La guerrilla contracultural. Breve historia del activismo y la agitación

Woody Guthrie, 1943. Foto: Library of Congress (DP).

21 de enero de 2016. El cantante Nacho Vegas se disponía a celebrar una actuación en el Palau de Barcelona dentro del Festival Millenni. Es una serie de conciertos de grandes estrellas (Siempre Así, Macaco, Supersubmarina, el Orfeón Donostiarra…) patrocinado, entre otras entidades, por el Banco de Sabadell, que en los últimos tiempos ha desarrollado una peculiar campaña publicitaria con famosos del deporte, las finanzas y la cultura para remozar la imagen que tenemos las personas que no somos nada de eso sobre conceptos como los bancos y el dinero. Minutos antes de comenzar el concierto, este se vio peligrar al descubrir sus patrocinadores que el carismático artista iba a proyectar un vídeo en el que, imitando los spots del Sabadell, lanzaba un duro mensaje contra los abusos de estas entidades y defendía al colectivo de la PAH. Porque Nacho ha mutado de artista indie afligido por los fantasmas del rock en cantautor comprometido con los problemas sociales. Ahora lo mismo canta con el fondo de la célebre frase que decoraba la guitarra de Woody Guthrie («This machine kills fascists») que adapta a la situación española «Love me, I´m a Liberal», de Phil Ochs. Entre tanto vaivén estético, los fans esperamos no verle grabando un disco en directo como el gran cantante texano, ni que luzca retratado en la portada como en una viñeta de acción, con el traje de lamé que llevó en sus últimos y amargos días y disparando una metralleta Thompson.

Los titulares hablaron de «troleo a la banca», que imagino será la nueva forma de designar una «acción de protesta» o «acción directa», gestos provocadores que utilizan el humor y lo absurdo, ejercidos por colectivos artísticos. La canción de Phil Ochs, el venenoso panfleto contra la doble moral norteamericana ya la había interpretado Jello Biafra, un especialista en estos terrenos, fundador de The Dead Kennedys, grupo de punk cuyo repertorio estaba repleto de críticas mordaces a la política y la sociedad. Pero su acción ha ido más allá de lo musical: son décadas militando en política-humor, desde que se presentó a alcalde por San Francisco en el 79 con una campaña de publicidad desconcertante que lo dejó en un honroso cuarto puesto, ante el estupor de la prensa y los rivales «profesionales». Otro músico conocido por sus bromas contra las figuras de la escena pop y la política es Mojo Nixon, militante de los Libertarios, un partido de excéntricos de más allá del lado republicano.

Hay músicos que han hecho de su carrera una protesta social, no solo en los habituales conciertos solidarios y las campañas más o menos concienciadas, sino implicados en gestos de más riesgo. Desde Fela Kuti a Pussy Riot, es larga la lista de intérpretes que han luchado de forma abierta contra un Gobierno o el sistema, muchas veces pagando con la cárcel o directamente con su vida (Víctor Jara). Entre el compromiso directo y lo que se conoce como apoliticismo, la supuesta no implicación del artista con los problemas de su tiempo, que nunca es tal, pues esa distancia ya es una postura política, existe una corriente nacida en la universidad y la clase burguesa que lleva desde los años cincuenta del siglo XX enfrentándose al capitalismo occidental con actos cómicos y sorprendentes. Estas organizaciones nacen en la contracultura norteamericana, que salta del underground a un frente de bromistas organizados. Lo propician las ideas de la izquierda americana de la década de los treinta, la generación beat, los libros de Herbert Marcuse y Wilhelm Reich, un cóctel de anarquismo, maoísmo y taoísmo, la revolución sexual y el consumo de drogas. Todo como reacción a las medidas del Gobierno en lo relacionado con la guerra de Vietnam, que marcó al país tras el asesinato de Kennedy. Irónicamente, el presidente Lyndon B. Johnson, principal objeto de las iras de la contracultura, fue un político que empleó numerosos recursos para solucionar problemas de pobreza, racismo y falta de escolarización. Pero la guerra oscureció tanto el idílico movimiento hippie como las buenas intenciones.

En San Francisco, un grupo de actores y estudiantes de Berkeley forman los Diggers, la comuna que pretende traer al mundo contemporáneo la utopía de los campesinos ingleses del siglo XVII de colectivizar la propiedad: durante un par de años ofrecieron albergue, comida y ropa gratis. También se propusieron regalar ácido y evitar la futura gentrificación de Haight-Ashbury.  En 1964, los Merry Pranksters, la comuna pre-hippie más famosa del mundo, iban a bordo de un autobús conducido por Neal Cassady (el legendario coprotagonista de En el camino de Kerouac) y el escritor Ken Kesey, acompañados por un grupo de estudiantes, actores, poetas beat, moteros y hasta un grupo musical, The Warlocks, futuros Grateful Dead. La misión era desandar la ruta emprendida por los pioneros, en un intento de subvertir la realidad con el consumo de ácido y delirantes teatrillos. Algunos autores como Robert Stone, Tom Wolfe (Ponche de ácido lisérgico) y Hunter S. Thompson (Los ángeles del infierno: una extraña y terrible saga) documentaron la experiencia.

Pero no podemos olvidar a los precursores de los artistas rebeldes y provocadores: el movimiento futurista, primer grupo de estetas airados que defendían una nueva sociedad inspirada en el culto a la tecnología y la ruptura total con la tradición. Además de fundar un partido político que pronto sería asimilado por el partido fascista, los futuristas se hicieron célebres, entre otras cosas, por sus coloridos desfiles y por diseñar una colección de trajes de caballero para ir a la guerra que lamentablemente no utilizaron cuando muchos de sus componentes se apuntaron a la campaña de Abisinia. Pese a estar en el extremo ideológico, la estética y los agresivos panfletos del futurismo tenían muchos puntos en común con la imagen del constructivismo ruso. Poco después, en los cafés de Zurich, un grupo de refugiados, muy lejos de estas actitudes grandilocuentes, formaban el primer colectivo de guerrilla cultural: dadá. Sus representantes renunciaban a los principios del arte, a los principios filosóficos y a toda lógica, porque tras un trauma como la Primera Guerra Mundial todo era susceptible de ser cuestionado. Por eso exhibían como arte objetos sacados de la basura, escribían poemas absurdos y montaban collages con recortes de periódicos. En 1920, la policía cerraba sus exposiciones mientras aullaban en el Cabaret Voltaire. Esta postura fue fundamental para el arte y para el devenir de la cultura posterior. Por último, el movimiento situacionista, colectivo de izquierda nacido a finales de los años cincuenta y muy aficionado al happening gamberro (derivas, boicots callejeros, la psicogeografía como método para entender la realidad…) y las consecuencias más extremas del surrealismo, desde el accionismo vienés al art brut, fue otro de los precedentes directos de la contracultura norteamericana y estos grupos de activismo radical.

Ha nacido un hombre nuevo que fumaba hierba mientras asediaba el Pentágono… el marxista alucinógeno, el bolchevique psicodélico… No se encontraba cómodo en el SDS* y no era hijo de las flores hippies ni intelectual universitario… Un freak guerrillero por la calle, un vagabundo con el fusil al hombro.

Jerry Rubin, Do It!

(*Estudiantes por una sociedad democrática).

Abbie Hoffman, Ed Sanders y Jerry Rubin, fundadores del Youth International Party, en la Democratic National Convention, Miami, 1972. Foto: Cordon.

Los primeros fueron los Yippies! (Partido Internacional de la Juventud) y su movimiento apocalíptico, que pretendía aplicar las ideas anárquicas de la nueva izquierda norteamericana. Vestidos de negro, las caras pintadas y utilizando seudónimos de la cultura pop, los yippies fueron una invención en 1967 de Anita Hoffman y Jerry Rubin, entre otros. Sembraron el escándalo entre los políticos con sus performances, siendo los primeros gamberros conscientes de la importancia de controlar y diversificar sus apariciones en los medios de comunicación. Estaban perfectamente pertrechados de propaganda pop: el logo, una ametralladora cruzada con una pipa de hachís, banderines, chapas y eslóganes que más tarde copiarían algunas multinacionales del consumo en un juego mucho más irónico. Sin ir más lejos, el título del libro de las memorias yippies de Rubin, Do It! (1970), fue convertido en el imperativo más famoso de un gigante de la ropa deportiva. Los yippies lo mismo invadían Disneylandia que el edificio de la Bolsa y lanzaban monedas a los brokers, o elegían un cerdo como mascota en la Convención Demócrata de Chicago, donde sustituyeron a los camareros por mujeres desnudas. Incluso se personaron disfrazados de Papá Noel en el Comité de Actividades Antinorteamericanas. Su acción más recordada fue dentro de los actos de protesta contra la guerra de Vietnam en marzo del 67: tras la actuación de Phil Ochs, Jerry Rubin dirigió a un grupo de yippies que meditaron para hacer levitar el Pentágono y contrarrestar la maldad que había dentro. Grupos como The Fugs comulgaban con esta guerrilla surreal a ritmo de poesía beat, consumo de drogas y crítica política.

Los yippies fueron aliados del partido de los Panteras Negras, la organización para la defensa de los derechos civiles de los hombres y las mujeres negras, un capítulo fundamental de la lucha por la emancipación, que protagonizó hechos como el juicio en 1968 a los «Siete de Chicago» por organizar los disturbios de la popular Convención Demócrata. Entre ellos se encontraban Abbie Hoffman, Jerry Rubin y Bobby Seale, uno de los fundadores del partido. Fue un escandaloso proceso donde los acusados se presentaban disfrazados con togas y pelucas de juez, los policías llegaron a atar y amordazar a Seale por insultar al tribunal y una multitud protestaba en la calle. En octubre de ese año, el mundo veía en televisión las Olimpiadas de México. Los ganadores de las medallas de oro y plata en los 200 metros de atletismo fueron los estadounidenses Tommie Smith y John Carlos. Al subir al podio, ambos iban descalzos, con calcetines negros. Cuando comenzó a sonar el himno de Estados Unidos, los dos agacharon la cabeza y levantaron el puño envuelto en un guante negro, como muestra del poder negro y en solidaridad con la situación de pobreza y desigualdad. Esta acción de protesta fue aclamada por los asistentes. El Comité Olímpico los expulsó del equipo por mezclar el deporte con la política. No pertenecían a los Panteras Negras.

La comuna musical de Detroit, MC5, estuvo muy unida a los Panteras Blancas. Cada concierto comenzaba con un discurso de John Sinclair, el poeta-manager del grupo, quien fue objeto de una sonadísima condena a diez años de cárcel por posesión de dos porros de marihuana que finalmente fue revocada. Mientras músicos como John Lennon le dedicaron canciones de apoyo, otros como Pete Townsend quizá no entendieron bien la broma de Abbie Hoffman de interrumpir el concierto de los Who en Woodstock para protestar a gritos contra la decisión de encarcelar a Sinclair, y casi le clava la guitarra en la cabeza. Panteras Blancas también hubo en Inglaterra, alrededor de Michael Moorcock y el grupo Hawkwind, quienes protagonizaron varios incidentes en el Festival de la Isla de Wight del 70.

Los neoyorquinos Black Mask comenzaron en el 67 como un grupo de «arte revolucionario» y concluyeron que sus «acciones» habían de radicalizarse si no querían caer en la seriedad de los demás artistas. Poco después, el colectivo del pintor Ben Morea pasó a llamarse de una forma más difícil de mencionar en los medios, pero con más gracia: Up Against The Wall Motherfuckers, y comenzaron las demostraciones de «sabotaje poético», como repartir panfletos de una exposición de arte entre los sintecho de la ciudad, quienes invadieron las instalaciones y provocaron el caos. Junto a ellos, las integrantes de W.I.T.C.H., grupos de feministas guerrilleras que se concentraban en la calle vestidas de brujas para lanzar «maldiciones» y conjuros contra el Chase Manhattan Bank de Wall Street. En Londres, King Mob, una escisión del movimiento situacionista, repitió la célebre acción de Black Mask del Papá Noel falso que «regalaba» juguetes en unos grandes almacenes. Dice la leyenda que Malcolm McLaren estaba entre ellos y tomó buena nota de las divertidas consignas «caos y anarquía» para un par de grupos de rock de los que se convertiría en manager años después. A los New York Dolls los puso en el escenario vestidos de cuero rojo con una hoz y un martillo gigante detrás. El efecto, más que choque sociopolítico, provocó la risa. Sin embargo, lo de colocar a los Sex Pistols en un barco por el Támesis como burla del jubileo de la reina Isabel se convirtió en un escándalo mundial. El punk estaba activado con las pretensiones de los grupos de acción directa y hay numerosos ejemplos de músicos en la década de los setenta que llevaron al extremo la ideología de las comunas, las performances escandalosas y una actitud beligerante contra lo establecido, desde Crass a Throbbing Gristle.

En la Europa de los sesenta, además de agitación política, también proliferó el activismo cultural. Bajo las directrices del situacionismo, los franceses Enragés protagonizaron la ocupación de la Universidad de la Sorbona con la distribución de cientos de pasquines que intentaban desactivar la información oficial. En Holanda nacieron los célebres Provos, un grupo de anarquistas que luchó por la legalización de la marihuana y la circulación en bicicleta, mientras pintaban de blanco las fachadas de los edificios oficiales y difundían noticias falsas para confundir a la policía.

La provocación estética no ha tenido tantos seguidores en España. Salvo excepciones, como el Colectivo Zaj, el primer grupo de músicos y artistas que desafió a la España de los años sesenta con sus happenings y conciertos insólitos inspirados en John Cage, o, más reciente, el grupo de poetas y músicos Accidents Polipoètics, aquí hemos sido más de organizaciones al estilo de los Weathermen Underground, universitarios de Chicago que tomaron su nombre de una canción de Bob Dylan y decidieron pasar del activisimo cultural al terrorismo, pero no del de broma. Protagonizaron una acción de telefilm, ayudando a escapar de la cárcel a Timothy Leary, y dejaron bombas en bancos y grandes empresas. Muy similares en postulados fueron los ingleses Angry Brigade, grupo anarquista que salió en los periódicos nacionales por haber ametrallado la fachada de la embajada española de Londres en 1970 en protesta por el proceso de Burgos.

En los últimos treinta años y dentro del movimiento antiglobalización, entre mimos, juegos de malabares y carreras delante de los antidisturbios, han proliferado colectivos que utilizan el humor y la sorpresa para ofrecer un discurso contra la hegemonía del poder político y el arte: por ejemplo, cambiar el nombre de señales, pintar grafitis y dibujos enigmáticos en la calle, organizar exposiciones de arte en un vagón de metro, grabar virales… Pese a ser un movimiento minoritario y cada vez más de riesgo, en 2012, tras los incidentes entre manifestantes y policías en Barcelona, aparecieron Los Reflectantes, un grupo que presentaba su alternativa para salir a la calle acompañado de un globo hinchable de gran tamaño (es una iniciativa del grupo Tools For Actions, que diseña piezas gigantes de vinilo para acudir a las manifestaciones). En una ocasión el líder de los Yes Men se presentó en el Parlamento Europeo para mostrar su solución definitiva contra las guerras: los activistas aparecieron dentro de unas enormes esferas de plástico, señalando con este traje ridículo la farsa de las negociaciones y los acuerdos de los países. Eso es lo que pretende el activismo pacífico de la comunicación: mostrar las contradicciones y la crueldad de la sociedad del espectáculo, siendo por un día los sujetos de esa sociedad y no sus meros objetos-marionetas.

Una pareja durante un concierto de Grateful Dead, 1973. Foto: Cordon.


Solo por robar: cancionero del hurto a pequeña y media escala

Pickpocket (1959). Imagen: Compagnie Cinématographique de France.

Para acompañar la lectura del artículo, nuestra lista en Spotify:

«La justicia emana del pueblo y se administra en nombre del rey por jueces y magistrados integrantes del poder judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley». Así empieza el Título VI de la Constitución Española. Lo aclaro por si alguien que no ha sentido la necesidad de leer la popular Carta Magna hubiese pensado que este párrafo pertenecía a Fuenteovejuna. No, en serio, viene a ser la definición de la justicia en este país. Lo que signifique… bueno, yo no me siento capacitada para interpretarlo. Habría que convocar un grupo de expertos, politólogos, famosos de la tele, influencers, con años de experiencia en estos asuntos.

Mi objetivo es más modesto. Con motivo de las recientes polémicas sobre decisiones políticas y penales, he encontrado con una vasta literatura sobre el concepto del robo. La compleja tipología de esta clase de delitos y sus castigos varían si estos van acompañados de violencia o no, si es cantidad pequeña o grande, si lo que se roba es animal, persona o cosa… Al final, y que me perdonen los juristas inamovibles, he sentido una sensación rara. Como que si se comete un robo de pequeña cuantía y el responsable no dispone de recursos la ley se aplicará en toda su extensión y dureza. Sin embargo, cuanto mayor sean el latrocinio y los recursos del delincuente, mucho menor será el castigo. Vamos, que por robar latas de conserva en el Lidl ya no te condenan a la horca, pero…

Como, en fin, no entiendo la lógica de la ley y su imperio extraño, he acudido a un tema que controlo un poquito mejor. He seleccionado unas pocas canciones que le cantan a los hurtos y robos, con ánimo de denuncia, guasa o cosa artística. El folclore es rico en baladas sobre piratas, asalta diligencias, bandidos, gánsteres y figuras famosas en este campo de la delincuencia, pero yo me centro en el delito anónimo, el de cuantía menor, sustraer al descuido, tironear, etc. Quedan fuera, también, los ladrones de amor, cadáveres, besos, suspiros y almas… Y hasta el ladrón de Bagdad. Solo actos cotidianos, que cometemos gente como nosotras, Marnies de andar por casa. Bueno, y alguna figura de la clase dirigente, sin duda, en solidaridad con la ciudadanía malhechora de tercera. Robar en supermercados, práctica universal, tiene su propio cancionero. No he podido resistirme a grandes melodías que cargan contra los supervillanos ladrones. También, aunque ese sea un tema a desarrollar en un artículo aparte, hay algún ejemplo sobre el robo, ripeo, obtención ilegal y transformación de la música en un ente abstracto que se descarga desde el iceberg monstruoso de datos bajo el que vivimos. Otro día escribo sobre robar ideas, acordes y música entre creadoras.

_______________________________________________________________________

«Ladrón de gallinas» – Rita Montaner y la Orquesta de Enrique González (1941)

Robar comida y a veces terminar en la cárcel sigue siendo tendencia en el siglo XXI. Este número afro, compuesto por Julio Cueva, lo grabó para Victor la actriz y cantante Rita Montaner. En la canción, el tabú se mezcla con la delincuencia y la religión: la cantante solo cree en el único negro que ha llegado a ser canonizado, san Berenito (san Benito), el franciscano célebre por su cocina, porque sobre él pesa la leyenda de que robaba las viandas para hacer los platos, de ahí la paradoja racista («Un solo santo (negro) y es ladrón»). Montaner lo tiene claro. Para ella, san Benito es el único santo, y le pide, ya que está estigmatizado por negro y delincuente, que se dedique a robar dinero a gran escala («roba millones y nunca pasa ná»).

_______________________________________________________________________

«Shoplifting» – The Slits (1979)

«Mete el cheddar en el bolsillo, el resto bajo la chaqueta. Habla con el cajero, no sospechará. Y si lo hace… / ¡sal por patas!». Las Slits incluyeron en su primer elepé, Cut, diversos retratos ácidos sobre el angst juvenil y el consumismo de 1979, en un fascinante collage de música primitiva y experimental. Esta defensa «heroica» del robo en los supermercados es la traslación a la música de las aventuras squat de Palmolive, la batería del grupo, en compañía de Gina Birch, de las Raincoats: «Ella solía entrar en la tienda 24H que había al final de nuestra calle. Tenía una gabardina grande con agujeros en los bolsillos, e iba allí para mangar. A menudo las cosas se le escurrían de los bolsillos y caían al suelo, pero ella era tan graciosa que los de la tienda se reían y la dejaban salir». Do a runner!

_______________________________________________________________________

«El ladrón de discos» – Mecano (1983)

El bueno de Abbie Hoffman recomendaba en su libro antisistema (Steal This Book) la mejor manera de robar discos. Consistía en entrar con una caja grande de pizza vacía, donde cabrían dos o tres buenos elepés. En la época de las alarmas electrónicas, los códigos ocultos y las cámaras de seguridad, el robo de discos es un oficio para el recuerdo, y los discos también, para qué nos vamos a engañar. Como esta canción del segundo elepé de Mecano, ¿Dónde está el país de las hadas?, donde Nacho Cano, en plan heavy tecno metal, enumera el vía crucis de ser descubierto, imagino, llevándose uno de Peter Gabriel en Galerías Preciados. Por lo que sabemos, el proceso sigue siendo idéntico con otros artículos.

_______________________________________________________________________

«One Piece At A Time» – Johnny Cash (1976)

Esta composición de Wayne Kemp es un tour de force en la historia musical de los robos. Johnny Cash, acompañado por el Tennessee Three, relata en esta melodía novelty el peculiar empeño de un trabajador de General Motors. Harto de ver pasar preciosos Cadillacs todos los días, decide hacerse él uno, robando poco a poco las piezas de la fábrica. Las pequeñas las mete en su fiambrera del almuerzo, esas cajas metálicas que utilizaban los obreros en Estados Unidos. Así, a lo largo de más de veinte años, y con la ayuda de los amigos, se consigue su propio y único «Psycho-Billy Cadillac», híbrido de modelos del 49 al 73. Para la promoción, una marca de piezas de coches le fabricó al cantante el Cadillac zombi que indica la letra, el cual se puede admirar en este vídeo.

_______________________________________________________________________

«Been Caught Stealing» – Jane’s Addiction (1990)

Del segundo elepé, Ritual de lo habitua, la canción más popular del grupo, antes de que Farrell y Navarro se partieran la cara en el escenario del Lollapalooza. Los noventa se abrían con esta vibrante, rockista y burlona visión del hurto en comercios. Es un cambio en la conciencia social de la música pop. Aquí ya no hay mensajes contra el consumismo o justificación del delito por la pobreza. Es, simplemente, una exhibición de orgulloso egoísmo y regodeo en hacer el malote: «Me gusta robar, es tan simple como eso. Cuando quiero algo, no quiero pagar por ello. ¡Salgo por la puerta! ¡Es mío!». El vídeo, muy inspirado en el cine de John Waters, arrasó en la MTV. Ahora es patrimonio de Grand Theft Auto

_______________________________________________________________________

«Pacto entre caballeros» – Joaquín Sabina (1987)

Inspirado en hechos reales o parecidos. Tres delincuentes, caracterizados de quinquis, están dando el palo a un primo con arma blanca pero, de repente, los mendas, aunque van muy drogados, reconocen en la víctima al afamado cantautor. No es que le pidan disculpas y le devuelvan las pelas, unas diez mil de los años ochenta, sino que para celebrar el afortunado encuentro en circunstancias tan cómicas, se van de copas todos juntos. Como hacen los señores, terminan la noche en un local de putas, donde en honor al invitado le dejan los favores de la fulana más cachonda, o algo así. Al final no se especifica si al salir del jolgorio se hicieron un simpa. Admiren al simpar compositor en la época, haciéndose un Rosendo, de su elepé Hotel, dulce hotel.

_______________________________________________________________________

«Cops and Robbers» – Bo Diddley (1960)

Pertenece al tercer álbum del maestro, Have Guitar Will Travel. Este famosísimo recitado blues cuenta una aventura con atraco y giro final imprevisto, en una variante muy original y divertida de la interminable lista de canciones sobre cacos y policías. Mr. Diddley va conduciendo camino de casa cuando un tipo le pide que le lleve. Él acepta a cambio de un cigarrillo, pero descubre que el otro es un ladrón que le amenaza desde el asiento trasero con una pistola. El delincuente le indica una dirección, una tienda de bebidas, que va a atracar. El tío le obliga a esperar en la puerta para escapar. Mientras tanto, y con nuestro protagonista temblando de miedo con el pie en el pedal, aparece un coche de policía, obligándole a cambiar de sitio. Cuando el atracador sale de la licorería, abre la puerta del coche… de la poli. Diddley pone las voces de los distintos personajes en una de sus inimitables composiciones que versionaron los grupos de rythym and blues ingleses.

_______________________________________________________________________

«Robando cobre» – Francisco Nixon (2015)

Un tema de actualidad e importancia económica de primer orden como es la desaparición del cobre de las instalaciones eléctricas, ferroviarias, etc. de todo el país, para revenderse a mafias que controlan el tráfico de este codiciado metal, es transformado por Fran Fernández en una bella balada, con trasfondo social y sentimental, en su disco Lo malo que nos pasa, con imágenes poéticas y aires andinos. Lo que antes era un negocio ilegal ejercido y controlado por determinados grupos, ahora se ha extendido e internacionalizado. Muchos emplean mano de obra semiesclava, que se juega la vida por una miseria.

_______________________________________________________________________

«In The Middle of the Night» – Madness (1979)

El grupo londinense tiene en su amplio catálogo una canción acerca de hurtar cosas («Deceives the Eye»), pero he elegido esta otra, que venía en su primer disco, One Step Beyond, porque entramos en un tipo de robo muy peculiar. Bajo esta balada beat se esconde la historia de George, el vendedor de periódicos recién llegado a la vecindad, que durante el día es un simpático e inofensivo caballero, pero por la noche… se cuela en los jardines para robar la ropa interior femenina que se seca en los tendederos. Suggs y Chrissy Boy firman una letra llena de ironía y costumbrismo social. En España, años después, Gabinete Caligari grabarían otra canción sobre esta clase de fetichismo, en «Lo mejor de ti», pero en plan romántico.

_______________________________________________________________________

«I Want My Woody Back» – The Barracudas (1979)

Sin desmerecer el clásico de Manolo Escobar, «Mi carro», he optado por incluir canciones sobre robos de otros vehículos pop. Esta es una de ellas. El debut del grupo de garage y psicodelia en la new wave británica, una anomalía tan extraña y feliz como la de los Ramones en el punk de Nueva York, era un temazo que denunciaba la sustracción del coche para llevar la tabla de surf del protagonista, su «Woody»,  y pedía con vehemencia que se lo devolvieran. Surf & Destroy!

_______________________________________________________________________

«La historia de Juan Castillo» – Los Chichos (1974)

Sería imperdonable no incluir esta poderosísima rumba funk del trío madrileño. La ha tarareado medio país desde su edición, y sigue siendo referencia básica de la música pop española. Un atraco de medio pelo se observa desde la traición en el seno de la familia, y su triste desenlace, la prisión para el elemento más débil de la banda, que se enfrenta a una condena de treinta años. Como siempre, desarrollado con maestría por Jeros en la melodía y la letra, al estilo de los romances de bandoleros, y los arreglos de José Torregrosa para la producción de Alfredo Garrido.

_______________________________________________________________________

«The Art of Peer Pressure» – Kendrick Lamar (2012)

El mundo se rinde ante Lamar. Sus canciones son espléndidos retratos del mundo que lo rodea, realizados con pasión e sabiduría. En su disco Good Kid, M.A.A.D City incluía esta impresionante narración sobre la vida de los adolescentes de Compton, como fue él mismo, siempre dando vueltas en un coche, como ratones en una jaula, sin otro horizonte que las peleas con otros grupos de chicos, los robos en casas, antes de escapar de la policía o morir de sobredosis. Lamar reflexiona sobre esta ciega actitud grupal y llama a la concienciación del individuo frente a la manada («homies»), aun en las peores circunstancias.

_______________________________________________________________________

«Solo por robar» – Sindicato Malone (1982)

En el apartado de parodias castizas de robos y espionaje no me he podido resistir a este clásico del grupo de vida efímera, una escisión de Glutamato Ye-yé y Derribos Arias, que grabó en su primer EP con el sello indie Goldstein este número divertidísimo de persecuciones a nivel internacional, donde colaboraron leyendas de la nueva ola como Patacho o Ulises Montero. Nota: hacía muchos años que no lo escuchaba. Suena hasta un pelín ofensivo para el ambiente actual, me temo.

_______________________________________________________________________

«The Heist» – Kate Tempest (2014)

La artista británica crea un ambiente angustioso, tenso, de auténtico noir contemporáneo, en una cruda descripción de la vida en los bares nocturnos, mientras rapea la historia de Leon y Harry, dos delincuentes y amigos («antes de saber decir la palabra “amigo“) que se tienen que enfrentar a un difícil situación con un nuevo e inesperado «socio» en el negocio de las drogas. El tipo les desafía-obliga a comprarlas por el doble. Entonces, ellos «hacen lo que tienen que hacer»: matarlo y robar el alijo. La historia es ampliada en su primera novela, The Bricks That Built The Houses (2016). El disco Everybody Down fue toda una revelación, y la podemos admirar en el siguiente vídeo. Tempest está acompañada por I Am Fya:

_______________________________________________________________________

«Ladrones de juguetes» – WAQ (1982)

¿Justicia poética? ¿Discurso sobre el reparto equitativo de la riqueza? ¿El Grinch en la España de los años ochenta? ¿Simple juguete cómico? Algo parecido, lleno de encanto, era lo que cantaba el por entonces dúo de electropop WAQ. Una canción, en un maxisingle producido por Paco Martin para su sello MR, pasaría a la historia por su melodía pegadiza, la original y desenfadada letra, pero sobre todo por el videoclip que grabaron para el programa de TVE Pista Libre, en el que una muchedumbre de niños perseguía a los Reyes Magos por un descampado y luego tenía lugar una pelea entre estos y Papá Noel. La versión era diferente a la que venía en el disco.

_______________________________________________________________________

«You and Me, Bess» – Joanna Newsom (2010)

Excepción a la regla de no incluir canciones sobre ladrones famosos. Lo hago porque aquí el protagonista no es el bandolero Dick Turpin, sino su caballo, Black Bess, sobre el que se escribió tanto o más que sobre su amo. Newson imagina una carta de despedida que dedica Turpin a su camarada de aventuras, cuando es apresado y está a punto de ser ahorcado, precisamente, por robar caballos. Una balada folk del tercer disco de la cantautora, Have One On Me, que cuenta esta bella y un tanto alucinada historia de camaradería, sobre la que la leyenda dice que los dos terminaron enterrados juntos.

_______________________________________________________________________

«Steal This Album» – System of a Down (2002)

Justo con el surgimiento de Napster, estas canciones, conjunto de descartes y postergadas del periodo de grabación del disco anterior, Toxicity, fueron robadas, perdón, descargadas en internet sin permiso de sus autores. Ante el clamor, tuvieron que publicarlas precipitadamente en forma de nuevo disco. Ya que se había compartido y conocido de esta forma, el grupo decidió darle un tratamiento acorde. Lo titularon como el libro de Abbie Hoffman y le diseñaron una portada como si fuese un CD casero, tostado entre colegas. Fue un gran éxito. La industria musical ya no existía como antes. El ámbito doméstico de cada consumidor, aislado con sus gadgets, firewalls y dinero electrónico, era ahora el bastión a conquistar. A los Metallica les costó entenderlo.

_______________________________________________________________________

«Esto es un atraco» – Burning (1984)

Del disco, que no se podía llamar más que Noches de Rock and Roll y abre la etapa de Burning con Johnny como cantante, esta canción es el destilado más puro de una época. Olvídense de lo quinqui y otros clisés coyunturales, que eran y son terribles: el grupo le canta a la idea romántica de saltarse la ley como un músico de barrio, ahora una leyenda. Aquí está todo, el 124 Sport, la chupa de cuero, la gloriosa expresión «gafa de rock», las ilusiones perdidas y la elegancia chulesca de La Elipa.

_______________________________________________________________________

«I.T.T.» – Fela Kuti. (1980)

Mientras en Babilonia seguíamos con nuestras carreras por el hipermercado, desde Nigeria, y antes del hip hop y el concepto de globalización, Fela Kuti describía de forma muy expresiva las causas de la pobreza en su país, dando nombres y apellidos responsables: el presidente de la república, Obasanjo, conocido por sus amaños corruptos, y la empresa multinacional I.T.T. (rebautizada para la canción como International Thief Thief), que tenía comprada a la clase política y se dedicaba a esquilmar los recursos naturales del continente. El músico, que fue encarcelado varias veces y organizó su propio partido político, se adelantó en tantas cosas sobre el futuro de nuestro presente en una de sus obras maestras:

_______________________________________________________________________

«Caerán los bancos» – Niños Mutantes (2012)

Para no abrumar con tanto delincuente y actos contra la ley, cierro con un himno utópico, de mucho orden, para cantar en los festivales que se avecinan este verano. Y apropiación de un tema de… ¿New Order?


Cincuenta discos memorables que quizá no has escuchado

Para acompañar la lectura del artículo, nuestra lista en Spotify

Que nadie me diga que no sabe qué música escuchar o, peor aún, que lo ha escuchado todo; la primera regla que debe seguir a rajatabla todo buen melómano es estar en constante búsqueda, sin cansancio ni temor. Es muy fácil dejarse llevar y caer derrotado ante el panorama musical vigente, pero se engaña quien piensa que no hay música nueva que descubrir; siempre la ha habido, siempre la hay. Partamos, por tanto, de la premisa de que nunca seremos capaces de escuchar toda la música que nos gustaría, y no precisamente por falta de ganas.

Dada la situación, he decidido aportar mi granito de arena con esta serie de discos ninguneados, olvidados, perdidos o, simple y llanamente, infravalorados; discos que, en suma, merecen un mayor reconocimiento, a gran escala a ser posible, al menos desde la humilde opinión del que les escribe. Si usted se muestra indeciso ante la posibilidad de escuchar música nueva, o diferente, quizá le valga (eso espero) alguna de las siguientes recomendaciones. Son cincuenta discos, pero podrían ser otros tantos y muchos más; son estos cincuenta en concreto, pero podrían ser otros cincuenta distintos. Eso, sinceramente, es lo de menos:

______________________________________________________

image001LP, de Ambulance LTD (2004)

LP fue el primer y único disco de estos cuatro neoyorquinos, cuya fórmula secreta era en apariencia sencilla: escoger lo mejor de The Velvet Underground, los Beatles, Spiritualized o My Bloody Valentine y meterlo todo en la batidora, sin disimulo pero, eso sí, con sobrado conocimiento de causa. A juzgar por sus canciones, la jugada, a priori inverosímil, les salió perfecta.

Tal y como dijo su guitarrista, Benji Lysaght, «Our niche is not sticking to any particular niche». Y se nota: tan pronto nos avasallan con la impetuosa «Primitive (The Way I Treat You)», como luego nos deleitan con una canción descaradamente popera como «Anecdote». Sus diversas influencias, filtradas por su personal estilo, hacen de este un disco tan variado como redondo.

______________________________________________________

image003The Pirate’s Gospel, de Alela Diane (2004)

Asociada en su momento con el ya desfasado New Weird America (básicamente folk con tintes raros y/o psicodélicos), Alela Diane nos ofrece aquí una impecable colección de composiciones con su magnífica voz marca de la casa como sustento.

Su debut, que ella misma editó por su cuenta en 2004 en CD-R, fue rescatado por el sello Holocene Music y publicado de nuevo dos años más tarde: canciones como la evocadora «Can You Blame The Sky?» o «Tired Feet» dejan claras muestras de su gran talento, gracias al que conjura un paisaje musical cómodamente asentado entre lo enigmático y lo bucólico.

______________________________________________________

image005Wish You Were Here, de Badfinger (1974)

Por supuesto que el episodio final de Breaking Bad contribuyó a otorgarles cierto reconocimiento tardío con la inclusión de la genial «Baby Blue», pero aún así Badfinger siguen sin tener el lugar que les corresponde.

La biografía del grupo, plagada de suicidios y desafortunadas decisiones (reseñada en este artículo de nuestro querido Emilio de Gorgot), es a todas luces una de las más trágicas de la historia del rock; y este disco quizá el mejor de toda su discografía tampoco es que corriera mejor suerte: siete semanas tras su publicación se retiró de las tiendas debido a un litigio entre el sello discográfico y el manager del grupo.

______________________________________________________

image0073 Rounds And A Sound, de Blind Pilot (2008)

3 Rounds And A Sound nos propone un repertorio de viñetas indie folk de la mano del cantante Israel Nebeker y compañía. Su música suena sincera y su sencillez, junto con sus emotivas y trabajadas letras, acaban siendo determinantes. Así, las canciones son engañosamente apacibles: cuando uno menos se lo espera, su efecto emocional nos acaba sobrecogiendo de manera sorpresiva.

Es el disco perfecto para una mañana de domingo, idóneo para acercarse a esa tristeza autoimpuesta que a veces anhelamos, pero sin caer al fondo del todo: con letras sentidas y melodías simples, es una gran pieza de indie folk contemporáneo.

______________________________________________________

image009Tender Buttons, de Broadcast (2005)

Apartándose ligeramente de la densidad sonora de sus anteriores discos, con Tender Buttons los británicos Broadcast redujeron su sonido al mínimo indispensable. Tan minimalista resultó su apuesta en estos experimentales collages sonoros, de hecho, que por momentos se asemejan a unos Young Marble Giants modernos, si bien con mucha experimentación electrónica de por medio.

El fin del grupo llegó en el 2011 con la muerte de su cantante, Trish Keenan, que cayó víctima de una pulmonía con tan solo cuarenta y dos años. Sin embargo, todo apunta a que podrían salir nuevas grabaciones en el futuro.

______________________________________________________

image011Songs About Leaving, de Carissa’s Wierd (2002)

Songs About Leaving es la banda sonora ideal para un suicidio colectivo, compuesta por doce canciones que hacen las veces de afiladas cuchillas de afeitar. Destila miseria emocional y patetismo, junto con una bella melancolía acerada por una constante sensación de urgencia, como si el final del mundo se acercase inminentemente.

A día de hoy Carissa’s Wierd permanecen como un enigma por conocer del panorama musical americano de la década pasada, y es una lástima porque su música, si bien parece estar minuciosamente confeccionada para suicidas depresivos al borde de la locura, tiene un algo cautivador difícil de describir. Para tomar en pequeñas dosis.

______________________________________________________

image013I Am The Cosmos, de Chris Bell (1992)

I Am The Cosmos es el primer y único disco en solitario de una de las mentes creativas de Big Star, grabado tras el nulo éxito comercial del primer disco del grupo (todo menos un#1 Record, por desgracia) y publicado póstumamente en 1992, catorce años después de la temprana muerte de Bell en un accidente de coche.

La canción que da el título al disco es una joya pop, glorioso solo de guitarra incluido, pero no es la única («You And Your Sister», sin ir más lejos, es una enternecedora pieza para llorar a moco tendido). Si acaso llegan a una conclusión al escuchar el disco, espero que estén conmigo: quien piense que Alex Chilton era el único genio indiscutible del grupo de Memphis está del todo equivocado. De nuevo estamos ante un gran talento cuyo tremendo potencial se vio irremediablemente truncado por una muerte temprana.

______________________________________________________

image015Heart of The Congos, de The Congos (1977)

Pocas canciones captan la esencia del reggae de mejor manera que «Fisherman», canción con la que comienza el debut de The Congos. y pocas canciones consiguen sumirle a uno en un júbilo tan placentero. Eso en sí es digno de elogio.

Con Heart of The Congos los jamaicanos «Ashanti» Roy Johnson y Cedric Myton grabaron uno de los secretos mejor guardados del reggae, y a su vez uno de los discos más pulidos del género. La excelente producción de Lee «Scratch» Perry (afamado productor con el que también colaboró Bob Marley, entre otros) no es más que la guinda del pastel.

______________________________________________________

image017The Complete Guide to Insufficiency, de David Thomas Broughton (2005)

Como si de un one-man band moderno se tratase, el británico David Thomas Broughton crea un increíble pastiche de sonidos gracias al sampling y a multitud de loops, convirtiéndose en sus directos en una mini orquesta acústica unipersonal.

The Complete Guide to Insufficiency es reflejo por tanto de una especie de folk progresivo contemporáneo, introspectivo y de una delicadeza tajante, dirigido por las señas de identidad del cantautor: su peculiar barítono y su certero fingerpicking, con las que invoca toda una suerte de sentimientos.

______________________________________________________

image019Hate, de The Delgados (2002)

Para los amantes del pop de verdad, aquí tienen una joya: pop grandioso, filtrado por Cinemascope, con agridulces y perfectas melodías a dos voces, arreglos orquestales y una batería que suena como si hubiese descendido directamente del Olimpo.

Con este disco, The Delgados fueron comparados a unos Flaming Lips deprimidos (es cierto que en ocasiones Hate suena parecido a The Soft Bulletin): grandioso y épico a raudales, no por necesidad sino porque sí. Pop majestuoso.

______________________________________________________

image021Some People Are on the Pitch They Think It’s All Over It Is Now, de The Dentists (1985)

Con su singular mezcolanza de sunshine pop y psicodelia sesentera es obvio que The Dentists (hagan el favor y no los confundan con la efímera banda de nazi punk de los setenta) nacieron en la década equivocada. Fueron uno de los grupos clave de la Medway scene inglesa, aunque fuera de su Kent natal el reconocimiento que obtuvieron fue más bien escaso.

Quizá quién sabe― si no fuera por su desafortunado nombre The Dentists habrían acaparado algo más de fama; sea como sea su debut es una maravilla, muy en línea con el jangle pop de The Smiths y de los R.E.M. de la época, si bien, según su guitarrista, «we thought they were getting the sound all wrong», por lo que decidieron pulir y perfeccionar un estilo que ya de por sí era garantía de éxito. Y no se equivocaron.

______________________________________________________

image023Ultraglide In Black, de The Dirtbombs (2005)

Bajo la batuta del cantante Mick Collins (ex de The Gories, grupo clave en el renacimiento del garage punk de los ochenta), The Dirtbombs nos obsequian con versiones del funk y soul clásico con un toque moderno; versiones actualizadas (más algún original), renovadas y enérgicas a rabiar.

Ultraglide In Black es equiparable a un chute eléctrico de decibelios y adrenalina en toda regla, en el que aparecen versionados desde Smokey Robinson o Sly Stone hasta Barry White. En un mundo ideal, este disco sonaría en todas las pistas de baile hasta altas horas de la noche; a bailar se ha dicho.

______________________________________________________

image025Dopethrone, de Electric Wizard (2000)

Por si acaso tuvieran dudas acerca de lo heavy que es este disco, lo único que necesitan es echarle un vistazo a su portada, en la que podemos ver a un barbudo Satanás fumando una cachimba, acompañado por amenazadoras siluetas de fantasmas/espíritus encapuchados al fondo dispuestos a todo tipo de diabluras.

Considerado uno de los mejores discos del heavy metal de las últimas décadas, Dopethrone es un disco clave del doom metal británico: ominoso y cargante, con alargadas composiciones fundamentadas en esos riffs tan al estilo de Tony Iommi, oscuro y denso como el alquitrán. Heavy shit de la buena, señores.

______________________________________________________

image027Folksongs and Instrumentals With Guitar, de Elizabeth Cotten (1958)

Cuenta Elizabeth Cotten que compuso «Freight Train», esa estampa folk que tan versionada fue en los sesenta, durante su adolescencia. Sin embargo, su primer disco lo grabó con sesenta y cinco años.

Cotten era zurda pero tocaba la guitarra corriente; de ahí su particular estilo, conocido como «Cotten picking». Sencillo, honesto y bello, Folksongs and Instrumentals With Guitar es un documento fundamental del folk moderno, de una inocencia casi infantil, con el que podemos contar gracias a la labor de Smithsonian Folkways.

______________________________________________________

image029Ash Wednesday, de Elvis Perkins (2007)

Elvis Perkins, hijo de Anthony Perkins, sorprendió al mundo con su primer disco. Las canciones en Ash Wednesday se grabaron cronológicamente, tanto antes (1 a 6) como después (7 a 11) de la muerte de su madre, que falleció en los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

Estamos así ante un álbum marcado en parte por la tragedia, y sin embargo Ash Wednesday no resulta tan desesperanzado como su trasfondo podría indicar. Si bien Perkins a veces canta como si estuviese al borde del colapso existencial, sus canciones por lo general suenan extrañamente reconfortantes a pesar de todo, transmitiendo algo de esperanza en medio de todo el caos y la decadencia.

______________________________________________________

image031Expensive Shit, de Fela Kuti (1975)

Puestos a escoger un disco de toda la inabarcable discografía de Fela Kuti polivalente y prolífico músico, activista político y defensor de los derechos humanos en su Nigeria natal, entre muchas otras cosas― destacaría este, uno de sus más célebres álbumes junto con Zombie o Gentleman, configurado por dos largas composiciones que incorporan funk y jazz de manera endiablada y juguetona.

Sin renunciar a su componente de protesta, Kuti nos ofrece un conjunto de sonidos a los que es prácticamente imposible no rendirse, combinando estructuras jazzísticas y ritmos afro-beat con gran habilidad e inteligencia. Si no consigue hacerle mover el cuerpo siquiera un segundo, el disco ha fracasado.

______________________________________________________

image033Forever Breathes the Lonely Word, de Felt (1986)

La década de los ochenta fue, en términos musicales, una década tan confusa como diversa. Mientras el synth pop y melodías facilonas dominaban el Top 40 día sí día también, algunos músicos, valientes e ingenuos, se dedicaban a hacer lo suyo sin importarles las modas imperantes.

Indiferentes a su entorno, los británicos Felt publicaron diez álbumes y diez singles en sus diez años de existencia (1979-1989), produciendo jangle pop impoluto. Forever Breathes the Lonely Word es su álbum más laureado: ocho canciones perfectas, alocadamente pegadizas y capitaneadas por un organillo omnipresente, con la lírica críptica de Lawrence como elemento añadido.

______________________________________________________

image035Shake Some Action, de Flamin’ Groovies (1976)

Al escuchar este disco, nadie diría que los Flamin’ Groovies tienen mucho que ver con su versión de antaño, ese grupo rocanrolero de Teenage Head (1971).

Años después y tras algunos cambios en la formación (se fue Roy Loney y entró Chris Wilson), el grupo emergió con uno de los mejores discos del power pop, que vendría a convertirse en una de las piedras angulares del género por una sencilla razón: canción tras canción, empezando por la magnífica «Shake Some Action», el grupo no baja el listón en ninguna parte, tocando además todos los estilos habidos y por haber.

______________________________________________________

image037Mouthfuls, de Fruit Bats (2003)

Mouthfuls es uno de los máximos artífices de la ascensión imparable del indie pop de principios de la década pasada y, sorprendentemente, también uno de los más infravalorados.

En sus mejores momentos, casi sin hacer ruido, Fruit Bats son capaces de alcanzar la grandeza pop de The Shins, con quien comparten evidentes similitudes dado su afán por composiciones acústicas, armonías excelsas y su combinación de melodías primaverales con el folk más nostálgico. A veces, un disco como este viene como anillo al dedo: sencillo y sin mayor pretensión que la de hacernos pasar un rato agradable.

______________________________________________________

image039The Sophtware Slump, de Grandaddy (2000)

Acertadas o no, en su día el segundo disco de Grandaddy recibió comparaciones con el OK Computer de Radiohead. Si no a nivel musical, lo que sí compartían era la temática: temor a la tecnología y desidia ante la progresiva deshumanización de la era digital, mediante composiciones que se debaten entre la languidez y el estallido repentino.

El grupo se separó oficialmente en el 2006, pero canciones como «The Crystal Lake» han sido suficientes como para que se hagan un cómodo hueco en el panorama indie moderno, al tiempo que nos avisaban de la preocupante alienación del ser humano.

______________________________________________________

image041Ambient 2: The Plateaux of Mirror, de Harold Budd & Brian Eno (1980)

Dos años después de grabar Ambient 1: Music For Aiports, Brian Eno decidió juntarse con el pianista y poeta Harold Budd con el fin de continuar en su incesante exploración de la música ambiental.

El resultado final, como era de esperar, fue de un sonoro lirismo, y juntos así compusieron una piedra fundamental de la ambient music, reconfortante y misteriosa a partes iguales. Escuchar el disco supone verse transportado a un sitio seguro, en el que la tranquilidad y la melancolía conviven en las elusivas notas que quedan sueltas por el aire.

______________________________________________________

image043The House of Love, de The House of Love (1990)

The House of Love (Guy Chadwick y Terry Bickers) fueron en su día los niños mimados de los medios ingleses, por parte de la NME entre muchos otros, lo cual hace que el olvido en el que han caído sea aún más desconcertante.

Para su segundo álbum homónimo, que cuenta con verdaderos himnos como «Shine On» o «I Don’t Know Why I Love You», con los que encandilaron a la juventud británica, partieron de la tradición musical de su país (no en vano rinden homenaje a sus ídolos en «Beatles And Stones») con un estilo actualizado que en muchos sentidos presagió lo que vendría poco después: el britpop.

______________________________________________________

image045Birds of My Neighborhood, de The Innocence Mission (1999)

A base de minuciosa paciencia y sin apenas hacer ruido, The Innocence Mission (con el matrimonio compuesto por Karen y Don Peris como eje central) es un grupo cuya música recuerda a inviernos interminables en casa delante de la chimenea, a inocencia perdida y a las maravillas de la infancia, gracias a la delicada voz de Karen Peris y a la apacible cadencia acústica de sus canciones.

La pieza más conocida del disco es «Lakes of Canada» (a la que, justificadamente, Sufjan Stevens se refirió como una canción perfecta); al igual que el resto del disco, resulta nostálgica y bella a más no poder.

______________________________________________________

image047Jackson C. Frank, de Jackson C. Frank (1965)

Al pobre de Jackson C. Frank nunca le sonrió la vida. Víctima de un incendio a los once años que le dejó con quemaduras en el 50% del cuerpo, padeció depresión durante gran parte de su vida y fue además diagnosticado de esquizofrenia paranoide. Por si fuera poco, perdió el ojo izquierdo estando en Queens, Nueva York; resulta que había niños jugando con pistolas de balines por la zona y uno le impactó de manera fortuita.

En línea con sus constantes infortunios, huelga decir que nunca alcanzó fama alguna mientras vivió. Su primer y único disco, producido por Paul Simon (que después versionaría junto a Garfunkel su canción «Blues Run The Game») es muestra de su sufrida existencia: canciones intimistas e introspectivas basadas en una fragilidad fulminante, un lamento sin fin.

______________________________________________________

image049You Got My Mind Messed Up, de James Carr (1967)

Al hablar del soul, ese gran género, siempre se tiende a mencionar casi por decreto a los sospechosos habituales como si de una enumeración numerus clausus se tratara: Otis Redding, Aretha Franklin, Al Green y algunos más. Al cantante de Mississippi James Carr, marcado por su trastorno bipolar y su escasa fortuna a nivel comercial, nunca le acompañó la suerte y, en consecuencia, apenas se le recuerda como uno de los grandes.

Cuando murió en 2001 pocos se acordaron de él, pero ese día murió una de las mejores voces del soul; para algunos, el mejor soulman de todos los tiempos. Escuchen la fabulosa «The Dark End Of The Street» y verán por qué.

______________________________________________________

image051Bailamos por miedo, de Joe la Reina (2014)

En lo que a música nacional se refiere, Joe la Reina son una de las grandes promesas de la actualidad. Si aún no han escuchado su debut, ya saben; es de lo mejorcito que ha habido en lo que llevamos de año.

Comandadas por la personalísima voz de Lucas Malcorra, las canciones destacan por su empuje y osadía, ancladas en letras poéticas e instrumentación variada, desde «Tiemblan», que parte de un folk apesadumbrado para guiarnos a un explosivo crescendo, la sombría «Oh, la mía pena» o la magnífica «Tempestad». Nunca está de más descubrir a un grupo como este, fiel a su particular estilo, ajeno a modas pasajeras y que derrocha pasión por todos los poros.

______________________________________________________

image053Hoodoo Man Blues, de Junior Wells (1965)

Según los expertos, Hoodoo Man Blues es uno de los mejores álbumes de blues de todos los tiempos. Fue el debut de Junior Wells, cuyos célebres conciertos gustaron tanto a Bob Koesler, propietario de Delmark Records, que le ofreció total libertad para grabar su primer disco junto con The Chicago Blues Band.

Pero no es blues al uso; se trata de blues eléctrico de Chicago, sucio y grasiento y auténtico. Respaldado por el guitarreo de Buddy Guy, Junior Wells canta y toca la armónica como un endemoniado recién salido de una jaula, haciendo que las canciones (todas ellas increíbles) vibren con su contagioso ritmo. Tanto para los fans del género como para los no iniciados, se trata de un álbum fundamental.

______________________________________________________

image055Dear, de Keaton Henson (2011)

Keaton Henson es un joven y tímido londinense barbudo cuya especialidad es hacer música para cabrones tristes y desamparados. Su incapacitante miedo escénico («I’ve always struggled with live music…») hace que sus directos sean más bien escasos.

Afortunadamente, eso no le impide grabar sus canciones en la soledad de su cuarto de Richmond, en Londres, y así transmitir todas sus inseguridades a sus contados sufridores. Uno escucha «You Don’t Know How Lucky You Are», escalofriante y honesta plegaria acribillada por el dolor, y el efecto es tan mortífero que irse directo a llorar a la almohada parece ser la única opción lógica. A fin de cuentas, de eso se trata: de hacernos partícipes del descarado sufrimiento que irradia su música.

______________________________________________________

image057Midnight Blue, de Kenny Burrell (1963)

Kenny Burrell era el guitarrista preferido de Duke Ellington, y llegó a tocar con grandes figuras de la talla de Dizzy Gillespie, Sonny Rollins, Quincy Jones, John Coltrane, Jimmy Smith o Stan Getz. Midnight Blue, su disco más famoso, es uno de los grandes exponentes de jazz blues. Sus sonidos, elegantes y de una espontánea naturalidad, evocan esa atmósfera decaída y sugerente que se produce nada más caer el alba.

Es música jazz concebida para escuchar de noche y solo de noche; a ser posible en la soledad más absoluta, acompañado por un buen whisky mientras la oscuridad cae y la ciudad sigue, impasible, con su ajetreo y sus luces de neón.

______________________________________________________

image059Eli and the Thirteenth Confession, de Laura Nyro (1968)

Laura Nyro grabó su primer disco a los dieciocho años, hito sorprendente que, si bien marcó el inicio de una gran y variada carrera musical, no culminó ni mucho menos en un gran éxito comercial.

Efectivamente, la poca fama que tuvo Laura Nyro en vida es una gran injusticia: sus piruetas y malabarismos vocales, su tremenda habilidad al piano y su dominio total sobre su música no bastaron, tristemente, para que se convirtiera en una estrella. Eli and the Thirteenth Confession es la mejor representación de su estilo, en el que podemos ver trazos de jazz, gospel y soul. Murió de cáncer en 1997, a los cuarenta y nueve años.

______________________________________________________

image061Wonderful Rainbow, de Lightning Bolt (2003)

Wonderful Rainbow es una violación sónica en toda regla no apta para cardíacos, embarazadas u oídos sensibles; escuchen «Assassins» o «Dracula Mountain», por ejemplo, y traten de mantenerse impertérritos o, en el peor de los casos, inmunes a jaquecas o ataques epilépticos.

Ténganlo bien claro de antemano: una vez se someta a la brutal e hiperactiva intensidad de este disco, las odiosas obras mañaneras de su vecino le parecerán una suave canción de cuna. Este disco hace del ruido un arte y, aunque agradará a pocos, las emociones viscerales que provoca son difícilmente imitables. Todo ello, además, empleando solamente bajo y batería.

______________________________________________________

image063West Side Soul, de Magic Sam (1967)

De Magic Sam dijo Willie Dixon que tenía un sonido de guitarra totalmente distinto, y razón no le faltaba. Magic Sam aprendió a tocar blues escuchando a Muddy Waters y Little Walter, aunque quizá no lo necesitara en absoluto, ya que la toca con una habilidad innata, como si hubiera nacido con ella pegada a los dedos, con esa destreza y precisión requeridas para acariciar a una mujer que ya les gustaría tener a muchos.

Sus constantes alaridos de bluesman no son menos; su voz, con ese vibrato tan característicamente suyo, es perfecta para este set de blues incendiario, que incluye canciones tan memorables como «That’s All I Need» o «All Of Your Love». Llámenlo como quieran; West Side Soul es un clásico con mayúsculas y capaz, además, de alegrarle el día a cualquiera con su contagioso boogie-woogie.

_____________________________________

image065Perils From The Sea, de Mark Kozelek & Jimmy Lavalle (2013)

Entre los muchos proyectos del irrepetible Mark Kozelek (Red House Painters, Sun Kil Moon, Mark Kozelek & Desertshore, etc.) se encuentra este disco, publicado el año pasado, en el que colabora con Jimmy Lavalle (de The Album Leaf), quien le proporciona preciosas texturas electrónicas y ambientales a las que Kozelek presta su voz, y en las que, muy en acorde con su estilo actual, rememora momentos de su vida con su inconfundible visión de la melancolía, sentimiento traicionero que le acompaña allá adonde vaya.

El día que Mark Kozelek deje de estar triste (Dios no lo quiera) el mundo de la música habrá perdido a uno de los grandes.

______________________________________________________

image067Clube da Esquina, de Milton Nascimento (1972)

Clube da Esquina toma su nombre de un movimiento musical brasileño que surgió a finales de la década de los sesenta en Minas Gerais. Respaldadas por Lo Borges, Beto Guedes o Alaíde Costa, las canciones, con Milton Nascimento al frente, bullen con incontables influencias estilísticas: desde folk y jazz a rock y psicodelia, pasando por el cancionero popular de Heitor Villa-Lobos o la bossa nova.

Alguien lo describió como el equivalente al Pet Sounds brasileño, pero la descripción se queda corta; el álbum es de tal densidad y riqueza (musical y poética) que las palabras son insuficientes para hacerle justicia. Pronto comenzará el verano, y este disco se postula como uno los candidatos para dotarle de su particular banda sonora.

______________________________________________________

image069Morgen, de Morgen (1969)

Imagínense al hipotético hijo bastardo de Black Sabbath y The Doors y tendrán una aproximación certera al sonido de este grupo de Long Island, ya que funde hard rock con psicodelia con pasmosa habilidad.

No es de extrañar que con este solitario álbum (publicado en 1969, para algunos iluminados el mejor año de la historia del rock) Morgen no sea sino un gran incógnita para muchos. Pero uno lo escucha y percibe lo adelantados que estaban: por momentos parece como si estuviéramos escuchando a un grupo noventero de stoner rock.

______________________________________________________

image071NEU!, de Neu! (1972)

Junto con Kraftwerk, Faust o Can, Neu!, compuesto por el dúo de Klaus Dinger y Michael Rother, fue uno de los grupos más importantes del denominado krautrock de los setenta.

Su primer disco, innovador, minimalista y rompedor, sigue sonando tan moderno como siempre (escuchen «Hallogaloo», con su incesante ritmo motorik, y notarán su influencia en clásicos más recientes como «Spiders (Kidsmoke)» de Wilco, «Sea Within a Sea» de The Horrors, y un largo etcétera). Todo melómano que se precie debería tenerlo en su colección; es uno de los mejores y más influyentes discos de su época.

______________________________________________________

image073The End Is Near, de The New Year (2004)

La separación de Bedhead, pioneros del slowcore de los noventa, hizo que dos de sus cinco miembros (los hermanos Kadane) comenzaran una nueva aventura musical bajo el sugerente nombre de The New Year.

Sus lentas y desesperanzadas melodías, que se arrastran como un boxeador derrotado, logran su objetivo con creces: dejar al oyente abatido y triste con su depresiva cadencia, poco a poco, sin prisa pero sin pausa, contándonos a su vez historias de tiempo perdido y frustración, y culminando con frecuencia en una explosiva catarsis de sentimientos. «I don’t know about God, but I’m sure there’s a devil», cantan en una de las canciones. Con eso todo queda dicho.

______________________________________________________

image075A Taste of Pink, de The Prisoners (1982)

Tim Burgess, cantante de The Charlatans, citó a The Prisoners como una gran influencia, y es fácil entender por qué: estos chicos provenientes de Kent rendían con su música pleitesía a los sonidos garage/mod de antaño, al tiempo que le daban una vuelta de tuerca con la inclusión del órgano Hammond en sus composiciones y una actitud honestamente punk.

Las tremendas guitarras y el arrollador ritmo de las canciones (desde la demoledora «Pretend» a la tremenda «Maybe I Was Wrong») convierten al debut de The Prisoners en una máquina imparable; parece mentira, eso sí, que se grabase en los ochenta.

______________________________________________________

image077The Real Kids, de The Real Kids (1978)

Liderados por el cantante John Felice (que previamente había tocado con The Modern Lovers a principios de los setenta), The Real Kids fueron expertos en confeccionar canciones que mezclaban los sonidos de Chuck Berry y la British Invasion con su inconfundible talante punk.

El disco abre con «All Kindsa Girls», todo un minihimno generacional, y las canciones que le siguen están a la altura: mientras «Better Be Good» muestra su lado más melódico, también contiene versiones de Buddy Holly («Rave On»), Eddie Cochran («My Way») y Frankie Ford («Roberta»), que no hacen sino confirmar el amor de estos bostonianos por el rock ‘n’ roll.

______________________________________________________

image079The Remains, de The Remains (1966)

Si alguna vez le preguntan qué es eso del garage rock, no lo duden ni un instante: muéstrenles este disco. El debut homónimo de The Remains está plagado de brillantes canciones de principio a fin: all killer, no filler. Canciones, en fin, que contienen el espíritu más desinhibido del género, aunque con una especial sensibilidad melódica gracias a la influencia de la British Invasion, en pleno auge por entonces.

Si no fuera por su temprana separación (se formaron en 1964, sacaron su primer disco en 1966 y a finales de año dijeron adiós), hoy en día podríamos estar hablando de uno de los grupos clave del rock. Pero, ¿quién dijo que la historia del rock jamás fuera justa?

______________________________________________________

image081Ron Sexmith, de Ron Sexmith (1995)

No se dejen engañar por la cara de bebé con la que Sexmith nos escudriña en la portada de su segundo disco, porque sus canciones se nutren de la experiencia de un hombre roto por la pena y el desamor.

No obstante, Sexmith no baja la cabeza y, lejos de dejarse vencer por sus fantasmas y su pasado, encuentra en la música su particular refugio mediante el que purgar sus demonios y sacar el máximo partido a su tristeza. A caballo entre el pop y el folk agridulce, las canciones de Sexmith destacan por sus inmaculadas melodías (¡qué comienzo el de «Secret Heart»!) y una constancia envidiable.

______________________________________________________

image083Didn’t It Rain, de Songs: Ohia (2000)

Folk tremebundo de parte de Jason Molina, cuyas canciones evocan largas autopistas y noches interminables; canciones que, paulatinamente, te rompen en pedazos por dentro, partiéndote el alma en dos. Habiendo pasado parte de la última década en clínicas de rehabilitación, el cantautor de Ohio falleció en marzo del año pasado, en Indianapolis, tras haber ahogado su cuerpo en alcohol durante los últimos años. Tenía treinta y nueve años.

Encontraron su cadáver y en sus bolsillos únicamente tenía un teléfono móvil, donde tan solo guardaba apuntado el número de su abuela. Fue un final tan triste como injusto que no hizo sino cumplir con el colosal tormento de su música, expuesto aquí en toda su plenitud.

______________________________________________________

image085¡Demolición!, de Los Saicos (2010)

Algunos dicen que el punk realmente nació en Perú; puede que estén en lo cierto. Quizá valga la pena recordar que mientras Los Saicos comenzaban a dar sus primeros pasos (en 1964, recién salidos del instituto), los Beatles aún se dedicaban a cantar pegadizas y melosas canciones de amor.

Este disco recopilatorio, que recupera casi todas las canciones de la breve discografía del grupo limense, es un documento esencial para vislumbrar la influencia que tuvieron en grupos posteriores. Por supuesto que apenas saben tocar sus instrumentos, pero le sacan todo el partido posible y más; si a eso le añadimos gritos primitivos por parte de su líder Erwin Flores (según el que el punk es «una música de mierda» para bien y para mal) y un toque de insolencia y rebeldía, el resultado es tan efectivo como letal.

______________________________________________________

image087(I’m) Stranded, de The Saints (1977)

Mientras los Ramones comenzaban a dominar Nueva York y el mundo entero con su punk efectista y gamberro (tras su exitoso debut un año antes, en 1977 publicaron Leave Home y Rocket To Russia), The Saints hacían lo mismo, salvando las distancias, al otro lado del hemisferio.

Los de Brisbane, aun con poca fortuna al principio, forjaron una de las piezas claves del punk con su debut, puede que con más musicalidad y profesionalidad de lo que se suele esperar del género. La historia ha sido justa con ellos y hoy en día se les considera uno de los grupos más importantes, no ya de Australia, sino del punk en general. La canción que da título al disco, en concreto, es todo un himno del género.

______________________________________________________

image089Beat & Torn, de The Spongetones (1994)

Si usted es uno de los muchos que quisiera haber evitado la separación de los Beatles a toda costa, no tema: The Spongetones son una copia perfecta. Tan perfecta, de hecho, que resulta increíble que sus cuatro miembros fueran de Carolina del Norte y no de Liverpool. Que tocasen antes en un grupo dedicado a versiones de the Fab Four no resultará, sin embargo, nada extraño.

Pero si bien su amor por el pop de los sesenta es patente, The Spongetones no son meros imitadores; tal y como demuestra este disco (que aglutina sus primeros LP y EP, de 1982 y 1984 respectivamente), sus canciones cuentan con personalidad propia, manteniendo el gancho y las melodías del grupo al que rinden homenaje de manera, todo sea dicho, inimitable.

______________________________________________________

image091Copper Blue, de Sugar (1992)

Tras la separación de Hüsker Dü, Bob Mould dejó las drogas y el alcohol y fue por su propio camino. Lejos de dormirse en los laureles, formó el grupo Sugar, que duró de 1992 a 1996. Tras su separación, Mould volvería de nuevo a una carrera en solitario en la que sigue enfrascado hoy en día.

Canciones como «Changes», «If I Can’t Change Your Mind», «A Good Idea» (con ese bajo que Kim Deal misma podría haber ideado) reflejan a la perfección por qué Copper Blue es uno de los discos del rock alternativo de los noventa, en plena efervescencia por entonces.

______________________________________________________

image093The Glowing City, de Sunset (2008)

Sunset es el proyecto unipersonal del músico Bill Baird, aunque no el único: el de Texas, enigmático y prolífico como pocos, tiene al menos otros dos (Sound Team y en solitario) en los que participa. Su principal cometido parece ser el sacar el máximo número de sonidos posibles de su prodigiosa cabeza, que con toda probabilidad se alimenta exclusivamente a base de melodías bañadas en Technicolor.

The Glowing City no deja de ser una anomalía musical cuya encomienda es la búsqueda del eclecticismo, todo ello mientras se arrastra entre lo onírico y la psicodelia pop más pura. Claro que con dieciocho canciones el disco quizá peque de excesivo, pero nunca cae en baratas maniobras indulgentes; antes bien, se asemeja a un intrincado rompecabezas pop en el que, milagrosamente, las piezas acaban por encajar, dando lugar finalmente a un atípico viaje sonoro que merece la pena emprender.

______________________________________________________

image095Leaves Turn Inside You, de Unwound (2001)

Leaves Turn Inside You es sin duda un disco de difícil calificación, impenetrable y complicado. También es el momento cumbre de un grupo clave del indie de los noventa que por su actitud evasiva, en todos los sentidos, siempre evitó encasillamientos. Aunque la mayoría está de acuerdo en meterles en el cajón del post-hardcore, el último disco de Unwound va mucho más allá.

Es atrevido como pocos (y largo y exigente, así que paciencia) y la misteriosa fascinación que ejerce uno de sus muchos puntos fuertes; sus audaces indagaciones sónicas bastaron para hacer que los miembros de Unwound se despidieran (fue su último disco) descansando en la cima.

______________________________________________________

image097Argus, de Wishbone Ash (1972)

¿Oyen esas guitarras? Escuchen bien, porque son las guitarras de los dioses, un duelo perfecto de doce cuerdas alineadas que se complementan y se desafían a la perfección. En 1972, la revista Melody Maker mantuvo que era el dúo de guitarras más interesantes desde que Page y Beck tocasen en The Yardbirds. Palabras mayores, y a todas luces indiscutibles; demos las gracias a Andy Powell y Ted Turner.

Argus no es ni rock progresivo, ni hard rock, ni blues rock; es todo eso al mismo tiempo y mucho más, de ahí que sea todo un éxito. Es, en todo caso, un discazo como una catedral.

______________________________________________________

image099The Meadowlands, de The Wrens (2003)

A nivel personal, The Meadowlands me ha supuesto tantísimo que no aprovechar una ocasión como esta sería un despropósito total. Si solo escuchan un disco de la lista, que al menos sea este.

The Meadowlands, grabado durante cuatro extenuantes años, es en esencia pop atormentado por parte de unos adultos maduros que se enfrentan a las grandes decepciones y desilusiones de la vida. Canciones tan universales como crudas que tan pronto nos hacen llorar como estallar en alegría. Escucharlo por primera vez fue toda una experiencia que jamás olvidaré, y el impacto que provoca tan intenso como duradero.

Fotografía de portada: Guido van Nispen (CC).


Veinte canciones que podríamos dedicar al Gobierno

The Sex Pistols. Foto: Fotocollectie Algemeen Nederlands Fotopersbureau (ANEFO) (CC)
The Sex Pistols. Foto: Fotocollectie Algemeen Nederlands Fotopersbureau (ANEFO) (CC)

Para acompañar la lectura del artículo, nuestra lista en Spotify

En estos tiempos de crisis económica, social y de confianza en las instituciones, no está de más escuchar canciones que nos recuerden que esa sensación de ser gobernados por corruptos, ineptos y mentirosos no es algo exclusivo de nosotros, sino que viene de lejos y ha sido experimentada por personas de otros países democráticos a los que a veces tomamos como modelo. El que pone las reglas del juego siempre se preocupa de ganar la partida, y los demás podemos aspirar como mucho a introducir una papeleta en una urna para cambiar el rostro visible del poder político, mientras que ese poder político raras veces cambia en realidad. No sé si existen muchos músicos serios que escriban temas como «Viva mi presidente», pero desde luego lo que más abunda (en los regímenes democráticos, claro) es lo contrario. Sirva para liberar algo de adrenalina. Y si es usted de aquellos que está contento con el Gobierno, sospecho que este podría no ser su tipo de música. Así pues, veinte canciones que podríamos dedicar al Gobierno… o a nosotros mismos, los ciudadanos, que parte de responsabilidad podríamos tener en el asunto.

 «Politician» de Cream

El power trio británico más célebre de los años sesenta cantando a la prepotencia y falsedad de los supuestos servidores públicos, cuya hipocresía denuncia con frases irónicas como «soy un hombre político y practico lo que predico», o no tan irónicas y más directas al estilo de «apoyo a la izquierda, pero poco a poco me inclino a la derecha». Todo por boca del protagonista de la canción, un político que invita a una chica a subir en su gran automóvil negro. Porque, ¿qué es el poder si no puede uno concederse algún que otro capricho? El característico riff principal del tema es obra de Jack Bruce, quien además pone la voz al tema. Aunque, cómo no, también escuchamos los típicos fraseos arrastrados que a Eric Clapton le gustaba hacer en aquellos tiempos.

____________________________________________________________________________________________________

«Capital G» de Nine Inch Nails

Aunque no es uno de los temas que más me gusten en la obra del inquieto Trent Reznor, líder del inclasificable proyecto Nine Inch Nails, desde luego sí es uno de los que mejor resume su visión de la estirpe política. Es uno de tantos músicos que han criticado abiertamente la política exterior estadounidense, en este tema concreto con frases como «apreté el botón para votarle y él apretó el botón para dejar caer las bombas». Pero además nos recuerda que quienes ocupan altos cargos deberían afrontar la enorme responsabilidad que dichos cargos exigen, o que el mundo no debería dar por hecho que el poder conlleva corrupción como si fuese una consecuencia inevitable del poder y no el resultado de las decisiones éticas de quienes lo ocupan.

____________________________________________________________________________________________________

«California Über Alles» de Dead Kennedys

El inquieto Jello Biafra nunca se ha caracterizado por hacer demasiados amigos en el poder (o fuera de él, para el caso) y en 1979 le enviaba al gobernador de California Jerry Brown un cariñoso saludo en forma de canción. El título hacía inquietante referencia al del himno alemán. El gobernador Brown pertenecía al partido demócrata pero sería más tarde etiquetado (por periodistas de derechas) como «más conservador que el presidente Reagan». La canción parodiaba cruelmente a Brown pintándolo como un filonazi determinado a ocupar la Casa Blanca («pronto seré el Führer») para implantar el dominio de una «raza de amos». En 1984, vaticinaba irónicamente el cantante haciendo referencia a la novela de Orwell, la policía secreta de Brown llamaría a tu puerta a medianoche. Finalmente Jerry Brown no consiguió ganar la carrera electoral a la presidencia, aunque a Jello Biafra no le faltó tarea porque Ronald Reagan no era tampoco un adalid del progresismo.

____________________________________________________________________________________________________

«Kill the poor» de Dead Kennedys

Repetimos banda —todo el artículo podría estar compuesto de canciones suyas, la verdad— pero es la canción es muy buena y además la ocasión lo merece: un canto a la «eficiencia» económica que celebra la posibilidad de eliminar a los desempleados, los pobres y todos aquellos que suponen una penosa carga para los presupuestos de bienestar social del Estado. Algo que además podría hacerse limpiamente con bombas de hidrógeno: «fuera con el exceso de enemigos, pero sin perjudicar al valor de los inmuebles». Antes de que lo del «liberalismo» —o como quieran llamarlo— estuviese tan de actualidad en España, el infalible Jello Biafra ya proponía una receta para llevar la productividad macroeconómica a su cenit: ¡matar a los pobres! El muy cachondo incluso lanzaba una pulla a los progresistas estadounidenses, a quienes Jane Fonda —la izquierdista de postal entonces más en boga por aquellos lares— convence de que «todo marcha bien» y que podemos tranquilamente ponernos a ver el fútbol en la televisión.

____________________________________________________________________________________________________

«Elected» de Alice Cooper

La Alice Cooper Band en la cúspide de su poder, parodiando a los políticos obsesionados por ganar las elecciones a toda costa y a quienes después sencillamente les importa un pimiento el porqué o para qué se los ha elegido (como dice la letra, «sé que todo el mundo tiene problemas, pero personalmente… no me importa»). Musicalmente hablando, la canción es una absoluta maravilla, combinando la fuerza guitarrera de la banda con aires de fanfarria presidencial, todo ello aderezado con un Alice fuera de sí que se desgañita como un poseso encarnando a ese político que pide el voto a berridos. Una canción cuya escucha hoy sorprende sobremanera, teniendo en cuenta la derivación de Alice hacia lo más descerebrado de la derecha estadounidense: ha llegado incluso a apoyar públicamente al infame George W. Bush y sus desquiciadas campañas bélicas. Pero bueno, no olvidemos que esta es una canción que pertenece a toda la banda, no en vano «Alice Cooper» era todavía el nombre del grupo. Por lo demás, el videoclip, grabado en aquella época —¡vemos a Alice en plena campaña electoral ante la mirada atónita de los transeúntes, que no entienden nada de lo que está pasando— no tiene desperdicio.

____________________________________________________________________________________________________

«Let’s impeach the President» de Neil Young

Ataque directo del malhumorado Neil Young hacia George W. Bush por su política exterior basada en la guerra. Young fue muy activo y esta canción titulada «Hagámosle una moción de censura al presidente» es solamente una muestra de su ofensiva crítica del momento. A no pocos derechistas estadounidenses les sentó bastante mal el ataque de Neil Young hacia su líder e incluso le recordaron al músico —con bastante avinagramiento— su origen canadiense, como si eso lo incapacitase para criticar al Gobierno de un país donde llevaba viviendo cuatro décadas (Neil Young dejó Canadá con veintiún años de edad). Eso sí, el propio Neil tampoco se ha cortado un pelo cuando ha tenido que hablar mal del Gobierno canadiense, al que por ejemplo acusó de estar «fuera de control» a causa de la avaricia provocada por las prospecciones petrolíferas. Un hombre sin pelos en la lengua.

____________________________________________________________________________________________________

«Zombie» de Fela Kuti

El legendario padre del afrobeat —una combinación de funk y jazz con sonidos de su Nigeria natal— no solamente escribió temas de contenido político, sino que pagó un alto precio por ello. Fela Kuti era un hombre libérrimo y le gustaba vivir a su manera, hasta el punto de que creó una comuna musical en la que vivía con sus familiares y músicos, trabajando y grabando sus discos. En un valiente y significativo gesto de desacuerdo con el Gobierno militarista de su país, declaró a su comuna independiente y la bautizó como «República de Kalakuta». Un gesto más simbólico que efectivo, claro, pero su compromiso ideológico no terminaba ahí. Editó esta canción, «Zombie», que comenzaba con varios minutos de afrobeat instrumental pero que después, de repente, caracterizaba como muertos vivientes sin voluntad propia a los soldados utilizados por el Gobierno para reprimir a la oposición. El tema se convirtió en un éxito internacional, pero además enfureció al Gobierno nigeriano y las consecuencias fueron terribles. Un batallón completo de soldados atacó su comuna, quemándolo y destrozándolo todo, incluidos sus instrumentos musicales y sus grabaciones. El propio Fela Kuti estuvo a punto de morir a causa de una paliza y según su testimonio sobrevivió únicamente porque a última hora un oficial se apiadó de él (o sencillamente recordó la repercusión internacional del músico). Su anciana madre, sin embargo, no tuvo tanta suerte: la pobre mujer falleció después de que los soldados la arrojasen por una ventana. La investigación oficial concluyó que su comuna había sido atacada por «algún soldado descontrolado» y no por un millar de efectivos como había sucedido en la realidad. Moraleja: cuando un Gobierno utiliza la fuerza no para proteger al ciudadano sino para reprimirlo, es difícil calcular dónde puede llegar a estar el límite.

____________________________________________________________________________________________________

«God save the Queen» de Sex Pistols

Una de las canciones antigubernamentales más famosas que se hayan editado jamás, cariñosamente dedicada a la reina de Inglaterra en la ocasión de su aniversario. Hubo un tiempo, no demasiado lejano, en que casi nadie en España cuestionaba abiertamente la figura del rey Juan Carlos I, campeón de la Transición, superhéroe del 23F y pilar de la democracia. Actualmente la situación ha cambiado bastante y el escepticismo hacia su figura (y no solamente hacia la monarquía como institución) se ha extendido bastante, por no decir que se está generalizando. A medida que la gente conoce más detalles sobre su estilo vida, resulta más difícil tragar al personaje. Sin embargo, en nuestro país no tenemos una canción tan emblemática que dedicarle ni tampoco algún equivalente al fenómeno Sex Pistols, así que bien podemos tomar prestada su canción. La cual, de todos modos, perfectamente podría estar hablando de nuestra situación actual. No solamente en lo referente al jefe del Estado («nuestra cabeza visible no es lo que parece») sino al propio estado de la ciudadanía, que lleva padeciendo varios años de crisis y es consciente de que ha de seguir por la misma senda varios años más: «no hay futuro para ti, no hay futuro para mí».

____________________________________________________________________________________________________

«The revolution will not be televised» de Gil Scott-Heron

La primera condición para que los poderes se vean obligados a cambiar cosas es que los ciudadanos asuman la responsabilidad de hacérselo saber. Así lo advertía Scott-Heron a principios de los setenta, recordando a sus congéneres que no podrán quedarse en casa viendo la televisión si de verdad quieren tomar parte en el cambio. «La revolución no será televisada, la revolución será en directo», un mensaje radical que no le ganó demasiados amigos en su momento. Existen dos versiones: una grabada con su voz y algo de percusión de fondo, y esta, editada unos meses más tarde, en la que está toda la banda y que desde luego suena mucho mejor.

____________________________________________________________________________________________________

«Bullet in the head» de Rage Against the Machine

Un mensaje similar al de «The revolution will not be televised», que nuevamente presenta a los ciudadanos acomodados frente a la televisión, sometidos no por la fuerza sino por un conformismo generalizado, la «bala en la cabeza» de la que habla el título. Un tema poderoso, aunque lo mejor es la segunda mitad: un riff potente y obsesivo que se repite continuamente hasta que el cantante se deja la laringe gritando el título mientras el batería dobla el tempo de la canción. Vamos, lo que viene a decirse una balada.

____________________________________________________________________________________________________

«N.W.O.» de Ministry

El mayor éxito de esta banda de rock industrial, publicado en su álbum más célebre (Psalm 69) habla nada menos que de un «Nuevo Orden Mundial», expresión que vendría a significar que determinados núcleos de poder se preocupan de salvaguardar su chiringuito mediante el sencillo procedimiento de marcar la baraja y cambiar las reglas de la partida para que las cosas siempre salgan a su favor. Por si a alguien se le ocurría pensar que la expresión surgía de algún desvarío de Al Jourgensen, el tema incluía hacia el final la voz de nuestro viejo amigo George W. Bush pronunciando las palabras «a new world order» una y otra vez. Si los Ministry pretendían que el concepto sonase inquietante, desde luego lo consiguieron de pleno.

____________________________________________________________________________________________________

«Fortunate Son» de Creedence Clearwater Revival

«Algunos tipos nacen con una cuchara de plata en la mano». Así resumía John Fogerty una verdad esencial: la de que siempre ha habido clases. Las desigualdades entre quienes nacen o no en un entorno privilegiado marcan completamente el destino de una persona. Algunos intentan desmentirlo señalando ejemplos de personas de origen humilde que han llegado a lo más alto (como si fuese algo frecuente) pero Fogerty se encarga de recordarnos que esa desigualdad no solamente es real, sino que se manifiesta con toda su crudeza en situaciones como la de una guerra: tras involucrarse los EE. UU. en el conflicto de Vietnam, muchos jóvenes contemplaban atónitos cómo los hijos de muchos ricos y poderosos evitaban el servicio militar, o lo cumplían en condiciones de cómoda seguridad, mientras que los chavales de condición más baja iban directamente al frente vietnamita donde las tropas estadounidenses estaban sufriendo una carnicería. «No soy, yo, no soy yo, no soy el hijo de un senador. No soy, yo, no soy yo, no soy un niño rico», era el lamento del recluta que sabe que no se va a librar de acudir a una guerra en la que tiene poco que ganar y absolutamente todo por perder… por el sencillo motivo de que su Gobierno le obliga a hacerlo y no tiene un padre influyente que le evite el viaje al matadero. ¿Moraleja? No todos tenemos las mismas oportunidades y eso es algo que casi cualquier Gobierno estará dispuesto a aprovechar.

____________________________________________________________________________________________________

«Déjà Vu (All Over Again)» de John Fogerty

Muchos años después de haberse publicado «Fortunate son», Fogerty escribía una canción ilustrativamente titulada «Déjà Vu, todo vuelve a suceder», ya que el Gobierno estadounidense se había metido en nuevas guerras. Una vez más había jóvenes soldados que pagaban con su vida y su bienestar el capricho de los gobernantes. Fogerty imagina a una madre llorando por la pérdida de su hijo y le pregunta al oyente estadounidense si no cree haber visto esa misma situación antes. Una de muchas canciones antibelicistas publicadas durante las cruzadas de Bush y el recordatorio de que con el paso del tiempo pocas cosas cambian en la cúpula, al menos si los ciudadanos no fuerzan ese cambio y vigilan estrechamente que las cosas no vuelvan por sus antiguos cauces.

____________________________________________________________________________________________________

«No more» de Bob Seger

En una onda parecida a John Fogerty —aunque lejos ya de sus mejores tiempos como músico— Bob Seger también se lamenta de que las cosas en su país no parezcan cambiar nunca y se pregunta si la conciencia de quienes gobiernan juega algún papel en sus decisiones o si llega a activarse siquiera en algún momento: «¿te arrepientes cuando se apagan las luces?». Unas preguntas que bien podríamos hacernos nosotros en España. ¿Cómo funciona la conciencia de los políticos, los grandes banqueros y compañía? ¿Notarán alguna inquietud al irse a dormir, el desagradable prurito de la culpa, o sencillamente les importan tan poco las consecuencias que sus actos tienen sobre la gente que duermen a pierna suelta?

____________________________________________________________________________________________________

«Mr. President (have pity on the workin’ man)» de Randy Newman

Ya he hablado alguna vez de esta canción pero no me resisto a incluirla. Fue editada en 1974, cuando la llamada crisis del petróleo estaba causando efectos fulminantes en la economía mundial. Detrás de una bellísima melodía y una música tan dulce como melancólica, se esconde uno de los ataques más feroces que un músico mainstream estadounidense hubiese lanzado contra un presidente en ejercicio por aquellos años. Mucho antes de que el gran público asociara a Randy Newman con sus optimistas himnos para películas de animación, el músico se caracterizaba por una visión bastante sarcástica del mundo. En «Mr. President» descargaba sus iras, con elegancia pero también con mucha mala leche, sobre el entonces presidente Richard Nixon, dedicándole perlas como «quizá nos has mentido, quizá nos has engañado o quizá es que sencillamente has perdido la cabeza». Newman pintaba al inquilino de la Casa Blanca poco menos que como un hijo de mala madre mediante alusiones sencillas pero efectivas al estilo de: «sé que te puede sonar divertido, pero por todas partes la gente se está quedando sin dinero». Prácticamente todo el contenido de la letra podría aplicarse a Mariano Rajoy sin problemas, como podríamos aplicárselo al que estaba antes de él y mucho me temo podremos aplicarlo también a quienquiera que ocupe el cargo después.

____________________________________________________________________________________________________

«Volunteers» de Jefferson Airplane

Las cosas han cambiado mucho desde los años sesenta (o no), pero por entonces teníamos a una de las principales bandas del negocio cantándole a una especie de revolución —aunque sin especificar cuál— basada en la hermandad de aquella gente común que durante 1969 estaba manifestándose en las calles: «mira lo que está pasando ahí fuera, es una revolución», «ha llegado tu momento y el mío», etc. El título de la canción y del álbum estaba inspirado por una organización caritativa cristiana llamada Voluntarios de América, aunque era una alusión más bien sarcástica. Pero la idea asociativa persistía: Jefferson Airplane no solamente criticaban a su Gobierno sino que lo complementaban recordando el papel que los ciudadanos deberían tomar para solucionar los problemas del país y la sociedad en su conjunto. Y uno de esos papeles a desempeñar por el pueblo debería ser el de ejercer un férreo control sobre los gobernantes, no a la inversa.

____________________________________________________________________________________________________

«A change is gonna come» de Sam Cooke

Casi al mismo tiempo en que Bob Dylan editaba su «The times they are a-changin’», Sam Cooke escribía esta canción cuyo título también hacía referencia a la necesidad de que la sociedad se moviese hacia adelante. Se refería sobre todo al tema racial, pero contenía la idea de que el sistema no varía sus mecanismos perniciosos si los ciudadanos no se alían para plantarse ante ese mismo sistema. Existen leyes injustas y existen actuaciones injustas de los Gobiernos, y es un derecho ciudadano enfrentarse a esas situaciones cuando efectivamente consideran que existe una injusticia manifiesta. La letra también contenía algunas frases particularmente llamativas teniendo en cuenta que Sam Cooke había sido una de las estrellas de la música gospel. Por ejemplo: «La vida ha sido dura pero tengo miedo a morir porque no sé qué hay allá arriba, más allá del firmamento». O dicho de otro modo, nos recordaba la necesidad de arreglar las cosas en el mundo por nosotros mismos mientras todavía estamos aquí, y no confiar demasiado en la intervención de una esfera superior o en una supuesta recompensa en el más allá.

____________________________________________________________________________________________________

«This land is your land» de Woody Guthrie

El propietario de aquella guitarra que lucía el lema «Esta máquina mata fascistas» era evidentemente un hombre comprometido con sus principios. Una de sus principales luchas ideológicas era la reivindicación de una mayor justicia social y la denuncia de que, especialmente en tiempos de crisis económica, los poderes iniciaban un «ilegítimo esfuerzo criminal para explotar a la gente común». Además, tras la Gran Depresión de 1929 solía repetir un mensaje que podríamos aplicar también hoy: que la crisis había estado provocada por una élite social y económica pero sus consecuencias las pagaban fundamentalmente los ciudadanos de clase trabajadora. Esta su canción más conocida es todo un canto a la utopía de la rebelión individual frente al sistema: «iba caminando y vi un cartel que decía “No pasar”, pero en el otro lado del cartel no decía nada. Ese otro lado está hecho para ti y para mí». Así pues, Woody Guthrie expresaba que un país es de todos sus ciudadanos y que las restricciones gubernamentales no siempre son justas, algo que podríamos recordar por ejemplo si alguna vez, a algún Gobierno, se le ocurre que no es buena idea que los ciudadanos se manifiesten por las calles.

____________________________________________________________________________________________________

«Cult of personality» de Living Colour

La canción con la que el cuarteto neoyorquino inicialmente apadrinado por Mick Jagger alcanzó la fama hablaba del culto a las grandes personalidades como motor ideológico de la gente. Hablaban del concepto sin hacer demasiadas distinciones (¡metían a Stalin y Gandhi en la misma frase! Aunque obviamente no los consideraban equivalentes excepto en el hecho mismo de que diferentes ámbitos rendían culto a su persona). También nos recordaban que cuando a un gran líder social se le ocurría hablar sin tapujos en contra del orden establecido —esto es, cuando de verdad hablaba por boca del ciudadano común— de repente tenía muchas posibilidades de terminar bajo tierra: en el videoclip esta frase aparece emparejada con la imagen de Martin Luther King, así que podemos deducir perfectamente cuál es el mensaje.

____________________________________________________________________________________________________

«I don’t care about you» de Fear

Una canción cuyo estribillo («I don’t care about you, fuck you!») es bastante polivalente. Por un lado, podemos interpretar literalmente la canción, que habla de cómo la gente prefiere ignorar los males del prójimo con una actitud de «no es mi problema», lo cual crea secuencias tan duras como las de mendigos, alcohólicos o minusválidos que se arrastran por las calles ante la indiferencia generalizada de los transeúntes. Esto es de lo que habla la canción de aquel grupo punk en el que militó durante una breve temporada el actual bajista de los Red Hot Chili Peppers. Por otra parte, claro, si es usted un apolítico desengañado o sencillamente un hater irredento, puede usar el estribillo para expresar su cálido y afectuoso apego al Gobierno de turno o a cualquier otra institución de esas que garantizan una vida mejor y un futuro optimista… para algunos.