Nacho Azofra: «En las canchas de mini del Ramiro se jugaba a tope, con sangre y golpes»

Esta entrevista está disponible en papel en nuestra revista trimestral número 13

Más de un cuarto de siglo estuvo jugando Nacho Azofra (Madrid, 1969) en la ACB. Vivió todo los cambios que se produjeron en este deporte, los años gloriosos, en los que el baloncesto español rivalizaba con el fútbol, la etapa en la que entraron millonadas en los equipos y la de la ruina posterior. Es difícil pensar en el Estudiantes y no verle a él botando. Fue un jugador enloquecido, valiente, era capaz de dar el mejor pase de la historia, pero también de perder el balón decisivo en la última jugada. Cuando se retiró quiso hacerlo vestido de torero. Algo de matador sí tenía, porque nunca se amilanó ante nadie. 

¿Cómo llegaste al colegio Ramiro de Maeztu?

Entré en 1975 por ser hijo de un antiguo alumno. Mi padre, don Ángel Azofra, iba allí, y creo que él siempre ha sentido el Ramiro muy dentro, al igual que ahora mi hermano que lleva a mis sobrinos también. Antes habría otros condicionantes para entrar en los colegios y uno de ellos era ser hijo de antiguo alumno porque el Ramiro era un colegio muy requerido en el que había mucho hijo de personas del régimen. Pero creo que el diseño viene de la Institución Libre de Enseñanza, fíjate qué contrastes. En todo caso es el colegio público más pijo de Madrid, que está en la calle Serrano en medio del Viso, en la zona de las mansiones y donde estaba la iglesia del Opus. 

La Demencia apareció por allí en los setenta, ¿no?

Yo vivía al margen de eso absolutamente, no era más que un chaval de seis años. Recuerdo ir a los partidos de baloncesto del Estudiantes con mi padre ya en el Magariños y ver a la Demencia como una cosa muy divertida de los chicos mayores, pero inalcanzable. Por aquel entonces aún no se vestían de árabes ni nada, eso fue más en los ochenta con el tema de Jomeini, cuando el ayatolá derrotó al shah de Persia. 

Has dicho alguna vez que como no había chicas jugabas al baloncesto.

Eso es así, no había chicas y no teníamos esa distracción. Como el baloncesto, por otra parte, se respiraba en el ambiente en ese colegio, en que había muchas más canastas que porterías, jugábamos todos al baloncesto. Cada vez que salíamos al recreo íbamos corriendo al grito de «maricón el último» para encontrar una canasta. 

¿Cómo es eso de que en Estudiantes llegada cierta edad, si pasabas a jugar al basket, ya no podías jugar al minibasket?

Al director deportivo de entonces, Pablo Casado, se le metió en la cabeza que jugar al mini nos fastidiaba la mecánica de tiro. Una chorrada. Estamos hablando de cuando yo estaba en infantiles-juveniles, cuando ya habíamos dado el paso a las canastas grandes. A esa edad yo era muy mal tirador y Pablo cada vez que me veía en una cancha de mini me echaba. No me quedaba otra que jugar a escondidas. Porque, vamos a ver, puede haber algún jugador que haya jugado lo mismo que yo al baloncesto, pero no más. Yo hacía pellas para jugar al mini, después me iba al entrenamiento y luego otra vez al mini. 

Lo que sí que pasaba también en esas canchas era que la gente, que estaba de público mientras se comía el bocadillo, veía muy mal que se tirase. Tú tenías siempre que chocar, el otro te iba a poner el tapón, y tú machacabas en los contraataques, era muy divertido. Esperábamos todo el día con ansiedad echar el partido en el recreo. En las canchas de mini del Ramiro se jugaba a tope, con sangre y golpes. Uno de otra generación, más joven que la mía, que también jugaba mucho en esas canchas era Gonzalo Martín

¿Cómo recuerdas tus primeros pasos por el baloncesto profesional?

Uno de los partidos más relevantes en los que aparecí al principio fue el Torneo de la Comunidad contra el Madrid de Drazen Petrovic. Me hacía mucha gracia porque lo había visto en la Cibona y era un tío que no es que fuera letal, es que le metía cuarenta puntos al Madrid con las consiguientes burlas, y de repente lo tenía enfrente. Sus partidos no te los perdías, era un espectáculo verle. Estabas siempre pendiente de la que iba a montar. Igual metía un triple en el minuto cinco y se tiraba encima de sus compañeros del banquillo. Aparte de ser un superjugador que sale cada no sé cuántos años, el espectáculo que daba era divertidísimo. Estos cabrones de Yugoslavia no se conformaban con ganar y nada más [risas]. El Madrid luego la verdad es que lo hizo muy bien. Si no puedes con tu enemigo, cómpralo. Como ha hecho muchas veces, vaya. Aunque aquí no le saliera muy bien porque se les fue pronto a la NBA.

Y en directo impresionaba. Era distinto. A veces se dice que un jugador está un escalón por encima. Pues no. Aquí eran dos escalones sobre los mejores de aquí. Era alucinante la velocidad del balón en sus manos, su velocidad de tiro. En ese partido, los que estábamos en el banquillo le estábamos siguiendo a él continuamente. Tenía un imán para las miradas. Estoy seguro de que todos los que estaban en el Palacio de los Deportes también le estaban mirando solo a él. Era tan joven y tenía tanta facilidad, era asombroso. Lo mejor es que ¡creo que les ganamos! Nos decíamos: «Coño, hemos ganado a Petrovic, el Madrid de Petrovic no vale nada» [risas]. 

Tengo una foto por ahí jugando contra él. Luego en liga también volvimos a enfrentarnos y después se escapó. De todas formas, en la cancha el tío iba a lo suyo. Supongo que su motivación para jugar contra el Barcelona no era la misma que contra nosotros, el Estudiantes. Estaba claro que no conocía a ninguno de nuestros jugadores, pero sí a todos los del Barça. Si le defendías duro, sí que te podía marcar algo que te doliese además de los dos puntos, pero si no ibas a una guerra muy frontal él seguía con lo suyo tranquilamente, meter sus treinta y cinco puntos e finito

Uno de tus primeros partidos importantes con el Estu fue en Copa Korać contra el Olimpia esloveno. 

Para mí fue crucial. He conocido siempre a muy buenos jugadores jóvenes que, coño, valen para esto, pero luego hay que saber aprovechar las oportunidades y estar caliente para el momento justo y eso quizá fue lo que me pasó a mí en este partido. Así te ganas la confianza del entrenador, que piensa: «Coño, cuando saco a Nacho responde». Para mí fue entrar por la puerta grande porque Vicente Gil estaba lesionado y Paco Garrido me sacó a mí en un momento dado en lugar de a Antúnez. Creo que venían con una ventaja de veinticuatro y ganamos de veinticinco en nuestra casa con una canasta de Pinone a falta de dos segundos o una cosa así. Yo salí e hice trece puntos contra un base que era Zdovc, un superjugador de la selección yugoslava, que años después ganó la Copa de Europa con el Limoges. Era muy bueno. No me acuerdo muy bien, pero creo que ese partido fue perfecto, aunque no vino casi nadie a vernos. Las gradas del Palacio estaban casi vacías y mira la que liamos. 

Cuando el Estudiantes cambió el Magariños por el Palacio se perdió mucho ambiente.

El Magariños hubo unos años que impresionaba verlo porque iban dos mil quinientas o tres mil personas. A Fernando Martínez Arroyo, el gerente, te lo encontrabas por ahí diciendo «¡Como venga la policía, me detiene!», porque superaba el aforo. Además, se podía fumar y aquello era un espectáculo todo lleno de humo. Ganar al Estudiantes en el Magariños con ese ambiente no era nada fácil. Era un equipo muy competitivo, con Vicente Gil y Carlos Montes, con Pinone en un estado de forma estupendo y jugando treinta y cinco minutos todos. Claro, que te jugaban tantos minutos por partido porque había treinta segundos de posesión. He visto a muchos jugadores caer cuando la norma bajó de treinta segundos a veinticuatro. Eso ha sido un cambio importante en el baloncesto moderno. Se consiguió el doble de intensidad. 

Cuando llega el Cura —Miguel Ángel Martín Fernández—, Vicente Gil es uno de los grandes sacrificados y decide montar un equipo joven tirado por dos americanos como Pinone y Winslow. Era el equipo más joven de la ACB.

Cuando todo eso ocurre no tenía ni idea de que me iba a dedicar profesionalmente al baloncesto. Aún tenía una sensación de amateur, de salir a pasármelo bien que afortunadamente me ha durado mucho tiempo. Pero estaba igualmente dentro del equipo y sí que veía que el Cura y Vicente no se llevaban muy bien. Vicente Gil era de sangre caliente y alguna vez había hecho declaraciones sobre él y creo que quiso quitárselo de encima y ya está. No era algo tan premeditado apostar por los jóvenes, porque Alberto Herreros era una perla joven, ya había jugado muchos más minutos y era un anotador importante. Había talento, siempre es un riesgo tomar una decisión así, pero tampoco hay que ser un suicida. Si a gente joven con talento la rodeas de veteranos buenos siempre es fácil. 

Hay una eliminatoria de Korać que jugasteis contra el Partizan de Belgrado.

Sí, viajé contra el Partizan de Divac, Djordjević, Obradović, que jugaba en pívot el alero zurdo, y Paspalj, que era el jefe del equipo. Ya era el veterano, digamos, y tenía un equipo jovencísimo. Cuando salió Djordjević… Creo que nos ganaron de treinta allí. Cómo movían la bola, aquello era insólito. Nos impresionó. Luego pasado el tiempo ya me he dicho «coño, no me extraña». Todos eran superjugadores. Y ya entonces tenían un desparpajo tremendo. 

¿Hubo ambiente en Belgrado?

No mucho, no se molestaron siquiera en ir. Era un partido que lo tenían muy claro [risas]. 

También jugaste contra el Madrid el partido posterior a la muerte de Fernando Martín. ¿Cómo lo viviste? Porque me imagino que cuando jugaba en el Estudiantes tú le seguirías.

Cuando jugaba en el Estudiantes sí, cuando juegan en el Madrid yo no sigo a nadie.

¿Pero recuerdas aquel día?

Sí, creo que el día que se mató nosotros jugábamos en Málaga y me vino a avisar Alberto: «Que se ha matado Fernando Martín». Cuando la noticia ya estaba confirmada y salimos al campo a jugar nos quedamos un poco callados, la verdad, porque Fernando había estado muy cerca de gente como Pepu, Clemente, y con nosotros había jugadores de su generación como Carlos Montes, que creo que aunque era un poco más pequeño sí tenía contacto con él. Fernando trascendía lo deportivo. Era uno de los símbolos de nuestro baloncesto. No, era el símbolo, porque había estado en la NBA. Yo no le traté, sí que conocí mucho a Antonio, con el que hice muy buena amistad, pero a pesar de eso tengo entendido que Fernando Martín tenía mucha personalidad y allá donde iba arrastraba bastante el pensamiento de los demás y, por supuesto, se notaba su presencia. Tenía un aura un poco de superjugador español. 

Al Madrid, la FIBA les hizo jugar un partido contra el PAOK de Salónica a dos días de su muerte, justo después de enterrarle, pero el primer partido de ACB fue contra vosotros. 

Sí, recuerdo que los jugadores de la cantera iban de luto. Que la Demencia le dio un ramo de flores a su madre… ¿Él no iba a un partido cuando se mató?

Sí, contra el Zaragoza, que no se jugó.

Contra nosotros nunca olvidaré que estábamos los jugadores en formación y salió la madre. Guardamos un minuto de silencio. La verdad es que nos quedamos todos bastante tocados, nos impresionó mucho. Pero luego saltó la bola arriba y a jugar, la vida sigue. Esto es así, macho. La bola sube y se acabó, te tienes que poner otra vez a jugar. Hasta Antonio Martín. 

También juegas contra el Valladolid de Sabonis.

Sabonis era un dominador absoluto. Era otra cosa, ese sí que impresionaba jugando. Su presencia era… te ocupaba toda la cancha. Es que hacía de todo y con muy mala leche además. Era muy ganador y a veces muy malvado. Pero ten en cuenta que lo era porque por movilidad él ya tenía los tobillos bastante jorobados y se los vendaban que casi era como si se los escayolasen para jugar cada partido. Por eso cualquier cosa que le sacase un poco físicamente de su contexto le fastidiaba mucho y sacaba toda la mala leche que tenía; la de un jugador que no era duro, sino durísimo. Y además de soviético y duro, con una calidad increíble, el tamaño. ¡Era impresionante, era enorme! Chocabas con él y… [risas].

Me acuerdo una vez que estábamos jugando contra ellos y teníamos un sistema que el Cura lo ordenaba gritando: «Manda cinco», con el que yo pasaba y tenía que ir a bloquear para que subiese Orenga a poste alto. A Sabonis le jorobaba mucho tener que salir hasta fuera, de hecho Orenga le hacía bastantes puntos por partido porque tiraba bien de fuera y a él no le gustaba. Además, Juan era muy competitivo y contra Sabonis se venía arriba. También le gustaba pegarse y no era como otros, tenía peso. El caso es que en ese bloqueo que le hacía yo a Sabonis, me daba con el codo un toquecito y me tiraba al suelo. Era como un árbol, como la rama gorda de un árbol. Y durante un partido me tiró al suelo una vez, dos veces, tres… Joder, ya me estaba empezando a hacer daño [risas]. Y dijo el Cura otra vez «Manda cinco», y yo le grité: «¡Los cojones voy a mandar cinco!». El Cura me miró con una cara… [risas]. Por otro lado, Sabonis era Sabonis y no le pitaban las faltas y yo era un jovencito recién subido.

En el Trofeo Las Rozas de baloncesto jugaste contra la Jugoplastika de Toni Kukoc.

Estaba también Perasović, que era el que defendía. Un jugador muy bueno, pero en ese equipo tan solo uno más. ¡Buah! Es que los que se juntaron ahí también… Toni Kukoc a mí entonces ni siquiera me sonaba. No lo conocía nadie. Tampoco es que yo leyera mucho de baloncesto porque yo había llegado hasta ahí jugando en el patio del colegio con mis amigos. Echaba pachangas en las canastas de mini y luego me iba a jugar de profesional contra Toni Kukoc [risas]. Lo que no quita que yo fuera muy competitivo, saliera y pensara «coño, qué tío más grande», y cuando íbamos 27 a 7 iba entrando en razón «hostia, sí que son buenos estos». Pero antes de empezar el partido no eras realmente consciente. Pasados los años ya sí sabes quién es cada uno. Quizá en el banquillo sí te percatabas de detalles que no veías jugando. Decías «joder, estos tíos saben». Ganaron la Copa de Europa, por supuesto. 

Otros equipos de tus inicios, el Caja de Ronda de Joe Arlauckas.

Mover la bola, mover la bola y mover la bola. Yo creo que todavía eran treinta segundos de posesión. Tú imagínate lo que era jugar contra unos pavos que eran cinco tíos que solo movían la bola y tiraban en los últimos diez segundos de posesión. Y si te cogían el rebote… ¡otros treinta segundos moviendo la bola!

En serio, lo de los treinta segundos fue determinante. El otro día hablaba con Pedro Rodríguez y recordábamos que nosotros corríamos, pero si yo llegaba botando y no había nadie me tenía que dar la vuelta y ver como iba viniendo Pinone por el centro diciendo «Calma, Nacho» [risas]. Pinone ya no corría tanto. Subía como podía y me decía «marca la dos» o la que fuera, la gente me miraba y se iban a sus posiciones, ¡tardaban un mundo! Te daba tiempo a todo. Era la leche, no tenía nada que ver con los veinticuatro segundos. Por eso era tan bueno el Caja de Ronda, con un base muy listo y tres por dentro, el triple bloqueo ese que tenían siempre. Jugaban con dos y tres, con Arlauckas, Rafa Vecina y Ricky Brown y dos que se alternaban por fuera que no me acuerdo de cómo se llamaban. El base era Fede Ramiro y el entrenador, Mario Pesquera, que era tan listo y tenía mucho oficio, pues juega tú ahí en Málaga contra ellos, que además había un ambientazo. Era muy difícil, te desquiciaban. Fíjate que no me acuerdo de nada nunca, pero contra ellos sí recuerdo que nos pusieron la zona, porque Mario jugaba con los fallos del rival, y Alberto Herreros les metió como siete u ocho triples. No quitaron la zona y les eliminamos en Málaga. Algo es algo. 

El Cura contaba que Alberto había hecho una primera parte horrorosa, que por eso le echó una bronca en el descanso y en la segunda parte metió ocho triples.

Eso dicen siempre los entrenadores, que como le había echado la bronca se había motivado [risas]. Pero sí que animaba mucho a Alberto a tirar, le decía que no se cortase. 

Tuviste muchas veces enfrente a Laso en el Taugrés.

Me parecía muy bueno al contraataque y sobre todo buen pasador. Quizá peor tirador. Jugábamos un poco con eso, tratando de pasar los bloqueos por detrás. Era el jefe del equipo defendiendo, se entendía muy bien con Arlauckas, y sobre todo era valiente. Ahora me encanta lo que está haciendo en el Madrid. De verdad. 

¿Es jodido ser del Estudiantes y que te encante cómo juega el Madrid?

Es un triunfo del baloncesto. Que pierdan, siempre, pero me gustan. Para mí ver a Sergio es una gozada. Yo tuve bastante libertad para la toma de decisiones en el campo y para improvisar, para mí es una gozada ver a un jugador de ese tipo surgir en un baloncesto en el que durante los últimos años se ha impuesto la disciplina de equipo. O Rudy, que también puede tomar decisiones, aunque a veces se le vaya la olla, pero en la balanza siempre suele salir positivo. Aunque también hay mucho de casualidad en todo esto. Cuando Sergio vuelve de la NBA con Messina le cuesta adaptarse. Luego con Laso también hace un año irregular y le ponen en el mercado para venderlo, pero como tenía una ficha alta… Y me imagino que sería Laso el que le puso a la venta. Sin embargo, luego da con la tecla y Sergio desarrolla todo su potencial. Uno también tiene que poner de su parte. Hay que saber adaptarse a los compañeros cuando eres creativo. Yo lo he sido y cuando nos liamos no nos entendemos ni nosotros [risas]. Podemos crearle un infierno al entrenador. Siendo bases ya ni te cuento. 

Fue clave para ti la salida de Antúnez.

Pasé a ser titular. Mi juego hasta entonces era de salir a revolucionar los partidos. José Miguel se fue al Todopoderoso, es decir, que pagaron por él, y todo cambió. 

Tuviste un momento épico en esa final que ganas lesionado.

El Barça nos metió treinta o cuarenta puntos y encima me lesioné. Antes veníamos también de perder, pero esa derrota contra el Barcelona igual nos sirvió para reaccionar. Ganamos al Madrid con un triple de Aísa.

¿Es verdad que le llamabais el Drogas?

Pinone alguna vez se lo decía porque Juan iba un poco desaliñado y siempre venía tarde, con los pelos largos. Luego encima tuvo un lío porque el año en que Asier García dio positivo se filtró que había pitado un jugador que empezaba por A y el Marca interpretó que era Aísa. Se pilló un cabreo yo creo que más que justificado. Además, Asier luego recurrió y le quitaron la sanción. Parece que dio por un crecepelo. 

¿Esa no es la excusa típica para enmascarar la sustancia?

Pues supongo que a lo mejor sí, pero no tengo ni idea. Yo soy de pensar que si nos quedamos calvos, nos quedamos calvos. Todo el lío que tuvo para luego raparse la cabeza al cero; todo lo que se habría ahorrado si lo hubiera hecho antes [risas].

Volvamos a aquel partido de Copa del Rey.

A Granada yo fui de vacaciones con mis amigos. Pero llegamos a la final y el doctor Soriano me hizo un invento para que pudiera jugar que le agradeceré siempre. No podía extender el brazo y dar latigazos era impensable, pasaba con las muñecas nada más y tirar era imposible. Como mucho, dejar una bandeja, pero solo con la muñeca. Entonces me pusieron un limitador para que no pudiese extender el brazo. Íbamos palmando y el marcador estaba muy bajo. Fue uno de esos partidos en los que una canasta es como meter gol. No metíamos ni unos ni otros, aunque quizá ellos sí tenían más iniciativa. Era también un partido muy duro, no nos dejaban correr. Así que el Cura se la jugó. Yo creo que si sacó a un tío que estaba manco es porque lo veía muy mal [risas]. Me preguntó: «¿Estás para jugar?». Di un salto, nada más salir tuve la suerte de robarles un balón que acabó en un matazo de Rickie, nos cambió la cara y a ellos también. 

Dijiste que era el día más feliz de tu vida.

Sí, hombre. Aunque es lo que se dice siempre. Ahora cuando veo todas esas declaraciones me da un poco de vergüenza [risas]. Porque he tenido días mucho más felices, con la familia, con alguna chica… Lo que no quita que esa fuese una gran alegría, sobre todo porque en Estudiantes no es algo individual, es familiar. Se produce un estallido de alegría de un montón de gente que hace que el triunfo sea de mayor magnitud. Encima el club no había ganado una desde la Copa del Generalísimo, imagínate. Hombre, a mí me hubiese gustado ganar la del Generalísimo y que me hubiera recibido Franco en El Pardo [risas]. Yo que siempre he sido muy franquista [más risas].

En la celebración coge Alberto Herreros se levanta, alza su copa y dice: «En estos momentos quiero levantar mi copa y brindar por un compañero que nos dejó a comienzos de esta temporada y se marchó al Real Madrid para ganar títulos. Brindo por José Miguel Antúnez».

Para que veas luego cómo son las cosas, por la boca muere el pez. Ay, Albertito, hombre, mira que decir esas cosas… Yo le dije: «Por hacer ese comentario te van a hacer una oferta y tú te vas a tener que ir al Real Madrid». Me contestó: «¡Que te den por culo!». En el vestuario del Magariños Herreros y yo nos sentábamos al lado y en su sitio se sentó después Orenga, luego Alfonso Reyes y después Felipe Reyes. Yo siempre decía: «Este es el asiento del Real Madrid». Y Andrés Miso, que es un cachondo, decía «¡Pues para mí!». Lo cogió. «Andrés, vas a joder la racha», le tuve que decir [risas].

¿Qué tal en la cancha del Maccabi?

Joder, Israel. El campo más caliente… Bueno, he estado en varios muy jodidos también, en la época de Grecia contra el Panionios nos tiraban de todo. Además, su campo es como una nevera de lo pegado que estás al público. Les daba tiempo a ponerte un punto de mira donde te iban dar con la moneda. Era la leche, caían una cantidad de monedas que no te lo puedes creer. Te jugabas los ojos. Si te dan un monedazo en la oreja o la cabeza, pues mira. Pero si te dan en un ojo puedes perderlo. Cuando alguien tiraba los libres, yo como base no podía estar en mitad de la cancha porque me caía todo a mí. Me tenía que poner al lado de uno de los suyos. En el momento en que no tenías a un rival pegado te caían monedas por todas partes. Y si el otro se movía, te movías con él. Había chavales recogiendo las monedas con la mopa y no veas qué dinerales se llevaban. 

Recuerdo que Pinone metió un gancho que nos daba el partido a cuatro segundos y, en lugar de sacar de fondo y jugar los segundos que faltaban, salimos corriendo hacia el vestuario. Y a la policía la veías con las manos en los bolsillos. Yo fui de los últimos en salir del campo, me cazaron con una moneda de un dracma en la cabeza y me tuvieron que dar puntos. Entré al vestuario sangrando y Alberto me miraba alucinado. «Me han cazado, tío», le dije. Ahora hace gracia y en aquel momento también nos reíamos porque aquello era un desmadre, pero era peligroso de verdad. Si estabas cerca del público te daban puñetazos en la cabeza o donde pillasen. No pudimos salir del vestuario hasta una hora después del partido. 

En España eran más de insultar. El pabellón de Manresa era muy furioso, qué bonito era el antiguo campo del Joventut. O el del Huesca, que no llegaba al nivel de Grecia, porque nadie arrojaba nada, pero cómo te insultaban, madre mía. En una ocasión [risas] yo todavía era junior, estábamos en Bilbao, salí a calentar y empezaron a insultarme a mí. Me decían de todo, no paraban, y yo no entendía nada. Hasta que llegó Pedro Rodríguez y me dijo: «Anda Nacho, quítate los calcetines de España». No tenía ni idea, eran los primeros calcetines que había pillado, no sabía que tenían la bandera de España y me estaba poniendo a parir todo el pabellón. 

Pero árbitros presionados no he visto como el día del que hablamos en Tel Aviv. Cuando luego los he visto por la tele siempre es lo mismo. El Pabellón de la Mano de Elías, qué presión. El público te gritaba de todo, cuando pasabas te daban fuerte en el hombro. De todas formas, el Maccabi no era un equipo que nos fuera a impresionar como cuando nos enfrentamos al Partizan en Belgrado. Estábamos en un nivel mental que competíamos contra cualquiera. De hecho, al Partizan le habíamos ganado los dos partidos en casa y el de Fuenlabrada [el Partizan tuvo que jugar en Fuenlabrada sus partidos de casa porque la FIBA dictaminó que en Yugoslavia se vivía «clima de inseguridad»]. Y a los italianos les habíamos ganado de seis y allí perdimos de cinco con la famosa canasta aquella.

¿Fuera de tiempo?

Aísa la metió dentro de tiempo y con falta además. ¿Tú te crees que con la presión que había allí si hubiera habido la más mínima duda no la hubiesen anulado? Recuerdo que Mike D’Antoni iba detrás de los árbitros diciéndoles unas cosas en inglés… que si eran unos hijos de puta, que no iban a volver a pitar en su puta vida. Yo nunca había visto algo así, era joven. Aunque luego tampoco [risas]. Pensaba que le echarían o algo. Herreros estaba a mi lado y también estaba flipando. Pero no estábamos escandalizados, nos estábamos echando unas risas. Lo vivíamos así. Aunque el árbitro estaba pálido. 

En la vuelta contra el Maccabi en Madrid, ochenta mil pesetas una entrada en la reventa. Eso es una auténtica barbaridad para 1992.

Pues no sé, lo que sí recuerdo es que la gente estaba como loca. Incluso antes de jugar con el Maccabi, ya nos decían por la calle: «Oye, que nos vamos a Estambul, ¿eh?». Cuando vieron que allí habíamos perdido en la prórroga y nos quedaban dos partidos se dieron cuenta de que era factible que pasáramos. Ellos tenían dos pívots negros grandes, fuertes. Siempre hacían eso, meter pívots con muchos kilos, grandes, debajo de la canasta. Un autobús en la zona y luego Jamchi y otros israelíes muy buenos por fuera. Claro que a nosotros estos equipos, tan lentos, nos venían mejor que los que tenían a jugadores más finos o rápidos, porque nuestros pívots, Orenga y Pinone, tiraban muy bien desde fuera. 

La locura se desató porque en aquella época se seguía mucho el baloncesto. Además, el Real Madrid ya estaba eliminado de la liga europea así que habría algunos vikingos en el campo [risas]. De todas formas, en esa época en los partidos de la ACB siempre teníamos lleno el Palacio. Y también te digo que pagar ochenta mil pesetas de la época por una entrada me parece una barbaridad. 

El partido clave lo ganáis porque Chus se olvida de limpiar el sudor de la tarima.

No sé si íbamos uno arriba o uno abajo, atacaban ellos y se cayó Pedro Rodríguez en la lucha por el rebote. Pidieron tiempo muerto para poder sacar de banda en su campo de ataque. Marcaron la jugada, unos bloqueos por línea de fondo para Jamchi. Recuerdo que le defendía Rickie Winslow. El caso es que Chus, el encargado de la mopa, se olvidó de secar la zona de la cancha donde se había caído Pedro. Doy fe de que Chus era un tipo bastante competente, pero mira, en esta ocasión, por fortuna, fue bastante incompetente [risas]. Como era más del Estudiantes que yo, estaba en éxtasis con el partido. Ese día todo el mundo vio el partido de pie desde el minuto ocho. Imagínate el ambiente. El caso es que Winslow se quedó trabado en los bloqueos, salió Jamchi, se resbaló con el sudor y el balón que iba a recibir se fue fuera de banda. 

En la Final Four, sin embargo, nada salió bien. 

Creo que la gente consideró que con ir a Estambul ya tenía el premio, sobre todo después de un partido como el de contra el Maccabi. También pecamos de primerizos, era el primer año que íbamos a una Final Four y no estábamos al cien por cien concentrados en competir. Quizá sí a un noventa, pero para ganar necesitas el cien. Mira el Madrid, que ha necesitado varias finales para poder ganar la del año pasado. Nosotros en cambio no tuvimos demasiadas oportunidades de perderlas para ganar una [risas]. 

Te jodió que os fuerais a las primeras de cambio.

Es que yo siempre he sido muy competitivo, de salir a comérmelo todo, y hay una cosa que me jode incluso más que perder, que es no competir. Si compites hasta el final, has estado tenso todo el partido, te vas al vestuario y te cagas en todo, pero solo te queda la mala hostia. No competir te deja sensación de vacío. Perder un partido por quince o veinte puntos, sin reacción por tu parte, me deja fatal. No hay cosa que más me joda que ver un partido de baloncesto en la tele, cualquiera, y que haya un equipo que vaya ganando de veinte. El baloncesto tiene que estar igualado siempre. Y esto es precisamente lo que nos pasó con el Joventut, porque ellos no jugaron un gran partido, pero sabían lo que tenían que hacer. 

Como esta última semifinal entre España y Francia del último Eurobasket, que luego llega la final contra Lituania y te aburres.

La final fue un partido muy descafeinado. España estupenda, obviamente, pero a mí me gustan los finales igualados. Es lo que hace que la gente se aficione a este deporte tan especial. Mucha gente mayor me dice: «He visto el partido de España contra Francia y he tenido que apagar la tele porque me iba a dar un infarto». Y joder, es verdad. Hay mucha gente mayor que no ve baloncesto porque lo pasa realmente mal. Eso no lo tiene el fútbol. O no de esa manera. Porque en baloncesto metes una canasta y te meten otra inmediatamente. Tú estás alegre y de repente te meten dos canastas en cinco segundos y ¡joder! Es que es la hostia. Esos finales hacen muy grande al baloncesto. 

Para el Joventut casi mejor no haberos ganado, que luego en la final se comieron el triple de Djordjević en el último segundo. 

Lo vi a pie de cancha. Me llamaron de una radio par comentar los últimos minutos y estaba ahí, justo al lado. Joder, vaya triple metió. Estaba colgado en el aire. Es que él era físicamente muy atlético y técnicamente un superclase. Le defendían Tomás Jofresa y Jordi Pardo, se pasaron de frenada, Djordjević salta, se queda en el aire, deja el brazo perfecto. Eso lo vi ahí al lado y solo pude decir: «Hostia». 

Al día siguiente todos los niños de España estaban imitando ese triple.

Claro. Es que eso se queda en la mente, son esos finales los que transforman a un muy buen jugador en uno histórico. Y eso que Djordjević iba a ser igual de bueno después, pero a partir de eso es todavía mejor. 

Igual Danilović, que era igual de bueno que Djordjević, luego no fue tan conocido por no haber dejado una jugada como ese triple.

Sí, tuvo algunas lesiones, se fue a la NBA y se quedó un poco diluido. En ese sentido,  Djordjević fue muy hábil. Fue a la NBA, vio cómo estaba el asunto y se piró. Ni lo intentó. Porque es otro juego, es algo distinto. Allí o el entrenador confía en ti al 100 % y te da treinta minutos por partido o no hay nada que hacer por mucha calidad que tengas. Djordjević iba sobrado de calidad, pero vio que no le iban a dar esos minutos y decidió no pasarse media temporada en un banquillo y se volvió a Europa. La NBA de entonces era mucho menos accesible que ahora, te daba mucha más aura. Todos querían irse allí cuando pensaban que ya habían dominado en Europa. Ahora no. Fíjate la decisión que ha tomado Llull, sorprende un poco pero entonces era impensable. Y eso que Llull lo ha ganado todo en Europa e iba a una franquicia que le iba a dar minutos y dinero, tiene una edad en la que aún le daba tiempo a volver, pero ha preferido quedarse. 

¿Cómo es tu relación con la Demencia?

Rara. En esos años pues muy bien. Muchos de los de la Demencia eran compañeros míos de clase y mi relación es muy fluida porque en la pandilla no soy más que Nacho Azofra, un tío que ha estudiado con ellos y hemos salido juntos de cervezas. Pero cuando ya solo soy jugador, la relación es distinta. Ellos tienen su opinión de las cosas y yo tengo otra, que a veces coincide pero a veces es distinta. 

Te cantaban: «¡Nacho Borracho!».

Pues por eso, por haberme ido de cañas con ellos. Siempre tuve una pequeña pelea dialéctica con Miguel, el Cura. Como se metía en todo, me decía: «Oye, que la Demencia nunca miente y están siempre con lo de “Nacho borracho”». Y yo le contestaba: «Hombre, Miguel, la Demencia sí que miente, porque también dice lo de “la novia del Cura me la pone dura” y a mí tu novia no me la pone dura en absoluto». 

Documentándonos para esta entrevista dimos con una en la que te hacían seis o siete preguntas sobre vino sin venir a cuento, parece que te querían buscar las cosquillas con eso.

Aparte de lo de la Demencia, ocurrió otra cosa. Jugaba yo en Sevilla cuando Jordi Bertomeu llevaba la ACB. Ahora está en la Euroliga. Hice unas declaraciones sobre el Elosua León, que firmó unos contratos enormes que luego no pagó nadie. Dije que lo primero que tenía que vigilar la ACB es que se cumplieran los contratos. Ahora es habitual que haya retrasos, pero entonces no, era cuando estaba empezando. En León hicieron fichajes millonarios y dejaron de pagar desde el tercer o cuarto mes. Por eso pedí que se controlaran esas cosas. Esas declaraciones sentaron mal y Bertomeu contestó con otras declaraciones poniendo en duda mi profesionalidad, diciendo que yo salía, que tenía una vida disoluta. 

Es un bulo que me hace una gracia terrible, porque, vamos, he sido el tercer jugador que más partidos ha disputado en la ACB y el que más partidos ha jugado seguidos sin lesionarse, como quinientos o seiscientos. Pero al final consiguen cascarte el sambenito. Casi prefiero no entrar en esto porque me parece bastante estúpido. Aunque lo que dijo Bertomeu, no os creáis, me dio bastante igual. Sí que recuerdo que me llamaron desde la Asociación de Jugadores y yo les dije que respondieran ellos. Me defendieron diciendo que no se podía ofender así a un jugador. Y bueno, al final la cosa quedó en nada.

El Joventut volvió a ganaros en el play-off de la ACB.

Es que ese Joventut fue legendario. Pero creo que nosotros les forzamos dos eliminatorias hasta el quinto partido. Imagínate cómo estábamos nosotros. Estuvimos muchas veces a puntito de llevarnos los play-offs. Pero ese Joventut era un equipo muy fuerte; estaba Villacampa, los Jofresa, tenían muy buenos americanos, como Corny Thompson. Pero competíamos muy a la par. Tenían a un núcleo muy sólido que estaba en la selección española. Llevaban mucho tiempo en la élite, pero no habían podido con el Real Madrid o el Barcelona y cuando tuvieron vía libre quisieron aprovechar esos años. Todo eso sumado a buenos fichajes americanos con Thompson o Harold Pressley. Era un equipo montado solo para ganar. El panorama del baloncesto español con su irrupción fue una delicia. Capaces de ganar al Madrid o al Barcelona estaban ellos, nosotros, venía fuerte el TAU Vitoria, estaba por aparecer el Unicaja…

En el cuarto partido de esa eliminatoria metes el triple de tu vida.

Ni me acuerdo.

«Anota un increíble tiro de tres puntos al límite de la posesión, desde siete metros, a la media vuelta y con dos defensores encima. El tiro que todos alguna vez han soñado con encestar». ¿No te acuerdas?

¿Fue en casa?

En el partido de los nueve mates de Rickie Winslow.

Nueve mates. Eso fue insólito. Ahora sería completamente imposible, impensable. Sí, ahora me acuerdo del triple. Y lo puedo contar porque mi hermano le puso el otro día a mi sobrino unos vídeos de internet míos, porque nunca me ha visto jugar, y sale por lo visto ese triple. Se me había olvidado completamente. Ya casi no me acuerdo de jugadas. Alguna cosa sí, pero normalmente no es una jugada mía. Me acuerdo más de los viajes, de los compañeros, pero casi nunca de cosas que yo haya hecho en el campo. 

¿Cómo era el vestuario de aquel Estudiantes legendario de 1992?

Pinone era el jefe, pero era un jefe ya mayor. Estaba cansado y nos dejaba hacer. Mientras no tocásemos mucho los cojones con el tema del juego, mientras cumpliésemos en la cancha y en los entrenamientos, él nos dejaba hacer. Ya estaba a otras cosas, había pasado de generación y le quedaban pocos años en activo. Nunca lo sabes con precisión, pero cuando estás en tu recta final lo sientes. Los jóvenes éramos jóvenes pero teníamos mucha responsabilidad en el juego, como Alberto Herreros o yo mismamente. Además, estábamos en una generación similar a gente como Alfonso Reyes o Pablo Martínez, con lo que el ambiente era bastante divertido, joven. Y Pedro Rodríguez era uno de los nuestros porque era un tipo adorable y lo sigue siendo. Su rol estaba perfectamente asumido y ayudaba al buen rollo. 

Pero me hace gracia lo del buen rollo porque es algo que solo existe cuando ganas. Cuando pierdes, ojito con el buen rollo. Es cierto que entre nosotros siempre hubo buen ambiente, aunque a veces pasáramos baches profundos en la liga. Bueno, cuatro o cinco partidos sin ganar en aquella época para nosotros era un bache profundo. Y como el Cura era un entrenador de la vieja guardia, pues todas nuestras fobias y odios iban dirigidos hacia él, lo cual nos unía mucho también. Pero lo de la vieja escuela es entre comillas, porque no era un entrenador cabrón ni mucho menos. Yo le llamaba Cura y él me llamaba Miliki por hacer mucho el payaso. 

Le recuerdo, de todas formas, con mucho cariño. Lo que pasa es que yo era un jugador caliente y él un tipo muy disciplinado, pero también caliente. Al final hubo buen rollo porque ganamos y los americanos que teníamos no eran muy americanos, como Pinone, que jugaba al mus, que no era nada distanciado.

Con Pinone se dice que no te podías pasar con él porque te soltaba un guantazo alegremente.

A ver, sí que es cierto que Pinone se pasó alguna vez con Pablo, alguna falta de respeto, pero fue puntual. Si teníamos que hacer una putada en el vestuario a Pinone se la hacíamos. Normalmente te insultaba en castellano, pero si lo hacía en inglés es que estaba cabreado de verdad [risas].

Lo contaba Arlauckas. El único tipo del Estudiantes del que hablaba con verdadero respeto era Pinone. Nos dijo que antes de un partido contra vosotros, toda la semana tenía que sacar el tiro desde arriba, porque si no, Pinone se la quitaba con el zarpazo. 

Era increíble. Tú sabías que lo iba a hacer y daba igual. En los entrenamientos él te daba la bola y sabías que te la iba a robar. Tenía esa especial habilidad para encontrar el momento justo. No os podéis imaginar la de balones que robaba en los entrenamientos. Pinone era un superjugador. Se la dabas en el poste alto y el tío «plas, plas, plas», tiraba, asistía, hacía de todo. Era un jugador insólito de bueno. 

Y todos aprendisteis el zarpazo de él.

Primero lo hereda Pedro Rodríguez, luego Orenga… Inicialmente es una cosa muy de pívots, pero luego lo aprendemos todos. En los entrenamientos nos dábamos bien. Cada vez que uno se daba la vuelta para encarar, «¡Plas!». Pero su habilidad era única. En realidad, él no defendía, tenía tres o cuatro recursos defensivos que le hacían sobrevivir ahí y el tío los aprovechaba, porque era muy bueno. Para hacer bien el zarpazo tienes que ir un segundo por delante, si no, es imposible.

Me acuerdo una vez en el Magariños que Iturriaga entró a canasta y «¡Pam!», falta. Zarpazo de Pinone. Iturriaga tenía que lanzar tiros libres y pidió el cambio porque no podía ni botar de la hostia que le había dado. Tú imagínate la manotazo que le tuvo que dar [risas]. Iturriaga puso una cara de dolor terrible, intentó disimular un poco por orgullo, se dio una vuelta por el campo y tal, pero cuando fue a botar el balón se quedó ahí el balón botando solo [risas]. «Es que no puedo ni tirar», dijo. Toda la peña descojonándose en el Magariños. Qué hostia le dio. Es que te hacía daño de verdad, tenía una fuerza… No se me olvidará nunca. Aquel día fue la risa porque a Iturriaga le odiábamos: «Iturriaga, vaya braga», le cantábamos. Y era recíproco. Nos odiaba también. Luego en su evolución ha cambiado, habla bien de nosotros y creo que le tiene cierto cariño a Estudiantes. 

En nuestra entrevista en el número cuatro se le notaba cierto propósito de enmienda, recordaba todo de forma bastante sana y con humildad, admitiendo los errores.

En las comidas de veteranos que tenemos en Estudiantes, es curioso, en general es gente orgullosa, por decirlo de alguna forma. Desde las generaciones del año cachupín hasta ayer. Los deportistas solemos ser gente a la que le cuesta abrirse a los propios defectos. Somos todo virtudes, digamos. Pero reírse de uno mismo es una forma estupenda de terapia y de desdramatización. 

En la 92-93 llega Danko Cvjetičanin.

Hombre, Danko. Por la tele le habíamos visto jugar con Dražen Petrović y yo pensaba «Joder, este las mete». Porque Petrović metía treinta y cinco, pero este sus veinte. Le veía siempre oculto, como de segunda espada. Tenía cara de listo y era enorme. Jugaba muy vertical y en los entrenamientos tenía un tiro que nos impresionaba. Había semanas en las que solo fallaba dos tiros. También tenía mucha ética de trabajo, cosa que aquí no conocíamos. Bueno, sí la conocíamos, pero de forma distinta. Yo tenía una ética de trabajo desde un punto de vista muy lúdico, no de obligación. Me iba a la cancha y hacía unos tiros, pero enseguida estaba haciendo tonterías con el bote. Él llegaba y se tiraba sus doscientos triples cada día. Al menos consiguió arrastrarme porque me pedía que le acompañara a tirárselos. Todo eso influyó mucho en el club, porque nunca habíamos entrenado así. No era que el entrenador te obligara a ir al día siguiente a tirar, sino que te vas tú con tu pelotita. Eso es lo que hacía Danko. De modo que influenciados por él y por varios del equipo empezamos a hacerlo. Aunque también es cierto que lo hicimos con diferentes resultados [risas]. Por lo menos logró que recapacitáramos sobre nuestro esfuerzo. Él se iba todas las mañanas libres a echar tiros. Y a los entrenamientos llegaba una hora antes para tirar… y se iba el último porque se quedaba a tirar más. Así a la hora de competir le daba igual tirarse la última bola. Con él y con Alberto alcanzamos un nivel de tiro que…

Pero perdisteis contra el Madrid.

Sí, pero es que ese Madrid tenía a Sabonis y a Arlauckas, ¡y perdimos en el quinto partido y en un final igualado! Tuvimos oportunidades contra un equipazo que luego fue campeón de Europa. Estudiantes siempre nos hemos quedado en muchos quintos partidos para llegar a la final, y en la única final que jugamos caímos en el quinto también. 

Lolo Sáinz te seleccionó y te pasó aquello de los tiros libres contra Alemania.

Se había lesionado Pepe Arcega y yo estaba en la sub-21, con la que habíamos jugado unos torneos en el extranjero. Eran los últimos coletazos de la vieja guardia: estaba Epi, que era el padre de todos, Rafa Jofresa, su hermano Tomás, Villacampa, Xavi Crespo, Alberto, Orenga y Antonio Martín, al que conocí ahí y nos hicimos amiguetes. Pero luego se quedó aquello en el recuerdo, que me hicieron dos 1+1 seguidos y fallé los dos tiros. No jugué mal, por eso estaba en la cancha en los últimos minutos, pero en el deporte hay jugadores a los que un error en un partido les pesa mucho. No pasa nada. Siempre he tenido capacidad para olvidar. Como dice Pedro Rodríguez, las derrotas me duran tres minutos, pero es que las victorias uno. Y eso es lo importante. 

¿Te afectaba la presión de los últimos minutos de los partidos como alguna vez se ha dicho?

En algunos momentos puntuales sí, pero en general no. Más por ansiedad de querer hacer muchas cosas que de no querer hacerlas; más por exceso que por defecto. Quería tener la bola más que soltarla. Esos tiros libres contra Alemania los tiré convencido, pero yo no era un gran tirador desde ahí. 

¿Tiene que ver ese error con que no fueses mucho a la selección?

No, eso fue sobre todo culpa mía. Jugaba bien y siempre he sido muy jugador de equipo, pero las concentraciones, por ejemplo, siempre las llevé fatal. Eran muy largas y me aburría. Me he llevado siempre bien con mis compañeros, pero por mi forma de entender la vida y el juego era bastante anárquico. Eso siempre crea bastantes dudas a un entrenador. Mi juego era algo parecido al de Sergio Rodríguez, y hay que acoplarlo. En determinados momentos lo conseguí e hice buenos partidos, pero no creaba mucha confianza. Les entiendo perfectamente, porque yo tampoco era un grandísimo amante de la selección española en el sentido de tener que estar ahí a cualquier precio. Me sentía del grupo cuando iba y era un orgullo, pero no pasaba nada si no me llevaban. Todo esto lo digo después. En su día no me sentía cómodo por que no supieran meterme ahí, aunque admito que en realidad era culpa mía por no centrarme. En Estudiantes mis condiciones eran distintas, los entrenadores siempre me permitieron cometer muchos fallos, tener mi personalidad y que me regulase yo. La selección es otra cosa, tienes pequeños periodos para montar un equipo y necesitas jugadores que sepan lo que te van a dar. Los seleccionadores quizá no tenían claro lo que les iba a dar yo en cada momento. Entiendo que la Federación prefiriera a otro. 

Decías que no te gustaba no tener libertad y que en la selección estuviera todo planificado.

Me pasa con todo, incluso para esta entrevista. No me gusta saber lo que tengo que hacer al día siguiente. Ahora las concentraciones que hacen con la selección española son más largas, pero también los seleccionadores mucho más inteligentes y te dejan tiempo libre. Creo que fue Pepu el que empezó con esto. Cuando a la selección llega gente que ha estado jugando todo el año, tiene que entrenar como si estuviese en casa. Es decir, tener el fin de semana libre, que no haga falta comer o cenar todos juntos, ni estar un mes alejado de casa. Que puedas ir a ver a tu familia, o que si viene tu pareja pueda quedarse a dormir en la habitación. ¿Por qué no? Si eres un profesional te dicen la hora de entrenamiento y vas. Punto. Se te hace mucho más llevadero así. Llegas al campeonato con ganas de jugar y competir, no saturado de baloncesto. A mí me pasó, al menos. Las concentraciones eran demasiado exageradas con una preparación física muy exigente cuando llegabas de jugar una liga de ocho o nueve meses. 

En el libro Treinta años (y alguno más) con la selección, de Juan Antonio Casanova, se dice que los debutantes teníais que invitar a comer a todos los demás.

Sí, a mí me tocó en Alemania, después de los famosos tiros libres. Nos tocó a Xavi Crespo y a mí e invitamos en un restaurante alemán. Como pagaban otros siempre se iba al sitio más caro y se pedía a lo bestia. Son cosas que no las entiendo, pero bueno. Tampoco me voy a enfrentar a las tradiciones. Bueno, al Toro de la Vega sí.

Cuando dejaste Estudiantes, te quejaste de que siempre apelaban al corazón para bajarte la ficha.

Sí, siempre. Pero no soy nadie especial en Estudiantes por eso. Siempre se ha hecho. A los de casa, claro, no vas a apelar al corazón de un americano que ha fichado el año anterior. Estudiantes emplea sus bazas negociadoras, Alejandro Matínez Varona, que en paz descanse, y Juan Francisco Moneo eran perretes en eso. Lo digo desde el cariño. 

Y al final, cuando ya lo tenías hecho con el Caja San Fernando y te ibas para Sevilla, Estudiantes aceptó tus condiciones.

Sí, pero ya había  dado mi palabra al Sevilla y había cambiado el chip. Además, me apetecía porque el cambio es bueno. Tampoco cambiar cada año, pero aparte de la pasta, irse a un sitio competitivo a un proyecto de tres o cuatro años yo se lo recomiendo a los jugadores. Siempre que puedan elegir, por supuesto. 

En Sevilla viviste en un piso propiedad del duque de Feria, entonces juzgado por pederastia.

De hecho, creo que al duque lo pillaron con la niña en ese mismo apartamento. La verdad es que hubiese ido a cualquiera, pero eran unas casas estupendas en la plaza de Santiago, en el barrio de la Alfalfa. El club me quería meter en unos chalés afuera, que era donde vivían la mayoría de los jugadores, pero yo no tenía carné de conducir y era una excusa maravillosa para que me dejasen vivir en el centro de la ciudad. No fui a Sevilla para no estar en Sevilla, quería disfrutar la ciudad. Los tablaos, por ejemplo, ya que siempre me gustó el flamenco. Me hice muy amigo de Rocky Jarana, el segundo entrenador, que era un gran conocedor de estas cosas. También Raúl Pérez, que realmente tiene dentro lo ritmos del sur y los practica, y fue un buen cicerone en ese aspecto. Había un gran ambiente en el equipo y Pesquera era un buen entrenador, pero creo que en Europa no ganamos ni un partido [risas]. Es que nos tocó un grupo, macho: la Phillips de Djordjević, el PAOK de Prelević y Fassoulas

Acabáis quintos el primer año y el segundo te vengas de tu antiguo entrenador.

No me vengo, porque con Miguel me llevaba bien. Teníamos esos enfrentamientos dialécticos, pero nos lo tomábamos como un juego. Me sentí un poco culpable porque allí jugué un buen partido e hice mi récord en la ACB metiendo veintitrés puntos por primera vez en mi vida. Y por última [risas]. Enchufé eso y fue el último partido del Cura en Estudiantes, le sustituyeron por Pepu. Siempre me dice que yo le eché y le contesto: «Hombre, Miguel, no me jodas, haberlo hecho mejor». Y se ríe. 

Volviste a Estudiantes en cualquier caso y te rompiste.

En un partido en Sevilla, por la mitad de la temporada, sentí un chasquido en la rodilla y noté que se me rompía algo. Seguí jugando el partido y acabé con la rodilla muy hinchada. Me hicieron pruebas y se llegó a la conclusión de que tenía una condromalacia, que es simplemente uno de los cóndilos del fémur desgastadito de cartílago. Me dijeron que a final de temporada se hacía una artroscopia y se regularizaba la zona. Aguanté algo menos de medio año, y en las segundas partes de los partidos se me hinchaba bastante la rodilla y me costaba jugar. Perdí un poco de tono y ese tramo de la liga lo jugué mal. Supongo que la lesión tuvo algo que ver. Quedamos novenos, se consideró un fracaso. Se fue Pesquera y tardaron mucho en fichar a otro entrenador. Para cuando contrataron a Aleksandar Petrović ya había llegado a un acuerdo de vuelta con Estudiantes. Comenté lo de la rodilla, me hicieron pruebas y decidieron operarme en junio. 

Lo hizo el doctor Guillén y en mitad de la operación dijo: «Oh, oh». Resulta que no era condromalacia, sino condropatía, un arrancamiento de cartílago, que estaba bailando. Estuve de entrada dos meses sin poder apoyar. Se supone que una condromalacia se cura en un mes y medio, yo estuve siete meses. Si lo miro ahora tengo que agradecerlo, me ficharon por un dinero importante, estuve siete meses parado y me respetaron el contrato. También se interesó por mí Querejeta para llevarme a Vitoria, pero al verme roto no sé qué hubiese hecho ahí. Al final hice una rehabilitación bastante exhaustiva porque otros jugadores con esta misma lesión nunca se han recuperado, aunque eran de otro perfil, tíos que saltaban más. 

¿Cómo viviste la salida de Herreros?

Hombre, mal. Pero para mí fue lógica. Alberto no era mi compañero de equipo, era mi amigo. Después de los entrenamientos y los partidos nos íbamos siempre a tomar algo. Yo en esto siempre apoyo al jugador. Alberto era más de Estudiantes que nadie y si se fue era por algo. Si te dan un dinero que te soluciona muchas cosas y, además, en Estudiantes estás que no sabes si vas a cobrar el sueldo o no, pues te vas. No sé cuánto le pagaban ni me interesa, pero él lo tenía claro. La pena para mí no fue que se fuera un gran jugador, uno que metía tantos puntos por partido, sino que se iba mi amigo. Con el que me tiraba todas las horas muertas de los viajes. 

Entonces, lo comprendiste al momento.

Absolutamente. Ni me lo planteo, estas cosas siempre he considerado que son asunto suyo, como si quiere irse gratis. 

¿Y a él cómo le viste?

Jodido, sobre todo al principio, porque tomar la decisión es lo más difícil. En los primeros partidos que jugamos contra él estaba descompuesto. Le costó mucho. Y es que Alberto era del Estudiantes y del Atlético de Madrid. Y sigue siéndolo [risas]. 

¿Y cuando está en el Madrid sigues manteniendo el contacto?

Sí, pero menos. Ya tiene otros horarios. Lo que es jodido de Madrid es que es muy grande y llega un momento en que pierdes el contacto. Cuando veo a Alberto es como ver a mi hermano. Lo que pasa es que Alberto vive en Las Rozas y yo vivo aquí en el centro. Además, he estado sin coche hasta los treinta y un años, que Alberto me llevaba a todos lados con su Opel Kadett, con el que nos jugábamos la vida, por cierto. Encima, luego se compró un  Audi… A este le gustaba el volante. Yo le decía: «Albertito, Albertito…». Luego ya tuvo familia y los niños y se ha calmado más, pero siempre ha sido un amante de los coches.

Con Alberto salí alguna vez de marcha mientras él estaba en el Madrid. También con muchos amigos de la selección, como Nacho Rodríguez o Juan Carlos Barros, un personaje que jugaba en Valencia. Muy personaje. Se lesionó en Sevilla. Estaba estirando debajo de la canasta y una de las piedras que hacen de contrapeso se le cayó encima del pie, se lo rompió y ahí se acabó su carrera. Luego hizo de su vicio su profesión. Es jugador de póquer. Es gallego y vive en Mera, un pueblo que hay enfrente de A Coruña. Fui a su boda con Susana, con quien duró poco, y luego se casó con una chica norteamericana. Hace ya dos o tres años que no hablo con él, pero montó una página web de póquer y se dedicaba a jugar online. Y vive así. Es muy buen tío. Era distinto y me hice su amigo. Y Nacho Rodríguez es para comérselo, me enamoré el primer día de él. Es muy divertido y todo corazón. Ahora está de director general de deportes de la Junta de Andalucía. 

Jugó en el Barça, era muy duro.

Lo suyo era dar leña y dar leña. Recuerdo en el primer partido subir el balón y que me diera cuatro hostias sin que el árbitro pitara nada. Le miré con los ojos ensangrentados y me dije: «Vaya tarde que me espera». Efectivamente, fue dura. 

¿Cómo se te quedó el cuerpo al perder la copa Korać con el Barcelona?

Muy mal. Quizá es el día en que se me ha quedado peor cuerpo después de una derrota. Pero no por perder, vuelvo a lo mismo, por no competir. El Barcelona se distrajo un momento y le metimos dieciséis, que pudieron ser más, pero al final reaccionaron Djordjević y Esteller con unos triples. Hicieron lo que esperábamos, ir a dar y dejar el listón de las faltas muy alto para poder meter puntos. Nosotros no éramos un equipo que jugase muy regular durante todo el partido, pero teníamos picos buenos de defender y correr al contraataque y, sobre todo, teníamos mucho desparpajo. Pero Aíto García Reneses logró sacarnos del partido y no competimos. En el descanso el asunto ya estaba mal, perdíamos de veinte, no tuvimos capacidad de reacción y eso me dejó un gran vacío. 

También hubo una semifinal contra el Madrid en que os quedasteis a una canasta. Djordjević falló un tiro libre, rebote inmediato, balón a Aísa, este vio a Chandler Thompson debajo del aro y… Aísa dice que se la dio y se fue a celebrarlo, que no llegó a ver cómo la fallaba y cuando se lo dijeron no se lo podía creer. 

Lo que no nos podíamos creer es que hubiese visto el pase [risas]. Fue duro. Estábamos de mala hostia y cabreados por haber perdido esa oportunidad, más que por el tiro, que no deja de ser una anécdota, por no llegar a la final. Luego el Madrid la ganó en el Palau, Djordjević se quedó celebrándolo en la pista y Nacho Rodríguez fue a empujarle. Fue buenísimo. Lo recuerdo porque tengo amistad con Nacho y le conozco el carácter. Mucho me extrañó que no le pegase. Y eso que son amigos. 

La siguiente temporada es el Tau de Bennett, Stombergas y Scola.

Ahí ya apareció el Tau. Empezó a tener esos equipazos. No solo por un tema de dinero, sino que da con la clave. Fíjate los jugadores que me habéis dicho, sobre todo Bennett

¿Entró mucha pasta en el basket en esa época?

Ni idea. No sé ni el presupuesto de Estudiantes ni lo que cobraban mis compañeros. Es que ni idea. Bueno, sé que en Vitoria a los jugadores siempre les sale algo menos a pagar por el tema fiscal del concierto y entonces cobran más. Pero no sé cuánto tenía Estudiantes. Hombre, mucho más que ahora, desde luego, pero yo nunca he leído ni el Marca ni el As. Me daba igual. Jugaba, entrenaba, que es lo que más me gusta del mundo, y estaba con mi familia y mis amigos. Nunca me ha interesado saber qué cobra tal ni si me ponían una estrella o dos. Solo le pedía a mi agente, Miguel Ángel Paniagua, que me procurase un sueldo acorde al mercado y un lugar para jugar donde estuviese a gusto y con contratos de tres años. De hecho, siempre he sido yo el que ha pagado a mi agente. Otros jugadores no sé, pero así pensaba que mi agente luchaba por mí. Creo que he sido de los últimos. Ahora pagan ya siempre los clubes un diez por ciento todos. Obviamente, yo no le pagaba el diez por ciento a Miguel, que me parece una barbaridad lo pague quien lo pague. Otra cosa es que sea un encargo y una cosa acordada porque entonces el contrato es entre dos, pero que ya esté establecido que sea un diez por ciento me parece tremendo. Tengo entendido que el Barcelona paga el siete por ciento, pero en el Madrid es el diez. 

El 11M te tocó de cerca.

Sí, el hermano de Cepo, de Alberto. Son una familia que iba al Ramiro de toda la vida y además coincidíamos en Galapagar, adonde yo iba a veranear. Yo jugaba en mini con Cepo todo el día. Y su hermano mayor era un jugador de Estudiantes del Ramiro de Maeztu, era muy elegante y bueno. Iba en un tren con su hijo y ocurrió aquello. Al hijo solo le pasó algo en la mano, pero él murió y fue un palo. 

En esa época es la aparición de Felipe Reyes.

Mira la edad que tiene y sigue compitiendo al máximo nivel. Es un jugador especial, diferente. Como su hermano, que era muy ambicioso y competidor. Aunque luego, fuera del campo, son muy cariñosos. Felipe es mejor jugador que Alfonso, pero nunca he conocido a nadie con más fuerza natural que Alfonso. Hasta Sabonis decía: «¿Pero quién empuja así, quién es?». Bajaba el culo, ponía el punto de gravedad muy bajo, en los contraataques yo le pasaba el balón al suelo y el tío los cogía. Si no chocaba no la metía. 

En 2004 jugáis en los play-offs contra el Madrid. En el Madrid estaba Kambala, y Alfonso, su compañero, se empezó a pelear con él porque le estaba metiendo hostias a Felipe, rival en Estudiantes. 

¡Defendiendo a la familia! Le soltó un codo. Pero a Kambala a veces se le iba la olla… 

¿A veces?

Una vez por minuto. Kambala podía hacer daño de verdad. Entonces le soltó un codazo y le dio de refilón, pero si le da de frente… Por eso Alfonso saltó a la cancha. Pensábamos que se iba a liar contra nosotros, pero no, se fue a por Kambala. Nos quedamos todos: «Joder, qué familia» [risas].

El Barça de Navarro y Bodiroga acabó con vosotros dos años seguidos.

En la cancha del Madrid siempre hemos jugado bien, pero la del Barça nos costaba mucho. Es muy caliente, incluso hasta desagradable. Hay mucho insulto. En la del Madrid no tanto, pero da igual, nos costaba sacar algo de Barcelona. Contra Navarro y Bodiroga competimos, en un momento les pudimos haber sacado la cabeza, pero no lo hicimos y contra jugadores tan buenos… En esos partidos si había que dejar a alguien más suelto no era ni a Navarro ni a Bodiroga, sino a Rodrigo de la Fuente, y cogió y nos metió dos triples. Así es esto. 

¿Había diferencia entre el Bodiroga del Barça y el del Madrid?

Bodiroga es una máquina de jugar. Se mira la camiseta después del partido. Tiene mucho mérito, porque técnicamente a veces en algunas cosas es hasta poco ortodoxo, pero macho, es que no falla. Hoy en día quizá hay más gente capaz de defender a Bodiroga, hay gente más grande que se mueve bien, pero antes el serbio volvía loco a su tres. Era un superclase, aunque formado a partir de repetición de movimientos. Fíjate el tiro ese raro que tenía. Con los triples no era muy allá porque necesitaba mucho tiempo, pero claro, me gustaría saber los puntos que ha hecho de tiros libres. En cada partido eran por lo menos diez o doce. También pasaba bien, defendía bien, era un compañero muy correcto. Desgraciadamente, cuando jugamos contra ellos estaban un poco enfrentados con su entrenador, Svetislav Pešić, y se conjuraron para ganarnos. Y como eran buenos pues nos ganaron. Lo bonito para nosotros fue ganar al Tau en su casa en semifinales, estaban Prigioni, Scola, Macijauskas, Calderón… un equipazo. Y les vencimos en el quinto y en su casa. 

En el último partido contra el Barça apareció Sergio Rodríguez.

Y metió un canastón… ya venía entrenando con nosotros y ya se le veía. A mí me encantaba, era un espíritu libre. Era un jugador al que había que centrar mucho para que diese importancia a otras cosas del juego, pero era un jugón absoluto. En los calentamientos siempre jugábamos uno para uno con bote. Empezábamos los partidos ya empapados de sudor. 

También viste debutar a Ricky Rubio con catorce años en un partido de 2005 y alucinaste.

Es que Ricky impresiona. Le veías jugar con catorce años y parecía que tuviera dieciocho. No solo era el juego, también la mirada, que solo la ves cuando juegas contra él. Te quedas… «¿Cómo puede tener solo quince años este pibe?». E impresiona jugando también, porque con veintiún años hace cosas de uno de veintiocho. Todo talento natural. Un entrenador no puede enseñar a un chaval que uno va a hacer un reverso y que se ponga por el otro lado. Se lo puede decir, pero cuando haces tres reversos y siempre está en el otro lado es porque tiene talento natural, no porque se lo haya dicho el entrenador. Si se lo ha dicho puede acertar una, pero no todas. 

¿Qué tal fue Orenga como entrenador?

Cuando le cambiaron de entrenador no llevábamos muchos partidos, me sorprendió la decisión. Él empezaba a tomar las riendas del equipo en el tema de la comunicación y estábamos empezando a competir bastante mejor. Me sorprendió que no se aguantase un poquito más. A mí se me hizo un poco raro entrenar con él porque yo ya era veterano. Además, quieras que no, los últimos diez años de mi carrera he ido ejerciendo de entrenador en la cancha, me fui haciendo mi baloncesto, por lo que se me hacía raro recibir instrucciones que no coincidían con mi idea, pero esto te pasa con cualquier entrenador. Aquí además, como las órdenes venían de alguien que había sido compañero mío hacía unos años, me costaba más. 

¿Por qué le fue tan mal con España?

Había un circo montado alrededor de España. Tenía que llegar a la final porque sí. Todos lo daban por hecho y en baloncesto yo no doy por hecho nunca nada. España había jugado siempre muy bien porque había competido de forma muy seria y precisamente lo logró porque nunca dio nada por hecho. En este campeonato no había tenido ningún rival serio, estaba jugando muy fácil y la sensación era que llegaría a la final y se enfrentaría a los americanos. Eso no fue cosa de Orenga, fue algo general. Un ambiente festivo que hace que unos no entrenen, o entrenen algo menos. No es una cuestión física, sino mental. 

A mí personalmente los partidos que se hicieron no me gustaron. Fue el único campeonato donde no tuve la sensación de que España era un bloque serio en el que todos tuviesen asumidos sus roles. Estaban muy dispersos, en mi opinión. Teníamos mejor equipo que Francia pero nos eliminó. 

¿Cómo decides irte a Bilbao?

Vino Pedro Martínez, que tenía un estilo de entrenamientos muy fuertes en cancha. Yo pasé un año con altibajos físicos por cansancio, y el año que se me venía encima… Se les iba a plantear el problema típico de cómo retirar a uno que ha estado muchos años en un club y ha sido algo especial en el equipo. De modo que preferí retirarme yo marchándome, que no se preocuparan, y creo que el club se sintió aliviado en ese aspecto. En Bilbao estuve muy bien. El equipo vino a mi partido de despedida pagándose ellos los gastos. 

Saliste vestido de torero en el homenaje [risas].

Sí, era el traje de José María Manzanares, el padre, yo solo conozco a un José María Manzanares. Me lo dejó un amigo mío. Soy aficionado al toro, aunque si me dicen que lo defienda se me hace difícil. Tengo metida dentro la cultura de mi abuelo y mi padre y he ido mucho a Las Ventas. Es un espectáculo muy duro si lo piensas, pero tengo que reconocer que quizá sea de los que más me gusten, de las cosas que más me han transmitido. Ver a José Tomás me ha encantado, como expresión artística. Y lo cierto es que no deja de ser una barbaridad lo que se hace con el toro. Es de bárbaros, pero tengo esa contradicción. Tampoco me gusta prohibir, mientras no sea el Toro de la Vega, que defender eso ya no sé… Si nos ponemos con las tradiciones, también lo es quemar a alguien en la plaza Mayor…

Tampoco le veo ya mucha verdad al mundo del toro. No me fío de las crónicas, solo de lo que veo. Es que es el único espectáculo que te pone en tu sitio, porque se pone uno delante del toro y ahí no hay cronómetro. Yo veo si me gusta o no me gusta lo que se hace. Hace tiempo que estoy un poco desconectado, pero la afición va y vuelve. La estética de todas formas siempre me ha gustado. Me gustan las plazas de toros y me gustan los toros. Soy de los que se dicen torista, me gusta ir a ver el toro. El toro de lidia es el animal más bello que existe, es impresionante. 

Estuviste cuatro años de director deportivo y con poca pasta.

Fue una experiencia interesante pero muy puta de vivir. No solo es que te pongan a caldo por haber fichado a uno o a otro, con eso cuentas, sino porque yo tenía claro que Estudiantes no podía volver a ser el equipo que llegaba a semifinales, pero teníamos que vender algo de cara al patrocinador y fueron años de retrasos en los pagos con gente nueva, a veces hice más de economista que de otra cosa. 

¿Adecco dejó el patrocinio por los insultos que recibía de la afición al ser una empresa de trabajo temporal?

Sí, la Demencia empezó a protestar. La verdad es que yo puedo tener mi opinión personal de Adecco como empresa, de cómo funciona y cuál es el fondo de la cuestión de ese negocio, pero no voy a empezar a gritar en contra porque es el patrocinador principal y daba muchísimo dinero. Que lo gritasen en un partido, no pasaba nada. Pero en varios seguidos… De todos modos, defiendo la libertad de cada uno de gritar lo que quiera. Hay quien defiende que Estudiantes baje a segunda antes de fichar a según quién. Somos un equipo de patio de colegio. Yo he replicado a gente que dice eso de que ellos no viven del Estudiantes, que aquí hay cuarenta nóminas mínimo y si nos vamos a segunda más de la mitad se iban a la calle y a ver cuándo volvíamos a subir. De todas formas, no creo que Adecco se fuera por eso, sino porque ya había cumplido una etapa.

Luego has querido dedicarte a enlatar anchoas.

Es un producto delicado, que se soba a mano y es totalmente artesanal. Al ser de Santoña siempre fui muy consumidor. Un amigo me dejó su fábrica, compré unos cuantos kilos y me puse a aprender. Cada fábrica tiene su método, aunque se parezcan, son distintos. Empecé haciendo ensayo-error y hablando con mucha gente hasta que di con el punto e hice mi lata para los amigos y la familia. Me encantó. Lo que pasa es que cuando ya quise comprar toneladas e intenté meterme en serio el precio de la anchoa grande se triplicó. Según mi plan de negocio, es muy difícil vender a ese precio sin que sea un producto de lujo y el lujo no va conmigo.


¿Final de ciclo?

Pau Gasol, Juan Carlos Navarro y Felipe Reyes se abrazan tras el partido España – Italia / Eurobasket 2003. Fotografía: Cordon.

He escrito este ensayo sobre la selección española de baloncesto en el contexto más difícil en el que nunca me haya encontrado: la convulsa situación entre España y Cataluña, la convulsa situación entre ECA (empresa que organiza la Euroleague y la Eurocup) y FIBA. Y del último dúo supura el conflicto de las ventanas FIBA, unas fases clasificatorias forzadas por el nombrado organismo en medio de la temporada. Así que las selecciones que compiten no pueden contar, por temas de agenda, ni con sus jugadores NBA ni con los de Euroliga por la coincidencia de sus competiciones. Como hemos vistos estos días, una selección B española (Albert Oliver se ha convertido en el jugador más veterano de la selección en debutar con casi cuarenta años) ha ganado de forma excelsa a las también descafeinadas Montenegro y a la actual campeona europea Eslovenia para sumar más opciones en su participación en el próximo Mundial del 2019.

No obstante, adelante. Como muchos sabréis, la selección española ganó el bronce en el último Eurobasket. Por muchos entendido como el mínimo aceptado por tanto talento acumulado en los centímetros y kilos de sus integrantes. Pero, como viene siendo habitual desde hace varios años, cada vez que acaba un Eurobasket, un Mundial o unas Olimpiadas, independientemente del resultado, nos resta una misma cuestión.

La incursión de los Júniors de Oro en el baloncesto internacional ha marcado un punto de inflexión tan superlativo que es como si nos estuviéramos preparando para una caída libre. Aquella chavalería nacida en 1980, entre la que incluimos a José Manuel Calderón (un año menor), es una de las mejores de la historia del baloncesto mundial por tres razones: competitividad, talento y físico. En ese orden de importancia. Siempre creyeron que podían ganar. Sus rivales siempre creyeron que podían perder.

Ya han pasado diecisiete años desde que dos casi imberbes Juan Carlos Navarro y Raül López fueran reclamados para debutar con la selección absoluta en aquel combinado que dirigía Lolo Sainz. La cita, para soñar despierto, las Olimpiadas de Sydney del 2000. Raül me confesó en el libro Historia del baloncesto en España (Ed. Círculo Rojo, segunda edición mayo de 2016): «Aunque Pau aún no había explotado del todo en ACB, resulta curioso que no fuera seleccionado. Nuestro papel en las Olimpiadas fue malo y es difícil saber si con Pau las cosas hubieran ido de otra forma. Lo que es seguro es que él habría aportado cosas al equipo. Los puestos interiores los cubrieron Alfonso, Dueñas, Johnny Rogers y De Miguel». España quedaba novena. Después de ocho años, todo un histórico como Sainz dejaba el cargo tras un exiguo recorrido delimitado entre un «chinazo» (derrota ante China por 74-78 en el Mundial de Toronto del 94. El resultado se calificó, históricamente, como un desastre para el baloncesto español. Aquella victoria era imprescindible para que España no quedara apeada en la primera fase) y un único metal. Sainz nunca volvería a entrenar. Las veces que he hablado con él, he captado algo de desapego por la disciplina que le llevó a lo más alto. Seguramente, la injusticia de firmar un amargo final como punto y final a una excelente trayectoria. Todo, impresiones dueñas de quien escribe estas líneas.

Pau Gasol es un deportista que ha ligado el grado de su progresión a la magnitud de sus desafíos. Después de las mencionadas Olimpiadas en las antípodas, Pau, lejos de desanimarse, completaría una temporada de escándalo haciendo doblete en Copa y Liga. Siendo MVP en ambas competiciones. Después del chasco olímpico y una década noventera fundamentalmente funesta, la FEB se frotaba las manos. Tenían un as en la manga. Un 2,15 que se movía con la rapidez y agilidad de un jugador exterior. Un regalo llegado de la nada y sin precedente en España. Y ahora es cuando los más despistados alucinan. En la selección júnior, como jugador de segundo año, Pau no era titular. Y lo más sorprendente: antes el de Sant Boi nunca había sido seleccionado para jugar con España en dicha categoría ni inferiores. Lógicamente, ese verano del 2001 su talento acabaría encajando con la absoluta donde Javier Imbroda también debutaría como seleccionador. Para Pau, la fiesta se duplicaría en ese momento, los Atlanta Hawks le escogían en la tercera posición. Luego, como todos sabemos, sus derechos pasarían a los Memphis Grizzlies.

Imbroda lo incitaba para que lo diera todo en su debut. Pau, desde su determinación habitual, aceptaba el pulso. Su impacto en el Europeo de Estambul fue bestial, siendo elegido en el quinteto ideal del campeonato junto a Predrag Stojakovic, Damir Mulaomerovic, Dirk Nowitzki y el ídolo local Hidayet Türkoğlu. Y es que con veintiún años acabaría siendo el séptimo máximo anotador del Europeo con más de diecisiete tantos, a lo que añadió cerca de diez rebotes. Otro chaval de oro que se estrenó fue Felipe Reyes. Aquel pívot bajito de apellido familiar en el profesionalismo que no tenía tiro ya rentabilizaba sus minutos a base de tesón. Por su parte, Raül y Navarro repetían la experiencia con un concurso coral de veintidós puntos y más de cinco asistencias de media. De paso, España consiguió un bronce con sabor a venganza contra la Alemania de Nowitzki, para muchos de nosotros, a la altura de los legendarios Sabonis o Petrovic. Se declaraba la revolución. Además del astro germano, Tony Parker, Papaloukas, Ginóbili y un prolongado etcétera de estrellas sufrirían el descaro y determinación (sí, repito calificativo) de estos chicos durante muchos campeonatos internacionales. Estos tíos, conjugados con anteriores genios como Jorge Garbajosa (1977) o Carlos Jiménez (1976), y posteriores como Ricky Rubio (1991) o Sergio Rodríguez (1986), «la liaban» casi cada verano. Apunte, mi tocayo Carlitos, menos brillante y plástico, era el alero alto que ejercía de pieza angular para equilibrar el juego del equipo. Sin sacrificio e intangibles, siempre rendirás por debajo de tus posibilidades.

Recuerdo al gran Aleksandar Djordjevic, hace unos veranos, alabar el compromiso del grupo de la selección de Scariolo. El seleccionador de España había sido técnico del serbio en su época como jugador en Bolonia y Madrid. Sasha hacía referencia a ese grupo en el que las estrellas siempre estaban deseando volver a competir junto a sus amigos, su familia. Volviendo a los inicios de la incursión de los Júniors de Oro en la absoluta, su palmarés muestra que, después de diecisiete campeonatos, se hicieron con la friolera de doce metales. Cuatro oros y otras tantas platas y bronces. En el 2006 fueron los mejores del mundo, solo al alcance de seis países con el justo asterisco que aclare que los Estados Unidos congregaron a sus jugadores profesionales a partir de las Olimpiadas de Barcelona de 1992.

Pero, entonces… ¿se cierra un ciclo? Me entristece deducir que sí. Pau es el único integrante de aquella irrepetible generación que aún no ha confirmado su retirada de la selección. El último ha sido un voluntarioso pero maltrecho Navarro. La FIBA ya ha certificado que en el verano de 2018 no habrá competición internacional y ha trasladado el Mundial de Beijing a 2019. ¿Para que no coincida con el de fútbol? Les dejo a ustedes la respuesta. En 2020 se celebrarán los Juegos Olímpicos y en 2021 será la próxima vez que España podría volver a jugar un Europeo. Todo, si siguen clasificándose para tales citas sin olvidar que pudiera no ser así, tras la creación de las ya citadas peliagudas ventanas FIBA, las cuales comprometen a los jugadores que compiten en la Euroliga a lidiar con el conflicto FIBA-Euroleague. El caso es que Pau ya estampó su firma con los San Antonio Spurs de la NBA por tres años. Los tejanos son un potente equipo de los que, como poco, va a disputar las finales de conferencia. Este nuevo periplo coincidirá con los últimos años del catalán en la NBA y, quién sabe, si en el profesionalismo. Como viene siendo habitual, su bagaje natural tras cada temporada será de unos cien partidos a sus espaldas antes del periodo estival. Para el próximo Mundial tendrá treinta y nueve años. El legado podría recaer en su hermano Marcpero no olvidemos que andará en treinta y cuatro y que, en la selección, nunca fue tan decisivo como Pau. El Chacho tendrá treinta y tres y Llull, treinta y dos.

Entonces, ¿hay vida después de los Júniors de Oro?

Sergio Llull y Willy Hernangómez celebrando la victoria en el EuroBasket 2015. Fotografía: Benoit Tessier / Cordon.

Vaya por delante que será prácticamente imposible que vuelva a salir una generación de tal calidad y rendimiento como la de los Júniors de Oro. Aunque España sea una potencia mundial en la disciplina del baloncesto dicho sea de paso, es una lástima la fijación que se ejerce por centrar todos los esfuerzos en promocionar un único deporte tan deteriorado por malos hábitos como es el fútbol, es obvio que no siempre se puede estar en la élite de la élite.

Para responder a una pregunta tan compleja es necesario echar la vista atrás. La segunda mejor generación de la historia del baloncesto español fue la del 59 con los Epi, Romay, Iturriaga, Llorente y sus próximos Solozábal y Sibilio, del 58. Como pasó en el caso que nos compete, tal quinta fue el eje principal para poder contribuir a grandes éxitos grupales como fue la plata de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles del 84. Junto a esos talentos, destellos de otras generaciones más noveles. Léase el caso de Fernando Martín y Andrés Jiménez (ambos del 62) u otras más veteranas como la de Juan Corbalán (54) y Pep Margall (55). Tras ellos, un desierto noventero, aunque es de recibo apuntar la temprana muerte de Martín (veintisiete años), primer jugador español en jugar en la NBA, en 1986, y uno de los dominadores del baloncesto europeo desde la pintura.

No obstante, en este caso reafirmo mi esperanza en que en los próximos años se formará un grupo que también nos brindará, aunque con menos frecuencia, valiosos éxitos. No por el alentador refuerzo de una generación, pero sí de otros hermanos, los Hernangómez. Estos chicos serán dos estiletes dentro y fuera de la pintura durante muchos compromisos internacionales. El mayor, Willy, ya es un pívot tan exquisito como contundente a sus veintitrés años aunque el protagonismo de su vuelta a la NBA ahora ande algo frenado por parte del coach Hornacek. Paciencia, Willy es un tipo listo que aprende de los mejores. Tiene una capacidad de pase y un juego de pies cercanos a los de los mejores pívots del mundo. Ahora necesita mejorar su tiro, defensa y… lo hará. El pequeño, Juancho, es bárbaro. No tiene miedo al trabajo. A pesar de sus veintidós años, sabe lo que es sufrir. Tras su último año como cadete y una repetida lesión en su rodilla, fue descartado por el Real Madrid y acabó fichando por el modesto Majadahonda. Allí se recuperó para luego incorporarse al júnior del Estudiantes. Es una esponja. A pesar de que en su aún corta trayectoria ha jugado en posiciones interiores, su mejora en el tiro y rapidez le han permitido colocar sus 206 centímetros en el puesto de alero. Tremendo físico para esa posición. ¿Cuántos jugadores de perímetro en Europa son capaces de jugar por encima del aro?

Los Gasol son incomparables, como lo es la generación de oro, pero ellos serán clave para montar un buen puzle con otro modelo en el que reinará una mezcla de diversas quintas. Un modelo que debe sacarnos de la inopia del talento de aquellos tiempos en los que la generación dorada coleccionaba títulos de forma relativamente fácil. Tiempos que aún alcanzan el presente y en los que existen, en muchas ocasiones, productivas jerarquías en detrimento de la figura de un seleccionador con un mayor despliegue táctico y de papel más relevante. Ya no seremos tan buenos y, si se quiere continuar con una trayectoria fructífera, se requerirá un cambio de rumbo. Un patrón más próximo al de Serbia, Eslovenia e, incluso, la rebotona Hungría. Soldado, a tu trinchera. Intensidad y más rotaciones. Más asignación de roles. Claro ejemplo es el actual de la selección B española, que ha ejecutado un juego de equipo espectacular y efectivo en los choques de las ventanas FIBA (¡Excelente Quino Colom! (88) ¿Para cuándo una oportunidad en la «A» para este pedazo de base?). Se deberá buscar ese combinado que logre exprimir hasta al último componente de la plantilla en busca del robo de sensaciones de los contrarios. El talento también recaerá en los Mirotic (91), Abrines (93) y Ricky Rubio (90), mientras los Vives (93), Xavi Sastre (91) y Oriola (92) deberán seguir mejorando para poner en la pista esa entrega e intangibles que igualen fuerzas con otros conjuntos, esta vez, con mayor calidad y/o físico.

Veamos el paso al frente de los otros del 94. Como el MVP y campeón de la pasada Eurocup Alberto Díaz, un base ultradefensivo pero que en los momentos de la verdad también enchufa, o Oriol Paulí, con esa hambre y esos alley oops a lo Rudy. ¿En Andorra facilitarán que Jaime Fernández (93) sea ese oportunista «combo» que desequilibra y rompe dinámicas que todo equipo quiere tener? Cómo me hubiera gustado haber visto a este chico dando lo mejor de sí mismo en su «Estu» junto a otro pequeño de raza y francotirador como Darío Brizuela (94). Cómo me gustaría que el Baskonia hiciera un centro dominador de Ilimane Diop (95), como cuando antaño esculpieron a un tal Scola o Splitter. Tampoco debemos perder de vista al potente base mallorquín Sergio García que, a pesar de ser del 97, ya compite con plenas garantías en la Liga Endesa a favor del Tecnyconta Zaragoza.

Hasta ahí el manifiesto camino que me atrevo a vislumbrar con la meta de una selección con posibilidades para mantenerse en el podio en un alto porcentaje durante los próximos seis u ocho años. Después, o se cambian muchas cosas, o podría llegar un desierto.

¿Seguirán llegando éxitos dentro de ocho o diez años?

La solución pasa por extenderse también hacia mayores ambiciones estructurales y sociales. Ahora mismo, el escenario es angosto. Tiremos para la raíz, los clubes de barrio. La base de la base de nuestro baloncesto. El inicio, el vivero que da jugadores y jugadoras de todos los niveles, imprescindibles para el desarrollo de todo tipo de trayectorias y, de paso, para generar aficionados que acaben llenando pabellones y consumiendo baloncesto. Pero, antes, cuestión clave, sí… otra más: en general, ¿nuestros niños y chavales pueden practicar el deporte de la canasta? He preguntado a clubes de toda España y la cuota anual está entre cuatrocientos cincuenta y ochocientos euros. Ahí se podrían incluir (o no) gastos diversos y obligados: viajes, loterías, ropa, cuota de socio… La media de esos guarismos es prohibitiva para un elevadísimo porcentaje de la población; aquellos que malviven sin o con pocos recursos. «Un 15% recibe ayudas de servicios sociales», me cuenta el exjugador ACB Mario Fernández, que desde hace unas temporadas lleva las riendas del Club Bàsquet Mollet. «En Cataluña la media ronda los seiscientos cincuenta-setecientos euros», continúa. ¿Qué hay de la integración social y el desarrollo físico (deseados complementos para el intelectual) de los más jóvenes? Amantes y responsables de otras modalidades seguro que también se alzarían en protesta. Conclusión, no solo los pobres no pueden jugar a esto del baloncesto, tampoco tantas familias que se tienen que «ajustar el cinturón» a final de mes y que mayoritariamente representan a este país. Desde mi visión como docente, entiendo que el deporte debería conjugarse con la educación como otra herramienta fundamental en la lucha por la exclusión social, pero no solo el escolar, también el federativo.

Sigamos el largo y tortuoso camino. Una vez superada la fase de selección económica-social, aquellos jugadores que, por talento y disponibilidad, pueden seguir adelante se enfrentarán a otra criba en las canteras elitistas: la multitud de jugadores extranjeros becados, de los que se aprecia como una de sus principales virtudes su físico. Ahora, ¿quién apostaría por un chaval de dos metros que juega de pívot y que no tiene tiro ni de media distancia aunque sea una bestia atrapando rebotes? ¿Alguien le daría continuidad a un escolta que roza el metro noventa y pesa poco más de setenta kilos? Felipe Reyes y Juan Carlos Navarro eran así y, en su momento, Estudiantes y F. C. Barcelona sí tuvieron paciencia. Por incoherente que parezca, la altura y el físico no lo son todo en el deporte que más gigantes suma dentro de su marco; sí lo es la progresión, pero esta requiere de tiempo y trabajo. Sin respetar esas variantes, se antoja difícil no prever un desierto de éxitos en la selección española de aquí a diez años.

Cada año la FIBA realiza un estudio bajo unos baremos que dan como resultado un ranking en éxito de las mejores selecciones del mundo en varias categorías. Actualmente, España ocupa la segunda posición en el mundo, tanto en la selección absoluta masculina como en la femenina. En cantera, los chicos bajan a la séptima posición mientras que las chicas se mantienen en la segunda. Lituania, Turquía o Serbia ya pisan los talones de nuestros chavales. Hay que replantearse el funcionamiento de las canteras tuteladas por quien quiere el éxito inmediato. Insisto, a fuego lento, no solo para que entre la pelota, también para que evitemos llenar la sociedad de un buen número de juguetes rotos. Construyamos personas con formación y saludables hábitos físicos e intelectuales, lo demás llegará.

Para más dificultades, una vez se nos hacen mayores de edad, normalmente, aterrizan en un deficiente semiprofesionalismo. Hay un mundo entre la categoría júnior y la sénior. Las competiciones LEB (Oro, Plata, LF1 y LF2) requieren de una dedicación colosal, por lo que nuestros jugadores y jugadoras no pueden compaginar el baloncesto con sus estudios. A cambio, un futuro incierto mientras no se están formando para labrarse un oficio para un futuro no tan lejano. Contraprestación: insuficientes sueldos y compartir piso con tres o cuatro compañeros a kilómetros y kilómetros de sus casas. Por consiguiente, quien no se marcha becado a una universidad de los Estados Unidos para jugar y estudiar es muy posible que lo acabe dejando, o entrenando mucho menos en otras categorías que sean más de estar por casa, como la Liga EBA o las máximas autonómicas. En esos casos… ¡Bienvenidos! Acabáis de llegar, de forma fugaz, al final de vuestro trayecto profesional en las canchas.

EuroBasket 2017. Fotografía: Murad Sezer / Cordon.


Lucio Angulo: «Los jugadores de baloncesto somos demasiado correctos»

Diecisiete años como profesional dan para mucho. La carrera de Lucio Angulo recorre la última década del siglo XX y la primera del XXI casi en su totalidad: ha conocido el triunfo en la selección española, el Real Madrid o el Baskonia, ha conseguido triunfar en su tierra —Zaragoza y Huesca— y no ha tenido problema a la hora de encabezar proyectos más modestos como el del Alicante. Cuando su nombre ya no ocupaba páginas de suplementos deportivos, alargó su carrera cinco años en la LEB con el Cáceres, justo cuando las penurias económicas empezaron a asolar la categoría.

Con todo, Lucio Angulo es mucho más que eso: es un tipo normal. Los deportistas de élite normales y con sentido del humor no abundan. No hay en sus comentarios ni en sus chistes una voluntad especial de llamar la atención, simplemente salen solos, como cuando comparó su propio equipo con una casa de putas en pleno ataque de rabia o publicó en su blog una parodia sobre los árbitros que le costó tantas críticas que tuvo que acabar retirando el artículo. Diplomado en Magisterio, con varios años de conservatorio a sus espaldas y amante del cine independiente y de los Pixies, Lucio nos cita en una cafetería de Las Tablas, periferia de Madrid, que se sale de lo habitual en la zona: está llena, la decoración es moderna y en el hilo musical suenan éxitos anglosajones de todas las épocas.

Se le ve cómodo, aunque tengamos que cambiar de mesa dos o tres veces por cuestiones de iluminación. Ha pasado una noche complicada con problemas gástricos y está cansado, pero con muchas ganas de contar cosas. Es un torrente de recuerdos y anécdotas, las que marcaron a una generación que no es la de los ya demasiado gastados años ochenta.

Para muchos aficionados, el nombre de Lucio Angulo va ligado a una imagen y a una frase. De la frase hablaremos luego, pero la imagen hay que buscarla en los cuartos de final del Eurobasket 2001 contra Rusia a falta de un minuto, cuando robaste un balón decisivo y mientras corrías hacia el mate ibas haciendo gestos de alegría…

Bueno, levanté el puño. Daba por hecho que la iba a meter, pero si la llego a fallar me matan… Es un poco halagador y triste que te recuerden a veces por pinceladas. Ese Eurobasket para mí fue muy importante porque ya llevaba varios años en los que Lolo Sainz me dejaba fuera en el último momento. Siempre era igual; me decía: «Bueno, Lucio, que sepas que va a haber una concentración, que estoy encantado contigo… pero que vas a ser el descartado. Así que te toca trabajar un mes y medio —porque Lolo era así de distendido— para luego volverte a casa». Yo me sentía muy honrado igual, porque sabía que estaba siempre al límite, que había gente de mucha calidad, pero es verdad que en esa por fin entré y el robo aquel se convirtió un poco en el emblema del pase a semifinales, que ahora es lo normal, pero por entonces para la Federación era un éxito.

La maldición de cuartos de final… Además, contra Rusia habíamos perdido en los Juegos Olímpicos del año anterior.

Yo tuve la suerte de vivir entre la generación de Herreros, Esteller, Nacho Rodríguez, Orenga, Dueñas… y la de 1980, que era una barbaridad, así que Javi [Imbroda, el seleccionador] me pidió que hiciera un poco de enlace, que les explicara de qué iba esto a los chavales… aunque gente como Navarro ya iba muy aprendida. Tenía un estilo puro, era un verso libre, igual que Pau. Con no estropearles, bastaba.

El campeonato tuvo mucho de especial porque fue el primero en el que jugaron juntos Raül López, Juan Carlos Navarro, Pau Gasol y Felipe Reyes.

Rompieron con todo. Antes, en la selección hacías una entrada muy lenta: tenías que pagar un peaje, ir poco a poco, luchar por conseguir un estatus… pero ellos tuvieron claro que su impacto iba a ser brutal e instantáneo. Incluso en el vestuario, a la hora de poner la música: llegaba Navarro y ponía a Estopa y nos teníamos que tirar la tarde escuchando a Estopa. A todo trapo, además [risas].

Javier Imbroda, el seleccionador, te adoraba, decía que eras «el mejor defensor de Europa». ¿Exageraba o no?

Bueno, yo quiero pensar que era verdad [sonríe]. Ahí creo que Javi me echó un quite porque igual yo no era tan popular. Nuestra relación pasó por toda clase de etapas, porque luego coincidimos en el Real Madrid en un momento horrible para el club y las cosas no fueron tan bien, pero en ese momento aquello me dio alas. Es verdad que se recuerda mucho mi defensa, pero anotaba mucho más de lo que la gente cree. A ver, ha habido picos, pero cuando empecé en Zaragoza tenía partidos de dieciocho o veinte puntos, o al final en Alicante. Yo creo que la gente me recuerda solo por la etapa del Real Madrid, en la que sí era más especialista.

¿Qué más recuerdas de ese Eurobasket?

Pues me acuerdo de que compartía habitación con Pau Gasol porque habíamos tenido un rifirrafe en la final de la ACB de aquel año y Javi no quería problemas, pero luego Pau estaba todo el día con Navarro. De hecho, ha sido la única concentración en la que no han compartido habitación. Eso es algo que me llevo: ¡dormir con Pau Gasol!

Los dos años que jugaste en la selección te sirvieron para jugar contra algunas de las mayores estrellas del siglo XXI, por ejemplo Andréi Kirilenko en aquel partido.

Era un poco del estilo de Pau: muy, muy intenso, de moverse mucho, siempre atento al rebote. No era lento para la altura que tenía, también te cogía los rebotes por detrás. Yo compaginaba entre el escolta y el alero. Normalmente el titular era Paraíso y yo era su sustituto. Muchas veces Imbroda nos ponía a Navarro y a mí juntos para que él anotara y yo hiciera el trabajo más sucio.

Y en semifinales, Peja Stojakovic…

Aquella Yugoslavia era un equipo intratable, pero les plantamos cara. Me acuerdo de que estaba en el autobús pensando: «A ver, estoy en mi mejor momento defensivo y voy a defender a Stojakovic, que es una estrella de la NBA…». Me lo tomé como un reto, estaba totalmente concentrado y luego va el tío y me mete treinta puntos. Sacaba el balón altísimo en los tiros. Luego, en Indianápolis llegamos a jugar juntos al ping-pong, porque ahí todas las selecciones compartían la misma zona de recreativos, menos Estados Unidos, claro. Allí les ganamos, por cierto, en primera ronda, y eso que ellos acabaron campeones del torneo.

¿Cómo fue lo de jugar en aquel Mundial contra Estados Unidos, a los que por entonces aún se empeñaban en llamar el Dream Team?

Estaban tocados ya. Habían perdido ya dos partidos y se les veía desconectados. Tenían a Paul Pierce, tenían a Ben Wallace, a Reggie Miller… Como anécdota, cuando acabó el partido y después de ganarles, Carlos Jiménez fue a pedirle la camiseta y el tío se la cambió muy educadamente. Ya sabes que en la NBA están a todas. Tenían unos jugadores acojonantes, pero no jugaban como equipo.

¿A quién te tocó defender?

Pues creo que a Reggie Miller. Fue una sensación brutal, sobre todo al principio del partido, que les estás viendo calentar y dices: «Madre mía, qué armarios, qué percha tienen, qué guapos son todos…». Era una gozada estar ahí, en la misma pista. En teoría no íbamos a ganar, pero sí llevábamos la idea de competir y las cosas salieron bien.

¿Te vaciló mucho?

¡Me hubiera encantado! ¡Ojalá Reggie Miller me hubiera insultado! Yo soy muy de apuntar anécdotas y no recuerdo que en aquel partido me dijera nadie nada. No sé, fue un partido muy especial, la prensa nos puso muy bien. La pena es que en cuartos de final se nos había cruzado Alemania, con Nowitzki. Nos metió cuarenta puntos o por ahí, es que era imparable. Pensábamos: «Joder, si Pau no llega al tiro ese en suspensión hacia atrás, es que no llega nadie», y así se convirtió en una de las grandes superestrellas de la NBA. Al principio fue un poco palo perder contra Alemania con las expectativas que llevábamos, pero luego vimos hasta qué punto Nowitzki marcaba la diferencia.

Ya no volviste a la selección…

Es curioso, porque toma el mando Moncho López y lo primero que me dice es que piensa contar conmigo, que soy un jugador muy útil para la selección… pero no me vuelve a llamar. Es verdad que con Imbroda había entrado un poco «con calzador», porque encajaba perfectamente en su filosofía de equipo. Moncho prefirió repescar a Herreros, pero, claro, es que dejar a Herreros fuera tuvo que ser muy complicado para Javi. Yo creo que él quería darle más confianza a Navarro y por eso no llevaba a Alberto, para que tuviera más tiros. A la vista está que funcionó bien. El problema, a veces, es que cuesta cerrar ciclos. Se está viendo ahora con el propio Navarro en el Barcelona y yo lo viví con Fernando Arcega en Zaragoza, que me querían dar minutos a mí y se los quitaban a él. Igual en un par de años pasa lo mismo con Rudy en el Madrid. Son equipos que giran en torno a un jugador, pero tarde o temprano hay que cerrar el ciclo, y ¿cómo lo haces?

Uno de tus compañeros de selección, Jorge Garbajosa, dice de ti en el libro que escribió con Brotons: «Lucio es un tipo polifacético: lee, escribe, toca la guitarra y el piano». ¿De dónde salió esa vocación de ir más allá del deporte?

Bueno, hay muchos deportistas así, no te creas. Alfonso Reyes, por ejemplo, estaba todo el día estudiando y leyendo, incluso en el vestuario antes de un partido. También se ponía con sus fascículos de historia, que le mandaban cada semana, y él estaba ahí con la toallita y leyendo su fascículo encantado… Con Jorge veíamos películas, le ponía a los Pixies… También hice algo parecido con Raül López.

¿Qué películas veíais?

Eran todo películas independientes. Yo iba mucho al videoclub y a lo mejor cogía una película que no sabía ni de qué iba, pero prefería ver una película independiente a una más comercial. A veces eran un truño y otras veces eran muy buenas. También me gustaban los clásicos: me compré todas las películas de los hermanos Marx, las primeras de Woody Allen… pero de vez en cuando veíamos alguna producción egipcio-nigeriana por probar [risas]. Por ejemplo, en Cáceres, años más tarde, había un cine en que ponían pelis de autor por un euro y yo iba muy a menudo.

¿Y lo de la música?

Pues es que yo fui al conservatorio de pequeño y estudié solfeo y piano. De hecho, tengo el grado medio de piano. La guitarra la tocaba peor, pero también me gustaba, sí.

[En ese momento, suena en el bar una canción de la Velvet Underground. Lucio inmediatamente la reconoce y dice: «¡El primer grupo de Lou Reed! Esto se lo ponía mucho a Jorge también». De repente, cambia de tema y vuelve a la literatura…]

Estaba acordándome ahora de que el año ese malísimo que tuvimos en el Real Madrid me lo pasé leyendo La náusea, de Sartre. ¡El existencialismo! Me lo recomendaron varios amigos, pero no lo podía leer, se me atragantaba, y me acuerdo de que le decía a Herreros: «Esto —La náusea— es lo que estoy sintiendo este año, te lo juro. Cuando acabe este libro, todo va a mejorar…», y Alberto decía «Sí, sí», como si nada, pero cada vez que me veía con el libro en las manos me gritaba: «¡Acábate ya esa mierda, estamos perdiendo por esa mierda!», y al final no me lo acabé, tuve que esperar al verano.

¿Cómo compaginabas el conservatorio con todo lo demás?

Pues era una paliza. Me empeñé en acabar el grado medio, que eran cuatro años. El año que acabé cuarto estaba en el Huesca y tenía que practicar un par de horas al día como mínimo. Además, estaba estudiando Magisterio a la vez, así que imagínate la locura, porque esto era como otra carrera… Me levantaba a las siete de la mañana, pero me lo saqué en Teruel porque me dijeron que ahí era más fácil y me lo saqué por mis cojones. Tenías que tocar tres estudios, uno era de Bach, otro libre… luego he seguido, pero de soslayo.

Tienes en YouTube un vídeo maravilloso con Andrea Pecile…

Es que a mí siempre me ha gustado hacer canciones de coña y en Cáceres tenía más tiempo y a Andrea le conocía de jugar contra él. Era un tío muy divertido, nos llevábamos muy bien… así que, de cachondeo, le escribí una canción, con letra y todo, y se la mandé a ver si le gustaba, para hacer algo juntos, y se animó. No sé, es que a mí esto del deportista profesional que vive en su burbuja me parece un poco coñazo. Siempre he querido hacer más cosas. Por ejemplo, tenía una idea muy buena para hacer un cortometraje con un amiguete de Zaragoza y lo íbamos a hacer, pero al final se quedó en nada. Los americanos nos llevan años luz de ventaja a la hora de reírse de ellos mismos.

Vamos ya a la frase famosa, más que nada porque me parece que refleja bastante bien tu forma de ser. Aquello de «Si uno hace lo que no sabe, esto es una casa de putas», que soltaste en la temporada 2002/2003, la única en la que el Madrid no ha jugado ni play-offs en toda la historia del club… ¿Puedes decir ya en quién o en qué estabas pensando en ese momento?

A ver, es que los jugadores de baloncesto somos demasiado «correctos» y hay muy poca gente que patine. Yo recuerdo tener encima una frustración enorme y esto era diciembre. Lo curioso es que no cambió nada después. El ambiente estaba enrarecido y aquella frase era una llamada de atención, casi de auxilio, pero no sirvió de nada. No había buen rollo, se perdió conexión con el entrenador. Lolo Sainz, que estaba de director deportivo, intentaba apagar los fuegos, pero yo creo que tendría que haber habido un cambio radical, no sé si de entrenador o de jugadores, pero radical… y el único cambio que hubo fue traer a Mulaomerovic, que era una bomba de relojería: un jugador muy egoísta, con el que era muy complicado jugar. Yo quería algo, aunque fuera que me echaran, porque es que las sensaciones eran terribles. Más en un equipo como el Real Madrid, que tiene margen para probar cosas nuevas.

¿Cuántas broncas te echaron por decir eso y además en televisión?

Pues fíjate que hasta Valdano me llamó al orden. Yo tenía muy buena relación con él porque estaba de encargado de la sección de baloncesto, y me dijo: «Lucio, ¿qué ha pasado?». ¿Te acuerdas de aquella canción de Sabina, la de «¿Quién pudiera reír como llora Chavela?», pues ¡quién pudiera animar como echa las broncas Valdano! Yo salí de ahí encantado. Se ve que estaba acostumbrado a tratar con gente con más «poderío» y tenía mucho tacto. Me vino a decir que entendía el fondo pero que las formas no procedían.  

Con todo, llegasteis a la última jornada con opciones de play-offs y solo teníais que ganar en Lleida a un equipo que no se jugaba nada. Perdisteis 85-69. ¿Qué recuerdas de aquel partido en concreto?

Lo tengo un poco como una nube. Es que nadie pensaba que pudiera pasar. El Lleida llegaba muerto, se suponía que nosotros teníamos que salir a por todas… pero no salió nada. Los jugadores estaban muy desconectados, Imbroda intentaba cosas pero no había manera… Mucha gente que no cumplió las expectativas.

Dragan Tarlac, por ejemplo.

Pues sí. A ver, era un fenómeno: buena persona, majo… y jugaba bien, correcto, pero no era lo que se esperaba de él. También influyó la apatía, quizá nos juntamos un equipo apático. Derrick Alston tenía mucha clase pero estaba muy fastidiado con las rodillas; Alfonso Reyes tenía la espalda destrozada, se juntó todo… Esto no puede servir como excusa, porque éramos el Madrid y el Madrid tiene que ganar siempre, pero no ayudó a cambiar la dinámica. En el Lleida jugaba mi hermano Alberto y, joder, lo celebraron como si hubieran ganado la Copa de Europa. Eso también nos dolió, la verdad.

¿Hasta qué punto influyeron esas declaraciones en tu marcha ese verano del club?

Pues lógicamente no ayudaron, pero creo que fue una cuestión deportiva. El Madrid se tiene que construir para ser competitivo en Europa, no solo en España, y nosotros no cumplimos ni con la parte de España. Había que hacer una limpia completa.

Ese fue tu último partido después de cuatro años en el Madrid. El primero fue en 1999, con un nuevo entrenador, Sergio Scariolo, tu hermano Alberto y jugadores como Djordjevic en la plantilla. Fue un año muy raro, con muchos fichajes extraños como Gnad o Larsen, muchas lesiones, un entrenador cuestionado todo el año… pero acabasteis ganando la liga en el Palau, el día que Nacho Rodríguez casi se lía a tortas con Djordjevic.

Sasha era el rey del marketing. Aparte de ser un jugador extraordinario, sabía montar un buen espectáculo, aprovecharse de la «marca Djordjevic». Él era muy consciente de que era un personaje, aparte de un jugador. Muchas veces me ha chocado que aquella se recuerde como «la liga de Djordjevic» cuando mi hermano Alberto fue el que ganó el MVP con unos partidos espectaculares. Aquello fue un mérito muy de equipo: Struelens jugó genial, Brent Scott desquició a Dueñas en defensa… No era un equipo muy brillante, pero éramos más guerreros, con gente como el propio Scott, como Galilea, como yo. Se nos cuestionó mucho, por ejemplo, el tener a Djordjevic ya un poco mayor y a Galilea de suplente, que tampoco era un crío. Había mucha gente rebotada de otros equipos…

Y, centrándonos directamente en el quinto partido, ¿cómo fue ganar la liga en una de las canchas más complicadas de Europa?

En el vestuario estábamos con una confianza tremenda, muy tranquilos, convencidos de que se podía sacar adelante. El asunto era competir, llegar al final ajustados y luego ya veríamos. Fue una eliminatoria con mucho «juego de prensa» por parte de los entrenadores. Aíto tenía su cultura del karate press y Scariolo era igual. Recuerdo entrenamientos con Sergio en los que les decía a sus asistentes: «No pitéis faltas, no pitéis faltas», y ahí nos pegábamos de lo lindo. Fíjate hasta qué punto era un enfoque físico que cuando estábamos en Vitoria, también con Brent Scott, hubo un entrenamiento en el que Sergio empezó a gritarnos «más duro, más duro» y en un bloqueo Scott pescó a Jorge Fernández, el que luego fue modelo y ahora presenta La ruleta de la fortuna, y le rompió la rodilla. De broma siempre le dice que le debe su carrera en el espectáculo [risas].

¿Qué pasó de verdad entre Scariolo y Herreros? ¿Le echó en el gimnasio delante de todo el mundo como dijo el jugador o fue en un despacho como dijo el entrenador?

Scariolo tenía una visión de equipo… y para mí no estaba desorientada. Tenía su razón de ser, vaya. Recuerdo que estábamos haciendo pesas y nos fue llamando Sergio para ir diciéndonos si contaba con nosotros o no. A mí también me dijo que me tenía que ir, lo que pasa es que yo le dije que tenía contrato en vigor y que me gustaría seguir aunque fuera con pocos minutos, y lo entendí y lo acepté. Su intención era hacer un barrido total, echar incluso a Herreros, y al final resultó que el que acabó en la calle fue él y Herreros siguió porque pusieron a Lolo Sainz de director deportivo y a Imbroda de entrenador. Fueron unas formas un poco drásticas, pero lo mismo que le hizo a Herreros se lo hizo a mi hermano. Esa era su idea de futuro y tampoco le veo tanto problema.

Aquella fue la primera liga del Madrid desde los tiempos de Sabonis y coincidió con la novena Copa de Europa de la sección de fútbol. ¿Cómo se vivía aquello de jugar entre gritos de «Sí, sí, sí, nos vamos a París» en el viejo Saporta? ¿Descentraba mucho jugar al baloncesto en un club de fútbol?

Con los presidentes no tenías relación, ni con Lorenzo Sanz ni con Florentino, pero en general el trato era muy amable y ahora mucho más, porque recuerdo que hubo una época en la que siempre se decía si iba a desaparecer la sección… No sé, el jugador de baloncesto se acaba acostumbrando a ese vivir en la línea porque yo viví la desaparición del Amway Zaragoza, con el Huesca descendimos y pasó lo que pasó… Después de todo eso, llegar al Madrid te supone una seguridad enorme, no se te ocurre ponerle pegas.

Tu segundo año allí llegan Zídek y Milic como estrellones, pero la cosa no cuaja para nada… ¿Por qué?

Bueno, porque estaba Pau Gasol en el Barcelona. Las finales nos las gana él. Ya estaba muy hecho, muy maduro. Fíjate que muchas veces decíamos: «Vamos a jugar más duro con Pau, a ver si le sacamos del partido», pero sabía encajar muy bien, como ha hecho después en la NBA. Tenía una presencia y una tranquilidad enormes. De hecho, Aíto, muy inteligentemente, intentó retenerle diciendo que no estaba preparado, pero estaba más que preparado. Nosotros teníamos a Zídek y a Milic, sí. A ver, en mi opinión, Marko Milic salió bien, físicamente era una bestia. Zídek tuvo más problemas de espalda y es verdad que solo tiraba triples, pero Milic sí nos aportó muchas cosas y aparte era un tío feliz, se lo tomaba todo a coña. Es verdad que a veces chocaba, porque nos estábamos jugando las castañas y él jugaba como si estuviera en el patio del colegio. Esa era su virtud y su defecto. Era muy divertido y a lo mejor daba la impresión de que no se tomaba en serio el partido cuando sí que se lo tomaba muy en serio. Aparte, tenía el problema del tiro. Muchas veces le hacían falta para que tirara tiros libres o le flotaban demasiado y eso nos complicaba el ataque…

En general, dentro de tu larguísima experiencia de catorce años en la ACB, ¿qué rivales recuerdas como los que más miedo te daban, los que sabías que no iba a haber manera de pararles?

Había un alero en Valencia, creo que era Aaron Swinson, que jugaba todo el rato al poste bajo y como yo no tenía mucho físico las pasaba canutas con él. También con Navarro, porque era todo el rato dar vueltas alrededor de la cancha detrás de él y hacías más kilómetros que un maratoniano. Además, con Navarro te daban el scouting y eran dos hojas: penetra bien por la derecha, por la izquierda, tira bien de siete metros… ¡Ponme lo que no hace bien y acabamos antes! Tenía una jugada que le gustaba mucho, que era que pedía un bloqueo directo, te fijaba con la mirada y en cuanto tú apartabas una centésima la vista para ver por dónde venía el bloqueo, te la tiraba.

¿Y los que más te motivaban?

José Luis Maluenda, del Pamesa. Lo conocía de antes y éramos amiguetes porque también es aragonés. Me pasaba el partido diciéndole: «Manu, me encanta defenderte porque hueles muy bien» [risas]. El tío era muy metrosexual, tenía como cincuenta colonias en casa. Entraba muy bien al trapo, nos llevábamos muy bien.

Bueno, ahora que ya nos hemos quitado al Madrid y a la selección de en medio, vamos al principio de tu carrera. Empezaste en el Argal Huesca, con Gavaldá de entrenador.

Sí, era un tío muy teórico. En aquella época no tiraba muy bien los tiros libres y él probaba técnicas así más experimentales, que digo yo que tendrían su base; me sentaba en el suelo y me decía: «Cien tiros», luego, pegado a la pared, «Doscientos tiros». Me tapaba los ojos con un pañuelo y decía: «Trescientos tiros».

Tenías veinte años, la edad a la que se les empezaba a dar responsabilidades a los jóvenes en los primeros noventa. Ahora, hasta los veinticinco, o eres Doncic o no la hueles; ¿por qué ha cambiado tanto la mentalidad de los entrenadores en ese sentido?

Es que el baloncesto se ha globalizado. Ahora, la cantera del Real Madrid es todo el mundo. Antes, la del CAI Zaragoza era Aragón. No había lo de los representantes que se iban a África a buscar estrellas. Como mucho fichaban a algún yugoslavo. Para que te hagas una idea, Jiri Okác, que jugó conmigo en el Daroca, el filial del CAI, se vino desde Brno en coche, no sé si tardó dos o tres días. Eran otros tiempos y la competición era menor. Yo creo que si ahora sale un Lucio Angulo igual no llega al Madrid porque de joven no le habrían dado muchas oportunidades. En mi caso, tuve la suerte de tener entrenadores, como Julbe sobre todo, que apostaron por mí siendo muy joven. Si tú tienes a un tío como Julbe o Aíto, a los que no les gustan demasiado los talluditos, pues tienes mucho ganado.

El equipo coqueteó todo el año con el descenso pese a contar con americanos como Sallier o incluso el veterano Larry Micheaux, que había sido una institución en Vitoria…

Larry Micheaux era un figura. Nos invitaba a Iván Pardo y a mí a tomar chupitos después de los entrenamientos. Decía: «¡Vamos a tomar algo!», y nosotros pensábamos: «Vamos a huir de este tipo, que nos hunde la carrera». Estábamos empezando y él ya estaba casi de vuelta de todo. Tuve muy buenos partidos, pero luego vino Ángel Navarro, que se trajo a Barneda y me tocó chupar más banquillo. Estaban construyendo por entonces el pabellón nuevo y me acuerdo de que siempre comíamos en el mismo bar de menú ahí al lado y estaban ahí los obreros que decían: «Pero ¿quién va a jugar ahí, si está lleno de grietas?». Y al año siguiente el equipo desapareció. Es una pena porque el pabellón antiguo era una gozada: venía el Fórum de Sabonis y la gente se dedicaba a tirarle pipas al banquillo porque estaban al lado [risas].

¿Recuerdas algún campo especialmente complicado como jugador visitante?

El del Manresa. Estaba todo muy cerca y teníamos al del bombo todo el rato llamándonos «burros» a todos. No te condicionaba porque, una vez en el partido, estabas concentrado, pero era un coñazo. El del Aris de Salónica también era tela. Fui con el CAI cuando era un chavalín. Quique Andreu y compañía se fueron al centro de la pista a entrenar y Fran Murcia se quedó en una banda. Todos empezamos: «Fran, ahí no; ahí no», y le empezaron a llover escupitajos, monedas… Nadie quería sacar de banda. Sacabas rápido, a quien fuera, solo por quitártela de en medio. Debimos de perder un montón de balones en ese partido.

Al siguiente año vuelves al CAI de Zaragoza, donde ya estaba tu hermano Alberto, pero apenas juegas. ¿Cómo viviste el cambio de rol?

¡Yo estaba haciendo la ola! Mi hermano entró de casualidad, porque hicieron una «operación altura» y él no daba el mínimo, pero vieron que jugaba bien, le dejaron quedarse, fue pasando pruebas y acabó jugando en el primer equipo. Aquel primer año fue el de los tres extranjeros en la ACB y nosotros teníamos a Andy Toolson, que era un tirador buenísimo, a Ken Bannister, un pívot espectacular y a Andre Turner, que era un jugadorazo.

Nacho Azofra nos contó hace poco que Turner había sido el jugador más difícil de defender que había conocido.

Es que era imparable. El mejor americano que ha pisado España en años. Estaba un paso por delante, mental y físicamente. Tenía una cabeza… hacía la primera falta a los diez minutos; la segunda, a los veinte; siempre estaba de buenas con los árbitros… Me acuerdo de una frase que me dijo: «Deja que el baloncesto venga a ti, no fuerces situaciones», y yo pensé: «Joder, claro, es que tú eres Andre Turner». Era un tío con mucha presencia, lo tenía todo clarísimo. Sabía llevar el ritmo en el juego y fuera de la cancha sabía llevar el vestuario, controlar incluso a Bannister, que se echaban unas partidas de póker tremendas, con broncas y todo, pero que acababan entre risas. Estaba muy por encima del resto.

También coincidiste con Rickie Winslow, antes de hacerse turco…

Sí, pero fue un fichaje extraño. Llegó lesionado, tenía ya treinta y pico años y no cumplió las expectativas. Le cortaron al poco de llegar. Sí recuerdo que era muy guapete y que tenía un pedrusco de no sé cuántos kilos de diamante. No sé lo que podría costar aquello.

Tu ascenso coincide, como decías antes, con los últimos coletazos de Fernando Arcega…

Fernando era lo más grande para Zaragoza. Tenía dote de palabra, actitud de capitán, negociaba muy fuerte con José Luis Rubio, el presidente. El caso es que Alfred Julbe, el entrenador, tenía una idea muy clara de rejuvenecer el equipo y apuesta muy fuerte por mí y por Fran Murcia, que tendría unos veintitrés o veinticuatro años por entonces. La verdad es que la relación no fue demasiado buena, aunque yo estaba feliz. Veía que Fernando estaba siendo el damnificado por mí pero es que yo estaba haciendo muy buenos números. Si en un momento no hubiera respondido, habría salido Fernando, que era una garantía. El caso es que fue un cambio muy brusco, casi de todo a nada.

Después del segundo año, la cosa con Julbe va tan bien que te llama Querejeta para el Baskonia. ¿Qué otras ofertas tuviste por entonces?

Ese año jugué muy bien y en Zaragoza tenía un contrato ascendente: tres millones, cinco millones, siete millones… pero el caso es que con veintiséis años te plantabas con un gran rendimiento pero cobrando poquísimo. Además, ese año el patrocinador, Amway, desapareció y el club se vio ahogado económicamente. Julbe incluso hizo el esfuerzo de reunirnos a ver si podíamos ayudar en algo, pero acabamos saliendo todos. Yo tuve ofertas del Estudiantes, que insistió bastante, del Joventut, de Unicaja, de Pamesa… y la verdad es que me volví un poco loco porque me apetecían todos. Me decidí por el Tau por culpa de Manel Comas, que había estado conmigo en Zaragoza y también por no alejarme mucho de la familia. Además, iban también Fran Murcia y Pepe Arcega. Nunca sabes si has acertado o no. De hecho, después del primer año se va Manel Comas y llega Scariolo y dice que no quiere contar conmigo porque quería hacer una carambola con Marcelo Nicola para mandarme a mí a Italia. Llegué incluso a ir a Pésaro a ver la ciudad porque también tenía una oferta del Scavolini.

Julbe y Comas, pocos entrenadores tan carismáticos como ellos…

Para mí, Julbe es el mejor entrenador que podía haber tenido. Apuesta por mí, pero es que además me coge un poco de pupilo. Me acuerdo de ir a museos con él y tener una cercanía que me extrañaba entonces y que no he vuelto a vivir después con nadie. Me regalaba libros, como Trópico de Cáncer, de Henry Miller, y en la dedicatoria me puso: «Luego sigues con la trilogía SexusNexusPlexus». Yo ya leía a Bukowski por entonces y me regalaba libros de ese tipo. Él se preocupaba por que fuera más allá… Manel Comas era más distante, era un genio en el día a día… bueno, «en el día a día» a lo mejor no, porque tampoco era muy trabajador [risas].

¿Ah, no?

Bueno, a veces llegaba con las gafas de sol, se sentaba en la mesa y decía: «Sesión de tiro», y se quedaba ahí, que le mirabas y decías: «Esta noche ha habido mandanga», pero luego en los partidos era un genio. El primer año en Vitoria jugamos con Kenny Green y le sacó un partido maravilloso. Manel no era tan formativo pero era muy querido. Tenía un tono muy particular, entre burla e ironía. Me acuerdo de que a Jorge Garbajosa le vacilaba mucho, porque era muy joven, o a lo mejor cogía a algún pívot que no tenía mucho talento y le decía: «Pero ¿qué haces tirando? Tú, argamasa; tú, argamasa. ¡No inventes!».

Pero era un tipo muy temperamental, eso todo el mundo lo dice…

Sí, también tenía su pronto. ¿No has oído hablar de «la jornada Michelín»?

En la vida.

Pues cuando perdíamos un partido, Comas decía: «Horario Michelín», y te hacía estar ocho horas en el pabellón. «Un trabajador normal está ocho horas en su curro, ¿no?, pues vosotros vais a estar ocho horas aquí». Gimnasio, tiro… lo que fuera. Me acuerdo de un partido que perdimos contra un equipo griego: teníamos una ventaja en el basket-average de trece puntos y perdimos por más de trece allí, y nada más volver del viaje nos metió a entrenar. Imagínate. Ahí se podía haber lesionado todo dios. Y todo por sus cojones. A ver, lo entiendes por el lado del correctivo, pero a la vez es demasiada presión. Yo creo que los americanos se lo toman mejor en ese sentido y a la larga se acaba notando.

En Vitoria coincides brevemente con Perasovic, un mito del baloncesto europeo…

¡Peras! Sí, joder, era un cansino, nos mareaba a todos. Decía: «Lutsio ven aquí, vamos jugarr uno contra uno», y yo le decía: «Joder, Peras, que llevamos dos horas de entrenamiento», pero él como si nada: «Lo que pasa es que no quieres aprender», así que tenías que jugar otros quince minutos hasta que ya no podías más.

Como entrenador también tiene fama de duro.

Es que ya entrenaba cuando era jugador. Decía: «Lutsio, cuando yo sea entrenador, a ti te ficharé», aunque luego ni me fichó ni nada. Hizo el curso de entrenador superior el año antes que yo y me dijeron que el tío era un show, que salió a hacer un ejemplo, quitó al que estaba dando la charla y se puso a hablar durante media hora de cómo había que defender el bloqueo indirecto. Con Perasovic tengo una anécdota: yo me examinaba en Zaragoza y tenía que ir y venir todo el rato, y en una de esas me dijo: «Tú te llevas mi cotse, ningún problema». ¿En serio? «Sí, sí, sí, no problema». Así que cojo el coche y le digo: «Peras, ¿dónde está la radio? Que tengo tres horas de viaje…». Y me dice: «No, no, no, este cotse no tiene radio, ¿para qué quieres radio? Tengo un balón detrás, por si quieres hacer tiro en algún momento». Y yo: «Pero, Peras, que tengo que ir a las ocho de la mañana, llego a las once, hago el examen, y me vuelvo a entrenar, no me va a dar tiempo a hacer tiro en ningún sitio…». «¡Pero si entrenamos a las tseis! Tienes tiempo de tsobra, pero si tú no quieres hacer tiro, si no quieres mejorar, no hagas tiro». El tío no tenía radio, pero sí un balón para tirar en el camino en algún parking. Ivanovic debía de ser un poco así también.

¿Tuviste algún viaje a Serbia con él en el equipo? Dicen que eran de altísima tensión.

Pues a Serbia no recuerdo, pero sí hubo una vez que nos sentamos juntos en el avión y le pregunté por la guerra, por cómo estaba el conflicto, y el tío me estuvo hablando media hora sin parar, hasta el punto de que me puse con el libro a leer otra vez y se enfadó: «¿Por qué me preguntas si no te interesa?» ¡Pero, Peras, que llevas cuarenta minutos hablándome del tema! Claro, para él era la vida, era importantísimo.

¿Y qué me cuentas del famoso viaje del Mosquito?

Joder, teníamos que hacer mil escalas. No recuerdo dónde jugábamos, en el centro de Europa, puede que en Yugoslavia, sí. Para empezar, paramos en Bolonia, que hacía un tiempo terrible. Una tormenta de cojones. El avión era tan pequeño que veías al piloto a tres metros y le oías hablar con la torre de control, que le decía: «No, por favor, no aterrice, que no nos hacemos responsables», y el piloto en plan: «Muy bien, pero es que no tengo carburante, así que tengo que aterrizar…». La gente estaba llorando, rezando. Fran Murcia, con el carné en la boca, diciendo: «Eh, que vamos a palmar», pero en plan de coña. Miguel Ángel Reyes tenía pánico a los aviones y dijo que no quería volver a viajar.

En Vitoria tenías un programa que se llamaba El triple de oro, también con Fran, y creo que Pepe Arcega y Garbajosa colaboraban asiduamente. ¿Cómo surgió la idea?

Pues era en Radio Vitoria y al club le pareció bien porque hacíamos sorteos con el merchandising. Ahí teníamos por contrato que teníamos que hacer determinadas cosas de imagen del club, como ir a colegios o a hospitales. Me acuerdo de una vez que tuve que ir a Indautxu, a un colegio que solo hablaban en euskera, con un traductor… Lo cuidaban todo muchísimo. Tenían muy claro que había que hacer comunidad.

El segundo año en Vitoria, ya con Scariolo, el equipo va como un tiro, tanto que acaba primero en la liga programada. En cuartos de final le ganáis 3-0 al Unicaja y en semifinales le ganáis 3-0 al Barcelona… y el TDK se carga al Madrid y os toca en la final.

Lo vimos todo hecho.

Eso pareció…

Y eso que en liga regular habíamos perdido con ellos, no se nos daban bien. Había sido un año durísimo desde la pretemporada. Scariolo nos metía una caña enorme y se iba lesionando todo el mundo. Correr, entrenar, correr, entrenar… Eso sí, la temporada fue brutal. Ganamos trece partidos seguidos y cuando perdimos el decimocuarto nos cayó una bronca acojonante para que no nos relajáramos. En la final lo que pasó es que el TDK tenía muy buen equipo: no había manera de parar a Derrick Alston ni a Bryan Sallier, que era un pedazo de jugador, ni a Chichi Creus, que nos hizo un traje.

¿Cómo os quedasteis?

En estado de shock, porque veníamos como un rodillo, pero nos ganaron el primero y ya se nos vino el mundo encima. Me acuerdo que Chichi Creus las metía de todos los colores, hubo un triple en la esquina que nos hizo polvo. ¡Y tenía cuarenta tacos el tío, cumplidos! Además, el Manresa era un equipo que caía bien, porque tenía muchos nacionales, como Capdevila, Peñarroya, Lázaro, Singla… Salían un rato y nos hacían mucho daño. Todos cumplían.

Vosotros teníais a Bennett.

Impresionante. Me acuerdo de que cuando llega sustituye a Tony Smith, creo que era, un base que había estado en los Lakers, y el primer entrenamiento fue lamentable. Yo pensé: «Madre mía, vaya castaña nos han traído aquí», pero luego fue cogiendo ritmo y era imparable. Me acuerdo sobre todo de los mates con la izquierda. Con la derecha no los hacía, pero con la izquierda hizo uno en la Copa del Rey de 1999, que la ganamos contra el Sevilla, impresionante. También estaba Beric, que era buenísimo, y Espil, que era un artillero de primera, las metía todas. De los pocos argentinos sensatos que he conocido [risas]. Era muy tranquilo, muy poco fiestero.

Aquella Copa que dices fue tu primer título, ¿cómo fue lo de levantar una copa, ser campeón por fin?

Fue curioso. Era una final rara, contra el San Fernando de Imbroda y con Andre Turner de base, así que había cosas que se mezclaban. De hecho, me tocaba defenderle en algunos momentos porque, como le conocía, Scariolo me ponía sobre él para incomodarle. Tampoco éramos los favoritos: el Madrid iba con Bodiroga, por ejemplo.

Y en esas, cuando el proyecto parecía ir sobre ruedas y después de jugar la Euroliga por primera vez… Scariolo y tú decidís iros al Madrid, probablemente el equipo más odiado para la afición del Baskonia. ¿Fue una decisión difícil?

Fue una carambola, la verdad, porque ellos querían a Scariolo y en el paquete entré yo como segundo plato. A Querejeta le venía muy bien porque se libraba de mi ficha y se llevaba ochenta millones por los dos. Ahí salió su lado de empresario, una línea que ha trazado y que le ha ido muy bien. Tienes que entenderlo, es su filosofía de empresa. Tampoco engaña a nadie, es un estilo más NBA. Con el jugador apenas tenía relación. Me acuerdo de una vez que me puso una multa Scariolo y yo, tan inocente, fui a hablar con Querejeta porque no estaba de acuerdo. El tío me miró y me dijo: «A mí no me vengas con milongas, que aquí hay una jerarquía». Lo del Madrid surge cuando yo estaba de vacaciones en Cuba, y la verdad es que estaba encantado porque el Madrid siempre va a ser el Madrid. Estaba con mi hermano Sergio y me llamó mi representante y me dijo: «Oye, esto hay que firmarlo ya; te lo mando por fax y me lo firmas ahora mismo». Así que lo firmé en el hotel, por si acaso, no se fuera a complicar.

¿Qué tal te trataban en Vitoria cada vez que volvías? ¿Llegaron a perdonarte la afrenta alguna vez o fue como lo de Herreros con Estudiantes?

Qué va, aunque tampoco es que yo fuera una figura ahí muy importante. Depende del perfil del jugador. Yo con la afición de Vitoria estaba encantado.

Ya hemos hablado de tus años en el Madrid, pero, echando la vista atrás, ¿los considerarías los mejores de tu carrera o simplemente fueron los que te ayudaron a ser más conocido?

Fueron los más mediáticos, no los mejores. Mi mejor año fue sin duda el último en Alicante, que acabo MVP de dos jornadas y hago los mejores números de mi carrera… pero al año siguiente estaba jugando en la LEB. Y en cuanto a sensaciones de juego, nada parecido a mi primer año en el Amway Zaragoza… pero, claro, el efecto mediático que tiene el Madrid o tiene la selección no es comparable a nada.

Del Madrid pasaste al Etosa Alicante. Debió de ser duro. ¿O tal y como acabó la cosa en Madrid era justo lo que necesitabas, un poquito de calma?

El Alicante hizo una apuesta muy fuerte. Tenía a Luis Casimiro, pero le cortaron nada más llegar. Luego empiezan a llegar Iñaki de Miguel, que había coincidido conmigo en la selección; Quincy Lewis, que tenía una muñequita de lujo; Pepe Sánchez, un primer espada; Larry Lewis, un tío veterano pero que se conservaba de maravilla y, sobre todo, Lou Roe, que es de los mejores jugadores con los que he compartido equipo. El primer partido que jugué con él hizo veintiocho puntos y catorce rebotes. Era una bestia, todo nervios. Todo lo que hacía, lo hacía a mil por hora. Mates de lado a lo Jordan, suspensiones elegantes…

El segundo año hacéis la machada y os metéis en los play-offs por el título con Trifón Poch de entrenador y Nacho Rodríguez de base. El típico equipo veterano que sabe lo que hace y no regala nada. ¿Cuál fue la clave de ese éxito?

Nos tocó Unicaja, ¡con Scariolo! Íbamos ganando 2-0 la serie y en una de sus genialidades montó un chocho espectacular en el tercer partido en medio de la pista. Le pitan técnica, luego le expulsan… y a partir de ahí, todo cambió. Es algo que le he oído muchas veces, lo de forzar técnicas para cambiar la dinámica del partido y el arbitraje. Ahí le funcionó de maravilla y a partir de ese momento revientan la serie.

Scariolo, ese gran incomprendido… siempre parece estar bajo sospecha.

No sé, quizá hay gente que tiene mejor prensa, como Pepu Hernández, pero el currículum de Scariolo ya debería avalarle. Es un poco Expediente X. Es verdad que el método de Scariolo es algo confuso: le gusta empezar mal para acabar bien. Yo a veces sospechaba que hacía algunas cosas voluntariamente… te explico: cuando iba a llegar la Copa del Rey, el partido de antes lo perdíamos siempre, y te preguntabas si aquello estaba pensado de antemano para ir más motivados y más en alerta después de una derrota. Además, así nos podía echar más broncas [risas].

Tu último año en la ACB coincide con el del descenso del Alicante en 2007. Hasta ocho jugadores de aquel equipo superaban la treintena. ¿No pensaste entonces en retirarte? ¿Cómo es que seguiste en la LEB con el equipo?

Pues yo venía de un año muy bueno y tenía un contrato altísimo. A ver, para la ACB estaba bien, pero es que para la LEB era inasumible, así que, como tenía ofertas de otros equipos ACB como el Sevilla, le dije al presidente que me traspasara, pero me dicen que no y el año se me hizo muy cuesta arriba porque yo no quería estar en la LEB, es todo muy complicado, además cuando bajas ya es muy difícil subir… Juego ese año y me voy al Cáceres.

¿Cómo surgió lo de Cáceres?

Bueno, yo me veía con fuerza para seguir un par de años más, pero la idea era jugar en cualquier parte menos en España. Aprender algún idioma, intentarlo de nuevo en Italia, que es una espinita que se me ha quedado clavada… pero al final no surge. Llegué a estar unas semanas de prueba en Treviso con la Benetton, pero fue un poco paripé porque estaba muy claro desde el principio que no tenía sitio. En esas, me llamó Piti Hurtado, que estaba entrenando allí, empeñado en que me fuera con él. Me fui y me puso de pívot, que siempre le he dicho de coña que ahí acabó con mi carrera [risas]. Era un tipo más rollo Alfred Julbe, de hecho fue su segundo en Zaragoza mucho tiempo, más centrado en la formación global del deportista.

Si la ACB está en ruinas prácticamente, ¿qué decir de la LEB?

Lo de la ACB es preocupante. Están los equipos de arriba, que sí que tienen dinero y, claro, eso se nota en la clasificación porque es como jugar con dos barajas, puedes hacer más cambios durante la temporada… y a mucha distancia los equipos de abajo. Por ejemplo, en mi caso, al principio no cobraba mucho, luego hay un momento en el que la cosa se dispara en todos lados y de repente llega el petardazo. Empiezan a fallar patrocinadores, Ayuntamientos, Diputaciones… cuando ese seguro desaparece, estás jodido. En Cáceres, por ejemplo, hay un dinero acordado, pero no se paga nunca, o se paga a seis meses. Entonces, los jugadores y proveedores cobran a seis meses, claro. Por eso se empiezan a ver los contratos mileuristas, la gente jugando sin cobrar…

De hecho, yo en Cáceres tuve que acabar en juicio porque me debían cuatro o cinco meses. Afortunadamente, la Asociación de Baloncestistas Profesionales tiene un fondo salarial para la gente que está sin cobrar, pero la pena es que no llega para todos, claro. Luego, ojo, hay equipos que han sabido hacerlo bien… en la LEB, por ejemplo, hay equipos que lo que te prometen, te lo pagan. Lo que pasa es que son unas cantidades un poquito ridículas. Quizá esa es la filosofía: pagar lo que puedas, pero pagarlo. Antes, con tres patrocinadores te hacías el año. Ahora, hay equipos que juegan con una docena de patrocinadores para ir poquito a poquito y no perder mucho dinero.

En 2011, diecisiete años después de debutar, cuelgas las botas. ¿Cuál es tu sensación después de retirarte? ¿Cómo viviste «el vacío del deportista»?

La ABP da charlas en ese sentido, animándote a formarte antes, a hacer un colchón cultural y económico, que evites las relaciones de amistad que se quieren aprovechar de ti…

¿Eso pasa en España? Pensé que era cosa de la NBA solo.

Pasa mucho menos, claro, porque se mueve menos dinero, pero algún argentino he visto yo con sus «mochilas», o algún americano, que tenía «amigos» por todos lados y ni él sabía quiénes eran. Lo de la retirada es muy complicado, porque te acabas acostumbrando a que el delegado te lo haga todo: que te busque la casa, el colegio de los niños, que te ponga incluso el módem si quieres internet… Te estupidizas a un nivel muy alto. Recuerdo a un americano en Vitoria al que el delegado le tenía que pedir la cena todas las noches. «Es que no sé el idioma», decía. Joder, vale, pero ¿qué es lo siguiente?, ¿que te ate los zapatos por las mañanas?

Y en tu caso…

Yo sabía que quería probar al menos un año la docencia, que es lo que hice, pero vi que era muy complicado, que no era lo que habría querido. Cuando dejé eso, me dediqué a entrenar a alevines, un equipo de primera nacional en Madrid y a seguir con el baloncesto en general. Comentando en Movistar Plus, colaborando de vez en cuando en Colgados del Aro

¿Y no te has planteado otras cosas? Lo digo por tus inquietudes culturales, lo que decías al principio de la música, el cine, etc.

Bueno, es que también tienes que encontrar una entrada. A mí escribir me gusta mucho, lo que pasa es que siempre he escrito de gratis: en la FEB, en una revista, en varios foros… y he acabado diciendo que no a todo. Es muy complicado vivir de eso, del picoteo constante en medios, así que de momento voy a seguir con el baloncesto y a ver qué pasa.


Los minutos de oro de la selección de baloncesto

Juan Carlos Navarro y Pau Gasol. Foto: Cordon Press
Juan Carlos Navarro y Pau Gasol. Foto: Cordon Press.

«¡Ba-lon-ces-to!» (Pepu Hernández, por aquel entonces seleccionador nacional, durante la celebración por el título mundial).

Hay trayectorias deportivas que han quedado marcadas por un error o un acierto decisivo en un momento determinado, siendo recordados los nombres de sus protagonistas por ese instante crítico. El ejemplo por antonomasia es el increíble salto de Bob Beamon en los Juegos Olímpicos de México 68. Si nos ceñimos al fútbol nacional, quién no recuerda el (no) gol de Cardeñosa en el Mundial de Argentina 78 o el gol de Señor en el inolvidable partido del 12-1 contra Malta; o si nos centramos ya en el mundo del baloncesto, la (no) canasta de Montero en la Final Four de 1996 o la canasta de Alexander Belov en la final de los Juegos Olímpicos de Múnich 72. Y es que el baloncesto tiene uno de sus alicientes en la incertidumbre del resultado hasta el último suspiro en los encuentros (más o menos) igualados, donde una canasta puede separar la gloria del infierno. O no solo al final de los encuentros, sino que hay fases del partido que pueden decantar definitivamente la suerte del mismo y de los venideros: una racha buena puede reforzar la moral en un momento crítico de un campeonato, o servir de revulsivo a un grupo desanimado por las críticas o por un momento de forma discreto. Si se revisan algunos partidos o torneos más allá del resultado final o boxescorismos varios, se pueden sacar conclusiones muy diferentes a las que los palmareses parecen indicar; es más, una dinastía puede haberse forjado por una serie de instantes precisos —y no todos de desenlace favorable— que definieron su destino.

Queda muy poco que decir sobre las gestas de la selección española de baloncesto en este siglo, pero si se realiza ese ejercicio de análisis de determinados instantes o, siendo más exactos, si nos ceñimos a un minuto en concreto de doce partidos clave, tantos como miembros de la plantilla, tal vez descubramos que esta época dorada pudo haberlo sido aún más… o que pudo haberse esfumado sin siquiera materializarse. En la jerga televisiva, se denomina «minuto de oro» a aquel momento en el que una emisión logra la máxima audiencia, y es un parámetro frecuentemente utilizado para negociar las tasas publicitarias. En cierto modo, estos doce minutos de oro, le han servido a la Federación Española de Baloncesto para crear una imagen de marca superior incluso a la Liga ACB y fijar en consecuencia el precio que han de pagar los patrocinadores por anunciar sus productos con la selección. Independientemente de cuestiones económicas, unos minutos tuvieron desenlace positivo y otros no tanto, pero todos son imprescindibles para intentar comprender la dimensión de lo que ha conseguido la selección de baloncesto capitaneada por los juniors de oro, equiparada ya sin rubor a la mejor URSS o Yugoslavia, y lo fina que ha sido en ocasiones la línea que separa el triunfo del olvido.

Mundial 2002.

España-Estados Unidos. Partido por el quinto puesto.

3:53 para el final del último cuarto.

Llegados a ese punto del partido, el marcador 66-74 no es definitivo pero a priori parece que está bastante de cara para el combinado norteamericano, al cual se le comienza a perder el respeto que se ganó por estar integrado por jugadores de la NBA. Tras la apoteosis deportiva que supuso la presencia del Dream Team en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, USA Basketball ha ido perdiendo influencia en los jugadores de la liga profesional patria, costándole cada vez más que sus estrellas representen a su país. No obstante, para el Mundial celebrado en su tierra (en concreto, en Indianápolis) consiguió reunir una selección liderada por Reggie Miller, Michael Finley y Paul Pierce, bastante potente pero insuficiente: están fuera de las medallas, luchando por el quinto puesto tras dos derrotas (contra Argentina y Yugoslavia), algo impensable hace diez años.

En el equipo español, por su parte, ya han tomado las riendas de la selección los juniors de oro Juan Carlos Navarro y Pau Gasol, que junto a Felipe Reyes y José Manuel Calderón, comandan el (a)salto generacional. La selección no lo ha hecho mal del todo en el campeonato, incluso derrotaron en la primera fase a la que posteriormente sería la selección ganadora, Yugoslavia, un equipazo liderado por Pedja Stojakovic, Dejan Bodiroga y Vlado Divac, bien acompañados por Gurovic, Jaric, Rakocevic, Tomasevic… canela fina, vamos. Pero se perdió el cruce decisivo contra la Alemania de un superlativo Dirk Nowitzki, MVP del torneo tras llevar a su equipo a la medalla de bronce.

Estábamos, entonces, a 3:53 del final del partido y ocho abajo. Y llega el minuto de baloncesto champán: Pau materializa un 2+1 y en la siguiente jugada tapona el ataque de Estados Unidos; acto seguido, Navarro clava un triple y, con casi tres minutos por jugar, España pierde solo por dos puntos (72-74). Es otro partido. Siempre se dijo que la generación del 80 había perdido el miedo a la mayor potencia baloncestística al derrotarlos en el recordado Mundial juvenil de Lisboa. Por eso, llegados a este momento del encuentro, estos chavales descarados de veintidós años tenían el desparpajo suficiente para enfrentarse sin miedo a los famosos, inalcanzables e imbatibles profesionales de la NBA. Tal vez este fue el verdadero inicio de la hegemonía de esta generación: estar convencidos de que con su talento podían derrotar a cualquiera. Y derrotarlos, claro. En esos últimos 3:53 minutos del partido, España le endosa un parcial de 15-1 a los famosos, inalcanzables e imbatibles profesionales de la NBA; de esos quince puntos, siete son de Navarro y cinco de Pau. El partido acaba 75-81 favorable a una selección española que en el último cuarto ha pasado por encima al equipo norteamericano (25-10).

Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

España-Estados Unidos. Cuartos de final.

3:45 para el final del último cuarto.

Los norteamericanos afrontan estos minutos con una ventaja de cuatro puntos (78-82). España, que como acabamos de ver ya sabe lo que es ganar a un equipo de enebeas, en este torneo lleva una trayectoria imperial y es, junto a Argentina, el máximo favorito para el oro. Pero un parcial de 0-7 en poco más de sesenta segundos decidió el partido: tres puntos de Stephon Marbury, dos de Tim Duncan y otros dos de Carlos Boozer hacen que se esfumen las posibilidades porque, aunque luego volvió a estrecharse la renta a cinco puntos, se trató del canto del cisne. Muchos recuerdan que palmamos por los triples de Allen Iverson y Marbury, pero ojo, que la selección norteamericana no estaba formada por pelagatos: ahí tenían, además de los citados, a Amar’e Stoudemire, LeBron James, Dwyane Wade o Carmelo Anthony entre otros. El equipo americano acabó consiguiendo el bronce y España, con solo un partido perdido en los Juegos, finalizó séptima. Los sistemas de competición unas veces dan y otras veces quitan. En ocasiones quitamos valor a subir al pódium cuando no hace mucho nos dábamos golpes en el pecho con actuaciones como esta; que sí, que cómo molamos y qué mala suerte ser séptimos y perder solo un partido, pero nos íbamos para casa con las manos vacías… aunque cargados de moral y experiencia: esta derrota sirvió para, en adelante, relativizar los partidos de las primeras fases y considerarlos como parte del rodaje para llegar al punto óptimo de forma en los cruces decisivos. Aunque, sistemáticamente, en cada nueva competición se olvide este detalle.

Eurobasket 2005.

España-Alemania. Semifinal.

1:00 para el final del último cuarto.

A falta de un minuto, España pierde por tres puntos (69-72) y tiene el balón. Se ha ido a remolque en el marcador (a unos cinco minutos para el final, Alemania ganaba por nueve) y se está a punto de culminar la remontada. Las directrices en ataque parecen claras: balones a Navarro que, en ausencia de Pau Gasol, ha asumido la responsabilidad y está haciendo un torneo descomunal. La Bomba no falla y deja a España a un punto con cuarenta y ocho segundos por jugar. Alemania busca a Nowitzki, claro, que bien defendido por Garbajosa tiene que doblar el balón y el equipo alemán lanza casi quitándose la bola de encima. España coge el rebote y nuevamente confía en Navarro, que anota una bombita y pone a España uno arriba. Quedan quince segundos. En la siguiente jugada, Nowitzki no se anda con tonterías esta vez y se la tira con la mano de Jorge Garbajosa encima. Y anota, claro. El equipo español consigue lanzar en los exiguos tres segundos que restan, pero el triple de Calderón no entra. Alemania, que se conformaría con la medalla de plata en la final, debería poner el nombre de Nowitzki a cientos, miles de calles. España, por su parte, totalmente desmoralizada, es vapuleada por Francia en el partido por el tercer puesto.

No obstante, la cuarta posición no está tan mal si recordamos que, unos días antes, el combinado español estuvo virtualmente eliminado puesto que en la fase de grupos necesitaba ganar su partido contra Croacia y a falta de siete segundos perdía por tres puntos (70-73) si bien disponía de dos tiros libres. Navarro convirtió el primero pero falló el segundo, aunque Fran Vázquez capturó el rebote ofensivo y anotó una canasta que forzó la prórroga. En la prolongación, Croacia perdió los papeles por unas decisiones arbitrales a su entender discutibles, y el partido lo acabó ganando España por 100 a 85… sí, han leído bien: la selección española anotó ¡veintisiete puntos! en unos demenciales cinco minutos.

Mundial 2006.

España-Argentina. Semifinal.

1:00 para el final del último cuarto.

Se entra en el último minuto con España dos puntos arriba (74-72) y la posesión del balón, pero sin Pau Gasol, lesionado durante el partido. Rudy falla un intento triple y se suceden los tiempos muertos, hay mucho en juego. Manu Ginobili tampoco acierta con el tiro exterior y Luis Scola recibe una falta personal en el rebote. Como España está en bonus, el argentino dispone de dos tiros libres, que aprovecha y empata el partido. El vencedor se decidirá en estos veinte segundos (si no hay prórroga). Argentina juega sus cartas y comete falta personal sobre Calderón, quien en este caso solo acierta con el segundo tiro libre. Prácticamente es la misma situación cambiando los papeles, solo ha pasado un segundo y España está uno por encima, pero los técnicos españoles eligen jugárselo defendiendo y no en los tiros libres, como han preferido los oponentes. Argentina realiza un aclarado para Ginobili que, cuando restan diez segundos de partido, intenta penetrar pero choca contra la defensa. No obstante, consigue doblar el balón a Andrés Nocioni, que está totalmente solo en el lateral, y lanza el triple… y falla. El rebote es para la selección española, que se clasifica para la final donde ganaría el oro con facilidad frente a Grecia, a pesar de la ausencia de Pau. Puede que esta generación hubiera cargado con el sambenito de perdedores si Nocioni llega a encestar. No lo sabremos nunca. Si llega a salir mal la defensa sin faltas, puede que hubieran arreciado las críticas poco constructivas. En esto sí que pudimos salir de dudas al año siguiente.

Eurobasket 2007.

España-Rusia. Final.

1:00 para el final del último cuarto.

Gana España 59-56 pero la posesión es para Rusia, que acaba de robar el balón a Carlos Jiménez. Mueven bien en ataque y anotan cerca del aro. 59-58 y cuarenta y tres segundos por jugar. España busca a Gasol en el poste bajo y, cuando estaba pivotando para ganarse espacio para lanzar, Holden le roba el balón. La posesión del equipo ruso está dos segundos desfasada con el tiempo de partido. La situación es muy similar a la que se vivió en la semifinal del Mundial 2006 contra Argentina, y España decide no hacer falta. Pero esta vez el rival sí acierta: Holden anota con bastante suerte un tiro a media distancia. España está uno abajo y solo quedan 2,4 segundos. Recibe Pau a unos cinco metros del aro y el lanzamiento a la media vuelta, a tabla, no entra. Rusia, oro. España, el equipo anfitrión, se tiene que conformar con la plata. Apenas unos segundos después, con las lágrimas aún frescas de los jugadores españoles, comenzaron las críticas a la decisión táctica. La estrategia que sirvió para conseguir un título mundial no fue bien vista por algunos que estuvieron todo un año esperando su oportunidad para asestar una puñalada trapera al cuerpo técnico.

Juegos Olímpicos de Pekín 2008.

España-Estados Unidos. Final.

9:14 para el final del último cuarto.

Estados Unidos está 82-91 arriba. El combinado español ha ido cediendo ventaja cada cuarto, por lo que el inicio del último periodo es crucial. Se acortan distancias con un palmeo de Pau. Tras una personal de Jiménez, Kobe Bryant falla un intento triple. Rudy sube el balón y hace un pick and roll con Pau, que finaliza la jugada con un espectacular alley hoop. 86-91. En la siguiente jugada, el equipo estadounidense vuelve a marrar un lanzamiento de tres; Ricky coge el rebote y lanza el contraataque, que culmina con un pase picado entre Kobe y LeBron para Rudy, que clava el triple. España se pone a dos puntos (89-91) y los estadounidenses piden tiempo muerto.

En una improbable sinergia entre la teoría del caos y las leyendas populares, podríamos aventurar que el salto de miles de aficionados españoles al unísono por un lance de un partido de baloncesto en China a punto estuvo de provocar una alteración en la órbita terrestre. Aquel domingo veraniego tuvimos que madrugar pero valió la pena sobre todo por este minuto, en el que nos hicieron creer en la victoria frente a una de las mejores selecciones de baloncesto de la historia. Lamentablemente, la desbordante calidad de las estrellas norteamericanas y alguna decisión puntual discutible de los árbitros nos dejó un regusto amargo, el sabor que tiene la plata cuando creías poder paladear el oro.

Mundial 2010.

España-Serbia. Cuartos de final.

1:00 para el final del último cuarto.

En una nueva cita sin Pau, llegamos al minuto final del cruce de cuartos perdiendo de dos (87-89) contra Serbia, que ya ganaba de ocho al descanso. El ataque de España acaba con Navarro trastabillado tras una entrada a canasta que es parada con un contacto en el que los árbitros no apreciaron falta personal para, a continuación, Sergio Llull tomarse la justicia por su mano y parar el contraataque serbio dejando un recado a Milos Teodosic. Como España aún no está en bonus, Serbia saca de banda con cincuenta y siete segundos por delante. Amasan el balón hasta que les queda poco tiempo de posesión y lanzan un triple. Durante la lucha por el rebote la bola se pierde por la línea de fondo y los árbitros esta vez dan la razón a la selección española que, quedando solo treinta y seis segundos de partido, debe anotar. Y en esta situación ya sabemos lo que toca: balones a Navarro, que finta el tiro y crea el espacio necesario para que Marc Gasol empate el marcador dejando poco más de una posesión a Serbia. Tiempo muerto. Una vez más, llega el momento del análisis: cometer personal para tener la última bola o jugártela con la defensa. España, de nuevo, decide defender. Serbia también lo tiene claro y le da el balón a Teodosic, que es hostigado por Llull. Cuando quedan trece segundos juegan un bloqueo muy arriba. Al segundo intento, la defensa española cambia de marca y Garbajosa se queda con Teodosic. Con seis segundos de partido por jugar el base serbio se levanta, a medio camino del centro del campo y la línea de tres, y convierte un triple demoledor.

Garbajosa estaba medio metro por delante del 6,25 m. ¿Debería haber estado más encima del serbio?, ¿tendrían que haber defendido los bloqueos sin cambios? Como curiosidad comparativa, se puede estudiar la sensacional defensa del criticado Kevin Love sobre Stephen Curry en el último medio minuto del séptimo partido de la final de la NBA de 2016. Volviendo al partido, con tres segundos por jugar, España a duras penas logra sacar de banda, pero Garbajosa pierde el balón sin mirar a canasta. Serbia gana el partido. Las cámaras siguen a Garbajosa hasta el túnel de vestuarios. El jugador está hundido. Aquel Mundial fue su última participación con la selección española (anunció su retirada al año siguiente) y sus detractores, que ya ponían en tela de juicio su presencia en el combinado, se fijaron en estas dos últimas acciones (la defensa a Teodosic y la pérdida de balón) para encontrar al culpable de la derrota.

Eurobasket 2011.

España-Macedonia. Semifinal.

1:30 para el final del tercer cuarto.

La sorprendente Macedonia de Bo McCalebb, que incluso ganaba de un punto al descanso, sigue disputando el partido a la selección española. A minuto y medio para terminar el tercer cuarto, el marcador es favorable a España por solo cinco puntos (65-60), pero un ataque muy atascado lo resuelve Navarro a punto de acabar la posesión con un triple a una pierna delante de dos defensores que provoca la desesperación del entrenador macedonio, aunque su equipo acorta distancias en la siguiente jugada (68-62). Otro triple de Navarro con treinta y cinco segundos por jugar en este cuarto deja el partido bastante cuesta arriba para Macedonia, que está nueve abajo (71-62).

Más que decisivo para el resultado final del encuentro fue el momento más significativo, puesto que, tras ese triple a la remanguillé, la imagen del entrenador macedonio alzando los brazos como diciendo «¡Anda ya! ¡Lo de este tío no tiene nombre!» fue todo un poema. La Bomba anotó diecinueve puntos en un cuarto antológico para un total de treinta y cinco en el partido. Fue merecidamente MVP del torneo, que ganó España. Poco más que añadir que no sepamos ya. Como dijo Bozidar Maljkovic, entrenador de Eslovenia, tras sufrir una actuación similar en cuartos de final: «Juan Carlos me saluda siempre muy educado, pero luego me mete veinte puntos».

Juegos Olímpicos de Londres 2012.

España-Brasil. Último partido de la primera fase.

2:30 para el final del último cuarto.

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En un partido en el que ganar es un premio envenenado, se llega a este momento del encuentro con 76-79 a favor de Brasil. España ataca para reducir la ventaja o empatar, pero Navarro falla el lanzamiento… Sesenta segundos después, el marcador refleja un 76-84. Un parcial de 0-5 (tres puntos de Anderson Varejao y dos de Leandrinho Barbosa) puede que no diga mucho, pero remontar ocho puntos en minuto y medio es bastante complicado. Y aún más si recordamos que el perdedor del partido presumiblemente iría por el lado opuesto del cuadro a Estados Unidos, por lo que no se encontraría a la selección norteamericana hasta la final, dando por descontado que ambos equipos ganarían sus respectivos cruces.

La actitud del equipo español en las postrimerías del encuentro recibió muchas críticas. España afrontaba el último cuarto con una cómoda ventaja de nueve puntos (66-57), pero se vino abajo encajando treinta y un puntos en este periodo. Aunque hay que recordar que las canastas brasileñas, muchas de ellas lanzamientos triples, no las anotaron los jugadores españoles, también hay quien ve cierta relajación en la defensa. ¿Mirada sucia? En los mismos Juegos Olímpicos, en atletismo, en las series de clasificación de 100, 200, 400, 800… los competidores no buscan el récord del mundo y no es raro que los favoritos se dejen llevar en los últimos metros viendo que ya han conseguido el pase por puestos a la siguiente ronda; en definitiva, no luchan por ganar. Nadie aprecia ahí una actitud antideportiva o una afrenta al espíritu olímpico. Además, resumiendo con la reflexión de un espectador sagaz de los programas de Torrebruno: si lo importante es participar, ¿por qué narices solo dan medallas a los tres primeros?

Aunque conscientemente siempre quieras vencer, ganar un partido que no te va a traer ningún beneficio es una cosa boba. Sobre todo si en tu subconsciente pululan recuerdos como la derrota de 2004. El caso es que Brasil se llevó la victoria (bien por ellos) y finalizó el torneo olímpico en quinta posición con solo dos derrotas, las mismas que Francia (sexta) y Rusia (bronce). España perdió este partido, pero llegó a disputar la final, quedando aún más cerca del equipo de USA Basketball que cuatro años atrás. Y consiguió la medalla de plata con tres derrotas.

Eurobasket 2013.

España-Francia. Semifinal.

1:00 para el final del último cuarto.

65-64 gana España. Francia ataca y, tras sacar un fuera de banda, consiguen conectar con Ajinca en la pintura, que recibe una personal. Anota uno de los dos tiros libres y empata el encuentro con cuarenta segundos por jugar. Sergio Rodríguez, el Chacho, eléctrico casi todo el campeonato, se juega un uno contra uno pero no le entra el tiro. En la jugada posterior, Tony Parker penetra y se encuentra con el tapón de Rudy Fernández. Quedan diez segundos y España tiene la bola del partido. Pero ni el lanzamiento triple abierto de Calderón ni el posterior palmeo de Víctor Claver (hábilmente entorpecido por Parker) entran. Prórroga… donde Francia, que tenía ganas a nuestro combinado nacional desde hacía años, gana merecidamente el partido y, posteriormente, el oro. España se tuvo que conformar con el bronce y con la sensación de que, a pesar de haber jugado la semifinal al trantrán, a pesar de las críticas habituales, a pesar de las ausencias (Navarro y Pau por lesión, y Serge Ibaka o Nikola Mirotic por motivos extradeportivos), a pesar de las derrotas previas a los cruces… a pesar de todo eso, la final y la medalla de oro no quedó muy lejos.

Eurobasket 2015.

España-Francia. Semifinal.

1:00 para el final de la prórroga.

Se vive un clima de revancha en la selección española. El año anterior, el Mundial de baloncesto se jugó en España y la derrota contra Francia en cuartos de final privó a los anfitriones de la lucha por el pódium (no es cuestión de ser pesado, pero en ese torneo España solo sufrió esa derrota; Serbia y Francia, medalla de plata y bronce respectivamente, acumularon tres derrotas). Además, solo conseguirán plaza directa para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro los finalistas del Eurobasket, por lo que ganar este partido supone, además de asegurar al menos la medalla de plata, evitarse un farragoso preolímpico el año siguiente.

Un nuevo partido igualado entre estas selecciones puesto que, a falta de un minuto para finalizar la prórroga, gana Francia (74-75) y tiene la posesión, pero pierde el balón. El contraataque lanzado por Llull acaba con mate de Pau Gasol. Quedan cuarenta y nueve segundos. En el siguiente ataque Rudy, como hace un par de años, le vuelve a taponar un tiro decisivo a Parker. España apura la posesión moviendo la bola hasta que habilita al Chacho para un triple abierto, que falla, pero Gasol consigue el rebote en ataque rozando la falta personal y vuelve a machar. La renta se eleva a tres puntos y solo restan dieciocho segundos. En el siguiente ataque, Claver comete falta sobre Nicolas Batum regalándole tres tiros libres. Y, lo que son las cosas, un triple milagroso de Batum forzó la prórroga, pero después lo compensó fallando los tres tiros libres. España coge el rebote y mueve el balón rápidamente para evitar la personal. Finalmente llega el balón a Gasol, solo, bajo el aro, y de nuevo hunde el balón. En un minuto ha hecho tres mates para un total de cuarenta puntos en una de las mejores actuaciones individuales de la historia del baloncesto FIBA. España, tras dos derrotas en la primera fase, con sus consiguientes críticas, conseguiría el oro en un plácido partido frente a Lituania. Francia ganaría el bronce habiendo perdido únicamente el encuentro de semifinales.

Juegos Olímpicos de Río 2016.

España-Australia. Partido por la medalla de bronce.

1:00 para el final del último cuarto.

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En esta ocasión, las dos derrotas ya clásicas en primera fase han provocado que el partido contra la selección USA se haya producido en semifinales, sin posibilidad de haber elegido el camino hasta la final como hace cuatro años. Enfrente está un equipo menor comparado con el de Pekín o Londres si se tiene en cuenta que han renunciado LeBron, Curry, Russell Westbrook o Kawhi Leonard, pero hay siete integrantes de los tres mejores quintetos de la última temporada de la NBA. Una selección B, digamos. España tampoco es la de hace ocho o cuatro años, pero el partido finalizó con menor diferencia que en esas anteriores (solo seis puntos) aunque la sensación, al ser un encuentro más feo y agarrotado, fue diferente. Paradójicamente, quedamos más cerca, les ganamos dos cuartos y la segunda parte (ni en Londres ni en Pekín lo hicimos), pero parecían más lejos.

Toca luchar por el bronce contra la selección australiana, la revelación del torneo, que se encuentra un punto por debajo (84-85) al afrontar el último minuto del partido. La posesión española no culmina en canasta y el balón sale fuera de banda tras cargar el rebote ofensivo. Después del tiempo muerto, se comete personal en el rebote a David Andersen, que anota los dos. El rocoso pívot Aron Baynes le regala una rápida falta a Pau Gasol, que no desaprovecha los dos tiros libres. En la siguiente jugada, Baynes se desquita enchufando un gancho con la izquierda por encima de Gasol. Ahora la situación es dramática para España: quedan diez segundos y pierde por un punto (88-87). Sergio Rodríguez ataca el aro y fuerza una dudosa personal a Mills. Tras convertir los dos tiros libres y con cinco segundos por jugar, toda la presión es ahora para Australia. Con esta situación nadie pone en duda la táctica a seguir: no hay que hacer falta y la defensa ha de ser durísima. Tras sacar de banda, Ricky Rubio toca lo justo para que Andersen no controle el pase y Claver, injustamente ascendido a muñeco de pimpampum oficial tras la retirada de Garbajosa, roba un balón que vale el partido y otra medalla, quién sabe si la última de la inolvidable quinta del 80. Una vez más, la selección pasó de ser puesta en duda y de crispar a los más escépticos a hacer vibrar a todos los aficionados.

La selección española de baloncesto con la medalla de bronce de los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro. Foto: Cordon Press
La selección española de baloncesto con la medalla de bronce de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.
Foto: Cordon Press


La novena Copa de Europa del Real Madrid, la sexta del Ramiro de Maeztu

Foto: Cordon Press.
Foto: Cordon Press.

Felipe Reyes alza el trofeo al aire, entre el confeti y la algarabía que invade el Palacio de los Deportes de Madrid. Así culminan tres años luchando por ser los mejores y termina una espera de veinte años para un club que ganó siete Copas de Europa de baloncesto hasta 1980 y desde entonces solo ha levantado dos. Por supuesto, es un éxito tremendo del Real Madrid: de su director deportivo, Alberto Herreros; de su entrenador, Pablo Laso, y de todos los jugadores: los más veteranos como Llull y el propio Reyes, los que llevan suficiente tiempo como para haber vivido de primera mano esa montaña rusa que es siempre la sección de baloncesto de un club de fútbol —Sergio Rodríguez, Rudy Fernández, Jaycee Carroll, Marcus Slaughter— y sobre todo es un éxito de los recién llegados, los que despertaron las primeras críticas por su bajo rendimiento olvidando que no se les había fichado para jugar bien contra el Fuenlabrada sino contra el Olympiakos en una final: los KC Rivers, Maciulis, Ayón o, sobre todo, Andrés Nocioni.

Pero es también, irónicamente, el éxito de un colegio madrileño. Un colegio en el que, cuenta la narrativa, se odia a muerte al Real Madrid. Felipe Reyes levanta el trofeo como capitán madridista, sí, pero lo hace también como exalumno del Ramiro de Maeztu. También Sergio Rodríguez cursó estudios en dicho colegio aunque fuera fugazmente, a su llegada de Tenerife. Incluso el padre de Sergio dio clases como profesor. No es una excepción a ninguna regla: en seis de las nueve Copas de Europa del Real Madrid de baloncesto han participado no ya jugadores criados en Estudiantes sino directamente alumnos del Ramiro.

No sé si habrá algún colegio en Serbia o en Croacia que pueda presentar un palmarés semejante. Quizá el que tuvo a Zeljko Obradovic como alumno. El trasvase de jugadores entre el Ramiro y el Madrid viene de lejos, por supuesto, sesenta años ya casi del fichaje de Antonio Díaz Miguel por el club de Raimundo Saporta, pero conviene pararse en la importancia que muchos de ellos tuvieron en el club blanco. Una importancia decisiva.

Empecemos por los hermanos Ramos. José Ramón, el mayor, le ganó a Ferrándiz con el Estudiantes la Copa de 1963 y a los tres años ya estaba vistiendo de blanco. Jugador exterior de posición indefinida, no como ahora que cada uno vive en su compartimiento estanco, José Ramón Ramos llegó a un club que, liderado por Luyk y Emiliano, ya había ganado las Copas de Europa de 1964 y 1965. Eran años de dominio soviético, primero del ASK de Riga y posteriormente del TSKA de Moscú, el equipo del ejército rojo que basaba su éxito en reclutar a todo aquel que destacara en cualquier lugar de la URSS.

José Ramón era un tío muy del Ramiro, y de hecho volvería a Estudiantes cuando sus condiciones físicas no le dieron para competir al más alto nivel en el Real Madrid. Junto a Brabender y posteriormente Aiken, ganó las Copas de Europa de 1967, ante el Olimpia de Milán, y de 1968, contra el Spartak de Brno, exponente del por entonces muy pujante baloncesto checoslovaco.

Aquel 1968 llegó otro chico del Ramiro al Bernabéu. Se trataba de Vicente Ramos, hermano pequeño de José Ramón. Vicente era otro purasangre del Ramiro, miembro insigne de la llamada «Claque» —lo que tiempo después y con otros usos se vino a llamar «Demencia»— y un enfebrecido aficionado del Estudiantes. Compañero de clase y de equipo de Aíto García Reneses durante años y años, solo dio el salto al eterno rival cuando vio que las aspiraciones de los colegiales se le quedaban pequeñas. Vicente había sido clave en la liga que perdió el Madrid en 1967 al caer en el último partido en La Nevera ante Estudiantes. No tan clave como Emilio Segura, pero esa sería otra historia.

Ferrándiz, obsesionado hasta entonces con Juan Martínez Arroyo y ante las constantes negativas del internacional español, decidió fichar a Vicente, también olímpico aquel año en México, y el impacto fue inmediato: sucedió a Lolo Sainz como base del equipo y formó a lo largo de los setenta una tripleta de lujo junto a Carmelo Cabrera y Juan Antonio Corbalán, fijos para el ya seleccionador Díaz Miguel y herederos del legado del gran Nino Buscató.

Sin su hermano José Ramón, ya de vuelta en el Ramiro, Vicente ganó las Copas de Europa de 1974 y 1978, aunque de ambas guarda un mal recuerdo: en la primera, ante el mítico Varese de Dino Meneghin, en Nantes, se rompió un diente justo en el entrenamiento anterior a la final. El dolor era inmenso y aunque no se lo dijo a nadie para que no le dejaran sin jugar, lo cierto es que rindió a un nivel bajísimo y apenas disputó minutos en la cancha, dejando para el jovencísimo Corbalán los honores de consagrarse como héroe de aquella final en los últimos segundos.

La segunda fue aún peor: era aquel su último año como jugador y el rival, de nuevo, el Varese —los italianos jugaron hasta diez finales seguidas, coincidiendo en cuatro de ellas con el Madrid, de hecho el pique entre ambos equipos se va aún más atrás, con la famosa autocanasta de Alocén, y un poco más adelante, con los tres tiros libres fallados por Luis Mari Prada en 1979—. Ni Ramos ni Luyk jugaron un minuto aquel día pero las genialidades de Cabrera y la solvencia de Walter, Brabender y Rullán hicieron el resto: la séptima Copa de Europa para el Real Madrid, la cuarta con alumnos del Ramiro en sus filas.

A partir de aquí, la cosa se detiene un poco. Bastante, diría.

De Fernando Martín a José Miguel Antúnez

En 1980, el Real Madrid consigue su séptima Copa de Europa, en Berlín, ante el Maccabi de Berkowitz y Aroesti. Es toda una sorpresa porque el equipo está en plena transformación: Llorente ha ocupado el lugar de Cabrera en la plantilla después de un año descomunal en el Tempus, filial blanco de aquella época; Iturriaga empezaba a tomar responsabilidades ofensivas y Romay acompañaba a Rullán en la pintura, junto al irregular Randy Meister. Aquel fue el último año de Walter Sczerbiak y Wayne Brabender empezaba a pedir ayuda desde el perímetro a sus treinta y pico años.

Justo esa temporada entraba en el equipo junior de Estudiantes un chico salido del colegio San José del Parque llamado Fernando Martín. La vinculación de Martín con Estudiantes fue corta pero intensa: solo jugó una temporada en el equipo del Ramiro y lo llevó de la nada al subcampeonato de liga junto a Vicente Gil, Alfonso del Corral, Slab Jones y Charly López Rodríguez. Después de esa única temporada, fichó por el Real Madrid, cobrando un auténtico dineral.

Sin embargo, no podemos incluir a Fernando Martín como alumno del Ramiro pues nunca lo fue, y en cualquier caso, lo más cerca que quedó de ganar una Copa de Europa fue la final de 1985 que su equipo perdió contra la Cibona de Petrovic. De hecho, hubo que esperar quince años para que el Madrid volviera a dominar Europa y consiguiera su octavo entorchado: fue en 1995, en Zaragoza, contra el Olympiakos. De aquel equipo y de aquella Final Four todo el mundo recuerda a Arvydas Sabonis y Joe Arlauckas. Es lógico porque era una pareja interior descomunal, dos jugadores muy distintos que compenetrados ganaron todo con el Madrid. Sin embargo, es justo recordar al «tercer hombre» de aquellos días en Zaragoza: José Miguel Antúnez.

Antúnez jugó dos de los mejores partidos de su vida en el momento indicado —el año anterior, contra el Limoges, había pasado justo lo contrario— y fue la pieza exterior clave en la que apoyarse cuando las ayudas llovían sobre los interiores. José Miguel no solo fue al Ramiro sino que fue uno de los cinco hermanos Antúnez en hacerlo. Jugó en Estudiantes desde la categoría de minibasket hasta la profesional, el único en pasar por todos los equipos de cantera junto a Gonzalo Martínez y Nacho Azofra.

La marcha de Antúnez al Real Madrid había tenido lugar en 1991, cuando el Estudiantes decidió no renovar su contrato y aceptar gustoso la indemnización por derechos de formación que el Madrid tenía que pagarle, unos cien millones de pesetas, una barbaridad para la época. La afición estudiantil no se lo tomó a bien, precisamente: por fin su equipo competía de tú a tú con el Madrid y la chequera les arrebataba de nuevo a uno de sus puntales.

Tampoco pareció sentar bien entre sus compañeros. Cuando el Estudiantes, sin Antúnez, se proclamó campeón de la Copa del Rey de 1992, Alberto Herreros, buque insignia de aquel equipo, dedicó el título «a los que se han ido a ganar trofeos», en clara alusión a su excompañero. Cosas del destino, Alberto se fue a ganar trofeos solo cuatro años más tarde, en 1996, y aquel fue probablemente el momento culminante de la rivalidad entre los dos grandes equipos de la capital, con episodios realmente lamentables, propios de un culebrón de serie B.

Herreros, al igual que Martín, era un producto ajeno al Ramiro. En concreto había estudiado en el Menesianos, y, al igual que Martín, se quedó sin saborear la Copa de Europa, ya llamada Euroliga. No jugó nunca una Final Four y su palmarés en los nueve años que estuvo en el Madrid se limitó a dos ligas, una recopa y un triple maravilloso en Vitoria para acabar su carrera por todo lo alto.

En aquel equipo de 2005, por cierto, ya estaba Felipe Reyes.

Felipe, el «Chacho» y la revolución de Pablo Laso

Felipe Reyes es otro miembro de una extensa familia ramireña: fue al instituto de la calle Serrano como habían ido sus hermanos, incluido Alfonso, otro jugador de Estudiantes que pasó al Real Madrid en los últimos años de su carrera. El traspaso de Felipe tuvo varios capítulos: se anunció en 2001, se anunció en 2003… y se ejecutó definitivamente en 2004, cuando Estudiantes se vio incapaz de pagar la cuantiosa renovación que había firmado con el jugador y decidió aceptar los casi dos millones de euros de traspaso que ofrecía el Real Madrid.

Felipe ya era una estrella cuando llegó al club blanco. Un jugador descomunal que aunaba garra en el rebote y en la defensa con una movilidad impresionante en ataque, buen tiro de cuatro metros y mucha facilidad para sacar faltas en penetración. Esta progresión quedó algo estancada cuando Maljkovic, Plaza y sus sucesores le encasillaron en el rol que ocupaba en la selección española: pívot fajador encargado de coger rebotes de manera compulsiva. Cuando tienes a los hermanos Gasol delante, quizá no te quede más remedio que asumir ese rol, pero en el Madrid seguro que se le podría haber dado más libertad.

Felipe fue el infiltrado del Ramiro en el Madrid durante muchos años, hasta el punto de llegar a convertirse en capitán del equipo, pero su palmarés, de nuevo, no estuvo a la altura de su calidad: dos ligas y una copa ULEB hasta la llegada de Pablo Laso al banquillo. Ahí, todo cambió: con Laso de entrenador, el Madrid ha ganado una liga, dos copas y una Euroliga que compensa las dos perdidas in extremis en los años anteriores.

El papel de Felipe ha sido decisivo hasta el punto de ser elegido para formar parte del mejor quinteto de la Euroliga, rozando el MVP a sus casi treinta y cinco años.

Sin embargo, la marca diferencial del equipo de Laso, el hombre que cambió el club de arriba abajo y que es el más querido por los aficionados es sin duda Sergio Rodríguez, MVP de la Euroliga en 2014. «El Chacho», tinerfeño, pasó por el Club Siglo XXI antes de firmar por Estudiantes, venirse a Madrid y, como decíamos al principio, estudiar en el Ramiro. No sé si considerarlo un producto del Ramiro como lo fueron los Ramos, los Reyes o los Antúnez, pero al menos estuvo matriculado un año, así que cuenta para la lista.

Con el triunfo en mayo, el Madrid lograba su novena Copa de Europa, sí, pero el Ramiro, o los estudiantes del Ramiro, que es lo que cuenta, lograban la sexta.

Estambul y la maldición de Aíto García Reneses

Lo curioso es que ninguna de esas seis las haya conseguido el propio Estudiantes. Lo más cerca que estuvo fue en 1992, cuando llegó a la Final Four de Estambul. En aquel equipo estaban Azofra, Pablo Martínez y el propio Alfonso Reyes como representantes del colegio. Irónicamente, les acompañaban tres canteranos del Real Madrid como Juan Aísa, Pedro Rodríguez y Juan Antonio Orenga, aparte de los dos extranjeros y el citado Alberto Herreros.

Si el Madrid siempre ha sido un equipo volcado hacia Europa, Estudiantes ha estado volcado hacia su ciudad, rescatando talentos de los distintos colegios para incluirlos en sus filas. Habrá quien piense que, al fin y al cabo, es lo mismo que hace el Madrid con el Estudiantes pero a pequeña escala… y tendrá razón. En ese contexto más humilde y con mucho menos dinero, Estudiantes solo tiene una final europea que llevarse al palmarés: la de la Copa Korac de 1999 que perdió ante el Barcelona, cuyo capitán era otro canterano de Estudiantes, Rodrigo de la Fuente.

Rodrigo, sin embargo, no estudió nunca en el Ramiro, y su formación se completó en la NCAA antes de fichar directamente por el Barcelona. Jugó su último año como profesional en Estudiantes, aquel fatídico 2012 en el que el equipo descendió en la pista y se salvó en los despachos. Por eso mismo, aunque podríamos atribuirle a la cantera del Estu la Euroliga que Rodrigo ganó en 2003, no tendría sentido añadirla al palmarés del colegio.

Un palmarés, por cierto, que podría haber sido mucho más amplio de no ser por la maldición que ha acompañado durante años y años a otro ilustre ramireño: el compañero de clase de Vicente Ramos, don Alejandro García Reneses. Aíto jugó en Estudiantes cuatro años, formando parte del equipo que derrotó a los de Ferrándiz en 1967 quitándoles la liga. Curiosamente, el Madrid ganaría todas las ligas posteriores hasta 1978, cuando volvió a perderla en una de las últimas jornadas al caer derrotado en la pista del Cotonificio de Badalona, entrenado, cómo no, por Aíto García Reneses.

Ya con su fichaje por el Joventut y luego por el Barcelona, la rivalidad se multiplicó: Aíto acabó con el dominio del Real Madrid de los ochenta con cuatro títulos consecutivos, a los que luego sumó otros cinco entre 1995 y 2001, además de la famosa Korac del 99 ante su exequipo.

Sin embargo, la Copa de Europa siempre se le resistió: el apogeo del Barcelona de Epi, Solozábal, Jiménez y Norris coincidió con el de la Jugoplastika de Kukoc, Radja, Savic, Ivanovic y Perasovic. En 1989, los yugoslavos les derrotaron en semifinales. En 1990 y 1991, en la final. Tras rearmar el equipo a mediados de los noventa con jugadores menos espectaculares pero más trabajadores y alguna estrella puntual como Djordjevic, Aíto volvió a jugar la final de la Euroliga en 1996, cuando el famoso tapón de Vrankovic a Montero en una de las jugadas con más irregularidades de la historia le dio el título al Panathinaikos.

Volvería al mismo escenario el año siguiente, su cuarta final de Euroliga, pero sumaría una cuarta derrota ante el Olympiakos de un imparable David Rivers. Desde entonces, su trayectoria le ha llevado a equipos como Joventut, Sevilla o Gran Canaria, donde ha cumplido su labor con creces pero no ha podido siquiera acercarse al gran título europeo por lógicas cuestiones de presupuesto.

En resumen, la historia de los grandes es a menudo la historia de los pequeños y bueno es que se recuerde. Sin la base no existe la pirámide. El Ramiro de Maeztu, movido por los principios de la Institución Libre de Enseñanza, la misma que llevó la educación integral en el deporte al Colegio Estudio por poner un ejemplo, apostó desde un principio por el baloncesto, llenando sus amplias instalaciones de canastas y pabellones. Sin esa decisión, quizá Saporta o Ferrándiz o Sainz o Herreros habrían encontrado sus campeones en otros colegios y otros equipos, pero la realidad es la que es y no la que suponemos: el Ramiro de Maeztu levantó su sexta Copa de Europa y es un registro impresionante.

Fíjense si lo será, que en Europa, aparte del Madrid por supuesto, solo le igualan el Panathinaikos, el Maccabi y el CSKA de Moscú. Es momento de celebrar sin envidias ni rencores. Y de agradecer, por supuesto. Un mundo así es un mundo mejor.


Objetivo: la final de baloncesto de Londres 2012

 Sabemos que nos pueden ganar.

Mike Krzyzewski (1947), entrenador de la selección de Estados Unidos.

Los Juegos Olímpicos de Londres están en marcha, y con ellos, el torneo de baloncesto masculino. Hace seis meses, cuando aún había grandes interrogantes sobre la final olímpica de este deporte, veíamos las cosas de un modo; hace tres, de otro. Echemos el último vistazo ahora, cuando ya queda poco margen para la especulación.

A mi derecha: Aquiles (Estados Unidos)

Finalmente, los norteamericanos presentarán un equipo bastante más flojo que el esperado hace unos meses, lo cual no implica que dejen de ser los máximos favoritos para el oro. Su lista definitiva de 12 jugadores es la siguiente:

Carmelo Anthony, Chris Paul, Kevin Durant, Kobe Bryant, Kevin Love, LeBron James, Russel Westbrook, Deron Williams, Tyson Chandler, James Harden, Andre Iguodala y Anthony Davis.

La verdad es que siguen asustando a pesar de las ausencias. Para captar realmente el potencial que han perdido solo tenemos que pensar en el equipo que se ha quedado fuera por lesión o motivos extradeportivos: Rose, Rondo, Wade, Odom, Aldridge, Bosh, Howard, Bynum, Gay, Gordon, Billups y Griffin, una escuadra que, de competir en este mismo torneo, automáticamente sería candidata a la final. Son ausencias que han mermado notablemente su equipo, que no es el más fuerte que podrían haber presentado. Esta reflexión en voz alta viene al hilo de unas declaraciones de Bryant, en las que afirmaba que el equipo que irá a Londres podría ganar algún partido al Dream Team de Barcelona 92. Larry Bird, flemático, dio la razón a Bryant diciendo que todos ellos tenían ahora unos cincuenta años y que él hacía al menos 20 que no tocaba un balón. Fue y sigue siendo un grande. En fin, son discusiones absurdas generadas a partir de una afirmación gratuita (pero no descabellada) de Bryant, porque está claro que con el Dream Team formaron el mejor equipo que podían presentar (salvo Laettner, claro) y era insultantemente superior a sus rivales tanto por la calidad de su plantilla como por el retraso del resto del mundo baloncestístico respecto a la NBA. No olvidemos que era tal la diferencia entre el basket FIBA y el norteamericano que hasta 4 años antes les bastaba con llevar a los mejores jugadores universitarios para prácticamente asegurarse el oro en los JJ.OO. Y en sus declaraciones, el escolta de los Lakers solo dijo que este equipo podría ganar algún partido al Dream Team, quienes por cierto perdieron un amistoso-entrenamiento frente a una selección de jugadores universitarios antes de ir a los Juegos de Barcelona. Son datos que parece que se pierden en la memoria, como el supuesto fair-play del Dream Team original que no fue tal, con ese aire de sobraos, de risitas, de malabarismos frente a rivales que iban perdiendo de 30… sin olvidar a Barkley haciendo cosas como esta. Arrasaron a sus rivales, sí, pero no fueron precisamente un ejemplo de deportividad.

LeBron James, a por el anillo y oro olímpico en una misma temporada

La fase de preparación del equipo estadounidense ha servido para reafirmar dos sospechas:

  1. Cuando juegan bien, no hay equipo que sea capaz de ganarles.
  2. Cuando se atascan y su rival juega muy bien, se les puede llegar a tutear.

Los ejemplos de este segundo punto se han podido constatar en el primer cuarto contra Brasil (27-17) y contra España (23-21), y en el segundo y último cuarto contra Argentina (24-16 y 19-14, respectivamente). Ante un oponente que movía el balón con seguridad, hacía puntos en la pintura, aprovechaba los ventajosos cambios automáticos en defensa unido a una relativa falta de puntería de los norteamericanos, estos tres equipos (todos ellos candidatos a medalla, no lo olvidemos), les pusieron en aprietos…

… momentáneamente, claro. Porque después, lo ya sabido: minutos de defensa asfixiante al balón, incluso con 2 contra 1, y manos interceptando todas las líneas de pase para lanzar contraataques rapidísimos. Y cuando te quieres dar cuenta, te han endosado un parcial de 7-0 en dos minutos. Es muy difícil mantener la cabeza fría para evitar que el nerviosismo genere nuevas pérdidas y pararlos en la cancha cuando entran en ese ritmo de juego; a veces solo se pueden salvar los muebles desde la banda, ya sea pidiendo tiempo muerto en cuanto encadenan dos contraataques y hace falta espabilar a los tuyos o haciendo zancadillas desde el banquillo cuando salgan veloces a la contra. Una solución efímera, limitada al número de tiempos muertos o faltas descalificantes.

Por otro lado, un equipo estigmatizado porque juega gran cantidad de minutos sin pivots puros (porque puede ser una grave desventaja en defensa), ha demostrado que no lo es en contraataque e incluso, en ataque estático, como se pudo ver cuando Pau Gasol intentó defender a Anthony en la línea de tres y le enchufó dos en la cara. Y ese va a ser su planteamiento. En los partidos amistosos ha quedado claro que el núcleo duro del equipo lo forman James, Bryant, Durant y Anthony, con irrupciones puntuales de Paul, Williams o Westbrook. Love, Iguodala y Chandler tienen una labor mucho más oscura y el papel de Davis y Harden hasta el momento ha sido prácticamente testimonial. Su juego se basará en el talento individual, la potencia física y el acierto en el tiro exterior. Si no tienen un buen día en los lanzamientos triples (muy difícil teniendo a Durant, Anthony, Bryant, Paul…) pueden pasarlo mal ante defensas zonales muy cerradas con poderío interior, como Brasil o Francia (además de España, por supuesto). Aún así, que no nos engañen: con esta tropa, si jugasen 100 veces este mismo torneo, lo ganarían más de 95. Así que, efectivamente: ¡hay posibilidades!

Bueno, vale. Basta de risas. Quien dice 95 de 100, dice 99 de 100

 

A mi izquierda: Paris (España)

Tras tantos debates, el sustituto de Ricky Rubio ha sido la única sorpresa en una convocatoria continuista:

Pau Gasol, Rudy Fernández, Sergio Rodríguez, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Víctor Claver, Sergio Llull, Víctor Sada, Marc Gasol, Fernando San Emeterio y Serge Ibaka.

Hasta el día 12 de julio estuvo en la selección Rafa Martínez en vista de que Rudy y Navarro estaban tocados. Si bien el nuevo jugador del Real Madrid ya ha jugado buenos minutos, es más preocupante el estado físico de Navarro. No se puede fiar todo el futuro en el torneo al juego interior, por muy superiores que seamos sobre el papel: sin amenaza de lanzamiento exterior no se generan espacios para que nuestros pivots puedan sumar en la pintura. Por este motivo es imprescindible que el escolta barcelonista alcance un estado de forma apropiado cuanto antes; incluso por encima de Marc Gasol, ya que las posiciones interiores están mejor cubiertas -al menos hasta el partido contra Brasil (el último de la primera fase)- y, por supuesto, la de Sergio Rodríguez. Porque si queremos llegar a la final y disputársela a USA, necesitamos que los mejores estén bien: se ha notado un significativo bajón en algunos partidos cuando ha salido la llamada segunda unidad, sobre todo en los dos últimos (Argentina y USA) que comenzó con el equipo español como un vendaval pero se fue diluyendo con los cambios. Es muy importante que los partidos más sencillos se resuelvan cuanto antes para dar a los titulares descanso, y así, en los partidos decisivos utilizar el máximo de minutos a los 8-9 jugadores importantes, hasta que resuelvan el partido.

A pesar de nuestros esfuerzos, Carmelo Anthony nos hizo un hijo de madera en el partido amistoso del 24 de julio

Tras los encuentros amistosos no creo que quede nadie que piense que Mirotic debía haber sido convocado en lugar de Ibaka. Los rebotes, tapones e intensidad del jugador de los Thunder han sido de lo mejor de la preparación (junto con Pau, como siempre), aunque puntualmente  ha perdido los nervios en alguna refriega. Tanto Rudy (por la lesión) como Calderón (algo descontrolado los primeros partidos) han ido de menos a más, mientras que Rodríguez y Marc han estado a la altura de lo que se espera de ellos cuando han podido jugar. Llull, por la merma de minutos del convaleciente Navarro, ha tenido una gran presencia en algunos encuentros y es muy necesario para el juego de España, tanto en contraataques como en defensa y ocasionalmente en el lanzamiento exterior. Claver ha estado bastante activo y descarado, como si su fichaje por los Blazers le hubiera dado una inyección de autoestima, aunque todo sea que llegue la competición oficial y chupe banquillo en cantidades industriales como otros veranos. Por el contrario, Sada y San Emeterio (bastante apagado) no han respondido a las expectativas al menos en los amistosos, y tienen papeletas para ser los jugadores 11 y 12 de la rotación.

Los amistosos nos han permitido confirmar las sospechas sobre el sistema que utilizará la selección: en ataque, la primera opción será meter el balón al interior y a partir de ahí generar juego, hacia dentro o hacia fuera. Los mejores momentos de la selección han venido cuando han entrado los tiros exteriores, por eso es de capital importancia recuperar a Navarro… y acertar con los tiros libres (fallones ante USA), para disuadir al rival de la táctica del Hack-a-Shaq. En defensa no se aprecian muchas dudas, aparte de los legendarios teóricos problemas para defender al 3 contrario,  y los brazos interminables de Pau e Ibaka dificultarán gran cantidad de tiros, cuyos rebotes o rechaces habrá que aprovechar para lanzar contraataques. También parece que será frecuente ver la zona 2-3. En resumen, tenemos claro a lo que jugamos. Ahora hay que ponerlo en práctica.

El cuadro

Finalmente, el resultado del sorteo (1) dictaminó que el grupo de España lo completara Rusia, mientras que los otros dos equipos clasificados en el Preolímpico (Lituania y Nigeria –la sorpresa-) quedaban encuadrados en el otro grupo, el A. Demos un pequeño repaso a los rivales de la selección en su grupo, el B:

Shved, junto con Rudy, tiene uno de los cabellos más rebeldes del torneo

Rusia: El último en llegar se ha convertido automáticamente en el rival más duro del grupo. Peligro en todas las líneas, destacando al polivalente Andrei Kirilenko que una vez más será el jugador que más problemas nos dé en defensa y en ataque, tirando desde fuera o penetrando. Su temporada en la Euroliga ha sido imperial. Junto a él, la otra amenaza es el que ha sido su compañero este año en CSKA y en el futuro en los Wolves, Aleksey Shved, que puede reventar un partido en cualquier momento con su lanzamiento exterior y su creatividad, aunque por suerte su línea de juego es bastante irregular. Rusia también cuenta con jugadores interiores grandes y competentes, pero no deberían plantear excesivos problemas. Vence España por unos 10 puntos.

Brasil: Tal vez el único juego interior puro, junto el músculo de Francia, que puede tutear a nuestros interiores: Tiago Splitter, Nené Hilario y Anderson Varejao, contando además con las rachas de Marcelinho Huertas y Leandro Barbosa por el exterior, pueden hacer pasar una mala tarde a cualquiera (que le pregunten a USA). Un rival muy incómodo si está entonado. España gana de 10.

Gran Bretaña: La grada y presunto favor arbitral son sus grandes bazas. Y ya. No valen excusas, si vamos a por el oro Gran Bretaña no puede hacernos sufrir. En el amistoso del 9 de julio, el primero de la selección, se les ganó (con algo de esfuerzo) a pesar de jugar sin Rudy ni Navarro. España tiene que ganar de 15-20.

Australia: Un quinteto en el que estén David Andersen y Matt Nielsen nos podría dar problemas, con la amenaza en el lanzamiento de 3 del primero y los fundamentos en la zona del segundo, quien por cierto ha estado lesionado durante la preparación. Correosos, pondrán en apuros a todos los favoritos del grupo, pero España ganará de 10-15.

China: no hay disculpas, ya no está Yao Ming. Todo lo que no sea ganar cómodamente de más 15 puntos y dando descanso a los titulares, se debería considerar una sorpresa.

El último día de la primera fase (lunes 6 de agosto) se jugarán dos partidos que en principio son decisivos para que España se encuentre con USA solo en la final. En el Grupo A, los norteamericanos juegan contra Argentina, y en el B, los españoles contra Brasil. Podría darse la desgracia de acabar España invicta, que en el encuentro siguiente Argentina diera la campanada y que el cuadro acabase cruzando a los dos equipos antes de la final. Ídem si Brasil nos derrota. Pero todo apunta (al menos, mis pronósticos) que la clasificación de los grupos quedará del siguiente modo:

Grupo A: USA-Argentina-Francia-Lituania

Grupo B: España-Rusia-Brasil-Australia

De esta forma, España se cruzaría con Lituania en cuartos y con el ganador del Brasil-Argentina en semifinales.

Lituania: El torneo le llega muy pronto para el pivot europeo del futuro (Valanciunas) y demasiado tarde para el nuevo base del Barcelona (Jasikevicius). Sufrirán para entrar en la segunda fase, sobre todo tras la lesión del pivot Robertas Javtokas. Su jugador más peligroso será Kleiza, uno de los favoritos para el título de máximo anotador del torneo si está fino, que nos dará muchos problemas en los desajustes defensivos (si lo defiende un bajo, posteará; si lo defiende un alto, lanzará triples). No obstante, España debería ganar de unos 15 puntos.

Manu Ginobili frente a Kobe Bryant. Ambos, con un oro olímpico, quieren subir de nuevo a lo más alto del cajón

Argentina: El resultado del amistoso contra España fue muy engañoso. Los primeros minutos de los nuestros han sido de los mejores que ha jugado esta generación, tanto en defensa (aunque los argentinos también fallaron más de lo habitual) como en ataque, con puntos de todas las facturas. Es más justo para evaluarlos su partido contra USA, en el que no perdieron la cara en ningún momento. En su contra tienen que cuentan con una plantilla competitiva corta por lo que el cansancio puede ser un factor muy importante una vez llegados a semifinales, sobre todo tras el partido de cuartos que tendrán que jugar a cara de perro frente a Brasil. España, por descontado, gana, pero sufriendo y por menos de 10 puntos. Son mis favoritos para el bronce, partido en el que se encontrarían con los franceses. La generación argentina merece acabar su ciclo con otra medalla, por talento, garra y calidad.  Y por Manu Ginobili, un grande.

Y la gran final: USA-España. Insisto, 95% de posibilidades de que nos ganen, incluso sin apuros. Pero ese 5% nos hace albergar esperanzas. Que salgan los sistemas, que entren los tiros, no perder la calma si nos roban un par de balones, jugar con cabeza… Sinceramente, creo que perderemos la final. Pero por menos de 10 puntos y espero que brindando un espectáculo a la altura del precedente de hace cuatro años.

Por otra parte, tal vez deberíamos ignorar estos debates y centrarnos en otros más importantes: puede que estas sean los últimos (o penúltimos) JJ.OO. donde el baloncesto tenga tanto atractivo porque David Stern ha declarado recientemente que no quiere que las grandes estrellas participen en los Juegos, sino que lo hagan los jugadores jóvenes, a semejanza del fútbol. En ese caso, volverá la hegemonía norteamericana porque a medio plazo no se vislumbra ningún país que tenga suficiente potencial con su selección sub 23 para hacer sombra a los mejores norteamericanos de esa edad. Sean o no sean los últimos JJ.OO. con este nivel en la competición baloncestística, esperemos que para nosotros sean inolvidables. Positivamente, claro. El torneo está en marcha, veamos qué nos ofrece.

(1)  En efecto, al final las plazas del preolímpico se asignaron por sorteo y no según clasificación en el mismo. A pesar de que en su momento fue dicho así por el presidente de la FEB, Jose Luis Sáez, las bases de la FIBA lo decían así, aunque hasta unas horas antes del mismo se seguían con las dudas.


Ettore Messina: “Con la crisis he descubierto que sois como los italianos”

Me voy de La Tavernetta y, caminando por el parque París, recién terminada la entrevista con Ettore Messina, no puedo evitar pensar en Nanni Moretti en Aprile. Ese tipo progresista que observa a Massimo D’Alema (dirigente político italiano) en un debate televisivo y, descorazonado, le grita: Di una cosa de izquierdas, D’Alema, di una cosa de izquierdas… Di una cosa, D’Alema, al menos di una cosa”. Messina se parece a Nanni Moretti. Un italiano que será siempre minoría: vive en una oposición a Berlusconi casi más vital que política; analiza el mundo que lo rodea con una incomprensión melancólica, con un pesimismo argumentado; habla bajo y va sembrando la entrevista de silencios expresivos, para degustar un recuerdo, una ironía o el aroma de la pasta; tiene un notable pronto y se coge enfados mefistofélicos; un vestir de burgués capitalino; todos saben que rebosa talento, pero mientras unos critican su ego, para tantos otros es un referente ético. El Nanni Moretti del baloncesto.

El mundo se para cuando le ponen delante un plato de busiati con berenjenas y pez espada y un vermentino blanco. Siciliano de nacimiento, como este plato de pasta; sardo por vocación como este vino. ¿Y el baloncesto? Ah, sí, el baloncesto. Acaba de volver de Los Ángeles, donde nunca ha ido a restaurantes italianos, y parece un adolescente reenamorado del baloncesto. Ha dejado atrás la amargura de su salida del Madrid. Dio un portazo siciliano que le cuesta abrir, aunque nos deje entrar por una pequeña ranura.

Recuerdo una frase tuya hace dos años: “España tiene el sentido ético que falta en Italia”.

[Interrumpe en cuanto oye su frase, como si ya no le perteneciera] Y ahora he descubierto que no era verdad. Cuando llegué aquí, me encontré un país donde la gente era correcta, Berlusconi no existía, no había tantos líos, los transportes funcionaban, si dejabas el coche mal colocado llegaba una grúa y se lo llevaba, había seguridad por la calle, los debates en el Parlamento eran vivos pero respetuosos… Me parecisteis un país que funcionaba. Y luego descubres que ese ayuntamiento roba, que ese otro también, que había tramas de corrupción por todos los lados, que los bancos especulan y hacen lo que no tenían que hacer, hasta vuestro Rey intenta parecerse a Berlusconi —con todo mi respeto hacia la Corona— … Y dices: éstos son como nosotros. No somos los raros de la película sólo nosotros.

Acabas de volver de Estados Unidos, tras una primera temporada como entrenador asistente en los Lakers. ¿Qué sensación te ha dejado como país?

Lo que más me ha llamado la atención de Estados Unidos es que eres libre de ser y comportarte como quieras mientras que respetes un marco de reglas comunes. Luego ellos tienen otro tipo de problemas, por ejemplo el sistema sanitario. Es un país donde vivir puede llegar a ser cruel, pero hay un verdadero respeto: nadie te juzga por cómo te vistes, qué dices o qué piensas.

¿Cómo has vivido el pasar de ser un referente en Europa a volver a ser un asistente en los Lakers?

Me ha hecho volver atrás 23 años, cuando era entrenador asistente. He vuelto a empezar desde cero. Aunque tenía mi buena carrera europea, yo allí era sólo un asistente más. Tenía que instaurar una relación con los jugadores, con el resto de técnicos, que no me conocían. Cosas tan normales como el primer día que he tenido que explicar un ejercicio al equipo, o el primer día en que tuve una sesión de vídeo con un jugador, las he vivido, con la misma intensidad trepidante que experimentaba hace 25 años.

¿Estabas nervioso?

No. Intento hacer las cosas lo mejor posible. Si funcionan, funcionan. Si no, quiere decir que no he estado a la altura. Me acuerdo de mi primera sesión de vídeo con todo el equipo. Yo para ellos no era nadie. Era un momento importante porque perdíamos grandes ventajas durante los partidos y había que explicarles cómo gestionarlas. Para mí fue importante. O cuando me dijeron que en el entrenamiento iba a seguir al equipo violeta (los cinco titulares). Hasta entonces yo seguía al segundo quinteto. Digamos que me ascendieron. Ahí pasé a relacionarme todos los días con Kobe, con Pau, con Bynum, con sus problemas… He vuelto a vivir todas estas pequeñas conquistas con una satisfacción casi adolescente. Como el día en que leí que Kobe había dicho que conmigo habían enriquecido su juego con una mirada del baloncesto más europea.

¿Vuelves entonces?

Me llamó Mitch Kuptchak, el director deportivo, y me dijo: “Sólo he oído cosas buenas de ti, te he visto trabajar y nos gustaría que tuvieras ganas de volver el año que viene a trabajar con nosotros”. Ha sido una satisfacción.

¿Y tienes esas ganas? ¿Qué has decidido?

No he decidido. Tengo buenas posibilidades en Europa y en Estados Unidos. Estoy valorando todas. La verdad, me fui de Los Ángeles temiendo que a lo mejor podía caer en el olvido. Y nunca he tenido tantas posibilidades de trabajo como este año. Nunca me había ocurrido.

¿Cómo juzgas la temporada de los Lakers?

[Tras varios segundos de reflexión] Había expectativas más altas. Ha sido una temporada de transición. Había muchas cosas que se podrían haber hecho mejor para tener un mayor equilibrio de juego. Pero pasaron tres cosas importantes: la primera, cuando se cerró el trade que luego no pudo hacerse con Chris Paul. Esto dejó heridas. Gasol jugó todo el año hasta el All-Star sin saber si se iba o se quedaba. La segunda fue el traspaso que hizo venir a Ramon Sessions pero supuso la salida de Fisher. Un intercambio que necesitó tiempo para ser asimilado técnica, táctica y emotivamente por lo que suponía Fisher. Y la tercera cosa, que es la más importante: por el comienzo tardío, tuvimos sólo dos semanas de pretemporada.

Eso le ocurrió a todos los equipos.

Sí, pero no todos tenían un entrenador nuevo y con un sistema de juego diferente del anterior. Son las tres cosas que han condicionado nuestro año.

¿Te parece injusto que la NBA no dejara llegar a Chris Paul?

Mira, me he convertido en americano. No lo juzgo. Es la cosa que más me ha sorprendido de ser entrenador en América. Una vez que se supo que no podía venir: nadie dijo “qué cabrón David Stern”, “qué hijoputa…”. Nadie. Ocurrió y ocurrió. Punto. Durante el año no oí una sola vez al equipo técnico, ni en privado, criticar a un árbitro. ¡Nunca! Eso es inimaginable en Europa. La noche anterior a empezar los entrenamientos nos informaron de que llegaba Chris Paul y se iban Gasol y Odom. Lo que suponía cambiar todo el modo de jugar.  Brown y los demás dijeron: vale, lo cambiamos todo. Al día siguiente, una hora antes del primer entrenamiento, nos cuentan que Stern lo ha bloqueado. Dice Kuptchak: “Pau, te queremos. Lo que ha pasado ha pasado. Esto es un deporte negocio. Y adelante. Contamos contigo”. Y todos a trabajar. Sin más. ¿Te imaginas aquí si pasa algo parecido con el Madrid y el Barcelona?

De hecho, aquí muchos criticaron la decisión de los Lakers de vender a Pau Gasol.

Pero es curioso, porque Pau Gasol lo explicaba bien en sus entrevistas en Estados Unidos. Pero aquí en España esas entrevistas salían “arregladas”. Fíjate en la última entrevista de Ron Artest [Metta World Peace]. Acaba la temporada y en su última rueda de prensa dice:”el entrenador ha sido fantástico, me ha ayudado mucho, no es él quien falla tiros importantes o que no coge rebotes, como me pasó a mí en el partido clave. No es a él a quien Durant le mete la canasta como a mí. Él no tiene responsabilidad…”. Y luego, para hacer una broma, dice: “Él no llegó fuera de forma a la pretemporada… o, bueno, mejor pensado, siempre está fuera de forma porque es un culo gordo”. ¿Qué salió aquí? “Ron Artest llama culo gordo a su entrenador”.

Ya, pero hablábamos de Pau Gasol. ¿Compartes que algunos tildaran de injusta la decisión de los Lakers de traspasar a Pau?

No. No lo entiendo. Una parte de la prensa, en España, habla sin saber. Estos licenciados dan lecciones sobre Pau pero no tienen ni idea de la NBA. Si quieres comprar una casa más grande o vendes tu casa o pides un préstamo. No te dan una casa en la NBA si la cambias por dos bicicletas, un libro viejo, tu ordenador y un llavero. Pau es el único jugador que tiene un valor de mercado para Los Angeles Lakers. Bynum no porque hasta este año no había hecho una temporada sin lesiones y a alto nivel. Y Kobe Bryant es como Felipe Reyes [sonrisa], jugará en los Lakers hasta el día en que se muera, como Felipe en el Madrid. Los demás no tienen valor de mercado. La única posibilidad de los Lakers para reconstruirse era y es traspasar a Pau. Ahora quizá también a Bynum tras este año. Gasol lo sabía y lo decía en cada entrevista, porque es un tipo muy inteligente. Pero eso no se quería escuchar.

Pasaron los meses y se demostró que se necesitaba un cambio. Muchos de los que criticaron aquel traspaso corrieron a publicar que Gasol tendría que irse de los Lakers.

Viendo lo que ha hecho Chris Paul en los Clippers, muchos dicen: “aaah, ahora lo entiendo”. Mitch Kupchak tenía razón.

Aquí en España se transmite que a Pau lo critican mucho en Estados Unidos.

No es verdad. Si lees Los Angeles Times, Bill Plaschke y los demás unas veces lo criticaban,  otras lo aplaudían. No existe toda esa conspiración. La diferencia es que la prensa española de baloncesto, como la italiana del fútbol, necesita explicar siempre si uno juega bien o juega mal por “peleas, broncas con el entrenador que le habló mal, porque se lleva mal con el compañero…” Nunca se acepta que a veces uno juega mal y punto. Allí no hace falta montar historias. Se cuenta quién juega bien o mal, puntos fuertes y débiles y ya está. No hay morbo.

Pero ¿gusta más Marc que Pau en los Estados Unidos? ¿Y por qué?

Sí. Porque exterioriza más sus reacciones, sus nervios. Es más expresivo.

Kobe Bryant ha dado la sensación de tirar demasiado este año. ¿Es sólo una mirada europea o allí también lo veíais así?

Es verdad. Hay una diferencia muy grande entre el juego en Europa y Estados Unidos. Aquí trabajamos para que un buen jugador pueda encontrar un tiro abierto, alejado de su defensor. Allí todos los ataques son para poner el balón en las manos de los muy buenos, aunque tengan a su defensor pegado. Porque se entiende que los mejores tienen más posibilidades de anotar, a pesar de la defensa. Así que primera opción: Kobe. Segunda: Pau. Pero al final del año, Bynum se convirtió en la segunda. Y luego Pau. ¿Hay partidos que pese a esto Kobe tiró demasiado? Sí, es verdad.

¿Eso se lo explica alguien a Kobe? Y, sobre todo, ¿sigue vivo después?

No se lo dice nadie. Porque Kobe te responde: juego así desde los 16 años y he ganado 5 anillos.  Te miraría a la cara y te diría: “¿Quieres que cambie ahora?” [Silencio] Y también hay momentos en que Kobe, como cualquier jugador de muy alto nivel, pierde confianza en los compañeros. Siente que no hay otro que pueda ayudarle. Y este año ha pasado.

¿Crees que acierta Rudy Fernández volviéndose al Madrid en vez de quedarse en Denver?

Rudy tiene un gran valor en la NBA. En el arranque del año jugaba muchos minutos. No es mejor irse o quedarse. Depende de lo que quiera: jugar más minutos, ganar títulos, ser feliz, estar en Europa o Estados Unidos… desde luego allí es muy apreciado. Tiene las dos puertas abiertas

Serge Ibaka acaba de llegar a la final de la NBA y con una impotancia cada vez mayor. Mirotic todavía no es ni siquiera jugador franquicia en el Madrid. ¿A cuál debería llevar Scariolo?

Depende de lo que Scariolo necesite. ¿Necesita un 4 que le abra el campo sacrificando energía defensiva para dejar espacio en la zona para los Gasol? Coges a Mirotic. Si necesitas intimidación física y que los Gasol no jugarán juntos, que llame a Ibaka.

Por eso hay que elegir. Yo, personalmente, llevaría a Mirotic. ¿A quién llevarías si fueras seleccionador?

Ibaka me encanta, pero teniendo a los dos Gasol que necesitan mucho espacio en la zona, me llevaría a Mirotic.

¿Puede España batir a los Estados Unidos en Londres?

Lo veo difícil.

¿Greg Popovich, es el mejor entrenador de la NBA?

No creo en el concepto del mejor.

Mmm… no te creo. ¿Un entrenador que no cree en el concepto del mejor?

Hay un grupo de entrenadores que son los mejores de la NBA. Y según el equipo que tengan pueden hacerlo mejor o peor. Yo soy un gran admirador de Popovich. ¿Es mejor que Doc Rivers o que Phil Jackson? Para mí, sí. Pero sólo para mí.

¿Lebron James es el Cristiano Ronaldo del basket?

[Sonrisa maliciosa] Sólo voy a decir que Kevin Durant es un gran jugador.

¿El mejor de la NBA?

Sí. Es mejor tirador de fuera que Lebron James y los partidos suelen decidirse por tiros lejanos.

¿Jordan fue el más grande?

Seguramente.

¿Cuál es el jugador más fascinante que has tenido?

Sasha Danilovic. Por su personalidad, dura, exigente consigo mismo de forma casi obsesiva, porque intentó darme un puñetazo una vez, porque en los momentos difíciles de mi vida se preocupó por mí con gran sinceridad y afecto. Te sorprende siempre. Tengo un cariño por Ginobili como si fuese mi hermano. He tenido grandes jugadores como Papaloukas. Pero Danilovic, por su personalidad, era el más complejo, el más desafiante… Tiene ángulos muy difíciles, eso lo hace más interesante.

¿Qué es el enigma Jeremy Lin? Un bluf, una burbuja o un jugadorazo.

Yo estaba en el banquillo cuando nos metió 38 puntos. Jugó 15 o 20 partidos espectaculares. Sus porcentajes no eran buenos, pero en la NBA importa poco. Si la metes en los últimos tres minutos, basta. Kobe ha tenido porcentajes malos este año pero a todos les da igual. Si mete las canastas importantes, hace su trabajo.

[Ettore Messina avisó de que no quería hablar del Madrid. Aprovechando los busiati con berenjenas y pez espada, humeantes todavía en la mesa, y la copa de Vermentino de Cerdeña, recién servido, lo intentamos pese a todo]

Con la perspectiva del tiempo, ha cambiado tu visión de España en este año y medio.  ¿Tu visión de tu salida del Madrid también?

No. Fue un periodo de sufrimiento y dejó, como todo paso difícil, heridas. Todavía desde la distancia veo cómo, sin que yo hable, salen comentarios durante el año; “que si Messina esto”, “que si Messina lo otro” y, sinceramente, lo que quiero es que el Madrid me olvide y olvidar yo también al Madrid. Es lo mejor para ambos. Pero no me he arrepentido nunca de haber tomado esa decisión. Todos somos buenos evaluando a toro pasado. Cuando la tomas, es porque estás convencido de ello.

¿Te decepcionaron los jugadores?

No. Yo tenía un equipo muy interesante el segundo año. De hecho, la mejor parte de ese equipo es la que está jugando ahora. Pablo Laso está haciendo un gran trabajo de equipo y un muy buen baloncesto.

Cómo explicas que, con el mismo equipo con el que el año pasado no se gana nada, Pablo Laso hace un juego alucinante, gana la Copa del Rey, está en la final ACB…

Nosotros nos medimos al mejor Barça de los últimos años. En basket ocurrió lo mismo que en fútbol. El crecimiento de los dos Madrid se ha correspondido con un bajón de los dos Barcelona. La vida son ciclos. Navarro está algo peor físicamente. Mickeal está algo más mayor. Es normal. Yo tuve dos años, con errores y cosas buenas. Al final, el Madrid consiguió el mejor resultado europeo de los últimos 15 años. Y este mismo grupo de jugadores, con Jaycee Carroll, que ayuda mucho, con Mirotic más veterano, está dando un gran resultado con Laso. Quizá si yo me hubiera quedado aquí un año más… nunca se sabe.

[Ettore Messina responde por su extremada cortesía pero no está cómodo. Me pide que no hablemos de jugadores ni del club por dentro. No quiere “influir de ninguna manera” en un momento en el que sus ex pupilos se juegan la final ante el Barcelona. Habla con cariño de Sergi Llull, “un jugador emotivo y con carácter que crecerá cada día”; de Carlos Suárez, un jugador muy completo con un futuro inmenso. La entrevista tiene lugar al día siguiente de la derrota del primer partido con el triple estratosférico de Huertas y, pese a ello, Messina pronostica un 1-3 en la serie. Confía en los madridistas]

El otro día hablaste de tu paso pésimo por el Madrid. Tuviste muchos problemas con la prensa. ¿Por qué semejante presión?

No fue un problema con la prensa, sino con una parte de ella. Creo que hay algunos periodistas que piensan que sólo creando polémica se consigue atraer la atención de los lectores y, probablemente, vender más periódicos. Nosotros atravesamos un periodo parecido en Italia, en basket y en fútbol. Si Brera escribía bien de ti, otro periodista te machacaba. Si Enrico Campana, jefe del baloncesto en la Gazzetta dello Sport, escribía bien de ti, Claudio Pea y Oscar Eleni te hundían porque se odiaban. Aquí también se personaliza demasiado en la relación. No hay capacidad de ser asépticos: se juzga por ser amigos o no serlo. No me espero ventajas por ser amigo, pero no me esperaba tampoco desventajas por no serlo. Pero reconozco que yo no supe manejar esa situación como me habría gustado.

Y las críticas en la prensa al entrenador, ¿influyen de verdad en un equipo?

Tienen una influencia enorme. Ponte en la cabeza de un jugador. Tu entrenador es criticado en uno de los altavoces más importantes, haga lo que haga. Pierdes valor como entrenador a ojos del resto. Y la actitud de la prensa hace daño a algunos jugadores, como al Chacho Rodríguez, que ahora por cierto está jugando de maravilla. Se ha creado una especie de guerra ideológica en España en torno a él y su estilo. Sergio se dedica a jugar, no tiene culpa de nada, pero está en el centro de un debate donde unos lo machacan por ser Sergio, aunque lo haga bien, y otros lo alaban, aunque lo haga mal. Eso no tiene sentido, lo único que consiguen es que le cueste más sacar su gran baloncesto.

En Barcelona no pasó lo mismo con Ricky Rubio. Y eso que sus expectativas eran más altas que en Madrid con Sergio Rodríguez.

No. Porque el Barcelona está más protegido por su entorno.

Eso es lo que dice Mourinho.

Y tiene razón.

¿Por qué Ricky no explotaba en Europa y en EEUU sí?

No estoy de acuerdo. Basta ver las estadísticas de Fran Vázquez. Parece de nuevo el jugador que estaba con Dusko Ivanovic. A Dusko lo machacaron porque no hacía buenas estadísticas. Pero llegó Ricky, empezó a darle balones, y Fran empezó a meter mate tras mate. Se fue Ricky y Vázquez vuelve a hacer 2, 4 ó 5 puntos.

¿Qué fue lo mejor de tu paso por Moscú?

Era más difícil vivir para mi familia, pero yo estuve de maravilla. En 4 años en Moscú no viví un solo malentendido. Curioso. Y eso que hablaban en ruso. Siempre de cara. Los jugadores eran maduros y de gran personalidad. ¿Sabes cuántas veces Ginobili, Papaloukas, Langdon, Smodis o Vanderpool me han dicho: “Ettore, ¿qué coño haces?” Eso es importante para un entrenador.

¿Has hablado con gente del CSKA tras la derrota en la final de la Euroliga? ¿Cómo lo vivieron?

He hablado con mi ex asistente, todavía allí, con dirigentes, con amigos… Estaban hundidos. Verdaderamente mal. Peor que cuando en 2005 perdieron contra Vitoria en la Final Four de Moscú. Aquí ganaban de 20 y lo tenían todo de cara.

Pasemos al fútbol. ¿Cómo consigue ser seguidor del Milan con Berlusconi como presidente?

[Messina mueve la cabeza horizontalmente y casi interrumpe la pregunta] No. Se es seguidor del Milan porque es el equipo de Nereo Rocco, de Rivera, de Schnellinger… que no tienen nada que ver con lo que llegó después.

¿Cómo has vivido estos 26 años ya de berlusconismo milanista?

He vivido bien todo lo que tenía que ver con el terreno de juego, sobre todo la época de Sacchi. Y menos bien todo el resto: aquellos descensos en helicóptero de Berlusconi en las presentaciones, sus continuas bromas sobre cómo juega su equipo, los onces que él elegiría… un buen presidente deja trabajar a su entrenador. Y si no le gusta, que lo cambie.

En estas semanas aflora la podredumbre del fútbol italiano: partidos trucados, jugadores vendidos, equipos controlados por ultras, dirigentes cómplices. ¿Hay más corrupción en el fútbol italiano… 

o en la política española? [Messina interrumpe al vuelo con una sonrisa. Entrevistar a este hombre es como botar el balón delante de Ricky Rubio].

¿El fútbol italiano es más corrupto que el español o la única  diferencia es que vosotros investigáis y castigáis a culpables?

Una pregunta clave. No creo que los únicos malos de la historia sean los italianos. No me lo creo. Me disgusta muchísimo todo lo que está surgiendo en el calcio. A mí lo que más me impacta es pensar en todos los que compran, con mucho sufrimiento, una entrada y van a ver algo que, sin que lo sepan, ya ha sido decidido. Te estás riendo de aquéllos por los que tú existes. Pura crueldad. Por estos motivos me gusta cada vez menos el fútbol.

Pero llega la Eurocopa. No te veo yo eligiendo y dirigiendo pareja como Balotelli y Cassano. ¿Cómo ves a Italia?

Te confieso que he dado un gran paso atrás en mi interés por el fútbol. Ni siquiera sé cuál es el once de Italia.

¿Por qué este hastío del calcio?

Empezó a dejar de gustarme cuando las camisetas olvidaron los números del 1 al 11. Son equipos llenos de extranjeros. Entiendo que el fútbol camina en esa dirección y no pasa nada, pero no me convence. Entiendo políticamente el concepto de Europa unida o de mercado común, pero nosotros somos diferentes de los franceses, que lo son a su vez de los alemanes, y éstos de los españoles. Queremos contar que somos una confederación única, pero no lo somos. Hay cientos de años de guerras, de rivalidad… ¡de quesos y embutidos diferentes! [sonrisa]

Ya se lamentaba De Gaulle de tener que dirigir un país con 246 variedades de queso. Imagínese si juntamos todas las europeas… Giovanni Sartori, politólogo italiano de izquierdas, ya se manifestó desde el progresismo contra la moda del multiculturalismo y la pérdida de raíces, valores e identidad.

Exacto. Del multiculturalismo me da miedo que todos simulemos por un tiempo vivir en una misma olla y al final no nos respetemos. Me gustaría más que siguiésemos respetando esos perfiles, esas diferencias de cada sitio. Si voy a un país musulmán, me parece lo mínimo respetarte, comportarme en tus iglesias como tú creas oportuno. Volviendo a Europa, viajar todos en la misma barca pero anulando nuestra historia, a mí me da miedo.

La gente no entiende la construcción europea. Los confines mentales de antaño han desaparecido. Hasta aquí llegaba España, aquí gobernaba un señor y en esa raya comenzaba Francia. Quizás el problema es que se ha promovido una unión desde arriba, macroeconómica y funcionarial, que no comprende la gente desde abajo.

La gente no entiende nada de la construcción europea. Yo he tenido la suerte de vivir en sitios muy diferentes e incluso cada país alberga grandes diferencias: un andaluz tiene poco que ver con un gallego, como uno de Milán con un calabrés o uno de Moscú con uno de Vladivostok. La homologación debida al progreso me llena de melancolía. En cierto modo se pierde la riqueza del mundo.

Hablando de culturas que se dejan ir muriendo, ¿te gustan las corridas de toros?

Sólo vi una corrida de toros en mi vida. En Granada, en el 92, y me fascinó. Me parecía estar en una escena de Hemingway. No estoy haciendo una valoración ética, respeto el punto de vista de los ecologistas. Pero yo, italianuzzo, tenía un día libre, me fui a la corrida y recuerdo que entraban los toros corriendo en la plaza y la gente ya había entendido si eran buenos o mansos. Gritaban todos. Luego empezó a lloviznar. Se transformó la arena en fango. El torero se quitó las zapatillas para no caerse y toreó descalzo. Hirió al toro. La sangre, mezclada con arena, el agua, los pañuelos blancos… Una escena de Hemingway.

¿Volviste?

Me habría encantado. No lo conseguí nunca, por trabajo y viajes. Ni viviendo en Madrid. Pero mantengo viva la fascinación de aquel día. Una corrida es una máquina de generar sensaciones.

El otro día escribía que la culpa de esta crisis es de todos nosotros. No de un banquero o de dos políticos, sino de un país en el que hemos generado unas élites que no son más que el reflejo de nosotros mismos.

En Italia es todavía peor. Cuando saltó el escándalo de Berlusconi con las menores de edad, muchos italianos decían: “Joder, vaya crack el berlusca, ¿eh? Con todas esas buenorras…”. Tristísimo.

Ese fue el triunfo de Berlusconi. Decir: no soy un político, me parezco a los italianos.

Exacto. Yo soy como vosotros. La muerte de la política como intermediación.

Ex político que hace lobby para un empresario mafioso, absuelto porque no es delito”. Noticia de Il Fatto Quotidiano de ayer. ¿Te duele Italia desde lejos?

Me duelen las generaciones jóvenes, con entusiasmo, con capacidad, que se dejan el culo para progresar y sienten que se les toma el pelo. No tienen trabajo ni oportunidades, y luego desayunan leyendo noticias de este tipo. Todavía hay gente que se manifiesta en recuerdo de Falcone o Borsellino y querría sólo tener unas migas de esperanza. Ya no hablamos ni de trabajo, sino la esperanza de vivir en una sociedad mínimamente civil.

¿Cuándo se perdió el sentido de la moralidad política, de respeto a las reglas, en Italia? ¿Cuándo se impuso la cultura del listo que triunfa, la cultura de Berlusconi?

Ha sido un derribo constante, progresivo. Y Berlusconi ha sido el vértice de todo. No el causante, sino la consecuencia. Yo he votado toda mi vida a la izquierda.

¿Qué izquierda? Porque en Italia hay más tipo de izquierda que de quesos.

Tienes razón. Con una excepción, cuando voté por el Partido Republicano de Spadolini, siempre voté siempre a la izquierda. Primero al Partido Socialista…

el felipismo a la italiana de Craxi…

sí. Con una desilusión furibunda. Luego voté al Partido Comunista, que se convirtió más tarde en el Partido Democrático de centroizquierda. Y mis enfados fueron más furibundos aún con Massimo D’Alema [dirigente italiano del PD y ex primer ministro]. Un personaje demencial. Cuando su izquierda, en el poder, no hizo la ley del conflicto de intereses, puso las bases de la llegada de Berlusconi. No pueden quejarse después de lo que ocurrió. ¿Dónde estaba la izquierda? Viví con amargura y tristeza cuando Fausto Bertinotti (Refundación Comunista) hizo caer al Gobierno de Romano Prodi (entonces jefe de El Olivo, coalición de centroizquierda]. Conozco a Prodi desde hace mucho y quizás no sea el mejor político del mundo, pero es una persona sensata. Intentó cambiar las cosas.

El Del Bosque  de la política italiana.

Exacto. Buena comparación. No puedo estar satisfecho con esta clase política. Al mismo tiempo, por carácter, por cultura política, por forma de pensar, tampoco puedo pasarme a los que gritan. A los Beppe Grillo y demás. No creo en los que gritan, por definición.

Escribimos sobre Beppe Grillo cuando dijo en Palermo que la mafia no estrangula a sus víctimas.

Una vergüenza. Que le pregunten a los asesinados por no pagar el pizzo, como Libero Grassi y tantos otros.

Se acaban de cumplir 20 años del asesinato del juez antimafia Giovanni Falcone. Y en pocos días se cumplirán los 20 del de su ‘Sancho Panza’, el juez Borsellino. ¿Dónde estabas tú?

Cuando murió Falcone era asistente de la selección italiana y estábamos preparando el preolímpico. Estaba en mi habitación de hotel y me llegó la noticia. Me dejó paralizado. No nos clasificamos. A los pocos meses, me encontraba en Tenerife, en un clínic con Pat Riley y Lolo Sainz, cuando llegó la de Borsellino. Me acuerdo que me masacró mentalmente. La muerte de Falcone y Borsellino fueron un antes y un después para Italia y Sicilia. Es un asunto del que sigo leyendo y viendo todo aquello que puedo.

Creciste en los años de la Italia más convulsa, la de los años de plomo. ¿Cómo lo recuerdas?

En el instituto, si no hacías política, estabas fuera. Mis amigos y yo hacíamos deporte y, aunque nos interesara también la política, nos miraban raro. Tras las clases había que reunirse y masturbarse el cerebro en los colectivos de base hablando sobre la sociedad, la revolución. El deporte era sospechoso. Imagínate en Mestre, la zona obrera de Venecia donde yo vivía: el clima era de ebullición política constante.

Naciste en Sicilia pero creciste en Venecia. Como siempre en la historia siciliana: la emigración.

Mi padre y mi madre eran hijos de buenas familias de la burguesía siciliana. Él tenía 28 años. Ella, 18. En cinco años nacimos yo y mis dos hermanos. Mi padre entonces consigue un puesto como abogado del Estado en Roma, pero las dos familias no permiten que se vayan a vivir a la capital. Era la Sicilia de la época. Mi padre entra en la Administración Pública pero en Catania no había un puesto para su rol de abogado de la Seguridad Social. Sólo en Génova y Venecia. De nuevo la pelea y las familias que se niegan a dejarles partir. Pero mis padres, contra la opinión de los suyos, deciden zarpar. Mi madre todavía se acuerda de que mi abuela no la ayudó ni a hacer las maletas como muestra de disgusto por dejar su tierra. Tardaron años en reconciliarse.

Desde fuera pareces más veneciano que siciliano.

[Sonrisa] No me conoces. No soy una persona fría. Querría serlo mucho más, pero en mi vida tomé muchas decisiones sin reflexionar mucho. A veces me salió bien. A veces no. [No parece difícil saber en qué está pensando].

Fotografía: Guadalupe de la Vallina

 


A tres meses de la final de baloncesto de Londres 2012

Como el que no quiere la cosa ya han pasado tres meses más y hemos rebasado la barrera psicológica de los 100 días para el comienzo de los Juegos Olímpicos de Londres. Entre el anterior análisis y éste ha habido varias novedades de interés, que pasaremos a relatar.

Habemus cuadro. O casi

Qué bonitas, las bolitas

El lunes 30 de abril se realizó el sorteo de los grupos que conformarán el cuadro de competición de los JJ.OO. de Londres. El proceso ha sido un tanto opaco porque nos enteramos el mismo día que los bombos se iban distribuir de la siguiente manera: USA-España, Francia-Australia, Argentina-Brasil, China-Túnez, Gran Bretaña-1º Preolímpico, 2º Preolímpico-3º Preolímpico, una disposición de emparejamientos que no responde ni al ranking FIBA, ni a la clasificación del último Mundobasket o de la última edición de los JJ.OO. Sea como sea, las bolitas decidieron que los grupos iban a ser los siguientes:

Grupo A: USA, Francia, Argentina, Túnez, 1º Preolímpico y 2º Preolímpico.

Grupo B: España, Australia, Brasil, China, Gran Bretaña y 3º Preolímpico.

En teoría, el Grupo A ya cuenta con un equipo prácticamente imbatible a priori (USA) y dos equipos potencialmente cuartofinalistas (Francia y Argentina), mientras que en el B sólo se perfila Brasil como rival potente para España… y se está a la espera del 3º del Preolímpico, que a día de hoy es una incógnita y será un puesto por el que habrá literalmente tortas en el torneo previo que se jugará en Venezuela. Contrariamente a lo que se hizo en otros Juegos, donde se realizó un nuevo sorteo entre los tres equipos repescados, para Londres ya está todo el pescado vendido porque su ubicación en un grupo u otro depende de su clasificación, según confirmó el propio José Luis Sáez. Visto el resultado del sorteo, la final del preolímpico no va a ser un partido que pase a la historia por su intensidad, ya que no se jugarán gran cosa.

Puestos a especular y teniendo en cuenta el mayor potencial del Grupo A, es posible que algún equipo opte por dejarse llevar en semifinales y fiarlo todo a conseguir la victoria en el partido por el tercer y cuarto puesto. ¿Muy arriesgado? Sin duda. Pero solo hay que imaginar la primera fase del Grupo A si, por ejemplo, se compone de USA, Francia, Argentina, Rusia, Lituania y… Túnez (pobre Túnez, por cierto): 10 partidazos a muerte y 5 palizas. Cualquiera de las favoritas para clasificarse en ese preolímpico (las mías: Lituania, Rusia y Grecia) encuadrada en el Grupo B tendría bastantes boletos para pasar a cuartos, mientras que en el Grupo A… sería bastante más complicado. No descartaría del todo ver unas semifinales jugadas al despiste.

Así como dije en el anterior artículo que prefería estar en el grupo de USA para reducir las posibilidades de encontrarnos con ellos en los cruces, también dejé claro que la mayor parte de nuestras esperanzas por reeditar la final nos las jugábamos en el sorteo. Y así ha sido. Siempre hablando sobre el papel y sin conocer aún las plantillas definitivas, creo que España tiene una primera fase bastante placentera, donde acabar invicta es un objetivo bastante factible que además nos garantizaría no encontrarnos con USA hasta la final, siempre y cuando los americanos hagan lo que suponemos: marchar como una locomotora hacia la medalla de oro. Esperemos a julio para hacer análisis más detallados del resto de rivales.

La lesión de Rose: lamentable para los amantes del baloncesto y catastrófica para las aspiraciones de los Bulls pero… ¿buena para los intereses de España? (la selección de baloncesto, se entiende)

Jerry Colangelo pone un circo y se le lesionan los gigantes

Aunque el núcleo duro de los que estarán en Londres representando a USA se mantiene (a día de hoy), la lista de preseleccionados que hicieron pública en enero ha tenido una serie de bajas, algunas de ellas muy importantes. El mismo día que se presentaba el partido amistoso USA-España que se anuncia como anticipo de la final de los JJOO, se daba a conocer que Dwight Howard tenía que pasar por el quirófano para operarse de una hernia discal, quedando automáticamente descartado de la selección norteamericana. Por cierto, que Andrew Bynum, en un arranque difícil de explicar, le faltó tiempo para borrarse como sustituto del pivot de Orlando Magic, ya que “prefiere cuidar sus rodillas de cristal”. Y parece que fue ayer cuando se dejó ver con una playmate a hombros en lugar de operarse de dicha articulación. Angelito.

La otra gran ausencia de los norteamericanos será Derrick Rose, MVP de la pasada temporada, que se rompió los ligamentos de la rodilla durante el primer partido de playoff. Chauncey Billups y LaMarcus Aldridge también se caen de la lista por lesión, aunque no contaban con muchas papeletas de estar entre los que viajarán a Londres. Lamar Odom, por su parte, a día de hoy sigue contando para Colangelo, aunque Dallas Mavericks rescindiera su contrato sin acabar la temporada (por bajo rendimiento vinculado a causas extradeportivas, o viceversa). Personalmente, no apostaría fuerte por que Odom sea uno de los 12.

Señoras que posan con Kevin Durant y LeBron James

Las bajas de Rose y sobre todo, Howard, son muy importantes para la selección norteamericana. Si bien una terna de playmakers formada por Chris Paul, Deron Williams y Russel Westbrook no desentona frente a otra formada por Rose y dos de ellos, la sustitución (teórica) de Howard por Tyson Chandler sí que es significativa, sobre todo en aspecto ofensivo. Llama la atención que el propio cuerpo técnico de USA Basketball haya destacado el potencial del juego interior de España (Pau, Marc e Ibaka) y que aparenten confiar en pararlo con el center de los Knicks más los minutos en la pintura de Kevin Love y Blake Griffin, que por cierto se han ganado el puesto con su gran regular season.

Bueno, que también está Chris Bosh. Acabáramos.

Puede que solo sea una cortina de humo y sí que estén realmente preocupados; tras las primeras lesiones, dijeron que había suficientes nombres de entidad en la preselección para construir un equipo con el que ganar el oro en Londres. Al poco, y sobre todo tras la lesión de Rose, recularon. Así, han anunciado dos nuevas incorporaciones al roster: James Harden y Anthony Davis, jugadores que tienen aspecto de ser referentes a medio plazo pero que no deberían quitar el puesto a otros preseleccionados. A pesar de su excelente temporada (que le ha valido ser nombrado Mejor Sexto Hombre), Harden tiene en contra que hay demasiados pesos pesados en el backcourt. Pero si Dwyane Wade sigue haciendo declaraciones en la misma línea de las últimas semanas, en las que tan pronto insinúa que unos cuantos dólares por ir a Londres no vendrían mal o que igual está cansado, apostaría por la inclusión del barbudo jugón de los Thunder en la lista definitiva. En cuanto a Davis, el freshman de la universidad de Kentucky, su presencia en la selección tendría el sabor de otras convocatorias donde USAB hacía un gesto al baloncesto universitario, como la de Emeka Okafor en Atenas 2004 o como cuando Christian Laettner fue nombrado integrante del Dream Team en lo que muchos entendieron como un gesto de discriminación positiva. Por cierto, las paradas de metro de Londres se van a renombrar con motivo de los Juegos como homenaje a las grandes leyendas olímpicas. Bien, pues Laettner ha dado nombre a una de ellas; por comparación, el bañador de Mark Spitz debería tener en su honor una terminal calatravesca. O dos, si son pequeñas.

Barkley, Bird, Magic y… ¡Laettner!, en posición de alerta felina

En muchos medios se ha culpado de la plaga de lesiones a la carga de partidos de esta temporada, comprimida por el lock out. Es cierto. En parte. La de Rose, como la de Ricky Rubio, fue fortuita en el sentido de que se puede producir en cualquier lance de un partido, no por sobrecarga. Más peligroso para la integridad del plantel norteamericano es la Final de la NBA, que puede acabar allá por el veintitantos de junio, apenas un mes antes del inicio del torneo olímpico. Hay muchas posibilidades entonces de que Kevin Durant, LeBron James, Westbrook, Bosh y Wade (Heat y Thunder son dos de los máximos favoritos para jugar la Final), 5 jugadores sobre 12, lleguen bastante cansados a la ciudad inglesa.

Resumiendo, si no hay lesiones o espantadas de última hora, entiendo que USAB mantendrá la misma filosofía de juego: un único cinco puro con un puñado de ala-pivots polivalentes que sirvan de comparsa a la batería de exteriores y aleros que son los verdaderamente imparables en el basket FIBA. Según este criterio, los 12 que representarían a USA en Londres serían: Carmelo Anthony, Blake Griffin, Chris Paul, Chris Bosh, Kevin Durant, Kobe Bryant, Kevin Love, Dwyane Wade, LeBron James, Russel Westbrook, Deron Williams y Tyson Chandler. Quedarían fuera los otros preseleccionados: Lamar Odom, Anthony Davis, James Harden, Eric Gordon, Rudy Gay y Andre Iguodala. Una selección aparentemente un poco inferior que la que suponíamos en enero, pero ¿suficiente para ganar el oro?

Anuncio del USAB-España de julio. Posterized! Digo… ¡Barcelona!

Nosotros tampoco estamos para muchos trotes

Hace un par de meses todos nos rompimos un poquito al confirmarse los peores diagnósticos iniciales: Ricky Rubio se había lesionado de gravedad en la rodilla, perdiéndose el resto de la temporada y los Juegos Olímpicos.

Siendo pragmáticos, si lo analizamos en perspectiva y con frialdad es difícil aventurar si hemos salido perdiendo en el intercambio de piezas con Rose porque si bien el americano es un jugador que te gana los partidos, le sustituirá otro que es de la misma calaña. En cambio, la lesión de Ricky abre un abanico de (limitadas) posibilidades para Sergio Scariolo a la hora de elegir sustituto:

— Raül López. Ha demostrado tener aún minutos de calidad en sus piernas, aportando puntos y dirección saliendo del banquillo cuando Aaron Jackson se cansaba o simplemente no atinaba. A lo largo de la temporada nos ha dejado muchos encuentros con actuaciones reseñables como su partidazo de Euroliga frente al Montepaschi Siena, canasta ganadora incluida. Tiene el perfil perfecto de segundo base y se complementaría con Víctor Sada (lo que uno tiene de capacidad ofensiva, el otro lo compensa con su defensa y físico), al que seguiremos considerando el tercer base de la selección.

— Sergio Rodríguez. Podría ser la hora de volver a la selección, aunque su año aparece entre sombras porque su compañero de equipo (con el que ahora iremos) le ha comido la tostada en números, focos y premios. Su convocatoria podría ser una especie de inversión a medio plazo, porque la quinta de los juniors de oro va sumando años.

— Sergio Llull. Todos contamos con que estará en Londres, pero su gran temporada en el Madrid, donde ha jugado la mayoría de los minutos como base, hace que le consideremos como el sustituto natural de Ricky como suplente de José Manuel Calderón. Diversos MVPs de la jornada, incluido en el mejor quintero de la ACB y MVP de la Copa del Rey, dan la razón a Pablo Laso cuando decidió hacerlo jugar de uno.

Según ha dicho en Twitter, la rodilla va bien y ya ha comenzado a andar. Ánimo, Ricky

Si Llull abandona el puesto de escolta nos queda una vacante aún más complicada de llenar: o bien pasamos a Rudy Fernández (aún convaleciente de una lesión en la espalda) a la posición de dos alternándose con Juan Carlos Navarro (que toda la temporada ha arrastrado una fascitis plantar) por que se necesitaría otro alero, o se convoca a otro escolta. Dependiendo del caso, podrían entrar en el roster Carlos Suárez, Rafa Martínez o hasta Álex Abrines, para ir preparando el relevo generacional.

En cuanto al juego interior, estamos de suerte porque a pesar de la dura temporada y la carga de minutos (Pau y Marc están entre los 12 jugadores que más minutos han jugado en la temporada regular de la NBA e Ibaka probablemente alargue su participación en el playoff hasta la Final), los nuestros están bastante sanos. El único jaleo se ha debido a Nikola Mirotic, y en dos frentes distintos, además.

Por un lado, en una entrevista de hace un par de semanas Mirotic vino a decir que prefería quedarse entrenando en solitario que acudir como invitado a la concentración de la selección porque veía razonable que Ibaka ocupe la plaza de jugador asimilado. Unos días después, Scariolo en persona salía al paso diciendo que Mirotic no había querido decir eso y que contaba con él. Lo que nos lleva a la conclusión de que lo convocará… ¿también para los Juegos? Porque el otro frente se produjo a finales de enero, cuando unos tweets cruzados entre Rafa Vecina, Víctor de la Serna y Ramón Trecet a alguno nos dejó con el culo torcido:

@vdelaserna @trecet Tranquilos q se prepara la revolución. Mirotic e Ibaka podrán ir juntitos a las olimpiadas!! D buena tinta…

@Rafavecina @vdelaserna Rafa,en medio del lio de tuits que recibo, llegas tu con la espoleta… Que pueden jugar juntos Mirotic e Ibaka?JODÓ

@trecet @Rafavecina Hay una gaseosa categoría de jugador asimilado por formación, que PUEDE no contar como nacionalizado. Berisha-Kelati…

Después de aquello, no se ha vuelto a saber nada que nos haga suponer que podrán ir los dos (la normativa es bastante clara al respecto), aunque las declaraciones de Scariolo alimentarán rumores y esperanzas. De todas formas, la FIBA debería ponerse seria con el asunto de asimilados y nacionalizados para que no sigan ocurriendo casos como el escolta de origen estadounidense Jaycee Carroll, que no se sabe bien si se siente más de Montenegro o de Azerbaiyán. Un singular conflicto en su sentimiento patriótico. Tampoco nos podemos olvidar que la asimilación de Ibaka también parece en cierto modo… artificial, porque bien podría haber elegido jugar con Francia si se hubieran dado otras circunstancias en su momento.

Ibaka con la camiseta de Congo jugando contra USA en el Nike Hoop Summit de 2008; en el 2006 formó parte de la selección Sub18 de dicho país africano. También estuvo en el Prissé-Macon francés. Pero juega con España. Tal vez no deberíamos agitar mucho el avispero con lo de Mirotic

Y llega la hora de mojarme. ¿López, Rodríguez, Llull…? Llull, Lulll, Llull. No tendría mucho sentido sacar a Llull de la posición en la que mejor le hemos visto jugar y que, además, ninguno de los otros candidatos puede mejorar. ¿Suárez, Rafa Martínez, Abrines…? Carlos Suárez. En caso de necesidad Llull podría tener minutos en cancha como escolta, y con Suárez reforzamos la posición de alero. ¿Mirotic? No si está Ibaka, porque no parece que la FIBA vaya a flexibilizar la normativa para que puedan jugar ambos.

En resumen, los 12 por los que apuesto son: Pau Gasol, Rudy Fernández, Carlos Suárez, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Víctor Claver, Sergio Llull, Víctor Sada, Marc Gasol, Fernando San Emeterio y Serge Ibaka.

Ya queda menos para el 12 de agosto.


Pablo Laso: “Muchos partidos de la NBA parecen una pachanga”

Pablo Laso es un tipo normal. Colocado en fila con otros 50 entrenadores, físicamente no llamaría la atención. Tampoco por sus trajes. Si les hiciéramos hablar, entonces es probable que pasara un corte de 25, más por su claridad que por su oratoria. Si les viésemos entrenando, tendría sitio en el top ten por enérgico. Pero si no les miramos a ellos, sino sólo el baloncesto que juegan sus equipos, entonces no hay duda: el equipo del “tipo normal” es el más carismático. 

Estaba en un aeropuerto de Oriente Medio cuando de repente me sorprendió este párrafo de Sunset Limited, libro de Cormac McCarthy: “A veces las cosas sencillas tienen mucha más miga de lo que pensamos. Un montón de gente esperando en el andén de una estación. Para ir al trabajo. Han hecho lo mismo cien veces, mil veces. No es más que un andén. Pero podría ser que, para uno de esos currantes que hacen el mismo trayecto cada día, estar ahí al borde del andén sea algo más que esperar el tren”. ¿Y si, después de 20 años de basket control, de entrenadores providenciales, de equipos funcionando como monarquías absolutistas, de ver al baloncesto perder el tren de la audiencia, igual el baloncesto fuese más sencillo de lo que pensábamos?

El Limoges de Maljkovic ganó la Copa de Europa en 1993. Hace ya casi 20 años. El colmo del aburrimiento. El basket control que ha imperado en el baloncesto continental desde entonces, ¿ha dañado a este deporte? ¿Lo ha hecho más aburrido?

Los entrenadores compiten para ganar. No conozco ninguno que no lo haga, sea cual sea tu estilo. Al final tu satisfacción es ganar. Hasta los entrenadores de minibasket. Los resultados hacen falta.

¿Pero…?

Pero luego está cómo se consigue ese objetivo. Destruir es más fácil que construir en cualquier orden de la vida. Y en baloncesto, más. La sensación de que tú puedes armar un buen equipo desde la defensa es real. Como en fútbol cuando te llevas un punto sin jugar un pimiento. Pero yo no concibo el basket así. Quiero que mi equipo meta canastas, se mueva rápido por el campo, derroche energía… Y este juego es el que la gente quiere.

Hablábamos antes de televisión. ¿Crees que un baloncesto más ofensivo generaría más audiencia?

Cuando las televisiones o los medios hacéis resúmenes de los partidos, resaltáis muy raramente la labor defensiva. Como mucho, que Ibaka ponga diez tapones, pero ya es algo visual. ¿Quién escribe sobre una buena defensa de ayudas? Al final, lo que vendéis, lo que importa y lo que entra en el top de las jugadas, son canastas, mates, asistencias… jugadas ofensivas. Y nosotros tenemos que fomentarlas, no disminuirlas.

Antes no te has mojado. ¿El estilo del basket-control ha dañado al baloncesto? ¿Sí o no?

Probablemente sí.

¿Te has aburrido como espectador muchas veces?

Sí. Como espectador, sí. Como entrenador se ve desde un punto de vista diferente, pero los entrenadores no suponemos mucho en términos de una audiencia medida en cientos de miles de espectadores (sonrisa).

Llegas al Madrid y en pocos meses implantas una identidad. En un artículo te comparé con Margaret Thatcher, no por su físico ni su ideología, sino por una frase: “Europa se ha construido sobre su historia, o sea, sobre lo que hemos sido. Estados Unidos sobre su filosofía, o sea, sobre lo que podemos ser”. ¿Cuándo decidiste que tu Real Madrid tenía que jugar alegre y ofensivo? ¿Como consecuencia de tus jugadores o como principio, antes de poner un pie en Madrid?

No hay un momento definido, pero sí una filosofía de baloncesto que llevas dentro e intentas transmitir, sumada al talento de tus jugadores. Cuando yo veía al Real Madrid el año pasado, había cosas que me gustaban y otras que no. Y jugador por jugador, lo mismo. Yo tenía un punto de partida, una filosofía de juego:  querer ser atractivo, agresivo y optar por el campo abierto aunque luego pudiéramos sufrir más en el cuerpo a cuerpo. Pero, cuando valoré mi plantilla, intenté sobre todo colocar a esos jugadores donde mayor rendimiento podían ofrecer.

En esa revisión de los roles de la plantilla de Messina, se habló mucho de tu decisión de poner a Sergi Llull como ‘uno’.

Todos decían que no podíamos jugar con Sergio Rodríguez y Sergi Llull de bases. Pues a lo mejor el que entrenara a ese equipo no podía jugar con Llull de base, pero para mí son mis dos mejores bases.

¿Cuántas veces se te ha mosqueado Llull por jugar de base?

Hablé con él el primer día porque le había visto jugar de base en las categorías inferiores. Le dije: “Mira, Sergi, el equipo está sin terminar, te vas con la selección, pero mi idea es que juegues de base. Sé que puedes adaptarte a varias posiciones, pero creo que tu crecimiento al más alto nivel pasa por esta posición”. Me miró y me dijo: “Pues claro que puedo jugar de base”. Igual los entrenadores anteriores, por lo que no tenían en la plantilla, apostaron por él de escolta. Pero yo traje ahí dos muy buenos jugadores: Jaycee Carroll y Martinas Pocius. Y además estaba Rudy.

¿Qué otros jugadores viste fuera de su sitio?

Por ejemplo, creo que Carlos Suárez es un jugador que debe postear mucho más. Que Velickovic debe jugar de interior y no de exterior. Que Felipe Reyes no pinta nada fuera de la canasta, porque donde siempre ha dominado es cerca del aro. Y pienso que Begic puede tener un rol importante dentro del equipo. Con lo cual, sin hacer tantos cambios de jugadores, sino por lo que quiero sacar de ellos, le doy otro perfil a la plantilla.

¿Se puede jugar igual con cualquier equipo? Empezaste en San Sebastián con un juego muy ofensivo y te tocó recular después.

Ahí entra otro problema. La calidad de tus jugadores. En San Sebastián tenía otros objetivos, otro presupuesto y tenía que jugar de otra manera. Cuando tuve una lesión aquí me trajeron a Ibaka. Y en San Sebastián tenía que reconducir a los que tenía. Igual yo entrené mejor en San Sebastián que en el Madrid. Fíjate si tiene mérito que el Levante vaya cuarto en Primera. Entonces quién tiene más mérito, ¿el entrenador del Levante o Guardiola? Yo igual sería un fracaso como entrenador de baloncesto femenino. No por lo técnico y lo táctico, pero en el trato personal, nunca he entrenado a mujeres.  Igual no sabría cómo llevarlas. El éxito del entrenador muchas veces depende de cosas que no son entrenar. Sino motivar, lidiar con el club, la presión mediática… aunque bueno, eso yo  no lo llamo presión, sino la sensación de medios alrededor del club.

¿Por qué no lo llamas presión?

Nunca la he sentido. Me la quité muy pronto, cuando era jugador, y eso me ayudó a saber manejarla después.

No te vino mal. En tu primera rueda de prensa había una manifestación de aficionados fuera. Y la mayor parte de los seguidores madridistas estaban con Messina. Te tocó empezar desactivando minas y recuerdo tu respuesta: “Si hay una manifestación fuera quiere decir que esta sección le importa a la gente”.

Yo no sé actuar. Tienes que ser tú mismo. E igual hay entrenadores que no valen para un sitio. A veces se venden como fracasos de entrenadores situaciones que son fracasos de un club en un determinado momento.

¿Qué sección te encontraste aquí?

Era una situación de dudas, por el final de temporada, nuevos jugadores, nuevo entrenador… pero esas dudas eran normales. No había que interpretarlas como inestabilidad. Sobre todo porque las dudas en el Madrid son diarias. Yo en el Madrid gano 10 partidos y pierdo el undécimo y a la mañana siguiente la pregunta es por qué no he ganado el undécimo.

¿Pero había una cierta desmoralización de la plantilla? Muchos de tus jugadores estaban dolidos.

No (tajante). Creo que muchos de ellos estaban, al contrario, deseando sacar su mejor baloncesto. Lo cual me facilitó las cosas. Querían demostrar que son grandes jugadores.

¿Cómo viste desde fuera la salida de Messina del Madrid?

Los que toman decisiones son los valientes. El cobarde es el que no hace nada y deja pasar las cosas. Una decisión tan difícil como tuvo que ser para Ettore dimitir fue una decisión valiente, seguro. Como la mía de venir al Madrid. Yo tenía contrato en San Sebastián, estaba muy bien allí y algunos podrían pensar: “dónde se mete éste” o “vaya regalo envenenado”. Lo importante es tomar decisiones. No como ese taxista que te subes y te pregunta: “¿por dónde le llevo?”. Tú sabrás, que eres el taxista.

¿Los entrenadores han tenido demasiado protagonismo en el baloncesto reciente?

Sí. Sin duda. Pero es que el entrenador de baloncesto influye e interactúa mucho durante el partido. Cambios, tiempos muertos… pero eso hace que también se nos pueda juzgar cada decisión.

Hablando de tomar decisiones y salir del Madrid, muchos han olvidado que te fuiste como jugador a mediados de temporada. Un poco como Messina.

Llegué al Madrid con Zeljko Obradovic y en mis dos primeros años fui muy feliz. El equipo era un equipo en todos los sentidos, con grandísimos jugadores, con buenos y malos momentos. En el tercer año llegó un entrenador que lo único que intentó y consiguió en ese tiempo fue romper ese grupo.

Miguel Ángel Martín. 

Sí. Entonces, como yo no quería ser partícipe y no estaba a gusto, pensé que la mejor decisión era salir porque yo no era feliz. Y probablemente debería haberme callado la boca, porque Miguel Ángel Martín al tiempo se fue y yo, que tenía contrato, habría seguido con otro entrenador.  Pero, igual que decíamos con lo de Ettore, a veces uno tiene que tomar decisiones aunque sean jodidas.

¿Cómo te sentó el spot de la Euroliga con tu bronca?

Ni bien ni mal. Me hizo gracia cuando llegué a casa y mi mujer me dijo: “Te han sacado en un tiempo muerto de Euroliga en un plan…”. Y mi hijo de 10 años intervino y soltó: “Uy, pues si yo a papá le he visto en casa mucho peores…”.  Es algo que me sale y lo que sí me fastidia es que se quede una imagen de ese tiempo muerto con 1000 tiempos muertos en todo el año. No sé si vende más o menos, no sé si para la tv es atractivo vender un tiempo muerto, pero sí tengo claro que hablar duro no es alzar el tono de voz. Yo he sido mucho más duro que eso con mis jugadores sin gritar.

Todos hablan de la enfermedad del baloncesto. ¿Qué le pasa a este deporte?

El baloncesto, como todo en la sociedad, tiene mucha competencia. Y esa competencia hace que a un producto le cueste crecer. En cuanto a afluencia en los pabellones, a calidad de la Liga, impacto de la Copa del Rey…. Somos seguro la mejor liga de Europa y probablemente la más seguida tras la NBA. Igual no es tanto una situación de crisis, sino de saber dónde estamos y valorar qué debe mejorarse.

¿Quiere decir que la enfermedad es sólo la baja audiencia? ¿Es la televisión el termómetro de cada deporte?

Si ése es el único termómetro, entonces la situación sería desastrosa. Pero ése problema de competencia televisiva no lo tiene sólo el baloncesto. Lo tienen los programas, las series… la competencia es extrema.

Pero vivimos en una sociedad que ha hecho de la libre competencia el centro de su funcionamiento.

A los diez años tenía un balón y jugaba al baloncesto. Ahora mi hijo de diez años tiene más oferta televisiva, la consola, la Wii, mil juguetes… hay niños de esa edad hasta con teléfonos. Antes el colegio estaba abierto y yo iba a jugar. Ahora están cerrados. ¿Es esto malo? No creo. Simplemente, la sociedad funciona así y hay que adaptarse. Y el baloncesto también.

Decía el otro día Albert Agustí, director de la ACB, que “el público tiene que despertar”. ¿Quizá no debería despertar el baloncesto?

Lo fácil es decir “la culpa es de la televisión”. Igual que en el baloncesto, para un jugador a veces es fácil decir: “No juego bien porque no me ponen, porque no me pasan, porque el árbitro me pita mal…”. Muchas veces el jugador debe pensar “no meto los tiros, no me sacrifico en defensa…”. Hay que mirar hacia dentro. Qué podemos hacer nosotros para mejorar.

Como la frase de Magic Johnson reformulando a Kennedy: “Plantéate lo que puedes hacer por tu equipo, no lo que tu equipo puede hacer por ti”.  ¿Qué debería cambiar el baloncesto por sí mismo?

A lo mejor el sistema de competición. Habría que analizar si el actual es el más atractivo.

¿Incluso planteándose abandonar los playoffs?

Puede ser. Por qué no.  También cómo se marcan las clasificaciones para Europa. Los descensos y los ascensos. Y, por supuesto, el estilo de juego, que viene marcado por la voluntad de un equipo, por la calidad de los jugadores y también por las reglas.

¿Estás planteando cambiar las reglas del baloncesto para favorecer el espectáculo?

Sí.  Para mí la falta en mediocampo para parar contraataques debería ser castigada con más dureza. Eso liberaría el juego. Habría que permitir menos contactos, aunque eso es un tema de arbitraje en el que no puedo entrar. Y una tercera cuestión, para mí la más importante, es que el campo se hace pequeño. Estamos jugando en las mismas medidas que cuando empecé yo en el año 83. Los jugadores son más altos, más rápidos y más fuertes. El campo se queda pequeño. El baloncesto debe ser más alegre. Esto ayudaría.

Me contaban el otro día que Florentino Pérez, el día de la final de la Copa del Rey, cuando ya no quedaban cámaras, subió a la grada con los 800 seguidores madridistas a celebrar con ellos el título.

Me lo contaron y fue una de las cosas que más me alegró. Que exista esa sensación de club, desde el aficionado que va a Barcelona frente a 15000 culés, que ganemos un partido difícil, que el presidente esté con ellos… importantísimo para la imagen del club. O que Mourinho lo primero que hizo al llegar a Rusia fuese felicitarnos por la Copa del Rey. Nosotros también cenamos con el Madrid de fútbol encendido.

¿Qué te dijo Florentino Pérez tras ese título?

Varias cosas se me quedaron grabadas. La primera, en el vestuario nada más terminar, cuando me dijo: “Ahora a por la Liga”. ¡Es la identidad de este club: ni cinco minutos para relajarse! Luego, hablando con él, estaba sorprendidísimo de llevar 19 años sin ganar la Copa del Rey. Y lo comparaba con el fútbol, que el Madrid pasó otros 18 años. En tercer lugar, el conseguirlo en Barcelona fue muy especial para él porque el año pasado, en ese mismo escenario, la Final Four fue una gran decepción.

¿Tiene más impacto ganar la Copa del Rey que la Liga ACB? ¿Ya lo ha superado en importancia como título?

La Copa del Rey ha conseguido ser algo especial: ser un foco del baloncesto mundial. Los árbitros de Euroliga en estas jornadas venían y me daban la enhorabuena y eran un croata, un esloveno… Los entrenadores de Siena me felicitaron también y, como ellos ganaron la suya, yo hice lo mismo. La respuesta de Pianigiani fue: “No compares. Lo nuestro fue sin gente en el campo”. En San Sebastián sé que clasificarse para la Copa ha sido la releche. Casi tiene más interés la primera mitad de la liga regular que determina ese corte de la Copa que la segunda.

Desde el arranque de temporada llamó la atención el reparto de minutos en el Madrid. Tu rotación es más larga de lo habitual. Y casi todos los jugadores jugaban al menos un cuarto, como si fuera minibasket. En la Copa, Felipe se salió en cuartos, Mirotic en semis y Llull y Carroll en la final. ¿Buscabas tener a 11 jugadores enchufados para las fases finales de tres días, como son Copa y Euroliga?

Creo que nuestro estilo de juego nos obliga a mucha energía y mucho esfuerzo físico. Somos un equipo que toma muchas decisiones. Eso nos obliga a estar frescos mentalmente. La fatiga se nota primero en el cerebro que en las piernas. Muchos de mis jugadores no pueden estar jugando mucho tiempo en el campo a esa velocidad. Y no quiero que descansen en el campo. Lo segundo, no quería un equipo que dependiera de un solo jugador. Porque arrancamos con grandes estrellas, pero si se iban no podíamos ser un equipo que dependiera de Tomic, de Llull o incluso de Rudy. Que un mal momento de un jugador no nos afectara para conquistar un título.

Consigues un gran rendimiento medio de la plantilla, salvo en una semana en la que se va la Euroliga al traste. Bilbao y Siena. ¿Fue sólo una “mala semana” o fue miedo?

Fueron 15 días extraños. Pero Siena y Bilbao fueron partidos muy diferentes. Con Siena hicimos el peor partido ofensivo del año ante uno de los mejores equipos y nos lo hicieron pagar. Fue un mal partido. El de Bilbao fue otra cosa. Tiene otras connotaciones. El equipo no estuvo y nos ha costado la Euroliga, siendo el tercer equipo, tras CSKA y Barcelona, con más victorias.

¿Pesó en ese partido ser un equipo muy joven?

Puede ser. Pero pasó. Y precisamente sacar con el grupo las conclusiones de ese partido nos tiene que hacer crecer para la siguiente.

Una vez, Rafa Benítez me comentó que aunque Steven Gerrard llevase el brazalete del Liverpool, no era un capitán. En el vestuario no era el líder. El verdadero capitán era Carragher: nacido en el puerto, cabrón como él solo, capaz de poner firme a cualquiera. Lo recordé el otro día cuando vi la polémica que se montó cuando dijiste que Navarro no es un líder. ¿Qué es un líder?

Hay equipos que ganan y no tienen líder, porque a lo mejor el líder es el club. Ser líder es difícil de definir. Benítez pensaba seguramente al llegar a Liverpool que su líder sería Gerrard. Pero no lo era, aunque ganase los partidos. Navarro es probablemente el mejor jugador que ha dado el baloncesto español.

¿En tu equipo tienes algún líder?

Tengo varios jugadores que pueden llegar a ser líderes. Pero yo creo que para ser grandes líderes todavía deben mejorar. El rol de los líderes ha cambiado mucho. Porque cuando yo empecé a jugar, en el Caja de Álava, en el 83, había 7 u 8 de Vitoria, uno de Lazkano, ahora presidente, un catalán que había caído allí por casualidad y dos americanos. Y jugabas contra el Manresa, que tenía siete tíos de Manresa. Ahora entras en un vestuario y hay ocho nacionalidades. Esta globalización hace más difícil llevar un grupo. La conversación de un esloveno que chapurrea inglés con un vitoriano es más jodida que la de dos tipos del mismo barrio.

Hablamos de identidad, y tú eres seleccionador de una tierra con identidad como Euskadi al mismo tiempo que entrenas al Madrid. ¿Has sentido algún tipo de incomprensión, en Madrid o en el País Vasco, por tus respectivos cargos?

Es un tema muy personal. Si alguien quisiera politizarlo, sería absurdo. Este tema va más allá de la política o del sentimiento. Es una cosa diferente. Yo he disfrutado mucho en la selección de Euskadi, primero como jugador y ahora desde el banquillo. Y cuando me llamaron para ofrecérmelo, lo dejé muy claro: soy entrenador de baloncesto. Si se quiere politizar esto, yo no entro. Si se quisiera sacar rédito de mi imagen en algo diferente del deporte, no habría aceptado.

¿Cuesta a veces desde Madrid entender lo que pasa políticamente en Euskadi y viceversa?

Tenemos un país repleto de identidades. Hay un canon para los andaluces. Una horma determinada para los extremeños. Para los valencianos… Si todo se rigiera por estereotipos, acabaríamos a puñetazos. Menos mal que no todos se guían por cosas menos importantes de lo que muchos creen.

Recuerdo que hiciste en Twitter un elogio a un programa de Salvados sobre el conflicto vasco. Decías: “Me he quedado con una frase: sensación de libertad”.

Fue una frase que dijo él. Para el que no recuerda el programa, Jordi Évole hizo entrevistas a una serie de personajes políticos, y nadie le negó la respuesta. Desde Antonio Basagoiti, del PP, al concejal del PSOE Mondragón, a Maiorga Ramírez, de Bildu… y todo el mundo dio su opinión. Esa sensación de que todos daban su opinión, estés o no de acuerdo, esa sensación de poder hablar, es algo que la gente desde fuera sí ha pensado que no pasaba en el País Vasco. Y no era real.

Una vez escribiste: “si hablaran más los políticos y menos los que opinan, mejor nos iría”. ¿Falta valentía en la política?

Los que tendrían que hablar para solucionar los problemas son los políticos. Pero ahora la opinión de la calle no se genera por las ideas de los políticos, sino por lo que algunos hablan de lo que piensan los políticos. Eso genera incertidumbre. Ahora sólo toca hablar de la crisis. Hay temas más importantes que el conflicto vasco, pero el problema sigue estando ahí. Los presos, etcétera… Y habrá gente en política trabajando sobre ello, pero hacia fuera sólo importan el paro y la economía.

Vamos, que la opinión la generan los tertulianos. Tú, como ciudadano, ¿qué echas en falta?

Los políticos tienen una oportunidad y un problema que es el mismo: los elige la sociedad cada cierto tiempo. A mí me gustaría saber si trabajan para que les vuelvan a elegir o para sacar las cosas adelante. Lo que no me gusta es que algunos trabajen pensando en ser reelegidos. Si yo trabajara en el Madrid sólo para que me renueven, sería triste, corto de miras, no disfrutaría… y probablemente no me renovarían.

¿Cuánto tiempo le dedicas a Twitter y para qué te sirve?

Le dedico poco tiempo y sobre todo para informarme. Por ejemplo, de un vistazo por la mañana veo qué ha sucedido en la NBA, porque yo durante la temporada no la sigo mucho. Veo algún partido suelto, pero no soy un gran seguidor.

¡¿Qué no te gusta la NBA?! ¿Qué es lo que no te convence?

La falta de competitividad que hay entre los equipos en la liga regular. Muchos partidos parecen una pachanga. Mira, este año ha habido un equipo que me ha sorprendido: Philadelphia. Defienden, juegan como equipo, con tensión… y están haciendo una gran temporada casi sin estrellas. Yo apenas te puedo decir jugadores de los Sixers. Ahora la NBA tiene un seguimiento enorme porque hay seis jugadores allí formados en la ACB que engrandecen el baloncesto americano y tapan todo lo que no es la liga americana. Se ven partidos muy malos en la NBA, como en la ACB. Y muy buenos en las dos competiciones.   

Estuviste en Estados Unidos. ¿Hay muchas diferencias entre entrenar allí y en Europa?

Estuve en una pretemporada y en una liga de verano con los Spurs y la sensación es muy diferente a la del baloncesto europeo. El trato con los jugadores, por ejemplo. La sensación de control del equipo. De cómo se entrena. Y además hay un concepto mucho mayor del show-business.

Coincides entonces con esa frase de Ettore Messina a su llegada a Los Ángeles de “y yo qué le voy a decir a Kobe Bryant si viene a entrenar en helicóptero”.

No. Yo eso no lo comparto. Si eres entrenador, tienes que decir lo mismo vengan en helicóptero, en Mercedes, en un Mini o en bicicleta.  Si dejas de decirle algo a un jugador, entonces ya no estás siendo entrenador. Por eso quizás también es por lo que me guste menos la NBA.

Volviendo a Twitter, eres un tuitero tímido

No me suelo meter en muchos temas, pero sí me gusta que haya una ventana para acercarse a mí. Veo por dónde respira la gente, me mantiene cercano a la afición, aunque quiero que quede claro que no me influye lo más mínimo. Está bien esa democracia de los 140 caracteres porque así no te crees nadie especial. Ni yo ni mis jugadores somos especiales. O bueno, ellos sí, pero sólo porque son muy altos.

Alberto Herreros.

Un amigo.

Joe Arlauckas.

Uno de los mejores americanos que han jugado en Europa. Quizá el mejor.

Josean Querejeta.

Presidente de un club.

Patxi López.

Gran seguidor del Bilbao Basket.

Zeljko Obradovic.

Un maestro.

Pau Gasol.

El referente que ha hecho crecer el baloncesto español.

Fernando Martín.

El primer español que pisó la NBA

Juanma López Iturriaga.

Mejor periodista que jugador (sonrisa).

Xabi Alonso.

La eficiencia en un deporte.

¿Magic o Jordan?

Me quedo con John Stockton.

 

Fotografía: Javier Villabrille

 


Final de baloncesto de Londres 2012: un análisis a seis meses vista

 En los Juegos Olímpicos, lo más importante no es ganar, sino participar.

Barón Pierre de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos modernos (1863-1937).

No queremos revancha. Si Estados Unidos queda eliminado en cuartos de final y llegamos a la final y la ganamos, nos da igual. Nosotros intentamos aspirar al oro olímpico.

Pau Gasol, en una reciente entrevista.

Se acaba de hacer pública la preselección de USA Basketball para los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y, aunque todavía nos queda medio año largo para que comience el campeonato, en los círculos baloncestísticos más cerriles el ambiente se empieza a calentar con cuentos de la lechera: ¿la selección española será capaz de ganar la final al, probablemente, segundo equipo más poderoso de la historia del baloncesto? Repito: USA-España-Final-JJ.OO.-Ganar. Cuatro conceptos aparentemente inofensivos que encierran cada uno sesudos análisis basados en intuiciones, filias, fobias y muy pocos datos contrastables aún, la verdad. Como soñar es gratis y llorar también, arrojemos un poco de luz sobre este asunto porque tan fácil es tocar el cielo con las manos como que el cielo se nos abra bajo los pies.

Silencio. Son los favoritos hasta que se demuestre lo contrario

USA: estarán todos los que son

Hace casi cuatro años, USA Basketball presentó el que hasta entonces era el segundo combinado nacional más potente de la historia, con un plantel basado en el cuarteto de All Stars de la talentosa promoción del 2003 compuesta por los Beach Boys (LeBron James, Dwyane Wade y Chris Bosh) y Carmelo Anthony, que con Kobe Bryant, Chris PaulDwight Howard formaban el núcleo duro de aquella selección. El roster fue este:

Carmelo Anthony, Jason Kidd, Carlos Boozer, Chris Paul, Chris Bosh, Tayshaun Prince, Kobe Bryant, Michael Redd, Dwight Howard, Dwyane Wade, LeBron James y Deron Williams.

Cuando se acercó el Mundial de Turquía del 2010 estos doce angelitos escurrieron el bulto de forma miserable, aunque con una desfachatez pasmosa todos ellos han anunciado plena disponibilidad de sus agendas para este verano 2012. Y es que desde el punto de vista deportivo y económico, la repercusión de una y otra competición son incomparables.

La preselección de 20 jugadores que se ha anunciado ha confirmado las quinielas. Siempre dejando de lado la posibilidad de lesiones de última hora que puedan torcer los planes de seleccionadores y articulistas, todo el mundo asumía que iban a sustituir a Kidd por Derrick Rose, y a Prince por Kevin Durant, mientras que si mueven la silla a Williams (cosa harto probable a pesar de su mayor conocimiento del basket FIBA por su experiencia turca), su lugar lo ocuparía Russel Westbrook. Las opciones de repetir convocatoria de Boozer y Redd también eran nulas y para ocupar estas dos plazas habrá tortas, aunque tengo la sensación de que la elección estará entre Tyson Chandler, Kevin Love y Blake Griffin.

Chandler tiene a su favor que ya estuvo en Turquía y que su inclusión equilibraría la plantilla, en la que solo hay otro 5 puro, Howard. No obstante, que existan únicamente dos jugadores con un claro perfil de center en la preselección de 19, da a entender que solo llevarán a uno porque no tienen un tercer hombre como recambio, lo que implícitamente es una pista sobre el tipo de juego que tiene en mente el seleccionador americano Mike Krzyzewski: el mismo que en los anteriores JJ.OO. y el Mundial de 2010, con solo un pivot y numerosos power forwards. Bien pensado, no sé ni por qué lo he destacado. De hecho, antes del anuncio de la preselección contaba con que Amar’e Stoudamire o Andrew Bynum se encontraran en ella en lugar de Chandler. Olvídenlo.

Kevin Love, que también formó parte de la selección que ganó Mundial, reforzaría el juego interior al ser un falso 5, con el añadido de que este año también es una amenaza (para los contrarios y en ocasiones para su propio equipo) desde la línea de tres, y su nivel en este arranque de temporada es espectacular (cerca de 26 ptos y 15 rbd por partido). Reboteador, con muchas ganas, un proyecto de futuro: ha de estar, por justicia.

Y qué decir de Griffin, el Hype of year, perdón Rookie of year del año pasado. Una fuerza de la naturaleza encerrada en un físico singular, que está en el equipo de moda (Clippers) y que goza del beneplácito de la liga y los espectadores. Rapidez, fortaleza, contundencia y highlights: la perfecta imagen de marca de la NBA.

Mi apuesta es por estos dos últimos, Love y Griffin. En resumen, cinco nombres nuevos respecto a Pekín, por lo que tendríamos entonces este equipo (en cursiva los presuntos titulares):

Carmelo Anthony, Derrick Rose, Blake Griffin, Chris Paul, Chris Bosh, Kevin Durant, Kobe Bryant, Kevin Love, Dwight Howard, Dwyane Wade, LeBron James y Russel Westbrook.

Un equipo muy respetable.

LeBron, Kobe y Dwyane. La línea que separa el respeto del miedo es a veces muy fina

Según esta propuesta, el teórico plantel inicial del equipo americano estaría formado por el reconocido como Mejor Quinteto de la NBA del 2011. Como son muy de tener en cuenta la veteranía, Paul podría ser titular en lugar de Rose o Anthony por Durant, y si valoran el estado de forma, Wade por Bryant; pero qué quieren que les diga, para el caso: patata. Porque menudos jugones:

Carmelo Anthony es un anotador letal que ha demostrado en sus anteriores participaciones en torneos internacionales que rinde bastante bien en formato FIBA, donde las defensas se las ven y se las desean para parar su vendaval ofensivo. Un pequeño apunte estadístico: tiene el record de anotación en un cuarto en la NBA (junto con George Gervin) con 33 puntos. Ahí es nada.

Puede que este año volvamos a ver sonreír a Chris Paul y, aunque dudo que llegue algún día a jugar al nivel que lo hizo en la temporada 2007-2008 (donde quedó segundo en la votación del MVP de la temporada regular), su conexión con Griffin va a deparar alegrías para los seguidores de los Clippers y los alley-oops. Ya sea titular o suplente, es el base que más juego puede crear para los americanos, y calculo que contará con unos 15 minutos por partido. Los otros 25 se repartirán en unos 5 para Westbrook, que saldrá como revulsivo o desatascador y cerca de medio partido para Derrick Rose, que por cierto es el actual MVP de la NBA. Si usted no es demasiado impresionable y esta carta de presentación le deja frío, le ruego eche un vistazo al último cuarto de cualquier partido igualado de Chicago Bulls de los últimos años. Y si hablamos de clutch time, tenemos que mencionar a Durant, que a la hora de meter triples le da igual jugar en Rucker Park o contra Dallas, los actuales campeones de la NBA. Meras anécdotas en la carrera del que va a ser el mejor jugador de la NBA de esta década. Sí, han leído ustedes bien. En todo caso, otro 3 devastador en baloncesto FIBA, en donde su único contacto con este estilo de juego se ha saldado con el MVP del Mundial del Turquía.

Kevin, Derrick y Russel: Campeones del mundo con 22 años. Ojo con la quinta del 88

El puesto de small forward se completa con LeBron James, aunque seguramente jugará de lo que quiera. En prácticamente todos los corrillos del mundo del baloncesto hay preparados unos bidones de gasolina junto a una pira para, a la mínima señal de duda, inmolar a James y a cualquiera que se atreva a desafiar a la corriente imperante (que se lo pregunten a Gonzalo Vázquez). Un jugador que batirá numerosos records individuales en la NBA, realmente imparable salvo por su ignoto mundo interior que lo muta de bestia corderito; cada vez tengo más claro que es como una especie de Juggernaut (el personaje de Marvel) al que nada físico puede parar cuando se pone en movimiento… nada, excepto un ataque psíquico.

En la lista de tareas pendientes para parecerse más a Michael Jordan, Kobe Bryant tiene subrayado con fluorescente el sexto anillo y la segunda medalla de oro en unos JJ.OO., por lo que su interés por la cita londinense estará asegurado. Para los que le veían ya mayor o desmotivado, acaba de lanzar un mensaje en forma de anotación, encadenando 4 partidos consecutivos por encima de los 40 puntos.

El otro escolta de la selección es Wade, que para mí es como el Juan Carlos Navarro americano, una debilidad personal: otros se llevarán los focos y la mayoría de reconocimientos individuales, pero él siempre está ahí, descolgándose con actuaciones portentosas curiosamente cuando el balón quema en las manos. Recordemos que en un equipo con Bryant y LeBron de titulares, Wade como sexto hombre fue el máximo anotador americano en los anteriores JJ.OO.

Por dentro, la mayoría de los minutos se repartirán entre Howard, quien para disfrute de sus rivales atraviesa un momento dulce desde la línea de personal (un vergonzoso 46% de acierto), y Chris Bosh, del que nadie espera ya actuaciones estelares pero que ayudará con su puñado de rebotes y puntos, sus saques de banda y sus bloqueos ciegos; es decir, su día a día en los Heat.

Y contra esta horda, ¿qué tenemos nosotros?

Posterized!

España: que estén todos los que son

El combinado español también irá con el mismo bloque que acudió a Pekín, siempre construido alrededor de la generación de los Juniors de oro (Pau Gasol, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Raül López y Berni Rodríguez). Recordemos la selección al completo que ganó la medalla de plata en el 2008:

Pau Gasol, Rudy Fernández, Ricky Rubio, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Carlos Jiménez, Raül López, Berni Rodríguez, Marc Gasol, Alex Mumbrú y Jorge Garbajosa.

Análogamente a la selección USA, todo parece indicar que habrá cinco cambios respecto a los anteriores JJ.OO. Entre los nuestros ya no estarán Jiménez, Mumbrú y Garbajosa debido a que se han retirado voluntariamente de la selección; mientras que, deportivamente hablando, muy pocos cuentan con que incluyan en la lista a Berni y a Raúl.

Con toda seguridad (y merecimiento), tres de esas cinco plazas se ocuparán con Fernando San Emeterio, Sergio Llull y Serge Ibaka. Los otros dos puestos restantes cuentan con varios pretendientes, entre los que destaco a Nikola Mirotic, Víctor Sada, Víctor Claver, Carlos Suárez y Fran Vázquez. Echemos un vistazo más pormenorizado a los candidatos:

Mirotic está demostrando su valía semana a semana con el Madrid, tanto en la Liga Endesa (ACB) en la que ya es reconocido como una de las estrellas, como en la Euroliga, donde ha sido nombrado MVP del mes de diciembre. Joven, versátil, con tiro de media y larga distancia, no rehúye la pintura, con carácter… muy bueno en definitiva. Entonces, ¿por qué no es un fijo entre los 12? Porque según los reglamentos actuales de la FIBA es ilegal jugar con dos asimilados por selección (Ibaka ocuparía el único puesto que se permite). José Luis Sáez, el presidente de la FEB, está haciendo todo lo que está en sus manos para modificar la reglamentación, pero a día de hoy, la participación de Mirotic es incompatible con la del congoleño de los abdominales hipertrofiados.

Mirotic e Ibaka. De momento, la selección tendrá que esperar

Sada puede ser el mejor base reboteador del mundo, no lo discuto. Pero personalmente, considero que la posición de 1 estará suficientemente cubierta con Calderón y Ricky, y en caso de ser necesario también está Llull (este año está jugando en esa posición en el Madrid aunque Sergio Scariolo lo prefiere de escolta). Incluso su bien merecida fama como defensor puede ser puesta en tela de juicio frente a nuestros bases NBA, que a esas alturas de año llevarán no menos de 50 partidos a sus espaldas defendiendo a bases purasangre día sí y día también. Sus minutos en el campo serían escasos de no mediar problemas de faltas personales a gran escala o molestias físicas. El jugador número 11 o 12 de la rotación, en todo caso.

Claver acaba de salir de una lesión, por lo que su evolución es una incógnita. Bien pensado, es una incógnita su evolución en general; cuesta creer que ese chico desgarbado que estos últimos veranos languidece en el banquillo de la selección es el mismo jugador que se marca partidazos con el Valencia. Con un lanzamiento exterior cada vez más fiable y una potencia de salto afroamericana, sigo confiando en su potencial porque es lo más parecido al 3 alto por el que suspira medio mundo, aunque más bien es un 4 con mentalidad de alero.

Y Suárez. Qué pasa con Suárez. No lo entiendo. Estoy seguro de que existe una explicación para su caso, aunque la desconozco. Planta, números, presencia, tiro, pelazo… aún así, hay algo que sigue fallando. Parece que los intangibles en este caso están presentes pero de forma negativa. Puede que sea su gran oportunidad… y que la deje escapar de nuevo. O tal vez no; por el bien de la selección, ojalá que no. ¡Juega al nivel que puedes jugar, carajo!

Si nos planteamos preguntas en voz alta sobre El Caso Suárez, qué decir de Fran Vázquez. El Incidente de la Taquilla es uno de los grandes misterios del baloncesto español y, según dice la leyenda, esconde las respuestas que explican a nivel estequiométrico por qué Pau y Fran son como agua y aceite. Vázquez, que tuvo los huevos de hacerle la cobra a Orlando Magic, recula cuando llega el verano y el mayor de los Gasol acepta defender los colores de España. Con los hermanos Gasol, Ibaka y Vázquez podríamos jugar el balón a no menos de medio metro por encima del aro ataque sí, ataque no, bien alimentados por nuestros exteriores. Solo razones extradeportivas justifican su colección de ausencias. Una lástima.

¿Qué sería lo ideal? Mirotic y Suárez. ¿Qué me pide el cuerpo? Mirotic y Claver, y añado Vázquez por Reyes. ¿Qué será lo que pasará? Pues me temo que llevarán de nuevo a Sada y Claver. Como hasta junio no saldremos de dudas con la convocatoria oficial, asumiremos que los seleccionados son los siguientes (de nuevo, el quinteto inicial en cursiva):

Pau Gasol, Rudy Fernández, Ricky Rubio, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Víctor Claver, Sergio Llull, Víctor Sada, Marc Gasol, Fernando San Emeterio y Serge Ibaka.

Si se confirman estos nombres, probablemente estamos ante la selección más potente de nuestra historia con 7 jugadores con pasado NBA y la mayoría de ellos en el mejor momento de su carrera. Esbocemos un pequeño perfil de todos ellos:

Solo una actuación jordanesca de Navarro privó a Pau de conseguir su segundo MVP del Eurobasket, que añadir al MVP del Mundial de Japón de 2006 y a ser el máximo anotador de los pasados JJ.OO: es el dominador absoluto de los campeonatos FIBA del siglo XXI, el hombre franquicia de España, el referente. Su irregular arranque de temporada, probablemente despechado por el desprecio público de los Lakers al ponerlo en el mercado, sin duda se tornará en una voraz hambre competitiva en cuanto llegue julio. La medalla de oro es su máxima aspiración, porque se antoja complicado que en el 2016 el equipo español tenga el mismo potencial.

Los meses de Rudy en el Madrid han demostrado que no se le ha olvidado enchufarlas. Encargado de labores oscuras tanto en la selección como en Portland, parece que está atravesando su mejor momento en la NBA en los Nuggets con actuaciones muy meritorias, aunque acaba de lesionarse con pronóstico incierto. Su carrera estará marcada por ser el protagonista de uno de los dos mejores mates de la historia de lo JJ.OO. (1)

De Ricky Rubio comienzo con una palabra: yoyalodije. Aprovecho la ocasión para un comentario ventajista: ni se le había olvidado jugar al baloncesto ni lo que está haciendo ahora es una novedad sobre lo que ya habíamos visto; simplemente, necesitaba recuperar sensaciones. Otro tema es que su rendimiento como base suplente o falso escolta en los Timberwolves le haga merecedor de ser actualmente el tercer jugador más votado para el All Stars en su posición (guard) en el Oeste, solo por detrás de Paul y Bryant. Un reconocimiento importante aunque llegados a este punto siempre recuerdo que, en algún All Stars, Grant Hill sacó más votos que Michael Jordan, lo que salvando las distancias viene a ser el “Hitler también ganó las elecciones” del ámbito baloncestístico. El juego de Ricky es el contrapunto ideal al juego de Calderón que es más pausado, más de equipo, y que teóricamente es una mayor amenaza en el lanzamiento exterior. El estado de forma de ambos en el momento de redactar este artículo se puede calificar de muy esperanzador, recolectando regularmente dobles-dobles.

Navarro es el Dwyane Wade español (¡Alerta! Referencia circular), a lo que hay que añadir que es el segundo mejor jugador de nuestra historia. Una debilidad personal, insisto. Me quedo sin palabras, así que tomo unas cuantas del blog de Lucio Angulo:

Hoy te toca defender a La Bomba Navarro, lees sus características en el scouting: “Puede penetrar a canasta con ambas manos, arma el tiro rápido por lo que es importante estar cerca de él. Cuidado con pegarse en exceso pues es listo para sacar faltas. No dejar de defenderle lejos del aro, puede sorprender con tiros de larga distancia (hasta 7 metros) con buenos porcentajes. Precaución con su primer paso, que no nos pille de sorpresa, excelente en tiros de 2 lanzando por encima del defensor. No enviarle a la línea de tiros libres ya que saca así muchos puntos…”

Y llega el partido. Y Navarro te mete un triple. Y el entrenador grita:

-¡Que no te separes! ¿No lees el scouting?

-Sí, entrenador, sí.

MVP del Eurobasket, de la Euroliga, de la Final Four, de la liga regular de la ACB, de la final de la ACB, de la Supercopa ACB… y en la NBA no lo valoraron. No se hizo el caviar para la boca del asno

Llull jugará en el puesto de uno y medio, que traducido a lenguaje coloquial viene a ser la posición que quede libre cuando él esté en cancha. Esta situación es fruto de los desequilibrios en la rotación derivados del empecinamiento por jugar con Rudy de alero titular. Gracias a sus piernas e intensidad, nuevamente se perfila como integrante de la unidad de remontada a base de bajar el culo y correr, junto a Ricky, San M e Ibaka.

San Emeterio es el típico jugador que parece que no está hasta que roba un balón, o coge un rebote improbable, o anota un triple en un momento caliente y te das cuenta, al mirar la planilla, que lleva un partidazo. Un MVP de la liga regular de la ACB y un integrante del mejor quinteto de la Euroliga (ambos logros en la temporada pasada 2010-2011) no es cualquier cosa, oiga.

Y la gran baza española está en nuestros pivots. Junto con Pau, Ibaka, Marc y Reyes formarán el juego interior más poderoso del mundo. Sin exagerar, sin patriotismos, tenemos todo: contundencia defensiva, intimidación, movimientos al poste, juego por encima del aro, complementarios entre sí… Han de ser la piedra angular del proyecto oro olímpico.

El camino hacia la Final

Es muy difícil pronosticar el grado de dificultad del camino hacia una final si el cuadro del torneo aún no se ha dibujado. Eso para empezar. Por el momento, el resto de selecciones clasificadas, esas que todos queremos pensar que irán como sparrings previos a la gran final, son (por orden alfabético): Argentina, Australia, Brasil, China, Francia, Gran Bretaña y Túnez. En el preolímpico, que tendrá lugar en Venezuela a principios de julio (apenas unas semanas antes de los JJ.OO.), habrá una lucha brutal por tres puestos entre las selecciones de Lituania, Grecia, Rusia, Venezuela, Macedonia, Puerto Rico, Nueva Zelanda, República Dominicana, Angola, Nigeria, Jordania y Corea del Sur (escritas en el orden en el que creo que quedarán clasificadas). Después del seudopucherazo de la FIBA, que de mala manera ha metido directamente a Gran Bretaña por ser país organizador, diversos representantes nacionales presenciarán en persona el sorteo de este torneo, que se realizará el día 31 de enero.

Esto es lo más parecido al cuadro oficial del torneo que tenemos por ahora

Así pues, en algún momento indeterminado (2) se meterán 12 bolitas en un bombo y resultarán dos grupos de 6. A pelo. Nada de cabezas de serie. Todo dependerá del azar y de la componente trilera que pueda flotar en el ambiente.

Tan factible es que a España le toque con, por ejemplo, China, Túnez, Gran Bretaña, Australia y Rusia, como en otro con USA, Argentina, Brasil, Francia, Lituania y Grecia. Y de esos dos grupos, pasan a la siguiente fase los cuatro primeros; el resto, a arrasar la villa olímpica durante noches sin fin.

En la segunda fase es cuando la matan: enfrentamiento directo en los clásicos cuartos-semis-final. Si España quiere evitar a USA en los cruces hay que hacer bueno el dicho “ten cerca a tus amigos, pero aún más a tus enemigos”: habrá que poner una vela negra a Michael Jordan para que el sorteo nos empareje en el mismo grupo que los norteamericanos, porque de lo contrario tendríamos que hacer la machada de dejarlos fuera de la final o realizar complicados cálculos hasta dilucidar qué basket average y/o cuántas derrotas son necesarias para ir por el otro lado del cuadro. Y si hacemos caso del Informe PISA, no somos los más preparados para ese nivel de análisis. Tampoco sería de recibo jugar al no me chilles que no te veo para perder de 20 contra Túnez, cuando hace pocos meses nos llenamos la boca con palabras como ética y deportividad al referirnos a la pantomima de los franceses en el Eurobasket de Lituania; no obstante, somos un país que está lleno de gente que se viste por los pies pero se cambia de chaqueta (ojo, que aunque lo parezca no estoy incidiendo de nuevo en el asunto Ricky Rubio), así que no descarto nada. Recapitulando, un porcentaje muy alto de nuestras posibilidades y esperanzas de disputar la final del 12 de agosto puede que nos lo estemos jugando por abril, cuando el bombo gire.

Lituania ha llegado a semifinales de los cinco JJ.OO. que se han celebrado desde su independencia en 1991. Y quieren seguir la racha

Pero veámoslo de otro modo: si nos creemos en disposición de ganar a USA en la final, ¿no sería mejor cruzarnos con ellos incluso antes (cuartos o semifinales) porque podría jugar a nuestro favor que ellos sientan una presión mayor por tener que llegar a la final? Francamente, me cuesta creer que a gente como Wade, Bryant, Rose o Durant les tiemble la mano al final del partido (nótese que voluntariamente he evitado mencionar a LeBron James), pero es una idea sobre la que reflexionar, pensamientos que seguro hacen secar la gomina del pelo de Scariolo y son un torreón importante del castillito de naipes que están edificando en el aire las altas esferas de la FEB.

En todo caso, si algo nos han enseñado los últimos campeonatos, es que somos capaces de palmar con cualquier equipo medio pelo. Hay que tener presente que Turquía (por dos veces), Serbia, Rusia, Croacia, Argentina, Lituania y Francia nos han mojado la oreja en partido oficial recientemente. Vender la piel del oso antes de matarlo nos puede costar caro, sobre todo si nos relajamos y cuando nos queremos dar cuenta tenemos el cuello entre los dientes del plantígrado peludo y hermoso. En este sentido soy optimista, porque asumo que el grado de mentalización de los nuestros superará cualquier efímera caraja que podamos sufrir. Ya son campeones de Europa y campeones del Mundo, pero para la mayoría de ellos es su última oportunidad de ser campeones olímpicos. Cuento con que harán todo lo posible para no desaprovecharla.

A estas alturas de artículo, en el que hemos dado por bueno un cuadro que desconocemos y unas selecciones que aún no se han formado, desgranar una final hipotética no chirriará a los lectores. Antes de partir hacia Londres, creo que aún sin fecha fija, se jugará un nuevo amistoso contra USA en el Palau San Jordi. Tras ese partido, se podrán sacar algunas conclusiones, mientras tanto se puede analizar el histórico reciente de los enfrentamientos de ambas selecciones, los duelos individuales, las unidades, el estilo de juego, el estado anímico… pero todo sigue en el ámbito del análisis-ficción.

¡Qué tiempos! Jordan, Fernando Martín… más de la mitad de los 24 jugadores que podrían rememorar por segunda vez aquella final no la presenciaron en directo por televisión porque ni siquiera habían nacido

Antecedentes recientes

Desde que entraron en la selección española los juniors de oro, el balance con Estados Unidos es el siguiente:

  • Mundial 2002 de Estados Unidos: victoria en el partido por el 5º puesto (81-75)
  • Juegos olímpicos de Atenas 2004: derrota en cuartos de final (94-102)
  • Juegos olímpicos de Pekín 2008: derrota en la primera fase (82-119) y derrota en la final (107-118)
  • Amistoso en Madrid previo al Mundial 2010: derrota (85-86)

Total: 1 victoria-4 derrotas. Vamos, que cuando ganamos la última vez a Estados Unidos, Ricky Rubio ni había debutado en la ACB (que es casi como decir que fue en blanco y negro). A la vista de estos resultados, ¿cuál debe ser nuestra filosofía? ¿jugar a meter 100 o a que no te metan más de 80? Los fríos números dicen que nos convendría centrarnos en la defensa no permitiendo más de 85 puntos para estar en disposición de disputar la victoria, porque si nos meten más de cien lo tenemos crudo. Me parece bien; a ver quién es el guapo que le pone el cascabel al gato. Aunque sí hay algo cierto: uno de los análisis que obviamos es que España jugó su mejor partido ofensivo de toda la era Gasol en la final de Pekín 2008. Y que, por lo general, es más complicado repetir (a nivel colectivo) un día excepcional en ataque que una defensa férrea, porque no depende tanto del estado de gracia sino de piernas y voluntad.

Duelos individuales

Si hacemos una quiniela jugador por jugador sobre quién ganaría los duelos individuales, me ponga como me ponga, nos saldrían todo victorias visitantes excepto tal vez el de los gasoles (Pau-Howard y Marc-Love, o viceversa, 1X en el peor de los casos). Sí, en un par de duelos individuales somos mejores, pero tampoco es para coger aire y gritar dándonos puñetazos en el pecho. Por nuestro bien, es mejor analizar el juego en conjunto.

Gasoles unidos jamás serán vencidos

El juego 5 contra 5

El mayor ejemplo de que el talento colectivo puede hundir al individual se dio en las semifinales del Mundial de Japón cuando Grecia, con el grandísimo Theodoros Papaloukas como estrella, comió la moral a los americanos. Desde ese cortocircuito a ambos lados de la banda, no se ha vuelo dar el caso de tener a los americanos colapsados en ataque. Lo más parecido fue el amistoso que jugamos contra ellos en el 2010, aunque fue un partido devaluado por las ausencias de ambos equipos. En este sentido, hay que hacer de abogado del diablo y dar un voto de confianza a la labor de scouting de los entrenadores estadounidenses.

Recuperando la polémica del 3 que comentaba anteriormente, no comparto que sea punto de partida innegociable salir con Navarro y Rudy de titulares independientemente del rival, mucho más si con ello se resiente el rendimiento de las unidades, que quedan muy descompensadas. La única gran ventaja que veo es que la amenaza de lanzamiento exterior creará mucho más espacio para nuestros interiores, porque ahí es donde podemos hacerlos daño. Insisto: ni los americanos ni ninguna selección puede parar el arsenal de centímetros y calidad que tenemos en la pintura. Es más, defensivamente tenemos 18 faltas personales con las que enviar a Howard a hacer el ridículo desde la línea de tiros libres sin que se resienta notablemente nuestro rendimiento en la zona rival.

Y por lo demás, lo de siempre: atención a sus robos de balón, porque corren como si les faltara la fe. Manos rápidas, contraataques meteóricos y mates estratosféricos son sus marcas de la casa. Hay que evitar canastas fáciles a toda costa.

Para ser un análisis preliminar, creo que tenemos suficiente material para discutir y fantasear. O si no, nos queda el consuelo de que tras la lectura de este interminable artículo ya queda menos para el 12 de agosto, el día de la final.

(1)  Siempre está bien recordar el mate de Rudy frente a Howard en Pekín 2008… pero es que el mate de Vince Carter sobre el francés Frederic Weis en los JJ.OO. de Sidney 2000 es de otra galaxia.

(2)  La fecha del sorteo aún no está decidida; para que sirva de orientación, en los Juegos de Pekín se repartieron los grupos cuatro meses antes de la competición (incluso antes que el preolímpico), completando el cuadro con los equipos A, B y C provenientes del torneo clasificatorio. Eso sí, para evitar suspicacias, una vez finalizado el preolímpico se hizo un nuevo sorteo entre esos tres equipos clasificados para ver cuál de ellos era el denominado A, B y C, respectivamente.