La orgullosa mano de hierro de Irina Víner

Over the Limit (2017). Imagen: Parallel 40 – Planeta Med.

La cineasta polaca Marta Prus fue gimnasta de los cinco a los once años. Después hizo ballet y más tarde estudió danza contemporánea. Intentó entrar en una escuela de danza, pero no lo consiguió. Hizo tres pruebas y falló en las tres. Se dedicó entonces al cine y sus primeros trabajos ya estuvieron dedicados a su gran pasión, la gimnasia rítmica. Tras dos cortometrajes se decidió a abordar un largo con el que pretendía mostrar la realidad política rusa a través de su gimnasia. Pronto desistió de sus ambiciones políticas y vio que era mejor centrarse en las protagonistas del deporte por el bien de ambas, de la película y de las gimnastas. El  resultado ha sido uno de los mejores documentales de 2018: Over the Limit (disponible en Filmin).

El proyecto se inició a las bravas. En 2013, ella y su cámara Adam Suzin se fueron a Moscú a ver si lograban conocer a alguna gimnasta para sus propósitos. No tenían ni entradas ni pases de prensa, pero se colaron en un pabellón deportivo por la puerta de atrás y pudieron asistir a unas pruebas. Según explicó en Culture, un medio polaco, aquello parecía un cuartel: «Cuando vi a Irina Viner con un abrigo de piel y un sombrero, inmediatamente pensé que era un personaje de película. Todas a su alrededor estaban de pie prestándole atención. Caminaba entre ellas como un general del ejército».

Irina Viner, natural de Uzbekistán, ha sido la responsable de los éxitos de la gimnasia rusa del siglo XXI, la mejor del mundo. El secreto de su escuela es la humildad. El trabajo colectivo y no permitir que a ninguna integrante del equipo se le suba el éxito a la cabeza. En sus declaraciones a la prensa ha explicado que si una atleta se encierra en su grandeza eso es malo para todas las demás, incluida ella misma.

Es una filosofía que tiene su origen en el deporte soviético. En el periodo revolucionario y los primeros años de la URSS los bolcheviques rechazaban el deporte burgués. Despreciaban el chovinismo de competir por tu país, odiaban los récords y entendían que el ejercicio físico tenía que estar más orientado a la salud. Estas corrientes, que llegaron a desarrollar algunos proyectos, desaparecieron cuando Stalin decidió competir con los países burgueses en todos los ámbitos posibles, deporte incluido. Desde entonces, pese a que hubo deportistas asombrosos, la prensa y los órganos de propaganda describían sus triunfos como éxitos de todo el pueblo soviético y rechazaban de algún modo la gloria individual.

En esa línea sigue esta mujer presumiendo incluso de su poder y su mano dura. Su lema es famoso: «Mi relación con las chicas jóvenes es de amo-esclavo hasta los catorce, luego se parece a general-soldado a partir de los dieciséis, después de eso somos una asociación». En un sentido más positivo, es una de las grandes defensoras de que los hombres puedan competir en gimnasia, lo mismo que hay mujeres que boxean, al menos eso opinó en 2015.

Pero al margen de esta parafernalia, Viner también es famosa por ser la mujer de Alisher Usmanov, uno de los magnates rusos más poderosos. Un musulmán uzbeco que se casó con ella aunque fuese de origen judío. Este hombre, según Forbes, atesora casi veinte billones de dólares. Hizo su fortuna con la venta de materias primas e invirtiendo en telecomunicaciones y entre sus aficiones se encuentra ser presidente de la Federación Internacional de Esgrima. De hecho la pareja se conoció en un pabellón deportivo en Tashkent mientras él practicaba este deporte. Hasta este verano también fue uno de los mayores accionistas del Arsenal.

La vocación de Viner era el ballet, pero se tuvo que conformar con la gimnasia. Logró ser campeona de Uzbekistán y tras su retiro se convirtió en entrenadora. Tras conseguir que Venera Zaripova fuese campeona soviética, fue nombrada entrenadora nacional rusa en 1992 y presidenta de la federación en 2008.

Actualmente lo controla todo. Además es amiga íntima de Putin. Ella fue quien le presentó a su actual novia (se divorció en 2013 de Lyudmila, con la que llevaba casado desde 1981) la exgimnasta Alina Kabaeva, nacida también en Uzbekistán, campeona olímpica, nueve veces campeona del mundo, quince de Europa y diputada nacional entre 2007 y 2014.

Viner es una leyenda por los logros deportivos de sus pupilas, también por las broncas que les ha echado en público y han podido captar las cámaras, pero sobre todo por sus looks. Viste joyas y sombreros extravagantes. Es todo un personaje. Si el documental de Marta Prus ha logrado algo impresionante es mostrarla en la distancia corta mientras trabaja. Una personalidad tan exuberante que en una película de ficción habría resultado inverosímil.

Hasta entonces, la responsable de uno de los deportes estrella rusos, con los réditos en propaganda y prestigio que aporta a la nación, no era precisamente accesible. Prus, cuando logró colarse en el pabellón, se acercó a ella a ver si rascaba algo, pero Viner se negó a hablar nada ni ser filmada. Sin embargo la excusa que puso, que se tenían que ir de concentración, Prus se la tomó como una invitación. Un mes después se presentó en el centro alto rendimiento de Novogorsk. Al llegar se encontró con la instalación custodiada por fuerzas de seguridad. La cineasta le dijo a los soldados que tenía una cita con Irina Viner, aunque fuese mentira. Fue la última vez en la que logró entrar en un recinto sin acreditación.

En el lugar había decenas de atletas entrenando, con todo rodeado de cámaras, e Irina Viner estaba situada en el centro del lugar, controlándolo todo, dando órdenes e instrucciones con un micrófono. Solo había cambiado con respecto a los tiempos soviéticos, recuerda Prus, que estos atletas ya no estaban ahí por la patria, vestían Gucci y tenían cochazos aparcados fuera. En Rusia son celebrities absolutas.

Allí intentó convencer de nuevo a Viner de que tenía que rodar un documental sobre cómo gestionaba todo aquello, pero la volvieron a mandar a paseo. Una encargada de seguridad, llorando porque se le había colado e Irina se había enfadado con ella, le imploró que saliera de allí. Tuvo que marcharse otra vez con las manos vacías.

Así siguió durante toda la temporada, yendo a los campeonatos y grabando ejercicios. Se limitaba a acercarse a Irina y saludarla para que no se olvidara de ella. Finalmente, cuando consiguió coproductores de varios países, la entrenadora, seducida por la envergadura internacional del proyecto, aceptó a condición de poder expulsarla si algún día le estorbaba. Iba a empezar a rodar un documental que podía suspenderse en cualquier momento. El siguiente esfuerzo fue convencer a Rita Mamun para que fuera la protagonista. Tras dudarlo unos días, finalmente le envió un mensaje accediendo.

El documental, estrenado a finales del año pasado, no defraudó. La prensa destacó las mismas frases de Irina. «Hay que entrenarla como a un perro». «Lo has hecho de pena, te han dado los puntos por tener los ojos bonitos». «Si no puede competir, a la mierda, que se vaya». No obstante, la que dio más titulares no fue la supervillana, sino la buena de la película, Amina Zaripova, la segunda entrenadora que ejercía de poli buena, la que lleva su día a día. Las imágenes más graciosas del documental son cuando Amina besa a Rita y Vider se lo reprocha, le dice que con un beso basta, que le ha dado varios, que ya la besuqueará más después de los juegos. Puro bilardismo, del que tanto se quejaban los futbolistas, pero en gimnasia rítmica. Un deporte de niñas.

Zaripova también empezó con el ballet hasta que fue reclutada por Vider y pronto se puso a la cabeza del equipo ruso. En 1993, la gimnasta Oksana Kóstina falleció en un accidente de coche tras colisionar su novio, el también atleta Eduard Zenovka, el vehículo en el que viajaban ambos contra un camión mientras conducía en estado de embriaguez. Su muerte convirtió a Zaripova en la líder del equipo ruso. Logró medallas en campeonatos del mundo, pero no en los juegos de Atlanta. Fue operada a finales de 1996 de un desgarro en el tendón de Aquiles, lo que le permitió competir con éxito hasta 1998, año en el que pasó a ser entrenadora.

De todas sus pupilas, su relación con Mamun ha sido destacada por los medios especializados. Pasaban más tiempo juntas que con sus familias, parejas e hijos. Mamun se refería a ella como «mamá», Zaripova no lo veía exagerado: «Viví su infancia, su pubertad, su primer amor y sus primeros sufrimientos, fuimos y somos un equipo porque todo lo que atravesamos juntas solo nosotras, nadie absolutamente, nadie más lo sabe». 

Pero suya es la frase más brutal en Over the Lmit, decíamos. Cuando Mamun se queja del dolor de una lesión, Zaripova le pregunta si está enfadada. La gimnasta responde que sí porque es un ser humano. Y su entrenadora contesta: «No eres un ser humano, eres una atleta». Sobre las lesiones, sigue más adelante: «No hay ningún deportista de elite que esté sano».

Sus broncas no desmerecen a las de Vider. Le echa la culpa del fracaso colectivo: «Nos pones en una situación difícil, la culpa recae sobre todos». La llaman tonta, le dice que se vaya a la mierda: «Has fallado por estar pensando en otra cosa, no eres capaz de admitirlo y luego te burlas de todos poniendo esos ojitos de niña buena».

Hay una escena muy curiosa, es una conversación de Mamun con su compatriota Yana Kudryavtseva, la medallista más joven de la historia. Kudryavtseva se queja de que cuando las cosas van bien todo está genial con ella, cuando van mal, la llaman fracasada; si todo va bien, está delgada, si se equivoca, la llaman gorda.

Aunque la parte más dramática es la del padre de Mamun. El hombre se está muriendo de cáncer mientras su hija se entrena para los Juegos Olímpicos. No puede verle, pero Vider no duda en utilizar esa situación para motivarla. Le dice que al final del ejercicio se acuerde de él, que haga como que reza por él. Sin escrúpulos.

En Río, Kudryavtserva cometió un error con las mazas y el oro fue para su compañera. Mamun se convierte al final del documental, después de tanto sufrimiento, en  campeona olímpica. Sin alegría. Su padre murió dos días después y ella decidió dejar la gimnasia unas semanas más tarde.

Cuando Vider vio la película por primera vez, en su casa de Tel Aviv, se enfadó. Interrumpió la proyección, pero no le molestó el retrato de sargento de hierro que se hacía de ella en el día a día, sino que aparecía diciendo la palabra «mierda». Se lo decía a una gimnasta. Abroncó a la cineasta, sospechó que su intención era provocar un escándalo. Exigió que se censuraran todas las palabrotas que salían de su boca. Sin embargo, no apagó la tele. Siguió viendo la cinta y poco a poco empezó a gustarle. Al final, se emocionó. Ya le daban igual hasta los tacos. El proceso de gestación de una campeona, la muestra de su sufrimiento diario, la lucha agónica destrozándose el cuerpo hasta el oro, le encantó. Pidió que se proyectara en el Festival de Cine de Moscú.

El prestigio de esa mano dura es un asunto viejo. En países como Rumanía los excesos de los entrenadores de gimnasia han acabado en polémica nacional. Las revelaciones de Iulia Moldovan, por ejemplo, son la prueba. Así como la muerte de Adriana Giurca a manos de su entrenador, Florin Gheorghe, que le dio una patada mortal en la cabeza por cometer una fallo en un ejercicio. Incluso en Estados Unidos han surgido escándalos gravísimos como cuando al infausto entrenador Al Fong se le murió Christy Henrich después de un fallo multiorgánico derivado de la anorexia que padecía por las estrictas dietas a las que fue sometida.

Marta Prus no estaba pensando en Aronofsky cuando desarrolló su idea. Tan solo se acordó del profesor de batería de Whiplash cuando acabó de montar toda la película. Pero no hay duda de que sentirse como uno más de los protagonistas de estas películas es lo que fascinó a Vider. «Un maestro cruel pero efectivo», dijo la propia Prus, para después despedirse de su creación para siempre. Considera que una vez acabada una cinta, el autor ya no pinta nada: «Para mí el estreno de una película es un funeral, cuando se estrena, la película se marcha dejándome atrás, tendrá una vida separada de la mía, como directora he hecho todo lo que podía hacer y ahora tengo que seguir adelante».

Mientras la película iba de estreno en estreno, Prus hizo notar que la protagonista de Over the Limit, aunque era una celebrity, tenía un casoplón y conducía un BMW que le había regalado Putin, nunca mostraba felicidad por lo que estaba consiguiendo. Eso es lo que quiso captar, su mundo íntimo, reflejado a base de silencios y miradas entre broncas y caricias mientras se le resquebrajan las extremidades por la patria.

 


Sentirnos a salvo

Bill Nighy en La librería, 2017. Imagen: A Contracorriente Films.

El arte es sin duda uno de los mejores estudios históricos sobre la imaginación de la humanidad. Cada época no solo ha producido, sino también merecido, a sus artistas y sus obras, fiel reflejo de lo que la sociedad ha sido capaz de pensar, soñar, prohibir, sentir, desear o temer. Señalo esto a cuento de tres películas inquietantes que he visto en los últimos días: Mother, de Darren Aronofsky, La librería, de Isabel Coixet y The Square, de Ruben Östlund. (Procuraré escribir sobre ellas sin ofrecer spoiler alguno; las tres son inteligentes, merecen mucho la pena y quien no las haya visto y guste del cine debería reparar esa carencia).

La coincidencia en tiempo y espacio de estas tres entregas cinematográficas da que pensar. Son el síntoma de un estado de la cuestión. ¿Qué nos pasa? ¿Cuál es el diagnóstico? Las tres películas se acercan de tres maneras muy distintas a una de las grandes lacras que asolan este mundo contemporáneo nuestro, llamémoslo egoísmo, falta de empatía o, incluso, falta de amor. Léase por amor la perfecta combinación entre respeto y confianza. Los tres filmes nos dejan con la desoladora sensación de que no hay lugar en que sentirse a salvo. Nos dicen, de algún modo, que estamos perdidos, que hemos quemado las naves, que queda poco o nada que hacer.

Los títulos de Aronofsky y Östlund cuentan su historia desde el lugar de lo que podríamos denominar el verdugo. La película de Coixet lo hace desde el papel de la víctima. Las dos primeras indignan. La tercera emociona. Las dos primeras apelan a la mente, la tercera, al corazón. Las tres tienen unos guiones espléndidos, fruto de una sensibilidad aguda y analítica. Son dos caras, pero de una misma moneda: la incapacidad de entender al otro, de incluirlo, de que nos importe. El imperativo del capricho, profundamente relacionado con la tiranía del placer. Una tiranía atada a la idea del consumo, de la velocidad, de lo fugaz. Si todo debe darme placer, el otro se convierte en un obstáculo a menos que se trate justamente del objeto de mi placer, algo por supuesto efímero, insustancial, llamado a fenecer en el instante en que mi placer desplace su atención hacia otro objeto.

¿Qué queremos? ¿Adónde ha ido a parar la idea de que ningún fin justifica los medios? ¿Dónde queda la idea de colectividad, de colaboración, de justicia? ¿Por qué estamos más cerca del miedo al otro que de la curiosidad por él? ¿Por qué nos puede más el remordimiento que la solidaridad?

Jennifer Lawrence en Mother!, 2017. Imagen: Paramount Pictures.

La película de Aronofsky hace una revisión del Génesis, el Apocalipsis y la Eucaristía, una lectura personal de lo bíblico que muestra a un dios a cuya imagen y semejanza más nos valdría no estar hechos. Östlund muestra un primer mundo alienado a través de una fenomenal metáfora basada en la obra de arte que da nombre a la película: the square, ‘el cuadrado’. Coixet elige el choque de la cultura, representada por los libros —defendida por tan pocos—, y el poder —detentado por los elegidos y respetado por la masa—. Las tres muestran el peso de la única soledad subsanable, la relacionada con no tener un espacio en que sentirse a salvo.

Películas que no dejan cobijo y que suponen un diagnóstico desesperanzado de la sociedad en que vivimos. El capitalismo, el poder, el arribismo, la injusticia en el reparto de la riqueza, la soledad de quienes creen y la impunidad de quienes están dispuestos a arrasar.

La referencia a la ausencia de empatía me recuerda una anécdota real, referida a la Primera Guerra Mundial, que cuenta que en Flandes, el 24 de diciembre de 1914, cuando ya el enfrentamiento bélico iba por su quinto mes, los soldados apiñados en trincheras enemigas, apabullados por el frío, agobiados por la cantidad de cadáveres que los rodeaban y por las condiciones de absoluta precariedad a que estaban sometidos, establecieron de pronto, de modo espontáneo, una tregua. Fueron los soldados alemanes quienes, ya en plena noche, empezaron a decorar sus árboles con la luz de las velas y acto seguido se pusieron a cantar villancicos. Al otro lado los ingleses no daban crédito ni a lo que veían ni a lo que oían, pero respondieron con aplausos. Y en cuanto los alemanes terminaron de cantar, los relevaron; también fueron recibidos con aplausos. Poco a poco fueron saliendo de las trincheras, primero unos pocos, luego a cientos, y se encontraron a medio camino, en tierra de nadie. Compartieron cigarrillos y whisky y los pocos dulces que tenían. Se ayudaron a enterrar a los muertos de uno y otro bando. Y estuvieron charlando hasta el amanecer, que los encontró mezclados y en paz. Hombres que unas horas atrás habían estado en pie de guerra, odiándose y temiéndose.

¿Podría ocurrir algo así ahora? ¿Estamos preparados para confiar en el otro, en los otros, y ser los primeros en salir de las trincheras? ¿O el único testigo que vamos a pasarnos en esta carrera de relevos que es la vida es el de la certeza de la soledad, el de la incuestionable sensación de que ya no hay lugar ni forma de sentirnos a salvo?

Tregua de Navidad de 1914. Fotógrafo desconocido (DP).


Historias que cuentan

Ángeles González-Sinde, Fran Perea y Borja Cobeaga. Foto: Paco Gómez.

Jot Down para Havana Club 7

A principios de año, el proyecto Havana Club 7: historias que cuentan anunció su intención de aventurarse por nuevos terrenos durante la búsqueda de historias que mereciesen ser narradas. La iniciativa había nacido cuatro años antes con unas entregas que convirtieron crónicas de periodistas y comunicadores eminentes en conversaciones sobre las tablas de los escenarios teatrales, pero en el caso de la presente edición el proyecto ha optado por ir más allá y reivindicar todas aquellas historias reales y cotidianas de las personas que forman parte del corazón de las poblaciones. Con ese objetivo, en Havana 7 dejaron abiertos los buzones entre enero y marzo del 2017 y le dieron la bienvenida a las memorias de todo aquel que creyese tener vivencias interesantes que contar, una invitación cuyo objetivo era seleccionar tres historias para trasladarlas a la pantalla grande valiéndose del formato cortometraje. Una vez finalizado el plazo de recepción, sobre las mesas de la empresa se apilaron varios cientos de misivas con pedazos de vivencias ajenas alojados en su interior. Los encargados de bucear entre la correspondencia para pescar las historias que se convertirían en imágenes eran tres personas especializadas en chapotear en mundos ajenos: Borja Cobeaga, Fran Perea y Ángeles González-Sinde.

Cada uno de ellos se ha aventurado a contar las historias que otros les han contado. En Jot Down les hemos pedido que escarben un poco en su experiencia como espectadores y rememoren las escenas fetiche de otras obras audiovisuales de las que han bebido las historias que se encuentran produciendo.

Borja Cobeaga y la tensión sorda de No es país para viejos

«Mi historia va sobre una entrevista de trabajo, se trata de un cortometraje donde la puesta en escena consiste en una mesa grande, un tío de recursos humanos y un entrevistado. Me encantan los relatos que transcurren en un solo sitio con pocos personajes, aquellos donde está todo muy concentrado», nos explica Cobeaga. «En general las películas ambientadas en el mundo laboral me suelen gustar bastante. De hecho, hace unos años rodé un cortometraje llamado Democracia sobre una reunión de trabajadores de una empresa. Se trata de un contexto que me interesa aunque en este caso en concreto realmente no me he fijado tanto en las películas que reflejan ese ambiente como en algo que hacen mucho los hermanos Coen: componer conversaciones aparentemente normales donde existe de fondo una tensión brutal que va creciendo lentamente». El realizador vasco apunta a una escena genial de No es país para viejos donde Anton Chigurh (Javier Bardem) mantiene una conversación con un dependiente: «Bardem está hablando con el dueño de una gasolinera y en aquel diálogo parece que no está pasando nada pero ocurren un montón de cosas, existe muchísima tensión». Se trataba de una secuencia que lograba aterrar al espectador con un par de elementos tan sencillos como una moneda lanzada al aire y un pedazo de plástico. «Lo que mejor recuerdo es cómo Bardem colocaba sobre la mesa el envoltorio de algo que se acababa de comer, un plástico arrugado que al ser depositado en el mostrador se iba expandiendo poco a poco, creando una tensión sorda, un río chirriante. Es exactamente ese tipo de tensión la que me interesa para el cortometraje. En mi historia, protagonizada por Daniel Pérez y Jorge Suquet, el encargado de recursos humanos se da cuenta durante una entrevista de trabajo de que el entrevistado es alguien que le hacía bullying en el colegio, se trata de un punto de partida muy potente».   

Borja Cobeaga fue una de las dos plumas (la otra pertenecía a Diego San José) que firmaron aquellas ramas genealógicas capaces de barrer taquillas enumerando Ocho apellidos vascos y Ocho apellidos catalanes. También se trata del director que convirtió una maniobra evasiva con nombre de ofidio en película con Pagafantas, aquel que perpetró una Jungla de cristal del amor en No controles y el realizador que enfocó una negociación con terroristas como un drama cómico en la estupenda Negociador saliendo ileso del proceso. Pero quizás lo más importante es que Cobeaga ha demostrado auténtica destreza a la hora de encarar historias cercanas en formatos reducidos: su cortometraje Éramos pocos (2005) giraba alrededor de una situación tan cotidiana como agridulce y acabó reservándole, junto a la estupenda Mariví Bilbao, un asiento en el Teatro Kodak de Los Ángeles tras recibir una nominación en la septuagésimo novena ceremonia de los Óscar.

Fran Perea y la danza del Cisne negro

A Fran Perea la interpretación le ha mantenido ocupado entre los terrenos de la pequeña pantalla (La sonata del silencio, B&B, Los Serrano), el cine (De tu ventana a la mía, Las trece rosas, Balada triste de trompeta) y las tablas del teatro (La estupidez de Rafael Spregelburd o El ciclista utópico de Alberto de Casso) sacando entremedias tiempo también para afrontar una carrera musical que le ha permitido coleccionar discos de platino y oro. La iniciativa Historias que cuentan le ha exigido pisar un terreno desconocido al colocarlo en el otro lado de la cámara. «Es mi primera experiencia como director. Lo cierto es que tenía ganas de dirigir desde hace bastante tiempo, pero resulta muy complicado levantar un proyecto y todo aquello que lo rodea, en especial porque llevo unos años totalmente centrado en mi compañía de teatro (Feelgood). El propio hecho de que te ofrezcan esta posibilidad de repente, de que te inviten a participar de este modo en el proyecto, es algo que agradeces». Se trata de una experiencia que encara sin temores: «Si tienes un poco de interés, tras años de trabajo dentro del sector, acabas descubriendo que quizás también tienes los mimbres necesarios, algo de sensibilidad, algo de conocimiento. Solo hace falta rodearte de un equipo en el que confíes y gran parte del trabajo ya está hecho».

«La gente podía elegir a qué director enviar sus historias y nosotros hemos tenido que leer muchas propuestas hasta que nos decidimos por el relato de un chico que era bailarín. Y al pensar en la manera de contar su historia decidimos crear una coreografía. La historia es bastante dura pero la forma que he elegido para contarla es metafórica, haciendo un uso exclusivo de la danza y una voz en off, realmente todo el cortometraje es una coreografía protagonizada por Chevi Muraday. Investigamos mucho y entre las referencias que manejamos una de las escenas que más nos gustaba era la coreografía inicial de Cisne negro de Darren Aronofsky. De alguna manera aquel prólogo a la película era una inspiración para nosotros».

Ángeles González-Sinde y Las manos mágicas

«De todas las cosas que no sé hacer, dibujar es la que más me gusta» confiesa González-Sinde. «Dibujar es pensar de otra manera, observar con los ojos despacio, con la máxima atención e inmediatamente trasponerlo al cuerpo llevándolo a la mano».

Ángeles González-Sinde ha participado en los guiones de más de una veintena de proyectos, entre los que se encuentran La vida que espera, Segunda piel, La puta y la ballena o Lágrimas negras, una labor gracias a la cual ha recibido un Goya al mejor guion original junto a Ricardo Franco por La buena estrella (1997). En el papel de directora ha agarrado el timón de películas como La suerte dormida o Una palabra tuya y en general se encuentra asociada de manera inevitable al mundo artístico a varios niveles: entre 2006 y 2009 ejerció como presidenta de la Academia de cine y posteriormente ocupó el agitado puesto de ministra de Cultura entre los años 2009 y 2011. También se ha aventurado a contar historias en otros campos como el periodismo o la literatura, llegando incluso a ser finalista del Premio Planeta con su novela El buen hijo.

«Algunos guionistas importantes, como Waldo Salt o Jean Claude Carriere, se manejaban bastante bien con el dibujo, incorporándolo a la escritura de guiones como un ejercicio imprescindible de imaginación. El mayor hándicap de ser guionista es tener que construir películas solo con palabras en un papel. Resulta escaso, pobre y te hace caer en la nefasta tentación de resolver por los diálogos», apunta la realizadora antes de revelar que su historia, titulada Los guapos, contiene una sorpresa en la forma: se trata de una pieza animada. «El objetivo y desafío de este cortometraje fue obligarme a pensar con otro lenguaje de la mano de un gran creativo y dibujante como Rafa Sañudo. Un lenguaje gráfico que me ha permitido utilizar juguetes y miniaturas, recortables y collage, grandes aficiones de la infancia a las que nunca renuncié por completo. Las manos de Rafa en la pantalla nos invitan a un juego delicioso, a ser testigos de un proceso creativo completo desde la página en blanco hasta una escena completa, con el contraste de la voz de una narradora. Así he podido preservar el tono y los detalles del relato original recibido en Havana 7. Quizá mi debilidad por este recurso venga de muy atrás, de un programa que TVE emitía en mi infancia: Las manos mágicas».

Historias que cuentan es una iniciativa impulsada por Havana Club 7. Su web oficial ejerce actualmente de diario de a bordo del proyecto, documentando en capítulos el proceso de creación de cada una de las obras. Tras realizar la selección de historias, los directores de los tres cortometrajes se encuentran durante este mes de abril envueltos en el proceso de rodaje con el objetivo de un estreno en salas comerciales, y de manera online, a lo largo del mes de mayo de 2017.


Las mejores películas que jamás se han filmado

Boceto de Mort. Imagen cortesía de Claire Keane.
Boceto dpara Mort. Imagen cortesía de Claire Keane.

Hace unos cuantos años, en los corrillos cercanos a la industria cinematográfica, circulaba el rumor de que Disney estaba mirando con ojos golosos al Mundodisco que el escritor Terry Pratchett había construido a base de letras. Era totalmente cierto, Ron Clements y John Musker, dos directores que tenían entre sus criaturas a La sirenita, Aladdin, Hércules o Tiana y el sapo, sopesaron la posibilidad de trasladar Mort al mundo animado. Mort era la cuarta novela ambientada en Mundodisco y la primera centrada en el personaje de Muerte, una Parca carismática con aspecto de esqueleto ataviado con capa, espada, guadaña y mucha curiosidad por los humanos que acompañaba al otro lado durante la jornada laboral. En aquella historia un chico llamado Mort, acompañado de la hija adoptiva de Muerte y una princesa que regateó un destino mortal, zarandeaba la estabilidad de la realidad y el universo al convertirse en aprendiz del segador de almas. Podría parecer un material demasiado tétrico como base para una película Disney, pero la compañía ya había fabricado productos oscuros como Tarón y el caldero mágico y por otro lado también había inventado el término disneyficación gracias a su habilidad para endulzar relatos originalmente salvajes, como ocurría con las fábulas del folclore alemán.

El caso es que entre los trabajos del porfolio de la artista Claire Keane, hija del legendario animador Glenn Keane, aparecieron algunos bocetos de aquella adaptación de la novela, ilustraciones curiosas que no pasaron de ser esbozos conceptuales con los pañales recién puestos. Musker y Clemens abandonarían el proyecto para centrarse en la polinesia Moana (que aquí se estrenará como Vaiana porque el nombre original estaba pillado). Y Mort sería otro film que podría haber sido, uno con bastante mejor pinta que las tv movies y films de animación torpe existentes basados en Mundodisco. Recientemente, durante el aniversario conmemorativo del fallecimiento de Pratchett, se ha anunciado que una nueva versión de Mort para la pantalla grande está en marcha. Y también que la hija del escritor, Rihanna Pratchett, será la encargada de adaptar otra de las novelas de Mundodisco, The wee free men (pequeños hombres libres), al formato largometraje.

Garabatos

La película de Mort no era la única obra abortada que dejaba migajas capaces de hacer salivar a los fans en porfolios de artistas: Steve Purcell, padre de Sam & Max, dibujante ilustre en Lucasarts y diseñador de personajes en Brave, atesora bosquejos para una película cancelada basada en Monkey Island, una saga de videojuegos en cuyas dos primeras entregas había colaborado mucho. Los bocetos tardaron años en aparecer, antecedidos de rumores sobre una cinta de animación con Guybrush, grog y piratas bajo el amparo de Lucasfilm y la Industrial Light & Magic y la dirección de un Steven Spielberg fan de las aventuras originales. La cinta se titularía The curse of Monkey Island y no tendría nada que ver con la tercera entrega jugable del mismo nombre. En su lugar sería una especie de reboot, pero no convenció lo suficiente y el plan se desechó. El responsable del guion era Ted Elliot, quien acabaría encargándose de escribir Piratas del Caribe, aquella cinta que venía a ser Monkey Island con Johnny Depp correteando por ahí.

Bocetos para la película de Monkey Island. Imagen cortesía de Steve Purcell.
Bocetos para la película de Monkey Island. Imagen cortesía de Steve Purcell.

En las papeleras de Disney se acumularían otras obras con potencial, en el fondo éxitos como la reciente Frozen dieron vueltas por el estudio durante decenas de años antes de convertirse en largo. Un Don Quijote con imaginería inspirada en Velázquez y otros notables artistas españoles sería cancelado a principios de los cuarenta por culpa de la guerra y las pérdidas de Pinocho y Fantasía. Poco después el proyecto resucitaría en formato musical para ser abandonado de nuevo. Durante los cincuenta viviría una nueva preproducción fallida, y a principios de los 2000 un Don Quijote de artworks asombrosos sería cancelado por parecer demasiado adulto. Al final todo quedaría en un montoncito de bocetos de todas aquellas versiones y con Disney anunciando que en un futuro produciría un Don Quijote con Johnny Depp implicado. El libro The gremlins (que no tiene nada que ver con Gizmo a pesar de acuñar el término que define su especie) del escritor Roald Dahl también sería un proyecto de película rechazado, pero de sus bocetos escaparían algunos de aquellos gremlins para hacer cameos en cortometrajes y en el videojuego Epic Mickey. Otras ideas chifladas como The search of Mickey Mouse (un Los mercenarios animado que ponía a todos los personajes del estudio a la búsqueda de Mickey), la adaptación de la fábula Chantecler y el cuento con zorro Reynard se desecharían alegremente. Y brillando entre los descartes se encontraba una curiosidad excepcional: la pieza de treinta segundos que en 1983 produjeron John Lasseter y Glen Keane para proponer adaptar el libro infantil Donde viven los monstruos, aquel que acabó llevando al cine Spike Jonze por una senda diferente.

Por las oficinas de Disney también circuló el guion de una precuela de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? que llevaba a los dibujos animados hasta Europa para luchar contra los nazis y acababa revelando que el protagonista era hijo de Bugs Bunny. Ese libreto sería reescrito como una road trip centrada en la búsqueda de la madre de Roger sin amenaza aria, aunque finalmente la idea no pasaría de una pequeña prueba animada. La cinta titulada Fraidy Cat propondría algo interesantísimo: imitar el estilo de Alfred Hitchcock en un mundo animado, pero los productores no vieron rentable homenajear a un director que la audiencia mocosa desconocía. La cinta Newt se descartó porque lo de una colorida especie en peligro de extinción lo hizo el Rio de la competencia. King of the elves planeaba adaptar una historia de Phillip K. Dick, pero a pesar de anunciarse constantemente como un trabajo con mucho recorrido andado no acabaría materializándose. Al margen del mundo animado, Disney planeó durante los años cincuenta una versión propia del mundo de Oz. La película jamás llegó a existir, pero curiosamente se anunciaría en televisión con un publirreportaje de variedades:

Grandes directores

Tras el éxito de 2001: una odisea del espacio, Stanley Kubrick se obsesionó con Napoleón Bonaparte e investigó de manera meticulosa su figura para rodar la «mejor película jamás hecha». Tras dos años recopilando datos elaboró un guion (disponible aquí), fichó a David Hemmings, Audrey Hepburn, Alec Guinness y Laurence Olivier, y planeó un rodaje entre tierras inglesas, francesas, y rumanas contando con la ayuda para las escenas de batalla del ejército de la propia Rumanía, que estaba encantado de apuntarse a la fiesta. Pero el estudio no vio futuro en invertir millones cuando cintas como Waterloo se habían estrellado en taquilla. La bestial cantidad de material que Kubrick había recopilado, parte del cual reutilizaría en Barry Lyndon, se convertiría en un libro gigante relleno de libros: The greatest movie never made. En 2013 Spielberg, barrendero oficial de las migas que Kubrick dejaba a medio comer, anunciaba su intención de agarrar el libreto de aquel Napoleón y convertirlo en serie de televisión.

Kubrick acabaría dejando una extensa lista de proyectos a medio cocer: intentó llevar al cine la novela Ardiente secreto de Stefan Zweig pero no se lo permitió el production code. Escribió un libreto nunca rodado basado en el serial radiofónico Shadow of the sun que alguien definió como un cruce entre Mars attacks y La guerra de los mundos. A mediados de los noventa reinició un antiguo proyecto centrado en el Holocausto llamado Aryan papers para acabar desechando la idea tras asegurar que una película fiel a la tragedia del Holocausto era algo que se encontraba más allá de la capacidad del propio cine. También por su cabeza pasó la idea de adaptar los libros Flores en el ático, El perfume, I Stole $ 16,000,000 o Todos los hombres del rey. Umberto Eco rechazaría (arrepintiéndose más tarde) el ofrecimiento de Kubrick para convertir El péndulo de Foucault en película y los Beatles le propondrían al realizador rodar El Señor de los Anillos, pero lo más delirante de todo vendría de la sugerencia del escritor Terry Southern de filmar una película porno de alto presupuesto.

Francis Ford Coppola aseguraría que solo había dirigido Drácula, Jack y Legítima defensa para recaudar los fondos necesarios para financiar Megalópolis, sci-fi épica ambientada en una Nueva York futurista que se reconstruía tras una catástrofe. Pero justo en el momento de ponerla en marcha tuvo lugar el 11-S, que cambiaría para siempre la sensibilidad de los estadounidenses, y Coppola, consciente de que en aquel momento era imposible sacar adelante una película de ciencia ficción donde Nueva York era la protagonista, abandonó su carísimo plan. Werner Herzog tuvo entre sus planes una The conquest of Mexico que trataba el colonialismo desde el punto de vista de los aztecas. Robert Bresson planeó durante décadas convertir el Génesis bíblico en film, pero acabó dándose por vencido. David Cronenberg sopesó un Frankenstein, la posibilidad de dirigir American psycho con Brad Pitt de protagonista y la idea de hacer con Desafío total un «Indiana Jones goes to Mars».

Steven Soderbergh imaginó un musical sobre Cleopatra en 3D y Bahz Luhrmann un Alejandro Magno. Alfred Hitchcock intentó convencer a su estudio para rodar Kaleidoscope, un thriller con un asesino en serie necrófilo liándola por Nueva York, pero lo jodido del relato espantó a los productores. Andrei Tarkovsky se pasó toda su vida tratando de filmar El idiota de Dostoevsky pero tuvo que conformarse con ser espectador de la versión de Akira Kurosawa. Terry Gilliam no conseguiría arrancar una Buenos presagios basada en el libro de Terry Pratchett y Neil Gaiman. Arnold Schwarzenegger y Paul Verhoeven planearon un blockbuster épico con Robert Duvall, Jennifer Connelly, John Turturro y Christopher MacDonald, pero el presupuesto se les fue de las manos. Ridley Scott se quedaría con las ganas de filmar el Meridiano de sangre de Cormac McCarthy porque nadie quería financiar un relato tan duro. Y Guillermo del Toro lleva toda la vida intentando encauzar En las montañas de la locura, pero parece que no hay manera.

Los hermanos Coen codiciaron durante años To the white sea, adaptación de una novela de James Dickey donde un artillero aéreo de la Segunda Guerra Mundial se las apañaba para sobrevivir tras ser derribado en Tokio. Pero los productores guardaron las carteras al descubrir que los brothers querían rodarla en tierras de oriente y que Brad Pitt iba a interpretar a un protagonista con cuatro líneas de diálogo. Los derechos acabaron en manos de una Warner que en 2015 anunció una nueva versión sin los Coen implicados.

Álex de la Iglesia se encontraba a punto de rodar una ambiciosa Fumanchú cuando decidió abortarla por falta de presupuesto. Algo similar le ocurriría con su deseada La marca amarilla, adaptación cinematográfica del tebeo belga Blake y Mortimer donde iba a participar Kiefer Sutherland, cuando uno de los inversores se retiró del asunto. Otros proyectos inconclusos del caballero serían la versión de Superlópez protagonizada por José Mota y Piensa en Disney, una cinta con un argumento fabuloso: tras un accidente su protagonista adquiría la capacidad de ver a los demonios que plagaban el mundo, algo que solo podía evitar evocando los dibujos de su infancia. Paseó la propuesta por la Fox, Paramount y Dreamworks y con estos últimos tonteó un rato hasta que Spielberg decidió echarse atrás.

Lost in La Mancha (Imagen: Keith Fulton/Louis Pepe). Dune. The death of Superman lives (Imagen: Jon Schnepp)
Lost in La Mancha. Imagen: Keith Fulton/Louis Pepe (CC). Dune. The death of Superman lives. Imagen: Jon Schnepp (CC)

Lo de Harold Ramis (director de Atrapado en el tiempo y cazafantasmas oficial) y su intención de trasladar la enorme novela La conjura de los necios al celuloide se convirtió en un chiste de humor negro: tras conseguir que John Belushi estuviese dispuesto a calzarse el gorro de Ignatius J. Reilly, al cómico le daría por morirse de sobredosis. El papel protagonista volaría hasta el regazo de un John Candy que fallecería de un infarto antes de ponerse delante de las cámaras. Ramis lo sustituiría por Chris Farley y lograría que nadie volviese a confiar nunca en su olfato como director de casting: Farley la palmaría por sobredosis antes de arrancar el rodaje. Mucho tiempo después, en 2014, Ramis también acabaría pasando al bando enemigo de los cazafantasmas, pero a esas alturas ya había abandonado totalmente el proyecto. La película de La conjura de los necios acabó considerándose una obra maldita, pero incluso así John Waters manifestó interés en rodarla con Divine de protagonista; a Stephen Fry le tocó escribir un nuevo guion que no sería utilizado nunca y Steven Soderbergh estuvo a punto de rodarla con Will Ferrer de protagonista cuando todo se vino abajo por razones que unos achacan a una financiación desastrosa, otros a la desgracia del Katrina y otros al asesinato de la mujer que lideraba la Louisiana State Film Commission. Soderbergh concluiría que la película tenía bad mojo de es. En 2012 Zach Galifianakis se anunciaba como el nuevo Ignatius y su familia se ponía muy nerviosa.

Orson Welles pasaría toda su carrera coleccionando trabajos no finalizados y de problemático recorrido: se tiró veinte años editando su Don Quijote para dejarlo sin rematar (aunque se estrenaría una versión en 2008 montada por Oja Kodar y nuestro Jess Franco). Le robarían la copia de su El mercader de Venecia. Abandonaría las adaptaciones de El corazón de las tinieblas, Santa, La vuelta al mundo en ochenta días, Cyrano de Bergerac, Ada o el ardor, Moby Dick, La isla del tesoro, The deep (basado en el libro Dead Calm), Saint Jack, The Way to Santiago o El rey Lear. Y por el camino dejaría también Cradle Will Rock, Too much Johnson, It’s All True y una versión de la vida de Jesucristo ambientada en el Oeste titulada The Life of Chris. Su The other side of the wind, donde John Huston interpretaba a un director de Hollywood intentado completar una película, quedaría pendiente de editar y envuelta en eternas disputas legales.

Una de las cosas más interesantes que han producido las grandes películas nunca finalizadas son un puñado de curiosos making of que funcionan como películas en sí mismas. Jodorowsky’s Dune documentaría el accidentado destino de la adaptación de la novela Dune que persiguió Alejandro Jodorowsky y el alucinante dream team que llego a reunir: H. R. Giger, Moebius, el virtuoso de los FX Dan O’Bannon, Salvador Dalí, Mick Jagger, Geraldine ChaplinDavid CarradineOrson WellesHervé Villechaize, Gloria Swanson o Alain Delon junto a una banda sonora compuesta por Pink Floyd. Del cancelado Superman Lives de Tim Burton se filtraron unas fabulosas fotos donde Nicolas Cage lucía melena y traje superheroico de plástico con escotazo y su accidentada producción se convertiría en el objeto del documental para fanboys The death of superman lives: what happened?. Lo de Terry Gilliam y su mala pata a la hora de rodar su ansiada El hombre que mató a Don Quijote era un casi un running-gag, y el cómo se hizo de un tortuoso rodaje fallido en el 2000 acabaría mutando en la película Lost in La Mancha, una de las mejores cintas de catástrofes de la historia del cine.

Rechazos ilustres

George Lucas intentó poner al mando de El retorno del Jedi a dos Davids con universos personales muy alejados de los sables láser: Lynch y Cronenberg, pero ambos declinaron amablemente la invitación. Alguien en Hollywood propuso a Alejandro Amenábar dirigir la adaptación a imagen real de Dragon ball y el director, tras el WTF inicial, decidió seguir a lo suyo. Para la cuarta entrega de Alien sus responsables tantearon a Danny Boyle, Paul W. S. Anderson y Álex de la Iglesia, y a este último también se le ofrecería en algún momento conducir La máscara del Zorro. Quentin Tarantino rechazó dirigir Speed y Men in black. El exorcista le hizo ojitos a Kubrick y Alfred Hitchcock, pero no les convenció. A Guillermo del Toro le ofrecerían un montón de cosas: Alien vs Predator, El fin de los días, Soy leyenda, Llamada perdida, secuelas de Hellraiser y Blade o un par de entregas de Harry Potter, pero el hombre estaba muy ocupado criando a su Hellboy. Terry Gilliam rechazaría Forrest Gump, ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, Enemigo mío, Braveheart y American Beauty.

Proyectos perdidos

El mundo de los superhéroes también estaría repleto de naufragios: Batman Triumphant tenía intención de continuar donde lo dejó Batman y Robin pero, a pesar que aquella orgía flúor resultó rentable, el huracán de vergüenza ajena que provocó la peli de Joel Schumacher hizo que el estudio pulsase el botón de reset. James Cameron se tiró años con un Spider-Man que acabaría rechazado por ser demasiado violento. El spin-off X-Men orígenes: Magneto que iba a acompañar al desastroso X-Men orígenes: Lobezno montó mucho ruido para acabar desapareciendo de puntillas. Los 4 Fantásticos y Silver Surfer funcionó por debajo de lo esperado y se llevó por delante una tercera entrega, ya firmada, con el mismo reparto y de paso una película protagonizada en exclusiva por Silver Surfer. Joe Carnahan propuso una nueva Daredevil de estética setentera inspirada en cintas como Serpico e ilustró su idea con dos posibles tráilers de prueba, montados a partir de imágenes de otros filmes y extractos del cómic, para convencer ejecutivos: uno PG-13 y otro más cañero etiquetado NC-17. Lo realmente extraño sería el Batman: year one reinventado por Darren Aronofsky (Pi, Requiem por un sueño): «Mi idea era una mezcla entre El justiciero de la ciudad [la Death Wish que protagonizaba Charles Bronson] y French connection. Gordon era una especie de Serpico y Batman un Travis Bickle [el protagonista de Taxi driver]». La Warner no tardó en darle la patada.

Otras superproducciones se derrumbaron por el camino, el fracaso de Tomorrowland enterró una nueva secuela de Tron porque a Disney no le apetecía seguir arriesgando billetes. La brújula perdida, ideada en principio como trilogía, nunca vería futuras entregas en el cine tras una recaudación floja y las ruidosas protestas contra su tonillo antirreligioso. Y la anunciadísima adaptación multimillonaria del videojuego Halo pasaría por las manos de Neill Blomkamp o Peter Jackson antes de mutar en una serie menor.

Absolutas locuras

David Lynch lleva toda la vida tanteando si filmar Ronnie Rocket, una película con dimensiones paralelas protagonizada con un hombre que posee la asombrosa habilidad de mantenerse sobre una sola pierna, con villanos eléctricos llamados Donut Men y un enano rockstar que se enchufaba a la corriente. Salvador Dalí planeó una Giraffes on Horseback Salad que iba a estar protagonizada por los hermanos Marx e incluía cosas tan curiosas como jirafas con máscaras de gas ardiendo o una escena en la que Harpo cazaba dieciocho enanos con una red para mariposas. Se descartó su producción por, evidentemente, pasarse de surrealista.

David Lynch. Foto: Thiago Piccoli (CC)
David Lynch. Foto: Thiago Piccoli (CC)

The tourist era una historia de ciencia ficción que llevaba desde los años ochenta danzando por los despachos de directores de Hollywood y ha acabado adquiriendo estatus de leyenda. Escrita por Clair Noto, gozó de bocetos preliminares dibujados por H. R.Giger que ayudaron mucho a espantar a los inversores aunque su trama ya tenía bastante miga: un grupo de alienígenas de diversos puntos del universo viven en la Tierra camuflados entre la población humana y se reúnen en un local de Manhattan para fornicar y quejarse de andar tan lejos de casa. Con la llegada de Men in Black el interés por producir la película se vino abajo porque la marcianada de Will Smith y Tomy Lee Jones ya explotaba la idea de los alienígenas viviendo de incógnito, aunque sin incluir todo el asunto aquel de follar.

Who Killed Bambi? era sobre el papel una maravilla: una especie de versión punki de aquella ¡Qué noche la de aquel día! de los Beatles que iba a estar protagonizada por los Sex Pistols y dirigida por Russ Meyer a partir de un guion de Rogert Ebert. Según Ebert solo se llegó a completar un día y medio de rodaje antes de ser cancelada, según Meyer a lo mejor filmaron durante cuatro jornadas. Más difusas incluso serían las razones que provocaron su cancelación: se insinuó que la 20th Century Fox cortó el grifo aterrada por lo salvaje del guion (un texto, disponible aquí, que supuestamente la compañía había leído antes de dar luz verde al asunto), pero también se mencionaron problemas serios a la hora de acordar la financiación e incluso que todo fue cosa de una princesa llamada Grace Kelly, que tenía mucha mano en la Fox y pocas simpatías por la mugre punk.

El gran Nick Cave se encontraba en algún momento pasando la tarde en su casa cuando recibió una llamada inesperada de Russell Crowe: «Me llamó y me preguntó si me interesaría escribir Gladiator 2. Para alguien que solo había escrito un guion [el de La propuesta en 2005] aquella era una responsabilidad muy grande. Le dije “hey, Russell, ¿pero tú no morías en Gladiator?” y me contestó “sí, ya arreglarás eso”». Cave aceptó el reto y vomitó toda su magia y creatividad en el guion (disponible aquí) de la que hubiera podido ser la película más grande jamás filmada: «Tenemos a Máximo en el purgatorio. Y mientras tanto todos los dioses comienzan a morir por culpa de un nuevo dios, Cristo, que ha llegado a la tierra y está ganando popularidad. Los dioses envían de vuelta a Gladiator al mundo para matar a Cristo y a todos sus seguidores. Yo quería llamar a la película Christ killer y que al final se descubriese que el enemigo principal era su hijo, él tendría que matarlo, sería engañado por los dioses y todas esas movidas. Él héroe se convertiría en un guerrero eterno y la película finalizaría con una guerra de veinte minutos que recapitula todas las guerras de la historia hasta Vietnam. Era salvaje […] Era una obra maestra a sangre fría. Un gotero de palomitas de maíz».

Inexplicablemente no llegó a rodarse.


Addiction to gambling in the 21st century: Trading

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(Versión en castellano)

Automatic Trading Systems in sports betting and stock exchange operations

Among fans of American roulette, there are two types of players: those who bet with their hearts on the first number that crosses their minds, and those who, in order to win, study and practice gaming systems, sketching out complicated strategies and searching for the perfect algorithmsAmong the latter there is a sub-group whose members program roulette computer simulators to control the anxiety that causes them to have an idea for a winning method but not to have a casino nearby to put it in practice (that is just me.)

Gambling has always been a fundamental activity for human beings throughout their emotional and cognitive lives, as it makes social development possible and allows the learning of social roles and behaviors. Moreover, research shows that people feel attracted by risk and the possibility of somehow knowing the laws that govern it in order to dominate ‘chance’. This attraction is made particularly clear with betting.

There is a word that refers to a game as an entertainment activity: play. An entirely different word refers to the activity in which one risks something in exchange for the possibility of obtaining a profit: gambling.

Throughout history we have known plenty of recreational games related to betting. Many of them still practiced today, like dice and card games, or sporting events. Although new versions of games continuously appear, the Internet has made possible qualitative changes in the world of gambling. The changes are derived from the features of the Internet itself, such as its accessibility, immediacy and universality. The intrinsic characteristics of the Internet can turn a calm entomology fan with savings into a compulsive daily reader of sporting and economic newspapers, tirelessly in search of the magical statistical pattern that will make him win enough money to dedicate body and soul to his interest in insects.

Gambling can be an entertainment activity or it can become a serious problem for the people who practice it. When gambling is not fun anymore but turns into an addiction, it becomes a pathology. Gaming regulators are more or less sensitive to this conduct disorder, mainly due to the fact that gambling generates a lot of money for businesses that offer it. In order to balance the economic benefits with the addiction problems and/or public concern that addictive gambling behavior generates, the authorities impose a series of controls and requirements. Thus, for example, the way to display information about gambling, the prizes, how to calculate the duration of the games, means of payment, etc. are all established by regulations.

To avoid these controls and to provide gambling businesses with maximum economic benefit, the Internet has become the most suitable setting for this market. Having access to online gambling platforms allows players to choose the most convenient and least restrictive gambling venues; we are not conditioned by physical barriers and it is our option to play as much and as fast we choose. There is a single restriction in common with the traditional systems: our capital and/or our debt capacity.

Sport betting

In Spain, for a long time, the only sporting bets permitted have been football and horse racing pools. That system allows few gambling options since it is only possible to bet on a very small number of results — three, in the case of the football pools: the home team wins, there is a draw, or the away team wins. The most complex strategy for an expert of, say, the Spanish BBVA League[1], is to make double or triple bets with the consequent payments.

Mathematically, the probability of guessing 14 results correctly in the football pool is 1 in 4,782,469. That is far lower than the possibility of guessing the right numbers in the national lottery (before the share offer took place). In the ONCE draws (organized by the National Organization of Spanish blind people), the lottery offers a win probability of 1 in 100,000. The week of August 28, 2011, the 17 winners who correctly guessed 14 results obtained a prize of approximately €35,000 (the approximate amount paid for guessing the daily ticket correctly).

When betting online, however, the game options are countless. Not only can people bet on the famous 1-X-2 but they can also do it on the number of cards given during a game, the amount of corners or the exact result of the game — and we can do it before or even during the game. Furthermore, the options are not restricted to a particular sport or a certain country.

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Betting platform bet365: while we bet live we can consult the statistics and even watch the sport events online.

 

Similarly, we can combine bets to multiply the probable gains. We end up creating our own pool by combining bets and games. For example, we could bet that the security car will not be needed during the F1 grand prix in Singapore (4.20) and that Napoli and Villarreal will draw the next UEFA Champions League match (3.50). We could give, as a result, a multiple bet that would pay €15.16 for each euro we bet. The betting houses, like casinos, allow a maximum amount to bet; in our example €72, which potentially would have a €1091 prize. In order to bet a higher amount, this bet would have to be evaluated by one of the company’s analysts.

Trading systems

Trading is a term with which any fan of economy blogs and markets is familiar. It means to buy and sell and we normally relate it to short term operations of purchases/sales.

A trading system or platform is a computer program in which the processes related to trading are automated. Examples include the stock exchange product transactions (stocks, metals, currencies) or, in relation to sports betting, the systems that make it possible to bet on quotes set by other users as if they were stock exchange products. These sorts of brokerages are known as betting exchange offices. Therefore, in the betting exchange offices, one does not gamble against a broker but against other fans in exchange for a fee out of which taxes are paid in Gibraltar.

Users can bet in favor of (“back”) or against (“lay”) a certain event (for example, that Atlético beats Real Madrid or that Casey Stoner falls off his bike in a certain race). This is similar to the way a purchase (“bid”) or sale (“ask”) process is used in the financial markets.

Much like we can observe how the interest on the Greek debt grows in line with doubts about the Greek economy, we can also see how, during a football or soccer match, the prices that the betting offices pay change when one team or another has scored a goal or has had its star striker sent off. Therefore, in sports trading, the psychological factors seem the same as in financial trading, such as panic, euphoria, optimism, etc.

Betfair trading platform with data about the amounts at stake at any given moment.
Betfair trading platform with data about the amounts at stake at any given moment.

Markets

In these times, mass media bombards us with economic terms and pushes us to coexist with the various stock exchanges: New York, NASDAQ, Tokyo, TMX (Toronto), Deutsche Börse,  BM&F Bovespa (Sao Paulo), and Ibex35 (the stock market index of the Bolsa de Madrid, Spain’s principal stock exchange). Naturally, it makes one try to comprehend a little more of this world of the stock market. This understandable interest can cause the person to end up playing the stock market and its derivatives.

Until recently, if we saved €500, we did not think of investing them in financial products. This was not only because we did not know how these products functioned, but also because the purchase and sale fees together with having to go to a bank made these operations inconvenient and hardly profitable in any respect.

With online trading systems these difficulties disappear. Opening an account on IG Markets or X-trader is as simple as obtaining a Gmail account. Online we do not have to go anywhere, and now we do not even need to have saved money; if we “trust” a value we can “invest” with a credit card. Of course, we might be asking ourselves, what about the benefits? We have commented previously that we cannot win much with €500. Well, this is no longer true if we apply the concepts of leverage and Contracts for Difference.

A Contract for Difference (CFD) is a financial product that allows investors to participate in the price movements of securities without owning the stocks or commodities. This makes it possible to buy or sell on credit, disbursing only a small amount of the cost of the product.

Leverage is the ratio between one’s own capital and the credit invested in a financial operation. Reducing the initial capital that one has to invest, produces an increase in the obtained profitability. The increase in the leverage also increases the risks of the operation since it causes less flexibility or greater exposure to insolvency or incapacity to cover payments.

Therefore, when operating in a trading platform, our €500 becomes €5,000 as if by magic. Then, as the value of a stock changes, we can obtain profitability. All of this allows us to operate with intraday data or its equivalent: just as if we were professional brokers we can see within one hour how much we make or lose as the value of our stocks varies. It also is not necessary to pay fees for the purchase and sale of stocks; we can work with indices, commodities, or the price per square meter in London.

If we can make plenty of money due to leverage, we might at first suspect that we can lose it too, but that is not exactly so. Here we find the magic of the CFDs. At least, it is magic for the trading companies that make so much money on the basis of something so apparently innocent as not to allow us to lose.

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The guaranteed stop-loss is the name of the safeguard for the small investor, who cannot assume great losses in a single payment. The guaranteed stop-loss is the maximum amount that a user of CFDs can lose in a position. (A “position” refers to the fact of having invested money in some product, betting that its price will either increase or decrease).

What is the trick? When the commodity reaches the guaranteed stop, you lose all the money, which goes to the trading officeThis is illustrated in the following example.

td6We think that the Ibex35 is going to increase today so we access the platform and find the live information of the prices of purchase and sale related to Ibex.

We decide to purchase a contract so that whenever the Ibex35 raises a point we will make €1 and whenever it lowers a point we will lose €1. If the Ibex rises up to 2% (that is 166 points) we will make €166.

In the stop level field we indicate how much we are willing to lose and that amount of money will be the one required by the trading office.

First, we begin losing €18 for the 18 points between the purchase price and the sale price; this is what is called the spread.

 

Unlike the stocks, with which one normally operates at banking institutions, when using CFDs we do not have the option of waiting to recover our investment if we make a mistake in our predictions.If we decide that our stop level is €166, in the event that the stock market oscillates 2% we will lose all the money, and, although later our index might grow by 10%, we will not receive a euro. The stock market, especially in these times of great volatility (many ongoing ups and downs), has continuous changes of intraday quotations, even if at the end of the day it has a clear upward or downward tendency.

Damn it, corpses bleed!

The famous psychiatrist Abraham Maslow tells us that once he received in his office a person who considered himself a corpse. In spite of the logical arguments of the doctor, the man persisted in his belief. In a moment of inspiration, Maslow asked his patient: “Do you believe that corpses can bleed?” To which the man replied: “That is ridiculous! It is evident that corpses cannot bleed.” After asking him for permission, the psychiatrist punctured the patient’s finger and there appeared a drop of shining red blood. The astonished patient exclaimed: “Damn it, corpses bleed!”

I hope, with this anecdote, to offer a metaphor on our beliefs; in an addict’s case, the fact that bets derived from a strategy might be winning can dominate common sense. Such a winning technique does not exist, or at least there is no mathematical demonstration of it. This is, of course, excluding the scientific works of Kevin Mitnick or the Pelayos (which I will address in an additional article) — despite their fan’s thousands of pseudoscientific attempts to discover a winning formula.

Darren Aronofsky’s debut workPi, faith in chaos, is very illustrative of these attempts. A very reticent mathematician, quite paranoid and suffering from severe migraines, tries to discover the mathematical model that governs the swings of the stock market, through calculations and programs that he produces on his computer.

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SPOILER: In the end he goes mad.

When someone goes to play a few games of Bingo, s/he hopes to be lucky by making a gesture, sometimes as complex as a Will Smith greeting  from The Fresh Prince of Bel Air, or by invoking luck with some weird amulet that perhaps comes from one of the Heechees’ lost spaceships. In Bingo there is no strategy that favors the probability of winning because the cards are not normally chosen but given to you, and although you could choose them it would be practically impossible to find a card with a specific combination between the time one game finishes and the next begins.

In the lottery something similar happens, although it is possible to buy a specific number. Supposing that a combination exists that is awarded daily (say 300 numbers per year), to go through the 100,000 numbers, we would need at least 30 years, and yet we would not have sufficient data to make a statistical analysis to evaluate future tendencies.

Therefore, we know for sure that in many games of chance the knowledge of a discipline like statistics does not offer any advantage unless it convinces us that playing is not a good idea economically. Nevertheless, there are other games in which mathematics or an in-depth knowledge of events offers a great advantage for the player who dominates the subject. Dice are an example.

Intuitively, when we play dice we can think that there is the same probability of getting a 7 as a 12 and therefore we trust our lucky number. An analysis of the different dice combinations will quickly disabuse us of that notion. It is a given that the 12 can only be obtained by combining two 6s (1/36), whereas the 7 can be obtained with the combination of 6 and 1 or 5 and 2 or 4 and 3 (6/36). It is 6 times more possible to get a 7 than a 12!

Obviously, the casinos and betting offices know these data and adapt the prizes to the type of bet so that the bank always plays with an advantage.

In financial and sports trading it seems important to know the markets or the sports trajectories of the bet elements in order to play with an advantage and to obtain profits. At this point, the conceptual difference between playing by trusting luck (like in the lottery) or by trusting knowledge becomes visible.

You only need to have a look at the advertising on the Internet to see to what extent the financial and sports trading offices are eager for clients. After a pair of seminars and a few manuals, it is simple to make them become donors of euros. It is easier to learn Klingon than to grasp the new slang that floods a beginner trader. Unless you are very bright, you can lose a lot of money while learning the oddities of each system.

Trading is currently booming. To introduce us to it there are numerous websites that reverberate or are just there to guide us in this amalgam of words and strategies. In sports betting we can find many well-meaning messages from users who share their analyses and intuitions, like those which appear in this site of strategies. In financial trading the same companies give free seminars all over the countries where they operate.

For a long time, there have been similar techniques implemented to win in roulette. We can find thousands of those pages on the Internet, most of them made available online by the same casinos that offer the roulette games. There are also many techniques to bet on the stock market or on sporting events. The difference is based on the fact that roulette has been deeply studied and there is no proven technique that helps people win. However, betting on financial markets and sports events offers so many possibilities that it cannot be demonstrated mathematically that one will end up losing, unless one concludes, motu proprio, that “the bank always wins.”

[1] The Spanish BBVA League is the National Professional Football League (soccer). It is named BBVA League for sponsorship reasons. BBVA is a multinational Spanish banking group.

Translation: Teresa Galarza


Vivieron y murieron en seis palabras

Ernest Hemingway. Foto: Wikicommons (DP)
Ernest Hemingway. Foto: Wikicommons (DP)

Él descubrió que los libros mentían

Un Ernest Hemingway rodeado por un cortejo de eminentes escritores se encontraba en algún momento de la historia en el famoso restaurante Lüchow’s del East Village, Manhattan, engullendo una deliciosa merienda-cena cuando el subidón de azúcar le envalentonó a la hora de vacilar a sus acompañantes. Comenzó a anunciar que su talento era tan extraordinario como para permitirle redactar allí mismo una historia corta utilizando únicamente seis palabras. Sacó su cartera y pescó de sus profundidades un billete de diez dólares que arrojó al centro de la mesa para a continuación cuestionar amablemente el volumen de las gónadas de sus acompañantes. Invitó de ese modo al resto de contertulios a envidar diez pavos por cabeza apostando a que el propio Hemingway sería incapaz de construir con esa escasez de palabras una historia convincente. Los literatos allí reunidos empezaron a amontonar el dinero sobre la tabla entre gestos de escepticismo, curiosidad y muchos índices girando en círculos cerca de las sienes. Hemingway agarró una servilleta y anotó algo en ella, se la entregó a sus acompañantes y comenzó a recoger el dinero de la mesa mientras tarareaba un tema de The Steve Miller Band. El pedazo de papel que circulaba entre las manos de los incrédulos apostantes albergaba seis palabras exactas:

For sale: baby shoes, never worn.

(Se vende: zapatos de bebé, sin estrenar).

Aquella servilleta contenía una historia, aquel escritor había ganado una apuesta.

Lo malo de todo lo anterior es que la escena es mentira. No solo porque era anacrónico que Hemingway entonase «Take the Money and Run», sino porque realmente es muy poco probable que el hombre fuese el autor de esa microhistoria servilletera: no existe ningún tipo de prueba que respalde esa afirmación y sí demasiados antecedentes que cuestionan su origen. Si bien es cierto que Arthur C. Clark contaba, en una carta privada a un tercero, la anécdota como cierta, también lo es que Clark había sacado aquello de un libro noventero de un tal Peter Miller titulado Get Published! Get Produced!: A Literary Agent’s Tips on How to Sell Your Writing. Y el Miller que firmaba ese volumen reconocía que la historia se la había contado alguien veinte años atrás durante un almuerzo. En el fondo no existía ninguna fuente fiable de la autoría más allá de la otorgada por un libro de consejos sobre cómo vender algo, un subgénero que al estar poblado por cantamañanas casi siempre se pasa por lo cóncavo la fidelidad de los hechos. Que posteriormente existiese una obra teatral que repetía el suceso del restaurante (Papa de John De Groot) fue algo que ayudó a extender la falsa fábula.

Imagen: DP.
Imagen: DP.

Formaciones similares a aquellas seis palabras habían aparecido con anterioridad en forma de tinta sobre papel, principalmente en la sección de compra y venta de varios periódicos a través de los años. En 1906 un anuncio de un periódico de Michigan consistía en un escueto «For sale, baby carriage; never been used. Apply at this office». Y durante 1910 se publicó en un periódico de Washington un pequeño texto titulado «Trágica muerte de un bebé descubierta en una venta de ropa», que jugaba a suponer lo dolorosa que podría resultar la historia oculta tras un anuncio de venta de ropa para bebés tejida a mano y nunca utilizada. Siete años después, William R. Kane apuntaba en un ensayo sobre el arte de escribir que «Little shoes. Never wore» podría ser un titular muy poderoso para un relato. En 1921, un columnista llamado Roy K. Moulton escribía, tras toparse con un anuncio idéntico en espíritu a los ya mencionados, que aquello podía convertirse en un maravilloso guion de película, y más avanzado el año tanto la revista Life como el Boston Glove repetirían alguna afirmación similar en textos de opinión. El anuncio reconvertido en ficción microscópica comenzó a extenderse por las publicaciones americanas y a ganar bastante fama como anécdota curiosa. La revista humorística Judge incluso convertiría dicho anuncio en una broma imaginando una historia tras las palabras que carecía totalmente de tragedia alguna. Y, mientras todo esto ocurría, Hemingway no asomaba la cabeza por ningún lado, por eso resulta curioso que la leyenda urbana con servilletas de bares grasientos haya quedado tan anclada en el imaginario popular. Tan anclada que incluso cuando medios actuales de renombre mencionan la existencia de las six words stories suele citar la supuesta apuesta del padre de El viejo y el mar como el paritorio oficial del concepto. Hasta los rincones virtuales dedicados a la microficción del número seis tienden a meter la pata: obsérvese la bio de esta cuenta de Twitter centrada exclusivamente en ese tipo de microcuentos.

Era demasiado largo para ser significativo

Se suele considerar una historia corta a cualquier texto entre las mil y las veinte mil palabras, aunque los números varían según quién sea juez del asunto. En caso de contener menos de mil palabras la obra podría llamarse flash fiction. Y dentro de ella se pueden encontrar más subcategorías: el término microficción se utilizaría para las piezas de menos de trescientas palabras, drabbler para las que rondaban las cien y nanoficción para las que se reducían hasta las cincuenta palabras. Otras obras de ficción microscópicas en medios modernos, como por ejemplo cualquier cosa escrita por un político en Twitter, han heredado la denominación de su formato y sus reglas: una historia en ciento cuarenta caracteres recibe el calificativo de twitterature.

Decía William Faulkner que un novelista era un escritor de historias cortas fallido, y que un escritor de historias cortas era un poeta fallido. Faulkner iba un poco a tocar los cojones, pero ese desprecio por ciertos talentos en beneficio de otros tenía parte de razón: escribir algo más corto no implica un proceso más sencillo sino que la mayoría de las veces supone una tarea mucho más compleja y delicada al tener que extirpar lo superficial y llegar a la mínima expresión. El problema es que cualquier historia de nanoficción, micronarrativa, cuatroletras, mierdilongitud o como se la quiera etiquetar, generalmente funciona manejando los mismos elementos que cualquier texto narrativo más amplio: un protagonista, una dificultad o historia y una resolución. Pero, a causa de lo limitado del espacio, dichos elementos no suelen aparecer escritos sino que han de ser insinuados, por tanto existen, pero lo hacen más allá de la letra impresa y más cerca de la interpretación personal de cada lector.

Luis Felipe Lomelí escribió una historia maravillosa titulada El emigrante con tan solo cuatro palabras: «—¿Olvida usted algo? —¡Ojalá!». Fredric Brown, un genio en lo que a narrativa de extensión reducida se refiere (las recopilaciones de sus cuentos breves son banquetes exquisitos), escribió una historia corta titulada Knock cuyas primeras líneas (basadas en un texto de Thomas Bailey Aldrich) eran a su vez otro cuento breve, y terrorífico, en sí mismo: «El último hombre en la Tierra estaba sentado solo en una habitación. Alguien llamó a la puerta…». Y una de las historias más celebradas e inteligentes es la famosa El dinosaurio de Augusto Monterroso, o cómo jugar con el género fantástico con tan solo una sola frase: «Cuando despertó el dinosaurio aún estaba ahí».

A lo mejor fue Julio César el más distinguido e iluminado escritor posmodernista de microliteratura: en una carta al Senado romano demostró una capacidad asombrosa para pelar la narración de lo innecesario y llegar a su mismo corazón, porque fue César quien escribió en aquel papiro una especie de autobiografía utilizando tan solo tres palabras Veni, vidi, vici.

Vivieron y murieron en seis palabras

Lo cierto es que pronto aparecieron varios escritores de renombre entre los autores que se arrojaban al reto de crear mundos en seis palabras. Muchos de estos casos eran consecuencia de una petición directa de la revista Wired para curiosear con qué criaturas literarias podrían aparecer algunos de los literatos más reconocidos, y lo cierto es que algunos de los resultados merecen bastante la pena:

The baby’s blood type? Human, mostly. (¿Tipo de sangre del bebé? Humana, en su mayoría). Orson Scott Card.

To save humankind he died again. (Para salvar a la humanidad él murió de nuevo). Ben Bova.

I’m your future, child. Don’t cry. (Soy tu futuro, hijo. No llores). Stephen Baxter.

He read his obituary with confusion. (Leyó su obituario con confusión). Steven Meretzky.

«It can’t be. I’m a virgin».No puede ser, soy virgen»). Kate Atkinson.

Kirby had never eaten toes before. (Kirby nunca había comido dedos de los pies antes). Kevin Smith.

I’m dead. I’ve missed you. Kiss … ? (Estoy muerto. Te he echado de menos. ¿Un beso…?). Neil Gaiman.

Found true love. Married someone else(Encontrado el amor verdadero. Casado con otra persona). Dave Eggers.

As she fell, her mind wandered. (Mientras caía, su mente divagaba). Rebecca Miller.

With bloody hands, I say good-bye. (Con las manos ensangrentadas digo adiós). Frank Miller.

Megan’s baby: John’s surname, Jim’s eyes. (El bebé de Megan: El apellido de John, los ojos de Jim). Simon Armitage.

Gown removed carelessly. Head, less so. (Quitó el vestido descuidadamente. La cabeza, no tanto). Joss Whedon.

Computer, did we bring batteries? Computer? (Ordenador, ¿hemos traído baterías? ¿Ordenador?). Eileen Gunn.

Y, aunque entre estas creaciones de afamados autores lo que más parece abundar es la ciencia ficción o el universo fantástico serio y formal, también existía cierta tendencia entre las plumas a reconducir los cuentos hacia el humor:

Funeral followed honeymoon. He was ninety(El funeral sucedió a la luna de miel. Él tenía noventa). Graham Swift.

Dorothy: «Fuck it, I’ll stay here». (Dorothy: «A la mierda, me quedo aquí»). Steven Meretzky.

Starlet sex scandal. Giant squid involved. (Famosa implicada en escándalo sexual. Calamar gigante involucrado). Margaret Atwood.

Dinosaurs return. Want their oil back. (Regresan los dinosaurios. Quieren su petróleo de vuelta). David Brin.

Bush told the truth. Hell froze. (Bush contó la verdad. El infierno se congeló). William Gibson.

E incluso hay quienes aprovechaban para jugar y remover las limitaciones. ¿Qué es lo único con lo que puedes trastear en una frase con seis palabras? El orden o la propia integridad de la frase:

whorl. Help! I’m caught in a time. (temporal. ¡Socorro! Estoy atrapado en una espiral). Darren Aronofsky y Ari Handel.

It’s behind you! Hurry before it. (¡Está detrás de ti! Apresúrate antes de). Rockne S. O’Bannon.

Easy. Just touch the match to. (Fácil. Tan solo acerca la cerilla a). Ursula K. Le Guin.

Finalmente entre el desfile de ilustres se encontraba uno de los ejemplos más brillantes de minimalismo narrativo. Era el caso de la aportación de Neal Stephenson, quien no solo se adhería a lo de limitar palabras, sino que además solo necesitaba dos distintas para crear un muy astuto microcuento inquietante con sonidos mecánicos:

Tick tock tick tock tick tick.

Pero lo mejor sería descubrir que el trabajo de los narradores famosos acabaría inspirando a escritores no profesionales que se animaron a fabricar sus propias historias condensadas. En Reddit, ese agregador de noticias/tablón de anuncios descomunal/pescadería virtual, incluso tienen un rincón exclusivamente centrado en servir de escaparate para postear este tipo de historias. Y entre sus miles de entradas en ocasiones es posible encontrar joyas firmadas por nicks de completos desconocidos:

The smallest coffins are the heaviest. (Los ataúdes más pequeños son los más pesados).

Esta es una creación de un usuario apodado TheWolfOfWalmart que llegó a convertirse en titular de noticia al ser utilizada en una pancarta como tributo a unos niños asesinados por talibanes.

First sentient robot: «Turn me off». (Primer robot con sentimientos: «Apágame»). pockets1.

Mom taught me how to shave. (Mamá me enseñó a afeitarme). Sundevil13.

«Male? It’s an older driver’s license». (¿Varón? Es un permiso de conducir antiguo). CraboTheBusmaster.

Birth. School. Work. Death. Cryogenics. Birth. (Nacimiento. Escuela. Trabajo. Muerte. Criogenia. Nacimiento). TRENTORIA.

X-ray vision! Everyone’s alien but me? (¡Visión de rayos X! ¿Todos son aliens menos yo?). Phil Bledsoe.

Cancer. Only three months left. Pregnant. (Cáncer. Solo tres meses por delante. Embarazada). Marianne.

Man builds computer. Computer builds man. (El hombre construye al ordenador. El ordenador construye al hombre). Ben Ng.

Vacation on Earth! Safe. Uninhabited. Cheap! (¡Vacaciones en la Tierra! Segura. Inhabitada. ¡Barata!). Peter.

CAPTCHA ruled discriminatory. Robot awarded £200,000(CAPTCHA dictaminado como discriminatorio. Robot recompensado con £200,000). Kiko Tourmaline.

The plague starts with a hug. (La plaga empieza con un abrazo). hotape6.

What’s your return policy on rings? (¿Cuál es vuestra política de devoluciones en los anillos?). miclei.

—Siri, delete «Mom» from my contacts(—Siri, borra «Mamá» de mis contactos). ConnorMacky.

I just saw my reflection blink(Acabo de ver parpadear a mi reflejo). Noobida.

También han existido iniciativas que retuercen la idea de partida. Algunos aprovecharon la idea para convertirla en sinopsis de vidas: Six Word Memories es una serie de libros que recopilan justo lo que anuncian en sus títulos, memorias en seis palabras tanto de famosos como de gente anónima. Y en la web Six Word Story Every Day llevan bastante tiempo jugando a las historias de seis palabras compuestas por binomios de texto e imágenes. El resultado en general no luce tanto como los textos en bruto, aquí el énfasis por el diseño gráfico acaba aletargando el ingenio escrito, pero escarbando entre las obras siempre es posible localizar alguna cosa interesante:

Imagen cortesía de Six Word Story Every Day.
Imagen cortesía de Six Word Story Every Day.

Salva el planeta, recicla tus letras. (Avinash Sampath).


Hernán Cortés en la pantalla: lo visto y lo que está por llegar

Ilustración de Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme, de Diego Durán, siglo XVI.
Ilustración de Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme, de Diego Durán, siglo XVI.

¿Cómo es posible que Hernán Cortés haya podido permanecer tanto tiempo fuera de las pantallas de cine y televisión? Quizá sea porque estén cerca de cumplirse los cinco siglos de uno de los episodios de la historia de la humanidad más decisivos y asombrosos, porque ahora la infografía permite recrear fielmente la inmensa Tenochtitlán (más grande que cualquier ciudad europea de la época) o por una repentina rivalidad entre productoras y cineastas al descubrir que incomprensiblemente sigue huérfana una historia que siendo real tiene además todos los ingredientes para ser más espectacular que Juego de Tronos y El Señor de los Anillos. Sea como fuere, en los últimos tiempos han sido anunciados tres grandes proyectos —independientes uno de otros— a cargo de nada menos que Steven Spielberg, Martin Scorsese y Alfonso Arau. ¿Quién se llevará el gato al agua?

Si retrocedemos tiempo atrás, la primera vez que se llevó al cine este choque de civilizaciones fue en 1947, con Tyrone Power como protagonista de Captain from Castile, una película tan mala como empujar a la abuela escaleras abajo. La primera hora se sitúa en Jaén, perdiéndose en un enredo con inquisidores, esclavos aztecas huidos y un amago de romance, que si se ve en versión original desconcierta escuchar a los protagonistas hablando inglés pero intercalando términos como «caballero» y «señorita» y a sus criados solo castellano con acento mexicano, con frases como «ahorita mismo le voy a atender». Cuando la acción se traslada finalmente al nuevo mundo naufraga en irrelevancias y anécdotas como los problemas con el alcohol de uno de los personajes, pues debieron de considerar que no era interesante retratar el increíble cúmulo de aventuras que protagonizaron estos expedicionarios castellanos frente a una civilización tan deslumbrante y extraña como la azteca. Un bodrio infernal, en definitiva.

Algo parecido ocurría en Aztec Rex, que retrataba la conquista encabezada por Hernán Cortés, pero debieron considerar que la historia no era lo suficientemente atractiva de por sí y le añadieron dinosaurios. Puede encontrarse doblada al español en Youtube buscando simplemente por el título, es puro veneno pero entretiene si se ve en compañía de amigos con alcohol y drogas de por medio. En La Fuente de la Vida, de Darren Aronofsky, vemos en una de las tres historias que dividen la narración a un explorador inspirado en la figura de Cortés en busca de un «árbol de la vida» por la Nueva España, pero tratándose de una película de ciencia ficción filosófica es más bien una mera excusa para hablar de otra cosa, que no supimos cuál. Un film que unos amaron y otros detestaron con todas sus fuerzas, lo que podemos afirmar categóricamente es que al menos es mejor que los dos anteriormente mencionados. También tenemos una película mexicana de 1998 titulada La otra conquista, rodada con escasos medios y de un ritmo bastante lento, poco hay destacable en ella. Y finalmente, Apocalypto, la estupenda película de aventuras que dirigió Mel Gibson que solo puede encuadrarse en este tema que estamos abordando por su escena final. Hasta ahora eso ha sido prácticamente todo lo que se ha rodado al respecto, pues La misión, Aguirre, la cólera de Dios, El Dorado o 1492: La conquista del paraíso están ambientadas en ese contexto pero ya nada tiene que ver con el célebre metelinense. De manera que lo que está por venir es, aunque solo sea por contraste, muchísimo más prometedor y como decíamos al comienzo sorprende la acumulación de proyectos que se han anunciado en los últimos meses. Ya veremos si finalmente todos se hacen realidad o ante la competencia alguno acaba siendo descartado.

Curiosamente no solo el cine y la televisión lo ignoraron hasta ahora, tampoco había sido protagonista de exposiciones en museos. Según explicaba en una entrevista el catedrático de Historia de la Universidad Complutense Martín Almagro «creo que la razón es que Cortés es una figura muy controvertida, y para no tener problemas no se había tocado el tema, ni en el siglo XIX ni en el XX». Decidido a cambiar esto, es actualmente el comisario de la exposición que le dedica el Canal Isabel II en Madrid hasta el próximo 3 de mayo. Es una muestra bastante recomendable aunque muchas de las piezas provienen del Museo de América, así que si alguien la deja pasar puede más adelante visitar este recinto cultural del distrito de Moncloa, un lugar imprescindible de Madrid que ya hemos recomendado anteriormente (los domingos es gratis, así que no hay excusa).

Exposición en Canal Isabel II sobre Hernán Cortés, imagen de Dolores Glez. Pastor.
Exposición en Canal Isabel II sobre Hernán Cortés, fotografía de Dolores Glez. Pastor.

Esta renovada curiosidad por la figura de Cortés no deja de resultar paradójica que se produzca precisamente en la época tan posmoderna que nos ha tocado vivir, en la que parece importar más respetar las sensibilidades ajenas que mostrar la realidad de los hechos. La forma predilecta hoy en día de llamar la atención de los demás y ejercer una pequeña cuota de poder consiste en sentirse agraviado en alguna identidad colectiva y anunciarlo a los cuatro vientos. A la manera de un futbolista en el área rival al que cualquier soplido derriba aparatosamente, uno puede echar el día en las redes sociales escandalizándose por la imagen que tal anuncio proyecta sobre nosotros los intolerantes a la lactosa, tal serie sobre nosotros los pelirrojos samoanos y tal portada de cómic sobre nosotros los acondroplásicos con cistitis. Perdón, quise decir nosotrxs. Y así pasamos la jornada tan a gusto reclamando airados toda clase de boicots que al día siguiente ya hemos olvidado.

En este contexto recordar a un guerrero que al mando de unos pocos cientos de soldados mató, conquistó y expolió a mansalva es mentar a la bicha y despertar la consabida ola de reproches con unos reclamando que les devuelvan su oro y la réplica de los otros pidiendo de vuelta sus espejos. Al fin y al cabo, basta echar un vistazo a los comentarios de Youtube y uno empieza a pensar que cruzar el Atlántico para llevarles un idioma tal vez no fue una buena idea… Bromas aparte, la verdad es que la cuestión no es fácil de encarar. La sensibilidad contemporánea condena justamente el imperialismo europeo decimonónico, pero mostrar la misma aprensión por el imperialismo romano resultaría un tanto fuera de lugar. César Borgia nos parece un líder ambicioso cuando quería restaurar la gloria romana en el Renacimiento, pero Mussolini un fanático con delirios de grandeza por querer hacer lo mismo cinco siglos después. Cuando Alejandro Magno es retratado por Oliver Stone con claros tintes heroicos por intentar extender su imperio hasta la India no nos causa extrañeza, pero Hitler también quiso extender su imperio hasta allí y ante un retrato semejante lo miraríamos raro… La indignación moral a la hora de juzgar hechos históricos parece más maleable de lo que nos gustaría e inversamente proporcional a la lejanía en el tiempo. Quizá por eso el mencionado historiador Almagro zanjaba el asunto diciendo que «no podemos juzgar con nuestra sensibilidad a un castellano matando a un indio o a un indio comiéndose a un castellano». Para ser conscientes de cuán diferentes eran los esquemas mentales en los que se movían basta recordar las órdenes que recibió Cortés antes de desembarcar: cartografiar la costa, tomar posesión de las tierras en nombre del rey y poblarlas, predicar el cristianismo y, no menos importante, «descubrir a la gente con orejas grandes y largas y a otros con caras como perros y también en qué dirección están las amazonas».

En cualquier caso será interesante ver cómo se las arreglan los guionistas, porque a un imperio como el azteca, autor del sacrificio de más de ochenta mil prisioneros en solo cuatro días durante la inauguración del Gran Templo de Huitzilopochtli (de acuerdo al historiador Victor Davis Hanson en su muy recomendable Matanza y cultura), no sería muy realista mostrarlo como una víctima desvalida en alguna narración maniquea al estilo de Bailando con lobos. La más sospechosa de serlo, al menos por los nombres implicados, es la titulada provisionalmente Montezuma. Hace algo más de un año el portal Deadline daba la noticia que Steven Spielberg dirigiría un guión de Dalton Trumbo (autor en su día de Espartaco) reescrito por Steve Zaillian (La lista de Schindler, Éxodo) y que tendría como actor protagonista nada menos que a Javier Bardem. Desde entonces ya no se ha sabido nada más al respecto, y de hecho la película que ahora mantiene ocupado a Spielberg es Bridge of Spies, una historia sobre el accidente del avión espía U2 en plena Guerra Fría que se estrenará este año. Así que de las tres adaptaciones previstas esta probablemente sería la última en estrenarse, lo que hace sospechar que finalmente se suspenderá. Ojalá no, porque resulta un director ideal para rodar escenas como la matanza de Tóxcatl, el asedio que sufrieron las tropas castellanas en Tenochtitlán durante varios días en los que «ni aprovechaban tiros, ni escopetas, ni ballestas, ni apechugar con ellos, ni matalles treinta ni cuarenta de cada vez que arremetíamos, que tan enteros y con más vigor peleaban», o su posterior huida en la niebla durante la Noche Triste —en la que aquellos que cargaron con más oro y joyas murieron, una escena moralista que le encantaría—, o el asalto sorpresa al contingente de Narváez, o la batalla de Otumba con una diferencia de fuerzas de cien a uno y que aun así ganaron los segundos, o el momento digno de Indiana Jones en el que descolgaron a un intrépido soldado por el cráter de un volcán en activo para que recogiese azufre con el que elaborar pólvora o, cómo no, la batalla final por la conquista de Tenochtitlán. Si todo ello no termina siendo «La historia más grande jamás contada», poco le faltará.

En relación al siguiente proyecto, hace unos días la web Hollywood Reporter informaba de que el director Alfonso Arau (Como agua para chocolate, Un paeso por las nubes) estaría negociando realizar una miniserie de tres episodios de dos horas cada uno titulada The Conquest of the Sun, para el canal de internet Netflix. Si recordamos que este canal es el responsable de House of Cards, el resultado podría ser bastante interesante. Pero la adaptación más prometedora es la anunciada hace unos meses también en Deadline que implicaría al actor Benicio del Toro como protagonista, a Martin Scorsese como director y productor y a la cadena HBO en una serie titulada Cortés. Giraría en torno al conquistador extremeño, la relación que mantuvo con su traductora indígena Malinche, la inicial amistad con el emperador Moctezuma hasta su posterior secuestro, así como la posterior cadena de sucesos ya mencionada que concluyeron con la destrucción del estado mexica. Resulta un tanto desconcertante que hace unos años José Luis Moreno anunciara su participación en un proyecto similar con la HBO, desconocemos si finalmente ha intervenido de alguna manera pero está claro que al canal la idea le gustó.

En fin, veremos en qué queda todo y qué proyectos salen finalmente a la luz. No vaya a pasar como cuando todos iban a por la rubia en Una mente maravillosa, terminen obstaculizándose unos a otros y al final ninguno se haga realidad. La historia bien merece ser contada, aunque no tenga dinosaurios.

Imagen perteneciente a la colección Jay I. Kislak de la Librería del Congreso, del siglo XVII.
Imagen perteneciente a la colección Jay I. Kislak de la Librería del Congreso, del siglo XVII.


Low budget, big profit: las películas más rentables de la historia

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The Purge es una cinta protagonizada por Ethan Hawke y Lena Heady que ha llegado este junio a las salas estadounidenses. La premisa de la que parte es interesante: en los nuevos Estados Unidos del 2022 el Gobierno ha eliminado casi por completo el paro y el crimen. Y esto lo ha logrado de una manera bastante cafre: permitiendo que una vez al año, y durante 12 horas, todo delito (incluido el asesinato) sea legal. Una purga anual que desata los instintos más salvajes de la población y les ayuda a sobrellevar con más relax el american way of life cotidiano. A la vista de las críticas la película parece no arriesgarse demasiado y quedarse apoltronada en el diván del thriller de terror tópico, desaprovechando la tienda de golosinas que es la salvaje idea inicial. Pero lo realmente destacable de esta purga tiene más que ver con cuestiones de cartera, The Purge ha sido la película más taquillera en el fin de semana de su estreno y al mismo tiempo el film más económico de esas cintas que se alzaban en ese podio. Costó tres millones de dólares, lo que para la industria americana podría ser el presupuesto destinado para los bocatas de anabolizantes de Dwayne Johnson durante un rodaje. Por hacer una comparación ilustrativa, la segunda película más taquillera de ese fin de semana (del siete al nueve de junio de 2013) ha sido Fast & Furious 6, y ha costado 160 millones.

El low budget y el tirar de todo lo disponible para llevar a cabo una película a veces se transforma en taquillazo inesperado y en catapulta instantánea para el director. En algunos casos el éxito debe mucho a la maña publicitaria, no es raro que un estudio adquiera un film con posibles y acabe gastándose más millonadas en la promoción que lo que han invertido el propio director y sus primos en rodar la cinta.

Low budget, big profit o algunas de las películas más baratas en su gestación que llegaron a recaudar más beneficios.

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Clerks (1994)
Presupuesto: 27.000 $
Recaudado: 3.151.130 $

Kevin Smith vendió parte de su colección de cómics, tiró de ahorros para sus estudios y del dinero que le proporcionó el seguro de un coche. Solicitó permiso en la tienda en la que trabajaba para utilizarla como escenario pero se lo concedieron a medias: solo le permitían rodar cuando el Quick stop estuviese cerrado, por eso Clerks transcurre casi en su totalidad en una tienda y en la trama las persianas del local están saboteadas. Convenció a amigos y familiares para ponerse delante de la cámara y rodó el purgatorio de un dependiente que quemaba las horas discutiendo si los habitantes de la Estrella de la Muerte que revienta en El retorno del Jedi eran trabajadores autónomos inocentes. Esa historia de veinteañeros deslenguados sin futuro conectó con el público y recorrió Cannes, Sundance y los Independent Spirit Awards. Se convirtió en cinta de culto, generó una secuela en 2006, una serie de animación, una tercera parte se encuentra en preparación y durante el décimo aniversario de los Clerks primitivos se permitió rehacer algo que, pese a estar en el guión original, no se llevó a cabo por falta de pasta: la escena del funeral (que ocurría en la película pero que el público no llegaba a ver) en versión dibujo animado a color: Clerks: The lost scene. Smith era de repente una revelación del indie americano pero no tendría un futuro brillante: salvad Persiguiendo a Amy, Red State, pedazos puntuales de Mallrats o Clerks II y algún chiste de penes y ahí tenéis todo lo digno que ha producido.

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Cabeza borradora

Cabeza borradora (1977)
Presupuesto: 20.000 $ en teoría (aunque algunas fuentes indican una cifra así a ojo inexacta entre los 20.000 y los 100.000 $)
Recaudado: 7.000.000 $

David Lynch calentaba las sillas del American Film Institute cuando decidió ponerse Buñuel filmando un primer e inusual largometraje. Cabeza borradora fue financiado gracias a la colaboración económica eventual de amigos y familiares, Terrence Mallick llegaría a proyectar la película a un posible inversor y obtendría como respuesta un “esto es una mierda” del caballero en cuestión. El rodaje contó con un equipo mínimo, efectos especiales perturbadores de truco incierto (ese bebé mutante) y un rodaje que se prolongaría durante más de cinco años dejando secuelas en la propia película: Jack Nance envejecía de golpe 18 meses en una escena. Aunque comercialmente proyectar eso en una sala de cine parecía el equivalente a bombardear a la audiencia con un cañón de gas pimienta, y que revistas como Variety la consideraron “una bonita arcada, el film participó en el festival Filmex y acabó encontrando su sitio en proyecciones de medianoche y teatros selectos. El “bocaoreja” se extendió y la película recaudó siete millones en total; Lynch y sus mundos llegaban a la pantalla grande para torcer culos.

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Easy Rider

Easy rider (1969)
Presupuesto: 360.000 $
Recaudado: 41.000.000 $

Peter Fonda y Dennis Hopper se pusieron de acuerdo para crear un western con motocicletas que recorrían el asfalto americano y debido a aquellas inspiraciones los protagonistas compartieron nombres con Billy el niño y Wyatt Earp. Easy rider se rodó a las órdenes del propio Hopper y a las bravas, sin un guión perfilado, improvisando sobre la marcha, contratando a hippies locales como equipo técnico y con el director liándola desde la preproducción: tuvo un encontronazo a hostias con un cámara y le realizó un curioso proceso de casting a Rip Torn, quien no llegaría a participar en la película: Torn asegura que Hopper llegó a amenazarle con un cuchillo. Fonda y Hopper se pasaron el rodaje vaciando botellas y fumando marihuana (la que consumen en la película tiene poco de atrezo) e incluso Jack Nicholson aparecía en pantalla ligeramente perjudicado por los humos. El estreno fue apoteósico, una sociedad desengañada con el Gobierno hizo que recaudara 41 millones de dólares convirtiéndola en una de las películas más taquilleras del año y en un cartel de neón con ruedas que avisaba a Hollywood de la llegada de un nuevo tipo de cine alejado del encorsetamiento. Aquellos maravillosos 70.

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The Blair Withc Project

El proyecto de la bruja de Blair (1999)
Presupuesto: ¿20.000? ¿60.000? ¿500.000? (depende de la fuente) $
Recaudado: 248.000.000 $

Eduardo Sánchez y Daniel Myrick se llevaron de campamento a tres actores, les dieron una cámara y empezaron a putearlos a escondidas. Agarraron las 20 horas de metraje y montaron una película de hora y media. El objetivo era alcanzar los resortes del miedo,; el resultado fue un footing loco a través del bosque con un par de momentos curiosos, una cámara discotequera sufriendo un ataque de epilepsia en una montaña rusa y una legión de fans. Recurriendo a la técnica narrativa del found footage se intentó vender la obra como un hecho real pero la gente por un lado tenía Internet, y por otro ya estaba curada de esos espantos desde que tiempo atrás Interviú hizo creer a todo el mundo que Holocausto caníbal era un documental gastronómico. Lo desquiciado del asunto es que la distribuidora se fundió 25 millones en publicidad (incluyendo todo aquel montaje web de alma viral) y gracias a ello recaudó unos 248.639.099 dólares. Generó una deyección/secuela sin bamboleos, tres videojuegos, libros, cómics e incluso (atentos aquí) una fotonovela.

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El mariachi

El mariachi (1992)
Presupuesto: 7000 $
Recaudado: 2.000.000 $

Debut a tiros de Robert Rodriguez, quien decidió ponerse Jackass y sacar parte del dinero convirtiéndose en conejillo de indias y probando medicamentos experimentales a cambio de dinero, mientras rezaba para no tener deposiciones verdes. El mariachi utilizaba una silla de ruedas para el movimiento de la única cámara del film, simulaba los impactos de bala con condones rellenos de líquido rojo, los propios actores formaban el equipo de rodaje y su obsesión por el ahorro incluso implicaba prescindir de la claqueta. Cuando la cinta estuvo lista, Rodriguez trató de venderla al mercado del vídeo sin éxito hasta que llegó Columbia Pictures, compró la obra y se gastó más dinero en la promoción y en convertir los 16mm a 35mm que lo que había costado filmarla. El director relataría el proceso de rodaje guerrilla en el libro Rebelde sin pasta y después montaría su productora y se dedicaría a fabricar cosas divertidas (Desperado, Planet Terror, Sin City, Machete) entre mediocridades (la saga Spy kids y su prima Las aventuras de Shark Boy y Lava Girl, la insufrible El Mexicano, The faculty). Pero ante todo sería el responsable de la mejor comedia bipolar con vampiros del mundo: Abierto hasta el amanecer.

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paranormal activity

Paranormal activity (2007)
Presupuesto: 15.000 $
Recaudado: 190.000.000 $

Paranormal activity es algo así como El proyecto de la bruja de Blair en formato Gran hermano. Oren Peli redecoró su propia casa, contrató a la pareja protagonista a 500 papeles por cabeza, les dio unas míseras líneas de guión y filmó en diez días un found footage de terror literalmente casero. Paramount pagó 350.000 dólares por los derechos, decidió que lo mejor sería modificar el final (por sugerencia de Steven Spielberg) y en principio planeó un remake de la cinta con algunos famosetes al frente para dejar la versión original relegada a un rincón de los extras del DVD. Pero la película de Peli se estrenó en un puñado de cines y amasó una millonada. A partir de ahí funcionó como la bruja campestre de Blair: 200 millones de recaudación mundial y una nueva saga para ordeñar: su quinta parte se estrena en octubre del 2013.

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Halloween

Halloween (1978)
Presupuesto: 325.000 $
Recaudación: 47.000.000 $

John Carpenter de marte con su Asalto al distrito 13 fascinó al productor Moustapha Akkad hasta tal punto que este decidió dejarle debajo de su almohada el triple de presupuesto. Aunque ese montante seguía sin ser gran cosa (Asalto al distrito 13 costó unos míseros 100.000 dólares) Carpenter se las apañó para rodarlo todo en 20 días aprovechando el vestuario de los propios actores y a un director de arte que se valía del trueque y compraba en saldos para llevar a cabo su trabajo. Se compró una careta de 1,98 dólares del Capitán Kirk de Star Trek (o lo que viene a ser lo mismo: del jeto de William Shatter) y la repintó de blanco para dar forma al rostro inexpresivo del psicópata Michael Myers. El slasher como género establecido, el villano como letal icono parsimonioso y miles de butacas con orín provocado por los sobresaltos del cuchillo: 47 millones de dólares en la temporada alta de sustos o muertes.

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primer

Primer (2004)
Presupuesto: 7.000 $
Recaudación: 424.760 $

Hay gente que después de haber visto Primer no tienen claro si aquello iba de viajes en el tiempo o de un sábado tarde normal en la vida de unos informáticos. Shane Carruth, ingeniero y matemático decidió crear una obra compleja en su esqueleto hasta tal punto que la pequeña sinopsis infográfica que circula por internet intentando aclarar como funciona el viaje en el tiempo en el film es un puzzle de dos piezas junto a la verdadera estructura completa de las líneas temporales que se enmarañan (ojo también a la ilustrativa aparición de Primer en las tiras cómicas xkcd). Proyectar toda la energía hacía el laberinto propuesto y sobre todo, el renunciar a hacer más sencilla la trama obligando a la audiencia a poner el cerebro en una batidora funcionó a la hora de construir una película de culto superando los límites técnicos y físicos. Sólo costó 7000 dólares, y la ira de unos cuantos que creían que Carruth se estaba pasando de listo.

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La noche de los muertos vivientes

La noche de los muertos vivientes (1968)
Presupuesto: 114.000 $
Recaudación: 30.000.000 $

A George A. Romero se lo considera el padre del legado zombi, y no por ser el primero sino por plantar las bases principales de lo que viene a ser la carne podrida de paseo. Robando la idea de la novela Soy leyenda, Romero ideó al monstruo más económico: el muerto viviente de FX caseros con cucharadas de chocolate sustituyendo a la sangre (la película estaba rodada en blanco y negro). Un pase previo aterró al público de manera espectacular, la crítica la consideró una orgía de violencia horrenda, se le atribuyeron todos los males del mundo y entre tanto la taquilla reventaba: el Wall Street Journal anunció que aquella noche de final desolador era la película más taquillera de Europa en 1969.

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Pi

Pi (1998)
Presupuesto: 60.000 $
Recaudación: Más de 3.000.000 $

Darren Aronofsky pidió prestados a familiares y amigos 60.000 dólares en packs de 100 billetes por cabeza con la promesa de devolverles 150 a cada uno si conseguía beneficios con un thriller de planos acelerados que orbitaba en torno a la obsesión de un matemático por el número Pi. Consiguiendo el culto casi al instante, Pi recaudó tres millones solo en Estados Unidos, se convirtió en un DVD de venta constante y lanzó la carrera de Aronofsky, esa persona que acabaría dirigiendo cosas tan destacables como Réquiem por un sueño, El luchador o Cisne negro.

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Mad MAx

Mad Max (1979)
Presupuesto: Entre 350.000 y 400.000 $
Recaudación: 100.000.000 $

George Miller trabajaba como médico de urgencias en Australia cuando decidió probar suerte tras la cámara. Mendigó dinero hasta conseguir una cifra que rondaba los 350.000 $ y empezó a darle forma a Mad Max, acción en futuro apocalíptico de motores salvajes. Un Mel Gibson que aún no era famoso ni había declarado la guerra a todas las etnias ajenas se presentó al casting en un estado lamentable tras un fiestorro en el que alguien le regaló unos guantazos y Miller creyó que con esas pintas serviría como secundario freak, pero semanas más tarde el director lo vería más limpito y le asignaría el papel protagonista. La película sufrió palos de críticos que la veían como un vehículo de violencia gratuita y pese a que solo recaudó 8 millones en USA en el resto del mundo arrasó, elevando sus ganancias a los 100 millones de dólares.

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Napoleon Dynamite (2004)
Presupuesto: 400.000 $
Recaudación: 46.000.000 $

Un nerd puro y duro es la antítesis del protagonista clásico de película, pero para Jared Hess era el epicentro de todo. Con un presupuesto escaso expandió la idea de un cortometraje previo y la comedia resultante tendría una de las carreras en salas de cine más consistentes jamás vista, con hordas de adolescentes americanos visitando el cine de manera continua, encontrando hilarante por cercanía ese extraño sentido del humor y descubriendo aquella espectacular coreografía del Canned heat de Jamiroquai. Su raíz americana era tan marcada que en resto del mundo solo la vieron cuatro gatos y probablemente dos de ellos no le encontraron la gracia.

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Monsters

Monsters (2010)
Presupuesto: 25.000 $
Recaudación: 4.240.000 $

Por la cabeza del británico Gareth Edwards rondaba la idea de rodar una película de monstruos que ocurriese después de las películas de monstruos, centrándose en los personajes y no en los bichos destrozando el mundo y la humanidad gritando asustada. Monsters tomó forma con un equipo de siete personas, y una furgoneta se fue de ruta por Méjico, Texas, Belice, Guatemala y Costa Rica reclutando por el camino a los lugareños como actores y filmándolo todo con un equipo digital. El material comenzó a editarse en el hotel durante el mismo rodaje y lo más increíble de todo es que a la vuelta a su tierra el hombre hizo un auténtico yo-me-lo-guiso cuando se encerró en su habitación durante meses para crear los efectos especiales desde su ordenador. “La historia del cine ha sido siempre un proceso industrial en el que necesitabas cientos de personas, pero eso ha dejado de ser así. Ahora puedes hacerlo solamente con un puñado. […] Hoy puedes ir a una tienda y comprarte un portátil que es más potente que aquellos ordenadores con los que hicieron Jurassic Park.

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Deep-Throat

Garganta profunda (1972)
Presupuesto: 25.000 $
Recaudación: Una locura.

El porno, eso que nadie ve y que tiene unas cuantas legiones de seguidores fantasmas. Garganta profunda es la película más famosa de ese género en el que el paquete de kleenex de acompañamiento no se suele utilizar para secarse las lágrimas. Linda Lovelace acude al médico intentando descubrir la razón de su incapacidad para llegar a la parada del orgasmo, y el muy profesional doctor descubre que la chiquilla tiene el clítoris en la garganta, un detalle que condicionará la trama de manera profunda. Perseguida por los defensores de lo decente, llevada a numerosos juicios y prohibida en varios estados de EE. UU. y países del mundo, Garganta profunda se convirtió con tanto ruido mediático en la película que todo el mundo quería ver. Su actriz principal primero la defendería y más tarde renegaría de ella asegurando “cada vez que alguien ve esa película, está viéndome a mí siendo violada”, y revelando que fue forzada a participar por su marido (Chuck Traynor). Howard Simons, al frente del Washington Post, utilizaría el apodo de “Garganta Profunda” para su informador del caso Watergate y el término rebautizaría a miles de anónimos chivatos en la realidad y la ficción. Deep throat se convirtió en un icono pop y sus beneficios son inexactos pero se intuyen bestiales: los derechos los gestionaba un sector de la mafia neoyorkina y la transparencia normalmente no es una de las virtudes más reseñables de esas organizaciones. Aunque el curioso documental Inside Deep throat asegura que alcanzó la hiperespacial cifra de 600 millones, lo más probable es que la cifra real sea bastante bestia y cercana al centenar de millones, pero no astronómica.


Ludopatía en el siglo XXI: Trading

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(English version)

Sistemas automáticos de Trading en apuestas deportivas y operaciones bursátiles

Entre los aficionados a la ruleta americana hay dos tipos de jugadores: los que apuestan con el corazón al primer número que se les ocurre y los que intuyen y practican sistemas de juego para ganar, pergeñando estrategias de lo más enrevesadas en pos del algoritmo perfecto. Entre estos últimos existe un subgrupo cuyos miembros llegan a programar simuladores informáticos de la ruleta para controlar la ansiedad que provoca tener una ocurrencia y no disponer de un casino a mano para ponerla en práctica. Éste es mi caso.

El juego ha sido y es una actividad fundamental para los seres humanos durante todo su vida ya que posibilita el desarrollo social, emocional y cognitivo y permite el aprendizaje de roles y conductas sociales. También sabemos que las personas nos sentimos atraídas por el azar y la posibilidad de conocer en algún modo las leyes que lo rigen para dominarlo, lo cual se pone particularmente de manifiesto con las apuestas.

En la lengua anglosajona se utilizan dos vocablos distintos para distinguir el juego sólo como entretenimiento:  play, del juego como actividad en la que se compromete algo a cambio de la posibilidad de lograr una ganancia:  gambling.

A lo largo de la historia hemos conocido multitud de juegos recreativos relacionados con las apuestas, muchos de ellos aún practicados en la actualidad como los dados, las cartas o los eventos deportivos; y aunque aparecen nuevos tipos y versiones continuamente, con Internet se produce un cambio cualitativo en el mundo del juego de azar derivado de las características propias del medio como son la accesibilidad, la inmediatez y la universalidad. Estas características intrínsecas de Internet pueden convertir a un apacible aficionado a la entomología con ahorros en un compulsivo lector de los diarios Marca y Expansión que busca sin descanso entre las estadísticas el patrón mágico que le hará ganar el dinero suficiente para dedicarse en cuerpo y alma a sus insectos.

Los juegos de azar pueden ser actividades de entretenimiento o pueden llegar a convertirse en un grave problema para las personas que los practiquen. En el momento en que el juego deja de ser una diversión para convertirse en una adicción la afición al juego se convierte en una patología. Los diferentes legisladores son más o menos sensibles a este trastorno de la conducta debido principalmente a que los juegos de azar generan mucho dinero. Para controlar la balanza en la que se contrapesan los beneficios económicos en relación a los problemas y/o alarma social que generan las conductas adictivas al juego, las administraciones imponen una serie de controles y requisitos para que estos se desarrollen. Así, por ejemplo, se establece la forma de exhibir la información sobre el juego, los premios a los jugadores, el cómputo del tiempo de duración de las partidas, los medios de pago, etc.

Para evitar estos controles y que el negocio del azar pueda obtener el máximo beneficio económico por persona, Internet se convierte en el medio más adecuado para la explotación de este mercado. Accediendo a través de la red a las plataformas de juegos on-line podemos escoger el marco legislativo de juego que más nos convenga, no estamos condicionados por barreras físicas y está en nuestras manos jugar cuanto y a la velocidad que queramos, con un solo límite en común con los sistemas tradicionales: nuestro capital y/o nuestra capacidad de endeudamiento.

Las apuestas deportivas

En España, durante mucho tiempo, las únicas apuestas deportivas que se podían hacer eran la Quiniela en fútbol y la Quiniela Hípica en carreras de caballos. Este sistema permite pocas opciones de juego ya que sólo se puede apostar por un número muy pequeño de resultados que en el caso de la Quiniela son que en un partido gane el equipo local, que empate o que gane el equipo visitante.  La estrategia más compleja que puede poner en práctica un cabalista de la Liga BBVA es hacer apuestas dobles o triples con el consiguiente desembolso.

Matemáticamente, la probabilidad de acertar 14 resultados en la Quiniela es de 1 entre 4.782.469, la cual es bastante más baja que la posibilidad de acertar el número premiado en la lotería nacional antes de la OPV (después lo mismo añaden otro dígito) o en el sorteo de la ONCE, cuyas probabilidades son de 1 entre 100.000. La semana del 28 de agosto de 2011 los 17 acertantes de 14 obtuvieron un premio de aproximadamente 35.000€ (lo que se paga aproximadamente por acertar el cupón diario).

A través de las casas de apuestas, sin embargo, las opciones de juego son incontables; no sólo podemos apostar al famoso 1-X-2 sino que también lo podemos hacer al número de tarjetas del partido, la cantidad de córneres o al resultado exacto del encuentro, pudiendo hacerlo previamente al partido o en riguroso directo. Además las opciones no están acotadas a un deporte o a un país determinado.

Plataforma de apuestas de bet365: mientras apostamos en directo podemos consultar las estadísticas e incluso ver los eventos deportivos en la propia web

Así mismo podemos combinar apuestas para multiplicar las ganancias probables de tal forma que acabamos por organizar nuestra propia quiniela combinando que no saldrá el coche de seguridad durante el gran premio de F1 de Singapur (4.20) con que el Nápoles y el Villarreal empatarán en su próximo partido de la UEFA Champions League (3.50) dando como resultado una apuesta múltiple que pagaría 15.16€ por cada euro que apostásemos. Las casas de apuestas, como los casinos, permiten una cantidad máxima a apostar; en el caso anterior 72€ que tendría en potencia un premio de 1091€. Para apostar más cantidad dicha apuesta tendría que ser estudiada por uno de los analistas de la empresa.

Sistemas de Trading

Trading es en un vocablo inglés con el que cualquier aficionado a los blogs de economía y mercados está familiarizado. Significa comercio y lo solemos relacionar con operaciones de compra/venta a corto plazo.

Un sistema o plataforma de trading es un programa informático en el que se automatizan los procesos relacionados con el trading como pueden las compra-ventas de productos bursátiles (acciones, metales, divisas) o, en relación a las apuestas deportivas, los sistemas que posibilitan apostar sobre cuotas marcadas por otros usuarios como si de productos bursátiles se tratara. A este tipo de corredores se les denomina casas de intercambio. Por lo tanto, en las casas de intercambio de apuestas no se juega contra un corredor de apuestas, sino contra otros aficionados a cambio de una comisión, la cual paga impuestos en Gibraltar.

Los usuarios pueden apostar a favor (“back”) o en contra (“lay”) de un determinado acontecimiento (por ejemplo que el Atlético le gane al Real Madrid o que Casy Stoner se caiga en una determinada carrera) de forma similar a la operativa de compra (“bid”) o de venta (“ask”) utilizados en los mercados financieros.

Así, podemos observar cómo a medida que crecen las dudas sobre la economía griega crecen los intereses sobre la deuda, como en un partido de fútbol van cambiando los precios que pagan las casas de apuestas en tanto a que un equipo u otro haya marcado un gol o sa haya expulsado a su delantero estrella. Por lo tanto, parece que en el trading deportivo influyen los mismos factores psicológicos que en el trading financiero, como son el pánico, la euforia, el optimismo, etc. Así cómo la información que proporcionan los mejores pronósticos de fútbol.

Plataforma de trading de Betfair con datos sobre los importes en juego en un momento determinado

Mercados

En estos tiempos donde los medios de comunicación nos bombardean con términos económicos y donde se nos obliga a convivir con el Ibex35  no hay quien escape a intentar entender un poco más del mundo en el que vive en relación a esta información. Este lícito interés puede desembocar en el acercamiento a la bolsa y sus derivados.

Si tenemos 500€ ahorrados hasta hace bien poco no se nos podía ocurrir invertirlos en productos financieros. No sólo porque desconociésemos su operativa, sino porque las comisiones por compra-venta junto con la necesidad de acudir al banco hacían poco rentable en todos los sentidos cualquier operación.

Con los sistemas de trading estas dificultades desaparecen. Abrirse una cuenta en IG Markets o en X-trader es tan simple como obtener un correo de Gmail. Por supuesto no tenemos que desplazarnos, pero es que además no es necesario que tengamos dinero ahorrado; si “confiamos” en un valor podemos “invertir” con la tarjeta de crédito. Pero ¿y los beneficios? nos preguntaremos. Hemos comentado anteriormente que con 500€ poco podemos ganar. Pues bien, esto ya no es así gracias a los conceptos apalancamiento y contratos por diferencia.

El Contrato por Diferencia (en adelante CFD) es un producto financiero que permite a los inversores participar en el movimiento de precios de los valores sin necesidad de tener en propiedad la acción o la materia prima subyacente. De esta forma nos posibilita comprar o vender a crédito, desembolsando sólo una pequeña cantidad del coste del producto.

El apalancamiento es la relación entre capital propio y el crédito invertido en una operación financiera. Al reducir el capital inicial que es necesario aportar se produce un aumento de la rentabilidad obtenida. El incremento del apalancamiento también aumenta los riesgos de la operación dado que provoca menor flexibilidad o mayor exposición a la insolvencia o incapacidad de atender los pagos.

Por lo tanto nuestros 500€ se convierten, al operar en la plataforma de trading, en 5.000€ por arte de magia, con lo que a poco que cambie el valor de una acción podemos obtener rentabilidad. Todo esto nos permite operar intradía o lo que es lo mismo: ver en una hora cuánto ganamos o perdemos con la variación del valor de nuestras acciones como si fuésemos brokers profesionales. Tampoco es necesario pagar comisiones por la compra venta de acciones, podemos trabajar con índices, materias primas o el precio del metro cuadrado en Londres.

Si podemos ganar mucho dinero con el apalancamiento lo primero que intuimos es que también lo podemos perder, pero esto no es exactamente así: aquí encontramos la magia de los CFDs al menos para las empresas de trading que ganan mucho dinero en base a algo tan aparentemente inocente como no permitirnos perder.

Plataforma de trading de IG Markets

El Stop garantizado es la denominación de la salvaguarda del pequeño inversor que no puede asumir grandes pérdidas, al menos en un solo pago. El stop garantizado es el importe máximo que un usuario de CFDs puede perder en una posición (se denomina posición al hecho de tener invertido el dinero en algún producto bien apostando a que el precio de éste baja o bien a que sube).

¿Cuál es el truco? Cuando el valor alcanza el stop garantizado se pierde todo el dinero que pasa a manos de la casa de trading. Ilustremos el funcionamiento de esta operativa con un ejemplo.

Nosotros pensamos que hoy el Ibex35 va a subir con lo que entramos en nuestra plataforma y encontramos la información en directo de los precios de compra y de venta en relación al ibex.

Decidimos comprar un contrato con el que cada vez que suba un punto el Ibex35 ganaremos 1€ y cada vez que baje un punto perderemos 1€. Si el Ibex sube un 2% (o sea 166 puntos) ganaremos 166€.

En el nivel de stop indicaremos hasta cuánto estamos dispuestos a perder y esa cantidad de dinero será la que nos requerirá la casa de trading.

De entrada empezaremos perdiendo 18€ que son los 18 puntos que hay entre el precio de compra y el precio de venta, esto es lo que se llama spread

Al contrario que en las acciones con las que normalmente se opera con entidades bancarias, con los CFD’s no tenemos posibilidad en caso de equivocar nuestras predicciones a esperar para recuperar nuestra inversión.Si decidimos que nuestro nivel de stop es de 166€, en caso de que la bolsa oscile un 2% perderemos todo el dinero y aunque posteriormente nuestro índice crezca un 10% no percibiremos ni un euro. La bolsa, más en estos momentos de gran volatibilidad (muchas subidas y bajadas continuadas), tiene cambios continuos de cotización intradía, aunque al final de la jornada haya tenido una clara tendencia hacia arriba o hacia abajo.

¡Maldita sea, los cadáveres sangran!

Cuenta el famoso psiquiatra Abraham Maslow que en cierta ocasión acudió a su consulta una persona que se consideraba a sí mismo un cadáver. A pesar de los argumentos lógicos del médico, aquel hombre persistía en su creencia. En un momento de inspiración le preguntó a su paciente: “¿Cree que los cadáveres sangran?” A lo que éste respondió: ” ¡Eso es ridículo! Es evidente que los cadáveres no sangran”. Tras pedirle permiso, el psiquiatra pinchó en un dedo al paciente y una gota de sangre roja y brillante brotó. El paciente asombrado exclamó: “¡Maldita sea, los cadáveres sangran!”

Pretendo, con esta anécdota, hacer una metáfora sobre cómo nuestras creencias, en nuestro caso: que las apuestas derivadas de una estrategia sean ganadoras, pueden dominar nuestro sentido común. Y es que no existe, o al menos no hay demostración matemática, de que alguna técnica pueda generalizarse como ganadora, y de aquí excluyo a los trabajos científicos de Kevin Mitnick o los Pelayos, que los trataré en un artículo adicional, a pesar de los  miles de intentos pseudocientíficos de los aficionados por alcanzarla.

Es muy ilustrativa la ópera prima de Darren Aronofsky: Pi, la fe en el caos , en la que un matemático muy reservado, bastante paranoico y aquejado de fuertes migrañas, pretende descubrir el modelo matemático que rige los vaivenes de la bolsa, a través de cálculos y programas propios que introduce en su ordenador.

SPOILER: Al final se vuelve loco

Cuando uno acude al bingo a jugar unos cartones confía en la suerte invocándola con un gesto a veces tan complejo como los saludos de Will Smith en El príncipe de Bel Air o totemizándola con algún extraño amuleto quizá procedente de una de las perdidas naves espaciales de los Heechees. En el bingo no hay ninguna estrategia que favorezca la probabilidad de salir premiado ya que los cartones habitualmente no se eligen sino que te los dan y aunque se pudieran elegir es prácticamente imposible encontrar un cartón con una combinación específica en el tiempo entre que termina y empieza la siguiente jugada.

En la lotería pasa algo parecido, aunque sí  es posible comprar un número específico. Suponiendo que existe una combinación premiada diaria (pongamos por ejemplo 300 números al año) para recorrer los 100.000 números, necesitaríamos al menos 30 años y aún así no tendríamos datos suficientes con los hacer un análisis estadístico para evaluar las tendencias futuras.

Por lo tanto tenemos la seguridad de que en muchos juegos de azar el conocimiento de una disciplina como la estadística no nos supone ventaja alguna excepto si nos convence de que jugar no es una buena idea en términos económicos. Sin embargo sí hay otros juegos en los que las matemáticas o el conocimiento en profundidad de los eventos suponen una gran ventaja para el jugador que domina la materia. Un ejemplo son los dados.

Intuitivamente cuando jugamos a los dados podemos pensar que existe la misma probabilidad de que salga un 7 que un 12 y por tanto confiarnos a nuestro número de la suerte. Un análisis de las diferentes combinaciones de los dos dados nos sacara rápidamente del error ya que el 12 sólo lo podemos obtener con la combinación de dos 6 (1/36), mientras que el 7 se puede obtener con la combinación de un 6 y 1 ó un 5 y 2 ó un 4 y 3 (6/36). ¡Hay 6 veces más de posibilidad de que salga 7 a que de que salga 12!

Evidentemente los casinos y casas de apuestas conocen estos datos y adecuan los premios al tipo de apuesta, jugando la banca siempre con ventaja.

En el trading financiero y deportivo parece importante conocer los mercados o las trayectorias deportivas de los objetos de apuesta para jugar con ventaja y obtener ganancias, y es en este punto donde se aprecia un cambio conceptual entre jugar confiando en la suerte como en la lotería o en los conocimientos.

Sólo hay que echarle un vistazo a la publicidad en internet para ver hasta qué punto las empresas de trading financiero y deportivo están ávidas de clientes para convertirlos tras algunos manuales y un par de seminarios en donantes de euros. Y es que es más fácil aprender Klingon que dominar la nueva jerga en la que se imbuye un trader principiante. A menos que uno sea muy espabilado,  puede perder mucho dinero mientras aprende las particularidades de cada sistema.

El trading está en auge y para introducirnos en él contamos con numerosas webs que se hacen eco o directamente forman para orientarnos entre la amalgama de vocablos y estrategias. En apuestas deportivas podemos encontrar muchos mensajes bienintencionados de usuarios que comparten sus análisis e intuiciones como los que aparecen en esta web de estrategias, y en el trading financiero las propias compañías van dando seminarios gratuitos por todos los países en los que funcionan.

De la misma manera que desde hace mucho tiempo se vienen poniendo en práctica técnicas para ganar en la ruleta y de las que podemos encontrar miles de páginas en Internet la mayoría puestas en línea por los propios casinos, también hay muchas técnicas para apostar en la bolsa o en resultados de los eventos deportivos. La diferencia estriba en que la ruleta está muy estudiada y se sabe con seguridad que no hay ninguna técnica demostrada que sirva para ganar. Sin embargo, en las apuestas en mercados financieros y eventos deportivos hay tantas posibilidades que no se puede demostrar matemáticamente que uno acabará perdiendo, a no ser que se deduzca motu proprio que la banca siempre gana.