¿Cuál es el mejor monólogo de humor de la historia reciente?

La pregunta es sencilla pero tiene trampa: estamos refiriéndonos exclusivamente a profesionales de la comedia, a discursos que buscan deliberadamente hacer reír al público. Así que los debates sobre el estado de la nación y toda clase de arengas del político u opinólogo al que más ojeriza tenga cada lector quedarán para mejor ocasión. A pesar de ello el margen de elección sigue siendo amplísimo y sí, nos vamos a quedar muy cortos en la selección, pues este formato da para toda clase de agudas reflexiones sobre las relaciones personales, los hábitos sociales, la política, el lenguaje, la religión, la ciencia o los monos que quieren hacer unas guarrerías españolas con leones. Así que voten, voten, o añadan el que más les guste.

Todas las cosas son moleeds, de Charles Fleischer

Fleischer es un veterano actor y quizá su papel más conocido sea el de poner voz a Roger Rabbit. También siente un gran interés por la astronomía y sostiene ante quien quiera escucharle que el universo se rige por un orden matemático basado en los números 27 y 37 y además tiene forma de hamburguesa con queso. Todo ello lo explica aquí con gran elocuencia mientras pone voces de marcianitos (se puede seleccionar subtítulos en castellano en la parte inferior derecha).

El budista, de Faemino y Cansado

Bien, esto formalmente no es un monólogo sino un diálogo, pero la sintonía que muestran Arroyito y Pozuelón sobre el escenario hace que parezcan tener una mente común, como los niños rubios alienígenas de El pueblo de los malditos pero en Carabanchel. Y como bien dicen «el cerebro gilipollas no es», por mucho que tengan uno para los dos, de ahí dentro les salió esta disertación de lo más metafísica sobre el budismo, los mejillones y una hostia que se rifa.

Politics, de Ricky Gervais

Actor y guionista de series y películas, presentador de galas, músico, escritor de libros infantiles y sobre todo monologuista de lengua venenosa. Este es quizá el humorista contemporáneo más vitriólico y eso tiene su mérito en una época en la que cualquier palabra fuera de lugar es motivo para escandalizar en unos medios y redes sociales como los actuales, tan estiradamente moralistas y donde nadie desaprovecha la ocasión de sentirse ofendido. Aquí tiene otro muy divertido sobre el Arca de Noé.

Los eufemismos y la corrección política, de George Carlin

Precisamente sobre estos asuntos habló también en su día este maestro del stand up. Aunque alude a expresiones anglosajonas no es difícil encontrar sus equivalentes en castellano. Recientemente pudimos ver en un debate político a una candidata corrigiendo a su adversario: «no se dice “discapacitados”, se dice personas discapacitadas”». Intuimos qué palabra hubiera utilizado Carlin para definirla.

Los americanos, de Goyo Jiménez

Cualquier cosa que cuente este humorista —al que tuvimos ocasión de entrevistar aquí— la hará entretenida, tiene un talento innato para ello. Pero sin duda sus monólogos más celebrados son los que giran cerca de los clichés del cine americano. Luego uno ve en cualquier película a un pequeño Timmy coger el autobús escolar o al jefe de policía abroncando a uno de sus mejores agentes… y ya no hay manera de tomársela en serio.

La paja más triste de los Estados Unidos, de Louis CK

Este mexicano-estadounidense de ascendencia judío-irlandesa, además de ser el autor de una serie de culto se ha convertido en los últimos años en uno de los comediantes más conocidos gracias a su visión  ácida y desencantada de la vida. Este que hemos escogido es un buen ejemplo. Centrarse en un tema como el sexo en el matrimonio, mostrarlo en toda su crudeza y conseguir hacer reír a los espectadores en lugar de arrastrarlos a una depresión requiere un talento al alcance de muy pocos.

Las bromas del pueblo, de Gila

Gila no podía faltar en una lista así. Lo cierto es que su repertorio era bastante reducido, básicamente tenía tres monólogos. Pero qué tres. Entre lo buenos que eran y la cantidad de veces que se los oímos recitar, se nos quedaron grabadas para siempre esas imágenes en torno al enemigo que hablaba por teléfono, la madre que no estaba en casa cuando él nació y esas bromas tan brutas que se gastaban en su pueblo: «Me habéis dejado sin hijo, pero lo que me he reído».

Vamos a cazar y matar a Billy Ray Cyrus, de Bill Hicks

Si antes mencionábamos a Carlin, Hicks tuvo igualmente una enorme influencia para todos los que vinieron detrás a pesar de su temprana muerte. Su humor cínico brilló en todo su esplendor en esta colaboración censurada en el programa de David Letterman de 1993, que además de ser una declaración de principios resultó inquietantemente visionaria. Ahora tenemos aún más razones para desear que Billy Ray Cyrus hubiera tenido ese final…

Yo quiero matar a gente, de Berto Romero

Qué decir de Berto, otro personaje con mucha gracia al que también le hicimos una entrevista que podrán leer aquí. Todas sus intervenciones son muy divertidas y es difícil escoger una que destaque sobre el resto, nos quedamos con este desvarío sobre una marabunta de ancianos zombis en Benidorm.

Discurso en la cena de corresponsales de la Casa Blanca, de Stephen Colbert

El 26 de abril de 2006 la Casa Blanca celebró un año más su cena de corresponsales de la prensa extranjera. Esta vez invitaron a la tribuna a un comediante que acostumbra a parodiar el discurso conservador en su programa de televisión, The Colbert Report. Seguramente imaginaban que lanzaría alguna pulla, pero no la brillante y feroz sátira en torno al gobierno y los medios de comunicación que dio tanto que hablar desde entonces, difundiéndose masivamente por internet.

Tengo un sueño, de Dani Rovira

Aquí Rovira se nos descuelga con un monólogo surrealista sobre un sueño que tuvo en cierta ocasión en el que estaba en el castillo de Transilvania para matar a Drácula. Hasta los chistes malos —que alguno que otro ya cuela en la narración tienen gracia si se cuentan con ese desparpajo que le caracteriza.

Las relaciones de pareja y las almas gemelas, de Chris Rock

Este negro que odia a los niggas y que se metería en el Ku Kux Klan si le dejaran, es un magnífico monologuista, aunque aquí lo conozcamos principalmente por las pésimas películas en las que suele intervenir. Tiene observaciones muy agudas sobre el comportamiento de la gente, hasta el punto de que el profesor de psicología de la Universidad de Harvard Robert Trivers suele citarlo en sus libros.

Ultrashow, de Miguel Noguera

Los monólogos de humor si no están elaborados con ingenio corren el riesgo de acabar resultando repetitivos, convertidos en descripciones estereotipadas sobre las relaciones familiares, sobre por qué los hombres hacen esto y las mujeres lo otro y con reproches y quejas interminables sobre lo maleducados o estúpidos que son los taxistas, médicos, profesores, el que se nos sienta al lado en un bar o cine y prácticamente cualquier ser humano sobre la faz de la Tierra. Pues bien, Noguera no hace nada de eso. Lo suyo es algo original que hay gente a la que entusiasma y que otros en cambio detestan o simplemente no le encuentran la gracia por ningún lado. Juzguen ustedes.

Unnatural Act, de Jim Carrey

Es el ser humano más parecido a un dibujo animado que haya existido nunca, con la excepción de Cristóbal Montoro. Es el Shakespeare del lenguaje corporal, si le quitas el sonido su monólogo sigue siendo gracioso por esa forma inimitable que tiene de moverse y de hacer muecas. Estamos ante un talento excepcional, tal como ya lo ha demostrado también en el cine.

El chiste de la mona, de Chiquito de la Calzada

Lo mejor de la mayoría de los chistes que contaba este malagueño universal es que no los pillábamos, o bien eran muy malos o perdíamos el hilo de lo que estaba contando. Pero daba igual. La cuestión era verlo contar cualquier cosa haciendo esos gestos, usando su acento característico e inventándose esas palabras que a continuación sentíamos la necesidad de repetir. El chiste de la hormiga, el del orejón, el de la enana… cada uno era una pequeña obra de arte, pero este del mono lo tiene todo.


Eva Hache: “Me da miedo que nos aletarguemos porque se nos va la fuerza por los chistes”

Eva Hache para Jot Down 1

Eva Hache (Segovia, 1972), además de preparar la presentación de la inminente Gala de los Premios Goya, acaba de iniciar las representaciones de la obra de teatro Fisterra, comedia dirigida por Víctor Conde y en la que comparte protagonismo con Ángeles Martín. Después de 18 años sin interpretar “un personaje que no sea Eva Hache”, vuelve a los escenarios con las tablas y el nombre que se ha ganado con ese personaje y que sigue muy vivo en una nueva edición de El Club de la Comedia. Nos encontramos con Eva Hernández Villegas, menos histriónica que su álter ego, en la sala de lectura de La Central de Callao en Madrid, donde interrumpimos a una visitante que leía Memorias Líquidas.

Estudiaste Filología Inglesa y recientemente has escrito algún artículo defendiendo vehementemente la corrección ortográfica. ¿Era vocación?

Era por gusto. Por supuesto, yo quería ser actriz, estudiar arte dramático. El primer contacto que tuve con el teatro fue durante los años de instituto, con 14 o 15 años hacía teatro amateur. Pero era una “marcianada”; si puede serlo para unos padres de ahora, imagínate en los años 80. Mis padres, siendo los dos profesores, me dijeron: “Estudia lo que quieras, pero estudia algo”. El caso es que empecé la universidad y lo primero que vi, el día que fui a matricularme, fue el aula de teatro.

¿En algún momento te has dedicado o has pensado dedicarte a algo relacionado con tus estudios?

He dado clases particulares. He sido señorita de inglés (ríe).

¿Te ha servido para algo en tu trabajo?

En la vida sí, para conocer a mi marido, que es extranjero, y al menos los primeros meses hablábamos en inglés.

¿Es la Hache de tu seudónimo una reivindicación?

Hombre, “hache” escrito con todas las letras es una cosa como muy filológica, pero fue algo circunstancial. Estudié filología en Valladolid y cuando me vine a Madrid empecé a hacer castings, pensando que ya era una actriz forjada al haber estado trabajando con una compañía, pero los trabajos de triunfar estaban ocupados y tuve que trabajar en muchas cosas. Pero, claro, el nombre de Eva Hernández no lo recordaba nadie, directamente tiraban el curriculum. Entonces llevaba tiempo firmando como Eva H. Villegas, y llegó un momento en que decidí ponerlo con todas las letras. Y resultó. Resultó también porque en ese momento decidí dejar de hacer trabajos como vender ropa, telefonista bilingüe, dar clases de inglés, camarera… y todo lo que podía gracias a que sabía inglés, para producir un espectáculo de cabaret en el que ya aparecía como Eva Hache. Así que no creo que solo fuera el nombre, sino que decidí darme un empujón para ser actriz, y si funcionaba, bien, y si no, ya vería en qué trabajaba.

Presentas actualmente el programa que te lanzó a los escenarios en la época de mayor auge del stand-up comedy en España, al ganar el concurso de monólogos. Desde entonces has desarrollado un estilo propio en el que el punto fuerte es la interpretación de los monólogos, en ocasiones tópicos.

Estoy totalmente de acuerdo. Intento salvar los chistes malos, me gusta mucho hacer eso. Cuando me presenté a El Club de la Comedia los guiones no me gustaban porque se parecían todos mucho. Tuvo que pasar tiempo hasta que se vio la marca de cada monologuista, aunque fueran del mismo tipo de guionistas. Importa el texto, por supuesto, pero al final está la marca del monologuista. A mí el hecho de hacer textos escritos por otras personas me parecía horrible y creía que no lo iba a poder hacer nunca; sin embargo, es otro tipo de trabajo al que le he cogido mucho cariño. Pero estoy de acuerdo, mi actitud en el escenario era muy distinta, entre otras cosas porque no me conocía nadie y tenía que hacer un esfuerzo bastante más grande.

En todo este tiempo que has estado tan ligada al género, ¿cómo ves su evolución?, ¿crees que se está saturando?

Hace ocho años ya daba la sensación de saturación. Es decir, si estás entre monologuistas da esa sensación. Pero no creo que hubiera saturación entonces ni que la haya ahora, porque el público se va acomodando y va cogiendo gustos. Creo que lo que ha sucedido es que cuando nosotros empezamos haciendo monólogos no se daba este género en España, explotado como tal. Era como muy de las películas americanas del tío con la pared de ladrillo y el micro. Entonces resultaba raro porque actuábamos en todas partes, además existía la sensación de que eso lo podía hacer cualquiera: “Se sube ahí mi cuñado y lo hace mejor que tú”, no había un respeto porque no se conocía el registro. Ahora lo que ha pasado es que, después de tantos años, los que eran buenos, son muy buenos; se han consagrado como monologuistas y a la vez el público se ha hecho más entendido, con lo cual es más exigente. Los monologuistas se lo tienen que currar ahora un montón.

Cuando entrevistamos a Goyo Jiménez nos dijo que el humor debe abarcar todo lo que no haga daño personalmente, es decir, que no soporta los chistes con nombre. ¿Cuáles son tus temas repudiados?

Estoy totalmente de acuerdo con Goyo. También me molesta personalmente como mujer el humor de guerra de sexos, porque parece que las mujeres estamos obligadas a hacerlo; lo mismo me ocurre cuando los hombres hacen humor con estas generalidades. Partiendo del hecho de que el monólogo se basa en lugares comunes que todo el mundo ha de reconocer y que esa es la principal herramienta, me molesta mucho porque cuando me escriben un monólogo tienden a que hable de la guerra de sexos desde el punto de vista de una mujer, y normalmente lo escriben hombres, con lo cual es un batiburrillo que no se sabe si es feminismo disfrazado de machismo o lo contrario. Entonces, procuro por todos los medios evitar este tema. Cuando empecé a escribir monólogos me propuse no hablar sobre hombres y mujeres, es decir, generalizando de los hombres desde el punto de vista de la mujer, no hacer chistes con personas con nombres y apellidos reconocibles y nunca usar los tacos como herramienta para arrancar una carcajada. A partir de esas tres autocensuras, yo creo que se puede hablar de todo.

Eva Hache para Jot Down 2

Miguel Iríbar, que escribe en Jot Down, exponía en un artículo el tratamiento de un tema tabú en el humor: la religión. ¿Crees que en España es el tema tabú por excelencia?

Yo creo que hay muchos humoristas que hablan de religión. Creo que depende de la forma. Es como el tema de ETA, ahora ya no, pero cuando estaba ETA no se podía, ¿pero por qué no? Mira Vaya semanita, de repente fue un desahogo poder reír de la kale borroka y de tener un hijo de Jarrai. Creo que los monologuistas debemos ser los últimos de autocensurarnos antes de tiempo. Es verdad que las personas religiosas se ofenden parece que con más derecho que las demás.

Tú estás en Twitter y, al igual que hay un periodismo en la red, hay humor en 140 caracteres. ¿Te gusta?, ¿lo sigues?

Sí, de hecho yo empecé siguiendo a colegas y luego fui haciendo unfollow y siguiendo a los que de verdad me hacían gracia. Me gusta mucho, y además en Twitter gentes anónimas pueden hacer chistes muy bestias que a lo mejor nosotros, que tenemos una cara visible, no podemos hacer. Tenemos que guardar a nuestro público y no ofender a las masas.

Esa es una de las ventajas del anonimato en Internet, pero también tiene sus inconvenientes.

Yo creo que son mayores las ventajas. Y en Twitter hay gente muy brillante que a mí me alegra el día.

¿Es esa eclosión de chistes cada vez que salta una noticia una forma de sobrellevarlo?

Es un arma de doble filo, porque en este país llevamos la chirigota tan en la sangre que el efecto catártico se produce demasiado rápido. Nos reímos, nos desahogamos, y entonces se nos olvida lo realmente mal que está la situación. Están sucediendo cosas verdaderamente vergonzantes —como la rueda de prensa sin prensa de Rajoy­— y, como nos salen los chistes de dentro, se nos pasa. Y a mí me da miedo que nos aletarguemos porque se nos va la fuerza por los chistes.

El late night, después de una época de éxito de la fórmula en la que Manel Fuentes, Buenafuente y tú teníais programas, ha desaparecido de la parrilla televisiva. ¿Cuál crees que es el motivo?

No son rentables. En cuanto bajaron los ingresos publicitarios en las cadenas, mantener un programa que no es barato, porque tienes unos buenos colaboradores y hay que pagarlos, a esa hora de la madrugada no les sale rentable a las cadenas de televisión.

Tal vez si tuvieran un formato más corto, parecido a la fórmula americana.

Estoy totalmente de acuerdo, pero no solo los late night, todos los programas en general. De hecho, muchos de los formatos que se importan se alargan. Porque aquí el formato de la media hora parece como que es pobre. Para mí los formatos más brillantes de televisión son los cortos, de una media hora. Además estamos acostumbrados por Internet a información y consumo de productos rápidos, igual que con la comida. Creo que las televisiones españolas todavía no se han dado cuenta de que el formato de media hora es una maravilla: más barato, más brillante, con mucha más potencia y más agradable de ver para el público.

Cuando entrevistamos a los integrantes de Solocomedia les preguntamos si era difícil hacer prevalecer tu criterio en televisión. Ángel Martín nos dijo que siendo presentador vas a obedecer, que siendo cómico te puedes plantar, pero es muy complicado imponer tu criterio. ¿Cómo ha sido tu experiencia en este sentido?

Sí, cuando eres presentador y no eres director de tu programa, como es el caso de Ángel y el mío, es verdad, eres un mandado. Pero yo no soy tan pesimista. De hecho, creo que Ángel hizo una cosa muy interesante en televisión que era tener un personaje que hasta entonces no había estado; con lo cual, creo que sí, te toca obedecer, pero por otro lado, tanto a Ángel Martín como a mí, nos contrataron las televisiones por ser como éramos, no nos hicieron un personaje a la medida, sino que nos contrataron por hacer humor como lo hacíamos. Te toca obedecer, está claro que sí, pero tanto en la Noche Hache como en El Club de la Comedia meto mucho de lo que yo quiero, por supuesto sabiendo que estás en unos límites y que el programa que estás haciendo, sobre todo El Club de la Comedia, debe ser prácticamente blanco y para todos los públicos.

En la época en que estuviste haciendo entrevistas —que no sé qué tal fue la experiencia—, entrevistaste a José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Hubo alguna respuesta que te sorprendiera, que no fuera la que esperabas?

Hay una diferencia muy grande entre las entrevistas que yo hacía en Noche Hache y la que hice a Zapatero. La entrevista que hice a Zapatero está “metida en un frasco” y no tiene nada que ver con las entrevistas que yo hacía. Al principio me costaban la vida, porque yo no soy periodista, nunca había hecho entrevistas y me causaban mucha impresión. Me daba vergüenza, en los primeros programas iba tocando el guión y cuando veía que quedaban pocas páginas decía: “Se acerca la entrevista, pánico”. Además no me daba tiempo físicamente para prepararla en condiciones. Sin tener escuela, sin ser entrevistadora y sin tener tiempo, sufría mucho. Por supuesto, tenía una persona del equipo que me preparaba la entrevista, con la que tenía una charla de una hora o más cada día explicándome todo y que me daba el texto un día antes para que yo pudiera preparármelo. Pero al final opté por ser lo más honesta que podía ser, que era sentándome con un personaje y escuchándole. Como yo, no como una periodista. Preguntando con curiosidad sobre lo que me contaba. La persona que me preparaba la entrevista se ponía mala, porque había hecho un trabajo y yo me iba por peteneras; pero al mismo tiempo era divertido porque el personaje contaba cosas que no había contado en otros sitios, precisamente porque la conversación se convertía en algo natural. Al final disfrutaba muchísimo y creo que los entrevistados también.

Eva Hache para Jot Down 3

Próximamente vas a presentar la Gala de los Goya. Es un escenario imponente.

Sí, es imponente, pero la verdad es que cuando el año pasado González Macho me propuso presentar la gala, lo primero que me dijo fue: elige a los guionistas. Para mí fue la frase decisiva para aceptar, porque no me veo haciendo un texto escrito por una persona que no tenga nada que ver conmigo ni diciendo cosas que no me apetece decir. Entonces yo elegí a mi director y subdirectora de Noche Hache, con los que tengo una gran confianza —imagínate, después de casi cuatro años trabajando juntos—, con ellos es como si escribiera yo, solo que ellos trabajan mucho más, son menos perezosos y más listos. Así que no tengo ningún problema en dejar que trabajen y luego añadir algo, cambiar o quitar, que es algo que me gusta mucho hacer. Antes te contaba que al principio no me gustaba hacer monólogos hechos por otros y al final he cogido gusto a coger un guión y llevármelo a mi terreno, transformarlo, moverlo… Ese trabajo me gusta mucho.

González Macho, en la gala de presentación de los nominados, ha dicho que el cine no está de espaldas a la sociedad y no va a ser una gala tonta. Sin esperar que nos desveles ningún secreto, ¿vamos a presenciar una gala reivindicativa?

Va a ser una gala lista (ríe). El año pasado fue una gala “elegante”. Las directrices eran esas; y siguen siendo para este año, ojo, no nos olvidemos que es la gala del cine, la fiesta anual, donde la gente en su casa quiere ver a todo el mundo guapísimo, cómo reciben el premio, cómo van vestidos… la gala al fin y al cabo sirve para cotillear, la gente despieza desde su casa como si fuese el realizador, cosa que a mí me parece muy bien. No debemos olvidarnos de eso, de que es la gala del cine y que tiene que ser bonita, pero yo creo que este año la situación, no ya del cine, sino de todo el mundo, es un puto desastre. Así que hay que hablar de ello. El año pasado se hicieron muy pocas referencias, pero este año yo creo que hay que hacer alguna más.

¿Tu papel es la gala está totalmente guionizado o tienes cierto margen de aportación?

Hay gente que me pregunta cuánto hay de improvisación, y la verdad es que muy poco. Hay muy poco porque la gala va muy medida, porque es más larga que ver crecer un árbol sin hacer nada, solamente con entregar y recibir los premios, y no hay tiempo para irse por los cerros de Úbeda; pero el trabajo de improvisación se hace antes, cuando los guionistas presentan el texto, ya empiezo a hacer una transformación de lo que hay, pongo algunas cosa, quito otras; en las lecturas de guión todo el mundo opina, hay un brainstorming y ahí es donde está el proceso creativo. En la gala no hay momento para el proceso creativo. No hace falta. Si Ewan McGregor viene a la gala y se cae por las escaleras, lógicamente no se puede hacer como que no ha pasado nada, pero a lo que voy es que no te puedes extender en fanfarrias ni falta que hace.

En la fiesta de los nominados, Maribel Verdú afirmaba que el cine español se ha acabado.

¿Dijo eso? Le pillaría un día malo. Pero, además, que lo diga ella precisamente…

Sin embargo, González Macho, más optimista, afirmaba en la misma fiesta que el talento hará “conocer un esplendor desconocido hasta el momento”. La crisis permanente de la industria cinematográfica española a la que se ha sumado la subida del IVA y la propia crisis económica, ¿crees que darán la razón a Maribel o estás con la visión más optimista?

Sí, el panorama es horroroso. Yo creo que todos los sectores tienen que tirar para adelante. Es decir, el momento ha llegado al punto de mayor bajonazo, no ya en el mundo del espectáculo, sino en todos los mundos, en el de la panadería y en el del tornero fresador… entonces, o esto cambia o se acaba el mundo, a peor no podemos ir. En el mundo del espectáculo pasa una cosa: todos los que hemos trabajado sabemos cómo es la crisis y sabemos que es muy complicado, entre otras cosas porque no es un producto de primera necesidad y están acostumbrados a pasarlo mal, a trabajar poco, a trabajar por poco dinero, a que haya momentos horribles y otros no tanto. Pero yo recuerdo oír desde que era pequeña: “El teatro está en crisis, el cine está en crisis”. Sinceramente, creo que ahora gracias a Internet, “a pesar de Internet”, —y creo que ha quedado claro en el caso de Paco León con Carmina o revienta— vemos que de repente hay que plantearse las cosas de otra forma. Hay que utilizar las herramientas que tenemos a mano. ¿Cuántas veces oímos que la música se iba a acabar, que no iba a haber músicos, cuando la gente dejó de comprar discos? “La música se va a acabar, todos a la ruina, no habrá conciertos, nadie va a sacar un disco porque las discográficas se van a la ruina”. Las discográficas han estado ganando durante muchos años muchísimo dinero, a lo mejor más de lo que podían imaginar y con las distribuidoras de cine pasa lo mismo: ahora es diferente, todo el mundo tiene un cine en casa. Hay que reinventarse y hay que hacer otras cosas. Luego pasa lo que ha pasado siempre: en momentos de crisis en que no se subvencionan historias, en que no hay patrocinadores públicos, entra el patrocinador privado y entra el producto de consumo de internet, de bajo presupuesto y de muchísima imaginación. Las escuelas de cine y teatro siguen abiertas.

¿Qué cine ves tú? ¿Sueles acudir a las salas a ver cine español?

Voy muy poco al cine, porque soy muy perezosa. Voy a los estrenos porque me invitan. El resto las veo en casa, más desde que soy madre y salgo mucho menos. Me gusta más el cine español, disfruto más.

¿Con qué película te quedas de las que hayas visto últimamente?

Estoy muy enamorada del cine de Vigalondo. El ya lo sabe, le doy mucha tabarra en Twitter. Las grandes olvidadas de los Goya: las películas de realizadores jóvenes, nuevos, divertidos y arriesgados.

Eva Hache para Jot Down 4

Aparte de la experiencia del Partido Hache, ¿alguna vez has pensado en implicarte de forma activa en la política?

Ni hablar. Creo que realmente estamos en un momento en que el ciudadano debería hacer algo como en Islandia y decir “basta”. Pero la política está tan envenenada por las grandes empresas y por la pasta que dan igual las ideologías o lo buen político o gestor que sea cada uno. Da igual, no nos representan. Mi marido, que es sueco, siempre cuenta que en su país una política tuvo que dimitir porque con la tarjeta del partido había comprado en un aeropuerto una botella de vodka, un paquete de pañales y tres Toblerone. Cuando hablo con mi familia política me dicen: “¿Pero en España qué está pasando?” Y no lo puedo explicar, porque me da tanta vergüenza. Ellos no entienden cómo hemos llegado a esta situación, pensando que somos demócratas y votamos.

En el extranjero no solo se critica la corrupción política, sino el hecho de que les votemos.

Efectivamente. Es que yo creo que el problema en este momento es ese, que si hubiera elecciones anticipadas ahora mismo, volverían a votarles. Después de todo lo que ha pasado esta semana, de los papeles de Bárcenas, ahora con lo de Ana Mato, y viendo los retuits de @masaenfurecida hay gente que los defiende. ¿En qué mundo vive esta gente? Y es ¿la mitad de España?, ¿el treinta por ciento de la población?

Para terminar con algo más ligero te voy a proponer un juego. Cuando entrevistamos a Quequé le pedimos que dedicara una canción a distintos personajes conocidos. Contestó que a ti sin dudar una de amor. ¿Qué canción dedicarías tu a…?

Quequé.

La chica yeyé. Es la primera que he pensado y por algo será.

Buenafuente.

Like a Rolling Stone.

José Luis Rodríguez Zapatero.

¿Qué hace un chico como tú en un sitio como este?”

María Dolores de Cospedal.

Le cantaría una muy bonita, aunque probablemente cambiaría la letra: No me llames Dolores, llámame Lola.

Dani Mateo.

Con esa voz tiene que ser un tango: Garufa.

Concha Velasco.

Voy a mil. Porque es espectacular.

Jordi Évole.

Me encanta Jordi Évole y me parece tremendo que el mejor trabajo de periodismo lo haga un humorista. Aunque en realidad es periodista, pero que se haya tenido que ver ese tipo entrevistas gracias a un programa aparentemente de humor dice mucho de este país. No hay un periodista que tenga el valor de plantarse delante de un político a decir las cosas que dice Jordi. O a lo mejor es al revés, son los políticos los que no tienen el valor de presentarse delante de un periodista y sí en un programa de humor, que parece que les va a limpiar la imagen. ¿Qué le cantaría yo a Jordi? Like a virgin le quedaría bien, por su falsa inocencia.

José Ignacio Wert.

Es complicado, porque tiene más cara de actor que de político. Es como el fenómeno Reagan. Por sus maniobras de despiste, le cantaría “pajaritos por aquí”.

 Eva Hache para Jot Down 10

Fotografía: Guadalupe de la Vallina


Solocomedia: “Las únicas limitaciones que tenemos son de presupuesto”


Abandonaron uno de los programas más exitosos de la televisión española para iniciar su propio proyecto con el firme propósito de ser fieles a un estilo de humor inusual, absurdo e incómodo, de ese que tanto irrita a los directivos de las cadenas. Actualmente, solocomedia.com tiene más de medio millón de visitas mensuales y su público accede a cerca de dos millones de contenidos en la web al mes, éxito que ha llamado la atención de propios y extraños y ha terminado derivando en un acuerdo de gestión publicitaria con el grupo Fox Media y, paradójicamente, varias ofertas para trasladar su proyecto a la televisión.

Lo que en un principio pretendía ser una sencilla entrevista al uso, fue mudando gradualmente de piel hasta convertirse en una tertulia sobre humor con Ángel Martín, Alberto Casado y Rober Bodegas en la que, afortunadamente, mediaron una grabadora y una cámara de fotos.

Supongo que ya os lo habrán preguntado cientos de veces, pero es una pregunta obligada. ¿Es más fácil hacer reír o descuartizar un cadáver y deshacerse de sus restos?

(Después de aclarar que era una broma y de que alguno confesase entre risas que estaba a punto de lanzarse a contestar, comenzamos la entrevista)

¿Cómo nace Solocomedia?

Ángel Martín: Nace copiando a los americanos, como todo lo que nace aquí. Vimos Funny or Die, que es una página americana que tienen Will Ferrel, Judd Apatow y Adam McKay

Rober Bodegas: Solo él se sabe los tres nombres. Yo siempre digo Will Ferrel, Adam no sé qué y otro más.

Alberto Casado: Yo sigo sin saber quiénes son los otros dos.

(risas) Veo que están pactadas las referencias.

A.M: Sí, es un desastre… El caso es que estos tíos empezaron haciendo una cosa mucho más pequeña que la que tienen ahora. De hecho, el primer vídeo que tenían es terrible en cuanto a calidad, pero es una idea muy divertida. Es una pieza que se llama La casera, —The Landlord—. Trata de una niña pequeña que va a reclamarle el alquiler a Will Ferrel y es alcohólica. Además hay tomas falsas en las que ves cómo se desesperan porque la niña no dice la frase. Ellos le van diciendo a la niña lo que tiene que decir y ves a la cría repitiendo “dame mi dinero, perra” hasta que hay un momento en que lo dice del tirón y aguantan esa toma. Es muy divertida. El otro día lo miramos y tiene como setenta y pico millones de visitas. Es la pieza más vista de la página.

Más las visitas que tendrá en YouTube, lo cual os pasa a vosotros también…

R.B: Sí, hay gente que cuelga los vídeos indicando que pertenecen a Solocomedia y que los suben para darles difusión, sin ánimo de lucro, pero luego ves que tienen más visionados que el mismo vídeo en la web.

A.M: Pasa una cosa con eso. En YouTube, el que más visitas tiene de los nuestros es el de María Valverde, El brownie. Y es que si tú entras en YouTube y tecleas “María Valverde”, te sale eso y te lo ves. No sabes qué cojones es, pero aparece. Lo que tiene YouTube es que si tecleas el nombre de cualquiera, te van a salir todos los vídeos. Y hay gente que tiene los de Solocomedia ahí metidos. Este de La casera tiene setenta y pico millones solo en Funny or Die, más lo que tenga luego fuera de ahí. Cuando vimos esa idea nos pareció muy divertida una de las cosas que hacen, que es contar con cameos de gente haciendo cosas que normalmente no vas a ver haciendo ni en cine ni en tele. Van ahí a hacer el idiota, básicamente.

(Por la web de Solocomedia han desfilado personajes tan conocidos como Marta Torné, Maxi Iglesias, Berto Romero, Juanma Iturriaga o Susana Guasch)

¿Pero no es un tanto quijotesco intentar sacar adelante un proyecto basado en un tipo de humor tan poco habitual en España?

A.M: Es que las reglas han cambiado un poco, yo creo. Ahora, nuestra generación tiene acceso a otro tipo de humor. Hace veinte años no había Internet. Es muy distinto. Hace veinte años no veías Saturday Night Live, era más difícil ver a los Monty Python, era más difícil acceder a otro tipo de humor que no fuera el de aquí.

R.B: Ahora hay gente de aquí que ve The Office, ve Rockefeller Plaza30 Rock—, Extras, etc. Busca otra comedia porque la que hay aquí no le atrae.

A.C: Y de hecho, básicamente, toda nuestra generación, la gente con la que yo me relaciono y que conozco, ve ese tipo de humor. Cosas que no son las que encuentras aquí. Cosas más rebuscadas.

Claro, pero en España es poco habitual…

A.M: Lo cual implica sobrevivir, claro.

Exacto, porque embarcarse en esto sin un buque insignia delante es, cuando menos, arriesgado.

A.C: Sí, no hay nada a lo que seguir. No hay una fórmula que te sirva de referencia. Pero es que, al final, si quieres hacer un poco lo que te mola, no te queda más remedio.

Habladme un poco de eso, de lo que hacéis. Del proceso creativo desde la idea hasta que subís el sketch a la web.

R.B: Es muy sencillo. O quedamos un par de veces o tres a la semana para escribir, intentamos pensar paridas y las escribimos, o a veces en casa se te ocurre, no el sketch, pero sí alguna imagen que es graciosa; al día siguiente lo hablamos y vemos, partiendo de ahí, cómo se desarrolla esa situación. Pues no sé, un tío que pide cambiar de mesa en un restaurante porque en la que le han sentado se le ve mucho para que le coman la polla. ¿Cómo sigue eso? No sé, a mí no se me ocurre. Que se les ocurra a ellos.

A.M: El proceso creativo es distinto a como funciona en la tele. En la tele, normalmente, llegas y te dicen sobre qué tienes que escribir. Y de alguna manera tienes muchas puertas cerradas, porque intentas trabajar en una dirección. Aunque a veces es mejor, es más cómodo, porque alguien viene, te da una pista…

R.B: Sí, buscas la broma que hay en eso. O de las que hay, la que te hace más gracia.

A.M: Aquí, de alguna manera, las abres todas. Abres todas las puertas y ves qué es lo que es divertido.

Sin limitaciones.

R.B: Tienes todo para hacer humor. Las limitaciones que tienes solo son de presupuesto. Te puede hacer mucha gracia un sketch que necesite cuarenta explosiones y coches volando por los aires, pero piensas “no puedo”. También es verdad que, sobre todo al principio porque no estábamos acostumbrados, el folio en blanco te cuesta más…

A.C: De hecho, yo creo que es más fácil hacer humor sobre algo a lo que estás obligado. Sobre un tema en concreto. Que te digan “haz un sketch de un tío en unas escaleras, y no puedes salir de ahí”. Me parece más fácil eso que un folio en blanco y pensar “¿y sobre qué?”. Si no puedes salirte de un tema, me parece más sencillo.

R.B: A veces, de hecho, escribimos en base a la localización. Nos llaman y nos dicen “oye, os he conseguido una panadería”, y pensamos “vale, qué puede ocurrir en una panadería”. Y ya partimos de algo.

Porque los tres erais guionistas antes, ¿no?

A.M: Sí, yo empecé en Paramount Comedy, de ahí a 7 Vidas, de 7 Vidas a La noche con Fuentes, después hice un par de El club de la comedia, y del club directamente a Sé lo que hicisteis. Pero vamos, La noche con Fuentes y Sé lo que hicisteis fueron casi pegados.

Y vosotros empezasteis en Sé lo que hicisteis.

A.C: Yo sí.

R.B: ¡Eh! El rey, el rey, el rey…

A.M: Ah, Rober comenzó en El Rey de la comedia, sí.

R.B: Y no ha habido más ediciones, así que actualmente sigo siendo el rey (risas).

Con qué os sentís más cómodos, ¿con el guión o con la interpretación?

A.M: El guión es lo más fácil para nosotros, porque es en lo que más hemos trabajado.

R.B: Personalmente, para mí es una cuestión de seguridad. Tengo más seguridad escribiendo que interpretando. Porque al final estás haciendo un trabajo de actor, y aunque en Sé lo que hicisteis hacía algún sketch, para mí es algo más nuevo y en lo que tengo menos experiencia. Escribir, llevas haciéndolo toda la vida tanto monólogos como guiones, y de alguna manera sabes que lo sabes hacer.

A.C: Lo que pasa es que escribes sabiendo lo que sabes interpretar. Es decir, yo creo que nuestras tonterías sabemos interpretarlas. Si se tratase de interpretar otra cosa, a lo mejor sería bastante jodido… Y si no sabes hacer algo, pues lo adaptas. ¿No me sale mucho el lloro? Bueno, pues grito un poquito. El rollo es que haga gracia y punto. Es representar la idea que tienes.

A.M: Nuestro trabajo actoral consiste en “di esta frase un poquito más así… y frénate en la mitad… que va a ser más divertido” (risas). No trabajamos los arcos del personaje. No nos sentamos a ver cuál es la vida del tío…

R.B: Al final, nuestra interpretación se basa en tirar las líneas bien. Es una interpretación de cómico, no de actor. No hay una interiorización del personaje.

A.M: Excepto cuando viene José Lozano. Eso es casi una interpretación de Sean Penn.

R.B: (risas) Lo nuestro es pensar en qué tono funciona mejor la réplica que tienes que dar, y la pruebas más lenta, más rápida, en un tono más alto, más bajo. Al final, es comedia. No piensas “a este personaje, de pequeño, qué le ocurrió; en qué trabajan sus padres”. Es más bien: tienes que decir esta frase, dila como sea más graciosa.

A.C: Pero al igual que en los guiones. Al final es una idea graciosa, una línea que nos ha hecho gracia a los tres y ya está, guión hecho. Es decir, es poco elaborado, realmente.

R.B: ¡Pero muy bueno!

A.C: Tiene que ser muy bueno, claro.

R.B: Es que dices unas cosas… No nos quites méritos, tío. ¿De qué hablamos el otro día? (risas)

Hablando del guión, ¿con qué sketch habéis perdido más el control?

A.M: Hostia, uno se nos fue mucho de las manos… El Subnormalizante. Rober nos mandó un guión en el que el punto de partida estaba basado en el IVA, en el “cómete todo lo que te cuenten” y toma un jarabe para poder comértelo.

R.B: Pero tenía un tono muy de Teletienda que no molaba. Cuando hacemos humor de actualidad, no nos mola el rollo “¡somos rebeldes!”. Aunque tenga un cierto trasfondo social, como en este caso el aumento del IVA, queremos que tenga nuestro sello. Que no sea el típico sketch —y no lo digo con desprecio— de Vaya semanita, que es sátira de actualidad. O lo que hacíamos nosotros en Sé lo que hicisteis, bromas sobre noticias. Queremos que tenga nuestro sello y que funcione de manera atemporal. Y creo que este sketch, dentro de tres años, funcionará igual. Partes de una premisa, la subida del IVA, y planteas una situación muy disparatada.

Y tan disparatada… Pero José Lozano lo borda.

A.M: Es que José lo hace muy bien porque José sí que trabaja los personajes, no como nosotros. Hace el idiota como nadie.

Y además de en el guión, antes me comentabais que en algún rodaje la cosa también se os había ido un poco de las manos.

A.C: Sí, te refieres al del parquímetro.

A.M: Ah, pero por situaciones externas… Es verdad que nosotros lo legal no lo trabajamos mucho. Lo normal sería, si vas a hacer cosas con pistolas o cosas de asesinatos, cortar la calle y avisar a la gente. En ese del parquímetro, si te fijas bien, donde apuñalan a la persona hay una agencia de seguridad. ¡Justo ahí está la puerta de una agencia de seguridad! Y claro, el tío decía “oye, no va a salir el logo, ¿no?”. Le dijimos que no, que no iba a salir… ¡Sí hombre, me voy a poner a tapar aquí tu logo, no me jodas! ¡Haber salido a salvarla!

R.B: ¡Y a taparlo tú! (risas) La cosa es que yo asesinaba a un tío de la ORA pero el sketch se rodaba desde una azotea, y si tú pasabas no veías la cámara, no veías el micro… No podías intuir que era un rodaje. Teníamos a una chica de producción en una esquina de la calle, para que avisase a la gente que iba a doblar la esquina, pero se fue un momento a por agua porque hacía calor, pasó una señora, ¡y me vio a mí apuñalando a un tío!

A.C: Y empezó a gritar “¡asesino, asesino!”.

R.B: ¡Con la coincidencia de que en la otra esquina había una patrulla y un policía comenzó a correr hacia mí echándose la mano a la pistola!

A.C: Yo vi a Rober con un tiro en la pierna, tío… Y encima nosotros estábamos desde arriba gritando “¡Rober, cuidado!”. Parecía que le estábamos gritando para que escapase porque venía la policía (risas). Y cuando el tío se echó la mano a la pistola, se levantó el supuesto muerto, todos empezamos a hacer gestos de aquí no pasa nada…

A.M: Pero el realizador se había escondido, o sea que si la policía miraba hacia arriba no había cámara.

R.B: Claro, yo le decía al poli que se tranquilizase, que era un rodaje y que estábamos tirando el plano desde una azotea. Y el tío mira arriba, miro yo, y pienso: “Hostia, se ha ido el realizador acojonado” (risas). Pero bueno, al final el poli se lo tomó bien.

A.M: Es que, como no te puedes permitir esos lujos, pasan cosas que son la mierda. Una vez, grabando en los alrededores de mi casa, nos paró la Guardia Civil. Nos pidieron el carné de identidad y cuando le preguntamos a uno de ellos por qué, por si no se podía grabar allí o estábamos haciendo algo mal, nos contestó “porque puedo”. Lo típico que te toca el guardia idiota…

R.B: Fíjate cuál era el nivel del guardia, que en el momento de devolvernos el DNI, dijo: “A ver, Ángel Martín, quién es”. ¡O sea, tienes tres carnés con el nombre y la foto, tío!

A.M: El caso es que el tipo nos hizo vaciar el coche, nos hizo enseñarle todo lo que llevábamos, los equipos y demás, y al llegar a una de las bolsas nos dijo: “¿Qué lleváis ahí?”. Le dijimos: “No… No hace falta”. Y otra vez: “¿Qué lleváis ahí?”. No tenía ningún sentido enseñarle la puta bolsa porque en la bolsa había una polla (risas).

R.B: Yo le avisé. Le dije “mira, hay unos micros y una polla”. Creyó que le estábamos puteando, metió la mano y agarró la polla… Un consolador enorme.

A.M: Muy gordota. Y ahí el tío se vino un poco abajo. Algo como “ya no puedo ser chulo porque he tocado una polla delante de esta gente”.

(risas) Es que eso es algo que os quería preguntar. ¿Por qué esa obsesión con las pollas?

A.M: Ahora menos…

En la web, quiero decir (risas).

A.C: Fue al principio, por desquitarnos. Veníamos de la tele, donde no podíamos decir nada, y fueron unos primeros meses muy soeces. De hecho, ahora lo ves y piensas “joder, qué soez”. Pero eran tantos años sin poder decir ni “gilipollas”, que de repente empezamos con “me cago en tu puta madre, cómeme la polla”. Era como “¡aquí estamos en Internet, podemos hacer lo que queramos!”, y es verdad que ahora lo ves y te das cuenta de que tampoco era necesario. Hay veces que sí viene a cuento, pero tuvimos muchos meses de decir barbaridades…

R.B: Es como cuando empiezas con una tía, que follas como un conejo en todas partes, y luego entras en una normalidad de follar solo cuando hay ganas y en un sitio cómodo.

Es comprensible. ¿No tenéis la impresión de que a veces parece que cada vez hay más palabras impronunciables, más temas intocables, más asuntos sobre los que la gente opina que no se debería hacer humor? Dónde creéis que está el límite, si es que lo hay.

R.B: Yo creo que no hay límite, lo difícil es saber hacer la broma oportuna. Partiendo de eso, no creo que haya ningún tema del que bajo ningún concepto se pueda hacer humor. Lo que pasa es que hay que tener tacto.

La tormenta que se genera cada vez que alguien hace humor con Mahoma, por ejemplo, o menciona algo que no se debería mencionar, parece no estar muy de acuerdo con tu opinión.

A.M: Mira, eso al final es una soplapollez. En el espectáculo nuevo hablo un poco de eso. Mucha gente cree que cuando haces una broma, la haces porque a ti no te pasa. Tú haces una broma sobre el desempleo, o sobre alguien que ha muerto de lo que sea, o sobre putas, o sobre drogadictos, y la gente cree que lo estás haciendo porque para ti es muy fácil decirlo. Y oye, te olvidas de que en mi familia está pasando lo mismo que en la tuya, no te líes. Yo me lo tomo de una manera y tú te lo tomas de otra. Y al final llega un momento en el que te das cuenta de que la línea está en lo que tú seas capaz de encajar. Nosotros no somos muy fans del humor negro por el humor negro. De ir a provocar porque sí.

A.C: Hay veces que parece que donde no se pueden hacer bromas, yo la hago y soy el más valiente. Y a veces es innecesario.

R.B: Por ejemplo, hacer bromas sobre las niñas que han muerto en la fiesta de Vistalegre es muy fácil. No las hacemos, pero más que nada porque no le vemos la gracia. A mí siempre me ha llamado la atención, siendo los americanos tan conservadores, que los cómicos estadounidenses hagan bromas de todo. Son muy bestias. Hacen bromas de los yonquis, del cáncer… Ricky Gervais, aunque sea inglés, en su show se ríe de los niños con cáncer. Porque lo que gana con ese show, luego lo dona a la causa. Ha buscado la manera de poder hacerlo y que la gente lo entienda.

Bueno, vosotros lo tenéis fácil, porque al principio de este proyecto incluisteis en la web una curiosa regla de oro. Que además es de los vídeos que más visitas tiene, creo.

A.C: Es el que más. Fue el primero y funcionó. Hicimos bien, porque ahora cuando alguien te critica en algún sketch, los demás le responden “regla de oro”. A lo mejor a ellos también se lo ha parecido, pero es la regla de oro. Cállate la boca y no nos toques los cojones, que no has pagado.

De todos modos, y aunque antes he mencionado expresamente a Mahoma, tocar según qué temas de según qué forma en nuestra cultura también puede acarrear ciertos problemas, e incluso derivar en el secuestro de publicaciones. Por lo que decís, a vosotros no os interesa llevar el humor hasta ese límite, molestar a según qué esferas aunque sea por puro marketing.

R.B: Mira, nosotros buscamos cosas que nos hagan gracia. Si esa broma conlleva que molestes a una persona, pues lo sentimos mucho, pero…

A.C: Si surge, surge. Y si surge, da igual. O sea, hacerlo aposta, no. Otra cosa es que te haga gracia algo, que de repente se monte un revuelo y que te censuren un sketch. Pues mira, genial.

R.B: Por ejemplo, la parodia de Loewe la hicimos porque nos hacía gracia parodiar eso, y si los que salen en el anuncio se han enfadado porque nos hemos reído de ellos, mala suerte. Creemos que se puede entender dónde está la broma. Pero primero es la broma y luego las consecuencias que tenga la broma, no al revés.

A.M: Estamos en otro terreno, creo. Molestar no es la idea. No es lo que buscamos.

A veces, los ejercicios de humor más absurdos parecen estar en la calle y son involuntarios, como el Ecce Homo de la señora de Borja o los nombres de algunas operaciones policiales como Operación Pokemon (risas). ¿No os parece que esa desfiguración de la realidad se parece un poco a lo que podemos ver en vuestra web?

A.M: Es que eso es muy raro, tío… Tú eres un poli, le pones Operación Pokemon y sabes lo que va a pasar, no me jodas. Pon números o usa letras. Operación AAC y ya está. Pero no le pongas Pokemon, desgraciado, porque parece una puta broma.

(A estas alturas de la respuesta de Ángel, Rober es incapaz de dejar de reír)

La realidad supera a la ficción.

A.M: Pero vamos, sin duda. ¡No puedes llamar a algo Operación Pokemon!

A.C: ¿Pero de qué va eso, tío? ¿Por qué se llama Pokemon?

A.M: Mi primo me contó una vez por qué le ponen los nombres. Igual la primera pista que tienen sale de un puto Pokemon y la llaman Operación Pokemon. ¡Hostia, pues espérate a la segunda pista y ya está!

(risas) Hablando de realidad; la crisis, la independencia de Cataluña, etc. ¿No os sentís tentados a tratar estos temas desde un punto de vista humorístico?

R.B: Sí, como la pregunta de antes. Las pocas veces que hemos hecho algo de actualidad, a lo mejor tiene las mismas visitas pero la gente lo comparte mucho más. La parodia de la foto del Rey y el elefante, por ejemplo. Si normalmente tendría 500 retweets, tiene 15.000. Pero por una parte estamos en esto porque estamos cansados de hacer actualidad, y por otra, para hacer actualidad, tenemos que encontrar una broma que nos motive, como lo del subnormalizante.

A.C: Si haces un sketch sobre la independencia de Cataluña seguramente se mueva más que uno de alguna parida surrealista nuestra, pero es que al final, si no te surge y te hace mucha gracia, tampoco lo forzamos.

R.B: Es como lo de los antidisturbios del 25S, que dieron mucha leña. Si haces una broma con eso, tendría mucha repercusión. La gente lo compartiría en Facebook, Twitter y tal, pero no buscas hacer esas bromas. Imagínate un sketch que es como una viñeta, en el que planteas una situación que es acción reacción, que daría igual rodarlo o publicar eso en Twitter. Algo como “ah, pues resulta que no sé qué y, ¡pum, toma broma!”. Pues tienes que encontrar algo que de verdad tenga un poco lo que nosotros creemos que es nuestro tono, y si no lo encontramos, no lo hacemos.

Es que a veces, y ya que mencionas lo de Twitter, uno podría pensar que escribir tweets graciosos es casi como desperdiciar ideas, siendo cómicos. Que esto se podría haber convertido en un sketch, que con aquello podríais haber sacado adelante un monólogo, etc.

A.M: Te puede servir de guía a veces. Alguna línea del monólogo sí la he probado en Twitter, y si te funciona bien, ves si desarrollas la idea. Si pruebas esa línea o no pruebas esa línea. Es un banco de pruebas un poco extraño, porque no es real, pero te da una pista. Sobre todo para monólogos, más que para ideas.

R.B: Porque no es el mismo código…

Pero algunos de vuestros sketches sí se podrían resumir en 140 caracteres.

R.B: Sí, pero yo creo que da igual. Si pones un tweet y un mes más tarde quieres hacer un sketch basado en ese tweet, lo haces. Si alguno lee el tweet, pues dirá “qué guay, han hecho un sketch de este tweet”.

A.C: Aparte que la gente lee el tweet, dos semanas después haces el sketch, y nadie se va a acordar.

R.B: El otro día estábamos hablando de tatuajes y nos reíamos pensando que molaría tatuarse el contorno, tatuarse una línea negra todo alrededor, como estar en 2D. Dijimos que molaría hacer un sketch de eso, pero como me hacía tanta gracia llegué a casa borracho y lo puse en Twitter.

A.C: Pero se puede hacer ese sketch igual. También dijimos que molaría tatuarse la fecha en la que te tatuaste. No sé por qué nos hacía tanta gracia eso (risas).

R.B: O una casita, como las que dibujabas de pequeño.

Volviendo al humor sobre la actualidad, ¿los políticos se están riendo de nosotros?

A.M: Para nada, lo están haciendo muy bien todo. Yo creo que están probando bromas.

R.B: No nos metamos en jardines…

Metámonos en jardines.

R.B: No sé… Ahora que acaban de ser las elecciones en Galicia, tú hablas con la gente y parece que todo el mundo se da cuenta de que nos mienten, pero luego hay elecciones y piensas que debe de haber mucha gente que esté de acuerdo con todo esto y mucha gente a la que le da igual. Entre los que no votan y los que votan a los que crees que lo están haciendo mal, no entiendes nada. Vale, mañana si quieres voy a una manifestación, pero es que ayer hubo unas elecciones, joder.

A.M: Lo que sacas de ahí es que los que no están de acuerdo son una minoría. Entre los que votan lo que no te gusta y los que no votan, hacen una mayoría. Te da la sensación de que los que nos quejamos somos menos. Te genera una sensación un poco extraña.

R.B: Porque crees que todo el mundo siente lo mismo que tú, pero luego… no será así. Es lo que decía Borges, la democracia es un abuso curioso de la estadística. No acabo de entender por qué todo el mundo vota. No lo entiendo. Yo creo que para votar tendría que haber un examen; que habría que conseguir un carné de votante. ¡Que a lo mejor yo lo hago y suspendo, que tampoco soy un tío que se lee los periódicos de arriba abajo! Pero prefiero suspender y no poder votar. ¡Porque para las próximas elecciones me preparo! (risas) Estoy un año antes, me leo todo… En serio, hay gente que no entiendo cómo puede tener derecho al voto. Gente que no puede tener criterio político. Abuelos que ya están seniles, personas que no saben leer ni escribir, etc. Yo creo en la sofocracia, el gobierno de los sabios.

A.M: Estás fuera de Solocomedia, tío.

R.B: Ya… (risas)

Cambiemos de tema. ¿Quiénes son vuestros cómicos favoritos? Españoles y extranjeros.

A.M: Yo soy un inculto en cómicos americanos, porque voy cambiando… Me pasa una cosa con internet, Canal+ Xtra y esas cosas: veo a uno que me parece la polla y de pronto aparece otro que me gusta aún más. Ahora mismo estoy flipado con Louis C.K. Me parece que tiene líneas que están muy bien. George Carlin, que murió hace poco, tenía un material muy potente. El inicio de su último monólogo era muy salvaje, muy espectacular.

R.B: Ricky Gervais mola…

A.C: Flight of the Conchords me parecen enormes. Y en España, yo creo que Gila es el tipo que más me ha gustado en años.

A.M: Me gustaba mucho Rubianes. No sé si porque lo pude ver en directo o por qué… A Tip y Coll, por ejemplo, no los entendía. Me sigue costando entender a Tip y Coll.

R.B: El mío es Jardiel Poncela (risas). No, yo creo que el cómico español del momento es, además de Hovik, Mierdecitas. Es un tío que hace viñetas al estilo de Miguel Noguera, pero en este caso se entienden todas.

A.M: Ah, en viñetas está muy bien Liniers.

R.B: Y en monólogos, Woody Allen. Es genial.

A.M: Es que con los cómicos americanos pasa eso, cada dos por tres estás viendo material de gente nueva, sobre todo stand-up, y hostia…

A propósito de los cómicos de Estados Unidos, allí uno puede ver, por ejemplo, a Sarah Silverman riéndose de sí misma en un sketch con Matt Damon para Jimmy Kimmel. ¿Los cómicos españoles saben reírse de sí mismos?

A.C: Aquí es una mentira. La gente se preocupa mucho por aparentar. La regla general, por encima de todo es “tú molas”. No puedes hacer esto y reírte de ti mismo porque tú molas. En este programa no te puedes criticar porque tú molas. Una regla que además nadie se cree. Tres o cuatro. Para mí, un tío que de verdad mola es un tío que se ríe de sí mismo y que puede hacer sus mierdas…

R.B: Una cosa que está muy bien, pero que en el fondo me toca la polla, es que si eres actor, una de las funciones de tu profesión es tratar de salvar el mundo en todo lo que sea posible. Si eres actor, una parte de tu trabajo es interpretar, pero la otra es estar muy agobiado por el Sáhara, por ejemplo. Me parece bien que lo hagan, pero es que parece que va en el pack. Si eres actor y el Sáhara te la suda, te van a hacer el vacío. Está muy bien colaborar, pero puedes colaborar sin que sea tu bandera. Un día te haces una gala, y lo que saques lo das. Y no centras todas tus entrevistas en el “No a la guerra”.

A.M: Aquí falta saber reírte de ti mismo, sí. Es que en España los monólogos son muy nuevos. El stand-up llega hace unos diez años, más o menos, de la mano de Paramount, y luego vino El club de la comedia, que hace una cosa rara…

R.B: Bueno, La Chocita del Loro es el primer club de comedia de Madrid, y creo que de España. La primera Chocita creo que tiene quince años.

A.M: Sí, y además es el único sitio donde los cómicos tienen su propio material…

Precisamente, Goyo Jiménez destacaba en una entrevista para Jot Down la importancia del material propio, que es lo que diferencia al humorista del tipo que se dedica a contar chistes. Nos decía que él, cuando monta un espectáculo, lo que hace es analizar situaciones, y que ni siquiera le preocupa rematar en una pegada cómica.

R.B: Tiene muchas referencias, Goyo. Es un tío que cita, conoce autores… Tú estás aquí con tres incultos.

A.M: Es que Goyo lee mucho (risas).

Entiendo… Volvamos a Solocomedia, entonces. Sabiendo que hay topicazos que garantizan aplausos, ¿es razonable renunciar a ellos y seguir un camino tan distinto como el que habéis elegido?

A.M: Tienes que decidir. Llega un momento, cuando eres cómico, que decides. Cuando sales a un escenario sabes qué puede hacer reír, de manera inmediata. Decir “qué tarde llego; es que me ha parado un guardia civil y me ha enseñado un Calippo de limón y…”. Ya está, todos riéndose, a tomar por el culo. O puedes decidir, lo cual viene un poco a cuento de lo que hablábamos sobre el material propio, que ha llegado un momento en que eres mucho más honesto, que has ido creciendo, has ido madurando, te han ido pasando cosas, y decides en qué dirección vas a llevar tu humor. Qué te interesa y qué no te interesa. También puede ser que nosotros hayamos estado cinco años haciendo bromas sobre Ana Obregón o Belén Esteban y haya llegado un momento en el que dices “me he hartado de hacer bromas de Falete y a tomar por culo”.

R.B: Y habrá quien te diga “¡pues bastante has tardado, cabrón, que esto ya estaba agotado hace dos años!”. Y habrá quien diga “oh, pues qué pena, porque hasta que esta mujer muera se pueden hacer bromas sobre ella”.

A.M: Pero intentas huir de eso porque necesitas investigar, también. Necesitas probar, necesitas ver qué sabes hacer.

A.C: Si buscamos otra cosa, otro tipo de humor, no creo que sea tan desacertado, porque aquí hay poca competencia. Todos estamos viendo siempre lo mismo, y lo bueno de hacer otra cosa es que lo hacemos pocos. No es mala idea.

A.M: Da la sensación de que sabes la broma que van a hacer. Cuando hay una noticia con alguien, te da la sensación de que ya sabes lo que va a pasar. Es decir, si Falete saca un disco, sabes que durante una semana, cada vez que pongas la tele, vas a escuchar que Falete se ha comido a no sé quién. Eso, al final, para un cómico es muy poco interesante.

R.B: Eso pasa mucho en Twitter, donde hay mucho humor de actualidad. Además, alguien hace una broma, otra persona hace la misma broma en la otra punta del país, y en seguida lees “¡es que me ha copiado la broma!”. Que no te ha copiado, tronco. Es que era evidente. Es que se te ocurre a ti y a cuarenta, tío.

Eso ha sucedido hace poco con el programa nuevo que estrenó Buenafuente. Se generó una cierta corriente en Twitter que defendía que los guionistas de El Terrat estaban plagiando los mejores tweets.

R.B: Es que son chistes que, parándose media horita a pensar, se le ocurren a cualquiera que tenga un poco de ingenio.

A.M: Ahí el que falló fue Buenafuente entrando al trapo. ¿Pero qué haces entrando en esa mierda? Hoy en día, desde que está Twitter, todo el puto mundo cree que ha hecho la gran broma; a la semana siguiente dice “me han copiado”. ¿Te han copiado? ¿Nos ponemos a buscar cuántas bromas parecidas a la tuya hay antes que la tuya? Si eres un adulto, y Buenafuente es un adulto que lleva ya unos cuantos años haciendo programas de humor, lo raro es que hagas una entrada hablando de eso en no sé dónde… ¿Qué haces picándote con niños de quince años que tienen Twitter? No hagas ni puto caso a eso. Las ideas están ahí.

A.C: Además, son guionistas que llevan años currando en la tele. Parece que han tenido que acudir a Twitter para hacer cuatro bromas sobre un tema de actualidad, y no creo que lo necesiten. Al final es un curro como cualquier otro, que sabes hacer. ¿Que tengo que hacer chistes sobre el pulpo Paul? Pues los hago. Es que es su profesión. Lo veo bastante absurdo.

R.B: Un día estaba leyendo un reportaje sobre uno de los creadores de Cheers, que tendrá una parte de verdad y una parte de hacerse el guay, que decía que cuando estaban reunidos los guionistas, si a dos se les ocurría la misma broma, la descartaban.

A.C: En la Cheers española era al revés. La que se les ocurría a todos, era la buena. Ese era el sistema (risas).

R.B: Nosotros, lo que intentamos con Solocomedia —y espero que no suene pretencioso— es que las cosas no nos recuerden a nada. Que luego seguro que hay cosas que no hemos visto que son muy parecidas, pero el punto de partida es ese.

Dejando a un lado Twitter y retomando el tema del estilo, hoy en día parece que en la tele todo es stand-up, en lo que se refiere a programas de humor. Parece que todo se reduce a El club de la comedia. ¿Goza de buena salud el humor en la televisión española actual?

A.C: No, no.

R.B: Está comatoso.

A.M: Sobre todo porque el humor que tienes que hacer está en un abanico que es muy difícil. La tele necesita tener un público mayoritario. Necesitas tener el máximo de audiencia que puedas tener. Y para eso tienes que hacer un humor que guste a personas de 8 años y a personas de 90 años. ¡Y habrá quien lo haga! Hay ejemplos de gente que hace algo parecido. José Mota se mueve en una línea que sí tiene un público.

R.B: Piedrahita también hace una cosa muy blanca.

A.M: Sí, pero normalmente son cómicos que no tienen programa. Les dejan hacer dos minutos en el programa de otro. Exceptuando a José Mota, claro.

Pero lo de José Mota es un caso curioso. En abril se publicó la noticia de que había fichado por Mediaset con un sueldo de 8 millones de euros. ¿Qué le diferencia de los demás para llegar a jugar en esa liga?

A.M: No sabes qué cosas son verdad y qué cosas son mentira. No sabes si son ocho millones de euros o no lo son.

Publicarse, se publicó. Y Mediaset no lo desmintió.

A.M: Yo creo que eso sucede porque es el tipo que está de moda, supongo. Qué oferta te hago para que te quedes conmigo. No te dicen cuántos años, no te dicen cuánto tiempo, no te dicen para cuántos proyectos. Porque, de pronto, a lo mejor te das cuenta de que has vendido tu alma por 8 millones de euros. De todos modos, lo que más me flipó cuando leí lo de José Mota es que decían que el minuto de tele costaba 12.000 euros…

¿Os gusta su estilo de humor?

A.M: A mí no. Es un humor que no me interesa.

A.C: El gran mérito que tiene es, sin hacer un humor de sota, caballo y rey, porque creo que está más currado, conseguir mantenerse en una línea blanca y llegar a un amplio espectro de público. A mí no me flipa, pero eso lo hace bien. Abarca a mucha gente y con un nivel más que aceptable.

R.B: Lo que no me gusta de José Mota, porque hay cosas que me hacen gracia, es la repetición. Ves el primer programa de la temporada y hay un sketch que te hace mucha gracia. Pero luego, a lo largo de los trece programas tienes ese mismo sketch, solo que el protagonista en vez de llevar una gorra lleva una boina. El socorrista, el cansino… Me hacen gracia una vez, no trece. Y en Solocomedia nos ha pasado. Una cosa nos ha hecho mucha gracia y pensamos “esto es gracioso, vamos a hacerlo otra vez”. Y la segunda vez, como la broma era exactamente igual, pensamos que era una mierda. Porque algo no nos hace gracia dos veces.

Y más allá de José Mota, ¿os gusta el resto del humor que se hace hoy en televisión?

R.B: Es que no hay más. Está El Intermedio, que a mí me gusta, pero no es un programa de humor ad hoc; de humor puro y duro. Es un informativo en clave de humor.

A.M: Sí, es como decir Salvados. Cuando te hablan de programas de humor, realmente no hay nada. No hay cómicos.

A.C: Programas de humor, quitando a José Mota, creo que no hay. Estaba Muchachada Nui hasta hace poco, que no sé si están haciendo una nueva temporada, o algo…

R.B: Hay series de comedia, pero el tono que tienen no me gusta. Ni La que se avecina, ni Aída ni ninguna otra. Además creo que se basan en gritar. Todo el mundo grita mucho. Y siempre son los mismos personajes, la típica gente de un barrio y tal…

A.M: Jugamos a estereotipos, aquí. 

Sí, los topicazos de los que hablábamos antes… ¿Entonces en qué creéis que ha cambiado el humorismo en España desde Pajares y Esteso, Antonio Ozores y demás?

A.M: Me da la sensación de que las bromas que acostumbro a ver en series o en películas, exceptuando algunas, son las mismas de “vaya culo” o “vaya tetas”, pero en 2012. Le das una vueltecita más e intentas llevarlo a otra situación, pero veo a la chacha, veo al abuelo…

R.B: Creo que hay un problema en España, y no solo en comedia, que consiste en que cada cosa que sale te la venden con el referente. El barco es el Perdidos español, no sé qué es el Friends español… ¡Tío, ten tu idea! Si vas a hacer una cosa con menos dinero, peores actores, peores guionistas y diez años después, ¿por qué crees que va a molar? ¿Por qué crees que vas a superar Friends? ¿Qué te hace pensar que tienes esa capacidad? Es venirse muy arriba…

A.C: Nosotros éramos el Funny or Die español… ¿No? (risas)

R.B: Pero coño, tío, eso es como decir que no se pueden hacer sitcoms en España porque ya las hacen los americanos. No. Una cosa es el formato y otra cosa es de qué va el formato. Formatos hay muchos. Sketches, sitcom, dramedia, monólogo… No vas a dejar de hacer teatro porque lo hiciesen los griegos, pero tampoco hagamos la Odisea.

A.M: Aquí lo que te dicen siempre es que no hay nada nuevo y a los seis meses vienen y te comentan “bueno, hemos visto esto en no sé dónde, que es supernuevo y no se ha hecho nunca”. Y piensas: pues se podrá hacer algo nuevo, lo que pasa es que a lo mejor te tienes que sentar durante un tiempo a pensar.

A.C: Es que da la impresión de que los que mandan se fían poco de las ideas de aquí. Yo me imagino que a un grupo de chavales guionistas de una productora que tengan una idea, al ir a venderla les dirán que hasta luego. Pero una semana después, un jefe dirá: “Hay un programa alemán, en el que van a una casa… ¡Hay que adaptarlo!”. La polla. Porque son alemanes, o son franceses o son americanos, pero aquí también estamos unos cuantos pensando cosas que no están mal. Hay ideas que no son para tanto, pero como vienen de fuera terminan comprándose y adaptándose. Y a veces uno se da cuenta de que entre tres, se les podría haber ocurrido algo mejor. No es necesario estar horas viendo programas holandeses para encontrar una idea buena.

R.B: Por ejemplo, en el programa de Juanra Bonet, que no es que sea la polla pero está muy bien, creo que parte del éxito es que no han copiado a nadie. Han tenido una idea y la han desarrollado.

A.M: No, está adaptado. Es una adaptación de un programa.

R.B: Yo creo que no… Averigüemos esto y decidamos si mantenemos la respuesta (risas).

En cualquier caso, después de todo esto, uno se pregunta si se puede vivir del humor en España… Y más concretamente, si se puede vivir de Solocomedia.

R.B: Sí, nosotros empezamos ahora a vivir de Solocomedia.

A.M: Al principio es una inversión y te la juegas. Nosotros estamos tardando más de lo previsto en algunas cosas porque no tenemos ni puta idea. Porque somos cómicos. En nuestra cabeza es “escribe, graba y emite”, hasta que llega un momento en que te sientas y piensas cómo sacar la rentabilidad de esto. Y estamos en esa fase ahora.

A.C: De hecho, el objetivo es vivir de Solocomedia y ojalá vivir muy bien.

A.M: Sí, pero no tendremos aviones. Ni playas. Funny or Die hizo vendió a la HBO. Ellos tienen programa, aparte de la web. Llevan seis años. Pero los cómicos allí… es otra cosa. Con lo que ganan estos cómicos allí, probablemente se paguen diez años de Funny or Die. Estos tres se juntan y dicen “¿ponemos dos millones de dólares cada uno a ver qué pasa, por jugar?”.

Me habláis de una rentabilidad en Internet, entonces. ¿Pero hay vida más allá de Internet? ¿Veis este mismo producto en televisión? ¿Es viable?

A.M: La idea de Solocomedia es convertirse en un sello de comedia. No sabes en qué dirección vas a crecer porque nunca sabes lo que va a pasar, a lo mejor te llamo y te digo que no publiques porque hemos cerrado, pero lo que pretendemos con esto es ir un poco más allá. No sabemos si, de pronto, en 2013 o 2014 nos vamos a plantear producir una película o un espectáculo en teatro. Little Britain, por ejemplo, es un programa de televisión que consiste en una serie de sketches, y cuando lo ves crees que tiene que ser en la tele sí o sí, pero ellos tienen espectáculo en teatro. Y van de gira. Si tienes una idea, la puedes mover, pero primero tienes que trabajar en la marca. En conseguir que la marca sea algo.

A.C: Es crear una marca, y si mañana haces televisión, que te compren por la marca, no porque te hayan llamado para ir a hacer no sé qué programa.

Entonces, ¿vosotros no os habéis planteado volver a hacer televisión, más allá de lo que me comentáis? Lo digo porque en la entrevista a Goyo Jiménez que mencioné antes, él nos decía que cuando uno presenta un programa, no tiene el control del trabajo. Que hay una serie de creativos que son los que plantean en qué dirección tiene que ir el programa y que uno tiene que ser profesional. Entiendo, por lo que decís, que vosotros no estáis por la labor. Que no llevaríais vuestro proyecto a la tele si supieseis que eso supondría no tener todo el control y la libertad que os ofrece internet.

A.C: Eso lo elige uno. La idea es crear una marca, y si te compra la tele o cualquier medio, que te compre por esa marca. Si vamos, es para hacer esto.

R.B: De hecho ha habido alguna propuesta y, sinceramente, no nos ha convencido. Pero esto no es exclusivo de la tele. Es como si nos llama Arteria, la gestora de teatros, y nos dice que quieren que hagamos Solocomedia pero sin decir “puta”. Pues no.

A.M: Es verdad que tú tienes que hacer lo que te dicen los creativos, pero al final es lo que dice Alberto: tú decides si quieres hacer eso. Yo he visto el material que hace Goyo. Y veo a Goyo en teatro. Pero cuando lo vi en la tele no me gustó nada. No tiene nada que ver con lo que hace. Y además el caso de Goyo es muy extraño, porque yo creo que no necesitaba la tele. Tenía un nombre. Si has conocido a Goyo en la tele, yo no iría a ver su espectáculo. Porque lo que yo veo en la tele es un tío al que le tiran chocolate por la cabeza desde una grúa. Es verdad que los creativos deciden, pero…

R.B: Es verdad que los creativos deciden pero te puedes ir. No estás secuestrado ahí.

¿Tan difícil es hacer valer tu criterio en televisión?

A.C: Es cierto que en un programa te dicen lo que tienes que hacer, pero si eres creativo también tienes la opción de participar en la elaboración de ese programa. Es decir, si te dedicas a la creación de sketches o monólogos, cuando vas a la tele lo interesante es que quieras participar en la creación, y no que te lo den hecho.

A.M: No, está muy claro. Si quieres ser presentador, vas allí a obedecer. Punto. Pero si eres cómico, es muy complicado. Coge a Ricky Gervais y ponlo a presentar los Globos de Oro. Y dile que va a hacer un monólogo que le ha escrito un señor que es supereducado. Y Gervais probablemente te dirá que no. Porque tiene su estilo, tiene su línea y tiene su rollo. ¿Quieres presentar un programa? Sí. Pues el programa va a ser así, te van a escribir esto, vas a salir así… No es tan difícil decir que no te interesa.

A.C: Lo que pasa es que te dejas llevar por la comodidad. ¿Quieres hacer un programa? Sí. ¿Quieres llegar una hora antes del programa, leértelo una vez, decir lo que te han escrito y cobrar mucho? ¡Claro que sí! Lo difícil es decir “no, quiero llegar a las nueve de la mañana y participar en la creación”.

A.M: Pero hay momentos para eso. Si estás empezando, bueno… Te lo puedes comer porque te va a servir de trampolín para otra historia.

A.C: Por eso digo que eso es lo cómodo. Entiendo que un presentador del que solo interesa la imagen prefiera que se lo den todo hecho, pero alguien que se dedica a crear material también puede elegir esa opción.

R.B: Vamos a ver, Ángel en Sé lo que hicisteis tenía la opción de ser exclusivamente presentador, de llegar una hora antes del directo y leer el guión que nosotros habíamos escrito. Pero él elegía venir cada día a las 9:00 y participar en eso, porque si quieres que lo que haces te represente a ti como cómico, tienes que participar. No sé en qué medida, pero tienes que estar. Pero esto sucede a todos los niveles. De todos los cómicos españoles que están en el circuito de salas, la mitad no han cambiado ni una línea de su material en diez años. Es comodidad. Tengo este repertorio que me aburre un poco, pero es que funciona muy bien y tengo curro. ¿Para qué me voy a molestar en intentar sacar material nuevo si me siguen llamando?

A.C: Ocurre otra cosa. Para un cómico es muy fácil aceptar eso de llegar a última hora, leer en el cue y que le paguen muy bien, pero es la tele la que contrata a alguien solo porque lo peta mucho en los teatros para luego decirle que lea un guión que han hecho unos guionistas que no saben ni cuál es su rollo. En la propia tele ni se lo plantean. Ni se plantean que ese tío que lo peta sea parte creativa de un programa.

A.M: Lo más raro de la tele es eso. “Te contrato porque me mola lo que he visto que haces en teatro. ¿Te vienes a hacer una cosa que no tiene nada que ver?”. Hostia, ¿qué sentido tiene eso, coño? Pero así es como funciona la tele. Ya está.

¿Tiene algo que ver todo esto con el hecho de haber abandonado los tres Sé lo que hicisteis? ¿Sucedió algo que precipitase vuestra salida del programa?

A.M: No, en mi caso fue la sensación de estar haciendo lo mismo durante cinco años y que el programa ya estaba en una fase donde podías participar muy poco. Llega un momento en el que, cuando has comentado por décima vez que Matías Prats se ha trabado un poquito, deja de tener sentido. Dejó de ser divertido. Yo tuve un poco más de suerte que ellos porque empecé en un momento en el que el programa empezaba. La Sexta empezaba. Había una libertad muy salvaje. Durante algún tiempo viví algo que no era la tele. Era otra cosa, con otras reglas. Y poco a poco se fue convirtiendo en televisión. Creativamente, me parecía muy poco interesante. Tenías que decidir, después de cinco años, si querías hacer lo que decían unos señores o si cambiabas de aires y te ibas a investigar en otro sitio. En mi caso, fue por aburrimiento. No me divertía, y como cómico, si no te diviertes, no tiene mucho sentido.

A.C: En mi caso, más que por aburrimiento fue porque cambió el programa de un año para otro. Básicamente llegué un día y me dijeron que no contaban conmigo como imagen para el programa. Yo llevaba cuatro años haciendo sketches, presentando, etc. Y un día me dijeron que no iba a salir más. Que la gente que decidía no quería que saliese en pantalla.

¿Pero hubo un cambio de directiva? ¿A qué se debió ese nuevo rumbo que todos apreciamos?

A.M: Hubo un cambio de dirección…

A.C: Fue un cambio en la filosofía del programa. La dirección ya había cambiado a los tres años, pero no fue ese el problema. De un año para otro, después de Navidades, cuando llegamos nos dijeron que todo iba a ser distinto, que habría otra filosofía. Y a mí, además, me dijeron que no iba a salir más. Y me sentó bastante mal, porque me parecía injusto. Estuve unos quince días de guionista y al final lo dejé. Era un trabajo seguro, pero estaba cabreado por esa decisión. Simplemente, no me pareció bien y me di quince días para irme.

R.B: Yo ya había perdido protagonismo como cara del programa antes de esto, pero participaba como guionista en el guión de Ángel y al irse él dejé de tener motivaciones. Además, la nueva propuesta de escritura no era comedia. Un día llegó un jefe y dijo “esto ya no va a ser un programa de humor, va a ser un magacín”. Y si eres humorista no escribes magacines.

De hecho, os fuisteis y el programa cambió radicalmente.

A.M: Ya estaba cambiando. Mi sensación es que se estaba intentando cambiar y algunos estábamos peleando desde dentro para que no cambiara. Y eso impedía de alguna manera que el programa evolucionara en otra dirección. Al final no sabes si es mejor o es peor, pero algunos estábamos empeñados en que fuese un programa de comedia. Y llega un momento en el que decides.

R.B: Te retenían con promesas. Les decías que se había hablado de hacer comedia pero no se hacía comedia y te contestaban “venga, tienes razón, no te enfades, vamos a hacer comedia”. Pero la hacías al día siguiente y al siguiente ya no.

¿Creéis que el programa murió por el cambio de formato?

A.M: No, el programa murió por la cantidad de tiempo que llevaba y porque se perdió el norte. Llegó un momento en que nadie sabía de qué iba ese programa. Todo el mundo empezó a dar palos de ciego, todo el mundo empezó a tomar decisiones, y nadie sabía realmente de qué iba aquello.

A.C: Aparte de ese momento en el que se tomó la decisión de dar un giro, el programa ya llevaba más de un año cambiando poco a poco. Ya se habían tomado pequeñas decisiones. Desde fuera, si veías el programa a lo mejor te echabas unas risas, pero desde dentro ibas notando el cambio. Y de repente se impuso el nuevo rumbo y ya se notó más.

R.B: Fueron demasiadas cosas. El último año todo adquirió cierto aire de grandeza con el plató aquel, la escalera…

A.M: Todo era excesivamente grande, sí.

R.B: Pasó de querer ser una cosa que molaba porque era modesta, a querer ser el gran show que no era.

A.M: Se pasó de jugar a ser lamentables a pretender jugar a ser guays.

A.C: Es lo que hablábamos antes. Aquí, en España, llega un momento en el que alguien te dice “oye, que tú molas, que tú no puedes hacer esto porque tú molas”. Y en ese programa pasó eso. Un día llegó alguien que dijo “vosotros moláis, vosotros tenéis que ser la polla”. Y eso no nos vino nada bien.

R.B: Hubo una directriz que consistía en que no podíamos reírnos de la cadena ni de nosotros mismos. Y eso, como humorista, es una mierda. Reírte de ti mismo es lo que te legitima para reírte de los demás. Yo empiezo mi show diciendo que estoy gordo, y a partir de ahí puedo hacer las bromas de gordos que yo quiera.

Quizá esto sucediese así porque Sé lo que hicisteis era el programa de referencia de La Sexta, salvando el deporte.

A.M: Sí, estaban El Intermedio, Buenafuente y nosotros.

¿Y no os daba la impresión de que estabais manteniendo una batalla titánica con el mundo del corazón cuando quizá en la calle nunca llegó a existir un interés por ese mundo en la forma en que vosotros creíais que existía?

A.C: Estoy de acuerdo.

R.B: Siguiente pregunta (risas).

Confieso que a veces yo veía el programa y pensaba “no tengo ni idea de lo que me están hablando”.

A.M: Es que daba igual de lo que te estuviesen hablando. Sé lo que hicisteis consiguió hacer una cosa que muy pocos programas han conseguido, y es verdad aunque suene a tópico. Los que estábamos allí haciéndolo éramos muy colegas, y el lenguaje que usábamos era un lenguaje que no es el habitual en la tele. Hablabas como en la calle. Llegabas y decías: “Es lunes, vaya puta mierda venir a trabajar”. Y tú estabas en casa y pensabas “¿ha dicho ‘vaya puta mierda venir a trabajar?’”.

R.B: Se producía un cierto vínculo de identificación o familiaridad. Nunca se menciona cuando se habla del programa, pero era algo que te hacía conectar. La gente se daba cuenta de que éramos unos tíos que hablaban como ellos y que cuando veíamos esas cosas pensábamos que eran una mierda, como ellos. Lo del corazón tuvo sentido cuando empezó Sé lo que hicisteis, porque entonces en la parrilla había hasta diez programas de corazón. Pero al final, el único que quedaba era Sálvame y aquello perdió sentido.

A.C: Y porque, aunque hables de corazón, si pones unas imágenes de un programa, criticas a un periodista, y el que está en su casa ve las imágenes, se indigna y escucha tu crítica, le va a parecer muy bien, porque… menuda gentuza. Pero cuando ya no puedes poner eso y terminas tú hablando de corazón, y encima no te dejan poner las imágenes, te das cuenta de que a la gente que te está viendo, realmente se la suda.

[Por sentencia judicial, se prohibió a La Sexta usar imágenes de Telecinco en septiembre de 2008, N. del R.]

R.B: Hubo un momento en que fue interesante explicar las trampas de esos programas porque había gente que no las conocía, pero los mecanismos siempre son los mismos y deja de tener sentido explicarlos una y otra vez. Ya sabes cómo funciona un montaje. Sabes cómo funciona una exclusiva. Explicarlo cada vez se hacía cansino…

Bien, vamos a cambiar de tema. Ángel y Rober, vosotros tenéis vuestro propio espectáculo en directo. ¿Habéis notado en el sector el peso del aumento del IVA o creéis que el público está respondiendo igual a pesar del precio?

R.B: Mi espectáculo es buenísimo (risas).

A.M: Ha afectado negativamente, claro, pero asumes tú la subida.

R.B: Eso es. Yo he mantenido el precio de la entrada, así que el 13% de diferencia lo pierdo yo. Lo asumo yo de mi porcentaje de beneficio de cada actuación.

¿Creéis que afectará al consumo de cultura a largo plazo?

A.M: Ahora mismo el problema no es tanto la subida el IVA sino la sensación de caos y pánico que se está generando. De lo primero que te quitas es de esta clase de cosas. Si no sabes lo que va a pasar, lo que haces es no ir al teatro o no ir al cine. Ahora mismo hay un problema en la gestión de los teatros, y es que está en manos de gente que tiene una idea muy antigua del teatro. Siguen vendiendo entradas a 25 euros creyendo que la gente va a seguir yendo al teatro por ese dinero, y cuando les explicas que ya nadie paga eso, que hay que hacer ofertas, que hay que poner las entradas a 10 o 15 pavos, te responden que la gente al final va a ir a la taquilla y las va a comprar. No, la gente venía a la taquilla y compraba la entrada, pero ahora ya no porque no tiene pasta. O se ponen las pilas desde la gestión de los teatros, es decir, o te adaptas a todo lo que está pasando, o vete preparándote para cerrar tu puto teatro. Nosotros estamos en un teatro aquí en Madrid y cuesta mucho que entiendan que las entradas no pueden costar 20 euros. Porque nuestro público no es un señor de 50 años que tiene la vida montada, que tiene sus ahorros y destina parte de sus ingresos a ver nuestro espectáculo.

R.B: No es el público de los musicales, que se baja un fin de semana a Madrid con el plan de ver El rey león y visitar el Museo del Prado. Nuestro público está formado por chavales que estudian, gente que tiene su primer curro donde aún no gana mucha pasta…

A.M: Claro, los de los musicales no lo notan. Nuestro público es gente de entre veinte y treinta y pico años, y no pueden permitirse pagar 20 o 25 pavos. Y cuesta que quienes gestionan los teatros entiendan eso. Y es muy complicado, porque si ya estás ganando menos porque te estás comiendo tú ese 13%, al menos vamos a intentar que se venda el mayor número posible de entradas para que el espectáculo, por lo menos, se vea, que el boca a boca funcione y la gente venga más. Es un momento delicado. Y encima te da la sensación de que a los teatros, que también están ganando menos, lo único que se les ocurre es cobrar, en vez de 20 euros, 22. La gente ya no venía con 20, no va a venir con 22, tarado. Dos personas se gastarían 40 pavos, y con 40 pavos me voy a cenar por ahí, coño. Me voy a cenar.

R.B: Económicamente es lo mismo, y para el artista es mejor, hacer una función con cuatrocientas personas pagando 10 euros que con doscientas pagando 20. El teatro está lleno, se crea un clima mejor, y sobre todo la difusión es mayor porque es más gente la que ha visto la función.

Tiene que cabrearos un poco la postura del Gobierno…

A.M: Es una tocada de polla porque es absurdo. ¡Del 8% al 21%! No me jodas.

R.B: Sobre todo cabrean las excepciones. Al principio decían que los toros iban a mantener el IVA reducido. ¿Dónde está el criterio? ¿Por qué los toros sí y el teatro no? Es cierto que el teatro no es una fiesta nacional. Es solo una actividad cultural…

A.M: Creo que lo han igualado ahora.

R.B: Es que es una cuestión de pompa. El otro día lo hablaba con algunos actores y ellos decían que estaba pasando factura la pose del “No a la guerra” y todo lo demás. A los actores que les follen, que no están con nosotros. Un cuadro de Goya no tiene opinión. No tengo por qué subirle el IVA porque no ha protestado.

Un antiguo compañero tuyo de piso, Ángel, nos decía que los catalanes sois un poco hobbits porque tenéis miedo a todo lo que sea de fuera de la comarca. ¿Qué opinas?

A.M: Yo es que soy de familia andaluza. Mi madre es de Almería. Y no me he criado en Barcelona, Barcelona. Sí es verdad que ahora, cuando voy a Barcelona, me da una sensación, por lo que veo, como de una cosa muy cerrada. Es un poco aterrador. No soy muy partidario de la independencia, la verdad. Lo respeto, que cada uno piense lo que le salga de los cojones, pero no estoy muy metido en esa movida. Ni la sigo ni me interesa lo más mínimo. Es una lucha que si entendiera y me hubiera documentado sobre ella, podría opinar. Pero estoy muy ajeno a eso. Muy ajeno. Mucho.

¿Notáis diferencias en vuestra manera de hacer o entender el humor, teniendo en cuenta que uno es gallego, otro catalán y otro madrileño?

A.C: La verdad es que no. Y no creo que exista el humor madrileño como tal.

R.B: A mí, en las entrevistas que hago en Galicia, siempre me preguntan por el humor gallego. Es como si quisiesen crear esa imagen a la fuerza…

Hombre, existe una cierta imagen del humor catalán, por ejemplo, que en una época se asociaba un poco con Manel Fuentes y compañía.

R.B: Puede ser, pero yo no creo que exista el humor gallego. Es que si pienso en cómicos de Galicia, como Moncho Borrajo, Luis Piedrahita, Rober Bodegas, o Marcos Pereiro y Xosé A. Touriñán, veo que todos somos muy diferentes. Puede haber cosas idiosincrásicas que pueden influir a la hora de ser más irónico o lo que sea, pero no creo que exista el humor gallego como género. El humor de cada uno es una cuestión de influencias, como en la música. En base a lo que te gusta, construyes tu estilo.

Una última pregunta: ¿cuándo fue la última vez que llorasteis de risa?

A.M: Rober hace unos minutos (risas). La última vez que yo lloré de la risa fue en Galicia, con vosotros y José Lozano. No podía parar de reír y de llorar. Se nos fue bastante la pelota, delirando.

R.B: ¡La terraza de la vida! Qué paranoia… Estábamos en una terracita en la playa, todo muy de postal, con el atardecer, gente paseando… Y creíamos que todo eso estaba siendo coordinado por alguien. ¡Que pase una pareja y se bese! ¡Que se pose un pájaro y coma una miguita! Estaba coordinado por alguien porque era parte del negocio del bar. Se gestionaba para que tú estuvieses a gusto. ¡Era un plus que te daba ese bar! Qué locura… Pero la última vez que lloré de risa fue el otro día, viendo el final de la versión americana de La cena de los idiotas, que no la había visto.

A.M: Tiene momentos míticos esa peli. En cuanto a sketches, yo lloré viendo uno del Saturday Night Live en el que había un científico que decía que había conseguido que los monos hablaran. Entonces salía un tío haciendo de mono y sus primeras palabras eran “me ha violado”. Y el científico decía algo así como “bueno, no desviemos la atención, lo importante es que habla”. Me pareció oro. Lloré de la risa.

(risas) ¿Y tú, Alberto?

Con tono muy serio, Casado sentencia: “Yo no me he reído en la vida”.

Fotografía: Guadalupe de la Vallina


Goyo Jiménez: «La obligación del humorista es reírse de todos, como Aristófanes»

Podríamos definir a Goyo Jiménez (Melilla, 1970) como un humorista ilustrado. O como la víctima de la picadura de un payaso radioactivo según sus propias palabras. Además de pertenecer a la prolífica generación de comediantes de stand-up que recorren teatros y locales de toda la geografía nacional, ha trabajado en numerosos programas de televisión y tiene un lado oscuro como actor serio, director, guionista y “lo que surja” en el mundo del espectáculo. Actualmente compagina su labor como presentador de No le digas a mamá que trabajo en la tele con las representaciones en directo del monólogo Aiguantulivinamerica, la puesta en marcha de uno nuevo y las actividades fisiológicas propias de cualquier ser humano. La entrevista tuvo lugar en La chocita del loro de Gran Vía de Madrid, poco antes de salir al ruedo y lidiar con las dos horas de soliloquio enardecido  que recita varios días a la semana.

Estudiaste Derecho y Arte Dramático, disciplinas muy distintas. ¿Te sirvió de algo estudiar cualquiera de ellas? 

Sí, todo lo que estudia uno, si lo estudia bien, le sirve. Sobre todo en este trabajo que tengo yo que consiste en ser un océano de sabiduría con un dedo de profundidad. Todo me ha venido bien; me encanta la Historia, la estudio por mi cuenta; me gusta la Física, sobre todo la Física del Cosmos; me gusta estudiar Publicidad… al margen de las licenciaturas o carreras a las que haya podido acceder, me gusta estudiar de todo. En este trabajo tienes que tener una capacidad de recurso, que es lo que te hace marcar la diferencia con los otros: el poder hablar con cualquier espectador de cualquier cosa.

Los conocimientos en Derecho también te pueden servir para defenderte de lo dicho en un escenario.

 Exactamente, en más de una ocasión.  Además, trabajando en televisión, te viene muy bien saber de Derecho para saber dónde está el límite. Yo a veces gastaba una broma: tenía un Código Penal al lado de la cama y cuando llevaba a una chica le decía “espera un momento, me voy a asegurar de que lo que te voy a hacer no es delito”.

Si tuvieras que ejercer de abogado, ¿preferías defender al diablo o estar en la acusación contra Dios?

Si tengo que ceñirme a los estrictos principios de la abogacía mi obligación sería defender al diablo, porque hasta él tiene derecho a una defensa; y, en cuanto a Dios, lo complicado sería entregarle la orden de comparecencia. A ver qué agente judicial se le acerca. Al diablo es fácil encontrarle, hay un montón de sitios que frecuenta.

Se podría decir que eres un hombre muy precoz. En tu página web pone que desde los 18 años eres autor, director y actor y que has interpretado obras de teatro greco-romano, contemporáneo y obras del teatro clásico español (Cervantes, Lope, Tirso, Shakespeare, Molière). Mucho cuidado no es que hayas puesto en la web…

No, la verdad es que no, Además, es de mi ex. Pero, efectivamente, he tenido la fortuna de tocar un montón de palos en proyectos diferentes. Lo de ser precoz me lo ha dicho más de una mujer y la verdad es que yo me subí a un escenario muy jovencito. La primera vez fue en una de esas obras de la escuela, en la que me daban a mí el papel que tenía más texto porque tenía buena memoria; y de ahí que me dijeran que valía para actor —solo por la cuestión de la memoria— y eso me fue llevando por estos derroteros; y, bueno, he comido de esto, he podido vivir de esto desde muy joven. Igual he trabajado en escenografías, que he iluminando, que he llevado el sonido… he hecho absolutamente de todo, me ha ido bien y he sido feliz. Ese es el resumen que hago. He tenido la suerte de que todos los trabajos que he tenido, salvo rara excepción, me han gustado.

También ofreces en tu página links a  You Tube de tus monólogos que ya no están disponibles por infracción de derechos de copyright. ¿Cuál es tu opinión acerca de los derechos de autor? 

La verdad es que tengo la página como la tengo porque soy un desastre. Antes que autor soy un desastre. Además, como tengo tantísimo lío no me he podido ocupar de la web. Mira, como abogado (ríe), los romanos tenían una ley que se llamaba tabula picta según la cual tenía más valor lo que se había pintado en la tabla que la tabla misma, es decir, el Tribunal Romano le daba la razón al artista porque era el que había pintado. Yo creo que la propiedad intelectual debe existir y debe estar controlada, que debe ser del que la ha generado y que tiene que tener los medios para controlarla. De ahí a todo lo que se ha generado con las sociedades, sobre quién tiene más derechos, si el autor o el interprete… Creo que sin propiedad intelectual se acaba el mundo del creativo. Yo no voy a la panadería a llevarme el pan sin pagar. Te he contado todo este rollo romano para venir a decir que esto ha sido así siempre. Zorrilla murió en la miseria porque vendió los derechos de Don Juan Tenorio a un editor por una cantidad irrisoria y como la ley de entonces no le permitía cobrar derechos de autor, cada vez que se representaba la obra él tenía que ver que aquello era un éxito y no cobrar un duro.

Todos los humoristas a los hemos entrevistado te han nombrado como un referente en el panorama actual, ¿cuáles con los tuyos?

Lo primero, dar las gracias a todos los que me han nombrado por ser tan buena gente. Actualmente tenemos un panorama muy rico en el mundo del humor, no sé si es por la crisis que la gente tiene necesidad de reír. Estamos conviviendo los que fueron nuestros maestros, los que fuimos aprendices y gente que está llegando muy buena. De Faemino y Cansado soy fan a muerte desde que tengo uso de razón. Luego he tenido la suerte de trabajar con gente a la que admiro, como José Mota, con el que en muchas ocasiones he tenido que parar de grabar porque me entraba la risa. Considerando humoristas a la gente que genera su propio material y lo pone en escena, ya sea en radio, televisión, cine o teatro pues: Santiago Segura, Miki Nadal, que me ha enseñado a hacer humor en televisión, Dani Rovira, que trabaja conmigo en el programa y es un tipo que me hace mucha gracia. Tengo una plantilla estupenda: Daniel Perdomo, Raúl PérezIñaki Urrutia… Hay un panorama tan amplio: Ángel Martín, Quequé, Leo Harlem, Dani de la Cámara… En este mismo teatro tenemos a Luis Piedrahita. Es un abanico creativo con estilos muy diferentes. Hovik, yo os recomiendo mucho a Hovik, que es un señor que era boxeador y que tiene una pluma exquisita…

Lo entrevistamos, ha colaborado con la revista posteriormente y hemos venido a verle actuar aquí, en la Chocita del loro. Es genial.

Sobre todo es que él está en otro terreno, trabaja entre la poesía y el humor. Se sitúa en esa delgada línea que separa la tragedia de la comedia y juega con esas tensiones muy bien. Lo que destacaría sobre todo de estos últimos años del humor es que cada vez hay más humor y menos parodia, menos gracieta. Se ha dado importancia al texto, a la idea; hemos prescindido ya del chiste de digestión rápida y hemos pasado al espectáculo, donde se exponen ideas.

Te voy a transmitir el comentario de un lector cuando entrevistamos a Quequé y hablábamos de esto mismo, nos decía: “también estaban como monologuistas Manolito Royo, Fernando Esteso, Andrés Pajares y otros muchos que pululaban por las salas de fiestas. Pero creo que los monólogos de antes de El Club de la Comedia estaban dirigidos a un público más amplio de lo que están ahora. Por ejemplo, Goyo Jiménez hace referencias que mucha gente no sabe de que está hablando…”

No, no estoy de acuerdo. No me voy a meter a valorar lo de los demás ni nadie pretende despreciar el trabajo de otros. A mí hay muchas cosas de Fernando Esteso y de Andrés Pajares que me han hecho reír, pero son gente que contaba chistes. De momento prescindes de la autoría. Cuando escribes algo no te dedicas a contar chistes. Yo cuando monto un espectáculo lo que hago es analizar situaciones, es más, ni siquiera me preocupa rematar en una pegada cómica; estoy analizando fundamentalmente una cosa: la estupidez. Por ejemplo, la primera estupidez que analizo en este espectáculo que represento dentro de un rato es la de dar por hecho un background americano y decir “esto es bueno y lo otro es malo”; aquí todo el mundo dice que el cine español es malo, pero parece creíble que todos los teléfonos empiecen por 555 o que cuando empujan a un tipo por la calle y se da un hostiazo digan: “tenga cuidado amigo, mire por dónde va”. Si hubiese nacido en la época romana, estaría haciendo observaciones sobre el humor íbero y sobre cómo los romanos nos estaban cambiando. No me preocupa el acabado del chiste, me preocupa el mensaje que estoy lanzando. Es otro tipo de trabajo. Hovik hace un trabajo que te hace reflexionar sobre otras cosas. Luis Piedrahita analiza los comportamientos ridículos con las cosas pequeñas. No es ni en técnica ni en contenidos la misma situación que contábamos antes.

Gila sí hacía esto. 

Ves: sí. O Ramper, incluso, que era anterior. Gila está riéndose de la guerra, de la estupidez humana. Vamos a entender una cosa, y no me estoy comparando, El Quijote es un libro de humor, así lo concibió Cervantes y tuvieron que venir unos exégetas alemanes en el s. XIX a decirnos: “no, no, esto es un libro mucho más profundo”; pues alguien tendrá que venir a decirnos que Gila es mucho más profundo de lo que en su momento parecía, pero tendrá que pasar mucho tiempo para que valoremos la estupidez que refleja este señor cuando se ríe de una guerra, ¡un señor que ha vivido esta guerra, al que se fusiló y que se salvó porque no le dieron el tiro de gracia! Si eso es comparable a contar  un chiste sobre preñar a la secretaria o acostarse con la vecina… No. Son dos técnicas, dos mensajes, dos maneras diferentes de hacer humor. Insisto: con todo el respeto a todos, porque los ha habido muy buenos. ¿Sabes quién hacía este tipo de cosas? Pepe da Rosa padre, yo recuerdo las grabaciones que escuchaba en mi casa y era un tipo que se ponía a hablar de la mitología griega desde el punto de vista de un andaluz. Eso no eran chistes. Un chiste es una gracia genérica de autor anónimo que vuela de boca en boca. Cuando alguien prescinde de la autoría ya no es un humorista, en mi opinión; es un cómico o un contador de chistes. Es un intérprete, pero no un creador. Y es una cosa que reivindico: la diferencia entre esta hornada y la anterior es que nosotros creamos nuestro trabajo, lo ponemos en escena y lo interpretamos. Lo digo por mí y por todos mis compañeros. Pero por mí el primero (ríe)

¿Qué tipo de humor sobrevive al paso de los siglos como texto en sí y qué tipo de humor solo sigue haciendo gracia según de hábil sea el comediante que interpreta?

Basta con leer a Ovidio, a los mimiambos griegos o a Aristófanes para entender qué tipo de humor nos sigue haciendo gracia. Aristófanes hacía chistes sobre los políticos corruptos, y piensas: qué poco hemos cambiado. Es curioso, porque en la época franquista se hacía y gustaba mucho Aristófanes precisamente porque se metía con la democracia, porque insultaba a los demócratas atenienses llamándoles corruptos, entonces la intelectualidad lo identificó como un humorista reaccionario y retrógrado, cuando en realidad ha sido el máximo exponente de la libertad de expresión, que es decirle a los mandatarios que tenía sentados en primera línea lo que pensaba de ellos, a través de su actores. Mark Twain: miras EEUU y sigue igual que cuando él escribía. Jonathan Swift  bromeaba con el exceso de natalidad en Irlanda, el hambre que pasan y  propone, él como irlandés, que se coman a sus hijos para resolver tanto el exceso de natalidad como el problema del hambre. El humor moderno es el humor anglosajón y el humor literario. En este país hemos tenido unos exponentes que han estado, otra vez por motivos políticos, minusvalorados, como Jardiel Poncela, Miguel Mihura, que eran personas que vivían de su ingresos teatrales o periodísticos y que tenían una mente evidentemente conservadora,  y aquí muchas veces hemos juzgado el talento en virtud de la posición política del autor. Esto nos ha llevado a dejarnos de reír de según qué cosas. Creo que el humorista debe ser una persona absolutamente libertaria y no debe afianzarse a ninguna idea política porque se estropea como humorista. La obligación de un humorista es reírse de todos, como Aristófanes; de la derecha, de la izquierda, del centro, de la iglesia, de anticlericalismo, de Mahoma… Por Dios, después del esfuerzo que le ha costado a Europa liberarse de sus fantasmas y poder reírse de las religiones, ¿no vamos a poder reírnos de esto?

¿Crees que ahora la corrección política ejerce el papel de la censura?

Sí, por supuesto. Es una cosa que yo he llegado a decir en este espectáculo: miramos al de al lado muchas veces para saber si me debo reír o no,  miramos a ver cómo se está riendo la platea para ver si en según qué momento se le tensa el culillo al público; pero además con cosas absolutamente estúpidas, basta con que menciones “terrorismo” o “violencia doméstica” para que la gente se tense. Hay un chiste sobre bombas, sobre cómo las hacen los americanos que “tú la ves y dices, sí señor, esto es una bomba, con sus cables, su reloj… aquí la meten en una olla o un tupperware. Es que son mierdas hasta para hacer bombas” y hay un momento en que la gente se plantea ¿me debo reír de esto o no me debo reír? Esto a mí me interesa como ingrediente, no como constante ni como línea de definición de un espectáculo, pero sí me interesa que la gente se plantee de qué coño se ríe. ¿De qué te ríes, tío? No hay cosa más reconfortante que reírse, pero visto desde fuera no hay nada más cruel que ver a alguien riéndose, porque la mueca de la risa es la más cercana a la crueldad. En mi nuevo espectáculo, que estoy rodando fuera de Madrid y que se llama “En verdad os digo” hay un momento en el que digo que estoy absolutamente en contra del racismo y que no soportaría que nadie entre el público fuera racista, que estoy dispuesto a devolver el dinero de la entrada al que sea racista y pido que levante la mano. Nunca la levanta nadie. Entonces digo que si hay alguien racista pero no se atreve a confesarlo, yo tengo un método para erradicar el racismo y consiste en exterminar a todos los gitanos y a todos los bomberos. Y pasa lo que te está pasando a ti ahora, que la gente se pregunta: ¿y a los bomberos por qué? Pero nadie se pregunta por qué a los gitanos.

Eso es como lo del código militar aquel que aconsejaba no juntarse con gitanos ni murcianos.

Ah, no, eso es de la Real Pragmática, que decía algo así como “prohibida la entrada a gitanos, murcianos y gente del malvivir”. Aclaro que no es murciano porque sea de Murcia, sino porque “murciar” en castellano cervantino, en germanía, es robar.

Pero al entenderlo como natural de Murcia, se pregunta lo mismo: ¿los murcianos por qué?

Efectivamente. Es como cuando alguien dice “yo no tengo nada en contra de los homosexuales, yo tengo muchos amigos homosexuales”. La gente alardea de los muchos amigos homosexuales que tiene, ¿entonces qué problema hay con la homosexualidad en la práctica si son nuestros amigos? Javier Veiga hacía una línea que se situaba muy al límite, porque decía “estoy en contra de la violencia doméstica, en mi casa no se puede bromear con la violencia doméstica, el día que a mi mujer se le ocurra hacer un chiste de violencia doméstica le meto una hostia que le arranco la cabeza”, el público no sabía si reírse o no. Es el clásico chiste por contradicción, de línea fácil, pero que pone a la gente en esta situación de preguntarse “de qué me estoy riendo”. El humor debe de abarcar todo lo que no haga daño personalmente, es decir, yo estoy totalmente en contra de hacer chistes de “Fulanito Pérez Martín” porque es un hijo de puta y me voy a reír de él. No soporto el humor con nombres, los chistes de Carlos Sainz, de Falete, de Melendi… no los soporto. Es el recurso de la falta de talento. Cuando no sabes qué hacer, tiras del pobre Carlos Sainz. En mi opinión, habría que hacer un chiste sobre el que se ríe de Carlos Sainz. Propongo una cruzada para erradicar esos chistes.

¿Y qué vamos a hacer sin chistes de Carlos Sainz?

Y sin los chistes del tanga de Falete, ¿verdad que sí? Pero es que, ¿ves?, un humorista de verdad hace esta queja y luego dice: esto me agobia más que el tanga de Falete.

Cuando hemos hablado con otros humoristas nos han manifestado su desinterés por trabajar en televisión. Javier Coronas en concreto nos dijo: “si quieres la televisión pase lo que pase tendrás que hacer cosas que luego no podrás contar a tu madre, como el programa de Goyo Jiménez. O que venga un amigo y te diga: “Vaya mierda de programa haces, me gustabas más en…”  ¿Te has sentido así en televisión?

 Como te he dicho al principio, he hecho muchos trabajos, de todo tipo, y en todos he sido muy feliz. He tenido un ingrediente, dos, tres… todos, que me han llevado a la felicidad. Evidentemente, trabajando en televisión hay cosas que te gustan y cosas que no, como trabajando en el teatro. Te puedo hablar de todas las veces que he trabajado en televisión y de lo que me ha gustado o no; ahora estoy presentando y esa es la parte diferente. Parece que presentar un programa te convierte en la cara visible, si las cosas van bien dices “hay un equipo detrás” y cuando vas a recoger premios dices “quiero agradecer a todo el equipo…” pero cuando va mal, las hostias para el presentador. Propongo que cuando las cosas vayan mal le pase el marrón a todo el equipo y cuando recoja un premio diga “esto me lo he ganado yo solo, que le den por culo a la gente”. Yo tengo un equipo con el que me lo he pasado muy bien, puede que nos hayamos equivocado en la elección del proyecto, del formato… Uno no tiene el control del trabajo. Hay una serie de creativos que son los que plantean en qué dirección tiene que ir el programa y uno tiene que ser un profesional, cuando estás ejerciendo de presentador, que intente llevar el planteamiento de quien dirige y quien crea hacia delante. Esa es mi labor en ese programa. Estoy presentando. Si yo hiciese mañana mi show y tuviera la capacidad de decidir hacia dónde va, pues lo haría de otra manera. Ahora estoy presentando un programa, simplemente eso. Y podré estar más o menos de acuerdo con lo que estoy haciendo —que ya te digo que como en todo habrá cosas que me gustan más y otras menos— pero te aseguro que no será por falta de esfuerzo del equipo, porque se han dejado la piel del primero al último, ni será porque Mediaset y la cadena no nos hayan dado todas las posibilidades del mundo, porque nos las han dado. Quejas cero. Yo entiendo que la gente se pueda sentir defraudada y diga “me gustas más cuando haces otras cosas que cuando haces esto”. ¿Quién acaba decidiendo lo que permanece y lo que no? En el teatro la entrada, en la televisión la audiencia; pues bueno, pues si al final no tenemos la audiencia suficiente nos tendremos que ir a nuestra casa y ya está.

Ahora os han cambiado de  horario.

Porque estamos mal de audiencia, no te lo voy a negar. Además es una franja complicada. A mí me han dado todo tipo de retos, por ejemplo, yo trabajé con José Mota y mi labor con él consistió en ayudarle a orientar una carrera que venía de veinte años casi de pareja y transformarlo en otra cosa. Y nos podíamos haber hostiado perfectamente, pero salió bien; entonces eres estupendo y todo es maravilloso, si llega a salir mal, pues qué le vamos a hacer. No voy a dejar de hacer trabajos porque salga pueda salir mal, si me convencen. Yo acepté este trabajo fundamentalmente por la persona que lo estaba generando, Ángel Ayllón, al que quiero mucho y tengo un gran respeto, que es el creador de Sé lo que hicisteis y el último director de El Club de la Comedia cuando estaba yo. No voy a decir ahora, como ha ido mal de audiencia, que la culpa es de otros. La culpa es de que las cosas no cuajan, no funcionan por muchísimos motivos.

En alguna ocasión os han acusado de ser una imitación. Vosotros mismos os parodiáis haciendo imitaciones, por ejemplo, de El Hormiguero.

Nosotros empezamos el programa con una sección que se llama “Culo veo, culo quiero” en la que vamos a hacer lo que hacen otros, de forma descarada. ¿Qué era Tonterías las justas? Era una imitación de Sé lo que hicisteis cuando arrancó, hasta que tuvo su propia personalidad. El hormiguero se ha dedicado a traer secciones sacadas de otros programas, cualquier persona que vea un poquito de televisión internacional se da cuenta. Cuéntame, que es la serie más valorada de la televisión española, es Aquellos maravillosos años. Es que en la televisión está todo inventado desde los años cincuenta.

En la franja horaria de tu programa el líder en audiencia es Amar en tiempos revueltos.

Por supuesto. La televisión tiene que entender que el fraccionamiento que ha habido conlleva otro tipo de audiencias. El programa que hace Javier Coronas, en el que he estado y del que me declaro seguidor, tiene una audiencia mínima que puede tener hueco en una televisión temática determinada.  Las generalistas -por llamarlas generalistas, porque ahora están todas igual en la parrilla digital- se tienen que dar cuenta de cuáles son sus nuevos objetivos, su target de público y a qué pueden aspirar. Porque no es un problema nuestro solo, es un programa de la tarde de la cadena y de la tarde de La sexta y de muchas cadenas. Yo me fui de Antena 3 después de hacer UHF y nos decían que un 17% que hacíamos por la noche no era suficiente, porque estaba Sardá cosechando un cuarenta y tantos. ¿Dónde está la sensatez? Está en lo que tardan la publicidad y las cadenas en adaptarse. Muchas veces pasa como en las empresas: no se trata de ganar más, sino de reducir costes; es decir, hagamos un programa más modesto. Si de algo me arrepiento de este programa —que te vuelvo a repetir que estoy encantadísimo de haber trabajado en él— es de no haber tenido más margen de locura, de decir “que le den por saco a todo, vamos a hacer lo que nos dé la gana y si nos quieren ver que nos vean y si no, no”, porque al final uno ha de fiarse de lo que le hace feliz, de lo que gusta hacer.

Yo os he ido viendo de forma esporádica y me parece que empezasteis mal, al cabo de un tiempo sí se os veía con más naturalidad, pero supongo que ya no habías captado a la audiencia.

Hemos tenido momentos de audiencia que han estado bien, en que hemos superado a Otra movida. Tonterías las Justas arrancó con unos resultados pésimos en Cuatro. La cadena nos ha dado oportunidades y nos ha cambiado de horario para reubicarnos. Intenta salvarnos porque nos ve trabajar con ganas, pero es un programa con varios handicaps, con un equipo formado para una determinada cosa. Es como cuando te planteas por qué el Madrid no lo gana todo sobrado. Pues yo qué sé. Nosotros hemos tardado mucho en encajar entre colaboradores. Y ahora hay una empatía maravillosa, pero hemos tardado mucho, más de lo que da el tiempo en televisión. Pero de verdad te lo digo, incluso con ternura, que es de esos proyectos en los que te fastidia, porque miras a tus compañeros y dices “joder, es que son muy buena gente”. Soy el primero que ha pensado que a lo mejor el presentador no ha calado y no he sabido generar esa empatía para que un proyecto cuaje, y se lo he dicho muchas veces al productor: si me tengo que ir a casa, me voy y buscas otro presentador que solucione el problema. Lo que a mí me preocupa desde el primer día es el resultado general, si no, no me hubiera metido, porque sabía que las hostias iban a ser para mí. He intentado implicarme en todo lo que he podido, en todo lo que se me ha permitido, pero yo al fin y al cabo soy el presentador.

Trabajaste con La Fura dels Baus, ¿cómo son las cenas de empresa en la compañía?

 Bueno, hace tiempo que no sé de ellos, pero hace mucho que dejaron ya de ser punkis; han pasado de okupas a tener una masía en el Pirineo.

Y ahora trabajas para Vasile.

Con Vasile he tenido oportunidad de hablar una vez y me ha parecido un tío muy divertido, te lo digo en serio. No tengo más elementos de juicio que la breve entrevista que tuve con él y me pareció un tipo muy ingenioso; muy fino, muy fino, muy fino. Yo estudié Comedia del Arte en Italia y es ese humor italiano, destilado, fino.

A tu predecesor no le despidió muy elegantemente.

Sí, bueno, cada uno cuenta la corrida según le ha ido. El día de mañana a lo mejor te llamo y te digo: oye, quiero rectificar porque Vasile me ha pegado con un palo en la espalda; pero de momento… Jesucristo decía: Por sus acciones les conoceréis y no por sus palabras. Yo no he tenido más que buenas maneras y, ya te digo, cualquier otro programa con esos resultados estaría fuera hace tiempo y se nos ha mantenido en confianza.

En el mundo del humor ¿ser de Albacete es jugar con ventaja?

¿Sabes qué pasa? Que Albacete es una ciudad muy franca, muy abierta, en la que se conserva lo mejor del pueblo a la vez que es muy cosmopolita y entra lo mejor de fuera. Lo bonito es eso, que sigues manteniendo esa filosofía pueblerina pero de repente tienes unas ínfulas de ciudad del mundo, que es lo que es Albacete. Ya lo decía Azorín: la Nueva York de La Mancha, y no lo decía solo por el skyline que hacía Albacete cuando se acercaba por la carretera, sino porque es cierto que es una ciudad de gente industriosa, que ha viajado mucho, que se ha ido fuera y ha vuelto con innovaciones. Este humor albaceteño se ha plasmado a raíz de José Luis Cuerda que —sin ser de Albacete, porque es de Madrid— se fue a vivir allí por una historia muy divertida, por una casa que su padre ganó jugando al póquer. José Luis entró en contacto con Albacete y con el espíritu manchego y le salió esa película maravillosa que conocemos todos que es Amanece, que no es poco. En Albacete había dos o tres compañías de teatro y aquello nos impresionó, nos marcó eso de vernos desde fuera y decir “ah, pues somos graciosos”. El caso es que nos echamos a las derroteras; yo venía haciendo humor desde siempre y luego tuve oportunidad de contactar con Raúl [Cimas], con Ernesto [Sevilla], con Joaquín [Reyes]. Lo primero que hicimos en plan serio fue haciendo club de la comedia juntos en Albacete, ellos se marcharon a Paramount y yo al El Club de la Comedia. Luego se ha juntado que yo empezara a trabajar con José Mota, que es de Ciudad Real, y utiliza un lenguaje muy propio de La Mancha próxima a Andalucía,  la de Don Quijote. Cuando me puse a trabajar con él lo traicioné, porque en las temporadas anteriores ya tenía agotada su terminología de Ciudad Real y empecé a meter palabros albaceteños, pero además le engañe porque metí cosas de Quevedo y de Góngora y él las decía todo convencido. Luego salió una maravillosa columna de Raúl del Pozo en El Mundo felicitando a la sección de El tío la vara, que la escribía yo, porque recuperaba lo mejor de lo gongorino y lo quevedesco. Fue muy divertido el experimento. Pero lo cierto es que muchas palabras que se utilizan en los pueblos no son otra cosa que castellano antiguo, si te dicen que “sagato” que has liado, se refieren a una palabra que es prácticamente fabla aragonesa en la zona manchega, que significa “humareda”.

Se rumorea tu nombre como posible conductor de “Academia de sexo”, ¿tienes alguna formación especial en el tema para enfrentarte a este reto?

Sí, claro. Evidentemente (ríe). Soy un magnífico amante con una dilatada experiencia sexual. No, a ver: yo tengo un perfil de presentador que consiste en que tengo una cultura amplia que me permite ocuparme de determinados aspectos; cuando la cadena, o en este caso la productora, te pide hacer una prueba —en la que a la vez tú pruebas si te gusta el proyecto— pues es en función de eso, de poder transmitir una serie de ideas con soltura, con naturalidad y poder aportar. Sé lo que es un prepucio, sé lo que es el punto G y tengo determinadas nociones biológicas básicas para saber de lo que estás hablando, cosa que ahorra mucho trabajo. Ya te digo que esto fue un poco probarnos ambos.

Te vamos a poner a prueba. ¿Tú sabes algo del sexo con pulpos?

¿Del sexo con…?

Pulpos.

Sé que Troy MacClure lo hacía con pescados. Yo el sexo con pulpos lo he probado pero más en plan bondage: en lugar de usar cuerdas utilicé pulpos de los de sujetar la vaca del coche, que son muy prácticos.

Para despedirnos, háblanos de tu próximo espectáculo teatral.

No sé cuando lo voy a poder estrenar, porque sigo vendiendo entradas de Aiguantulivinamerica, se me ha parado otro espectáculo intermedio que estoy haciendo en otras salas, que es Al fin solo, y este último, en el que estoy trabajando y con el que estoy apasionado, cuyo título provisional es En verdad os digo que, como su propio nombre indica, tiene mucho de evangélico, en cuanto que se trata de hacer una revelación y en el que yo me creo un iluminado. Habla de las verdades del barquero, de las cosas que nos han conducido al sitio en que estamos. Empezando por la mercadotecnia, siguiendo por nosotros que hablábamos del dinero que costaban los pisos como si lo tuviéramos, de los pisos como si fuesen nuestros sin recordar que son de un banco, de nuestras mujeres y nuestros maridos como pensando que nos van a querer toda la vida… en definitiva, la falsedad en la que vivimos, impuesta o sostenida por nosotros mismos. La única verdad es que te vas a morir. El reto para mí es hablar de todo esto haciendo reír. Y, sobre todo, si hay una solución. Una cosa que me llama la atención es que te acercas a las estanterías de libros de sociología en cualquier tienda y te encuentras un montón de admiraciones: ¡Indignaos!¡Revelaos! ¡No os conforméis!

“¡Iros a tomar por culo!” como decía Xavi Puig hace poco en una parodia en El Mundo Today.

(Risas) Esa es la solución, decir todo entre admiraciones. La solución, no nos engañemos, no consiste en que ahora tenemos que ser más productivos que los chinos; la solución es convertir a los chinos en españoles: hacer que tengan siesta, que sean tan vagos como nosotros, tan quejicas como nosotros, que tengan cientos de sindicalistas, de concejales… O sea, transmitirles todo lo que nos ha frenado a nosotros para frenarlos a ellos. De la misma manera que cuando llegamos a América los destrozamos con la viruela y el sarampión, destrocemos a los chinos con nuestro modus vivendi y verás cómo el mundo se hace español y no al revés. Esta es la idea que transmito en el espectáculo. A mí no me joden la vida y me hacen trabajar más, me ha costado mucho llegar a un modo de vida, ¿la solución va a ser que volvamos a ser esclavos? No, señor, no. Lo irritante de este asunto es que yo entiendo que los alemanes, que venden más de cien mil millones de euros a los chinos, es decir, que tienen la balanza de pagos positiva, quieran tener relaciones sin impuestos con China; pero nosotros compramos a China sin impuestos de exportación para que venda Alemania, porque estamos en la UE, porque nosotros vendemos una mierda y sin embargo comprar todo lo que compramos a China sin impuestos se ha cargado el textil, el calzado, la juguetería… Para que los chinos produzcan como producen sus trabajadores no tienen derechos, tienen que trabajar a destajo… ¿de verdad queremos ser así? No creo que sea el camino, aunque tampoco lo es ¡Indignarse!

 


Hovik: “El público no es mi amigo, cuando salgo al escenario los quiero matar”

Hovik Keuchkerian nos recibe —o más bien debería decir que nos acoge— en su gimnasio en el madrileño barrio de Hortaleza donde le paran a cada paso para saludarle. Pero su popularidad no se debe a la reciente fama televisiva por interpretar a Sandro en la serie Hispania ni a su ya larga trayectoria como monologuista; nos cuenta que la fama no ha cambiado nada su vida en el barrio, su reconocimiento se debe al trabajo durante quince años al frente del gimnasio HK y, sin duda, a la afabilidad de estos casi dos metros de boxeador —dos veces campeón de España de los pesos pesados—, humorista, actor y poeta.

¿Qué opinas de que en algunos medios de comunicación el manual de estilo o la política editorial prohíban hablar de boxeo?

Como vivo bastante alejado de las prohibiciones, me molestan en general. En el caso de un deporte como el boxeo, en el que la prohibición nace de un desconocimiento total y absoluto, pues imagínate. Muchísimo más cuando un grupo de personas deciden en un despacho el futuro de muchos deportistas que no van a poder llegar a hacer una carrera deportiva seria; desgraciadamente en este país el boxeo no funciona mucho, quitando dos o tres boxeadores que han dado el salto. Pero a la gente que supuestamente decide esto yo no la conozco, he sido nueve años boxeador y no me he encontrado con ningún político ni periodista que esté en contra del boxeo. Debe de ser que hay determinada gente que no quiere que salga. Luego hay otro problema: que habría que hacer una reforma importante de cómo se organiza el boxeo en este país para que puedan entrar empresarios serios, porque el éxito de todo deporte hoy en día pasa por convertirse en negocio.

¿Tu experiencia en el boxeo fue mala en algún sentido?

Fue mala porque al final lo tuve que hacer yo todo y era muy complicado. Un boxeador tiene que boxear, un promotor se tiene que encargar de promover y un entrenador de entrenar. Cuando lo haces tú todo, lo haces mal. Acabé un poquito “quemadete”.

¿Qué opinas de que el boxeo esté perdiendo cartel frente a las artes marciales mixtas y otros tipos de combate más extremos?

Las MMA es a donde ha evolucionado el Vale Tudo, que conocemos ya desde hace unos añitos, y vienen de EEUU donde están funcionando muy bien. Yo he entrenado WFC y me parece súper completo y muy duro, pero estéticamente no me gusta tanto como el boxeo. En América mueve muchísimo dinero, a lo mejor hasta arranca eso aquí en España antes que el boxeo. Pero el boxeo tiene aquí muchísima afición, muchísima. Marca TV da muy buenas audiencias cuando pone boxeo.

Se dice que la WFC es menos peligrosa que el boxeo, ¿puede deberse a esto que esté mejor visto?

Efectivamente el WFC es mucho menos lesivo que el boxeo. En primer lugar porque puedes jugar con una variedad de golpes y puedes tirar a sitios a los que en el boxeo no puedes —en el boxeo el 80% de los golpes van a la cabeza—, el WFC es pelea de suelo, pelea de pie, una mezcla de todo; y luego mira los guantecitos que llevas, a la que te equivoques dos veces se ha acabado la pelea. Puede haber un cúmulo de castigo, pero una vez que tienes al rival inmovilizado en el suelo, ¿cuánto tiempo le puedes pegar hasta que el árbitro para la pelea?, ¿diez segundos? En cambio un combate de boxeo es más dilatado en el tiempo y es bastante más dañino. Pero bueno, también te pueden matar si toreas.

Hubo una época en que se retransmitía boxeo en canales generalistas, pero no acabó de cuajar.

Pero porque se hizo muy mal. Siento decirlo, pero se hizo muy mal. Otro problema es que hay muchas cosas de las que no se habla. Cómo está el boxeo en este país lo saben todos los grandes periodistas deportivos. Pero no debe de interesar, porque no sale un solo reportaje en serio.

¿Muhammad Ali es la mayor figura deportiva de todos los tiempos?

Para mí Muhammad Ali es el deportista más grande de todos los tiempos, sí. Considero que es el único de la historia que ha trascendido a su deporte. Era un líder, no para un pueblo, sino para una raza. El campeón del mundo de los pesos pesados negro más joven hasta la llegada de Tyson. Un hombre que tenía una cabeza… fue boxeador como podía haber sido político o lo que quisiera.

Humillaba verbalmente a sus rivales, a veces con bastante mala leche.

Es que él se sentía —no lo conozco personalmente por desgracia, pero así lo creo— superior a sus rivales. No ya como boxeador, sino como persona. Se veía más capacitado que cualquier otra persona para afrontar cualquier tipo de reto, pero creo que también tenía que ser muy humilde, porque si no, no sería el campeón que es. Calentaba los combates, pero no se puede ser un campeón tan grande sin tener humildad. Para mí es un referente, desde luego.

Mike Tyson, que tanto bien hizo al boxeo al principio de su carrera, terminó haciéndole tanto o más daño al final.

La de Mike Tyson es una vida tan complicada que, hablar de ella… (Ríe). Podría haber sido el mejor peso pesado de todos los tiempos. Un peso pesado contemporáneo —de la época de los noventa, finales de los ochenta—, con 1,79 m de altura y 100 kilos de peso, lapidar como lapidaba a los rivales era una cosa espectacular. Yo distingo a la gente que no sabe de boxeo cuando dice: “Mike Tyson era un tira hostias, no sabía boxear”, con eso ya es complicado que sigamos hablando, porque tenía una técnica tan depurada y un ataque tan contundente que a mí me tenía enamorado; y en aquella época no se me pasaba por la cabeza pisar un ring ni por todo el dinero del mundo. Y luego me he subido gratis.

¿Qué opinas de la figura de Poli Díaz y lo que significó?

Poli Díaz es un hombre con un corazón salvaje, grande e indomable. Un crack, una fuerza de la naturaleza. Un pedazo de boxeador, amigo mío. No tuvo suerte, no lo hizo bien. Ha sido un referente en este país. Pero bueno, la persona y el deporte tienen que ir de la mano y el Poli ahí… le quiero mucho y le tengo mucho respeto, me parece un gran tipo. Me jode que no llegara a ser campeón del mundo. Después de pelear con Whitaker se le ofreció una pelea con Julio César Chávez, es algo que la gente no sabe. No se hizo nunca este combate, pero hubiera sido muy grande.

En el boxeo ha habido bastantes púgiles famosos que tras su apariencia temible escondían un alma delicada: Joe Louis era la candidez personificada, Floyd Patterson era vulnerable y bonachón, George Foreman era retraído y sensible, incluso en España algunos célebres boxeadores han sufrido depresiones, como Urtain o Pedro Carrasco. ¿Hay mayor proporción de individuos vulnerables dentro del boxeo que en otros deportes?

Creo que en un deporte como el boxeo, que es una metáfora absoluta de la vida, y que es un deporte durísimo tanto en el ring como fuera de él, si el boxeador no tiene una dosis importante de criterio, de equilibrio, de sangre fría, de constancia, de conciencia y de saber rodearse de gente que le va a cuidar y le va a proteger, es un deporte peligroso. Si a eso le sumas que tengas ciertas condiciones, pueden acabar haciendo contigo lo que quieran.

Escritores como Cortázar, Hemingway, Bukowski, Jack London o Mailer ambientaron algunos de sus escritos en el boxeo. ¿Qué es lo que hace interesante para ti el boxeo desde el punto de vista del escritor, no del deportista?

No he escrito hablando de boxeo, pero muchas cosas de las que escribo parten de las experiencias del boxeo. La escritura y el boxeo se parecen en algunas cosas. El boxeo y la búsqueda de la verdad para mí van de la mano, porque cuando subes al ring y suena la campana ahí no hay vuelta atrás. Cuando escribo, escribo desde la verdad y el boxeo tiene una relación con la verdad muy grande.

¿Qué combate o documental recomendarías a un profano para despertar su amor al boxeo?

Soy nulo a la hora de documentarme viendo cosas y tiendo a la vagancia. Cuando éramos reyes desde luego, es espectacular, pero ese lo conoce todo el mundo. Hay también uno de la vida de Tyson muy contundente.

De boxeador a humorista, ¿te suelen preguntar mucho por Jake LaMotta?

En la primera entrevista que me hicieron después de dejar de pelear y empezar a hacer monólogos me preguntaron por él. Hay una similitud sí, pero relativa, porque Jake LaMotta ha sido uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos y yo sólo fui campeón de España.

España no tiene tradición en el género del monólogo al estilo del stand up comedy americana, algo más de una década desde que el canal Paramount Comedy introdujera este género en nuestro país. ¿A qué crees que se debe su éxito?

Una vez más vamos por detrás, porque los cómicos de stand up comedy de EEUU son referentes en el mundo del humor y hay verdaderos templos del stand up. Allí es mucho más habitual lo que me ha ocurrido a mí: ser cómico y trabajar de actor, compaginar las dos carreras. Aquí es más complicado, te encasillan. Pasa lo mismo si cuentas chistes, eres un “cuentachistes”, no un monologuista. Creo que la cultura aquí es muy propicia para que el stand up triunfe.

¿Se ha adaptado la fórmula a nuestro humor? Allí es algo más agresivo en ocasiones.

Eso depende del humorista y del país en cuestión. En EEUU si un cómico sale a un escenario y quiere decir “esto” no es que vaya a decirlo porque sí, sino porque probablemente el humorista dice “este es mi humor y si no puedo hacerlo así no lo hago”.

Tu estilo sí tiene parecido con algún americano, a Bill Hicks podría ser, aunque lejanamente.

Algo he oído, porque me hacen comparaciones compañeros cómicos. A mí me gusta que el público se ría pero también me gusta generar incomodidad, que no esté a gusto e incluso que le moleste lo que estoy diciendo. Se supone que soy cómico, me subo a un escenario y tengo que hacerte reír durante hora y media y que te rías con todo lo que digo. No, perdona, yo soy humorista y tú vienes a ver mi show y te voy a hacer reír, o lo voy a intentar; si vas a ver a tu equipo vas a verle ganar, pero a lo mejor palma, pues yo igual, de las diez cosas que digo te ríes de siete y en tres piensas y al que está a tu lado no le hace ni puta gracia ninguna y se ríe de lo que tú piensas. Creo que hay un cambio, hay cómicos que están arrancando que “quieren decir”. Considero que toda persona que pisa un escenario para lo que sea tiene la obligación de decir algo.

Tus monólogos empiezan con una declamación dramática, ¿el desconcierto es un recurso para que el público se ría?

La risa viene de la incomodidad. Tú vas a ver un monólogo a reírte, cuando ha pasado un minuto y no te has reído te preguntas a qué has ido allí. Yo estaba empezando a experimentar con esto cuando me salió Hispania. Ahora retomo, empiezo en julio en la Chocita del Loro en Gran Vía todos los jueves.

En You Tube hay poquitas cosas tuyas.

Sí, pero porque Paramount las ha quitado, el monólogo de Cocretas tenía un millón de visitas. Yo ahora voy a estar en el teatro y el que quiera verlo que venga al teatro, pero tuvo un tiempo que estaba entero y se vio mucho.

Supongo que te gustará que pongan estos videos para tu promoción y te perjudica que los retiren.

Es la pescadilla que se muerde la cola. Me llamaron para Hispania por el monólogo que tengo en YouTube. Otra cosa es que te cuelguen la hora cuarenta de monólogo, porque juego mucho con la sorpresa y si vienes a mi espectáculo sabiéndote gags, pues me has jodido. Ahora bien, si tú tienes algo muy bueno, lo cuelgas en internet y lo ven un millón de personas, eso es positivo. Con lo que no estoy de acuerdo, ni con Paramount ni con cualquier televisión, es con que me escriba un texto, me lo curre, me lo ensaye y luego resulta que ese texto no pasa a ser propiedad de la televisión pero, vamos, le falta… no sé si esto roza hasta la ilegalidad. Es mi texto, es mi monólogo, lo pongo en YouTube para que la gente lo vea. Y si te pagaran una pasta, vale, escribo el texto y me olvido de los derechos, pero tampoco te pagan una barbaridad.

Tienes alguna imitación de Eugenio. Qué humoristas admiras más y qué tipo de humor es el que más te gusta.

Es que a mí Eugenio me parece, valga la redundancia, un genio. Empecé a ser cómico por Eugenio, porque le imitaba, me vieron un día hacerlo y me llevaron a un garito a hacer monólogos. También me gustan Ozores, Pajares…Yo con todos éstos me muero.

Entonces no tienes una preferencia por la disertación de los monólogos, te gustan también los chistes encadenados…

Sí, sí. He sido un gilipollas toda mi vida. Lo que no esperaba nunca era poder ganarme la vida con ello.

¿Es más importante el guión o la interpretación del monólogo?

Bajo mi punto de vista tienes que tener un buen texto. Un buen texto sin una buena interpretación puede ser un gran monólogo. Hay compañeros —no muchos porque es complicado— que salen una hora al escenario, están plantados con el micro, sin moverse, y revientan un teatro. Me parece inaudito; sin mucho acting, sin mucho gesto y la gente se parte. Yo no podría, juego con eso: voy subiendo, voy bajando, de repente me paro y hago unos minutos muy neutros… Una cosa que funciona en mi espectáculo y que considero que es algo que debería tener todo artista, es que el público que asiste —le guste o no le guste— dice: “este tío se está dejando la piel ahí, está pisando escenario y me quiere ganar”. En este aspecto encuentro una similitud con el rival en el boxeo. Para mí el público no es mi amigo, cuando salgo al escenario los quiero matar. Salgo diciendo “aquí estoy yo y vamos a ver quién gana”. Te quiero matar, te voy a comer el terreno, es la guerra. Cada gag que te tiro —ya sea de coña, sea en serio— es un directo de izquierda y cuando vengo con la buena te meto el directo de derecha y te tengo groggy. Probablemente suelte una que no te rías y me des tú. Cuando termino volvemos a ser amigos, como en el boxeo: suena la campana, buen combate y todos a su casa. Volviendo al tema del guión: si tú tienes un guión malo y tienes un acting espectacular, lo normal es que te pegues el piñazo. Para mí es muy importante lo que dices, y luego cómo lo dices. Y por encima de esas dos cosas, tener muy claro tu personaje. Un cómico en un escenario tiene que tener un personaje, tiene que enganchar. Esto tiene mucho que ver con la energía.

De otros monologuistas, ¿cuál es el estilo que más te gusta?

No veo muchos monólogos, pero en el stand up español a mí Vaquero, aparte de ser un gran amigo, me parece un genio, tiene una máquina en la cabeza; le digas lo que le digas te saca un gag, es impresionante. Goyo Jiménez me parece un maestro, es un referente. Agustín Jiménez, Ignatius me parece fascinante, Luis Álvaro me parece que tiene un humor único, complicado, pero que también es un genio. Y luego hay gente nueva que funciona de puta madre.

¿Te ha servido tu experiencia en los escenarios para interpretar a Sandro en Hispania?

No te podría haber respondido a esa pregunta hace un año, pero ahora sí. El trabajo del cómico de gira, que está todo el día de aquí para allá, curte mucho. Delante de una cámara hay una cuestión de diferencia de técnica. A mí lo que me pasaba cuando empecé es que absolutamente todo lo que decía sonaba gracioso. Decía: “Viriato, vienen los romanos” y la gente se partía.

El personaje tiene un punto de candidez…

Sí, claro. En televisión o en el cine ese peldañito es muy pequeño. En un monólogo te puedo decir “mi padre no se corría, mi padre fumigaba” y te partes, pero un pequeño gesto en una cámara se hace muy grande y no vale. Hay que medir la intención con la que dices las cosas, por qué las dices, cómo las dices. Yo al principio estaba acostumbrado a soltar, a largar el texto como yo quería. Me pusieron una coach de interpretación, Raquel Pérez, que me ayudó muchísimo, pero las primeras semanas era complicado que yo leyera un texto sin la musicalidad y la cadencia de un monólogo. Pero sí te sirve la experiencia, mucho.

La serie ha sido grabada con muy pocos medios en comparación con las grandes producciones americanas ¿Cómo evalúas el resultado?

Hombre, considero que el hecho de que se haya apostado por hacer una serie así en España es un paso importante, porque, para lo que se ha hecho en este país, sí que es una superproducción. Claro, no me compares con Roma o con Spartacus. La gente te dice “He visto Roma…”; ya, y yo he visto un Madrid-Barça y me ha encantado y a lo mejor veo un partido de tercera y no me mola tanto. Roma creo que tenía dos millones de dólares de presupuesto por capítulo y la tercera temporada no la hicieron porque, aun con el petardazo que dio, no cubrían inversión. Realmente no sé el presupuesto de Hispania por capítulo, pero sea el que sea se está haciendo bien; habrá fallos, como en todo. Trabajamos todos con muchas ganas y el equipo se implica mucho y creo que eso se ve reflejado. Estamos dando buenas cuotas de pantalla, así que no nos podemos quejar.

¿Crees que se ha tratado el tema histórico con fidelidad o se ha adaptado a las supuestas expectativas del público televisivo?

Es que si quieres contar la historia realmente y te quieres ceñir claramente a lo que pasó, probablemente no darías tres millones y medio de espectadores. Luego pasa una cosa muy curiosa: tenemos un historiador y por lo visto ni entre los propios historiadores se ponen de acuerdo en cosas como por ejemplo si las casas eran redondas o eran cuadradas. Si con eso hay polémica, imagínate con el tema de dónde llevaban la falcata. El planteamiento de los guionistas es hacer la vida de Viriato, manteniendo una serie de cosas y jugando con otras.

¿Cómo es Ana de Armas en las distancias cortas?

Ana de Armas es una niña encantadora. La primera vez que la vi en vivo, cuando hice el casting para la serie, se pasó una hora tocando los cojones con el “pi-pi-pi” del móvil; le entraban mails o mensajes seguidos y ahí estuvimos de coña ya el primer día. Hemos hecho muy buena amistad con esa niña, que tiene veinte años o así, y con su novio también, que es un chaval de puta madre.

Queríamos haber hablado de tus libros con conocimiento de causa, pero es complicado encontrarlos.

Es lo que tiene la poesía. Voy a editar directamente por Internet, ya he hablado con mi editor y el tercer libro lo voy a sacar en e-book y que la gente se lo descargue. El tema de las editoriales pequeñas o de la gente que vende pocos libros, como es mi caso, es que no les compensa tener dos o tres libros en la tienda. Así que lo voy a colgar en mi web para descargar.

¿Qué influencias tienes?

Leo poquísimo, no he sido un gran lector, y poesía he leído muy poca. Llevo escribiendo veinte años pero porque lo necesito. Empecé a escribir porque necesitaba decir determinado tipo de cosas, porque no soy de hablar de lo que me pueda escocer o me pueda hacer daño, soy más de estar de chufla, y empecé a escribir por una necesidad. Publicar fue un accidente, si no vuelvo a publicar no pasa nada, yo siento satisfacción cuando escribo. Cuando empecé a ser cómico no me costó el cambio, el entrenamiento de sentarme a escribir ya lo tenía, sólo tenía que cambiar el foco. Pero no he leído a muchos poetas, escribo lo que sale.

Fotografía: Gonzalo Merat. Vídeo: Javier Villabrille


Javier Coronas: “Shakespeare está sobrevalorado, en realidad era un mierdas”

Javier Coronas prefiere jugar en casa y nos convoca en la Sala Galileo Galilei de Madrid, sede cada mes de la grabación de su programa Ilustres ignorantes que emite Canal Plus, la cadena donde se dio a conocer a nivel nacional gracias a Lo + plus. Catalán de nacimiento, aragonés de adopción y madrileño en el día a día, Coronas no se calla la boca ante nada: reivindica su trabajo más allá del humor, basado siempre en la independencia y la libertad, y nos deja unas cuantas perlas dirigidas a los directivos de determinadas cadenas de televisión, los políticos profesionales, los cómicos tibios…¡e incluso Shakespeare!

Hemos leído que considera a Faemino y Cansado los mejores humoristas de la historia de España. ¿Le confirma la idea trabajar con Javier Cansado en Ilustres ignorantes?

Por supuesto que sí, me reafirma y me hace ver de cerca que no solo es uno de los mejores humoristas de la escena española, sino que es una de las mejores personas que te puedes cruzar para trabajar o para tomar unos albaricoques.

Cuando los entrevistamos y les preguntamos por sus humoristas/monologuistas favoritos, Cansado nos recomendó sin dudarlo a Hovik, entre otros. Para nosotros ha sido un gran descubrimiento y, curiosamente, empieza a sonar más su nombre desde que aparece en Hispania. ¿Cree que está poco valorado hacer reír en nuestro país? ¿No les toman en serio?

Sí, está muy poco valorado, de hecho estamos entrando en una dinámica en la que el humor solamente sirve para contar otra serie de noticias que no tienen nada que ver, o sea, sirve para suavizar contenidos que en teoría cuesta más que entren a las personas que no les gustan. Con el humor se intenta meter por la boca contenidos del corazón y eso es un error; utilizar el arma del humor para una función que no tiene sentido. Un humorista tiene que ser libre y en España hacer humor libremente desde dentro es muy difícil.

¿Estamos hablando, de alguna manera, de Sé lo que hicisteis?

No, no, estamos hablando de muchos programas, aparte de SLQH, que les imponen como norma que jueguen con contenidos de la cadena para promocionar los programas de esa misma cadena. Hay muchos contenidos con los que es muy difícil hacer humor no por el contenido en sí, sino porque contrastan con lo que es el humorista de verdad. Sería muy difícil que Faemino y Cansado te pudieran hacer comentarios de Gran Hermano, no lo harían nunca, lógicamente. Sería infrautilizar o utilizar mal a Faemino y Cansado si los tienes para hacer comentarios de Gran Hermano. Y me refiero a ellos como a cantidad de humoristas que hay en la televisión que los utilizan para vender un producto que les hace perder prestigio a ellos porque ellos son buenos haciendo otra cosa y no les tienen haciendo las cosas para las que realmente sirven. No sé si me explico…

Sí, pero si me pusiera un ejemplo, sería perfecto.

Hay miles de ejemplos. Hay cantidad de programas: SLQH, No le digas a mamá que trabajo en la tele, Tonterías Las Justas… Marca mucho la cadena en la que estás, pero hacer programas de humor en determinadas cadenas te obliga a jugar con una serie de contenidos que te empobrecen el producto en cuanto al humor

¿Ha sido esa su experiencia en Canal Plus?

No. Ilustres ignorantes, por ejemplo, no tiene nada que ver con la televisión convencional y solamente se podría hacer en Canal Plus porque es la única cadena que me ha dado la libertad absoluta para hacer lo que yo quiera hacer, el humor que me gusta y no solamente a mí sino a la gente que ve el programa. Apoyando esa opción y dándole fuerza han conseguido algo que ahora mismo sería inviable en cualquier cadena. Y este programa, llevando ya más de 50 emisiones, si lo lleváramos a otra cadena nos dirían que eso es totalmente antitelevisivo. Es prácticamente un programa de radio en el que casi todo está improvisado y nadie sabe lo que va a pasar ni lo que va a decir nadie. Eso crea una inseguridad a los directivos y a la cadena, que no se dejan llevar. En nuestro caso, sí se han dejado.

¿En ningún caso os han obligado a quitar algo del montaje al cuadrar el “falso directo”?

Nunca. Es un “falso directo” que, si el programa dura 28 minutos, nosotros grabamos 31, es decir, quitamos las pausas de reacción de alguno, limamos algunas cosas o a lo mejor alguna frase que se queda larga de alguien, pero empezamos a grabar y no se para y nadie dice “Vamos a cortarlo”. Se han dicho muchas burradas, la mayoría atribuidas a Pepe Colubi, que es un maestro en el arte de decir burradas, pero nada, nunca, ningún tipo de censura… y encima no solamente ningún tipo de censura, sino plena libertad para trabajar, cosa que hoy en la tele es casi histórico, haciendo humor. Si haces un informativo supongo que más aún.

¿Esa libertad la ha tenido siempre?

Cuando estuve en Lo + Plus toda la libertad del mundo. Luego, en otro programa que se llamaba XXL, sí tuve algún problema por alguna cosilla… religiosa.

Salgamos un poco de la televisión. Cuando escucha la expresión “humor inteligente” le dan ganas de…

De ver el coeficiente intelectual de quien lo dice. Lo del humor inteligente es un poquito a gustos. El humor es el humor. La etiqueta de humor inteligente se da a lo mejor, no sé, ¿para diferenciarlo de otros humoristas que son más chabacanos? El humor es reírse; cada uno tiene su estilo, tiene su manera y tiene sus trucos. No sé exactamente cuál es el humor inteligente y cuál no. ¿Quién es el juez que dice: “Esto es inteligente y esto no”? Nunca sería yo ese el juez. Hay un humor más facilón, más verdusco, más de caca, culo, pedo, pis… hay humor más absurdo que no se entiende precisamente porque es demasiado absurdo. Nosotros lo utilizamos mucho. Cuando estás hablando con alguien y haces un chiste que no ha colado y dices: “Es que es humor inteligente”. Es una coletilla más para decir que, como no lo habéis entendido, estoy por encima de vosotros.

En este país tenemos monologuistas, imitadores, cuenta chistes, payasos, mimos y, por último y en solitario, a El Tricicle. Teniendo en cuenta que llevan más de treinta años llenando teatros, ¿cree que es la fórmula más complicada de imitar?

¿La de El Tricicle? Yo creo que es muy difícil… Bueno, estuvo Vol-Ras y otros grupos que hicieron mimo, pero es muy difícil hacer lo que ha hecho El Tricicle y sobre todo sin hablar. Contar tantas cosas como han hecho ellos es muy complicado. La gente que nos dedicamos a la radio o a la televisión somos más de quedarnos en casa escribiendo idioteces y apuntar cosas cuando vas por la calle para hacer un guion… pero ellos, aparte de escribir, tienen una composición de expresividad que no tenemos ninguno. Faemino y Cansado serían las únicas personas que, hablando, no haciendo mímica, han conseguido lo mismo, haciendo muchísimas más funciones. Porque El Tricicle lleva treinta años, pero han descansado algunas temporadas. Faemino y Cansado no paran, actúan cada semana en cualquier lado llenando sin tener presencia en medios de comunicación, sin hacer entrevistas en ningún lado.

En Twitter: “El programa más largo que conoce Eva Hache es el de la lavadora”. ¿Es más complicado que una mujer nos haga reír o tienen un sentido del ridículo mucho más desarrollado que nosotros?

Yo es que creo que la frase no es verdad, le falta conocimiento de la historia. Noche Hache estuvo tres o cuatro años en antena y era un programa diario. Hay muy buenas humoristas mujeres, lo que pasa es que somos muy cansinos, el hombre ha sido más aparatoso… pero van apareciendo últimamente. Por ejemplo, la niña de Shrek, Silvia Abril o Ana Morgade, que es un portento. Cada vez hay más y en el mundo del monólogo, bueno, Raquel Martos. Van saliendo, lo que pasa es que la proporción es infinitamente más pequeña. También creo que hay más vergüenza en la mujer. Nosotros somos siempre más bichos y más idiotas, nos cuesta menos perder la compostura.

¿Y a la hora de hacer reír? ¿Nos cuesta más reírnos con una mujer?

Para nada, yo me he reído con Eva muchísimo y con Ana Morgade, mogollón. Nunca se me ha ocurrido mirar el sexo para que me hagan reír y en Estados Unidos funcionan cantidad de humoristas que llevan años en lo alto. Aquí nos cuesta adaptarnos un poquito más, habría que quitar a unos cuantos tíos que son malos y meter más chicas y así compensamos (risas)

¿La generación Paramount ha aportado algo nuevo al humor de este país o simplemente ha vuelto a popularizar algo que ya estaba ahí?

El papel de Paramount Comedy ha sido muy importante porque ha permitido que muchos humoristas que estaban empezando tuvieran la oportunidad de hacer lo que ellos realmente querían: sin trabas, sin premisas, sin presiones de audiencia… Cuando se hacen las cosas con poco presupuesto, con muchas ideas y con mucha libertad salen cosas muy chulas y se descubre a gente muy buena. No quisiera hacer yo una lista porque seguro que me dejo a algún amigo y no quiero dejármelo. Desde los más antiguos de La Hora Chanante o Dani Mateo hasta David Broncano, que lo está petando ahora por dónde va… dentro de ese círculo es una apuesta muy chula para que la gente pueda hacer el humor que realmente le gusta. Ahí viene la contradicción del humorista: la televisión te llama porque ha visto que hacías un trabajo que les gusta, pero cuando te fichan te dicen: eres muy bueno poniendo baldosas… así que te vamos a fichar y nos vas a pintar los techos… “Pero yo, lo que mejor hago, es poner baldosas”… “Sí, pero queremos que pintes los techos igual de bien que pones las baldosas”. Ese es el gran error.

Por ejemplo, Ricardo Castella, que se ha tenido que amoldar a todo tipo de formatos de cadena en cadena rellenando huecos.

Ese es otro de los vicios de la televisión: “Este programa nos está quedando serio, así que metemos aquí a alguien que nos haga cinco minutos de humor”… en un marco en el que es imposible. Están hablando de una niña que ha desaparecido, que la busca la familia desesperada y, de repente, “que pase un humorista y que haga chistes”. Lógicamente acaban diciendo que no funciona. ¡Pues claro que no! El perfil de audiencia que tienes quiere saber es si han encontrado a la niña, si está viva y si la han violado o no. Pretenden edulcorar programas serios con pinceladas de humor en lugar de decirle al humorista de turno: “Haz un programa de humor y hazlo como tú quieras, luego ya veremos lo que pasa”

Ángel Martín antes de quemarse por completo en la tele y con un contrato multimillonario decide dejar a La Sexta plantada y se va a hacer un musical precisamente con Castella. ¿El que ríe el último ríe mejor?

No creo que se trate de quién ríe último y quién ríe primero. Todo lo que hagan Ángel Martín o Ricardo Castella, siempre que sea lo que ellos quieren hacer, me va a parecer chulísimo. He visto el espectáculo y me encanta, porque hacen lo que quieren y disfrutan haciéndolo. Cuando un amigo disfruta de su curro a mí me van a hacer reír muchísimo. La televisión está cerrando las puertas al humor para abrirlo al teatro; es el único sitio en el que realmente haces lo que quieres hacer y las consecuencias son para ti. Si no llenas no llenas y si llenas, fantástico, pero nadie te dice lo que tienes que hacer.

Aun a costa de dejar a La Sexta plantada, insisto…

En el mundo de la televisión hay dos tipos de personas: los que están en televisión porque realmente necesitan estar en televisión y los que están porque les han dado la oportunidad de hacer lo que les gusta, que es hacer reír. Se puede hacer en muchos medios y de muchas maneras. Una vez me dijo Ángel Martín: “Hay gente que mata por estar y hay gente que quiere estar donde quiere estar”. Entonces tienes que elegir; si quieres la televisión pase lo que pase tendrás que hacer cosas que luego no podrás contar a tu madre, como el programa de Goyo Jiménez. O que venga un amigo y te diga: “Vaya mierda de programa haces, me gustabas más en…” Te tienes que tragar todo eso. Es cuestión de una escala de valores y la de Ángel está muy bien puesta. Muchos tendrían que aprender de él.

Parafraseando APM: ¿la televisión es cultura?

La televisión claro que es cultura y desde luego el APM es el mejor programa que se hace ahora mismo en televisión, de eso quiero dejar también constancia. En la cultura tiene que haber diversidad e igual que hay un montón de libros que son una puñetera mierda y tienes que leer los buenos para tener una cultura chula, con la televisión lo que tienes que hacer es elegir y saber apagar el botón cuando quieras. Saber qué programas tienes que ver o cuáles deberías ver si lo que buscas es cultura… Con todos los canales que hay… cuesta un poquito, pero se puede elegir y tampoco hay que ver 14 horas de televisión. Otra cosa es que enciendas la televisión, te quedes ahí pillado y te quejes: “Es que solamente echan mierda”. No lo veas, no les des audiencia, busca cultura y encontrarás cultura. Hay gente que La 2 se la pasan en el zapping, ni se paran a ver.

¿Es lo políticamente correcto el fascismo contemporáneo, como nos dijo recientemente Félix de Azúa?

Lo políticamente correcto es el agua tibia, pero siempre ha sido así. Es el no mojarse y en cuanto al humor, la manera de ser gracioso pero sin ofender. Todavía hay muchos temas en televisión que no se pueden tocar porque al día siguiente te cae la bronca o directamente paran la grabación.

Habla entonces de una censura más de la cadena que del propio humorista.

Hay humoristas y humoristas. Claro que te autocensuras bajo tus prismas, pero la cadena está por encima de tu autocensura. La tuya es la lógica, luego hay muchas cosas que una cadena no te deja decir y hay muchos estamentos con los cuales no te puedes meter porque no está permitido o porque a lo mejor hay muchos accionistas en esa propia cadena de ese mismo estamento.

¿Puede un humorista hacer humor sobre cualquier tema, materia o circunstancia vital?

Ahora mismo no está permitido, pero yo creo que se debería. Hay que hacer humor sobre todo y hay que saber el momento en el que se hace y cómo se hace. Reírnos todos de todo y decidir que no hacer humor de determinadas cosas o determinadas personas en el fondo te hace discriminarlas. ¿Por qué nos podemos reír de una persona que es gorda y no de una persona que es invidente? Estás menospreciando al invidente cuando los invidentes son los primeros que hacen chistes sobre su propia invidencia. ¿Por qué no hacemos chistes pensando que estamos riéndonos de una situación concreta y no de una enfermedad?

¿Qué opinión le merecen los chistes sobre el 11-M, el 11-S, el Holocausto…?

Sobre el 11-S Padre de Familia ha hecho muchos chistes. Aquí no podríamos hacer esto, no se puede hacer un chiste sobre el 11-M… Yo, desde luego, me autocensuraría.

¿Por qué? ¿Por qué con eso en concreto?

Me autocensuraría porque estaría jugando con el dolor de muchas personas. No me parece rentable hacer una gracia cuando sé que muchísima gente va a sufrir esa gracia, aparte de las demandas y todo eso, que es otra historia… Pero sin embargo sí haría chistes con personas en sillas de ruedas como hace Little Britain, por ejemplo. Es una manera, decía, de no excluirlas de la sociedad. Todos somos personas, tengas las piernas inmovilizadas o no tengas las piernas inmovilizadas. En Padre de Familia hacen chistes de todo: negros, religiones… el Islam, por ejemplo, porque es muy fácil meterte con la Iglesia pero no meterte con el Islam (reflexiona)… Bueno, es muy fácil meterse con la Iglesia si te dejan en la cadena, pero nos faltan años hasta llegar a eso.

¿Recuerda lo que le pasó a Vigalondo cuando bromeó en Twitter sobre el Holocausto?

Sí. Me pareció una prueba más de que con determinados temas están esperando a que hagas un chiste fuera de lo normal para crucificarte y ya está. Nadie montó ningún escándalo cuando Martes y Trece decían “Mi marido me pega mucho”. Ahora, si lo haces… no lo van a emitir.

¿Y la reacción de El País que le había elegido como imagen de un producto nuevo, original, imprevisible…?

Bueno, El País es muy libre de hacer lo que quiera hacer. Yo pienso que la situación se magnificó mucho más de lo que merecía y no deja de ser un chiste más del estilo de Nacho Vigalondo, que todo el mundo sabe cómo es; no creo que estuviera riéndose de las víctimas del holocausto ni muchísimo menos. Lo contrario. Y no creo que sea un tipo que vaya de ese palo. Es un humorista y tiene ese sentido del humor, que es su estilo y es diferente. Yo, si fuera director de El País, seguramente no lo hubiera despedido. Es curioso, porque El Mundo nunca echaría a Salvador Sostres.

Ni a Sánchez-Dragó.

Pero la línea editorial de cada medio de comunicación… Lo puedes comprar y el hecho de que lo compres no quiere decir que estés de acuerdo con todo lo que se dice en ese periódico, sea el que sea. Depende mucho de quién esté arriba. Es lo que te decía antes de la televisión: lo que me estás diciendo tú es lo que pasa en cualquier programa de televisión donde hagas humor. En el momento en que te subas un poco a la parra y no te ajustes a las normas, te vas a la calle. Yo en Zaragoza llevo haciendo años un programa que se llama Oregón TV y me lo han rescindido este verano teniendo el doble de audiencia o superando al menos la media de la cadena todas las semanas, en el peor horario de la semana, con un presupuesto ínfimo… funcionaba perfectamente. Lo han cancelado únicamente porque no nos callamos la boca y hacíamos crítica política.

Curioso, porque leí una entrevista tuya hace unos años en la que decías lo contrario: que tenías bastante libertad con respecto a los políticos.

Sí, bueno, sería hace tres años… Empezamos dando caña, estaba el PSOE y también le dábamos caña —bueno, le dábamos caña a todo el mundo—, pero como tenía unos niveles de audiencia brutales la gente estaba enfervorecida. A medida que se fueron acabando los cuatro años de concesión de los directivos de la televisión autonómica las cosas fueron cambiando porque, claro, ahora hay que templar aguas y nosotros seguíamos metiendo caña cada vez más y cada vez más hasta que nos dicen “vale”; nosotros decimos “no” y lo seguimos haciendo. Nos intentaron cancelar hace un año y se echó la gente a la calle, mandando correos… nos tuvieron que readmitir. Ahora nos cancelan y no tiene que ver con el partido político que suba. Somos incómodos: tenemos audiencia, somos un programa de la tierra, la gente de Aragón es la que paga… y nos vamos porque la televisión autonómica de cada región es un brazo político del partido que gobierne. Lo son todas. Y en una cadena autonómica hablar mal de la gente que gobierna está muy mal visto, así que al final resulta que te van ahogando, ahogando, ahogando… y ante esa gente tienes dos opciones: callarte o decir lo que está pasando, porque la gente no es gilipollas.

¿Hasta qué punto determinados políticos creen que la gente es gilipollas?

Les da exactamente igual lo que dice la gente, van a hacer lo que quieran. Su mentalidad es: “La gente es gilipollas porque piensan que opinando me van a convencer de lo que debería hacer. Son gilipollas si piensan que por su indignación voy a mover las piernas o el señor de turno se va a dejar de llevar los 3000 millones que se lleva todos los años” (Breve pausa) ¡Me estoy calentando, eh! (Ríe) ¡Vas a hacer que no me contraten en ningún lado!

Como catalán “universal”, ¿qué capacidad tiene Cataluña para reírse de sí misma?

Hombre, lo que pasa es que cualquier chiste que se hace sobre Cataluña es sobre “la pela”. Tienen que estar hasta los huevos de que esto sea así. Igual que en Aragón el chiste es que “como sois tan cabezudos, no se puede hablar con vosotros…” Son los tópicos y ya está, pero creo que el catalán sí se sabe reír de sí mismo y Buenafuente lleva años haciéndolo: veía a Buenafuente cuando vivía en Barcelona haciendo Una altra cosa o La Cosa Nostra desde que empezó con El Terrat en la radio y todos los programas que ha habido, incluso Crackovia

Polonia

Polonia. Que además hacen una autocrítica cojonuda, lo que pasa es que a lo mejor esa autocrítica si se hiciera fuera estaría mal vista.

Hablábamos antes de que un invidente hace un chiste de invidentes y no pasa nada, igual que un catalán puede criticar a otro catalán pero si lo hace uno de fuera parece un ataque.

Claro, nosotros en Oregón TV hemos hecho sobre los bienes de La Franja y sobre Cataluña que, en teoría, es país colindante con Aragón y chistes históricos… y hemos tenido problemas con gente de Cataluña que no le ha sentado bien. Creo que pasa con todas las regiones, quiero decirte, estoy seguro de que uno de Aragón ve una caricatura de un maño en la televisión de Andalucía y piensa: “Mira estos, riéndose de nosotros, sacan un tío cantando una jota”. Eso lo puedes hacer si eres de la región. Nosotros nos hemos metido muchísimo con Aragón en el programa, a diario, y la gente lo ha aceptado muy bien. Mira que la gente de Aragón es muy de “eh, no te metas con la jota”… pues nosotros nos hemos metido con todo.

Habla con mucha admiración de El Terrat, incluso coincide usted con Buenafuente y otros en el proyecto fotográfico Captura.org.

Sí, coincidimos en lo de Captura, lo que pasa es que soy un desastre y hace tres años que no mando una foto. La idea original era hacer una página donde gente y amigos de El Terrat nos hacíamos fotos con tontunas o cosas bonitas… en la web tienes tu casillero y se van colgando, hay mucha gente metida, como Blanca Portillo… Yo empecé muy fuerte pero luego me fui quedando. Llegamos a hacer una exposición en PhotoEspaña y los pocos fondos que recaudamos fueron para una ONG en África y cosas así.

¿Sigue pensando que Salvados es el programa más valiente de la televisión actual?

Cuando salió, nada más estrenarse, dije que era el programa más valiente porque es el tipo de programa que a mí me gusta hacer. Un programa en el que no haya plató, en el que nada esté milimétricamente preparado y dé pie a la improvisación y a ser tú mismo. El Follonero (Jordi Évole), en ese sentido, es un crack, tiene mucho mérito lo que hace: pocos medios, barato, mucha cara y mucha imaginación.

¿En términos de “cara e imaginación” ha salido algo desde entonces que lo supere?

Que lo supere, no, pero lo que hemos hecho nosotros en Sobre la marcha, este año en Canal Plus, está fundado en esas mismas normas: poco guion y los contenidos supeditados a lo que nos pueda pasar por la calle. Subíamos cada día a un domicilio sin estar producido, el tipo de programa que me gusta hacer a mí.

Aparte de Sobre la marcha, el bombazo de la temporada en el Plus ha sido Ilustres ignorantes. ¿Por qué nos cuesta tanto decir “no lo sé”?

Porque el ser humano tiene una capacidad innata, que es la de mentir y, sobre todo, fingir que es mejor de lo que parece. Decir que no sabes algo es mostrar una carencia, con lo que es mejor inventártelo o hacer ver que lo sabes… es mejor fingir que has visto la película a decir “No, no la he visto”. Optamos por el “Sí, la he visto, pero fue hace mucho tiempo”. “¿Te acuerdas de la actriz esa que…?” “Ah, sí, sí, sí…”

¿Imaginas el momento en el que en plena rueda de prensa a un político se le ocurriera decir “No lo sé”? ¿Se ganaría el cariño o la desconfianza?

La siguiente pregunta sería “Si usted no sabe las cosas, ¿qué hace ahí?”, ¿no? Lo verían como una debilidad supina, la gente necesita que le mientan. Necesitan tener fe. Si les dicen “no tengo ni puñetera idea”, imagina. Yo no soy partidario del “no lo sé” sino del “NI PUTA IDEA”, haciendo énfasis para que así no haya una segunda pregunta. Un político no puede decir eso, tiene mil frases que le hacen salir, entrar por la rotonda y volver a abandonarla por donde quiera. “En el tiempo que llevamos… solucionando los temas… esperemos que al final encontremos una vía rápida… que sea posible para todos y que nos agrade de manera generalista… a todos los votantes” Pfff… ¿qué ha dicho?

Nada

Pues eso. Hay que saber leer también lo que dicen los políticos. Pero, ¿no estábamos hablando de Ilustres ignorantes?

De lo significativo del título al mezcla un adjetivo supuestamente positivo con una cualidad que se suele interpretar como algo negativo.

Sí, al principio querían que se llamara Ignorantes ilustres pero lo conseguí cambiar a Ilustres ignorantes, que es todo lo contrario. Por el propio formato de show en directo lo estamos llevando de teatro en teatro. Debutamos en julio en el Capitol, en Barcelona, hora y media en vivo y con varios temas que tratar. Es un experimento muy absurdo que no sabemos cómo saldrá pero vamos a seguir intentando llevarlo a cabo en la televisión y en el teatro.

¿Mismos invitados, Pepe Colubi y Javier Cansado?

Sí. Vamos a intentar jubilarnos con este programa absurdo que nadie entiende, que casi nadie ve pero que llevaremos puerta a puerta si hace falta. Además, como no hay guion, no hay nada que ensayar y no te puedes olvidar del texto. La única obra de teatro que nunca verás igual dos días. No porque innovemos, sino porque habremos olvidado lo que habíamos dicho el día anterior.

El español sólo entiende las cosas en términos de odio o envidia. Si no lo puede explicar en esos términos, desconfía”. ¿Hasta qué punto estaría de acuerdo con esa frase?

Eso es España. En una ciudad hay dos equipos y se odian, en una región hay dos equipos de la misma provincia y se odian, hay competiciones de castellers, hay competiciones de petanca y estamos compitiendo siempre para ver quiénes son mejores. España es así.

¿Odio y envidia?

Odio no, pero envidia sí. Creo que fuera de España también. ¿Qué país es el bueno? ¿Los suecos, los australianos… ?

Humor cultural entonces: en la época romántica se empezaron a atribuir significados trágicos al Quijote, que hasta entonces había sido universalmente considerado un libro de humor. ¿Fue una aportación positiva o terminó desvirtuando la imagen de la obra?

(Risas) ¿Qué cojones me estás preguntando del Quijote? ¡Yo he venido a hablar de mi libro! (Más risas) No, yo creo que el Quijote puede ser lo que quiera. Es una Biblia, para mí, en cuanto a trágico y a cómico. Lo puedes coger por donde quieras; te puede parecer el libro más trágico del mundo, te puede parecer un capítulo cero de Amanece que no es poco… Yo lo veo una mezcla de todo, es un libro que lo puedes leer bajo el prisma que tú elijas. Si eres muy romántico lo puedes ver como un libro épico, si eres más absurdo, como yo, pensarás “Madre mía, ¿este tío que se había fumado para escribir esto?” Lo que demuestra que es un gran libro es precisamente que tenga muchas lecturas. Harry Potter no tiene tantas.

Shakespeare fue un grandioso escritor de tragedias, pero ¿a alguien le hacen gracia sus comedias o queda mal decir que el humor no era su fuerte?

Shakespeare está sobrevalorado. A Shakespeare siempre se le ha tenido como un ídolo porque es muy difícil pronunciarlo y escribirlo. Como era muy difícil decir que no lo conocías o que no sabías escribirlo, empezó a cobrar una importancia supina entre la sociedad. Pero Shakespeare en realidad era un mierdas (risas)

Aunque en Inglaterra no les cueste nada pronunciarlo.

Eso es por la cultura inglesa. Allí incluso los niños de tres años hablan inglés de maravilla, cosa que aquí no pasa (más risas) ¡Y eso es culpa de Zapatero!

¿No hay muchos pasajes de la Biblia que son una especie de versión temprana de Jackass?

Yo aquí me quedo con la Biblia de los Monty Python, con La vida de Brian, que me parece más real. La veo más en la línea de los Monty Python que en la de Jackass. Además tengo que decirte que la Biblia no me la he leído, he visto la peli, pero leérmela no me la he leído (risas). Esperé a ver la peli y tampoco me interesó mucho, así que tampoco puedo opinar. La única Biblia que he visto así en pantalla ha sido La vida de Brian y me parece una opción bastante chula.

¿Cree que Nostradamus sigue retorciéndose de risa en su tumba al ver que se siguen intentando interpretar sus cuartetas?

Creo que Nostradamus era el Paco Porras del pasado. Es como si, dentro de 50 años, la gente siguiera leyendo el futuro con hortalizas. Estaría bien meter todos sus DVDs en una cápsula para que dentro de un siglo la gente dijera “En la Tierra, en 2011, el futuro se regía por las predicciones de Paco Porras”. Nostradamus era el Paco Porras que estaría ahí en el Crónicas Marcianas de su época haciendo sus mierdas y por eso luego se ha magnificado.

Hay quien dice que un árbol que cae en un bosque vacío no hace ruido porque nadie lo escucha. ¿La creación de un humorista puede ser buena aunque nadie se ría?

Un chiste es una mierda si no se ríe nadie, está hecho para que la gente se ría. Otra cosa es que te haga gracia a ti, pero es una cosa particular. Si lo has escrito es que te ha hecho gracia, porque cada cosa que escribes es para hacerte gracia a ti mismo en primer lugar. Cuando lo haces en público y no se ríen… o es una mierda de chiste o es humor inteligente que no lo han entendido porque no están preparados, que también puede ser. Hay determinados sitios en los que actúas que a lo mejor no son los apropiados.

El humor es comunicación, si al público no le ha llegado…

Claro, y a lo mejor no le ha llegado por diferentes causas, quiero decir, un monólogo mío que lo haga delante de un grupo de gente de la edad de mis padres pues, lógicamente, no va a funcionar. Yo a mis padres no les hago gracia. A mis padres les hacen gracia Los Morancos, pero eso es lógico, no puedo luchar contra eso.

Recomiéndenos un restaurante, uno, en Barcelona. El mejor. Lo mismo en Madrid.

¿Y por qué no dos en Zaragoza?

Como usted prefiera…

Es que en Barcelona y en Madrid, ninguno, ni idea… En Zaragoza me quedo con un bar que se llama Bar Praga. Es un bar multifuncional donde he pasado muchos de mis mejores momentos y, por otro lado, Casa Hermógenes, que es un bar pequeñito donde se come muy bien.

Lectura imprescindible, sea o no novedad. Algo que nos aproxime a Javier Coronas persona.

Con lo que estoy ahora de David Trueba, Saber perder. Me parece una lectura muy interesante y que te hace reír más de lo que él piensa. No porque te rías de su trabajo, sino porque es muy gracioso escribiendo.

¿Quién, según  su  criterio, debería ser nuestro siguiente entrevistado?

Malena Gracia (risas)… No, mejor José Luis Cuerda.

 

 

Fotografía: Jesús Llaría


Quequé: “En la radio pública tengo una libertad que no he tenido nunca”

Nos encontramos con Héctor de Miguel Martín, conocido artística y familiarmente como Quequé en su hábitat natural: la cueva (típica de muchos locales madrileños) de Artebar La Latina. Quequé es de humor austero, de una sobriedad —no sabemos si dada por su naturaleza o prestada por su Salamanca natal— de la que hace gala y explota como recurso humorístico. Hablamos de humor y le damos a probar de su propia medicina sometiéndole a un test inspirado en el que realiza él mismo a los invitados de Abierto hasta las 2, en RNE.

En España, durante muchos años, más que monologuistas había “cuentachistes” como Arévalo, Marianico el Corto o los Hermanos Calatrava. ¿Sientes algún vínculo con ellos? ¿Hay una continuidad o te parece algo totalmente ajeno?

No solo siento continuidad, sino también mucho cariño y admiración. Si no me dedicara a esto también lo sentiría. Me he reído mucho con Arévalo, con los Hermanos Calatrava, con Marianico el Corto y, sobre todo, me he reído mucho con Eugenio. Eugenio era dentro de los “cuentachistes”, digamos, otro estilo; y no creo que sea difícil ver en mí la influencia de ese estilo en esa cosa de estar serio, ese no reírse nunca. Es verdad que muchas veces hablamos con cierto desdén de esta gente. Era lo que se podía hacer en aquella época. Y también estaba Gila haciendo monólogos. Son gente que abrió camino, es posible que ahora hayan quedado un poco desfasados por la nueva moda o lo que sea, pero ahí está Arévalo trabajando con Bertín Osborne en el teatro. Quizá no es un show que yo iría a ver, pero tiene su público. Para mí son pioneros y los respeto mucho.

Ya que mencionas la influencia de Eugenio en tu estilo, ¿es más efectivo el humor cuando quien interpreta está completamente serio?

En mi caso es un recurso que uso y que me gusta. No sé si es más efectivo. Hay gente que usa el recurso contrario, reírse de sus propios chistes cuando va contando la película, y también les funciona. Me parece bien, pero yo prefiero lo otro: estar serio.

¿A qué se debe la explosión del stand up en España?

La verdad es que no lo sé. Llegó el Club de la Comedia hace muchos años, puso la marca, puso el ladrillo detrás, puso el micrófono y dijo: esto son monólogos y esto es humor inteligente. Yo creo que ya existía, con Gila por supuesto, y con alguno más que hizo el intento; Pepe da Rosa, en su estilo, y alguno más. No sé a qué se debe el boom. Bueno, en los bares o locales que hacen monólogos sí hemos notado que la ley antitabaco les ha venido muy mal y en la primera hora que están medio vacíos no les viene nada mal contratar a un cómico, que además les sales muy barato —en comparación con contratar un grupo— y animas hasta que se va llenando. Pero antes las salas de fiesta también lo hacían.

¿Algún monologuista español que te guste, aparte de ti mismo?

Yo a veces me gusto y otras no. Para mí ahora mismo el número uno es Goyo Jiménez por cabeza, por texto y por nivel. Te tiene dos horas descojonado, eso es muy difícil. Es algo que no hacen ni Les Luthiers. Además con un humor nada chabacano, con unos textos muy currados —porque Goyo es un tío muy culto y se le nota— y con muchos recursos. Dani Rovira es buenísimo. Y de los que vienen empujando el que más me gusta es David Broncano.

¿Y americano?

Bill Maher. Tengo una especial debilidad por él. Pero es que en América da la sensación de que son todos buenos.

Son los maestros del stand up.

Sí. En Inglaterra también hay muchos y muy buenos, pero en América ver un monólogo en un teatro con tres mil personas es impresionante. El público es bueno también.

Chris Rock también es buenísimo. El primer Eddie Murphy, el de antes de las películas, es espectacular.

¿Hay algún político que —sin ironía— podría triunfar como humorista?

Rubalcaba.

Es un cachondo.

Efectivamente. Rubalcaba es de los pocos que puede hablar sin tener un papel delante, sin leer, y puede ser gracioso, tiene chispa.

Rajoy tiene su gracia.

A mí Rajoy me parece de los tíos más divertidos, me hace una gracia tremenda, pero me temo que sin querer. Un tío que es capaz de decir en la tele “es que no entiendo mi letra” me parece sublime. Pero claro, es humor involuntario.

¿Qué series de humor españolas y extranjeras nos recomiendas?

¿Españolas? Ninguna. Extranjeras, por ejemplo, The Office —tanto la versión inglesa como la americana están muy bien—; Flight of de Conchords es buenísima, Modern Family, hay tantas…

¿Cómo sería el programa perfecto que te gustaría presentar?

Me encantaría presentar un programa de música. Con humor, claro. Lo que estamos haciendo en la radio: Abierto hasta las 2. Es un programa en el que el artista está dos horas, toca cinco canciones en acústico y después entrevista muy relajada; eso me encantaría hacerlo en la tele. Pero dices “música” a un directivo de televisión y lo primero que piensa es en Operación Triunfo o en politonos. Eso es lo que por música se entiende en la tele ahora mismo, a no ser que sea una cosa marginal como los conciertos de Radio 3 o algo así.

Con la inminente despedida de Buenafuente, ¿ha muerto definitivamente el late night en España?

Si es que alguna vez vivió. Hubo una época buena, en que convivieron Buenafuente y Noche Hache. Por alguna razón que no acabo de comprender el late night se ha trasladado a la tarde, de tres y media a cinco. No sé si ha muerto definitivamente, espero que no, porque yo no sé hacer humor por la tarde, para los niños; lo mío es gente ya formada. Ahora está Tonterías las justas y antes estaba  Sé lo que hicisteis, que se podía considerar un late night en horario de tarde. Tonterías las justas es otro perfil más similar a El hormiguero, más preadolescente.

Espero que el late night vuelva y que lo haga con fuerza. En EEUU ya no es que haya late night, es que hay tres programas: de once a doce el gamberro, de doce a una un poco más gamberro y de una a dos ya es destroyer. Pero claro, duran una hora cada uno, que es algo que todavía en España no hemos conseguido: un programa que dure 45 minutos diarios, no hora y media, que es una barbaridad. Pasa lo mismo con las series, que cada capítulo parece una película.

¿Por qué te has decidido a cantar?

(Me mira con suspicacia levantando una ceja)

¿Había necesidad de ello?

Había una gran demanda en España (ríe)

Siempre he cantado. Hubo una época —con quince años más o menos— en la que me decía “quiero ser cantautor”, pero enseguida me desvié a la canción divertida porque lo que más me influyó para hacer eso fueron los discos de La Mandrágora, del primer Joaquín Sabina, de Toreros Muertos, el primer Gran Wyoming con El Reverendo, Javier Krahe. Mezclar música y humor es algo que me encanta.

Yo canto mal, lo sé, y toco mal.

Voz tienes.

Sí, pero no la sé manejar. Es como el que tiene una pistola. En fin, yo lo siento por el público asistente, pero me encanta mezclar música y humor.

Tienes Twitter, tienes Facebook, seguro que usas el buscador y los mapas de Google, pero ¿para qué sirve Yahoo?

¿Para qué sirve Yahoo? Es verdad, le han comido el pan un poquito a Yahoo. Pero han estado muy inteligentes contratando a un sujeto para volver a estar ahí en primera línea. No sé para qué sirve Yahoo, pero son una gente supersimpática y con mucho criterio.

Sabemos que te encantan las series como The Wire u otras de HBO.  ¿Se puede uno aficionar a ellas sin hacer descargas ilegales?

Es muy difícil. Hay que tener pasta, ir a la FNAC y hacer un saqueo. Pero gracias a internet tenemos la posibilidad —aunque sea ilegal… o “alegal”, vamos a llamarlo mejor así— de verlas y además de verlas en V.O. y subtituladas por voluntarios de la red que han dedicado su tiempo a subtitularlas para que tú las veas el día después que se ha emitido en EEUU. Eso nos lo dicen hace unos años y flipamos. Yo creo que es una suerte lo de internet.

¿Cuándo fue la última vez que la cagaste?

Hace un rato seguramente, porque es continuo lo mío. Tengo una facilidad para cagarla… Además, cuanto más grande es la responsabilidad, más grande es la cagada.

¿Tricicle o Faemino y Cansado?

Faemino y Cansado. A Tricicle también los venero, pero Faemino y Cansado son otro nivel.

Te digo tres frases  y me respondes el autor:

-¿Es la guerra? Que se ponga…

El enemigo. De Gila

-¿Saben aquel que diu?

¡Hombre! El gran Eugenio.

-España alcanzará el pleno empleo…

(ríe) ¿Esa puede ser de Zapatero? Gran humorista.

Sabemos por otras declaraciones que te gustan mucho las mujeres, sobre todo las inteligentes. ¿Quién te pone más, Cospedal o Pajín?

Joder. Madre mía. Pues debo decir que Cospedal. Porque es que Pajín… Pajín, claro, es que ni intelectual ni físicamente, con perdón. Pero Cospedal tiene un punto mature, MILF. Me pone más Cospedal, sí.

¿Has aprovechado alguna vez tu éxito en los medios para triunfar sexualmente?

Jamás. Pero jamás. Me parece obsceno.

Hace poco le hiciste el test malrollero a Modestia Aparte. ¿Podrías tararearnos una canción del grupo que más te gusta?

Tengo en la cabeza el último disco de Extremoduro porque me lo estoy metiendo en vena  y me he quedado con este estribillo maravilloso: (canta)

Arranqué un ramo de flores,

se lo regalé a mi amante.

Dijo que no las quería,

que estaba mejor antes.

El de Extremoduro no lo sabe, pero él hace flamenco. Parece rock, pero en realidad hace flamenco.

¿Qué tres canciones les dedicarías a Eva Hache, Fuentes y Buenafuente?

A Eva Hache una de amor. Esta que te acabo de cantar de Extremoduro. A Fuentes aquella de Malú que decía “Me has enseñado tú…” y a Buenafuente lo conozco menos porque no he trabajado con él, he estado sólo como entrevistado; no tengo tanta relación personal como para dedicarle una canción, pero sería también de amor, porque Buenafuente te puede gustar más o menos, pero el camino que ha abierto para todos creo que lo debemos valorar los demás.

¿Te molesta que te copien? Es que te he fusilado un par de preguntas del test malrollero.

Me ha dado la sensación en algún momento. No me molesta por una razón: soy muy poco copiado y si lo soy no soy consciente. Y mira la inconsciencia…

La pregunta del millón, ¿radio o televisión?

Radio, sin duda alguna. La libertad, el tópico de la magia que tiene la radio —que es verdad—, la inmediatez, el hecho de que puedas hacer otras cosas mientras escuchas la radio; porque la televisión te exige una presencia… A mí la radio me parece maravillosa.

¿Y si dejaran de pagarte en la TV como si estuvieses en la radio?

En la tele la pena es que ya ni se paga bien. La tele ya, ni por dinero. Antes sí, antes decías “hago este truño y tal” —que yo la verdad no he hecho muchos de esos “alimenticios”, he hecho casi siempre cosas que me gustan— y te pagaban muy bien. Pero ahora ya, la verdad, no compensa la exposición que tienes y los efectos colaterales. En Radio Nacional, en la radio pública, que es donde estoy ahora, tengo una libertad que no he encontrado en mi vida. Sobre todo porque no hay publicidad, eso es vital. Los problemas que he tenido alguna vez en la tele han sido por las marcas, por hacer un chiste de El Corte Inglés o de un banco. Es que están acojonados de que quite la publicidad  el afectado ¿Habéis notado que hoy se habla menos en los medios de Botín?

Es duro, pero es así.

Fotografía: Gonzalo Merat