Elegir el cine independiente y poder vivir de ello

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Dos factores han hecho mucho más fácil en los últimos tiempos dedicarse al cine independiente. Por un lado, el menor coste de los equipos de rodaje e iluminación, que proporcionan con modelos básicos una calidad equivalente a los profesionales. Y por otro la abundancia de plataformas de crowdfunding donde pueden recaudarse fondos para un proyecto cinematográfico. Hace solo una década era impensable que un director pudiera hacer su trabajo en estas condiciones.

Pero si bien estos nuevos factores han facilitado a los cineastas indies convertir sus ideas en vídeos, resulta mucho más difícil que puedan obtener de ellas unas ganancias dignas. Cualquier corto o película independiente está obligada a alcanzar una audiencia considerable si además de arte quiere hacer dinero. Y además ese es un paso imprescindible para interesar a grandes plataformas de streaming como Netflix o HBO, o a los circuitos de salas de proyección. A fin de conseguirlo, jóvenes cineastas de todo el mundo están recurriendo cada vez más a los torrents como plataforma de lanzamiento.

Muchos de los mejores sitios de torrents del mundo están llenos de enlaces a películas de directores independientes, que se están beneficiando ya de los altos índices de audiencia que alcanzan allí sus creaciones. Pero el balance no siempre es positivo, pues además de hacerlas visibles necesitan generar suficientes ingresos como para poder vivir de su trabajo y abordar nuevos proyectos. Acaso puede conseguirse eso con una descarga gratuita. Vamos a verlo.

El camino del director indie siempre es cuesta arriba

Una vez que el creador ha hecho el desembolso en la compra de sus equipos cinematográficos empieza a correr un reloj que hará tic tac en su cabeza hasta finalizar el rodaje. Limitar el tiempo de realización, y con ello los costes, resulta fundamental, pero esa será solo la primera parte de su reto. Una vez que finalice el montaje comenzará la carrera para conseguir público interesado en ver su película. Y solo después de eso, quizá, unos posibles ingresos.

Cualquier rodaje requiere una enorme inversión de tiempo, esfuerzo y preparación. Y aunque eso no reste ni un ápice a la ilusión de tener la obra terminada, es una dedicación que no está pagada. En el sentido más literal de la expresión. Incluso si se han conseguido fondos para pagar todos los gastos, rara vez comienzan a obtenerse beneficios antes de alcanzar una audiencia masiva. Que es al fin y al cabo el único modo de que un cineasta viva de sus producciones.

La búsqueda de público es la razón para que en los últimos años un número cada vez mayor de creadores independientes haya optado por las webs de torrents como canal de distribución. La pérdida de ingresos vía ventas que eso les genera tiene como contraprestación poner su película al alcance de una audiencia millonaria. Si consiguen despertar su interés estarán en el camino de ingresar lo suficiente como para no tener que dedicarse a otra cosa, obteniendo además el excedente necesario para iniciar su siguiente proyecto.

Distribución vía webs de torrents, ¿perjudicial o beneficioso?

Compartir archivos por torrent es actualmente una de las actividades que más ocupan el tráfico global de internet. El último informe Sandvine calcula que visualizar vídeos ocupa un 58% del total de comunicaciones, y de ese porcentaje un 31 corresponde a torrents. Es obvio por tanto que cualquier director indie encontrará un potencial equivalente al de la distribución comercial clásica, en cuanto a audiencia, en las webs donde se comparten archivos. Pero antes de decidir si esa es o no la mejor forma de hacerse un nombre en la industria del cine tendrá que analizar el momento de su carrera en el que se encuentra.

Quienes están todavía en los inicios tienen en la distribución por torrent una vía rápida y efectiva para conseguir un gran número de espectadores y así ser conocidos rápidamente. El precio es renunciar a esa sustancial cantidad de ingresos que podrían obtener de su explotación comercial. Aunque siempre con la meta en la cabeza de que ese torrent sea un primer paso, el cual acabará haciendo que su público compre la película o pague por verla en una sala, o en una plataforma de streaming.

Eso fue lo que consiguió en 2007 Richard Schenkman con su película de ciencia ficción The Man from Earth, que partiendo de la nada obtuvo 3,6 millones de descargas, dio a conocer a su director, y le permitió años después abordar el rodaje de la segunda parte. Si bien también reconoce, a toro pasado, que ojalá cada espectador que la descargó le hubiera pagado un dólar por verla.

Y qué hay de los perjuicios del pirateo

Todo amante del cine debería prestar su apoyo a los creadores independientes, jóvenes profesionales que pone toda su pasión y su alma en las creaciones. Son los directores en potencia de las películas que se convertirán en parte imprescindible de nuestra vida. En su momento un joven Almodóvar y un incipiente Amenábar consiguieron gracias a inicios modestos proporcionarnos películas que son ya parte de la historia.

¿Puede conseguirse a través de las webs de torrents esa prometida audiencia millonaria, y un futuro éxito, o son solo lugares en los que piratear material, privando a los autores de su medio de vida? En muchas ocasiones ocurren ambas cosas, y eso solo  evidencia lo difícil que es para un cineasta independiente desenvolverse en el comienzo de su carrera. No digamos ya hacer de esos primeros pasos una profesión de la que vivir.

Seguramente por esa razón todos los directores que ya han alcanzado cierta popularidad prefieren que su público disfrute de sus creaciones en los circuitos comerciales, y que por tanto pague por ellas. Pero cuando todo eso está por conseguir, el torrent sigue siendo la gran puerta abierta para que los directores indies alcancen los grandes proyectos con los que sueñan.


¿Qué proyecto de micromecenazgo se merece hasta el último euro?

El llamado crowdfunding, que podríamos traducir como microfinanciación o micromecenazgo, ha cruzado con Star Citizen su particular Rubicón. Con más de ciento cincuenta millones de dólares recaudados, es el mayor proyecto de este tipo no solo en dinero sino, muy especialmente, por las enormes expectativas que ha generado: un videojuego que promete reinventar quién sabe cuántas cosas en el terreno técnico, que requerirá un disco duro de un gritón de bytes y que tendrá un plantel de actores digno de una producción de Hollywood (Gary Oldman, Marc Hamill, Gillian Anderson, Liam Cunningham…). Inicialmente iba a salir a la luz en 2014, pero dada su magnitud tuvo que aplazarse al 2016, año en que tampoco se publicó y ahora, a mediados de 2017, sigue sin atisbarse en el horizonte. Algunos pronostican que finalmente será en 2018… o a saber.

La cuestión es que si cumple con todo lo que promete dará al micromecenazgo el espaldarazo que necesita, pero si resulta ser un fiasco va a ponérselo bastante más difícil a todos los que vengan detrás. No es de extrañar que el ámbito cultural y audiovisual reúna tantos y tan costosos proyectos financiados con pequeñas donaciones de particulares. Está en su naturaleza buscar la complicidad del público y muchos aficionados a ciertas historias, universos o sagas encuentran así una manera de contribuir a aquello que les gusta. Como en su día la adaptación al cine de la serie Veronica Mars o, poner un ejemplo español, el caso de las novelas de Silvano Gil, cuya saga fantástica Arkhana está rodándose en formato serie y busca de esta manera el apoyo de sus seguidores:

Y qué decir de la infinidad de proyectos teatrales, musicales, artesanales… promovidos por audaces creadores de todas las disciplinas con la cabeza llena de sueños y las manos vacías a la espera de respaldo económico para despegar. Todos los visionarios fueron tachados de locos por sus coetáneos, los genios se caracterizan por romper los moldes establecidos en su época, así que a continuación indagaremos en algunos de esos proyectos de alcance cultural, artístico e intelectual tal vez aún incomprendidos que sin embargo nos adelantan el futuro y están activos ahora mismo en las principales plataformas de micromecenazgo. Así que voten su favorito, fináncienlo si andan desahogados o añadan en los comentarios el que deseen.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)

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Resolver el problema social de la falta de dinosaurios vestibles

Los triceratops se extinguieron hace mucho tiempo y desde entonces no había sido posible calzarlos… hasta ahora. Se trata de un proyecto que lleva recaudados 50 584 dólares, más del doble de lo que inicialmente pedía su promotor, quien admite que su diseño le llevó solo tres segundos. A veces las ideas geniales llegan así. Pueden conocer más detalles aquí.

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La mayor escultura de rinocerontes del mundo

Con lo que sí contamos hoy en día es con rinocerontes, que no son lo mismo pero se les parecen bastante. Los promotores de esta iniciativa temen que seguirán su destino y con ellos todo el planeta, así que esta escultura en bronce titulada Goodbye Rhinos: Goodbye Planet Earth puede ser un sentido homenaje. Lleva ya treinta y ocho mil dólares reunidos.

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Cómic Toy Z: Toy Story meets The Walking Dead

Añadir zombis necesariamente mejora cualquier historia, de manera que en los últimos años han aparecido novelas y películas para actualizar los clásicos, desde Orgullo y prejuicio y zombis hasta Lazarillo Z. Este cómic pretende incluirlos en el universo de Toy Story y ya ha conseguido obtener la cantidad demandada, aunque puede seguir incrementándose aquí.

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Documental sobre los humanos clonados que viven entre nosotros

Lo cierto es que basta fijarse un poco en nuestro alrededor para sospechar que mucha gente está repetida, pero nadie hasta ahora parecía haberse puesto manos a la obra para esclarecerlo. La presentadora de este proyecto nos anuncia con solemnidad que «el futuro depende de ti», lograr fondos para esta investigación nos desvelaría quiénes son estos seres que están entre nosotros. Más información del proyecto aquí.

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Museo de música compuesta en campos de concentración

Los campos de concentración de diversos regímenes totalitarios han dado lugar a grandes obras literarias por sus supervivientes que nos han permitido tomar conciencia, desde Si esto es un hombre de Primo Levi hasta La noche, de Elie Wiesel. El autor de esta iniciativa «más que un proyecto, es una misión», afirma pretende fijar su atención no en escritores sino en músicos, que además compusieran alguna obra durante su estancia en ellos. Su idea es organizar una biblioteca-museo con todo el material que se encuentre entre el periodo de 1933 hasta 1953. De momento lleva casi tres mil dólares recaudados, más información aquí.

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Reportaje fotográfico sobre las oficinas del Partido Comunista alrededor del mundo

El promotor de esta iniciativa demandaba siete mil quinientos dólares y lleva ya casi doce mil. No es para menos, dado que su propuesta es un recorrido fotográfico no propagandístico, puntualiza por las oficinas aún existentes de diversos partidos comunistas de todo el globo. Más información aquí.

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Cómic The Son of Man

Cualquiera que recuerde El hombre de acero convendrá en los evidentes guiños hacia la historia de Jesús, desde su adopción por una humilde familia hasta su sacrificio para salvar a la humanidad a los treinta y tres años. ¿Por qué no trazar ese paralelismo en sentido inverso? Así que el autor de este cómic ha imaginado al Hijo del Hombre dotado de una recia musculatura, capa y traje de superhéroe, melena al viento y ceño fruncido de quien no parece muy dispuesto a perdonar a sus enemigos. Más información aquí. La temática religiosa es bastante frecuente en esta clase de proyectos, así que no podemos dejar pasar la ocasión de mencionar también el libro La fe del millón, que promete ayudarnos a ganar dinero mediante la fe en Dios. Teniendo en cuenta que ha recaudado cero euros no puede decirse que el autor predique con el ejemplo.

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Proyector de imágenes de un Papá Noel negro

«La locura acierta a veces cuando el juicio y la cordura no dan fruto» decía Polonio acerca de Hamlet, aunque bien pudiera haberlo afirmado también sobre Jon Hyers. Esta mente inquieta ideó en 2002 un proyector que emitía imágenes en movimiento de Papá Noel sobre cualquier pared de nuestra casa, como si ya hubiera llegado a repartirnos los regalos. Era la guinda de cualquier decoración navideña que se precie, que ahora nos trae de nuevo dotándola además de mayor diversidad racial. Pueden encontrar una demostración de su funcionamiento aquí.

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Espectáculo de luces navideñas y música electrónica en línea para ancianos e impedidos

Hablando de decoración navideña, tan importante como la del interior de nuestros hogares es la del exterior, que adorna el barrio y estrecha los lazos de la comunidad. En este caso el autor ha realizado un sofisticado espectáculo de luz y música con el que ameniza la vida de sus vecinos, pero le preocupa que haya quien no pueda verlo debido a que por la edad o por alguna enfermedad o accidente apenas pueda salir de su propia casa. Su idea es retransmitirlo por internet, aunque para ello necesita seis mil dólares. Pueden ver el espectáculo y contribuir aquí.

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Jabón de leche de cabra y cerveza

La artesanía en todas sus formas tiene un papel destacado entre los emprendedores a la búsqueda de mecenas. Encontramos muy diversas creaciones de madera, de elementos reciclados… aunque poca gente ha ido más lejos que este matrimonio de Maryland, cuya singular mezcla sirve según dicen como jabón. Aquí pueden verlo.

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Juego de cartas de gatos y pepinos

Hay mucho talento en ebullición en las plataformas de microfinanciación y este es otro ejemplo de ello. Diversos vídeos de YouTube nos muestran lo conflictiva que puede llegar a ser la relación entre gatos y pepinos y a ello recurre este juego de cartas, de dos a seis participantes, que resulta ideal para toda la familia. Aquí encontrarán todo lo que necesitan saber al respecto.

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Investigación de los universos paralelos según el efecto Mandela

Fotografía: Lee Davy (CC).

Seguramente ya habrá oído hablar alguna vez del llamado efecto Mandela, que viene a decirnos que las cosas no son exactamente como las recordamos y cualquier pequeña variación en algún logo, cartel o elemento de la cultura popular que difiera de lo que teníamos en mente se debe a que en realidad estamos viviendo en dimensiones paralelas, saltando de una a otra sin darnos cuenta. El autor se compromete a poner todo su corazón en el proyecto, desde el principio hasta el final, con el fin de recopilar en torno a cinco mil ejemplos y contextualizarlos en lo que hoy día sabemos sobre mecánica cuántica, teoría de los multiversos, teoría del universo holográfico y chamanismo. De momento ya lleva más de cien dólares recaudados.

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Libro para enseñar a los niños a bailar zumba

No todo va a ser ciencia de alto nivel, también debe haber un tiempo bajo el cielo para el baile. Qué mejor que un libro didáctico que enseña a los más pequeños a bailar zumba. El proyecto ha alcanzado los objetivos económicos propuestos, aunque quien lo desee puede incrementar la cantidad.

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Aplicación para buscar pareja a los calcetines solitarios

Fotografía: Craig Sunter (CC).

Tinder, junto a otras aplicaciones y webs para ligar, nos han permitido acercarnos unos a otros, explorar mutuamente nuestros cuerpos y almas. Pero ahora entendemos que con toda la variedad que ofrecían, presentaban sin embargo una fatal limitación al dirigirse exclusivamente a los humanos ¿Y qué hay de esos calcetines que un día pierden a su par y desde entonces quedan postrados en nuestras casas sin utilidad aparente? Ahí hay una trágica historia de amor que merece ser contada, tal vez Pixar algún día lo haga. Este proyecto desesperadamente romántico es en sí mismo una pequeña obra de arte que nos habla de la reconciliación, de las segundas oportunidades que todos merecemos. Incomprensiblemente hasta ahora no ha recaudado ni un solo dólar de los cincuenta mil que necesita, algo que podemos cambiar desde aquí.

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Jaume Ripoll: «Nos hemos empeñado en hablar de la piratería y el principal problema es el desinterés del espectador»

Jaume Ripoll para Jot Down 0

Jaume Ripoll es uno de los cofundadores y director editorial de filmin, una empresa de alquiler digital de películas cuyo nombre siempre se escribe con minúscula aunque en realidad sus intenciones con el espectador cinéfilo sean mayúsculas. Las estanterías de su domicilio apilan decenas de libros, películas, cómics y revistas que sirven como prueba de que allí vive un activo devorador de cultura. A la hora de conversar esto es evidente, Ripoll salta en su discurso de Béla Tarr a Pablo Und Destruktion, de Dublineses al mundo empresarial del celuloide, del fenómeno indie a Holocausto caníbal o los Teletubbies. Ametralla con la palabra a toda velocidad dando la impresión de que no solo es alguien que sabe comunicar sobre su producto sino que además lo entiende, le fascina y sobre todo cree en él.

Tuviste dos videoclubs y luego decidiste pasarte al futuro, al mundo digital.

Era el presente casi. Yo estaba trabajando en Mallorca en videoclubs que había heredado de mi padre y entonces Juan Carlos Tous me llamó para que me incorporase a Cameo, que era una compañía de DVD. A partir de ahí empezamos a trabajar básicamente cine independiente y de autor porque cuando se creó la compañía no había una distribuidora que se encargase solamente de ese tipo de cine y daba la sensación de que podía quedar diluido en el catálogo de compañías multinacionales que tienen desde Harry Potter a Boyhood, por ejemplo.

Al segundo año de llegar a Cameo empezamos a ver que era necesario pensar en el digital. Ya estaba Napster y todo el problema de la música y estaba claro que al mundo del cine iba a pasarle lo mismo que a la música. Así que empezamos a plantearnos cómo podíamos hacerlo, cómo podíamos dar el salto. ¿Qué pasa? Que no había referentes y empezamos a construir desde cero y en el proceso de crear filmin nos equivocamos muchísimas veces. Había que convencer a los que tenían los derechos para que nos los dejasen, a los usuarios para que los pagasen, ofrecer un vídeo que no se parase, una plataforma que se entendiese… muchas cosas. Y con el paso de los años, con los errores y demás, hemos dado con la tecla.

¿Cuál fue el obstáculo principal a la hora de fundar filmin?

Creo que en el proceso de fundación tuvimos la suerte de que los socios de Cameo son gente del cine: distribuidores, productores y directores de cine, a los que se les unió más gente y todos apoyaron desde el principio una iniciativa como filmin. Es curioso, se dice siempre que la industria del cine ha reaccionado tarde al seísmo que supuso internet y en algunos casos sí es posible que se haya reaccionado tarde, pero en este caso concreto lo hicieron desde el principio. Una vez aceptaron entrar y formar parte de filmin los obstáculos eran esos, tecnológicos, de derechos e incluso el concepto. La idea de ofrecer una tarifa plana, que creo que es el camino para ofrecer contenido, nosotros empezamos a aplicarla en 2010. Fuimos la primera plataforma en España y la segunda en Europa en lanzarla y nos llamaban locos. Sin embargo hoy todos tienen muy claro que ese es el camino, no el único pero sí el principal diría yo.

¿Cómo crees que es el perfil del espectador actual?

Yo creo que como sociedad tenemos que aprender a gestionar la abundancia. A veces somos víctimas de esa especie de síndrome del turista en un gran museo. Tenemos todo tipo de libros, películas, series y cómics pero solo tenemos una vida para poder disfrutarlos y eso nos genera aturdimiento. No tengo muy claro qué ver y voy acumulando pelis una tras otra. Del cinéfilo al cinéfago hay un paso, y es un paso que mucha gente ha dado con la revolución digital.

Diría que estamos ante un espectador en transición que viene del espectador clásico, que tiene muy claro que le gusta la experiencia en la sala de cine y que luego en casa ve un par de cosas; al nuevo espectador, que está mutando y que ve muchos fragmentos de muchas cosas a partir de las cuales construye una especie de puzle de plastilina en su cabeza. En eso, el cine independiente tiene un problema porque ante la abundancia uno tiende hacia la peripecia, hacia el entretenimiento. El cine de autor, el cine que te reta y te propone otro tipo de cosas que no solo sean evasión, tiene mayor dificultad para abrirse paso. Primero porque en casa uno es más impaciente y menos sacrificado con la película, está viendo el móvil y tiene más distracciones y se pregunta: ¿por qué tengo que acabar de ver la peli? El problema es: ¿cómo atraer a este tipo de espectador, que quizás hace unos años veía películas independientes, a un formato como el doméstico? Y ¿cómo hacer que las salas de cine de pequeño formato puedan interesar a la gente que dice: «bueno, yo tengo siete euros y para pagarlos me voy a ver Mad Max y no voy a ver de los Dardenne que me parece una cosa pequeñita»? Este reto aún no está resuelto.

Hemos hablado mucho de la piratería y creo que, siendo un problema, el principal es el desinterés real sobre este tipo de cine frente a la abundancia de contenidos. Tenemos que ver de qué manera podemos recuperar ese interés y si no se puede, habrá que hacer menos películas o serán más baratas porque habrá menos dinero. Nos hemos empeñado en hablar de la piratería y el principal problema es el desinterés del espectador por descubrir nuevos autores, por perderle el miedo a cinematografías que quizás desconozca, y que se disocie ese término de que una peli rumana tiene que ser aburrida o tiene que ser rara. Hay un documental catalán, Sobre la marcha, que es maravilloso y que si lo ve mi madre le va a encantar ¿pero cómo llevo a mi madre a ver ese documental? Esa es la ecuación que buscamos todos los distribuidores y que todavía no hemos resuelto. Tenemos que ver cómo hacerlo, con educación, con tecnología, con mejor marketing, con mejor promoción… Creo que sería importante aumentar la autocrítica y eliminar la autodestrucción para ver de qué manera podemos conseguir corregir estos errores.

¿Cómo se educa entonces el ojo del espectador?

De entrada, ya desde pequeños. En Francia, que es un referente en este sentido, en los colegios de los pueblos pequeñitos que no tienen un cine al lado, una vez al mes se llevan a los chavales en autobús a una sala de cine y les ponen desde Lubitsch a Chaplin. Y claro, si a un chaval de quince años le dices: «vamos a ver Ser o no ser», o cualquier película en blanco y negro, te dirá que «vaya pereza», pero a lo mejor si desde pequeño le has educado para perderle el miedo a ese tipo de cine, es muy posible que lo disfrute.

Entiendo que a alguien que empieza no le vas a poner a Béla Tarr, como a alguien que empieza con la ópera le pondrás a Puccini y no a Britten, porque si no, nunca se va a animar a seguir. Creo que deberíamos hacer un tipo de guía por pasos y empezar a educar a estos espectadores y es que tenemos un problema: no hay educación cinematográfica ni en escuelas ni en institutos. Y debería. ¿No estamos en este proceso de buscar cambios? ¿No se vanaglorian todos los partidos políticos de proponer cambios? Pues vayamos a un modelo de cambio educativo real y a un cambio cultural. Porque al final la cultura no es una cuestión de las élites que van a los festivales de cine y a no sé dónde, la cultura es algo que nos tiene que enseñar a todos a comportarnos de otra forma o a ampliar el número de preguntas que nos hacemos y a resolver alguna de ellas. Esa es la clave de la literatura, del cine y de la cultura en general, y en este país carecemos de ella.

¿Crees que la educación ayudaría a luchar contra la piratería?

Hay países como Francia, Alemania, Reino Unido… con proyectos educativos potentes y con menos índice de piratería pero tampoco sé exactamente si aquí funcionaría de la misma manera, aunque al menos lo que habría es interés. Empecemos con que la gente quiera ver ese tipo de películas y quiera disfrutarlas porque, poco a poco, si las quiere ver, después acabará queriendo pagar por verlas. Ahora tenemos dos problemas: que pagan pocos por verlas y que menos gente quiere verlas. Tenemos que intentar resolverlo.

¿Y la piratería se puede frenar de forma eficaz mediante una ley?

Cada uno te dirá una cosa. En Alemania se penaliza al usuario, a quien descarga, en Suiza se penaliza solo si subes y no si descargas… no hay una ley común que pueda funcionar de forma general sobre eso y yo no tengo la respuesta. Desde filmin hacemos lo que sabemos, que es intentar conseguir películas y que se puedan ver en más dispositivos, con mejor tecnología y que el catálogo sea más grande y comunicarlo mejor.

Se está demostrando que cada vez más gente está pagando por los contenidos, aunque es verdad que después te encuentras casos muy curiosos. Yo doy clases en másters de comunicación audiovisual, cine, etc. que cuestan seis mil, siete mil u ocho mil euros y nunca les pregunto si tienen filmin porque vete tú a saber lo que dirán, pero sí pregunto si tienen Spotify, y te encuentras con que como mucho un 10% de los alumnos pagan. Son estudiantes de comunicación audiovisual que tienen dinero para pagarse un máster y solo el 10% están pagando por una aplicación que es maravillosa. Es imposible replicar este modelo en cine por la diferencia de costes que hay entre ambas industrias en cuanto a derechos y formato y si solo un 10% paga por eso que cuesta 10€…

Vosotros  estáis creciendo, cada año tenéis más usuarios.

Sí, el año pasado crecimos un 40% y a mediados de julio lanzaremos una nueva versión de la plataforma con nuevas aplicaciones y una nueva imagen. Eso también puede ayudar un poco a seguir ampliando público de los tres segmentos que hemos dicho: jóvenes o posadolescentes, gente adulta y mayores de sesenta años. De momento no hemos tocado techo y espero que el techo esté aún muy arriba, porque si está cerca de nuestra cabeza nos quedaremos como en Cómo ser John Malkovich, agachados en toda la película, y así es un poco complicado vivir.

Jaume Ripoll para Jot Down 1

Dentro de poco el mercado del cine digital superará al físico. ¿Vamos al mismo ritmo en España?

No, qué va. No hay cifras reales de cuál es el volumen del mercado digital en España, no existen. Cada uno dice una cifra y uno puede tender a creerse los números de los compañeros de viaje de aquella manera, son unos números tan fiables como cuando Lola Flores salía en la tele diciendo cada año una edad diferente. Es un poco la sensación que uno tiene cuando lee las cifras de suscriptores, visitantes y ventas de otras plataformas.

Yo creo que nos falta mucho, un par de años como mínimo, para llegar a alcanzar lo que mueve el mercado de alquiler físico, que todavía existe, y la venta. El futuro llega con un instante de retraso y tengo la sensación de que aquí llega con un par de instantes de retraso. Pero aun así tenemos que tener en cuenta que por ejemplo hoy Movistar TV es internet al fin y al cabo, y todo lo que facturas ahí es mercado digital. Decía Chris Anderson en Wired que la barrera de internet se está diluyendo. Hoy estamos todo el día en internet, ya no es un navegador en el que pones www.filmin.com o jotdown.es. Hoy con una aplicación ya estás en cualquier lado. Las teles cuando compran un derecho también se lo quedan para internet, entonces ¿qué parte de volumen del dinero lo aplicas a internet y qué parte se lo aplicas a la televisión convencional? Por eso quizás no quede tanto tiempo para igualar o superar el formato físico.

Por ejemplo, en el mundo de los videojuegos también se obvian las cifras del mercado digital. ¿Por qué no se contabilizan esas cifras, es dificultoso?

Es muy fácil hacerlo: contabilizas alquileres y el total de suscripciones, eso sería lo normal. Pero existe esta cosa de ¿quién dice la edad primero? «Ay, yo no digo la edad», o que luego uno te dice que tiene veintidós cuando sabes que tiene cuarenta y cinco, que se le ve y no cuela. Esa es un poco la situación. Tienes los datos de taquilla de cine o audiencia de televisión de forma mucho más clara de lo que los tienes en internet y es verdad que la audiencia en internet es más complicada de medir porque el consumo es diferente pero se podría hacer. RentTrack lo ha intentado pero de momento no lo ha conseguido.

Ahora que hablas de videojuegos, yo escribía sobre el tema hace unos años y es curioso porque la gente se lo piensa tres veces antes de decir que sí cuando le propones: «vamos a ver algo en versión original» y sin embargo no te dicen «vaya rollo» cuando juegan al Grand Theft Auto o al Metal Gear, no lo aplican a eso. Después el tema de taquilla: no es que el videojuego mueva más dinero que el cine, eso no es real. La salida de un juego mueve más dinero que la salida de una película pero su vida es mucho más corta, por tanto su capacidad de ingresar dinero se concentra mucho en los primeros meses de vida del videojuego, a no ser que sea un universo recurrente o cosas de estas, y en el caso del cine El Padrino tiene cuarenta y cinco años y sigue dando millones de dólares al año a Paramount.

Pero eso son películas puntuales.

¿Lo del Padrino? No. Hay una cantidad importante de películas que siguen generando muchísimo dinero con el paso de los años. Las televisiones siguen comprando las películas de Berlanga a los propietarios de los derechos o las películas de Coppola o las películas de los setenta o Manhattan Sur… me da igual. Siguen moviendo dinero pero un videojuego de hace quince años no. Yo no me imagino el Dark Seed de Giger o al Grim Fandango, que ahora tiene una nueva versión, moviendo grandes cantidades de dinero. Da un poco igual, tampoco es tan importante el tema del dinero, pero sí me hace mucha gracia que sea una especie de leitmotiv lo de que el videojuego da más dinero que el cine.

Quizás es una comparativa entre los costes de producción de una película y los de un videojuego.

Hoy en día hay no sé a cuánto está, pero hay videojuegos como el Grand Theft Auto que leí que estaba en doscientos millones de euros de presupuesto, que es más o menos lo que puede costar una película como Piratas del Caribe y películas de estas potentes. Y los videojuegos independientes son juegos que pueden costar hasta cinco millones de euros, que está bien que sean independientes pero hay que moverlos. Hay una película que se llama Indie Game: the movie que habla de las peripecias de los videojuegos…

Da la sensación de que el indie ha aparecido de golpe, al menos en el caso de los videojuegos.

En el cine siempre ha habido. Desde Soderbergh en Sundance con Sexo, mentiras y cintas de vídeo o incluso antes, con los independientes de los setenta. Desde Easy Rider para acá el cine indie siempre se ha visto o han salido nuevos nombres. ¿Qué pasa? que después a lo mejor esos autores independientes son absorbidos por la parte comercial. Christopher Nolan pasa de hacer Following y Memento a hacer Batman The Dark Knight o Robert Rodriguez pasa de hacer una película pequeñita en México a rodar Spy Kids 1, 2, 3 y 4.

El tema es si luego conservas la independencia, porque al final no solo se trata de que seas un cineasta independiente sino de que tengas independencia para poder llevar a cabo todo aquello que quieras filmar sin sacrificarlo mucho en pos del dinero que cuesta producirlo, que le pasa a mucha gente. El cine es muy caro y a mayor inversión menos riesgo, eso casi siempre es así.

¿Independiente es una etiqueta o una especie de actitud?

Yo creo que independiente debe ser la toma de decisiones del creador. Desde luego uno nunca es independiente del todo porque dependes del presupuesto que tengas, de donde ruedes la película… Claro que tienes una dependencia real de todo lo que acompaña al peso de creación de la película, pero independiente es la capacidad que puedas tener de mantener tu punto de vista sobre todos los procesos que tiene una película: desde cómo quieres aproximarte a ella y cómo quieres rodarla hasta cómo quieres montarla después. La independencia total no existe, a no ser que seas Shane Carruth y seas el actor, montador, director, productor, guionista y músico de tu película, porque ahí sí que haces lo que te da la gana, pero en general siempre acabas rebajándolo. Aun así está claro que no es la misma independencia la que tenía Nolan en Memento a la que puede tener en Inception, donde posiblemente haya tomado decisiones que vengan condicionadas por el dinero que ha costado hacer la película.

Antes decías que el problema era la falta de espectadores y no tanto del IVA.

Desde luego que el IVA es un problema, pero para mí el problema principal, como he dicho, es la falta de espectadores. Todos sabemos cuáles son las políticas culturales que se han llevado a cabo por los gobiernos de este país durante muchos años y sabemos que son francamente mejorables todas; algunas muy, muy, mejorables. Creo que quizás también se debe incidir en eso, en el proceso de educación cinematográfica. Yo lo que lamento es que se incida solo en la parte del IVA y en la falta de apoyos al cine, que es real, y muy poco en desarrollar el interés de los espectadores a nivel educativo. Hagamos programas reales para meter el cine y el audiovisual en los colegios. Estamos sobreexpuestos al audiovisual y en cambio nadie nos educa la mirada.

Jaume Ripoll para Jot Down 2

¿Como espectador te gusta que las galas de cine estén politizadas y sirvan como plataforma de protesta?

Ojalá sirvieran más como plataforma de promoción. Supongo que deberíamos aprovechar mejor el tener un espacio en prime time en el que millones de personas se acercan a este tipo de cine que quizás no ven normalmente, para venderles que estas películas sí les pueden interesar, tanto las que ya se ha hecho como el cine que viene.

Una de las cosas que me parecen siempre curiosas es que en las galas de los premios no se vendan los estrenos de los próximos meses cuando es un espacio maravilloso. Este año en los Goya sí se hizo, pero lo que se veía era el making of de las películas, y viendo una grúa y un micro difícilmente vas a atraer a la gente. En una gala que dura cuatro horas, es mucho más inteligente hacer montajes atractivos de tres o cuatro minutos por temas y en diferentes bloques que intenten atraer al público que estar lamentándose. Desde luego se tiene que corregir el IVA y se tiene que mejorar la ley del cine, pero busquemos otro tipo de canales para poder discutirlo y aprovechemos esta oportunidad para atraer a todo tipo de público independientemente de la ideología.

Es un error que se asocie el cine a la izquierda, creo que resta espectadores. Nadie asocia las series de televisión a una política de izquierdas o de derechas, aunque esto se está perdiendo ya. La gente va a ver a George Clooney y no está pensando en que apoya al partido demócrata o va a ver una película de Clint Eastwood pensando en que apoya al partido republicano, tratan la película de forma independiente.

¿Y el cine tiene que ser de izquierdas o derechas, o no tiene que meterse en los asuntos de Estado?

¿Por qué no? El cine puede ser de izquierdas y puede ser de derechas. En filmin esta semana hemos estrenado un documental con Arcadi Espada, Félix de Azúa y Jiménez Losantos y Nunca es tan oscuro, un documental con Arcadi Oliveres; pueden convivir. Puede haber documentales políticos que aborden un tema desde diferentes puntos de vista y un director o actor puede tener su opinión política y hacerla pública.

A mí no me parece mal que un autor diga lo que va a votar o que colabore o apoye a un partido determinado. Yo creo que la implicación de todos para que la política de este país mejore es algo que debemos celebrar, no lamentar. No debemos silenciar a la gente, y que por el hecho de trabajar en el cine no puedas tener tu opinión; tenla, desarróllala y haz que la gente la entienda. Pero desde luego, lo que no puedes es mezclar la campaña de promoción de una película con la política y empezar a explicar si votarás a Podemos, Ciutadans o Convergència. Eso es poco inteligente para el actor y desde luego los distribuidores no lo agradecen.

También debemos disociar la personalidad del creador con la de la obra que crea. A mí me encanta Dickens y no soy católico y clasista como podía ser él; y todos sabemos que Kubrick no era la persona más amable y cariñosa del mundo y admiramos su cine. Debemos empezar a diferenciar una cosa de la otra.

Tenéis una sección para niños. ¿El público digital infantil es muy activo?

Al niño le da más miedo cambiar. Prefiere repetir mil veces algo que ha visto a probar con algo diferente y ese es un problema que tenemos en filmin KIDS y en general con el cine infantil. La gente volverá a ver cien veces Dora la exploradora, Pocoyó y Hora de aventuras antes que ver una cosa nueva que no conocen de nada. Los padres también deberían empezar a educarles en «muy bien, ya has visto esto. Vamos a ver algo diferente, prueba con esto a ver si te gusta».

Nos estamos planteando hacer un flilmin KIDS diferente, porque ahora está integrado en filmin y nada tiene que ver la navegación de un niño pequeño viendo películas que la de una persona adulta y lo tenemos todo igual. La idea es desarrollar en los próximos meses una aplicación que intente incentivar el descubrimiento.

Los padres deberían implicarse más en este sentido.

Pero al final es lo mismo que decimos de «algo que no me haga pensar». Saben que al niño le ponen Dora la exploradora y deja de darle problemas pero si le empieza a poner cosas nuevas primero no sabe si le van a gustar, y segundo no sabe si realmente son adecuadas para él; son procesos costosos. Aunque realmente las ganas de descubrir cosas debería ser excitante en vez de abrumadora.

Es como un «chupete audiovisual», le pongo la película y que se calle.

Es exactamente eso.

Por otra parte, mucha de la animación infantil trata a los niños como tontos.

Yo a los siete años veía Platoon y El tren del  infierno de Konchalovsky, que admito que no es lo más normal del mundo y entiendo que quizás no es el proceso idóneo, pero a veces en filmin hemos etiquetado e incluido algunas películas que hemos entendido que eran interesantes para chavales y al cabo de nada recibíamos emails de los padres ofendidos porque aquello era muy deprimente o porque ofrecía un panorama del mundo que puede causar conflicto. Yo creo que una película como Metrópolis impacta en una persona, pero lo hace de una forma muy positiva, no te tiene que asustar. En cuanto te sales un poco del esquema clásico hay quejas.

¿Con qué películas os ha pasado?

Recuerdo que nos pasó con Metrópolis de Ftitz Lang que es maravillosa y tiene todas las músicas habidas y por haber, y también nos pasó con una sección que se llamaba Mammaproof, editorializada por una bloguera de Barcelona que se dedica a ofrecer recomendaciones de planes con niños en la ciudad, y que hizo una selección de «películas que vería con mis hijos». Recuerdo que luego tuvimos conflictos con los padres, no sabría decir cuáles eran los títulos pero creo que una de ellas era Ser y tener, y consideraban que eran para adultos.

Aumentemos el nivel de exigencia de los chavales, si no le exigimos más a nuestros hijos nadie se lo va a exigir.

Llegamos a un punto de idiotización en el que queremos que todo sea blanco y que no haya nada que te haga pensar o que te pueda ofender.

Porque es más cómodo darles una hamburguesa o un plato de macarrones que explicarles que el gazpacho puede ser sabroso o que otro tipo de plato también puede ser excitante. Es más fácil que escuchen siempre lo mismo que enseñarles a escuchar una pieza de Mozart; es más fácil que lean lo mismo que todos los demás a que lean a Stevenson, Stoker o Victor Hugo o cualquier cosa de aventuras. Demasiada gente está tirando por el camino fácil y yo estoy convencido de que eso es un error.

Estamos en elecciones y llevamos un año en precampaña y nadie ha hablado de esto. Nadie ha puesto en el debate un problema real que tenemos como sociedad: la falta de riesgo que asumimos en todo tipo de actos intelectuales, digámoslo así. Y te dirán que eso es pedante, esnob y una cosa de estirados… Mentira, no tiene porqué ser así, antes no lo era. No tenemos que llevarlo al extremo de que la gente que lee solo consuma cosas extrañísimas.

Está muy interiorizado el hecho de que este tipo de cultura es elitista.

Tengo la percepción de que la gente que ve cine independiente en España pertenece a una especie de club privado, en el que nos conocemos todos y en el que todos estamos más o menos satisfechos de estar y parece que para entrar hay que saberse la contraseña en la puerta, hay que mirar y dejar el DNI. No. ¡Puertas abiertas y que venga cuanta más gente mejor! Quitémonos la idea de que tienes que saber muchísimo de cine para ver cine independiente.

¿Quizás hay demasiada prepotencia?

O poco esfuerzo para incorporar a nuevo público. Es lo mismo que le puede pasar a muchos museos de arte contemporáneo en los que entras y acabas pensando que necesitas un máster en el arte de los últimos treinta años para entender lo que está sucediendo allí. Al cabo de tres salas dices «es que no entiendo nada, me voy». Por ejemplo, cuando te compras un videojuego tienes un tutorial con el que entender cómo funciona el juego, pues estaría bien usar un recurso similar para ofrecerle a la gente un cine diferente y que le pierda el miedo. Primero captemos público y una vez esta gente pierda el miedo al cine o la literatura que reta, cada vez lo verá o lo leerá con más asiduidad.

Una de las herramientas que se deberían utilizar más son las guías didácticas. Elaborar guías didácticas como complemento al visionado de películas y gastarse el dinero en que esas guías sean tan atractivas que el chaval con el iPad sienta curiosidad por verla. No estamos haciendo el esfuerzo de atraer a ese público y para mí eso es absolutamente primordial.

¿Te refieres a material escolar?

Sí, porque es el primer paso, el más claro. Pero al final, escolar puede ser desde el chaval que tiene ocho años a la persona de sesenta y cinco o setenta que está estudiando en la universidad de adultos e incluso para aquel que quiere llegar a casa y verse una película y que pueda descubrirla de esta manera. Hay que buscar maneras para atraer al público.

A nosotros una de las cosas que mejor nos ha funcionado es la idea de los estados de ánimo y «lo que ve Walter White», «lo que ve Don Draper» o «lo que ve Tarantino». Porque a través de Tarantino algunos espectadores han descubierto a Jean-Pierre Melville. Nadie  va a poner «Alain Delon» en el buscador de filmin y darle al enter pero en cambio sí con «lo que ve Tarantino» te aparece El Samurái puede que diga: «Hostia, no sé qué es esto. Voy a verlo» Tiene tarifa plana, la ve, alucina y de ahí pasa a la siguiente. Se trata de buscar referentes para establecer puentes.

Jaume Ripoll para Jot Down 3

¿No crees que sería interesante apoyar con material audiovisual las lecciones que se están enseñando en el colegio? Los alumnos pueden descubrir muchos contenidos interesantes, aparte de directores, y las lecciones se asimilan mucho mejor.

Es lo que decíamos antes. Primero, es que no hay un programa educativo audiovisual a nivel nacional, ni tampoco he escuchado a nadie que lo vaya a tener; y segundo ¿cuánto dinero se gastan los padres en libros de texto? ¿Cuántos esfuerzo hemos gastado en digitalizar las salas? Pero no hemos invertido nada en crear aplicaciones en las que mientras estás estudiando la Primera Guerra Mundial te aparezca desde Johnny cogió su fusil a la última serie de la BBC y que el profesor pueda establecer un itinerario en clase en el que le digas a los estudiantes unas películas obligatorias y del resto que vean las que quieran.

Esa fue una de las propuestas que tuvimos durante mucho tiempo y aún no hemos conseguido llevar a cabo porque no logramos convencer a los agentes implicados. Ofrecer con los libros de texto una aplicación para que cada asignatura conlleve una serie de películas que puedas ver dentro de esa misma aplicación en casa, no en clase.

Lo mismo sucedería con el cómic, por ejemplo, si refuerzas el aprendizaje con materiales atractivos, todo es más fructífero.

Y posiblemente, si te has leído el cómic antes irás a clase a escuchar con otros oídos porque ese cómic te ha abierto los ojos y a partir de ahí, lo que te digan después lo entenderás mucho mejor. Mi hermana es profesora de Historia del arte y a los estudiantes de bachillerato cada año les hacía leer Maus, el cómic de Spiegelman, y claro, al principio se resisten porque es en blanco y negro, tiene cuatrocientas páginas y no quieren leer eso. Al principio lo leían cinco solamente, pero esos cinco alucinaban y se lo decían a otros diez, y acababa leyéndolo casi toda la clase porque le perdían el miedo.

¿El crowdfunding es una oportunidad para hacer cine interesante o una burbuja de proyectos que explotará en algún momento?

Bueno, el crowdfunding al final es un elemento más. Alguna gente dice que es el futuro y, de hecho, es el presente para algunos y será el futuro para otros, pero desde luego no viene a reemplazar la producción tradicional. El crowdfunding no va a pagar Lo imposible ni va a pagar Tres bodas de más, pero sí que puede servir para ayudar a hacer un documental que no podría hacerse de otra manera, o puede ayudar a acabar un corto, una película o un disco. Es una herramienta maravillosa, muy útil y que sirve. No demonicemos el crowdfunding.

Otra cosa es que muchos de los que lo aplican se esfuercen por atraer al usuario, al consumidor, al productor. Es una invitación a que la gente ponga el dinero en algo que de momento no existe. Tú ves algunos proyectos de crowdfunding de cine en España y les falta mucho para interesar al espectador. Eso debemos mejorarlo entre todos porque si no, cada vez menos gente pagará por producir películas de esta manera. Y en España hay portales que son notables como Verkami y tantos otros.

Distinto son los famosos haciendo crowdfunding en Kickstarter. Es un poquito irritante ver a gente como Bret Easton Ellis y Paul Schrader. O a Zach Braff, en su casa de Malibú o Miami, pidiendo dinero para tener independencia creativa de su película. ¡Pero si se la  puede pagar él, solo esa cocina ya cuesta más que la película!

¿Truffaut o Godard?

Entre Truffaut y Godard, siempre Truffaut. Alguien que empieza con Los 400 golpes y La noche americana siempre me interesa mucho más que Godard. Nunca he tenido una buena relación con el cine de Godard. Aunque de los franceses, ni uno ni otro, me quedo con Louis Malle. Yo creo que Louis Malle tiene una de las mejores películas de bajo coste que se han hecho nunca, que es Mi cena con André. Es algo extraordinario. Cómo se entiende el teatro, la relación de amistad… y todo durante una cena entre Wallace Shawn y André Gregory que es una auténtica maravilla. Y nadie piensa en eso como una película independiente de bajo coste. Tiene un guión muy bueno.

Al cine de bajo coste y al cine en general, también le hacen falta buenos guiones. Es curioso, porque vivimos una época dorada del mundo del teatro en pequeño formato. ¿Por qué no llevamos estas piezas al cine y que más gente pueda verlas? No todas, pero seguro que hay piezas que pueden funcionar. Ahora hay un par de obras de teatro catalanas que se están llevando al cine de esta manera, con poco dinero. Como La Pols y El rei borni, que son obras de teatro que han funcionado muy bien aquí.

Se puede aprovechar un poco esta idea ya que en teatro tienes pocos escenarios, pocos actores y en un cine en el que no tienes mucho presupuesto puedes aprovecharlo en beneficio de la obra, sin que sea visto como una limitación sino como la propia voluntad del creador. Intentémoslo, establezcamos el debate de si es mejor la obra que vimos en la Sala Flyhard o en la Sala Barts. Bueno, discutamos eso.

Para poder decir «me gustó más la peli que el musical».

Esa es otra cosa que debemos hacer, muchos más musicales.

¿Pero tú crees que es posible hacerlos aquí, sobre todo cuando un musical es algo más comercial y más masificado?

Pero se puede intentar hacer musicales. Una de las cosas que me obsesiona es: ¿cuántos cienes de miles de personas van a festivales de música cada año? Si conseguimos que, de alguna manera, estas personas acaben viendo un musical. A mí un musical de canciones de Pablo Und Destruktion me parecería un planazo tremendo. Si haces un videoclip también puedes hacer una peli. Noventa minutos con eso podría ser brutal. Los franceses hacen musicales indies de bajo coste que son maravillosos, utilicemos algo así.

¿Dublineses sigue siendo tu película favorita?

Sí, siempre será mi película favorita. Tiene todo lo que me interesa como ser humano. Es una película que se desarrolla en el cambio de siglo y habla durante setenta minutos de la familia, de la gastronomía y del placer de comer; de las artes, desde la poesía a la música; de las relaciones sentimentales, el nacionalismo. Se disfruta con alcohol… Tiene todo esos temas, diferentes capas y con una intensidad que para mí es perfecta.

También diría Network, que es el tipo de película que los grandes estudios no están haciendo hoy en día. Una película de dos horas y veinte que lo destroza absolutamente todo. La ves hoy y tiene un mensaje igual de válido que hace cuarenta años. Un gran estudio no te hace esto hoy ni loco. Es algo que el cine comercial ha perdido, que los estudios que tienen dinero apuesten por este tipo de riesgo, hacen falta más Networks.

Una peli que me ha encantado, porque es un poco a lo Sidney Lumet, es El año más violento. Es extraordinaria. Trabajan Jessica Chastain y Oscar Isaac y es ese ejemplo de cine de gran formato que remite a películas como El Padrino II, Serpico, El príncipe en la ciudad. A un cine de hace cuarenta años. La recomiendo mucho, es una película que me ha impactado.

¿Hollywod ha perdido glamour? ¿Ya no se hace cine porque no hay interés o capacidad de verlo?

El glamour en general se ha perdido en el momento en que toda estrella está sobreexpuesta, imagínate a Marlene Dietrich o a Bette Davis en el mundo de Twitter y Facebook. A mí me entran escalofríos solo de pensar que eso pudiera suceder. Afortunadamente no vivieron para ver este mundo.

El cine de Hollywood es más conservador en aquello que ofrece porque las películas cada vez son más caras y les da miedo perder la inversión. El cine independiente o arriesgado se lo dejan a la parte independiente de los estudios, o esperan a que lo hagan productoras independientes y lo presenten en Sundance para quedarse después con los derechos. Eso sucedió con Whiplash, que la compó Sony, o con Boyhood, que tampoco es película de estudio. Network sí lo era,  esa es la principal diferencia.

El cine se parece mucho al videojuego. Se crean franquicias y cada año hay una nueva entrega: FIFA, Call of Duty y Halo. En cine pasa lo mismo; cuando se acabe Harry Potter hacemos un remake. O lo que hacen Marvel y DC con sus sagas.

Una de las críticas a Sundance es que ya hay un prototipo, una «película Sundance». Se acaba haciendo una película para que vaya allí a triunfar.

Es que no nos olvidemos de una cosa, que sea cine independiente no significa que sea bueno. Hay mucho cine independiente malo, pero muy malo. Hay autores que se quejan: «Ay, es que mi película no la ha visto la gente». No, es que es mala. Quizás primero deberías pensar que si no la han visto, a lo mejor es porque es aburrida. Tú haces cine de autor para tomar las decisiones, pero esas decisiones pueden ser todas erróneas. Y en Sundance se pasan películas que son muy malas. Nunca he ido allí pero en Berlín, en el mercado, se pasan muchas películas de Sundance y claro, ves cada peli que es muy mala. No es que no pueda estrenarla aquí, es que me estoy aburriendo yo. ¿Cómo vas a vender eso? Además, la falta de autocrítica también es un problema real; uno tiene que ser consciente de lo que tiene. Esas películas independientes de parejas de treina años, con crisis de pareja, crisis laboral y crisis de no sé qué, hechas más o menos bien… quizás no todas son Cassavetes ni Woody Allen. De hecho, muy pocas lo son, y el resto son malas. El otro día me contaban una frase buenísima de T. S. Eliot de cuando él era editor. Había un tipo superpesado que le mandaba la novela siempre quejándose de que no se la publicaba y le respondió con una carta larguísima que decía: «A mí no solo me pagan para publicar sino para evitar que gente como tú publique».

Precisamente, una de las cosas que se han perdido con internet es el filtro. La autoedición y la autodistribución hacen que todo el mundo pueda hacer su película, y eso es muy bueno, una clara ventaja. El inconveniente es que, al haberse perdido el primer filtro, se inunda todo de todo tipo de contenidos y todo tipo de calidades. Lo malo es que quien quiera acercarse a esos contenidos, o encuentra un editor que le lleve a más o menos donde le pueda gustar o, frente a experiencias negativas, acabarás viendo lo más comercial.

Jaume Ripoll para Jot Down 4

A la hora de poner filtros, ¿estáis orgullosos del vuestro o se puede mejorar?

Siempre se puede hacer mejor y debemos hacerlo. En general estoy contento con el catálogo que tenemos, aunque desde luego que también hay películas malas en filmin o películas que a mí no me gustan nada, pero eso es diferente a que sean malas. Lo que sí que evitamos es que se estrenen películas horrorosas.

Debemos conseguir aplicar filtros para aquel que no tiene ni idea del tipo de cine que ofrecemos. Para que cuando venga no le entre el miedo a no conocer nada y se vaya de aquí corriendo. Lo que nosotros queremos es que, aunque quizás no conozca nada, podamos recomendarle un camino. «Empieza por aquí», ayudarles en el primer paso, y si ese le ha gustado ya iremos subiendo peldaños de uno en uno.

Pero sí orientáis con las categorías. Usáis un tono de humor y también las clasificáis según apetencias y estados de ánimo.

Sí, y nos han funcionado muy bien, pero ahora tenemos que evolucionar. Para el nuevo filmin queremos desarrollar esto. De hecho, una de las cosas que cambiamos fue utilizar la actualidad en beneficio del catálogo y del espectador. Por ejemplo, ahora que estamos en época de elecciones hemos montado un especial; o si hay un momento de crisis en Grecia ponemos Z porque a lo mejor no la has visto. Es una buena manera de hacer descubrir a la gente películas que están en un catálogo con ocho mil títulos.

Hace unos días, Pablo Iglesias comentaba que no le gustaba la nueva sintonía de Podemos que ha hecho Joe Crepúsculo y que prefería la de Z de Theodorakis. Es algo que no te esperas.

[Ríe] Pensé lo mismo. De alguien que te regala un pack de DVD de Juego de tronos, no. Me hubiese gustado, ya puestos a regalar, que le regalase una suscripción de la parte de monarquía que tenemos en filmin, que tiene desde Adiós a la reina hasta Ricardo III. Pero sí que me sorprendió. Ojalá más gente vea Z. Yo lo veo en los alumnos de cine, que nadie la ha visto. Pero bueno, si no han visto JFK de Oliver Stone difícilmente habrán visto Z. Y hablo de chavales entre veinte y veinticinco años que de entrada es que no saben ni que existe una película que se llama así. Y luego la ven y alucinan porque es muy buena.

Hablando de regalos, ¿qué le regalarías a Rajoy del catálogo de filmin?

A Rajoy le regalaría una suscripción, desde luego. Y un viaje con la gente de Cinema en curs, por ejemplo, para que vea lo bien que funciona llevar el cine a los institutos y a ver si lo aplicamos a políticas generales. Eso sería lo básico.

Alguna vez nos hemos planteado hacer este  tipo de estados de ánimo de «Lo que debería ver Rajoy», pero al final hemos postergado la decisión de hacer categorías que intenten educar a los políticos. Pero creo que sería básico. A mí me entristece cuando aparecen las típicas entrevistas o encuestas en las que los políticos eligen su película favorita, y veo que su película favorita es Regreso al futuro y la otra es Memorias de África. Entro en shock.

¿Y a Artur Mas?

A Artur Mas le regalaría Hannah Arendt o a una adaptación de George Orwell de nuestro catálogo que tiene una visión muy interesante sobre el nacionalismo. Creo que por ahí podrían ir las cosas, para que pueda abrir más la mente e ir más allá de esa idea que tiene de país.

¿Y a Albert Rivera?

No sé cómo es realmente, la verdad. Quizás después del 24 de mayo sabré que película le regalaría a Albert Rivera.

Y ya el último, a Pablo Iglesias.

De entrada el pack de Shakespeare, por ejemplo. Así, la próxima vez que quiera regalar reyes, que regale a los mejores de todos, que son los que él escribió.

¿Te interesa el cine de tipo más experimental como Under the Skin o lo que hace Quentin Dupieux?

Mira, Under the Skin es el ejemplo perfecto. Mucha gente nos pregunta cómo puede ser que no esté Under the Skin en España. Ahora mismo solo se puede encontrar comprando el DVD fuera o en portales de descargas ilegales. Cuando los distribuidores españoles vimos la película en su momento alucinamos con ella. Yo recuerdo que vi un montaje en el ordenador que nos pasaron antes del Festival de Venecia, para que nos la mirásemos a ver si nos interesaba. Y era brutal. Pero claro, tú sabes que una película experimental como esta tiene un techo comercial determinado y al agente de ventas le dices: «Te puedo ofrecer esto porque puedo recuperar esto otro», y él te dice que no, que es eso por veinte o nada. Lo que pasa es que después va a un festival y nadie la compra porque eso es imposible; va al siguiente y te dice que es esa cantidad pero por diez. Al final la película aparece en DVD o en Blu-ray en el Reino Unido pero cada vez hay menos público. Finalmente este señor te dice que acepta tu techo pero por dos.

Lo que pasa es que el techo que tú tenías antes ya no está a la misma altura porque el público potencial ya la ha visto. El techo de público va bajando y lo que piden se mantiene y la película se queda sin distribuir. Ese es uno de los problemas principales que tiene la industria del cine, la cantidad de películas que se quedan sin distribuir por una visión totalmente irreal de aquellos que las venden. Yo entiendo que el negocio del cine a primer nivel debe funcionar para intentar sacar mucho dinero en las primeras ventanas, pero al cabo de dos años me parece inconcebible que películas que están hechas con ayudas públicas europeas o de cada país, no estén disponibles para los ciudadanos. Y me da igual la plataforma, que la elija el creador. Pero han pasado dos años y tú deberías estar obligado y no es así, las películas se pierden. Y como este caso te podría contar unos cuantos más. Hay muchos agentes que lo entienden y hay muchos que no.

Tú empezaste en Manga Films, ¿verdad?

Mi padre era vendedor en Mallorca de películas de Manga. Cuando se murió me fui a Mallorca a llevar la parte que llevaba él. Era la época del gran boom de Manga: Dragon Ball pero también los Teletubbies, que no era precisamente anime. Es curioso porque, hasta ese momento, los Teletubbies no tenían ningún éxito, nadie los veía. Mi socio, Juan Carlos Tous, se fue con los Teletubbies a la escuela de sus hijos y los niños alucinaban. Así que trajimos los Teletubbies a España y funcionaron muy bien.

En Inglaterra en los noventa,los Teletubbies eran omnipresentes.

Eran una locura.

Dijo Jordi Pujol que los veía, ¿no?

¿Sí? ¿No fue Ferrusola? [Ríe]

Quizá fue Ferrusola. Es que pegó muy fuerte.

Ya lo creo. Recuerdo que cuando los ibas a vender por primera vez te miraban con cara de loco: «¿Cómo me vas a vender esto?». Yo iba a Carrefour y les vendía veinte como mucho y te los compraban como si te hiciesen un favor. Luego te llamaban una semana después y te decían: «Se ha agotado todo. Tráeme más, tráeme más». Y les vendías de quinientos en quinientos. Se salió de madre. Todo el mundo con los Teletubbies en casa. Cada casa tenía doce o catorce DVD de los Teletubbies.

Lo más gracioso es que lo que tuvo más éxito en esa época de Manga Films fue Dragon Ball, los Teletubbies y Holocausto Caníbal. La sacamos en DVD y vendimos unidades y unidades de Holocausto Caníbal porque la gente aún se creía que había pasado de verdad. Teníamos la portada con la chica empalada y una pegatina que decía: «Censurado».

Eran otros tiempos, pero hay que tener cuidado. Yo creo que la droga que más dinero da en el mundo es la nostalgia. Ahora que hemos cambiado tan radicalmente la manera de funcionar en la industria tampoco tenemos que dejarnos llevar por la nostalgia de cómo era todo hace diez años. Nosotros vendíamos cuarenta y cinco mil unidades de Gangs of New York en videoclub, en alquiler. Cada videoclub la alquilaba como mínimo veinte o treinta veces. Un millón de visionados frente a los visionados que tenemos ahora en internet. Aún nos queda un camino para recuperar todo lo que hemos perdido.

Jaume Ripoll para Jot Down 5

¿Qué descubrimiento personal recuerdas de la etapa en Manga Films?

Donnie Darko. Era más inocente en ese momento y me impactó muchísimo. Esa gran peli de ciencia ficción independiente. Lo que me gustó fue la película original, porque es uno de los ejemplos en los que el director’s cut es mucho peor que la película. Cuando Richard Kelly rehizo la cinta, ponía partes muy obvias. El director’s cut es mucho peor que la versión original.

En filmin, supongo que iréis a festivales para conocer las películas que quieres estrenar aquí. ¿Cómo trabajabais en Manga?

En Manga yo solo era comercial y trabajaba en marketing, pero básicamente es lo mismo. La industria del cine funciona igual: tú vas a festivales y mercados como el American Film Market, que no tiene festival en sí, vas ahí, ves posters de películas muy feas que todas te parecen iguales y escoges pelis. Unas porque sale Samuel L. Jackson, Nicolas Cage o Bruce Willis y otras te las quedas porque el director te interesa.

También está la cosa de que nadie sabe nada realmente. A veces, el éxito te lo encuentras en sitios inesperados. Es verdad que ahora, con internet, todo el mundo tiene más información y se va a los festivales mucho más preparados de lo que se iba antes. Estamos más condicionados: «Tienes que ir hoy porque esta peli han dicho en Sundance que está muy bien», y va todo el mundo corriendo. Entonces, cuando vas al pase, lo primero que haces no es mirar a la pantalla sino mirar al lado para ver qué otros distribuidores españoles están en el pase. Si la película es buena, todo el mundo pensará lo mismo y se acaba en una subasta.

Se desarrolla un sentido especial para saber lo que va a funcionar o interesar.

Por ejemplo, a mí me gusta mucho Leviatán y le damos más importancia a Leviatán. Es una de los privilegios de ser director editorial; uno puede decidir lo que pone delante y lo que relega a un segundo nivel.

No se trata solo de mi gusto, es que considero que determinada película debería verse mucho más de lo que se ve, y entonces hago lo posible para intentar convencer a la gente de que la vea.

La personalidad del director también empapa los contenidos. Pasa con Ángel Sala en Sitges, por ejemplo.

Con Ángel comparto la idea de empezar el festival cogiendo muy pocas películas y acabamos con tres veces las películas que deberíamos tener. En Sitges hay como cuatrocientas pelis, es casi una locura.

Es un maratón.

Hay tantas pelis que al final te cuesta decidir: «Esta la pongo, esta también la pongo y esta también la pongo». Pero después te das cuenta de que el espectador no puede absorberlas ni abarcarlas. Este año tenemos un problema con la quinta edición de Atlántida, tenemos sesenta películas, y ninguna se ha estrenado en España. De directores que apenas son conocidos dos o tres. Tienes que hacer un trabajo para elegir qué vas a ver porque no conoces nada. Una está hecha con SMS con policías en Praga, por ejemplo. Te puede llamar la atención pero es muy complicado porque no tienes referencias.

Es un trabajo añadido, porque ya tenemos las películas y ahora vamos a hacer que la gente quiera verlas. Y eso no es nada fácil.

Lo fascinante de Sitges es cómo lo vive el público. Es como un concierto de rock, cantan durante la película, aplauden los créditos. Gente que se coge vacaciones para estar una semana y vérselo todo. ¿Esto te lo encuentras en otro festival?

En otro festival no funcionaría.  Esto pasa en Sitges porque es un festival de género y tiene ese componente como más lúdico. Hay de todo, hay gamberradas, hay pelis más densas, pero en general se trata de pasárselo bien. En Sevilla, a la cuarta película en la que ves a alguien sufriendo, quieres salir a respirar un poquito.

En los festivales tradicionales, a lo que más miedo se le tiene es a la comedia. Con la comedia lo que pasa es que como en los festivales la gente casi nunca se ríe, cuando ponen una comedia todo el mundo se descojona. Y tu dices: «Hostia, esta peli va a funcionar de maravilla porque todo el mundo se va a reír». Y sin embargo luego no siempre pasa, porque cuando la gente va a la sala, al pase único, primero no hay tanta gente al lado, y segundo, no llevas tantos dramas acumulados para descojonarte al mínimo chiste que es lo que pasa con las comedias en los festivales. Hay que tener cuidado con las comedias porque quizá no son tan divertidas como parecen al escuchar al público de un festival.

¿Qué opinas del doblaje? Salió hace unos días la polémica sobre si un crítico (ojo, un crítico, no un espectador) podía juzgar completamente una película habiéndola visto doblada.

Hay críticos que analizan películas en los festivales con traducción simultánea, que es mucho peor que el doblaje [Risas]. Yo no veo cine doblado y considero que deberíamos minimizar el doblaje, pero es una opinión personal. Ahora bien, nosotros tenemos buenos actores de doblaje en España. Lo que me parece inadmisible es que un crítico de cine pueda valorar una película viéndola en un festival con traducción simultánea.

¿El doblaje te puede hacer ver otra película? Pienso en filmes como El discurso del rey.

Y aún hay festivales internacionales con traducción simultánea. Berlín, Cannes… Si no sabes un inglés suficiente para leer los subtítulos, que vaya otra persona de la redacción. Así pasa, que luego lees las críticas y dices: «Es que has visto la mitad de la película, la otra mitad te la han contado por el pinganillo, como en la ONU».

Hace no demasiado, Nacho Vigalondo dijo sobre Netflix que no era la panacea ni el Santo Grial. Cuando aterrice aquí, ¿os hará competencia? ¿Os preocupa la llegada de un gigante como ese?

Puede que Netflix al principio reste, pero acabará multiplicando, eso seguro. Tenemos catálogos diferentes y nuestra visión del negocio es completamente diferente. El ochenta por ciento del consumo de Netflix son series de televisión. En filmin, el ochenta por ciento son películas. Son públicos diferentes.

Tampoco entiendo la idea de que solo pueda quedar uno. Que queden muchos. Hay muchas librerías, y luego están las grandes cadenas; existe La Casa del Libro, La Central y te puedes comprar libros en El Corte Inglés. Lo mismo tiene que suceder con las plataformas. A mí me da pánico pensar en un mundo en el que solo quede Amazon, iTunes, Google, Netflix y Movistar. Un mundo donde solo haya grandes operadoras con sus intereses que pueden converger en algún momento pero en otros no hacerlo. Creo necesario que existan plataformas independientes más o menos paneuropeas que trabajen para ofrecer un tipo diferente de contenido. Que no sean series o pelis convencionales.

Yo estoy convencido de que existe un público en España capaz de combinar las dos suscripciones. En Netflix no vas a encontrar a Fritz Lang, Nicholas Ray o Almodóvar. Considero que es compatible. Hay mucha gente que está pagando filmin y también tiene Yomvi.

Me hace un poco de gracia esa cosa un poco como de Mr. Marshall que tenemos a veces los españoles. Pensamos que todo lo que venga de fuera es mucho mejor que lo que tenemos dentro. Por cierto, quiero agradecerle a Nacho Vigalondo que siempre nos ha apoyado y siempre ha apostado por esta idea: entrad y descubrid, quizá no tengamos todo lo que busquéis, pero tenemos muchas cosas que ni siquiera sabíais que existían. Y cuando las veáis, seguramente sean lo que queríais ver.

Jaume Ripoll para Jot Down 6

Fotografía: Violeta Leiva

Documentación: Loreto Igrexas


Los políticos nunca volverán a soñar por nosotros

Fotografía: Corbis.

Nada terminó en junio de 2011 aunque hayan pasado los años, aunque las lonas que albergaron los sueños y las pesadillas lúcidas se hayan deshecho en las papeleras. Aunque hayan abierto una gloriosa macrotienda de Apple muy cerca de donde había germinado una yedra gigante de pancartas de protesta que envolvía toda la marquesina de la estación del metro: los indignados la llamaron Plaza Solución y los políticos la bautizaron en 2013 con el nombre de Vodafone-Sol. Sobre los vidrios de aquella marquesina se leían jirones de optimismo, de ira, de brutalidad y de poesía. Eran los sueños de una generación hecha pedazos, los pedazos de una generación llena de sueños. Era un bostezo de euforia y cólera en un descampado de asfalto que parecía haber enterrado cualquier esperanza de cambio en España. Era la indignación frente a la resignación y la furia, la euforia y el megáfono frente a la tristeza, el silencio y el miedo.

Necesitaban canalizar toda esa energía y transformarla en algo más. Debía convertirse en leyes que castigasen a los culpables de los abusos que la sociedad estaba sufriendo, en instituciones que premiasen a los políticos honestos frente a los que veían en el Parlamento un sucedáneo de Wall Street. Rechazaban que la melodía de su enfado y optimismo se quedase en algo instrumental: más allá de sonar bien, anhelaban una fortísima voz colectiva que hablase de medidas concretas, reformas concretas y soluciones.

Estaban convencidos de que esas soluciones no las encontraría nadie en particular; iban a hallarlas entre todos y las comunicarían masivamente para que otros indignados, quizás a miles de kilómetros de las plazas, pudieran estudiarlas, refutarlas, enriquecerlas o aportar las suyas. Antoni Gutiérrez-Rubí, consultor de comunicación, mecenas, amigo y animador en jefe de algunas de las plataformas para mejorar la democracia que salieron del 15M, dibuja en una entrevista desde la República Dominicana lo que infundieron a una generación entera las acampadas. «Ellos sentían que sí se podían cambiar las cosas y que existía por fin la tecnología que les ayudaría a materializar sus sueños… Dejarían de existir las masas amorfas en política y se convertirían en una inteligencia colectiva capaz de cuestionar y controlar a los líderes». En definitiva, recuerda, llevarían «la idea de la colaboración y la cooperación hasta el extremo» y con ello redefinirían lo que entendemos por democracia representativa.

Hoy empieza todo

Por eso, y gracias a la experiencia acumulada por los miembros de asociaciones y movimientos cooperativos, se decantaron rápidamente por un sistema asambleario con un fuerte ingrediente tecnológico. Por eso y porque aspiraban a demostrar que con más democracia era más fácil llegar a consensos, colmar las expectativas de la mayoría y fomentar el aprendizaje continuo y la participación de todos. Estaban allí no solo para acabar con el sistema, sino también para demostrar que ellos eran la alternativa. Cientos de personas se sentaron en la calle dispuestas a no levantarse hasta que se pusieran de acuerdo. ¡No podía ser tan difícil! Ellos sentían que representaban a la inmensa mayoría de la sociedad que buscaba el consenso y la justicia frente a una codiciosa minoría de políticos y empresarios que explotaban la división para enriquecerse. Ser de izquierdas o de derechas no era lo importante. Lo importante era tener sentido común y reconocer que todos podían y debían aprender algo del resto. Especialmente, los más militantes.

Al fin y al cabo, la propia polarización política solo servía para dividir y enfrentar a una población arrasada por el paro y la crisis. Para ellos, era una forma de hacer la guerra y los negocios por otros medios con la venia, eso sí, de una prensa y unos jueces con muchas presiones y muy pocos recursos para resistirlas. También ayudaba la inexistencia de verdadera transparencia, participación y control de los ciudadanos sobre las decisiones de la Administración. Era un sistema ideal para el corrupto, porque permitía hacinar cada vez más cadáveres bajo las aparentemente superpobladas alfombras de los edificios oficiales mientras se reducían los testigos a un puñado de funcionarios y altos cargos y se evitaba, además, que docenas de periodistas y magistrados encontrasen la valentía y el tiempo necesarios para escuchar a las gargantas profundas que filtrasen o denunciasen los delitos. O así lo veían ellos.

David Cabo, fundador de Civio en 2011, un híbrido entre medio de comunicación y plataforma protransparencia, reconoce haber pasado días en Sol intentando explicar la necesidad de iniciativas que abriesen los cajones públicos a los ojos y la colaboración de todos. Está convencido de que la idea general caló entre gente pero descarta que la mayoría comprendiese realmente lo que hacía falta para desarrollarla. Por eso, afirma, el poder político fue capaz de aplacar su ira con medidas superficiales como «publicar los salarios y patrimonios de los alcaldes». España no tendría su propia ley de transparencia hasta 2013, el plan de acción que presentó el Ejecutivo para abrir las políticas públicas a los ciudadanos en 2012 recibió duras críticas por su falta de concreción y en 2014 fue el organismo internacional de referencia el que avisó a España de que no estaba cumpliendo sus compromisos. Según un estudio reciente del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, «el 81,4% de la ciudadanía reclama nuevos canales para incrementar la participación» y «el 75% de los encuestados creen que la transparencia mejoraría la confianza en el Gobierno».

Billete de ida al s. XX

Muchos sentían que las cartas de navegación de las grandes ideologías se habían convertido en una reliquia en la era del GPS y Google Maps. Al fin y al cabo, espoleaban la división y ofrecían más preguntas que respuestas a unos indignados sedientos de soluciones concretas y específicas, algo que, como recuerda Arnau Montarde, experto de la UOC en la tecnopolítica del 15M, «habían absorbido de la ética hacker». Era un nuevo mundo, una nueva generación que, cabalgando a lomos de la tecnología, arrancaría de cuajo los privilegios del Gobierno, de los cortesanos del bipartidismo y de las grandes empresas que habían vivido al calor del Estado. Creían que el sentido común se impondría rápidamente, que las propuestas no tardarían en aprobarse y que la sociedad a la que representaban las secundaría naturalmente una vez que los medios dejasen de manipular lo que se decía en las acampadas. El diálogo abatiría los muros de incomprensión que separaban a votantes de derechas e izquierdas y el control de la información que salía de las plazas marcaría la agenda de las principales televisiones y cabeceras. Las discrepancias irreconciliables se convertirían en debates de alto voltaje, interesantes negociaciones y, al fin, en consensos unánimes llenos de reconciliación. Esta primavera española tomaría sin violencia el Palacio de Invierno.

Fotografía: Marcello Vicidomini (CC).

La realidad de las plazas enfrió con el paso de los días y de las noches sin dormir aquella primera sensación de que todo iba a precipitarse como un espectacular dominó. Las asambleas se alargaban indefinidamente hasta el punto de que se volvían cada vez menos representativas, porque los que tenían que trabajar durante el día o tiraban la toalla después de docenas de horas de discusión las abandonaban progresivamente. Los que no se marchaban eran normalmente los más activistas, que eran los mismos que no veían ventaja alguna en pactar si eso les exigía renunciar a parte de sus ideas. La esclerosis invadía las arterias de la revolución, los que representaban las viejas ideologías que se creían superadas parecían estar cada vez más al mando y su experiencia en otros movimientos asamblearios les permitió convertirse en una formidable minoría de bloqueo que, con el paso de las semanas y el abandono de cientos de indignados, se hacía cada vez más fuerte e influyente.

Para muchos la situación resultaba paradójica, pues eran los activistas quienes habían capitaneado las acampadas, organizado por primera vez las asambleas, resistido con valentía los desalojos de la policía durante esos primeros días llenos de incertidumbre y soñado con un movimiento transversal que derribase un sistema injusto. No tenía sentido que fueran ellos los que acabasen, voluntaria o involuntariamente, con la vitalidad y la diversidad de las concentraciones hasta convertirlas en uniformes y estériles bloques de cemento. Ellos lideraron muchas veces la emigración y supervivencia del 15M en los barrios y se encontraban entre los que, en un ejercicio de no violencia que pocos olvidarían, se limitaron a votar la posible disolución de la acampada de Sol mientras las fuerzas de seguridad los desalojaban arrancándolos del suelo. Así fue el domingo 12 junio, el final de las concentraciones en Madrid (las de Barcelona se extendieron una semana más), y había llegado el momento para muchos de asimilar y construir rápidamente sobre lo que habían aprendido. Lo que para miles de ellos había empezado desafiando una jornada de reflexión, la del sábado 21 de mayo, terminaría por el momento con otra jornada de reflexión que cumplirían religiosamente durante semanas. ¿Qué había salido bien? ¿Qué había salido mal? ¿Cómo ayudarían a mejorar la democracia con lo que había salido bien y mal?

Los fundadores de la plataforma tecnológica Incoma, Carlos Barragán y Miguel Arana, tenían muy claro que las asambleas habían cumplido una función esencial. La gente había aprendido a discutir con respeto, a escucharse entre sí con independencia de la ideología que tuviera cada cual y a apreciar la enorme dificultad que implicaba llegar a un consenso. Cierto, recuerda Miguel, «no fueron eficientes si las miras atendiendo a los resultados», pero afirma sin dejar que nadie le interrumpa: «Fueron completamente necesarias porque nos enseñaron a negociar, a compartir emociones y a ver que la mayoría, cuando habla en detalle de las cosas, puede ponerse de acuerdo sea de izquierdas o derechas». «Sin ellas no hubiera habido un movimiento transversal y hoy probablemente no existiría el 15M».

Examen de conciencia

¿Qué había fallado? Para ellos, el gran obstáculo había sido que las asambleas cada vez representaban menos sensibilidades políticas y a menos personas con nombres y apellidos. Dicho de otra forma, miles de indignados abandonaban las concentraciones en la calle porque o no tenían tiempo de discutir allí durante horas o se sentían hastiados frente a la lentitud con la que se acercaban a un consenso que nunca terminaba de llegar (muchos de ellos culparon de eso a los más activistas). Además, algunas de las herramientas tecnológicas que abrazaron con tanto entusiasmo al principio, recuerda Barragán, deprimieron las ganas de participar con el paso de las semanas. Según él, «los espacios donde se colgaban las propuestas no distinguían entre lo viejo y lo nuevo, algo que hacía que la gente entrase cada vez menos porque pensaban que lo habían visto todo, y una de las principales redes sociales (N-1) que se utilizaban para elaborar textos colectivos daba errores importantes hasta el punto de que algunos documentos no se podían encontrar con el buscador».

Carlos y Miguel forman parte de LaboDemo, el organismo que mece la cuna de Plaza Podemos, una réplica virtual, corregida y aumentada de lo que eran aquellas asambleas. Allí se pueden compartir noticias, subir vídeos, hay políticos que se ofrecen a que les hagan entrevistas colectivas, se habla de sentimientos y se lanzan propuestas que pueden votarse al igual que los comentarios más destacados. Para mantener la frescura de los contenidos, se destacan los nuevos sobre los antiguos y para que nadie se pierda, se envía un boletín semanal con las cinco cuestiones más relevantes que se hayan tratado y se publican síntesis de los temas donde se comparan las distintas medidas políticas que diseñan o recomiendan los usuarios.

Plaza Podemos se sostiene principalmente sobre los cimientos de Reddit aunque los fundadores de Incoma creen que su software, si se incorpora como esperan a medio plazo, multiplicará las posibilidades de interacción y permitirá aprovechar mejor toda la inteligencia colectiva. Otra de las ideas que han ofrecido a la ejecutiva de Podemos es añadir a este foro la funcionalidad de una gigantesca urna: quieren que las propuestas más populares puedan terminar convirtiéndose en lo que tengan que defender los líderes. Ellos aspiran a una «verdadera democracia directa» y no están dispuestos a renunciar a ese sueño.

Fueron testigos en Sol de cómo los más activistas y militantes intentaban imponerse a los demás y dificultaban cualquier acuerdo. Miguel Arana cree que hasta ahora han conseguido evitar una reedición de ese peligro gracias a que sus aportaciones rara vez se encuentran entre los comentarios más votados (por lo que, al final, casi nadie los lee) y a que han empezado a utilizar el software Loomio, un hijo legítimo del colectivo Occupy de Nueva Zelanda, para «evitar que los supuestos líderes, los pesados, los activistas o, en definitiva, los que más hablan conduzcan las asambleas y terminen imponiendo su criterio». Por supuesto, han renunciado a la regla de la unanimidad que imperaba en Sol o plaza Cataluña para que no exista una minoría subatómica de bloqueo. Así creen que han neutralizado las ansias de notoriedad de muchos militantes, su capacidad para frenar en seco los deseos del resto con un solo voto y una elocuencia que les permitía vencer en las discusiones sin convencer realmente a la mayoría. Otra ventaja de Plaza Podemos frente a lo que se vio, por ejemplo, en Sol es que allí nadie tiene por qué escaparse del trabajo o dejar a los niños con los abuelos para sentarse en la calle a discutir sobre política. Pueden hacerlo cuando quieran desde sus casas.

Votad, votad malditos

Además de LaboDemo, Podemos también está contando con AppGree y Ágora Voting. La primera es una aplicación de la empresa del mismo nombre que se hizo popular cuando la utilizó Gran Hermano para que su audiencia votase durante el programa de televisión desde sus teléfonos móviles. Juan Morán, su CEO, asegura que alcanzan una precisión del 100% con preguntas cerradas (cuando existen, por ejemplo, dos o tres respuestas válidas) y que en las preguntas abiertas (cuando no hay respuestas prefijadas y se hace un ranking con las que más han gustado a la audiencia) su margen de error de media es inferior al cinco por ciento. Morán se ha comprometido a establecer en 2015 el calendario para liberar el código «para que cualquiera pueda verlo y entender de dónde salen los resultados de las votaciones y respuestas». En principio, no quiere «liberarlo» para que lo utilicen otros desarrolladores de software. AppGree, aunque nació en 2011 desde la convicción de que la política y las empresas tenían que multiplicar la participación de ciudadanos y clientes, «es una aplicación que es un medio, no un mensaje». Y mucho menos, advierte, un mensaje político.

Los fundadores de la empresa Ágora Voting, Eduardo Robles y David Ruescas, tomaron buena nota de otro problema en las asambleas que podía corregirse y lo identificaron rápidamente, porque llevaban casi dos años dándole vueltas a una idea. Hacía falta un sistema seguro y transparente que garantizase la legitimidad de las votaciones. Ese artilugio también podría conectar directamente algún día a los representantes parlamentarios con los ciudadanos y hacer que los primeros sometieran la orientación de sus votos a la decisión de la mayoría en tiempo real. Es exactamente lo que había propuesto el Partido de Internet en 2009, que no logró nunca escaños en las elecciones, y ellos, Eduardo y David, se lanzaron a hacerlo posible desligando su software de la fracasada formación política para poder ofrecer sus servicios a todas las demás. Pusieron a prueba su primer prototipo con el referéndum para mejorar la democracia que las huestes del 15M celebraron el 15 de octubre de 2011.

Desde entonces han tenido nuevas oportunidades para afinar una herramienta que, a diferencia de los recién nacidos, se ha visto forzada a pasar de un torpe gateo a correr una maratón y dar un triple salto mortal con tirabuzón durante sus primeros tres años de vida. En 2013, Compromis-Equo sometió la orientación del voto de su parlamentario nacional sobre la ley de transparencia y la ley del sector eléctrico a la decisión mayoritaria de los usuarios de la plataforma. Ya en 2014, Podemos y la Confederación Pirata la utilizaron para elegir a sus candidatos al Parlamento Europeo, canalizaron ochenta mil votos durante el referéndum oficioso sobre la continuidad de la monarquía en España y dieron soporte a las primarias de Izquierda Unida en Andalucía. ¿El siguiente paso de este velocista en pañales? Han lanzado una campaña de crowdfunding para poder ofrecer su sistema a todos los partidos que lo necesiten para celebrar sus primarias en 2015.

La forma en la que los acontecimientos se han precipitado ha hecho que el sistema de  dé fallos en ocasiones como ocurrió en los comicios que convocó la Confederación Pirata. Han reconocido desde entonces sus errores, han intentado introducir mejoras, aportan pruebas matemáticas de que el proceso se ha llevado a cabo como estaba previsto y, finalmente, los votos ya no solo están cifrados para que nadie conozca la identidad de su titular, sino que este posee un localizador para consultar cuando quiera «la papeleta» y han abierto el recuento a otras organizaciones para que lo verifiquen mediante el mismo software que se empleó en las elecciones parlamentarias de Noruega en septiembre de 2013. Aunque hasta la fecha no han sufrido ataques informáticos, David Ruescas ha intentado investigar y adoptar la criptografía más avanzada que podían permitirse para evitar que alguien se cuele en el sistema para tumbarlo o manipular sus resultados.

La democracia no solo es votar

A pesar de su importancia y complejidad técnica, una votación transparente y verificable no dice nada sobre los debates previos, sobre las concesiones que han aceptado los negociadores y sobre la potencia de fuego de los grupos de interés. Tampoco permite que los ciudadanos presionen, por ejemplo, a los parlamentarios y les hagan propuestas y preguntas concretas a lo largo y ancho del proceso por el que una buena o mala idea termina convirtiéndose en ley o en ordenanza municipal.

Fotografía: Christian Jiménez (CC).

Kuorum, la empresa de Matías Nso, Iñaki Domínguez y José María García, quiere llenar en parte este vacío. Su idea es que los usuarios de su plataforma, que ya ha recibido la distinción de GameChanger 2014, puedan proponer modificaciones a las regulaciones que ya han sido aprobadas en los ayuntamientos o en el mismo Congreso de los Diputados, interactuar con unos legisladores y ediles que pueden apadrinar sus enmiendas y, fruto de ese contacto, influir en las decisiones que toman sus representantes. La ilusión de crear este proyecto surgió cuando trabajaba para un gigante internacional de la energía en España y comprendió que «dedicaba mucho tiempo a elaborar argumentos que favoreciesen a mi empresa para que luego los utilizase el lobby del sector, UNESA, frente a los reguladores». «Decidí que no podía seguir colaborando con una maquinaria que no respondía a las necesidades de consumidores y pymes, es decir, de la gente».

También había otro elemento que puede resultar abstracto y grisáceo hasta que siega toda una trayectoria profesional construida con esfuerzo: la falta de seguridad jurídica. Los recortes que han acumulado las renovables desde 2012 dejaron sin empleo a Nso, jefe de proyecto de una planta solar térmica. El Gobierno había cambiado las reglas del juego a mitad del partido con la idea de reducir el gasto y reordenar el sector eléctrico. Los grandes inversores se sintieron engañados, han reclamado más de mil millones de euros de indemnización al Estado español, y muchos pequeños inversores lo perdieron prácticamente todo. ¿Habrían cambiado sin pestañear las normas si hubieran contado con la opinión y las ideas de sus posibles víctimas a través de una plataforma como Kuorum?

Matías, que cobra el paro en estos momentos mientras intenta convertir su idea en una fuente estable de ingresos, ha vendido su coche para dedicarle aún más recursos y ha captado la atención y la participación de los primeros parlamentarios, entre ellos el diputado nacional del PP Gabriel Elorriaga o los diputados regionales de Andalucía Enrique Benítez (PSOE) y de Cataluña Carles Campuzano (CiU). Como la acogida ha sido mayor entre los concejales, la alcaldesa del Partido de Vecinos por Torrelodones Elena Biurrun se ha apuntado a la aventura, van a empezar a cobrarles por sus cuentas para hacer la plataforma sostenible. Poseen ya más de mil usuarios, dos regulaciones han alcanzado una participación considerable (una relacionada con la movilidad sostenible y otra sobre el comercio de animales domésticos) y ahora se están empezando a plantear la posibilidad de que los representantes públicos no solo publiquen las leyes en las que participan sino también las ponencias. Hay que colocar la lupa sobre todo lo que ocurre antes y durante la aprobación de unas normas que nos afectan a todos.

De cámaras y lupas

Esa es justamente la misión de Qué Hacen los Diputados, Graba tu Pleno y Proyecto Avizor. Qué Hacen los Diputados es el fruto del esfuerzo de la periodista Vicky Bolaños, su compañero de acampada en Sol, Samuel Jurado, la psicóloga Paloma Conteras y Pablo Medina, un granadino al que conoció mientras elaboraban juntos una hoja de cálculo colaborativa durante el 15M. Dos años después, en mayo de 2013, lanzaron la herramienta con la que empezaron a informar sobre los salarios, el perfil, los votos y, en la medida de lo posible, la agenda pública de cada representante.

Bolaños ha sido corresponsal parlamentaria de un medio nacional en Baleares. Allí fue donde aprendió «lo importante que es la transparencia, la falta de información que tenemos sobre la mayoría de las cosas que ocurren en las grandes instituciones y lo ciegos que estamos ante la labor de los lobbies». Su iniciativa solo fue al principio una cuenta en las grandes redes sociales, en Twitter superan ampliamente los 23.500 seguidores, pero gracias a los recursos que captaron en una campaña de crowdfunding y a muchas horas de trabajo voluntario han ido haciéndose un hueco en el ciberespacio con su página Web.

Graba tu Pleno por su parte es una iniciativa que busca esa misma transparencia pero en el nivel de la política local. Félix Moreno, propulsado por la ola del 15M, intentó grabar el pleno del Ayuntamiento alicantino de Ibi, su pueblo. Las fuerzas de seguridad, siguiendo las órdenes de los ediles, le pusieron muchas trabas hasta el punto de que Moreno los denunció y ganó el juicio. Desde ese momento, se unieron al proyecto y ayudaron a completar la Web que se había creado nuevos miembros como, por ejemplo, Óscar Galiardi en Mojácar, hasta llegar a las quince personas que son hoy.

Algo tan aparentemente simple e inofensivo como encender la cámara del teléfono móvil en un acto público con la idea de difundir el resultado en una página Web puede resultar violento. Macarena Amores, de la pequeña población sevillana de Espartinas, recuerda que va sin desayunar porque le da miedo «vomitar por los nervios y la tensión» y que sus amigos entre los policías municipales «se cambian los turnos» para no ser ellos los que tengan que presionarla en el consistorio. Mario Cuéllar, concejal de la localidad de Pelayos de la Presa en Madrid, reconoce que «el alcalde, después de ocho años como concejal y de aguantar graves insultos, ha amenazado con echarme de la sala si vuelvo a grabar». Mario es meteorólogo de profesión, tuvo que marcharse durante la crisis como cocinero a Reino Unido y sigue asistiendo a gran parte de los plenos en avión aunque percibe solo cuarenta y cinco euros por hacerlo.

El Proyecto Avizor es una plataforma afiliada al centro de estudios CIECODE de la Fundación Salvador Soler que rastrea todos los debates y votaciones parlamentarias sobre la lucha contra la pobreza internacional y, desde finales de 2014, también la nuestra, la que deambula entre miseria por los comedores sociales y las casas de acogida de nuestro país. Alba Gutiérrez impulsó el nacimiento de esta idea en 2012, tan solo un año después de vivir en primera persona la Primavera Árabe mientras realizaba sus prácticas en la Universidad Americana de El Cairo. Descartaron hacer un seguimiento de las decisiones del Gobierno, porque necesitaban concentrar sus pocos recursos en el lugar donde se aprobaban los presupuestos y porque consideraban que su labor de lobby chocaría con un muro de silencio en los jardines del Palacio de la Moncloa, bien insonorizados por la abrumadora mayoría absoluta que consiguió Mariano Rajoy en noviembre de 2011.

Para ello analizan y exprimen el Boletín Oficial de las Cortes Generales. Luego evalúan y puntúan todo el contenido sobre pobreza, recuerda Alba, «teniendo en cuenta si son brindis al sol sin mayores consecuencias, si aportan valor añadido porque son ideas o posturas novedosas, si favorecen el desarrollo internacional, si demuestran la coherencia del político y si este ha justificado su postura recurriendo a políticas de desarrollo». Cuando se refieren a la lucha contra la pobreza, van mucho más allá de los clásicos fondos de cooperación y fijan su atención también en cuestiones como la fiscalidad internacional, el daño que provocan las medidas proteccionistas sobre los países desbordados de miseria o el comercio mundial de armas.

Algunos hombres buenos

A Alba Gutiérrez le gusta apuntar que el Proyecto Avizor no está solamente para castigar a los cargos públicos que son indiferentes a las necesidades de los que no tienen nada. De hecho, afirma, «además de presentar un informe anual, damos un premio al diputado más responsable y nuestras evaluaciones son críticas, es verdad, pero también constructivas». No cree que todos los representantes de los ciudadanos lo sean para enriquecerse o para salir en la foto mientras dan la espalda, a veces con sutileza y a veces sin ella, a los deseos y aspiraciones de quienes los han elegido. Quizás el sistema no les permita a muchos ser de otra manera; quizás docenas de personas honestas estén cargando con el lastre de una fama inmerecida.

Fotografía: Marcello Vicidomini (CC).

Un aspecto básico de cualquier sistema que favorece a los que hacen trampas es el marco de incentivos. Las instituciones, diseñadas o no con esa voluntad, pueden tender a pasar por alto los abusos, a recompensar las mentiras en campaña electoral o a configurar una clase política encerrada en sí misma y rodeada por grandes empresas que engordan sus balances a base de contratos públicos adjudicados a dedo. En esas circunstancias, la pasividad puede tener mérito y actuar correctamente implica aceptar unas grandes probabilidades de fracaso mientras los vecinos de despacho y coche oficial que sí saben cobrar comisiones pagan mejores colegios y proporcionan una vida mejor a sus familias. El día que la política los deje por otro más joven, les esperará más allá de la puerta giratoria un coche financiado por la empresa a la que favorecieron. Es más fácil saltar con red. Con una tupida red de contactos agradecidos.

El colectivo Politikon, que lanzó su web en enero de 2011 y surfeó la enorme ola del 15M hasta convertirse en una referencia para miles de personas, ha identificado una y otra vez el esquema de incentivos perversos que fomentan la corrupción de los partidos y deprimen la participación de la gente en la vida pública. A pesar de que le deben a Internet su notoriedad y su influencia, Jorge San Miguel, miembro de la plataforma desde el principio, reconoce su escepticismo ante cualquier solución tecnológica para los grandes problemas políticos: «Hay que rebajar las expectativas de todas las medidas que no pasen por reformar y corregir las carencias institucionales que han multiplicado el efecto de la crisis económica». Le preocupa también que los españoles caigan en el grave error de olvidarse de las reformas «en cuanto volvamos a crecer con fuerza y a crear empleo», aunque reconoce que «esto es difícil con una recuperación tan lenta como la que anticipan los economistas». Los miembros de este colectivo no quieren ni oír hablar de que los jóvenes vuelvan a dar la espalda a la política, porque creen que estarían dando la espalda no solo a la fuente de los problemas, sino también a la de las soluciones.

Y sus soluciones pasan por «reducir los fondos discrecionales», porque pueden utilizarse fácilmente desde cualquier organismo oficial para comprar lealtades o devolver favores. Al mismo tiempo, matiza Jorge San Miguel, «hay que favorecer la existencia de los chivatos que se atrevan a denunciar las malas prácticas» de las que son testigos o en las que quizás estén implicados directamente. También resulta fundamental que los funcionarios, es decir, los técnicos asuman más competencias frente a los cargos de libre designación y que no se pueda prescindir de sus recomendaciones o relegarlos con la misma facilidad que ahora. La burocracia haría entonces de contrapeso a las ambiciones y deseos de un ministro sediento de conceder grandes contratos públicos que tal vez supongan un gasto innecesario o estén sometidos a unas condiciones que abran el abanico a un sinfín de irregularidades cuando llegue el momento de adjudicarlos.

Había un tercer elemento que dominaba los debates de las acampadas del 15M además de la corrupción y de la tórrida aventura que protagonizaban entre sábanas las grandes empresas, bancos y gigantes de las infraestructuras e inmobiliarias sobre todo, y una Administración que las regaba supuestamente con contratos a dedo, aeropuertos hacia ninguna parte y regulaciones a la carta con menús de cinco tenedores. Ese tercer ingrediente era el perfil de la clase política, lo que Podemos llamaría después «casta», y ahí es donde Politikon también ha puesto su foco para dar la voz de alarma sobre «el excesivo número de funcionarios» que la pueblan, la forma en la que «los partidos han colonizado la sociedad» y la necesidad de introducir «mecanismos que incrementen la competencia interna y la externa» como pueden ser, por ejemplo, las primarias. O se reconduce esta deriva, apunta Jorge San Miguel, «o resultará difícil que la gente se anime a participar en la política» como votantes, sí, pero también como candidatos.

Todos tenemos un precio

Los creadores de «D€mocracia» ofrecen una clase práctica en incentivos perversos y calculan que un 70% de los que participan en su popular juego de mesa utilizan las malas artes que ofrecen sus reglas precisamente porque es la mejor forma de ganar la partida. Entre ellas destacan la posibilidad de comprar jueces para garantizar una sentencia favorable (los magistrados tienen, por definición, muy pocos recursos para investigar en este juego), disponer de un fondo de reptiles para mantener a raya a los periodistas deslenguados y, por supuesto, financiarse ilegalmente (la vía legal es mucho más lenta) para pagar todas las facturas que, con unas cloacas hiperactivas y saturadas, al final terminan desbordándose. Miguel Santander, Carlos Martín Guevara y Raúl Heredia reconocen que se inspiraron en febrero del año pasado en el enorme revuelo que desataron los papeles de Luis Bárcenas, el extesorero del Partido Popular que publicó la supuesta contabilidad en negro de la formación que lidera Mariano Rajoy.

Detrás de toda la diversión que son capaces de servir en bandeja de plata los muñidores de «D€mocracia» se esconden unas preguntas que pueden resultar inquietantes. Miguel cree que el jugador debe pensar «hasta qué punto no es lógico y previsible que los políticos se corrompan si las normas lo favorecen». Las otras dos las formula directamente Carlos Martín Guevara, uno de los dos especialistas en neurociencia que mueven los hilos de este juego: «Debemos plantearnos si nos importa más ganar o hacer bien las cosas y si nuestros valores tienen un precio o no lo tienen». Cuando presentaron su proyecto hace pocas semanas en la Feria de Juegos de Mesa de Córdoba, «los padres se llevaban a los niños de diez a quince años para que no lo vieran y los dejaban delante de otros que prometían guerras espaciales, es decir, violencia». Raúl Heredia trabaja ahora mismo en el Children’s Hospital de Washington, donde intenta ayudar a los más pequeños en su lucha contra la distrofia muscular, un grupo de enfermedades que no tienen cura y que debilitan progresivamente los músculos hasta paralizarlos en el peor de los casos.

Arnau Montarde, experto de la UOC en la tecnopolítica del 15M, cree que el nivel de innovación y creatividad que ha desatado la indignación sobre todo desde 2011 «es espectacular y ha atraído la mirada de muchos países en todo el mundo». Antoni Gutiérrez-Rubí, con más de tres décadas de experiencia profesional a sus espaldas desde que fundó su empresa con dieciocho años para rastrear nuevas tendencias, asegura que no había visto una lluvia semejante de iniciativas para mejorar la política desde los años setenta, es decir, desde que su generación y la de sus padres trajeron la democracia a España. Ahora otra generación ofrece su ira, su optimismo y sus recetas convencida como muchas antes que ellos de que saben cómo cambiar el mundo para siempre.

Cuentan para eso con el apoyo de buena parte de la sociedad, que, según los sondeos del Instituto Nacional de Estadística y los del Ministerio de Industria, Energía y Turismo,  está cansada de la corrupción, el abuso, la falta de transparencia y una insuficiente participación en las decisiones de los funcionarios y los legisladores. Cansados pero quizás no vencidos por el cansancio, furiosos pero sin ceder metros ante un pesimismo que proyecta su sombra de frustración entre los escombros del paro, los desahucios, la caída de los salarios o, simplemente, la sensación de que nada puede enderezarse en el reino y paraíso del Lazarillo de Tormes. Y, sin embargo, llevan más de tres años preparando plataformas que pueden cambiarlo casi todo y que, por encima de todo, los han cambiado a ellos. Acamparon como indignados. Han despertado ahora como emprendedores de sueños. Les queda todo el día por delante.

Fotografía: Christian Jiménez (CC).

Este ensayo forma parte de La Empresa de la Indignación, el ensayo del periodista económico Gonzalo Toca que publica Jot Down Books dentro de su serie 10K que se puede descargar aquí


Las mayores locuras financiadas mediante crowdfunding

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La humanidad es idiota, y eso es estupendo.

Una de las auténticas revoluciones que ha propiciado internet, más allá de redes sociales donde fotografiar las delicias que circulan por nuestro aparato digestivo, es el fenómeno del micromecenazgo al que se dedican webs como Kickstarter, Indiegogo o Verkami. Es decir, la financiación gracias a los propios fans de proyectos que empresas y productores no acaban de considerar viables. El bombazo llegó con Tim Schafer y su compañía de videojuegos Double Fine. El estudio montó un kickstarter pidiendo 200.000 dólares para producir una aventura gráfica, en dos dimensiones con promesas de beber de las raíces Lucasartianas, y tras las primeras veinticuatro horas todos sus empleados estaban respirando dentro de una bolsa de papel del susto: en un solo día habían recaudado un millón de dólares. Cuando se cerró el plazo de crowdfunding el juego, aún sin nombre, tenía recaudados más de tres millones y Schafer no sabía dónde era posible comprar tantos sacos con el símbolo del dólar dibujado. Los seguidores de la cancelada serie Veronica Mars financiaron su salto al cine con casi seis millones de dólares, Amanda Palmer se va de gira gracias a sus mecenas con un nuevo disco en la maleta, Ana Belén Rivero financia la producción de un libro con su coño, el Pebble: E-paper watch pasa de idea geek a realidad gracias a una montaña de billetes (diez millones de dólares) arrojados a su sombrero, una consola indie como Ouya consigue el dinero necesario para empezar la fabricación y su posterior comercialización. Todos empezaron como proyectos con metas económicas muy distintas y públicos muy específicos pero acabaron cosechando éxito entre los dispuestos a abrir la cartera. El fenómeno parece ir sobrado de fuelle para largos recorridos: Kickstarter acaba de anunciar que en su plataforma el dinero que se ha obtenido para proyectos de usuarios ha superado la cifra de mil millones de dólares. Y la mitad de esa cifra se ha conseguido durante el último año.

Pero, acurrucados en el otro extremo del escenario, también tenemos miles de proyectos que no llegan a captar el interés suficiente y se ahogan tristes entre tanta tormenta de promesas digitales. Y en alguna ubicación más incierta nos encontramos con un grupo mucho más pequeño e interesante: el de aquellos proyectos que revolcándose en lo absurdo, lo impensable o directamente lo estúpido (de manera premeditada o no) alcanzan su meta de financiación regateando todo pronóstico dictado por la lógica.

Una de las quejas que se utilizan como argumento en contra de la verdadera utilidad del micromecenazgo es afirmar que la gente es tonta e invertirá su dinero en cosas muy cuestionables o difícilmente merecedoras de cualquier tipo de capital. La realidad es exactamente esa: la humanidad es idiota y por eso no existe nada de malo en celebrar esa estupidez arrojando billetes contra la pantalla del ordenador. Probablemente lo correcto y necesario consiste en eso mismo, en financiar el legado físico de nuestra tontería.

Escribir en el cielo

Imagen cortesía de Kurt Braunohler.

Kurt Braunohler tenía un sueño, levantarse una mañana y descubrir que algo suyo había sido cuidadosamente escrito en el cielo de Los Angeles. Pero Braunohler no quería firmar una declaración de amor, un poema o un esputo con ínfulas de Coelho en las nubes. Aquel estadounidense buscaba una meta mucho más pura: escribir estupideces contratando una avioneta. Su campaña en Kickstarter prometía que si alcanzaba los 4000 dólares contrataría a un piloto de acrobacia para escribir uno de los siguientes mensajes: «¡Oh Dios mío estoy volando!», «Nubes 4ever», «Los pedos de Dios» o «¿Cómo se aterriza?», y aseguraba que si la cifra recaudada llegaba hasta los 10.000 billetes estos irían destinados a que cinco avionetas coordinadas rubricaran chistes de «Toc, toc» o diálogos como el que sigue:

Hey, tio.
—Hey.
—¿Qué haces?
—Skywriting.
—Oh, se me había olvidado.

Braunohler, entregado a su causa de hacer del mundo un lugar mejor con sus bromas dicharacheras, ofrecía una serie de recompensas a los backers entre las que se encontraba la posibilidad de casarse con aquel que aflojase de golpe 4000 papeles (algo que sorprendentemente no llegó a ocurrir, aunque hubo una persona que donó mil pavos). Cerrado el plazo de donaciones su empresa alcanzó la cifra de 6820 dólares. ¿El resultado? Pasar a la historia de los informativos de la ABC como noticia loca y dejar a millones de habitantes de Los Ángeles preguntándose si su cuñado se había sacado el carnet de piloto.

Una estatua gigante de Robocop

Imagen cortesía de Imagination Station Detroit.

Toda ciudad tiene a sus benefactores y todo ayuntamiento tiene derecho a plantar una efigie en honor de esos ilustres iconos de la urbe. Hace tres años un usuario de Twitter lanzaba una sugerencia a Dave Bing, alcalde de Detroit: «Filadelfia tiene una estatua de Rocky. Robocop le patearía el culo a Rocky. Él es un gran embajador para Detroit» a la que Bing contestaba amablemente: «No hay planes para levantar una estatua a Robocop. Gracias por la sugerencia».Lo interesante, además de descubrir que Filadelfia realmente tiene una estatua de Rocky, fue contemplar cómo poco a poco la broma inicial se iba haciendo fuerte en la red. John Leonard, un diseñador gráfico, montaba una página en Facebook apoyando la iniciativa de levantar una obra con la que honrar al hijo metálico de Verhoeven y a las pocas horas aquel rincón de la red social ya contaba con un par de miles de fans. Brandon Walley, un amigo de Leonard, animado por la capacidad de convocatoria del cine ochentero decidió que era buena idea abrir un kickstarter para construir realmente la estatua. 2718 personas aportaron un total de 67.000 dólares (la meta estaba fijada en 50.000).Gracias a ello, y tras el visto bueno por parte de la MGM, propietaria de los derechos del personaje, los perpetradores de la iniciativa se pusieron manos a la obra. Revisando las actualizaciones informativas y algún making off del trabajo realizado se puede ver que el molde ya está finalizado y a los chicos solo les queda comprar alguna tonelada de bronce para fabricar la estatua, ponerle un pedestal bonito y decidir en qué ubicación van a instalar a Alex J. Murphy para que eche raíces.

Calendario de gatitos

Imagen cortesía de Kate Funk.

Es un dato comprobado que internet se inventó para satisfacer dos de las necesidades básicas de la población actual: el porno y las fotos de gatitos, aunque no necesariamente al mismo tiempo. Por eso mismo apenas resulta extraño que un calendario de gatos disfrazados recaudara 25.000 dólares en su crowdfunding (el objetivo eran unos míseros 3500). Kate Funk organizaba el asunto y lo dejaba todo muy claro desde el primer minuto: «¿Disfrutas de las fotos de gatos disfrazados de criaturas mágicas?¿Usas calendario? ¿Sí? En ese caso tenemos algo impresionante para ti», y con esas palabras convencía por completo a más de mil amantes de los gatos aficionados al cosplay.

Crystal Bacon

Imagen cortesía de Greg Kiesow.

«El bacon es maravilloso, el Crystal bacon es más maravilloso aún». Greg Kiesow se dedicó a combinar arte de joyería con panceta de sartén en un único y maravilloso abalorio. Con mimo milimétrico, delicadeza deliciosa y dos mil dólares en la hucha este distinguido artista de Chicago confecciona en su ordenador detallados modelos tridimensionales que una vez tallados en placas de plástico se convierten en llamativos pendientes, collares y elementos decorativos absolutamente exclusivos. Con forma de fritanga.

La botella de agua inteligente

Imagen cortesía de Oleo Apps Inc.

La vida actual es muy dinámica y estresante. Una persona normal no tiene tiempo para detenerse a comprobar cuánta agua consume diariamente o cuándo su cuerpo anda a un paso de la deshidratación total. Pero una persona normal también tiene el móvil siempre a mano, y ahí se encuentra la solución: BluFit Bottle. La botella inteligente que es capaz de decirte a través de su aplicación para smartphones cuánta agua acabas de beber de esa misma botella y cómo lo llevas en cuanto al consumo de líquidos diario. Porque la vida es demasiado corta como para pararse a hacer cosas como mirar la botella y restar de memoria.

Una secuela de Shaq fu

Imagen cortesía de Big Deez Productions.

Situémonos: estamos en 1994 y a los críos les encanta Shaquille O’Neal, una bestia parda que juega en la NBA. Estos mismos infantes tienen una Megadrive o una Super Nintendo y esos dos trastos también les encantan, son cacharros que sirven únicamente para jugar, y durante esos mediados de los noventa los videojuegos de lucha están viviendo una época dorada gracias a títulos como Street fighter II o Mortal Kombat. Entonces alguien decide que es buena idea combinar todos los elementos anteriores y embolsarse algún dinero vendiendo el resultado. Nace Shaq fu, juego de tortas con un Shaquille O’Neal partiéndose la cara contra momias, hombres biónicos, bestias infernales o mujeres gato en una dimensión alternativa. El videojuego es un curioso montón de mierda, o lo que se puede presuponer que posiblemente ocurra cuando pones a Shaq de protagonista en un producto en el que lo único que no se hace es jugar al baloncesto.

Saltamos a 2014: aparece una iniciativa en Indiegogo para crear una secuela de aquel juego que todo el mundo recuerda por lo absurdo de su propuesta pero nadie defiende por lo mediocre del resultado. En el vídeo promocional uno de los creadores originales afirma en unos cuestionables subtítulos: «Shaq fu fue un desastre, las estadísticas reflejan que en Francia se dobló el número de suicidios tras su publicación». Y es que los responsables de esta empresa tienen bastante claro su objetivo: resucitar por nostalgia jocosa una franquicia que nunca llegó a nada y limpiar el nombre de Shaq, algo que se antoja entre broma idiota y genialidad. Shaq se apunta a la fiesta («Im kicking everybody ass», afirma en la presentación) y lo hace en más de un sentido: no solo volvería a protagonizar el juego sino que una de las recompensas, para el que donase la salvaje cifra de 35.000 dólares a los desarrolladores, consistía en tener a la leyenda de la NBA pinchando como DJ en una fiesta en tu casa. Una recompensa reclamada: alguno de los backers decidió que eso merecía la pena y se llevó al gigante de New Jersey a su guateque previo paso por caja. 1339 personas más también se apuntaron a financiar la locura de secuela. El objetivo para sacar adelante Shaq fu: a legend reborn estaba en unos impensables 450.000 dólares, el resultado final superaba en 24.000 dólares esa cifra.

Cucarachas teledirigidas

Imagen cortesía de Backyard Brains.

Backyard Brains promocionaban su producto como «el primer cyborg comercial del mundo». Y a pesar de lo espectacular que sonaba aquello su idea realmente se arrastraba a un nivel algo más underground: controlar mediante una aplicación para el móvil el movimiento de esos seres hermosos que son las cucarachas de ciudad. The Roboroach es un pequeño pedazo de circuitería que una vez instalado en el lomo del insecto se dedica a enviar estímulos eléctricos a las antenas para que el bichejo se crea que hay obstáculos en su camino y modifique su itinerario, convirtiendo a la criatura en un coche teledirigido y al experimento en un, en palabras de sus creadores, interesantísimo trabajo de neurociencia que ayuda a comprender cómo funciona el cerebro de estos seres.

Los responsables de Roboroach adornaban su página con las menciones que la BBC, Forbes, Discovery, Computerworld o Mashable le dedicaban a la iniciativa. También incluían demostraciones en vídeo del artefacto en funcionamiento y explicaban lo fascinante de la capacidad de adaptación del cerebro de estas criaturas: tras unos minutos jugando a ser Dios con la cucaracha esta acabaría aprendiendo que era más sano ignorar las descargas eléctricas, lo que forzaba a que la diversión teledirigida tuviera que ser racionada por el usuario en periodos de pocos minutos. La pagina de kickstarter incluía también el código ético de la compañía en donde se aseguraba que las criaturas no sufrían al ser sometidas al aparato, pero aquello no evitó que los amigos de PETA se les echaran encima. 12.000 dólares y unas cuantas camisetas molonas más tarde The Roboroach se ha producido con éxito y se puede encargar a través de su página web: «¿Es usted un profesor o un padre que quiere enseñar a un estudiante técnicas avanzadas de neurotecnología? ¡Está usted de suerte!».

Sarténespada

Imagen cortesía de James Brown.

James Brown tiene pinta de matar dragones. También tiene pinta de freírlos después. Brown ideó una manera de convertir cualquier banquete en algo épico partiendo desde la misma vitrocerámica: la Combat Kitchenware, un utensilio que combina el noble arte del mandoble legendario con la pasión culinaria. O sentirse Conan friendo unas patatas. Viene acompañado de cartas con quests (en forma de recetas) y diferentes versiones de la espada (mango de villano o detalles y grabados personalizados). Para los impuros es un cacho de metal fundido pegado a una sartén, para los verdaderos guerreros un arma poderosa. En la que se puede freír un huevo.

Universal boop zone.2012 burningman )'(

Imagen cortesía de Twatrick.

Ha sacado 500 pavos. No está claro qué es, qué propone, qué tipo de recompensas da ni qué coño trata de comunicar el hippie en pijama pintarrajeado con Cariocas que está leyendo ese documento indescifrable. Pero ha sacado 500 pavos. ¿Un extraterreste de otra galaxia?, ¿la reencarnación pop de Ryan Dunn?, ¿una forma moderna de pedir financiación para mantener al camello?, ¿boooooop?, ¿booop boooooop? 500. He alquilado una caravana y tengo los rotuladores en la mano.

Titanoboa

Imagen cortesía de Charlie Brinson.

Pocas cosas incitan más a la confianza de los inversores que un hombre que quiere construir una boa metálica y articulada de tamaño gigantesco por ningún motivo lógico aparente. Se bautiza a todo el invento con un nombre con tirón y hop, 10.000 papeles obtenidos con los que pagarte el contrachapado del bicho e irte a cabalgar sobre el mismo por el desierto más cercano.

Comerse un burrito

Imagen cortesía de Noboru Bitoy.

Noboru Bitoy tenía la intención de comerse un burrito en el Chipotle de su barrio. 6,50 dólares era el precio del manjar, y el chico calculó que a esa cifra base había que sumar los 60 céntimos de impuestos y un dólar adicional de propina para los currantes del local. Bitoy montó un kickstarter para recaudar 8 dólares, hacer el esfuerzo de comerse el burrito en caso de cubrir los costes y posteriormente contarle a los backers cómo de bueno estaba el producto. La sociedad concienciada se volcó con su causa: cuando el plazo para las aportaciones expiró Bitoy era 1050 dólares más rico.

Tartas & geeks

Imagen cortesía de Garrett H.

Pi Pie Pan. Un molde para hacer tartas. Para hacer tartas con la forma del número pi. El sueño de todo matemático orondo y todo flipado de la ciencia cocinitas. Garrett H. asegura que es la forma más geek de cocinar una tarta y que los brownies salen con un mayor porcentaje de borde crujiente. ¿Quién necesita realmente una de estas? 741 personas por lo visto. La tontería se embolsó la increíble cifra de 17.500 dólares.

Un monumento a Satán

Detalle de La caída de Satán, de Gustave Doré c. 1866 (DP).

En el Capitolio del estado de Oklahoma hay un monumento dedicado a los diez mandamientos. La piedra trae consigo cierta polémica y acumula algunas denuncias de lo inconstitucional del asunto al presentarse como un anuncio de una religión promocionado por el Gobierno. El caso es que para evitar en parte todo ese follón la pieza fue costeada en su totalidad por Mike Ritze para posteriormente ser regalada por el propio Ritze al estado, consiguiendo que la obra figurara como donación y que el Gobierno pudiera decidir plantarla en alguno de sus dominios sin sentirse muy culpable. También aprovecharon para comentar que no era un caso excepcional, que cualquier otro monumento u obra de arte tenía las puertas abiertas y los terrenos allanados si alguien lo traía envuelto en papel de regalo.

Lo que ocurrió es que el Templo Satánico se puso celoso y pensó que lo que Oklahoma necesitaba era un monumento a Lucifer situado justo al lado de las bíblicas diez reglas. Y se pusieron a buscar financiación para la creación de un homenaje al Maligno en las redes. Con suficiente éxito como para recolectar 28.000 dólares y con suficientes amenazas como para que se acordaran de guardar el molde de la estatua, por si alguna de las personas que no eran muy de la cabra decidía realmente visitar la obra con nocturnidad y un martillo. Stephen Colbert lo cuenta con más gracia aquí. Y los de Vice hicieron una preview fotográfica del aspecto family friendly que va adquiriendo el monumento, con un par de niños muy embelesados con ese afable Satán.

Fotografía de portada: 401(K) (CC).


José María Albert de Paco: Cowjander

Hace poco recibí el correo de un conocido que anunciaba la puesta en marcha de un crowdfunding para costear un proyecto editorial. El hecho de que el autor hubiera escrito «cowfunding» me animó a seguir leyendo, pero cuando la carta empezó a interesarme de veras fue al llegar al objeto de la cuestación: la escritura y publicación de un ensayo sociopolítico. Para eso, me dije, hay infinidad de sellos editoriales, a lo que el demandante, saliendo al paso de esta suspicacia, alegaba que «ante las dificultades de su publicación en Cataluña [¿?]», [había decidido] “«prescindir de editoriales e intermediarios, aprovechando la brecha que han abierto las redes sociales». Y aducía: «Esta capacidad de convertirnos en editores y difusores sin permiso de nadie, nos hace más libres, no solo para este proyecto, sino para todos los que de ahora en adelante lancemos a través de este sistema. Se acabó el que unos cuantos controlen todo».

Nótese que amenazaba con que, «en adelante», el «cowfunding» fuera no ya su modus vivendi, sino también su humilde contribución a la salvación de la especie, como delata la vitola redentora con que abrochaba la frase. Hasta que recibí este mail, las microfinanciaciones de que había tenido noticia remitían a proyectos en verdad costosos, como la realización de una película, la organización de un macroconcierto o la construcción de un telescopio. Este que les traigo, no obstante, parecía consistir en asegurarse unas ventas, ya que a cambio de la donación, el contribuyente obtendría un ejemplar de la obra, lo que equivalía a fundar el print-on-demand en versión indignada. Con la particularidad de que aquí era el autor quien se embolsaba todo el dinero, ya que no había editor, distribuidor ni librero (tampoco diseñador, dada la protocubierta que envió como cebo).

El episodio me hizo pensar en lo que me dijo en cierta ocasión el director de un periódico en el que trabajé: «Si yo pudiera, De Paco, le costearía una estancia en un castillito centroeuropeo para que escribiera una novela, pero entretanto habrá que trabajar». De acuerdo con que Cowfunder no parece lo que se dice un vago; después de todo, no pretende fugarse a Brasil, sino publicar un ensayo. No, a mi modo de ver la osadía de la cuestación tiene bastante que ver con la consideración de la cultura como una actividad «colectiva», de suerte que, en caso de que el libro no se publique, el culpable no sea el autor, sino el sistema editorial y, en última instancia, el público, que no habría alcanzado la madurez suficiente para propiciar su venida. ¿Se imaginan a Cervantes promoviendo un crowdfunding para escribir el Quijote? Desde luego, no será porque don Miguel no pasara necesidades. ¿Y Hemingway? ¿Se imaginan que Fiesta no se hubiera escrito por falta de contribuyentes para financiar el viaje a Pamplona?

Se trata, ya digo, de un signo de los tiempos, que rebasa con creces el fenómeno de la literatura e incluso de la creación misma. Vean, por ejemplo, el día del Orgullo Gay: uno no es gay del todo si no exhibe su condición como miembro de una multitud. Y lo mismo ocurre en el ámbito de la educación, donde el mandato de que todos los alumnos progresen por igual, sin traumas ni frustraciones, ha acabado por arrasar la excelencia. Con todo, tal vez sea en la política, con la tabarra nacionalista, donde la exaltación de lo colectivo (y el consiguiente arrumbamiento de lo individual) ha tenido un efecto multiplicador. Una exaltación que, como se sabe, no sirve a la reivindicación de derechos laborales o viviendas asequibles, sino a la celebración de la mismidad. Y eso en un periodo histórico donde, particularmente en España, más se han respetado las diferencias, las minorías y aun el fenotipo. Lo que nos lleva de nuevo a Cowfunder y su alucinada campaña contra unas adversidades que no son más que molinos de viento, pues nunca había habido menos obstáculos a la difusión de las ideas, del mismo modo que nunca los derechos de los homosexuales habían gozado de tanto reconocimiento.

La gran paradoja de nuestro tiempo (que quizá en el hombre se haga más evidente y nociva que en la mujer), es que la diseminación del progreso social y las libertades hayan tenido como efecto no una explosión de la individualidad, con lo que la individualidad tiene de transgresión, sino una cerrada invocación al grupo, ya se trate de los lectores, de la tribu o de los compañeros de cama. Cualquier parapeto vale, en fin, con tal de escurrir el bulto ante la perspectiva, ay, de ser hombres solos. Y que nos digan que «no».


Juan Gómez-Jurado: “Los márgenes de beneficio de la industria cultural no son justos para el creador”

Quedamos con Juan Gómez-Jurado (1977, Madrid) para intentar averiguar cuál es la fórmula del éxito, cómo lo ha logrado, cómo ha conseguido conectar de la forma en que lo ha hecho con el gran público y con la crítica, cosechando premios como periodista y como escritor. Sus libros han sido traducidos a más de 40 idiomas. Acaba de publicar La leyenda del ladrón (Planeta, 2012) después de cuatro años documentándose y trabajando en ella. Un hombre que asegura no tomarse muy en serio a sí mismo y sí lo que hace. De un sentido del humor sutil, muy cercano; lo vamos descubriendo mientras caminamos, ya de madrugada, por las calles de Sevilla.

Hace pocos días Michel Houellebecq decía en Página 2 que para ganarse la vida escribiendo hay que tener cierto nivel de fama. ¿Hasta qué punto compartes esa opinión?

En absoluto la comparto. Creo que para ganarse la vida escribiendo lo que hay que hacer es saber escribir bien, para empezar; ser capaz de contar historias que lleguen al corazón de las personas. De una forma o de otra, con propuestas más o menos válidas. Se puede conquistar el mercado desde el más absoluto anonimato. Estoy pensando, por ejemplo, en Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James, que es una trilogía que a mí me parece bastante mala, pero que ha conseguido lo que nadie había conseguido antes de ella. Y desde el anonimato. Creo que la fama no es lo que tiene que definir a un escritor, creo que es algo que acaba llegando si eres capaz de demostrar que tienes unas ciertas capacidades. Además, es un accidente incómodo.

Eres de los primeros escritores que, a partir de estrategias propias tanto a nivel comercial como de marketing y sin apenas ayuda de las grandes editoriales, ha conseguido establecer su marca en un sector tan competitivo y saturado como el del libro. ¿Este éxito es consecuencia de una planificación meditada?

Yo he reaccionado a veces por impulsos, como el popular #1libro1euro, que surgió de un pronto. Estos impulsos son reacciones a un contexto que lleva mucho tiempo preocupándome. Ante un statu quo de sinsentido constante ―en este país, y por lo que respecta a derechos de autor, dura ya casi una década― un día saltas. Eso es lo que me ocurrió a mí. Es una reacción inevitable. Y, luego, el famoso artículo La piratería no existe llegó hasta el Consejo de Ministros.

Como en el caso de Lorenzo Silva, reciente premio Planeta que hace poco publicó una novela mediante crowdfunding, la gran editorial apuesta por autores que tienen detrás una gran comunidad. Parece que el gran dinosaurio se ha decidido a evolucionar y de forma rápida.

No creo que se hayan decidido a evolucionar aún, lo que creo es que están empezando a dar los primeros pasos en la dirección correcta. Además, una comunidad no justifica a un escritor. A un escritor lo único que lo justifica es su obra.

Estamos hablando del pensamiento editorial, de ganar dinero…

Hay un hartazgo en parte de nuestros clientes por cierta forma de hacer las cosas; algo ante lo que por fin el sector editorial está reaccionando. He hablado de esto en muchas ocasiones. Los directivos de grandes editoriales se encuentran muchas veces con que son capaces de ver el toro, que son capaces de sentir el toro, ver sus pisadas en la arena, e incluso de darse cuenta de que tienen el capote en las manos, pero lo que no está claro todavía, lo que no saben aún, es cómo torearlo. No me gustan los toros, de paso. Pero el símil vale.

En tu opinión, aún no hay masa crítica para la autoedición a gran escala; sin embargo, tienes la comunidad y la marca y además tienes a Amazon. ¿Es un problema de vértigo?

En absoluto. Es un problema de sentido común y de realismo. Es decir, ¿es posible que un escritor se autoedite en nuestro país? Completamente posible. ¿Es posible que todos los escritores se autoediten en nuestro país? Eso es inviable. Porque no todos tenemos la misma edad, ni las mismas inquietudes, ni las mismas capacidades para llegar al público en la forma en que el público lo está demandando actualmente. Por eso, durante mucho tiempo aún, tendrán que seguir existiendo las editoriales para realizar ese trabajo que aún muchos escritores no saben hacer. Quiero decir, yo no soy mejor escritor por el hecho de ser capaz de llegar a mucha gente a través de las redes sociales. Eso es una herramienta, que es útil, que a mí me permite hacer algo muy en sintonía con mi forma de ser; me gusta la gente y me gusta estar en contacto permanente con ella. Ahora bien, esto no me hace ser mejor autor, no me justifica como escritor. En el momento en que haya un parque de libros electrónicos suficiente en nuestro país, en el momento en que haya una cultura suficiente de compradores de libros electrónicos, en ese momento, digo, un escritor profesional, un escritor como yo, que tiene que pagar la factura de gas, el teléfono, que vive de lo que escribe, podrá decir “mi próxima novela se va a publicar ya de esta forma”. Mientras esto ocurre, podemos jugar a ir introduciendo esos elementos. Esa es la responsabilidad del escritor. En cierto sentido tenemos que hacer avanzar la tecnología, las formas de llegar a la gente, para garantizar que el día de mañana nuestro público va a seguir ahí. Los que vemos cómo van a trascurrir las cosas en el futuro somos los que tenemos la responsabilidad de preparar ese futuro, de hacer que llegue, y que cuando lo haga no sea de forma en que la gran industria le gustaría, sino de la forma que sea más justa para los intereses de todos.

Para defender tus ideas sobre los derechos de autor en el tiempo, y más con el éxito que tienes, es indispensable ser honesto. Ahora que estás en la liga de los grandes intereses, cada mensaje que escribes en Twitter puede afectar de manera directa a tu economía y prestigio. ¿Has pensado sobre ello?

Twitter es una herramienta fantástica, pero también es muy peligrosa. Es muy vibrante y a la vez es muy caliente. Es posible que te enciendas por un determinado tema que en un momento dado está en boca de todo el mundo, tomes una posición, y al día siguiente te des cuenta de que lo que has dicho se podía haber matizado, haberlo dicho tal vez de otra forma, o percibas que hay más aristas de las que fuiste capaz de ver en un principio. A veces yo me he equivocado —sintiéndome luego como un gilipollas—, y cuando lo he hecho tampoco me han dolido prendas en reconocerlo. Por eso digo que todo esto, con mesura y con calma. Al cabo del tiempo te puedes dar cuenta, a mí me ha pasado, de que un determinado tema era más complejo visto desde otros ángulos.

En muchos casos el circo mediático de los grandes premios literarios es como la lucha libre: los organizadores y adláteres saben quién gana de forma anticipada. Ahora que te ha llegado la fama y publicas en la editorial Planeta, ¿aceptarás formar parte de ese teatro?

Los premios son como los Reyes Magos: todos sabemos que es un juego, nos lo creemos solo el 6 de enero. No podemos vivir el resto del año pensando que van a venir unos señores a dejarnos un regalo… Quiero decir que aceptaría el premio Planeta, claro que sí, no me dolería en absoluto.

¿Y como jurado?

Eso ya me costaría más… Sería asumir formar parte de un juego que todo el mundo sabe que no es exactamente tal y como nos lo cuentan.

Tus columnas de opinión en ALT1040 suelen generar polémica —y eso que has subido pocas—, animas a la gente contra el voto útil, hablas sobre la decadencia de El País o pones en evidencia a Juan Manuel de Prada. ¿Por qué una cabecera como esta para tus artículos? ¿No es incómodo para los medios donde deberían estar tus textos?

He escrito columnas para El Mundo, para el ABC, medios con cuya línea editorial no me identifico, pero no he dicho nunca nada con lo que no estuviera completamente de acuerdo. Creo que cada mensaje, o cada idea que quieres expresar, tiene que encontrar el mejor medio para que se difunda de la mejor manera posible, siempre y cuando no se venda al sistema. Es decir, yo he tenido grandes peleas desde que soy columnista en medios de comunicación con los directivos de los periódicos, no les gustaba lo que yo estaba diciendo. De hecho, la pregunta es muy pertinente (y esto no lo sabe nadie); el famoso artículo de La piratería no existe se iba a publicar en La voz de Galicia. Lo escribí, se metió en página, estaba ya a punto de salir impreso, y entonces pasó por la mesa del editor, leyó el título, se lo leyó entero, y me dijeron que tal y como estaba escrito no podía pasar, que ellos no podían defender lo que yo estaba diciendo ahí. Siempre le había dicho al director adjunto de La voz que no iba a cambiar nada. Que era o como iba, como se lo hacía llegar, o a la basura, sin medias tintas. Actuar así me ha permitido tener el respeto de los directivos. Ellos saben que no soy un tipo de columnista al que se le pueda decir “mañana tienes que escribir esto”, “¿pero a favor o en contra?”. Hablo de ese columnista de base, que escribe lo que se le pida en un momento dado. Eso no va conmigo. ¿Resultado? Ese artículo no se publicó y yo, que tenía el texto quemándome en las manos, como no tengo blog se lo pasé a Eduardo Arcos. A él le gustó mucho el texto, lo publicó tal cual. La repercusión que tuvo después ya es más que conocida: se leyó parte en voz alta en el Senado, llegó al Consejo de Ministros, aquel último del gobierno de Zapatero en el que el ministro José Blanco le dijo al presidente que jamás se podría aprobar la Ley Sinde porque la gente estaba en contra, esgrimiendo argumentos que leyó directamente del artículo.

Cuando publicaste ese artículo, ¿estabas pensando en los márgenes de las distribuidoras a la hora de titular el artículo?

La pregunta es jodida, más que nada por la cantidad de amigos que tengo dentro de la industria. Igual que se lo digo a ellos te voy a responder. Considero que los márgenes de beneficio de la industria cultural en su conjunto no son nada justos para el escritor o creador. Es decir, no es muy razonable que en un libro o en un disco la editorial o discográfica se lleve siete euros por cada euro que se lleva el escritor.

Y la distribuidora, que suele ser diferente y se lleva un margen importante también.

Muchas veces la gente te dice: “Tú has vendido x libros en el mundo, tienes que ser millonario”. Entonces, les explicas, “no, mira, las cosas no son exactamente así; por libro en papel es un 10% del PVP (precio de venta al público) sin IVA y de ahí el 10% va destinado a mi agente. Lo cual quiere decir que la editorial, sobre esos 22 euros que cuesta el libro se lleva más o menos siete euros de beneficio; hay que tener también en cuenta a la distribuidora. Este sistema de distribución no demasiado justo —o asimétrico, mejor— está justificado desde la industria por el hecho de que ellos hacen toda la inversión. Sin embargo, cada día que pasa empieza a entenderse más el esfuerzo del escritor, del creador, ya no solo para llevar a cabo el proyecto, sino para involucrarse en su promoción. Con lo cual, día tras día, empiezan a cuestionarse los números que se mantienen actualmente. De hecho, la gran negociación, la gran batalla del libro electrónico en todos los países, es que se cambien estos números. Ahora en e-book las grandes editoriales ofrecen el 25%, y los agentes están luchando para que se llegue al 50%. Eso dejaría al autor con la parte más grande del beneficio, lo cual tiene bastante sentido, a la editorial con un beneficio más pequeño, de en torno al 20%, y al gran distribuidor, es decir, Apple o Amazon, con un 30% de las ganancias por poner el sistema en marcha. Obviamente, la gran industria esto no lo mira con buenos ojos; será el caballo de batalla de los próximos años.

Tras la publicación de La leyenda del ladrón parte de tu propia comunidad —estamos pensando, por ejemplo, en Kindleman— te acusó de haberte pasado al lado oscuro. Sin embargo, conseguiste que se abriese un debate del que nuevamente saliste fortalecido. ¿Cómo fue la historia Luke?

Tengo el principio de que cualquier opinión que sea interesante es susceptible de ser compartida con los demás, y me explico: si alguien me escribe por Twitter diciéndome “me ha encantado tu novela, he disfrutado al máximo con los personajes, he vibrado con cada una de las situaciones…”, es normal que yo lo retuitee, porque me gusta (aunque es cierto que no lo hago con todos; siempre tienes que cortarte un poco; de otra manera las redes se convertirían en una autofelación continua).

Ahora bien, esto no es solo para lo positivo. Cuando Kindleman dijo que no está de acuerdo en absoluto con el precio al que la editorial había sacado La leyenda del ladrón, en un post incendiario, exponiendo los motivos por los que no estaba de acuerdo, me pareció interesante y lo retuiteé a pesar, ya digo, de no estar de acuerdo con él, con su manera de plantear las cosas. Así que a mi vez le dije eso en los comentarios de ese post y le expliqué que, en primer lugar, no me había pasado a la gran editorial, llevo toda mi carrera trabajando con editoriales comerciales, que mucha gente crea que soy un autor autopublicado es un error (antes de estar con Planeta estuve con Plaza y Janés, que es la segunda editorial más grande de este país). Lo que ocurre es que he tenido la inmensa fortuna de poder conservar los derechos digitales de mis obras, simplemente porque cuando firmé mis contratos anteriores había un vacío legal que me permitía conservarlos. Dentro de este marco yo pude —tuve esa posibilidad— ser el primero que se atrevió a jugar con los precios de las novelas y así poder demostrar que había otras formas de hacer las cosas.

Pero con la última no te iban a dejar firmar eso.

Obviamente, en el caso de mi última novela, no podía ser. Tenía que escoger: o la publicaba por cuenta propia y me la jugaba, o accedía a jugar al juego de las editoriales desde dentro, publicaría en papel y los derechos digitales los tendrían también ellos, pero pidiéndoles que los precios se ajustaran a la forma en que yo veía las cosas. Esto provocó un debate interno en Planeta asombroso. Aquellos ejecutivos de la editorial que estaban de acuerdo conmigo, cuyos nombres no puedo citar, se plantaron en los grandes despachos para decir “por qué no probamos a hacer las cosas de otra forma”. Y la respuesta fue un “sí, pero no”. Es decir, los libros, antes de La leyenda del ladrón, se estaban publicando a 13 euros como precio de salida. Estamos hablando de los grandes lanzamientos. Así que un megalanzamiento como este tenía que haber salido a un precio mucho más caro que los 9,49 a los que conseguimos que saliera. Todo hay que verlo en perspectiva. A partir de esto, los libros comenzaron a publicarse a otro precio, bastante más bajo. Fue, digamos, la raya en el suelo. Piensa, por ejemplo, en el último libro de Ken Follet: lo han publicado a 17,90 euros en Plaza y Janés en digital. Es un sinsentido absoluto, una invitación a que cualquier persona que vea el título del libro lo busque en Google y tenga una copia en un par de minutos, sin pagar ese dinero. Es decir, justo en sentido contrario a por donde queremos ir.

Voy a hacer un inciso aquí para contar cómo terminó esta historia. Y acabó con que, debido a haber abierto aquel debate, Kindleman, que tuvo una actitud muy noble, se dio cuenta de que las cosas no eran tan extremas como él había pensado en un principio, que había más ángulos desde donde poder ver toda esta historia. Todo no es blanco o negro, el hecho de que tú estés intentando empujar la industria hacia un determinado sitio no quiere decir que te tengas que inmolar en una gran bola de fuego para conseguir avances. Detrás de una idea está la persona que la enarbola y que tiene que intentar vivir dentro del sistema. Así que él cambió de opinión y, sorprendentemente, la gente apoyó lo que yo había hecho e, incluso, en los foros de Internet donde se cuelgan novelas piratas, se llegó a pedir por favor que no se colgase mi novela, al menos durante un tiempo (algo en lo que yo también tuve que ver). El resultado es que en estos momentos hemos generado un debate que trasmite un mensaje que está empezando a calar dentro de las mentes que son capaces de cambiar la industria editorial de este país.

Asististe a la gala de los premios Planeta, donde como todos sabemos ganó Lorenzo Silva y “Mara noséquién¿Qué te parecen las estrategias de marketing de Lucía Extebarria? ¿Son como las tuyas?

Voy a contarte algo que muy poca gente sabe. En esa mesa estábamos sentados Mara Torres, su novio, un servidor ―por orden en la mesa―, Marc Rocamora, responsable de edición de Planeta, María Teresa Campos, y Lucía Etxebarria. Todos se habían presentado antes de sentarse. Por tanto, si Lucía Etxebarría lo hizo a propósito o no, lo dejamos al criterio del lector, que es muy inteligente. Solo voy a decir que el troleo como herramienta de marketing no me parece la forma más honesta de presentarse uno mismo.

¿Incluirías a Pérez-Reverte y su columna de los domingos en el semanario del ABC?

Arturo es un genio. Es una de las principales plumas de este país, un grandísimo escritor, un gran periodista y una persona que ha construido un personaje que a mí me parece honesto. Es decir, un personaje en el que él mismo se ha acabado convirtiendo porque, como decía Oscar Wilde, “cuando llevas mucho tiempo puesta una máscara, la máscara acaba convirtiéndose en la cara”. Arturo no ha cambiado de forma de pensar desde que es Arturo. Entonces, entiendo que eso es una forma honesta de trolear. No lo hace por llamar la atención, sino porque él es así.

¿No hay cierto complejo entre los intelectuales y críticos literarios que impide que novelas como El emblema del traidor o La sombra del viento tengan el reconocimiento que se merecen entre la crítica? ¿Compartes esa sensación o es causa del cainismo ibérico al que tú te referías hace poco?

Te voy a poner un ejemplo con mi primera novela. Cuando se publicó en Estados Unidos Espía de Dios una de las primeras críticas que me llegaron fue una del Kirkus Reviews, que es una revista centenaria muy dura con la literatura mainstream, en la que el crítico venia a decir que ojalá se me cayesen las manos para que dejara de escribir. Al día siguiente me llegó una de USA Today en la que decía, textualmente, “una novela brillantemente escrita que marca un nuevo estándar de oro para los thrillers”. ¿Con cuál de las dos te quedas? ¿Eres un inútil o eres un genio? Evidentemente, ambas estaban equivocadas. Cada escritor tiene que ser consciente de lo que él hace y de lo que él quiere hacer, de a lo que él aspira y de a lo que él puede aspirar.

¿A qué aspiras tú?

He comentado en otras entrevistas que jamás sería capaz de escribir una novela como El mal de Montano, de Enrique Vila-Matas, que es una obra maestra, o no podría escribir tampoco Tu rostro mañana. Al mismo tiempo dudo bastante de que Vila-Matas o Javier Marías pudiesen escribir La leyenda del ladrón. Esto ―el no tener la capacidad de llegar al gran público o de ser más entretenidos o divertidos― no les hace a ellos menos escritores, ni me hace a mí menos digno por no ser capaz de escribir algo que está completamente fuera de mis intereses y capacidades.

Uno de los grandes problemas de España es que la gente se toma demasiado en serio a sí misma y muy poco en serio lo que hace, cuando debería ser al revés. Cuando abordo una novela la abordo con total honestidad y me esfuerzo al máximo, me dejo la piel en cada página, intento que cada novela que hago sea la mejor novela que puedo escribir en ese momento; por eso soy consciente de que La leyenda del ladrón es mucho mejor que mis anteriores novelas. He procurado que el músculo que he ido desarrollando como escritor me permita llegar cada vez más lejos. Si en lo único que yo pensase fuese en ganar dinero, cuando terminé El emblema del traidor en 2008 hubiese inmediatamente publicado otra en 2009, con el mismo esquema argumental de thriller, etc. Cuando se me ocurre la historia de La leyenda del ladrón me doy cuenta de que era una idea muy grande a la que yo como escritor no podía hacer justicia en ese momento. Por eso he tardado cuatro años en escribirla, he sudado cada página, reescrito, vuelto a reescribir, intentando hacer lo mejor de lo que yo era capaz.

No estoy de acuerdo con que la crítica lo haya recibido de una forma mala. Es más, las críticas de la novela han sido muy buenas porque me parece que la crítica literaria de este país ha cambiado muchísimo en los últimos tres años. De repente los críticos empiezan a ser más honestos con las cosas que hacen o escriben y se dan cuenta de que una novela como las que yo hago, cuyo principal propósito es entretener, no puede ser juzgada con los mismos baremos que una novela que está destinada a expandir los límites del lenguaje y de la literatura como puede ser una novela de Enrique Vila-Matas.

Amazon es el origen del verdadero cambio en el sector y aunque hubo muchos intentos de ponerle puertas al campo, ya está aquí para quedarse. ¿Qué beneficios aporta Amazon al mercado editorial? ¿Y a los lectores?

Amazon tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Dentro de las cosas buenas está el que por primera vez en quinientos años se han aportado al autor las herramientas para que sea capaz de sobrevivir por sí mismo, de crear una obra, publicarla y vivir de ella sin necesidad de intermediarios. Y lo ha hecho de una forma que no solo ha defendido la dignidad del escritor, sino que ha creado millonarios de la nada, como es el caso de Amanda Hopkins, o como es el caso de E.L. James o John Locke, gente que nació al calor de la autopublicación y que ha logrado crearse un nombre y un público gracias a las posibilidades que ofrecía el nuevo sistema. Esa es la parte buena (le podemos añadir que, al cuestionar cómo se estaban haciendo las cosas obliga al sistema a evolucionar; es decir, las jirafas que mutaron desarrollando un cuello más largo podían comer más hojas de acacias que las que no).

La parte mala de Amazon es que, obviamente, todo esto está afectando a muchos pequeños libreros que dentro de 15 o 20 años no van a ser capaces de sobrevivir porque el monstruo se los va a comer; lo cual es muy criticable también. Nosotros podemos defender el nuevo sistema, pero vamos a obligar a estas pequeñas empresas a reinventarse. En ese proceso de cambio va a haber gente que se quede por el camino, vidas que van a ser arruinadas por este cambio. Es hacia donde vamos, no queda otro remedio. Así que podemos defender el cambio, pero con responsabilidad, con la responsabilidad de conocer todo lo que este cambio implica.

¿Cuál es tu relación con Amazon?

No demasiada, la verdad. Tengo contacto con los directivos de Amazon en España y he conocido a los directivos de Amazon Europa, y a los responsables de la plataforma Kindle en el mundo a través de entrevistas, etc, y he compartido con ellos ideas. Ha sido muy constructivo. Ellos saben muy bien quiénes son y saben muy bien cuál va a ser el papel que van a jugar; saben también que para mucha gente son el gran ogro, en este teatro de máscaras ellos han tenido que asumir el papel del polichinela, aquel que cambia las reglas de juego (no sé si conoces la comedia del arte; el polichinela es como el Joker de Nolan, está ahí para que todo cambie); ellos no son ni malos ni buenos, es el papel que les ha tocado interpretar en este drama.

En tu primera novela, Espía de Dios, fuiste criticado por narrar la historia en un contexto de conspiraciones e intrigas vaticanas. Como en muchas ocasiones parece que la realidad supera a la ficción. ¿Qué información manejaste al respecto? ¿Intuición? ¿Investigación?

Espía de Dios es una novela escrita desde las tripas. La escribí teniendo un trabajo honrado (a tiempo completo, me refiero), con lo cual la tuve que hacer en ese poquito tiempo que tenía libre, que me dejaba mi vida. Probablemente, si la hubiera escrito hoy, hubiera hecho una novela más complicada; ahora creo que me quedó bastante corta. Lo que sí hice fue una ardua investigación sobre la problemática de los abusos sexuales en el contexto de la Iglesia católica, muy especialmente en Estados Unidos, que es donde el antagonista desarrolla su historia personal, la que le lleva a cometer los crímenes que comete. Era una información que estaba ahí, que nosotros no la conocíamos porque en este país, durante muchas décadas, todo lo que sonase a pederastia en el seno de la Iglesia católica no tenía un hueco en las páginas de los periódicos. Por eso fue una novela que llamó bastante la atención; por una razón muy sencilla: incluso aquellos que la criticaban no podían enarbolar ningún argumento contra los fríos datos. Su argumento era “hay cosas que sería mejor que no se conociesen porque manchan el nombre de la Iglesia católica”. No podían decir “ese tipo de cosas no se produjeron”.

Las mujeres son siempre protagonistas en tus novelas y a través de ellas reivindicas a la mujer luchadora, trabajadora e inteligente. Paola, Andrea, Alys, Clara… ¿Quién te inspira los personajes femeninos? ¿Con cuál de los cuatro te quedarías?

He vivido siempre rodeado de mujeres fuertes, mujeres que han sido capaces de llegar muy lejos con muy poco. Mi madre, que hoy tiene 83 años, apenas puede leer bien, escribe con faltas de ortografía, es la persona que me crió. Yo nací en este contexto. Ella no creía en la magia de los libros, muy al contrario que mi padre, que era una persona para quien la imaginación era lo más importante (es la persona que más me ha influido en mi vida). Digo todo esto porque mi madre, con muy poco, consiguió hacer mucho, teníamos muy poco dinero, mi familia era muy humilde, y ella era capaz de sacarle partido al presupuesto día a día. Ríete tú de los ministros de economía y de Paul Krugman y Cristóbal Montoro. Esa voluntad de querer conseguir hacer las cosas bien aun cuando lo tienes todo en contra es lo que ella me legó y probablemente sea la lección más importante que he aprendido en mi vida. Esto creo que de alguna forma se traslada a las páginas de los libros. No concibo una novela en la que la mujer tenga que asumir el papel de damisela en peligro o mujer florero, o de aquella que simplemente está para que el caballero de la brillante armadura la rescate.

En El emblema del traidor cuentas en unas notas a modo de apéndice que fue una historia real la que te inspiró el comienzo de la novela. ¿Qué recuerdos tienes de aquella librería de Vigo?

Muchos, porque voy a menudo. Es de dominio público: es La casa del libro de Vigo. Tengo recuerdos muy buenos, más que de la librería en sí de Juan Carlos Febrero, que es la persona que me contó esta historia; es un idealista, un enamorado de los libros, alguien que durante muchos años creció con un emblema masónico. Durante toda su infancia estuvo en un cajón en el dormitorio de sus padres. Me contaba que cuando se lo ponía e intentaba imaginar la historia que había detrás de ese emblema sentía como si le diese superpoderes, se sentía muy poderoso. Y el emblema no dejaba de ser un trozo de oro, con un diamante encima, pero lo que importaba no era eso, sino la historia que había detrás, cómo había llegado a su familia. Era esa historia tan mágica, tan maravillosa… Tenía que contarla. El escritor tiene que partir de la humildad de entender que la historia viene a él, que se la encuentra y tiene que ser capaz de hacerle justicia.

La leyenda del ladrón es una novela de aventuras que transcurre en la Sevilla del siglo de las luces. ¿Por qué incluyes en la historia a Shakespeare o Cervantes?

La novela en sí parte de una idea, la de qué ocurriría si los dos autores más grandes de la literatura universal se hubieran conocido, cómo se hubieran afectado el uno al otro. Cuando me enfrenté a esta idea me di cuenta de que por más atractiva que fuese esa no era mi historia; mi historia tenía mucho más que ver con nosotros y con la concepción del mundo que están intentando inculcarnos que con lo que yo me había imaginado en un principio. Me explico; en el mundo en el que vivimos se nos intenta meter por los ojos la idea de que si las cosas salen mal, que si las cosas no pueden ser de otra forma, si no pueden ser mejores, es por culpa de los grandes números. Lo cual es una soberana gilipollez. El cambio ha de empezar por uno mismo, persona a persona. Dicho esto, cuando me enfrenté a La leyenda del ladrón me di cuenta de que lo que más me importaba de esa historia no eran Cervantes y Shakespeare como leyendas literarias. Cervantes no es el tipo del retrato con esos ojos saltones…

¿Y quién es?

¡Es uno de los mayores héroes de nuestro país! Un señor que se marcha de Madrid tras un duelo, que se va a Florencia y conoce al duque de Medici, un señor que se embarca en la batalla de Lepanto, “la más alta ocasión que vieron los siglos”, donde pierde el uso de una mano; que regresando a España es capturado por los moros y llevado cuatro años a Argel convertido en esclavo, lugar este, Argel, donde encabeza hasta cuatro revueltas de esclavos, en plan Espartaco, llevándose en una de ellas a 62 españoles a los montes, donde consigue sobrevivir durante meses, y que en esta última de las intentonas es llevado ante Ali Pachá ―al que tenía que hacer favores sexuales según algunos historiadores― junto con los otros 62. Cuando están allí ya, manchándole las alfombras a Ali Pachá, este pregunta, sabiendo la respuesta, quién había sido el responsable de aquella revuelta (la pena para un esclavo por escaparse era la muerte). Cervantes es el que da un paso adelante y dice: “He sido yo”. Esa heroicidad absoluta no se enseña en los libros de literatura, te obligan a leerte El Quijote sin saber quién era la persona que lo escribió. Pero, como que dice Bruce Wayne en Batman begins, “Se nos conoce por nuestros actos”.

Yo quería retratar, tanto a Shakespeare como a Cervantes, como esos hombres que fueron capaces de soñar las leyendas que les convirtieron a ellos mismos en leyenda. Para eso tenía que pasar por el personaje de Sancho de Écija, del cual de alguna forma los dos van a ser padres literarios.

La Sevilla que describes se parece bastante al momento en que vivimos, ¿lo hiciste de una forma consciente o fue la propia Sevilla de la época la que te llevó a contar así la historia?

La respuesta a ambas preguntas es un sí y un no. Cuando la historia comienza a crecer en mi cabeza y yo empiezo a documentarme durante los tres años que me lleva escribir La leyenda del ladrón, tenía en mente escribir una novela de aventuras. Sí es cierto que mientras la estaba construyendo veía paralelismos entre aquella época y la actual, aquella forma de engañar a la gente y de malutilizar los recursos públicos, de gobernar de espaldas al pueblo. Todo aquello, claro, acabó reflejándose en la historia. Me sentí obligado a trasladarlo al papel. No era la idea original, pero según iba viendo esto me di cuenta de que tenía que estar presente de alguna forma en la historia. Me encontraba con el reto de que no podía hacerlo sin que resultara demasiado evidente. Por eso creo que es una novela que en función de quien la lea obtiene una respuesta emocional u otra.

Muchas veces la gente me traslada “he vivido en la Sevilla del siglo XVI, me has hecho sentirlo de verdad, como si estuviera allí”. Hay escritores que no son lo suficientemente honestos como para dar la única respuesta que se puede dar aquí. Y es que en realidad tú eres el responsable del 50%, del haberlo escrito, pero que es en la cabeza de quienes lo leen donde se produce el otro 50%. Eres tú, el lector, quien ha acabado de convertir las palabras en realidad con tus sinapsis neuronales y uniendo los conceptos dentro de tu cabeza. Eres tú quien ha sentido los olores y escuchado los sonidos, el galope de los caballos… La novela la hemos escrito a medias. Por eso te digo que un chaval que se acerque a ella se quedará con una novela de aventuras, y aquel que quiera buscar dentro de la novela los paralelismos con nuestro propio tiempo y la denuncia del poder como autoperpetuación o como manifestación de un egoísmo hedonista exacerbado, lo encontrará también.

En tu última novela implementas contenido de realidad aumentada, ¿a quién se le ocurrió la idea? ¿Tenéis algún feedback al respecto?

A Sergi Álvarez, de Planeta. A la gente le encantó. Mi primera reacción, cuando Sergi lo propuso, fue negativa, “si esto es una novela sobre el siglo XVI, cómo vas a utilizar la realidad aumentada, ¿no nos va a separar un poco de la lectura?”. Él insistió, y como es verdad que me gusta trabajar con los demás dándoles margen, le dije que adelante, y fue un acierto absoluto. Suyo, claro.

Como periodista de investigación escribiste el libro La masacre de Virginia Tech que tuvo un éxito, supongo que inesperado, entre el público coreano. ¿A qué crees que se debió?

Yo tampoco lo entiendo. Como que el sitio donde más vendo, en relación a los habitantes que hay, sea Finlandia.

Pero esto de Virginia Tech es periodismo de investigación, no una novela…

Un dato que puede sorprender mucho a la gente es que, cuando una editorial extranjera te compra los derechos, tú sabes sobre ella lo que ellos te quieren contar. Un amigo mío, Alfredo Conde, premio Nacional de Literatura que vendía muchísimos ejemplares en Rusia, desconocía este hecho hasta que un día se presentó en Moscú durante unas vacaciones y se encontró con que su libro había vendido miles y miles de ejemplares, que todo el mundo lo sabía, estaba hacía meses en las listas de los más vendidos; cuando fue al editor a preguntarle por qué no le había pagado este le confesó que es que no tenía dinero. Lo que se pudo llevar como pago fueron unas latas de caviar en la maleta. Esto es algo que ocurre. En China incluso cambian el título, el autor… Por el propio hermetismo del sistema es imposible acceder a los datos concretos de ventas y demás.

En cuanto al éxito inesperado en Corea, la verdad es que no tengo ni idea de por qué fue. Los coreanos allá donde van se vuelcan mucho sobre sí mismos, como todas las culturas asiáticas. De hecho, cuando un coreano viaja a Estados Unidos solo se relaciona con otros coreanos, aunque lleve viviendo allí años. Es una sociedad tremendamente endogámica. Los negocios que montan son tintorerías, por ejemplo, donde el contacto con el público es mínimo: coges la percha, le das la percha. Entonces, supongo, lo que hizo Cho Seung-Hui en La masacre de Virginia Tech les llamó la atención y tuvo mucha repercusión en todo el país. Fue además el único libro que se publicó sobre esto allí.

¿Te has cansado del periodismo de investigación o tienes pensado retomarlo?

No lo sé. De documentarme no me he cansado, lo hago para cada novela. De hecho, es la parte que más me gusta hacer. Claro que no se le puede llamar a esto periodismo de investigación, que es aquel que accede a datos que no son del dominio público y que luego acaba trasformando la opinión de la sociedad o desvela cosas que no eran conocidas. Este tipo de periodismo no existe ahora en nuestro país.

¿Cómo está el periodismo en nuestro país?

Está muy mal, porque los ejecutivos de las empresas de los grandes diarios se han embarcado en una carrera suicida hacia el abismo. Cuando hice la carrera de periodismo me enseñaron algo que se me quedó grabado: “La radio cuenta la noticia, la televisión la enseña y el periódico la explica”. Nos hemos olvidado de esto en nuestro afán por hacer periódicos televisivos. Cada vez menos texto, ese limitarse a dar cuatro pinceladas sobre un determinado tema. Hemos acabado dañando la esencia de lo que de verdad debería ser el periodismo, que es el ofrecer una nueva luz sobre los acontecimientos. Hoy en día el lector de periódicos se encuentra cada vez más desencantado con el producto que se le está vendiendo por un euro en el quiosco porque tiene una caducidad absoluta. Antes casi de que acudas a comprarlo, todas esas noticias ya no valen, te las han contado el día antes en la página web. Así, es muy difícil que este modelo pueda seguir manteniéndose, más aún si impresentables como Juan Luis Cebrián tienen los santos cojones de decir “no podemos vivir tan bien”, cobrando los 13 millones de euros al año que cobra. La única pretensión de un ejecutivo de un gran medio de comunicación es adelgazar las plantillas y poner a la mayor cantidad de becarios o personas que cobren lo menos posible para sacar a la calle un producto que no cuenta nada. Es necesario que existan publicaciones que se dediquen a analizar y a desgranar en profundidad cada uno de los temas. Al final lo que la gente quiere leer son grandes textos, bien escritos. Nos hemos empeñado en creer que la gente es gilipollas, y así lo único que consigues es que la gente se aleje de ti.

Para acabar, te propongo un juego. Te haré una pregunta sobre gustos en la que tienes que elegir una sola alternativa de dos sin reflexionar. La dificultad irá en aumento y tu puntación será la de la pregunta inmediatamente anterior que hayas podido contestar sin pensar.

¿Apple o Android?

Apple.

¿Twitter o Facebook?

Twitter.

¿Alys o Clara?

Clara.

¿Ishiguro o Murakami?

Ishiguro.

¿Jonathan Frazen o Don Winslow?

Frazen.

¿Reverte o Zafón?

Reverte.

¿Juan Manuel de Prada o Cesar Vidal? (Se bloquea y no acierta a responder).

Aquí te has bloqueado, tu puntuación es un 6, aprobado por los pelos.

Maldita sea, son igual de malos los dos.

Fotografía: Guadalupe de la Vallina — Agradecimientos: Panadería Harina (Madrid)

 


Victoria Ley: “El dopaje mueve más dinero que las drogas sociales”

Estamos en Tipos infames con Victoria Ley, la actual Jefa del Departamento de Investigación, Desarrollo e Innovación de la Agencia Estatal Antidopaje. Además de madre y aficionada a las novelas de Eduardo Mendoza, entre otros, es doctora en Ciencias Biológicas por la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en bioquímica y biología molecular. Fue también consejera técnica científica y directora de la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva e investigadora titular del Instituto Nacional de Investigación Agraria y Alimentaria. Hablaremos —es inevitable— también de Alberto Contador durante el largo recorrido que hicimos por su dilatada trayectoria vital y profesional. Una mujer extraordinaria en muchos sentidos, ya lo veréis. Comencemos sin más por uno de los posibles principios que puede tener esta historia.

Tú eres bióloga de formación; empiezas tu carrera como investigadora, incluyendo varios periodos  fuera de España. ¿Cómo te organizabas para ser investigadora, madre, viajar…?

Pues haciéndolo todo un poco a medias. Cuando iba al laboratorio tenía remordimientos porque había dejado a mis hijos en la guardería, cuando llegaba a la guardería tenía remordimientos porque había salido antes que los demás del laboratorio para recogerlos; llegaba a mi casa y me encontraba todo patas arriba y pensaba que qué mala ama de casa, qué mala investigadora y qué mala madre. Pero resulta que me gustaban las tres cosas; no pensaba dejar ninguna. Y al final a mis hijos les ha venido muy bien que les hiciera poco caso, a mi casa también y mis colegas de laboratorio siempre me apoyaron y me ayudaron. Además, tampoco era tan ambiciosa. En investigación sí  hay gente que se deja la vida, y yo lo respeto muchísimo; les encanta trabajar en lo suyo, 16 horas al día. Algunas de estas personas han sido responsables de avances importantes en ciencia. Luego hay gente como yo; estamos a otro nivel. Todos aportamos nuestro grano de arena. Lo que no soy es partidaria de que para que las mujeres podamos competir con los hombres haya que regular el horario de los investigadores, de ninguna manera. Hay que dejar libertad, y si a alguien decide que su vida sea fundamentalmente eso —cosa yo no quiero para mí— lo respeto, y además estoy muy agradecida; hacen falta estas personas en investigación y en muchos otros ámbitos.

Empezaste a investigar en el ámbito de la virología. ¿Qué te atrajo de los virus?

La verdad es que empecé a investigar virología molecular por un profesor buenísimo que tuve en la universidad, Eladio Viñuela, que en realidad no era un profesor, era un maestro. No te hacía memorizar muchas cosas, hacía que te gustara la ciencia. Es una pena que los profesores así no sean la norma, porque son importantísimos.

¿Qué importancia tienen los virus en la economía mundial?

Muchísima, tanto los virus humanos como los animales, y también los virus de plantas y otros virus. Acordaos cuando hubo el brote de fiebre aftosa, el desastre económico que supuso en el Reino Unido. Imaginaos lo que pasa en China o en otro país con una  economía más débil cuando aparece un brote de un virus que infecta a su ganadería… algo así puede hundir la economía de un país. De hecho, muchos países están en alerta por la utilización de un virus animal como terrorismo biológico. Aquí con la peste porcina africana ha habido muchos problemas económicos y prohibiciones de exportación de productos. Ahora está bastante controlado, pero durante muchos años ha causado muchas pérdidas. Y, por supuesto, un virus humano, aparte del tema económico, puede ser un desastre social. El ejemplo reciente más conocido es el virus del SIDA, que pasó de ser un virus casi desconocido a provocar una pandemia en los años 80. Pero hay muchos otros virus de los que nadie habla y que causan millones de muertes, sobre todo en los países en desarrollo. Cada año se detectan e identifican nuevos virus, incluyendo los virus zoonóticos, que son los virus animales que se adaptan para infectar humanos, como el VIH o el Ébola. Algunos de ellos son muy agresivos. Lo que pasa es que cuanto más agresivo es un virus en relación a la mortalidad que produce, menos dura.

El ébola, por ejemplo.

Exacto, es tan agresivo que produce la muerte rápidamente, y eso reduce su transmisión. Los virus más exitosos en términos de subsistencia son los virus que se transmiten fácilmente pero que no son patogénicos, que conviven con el huésped sin causar ninguna enfermedad.

El título de tu tesis, realizada en 1983, es Clonaje molecular del genoma del virus de la peste porcina. Después de realizarla podrías haberte dedicado a la industria del armamento biológico. ¿Qué objetivos se buscan con la clonación de virus?

Se trataba de estudiar la biología molecular del virus, las proteínas, la estructura. Una vez que tienes las proteínas puedes diseñar anticuerpos y herramientas para neutralizarlo y estudiar su interacción con la célula y la patología que produce.

Si esto se hacía en España en 1983, ¿en qué estado de la técnica se encuentra ahora la manipulación de virus?

Ahora este trabajo sería mucho más fácil; se han desarrollado muchísimo las técnicas de la biología molecular. Pero no basta con clonar y estudiar el genoma de un virus, su estudio es mucho más complicado. No solo por su composición molecular sino por la patología que produce. Por ejemplo, el virus del SIDA produce una patología muy compleja y es imposible neutralizarlo inactivando solo una de sus múltiples fases de la infección; se necesita una estrategia de ataque multidisciplinar. Además, hay algunos virus que se adaptan, varían, se esconden, se integran en las células, neutralizan los mecanismos de defensa… Es imposible ganar la batalla a los virus: cuando sabemos cómo neutralizar unos, cambian, o surgen otros nuevos.

¿Qué resultados sorprendentes en este campo se pueden esperar en un horizonte cercano? ¿Puede aparecer un virus nuevo que se totalmente destructivo?

Bueno, si aparece un virus totalmente destructivo lo más probable es que no se pueda transmitir bien, aunque también los hay muy transmisibles y mortales… Este verano hubo un brote de Ébola a una hora de donde nosotros tenemos la ONG en Uganda y creo que murieron unas 19 personas, no se extendió mucho más allá de un poblado y el brote duró solo cerca de un mes. En cuanto a un resultado sorprendente, de los virus se puede esperar cualquier cosa… pero nunca dejarán de sorprendernos. Hay millones de virus desconocidos, muchos de ellos asintomáticos, humanos y animales. También en las plantas, en bacterias… En el mar, por ejemplo, hay montones de virus que nadie conoce y… ahí están.

Es decir, que el escenario de pesadilla no es un Ébola, sino un virus que mate al 10% de los que infecta.

Exacto, lo que pasó con la epidemia de gripe española de 1918, en la que murieron entre 50 y 10 millones de personas (entre el 20 y el 30% de los infectados),  o en los años 80 con el virus del SIDA. Ahora está más controlado porque hay muy buenos test de diagnóstico y muy buenos tratamientos, pero en los primeros años la esperanza de vida era muy pequeña. Actualmente, de todas maneras, hay enormes diferencias en cuanto a la mortalidad por SIDA entre los países desarrollados, por ejemplo, el África subsahariana, donde se calcula que hay unos 23 millones de infectados.

¿Y en este caso el virus del SIDA va a perder la guerra?

Seguro que la pierde, claro. Y también es seguro que aparecerán otros. Lo importante es reaccionar rápidamente de manera inteligente y mantener grupos de investigación que puedan desarrollar métodos eficaces de detección y tratamiento lo antes posible.

Más tarde pasas de la investigación activa a la gestión de la ciencia: ¿cómo es ese recorrido y por qué ocurre?

Después de la tesis me fui a Nueva York y allí estuve trabajando con los parásitos Plasmodium y Trypanosoma cruzi, que son los causantes de dos enfermedades tercermundistas: malaria y la enfermedad de Chagas. También tuve en esta ocasión un maestro maravilloso, Victor Nussenzveig (alguna vez ha sido propuesto para el Nobel). Es un investigador judío. Su familia huyó de Polonia a Brasil, pero él y su mujer se mudaron a Nueva York. No sé por qué pero los investigadores judíos suelen ser personas cultísimas… saben de todo y tienen una visión humanista admirable. A mí me encantan. Allí estuve tres años, hasta que me fui a Francia y volví otra vez con los virus. Pasé dos años en el Pasteur trabajando en la respuesta inmune al virus del SIDA. Después ya sí volví a España y conseguí una plaza de investigador en el INIA, donde pude crear mi grupo de investigación para seguir trabajando con virus, en este caso virus importantes para la ganadería. Estuve hasta el año 2004 pero durante este periodo viví otros dos años en el extranjero.

Es una trayectoria  dilatada como investigadora. ¿Es lo deseable, que un gestor de la ciencia debe ser científico de formación, como pasa en Estados Unidos… ?

Creo que es bueno, porque si no has sido investigador, no entiendes a los investigadores, somos muy raritos. Cuando un gestor —algunos interventores, por ejemplo, pero no sólo ellos— llega y te dice “no, no, el investigador tiene que cumplir escrupulosamente todos los objetivos de su proyecto y si no, ha de devolver el dinero”, pues es que no tiene ni idea del trabajo un investigador, es que no se puede hacer así, sencillamente. Por definición, un proyecto de investigación es una propuesta, un proyecto de riesgo, que implícitamente tiene posibilidades de no conseguir los resultados propuestos. Sin embargo, se pueden conseguir otros incluso más relevantes.

Hay quienes entienden  que invertir en ciencia es un negocio, que es una industria. Si te doy 1 millón de euros me tienes que traer en cinco años tres vacunas nuevas. Y no es así…

No, no lo es, pero lo que sí es verdad es que a la larga, la inversión en ciencia sí puede considerarse un negocio. La investigación de calidad siempre resulta rentable. Lo que no se puede pretender es que los resultados se obtengan a corto plazo.

¿Qué es la ANEP?

Es una institución de gestión, pero hecha por científicos y para científicos. Es una agencia de evaluación de la calidad de proyectos, investigadores y actividades científicas. Su objetivo es que los recursos se destinen a los mejores investigadores y a los mejores proyectos, y que esa evaluación científica la hagan los investigadores y no los gestores. Las siglas quieren decir Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva.

¿Es un modelo español o es así como se funciona a nivel mundial?

Que la decisión la tomen los investigadores no es un modelo español, es algo común en muchos países, pero que sea una institución independiente de los organismos que dan el dinero sí que es más español, no pasa en tantos lugares. El NIH (Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos), por ejemplo, tiene una agencia similar; un instituto de evaluación que es independiente. Creo que es importante que el organismo que da el dinero no sea el que evalúe la calidad científica, que sea una evaluación independiente. En los procesos de evaluación de la ANEP no hay ninguna intervención política ni de la institución que financia. La decisión final corresponde a la institución que financia, que utiliza la evaluación de la ANEP para hacer la selección.

¿Cómo se evita que se incurra en un club de amigos con esa evaluación de científicos por científicos, el peer review?

Como todos los sistemas, tiene sus fallos, también; en general, se pueden corregir. Hay quien te escribe para contarte “esto está pasando” y los responsables lo deben tener en cuenta. Lo que se hace para evitar estas situaciones es que cada tres años se cambian los evaluadores. Clubes de amigos hay, porque somos humanos y a todos nos cae mejor una persona que otra; además, como se evalúan unos a otros dentro del mismo campo, se conocen todos… La primera regla es elegir bien el evaluador: cuanto más alejado mejor. Lejos en cuanto a distancia física, quiero decir; si el solicitante es de Cataluña, que lo evalúe un gallego o mejor, si es posible, alguien extranjero. Aunque ahí ya nos topamos con las leyes españolas, que no nos dejan exigir que los proyectos se escriban en inglés. Hubo una temporada en la que se consiguió encontrar la manera de interpretar la ley para poder exigir que los proyectos estuvieran escritos en inglés, con un resumen en castellano, pero el año pasado se volvió otra vez a las reglas anteriores, un retroceso bastante lamentable. Te quedas sin poder pedir la opinión a muy buenos expertos que en general no tienen los conflictos de interés que pueden tener los colegas españoles.

Al supervisar proyectos tan diferentes te habrás tenido que acercar a disciplinas científicas de todo tipo. ¿Cuál es la que más te atrae en la actualidad?

El área que más me atrae es en la que confluyen varias. A mí no me gustan mucho las disciplinas clásicas: Física, Química, Matemáticas…. Lo más atrayente para mí es que a un físico le interese la Biología, o que a un matemático le interese la Sociología, o a un filósofo la Neurología. Que no se pongan límites establecidos por las áreas clásicas. Es más enriquecedor.

Multidisciplinar.

Prefiero llamarlo transdisciplinar, o interedisciplinar, porque multidisciplinar significa que uno sabe de una cosa y otro sabe de otra, que pueden ser complementarias para un proyecto, pero cada uno se ocupa de su parte y no va más allá. Lo más interesante es el trabajo en el que se traspasa un ámbito adentrándose en un campo que no es de nadie o de ningún ámbito en particular. Eso es lo más interesante. Hay que ser arriesgado e inteligente para manejarse ahí, pero hay gente que lo hace.

 ¿Hay algún proyecto de los que has visto en el ANEP que te guste especialmente?

Hay muchos, muchísimos. Había uno de un físico que trabajaba en Biología de Sistemas, también recuerdo otro que incluía aspectos de Fisiología, Neurología, Ética y Antropología. Muy interesantes. Son ejemplos de lo que te decía antes: no pertenecían a ninguna disciplina concreta. Estos son los proyectos más difíciles de evaluar.

Has participado en varias conferencias y elaborado documentos en los que se dan indicaciones precisas de cómo preparar propuestas para acceder a los fondos del ministerio. ¿Hasta qué punto es fundamental conocer los procedimientos y los criterios de los evaluadores?

Lo que es fundamental es ponerte en el lugar del que va a leer tu proyecto. Es otro investigador como tú, pero que lo tiene que entender, le tiene que divertir y entusiasmar, le tiene que parecer interesante… Y, además, tienes que hacerlo de una forma clara para que se pueda leer bien. Tiene que estar bien escrito y bien presentado. Luego hay unos criterios que pone el organismo que lo va a financiar, sea el ministerio, sea una fundación, quien sea; tienes que cumplir los criterios que ponen en las bases de las convocatorias. Así que lo mejor que puede hacer un investigador es tener estas dos cosas en cuenta para tener éxito.

Es decir, que mejor que tenga un equipo burocrático detrás.

Es importantísimo que esté bien presentado. Y que esté bien escrito. Pero para eso no hace falta un equipo burocrático; se necesita ser serio, currárselo y no tomárselo a la ligera, darle toda la importancia que tiene. Es dinero público.

Entonces, el cliché del investigador desorganizado…

Si eres un buen investigador casi seguro que escribes buenos artículos, y si escribes buenos artículos tienes que ser capaz de escribir bien los proyectos. Y todo esto cuenta mucho porque a la ANEP cada año llegan uno 20.000 proyectos y los evaluadores están muy saturados. Todos lo hacen con la mejor voluntad posible, porque se hacen un favor entre todos y todos se sienten parte del sistema. Pero, si te llega un peñazo aburrido, mal escrito y con faltas… pues te pones de mal humor. Esto hay que tenerlo en cuenta, pensar en los demás, tener ese respeto por la persona que está leyendo. Los investigadores acostumbrados a escribir artículos y proyectos lo hacen bastante bien. Se nota mucho cuando alguien no tiene experiencia o cuando alguien no le dedica tiempo suficiente.

¿Quiénes son los que mejor escriben? ¿Los matemáticos? 

En general, los de ciencias experimentales tienen las ideas muy claras y no se enrollan. Es curioso la manera de escribir tan diferente que tienen los investigadores de distintos ámbitos. En general los de Ciencias Sociales y Humanidades escriben más, y creo que por eso corren más el riesgo de descentrar los objetivos y escribir demasiado. Pero si el proyecto está bien escrito y es interesante, escribir algo más no es un problema. 

Quizá te lo parece porque eres de ciencias. Igual que a si a uno de Psicología le das un proyecto de ciencias; posiblemente se aburrirá.

Si le das un proyecto de Matemáticas o de Física de los que yo digo a alguien de letras, seguro que diría que está muy bien escrito. Y pasa lo mismo si alguien de ciencias experimentales lee un buen proyecto de Literatura.

España no es un país deficiente en ciencia, pero tiene un desastroso nivel de transferencia a la empresa con casos tan llamativos como departamentos de matemática aplicada que jamás se han planteado trabajar conjuntamente con empresarios. ¿A qué se debe esta situación?

Antes había muchos prejuicios y se consideraba un desprestigio que un investigador tratara con una empresa. Afortunadamente, creo que es algo que ya se ha superado. Ahora estaríamos todos muy orgullosos de que algo que hayamos desarrollado se venda en una industria. Y si ganamos dinero mucho mejor. 

Pero casi siempre son ingenieros, a los de Matemáticas les cuesta más.

Sí, a los matemáticos es verdad que les cuesta más trabajo que a los ingenieros, que están más acostumbrados y es más evidente la aplicación de sus trabajos. ¡Pero no sólo a los matemáticos! De todas maneras, esto está cambiando. Hay bastantes empresas de Biotecnología, de Química… En general son pequeñas, pero hay muchas. Pero tienes razón en que en España estamos muy atrasados en ese sentido con respecto a otros países. Yo creo que las nuevas generaciones tienen esos prejuicios superados y, probablemente, a partir de esta crisis cambien aún más las cosas.

Las start-ups en EEUU suelen originarse en la Universidad, y para ello estas instituciones apoyan a los investigadores en las áreas que les son ajenas, como la propiedad intelectual o la búsqueda de financiación. ¿Existe en la universidad española algún modelo similar?

La ayuda que proporciona la universidad es muy variable. En algunas universidades no ayudan nada, otras lo tienen algo mejor. Algunos centros de investigación tienen departamentos de transferencia excelentes, otros ni siquiera tienen. El ministerio ha invertido muchísimo dinero para promover la investigación en empresas y en la transferencia de conocimiento desde la universidad o centros de investigación, y mucho a fondo perdido. Con más perspectiva habrá que ver si ha valido la pena. Espero que sí.

Se han llegado a crear empresas ad hoc para estafar ese dinero…

Sí, seguro que es cierto, pero algunas cosas sí que se han hecho bien. Habrá que ver el resultado del conjunto. Si han cambiado las tendencias en España, si ha sido rentable la inversión. Otro problema es que a una empresa pequeña en principio no le interesa invertir en investigación porque los beneficios van a aparecer en un plazo medio de entre 5 y 10 años, y una empresa pequeña no puede soportar eso. En general, creo que las políticas han hecho que la investigación empresarial haya mejorado con respecto a la que la que había hace 10 años.

Hace poco compartías a través de Twitter que el crowdfunding llegaba a la ciencia. ¿Consideras que tiene futuro este tipo de propuestas?

Un futuro muy limitado, pero es algo. Ojalá funcione… Aunque no creo que salgamos de pobres con eso.

Juan Ramón Lucas nos decía que en el sector de la salud las fundaciones suponen el 85% de los fondos de investigación. 

En ámbitos como el cáncer o cardiología hay mucho dinero. La Asociación Española Contra el Cáncer, consigue muchísimo dinero para investigación. Y son todos voluntarios, es impresionante. Me parece que solo hay una persona que cobra un sueldo. Los demás dedican horas y horas trabajando y consiguen muchísimo dinero para la fundación; son personas admirables. Probablemente Juan Ramón Lucas se refería a este tipo de fundaciones y a este tipo de financiación de la investigación. En general, se consigue más dinero para financiar investigación sobre enfermedades comunes; mucha gente tiene a conocidos o familiares que son o han sido enfermos. Pero conseguir dinero para financiar enfermedades raras es mucho más difícil, o enfermedades típicas de países en desarrollo.

En Estados Unidos se gastan muchos millones en el negocio de la cosmética.

Hay algunos grupos y trabajos de investigación serios en cosmética, pero en muchos casos lo que se anuncia es un fraude. No les hace falta ni gastar en investigación, con engañar les basta: hay cremas de agua, cremas con ADN, con extractos de plantas y animales exóticos con propiedades milagrosas… Pero pasa algo parecido en nutrición: a pesar de que algunos grupos de investigación son muy serios, algunas compañías ganan millones de euros engañando a los consumidores, en muchos casos diciendo que hay estudios científicos detrás, que no son reales. La regulación en estos ámbitos deja bastante que desear.

Lo que sí hace el crowdfunding es acercar la ciencia al ciudadano.

Sí, eso sí. Y es curioso porque en España en las encuestas los científicos son los que están entre los mejor valorados, pero no se les da dinero. En ciencia, si inviertes un euro se generan tres, pero igual pasan veinte años. Y a lo mejor no te devuelven tres, sino cien mil, pero es algo incierto, no se puede garantizar.

¿Algún descubrimiento científico espectacular? 

Tiene que haber gente genial de vez en cuando, hace mucho que no se da ningún gran paso que cambia un paradigma en la ciencia. 

Lo de los nuevos materiales…

Son avances, algunos espectaculares, pero aún no han supuesto un cambio de paradigma.

En la primera mitad del siglo XX se puso toda la ciencia patas arriba con los avances que se hicieron.

A eso me refiero, a cambios de paradigma. El último para mí fue internet. Hay muchos avances espectaculares. En neurociencia, por ejemplo, si comparas lo que se sabe hoy con lo que se sabía hace quince años, es increíble lo que se ha desarrollado, pero como va poco a poco no ha sido algo espectacular. No ha habido una ruptura con lo anterior. Todavía hay gente que piensa que hay alma, por ejemplo. 

¿Qué te parece la actual política científica? ¿A dónde nos conduce?

El panorama es bastante desolador. Lo veo fatal. Suelo ser optimista y positiva, pero tal y como están las cosas me siento abatida por lo que estoy viendo: investigadores muy buenos que se van a tener que quedar de brazos cruzados, que no van a tener en qué trabajar. En España hay muchos centros de investigación donde lo único que tienen que hacer los científicos es investigar. Ahora van a ir y no van a poder hacer nada. En algunas universidades hay investigadores que está pagando de su propio bolsillo los reactivos para poder trabajar, con la esperanza de que recuperarán el dinero. Es una situación bastante dramática.

El otro día se publicó un artículo de Antonio Burgos en ABC donde enumeraba los Observatorios “en los que se tira nuestro dinero (sic), haciéndose eco de uno de sus seguidores. Cada uno tenía un nombre más surrealista que el anterior. A lo mejor hay dos trabajadores y no hacen nada, pero ahí está el primo de alguien.

Lo malo es que solo se nos ocurre ahorrar con medidas que consisten en echar a gente a la calle, como esto que estás diciendo, que yo estoy de acuerdo en que probablemente sobren observatorios o instituciones, pero es muy duro. Lo ideal sería que pudieran hacer otras cosas, que trabajaran, no tener mandarlos al paro. 

Si tuvieses que recomendarles a los estudiantes un área para la investigación con futuro, ¿cuál les propondrías?

Lo que más les gustara, pero si es posible que no se ciñeran obligatoriamente  a una disciplina en concreto, que intentaran tener la mente lo más abierta posible, que intentaran hablar con gente de cuantos más ámbitos diferentes mejor; ya se irán centrando ellos poco a poco, porque es inevitable. Cuando eres un niño te enseñan de todo: Geografía, Historia, Literatura… pero cuando vas creciendo ya te tienes que ir a ciencias o letras. Después, en la universidad, la especialización es aún mayor, y cuando haces el doctorado te centras solo en un problema. Eso tiene sus ventajas, porque acabas muy especializado, pero muchísimos inconvenientes; no te enteras de lo que pasa ni siquiera en un ámbito cercano al tuyo. Creo que humanísticamente es una pérdida enorme. Hace unos años la gente sabía menos, pero sabía de muchas cosas, y eso fue imprescindible para que se llevaran a cabo grandes descubrimientos. Ahora todo el mundo está muy especializado, así que la solución es interaccionar con otros, colaborar, utilizar todas las inteligencias. Los avances importantes actualmente se llevan a cabo en colaboración. Hay gente, por ejemplo, que se dedica a estudiar una mutación y no se entera de descubrimientos importantes, incluso de biología. Me parece una pena, pero es frecuente.

Pero el sistema te lleva a eso…

Lamentablemente sí, pero la verdad es que tiene que haber de todo. Si hay gente a quien le interesa un tornillo, pues a mejorar el tornillo, que es algo que se necesita. En general, el sistema fuerza a especializarse; si te especializas, a corto plazo eres mucho más productivo. Como sociedad, como ideal, no, pero sí como individuo. Lo más productivo es que sepas hacer muy bien un tornillo ahora. Y que otros sepan hacer muy bien las tuercas. Y es cierto que se necesita gente así y que esto aumenta la eficacia. No obstante, lo bueno, lo ideal, sería que se potenciara también un conocimiento multidisciplinar.

Volviendo a tu currículo, ¿a qué se debe el cambio desde la ANEP a la agencia antidopaje? 

Hacía tiempo que sentía que debía dejar de ser la directora de la ANEP. En temas de evaluación es muy sano renovar a las personas. Cambiaban los coordinadores, los evaluadores.., y yo seguía allí. Y es que me gustaba mucho ese trabajo. Cada vez que me ofrecían algo consideraba que me gustaba más lo que estaba haciendo que lo que me ofrecían. Me decidí cuando noté que estaba empezando a contagiarme de la depresión que reinaba en el ministerio, los gestores, los evaluadores, los investigadores… es durísimo tener que decirle a alguien que tú crees que vale que no hay dinero, que tiene que cerrar su laboratorio. Además, con la nueva agencia, la estructura actual de ANEP iba a desaparecer, y yo prefería no estar ahí entonces.

¿Cuáles son los objetivos de la agencia en la que trabajas?

Con la nueva ley —que va al Parlamento creo que antes de Navidad— lo primero que se hará será cambiar de nombre. Ya no será Agencia Estatal Antidopaje, sino Agencia Protección de Salud en el Deporte; cosa que me gusta, porque prefiero las cosas positivas a las negativas. Nosotros no estamos allí para pillar a la gente, sino para promover la salud deportiva. En particular mi trabajo es promover y fomentar la  investigación en cualquier ámbito relacionado con  salud y  deporte, desde la Medicina, Química o la Biomecánica hasta Ciencias sociales, Educación…

 Es decir, que ya no vais solo a cazar…

No, a cazar yo nunca iría, por eso me gusta mucho que se cambie el nombre. Es verdad que el sistema de control de dopaje está hecho para detectar a las personas que se dopan, pero hay más cosas detrás y, sobre todo, va a haber aún más. En el laboratorio de dopaje no solo se hacen controles sino también investigación. En España hay dos laboratorios de dopaje, y en ambos se llevan a cabo buenos proyectos de investigación.

Como Jefa del Departamento de Investigación, Desarrollo e Innovación de la Agencia Estatal Antidopaje, ¿tienes entre tus funciones estar al día en los avances de las técnicas de dopaje?

Sí. Y como jefa del departamento de investigación obviamente tengo que estar al tanto de todo lo que hay, en dopaje y en antidopaje; tanto en las sustancias y métodos como en sus posibles usos médicos. Casi todas las sustancias dopantes se han utilizado en medicina para tratar enfermedades o deficiencias. La hormona del crecimiento, por ejemplo, es un medicamento que funciona muy bien para muchas enfermedades.

¿Hay coordinación internacional sobre esos avances? 

Sí, existe la Agencia Mundial Antidopaje (la famosa WADA, en inglés), con sede en Canadá, que tiene unos diez años, a la que todos los países pagamos nuestras cuotas, y que funciona bastante bien. Están atentos a todas las investigaciones que hay y todos los años sacan la lista de sustancias prohibidas teniendo en cuenta los datos y evidencias científicas de investigadores, médicos y deportistas. También establecen los estándares y acreditaciones de los laboratorios antidopaje. Además, la WADA tiene el Código Mundial Antidopaje, a cuyo cumplimiento se han comprometido casi todos los países, incluida España.

Cuando Contador ganó recientemente la vuelta a España un periodista le preguntó si lo celebraría comiéndose un chuletón de Ávila. ¿Cómo se ha vivido el caso de Contador en la agencia?

Somos muy independiente: respetamos el resultado del laboratorio siempre que se haga prueba y contraprueba. Si la ley dice que no puede haber una sustancia y se detecta, nosotros no tenemos nada más que decir. El laboratorio analiza y da los resultados. No opinamos ni sobre el deportista ni sobre su entorno. El clembuterol, que fue la sustancia detectada en el caso de Alberto Contador, no se produce endógenamente; si se detecta, se considera dopaje según el Código Mundial Antidopaje. No nos metemos en más. En el caso de las sustancias endógenas hay que determinar si se sobrepasan los niveles permitidos y el resultado podría ser más discutible, pero no era el caso.

¿Recibís presiones?

Siempre hay una presión mediática en el deporte de élite. Pero los que hacen los controles en los laboratorios no saben a quién pertenece la muestra, se les da un número y no tienen ni idea de quién es. El resultado se envía a la comisión de control y a las federaciones sin conocer el nombre del deportista. A partir de ese momento es cuando puede hacerse público el caso. Hay casos muy mediáticos, eso es cierto. 

Es un sistema muy garantista. 

Sí, funciona muy bien en cuanto a que no se dan casos de falsos positivos, pero el sistema es muy ineficaz. Con un buen asesoramiento médico y con cuidado, es posible doparse  y no dar positivo, quiero decir.

Lo que sería realmente inaceptable sería lo contrario, ¿no?

Sí, en ese sentido es muy garantista. El deportista, además, siempre tiene derecho a hacerse una contraprueba en otro laboratorio. Contador, en su caso, se fue a Colonia y el resultado de la muestra se ratificó. Cuando digo que es ineficaz me refiero a que hay cerca de un 1,5% de positivos, y se sabe que, en realidad, hay bastantes más.

¿Tenéis datos sobre el dinero que mueve el dopaje?

Mueve más dinero que las drogas sociales.

¿Y qué sabéis sobre los malos? ¿Dónde están sus laboratorios?

Muchos están en China o en otros países del tercer mundo y se los traficantes se mueven a través de mafias. Muchas sustancias se pueden comprar por internet.

¿En cuánto estimáis el porcentaje real de deportistas que se dopan?

Varía muchísimo según el tipo de deporte: si es un deporte de resistencia o de potencia, o si es de equipo… Yo llevo poco tiempo y aún no sé mucho de esto. Por lo que dicen los expertos, en los deportes de equipo es menos habitual y en los deportes de resistencia o de fuerza es donde más se nota el efecto de las sustancias ergogénicas.   Hicieron una encuesta a los deportistas de elite en los Estados Unidos y les preguntaron si tomarían una sustancia dopante sabiendo que corrían el riesgo de morirse si eso les garantizaba una medalla, y más del 55% dijo que sí. Algunos son muy brutos. Están dispuestos a dejarse la vida por una medalla. Muchos no tienen otra ilusión en su vida más que eso. Menos mal que hay muchos que se salen de este estereotipo, porque el deporte no es eso, es otra cosa. El deporte de élite requiere forzar el organismo. Y parece que ya se está llegando al límite. Dicen los expertos que ya solo quedan entre 10 y 50 años para llegar a los límites fisiológicos del cuerpo humano. De hecho, en muchas modalidades ya no se baten marcas porque ya se ha llegado al límite. Podría aparecer una persona con unas características genéticas únicas, pero algo excepcional.

Pero se siguen batiendo récords del mundo…

Sí, pero la curva de crecimiento se está aplanando. Hace 100 años estábamos en el 75% y ahora estamos en el 96%, según los expertos, y en algunas modalidades ya estamos en el 100%. Y una vez que lleguemos ahí… ¿qué pasará con las competiciones? ¿qué emoción va a haber?

¿El verdadero espíritu olímpico ya solo está en los Paralímpicos?

Bueno, ahí también hay a veces dopaje y otros fraudes. Acordaos del caso de un equipo español en el que varios de los integrantes compitieron como deficientes mentales y no lo eran. No estoy de acuerdo en que en los Paralímpicos haya más espíritu olímpico que en los otros. Dentro de su contexto ellos tienen los mismos problemas. Sí tienen más mérito, porque han conseguido superar un problema que los otros no tenían, pero puestos a ganar medallas la actitud creo que es muy parecida. De todas maneras, yo admiro a los deportistas que luchan por su superación y lo consiguen. Es un trabajo duro que requiere mucha dedicación, esfuerzo y sacrificios.

¿Hay laboratorios de investigación que se dedican a buscar sustancias para dopar?

Si, el famoso Balco, por ejemplo. Era un laboratorio de Estados Unidos que se dedicaba a hacer THG, un esteroide anabolizante indetectable en aquel momento. Ganó mucho dinero y unos años más tarde salió todo a la luz porque ya se pudo  detectar la sustancia. Creo que debe de haber bastantes laboratorios dedicados a esto porque, como dije antes, se mueve mucho dinero.

Es muy conocido el caso de la atleta ex lanzadora de peso que se ha convertido en hombre a causa de la preparación farmacológica que le administraron durante su etapa como deportista profesional en la RDA. Se estima que hay unos 10.000 casos parecidos. ¿En la actualidad aún se dan casos de dopaje sin conocimiento del atleta?

Seguro que sí, y es un tema que me preocupa mucho, sobre todo entre niños y adolescentes. Con tal de que gane, incluso los padres lo consienten o miran para otro lado. A veces es más importante la medalla para al padre o la madre que para el hijo. El entrenador les da algo, los padres ni preguntan aunque ya lo saben y, al final, están dopando al niño. No son conscientes de que le están metiendo a su hijo algo que puede matarlo o que le está machacando el hígado o el corazón, les dicen que va a ganar una medalla y ya está, no preguntan. Es probable que lo que pasó en Europa del Este está pasando ahora en China con la preparación de niños deportistas. Eso no es ni vida infantil ni nada.

¿Estamos cerca de acabar con el dopaje o esto es, como las drogas ilegales, el cuento de nunca acabar?

Hay quien dice que se va a acabar, pero yo no lo veo tan claro. Aunque es cierto que cada vez se lucha más seriamente contra el dopaje. Además que hay mucho dinero en juego, y la investigación avanza también para el desarrollo de sustancias dopantes… Ahora está el dopaje genético, luego estará otra cosa. No creo que se acabe. Cuando se llegue a los límites fisiológicos será aún más importante…

Entonces ya tendrán que ponerse extremidades biónicas.

Pero es que todo eso llegará. Respecto a lo de las hormonas que decíamos antes, ya no se dan hormonas a las niñas, pero es importante saber que la gente tiene distintos niveles de hormonas. Está el caso de Caster Semenya, atleta sudafricana, de quien dijeron que en realidad era un hombre. La sometieron a muchas pruebas, toda clase de humillaciones y vejaciones, se reían de ella… Fue una vergüenza. Hace años se determinaba el sexo de un deportista para permitirle competir en una categoría o en otra en función de sus órganos sexuales y de los cromosomas; pero después se vio que eso no valía para nada porque hay al menos seis factores que determinan la feminidad o masculinidad, y no son binarios de sí o no, sino que son muy variables y el resultado final depende de la combinación de todos ellos. Es imposible. Entonces se decidió no hacer pruebas de sexo. Pero hace dos años, cuando apareció el caso de Semenya, el COI y otras instituciones se replantearon volver a determinar si una persona era hombre o mujer. Creo que todavía no está decidido si lo van a hacer o no, pero espero que no lo hagan porque sería muy poco científico e injusto. Obviamente hay personas que son claramente hombres o mujeres, pero hay otras en las que es imposible determinarlo. Es cierto que esas personas pueden tener ventajas en el deporte porque tienen unos niveles de hormonas que no son los de la mujer media, pero también los que miden más de dos metros tienen ventaja para jugar al baloncesto. Si se ponen límites a una cosa tienen que ponérselos a todo. Que no se pueda competir en baloncesto con más de 1,80, por ejemplo. O que no pueda competir el que haya tenido una enfermedad de pequeño que haya aumentado su musculatura.  A lo mejor ese es el futuro: poner límites de normalidad a todo. Espero que no.

Si haces eso te cargas a Phelps y Bolt.

Es que no se les ha ocurrido hacer eso con nada más que con el problema de determinación del sexo. Es una burrada y a esa deportista la han hundido.

Podríamos acabar diciendo que los negros no compitieran en según qué deportes porque son mejores.

Exactamente. Por cierto, a los que llegan en patera y nadando a España yo les daría de manera inmediata el permiso de residencia, porque estoy convencida de que son mejores, son personas muy por encima de la media. Una persona que es capaz de cruzarse toda África, que tiene tanta voluntad, tanta ilusión, tanta motivación y tanto valor para llegar aquí… Ya sé que es difícil de poner en práctica, por eso estoy segura de que no podría ocupar un cargo político relacionado con esto; me gusta ver el planeta desde fuera, desde donde no hay fronteras.

Pero si das ese permiso vienen un millón detrás…

Sí, comprendo que existan unos mecanismos de regulación y que no se pueda hacer… Pero creo que estas personas se lo merecen. Yo también haría lo mismo que ellos. No sé si lo podría conseguir, pero creo que también lo intentaría.

¿En investigación antidopaje hay joint ventures entre administración y empresa privada?

De eso no sé mucho porque llevo poco tiempo, pero seguro que sí porque hay muchos laboratorios. Además, muchos trabajos de investigación en este tema pueden tener relevancia en medicina.

Estáis buscando patrocinadores, ¿no?

Sí, porque no hay dinero. Lo que me gustaría que esos patrocinadores no fueran solo laboratorios, sino también instituciones deportivas y empresas, que ya patrocinan el deporte. Va a ser difícil, pero espero encontrar, es algo a lo que vamos a dedicar mucho esfuerzo. No solo para financiar investigación de temas de dopaje, sino sobre cualquier tema relacionado con deporte y salud; como por ejemplo la deshidratación o cardiopatías en niños que mueren practicando deporte.. Sería estupendo que se dedicara el 1% de cada competición para financiar la investigación.

Te interesan las matemáticas, la economía, la literatura…

¿Economía? ¿De dónde lo has sacado?

Últimamente twitteas bastante sobre el tema.

Pues ahora no recuerdo… Sí, últimamente estoy bastante peleona. Ayer me enfadé con los de El país porque ponen la Ciencia y la Educación en la pestaña de Sociedad. ¡Que lo pongan en Cultura! Me parece fatal que se considere “Cultura” el Arte o la Arquitectura, pero no la Ciencia ni la Educación.. Quizás esto sea el reflejo de la importancia de la ciencia y la educación en España… Por eso protesté ayer. Y no me han contestado.

¿Qué estás leyendo en estos momentos?

El último que he leído es Riña de gatos, no me ha gustado tanto como los otros de Mendoza. Me encanta Eduardo Mendoza, pero este libro no tanto. Tiene sus altibajos, lógicamente. Me gustan mucho algunos escritores americanos; Steinbeck,  Margaret Atwood,  Philip Roth.. También me encanta el francés Echenoz, y mis dos escritores favoritos son Oscar Wilde y Stefan Zweig.

¿Y de divulgación?

Me encantan los de Física de Richard Feynman, también me ha gustado mucho el libro de divulgación de Michael Guillen y el de Lewin Walter(Por amor a la Física), que es muy divertido. De matemáticas, recomiendo el último libro de Javier Fresán (Hasta que el Álgebra os separe). De todas maneras, de divulgación leo más artículos y revistas.

En el Reino Unido son habituales programas de debate entre eminentes científicos como Richard Dawkins o el matemático Marcus Du Santoy con teólogos y religiosos. ¿No sientes un poco de envidia cuando se compara con los debates que gustan en nuestro país?

Mucha. Me encantan esos debates. Lo bueno es que si sabes inglés ya los puedes conseguir en internet. Hubo una época en que aquí había algo más o menos parecido cuando La Clave, que era un buen programa.

Ya para terminar, ¿ha habido algún libro que cambiara especialmente tu forma de pensar o te diese nuevas perspectivas?

Me acuerdo que cuando era pequeña, con 10 o 12 años,  me encantaba un libro que me ponía muy triste pero… ¿cómo era posible que me gustara tanto ponerme triste? Pues me encantaba leerlo. Me iba a mi cuarto, leía el libro y me ponía a llorar, y al cabo de una semana volvía a hacerlo. Era como regodearme en mi tristeza. También me marcaron los libros de Guillermo, con los que me reía muchísimo; de adolescente me gustaban mucho los de Hemingway y más mayor me dio por la filosofía y leía a Jung: unos rollos que no me enteraba de nada, pero había que leer. También me gusta la ciencia-ficción, y un libro que adoraba es El mundo del río, de Farmer, me pareció muy bonito. Me lo pasé fenomenal. Cada libro tiene su edad. A veces me da miedo volver a leer un libro porque puede que no me guste como me gustó en su día.

 

Fotografía: Gonzalo Merat


Ocho quilates. Una historia de la Edad de Oro del software español (I)

Ocho quilates. Una historia de la Edad de Oro del software español (I)
Jaume Esteve Gutiérrez
Star-T Magazine Books, 2012
251 páginas.

Una tarde localizada en algún punto de los ochenta más personales. Mientras algunos decidían que las noches eran dignas para bailar en cualquier antro junto al Hada Vídeo celebrando un movimiento contracultural, en otro lugar un crío, que andaba lejos de la edad legal para siquiera mirar de frente un whisky cola, sobrevivía a las jornadas vespertinas en su salón embobado frente a un televisor, como la Carol Anne de Poltergeist. Armado con un Bollycao en la mano y la vista fija en aquella pantalla que emitía un baile de líneas de colores chillones y una maraña de ruidos indescifrables. De fondo probablemente estaba sonando Olé olé y su No controles, o alguien berreaba en Eurovisión que su barca había perdido el norte o un tal Astraco reclamaba atención para sus desventuras galácticas desde otro tubo catódico. Pero todo eso daba igual porque en la pequeña pantalla situada frente al chaval estaba sucediendo algo acojonante. Sobre la mesa una cinta rodaba dentro de un radiocasete, y a su lado 48 ks de memoria reposaban enclaustrados en una carcasa de plástico negra, con teclas repletas de enigmáticas leyendas y un pequeño espectro de colores a modo de huella. Si investigáramos por los rincones de la estampa probablemente encontraríamos también un diminuto destornillador para operar el azimut en caso de emergencia y toda una biblioteca de Microhobbys entendidas por el muchacho como el oráculo del ocio.

El ZX Spectrum arremetió con fuerza en el mercado español convirtiendo la informática en algo más casero y alejado de la ciencia ficción. En aquel momento todo era mágico e increíble y aún no era vergonzoso llamar a aquellos aparatos computadoras. Los programas se cargaban a través de cintas de casete que transmitían unos y ceros entre chirridos al mismo tiempo que montaban orgías luminosas en pantalla durante unos minutos eternos, mientras el paciente jugador contenía el aliento para que el R Tape loading error, 0:1 no le atizase de golpe en el morro. El ocio digital comenzaba a despegar con aquellos 8 bits, y al mismo tiempo que el Spectrum vendimiaba fama nos invadían otras alternativas: Amstrad CPC, Commodore 64 y MSX, ordenadores que decidieron también intentar la conquista de la península. Eran los primeros pasos en los mundos pixelados. Gran parte de los treintañeros actuales con un pad como extensión de las articulaciones pueden atestiguar que se desvirgaron haciendo saltar pulgas, rebuscando al Doctor Livingstone o profanando pirámides en aquellos escasos puñados de RAM. Y todo ello en nuestro idioma, porque durante aquella etapa afloraron de la nada en España una serie de desarrolladores de videojuegos cuyos nombres están grabados a llama en la infancia de muchos. Se trataba de Dinamic, Opera Soft, Made in Spain, ERBE o Topo Soft. La producción de estas casas destacó por la calidad, cantidad, acabado y también por una dificultad que parecía haber sido ideada en convenio entre los nueve círculos del infierno. La nostalgia electrónica recordaba a Abu Simbel profanation, Saimazoom, Fred, ArmyMoves, Las tres luces de Glaurung, El misterio del Nilo y otras decenas de títulos como compañeros de jornadas frente al monitor. Dicha prolífica etapa, donde el software patrio se aupaba tranquilamente como superventas, fue bautizada como La edad de oro del software español. Y por eso mismo el libro que Jaume Esteve Gutiérrez nos trae debajo del brazo se llama Ocho quilates.

La genuflexión a lo retro irónicamente nunca pasa de moda, es fácil señalar los miles de artículos y bibliotecas digitales que recopilan información, la cantidad de emuladores disponibles, las publicaciones especializadas que revisitan la historia con regularidad, esa gente que aún programa para el Spectrum por diversión, o esos otros grupos que en la actualidad editan Director’s cut de videojuegos restaurados porque en su momento se descartaron secciones de los mismos. El tirón del tema es obvio y palpable. En realidad lo difícil hasta ahora era encontrar un libro que documentase el momento y las razones de aquel alzamiento de programadores patrios (existen cosas como el tomo Spectrum del genial dibujante Alfonso Azpiri, pero ese volumen es en realidad un museo de las llamativas portadas que realizó para algunos juegos durante aquella época).

Jaume Esteve se propone efectuar un repaso a la historia del entretenimiento (y más concretamente a esa edad de oro mencionada que abarca desde 1983 hasta principios de los 90) centrándose en una serie selecta de empresas del videojuego españolas. Pero su mayor logro a la hora de hacerlo es el arriesgarse a construir el repaso de una manera inédita y novedosa: centrándose en las personas que estaban detrás de todo aquello en lugar de solamente en los juegos. Lo sencillo hubiese sido efectuar una enumeración de todos los programas patrios que aparecieron durante esos años, pero la empresa de Esteve lo arrastra a concertar encuentros con los implicados para ver lo mismo desde un punto de vista diferente: el de un desarrollador en aquella época. Y así, a golpe de entrevista y con la mayor parte de la historia narrada de boca de sus protagonistas, se nos invita a descubrir un montón de detalles y tejemanejes del backstage del videojuego patrio.

Así, entre las páginas nos aguardan las peripecias de varios personajes con papel fundamental en la historia del ocio, y cuyas revelaciones nos presentan una nueva versión de la historia. Descubrimos a José Luis Dominguez, un hombre que a pesar de un conocimiento informático a nivel usuario logró impulsar parte del mercado de los videojuegos elaborando una estrategia comercial al vislumbrar un futuro electrónico; su relato incluye reuniones locas en Inglaterra con ariscos empresarios para conseguir la distribución de Amstrad en España. Se nos presenta el combo Paco Suárez y Paco Portalo, creadores del exitoso e internacional La Pulga, reclutados para programar un juego en un país en donde aún era casual conseguir un ordenador y en un momento en que la forma de exprimirlo era echándole pasión y horas investigando por cuenta propia (ni existía internet ni apenas documentación sobre los equipos). Leemos sobre los primeros pasos de Charly Granados, Paco Menéndez, Camilo Cela (sobrino de Camilo José Cela y el mismo que en 2010 estaba lejos de los videojuegos pero peleandose con asuntos de controladores aéreos) y Fernando Rada, un grupo de amigos de la Ciudad de los Periodistas de Madrid que desarrollarían el clásico Fred y fundarían Made in Spain tras entrar en la industria de casualidad cuando alguien toqueteó un ordenador en un SIMO. Se nos presenta a los tres hermanos Ruiz, o los cimientos de la mítica Dinamic, revelando que la publicitada mansión Dinamic era en realidad una buhardilla donde unos chavales creaban juegos por diversión y desde donde se encargaban artesanalmente de realizar envíos y distribuciones para desgracia de su madre. Nos encontramos con Paco Pastor, quien tras haber liderado el grupo Fórmula V decidió ampliar más su legado a la humanidad controlando las entrañas de ERBE, una de las distribuidoras potentes del momento. Y con Pedro Ruiz, José Antonio Morales, Paco Suarez, Jose Ramón Fernández Maquieira y Carlos Alberto Díaz de Castro creando la base de operaciones de Opera mientras hurgaban, gracias a Phillips, en una máquina carísima de nombre carente de vocales (el PMDS).

Lo mejor de Ocho quilates es el acercamiento periodístico al tema. Los entrevistados lucen una memoria impresionante para recordar anécdotas de espacios de trabajo descritos como habitaciones cerradas, que hacen que el cuartucho de Richmond Avenal parezca una suite de lujo, de oficinas situadas en la Torre de Madrid junto a agencias de modelos, de telegramas en castellano paupérrimo, de tratos con compañías extranjeras en los que se la colaban doblada, de polémicas con la supuesta crueldad de un videojuego sobre el toreo (Olé toro), de estratagemas publicitarias que partieron con papeles recortados a modo de collage casero y acabaron con los trazos de Azpiri convirtiéndose en sello fundamental. El conjunto es un acercamiento a la nostalgia desde una nueva perspectiva, si el recuerdo está salpicado con la infancia del ocio, estetipo de viaje de vuelta nos ofrece un punto de vista más adulto al visitar el relato de unos chavales construyendo el auge y caída de industria del videojuego patria.

La pega de Ocho quilates viene en forma de una narración ligeramente inconexa (se salta en el tiempo continuamente) y de estilo sencillo; como en el fondo es una labor periodística, que no literaria, no es un obstáculo insalvable o que impida disfrutar del grueso. El otro pero importante es que se produce una interrupción áspera cuando la historia está en una de sus partes más interesantes. Al fin y al cabo esta es la primera parte de una historia dividida en dos. Y aquí el recorrido comienza en 1983 y finaliza en 1986, con lo que los interesados en los tejemanejes que ocurrían detrás de clásicos como La abadía del crimen, las producciones de Aventuras AD o la formación de Topo Soft tendrán que esperar al segundo volumen, previsto para finales de septiembre. Hay que tener en cuenta que la obra es un proyecto autoeditado bastante arriesgado, y probablemente ello tenga algo que ver con la división del libro en dos partes, de las cuales la segunda (y última) se encuentra en pleno proceso de crowfunding.

Ocho quilates es un libro por y para los nostálgicos de esa época, que los hay por centenares, y estos serán quienes más disfruten con su lectura. También funciona como un curioso acercamiento a los inicios del videojuego para aquellos que no lo vivieron en carnes pero es obvio que el tirón del mismo es más tentador para aquellos militantes del momento, esos que sentirán fascinación por esa nueva ilustración de Azpiri que se atreve a rediseñar cuatro portadas de clásicos (Abu Simbel profanation, La abadía del crimen, Livingstone supongo y Desperado) y de la cual una sección ilustra la cubierta del libro de Esteve.

Ese dibujo de portada de casete que tiene la fantástica capacidad de transportarte a algún domingo lejano frente a un teclado, con la merienda en la mano y un montón de ruido de fondo.

Ocho quilates se encuentra disponible para la venta desde la propia web de la obra (http://www.ochoquilates.com) y también desde Amazon.

Su segunda entrega está en plena campaña de crowdfunding y se puede participar en la misma desde aquí.


Carlos Sánchez-Almeida: “Cuando los jueces tengan suficientes medios la mitad de los políticos acabarán en la cárcel”

Carlos Sánchez-Almeida, Licenciado en Derecho y Diplomado en Derecho Civil Catalán por la Universidad de Barcelona, es uno de los profesionales del derecho especializados en Internet y nuevas tecnologías con más prestigio y recorrido en España. Nos recibe en su despacho situado en la céntrica calle Girona, una amplia y luminosa sala con estanterías repletas a partes iguales de jurisprudencia y novelas de ciencia ficción. Un cartel ilustrado por Miguel Brieva afirmando que “Internet no será otra TV” nos pone sobre aviso del carácter revolucionario de nuestro entrevistado. Defensor a ultranza de las nuevas tecnologías y adicto descarado a Twitter habla con soltura tanto de conflictos con las IRQ en los años 90 como del movimiento Yayoflauta surgido a raiz del 15M. Ha sido miembro de FrEE (Fronteras Electrónicas), organización orientada a la defensa de los derechos civiles en Internet, y colabora en medios digitales tan diversos como Kriptópolis o El Mundo. 

En el blog que tienes en El Mundo, Jaque Perpetuo, señalas que la denuncia de Promusicae contra Enrique Dans tiene su origen en las críticas que este profesor hace de forma valiente y continua en su blog sobre cómo se legisla al dictado de los lobbys y potencias extranjeras. ¿Hasta que punto llega esta influencia?

Hasta la misma presentación de la demanda. El entramado de intereses que confluye en la ley Sinde es de influencia extranjera. Esta semana el Parlamento europeo ha derrotado la propuesta ACTA, que venía impulsada desde Estados Unidos; y se ha conseguido frenar. En el caso español es el interés de la industria musical y, sobre todo, de la industria cinematográfica norteamericana el que impone esa ley. Se buscan diferentes salidas y finalmente se cocina una solución administrativa al gusto americano. Son esos intereses los que imponen la ley, porque es el negocio de la distribución del cine norteamericano el que, en cierta manera, sirve para que artistas españoles tengan una salida a ese mercado. Esos artistas tuvieron un papel muy triste impulsando la ley para conseguir unos beneficios. Realmente, el que tuvo una salida más digna de todo ese proceso fue Alex de la Iglesia.

Esta injerencia de los lobbys con la ley Sinde, ¿es un caso aislado o se amplía a otras actuaciones de las que tenemos conocimiento la sociedad en general?

Recientemente mi socio Javier Maestre ha escrito un artículo sobre los intereses que había detrás de la ley del juego, para incluir el juego “online”, y se ha hecho con los mismos criterios. Lo estamos viendo en todos los casos, lo que pasa es que en el de la ley Sinde, algo que afectaba directamente a Internet, la población organizada en torno a la red tuvo una actitud de defensa más activa, y eso permitió aglutinar diferentes colectivos a la hora de protestar. Además hubo una fiscalización permanente por parte de la sociedad civil de la actividad parlamentaria, hasta el punto de que el día que se hizo la votación en el Congreso había un montón de gente pendiente del “streaming” para ver lo que estaba pasando. Las injerencias son cotidianas, el Parlamento funciona así. A la hora de abrir comisiones parlamentarias para que haya interacción lo que se hace es llamar a los grupos de interés para que hablen. Concretamente, en la subcomisión de propiedad intelectual llamó muchísimo la atención que solo se llamara a una asociación de consumidores. Todos lo demás, más de veinte entre veintitrés comparecencias, eran de la industria.

Hace poco entrevistábamos a exministra de cultura Ángeles González-Sinde y en referencia a los lobbys, decía que en España están mal vistos pero que en el mundo anglosajón son grupos de trabajo que facilitan a los políticos información en profundidad para ayudarles en la toma de decisiones. ¿Compartes esta visión?

Respondería con lo que ha dicho recientemente Lawrence Lessig, que estuvo hace poco en el Colegio de Abogados de Barcelona dando una conferencia. Su primera militancia fue a favor de la cultura libre en Internet y ha ido evolucionando hacia una denuncia de la corrupción política en todos sus órdenes en Estados Unidos. Ha llegado a la conclusión de que si no se cambia el sistema de influencia y financiación de los partidos políticos por parte de las multinacionales americanas no vamos a avanzar en cuestión de derechos. Es lo que está defendiendo la exministra, y creo que eso es minar las bases de la democracia. Es muy triste que el dinero esté condicionando la actividad política en todo momento. No se está legislando a favor de los intereses de los ciudadanos sino a favor de unos grupos económicos que están impulsando la actividad legislativa.

Es difícil encontrar puntos en común en las políticas de los principales partidos nacionales, sin embargo la famosa ley que pretende acabar con la piratería es conocida como Ley Sinde-Wert en referencia los ministros del PSOE-PP que la han desarrollado y puesto en marcha. ¿A qué se debe esta coincidencia de criterios?

Todo está en buena parte anclado en lo que se ha venido a denominar, y es una creación del periodista Guillem Martínez, la cultura de la transición. El objeto cultural estándar en la transición es un objeto no problemático y se le da al artista un espacio de autonomía, pero dentro del sistema, sin cuestionar toda la estructura de partidos ni todo el montaje. A cambio de eso tiene una reciprocidad: el artista hace un mensaje a la medida del político y el político hace leyes a la medida del artista. Y tristemente ni siquiera del artista. Toda la legislación de la propiedad intelectual de los últimos años ha ido más encaminada a proteger los intereses de los intermediarios de la industria cultural, lo que serían los productores cinematográficos, los distribuidores y las redes de cines, que a la propia creación. En este momento el escritor se encuentra con unos márgenes en la edición en papel de un 8%. Todo lo demás se lo lleva la editorial. El trabajo del creador queda muy minimizado. Además, las estructuras que tendrían que representar directamente a los autores, como serían las sociedades de gestión, han quedado muy condicionadas y anquilosadas en un determinado esquema y a la vista está lo que ha pasado en la SGAE y lo que previsiblemente pueda pasar en breve en otras entidades de gestión.

La Ley Sinde-Wert sigue un esquema de acción administrativa con posterior control judicial limitado que parece seguir el esquema de funcionamiento de la Ley Fraga de prensa e imprenta de 1966. ¿Qué similitudes tienen estas dos leyes?

La más terrible es que es una intervención administrativa en una materia que tendría que estar reservada a los jueces, porque estamos hablando de libertad de expresión. Además, en el caso de la Ley Sinde, sus primeros efectos se han desplegado sobre sitios que eran foros de la libertad de expresión e, incluso, podríamos decir del derecho de reunión en su forma virtual. En vagos.es, por ejemplo, no eran los administradores los que subían los enlaces, sino que eran enlaces que comentaban los usuarios. De la misma forma que yo puedo prestar un libro, había gente que había escaneado su colección de cómics y había puesto un enlace para distribuirlo. Eso es lo que se está atacando. Lo que se ha tenido que hacer por parte de estos sitios es, de momento, tomar medidas preventivas para evitar males mayores, pero en la práctica es una censura, no tanto al sitio como a sus propios usuarios, a los que se les dice que todo lo que han traído hasta ese momento ya no puede ser compartido, todo lo que han hablado ahí desaparece y su ámbito de reunión queda cerrado. Sería lo mismo que cerrar la tertulia del Café Gijón. De todas maneras ya veremos, porque hay medidas técnicas para protegerse y, en el caso de vagos.es se está buscando una alternativa que es reconvertirse en buscador para que de esa manera quede todo más diluido.

De hecho, actúan contra los foros pero no lo hacen contra Google, que indexa y tiene enlaces que apuntan hacia contenido protegido por derechos de autor.

Efectivamente. El caso de Google es paradigmático porque es una araña que va buscando contenidos e indexa lo que hay en la red. Lo correcto sería que fuera totalmente neutral, es decir, que priorizara los resultados en función del interés que tienen los usuarios por ellos. La directiva europea de comercio electrónico establece que en la actividad de los intermediarios de internet no hay responsabilidad cuando se limita a enlazar, dar hospedaje o poner en una memoria caché contenidos que han sido subidos a la red a petición del usuario. En esos casos el administrador no tiene responsabilidad y lo único que debe hacer en el supuesto que una autoridad competente declare que un contenido es ilícito es poder retirarlo. Pero claro, hay una garantía jurídica. Incluso hay un principio en la directiva comunitaria que es la exclusión de una obligación general de supervisión de contenidos. No tienes que estar vigilando lo que hace la gente.

En tu web tienes sentencias en España que se basan en esa directiva.

De hecho, todos los pronunciamientos judiciales firmes en materia de contenidos ajenos en Internet han ido en ese sentido: no hay responsabilidad del intermediario.

La Asociación de Internautas impugnó la Ley Sinde-Wert por considerar que atribuye a un órgano administrativo (la comisión de propiedad intelectual) competencias asignadas por ley a los jueces, y en tus propias palabras “solo los juristas nazis se atrevieron a tanto: un pronunciamiento administrativo sumarísimo diseñado para dejar sin defensa a aquellos que son sus destinatarios”. 

Esto no lo he dicho yo, me limitaba a citar a un catedrático de Derecho procesal, que es Andrés de la Oliva. El derecho de autor es, por encima de todo, una institución de derecho civil y privado que establece una serie de obligaciones jurídicas entre el autor, el editor y su público, incluso reconociendo un derecho moral. Y esto era algo que hasta ahora era competencia exclusiva de los jueces, tanto lo que se refiere al derecho civil como, en los casos más graves de vulneración, al derecho penal. Y de repente una actividad como esta queda totalmente administrativizada e incluso hay la posibilidad de que se retiren esos contenidos. Es un supuesto al que nadie más en Europa ha llegado, lo normal es que sean los jueces los que lo hagan. Y por eso es lo que decía Andrés de la Oliva y que yo comparto: nadie más que los juristas nazis han llegado a esto.

¿Se están tomando iniciativas similares en Europa?

Sí, pero está judicializado. Hay más garantía jurídica que en este caso. Y aparte lo que tenemos que atender en el caso español es a lo que dice la Constitución. Aquellos derechos que se pueden ejercer en internet por la propia naturaleza del medio están muy judicializados. Nadie más que un juez puede intervenir comunicaciones. La orden de intervención de comunicaciones electrónicas, el pincharle el correo electrónico a alguien solo lo puede hacer un juez. De la misma forma, el artículo 20 de la Constitución establece que solamente los jueces pueden secuestrar publicaciones. Sin embargo, se ha introducido una brecha para que sea la autoridad administrativa la que pueda secuestrar publicaciones e, incluso, disolver una reunión virtual, como es un foro.

Entonces, ¿se están vulnerando derechos?

Entiendo que sí, y entendemos que si esto llega antes o después a la jurisdicción habrá un pronunciamiento en contra y se declarará inconstitucional. De momento están tramitándose en el Tribunal Supremo varias demandas, lo que se llama un recurso contencioso-administrativo, presentadas por un lado por la red de empresas de internet (REI), que son agrupaciones de empresas de nuevas tecnologías y por otro lado por la Asociación de Internautas. De momento, lo único que se ha resuelto por el Tribunal Supremo es que no suspenden cautelarmente el reglamento, pero el procedimiento sigue adelante y podría pasar perfectamente que al final del mismo, al igual que pasó con la orden ministerial del canon digital, se declarase la nulidad del reglamento. De todas formas, en lo que se refiere al recurso de la REI, justamente estos días Javier Maestre, que es el abogado que lleva el caso, está preparando un recurso de súplica y de nulidad ante el Tribunal Supremo porque, a título meramente anecdótico, el recurso donde se pedía la suspensión tenía veinticinco folios; la resolución del Tribunal Supremo donde se dice que no ha lugar a la suspensión tiene un folio y prácticamente no tiene motivación. Entonces, entendemos que de conformidad con la doctrina del Tribunal Constitucional la falta de motivación daría lugar a la nulidad de actuaciones. Hemos pedido al Tribunal Supremo que recitfique o, por lo menos, que nos explique las razones por las que no suspende el reglamento.

¿Cuál es el pronunciamiento que se espera del Tribunal Supremo y del Constitucional?

El proceso va a ser lento, y pienso que simultáneamente a lo que es el proceso y la prueba que se practique se están produciendo ya intervenciones administrativas; de hecho ya hay varios expedientes en marcha. Antes o después el Tribunal Supremo va a estar viendo por medios de comunicación cuál es la realidad social y, sobre todo, el daño que se está produciendo a la red. Espero un procedimiento diciendo que es inconstitucional, pero habrá que luchar. En el caso de la Ley Corcuera hubo que esperar mucho tiempo y se tiraron muchas puertas antes de que se declarase la inconstitucionalidad.

¿Qué es y quienes forman la comisión de censura?

Eso es lo más curioso. Solamente conocemos el nombre de la presidenta, que además es una persona que no debería serlo. El presidente nato era el Secretario de Estado de Cultura, el sr. Lasalle y, sin embargo, ha delegado su responsabilidad en la directora general de Política e Industrias Culturales Teresa Lizaranzu. Solamente conocemos ese nombre, no conocemos a nadie más. En todos los expedientes que se nos han dado traslado no ha habido nada, solamente alguna incoación. También está por medio el subdirector general de propiedad intelectual, Carlos Guervos Maíllo, pero nadie más. Hay juristas que se han pronunciado sobre este asunto y han dicho que los administrados tienen derecho a conocer quiénes son los responsables de la comisión. Hay una falta de transparencia que no entiendo a qué se debe, porque por lo demás, y esto debo decirlo en honor de la presidenta de la sección segunda, a los pocos días de presentar nuestras alegaciones nos llamó por teléfono y todo han sido facilidades a la hora de presentar la documentación. El procedimiento administrativo era por vía telemática y era muy complejo, todo el mundo ha tenido problemas para presentar, pero posteriormente todo han sido facilidades.

La actual multiplicidad de los puntos de vista sobre cualquier tema de trascendencia dificulta la extensión de los efectos perversos del efecto Panóptico, según el cual las personas tienden a comportarse como la norma espera de ellas cuando se sienten vigiladas por una autoridad exterior. ¿Se podría entender a la comisión de censura como un elemento que en esencia busca ese efecto?

El objetivo que busca la norma es la autocensura. Se pretende más el escarmiento general que la eficacia práctica, porque de esta no va a tener ninguna, ya que a medida que se van a ir cerrando sitios se van a ir abriendo otros, con lo cual se van a seguir compartiendo esos contenidos. Si la gente los quiere seguir compartiendo va a seguir haciéndolo. El tema es conseguir que haya una situación de paranoia general que haga que los que tienen páginas web cambien su actividad o vayan cerrando. Evidentemente, los más conocidos, como es el caso de cinetube y vagos ya están muy cansados porque llevamos ya diez años de lucha por el P2P. La primera página cerrada, que luego fue declarada legal, fue donkeymania. Desde entonces todos los procedimientos judiciales han sido favorables. Muchos de ellos han estado luchando y siendo procesados durante años y ellos, y algunos, como el caso de cinetube, está harto. Ha conseguido una sentencia absolutoria y va a cambiar de modelo de negocio, no quiere más complicaciones

¿Es el administrador de un foro responsable de sus contenidos?

Yo pienso lo que dice la directiva europea, la Ley de Internet española y lo que han dicho los tribunales en muchos casos. En el caso del Tribunal Supremo hay una resolución que la llevamos nosotros, el caso quejasonline, que eran unos contenidos subidos a un foro sin la intervención del administrador. La Audiencia Provincial condenó, recurrimos en casación y el Tribunal Supremo dijo que no había responsabilidad porque no había conocimiento efectivo. Y lo mismo pasó en otro caso, bastante conocido, el de Mindoniense.com, que era un blog en el que se hablaba del pueblo de Mondoñedo. El alcalde puso una demanda porque se hablaba mal de él y tanto el juzgado como la Audiencia Provincial dijeron que no había responsabilidad porque no se puede estar fiscalizando permanentemente lo que hacen los usuarios.

Meneame, el agregador de noticias con más influencia en España ha sido denunciado en varias ocasiones por los enlaces que sus usuarios comparten en la red como en el caso de Pablo Álvarez (#35matriculas). ¿Tienes conocimiento de que este tipo de querellas se le hagan también a Google o a Twitter? ¿Cuál es la diferencia de responsabilidad entre ambos medios?

Los únicos que se han atrevido en serio con Google han sido por un tema de contenidos que afectaban a la intimidad o por el tema del caché. El tema del caché llegó al Supremo y absolvieron a Google, y en otros casos está pasando lo mismo. Es decir, no hay responsabilidad. En el caso de Meneame no me extrañaría que algún caso llegue a juicio porque Ricardo Galli es una persona muy combativa y ha dicho varias veces que, salvo que sea algo evidente como un enlace de pornografía infantil, no va a censurar a sus usuarios, quiere que sea un juez quien diga si eso es legal o no.

Pero técnicamente sería lo mismo que aparezca en Meneame o que aparezca en Twitter.

Claro, estamos hablando de contenidos que no puede controlar un administrador de sistemas porque no los genera él. Por ejemplo, la demanda de Enrique Dans era por contenidos propios, se le acusaba por haber dicho unas determinadas cosas y se juzgó eso. Y además se le absolvió. Pero si se hubiera considerado que había responsabilidad habría sido responsabilidad por hecho propio. El problema es cuando, como le pasó al empresario de internet Julio Alonso, de Weblogs, S.L, que se la ha pretendido responsabilizar por comentarios de los usuarios. Él pone un post en el que habla de la SGAE, concretamente informa de que en Internet hay una campaña que es SGAE = ladrones poniendo un enlace a SGAE, lo que se llama un “Google bombing”, para asociar las dos palabras, y a raíz de esa información los comentarios van subiendo de tono y al final llega la demanda de la SGAE. La condena se basa en los comentarios, no en su post. Entendemos que eso es injusto porque está obligando a fiscalizar permanentemente la actividad de los usuarios.

Los datos y documentos transmitidos con la firma electrónica ofrecen plena validez y disponen de todas las garantías y seguridad jurídica que la firma manuscrita, sin embargo esta validez emana de un aspecto técnico que al menos a nivel teórico es discutible ya que se basa en la dificultad de obtener los factores primos de grandes números. ¿En qué escenario se encontraría la legislación y el comercio internacional si se encontrasen vías para reducir esa dificultad?

Afortunadamente, aparte de la factorización de números primos hay otras técnicas de cifrado cada vez más potentes. El problema es una carrera de resistencia. El tema es que la capacidad de computación para descifrar un número complejo por fuerza bruta, simplemente repitiendo patrones de números, cada vez avanza más, por lo que un cifrado que podía ser válido en los años noventa porque no había capacidad de computación para romperlo ahora se puede hacer. También tenemos que ver que todas las relaciones mercantiles se basan en la confianza: hay billetes falsos, hay cheques falsos, se rompen mecanismos… no existe la perfección en el tráfico mercantil, y en el material cifrado tampoco. Ese nivel de confianza tiene que darse y tenemos que ir buscando mecanismos que aseguren cada vez más la seguridad de ese cifrado. A mí me preocupa más la incidencia, no tanto en materia de transacciones mercantiles como en materia de intimidad. En los años noventa en Fronteras electrónicas estábamos obsesionados con que no se pudiese pinchar los correos electrónicos y cifrarlos. En este momento nadie cifra nada, la gente publica toda su vida en Facebook y Twitter y se ha rebajado el nivel de protección de la privacidad. El verdadero problema es que muchos sistemas de información tienen puertas traseras que en ocasiones pueden ser utilizadas por gobiernos o agentes económicos para saber qué hacemos y qué pasa en nuestros ordenadores. Pero también hay que decir que el caos y la cantidad de información que almacenamos sobre nosotros mismos dentro de un ordenador hace que sea muy aburrido espiar a una persona. Hacerlo de manera sistemática sería inviable. El problema es cuando le meten un troyano a una persona en concreto porque buscan una cosa. Ahí sí.

Entonces, a nivel conceptual, la firma digital es válida. Con mi DNI electrónico dentro de cinco años puedo vender mi casa simplemente autorizándolo con una ristra de números.

Una firma en un notario también se puede falsificar. Te puedes hacer pasar por otra persona, puedes sustraerle su DNI e imitar su firma y serviría igual para cometer una estafa. De la misma forma pasa continuamente en transacciones económicas. Recientemente un banco nos dio un billete falso de 200€. Intentamos ingresarlo en otro banco y entonces fue cuando nos enteramos de que ese billete podía ser falso. Fuimos al Banco de España y certificó que, efectivamente, estaba muy bien hecho, incluso las filigranas, pero el tipo de papel no era el correcto. Eso se hace. Y de la misma forma que es posible en el mundo físico es posible en Internet. Y hay que decir que es mucho más complicado falsificar una firma digital que cualquier otra cosa del mundo físico, con lo cual no tenemos que tener tanta paranoia a lo digital.

¿Consideras fundamental para los abogados expertos en nuevas tecnologías el dominio de éstas?

Te voy a poner un ejemplo. Yo empecé a ejercer en 1987. En aquella época tenía un Amstrad con la pantalla de fósforo verde, luego un 1512 y luego un PC. Creo que mi primer módem se instala hacia 1989 o 1990 porque había un sistema de jurisprudencia que te permitía bajarte las sentencias vía módem. En aquella época instalarte un módem era complicadísimo porque había que determinar que no entrase en conflicto las IRQ y cuando te metías finalmente en aquel mundo de las BBS te dabas cuenta de que era un mundo de hackers, porque conseguir pasar los listones de aprendizaje hacía que te tuvieras que espabilar mucho más. A partir de la llegada de Internet se hace todo más fácil, y ha llegado un punto en el que interactuar con la tecnología cada vez es más fascinante. Veo, por ejemplo, la experiencia de los yayoflautas, que esta misma semana han estado asaltando bancos en plan protesta emitiendo vídeo en directo en tiempo real con un smartphone. Son personas mayores que no tenían una formación tecnológica y que lo han aprendido rápidamente. Cada vez es más fácil. Creo que es más importante poner mecanismos para jueces y abogados que faciliten su uso, por ejemplo que en los casos más complicados haya peritos que puedan explicar bien a los jueces cómo se tiene que interactuar en ese entorno que no ser hackers. En los años ochenta era más necesario que ahora.

¿Dónde se puede especializar un profesional del derecho en España en nuevas tecnologías?

Puedo hablar de mi experiencia. Yo hice la carrera de cinco años y salías de la universidad sin saber nada. Habías memorizado leyes, pero no sabía que era la actividad práctica del abogado. Es una cosa que se conocía día a día yendo por juzgados. Y lo mismo con las nuevas tecnologías: el aprendizaje que hemos hecho todos ha sido absolutamente autodidacta porque eso no te lo enseñaban en la facultad. No sé cómo está ahora. Sería bueno que, por lo menos, se les enseñase a todos informática jurídica por una simple razón que la experiencia misma de la Ley Sinde nos ha hecho ver: es maravilloso el interactuar con un organismo público sin necesidad de papel. Imaginemos que el secretario judicial, simplemente con la firma electrónica del abogado, pudiese autorizar qué abogados tiene derecho a ver un expediente judicial y que el funcionario haga las notificaciones y directamente se reciban por e-mail, suprimiendo así fax, papel, procuradores… gastos. Simplemente a nivel de la Justicia y justicia real, sería mucho mejor. Pero creo que no hay voluntad política para que la Justicia funciones.

¿Quieres decir que a los políticos o los jueces les interesa que esté como está?

No, a los jueces no. Si hay algo que están pidiendo continuamente son medios para poder ejercer su función. De hecho la huelga de jueces fue motivada precisamente por la sanción a un juez debido a que entre los mecanismos que tenía para fiscalizar y controlar la ejecución de una sentencia no se incluían medios electrónicos, con lo cual funcionaban a la antigua usanza y es muy fácil que se comentan errores en esas condiciones. Precisamente por eso protestaron. Los jueces quieren más medios y se podría hacer, pero he llegado a la conclusión de que no hay voluntad política, porque el día que los jueces tengan suficientes medios la mitad de los políticos acabarán en la cárcel. No hay posibilidad de investigar en condiciones cuando estamos hablando de delitos complejos como blanqueo de capitales o tráfico de influencias. Son delitos que cuando se produce la entrada y registro hay que ir a grandes despachos de abogados y llevarse un tráiler de documentación. Los juzgados no tienen capacidad de digerir todo eso.

Es paradójico que en los servicios de salud en dos días tengan implantada la receta electrónica mientras que en los juzgados no haya una base de datos común.

O la Agencia Tributaria. Si se quiere hacer se puede hacer. Lo hemos visto con la Ley Sinde, se ha podido hacer todo con un sistema de administración electrónica suprimiendo  el papel y permitiendo en tiempo real que se cumplan los plazos. Hay un plazo de 48 horas y no vas a tener que perder el tiempo llevando documentación a ningún sitio, todo lo puedes tramitar directamente desde tu ordenador. Eso se podría hacer desde los juzgados, lo que pasa es que no se quiere actualizar porque el poder político tiene mucho respeto y mucho miedo del poder judicial. Estamos viendo en los últimos años la situación en la que está. El caso de Castellón es paradigmático. Los juicios de Carlos Fabra, por ejemplo, en los que parece que se esté boicoteando la actividad judicial.

Con la relación que hay entre el poder político y el poder judicial ahora mismo, con casos como el de Garzón y el de Dívar, que parecen orquestados y hasta relacionados, ¿cómo es posible que los partidos políticos mayoritarios hagan causa común?

Pienso que el mal de origen está en la reforma que se hace de la LOPJ en 1985. Inicialmente en la Constitución se hablaba de que el CGPJ sería escogido entre jueces y magistrados y el planteamiento era que se pudiesen votar entre ellos. De esa manera, la Justicia era completamente independiente del poder político. Pero en 1985 se establece que son los partidos políticos en el Parlamento los que nombran la cúpula judicial. A partir de ese momento no podemos hablar de separación de poderes, se produce lo que se denominó en ese momento “la muerte de Montesquieu”. Desde entonces los jueces tienen una fiscalización que no es estrictamente judicial. Los jueces solamente tendrían que responder ante su superior jerárquico en los casos de los recursos y ante el propio pueblo en el caso que se arbitrase un sistema de elección de magistrados por parte de los ciudadanos. Sería lo más transparente. En Estados Unidos y otros sitios se puede votar a los jueces. Habría que ver el mecanismo para que tengan una capacitación técnica y quizá no escoger directamente al magistrado, pero sí una determinada terna de magistrados. Que hubiese una legitimidad democrática del poder judicial que en este momento no tenemos. Y no lo tenemos porque en última instancia quien supervisa el trabajo de los jueces y puede imponerles sanciones son cargos que deben su poltrona al poder político.

En relación a la modificación de consolas o el desarrollo de software que elimina los sistemas de protección, lo habitual es encontrarnos con sentencias que absuelven a los denunciados de los delitos contra la propiedad intelectual porque existe duda acerca del alcance del concepto “específicamente destinado”. ¿A qué se refiere este concepto?

En el caso de las consolas lo que hay en juego muchas veces es el derecho a la producción científica y técnica. Forma parte del derecho a la libertad de expresión. Lo que se pretende por parte de las multinacionales del software de entretenimiento es poder fiscalizar la actividad que desarrollan los usuarios con el sistema que han comprado. Mucha gente tiene una consola y la quiere poder modificar para darle su propio uso, porque en ocasiones una consola sale al mercado con unas capacidades, como la PS2 cuando sale, que no permiten hacer una serie de cosas, como ver fotografías o vídeos, cuando simplemente poniéndole un chip ya lo permitía. Durante mucho tiempo se estuvo persiguiendo esa actividad y los jueces han ido diciendo que, salvo en aquellos casos en que se pueda determinar que esa modificación ha sido hecha específicamente para desproteger programas, es una actividad impune. Ha habido condenas, pero siempre se han producido cuando la persona a la que han intervenido este material tenía copias que se presumían para la venta.

¿Y respecto a la liberación de móviles?

Es la misma situación. Además en este caso hay diferentes cosas en juego. Una sería el software y otra todo el material con propiedad intelectual, que en el caso de los videojuego se da, pero en el de los móviles no. Ha habido resoluciones en lo que se refiere al desbloqueo de móviles e incluso al famoso “jailbreak” del iPhone en las que se ha dicho que es perfectamente legítimo.

Pero es que en el caso del móvil lo haces para cambiarte de compañía.

Incluso se podría discutir hasta qué punto está legitimada una compañía para bloquearte el dispositivo. Estamos hablando de una actividad contraria a las normas de la competencia: para que no puedas irte de la compañía te bloquean un aparato y te lo dan, en cierta manera, mutilado, porque está incapacitado para desarrollar su función, que es comunicarse. Ahora va a cambiar la situación porque las compañías se han dado cuenta de que sale más a cuenta venderte el móvil a plazos, y ya te lo dan libre. Ha sido algo que ha quedado obsoleto por el propio mercado.

Como pasaba con los DVD, que había lo de las diferentes regiones, pero podías desbloquearlo.

Era simplemente con la intención de segmentar el mercado y, en ocasiones, a efectos de importación, canalizar todo a través de un determinado distribuidor, cosa que también sería discutible a nivel de libertad de comercio. ¿Por qué no me puedo ir a Japón y traerme el aparato que yo quiera?

Una de las prácticas habituales de Adese, la Asociación Española de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento, es la de acudir a pequeños establecimientos e inducir al delito solicitando modificaciones de consolas o copias de cd protegidos de autor que en la mayoría de los casos resultan en un sobreseimiento de los juicios; pero que con el inicio de las acciones legales supone un gran perjuicio para los empresarios que se encuentran en una total indefensión. ¿Son denunciables estas prácticas?

Estamos hablando de una figura que se conoce en la jurisprudencia como el delito provocado, que da lugar a la absolución porque no hay dolo, ha sido inducido por parte de quien quiere denunciar el delito. Hay una resolución en un juzgado de Orihuela con el caso de Microsoft. Se presentaban en la tienda y erre que erre insistiendo en que les instalasen el sistema operativo para que, de esa manera, en el momento en el que les llega el aparato, denunciar un delito y pedir la entrada de registro. Los jueces han ido diciendo que no es delito porque es una persona que no hubiese realizado esa acción de no ser porque hay un agente provocador que está ahí solamente con esa intención.

Pero yo no puedo denunciar a Adese por hacer eso.

Habría que estudiar el caso concreto, pero en cualquier caso cualquier persona en este país puede ser demandada por daños y perjuicios según el artículo 1.902 del Código Civil que dice que el que por acción u omisión causa daño a otro está obligado a reparar el daño causado. Si ha habido una actividad de mala fe por parte del denunciante se podría ir por ellos.

¿Es legal que la Guardia Civil acuda a los establecimientos acompañada por los peritos de la propia Adese?

No sé si es legal o no, pero lo que sí es patético es que sea el perito el que da las órdenes a la Guardia Civil. Me ha llegado a pasar que en el juicio los propios agentes reconozcan que ellos no entendían nada de eso y que se limitaban a llevarse todo el material.

¿Te puedes negar si no hay orden judicial?

El problema es que es un establecimiento abierto al público. Pero también en eso ha habido excesos. Nos hemos llegado a encontrar casos de gente que tenía el establecimiento en los bajos de su vivienda, entonces han subido arriba a hacer el registro y se han encontrado la mesa camilla, la cama, la nevera… y claro, se han puesto a hacer el registro ya en la casa. Es un poco violento. Entiendo que lo que se tiene que poder registrar es el establecimiento abierto al público. Muchas absoluciones se han basado precisamente en que ha quedado demostrado que el material que se perseguía no estaba expuesto al público, sino que era una colección privada que tenía el individuo como cualquiera de nosotros o el propio juez en su despacho. El problema es que la facilidad de copia de las obras digitales hace que sea una actividad que la desarrollamos todos y lo que se tiene que plantear la industria es solucionarlo de otra manera. Ha habido de negocios de distribución que lo han solventado, como Spotify en el tema de la música, Filmin en el de cine… no vale la pena estar esperando por un producto en malas condiciones cuando tienes una alta definición pagando una cuota moderada. Ése es el camino.

Entre las operaciones más espectaculares relacionadas contra los delitos de propiedad intelectual está la que se desarrolló en Nueva Zelanda en relación a Megaupload. Independientemente de que los acusados sean o no culpables hay en el fondo del asunto un tema que nos preocupa a todos los que usamos la nube para almacenar contenido. ¿Hasta que punto empresas como Dropbox o Google pueden garantizar la seguridad de nuestros datos?

Por un lado la Electronics Frontier Foundation, en Estados Unidos, estaba presionando a la fiscalía americana y al Departamento de Justicia para que se pudiese recuperar los datos de los usuarios. En el caso español había otra iniciativa por parte del Partido Pirata. De momento los datos no se han entregados. Hay algunos casos bastante cómicos porque hay gente que usaba Megaupload para transmitir archivos muy grandes que por correo electrónico no se pueden enviar, y un caso muy habitual en España son las grabaciones de los juicios. La grabación te la da el juzgado en formato CD, pero si tengo que pasarle esa acta del juicio a mi socio de Madrid lo lógico era hacerlo por Megaupload. Hay muchos abogados que están en esa situación. Pues todos esos ficheros los han perdido. Afortunadamente, la mayor parte de esos ficheros los tenían también en CD, pero hasta qué punto todo eso ha de estar a disposición de la fiscalía de Virginia.

Supongo que el tema de la nube os planteará un montón de incógnitas sobre qué os vais a encontrar respecto al Derecho.

Va a cambiar muchas cosas, sobre todo en tema de propiedad intelectual, copia de contenidos y protección de datos. La nube hace que no sepas dónde está físicamente un dato. Con la ley española hay problemas de cesión internacional de datos, cosa que la ley española prohíbe salvo que tengas autorización de la Agencia española de protección de datos y solo permite una transferencia entre países que tienen idéntico nivel de protección de datos: la Unión Europea y con Canadá y Estados Unidos en lo que se llama “safe harbour”. Pero más allá de eso hay que pedir la autorización al director de la agencia. Pero en el momento en que los proveedores de hosting lo que buscan es tener el más barato posible a lo mejor resulta que aunque contractualmente te estés firmando con una empresa que está en Irlanda o Alemania resulta que esos datos pueden estar en Costa Rica. Lo que nos consta de Megaupload por haber recibido inputs de proveedores de hosting es que estaba todo disperso, tenía servidores en todo el mundo. Entonces, aunque tú tratabas con una empresa de Hong Kong o Nueva Zelanda esos datos no sabes dónde están. Y eso es algo de lo que la gente no es consciente cuando está subiendo información a internet. David Casacuberta, que es un profesor de Filosofía de la ciencia y fue el fundador de Fronteras Electrónicas en España, dice que quizá necesitemos un apocalipsis de privacidad para que la gente tome conciencia de lo vulnerables que son nuestros datos. Imaginemos que un día un backup de la Agencia Tributaria o de la Seguridad Social cae en malas manos y de repente empieza a aparecer información médica e íntima.

Parecía que Wikileaks iba a ser eso y han conseguido que no llegue a ningún lado.

En este momento sería técnicamente posible, cruzando el escalafón de jueces, fiscales y abogados del Estado. Por ejemplo, hay unos 600 abogados del Estado que sabes perfectamente dónde están destinados, y además la mayor parte de ellos se van colocando muy bien en consejos de administración, presidencia de comunidades autónomas, vicepresidencia del Gobierno… se cruzan esos datos, donde tienes todos sus nombres y apellidos, con el registro de la propiedad y las guías telefónicas, todos ellos datos públicos… y es un apocalipsis de la privacidad. Afortunadamente estamos en un momento en el que, a pesar de la que está cayendo en este país, el nivel de violencia está muy contenido respecto a otros países. Incluso se está quitando escolta a las personalidades porque ya no es necesario. El problema es que todas esas personas no saben hasta qué punto están indefensas ante una intromisión en su privacidad. Lo que ha hecho Anonymous de momento es calderilla comparado con lo que se puede hacer y con la información que hay en los ordenadores.

Internet también facilita que haya menos violencia, los foros canalizan la rabia.

Es cierto. Si comparamos la situación económica de este país con la depresión económica de los años 30 y lo que fue la actividad de la República… vas leyendo la historia de la República y continuamente había actos de violencia de unos contra otros. Creo recordar que hay una obra llamada Año nuevo, año viejo en Castilblanco, de un fiscal que era Jesús Vicente Chamorro, que describe los hechos de Castilblanco, que fue un precedente de Casas Viejas, donde se mató a cuatro guardias civiles porque hubo una insurrección popular. Si ahora miramos lo que está pasando en León, en la cuenca minera, dentro de todo es una violencia contenida, en algo hemos mejorado en los últimos ochenta años. Efectivamente, internet limita la agresividad, pero también estructura y canaliza formas de descontento que de otra manera no se podían dar. El libro, Tecnopolítica, internet y r-evoluciones, analiza la influencia de las redes en la gestación del 15M. Es un movimiento que hubiese sido inconcebible sin internet, ya que es donde se crea todo el caldo de cultivo previo a salir a las calles: primero contra la Ley Sinde, posteriormente el movimiento Democracia real ya que se estructura por Facebook, confluye con el No les votes que está en Twitter… se van sumando descontentos y, a partir de ese momento, continúa una actividad en red y en las plazas. Hay quien dice que el 15M está muerto. En absoluto, está en la red y en cualquier momento puede volver a actuar. Además ya se ha tomado la conciencia de que es contraproducente estar tomando la calle continuamente. No puedes exigirle ese nivel de activismo a todo el mundo y lo que hay que hacer son acciones concretas en momentos concretos. En ese sentido es muy ilustrativo el movimiento yayoflauta. Es gente mayor, que no tiene una capacidad física para estar allí permanentemente, pero el día que la lían, la lían. Toman la embajada alemana, toman los bancos… hacen su activismo y su protesta y luego toman un vermut. Pero a largo plazo no sé qué va a pasar. Si sigue el nivel de deterioro de los derechos civiles como la Educación, la Sanidad o el trabajo y la calidad de vida sigue bajando no sé hasta qué punto se va a poder controlar esa violencia. Habrá que analizarlo dentro de unos meses.

Uno de los libros que has escrito y que tienes a disposición de quien lo quiera leer de forma gratuita, titulado Todo está en venta, se lo dedicas a tu hijo con estas palabras: Ojalá arregléis esta mierda de mundo que os hemos dejado”. Lo escribiste en el año 2000. ¿Piensas que el mundo actual es peor que el de nuestros padres o el de nuestros abuelos?

En algunas cosas sí. A nivel material no, a nivel espiritual sí. A nivel de ética, conciencia y solidaridad hemos perdido muchísimo. Pensemos que, como decía Eduardo Haro-Tecglen, en los años 30 había 18 periódicos en Madrid. Había una diversidad de opiniones que hemos perdido. Lo que ha potenciado la acumulación de capital de los últimos años es el deterioro de los lazos solidarios entre las personas. Eso es algo que está resurgiendo ahora. Cuando hay una catástrofe material o económica surgen esos lazos. El movimiento Stop desahucios se basa precisamente en reforzar esos lazos de solidaridad. La persona a la que han rescatado de un desahucio no lo olvida en su vida, y se crean unas redes sociales de apoyo mutuo que no existían, que el sistema se las había cargado. Si comparamos la lucha obrera de principios del siglo XX con los sindicatos que hay ahora… hemos perdido mucho. A nivel de cajas de resistencia, a nivel de autonomía financiera de partidos y sindicatos… hemos perdido mucho. El mayor deterioro que ha sufrido la democracia ha sido cuando el poder financiero ha tomado el control de los partidos. Hoy estamos viendo lo que ha pasado en Caja Madrid: era un pesebre donde estaban todos. Estaba PP, estaba PSOE, estaba IU, estaba CCOO y estaba UGT. ¿Por qué ha sucedido eso? Porque la militancia obrera sindical se ha ido diluyendo hasta el punto de que la aportación del militante es nada comparado con los préstamos bancarios que se daban para las elecciones. Sin embargo, en estos momentos estamos viviendo un resurgir de esos movimientos de solidaridad y lo estamos viendo, por ejemplo, en el “crowdfunding”. El hecho de que el movimiento 15M pida dinero para poner una querella contra Rodrigo Rato y los servidores de la empresa que recauda el dinero se caen porque no pueden aguantar la avalancha de gente que quiere pagar… a ese nivel estamos mejorando. Eso sí, después de haber tocado fondo.

Ha sido necesaria una catarsis para que las cosas evolucionen. Pero hemos avanzado tanto a nivel material como de reunión. Por eso te pregunto que de 2000 a 2012…

Internet es un mecanismo que se puede utilizar tanto por el propio sistema como por la resistencia. El tema es que son armas de doble filo. De la misma forma que cuando llega la imprenta a España a finales del siglo XV al principio todo es libertad y se puede imprimir todo sin ningún tipo de impuesto. De repente llega la Inquisición y hace que todo lo que se imprima en el país ha de tener el sello Real. No es hasta 1789 que la difusión de las ideas que ha propiciado la imprenta cambia el sistema y acaba produciendo la revolución francesa. Y es una revolución que conlleva cambios económicos, político, sociales; todo permitido por la difusión de las ideas. En estos momentos en internet estamos en pañales de lo que puede llegar a ser nuestra sociedad. La capacidad de interactuar es ahora muchísimo mayor y se pueden establecer redes de solidaridad social a coste mínimo. Ha llegado a un punto que todo aquello que en Internet se ve como jerarquía cuenta con un rechazo popular. Llega un punto en el que la gente solo confía en aquello que proviene de sus iguales, de los nodos que interactúan entre ellos. Si viene una información desde arriba de forma jerárquica, automáticamente hay un rechazo, y más si es una orden. Estamos asistiendo a una descomposición de todas aquellas instituciones basadas en la obediencia ciega, en la jerarquía y en la pirámide. Evidentemente, tiene que haber algo que aglutine la sociedad, y estamos en ello. Internet lo está permitiendo: se están creando redes, pero todavía estamos en pañales. Los cuadros que sustituyan a la actual clase política se están formando ahora, todavía queda mucho recorrido.

A finales del año pasado se absolvía a Pablo Soto por crear software P2P. En la sentencia los jueces coincidían plenamente con la postura jurídica sostenida por la defensa argumentando que el desarrollo de una tecnología que puede ser usada por particulares para el intercambio de música no es una infracción de propiedad intelectual. ¿Qué valores promueve este tipo de tecnología de intercambio de archivos?

La horizontalidad. Son redes entre iguales que lo que hacen es poner en contacto todo nuestro acervo cultural. Antes le dejaba un libro a mi amigo y ahora se puede compartir libremente. Hay una multiplicación de referentes culturales. El problema es que al haber tanto a tu disposición lo valoras menos. Antes la economía basada en la escasez hacía que se valorase determinada cosa. Ahora solo se valora lo que es bueno, lo que dices “por esto estoy dispuesto a pagar inmediatamente, no quiero esperar.” Los artistas lo han explotado muy poco. El hecho de dar de forma inmediata una obra, incluso volviendo al sistema de los folletines, de ir publicando las obras por capítulos, cuando mucha gente los compraba. Estoy convencido de que hay muchos escritores que si se planteasen ir publicando cada semana un capítulo no necesitarían ni editorial, podrían vender directamente.

¿Qué te parecen las nuevas formas de autoedición y promoción de los escritores?

Me gusta mucho lo que ha hecho Lorenzo Silva. Él tenía un blog que iba bien y se le ocurre que podría publicarlo. No tiene dinero para pagarlo pero aparece libros.com y le proponen el crowdfunding. Él no se creía que eso fuera a funcionar, pero mira, yo mismo soy uno de los que ha pagado y mi nombre figura en los créditos del libro como mecenas. Eso mismo va a pasar ahora con una enciclopedia de hackers, que la hace una periodista que se llama Mercè Molist. No tenía dinero para publicarlo y lo ha conseguido. Es algo que va a ir a más. Es otra forma de gastar el dinero. En lugar de ir a la tienda a ver qué hay y que tengas una multioferta, antes de que esa oferta se genere ya lo estás adquiriendo. Vivimos en un mundo de clones y lo que busca la gente es lo auténtico. Lo que sea inimitable, incopiable y que se ala primera vez que se ha hecho. El que diga la idea que tiene y quiera desarrollarla va a tener la financiación. Evidentemente va a haber disfunciones, como en cualquier sistema económico y de distribución, pero lo que tenemos que hacer es corregirlo entre todos e ir buscando un sistema que permita esa interacción cultural en libertad, porque sin libertad no hay creación. Todos los intentos de limitar artificialmente esa libertad va a ser contraproducente contra la propia creación.

La SGAE utiliza datos estadísticos para el reparto de los derechos recaudados. ¿Es auditado este proceso? ¿Tiene en cuenta el tráfico en las redes P2P?

Si tuviésemos que fijar las cantidades económicas a percibir en función de lo que se comparte nos llevaríamos sorpresas, porque muchas veces los que más venden son los que más se comparten, y a pesar de eso son los que más dinero ganan. No sé cuál sería el mejor criterio. Insisto en que la mejor solución pasa por una distribución directa por parte de los creadores hacia los usuarios sin tanto intermediario y estableciendo tarifas planas que permitan consumir lo que se quiera a un precio razonable. Porque realmente los costes de distribución cuando desaparece el producto físico se reducen muchísimo. Además quien está detrás de esos procesos de digitalización no dice la verdad porque no le interesa, ya que quiere mantener los mayores márgenes de beneficio.

Una de las quejas de los consumidores de medios audiovisuales es la imposibilidad de conseguir contenidos actuales a precios razonables como en Estados Unidos. Hace unos pocos meses Netflix desistía definitivamente del desembarcar en España. ¿Existe legalmente algún impedimento para que las personas que residen en nuestro país puedan consumir contenidos disponibles fuera de España?

Son trabas que ponen los distribuidores españoles. Además son unas trabas muy tristes, porque se basan en la mentalidad de “me jubilo yo y después de mí, el diluvio”. Estamos hablando de señores que tienen montado su chiringuito y que lo que quieren es explotarlo hasta el momento que se jubilen; y después ya veremos. De esa manera están mermando las posibilidades de las nuevas generaciones para distribuir esos contenidos. En el caso concreto del cine nos hemos encontrado que el problema era que en lugar de poder contratar el producto en origen había un distribuidor en España que exigía precios distintos según cada obra, las famosas ventanas de distribución. Estos mismos días estamos viendo el boicot de la industria cinematográfica, lo que yo llamo “el ladrillo de los cines”, al actor Paco León por su película Carmina o revienta porque pretendía estrenarla al mismo tiempo en cines e Internet. Muchos cines dijeron que en esas condiciones no querían estrenarla, porque si se va a poder comprar por Internet… Me consta que incluso por parte de Filmin ha habido una campaña a sitios de enlaces y hay solidaridad, porque lo que les interesa es que la obra triunfe. El problema viene de la industria tradicional, que no quiere bajarse del burro y quiere seguir estableciendo un sistema. Además no olvidemos una cosa que contamina mucho el debate: el estallido de la burbuja inmobiliaria ha provocado que esos cines valgan mucho menos, por lo que tienen que seguir manteniendo el chiringuito hasta que vuelva a estabilizarse el mercado y puedan vender esos cines.

En abril rescribías en tu blog un artículo publicado originalmente en 2010 acerca de las ventajas de la descentralización del activismo poniendo como ejemplo Wikipedia y Wikileaks. Sin embargo no mencionas la más descentralizada de todas, Anonymous, en la que ni siquiera podemos encontrar un representante. ¿Qué opinión te merece Anonymous como movimiento social?

A efecto de descarga de responsabilidades tengo que decir primero de todo que estoy llevando los casos que hay en España contra Anonymous, y eso condiciona mi punto de vista porque tengo que hablar como abogado defensor y no puedo ser neutral. Anonymous es una nueva forma de activismo. Personalmente siempre he defendido dar la cara porque es mucho más poderoso tener una identidad digital y ser responsable de ella en Twitter y en la calle, pero lo que ha buscado Anonymous es otra alternativa basada en destapar los trapos sucios del sistema y contribuir con Wikileaks a difundir información. Ha desarrollado actividades que en algunos casos están en la frontera, como el supuesto de tirar sitios, aunque se tendrá que demostrar que un determinado sitio se ha tirado solamente a causa de esas personas y no de cientos de miles que han colaborado, que no son de Anonymous pero se han apuntado al linchamiento. Personalmente estoy en contra de toda violencia, tanto en red como en la calle, pero tenemos que aceptar que Wikileaks ha sido una oxigenación del acceso a la información y ha motivado que la gente pida cada vez más transparencia al poder político. Y eso es algo que tenemos que reivindicar en el mismo sentido que Wikileaks no puede haber nada en una administración pública, salvo la intimidad de las personas en casos concretos, que pueda quedar fuera del escrutinio público y de la capacidad de los ciudadanos de fiscalizar el poder. Si el poder político no es transparente Anonymous va a destaparlo. En un mundo donde se puede reproducir información a coste cero, la información es como el agua, los unos y ceros siempre van a encontrar un camino para llegar a su destino. La única forma de que el poder político pueda estar tranquilo es con transparencia. ¿Qué tienes que esconder? Si no escondes nada no tienes que temer nada. El problema es si estás escondiendo información crítica a los ciudadanos. Este Gobierno en concreto va a tener problemas serios, y no estoy diciendo con Anonymous, sino porque a la larga su opacidad se va a volver contra el propio Gobierno.

Nadie duda a día de hoy que en relación a los contenidos estamos ante un cambio de paradigma en el que las empresas intentan encontrar un modelo de negocio con el que posicionarse en el mercado y ser viables. Creative Commons es un modelo de difusión y licencia que rescribe el concepto de propiedad intelectual pero que no acaba de convencer a muchos de los creadores. ¿Pueden vivir dignamente los creadores trabajando bajo esta filosofía?

El verdadero problema es cómo monetizar la obra y sacarle rendimiento. Hasta ahora ese beneficio económico se basaba en la venta de copias. En este momento hacer copias cuesta cero, con lo cual un modelo de negocio basado exclusivamente en la venta de copias, salvo que le pongas muy fácil al consumidor el acceso a tu obra, está abocado al fracaso. Aunque intentes restringirlo antes o después te lo van a piratear. Mi consejo para esos creadores es que busquen canales de distribución que les permitan monetizar desde la primera canción. El problema está en que se han obcecado tanto en blindar algo que no se puede blindar que han perdido la capacidad de desarrollar la investigación económica y tecnológica para facilitarlo. Si en lugar de destinar todo ese dinero a intentar ponerle puertas al campo se hubiesen dedicado a investigar los hábitos de consumo hace tiempo que el problema estaría solucionado. Lo que necesita un autor por encima de todo es ser conocido y querido por el público, y eso por poner la obra a su disposición. El cómo monetizarla depende del caso concreto. Hace poco vi el caso de Mayte Martín, una cantaora, que grabó su disco en la sala Luz de gas y el mismo día que ibas al concierto te daban el disco con la entrada, con lo que ya estaba financiando la grabación del disco en ese momento, así que ya no le importaba regalarle el disco al que venía, no necesitaba cobrárselo después. Su obra está disponible en Spotify, y de lo que vive es de dar bolos. Pero seguramente se la conocería más si distribuyera su obra fuera de los circuitos de la industria.

En este mismo libro hablabas de que nuestro sistema capitalista era un barril de pólvora a causa de la especulación. Para acabar con la especulación financiera proponías crear un virus que acabase con los sistemas bursátiles que controlan los mercados.  12 años después y tras explotarnos el barril, ¿aún piensas que es una buena idea crear ese virus?

Lo que considero que sería una revolución no es quitarle el poder a los políticos, que no son más que los pastores del rebaño, porque los verdaderos propietarios son otros, mucho más opacos y ocultos. Todo lo que no sea hackear los sistemas de información y financieros de los paraísos fiscales no es una revolución. La revolución es quitarles ese dinero a los que han estado exprimiendo a toda la humanidad durante los últimos siglos. Todo lo demás será un parche. El 15M podrá de una manera o de otra sustituir a los partidos políticos tradicionales pero las estructuras de poder serían las mismas. Hackear el sistema quiere decir meter un troyano en las Seychelles, en las Bahamas, en las Islas Caimán, en Suiza, en Gibraltar y sacarles el dinero. No basta con meter en la cárcel a quien ha quebrado a los bancos, también hace falta recuperar el botín. Con lo que no sea eso no vamos a ningún lado.

No es normal que a los abogados les guste leer a Neal Stephenson, ¿conoces delitos relacionados con las IT que hayan sido anticipados por la CI-FI?

Prácticamente todos. En Neuromante está el hackeo de bases de datos relacionales y demás. Todo eso ha sido anticipado. De hecho la mayor parte de lo que está pasando en el planeta ha sido anticipado por la ciencia-ficción. No es más que una metáfora del tiempo en el que vivimos, siempre está reflexionando sobre lo que está pasando o las consecuencias que va a haber. El mundo descrito en Snow crash es el mundo que estamos viviendo: las franquicias se han impuesto, el poder de los estados está despareciendo y a la hora de crear ideología tiene más importancia una multinacional que un gobierno. Estamos en un mundo donde la publicidad lo es todo y las agencias de imagen son las que condicionan las leyes. ¿A quién encargan la Ley Sinde? A un señor que viene de un gabinete de imagen, monta una coalición de creadores pero que no es más que un lobby de intereses y que cuando acaba su trabajo y consigue que el ministro de turno apruebe el proyecto de ley se vuelve otra vez a la consultoría de imagen. Ese es el mundo en que vivimos. Esa consultoría de imagen es la que diseño después las campañas de los políticos, unos políticos que están en manos de las encuestas y las tendencias y no tienen libertad para generar su ideología. Desgraciadamente estamos viviendo una distopía que es una mezcla del mundo de Stephenson, una parte de lo que describía George Orwell y otra parte de Huxley en Un mundo feliz. Es el mundo que nos ha tocado vivir y que tenemos que cambiar.

¿Tener registrada una marca asegura en cualquier caso conseguir un dominio con la misma denominación?

Lo más importante es tener primero el dominio y la cuenta de Twitter y, simultáneamente, registrar la marca. En los años 90 se criticaba mucho a los ciberokupas, que era gente que registraba un dominio que coincidía con una marca registrada para de esa manera chantajearla. Ahora ha pasado al revés: hay dominios que se han hecho famosos y ha venido alguien y ha registrado la marca para fastidiarle. Primero de todo hay que pedirle al registro mercantil si ese nombre de empresa está libre o no. Cuando ya tienes el nombre de empresa hay que registrarlo, constituir la sociedad con ese nombre y registrar el dominio y las cuentas de las redes sociales más importantes. Lo más importante en la economía de la atención es cómo te relacionas, y si no blindas eso pierdes mucho.

¿Qué es Dominiuris?

Era una iniciativa que desarrolló mi socio, Javier Maestre, que hablaba del tema de derecho de dominios. Tiene un libro publicado, que es El derecho al nombre de dominio y es uno de los grandes especialistas en España en el tema. De la misma forma que los delitos informáticos en los años 90 eran algo muy raro ha llegado un momento que forma parte de la actividad de cualquier despacho de abogados. La informática se ha metido tanto en nuestras vidas que en cualquier delito que implique un registro en una casa, aunque sea por un asesinato, va a aparecer un ordenador y va a tener que hacerse alguna prueba tecnológica. Lo que es más necesario es la formación de la administración de Justicia.

Uno de los servicios que ofrece vuestro despacho es el de la Reputación Online, donde hacéis monitorización y retirada legal de contenidos. ¿A quién está dirigido este servicio?  

Muchas veces nos viene alguien diciendo que quiere poner una demanda porque hablan mal de él en internet, pone su nombre en Google y lo primero que sale es eso. Entonces le decimos que busque mi nombre. Encontrará cientos de miles de referencias, muchas de las cuales hablan mal de mí, pero no encontrará ninguna de ellas en las primeras páginas porque nos hemos encargado de ir generando contenidos. Tu vida digital es una suma de todo lo que haces. Si no te has preocupado de generar una imagen en Internet el problema va a ser que cuando hablen mal de ti lo primero que va a salir es eso. Muchas veces le decimos al cliente que yo estaré encantado de poner demandas y querellas porque es mi trabajo, pero sabiendo el valor que le dan los juzgados al derecho al honor, que si no es el honor de una autoridad los juzgados están por lo que yo llamo los delitos de sangre y semen, no va a servir de nada. Quizá se va a conseguir la retirada del contenido, pero va a tardar mucho y mientras tanto el daño se va a estar produciendo. Entonces le decimos que le vamos a poner en contacto con una empresa especialista en gestión de imagen que, por un lado, genera una buena imagen de ese cliente y, simultáneamente, trabaja en el posicionamiento en internet. Hay otro truco que es que, simultáneamente a lo que yo puedo hacer a nivel jurídico, a nivel práctico es más eficaz enviar formularios de retirada de contenidos y muchas veces, simplemente por aburrimiento, te acaban haciendo caso.