La visión bibilioteconómica del mundo

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Jorge Luis Borges, «Poema de los dones»

Hay diversas maneras de ver el mundo y de contar su historia. Algunas se excluyen mutuamente, otras se ignoran y unas cuantas se complementan; pero, por un motivo u otro, todas merecen ser conocidas. Una de ellas es la que podríamos llamar la visión biblioteconómica del mundo (VBM), según la cual el libro es la culminación de un proceso evolutivo que comienza con la materia inanimada, se inflama con la vida y se ilumina con la consciencia. Y la luz de la consciencia se condensa en la palabra (la carne se hace verbo), que a su vez cristaliza en la escritura.

El libro sería, por tanto, epítome y emblema de la consciencia y de su continuidad. Poco importa, a efectos teóricos (aunque mucho a efectos prácticos), que el soporte de la escritura sea la piedra, el papel o el silicio (otra vez la piedra): un hilo de palabras salvadas de su volatilidad originaria sería, según la VBM, el máximo logro de la consciencia y, por ende, del universo.

Por consiguiente, una manera de dar curso a las veleidades teleológicas de la mente humana es imaginar que el objeto último de la evolución es la consecución de una biblioteca definitiva (es decir, inaugural). Una —la— Biblioteca con mayúscula, plena, completa, en un sentido no meramente acumulativo, sino orgánico, de la completitud.

En el marco de esta VBM, el ser humano —sin menoscabo de otras funciones, valores o sentidos— puede considerarse el lugar de encuentro de los libros, su ágora y su palestra: en él se despliegan y se confrontan, compiten y se aparean, y en algunos casos logran reproducirse, empujando a su huésped a escribir un nuevo libro. En algunos casos o en todos, a poco que ampliemos el concepto de libro, pues todo ser humano es —aunque no solo eso— un libro electrónico, un ebook alojado en el disco blando del cerebro. Y en el caso del Homo legens (y todos leemos continuamente, a poco que ampliemos el concepto de lectura), ese liberántropo crece al amor de otros libros, lucha y se funde con ellos. El esse est percipi aut percipere de Berkeley se resuelve en «ser es leer y ser leído».

La biblioteca total

«El Universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales». Así comienza «La biblioteca de Babel», un cuento de Jorge Luis Borges inspirado en «La biblioteca universal», de Kurd Lasswitz.

De «La biblioteca de Babel» cabe destacar la identificación del universo con la biblioteca (posteriormente, en uno de sus poemas más famosos, el «Poema de los dones», Borges daría un paso más —un salto cualitativo— e identificaría la biblioteca con el paraíso). Pero ese arranque prometedor no conduce a una VBM propiamente dicha: como a menudo ocurre con los cuentos de Borges, «La biblioteca de Babel» se agota en el planteamiento, y las divagaciones del desarrollo poco añaden al sugerente inicio.

En cualquier caso, es interesante asomarse, conteniendo la respiración y el vértigo, a los monstruosos números que se desprenden tanto del relato de Lasswitz como del de Borges.

La biblioteca universal de Lasswitz se compone de volúmenes de 500 páginas con 40 líneas por página y 50 caracteres por línea, o sea, un millón de caracteres en total, y están escritos con un repertorio tipográfico de 100 signos, entre letras, cifras, símbolos y signos de puntuación (sin olvidar el espacio, el imprescindible cero de la escritura). Y puesto que para cada uno de los caracteres hay 100 posibilidades distintas y cada volumen contiene un millón de caracteres, el número de combinaciones —variaciones con repetición, en la jerga matemática— es 100 elevado a la potencia un millón, o sea, un uno seguido de dos millones de ceros. Si quisiéramos escribir ese número monstruoso en una larguísima tira de papel, tardaríamos varias semanas y tendría unos tres kilómetros de longitud.

«La biblioteca universal» es algo menor: sus tomos tienen 410 páginas cada uno, con 40 renglones en cada página y 80 caracteres por renglón: un total de 1 312 000 caracteres por tomo. Pero los signos utilizados no son 100, como en el caso anterior, sino solo 25: 22 letras más el punto, la coma y el espacio; por lo tanto, el número de posibles libros distintos será 25 elevado a la potencia 1 312 000. Aun siendo inconcebiblemente grande, la biblioteca de Babel es unas cien mil veces menor que la biblioteca universal de Lasswitz.

Obviamente, la inmensa mayoría de los libros de estas bibliotecas totales no tendrían ningún sentido. Si los colocáramos por orden creciente de complejidad, el primer libro sería literalmente un álbum, pues tendría todas las páginas en blanco, y el primer millón de libros siguientes solo contendrían la letra a, en todos los lugares posibles. Si nos centramos en los libros con sentido, el cálculo se complica en la misma medida en que se reduce el número, dada la dificultad —por no decir la imposibilidad— de determinar qué es un libro «con sentido». Aun así, se puede intentar una aproximación teórica a la desmesurada y elusiva tarea de construir una biblioteca universal significativa; una primera aproximación cuantitativa que, aunque burda, nos permita hacernos una idea de su orden de magnitud.  Y en este caso tal vez convenga comenzar por el final: los monumentales liberántropos, las biografías exhaustivas de todos los seres humanos que en el mundo han sido.

Toda vida humana es —aunque no solo eso— un flujo casi continuo de palabras y acciones describibles mediante palabras, y aunque la mayoría de esas palabras nunca son escritas y ni siquiera son objeto de una elaboración consciente (no son dichas ni «pensadas» en el sentido fuerte del término), de alguna manera configuran un libro, un enorme borrador grabado en circuitos neuronales propios y ajenos. Por lo tanto, todas las vidas que a lo largo de la historia han alcanzado el umbral del verbo merecen estar en nuestra enciclopedia biográfica universal, desde las más breves hasta las más largas, que, al escribirlas, llenarían unos cuarenta mil volúmenes de unas trescientas páginas en el caso de los centenarios (puesto que se tarda unos cinco minutos en leer una página estándar y, por tanto, en cada página se consignarían unos cinco minutos de vida, o sea, un día por volumen).

Teniendo en cuenta que hasta ahora han existido unos cien mil millones de humanos parlantes (valga el pleonasmo, puesto que humanidad y lenguaje son inseparables), a una media de diez mil volúmenes por vida, la enciclopedia biográfica universal contendría unos mil billones de volúmenes. Una estantería de diez niveles que los contuviera todos llegaría hasta los confines del sistema solar. En el límite, la enciclopedia biográfica universal coincidiría con la biblioteca definitiva (es decir, inaugural), pues las exhaustivas biografías incluirían todas las obras y experiencias de los biografiados, o sea, todo el saber humano. Así, en los veinte mil volúmenes dedicados a los cincuenta y dos años de vida de Shakespeare estarían contenidas sus obras completas, acompañadas, además, de todos sus borradores y todas las reflexiones asociadas a los procesos creativos del autor.

Solo hemos podido escribir una mínima e insegura parte de la biografía de Shakespeare; pero estamos cerca de poder registrar exhaustivamente el decurso de las vidas humanas. Cada vez más datos de nuestra actividad cotidiana son capturados, procesados y almacenados con o sin nuestro conocimiento, con o sin nuestro permiso, y tanto la ciencia ficción más audaz como la futurología más prudente han especulado sobre la posibilidad de un registro total de la información, en un mundo sin privacidad y sin olvido.

(Continuará)


Contra Amazon: siete razones / un manifiesto

Foto: Cordon.

 I: Porque no quiero ser cómplice de la expropiación simbólica.

Durante cincuenta y cinco años ese edificio, uno de los pocos ejemplos de arquitectura industrial moderna de Barcelona, fue la sede de la editorial Gustavo Gili. Ahora, tras una remodelación que ha costado varios millones de euros, se ha convertido en la central de operaciones de Amazon en esta ciudad. Gracias a toda esa tecnología de la eficiencia y la inmediatez que ahora alberga, Barcelona es ya una de las cuarenta y cinco ciudades del mundo en que la empresa asegura la entrega del producto en una hora. La librería Canuda, que cerró en 2013 tras más de ochenta años de existencia, es ahora un Mango de proporciones faraónicas. La centenaria librería Catalònia es ahora un McDonald’s con decoración modernista y kitsch. La expropiación es literal, física, pero también simbólica.

Si escribes en Google «Amazon librería» te aparecen decenas de links a páginas de Amazon donde se venden estanterías. No me cansaré de repetirlo: Amazon no es una librería, sino un hipermercado. En sus almacenes los libros están colocados al lado de las tostadoras, los juguetes o los monopatines. En sus nuevas librerías físicas los libros están colocados de frente, porque solo exhiben los cinco mil más vendidos y valorados por sus clientes, muy lejos de la cantidad y del riesgo que caracterizan a las auténticas librerías. Ahora se plantea repetir la misma operación con pequeños supermercados. Para Amazon no hay diferencia entre la institución cultural y el establecimiento alimenticio y comercial.

La historia de Bezos es la de una larga expropiación simbólica. Escogió la venta de libros y no de aparatos electrónicos porque vio un nicho de mercado: no todos los títulos disponibles cabían en las librerías y él sí podía ofrecerlos todos. En los años noventa había pocos competidores de gran tamaño (sobre todo Barnes & Nobles y Borders) y los distribuidores ya tenían el catálogo adaptado a la época digital, con los códigos ISBN incorporados. Por eso hizo un curso de la Asociación de Libreros Americanos y se apropió en un tiempo récord del prestigio que los libros habían ido acumulando durante siglos.

Todavía hoy, cuando Amazon produce series de televisión, ofrece música online, acaba de incorporar a su oferta piezas de coches y de motocicletas y se plantea ser operador de telefonía móvil, todo el mundo vincula esa marca con el objeto y el símbolo que llamamos libro. El Kindle, desde su lanzamiento en 2007, ha imitado la forma de las páginas y el tono de la tinta. Por suerte, el tacto vegetal y el olor a lignina no son de momento reproducibles en la pantalla. Para bien o para mal, todavía no somos capaces de recordar con la misma precisión lo que leímos en papel y lo que leímos en e-book. Las transiciones arquitectónicas son rápidas; no tanto, por suerte, las mentales.

II: Porque todos somos cíborgs, pero no robots.

Todos llevamos implantes.

Todos dependemos de esa prótesis: nuestro teléfono móvil.

Todos somos cíborgs: bastante hombres, un poco máquinas.

Pero no queremos ser robots.

El trabajo que deben realizar los empleados de Amazon es robótico. Lo ha sido desde el principio: en 1994, cuando eran cinco personas trabajando en el garaje de la casa de Jeff Bezos en Seattle, ya estaban obsesionados con la rapidez. Lo ha sido durante veinte años, llenos de historias de estrés laboral y de acoso y de trato inhumano para lograr la maldita eficiencia extrema que solo es posible si eres una máquina.

Ahora los amazonians son auxiliados por robots Kiva, capaces de levantar trescientos cuarenta kilos de peso y de moverse a metro y medio por segundo. Sincronizados con los trabajadores humanos a través de un algoritmo, se ocupan de elevar los estantes para facilitar la recogida de los productos. Una vez se han reunido los productos que el cliente ha comprado, otra máquina, llamada Slam, con su gran cinta transportadora, se encarga de escanearlos y empaquetarlos.

Kiva y Slam son los productos de años de investigación. Amazon ha convocado competiciones de robots, en el marco de la International Conference on Robotics and Automation de Seattle, para perfeccionar su procesamiento de los pedidos. En una de las ediciones las máquinas diseñadas por el MIT o la Universidad Técnica de Berlín tenían que recoger en el menor tiempo posible un patito de goma, una bolsa de galletas Oreo, un perrito de juguete y un libro. Para Amazon no hay diferencia sustancial entre esas cuatro cosas. Son mercaderías de rango equivalente.

Pero no para nosotros.

Amazon ha eliminado progresivamente el factor humano. Durante los primeros años contó con redactores que escribían reseñas de los libros en venta; ahora ni siquiera hay mediación en el procedimiento de maquetar y subir a la red un libro autoeditado. Ha robotizado la cadena de distribución y pretende que los consumidores actuemos del mismo modo.

Pero no.

Porque para nosotros un libro es un libro es un libro.

Y su lectura —atención y regalo— es un rito, el eco del eco del eco de lo que fue sagrado.

III. Porque rechazo la hipocresía.

La gran vergüenza de Barcelona, ciudad de muchas y muy buenas librerías, ha sido la existencia durante veinticuatro años de la librería Europa, regentada por el neonazi Pedro Varela y un centro relevante de difusión de ideología antisemita. Por suerte, cerró el pasado mes de septiembre. En Amazon hay a la venta multitud de ediciones de Mein Kampf, muchas de ellas con prólogos y notas la mar de cuestionables. De hecho en 2013 el Congreso Mundial Judío alertó a la empresa de las decenas de libros negacionistas de que disponen sin cortapisas. Es decir, la librería Europa es cerrada por, entre otros delitos, incitar al odio, pero Amazon no. Pese a que en muchos países donde actúa sea delito negar el Holocausto.

Amazon defiende que no cree en la censura. Por eso mantuvo en venta, pese al clamor en contra, The Pedophile’s Guide to Love and Pleasure: a Child-lover’s Code of Conduct, de Phillip R. Graves, aunque finalmente tuvo que retirarlo. Antes ocurrió algo similar con Understanding Loved Boys and Boylovers, de David L. Riegel. Abogó por la posibilidad de que sus clientes accedan a esos libros que defienden el amor sensual a los niños, como lo hacen a los que promueven las ideas nazis, porque supuestamente no desea censurar. Sin embargo, lo cierto es que censura o privilegia los libros según le interesa. Durante su controversia con el grupo editorial Hachette de hace un par de años, la escritora Ursula K. Le Guin denunció que sus libros fueron más difíciles de encontrar en Amazon mientras duró la disputa.

Aparentemente lo único que importa es la rapidez y eficacia del servicio. Parece que no hay mediación. Que todo es automático, casi instantáneo. Pero detrás de todas esas operaciones individuales existe una gran estructura económica y política. Una estructura que presiona a las editoriales para obtener el máximo beneficio del producto, como hace con los fabricantes de monopatines o con los productores de pizzas congeladas. Una macroestructura que decide la visibilidad, el acceso, la influencia: que está moldeando nuestro futuro.

IV: Porque no quiero ser cómplice del neoimperio.

Interior del centro logístico de Amazon España en San Fernando de Henares, Madrid. Foto: Álvaro Ibáñez (CC).

En Amazon no hay libreros. La prescripción humana fue eliminada por ineficaz. Por torpedear la rapidez, el único valor de la empresa. La prescripción está en manos de un algoritmo. El algoritmo es el colmo de la fluidez. La máquina convierte al cliente en prescriptor. «Los clientes que compraron este producto también compraron…». La autoedición deja el proceso en manos del productor. Amazon elimina a los intermediarios o los hace invisibles (equivalentes a robots). Parece una máquina de ordenar. Aspira a ser tan fluida que parezca invisible. Eliminando los gastos de envío, regateando con sus grandes clientes para conseguir el menor precio posible para el cliente individual, Amazon parece barato. Muy barato. Pero ya sabemos que lo barato sale caro. Muy caro. Porque la invisibilidad es un camuflaje: todo es tan rápido, tan transparente, tan fluido, que parece que no hay intermediación. Pero sí la hay. La pagas en dinero y en datos.

Demanda, objetos, precios, envío: los procesos individuales se deshacen en la lógica inmaterial de la fluidez. Para Jeff Bezos —como para Google o Facebook— el píxel y el link pueden tener un correlato material: el mundo de las cosas puede funcionar del mismo modo como lo hace el mundo de los bytes. Las tres empresas comparten la voluntad imperialista de conquistar el planeta, defendiendo el acceso ilimitado a la información, a la comunicación y a los bienes de consumo, al mismo tiempo que hacen firmar a sus empleados contratos de confidencialidad, pergeñan complejas estrategias para no pagar impuestos en los países donde se radican y construyen un Estado paralelo, transversal, global, con sus propias reglas y leyes, con su propia burocracia y jerarquía, con sus propios policías. Y con sus propios servicios de inteligencia y con sus propios laboratorios ultrasecretos. Google [x], el centro de investigación y desarrollo de proyectos futuros de la empresa, se encuentra en un lugar indeterminado, más o menos cercano a los cuarteles centrales de la compañía. Su plan estrella es el desarrollo de unos globos estratosféricos que aseguren en diez años el acceso a internet de la mitad de la población mundial que actualmente está desconectada. El proyecto paralelo de Amazon es Amazon Prime Air, su red de reparto con drones, que actualmente son híbridos de avión y helicóptero, con un peso de veinticinco kilos. Desde el pasado mes de agosto ha cambiado la regulación de la Federal Aviation Administration de Estados Unidos, facilitando el vuelo de drones con motivos comerciales y haciendo que sea muy sencillo acceder al certificado de piloto de drones. Viva el lobbying. Que el cielo se llene de repartidores robóticos de galletas Oreo, perritos de peluche, monopatines, tostadoras, patitos de goma y… libros.

A diferencia de Facebook y de Google, que tienen que lidiar con la posibilidad de que tu nombre y tus datos sean falsos, que hacen todo lo posible para conseguir tu número de teléfono porque no te lo pidieron cuando abriste la cuenta, Amazon posee desde el principio todos tus datos reales, físicos, legales. Hasta tu número de tarjeta de crédito. Tal vez no accedan con tanta facilidad a tu perfil sentimental, emocional e intelectual como lo hacen Google o Facebook, pero en cambio saben casi todo lo que lees, lo que comes, lo que regalas. Es fácil deducir el perfil de tu corazón y de tu cerebro a partir de tus cosas. Y el imperio nació de las cosas que más prestigio cultural atesoran: los libros. Amazon se apropió del prestigio del libro. Construyó el mayor hipermercado del mundo con una gran cortina de humo en forma de biblioteca.

V: Porque no quiero que me espíen mientras leo.

Todo empezó con un dato.

En 1994 Bezos leyó que la World Wide Web crecía a un ritmo mensual de nuevos usuarios del 2300%, dejó su trabajo en Wall Street, se mudó a Seattle y decidió empezar a vender libros por internet.

Desde entonces los datos se han ido multiplicando, se han ido agrupando orgánicamente en forma de monstruo con tentáculos o de nube tormentosa o de segunda piel: nos hemos ido convirtiendo en datos. Los dejamos en las miles de operaciones cotidianas que dibujan nuestras huellas dactilares por internet. Los emiten los sensores de nuestro móvil. Estamos escribiendo constantemente nuestra autobiografía con nuestros teclados, con nuestras acciones, con nuestros pasos.

El pasado Día del Libro Amazon reveló cuáles son las frases más subrayadas durante estos cinco años de plataforma Kindle. Si lees en su dispositivo, lo saben todo sobre tus lecturas. En qué páginas las abandonas. Cuáles concluyes. A qué ritmo lees. Qué subrayas. La gran ventaja del libro en papel no es su portabilidad, su duración, su autonomía ni su relación íntima con nuestros procesos de memoria y aprendizaje, sino su desconexión permanente.

Cuando lees un libro en papel la energía y los datos que emites a través de tus ojos y tus dedos son solo tuyos. El Gran Hermano no puede espiarte. Nadie puede quitarte esa experiencia ni analizarla ni interpretarla: es solo tuya.

Por eso Amazon ha lanzado la campaña mundial «Kindle Reading Fund»: supuestamente para incentivar la lectura en los países pobres, en realidad para acostumbrar a una nueva generación de consumidores a leer en pantalla, para poder estudiarlos, para tener datificados los cinco continentes. Por eso el Grupo Planeta —corporación multimedia que aglutina a más de cien empresas y que es el sexto grupo de comunicación del mundo— está invirtiendo en escuelas de negocios, academias e instituciones universitarias: porque quiere mantener niveles altos de alfabetización que aseguren las ventas en el futuro de las novelas que hayan ganado el premio Planeta. A ver quién gana.

Y sobre todo: a ver si ganamos todos.

VI: Porque defiendo la lentitud acelerada, la relativa proximidad.

Ha llegado nuestro momento.

Amazon se apropió de nuestros libros. Nosotros nos apropiaremos de la lógica Amazon.

Primero, convenciendo al resto de lectores de la necesidad del tiempo dilatado. El deseo no puede ser inmediatamente colmado, porque entonces deja de ser deseo, se vuelve nada. El deseo debe durar. Hay que ir a la librería; buscar el libro; encontrarlo; hojearlo; decidir si el deseo tenía razón de ser; tal vez abandonar ese libro y desear el deseo de otro; hasta encontrarlo; o no; no estaba; lo encargo; llegará en veinticuatro horas; o en setenta y dos; podré echarle un vistazo; lo compraré finalmente; tal vez lo lea, tal vez no; tal vez deje que el deseo se congele durante días, semanas, meses o años; ahí estará, en el lugar que le corresponde en la estantería correspondiente; y siempre recordaré en qué librería lo compré y cuándo.

Porque la librería te regala el recuerdo de la compra. Comprar en Amazon, en cambio, iguala una experiencia a la anterior y a la siguiente. Difumina el contorno de cada lectura, las vuelve borrosas.

Una vez hayamos conquistado nuestro tiempo y nuestro deseo, tal vez llegue el momento de dar un paso más y poner en las estanterías de todo. No temamos la mezcla —que es lo que nos hace humanos—. Que en las librerías haya café y vino. Que las botellas de vino argentino estén junto a las obras completas de Borges, los cedés de Gotan Project, El Eternauta, la filmografía de Lucrecia Martel, los libros de Eterna Cadencia, un vinilo de Mercedes Sosa, El hambre de Martín Caparrós y tres biografías de Carlos Gardel (aunque no fuera argentino).

O, mejor aún, olvidemos las categorías nacionales como olvidamos los géneros aristotélicos. No existen ya las unidades de tiempo ni las de espacio. En el siglo XXI no tienen sentido las fronteras. Ordenemos los anaqueles temáticamente, mezclemos en ellos los libros con los cómics, los DVD con los CD, los juegos con los mapas. Apropiémonos de la mezcla de los almacenes de Amazon, pero creando sentidos. Itinerarios de lectura y de viaje. Porque, aunque dependamos de las pantallas, no somos robots. Y necesitamos las librerías de cada día para que sigan generando las cartografías de todas esas lejanías que nos permiten ubicarnos en el mundo.

VII. Porque no soy ingenuo.

No: no lo soy.

No soy ingenuo. Veo series de Amazon. Compro libros que no se pueden conseguir de otro modo en iberlibro.com, que pertenece a abebooks.com, que en 2008 fue comprada por Amazon. Busco constantemente información en Google. Y le regalo constantemente mis datos, más o menos maquillados, a Facebook también.

Sé que son los tres tenores de la globalización.

Sé que su música es la del mundo.

Pero creo en la resistencia mínima y necesaria. En la preservación de ciertos rituales. En la conversación, que es arte del tiempo; en el deseo, que es tiempo hecho arte. En silbar, mientras paseo entre mi casa y una librería, melodías que solo yo escucho, que no pertenecen a nadie más.

Los libros que no están descatalogados siempre los compro en librerías físicas, independientes, de confianza.

Eso hice, por ejemplo, el otro día. Fui a Nollegiu, la librería de mi barrio, y me compré Acerca de la ciudad, del arquitecto y pensador Rem Koolhas. Y mientras me tomaba un café, allí mismo leí: «A veces una ciudad antigua y singular, como Barcelona, al simplificar excesivamente su identidad, se torna genérica». «Transparente», añade. Intercambiable: «como un logotipo».

El libro, por cierto, fue editado por Gustavo Gili en esta misma ciudad, cuando su sede era otra de la que ahora es.


Jacobo Siruela: «Las editoriales pequeñas son un fenómeno totalmente de esta década y, sobre todo, un fenómeno español»

jacobo-siruela-para-jd-0

Jacobo Siruela (Madrid, 1954) nació con los apellidos Martínez de Irujo Fitz-James Stuart, que luego cambiaron de orden, para que no se perdiera el apellido familiar. Finalmente decidió llamarse Siruela, el nombre de su título nobiliario. En 1982 fundó la Editorial Siruela, que llegó a facturar más de mil millones de pesetas y que en 2000 vendió al Grupo Anaya. Cinco años después fundó con su actual mujer, la periodista y escritora catalana Inka Martí, la Editorial Atalanta, cuya sede se encuentra en Mas Pou, una bellísima masía del Ampurdán donde reside la pareja. En esta entrevista no se menciona a su madre, la duquesa de Alba, ni al resto de su familia. Lo que se aborda son los libros, objetos de culto para un editor artesano y exquisito, la literatura y los sueños.

¿Recuerdas el momento en que pensaste por primera vez: «Qué bonito es un libro»?

No recuerdo ese momento en concreto, pero durante toda mi vida he sentido atracción por los libros. Para mí siempre han sido un objeto de culto. En realidad empecé a editar por pura casualidad, nunca pensé que fuera a ser editor.

¿No?

Siempre me han rodeado los libros, no entiendo la vida sin ellos, pero me hice editor por pura casualidad. Empecé junto a unos amigos con un libro con el que todo el mundo auguraba que iba a estrellarme. Era la primera traducción de La muerte del rey Arturo, una novela medieval del siglo XIII, que ayudé a traducir con una medievalista francesa. Hice la maqueta del libro con un amigo pintor abstracto. Y era un proyecto disparatado, carísimo, pero me decidí a hacerlo con esa inocencia de cuando tienes veintiséis años. La ignorancia siempre es osada. Además, en esa época tampoco es que contara con dinero como para hacerlo holgadamente. Pero tuve la suerte de ganar el premio al libro mejor editado del año. Gracias a eso vendimos toda la edición. Las cosas funcionan así.

¿De cuánto era la edición?

Quinientos ejemplares, y cada uno costaba dieciocho pesetas. Era un libro carísimo, de esos que llaman de bibliofilia, pero salió bien la operación y superamos un bache notable. Luego pensé en hacer libros normales. En realidad, los libros caros de este tipo no me interesan. Pensé: ya que estoy tan apasionado con la Edad Media y hay tan pocos libros al respecto en España, porque casi todos eran extranjeros, por qué no dar a conocer esta literatura.

¿La pasión por la Edad Media surgió a raíz de la preparación de ese primer libro?

Sí, a través de unos amigos que me iniciaron en ese tipo de literatura. Pasé alrededor de año y medio leyendo novelas medievales, que eran muy desconocidas, y pensé que quizá habría otra gente que también podía sentir cierta pasión por el tema. Ese pensamiento, que en principio parece anticomercial, puede ser un comienzo. Estos libros tuvieron un éxito fulminante y se agotaron las ediciones en tres meses.

Hablamos de Editorial Siruela.

De Siruela, sí. Con el tiempo me di cuenta de que el medievo era algo que flotaba en el aire: había una película de John Boorman, se publicaron novelas ambientadas en el medievo… había una especie de moda medieval y yo era absolutamente ajeno a ello. Quizá hechizaba a la gente porque la Edad Media es el opuesto, lo contrario a la Edad Moderna. Pero también es una literatura de primer orden. En ese momento era el mundo joven y sano, y se escribieron unas novelas de una frescura maravillosa. Son las primeras novelas que se escriben en las lenguas europeas y son novelas muy sencillas, pero con una gran calidad simbólica, o si se prefiere, psicológica. Son muy potentes, no las olvidas. Y bueno, así empecé.

¿Te interesaba la parte más técnica, como la encuadernación?

Antes de ser editor era artista, pintor, y a eso pensaba dedicarme. Incluso hice alguna exposición, pero hubo un momento, uno de esos periodos en los que estás algo perdido, sin saber bien qué hacer, en el que surgió la idea de hacer ese libro para bibliófilos.

También te dedicabas al grafismo.

Bueno, yo he sido diseñador, y sigo siéndolo. Toda mi vida he hecho diseño gráfico. El trabajo editorial es muy anónimo. Una serie de personas realizan un trabajo totalmente anónimo: gente que arregla traducciones o corrige textos, de los que no se sabe nada. O gente que hace diseños e innova cosas, pero no se percibe. La edición y el diseño gráfico son oficios artesanales. Y yo defiendo lo artesano. Pienso que es, como su misma palabra indica, el arte más sano. Fabuloso en una época tan egoista como la nuestra. Evidentemente el arte es más interesante y complejo y tiene una dimensión superior, pero el trabajo artesanal es más feliz, porque trabajas sin pretensiones, por cierto amor loco a tu trabajo, pues está fuera del reconocimiento social.

Como los artistas hasta prácticamente el siglo XIX, o algo antes.

Bueno, empezaron en el Renacimiento, pero Velázquez tenía unos cargos con Felipe IV que no eran solamente de pintor de la corte. Creo que en el siglo XXI va a surgir otra vez la artesanía: que la gente vuelva a hacer muebles únicos, por ejemplo, me parece interesante. Yo tengo algún ejemplar de este tipo. En la editorial somos amanuenses electrónicos. Ahora todo el mundo en Internet y Facebook hace sus pinitos artísticos. En ningún momento de la historia el arte ha estado más unido al ego. Y quizá necesitamos un poco de lo contrario.

jacobo-siruela-para-jd-1

Siruela tuvo éxito desde su nacimiento.

Sí, la verdad es que me ha ido bien, a pesar de haber hecho siempre lo que quería. Siruela fue muy bien desde el principio, aunque también tuvimos problemas, porque son más de veinte años de mi vida publicando, pero en general fue bien. Incluso aún se continúan en Siruela mis colecciones y se siguen reeditando bastantes títulos de mi época. La revista El paseante también fue bien, pero esta se acabó en 1998 con el número dedicado a la cultura digital.

Era un producto bastante especial.

Sí. Incluso ahora estuve pensando un poco en hacer una revista, pero no, ya tengo mucho trabajo con publicar diez libros al año, así que no voy a caer en la debilidad de hacer una revista. También estamos en otra época, habría que hacer una revista muy unida a Internet. La haría en tres niveles: impreso, Internet y conferencias y debates en algún sitio en torno a los contenidos. Pero es demasiado trabajo y yo estoy pseudoretirado, y no quiero comenzar a complicarme la vida otra vez…

Bueno, pero de alguna manera con Atalanta te la has complicado.

Desde luego. Mira, ahora estamos haciendo un libro, Imagen de mito, de Joseph Campbell, un gran mitólogo americano de la segunda mitad del siglo XX, que tiene cuatrocientas veinte ilustraciones. Los originales que nos han facilitado no son buenos, y hemos tenido que restaurar la edición original todo este verano. Inka, yo y otra persona más hemos estado buscando nuevos originales, pidiendo permisos, arreglando las fotos en blanco y negro… No es un libro que pueden hacer muchos editores, solamente los que hacen libros de arte, porque la producción es muy compleja. Otras veces publicamos un libro con traducción del chino y notas con ideogramas chinos… Todos nuestros libros tienen su miga.

Uno sospecha que se te puede reconocer en los libros que editas, incluso en Siruela, que publicaba más: la cuestión medieval, la mística…

La gente se equivoca cuando piensa que uno descubre un autor y que eso es lo importante de una editorial, no es así. Todo eso es azaroso. Los descubrimientos no tienen ningún misterio, dependen de informaciones que te dan y de muchas variables, todas previsibles. Lo importante de una editorial es que tenga rostro y se identifique, es decir, que haya una dirección en lo que se publica y no sea un cajón de sastre en el que cabe todo.

Los grandes grupos editoriales tienden a funcionar como un cajón de sastre, salvo alguna colección.

Sí, son monstruos sin rostro y apetito insaciable. Si uno no tiene una idea de lo que quiere, su destino será naufragar en el mercado. El mercado está lleno de tentaciones y peligros. Es un negocio raro.

Explícame esto de las tentaciones.

El objetivo implícito del mercado es liarte con un libro que parece que puede vender mucho y luego es un bluf tremendo. Yo he optado por retirarme del ruido. Mantenerme a distancia del barullo. Creo que lo que hay que hacer es buscar un público. Las editoriales que van bien son las que tienen su público, y ese público es fiel porque la editorial trabaja seriamente y no defrauda. Con las librerías sucede lo mismo, los libreros también tienen que crear su público. Eso es lo importante. Y eso lleva unos años.

¿Tienes idea de quién es tu público? ¿Se parece el de ahora al que dejaste en Siruela?

Curiosamente, ahora que soy más viejo creo que tengo un público más joven. En general nuestra editorial es bastante joven. Cubre una línea de ensayo heterodoxa que nadie ocupa. También publica obras muy importantes, pero tanto en cuentos como en ensayos mantiene una línea totalmente de hoy. Lo ves en la feria del libro de Madrid, cuando ves a la gente que se acerca a comprar; o en Facebook, una cosa que lleva muy bien mi socia y mujer, Inka. El perfil es amplio, de los veintitantos en adelante. Gente muy joven, muy poca. Quizá los libros son algo caros, y eso es un problema.

Bueno, más que problema es una elección.

No sé por qué digo problema, en realidad no creo que ese sea el problema, porque solo son un poquito más caros. Son caros en comparación con los libros de bolsillo a siete euros, y nosotros no entramos ahí. El libro que hacemos, creo, es el libro que va a pervivir en el siglo XXI. Recientemente se puso en contacto con nosotros una persona de Nueva York que quería publicar nuestros libros en e-book, y hacía los de Bloomsbury y otras editoriales anglosajonas. Inka y yo lo hemos pensado y dado vueltas, y al final hemos decidido no aceptar, porque el libro que hacemos es el libro de este siglo. Los libros irán cada vez más en la línea de Atalanta. Quiero decir, que los libros cada vez serán más cuidados y hermosos. Hace poco vi en Inglaterra los nuevos libros de Penguin de bolsillo de toda la vida, con un diseño buenísimo, guardas a cuatro colores. El libro tiene que presentarse como un objeto sólido y bello, para que a la persona le guste meterlo en su biblioteca. Los libros de consumo, de consulta, de estudio, se canalizarán en los e-book. Pero la literatura, la filosofía, la poesía, etc., tendrán su vía regia en los libros, que representan la permanencia del objeto consistente y real frente al mundo virtual. En contra de lo que piensa mucha gente, yo creo que va a perdurar más el libro que el e-book. Este último será efímero, porque la tecnología cambia sin cesar. Pero tampoco pienses que estoy en contra del e-book.

¿Lo utilizas?

Es una cosa muy práctica. Si te vas de viaje y te quieres llevar varios libros, te llevas el e-book. Si necesitas tener un libro mañana lo puedes comprar al instante sin tener que salir de casa. Pero una biblioteca no se puede tener en e-book, es la mejor manera de olvidarte de que tienes una biblioteca. El e-book es simplemente funcional, y el ser humano no se mueve solo por cuestiones funcionales. Es una moto que nos están vendiendo las multinacionales. Ponen una música y mucha gente baila su compás sin reflexionar sobre ello. Y esa música nos quiere hacer creer que lo moderno es eso y el papel lo antiguo. A muchos jóvenes les trae sin cuidado esta cuestión, el tic está más instaurado en la gente de cierta edad, que no quiere ser tomada por antigualla, y entonces defienden el e-book mostrándose despectivos con el libro. Para mí el libro es un arquetipo, y en eso soy platónico: los arquetipos son eternos. Lo otro ya veremos.

Ahora que hablamos de platonismo, ¿cómo te decidiste a escribir y editar un libro tuyo, El mundo bajo los párpados?

Habría escrito antes, pero no tenía tiempo. Al retirarme al campo y disponer de más tiempo, decidí escribir este libro heterodoxo que ha tenido una aceptación de crítica y público de la que soy el primer sorprendido. En 2001 tuve la idea de escribir una historia de los sueños, porque siempre me han interesado y pensé que sería un tema hermoso para investigar y hacer un libro. Si yo hubiera querido hacer este libro en otra época me habría sido imposible. Pero ahora a través de Internet puedes pedir los libros que quieras, y me he hecho una biblioteca muy buena sobre los sueños. Fui leyendo, investigando y tomando notas durante varios años, hasta que me di cuenta de que lo que yo quería contar era inviable en un libro académico. Entonces, hice este libro, entre literario y ensayístico. Aunque sea literario, no me he inventado nada, todo está apoyado, porque el tema de los sueños es muy delicado: puede ser lo más profundo o lo más tonto. Siempre te mueves entre esos dos extremos. Y lo que quise hacer con este libro es demostrar que los sueños tienen su propia cultura. Han participado en la historia, en las religiones, incluso en la filosofía, como es el caso de los sueños de Descartes, que le orientaron en su camino filosófico… Pero también quise estudiarlos desde un punto de vista fenomenológico: ¿dónde estamos cuando soñamos?, ¿cuál es el tiempo que rige cuando estamos soñando? Y también las diferentes metáforas del sueño, que voy a desarrollar en el segundo volumen, que empieza en el último capítulo del primero, cuando hablo de la relación entre el sueño y la muerte. La conclusión a la que he llegado es que el sueño es una metáfora esencial para nosotros, nos pasamos la mitad de la vida dormidos, soñando. Y luego, la primera experiencia psíquica que tenemos es el sueño, curiosamente, cuando estamos en la matriz materna. Entonces, si el sueño es una metáfora de la vida y experiencia de nuestro ser interior, como lo han percibido en todas las culturas y épocas, entonces hay algo esencial y significativo en ello que no podemos dejar en un segundo término. Y si vas estudiando, cotejando y cruzando todas esas informaciones, obtienes un mapa fascinante con resultados sorprendentes.

Pero no existe mucho acuerdo sobre el significado concreto de cada sueño.

No, su simbolismo está unido a las asociaciones de cada uno, como dijeron el psicoanálisis y la psicología analítica, pero también a las diferentes formas que cada cultura tiene de entender el mundo. La interpretación de los sueños nos revela cómo interpreta el mundo cada cultura.

A ti ya te interesaba de antes.

Sí, me interesaba de antes, tenía libros sobre sueños, estudié mucho a Jung… no es que surgiera de pronto, sino que ya era un interés personal.

jacobo-siruela-para-jd-2

¿Recuerdas los sueños habitualmente?

No recuerdo muchos, como es lo habitual, quien recuerda perfectamente casi todos sus sueños, e incluso tiene una técnica para hacerlo, es Inka, mi mujer. Su libro Cuaderno de noche me parece muy interesante. Aparte de estar muy bien escrito y de poder leerse como una poética de hecho los sueños son nuestra poética , los sueños de este libro tienen un contenido transpersonal y una poesía extraña, poco frecuente. Lo publiqué y escribí el prólogo. Y bueno, finalmente esta extravagancia de los dos publicando libros de sueños en un país tan realista nos ha salido bien.

¿Te has sometido a algún tipo de tratamiento?

No, nunca. En España está mal visto. Y yo, como todo el mundo, he pasado momentos difíciles en mi vida, de depresión, en los que hubiera sido bueno hacerlo, pero no.

Tratándose del sueño…

Ese es uno de los problemas que arrastra el sueño. A partir de Freud, empieza a ser un síntoma, y la gente lo mira con reparos. Pero hay que entender que la interpretación de los sueños es difícil. Como decía Oscar Wilde, «el arte es fácil o imposible». Muy fácilmente puedes errar, porque su significado es muy abierto. Es fácil tropezar. Si utilizáramos el método freudiano para los sueños de Inka, todos serían sexuales y eso sería erróneo y gratuito… Por eso, en el prólogo de su libro, dejé bien claro que había que leerlo sin contaminarlo con interpretaciones, como se lee un libro de poesía o se entra en un mundo paralelo. Freud fue un genio, pero su teoría interpretativa es muy cuestionable y restrictiva. Jung profundiza y amplia mucho la cuestión, pero el margen de error puede ser grande si actuamos mecánicamente. Hay sueños que has tenido hace veinte años y que ahora los comprendes, igual que hay sueños premonitorios. Hay una parte de la psique que está fuera de nuestros parámetros temporales y no sabemos por qué. Lo he podido verificar en nuestra experiencia onírica y en mi libro dedico un capítulo a esto. En el fenómeno onírico se juntan tantas cosas…

Es una información de un valor no muy determinable, porque como decías, un sueño puedes entenderlo veinte años después, pero ese mismo sueño será interpretado de otra manera por otra persona en el siglo próximo, como todo lo simbólico.

Hay quien dice que el simbolismo es una ciencia. No lo tomemos en un sentido estricto, pero tiene sus reglas y su metodología. Así que puedes servirte de unas pautas generales para interpretar un mito, un fenómeno religioso, o una pintura alegórica, porque más o menos se ajustan a unos códigos simbólicos culturales. Pero esos códigos no los puedes aplicar al sueño. Queremos llevar las estructuras de nuestra parte consciente a lo inconsciente, pero el inconsciente es otra cosa y funciona de otra manera. Siempre sorprende y permanece opaco y en misterio. Es un poco como la física cuántica: nadie la entiende realmente, ni los propios científicos, pero sin embargo la aplican. Con el inconsciente pasa lo mismo, pero al revés. Es una parcela de la realidad psíquica de tal complejidad que aparte de tu conocimiento demanda intuición y apertura.

En El mundo bajo los párpados y, en general, en los libros que has elegido para editar aparece la tensión entre apariencia y realidad, y ahí volvemos a Platón. ¿Hasta qué punto es tu forma de vida el desconfiar de lo aparente y dar por supuesto que la realidad no es lo que se muestra en la apariencia?

No es que no sea la realidad, sino que es una imagen de la realidad. La realidad tiene muchas facetas, el universo es un multiverso. Incluso la ciencia habla de universos paralelos. Creo que la realidad que empezó a ver la ciencia en el siglo XX es de una enorme complejidad y está llena de paradojas que atentan contra nuestro parco sentido común. Los ensayos que publicamos en El paseante buscan una apertura de visión, y contra el materialismo decimonónico que aún rige está la ideología de muchas personas, incluso de muchos científicos. Desde mi punto de vista, después de la física cuántica, la psicología analítica o la moderna historia de las religiones, hemos entrado en un panorama de la realidad muy diferente. Ni la ciencia, ni las religiones, ni la psique, son lo que eran. La idea materialista de que el mundo físico que perciben nuestros sentidos es la única realidad existente y que el mundo psíquico es un mero epifenómeno de ello, es una visión muy restrictiva. La imagen de la realidad está incompleta. No puedes suprimir una parte de la realidad para poner todo el acento en la otra. Esta continua tensión entre estos contrarios ya se da en el origen de la modernidad: aparece la Ilustración e inmediatamente después surge su contrario: el Romanticismo, que intenta compensar lo que falta y restituir la parte que han arrebatado a la realidad. Esa tensión siempre existe, es la tensión dialéctica que alumbra toda la modernidad. Y cuando empiezas a leer y profundizar en otras ideas, y no solo en las modernas, relativizas bastante el pensamiento moderno. Descubres sus agujeros. En general, la gente de hoy solo lee libros actuales y piensa que todo lo que pasó antes es algo superado. Mantienen con esfuerzo la fe en el progreso, que es una pura fábula, como ahora ya hemos entendido. Porque la tecnología sigue progresando, pero todo lo humano y espiritual se deteriora y empezamos a intuir que nuestro progreso nos lleva a la destrucción.

Pero el dentista hace ahora menos daño que hace diez siglos.

Eso no lo pongo en duda, aunque te puedo decir que la acupuntura también anestesia y que ya en China hace muchos años te ponían unas agujas y te quitaban el dolor. Nunca se ha tenido tanto conocimiento como hoy, de eso no hay duda, pero a la vez nunca se ha tenido menos sabiduría. En el pasado ocurría lo contrario.

¿A qué pasado te refieres?

A todo el pasado de todas las civilizaciones.

¿Pero al siglo XIX o al siglo V a. C.?

No, en el siglo XIX la medicina era muy precaria, y si no que se lo digan al pobre Keats. Te estoy hablando del siglo V antes de nuestra era, de la sabiduría de Buda, de Cristo, de Platón, de las Upanishads… de esa enorme sabiduría. Es muy curioso constatar que muchos modelos científicos de ahora están en sintonía con algunas ideas neoplatónicas, budistas o taoístas. Este discurso enerva a los viejos dogmáticos modernos, porque se sienten amenazados, pero creo que se está tejiendo bajo la alfombra una nueva visión del mundo más abierta. Y en este sentido se dirige nuestra línea de ensayo, que incorpora elementos que la modernidad clásica había dado por obsoletos y que contemplados bajo otra perspectiva no lo son en absoluto.

¿Cuando hablas de la superación de la modernidad te refieres a la posmodernidad o a la post-posmodernidad?

Cuando tocas estos temas mucha gente cree que quieres cargarte la modernidad y volver atrás, y no es así. El sentido crítico de la modernidad es fundamental, pero también la Ilustración dio una solución muy superficial a una serie de cosas. Y todo eso hay que repensarlo de nuevo. Ahora tenemos suficiente madurez para poder conciliar los opuestos y no seguir en las dicotomías clásicas de ilustrado-romántico o religión-ciencia.

¿Es posible conciliarlo o lo que hacemos es una especie de patchwork?

Yo creo que sí es posible. La ciencia se refiere a unas cosas y el pensamiento espiritual a otras. No puedes decir que una cara de la realidad es la única porque siempre experimentas las dos, lo exterior y lo interior. Entonces, hagamos caso de las dos. El mundo tiene cantidades pero también tiene cualidades. El hombre sin cualidades está perdido. Nuestra parte consciente y racional es la importante, de acuerdo, pero también la anímica, que llamamos inconsciente. ¿Y qué pasa si el setenta por ciento de nuestros actos los impulsa lo inconsciente? La política, por ejemplo, la gente pretende disfrazarla con argumentos racionales, pero en el fondo todas las pulsiones ideológicas son puramente sentimentales y eso se ve en las discusiones políticas, que siempre son pura emocionalidad, sentimentalidad.

Hablando de esto, al principio de tu libro citas los sueños en la Alemania nazi, algo fascinante.

Fíjate, en esa época, aunque mucha gente no era consciente de lo que estaba pasando en Alemania, su inconsciente le estaba diciendo mediante sueños lo que realmente sentían, un sentimiento de temor y peligro ante el nazismo del que no querían hacerse conscientes. Ahí tenemos una prueba. Eso siempre está ahí.

¿Cómo saltas de emocional a inconsciente?

El inconsciente es el mundo de las emociones. Los sueños solamente te están hablando de tus emociones y de lo que realmente sientes y eres, lo que pasa es que tú no quieres ser consciente de eso.

¿Te mientes en sueños?

No, ahí las cosas son como son. Los sueños son como la naturaleza. Con el ego y el consciente nos contamos historias y nos engañamos a nosotros mismos.

jacobo-siruela-para-jd-3

¿Cómo se le puede dar sentido al inconsciente? Porque a la parte consciente, a través de una serie de mecanismos y relatos, le damos algo que hacemos pasar por sentido. En el mundo inconsciente, ¿qué sentido pueden tener las cosas?

Es la forma de conocernos realmente a nosotros mismos. Date cuenta de que tú no te conoces a ti mismo, ni siquiera sabes cómo los demás te ven… pero el inconsciente sí lo sabe, es curioso. El inconsciente sabe mucho más que tú. No sé por qué, pero es así.

Pero me llama la atención que no te hayas visto empujado a autoexplorarte.

Claro que sí, tenemos que estar explorándonos continuamente.

¿Y eso lo puede hacer uno mismo o necesita ayuda externa?

Necesitas aprender. Freud y Jung aprendieron muchísimo simbolismo y mitología, y luego estuvieron con pacientes interpretando sueños. Sobre todo Jung, que interpretó cerca de ochenta mil sueños a lo largo de su vida.

De todas maneras, en mi libro no he tratado la interpretación, me he ocupado de la historia, la cultura y la fenomenología de los sueños; he ido por otro camino.

¿Y en la continuación seguirás manteniéndote al margen de la cuestión interpretativa?

No, al revés. Voy a hablar de todas las interpretaciones, desde Gilgamesh hasta Freud pasando por los antiguos griegos, los cabalistas, las visiones del budismo, de los románticos, Freud, Jung, etc. En realidad, no es un libro sobre la interpretación onírica, sino sobre las diferentes metáforas que presenta el sueño a la interpretación.

Cuando tocas los símbolos, los sueños y el inconsciente se supone que estás en la antesala de la idea que la gente se hace de la divinidad.

Si alguien me pregunta si creo en Dios tengo que preguntarle inmediatamente qué es Dios para él, y entonces podré responderle si creo o no creo. Hay religiones que no tienen Dios, no es algo absolutamente necesario.

Distingo entre espiritualidad y divinidad, pero la idea de la divinidad es muy potente en nuestra cultura.

Digamos que para mí es muy difícil creer, como me dicen, que el universo ha surgido de la nada y se ha desarrollado a partir de chispazos azarosos. Hay que tener mucha fe para creer eso.

Crees que la vida tiene algún sentido.

Pienso que es más natural que todas las maravillas del cosmos y de la naturaleza respondan a modelos fijados por una inteligencia cósmica inconcebible que creer que el universo surge de la nada de forma azarosa. En todo el universo hay logos y psique, tanto en los planetas como en el comportamiento de las flores y árboles. Me resulta admirable que tanta gente crea en eso, cuando es un mero supuesto, una mera teoría consensuada, pero no demostrada.

Y la otra opción, el creer que hay algo que también ha surgido de la nada que ha hecho que surgiera todo…

No tiene por qué, a lo mejor siempre estuvo ahí… puedes decir que es baladí, pero las explicaciones materialistas a este problema, acaso insoluble, son muy taxativas. Ahora, por ejemplo, he publicado un libro que creo que puede ser un best seller, por cómo se está comportando. Se titula Conciencia más allá de la vida. Su autor, Pim van Lommel, es un cardiólogo que investigó los casos de personas que estuvieron clínicamente muertas durante varios minutos. Estas personas luego contaban sus experiencias. Una de ellas, impresionante, es sobre una mujer que le dice a la enfermera que le devuelva la dentadura que le quitó el día anterior, y la enfermera le pregunta: cómo lo sabe, si estaba en coma. La mujer contesta que vio cómo lo hacía desde tres metros de altura. Este autor logró publicar, pese a las resistencias ideológicas del mundo científico, un adelanto de su libro en The Lancet, una de las revistas médicas más importantes del mundo anglosajón. Generalmente mucha gente dice que son tonterías, pero este hombre, junto a su equipo de cuarenta médicos, se dedicó a estudiarlo científicamente, de forma metodológica. La conclusión a la que ha llegado es muy paradójica. La gente quiere que la realidad sea lógica y que coincida con sus presupuestos, pero no es así.

Como la quiere ver el humano contemporáneo, porque en otra época era diferente.

La paradoja es la siguiente: lo mismo que una lesión en el cerebro puede cambiarte toda tu percepción del mundo, si el cerebro clínicamente está muerto, la consciencia no se interrumpe, continúa. Pero esto no se refiere exactamente a la inmortalidad, lo único que demuestra es que la consciencia no es solamente el cerebro, es algo más complejo y amplio que no se sabe dónde empieza ni dónde acaba. Supuestamente, toda causalidad de la vida mental se encuentra en el cerebro, pero eso sería como decir que las imágenes que vemos en una pantalla salen del televisor. Naturalmente, está esa gente que dice que son sensaciones subjetivas, porque lo psíquico no es mesurable. Pero dile a la señora que ha tenido esa experiencia que es mentira. Te dirá que eso lo vio, como está viendo ahora el mundo. Evidentemente, todo esto son signos de que estamos entrando en otro paradigma, pero ese paso va a durar. Estoy convencido de que Atalanta participa de este cambio y que los libros que publicamos expanden la consciencia hacia una manera nueva de mirar que integra los opuestos y admite las paradojas.

jacobo-siruela-para-jd-4

Volviendo al pasado, y teniendo en cuenta tu origen y entorno, has tenido la oportunidad de conocer a gente…

Sí, una de las cosas buenas de esta profesión es que conoces a gente interesante.

Pero ya antes de editar te habías movido bastante.

Sí, Paul Bowles y todo eso. Pero casi todas mis relaciones se deben a la editorial. Si yo fabricara, por ejemplo, productos cárnicos, no habría conocido a Borges, Calvino, a Susan Sontag, Lobo Antunes

¿Es satisfactorio?

Mucho, es muy interesante.

Lo pregunto porque hay quien dice que es mejor conocer la obra y desconocer al autor.

Vivimos en una época muy horizontal en la que se quiere destruir a todas las personas relevantes que destacan. Un escritor es un ser humano: tiene debilidades y sombras, como todo el mundo. Pero lo primero que se percibe en las personas importantes es la sencillez, la humildad, como Borges o Calvino. Y conforme vas descendiendo en el escalafón, la gente se va dando más y más importancia y se creen divinos. Eso es lo que he aprendido.

Borges tenía aspecto de ser una persona bastante difícil.

Muy difícil, pero absolutamente natural, nada impostado. Tuve una relación más cercana con Calvino. Dirigí un curso de literatura fantástica en Sevilla, e invité a Borges y fue, invité a Calvino y también dijo que sí, luego invité a Bioy Casares, pero no fue. Con él comí en dos ocasiones más tarde. También invité al curso a Torrente Ballester, Juan Antonio Ramírez, Luis Alberto de Cuenca, Carlos García Gual… En ese curso conocí a Calvino y tuvimos muy buena relación. Con Borges tuve menos porque al ser director de curso debía ocuparme de muchas cosas y le vi menos. De su mujer, María Kodama, sí soy muy amigo. Es una persona que sufre su singularidad.

¿María Kodama o Borges?

Los dos. Por supuesto, si hubo alguien singular y extraordinario fue Borges. Aparte de ser un gran escritor, significaba toda la literatura. La llevaba a cuestas.

¿Hay alguien que te haya marcado?

Paul Bowles era bastante curioso. Voy a publicar un cuento suyo en una antología de literatura fantástica que estoy preparando con cincuenta autores del siglo XIX y XX. Bowles era un personaje a quien me habría gustado frecuentar más. Yo era muy joven. Era único, y la gente que veías en su casa de Tánger era muy poco común. Solía poner una música un poco chinesca que había compuesto él y venía gente del mundo árabe de Damasco, Túnez, bastante curiosa. En su casa él no dejaba fumar hachís, sino kifi.

¿Por qué kifi sí?

Le pregunté esto mismo a alguien de los que estaban allí y, con mucha sabiduría, me dijo que con el hachís conviene empezar a partir de los treinta años porque produce «demasiada música en la cabeza»; en cambio fumar kifi es como tomar vino. Algo así como beber un vino o emborracharse.

De la pipa de kifi se extrae una cierta embriaguez.

Claro, pero no era un mundo de tirados del kifi, era un mundo donde la gente iba a hablar y comunicar cosas. Y era fascinante: una persona venía de Siria y te hablaba de un mundo del que no tenías ni idea, porque el mundo islámico no es lo que pensamos. Son países muy refinados. Ahora se han deteriorado mucho con el fundamentalismo, pero en esa época no existía ese fenómeno. Tú vas a una reunión de abogados en Marruecos y las conversaciones tienen cierta altura. Aquí tenemos una idea bastante despectiva sobre el islam y solo vemos el lado negativo de un fanatismo religioso incompatible con el siglo XX.

¿Esta casa la compraste después de Siruela?

Sí, la compré cuando vendí Siruela a Anaya y estaba forrado. No quería comprar una casa tan grande, fue cosa de mi anterior pareja. Mis dos mujeres anteriores me animaron a comprar casas grandes, que no quieres, a muy buenos precios. Tener una casa grande es un lío, pero yo nací en una casa muy grande y es un poco como volver a mis orígenes.

¿Dónde naciste?

En Madrid.

Me refiero a la casa.

No fue en el palacio de Liria, nací en Mártires de Alcalá porque en esa época Liria se estaba aún reconstruyendo, en una casa que construyó mi abuelo después de la guerra, al lado del palacio.

Aparte de Atalanta, y dejemos de lado Siruela, ¿hay alguna editorial española que te parezca interesante?

Por supuesto. Acantilado la respeto mucho. Y luego han surgido nuevas bastante interesantes, pero son bastantes y quedará mal si cito solo una o dos… Las editoriales pequeñas son un fenómeno totalmente de esta década y sobre todo, un fenómeno español. Ocurre justo lo contrario a lo que me decían en los años ochenta: que ya no había espacio para los editores independientes y que todo esto iba a desaparecer y solo iban a quedar las multinacionales… Se equivocaron por completo, hay muchas nuevas editoriales con propuestas interesantes.

Y la tecnología ayuda, si no necesitarías tener aquí a un montón de gente trabajando.

La tecnología es básica. Nosotros somos Inka, yo y dos secretarias a media jornada, una por la mañana y otra por la tarde, y también una chica muy valiosa que lleva la producción y hace la maqueta de los textos. Me gustaría contratar a otra persona para disponer de más tiempo. El tiempo es el máximo lujo de hoy en día, incluso, mira qué ironía, para los que vivimos en el campo.

jacobo-siruela-para-jd-5


Marta Rossich: «Los lectores jóvenes son la gran esperanza de la literatura de género»

marta-rossich-para-jd-0

Marta Rossich (Barcelona, 1979) nos recibe en la sede barcelonesa de Ediciones B, en una sala que ha abarrotado de libros de ciencia ficción y fantasía. Como buena guerrillera editorial, la trayectoria de Marta incluye un poco de todo, desde trato con la prensa hasta coordinación de colecciones y sellos editoriales. Tras una estancia de dos años y medio en China se hizo cargo en 2014 de Nova, histórico sello de literatura de género. Charlamos sobre ciencia ficción, libros electrónicos, novelas landscape (¡que no románticas!), la interacción entre literatura y videojuegos, la energía del mundo editorial chino, la fantasía de Brandon Sanderson… Abundan las metáforas bélicas y la gesticulación enérgica subrayada por carcajadas repentinas. 

¿De verdad se sigue leyendo en España? Cada vez más alternativas de ocio le quitan tiempo a la lectura, desde las series hasta el Candy Crush.

Ya lo veis [señala a los libros esparcidos por la mesa], yo estoy convencida de que sí se lee. Claro que sí. Me he acabado dedicando a la edición de literatura de género en un momento clave, en plena renovación de contenidos. De golpe, títulos de ciencia ficción y fantasía han ido subiendo en Estados Unidos a las listas de los más vendidos… Abanderados por estos títulos, hemos renovado la colección Nova y duplicado las ventas. Claro que se lee hoy en día.

¿Leías ciencia ficción antes de entrar en Nova?

Debo confesar que no era nada aficionada. Eso me ha permitido iniciarme como una lectora más, empapándome sin ideas preconcebidas sobre la obra editorial previa de Nova. Al descubrir treinta años publicando a los mejores autores globales de ciencia ficción he ido apreciando su variedad de estilos… Y estoy rastreando a los autores que siguen vivos, estudiando cómo se mueven en mercados internacionales mucho más maduros en género que el nuestro. Intento ser joven de espíritu: al fin y al cabo, mi gran esperanza son los nuevos lectores que han crecido leyendo Harry Potter y se convierten en lectores de género. Intento iniciarme con ellos, aconsejada por mi gurú Miquel Barceló y la gente brillante que me asesora. Y a cambio, lo que pongo a su disposición es mi capacidad de lucha editorial.

El mundillo de la ciencia ficción tiene fama de ser algo endogámico. ¿Te ha costado adaptarte?

Mi integración está siendo una lección de vida. Tenía miedo de que se me rechazara por no ser una especialista en ciencia ficción, pero he encontrado gente muy generosa que me ha aceptado y aconsejado sobre lo que hago bien y lo que debería corregir. Tanto nivel de implicación y trabajo en equipo no lo había visto nunca en otro tipo de literatura. La literatura de género es una lucha conjunta: editores, autores, blogueros, traductores, correctores, coleccionistas, libreros, ilustradores…  Me parece gente acostumbrada a colaborar entre sí y con ganas de normalizar el género, rompiendo las barreras que intentan reducirlo a un nicho de mercado. Uno de mis objetivos es comprender y conocer a los prescriptores de fantasía y ciencia ficción, para abrir el género al máximo de público posible.

Empezaste en el mundo editorial coordinando a traductores y colaboradores autónomos en Planeta, y más adelante en Tusquets. ¿Cómo ves las condiciones de trabajo de este colectivo?

Mal, y lo sé de primera mano. Al principio de mi vida laboral entré como becaria en Planeta, después hice de freelance un tiempo, mientras estudiaba. Las condiciones son malas. En este sector prima la pasión que le pongas al trabajo, que te gusta lo que haces… El enganche del sector editorial. La gente que conozco quiere seguir luchando y trabajando con la literatura, cada uno en su propia trayectoria.

En Edhasa llevaste durante un año las relaciones públicas, contacto con periodistas… ¿Qué imagen te llevaste del periodismo cultural en España?

En Edhasa el tipo de literatura que llevaba era más tradicional, autores como Wiesenthal y algo de  novela histórica. Y en Tusquets, donde edité Tokio Blues de Murakami, la importancia de la prensa era brutal. Ahora en mi lucha por el género empleo armas que aprendí en esas etapas… En cualquier caso, volviendo a la pregunta: a menudo el periodismo español tiende a olvidar la literatura de género.

marta-rossich-para-jd-1

Ya en Ediciones B, allá por el 2008, tomaste la iniciativa de recuperar parte del legado de Bruguera reeditando las colecciones de Joyas Literarias Juveniles e Historia Selección; libros de Julio Verne, Emilio Salgari…

En Ediciones B empecé renovando toda la línea de bolsillo, con lo que aprendí a trabajar en bloques, hacer campañas… Una línea de bolsillo es un territorio muy libre, de experimentación. Y dándole vueltas a qué podríamos sacar, recordé que Ediciones B había comprado hacía tiempo el fondo de Bruguera. Fui a dar una vuelta por el archivo de Parets, quedé impresionada con las Joyas Literarias Juveniles y me propuse rescatarlas… Una prueba que salió bastante bien y llamó el interés de la prensa.  

¿Un guiño nostálgico? Porque fue una reedición calcada, ¿no?

Fue facsímil, sí, tal cual. Bueno, hicimos algunos cambios en la cubierta, actualizaciones sutiles para que no pareciera tan vintage, pero la idea era que fuera lo más parecido al original posible. Los tengo en mi casa… No los originales, que están en el archivo a buen recaudo, sino la que edité en 2008.

En Ediciones B contactaste, se dice que a través de Twitter, con John Locke, el autor independiente que se autopublicó en Amazon KDP (Kindle Direct Publishing), vendiendo millones de thrillers a noventa y nueve centavos.

Twitter no pudo ser porque no tenía en ese momento, pero contacté con John Locke a través de email, de forma espontánea… Como si fuera una fan.

¿Qué te hizo pensar que lo que funcionó en digital vendería también en papel?  

Bueno, en España no funcionó demasiado bien. Era el inicio del boom de los escritores autoeditados, cuando se pensaba que los contenidos del KDP de Amazon EE. UU. podrían viajar a otros mercados. En aquellos años creíamos que muchos más autoeditados podrían funcionar en papel, pero el tiempo ha demostrado, sobre todo a partir de 2009, que la criba es muy estricta y algunos autores no despegan en papel. Otros sí; a Juan Gómez-Jurado lo publicamos en noviembre: sigue vendiendo muy bien. Y eso ocurre tanto en thriller como en otros géneros, como prueba Andy Weir con El marciano.

Que también empezó autopublicando en Amazon.

Fue difundiendo su novela por entregas para los fans, con muchísimo éxito… Los lectores le pedían que las ensamblase en un libro, así que acabó colgándolas en Amazon y poniendo un PVP al conjunto. Cuando publicó El marciano de esta forma se dispararon meteóricamente las ventas, y  lo compró Crown, una editorial de Estados Unidos. Luego se empezaron a vender las traducciones a otros países, los derechos cinematográficos… ¡De una primera novela!

Tenéis dos versiones editadas, la de antes de la película y la de después, con Matt Damon en portada.

Sí, en Nova jugamos con todo lo que podemos, y las películas son importantes. Me di cuenta de que El marciano y Ready Player One son dos títulos clave cuando volví de China y me encargaron Nova, hace dos años. Antes de irme ya había publicado Ready Player One en una colección de ficción comercial. Pero desde China me di cuenta de que un libro que habíamos lanzado sin promoción y en un silencio absoluto, iba entrando y saliendo en las listas Top 100 de los más vendidos de España en Amazon, FNAC… Cuando volví forcé su reimpresión, y ahora lleva diez ediciones y es un libro de culto. Al encargarme del sello Nova, pensé que con Ready Player One y El marciano iba a renovar la colección, que estaba un poco dormida después de la gran obra de Barceló, y lancé los dos libros de golpe y dentro de Nova. ¡Ahí tendrían que haber estado desde el principio! A partir de estos dos empecé a jugar con el resto de la colección, reeditando, poniendo fajas más grandes, luchando para que salgan entrevistas en los medios, buscando la oportunidad de reimprimir algunos títulos… Peleo con la misma intensidad por libros de 2011 que por los actuales. De ahí la sobrecubierta de El marciano con la imagen de la película.

¿Iréis aprovechando las películas para hacer más dobles cubiertas?

Depende. En la literatura de género, los lectores, blogueros y libreros están muy informados de las cubiertas e ilustradores de la edición original, así que los cambios son delicados. Pero claro, la película es una excusa para revitalizar el libro, aunque El marciano ya funcionara bien y no fuera imprescindible; los libros de culto funcionan en realidad solos. Pero puedo aprovechar la película para volver a anunciar la novela en un boletín de novedades, hacer marketing interno, hablar con la prensa…

Editasteis Armada, la siguiente novela del autor de Ready Player One, ¿no?

La lanzamos en marzo… Nova tiene líneas muy distintas, y una de ellas son los contenidos comerciales con capacidad de llegar a lectores jóvenes. La película de Spielberg basada en Ready Player One llegará en 2018, y de Armada también se han vendido los derechos cinematográficos. También hemos publicado Luna, de Ian McDonald, uno de los autores de ciencia ficción más importantes de Gran Bretaña… Se vendieron los derechos a la productora CBS y habrá una serie. En esta línea son importantísimos los contenidos audiovisuales, sean películas o series de televisión. Son una excusa para llegar en particular a los lectores jóvenes, que son la gran esperanza de la literatura de género.

marta-rossich-para-jd-2

¿Dirías que autores y editores tienen una cierta responsabilidad política? Otros editores se consideran activistas.

Yo soy una guerrillera de la literatura de género. En su último ensayo, Javier Cercas habla de El Quijote subrayando que la gran virtud del buen género es su carácter plebeyo, perteneciente al pueblo. Mi única responsabilidad es asegurarme de que los contenidos importantes de fantasía y ciencia ficción estén disponibles para lectores en lengua española, y luchar sin cuartel por ellos.

Resulta muy curiosa tu forma tan bélica de hablar. Como si lucharas en una guerra en la que eres a la vez editora, prensa, quien busca los derechos y los gestiona.

Y quien encarga a Simonetti las portadas de la nueva edición de Mistborn, quien convence a Manuel de los Reyes para que sea el nuevo traductor oficial para los libros del Cosmere de Brandon Sanderson; quien busca equipos de traducción con gente como David Tejera y Manu Viciano, Silvia Schettin y Alexander Páez… Busco siempre el feedback de libreros imprescindibles como Antonio Torrubia, hago equipo indispensable con Ilu Vílchez, nuestra responsable de marketing online, y Belén Feduchi, nuestra jefa de prensa… Y tengo la gran suerte de que me dejan espacio y recursos aun estando en una editorial mainstream. Mi lucha es aprovechar que estoy dentro de una editorial grande y generalista para poner su maquinaria comercial detrás del género. Quiero que Nova sea el Tor español… Hasta el punto de que me expreso como Tor y me fijo muchísimo en lo que hacen. Pelear en la guerrilla implica aprovechar cualquier ventanita y oportunidad de promoción. Si en un boletín comercial de Ediciones B en que aparecen todas las colecciones me dejan la contra, me lanzo con toda la maquinaria comercial de frente.

¿Quién es tu competencia en España?

Mi competencia, que está muy bien que la haya, está formada en parte por Planeta con Minotauro, Random House con Fantascy… Por otro lado los editores de género altamente profesionales como Ediciones Gigamesh o Valdemar. Otros que lo están haciendo muy bien son Alianza Runas. Que haya competencia hace que no nos durmamos. Además, en ciencia ficción y fantasía los lectores tienen un nivel altísimo de exigencia. Eso me daba un poco de miedo, ya que sin ser especialista en el tema heredo una colección mítica. No quiero meter la pata en ningún título. Me voy a equivocar seguro, pero…

Un gran éxito te permite fallar otras veces.

Lo que importa no es solo el éxito en las ventas, sino en el contenido. La mítica frase de José Manuel Lara de no confundir tu biblioteca con tu catálogo no se aplica en mi caso porque no soy especialista en género, pero sí me he rodeado de asesores brillantes. Un editor es un artesano: los artistas son los escritores. Yo lo que tengo que hacer es editar en buenas condiciones para llegar al máximo de lectores posibles… Tanto a los aficionados de siempre como a los lectores que se han cansado de la novela negra después de la explosión mainstream. Y, por supuesto, la literatura de género está en sintonía con los lectores jóvenes.

Jóvenes de cuarenta, como nosotros.

[Ríe] ¡Muy bien llevados! Aunque yo aún soy treintañera.

Tor edita cada año cuatro autores noveles junto a autores consagrados. ¿Tenéis planeado hacer algo así?

En realidad ya lo estamos haciendo, pero estoy metida en un río que me fuerza a navegar por ciertos cauces. Primero tengo en cuenta a Brandon Sanderson, la revitalización de nuestro propio fondo, la ciencia ficción hard como Seveneves… Luego quiero potenciar los materiales de no ficción de cultura popular, como por ejemplo sobre videojuegos. Busco que los libros dialoguen entre ellos, y editar por el momento manteniéndome en el espíritu de Miquel Barceló, que es cien por cien…

¿Anglosajón?

¡No! Internacional.

Traéis pocos autores de visita, ¿no? ¿Por qué no viene Neal Stephenson, por ejemplo?

No es fácil, pero sí que hemos traído a nuestros autores. Stephenson y McMaster Bujold estuvieron en la antigua librería Gigamesh; Andy Weir dio una charla en streaming con prensa desde su casa; Sanderson estuvo en Barcelona hace años, y luego en el Celsius de 2015. Este año Ian McDonald ha estado en el Celsius de Avilés y Cixin Liu y Brandon Sanderson vendrán ahora a Barcelona… Pensad que hemos pasado de publicar seis o siete títulos en 2014 a más de veinte. Mi primer objetivo en Nova era que los números me acompañaran, para tener libertad en mi guerra por el género. Los libros que venden más me ayudan a realizar actividades complementarias de promoción y mejora. Los lectores aprecian las ediciones en tapa dura con buenas cubiertas e ilustraciones, guardas, marcapáginas… Todo eso es caro. Y para asegurar que se venden en buenas condiciones, voy a menudo a librerías especializadas como Gigamesh o a generalistas como FNAC para comprobar que mis libros estén bien colocados en las mesas de novedades. Cada paso es una batalla de esta guerra. Hace meses vi a un veinteañero que cogía un ejemplar de El camino de los reyes de Brandon Sanderson, se lo enseñaba a su novia, y decía: «Nunca un autor me ha hecho leer tantas páginas». Como la lucha por el género es tan dura, necesito momentos místicos que me animen a seguir luchando.

¡Munición para la guerra!

Momentos como que en la feria del libro de Londres me digan los editores de Gollancz que les encanta mi catálogo… O enterarme de que Seveneves está en el Nielsen y Bill Gates lo recomienda… O conocer al editor de Heyne y ver que lleva pajarita con topos… O que Cline conceda una entrevista para El Periódico o El Mundo… O que de golpe Brandon Sanderson decida plantarse en la Eurocon de Barcelona, la primera semana de noviembre. Cualquier detalle me ayuda a seguir. ¿Sabéis? La energía y sensación de aventura que aprendí viviendo en China ahora las tengo luchando por el género.   

En la feria del libro de Frankfurt conseguiste los derechos de El problema de los tres cuerpos de Cixin Liu, la primera novela no anglosajona en ganar el premio Hugo.

Conseguir este libro me costó muchísimo. Me enteré de su existencia cuando estaba viviendo en Shanghái. Ahí me di cuenta de que Cixin Liu es una superestrella en China continental, donde ha vendido más de un millón de ejemplares. En su momento ya vi que este libro había que publicarlo. Al volver a Barcelona empecé a buscar a sus agentes, y me di cuenta de que era una agencia nueva. Fue bastante complejo, estuve detrás del libro un año y medio y por fin saldrá el 28 de septiembre.

¿Antes de que ganara el Hugo?

Sí. Es una novela brutal, el primer volumen de una trilogía. Obama se lo leyó estas Navidades, Mark Zuckerberg lo convirtió en el primer libro de ficción de su club de lectura… China es un mercado editorial muy especial, porque todas las editoriales son estatales, y las únicas empresas privadas en el sector son las agencias literarias que operan desde Hong Kong, Shanghái… Hace poco apareció la primera agencia literaria estatal, y el primer autor que representó fue Cixin Liu. Vamos a coincidir con la publicación en Alemania, Francia y Gran Bretaña. Es mi título más personal ahora mismo, porque conjuga mi lucha por el género con mi experiencia personal en China.

¿Qué te llevó de vivir en Barcelona a establecerte en Shanghái en 2012?

Mi marido, que es sinólogo, tenía que pasar al menos un par de años en China por motivos profesionales. Llevaba años yendo y viniendo, realizando una investigación sobre historia de la economía de China. Yo en esa época estaba muy focalizada en la edición, viviendo el boom de mi máximo best seller: Sarah Lark. Pero pensé que solo se vive una vez, y que cuando te llega una oportunidad de ese tipo hay que aferrarse a ella… Así que cogí una excedencia y me marché con mi marido a China dos años y medio. Allí tuve que buscarme la vida para encontrar trabajo en el sector editorial chino. Una occidental difícilmente puede ser editora en China, hay cupos hasta sobre cuántos taiwaneses pueden trabajar como editores dentro de las editoriales chinas. Para trabajar solo podía hacerlo a través de las agencias, así que me puse a rastrear. Aprendí de todo, empezando por hablar un poco de chino. Me vi en un lugar donde cada día es una aventura. Incluso la alimentación china te cambia el cuerpo…

¿En qué sentido?

No tiene nada que ver con la comida china de aquí. Comen muy poca carne y mucha verdura deliciosa. Tienen muchísima imaginación cocinando las verduras, es un espectáculo. En China descubrí también el yoga: creía que las jóvenes chinas hacían taichí, pero no, allí también está de moda el yoga. La combinación de comida china y yoga me cambió el metabolismo. Echo mucho de menos esa energía. En China la gente no tiene prejuicios: gritan mucho, les da igual todo, son capaces de salir en pijama por la noche a dar un paseo romántico por el barrio…

Esa no es la imagen hermética que se tiene de China.

Eso es más bien japonés. Los chinos son muy expresivos, muy diferentes al aire regio asiático que imaginamos. Gritan, se tocan mucho para los estándares orientales… A veces se pasan, como si no controlaran los espacios interpersonales. En China te ocurren cosas muy raras: por ejemplo, si no cierras bien la puerta de tu casa, igual te entra alguien dentro.

¿En tu casa? ¿A hacer qué?

¡Quién sabe! Muchas veces no llegas a entenderlo. Desde entregar un sobre a saludar. Son muchos y tienen una idea diferente del espacio privado. En China cenan muy pronto, y después aprovechan la vida de las calles saliendo a pasear con chanclas Crocs y en pijama de ositos o corazones. Allí es lo más normal del mundo, hay mucha gente en pijama por la calle. No se extrañan por nada.

marta-rossich-para-jd-3

Estuviste en el Instituto Cervantes de Shanghái.

Sí, colaboré con ellos en la programación de actividades culturales. En Shanghái hay mucho interés por España, ya que los chinos creen tener muchos puntos en común con los españoles: la centralidad de la familia, la importancia de comer bien y usar ingredientes de calidad… Dicen que los chinos viven para comer, y uno lo confirma al ver sus festines y la enorme variedad de platos. Les encanta la comida española.

¿Cómo fue tu integración en China?

Mi marido habla muy bien el chino: eso ayudó a que nuestra integración en China fuera sencilla. Yo me convertí en una entusiasta de la energía de China. Shanghái es como el Nueva York de los años veinte: todo está por suceder, es su momento.

Del Cervantes saltaste a Peony, una agencia literaria china. El mundo literario chino es poco conocido en España. ¿Qué recomendarías leer de su catálogo de autores?  

Peony empezó representando a Mo Yan. De sus autores actuales destacaría Han Han, el enfant terrible de las letras chinas: un chico muy joven que también es piloto de fórmula uno. Su novela Triple Door ha vendido dos millones de ejemplares.

¿Hasta qué punto se puede ser rebelde en un país con censura? ¿Te topaste allí con ella en algún momento?

La he vivido, sí. Una de mis tareas en Peony era ver qué contenidos en lengua española podían ser vendidos a China, donde hay dos mercados: China continental, donde las editoriales son estatales y existe la censura… Y Taiwán, el reverso de la moneda, un negocio privado y sin tanto control del estado. El contenido en lengua española más fácil de vender en China continental es la no ficción de parenting: el primer libro que vendí a China es Todos los niños pueden ser Einstein. Hay mucha competitividad en el mundo de los hijos únicos. Luego el sector infantil crece muchísimo, no reparan en gastos. Cuesta más mover las novelas, aunque María Dueñas o Intemperie, de Jesús Carrasco, se han vendido muy bien en China. Mi otra tarea para Peony era buscar autores asiáticos, sobre todo chinos, que pudieran introducirse en España y Francia, un mercado mucho más maduro en cuanto a publicación de autores asiáticos. La publicación de autores chinos y asiáticos en español es compleja. Si en una colección mainstream de novela negra pones El don, de Mai Jia, te queda como un «libro champiñón», es decir, fuera de su contexto; es muy difícil que «dialogue» con autores como Larsson o Dolores Redondo. En cambio, precisamente porque China es un mercado tan maduro en fantasía y ciencia ficción, me encanta la posibilidad de publicar un autor chino de género. Tengo la teoría de que los lectores de ciencia ficción y fantasía tienen más interés por la cultura popular asiática, lo que nos puede ayudar a que autores chinos lleguen a más gente aquí.

Apareces en los agradecimientos de Confesiones de un gánster de Barcelona, «por creer desde el principio en el proyecto». ¿Cómo te involucraste en esta biografía novelada de uno de los más famosos atracadores del país?

Es un libro buenísimo, mítico… Lo edité, sí. Dani Rojo trabajaba en ese momento muy pegado a Loquillo, de quien habíamos publicado un libro. Dani lo acompañaba en los Sant Jordi y encuentros literarios. Nos contó su historia, y vimos ahí claramente un libro en potencia. Nos dijo que había estado trabajando mucho tiempo con Lluc Oliveras a base de entrevistas con grabadora. Nos encantó el proyecto y vi claro que sería un libro único. Trabajamos el texto a fondo, con un editing que hice yo misma.

¿Haces copy-editing?

Un editor debe ser una figura caleidoscópica, así que he intentado formarme en todo: editings, prensa, trabajar para una scout en Londres, en bolsillo, en trade, como agente en China, ahora en Nova…

En Ediciones B tenéis el catálogo B de Books, que contiene casi todos los libros de Sanderson, uno de los autores que más estáis promocionando. ¿Compensa poner tanto fondo en digital? Otras editoriales solo ponen el quince por ciento de su catálogo.

Pensamos muy fuerte en digital, lo vemos indispensable. No los vendemos directamente a través de una plataforma propia, pero tenemos una política de precios agresiva. Ni nos planteamos no tener todos los libros disponibles. Palabras radiantes de Sanderson cuesta treinta y tres euros en papel y menos de diez euros en digital. En Amazon montamos Kindle Unlimiteds, Kindle Flash… Para El marciano hicimos un Kindle Flash el día de Sant Jordi que logró ponerlo en el número uno en ventas.

Hablando con gente de Lektu sobre libros electrónicos comentaron que el aficionado a la ciencia ficción es más dado a reconocer el trabajo del autor y a comprar libros físicos junto a los digitales, quizá por coleccionismo. ¿Compartes esa percepción?

Sí, los lectores de género compaginan digital y papel. Los fans quieren ediciones muy cuidadas en papel, y son muy exigentes en todo. Por ejemplo, para relanzar a Sanderson he intentado compaginar precios ajustados en digital con nuevas ediciones de tapa dura, con el texto corregido… Y al ver que funcionaba la colección conseguí argumentos para añadir más recursos.

Con motivo de su segundo centenario has escrito sobre Flora Tristán, precursora del feminismo. ¿Cuáles son tus preocupaciones al respecto en el mundillo editorial?

Como editora no me he encontrado con ningún problema. Por otro lado, el número de autoras de género que publican es uno de los temas candentes ahora mismo y quiero trabajarlo. Creo que surgirán muchas autoras, igual que cada vez hay más lectoras de género. Por ejemplo, estoy muy contenta de tener Justicia auxiliar de Ann Leckie en mi catálogo, pero no puede ser que de nuestros últimos treinta títulos publicados solo haya uno escrito por una mujer. Eso tiene que cambiar.

¿Tenéis estadísticas de lectoras, específicamente mujeres?

En el género hay aún más lectores que lectoras, pero con Brandon Sanderson probablemente el número de lectoras haya aumentado. Me encantaría tener forma de medirlo, claro. Cuando venga Sanderson a Barcelona podremos hacer un estudio de campo.

marta-rossich-para-jd-4

Fuera de Nova has editado landscape novels, que supongo podríamos traducir como novela de paisajes… ¿Serían un tipo de novela romántica?

No, no es novela romántica al estilo de Lisa Kleypas o Johanna Lindsey. El landscape es un género diferente, con las premisas muy acotadas. Fue creado en Alemania por un editor, Lübbe, y su cabeza de cartel es Sarah Lark, pseudónimo de una autora alemana llamada Christiane Gohl. Escribió hace unos diez años En el país de la nube blanca, que ha vendido ocho millones de ejemplares en todo el mundo, de los cuales un millón y medio son en castellano… Su éxito creó un nuevo género, con muchas autoras siguiendo su estela. Las novelas landscape tienen protagonistas femeninas, normalmente británicas o europeas, y suelen ambientarse a mediados del siglo XIX o principios del XX. Las protagonistas deben empezar una nueva vida en un paraje completamente desconocido y alejado. En el caso de Sarah Lark es Nueva Zelanda, pero Kabus habla de Escandinavia, Haran de Australia, Vosseler de India y Singapur… Siempre lugares lejanos y exóticos. Estas historias suelen ser sagas familiares que empiezan con este traslado y describen cómo las mujeres se adaptan, empiezan una nueva vida, se casan (no siempre con el marido ideal), crean una familia, buscan amigas… En el caso de Sarah Lark, siempre son trilogías extensas que siguen esta historia familiar; otras autoras escriben volúmenes autoconclusivos. Tiene tanto éxito porque te permite viajar con la mente sin moverte del sofá.

¿Qué tipo de lectores o lectoras van a firmas de Sarah Lark?

Mujeres, de una franja de edad entre treinta y cinco y sesenta y cicno años, aunque se están incorporando lectoras más jóvenes y alguna veinteañera.

¿Mujeres con ganas de cambiar de vida?

Mujeres con ganas de soñar que cambian de vida. Planteárselo al menos. Sarah Lark hizo una tesis doctoral sobre qué imaginan las mujeres cuando sueñan despiertas. Esa es la clave de su éxito, porque lo aplica en su literatura. Tiene una manera de trabajar muy particular: es una autora muy prolífica, escribe treinta páginas al día. Vive en su finca propia cerca de Mojácar, donde recoge caballos enfermos que la gente no quiere.

La mujer que susurra a los caballos…

Por la mañana cuida de los caballos y va pensando en sus novelas mientras cabalga. Y por la tarde escribe. A un muy buen ritmo, por cierto.

Si dejamos de lado las responsabilidades de editora, ¿qué tipo de libros y autores prefieres leer por simple gusto?

En el fondo soy muy clásica, una proustiana convencida. Y enfermizamente ecléctica, me viene de familia leer cosas muy distintas. Me gustan Murakami, Foster Wallace, Kafka, Javier Cercas… Por mi vinculación con Asia, me encantaría ayudar a que la cultura asiática se difundiera mejor en lengua española. La literatura china es muy desconocida: los editores occidentales buscan el Murakami chino, pero no existe. China es otra cosa.

¿Tras tanto leer y editar textos ajenos, nunca has querido escribir tú misma?

Ya dicen que muchos editores son escritores frustrados. Me apetecería, pero no me atrevo. A veces sueño que estoy escribiendo una novela y la explico oralmente a otra persona… Incluso me he grabado contándole a otra persona historias de observación cotidiana, de lo que me rodea. Algo que me haya ocurrido, que me haya hecho pensar. Pero cuando lo escucho pienso que no, todavía no.

¿Os habéis planteado publicar audiolibros?

Lo estamos pensando, sí. Estaría muy bien, no solo para Nova sino en otros sellos de la casa. En todo caso yo no lo llevo, sino Ilu Vílchez.

La posición hacia la fantasía desde el ámbito de la ciencia ficción es algo ambivalente. Por ejemplo en la Nueva guía de lectura Barceló recomienda Elantris, pero dice que el lector de fantasía suele ser más acomodaticio que el de ciencia ficción. ¿Te has encontrado con este recelo hacia la fantasía?

Quizá por un tema histórico. Aunque en mi caso es al revés: quiero profundizar en esa «mancha» de fantasía que Sanderson está dejando en Nova; quiero buscar otros autores de fantasía que puedan dialogar con sus libros.

¿Qué habéis visto en la fantasía de Brandon Sanderson para promocionarla tanto?

La naturalidad con que entras en su mundo hace que tenga capacidad para atraer a lectores de todas las edades y que no leen fantasía tradicionalmente. Nuestro anterior jefe comercial nos sirvió de conejillo de indias: fue el primer libro de fantasía que leyó. Además, la fantasía de Sanderson tiene un punto muy femenino. Elantris se llevó el premio Romantic Times, El aliento de los dioses quedó finalista, y alguno de Mistborn también. Tiene algo muy humano.  

La trilogía de los Reckoners de Sanderson podría considerarse young adult: acción, superhéroes, primer amor… Sin embargo, Barceló se niega a que se considere la saga «juvenil» por interesar a lectores de todas las edades y por no meterla en el mismo saco de calidad literaria que Crepúsculo, Los juegos del Hambre, etc. ¿No es un poco injusta esta valoración?

Yo personalmente considero los Reckoners como novela juvenil, pero no tengo ningún problema con que esté en una colección adulta. Y es que el propio Sanderson no tiene prejuicio en pasar de una cosa a otra, de los complejos libros del Cosmere al más infantil Alcatraz o a novelas orientadas a jóvenes que pueden atrapar a lectores de cualquier edad. Sanderson ha hecho incluso cómic: ahora ha publicado White Sand en EEUU, con Dynamite, que nosotros lanzaremos el año que viene.

Sanderson está escribiendo los diálogos del videojuego basado en su serie Mistborn. ¿Ves en el futuro a los autores convertidos en híbrido de escritor, guionista y, yo qué sé, youtuber?  

Sí. No sé muy bien cómo y me gustará verlo. El mundillo de los videojuegos forma parte del contenido de muchos libros: El problema de los tres cuerpos, Ready Player One, Armada… El propio Sanderson bascula entre una cosa y otra: no solo de novela juvenil a adulta, sino con otros formatos, el juego de rol de su Mistborn, cómic… El género es muy experimental, y sus autores son muy creativos y modernos.

En el prólogo de Firefight, Barceló te atribuye directamente el hecho de poder contar con el cuento «Mitosis» como extra de la edición española. ¿Cuál fue tu papel?

Insistir una y otra vez a sus agentes. Intento dar el máximo a nuestros lectores. Para Mistborn compré las tres portadas brasileñas de Simonetti, un artista francés de primera fila… Aprovechando la publicación del quinto libro de la saga, relanzaremos los cuatro primeros con las nuevas portadas. Todo eso luego los lectores y el propio autor te lo valoran.  

Sanderson parece muy prolífico.

En un año y medio hemos relanzado nueve libros suyos. ¿Habéis visto su web? ¿Lo que llega a escribir? Escenas eliminadas, comentarios, easter eggs… Plantea sus libros del Cosmere como un solo universo de al menos treinta y seis volúmenes. Antes he mencionado que la maquinaria del género es una lucha conjunta de libreros, editores… La obra de Sanderson tiene un solo autor pero un «Sanderson Team» detrás: agentes, editores, prescriptores, diseñadores… Sanderson tiene gran control sobre cómo lo editamos y sabe que también nosotros hemos montado un «Sanderson Team» con los grandes especialistas de su obra en castellano, como Marina Vidal y Dídac de Prades. ¡Se entera de todo! Y debe de estar contento, porque vendrá en noviembre a la Eurocon de Barcelona.

marta-rossich-para-jd-5


Koro Castellano: «El mayor competidor del libro es el Candy Crush»

Koro Castellano para JD 0

Koro Castellano (Madrid, 1963) es licenciada en Periodismo por la Universidad San Pablo CEU. Comenzó su andadura profesional en 1982 como becaria en el semanario Cambio 16. En 1987 entró en la revista Fotogramas y un año después participó en el equipo fundador del semanario El Globo. Posteriormente realizó entrevistas y grandes reportajes en El País Semanal, donde permaneció nueve años, hasta su paso a Vía Digital como responsable de compra de derechos de cine español y más tarde directora de comunicaciones. Ha sido directora general de internet de Unidad Editorial y directora general de Tuenti y de BuyVips. Actualmente es directora de Kindle en español desde el desembarco de Amazon en España en 2011.

Nos recibe en la sede de Amazon y nos conduce a la última planta del edificio donde está la cafetería. Como único elemento diferencial, las paredes están decoradas con las huellas de las manos de los trabajadores de la empresa. No hay rastro de mesas de ping-pong ni espacios futuristas como uno intuye que deben de ser las zonas de relax de los grandes de internet, quizás ejemplificando una de las máximas de Jeff Bezos: «La austeridad y sobriedad potencia la innovación, como cualquier otra limitación».

¿Vale más pedir perdón que pedir permiso?

[Ríe] Sí, y en Amazon también. Yo creo que una de las cosas más importantes es «hacer» y muchas veces si esperas a que te pasen la autorización de si puedes o no puedes hacer algo, eso al final te para y no haces, que es lo importante.

Empezaste como becaria en Cambio 16, ¿cuáles eran las condiciones económicas de aquella época?

Las condiciones económicas eran estupendas… [ríe]. El primer año de becaria iba por las tardes y no cobraba nada y el segundo año, que iba también de becaria en el mismo horario, cobraba la gasolina de la moto.

Parece que cualquier tiempo pasado fue mejor. ¿Tienes la sensación de que los periodistas actuales están un poco instalados en la queja?

Cuando yo empecé como becaria justo coincidió con un ciclo de hundimiento del periodismo, en ese momento la situación era como ahora. Realmente era dificilísimo conseguir un trabajo y el simple hecho de poder ir a una redacción, ver lo que se decía allí y estar con gente que eran periodistas de verdad, de raza, y poder aprender de ellos… Yo hubiera pagado si hubiera tenido dinero, aunque evidentemente no tenía un duro, por poder estar allí en ese momento.

Pasaste por la revista Fotogramas y luego estuviste nueve años en El País Semanal haciendo reportajes y entrevistas. ¿Echas de menos la etapa de periodista?

A veces sí que la echo de menos, fue una época que recuerdo con muchísimo cariño. Viajaba un montón, conocí a gente interesantísima y en aquel momento la redacción de El País era un sitio muy especial.

Cuando entrevistamos a Gumersindo Lafuente nos decía que «las audiencias controlan a los periodistas». ¿Estás de acuerdo?

Cada vez más.

Empezaste en El Mundo con él. ¿Cómo fue tu fichaje?

Sindo había sido mi jefe en El País Semanal y un buen día —yo en aquel momento trabajaba en Vía Digital sonó el teléfono y me dijo: «Acaba de irse media redacción de elmundo.es y me han nombrado director, te tienes que venir conmigo». Y le contesté: «Pero Sindo, si yo no sé nada de internet». Y me respondió: «Yo tampoco, ¿cuál es el problema?» [risas]. Y añadió una frase que para mí resultó irresistible: «Mira, Koro, en el mundo de la prensa llevamos haciendo lo mismo cientos de años, en internet das dos pasos y estás en la selva virgen, donde no ha estado nadie antes». Y yo pensé que eso no me lo podía perder.

¿Aprendiste?

Muchísimo. Yo creo que todos los que hicimos elmundo.es aprendimos mucho los unos de los otros y sobre todo aprendimos mucho de las circunstancias en las que tuvimos la oportunidad de desarrollar el proyecto. 

En su momento El Confidencial informaba de tu cambio laboral con el siguiente titular: «Tuenti ficha como directora general al “cerebro” de internet de El Mundo». ¿Te consideras el cerebro de internet?

Evidentemente no [ríe]. Yo no soy el cerebro de nada, soy una curranta.

También trabajaste con Gustavo García Brusilovsky, nos contó que tras la venta de BuyVIP a Amazon lo primero que le dijeron fue: «Fantástico que estéis en siete países: ahora ciérrame cuatro». ¿Cuánto tuviste que ver en esa decisión y en ese proceso? 

Nada, porque de hecho es la primera vez que oigo esto. Entré para llevar España y por lo tanto estaba exclusivamente centrada en España.

¿Importan los fracasos más que los éxitos?

Hombre, yo no diría que importan más, pero importan. Sobre todo a la hora de construir, no tu carrera, sino tu experiencia y tu manera de aprender. Creo que de los fracasos se aprende más que de los éxitos.

En España los fracasos están mal vistos y no hay segundas oportunidades para los empresarios, pero en Estados Unidos eso es diferente.

Exactamente. En Estados Unidos se da por hecho que una persona que ha cometido errores, que ha fallado, que se ha caído y ha vuelto a saber levantarse, ha aprendido más que uno al que todo le ha salido fenomenal. Nosotros, los españoles, no lo valoramos y en eso nos equivocamos.

¿Tienes en tu equipo directivo a alguien que tenga un fracaso a sus espaldas?

Sobre todo, lo que procuro es tener a gente que sepa reconocer cuándo se ha equivocado y que sepa aprender de los errores. Yo me equivoco todos los días, pero claro, el problema es intentar aprender de esas equivocaciones.

Koro Castellano para JD 1

Antes te has definido como una curranta, ¿por qué?

La discusión sobre los gurús, sobre los cerebros… No te voy a decir que no me encantaría ser uno de ellos, ¿a quién no?, pero creo que hay muy poca gente que realmente sea un visionario. Hay muy pocos Steve Jobs, hay muy pocos Jeff Bezos, hay muy pocos Bill Gates. Y los demás, los que nos dedicamos a esto en el día a día, lo importante es que sepamos que tenemos un objetivo y que queremos llegar a ese objetivo; y para alcanzarlo hay que currar, porque las ideas están fenomenal pero hay que ejecutarlas.

Y como curranta en empresas tan potentes, ¿cómo has llevado la conciliación laboral?

Pienso que a cualquier mujer que esté trabajando y le preguntes cómo lleva la conciliación te dirá que con mucho esfuerzo y, sobre todo, con mucho cargo de conciencia, pero al final la llevas. Personalmente prefiero que mis hijos vean que su madre es capaz de trabajar y aportar algo a la sociedad, de tener una responsabilidad, de tener una disciplina y de conseguir cosas, a que vean que no. No estoy diciendo con eso que alguien que se queda en casa a cuidar de sus hijos no tenga disciplina y responsabilidad, ¿eh? Lo que quiero decir es que este es el camino que yo he elegido y el otro es exactamente igual de válido, pero a mí me gusta que ellos vean que se puede hacer todo lo que tú decidas. Yo decidí esto, podía haber decidido lo otro.

Habiendo estado en empresas tan importantes, ¿te has encontrado con el famoso techo de cristal?

No, yo he tenido esa suerte. Nunca me he encontrado con barreras por el hecho de ser mujer.

¿Quizás por el tipo de empresa? ¿Crees que existe el techo de cristal?

Leo los periódicos, veo las estadísticas y sé que hay muchas mujeres que lo sufren, por eso te digo que yo he tenido la suerte de que a mí no me ha afectado.

Más de la mitad de los españoles reconocen que han empezado a escribir un libro. ¿Es así? ¿Cómo conseguís esos datos?

El 54% ha empezado, pero el 82% no lo ha terminado. Hemos hecho una encuesta porque queríamos entender por qué nuestro servicio de autopublicación estaba teniendo tanto éxito. Cuando nosotros lo lanzamos había tenido ya muy buena acogida en otros países anteriormente y sabíamos que había un público que estaba deseando publicar y que no tenía los medios adecuados para hacerlo, que había unas barreras de entrada muy altas: te pueden rechazar los agentes, las editoriales… Un 2% de los que tienen un libro escrito sin haberlo publicado indican que el motivo es el rechazo de la editorial. Eso lo asumíamos, pero lo que no sabíamos es que iba a tener un éxito tan rápido y tan brutal y por eso, después de darle muchas vueltas, después de hablar de distintas teorías entre nosotros, decidimos preguntar exactamente por qué ocurría esto.

¿Es cierto que hay cuarenta y nueve autores de lengua hispana en el Top 100 de los libros más vendidos en amazon.com?

Esto son datos del mes pasado, pero es una métrica bastante estable. Hay cuarenta y nueve autores que escriben en español que tienen un libro en el Top 100 de la tienda en español de amazon.com.

¿En amazon.es las cifras difieren o se mantienen?

En líneas generales, de los veinticinco libros más vendidos cada semana, prácticamente la mitad, el 48%, suelen ser autores KDP [Kindle Direct Publishing], aunque varía en función de la semana.

Juan Gómez Jurado nos comentaba que Amazon, al cuestionar cómo se estaban haciendo las cosas, ha obligado al sistema a evolucionar. 

Sí, creo que hemos actuado un poco como catalizador del cambio. Cuando Amazon llegó existía un sistema que había estado operando de una manera muy estable durante determinado tiempo, y digamos que nosotros introdujimos una serie de cambios y propusimos una serie de ideas que obligaron a acelerar ese cambio que iba a ocurrir de todas maneras, lo que pasa es que probablemente nosotros ayudamos a empujarlo.

También nos decía que os estáis comiendo a los pequeños libreros. ¿Es así?

No, en absoluto. Yo creo que son modelos complementarios, aunque es verdad que cada vez la gente compra más por internet. En Estados Unidos el 42% de los libros, físicos o digitales, se compran ya por internet, y en el Reino Unido es un 37%. Aquí ese porcentaje terminará llegando antes o después porque esa es la tendencia. Pero a la vez, nosotros abrimos nuestra web para que miles de comercios, incluidas las librerías, venden sus libros en papel a través de Amazon. 

La historia de Libros Alcaná lo ejemplifica muy bien. Alcaná es una librería de libros de segunda mano y de ediciones antiguas que ha subido a Amazon todo su catálogo, que tiene más de setenta mil referencias. Es de las diez librerías que venden en Amazon que más libros tiene en el catálogo de toda Europa. En este caso, internet les facilita el acceso a millones de clientes a los cuales no habrían podido llegar nunca desde su tienda en el centro de Madrid.

Cada vez vemos más librerías, o cualquier otro tipo de pyme o pequeño comercio, que utilizan Amazon como su canal de ventas online.

¿Los autores superventas que empiezan autopublicándose en Amazon acaban siempre pasándose a las grandes editoriales?

No necesariamente. Uno de los grandes cambios que estamos viendo es lo que nosotros llamamos autores híbridos. Un autor híbrido lo que quiere es quedarse con lo mejor de ambos mundos: lo mejor del papel y lo mejor de internet. Hay autores que empezaron publicando en KDP que han pasado a las editoriales tradicionales porque les han fichado, y algunos de ellos están volviendo a la autopublicación porque han decidido que es mejor para ellos mantener el control total del proceso, que eso es lo que les permite la plataforma, y hay otros como Juan que el último libro lo ha sacado con Ediciones B pero que a lo mejor el siguiente decide que lo publica con otra editorial o que vuelve a KDP. Pienso que ahí está la belleza de esto, que nosotros al final tenemos que ofrecerles tanto a los lectores como a los escritores cualquiera de las dos posibilidades y que sean ellos los que elijan. ¿Que tú quieres firmar con una editorial tradicional? Fenomenal. ¿Que te quieres quedar los derechos en digital? Fenomenal también. 

Matilde Asensi, que es el caso más reciente y digamos el más llamativo, es la primera gran autora española que ha vendido los derechos de El regreso del Catón a Planeta en papel y los digitales se los ha quedado ella. En Amazon Matilde es una autora autopublicada y también fue número uno en ventas, de hecho ha sido el libro más prerreservado de este 2015.

Como directora de Kindle en español llevas todos los mercados y ventas de Kindle en este idioma en todo el mundo. ¿Cuál es la mayor diferencia mercadotécnica de esta disolución de fronteras que supone internet?

Esa es la gran diferencia, porque al final te das cuenta de que para un autor que tiene un libro metido en la mesilla, que decide que no tiene nada que perder y que va a probar KDP, no es lo mismo ponerlo a disposición de los lectores en España que ponerlo a disposición de los lectores en ciento setenta y cinco países. Cuando tienes ahí fuera a más de quinientos millones de personas que hablan español, eso te abre unas puertas brutales. Fernando Trujillo, que es un autor español KDP, indie completamente, es el autor más vendido en México en estos momentos. Estos autores, aunque firmaran con una editorial, nunca tendrían esa distribución, porque nunca distribuirían tus libros en Israel, donde por cierto se venden muchos libros en español, o Chile. A través de la autopublicación los pueden vender en todo el mundo sin ninguna inversión previa. El potencial es enorme.

Y luego, para las editoriales, también es un cambio radical. Estamos viendo que ya hay editoriales que venden lo mismo o más al otro lado del Atlántico que en España.

Koro Castellano para JD 2

La sensación que hay es que estáis pasando de ser el enemigo de las editoriales a que os vean como un amigo.

Bueno, desde el momento en que las editoriales han visto que realmente podemos ayudar a vender más libros y a apoyar mucho más a sus autores y a sus títulos, ¿por qué no vamos a colaborar? Además les ayudamos a llegar a una audiencia que cada vez lee más libros digitales y que también compra más libros en papel a través de internet.

Volviendo a lo que hablábamos antes, el ejemplo de México es buenísimo: el 90% de los pueblos de México no tienen librería ni biblioteca pública. ¿Cómo llegan esas personas a la cultura, cómo compra un libro? No tienen librería ni biblioteca pero tienen internet, una manera muy fácil de hacerles llegar esas obras. Por eso la venta por internet está despegando tanto en esos países y por eso se abre una oportunidad buenísima para las editoriales y para los autores. Por no hablar de los clientes que compran en español en amazon.com. Hay cincuenta millones de personas que hablan en español en Estados Unidos y nosotros tenemos una página solo con títulos en español para ellos.

Ya que mencionas las bibliotecas, ¿tenéis algún acuerdo para el préstamo de libros digitales?

En Estados Unidos sí hay un acuerdo para que se puedan tomar prestados los libros de Kindle en bibliotecas, pero en Europa todavía no.

En Estados Unidos los eBooks admiten vídeo y otras características que aún no han llegado a España. ¿Cuál es el motivo? ¿Están previstas como objetivo a medio plazo?

Es una cuestión tecnológica, todavía no tenemos esas funcionalidades disponibles para España. No te puedo desvelar el road map pero obviamente nosotros lo que queremos es tener todas las funcionalidades que permitan enriquecer la experiencia de los lectores y de los autores y esto es algo que nos piden constantemente.

Una de vuestras grandes apuestas comerciales es Kindle Unlimited, que es un sistema análogo a Spotify pero con libros. ¿A partir de qué número de lecturas anuales creéis que es rentable que un usuario se haga socio?

Creo que eso depende muchísimo del tipo de usuario, es como el gimnasio o, como tú bien has dicho, Spotify. Hay gente que quiere estar apuntada al gimnasio porque le da tranquilidad mental y simplemente con ir una o dos veces al mes ya está, porque lo tiene ahí y sabe que puede utilizarlo cuando quiera, y hay gente que considera que si no va todas las semanas es un dinero mal invertido. No soy capaz de decirte una cifra porque es algo muy personal. Creo que tener la posibilidad de leer todo lo que quieras ilimitadamente entre, ahora mismo más de un millón de libros, es una muy buena oportunidad.

¿Y cuál es el feedback que estáis teniendo?

El feedback es más positivo de lo que esperábamos. Al final también volvemos a lo que son las tendencias: la suscripción está aquí y está aquí para quedarse. Habrá gente que quiera seguir comprando sus libros a la carta: «Ha salido Juan Gómez Jurado y me lo quiero comprar ahora mismo». Y habrá gente que diga: «Yo tengo una estantería con un millón de libros para elegir cuando quiera y como quiera y donde hay títulos buenísimos». Nos estamos llevando una muy grata sorpresa.

Amazon ya no paga por descarga sino por páginas leídas. ¿Ha satisfecho este cambio a los autores?

Esta fórmula solo es para los autores de KDP que están en Kindle Unlimited. Todos los cambios tienen que entenderse. Amazon tiene un fondo, que si no recuerdo mal el último mes ha sido de más de doce millones de dólares, por el cual se paga a los autores KDP que tiene sus libros disponibles en Kindle Unlimited. Entonces, si tú has escrito un libro de cien páginas y los lectores han empezado a leerte y resulta que a la página veinticinco lo dejan porque el libro no les interesa, tú vas a cobrar menos que alguien cuyo libro de cien páginas les ha interesado a los lectores hasta el final. Por eso pensamos que es una retribución más justa, porque al final los que deciden si el libro es bueno o no lo es son los lectores. Digamos que es como si tuvieras a un jurado popular ahí fuera que es el que decide qué es lo que se te va a pagar en cada momento.

¿Era una demanda de los propios autores?

Los autores son exigentes. Y es bueno que así sea. Nos piden muchas cosas e intentamos satisfacerles en la medida de lo posible.

Sin embargo resuelves un problema pero generas otro: David Cantone, que es otro de vuestros autores, comentaba en su blog que pagáis a 0.0058 dólares por página leída, que viene a ser entre ciento ochenta y doscientas palabras, y que esto beneficia sobre todo a los autores de ficción porque en los libros técnicos o de consulta a lo mejor la gente solo se lee diez páginas. 

Es una buena reflexión. No obstante, el concepto Kindle Unlimited está mucho más enfocado a la ficción que a los libros de consulta técnica. Dicho de otra forma, seguramente este tipo de libro no sea el mejor título para tener en Kindle Unlimited y seguramente habría que venderlo copia a copia.

¿Cómo se calcula aproximadamente el KDP Select Global Fund?

Actualmente, el fondo tiene 12,7 millones de euros. El porcentaje que les corresponde a los autores lo calculamos contando las páginas de los libros en Kindle Unlimited que los lectores han leído por primera vez y comparando este número con el total de páginas que se leyeron de todos los títulos que participan en el programa.  

Amazon almacena las posiciones de lectura de los libros digitales para sincronizar dispositivos pero imagino que también utilizáis esos datos para otros objetivos.

No, solo para pagar a los autores y sincronizar los dispositivos.

Una curiosidad, ¿podríais decirnos cuánta gente que se descarga El Quijote se lo acaba?

Es que nunca lo hemos medido, estos datos realmente no los analizamos. Sí que te podríamos decir las diez frases más subrayadas de El Quijote, el número de comentarios que se han hecho y, en fin, todo lo que son las funcionalidades que se usan habitualmente, pero nunca hemos hecho el análisis de cuánta gente se ha terminado realmente El Quijote o La montaña mágica, por ejemplo. 

Nosotros siempre damos las frases más subrayadas y lo que sí vi en una ocasión fue un muy buen trabajo de alguien en Estados Unidos que cogió, no me acuerdo bien pero digamos que los veinte libros más subrayados, y vio en qué página estaban las frases. De ahí dedujo, mediante un algoritmo, cuántos de estos libros se terminaban o no, y era muy interesante. Pero insisto, el trabajo era externo a Amazon en base a una información que sí proporcionó Amazon.

Me imagino que con esos datos tendréis que tener extrema precaución.

Exactamente. Nuestra tarea es poner a disposición de los lectores todos los libros jamás publicados. Y ellos deciden si llegan o no al final de las historias.

¿Cuáles son las tres frases de El Quijote más subrayadas?

Lo analizamos hace poco con motivo del 400 aniversario de la publicación de la segunda parte del libro. Y son: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura». La segunda: «Porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma». Y la tercera: «En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio».

Una petición frecuente de los lectores es que se regale la versión digital de un libro comprando la edición en papel. ¿Qué opináis vosotros? ¿Estáis por la labor?

En Estados Unidos existe un programa de Amazon llamado Matchbook, donde tú compras la versión de papel y se entrega la versión digital al cliente, con un precio que va desde 2.99 dólares hasta gratis. Sin embargo, este programa no está disponible en España. Si se lanzara aquí, tendríamos que analizar primero si es factible desde un punto de vista legal.

Koro Castellano para JD 33

Se os ha acusado de posición dominante por tener un formato cerrado. ¿Os habéis planteado que vuestros eBooks puedan ser utilizados en otros lectores que no sean Kindle?

Tener un formato único y propio tiene sus ventajas, pero también tiene sus inconvenientes. Nosotros optamos por el formato propio porque creemos que así podemos mejorar la experiencia de usuario lo máximo posible. Tenemos un ecosistema en el que podemos innovar para enriquecer la lectura, y creemos que eso, al final, es mucho mejor para los usuarios de Kindle. Por ejemplo, no solo se puede sincronizar en el último punto donde dejaste el libro, también tienes acceso a los diccionarios, las notas, los comentarios integrados o, entre otras funcionalidades, Word Wise, muy útil para leer en otro idioma: tú le dices al dispositivo el nivel de inglés que tienes, y el dispositivo ya adivina la palabra que es posible que no sepas y te la traduce sin necesidad de que pongas el dedo encima. También podemos tener tarjetas memo integradas que te permiten marcar y almacenar las palabras que no conoces y luego, cuando ya has terminado de leer, te muestra todas las palabras nuevas que has aprendido. Estas cosas solo se pueden hacer si las desarrolla uno mismo.

Pero Kindle también tiene aplicaciones para PC o para móvil. ¿Por qué un eReader de un fabricante distinto, como por ejemplo Sony, no puede leer vuestro formato?

No es necesario tener un Kindle para leer en Kindle o para comprar libros Kindle, se puede leer en PC, en Android, en tabletas. Otra cosa son los eReaders; si los otros fabricantes desarrollan sistemas para sus eReaders que nos permitan a nosotros poner nuestras aplicaciones, servirían. Nosotros desarrollamos para los sistemas operativos mayoritarios: Windows, iOS, Android…Con un iPhone, con cualquier tableta, puedes descargarte la aplicación Kindle y lees perfectamente.

¿Se lee más en tabletas y móviles o en Kindle?

De momento todavía se lee más en los Kindles, pero el crecimiento de la lectura desde el móvil o tableta es muy elevado.

Hablando de tabletas, ahora habéis sacado la nueva Amazon Fire con un precio muy competitivo si se compra con el sistema de publicidad integrado. ¿Se ha notado en las ventas?

Bueno, es que el precio del Fire sin publicidad integrada también es muy competitivo.

Ya, pero el otro cuesta cincuenta y nueve euros.

No hemos recibido ningún feedback negativo y la verdad es que se está vendiendo muy bien en España. Estamos acostumbrados a la publicidad, la tenemos asumida. Por usar el ejemplo de Spotify, si lo quieres gratis tienes publicidad. No creo que en la cabeza de los usuarios esté ese debate y, en cualquier caso, tienes las dos posibilidades. Si no te gusta recibir ofertas especiales, puedes pagar los treinta euros de diferencia y se eliminan.

¿Por qué las grandes editoriales tienen mejores condiciones en cuanto a márgenes que los autores que se autopublican o las pequeñas editoriales?

Es que la revolución que han traído los libros digitales lo ha cambiado todo: ha cambiado la manera de leer, ha cambiado la manera de comprar y ha cambiado la manera de publicar. En Amazon tenemos acuerdos directos con prácticamente todas las editoriales. Y los negociamos, como cualquier otro distribuidor, en función de varios parámetros como, por ejemplo, el tamaño de su catálogo. En cambio, KDP está pensado para que los autores autopubliquen sus libros. Ellos son sus propios editores. En KDP tenemos un rango de precios que permite que el autor se lleve hasta un 70% del precio que él ha puesto. Y este porcentaje varía en función del precio que decida el autor. ¿Por qué? Según los estudios que hemos hecho y lo que nos dicen los usuarios, pensamos que el precio de un libro digital no debería ser superior a nueve euros. El sistema de tramos nos permite orientar a los autores, decirles que con un precio más elevado van a vender menos y, por tanto, van a ganar menos. De este modo, intentamos encontrar el precio que los consumidores creen que debe costar un libro digital. Hemos preguntado en focus groups cuánto estarían dispuestos a pagar por un libro digital los lectores, que no saben nada de gastos de distribución, de gastos de traducción, de gastos de papel, que solo quieren coger un libro y leerlo. La respuesta mayoritaria que obtenemos, y es una respuesta instintiva, es: «Máximo, nueve euros». 

Nosotros intentamos hacer caso a estos lectores y, de la misma manera, intentamos explicarle esto a los editores. Intentamos darles información y orientación para que sus libros se vendan lo máximo posible.

Entonces, ¿cuál consideras que debe ser el precio medio óptimo de las novedades?

Pensamos que una novedad no debe estar por encima de 9.99€. Pero insisto, no porque lo pensemos nosotros, sino porque es lo que nos han dicho los lectores. A nuestro entender, las novedades deberían estar a ese precio y, evidentemente, los libros de catálogo a mucho menos. Esto forma parte de una discusión muy interesante: la política de precios y los precios móviles. O sea, cómo un libro puede tener distintas vidas en función del precio que tú le vayas poniendo a lo largo de su recorrido.

En países donde existe una ley del precio fijo como Alemania, Francia o España muchas veces tenemos la mentalidad de que un libro tiene un precio y que ese precio es válido para siempre, y no es así. Los editores pueden poner distintos precios a los libros en distintos momentos, y no necesariamente a la baja, para alargar su vida y para llamar la atención de los lectores.

El precio de los eBooks está condicionado también por el llamado entorno de ocio digital. Esa es otra discusión interesantísima: ¿Quién es hoy el mayor competidor de un libro? El Candy Crush.

Finalmente habéis llegado a un acuerdo con Hachette en cuanto al precio de los libros y acaba de salir un informe que refleja que desde que ellos ponen los precios del libro digital sus ventas han caído respecto al año anterior. ¿Confirmaría eso lo que me estás diciendo?

Sí. Hay un tema muy importante: los libros digitales cada vez se venden más, el mercado crece, pero el mercado no solo se compone de las ventas de los libros de las grandes editoriales. El mercado se compone de las ventas de los libros de las grandes editoriales, de los autores autopublicados y de los modelos de suscripción, es decir que tiene tres patas. ¿Qué pasa? Que las grandes editoriales deciden subir los precios de los libros y es evidente que esto afecta a las ventas. Pero el mercado de la lectura digital son las tres patas, no solo una.  

¿Cuál es la relación de crecimiento de España respecto a Europa o Estados Unidos en cuanto a la compra de libros digitales? ¿En España se crece más rápido, está en la media o por debajo de ella?

Nosotros seguimos creciendo estupendamente. Hay países en los que el mercado del libro digital está muchísimo más avanzado, Reino Unido, por ejemplo, donde llevan más tiempo y es un mercado maduro. España e Italia vamos más retrasados, pero nuestras ratios de crecimiento son muy elevados.

¿Crees que influye mucho en las ventas el sistema de recomendaciones de Amazon o Goodreads en relación con la valoración de los medios tradicionales?

Influye muchísimo. Al final, cuando estás a punto de comprarte un libro, tienes dos maneras de saber de qué va ese libro: en los libros físicos la contraportada, que para nosotros es lo que llamamos la página de detalle, en la que alguien te cuenta de qué va: si es un thriller, si es una novela de misterio… Pero luego tienes que saber si ese libro es bueno o no, y para eso las estrellas, los ratings que ponen los usuarios y los comentarios son fundamentales.. Los libros más populares y los que más venden son siempre los que mejores ratings y comentarios tienen.

¿Para cuándo un Goodreads en español? Es una petición de muchos usuarios.

Yo también lo pido [risas].

Solo tenéis diez mil seguidores en la página de Kindle España en Facebook, siendo esta la red social que mejor está funcionando para atraer clientes y realizar ventas. ¿Es una cuestión estratégica no depender de Facebook o estáis en ello y sí queréis vender a través de esta red social?

Habiendo trabajado en Tuenti, te puedes imaginar que mis dudas sobre la eficacia de las redes sociales son inexistentes. O sea, yo soy una absoluta convencida de que son canales que sirven para varias cosas, no solo para vender. Sirven para estar en contacto con tus usuarios, sirven para escucharles, sirven como canal de quejas y canal de feedback, pero también sirven para vender. Lo que nosotros tenemos que entender exactamente es cómo convertir mejor a través de estos canales. No consiste en estar por estar, hay que estar con unos objetivos y con una estrategia.

Eso se arreglaría creando una estrategia, entonces la duda es por qué no habéis trabajado ese canal. Parece que lo veáis más como una competencia o como un «no alimentar al trol». ¿Cuánto está uno dispuesto a depender de Facebook?

Yo personalmente no lo considero un trol y en Amazon tampoco. Creo que estamos intentando entender cómo sacarle el mayor partido y no dar palos de ciego. Me parece que esa sería la traducción más acertada de lo que estamos haciendo.

Koro Castellano para JD 4

¿Vosotros también facilitáis herramientas de marketing, en este caso a las editoriales? ¿Se puede pagar por estar mejor posicionado?

Tenemos distintos acuerdos de marketing con las editoriales, pero pagar para estar mejor posicionado nunca en la vida. De la misma forma que las librerías tiene su mesa de novedades, las editoriales pueden acceder a herramientas que les dan más visibilidad en la página y, si te ven más y compran más, el algoritmo funciona mejor. Son opciones para incrementar tu visibilidad, pero nunca para estar mejor posicionado. Esto lo deciden los lectores.

Hay SEO y hay SEM, digamos.

Está muy bien visto lo del SEO y el SEM porque es exactamente eso: hay un posicionamiento orgánico que no se toca y el algoritmo nunca va a recomendar un libro porque alguien haya pagado, pero sí puede tener más visibilidad

¿Hay alguna editorial grande que ya esté trabajando con vosotros en este sentido?

Esto forma parte de los acuerdos, exactamente igual que en el mundo de papel. Entra dentro de los planes de promoción de las editoriales, igual que en el mundo físico. La editorial va a lanzar un libro y te dice: «esta es mi apuesta para esta temporada ». A nosotros nos gusta vernos como socios de las editoriales en el sentido en que las apoyamos, como por ejemplo con las ofertas de Kindle Flash, las promociones… Todo eso se hace de acuerdo con las editoriales.

¿Cuáles son los criterios para censurar un libro en Amazon?

No censuramos libros. Eso sí, tenemos unos guidelines para los libros autopublicados que especifican que no pueden ser libros racistas, ni sexistas, ni de apología del terrorismo…

Ha habido varios casos de autores quejándose de censura, por ejemplo el de una ficción en la que se hablaba de incesto que fue retirada. ¿Cuál sería el criterio, si es Lolita de Nabokov sí pero si lo escribe otra persona no? Es decir, ¿si está reconocido por la sociedad o si lo edita Planeta sí y si lo hace un autopublicado no?

No, hay una serie de guidelines absolutamente exhaustivas. La subjetividad en estos casos es muy peligrosa y nosotros intentamos no ser subjetivos.

¿Tenéis un equipo de censores?

No [ríe]. Tenemos una serie de procesos automáticos que identifican una serie de características de los libros y luego hay un equipo de gente que toma decisiones. Mein Kampf, por ejemplo, que es un libro prohibido en Alemania, no se vende en amazon.de. Pero eso no quiere decir que tengamos un equipo de censores, quiere decir que tenemos que ser sensibles también al sentimiento de la sociedad en la que operamos.

El año pasado en Francia pusieron en marcha la denominada Ley Amazon, de corte proteccionista, en la que se obliga a Amazon a cobrar por el envío del libro, y Amazon reaccionó poniéndolo a 0.01€ ¿Cuál es el mensaje, se le pueden poner puertas al campo?

No se le pueden poner puertas al campo. Al final nuestra política está siempre centrada en beneficiar al usuario, en beneficiar al consumidor, en beneficiar al lector. Entonces, si tenemos las posibilidades de hacerlo, nuestra obligación será actuar en defensa de ese consumidor.

¿Se ajustan las condiciones que impone Amazon a las editoriales a las normas de competencia de la Unión Europea? Lo digo porque hay una demanda al respecto.

Pues claro que se ajustan. Sí, hay una demanda, pero todo lo que hacemos se ajusta absolutamente a la legalidad y cumplimos la ley en todos los países en los que operamos.

¿En general, crees que ahora se lee menos o más?

Ahora compites contra muchas otras formas de ocio. Compites contra llegar a tu casa agotado, sentarte delante de la tele y que te pongan una reposición de Sálvame o una película, que es gratis, todo es gratis. O, yo qué sé, ver en el telediario lo que ha pasado en París o coger la tableta y meterte en Facebook… Entonces, desde ese prisma, la lectura tiene más competidores de los que tenía antes, y de nuevo aquí el precio tiene un impacto muy importante. Pero nosotros también tenemos datos que podrían contradecir eso: una persona que tiene un Kindle multiplica por cuatro su compra, tanto de libros físicos como digitales, respecto a cuando solo adquiría libros físicos a través de Amazon. ¿Lees más? Compras más.

Según esto, la auténtica competencia de la lectura serían los juegos de móvil o las series de televisión. ¿Hay una pelea por el ocio?

Sí, absolutamente. Hay una pelea por el ocio, hay una pelea por tu tiempo libre y hay una pelea muy encarnizada en el mundo de las aplicaciones. Al fin y al cabo, Facebook es una aplicación, Instagram es una aplicación, el correo electrónico termina siendo una aplicación porque va contigo en los móviles, y tu rango de tiempo libre son unas determinadas horas o minutos al día y eso es muy importante que lo entendamos los que queremos que la gente lea, los que amamos la lectura, los que leemos mucho. Tenemos que darnos cuenta de que estamos en un campo de batalla donde hay gente que viene muy bien armada y a precios muy competitivos o gratis.

La primera librería física de Amazon arma su escaparate basándose en la valoración de los libros que la gente ha comprado por internet, la cantidad de reservas previas y su popularidad en Goodreads. Suena bien.

Sí, digamos que el objetivo es unir lo mejor de los dos mundos. Si tú tienes esa información antes de comprar un libro, te estoy proporcionando una información valiosa, te estoy ayudando en tu proceso de compra. Además, no sé si has visto que recomendamos que lleves el móvil contigo cuando vayas a la tienda. ¿Por qué? Porque tienes más información todavía, mucha más de la que te podamos mostrar en el espacio físico.

¿El objetivo es montar muchas más librerías Amazon?

De momento vamos a ver cómo funciona la primera.

¿Vuestro objetivo final es convertiros en editorial?

Amazon ya tiene una editorial en Estados Unidos que se llama Amazon Publishing, que identifica historias que han triunfado en cualquier lugar del mundo y las edita para que puedan llegar a incluso más lectores. También traducimos libros de autores KDP de otros países al inglés o al alemán. En España acabamos de lanzar ocho títulos de Amazon Crossing, nuestro sello especializado en traducciones. Se trata de libros que han cosechado mucho éxito en el mercado anglosajón y que nadie había traducido al español hasta ahora.

¿Trabajar en Amazon es una pesadilla tal como contaba The New York Times este verano?

Yo no he visto a nadie llorar en su mesa. Sinceramente, no reconozco a la compañía que describía el artículo.

¿No tenéis mesa de ping-pong como en Google?

Solo tenemos manos de colores pintadas en las paredes. No tenemos mesa de ping-pong pero yo tampoco creo que tenerla me hiciese más feliz, sinceramente.

¿Sueles ir a librerías? ¿Cuál es el último libro que has comprado?

Yo sí. El último libro que he comprado es el de Magallanes de Stefan Zweig y lo he comprado en físico en Amazon porque no está en digital, me llega hoy.

Para acabar, recomiéndanos un libro.

El poder del perro, de Don Winslow, un poco bestia pero buenísimo. No encuentro un adjetivo mejor que bestia, es escalofriante. Me lo acabé y empecé El cártel, me metí los dos en vena uno después del otro. He entendido muchas cosas que me hubiera gustado no saber, se te quita la inocencia.

Koro Castellano para JD 5

Fotografía: Lupe de la Vallina

Documentación: Loreto Igrexas


José Ignacio Wert: «A los quince años el 45% del alumnado ha repetido al menos una vez. Esto supone un coste para el sistema brutal»

José Ignacio Wert para Jot Down 0

José Ignacio Wert (Madrid, 1950) es licenciado en Derecho, sociólogo, políglota, profesor universitario y ministro de Educación, Cultura y Deporte. Es el ministro más tecnócrata del Gobierno y el peor valorado. Aunque lo notamos cansado —viene de una reunión importante— nos atiende con una sonrisa y se pone completamente a nuestra disposición. 

Ahora que en lugar de hacer encuestas es ministro, ¿ya no tiene que hacerse pasar por pianista de un burdel? [El contexto que pide el ministro Wert, y la excusa para esta pregunta, es un artículo suyo de 2002: «No le contéis a mi madre que hago encuestas políticas. Ella cree aún que soy pianista en un burdel» N. d.R].

No llegué a hacerlo nunca, hay que contextualizar esto. El chiste se lo había tomado prestado al que era el publicista de cabecera de Mitterrand, que presidía una de las agencias más importantes de Francia en aquella época: «No le contéis a mi madre que me dedico a la publicidad; decidle que soy pianista en un burdel».

En ese artículo usted comenta que los desaciertos más importantes en las encuestas se producen en elecciones de mayor resonancia pública. Las elecciones americanas de 2012 tuvieron un ganador inesperado: Nate Silver y sus modelos estadísticos, que predecían el resultado de las elecciones basándose en las encuestas en estados clave. ¿Es aplicable este tipo de metodología a las elecciones generales de nuestro país?

No, no es aplicable. La razón tiene mucho que ver con la diferencia de sistema electoral. EE. UU. tiene un sistema mayoritario por estados. En realidad, al presidente no lo eligen directamente los ciudadanos, sino un colegio electoral, en el que cada estado, en función de su población, cuenta con con un bloque de  delegados o compromisarios. Rige el principio «The winner takes all», es decir, el que gana en un estado obtiene todos los compromisarios. Hay estados rojos y Estados azules en los que, pase lo que pase, van a votar republicano o demócrata, y hay «switch States», estados que pueden cambiar. El número de estos varía, oscila entre un tercio y la mitad de los estados. En el resto no hace falta hacer encuestas.

Y, limitadamente, pasa esto en España. Realmente aquí, si uno quisiera ser muy eficiente en el empleo de los recursos, y en un panorama partidario más o menos estable, habría unas veinticuatro provincias españolas donde no sería necesario hacer encuestas. En todas las que son de menos de cinco diputados tiene que darse una situación muy excepcional para que el reparto no sea 2/1 en las de 3, y 2/2 en las de 4 y 3/2 en las de 5. Es decir, en las provincias donde se eligen cinco diputados o menos, el coste relativo para un tercer partido de entrar en reparto es muy elevado. Ahora, en una situación tan fluida como la que hay, probablemente, si a mí me asignaran la tarea de hacer la muestra más eficiente posible, y eso incluyera la posibilidad de dejar de hacer encuestas en algunas provincias, no sé si me atrevería.

Hablando del sistema electoral, hemos visto algunas sorpresas en los resultados de las recientes elecciones europeas, donde tenemos una única circunscripción. Cuando decimos que estos resultados no son extrapolables a unas elecciones generales, ¿es por la circunscripción única?

Creo que los resultados de las elecciones europeas no son extrapolables no tanto por el distrito único como por la participación. Es decir, una participación del 45%, que es básicamente la misma que la que hubo en el 2009, evidentemente limita mucho el utilizar los datos para otras elecciones.

Piensa más en esto que no en un voto estratégicamente diferente, digamos.

Las elecciones europeas, que los electores las perciben no ya como de segundo orden, sino como de tercero, son oportunidad para emitir lo que se llama un «voto expresivo». Incluso, si uno mira la encuesta postelectoral del CIS, se ven movimientos de retoque que parecen más bien regidos por una lógica browniana de partículas moviéndose sin sentido por el espacio. La profundidad, digamos, de la sacudida del mapa político que sugeriría si fuera extrapolable la elección europea no es razonable presumir que se vaya a mantener. Y hasta aquí puedo leer…

Usted estuvo en el nacimiento del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

No, no. El CIS es incluso más viejo que yo. Antes se llamaba Instituto de la Opinión Pública, se fundó en los sesenta. Yo estuve entre el 79 y el 81.

Tenemos entendido que no existen este tipo de centros de opinión en otros países, y menos dependiendo del Ministerio de la Presidencia, sino que lo que se hace es sacar encuestas a concurso.

Sí, suele ser así. En Francia sí lo hay, depende del Ministerio del Interior. En la mayor parte de las democracias europeas —en EE. UU., por supuesto, no hay nada parecido— lo que hay es un sistema de convenios con centros universitarios, o no hay nada.

¿Y le gusta ese modelo? Que haya una institución pública que se encargue de hacer esas encuestas.

Yo soy muy poco objetivo hablando del CIS. Cuando has estado trabajando en un sitio… Me parece que a veces se da excesiva  importancia al hecho de que una encuesta venga del CIS o venga de cualquier otro sitio; el CIS trabaja con criterios profesionales, y es muy transparente en su gestión. Es decir, cualquier investigador tiene acceso a las bases de datos originales, puede acceder a los microdatos sin ningún requisito.

Quizá lo más delicado es cuando hay preguntas de naturaleza electoral y se hacen estimaciones. Ocurre que no hacerlo sería incluso más delicado: lo que quiero decir, para la gente que no tenga conocimientos sobre la materia, un dato bruto en relación con una estimación de lo que puede suceder en una elección está demasiado lejos. La verdad es que si uno examina el recorrido del CIS, que lleva haciendo encuestas durante todo el periodo democrático, se llega a la conclusión de que no hay relación entre los resultados de las encuestas y el partido en el poder en ese momento.

José Ignacio Wert para Jot Down 1

Más adelante impulsó y presidió Demoscopia.

Me ha gustado lo de impulsar… Demoscopia existía como marca, pero no como empresa, cuando yo me hice cargo de ella. Demoscopia consistía en mí mismo y una secretaria. Cuando me fui la plantilla era de más de doscientas personas.

¿Qué diferencia hay entre trabajar en Demoscopia y en el CIS? ¿Se utilizan técnicas diferentes?

Demoscopia fue la primera empresa que en España utilizó industrialmente el teléfono asistido por ordenador, CATI, como técnica de recogida de información. Teléfonos asistidos por ordenador. Luego fue la primera empresa que, también industrialmente, utilizó el Computer Assisted Personal Interview, CAPI, es decir la entrevista cara a cara sin papel, con tablet.  

La diferencia mayor, y muy importante, es que en una empresa privada todos los meses tienes que pagar la nómina. En el otro lado, en el CIS, está el capítulo I de los Presupuestos Generales del Estado. Y en una empresa como Demoscopia, que estaba y sigue estando especializada en opinión pública, la verdad es que los trabajos estrictamente de naturaleza política no representaban más del diez o el quince por ciento de la facturación y había que vender muchos estudios de otro tipo: financieros, de consumo…

En el año 2000 escribió un artículo en Claves de la razón práctica: «Internet y España: reflexiones impertinentes», en el que abogaba por políticas activas que facilitasen la incorporación a la sociedad del conocimiento de quienes tuvieran algún tipo de hándicap en el acceso. ¿Es una asignatura superada? ¿Estamos al mismo nivel que el resto de los países de la Unión Europea?

Estamos un poquito atrasados, aunque ha habido mucho catch up con Europa. La información más sólida sobre el acceso a internet de carácter periódico, que es la del Estudio General de Medios, lo que nos muestra es que estamos en un rango que podríamos llamar mediterráneo, que es el de los países del sur de Europa, caracterizado por una mayor distancia que la de los países centroeuropeos y del norte, muy retrasado por la gente de más edad. Ahora mismo hago memoria, y usuarios regulares, en el sentido de que todos los días realizan alguna actividad a través de internet, estimo que está entre el sesenta y el sesenta y cinco por ciento. Que es menos que la media europea. La distancia, no obstante, se va acortando. Pero sí que hay gente a la que le cuesta usar el correo o tener una charla por Skype.

España también tiene una sociedad más envejecida.

Sí, eso influye. No solo el porcentaje de población envejecida, sino el nivel educativo, sobre todo de la gente de más de setenta años.

En el mismo artículo trabaja con un neologismo anticipado a su tiempo —hace catorce años— que cada vez tiene más relevancia, lo que usted llama lo glocal: el hecho de que las tendencias globales se articulan y modulan en función de factores locales. ¿Es la denominada «tasa Google» el factor local con la que el Estado quiere modular de forma intervencionista la relación entre los lectores y los medios?

Lo primero es rechazar la etiqueta. No es tasa Google, es la posibilidad de que exista una remuneración a cargo de los agregadores hacia los medios cuyos contenidos agregan.

Creo que las intervenciones en favor de la protección de datos y la propiedad intelectual tienen mucho menos que ver con el intervencionismo y concepción lineal, si se quiere poner en esos términos, que con la protección de los titulares de los derechos (editores, autores, etc.). La solución a la que aquí se ha llegado, que es una solución relativamente similar a la que se ha buscado en Francia y Alemania respecto a tener derecho a una compensación por parte de los agregadores de noticias. Creo que es una solución, como casi todas las que se dan en este terreno, discutible. Aquí no hay absolutos. Pero, a nuestro juicio, supone un punto de equilibrio razonable entre la retribución que puede esperar quien agrega y la retribución que puede esperar quien produce.

Antes de que se aprobara esta ley, en Francia ponían en marcha la Ley Amazon, también proteccionista, en la que obligan a Amazon a cobrar por el envío de libros. Amazon ha reaccionado poniendo un precio de 0,01€. ¿Cuál es el mensaje? ¿Se le pueden poner puertas al campo?

Creo que no se pueden poner puertas al campo, pero hay que intentar que esa transición, que en este caso es una transición puramente comercial dominada por el intermediario digital, se produzca sin que se derrumbe totalmente la red comercial tradicional. Al principio pensábamos en los libreros, pero ahora ya la condición de Amazon, que entra a todo… Ahora ya se trata de todo el comercio.

Yo no creo en las barreras proteccionistas, pero sí creo que hay que intentar influir, de la misma forma que se ha intentado que la entrada de Amazon en España se hiciera a través de las librerías, por ejemplo. Las librerías participan. Evidentemente internet, en su conjunto, lo que hace es reducir costes de transacción, por tanto cuantas más barreras proteccionistas menos eficiente es la transacción. Pero, al mismo tiempo, una revolución tecnológica de este tipo, que en sí misma es muy buena para el consumidor, hay que intentar que no arrastre a todo el sector, o por lo menos que no lo haga desordenadamente, que se obligue al comercio tradicional a ser más eficiente. Lo que no se puede es proteger la ineficiencia.

Volviendo a la tasa Google, la nueva ley obliga a que quienes agreguen contenidos de terceros tengan que pagar un canon a los editores de los contenidos y estipula que esta compensación es un «derecho irrenunciable». Es decir, que los editores no podrán renunciar a recibir esa compensación aunque así lo quisieran. ¿Qué motivo hay para que sea un derecho «irrenunciable»?

En general se considera que los derechos de propiedad intelectual tienen esa nota de irrenunciabilidad. Lo que pasa es que yo creo que esto es compatible con permitir Creative Commons o Copyleft u otra estrategia de ese tipo.

No sé cómo acabará el tema de los agregadores, pero tengo la impresión de que se llegará a un acuerdo entre los agregadores principales y los medios, también agrupados, y que eso dejará espacio para la gente que trabaja bajo Creative Commons u otras.

José Ignacio Wert para Jot Down 2

En 2009 escribió otro artículo: «Los medios en España», en el que se hacía eco de las palabras de un gurú americano que literalmente decía que había que exterminar a los parásitos en referencia a los agregadores de contenidos. ¿Estaba en su hoja de ruta?

Es fascinante cómo conectáis las cosas [risas]. No recuerdo ese artículo.

Hay una nota de prensa que indica que la tasa Google no se aplicará a las redes sociales. Si no hay definición de las mismas en el derecho español, ¿qué significa ese concepto para el Ministerio? ¿A quién no va a afectar?

A quien no lo hace con fines comerciales, lógicamente.

Facebook gana dinero con la publicidad, Twitter lo mismo… ¿Les afectaría? ¿Tendrían también que compensar?

La verdad, no es ese el propósito. Luego vendrán los especialistas en propiedad intelectual a cortar un pelo en cuatro, pero la idea no es esa. Los grandes mamuts de las redes sociales, como estos que citas, ahora valen mucho dinero, su capitalización bursátil es muy alta, en función más que de un negocio solidado en una expectativa de negocio fundada en la capacidad de generar tráfico. Pero, realmente, no sabemos cómo de negocio va a ser. Sería intentar responder antes de que la pregunta esté totalmente formulada.

Es decir, no se excluyen, que era lo que decía la nota de prensa.

No, no están comprendidas. Lo que yo decía es que las redes sociales tienen dos tipos de personalidad: son una herramienta de empoderamiento de la relación social, digamos gratuita, y luego una parte que es un negocio. Y los negocios, todos, tienen una cierta fiscalidad, sea el negocio del tipo que sea.

Ahora bien, si la pregunta es si las redes sociales están afectadas, la respuesta es no.

Con respecto al IVA cultural, parece que el lobby de galeristas y falleros es más potente que el de los actores y productores. ¿Por qué se optó por bajar el IVA a los primeros? ¿Está previsto que baje el IVA del cine? ¿Y de los libros electrónicos?

Respecto al IVA, cada sector intenta que sus productos estén gravados con el tipo más bajo, y luego hay una cierta presión por parte de la Unión Europea que nos dice que tenemos demasiados tipos reducidos y superreducidos. Y, además, hay unas necesidades recaudatorias. Esto ha llevado a lo que ha llevado; quien toma este tipo de medidas, que es el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, no lo hace por gusto. Ahora el tema de la reforma fiscal que va mañana al Consejo de Ministros, en principio el IVA no está tocado. Habrá una discusión parlamentaria y ya se irá viendo. Yo estoy seguro de que en el momento que la tensión por la consolidación fiscal baje considerablemente esta será una de las primeras cosas que se revisen, pero  cuando sea fiscalmente viable.

Usted declaró en 2012 que el Ministerio era partidario de homologar el IVA del libro digital al del papel, pero que no se había aplicado la medida por problemas con una directiva comunitaria. ¿Han renunciado a impulsar ese tema? Desde un punto de vista cultural, y medioambiental, mantener esa diferencia entre un producto y otro parece un sinsentido.

Hoy todavía, el libro digital, respecto al libro en papel, representa unas cifras muy pequeñas, no llega al 6% del negocio del papel. Lo que ocurre es que la industria del libro digital tiene una facilidad para deslocalizarse mayor: no tiene costes de transporte, ni de distribución. En principio, el Ministerio de Hacienda mantiene regímenes fiscales separados. Creo que, probablemente, habrá una normativa europea para que esa fiscalidad converja.

Hemos entrevistado a muchos científicos y la mayoría coincide en señalar que los tres grandes problemas de la universidad española son la endogamia, el parasitismo y cierto cainismo. ¿Coincidiría en aplicar alguno de estos términos?

Los problemas que tiene la universidad española son de distinto tipo. En lo que se refiere al profesorado y la selección del profesorado, el sistema lleva a que la movilidad sea muy escasa y eso es un problema.

La reforma que proponen desde el Ministerio toma alguna medida en ese sentido, sobre la forma de reclutar el profesorado. ¿Es cierto?

Que afecte a la selección no digo, pero sí a la acreditación del profesorado, hay una reforma que lleva a cabo la ANECA que, en principio, respecto al sistema actual, da más peso a la investigación del que actualmente tiene, y valora menos la gestión dentro de la propia universidad; valora más la experiencia profesional fuera de la propia universidad.

Al final, la autonomía universitaria daría lugar a que, idealmente, hubiera un margen mayor por parte de las universidades para decidir sobre la manera en que van a seleccionar a su personal, habría una cierta garantía de que la gente de fuera pudiera entrar, y, sobre todo, lo que es importante, eso tendría un efecto sobre la internacionalización, puesto que no se trata solo de los estudiantes, sino de atraer a profesores.

Hemos leído que lo que proponen es una nueva acreditación del profesorado que pasará a ser más «cualitativa». ¿En qué consiste?

En las áreas de conocimiento no es lo mismo el valor que tiene la publicación en una revista de referencia o la cantidad de cosas que se publican en un área como biología que en un área de humanidades, como la de historia. Así, lo que hay que hacer es especializar más y utilizar un benchmark internacional. Esto implicaría que un elemento de valoración de la producción de investigación —sea el que sea— dentro de ese campo de especialización, esté internacionalmente acreditado. Quiero decir que si estamos hablando de biología, en que el número de revistas de primer cuartil están muy consolidadas y se sabe cuál es la media de papers de un profesor, se utilice esa referencia antes que otra que no es cualitativa, que se refiere al número de trabajos y que quizá tiene un componente más burocrático y atiende menos al impacto y a la calidad de la producción investigadora.

La necesidad de especificidad parece razonable, pero el sistema puede seguir siendo cuantitativo. Son todo números.

Claro, como el índice H, el i10 o cualquier otro factor de impacto.

¿Se han planteado valorar también la divulgación como mérito, algo que se hace en otros países?

Como tal no. Lo que pasa es que lo que entienden los franceses por divulgación es también producción de investigación.

José Ignacio Wert para Jot Down 3

Federico Mayor Zaragoza le hacía dos preguntas retóricas a usted y la LOMCE cuando le entrevistamos. ¿Por qué el ministro Wert no consulta en lugar de fiarse de estos informes terribles de la OCDE, que es una institución económica? ¿Por qué no consulta a los maestros e incluso a los maestros jubilados?

(Risas). Es que… A él quién le ha dicho que no se ha consultado a los maestros, ¿se ha consultado a los marcianos? Luego, la OCDE es, de lejos, de lejos, la organización multilateral que de forma más sistemática, continuada y  con mayor calidad trabaja sobre resultados educativos. De manera que esa pregunta lo que sugiere es que el señor Mayor no está muy al día de lo que hace la OCDE.

Cuando se observan otros sistemas universitarios, uno encuentra que el modelo anglosajón es muy privado y el nórdico muy público.

Bueno, a ver, creo que esto es importante… La gente se cree que la universidad anglosajona —EE. UU., Inglaterra, Australia, etc— es básicamente privada, lo cual no es cierto. La universidad anglosajona es esencialmente pública, las grandes universidades inglesas, el Russell Group, son en su totalidad universidades públicas, y las que son privadas, por ejemplo la London School of Economics, no es pública en el sentido de que no lo es su titularidad, pero lo es porque en su actividad académica es una organización de carácter no lucrativo. Y es verdad que en EE. UU. hay grandes universidades privadas como Harvard o Stanford, pero también hay enormes universidades públicas, como todo el sistema de University of California.

Ocurre que no hay grandes diferencias de financiación entre las públicas y las privadas. Cambridge tiene un presupuesto de mil quinientos millones de libras; de ese presupuesto el 15% son fondos públicos, pero no fondos públicos como los entendemos aquí, no, se trata de proyectos competitivos, y todo el resto de la financiación es la que proviene de los fees que pagan los estudiantes y, sobre todo, de los proyectos de investigación de la propia universidad. En ese sentido una universidad privada tiene el mismo acceso a los fondos del REF —Research Excellence Framework— que una universidad pública. Técnicamente hablando, en realidad, el sistema universitario inglés es todo público, porque todos tienen acceso de la misma manera a los fondos públicos, cosa que aquí no sucede.

Pero algo que sí tienen en común estos otros sistemas universitarios es, precisamente, esa independencia de las universidades.

Desde el punto de vista de la financiación, hay básicamente tres modelos en Europa. El anglosajón que es un sistema público, pero en el que la contribución privada es dominante, incluyendo las tasas que pagan los estudiantes que en los estudios de grado oscila alrededor de nueve mil libras al año (unos doce mil euros).

Y luego hay otros dos modelos, que están más extendidos. Uno sería el de Francia, Alemania y la mayor parte de los países nórdicos, en el que prácticamente no hay tasas, es decir, todo es financiación pública, más o menos competitiva entre universidades (más bien menos que más). Se entiende aquí que en vez de cobrar al estudiante el coste de la formación universitaria ya lo pagará luego al tener más ingresos y pagar por tanto más impuestos. Estos sistemas tienen dos características fundamentales: una carga impositiva alta y, el más importante y en el que menos se repara, un sistema de filtros mucho más selectivo. Es decir, en Alemania no llega a la universidad el que quiere. No digo que el sistema no sea equitativo. Es un sistema de acceso con sistemas selectivos muy restringidos, se le deja al estudiante menos libertad para elegir lo que quiere estudiar. ¿Por qué? Pues porque la lógica del sistema supone que lo que ha estudiado le va a servir para encontrar un trabajo lo suficientemente bien retribuido como para que le devuelva a la sociedad el esfuerzo que la sociedad ha hecho para su formación.

Luego está el tercer sistema, que es el de España, que reposa básicamente en la financiación pública, en el que hay tasas, pero que no cubren sino una parte muy pequeña del coste y en el que, a su vez, la mayor parte del coste se cubre con recursos públicos, más o menos selectivos, en esto hay diferencias entre países.

A veces se piensa que, por definición, un sistema de tasas más elevadas es menos equitativo que uno de tasas bajas o tasas inexistentes. Y esto, realmente, no soporta un análisis un poco riguroso. Porque lo que se quiere decir es que si la probabilidad de acceso a la universidad no se distribuye equitativamente entre las distintas categorías sociales, no parece justo que a aquellas categorías sociales que tienen más facilidad de acceder a la universidad, la sociedad, con los impuestos de todos, les pague una parte mayor de su formación. Pero esto es una discusión a la que esta sociedad es extraordinariamente resistente a entrar. Cada vez que se dice alguna cosa en este sentido hay reacciones en contra desde los sitios más inesperados, por cierto. Sindicatos de izquierda, partidos de izquierdas ponen el grito en el cielo. Creo, sinceramente, que una reflexión sobre la equidad en este terreno habría que abordarla con menos prejuicios y un poco más de racionalidad.

Desde este punto de vista, si lo que se pretende es fomentar la igualdad de oportunidades, lo que habría que hacer es dedicar más gasto a las primeras etapas educativas.

Esto es una discusión diferente. Donde la inversión en equidad es más importante es al final de la etapa obligatoria. Porque, de hecho, cuando ya han acabado la secundaria obligatoria, y sobre todo al acabar el bachillerato, las diferencias de rendimiento en función de la clase social han desaparecido. Ha desaparecido, probablemente porque quien viene de un estrato menos favorecido ha hecho un esfuerzo mayor. Es decir, porque el filtro se ha producido antes.

¿No debería por tanto intervenirse antes?

Creo que sí, y ese es el sentido de buena parte de la reforma que hemos puesto en marcha.

Respecto a lo que hablaba de la financiación, la nueva fórmula del 3+2 que potencia los másteres, ¿puede resolver esos problemas de financiación?

La experiencia internacional nos enseña que hay un buen número de grados en los que el estudiante, una vez consigue el grado, no sigue el máster. Hay excepciones globales: los másteres que dan acceso al ejercicio de profesiones reguladas, lo que se llaman másteres profesionalizantes. El máster en este caso está integrado en el paquete formativo a través del cual se consigue el empleo. Esto hay múltiples grados en que no sucede.

La posibilidad de grados de 180 ECTS surge de la observación de la realidad. ¿Qué países tienen exclusiva y obligatoriamente grados de 240 ECTS? Armenia, Azerbajan, Turquía, Georgia, Rusia y España. ¿Qué países tienen mayoritariamente grados de 180? Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Bélgica  y Holanda. Y luego hay muchos países que tienen ambos. Y, además, es que es muy lógico que sea así, porque el modelo de Bolonia, básicamente, es un modelo que señaliza una formación básica y muy troncal en el grado y una formación muy especializada en el máster. Hay profesiones que no requieren esa especialización y otras que no la requieren necesariamente, y otras en las que sin estar especialmente requerida, es un escalón de progresión natural. Por eso son sistemas más flexibles.

Desde el Ministerio no imponemos a ninguna universidad los grados de tres años, por eso me sorprende la reacción que ha provocado en los rectores. Es la propia universidad la que decide. Así, no se entiende que la propia universidad a la que se le da la posibilidad de tomar la decisión diga, como ha dicho un rector cuyo nombre no diré, que es «una barbaridad». Según esa idea, los bárbaros son Francia, Reino Unido, Bélgica, etc. Y los civilizados Armenia, Azerbaján… No tiene sentido. Se ha planteado con carácter selectivo y optativo, que cada uno piense cuándo quiere introducir el cambio, si es que lo quiere introducir.

José Ignacio Wert para Jot Down 4

Siguiendo con la financiación, ha hablado de modelos de financiación respecto de los estudiantes. ¿Y con respecto a la financiación de la universidad en España? El anglosajón se diferencia mucho porque percibe dinero en función de los resultados.

Claro, claro. En España hay una financiación basal, que gira en más del 90%, según el número de estudiantes, y que realmente es ciega a los resultados.

¿Esto no va a cambiar con la reforma?

La financiación es cosa de las Comunidades Autónomas. Por tanto son estas las que deciden. Nuestra capacidad de intervención es nula. Creo que lo más importante es que si la financiación no se liga a los resultados, la propia oferta no se liga a nada. Y si el único incentivo es tener más estudiantes se corre el riesgo —no digo que sea la realidad— de que la oferta se sesgue hacia los estudios de menos coste, y al final se tiene lo que se tiene, un 50% de la oferta en ciencias sociales y jurídicas.

En general, en España, y no solo en España, hay un nivel de relación, tanto en el nivel de transferencia como en lo que se refiere a participación en la vida universitaria, muy escaso. Y luego el sistema es pésimo a la hora de enviar señales de valor a los estudiantes. Algunas son muy obvias. Por eso las notas de corte.

Evidentemente, en los sistemas universitarios más avanzados se está produciendo un gran cambio, una especie de explosión cámbrica. Hace cuatro o cinco números The Economist traía un artículo que básicamente pivotaba sobre lo absurdo que resulta que en un momento en el que la tecnología permite una reducción formidable de costes por los Massive Open Online Courses, los famosos MOOCs,  la universidad sea cada vez más cara. Se refería a la norteamericana. Y cada vez menos eficiente a la hora de proporcionar ventajas competitivas. Hablaba de que había una burbuja universitaria que podría explotar y arrastrar el modelo. Quizá era un poco excesivo en el planteamiento. Pero sí que es verdad que hoy la diferencia entre tener una formación universitaria y no tenerla, en términos de empleabilidad, calidad del empleo, y salario, se ha reducido, y, en cambio, hay unos factores cuantitativos que pesan más que el tener o no tener, que son el tener buenas notas, el haber ido a una buena universidad, y el haber adquirido experiencia laboral mientras estudiabas.

¿Pero cree que esto se aplica al caso español? ¿Que se premia a los mejores estudiantes?

Creo que no. O creo que muy selectivamente, sería una respuesta más justa. Primero porque la percepción de calidad entre las distintas universidades es muy pequeña, en algún caso incluso inexistente. Depende también de la titulación. En ciencias de la salud, donde la competición es muy fuerte, por el propio carácter potente de la competición, se crean más diferencias entre las universidades. En el fondo son diferencias entre hospitales universitarios. La formación en medicina es una formación muy especial, más de la mitad es formación práctica.

En el ámbito de los estudios de posgrado que tienen más que ver con gestión empresarial, finanzas, marketing… también se da, pero ya se sale del sistema en el sentido de que son escuelas de negocio.

Decía en un artículo en El Mundo que había demasiadas universidades en España. Eliminando el requisito que establece la actual normativa por el que cada nueva universidad debe ofrecer ocho tipos de estudios diferentes, incluyendo uno de ciencias experimentales, ¿se está favoreciendo la creación de universidades privadas?

Al final la creación de universidades depende casi exclusivamente de una decisión política que toman las CCAA. No recuerdo haber hecho esa afirmación. Si hay muchas o pocas es opinable, a la postre. Lo que sí se puede decir es que hay poca especialización de las universidades. En ese sentido, lo que se ha intentado es flexibilizar los requisitos de cantidad de cobertura que tiene que prestar una universidad para permitir que puedan crearse universidades especializadas.

Hablemos ahora de la educación preuniversitaria y la reforma que supone la LOMCE. La calidad del profesorado es uno de los factores más importante en educación, de ahí la importancia de atraer y formar a los profesores más talentosos. Al respecto, tanto PSOE como UPyD se han mostrado partidarios de una suerte de «MIR para profesores». ¿La LOMCE propone algo en esa dirección? ¿Les gusta esa idea?

Es un sistema muy reconocido y en el que yo creo que hay consenso. Ahora bien, lo que sucede es que, después de una limitación en la oferta de empleo público que dura ya cuatro años, las bolsas de interinos son muy numerosas… Sí creo que tendencialmente hay que ir hacia ese sistema. Este es uno de los elementos que habría que contemplar en un plan más global de no sé si decir «mejora de la calidad del profesorado», no me parece justo, porque sí que hay profesores muy buenos.

José Ignacio Wert para Jot Down 5

A pesar de no salir España muy bien parada en los informes PISA y en los rankings de universidades y demás, resulta que a los estudiantes españoles les va fenomenal cuando salen de aquí.

Nosotros en PISA no tenemos en la parte de abajo peores resultados que la media. Donde tenemos un problema es en la proporción de excelentes. Creo que el sistema es objetivamente ciego a los resultados, no diferencia, ni asocia incentivos al rendimiento; es un sistema que no propicia la excelencia. Eso lo llevamos viendo en PISA desde el año 2000, que nuestra proporción de excelentes está en la mitad. No quiere decir que no haya excelentes, sino que hay pocos.

Uno de los problemas graves que tenemos y que es una de las ineficiencias con mayor coste económico asociado es la tasa de repetición. A los quince años el 45% del alumnado ha repetido por lo menos una vez. Esto supone un coste para el sistema brutal.

¿Repetiría ese alumno en Francia?

Bueno, hay gente en la OCDE que piensa eso. Lo que pasa es que si los instrumentos de medida los aceptas para una cosa los tienes que aceptar para todas. No hablo solo de PISA, también PIAC. Y ese instrumento lo que te dice es que en  los distintos grupos generacionales el nivel de competencia medio es más bajo que el esperado. Y ahí se compara con la misma prueba al niño francés, o al adulto si es PIAC, con el niño español y queda peor que el francés. Pero esto tiene que ver menos con el nivel de conocimientos que con la capacidad de convertir los conocimientos en competencias, de aplicar lo que se ha aprendido a hacer cosas prácticas sobre problemas complejos.

Lo que nos baja la media no es que tengamos una proporción mayor de estudiantes rezagados, sino que tenemos una proporción menor de estudiantes aventajados.

Una de las características de la nueva ley educativa, la LOMCE, es la estratificación escolar a edades más tempranas de lo que había.

Sí, pero sin pasarnos. En realidad lo que hay es un pequeño atisbo de itinerario en tercero de la ESO y ya más definidos a partir de cuarto. Aquí, y sinceramente creo que sin mala fe por parte de nadie, el sistema educativo ha trasladado la idea de que la formación profesional era, primero, un camino de segunda y, segundo, un camino irreversible. Esto ha dado lugar a que muchos estudiantes que normalmente, de haber visto que ese camino llevaba algún sitio, lo hubieran seguido, pero al tener esa percepción han decidido no seguir ningún camino, abandonar. En ese sentido lo que la LOMCE intenta es reducir ese abandono escolar estableciendo itinerarios formativos alternativos. No todo el mundo está inclinado hacia lo mismo. El tema está en trasladar que la Formación Profesional no es una trampa, desterrar la idea de que no tiene empleabilidad. Primero porque no es cierto. Y segundo porque el deteriorar la imagen de la FP no supone que haya más alumnos que estudien bachillerato, y sí que haya más que abandonen.

De Podemos a Ganemos. ¿Nos negará que los nuevos partidos están trabajando muy bien sus campañas?

Uno de ellos todavía no se ha medido en las urnas. Creo que el fenómeno de Podemos tiene cierto interés politológico porque supone una forma no convencional de hacer política. Otra cosa es que con la propuesta política no podría estar en mayor desacuerdo.

¿Cree entonces que la campaña de Podemos ha sido una campaña no tradicional? 

Es una campaña no tradicional, fuera del circuito de los partidos instalados, muy imbricada con los social media y con la nueva forma de proyectarse a través de los medios convencionales como la televisión. Lo más notable es que se ha producido bajo el radar. Es decir, que el establishment político se enteró de Podemos cuando se hizo el escrutinio del 25 de mayo. Había mucha gente en el PSOE, en el PP, y me atrevería a decir que hasta en Izquierda Unida, que no se ha estado enterando de lo que estaba pasando. Las últimas encuestas, menos la del CIS, que estaba hecha muchísimo antes, tenían registrado perfectamente el fenómeno. Yo, a la vista de esas encuestas, pensaba que iba a sacar cuatro escaños, algo menos de lo que obtuvo, así que para mí no fue una sorpresa.

Una de las razones de que no tengamos datos del CIS más cerca de las elecciones es que la ley electoral prohíbe que se publiquen encuestas a partir de cinco días antes de que se celebren, algo sobre lo que usted se ha manifestado en contra en alguna ocasión en el pasado.

Sigo estando absolutamente en contra de esa idea. Además, se la salta todo el mundo. La ley en realidad lo que prohíbe no es que se hagan encuestas, si no que se difundan. Ahí los partidos políticos en general son bastante reacios a tocar nada.

¿Quizá porque ellos sí tienen esa información?

Quizá porque ellos sí tienen esa información… Y sobre todo porque les da cierta tranquilidad que en los cuatro últimos días, por lo menos, no haya sustos.

¿Es cierto que trabajó en comunicación política y comunicación con Adolfo Suárez?

Sí, es cierto. Pero, vamos, con un papel menor. Llevé la parte de encuestas de las dos campañas del 79. Las locales y generales.

En el mundillo de la comunicación se dice siempre que con Suárez llegaron a España la comunicación política y la gestión de campaña modernas.

Las estructuras de campaña eran bastante simplotas y primitivas. Yo me encargaba básicamente de seguimiento de opinión pública, muy en colaboración con el equipo de comunicación. El director de campaña era Federico Ysart.

Tendrían que ver cómo era aquello. Cero tecnología. La comunicación era toda en papel, y además en motorista. Como el ser humano se acostumbra en seguida, tan mal, a usar las cosas que le facilitan la vida, cuando pienso en aquella época me parece un milagro que salieran las cosas. Todo era manual.

Se ha llegado a contar que, para evitar escuchas, el equipo se reunía en un «piso franco» junto a la sede de la Conferencia Episcopal y se comunicaba con el presidente a través de hojas manuscritas.

Sí, era un edificio distinto, donde por cierto estaba también el Partido Comunista. La calle Santísima Trinidad, una muy estrechita que acaba en José Abascal.

¿Lo de moverse con secretismo era realmente por miedo a las escuchas?

No recuerdo eso especialmente, la verdad. Tengan en cuenta que el ministro del Interior era Martín Villa.

José Ignacio Wert para Jot Down 6

Sin embargo, en 1987, tras diez años de diferentes militancias, después de ser concejal y después de solo un año como diputado, abandonó su escaño y la actividad política. ¿Cuáles fueron sus motivaciones? ¿Tuvieron más peso las personales o las políticas?

Fue una decisión claramente política. Estaba en el partido PDP, que se había presentado con lo que entonces era AP a las elecciones. Aquello no tenía viabilidad ninguna. Habíamos cometido un error grave, y me parece que en cualquier ámbito de la vida uno tiene que ser consecuente y si ha cometido un error debe plantearse hacer otra cosa. Aquello realmente era muy poco estimulante, y además era evidente que no íbamos a ningún sitio. De hecho, la mayor parte de los integrantes del PDP se integraron luego en el PP que se creó un poco después, en el 89. Pensé que lo lógico era dejar la política. Y no me arrepiento de haberlo hecho así.

Después de dejar la política en 1987 ha regresado a esta súbitamente, para formar parte del gobierno de Mariano Rajoy en 2011. ¿Cómo se toma uno la espera cuando sabe qué quizá lo nombren ministro?

Pues no tengo la menor idea, porque yo no tenía la menor intuición de que me iban a ofrecer la cartera. Así que no tengo ni idea. No tuve ni un segundo de espera, porque a mí me llamó el presidente del Gobierno el mismo día que me nombró ministro.

¿Cómo se lleva la sorpresa, entonces?

Mal. [Risas]. En este caso la sorpresa implicó la necesidad de tomar una decisión arriesgada en un tiempo mínimo. Y eso es lo que se lleva peor.

¿Se arrepiente?

No, en absoluto. Lo cual no quiere decir que no sea consciente de los costes, pero no me arrepiento. Creo que cuando uno se arrepiente ha de irse, y yo no me he ido.

Sobre eso, hay una regularidad en los políticos que me sorprende. A menudo los políticos se manifiestan con total rotundidad y casi infalibles. Pocas veces vemos a un dirigente mostrarse ambivalente, reconocer dudas sobre una cuestión, o asumir algo tan obvio como que a menudo no sabemos los efectos precisos que tendrá una decisión. ¿Qué cree que les empuja a actuar así y manifestarse tan rotundamente?

La política exige ser muy decidido. Este año se cumple, creo, el centenario de las dos conferencias famosas de Max Weber, La política como vocación y La ciencia como vocación. El científico tiene que dudar, porque la duda es su método. El político tiene que asegurar porque la seguridad es su meta. A lo mejor íntimamente no está tan seguro, pero el político es un dirigente y tiene que mostrarse convencido.

Ahora bien, yo creo que a veces, en política, un poco de duda no va mal. Hay una frase de Azaña, sobre Miguel Maura, que fue ministro de Gobernación en el primer gobierno de la República. Azaña decía: «El problema de Maura es que primero dispara y luego apunta». A veces lo he pensado aplicándomelo a mí mismo. No nos vendría mal a veces tomarnos un tiempo para apuntar.

La duda existe, pero la sociedad no parece premiarla en los políticos. ¿Por qué cree que no se manifiestan públicamente esas dudas?

A la gente no le gusta que sus dirigentes duden. Hay otra frase, de Walter Lippman, es un libro de los años veinte del siglo pasado: «A la gente le gusta ser dirigida, si es posible decentemente, idealmente de forma democrática, pero en todo caso, dirigida». Creo que hay algo de eso. Bien es verdad que tenemos que ver cómo queda influido todo esto por la política 2.0.

¿Cuál es su novela favorita de la adolescencia?

Depende de dónde pongamos el límite de la adolescencia… Recuerdo que me gustaba mucho Proust. Es que va a quedar superpedante, me gustaba mucho. Leí muy joven En busca del tiempo perdido.

Y, por último, ¿qué debemos leer según usted para saber hacia dónde se dirige la civilización?

A mí me gustó mucho, aunque no sé si sirve para esto exactamente, uno de los libros póstumos de Tony Judt, Aquí lo han traducido como El refugio de la memoria. Más por la parte económico-política, hay un un librito de hace un par de años, de Niall Ferguson, que se llama The Great Degeneration: How Institutions Decay and Economies Die. Y ahora estoy leyendo un libro absolutamente fascinante, Fire and Ashes de Michael Ignatieff, sobre su experiencia fallida como aspirante a primer ministro de Canadá.

¿Se siente reflejado en algún sentido con Ignatieff?

En alguno, sí. Mucho. Probablemente por eso me gusta tanto. Lo mejor es que una persona como él, un triunfador en los ámbitos mediáticos e intelectuales, es capaz de enfrentarse con lucidez a su fracaso como político, identificando sus responsabilidades y sobre todo manteniendo una visión positiva de la política como una de las actividades más nobles a las que puede dedicarse el hombre.

José Ignacio Wert para Jot Down 7

Fotografía: Guadalupe de la Vallina


Félix de Azúa: Dios nos libre de los libros

La maldita crisis ha atrapado con su garra de hielo a un amigo mío que ha dedicado su vida entera a la literatura, quiero decir que la ha sacrificado como antes se hacía cuando de verdad te empleabas en hacer algo serio. Ahora, con más de sesenta años, se ve obligado a restringir unos gastos que nunca fueron exagerados. Su mayor lujo era vivir con su mujer en un pueblecito de las afueras de Barcelona, pero guardando un estudio en la ciudad para la biblioteca y la mesa de trabajo, dos utensilios que son como el clavo y el martillo para el carpintero. Ahora tiene que dejar el estudio. No es un alquiler elevado, en absoluto, pero ni a eso alcanza.

Le esperaba una sorpresa cuando comenzó a desmontar los rimeros de libros para meter en cajas de cartón aquellos que no podía llevarse al pueblo. Eran muchos, eso ya lo sabía: toda una vida reuniendo las mejores obras de la literatura habían acabado por juntar una masa considerable.

Meter un libro en el cajón de deshecho era como arrancarse un ojo. Los hojeaba uno a uno con dolor y resignación. “¿Voy a tener que prescindir de Baroja? No hay más remedio. Al fin y al cabo, siempre podré leerlo en una biblioteca”. Así se consolaba mientras metía en la caja los bellos volúmenes de Caro Raggio como si los colocara en el féretro.

Cuando por fin hubo concluido la fatídica selección pasó a llamar a diversas entidades con la intención de donarlos, ya que eran demasiado valiosos para liquidarlos al peso. Y allí comenzaron las sorpresas. Las bibliotecas públicas no los querían. Alguna de ellas se justificó aduciendo que como no estaban en catalán no les interesaban, pero la verdad era otra: ni tienen espacio suficiente, ni empleados que puedan cargar con el trabajo de clasificar y archivar los libros. Las bibliotecas públicas van tirando con lo que ya han almacenado y lo que envían las instituciones. Igual le sucedió con las universidades y en parecidos términos.

Cambió de registro y trató de ofrecerlos a colegios, hospitales, hogares del jubilado, cuarteles, cárceles. Fue recorriendo una a una las instituciones, patronatos, fundaciones o sociedades (cadenas hoteleras, seminarios eclesiásticos, colegios mayores), ahora ya acuciado por la curiosidad más que por el interés. Ninguno los quiso. Los más educados le sugerían que si él mismo seleccionaba unos pocos y los llevaba personalmente, a lo mejor se quedaban con alguno por hacerle un favor.

Mi amigo ahora los va dejando en montoncitos por la ciudad o como al descuido en los asientos del metro y de los autobuses.

El corolario es, creo yo, escalofriante. En los últimos meses he leído en la prensa un montón de artículos de graves personajes opinando sobre el daño que los eBook y otros ingenios electrónicos están haciendo a las editoriales y a las librerías. Muchos de ellos aseguraban en tonos dramáticos que el libro no moriría nunca, que es un pilar fundamental de nuestra cultura, que nadie puede comparar la lectura en papel con la lectura en pantalla, y así sucesivamente. Me da a mí la impresión de que era un mero ejercicio sentimental. No hace falta que el mercado electrónico se cargue al de papel. De hecho, el libro es, en este momento y para las instituciones, fundaciones, bibliotecas, universidades, patronatos e incluso para las cárceles, una molestia. A nadie le interesan ya los libros, nadie los quiere y por eso pueden ser sustituidos por cualquier juguete electrónico, porque da absolutamente igual.

No son necesarios más llantos. En todo caso, unas flores sobre la tumba.


Literatura unplugged

Fotografía: CC0.

Si Gutenberg levantara la cabeza, ¿se compraría un ebook?

Con las barbas de la industria cinematográfica a remojo y la tez de las editoriales discográficas más barbilampiñas que Justin Bieber (su penúltima estrella), las editoriales deberían tener un plan para hacer frente a una creciente demanda de material en soporte digital, un cambio en las necesidades de los lectores generado por los libros electrónicos y, por extensión, internet.

En primer lugar, ya son conscientes (o deberían serlo) de que ciertos sectores de las editoriales son prácticamente imposibles de reflotar, como los departamentos de enciclopedias y libros de consulta. Los primeros afectados, como no podía ser de otra manera, han sido los vendedores puerta a puerta, la base de la pirámide:

<Ding dong>

—¿Qué quiere?
—Buenos días, le ofrezco una enciclopedia totalmente actualizada, con unas fotografías impactantes que…
—Gracias, pero en esta casa tenemos INTERNET.
—Sí, pero…
<Portazo>

Nadie piensa en esos miles de hombres encorbatados que, con un brillo en la mirada de pura determinación, estaban sueltos por nuestras calles, por nuestros portales y, de vez en cuando, sentados en nuestros propios salones, seducían a nuestros padres con espectaculares reproductores de DVD valorados en cien mil pesetas, que regalaban por la compra de una Gran Enciclopedia Ilustrada que costaba cincuenta mil.

¿O era al revés?

En fin, esos vendedores, esa gente, está ahora en la puta calle y nadie se lleva las manos a la cabeza, excepto tus agentes más cercanos de Círculo de Lectores, claro, que están temblando. Y tienen razones para hacerlo, porque los ebooks van a cambiar el mercado, y mucho me temo que las editoriales no están preparadas.

Veamos algún ejemplo. Por no elegir al azar un libro de un autor maldito al que solo lean tres o cuatro asociales desequilibrados, en los últimos meses hay una obra que ha tenido cierto éxito de ventas y no hace vomitar a la crítica especializada: 1Q84, de Haruki Murakami. En cuanto a los precios, he visto que te clavan (por el libro 1 y 2) 26,00 euros en papel —tapa blanda—, y 14,99 en digital, cifra que seguro encierra una explicación, porque un precio tan raro ha de proceder de algún intrincado cálculo que lo justifique. No obstante, y como me cuesta creer que la impresión, almacenaje, transporte, distribución y comisiones varias de intermediarios supongan un ahorro de sólo 11,01 euros, estoy abierto a un debate serio sobre si el precio de los archivos digitales es un robo o bien un hurto, porque a veces confundo estas figuras jurídicas. Otro caso: intento localizar gracias a Google un lugar donde comprar la versión digital de El prisionero del cielo, de Carlos Ruiz Zafón (a diferencia de 1Q84, éxito de ventas solamente) y no soy capaz de encontrarlo. En estos momentos, las editoriales están perdiendo potenciales compradores porque ¡no son capaces de vender su propio producto! Pero gracias a esa dura labor de investigación basada en utilizar el popular buscador y una cadena de búsqueda elemental (prisionero-del-cielo-ebook), se tarda 0,12 segundos en localizar un enlace válido donde podría haberme descargado ilegalmente dicho libro.

Otro tema, no menos importante, es la calidad del archivo que se consigue con esa conducta tan inmoral y delictiva. Como bien dice Rafael Díaz Santander en la entrevista que nos concedió, sorprendentemente el público se está acostumbrando a la mala calidad: MP3, DIVX y, ahora, archivos de texto con palabras ininteligibles debido a errores en el OCR (aunque en formato papel también nos encontramos con errores garrafales de traducción u ortográficos, pero ése es otro cantar).

Evidentemente, se aceptan esos formatos porque en su mayor parte se consiguen gratuitamente, pero también por la portabilidad que conlleva un formato digital frente a un soporte físico. El Discman, sin ir más lejos, nunca despegó del todo por el incordio que supone acarrear discos compactos, y ha sido barrido del mercado por los reproductores de MP3. Los libros se enfrentan a este mismo problema. Soy el primero que disfruta de la liturgia de prepararse una fuerte bebida alcohólica, sentarse en un sofá cómodo, en un rincón acogedor suficientemente iluminado, abrir un (presunto) buen libro y sumergirse en la lectura. Pero los que somos obreros y estamos en contacto con el populacho somos conscientes de que se lee muchísimo en los medios de transporte públicos y se hace muy pesado llevar encima según qué libros.

Hace unos meses, en una muestra de flaqueza de la que me siento muy orgulloso, leí Juego de Tronos, de George R.R. Martin, un ejemplar en papel facilitado por un amigo. Y bueno, digamos que me he convertido en un yonqui más de la serie. Durante los días que estuve inmerso en su lectura, por el mismo hecho de estar prendado de la historia, no me separaba de ese mamotreto; lo llevaba a todas partes con el consiguiente cansancio físico y mental. Posteriormente, el mismo amigo me dejó las siguientes tres entregas en formato digital. Podéis creerme si os digo que la historia no perdió ni un ápice de interés por leerla en un libro electrónico; pero cargué con una décima parte del peso a diario. Y, a mi edad, es un aspecto muy importante a tener en cuenta.

Soy consciente de que no es equiparable el tacto de un buen papel al aséptico ebook, con su acabado en plástico y metal. Pero también de que todos nos avergonzamos de ciertos ejemplares que ocupan un espacio físico en nuestros hogares, cuando deberíamos arrojarlos por la ventana envueltos en llamas, que es lo que se merecen. De haberlos leído (o abandonado a la mitad) en formato digital, habrían dejado de formar parte de nuestras vidas para siempre con solo pulsar la tecla “suprimir”.

Desde luego, es incomparable el porte que da llevar debajo del brazo un buen tomo y dejarse ver por la calle con él, a poder ser fumando en pipa, con bufanda aunque sea agosto y gorra bohemia. Ciertamente, no me imagino a un Testigo de Jehová con un ebook en la mano en lugar de una Biblia en papel, con su marcapáginas deshilachado. Y con esa frase no estoy equiparando la firmeza moral y la pérdida de contacto con la realidad de unos y de otros, Dios me libre. Aunque pueda parecerlo.

Y antes de que venga nadie con el soniquete “y el olor de un libro nuevo, ¿qué?”, diré que, aunque sea duro reconocerlo, una edición de lujo de El código Da Vinci puede oler mil veces mejor que una tirada birriosa de Cien años de soledad. Añado que este artículo no está especialmente dirigido a personas que compran los libros por el olfato, de los cuales me guardo la opinión por si me están leyendo menores de edad.

En cuanto a perder la ilusión de descubrir vistosas portadas, recuerdo que hace poco leíamos unas declaraciones del músico y actor (cof, cof) Jon Bon Jovi —un hombre del cual sólo suscribo la apreciación de que ha lucido dos peinados geniales en menos de una década—, en las que se acordaba de la madre de Steve Jobs, al que culpaba de que ahora la gente ya no compra discos en función de las portadas. El músico norteamericano lo debe de decir por su propia experiencia y la de sus seguidores, a los que ha debido perder al no poder ya “engañarlos”. Me parece sorprendente que se compren discos o libros por la portada, el título, el diseño o la imagen. En ese sentido, hay que reconocer que Juan Manuel de Prada, ese visionario, tuvo bien claro lo que debía hacer con su obra Coños.

Con esta larga lista de virtudes que presenta el formato digital, las editoriales, si no se especializan en ediciones de lujo, deberían tomar cartas en el asunto. Por ejemplo, con la compra del ejemplar en papel, regalar o vender a un precio simbólico el archivo de texto (de forma similar a la dupla vinilo+MP3 que comercializan algunas discográficas), para poder transportar cómodamente y que no se deteriore un ejemplar que nos ha costado bastante dinero. El formato digital podría llevar un código de entrega, codificado de alguna manera para saber de dónde proviene el archivo, quién es el propietario y así saber a quién empapelar si se propaga por internet. Otra posibilidad que tienen los editores (no excluyente con la anterior), es publicar, únicamente en formato digital, apuestas arriesgadas, ahorrándose los costes de una tirada en papel de obras de incierta aceptación, de forma que los lectores podríamos conocer nuevos escritores de los que de otra forma nunca habríamos oído hablar.

Y si aún así no se ponen las pilas, el caso de Amanda Hocking (una escritora americana que se ha forrado publicando de manera independiente sus ebooks) no será un hecho aislado.

Espero con impaciencia los movimientos de las editoriales, sí, pero sobre todo, una explosión de la autoedición digital. Salivo sólo con pensar que ahora mismo podemos tener las próximas estrellas literarias frente a un ordenador, desacomplejadas y sin censura ni criba editorial, juntando palabras como nunca podríamos haber imaginado.

Que es, en definitiva, lo que me fascina de la Literatura.