La fugitiva: auge y caída de Linda Lovelace

Linda Lovelace. Foto: Cordon.

Ella era la hija de un policía y una camarera del Bronx, ambos infelices y estrictos, como son todos los padres de las biografías de infancias terribles; la mandaron a estudiar a una escuela católica y salió de allí diciendo que quería ser azafata de vuelo o monja. Fue la compañera de instituto de la que todo el mundo se burlaba porque no dejaba que los chicos se le acercasen más que a la distancia de un brazo extendido, la misma que cuando su padre se jubiló y se mudaron a Florida se quedó embarazada y dio a luz a un bebé que fue dado en adopción por su propia madre, la que unos años después, convaleciente en casa de sus padres por un grave accidente de tráfico, conoció a Chuck Traynor.

Cualquiera a los veintidós años querría huir a Nueva York y alejarse de una familia que se odia, montarse en un Jaguar con un tipo doce años mayor que tiene una cámara de fotos y dice que te va a convertir en una estrella. Cualquiera encontraría excitante casarse con él aunque fuese a punta de pistola y podría además ser lo suficientemente idiota como para no saber que esos pactos cuestan la vida entera, que cuando para pagar el pasaje una entrega todo deja de ser dueña de sí misma.

Ella solo quería escapar de la vida de Linda Susan Boreman y él la convirtió en Linda Lovelace. Prometió tenerla como una reina, pero le tenía reservada una corona de espinas.

El 12 de junio de 1972, en The Deuce y en la vida real Linda Lovelace atraviesa la alfombra roja del World Theatre de Nueva York vestida de blanco como una novia, posa para los fotógrafos y es aclamada por una multitud que abarrota el teatro. Como si fuese lo normal ver a gente practicando sexo explícito en una pantalla de cine, Garganta profunda se estrena a plena luz del día a solo tres calles de Times Square; por primera vez una película solo para adultos tenía trama y diálogos. La pornografía había salido de las cabinas clandestinas de los peep shows y de los cines X de mala muerte para no volver a esconderse nunca más, empezó desde aquel día una carrera imparable que la ha traído no demasiado tiempo después a nuestras propias manos, a la distancia de un clic.

En la serie Lori mira fascinada a Linda mientras C. C., el tipo para el que ella se prostituye desde que llegó de Minnesota en autobús solo con una maleta, la saca del teatro casi arrastrándola. Aún no sabe que en realidad se está mirando en un espejo, que la distancia que las separa es mínima. Que esta especie de heroína sexual que se presenta como una cenicienta antes de las doce, y que mirando resuelta de frente a los periodistas que le preguntan por qué hizo esta película les contesta sonriendo: «Lo hice porque me encanta», se revelará después como la superviviente de una historia mucho más siniestra.

Pero en ese verano del 72 el mundo entero acababa de rendirse ante Linda Lovelace, una mujer que se había atrevido a protagonizar una película donde reclamaba el placer sexual y no se comportaba como un objeto pasivo en manos de los hombres. Daba igual que la premisa de la cinta —una chica con el clítoris en la garganta— fuese un completo disparate, en el film la protagonista representaba una nueva actitud de una nueva mujer ante el sexo, que practicaba felaciones imposibles no porque estuviese sometida u obligada, sino porque no se resignaba a no sentir placer.

La nueva ola del feminismo la convirtió en símbolo de la liberación a través de la sexualidad, y el escándalo de la Administración del presidente Nixon procesando a Harry Reems, el protagonista masculino de la cinta, en el estado de Tennessee por quebrantar la ley de obscenidad hizo el resto para catapultarla como la producción más rentable de la historia.

Garganta profunda fue rodada con un presupuesto de veinticinco mil dólares que fueron aportados por la mafia y produjo unos beneficios de aproximadamente seiscientos millones; no se sabe la cifra exacta porque todo lo que se recaudaba era en efectivo, tipos al servicio de «la productora» se personaban todas las noches en cada uno de los cines donde se proyectaba la película para cobrar la taquilla.

Chuck Traynor, marido, mánager y proxeneta, cobró los mil doscientos dólares que le correspondían a Linda como protagonista, ella nunca tocó el dinero. Probablemente, si hubiese cobrado lo que le correspondía, las cosas hubiesen sido distintas.

Renunciar a una misma, conseguir lo que soñabas y que ese triunfo no lleve consigo más que un desencanto como una úlcera en el estómago que devora todo lo que te alimenta. Da igual lo conseguido, nada vale nada, por eso vale la pena arriesgarlo todo.

Dos años después, durante un ensayo en Las Vegas para una actuación en un cabaret, aprovechando que su marido se ausenta un momento, Linda se escapa en el coche de un amigo disfrazada con una peluca y se esconde durante días en un hotel de Beverly Hills. 

Acto seguido, presenta una demanda de divorcio contra Chuck Traynor y lo denuncia por abusar de ella e inducirla a trabajar en el mundo del porno y la prostitución bajo amenazas de muerte.

La abanderada de la libertad, el sexo y el dinero contará que en realidad era la rehén de un hombre que la maltrataba, que creó en ella un sentimiento de dependencia que la arrastró a las drogas, que la obligaba a prostituirse y a rodar, aún antes de Garganta profunda, otras películas en ocho milímetros de esas que circulaban en el mercado clandestino de los peep shows y los cajones escondidos de los videoclubs. Delicatessen para pervertidos.

Linda destapó una relación destructiva y violenta de dependencia de la que intentó salir en varias ocasiones y no encontró dónde cobijarse nunca, el público demostró estar más preparado para aceptar que disfrutase haciendo felaciones ante una cámara que para escuchar esta versión de los hechos, y la industria del porno, a la que su exmarido seguía perteneciendo, le dio la espalda argumentando que era una desagradecida, como si seiscientos millones de beneficio le pareciesen pocos. En su biografía cuenta que durante los rodajes Chuck solía llevar una pistola en el bolsillo y apretaba el gatillo de forma que ella pudiese oírlo, a modo de advertencia por si no resultase suficientemente convincente delante de la cámara.

Linda Boreman se extirpa a Linda Lovelace y se casa de nuevo inmediatamente, porque, a pesar de todo, nada en su vida pierde el ritmo de una huida frenética, anuncia que ha redescubierto a Dios y se convierte en una madre de clase media de Denver, que reniega del porno como lo haría cualquier buena cristiana del centro de los Estados Unidos.

Cuando en 2005 sale a la luz pública el documental Inside Deep Throat, donde varios compañeros de rodaje confirman su versión y hablan de gritos tras las puertas y moratones en las piernas durante el rodaje, las dos Lindas, Lovelace y Boreman, por suerte han fallecido tres años antes en un accidente de tráfico y no tienen que presenciar este espectáculo, entre cínico y cobarde, de quienes callaron hasta que su testimonio ya no servía para nada más que para honrar a una muerta que los hizo más ricos a todos.

Tal vez Lori, la prostituta que sueña con convertirse en estrella del cine porno y dejar las calles, se entere de que en realidad Linda Lovelace era como ella, una mujer sometida por un proxeneta, y que triunfar en el porno no le salvó la vida, que el éxito cuando no eres tú la dueña solo te convierte en una especie de purasangre carísimo que el amo enseña para impresionar a las visitas. La primera temporada de la serie se dedicó a trazar un retrato vívido y poliédrico de la relación compleja entre las prostitutas y los hombres que las explotan, un vínculo viciado que va desde la violencia explosiva al control mental disfrazado de protección, pasando por la sumisión absoluta y la fragilidad casi infantil de ellas. Resulta difícil entender por qué una mujer dejaría que fuese un hombre quien controlase el comercio con su propio cuerpo, por qué renunciar a lo único físico que te pertenece; la única respuesta que se me ocurre es porque, probablemente, ya han llegado tan lejos en su ansia de huir de sí mismas que, como Linda, ya asumieron que pagaban con su vida el pasaje y no han tenido la suerte de que el triunfo les facilitase una salida de emergencia. 

En The Deuce, David Simon y George Pelecanos retrataron, como en un cuadro del Bosco, un microcosmos asfixiante donde una gran cantidad de personajes se superponen y se enfrentan unos a otros con humanidad casi helada y sin una pizca de nostalgia. Prostitutas y clientes, chulos, camareras que sirven a la clientela en leotardos, bármanes, drogadictos, depravados que acechan en los videoclubs, mafiosos y policías se evitan y se buscan diariamente, cruzándose constantemente en un gueto que se circunscribía al área de Times Square en los años setenta. Una colmena infecta y precisa donde, como insectos laboriosos, sin pasión pero con la urgencia que da la búsqueda de la supervivencia a cualquier precio, pondrán en marcha el monstruo gigante de la industria pornográfica, esa que encumbró a Linda para luego devorarla.

La misma que hoy en día tenemos en nuestra mano, a la distancia de un clic.


Low budget, big profit: las películas más rentables de la historia

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The Purge es una cinta protagonizada por Ethan Hawke y Lena Heady que ha llegado este junio a las salas estadounidenses. La premisa de la que parte es interesante: en los nuevos Estados Unidos del 2022 el Gobierno ha eliminado casi por completo el paro y el crimen. Y esto lo ha logrado de una manera bastante cafre: permitiendo que una vez al año, y durante 12 horas, todo delito (incluido el asesinato) sea legal. Una purga anual que desata los instintos más salvajes de la población y les ayuda a sobrellevar con más relax el american way of life cotidiano. A la vista de las críticas la película parece no arriesgarse demasiado y quedarse apoltronada en el diván del thriller de terror tópico, desaprovechando la tienda de golosinas que es la salvaje idea inicial. Pero lo realmente destacable de esta purga tiene más que ver con cuestiones de cartera, The Purge ha sido la película más taquillera en el fin de semana de su estreno y al mismo tiempo el film más económico de esas cintas que se alzaban en ese podio. Costó tres millones de dólares, lo que para la industria americana podría ser el presupuesto destinado para los bocatas de anabolizantes de Dwayne Johnson durante un rodaje. Por hacer una comparación ilustrativa, la segunda película más taquillera de ese fin de semana (del siete al nueve de junio de 2013) ha sido Fast & Furious 6, y ha costado 160 millones.

El low budget y el tirar de todo lo disponible para llevar a cabo una película a veces se transforma en taquillazo inesperado y en catapulta instantánea para el director. En algunos casos el éxito debe mucho a la maña publicitaria, no es raro que un estudio adquiera un film con posibles y acabe gastándose más millonadas en la promoción que lo que han invertido el propio director y sus primos en rodar la cinta.

Low budget, big profit o algunas de las películas más baratas en su gestación que llegaron a recaudar más beneficios.

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Clerks (1994)
Presupuesto: 27.000 $
Recaudado: 3.151.130 $

Kevin Smith vendió parte de su colección de cómics, tiró de ahorros para sus estudios y del dinero que le proporcionó el seguro de un coche. Solicitó permiso en la tienda en la que trabajaba para utilizarla como escenario pero se lo concedieron a medias: solo le permitían rodar cuando el Quick stop estuviese cerrado, por eso Clerks transcurre casi en su totalidad en una tienda y en la trama las persianas del local están saboteadas. Convenció a amigos y familiares para ponerse delante de la cámara y rodó el purgatorio de un dependiente que quemaba las horas discutiendo si los habitantes de la Estrella de la Muerte que revienta en El retorno del Jedi eran trabajadores autónomos inocentes. Esa historia de veinteañeros deslenguados sin futuro conectó con el público y recorrió Cannes, Sundance y los Independent Spirit Awards. Se convirtió en cinta de culto, generó una secuela en 2006, una serie de animación, una tercera parte se encuentra en preparación y durante el décimo aniversario de los Clerks primitivos se permitió rehacer algo que, pese a estar en el guión original, no se llevó a cabo por falta de pasta: la escena del funeral (que ocurría en la película pero que el público no llegaba a ver) en versión dibujo animado a color: Clerks: The lost scene. Smith era de repente una revelación del indie americano pero no tendría un futuro brillante: salvad Persiguiendo a Amy, Red State, pedazos puntuales de Mallrats o Clerks II y algún chiste de penes y ahí tenéis todo lo digno que ha producido.

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Cabeza borradora

Cabeza borradora (1977)
Presupuesto: 20.000 $ en teoría (aunque algunas fuentes indican una cifra así a ojo inexacta entre los 20.000 y los 100.000 $)
Recaudado: 7.000.000 $

David Lynch calentaba las sillas del American Film Institute cuando decidió ponerse Buñuel filmando un primer e inusual largometraje. Cabeza borradora fue financiado gracias a la colaboración económica eventual de amigos y familiares, Terrence Mallick llegaría a proyectar la película a un posible inversor y obtendría como respuesta un “esto es una mierda” del caballero en cuestión. El rodaje contó con un equipo mínimo, efectos especiales perturbadores de truco incierto (ese bebé mutante) y un rodaje que se prolongaría durante más de cinco años dejando secuelas en la propia película: Jack Nance envejecía de golpe 18 meses en una escena. Aunque comercialmente proyectar eso en una sala de cine parecía el equivalente a bombardear a la audiencia con un cañón de gas pimienta, y que revistas como Variety la consideraron “una bonita arcada, el film participó en el festival Filmex y acabó encontrando su sitio en proyecciones de medianoche y teatros selectos. El “bocaoreja” se extendió y la película recaudó siete millones en total; Lynch y sus mundos llegaban a la pantalla grande para torcer culos.

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Easy Rider

Easy rider (1969)
Presupuesto: 360.000 $
Recaudado: 41.000.000 $

Peter Fonda y Dennis Hopper se pusieron de acuerdo para crear un western con motocicletas que recorrían el asfalto americano y debido a aquellas inspiraciones los protagonistas compartieron nombres con Billy el niño y Wyatt Earp. Easy rider se rodó a las órdenes del propio Hopper y a las bravas, sin un guión perfilado, improvisando sobre la marcha, contratando a hippies locales como equipo técnico y con el director liándola desde la preproducción: tuvo un encontronazo a hostias con un cámara y le realizó un curioso proceso de casting a Rip Torn, quien no llegaría a participar en la película: Torn asegura que Hopper llegó a amenazarle con un cuchillo. Fonda y Hopper se pasaron el rodaje vaciando botellas y fumando marihuana (la que consumen en la película tiene poco de atrezo) e incluso Jack Nicholson aparecía en pantalla ligeramente perjudicado por los humos. El estreno fue apoteósico, una sociedad desengañada con el Gobierno hizo que recaudara 41 millones de dólares convirtiéndola en una de las películas más taquilleras del año y en un cartel de neón con ruedas que avisaba a Hollywood de la llegada de un nuevo tipo de cine alejado del encorsetamiento. Aquellos maravillosos 70.

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The Blair Withc Project

El proyecto de la bruja de Blair (1999)
Presupuesto: ¿20.000? ¿60.000? ¿500.000? (depende de la fuente) $
Recaudado: 248.000.000 $

Eduardo Sánchez y Daniel Myrick se llevaron de campamento a tres actores, les dieron una cámara y empezaron a putearlos a escondidas. Agarraron las 20 horas de metraje y montaron una película de hora y media. El objetivo era alcanzar los resortes del miedo,; el resultado fue un footing loco a través del bosque con un par de momentos curiosos, una cámara discotequera sufriendo un ataque de epilepsia en una montaña rusa y una legión de fans. Recurriendo a la técnica narrativa del found footage se intentó vender la obra como un hecho real pero la gente por un lado tenía Internet, y por otro ya estaba curada de esos espantos desde que tiempo atrás Interviú hizo creer a todo el mundo que Holocausto caníbal era un documental gastronómico. Lo desquiciado del asunto es que la distribuidora se fundió 25 millones en publicidad (incluyendo todo aquel montaje web de alma viral) y gracias a ello recaudó unos 248.639.099 dólares. Generó una deyección/secuela sin bamboleos, tres videojuegos, libros, cómics e incluso (atentos aquí) una fotonovela.

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El mariachi

El mariachi (1992)
Presupuesto: 7000 $
Recaudado: 2.000.000 $

Debut a tiros de Robert Rodriguez, quien decidió ponerse Jackass y sacar parte del dinero convirtiéndose en conejillo de indias y probando medicamentos experimentales a cambio de dinero, mientras rezaba para no tener deposiciones verdes. El mariachi utilizaba una silla de ruedas para el movimiento de la única cámara del film, simulaba los impactos de bala con condones rellenos de líquido rojo, los propios actores formaban el equipo de rodaje y su obsesión por el ahorro incluso implicaba prescindir de la claqueta. Cuando la cinta estuvo lista, Rodriguez trató de venderla al mercado del vídeo sin éxito hasta que llegó Columbia Pictures, compró la obra y se gastó más dinero en la promoción y en convertir los 16mm a 35mm que lo que había costado filmarla. El director relataría el proceso de rodaje guerrilla en el libro Rebelde sin pasta y después montaría su productora y se dedicaría a fabricar cosas divertidas (Desperado, Planet Terror, Sin City, Machete) entre mediocridades (la saga Spy kids y su prima Las aventuras de Shark Boy y Lava Girl, la insufrible El Mexicano, The faculty). Pero ante todo sería el responsable de la mejor comedia bipolar con vampiros del mundo: Abierto hasta el amanecer.

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paranormal activity

Paranormal activity (2007)
Presupuesto: 15.000 $
Recaudado: 190.000.000 $

Paranormal activity es algo así como El proyecto de la bruja de Blair en formato Gran hermano. Oren Peli redecoró su propia casa, contrató a la pareja protagonista a 500 papeles por cabeza, les dio unas míseras líneas de guión y filmó en diez días un found footage de terror literalmente casero. Paramount pagó 350.000 dólares por los derechos, decidió que lo mejor sería modificar el final (por sugerencia de Steven Spielberg) y en principio planeó un remake de la cinta con algunos famosetes al frente para dejar la versión original relegada a un rincón de los extras del DVD. Pero la película de Peli se estrenó en un puñado de cines y amasó una millonada. A partir de ahí funcionó como la bruja campestre de Blair: 200 millones de recaudación mundial y una nueva saga para ordeñar: su quinta parte se estrena en octubre del 2013.

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Halloween

Halloween (1978)
Presupuesto: 325.000 $
Recaudación: 47.000.000 $

John Carpenter de marte con su Asalto al distrito 13 fascinó al productor Moustapha Akkad hasta tal punto que este decidió dejarle debajo de su almohada el triple de presupuesto. Aunque ese montante seguía sin ser gran cosa (Asalto al distrito 13 costó unos míseros 100.000 dólares) Carpenter se las apañó para rodarlo todo en 20 días aprovechando el vestuario de los propios actores y a un director de arte que se valía del trueque y compraba en saldos para llevar a cabo su trabajo. Se compró una careta de 1,98 dólares del Capitán Kirk de Star Trek (o lo que viene a ser lo mismo: del jeto de William Shatter) y la repintó de blanco para dar forma al rostro inexpresivo del psicópata Michael Myers. El slasher como género establecido, el villano como letal icono parsimonioso y miles de butacas con orín provocado por los sobresaltos del cuchillo: 47 millones de dólares en la temporada alta de sustos o muertes.

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primer

Primer (2004)
Presupuesto: 7.000 $
Recaudación: 424.760 $

Hay gente que después de haber visto Primer no tienen claro si aquello iba de viajes en el tiempo o de un sábado tarde normal en la vida de unos informáticos. Shane Carruth, ingeniero y matemático decidió crear una obra compleja en su esqueleto hasta tal punto que la pequeña sinopsis infográfica que circula por internet intentando aclarar como funciona el viaje en el tiempo en el film es un puzzle de dos piezas junto a la verdadera estructura completa de las líneas temporales que se enmarañan (ojo también a la ilustrativa aparición de Primer en las tiras cómicas xkcd). Proyectar toda la energía hacía el laberinto propuesto y sobre todo, el renunciar a hacer más sencilla la trama obligando a la audiencia a poner el cerebro en una batidora funcionó a la hora de construir una película de culto superando los límites técnicos y físicos. Sólo costó 7000 dólares, y la ira de unos cuantos que creían que Carruth se estaba pasando de listo.

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La noche de los muertos vivientes

La noche de los muertos vivientes (1968)
Presupuesto: 114.000 $
Recaudación: 30.000.000 $

A George A. Romero se lo considera el padre del legado zombi, y no por ser el primero sino por plantar las bases principales de lo que viene a ser la carne podrida de paseo. Robando la idea de la novela Soy leyenda, Romero ideó al monstruo más económico: el muerto viviente de FX caseros con cucharadas de chocolate sustituyendo a la sangre (la película estaba rodada en blanco y negro). Un pase previo aterró al público de manera espectacular, la crítica la consideró una orgía de violencia horrenda, se le atribuyeron todos los males del mundo y entre tanto la taquilla reventaba: el Wall Street Journal anunció que aquella noche de final desolador era la película más taquillera de Europa en 1969.

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Pi

Pi (1998)
Presupuesto: 60.000 $
Recaudación: Más de 3.000.000 $

Darren Aronofsky pidió prestados a familiares y amigos 60.000 dólares en packs de 100 billetes por cabeza con la promesa de devolverles 150 a cada uno si conseguía beneficios con un thriller de planos acelerados que orbitaba en torno a la obsesión de un matemático por el número Pi. Consiguiendo el culto casi al instante, Pi recaudó tres millones solo en Estados Unidos, se convirtió en un DVD de venta constante y lanzó la carrera de Aronofsky, esa persona que acabaría dirigiendo cosas tan destacables como Réquiem por un sueño, El luchador o Cisne negro.

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Mad MAx

Mad Max (1979)
Presupuesto: Entre 350.000 y 400.000 $
Recaudación: 100.000.000 $

George Miller trabajaba como médico de urgencias en Australia cuando decidió probar suerte tras la cámara. Mendigó dinero hasta conseguir una cifra que rondaba los 350.000 $ y empezó a darle forma a Mad Max, acción en futuro apocalíptico de motores salvajes. Un Mel Gibson que aún no era famoso ni había declarado la guerra a todas las etnias ajenas se presentó al casting en un estado lamentable tras un fiestorro en el que alguien le regaló unos guantazos y Miller creyó que con esas pintas serviría como secundario freak, pero semanas más tarde el director lo vería más limpito y le asignaría el papel protagonista. La película sufrió palos de críticos que la veían como un vehículo de violencia gratuita y pese a que solo recaudó 8 millones en USA en el resto del mundo arrasó, elevando sus ganancias a los 100 millones de dólares.

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Napoleon Dynamite (2004)
Presupuesto: 400.000 $
Recaudación: 46.000.000 $

Un nerd puro y duro es la antítesis del protagonista clásico de película, pero para Jared Hess era el epicentro de todo. Con un presupuesto escaso expandió la idea de un cortometraje previo y la comedia resultante tendría una de las carreras en salas de cine más consistentes jamás vista, con hordas de adolescentes americanos visitando el cine de manera continua, encontrando hilarante por cercanía ese extraño sentido del humor y descubriendo aquella espectacular coreografía del Canned heat de Jamiroquai. Su raíz americana era tan marcada que en resto del mundo solo la vieron cuatro gatos y probablemente dos de ellos no le encontraron la gracia.

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Monsters

Monsters (2010)
Presupuesto: 25.000 $
Recaudación: 4.240.000 $

Por la cabeza del británico Gareth Edwards rondaba la idea de rodar una película de monstruos que ocurriese después de las películas de monstruos, centrándose en los personajes y no en los bichos destrozando el mundo y la humanidad gritando asustada. Monsters tomó forma con un equipo de siete personas, y una furgoneta se fue de ruta por Méjico, Texas, Belice, Guatemala y Costa Rica reclutando por el camino a los lugareños como actores y filmándolo todo con un equipo digital. El material comenzó a editarse en el hotel durante el mismo rodaje y lo más increíble de todo es que a la vuelta a su tierra el hombre hizo un auténtico yo-me-lo-guiso cuando se encerró en su habitación durante meses para crear los efectos especiales desde su ordenador. “La historia del cine ha sido siempre un proceso industrial en el que necesitabas cientos de personas, pero eso ha dejado de ser así. Ahora puedes hacerlo solamente con un puñado. […] Hoy puedes ir a una tienda y comprarte un portátil que es más potente que aquellos ordenadores con los que hicieron Jurassic Park.

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Deep-Throat

Garganta profunda (1972)
Presupuesto: 25.000 $
Recaudación: Una locura.

El porno, eso que nadie ve y que tiene unas cuantas legiones de seguidores fantasmas. Garganta profunda es la película más famosa de ese género en el que el paquete de kleenex de acompañamiento no se suele utilizar para secarse las lágrimas. Linda Lovelace acude al médico intentando descubrir la razón de su incapacidad para llegar a la parada del orgasmo, y el muy profesional doctor descubre que la chiquilla tiene el clítoris en la garganta, un detalle que condicionará la trama de manera profunda. Perseguida por los defensores de lo decente, llevada a numerosos juicios y prohibida en varios estados de EE. UU. y países del mundo, Garganta profunda se convirtió con tanto ruido mediático en la película que todo el mundo quería ver. Su actriz principal primero la defendería y más tarde renegaría de ella asegurando “cada vez que alguien ve esa película, está viéndome a mí siendo violada”, y revelando que fue forzada a participar por su marido (Chuck Traynor). Howard Simons, al frente del Washington Post, utilizaría el apodo de “Garganta Profunda” para su informador del caso Watergate y el término rebautizaría a miles de anónimos chivatos en la realidad y la ficción. Deep throat se convirtió en un icono pop y sus beneficios son inexactos pero se intuyen bestiales: los derechos los gestionaba un sector de la mafia neoyorkina y la transparencia normalmente no es una de las virtudes más reseñables de esas organizaciones. Aunque el curioso documental Inside Deep throat asegura que alcanzó la hiperespacial cifra de 600 millones, lo más probable es que la cifra real sea bastante bestia y cercana al centenar de millones, pero no astronómica.


El arte de mamar

Linda Lovelace

En 1972 un antiguo peluquero de Queens, un asistente de cámara, un ayudante de producción de origen judío en estado de excitación permanente, un chuloputas llamado Chuck y una chica llamada Linda Boreman aterrizaron en la ciudad de Miami y se dirigieron al motel The Voyager, en Biscaine Blvd. Allí se encontraron con un tipo llamado Lenny Camp que debería mostrarles las localizaciones para la película que pretendían rodar. Lenny les llevó hasta la casa de un supuesto conde llamado Sepy Dobronyi situada en Coconut Grove, al sur de la ciudad, y decidieron que grabarían en la bodega.

Cualquiera que haya visto los documentales de La 2 sabe que existen algunos animales capaces de dislocar la mandíbula para aumentar el tamaño de su boca y engullir así a sus víctimas enteras para luego digerirlas. Cualquiera que haya leído El principito sabe que las boas, por ejemplo, son capaces de tragarse un elefante para adoptar después el aspecto de un sombrero. Cualquiera que haya viajado a Cataluña sabe que algunos catalanes se convierten en auténticos faquires tragadores de sables cuando se sientan a comer calçots. Y cualquiera que recuerde la serie V mantendrá en su cabeza la imagen de los visitantes deglutiendo roedores que se deslizaban por aquellas gargantas anfibias de aspecto humano.

La película que Jerry Gerard pretendía rodar se basaba en la extraña habilidad de Linda para, al igual que las boas, los comedores de calçots, los faquires o los visitantes de V, introducirse objetos de tamaño desproporcionado en la boca. En su caso, lo que Linda se introducía eran penes masculinos.

Gerry Damiano, verdadero nombre de Jerry Gerard, iba a hacer una película llamada Doctor makes a house call pero cuando descubrió las habilidades de Linda decidió aparcar el proyecto y ponerse a trabajar en un nuevo guión que se titularía Deep Throat. Además de Linda, que sustituiría su apellido por el de Lovelace, participarían en la película Dolly Sharp, que acababa de rodar a las órdenes de Roberta Findley una película llamada Rosebud sobre una relación incestuosa entre un padre y una hija, y Harry Reems que interpretaría a un histriónico psiquiatra llamado Young.

A pesar de la pretensión de Damiano de convertirse en Godard, o en Hitchcock con cameo incluido, todo en la película parecía bastante amateur. El porno de aquella época lo era. Linda no era la típica actriz porno recauchutada, teñida y con manicura francesa, sino que su aspecto era el de la chica a la que le hubiera gustado ganarse la vida vendiendo ropa en una boutique pero a quien el deseo de independencia había llevado a practicar las mejores mamadas de toda la costa este. No era una intrusa que llega al porno gracias al doping de la cirugía sino que todo en ella parecía natural. Su marido, Chuck Traynor, le había enseñado que la clave para una felación profunda consistía en convertir la garganta en una prolongación de la propia boca. El secreto estaba en las amígdalas, no en la mandíbula. Además de su marido, Chuck era su chulo. Tres años antes Robert Beck había contado, bajo el seudónimo de Iceberg Slim, su vida de proxeneta en un libro titulado Pimp, pero Chuck no necesitaba leerlo para saber que la primera lección que todo chulo debía conocer era que nada mejor que unas buenas botas con la punta metálica con las que patear a las chicas para mantener la cuadra en orden. En una de las escenas de la película, Linda debía confesarle a su amiga Helen la incapacidad que tenía para alcanzar el orgasmo. La secuencia se rodaría al borde de una piscina con ambas chicas en bañador. Linda se estaría pintando las uñas de los pies y Helen aparecería secándose después de un chapuzón. Cuando Damiano gritó “¡Acción!” se dio cuenta de que la pierna izquierda de Linda estaba llena de moratones con la firma de Chuck Traynor.

En la escena inicial, Linda tenía que conducir un cadillac azul a la altura del número 5700 de Miami Beach hasta llegar a un apartamento en el que se encontraría a Helen con un hombre metiendo el hocico entre sus piernas. “¿Te importa que fume mientras comes?”, preguntaría Helen a su partenaire a modo de chiste. Eso es lo que Deep Throat pretendía ser: una película porno con ciertos toques de humor surrealista protagonizada por una mujer con el clítoris alojado en la garganta, y en eso se habría quedado, de no haber sido por la obsesión de la administración Nixon en librar una campaña contra la pornografía y el desorden moral que salpicaba a una sociedad norteamericana dispuesta a dejarse llevar por el Peace & love pregonado por John Lennon en plena guerra de Vietnam.

El gran revuelo organizado alrededor de la película le dio al público norteamericano la excusa perfecta para abarrotar los cines en los que se proyectaba. Al igual que nuestros padres trataban de convencernos de que se compraban el Playboy por los artículos y no por las fotos de las señoras en tetas, los espectadores de la película lo eran porque Deep Throat era la película que hablaba de una mujer en busca de un orgasmo, la película que las autoridades trataban de prohibir y el máximo exponente de lo que el New York Times había bautizado como porno chic.

En un país donde el sexo anal o las felaciones aún hoy son delito en algunos Estados, rodar una película sobre el arte de mamar era una idea cuanto menos original. “La diferencia entre follarte una boca y follarte un culo es la misma que existe entre caminar descalzo o caminar con zapatos por el campo”, explicaba un tipo con aspecto de estibador a la salida del cine. “Para mí la verdadera dificultad no es hacer un deep throat, sino que no te lloren los ojos mientras lo haces”, decía una señora de mediana edad con gafas.

Linda Lovelace 2

A pesar de ser perseguida y prohibida en más de veinte Estados, o quizás por eso, la cinta llegó a recaudar una cantidad cercana a los cien millones de dólares, 25.000 de los cuales fueron a parar a los bolsillos de Damiano y apenas 1250 a los de la actriz principal. Harry Reems, poseedor del pene protagonista, no solo no vio un centavo de todo ese dinero sino que fue condenado a cinco años de cárcel al ser elegido como cabeza de turco por la cruzada por la moralidad de la administración Nixon. Aunque Deep Throat no deparó dinero a sus protagonistas sí les convirtió en auténticas celebrities. Linda Lovelace apareció en la portada de Playboy y Esquire y comenzó a ser reclamada en los principales platós de televisión. Aprendió a firmar autógrafos en los que dibujaba un corazón sobre la letra “i” y aprendió a sonreír a la cámara. ¿Podía la mujer de las grandes felaciones convertirse en la novia de América? ¿Por qué no? ¿Acaso no existe el sueño americano? “Yo no era más que una entre tantas y, sin que me diera cuenta de cómo ocurrió, me vi convertida en artista, en un nombre que todos conocían. Un nombre que hacía que la gente sonriera”, escribió. Conoció a Warren Beatty, a Anne Bancroft, a Hugh Hefner, a John Lennon, a Elvis Presley. “Cuando tenía once años tenía todas las paredes de mi cuarto cubiertas de fotos de Elvis. No podía creer que ahora lo tuviese en carne y hueso delante de mí (…) Recuerdo que yo imaginaba siempre a Elvis como un muchacho, como si no tuviera que envejecer nunca porque había alcanzado la fama cuando todavía era joven. Todo le sonrió enseguida. Como a mí, en cierto aspecto. No quiero decir con esto que yo sea, ni que haya de ser nunca tan importante como Elvis, pero existe un cierto paralelismo entre él y yo”. Era evidente que ambos eran dueños de una prodigiosa garganta.

En solo dos años Linda pasó de hacer películas en super 8 practicando el coito con un perro a codearse con lo más granado de Hollywood. Pero escapar de las cloacas también significaba escapar del látigo de Chuck Traynor así que buscó un abogado, sacó a escondidas sus pertenencias del apartamento que compartían y solicitó el divorcio. Traynor, que veía como con Linda se esfumaba por la puerta la posibilidad de ganar un buen puñado de dólares, encontró pronto acomodo en los brazos de otra estrella porno llamada Marilyn Chambers.

Subida en una nube y acostumbrada a contestar preguntas sobre la libertad, la represión sexual y la libertad de expresión, Linda Lovelace rodó Linda Lovelace for president, pero la película resultó un absoluto fiasco. Volvió a casarse, tuvo dos hijos, renegó del porno y, en 1980, escribió una terrorífica autobiografía titulada Ordeal en la que abominaba de su vida anterior plagada de abusos y humillaciones. Se enroló en el activismo feminista del que se desencantó para, años más tarde, mudarse a Denver donde vivió hasta que un accidente automovilístico acabó con su vida en abril del año 2002.

Harry Reems, por su parte, continuó haciendo porno, concedió algunas entrevistas y conoció a Jack Nicholson. Esquivó la cárcel gracias a la presión de algunas figuras de Hollywood. En 1978 le llegó una oferta para interpretar al entrenador Calhoun en un musical que iba a llamarse Grease y que estaría protagonizado por John Travolta y Olivia Newton-John pero días antes del comienzo del rodaje le llegó la noticia de que no contaban con él y que su papel sería finalmente interpretado por Sid Caesar. La decepción le llevó a arrojarse por el precipicio de la drogadicción, el alcoholismo y, finalmente, el catolicismo. Reems falleció el pasado día 19 de marzo.