¿Cuál es la canción más característica de los ochenta?

Primero The Americans, luego Deutschland 83 y ahora Stranger Things nos muestran que dicha década, incluso más concretamente el año 1983, va camino de convertirse en un subgénero. La verdad es que da mucho juego: permite introducir en la trama espionaje internacional, guerra nuclear, toda clase de experimentos locos y armas secretas de ciencia ficción con las que combatir a los comunistas y, por si todo ello no resultara suficientemente vistoso, sus protagonistas fuman en cualquier sitio, llaman a teléfonos fijos y visten raro. Es asomarse a otro mundo. Pero toda película o serie ambientada en aquellos años necesita además un ingrediente fundamental para transportarnos a ese contexto, la banda sonora. Stranger Things, por ejemplo, tiene una estupenda con sintetizadores a cargo del grupo Survive, haciendo además de un tema de The Clash una parte importante de su trama. A eso iremos a continuación, veamos qué canciones podrían servir mejor para tal propósito. No las mejores, sino las más vinculadas a su tiempo, aquellas que basta oírlas unos segundos para que se te carde el pelo y se caigan las mangas de tu camiseta. Voten o añadan las que estimen necesarias.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)

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«Pop Muzik», de M

Qué mejor para empezar una selección de canciones de los ochenta que con una de 1979. Pertenece a la década siguiente y así lo entendió también el director Richard Linklater. El revival ochentero no se limita a las series y en su última película, Todos queremos algo, retrata con la minuciosidad de un antropólogo un campus típicamente americano con sus convenciones sociales y ritos de madurez, como por ejemplo beber cerveza cabeza abajo y tirarse con ropa a una piscina. Si no lo haces cada fin de semana no eres un verdadero estadounidense. En cualquier caso la banda sonora no se deja fuera ningún tema del momento, como este himno al género musical más genuino de la década.

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«The Goonies ‘R’ Good Enough», de Cyndi Lauper

Aunque la cantante más popular era Madonna, su carrera continuó durante muchos años después, así que no resulta tan identificable con los ochenta como sí lo es Cyndi Lauper. «Girls Just Want To Have Fun» la hemos oído un millón de veces, pero merece la pena señalar también la banda sonora de Los Goonies, que conforma con E.T. y Cuenta conmigo la trilogía sobre la infancia en un pueblo o suburbio promedio.

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«Don’t You (Forget About Me)», de Simple Minds

Una vez superada la infancia si eras americano acababas aprendiendo kárate, adoptando un gremlin o montando un puticlub en tu casa. Pero era muy importante también pasarlo mal en el instituto por no ser popular y terminar siendo castigado. Es lo que nos contaba El club de los cinco, cuyo tema principal logró un extraordinario éxito que trascendería a la película. Curiosamente el grupo galés inicialmente rechazó tocar una canción que no había sido compuesta por ellos y finalmente la grabaron en apenas tres horas, pensando que sería un encargo más que pasaría desapercibido.

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«We Built This City», de Starship

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Esta década se presta tanto al homenaje como a la parodia, así que alguien que no conozca este vídeo podría pensar que es el segundo caso… pero no, estamos ante una obra original directamente llegada de 1985 para atizar nuestras conciencias. Mullets de pesadilla, mangas arremangadas, americanas cinco tallas más grandes, sintetizadores estridentes, sobreimpresiones en pantalla un tanto rudimentarias… Resulta estremecedor que ninguno de los implicados mirase con extrañeza a su alrededor e intentase detener semejante locura. En fin, supongo que las tribus de caníbales también se verán a sí mismas como normales y raros al resto.

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«Walk Like an Egyptian», de The Bangles

El grupo se fundó en 1981 y a lo largo de su trayectoria participó también en la mencionada banda sonora de Los Goonies, pero fue esta canción la que las lanzó a la fama definitivamente. Tanto que llegaron a temer que eclipsase todo lo demás que pudieran hacer. Aunque son las cuatro estupendas, Susanna Hoffs tiene algo que le deja a uno más aturdido de lo que ya acostumbra a estar. Precisamente esa forma de mirar a los lados mientras canta en el minuto 2:47 tan seductora era simplemente un truco para superar el miedo escénico, se fijaba en un espectador de cada extremo sin ser consciente de que la grababan en un primer plano. Quién fuera el objeto de esa mirada… Por lo demás la canción es muy alegre, despreocupada y trivial, como corresponde al pop de aquellos años. Luego ya llegaría el grunge con sus caras largas y sus agonías.

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«Total Eclipse of the Heart», de Bonnie Tyler

La canción es muy sentida y el vídeo una locura maravillosa, pero lo mejor es la «versión literal» que se hizo años después. Una vez la descubres ya no vuelves a ver la original con los mismos ojos.

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«The Look», de Roxette

En aquellos años previos a internet los caminos por los que algo podía viralizarse llegaban a ser en ocasiones insólitos. En el caso de esta canción un estudiante de intercambio en Suecia regresó a Estados Unidos con una grabación, se la prestó a un amigo para que la difundiese en su emisora de radio, el tema entusiasmó a la audiencia, otras emisoras se hicieron con una copia y el sencillo llegaría a ser número uno vendiendo un gritón de unidades.

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«Money for Nothing», de Dire Straits

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Si en los ochenta nos hubieran dicho que mediante un artefacto llamado YouTube tendríamos a nuestra disposición todos los vídeos musicales imaginables, seguramente nos hubiera sonado a brujería. Por entonces la MTV era toda una institución musical, tal como esta canción recoge en su letra, siendo además el primer vídeo en emitirse en la división europea del canal en 1987.

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«99 Luftballons», de Nena

La serie Deutschland 83, de factura alemana y ambientada en el año que indica su título, emplea con énfasis este tema, que por entonces conquistaba las radios de la RFA. La letra no puede ser además más acorde con su argumento, al abordar el miedo a una escalada en la Guerra Fría que terminase en un holocausto nuclear. Sobre otras canciones que tratan este tema tan sugerente ya hablamos aquí.

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«The Final Countdown», de Europe

Si preguntásemos cuáles son las canciones más odiadas de la historia de la música, probablemente el noventa por ciento de ellas pertenecerían a esta década. Son melodías muy sencillas y pegadizas que por ello mismo pueden llegar a saturar, como el dichoso organillo que suena aquí y que Gigatrón supo versionar tan bien. Pero no queremos discriminar, pues es algo que vale exactamente igual para casi cualquiera de las incluidas en esta lista.

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«Never Gonna Give You Up», de Rick Astley

¿Quién no ha acabado en este tema esperando con toda la ilusión del mundo encontrar porno aberrante? Los enlaces tienen siempre un título tan sugerente… Así que esta vez, y para variar, merece la pena situar a Rick Astley en el contexto que le corresponde.

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«The Four Horsemen», de Metallica

No solo de sintetizadores y hombreras sobredimensionadas vive la industria musical, ni siquiera en aquella década. Precisamente en el año 1983 cuatro granujientos jóvenes melenudos, que en la década posterior se encargarían de acercar el metal a las masas, lanzaban su disco de debut Kill ‘Em All. Con buen tino esta canción aparece en la película X-Men: Apocalipsis, ambientada en los ochenta, como fondo sonoro al reclutamiento que Apocalipsis hace de sus propios cuatro jinetes.

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«Should I Stay or Should I Go», de The Clash

Por supuesto no podíamos concluir sin mencionarla. Poco importa qué pueda acechar entre las tinieblas, que la rabiosa vitalidad de este tema compuesto en 1981 por Mick Jones infunde valor a cualquiera.

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Las mejores versiones de la historia (y dos)

Hace cuatro años, cuando era un jovenzuelo resabido y encontraba cierto placer en estar siempre en lo cierto, escribí un artículo sobre las mejores versiones de la historia en el que se me ocurrió defender que una buena versión era una especie de «error acertado». Una distorsión deliberada de una canción que, como alteración, era capaz de aportar algo nuevo a la original y mejorarla, quedando así excluidas las meras interpretaciones y las variaciones mediocres.

Qué estupidez.

Ha pasado el tiempo y hoy estoy convencido de que una buena versión es solamente una buena versión. No importa que sea malísima, con tal de que sea muy buena. Qué más da si apenas se diferencia de la original o si no es mejor que ella. Incluso siendo mucho peor y al mismo tiempo idéntica, puede tratarse de una versión magnífica. Es una de esas cosas de las que uno se da cuenta sin más. En cuanto escucha la canción. Sin necesidad de análisis ni presupuestos teóricos.

Hace unos días entré en el Café & Pop Torgal y estaba sonando una emocionante interpretación que Michael Kiwanuka realizó del clásico de Led Zeppelin «Ten Years Gone». Mientras la escuchábamos, Isaac Pedrouzo y yo nos pusimos a tontear con la idea de escribir un nuevo artículo sobre las mejores versiones de la historia y, al cabo de un par de horas y varios licores, ya teníamos una lista con todas las candidatas, que poco a poco fuimos depurando hasta reducir la selección a veinte canciones. Son las siguientes:

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Original: Elton John

Versión: My Morning Jacket

Este es un buen ejemplo de cómo una versión que se parece demasiado a la original y además no la supera en nada puede llegar a ser un versión sublime. No hay una explicación objetiva. No se debe a nada que se pueda reconocer o expresar numéricamente. Sencillamente, es así. Como además no se trata de señalar veinte versiones mejores que sus originales, sino las veinte mejores de la historia —cuarenta si contamos las del artículo que incluye las otras veinte—, esta es tan buena como otra cualquiera para figurar en primer lugar.

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Original: Katrina & The Waves

Versión: Sam Amidon

Es una versión fantástica, merecedora de ocupar un lugar en esta lista. Pero además, y por muy bien que esté la canción original y por mucho que sea el buen rollo que desprenda, en la versión hay un banjo. Y ya se sabe que si una canción lleva banjo, gana a todas las que no lo lleven. Es algo que estableció Neil Young en los años setenta y todo el mundo lo ha aceptado, que conste. No lo digo yo.

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Original: Bruce Springsteen

Versión: The School

Bruce Springsteen tiene un don para las melodías de voz pegadizas, para los riffs de guitarra pegadizos, para las progresiones de acordes pegadizas y para los pantalones de cuero pegadizos. Y contra todo eso es casi imposible competir. Ninguna versión parece salir bien parada en la comparación. No obstante, Liz Hunt tiene una voz tan angelical y un acento británico tan seductor que resulta difícil no reconocerle a su banda el mérito de haber realizado la mejor adaptación posible de «Hungry Heart » y una de las mejores versiones de la historia.

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Original: David Byrne

Versión: Bart Davenport

Aquí no hay mucha tela que cortar. La de Bart Davenport, aunque por momentos parezca Paul McCartney el que canta, es una versión insuperable. Y además, qué diablos, es mejor que la original.

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Original: The Cure

Versión: Yo La Tengo

El típico caso en el que nadie se atrevería a decir que la de Yo La Tengo es mejor que la de The Cure. De hecho, probablemente no lo sea. Ahora bien, como versión es impecable.

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Original: Daniel Johnston

Versión: Wilco

Tal vez «True Love Will Find You in the End» sea la canción insignia de Daniel Johnston; una circunstancia que, como es lógico, dificulta el fallo ecuánime. Sin embargo, lo de Wilco con esta versión es para quitarse el sombrero. Es tan redonda, tan pura y perfecta, que seguramente Johnston la deteste. Como debe ser.

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Original: Jeff Buckley

Versión: Micah P. Hinson

Si no existiese la canción original, habría que inventarla para que Micah pudiese hacer esta versión. Por suerte para todos, además de la versión, también existe la canción original. Y qué canción, oigan.

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Original: Smashing Pumpkins

Versión: Freedom Fry

Cuando una canción es un icono, no ya de un estilo, ni siquiera de una generación, sino de una forma particular de entender la propia existencia, pocas versiones puede haber que sean capaces de alcanzar entidad propia. Esta es una frágil y fascinante excepción.

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Original: Taylor Swift

Versión: Ryan Adams

Es indudable que cuando uno parte de una buena base a la hora de escribir una versión tiene más posibilidades de que la canción resultante sea una pieza sobresaliente. La de Ryan Adams lo es. Y la de Taylor —a Isaac y a mí nos gusta referirnos a ella por su nombre de pila porque ya hay confianza— es un pepinazo lo niegue quien lo niegue y, sobre todo, lo afirme quien lo afirme.

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Original: The Beatles

Versión: Edward Sharpe & The Magnetic Zeros

Coge una canción, retuércela, exprímela, arráncale la piel hasta transformarla en otra distinta pero sin dejar de ser la misma. Si tienes suerte, tal vez hayas conseguido escribir una gran versión. Edward Sharpe y los Magnetic Zeros lo hicieron.

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Original: The Korgis

Versión: Beck

La versión es exactamente igual que la original y ni siquiera es una gran versión. Siendo honestos, nadie la incluiría entre las mejores veinte versiones de la historia porque no es una canción lo suficientemente buena como para formar parte de esta lista. Si la hemos incluido es solo porque pensamos que es mucho mejor que la original, que es una gran versión, que cualquiera la incluiría entre las mejores versiones de la historia y que tiene calidad de sobra como para formar parte de esta lista. Pero de no haber sido por eso, se habría quedado fuera por las razones anteriormente expuestas. Faltaría más.

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Original: Beyoncé

Versión: Antony and the Johnsons

Por alguna razón, da la sensación de que la de Antony es la original y la de Beyoncé, la versión. Eso lo dice todo.

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Original: Nirvana

Versión: Sturgill Simpson

Probablemente la versión que a todos, alguna vez, nos habría gustado hacer. Claro que ninguno nos llamamos Sturgill ni nos apellidamos Simpson. La de experiencias que uno deja de vivir por no tener el nombre adecuado…

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Original: Human League

Versión: Bahamas

Un caso de manual. Pocas versiones hay mejores que esta.

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Original: Neil Young

Versión: Charles Bradley

Esto es, básicamente, como si en vez de Neil Young hubiese sido James Brown el que compuso «Heart of Gold». Material para gourmets.

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Original: Lykke Li

Versión: Jason Isbell and Amanda Shires

La decisión no ha sido sencilla. La original, una vez remezclada por el productor y DJ The Magician, fue top 3 en diez países, alcanzando el número 1 en cinco de ellos. La de Jason Isbell y Amanda Shires no la conocen ni sus vecinos. En cualquier caso, hemos elegido ser fieles a nuestro criterio e incluirla en la lista debido a su enorme calidad como versión. Y como nuestro criterio es totalmente subjetivo, no hay nada que discutir.

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Original: Rick Astley

Versión: Alex Cornell

Hoy en día la juventud cree que enviar una foto por WhatsApp y que al ampliarla se descubra cualquier imagen indeseable es un invento modernísimo y a la vez anticuadísimo. Pero en 2008 ya existía una moda en internet que consistía en enviar a alguien un enlace sobre un tema que le pudiese interesar y, al abrirlo, la víctima se encontraba con el vídeo de «Never Gonna Give You Up» de Rick Astley. Se decía entonces que esa persona había sido «rickrolleada» y todos nos reíamos muchísimo y salíamos a la calle corriendo a contárselo a la gente y montábamos unas fiestas tremendas en los pueblos donde todo el mundo se abrazaba y bebía y cantaba. Después pasó de moda, como todo, y un buen día Alex Cornell se atrevió a hacer una versión de la canción. Y le salió estupenda.

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Original: Outkast

Versión: Obadiah Parker

Hay que reconocer que André 3000 mola tanto que ha costado mucho hacerle un hueco al bueno de Obadiah, pero la delicadeza de su versión la hace acreedora de un puesto en esta selección.

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Original: Dire Straits

Versión: Bhi Bhiman

Lean esto:

Here comes Johnny singing oldies, goldies. «Be-Bop-A-Lula», baby, «What’d I Say». Here comes Johnny singing «I Gotta Woman», down in the tunnels, trying to make it pay. He got the action, he got the motion. Yeah, the boy can play. Dedication, devotion. Turning all the night time into the day. He do the song about the sweet lovin’ woman. He do the song about the knife. He do the walk, he do the walk of life.

Seguramente, para escribir una buena canción, no haga falta mucho más. Se escriba esta las veces que se escriba.

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Original: Creedence ClearWater Revival

Versión: Arborea

Nadie en su sano juicio excluiría esta versión de las mejores adaptaciones de la historia. Es una pieza magnífica que nos ayuda a descubrir «Bad Moon Rising» de nuevo, como si fuera la primera vez que la escuchamos.

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Y con la de Arborea suman veinte. Las veinte mejores versiones de la historia. Una afirmación con la que muchos de ustedes no estarán de acuerdo porque querrán añadir alguna o querrán quitar alguna o nos querrán insultar a alguno, un propósito encomiable para el cual ha sido habilitada la zona de comentarios que hay a continuación del artículo.

No obstante, ni a Isaac ni a mí nos gustaría despedirnos sin antes dedicar unas líneas a una gran versión que no ha podido formar parte de las veinte mejores por muy poquito pero que ocupa un lugar privilegiado en nuestros corazones: «We Are the Champions» interpretado por La Unión. Ahí es nada, señores. Que la disfruten.


Hace treinta años: Live Aid, actuación por actuación

Live Aid en el JFK Stadium, Philadelphia, 1985. Foto: Squelle (CC)
Live Aid en el JFK Stadium, Philadelphia, 1985. Foto: Squelle (CC)

En 2015 se cumplen treinta años del mayor hito mediático-musical de todos los tiempos: el festival benéfico Live Aid. Un acontecimiento verdaderamente único. También un revelador escaparate de cómo era la industria musical de los ochenta. Se celebró a medias entre dos estadios separados por el Atlántico (Wembley en Londres y el estadio JFK de Philadelphia, en los Estados Unidos) y fue seguido por una entonces inaudita audiencia de mil quinientos millones de espectadores, por momentos cerca de dos mil millones. Todo fue organizado desde la nada por Bob Geldof, cantante de The Boomtown Rats, una banda que, tras una breve etapa de éxito en el Reino Unido, ya había pasado de moda. Como mucha gente en la época, Geldof se sintió impactado por las crudas imágenes de las hambrunas en África, que meses antes también habían motivado la grabación de «We Are the World», canción compuesta por Michael Jackson y Lionel Ritchie. A base de insistencia, ambición y, como se supo después,  mucho chantaje emocional, Geldof consiguió reunir un enorme elenco de artistas para una actuación benéfica de dimensiones ciclópeas.

Pero. antes de repasar el festival actuación por actuación (un trabajo de chinos, ya lo sé, pero yo solito me he metido en esto), algunas consideraciones generales previas con el fin de situar el festival en su contexto:

– Técnicamente hablando, no fue un buen festival. Montado a toda prisa, hubo bastantes problemas de sonido e imagen, y de desorganización en general. Además, algunos artistas se presentaron en una lamentable baja forma. Pero el ambiente de euforia humanitaria y de solidaridad era tan grande que el público de los dos estadios lo aplaudió todo, incluyendo algunas actuaciones que, en otras circunstancias, hubieran sido recibidas de forma bastante menos caritativa.

– El festival fue el punto de corte en una década cuya primera mitad estuvo dominada por bandas que sufrieron lo que yo llamo el «síndrome 1985» o «síndrome Live Aid», porque sus carreras empezaron a venirse abajo justo por esa misma época. El Live Aid visibilizó un momento de cambio en la industria musical. Una amplia audiencia decidió que ciertas cosas hasta entonces consideradas «modernas» y «a la última», habían quedado repentinamente anticuadas frente a otras que pudieron verse en el mismo festival. Live Aid representó en muchos aspectos el principio del fin de toda una época. Entre 1985 y 1987, de hecho, todo un ecosistema estético-musical se vino abajo, sin estrépito, pero también sin salvación.

– Visto hoy, Live Aid demuestra un fenómeno curioso: la primera mitad de los ochenta se nos antoja hoy, musical y estéticamente, mucho más lejana que décadas anteriores como los setenta o incluso los sesenta. Un ejemplo: pocas actuaciones de Woodstock o Monterey parecen haber perdido su vigencia, pero Live Aid sí está plagado de actuaciones obsoletas, aunque haya otras que mantengan su interés intacto. Esto se debe a que durante la primera mitad de los ochenta se forzó mucho el concepto de lo que es moderno o vanguardista, y todo empezó a volverse artificioso e impostado. Tanto se había forzado, que en este festival empezaron a aparecer las primeras grietas en ese concepto. En general, salvo algunas excepciones, los artistas con sonido más clásico o los procedentes de estilos más underground se desempeñaron mejor en Live Aid que los artistas más a la moda. El público no dejó de notarlo.

– Musical y comercialmente hablando, en Live Aid hubo ganadores y perdedores, beneficiados y damnificados. Con una audiencia tan enorme, el festival podía marcar y marcó el destino de carreras enteras. Los grandes triunfadores fueron Queen, que básicamente se ganaron el prestigio de no tener competencia sobre un escenario. Muy particularmente destacó Freddie Mercury, convertido de repente en la mayor estrella rock del planeta. Otros que triunfaron por todo lo alto fueron U2, que ya estaban creciendo en el mercado internacional, pero que dieron un salto impensable sin este festival. También se beneficiaron enormemente INXS, Run DMC o un Eric Clapton al que Live Aid rescató de una peligrosa pendiente hacia el olvido. Entre los más perjudicados, Led Zeppelin Bob Dylan sufrieron golpes severos en su prestigio. La carrera de Adam Ant quedó hecha pedazos en este mismo festival. Pero hubo muchos otros artistas que no lograron superar el cambio estilístico de los dos siguientes años, cambio anunciado por este Live Aid.

Hechas estas consideraciones, vamos ya con un repaso exhaustivo del festival. Lo haremos en orden, o casi. No es el orden cien por cien exacto de aparición de los artistas porque, para hacerlo más inteligible, lo he dividido en tandas. Piensen que en realidad el festival fue un continuo ir y venir de conexiones entre los dos estadios principales (y otros escenarios), entrevistas, actuaciones secundarias y toda clase de intermedios. Fueron aproximadamente dieciséis horas de retransmisión ininterrumpida, casi imposibles de resumir sin una hoja de Excel. Pero bueno, prescindiremos de la parafernalia extramusical y nos centraremos únicamente en las actuaciones. Abróchense los cinturones, ¡viajamos a 1985!

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Adam Ant vio pulverizada su carrera en menos de cuatro minutos (imagen; BBC)

1) Primera tanda de actuaciones en Wembley

Status Quo: Elección idónea para empezar gracias a su siempre efectivo boogie rock. Precisamente por ellos supimos de las cantidades ingentes de drogas que circulaban en los camerinos. A Francis Rossi, por ejemplo, se lo nota considerablemente afectado y por momentos le cuesta un mundo cantar. Aun así, una buena actuación. Sin sorpresas, pero efectiva, como era costumbre en ellos. Vídeo.

The Style Council: El antiguo líder de The Jam, Paul Weller, se presentaba con su nueva banda de sonidos soul-pop melódicos muy en consonancia con la época. Una actuación correcta, aunque su música fuese demasiado convencional y ajustada a los patrones de los ochenta como para hacernos vibrar por igual ahora. Con todo, buen sonido, un esforzado Weller (aunque sus movimientos escénicos eran francamente mejorables) y una banda enérgica con alguna canción digna de recordar como aquella «Walls Come Tumbling Down». Lo hicieron bien en el festival, pero eso no los libró de sufrir el Síndrome 1985, pues quedaron obsoletos en breve. Se separaron en 1988 sin llegar a publicar su último álbum, rechazado por la compañía discográfica. Vídeo

Boomtown Rats: El padre de todo el asunto, Bob Geldof, aparecía sobre el escenario de Wembley para cantar con su propia formación, ante el delirio de un público que le agradecía haber sacado adelante la tremenda iniciativa. Sin embargo, los Boomtown Rats no eran gran cosa y Geldof no era ni buen cantante ni particularmente efectivo como frontman, así que fue una actuación que hoy nadie recordaría de no ser porque él había organizado todo el evento. De hecho, el público nunca se volvió a interesar por ellos después del festival. Vídeo.

Adam Ant: Terrible momento que lastró una carrera. En vez de rescatar algún antiguo de sus antiguos éxitos, Adam Ant quiso presentar su nuevo single «Vive Le Rock», que no era una mala canción, pero que sonaba a glam pasado de moda. Y en los ochenta, claro, estar demodé era un pecado mortal. Para colmo, el final de su actuación descolocó a la gente. Nadie entendió que se permitiese el lujo de acabar con una frase frívola («¡Mira, mamá, estoy en la cima del mundo!»), como presumiendo de ser un afortunado rockero que por fin pisaba el escenario de Wembley. Esto, en mitad de un evento marcado por el recuerdo a los desfavorecidos de África, le ganó muchas antipatías. Todo sea dicho, Adam Ant fue seriamente malinterpretado, porque en realidad la frase formaba parte de la canción… pero claro, la canción era nueva y el público no lo sabía. Entre ese tropiezo y la embarazosa imagen de un Adam Ant correteando y saltando por el escenario sin conseguir despertar al público de su indiferencia, Live Aid fue un severo golpe para su carrera del que ya no logró recuperarse. Vídeo.

Ultravox: El frontman Midge Ure puso todo de su parte para sacar adelante la actuación, pero resultaba evidente que el robótico tecno-pop de sintetizadores de Ultravox no era la clase de música que pudiese funcionar en un gran estadio. Y no funcionó. Por ejemplo, un tema como «Vienna», que en disco era más bien interesante, terminó sonando demasiado pobre para un abarrotado Wembley. La verdad es que Ultravox se esforzaron y su show fue respetable, pero no estaban en su elemento, por lo que Live Aid no contribuyó demasiado a relanzar su por entonces ya declinante carrera. Una vez más, el Síndrome 1985. De hecho, terminaron separándose en 1988. Vídeo.

2) Conexión con Australia

INXS: La emisión se trasladó a una sala australiana donde actuaron INXS, por entonces grandes estrellas en su país aunque virtualmente desconocidos en el resto del mundo. Esta filmación, en el contexto de aquellos años, hace fácil entender por qué el Live Aid puso a este grupo en el mapa. Su estilo, tan robusto como bailable, producía la sensación de ofrecer algo novedoso. Gracias a eso y a la imagen escénica de Michael Hutchence se hicieron notar entre la audiencia de muchos países. Fue el primer paso hacia un enorme éxito internacional que terminaría de concretarse poco más tarde con la irresistible comercialidad de discos como Kick o X. En contraste con Adam Ant o Ultravox, INXS se contaron entre los grandes reiunfadores del festival porque el público pudo percibir que ellos eran «lo nuevo». Vídeo.

3) Actuaciones pregrabadas desde Japón:

Loudness: Desde un estudio de televisión, la banda más legendaria del heavy metal japonés interpretaba dos de sus típicos himnos metálicos con los que demostraban su completo dominio de los clichés del estilo y la garra vocal de su entonces cantante Minoru Niihara. Antes del festival ya eran conocidos y respetados en los círculos metálicos de Estados Unidos y Europa, pero su potente aparición en Live Aid les permitió redoblar su popularidad internacional dentro de esos mismos círculos, aunque es verdad que comercialmente nunca traspasaron las fronteras del heavy. De todos modos, Loudness iban tan a lo suyo que tampoco parecían muy preocupados por gustarles a la audiencia popera mayoritaria. Ellos querían la aprobación de los heavies del mundo y desde luego la consiguieron. Vídeo.

Off Course: Tremenda, realmente tremenda anécdota la de esta banda. Off Course eran muy respetados en su país, donde habían publicado más de una decena de discos. En 1985 parecían preparados para dar el salto y ganarse a la audiencia internacional (piensen que, por entonces, sin Internet, no era fácil para un grupo japonés darse a conocer en el extranjero). Escogieron una canción melódica cuyo sonido sofisticado y buen estribillo en inglés tenían el requerido potencial comercial para triunfar en otros mercados. ¿Qué sucedió? Que aquella gran oportunidad fue completamente arruinada por culpa del caos imperante en la organización. La retransmisión de su canción fue cortada por motivos técnicos ¡apenas quince segundos después de ser presentada! No puedo imaginar cómo debieron de sentirse los pobres miembros de un grupo que, en unos fatídicos segundos, pasó de estar a punto de lucirse en el mayor escaparate musical de todos los tiempos a desaparecer repentinamente de dos mil millones de pantallas de televisión. Heridos de muerte por esta ocasión perdida, terminaron separándose cuatro años después. Una pena. Vídeo del terrible momento (y por si alguien tiene curiosidad, aquí el tema entero)

Eikichi Yazawa: Más olvidable era este cantante de pop rock que ya había probado suerte en los Estados Unidos sin mucho éxito y que tampoco consiguió llamar la atención aquí, ya que sonaba demasiado a artista genérico del momento. Fue quizá lo más flojo de una aportación japonesa que, por lo demás, fue la mejor de entre las naciones con las que se conectaba más allá de Wembley y Philadelphia. Eso sí, a él no le cortaron la retransmisión. Vídeo.

Motoharu Sano: Especializado en mezclar estilos típicamente americanos de los cincuenta y sesenta con sonidos más propios de los ochenta, tiene cosas interesantes en su discografía pero aquí se presentó con un tema que, sin ser malo, tampoco estaba destinado a atraer la atención del público internacional. Vídeo.

Momento de huir: Joan Baez cantando a capella (imagen: NBC).
Momento de huir: Joan Baez cantando a capella (imagen: NBC).

4) Segunda tanda en Wembley

Spandau Ballet: Inmensamente populares entonces y también inmensamente convencionales, hicieron una buena actuación, muy profesional, pero que vista hoy resulta francamente marciana. Vídeo.

Elvis Costello: Limitado a una única canción, Costello apostó por la inmediatez y eligió «All you need is love» de los Beatles, que sabía que sería coreada por todo Wembley. Pero nada remarcable. Hay bandas anónimas haciendo versiones mucho mejores de esta misma canción por los bares de medio mundo. Vídeo.

5) Primera tanda en Philadelphia

Bernard Watson: Alguien debería filmar una película sobre la historia de este chaval. David Weinstein (su nombre auténtico) era un chico de dieciocho años fan de Bob Dylan. Hasta aquí, nada raro. Salvo que se empeñó en que él mismo debía abrir la parte americana del festival Live Aid, armado con su guitarra y su armónica, bajo el nombre artístico de Bernard Watson. Marchándose de casa sin decir nada a su familia ni amigos, condujo desde su Miami natal hasta el estadio John F. Kennedy de Philadelphia. Una vez allí, intentó entregar una cinta con sus canciones al famoso promotor Bill Graham, encargado de la parte americana del festival. La secretaria le dijo que, lógicamente, Graham era un hombre muy ocupado y que a pocos días del concierto no tenía tiempo para chorradas. El chaval, sin embargo, decidió no rendirse. Mientras su desesperada familia lo buscaba sin saber qué le había sucedido, él pasó varios días en el aparcamiento del estadio, durmiendo en su coche y tocando la guitarra para olvidar el hambre, ya que no le quedaba dinero. El reportero de un periódico de Philadelphia, al conocer su historia, le hizo una entrevista que fue publicada en portada al día siguiente. Cuando Bill Graham vio el periódico, decidió escuchar las cintas y terminó bajando al aparcamiento con un plato repleto de filetes, diciéndole: «será mejor que comas, porque el sábado abrirás el concierto». Extasiado, Watson telefoneó a Miami, donde claro, nadie le creyó (incluso su profesor de música le recomendó que visitara a un psiquiatra, pensando que estaba sufriendo delirios de grandeza). Pero así fue, lo consiguió; David Weinstein alias Bernard Watson fue el primer artista que actuó en la parte americana del Live Aid. ¿Que cómo sonaba? Imposible saberlo. Ninguna cadena de televisión se molestó en retransmitir o conservar una filmación de su actuación y solamente he conseguido ver unos segundos procedentes de un noticiario, fragmento que alguien ha colgado en Youtube. Hoy prácticamente nadie le recuerda, excepto los coleccionistas de anécdotas musicales extrañas. Vídeo.

Joan Baez: Momento trágico. Joan Baez se las arregló para quedar como una de las artistas más desfasadas del evento, y no lo digo por su atroz atuendo de voluntaria de parroquia acudiendo a la boda de su hermana, sino por la actuación en sí. Tras un discurso en donde pronunció frases que oídas hoy suenan bastante embarazosas («¡Este es vuestro Woodstock!»), se marcó un terrorífico «Amazing Grace» a capella con sus característicos balidos, intentando infructuosamente que el público cantase con ella (tampoco ayudaba el que Joan se inventase fragmentos por las buenas, descolocando a cualquiera que intentase seguir la conocidísima melodía). Todo ello coronado por el estribillo de «We Are The World», también a capella, que en su voz inspiraba verdadero pánico. Breve, pero cataclísmico. Vídeo.

The Four Tops: Muy distinta fue la actitud del cuarteto de Detroit. Lejos de ponerse en plan lacrimógeno y sensiblón, salieron a por todas con su soul clásico de siempre. En su breve e intenso repertorio no faltaron «Reach Out I’ll Be There» o «I Can’t Help Myself». Se llevaron las cosas a su terreno con total facilidad, entreteniendo al público como consideraban su obligación y haciendo olvidar el mal trago de la catequesis de Joan Baez. Vídeo.

Billy Ocean: Si hay algo representativo de aquella época y que ha quedado completamente anclado en ella es el soul-pop de Billy Ocean. Su actuación, vista hoy, parece casi cosa de arqueólogos. Era un artista bastante exitoso cuando apareció en el Live Aid, aunque no lo bastante como para que le dejaran actuar con un grupo de verdad y no cantando sobre una cinta. Aún tenía que terminar de conquistar (brevemente) el mundo con la infame «Get Outta My Dreams, Get Into My Car», gracias a la cual su cuenta bancaria acumuló más ceros que mi expediente escolar. Vista hoy, su actuación resulta incluso más marciana que la de Spandau Ballet. Ah, y sí, por si lo han notado… efectivamente, Bon Jovi le copiaron algún que otro arreglo. Vídeo.

6) Conexión con Austria

Warum: Intentando emular el espíritu de «We Are The World», los austriacos presentaron una constelación de artistas locales —cada cual más hortera que el anterior— interpretando una infumable canción con pretendidos sones africanos. En fin, algo más propio de las catacumbas de Eurovisión, pero que al menos nos sirve para comprobar que los españoles no somos los únicos en exportar chapuzas musicales al mundo. Horrendo. Vídeo.

Sade tuvo el mérito de centrar toda la atención durante una actuación que, la verdad, hoy parece aburrida.
Sade tuvo el mérito de centrar toda la atención durante su sutil actuación (imagen: BBC).

7) Tercera tanda en Wembley

Nik Kershaw: A los más jóvenes no les sonará de nada este nombre, pero los más veteranos recordarán sin duda la melodía de su mega-éxito «Wouldn’t It Be Good», que a mediados de los ochenta debió de sonar hasta en los entierros. Su actuación es una de las mejores muestras de cómo una parte de aquel Live Aid quedó anclada en una época extinta. Interpretó la susodicha Canción Que Está En Todas Partes y otros éxitos suyos del momento (como la también omnipresente «The Riddle» o la cochambrosamente pretenciosa «Don Quixote», con sus hilarantes «Don Quihooote, Don Quihooote»). Todo éxitos, pero el Síndrome 1985 actuó en él con extraordinaria rapidez. Menos de dos años más tarde, en 1987, ya estaba fuera del mapa. Vídeo.

Sade: La banda británica se presentaba precedida por el enorme éxito de su canción «Smooth Operator» y apoyada en la elegante sensualidad de Sade Adu. La cantante fue capaz de centrar la atención del estadio sin hacer prácticamente nada, probablemente ayudada por el hecho de que los medios de la época insistían casi obsesivamente en hablar de su aureola hipnótica. Pero lo cierto es que, a pesar del innegable magnetismo escénico de la vocalista, la actuación fue tremendamente aburrida. Vídeo.

8) Conexión con Holanda

B.B. King: Los holandeses decidieron apostar por lo seguro y, en vez de una colección artistas propios con peinados ridículos y gafas de pasta como habían hecho en Austria, conectaron con un concierto que B.B. King estaba dando en aquel país como parte de su propia gira. Y bueno, con esto lógicamente no podían fallar. Tenemos al legendario bluesman haciendo lo que mejor ha sabido hacer siempre, aunque hubiese sido más interesante verlo en alguno de los dos estadios. Pero bueno, como todo lo que hacía el maestro King, intachable. Vídeo.

9) Segunda tanda en Philadelphia

Black Sabbath: El escenario americano anunciaba varias reuniones históricas de grandes bandas de rock, entre ellas la formación original de Black Sabbath. Supieron mover al público con algunos de sus clásicos y ofrecieron justo lo que se esperaba de ellos. Además, la impecable imagen siniestra de Tony Iommi y el tremendo carisma del bajista Geezer Butler contrastaban con la sobredosis de horterada estética ochentera del festival. Aunque no puede decirse lo mismo de Ozzy Osbourne, metido de lleno en sus años de rubio cardado y ataviado con un traje que el mago Merlín no usaría ni como pijama. De todos modos, visto el fiasco de alguna otra reunión que tendría lugar ese mismo día y pese a la voz levemente desafinada de Ozzy, lo cierto es que Black Sabbath salvaron el estandarte del viejo hard rock setentero gracias a cosas como la dinosáurica y formidable «Iron Man». Vídeo.

Run DMC: En el festival no podía faltar el fenómeno relativamente reciente del rap con uno de sus principales representantes. Al igual que los heavies  Loudness, Run DMC fueron a lo suyo sin preocuparse de la audiencia popera. Hicieron una introducción de scratching que sin duda pilló desprevenidos a muchos espectadores. Pese a algunos problemas con los vinilos y un sonido terriblemente mal mezclado (seguramente porque los técnicos del festival probablemente no sabían cómo sonorizar a un combo rapero) Run DMC se las arreglaron para llenar el escenario con una enérgica interpretación de «King of Rock», demostrando que no les intimidaban ni los problemas de sonido ni las multitudes. Live Aid les ayudó a mostrar su revolucionario estilo a millones de espectadores y su siguiente disco los convertiría en estrellas, así que, pese a los problemas técnicos, estuvieron entre los grandes ganadores del festival. Vídeo.

Rick Springfield: Cantante melódico australiano que estaba viviendo en la cresta de la ola tras colar varias canciones en las listas estadounidenses, habiendo ganado un Grammy (sí, esos premios ya eran una broma por entonces) y habiendo aparecido como actor en la serie General Hospital. Peinado con el obligatorio mullet de todo solista mojabragas de la época, podemos incluirlo en el grupo de artistas que en aquel festival parecían sonar de actualidad, pero que en realidad estaban quedando inadvertidamente desfasados. Es decir, una víctima más del Síndrome Live Aid. De hecho, en un par de años Rick Springfield caería en el más completo olvido. Vídeo.

REO Speedwagon: Algo parecido le sucedió a esta banda de rock melódico que por entonces llevaba varios años triunfando por todo lo alto en los Estados Unidos. Eran bastante mejores que Rick Springfield (¡eso sin dudarlo!) porque atesoraban mucha calidad, pero también estaban condenados a quedar obsoletos por su sonido. Tras el Live Aid, de hecho, su éxito disminuyó considerablemente. Vídeo.

10) Conexión con Yugoslavia

YU Rock Misija: También en Yugoslavia optaron por una constelación de artistas propios que entonaban una canción lacrimógena. Resulta chocante verlos cantar en armonía sabiendo lo que sucedió en aquel país no mucho tiempo después, pero, por lo demás, es tan prescindible como la aportación de Austria. Excepto, claro, porque nos permite hacer un hilarante repaso a peinados, ropajes y complementos varios de aquel planeta alienígena llamado Los Ochenta. Vídeo.

Sting y Phil Collins arrebatados por su propio Arte,
Sting y Phil Collins, arrebatados por su propio Arte (imagen: BBC)

11) Quinta tanda en Wembley

Sting y Phil Collins: Dos de las mayores estrellas del momento desperdiciaron media hora valiosísima con una de las actuaciones más soporíferas del festival. Sting, que se encontraba de lleno en su etapa «soy un artista elegante» y «¡hey, mirad, además del bajo también sé tocar la guitarra!», empezó aburriendo a las ovejas con una lastimosa versión de «Roxanne» a dúo con Brandford Marsalis, más propia para un cocktail nocturno de pijos londinenses que para un estadio. En la misma tónica minimalista, siguió aburriendo con «Driven to tears». Después Phill Collins se sentó al piano («Hey, mirad, además de la batería también sé tocar el piano!») para interpretar una balada en solitario con efectos narcóticos. Esta tónica se mantuvo cuando ambos tocaron juntos un par de temas más. Un verdadero suplicio, con Sting y Phil Collins cegados por sus propios egos y queriendo demostrar su exquisita sensibilidad sin entender que estaban actuando en Wembley con millones de telespectadores mirando, no en una cena de sus nuevos amigos millonarios. Un muermo insufrible. Vídeo.

Nota: Poco después, por cierto, un helicóptero recogía a Phil Collins y lo llevaba al aeropuerto, donde subiría al Concorde para volar a Estados Unidos… ¡y aparecer en la parte norteamericana del show durante aquel mismo día! Una jornada agotadora para Collins, aunque si era por los resultados musicales se la podría haber ahorrado perfectamente, como seguiremos viendo.

Howard Jones: Hoy nadie se acuerda de él, ni falta que hace, pero por aquella época este cantante y pianista coló nada menos que una decena de canciones en las listas en menos de cuatro años, entre ellas la verdaderamente insufrible «What is love». Acompañado únicamente por su piano —por si la gente no había tenido bastante con el minimalismo pretencioso de Sting y Phil Collins— interpretó su éxito «Hide and Seek» y, en fin, no pasará a la historia por ello. Sí, usted lo ha adivinado: el Síndrome 1985 se apoderó de su carrera y en un par de años estaría completamente fuera del radar. Vídeo.

Paul Young: Otro cantante típicamente ochentero que gozaba de un gran éxito en el Reino Unido y era bien conocido en España gracias a singles como la melosa «Every time you go away» (todas sus canciones eran en ese plan: «no te vayas», «quédate», «por qué te vas», «por qué no te quedas»… ¡variedad!). En el Live Aid, aunque puso de manifiesto sus limitaciones vocales, al menos interactuó con el público haciéndoles cantar el famoso estribillo. Parece completamente increíble, pero incluso el plasta de Paul Young fue menos aburrido que la terrorífica dupla formada por Sting y Phil Collins. Vídeo.

Bryan Ferry y David Gilmour: Actuación correcta sin más, donde algunas canciones funcionaban relativamente bien, pero otras, como «Boys & Girls», resultaban soporíferas (otro que no acababa de situarse: ¡estás en Wembley, Bryan, no duermas a la gente!). En cuanto a Dave Gilmour, es un grandísimo guitarrista y nadie con dos dedos de frente lo pone en duda, pero la verdad es que no tenía el día y parecía casi un imitador de sí mismo. Actuación respetable, pero muy irregular. Vídeo.

12) Conexión con Rusia

Avtograph: Ah, los rusos. La Unión Soviética estaba todavía en plena apertura hacia el rock & roll y eso se notaba en las peculiaridades de sus bandas. Avtograph no era un mal grupo. Es decir, interpretaron dos temas y demostraron que, más allá de ser algo horteras, no eran malos músicos… pero el cantante, ¡eso es otra historia! Parecía el típico espontáneo que sale a berrear en una boda con cuatro gintonics de más. Terrible. Al menos podía dar gracias de que Joseph Stalin ya no estaba vivo, o seguramente hubiese terminado picando hielo en Siberia. Vídeo.

13) Conexión con Alemania

Band für Afrika: Todo lo que decíamos de la terrible aportación austriaca puede aplicarse a esta agrupación de artistas alemanes —también cada cual más hortera que el anterior— que aparecieron interpretando una nefanda canción lacrimógena para que los espectadores del resto del mundo pudiesen levantarse a por palomitas. O, dicho de otro modo: un desfile de peinados para flipar en colores. Vídeo.

Rob Halford derrochó carisma y elegancia durante la actuación de Judas Priest (imagen: ABC)
Rob Halford fue un ejemplo de carisma y elegancia durante la actuación de Judas Priest (imagen: ABC)

14) Tercera tanda en Philadelphia

Crosby, Stills & Nash: Junto a Joan Baez o Santana, de los pocos artistas que habían estado en Woodstock. Un show correcto, aunque marcado por la baja forma vocal de Graham Nash, que estropeó un tanto las características armonías vocales del trío (para colmo, su micrófono sonaba bastante más alto que el de sus compañeros). Obtuvieron el aprobado con su actuación, pero un así supo a poco porque de ellos se esperaba mucho más. Desde luego no fue  comparable a su legendaria, inmensa y escalofriante aparición en Woodstock. Vídeo

Judas Priest: Los héroes del heavy metal británico salieron a por todas, siendo muy conscientes de que había que entretener al público, como lo demuestra que comenzasen con la increíblemente pegadiza «Living After Midnight», que les sonó fantástica. Rob Halford estaba en sus mejores años tanto en el plano vocal como en cuanto a su presencia escénica y la verdad es que por entonces se las arreglaba para llenar las tablas sin hacer prácticamente nada, demostrando que estaba muy acostumbrado a los grandes estadios. Judas Priest se salieron con la suya pese a los severos problemas de sonido y, de hecho, es una de las actuaciones del Live Aid que mejor han pasado la prueba del tiempo. Vídeo.

Bryan Adams: El canadiense, ahora Psico-Perpetrador De Baladas En Serie, también salió a por todas con «The Kids Wanna Rock», que confieso es la única de sus canciones que de vez en cuando escucho por placer. Por entonces se encontraba en la cumbre del negocio, habiendo sido número uno en Estados Unidos, y bueno, su aparición no estuvo mal, aunque sabía a poco después de la descarga de Judas Priest. Vídeo.

The Beach Boys: Salieron a ofrecer lo que se esperaba de ellos con un Brian Wilson en sorprendente buena forma al igual que Carl Wilson, aunque el vocalista Mick Love y sobre todo el batería (que no era Dennis Wilson) se encargaron de estropear algunos fragmentos. Con todo, una gran actuación, aunque con unas armonías vocales tan complejas se echaba de menos un mejor sonido. Pero bueno, incluso cuando no todo suena lo perfecto que debería sonar, es maravilloso verlos en acción. Vídeo.

George Thorogood & The Destroyers: Cuando Thorogood aún estaba en su momento álgido, contando con invitados como Bo Diddley y Albert Collins (quien básicamente le robó el show durante «Madison Blues»), la cosa no podía fallar. Una buena actuación, previsible, pero potente. Vídeo.

15) Séptima tanda en Wembley

U2: Y con ellos llegamos el primer momento verdaderamente épico del Live Aid, y esto lo dice alguien que no es precisamente un fan apasionado del grupo. Antes del festival, U2 ya eran bastante conocidos a ambos lados del Atlántico, aunque aún tenían que acostumbrarse a tratar con las grandes estrellas del negocio, lo cual produjo anécdotas hilarantes, como cuando Bono conoció a Freddie Mercury entre bastidores. La homosexualidad de Mercury era un secreto a voces en el negocio, pero el inocente Bono esperaba encontrarse con un rockero estándar, así que no dio crédito cuando Freddie empezó a coquetear con él, preguntándole con voz juguetona sobre la forma de pronunciar su nombre (el irlandés recordaría después que pensó «¡Wow, este tipo es realmente amanerado!»). Mercury prácticamente lo acorraló: «yo estaba contra una pared, y él apoyó una mano en la pared y empezó a charlar conmigo como si le estuviese hablando a una chica». Sin salir de su asombro, el vocalista de U2 comentó la anécdota a otros que circulaban por allí, que se reían de su candidez, diciéndole: «Bueno, ¿qué esperabas? ¡Su grupo se llama Reina!».

Volviendo a lo musical, desde el momento en que empezaron a tocar «Sunday Bloody Sunday» quedó claro que, en aquel año 1985, U2 estaban a la vanguardia. Sonaban a algo distinto, algo nuevo, y fueron de los que más contribuyeron a que muchos otros artistas del Live Aid pareciesen repentinamente pasados de moda. Pero su actuación no solamente fue brillante, sino que se vio favorecida por uno de esos sucesos que sencillamente no se pueden planear. El segundo tema, «Bad», es una canción que a mí me aburre bastante, pero que se convirtió de repente en algo sensacional. ¿Cómo es posible? Veamos: a mitad del tema, Bono empezó a hacer gestos a los miembros de seguridad, al parecer pidiendo que acercasen a alguien del público. Pensando que Bono quería subir a alguna chica al escenario, sacaron a una chica de las primeras filas, pero el cantante la ignoró mientras continuaba señalando y haciendo gestos cada vez más frenéticos. Finalmente, viendo que no entendían lo que pretendía decir, él propio Bono saltó al foso de fotógrafos ante el desconcierto de la organización, y siguió gesticulando para indicar a quién quería que le acercasen. Mientras tanto, sus compañeros de banda, atónitos, seguían repitiendo la misma secuencia de acordes una y otra vez (aunque U2 tenían previstas tres canciones, consumirían buena parte de su tiempo con este incidente y no pudieron tocar la tercera).

Lo que nadie sabía en aquel momento es que Bono había visto a una chica que lo estaba pasando realmente mal, a punto de ser aplastada por la multitud, algo de lo que nadie más se había dado cuenta. La muchacha, que tenía solamente quince años, diría más tarde que se estaba asfixiando y que Bono, al verla y solicitar su rescate, le salvó la vida. Cuando por fin los miembros de seguridad consiguieron llevar a la chica —afortunadamente ilesa— hasta el foso de fotógrafos, Bono la abrazó paternalmente y bailó unos instantes con ella, casi como un padre bailaría con su hija en el día de su boda, mientras las cámaras lo captaban todo para asombro de los espectadores. Nadie conocía el trasfondo de lo que estaba pasando, pero eso no evitó que una sensación extraña se transmitiese a través de las pantallas de televisión y que millones de televidentes se sintieran emocionados en sus casas sin saber exactamente por qué (está claro que hay emociones que se transmiten al inconsciente). El abrazo entre Bono y la chica resultó inesperadamente escalofriante, una de las pocas cosas verdaderamente espontáneas que le he visto hacer a Bono en un concierto. Joan Baez, que estaba en su hotel viéndolo a través de la televisión, demostró ser muy perceptiva cuando escribió en su diario una acertada descripción del suceso: «Ha sido un momento íntimo que ha tenido lugar ante miles de personas».

El abrazo de Bono a una chica recién rescatada de entre el público dio la vuelta al mundo (imagen: BBC).
El abrazo de Bono a una chica recién rescatada de entre el público dio la vuelta al mundo (imagen: BBC).

Bono despidió a la chica con un cariñoso beso y regresó al escenario para terminar la canción, que ahora había ganado una nueva intensidad al convertirse en banda sonora de aquellos instantes tan emotivos. U2, como digo, tuvieron que retirarse sin interpretar el tercer tema, pero aquellos mágicos minutos multiplicaron por mil su popularidad. No es cierto que el Live Aid «lanzase» la carrera de U2 como a veces se dice, porque su carrera estaba ya en pleno ascenso, pero sí es verdad que los rodeó de una aureola de grandeza de la que solamente gozan un puñado de bandas en cada generación. Sin esa actuación, quizá, no hubiesen adquirido nunca esa aureola. Aún diré más: de no ser por otro grupo que iba a actuar poco después, U2 se hubiesen convertido en los reyes del Live Aid. Les recomiendo que vean el incidente, empieza hacia el minuto 12:05 del enlace y realmente merece la pena, es difícil describirlo con palabras. Vídeo.

Dire Straits: En la cúspide de su éxito, ofrecieron justo lo que se esperaba de ellos. Tocaron su gran éxito «Money for Nothing» junto a Sting, que cantó la introducción casi a capella tal y como había hecho en el disco (es muy cómica la cara de «¡Oh, joder!» que Sting puso al fallar justo la última nota de esa introducción). Después, Mark Knopfler se lució con una versión quizá innecesariamente larga de «Sultans of Swing». Una actuación bastante buena aunque previsible y demasiado convencional, destinada a quedar eclipsada no solamente por lo que habia pasado minutos antes con U2 en aquel mismo escenario, sino sobre todo por lo que estaba a punto de suceder a continuación. Vídeo.

Queen: Y llegamos, amigos, al momento cumbre de Live Aid. La opinión fue unánime entonces y continúa siendo unánime hoy: Queen se merendaron al resto del cartel. Punto. Robaron el show y cimentaron su prestigio como la banda con mejor directo del planeta, cuando se daba por hecho que su mejor época en vivo (1978-82, más o menos) ya había pasado. Aunque Queen eran grandes estrellas desde varios años atrás, mucha gente no había visto sus actuaciones y los que habían asistido a sus giras recientes habían notado cierto bajón. Así que todos, los hubiesen visto antes o no, quedaron atónitos contemplando lo que Queen fueron capaces de hacer en Live Aid. Empezaron con «Bohemian Rhapsody» y Mercury sentado al piano; no la interpretaron entera, pero sirvió para calentar a la audiencia. Después tocaron su nuevo single «Radio Ga Ga», donde Freddie se puso en pie y desplegó su inexplicable habilidad para llenar el escenario por grande que este sea. Al contrario que muchas otras estrellas, no se sentía intimidado por las multitudes ni necesitaba ese periodo de adaptación para sacudirse los nervios, periodo que normalmente dura varios minutos, sino que se crecía desde el primer segundo en que pisaba las tablas, con una expresión de felicidad y seguridad en sí mismo que era mayor cuanta más gente veía delante. Los momentos mágicos empezaron a sucederse: al final de «Radio Ga Ga», un penúltimo acorde cantado por Mercury puso los pelos de punta a millones de televidentes, una de esas cosas que no tienen explicación pero que sencillamente funcionan. Aquella nota fue bautizada como «la nota que ha dado la vuelta al mundo» (6:31 del vídeo), aunque Mercury, siempre tan opuesto a la solemnidad, la rubricó travieso sacando la lengua a las cámaras. Pero lo más espectacular aún estaba por venir: después de terminar «Radio Ga Ga» y con ese total dominio de los grandes estadios que nadie ha tenido como él, Freddie Mercury empezó a intercambiar cánticos con un público extasiado, manejando a decenas de miles de personas completamente a su antojo. Véanlo, es algo verdaderamente impresionante.

Después interpretaron otros singles recientes, «Hammer to Fall» y «Crazy Little Thing Called Love», que quizá no eran comparables a sus mejores canciones del pasado pero que eran buenas y sonaban tan bien como solamente pueden sonar en manos de un grupo en estado de gracia (durante «Crazy Little Thing Called Love», Mercury volvió a hacer cantar a todo el estadio, que parecía responder mágicamente a sus indicaciones). Finalmente, cerraron con dos de sus himnos más populares, «We Will Rock You» y «We Are The Champions», con Freddie llevando Wembley a un estado de completa ebullición. Aquellos casi veinte minutos pusieron de manifiesto que en 1985 Queen no tenían rivales sobre el escenario y seguirían sin tenerlos mientras Mercury estuvo más o menos saludable. Fue, con mucho, la mejor actuación del festival, como contaron todas las crónicas al día siguiente y como hoy puede comprobar cualquiera que tenga ojos en la cara y oídos en las sienes. Freddie Mercury quería reinar en el Live Aid y lo consiguió, de qué manera. Vídeo.

Freddie Mercury dirigiendo a las masas. Queen fueron los grandes triunfadores del festival (imagen: BBC)
Freddie Mercury dirigiendo a las masas. Queen fueron los grandes triunfadores del festival, con mucha diferencia sobre el resto. (imagen: BBC)

David Bowie: Aunque con la tremebunda responsabilidad de salir después de los gloriosos e irrepetibles momentos ofrecidos por Queen, Bowie tenía de su lado una inmensa popularidad y además acertó con canciones tan movidas como «TVC15», «Rebel Rebel» o «Modern Love». Con el público ya metido en el bolsillo, sorprendió con una versión de «Heroes» que, en contra de lo todo lo previsto, funcionó maravillosamente bien en el difícil entorno de un estadio. Gran actuación; no resultaba fácil salir indemne de la papeleta «¡Oh, no, y ahora tengo que actuar después de Freddie Mercury!», pero Bowie solventó el entuerto con carisma, saber hacer y una banda dispuesta a darlo todo. Vídeo.

The Who: Uno de los momentos más esperados de la jornada era la reunión de la banda que en los setenta había sido lo mismo que Queen eran en los ochenta: los reyes del directo. Pero en 1985 las cosas habían cambiado mucho. Pete Townshend, con problemas de oído y metido de lleno en las drogas a una edad tardía, ya no era la bestia escénica que había sido unos años atrás. En 1978, el guitarrista no hubiese desentonado junto a Freddie Mercury y de hecho le hubiese plantado cara sin problemas, pero en 1985 era una sombra de sí mismo. Además, el grupo apenas había ensayado, hubo problemas iniciales con el bajo de John Entwistle y empezaron pifiándola nada menos que con «My Generation», durante la cual, para colmo, las televisiones perdieron la señal, por lo que mucha gente se llevó una imagen desastrosa por haber visto solo la pifia inicial de la actuación. El resto de la actuación, sin embargo, fue a mejor. La siguiente canción, «Pinball Wizard», funcionó bien aunque el público televisivo no pudo verla. «Love Reign O’er Me» y «Won’t Get Fooled Again» salieron adelante pese a la leve descoordinación producto de la falta de ensayos y el largo tiempo de separación. En conjunto, la gente comentó mucho el contraste entre estos Who formularios y la auténtica máquina de matar que habían sido en la década anterior, pero no fue una actuación tan mala como se dijo en su día. De hecho, fue correcta teniendo en cuenta las circunstancias, aunque sus errores y problemas hirieron la autoestima de un grupo que diez años antes hubiese rivalizado con los propios Queen. Vídeo.

16) Cuarta tanda en Philadelphia.

Simple Minds: Después de que la gente hubiese visto a Queen en acción al otro lado del Atlántico, los escoceses poco podían hacer para borrar la impresión de que se encontraban unos cuantos escalones por debajo. Pese a todo, salieron beneficiados. Aunque por entonces ya eran una banda enormemente famosa en su país, el Reino Unido, este festival les permitió abrir la difícil lata de las audiencias americanas. Actuación correcta pero que probablemente solo disfrutarán los fans del grupo, si es que queda alguno. Vídeo.

Pretenders: La banda de Chrissie Hynde nunca me ha interesado particularmente, pero admito que estuvieron bien, sobre todo durante la enérgica «Middle of Road». Más que respetable actuación. Vídeo.

Santana: El legendario guitarrista ya no atravesaba sus momentos de mayor popularidad, pero en Live Aid él y su banda estuvieron sencillamente fantásticos (sobre todo durante la espectacular «Brotherhood», ¡tremenda!). Por aquellos años, Carlos Santana todavía no había dejado que su vena aburrida lo dominase y decidió salir a por todas, convirtiéndose en uno de los mejores artistas del festival. Como decía antes de Judas Priest, esta es una actuación por la que no ha pasado el tiempo. Vídeo

17) Conexión con Noruega

All Of Us: ¡Sorpresa! Noruega optó por la consabida constelación de estrellas patrias pero desconocidas más allá de sus fronteras y una canción que, dentro de su meliflua horterez, por lo menos era más soportable que los engendros de Austria y Yugoslavia. Pero bueno, prescindible salvo por los detalles hilarantes de los atuendos y peinados. Vídeo

Paul McCartney cantando feliz sin saber que no le estaba oyendo ni Dios (imagen: BBC)
Paul McCartney cantando feliz sin saber que no lo estaba oyendo ni Dios (imagen: BBC)

18) Tanda final en Wembley

Elton John: Aunque transformado ya entonces en un artista terriblemente estándar, Elton todavía podía realizar grandes actuaciones cuando se lo proponía. Desde su éxito «I’m still standing» hasta una versión de Marvin Gaye, pasando por la melodramática «Rocket Man», rayó a buen nivel, incluyendo el dueto con Kiki Dee en una brillante «Don’t go breaking my heart», aunque menos convincente fue la aparición de George Michael. Vídeo

Freddie Mercury y Brian May: Después de que Queen hubiesen conquistado Wembley tres horas antes, su cantante y su guitarrista fueron recibidos con histeria al retornar para interpretar una balada acústica de su disco The Works, canción cuyo título y temática pegaban perfectamente con la naturaleza benéfica del evento. La verdad es que la canción no era gran cosa, pero después de lo que habían hecho aquella misma tarde ya no necesitaban demostrar nada y al terminar se llevaron la ovación de la noche como el justo premio de todo un estadio a los increíbles momentos que Queen les había hecho vivir. Vídeo.

Paul McCartney: Sentado al piano y dispuesto a ofrecer uno de los grandes momentos de la jornada con «Let it be», McCartney sufrió un problema técnico que hizo su voz inaudible durante toda la parte inicial de la canción. Los técnicos se volvieron locos para arreglarlo y el público rugió cuando finalmente se escuchó su voz, aunque con un sonido apagado. McCartney no suele fallar y fue un buen momento, por más que los duendes de la tecnología se hubiesen puesto en su contra. Eso sí, cuando el festival se editó en DVD, McCartney dobló la canción, una de las muchas trampas que se hicieron en dicho DVD para camuflar los desastres técnicos que habían plagado el verdadero directo. Vídeo

Don’t the know it’s Christmas: Muchas de las estrellas de la noche se reunieron para cerrar el show de Wembley con la canción que era la respuesta británica a «We Are The World». El tema era muy, muy inferior al que habían compuesto Michael Jackson y Lionel Ritchie, pero bueno, era el cierre lógico y esperado para la parte británica del evento. Vídeo.

18) Quinta tanda en Philadelphia

Ashford & Simpson: Supongo que pocos recordarán a esta pareja, especializada en canciones románticas y bailables, cuyo éxito «Solid» sonó muchísimo en aquellos años. Su actuación no daría mucho para recordar si no fuese por lo que se coinvirtió en el gran momento de emoción en el estadio estadounidense. Si en Wembley habíamos visto el romántico baile entre Bono y una chica rescatada de la muerte, Nick Ashford y Valerie Simpson invitaron al escenario al exitoso cantante Teddy Pendergrass, que había quedado tetrapléjico por un accidente de tráfico y que cantó junto a ellos «Reach Out And Touch Somebody’s Hand». Vídeo

Kool & the Gang: En los setenta, esta banda podría haber reventado el estadio a base de funk, pero en 1985 llevaban ya años reconvertidos en un grupo para todos los públicos, aunque todavía eran grandes músicos y grababan grandes canciones. Su actuación era un vídeo pregrabado procedente de otro directo, del que prefirieron incluir un par de temas recientes como su superéxito del momento, la vaporosa «Cherish». Se echó de menos que hubiesen tocado algo más antiguo como «Jungle Boogie», o incluso clásicos de su época más comercial, que también los tenían, como «Celebration» o «Get down on it». Sea como fuere, una breve actuación enlatada que sabe a poco para una de las mejores bandas de la historia. Vídeo.

Madonna, en un arranque de genialidad, inventando notas que no están en la escala (imagen: NBC)
Madonna, en un arranque de genialidad, inventando notas que no están en la escala (imagen: NBC)

Madonna: Sumida en un escándalo por la reciente la publicación en Playboy de unas antiguas fotos suyas, robadas, donde aparecía desnuda, la nueva gran superestrella del pop estadounidense salió al escenario avisando ya de primeras que «hoy no pienso aguantar mierda de nadie» (Claro que sí, ¡buen rollo! Ni que esto fuese un festival benéfico). Y Madonna tuvo razón: no aguantó mierda de nadie, sino que fue el público quien tuvo que aguantar mierda de ella. Vestida de manera inusualmente discreta, como queriendo demostrar que lo suyo no era solamente cuestión de imagen y supongo que para contrarrestar el escándalo, desafinó a gusto durante veinte minutos, dejando claro que si se había hecho tan famosa no era por ser una buena cantante (quien piense que Britney Spears o Katy Perry son peores cantantes que las artistas pop de antes, ¡debería echarle un vistazo a esto!). Una actuación tremendamente mediocre que pone de manifiesto que Madonna era simplemente un producto de marketing, aunque no cabe duda de que era inteligente porque no solamente consiguió que su carrera sobreviviese a su desastrosa aparición en Live Aid (en años recientes he visto crucificar a cantantes femeninas por bastante menos que esto) sino que fue cada vez a más, comercialmente hablando. ¿Lista? Seguro. Pero talento para cantar… ni en el karaoke del barrio. Horrible. Vídeo

19) Sexta tanda en Philadelphia

Tom Petty & The Heartbreakers: Su intervención es recordada por añadir una canción extra al repertorio previsto, y por responder a las protestas que eso provocó entre bastidores haciendo una visible peineta a los encargados de producción. Por lo demás, la actuación fue de calidad, como era de prever, y tuvo muy buenos momentos que hacían olvidar el holocausto de gallos que acababa de perpetrar Madonna. Vídeo

Kenny Loggins: En España a casi nadie le suena su nombre, pero en Estados Unidos tuvo una década continuada de éxito y buenos niveles de ventas. Interpretó la entretenida «Footloose», su éxito del momento, que pertenecía a la banda sonora de la película que convirtió a Kevin Bacon en una estrella; una canción que en ciertas emisoras estadounidenses todavía suena de vez en cuando. Como dato antropológico, su banda era de las pocas que lucía peinados normales no ochenteros, pero Loggins, no obstante, tuvo los redaños de vestir un traje que se hubiera desintegrado automáticamente en cualquier otra década. Vídeo

The Cars: Estaban en el punto más álgido de su carrera y aunque su sonido no encajaba demasiado bien en un estadio, se las arreglaron para dejar buen sabor de boca. A mí no me interesan demasiado, pero admito que lo hicieron bastante bien. Vídeo

Neil Young: El canadiense ofreció lo que se esperaba de él y tuvo momentos brillantes, como una hermosa «Helpless». Como era de esperar, es uno de los pocos individuos que puede salir con una guitarra acústica ante un estadio abarrotado sin que dé la impresión de que se queda corto. Muy bueno. Vídeo

20) Séptima tanda en Philadelphia

The Power Station: La inesperada y exitosa alianza entre el cantante Robert Palmer y dos miembros de Duran Duran hubiera sido un buen momento del festival, incluso un gran momento… de no ser porque Palmer había decidido dejar el grupo unos meses antes. Su sustituto, Michael Des Barres (de quien obtuvo el apellido la famosa groupie Pamela Des Barres), era francamente inferior como vocalista y además le pegaba otro estilo. El show fue tan enérgico como caótico y la innegable fuerza rockera de Des Barres no hizo olvidar la elegancia, ni mucho menos la voz, del ausente Robert Palmer. Vídeo

The Thompson Twins: Una banda típicamente ochentera cuyo show fue una extraña mezcla entre los desafines del cantante y las continuas ganas de llamar la atención de Steve Stevens. El Guitarrista Mercenario Más Pesado de la Historia dio bien el coñazo con continuos efectitos, especialmente durante la versión del «Revolution» de los Beatles, donde además nos castigó con un atroz solo que sin duda sonaba mucho mejor en su cabeza. Quien no reconozca a Stevens, es el de melena crepada, chaqueta negra y mallas de leopardo, ¡huyan de él! La cosa, claro, solo podía empeorar con ¡voilà!, la presencia de Madonna en los coros. En fin, un desastre monumental, aunque por lo menos se esforzaron por entretener al público (sí, Sting y Phil Collins, lo digo por vosotros). Si puede usted ver esto sin que le entren ganas de estrangular a Stevens, le felicito: es usted inalterable cual Buda. Vídeo

Eric Clapton: Con la presencia de un Phil Collins recién bajado del Concorde, Clapton sonó descafeinado, realizando una versión bastante flácida de «White Room», el antiguo clásico de Cream, y otra más viva, aunque aséptica, de la famosa «Layla». No obstante —lo que son las cosas— aunque su actuación no fuese brillante, que no lo fue, sirvió para que una nueva generación descubriese sus antiguas canciones, así que el Live Aid fue la primera piedra para la reconstrucción de una carrera que estaba en franco declive y realmente podemos situar a Clapton en el bando de los grandes beneficiados del festival por más que no estuviese en su mejor forma aquel día. Vídeo

Phil Collins: Si no querías Phil Collins, dos tazas. Gracias al Concorde, en Philadelphia pudieron experimentar también la inenarrable sensación de contemplar a Collins sentado al piano interpretando una balada para solaz de sí mismo y de su señora madre. Vídeo

Jimmy Page: Aquí, esperando que se me pase toda la merla (imagen: NBC)
Jimmy Page: Aquí, esperando que se me pase toda la merla (imagen: NBC)

21) Séptima tanda en Philadelphia

Jimmy Page, Robert Plant & John Paul Jones: O lo que es lo mismo, la reunión de Led Zeppelin, aunque oficialmente no se quisieran denominar así debido a la ausencia del difunto batería John Bonham. Era el momento más anticipado de la jornada y de hecho fueron los artistas que, al pisar el escenario, fueron más ruidosamente recibidos en todo el festival. No es broma, la histeria que despertaron al pisar el escenario fue verdaderamente apoteósica. Pero la reunión terminó siendo un fiasco de proporciones bíblicas, de hecho el mayor desastre del festival y uno de los momentos más patéticos que haya visto en la historia de una gran banda de rock.

La cosa ya había empezado mal entre bastidores. Page, Plant y Jones habían escogido como batería a Tony Thompson, de Chic. Pero, a última hora, Robert Plant insistió en invitar como segundo batería a Phil Collins, que había tocado en sus discos en solitario. La idea de actuar con dos baterías no gustó ni a Jimmy Page ni a Tony Thompson. Tenían dudas, y con razón, sobre que Collins se supiera las canciones. Así que Phil Collins sintió un abierto rechazo de los otros músicos entre bastidores, pero aun así, impulsado por aquel afán trasatlántico de estar en todas las puñeteras partes, decidió salir al escenario con ellos. Mala idea porque, en efecto, no se sabía las canciones. Si Tony Thompson no iba a saber reproducir el característico groove del difunto John Bonham, mucho menos podía hacerlo teniendo que tocar junto a un Phil Collins que no había ensayado.

Aun así, no fue Phil Collins quien tuvo la mayor responsabilidad del desastre. Robert Plant apenas tenía voz y no podía sacar adelante sus antiguos temas. Y lo de Jimmy Page, bueno, fue de vergüenza ajena. Se presentó colocado de heroína y alcohol, incapacitado para tocar de manera medianamente decente. Eric Clapton contó después que Page se tiró casi todo el día encerrado en los baños del camerino mientras él, que también había sido heroinómano, intentaba hacerle entrar en razón. Al pisar el escenario quedó claro que Page no daba de sí. Ni con el sonido de su guitarra escondido tras toneladas de horribles efectos destinados sin duda a intentar camuflar sus constantes equivocaciones, pero que acabaron empeorando el conjunto, pudo evitar el ridículo. Entre la afonía de Plant, la inutilidad de Page y que Collins iba perdidísimo, aquello parecía una banda de quinceañeros teniendo su primer ensayo. Fue todo tan patético que Phil Collins reconoció más tarde que le habían entrado ganas de marcharse a mitad de actuación. El público del estadio les ovacionó porque, como decía antes, era un festival benéfico y aquel día reinaban los buenos sentimientos, pero las cámaras de televisión no mienten: aquello fue uno de los mayores desastres escénicos registrados en un festival, algo verdaderamente inenarrable. Aunque oficialmente no habían actuado bajo el nombre Led Zeppelin, el recuerdo de la superbanda quedó arrastrado por el fango. Los críticos poperos de la época (o sea, la mayoría) se cebaron con Led Zeppelin, a los que ya despreciaban previamente, y pasaron años antes de que la marca recuperase su debido prestigio. Se mire por donde se mire, un verdadero cataclismo. La segunda canción, «Whole Lotta Love», debe de ser el momento musicalmente más bajo de todo el festival. Y eso, estando Madonna al mando de un ejército de gallos, es algo humillante, muy humillante. Vídeo

Crosby, Stills, Nash & Young: Después de haber actuado por separado, el trío vocal y Neil Young se unían como ya habían hecho en los setenta, para delirio del público americano. Aunque algunas de las voces implicadas ya no sonaban como antes y tuvieron algún momento problemático a la hora de mantener las armonías, hubo otros momentos buenos. Irregular, pero tras el Apocalipsis de Led Zeppelin, esto sonaba a gloria en comparación. Vídeo

Duran Duran: Los británicos, entonces en la cima de su inmensa fama, no sonaron demasiado bien, especialmente a causa de la floja y poco afinada voz de Simon LeBon (vamos, lo de Madonna, pero en varón), así que su actuación fue bastante olvidable. Como creo que lo han sido casi siempre. Vídeo.

¿Ganó Daryl Hall el concurso de peinados? ¡Seguramente! (imagen: NBC)
¿Ganó Daryl Hall el concurso de mullets? ¡Seguramente! (imagen: NBC)

22) Octava tanda en Philadelphia

Patti LaBelle: A todos nos gustan sus grabaciones de los setenta, pero esta mujer tiene un problema y es que carece de medida, siempre quiere hacer demostraciones vocales hiperbólicas incluso cuando la canción no lo requiere. Es decir, fue la precursora de las Christina Aguilera de este mundo, sin parar de gritar y de soltar gorgoritos de manera completamente gratuita. Técnicamente hablando, su actuación no estuvo mal porque su garganta, claro, es prodigiosa. Pero aquellas versiones de Lennon o Bob Dylan terminaron resultando exageradas y estridentes. Aunque, todo sea dicho, se las arregló para asombrar a propios y extraños cuando consiguió hacerse oír en el estadio sin micrófono. En fin, es Patti y ella siempre es así, así que la tomas o la dejas. Vídeo

Hall & Oates: Una de las parejas más exitosas del momento, que llevaban tres discos consecutivos arrasando en Estados Unidos. Sonaron correctos, pero demasiado asépticos, y como era de esperar terminaron sufriendo el Síndrome 1985. Entonces aún se encontraban en la cumbre (hoy parece increíble que estuviesen entre los nombres cabeceros del cartel americano), pero después de Live Aid y el ascenso de cosas como U2 o INXS, su carrera estaba condenada a decaer. Vídeo

Mick Jagger: Floja actuación, con dos mediocres canciones de su primer disco en solitario, porque eran los años en que Jagger estaba empeñado en demostrar (sin convencer a nadie) que era algo más que el cantante de los Rolling Stones. La cosa solamente fue soportable cuando interpretó el viejo tema discotequero de los Stones, «Miss You», aunque tampoco en una versión particularmente brillante. Escénicamente hablando, Jagger estaba en forma, pero se ponía de manifiesto lo que mucha gente ya opinaba por entonces: que sin los Rolling Stones seguía siendo un gran frontman, pero producía una música de interés tendente a cero. Vídeo.

Mick Jagger y Tina Turner: El asunto mejoró instantáneamente cuando Tina Turner apareció sobre las tablas para caldear el ambiente con su característica energía. Resulta evidente que existe una tremenda química entre Jagger y Tina, tanto en lo escénico como en lo vocal. Aunque las versiones que hicieron de «State of Shock« y «It’s Only Rock & Roll» fueron bastante caóticas, desde luego hubo espectáculo, con momentos pensados para las portadas, como aquel en que Mick Jagger le quitaba la falda a su compañera. Ya digo: musicalmente irregular, pero puro entretenimiento. Donde iba Tina había terremoto asegurado. Vídeo.

Bob Dylan: El último artista del cartel ocupaba ese lugar de privilegio gracias a su inmensa leyenda. Acompañado por Keith Richards y Roon Wood, Dylan ofreció una actuación acústica en la que, aparte de un sonido mal amplificado, tocó canciones poco conocidas, rompió una cuerda e interrumpió la canción para cambiarle la guitarra a Wood, pareció distraído por los problemas técnicos, preguntó al público «¿Se me oye?» y «¿Suena todo bien ahí fuera?» (en realidad, les habían desconectado los monitores de escenario así que ¡no oían lo que estaban tocando!). En fin, un cúmulo de errores e inconvenientes que terminaron sumándose para producir una sensación de desastre general. Además, Dylan enfureció a Geldof sugiriendo que parte del dinero recaudado para África debería ir destinado a pagar las hipotecas de los granjeros estadounidenses, que en aquella época estaban metidos en serios problemas. Aunque el irlandés Geldof y muchos otros británicos se sintieron perplejos o escandalizados por lo que consideraron un arrebato chauvinista del cantautor estadounidense, aquello le dio una idea al gran Willie Nelson, quien casi de inmediato comenzó a organizar el festival Farm Aid en ayuda de dichos granjeros. Pero bueno, volviendo a lo musical, la aparición de Dylan en el Live Aid fue una debacle, el público se sintió decepcionado y todo había sonado tan mal que muchos creyeron que Dylan, Richards y Wood ni siquiera se habían molestado en ensayar ni una sola vez. Más tarde se demostró que sí habían ensayado, porque lo habían grabado; de hecho, se escuchaba a un eufórico Keith Richards diciendo «¡Vamos a hacer historia!» (¡Oh, qué sonrojo!). Pese al entusiasmo irrealista de Richards, el ensayo no había sido suficiente a ojos de Ron Wood, el sido el único que había tenido dos dedos de frente al sugerir seguir practicando los canciones durante el viaje a Philadelphia, tocando juntos en un autobús. Sin embargo, un Dylan desconectado de la realidad quiso que cada uno viajase en su propia limousine, así que todo el planeta pudo ver el resultado de esa desidia. La carrera de Bob Dylan, entonces ya en entredicho por su empeño en hacer música cristiana, sufrió un severo golpe. Su imagen quedó dañada, la crítica se cebó con sus dos siguientes discos y Dylan no levantó cabeza hasta publicar Oh Mercy, pero durante algunos años, aunque ahora parezca mentira, llegó a parecer que estaba definitivamente acabado. Eso sí, incluso después de su resurrección ya habían terminado sus días como cabeza de cartel para cerrar un gran evento. Aquel día demostró al mundo entero que no era fiable y que lo mismo ofrecía un show brillante como aburría o desconcertaba al personal. Algo que en 2015 ya sabemos perfectamente, pero que entonces la gente descubrió gracias al Live Aid. Vean el desastre: Vídeo.

Circunstancias varias convirtieron la actuación de Bob Dylan en un fiasco (foto: NBC)
Circunstancias varias convirtieron la actuación de Bob Dylan en un fiasco (foto: NBC)

23) Cierre en Philadelphia

We are the World: El previsible final con numerosas estrellas unidas para cantar la famosa canción, que por momentos se transformó en una cómica y ridícula competición para ver quién hacía más gorgoritos y llamaba más la atención (vean por ejemplo el minuto 3:11 del enlace, ¡hilarante!). En fin, un cierre sin nada de particular excepto la colección de peinados absurdos y la cara de Santa Teresa que pone Cher, que debía de estar contemplando una aparición del Altísimo. Vídeo

24) Epílogo: Los que eran esperados pero no estuvieron

En su día, Live Aid fue notorio no solamente por quienes actuaron en él, sino por quienes faltaron. A ojos de Bob Geldof eran poco menos que herejes, gente egoísta e impía, indigna de su altura moral (sí; el logo de Twitter podría perfectamente ser cambiado por la cara de Geldof). Repasemos algunas de las más sonadas ausencias, las que más se comentaron en su momento:

Bruce Springsteen rehusó la oferta porque quería descansar de sus giras y además se acababa de casar. Más tarde admitió que se arrepintió de la decisión en cuanto vio la magnitud que el festival había adquirido.

Prince no quiso actuar, parece ser, por miedo a sufrir un atentado debido al escándalo que sus discos habían provocado entre cristianos fundamentalistas. Era una postura un poco paranoica, pero en los EE. UU. de los ochenta todo era posible, recordemos que no hacía mucho habían disparado a Reagan, así que teóricamente nadie estaba a salvo y mucho menos él. Una lástima, porque Prince, que jamás fallaba en directo, hubiese sido otro de los momentos álgidos.

Stevie Wonder aceptó participar, pero después, viendo que había pocos artistas afroamericanos en el cartel, se echó atrás y le dijo a Geldof que «no quería ser el negro de la película».

Michael Jackson dijo que no, se supone que por idénticos motivos a los de Stevie Wonder, y entre bastidores se rumoreó que ambos llegaron a intentar organizar un boicot racial al evento por la escasez de músicos negros. Aunque Geldof y los suyos mencionaron la dificultad para que otros artistas negros estadounidenses se subieran al carro del festival, no sé hasta qué punto esto tendría que ver con el supuesto boicot.

AC/DC rehusaron aparecer y ni siquiera se molestaron en ofrecer un motivo, lo cual llamó mucho la atención. A la gente le extrañó esa actitud. No estaban de gira ni grabando, así que nada les impedía formar parte del festival. Además, tenían fama de conectar bien con los proletarios del mundo. Con los años, sin embargo, su cantante Brian Johnson ha hablado con ácido escepticismo sobre estas iniciativas de caridad-espectáculo, lo cual da una buena indicación de por dónde iban los tiros en su negativa.

Frank Zappa, en una similar línea de similar escepticismo, se negó a aparecer porque pensaba que el dinero recaudado no terminaría en África y se perdería por el camino. Así lo dijo públicamente, sin cortarse, como era habitual en él. Además expresaba su sospecha que el backstage terminaría convertido en un despilfarro de dinero por culpa de las drogas (lo cual, efectivamente, sucedió).

Deep Purple sí habían confirmado que iban a aparecer y planeaban actuar vía satélite, por lo que ni siquiera tenían que hacer el esfuerzo de desplazarse a alguno de los dos estadios. Todo iba bien hasta que su temperamental guitarrista Ritchie Blackmore dijo sencillamente que no le daba la gana participar. Como de costumbre por entonces, se hizo lo que quería Blackmore, sin más explicaciones necesarias.

Eurythmics estaban anunciados pero su cantante Annie Lennox sufrió repentinos problemas de garganta y prefirió no pifiarla ante millones de telespectadores, aunque es difícil que ni estando enferma lo hubiese hecho peor que Madonna.

– Beatles. Sí, han leído bien. Como Paul McCArtney iba a estar en el festival, Bob Geldof trató de reunir a los otros dos miembros supervivientes para interpretar «Let It Be» junto al hijo de John Lennon, Julian (también previsto en el cartel como invitado, pero que no sabía nada del asunto). George Harrison, muy en su línea, se mostró irónico ante la propuesta y la rechazó. Ringo Starr tampoco parecía tener muchas ganas.

– Julian Lennon iba a actuar junto a Sting y Phil Collins, pero en cuanto supo por la prensa que Geldof planeaba una reunión de los Beatles con él ocupando el lugar de su difunto padre, se cabreó y le dijo a Geldof que no contase con él para ninguna de las dos cosas.

Paul Simon dijo que acudiría al festival hasta que empezó a notar que Geldof lo estaba presionando para que actuase junto a su antiguo compañero Art Garfunkel, con el que no se llevaba nada bien, y entonces renunció.

– Rolling Stones. Geldof se dirigió a su bajista Bill Wyman para que los Rolling Stones actuasen en Live Aid, pero Wyman le dijo: «Ni lo intentes, a Keith Richards estas cosas le importan una mierda». Así que los Stones no estuvieron aunque, paradójicamente, Richards, Ronnie Wood y Mick Jagger terminaron actuando por separado. Así que, o es que era Wyman el que no quería, o es que de verdad preferían no verse.

Pink Floyd sopesaron la idea de participar y, aunque de entrada no confirmaron su asistencia, tampoco se negaron. Finalmente, sin embargo, no aparecieron porque la ruptura con su hasta entonces líder Roger Waters se había convertido en un hecho irreparable.

Cyndi Lauper dijo que no por motivos desconocidos, aunque la rumorología (y los diarios de Joan Baez, la Radio Patio oficial del evento) hablaban de que estaba sometiéndose a algún tipo de cirugía «de la que nunca ha querido hablar», como sugiriendo un aborto o algo parecido.

Billy Joel dijo que sí y de hecho tenía ganas de formar parte del festival, pero justo en aquel momento los miembros de su banda estaban ocupados en otras giras y no consiguió reunir grupo de acompañamiento a tiempo. Al contrario que Phil Colllins, Billy Joel no se atrevió a actuar en solitario. Qué ironía: Billy Joel, pianista acostumbradísimo a actuar solo con su piano cuando la situación lo requería, no se atreve a salir. Pero Phil Collins, batería, sí se atreve a martirizar al mundo con el piano. El mundo al revés.

Rod Stewart aceptó participar pero tampoco consiguió reunir a su banda de acompañamiento, así que terminó echándose atrás por el mismo motivo que Billy Joel.

Frankie Goes to Hollywood se negaron pese a la insistencia de su cantante en que debían participar, Después, el cantante calificaría la decisión como «el mayor error de nuestra carrera», aunque personalmente dudo que hubiesen sobrevivido al Síndrome 1985.

Kris Kristofferson quería actuar, pero como nadie se puso en contacto directamente con él, pensó que simplemente no le habían llamado. Después, para su disgusto, supo que Bob Geldof sí había telefoneado a su mánager, pero que este, sin consultarle, había declinado la oferta, por lo que Geldof, había dado por hecho que Kristofferson no estaba interesado. Fíese usted de sus mánagers.

Tears for Fears habían confirmado su asistencia, pero solamente unos días antes del festival dos de los músicos contratados de la banda decidieron dejarlos plantados, lo cual huele bastante a venganza contra los jefes por alguna injusticia laboral.

The Kinks no fueron llamados por Geldof. Aun así, pidieron participar, pero desde la organización alguien les dijo que Geldof estaba buscando únicamente a «nombres famosos». Ouch. Geldofazo en todo el rostro.

Thin Lizzy se habían separado, pero como su líder Phil Lynott era paisano de Geldof, sus amigos comunes estaban convencidos de que este lo llamaría para que los Lizzy protagonizasen una reunión en el Live Aid. Pensaban que sería una manera de sacar a Lynott del agujero de depresión y drogadicción en el que estaba metido. Pero la llamada de Geldof nunca se produjo y el festival se celebró sin Lynott. Sabiendo que habían perdido una oportunidad histórica, el genio irlandés se sintió hundido y continuó con su espiral de autodestrucción hasta morir meses después. En este caso no se cumplió el refrán de «la caridad empieza por los de casa».

Y ahora, si me disculpan, voy a intentar recuperarme de la sobredosis de ochenterismo cubriendo las paredes de mi casa con telas negras y escuchando grabaciones de tormentas, de cantos de ballenas o cualquier otra cosa que se parezca lo menos posible a los Thompson Twins.


¿Qué estrella del rock ha envejecido peor?

Durante estos últimos días hemos leído con gran alborozo que el próximo 25 de junio darán un concierto en España nada menos que los Rolling Stones. Basta escuchar ese nombre y a cualquiera le viene a la mente la mitología que rodea al rock and roll. Ya saben, todo aquello del estilo de «vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver». Aunque vive Dios que esto último no lo podrán cumplir Mick Jagger y Keith Richards… y si nos ponemos a pensarlo, otros muchos tampoco. ¿No se supone que un roquero debe morir a los veintisiete años para convertirse en leyenda? No nos malinterpreten, no es que queramos afearle a nadie que sea remolón a la hora de dejar este mundo, que será horrible pero es mejor a que no haya ninguno. Les deseamos a todos una larga y próspera vida; dif tor heh smusma, como dicen en las afueras de Bilbao. La cuestión es que a algunos el envejecimiento en vez de convertirlos en un buen vino los ha avinagrado: bien sea secando su creatividad, tornando su rebeldía en impostura o haciéndonos temer que si tropiezan sobre el escenario acaben más desmontados que Mister Potato. Pero escoger solo a uno como ejemplo no es sencillo, así que apelamos a la sabiduría de nuestros lectores para que decidan cuál, o añadan algún otro si lo consideran conveniente, evitando la tentación de señalar a Ozzy Osbourne, pues su deambular errante por el escenario desafinando y dando palmas como una entrañable tía abuela del pueblo es cosa de su esencia y no del paso del tiempo.

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Axl Rose

Foto: Cordon Press.
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El cantante de Guns N´Roses lo tenía todo en 1988. Uno de los mejores discos de la década. Un país a sus pies, tres canciones sonando a todas horas en las emisoras comerciales y un grupo que era la mezcla perfecta entre Aerosmith, Rolling Stones y Sex Pistols. ¿Y qué hizo? Sacar un disco cuádruple que saturó el mercado, cambiar un look maravilloso por pantalones de ciclista y entrar en una crisis creativa de quince añitos de nada. En su reaparición lo tenía todo. Implantes capilares, botox, era de color rosa intenso y podía presumir de la prototípica cara de señora mayor de las estrellas de rock crepusculares. Estaba hecho un San Luis, nombre, por cierto, de la bella localidad donde se lanzó a pegar al público por un quítame allá esas pajas en 1991.

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Steven Tyler

Foto: Cordon Press.
Foto: Cordon Press.

Durante los años setenta su grupo fue la banda sonora de todos los mascachapas del medio oeste americano. Antes de que el rap y otras historias conquistaran el tierno corazón de la gente que roba coches, el sexo, la droga y el rock and roll tenían en este caballero y su guitarrista la sede vaticana. Y así les fue: apodados como los «Toxic Twins», su última entrada en rehabilitación data de 2008. Ni los marines que son lanzados en mitad del desierto en misiones ultrasecretas habrán castigado más su cuerpo que este caballerete. Hoy su rostro hace que el logotipo de Risi parezca obra de los más concienzudos artistas realistas soviéticos. Unas caras son un poema y otras, el mensaje que quiere transmitirnos la selección natural.

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Rod Stewart

Foto: Cordon Press.
Foto: Cordon Press.

Ha sido toda la vida el perfecto gentleman inglés. Es decir, con su traje y corbata, sus baladas románticas. En sus ratos libres gustaba de oler una rosa perfumada y beber hasta amanecer semidesnudo tirado en la calle debatiéndose entre la vida y la muerte por un coma etílico como es tradición de tantos hermanos británicos en la Costa Brava. Sin embargo, no podemos decir que no se haya cuidado. Tal y como reveló en su última biografía publicada, siempre se metió la cocaína en bolitas por el culo para no dañarse las cuerdas vocales. No obstante, hoy en día las nuevas generaciones le sitúan en el mapa por aquella actuación en South Park en la que salía cantando «Po-pooooooo» porque la mítica leyenda se hacía caca. Su mejor momento «estrella del rock que parece una señora mayor» llegó cuando lloró en el palco porque su Celtic le dio candela al Barça en un partido matasuegras de la Champions.

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Bono

Foto: Cordon Press.
Foto: Cordon Press.

Este hombre lo deja todo perdido de paz y amor allá donde va, si le dejásemos nos arreglaba el planeta en una semana. Pero hubo un tiempo en que además cantaba. Quizá con una voz no muy potente, pero sin duda grandes temas. U2 marcaron los años ochenta y comienzos de los noventa con The Joshua Tree y Achtung Baby. En ese momento su estilo pareció evolucionar de forma interesante pero finalmente se desorientaron y optaron por encasillarse en lo que podríamos definir como el ¡Murcia, qué hermosa eres! del pop-rock internacional. Perdimos un extraordinario grupo pero ganamos un santo, algo es algo.

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Bruce Springsteen

Foto: Cordon Press.
Foto: Cordon Press.

No es que haya envejecido mal, es que su empeño por dar la tabarra al resto del mundo durante el mayor tiempo posible es cada año que pasa más concienzudo, y por lo tanto no está de más que pongamos nuestro granito de arena para lograr que pare ya. Por favor, Bruce, deja ya de sumir a las masas en ese estado de estupor que solamente tres horas y media de concierto pueden lograr y déjales que vivan algo de la vida que les queda. Vete a casa, cómprate un tractor sin cabina, córtate las uñas con un cuchillo Bowie, zámpate tres kilos de chuletones ternera Hereford mientras lloras por el medio ambiente y los ríos limpios de Nebraska. Haz lo que te dé la gana, pero no nos lo cuentes más veces. Ten piedad [*].

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Liam Gallagher

Foto: Cordon Press.
Foto: Cordon Press.

Pues ahí lo ven con cuarenta y un años, demostrando señorío. Desde los mismos comienzos de su sensacional Definitely Maybe se metió en el papel de estrella del rock constantemente drogada y metida en peleas. Se le perdonaba todo por su voz genuina y esa pose chulesca sobre el escenario que tan bien le quedaba, pero en la enésima discusión con su hermano la banda terminó disolviéndose. El remate fue la ceremonia de los Juegos Olímpicos de Londres, donde esa voz de antaño se convirtió en un graznido irreconocible. Parece que ese tabique nasal que aguantó tanta fiesta dijo «hasta aquí hemos llegado» y también había terminado disolviéndose.

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Keith Richards

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Foto: Cordon Press.
Foto: Cordon Press.

En este caso lo de envejecer es relativo pues luce la misma cara de encurtido desde hace cuarenta años. Un tiempo en el que en torno a este hombre han circulado tal cantidad de leyendas y tan estrafalarias que eso hace que nos merezca un respeto. Podrán ser falsas, pero el hecho de que se les dé credibilidad, de que alguien le crea realmente capaz de protagonizarlas, indica que no estamos ante un cualquiera. Se ha metido en el papel, desde luego, el problema es que con el paso de los años parece que acaba eclipsando al músico que hay detrás. Lo cierto es que ha llegado a una edad y aspecto en el que ya no es impostura roquera ni pose hedonista decir que vive cada día como si fuera el último. Esperemos que aguante hasta el 25 de junio.

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Mark Knopfler

Foto: Cordon Press.
Foto: Cordon Press.

¿A cuántos patillitas malasañeros se ha escuchado declamar a los cuatro vientos que los solos de guitarra son un coñazo, que son la grasa cancerígena de toda canción, que son los fuegos de artificio que mataron al rock and roll y a su espontaneidad? ¿A cuántos se les ha oído recitar esa barbaridad para recibir como respuesta gestos de aprobación y una canción de Los Planetas dedicada desde la cabina del pincha? No lo intenten, aún no se ha inventado la ciencia estadística que pueda contabilizarlos a todos con la suficiente precisión, pero son muchos más de los que podría soportar cualquier sociedad civilizada pero muchos menos de los que podría esperarse después de casi cuatro décadas sometidos a los castigos del sultán del swing y rey de las muñequeras. Bien mirado, no es justo decir que ha envejecido mal un tipo que ya en sus años mozos se plantaba en un escenario disfrazado de adicto al gym jazz y las máquinas de spinning, porque alguien así es seguro que prácticamente nació póstumo, pero el daño que le ha hecho al rock —y a otros géneros de los que solo a costa de varias noches de insomnio podemos recordar que se ha aproximado para torturarlos nos obligan a incluirlo aquí. Mark Knopfler, el guitarrista que hizo llorar de felicidad a tu padre cuando le pusiste en el coche el casete del Alchemy, porque tardó apenas lo que dura la intro de «Once Upon a Time in the West» en sentirse mucho más joven que tú. Gracias, Mark.

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James Hetfield

Foto: Cordon Press.
Foto: Cordon Press.

Hubo un tiempo en el que los cuatro jinetes reinaban en los escenarios como heraldos del caos y la violencia verbal. Un tiempo en el que su Live Shit: Binge & Purge ostentaba el récord de álbum en directo con mayor número de palabras malsonantes, blasfemias e interpelaciones insultantes al público por minuto. En lo estrictamente musical podemos celebrar que el disco Death Magnetic purgara en cierta medida la colección de despropósitos que el grupo protagonizó con St. Anger, el tremebundo documental de su grabación y sus circunstancias, pero por lo demás debemos lamentar que aquello desembocara en su abandono del alcohol y la actitud de frontman taciturno y amenazante. Ahora acudimos a uno de sus directos y nos encontramos ante un señor que pasó la crisis de los cuarenta llenando su cuerpo de tatuajes carcelarios y experimentando demenciales evoluciones capilares, pero en contraste desea convertir el concierto en una especie de celebración hippie de la paz, el amor, la unidad frente a los embates de la vida, los valores familiares y el buen rollo. Un señor que te podrías encontrar en un parque vigilando muy preocupado por si los niños se hacen daño en los columpios o caen en las garras del botellón. No puedes cantar «Seek and Destroy» mientras explicas que ahora somos todos una gran familia y que «Metallica loves you». Es desconcertante.

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Glen Benton

Foto: Larry Meiring (CC)
Foto: Larry Meiring (CC)

No es que estemos esperando la muerte del bueno de Glen, bajista y vocalista del grupo de death metal Deicide, por nada personal. Se trata de pura coherencia. Y es que el autodenominado satánico de Florida, entre berrido y berrido, dijo que para llevar una vida opuesta a la de Jesucristo se suicidaría a los treinta y tres años. Esto lo estuvo pregonando muy gallito durante todos los noventa, hasta que al llegar el año 2000, cuando Glen cumplía los dichosos treinta y tres, se hizo el loco. Pero no el loco habitual que venía siendo un tipo que se quemaba crucifijos invertidos en los brazos o decía mantener amenas conversaciones con Lucifer, no. Se hizo el loco en plan hacerse el sueco. Catorce años después sigue envejeciendo y cuando le sacan el tema dice que solo los cobardes y los perdedores eligen suicidarse. Un poco de dignidad, caballero.

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Gene Simmons

Foto: Cordon Press.
Foto: Cordon Press.

La idea fue formar un grupo para adolescentes, pintarse las cara, juguetear a ser reinonas encima de unas plataformas, sacar mucho la lengua y hacer correr absurdas historias sobre injertos y otras barbaridades que solo un mundo que estaba dispuesto a creer que el rock sinfónico era algo parecido a la música estaba dispuesto a tragarse. Que detrás de todo ello únicamente estuviese la codicia y el afán de riqueza no le podría parecer mal a nadie, pero un señor mayor vestido como un Robocop travestido del infierno, lamiéndose la barbilla y pintarrajeado como la duquesa de Alba, ya no hace mucha gracia. Parad ya, por favor.

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Iggy Pop

Foto: Cordon Press.
Foto: Cordon Press.

El terror de Norteamérica, el precursor del punk, alguien que ha hecho circular historias sobre drogas y filias sexuales que si hubieran sido filmadas muchos no dudarían en calificar como snuff. La Iguana —qué clase de hombre vive en paz consigo mismo después de asignarse ese alias—, el cantante de rock que esculpió sus abdominales a golpe de chute de heroína barata y alguna automutilación. Ese hombre que puso fin su leyenda anunciando Schweppes de limón. De limón. Llorad, llorad, hijos del underground.

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[*] La Dirección de Jot Down Magazine descubrirá cuál de los firmantes ha escrito la parte de Bruce Springsteen y tomará las medidas oportunas.


Ocho razones para no añorar los 80

Faltan el policía, el indio y el obrero. Imagen promocional de Manowar.

1. Los Dire Straits: el conjunto musical más soporífero y sin sangre que ha hollado un escenario. Escuchar su obra podría resultar más fulminante que leer la biografía de un notario tras ingerir media caja de Lorazepam, si es que alguien se arriesgara a llevar a cabo el experimento. A escuchar sus discos, me refiero. Grupo de cabecera del arquetípico yuppie ochentero, las muñequeras de tenis y la cinta para la cabeza de Mark Knopfler brillando como neón podrían ser el resumen estético de la época si no fuera porque un poquito más allá, tras la sombra del líder, se encontraba el bajista John Illsley con esas inolvidables (por lo traumáticas) americanas blancas de sobredimensionadas hombreras y el casquete capilar de melenita rizada. No sin razón declararía Vince Neil, un icono bastante más sucio de la misma década, que es imposible rockear duro si se tiene el pelo rizado.

2. El jevi: así, con jota. Con jota de jincho. Muy lejos del respeto que merecen los padres del invento en la década anterior o los revitalizadores de la primera mitad de la posterior. La colección de garrulos que durante los ochenta sacudieron al rock desde todos los subestilos con melenas cardadas, portadas que harían sangrar los ojos de un lector del Creepy, mallas a rayas, excesos escénicos, estremecedoras canciones que uno identifica automáticamente con la banda sonora de productos como Noche Miedo, absurdos solos de guitarra ejecutados al tun tún y los gritos propios de quien sufre el aplastamiento de cada uno de sus testículos contra la perneras del pantalón es interminable. Al final resultó que ellos eran la caricatura de Spinal Tap, en lugar de viceversa. Qué decir de los seguidores del invento, que han evolucionado desde el joven asocial y violento thrashmetalero, dispuesto a partirse la cara con joven asocial y violento glammetalero por un quítame allá esas pintas de nenaza, hasta el joven asocial y no violento de hoy, que se limita a soltar las hostias virtualmente en juegos de rol por ordenador mientras escucha a Blind Guardian. El ridículo no se crea ni se destruye, solamente se transforma. Tampoco quiero ser cruel, existen dos o tres grupos de la época mucho más que dignos, pero los fans jamás estuvieron a la altura.

3. Manowar: cuando digo dos o tres grupos dignos, desde luego no se puede incluir a estos. El equivalente musical a las películas de gladiadores. Portadas con hombres hipermusculados y aceitosos y letras que hablan del ardor guerrero, de grandes espadas, de somos los mejores y los más machos. Estos rasgos y la ciega lealtad profesada por una legión de seguidores que inexplicablemente siguen teniendo hoy día hacen pensar en una especie de secta de una heterosexualidad muy, pero que muy poco contrastada que ha creado su propio armario. Su líder, Joey DeMaio, no se cansa en explicar a quien lo quiera oír que su función en el planeta es acostarse con todas las mujeres que le salgan al paso. Un síntoma más de sobrecompensación, sobre todo si tenemos en cuenta que, sin ir más lejos, Dave Lee Roth es mucho más discreto en este sentido y tenemos la certeza de que se ha follado a todas las que en el mundo existen. Excepto a mi madre y a mi hermana. Porque no tengo. DeMaio, aquejado de una sospechosa homofobia puso en duda, además, la virilidad de grupos como Twisted Sister. Dee Snider contestó a esto retándole a un intercambio de hostias en Central Park. Todavía está esperando al valiente guerrero. No hay más preguntas, señoría.

4. La Movida: no me explico por qué no está en la Crónica Negra de las Españas. Mis únicas experiencias con ella han sido mediante material audiovisual, pero me basta para entender que quienes la vivieron terminaran atrapados por la droga. Hubiera sido insoportable pasar por ello sin ayuda farmacológica. La Movida, además, es el verdadero motivo por el que el centro liberal reformista de toda la vida se ha hecho con el poder en Madrid y nunca lo abandonará. El votante lleva grabado a fuego en algún lugar del inconsciente colectivo madrileño que la cultura promovida por el progresismo era esto: horror a manos llenas.

5. Los Dire Straits: si vosotros hubierais pasado vuestra primera infancia con estos sujetos sonando de fondo todo el maldito día en casa también lo repetiríais en una lista como ésta.

6. Madonna. En serio. Nadie en sus cabales se pondría un disco de esta tía, y su papel como icono gay está ampliamente superado. Las divas del pop actuales han logrado adelantarla por todas partes. Por un lado, yo mismo estaría dispuesto a tragarme un concierto de Lady Gaga y disfrutaría de su estrambótico espectáculo si se cumplieran dos condiciones: que alguien me pague la entrada y que me consiga unos tapones para los oídos infalibles. Al menos me reiría. Por otro, Katy Perry está buena de verdad.

7. El rock alcanzó la perfección en 1972. Esto está científicamente demostrado. Solo tienes que pinchar el Exile On Main Street y, tras escucharlo, el experimento da sus frutos. Después de esto ¿para qué más?

8. Todo lo demás.


Ocho razones para añorar los 80

Madonna, 1985. Fotografía: Herb Ritts / Cordon.

1. Echo & The Bunnymen: Solo por Crocodiles ya merecen ser salvados. Porque Ian McCulloch, tras su paso por lo que después serían los grandes (y breves) The Teardrop Explodes, se pegó el gustazo de formar uno de los mejores grupos que dio Liverpool en los 80 (aunque se formaran en el 78, sí).

2. El Glam/Hair Metal: Por esos “machotes” con mallas de colores, pecho descubierto y pelo cardado dando vida a los escenarios. Por grupos como Stryper, Def Leppard, Kiss, Quiet Riot, Poison o los patrios Sangre Azul. Verdaderos himnos si no contamos sus power ballads (y en algunos casos incluso podemos contarlas)

3. U2: Los de Dublín editaron sus mejores trabajos en esta década (October, War, Joshua Three o Rattle and Hum). Las letras políticas y el discurso de Bono era creíble (no como ahora) y Sunday Bloody Sunday y New Year’s Day eran los nuevos himnos de la juventud irlandesa.

4. El Acid Jazz: Es imposible no sonreír mientras estás escuchando algo de Galliano o Kyoto Jazz Massive. Fusión denostada por algunos puristas pero que nos ha dado grandes formaciones como las antes mentadas, Alcohol Jazz, Brooklyn Funk Essentials o The Brand New Heavies. Perfecto para un día soleado.

5. Depeche Mode: Probablemente sea uno de los grupos que más partido le ha sacado a los sintetizadores y a los samplers (más de 100 millones de discos vendidos en todo el mundo son un dato a tener en cuenta). Temas bailables y pasajes más oscuros que han sonado en la vida de todos en algún momento. It’s no good no te deja indiferente.

6. Madonna: Vogue, Like a virgin o Like a prayer están grabadas a fuego en mi cabeza, seguramente a consecuencia de tener una hermana mayor apoderada del tocadiscos durante mi infancia, o porque realmente esta mujer antes hacía música y no lo que viene haciendo en sus últimos trabajos. Sea por lo que sea, me veo obligado a salvarla de la quema.

7. Manowar: Ya sólo por la portada del Into Glory Ride merecen todo mi respeto. Seguramente sea la imagen más bochornosa que he visto como portada de disco, pero a la vez lleva esa chulería de la que siempre han hecho gala. ¿Que no han inventado nada? De acuerdo. ¿Que todas sus letras/títulos llevan siempre las mismas palabras? También. Pero me es imposible negar que le tengo cariño a las bravuconadas de De Maio y los still, metal, brother, sword, etc. de Adams. Son altamente entrañables a pesar de su pose y de joder más de un concierto al cuarto de hora.

8. Dire Straits: Lo confieso, no me duermo ante las melodías de Knopfler, ¿sorprendidos? Es más, puedo asegurar que incluso me emociono con temas como Telegraph Road, Romeo and Juliet o Sultans of Swing. Y es que me gusta el sonido que saca Knopfler a sus Fender, Pensa Shure o a un palo de escoba con cuerdas, porque este hombre lo hará sonar y sonará a él. Fraseos y sonido inconfundibles sumados a buenas composiciones. Creo que me voy a poner las muñequeras, la cinta en la cabeza y me voy a jugar un partido de tenis con mis otros socios.