Spain is different, not indifferent

Tercer aniversario del 15M. Foto: Cordon Press.
Tercer aniversario del 15M. Foto: Cordon Press.

La universidad del 15M: fundaciones, asociaciones y empresas  que enseñaron política a los indignados

Millones de españoles, jóvenes y no tan jóvenes, estaban indignados el 15 de mayo de 2011. En realidad, llevaban años angustiados y habían decidido, colectivamente y sin debate previo, que si el sistema actual era un callejón de salida única, la opción que les quedaba era simplemente evitar participar en él, no votar y manifestarse de vez en cuando para constatar que nadie acudía a las manifestaciones. A esta forma de desesperación se le llamó ser «apolítico»: eran indolentes, una hornada de privilegiados que solo se importaban a sí mismos, los hijos de una democracia por la que nunca habían luchado y que probablemente nunca hubieran merecido.

Los acontecimientos de mayo muestran un escenario diferente. Nos encontrábamos, en realidad, ante una generación integrada por grupos antisistema que no se aliaban con otros grupos antisistema, por revolucionarios que creían que la revolución solo podía hacerse a su manera, por miles de personas que habían decidido huir de la política porque la consideraban o corrupta o simplemente un modo de vida totalmente ajeno, el de un puñado de ediles, altos funcionarios, ministros y directivos de empresas públicas. También los había que creían sinceramente que, a pesar del esfuerzo que se le quisiera imprimir a cualquier movimiento, nadie había sido capaz de proponer una alternativa solvente que reformase unas instituciones hundidas en el desprestigio. Si la nada era la alternativa, tal vez estuviéramos mejor como estábamos.  O tal vez no.

Llamarlos apolíticos fue un error y esto se vio rápidamente cuando empezaron a ocuparse masivamente las plazas tras los desalojos del 16 y el 17 de mayo en Sol. Tenían una intuición política que se convertiría en el pegamento invisible que uniría todas estas conciencias indignadas durante meses: creían que hacía falta más democracia, que la soberanía popular debía imponerse a las demandas de bancos, acreedores y agencias de calificación y que la tecnología era su aliada, porque ni siquiera las tijeras de los recortes parecían capaces de amputar las alas de Twitter. El colectivo NoLesVotes pedía el fin del bipartidismo como reacción a las restricciones sobre la copia, descarga y reproducción de los contenidos digitales de la Ley Sinde; una ley que, según los papeles de WikiLeaks, había impuesto Estados Unidos a España de espaldas al electorado. Anonymous, un grupo internacional de hackers y activistas políticos que defendió las filtraciones de Julian Assange y dio cobertura más adelante a Occupy Wall Street, sumó su artillería y el folclore de sus máscaras a la oposición contra la ministra de Cultura de José Luis Rodríguez Zapatero.

Llamarlos desmotivados e incluso desmotivadísimos habría sido más acertado. Aunque muchos estaban convencidos de que habían identificado la naturaleza de la crisis (era institucional) y una vaga solución (más y mejor democracia frente a un sistema marcado por un bipartidismo con listas cerradas, la corrupción, el compadreo entre políticos y grandes empresas sobre todo financieras, una mínima separación de poderes y la muerte lenta de la prensa tradicional como contrapoder), solo una minoría confiaba en que podía hacer algo para que los acontecimientos se precipitasen. Esa era la minoría que acudiría a la manifestación de Juventud Sin Futuro el 7 de abril y de Democracia Real Ya entre otros el mismo 15 de mayo.

¿Por qué creían que las movilizaciones les permitirían dar un vuelco a la situación? Los más progresistas tenían presentes respuestas populares a privatizaciones o durísimos planes de ajuste que habían desembocado en revoluciones (principalmente, el «movimiento zapatista» en México, la «guerra del agua» en Bolivia y el «caracazo» en Venezuela) o en la decapitación de un gobierno conservador que era reemplazado por otro izquierdista en Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Colectivos como Juventud Sin Futuro acababan de ver cómo el 12 marzo un movimiento portugués muy parecido al suyo llamado Generación Precaria (Geração à Rasca) había congregado probablemente a más de cien mil manifestantes en Lisboa. Los miembros de Democracia Real Ya solo tenían que pulsar el control remoto de sus televisores para observar el éxito de las revueltas de la Primavera Árabe que muchos medios de comunicación occidentales interpretaron como el éxito de una idea occidental (la democracia liberal) gracias unas tecnologías occidentales (la telefonía móvil, las redes sociales e internet) que les habían permitido informarse, concienciarse y organizarse a millones de personas frente a unos tiranos soportados o al menos tolerados por Occidente. La explicación no era como para perderse: los europeos y los americanos, una vez más, éramos (nos creíamos) los auténticos protagonistas del drama.

No se puede exagerar el peso de aquella primavera que los españoles terminaron celebrando al filo del verano. El 20 de mayo, después de que se hubiesen ocupado la Puerta del Sol y la plaza de Cataluña, la acampada de Barcelona se estructuró en tres zonas de debate: Plaça Islàndia, Plaça Tahrir y Plaça Palestina. Solo tres años antes nadie hubiera sospechado qué podían tener en común las brasas y el polvo semidesértico de Egipto o Jerusalén con un país próximo al Círculo Polar Ártico. Nadie hubiera imaginado hasta qué punto Reikiavik haría honor a su significado en el idioma local: «bahía humeante».

Los islandeses habían mostrado que sus movilizaciones masivas podían provocar la reforma de la Constitución, el enfrentamiento directo con las autoridades europeas y el Fondo Monetario Internacional por los planes de dolorosa austeridad que les estaban imponiendo, el procesamiento de algunos de los responsables de su crisis y, por último, la convocatoria de dos referéndums, el último en abril de 2011, en que rechazaron pagar con dinero público las deudas de sus bancos con los acreedores internacionales. La tecnología, especialmente las redes sociales, había ayudado a impulsar y vertebrar esta marea civil desde el principio.

El hielo se deshace

La desmotivación de aquella hornada de desencantados con la política se estaba disolviendo a pasos agigantados. Ahora parecía posible que la política no fuera cosa de ministros y alcaldes, que las movilizaciones capitaneadas en un primer momento por los jóvenes y propulsadas por Facebook o Twitter tuvieran consecuencias, que las revueltas civiles forzasen la reforma de instituciones hundidas en el descrédito y que los propios Gobiernos reconociesen que la soberanía popular estaba por encima de bancos y troikas. Fue entonces cuando los grupos antisistema, las numerosas asociaciones que solían protestar por su cuenta y miles de jóvenes, empleados o desempleados pero que no se identificaban necesariamente con las sensibilidades progresistas, descubrieron gracias a ¡Indignaos!, el libro de Stéphane Hessel presentado oficialmente en España a finales de marzo de 2011, que compartían algo tan fundamental que ni siquiera la ideología o las rencillas personales podían separar: la indignación.

El 15 de mayo de 2011 Democracia Real Ya convocó junto a otras asociaciones una manifestación a la que acudieron miles de personas, pero que no fue un éxito lo suficientemente abrumador como para anticipar el punto de inflexión que se iba a producir. Nadie había previsto acampar en Sol y nadie imaginó que esa acampada fuese a durar semanas. De hecho, fue algo tan inmediato en el tiempo como las experiencias de los primeros dos días de desalojos lo que llevó a los manifestantes a enviar cientos de mensajes a sus amigos para que se uniesen al menos para hacer bulto y que fuese prácticamente imposible echarlos sin víctimas o estampidas. Los que se habían tenido que ir a trabajar durante las mañanas del 16 y el 17 comprendieron que las fuerzas de seguridad habían aprovechado su ausencia para desmantelar un campamento que ni siquiera pensaban que iba a permanecer mucho tiempo.

La curiosidad y cobertura informativa que atrajo el fenómeno, su difusión a otras capitales españolas, la irreductibilidad de estos «galos» indignados frente a la policía y, ya el 18 de mayo, un dictamen de la Junta Electoral de Madrid que la consideraba una alteración injustificada de la jornada de reflexión, todo eso junto, convirtió a varias docenas de jóvenes durmiendo en sacos y lonas en una concentración masiva que, con una obsesión por más y mejor democracia, no es extraño que terminase organizándose como una gran asamblea.

Los «indignados», en los albores del movimiento 15M, poseían en común una vaga conciencia política muy marcada por la crisis y la convicción de que su tsunami social no podía reducirse a eslóganes y escaramuzas (de ahí la existencia de comisiones de estudio y de docenas de documentos de análisis discutidos tras debates interminables), que es lo que una generación anterior, la del editor de Los Libros del Lince, Enrique Murillo, había percibido como el «prise de parole sin mayores consecuencias» de un Mayo del 68 que dio paso en junio a otra victoria en las urnas del exgeneral Charles de Gaulle. ¿Quién ofrecería el programa de acción que necesitaba este movimiento y cómo sería capaz de hacerse escuchar entre el tumulto?

Empresas y fundaciones toman la palabra

Cuatro editoriales y dos laboratorios de ideas, seis instituciones en total, preparaban ya sus propias respuestas y no todas eran progresistas. Coincidían eso sí en que las protestas requerían un plan con medidas concretas, en que la crisis era institucional, en que la tecnología ofrecía un vehículo de comunicación excepcional y en que ellos, como intelectuales, tenían la oportunidad de participar en la conversación pero ninguna tentación de liderarla. Hacía falta más democracia, más debate público abierto y de calidad; no más élites políticas, empresariales o ilustradas que pastoreasen la discusión. No eran solo palabras: según Juan Luis Sánchez, entonces redactor de Periodismo Humano y hoy subdirector de eldiario.es, el día que se produjo el desalojo definitivo de Sol, al mismo tiempo que la policía arrancaba del suelo a los últimos concentrados, estos siguieron discutiendo y votando en asamblea cómo debían responder ante la carga.

Lengua de Trapo, la editorial, no iba a hacer honor a su nombre y empezó a rumiar su propia contestación a todo lo que estaba ocurriendo en barrios, plazas, rascacielos y edificios oficiales. Jorge Lago es uno de sus dos propietarios, además de coordinador de Cultura de Podemos y antiguo militante del PCE e Izquierda Unida. Este doctor en Sociología, que ha dado clase en másters públicos y privados, creyó hasta mayo de 2011 que sabía cómo y cuándo hacer la revolución: también era marxista.

Cuando Lago llegó a la acampada de Sol, que entonces ya se veía como algo que iba a durar, aquello «desbordó nuestros marcos, que eran demasiado pobres, demasiado inútiles». Se sorprendió al ver que «ya no se hablaba de la lucha de clases ni de izquierda y derecha, sino de arriba y abajo». Sentían que eran «el 99% frente al 1%» que manipulaba las instituciones, que vivía de la corrupción y que aprovechaba el bipartidismo de listas cerradas para impedir cualquier reforma sustancial. «Nadie sabía lo que había que hacer y todos escuchaban lo que tenían que decir los demás».

Los marxistas han discutido durante más de cien años el papel de los intelectuales en la revolución sin ponerse de acuerdo. El propio Karl Marx les legó una paradoja al afirmar que eran un colectivo de fundamental importancia para el advenimiento del comunismo y, al mismo tiempo, que su misión debía limitarse a asistir y ponerse al servicio del proletariado. Cuando le ofrecieron presidir la Internacional en 1868, el filósofo alemán dijo que no podía aceptarlo porque, según las actas oficiales de la reunión, «él trabajaba con la cabeza y no con las manos». Así revalidó su mandato el zapatero y legendario sindicalista británico George Odger.

Esa es la contradicción en la que parece vivir Lago. Advierte de que «los editores hemos ido a la zaga de las protestas» y aclara que ellos están «con la gente sin liderarla ni representarla». En un título que su sello publicó el año pasado, Lugares comunes: trece voces sobre la crisis, escribió junto a Pablo Bustinduy que «somos conscientes de que la política se hace en las calles, en los movimientos, en la acción de muchos y de muchas, no en los libros y mucho menos en las editoriales». Lo dice el editor de Lengua de Trapo poco antes de codirigir la campaña de Podemos y de convertirse en su coordinador de Cultura. Lo comparten uno de los editores de Icaria, Joan Carbonell, y los propietarios de Los Libros del Lince, Enrique Murillo, y de El Viejo Topo, Miguel Riera.

Enrique Murillo para Jot Down (3)
Enrique Murillo entrevistado por Jot Down. Foto: Alberto Gamazo.

La «conspiración» de los editores

Todos ellos apostaron primero por explicar una debacle financiera que para millones de españoles y jóvenes sin formación política se había convertido en una de las siete plagas que habían asaltado Egipto antes de la Plaza Tahrir. Lago llevó a las librerías en 2011 el exitoso ensayo Cleptopía, que, según él, «identifica las causas de la crisis, reconstruye lo que está ocurriendo y refuta que esto sea como un fenómeno meteorológico que nos haya caído sin más del cielo». La clave, recuerda Miguel Riera, consistía «en señalar el origen sin caer en el sectarismo de apuntar una única solución o un único colectivo que pudiera llevarla a cabo»; con sesenta y ocho años tenía muy presente «la forma en la que cada grupito ideológico de izquierdas había creado su propia cabecera en la Transición» para que, al final, «fuese la derecha quien terminase escribiendo una historia oficial que ahora la economía y la corrupción han puesto en evidencia».

También en 2011, Icaria lanza su colección Asaco, que se convertiría en su punta de lanza para abordar todo lo relacionado con la indignación que acababa de estallar. Joan Carbonell destaca títulos como Quiénes son los mercados y cómo nos gobiernan, un pequeño manual donde cinco académicos intentan destripar (en más de un sentido) el modo en el que ellos creen que las agendas de bancos y acreedores internacionales se imponen a los deseos de la sociedad. Para multiplicar su difusión, reconoce Carbonell, «los libros se vendieron con forma de panfleto a unos seis euros, ninguno pasaba de las cien páginas, se repartieron gratuitamente en las asambleas de los barrios cuando se descentralizó el 15M y muchos de ellos están colgados en nuestra Web para que se los descargue quien quiera siempre que se comprometa a no venderlos».

Enrique Murillo, despedido en 2008 por la editorial Leqtor por «incompatibilidad ideológica», fundó entonces y a los sesenta y cuatro años los Libros del Lince para dar rienda suelta a un pensamiento que fuese, al mismo tiempo, crítico, socarrón, agradable de leer e incómodo. Las estrecheces económicas —tuvo que despedirse a sí mismo y a todo su equipo para recortar un 80% el gasto y salvar su proyecto en 2012— le han impedido sacar colecciones enteras que respondieran al hambre de explicaciones alternativas sobre el mundo que sintieron y despertaron los indignados en una sociedad española que, según los sondeos de Metroscopia, llegó a verlos con simpatía en un 66% de los casos durante las acampadas de junio y en un 73% de los casos cuatro meses después de desmantelarlas.

Curiosamente y a pesar de eso, Murillo demostró una rara capacidad para adelantarse a los acontecimientos (en enero de 2011 descubrió en Montpellier el libro ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel, pero Planeta se lo arrebató porque no podía ofrecer un generoso anticipo). Al fin y al cabo, advierte, «había que ir más allá de los viejos esquemas de izquierda y derecha y los progresistas tenían que empezar nuevos debates sobre temas de los que no se habían ocupado nunca». En 2009 arrasó en las librerías con El crash de 2010 de Santiago Niño Becerra (alcanzó las doce ediciones) y un año después publicó Así no podemos seguir. Participación ciudadana y democracia parlamentaria, donde Paul Ginsborg anticipaba el «no nos representan» de los indignados y exploraba sus motivos.

Muchos editores comprometidos con el 15M necesitaban ir más allá de rastrear lo que había provocado la crisis. Solo habían pasado meses o semanas desde las manifestaciones cuando empezaron a presentar volúmenes donde las comisiones de las acampadas de Sol o Barcelona, los colectivos que las habían protagonizado o algunos de sus líderes daban su versión de los hechos y detallaban todas las reformas que proponían. Era el momento, afirma Joan Carbonell, «de verbalizar el discurso, de hacer propuestas y de poner cara y nombres a las ideas». Este es el momento de Les veus de les places o Juventud Sin Futuro (Icaria), y de Las voces del 15M (Panfletos del Lince). También es el instante preciso en el que el impresionante poder de atracción del movimiento y los preparativos de las pequeñas editoriales arrastran a las grandes. Destino, propiedad de Planeta, sacó Nosotros, los indignados: las voces comprometidas del #15M con un prólogo de Stéphane Hessel en julio de 2011.

Divididos, nos vencerán

Durante los años siguientes, el objetivo pasó a ser unificar una revuelta civil que ya era mayoritariamente progresista, pero que albergaba en su seno mil posiciones distintas, a veces marcadas por inmensas fallas generacionales y otras directamente por la ideología. Nuria Alabao, que además de ser periodista ha militado en asociaciones políticas de izquierdas durante años, reconoce que se miraban «en el espejo de la creación del Foro Social Mundial de Porto Alegre», una plataforma que integró a los movimientos antiglobalización de todo el mundo y ha hecho desde entonces de alternativa a la cumbre de las multinacionales, los académicos que defienden el capitalismo y los líderes políticos que acuden anualmente al Foro Económico Mundial de Davos. Existían paralelismos con el 15M: la fundación del Foro de Porto Alegre se había producido en Brasil después de unos disturbios masivos en Seattle contra la agenda política del FMI y el Banco Mundial y tras el espectacular asedio de la cumbre del G8 en Génova; los años anteriores habían estado marcados por programas de austeridad y reestructuraciones de deuda impuestos por acreedores internacionales en Latinoamérica; y, finalmente, uno de los dos promotores claves del Foro, ATTAC, se implicó claramente en las acampadas de Sol y Barcelona y convirtió la tasa mundial sobre las transacciones financieras en una de las principales exigencias de las movilizaciones españolas.

Jorge Lago, de Lengua de Trapo, intentó dar respuesta a la desunión presentando en 2013 una asamblea de diferentes sensibilidades sociales con Lugares comunes: trece voces sobre la crisis, donde aparece por ejemplo Alberto Garzón, el futuro rival y amigo de Podemos desde la comisión ejecutiva federal de Izquierda Unida. Icaria lanzó A Dos Voces, una línea editorial que ha puesto en las librerías hasta la fecha diez conversaciones entre dos personajes progresistas de las que destacan, por ejemplo, la de Juan Carlos Monedero con Julio Anguita o la de Pablo Iglesias con el conocido rapero Nega. Miguel Riera, desde un despacho en el pequeño edificio de dos plantas que alberga la redacción y el almacén de El Viejo Topo en la localidad barcelonesa de Cabrils, lleno por supuesto de cajas con libros y revistas por entregar envueltas por el zumbido del Mediterráneo que silba entre montículos de encinas y pinos, utilizó todo el músculo de su empresa para organizar en julio de 2014 una convención de plataformas de izquierdas de toda España para que aprendiesen del ejemplo integrador no solo de Podemos, sino también del Guanyem de Ada Colau (que había participado directamente en el 15M mediante la Plataforma de Afectados por la Hipoteca), y lo implantasen en sus provincias a menos de un año de las elecciones autonómicas y locales. No lo hizo pensando en él, ni siquiera pensando en sus hijos: le preocupa la generación de los nietos a los que quiere cuidar para «dejar de ser el viejo topo» y convertirse sencillamente en su abuelo. «Después de haber despotricado durante décadas contra la familia burguesa, aquí me tienes… Lo que más me ilusiona es estar con ellos», me dice este guerrero cansado, pero no vencido por el cansancio, de setenta y un años poco antes de despedirse de mí en la estación de tren de Vilassar de Mar.

En realidad, no todos piensan y sienten igual que Riera. De hecho, pocas cosas le inquietan más en estos momentos a uno de los directores del think tank Fuhem, Santiago Álvarez Cantalapiedra, que el debilitamiento de la causa progresista por culpa de su división en mil y una iniciativas municipales. Todo después del esfuerzo realizado «a la hora de transformar la izquierda social en izquierda política», después de haber conseguido influir en el corazón de la agenda económica del 15M y después de convertir durante los últimos tres años la revista Papeles, que él mismo dirige desde Fuhem aunque la edite Icaria, en una máquina de proponer visiones alternativas a los indignados, desde que estos cambiaron las plazas por las asambleas en los barrios. Han pasado por sus páginas firmas muy reconocidas en el movimiento como dos de los pilares claves de Podemos (su «ideólogo» Juan Carlos Monedero y su jefe de campaña Íñigo Errejón), economistas como Félix Ovejero y Bibiana Medialdea, el historiador de los movimientos sociales Xavier Domènech Sampere o el filósofo y ensayista Santiago Alba Rico.

Pablo Iglesias en la presentación de Podemos, junio de 2014. Foto: Cordon Press.
Pablo Iglesias en la presentación de Podemos, junio de 2014. Foto: Cordon Press.

El momento de los laboratorios de ideas

Este laboratorio de ideas madrileño consiguió introducir sus diagnósticos y recetas en los debates del 15M abriendo un programa de encuentros e investigación con EconoNuestra (la Comisión de Economía de la Acampada de Sol), con plataformas de jóvenes desencantados como Juventud Sin Futuro y con otras asociaciones preocupadas por la situación que padecen las nuevas generaciones. El programa recibió el nombre de PAY (Precarity And Youth), se ocupa de gestionar un blog, de celebrar seminarios y de organizar un evento internacional donde se invita a los economistas más progresistas del norte y el sur del Viejo Continente, es decir, de los países acreedores como Alemania y de los deudores como España. Irónicamente lo financia la Comisión Europea, uno de los integrantes de la misma troika (los otros dos eran el BCE y el FMI) que impuso los durísimos programas de austeridad a Grecia o Portugal y cuya resistencia convirtió a Islandia en el modelo a seguir para miles de indignados.

La revista Papeles, que dirige Álvarez Cantalapiedra, se propuso lanzar una batería de propuestas que «nos permitieran a todos huir de las soflamas o los eslóganes» que tanto éxito mediático habían cosechado. Apartando de un plumazo «no hay pan para tanto chorizo» o «dimitir no es un apellido ruso», se concentró en dar una respuesta académica a tres de las preguntas que más habían marcado las acampadas: ¿Cómo se podía ampliar la democracia? ¿Por qué los Gobiernos recortaban los servicios públicos cuando más se necesitaban? ¿Había alternativas al capitalismo?

La contestación a la primera pregunta era «sí», pero, ellos afirman que necesitarían acabar primero con la Transición como gran referente moral, apostar por un modelo republicano y participativo frente a uno liberal (donde la política sería, según ellos, solo para los políticos) y promulgar una nueva Constitución que garantizase más y mejores derechos sociales. En segundo lugar, los Gobiernos recortaban los servicios públicos, porque estaban aprovechando la excusa de la crisis para desmantelar parte del estado de derecho y el estado del bienestar, para restringir los derechos a expresarse y manifestarse contra ellos y para aprobar otras medidas que solo agravarían aún más la desigualdad. Por último, las alternativas al capitalismo tal y como lo conocemos iban desde reformas relativamente ligeras como imponer una tasa mundial sobre las transacciones financieras hasta otras más revolucionarias como cambiar los pilares del sistema monetario internacional o democratizar todas las grandes decisiones económicas y empresariales. Todos los ensayos vinculados fueron publicados primero en la revista de Fuhem.

Álvarez Cantalapiedra se quedó con ganas de más por «no haber influido también a la hora de situar en el centro del debate temas como la crisis ecológica o la cuestión de género». Si hubiera tenido éxito, habría dado mucho más trabajo a Juan Ramón Rallo, el joven economista de solo treinta años y director del principal think tank liberal, el Instituto Juan de Mariana, desde el que se concentraba en estudiar unas ideas que «había que combatir frontal e intelectualmente pero sin caer en descalificaciones ni crear frentes absurdos».

El Juan de Mariana, soportado por las cuotas de sus trescientos socios y sus aportaciones de trabajo voluntario, lleva una década intentando desafiar muchas de las ideas de consenso que convirtieron a los partidos mayoritarios en el animal de dos cabezas y un solo corazón que los indignados perciben cuando los llaman «PPSOE». Rallo cree que los grandes puntales con los que su centro intenta cambiar la realidad son «el desarrollo de ideas mediante análisis y estudios de fondo; la formación a través de nuestras conferencias de los sábados, los seminarios de profundización y la universidad de verano que organizamos para sesenta jóvenes en Lanzarote todos los años; y una divulgación que pasa por la participación de nuestros colaboradores en los medios y la producción o coproducción de documentales sobre el origen de la crisis y sus soluciones como Fraude o Bancarrota».

Las redes sociales y la tecnología les han permitido vertebrar mejor su indignación «conservadora», difundir su discurso y criticar con dureza las medidas primero de José Luis Rodríguez Zapatero y ahora de Mariano Rajoy. Los debates e intercambios se han sucedido en foros como Twitter, donde el director del instituto posee más de 24.500 seguidores y dos de sus colaboradores habituales, Daniel Lacalle y María Blanco, acumulan más de 40.000 seguidores en total. A veces estos intercambios se han hecho más físicos como cuando El Confidencial organizó y moderó una discusión en vídeo entre el propio Daniel Lacalle y Nacho Álvarez, profesor de la Universidad de Valladolid y representante de Podemos.

La indignación no es de izquierdas

Para Rallo «era posible ser indignado y no ser de izquierdas». De hecho, reconoce, era posible no ser de izquierdas y estar igual de indignados que ellos ante un modelo de banca «rechazable» y unas entidades que «deberían pagar sus rescates», ante una Constitución de 1978 «larguísima y mal diseñada», ante un bipartidismo marcado por el «nefasto comportamiento» de los partidos mayoritarios o ante la realidad de que «muchas aunque de ninguna manera todas las grandes empresas han crecido al calor de sus buenos contactos con la Administración». También advierte de que, a pesar de las enormes diferencias políticas, existe una serie de recetas que él y Pablo Iglesias podrían compartir: reformar la Constitución (unos para acercarla al modelo estadounidense y otros para aproximarla al bolivariano), proteger mejor los derechos civiles, garantizar la independencia de la Justicia y desplegar nuevos mecanismos para prevenir la corrupción.

Al principio, el 15M fue un movimiento transversal que nacía de una vaga conciencia política llena de ansias de reformas democráticas. Creían que podían reinventar unas instituciones que blindaban a los partidos mayoritarios (definidos, según ellos, por listas cerradas, ideas casi intercambiables y una lluvia de imputados por tráfico de influencias o cobro de comisiones ilegales) y que favorecían a grandes empresas y bancos próximos al poder aunque hubiera que sacrificar por el camino los intereses e impuestos de Juan Español. Los primeros éxitos de la Primavera Árabe o de las manifestaciones en Grecia o Portugal habían inoculado la esperanza de un cambio real que podía ser capitaneado por los jóvenes al menos en un primer momento.

Allí cabían al mismo tiempo y sin darse codazos las agendas de grupos tan distintos como los viejos antisistema, progresistas como los analistas de Fuhem o los editores de Lengua de Trapo, Icaria, El Viejo Topo y Los Libros del Lince, y también los jóvenes liberales que desconfiaban de las ambiciones de los grandes partidos. Con el paso de las semanas, los que no participaban de las visiones más progresistas o aquellos que se desesperaban ante la enorme dificultad de forjar consensos en las asambleas fueron sintiéndose cada vez más en minoría y fuera de lugar.

Luis Garicano, uno de los economistas liberales de referencia durante la crisis y coautor del blog Nada Es Gratis, publicó un post el 19 de mayo donde ofrecía tres propuestas a los indignados y reconocía su alegría por que «os hayáis decidido a dar un puñetazo en la mesa y expresar vuestro hartazgo». El 16 de junio, casi un mes después, se declaraba en otro post «indignado con los indignados» por una deriva antisistema que había provocado ya los primeros escraches violentos frente a los domicilios de políticos como el ministro de Justicia Alberto Ruiz-Gallardón. Solo un año más tarde, Garicano (junto con otros economistas y coautores del blog como Jesús Fernández-Villaverde y Tano Santos) inició un enfrentamiento desde las páginas de El País con el ejecutivo de Mariano Rajoy. Demandaban «urgentemente un nuevo Gobierno, con apoyo de todos los partidos mayoritarios y de nuestros expresidentes, compuesto por políticos competentes y técnicos intachables con amplios conocimientos de su cartera».

De un modo no tan distinto al de muchos de los que durmieron en Sol o la plaza de Cataluña, pedían más democracia para refundar una España que sería «moderna, con instituciones fuertes e independientes, con un nivel de vida elevado, un sistema educativo abierto pero exigente y un estado del bienestar sostenible». Eso sí, ellos creían, al igual que muchos españoles, que esa nueva Transición debían conducirla las principales formaciones políticas, porque poseían la legitimidad de los votos, el poder y la altura de miras que iban a necesitar para forjar esos consensos, mientras que las huestes del 15M las habían juzgado incapaces de hacer algo que no fuera satisfacer unos intereses insaciables a costa de los del resto. La fundación FEDEA, que aportaba toda la financiación y soporte informático y administrativo a Nada Es Gratis, se vio obligada a desvincularse del proyecto el pasado mes de abril, es decir, menos de dos años después de que un periodista muy próximo a La Moncloa considerase «cuando menos poco probable que los patronos de la Fundación, los que ponen el dinero con el que se paga a economistas supuestamente de reconocido prestigio para que escriban artículos como el mencionado [el que publicaron en El País], estén dispuestos a respaldar semejante propuesta de golpe de Estado… ¿O sí?». Los tres firmantes eran y siguen siendo profesores en Columbia, la Universidad de Pensilvania y la London School of Economics.

El final de las acampadas, el desencanto de muchos como los analistas de Nada Es Gratis, o la separación de los grupos en diversas ideologías o movimientos quizás fueron inevitables, porque el pegamento invisible que los unía era la pasión y no el matrimonio, es decir, la intuición y la rabia ante las injusticias que percibían y no los programas o las medidas concretas para abordarlas. Aquel final no se recordará probablemente como la última curva del camino, sino como el bautismo de fuego de una generación y una sociedad que han aprendido a movilizarse al margen de los grandes partidos y sindicatos, a confiar en su capacidad para transformar la política y a discutir durante horas con quienes piensan diferente sin ponerse de acuerdo nunca y sin abandonar por eso ni la conversación ni una lata de cerveza caliente por el sol del verano, seco en Madrid, húmedo en Barcelona y tan espumeante y ambiguo como allí en el resto de las capitales españolas que vieron sus plazas ocupadas. Ellos dijeron que sus manos eran sus únicas armas y que nadie los representaba: muchos están construyendo con sus manos proyectos y alternativas que ayuden a crear la visión, por supuesto incompatible y contradictoria, de un mundo que nunca será su voluntad y su representación. Decenas de asociaciones, empresas y fundaciones los han acompañado hasta ahora y esperan seguir haciéndolo mientras muchos españoles se preguntan si será verdad aquello que un militante del 15M paseó en su pancarta por las calles de Londres, frente a esos humeantes volcanes de vidrio y acero que son los rascacielos de la City, en los meses mayo y junio de 2011: «Spain is different, not indifferent».


Pilar Gómez-Borrero: «O dejamos de hacer trampas o asumimos las consecuencias»

Pilar Gómez-Borrero para Jot Down 0

Pilar Gómez-Borrero estudió Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid. Periodista de calle casi desde que acabó la carrera, guarda un grato recuerdo de sus comienzos y se muestra agradecida y orgullosa por lo que tuvieron de auténtica escuela aquellos primeros años. Supo ver en seguida qué podía suponer la red para el periodismo, y se lanzó en cuanto tuvo ocasión a explorar las nuevas posibilidades que se abrían. Ha participado de forma activa en el nacimiento de muy diversos medios digitales así como en la evangelización, como a ella le gusta decir, de las personas con las que ha trabajado en los distintos medios de comunicación por los que ha pasado, desde sus inicios en el Grupo Recoletos, pasando por el Grupo Zeta, y como directora de desarrollo de negocio en Secuoyas. Considerada como una pionera y experta en todo lo que a medios digitales se refiere, es también en la actualidad profesora en el Máster Universitario en Marketing y Publicidad Digital. Habla con entusiasmo de la red y todas sus posibilidades, mostrando en todo momento un bagaje y un pragmatismo en absoluto reñidos con unas enormes ganas de seguir adentrándose en nuevos proyectos, de seguir abriendo camino.

¿Qué hace una chica como tú en un negocio como este?

La verdad es que divertirme, porque realmente es todo tan nuevo, está todo tan por hacer y es tan diferente, que me resulta muy interesante. Así que estudiando todos los días e intentando aprender y ver si puedo contribuir y ayudar a que vayamos un poco más rápido en esta transformación del negocio tradicional a lo digital.

Sin embargo, hay gente que no se está divirtiendo.

Es cierto; hay muchas circunstancias a tener en cuenta. Para entenderlo hay que ponerse en el lado de los que están ahora mismo en medios tradicionales. Es fácil criticar cuando uno está fuera. Cuando uno está dentro es distinto. Hay que comprenderles; son personas que llevan muchísimo tiempo trabajando de la misma manera, con procesos muy sistemáticos y con horarios constantes. Si a esto le sumas que un cambio nunca apetece, la importante necesidad de formación —tienes que aprender a hacer cosas de otra forma—, el componente tecnológico, el rechazo es doble e incluso triple.

Estamos además en una situación donde los cambios son vertiginosos. Si miras dentro de un medio puedes ver que hay personas que llevan cuarenta  años haciendo exactamente lo mismo. El cambio en un entorno así no es fácil, mucho menos rápido. Por otra parte, lo que sí es rápido es lo que está ocurriendo, los cambios en el sector de los medios de comunicación. Cuando tienes una coyuntura de crisis, cuando no te salen los números por ningún lado, cuando bajan abruptamente los ingresos por publicidad y los costes suben, cuando ves que tu futuro inminente puede ser que te despidan con todo lo que ello conlleva, en resumen: cuando vives en primera persona la tragedia personal y eres consciente de cómo te puede condicionar, económica y socialmente, te bloqueas. Y cuando estás bloqueado no contribuyes a que las cosas vayan a cambiar, no tienes esa visión ni te planteas el necesario «venga, vamos a intentar cambiar para mejorar, vamos a cambiar el chip, a adaptarnos a lo digital». No es sencillo. Y hay también que diferenciar entre el periodista que puede y debe cambiar a nivel personal y profesional, y la visión a nivel directivo: «A ver, hago cálculos, ¿el negocio puede tirar tal y cómo está aún cinco o diez años más? ¿Sí? Pues ya está, para qué me voy a complicar yo la vida si son los que me quedan para jubilarme…».

¿Cuando llegas al mundo del periodismo qué es lo que te encuentras?

Empiezo en el Grupo Recoletos. Entré en la parte de local, donde hacíamos desde la página uno hasta la última; es decir, desde la vida social hasta la entrevista con el concejal, que entonces era «lo más» [sonríe]. Cuando empiezo la vida era totalmente diferente, y evidentemente no había Internet, ni móviles, ni nada de lo que existe ahora. Aún me acuerdo de cuando me iba a casa los viernes y me decía «por favor, que ocurra algo en el distrito gordo, gordo, porque tengo la página tres abierta» o «tengo una entrevista que como no consiga hablar con la otra parte y tenga su versión del tema no puedo publicarla». ¡Y a ver qué hacía para cerrarla! No había móviles para localizar a una persona, dependías totalmente de la secretaria del señor al que había que localizar, y lo que era peor: podían llamarte al fijo y tú no estar en ese momento disponible… Pues esas eran las herramientas que tenías para trabajar.

En el momento en que aparece Internet empezamos a poder manejar otras fuentes de información, y nuevos tipos de acceso a los informadores. Algunos de mis alumnos todavía me preguntan hoy: «Y cuando no existía Internet, ¿cómo buscabas la información?». La fuente principal de información que teníamos los medios eran los porteros. Hablo de prensa local y de aquí en Madrid. Eran los que lo sabían todo. Si tenías dudas sobre cómo localizar a alguien o si querías saber qué se movía por el barrio el gran activo era este. Tu agenda, la famosa agenda de contactos, eran los porteros en su mayoría.

Esa fue mi vida en local. Estuve tres años, pasando por diferentes gacetas locales, y la verdad es que es una experiencia que curte mucho. Me iba con los basureros, o a Mercamadrid para ver cómo llegaba la fruta de madrugada al mercado, cosas así. Recuerdo por ejemplo un reportaje a catorce porteros que cumplían veinticinco años de servicio ininterrumpido cada uno, veinticinco años en una misma portería. Buscabas noticias de este estilo, reportajes humanos, puntos de vista diferentes.

Después, en el año 97, oí lo de Internet y me fui de cabeza. Me sonaba a algo distinto, diferente. Estábamos en lo que llamábamos la ciberchapel, porque en realidad era una antigua capilla, en la calle Recoletos. Ahí nos poníamos a editar digitalmente, a hacer pruebas con los textos, todo por supuesto en html. También empezamos a evangelizar internamente un poco. Nuestro trabajo era crear esas ediciones digitales que poco a poco fueron creciendo. Ahí es cuando me engancho realmente al digital. Primero participando en la creación en Internet de las cabeceras que ya existían dentro del grupo Recoletos, como Telva, Diario Médico y Gaceta Universitaria; en el 2000 paso a coordinar todas y en el 2003 paso a ser subdirectora. Más adelante me involucré también en Marca y Expansión, y también estuve dedicada a hacer productos nuevos. Por ejemplo, me encargué de sacar en el 99 estarguapa.com. Era una marca nueva, no asociada al principio a Telva, que nacía buscando otro tipo de audiencia.

¿Y cómo fue ese cambio cultural? Porque para empezar tuvisteis que aprender a programar, ¿no?

Sí. Totalmente. Había que saber html, pero te ayudaba nada más un poquito, no tenía nada que ver con el potencial de WordPress de ahora, que es muy intuitivo. Tenías que actualizar los pocos artículos que nos dejaban de la edición impresa, los volcábamos, y a trabajar. Tenías que tener mucho cuidado: si no cerrabas bien el código se descuadraba todo. Hasta aprender html ayuda, todo contribuye a tener luego una visión más amplia. Por ejemplo, te puedo contar que yo ahora miro a menudo el código fuente de las páginas porque te da mucha información. Si no supiera interpretarla no podría hacerlo. Todo suma. Aprender siempre suma.

Pilar Gómez-Borrero para Jot Down 1

¿Cuando arranca el proyecto es solo un «vamos a generar contenidos» o había ya un modelo de negocio detrás del mismo?

Ni nos lo planteamos. Ahora esto yo lo pregunto mucho cuando hablo con consultores, «¿Para qué queréis una página web? ¿Cuál es vuestro objetivo?». No me vale el típico «es que todo el mundo tiene una». Pero la verdad es que nosotros en ese momento no nos hicimos la pregunta. Simplemente vimos un canal nuevo y pensamos que había que estar ahí. Fue más la parte tecnológica la que nos empujó hacia estos desarrollos, a estar presentes en Internet, y luego a ir evolucionando en función de lo que estaba cambiando. Vimos que para hacerlo la clave no era el modelo de negocio, lo que necesitábamos era tener contenido. Por ejemplo, nuestro objetivo era ir a Telva y decirles que nos dieran un par de artículos para así alimentar la página web. La respuesta, claro, fue: «Estás loca, ¿cómo vamos a darte contenido para la web?». Había un rechazo, un «Ni de broma, no sabes lo que dices, ¿cómo se te ocurre?». Luego, cuando ya eran contenidos caducos, cuando ya no estaban en el quiosco, sí te dejaban alimentar con ellos la web. Así íbamos probando, viendo qué funcionaba.

Te puedo contar como anécdota que fui a dar un curso de formación interno a Telva. Una vez allí, mientras explicaba qué era Internet y en qué consistía, me di cuenta de que una de las redactoras no me prestaba atención porque estaba preocupada: tenía que cerrar un reportaje. Así, que pensé «vamos a hacerlo práctico» y le dije: «Perdona, ¿con qué estás?». No me olvidaré nunca: estaba con una entrevista a Alejandro Sanz. Tenía recortes de otras revistas donde le habían entrevistado, pero no lo había cerrado todavía. Estaba montando todo el artículo a partir de ese material. Me senté con ella y me puse a buscar, qué había en la red sobre Alejandro Sanz… y ahí ya cambió totalmente su actitud. Ojo, no existía Google aún, pero aun así buscando encontramos el club de fans, sus próximas giras, incluso algunas cosas inéditas. Eso le hizo ver la herramienta de otra forma.

Más adelante ya tuve un espacio en la revista para, digamos, específicamente evangelizar. Explicaba la diferencia, por ejemplo, entre una página web y un correo electrónico [sonríe]. Recuerdo también «El café con Telva». La gente nos hacía llegar —en el año 99— preguntas para la gente a la que teníamos acceso. Por ejemplo: «¿Qué le preguntarías a Nieves Álvarez?». Después vía fax me llegaban manuscritas por parte de Nieves las respuestas, yo las pasaba a máquina y a publicar. Igual que el Whatsapp ahora, ya ves…¡Pasaban dos semanas entre pregunta y respuesta!

El caso es que la idea estaba ya ahí. Investigábamos esas nuevas audiencias para engancharlas al digital.

Sin embargo, quince años después, gente como Pedro J., que incluso empieza joven, con veintiocho años es el director de un periódico, muestran una visión particular hacia lo digital.

Bueno, me hablas precisamente de una persona que sí que ha apostado por lo digital. Hace tres años le entrevisté y realmente me interesaba hacerle una pregunta. Él llevaba casi treinta años dirigiendo periódicos y le pregunté, siendo un poco mala, que cómo habían cambiado sus hábitos a la hora de informarse cuando se levanta por la mañana. Imagino que antes era ponerse la radio por la mañana, leer el periódico… ¿Y ahora? ¿A qué redes está suscrito? ¿A quién sigue más? Y contestó algo como «Está el iPad…». Poco después de nuestra entrevista abriría una cuenta en Twitter, que para mí es un ejemplo de cuenta, a la que se le dedican muchas horas. Incluso en el año 2011 hizo una convocatoria porque quiso conocer a sus followers. Fueron creo que unos cien. Es decir, que ha dado unos pasos que no todo el mundo ha dado. Luego ciertamente está El Mundo y su cambio de piel, que no de mentalidad; han seguido aplicando las mismas estructuras, quieren trabajar las audiencias, sí, pero no las están trabajando como creo que requiere el canal.

Pilar Gómez-Borrero para Jot Down 2

Relacionándolo con el tema de la influencia, en el sentido de que nos encontramos con algunos medios que parece que por el mero hecho de decir algo como «tenemos la comunidad de El Mundo» ya lo tienen, la comunidad existirá cuando tú la hayas creado, cuando aparezcan todos los elementos. Es decir, no basta con decirlo.

Creo que es una manera de creérselo ellos mismos. Es verdad que da esa sensación, plantean cosas como si realmente estuvieran innovando, y no me lo parece. En mi caso, estoy obsesionada con el tema de cómo presentamos la información. Incluso tuve una discusión trabajando para Grupo Zeta donde me decían: «Es que ayer no funcionaba la página», «¡Cómo qué!». Lo que querían decir, era que no estaba maquetado el contenido en la web exactamente igual que en el periódico. Y, claro, por supuesto que no, «¿pero a que usted en el periódico impreso no ha podido poner una infografía o un vídeo?». Se habla de cosas diferentes, se mezclan, tal vez por desconocimiento. Y no tiene sentido.

Los medios tienen dos activos muy importantes: la marca y la audiencia. Y no creo que ese poder que tienen todavía con la marca implique que los ciudadanos se vayan a matar por estar ahí para ellos. Además, están poniendo una barrera: «A partir de aquí está lo que opinan los ciudadanos». Eso no es ni escuchar a los ciudadanos ni estar integrándolos en tu soporte. Seguimos replicando estructuras y cosas que se han hecho en el pasado, no se está haciendo nada nuevo.

El modelo de Wikipedia creo que es una asignatura pendiente de los medios. Por poner un ejemplo, imagina que estamos hablando de un tema que no es puntual en el tiempo, no nace y muere hoy. Es un tema que va a tener un cierto recorrido temporal. Bien, pues vas a cualquier diario online y lees lo nuevo en relación con ese tema, y ves multitud de enlaces con noticias relacionadas. Pero si no estás al tanto de todo, si no tienes toda la información, si te has perdido algo anterior, tendrás que hacer clic en cada uno de los enlaces, sin saber cuál viene primero y cuál viene después cronológicamente, de manera que vas a perder una cantidad de tiempo importante. Donde más tendría que hacerse hincapié ahora es en investigar en esa forma más gráfica de contar las cosas, acercándose a lo que quieren saber y obtener los ciudadanos y cómo quieren obtenerlo. Ahora la atención es más corta, de manera que hay que aprender a dar el contenido de una forma más eficaz, más directa, que además aporte un valor. Publicar las FAQ de cualquier tema o incluir una barra temporal donde se incluyan los hitos de ese tema, por ejemplo. Aprender a hacerlo así desde el principio. Y combinarlo con vídeos, imágenes, y enlaces, pero aquellos que te van a ir enriqueciendo, no porque sí. Y ocurre que esto no se hace. Las noticias siguen siendo mucho texto; en el fondo es la misma manera de contar las cosas. Creo que se debería investigar y trabajar en esa dirección. Ver cómo se ha de presentar la información dependiendo del soporte para dar más valor a la audiencia.

Y de repente desaparecen las barreras de entrada. Llegan los bloggers, gente que aprovecha esta oportunidad.

En el momento en que no hay barrera de entrada para publicar se tiene un problema. El que demuestra que su contenido es interesante, que está bien trabajado y aporta, tiene tráfico. Es la consecuencia directa de hacer bien las cosas. Es una competencia natural y creo que es positiva. Los medios se tienen que poner las pilas.

Más recientemente me acercaba a las redacciones tradicionales, y a la hora de evangelizar, esto que hablábamos antes y que sigo haciendo, una de las primeras cosas que hacemos es crearles un blog. Y es que la columna tradicional en papel pasa a convertirse en el blog. Además, viene con un comentario trampa: «Fíjate que ahora vas a saber cuánta gente ha leído tu artículo». Aparece la posibilidad de tener comentarios, de ver qué opina la gente. Si además al de al lado también le das un blog se crea también una competencia. Pero aparece el ego, y luego llega el problema: ya no se trata de escribir una columna, que tras hacerlo y publicar uno se iba a casa y ya está. No. Ahora la gente podía dejarte comentarios, sí, pero también podía saber incluso más que tú, complementar lo que ahí se decía. Porque los que solo critican dan más igual. A esos la gente los filtra y no importan. Otra cuestión era que uno podía también saber realmente cuántos seguidores leían de verdad su columna, y tal vez no eran tantos como uno se pensaba. Una segunda fase en este proceso: se empiezan a cerrar blogs.

El crear contenidos de calidad es el gran caballo de batalla. Hablas además en tu libro de uno de los grandes ejemplos de la historia, el Watergate; dos periodistas durante un año entero investigando. Ahora nos encontramos con una gran cantidad de gente que genera muchísimo contenido, e incluso en muchos casos creado sobre modelos de negocio variable y con gente que no cobra. Lo cual puede ser sostenible solo hasta cierto punto, y aun así no parece que salgan las cuentas.

A los medios de comunicación no les salen las cuentas, pero no les van a salir tampoco en digital si siguen así. Las estructuras no aguantan, los costes que tienen son ingentes y además son costes que van creciendo porque sube todo lo relacionado como la energía y el papel. Y por el otro lado los ingresos bajan.

Si tu principal fuente de ingresos es la publicidad y te baja a un ritmo tan rápido, y además sigue bajando con una tendencia clara… pues para empezar se pierde de vista el objetivo del medio de comunicación, que es el de crear contenido y el de informar. Y así vamos mal. No digo que no haya que reestructurar y reducir costes, pero sí implica que al final vas a hacer un producto a base de agencias. Si lo haces con gente con muy poca experiencia, sin que haya habido una transferencia de conocimiento previa, lo que ocurre es que estás perdiendo tu activo más importante. Hay gente con mucha experiencia que ya no está en los medios tradicionales pero que están creando nuevos medios, por lo que se está convirtiendo en competencia del medio del que proceden. En una competencia seria de hecho.

Eso sí, también es cierto que el otro activo, la marca, aún significa algo. El mirar la procedencia de una información, ver de qué medio se trata. Todavía hay un margen de confianza que tienen que aprovechar.

Pilar Gómez-Borrero para Jot Down 3

¿Se ha perdido a raíz de todos los escándalos que ha habido?

Sí es cierto que la repercusión de todo esto ahora es mucho mayor y, sobre todo, mucho más rápida. Fe de errores y rectificaciones en medios siempre ha habido, no es un fenómeno de ahora. Lo que ocurre es que con la inmediatez sí que parece que hay más posibilidades de fallar. No creo que haya que darle tanta importancia mientras  seas capaz de reconocerlo, de rectificar, de ser igual de rápido a la hora de disculparte. No es algo que te penalice de cara a la audiencia.

Parece que ya está empezando a estar claro además que la inversión publicitaria en Internet no está compensando la caída de la inversión publicitaria en papel.

Lo hemos hecho mal desde el principio. Es muy difícil ese cambio. Cuando te hablaba antes de las redacciones tradicionales y de lo costoso que está siendo el cambio, no te quiero ni contar en la parte comercial. Imagínate un comercial que lleva toda la vida con sus cuatro o cinco contactos comerciales, con un presupuesto anual muy marcado, cuentas a gestionar de un mismo tipo, etc., es decir un trabajo que le lleva muy poco tiempo. Pero llega Internet y todo cambia. Puedes personalizar y elegir la sección en que apareces, se pueden ofrecer mil cosas nuevas y diferentes, por lo que hay que aprender un montón de cosas para vender bien y el funcionamiento del medio es completamente diferente. Vuelvo a decir, hay que ponerse en la piel del otro antes de juzgar. Bueno, pues el resultado es que la comodidad se ha acabado, hay que ponerse a estudiar, a trabajar duro, además es tecnología lo que hay que aprender, con palabras rarísimas que no se sabe qué significan, y sobre todo aprender todo eso no para usarlo directamente sino para poder vender en este nuevo medio.

Ahora se ve cuánta gente hace clic en el anuncio. Si llegas con una cifra muy mala resulta que la publicidad en Internet puede no interesar tanto, y ya se sabe lo que cuesta. Es entonces muy complicado vender bien. Y es una de las cosas que deberían de trabajarse más ahora, ya no solo el tema de cómo ha de ser esa publicidad, que es un tema que pertenece más a los creativos, sino por ejemplo a la hora de estructurar tu página, cuántos formatos diferentes va a tener, habrá algunos que sean invendidos y entonces no te quedará más que meter autopromos.

Las promociones de productos, ¿es algo que no se ha sabido o no se ha querido trasladar al nuevo medio?

Exactamente. Había una promoción, incluso, si no recuerdo mal de La Gaceta, que regalaban una barra de pan. No sé, yo llevo muchos años intentando evangelizar internamente, avisando, advirtiendo de que estamos en una espiral que no puede parar. Si dejas de regalar algo ya no vendes. Y no viene de ahora, son muchos años dando vueltas a este tema.

Sí que se ha visto que el cambio de modelo es un hecho, que Internet es un canal muy válido, y ahora se trata de ver cómo hacemos para que sea viable. Es decir, cómo ser capaces de generar un contenido exclusivo, bien tratado, documentado, investigado y que sea diferencial, y entonces cobrar por ello. ¡Claro que sí! ¿Por qué no voy a poder cobrar por ello? Creo que cada vez más la gente es consciente de esto. Si les das un contenido que les interesa acabarán pagando. Al principio, lógicamente, será reticente. Habrá que ver por qué tipo de contenidos la gente está dispuesta a pagar, es decir, investigar. Yo sí soy partidaria de empezar a buscar fórmulas que permitan esto. Tienes que facilitar mucho el método de pago, por ejemplo, que sea intuitivo, automático, rápido cuando menos.

Me gusta mucho también el crowdfunding, pero no solo apostar por el tema de donativos. Por qué no proponemos temas y vemos quién está interesado en apostar y aportar por la creación de esos contenidos. Es decir, ver qué contenidos interesan.

Otro asunto que creo que no se ha hecho nada bien es el de las bases de datos. Nos hemos peleado por los dos millones de visitantes únicos. ¿Y qué? ¿Eh? ¿Ahora qué? Dime cuánto ingresas por cada usuario que te está entrando. Las audiencias están muy poco trabajadas. En torno al veinte o treinta por ciento del tráfico que están atrayendo los medios viene de las redes sociales, otro alto porcentaje puede venir de Google… Es decir, que podemos tener una idea clara entonces de cómo se mueve el contenido y trabajarlo.

Y está claro también que muchas veces no se tiene estrategia en redes sociales. Lo preguntas y es un «pues lo publicamos y lo enviamos». No hay un objetivo definido. Al final todo esto se podría resumir en lo que decía al principio: «¿Qué es lo que pretendo?». Y, en función de esto, actuar. La sensación que a mí me da en la mayoría de los casos es que detrás no hay una estrategia sólida, un objetivo que permita ver por dónde quieren ir, a dónde pretenden llegar.

Pilar Gómez-Borrero para Jot Down 4

Estando como estás investigando regularmente nuevos proyectos, ¿qué casos o ejemplos conoces de gente que te parece que está haciendo cosas interesantes?

¿En medios de comunicación? Bueno, pues por ejemplo eldiario.es es un proyecto muy interesante y transparente, te cuentan en qué se gastan hasta el último céntimo. También me interesan medios más especializados como Materia. Creo que estamos en un momento muy interesante porque, como apuntaba antes, hay mucha gente que proviene de medios más tradicionales, haciendo cosas nuevas y que trabaja con mucha sensatez, haciendo muy bien las cosas.

Tal vez uno de los problemas de los medios, no necesariamente digitales, es el modelo de negocio, el que lo que hagan sea rentable.

Si tu activo o empresa está basada en generar un contenido informativo, y además procesarlo, hacer periodismo, ahí para mí no tendría que haber ningún tipo de duda. Es cierto que como marca puedo ser un escaparate de otras cosas, y que por ahí pueden venir también otros ingresos, como vemos con el uso del comercio electrónico; pero son temas satélites, servicios añadidos. El foco, el principal, tiene que seguir siendo la información. No se puede perder esta perspectiva. Distinguiendo además qué es opinión y qué información. En esto no hay nada nuevo.

Aparece además el problema de la medición de audiencias y salen todas las vergüenzas.

Con este tema yo creo que lo que habría que hacer es un borrón y cuenta nueva. Habría que intentar salvar la imagen de otra forma. Lo que venía siendo el caramelo cambia, y de ser la panacea para el marketing, la publicidad, e incluso para los propios medios como herramienta para conocer su audiencia a la situación actual, pasa a ser algo bien distinto. Aquí se trata de dos cosas: personas y sus intereses. Detrás de cada medio, de cada web, lo que hay son personas, no son máquinas. No son navegadores, ni dispositivos. Y esas personas tienen unos intereses, que son los que tenemos que empezar a saber cuáles son. Hay que escuchar a la audiencia para saber cuáles son esos intereses y así poder amoldarse a ellos. Si en vez de hacer esto lo que hacemos es repetir «somos el primer medio», y luego ya buscaremos el dato o la fuente que se adapte a esto que estamos diciendo, vamos mal a largo plazo. Sobre todo porque lo que resulta es que los datos al final ni coinciden, ni cuadran, ni nadie se los cree ya.

El resultado entonces es que lo único que se ha hecho, con una herramienta que podía ser fantástica y muy potente para conocer a la audiencia, es crear una desconfianza enorme. Así que o dejamos de hacer trampas o asumimos las consecuencias.

Por otro lado, muchos regionales están funcionando bien. Warren Buffet ha comprado varios periódicos locales, hace poco saltaba la compra del Boston Globe, Bezos salva (entre comillas) el Washington Post

Si alguien decide invertir en medios de comunicación, en este caso comprar periódicos, es porque le ven una rentabilidad, porque creen que va a ser un activo valioso. Y no a corto plazo, como podía serlo en otras épocas, pero sí por la proyección que puede tener esa publicación. Bezos sí sabe cómo trabajar esos intereses, esas audiencias que comentábamos. Nadie compra un periódico a ese nivel por un motivo sentimental. Se hace porque entienden que a medio plazo les va a reportar, seguro, un beneficio.

¿Necesitamos credibilidad?

Es lo que tienen que aportar las marcas, las cabeceras que tienen esa credibilidad. Pero la confianza, y volvemos a lo mismo, hay que ganársela. Hay que trabajarla muy bien y demostrar además que ese contenido es de interés para la gente que está accediendo a tu site. No la maltrates cuando entre a visitarte, cuídala, mímala. Muéstrale que le estás dando un contenido adaptado a sus intereses y que le escuchas.

¿Cómo ves el futuro de los medios en España?

¿Digital o tradicional? Porque se sigue haciendo una diferencia por parte de los propios medios. La famosa integración no lo ha sido por convicción, sino por necesidad. Necesidad económica, además. Pero no ha habido una política de concienciación y de transferencia de conocimientos. Ha sido una cuestión de números, sobre todo en lo relativo al personal: echar a un determinado número, recolocar a otros, reubicarlos. Este escenario, lógicamente, contribuye a que las cosas no vayan tan bien. Todavía se ve de un lado al papel y de otro a estas otras «apuestas informativas digitales». Así que veo que por un lado no es fácil, que es una situación muy dramática por la que están pasando los medios tradicionales, una situación que ni es fácil ni es de rápida solución; y por otro lado, volviendo al inicio, veo que existe un ambiente, un apasionante caldo de cultivo muy interesante en torno a todo lo que se está produciendo en los medios digitales. Creo que nos queda todavía mucho por ver, por experimentar. Tenemos que ir analizando sobre todo cómo preparar el contenido, cómo presentarlo. No invertir tiempo en apps que luego no se utilizan, por ejemplo. Es un momento muy interesante, en cualquier caso.

¿Cuáles son las perspectivas para los periodistas? Sobre todo para los estudiantes de Periodismo, para la «cantera».

En la situación actual podría justificar una carrera de Periodismo, que en otros países no existe como tal ya que es una especialización. Pero deberían cambiarse para ello radicalmente los planes de estudio de Periodismo dentro de la universidad. Para todos los que tenemos la suerte de tener ya una experiencia y nos encontramos con esta realidad no es igual que para todos esos nuevos periodistas que salen de las facultades de Periodismo y que no van a poder trabajar en El Mundo, El País, el ABC, donde te colocaban en un puesto y ya estaba hecho. La vida era la que te iba a llevar después por un lado o por otro. Y ahora yo creo que la gran ventaja es que nos podemos preguntar, dado que no tenemos nada que perder ya que el coste de oportunidad es cero, qué nos gusta hacer y qué es lo que queremos. Eso incluso antes de empezar la carrera. Creo que la gran baza de Internet es cómo te permite conectar con el resto de gente. Hay que dedicar muchas horas a crear perfiles en redes sociales como Linkedin, por ejemplo, dedicar esfuerzo sobre todo a generar contenidos, e intentar crear cosas interesantes. Si se hace entonces hay muchas oportunidades. Tanto para crear nuevos medios como para sumarse a los existentes.

Es cierto que no nos han educado para vivir con tanta incertidumbre. Esta es la generación, siempre lo digo, de la incertidumbre. Uno sabe dónde está pero no dónde va a estar el año que viene. Y creo que esta incertidumbre, sobre todo la económica, acaba siendo también sentimental: cuando uno está tenso y preocupado no es el más simpático de los humanos. Todo esto al final confluye en que si no estás bien tampoco tu productividad y tu forma de ver tu trabajo serán las mejores. No nos han educado para vivir así. Pero una vez que lo has asumido y eres capaz de vivir con esta incertidumbre sí creo que este es un modelo mucho más enriquecedor.

Pilar Gómez-Borrero para Jot Down 5

Fotografía: Guadalupe de la Vallina


Javier Gallego: «El periodismo no tiene que ser el cuarto poder, sino el contrapoder»

Conocido por el nombre de guerra “Crudo”, Javier Gallego se define a sí mismo como un hombre de radio aunque también ha trabajado en televisión y prensa escrita. Después de tres años al frente del programa Carne Cruda en Radio 3, recientemente cancelado, inicia el curso con libro nuevo, Lo llevamos crudo, en el que se recogen, editados y revisados, los editoriales del programa en el periodo que va desde que España gana el Mundial de Fútbol en 2010 hasta que obtiene su segunda Eurocopa en 2012, un repaso incisivo de los años en que nuestra economía ha sufrido una evolución inversamente proporcional a los éxitos de la selección. También prepara nuevo proyecto de radio y colabora en eldiario.es. Visitamos con Javier la sede del flamante diario digital, en la que fuimos cordialmente recibidos por su equipo, para después trasladar la entrevista al calor de una terraza madrileña en la que grabamos esta conversación con la voz que durante tres años lo repartió crudo en la radio pública.

Colaboras en eldiario.es, un recién nacido en el mundo de la información. Hace poco entrevistamos a tres de los componentes de Mongolia y hablamos de nuevos modelos de negocio en medios de comunicación, independientes y con pequeños equipos detrás. ¿Cómo ves el proyecto de eldiario.es en este panorama? ¿Qué ofrece distinto a los demás?

Creo que es algo nuevo y necesario dentro del panorama actual; estamos acostumbrados a las vacas sagradas del periodismo y hay una de información en la calle que se está moviendo a través de las redes sociales que no está siendo recogida por esos medios más tradicionales, o al menos no están llegando a captar el pulso de la calle como puede hacerlo un diario como eldiario.es. Hay gente muy joven, que hace un periodismo muy cercano a las redes sociales y a la calle y que están sacando otros temas. Es un periódico que nace con inversión de los propios periodistas, que son dueños de su propio trabajo y esto les da más independencia. A ver cuánto podemos aguantar así, va a ser a través de suscripción de socios; va a haber que buscar publicidad, evidentemente, pero no va a estar tan ligado a la publicidad y a las empresas privadas como lo están los grandes complejos informativos, que tienen muchos intereses detrás, y eso le va a dar mayor independencia. Se da el caso de que hay —a lo mejor es un poco exagerado llamarlo así— un “nuevo periodismo” de gente entre treinta y cuarenta años que necesitaba un medio en el que salir y el momento social acompaña absolutamente. Una generación de periodistas que estaba ya en los medios y que ha decidido montárselo por su cuenta porque veían que hay un discurso que tiene que tener su espacio en primera plana y no se lo van a dar en los que ya existen, y por eso surge Mongolia, Jot Down Magazine o eldiario.es. Y por ahora están funcionando; eldiario.es acaba de nacer, pero de inicio había una expectación brutal y el arranque ha sido muy bueno.

Ignacio Escolar, a pesar de no confiar en el futuro del papel, anunció una publicación trimestral monográfica, para guardar. ¿El papel es algo que da peso a un medio?

Por una parte quizá da ese prestigio de estar compitiendo en los quioscos —aunque yo no lo veo del todo necesario, creo que se puede subsistir perfectamente en Internet y eso no te quita caché— y por otra parte está el fetichismo del papel, de guardar la información; como vosotros, que hacéis publicaciones trimestrales, algo para coleccionar. Nacho creo que tiene la idea de algo más “arrevistado”, más para guardar, no tan pegado a la actualidad del día a día. Creo que hay un momento de surgimiento de nuevos medios, quizá no se mantengan todos porque no haya mercado, pero sí que se van a aunar fuerzas y al final quedará una huella, de forma que a lo mejor dentro de diez años hablaremos de los proyectos que surgieron justo ahora.

Cuando entrevistamos a Àngels Barceló y le preguntamos si prefería la radio o la televisión nos dijo: “en la radio te desnudas y no puedes engañar, el oyente se da cuenta en seguida, pero no tiene la imagen y que no podía decantarse por uno de ellos. Tú que has trabajado en los dos medios, ¿con cuál te quedas?

Claramente con la radio. Soy un hombre de radio y mi experiencia en la televisión, que no es muy larga, quizá no haya sido suficiente para hacerme quererla tanto como a la radio. La radio es un medio muy cercano, muy sencillo y muy artesano que se puede hacer con una facilidad asombrosa y en la que estás muy en contacto con lo que haces y con tu propio discurso. En televisión me daba la sensación de que entre lo que yo pensaba a lo que luego se plasmaba había tantos intermediarios que la idea se perdía, se modificaba demasiado o se diluía. En la radio la cercanía que siente el oyente también la siente el que hace radio, en definitiva no es más que lo que estamos haciendo ahora: una conversación con un micrófono por medio. De todas formas, creo que en la radio sí que te puedes esconder, es cierto que si llevas mucho tiempo la gente te acaba pillando cómo eres y quién eres, pero tampoco creo que sea imposible esconderse y crear un personaje. Es verdad que las inflexiones son muy potentes, el sonido cuando no ves los gestos te dice mucho, con la cara creo que se puede esconder más. Volviendo a la pregunta, yo me quedo con la radio porque es como estar en casa y puedes estar en calzoncillos y al final resulta más natural, tanto el que está en la radio como el que va a la radio a ser entrevistado, se consigue un grado de compenetración y de verdad que creo que es mucho más difícil de conseguir en televisión. La tele tiene más maquillaje de por medio. Aunque la imagen puede ser muy poderosa, también puede ser muy tramposa.

En uno de tus editoriales, Venceréis pero no convenceréis, atacabas frontalmente el decreto ley de RTVE por el cual el gobierno puede elegir presidente sin pactar con la oposición, y definías el modelo de gestión de la corporación durante la etapa de gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero como “mejorable”. ¿Para ti cuál sería el modelo idóneo?

Qué difícil pregunta. Creo que un paso inicial, y así lo decía en la carta, es separarlo lo más posible del poder político; es decir, que haya una representación del Parlamento, de la sociedad española, en el Consejo de Administración del medio, pero que haya una separación bastante clara entre los periodistas y las informaciones que dan y quienes dirigen el medio. Creo que desgraciadamente la radio y televisión públicas han sido muy maltratadas por el poder político, muy manipuladas, y la gente está llegando a la conclusión de que es un gasto excesivo para hacer propaganda, cuando en realidad el medio público es un arma esencial que tenemos que tener los ciudadanos para controlar el poder, que no puede ser nunca uno de los grandes emporios de la comunicación, que además están cada vez más concentrados y responden a unos pocos intereses empresariales; entonces, habría que defender con uñas y dientes la independencia del medio fijándose en modelos como el británico, donde hay incluso un sistema de control, que no es político, de la información que se está dando en la BBC. Por otra parte, no creo que deba ser fundamental la búsqueda de las audiencias, sino el buscar un reflejo de lo que ocurre en la sociedad. Tendría que haber programas de todo tipo de tendencias, tanto ideológicas como culturales y sociales, lo que hay es un discurso mayoritario que es el mismo que hay en el resto de emisoras y medios, y muy minoritariamente discursos más alternativos. Más que la audiencia masiva habría que buscar esos otros discursos que ofrecen realidades más interesantes. Se debería apoyar la industria cultural literaria, cinematográfica, los movimientos sociales, etc. Que no se pueda acusar de manipulación a TVE como ha ocurrido muchas veces y como está volviendo a ocurrir. Es muy triste, porque parece incluso una estrategia gubernamental en este momento de crisis para acabar finiquitando el medio. La gente ahora está mucho más informada y en seguida se da cuenta de que le están manipulando el discurso, la audiencia empieza a caer en picado y dicen: bueno esto no es rentable; lo ventilan y fuera. Eso es lo que ha pasado con las autonómicas, mucha gente se siente defraudada porque han sido el corral del gobierno de turno y cuestan mucho dinero. El problema es que nos van a dejar indigentes a los periodistas, en manos de las grandes empresas. Es una pena, porque debería ser el espacio de libertad por definición. De hecho, en Radio 3 en la época que yo he estado, y esto lo he hablado con compañeros de Radio 1 también, nunca había trabajado con tanta libertad, nadie me ha dicho lo que tenía que hacer, nadie me ha dado un toque por lo que he dicho… y eso es lo que debería ser la radio pública, compensando las distintas formas de ver la realidad, evidentemente, con programas que traten de cubrir todo el arco.

Toni Garrido, al que entrevistamos estando aún al frente de Asuntos propios, nos dijo: “Llevo cinco años, es una etapa fantástica, en aprendizaje es un máster extraordinario… si el mes que viene no siguiéramos trabajando me parece más que razonable. Cuando llegué había alguien ahí que dejó de hacer su programa para que yo hiciera el mío”. ¿Tenemos que aceptar como naturales estas alternancias?, ¿qué régimen laboral tendría que haber en los medios públicos para evitar “purgas”? Porque si ahora ponen a alguien amable con el gobierno probablemente también dirá que goza de una libertad absoluta.

En mi caso no creo que fuera amable con el gobierno de turno, el PSOE recibía los golpes cuando estaba gobernando igual que los ha recibido después el PP. Y ahí está en el libro, donde se puede comprobar.

Sin entrar a juzgar tu caso en particular.

Una de las normas positivas de la normativa anterior es que no coincidían los cambios del Consejo de administración con las elecciones, el Consejo cambiaba cada cinco años y las elecciones son cada cuatro y además se buscaba un Consejo de Administración en consenso, para que al final estuviera todo el Parlamento representado. Eso para mí es fundamental mantenerlo. Lo triste es que esto va a volver a generar esa guerra bipartidista de “ahora me toca a mí” porque ha vuelto a abrir viejas heridas. Sobre cómo arreglarlo… es muy complicado. En primer lugar, como decía, separando el poder político de las decisiones periodísticas y luego buscando lo que se ha buscado siempre en un trabajo: la meritocracia. Y tomar decisiones compensadas, incluso si hay posiciones extremas, si tienen su reverso, es aceptable. Buscando a los profesionales que destacan, que tienen cercanía con los ciudadanos y que no que no estén claramente afiliados a una línea partidista; sí ideológica, todos tenemos una ideología, pero no partidista.

¿Sería conveniente que se despolitizaran por completo y no depender de esta “alternancia democrática”?

Es que es imposible despolitizar la realidad. Radio 3 se podría dedicar a poner solo música, pero de repente sería ajena con el público. Radio 3 y todo Radio Nacional se tiene que implicar en todos los ámbitos de la cultura, la sociedad, la política y la economía. Y todo eso tiene que estar reflejado, ni soy partidario de una Radio 3 solo musical ni de una Radio Nacional donde los discursos sean los de partido; habrá que buscar periodistas que no tengan una clara afiliación. Yo sé que yo hacía un programa bastante extremado en algunas opiniones, pero no partidista, ideológicamente más cerca de posturas de izquierda porque yo defiendo la justicia social, el reparto de la riqueza y cosas que me parecen de sentido común como el respeto al ser humano y la igualdad de las personas frente a un modelo liberal que no lima, sino que amplía las diferencias. También hay periodistas de derechas, que haya de todo, pero yo no soy ni del PSOE ni de IU ni de ningún sindicato. Hay una cosa que debería acabar y es que los periodistas no pueden irse a cenar con los políticos, no pueden ser amigos, tiene que haber una confrontación, tú estás ahí para informar con ojo crítico, porque el poder siempre te la lía, no puedes estar de amistades, ahí se rompe el juego, ahí dejas de ser el cuarto poder para ser el primer poder y, esto ya lo he dicho otras veces, el periodismo no tiene que ser el cuarto poder, tiene que ser contrapoder.

Esa idea que mencionas de oponer ideologías, aunque sean extremas, sería muy sana porque muchos lectores, oyentes en tu caso, no reciben bien opiniones contrarias a sus convicciones y buscan lo que quieren oír.

Eso es verdad y ahí caemos todos, yo soy el primero que reconoce ese error. Y es muy importante que nos confrontemos con la idea contraria, es muy cómodo recibir lo que tú ya sabes y reafirmarte en lo que crees. Es un trabajo que tenemos que hacer los periodistas y que muchas veces no hacemos, cuando recibimos la idea contraria es para atacarla y deberíamos tomar la distancia y decir “yo no pienso como este señor, pero quiero que tenga aquí un micrófono” porque es otra de las formas de ver la realidad. Yo tuve algunas experiencias en Carne Cruda y es verdad que hubo reacciones virulentas por parte de algunos oyentes, sin embargo, en el equipo lo hablamos y nos pareció necesario. Deberíamos hablar mucho más con el otro lado para romper con estas dos Españas de las que siempre se habla. Creo que tanto periodistas como lectores y oyentes deberíamos empezar a dudar más de nosotros mismos, me aplico el cuento. Nos cuesta oír lo que no queremos oír. Y a veces hay que hay que ser crueles, porque eso es lo que al final hace que se muevan las cosas y que se produzca el diálogo, cuando se rompe la pared y de repente dos voces opuestas pueden llegar a entenderse. Lo que pasa es que la información está totalmente polarizada, tenemos unos medios lanzando flechas a otros y defendiendo corrales políticos. Que haya periódicos que directamente sirvan de brazos propagandísticos de partidos políticos me parece la muerte del periodismo.

Recientemente la asociación de periodistas de UGT ha reclamado que solo ejerzan la profesión de periodistas los licenciados universitarios en periodismo con el objetivo de “dignificar la profesión periodística, mitigar en parte el desempleo y luchar contra el intrusismo”. Sin embargo, algunos de los periodistas que hemos entrevistado no están de acuerdo. Por ejemplo, Soledad Gallego nos decía: “el periodismo, sinceramente, no es una carrera universitaria. No contiene conocimientos teóricos suficientes para justificar cinco años de estudios”. ¿Tú cómo te posicionas? ¿Crees que es necesario el título para ejercer?

No, no creo que haya que hacer la carrera de periodismo para ser periodista. Creo que el periodismo es un oficio, yo al menos, aunque aprendí cosas en la Universidad, como lo he aprendido es haciéndolo; en la radio, en la calle, escribiendo en la prensa y trabajando en televisión. A veces la formación que obtienes en otras carreras puede ser muy positiva para el trabajo periodístico, la labor del periodismo es contar la realidad de la manera más veraz posible y para eso tienes que tener una buena formación cultural, política, económica, estar informado, querer contarlo y tener curiosidad; no creo que sea indispensable tener una carrera. En la carrera se enseñan mecanismos, pero se puede aprender a hacer periodismo y ahora mismo en la calle hay mucha gente haciendo periodismo, a través de las redes sociales y de medios no convencionales está contando cosas muchas veces más rápido que los medios y los están intentando contar bien, están hablando de realidades que a los medios mayoritarios se les pasan, dando voz a los que normalmente no la tiene y, en la medida de sus posibilidades, están intentando valorar los distintos puntos de la realidad que es lo que tiene que hacer un periodista.

Falta canalizar todo eso.

Porque ahora mismo hay una eclosión de medios digitales donde todo el mundo quiere contar y a veces se mezcla información con opinión, pero también creo que está formando a gente en el arte de contar la actualidad. Lo que tienes que tener es una mente esponjosa y mucha pasión por el oficio. Cualquiera que tenga acceso a la información no vale para contarla, hay que saber cómo hacerlo y hay que prepararse para ello, trabajar, estudiar, escribir y escribir, hasta que al final haces un buen artículo. Un médico puede ser un excelente periodista, pero no por ser médico tiene que ser la persona más adecuada para hablar de medicina y puede haber un periodista especializado que haga grandes informaciones de medicina sin haberla estudiado. Es un oficio que tiene sus características y que requiere de una práctica.

Un célebre comunicador de radio, al ser preguntado por las cualidades de un buen periodista, nos dijo: “La fundamental es la honradez. Es decir, tratar de contar las cosas como son, o como las ves. Luego acertarás, te equivocarás, pensarás que un gobierno lo hace mejor o peor; viéndolo en perspectiva pensarás que fuiste demasiado duro con un político y en cambio a otra arpía le perdonaste todo porque no sabías lo mala que era… estas cosas suceden”. ¿Ratificas sus palabras?

Sí, creo que es bastante acertado. Es verdad que, con el tiempo, todos tenemos que hacer examen conciencia de lo que hemos dicho y hemos hecho porque cometemos muchos errores. Es muy complicado mantener la honestidad en el sistema mediático en el que nos movemos, porque estás presionado por muchas fuerzas económicas y políticas y es muy difícil mantener la coherencia sin que te estén dando bandazos o sin que directamente te censuren.

Acabas de ratificar a Federico Jiménez Losantos.

Pues muy bien, lo que pasa es que él no lleva a cabo sus palabras, está claramente extremado. Lo que me acabas de leer es muy coherente, lo podía haber dicho Losantos como podría decirlo Teresa de Calcuta. Estoy de acuerdo en esa frase con Jiménez Losantos, en lo que no estoy de acuerdo para nada es en su forma de hacer periodismo, que es claramente sermoneadora, virulenta, parcial e interesada.

Sabes que ha sido condenado recientemente a pagar una multa de 100.000 euros por intromisión en el honor de José Antonio Zarzalejos.

Porque ha ido muchas veces demasiado lejos, creo que es uno de los periodistas que más demandas ha tenido en los últimos años en este país, porque ha ido mucho más allá de lo que es el periodismo. A mí a veces me hacía gracia Jiménez Losantos como chiste pero incluso su ingenio acabó por resultarme amargo y crispante. Hace algo que me parece muy feo y muy zafio que, aunque sea gracioso, es muy dañino: insultar, faltar al respeto y regodearse en su propia verborrea ingeniosa para encender los ánimos, provocar fricciones y generar enfrentamiento. Y eso no es periodismo, es el sermón de la mañana. Eso es una fe para quien quiera comulgar con ella.

También se te podría acusar a ti de sermonear.

Sí, sí, yo suelto mis sermones, pero, primero: nunca he caído en el insulto ni en la falta de respeto ni al honor, no creo que haya ninguna razón para demandarme, y siempre intento hablar desde la ironía y con datos contrastados de una y otra parte. Yo he hablado de los errores de unos y de otros. Creo que vivimos una época en que se necesita un pensamiento crítico, quizás en otro momento no estaría tan implicado con la opinión como lo estoy en este momento, pero ya estamos hartos de que nos tomen el pelo y creo que el periodista lo tiene que decir. Siempre que me han acusado de sermonear he dicho que yo he tratado de hacer un periodismo ciudadano, soy periodista por un lado y ciudadano por otro; mis opiniones no tienes por qué compartirlas pero yo quiero dártela como ciudadano y a la vez aporto los datos que tengo como periodista, junto esas dos facetas porque siento que ahora hay que estar más cerca de la calle que nunca, porque la calle se siente más alejada del poder que nunca.

Otro comunicador emblemático nos dijo…

(Ríe) Me la vas a volver a meter doblada ¿Es Hermann Tertsch?

No, ahora sí te voy a decir quién fue, José María García: “En este momento el periodismo ha retrocedido tremendamente. Cada día hay menos investigación —salvo la excepción que confirma la regla—, cada día hay menos denuncia. ¿Por qué? Porque el periodismo de investigación no sólo es el más peligroso, sino también el más costoso”.

Sí, lo ratifico. Desgraciadamente el periodismo en España está depauperado y se va a lo rápido, fácil y barato. Hay mucha gente trabajando por sueldos miserable, haciendo lo que puede y cumpliendo con la premisa de la inmediatez que rompe con una de las reglas del periodismo que es mantener un tema, seguirlo, chequearlo e investigarlo hasta sus últimas consecuencias y eso lleva tiempo y dinero. Precisamente una de las propuestas que hace eldiario.es es dedicar una parte de sus fondos y de sus recursos a ese tipo de periodismo. Porque a lo mejor ya no es tan necesario estar dando la última hora —hay muchos medios dándola— como el profundizar en un tema y llegar hasta sus últimas consecuencias, y creo que es una de las apuestas que tiene Ignacio Escolar. En la radio se ha perdido mucho el documentalismo, lo más extenso que hay en radio es la crónica, ni siquiera en la radio pública, otro tema a reivindicar: en las radios europeas hay departamentos exclusivos dedicados a hacer documentales e investigación.

Tus dos últimas entradas en el blog de Zona Crítica están dedicadas a Esperanza Aguirre. ¿Cómo ves el futuro de nuestra Comunidad después de nueve años de gobierno ganado en las urnas? ¿Hay esperanza?

Pues ahora que se ha ido Esperanza Aguirre quizá la habría, pero la persona que ha nombrado para sucederla es más de lo mismo, alguien que sigue fielmente sus políticas liberales y que no está interesada en lo público salvo cuando lo público sirve a sus intereses privados, de hecho el Sr. Ignacio González es sospechoso de haber favorecido a familiares y amigos para obtener contratos públicos, y eso está publicado en prensa. No me parece un buen relevo ni muy esperanzador que sea él el elegido. Lo que necesitamos en comunidades como Valencia, Madrid y Andalucía es una ciudadanía más informada de lo que están haciendo. Lo que ha hecho Esperanza Aguirre ha sido favorecer la sanidad privada, a las escuelas concertadas, recortar dinero para la sanidad y la educación públicas. Los datos están ahí, quieren acabar con lo público, eso está ahí y no es opinión, son datos objetivos. Si hay gente que no lo ve o que realmente esté de acuerdo con un sistema que acabe con el estado de bienestar, pues muy bien, pero habrá familias que no se lo puedan permitir. Esto si tienes una posición desahogada es muy fácil decirlo pero para el común de los mortales no es así y hay que defender estas políticas que se están cargando. En esas comunidades, unas gobernadas por socialistas y otras por populares, se ha votado una y otra vez a partidos que las están llevando a la ruina económica, al paro flagrante y a la destrucción de lo público. En el caso de Andalucía a un paro alarmante, y les siguen votando. Hay que seguir erre que erre dando información para que la gente vea que hay otras opciones más allá del bipartidismo. Estaría muy bien atomizar el Parlamento para que esos dos partidos que se han acostumbrado al poder, a hacer sus negocios y a llevárselo crudo, tengan una oposición que represente más el arco de la sociedad española. Y esos votantes del PSOE y del PP que les votan a ciegas por favor que se informen, no están gobernando bien. Ha sido catastrófica la gestión de Zapatero y está siendo catastrófica la gestión de Rajoy. Es alarmante e indignante. A la pregunta de Rubalcaba “¿cuál es su plan de gobierno?” en una de las últimas sesiones parlamentarias la respuesta que da es “mi plan de gobierno es afrontar la herencia recibida de ustedes”. No, mire, cuénteme algo porque los otros ya me engañaron con el discurso aquel de los brotes verdes, usted no me engañe con la herencia recibida.

Como firme defensor del movimiento 15M, ¿qué te parece su evolución? ¿Qué papel crees que debería desempeñar en el panorama político?

Más que firme defensor del 15M me considero defensor de una ciudadanía que se indigna y decide pasar a la acción, se llame eso 15M o se distribuya en distintos movimientos sociales. Es muy complicado que un movimiento tan diverso y en el que además se pretende mantener una horizontalidad cristalice en algo concreto, pero lo que ha hecho el 15M ya es muy importante: ha removido los cimientos de la sociedad en la que estábamos viviendo. Ya se habla de temas, incluso en los medios más convencionales, de los que no se hablaría si en el 15M no se hubieran puesto sobre la mesa, se están poniendo en cuestión cosas que durante años no nos hemos puesto en cuestión, ha surgido un nuevo periodismo que no habría surgido si no hubiera unos ciudadanos que reclaman una nueva forma de contar las cosas; todo eso ya lo ha hecho, lo fundamental es que ha cambiado la agenda, los propios partidos políticos están empezando a querer hablar de las cosas que hablaba el 15M porque saben que eso es lo que se habla en la calle. Independientemente de los muchos errores que haya podido cometer el 15M, porque es muy difícil organizar un movimiento asambleario de esa magnitud, creo que no tiene que estar obsesionado con logros concretos —que también los hay en los barrios, en movimientos de trabajo cooperativo, etc.— lo importante es que hay una gran masa social que se está moviendo y hace que se remuevan los cimientos y que el sistema no viva tan cómodo en su poltrona. Además es contagioso, cuando tú ves que el de al lado se está moviendo piensas en hacer algo. La gente estaba esperando que se creara un partido político, pues no tiene por qué ser así; Julio Anguita ha creado un foro cívico de reunión y debate que también ha surgido de esa ola, lo importante es que la gente esté informada, concienciada y comprometida con su sociedad, porque le interesa, le importa y le afecta. Estamos pidiéndole al 15M que sea mejor y más eficaz que partidos políticos que llevan cien años existiendo.

¿Qué crees que significan las manifestaciones en el entorno del Congreso y qué repercusión pueden tener?

Significan un acercamiento al epicentro del problema y un giro en las protestas hacia posiciones más mordientes que incomodan más a nuestros gobernantes. Es un paso interesante porque significa una confrontación más directa con el poder que nos está llevando por la calle de la amargura. Creo que habíamos llegado a un punto en el que las manifestaciones ya no estaban consiguiendo el efecto agitador que pretendían. El Gobierno estaba tranquilo dejando que la gente se manifestase en las plazas como si fueran manifestódromos. Era un ruido que tenían controlado, que no les inquietaba demasiado y que podían manejar. Por eso era necesario hacer algo más, llegar incluso a la desobediencia civil. Creo que nos están forzando a ello. Si ellos rompen el pacto social y no respetan las normas que nos hemos dado, pues es lícito que los ciudadanos desobezcan para luchar por el cumplimiento del Estado de Derecho. No solo es legítimo, también se ha convertido en la única vía para llamar su atención. Y se ha conseguido no solo llamar su atención si no ponerles en alerta. Con la acción “Rodea el Congreso” se ha estrechado el cerco sobre ellos y se han puesto nerviosos, han sentido miedo. Prueba de ello es que han criminalizado esta manifestación comparándola incluso con el Golpe de Estado 23F, lo que es una barbaridad porque aquí los que usan la fuerza bruta y los que dan golpes, los golpistas, son nuestros gobernantes que se han comportado en los últimos días y semanas como un estado policial. Han detenido preventivamente a personas por llevar pancartas del 25S o por preparar la manifestación. Han registrado autobuses que llegaban a Madrid para participar en la protesta. Son actitudes que nos devuelven a las épocas más oscuras de nuestra historia reciente y son una muestra evidente de que se sienten acorralados. Realmente les hemos rodeado. Por mucho que nos manden a sus fuerzas de choque y se protejan tras hileras de alambradas, cada vez estamos más cerca, más encima de ello. Sienten el aliento de los manifestantes en el cogote. Aunque el presidente se pasee por Nueva York fumando puros como si no fuera con él la cosa, en realidad no le llega el aire a los pulmones. Por eso ordenaron un despliegue policial desorbitado. Por eso ordenaron que la policía actuase de forma intimidatoria. En ninguna manifestación, y he estado en muchas, había visto tanta policía ni con esa actitud provocadora. Estaban pertrechados para cargar desde primera hora de la manifestación, cuando la concentración era absolutamente tranquila y no había razón para ello. Por lo que yo vi y por lo que he visto después en los vídeos, mi sensación es que los antidisturbios tenían órdenes muy claras de arrasar con todo. ¡Los antidisturbios fueron los principales causantes de los disturbios!, las imágenes no mienten. Está claro que tenían órdenes de arriba de dar un escarmiento. Otro error más. Lejos de escarmentar, lo que se ha conseguido es que la gente salga con fuerzas renovadas y más convencimiento a la calle. La calle ha dado el paso más importante de los últimos meses, creo. Nos hemos acercado mucho más al problema. Aunque nos pongan un cordón policial y unas vallas para alejarnos, nos estamos acercando. Y si seguimos haciéndolo, no les va a quedar más remedio que sentarse a negociar o retroceder en sus decisiones, como ha hecho el Gobierno portugués. El Gobierno español se está quedando solo. La imagen más potente de su aislamiento es ese Congreso de los Diputados convertido en una isla por el cordón policial. Son ellos los que están contra el cordón, contra las cuerdas. Ahora que han pegado a los manifestantes más que nunca, sin embargo, son ellos los que están más sonados. Es posible que estemos en la parte del combate más favorable para los ciudadanos, aunque no lo parezca. Creo que ahora hemos igualado fuerzas, hemos recuperado fuerzas y hemos mejorado nuestra posición en la pelea por nuestros derechos y nuestra democracia y eso ha sido gracias a la acción de rodear el Congreso. Ahora solo hace falta rematar la estrategia.

¿Qué opinión te merecen los actos realizados por el SAT?

A veces, si no es cometiendo actos que contravengan el sistema, no se escucha. Me parece un acto nimio robar unos carritos en un supermercado que de repente ha puesto el punto de mira en un problema de falta de recursos de muchas familias. Yo creo que Sánchez Gordillo, que lleva mucho tiempo en política, es un gran publicista, sabe cómo llamar la atención y ha conseguido con algo que no erosiona el sistema que hablemos de algo que sí lo está erosionando, que es la pobreza de la gente. Por otra parte, creo que ante algunas medidas que se han tomado últimamente al pueblo no le queda otra que la desobediencia civil.

¿Qué te pareció la carta del rey llamando a la unidad nacional?

Si lo que quería era parar el independentismo lo que ha hecho es darle alas. Creo que ahora mismo el rey, aunque forma parte de sus funciones, no está legitimado para dar lecciones de unidad y, sinceramente, hay una gran parte del pueblo que no lo considera representante, porque al rey no se le vota. Como figura representativa: me parece bien, que quizá tenga que hacerlo como parte de sus funciones: que lo haga, que a la ciudadanía le importe lo que diga: pues a gran parte probablemente no. También es cierto que el estallido del independentismo catalán en este momento en parte es una maniobra de Artur Mas y de su partido para esconder el fracaso de su política. Mas se está beneficiando de ese debate y ese deseo que existe en muchos catalanes pero que él está manipulando a su favor para tapar sus errores ayudado por el desgaste de la crisis. Quizá haya llegado el momento de afrontar la cuestión de frente pero pienso que sería mejor hacerlo sin la angustia de la crisis que puede encender los ánimos de una y otra parte.

En una situación tan crítica como la actual, ¿qué mensaje positivo podrías extraer?

Que nos ha obligado a tomar conciencia y a implicarnos mucho más, es la única parte positiva. Se están produciendo una pérdida de derechos, de bienestar y de democracia conquistada como no habíamos vivido; eso es terrorífico. Pero por otra parte, está resurgiendo una implicación política que creo que no teníamos. Yo soy el primero, y estoy contento de ser más consciente de lo que está pasando y de querer aportar más y hacer algo más por el país en el que vivo y por la gente con la que me relaciono. Esto nos ha hecho despertar y creo que nos hace más dueños de nosotros mismos, más responsables.

Ahora que tienes más tiempo libre…

(Ríe) No creas, no creas…

¿Cuáles son las aficiones a las que dedicas ese tiempo?

Fundamentalmente a la música, soy batería, ahora tengo un grupo nuevo que se llama Forastero, la lectura y el periodismo.

¿Qué lees?

Me gusta mucho la poesía, que desgraciadamente está muy desprestigiada, es una cosa muy minoritaria y considerada cursilona por una idea que se ha vendido, creo que errónea. Hay poesía muy violenta que te remueve y conmueve por dentro. César Vallejo, T. S. Eliot, Westphalen y e.e. cummings son mis poetas favoritos. Octavio Paz tiene también cosas maravillosas en algunos momentos. También me gusta leer ficción y estoy leyendo, quizás cosas de la edad, más ensayo político y social.

¿Televisión ves?

Sí, sí, me encantan las series y las películas. Estoy enganchado a Bones, El Mentalista también me encanta, soy fanático de Los Soprano o The Wire. Vi hace poco Black Mirror y me pareció, sobre todo el primer capítulo, alucinante. Y me encantan las películas de La Sexta 3. No soy consumidor de programas de televisión actualmente porque hay unos formatos que se repiten mucho, creo que hay ofertas más interesantes a través de la red.