La Boca Erótica: sexo, Instagram y ciencia ficción

O Corpu Nu.

Decía Joaquín Sabina que «los vicios del sexo no son vicios». El sexo en el cine se ha tratado de todas las perspectivas posibles, y el resultado sigue siendo el mismo: la temperatura en la sala de cine sube; las miradas se vuelven hacia todos lados, las parejas se imaginan en la intimidad de sus camas. La cinta que se está proyectando adquiere de pronto un poder inconmensurable. A los seres humanos les fascina, atrapa y aterra el sexo por igual. En el cortometraje O Corpu Nu (Diego Carvalho Sá, Brasil), presentado a concurso en el festival La Boca Erótica en su quinta edición, dice uno de los actores, desnudo ante la cámara: «Cuando estoy desnudo, la gente me mira más a los ojos».

Un festival de cine de temática sexual, con su engorroso nombre, que vuelve a Madrid, al Círculo de Bellas Artes, provocando y concienciando. Y lo primero que nos encontramos en su programación de dos días es que no deja asunto por tocar: heterosexualidad, homosexualidad, travestismo, transexualidad, pansexualidad, sexo entre personas con movilidad reducida, pornografía y hasta ciencia ficción. En la selección oficial se han dado mano las cintas más bizarras, los cortometrajes más atrevidos y una serie de charlas sobre la educación del sexo y el respeto. Como miembro del jurado, la periodista y autora Celia Blanco (no confundir con su homónima en el cine porno), directora y presentadora del programa Contigo dentro de la cadena SER, inauguraba el festival con una declaración precedida de una pícara sonrisa: «De aquí espero salir cachonda y habiendo aprendido». La educación sexual como tema elegido para un festival de cine de temática sexual en una época en que nos encontramos con violaciones en grupo y demás barbaridades. Nos recordaba Asier Muñiz, director del festival, que arrancábamos con la triste noticia en todos los medios de la violación de un muchacho de apenas nueve años por parte de sus compañeros de colegio. Y por cosas como estas, hoy más que nunca, hace falta hablar de sexo.

La Boca Erótica se ha nutrido de lo internacional más que del producto autóctono, aunque el tema del concurso de fotografía e ilustración sea Erotismo Ibérico. Y, como en todo festival de cine, hemos tenido una de cal y otra de arena. Ante la avalancha de cortometrajes a concurso, y de largos como plato fuerte, caben destacar algunas piezas que se han elevado sobre la marabunta:

Hingsten, dirigido por Ninja Thyberg, debería llevarse el premio fuerte. Un cortometraje bellamente rodado, con una elegancia y una fotografía que retrotraen al más elaborado Nicolas Winding Refn, y que nos narra la ilícita atracción sexual y el intento de cortejo de una chica de secundaria en su despertar sexual hacia su profesor, mucho mayor que ella. La interpretación de Moa Kourmadias desprende sensualidad e inocencia; el primer contacto de una colegiala con el deseo, culminando incluso en una casi explícita escena de penetración capaz de despertar el escándalo en el más pintado. Curiosamente, la proyección de esta cinta sueca terminó con la algarabía del público y una espontánea declaración anónima que despertó las risas: «¡Bien por ella!».

Scopique.

En una linea similar en cuanto a la atención por el encuadre y la fotografía, me sorprendió Scopique, llegado de Canadá y dirigido por Alexa-Jeanne Dubé. Filmado exclusivamente con drones, este cortometraje nos presenta las aventuras sexuales de tres personajes fuera de cámara, representados únicamente por sus voces, mientras sobrevolamos escenas explícitas de coitos enmarcadas en paisajes naturales y que nos hablan del misterio del cuerpo humano. Desde la mujer que decide mantener relaciones con un desconocido, pasando por la confusión entre amor y atracción física, las posibilidades del sexo grupal y la bella historia de una señora que nos habla de la primera vez con su marido, con el que lleva casada la friolera de cincuenta y ocho años, y el deseo y el ardor que les embargaban cuando el sexo fuera del matrimonio era un tabú. Esta cinta experimental nos aproxima al sexo de una forma sutil: viéndolo en la lejanía, acompañados por las historias más íntimas, pero sin ponerle jamás rostro a sus protagonistas. Una obra llena de erotismo que juega a esconder a simple vista la carne.

Otro cortometraje a tener en cuenta en esta quinta edición del festival La Boca Erótica ha sido Gólyatábor, del director húngaro György Mór Kárpáti. Abordando el tema de la violación desde el silencio: un viaje universitario del que solo podemos ver el regreso a la estación; un tenso viaje de tren, una chica en silencio, las canciones obscenas de un grupo de estudiantes de derecho que quieren pasar un fin de semana de sexo y fiesta. Y ese silencio. La losa que cae sobre las víctimas. Unos diálogos escuetos pero eficaces; una forma intimista de presentarnos las imágenes, con la contención del tren como escenario, donde casi podemos imaginar la cámara moviéndose con cuidado para no chocar con las paredes. Aunque la cinta es simple en su ejecución, es inevitable verse reflejado en esa sociedad húngara, en ese escenario gris, en la mirada vacía de esa chica que solo quiere volver a casa, alejarse de todo. Y la autoridad universitaria, que «no quiere un escándalo». Toda una alegoría de lo que vivimos hoy día.

Y por último, cabe destacar Patry, llegada de Reino Unido y dirigida por Eduardo Barreto, un acercamiento al foodporn. Y es que parece que hoy día no hay nada que no se pueda sexualizar: incluso la comida. En este corto hemos terminado por relamernos ante el desfile de erotismo comestible en forma de pastelería casera y relaciones lésbicas en una bella historia de amor y de aceptación personal.

Botanica.

Algunas menciones de honor son Botanica (Noël Loozen, Países Bajos) en donde el humor y la maternidad se dan la mano; The city of desire (Kim Baik, Korea) una historia de intercambio de parejas y deseo en una alegórica Seúl que termina por perderse un poco en sí misma y cuya atención por la simbología, tan propia de Oriente, hace que la cinta se convierta en un misterio que pocos espectadores resolverán. Y Kollegen (Damian Weber, Alemania), una explícita escena de sexo entre dos personas con movilidad reducida.

Y como no todo puede ser bueno, también algunos cortometrajes han recibido el silencio y la indiferencia del público como respuesta a su fútil esfuerzo por escandalizar o lanzar algún mensaje. Este es el caso del español Vampiro, dirigido por Alex Montoya y que hubiera sido una buena forma de abrir boca si no fuera por su extraño final, por la falta de concreción en su guion y por las cuestionables interpretaciones de Jorge Cabrera e Irene Anáula. Un escritor que busca la inspiración contratando los servicios de una prostituta para que le cuente su vida, pero por la que acaba demostrando un desprecio injustificado que culmina en una aséptica, poco creíble e incómoda escena de violación cuya linea final acaba por confundir innecesariamente al espectador. Un cortometraje que tira del cliché, de un guion falto de elegancia y sentido y de un conjunto que evidencia un mensaje vacío. Desgraciadamente, España vuelve a dar la nota negativa en este festival en que nos encontramos con SCUM, dirigido por el Colectivo AV y sorprendentemente producido por Nacho Vigalondo, director notable que se ha debido ver envuelto en esto por alguna mala decisión. El cortometraje, que en realidad es parte de una videoinstalación, es una suerte de videoclip sexual y provocador en que varias mujeres desnudas gritan a la cámara, se golpean y practican un explícito fisting (masturbación vaginal con un puño) en una nave industrial de aspecto abandonado e insalubre. Todo termina tan rápido como comienza: con un fundido a negro y la explicación por parte de sus autores en el folleto del evento: que estamos ante una denuncia contra la Ley Mordaza y los abusos policiales en una sociedad patriarcal y abusiva con las mujeres. Si alguien ha visto algo de eso en este corto, que levante la mano. El silencio incómodo del público y alguien resoplando (tal vez el mismo que firma estas palabras) fueron toda la ovación que se llevó la pieza.

Lo que nos hace llegar a la madre del cordero, la joya de la corona en la parte más negativa del festival. Sonata, del coreógrafo David Bloom. Describir esta pieza visual resultará tan afanoso como llegar al final de sus casi veinte minutos de duración. Descrita como una «exploración de la intersección» (frase que no viene a decir nada, si la analizamos bien), esta es la segunda parte de una trilogía denominada Sex & Space. Nos encontramos ante una serie de personajes vestidos de época (y desnudos) que juegan con la fruta, con sus cuerpos y corren por un sótano. Se besan, se lamen, se follan y hacen lo mismo con la comida. Una mujer embarazada disfruta de los besos de su amante mientras una mujer negra llora al recibir un cunnilingus; un hombre que juega con un cuchillo trata de introducir una pera por la vagina de otra mujer. Y lo consigue. Sonata representa toda la experimentación y la falta de concreción que tanto daño le hace al cine. Una performance que podría pasar como escándalo teatral si se representara en una sala alternativa, pero que resulta incluso insultante en una pantalla de cine. Sonata no habla de nada, ni lo pretende, pero enfrentarse a ella pone a prueba la paciencia del público. David Bloom define su propia obra como «un estudio del exterior y el interior del cuerpo». Sin embargo, este cortometraje terminó por incomodar resultando chabacano, impreciso y ridículo en casi toda su extensión.

Otras deshonrosas menciones son los cortos de animación Et ta prostate, ça va? (Jeanne Paturle, Cécile Rousset, Francia) una historia que no va a ninguna parte, con una animación tosca y fea, y El jardín de las delicias (Alejandro García, México) que, aunque es elegante y su animación es impecable, apenas destila erotismo y su mensaje acaba perdido en un carrusel de colores que no termina de arrancar en ningún momento. Hanna & the Keta-Boys (Theo Meow, Alemania) es divertido, eso no se puede negar. Pero también es cutre, en el peor sentido de la palabra, con una historia de lo más ridícula, aunque destaca con diálogos bien ejecutados y la buena interpretación de Candy Flip, protagonista de otra de las piezas del evento. Por lo menos, Hanna & the Keta-Boys nos presenta una de las mejores escenas de sexo explícito de todo el festival.

Pornocratie.

Disfrutar de los cortometrajes es algo que a veces cuesta, sobre todo en sesiones largas en las que terminamos por olvidar el primero que vimos, pero el plato fuerte del festival, sin duda, han sido los estrenos de tres largometrajes que dan una nota final a la altura de lo esperado. Pornocratie, dirigida por la exactriz porno y defensora de los derechos de la mujer Ovidie, es un documental que nos desvela los entresijos de la industria del porno y cómo ha evolucionado desde la aparición de las páginas de streaming gratuito. Como si de una teoría conspiratoria se tratara, en Pornocratie se nos desvela que la industria de los vídeos para adultos se sustenta en una sola corporación que controla la producción y distribución de porno. ¿Cómo se gana dinero entonces con las páginas denominadas tube? ¿Si el producto es gratis, quién es la mercancía? Este retrato del mundo del entretenimiento adulto sobrecoge por su veracidad, por la realidad que nos expone y a la que todos tenemos acceso, y por lo peligroso de su masificación. Ovidie, icono feminista, nos hace reflexionar en esta cinta sobre los peligros de sobreexponerse al sexo. Las entrevistas a actrices porno en activo revelan cómo desde que el porno es más accesible, el público demanda cada vez contenido más extremo, insensibilizado ante el erotismo más clásico. Se establece un diálogo entre lo que se nos revela en esta cinta y los casos de abusos machistas en nuestra sociedad; una sociedad que cosifica el cuerpo de la mujer, apoyada por una industria que cada vez exige más. El documental arranca con un diálogo dentro de un coche. La voz de un hombre, cuya cara no podemos ver, nos cuenta que las actrices tienen que drogarse para aguantar las sesiones de rodaje. Que los actores necesitan inyectarse estimulantes en el pene para aguantar las erecciones de hasta cinco horas. «Ningún culo puede aguantar de forma natural que le metan dos pollas al mismo tiempo». Escalofriante retrato de un mundo extremo.

Otro estreno que ha hecho de este festival un acontecimiento es Fluido, de Shu Lea Cheang. La controvertida artista taiwanesa ya destacó en el año 2000 por el estreno de I.K.U., y continúa en esta obra de ciencia ficción la estela que ya estableciera en su producción. A lo largo del festival, Asier Muñiz, director del mismo, nos venía avisando sobre esta cinta. «Es extrema» decía. Y podemos corroborarlo. Fluido nos habla de una sociedad postsida en la que los fluidos de los infectados por el VIH se han convertido en la droga más dura, desplazando a la heroína. Con la decadencia de una sociedad regida por el sexo, el gobierno pone en circulación unos agentes para buscar e identificar a los traficantes de fluidos, con la salvedad de que si entran en contacto con estos, perderán su condición y protocolos y se humanizarán, convirtiéndose en los peores adictos. Esto es lo que le sucede a Natasha, interpretada por Candy Flip, que se verá envuelta en una trama de tráfico de fluidos y prostíbulos. La cinta está rodada de forma irregular, con una serie de elementos de ciencia ficción que despistan por su tosca ejecución, pero con un guion y un montaje que atrapan. Se nos presenta un mundo en que se han borrado por completo las fronteras entre hombre y mujer y la pansexualidad se establece como un canon incuestionable. Solo atisbamos las cloacas de ese mundo, con algunas de las escenas más bizarras que hemos podido ver en este festival: una fila de hombres masturbándose sin parar para que su semen sea recogido y almacenado, en una alegoría perfecta de las granjas modernas; la lucha de clases y el control policial como represores de la auténtica esencia humana. La inolvidable relación lésbica entre dos robots o las pintadas con meados en un muro como si de arte modernos se tratara. Imágenes decadente, pero bellas a su manera. El problema de Fluido es que parece perderse por momentos en su discurso, mientras que algunas de sus escenas son simplemente magníficas. De nuevo una de cal y otra de arena. Es una cinta controvertida, no apta para todos los públicos y a la que se le podría haber extraído más jugo (perdón por la broma), pero que destaca en un mar de mojigatería y nos presenta un futuro tan difícil de creer como difícil de rebatir. Sin duda, la directora Shu Lea Cheang se encuentra en otro plano de la realidad, mirando hacia la decadencia y final de un futuro al que nosotros aún ni hemos llegado.

Satan Said Dance.

Y el gran triunfo ha sido la proyección de Satan Said Dance, la nueva cinta de la directora polaca Kasia Rosłaniec, protagonizada soberanamente por Magdalena Berus. Nos narra la historia de Karolina, una atractiva joven que acaba de publicar su primera novela, Doll, y que se ha convertido en un fenómeno mundial. Y lo hace desde un rodaje en formato Instagram, con un caleidoscopio de momentos en la vida de la protagonista que, como nos advierte un mensaje al comienzo de la proyección, «podría ver alterado su orden y seguiría narrando la misma historia». Cuarenta y seis piezas de unos dos minutos de duración que son momentos en la historia de la escritura y triunfo de Doll. Kasia Rosłaniec ya sorprendió al público con Mall Girls y Baby Blue, pero se corona en Satan Said Dance como una de las directoras más interesantes del actual panorama de cine europeo independiente. No solo por la crudeza y maestría del guion, obra también de la directora, sino por la sofisticación de su montaje, la elección de las escenas para componer una historia que, sin duda, está llamada a convertirse en El gran Gatsby de nuestro siglo. El tema es la juventud, el miedo a la soledad, pero el vehículo para contarlo son el glam y el sexo. Sin escatimar en sensualidad, Satan Said Dance entiende el sexo como parte de un todo. Ni se regala ni se cohíbe: nos presenta la decadencia y la realidad con una verdad que solo el buen cine consigue transmitir. La interpretación de la protagonista, Magdalena Berus, es simplemente brillante; pero de igual modo destacan Lukasz Simlat, Tygo Gernandt y, sobre todo, Hanna Koczewska, que interpreta a Matylda, la hermana de Karolina y principal fuente de inspiración para su novela. Satan Said Dance nos recuerda lo que adorábamos de la literatura de Bret Easton Ellis, de la música de David Bowie y del mundo decadente de las estrellas de rock, pero lo acerca a nuestra época, a los smartphones y a Instagram, y nos rompe el corazón al ver cómo alguien puede sentirse solo rodeado de gente. Lo mejor del festival, sin lugar a dudas.

La Boca Erótica llega con el propósito de escandalizar, pero sobre todo de enfatizar ante algo que siempre nos ha dado demasiado pudor: el cuerpo, el sexo, son bellos. En todas sus expresiones. Buena cuenta de ello dieron las charlas que completaban la programación: Nuevas masculinidades de Roberto Sanz, Manadas y demás animaladas, de Sonia Encinas o 20 razones para no abrir tu pareja, de Miguel Vagalume, entre otras. Un festival que llega con la reivindicación del feminismo bajo el brazo y con el arte de excepcionales directoras y actrices como bandera. Una reivindicación que nos deja con el dulce sabor de boca de que aún hay mucho camino por recorrer, pero lo hacemos en la mejor compañía. Como decía Celia Blanco en el acto inaugural: hemos salido cachondos y hemos aprendido. Lo demás, bajo las sábanas y en la mejor compañía.


Mitos del cine erótico de los 70, ¿qué fue de ellas?

Veronica3
Los años 70 conformaron la década de la gran explosión del cine erótico. Pero, ¿qué fue de aquellas actrices? Algunas, pocas, consiguieron establecerse dentro de la industria cinematográfica convencional y seguir gozando de fama una vez hubo pasado el boom. Algunas encontraron refugio en la televisión. Sin embargo, muchas otras desaparecieron en el anonimato; las hubo que murieron tempranamente de forma trágica —accidentes, sobredosis, enfermedades— e incluso hubo algún suicidio misterioso que despertó muchas suspicacias en torno a la supuesta implicación de las más altas esferas del estado (y sí, me refiero al estado español). Así que, en ocasiones, la historia posterior de estas sex symbols setenteras fue más cinematográfica que sus propias películas.

Para otro momento dejaremos las etiquetas, ya que los límites entre porno duro —hardcore—, porno blando —softcore— y erotismo dramatizado no siempre estaban bien definidos. De hecho, a los productores no les importaba la opinión de los críticos respecto al género donde los encuadrasen; prestaban atención más bien a la calificación que (dependiendo del país) les diesen las autoridades a sus films: “para mayores de 18” o “clasificada S” no era lo mismo que  “clasificada X”, lo cual condenaba a las películas al circuito más minoritario de las salas pornográficas. Así que en una época donde el vídeo casero todavía no era de uso común, se produjo un aluvión de películas que intentaban llegar todo lo lejos posible a la hora de mostrar escenas de contenido sexual, aunque intentando evitar la calificación de cine pornográfico. Así, estos filmes eróticos rara vez mostraban sexo explícito, lo cual les permitía ser estrenados en salas convencionales donde podían atraer a unas mayores audiencias. Este fenómeno llevaba produciéndose al menos desde los años 50, donde en Estados Unidos se estrenaban “documentales” sobre el estilo de vida nudista y demás triquiñuelas para burlar las calificaciones censoras. Pero sería sobre todo el enorme éxito internacional de Emmanuelle lo que propició una explosión del género erótico también en Europa. Países como Italia, Francia o Alemania exportaron una buena cantidad de largometrajes “S”. España, por cierto, fue uno de los mayores productores de este tipo de cine, si bien algo así fue posible solo después de la muerte de Francisco Franco, quien —pese al revisionismo que en los últimos tiempos se cultiva en determinados ámbitos sobre su figura— no fue el feliz amiguito de las libertades individuales ni el entusiasta adalid de la modernidad que podríamos llegar a creer.

La explosión del cine sexy europeo y estadounidense supuso la creación de un star system paralelo formado por un buen número de actrices que, en algunos casos y pese a la naturaleza más supuestamente underground del cine erótico, llegaron a rivalizar en popularidad con las estrellas del cine convencional. Por lo general, no obstante, estas actrices se limitaron a disfrutar de un fugaz momento de popularidad y desaparecieron rápidamente en la penumbra del olvido, siendo sus nombres conocidos hoy únicamente por estudiosos y aficionados al erotismo vintage. Cierto es que en su época este tipo de cine podía parecer vulgar —y casi siempre lo era, para qué engañarnos— pero el paso del tiempo le confiere a todo una pátina de encanto añejo, y el cine erótico setentero ha terminado siendo objeto de atención estética y coleccionismo nostálgico de una forma similar a la de aquellas postales con pin-ups de los años 40 y 50.

Hagamos pues un pequeño repaso a algunas de aquellas sex symbols, incluyendo varias de nuestro país (como ya hemos dicho, una importante fábrica exportadora de cine erótico, aunque no incluiremos todas las especializadas en el “destape”, que darían para otra lista igualmente larga) y veamos por qué alcanzaron notoriedad y qué sucedió más tarde con ellas. Por cierto, en sus historias hay finales para todos los gustos: felices, trágicos, oscuros, enigmáticos…

Sylvia Kristel

Sylvia Kristel 1
La actriz holandesa, fallecida recientemente, fue sin lugar a dudas la gran estrella del cine erótico a nivel mundial. En realidad empezó su carrera como modelo a los 17 años, pero fue a los 21 cuando pudo dar el gran salto. Ganó un importante concurso de belleza televisivo, Miss TV Europa, lo cual dio su rostro a conocer ante la gente del cine haciendo que de inmediato la reclamasen desde Francia para aprovechar su aura de candidez, ideal para encarnar al personaje de una mujer joven que descubría el sexo casual, el lesbianismo, etc. Así protagonizó Emmanuelle, un film bastante flojo —con ciertas ínfulas artísticas, eso sí, aunque bastante risibles hoy en día— que obtuvo un descomunal éxito al mostrar secuencias bastante atrevidas para un film no estrictamente pornográfico, que estaban además presentadas con una escenografía elegante. El bombazo comercial de Emmanuelle hizo de Sylvia Kristel un icono erótico internacional, pero su particular belleza y la inmensa fama no le sirvieron para establecerse como estrella en el cine convencional. Desorientada por el repentino éxito, terminó cayendo en una espiral de excesos; es más, en mitad de un periodo de drogadicción llegó a ceder su porcentaje de derechos sobre la película Emmanuelle, algo que le supuso perder una verdadera fortuna. Después siguió trabajando en cine, aunque en películas menos importantes. Eso sí, no dejó de ser un icono cultural bastante recordado y lo cierto es que nunca llegó a ser olvidada. Tuvo una vida personal y sentimental bastante agitada (años después supimos por ella que había sufrido abusos sexuales siendo una niña, lo cual lógicamente le había dejado importantes secuelas) y finalmente murió de cáncer a los 60 años, tras haber ejercido como fumadora empedernida prácticamente desde la infancia.

Corinne Cléry

Corinne Clery 1

La respuesta francesa a Sylvia Kristel. Corinne Cléry ya había realizado pequeños papeles en cine y se había dejado ver posando desnuda en revistas eróticas cuando los productores cinematográficos se fijaron en ella —tal vez porque poseía un tipo físico muy similar al de Kristel— y la ficharon para rodar Historia de O, una película que consiguió proseguir la senda de éxito de Emmanuelle. Convertida también en una celebridad internacional, llegó a aparecer en una entrega de la saga James Bond. Después de aquello, sin embargo, su estrella se fue apagando y su carrera quedó limitada a films de bastante menor entidad.

Ornella Muti

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Una de las actrices que mejor sobrevivió a la explosión del cine erótico, si bien es cierto que ya desde principios de su carrera se había dedicado también al cine convencional. De hecho, su debut se produjo en La moglie più bella, protagonizando a la temprana edad de 14 años un drama basado en una historia real. No obstante, su exótico atractivo mestizo (tenía sangre mediterránea por la rama paterna y eslava por la materna) pronto hizo que la reclamasen desde un cine más atrevido. Muy poco después apareció también en su primera película de tintes eróticos, Il sole nella pelle. Convertida en la gran “Lolita” del cine europeo, siguió filmando filmes de erotismo suave durante toda su adolescencia y antes de cumplir la veintena ya había protagonizado unos cuantos títulos tanto en su Italia natal como en España (donde trabajó a las órdenes de Pedro Masó). Prácticamente todas esas películas se dedicaban a explotar su belleza adolescente de un modo u otro, aunque en algunos casos no había un componente erótico predominante. Quizá el hecho de combinar trabajos en todo tipo de filmes le permitió sobrevivir a la explosión del género y labrar una larga carrera en el cine convencional italiano y europeo, con participaciones ocasionales en superproducciones (como aquella horterísima Flash Gordon en donde su magnética presencia era de las pocas cosas salvables). Hablamos de una de las mujeres más bellas que hayan aparecido jamás en una pantalla de cine, así que su físico condicionó su carrera en muchos aspectos. Con todo, supo sortear el encasillamiento y convertirse en una actriz respetada por la industria.

Laura Gemser

Laura Gemser 2
Actriz holandesa de origen indonesio, fue la encargada de sustituir a su compatriota Sylvia Kristel cuando esta decidió dejar atrás la exitosa serie Emmanuelle después de los dos primeros títulos. De hecho, consiguió el papel gracias a un masaje corporal que le daba a la propia Kristel en Emmanuelle II, el cual se convirtió en la secuencia más recordada de la secuela. Pese a la difícil papeleta de tomar el relevo de una de las mayores sex symbols de su tiempo, Laura Gemser alcanzó bastante popularidad ayudada por el tirón de la marca. A lo largo de los años encabezó seis nuevas películas de la saga, a cada cual más inverosímil, además de un cierto número de trabajos —en su mayor parte también de género erótico— durante los años 70 y 80. Con el tiempo, su nombre fue cayendo en el olvido.

Laly Espinet

Laly Espinet

Esta catalana autodefinida como “barriobajera” fue dependienta de una tienda de lencería hasta los 20 años, cuando decidió contestar al anuncio de un periódico en el que buscaban actrices para el reparto de un film “S”. Tras adoptar el sobrenombre de Andrea Albani (bastante más exótico que su nombre real, Eulalia Espinet) y teñirse de rubio, participó en algunos de los filmes softcore más taquilleros jamás producidos en España, caso del taquillazo La caliente niña Julieta, en unos años en que nuestro país exportaba bastante material de este tipo al resto de Europa. Muy solicitada a causa de su morboso aspecto de perfecta “chica de la puerta de al lado” (para mi gusto, una de las actrices más atractivas del panorama nacional) se convirtió en una estrella dentro del género. Terminó dando el previsible salto al cine convencional, ya con su apellido verdadero y con su color de cabello castaño, participando en Agítese antes de usarla, comedia de los por entonces popularísimos Pajares y Esteso, así como en las dos películas de la saga El Pico. Desgraciadamente, desarrolló una adicción a la heroína que terminó muy tempranamente con su carrera y con su vida. Murió en 1990, antes de cumplir los 30 años, a causa de las complicaciones provocadas por el SIDA.

Gloria Guida

Gloria Guida 1

En un principio, el destino de esta italiana parecía dirigirse hacia la canción ligera. Empezó a labrarse una carrera discográfica desde muy joven y con solamente 18 años se presentó al Festival de San Remo. Extraordinariamente guapa y poseedora de un cuerpo envidiable, parecía tener todas las papeletas para el estrellato. Sin embargo, al año siguiente ganó un concurso de belleza hizo que abandonase su prometedora carrera como cantante, abriéndole las puertas del cine. Durante los 70 protagonizó un enorme número de filmes —casi todos ellos eróticos— en Italia, convirtiéndose en uno de los rostros más recurrentes en las pantallas de aquel país y de otros lugares de Europa. Su carrera cinematográfica posterior, sin embargo, fue en rápido retroceso conforme la aparición del vídeo provocaba un auge de la pornografía y un descenso de la producción de cine erótico.

Dyanne Thorne

Dyanne Thorne

Esta actriz estadounidense empezó trabajando como stripper en Las Vegas y posando en revistas para adultos. Había participado ya en varios films de sexploitation”(e incluso tuvo un pequeño papel en la serie Star Trek) cuando alcanzó la celebridad encarnando a Ilsa, una cruel carcelera nazi, en unas películas que se dedicaban a sacarle jugo a los juegos sadomasoquistas lésbicos (el primer film fue Ilsa, la loba de las SS). Su rostro de duras facciones —por momentos casi masculinas—, combinado con sus voluminosos pechos, la convirtieron en la representación típica de la dominatrix sádica. Las películas de la serie Ilsa o sus imitaciones fueron volviéndose progresivamente más absurdas (el español Jesús Franco dirigió alguna de ellas) y el producto terminó agotándose, con lo que la efímera popularidad de Dyanne Thorne se desvaneció. Más adelante se dedicó a estudiar asuntos religiosos (¿?) y montó una empresa dedicada a organizar bodas en Las Vegas,¡oficiadas por ella misma! Ya lo saben, amigos lectores: tienen la oportunidad de casarse bajo los auspicios de la carcelera nazi más sanguinaria de la pantalla.

Christina Lindberg

Christina Lindberg 1

Aunque nunca llegó a alcanzar la popularidad multitudinaria de una Sylvia Kristel entre el público general, esta actriz sueca fue otra de las reinas del género. A los 18 años empezó trabajando como modelo para revistas eróticas, aunque pronto dio el salto al cine softcore. El contraste entre la candidez de su rostro y su cuerpo voluptuoso la convirtieron en una protagonista muy solicitada, llegando incluso a rodar para la industria cinematográfica del Japón. Debutó a los 21 años con Maid in Sweden, una película floja pero en la que mostraba generosamente sus encantos, lo cual la ayudó a convertirse en una estrella del género. Su película más recordada, no obstante, es la perturbadora (y a su manera bastante interesante) Thriller: a cruel picture, un film acerca de una chica convertida en esclava sexual que retorna para buscar venganza. Quentin Tarantino, que se declaró públicamente fan de este film, probablemente sacó más de una idea para Kill Bill. Thriller era una mezcla de acción sangrienta y erotismo que llegó a incluir algunos planos de sexo real, incluyendo penetraciones anales, aunque los planos más hardcore no fueron rodados por la propia Christina sino por una doble. Tras una breve pero intensa y exitosa etapa como actriz erótica en películas bastante olvidables (y también en bastantes sesiones fotográficas para revistas adultas), su vida dio un giro de 180 grados cuando comenzó a dedicarse al periodismo, profesión en la que sigue ejerciendo hoy día.

Edwige Fenech

Edwige Fenech

Otra de las reinas del erotismo europeo, esta actriz italiana con sangre anglosajona participó en un número ingente de películas “S”, amén de unas cuantas comedias con tintes pícaros y también bastantes thrillers de serie B. Su belleza de rasgos clásicos y su voluptuosidad la convirtieron en uno de los grandes iconos sexuales del cine europeo, pero su relevancia cinematográfica se extinguió con la llegada de los 80, pese a que quizá podría haber encajado en el cine convencional. Ella, no obstante, consiguió reconducir su carrera refugiándose en la televisión transalpina.

Katya Berger

Katya Berger

Conforme Ornella Muti abandonaba la adolescencia, esta actriz alemana llegó como intento de sucesora en el papel de “Lolita” oficial del cine europeo. Justo en el mismo año en que la película estadounidense Pretty Baby, dirigida por Louis Malle, escandalizaba al mundo entero mostrando desnuda a una Brooke Shields de tan solo 12 años de edad, Katya Berger —que contaba entonces con 14— aparecía también desnuda en la coproducción italo-hispana Piccole Labbra. Pese a que el film era bastante más truculento que el de Malle (de hecho resultaría inconcebible filmar algo así hoy en día), incomprensiblemente no desató un escándalo similar. Katya Berger apareció en pocos filmes durante su adolescencia, incluyendo un pequeño papel en una adaptación de la novela Tales of ordinary madness de Charles Bukowski, dirigida por el célebre Marco Ferreri. A los 18 años, ya más crecida, hubo un intento de relanzarla como sex symbol en la adaptación (bastante mediocre) de la novela Nana, de Emile Zola. Pese a ser su primer papel protagonista adulto en una película de cierto presupuesto, lo cierto es que no valía gran cosa como actriz y su carrera cinematográfica quedó prácticamente detenida en aquel mismo instante.

Theresa Ann Savoy

Theresa Ann Savoy

Huida de su hogar paterno en la Islas Británicas, Theresa Ann Savoy pasó su adolescencia viviendo en una comuna hippie de Italia hasta cumplir la mayoría de edad: fue entonces cuando apareció desnuda en una revista erótica, sesión fotográfica que llamó la atención de la industria del celuloide transalpina.  Theresa comenzó a actuar en diversos filmes, aunque su gran lanzamiento se produjo a los veintiún años con la película Salón Kitty, una de las más aprovechables del irregular Tinto Brass. Participó asimismo en la controvertida superproducción Calígula, también dirigida por Brass. Pese a la repercusión de estos filmes y pese al hecho de que no era exactamente una actriz nefasta, su carrera cinematográfica nunca llegó a despegar. Eso sí, continuó ejerciendo como actriz en la TV italiana.

Kristine DeBell

Kristine DeBell 1

Cuando la gente habla de Calígula como ejemplo de combinación entre cine pornográfico y cine convencional, suelen olvidar la existencia de un largometraje todavía más alucinógeno, me refiero a la psicodélica Alice in Wonderland, adaptación bastante sui generis de la novela de Lewis Carroll. La película combinaba secuencias musicales de lo más normal y comedia de andar por casa con escenas de sexo explícito, creando un engendro de difícil clasificación, ya que no era exactamente un film pornográfico al uso (de hecho, pese a contener sexo real filmado, yo no lo calificaría como tal). El film supuso un instante de fama para la modelo norteamericana Kristine De Bell, que a sus 22 años ya había sido portada de Playboy e incluso había posado para el reputado fotógrafo Helmut Newton. Durante el metraje de la película tan pronto la podíamos contemplar cantando canciones melódicas, como masturbándose —con todo lujo de detalles— y chupando pollas en primer plano (en este caso, sin dobles). Aunque labró su popularidad en un film tan extraño y polémico, supo aprovechar el momento y consiguió dar un improbable salto al ámbito más familiar de la ficción televisiva estadounidense, donde aún trabajó algunos años pese a haber aparecido realizando felaciones en pantalla, combinándolo además con pequeños papeles en el cine convencional.

Inma de Santis

Inma de Santis
En realidad, es un poco injusto incluir a esta actriz en semejante lista. Nacida como Inmaculada Santiago, cierto es que participó en la explosión del cine erótico con películas como Juegos de amor prohibido y que ello contribuyó a darle bastante popularidad, pero fue precisamente el temor a encasillarse en el género lo que le hizo alejarse voluntariamente de la gran pantalla. Había sido actriz desde pequeña en todo tipo de trabajos y pese a su juventud era una intérprete experimentada se había probado perfectamente en el drama convencional. Sin embargo, conforme fue creciendo y su atractivo se hizo más evidente (sin lugar a discusión poseía uno de los rostros más bonitos en toda la historia del cine español) la empezaron a reclamar para papeles más atrevidos, de los que estaban de moda por entonces. Cansada de que lo ofrecieran papeles destinados a mostrar carne a causa de su deslumbrante físico y siendo como era una mujer con bastante talento e inquietudes —quienes la conocían afirman que era extraordinariamente inteligente— dejó el cine y se refugió en la televisión, donde muchos la recordarán interpretando teatro e incluso ejerciendo como presentadora. Tenía la evidente intención de terminar desarrollando labores también detrás de las cámaras. Mostró serias aptitudes para el guión y la dirección, ganando incluso algunos premios como directora de cortometrajes. Sin embargo, un accidente de coche en el desierto del Sahara (su vehículo volcó cuando intentaba evitar atropellar a un animal) se llevó su vida por delante cuando contaba solamente 30 años y una muy prometedora evolución profesional por delante. Una verdadera pérdida.

Sandra Mozarowsky

Sandra Mozarowski

De madre española y padre ruso, esta actriz apenas había empezado a despuntar en la cinematografía nacional, labrándose una creciente fama cuando murió extrañamente a los 18 años después de caer por una ventana. Numerosos rumores rodearon su muerte: que si su piso estaba financiado por el Ministerio de Defensa, que si había sido asesinada para ocultar un romance —embarazo incluido— con una de las más altas personalidades del estado (la más alta, de hecho)… dichos rumores fueron después reactivados por voces como la de Andrew Morton o incluso Mario Conde. De belleza cautivadora, su breve paso por el cine erótico y las sesiones fotográficas quedó oscurecido por la truculenta trama de novela negra que pudo ocultarse tras su misteriosa desaparición, de la que resulta difícil decir cuánto hay de verdad o no. Hagan una búsqueda en Google al respecto, porque el tema es más que (desgraciadamente) interesante y —desde ya se lo digo— les va a sorprender sobremanera.

Verónica Miriel

Veronica Miriel

Para mí, otra de las mayores bellezas de la historia del cine español e incluso del cine mundial de la época (quien albergue dudas al respecto, puede verla al inicio de este trailer, es la chica del teléfono) que filmó unas cuantas películas eróticas e hizo también aparición en el cine convencional, tanto en España como en Italia. Su carrera parecía ir bastante bien pero un buen día, a principios de los 80, abandonó el cine por las buenas, retirándose a su Andalucía natal para dedicarse por entero a la pintura.

Marie Liljedahl

Marie Liljedahl

Esta actriz sueca debutó en el cine a los 17 años, tras haber sido descubierta por un director durante una actuación con la compañía de ballet a la que pertenecía. Filmó la película Inga, bastante atrevida para el cine de 1968, que despertó cierto revuelo y que la convirtió instantáneamente en un icono sexual internacional. Su repentina popularidad la llevó a aparecer en la revista Playboy más de una vez, aunque esa fama se desvaneció casi con la misma rapidez con la que había llegado, y Marie dejó el cine tras haber aparecido únicamente en un pequeño puñado de películas.

Jeane Manson

Jeane manson 1

Curiosa carrera la de esta estadounidense. Tras filmar en su país algunos filmes eróticos y softcore como The Young Nurses, se convirtió en “chica del mes” y póster central de la revista Playboy. Sin embargo, su mayor momento de popularidad llegó más adelante (y tuvo poco que ver con el cine), cuando se mudó a vivir a Europa y comenzó a grabar discos en Francia, llegando incluso a representar a Luxemburgo en el festival de Eurovisión.

Eva Lyberten

Eva Lyberten

Una de las actrices más conocidas del softcore español junto a Andrea Albani/Laly Espinet, con quien coincidió en el ahora “clásico” del porno blando La caliente niña Julieta. También adoptó un nombre artístico exótico dado que el suyo —Herminia Benito— no era demasiado glamouroso. También como Laly Espinet, llegó a tener cierto renombre entre los aficionados al género de allende nuestras fronteras. Su estrella también fue apagándose conforme amainó la fiebre del cine “S”.

Kitten Natividad

Kitten Natividad

Célebre por sus apariciones en películas del norteamericano Russ Meyer como Up! o Beneath the Valley of the Ultra-Vixens, la actriz mexicana había empezado a dedicarse profesionalmente al striptease antes de debutar en el celuloide. Tras alcanzar la popularidad trabajando para Meyer (con quien mantuvo una larga relación sentimental), durante años combinó las sesiones de fotografía y filmaciones eróticas de poco presupuesto con cameos generalmente anecdóticos en el cine convencional. Finalmente terminó introduciéndose —de forma bastante tardía, por cierto— en la industria pornográfica, al parecer motivada por necesidades económicas, algo que disgustó a no pocos fans de sus antiguas películas sexploitation. Con el transcurso de los años, aquellos primeros implantes de silicona que se había hecho en México (al parecer, bastante chapuceros ya que contenían un tipo de silicona industrial no apta para el uso médico) terminaron provocándole cáncer de mama, por lo que terminó sufriendo una doble mastectomía. No obstante se recuperó, aunque es sabido que su situación financiera ha continuado sin ser demasiado buena, en parte debido a la racanería del difunto Meyer.

Cynthia Myers

Cynthia Myers 1
Antes de ser actriz, Cynthia Myers ocupó la portada de Playboy con fotografías realizadas cuando era todavía menor de edad, aunque la revista no publicó aquellas imágenes hasta que hubo cumplido los 18. Aquellas fotografías la convirtieron en un icono sexual entre las tropas desplazadas a Vietnam, y posteriormente realizó más sesiones para la famosa revista. No obstante, obtuvo su mayor fama gracias su colaboración con Russ Meyer; podemos verla en el famoso film Beyond the valley of the dolls. Sin embargo, como sucedió con muchas otras actrices de la “factoría Meyer”, nunca consiguió dar el salto exitoso al cine convencional y su nombre fue únicamente mantenido en el recuerdo gracias al renacido culto que existe desde hace ya unos cuantos años a aquellas antiguas películas.

Annie Belle

Annie Belle

Actriz francesa fácilmente reconocible por el look usual en muchas de sus películas (cabello muy corto) que alcanzó bastante notoriedad durante los 70, participando incluso en la saga Emmanuelle. Tras unos años breves pero intensos en los que trabajó al menos en una treintena de largometrajes, se retiró repentinamente del cine para estudiar psicología a mediados de los ochenta. Después comenzó a trabajar con enfermos mentales, actividad en la que continúa envuelta a día de hoy.

Mireille Dargent

Mireille Dargent

Su paso por el cine erótico fue muy breve, siendo durante un tiempo una de las actrices favoritas del director francés Jean Rollin, especializado en filmes de terror con ribetes eróticos y para quien Mireille constituía un perfecto instrumento que combinaba belleza con un aura inquietante y sobrenatural. Apenas rodó un puñado de largometrajes antes de desaparecer completamente de escena, habiéndose dedicado al cine solamente durante unos cinco o seis años.

Roberta Pedon

Roberta Pedon 1
Actriz norteamericana que filmó algunas películas eróticas y bastantes cortometrajes softcore durante los años 70, aunque después permaneció olvidada durante bastante tiempo. De hecho, buena parte de su popularidad llegó muchos años más tarde, cuando —sobre todo gracias a Internet— se redescubrieron sus numerosísimas sesiones fotográficas para revistas eróticas (en las que casi siempre aparecía ataviada como una hippie), convirtiéndose en un objeto de culto y en una de las pin-ups más reconocibles de los años 70. Su vida estuvo completamente envuelta en el misterio, ya que de ser una de las modelos eróticas más solicitadas de su tiempo había pasado a desaparecer por completo sin explicación alguna. Se rumoreaba que podría haberse retirado del negocio al estilo Bettie Page, pero solo después se supo que en realidad había muerto de sobredosis en 1982, con solamente 28 años de edad. Sus películas son espantosamente malas pero tienen el atractivo de mostrar en movimiento a la que durante años fue uno de los sex symbols más enigmáticos del negocio.

Bueno, hasta aquí una primera tanda de nombres. Pueden añadirse bastantes más a la lista, pero lo dejaremos para una próxima parte.


Erika Lust: “Veo el porno como una herramienta de educación”

Erika Lust (1977, Estocolmo), una pionera directora de porno femenino y feminista afincada en Barcelona desde hace ya unos años, nos recibe en una soleada y demasiado cálida mañana de noviembre. La localización de sus cuarteles también resulta sorprendente, justo en el medio de una conocida zona de funerarias de la ciudad. Quizá esta aguerrida sueca es un poco todo eso, en su esfuerzo de unir el género del que casi ya no se produce nada, el erótico, al género del que más se produce, el porno. Clara y visionaria, se le iluminan los ojos cuando nos habla de su paradigma artístico y en ocasiones lucha contra su acento para vocalizar y subrayar las palabras clave de su discurso. Usa frecuentemente la palabra “sensación” o nos habla de “sensaciones” tanto o más que de penes, culos y tetas. Resulta fresca, espontánea y fuerte. Pero también incierta, divertida y humana. Íntima. Sincera. Y repleta de detalles, de los que, intentando de ser un poco como ella, tratamos de no prescindir.

¿Cómo explicarías lo que es el porno femenino y en qué lo diferencias del porno tradicional?

Entramos entonces en un mundo de muchos términos porque tenemos porno para mujeres, porno femenino y porno feminista. Y todo esto es un lío para mucha gente. Además, hay mucha gente que su primera idea o sensación es que estoy hablando de porno lésbico cuando empiezo a hablar sobre mujeres. ¿Y por qué reaccionan de esta manera? Porque el porno en sí es un género muy masculino. Es un género que si lo analizas, lo deconstruyes un poco y observas sus estructuras empiezas a ver claramente que el hombre es el principal protagonista y trata de su placer. La mujer tiene el papel de ayudarlo. Ella es el bello objeto, la mujer de su fantasía, pero no es más que la herramienta para el placer del hombre. Y yo creo que esto es justo la clave, lo que hace que para muchas mujeres sea difícil ver porno porque se sienten excluidas. Porque ¿dónde está el placer femenino? ¿Dónde está mi orgasmo? ¿Por qué no trata sobre la sexualidad de mi vida? Es la reacción que las mujeres, en general, sienten cuando ven porno. Y esa es una de las cosas que estamos intentando cambiar muchas directoras que ahora nos dedicamos a este género. Intentamos situar a la mujer en el papel central y mostrar su placer. Pero esto no es un tema simplemente de la pornografía. Vemos exactamente lo mismo en las películas de Hollywood, en el cine mainstream, y en las series de televisión, donde una gran mayoría trata de un mundo masculino. Son policías, mafiosos, criminales, militares y papeles muy masculinos. Hay que hacer un cambio general: lo que necesitamos son más mujeres que entremos en el audiovisual como género —porno, comedia, terror o lo que sea— y empecemos a contar nuestras historias desde nuestra perspectiva. Porque los gustos son muy individuales y ahora mismo vivimos en una sociedad donde se permite vivir tu papel de mujer o de hombre de muchas maneras distintas, mientras que anteriormente estaba más limitado. Había un papel clásico del hombre y un papel clásico de la mujer. Quizá dos o tres, pero no había mucha variedad. Es muy importante que gente de diferentes territorios, de diferentes backgrounds, de diferentes contextos socioeconómicos, culturales e intelectuales vengan a este género sobre el que estamos hablando, que es la pornografía, el cine erótico, el cine adulto o como queramos llamarlo, y empiecen a contar otras historias. Porque hay muchas historias distintas ahí fuera, que no necesariamente son las mismas que las historias de Nacho Vidal.

¿Ves el porno como un medio, como algo más que porno, como un discurso para trasladar lo que debería cambiar en la vida?

Definitivamente, sí. Veo el porno como algo más que una pura herramienta de placer o excitación. Veo el porno como una herramienta de educación, de influencia, de política… porque al fin y al cabo es eso. El porno es un discurso. Un discurso que habla sobre sexualidad, que habla sobre femenino y masculino. Porque si tenemos un hombre y una mujer interactuando en una escena sexual, lo que hay es eso. Es una estructura, es una idea de cómo funciona el sexo. Y, sobre todo, cuando los jóvenes intentan entender cómo funciona el sexo… porque todos sabemos que los jóvenes usan el ordenador y la pornografía para aprender sobre sexo, porque es la única manera —bueno, las revistas también, pero hoy en día no hay tantas, más bien son imágenes en Internet—. Entonces son imágenes, fotos o vídeos en la red que muestran gráficamente cómo funciona esto del sexo. Porque en el cole te lo explican, pero ¿de qué manera?

Un gran porcentaje de educación sexual se obtiene mediante el porno.

Y ahí es donde es tan importante para mí poder influenciar a este género y dar una alternativa a la pornografía tradicional a la que tenemos acceso. Porque muchas películas tienen valores negativos. Tienen valores donde la mujer está en un papel relativamente triste , tratada como objeto o herramienta y donde no es la persona principal, y muchas veces hay valores bastante agresivos y violentos. Es como “smack up the bitch!”. Pero no es solo el porno, también sucede en los videoclips musicales, por ejemplo. Y para mí es extremadamente importante que otras personas podamos explicar a una generación joven cómo funciona el sexo. Y no solo Rocco Siffredi, Nacho Vidal y los otros pornstars que van todo el tiempo con esta sensación del supermacho demasiado musculoso que coge a la mujer barbie doll plástica y hace lo que quiere con ella. Quiero ver sexo que tenga mucho más que ver con lo que hago yo en mi vida personal. Un sexo más natural, más pasional, pero no pasional al estilo “I’m gonna fucking kill you! Suck it bitch!” ¿Sabes lo que quiero de decir?

Con cierto sentimiento, que no necesariamente sentimental.

Sí, claro. De intimidad, quiero una sensación de realidad y de piel. El cine es una herramienta muy poderosa para transmitir valores, sensaciones y emociones, y creo que justamente en el género de porno está muy mal usado. Hoy en día ni siquiera se hacen películas, son vídeos hechos de cualquier manera. Y este es otro de los puntos donde yo diferencio mi cine del porno tradicional. A mí me gusta mucho el cine, quiero que tenga sentido y belleza, que sea estético y bonito, que esté bien iluminado, que haya una historia, que haya un desarrollo de personajes y que puedas entender quiénes son… ¡porque están ahí! Creo que esto es algo que comparto con muchas mujeres y también con algunos hombres, queremos un porno donde no es suficiente ver el sexo, queremos un poquito más de ayuda a nivel de storytelling.

Esta visión la compartís quizá los que hacéis porno de autor, el director con nombre y apellidos.

Sí.

Pero en estos últimos años en Estados Unidos se están dando un arranque de las películas argumentales, que parece que vuelven. Películas a las que llaman “romance” o porno romántico, que hacen como una comedia romántica llevada al porno. Y también embellecen la película y cuidan la estética. ¿Qué te parece esto? ¿Están entrando estos conceptos un poquito en el porno mainstream?

Yo creo que sí. Creo que en el valle de San Fernando han tenido una llamada de alarma viendo que en el negocio llevan años no sabiendo muy bien hacia dónde van. Porque ha habido cambios enormes en la industria del porno. Porque había gigantes, había empresas muy grandes que estaban produciendo películas como una fábrica de chorizos. Y después vino Internet que permite, a partir de 2004 y 2005, poder ver realmente películas. Porque antes eran fotos y pequeñas cosas. Pero de repente… ¡lo puedes ver todo! Y ahí se perdieron porque muchos de ellos veían la Red como enemigo, como algo muy peligroso que le estaba quitando el negocio en lugar de adaptarse e intentar encontrar su manera. Pero por otro lado también daba la posibilidad a los pequeños productores, directores y actores de hacer su propio negocio a través de Internet, de crecer. Y, de repente, el porno se ha diversificado y vemos cómo algunas de las grandes empresas casi han muerto, y que otros han entendido que tienen que cambiar.

Adaptarse.

Sí, adaptarse. Y mirarse un poco a sí mismos y sus valores. Porque hemos hablado sobre el papel del hombre y el papel de la mujer y el placer femenino, y hemos hablado sobre estética; pero también hay otro tema que yo creo que es muy importante para muchas mujeres: el proceso de producción. Parece que no creemos que las condiciones de producción sean un negocio limpio, y eso nos molesta a muchas mujeres. Queremos que sea ético. Queremos que se gestione bien. Para nosotras es muy importante que no se coja unas chicas pobres a las que se les muestra todo este mundo de dinero y se les diga: “Ven aquí, follas un poco y vas a ganar mucho dinero”. No es lo que queremos. Como mujer y como productora y directora veo que tengo muchísima responsabilidad cuando decido rodar una película. Es mi responsabilidad que todo funcione, que todo sea ético y que los actores que estén en mi rodaje realmente quieran estar y estén contentos haciendo lo que hacen. Y creo que de alguna manera las mujeres se fían más de que quien haga esto, bien sea yo o Nacho. Perdón si menciono mucho a Nacho Vidal, es simplemente porque es el más famoso y popular y es más fácil entender lo que digo.

La sensación es que en el porno la mujer está explotada.

Exactamente. Y también por muchas actrices que han salido a los medios y han contado su versión. También tengo que decir que, como he estado en contacto con actores desde que creé esta empresa, hay muchas chicas que me han contado historias sobre cómo funciona el negocio y cosas que les incomodan mucho. Como ir a un rodaje y que el director lleve a sus amigos y le diga a la chica “Ahora te toca ir a hablar con ellos”. Y estos amigos están ahí mirando las escenas. Cuando ruedo siempre intento que todos los que no tengan que estar, no estén. No invito a mis amigos… aunque hay muchos a los que les encantaría estar, evidentemente [risas]. Una de las cosas que tienes que hacer es proteger a tus actores, hacerles sentir muy cómodos, tratarlos muy bien. Muchas de estas mujeres nunca lo dirían en público porque viven de hacer porno y de trabajar con muchos de estos personajes, y si lo explicaran nunca más trabajarían.

A raíz de esto que dices, al menos en Estados Unidos, con esta hornada de nuevas actrices que manifiestan gran personalidad en su trabajo y fuera de él, al estilo de Sasha Grey o Stoya, da la sensación de que ellas sí están bastante protegidas. Hay muchas mujeres que las respetan y las admiran.

Esto es una parte de lo que he visto, pero también hay otra parte, evidentemente. Mucha gente tiene la sensación que los actores son personajes bastante promiscuos y oscuros. Y esto lo he visto muy poco. La gran mayoría son gente muy simpática que se cuida mucho, que van al gimnasio, que no beben, que no fuman, que no toman drogas… que ni siquiera follan mucho.

Fuera del rodaje.

Sí, claro. Pero quiero decir que no es gente que vaya a un club y ligue un montón.

Esa es la imagen que se ha formado del actor o actriz porno.

Y normalmente no es así. Son gente que sabe mucho, se hacen sus tests y análisis médicos cada mes, que nunca mantendrían relaciones con alguien que no conocen sin condón… lo que hace mucha gente “normal” ¿no? Y están bastante seguros de quiénes son, lo que hacen y lo que quieren. Y les gusta mucho el sexo. Y claro, eso es lo que realmente buscas en un actor. Buscas a alguien a quien le ponga estar en un rodaje, a quien le ponga el sexo delante de la cámara, que le parezca divertido y apetecible. No quieres a alguien que venga en condiciones malas y tristes.

Y eso además ayuda a que sea natural, que es lo que tú esencialmente buscas.

Por supuesto. Y además lo que busco mucho y considero muy importante es que haya química. Y eso se consigue mejor conociéndose antes, si son pareja en la vida normal o son buenos amigos. Yo lo que hago es preguntarles a ellos. Si hiciera un casting, por ejemplo, contigo te preguntaría “¿Quién te gusta?”. Es que no me podría nunca imaginar manteniendo relaciones sexuales con alguien que no me gusta. Eso es algo que no quiero de ninguna manera, es muy importante encontrar esta química.

Y rodar cosas que te gusten.

Sí, claro; y la manera de rodar, evidentemente. Yo lo que tengo que hacer siempre es “sacar el porno de ellos”. Porque yo trabajo con actores que han rodado porno y con actores que no han rodado porno. Son dos procesos bastante diferentes. Con los que ya han rodado, tengo que asegurarme que no me van a hacer una performance.

¿Qué quieres decir?

Que no haya poses. Ya sabes, mostrando los labios, el pecho, el culo… pam, pam, pam… que si las poses con las piernas separadas, ahora así… [Erika hace gestos parodiando los ejercicios gimnásticos más habituales en el porno tradicional] Quiero decir, si tu vas a casa esta noche no vas a follar como en una película porno. Tú sabes cómo hacerlo. Todos sabemos. Eso es lo que tengo que quitar, les tengo que decir “No lo hagas como en el porno, sino como lo haces en tu casa”. Y ahí tenemos esos códigos que todos sabemos qué significan.

Había corto en el que se hacía casi una parodia de esto que dices: están follando y la chica le dice al chico: “Ahora córrete en mi cara, como en las películas porno”. Y lo hacían.

Sí, sí, esa es mía.

Había mucha naturalidad.

La tienes justo detrás. [Nos giramos y, efectivamente, a nuestras espaldas hay un cartel enorme del corto The good girl, el primer trabajo de Erika, contenido en la película Cinco historias para ella] Yo creo que esos pequeños detalles lo cambian todo.

Aparte de la actuación y el argumento, hablando de las cuestiones técnicas haces cosas diferentes. No usas el típico plano casi ginecológico del que abusa el porno convencional.

No, yo trabajo alrededor de los actores y eso significa que no quiero que ellos me intenten plantear los planos, porque ellos lo hacen para que tú veas absolutamente todo. Porque ellos saben qué se busca en el porno. Pero como yo no busco eso, es mi trabajo el encontrar algo. Pero no me interesan particularmente los planos ginecológicos. No es algo que intente evitar, pero tampoco lo busco. Lo veo más como algo natural. Si muestras el sexo, pues es explícito ¿no? Se ven cosas, pero no lo ves todo.

¿Tiene algo que ver con la perspectiva femenina de hacer porno? Por ejemplo, en el porno mayoritariamente masculino, todo es muy explícito y directo. Prácticamente es un chico y una chica, directos a la acción. Sin embargo hay directoras como Candida Royalle que van buscando un poco más el softcore, empezando por los prolegómenos y dedicándoles mucho tiempo. Y en estos casos el sexo explícito son dos o tres minutos. ¿Puede tener algún tipo de relación?

Sí, seguramente. Y luego también hay otra cosa que nos gusta a las mujeres, que es que buscamos al hombre. Que se vea el hombre, que se vean sus expresiones, que se vea su cara, que se vean sus brazos, que se vea su culo… Que se vea el cuerpo del hombre como persona y no solo como polla. Porque el porno masculino tiende mucho a que solo veas a la mujer, porque es ella la que te seduce. Y del hombre solo ves su polla. Hay muchas películas en las que casi ni los ves. Yo tengo actores que me envían escenas en las que han estado para que yo pueda ver algo que han hecho y les digo “¡Pero es que no veo tu cara!”.

No sé si eres tú.

¡Exactamente! “No sé si estás en esa escena”, les digo. Es curioso. Y ahí yo creo que cambia mucho la perspectiva. Pero eso no significa que yo intente poner el hombre como un objeto en mis películas, porque a mí no me interesa convertir en objetos a los personajes. Intento verlo más como una cosa puesta en común…

Quizá como en el primer porno, en el que se buscaba más rodar el sexo completo, a la pareja haciéndolo.

Sí, es más como “el baile del sexo”, cómo se mueven… Es una combinación de todo, pero yo creo que por eso mis películas también gustan a los hombres. Porque esa idea de a que a las mujeres les gustan unas cosas y a los hombres otras no es cierta de ninguna manera. Hay mujeres en el Camp Nou viendo fútbol y hay hombres leyendo la revista Vogue. Vivimos en un mundo donde puedes hacer muchas cosas, aunque sean consideradas “masculinas” o “femeninas”. Y lo del porno para mujeres… por volver ahí, titular mi libro Porno para mujeres era una manera de llamar la atención sobre el hecho de que todos pensamos que el porno es para todo el mundo, que es algo general… y en realidad no lo es.

Llama la atención algo que has dicho antes sobre que en el porno industrial, comercial, típico y masculino la violencia está presente. Pero sin embargo tú tampoco la rechazas, aunque le das otro punto de vista. Porque en algunos de tus cortos tocas el BDSM, tocas el juego, tocas la dominación. No lo rechazas de por sí.

Porque así no lo veo como violencia. Yo lo veo como un juego de pareja y un juego de poder. Y el sexo en sí es un juego de poder. El BDSM y el fetish es algo que le gusta a mucha gente y a muchas mujeres. Y gusta sobre todo poder jugar durante un ratito a ser alguien que no eres tú. Un juego de BDSM es algo que siempre es acordado anteriormente por los dos que participan en ese juego. No es de ninguna manera un acto de violencia.

Es como estar en un momento aparte, en un estado de conciencia distinto en el que no deja de ser un juego, una actuación; y cuando acaba, es otra cosa. Como en Casados con hijos, también en tu primera película de cortos, Cinco historias para ella.

Además es importante que muchas mujeres lo entiendan, porque yo recibo bastantes e-mails de mujeres jóvenes y feministas que me cuentan que tienen la idea de que en la cama les tiene que gustar ser la mujer poderosa, y me dicen “Yo soy feminista y pienso que esto es lo correcto. Entonces, ¿por qué me apetece de vez en cuando ser la sumisa?”. Y les parece un poco raro. Yo les intento explicar que lo que haces en tu cama no tiene nada que ver con tus ideas políticas. Tú puedes creer que las mujeres han de tener tener las mismas posibilidades en el mundo y los mismos derechos que los hombres y querer que alguien “te tome” en la cama. No pasa nada.

Lo importante es que la decisión la has tomado tú.

Claro. Lo que no puedes hacer es estar en una situación incómoda, donde no te sientes bien en el papel que estás jugando. Pero si te sientes bien, pues genial ¿no?

Y ahora, ya que estamos, una pregunta personal: ¿a ti cuál te gusta de los dos roles? ¿Tener posición de poder o posición de someterse al poder?

Soy una persona difícil… yo diría que soy una “sumisa luchadora”. Necesitaría un master muy fuerte, porque… ¡soy vikinga! Ese es mi papel.

Es una buena definición. Volviendo al tema de los actores, también trabajas con algunos que no son profesionales o que están empezando. ¿Los prefieres a los actores profesionales o es algo distinto?

No, no prefiero una categoría sobre la otra. Para mí lo más importante, cuando tengo que hacer el casting de una película, es intentar encontrar gente que de alguna manera atraigan, que me parezcan atractivos; porque si no a mí me resulta muy difícil ponerlos en una película donde tienen que seducir, porque al fin y al cabo es lo que van a hacer. Y después tengo que sentir que realmente tienen una actitud positiva. El problema de rodar sexo explícito es que muchos de los actores porno actuando e interpretando son relativamente malos, porque es algo que no tienen de manera natural, o porque carecen de formación. Han estado mucho delante de la cámara, se sienten muy cómodos en su desnudez, se sienten muy cómodos con el sexo, fallan muy poco y una escena, con ellos, se rueda relativamente rápido; pero después, como en mis películas también está la parte de interpretar un personaje, allí nos cuesta mucho más construir algo. Cuando trabajo con actores no pornográficos pasa exactamente lo contrario: que la interpretación y la actuación del personaje la hacen bastante rápido y bien y sin muchos problemas; y después la parte del sexo es lo que cuesta muchísimo más. Sobre todo para los hombres, que si no han estado delante de una cámara y con todo un equipo alrededor tienen problemas para mantener una erección. Y no es nada de lo que avergonzarse. Simplemente es así y punto. Y da igual que tú seas un superstar en la vida, que vayas con un montón de chicas y folles muy bien, porque cuando estamos mi equipo y yo con las luces y las cámaras…

Impone ¿no?

¡Impone muchísimo! Y claro, eso es algo que si lo has hecho varias veces te vas acostumbrando y vas manejando tus nervios. Pero lo que ocurre cuando trabajo con actores que no han hecho nada antes es que la filmación del sexo puede tardar mucho más. Puede tardar todo un día. Y eso no significa que el rodaje tenga sexo explícito durante todo ese día. Quizá lo tiene en dos o tres ocasiones y rodamos un poquito cada vez. Pero hay esas típicas interrupciones: un café, un cigarrillo, un rato para ti mismo… Es más laborioso. Los hombres me dicen “yo puedo”, pero no es algo que esté hecho para todos.

Entonces, ¿es sobre todo con los hombres? ¿Las actrices se encuentran más cómodas ante la cámara?

Con la mujer es más fácil, físicamente. Porque una mujer, con lubricante, si tiene más o menos ganas, puede tener sexo; no tiene que mantenerse erecta.

Además da la sensación de que con esa manera de trabajar no utilizáis trucos. Porque siempre está la idea de que la industria del porno los utiliza.

¡Las “fluffers”! [risas]

Las chicas que ayudan, o incluso el uso de medicamentos o drogas. Y por lo que cuentas parece que en vuestro caso no.

En principio, creo que no. Pero esto es algo por lo que no puedo poner la mano en el fuego, porque lo que cada uno hace en privado, yo no lo sé. Ha habido algún actor del que alguna vez he sospechado que había tomado Viagra o algo así, porque si un hombre la toma puedes ver que se vuelve particularmente rojo. Y que está erecto aunque no esté cien por cien cachondo.

Se nota que está forzado.

Un poquito. Son cosas que notas de vez en cuando. Pero creo que como el casting lo hacemos tan cuidadosamente, la gran mayoría no lo hace. La gran mayoría está ahí porque lo quieren hacer, porque les gusta todo mi proyecto y porque se sienten contentos de formar parte de él. Muchos me dicen, por ejemplo, que han enviado a sus madres la película [risas]. Saben lo que hacen y claro, no es cualquier película. Y respecto a las mías están orgullosos de haber estado en ellas y que todo se vea “bonito”.

¿Qué tipo de hombre buscas para las películas?

Es difícil decirlo, pero me gustaría encontrar a hombres un poquito más normales. “Normal” es una palabra muy difícil de usar, pero creo que entendéis más o menos lo que quiero decir. Porque hay un problema, y es que los que están en la industria son hombres muy musculados. Y claro, a mí por ejemplo me encanta el tipo de cuerpo que tiene este chico [Erika señala al chico del cartel de The Good Girl, pero en el camino se encuentra nuestro fotógrafo, que está delante del mismo y, al verse señalado por ella, se sonroja] ¿Pero entendéis lo que quiero decir? Me gusta un hombre que me dé la sensación de ser un hombre real, que no esté ocho horas en el gimnasio.

Hablando de los “hombres normales”: en el porno convencional es muy típico que todas las mujeres estén muy buenas, pero hay algunos actores, y no vamos a decir nombres, tanto españoles como extranjeros, que son desagradables físicamente, que en un porno para mujeres supongo que evitas.

A ver, yo no estoy en el género del “porno feo”. Digamos que mis películas son estéticas.

No me refiero a porno freak, sino a tíos que son muy feos.

Sí, porque son los dos tipos de hombres que se ven en el porno. Porque hay solo dos tipos, no hay más. Es el hombre supermusculoso o el hombre con mucho dinero. Y en el lado del hombre de dinero se permite de vez en cuando que sea feo. Porque como tiene tanto dinero, puede ser feo, no pasa nada.

Es un cliché contra el que también querrás luchar, supongo.

A mí me encantaría que hubiera un montón de hombres con un look más alternativo y de cine independiente pero ¿dónde están? ¿Cómo los encuentro? Es muy difícil porque ahí entramos otra vez en ese juego del papel de los hombres: es mucho más fácil trabajar con actores porno que trabajar con otros actores para conseguir que la escena tenga un sexo poderoso. Si me permito quizá que el sexo sea un poco menos explícito y un poco más erótico, quizá puedo coger más actores independientes que pornstars. Pero esto es el juego: también quiero ver porno. Es que yo no hago películas donde una pareja hace el amor delante de la chimenea y todo es muy romántico y bonito, sino que yo quiero historias contemporáneas, modernas, de gente follando, porque me gusta ver a gente haciéndolo. Sin todos los valores malos del porno, pero me gusta verlos manteniendo relaciones sexuales. Es difícil.

Relacionado con esto, la frontera entre el erotismo y el porno: ¿realmente la hay o se puede conseguir una escena que sea pornográfica y erótica a la vez?

Se pueden mezclar porque para mí lo único que significa “porno” es que sea explícito. Y erótico, para mí, es lo que quiere seducirte más allá de simplemente tu cuerpo. Quiere seducir, inspirar tu imaginación, tu fantasía, despertar emociones. Eso es lo erótico. Y yo creo que sí, que en mis películas consigo bastante bien combinar estos dos aspectos.

Meter la pornografía dentro del erotismo, digamos. Un envoltorio erótico…

Bueno, de una manera o de la otra. ¡No sé cuál se mete en cuál! Pero se mezclan definitivamente. Ese es el objetivo y por eso también de vez en cuando me cuesta, porque cuando digo “quiero porno” lo que quiero en realidad es sexo. Porque muchas veces cuando uso la palabra “porno” siento que es una palabra muy difícil de usar porque tiene todas esas connotaciones malas y agresivas. Muchas veces digo que me gustaría coger la palabra “porno”, ponerla en la lavadora en el programa de 90º, colgarla al sol y decir “oooh, ya tenemos un porno limpio y que huele bien”.

Y entonces por eso la usas, en realidad, para normalizarla. En lugar de rehuir la palabra “porno” y decir “no, yo hago cine erótico”.

Depende del contexto en el que esté. Lo peor de todo es que no soy tan buena y yo misma estoy insegura de qué hago, porque por un lado siento que lo único que mis películas tienen en común con el porno es que los dos mostramos sexo, igual que McDonald’s lo único que tiene en común con un restaurante de mucha categoría es que los dos sirven comida. Y ahí también es donde siento que, a la vez, llamar a mis películas porno es reducirles el valor artístico que tienen, porque de alguna manera todos pensamos del porno que no es arte y que no tiene nada más. Y pienso “oh, no, qué triste llamarlo porno”, porque yo he puesto todo mi corazón en eso. Pero es muy difícil, porque entonces ¿qué es Nine songs de Michael Winterbottom? ¿O qué es Shortbus? ¡Porque en esas películas hay erecciones! Si decimos que si hay una erección y una penetración es porno, entonces esas películas también son porno.

Sí, hay una línea que se está cruzando ahí que lo hace complicado. Podríamos asignarlo por la cantidad de erecciones que se ven.

No sé, pero yo creo que tenemos que romper un poco con eso y con la idea de que el sexo es algo tan malo. Ahora en España justamente hay esa noticia de que Cameo está distribuyendo Cabaret Desire, y de alguna manera eso es un paso adelante. Pero a la vez es una versión cortada porque no se puede vender porno en el FNAC, El Corte Inglés, Carrefour, etc. Pero sí que puedes vender una película +18. Hemos quitado los órganos erectos y las penetraciones. Y la película es la misma, pero en el DVD viene un código para poder ver la versión explícita online. Que es un truco que de alguna manera es un poco feo, pero también es un poco bueno.

Y entramos en el asunto de los tabúes.

Sí, porque es como se trata al sexo, pero ¿cómo se trata la violencia? No tiene ningún problema. Hay un montón de películas con violencia. Seguimos en ese mundo donde parece que la violencia se acepta mientras el sexo, aunque sea un sexo limpio y bonito y sin valores negativos, es algo arriesgado.

Te metes en Youtube y puedes ver accidentes de coche y decapitaciones, pero no se puede ver el pezón de una mujer.

En el caso de mis películas, cada clip que subo se censura. Cada vez. Y ya no puedes quejarte diciendo “oye, pero hay cosas mucho peores”. No aceptan esa queja oficial. Y por otra parte, en los “pornotubes” no se permiten mis películas porque tienen demasiado poco sexo. [risas] Y me dicen “oye, pero aquí hay minutos y minutos en los que no se ve nada” o “¿Esto qué es? No queremos películas que no tengan sexo aquí”. Ahí no y en Youtube tampoco porque “¡uy, uy, uy, hay un pezón!”.

Has de hacer un ErikaTube.

¡Es lo que he hecho! He hecho lustcinema.com. Es mi cine online. Es mi club de cine donde yo pongo todo el cine que me gusta. Y está yendo muy bien porque la gente quiere alternativas.

Volviendo a lo que comentábamos ahora del tabú que hay sobre el sexo pero no sobre la violencia, en Suecia, donde tú naciste ¿se da en la misma medida?

No sé, en realidad no sé si es muy diferente. Hay una cosa que sí que es diferente y es que cuando yo era joven —yo tengo 35 ahora, que todavía soy joven—, cuando iba al cole, teníamos una muy buena educación sexual. Y eso creo que ha ayudado mucho a hacerme la persona que soy ahora. Teníamos sexólogas que venían a nuestros colegios, que hablaban con nosotras en grupos pequeños con las chicas en una habitación y los chicos en otra. Y lo más importante quizá es que hablaban no solo sobre estas cosas de “ten cuidado de no quedarte embarazada o coger alguna enfermedad”, sino que también hablábamos de lo bueno del sexo, sobre las sensaciones y las emociones. Y yo creo que eso fue muy importante porque en lugar de tener toda esta sensación que muchas veces pasa con la educación escolar que te da como miedo del sexo —y evidentemente ese no es el objetivo— con todas esas ideas de “uy, que me puedo enfermar y qué voy a hacer si esto pasa”… Y te vuelves insegura, en lugar de querer experimentar. Creo que eso fue muy importante. Pero Suecia también es una sociedad de doble cara. Por ejemplo, me he encontrado que aquí ha sido más fácil que la gente tome en serio el tema del porno. En Suecia todavía son muy suspicaces, por ejemplo, cuando hablo con periodistas. Y aquí es más como que vienen y casi que me admiran un poco.

¿En España sientes que te admiramos, entonces?

Casi es como que vienen y tienen una impresión de que lo que yo hago y lo que digo es importante y me quieren ayudar a transmitirlo. Tengo siempre una sensación de bastante buen rollo. Aquí he conocido a muy poca gente que venga y me diga “¿y esto qué es? ¿y por qué haces esto? “. Y los periodistas de Suecia casi siempre me hacen preguntas incómodas del tipo de “¿y en qué se diferencia esto de la prostitución? ¿y cómo te sientes cuando pagas a los actores? ¿y tú ganas dinero con lo que haces? ¿y cómo te hace sentir eso?” Y tienes una sensación muy de “sex negativity”. No es que no pueda responder a eso, porque puedo responderlo perfectamente. Soy bastante buena respondiendo, y en sueco… todavía más. No pasa nada. Pero en la actitud son diferentes. Veo que en Suecia hay una actitud muy negativa hacia el porno. En Suecia no quiero llamar “porno” a lo que hago porque me miran mal.

Hay como una cierta moral calvinista.

¡Un poquito! Yo creo que sí. Y eso que es una sociedad bastante abierta al sexo. Pero cerrada al porno. Es como que “Sexo, sí. Porno, no”.

Te tengo que hacer una pregunta, ahora que lo has dicho. La prostitución y su relación con el sexo, ¿tú como lo ves?

No, el tema de la prostitución lo hay en todas las esferas de la sociedad. Prostitución hay en el mundo de las modelos, en el mundo del cine mainstream… Yo creo que el mundo del porno está bastante cuidado en cuanto a prostitución. Tienen tanto, tanto miedo de que el límite sea difícil de entender que creo que se cuidan mucho. La prostitución es un acto de algo privado, que pasa entre dos personas: una que compra y otro que vende, fuera del público. Mientras que el porno es algo que se rueda completamente en abierto. No es la misma situación de riesgo a violencia, a agresividad…

Y hay unos contratos de por medio, una legalidad.

Por supuesto, hay contratos, hay sanidad, hay tests, hay testigos, todo está grabado con una cámara, hay evidencias… Hay una relación entre los individuos que participan que es muy clara.

Y ya que existe el contrato en la pornografía para las relaciones sexuales, como mujer y como feminista, ¿qué opinas de la legalización de la prostitución?

Suecia, por ejemplo, en es uno de los países que lo legisla al revés que muchos otros. En Suecia es ilegal comprar sexo, pero es legal venderlo. Porque se dice que venderlo es tu propia decisión. Es tu cuerpo, tú decides y ellos, el Estado, no pueden ilegalizar tu voluntad de hacer lo que quieras con tu cuerpo. Mientras que si quieres comprarlo es ilegal, porque no tienes derecho a comprar el cuerpo de otra persona. Y yo creo que filosóficamente es un pensamiento bastante interesante.

¿Pero realmente estás comprando a una persona o estás comprando su tiempo?

Yo creo que es un tema muy difícil, porque la idea de la prostituta feliz es bastante dudosa ¿no? Porque si tú hablas con mujeres que se dedican a la prostitución la gran mayoría son mujeres que vienen de circunstancias muy tristes y que no es algo que hacen porque les parece que “¡guau, que chulo que es esto!”, sino por una necesidad que tienen en ese momento de ganarse la vida. No es algo que me parezca bien. Sin embargo es algo que está ahí, por supuesto.

Ya que estamos hablando de Suecia vamos a aprovechar… ¿qué tiene Escandinavia para producir grupos de rock como los Hellacopters, Backyard Babies y demás? Tan lejos de Estados Unidos y que se haga un rock americano mejor que el americano actual.

A ver, Suecia es un país curioso porque está bastante influenciado por Estados Unidos. Tuve una experiencia hace poco… soy de Estocolmo, y entonces no he visto tanto de Suecia-Suecia, de lo profundo. Pero mis primos se casaban e íbamos todos a Dalarna, que es una provincia al norte de Estocolmo, a cuatro horas. Y me resultó curiosísimo porque llegamos allí y era como estar en Texas. Pero completamente. La gente hasta se vestía con sombreros de cowboy. Tenía los coches, los menús de los restaurantes tenían buffalo wings y todo el mundo escucha rock… era como estar en el Sur. Pienso que hay una parte de Suecia que está muy influenciada por la América profunda. Estocolmo es como cualquier ambiente cosmopolita. Estar en Estocolmo es lo mismo que estar en Barcelona, que estar en Buenos Aires, que estar en Nueva York… todo es más o menos igual. Pero dentro del país me encontré con la América profunda.

Volviendo a lo que hablábamos antes de la mujer, el sexo y el tabú, en estos últimos años parece que hay una cierto cambio de mentalidad con respecto al sexo. Se están abriendo tiendas eróticas especializadas solo para mujeres.

Sí, sí, sí.

Está muy estudiado, quiero decir; hay juguetes sexuales para mujeres y hay una literatura erótica destinada a la mujer como 50 sombras de Grey.

[Erika tiene una copia en inglés de la secuela del libro encima del escritorio] Esta es la segunda.

Y ahora también hay un cine para ellas. ¿Estamos ante la desaparición ya definitiva de un terrible cliché decimonónico, que a la mujer no le gusta el sexo, no debe gustarle o si le gusta se tiene que callar?

Sí. Porque nunca ha sido cierto. A la mujer le gusta el sexo, claro que sí. De hecho, fíjate que cuando los hombres ingleses victorianos descubrieron Pompeya se quedaron asustadísimos al darse cuenta de que en otra sociedad el sexo estaba en el suelo, en las paredes y ¡por todos los lados! Y lo primero que pensaron fue “esto no lo pueden ver las mujeres, porque imagínate qué puede llegar a pasar”. Ni las mujeres, ni los pobres, ni los niños ni todos los que no fuesen hombres blancos ricos. Lo instalaron todo en un museo secreto en Londres y solo ellos fueron a ver las cosas pornográficas, porque solo ellos tenían derecho a controlar su placer. Y esto es una anécdota, pero cuenta muy bien la situación en la sociedad, porque el hombre siempre ha tenido ese derecho de disfrutar de su propia sexualidad. Se ha visto como algo muy natural que al hombre le guste el sexo. Vale, pues que lo goce y ya está. Cuando las mujeres con las que estaban casados no podían ofrecerles algo estaba perfectamente permitido que lo buscasen en otro lugar. O el hecho de mirar películas ahora. Ninguna persona se sorprendería si viera a un hombre viendo porno. Todos los hombres miran porno ¿y qué? Pero para la mujer ha sido muy diferente, porque la sexualidad femenina ha sido como dividida en dos categorías: la puta y la madonna. Y son dos papeles muy difíciles porque ninguna de nosotras es solo una. A veces has estado aquí y a veces has estado allá y un poco por todo el medio. Tienes la sensación de que como mujer no puedes disfrutar de demasiados novios o demasiado sexo, porque entonces eres puta. Pero tampoco puedes estar poco interesada en el sexo porque entonces eres una frígida idiota, que nadie te folla y que pareces muy aburrida. Creo que las mujeres tenemos esta dificultad de ver qué es lo que podemos hacer. Es más difícil para nosotras solo disfrutar y tomarlo como algo natural. Y además la sexualidad femenina siempre ha estado conectada con la reproducción, evidentemente, o con dar placer al hombre. Parece que simplemente disfrutar tú misma no está bien. Y ahí creo que está ahora mismo la mujer moderna, luchando mucho. Estamos luchando para encontrar este espacio para nosotras. Un espacio donde por comprar un vibrador y usarlo no haya ningún problema. No sé, yo tengo una amiga que me contó el otro día que ella había usado su vibrador y después se lo había olvidado en la cama. Y su pareja vino por la noche y dijo “oye ¿y esto qué es? ¿qué has hecho?”. Como poniéndola en evidencia por hacer algo muy natural. Además, el hombre tiene mucho miedo cuando la mujer empieza a tener sexo por su propia voluntad y controla su propio placer, porque él no está involucrado. Y de repente dice “oye ¿y yo qué función tengo ahora?”

Porque los juguetes sexuales también se pueden compartir.

¡Por supuesto! Pero creo que estamos justo ahora en esa fase donde la mujer se ha independizado bastante, que ha empezado a ganar su propio dinero y se está incorporando definitivamente como consumidora de sexo. Porque ella quiere satisfacción y quiere inspiración. Y este libro [50 sombras de Grey] que sigue en la lista de más vendidos desde hace medio año, que ha vendido más que El código Da Vinci y más que Harry Potter… La gente está en shock y dice “¿pero cómo puede ser?”. Al principio lo llamaban “porno para mamas”, lo que es una tontería como tal. Lo único que muestra es que las mujeres tenemos hambre de erotismo.

Un hambre que ha estado ahí siempre.

Claro. Y queremos cosas. No sé si me habéis leído en Internet, donde he criticado el libro un poquito, pero también estoy muy contenta con él.

De hecho veníamos criticándolo por el camino. Investigando un poquito por la red descubrimos que el origen de 50 sombras de Grey era un “fanfiction” de Crepúsculo.

Sí, es eso. La escritora lo reconoce sin ningún problema, ella siempre había querido escribir un libro. Empezó como fanfiction, los personajes se llamaban Bella y Edward… y después, cuando tenía prácticamente un libro y a la gente le empezó a gustar, cambió los nombres. De repente tenía un libro y empezó a tener éxito. Ella lo que ha hecho es un libro desde la perspectiva de una mujer que cuenta su viaje emocional y erótico. Y eso es lo que le ha gustado a las mujeres: poder ser las protagonistas de una historia. Después sí, la mujer es joven, el hombre es rico, guapo y poderoso…

Mucho Disney.

Sí. Muy Disney, ¿sabes? No sé, es una historia fácil. Pero abre mundos. A mí hay mucha gente que me llama y me dice “oye, yo he leído este libro y ahora me han dicho que tus películas…”

Volviendo ahora a tu cine y a la cuestión de los juguetes sexuales. Nos llamó la atención este concepto tuyo de hacer “anuncios porno”. Has iniciado un género que muy poca gente había tocado, que es vender juguetes sexuales. Para eso haces vídeos que a la vez son educativos, porque enseñas cómo funcionan, incluyes el tema explícito y creas un anuncio bonito.

Sí, me parecía muy lógico porque tengo la tienda online y me han llegado muchos e-mails de gente que los había comprado y los tenía en sus manos y decía “a ver, aquí hay unas instrucciones, pero esto… por qué lado… cómo funciona…”, como el We Vibe, que es muy chulo pero que a la gente le cuesta entenderlo. Así que hicimos unos vídeos. Y la verdad es que han funcionado muy bien. Y además, ayudan a vender los productos. Porque cuando compras online tiene que dar la sensación de que puedes casi tocar el producto para ver qué es.

Me hizo mucha gracia el anillo Tor [un anillo para el miembro masculino, con una base como la maza de un martillo, que hace que el pene vibre], sobre todo por el nombre. Y si lo hubierais bautizado “Mjolnir”… El caso es que hacer que el hombre participe en ello ¿es una forma de que pierda el miedo y la noción de atentado a su masculinidad de la que hablabas antes?

Por supuesto, porque además cualquier hombre puede ser un superhéroe con una enorme polla vibradora, ¿no? Es bastante chulo.

Pero todo esto se sostiene por tu productora cinematográfica. ¿Cómo empezaste y decidiste dedicarte a esto?

Todavía me sorprende de vez en cuando, cuando vuelvo a pensar cómo acabe aquí, porque la verdad es que nunca fue mi intención. Circunstancias de la vida. Yo estudiaba Ciencias Políticas en la universidad de Lund, en Suecia. Y como Suecia es un país muy pequeño, para poder salir de ahí, necesitas idiomas. Por eso siempre he estudiado muchos idiomas, he intentado aprender, viajar, mudarme, etc. Viví una temporada en Francia, otra en Inglaterra, también en Estados Unidos… Y sentí que quería aprender castellano. Y en el verano de 1997 me dieron una beca para ir a Alicante, un cursillo de estos de verano. Cogí un autobús desde Copenhague, porque era estudiante y no tenía mucha pasta e hice toda la ruta en autobús por Europa hasta Barcelona. Y aquí iba a cambiar de autobús para ir a Alicante. Pero llegué a Barcelona y dije “yo no quiero seguir” [risas] ¿Sabes esta sensación de enamoramiento hacia la ciudad y sus vistas? Y yo quería quedarme aquí, pero cogí el autobús, fui a Alicante y lo pasé muy bien. Pero el sueño de Barcelona ya había nacido en mí. Entonces el verano del año siguiente, en 1998, llegué aquí. En 1999 repetí. En 2000 repetí. En 2001 me fui a Madrid con una beca Erasmus en la Complutense. Y ese mismo año dije “No, ya está, me voy a Barcelona”. Una vez instalada aquí tuve un poco de suerte, porque se iba a organizar un evento, el Forum 2004, y me dieron un trabajo. Estuve trabajando con ellos una temporada pero al final el evento tampoco era gran cosa y pagaban bastante poco, y yo buscaba otros trabajos y tenía amigos que trabajaban en el sector audiovisual. Y pronto era “production manager” y “location manager” y hacía rodajes de Sony Pictures con explosiones y carreras de coches… Rodajes de cien personas y catorce camiones y ese estilo. Películas grandes. No eran películas para cine, eran películas para vídeo, pero eran rodajes bastante grandes. El cine siempre me había apasionado mucho, y con estos rodajes aprendí cómo se hacía una película.

La técnica.

No tanto en cuanto a lo técnico de rodar y cómo usar las cámaras, si no a la producción. Y claro, para hacer algo es casi lo más básico que necesitas. Y evidentemente, si tu eres una persona inquieta, con ideas, hay un momento cuando trabajas en cine que dices “yo quiero hacer pelis”. Y ahí nació la idea de The good girl. Pensaba bastante y volví a las ideas que había tenido en la universidad, muchos años antes, de la pornografía. Allí tuve el típico novio que vino con el DVD de porno y dijo “lo vamos a mirar y lo vamos a hacer igual”. Lo hacíamos pero sentí que algo no funcionaba. Que era como que me ponía, pero no me gustaba lo que veía. Y ahí nació esa pequeña duda de por qué no podía hacer algo que me gustara. Por qué no me podía gustar emocional e intelectualmente. En ese momento tenía una amiga que trabajaba como editora en Private y hablábamos sobre porno. Incluso tenía algunos contactos con algunos actores. Nació como una idea loca de una noche con demasiado alcohol.

De donde salen siempre las buenas ideas.

Pero fue así, fue así. “¡Voy a hacer una película porno! ¡Pero diferente! ¡Y va a ser superchula!” Y de repente estaba ahí, haciéndola. Y era raro, sí, y me encontré con algunas situaciones absurdas. Era muy raro. Pero lo hice. Y vale, a nivel técnico y cinematográfico, si lo miras, falla bastante. Pero claro, era mi primera película, yo nunca había hecho nada antes. Pero el alma que tiene ya la ves.

Sí, sí, está ahí.

Y yo creo que es eso lo que sedujo a la gente.

Este corto está dentro de Cinco historias para ella, que además tiene cosas innovadoras. Tiene dos escenas con una relación homosexual. En el porno convencional es normal que haya alguna escena lésbica, como la primera. Pero termina la película como empieza, con una escena homosexual, en este caso masculina. Esto normalmente no se ve en el porno mainstream, fuera del circuito gay.

Y esto ha gustado y no ha gustado a la gente. Digamos que hubo bastante polémica. Y la verdad es que desde entonces no he vuelto a rodar ninguna escena entre hombres, en parte porque también he ido conociendo más y más a mi público. En general tengo un público muy heterosexual a quienes lo que más les gusta son las escenas entre hombre y mujer.

Había una voluntad de mostrar todos los tipos de relaciones diferentes que puede haber.

Por supuesto. Esa era un poco la idea. Pero también porque yo sigo pensando que hay muchas mujeres a las que sí les gusta ver a otros hombres. También tengo que decir de esa escena que fue una de las escenas que me resultó más difícil de rodar, porque es un sexo que no conozco personalmente. No sé, me resultaba complicado de rodar de alguna forma…

¿Que transmitiera?

Sí, que transmitiera todo lo que yo quería, cómo se elabora, cómo funciona…

Que fuera natural.

Exacto.

Lo que haces en Barcelona Sex Project es coger a seis actores y ponerlos a hablar delante de la cámara sobre sus experiencias. Y después de cada entrevista, hay una escena de masturbación. Es una película muy experimental, como un documental ¿Qué es lo que buscabas?

Pues primero lo que pasaba es que quería hacer una película y no tenía casi nada de dinero. Así tenía que pensar en una fórmula, porque mi cine está siempre bastante condicionado por el presupuesto. Siempre hay que pensar, según el presupuesto que tienes, qué puedes permitirte hacer. Y ese es un condicionante. Pero otro era que yo veía que había gente que tenía curiosidad por los actores y quiénes eran. Y quería ver un poco más quiénes eran; no sexualmente, sino en la vida. Tenía esa sensación de que era muy importante dar el contexto de un personaje. Era un poco como espiar a un vecino, que si lo conoces primero con una entrevista te da más morbo.

¿Un “next door neighbour”?

¡Sí! Esa era sensación principal. Y después lo de la masturbación me resultó interesante porque es algo que casi es más tabú que el sexo. El sexo de uno es más tabú que el sexo de dos, de alguna manera.

Es mejor contar que follas que contar que te haces pajas.

Sí. Y también esto de ver a hombres. Porque respecto a la masturbación masculina normalmente hay muy pocos hombres que te dejen verlo cuando lo hacen. Es algo que hacen en privado. Yo tenía curiosidad por ver a un par o tres [carcajadas].

Usaste el cine de excusa.

Bueno, y también quería mostrar los orgasmos femeninos. Siempre hacen la pregunta de si son verdad o no. Y yo siempre tiendo a decir que nunca se sabe. En la vida real hay momentos que parece que sí pero después te enteras de que no… o que parece que no y luego era que sí. No sé, es algo que es muy difícil. Y además son muy distintos en su expresión. Hay chicas a las que casi no se les nota nada, son muy silenciosas. Y hay otras que son muy explosivas. Y me parecía interesante hacerlo de esa manera. Es una película que a mis fans les gusta mucho, pero también hay mucha gente que tiene problemas para entenderla.

Después de Barcelona Sex Project haces Life, love, lust, el avance estético al siguiente nivel. Es muy bonita.

Sí, lo es.

Es una película casi sin palabras, todo muy narrativo, con buena música, refleja muy bien la intimidad. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Cómo fue hacer esa película?

Muy bien. Hay algo muy curioso, y es que mis películas las he hecho embarazada o con niños pequeños en mi vida. Tengo dos niñas: una que tiene cinco años y una que tiene dos. En Cinco historias para ella me quedé embarazada dos semanas antes de empezar a rodar. Y con Life, love, lust pasó otra vez, dos semanas antes me di cuenta de que estaba embarazada. Y entonces hay cosas un poco personales, porque está mi test de embarazo en esa película, por ejemplo. Fue un rodaje muy bueno, muy tranquilo… muy bien.

Cinco historias para ella es más simple y menos estética…

Es un poco más quinqui [risas]. Yo ya veo cómo es la gente cuando te dicen cuál es su película favorita. Veo cuál es la tendencia [carcajadas].

Nos queda la última, que es Cabaret Desire. Otra vez usando el corto, pero ahora encuentras un nexo común que organiza todas las historias.

Sí, que es lo que quise hacer desde el principio. Porque también voy experimentando con las maneras de hacerlo. Por ejemplo en Cinco historias para ella intenté usar diálogo en directo, los actores actuaban; después Life, love, lust fue casi muda. Voy intentando encontrar mi estilo y ahí me di cuenta de que quizá lo que mejor me funcionaba eran las voces en off. Al principio era un proyecto que se llamaba Seis voces femeninas. Y la primera idea era que iban a ser “seis voces” que iban a contar seis historias. Pero después me tropecé con un grupo de poetas en Nueva York que se llama The Poetry Brothel y me enamoré de su proyecto, de la manera de leer poesía en una situación íntima. Me parecía muy bonito. Me gustó tanto eso de que estás tan cerca y la atmósfera que decidí que iba a ser el hilo de la película. Y los poetas son poetas de verdad. Que hasta me llevaron a Nueva York para participar.

Lo que nos queda para terminar: lo próximo que viene. ¿Qué es? ¿Vas a hacer un largometraje?

Lo próximo que viene es una novela mía que estoy acabando ahora, me falta un capítulo. El más difícil.

Lo más difícil: el primero y el último.

Sí, tengo fecha de entrega a finales de noviembre, a ver si llego. Es una novela que se va a llamar La canción de Nora y que sale con Espasa en España. Evidentemente es una novela erótica. Y después he empezado a trabajar en la próxima película, pero todavía no ha tomado toda la forma porque quiero que sea un proyecto un poquito más “transmedia”, lo cual lo complica un poquito. Estoy intentando dar con el concepto de la película pero… no sé… no sé qué contar y qué no… Está en una fase que todavía puede cambiar absolutamente todo. Hay una idea, pero todavía no sé… Cada vez que he empezado a trabajar en una película ha sido una cosa cuando empezaba y el resultado normalmente ha sido no completamente distinto, pero…

Porque luego hay un embarazo y cambia todo.

¡Exactamente! Pero ahora ya no, ¿eh? Ya tengo dos.

Con dos es suficiente.

Y eso también me hace mucha ilusión. Porque cuando rodaba Cabaret Desire tenía una niña de siete meses en mi casa que no dormía. Y eso significaba que durante el día yo rodaba y por la noche estábamos en casa con la niña despierta. Estaba muy cansada. Me hace mucha ilusión hacer una película con toda la energía que tengo. Porque tengo la sensación de que puedo dar muchísimo más de lo que he podido dar hasta ahora.

Terminamos con lo típico que se dice al acabar: ¿te ha gustado?

Mucho ¿Y a vosotros os ha gustado?

Fotografía: Alberto Gamazo