Las mayores locuras financiadas mediante crowdfunding

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La humanidad es idiota, y eso es estupendo.

Una de las auténticas revoluciones que ha propiciado internet, más allá de redes sociales donde fotografiar las delicias que circulan por nuestro aparato digestivo, es el fenómeno del micromecenazgo al que se dedican webs como Kickstarter, Indiegogo o Verkami. Es decir, la financiación gracias a los propios fans de proyectos que empresas y productores no acaban de considerar viables. El bombazo llegó con Tim Schafer y su compañía de videojuegos Double Fine. El estudio montó un kickstarter pidiendo 200.000 dólares para producir una aventura gráfica, en dos dimensiones con promesas de beber de las raíces Lucasartianas, y tras las primeras veinticuatro horas todos sus empleados estaban respirando dentro de una bolsa de papel del susto: en un solo día habían recaudado un millón de dólares. Cuando se cerró el plazo de crowdfunding el juego, aún sin nombre, tenía recaudados más de tres millones y Schafer no sabía dónde era posible comprar tantos sacos con el símbolo del dólar dibujado. Los seguidores de la cancelada serie Veronica Mars financiaron su salto al cine con casi seis millones de dólares, Amanda Palmer se va de gira gracias a sus mecenas con un nuevo disco en la maleta, Ana Belén Rivero financia la producción de un libro con su coño, el Pebble: E-paper watch pasa de idea geek a realidad gracias a una montaña de billetes (diez millones de dólares) arrojados a su sombrero, una consola indie como Ouya consigue el dinero necesario para empezar la fabricación y su posterior comercialización. Todos empezaron como proyectos con metas económicas muy distintas y públicos muy específicos pero acabaron cosechando éxito entre los dispuestos a abrir la cartera. El fenómeno parece ir sobrado de fuelle para largos recorridos: Kickstarter acaba de anunciar que en su plataforma el dinero que se ha obtenido para proyectos de usuarios ha superado la cifra de mil millones de dólares. Y la mitad de esa cifra se ha conseguido durante el último año.

Pero, acurrucados en el otro extremo del escenario, también tenemos miles de proyectos que no llegan a captar el interés suficiente y se ahogan tristes entre tanta tormenta de promesas digitales. Y en alguna ubicación más incierta nos encontramos con un grupo mucho más pequeño e interesante: el de aquellos proyectos que revolcándose en lo absurdo, lo impensable o directamente lo estúpido (de manera premeditada o no) alcanzan su meta de financiación regateando todo pronóstico dictado por la lógica.

Una de las quejas que se utilizan como argumento en contra de la verdadera utilidad del micromecenazgo es afirmar que la gente es tonta e invertirá su dinero en cosas muy cuestionables o difícilmente merecedoras de cualquier tipo de capital. La realidad es exactamente esa: la humanidad es idiota y por eso no existe nada de malo en celebrar esa estupidez arrojando billetes contra la pantalla del ordenador. Probablemente lo correcto y necesario consiste en eso mismo, en financiar el legado físico de nuestra tontería.

Escribir en el cielo

Imagen cortesía de Kurt Braunohler.

Kurt Braunohler tenía un sueño, levantarse una mañana y descubrir que algo suyo había sido cuidadosamente escrito en el cielo de Los Angeles. Pero Braunohler no quería firmar una declaración de amor, un poema o un esputo con ínfulas de Coelho en las nubes. Aquel estadounidense buscaba una meta mucho más pura: escribir estupideces contratando una avioneta. Su campaña en Kickstarter prometía que si alcanzaba los 4000 dólares contrataría a un piloto de acrobacia para escribir uno de los siguientes mensajes: «¡Oh Dios mío estoy volando!», «Nubes 4ever», «Los pedos de Dios» o «¿Cómo se aterriza?», y aseguraba que si la cifra recaudada llegaba hasta los 10.000 billetes estos irían destinados a que cinco avionetas coordinadas rubricaran chistes de «Toc, toc» o diálogos como el que sigue:

Hey, tio.
—Hey.
—¿Qué haces?
—Skywriting.
—Oh, se me había olvidado.

Braunohler, entregado a su causa de hacer del mundo un lugar mejor con sus bromas dicharacheras, ofrecía una serie de recompensas a los backers entre las que se encontraba la posibilidad de casarse con aquel que aflojase de golpe 4000 papeles (algo que sorprendentemente no llegó a ocurrir, aunque hubo una persona que donó mil pavos). Cerrado el plazo de donaciones su empresa alcanzó la cifra de 6820 dólares. ¿El resultado? Pasar a la historia de los informativos de la ABC como noticia loca y dejar a millones de habitantes de Los Ángeles preguntándose si su cuñado se había sacado el carnet de piloto.

Una estatua gigante de Robocop

Imagen cortesía de Imagination Station Detroit.

Toda ciudad tiene a sus benefactores y todo ayuntamiento tiene derecho a plantar una efigie en honor de esos ilustres iconos de la urbe. Hace tres años un usuario de Twitter lanzaba una sugerencia a Dave Bing, alcalde de Detroit: «Filadelfia tiene una estatua de Rocky. Robocop le patearía el culo a Rocky. Él es un gran embajador para Detroit» a la que Bing contestaba amablemente: «No hay planes para levantar una estatua a Robocop. Gracias por la sugerencia».Lo interesante, además de descubrir que Filadelfia realmente tiene una estatua de Rocky, fue contemplar cómo poco a poco la broma inicial se iba haciendo fuerte en la red. John Leonard, un diseñador gráfico, montaba una página en Facebook apoyando la iniciativa de levantar una obra con la que honrar al hijo metálico de Verhoeven y a las pocas horas aquel rincón de la red social ya contaba con un par de miles de fans. Brandon Walley, un amigo de Leonard, animado por la capacidad de convocatoria del cine ochentero decidió que era buena idea abrir un kickstarter para construir realmente la estatua. 2718 personas aportaron un total de 67.000 dólares (la meta estaba fijada en 50.000).Gracias a ello, y tras el visto bueno por parte de la MGM, propietaria de los derechos del personaje, los perpetradores de la iniciativa se pusieron manos a la obra. Revisando las actualizaciones informativas y algún making off del trabajo realizado se puede ver que el molde ya está finalizado y a los chicos solo les queda comprar alguna tonelada de bronce para fabricar la estatua, ponerle un pedestal bonito y decidir en qué ubicación van a instalar a Alex J. Murphy para que eche raíces.

Calendario de gatitos

Imagen cortesía de Kate Funk.

Es un dato comprobado que internet se inventó para satisfacer dos de las necesidades básicas de la población actual: el porno y las fotos de gatitos, aunque no necesariamente al mismo tiempo. Por eso mismo apenas resulta extraño que un calendario de gatos disfrazados recaudara 25.000 dólares en su crowdfunding (el objetivo eran unos míseros 3500). Kate Funk organizaba el asunto y lo dejaba todo muy claro desde el primer minuto: «¿Disfrutas de las fotos de gatos disfrazados de criaturas mágicas?¿Usas calendario? ¿Sí? En ese caso tenemos algo impresionante para ti», y con esas palabras convencía por completo a más de mil amantes de los gatos aficionados al cosplay.

Crystal Bacon

Imagen cortesía de Greg Kiesow.

«El bacon es maravilloso, el Crystal bacon es más maravilloso aún». Greg Kiesow se dedicó a combinar arte de joyería con panceta de sartén en un único y maravilloso abalorio. Con mimo milimétrico, delicadeza deliciosa y dos mil dólares en la hucha este distinguido artista de Chicago confecciona en su ordenador detallados modelos tridimensionales que una vez tallados en placas de plástico se convierten en llamativos pendientes, collares y elementos decorativos absolutamente exclusivos. Con forma de fritanga.

La botella de agua inteligente

Imagen cortesía de Oleo Apps Inc.

La vida actual es muy dinámica y estresante. Una persona normal no tiene tiempo para detenerse a comprobar cuánta agua consume diariamente o cuándo su cuerpo anda a un paso de la deshidratación total. Pero una persona normal también tiene el móvil siempre a mano, y ahí se encuentra la solución: BluFit Bottle. La botella inteligente que es capaz de decirte a través de su aplicación para smartphones cuánta agua acabas de beber de esa misma botella y cómo lo llevas en cuanto al consumo de líquidos diario. Porque la vida es demasiado corta como para pararse a hacer cosas como mirar la botella y restar de memoria.

Una secuela de Shaq fu

Imagen cortesía de Big Deez Productions.

Situémonos: estamos en 1994 y a los críos les encanta Shaquille O’Neal, una bestia parda que juega en la NBA. Estos mismos infantes tienen una Megadrive o una Super Nintendo y esos dos trastos también les encantan, son cacharros que sirven únicamente para jugar, y durante esos mediados de los noventa los videojuegos de lucha están viviendo una época dorada gracias a títulos como Street fighter II o Mortal Kombat. Entonces alguien decide que es buena idea combinar todos los elementos anteriores y embolsarse algún dinero vendiendo el resultado. Nace Shaq fu, juego de tortas con un Shaquille O’Neal partiéndose la cara contra momias, hombres biónicos, bestias infernales o mujeres gato en una dimensión alternativa. El videojuego es un curioso montón de mierda, o lo que se puede presuponer que posiblemente ocurra cuando pones a Shaq de protagonista en un producto en el que lo único que no se hace es jugar al baloncesto.

Saltamos a 2014: aparece una iniciativa en Indiegogo para crear una secuela de aquel juego que todo el mundo recuerda por lo absurdo de su propuesta pero nadie defiende por lo mediocre del resultado. En el vídeo promocional uno de los creadores originales afirma en unos cuestionables subtítulos: «Shaq fu fue un desastre, las estadísticas reflejan que en Francia se dobló el número de suicidios tras su publicación». Y es que los responsables de esta empresa tienen bastante claro su objetivo: resucitar por nostalgia jocosa una franquicia que nunca llegó a nada y limpiar el nombre de Shaq, algo que se antoja entre broma idiota y genialidad. Shaq se apunta a la fiesta («Im kicking everybody ass», afirma en la presentación) y lo hace en más de un sentido: no solo volvería a protagonizar el juego sino que una de las recompensas, para el que donase la salvaje cifra de 35.000 dólares a los desarrolladores, consistía en tener a la leyenda de la NBA pinchando como DJ en una fiesta en tu casa. Una recompensa reclamada: alguno de los backers decidió que eso merecía la pena y se llevó al gigante de New Jersey a su guateque previo paso por caja. 1339 personas más también se apuntaron a financiar la locura de secuela. El objetivo para sacar adelante Shaq fu: a legend reborn estaba en unos impensables 450.000 dólares, el resultado final superaba en 24.000 dólares esa cifra.

Cucarachas teledirigidas

Imagen cortesía de Backyard Brains.

Backyard Brains promocionaban su producto como «el primer cyborg comercial del mundo». Y a pesar de lo espectacular que sonaba aquello su idea realmente se arrastraba a un nivel algo más underground: controlar mediante una aplicación para el móvil el movimiento de esos seres hermosos que son las cucarachas de ciudad. The Roboroach es un pequeño pedazo de circuitería que una vez instalado en el lomo del insecto se dedica a enviar estímulos eléctricos a las antenas para que el bichejo se crea que hay obstáculos en su camino y modifique su itinerario, convirtiendo a la criatura en un coche teledirigido y al experimento en un, en palabras de sus creadores, interesantísimo trabajo de neurociencia que ayuda a comprender cómo funciona el cerebro de estos seres.

Los responsables de Roboroach adornaban su página con las menciones que la BBC, Forbes, Discovery, Computerworld o Mashable le dedicaban a la iniciativa. También incluían demostraciones en vídeo del artefacto en funcionamiento y explicaban lo fascinante de la capacidad de adaptación del cerebro de estas criaturas: tras unos minutos jugando a ser Dios con la cucaracha esta acabaría aprendiendo que era más sano ignorar las descargas eléctricas, lo que forzaba a que la diversión teledirigida tuviera que ser racionada por el usuario en periodos de pocos minutos. La pagina de kickstarter incluía también el código ético de la compañía en donde se aseguraba que las criaturas no sufrían al ser sometidas al aparato, pero aquello no evitó que los amigos de PETA se les echaran encima. 12.000 dólares y unas cuantas camisetas molonas más tarde The Roboroach se ha producido con éxito y se puede encargar a través de su página web: «¿Es usted un profesor o un padre que quiere enseñar a un estudiante técnicas avanzadas de neurotecnología? ¡Está usted de suerte!».

Sarténespada

Imagen cortesía de James Brown.

James Brown tiene pinta de matar dragones. También tiene pinta de freírlos después. Brown ideó una manera de convertir cualquier banquete en algo épico partiendo desde la misma vitrocerámica: la Combat Kitchenware, un utensilio que combina el noble arte del mandoble legendario con la pasión culinaria. O sentirse Conan friendo unas patatas. Viene acompañado de cartas con quests (en forma de recetas) y diferentes versiones de la espada (mango de villano o detalles y grabados personalizados). Para los impuros es un cacho de metal fundido pegado a una sartén, para los verdaderos guerreros un arma poderosa. En la que se puede freír un huevo.

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Imagen cortesía de Twatrick.

Ha sacado 500 pavos. No está claro qué es, qué propone, qué tipo de recompensas da ni qué coño trata de comunicar el hippie en pijama pintarrajeado con Cariocas que está leyendo ese documento indescifrable. Pero ha sacado 500 pavos. ¿Un extraterreste de otra galaxia?, ¿la reencarnación pop de Ryan Dunn?, ¿una forma moderna de pedir financiación para mantener al camello?, ¿boooooop?, ¿booop boooooop? 500. He alquilado una caravana y tengo los rotuladores en la mano.

Titanoboa

Imagen cortesía de Charlie Brinson.

Pocas cosas incitan más a la confianza de los inversores que un hombre que quiere construir una boa metálica y articulada de tamaño gigantesco por ningún motivo lógico aparente. Se bautiza a todo el invento con un nombre con tirón y hop, 10.000 papeles obtenidos con los que pagarte el contrachapado del bicho e irte a cabalgar sobre el mismo por el desierto más cercano.

Comerse un burrito

Imagen cortesía de Noboru Bitoy.

Noboru Bitoy tenía la intención de comerse un burrito en el Chipotle de su barrio. 6,50 dólares era el precio del manjar, y el chico calculó que a esa cifra base había que sumar los 60 céntimos de impuestos y un dólar adicional de propina para los currantes del local. Bitoy montó un kickstarter para recaudar 8 dólares, hacer el esfuerzo de comerse el burrito en caso de cubrir los costes y posteriormente contarle a los backers cómo de bueno estaba el producto. La sociedad concienciada se volcó con su causa: cuando el plazo para las aportaciones expiró Bitoy era 1050 dólares más rico.

Tartas & geeks

Imagen cortesía de Garrett H.

Pi Pie Pan. Un molde para hacer tartas. Para hacer tartas con la forma del número pi. El sueño de todo matemático orondo y todo flipado de la ciencia cocinitas. Garrett H. asegura que es la forma más geek de cocinar una tarta y que los brownies salen con un mayor porcentaje de borde crujiente. ¿Quién necesita realmente una de estas? 741 personas por lo visto. La tontería se embolsó la increíble cifra de 17.500 dólares.

Un monumento a Satán

Detalle de La caída de Satán, de Gustave Doré c. 1866 (DP).

En el Capitolio del estado de Oklahoma hay un monumento dedicado a los diez mandamientos. La piedra trae consigo cierta polémica y acumula algunas denuncias de lo inconstitucional del asunto al presentarse como un anuncio de una religión promocionado por el Gobierno. El caso es que para evitar en parte todo ese follón la pieza fue costeada en su totalidad por Mike Ritze para posteriormente ser regalada por el propio Ritze al estado, consiguiendo que la obra figurara como donación y que el Gobierno pudiera decidir plantarla en alguno de sus dominios sin sentirse muy culpable. También aprovecharon para comentar que no era un caso excepcional, que cualquier otro monumento u obra de arte tenía las puertas abiertas y los terrenos allanados si alguien lo traía envuelto en papel de regalo.

Lo que ocurrió es que el Templo Satánico se puso celoso y pensó que lo que Oklahoma necesitaba era un monumento a Lucifer situado justo al lado de las bíblicas diez reglas. Y se pusieron a buscar financiación para la creación de un homenaje al Maligno en las redes. Con suficiente éxito como para recolectar 28.000 dólares y con suficientes amenazas como para que se acordaran de guardar el molde de la estatua, por si alguna de las personas que no eran muy de la cabra decidía realmente visitar la obra con nocturnidad y un martillo. Stephen Colbert lo cuenta con más gracia aquí. Y los de Vice hicieron una preview fotográfica del aspecto family friendly que va adquiriendo el monumento, con un par de niños muy embelesados con ese afable Satán.

Fotografía de portada: 401(K) (CC).


Arcadi Espada: “Las redes sociales no son nada sin los medios de comunicación”

Arcadi Espada (Barcelona, 1957) es profesor de periodismo en la Universidad Pompeu Fabra, colaborador de diversos medios como El Mundo, escritor, director del Instituto Ibercrea y uno de los intelectuales más incisivos de nuestros días. Se abstiene de valorar a las personas pero es un Robespierre de las ideas. “Un auténtico carnívoro”, en palabras de Félix de Azúa. Reivindica el periódico como un instrumento que permite ordenar el mundo y dar sentido a la realidad y su blog -uno de los más seguidos en España- es una decantación de dicho propósito. Leerlo ayuda a comprender. Espada habla sobre verdad y ficción, la libertad y sus límites, terrorismo, ciencia, política, internet… los asuntos fundamentales del mundo sobre los que este periodista  español tiene muchas y muy certeras cosas que decir. Sus pronósticos futbolísticos, en cambio, son francamente mejorables. Para esta entrevista nos cita en una fina degustación barcelonesa.

Empiezan a circular teorías por internet en torno a la muerte de Bin Laden, ¿cuál es la teoría conspiranoica que más le interesa?

Soy un clásico: la que más me interesa es la concerniente a la muerte de Kennedy. Es la que más bibliografía ha generado. Es muy interesante analizar los delirios, cómo se organizan y se estructuran. Conozco en este caso a un conspiranoico notable que era sin embargo un hombre cargado de inteligencia y sentido común. No es fácil resistirse a las ficciones, sobre todo cuando uno es periodista. En cuanto a lo de Bin Laden, debo decir que no creo que haya tenido mucho éxito la historia en torno a él y eso es algo meditable porque en realidad sabemos muy poco, no tenemos ninguna prueba empírica de que esté muerto. Sólo tenemos la palabra del Presidente de los Estados Unidos, que es respetable pero sólo es una palabra. Quiero decir que con muchos menos mimbres se han tejido mayores Apocalipsis conspiratorios. Y después hay uno que me interesa especialmente porque lo viví de cerca y porque conozco bien cómo ha funcionado, el del 11-M.

Fernando Savater, en una entrevista concedida recientemente a este medio, dijo sobre la ejecución de Bin Laden que es una acción de guerra. ¿Dónde está la frontera entre el terrorismo y la guerra?

No lo sé, es una frontera muy complicada de definir. Estoy de acuerdo con las palabras de Fernando Savater, es un acto de guerra. Es desmesurado que el presidente estadounidense lo considere un acto de justicia: la guerra es la finalización de la justicia y además una incorrección moral notable. Pero en nuestro tiempo la diferencia entre la guerra y el terrorismo es muy incierta. Está la vieja referencia de Ferlosio sobre el soldado que muere por efecto de un rayo, que para el soldado enemigo sería válida, pero no para el terrorista. El terrorismo no es sólo la muerte, sino el anuncio de la muerte. No hay una frontera fácil de definir entre una cosa y la otra, aunque pueden hacerse aproximaciones. Yo siempre he dicho que en el terrorismo no hay víctimas colaterales, porque todo en él es una víctima colateral.

Hace no demasiado, El Mundo tuvo por titular en portada “Terror nuclear en Japón”. ¿Le pareció proporcional y apropiado?

Claro que no. Me pareció inapropiado desde todos los puntos de vista.

Y, en general, las informaciones que hubo en los medios sobre Fukushima, ¿qué le han parecido?

Fueron una demostración de cómo el periodismo ha avanzado. Pasa como cuando uno va avanzando por la selva; le van creciendo muchos matorrales al mismo tiempo, pero avanza. Y nunca un incidente nuclear tuvo la precisión informativa que ha tenido este: durante seis o siete días estuvimos viviendo en el núcleo del problema.

Había españoles en Tokio que se quejaban de que los medios estaban dando una información distorsionada.

Pero, al mismo tiempo que esa imagen distorsionada del pánico en Japón era falsa, también se estaba informando —no sólo en los medios españoles sino en los de todo el mundo— sobre si se fundían las barras, etc. Era una situación de crisis y de colapso notabilísima, porque no sólo tuvo lugar un accidente nuclear, sino también un terremoto y un tsunami. Una catástrofe de una magnitud tremenda que la imagen de Lorca nos devuelve por contraste. Creo que fue una información realmente modélica, salvo exageraciones como el titular que me has citado antes. Como modélico fue también lo que sucedió en Japón: la reacción de la población, cómo el gobierno manejó el problema, etc. Con los errores que pueda haber en una democracia.

¿Qué opina de la censura que ejercen algunos medios sobre la publicación de noticias sobre boxeo?

Un periódico tiene derecho a recortar el mundo. En realidad, el corta y pega ha sido la sustancia del oficio. ¡Mucho antes del “copypaste”! Pero en el caso del boxeo, como en el de los toros, lo repulsivo es la moralina. El boxeo hace daño. Pero mucho menos que la prostitución, cuyos anuncios reportan buenos duros a esos periódicos tan epidermis.

¿Deberían las columnas de opinión ser anónimas para que el discurso y pensamiento expresados sean juzgados por su valor intelectual intrínseco, independientemente del personaje que los formula?

¿Y por qué quedarnos en las columnas? ¿Por qué no toda la cultura?

En la entrevista que hicimos a Félix de Azúa intentamos abordar lo ocurrido con Vigalondo y Galliano. A día de hoy hay un nuevo caso, Lars von Trier, y una queja del Estado de Israel al Tribunal Constitucional por la sentencia a los libreros de Kalki. ¿Le parecen proporcionadas las reacciones y las consecuencias? ¿Dónde pondría usted la línea en asuntos especialmente graves como el Holocausto o el terrorismo para ampararnos en la libertad de expresión y pensamiento? ¿Deberían “ponerse puertas al humor”?

Quizá sea una suerte de deformación profesional, pero la línea yo la pondría en los hechos. A mí no me importa que se vendan los libros de David Irving, pero siempre que se les adose obligatoriamente las sentencias que lo condenan. Las ideas dañinas —como la de que hay que matar judíos— siempre se sustentan en hechos falsos, y es ahí donde la represión debe actuar. A los propagadores del odio les sale caro decir “hay que matar a los judíos… o a los españoles”. Y en cambio les salen baratísimos los supuestos fácticos de los Protocolos de los sabios de Sión o las martingalas del RH. La sujeción al hecho permite encarar con mayor claridad cuestiones como la del humor. Los chistes no operan con la veracidad, como saben muy bien los judíos chistosos. Y luego hay otra cuestión: a mi juicio los medios deben afinar cada vez más en definir las fronteras entre lo que es público y lo que no. Cualquier cosa que se diga en internet no es pública, como no era público el graffiti en la pared. Si se aplican a ello,  los medios pueden reducir ostensiblemente el porcentaje de estupidez colectiva.

Según el climatólogo Antón Uriarte, las noticias sobre el cambio climático en los medios son, a menudo, exageradas. Llega a hablar de una campaña mediática promovida por intereses económicos (Areva, empresas españolas de energías renovables…) ¿Qué opina usted?

No tengo datos suficientes para saber si hay efectivamente esa implicación de las compañías. Pero esa implicación no es necesaria. El éxito del asunto del cambio climático en los periódicos responde al gusto inexorable del periodismo por el Apocalipsis. Que se acabe el mundo es lo mejor que le puede pasar a un periódico siempre que tenga tiempo de publicarlo.

Desde noviembre de 2010 es usted Director de Ibercrea (entidad que agrupa a sociedades de defensa de derechos de autor como la SGAE) y siguió con atención el debate y la aprobación de la Ley Sinde. ¿Se siente satisfecho con su aplicación?

Cuando se empiece a aplicar veremos. La Ley Sinde fue un pegote, pero en España nuestra historia lo único que demuestra es que nos defendemos a pegotes. España, Europa y el mundo en general tiene que resolver el problema de la regulación de los derechos de autor en un marco completamente nuevo. No de creación, sino de distribución de los contenidos. Esta es la gran diferencia. Lo que está en juego es la redacción de una ley de propiedad intelectual inscrita en su tiempo, en los mecanismos de diseminación del contenido intelectual. Cosa que no pasa con la mayor parte de leyes de propiedad intelectual del mundo y singularmente con la española.

Los detractores de dicha ley, como Álex de la Iglesia, sostienen que el problema estaría en que la industria del cine y de la música seguirían aferradas a un modelo de negocio “analógico”, previo a internet y basado en la venta de dichos productos en soporte físico.

Conozco una página llamada iTunes que sigo desde hace muchos años que me produce un gran placer estético y que no se basa en soportes físicos. Del mismo modo, soy socio premium de una página que se llama Spotify que también me produce lo mismo, pagando. Del mismo modo veo cada vez más películas a través de Filmin, que es una web estupenda que nos permite ver en streaming películas de notable calidad. Yo lo que creo es que la transición del modelo industrial al modelo digital es lenta, difícil; hay que proteger muchos derechos. Es evidente que los derechos de los autores necesitan la protección, pero no solamente por ellos, sino por la creación en sí misma. Esto es algo que se olvida. El experimento social de un país donde la creación se esterilice porque no sale a cuenta crear todavía no lo hemos hecho. Pero sería tan interesante como experimentar una democracia sin periódicos o una sociedad donde la opinión circulara de forma puramente capilar, sin argumentos, sin asociaciones. Todos esos experimentos están por hacer. Es más, todo lo que los geeks más o menos analfabetos sostienen respecto a los modelos culturales parten de un equívoco extraordinario, y es que desde el punto de vista de los contenidos internet no ha creado nada. No ha creado ni un solo periódico, por hablar de algo que conozco bien por mi oficio. Son productos todavía analógicos. La inmensa mayoría de la conversación que se registra hoy en Twitter es una conversación en la cual los medios tradicionales son sus principales suministradores. Las redes sociales no son nada sin los medios de comunicación.

Usted ha escrito que “La inteligencia de Zuckerberg (el creador de Facebook)  fue escribir cuatro millones de líneas de código para follar”. ¿Son los hombres feos el motor del progreso?

Eso está muy bien, pero la pregunta es tan inteligente que no merece respuesta. No hay respuesta que la mejore.

Siguiendo con el mencionado Zuckerberg, más de 600 millones de personas cuentan los detalles íntimos de sus vidas en su página.

¿Detalles íntimos? Esto mucho decir. Detalles íntimos en Facebook se cuentan muy pocos. Esto es un mito. Yo tengo una cierta experiencia en esto de internet, llevo muchos años siguiendo su progreso. Zuckerberg dijo una frase muy graciosa que le honra: «contrariamente a lo que digan los periódicos, Facebook tuvo poco que ver con las revoluciones árabes». Sin duda. Solamente hay que ver las condiciones técnicas que existen en esos países. Así que, más allá de la palabrería, hay que mirar las cosas como las dice este chico, que me parece bastante inteligente. Cuestiones íntimas en Facebook hay pocas, no forman parte de la conversación habitual de Facebook, como no forma parte de la conversación habitual de las personas en otros ámbitos. Ni siquiera cara a cara.

¿Sería factible una situación equivalente a la de Zuckerberg, pero protagonizada por una mujer?

Las mujeres no escriben código. Las chicas no programan.

Por cierto, usted es muy crítico con cierto sector del feminismo.

Yo soy crítico con todas las imposiciones del grupo sobre la persona y sobre la realidad. La política de cuotas pervierte el recto sentido de las cosas, es como una lente deformada sobre la realidad. Cuando el feminismo cae en eso me parece que debe estar sujeto a la crítica. Por otra parte, la gran revolución de mi generación es el acceso de las mujeres no ya al poder, sino a la vida misma. Es mucho más interesante para los hombres el cómo tenemos ahora las mujeres que no el cómo las tenían en el siglo XIX. Ahora son seres mucho más complejos e interesantes, incluso para combatir con ellos. Antes su lugar en el mundo era demasiado pasivo y la interrelación entre los hombres y las mujeres era infinitamente menos compleja de lo que es ahora. Es mejor que haya dos orgasmos que uno sobre la cama.

Si las mujeres tienen una sexualidad y una psicología diferente a la masculina, ¿llegará a haber una igualdad completa entre hombres y mujeres?

Pero ¿esto de la igualdad completa qué quiere decir? La igualdad completa entre hombres y mujeres no es determinar que en este bar tiene que haber cinco camareros y cinco camareras. Eso es una estupidez. La igualdad completa es simplemente que el sexo no cuente a la hora de otorgar derechos. Que por un igual trabajo cobren lo mismo, que tengan igualdad de oportunidades, etc. La igualdad de sexos no es pretender que los cerebros masculino y femenino sirvan con la misma competencia para unas cosas que para otras. Por lo que sabemos, hay trabajos que desempeñan mejor los hombres y otros que desempeñan mejor las mujeres. Eso no es igualdad completa, es reparto de la eficacia en términos casi darwinistas. Que una secretaria debe cobrar lo mismo que un secretario que desempeñe una función similar, es evidente. Que dos personas con igual capacidad no tienen que ser elegidos por su sexo, eso por supuesto. Pero, a partir de ahí, hombres y mujeres son distintos y se reparten de manera distinta las responsabilidades sobre muchas cosas fundamentales como la crianza de los hijos. Susan Pinker dice que las mujeres ascienden, pero sólo hasta la vicepresidencia ¿Por qué no dan el último paso? Su conclusión es que no les interesa.

Entonces, ¿no existe eso que las feministas denominan “techo de cristal”?

No, eso del techo de cristal es absurdo, es de la época de El segundo sexo de Beauvoir; sabemos mucho más sobre los hombres y las mujeres ahora que hace cincuenta años. Susan Pinker explica que, en las sociedades libres como Gran Bretaña, Francia o España las mujeres no eligen carreras duras, a diferencia de lo que pasaba en las sociedades del Este. ¿Por qué sucede esto? ¿Es que la naturaleza humana no es igual en ambas sociedades? Sí, pero en el Este la naturaleza humana era vencida por el hecho de que las carreras duras eran la única salida honorable para las mujeres, la única forma de tener un sueldo decente.

Sus polémicas tienen generalmente un patrón común, que es el conflicto entre ficción y no ficción. También en lo que se refiere al uso de la fotografía. Esto es interesante porque, si bien es cierto que en nuestro mundo consumimos imágenes a raudales, existe muy poca educación sobre esas imágenes. Éstas se presentan en los medios como prueba de algo, pero cualquiera que se dedique a la fotografía sabe que una imagen aislada no demuestra nada.

No es una prueba pero sí un indicio bastante razonable sobre las cosas. Como cualquier indicio sujeto a la manipulación, puede caer en manos poco sagaces. En el fondo, lo que hay en esas polémicas siempre es la capacidad de decir o no la verdad. Un fotógrafo sabe muy bien cuándo está mintiendo. Yo siempre he tenido una gran relación con los fotógrafos porque he hecho muchas entrevistas. Había uno que, antes de salir de la redacción, decía a los jefes «por favor no me redactes la fotografía». Eso me parece una expresión estupenda, porque había gente que le decía «ve allí y cuando el tío esté llorando entonces lo fotografías». No, el fotógrafo auténtico va allí a ver qué sucede, pero a menudo ya se va con la fotografía redactada buscando una excusa en la realidad.

Hubo una fotografía de las manifestaciones en Egipto que dio la vuelta al mundo: un señor en la plaza Tahrir con un cartel que decía “Egipto apoya a los trabajadores de Wisconsin”, coincidiendo con los problemas sindicales de ese estado. Aquella imagen no era representativa, seguramente era la única persona en todo Egipto con un cartel similar. Pero demostraba un gran conocimiento de las redes sociales y además condensado en una sola imagen.

Ese es el tema de la sinécdoque. La parte por el todo y el todo por la parte. El periodismo siempre trabaja con eso. Distinguirlo es muy interesante, siempre hay que hacer una reducción para expresarse. La representación siempre es una reducción. Pero la reducción siempre ha de tener un sentido, no como ésta.

Las agencias de prensa tienen fotógrafos sueltos por el mundo que en ocasiones envían el material sin estar asociado a ninguna noticia concreta. O bien la noticia es la propia imagen. ¿Le parece que tiene sentido esa práctica?

Seguro, sí. Es como decir ¿tiene sentido que haya periodistas sueltos por el mundo? Sí, claro. Periodistas, no periodistas-ciudadanos.

¿Algún fotógrafo que admire dedicado al periodismo?

En realidad no entiendo mucho, pero me gusta Nachtwey.

Siendo un cliente regular de elBulli, ¿comprende su retirada? ¿Teme quedarse sin este restaurante?

Bueno, ya me he quedado sin ese restaurante. Tengo que ir este año a hacer la última cena, como Jesucristo. Para mí es una pésima noticia. He sido obstinadamente feliz durante veinte años yendo anualmente a elBulli, uno de los privilegiados que han podido hacerlo. Iba allí cuando no era nada de lo que es hoy y he seguido yendo gracias a la generosidad de Ferran Adrià. Para mí es una pésima noticia, me entristece profundamente. Pero él sabrá lo que hace, yo ya le he dicho que no me parece bien. En el fondo creo mucho en los géneros, deben mantener su característica porque son decantaciones profundas de la historia, de la estética, y el restaurante es un género que todavía no ha sido sustituido por nada mejor. A lo mejor Ferran nos sorprende con una cosa extraordinaria que mejora el original, pero yo no veo todavía un diseño conceptual claro.

¿Hay algún restaurante español que pueda cubrir ese vacío?

Sí, para mí no hay ninguna duda y es una experiencia que tengo fresca, el heredero de Adrià esDiverXo, en Madrid. David Muñoz es un chaval jovencísimo, lleno de talento. Si hay alguien ahí, es él.

¿Y la gastronomía japonesa?

Me interesa, pero la hecha en Europa. Hablo de muchas cosas de las que no tengo la menor idea y especialmente de la gastronomía japonesa, porque por desgracia nunca he estado en Japón. Pero sí he estado en muchos restaurantes asiáticos de Europa y algunos de América, y la verdad es que han sido importantísimos a la hora de marcar mi evolución personal más decisiva, que es apartarme del sofrito.

Creo que es usted madridista.

Sí, soy del Real Madrid. Bueno, en realidad soy del Betis, pero las circunstancias de la vida me han llevado a tener que ser del Real Madrid obligatoriamente, como cualquier persona decente.

¿Cómo se lleva lo de ser del Real Madrid en Barcelona?

Es muy fácil. Somos el segundo equipo de Cataluña e incluso estamos arañando espacio al primero. Somos un equipo potentísimo aquí, hay muchos aficionados que tiran cohetes cada vez que el Madrid gana. Lo único es que estamos atravesando un mal momento, pero no hay mal que cien años dure. Como bien sabe, el F.C. Barcelona, después de tantos años, al fin ha podido ser el equipo del Gobierno. El equipo del Gobierno, la vergüenza del país, como cantaba aquella estrofa. Cosa que hay que aplaudirles, porque lo que importa en esta vida es ganar.

¿Cree que durará mucho su imperio?

No, creo que el año que viene cambiarán las cosas de una manera radical.

Usted es todo un “geek”, demuestra estar atento a los últimos “gadgets” tecnológicos. ¿Se siente un poco solo entre los de su generación?

Sí. Esa es una observación muy pertinente. Siempre me siento solo con esto de la tecnología, objetivamente es así. Me hubiera gustado que la gente alfabetizada fuera también alfabetizada tecnológica, eso hubiera facilitado el diálogo. Aunque también es verdad que van cambiando las cosas poco a poco. Cada vez hay más viejitos que nos incorporamos a este mundo. Pero, efectivamente, la brecha digital está en que los que saben no manejan las máquinas y los que manejan las máquinas no saben.

Cuando se pone a ver una película y ve el cartelito de “Basado en hechos reales”, ¿se indigna?

No, normalmente lo veo al final, el truco es verlo al final. Pero no me indigno por eso. A mi lo único que me indigna es que los productos no ficcionales contengan ficción, pero que los productos ficcionales contengan no-ficción me trae sin cuidado. Como dijo Álvaro Pombo durante su discurso en la academia, en una frase que suelo citar: “en un continente de ficción cualquier cosa que se añada siempre será ficcional”.

Da la impresión de que usted desprecia las novelas.

Es que no me interesan para nada. Me han interesado para aprobar cursos y para hacerme un canon de la vida, como correspondía al jovencito que fui, pero en realidad las únicas novelas que me interesan son las de mis amigos, porque lo que me interesa son ellos. Pero la novela no me interesa como género en sí, me parece que está fuera del interés de cualquier persona curiosa.

Lleva muchos años siendo un intelectual envuelto a menudo en discusiones muy controvertidas, ¿la polémica le fortalece o tiene sus momentos de debilidad?

A mi me interesa la discusión sobre el mundo. Me parece que una de las cosas que merecen la pena del hecho de haber vivido es debatir sobre cómo organizamos todo esto. Lo veo como algo perfectamente natural. Cuando la gente comete la indiscreción de llamarme polémico, yo siempre contesto que los polémicos son los otros. No sé por qué tengo que cargar en solitario con el pesado fardo de ser polémico. Tan polémico seré yo como los demás, lo que pasa es que parece que uno juegue siempre en campo contrario. Hay discusiones en mi oficio como esta de la ficción que yo me tomo muy en serio, porque me parece algo fundamental a la hora de establecer qué es nuestro oficio, qué queremos que sea y cómo ayudará a los hombres a mejorar su estancia en el mundo. Porque todo está hecho, desde el vino a una gacetilla, para que seamos lo más felices posible.

Su estilo al escribir puede parecer airado, incluso iracundo a veces. ¿Lo es expresamente con la intención de no parecer jamás condescendiente en sus críticas? ¿Cree que en el periodismo actual hay un miedo excesivo a hacer crítica irritada y quizá por ello honrada? ¿Es una lucha contra la corrección política? En la forma, además, algunos le acusan de ser demasiado complejo. ¿Se trata de una especie de lucha contra la desidia del lector acomodado?

Contra lo que suele suponerse, el único modo de soportar la vida es tomándosela en serio. ¡Es el único modo de no pensar en la vida! Es así que todos los asuntos son para mí asuntos de vida o muerte. Es normal que mi retórica se corresponda con esa idea. Pero en la supuesta violencia de mi escritura hay también mucho de Peckinpah. O sea, humor. Otro asunto es lo que usted amablemente llama complejidad y otros cripticismo o incluso que se me hace la polla un lío. A veces no puedo ser claro, porque simple y llanamente no sé lo suficiente sobre lo que escribo para poder ser claro. Otras veces la oscuridad viene de lo que siempre me comenta una aristócrata andaluza, pobretona y simpática: “ozú, otra vez cabargando sobre implísitos”. La escritura en la era de internet tiene una gran ventaja: puede desambiguarse con facilidad y así me puedo dedicar a otras cosas. Tengo prisa, siempre lo digo. Mi escritura salta y a veces se da unos morrazos fenomenales. Pero eso es, paradójicamente, el precio de respetar el tiempo del lector y de tratar de no darle papillas regurgitadas. En el periodismo, además, siempre te quedas a medias. Hasta mañana.

¿Tiene razón el autor de este artículo cuando afirma que posee usted “alma de artista” pese a sus esfuerzos en disimularlo?

Es un comentario de una apreciable inteligencia metafísica. Pero yo no tengo alma de artista, tengo cuerpo. En realidad la mayor parte de mis objeciones siempre son estéticas. Lo que menos soporto de algunos escritores y de algunos políticos no son sus jueguecillos oportunistas e inmorales, sino esa densa capa de patchouli, de pedo perfumado, que impregna sus palabras. La corrección política, por ejemplo… baba de caracol. Ecs. Para mí el arte es limpieza. Y lo más grande se produce cuando a la higiene general de un párrafo se le añade un elaborado descuido, casual, “arreglao pero informal”. Para seguir con el ejemplo de Montano: mi arte, fracasado o no, son todos esos esfuerzos por no ser el evento consuetudinario que acontece en la rúa.

Por último, cinco libros imprescindibles para Arcadi Espada.

La Tabla Rasa, Steven Pinker.

Alfabeto para Gourmets, Mary K. Fisher.

Los Ensayos, Montaigne.

Journal Littéraire, Léautaud.

El mito de la educación, Judith Rich Harris.

Fotografía: Jesús Llaría