Rafa Nadal, Bianca Andreescu y casi todo lo que nos dejó el US Open 2019

Rafa Nadal gana la final masculina del  US Open 2019 frente a Medvedev. Foto: Corinne Dubreuil / Cordon.

Nadie contaba con la longevidad. Cuando veíamos a aquel chaval de diecisiete, dieciocho, diecinueve años dejándose las rodillas en la pista corriendo como si no hubiera un mañana, pensábamos que efectivamente sería así: que no habría un mañana, que esa manera de jugar le condenaría a estrella fugaz y le abocaría a una retirada temprana o al menos a un sensible bajón de sus prestaciones antes incluso que sus contrincantes de mayor edad.

No ha sido así. Por supuesto, Nadal ha tenido muchísimas lesiones. Rara vez ha conseguido completar un año entero sin ausencias en torneos clave. Eso no le ha impedido mantener la competitividad ni la regularidad. El chico que ganó Roland Garros con diecinueve años es el mismo veterano que acaba de ganar con treinta y tres el US Open. Su cuarto título en las últimas diez ediciones del torneo, justo el que le había sido más esquivo en sus primeros años de esplendor.

Ese dato es el ejemplo perfecto de la evolución de Nadal. Un hombre que, sobre todo desde la llegada de Carlos Moyà, sabe dosificar sus fuerzas y mantiene ese instinto salvaje para aprovechar las oportunidades. Con Djokovic, Federer y Medvedev en el otro lado del cuadro, su presencia como finalista nunca estuvo en duda y solo perdió un set en todo el camino, contra Marin Cilic. Una vez en la final, fue mejor y se sobrepuso incluso a la mística de Medvedev, un jugador extraño donde los haya con más vidas que un gato.

Nadal ha aprendido a no fallar y en este circuito con eso basta. Desde su derrota contra Gilles Müller en Wimbledon 2017 no se le recuerda sorpresa alguna en su contra. O victoria o retirada o derrota contra sus homólogos, es decir, Djokovic y Federer. Pasaron los tiempos de Fogninis y Pouilles. Justo en el momento en el que más incómodo se siente en la competencia directa —Djokovic le ha ganado sus nueve últimos partidos fuera de la tierra batida y Federer, los últimos siete— más cerca está de convertirse en el jugador con más torneos de Grand Slam de la historia, algo que muy probablemente se cumplirá el año que viene, a los treinta y cuatro.

Hagamos un repaso a este y otros aspectos que nos ha dejado Flushing Meadows en esta quincena:

1. Hasta cierto punto, hubo dos torneos: uno que duró hasta el domingo y no fue gran cosa y otro que se limitó a la final y fue apasionante. Cuatro horas y media de una calidad bastante razonable… aunque hubo un momento en el que todo apuntaba a tres sets facilillos para Nadal. Ni verse con dos sets y break abajo fue suficiente para que se rindiera Medvedev, un hombre con una capacidad competitiva asombrosa que se dio cuenta de qué iba el partido demasiado tarde. A Nadal no puedes esperarle y devolverle bolas. Tienes que ir a por él, tienes que subirle, atacarle, incomodarle, hacer que se salga de su táctica previa… Aunque en ocasiones arriesgó más de la cuenta, Medvedev logró en el tercer y cuarto set lo que llevamos años pidiendo a su generación: que compita de tú a tú con los grandes mitos. En mi opinión fue peor que Nadal en ambos sets pero, de alguna manera agónica, los ganó y eso es lo que cuenta. Se dio a sí mismo una oportunidad y la aprovechó contra todo pronóstico.

2. Otra cosa fue el quinto set. Ahí, Medvedev llegó muerto. Me cuesta mucho imaginar cómo el ruso podría haberle ganado seis juegos a Nadal hecho un auténtico trapo… pero no estuvo tan lejos. De entrada, tuvo dos bolas de break para ponerse 2-0. Después, cedió sus siguientes servicios pese a adelantarse 40-0 y 30-0 respectivamente. Por último, ya con 5-2 y saque de Nadal, consiguió romper, salvar match point con su servicio y disponer de bola para el cinco iguales. Yo lo veía y no lo creía. Por supuesto, Rafa también estaba cansado, pero Medvedev se caía de agotamiento y no dejaba de pegar palos a las líneas. Esa versión tiene futuro. La otra, no tanto.

3. Y es que siento no compartir el entusiasmo generalizado por el ruso. Soy un viejo gruñón y tengo que vivir con ello. Su verano ha sido descomunal y ya digo que su capacidad de sufrimiento le distingue de la mayoría de sus coetáneos. Ahora bien, si de verdad quiere ser un gran campeón, tiene que mejorar determinadas cosas: de entrada, la lectura del juego. Durante buena parte del torneo y desde luego en la final, dio la sensación de ir improvisando sobre la marcha, de tirar hacia adelante como fuera, en una misión desesperada. Eso le salvó de muchísimos apuros, sobre todo en las primeras rondas, cuando parecía lesionado, pero no es una gran idea cuando quieres destronar a los campeones más laureados de la historia. Aparte, su tenis tiene carencias obvias: pese a medir 1,98 su saque es demasiado irregular, de ahí que le cueste tanto ganarlo con solvencia. Su derecha es mejorable, rara vez definitiva, y tiene mucho margen de mejora en la volea. Me parece que le falta, en general, un golpe que le pueda dar puntos fáciles, por muy bueno que sea ese revés a dos manos. Ahora bien, lo mismo se decía de Agassi y no le fue mal en la vida.

4. En cuanto a sus enfrentamientos con el público… bueno, si le ayudaron a motivarse cuando estaba contra las cuerdas ante Feliciano López o después ante el sorprendente Dominik Koepfer, estupendo. Ahora bien, el gasto mental (y físico, fruto de la adrenalina) que supone meterse en esas batallas cuando ya vienes cascado de jugar tres finales seguidas en un mes es enorme. Dejémoslo en tablas.

5. Primero se habló del «big 4», luego del «big 3» y creo que va siendo hora de llamar a las cosas por su nombre y referirnos al «big 2». Lo competido de la final, lo enloquecido de su desenlace, no puede hacernos olvidar que entre Nadal y Djokovic han ganado veintiocho de los últimos treinta y nueve torneos del Grand Slam. Eso son prácticamente tres de cada cuatro, dejando el cuarto para el Federer, Murray o Wawrinka de turno. Su tiranía es absoluta a cinco sets y este será el noveno de los últimos diez años en el que uno de los dos acaba como número uno del mundo. Si el sorteo del cuadro ya dejaba un camino bastante claro hacia la final para Rafa, la retirada de Djokovic terminó de sentenciar el torneo. Las finales pueden durar tres, cuatro o cinco sets, pero al final los que ganan son siempre los mismos.

6. Nos quedamos en Djokovic. Si en Cincinnati el problema fue con el codo que tanta guerra le dio en 2017, en Nueva York se lesionó el hombro. No sé si hay relación entre ambas molestias. Novak llevaba once semifinales consecutivas en el torneo y se vio obligado a retirarse ante Stan Wawrinka en octavos de final cuando ya perdía por dos sets a cero. Qué difícil es evaluar la carrera del serbio. Probablemente sea el más completo de los tres grandes, tiene el H2H ganado a los otros dos, ha conseguido ganar en Wimbledon a Roger y en Roland Garros a Rafa, se ha hinchado a Masters 1000 y a World Tour Finals… y sin embargo vuelve a estar a tres torneos de Grand Slam de Nadal y sigue a cuatro de Federer. 

7. Otra cosa, insisto una vez más, es que tengamos que evaluar la grandeza solo por los torneos de Grand Slam ganados. Para contar hasta veinte no hace falta ser un gran analista. Puede que haya llegado el momento en el que los tres han acumulado tantos méritos que los aficionados ya no podemos decir convencidos: «El mejor de la historia es este» sino que tenemos que limitarnos a un comedido «a mí el que más me gusta es este». Sé que también es una opinión poco popular pero creo sinceramente que al indudable talento de Novak, Rafa y Roger se ha unido una falta de competitividad escandalosa, lo que les ha permitido no solo dominar a su propia generación sino a las dos siguientes, algo extraordinario en el mundo del tenis. Talento ha habido siempre: Gonzales tenía talento, Hoad tenía talento, Laver tenía talento, y así Connors, Borg, McEnroe, Edberg, Agassi, Sampras… pero todos encontraron un dique que les frenara. Una fricción que detuvo o mitigó la corriente. Aquí, no. Aquí, ya digo, tres de cada cuatro durante diez años. Y antes, tres de cada cuatro solo para Federer durante otros seis.

8. Precisamente el torneo de Federer acabó en cuartos de final y supuestamente debido a otra lesión. Fue una enorme oportunidad perdida, pero no perdamos la perspectiva: a sus treinta y ocho años, Federer no está en la misma competencia de Djokovic y Nadal. Está a las sobras. Está a su Wimbledon y poco más. En diez años solo ha pisado una final en Nueva York y eso es por algo. Su principio de torneo, aún con la mente puesta en ese 8-7 y 40-15 de Wimbledon, fue espantoso. Luego mejoró gracias a un cuadro muy favorable y cuando ya podía soñar con algo grande se la pegó con Dimitrov. Puede, efectivamente, que la espalda fuera clave, pero el año pasado se la pegó con Millman y en el US Open ha perdido hasta con Tommy Robredo, así que me temo que es lo que hay. 

9. Con todo, ¿qué se le puede pedir al suizo a estas alturas? Tiene treinta y ocho años, acaba Wimbledon y se va de vacaciones con su mujer y sus cuatro hijos en una caravana. Cuando vuelve, entrena un poco y ya se pone a competir otra vez. ¿De verdad hay que pedirle que gane? ¿Está su cabeza preparada para afrontar otro reto como el de Londres de este año? Puede que sí y puede que no. Sin relevo, todo es posible. Por otro lado, las temporadas cada vez se le hacen más largas y todo lo que le beneficia la tierra batida de cara a preparar Wimbledon le perjudica a la hora de afrontar con garantías el final de año. Es el número tres del mundo y, en el peor de los casos, acabará el año como número cuatro. Eso ya de por sí es una heroicidad… y una señal de que los tiempos que corren no invitan al optimismo.

10. Pongamos por ejemplo al propio Grigor Dimitrov. Después de toda una carrera comparado con Federer y tras el peor año en muchísimo tiempo, logra colarse en semifinales y jugar contra un rival con problemas físicos como es Medvedev. ¿Resultado? No gana ni un set. Dimitrov ejemplifica para mí la mayoría de los problemas de los nacidos en los noventa: tiene los golpes pero no sabe cómo utilizarlos. Te puede pegar dos reveses maravillosos y una derecha que te echas a temblar pero de repente durante cuatro juegos desaparece, falla cosas imposibles, toma decisiones en la pista que no corresponden… Estas semifinales le van a salvar el año, pero a los veintiocho no se puede esperar progresión alguna.

11. Con todo, hay que reconocer que el hecho de que hubiera cuatro cuartofinalistas menores de treinta años y tres semifinalistas es un avance. Parece que están a punto de derribar el primer muro de contención, el de los Cilic, Monfils, Nishikori, Isner y compañía. Matteo Berrettini, por ejemplo, no solo se cargó al francés en un encuentro apoteósico que superó también las cuatro horas sino que en semifinales llevó a Nadal al tie-break del primer set, donde llegó a estar 6-4 por delante. A partir de ahí, el hundimiento, pero por algún lado hay que empezar.

12. Las decepciones fueron las habituales, empezando una vez más por Alexander Zverev, al que el año se le ha cruzado definitivamente sin posibilidad de remediarlo. Veremos si llega a las World Tour Finals y puede al menos defender su título. Peor aún le fue a Felix Auger-Aliassime, que sí, es un crío aún, pero del que cabe esperar algo más que seis juegos ganados en primera ronda. Kyrgios vio como su parte del cuadro se abría muchísimo tras la debacle de la primera ronda, donde cayeron Roberto Bautista, Dominic Thiem, Stefanos Tsisipas y Karen Khachanov a la vez, pero no supo aprovechar la ocasión. Tal vez esperábamos un poco más de Frances Tiafoe, pero sigue sin dar el estirón. En cuanto a Denis Shapovalov, pequeños progresos, veremos si Youzhny consigue espabilarlo.

13. Por cierto, ¿qué les ha pasado a Khachanov y, sobre todo, a Tsisipas? El ruso ganó París el año pasado y acabó la temporada en plena forma, por encima incluso de su compatriota Medvedev. Sin ser un año horrible —se mantiene en el top ten—, lo cierto es que no ha dado el paso adelante que se esperaba. Más preocupante es Tsisipas porque Tsisipas sí parecía que se iba a comer el mundo, incluso con ese punto arrogante que tanto se echa de menos… pero desde que perdiera con Wawrinka en Roland Garros ha entrado en una depresión de la que ni él mismo encuentra salida.

14. Dos historias bonitas: Álex de Miñaur y Diego Schwartzman. Al australiano le esperábamos desde su prometedor inicio de año y ha completado un excelente torneo, llevándose por delante a Nishikori, poco dado a perder con jugadores por debajo de su ranking. Después de salir del top 25 de la ATP, toca ponerse las pilas y volver a subir cuanto antes. En cuanto al argentino, volvió a colarse en cuartos de final con una gran victoria ante Zverev y disputó un extrañísimo partido ante Nadal en el que remontó un 0-4 y un 1-5 en los dos primeros sets para acabar perdiendo ambos. Enorme mérito el suyo.

15. Y enorme mérito también el de Pablo Andújar, que se coló en cuarta ronda después de tres años horribles de lesiones y operaciones constantes. Andújar tiene treinta y tres años pero al menos puede volver a disfrutar del tenis, como lo está haciendo Feliciano López a sus casi treinta y ocho. Verdasco (treinta y seis) no pasó de segunda ronda mientras Bautista (treinta y uno) perdía contra Kukushkin a las primeras de cambio. En la actualidad, hay nueve tenistas españoles entre los cien primeros de la ATP. Solo dos —Carballes (veintiséis) y Carreño (veintiocho)— tienen menos de treinta años. 

16. Pasamos ya al cuadro femenino y lo hacemos con la ganadora, la gran dominadora de lo que llevamos de año pese a su grave lesión en el hombro. A sus diecinueve años, Bianca Andreescu ha perdido solo cuatro partidos en 2019, incluyendo victorias en Indian Wells, Canadá y por supuesto Nueva York. Desde que volvió a las pistas acumula doce triunfos consecutivos… y eso que a punto estuvo de retirarse en los cuartos de final de Toronto tras molestias en una pierna. Andreescu no tuvo el cuadro más difícil del mundo pero supo llegar a la final y derrotar a la gran favorita delante de su público. No es poca cosa.

17. De hecho, la final se complicó más de lo debido. Con 5-1 en el segundo set, Andreescu dispuso de su primer match point al saque y lo perdió. Nadie le dio demasiada importancia porque su superioridad había sido indiscutible, pero de repente Serena Willimas olió la sangre, llegaron los nervios, la Arthur Ashe se puso en plan caldera… y a los diez minutos el resultado era 5-5. ¿Qué hizo Andreescu entonces? Ganar los dos siguientes juegos y evitarse muchos problemas. Respuesta de campeona. Habrá a quien no le guste que la WTA no tenga una dominadora clara, pero a mí desde luego me encanta esta mezcla de talentos, generaciones y estilos de juego que hacen que Naomi Osaka pueda ganar en Australia, Ashleigh Barty en Roland Garros, Simona Halep en Wimbledon y Bianca Andreescu en Nueva York y que en cada momento parezcan imbatibles… todo para pegársela en el siguiente grande. Supongo que en algún punto medio entre la tiranía del circuito masculino y la volatilidad del femenino estará la virtud, pero de elegir, me quedo con este.

18. La gran historia del torneo, con todo, fue una vez más Serena Williams, que se quedó a un partido de levantar el trofeo… veinte años después de imponerse por primera vez. Baste recordar que su rival en aquella final de 1999 fue Martina Hingis, que venía de perder Roland Garros ante Steffi Graf. Desde su maternidad, Serena apenas se deja ver por el circuito más que en las grandes ocasiones. Ahora bien, una vez ahí, sigue siendo tan peligrosa como siempre: hasta cuatro finales ha disputado en estos dos años… y lo curioso es que no ha conseguido ganar ni un solo set en ninguno de los cuatro encuentros: ni ante Kerber en Wimbledon 2018, ni ante Osaka en el US Open de ese año ni ante Simona Halep o Andreescu esta temporada. 

19. Queda, por tanto, la estadounidense aún a un torneo de Grand Slam de Margaret Court-Smith. No creo que sea algo para obsesionarse. Para empezar, con esta regularidad, tarde o temprano el número veinticuatro debería llegar. En cualquier caso, aunque no llegara, comparar a Court y el tenis de los sesenta y setenta con la hiperprofesionalidad de los tiempos de Serena es absurdo. Por longevidad y por resultados, la menor de las Williams está a otro nivel, peleando por lo más alto del podio con las Graf, Navratilova o Evert.

20. Si antes hablábamos de Martina Hingis, ha llegado el momento de hablar de otra suiza: Belinda Bencic. Ya salía en estos resúmenes cuando perdía, así que imaginen ahora que gana. Es una gozada ver que ya puede jugar al tenis siendo ella misma, sin lesiones ni molestias de por medio. En Nueva York llegó a semifinales y le dio bastante guerra a Andreescu; más de la que le dio Elina Svitolina a Serena Williams, desde luego, aunque también es muy positivo ver que la rusa está al cien por cien y centrada de nuevo.

21. No sé si se puede decir lo mismo de Naomi Osaka. Me sigue pareciendo un caso complicado porque no disfruta jugando, se la ve siempre tensa, preocupada, como si todo la superara. No es propio de una jugadora de veintiún años con dos torneos del Grand Slam ya en el bolsillo y que llegaba a Flushing Meadows como número uno del mundo. Quiero pensar que es un ataque de vértigo que se le irá pasando con el tiempo. Peor parece tenerlo Garbiñe Muguruza, incapaz de levantar cabeza incluso tras haber cambiado de técnico. En un circuito tan igualado y con tanto talento, en cuanto te relajas te vas al hoyo a toda velocidad. Lo bueno es que subir tampoco es tan complicado y el tenis lo tiene, desde luego.

22. La gran sorpresa de Wimbledon, «Coco» Gauff, aprovechó la wild card que le otorgó la USTA para meterse en tercera ronda, donde perdió precisamente con Osaka. Buen trabajo de la estadounidense, a la que espero que nadie empiece a pedirle ahora que se líe a ganar grandes cuando no ha dejado de ser una adolescente. Monica Seles solo hubo una. La «Cenicienta» de esta edición ha sido la de Taylor Townsend, quien, proveniente de la previa, eliminó a Halep en segunda ronda en otro partido espectacular, se plantó en octavos de final y aún le arrebató un set a la futura campeona. Tiene veintitrés años así que no es ninguna cría, pero habrá que seguirla de cerca a partir de ahora.

23. Vamos acabando ya y lo haremos con el reparto de premios en otras categorías. El dobles masculino fue para los colombianos Cabal y Farah, que ya se habían impuesto en Wimbledon. La derrota en la final fue la primera para la pareja Granollers.Zeballos, demostrando lo excelente doblista que son ambos. En el cuadro femenino, las vencedoras fueron Elise Mertens y Aryna Sabalenka, que derrotaron en la final a las grandes favoritas, Ashleigh Barty y Victoria Azarenka. Si la número uno del mundo en individuales quiere seguir siéndolo, a lo mejor tiene que replantearse tanto compromiso con el dobles. No todo el mundo es como las hermanas Williams.

24. En el doble mixto volvieron a ganar Jamie Murray y Betthanie Mattek-Sands y lo hicieron ante los primeros cabezas de serie, Michael Venus y Chan Hao-ching. Por cierto, ya que mencionamos a los Murray, Andy no participó en el US Open aunque la USTA le ofreció una wild card. A cambio, se fue a Mallorca a participar en el Trofeo Rafa Nadal, un challenger en el que cayó en segunda ronda, demostrando que aún le queda bastante para llegar a un nivel mínimamente competitivo aunque esté en el camino.

25. En cuanto a los jóvenes, el checo Jonas Forejtek se impuso en la categoría masculina mientras María Camilia Osorio se convertía en la primera colombiana en ganar un US Open en categoría junior. Ni rastro de los españoles. Ninguno superó la segunda ronda de ninguna de las categorías. Una tendencia preocupante.


Simona Halep, Novak Djokovic y casi todo lo que nos deja Wimbledon 2019

Novak Djokovic tras vencer a Roger Federer en Wimbledon. Foto: Cordon.

Hay un mundo paralelo en el que, después de haber ganado a Rafa Nadal en semifinales, Federer remonta un dos sets a uno en la final contra Djokovic, se sobrepone a un 4-2 en contra en la manga definitiva y gana uno de los match points que tiene con 8-7 y su propio servicio. Yo quiero quedarme a vivir en ese mundo paralelo: el mundo de los nueve Wimbledons a los treinta y ocho años en la final más larga de la historia del torneo y el de la sumisión, por fin, de sus dos grandes némesis.

Pero el mundo es el que es y hay que reconocerle a Djokovic su triunfo porque rendirse, para Nole, nunca es una opción. Con este triunfo, Djokovic no solo llega a los dieciséis grandes sino que acumula quince en menos de nueve años. Para hacernos a una idea, en este mismo período Nadal solo ha ganado dos veces fuera de Roland Garros (US Open 2013 y 2017) mientras que Federer ha ganado otras dos fuera de Wimbledon (Australia 2017 y 2018).

Esta es la era de Djokovic y lo lleva siendo desde 2011 con el único matiz del mágico 2013 de Nadal. Salvo desplome inesperado, como le sucedió a partir del verano de 2016, el serbio conseguirá adelantar a Federer en el número de semanas como número uno y se quedará muy cerca de su número total de torneos de Grand Slam si no le supera. Tiene el H2H ganado tanto con el suizo como con el español y además ha logrado algo que ninguno de los dos ha conseguido: ganar todos los Masters 1000 y las ATP Tour Finals (cinco veces, además).

Hagamos un repaso de lo que han sido estos catorce días de tenis en Londres.

1. Hay que empezar con el campeón. Es de justicia. Ganó «a lo Djokovic» tanto como su rival perdió «a lo Federer», es decir, resolviendo en los momentos clave. Hasta quince puntos más ganó Roger a lo largo del partido, donde dio la sensación de que pudo llevarse los cinco sets… pero, ay, en los tie-breaks la cosa cambió y en los tie-breaks es donde se deciden los partidos tan igualados. Djokovic sacó diecisiete veces y ganó catorce puntos (10/11 en los últimos dos y 5/5 en el quinto). Federer tuvo un 40-15 con su saque para levantar el torneo y no fue capaz de ganar ni uno solo de los puntos. Luego, desquiciado, se dejó llevar, como en el US Open de 2011, y acabó cediendo su saque. Mentalidad.

2. De hecho, esta es la cuarta vez que Federer y Djokovic juegan un partido a cinco sets y las cuatro veces ha ganado el serbio. En tres de ellas, Federer ha tenido dos match points a favor, como los tuvo el año pasado contra Anderson… como los ha tenido hasta en siete partidos que ha acabado perdiendo en los últimos dos años y medio. Son estadísticas impropias de un campeón… pero, volvemos a lo de siempre, si Roger fuera el mejor jugador de la historia —que lo es— y además fuera el mejor competidor, ¿cuántos grandes llevaría? ¿Treinta? No se puede pedir todo.

3. Lo que también es impropio es que un tío de casi treinta y ocho años con hijas ya casi adolescentes se deje la vida por el tenis como se la sigue dejando Federer. Que se sobreponga a la pérdida de un primer set que debería haber ganado. Que se sobreponga a la pérdida del tercer set en idénticas circunstancias… y que después de todo, salga de un 4-2 en contra en el quinto para acabar poniéndose 8-7 y saque ante el número uno del mundo y gran dominador de la década. Hay veces que siento que soy injusto con el suizo, quizá porque le admiro demasiado. Competir no es solo ganar el match point, competir también es llegar hasta ese match point. El domingo, Roger compitió como una bestia y no se rindió nunca. Para muchos, él perdió el partido; más justo sería decir que se lo arrebataron de las manos.

4. Esto nos lleva al recuento «histórico» de Grand Slams. La victoria de Federer ante Nadal garantizó que el español no se pusiera a tiro. Aun así, Nadal aún va a ganar dos o tres Roland Garros más, así que esa cuenta me da que hay que darla por cerrada. No creo que Federer se vea en una igual, pero, ojo, dependerá mucho de los cuadros que le toquen. Un cuadro como el de este año, una buena victoria… y alguien que le gane a Djokovic o a Nadal por el otro lado y ya tenemos el número veintiuno. Un poco como pasó en Wimbledon 2017 o después a Nadal en el US Open de ese mismo año.

5. En cualquier caso, la victoria de Djokovic aprieta muchísimo la cuenta. Cada uno está separado del otro por dos Grand Slams. Es una carrera importante pero yo me niego desde hace tiempo a reconocerla como la única. Para mí, aunque queda mucho tiempo por delante, el veredicto histórico no cambia. El mejor «jugador»: Federer; el mejor «competidor»: Nadal; el más «completo», Djokovic. Y por completo no entiendo al que tiene mejores golpes más distintos sino al que es capaz de producirlos en el momento clave y lo que es casi tan importante: el que es capaz de impedir que los produzca el contrario.

6. Vamos con el tercer vértice del famoso «Big 3». Rafa Nadal cumplió de sobra. No tiene treinta y ocho años, pero tienet reinta y tres, que no son pocos y lleva desde abril sin parar de jugar y normalmente de ganar. Aun así, se planta en semifinales sin demasiados apuros y juega un partido aceptable ante un enorme Federer. ¿Lo malo? Que precisamente la competición con Federer está ya claramente del otro lado: Nadal ha perdido los seis últimos partidos contra el suizo fuera de la tierra batida y el H2H entre ellos en pistas rápidas ya está en 12-8 a favor de Roger, si no me equivoco. Era el que más tenía que ganar y el que menos tenía que perder, así que puede estar satisfecho.

7. El único que puede estar satisfecho aparte de los tres grandes es Roberto Bautista. Qué enorme torneo el suyo. Se plantó en cuartos de final sin perder un solo set y confirmando lo que ya habíamos visto en Halle, cuando puso a Federer contra las cuerdas. Bautista jugó de maravilla, pero tiene ya treinta y un años, es decir, aún le quedan siete hasta llegar a lo máximo de su carrera así que habrá que esperar (es broma… o no). La presencia de Verdasco en octavos insufló un cierto aire nacionalista a la prensa local obviando que Fer, enorme jugador bajo mi punto de vista, va para los treinta y seis también. 

8. El resto, calabazas. Desde hace años repito que a los nuevos jugadores no hay que pedirles que ganen a los tres grandes. Hay que pedirles que lleguen a las rondas donde puedan enfrentarse a los tres grandes. Para eso, hay que derrotar a los Bautistas, los Berankis y los Querrys de turno, pero no hay manera. Hagamos un repaso al parte de bajas: Zverev, Tsisipas y Thiem se quedaron fuera en primera ronda; Kecmanovic, lesionado en segunda —después de ganar el torneo previo, un clásico— y a partir de ahí, un lento goteo: Fritz, De Miñaur, Khachanov, Medvedev… incluso Auger Aliassime perdió un partido asequible ante Ugo Humbert, aunque al menos Humbert tiene solo veinte años y no cuarenta y uno como Karlovic.

9. Por cierto, para llegar a tercera ronda, Aliassime tuvo que ganar dos partidos. Sus primeras dos victorias en un torneo de Grand Slam. Cuando logró la primera, corrí a Twitter a escribir: «Es un día histórico, será la primera de muchas», pero nada más darle a enviar me puse a pensar en cuántas veces habría mandado ese mensaje anteriormente. A favor del canadiense está su juventud. A los dieciocho años, no es probable que vaya a coincidir muchos años más con los grandes dictadores, pero si ya empezamos a hablar de «presión», como hizo en rueda de prensa, mal vamos.

10. Toni Nadal escribió un interesante artículo en El País viniendo a decir que los jóvenes no se esfuerzan lo suficiente porque les dan todo hecho. Mitad y mitad. Lo hablábamos en Roland Garros: la fe que tiene Wawrinka con treinta y cuatro años y la rodilla destrozada no la tiene Zverev, desde luego. Por otro lado, Toni es un hombre con tendencia a los extremos competitivos: modeló a su sobrino como un campeón histórico a base de hacerle jugar de niño con su mano mala. ¿Se imaginan lo que es tener siete u ocho años, estar obligado a dedicarle no sé cuántas horas de tu día a jugar y jugar al tenis en vez de estar con tus amigos y encima tener que hacerlo con tu mano izquierda cuando eres diestro? No sé, salió bien. Nada que decir. Pero como ejemplo tampoco me entusiasma, la verdad.  

11. La más dura de todas estas derrotas fue, sin duda, la de Grigor Dimitrov, aunque vaya ya camino de los treinta: dos sets a cero, 6-5 y saque en el tercero… y a la calle en la primera ronda. Me temo que le hemos perdido definitivamente, después de ese espejismo de 2017.

12. La única buena noticia y el único reflejo de la edad: a estos chicos siempre les quedarán los torneos más o menos menores. Por ejemplo, en los dos últimos años, Djokovic ha ganado «solo» siete torneos, pero cuatro han sido de Grand Slam. Es decir, mientras los grandes se dosifiquen, ahí tienen a su disposición el ATP de Estambul y cosas así. Mucho ánimo.

13. Último comentario al respecto: en octavos de final, la media de edad era de 29,6 años y solo dos jugadores estaban por debajo de los veinticinco. Uno, ya lo sabemos, era Humbert. Es justo hablar del otro: el italiano Marco Berrettini, que lleva una temporada muy interesante pero que defraudó por completo en su partido contra Federer, al que solo pudo ganarle seis juegos. Tiene veintitrés años, seguiremos atentos.

14. Otro italiano puso la nota más desagradable del torneo: Fabio Fognini, cabreado como un mono porque la organización había programado su partido en la pista 15 pese a ser un top ten, se desahogó con un «ojalá les pongan una bomba a estos ingleses» claramente salido de tono. He oído por ahí hablar de «amenaza». No, no fue una amenaza, fue una brutalidad y punto. No es la primera. Tanto pedirle a la ATP que no le haga el juego a  Kyrgios y luego resulta que nos llevamos a Fognini de cenita…

15. Por cierto, Kyrgios en su línea. Un par de partidos, cobra el cheque y se va. Se montó un circo importante porque tiró a dar a Nadal en una subida del español a la red y no solo los medios españoles saltaron a una sino que el propio mallorquín se lo recriminó en rueda de prensa. A ver, una cosa es tirar sillas a la pista y otra es tirar al cuerpo lo más fuerte posible, algo que hacía Ivan Lendl continuamente. Tampoco nos pongamos excesivamente melindrosos que esto es tenis. Lo del saque por debajo ojalá cree escuela, puede ser efectivo.

16. Pasamos ya al torneo femenino: Ashleigh Barty ganó el torneo de Simona Halep y Simona Halep ganó el torneo que parecía destinado a Ashleigh Barty. Dos auténticas sorpresas consecutivas. Habrá quien piense que esta múltiple amenaza resta atractivo al circuito porque nadie se consolida como verdadera estrella… pero a mí me encanta. No puedo evitarlo. Me encanta que empiece un torneo y que no sepa si va a ganar Halep o Serena o Barty u Osaka. Pliskova, ya me voy haciendo a la idea de que no. Mejor eso que la misma final todo el rato, por espectacular que sea.

17. De hecho, la final femenina no tuvo nada de espectacular porque Serena Williams jugó como una mujer de treinta y ocho años, que es lo que es. Ya en el resumen de Roland Garros decíamos que no se podía descartar que ganara siete partidos consecutivos sobre hierba pero que era complicado. Se quedó en seis. Van ya tres finales de Grand Slam consecutivas perdidas en su intento de igualar a Margaret Court Smith a veinticuatro Grand Slams. Perdidas, además, sin ganar un solo set. Como en el caso de Federer, el número veinticuatro dependerá de que coincida un cuadro amable con un par de buenos partidos en los momentos clave. Como en el caso de Federer, también, el mérito es impresionante. Hay que recordar que esta mujer ganó el US Open… en 1999.

18. Con todo, la gran atracción mediática fue Cori «Coco» Gauff, la niña de quince años que llegó más allá del número 300 de la WTA, se impuso a Venus Williams (veinticuatro años mayor) en primera ronda y alcanzó los octavos después de un partido espectacular en el que tuvo que remontar un 3-6, 2-5 y varios puntos de partido frente a Polona Hercog. Me preocupa tanto hype a su alrededor, como si ganar tres partidos te convirtiera en la próxima Serena Williams. Luego llega la ansiedad y el pánico.

19. Hablando de ansiedad y pánico, no apunta nada bien lo de Naomi Osaka. Algo pasa pero no sabemos el qué. Cumples tu sueño de ganar el US Open ante Serena, luego refrendas tu jerarquía en Australia, eres joven, con talento, número uno del mundo… y acabas perdida, cambiando de entrenador y llorando en las ruedas de prensa después de perder en primera ronda. Nadie se merece algo así, pero Naomi menos que nadie porque es un pedazo de pan. Muguruza no está mucho mejor y por fin se ha deshecho de Sam Sumyk. Digo «por fin» no porque el trabajo de Sumyk haya sido malo sino porque si no hay confianza, no hay confianza… y es absurdo eternizarse.

20. Carla Suárez Navarro sí que cumplió, como casi siempre. Creo que llevo cinco años escribiendo este mismo párrafo. Llegó a octavos, que es su límite, y ahí perdió contra Serena Williams. Nada que objetar. Por detrás, como en el tenis español masculino, no se ve a nadie capaz ni de entrar entre las veinte primeras. ¿A qué se debe este atasco generacional? Puede que Toni Nadal tenga la respuesta.

21. Aparte de Muguruza y Osaka, centrémonos en varias decepciones: la alemana Angelique Kerber, defensora del título, cayó en segunda ronda pese a hacerse con el primer set; Madison Keys hizo lo propio en la misma ronda; Ashleigh Barty aguantó hasta cuartos, pero todos la veíamos campeona… y Karolina Pliskova, pues, en fin, como siempre, grandes esperanzas y hecatombe final. Yo sigo pensando que la checa acabará ganando un grande por pura insistencia, pero, ¿cuándo? Ni idea.

22. Último cara y cruz del cuadro femenino: Elina Svitolina llegó a semifinales después de haber perdido siete de sus anteriores nueve partidos previos a Wimbledon. Después de pasar serios problemas físicos, es una suerte poder verla ahí de nuevo. Es cierto que no compitió demasiado bien ante Halep, pero su lugar es ese y no las primeras rondas a las que nos ha acostumbrado este año. ¿La cruz? Maria Sharapova. No ya por la derrota ni la retirada ni la lesión sino por el feo gesto de hacerlo cuando tu rival va ganando 5-1 en el set decisivo y tu lesión no es grave. Aguanta cuatro puntos ahí y dale el gustazo de disfrutar de una victoria sin asteriscos.

23. Si fue una satisfacción ver a Svitolina recuperada y cerca de su máximo nivel, también lo fue ver a Andy Murray de nuevo sobre una pista de tenis y más concretamente sobre su amada hierba de Wimbledon. En su caso aún no está para jugar torneos individuales y no está claro si lo estará algún día, pero sí para jugar los dobles individuales y los mixtos, donde hizo pareja con Serena Williams y juntos llenaron la pista central. En ninguno de los dos cuadros llegó muy lejos, pero estar ahí ya era todo un triunfo. Por cierto, los campeones de estas categorías fueron los colombianos Cabal y Farah, una de las mejores parejas del circuito, y la pareja Latisha ShanIvan Dodig respectivamente. En el dobles femenino, las campeonas fueron Hsieh su-wei y Barbora Strycova.

24. Vamos cerrando ya el chiringuito veraniego con los resultados de las jóvenes promesas. El torneo junior masculino lo ganó el japonés Shintaro Mochizuki, con el español Carlos Gimeno —que debutaba sobre hierba— como finalista. El femenino fue a las manos de la ucraniana Daria Snigur, derrotando en la final a la estadounidense Alexa Noel.

25. Por cierto, último apunte: ni una sola jornada tuvo que suspenderse por la lluvia. De hecho, no hubo ni que cambiar a nadie de pista ni retrasar un solo partido. Hay años así, pero son pocos. En cuanto a la máxima novedad de este año, el tie-break en el quinto set con 12-12, solo se utilizó una vez: justo el último día, en la final masculina, y en el mundo paralelo al mundo paralelo ideal.

Disfruten del verano, nos vemos en septiembre en Nueva York.


Novak Djokovic, Naomi Osaka y lo mejor que nos dejó el Australian Open 2019

Open de Australia 2019. Fotografía: Cordon.

Tres sets y ocho juegos ganados por parte del perdedor. Hay que remontarse a la humillante final de Roland Garros 2008, en la que Federer solo le pudo hacer cuatro a Rafa Nadal, para buscar una comparación en finales de Grand Slam entre el llamado «Big Three». Si hace menos de un año Djokovic estaba pensando en retirarse al menos una temporada, y descansar el codo malherido, ahora está a un torneo de repetir la hazaña de 2015-2016 y ganar los cuatro grandes de forma consecutiva.

Es la suya una enorme historia de superación, como la es la del propio Rafa Nadal, que se presentó en Melbourne con un partido de exhibición como todo bagaje competitivo en los últimos cuatro meses. Nada, en cualquier caso, comparado con lo de Petra Kvitova, quien hace dos años fue apuñalada salvajemente en su casa y vio cómo la mano izquierda —es zurda— le quedaba destrozada, sin apenas posibilidades de regresar al circuito. El Open de Australia 2019 nos ha dejado muchos detalles que pueden invitar a pensar en épica, remontada y cambios… pero en realidad ha sido más de lo mismo. La historia de un estancamiento masivo del que solo se salva la campeona femenina, Naomi Osaka, a la sazón nueva número uno del mundo.

Vayamos con los detalles…

1. Quince títulos de Grand Slam ya para Novak Djokovic, siete de ellos en Australia. A dos de Nadal y a cinco de Federer. No tengo claro que esa estadística sea la única válida para determinar al mejor jugador de esta generación, pero desde luego es indicativa. Más me impresiona el hecho de que a esos quince grandes, Novak sume triunfos en los nueve Masters 1000, en las ATP World Tour Finals y en la Copa Davis, además de un registro personal favorable con sus dos grandes rivales. Salvo la medalla de oro olímpica lo tiene absolutamente todo. Lo de este domingo fue una exhibición de saque, resto, derecha y revés. Es cierto que tuvo enfrente a una versión disminuida de Nadal, pero cuando juega así es imparable: no deja ni un resquicio al rival ni a su hinchada.

2. La victoria en la final la cimentó desde el saque. En todo el primer set cedió un punto y en el último juego. En el segundo, la cifra aumentó a cinco, aunque sin enfrentar bolas de break, y solo en el tercero se vio más apurado, entre otras cosas porque Nadal decidió jugársela al todo o nada en varias ocasiones. Aun así, la única bola de break que concedió en todo el partido la solventó con facilidad y cuando el partido ya estaba muy a su favor. Todo esto ante uno de los mejores restadores de la historia. Por su parte, el servicio de Nadal fue casi siempre un regalo. No tanto por el saque en sí sino por los golpes de continuación: derechas o reveses que casi nunca eran definitivos, a diferencia de lo que habíamos visto durante toda la semana.

3. Como habrán leído ya en muchos sitios, son ya diecisiete los sets consecutivos que Djokovic le ha ganado a Nadal en pista dura desde la final del US Open 2013. En total, el serbio se ha llevado trece de los últimos dieciséis partidos entre ambos en todas las superficies. Obviamente, es un dato preocupante para el español. Si el resto de grandes títulos a lo largo de los próximos años se los van a seguir repartiendo entre ellos dos y Federer, las perspectivas para el serbio son inmejorables: ninguno le tose en la superficie más utilizada con diferencia a lo largo de la temporada. Con todo, y aunque no tenga ninguna evidencia que apoye mi argumento, sigo pensando que no va a haber otra «era Djokovic» que dure dos, tres o cuatro años, hasta los treinta y cinco. Quizá no es más que un acto de wishful thinking pero me resisto a ver a estos dos mismos tenistas en la final de Wimbledon o de Roland Garros o del US Open en 2022, cuando sumen setenta años entre ambos. Las dos sorprendentes derrotas de Djokovic en la final de París –ante Khachanov– y en la final de Londres —ante Zverev— apuntaban a algo parecido al relevo… pero ahí ha quedado de momento la cosa.

4. De hecho, no hay nada más desesperanzador para el circuito que el hecho de ver que Nadal, sin competir desde septiembre y que había tenido que renunciar a Brisbane por molestias físicas, haya llegado a la final y lo haya hecho sin ceder un set ni perder el servicio en todo el torneo. Ahora mismo, la superioridad del número uno y el número dos del mundo sobre todos los demás es tal que, a medio gas, como se ha demostrado en la final, Rafa solo tuvo que disputar un tie-break en seis partidos. Puede que su cuadro no fuera el más duro posible, pero ahí estaba Álex de Miñaur, reciente ganador en Sídney; estaba Tomas Berdych, que parecía en gran forma, y estaban Frances Tiafoe y Stefanos Tsisipas, otros dos ilustres miembros de la «next gen». No le hicieron ni cosquillas y se ve que bastaba con buscárselas con un poco de fe.

5. Quizá es eso lo que falta a esta generación: fe. No lo sé. Tsisipas la tuvo para ganarle a Federer y tanto Khachanov como Zverev —lo acabamos de decir— la tuvieron al mejor de tres sets el año pasado para ganarle a Djokovic… pero el caso es que Nadal no les dio ni una sola opción. Muchos se apresuraron a decir que era «el mejor Rafa de la historia en pista dura» pero eso era imposible. Nadie se pasa lesionado tanto tiempo, se retira por precaución de un torneo y, de la nada, juega el mejor tenis de su carrera. Ni siquiera Federer, pese a ganar en 2017 después de seis meses de parón. En aquella ocasión, al menos el suizo jugó la Hopman Cup entera y tuvo que sufrir como un perro en tres agónicos partidos a cinco sets.

6. En cualquier caso, el resultado para Nadal es excelente, por mucho que Djokovic se le acerque en la famosa lista de grand slams y se aleje en la clasificación ATP. Después de cada lesión de este tipo y más conforme avanzan los años —cumplirá treinta y tres en junio—, vuelven los rumores acerca de su recuperación y una vez tras otra, ahí está Rafa para demostrar por qué lleva catorce años entre los diez primeros del mundo. Simplemente, este no era su torneo. No para ganarlo, al menos. Es su cuarta final perdida en Australia, lo que choca especialmente teniendo en cuenta que entre los otros tres grandes tan solo ha perdido otras cuatro.

7. Vamos ya con el resto de mortales y empecemos por el doble defensor del título, Roger Federer. Claramente, ha perdido comba. No ya contra Rafa y Novak —con los tres en su esplendor hace años que Federer es el tercero en discordia— sino con el resto de competidores. No tengo claro dónde está el problema porque físicamente no parece especialmente lento, así que no tiene por qué ser una cuestión de edad. Sus derrotas en los últimos tres slams —todas ellas antes de semifinales— han seguido un patrón parecido: empieza jugando de maravilla, desaprovecha varios puntos clave y de repente se viene abajo sin voluntad alguna de remontada. Cuando Roger se hunde, se hunde con todo, no hay matices. Contra Tsisipas fue muy superior en el primer set y bastante superior en el segundo. Dispuso de diez bolas de break y las perdió absolutamente todas. Cuando vio que el griego le igualaba el partido en el segundo tie-break, en vez de tirar de jerarquía, se dejó llevar por sus demonios.

8. Ahora bien, eso aún puede cambiar. Por supuesto, el adiós de Federer está mucho más cerca que lejos. Dudo que sea esta temporada porque los Juegos de Tokio 2020 están ahí y no creo que Roger quiera renunciar a una quinta cita olímpica como ya tuvo que hacerlo en Río por lesión. Mientras tanto, debe seguir al acecho. No le veo opciones serias contra Djokovic o Nadal —salvo quizá contra el segundo en hierba— pero si los dos salen de su camino, Roger siempre será Roger. No le enterremos hasta que él decida meterse en el ataúd.

9. Las dos grandes noticias del cuadro masculino han sido, por supuesto, Lucas Pouille y Stefanos Tsisipas, dos veinteañeros que llegaron a semifinales. Todo un acontecimiento. Lo de Pouille fue aún más sorprendente, teniendo en cuenta su pésimo 2018 y la irregularidad que le caracteriza. Tirando de un servicio excelente, fue pasando rondas hasta que se encontró con Djokovic en las semifinales… donde solo pudo hacerle cuatro juegos. Supongo que ver que Nadal solo le hacía ocho en la final, le hará sentir mejor.

10. En cuanto a Tsisipas, apunta alto. No sé qué quiere decir eso en este circuito tan mediocre, pero ha demostrado que puede jugar bien en tierra batida y en pista dura y se va a instalar entre los diez primeros del mundo durante algún tiempo. Con veinte años recién cumplidos no se le puede pedir más. Le ganó a Federer sin complejo alguno y naufragó tácticamente ante Nadal, que le hundió a base de bolas altas al revés a una mano. Sus declaraciones pospartido: «No sé cómo Federer le ha podido ganar más de diez veces» lo dicen todo del naufragio. La buena noticia para Stefanos es que su esplendor debería coincidir con la retirada de Rafa y ahí, sobre todo en tierra batida, se abre un hueco descomunal.

11. Otra historia positiva del torneo fue la «resurrección» de Roberto Bautista y Pablo Carreño. Es sorprendente que a estas alturas de su carrera, Bautista debute en los cuartos de final de un gran torneo, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Derrotó a grandes rivales como Marin Cilic en un partido épico y corroboró lo visto en Doha, donde fue capaz de ganar a Wawrinka, Djokovic —sí, el mismo del que hablábamos antes— y Berdych antes de hacerse con el título. En cuanto a Carreño, ocurre como con Pouille: absolutamente nadie le esperaba en octavos y aun así consiguió filtrarse con buenas dosis de sufrimiento. En esa ronda perdió ante Nishikori, no sin antes dejar uno de los momentos del campeonato.

12. Pongámonos en situación: después de un 2018 para olvidar, Carreño llega a octavos de final de Australia y le gana los dos primeros sets a Kei Nishikori. La cosa parece hecha pero se complica: desaprovecha un break a favor en el tercero y acaba cediéndolo en la muerte súbita. Pierde el cuarto sin ofrecer demasiada resistencia y en el quinto cede su servicio nada más empezar, dejando que Nishikori saque para culminar la resistencia… pero, de repente, Carreño saca su mejor tenis, rompe al japonés y consigue forzar el llamado «super tie-break» del quinto set, al mejor de diez puntos. No solo eso, sino que se adelanta 8-5, una diferencia prácticamente imposible de remontar. Y entonces, pasa lo que han visto en el vídeo. Una decisión polémica, un jugador que se va completamente del partido y cinco puntos que van pasando uno tras otro al marcador del nipón, entre la desesperación y los insultos de su rival. En la siguiente ronda, Nishikori, para seguir su tradición, se retiraría.

13. Por cierto, a esto del «super tie-break» habrá que acostumbrarse. De momento, a mí se me hace corto. Entiendo que no tiene sentido llegar al 70-68 pero ponerse a ello en el 6-6 me resulta precipitado. Tal vez podrían esperarse al 10-10 y no pasaría nada. En cualquier caso, si los jugadores lo prefieren, no hay mucho que discutir.

14. Españoles: aparte de Bautista, Nadal y Carreño, Verdasco tuvo momentos de verdadera brillantez en el que es su Grand Slam favorito y se quedó a un punto de ganar a Marin Cilic en tercera ronda. El problema, en términos de relevo, es que Verdasco tiene treinta y cinco años. De los jovencitos, aún no se sabe nada, aunque se sabrá: Jaume Munar  —que ya no es tan jovencito a sus veintiún años— se retiró en primera ronda después de perder dos tie-breaks con Fabio Fognini, mientras que Nicola Kuhn y Alejandro Davidovich se quedaron en la segunda ronda clasificatoria. En cualquier caso, seguimos creyendo.

15. Si la «next gen» como concepto y a excepción de Tsisipas ha sido la gran decepción del torneo, nadie encarna mejor esa decepción que Alexander Zverev. Lo del alemán es incomprensible: es capaz de ganar a los mejores y jugar como los ángeles en torneos tan importantes como los Masters 1000 o las mismísimas World Tour Finals… pero se viene abajo lamentablemente en cada Grand Slam. Y, sinceramente, si no eres capaz de cambiar eso ni con Ivan Lendl como entrenador, tienes un problema muy serio. Lendl consiguió cambiar la mentalidad de Murray y puede que lo consiga con Zverev, pero el camino se nos está haciendo largo. Está claro que el chico no está para competir de tú a tú con Djokovic o Nadal al mejor de cinco sets, pero entre eso y perder contra Raonic en tres mangas (1-6, 1-6 las dos primeras) tiene que haber un punto medio.

16- Por cierto, hay que hablar de Murray. Qué difícil es evaluar su carrera. Se retirará después de Wimbledon —puede que antes, acabó su partido de primera ronda contra Bautista en Australia hecho unos zorros— con solo tres Grand Slams en su carrera. Los mismos que Wawrinka. Y, con todo, ha sido un jugador descomunal y un verdadero ejemplo fuera de la pista, destacando por su sensibilidad en torno al sexismo en el tenis. No en vano, eligió a Amélie Mauresmo como entrenadora cuando su carrera necesitaba un nuevo giro. Ha sido finalista en todos los grandes, ha ganado una pila de torneos, ha sido campeón olímpico dos veces… y aun así, ni siquiera su fugaz paso por el número uno, evitará que, con los años, el famoso «big four» quede para la historia como un «big three con acompañantes». Sobreviviente de la tragedia de Dunblane, cuando un loco entró en su colegio y mató a dieciséis niños, el escocés ha estado siempre rodeado por ese aura de maldito e inconformista, incapaz de agradar a tanta gente que estaba empeñada en ser agradada por él. Confiemos en que pueda estar en Wimbledon y que reciba la ovación que se merece en la pista central.

17. Último apunte masculino: Alex de Miñaur, el australiano de origen vasco, tiene «pintaza». Vale que contra Nadal no pudo hacer nada y que quizá no es lo más sensato afrontar un Grand Slam jugando nueve partidos en dos semanas… pero a los diecinueve años este chico parece cosa seria, igual que Shapovalov, que al menos cayó en tercera ronda sacándole un set a Djokovic, es decir, con algo de dignidad. No se puede decir lo mismo de Karen Khachanov, otra gran decepción que se nos pasará pronto.

18. Pasemos al cuadro femenino y empecemos loando justamente a la campeona: Naomi Osaka. No es solo su talento, sino su capacidad para lidiar con situaciones críticas. Ganó el US Open derrotando en la final a Serena Williams en medio del abucheo de toda la pista central y casi entre lágrimas. En su siguiente grande repite título después de recuperarse de una de esas situaciones que marcan una carrera: Osaka tuvo un 7-6, 5-3 y 0-40 a su favor sobre el servicio de Kvitova y no solo desperdició las tres bolas de partido sino que perdió su servicio dos veces más en el set y acabó teniendo que irse a un tercero. Cualquier otra jugadora —más a los veintiún años— se habría venido abajo, pero a los tres juegos ya volvía a estar break arriba y esta vez ya no dio más opciones.

19. La alegría de Osaka fue la decepción de Kvitova, pero, ¡qué torneo el de la checa! Se plantó en la final sin perder un solo set gracias a un cuadro bastante favorable y se agarró a esa final como se agarró a la vida en diciembre de 2015. Hablamos de un ataque cuyas secuelas físicas y mentales acabarían con cualquiera de nosotros y Petra ahí está, luchando por volver a ser la mejor del mundo, como cuando ganaba Wimbledons e impresionaba con su juego de ataque. Se ha quedado a un paso de un nuevo grande y de recuperar el número uno, pero ha demostrado de qué material está hecha. Esperemos que haya más oportunidades.

20. Si lo de Kvitova fue una sorpresa —relativa, pues no dejaba de ser la cabeza de serie número seis—, no sé cómo calificar lo de Daniele Collins, su rival en semifinales. La estadounidense, número 35 del mundo, consiguió superar a Caroline García y Angelique Kerber para lograr su mejor resultado en un slam. Aún tuvo energía para aguantarle un set a Kvitova (llegó a estar break arriba) pero se vino abajo en el segundo. Hablamos de alguien que venía de caer en primera ronda de Sidney tras pasar por la ronda clasificatoria.

21. Si Kvitova y Collins fueron las sorpresas, Karolina Pliskova fue la gran «aguafiestas». Todo el mundo soñaba con un nuevo enfrentamiento entre Naomi Osaka y Serena Williams después de lo que pasó en Nueva York, pero la mala suerte se cebó con la estadounidense. Sin quitar méritos a una gran jugadora como es Pliskova, solo la desgracia en forma de «falta de pie» y lesión en el tobillo pueden lograr que Serena pase de ganar 5-1 en el tercer set y disponer de cuatro pelotas de partido a acabar arrastrándose y perdiendo 5-7. El récord de la homófoba Margaret Court-Smith sigue a un grande de distancia pero se está haciendo rogar. Y Serena, como Roger, va para treinta y ocho este año. Aunque apenas se note.

22. Garbiñe Muguruza. ¿Qué hacemos con Garbiñe Muguruza? Yo sigo pensando que tiene otro slam en su raqueta y que, en cualquier caso, habiendo ganado dos y sido número uno del mundo, pues ni tan mal. Su torneo fue anodino, como casi todo lo que viene haciendo últimamente. Muy por debajo de su talento. Protagonizó como anécdota el partido con comienzo más tardío de la historia del Grand Slam —pasada la medianoche ante Johanna Konta— para acabar cayendo en la siguiente ronda ante la propia Pliskova sin ofrecer demasiada resistencia. Al menos, esta vez no hubo imágenes de discordia con su entrenador.

23. Quien se presentó sin entrenador en Melbourne fue Simona Halep. Ella misma se ocupó en autodescartarse para el título con tanta insistencia que empezó a resultar sospechoso. Sin embargo, tenía razón: parece que su juego no es el mismo y la ex número uno del mundo cayó en octavos ante Serena Williams perdiendo de paso su trono. Le hizo sudar a la estadounidense, eso sí, justo dos días después de derrotar a su hermana Venus, ganadora de este torneo… en 2003.

24. En cuanto al resto del tenis femenino español y confirmado el bajón anímico y físico de Carla Suárez, que volvió a quedarse en segunda ronda, destaca la presencia de la ganadora del Roland Garros junior de 2015, Paula Badosa. Entre lesiones y diversos problemas, a Badosa le está costando llegar. Tanto que esta fue su primera participación en un Grand Slam y perdió en primera ronda. La buena noticia es que aprovechó la segunda semana para quedarse en Australia, disputar un torneo ITF y llegar a la final. Debería al menos ser fija en los grandes cuadros; a partir de ahí, el nivel del circuito WTA es tan alto y tan variado, que es difícil pronosticar.

25. Vamos con el resto de ganadores: los franceses Herbert y Mahut completaron su Grand Slam particular al hacerse con el torneo de dobles masculinos. Por el camino, eliminaron a los hermanos Bryan, de vuelta al circuito como pareja tras casi un año de lesión de Bob. Teniendo en cuenta los excelentes resultados que cosechó Mike con Jack Sock el año pasado —ganaron Wimbledon, el US Open y las World Tour Finals— el hecho de esperar pacientemente a su hermano y seguir adelante con su carrera en común cuando ambos están ya en los cuarenta dice mucho de él. El doble femenino fue, sorprendentemente, para la pareja Sam StosurZhang Shuai, lo que quiere decir que por fin Stosur puede presumir de ser campeona del Abierto de su país después de más de una década intentándolo en individuales. Los mixtos fueron para la excelsa doblista Barbora Krejcikova y el bombardero estadounidense Rajeev Ram.

26. Por último, repasemos los ganadores de los torneos junior, por si algún año de estos —¿2025, 2030…?— consiguen tomar el relevo de Djokovic y Nadal. Ya sin Chun Hsin Tseng como gran dominador, el torneo masculino lo ganó el italiano Lorenzo Musetti, del que se hablan maravillas, y que tuvo que salvar dos bolas de partido antes de imponerse al estadounidense Emilio Nava por 14-12 en el tie-break definitivo. El femenino fue también a manos de la cabeza de serie número uno, en este caso la danesa Clara Tauson, que derrotó en la final a la canadiense Leylah Annie Fernández.

Nos vemos en cuatro meses y medio en Roland Garros, donde no es de prever otra final que no sea un nuevo Nadal- Djokovic… aunque ahí, desde luego, el serbio no lo tendrá tan fácil.


Novak Djokovic, Angelique Kerber y todo lo que nos dejó Wimbledon 2018

Novak Djokovic tras ganar la final masculina de Wimbledon 2018 Foto: Cynthia Lum / Cordon.

Han vuelto. Djokovic y Kerber, Kerber y Djokovic. El serbio ya había apuntado maneras en Roland Garros, perdiendo medio lesionado en cuartos de final, y se había quedado a un punto de ganar en Queen’s, pero pocos esperaban que consiguiera su cuarto triunfo en Wimbledon y el decimotercero en un torneo de Grand Slam. Igual que Federer y Nadal fueron el relevo de Djokovic, Djokovic lo ha sido del suizo y el español, que venían de repartirse los seis últimos grandes. De hecho, Nole fue el semifinalista más joven de esta edición a sus treinta y un años, pero de eso hablaremos —de nuevo— un poco más tarde.

En cuanto a Angelique Kerber, dominadora absoluta del circuito en 2016, se apunta su tercera gran corona derrotando ni más ni menos que a Serena Williams en la final, un plus. Para la estadounidense queda el dato casi heroico de haber sido finalista con casi treinta y siete años y después de disputar solo cuatro torneos desde que ganara la edición 2017 del Open de Australia. Si no es la mejor tenista de todos los tiempos, desde luego lo parece. Son ya veinte años de éxitos sin apenas decepciones de por medio. Llega el momento de analizar un torneo algo previsible pero que nos dejó partidos para el recuerdo.

1- Empecemos por el cuadro masculino y por el campeón: Novak Djokovic. Cuando logró completar a su manera el Grand Slam en 2016 —ganó los cuatro grandes seguidos, aunque no en el mismo año natural— pocos dudaban de que la cosa no iba a quedar ahí y que pronto superaría a Federer y a Nadal en la lista de tenistas más laureados. Por entonces, el serbio llevaba doce majors por catorce del español y diecisiete del suizo. Dos años después, Nole se presentaba en Londres con solo una final disputada en este periodo —el US Open de 2016, con derrota ante Wawrinka—, después de una molestísima lesión de codo, tras haber cambiado varias veces de entrenador y con una edad —treinta y un años— a la que las resurrecciones solían ser misión imposible. Mientras él seguía anclado en los doce grandes, Nadal ya sumaba diecisiete y Federer, veinte. No era exactamente un «ahora o nunca», pero los expertos tampoco parecían dispuestos a esperarle mucho más.

2- Ahora bien, lo consiguió. Pasó rondas ante rivales como Edmund o Nishikori sin atascarse más de lo aconsejable y viéndose relegado en ocasiones a la Pista 2, hasta que llegó a la semifinal contra Rafa Nadal. Después de años y años de dominio serbio, Nadal había ganado los dos últimos enfrentamientos y partía como número uno del mundo. Una victoria del español habría consolidado una tendencia más que peligrosa para Novak. El partido fue un espectáculo en todos los sentidos, probablemente el mejor del año: a la tensión del momento se le sumaron dos jugadores en estado de gracia y una emoción superlativa. Dos veces estuvo a punto Nadal de romper el servicio de Djokovic y sacar para ganar el partido pero fueron las dos únicas en las que no pudo conseguirlo. Nole aguantó y aguantó, y de repente se encontró con un 9-8 a favor y 0-40 sobre el saque del balear. De las tres oportunidades, le sobraron dos.

3- En cualquier caso, a Nadal poco hay que reprocharle: se pasó cinco horas en la pista contra Djokovic, divididas en dos días, después de jugar durante otras cinco horas contra Juan Martín del Potro en cuartos de final. Todo esto, a los treinta y dos años y después de la paliza que se pegó en primavera durante la gira de tierra batida. Tampoco jugó a su favor el hecho de que el partido se disputara con el techo cerrado. El español se medio quejó, con esa manera suya de «decir pero no decir pero a la vez decir». Wimbledon es un torneo al aire libre, así está catalogado, y así debería haberse jugado. Otra cosa es que sea justo que los cuatro torneos del Grand Slam sean en cubierto, que igual no lo es.

4- Una vez más, la resistencia mental de Nadal destacó sobre la de todos sus competidores. Es un atleta extraordinario en ese sentido. No sé si el mejor de la historia, pero por ahí debe de andar. No se rinde nunca, bajo ningún concepto y hace fácil lo difícil: ganar los puntos que cuentan. Si el partido ante Djokovic se fue a cinco sets y estuvo tan cerca de ganarlo fue por una sencilla razón: mientras el serbio había amenazado con el break en nueve de sus saques, consiguiéndolo solo en tres, él rompió las cuatro veces que tuvo oportunidad. Es cierto que esta fiabilidad le falló en el momento clave, pero para llegar al momento clave hay que pasar por muchas etapas antes y esas etapas también cuentan.

5- Hemos dicho que la semifinal entre Nadal y Djokovic fue la verdadera final porque la final duró más bien poco: Kevin Anderson llegó completamente agotado después de su maratón del viernes ante John Isner, con un 26-24 incluido en el quinto set y más de cien aces entre ambos jugadores. El partido reabrió el debate sobre la necesidad de acortar estas quintas mangas con un tie-break, como ya hacen en el US Open. Tiene toda la lógica del mundo, porque pasarse casi siete horas sacando y sacando no parece lo más sensato. Quizá se podría buscar un término medio, como ampliar ese posible tie-break a diez puntos o realizarlo a partir del 8-8 o incluso el 10-10.

6- Sea como fuere, a Anderson le pasó factura el esfuerzo y apenas fue competitivo en la final. Era de esperar porque el sudafricano tampoco es ningún niño, aunque extrañó la diferencia en condición física teniendo en cuenta que Djokovic también se había pasado cinco horas y media en pista ante Nadal, acabando menos de veinticuatro horas antes. El torneo de Anderson fue majestuoso, en línea con lo que está siendo su inesperada segunda juventud. Apoyado en su saque, como siempre, derrotó en octavos a un sólido Gaël Monfils, que venía haciendo su mejor torneo en Londres, y fue capaz de remontarle dos sets en contra a Federer en cuartos de final, sin duda la gran sorpresa del campeonato.

7- Nos paramos ahí un momento porque la oportunidad lo exige. Federer no solo cedió una ventaja de dos sets a cero por solo quinta vez en su carrera, sino que perdió el partido después de tener match point a favor en el tercer set. Según apunta @OnlyRogerCanFly basándose en las estadísticas del mítico foro Tennis Warehouse, esta es la vigésima vez que algo así sucede. Si aún no sabe si veinte veces son muchas o pocas, cabe decir que a Djokovic solo le ha pasado tres veces en su carrera, a Murray cinco y a Nadal, siete, aunque cuatro de ellas son anteriores a 2006.

Roger Federer en el partido contra Kevin Anderson. Foto: Kevin Quigley / Cordon.

8- Tras el partido, Roger afirmó en rueda de prensa que era una derrota muy dura: «Lo mismo tardo meses en recuperarme como me olvido a la media hora». Ver el nivel de Djokovic de alguna manera le habrá aliviado. Aunque Federer empezó el torneo de maravilla —llegó a sumar treinta y cuatro sets ganados de manera consecutiva si sumamos los de 2017—, la derrota ante Anderson no fue una casualidad: le habíamos visto torpe en Stuttgart, aunque se llevara el título, y algo incómodo en Halle, aunque llegara a la final. Está a días de cumplir treinta y siete años y, por muy campeón vigente que fuera del torneo, esa es una edad a la que es un poco injusto que te exijan la victoria. Viendo que no hay relevo digno de tal nombre, las posibilidades de Federer de seguir ganando grandes y luchando por el número uno dependerán exclusivamente de si Djokovic vuelve a su nivel de hace dos años.

9- Hemos pasado muy de puntillas por la actuación de John Isner y es un poco injusto, pero también es reflejo del nivel actual del circuito: que un jugador así haya ganado este año en Miami y dispute una semifinal de Wimbledon cuando debería haber empezado su declive indica que el nivel medio es mucho más bajo que hace cinco o diez años. Isner sigue siendo el jugador que siempre ha sido: un gran sacador, con un revés cortado decente y una derecha errática. En toda su carrera eso no le había servido más que para llegar a cuartos de final del US Open de 2011. Encontrárselo en semifinales sobre hierba es hasta cierto punto decepcionante, por mucho que nos alegremos por él.

10- Isner se impuso en cuartos de final a Milos Raonic, que pese a sus lesiones sigue dando guerra en Wimbledon año sí y año también. El canadiense, a sus veintiocho años, era el más joven de los ocho cuartofinalistas. De la tan esperada next generation solo cumplieron Stefanos Tsitsipas (perdió en octavos), Karen Jachánov (también en octavos) y Álex de Miñaur, que cedió en tercera ronda ante un avasallador Rafa Nadal. El resto, un desastre: Borna Coric, ganador en Halle, perdió en primera ronda ante Daniil MedvedevDominic Thiem se retiró lesionado también en primera ronda contra Marcos Baghdatis; Denis Shapovalov se quedó en segunda ronda ante un rival —BenoîtPaire— con el menisco desgarrado, y Francis Tiafoe cayó en tercera ante el citado Jachánov después de ceder dos sets de ventaja. Tampoco duró mucho más la aventura del ruso, que cedió en tres rápidas mangas ante Djokovic en octavos.

11- La gran decepción del torneo fue sin duda, una vez más, Alexander Zverev. Cabría esperar de su actuación en Roland Garros, con unos batallados cuartos de final, que por fin el alemán empezara a demostrar su talento en un grande, pero habrá que esperar al menos dos meses más. Zverev ya estuvo a punto de perder en segunda ronda ante Taylor Fritz y al final lo hizo en tercera frente al renacido Ernests Gulbis. Es imposible saber qué pasa con este chico. Ha ganado torneos importantes en tierra, en dura y en hierba… pero solo ha pasado una vez de tercera ronda en un Grand Slam. En cuanto a Gulbis, habrá que ver si ha sido flor de un día o si su recuperación va en serio. Sería una excelente noticia.

12- En el terreno negativo, destacaron también Grigor Dimitrov y Marin Cilic. Dimitrov perdió en primera ronda ante Stanislas Wawrinka. Si fuera sobre tierra y en 2015, lo entenderíamos, pero Wawrinka nunca ha destacado sobre hierba y en 2018 está casi retirado del tenis por sus continuas lesiones. Todos los avances del búlgaro el año pasado, incluyendo su Masters 1000 y las World Tour Finals, parecen haberse quedado en nada. Por su parte, Cilic, finalista el año pasado y campeón diez días antes en Queen’s, cedió contra el argentino Guido Pella en segunda ronda. Una enorme ocasión perdida para el croata, que al menos tuvo todo el tiempo del mundo para ver el Mundial a gusto.

13- En nuestra sección «¿Qué hacemos con Nick Kyrgios?» de nuevo tocan lamentos. Perdió en tercera ronda contra Nishikori después de enfrentarse públicamente con Marion Bartoli, la campeona de 2013. La francesa le reprochaba su actitud excesivamente despreocupada en pista y Kyrgios decidió burlarse de ella en Twitter. Todo venía a cuento de la multa de quince mil euros que le puso la ATP por fingir que estaba masturbando una botella durante las semifinales del torneo de Queen’s. Los esfuerzos de Kyrgios por convertirse en una continuación de Bernard Tomic no dejan de ser preocupantes.

14- Por cierto, Tomic se apuntó a la previa, se sacó su plaza en el cuadro principal, ganó un partido e incluso le arrebató un set en segunda ronda a Kei Nishikori. También ganó un partido —es decir, más que Dimitrov y Coric juntos— el veteranísimo Ivo Karlovic, que a sus cuarenta años parece más fuera que dentro del circuito. Lo de Karlovic fue especialmente doloroso porque cayó a continuación ante Jan-Lenard Struff después de cinco sets y un 11-13 en el quinto, incluyendo punto de partido a favor. En el camino dejó sesenta y un aces, la segunda mejor marca del campeonato después de los sesenta y cuatro de Isner ante Ruben Bemelmans.

15- Los españoles. Aparte de las semis de Nadal, lo único mínimamente celebrable fue el récord de Feliciano López de torneos de Grand Slam consecutivos disputados (sesenta y seis, desde Roland Garros 2002). La fiesta duró un partido porque en segunda ronda cayó contundentemente ante Del Potro, que cuajó un excelente torneo. Ferrer, Ramos, Carreño y Verdasco cayeron en primera ronda. García-López y Feliciano, en segunda. A las chicas no les fue mucho mejor.

Angelique Kerber en el momento en el que se proclama vencedora de la categoría femenina de Wimbledon 2018. Foto: Cynthia Lum / Cordon.

16- Vamos, pues, al cuadro femenino. Angelique Kerber estuvo fantástica durante todo el torneo. Ya el año pasado estuvo más cerca de lo que pareció de haber logrado un buen resultado, pero se le complicó el partido contra Muguruza cuando parecía tenerlo controlado y al final ella se quedó en octavos y la española acabó levantando el trofeo. Este año se aprovechó de la masacre de favoritas —de entre las diez primeras cabezas de serie, solo Karolina Pliskova llegó a octavos de final y ahí se quedó— para conseguir su tercer grande tras los triunfos en Australia y el US Open de 2016. Lo más impresionante de su victoria fue la manera de manejar a Serena Williams en la final. Una cosa es ganar a Serena y otra cosa es arrollar a Serena. Lo segundo está al alcance de muy pocas.

17- Por cierto, la menor de las Williams entró en el torneo rodeada de dudas: hundida en el puesto 181 de la WTA después de un año y medio casi sin competir por su reciente maternidad, tras tener que retirarse de Roland Garros con una lesión en el pectoral y con turbios problemas con la USADA, pocos confiaban en que la estadounidense fuera capaz de llegar tan lejos. La suya es una historia increíble. Ganó su primer grande en los años noventa y creo que eso lo dice todo. Es cierto que se benefició de un cuadro muy asequible, pero, como siempre digo en estos casos, la culpa no es suya, sino de quien pierde antes de que ella gane.

18- Gran torneo el de Jelena Ostapenko, que llegó a semifinales con cierta contundencia después de un decepcionante Roland Garros. La letona apenas le dio guerra a Kerber, pero se va consolidando como una jugadora hábil en todos los terrenos pese a su juventud. También destacó Julia Görges, aunque dio la sensación de que en la semifinal contra Serena podría haber hecho un poco más, como sí hizo Camila Giorgi en cuartos, por ejemplo. En cuanto a las sorpresas positivas, recalquemos la de Kiki Bertens, que por fin rompió el muro de los octavos de final sobre hierba.

19- En cuanto a sorpresas negativas, todas las que quieran: Kvitova, Sharapova, Caroline García, Sloane Stephens y Elina Svitolina perdieron en primera ronda; Muguruza y Wozniacki lo hicieron en segunda; Halep, Mertens, Barty, Keys y Venus Williams se quedaron en tercera. También cayó en dicha ronda Carla Suárez Navarro, pero me temo que tampoco se esperaba mucho más de ella en este torneo.

20- Nos quedamos con Garbiñe Muguruza por aquello de que era la campeona vigente y que venía de hacer semifinales en Roland Garros. Cayó ante Alison van Uytvanck de la manera más inopinada, después de ganar el primer set y sin oponer resistencia en los dos siguientes: 6-2 y 6-1. Digo ahora lo mismo que dije después de Roland Garros. Hablamos de una mujer que ya ha ganado dos grandes y que ha sido número uno del mundo. Todo lo que venga de más será un regalo y así habrá que tomarlo.

21- El momento emotivo de la quincena lo protagonizó la propia van Uytvanck cuando, después de vencer en tercera ronda a Anett Kontaveit, se lanzó a las gradas para besar a su novia, la también profesional Greet Minnem. Ver a dos mujeres besándose en una pista de tenis debería ser lo más normal del mundo, pero desgraciadamente no lo es. Que se recibiera, en medio de las manifestaciones del orgullo gay en todo el mundo, con alborozo es una excelente noticia. Sobre todo porque para ella fue importante, que es lo que cuenta. Hay que tener en cuenta que hablamos de un deporte en el que la jugadora con más títulos de Grand Slam —Margaret Court-Smith— es una conocida homófoba.

22- ¿Qué pasa con Elina Svitolina? No hablo ya de sus resultados deportivos, que son más que preocupantes, sino de su aspecto físico. Ha perdido muchísimos kilos en pocos meses o eso parece y uno empieza a preguntarse si no habrá algún tipo de enfermedad detrás de un proceso que sin duda está afectando a su tenis. La rusa no parece excesivamente preocupada, así que esperemos que la cosa quede en nada y pueda recuperar su mejor nivel cuanto antes.

23- Una de las grandes alegrías del cuadro femenino fue volver a ver a Belinda Bencic disfrutando del tenis y jugando a un gran nivel. Aunque ya no nos acordemos, Bencic llegó a ser top ten hace apenas un par de años y desde entonces no se ha vuelto a saber de ella, afectada por una plaga de lesiones. En Londres recuperó su versión más ilusionante, derrotando a García, Riske y Suárez antes de caer contra la campeona en octavos y dando guerra. Confiemos en su recuperación. También sorprendió gratamente Eugénie Bouchard, de la que tanto se había hablado para mal últimamente y que se apuntó a la previa, consiguió pasar al cuadro principal y ganó su primer partido antes de caer frente a Ashleigh Barty. Esta semana, de nuevo a los torneos ITF.

24- En cuanto a las demás categorías, breve recuento de ganadores y ganadoras: Mike Bryan se impuso en el dobles masculino, pero sin hacer pareja con su hermano, sino con su compatriota Jack Sock, cuya crisis en individuales sigue vigente desde que se impusiera en el Masters 1000 de París. En los dobles femeninos ganaron las checas Barbora Krejcikova y Katerina Siniakova. Los dobles mixtos fueron a manos de Alexander Peya y Nicole Melichar, que derrotaron en la final a los grandes favoritos, Jamie Murray —el hermano de Andy— y Victoria Azarenka.

25- ¿Quieren mirar al futuro con un poco de esperanza, visto lo visto? Bien, apunten de nuevo el nombre del taiwanés Tseng Chun-hsin, el mismo que ganó en Roland Garros y fue finalista en Australia. Llegó a la final sin ceder un solo set y acabó derrotando al local Jack Draper, que estaba ante la posibilidad de ser el primer británico en ganar la competición júnior desde 1962. Tseng tiene dieciséis años y un futuro esplendoroso por delante. Sobre todo porque, para cuando empiece a ser competitivo, igual Federer, Nadal y Djokovic ya han decidido retirarse… En el júnior femenino, la campeona fue la polaca Iga Swiatek, una apasionada de Jane Austen a sus diecisiete años. Toma así el relevo de las hermanas Uwe y Agnieszka Radwanska, que no están pasando precisamente por su mejor momento como profesionales.


Rafa Nadal: ciencia y anticiencia

Rafa Nadal en la final del Open de Australia 2017. Fotografía: Cordon.

Rafa Nadal, el mejor deportista español de la historia, ha resurgido de sus cenizas. Cuando poca gente pensaba que volvería a brillar en un Grand Slam, el tenista mallorquín ha dado toda una exhibición en el Open de Australia. Lo que poca gente conoce es que tras la evolución en el juego de Rafa se esconden nuevos avances tecnológicos y diferentes disciplinas científicas. Desgraciadamente Rafa Nadal, en mi modesta opinión, se equivoca apoyando ciertas prácticas anticientíficas. Comencemos.

Una de las grandes revoluciones en el juego de Rafa es su derecha. ¿Quién tiene la culpa? El big data. En pleno siglo XXI son muchos los deportistas que recurren a la telemetría para conocer datos sobre su juego. En el caso de Rafa Nadal la presencia de varios dispositivos (acelerómetros, giroscopios, sensores de vibración) tanto en su raqueta como en su muñequera le informan, a través de aplicaciones informáticas que registran todo lo que ha sucedido en la pista, de varios aspectos claves en su juego. Entre ellos destacan la fuerza del impacto sobre la pelota, la dirección con la que la bola sale de la raqueta, si el tenista da más golpes de derecha que de revés, el efecto que se le imprime a la bola, etc. Según podemos leer aquí, la raqueta que emplea Rafa Nadal, de la marca Babolat, es capaz de almacenar en su memoria los datos de doscientos cincuenta y siete millones de golpes gracias a su capacidad para grabar hasta ciento cincuenta horas.

¿Cómo ha ayudado el big data a mejorar el juego del tenista español? Los resultados son inequívocos. La derecha de Rafa, la que tantas alegrías le había dado, empezaba a fallar. Con el paso del tiempo la fuerza con la que impactaba la bola era cada vez menor. Eso provocaba que la aceleración de la pelota de Nadal, una de sus mejores armas, comenzase a flaquear. Había que encontrar una solución.

El equipo técnico de Nadal decidió que lo mejor era cambiar el cordaje de su raqueta. Las «cuerdas» están hechas de diferentes materiales químicos como el nailon, la tripa natural, la tripa sintética o el kevlar (una fibra de alta resistencia que puede ser hasta cinco veces más resistente que el acero y que fue descubierta por la química americano-polaca Stephanie Kwolek). Incluso más importante que el material del que estén formadas las cuerdas es la tensión del cordaje. La regla fundamental acerca de la tensión del cordaje es «más tensión para control, menos tensión para potencia».

En pistas duras como las del Open de Australia la pelota tiende a moverse más rápida. Para mantener el control es recomendable subir la tensión. En pistas de tierra batida, como las de Roland Garros, la pelota se mueve más lenta y se suele bajar la tensión del cordaje para añadir potencia y profundidad a los golpes. Pero los cambios efectuados en el cordaje de Nadal para ganar potencia no surtieron efecto y el jugador nacido en Manacor tuvo que volver a su cordaje original.

La alternativa a modificar el cordaje fue incrementar el peso del marco de su raqueta. Esta solución se suele emplear no solo para incrementar la potencia, sino para reducir la torsión y vibración de la raqueta. Los técnicos de Nadal usaron cintas adhesivas de plomo para aplicar peso a la cabeza de la raqueta y con ello incrementar la potencia de golpeo y la aceleración de la pelota. Aunque al principio a Rafa le costó acostumbrarse, el resultado final fue un éxito. Desde ese momento su derecha comenzó a golpear la bola con más fuerza, la aceleración de la pelota volvió a ser la que era y sus golpes planos (aquellos que llevan la menor carga de efecto) han destrozado a sus rivales durante todo el Open de Australia.

Pero, a pesar de que la derecha plana de Rafa Nadal ha sufrido una tremenda evolución gracias a la tecnología, el tenista español sigue siendo fiel a su golpe preferido: el liftado, aquel que lleva una carga de efecto ascendente que ayuda a la pelota a salvar la red y luego a caer en la pista. Recientemente se ha medido que la «bola liftada» de Nadal puede llegar a las 5000 r. p. m. (ochenta y tres vueltas en cada segundo), mientras que la mayoría de los jugadores consiguen solo alrededor de 2600 r. p. m.

Con este liftado, en el que la física tiene mucho que decir, el tenista español logra varios objetivos. Uno de ellos es que la pelota, aunque parezca que se va a ir más allá de los límites de la pista, caiga repentinamente y entre en la misma sorprendiendo al contrario. Además, la pelota una vez que bota se eleva mucho dificultando enormemente el golpe de su rival. Finalmente, y en el caso de que el rival haya subido a la red, el liftado especial de Nadal conocido como «banana shot» le ayuda a superar a los contrarios de una forma muy especial.

En el siguiente vídeo, correspondiente a un partido entre Nadal y el también español Fernando Verdasco, se ve perfectamente cómo gracias al banana shot la rotación que se imprime a la bola hace que esta siga una trayectoria de fuera a dentro de la pista.

¿Cuál es la explicación científica de lo que acaban de ver?

Poca gente sabe que uno de los más importantes colaboradores de Nadal es el químico y físico alemán Heinrich Gustav Magnus. La archiconocida derecha liftada de Rafa que pocos jugadores saben contrarrestar no sería tan efectiva sin el efecto Magnus. ¿A qué me refiero?

Cuando Rafa Nadal golpeó la bola salió aparentemente recta y Fernando Verdasco, al igual que todo el público presente, pensó que se iría muy lejos de la pista. Sin embargo, la trayectoria de la pelota rápidamente comenzó a curvarse y terminó entrando ante la mirada estupefacta de todo el mundo. ¿Qué ocurrió? La clave fue pegarle a la pelota con mucho efecto, con suficiente fuerza y a una distancia significativa del rival. De nuevo la fuerza aparece como un factor importantísimo en los golpes de Nadal.

Inicialmente la pelota golpeada por Nadal siguió la primera ley de Newton, según la cual un cuerpo se mueve en la misma dirección y a la misma velocidad hasta que se le aplica una fuerza que lo haga variar de dirección. ¿Qué fuerza fue la que hizo que la pelota cambiara la trayectoria? La mecánica de fluidos nos da la respuesta.

Una pelota de tenis se desplaza sumergida en un fluido, el aire, que la rodea por completo. El mallorquín golpeó fuertemente en un lado de la pelota enviándola alta y a su izquierda… pero también rotándola en su movimiento. Esto provocó que en un lado de la pelota el aire se moviera en dirección contraria al giro de la misma, aumentando la presión. En el otro lado el aire se movía en la misma dirección del giro de la pelota, creando un área de baja presión. La diferencia de presiones provocó la aparición de una fuerza perpendicular a la dirección de la corriente de aire que hizo que la pelota se curvara hacia la zona de baja presión y cambiara su trayectoria, superando al rival y entrando en la pista. La cara de Verdasco al ser superado por culpa del efecto Magnus lo dice todo.

En el caso de que Nadal no hubiese dado rotación a la pelota, como ocurre en los golpes totalmente planos a los que también ha recurrido en el Open de Australia 2017, no se produce la diferencia de presiones a ambos lados de la pelota por lo que no aparece el efecto Magnus.

Vale, ya sabemos que entre Nadal y Heinrich Gustav Magnus introdujeron la pelota en la pista pero… ¿puede decirnos la ciencia algo más respecto a ese golpe de Rafa, más allá de que siguió el efecto Magnus? Sí, puede darnos la trayectoria exacta que sigue la pelota e incluso darnos la fórmula que la describe.

En un trabajo publicado en la revista Journal of Fluids and Structures, científicos franceses simularon este tipo de «trayectorias deportivas» usando como modelo un gol marcado por el brasileño Roberto Carlos a la selección francesa, del que hablé en esta conferencia. Para ello hicieron experimentos bajo el agua, lo que les permitió eliminar los efectos de las turbulencias en el aire y la fuerza de gravedad. Los investigadores establecieron que la trayectoria que sigue una esfera cuando gira al dársele efecto es una espiral en forma de concha de caracol. Esa espiral es la que destroza a los rivales de Rafa.

Entremos en la parte más peliaguda de este artículo. No todo es ciencia y tecnología en el «nuevo» Rafa Nadal. Desgraciadamente la anticiencia —un término que me gusta mucho más que el de pseudociencia por no dejar espacio a la ambigüedad— está muy presente en una de sus actividades publicitarias.

Hace unas semanas entré en una farmacia. Allí pude ver un enorme cartel donde Rafa Nadal publicitaba una serie de complementos alimenticios destinados a mejorar uno de sus puntos débiles: las articulaciones. En el rato que estuve en la farmacia compraron estos suplementos dos chicos jóvenes. Les pregunté la razón por la que compraban esos productos y ambos contestaron lo mismo: si Rafa Nadal, un portento de deportista con conocidos problemas físicos, anuncia estos productos destinados a la mejora de la salud será porque son efectivos. Veamos si eso es así.

La marca Drasanvi tiene toda una gama de suplementos con el colágeno como principal protagonista. Analicemos uno de ellos, concretamente el Collmar original que se vende al módico precio de casi veinte euros y cuyas moléculas estrella son el colágeno y el ácido hialurónico.

Imagen publicitaria de Drasanvi.

Para conocer si los ingredientes de un producto alimenticio sirven para algo hay que acudir a los informes oficiales emitidos por el máximo organismo europeo en materia de alimentación: la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Su panel de expertos en nutrición humana y dietética se encargan de recopilar la bibliografía existente sobre dichos ingredientes, estudiar la documentación presentada por la empresa responsable y emitir los documentos oficiales. Pues bien, en este informe de la EFSA pueden leer que no existe correlación entre el consumo de colágeno hidrolizado y el mantenimiento de las articulaciones. ¿Y el hialurónico que forma parte del Collmar original? Tampoco hay buenas noticias para el producto anunciado por Rafa Nadal. En este otro informe pueden leer que la UE ha sido demoledora con la ingesta de suplementos ricos en hialurónico.

¿Significa lo expuesto que ninguno de los ingredientes del Collmar original ha sido evaluado positivamente por la EFSA? No, la estrategia del asterisco, que tantas veces ha sido denunciada en el blog Scientia y que siguen productos como el Actimel o las beauty drinks, sirve para salvar el escollo legislativo. Este complemento alimenticio, absolutamente legal, tiene un tercer ingrediente que sí tiene las bendiciones de la máxima autoridad europea en materia de alimentación para decir que ayuda a infinidad de cosas. Me refiero a la vitamina C.

Con añadir solamente el 15% de la cantidad diaria recomendada de esta vitamina en la publicidad de cualquier alimento funcional o complemento alimenticio se puede anunciar que tiene muchas propiedades saludables.

¿Estoy diciendo que sin la presencia de vitamina C Rafa Nadal no podría anunciar nada relacionado con los cartílagos, los huesos o la piel porque el colágeno y el hialurónico no tienen ninguna función? Exacto… así lo dicen los informes oficiales de la UE.

¿Y es necesario que los españoles tomemos suplementos de vitamina C? No. Según los datos de la Encuesta Nacional de Ingesta Dietética la población española NO necesita tomar ningún suplemento de vitamina C… vamos atiborrados. Ingerimos, ni más ni menos, ¡entre un 191% y un 393% más que la vitamina C necesaria!  La vitamina C la encontramos a altísimas concentraciones y a mucho menor precio en alimentos como el kiwi, la naranja, las fresas, el brócoli, la grosella…

A modo de ejemplo les diré que un vaso de zumo de naranja (220 ml) tiene, aproximadamente, unos 125 mg de vitamina C, más del 50 % de la cantidad diaria que se ingiere usando la dosis diaria de Collmar original y más de diez veces la cantidad de vitamina C que se necesita para publicitar lo que dice el producto anunciado por Nadal. Sobran los comentarios.

Tras analizar uno de los productos analizados por Rafa Nadal mi opinión es clara y contundente. Los personajes públicos son totalmente responsables de lo que publicitan. Aunque el producto anunciado por Nadal sea totalmente legal y su ingesta no dé lugar a ningún problema de salud, el tenista mallorquín debería negarse a prestar su «marca» para avalarlo debido a lo explicado en este post. Supongo que Rafa Nadal no es consciente de la estrategia que siguen estas marcas, pero la ignorancia no exime de culpa. Sus asesores deberían estar al tanto.

La capacidad del tenista para llegar al público es muy grande y son muchas las personas que, confiando en su buena imagen, no dudan un segundo en seguir sus recomendaciones. Además, los conocidos problemas en las articulaciones del grandísimo tenista hacen que muchas personas con problemas similares compren este producto. Sin embargo, ¿de verdad piensan que en el caso de conocer que el único ingrediente efectivo del Collmar original es la vitamina C alguien iba a gastarse el dineral que cuesta?

Estimados lectores, en este artículo hemos visto que el resurgir de Rafa Nadal que vimos en el Open de Australia le debe mucho a la ciencia y a la tecnología. La física, la química, la informática y la nanotecnología se encuentran detrás del juego que ha devuelto al mallorquín a lo más alto del tenis mundial. Desgraciadamente, también les he mostrado cómo esa misma ciencia no respalda algunos de los ingredientes que forman parte de productos destinados a la salud humana a los que el mejor deportista español de la historia presta su imagen.

A pesar de todo lo expuesto, soy optimista. Estoy seguro de que Rafa, tras leer este artículo, reflexionará y mejorará. ¿Por qué estoy tan seguro? Observen la siguiente imagen y lo entenderán. Es un grande.

Bibliografía consultada:

  •  New J. Phys. 18 (2016) 073027.
  •  Journal of Fluids and Structures 27 (2011) 659–667.
  • NewJ.Phys.12 (2010) 093004.
  • EFSA Journal.


Los mejores partidos de tenis del último lustro


Se apagan los focos y se asienta la arcilla. Se recupera el pasto castigado mientras al cemento se le repintan las líneas de juego. La temporada de tenis 2012 llega a su fin con los últimos eventos oficiales. Las mejores raquetas de la ATP se reúnen en Londres para disputar la Copa de Maestros, que enfrenta a los ocho grandes nombres de la temporada. Se juega el torneo a cara de perro y con las últimas fuerzas que restan, e inevitablemente se hace balance del año recorrido. Notarán todos la ausencia de Rafa Nadal, fijo en esta cita de final de año, y será inevitable no pensar en el serio aviso que le ha dado su salud. Se destacará con toda justicia la temporada de Andy Murray, por fin ganador de grandes cosas, como el oro olímpico y el US Open, una explosión paciente y trabajada que no llega ni tarde ni pronto. Tampoco se olvidará el trabajo de un Roger Federer que, lejos de marchitarse a sus 31 años, volvió al liderato del ranking durante buena parte del curso, a raíz sobre todo del título en Wimbledon. En cuanto al número uno, Novak Djokovic, su curso ha sido otra vez notable, aun habiendo sido imposible igualar el inalcanzable año 2011; ha firmado la victoria en Australia, las finales de París y Nueva York y se ha llevado los Masters 1000 de Miami, Toronto y Shanghái. Asimismo, conviene acordarse también de David Ferrer, a la sazón hombre más victorioso del año en número de partidos ganados y títulos conseguidos, un Ferru cada vez más cerca de los cuatro magníficos que lo preceden. Completan la nómina de competidores más nombres habituales del Masters Cup, como Juan Martín Del Potro, cuya recuperación ya es todo un hecho, Tomas Berdych, al que hay que darle crédito por su permanencia ya de varias temporadas entre los mejores, Jo Wilfred Tsonga, otra raqueta aspirante consolidada, o Janko Tipsarevic, que el año pasado ya entró en la terna de participantes, aunque fuera a última hora. Con independencia de quiénes se alcen con los últimos títulos en juego —Copa Masters y Copa Davis—, podemos calificar ya la temporada 2012 como notable.

Abundando en este balance del curso, es un ejercicio interesante elegir cuál ha sido el mejor partido de todo el año. ¿Quizá una de las finales de Grand Slam? ¿Algún partido de Masters 1000? ¿Un partido de la Davis? Siendo una selección caprichosa, y siempre personal y discutible, hacerlo no representa ninguna medida de importancia global pero sí señala a grandes rasgos cuáles han sido algunas claves del año. Elegiremos el encuentro de tenis ATP más memorable de la temporada 2012, y seleccionaremos también el partido más destacado de cada una de los cuatro últimos cursos, como manera de crear un mapa de completo temporalmente. Lo que quedará es un mosaico, un esbozo de cuál ha sido el paisaje tenístico reciente, y de un vistazo nos dirá por dónde se ha movido el deporte de la raqueta en la última época. En orden cronológico, los mejores partidos son los siguientes:

2008: Rafa Nadal en la cumbre

Nadal se apoderó de París muy temprano, con solo 19 años. Lo haría en adelante muchas veces más, pero el torneo que más ilusión le hacía ganar desde siempre era el Grand Slam de hierba: Wimbledon. Pese a su supuesta debilidad en esta superficie, Rafa logró ser pronto competitivo. En 2006 jugaría su primera final, repitiendo este éxito hasta cuatro veces más en los siguientes seis años. En esa primera edición ’06 no tuvo nada que hacer contra un Federer que le pasó por encima, pero en 2007 Rafa se quedó realmente cerca, forzando el quinto set pero viniéndose abajo en esta última manga, también frente al campeón suizo. La tercera reválida la logró justo al año siguiente, y aquella tenía que ser la intentona definitiva.

La final de 2008 también tuvo a Roger como contrincante. Nadal sabía bien dónde estaba, para él, la clave para ganar: “Había aprendido la lección de la derrota de hacía doce meses y tenía claro que no me iba a fallar la concentración; me podía fallar cualquier otra cosa, pero la cabeza, no”.¹ Fueron 4 horas y 48 minutos de lucha sin cuartel. El partido empezó tarde, pues la amenaza de lluvia se confirmaría en los minutos previos al encuentro. Una vez comenzó, las nubes negras ya nunca los abandonarían, siempre amenazantes toda la tarde. Nadal ganó las dos primeras mangas aprovechando mejor sus bolas de rotura. Tiraba al revés de Roger insistentemente, ciñéndose concienzudamente a este plan de juego. Rafa llevaba ventaja, sobre todo por saber gestionar mejor las situaciones importantes, pero Roger aguantó magnífico y consiguió igualar a dos sets iguales, ganándolos en el desempate e incluso salvando dos bolas de partido. Ya entonces el choque había alcanzado un nivel imperial, el público del All England Club estaba entusiasmado y todavía aguardaba el parcial definitivo. En el quinto set la batalla fue también épica, produciéndose incluso una parada por la lluvia, la segunda interrupción tras un chaparrón durante el tercer set. Todo parecía indicar que el partido se aplazaría hasta el lunes, pero finalmente se reanudó con 2-2 y 40 iguales en la mortal quinta manga. Los nervios seguían a flor de piel. Hasta el 7-7 ambos tenistas se mantendrían más o menos sólidos, limitándose a aguantar, resistir al máximo. Sin embargo, la cabeza de Nadal terminaría por marcar la diferencia. Con escasísima luz y un ambiente ansioso e histérico, Rafa terminó por desgastar a Federer y hacerlo sucumbir al momento, rompiendo su servicio tras un juego muy largo. Luego el español hizo bueno su saque, no sin dificultades, y se alzó finalmente ganador cuando Federer estrelló una derecha contra la red. El marcador final fue 6-4, 6-4, 6-7, 6-7 y 9-7, un absoluto triunfo de la convicción. John McEnroe, nada sospechoso de regalar elogios, declararía después del partido que era el mejor encuentro de tenis que había visto jamás. Para Nadal el partido supuso auparse definitivamente hasta la altura del número uno y lograr el torneo que tanta ilusión le hacía. Por su parte, Federer entregaba la cuchara de su imperio, que en adelante sería ampliamente cuestionado y muchas veces cedido. Aún hoy, según el propio Rafa, sigue siendo el partido más brillante en la memoria del jugador de Manacor.

2009: Una semifinal estratosférica

Nadal llegó a 2009 en plena madurez. Lo vistieron para la ocasión y cambiaron el pantalón pirata y la camiseta sin mangas por un atuendo más sobrio y menos juvenil, probablemente el vestuario más bonito que Nike le ha dispuesto nunca al tenista español. Cuando llegó al US Open’09, el tenista balear era afianzado número uno y su magnífico 2008 le respaldaba. Se plantó en semifinales de Australia sin perder un solo set, lo cual reforzaba su candidatura al Grand Slam oceánico, que nunca había conseguido ganar. Su rival en la antesala de la final no fue un jugador con gran ranking, precisamente porque el protagonista se había zampado a unos cuantos de los mejores. Esperaba Fernando Verdasco, por entonces número quince del mundo. El madrileño venía impresionando tras haber derrotado a Stepanek, Murray y Tsonga en las rondas previas. Se plantó en las semis sin nada que perder y en un estado de forma inédito, exhibiendo un cambio absoluto de mentalidad que dificultó las cosas a Nadal hasta el extremo más extraordinario.

Ambos tenistas se masacraron durante 5 horas y 15 minutos. Verdasco se negaba furioso a aceptar el orden establecido, lanzado a tumba abierta, agigantando por la victoria en Mar del Plata de la Copa Davis. Nadal empleaba el 120% de sus recursos para sobrevivir a las embestidas de su rival, luciendo un repertorio total en una superficie poco afín. Se sucedieron los winners y los momentos fulgurantes de todas las formas posibles, derechas ganadoras, reveses cruzados, dejadas magistrales, una colección interminables de highlights para los ojos, un nivel de tenis irreal para el espectador. Llegaron al último lance del partido con 192 puntos ganados cada uno, quinto set, 5-4 para Nadal y servicio de Verdasco para igualar, pero el madrileño hincó la rodilla al cometer una inoportuna doble falta con match point en contra. Fue lo único vulgar de todo el partido. Nadal se desplomó ganador, vencido en el suelo tras 5 sets trabajadísimos, 6-7, 6-4, 7-6, 6-7 y 6-4, todos sin respiro alguno y resueltos por estrecho margen, hasta tres de ellos en la muerte súbita. Tan cerca estuvo Verdasco de ganar a Rafa, que el balear contaría años después, en el libro que escribiría con John Carlin: “Finalmente, la ocasión llegó cuando ganaba yo 5-4 y 0-40 sacando Verdasco (…) Perdí los dos primeros puntos. Aquello fue demasiado para mí y me vine abajo; la coraza se me desprendió, y el guerrero Rafa Nadal dejó al descubierto al Rafael vulnerable y humano. El único que no lo vio fue Verdasco (…) Los nervios también le traicionaron y, en un momento de suerte increíble para mí, cometió doble falta y me entregó la victoria sin que yo hubiera tocado la bola”. Nadal quedaría tan exhausto que su participación en la final con mínimas garantías competitivas, dos días después, fue dudosa hasta horas antes del partido. Pero logró sacar increíbles fuerzas de flaqueza y se impuso a Roger Federer en un encuentro también sensacional, jugado a cinco sets durante cuatro largas horas. En cuanto a Verdasco, lograría ser top ten durante dos años, para luego volver a transitar por donde solía.

2010: El partido interminable

El encuentro entre Nicolas Mahut y John Isner de Wimbledon’10 no destaca por su calidad tenística, pues palidece claramente al lado de sus vecinos de página. Pero es innegable que se trata de un partido especial en varios sentidos, de ahí que lo hayamos elegido a modo de anécdota. El encuentro duró 11 horas y 5 minutos, y se jugó a lo largo de tres días, iniciándose el martes 22 de junio y finalizando el jueves 24. El primer y el segundo día el juego se suspendió a las nueve de la noche por falta de luz. Al tercero vino la Reina de Inglaterra, que no se lo quiso perder, y tras una horita extra en el tiempo de sobremesa, justo antes del té de las cinco, Isner logró finalmente imponerse con un marcador total de 6-4, 3-6, 6-7, 7-6 y ¡70-68! La cancha dieciocho de Wimbledon era muy modesta, pero ese día estaba hasta arriba de curiosos. Tras la victoria, el americano diría de su rival: “Este chico es un absoluto guerrero. Quizá nos encontremos de nuevo, pero no volverá a ser 70-68”. Batieron un montón de récords infinitos de enumerar, entre ellos el de partido más largo de la historia de la ATP. Fueron 183 juegos jugados, 980 puntos repartidos y un último set que duró 8 horas y 11 minutos, superando holgadamente por sí solo la anterior plusmarca del encuentro más largo (un Santoro-Clement de 6 horas y 33 minutos en Roland Garros).

Sin duda no fue tanto un partido de tenis como más bien una rareza de Libro Guinness, un encuentro tan largo que terminó por aburrir a los beefeaters en su guardia. La proeza daría la vuelta al mundo y los protagonistas se fotografiarían al pie de los marcadores, como plusmarquistas de atletismo, y serían galardonados nada más finalizar el encuentro con un premio especial del club de tenis londinense, más otra distinción dos semanas después, el Premio ESPY en la categoría de Records. Con todo, en la siguiente ronda John Isner sucumbiría en apenas hora y diez frente al holandés Thiemo de Baker, 0-6, 3-6, 2-6, siendo incapaz, con sus más de dos metros de estatura, de efectuar ni un solo saque directo, cuando en el partido con Mahut había logrado 112, y en un encuentro normal firma 15 ó 20 de media. Fue un partido diez veces más corto, malogrado por la victoria heroica pero pírrica de Isner sobre Mahut bajo la mirada atenta de la Reina Isabel de Inglaterra.

2011: Las mil vidas del nuevo Djokovic

El increíble año 2011 de Novak Djokovic solo parecía tener una pequeña kriptonita: Roger Federer. El tenista serbio masacró como quiso al número uno, Rafa Nadal, y sometió con igual rotundidad a Andy Murray y a los que le precedían en el ranking, pero con Federer a Djokovic le costaba más trabajo. No era nada demasiado serio, pues le ganó cuatro de los cinco partidos que ambos disputaron esa temporada, pero el suizo siempre parecía encontrar unas cosquillas que los otros ni olían. Sucedió como nunca en las semifinales de Roland Garros de ese año 2011. Nole llegaba a París con el impresionante récord de 43 victorias consecutivas, una racha cuyo inicio se remontaba a diciembre de 2010. Pero aquel viernes de junio Federer le ganó en cuatro sets igualados, rompiendo con justicia esa impresionante plusmarca que venía aterrorizando al circuito desde hacía meses. Sin embargo, el destino dio pronto al serbio la posibilidad de vengarse. Djokovic y Federer volvieron a coincidir en las semifinales del Us Open, en el mes de septiembre, donde ambos firmarían un duelo absolutamente espectacular.

Bajo el sol del verano neoyorkino, el número uno y el número tres sacaron el máximo partido a la veloz cancha Arthur Ashe, de altísimas gradas y envergadura infinita. Protagonizaron un encuentro hipersónico, con intercambios furibundos a un nivel de tenis altísimo y realmente veloz. Al principio Federer volvió a encontrar las flaquezas del temible serbio, consiguiendo ponerse dos sets arriba, pero Djokovic protagonizó una remontada llena de casta y coraje, con ese instinto asesino que le había convertido en campeón. Igualó el partido a dos sets, sacando a relucir todo su tenis arrollador y encendido, pero llegados al último parcial Federer jugó mejor las bolas calientes y logró una ventaja que parecía definitiva. En ese momento tuvo al serbio prácticamente derrotado, 5-3 arriba en el quinto set y 40-15 con servicio, y parecía que el campeón suizo era, en efecto, la kriptonita de Súper Djokovic. Pero entonces el serbio sacó a relucir su cualidad más valiosa durante su singladura victoriosa, además del olfato depredador: la supervivencia. Nole exhibía una capacidad impresionante para sobrevivir cuando las cosas se le ponían feas. Aquel día y en ese momento, la cámara le enfocó frunciendo los morros con sorna, acaso ya sintiéndose perdedor. Entonces, Federer lanzó su primer servicio, un saque potente a la esquina del cuadro, y el serbio conectó un resto inverosímil, una devolución de una entre cien, totalmente imposible de devolver por Federer. El serbio se fue hacia el lado del público y levantó los brazos para jalear al gentío, que estalló en júbilo. Aún quedaba otra bola de partido, y cuando fue a enfrentarla Djokovic lo hizo con una sonrisa burlona. ¿Resultado? Restó con éxito un primer servicio extraordinario de Federer lanzado al cuerpo, y al golpe siguiente el suizo no pudo devolver la bola, estrellándola en la red. De forma inverosímil Novak había escapado con vida. Luego se comió a Roger a pequeños bocados. Había destruido su plano psicológico después de la oportunidad perdida del suizo, y terminó por darle la puntilla y ganarle rompiendo su saque, con un marcador total de 6-7, 4-6, 6-3, 6-2 y 7-5. La consecuencia de aquella gesta fue importante, pues apuntaló el reinado de Djokovic y le otorgó la oportunidad de conseguir un trofeo que aún no tenía. En la final se impondría a Nadal en cuatro sets, siguiendo claramente la tónica de dominancia vista durante toda la temporada sobre el balear. Ese fin de semana Nole rubricó un año estratosférico.

2012: Nadal delante del muro

Otra vez se encontraron Rafa y Novak a la vuelta de la tregua de Navidades, nada más comenzar el nuevo curso 2012. Fue en Melbourne, en el mes de enero. Djokovic buscaba conseguir su tercer Abierto de Australia y comenzar con fuerza la defensa del número uno. Nadal, por su parte, estaba otra vez delante del coco, su muro personal, un jugador con el que la temporada pasado había acumulado un balance adverso de cero victorias y seis derrotas, dos de ellas, incluso, en tierra batida. No solo por la losa psicológica el partido era un galimatías para Rafa, pues no parecía haber dado en todo ese tiempo con la clave para derrotar a su rival: “Cuando me enfrento a Federer sigo un patrón de juego que tarde o temprano le obligará a cometer errores. Cuando me enfrento a Djokovic, la táctica no está tan clara”. Ninguno de los contendientes hizo un torneo impecable, pues tuvieron que ganar partidos a cuatro y cinco sets por el camino, pero sin duda llegaron con pleno merecimiento a la final de Australia, siendo los mejores del momento y conformando el duelo esperado por todo el mundo. Llegado el momento, las expectativas se vieron generosamente colmadas.

La pista Rod Laver estaba completamente llena para la ocasión. Rafa se llevó la primera manga por 7-5, después de romper el saque rival con 5 iguales. La agresividad y sangre fría del español, muy serio y concentrado, le estaban dando valiosos réditos. Se insinuaba un partido distinto a los recientes, pero Djokovic fue poco a poco imponiendo su ley. El serbio se llevó la segunda manga con un ajustado 6-4, aprovechándose de los errores en el servicio de Nadal, sobre todo al final del parcial. En el tercer set la tendencia se acrecentó. Novak se impuso claramente por 6 juegos a 2, y lo que es más importante, comenzó a dominar a Nadal al modo en que lo tenía acostumbrado últimamente, la fatal espiral dominante del balcánico. Sin embargo, Rafa resistió. El español supo sufrir de lo lindo en la cuarta manga para al final llevársela en el desempate, remontando incluso un 5-3 adverso en ese tie break. El set duró hora y media, el más largo de todos, y el reloj ya rebasaba las 4 horas y 30 minutos de partido. Aquellos dos tenistas estaban protagonizando, otra vez, un enfrentamiento que ya era un clásico instantáneo.

Forzar la quinta manga fue, a todas luces, un aporte de moral para Rafa y una decepción para Djokovic. Demostrando una fortaleza admirable, Nadal consiguió una valiosísima ventaja en el quinto set: rompió el saque del serbio para ponerse 4-2 arriba, ¡y con servicio! Era, sin duda, lo más cerca que había estado de derrotar al nuevo Djokovic nunca jamás, su pesadilla personal, sobre todo en pista dura. Lo tenía realmente contra las cuerdas, pero Nole tiene mil vidas, y de forma absolutamente brillante, consiguió romper el servicio de Nadal, igualar el partido con su saque y terminar adueñándose de él. Rafa no pareció acusar la oportunidad perdida en exceso, pero cuando Djokovic viene remontando desde atrás ya es casi imposible de parar. A la postre, el balcánico terminaría por romper con 5-5 y se llevaría el partido con su servicio, con un impresionante marcador global de 5-7, 6-4, 6-2, 6-7 y 7-5. Abrazó a Nadal y se echó al centro de la pista, se sacó la camisa del pecho rompiéndola con furia y comenzó a rugir hacia donde estaba su equipo. Rafa, mientras tanto, se preparaba para la ceremonia con tranquila resignación. Había sido la final más larga de Grand Slam en toda la historia de la Era Open: 5 horas y 53 minutos, una verdadera maratón sobrehumana. Después del partido, Rafa declararía estar medianamente satisfecho: “Es la final que he perdido que menos me ha dolido, porque he hecho todo lo que he podido, he luchado, he competido de tú a tú con un jugador que es brillante y he estado muy cerca. Lo he llevado al límite, algo que no había conseguido en 2011, y también me he llevado a mí mismo al límite (…) Después de un tiempo en el que he sufrido sin disfrutar, hoy he podido sufrir disfrutando, y ese es el camino”. Aquel mismo año, este año 2012, Rafa lograría por fin vencer a Djokovic. Lo haría en tres ocasiones, todas en tierra batida, y aunque aún le queda la cuenta pendiente de hacerlo sobre pista dura, el fantasma del serbio ya le da bastante menos miedo.

¹ Rafa, mi historia, John Carlin con Rafa Nadal. Editorial Indicios.