mis favoritos para el bronce, partido en el que se encontrarían con los franceses. La generación argentina merece acabar su ciclo con otra medalla, por talento, garra y calidad.  Y por Manu Ginobili, un grande.

Y la gran final: USA-España. Insisto, 95% de posibilidades de que nos ganen, incluso sin apuros. Pero ese 5% nos hace albergar esperanzas. Que salgan los sistemas, que entren los tiros, no perder la calma si nos roban un par de balones, jugar con cabeza… Sinceramente, creo que perderemos la final. Pero por menos de 10 puntos y espero que brindando un espectáculo a la altura del precedente de hace cuatro años.

Por otra parte, tal vez deberíamos ignorar estos debates y centrarnos en otros más importantes: puede que estas sean los últimos (o penúltimos) JJ.OO. donde el baloncesto tenga tanto atractivo porque David Stern ha declarado recientemente que no quiere que las grandes estrellas participen en los Juegos, sino que lo hagan los jugadores jóvenes, a semejanza del fútbol. En ese caso, volverá la hegemonía norteamericana porque a medio plazo no se vislumbra ningún país que tenga suficiente potencial con su selección sub 23 para hacer sombra a los mejores norteamericanos de esa edad. Sean o no sean los últimos JJ.OO. con este nivel en la competición baloncestística, esperemos que para nosotros sean inolvidables. Positivamente, claro. El torneo está en marcha, veamos qué nos ofrece.

(1)  En efecto, al final las plazas del preolímpico se asignaron por sorteo y no según clasificación en el mismo. A pesar de que en su momento fue dicho así por el presidente de la FEB, Jose Luis Sáez, las bases de la FIBA lo decían así, aunque hasta unas horas antes del mismo se seguían con las dudas.


A tres meses de la final de baloncesto de Londres 2012

Como el que no quiere la cosa ya han pasado tres meses más y hemos rebasado la barrera psicológica de los 100 días para el comienzo de los Juegos Olímpicos de Londres. Entre el anterior análisis y éste ha habido varias novedades de interés, que pasaremos a relatar.

Habemus cuadro. O casi

Qué bonitas, las bolitas

El lunes 30 de abril se realizó el sorteo de los grupos que conformarán el cuadro de competición de los JJ.OO. de Londres. El proceso ha sido un tanto opaco porque nos enteramos el mismo día que los bombos se iban distribuir de la siguiente manera: USA-España, Francia-Australia, Argentina-Brasil, China-Túnez, Gran Bretaña-1º Preolímpico, 2º Preolímpico-3º Preolímpico, una disposición de emparejamientos que no responde ni al ranking FIBA, ni a la clasificación del último Mundobasket o de la última edición de los JJ.OO. Sea como sea, las bolitas decidieron que los grupos iban a ser los siguientes:

Grupo A: USA, Francia, Argentina, Túnez, 1º Preolímpico y 2º Preolímpico.

Grupo B: España, Australia, Brasil, China, Gran Bretaña y 3º Preolímpico.

En teoría, el Grupo A ya cuenta con un equipo prácticamente imbatible a priori (USA) y dos equipos potencialmente cuartofinalistas (Francia y Argentina), mientras que en el B sólo se perfila Brasil como rival potente para España… y se está a la espera del 3º del Preolímpico, que a día de hoy es una incógnita y será un puesto por el que habrá literalmente tortas en el torneo previo que se jugará en Venezuela. Contrariamente a lo que se hizo en otros Juegos, donde se realizó un nuevo sorteo entre los tres equipos repescados, para Londres ya está todo el pescado vendido porque su ubicación en un grupo u otro depende de su clasificación, según confirmó el propio José Luis Sáez. Visto el resultado del sorteo, la final del preolímpico no va a ser un partido que pase a la historia por su intensidad, ya que no se jugarán gran cosa.

Puestos a especular y teniendo en cuenta el mayor potencial del Grupo A, es posible que algún equipo opte por dejarse llevar en semifinales y fiarlo todo a conseguir la victoria en el partido por el tercer y cuarto puesto. ¿Muy arriesgado? Sin duda. Pero solo hay que imaginar la primera fase del Grupo A si, por ejemplo, se compone de USA, Francia, Argentina, Rusia, Lituania y… Túnez (pobre Túnez, por cierto): 10 partidazos a muerte y 5 palizas. Cualquiera de las favoritas para clasificarse en ese preolímpico (las mías: Lituania, Rusia y Grecia) encuadrada en el Grupo B tendría bastantes boletos para pasar a cuartos, mientras que en el Grupo A… sería bastante más complicado. No descartaría del todo ver unas semifinales jugadas al despiste.

Así como dije en el anterior artículo que prefería estar en el grupo de USA para reducir las posibilidades de encontrarnos con ellos en los cruces, también dejé claro que la mayor parte de nuestras esperanzas por reeditar la final nos las jugábamos en el sorteo. Y así ha sido. Siempre hablando sobre el papel y sin conocer aún las plantillas definitivas, creo que España tiene una primera fase bastante placentera, donde acabar invicta es un objetivo bastante factible que además nos garantizaría no encontrarnos con USA hasta la final, siempre y cuando los americanos hagan lo que suponemos: marchar como una locomotora hacia la medalla de oro. Esperemos a julio para hacer análisis más detallados del resto de rivales.

La lesión de Rose: lamentable para los amantes del baloncesto y catastrófica para las aspiraciones de los Bulls pero… ¿buena para los intereses de España? (la selección de baloncesto, se entiende)

Jerry Colangelo pone un circo y se le lesionan los gigantes

Aunque el núcleo duro de los que estarán en Londres representando a USA se mantiene (a día de hoy), la lista de preseleccionados que hicieron pública en enero ha tenido una serie de bajas, algunas de ellas muy importantes. El mismo día que se presentaba el partido amistoso USA-España que se anuncia como anticipo de la final de los JJOO, se daba a conocer que Dwight Howard tenía que pasar por el quirófano para operarse de una hernia discal, quedando automáticamente descartado de la selección norteamericana. Por cierto, que Andrew Bynum, en un arranque difícil de explicar, le faltó tiempo para borrarse como sustituto del pivot de Orlando Magic, ya que “prefiere cuidar sus rodillas de cristal”. Y parece que fue ayer cuando se dejó ver con una playmate a hombros en lugar de operarse de dicha articulación. Angelito.

La otra gran ausencia de los norteamericanos será Derrick Rose, MVP de la pasada temporada, que se rompió los ligamentos de la rodilla durante el primer partido de playoff. Chauncey Billups y LaMarcus Aldridge también se caen de la lista por lesión, aunque no contaban con muchas papeletas de estar entre los que viajarán a Londres. Lamar Odom, por su parte, a día de hoy sigue contando para Colangelo, aunque Dallas Mavericks rescindiera su contrato sin acabar la temporada (por bajo rendimiento vinculado a causas extradeportivas, o viceversa). Personalmente, no apostaría fuerte por que Odom sea uno de los 12.

Señoras que posan con Kevin Durant y LeBron James

Las bajas de Rose y sobre todo, Howard, son muy importantes para la selección norteamericana. Si bien una terna de playmakers formada por Chris Paul, Deron Williams y Russel Westbrook no desentona frente a otra formada por Rose y dos de ellos, la sustitución (teórica) de Howard por Tyson Chandler sí que es significativa, sobre todo en aspecto ofensivo. Llama la atención que el propio cuerpo técnico de USA Basketball haya destacado el potencial del juego interior de España (Pau, Marc e Ibaka) y que aparenten confiar en pararlo con el center de los Knicks más los minutos en la pintura de Kevin Love y Blake Griffin, que por cierto se han ganado el puesto con su gran regular season.

Bueno, que también está Chris Bosh. Acabáramos.

Puede que solo sea una cortina de humo y sí que estén realmente preocupados; tras las primeras lesiones, dijeron que había suficientes nombres de entidad en la preselección para construir un equipo con el que ganar el oro en Londres. Al poco, y sobre todo tras la lesión de Rose, recularon. Así, han anunciado dos nuevas incorporaciones al roster: James Harden y Anthony Davis, jugadores que tienen aspecto de ser referentes a medio plazo pero que no deberían quitar el puesto a otros preseleccionados. A pesar de su excelente temporada (que le ha valido ser nombrado Mejor Sexto Hombre), Harden tiene en contra que hay demasiados pesos pesados en el backcourt. Pero si Dwyane Wade sigue haciendo declaraciones en la misma línea de las últimas semanas, en las que tan pronto insinúa que unos cuantos dólares por ir a Londres no vendrían mal o que igual está cansado, apostaría por la inclusión del barbudo jugón de los Thunder en la lista definitiva. En cuanto a Davis, el freshman de la universidad de Kentucky, su presencia en la selección tendría el sabor de otras convocatorias donde USAB hacía un gesto al baloncesto universitario, como la de Emeka Okafor en Atenas 2004 o como cuando Christian Laettner fue nombrado integrante del Dream Team en lo que muchos entendieron como un gesto de discriminación positiva. Por cierto, las paradas de metro de Londres se van a renombrar con motivo de los Juegos como homenaje a las grandes leyendas olímpicas. Bien, pues Laettner ha dado nombre a una de ellas; por comparación, el bañador de Mark Spitz debería tener en su honor una terminal calatravesca. O dos, si son pequeñas.

Barkley, Bird, Magic y… ¡Laettner!, en posición de alerta felina

En muchos medios se ha culpado de la plaga de lesiones a la carga de partidos de esta temporada, comprimida por el lock out. Es cierto. En parte. La de Rose, como la de Ricky Rubio, fue fortuita en el sentido de que se puede producir en cualquier lance de un partido, no por sobrecarga. Más peligroso para la integridad del plantel norteamericano es la Final de la NBA, que puede acabar allá por el veintitantos de junio, apenas un mes antes del inicio del torneo olímpico. Hay muchas posibilidades entonces de que Kevin Durant, LeBron James, Westbrook, Bosh y Wade (Heat y Thunder son dos de los máximos favoritos para jugar la Final), 5 jugadores sobre 12, lleguen bastante cansados a la ciudad inglesa.

Resumiendo, si no hay lesiones o espantadas de última hora, entiendo que USAB mantendrá la misma filosofía de juego: un único cinco puro con un puñado de ala-pivots polivalentes que sirvan de comparsa a la batería de exteriores y aleros que son los verdaderamente imparables en el basket FIBA. Según este criterio, los 12 que representarían a USA en Londres serían: Carmelo Anthony, Blake Griffin, Chris Paul, Chris Bosh, Kevin Durant, Kobe Bryant, Kevin Love, Dwyane Wade, LeBron James, Russel Westbrook, Deron Williams y Tyson Chandler. Quedarían fuera los otros preseleccionados: Lamar Odom, Anthony Davis, James Harden, Eric Gordon, Rudy Gay y Andre Iguodala. Una selección aparentemente un poco inferior que la que suponíamos en enero, pero ¿suficiente para ganar el oro?

Anuncio del USAB-España de julio. Posterized! Digo… ¡Barcelona!

Nosotros tampoco estamos para muchos trotes

Hace un par de meses todos nos rompimos un poquito al confirmarse los peores diagnósticos iniciales: Ricky Rubio se había lesionado de gravedad en la rodilla, perdiéndose el resto de la temporada y los Juegos Olímpicos.

Siendo pragmáticos, si lo analizamos en perspectiva y con frialdad es difícil aventurar si hemos salido perdiendo en el intercambio de piezas con Rose porque si bien el americano es un jugador que te gana los partidos, le sustituirá otro que es de la misma calaña. En cambio, la lesión de Ricky abre un abanico de (limitadas) posibilidades para Sergio Scariolo a la hora de elegir sustituto:

— Raül López. Ha demostrado tener aún minutos de calidad en sus piernas, aportando puntos y dirección saliendo del banquillo cuando Aaron Jackson se cansaba o simplemente no atinaba. A lo largo de la temporada nos ha dejado muchos encuentros con actuaciones reseñables como su partidazo de Euroliga frente al Montepaschi Siena, canasta ganadora incluida. Tiene el perfil perfecto de segundo base y se complementaría con Víctor Sada (lo que uno tiene de capacidad ofensiva, el otro lo compensa con su defensa y físico), al que seguiremos considerando el tercer base de la selección.

— Sergio Rodríguez. Podría ser la hora de volver a la selección, aunque su año aparece entre sombras porque su compañero de equipo (con el que ahora iremos) le ha comido la tostada en números, focos y premios. Su convocatoria podría ser una especie de inversión a medio plazo, porque la quinta de los juniors de oro va sumando años.

— Sergio Llull. Todos contamos con que estará en Londres, pero su gran temporada en el Madrid, donde ha jugado la mayoría de los minutos como base, hace que le consideremos como el sustituto natural de Ricky como suplente de José Manuel Calderón. Diversos MVPs de la jornada, incluido en el mejor quintero de la ACB y MVP de la Copa del Rey, dan la razón a Pablo Laso cuando decidió hacerlo jugar de uno.

Según ha dicho en Twitter, la rodilla va bien y ya ha comenzado a andar. Ánimo, Ricky

Si Llull abandona el puesto de escolta nos queda una vacante aún más complicada de llenar: o bien pasamos a Rudy Fernández (aún convaleciente de una lesión en la espalda) a la posición de dos alternándose con Juan Carlos Navarro (que toda la temporada ha arrastrado una fascitis plantar) por que se necesitaría otro alero, o se convoca a otro escolta. Dependiendo del caso, podrían entrar en el roster Carlos Suárez, Rafa Martínez o hasta Álex Abrines, para ir preparando el relevo generacional.

En cuanto al juego interior, estamos de suerte porque a pesar de la dura temporada y la carga de minutos (Pau y Marc están entre los 12 jugadores que más minutos han jugado en la temporada regular de la NBA e Ibaka probablemente alargue su participación en el playoff hasta la Final), los nuestros están bastante sanos. El único jaleo se ha debido a Nikola Mirotic, y en dos frentes distintos, además.

Por un lado, en una entrevista de hace un par de semanas Mirotic vino a decir que prefería quedarse entrenando en solitario que acudir como invitado a la concentración de la selección porque veía razonable que Ibaka ocupe la plaza de jugador asimilado. Unos días después, Scariolo en persona salía al paso diciendo que Mirotic no había querido decir eso y que contaba con él. Lo que nos lleva a la conclusión de que lo convocará… ¿también para los Juegos? Porque el otro frente se produjo a finales de enero, cuando unos tweets cruzados entre Rafa Vecina, Víctor de la Serna y Ramón Trecet a alguno nos dejó con el culo torcido:

@vdelaserna @trecet Tranquilos q se prepara la revolución. Mirotic e Ibaka podrán ir juntitos a las olimpiadas!! D buena tinta…

@Rafavecina @vdelaserna Rafa,en medio del lio de tuits que recibo, llegas tu con la espoleta… Que pueden jugar juntos Mirotic e Ibaka?JODÓ

@trecet @Rafavecina Hay una gaseosa categoría de jugador asimilado por formación, que PUEDE no contar como nacionalizado. Berisha-Kelati…

Después de aquello, no se ha vuelto a saber nada que nos haga suponer que podrán ir los dos (la normativa es bastante clara al respecto), aunque las declaraciones de Scariolo alimentarán rumores y esperanzas. De todas formas, la FIBA debería ponerse seria con el asunto de asimilados y nacionalizados para que no sigan ocurriendo casos como el escolta de origen estadounidense Jaycee Carroll, que no se sabe bien si se siente más de Montenegro o de Azerbaiyán. Un singular conflicto en su sentimiento patriótico. Tampoco nos podemos olvidar que la asimilación de Ibaka también parece en cierto modo… artificial, porque bien podría haber elegido jugar con Francia si se hubieran dado otras circunstancias en su momento.

Ibaka con la camiseta de Congo jugando contra USA en el Nike Hoop Summit de 2008; en el 2006 formó parte de la selección Sub18 de dicho país africano. También estuvo en el Prissé-Macon francés. Pero juega con España. Tal vez no deberíamos agitar mucho el avispero con lo de Mirotic

Y llega la hora de mojarme. ¿López, Rodríguez, Llull…? Llull, Lulll, Llull. No tendría mucho sentido sacar a Llull de la posición en la que mejor le hemos visto jugar y que, además, ninguno de los otros candidatos puede mejorar. ¿Suárez, Rafa Martínez, Abrines…? Carlos Suárez. En caso de necesidad Llull podría tener minutos en cancha como escolta, y con Suárez reforzamos la posición de alero. ¿Mirotic? No si está Ibaka, porque no parece que la FIBA vaya a flexibilizar la normativa para que puedan jugar ambos.

En resumen, los 12 por los que apuesto son: Pau Gasol, Rudy Fernández, Carlos Suárez, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Víctor Claver, Sergio Llull, Víctor Sada, Marc Gasol, Fernando San Emeterio y Serge Ibaka.

Ya queda menos para el 12 de agosto.


Final de baloncesto de Londres 2012: un análisis a seis meses vista

 En los Juegos Olímpicos, lo más importante no es ganar, sino participar.

Barón Pierre de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos modernos (1863-1937).

No queremos revancha. Si Estados Unidos queda eliminado en cuartos de final y llegamos a la final y la ganamos, nos da igual. Nosotros intentamos aspirar al oro olímpico.

Pau Gasol, en una reciente entrevista.

Se acaba de hacer pública la preselección de USA Basketball para los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y, aunque todavía nos queda medio año largo para que comience el campeonato, en los círculos baloncestísticos más cerriles el ambiente se empieza a calentar con cuentos de la lechera: ¿la selección española será capaz de ganar la final al, probablemente, segundo equipo más poderoso de la historia del baloncesto? Repito: USA-España-Final-JJ.OO.-Ganar. Cuatro conceptos aparentemente inofensivos que encierran cada uno sesudos análisis basados en intuiciones, filias, fobias y muy pocos datos contrastables aún, la verdad. Como soñar es gratis y llorar también, arrojemos un poco de luz sobre este asunto porque tan fácil es tocar el cielo con las manos como que el cielo se nos abra bajo los pies.

Silencio. Son los favoritos hasta que se demuestre lo contrario

USA: estarán todos los que son

Hace casi cuatro años, USA Basketball presentó el que hasta entonces era el segundo combinado nacional más potente de la historia, con un plantel basado en el cuarteto de All Stars de la talentosa promoción del 2003 compuesta por los Beach Boys (LeBron James, Dwyane Wade y Chris Bosh) y Carmelo Anthony, que con Kobe Bryant, Chris PaulDwight Howard formaban el núcleo duro de aquella selección. El roster fue este:

Carmelo Anthony, Jason Kidd, Carlos Boozer, Chris Paul, Chris Bosh, Tayshaun Prince, Kobe Bryant, Michael Redd, Dwight Howard, Dwyane Wade, LeBron James y Deron Williams.

Cuando se acercó el Mundial de Turquía del 2010 estos doce angelitos escurrieron el bulto de forma miserable, aunque con una desfachatez pasmosa todos ellos han anunciado plena disponibilidad de sus agendas para este verano 2012. Y es que desde el punto de vista deportivo y económico, la repercusión de una y otra competición son incomparables.

La preselección de 20 jugadores que se ha anunciado ha confirmado las quinielas. Siempre dejando de lado la posibilidad de lesiones de última hora que puedan torcer los planes de seleccionadores y articulistas, todo el mundo asumía que iban a sustituir a Kidd por Derrick Rose, y a Prince por Kevin Durant, mientras que si mueven la silla a Williams (cosa harto probable a pesar de su mayor conocimiento del basket FIBA por su experiencia turca), su lugar lo ocuparía Russel Westbrook. Las opciones de repetir convocatoria de Boozer y Redd también eran nulas y para ocupar estas dos plazas habrá tortas, aunque tengo la sensación de que la elección estará entre Tyson Chandler, Kevin Love y Blake Griffin.

Chandler tiene a su favor que ya estuvo en Turquía y que su inclusión equilibraría la plantilla, en la que solo hay otro 5 puro, Howard. No obstante, que existan únicamente dos jugadores con un claro perfil de center en la preselección de 19, da a entender que solo llevarán a uno porque no tienen un tercer hombre como recambio, lo que implícitamente es una pista sobre el tipo de juego que tiene en mente el seleccionador americano Mike Krzyzewski: el mismo que en los anteriores JJ.OO. y el Mundial de 2010, con solo un pivot y numerosos power forwards. Bien pensado, no sé ni por qué lo he destacado. De hecho, antes del anuncio de la preselección contaba con que Amar’e Stoudamire o Andrew Bynum se encontraran en ella en lugar de Chandler. Olvídenlo.

Kevin Love, que también formó parte de la selección que ganó Mundial, reforzaría el juego interior al ser un falso 5, con el añadido de que este año también es una amenaza (para los contrarios y en ocasiones para su propio equipo) desde la línea de tres, y su nivel en este arranque de temporada es espectacular (cerca de 26 ptos y 15 rbd por partido). Reboteador, con muchas ganas, un proyecto de futuro: ha de estar, por justicia.

Y qué decir de Griffin, el Hype of year, perdón Rookie of year del año pasado. Una fuerza de la naturaleza encerrada en un físico singular, que está en el equipo de moda (Clippers) y que goza del beneplácito de la liga y los espectadores. Rapidez, fortaleza, contundencia y highlights: la perfecta imagen de marca de la NBA.

Mi apuesta es por estos dos últimos, Love y Griffin. En resumen, cinco nombres nuevos respecto a Pekín, por lo que tendríamos entonces este equipo (en cursiva los presuntos titulares):

Carmelo Anthony, Derrick Rose, Blake Griffin, Chris Paul, Chris Bosh, Kevin Durant, Kobe Bryant, Kevin Love, Dwight Howard, Dwyane Wade, LeBron James y Russel Westbrook.

Un equipo muy respetable.

LeBron, Kobe y Dwyane. La línea que separa el respeto del miedo es a veces muy fina

Según esta propuesta, el teórico plantel inicial del equipo americano estaría formado por el reconocido como Mejor Quinteto de la NBA del 2011. Como son muy de tener en cuenta la veteranía, Paul podría ser titular en lugar de Rose o Anthony por Durant, y si valoran el estado de forma, Wade por Bryant; pero qué quieren que les diga, para el caso: patata. Porque menudos jugones:

Carmelo Anthony es un anotador letal que ha demostrado en sus anteriores participaciones en torneos internacionales que rinde bastante bien en formato FIBA, donde las defensas se las ven y se las desean para parar su vendaval ofensivo. Un pequeño apunte estadístico: tiene el record de anotación en un cuarto en la NBA (junto con George Gervin) con 33 puntos. Ahí es nada.

Puede que este año volvamos a ver sonreír a Chris Paul y, aunque dudo que llegue algún día a jugar al nivel que lo hizo en la temporada 2007-2008 (donde quedó segundo en la votación del MVP de la temporada regular), su conexión con Griffin va a deparar alegrías para los seguidores de los Clippers y los alley-oops. Ya sea titular o suplente, es el base que más juego puede crear para los americanos, y calculo que contará con unos 15 minutos por partido. Los otros 25 se repartirán en unos 5 para Westbrook, que saldrá como revulsivo o desatascador y cerca de medio partido para Derrick Rose, que por cierto es el actual MVP de la NBA. Si usted no es demasiado impresionable y esta carta de presentación le deja frío, le ruego eche un vistazo al último cuarto de cualquier partido igualado de Chicago Bulls de los últimos años. Y si hablamos de clutch time, tenemos que mencionar a Durant, que a la hora de meter triples le da igual jugar en Rucker Park o contra Dallas, los actuales campeones de la NBA. Meras anécdotas en la carrera del que va a ser el mejor jugador de la NBA de esta década. Sí, han leído ustedes bien. En todo caso, otro 3 devastador en baloncesto FIBA, en donde su único contacto con este estilo de juego se ha saldado con el MVP del Mundial del Turquía.

Kevin, Derrick y Russel: Campeones del mundo con 22 años. Ojo con la quinta del 88

El puesto de small forward se completa con LeBron James, aunque seguramente jugará de lo que quiera. En prácticamente todos los corrillos del mundo del baloncesto hay preparados unos bidones de gasolina junto a una pira para, a la mínima señal de duda, inmolar a James y a cualquiera que se atreva a desafiar a la corriente imperante (que se lo pregunten a Gonzalo Vázquez). Un jugador que batirá numerosos records individuales en la NBA, realmente imparable salvo por su ignoto mundo interior que lo muta de bestia corderito; cada vez tengo más claro que es como una especie de Juggernaut (el personaje de Marvel) al que nada físico puede parar cuando se pone en movimiento… nada, excepto un ataque psíquico.

En la lista de tareas pendientes para parecerse más a Michael Jordan, Kobe Bryant tiene subrayado con fluorescente el sexto anillo y la segunda medalla de oro en unos JJ.OO., por lo que su interés por la cita londinense estará asegurado. Para los que le veían ya mayor o desmotivado, acaba de lanzar un mensaje en forma de anotación, encadenando 4 partidos consecutivos por encima de los 40 puntos.

El otro escolta de la selección es Wade, que para mí es como el Juan Carlos Navarro americano, una debilidad personal: otros se llevarán los focos y la mayoría de reconocimientos individuales, pero él siempre está ahí, descolgándose con actuaciones portentosas curiosamente cuando el balón quema en las manos. Recordemos que en un equipo con Bryant y LeBron de titulares, Wade como sexto hombre fue el máximo anotador americano en los anteriores JJ.OO.

Por dentro, la mayoría de los minutos se repartirán entre Howard, quien para disfrute de sus rivales atraviesa un momento dulce desde la línea de personal (un vergonzoso 46% de acierto), y Chris Bosh, del que nadie espera ya actuaciones estelares pero que ayudará con su puñado de rebotes y puntos, sus saques de banda y sus bloqueos ciegos; es decir, su día a día en los Heat.

Y contra esta horda, ¿qué tenemos nosotros?

Posterized!

España: que estén todos los que son

El combinado español también irá con el mismo bloque que acudió a Pekín, siempre construido alrededor de la generación de los Juniors de oro (Pau Gasol, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Raül López y Berni Rodríguez). Recordemos la selección al completo que ganó la medalla de plata en el 2008:

Pau Gasol, Rudy Fernández, Ricky Rubio, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Carlos Jiménez, Raül López, Berni Rodríguez, Marc Gasol, Alex Mumbrú y Jorge Garbajosa.

Análogamente a la selección USA, todo parece indicar que habrá cinco cambios respecto a los anteriores JJ.OO. Entre los nuestros ya no estarán Jiménez, Mumbrú y Garbajosa debido a que se han retirado voluntariamente de la selección; mientras que, deportivamente hablando, muy pocos cuentan con que incluyan en la lista a Berni y a Raúl.

Con toda seguridad (y merecimiento), tres de esas cinco plazas se ocuparán con Fernando San Emeterio, Sergio Llull y Serge Ibaka. Los otros dos puestos restantes cuentan con varios pretendientes, entre los que destaco a Nikola Mirotic, Víctor Sada, Víctor Claver, Carlos Suárez y Fran Vázquez. Echemos un vistazo más pormenorizado a los candidatos:

Mirotic está demostrando su valía semana a semana con el Madrid, tanto en la Liga Endesa (ACB) en la que ya es reconocido como una de las estrellas, como en la Euroliga, donde ha sido nombrado MVP del mes de diciembre. Joven, versátil, con tiro de media y larga distancia, no rehúye la pintura, con carácter… muy bueno en definitiva. Entonces, ¿por qué no es un fijo entre los 12? Porque según los reglamentos actuales de la FIBA es ilegal jugar con dos asimilados por selección (Ibaka ocuparía el único puesto que se permite). José Luis Sáez, el presidente de la FEB, está haciendo todo lo que está en sus manos para modificar la reglamentación, pero a día de hoy, la participación de Mirotic es incompatible con la del congoleño de los abdominales hipertrofiados.

Mirotic e Ibaka. De momento, la selección tendrá que esperar

Sada puede ser el mejor base reboteador del mundo, no lo discuto. Pero personalmente, considero que la posición de 1 estará suficientemente cubierta con Calderón y Ricky, y en caso de ser necesario también está Llull (este año está jugando en esa posición en el Madrid aunque Sergio Scariolo lo prefiere de escolta). Incluso su bien merecida fama como defensor puede ser puesta en tela de juicio frente a nuestros bases NBA, que a esas alturas de año llevarán no menos de 50 partidos a sus espaldas defendiendo a bases purasangre día sí y día también. Sus minutos en el campo serían escasos de no mediar problemas de faltas personales a gran escala o molestias físicas. El jugador número 11 o 12 de la rotación, en todo caso.

Claver acaba de salir de una lesión, por lo que su evolución es una incógnita. Bien pensado, es una incógnita su evolución en general; cuesta creer que ese chico desgarbado que estos últimos veranos languidece en el banquillo de la selección es el mismo jugador que se marca partidazos con el Valencia. Con un lanzamiento exterior cada vez más fiable y una potencia de salto afroamericana, sigo confiando en su potencial porque es lo más parecido al 3 alto por el que suspira medio mundo, aunque más bien es un 4 con mentalidad de alero.

Y Suárez. Qué pasa con Suárez. No lo entiendo. Estoy seguro de que existe una explicación para su caso, aunque la desconozco. Planta, números, presencia, tiro, pelazo… aún así, hay algo que sigue fallando. Parece que los intangibles en este caso están presentes pero de forma negativa. Puede que sea su gran oportunidad… y que la deje escapar de nuevo. O tal vez no; por el bien de la selección, ojalá que no. ¡Juega al nivel que puedes jugar, carajo!

Si nos planteamos preguntas en voz alta sobre El Caso Suárez, qué decir de Fran Vázquez. El Incidente de la Taquilla es uno de los grandes misterios del baloncesto español y, según dice la leyenda, esconde las respuestas que explican a nivel estequiométrico por qué Pau y Fran son como agua y aceite. Vázquez, que tuvo los huevos de hacerle la cobra a Orlando Magic, recula cuando llega el verano y el mayor de los Gasol acepta defender los colores de España. Con los hermanos Gasol, Ibaka y Vázquez podríamos jugar el balón a no menos de medio metro por encima del aro ataque sí, ataque no, bien alimentados por nuestros exteriores. Solo razones extradeportivas justifican su colección de ausencias. Una lástima.

¿Qué sería lo ideal? Mirotic y Suárez. ¿Qué me pide el cuerpo? Mirotic y Claver, y añado Vázquez por Reyes. ¿Qué será lo que pasará? Pues me temo que llevarán de nuevo a Sada y Claver. Como hasta junio no saldremos de dudas con la convocatoria oficial, asumiremos que los seleccionados son los siguientes (de nuevo, el quinteto inicial en cursiva):

Pau Gasol, Rudy Fernández, Ricky Rubio, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Víctor Claver, Sergio Llull, Víctor Sada, Marc Gasol, Fernando San Emeterio y Serge Ibaka.

Si se confirman estos nombres, probablemente estamos ante la selección más potente de nuestra historia con 7 jugadores con pasado NBA y la mayoría de ellos en el mejor momento de su carrera. Esbocemos un pequeño perfil de todos ellos:

Solo una actuación jordanesca de Navarro privó a Pau de conseguir su segundo MVP del Eurobasket, que añadir al MVP del Mundial de Japón de 2006 y a ser el máximo anotador de los pasados JJ.OO: es el dominador absoluto de los campeonatos FIBA del siglo XXI, el hombre franquicia de España, el referente. Su irregular arranque de temporada, probablemente despechado por el desprecio público de los Lakers al ponerlo en el mercado, sin duda se tornará en una voraz hambre competitiva en cuanto llegue julio. La medalla de oro es su máxima aspiración, porque se antoja complicado que en el 2016 el equipo español tenga el mismo potencial.

Los meses de Rudy en el Madrid han demostrado que no se le ha olvidado enchufarlas. Encargado de labores oscuras tanto en la selección como en Portland, parece que está atravesando su mejor momento en la NBA en los Nuggets con actuaciones muy meritorias, aunque acaba de lesionarse con pronóstico incierto. Su carrera estará marcada por ser el protagonista de uno de los dos mejores mates de la historia de lo JJ.OO. (1)

De Ricky Rubio comienzo con una palabra: yoyalodije. Aprovecho la ocasión para un comentario ventajista: ni se le había olvidado jugar al baloncesto ni lo que está haciendo ahora es una novedad sobre lo que ya habíamos visto; simplemente, necesitaba recuperar sensaciones. Otro tema es que su rendimiento como base suplente o falso escolta en los Timberwolves le haga merecedor de ser actualmente el tercer jugador más votado para el All Stars en su posición (guard) en el Oeste, solo por detrás de Paul y Bryant. Un reconocimiento importante aunque llegados a este punto siempre recuerdo que, en algún All Stars, Grant Hill sacó más votos que Michael Jordan, lo que salvando las distancias viene a ser el “Hitler también ganó las elecciones” del ámbito baloncestístico. El juego de Ricky es el contrapunto ideal al juego de Calderón que es más pausado, más de equipo, y que teóricamente es una mayor amenaza en el lanzamiento exterior. El estado de forma de ambos en el momento de redactar este artículo se puede calificar de muy esperanzador, recolectando regularmente dobles-dobles.

Navarro es el Dwyane Wade español (¡Alerta! Referencia circular), a lo que hay que añadir que es el segundo mejor jugador de nuestra historia. Una debilidad personal, insisto. Me quedo sin palabras, así que tomo unas cuantas del blog de Lucio Angulo:

Hoy te toca defender a La Bomba Navarro, lees sus características en el scouting: “Puede penetrar a canasta con ambas manos, arma el tiro rápido por lo que es importante estar cerca de él. Cuidado con pegarse en exceso pues es listo para sacar faltas. No dejar de defenderle lejos del aro, puede sorprender con tiros de larga distancia (hasta 7 metros) con buenos porcentajes. Precaución con su primer paso, que no nos pille de sorpresa, excelente en tiros de 2 lanzando por encima del defensor. No enviarle a la línea de tiros libres ya que saca así muchos puntos…”

Y llega el partido. Y Navarro te mete un triple. Y el entrenador grita:

-¡Que no te separes! ¿No lees el scouting?

-Sí, entrenador, sí.

MVP del Eurobasket, de la Euroliga, de la Final Four, de la liga regular de la ACB, de la final de la ACB, de la Supercopa ACB… y en la NBA no lo valoraron. No se hizo el caviar para la boca del asno

Llull jugará en el puesto de uno y medio, que traducido a lenguaje coloquial viene a ser la posición que quede libre cuando él esté en cancha. Esta situación es fruto de los desequilibrios en la rotación derivados del empecinamiento por jugar con Rudy de alero titular. Gracias a sus piernas e intensidad, nuevamente se perfila como integrante de la unidad de remontada a base de bajar el culo y correr, junto a Ricky, San M e Ibaka.

San Emeterio es el típico jugador que parece que no está hasta que roba un balón, o coge un rebote improbable, o anota un triple en un momento caliente y te das cuenta, al mirar la planilla, que lleva un partidazo. Un MVP de la liga regular de la ACB y un integrante del mejor quinteto de la Euroliga (ambos logros en la temporada pasada 2010-2011) no es cualquier cosa, oiga.

Y la gran baza española está en nuestros pivots. Junto con Pau, Ibaka, Marc y Reyes formarán el juego interior más poderoso del mundo. Sin exagerar, sin patriotismos, tenemos todo: contundencia defensiva, intimidación, movimientos al poste, juego por encima del aro, complementarios entre sí… Han de ser la piedra angular del proyecto oro olímpico.

El camino hacia la Final

Es muy difícil pronosticar el grado de dificultad del camino hacia una final si el cuadro del torneo aún no se ha dibujado. Eso para empezar. Por el momento, el resto de selecciones clasificadas, esas que todos queremos pensar que irán como sparrings previos a la gran final, son (por orden alfabético): Argentina, Australia, Brasil, China, Francia, Gran Bretaña y Túnez. En el preolímpico, que tendrá lugar en Venezuela a principios de julio (apenas unas semanas antes de los JJ.OO.), habrá una lucha brutal por tres puestos entre las selecciones de Lituania, Grecia, Rusia, Venezuela, Macedonia, Puerto Rico, Nueva Zelanda, República Dominicana, Angola, Nigeria, Jordania y Corea del Sur (escritas en el orden en el que creo que quedarán clasificadas). Después del seudopucherazo de la FIBA, que de mala manera ha metido directamente a Gran Bretaña por ser país organizador, diversos representantes nacionales presenciarán en persona el sorteo de este torneo, que se realizará el día 31 de enero.

Esto es lo más parecido al cuadro oficial del torneo que tenemos por ahora

Así pues, en algún momento indeterminado (2) se meterán 12 bolitas en un bombo y resultarán dos grupos de 6. A pelo. Nada de cabezas de serie. Todo dependerá del azar y de la componente trilera que pueda flotar en el ambiente.

Tan factible es que a España le toque con, por ejemplo, China, Túnez, Gran Bretaña, Australia y Rusia, como en otro con USA, Argentina, Brasil, Francia, Lituania y Grecia. Y de esos dos grupos, pasan a la siguiente fase los cuatro primeros; el resto, a arrasar la villa olímpica durante noches sin fin.

En la segunda fase es cuando la matan: enfrentamiento directo en los clásicos cuartos-semis-final. Si España quiere evitar a USA en los cruces hay que hacer bueno el dicho “ten cerca a tus amigos, pero aún más a tus enemigos”: habrá que poner una vela negra a Michael Jordan para que el sorteo nos empareje en el mismo grupo que los norteamericanos, porque de lo contrario tendríamos que hacer la machada de dejarlos fuera de la final o realizar complicados cálculos hasta dilucidar qué basket average y/o cuántas derrotas son necesarias para ir por el otro lado del cuadro. Y si hacemos caso del Informe PISA, no somos los más preparados para ese nivel de análisis. Tampoco sería de recibo jugar al no me chilles que no te veo para perder de 20 contra Túnez, cuando hace pocos meses nos llenamos la boca con palabras como ética y deportividad al referirnos a la pantomima de los franceses en el Eurobasket de Lituania; no obstante, somos un país que está lleno de gente que se viste por los pies pero se cambia de chaqueta (ojo, que aunque lo parezca no estoy incidiendo de nuevo en el asunto Ricky Rubio), así que no descarto nada. Recapitulando, un porcentaje muy alto de nuestras posibilidades y esperanzas de disputar la final del 12 de agosto puede que nos lo estemos jugando por abril, cuando el bombo gire.

Lituania ha llegado a semifinales de los cinco JJ.OO. que se han celebrado desde su independencia en 1991. Y quieren seguir la racha

Pero veámoslo de otro modo: si nos creemos en disposición de ganar a USA en la final, ¿no sería mejor cruzarnos con ellos incluso antes (cuartos o semifinales) porque podría jugar a nuestro favor que ellos sientan una presión mayor por tener que llegar a la final? Francamente, me cuesta creer que a gente como Wade, Bryant, Rose o Durant les tiemble la mano al final del partido (nótese que voluntariamente he evitado mencionar a LeBron James), pero es una idea sobre la que reflexionar, pensamientos que seguro hacen secar la gomina del pelo de Scariolo y son un torreón importante del castillito de naipes que están edificando en el aire las altas esferas de la FEB.

En todo caso, si algo nos han enseñado los últimos campeonatos, es que somos capaces de palmar con cualquier equipo medio pelo. Hay que tener presente que Turquía (por dos veces), Serbia, Rusia, Croacia, Argentina, Lituania y Francia nos han mojado la oreja en partido oficial recientemente. Vender la piel del oso antes de matarlo nos puede costar caro, sobre todo si nos relajamos y cuando nos queremos dar cuenta tenemos el cuello entre los dientes del plantígrado peludo y hermoso. En este sentido soy optimista, porque asumo que el grado de mentalización de los nuestros superará cualquier efímera caraja que podamos sufrir. Ya son campeones de Europa y campeones del Mundo, pero para la mayoría de ellos es su última oportunidad de ser campeones olímpicos. Cuento con que harán todo lo posible para no desaprovecharla.

A estas alturas de artículo, en el que hemos dado por bueno un cuadro que desconocemos y unas selecciones que aún no se han formado, desgranar una final hipotética no chirriará a los lectores. Antes de partir hacia Londres, creo que aún sin fecha fija, se jugará un nuevo amistoso contra USA en el Palau San Jordi. Tras ese partido, se podrán sacar algunas conclusiones, mientras tanto se puede analizar el histórico reciente de los enfrentamientos de ambas selecciones, los duelos individuales, las unidades, el estilo de juego, el estado anímico… pero todo sigue en el ámbito del análisis-ficción.

¡Qué tiempos! Jordan, Fernando Martín… más de la mitad de los 24 jugadores que podrían rememorar por segunda vez aquella final no la presenciaron en directo por televisión porque ni siquiera habían nacido

Antecedentes recientes

Desde que entraron en la selección española los juniors de oro, el balance con Estados Unidos es el siguiente:

  • Mundial 2002 de Estados Unidos: victoria en el partido por el 5º puesto (81-75)
  • Juegos olímpicos de Atenas 2004: derrota en cuartos de final (94-102)
  • Juegos olímpicos de Pekín 2008: derrota en la primera fase (82-119) y derrota en la final (107-118)
  • Amistoso en Madrid previo al Mundial 2010: derrota (85-86)

Total: 1 victoria-4 derrotas. Vamos, que cuando ganamos la última vez a Estados Unidos, Ricky Rubio ni había debutado en la ACB (que es casi como decir que fue en blanco y negro). A la vista de estos resultados, ¿cuál debe ser nuestra filosofía? ¿jugar a meter 100 o a que no te metan más de 80? Los fríos números dicen que nos convendría centrarnos en la defensa no permitiendo más de 85 puntos para estar en disposición de disputar la victoria, porque si nos meten más de cien lo tenemos crudo. Me parece bien; a ver quién es el guapo que le pone el cascabel al gato. Aunque sí hay algo cierto: uno de los análisis que obviamos es que España jugó su mejor partido ofensivo de toda la era Gasol en la final de Pekín 2008. Y que, por lo general, es más complicado repetir (a nivel colectivo) un día excepcional en ataque que una defensa férrea, porque no depende tanto del estado de gracia sino de piernas y voluntad.

Duelos individuales

Si hacemos una quiniela jugador por jugador sobre quién ganaría los duelos individuales, me ponga como me ponga, nos saldrían todo victorias visitantes excepto tal vez el de los gasoles (Pau-Howard y Marc-Love, o viceversa, 1X en el peor de los casos). Sí, en un par de duelos individuales somos mejores, pero tampoco es para coger aire y gritar dándonos puñetazos en el pecho. Por nuestro bien, es mejor analizar el juego en conjunto.

Gasoles unidos jamás serán vencidos

El juego 5 contra 5

El mayor ejemplo de que el talento colectivo puede hundir al individual se dio en las semifinales del Mundial de Japón cuando Grecia, con el grandísimo Theodoros Papaloukas como estrella, comió la moral a los americanos. Desde ese cortocircuito a ambos lados de la banda, no se ha vuelo dar el caso de tener a los americanos colapsados en ataque. Lo más parecido fue el amistoso que jugamos contra ellos en el 2010, aunque fue un partido devaluado por las ausencias de ambos equipos. En este sentido, hay que hacer de abogado del diablo y dar un voto de confianza a la labor de scouting de los entrenadores estadounidenses.

Recuperando la polémica del 3 que comentaba anteriormente, no comparto que sea punto de partida innegociable salir con Navarro y Rudy de titulares independientemente del rival, mucho más si con ello se resiente el rendimiento de las unidades, que quedan muy descompensadas. La única gran ventaja que veo es que la amenaza de lanzamiento exterior creará mucho más espacio para nuestros interiores, porque ahí es donde podemos hacerlos daño. Insisto: ni los americanos ni ninguna selección puede parar el arsenal de centímetros y calidad que tenemos en la pintura. Es más, defensivamente tenemos 18 faltas personales con las que enviar a Howard a hacer el ridículo desde la línea de tiros libres sin que se resienta notablemente nuestro rendimiento en la zona rival.

Y por lo demás, lo de siempre: atención a sus robos de balón, porque corren como si les faltara la fe. Manos rápidas, contraataques meteóricos y mates estratosféricos son sus marcas de la casa. Hay que evitar canastas fáciles a toda costa.

Para ser un análisis preliminar, creo que tenemos suficiente material para discutir y fantasear. O si no, nos queda el consuelo de que tras la lectura de este interminable artículo ya queda menos para el 12 de agosto, el día de la final.

(1)  Siempre está bien recordar el mate de Rudy frente a Howard en Pekín 2008… pero es que el mate de Vince Carter sobre el francés Frederic Weis en los JJ.OO. de Sidney 2000 es de otra galaxia.

(2)  La fecha del sorteo aún no está decidida; para que sirva de orientación, en los Juegos de Pekín se repartieron los grupos cuatro meses antes de la competición (incluso antes que el preolímpico), completando el cuadro con los equipos A, B y C provenientes del torneo clasificatorio. Eso sí, para evitar suspicacias, una vez finalizado el preolímpico se hizo un nuevo sorteo entre esos tres equipos clasificados para ver cuál de ellos era el denominado A, B y C, respectivamente.

 


Promesas o juramentos

He fracasado una y otra vez en mi vida y eso es por lo que tengo éxito.

Michael Jordan (campaña para Nike, 1997)

Nueva etapa en mi vida personal y profesional. Camino a Los Angeles.

Ricky Rubio (a través de su Twitter, ayer)

Aún recuerdo con resignación una de las pruebas más fehacientes de que el fútbol lo fagocita todo en este país (España): en 2007, Ricky Rubio y Bojan Krkic, eran los finalistas al Premio As del Deporte, en la categoría de jóvenes promesas. El primero venía de hacer historia repetidas veces en la ACB; el otro… de jugar en el Barça. De fútbol. Se lo dieron a Bojan, claro. Unos meses más tarde, Ricky jugaba la final de los Juegos Olímpicos de Pekín ante uno de los mejores combinados de la historia del baloncesto. Bojan, poco tiempo antes, había renunciado a ser convocado para jugar la Eurocopa, porque era demasiada presión para alguien tan joven como él. Ricky se pasaba el balón por la espalda delante de Jason Kidd y Chris Paul, mientras Bojan veía en la tele tanto la Eurocopa como los JJ.OO.

Ricky podría ser el hijo de Jason Kidd. Por edad, quiero decir

Durante mucho tiempo a Raúl González se le colgó la etiqueta de que era muy joven. No sé cuánto tiempo tuvo 17 años: tal vez lustros; creo que ha pasado la mitad de su vida teniendo esa edad. En baloncesto ha sido paradigmática la figura de la eterna promesa, aquella que se enquistaba con el papel de jugador con gran potencial que finalmente se quedaba en nada. A cualquiera que le guste el deporte de la pelota gorda se le llenará la cabeza el nombre de Cargol, Pep Cargol, el tan manido tres alto que parece el santo grial del baloncesto, cuando este deporte a veces es tan sencillo como tener un cinco alto y cuatro jugadores que defiendan fuerte y se la sepan dar en ataque. Cargol, decíamos, parecería tener cincuenta o sesenta años, pero si ni siquiera los tienen Epi e Iturriaga (andan ambos por los 52), qué decir de él, que era el que les llevaba las toallas en los tiempos muertos. Cuarenta y tres añitos solamente y muchos jurarían que jugó en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Y es que en este caso como en muchos otros, el problema ha sido la sobreexposición mediática, someter a la lupa de analistas ociosos los más mínimos gestos de, al fin y al cabo, poco más que adolescentes.

Es que no somos conscientes de lo joven que es Ricky Rubio. Se nos olvida que realmente ES muy joven si lo comparamos con lo que tenemos alrededor: Sergio Rodríguez, Carlos Suárez, Sergio Llull, Víctor Claver… todos ellos llevan la etiqueta de jóvenes, de promesas, del futuro de la selección. Pero Ricky ¡lo es aún más!, porque en el pasado Eurobasket (y en el anterior, y en el Mundial, y en los Juegos Olímpicos) ha sido el benjamín del grupo. Sin ir más lejos, Nikola Mirotic, la gran esperanza blanca, es apenas 6 meses menor que Ricky. Y, para casi todo el mundo, le falta un poquito para estar maduro.

Ricky, a día de hoy, es el base español con el palmarés más completo de todos los tiempos: ha ganado todo (es decir, TODO) lo que se puede ganar en la Europa baloncestística. Se podría retirar ahora mismo y, dentro de poco menos de 20 años cuando llegue a los cuarenta (!!), mirando a su estantería de trofeos, decir: “todo esto fue Ricky Rubio”, y no necesitar comprarse un descapotable para recuperar el ego perdido. Por el contrario, ha decidido desafiar a todo los analistas, redactores de blogs y zánganos en general, obcecándose con ir a la NBA, cuando lo suponían acabado después de un año, reconozcámoslo, mediocre.

¿En qué punto se encuentra la evolución de Ricky? A la vista está y es evidente que su progresión se ha ido suavizando, pero lo que francamente no sabemos nadie es si nos encontramos en el límite asintótico de su mejora. Ha estado trabajando su mecánica de tiro; es indudable que es mucho más ortodoxa que la que tenía hace tres temporadas en el Joventut, pero ese perfeccionamiento no se ha traducido en mejores porcentajes de tiro. Debería trabajar sin descanso en el lanzamiento exterior, porque de fundamentos va sobrado. Esperemos que no se trate de un bache mental, como le sucedió a Nick Anderson y su calvario con los tiros libres.

Porque con una acción defensiva también se ganan partidos

La dinámica de un equipo profesional como el Barcelona, o como el Joventut en su momento, está pensada para trabajar como grupo y tener éxitos a corto plazo; no se dispone de mucho tiempo para entrenamientos formativos. Ya dijimos que Nowitzki renunció a jugar en equipos de mucho nivel para poder progresar individualmente. El lock out puede ser la clave en la evolución de Ricky: unos meses alejado de las cámaras, que pueda respirar, que se centre en entrenamientos específicos de tiro en carrera, bandejas, lanzamiento exterior, descubrir las (grandes) ventajas para su juego ofensivo de la reglamentación NBA frente a la FIBA. Volver a la competición en Enero (si hay suerte y se ponen de acuerdo franquicias y jugadores). Asistir, estupefacto, a las charlas del Rookie Camp. Ir cogiendo confianza en un equipo en reconstrucción (los Timberwolves), donde todavía hay paciencia y no se exigen resultados. Pero no esperemos que sea el MVP de la temporada, porque tal vez nunca lo sea. En las últimas décadas, solo ha habido un jugador de su perfil que lo ha logrado, y ha sido Steve Nash, que sí, que también tiene una gran visión de juego y es (era) rápido en transición, pero examinad sus estadísticas de lanzamiento: con el paso de los años se convirtió en una máquina de encestar.

Pero hay aspectos del basket que no se pueden entrenar y son esos precisamente los que han hecho de Ricky un jugador especial: su forma de entender el juego, de conocer tan profundamente las reglas del deporte que practica como controlar el balón con el cuerpo tras saque de banda para que no comience el tiempo de posesión pero sí el tiempo de partido o utilizar el viejo truco que te enseñan en alevín (pero que a los profesionales se les olvida, como lo de bajar el culo) de presionar al base contrario en cuanto rebasa la línea de medio campo para forzar campo atrás. Una comprensión del reglamento que en alguna ocasión hizo dudar hasta a los árbitros.

Quiero que Ricky triunfe en la NBA. No ya por quedar por encima de todo el mundo, que también, sino porque creo que es capaz de hacerlo. Quiero que vuelva ese chico que apabulló en el campeonato de Europa cadete con partidos antológicos,  como la final, un instant classic de libro, descolgándose con 51 puntos, 24 rebotes, 13 asistencias y 7 recuperaciones, incluida la canasta que forzó la prórroga desde el centro del campo en el último segundo. Porque es (¿era?) el tipo de jugador que me hace ilusionarme con este deporte.