Free y la maldición de «All Right Now»

English rock group Free performing at the Royal Albert Hall, London, 11th February 1972. Left to right: Andy Fraser, Paul Rodgers and Paul Kossoff (1950 - 1976). (Photo by Michael Putland/Getty Images)
Free actuando en el Royal Albert Hall, 1972. Fotografía: Getty Images.

Para acompañar la lectura del artículo, nuestra lista en Spotify:

Los Beatles tenían las melodías y el enfoque original, los Stones eran salvajes y satánicos, pero quién más se atrevía a jugar con fuego como hicieron Free en su clásico «All Right Now». (Phil Sutcliffe, Sounds, 27 de marzo de 1976)

Nunca emitieron una queja pública porque no estaban organizados, pero los amantes del rock que durante los años noventa veían la televisión de madrugada rodeados de latas de cerveza vacías y ceniceros llenos hasta los topes de colillas estaban hasta las mismísimas narices del trato que se le daba a Free. Todos y cada uno de los anuncios teletenderos de recopilaciones de música para conducir con tus gafas de sol de pera cogiendo al sistema por los huevos escuchando las mejores canciones de la historia del rock insistían en lo mismo. Si el espacio publicitario del típico revolucionario utensilio para rascarse la espalda se renovaba cada determinado tiempo, las recopilaciones roqueras no. De los Free, insigne grupo de principios de los setenta, siempre se proponía la misma canción: el dichoso «All Right Now».

Un estribillo tan manoseado y desnaturalizado a estas alturas del siglo siguiente al de su composición que da más ganas de llorar que de agitar la melena. Despierta las mismas emociones que la canción de Documentos TV de Ry Cooder. Pero les da igual. En cada compilado, con una sonrisa helada, nos seguirán metiendo el «All Right Now». Irás a comprar yogures de coco al supermercado y en cuanto te descuides sonará un «All Right Now» en el hilo musical. En el telediario darán una muy informativa pieza sobre el regreso de los pantalones de campana y pondrán el «All Right Now». Digámoslo claro de una vez: puto «All Right Now», dejen ya de pincharla de una puta vez. Tiremos los discos y borremos nuestros discos duros.

Si no fuera por los suculentos beneficios que les habrá supuesto, es muy probable que los miembros del grupo que han sobrevivido también estén hasta las narices de su hit. Y de no ser así, pues aquí estamos para poner el foco en el resto de su carrera a parte del maldito «All Right Now», que fue muy interesante, innovadora y tiene una segunda etapa, sus tres últimos discos, que nunca han sido convenientemente valorados.

Es difícil elegir un miembro de Free para empezar a contar la historia del grupo a partir de él. Pocos grupos fueron fruto, en aquella época, del trabajo colectivo como ellos. Paul Rodgers, un cantante de soul en un grupo de blues. Andy Fraser, un bajista sin cuyo protagonismo no podría entenderse a Free, un tío capaz de poner su instrumento al mismo nivel de importancia que la voz o la guitarra solista sin meter una matraca infernal, como le suele pasar a los bajistas con ínfulas. Paul Kossoff, uno de los mejores guitarristas de la época dorada del rock. Y Simon Kirke, un batería que sabía hacer lo más difícil que hay en su profesión y que sus colegas suelen ignorar, tocar despacio, además de ser capaz de ponerle ritmo a uno de los más genuinos recursos del grupo: el silencio. No está mal como carta de presentación.

Free surgieron en Inglaterra en los años en que el blues era la moda más refrescante. Paul Rodgers venía de un grupo llamado Brown Sugar. Andy Fraser había estado en los Bluesbreakers de John Mayall. Y Kossoff y Kirke provenían de Black Cat Bones, un grupo que logró grabar un LP muy aceptable en 1970, y donde Kossoff fue sustituido por Rod Price, el celebérrimo slide de Foghat. Cuando Alexis Korner les vio tocar juntos por  primera vez se quedó fascinado con ellos y les puso el nombre de Free. Pero eran niños. Algo así como los Backstreet Boys al principio, rondaban los quince y diecisiete años. El disco que rula por ahí de Paul Kossoff en Black Cat Bones, Paul’s blues, tiene un sonido criminal, pero sobre todo es interesante porque el guitarrista tiene quince años y ya toca como un animal.

Kossoff decidió tocar desde que escuchó a los Shadows en la radio. Sus padres le llevaron a clases y estuvo seis años formándose en guitarra clásica. Luego vio a Clapton tocar con John Mayall en un pequeño club y tuvo ahí la epifanía propia de los tiempos, la que afectó a tantos. La gente le estaba gritando a Slowhand eso de «¡Dios! ¡Dios!» y a Paul le sedujo la atención que recibía un artista recorriendo el mástil de su guitarra al estilo de moda. Se olvidó de la formación clásica y empezó a escuchar a B. B. King y Freddie King y el soul de Otis Reding y Ray Charles, sin perder de vista lo que hacían sus compatriotas Clapton y Peter Green en los años buenos de Fleetwood Mac.

Guitarist Paul Kossoff (1950 - 1976) performing with English rock group Free, at Fairfield Halls, Croydon, London, 12th September 1972. (Photo by Michael Putland/Getty Images)
Paul Kossoff, 1972. Fotografía: Getty Images.

Los chavales se patearon el circuito londinense, llamaron la atención de Island y sin dejar de tocar en directo grabaron su primer LP, Tons of Sobs. Un disco de blues crudo y áspero. Alguna vez ha sido comparado con los discos de Blue Cheer con Leigh Stevens. Costó solo ochocientas libras. Ninguno alcanzaba los veinte años aún y Fraser solo tenía dieciséis. Lo produjo Guy Stevens, quien trabajara para Mott the Hoople en los setenta y pasará a la historia por ser el responsable de la producción del London Calling de los Clash. Su granito de arena en el primer disco de Free fue tomar la decisión de partir en dos «Over the green hills», la canción más Free del primer disco de Free. Las partes se emplearon como intro y outro del álbum. Se grabó en octubre de 1968 y se lanzó en marzo del 69. Volcaron en el vinilo su repertorio en directo, con mención especial para «Walk in my Shadow», con una letra de machotes tipo mira-nena-te-voy-a-follar. «Worry», que abría la cara A, sonaba oscura y con riffs densos a lo Tony Iommi, que por aquel entonces estaba grabando las demos de Earth, el grupo con Geezer Buttler y Ozzy Osbourne del que saldría Black Sabbath. Hay que señalar bien en qué momento empezó Free a poner sobre la mesa un sonido tan duro. Por esas fechas, Jimmy Page, que le sacaba seis años a Kossoff, estaba buscando músicos para una cosa que se le había ocurrido que podría molar. Aún no existía ni etiqueta para esa propuesta.

«Moonshine» también era muy Sabbath, pero especialmente por la letra. Paul canta sobre esperar a que salga el sol apoyado en su propia tumba. «I’m a Mover» también era un temazo, pero donde quedó mejor registrado fue en su directo Free Live! que saldría tres años después. No en vano eran canciones concebidas para tocar en directo. Algo que no dejaron de hacer ni para meterse en el estudio a grabar su segundo disco, el homónimo Free en 1969, que ya tendría una personalidad insobornable.

Aunque el referente hasta el momento eran las tormentas sónicas que desataban los Cream de Eric Clapton, que registraron su disco de despedida ese año, Free venía con una propuesta más ordenada que los archivos de la policía. Se orientaron a la noble búsqueda de la canción perfecta. En este segundo LP, los adjetivos oscuridad y dureza se sustituyen por la sutileza de la guitarra en «I´ll be Creeping», la que abre el disco, o el ritmo funk que impone Fraser, desaparecido antes en el primer disco, tal vez por su tierna edad. Y todo con un cantante superlativo. Pero las relaciones entre ellos no eran buenas. Kossoff, de hecho, intentó escapar probando para los puestos que habían quedado libres en Rolling Stones y Jethro Tull, nóminas que se llevaron Mick Taylor y Martin Barre.

Una gira por Estados Unidos con los Blind Faith de Eric Clapton les abrió el mercado americano. Slowhand alucinó con Kossoff, que ya había logrado una narrativa propia. Cito al crítico Jaime Gonzalo en Ruta 66: «No tardó en fabricarse su propio estilo, cuyas claves residen en que, más que solos, lo que perseguía era crear sonidos y con ellos formas». En esa gira, Clapton entró en el camerino de Free y hubo un malentendido. Admirado, le preguntó a Kossoff cómo hacía esa técnica del vibrato. Este le contestó que si estaba de cachondeo. Obviamente, lo había aprendido de él, pero Clapton pensó que se estaba burlando, riéndose en su cara. Fue un sutil equívoco, una chorrada, pero por esa gilipollez ya no hubo química entre ambos. Y venían a ser padre e hijo.

Aunque Free fuese un buen disco, de preciosa portada, además, de Ron Raffaelli —el fotógrafo de Jimi Hendrix—, el pepinazo lo dieron en el tercero, Fire and Water. Al igual que habían hecho en el anterior, Fraser y Rodgers se echaron el disco a las espaldas y se curraron un clásico espectacular. Se abre con el corte que da título al álbum, un estribillo hard rockero difícil de olvidar. Y al final de la cara A y al principio de la B, dos verdaderas gemas: «Heavy Load» y «Mr. Big», esta última con un crescendo al final que se convirtió en el punto culminante de sus conciertos.

El disco es tan bueno que cuando llegas a la innombrable, su single más conocido y que está al final, hasta te parece una castaña, pero con ella llegaron al número uno de las listas. El LP salió solo un mes antes de la espectacular actuación que hizo el grupo el último día del histórico festival de la isla de Wight en 1970, momento en el cual el grupo ya estaba consagrado y en el Olimpo. Si no te emociona Kossoff en ese vídeo, si no te conmueve, tal vez te trates de Antonio Anglés. A raíz de esa aparición, según dijo Andy Fraser, no podían ni salir a la calle sin que se les echara encima la gente diciendo cuánto les amaban.

Es entonces cuando al maldición de «All Right Now» comenzó a hacer efecto. Antes de acabar ese año, Free volvieron al estudio el 21 de agosto. Diez días antes de Wight. La industria quería exprimirlos y para muchos fans, después del nivel y el éxito de Fire and Water este siguiente trabajo, Highway, resultó decepcionante. Aunque, ojo, nosotros afirmaremos lo contrario. No solo el disco es muy bueno, sino que tiene doble mérito. Primero, por meterse a grabarlo tan rápido. Y segundo y muy importante, por no seguir con la estela que les estaba haciendo millonarios. Además, el sello no se curró nada la promoción y la portada fue bastante patatera, por lo que el problema con las ventas pudo venir de ahí también más que de la calidad de lo registrado.

Los anteriores discos se habían compuesto mientras estaban girando, aquí por fin tuvieron tiempo para respirar en el estudio. También trabajaron mucho más a gusto y se autoprodujeron a sí mismos, porque anteriormente nunca habían quedado del todo satisfechos con los productores que les facilitó la compañía. Con tiempo, comodidades, canciones dando dinero en las listas, Highway sonó como se encontraba el grupo: a gusto.

Es quizá su disco más soft. Hay ritmos funk con más protagonismo que antes. Tiene mucho piano, una cadencia country, —por lo visto estaban muy sorprendidos por los discos de The Band, especialmente Music From the Big Pink—. La única dificultad que tuvieron en toda la grabación fue el día en que se murió Jimi Hendrix. Kossoff llamó a Kirke llorando, destrozado. Según recuerda el batería, desde aquel día nunca volvió a ser el mismo. Tenía esperanzas de tocar algún día con Jimi, al que había visto en una tienda de instrumentos en la que trabajaba años atrás. Hendrix entró y dejó a todos boquiabiertos al probar una guitarra para diestros con la zurda, del revés, tranquilamente. A Kossoff el impacto por su muerte le hizo dejar de comer y abandonarse de mala manera. Le tuvieron que impedir que cogiera un avión y se fuera al funeral a Seattle y que se conformara con enviar flores. Años después, en una entrevista en Guitar Player en 1975, lo admitió. Se le fue la olla con su pasión por Hendrix.

Pero lo realmente grave fue que el single llamado a suceder a «All Right Now», la negroide «The Stealer», que es una canción buenísima, se comió los mocos. Y otras, como «The Highway Song», seguían teniendo chispa, con un Kossoff enorme en lo suyo, el arreglo elegante, simple. Con más escuchas el álbum gana y completa una tetralogía de mérito. Inicios blues, un segundo disco más folk, el tercer hard rock y el cuarto, pues podríamos empezar ya a hablar de AOR. Para Kossoff era sin duda alguna el mejor trabajo que habían hecho hasta la fecha. Así lo dijo en la prensa.

Sin embargo, la bajada de ventas fue bestial. Un hostión. Psicológicamente les afectó tanto que se separaron. Y todo porque no fueron capaces de volver a darle de comer al monstruo, de volver a poner en el mercado un asqueroso «All Right Now». Los críticos encontraron el nuevo disco demasiado introspectivo. Baladista. Lo que lo estaba petando en 1971 era el heavy rock. Esa melaza no se entendía en uno de los grupos que habían colaborado como nadie en poner de moda el género con su anterior disco.

Esta pausa o primera disolución del grupo fue fatal para Kossoff, que empezó a consumir todo lo que tenía a su alcance. Desde antidepresivos a heroína. Tenía muchos problemas de autoestima, era tímido, introvertido, y sin estar arropado por un grupo y metido en las rutinas de las giras, lo único que era capaz de hacer desde que se levantaba era enchufarse en vena y volver a la cama. Mientras tanto Rodgers formó Peace, con quienes solo grabó un par de canciones —una de ellas, «Lady», está en el recopilatorio de Free The Free Story—. Y Fraser, Toby, donde tampoco se registró una sola canción. Paradójicamente, solo Kossoff y su colega Kirke sacaron un disco presentable. Fue con Tetsu Yamauchi y John «Rabbit» Bundrick y tuvo un nombre que no era un prodigio de la imaginación: Kossof, Kirke, Tetsu, Rabbit. Kossoff aquí está enorme, aunque el disco se parece demasiado a Free, y hasta se atreve a cantar en «Colours». Es un trabajo muy correcto donde también destacan los teclados del tejano Rabbit Bundrick que, dicho sea de paso, compuso más de medio álbum.

Pero este disco no sirvió para mantener a Kossoff alejado de la drogadicción. Se había vuelto adicto al Mandrax, los quaaludes, y tan grave era la situación que la reunión de Free fue por él. El grupo se tuvo que volver a juntar solo con la intención de rescatarle. El resultado fue Free at Last, un LP que tuvo éxito, pero que está por debajo de sus antecesores. Como Kossoff, que llevaba tales ciegos a los conciertos de la gira que, según recuerda Fraser, el público se ponía a llorar de pena por él. Al final, el bajista, harto de tener que soportarle, abandonó el grupo.

En un último esfuerzo, Free todavía registró un último álbum de estudio, Heartbreaker, con los amigos de Kossoff, Tetsu Yamauchi al bajo y Rabbit Bundrick al teclado. Paradójicamente, pese a la calamitosa situación de convivencia del grupo y toxicología de su guitarrista, el LP salió soberbio. «Wishing Well» abría el disco fumándose todo lo que quedaba de década para situarse en la liga de los petaestadios que estaban por llegar diez años después, grupos como Journey, Boston, Foreigner, Survivor y compañía.

No es casualidad que Rodgers, compositor de la mayor parte del disco, formase dos años después Bad Company depurando el estilo aquí exhibido hasta crear tamaño mito y hartarse de recorrer el planeta en limusinas llenas de botellas de champagne y chavalas en cueros. «Come Together in the Morning», la segunda, baja el pistón hasta niveles que podríamos decir que el estribillo lo haría suyo muy a gusto Julio Iglesias. Luego el plástico transcurre por estos derroteros baladistas genuinos de Free hasta llegar, fíjense bien, a una canción top del grupo y muy desconocida, o muy pocas veces se la ha destacado. Se trata de «Easy on My Soul», que llegó a salir como cara B del single del LP. Un teclado espectacular, similar al de «Riders on the Storm» de los Doors, domina la canción hasta que Rodges se exhibe en un estribillo que nada tiene que envidiar al inefable «All Right Now», pero pasó desapercibido. Fue el último single de Free.

Para entonces, Paul Kossoff ya había sido expulsado del grupo. Sufrió una sobredosis con infarto de miocardio, y lo apartaron definitivamente del negocio. Y durante su convalecencia lo que hizo fue buscarse más problemas. Detenido por conducir borracho y drogado, condenado a pasar por rehabilitación, también logró eludir esa pena y seguir poniéndose. Enganchado completamente, su manager Terry Slesser buscó lo que fuera para salvarlo. En su penúltima sobredosis tuvieron que devolverlo a la vida cuando estaba clínicamente muerto.

Solo recibió una buena noticia en estos meses. El disco en solitario que había grabado tras dejar Free, Back Street Crawler, fue comprado por Atlantic para lanzarlo en América. Cuando ya había un plan de la discográfica para convertirlo en una estrella en Estados Unidos, en un vuelo entre Los Ángeles y Nueva York, se le paró el corazón de otra sobredosis. Tenía veinticinco años. Ni club de los veintisiete ni leches.

A Andy Fraser le diagnosticaron el VIH y el sarcoma de Kaposi en los ochenta. Luchó contra la enfermedad durante años, manteniéndose en forma y tocando, hasta que murió el año pasado, 2015. Su amigo Kirke se embarcó en Bad Company con Paul Rodgers y por fin se hartaron de ganar dinero fabricando hits como churros, esta vez menos dañinos que el dichoso «All Right Now»; la canción que mató de éxito a Free y pone a prueba nuestra paciencia en las radiofórmulas roqueras, los recopilatorios y los bares de británicos en Canarias.

Kossoff hoy en día es tenido en cuenta como uno de los mejores de su época y su talento es reconocido en toda publicación especializada que se precie. Pero incluso su recuerdo a veces nos llega en cofre de maldición. Hace unas semanas quien esto escribe leía en el muro de José Carlos Sisto, padre de los psicoactivos Materdronic, un recuerdo a la figura de Ollie Halsall, guitarrista de varios grupos, el más importante Patto. Combo progresivo hard rockero, pero más orientado al jazz. «Hold Your Fire» es uno de los mejores discos de la década de los setenta sin duda ninguna. Resulta que Ollie Halsall acabó en España ganándose la vida con Ramoncín, Radio Futura, Antonio Flores… una lista interminable. Hasta compuso para Hombres G. Su adicción a la heroína le llevó a situaciones extremas. Llegó, se dice, a tocar en el metro. ¿Te imaginas encontrarte en un pasillo de Diego de León a Robert Plant? Pues esto era equiparable en talento. El caso es que Ollie, recordaba el músico, vivió en casa de un amigo suyo durante un tiempo. Años después, de charla, aparecieron por un rincón dibujos de Ollie. Uno era un retrato de Paul Kossoff. Lo adoraba y era su guitarrista favorito. Y esto siendo coetáneos. Le gustaba tanto que lo pintó y ahí quedó su retrato en esa casa, donde Halssal enfilaba sus últimos días, casi como en un cuento de Poe.


Los plagios musicales más sangrantes del siglo XX (II)

noel gallagher

Hace apenas unos días, y a propósito del primer artículo sobre plagios musicales publicado en Jot Down en noviembre de 2012 y firmado por quien redacta estas primeras líneas, una enciclopedia musical andante llamada Isaac Pedrouzo, de cuya amistad tengo el placer de presumir, me dejaba atónito al explicarme que el riff de guitarra de Eighties que Nirvana había copiado en Come as You Are y que yo había defendido como original, no era sino otro plagio de una canción anterior. En su momento, Jaz Coleman explicó que si no había demandado a Kurt Cobain fue porque su confesión en privado le había parecido suficiente reconocimiento, ¡pero lo cierto es que el muy embustero tampoco era el verdadero autor del riff!

Es impresionante la cantidad de material que se recicla sin permiso en la música pop y rock. Sorprende el escasísimo respeto que se tiene por la propiedad intelectual. Como me decía Isaac, tal vez quienes conjugan el verbo «plagiar» en primera persona no sean conscientes de la gravedad de sus actos, pero vivir sabiendo que has vendido como propio algo ajeno es, desde luego, poco castigo para quien por falta de talento o por escasez de ideas se rebaja a la utilización de semejantes artimañas. Escuchar, copiar, cambiar, adornar… y vender.

No sería justo, de todos modos, olvidar que las coincidencias existen. Más aún: la mera semejanza remota tampoco debe ser considerada como plagio. El problema, como decíamos en el artículo mencionado, es que las musas a veces son temerarias y la diferencia entre la simple influencia y la apropiación indebida es generalmente demasiado sutil.

Puede ser que uno haya escuchado lo mismo tantas veces que acabe por no diferenciar hasta qué punto su producción musical es verdaderamente suya. O tal vez en la música ya no quede nada por inventar y estemos recorriendo una y otra vez el mismo camino.

El parecido entre las estrofas de I’d Love You to Want Me y Bailar pegados, por ejemplo, es innegable, pero calificarlo de plagio se nos antoja excesivo. Lo mismo ocurre con el riff de la versión de La bamba popularizada por Ritchie Valens y el de la famosa adaptación de Twist & Shout que The Isley Brothers realizaron de la original Shake It Up, Baby de The Top Notes. Tal vez sea solo el lejano efecto de cierta influencia. Tal vez, sin más, una curiosa casualidad. Pero en estos casos ―acierta Isaac―, el beneficio de la duda siempre se convierte en sospecha. Y en ocasiones, en acusación directa.

Permítannos, en cualquier caso, la licencia de distinguir entre original y plagio a efectos clasificatorios y evitar así galimatías taxonómicos, pero nuestra autoridad en la materia solo alcanza ―salvo evidencias― a la mera exposición de sospechas. Lo cierto es que entre copia, influencia o casualidad resulta muy difícil dirimir. El torrente de comentarios disconformes que suscitó la primera lista vino a confirmar que es el oído de cada cuál el único que mide la suerte de la canción sospechosa, y su veredicto, casi siempre subjetivo, pocas veces es aceptado sin controversia. Será complicado que a estos 20 nuevos ejemplos no les suceda lo mismo.

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21. Original: Life Goes onde 

Plagio: Eighties de Killing Joke

Ya que en el número ocho de los primeros v20 plagios se defendía equivocadamente el honor de Coleman y compañía y que el descubrimiento de tal error ha servido de inspiración para esta nueva ronda de hurtos musicales, es lo suyo comenzar con el célebre riff de Come as You Are. No fue Cobain en el 92. Tampoco Coleman en el 84. El padre de la criatura es Captain Sensible y la engendró en 1982.

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22. Original: Under the Bridgede Red Hot Chili Peppers

Plagio: My Wicked Heart de Diana Vickers

Los estribillos de ambos temas son de un parecido asombrosamente sospechoso. La propia Vickers ha reconocido que efectivamente se parecen y que se dio cuenta de la similitud incluso antes de publicar la canción. Por qué carajo no la modificó, en tal caso, es todo un misterio. Ahora se enfrenta a una posible demanda de plagio por parte de Warner Music. Desde luego, hay que ser rubia…

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23. Original: La caza al bisonte de Piero

Plagio: La chica de ayer de Nacha Pop

La canción original, de 1975, es obra de los compositores italianos Oscar Prudente e Ivano Fossati para el actor y cantante Gianni Morandi. Un año más tarde, el cantautor italo-argentino Piero la versionaba en castellano, y en el 1977 Antonio Vega escribía por fin La chica de ayer, que se publicaría tres años más tarde.

¿Habría escuchado el líder de Nacha Pop La caza al bisonte? Es imposible saberlo, pero que en la original se escuche la frase «la luz de la fogata nos alumbrará» y en la de Antonio Vega «la luz de la mañana entra en la habitación» sobre una línea melódica prácticamente idéntica, da bastante que pensar…

Por cierto, no se pierdan el vídeo del éxito de Nacha Pop. Es la prueba irrefutable de que hace más de tres décadas Pepe Domingo Castaño ya era viejo.

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24. Original: A Whiter Shade of Palede Procol Harum

Plagio: By Your Side de Sade

A pesar de ser uno de esos casos en los que no se sabe muy bien si apostar por la copia, la influencia o la casualidad, en el momento en el que la chiquilla se pone a cantar uno ya está esperando sin remedio el conocidísimo «we skipped a light fandango» de Gary Brooker. Juzguen ustedes mismos.

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25. Original: I Wanna Be Your Boyfriendde The Rubinoos

Plagio: Girlfriend de Avril Lavigne

Después de la demanda por plagio interpuesta por The Rubinoos, Avril afirmó que jamás había escuchado nada de ese grupo y mucho menos un éxito menor como I Wanna Be Your Boyfriend. Curiosamente, los estribillos no solo se parecen melódicamente sino que en el original se escucha «hey (hey), you (you), I wanna be your boyfriend» y en de Lavigne «hey (hey), you (you), can I be your girlfriend». Mujer, habelas hailas, pero tanto…

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26. Original: Going to California de Led Zeppelin

Plagio: Given to Fly de Pearl Jam

Los fans de Pearl Jam dirán que no. Incluso los fans de Zeppelin dirán que no. Pero es la misma canción. Distinto tempo y distinto compás, pero lo es. Comparen melodías y échense las manos a la cabeza. Háganlo. Corran indignados por la habitación. Griten como perturbados y exijan venganza. Es lo mejor para combatir el calor.

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27. Original: Aire de Mecano

Plagio: Faithfulness de Skin

¿Tiene algún sentido que la excantante de Skunk Anansie plagiase en 2003 una canción de José María Cano publicada en 1984? A primera vista no. Tal vez nos encontremos ante un caso de coincidencia pura y dura. Pero es tal la igualdad entre ambas canciones que su pertenencia a esta lista es casi obligatoria. Escuchen el estribillo de la primera y luego la estrofa de la segunda. ¿Cómo es posible?

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28. Original: Father and Sonde Cat Stevens

Plagio: Fight Test de Flaming Lips

«Quiero pedir disculpas por todo esto. Realmente, me encanta Cat Stevens. Lo respeto sinceramente como un gran cantautor. Y ahora quiere su dinero. Hubo un momento durante la grabación en que dijimos “esto se parece a Father and Son” y cambiamos esas partes. Pero me arrepiento de no haber contactado con su compañía y haber pedido su opinión. Podríamos habérnoslo repartido al 50%. Ahora Cat Stevens tiene el 75% de los royalties de Fight Test. Podíamos haber cambiado la melodía fácilmente pero no lo hicimos. Me da mucha pena que Cat Stevens piense que he plagiado deliberadamente su trabajo. Me da vergüenza. Pero, obviamente, hay una línea muy fina entre estar inspirado en algo y robarlo». Wayne Coyne, líder de Flaming Lips.

En todo el artículo venimos diferenciando entre la influencia, la coincidencia y el plagio, atribuyendo a este último un componente de intencionalidad. La tenga o no, una copia es una copia, y en este caso no es tan difícil dirimir. Son dos canciones prácticamente iguales.

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29. Original: I Want a New Drugde Huey Lewis

Plagio: Ghostbusters de Ray Parker Jr

Es un caso curioso. Los productores de Cazafantasmas se encontraban en negociaciones con Huey Lewis para que su éxito I Want a New Drug encabezase la banda sonora de su película cuando este decidió que prefería figurar en los créditos de otra cinta de ciencia ficción que se iba a estrenar ese mismo año, Regreso al futuro. Ante semejante plantón, Columbia Pictures encargó a Ray Parker Jr. que escribiese una canción de estilo similar a la de Lewis, con tan «mala suerte» que el resultado fue un tema con una base rítmica prácticamente idéntica a la elegida inicialmente. Antes de celebrarse el juicio, Parker aceptó pasar por caja y santas pascuas. Que en las listas de ventas norteamericanas de 1984 hubiese dos canciones que, salvo matices, sonaban igual, es algo que todos le debemos a nuestro amigo el plagio.

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30. Original: Aqualung de Jethro Tull

Plagio: Little Black Submarines de The Black Keys

No hay mucho que decir. Escuchen Aqualung a partir del minuto 1:02 y Little Black Submarines a partir de 0:33. The Black Keys han elegido un pedacito de canción de Jethro Tull que les gustaba y lo han incorporado a una suya. Punto.

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31. Original: My Generationde The Who

Plagio: Magic Bus de The Who

Sin llegar al nivel de aquella situación esperpéntica en la que una compañía demandaba a John Fogerty por haber plagiado Run Trough the Jungle en la canción The Old Man Down the Road siendo ambas composiciones suyas, este también es un claro ejemplo de autoplagio. El patrón melódico de la estrofa se repite una y otra vez a lo largo de toda la canción, lo cual podría quizá atribuirse al hecho de que Magic Bus fue compuesta en la época en la que los Who se encontraban grabando My Generation y tal vez se produjese cierta contaminación de ideas en la cabeza de Pete Townshend. No obstante, ambas se publicaron con tres años de diferencia, así que si no se dio cuenta de la similitud no sería por falta de tiempo.

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32. Original: Almost Independence Dayde Van Morrison

Plagio: Wish You Were Here de Pink Floyd

Semejante parecido no puede ser casualidad, pero tal vez tampoco sea lo suficientemente evidente como para poder afirmar que hubo intención de copiar. Es posible que Waters y Gilmour escuchasen la canción de Van Morrison, publicada tres años antes, y decidiesen escribir algo del mismo estilo, pero se acercaron demasiado a esa línea en la que la simple influencia se convierte en apropiación indebida. Es algo parecido a lo que sucedió con el homenaje que The Eagles quisieron brindar a We Used to Know de Jethro Tull en Hotel California. Puede que sean canciones distintas, pero es imposible escuchar una sin tener presente en todo momento a la otra.

La intro de Wish You Were Here recuerda demasiado a la de Almost Independence Day, pero cuando esta arranca del todo en 0:45 uno tiene la sensación de que en cualquier momento va a escuchar el célebre «so, so you think you can tell». Se pasaron de inspiración.

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33. El curioso caso de Noel Gallagher (segunda parte)

En el último punto de la primera lista de plagios ya comentamos la especial querencia de Noel Gallagher por lo ajeno. La demostró con las melodías de Shakermaker, Whatever, High Horse lady, Step Out, etc. Podríamos añadir muchas más a la lista, y algunas especialmente sangrantes ya que además de la música se apropió también de la letra. Ya hemos mencionado el caso de Hello, pero también ocurre en otras como Put Yer Money Where Yer Mouth Is, cuya melodía es igual a la de Roadhouse Blues y además transforma el «keep your eyes on the road, your hands upon the wheel» de Jim Morrison en «put your money in your mouth and your hands right upon the wheel» con toda la cara del mundo.

Pero lo que queríamos destacar en esta ocasión no es lo mucho que le gusta incorporar a sus canciones melodías de voz ajenas ―tampoco es cuestión de hacer sangre―, sino hasta qué punto lo hace también con los riffs. Adueñarse de la línea de guitarra de Get It On de T. Rex le supuso su segunda demanda por plagio ―de un total de cuatro singles publicados hasta la fecha―, pero eso no le impidió seguir adelante con su modus operandi.

Original: 5 to 1 de The Doors

Plagio: Waiting for The Rapture de Oasis

Es el mismo riff.

Original: Clean Prophet de The La’s

Plagio: The Importance of Being Idle de Oasis

Ídem.

El total asciende a unas seis o siete, pero no queremos aburrirles. Sin embargo, el hurto de riffs no es una disciplina que solo practique Noel Gallagher. Copiar la frase de guitarra o piano que se repite en una canción hasta convertirse en una de sus principales características ―recuerden el ejemplo de Come as You Are y familia― es algo que por lo visto gusta a demasiados. Abramos una sección de plagios de riffs.

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34. Original: Don’t Bring Me Down de Electric Light Orchestra

Plagio: Go Right Ahead de The Hives

En el momento en que The Hives se dieron cuenta de que el riff era el mismo, se pusieron en contacto con Jeff Lynne para ofecerle la posibilidad de figurar en los créditos de la canción. Un caso de coincidencia ―o no― bien solucionado.

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35. Original: All Right Now de Free

Plagio: Rock’n Me de Steve Miller Band

Más colorista, menos saturado y con un final arpegiado, pero el mismo riff, al fin y al cabo.

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36. Original: Crimson and Clover de Tommy James and the Shondells

Plagio: Black Magic de Jarvis Cocker

En la primera se aprecia sobre todo a partir de 0:25. En la segunda, a partir de 0:14. Reproduzcan uno y seguidamente el otro. ¿Alguna diferencia?

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37. Original: Three Girl Rhumba de Wire

Plagio: Connection de Elastica

Hay mucha gente que conoce a Elastica únicamente por este riff. No por la canción, no. Por el riff de guitarra y la batería que lo acompaña. Menuda sorpresa se van a llevar quienes se encuentren en esa situación…

Por supuesto, los chicos de Wire demandaron a Elastica, aunque llegaron a un acuerdo antes de enfrentarse en los tribunales. Sin embargo, Elastica tuvo que pagar a The Stranglers por birlarles parte de la letra de No More Heroes. Muy bonito.

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38. Original: Gloria de Humberto Tozzi

Plagio: Disco 2000 de Pulp

Aquí Jarvis Cocker vuelve a las andadas, pero esta vez se ha producido una transmutación que no por ello consigue ocultar la realidad. El muy listillo cogió la línea de voz del estribillo de Gloria, la convirtió en un riff de guitarra, y a grabar Disco 2000. Quizá la jugada habría pasado desapercibida si además no hubiese cantado el característico coro de la original sustituyendo «Gloria» por «Deborah», pero le pudo la codicia.

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39. Original: Taurus de Spirit

Plagio: Stairway to Heaven de Led Zeppelin

Es difícil calificar una canción como plagio de otra cuando una es un sencillo corte instrumental y la otra una elaborada pieza que incluye una línea vocal. Sin embargo, si el inicio de esta se compone de una reconocidísima progresión de arpegios cuya similitud con la parte principal del tema instrumental es asombrosa, la cosa cambia. Sobre todo cuando esa progresión es tan famosa que incluso en algunas tiendas de música, hartos de escucharla, se prohíbe utilizarla a la hora de probar las guitarras ―lo cual, por cierto, resulta desternillante―. Que Led Zeppelin telonease a Spirit unos años antes y Jimmy Page se quedase prendado de esta canción, no obstante, ayuda a comprender todo un poco mejor.

Pero el caso de Page, como el de Noel Gallagher, es para enmarcar. No nos gustaría saturar el artículo con todas y cada una de las acusaciones de plagio que han recibido los Zeppelin, pero para muestra, un botón. ¿Le encuentran algún parecido a You Need Loving de Small Faces con Whole Lotta Love? Pues por ahí van los tiros…

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40. Original: Thunderbird de The Nightcaps

Plagio: Thunderbird de ZZ Top

No le den más vueltas. Es la misma canción. El plagio entre plagios. ZZ Top decidieron versionar en 1975 una canción que unos chicos llamados The Nightcaps habían compuesto un par de décadas antes. Cuando se percataron de que aquellos muchachos no habían registrado la canción, lo hicieron ellos mismos y se apropiaron de sus derechos. Pasaron de versionar un tema ajeno a interpretar uno legalmente propio pero que no habían escrito ellos, para bochorno de sus verdaderos autores. Menuda marranada.

Y es que el plagio, como el agua, termina abriéndose paso. Ya sea de forma deliberada, ya sea accidentalmente, mientras haya canciones originales habrá plagios.

Lennon solía decir, a propósito del famoso plagio que cometió George Harrison cuando copió la melodía de She’s So Fine de The Chiffons en My Sweet Lord, que lo único que había hecho su excompañero de grupo era seguir el método compositivo habitual de The Beatles: elegir una canción que te pareciese muy buena y modificarla lo suficiente hasta que nadie se diese cuenta de cuál era la original. «Solo que George olvidó la segunda parte», añadió. Y es que las musas, a veces, son temerarias…