Joan Capdevila: «Mi única virtud es que he sabido siempre dónde está mi límite; al final el fútbol es inteligencia»

Esta entrevista está disponible en papel en nuestra revista trimestral número 26

El fútbol lo decidirán los cracks, los artistas del balón, pero sin futbolistas trabajadores currando y sudando por detrás de ellos no serían nada. Joan Capdevila (Tárrega, 1978) no solo asumió este rol con humildad, sino que parece incluso sorprendido por los éxitos que cosechó ciñéndose al papel sin extralimitarse. Habla de su carrera como si se tratase de un sueño. Todavía le cuesta creérselo. Fue plata olímpica, campeón de Europa y del mundo con la selección española sin jugar ni en el Real Madrid ni en el FC Barcelona. Esa es su gesta.

¿Dónde empezaste a jugar?

Soy de Tárrega, un pueblo que no llega a veinte mil habitantes. En la plaza estábamos siempre jugando al fútbol, ahora no ves a ningún niño hacerlo. Yo solo esperaba que llegase el fin de semana para poder jugar. Apuntaba cada gol que metía en una pizarrita. Era en campos de tierra, salías todo lleno de raspones, que luego se te pegaban las sábanas a la sangre por las noches. Si llovía, pues te embarrabas. Mi madre me hacía lavarme las botas, ella no las tocaba. Fue muy importante en mi desarrollo como futbolista. Como me daba miedo darle de cabeza, me prometió que me daría cien pesetas cada vez que me lo hiciera. Así me atreví. El mismo día que le di, me giré en el campo y le dije a mi madre: ¡cien pesetas!

En mi casa había mucho fútbol. Mi padre jugó en el Tárrega muchos años, cuando se jugaba la Copa América se despertaba de madrugada para ver los partidos. Yo me levantaba con él a las dos de la mañana y no me enteraba de nada, pero hacía el esfuerzo. Luego él pasó también a darme cien pesetas por cada gol que metiese.

Empezaste de delantero.

El primer día de mi vida que jugué en un partido amistoso, con cuatro o cinco años, me pusieron de central, como mi padre, que había jugado veinte años en esa posición. Me llegó un balón y le di directamente. Entró por la escuadra, pero de nuestra portería. Entonces el entrenador dijo: «Mejor ponte arriba». Estuve siempre de delantero y luego de cadete pasé a extremo izquierdo, como Stoichkov.

Con 13 o 14 años, mi tío ya me llevó a ver al Espanyol en Sarriá. Me gustó mucho y me hice socio del club. Todavía lo soy. Me acuerdo de que me encantaba Penev. Un día pedí al entrenador que me cambiaran al descanso para poder ir a ver el Espanyol-Valencia. Luego empataron 0-0, pero bueno… Mi tío también me llevaba a ver al club a Zaragoza, a Logroño, a Pamplona… a sitios cerca de por aquí. La primera vez que me subí a un avión fue con mi tío para ir a un Rayo-Espanyol. Tenía 14 o 15 años, pero estaba cagao. A la vuelta coincidimos con todos los jugadores del Espanyol, compré una libreta en el aeropuerto y pedí a todos que me firmaran. Uno de ellos fue Lardín y años después acabé jugando con él.

¿Cuándo empezaste en el fútbol serio?

En mi segundo año de juvenil ya jugué en Tercera, quedamos campeones e hicimos el play-off para 2.ª B. Jugábamos contra tíos de 35 años. Nunca olvidaré la primera vez, contra el Rubí, entré al campo, fui a un córner, sacamos y dentro del área me dieron un bofetón con la mano abierta, un tío que podría ser mi padre. Me quedé… pensaba «¿Dónde me he metido? ¿Cómo le hacen esto a un niño? ».

Así me llegó la oferta del Espanyol. Me llamó Casanova, que no sé cómo lo dejó escapar luego el Espanyol. Si no es por él, me hubiese quedado toda la vida en el Tárrega. A un amigo de mi edad que hizo el mismo recorrido que yo, le fichó el Barça, a Marc Carballo, que tenía una calidad tremenda, una zurda impresionante. Pero ir al Barça puede ser bueno o malo, porque luego acabó en el Lleida en Segunda. Yo fui más pragmático y no hice la prueba con el Barça.

Me acuerdo de que mi padre, que tenía un Renault 12, cambió el coche solo para venir a verme a Barcelona, por el qué dirán, y se compró un Suzuki Bareno que todavía lo estará pagando. Cuando entramos en Barcelona por Diagonal nos parecía Nueva York. Yo pensaba: «Hostia, a dónde me llevan». Fui a entrenar a La Chatarra y me cogió Paco Flores del cuello, que casi me ahoga, y me dijo: «¿Tú eres el de Tárrega? ¡Cámbiate! »

La residencia de Manel y Lili.

Dos personajes. Nos lo pasamos muy bien ahí. Me hice muy amigo de David Sánchez, al que acababan de fichar del Reus. Luego estaba Valbuena. Yo estaba solo a cien kilómetros de casa, pero niños que venían de Granada o Almería lo pasaban muy mal y a los seis meses se marchaban. Era muy pronto para irte de casa, excesivo. Y ahora hay niños de 10 años con representante. No todo es fútbol en esta vida, hay muchos que no van a llegar y luego se pegarán un palo. A esa edad hay que estar en casa con la familia y divertirse con el fútbol, nada más. Yo al menos ahora no dejaría fichar a un hijo mío con 11 años. El niño tiene que ser niño.

Pero bueno, allí estuve en el juvenil. Los primeros dos meses en el banquillo, cosa que no entendía. Luego tenía que coger el metro para ir a estudiar a las seis de la mañana con no sé cuántos transbordos, atravesar media ciudad hasta el entrenamiento. Le dije a mis padres que me piraba, que me quería ir a mi casa con mis amigos y me dijeron que aguantase todo el año, que acabase lo que había empezado. Si llego a tirar la toalla ahí se habría acabado el fútbol.

A partir de diciembre, empecé a jugar y ya fui alguna vez con el Espanyol B, de extremo, mediocentro a veces, hasta que me pusieron de lateral y ahí me quedé. Un día me fui a jugar un torneo a Italia, me llamaron para debutar en 2.ª B y me pusieron un vuelo. Eso estuvo bonito, motivaba. Florencia-París, París-Barcelona, y luego vuelta para jugar contra la Juve.

Lo bueno de la residencia es que yo ya era de los mayores. La liábamos mucho. A Manel le escondíamos la dentadura… un día salimos, la primera vez en nuestra vida, y David Sánchez acabó borracho perdido, casi coma etílico. Nos caíamos de los taburetes. Nunca habíamos bebido. En la residencia, todo vómitos. Manel preguntó qué había pasado, dijimos que le había sentado mal la cena y aún se lo creyó.

Erais la Quinta de la Intertoto.

Al siguiente año, pasé al Espanyol B. Jugamos el play-off para subir a Segunda, que lo logró el Recreativo de Huelva de Caparrós. Ese año fue también el de la famosa Intertoto, que la jugamos dos o tres descartes del primer equipo y el filial. Eliminamos al Auxerre, de la primera división francesa, hasta que nos tiró el Valencia de Rainieri, Piojo López y todos estos. En la vuelta en Mestalla Paco Flores me preguntó si tenía miedo, porque aquello era espectacular. Anglomá, Cañizares, Farinos, Carboni… un equipo top. Me acuerdo que me hizo mucha ilusión jugar junto a Florin Raducioiu, un mítico del Espanyol de toda la vida. Luego estábamos De Lucas, Tamudo, Soldevilla… creo que no ha vuelto a salir tanta gente en una generación como en aquella. Todos debutaron y todos se fueron, aunque el malvado fui solo yo.

¿Y eso?

El Atlético pagó mi cláusula, 800 millones, que la ciudad deportiva la hicieron conmigo, pero la gente me pitaba. A Toni, el portero, que se fue gratis al Atlético, le aplaudían.

Al primer equipo llegaste por pura suerte.

Entrenaba con el primer equipo, pero jugaba con el filial. Un fin de semana palmamos 6-1 contra el Terrassa. Cogí el coche, me iba a Tárrega, a mi casa. Escuché el Espanyol-Barcelona por la radio y oí cómo le sacaron roja directa a Federico Domínguez. Estaba Brindisi de entrenador y me llevó la semana siguiente convocado contra el Athletic. Me tuvieron que hacer un traje deprisa y corriendo. Fui corriendo a la calle, a la cabina de teléfonos, porque no había móviles, a avisar a mi familia. Colgué el traje en la habitación y me pasé toda la noche mirándolo: «Hostias, tío, qué guapo, voy con el primer equipo y encima a San Mamés».

Mis padres y mi tío fueron a verme. Marcó Benítez para nosotros, me acuerdo perfectamente, y se lesionó Pacheta, que estaba de lateral izquierdo porque Domínguez estaba sancionado. Brindisi me dijo: «Joan, ven, que vas a salir». Me dio unas instrucciones que ni a día de hoy sé lo que me dijo, solo estaba pensando: «¿Voy a jugar en San Mamés?». Salté al campo, marqué a Etxebarría, y el primer balón que toqué en primera división fue de cabeza [risas]. Pensé que sería algo del destino. Mi tío, en la grada, cuando vio que iba a salir, se tuvo que marchar del estadio. No llegó a verme por los nervios. No pudo.

Empatamos 2-2, di un pase de gol. Nos empataron en el 93, estuvo bien la cosa. Brindisi me dijo que no sabía que era mi debut, como el hombre acababa de llegar… Llevaba un partido solo, creo. Pero hubo más. En el siguiente partido, contra el Betis, Domínguez seguía sancionado, volvió a salir Pacheta y en el minuto 10 se volvió a lesionar. Lo que es el fútbol. Volví a salir, otra vez cagao, y debuté en Montjuic. Ganamos 1-0. La siguiente semana viajamos a Zaragoza y me puso de titular. Ganamos 0-3 y marqué un gol. El 0-1. Desde entonces, jugué titular todo el año. En tres semanas me cambió la vida.

Ese año estuvo Bielsa seis partidos.

Sus entrenamientos eran muy exigentes. No estábamos acostumbrados. Hacíamos casi una hora con el físico y luego venía él. En el cara a cara era un tío que iba de frente. Mucho. Me acuerdo de Dominique Lemoine, un belga que teníamos, que hizo unas declaraciones en el Sport criticando algo. Antes del entrenamiento, vino Bielsa con el periódico y le dijo: «¡Qué dices aquí!». Le contestó que se habría equivocado con el idioma, porque era cierto que hablaba muy poco español, y lo crucificó. Si te iba así, te cagabas vivo. Cuando se fue y vino a despedirse de todos, nos dio la mano uno a uno  y, cuando llegó a Lemoine, este se levantó y a él le dijo: «A ti no». Rencoroso, lo que tú quieras. A mí me veía más como un central zurdo. Me dijo que me fijase en lo que hacía Pochettino.

¿Qué recuerdos guardas de la que ya era la liga de las estrellas en aquel entonces?

El día que debuto en San Mamés, había un balón en la banda, fui a él y Patxi Ferreira me dio una patada… Llegaron las asistencias, Mauri, el médico del club: «¿Qué pasa, Joan?». Y le digo: «Me han pegado una patada que…». Me cogió del hombro y me dijo mirándome a la cara: «Bienvenido a primera división» [risas]. «Hostia, qué razón tienes», pensé. No me he olvidado de esas palabras en toda la vida. Y no me puso ni spray milagroso ni nada.

De esa época fue una ilusión terrible jugar en el Camp Nou, marqué a Figo. En ese momento vives en una burbuja, no te das cuentas de lo que pasa. En el Bernabéu me impresionó mucho Seedorf, qué manera de jugar tenía. Me acuerdo también de Hierro, que me deba un poco de temor, mucho respeto.

¿Por qué fue conflictiva tu salida?

Si yo jugaba veinte partidos con el primer equipo, pasaba a profesional. Los superé, pero nadie me hizo profesional. Seguía cobrando 180 000 pesetas al mes, lo del filial. Cuando se enteraron de que venía el Atlético de Madrid a por mí, me dijeron de ir a firmar el nuevo contrato deprisa y corriendo. Entonces dije: «Pues ahora no quiero». Me ingresaron un dinero, dando por hecho que ya era profesional. Yo, mal asesorado, lo devolví… Se desencadenó una guerra total, pero no por mí, sino por la cláusula que querían que pagase el Atlético. El presidente era Sánchez Llibre, que salió en la prensa diciendo: «Le doy un 33 % más que el Atlético de Madrid». Y era mentira, se cubrió las espaldas y me dejó a los pies de los caballos.

El año en el Atlético de Madrid fue de pesadilla, el del descenso.

Fui con una ilusión tremenda, pero empezamos mal. Estaba toda la vieja guardia del Atlético, Aguilera, Kiko, Baraja… también Bejbl, y Solari, que era el interior y yo el lateral. Primer partido en casa, palmamos contra el Rayo. Toni tuvo un par de errores y lo cambiaron y encima llegó la intervención judicial. Un día me encontré el Calderón lleno de coches de policía rodeando el estadio. Clemente Villaverde nos dijo que no nos preocupásemos, pero se cargaron a Ranieri y vino Antic, que creo que arrastraba problemas con los veteranos de la etapa anterior, eso me dijeron. No ganamos ni un partido con él.

Encima de bajar a Segunda con un equipo hecho para jugar en Europa, es que éramos el Atlético, que tiene una masa social enorme, ¡abríamos cada telediario! Al volver de Oviedo nos apedrearon el autobús que no veas cómo lo dejaron. En el siguiente partido en casa, contra el Sevilla, nos tiraron huevos, que estaba Toni limpiando la portería, y le marcó Tsartas.

Lo pasé fatal. Psicológicamente lo veía como el fin del mundo, tenía ganas hasta de retirarme. La afición no salvó a nadie. Jesús Gil un día nos reunió a todos en su despacho antes de la intervención judicial, fuimos uno por uno. Cuando me tocó a mí, vi el cuadro de Imperioso, el caballo, la bandera del Atlético, la bandera de España… dije ufff… Estaba cagado, cagado. Me senté en las silla esperando que me decapitase, pero me dijo que estaba contento conmigo, que era joven, que más no me podía pedir. Salí contento, pero a unos nos fue mejor que a otros. A otros les veías que salían casi llorando. Algunos te contaban lo que les habían dicho, otros vete a saber.

¿Qué te dijeron los demás?

No me acuerdo ahora, no sé. No sabría decir. Solo que fue muy duro. No ganábamos, no ganábamos y nos fuimos al hoyo. Cuando bajamos en Oviedo fue un drama. Para colmo, jugamos la final de copa contra el Espanyol. Yo estoy convencido de que me echaron un mal de ojo. No puede ser que me vaya del Espanyol al Atlético, baje a segunda y juegue la final de copa contra el Espanyol y la pierda.

¿Cómo puede un equipo de ese nivel, que lo demuestra llegando a la final de la Copa del Rey, bajar a segunda?

Un mal de ojo. Hicimos partidos de la hostia hasta el minuto 70, como un día contra el Zaragoza que Garitano nos metió dos faltas a la escuadra y 2-2. Siguiente partido, lo mismo. Nos marcó hasta Toni Prats, el portero del Betis, de falta, ¿te lo puedes creer? En el Camp Nou, 1-1 en el minuto 90, y nos marcó Bolo Zenden desde fuera del área, con la derecha y por la escuadra, ¡bah! Esa no la volvió a meter en su vida. Contra el Athletic de Bilbao en casa nos jugábamos la vida, pues llegó una tormenta con rayos y truenos, como si el destino nos estuviera amenazando, y nos ganaron 1-2.

Ganasteis al Madrid.

La única alegría que nos llevamos. Cuando lo ganamos, que era a principio de temporada, volvimos al Calderón y la gente estaba entusiasmada con nosotros, como si hubiésemos ganado un título. Decías: «Joder, como este año se dé bien, va a ser superbonito, pero nos salió todo mal».

En la final, el error de Toni, tu amigo…

En Mestalla, aunque habíamos bajado a segunda, la gente estuvo con nosotros. Había ambiente. Pero en el minuto 6, Toni la está botando y se la quita Tamudo y gol. Más desgracias no nos podían pasar.

¿Por qué pasaban esas cosas, qué fallaba?

No lo sé. En el vestuario no había ningún problema, no puedo decir que fuese culpa de ningún entrenador. Era todo normal, pero se juntaron varias cosas, que no ganábamos, la intervención, que te la clavan por la escuadra, que otro se resbala… ¿Qué más podía pasar?

Del error de Toni me enteré por la gente. Estaba recuperando mi posición y de repente escucho «Goool» y digo «¿Qué me estás contando? ¿Gol? ¡Pero si la tenía mi portero!»… Luego Kiko le preguntó a Toni y este decía: «Te juro que la tenía cogida», vimos la repetición después y… unos cojones la tenías cogida [risas]. Estuvieron mucho tiempo sin hablarse Tamudo y él. Yo hubiera preferido no llegar a la final, que nos hubiera eliminado el Barça en semis, ¡pero no se presentaron a jugar la vuelta! Pasamos automáticamente después del 3-0 de la ida, y no les sancionaron, al año siguiente volvieron a jugar la Copa, es un pitorreo todo esto. Y, agárrate, que luego cuando acabamos la final, me tuve que coger un vuelo para ir con la selección a Bratislava. Para colmo, me metieron en un avión con Tamudo. Algo me estaba pasando, eso solo podía ser un mal de ojo.

Saliste ese verano del Atlético.

Estaba ya pensando en que el año que viene jugaba en Segunda, estaba en Port Aventura y me llamó Miguel Ángel Gil. Me dijo que si encontraba equipo me podía ir. Tenía cinco años de contrato y estaba por quedarme. Entonces me dijeron que nos íbamos a ir al Deportivo Molina, Valerón y yo, pero que si yo no iba, se rompía la operación. Me empezaron a meter una presión de la hostia. Lo normal era que me pagasen los cuatro años de contrato que me faltaban, pero al final se los perdoné. Esto no salió en la prensa. Tenía tal sentimiento de culpabilidad que me dio igual. Y era dinero, eh.

Fuiste a los Juegos Olímpicos de Sidney.

Fiché por el Dépor, campeón de liga en ese momento, entrené un poco y me llamaron para la Olimpiada. Aquello fue una pasada. Una de las mejores experiencias que he vivido. Era un grupo bueno, los que veníamos de la sub-21, Puyol, Tamudo, Xavi, Angulo, José Mari… todos gente ya asentada en primera división. Iñaki Sáez nos daba libertad. Solo perdimos contra Chile, que se había llevado a Zamorano y nos marcó un gol. Se podían llevar tres mayores. Nosotros no llevamos ninguno y se estuvo hablando de si debía haber ido Raúl. Cuando fuimos a Sidney a jugar la fase final dijimos que en la Villa Olímpica no dormíamos. Eran como bungalows con siete camas cada uno, y nos metieron en un hotel en el centro, que no veas lo que era eso. Discotecas, garitos…

Ganasteis a Italia, se rompió ahí el maleficio.

Una Italia con Gatusso, Ambrosini, Pirlo, Abbiati. Era una generación tan buena como la nuestra, fue campeona del mundo en 2006. Les ganamos con gol de Gabri. Hubo mucho pique y como José Mari jugaba en el Milan, le dijeron: «Ya te cogeremos en Italia a ti». Fue un partido muy duro, como solo puede serlo contra Italia, que lo traen de cuna. Sin comerlo ni beberlo, después ganamos a Estados Unidos y llegamos a la final.

A mí, sin embargo, me sacó del equipo. El día de la charla de Estados Unidos vi el once y yo no estaba. Me dio un bajón. Puso a Puyol de lateral izquierdo. Algo que tenías que entender, que él venía del Barça, yo estaba en el Dépor, tenía sus galones, pero es que dijo Iñaki Sáez: «Puyol, vas a jugar de lateral izquierdo porque he soñado que metías un gol». Y yo: «Pues, coño, ponlo entonces de lateral derecho»…

En la final contra Camerún lo repitió, jugué en la segunda parte, desde el minuto 60. Había gol de oro, tuve una jugada, tiré y dio al larguero. Casi me cubro de gloria. Estábamos con 9 en esa prórroga, a Velamazán le partieron la clavícula. Íbamos 2-0 en el descanso y habíamos fallado un penalti. En la segunda parte, se metió un gol en propia puerta Amaya y nos empataron. Estaban Eto’o, Geremi, Kameni… tuvimos que aguantar como pudimos hasta llegar a los penaltis.

Me acuerdo de que no vino nadie a vernos, porque el vuelo hasta Australia, échale… Solo vino la familia de Amaya. Y fue el que se metió el gol en propia portería y en la tanda falló el penalti, tío. Horrible.

El mío lo metí. Le tiré a Kameni, le aguanté la mirada, pero estaba convencidísimo de tirárselo a su derecha y, cuando estaba colocando el balón, me empezaron a entrar unas dudas y lo cambié sobre la marcha. Entró. Ahí me cambió la suerte, se me fue el mal de ojo en Sidney.

La medalla de plata no está mal, aunque en el momento me fastidiaba no tener el oro. Eurocopa. Mundial y Oro olímpico hubiese sido la hostia. Lo que nunca olvidaré es que, según perdimos la final, en el vestuario, me suena el móvil y era Toni Jiménez. Pienso: «Querrá darme ánimos, qué detalle, qué buen amigo». Cojo y me dice: «¡Jódete, yo tengo el oro y tú no! ». Él lo había ganado en Barcelona 92 [risas]. Qué tío. Mira que luego no se me ocurrió a mí llamarle después del Mundial.

¿Qué tal con Irureta?

Cuando llegué, llevaban ya seis jornadas. Ese año jugué poco. Romero con 28 años estaba en plenitud. Me costó mucho, pero cuando fui entrando fue muy bonito. Jugué mucha Champions League. Cuando te ves en Old Trafford, en el Olímpico de Munich, contra el Milan… eso es otra cosa. E Irureta me fue sacando, porque él eso lo hacía, si tenía que poner cuatro laterales, los ponía: Romero, yo por delante, Manuel Pablo y Scaloni. Y no veas cómo le funcionaba ese rollo amarrategui en Europa.

Ahí me pasó que, estaba dando clases de inglés, y le pedí al profesor un insulto para usarlo en Inglaterra. Me dijo que como mucho les dijese «be careful» y días después, cuando se me puso Beckham por delante le dije: «Beautiful! beautiful!», porque me confundí. Otra vez, me di un golpe con él que me hizo una herida por encima del labio y estuve días afeitándome sin parar para que se me viera la raja, la gente no dejara de preguntarme qué me había pasado y poder decirles: «Nada, el otro día, un choque con Beckham…».

Jugaba muy bien ese Dépor.

Hombre, qué plantilla había. Ese equipo llevado con técnicas actuales hubiese ganado cinco ligas. En aquel entonces, cada uno hacía lo que quería, estábamos todos con un 15 %, 18 % de grasa. Todo eso es impensable ahora. Pero mira lo que había: Si no era Makaay era Tristán, si no era Valerón, era Djalminha. Si no era Víctor, era Scaloni. Si no era Fran, era Luque. Si no era Mauro, era Sergio. Romero, Manuel Pablo, que sonaba para el Madrid antes de romperse, Naybet, que también lo quiso el Madrid, Andrade, Turu Flores, Pandiani… era increíble.

Djalminha era un espectáculo.

Lo que le he visto yo hacer a ese hombre… Era el Ronaldinho de la época, lo que hacía en los entrenamientos era un espectáculo. Lo que pasa es que luego el carácter le falló y Valerón le comió el terreno. Lo que ha hecho Dembélé con Coutinho. Djalma era brasileño, en A Coruña no había presión de nada, en aquella época no había móviles con cámaras, podías hacer lo que querías, y… Lo de Neymar en silla de ruedas yéndose de fiesta lo hacías y no se enteraba nadie. Pero lo más grave fue el cabezazo a Irureta.

Djalminha no tenía claro que Scolari le fuese a llevar al Mundial de Corea y Japón, porque no jugaba siempre. Estaba nervioso por eso. Me acuerdo un entrenamiento que era un festivo y el día antes habíamos salido. Había un buen rollo de la hostia. Ese vestuario era brutal. Estábamos entrenando una pachanga, el segundo entrenador pitó un penalti, Djalminha se encabezó con que no era penalti y decidió que no se tiraba. Makaay iba a plantar el balón para chutar y Djalma se la quitaba. Irureta vino diciendo que había que tirarlo. Se encararon y le metió un cabezazo. Ya no jugó más y se perdió el Mundial. Irureta le dijo: «Al vestuario». Y Djalma: «Me pagan por entrenar, no me voy»: Irureta: «Fuera». Y él: «Que no me voy». E Irureta: «Venga, pues diez minutos más» [risas]. Seguimos jugando y no sé si Djalma marcó diez goles en cinco minutos porque nadie le entraba ni le tocaba.

El gran hito de ese Dépor fue remontarle al Milan un 4-1 en unos cuartos de Champions. En sus memorias dice Pirlo que sospecha que ibais dopados, que luego desaparecisteis de las competiciones europeas y no se os vio contra el Oporto.

El Dépor no tenía poder económico, por eso desapareció de Europa. Y hombre, si me hubiese dopado contra el Milan, me habría dopado también contra el Oporto. En el descanso les ganábamos 3-0 porque ellos iban andando. Si ves el gol de Luque, el pase era de saque de Molina. Ese gol te lo resume todo. Iban muy confiados.

En octavos había sido la Juve.

Sí, Del Piero era mi debilidad y al final le pude pedir la camiseta. La guardo en mi casa como oro en paño. Me gustaba mucho la clase que tenía. Cuando jugué en la India me lo encontré y se acordó de mí. Me dijo de tomar un café, tendría 37 años, y me quedé tan cortado… ¿Del Piero me dice que me tome un café con él? Dije que no, me subí a la habitación y le dije a mi mujer: «¡Que Del Piero me ha dicho que me tome un café con él!». Y ella me dijo: «¿Y no te lo tomas? ¿Tú eres tonto?».

Nunca has perdido el punto de aficionado, aunque fueses profesional.

Hace un par de años estuvo mi hijo ingresado en el hospital. Por Navidad, anunciaron que vendrían los jugadores del Barça a ver a los críos. Pensé que sería Rafinha y tal, pero no. Vinieron Messi y Luis Suárez. Cuando me vio Messi me dijo: «¡No me pidas nada hoy!» [risas]. Tengo tres camisetas de Messi, dos pantalones y unas botas. En cambio, a Cristiano Ronaldo le pedí las botas y no me las dio. En mi último año en el Espanyol le dije final del partido que me las diera de recuerdo y me dijo que no. Estaría de mal humor… solo acababa de marcar cinco goles, el Madrid ganó ese día 0-6 en Cornellá. Messi es al revés. Mi hijo pequeño, por desgracia, es del Barça, un día le pedí a Messi si le podía hacer una videollamada y se la hizo. Cuando le pasé el teléfono a mi hijo y vio que era Messi no sabes la ilusión que pudo hacerle eso. Se quedó… Mi hijo le pidió que metiese un gol y al día siguiente lo metió, al Athletic de Bilbao, de falta, y el chaval se pensaba que se lo había dedicado a él. Fue muy bonito. De Messi dirán lo que sea, pero conmigo se ha portado espectacular.

Hablemos del centenariazo.

Nos presentamos casi de invitados al Bernabéu con Figo, Raúl, Roberto Carlos, Zidane… No eran galácticos, eran megagalácticos. Llegamos al estadio y dos horas antes del partido todavía estábamos peleando con Lendoiro por las entradas. Hubo un lío con las invitaciones, que no nos habían dado las que eran, y llegamos a decir que o nos daban las entradas que nos habían prometido o no salíamos al campo. No sé cómo, dos horas antes aparecieron todas las entradas. Esa pelea que tuvimos con Lendoiro nos hizo salir al campo enrabietados. Hay unas imágenes, que en el minuto 5 o 6 cae uno del Madrid al suelo y van dos o tres a por él… salimos a competir de una manera… Estábamos ahí pensando: «Me cago en las putas entradas estas, al que pille por delante lo reviento». Y resulta que el que se nos cruzó fue el Madrid [risas]. Luego fuimos a celebrar el título al restaurante que tenía reservado el Real Madrid. Estaban las camareras quitando las banderitas blancas de la mesa a toda prisa.

¿No imponía el Bernabéu?

El campo que más me ha impresionado fue San Siro. De no poder hablar con el que tienes a dos metros. Fue un año que les eliminamos con Djalminha tirándose un penalti a lo Panenka; penalti que me hicieron a mí, pero no hace falta que lo pongas [risas]. Él avisó y todo, dijo: «Lo voy a tirar a lo Panenka», y lo tiró a lo Panenka. Se fue al córner a celebrarlo y nos tiraban de todo, hasta móviles de los Nokia tochos, monedas… Ahí pensé en lo que tiene que ser un Inter-Milan.

Por el Oporto de Mourinho nadie daba un duro, se llevó por delante al Dépor y ahí empezó la leyenda de ese entrenador.

Todavía no existía la expresión «de Mourinho». Empatamos en Oporto 0-0, que creo que Mourinho lo daba hasta por bueno. Pero el problema que tuvimos fue que en la ida expulsaron a Andrade por darle una patadita a Deco, que era amigo suyo, fue de coña, pero lo echaron. Andrade le decía al árbitro: «Que es mi amigo, que es mi amigo», pero nada. En la vuelta jugamos sin él y sin Mauro Silva, que se provocó la tarjeta para no perderse la final. Al loro. En su lugar jugó César y fue él quien hizo el penalti que nos metió Derlei y nos echó. No digo que César lo hiciera mal ni mucho menos, pero es que ya es mala suerte. Además, en el minuto 80. Pero ese día el ambiente ya no era como el de la remontada al Milán.

A la Eurocopa de Portugal fuiste, pero no jugaste.

Debuté con la absoluta en Logroño, en un partido contra Paraguay. Fueron a verme mis padres y les regalé la camiseta, que está enmarcada. En 2004 dieron la lista y yo no iba, pero se lesionó Michel Salgado y me llamó Iñaki Sáez. Fui y no jugué ningún minuto, pero me sirvió de experiencia la convivencia. Entrenar con Raúl, que era el jugador más importante que había, para mí fue importante.

¿Qué le pasó al equipo para irse en primera fase?

No quiero culpar al entrenador, pero igual fue demasiado permisivo. Quizá mandaban más los jugadores que él, pero no sé. Algo falló. Hicimos lo más difícil, que era ganar el primer partido y, en el segundo, contra Grecia jugamos mejor pero nos empataron con un gol de Charisteas ahí que…

No, no, gol tras un señor pase de don Vassilis Tsartas.

Con la zurdita, sí, golazo.

Mourinho ganó la Champions y Grecia la Eurocopa, fue un año de deleite para los amantes del fútbol defensivo.

Lo impresionante fue que el partido inaugural fuese Grecia-Portugal y la final, Portugal-Grecia, y ambos los perdiese Portugal. En Portugal [risas]. Lo de Grecia tenía un punto a la Dinamarca del 92, que fue de invitada porque la llamaron al última hora en sustitución de Yugoslavia, y ganó. Por Grecia nadie daba un duro, se lo fue creyendo y ganó también. Yo me alegré de que ganara Grecia, no por ellos ni por ir contra Portugal, sino porque una sorpresa siempre le sienta bien al fútbol. Espectáculo no dieron, eso sí. Era como el Atlético de Madrid de Simeone, no hace fútbol vistoso, pero te gana. Te gustará o no cómo juega, pero te gana. Ves que los equipos cuando van a jugar contra el Atlético ya van resoplando, sin ganas, porque va a ser un partido feo y te van a ganar en una contra. Nadie quiere enfrentarse a ellos.

¿Qué tal Caparrós en el Dépor?

Muy bien. Confió mucho en mí. Es un personaje… El fútbol para él no tiene secretos, es trabajo, trabajo y trabajo. A nosotros nos trajo ya conceptos modernos, cuidar la alimentación, mirar el porcentaje de grasa. El cambio lo notamos, pero ese Dépor no era el de cuando Lendoiro compraba, sino el de cuando vendía. Se fueron las estrellas y éramos de media tabla. Currando solventó situaciones complicadas. Porque yendo de abajo a arriba es fácil, pero de arriba a abajo cuesta gestionar un equipo. El doctor Escribano nos daba sus papillas en el descanso…

¿Qué tenían?

Espaguetis triturados. No sé si nos hacían bien o te lo imaginabas, pero esos métodos los empezaron a introducir todos los clubes. Antes Donato jugaba con 40 años y barriguita y lo hacía muy bien, pero ponle ahora en el Camp Nou con 40 años… Un ejercicio que hacía mucho Caparrós era ponerte a correr y cuando solo te quedaban cien metros se ponía a tu lado y te empezaba a hacer preguntas. Quería que en una situación de agotamiento te funcionara la cabeza, que supieras pensar ahogado. Trabajar el cerebro en el momento límite. Luego daba charlas. Decía, si tú haces entrenamientos, estás fundido, llegas a casa con la bolsa y ves que en el séptimo, donde está tu familia, hay un incendio, subes a toda leche. Pues eso es porque el cuerpo, aunque parezca que no, todavía puede dar más. La adrenalina te da para hacer ese esfuerzo. Aunque tú digas no puedo más, el cuerpo todavía puede. Esos ejemplos nos ponía.

En 2006 no fuiste al Mundial.

Jugué amistosos, estuve en convivencias, pero ya vi que, con 28 años, si me perdía ese, nunca tendría oportunidad de jugar un Mundial. Me quedaba el recuerdo de haber estado en una Eurocopa, al menos. Entonces se lesionó Del Horno y los periodistas pensaban que iba a ir, pero fue Pernía de, inicialmente, suplente de Antonio López. Recuerdo que hubo dudas en las televisiones y fue un poco raro, porque a él le sacaban metiendo goles y a mí sacando de banda, tirándome por el suelo [risas]. Creo que, sinceramente, si no me hicieron la cama, sí apretaron para que fuera Pernía. Luis no era para nada influenciable y se llevó a Pernía porque, dijo, sabía los códigos del fútbol. El otro fútbol, el de todo un poco. Luego resulta que fue titular. ¿Cómo se sentía Antonio López? Eso nadie lo ha preguntado. Yo me llevé una decepción. Aunque no fuese a jugar, al menos estar ahí, como en la Eurocopa, quería vivirlo. Al siguiente Mundial veía imposible que nadie quisiera llevarme a mí con 32 años.

¿Qué pasó en la tragedia del «Vamos a jubilar a Zidane»?

Se habló de la destitución de Luis Aragonés, puso el cargo a su disposición, pero Villar no le aceptó el cese. Entonces ya Luis planeó algo tipo: «Me quedo, pero con mis ideas». Prescindió de Raúl, de Albelda, de Míchel Salgado, Cañizares… En ese Mundial creo que empezó a haber grupitos, Luis lo detectó, malos rollos… ya Raúl no fue titular…

Era Villa.

No sé, porque con el disgusto no lo seguí mucho. Pero después, en la fase clasificatoria, cuando pierde contra Irlanda, es cuando ya no llama más a Raúl y Míchel Salgado. Ahí estalló la bomba.

¿Qué pasó?

Lo que me han contado no sé si es verdad…

Enrique Ortego contó que Raúl no quería entrenar mañana y tarde y Aragonés decía que a la selección se iba a trabajar. ¿Coincide?

No me coincide para nada. La verdad no la sabremos nunca, hubo discrepancias, se rompieron las relaciones y punto, y se puso a hacer un grupo que estuviese unido. Un vestuario donde cada uno aceptase su rol. Porque lo que me han contado a mí es que ellos tenían que jugar siempre, si iban a la selección tenían que jugar. Luis se arriesgó, fue con lo suyo a muerte y le salió bien. Cosa que no fue fácil, ir a la selección entonces era un drama. Nadie quería ir, no era como ahora. Ibas, pero lo pasabas mal. Cuando perdimos en Suecia, jugamos un amistoso en Murcia, cuando inauguran la Nueva Condomina, contra Argentina, que debutó Antonio Puerta, y en el entrenamiento nos insultaba la gente, «mercenarios», «hijos de puta»…

El punto de inflexión fue en Dinamarca, con el famoso gol de Sergio Ramos en Aarhus. Ahí empezó, para mí, la verdadera era de Luis Aragonés. Porque pasásemos por donde pasásemos, todo el mundo estaba «Raúl, Raúl». Una vez Luis Aragonés en Oviedo dijo que el entrenamiento iba a ser a puerta cerrada y se lio… Era el debate nacional, toda la prensa siempre estaba con lo mismo. A día de hoy, todavía no sé cómo soportamos esa presión. Era brutal, y eso que a nosotros los jugadores no nos incumbía.

¿Cómo se gestó esa forma de jugar?

Natural, de la calidad que había. Con esos jugadores va surgiendo. Igual que el Barça lo hace porque tiene calidad para hacerlo, no porque pueda llegar cualquiera y decir «hoy voy a jugar al tiquitaca». Yo cuando jugaba con España me sentía como si fuera del Barça o del Madrid, pensaba en cómo se tenían que sentir ellos con su 70 % de posesión en cada partido. Acababa y estaba fresco, porque con balón te diviertes. Después de cada partido podría haber jugado otro.

¿Sentisteis presión de la selección de baloncesto?

Al revés, al baloncesto no le dieron la importancia que merecía. Ganaron el Mundial, le dieron bola dos días y luego te sacaban una portada de Cristiano atándose las botas. Debería haber estado el país un mes de fiesta. Tiene tanta dimensión el fútbol que parece que los demás deportes no valen para nada. Hay una obsesión con el fútbol masculino, ni siquiera con el femenino. Se nos ha dado demasiada bola, pienso yo.

En el último amistoso, contra Estados Unidos, antes de la Eurocopa, decía El Mundo Deportivo: «esta España no va bien y su examen final antes de la Eurocopa lo aprobó por los pelos (…) lo que está claro es que la cosa no marcha como debería (…) Esta selección está años luz de ser candidata firme a ganar la Eurocopa (…) un equipo plano, sin ritmo y que abusa en exceso del toque (…) Se abusa de los pases horizontales sin peligro (…) la masiva presencia de interiores provoca que el fútbol ofensivo de la selección se cree por el centro. Un panorama desolador (…) si España dejara de apostar por el ‘toca toca’, de continuar no dándole resultado, el plan B tampoco sería garantía de éxito».

Fuimos al Sardinero y nos pitó todo Santander. Dijo la prensa que teníamos una defensa de mierda. Algo como «España sin defensa», que fue lo que más me molestó. Encima me lesioné en el abductor y casi me mandan para casa. Me dijo el fisio que porque era yo y sabía que mi cuerpo se recuperaba bien, pero jugué toda la Eurocopa lesionado. Jodido, jodido. Me dolía. Personalmente, estuve un poco molesto con la prensa porque habíamos ganado los amistosos, tan mal no estábamos, aunque se pudiese mejorar. Pero vamos, en el primer partido ganamos 4-1 a Rusia y ya todo era «¡Podemos!».

Contra Suecia, qué pase le diste a Villa, qué asistencia.

A ver en qué partido de esa Eurocopa un tío da un pase de 80 metros y acaba en gol. Fui a quitármela de encima y me dije, ya que le doy, la meto al área. Eso para mí es un despeje orientado [risas].

Con Ramos hubo líos al principio. Te leo: «Luis Aragonés le dio ayer un nuevo aviso a Sergio Ramos. Esta vez no fue por algo que haya pasado en el terreno de juego, sino fuera de él».

Le sacaron unas fotos en el pueblo donde estábamos, en Neustift, donde solo había un bar y él había bajado a tomar una copa con su hermano. Eso lo publicaron como que se había ido de fiesta, cosa que era imposible en ese pueblo, no había más que dos bares. Luis Aragonés le llegó con el periódico en la mano y le dijo: «Usted es tonto, ¡usted es tonto! ¿No ve que quieren desestabilizar? Yo sé que no estuvo de fiesta, pero el próximo día si quiere tomar algo le dejo yo una peluca». Nos metían mierda por todos los lados.

La clasificación fue fácil.

Aparte, que jugaran los suplentes el tercer partido vino muy bien. Debutaba todo el mundo, no había gente sin jugar, con ese ansia. Poder salir todos nos vino de fábula.

En el Mundial de 2006 recuerdo que al jugar el tercer partido con suplentes, contra Arabia, algo se dijo de que fue un error porque se había perdido tensión competitiva.

No, estaba bien. Así todo el mundo se sintió importante. Yo lo prefiero así, al menos.

Italia, partido épico.

Íbamos con la losa de no superar nunca los cuartos de final. Encima Italia, que era la campeona del mundo. Pero al eliminarlos nos sentimos como que habíamos cumplido 18 años y ya éramos mayores de edad. Sobre todo hubiera sido una pena habernos quedado en cuartos después de lo que sufrimos y la mierda que tragamos.

Italia se veía más favorita que nosotros, pensarían que en los momentos complicados nos ganarían con algún recurso, pero se encontraron con que en los penaltis, donde en teoría son mejores, demostramos que psicológicamente éramos más fuertes. Ahí les sorprendimos. Recuerdo estar en el medio campo, mirar a Buffon abrir los brazos y la portería parecía de hockey. No sabía por dónde iban a entrar los balones. Agradecí a Luis que no me dejara tirar. Vamos, Luis no preguntaba. Llegaba y decía: «Tú el primero, tú el segundo…». Ponía a los buenos a tirar primero, no eso de guardarse la estrellita para el final, como le pasa a Cristiano, que a veces ganan y él no ha tirado. Si eres el mejor tira el primero, ¿no?

A Rusia se la pasó por encima.

Nos liberamos. Fue el mejor partido de España, ya pensamos: «Ahora que nos digan lo que quieran».

Luis os dijo que si no ganaba con ese equipo, él era una mierda.

Decía: «Yo sé cómo ganar, solo tienen que hacerme caso». Desde el primer día hablaba de ganar la Eurocopa. Lo dijo Torres en una entrevista, era la primera vez que oíamos la palabra ganar en la selección. En Portugal nunca escuché a nadie hablar de ganar la Eurocopa. Nos lo fue metiendo, nos lo fue metiendo y al final nos lo creímos. Encima, logró que todos tuvieran su rol definido y aportaran. Palop, que era el tercer portero, que sabía que no iba a jugar, ¡era el que más animaba! ¿Cómo consigues eso? Eso es dificilísimo para un entrenador.

¿Y la final?

Llegó Luis y dijo «mañana no juega Wallas». Se refería a Balack, que al final jugó. Y dijo Luis: «¡Menos mal!». Porque había perdido todas las finales que había disputado. También habló de que le había llamado el rey y nos dijo: «Vamos a apretarle a ver si nos sueltan más pasta». Nos distraía con esas cositas. Yo, antes de salir, en la final, le dije a Xavi: «Si yo te la doy, bajo ningún concepto me la devuelvas». Y él: «Tío, Joan, què em dius, que estamos a punto de jugar una final». Me quitaba la tensión así a mí mismo. Era por mí.

Luego Luis nos dijo que si protestábamos, siempre de dos en dos para que el árbitro no viera siempre al mismo. Teníamos que aprendernos el nombre del línea, decía «al juez de línea le gusta que le llames por su nombre. ¿Quién se sabe el nombre de un linier? Si le dices ¡bien, Joseph!, el tío piensa: «Joder, qué bien, se saben mi nombre». El otro fútbol. Yo en mi puta vida me había parado a saber el nombre de un linier. Por algo le llamaban el Sabio, lo sabía todo.

Y el gol de Torres, que también es un tío que estuvo cuestionado y mal.

En la selección todos lo estuvimos. El problema era que la selección era de Madrid y Barça. La gente estaba pendiente de si había más de uno o de otro. Es así siempre. Para mí, es una guerra absurda, y los demás hemos sido jugadores de segunda fila a los que aceptan en casa de los mayores, para que te sientas bueno por un día. Pero yo pienso que si he hecho Olimpiada, Eurocopa y Mundial sin ser de ninguno de los dos, tiene más mérito que lo de ellos. Y siendo malísimo, pues más todavía [risas].

Tu habitación era el cuartel general.

Es que era enorme. Como íbamos por orden alfabético pensé que sería la de Casillas y fui a ver si se habrían confundido, pero no, era la mía. Entonces ya se quedó para jugar a las cartas y tomar unas cervecitas después de los partidos. Antes de cada final, en las que yo estuve, la noche antes siempre hacíamos todos juntos un colacao con madalenas o un cruasán, era como una superstición. Luego, dormir antes de una final es peor, porque sabes que si fallas estarás marcado para toda la vida. Sobre todo en la del Mundial, estaba muy preocupado por si me resbalaba o algo y perdíamos por mi culpa. De haber ocurrido algo así, ahora estaríamos aquí sentados y todo el que pasase por la calle me diría «¡hijo de puta! ».

Es difícil destacar nada de ese equipo, todo funcionó: Casillas, la defensa, el medio campo, los delanteros. No se puede decir que uno fuera clave, porque lo fueron todos.

Todo salió bien en esa Eurocopa. Hasta la celebración estuvo mejor que la del Mundial. Ganamos en Viena, volvimos y nos pegamos una fiestecilla entre nosotros en el famoso pub de Sergio Ramos. Volvimos al hotel, cogimos el avión para volver a Madrid, hicimos toda la ronda, y montamos una fiesta privada en Buda solo para nosotros, la familia y los amigos. Aquello fue muy brutal, todos dándonos besos, abrazos. Nos lo pasamosahí me di cuenta de la maravilla que era el grupo que habíamos hecho. Al llegar a las ocho de la mañana me encontré en el vestíbulo del hotel a Puyol y nos abrazamos y cambiamos la camiseta como si fuera el final de un partido, todavía la tengo guardada. Un escándalo lo bien que lo pasamos. Fue tan natural, una maravilla. En el Mundial celebramos, pero estuvo más apagado.

En ese momento eras jugador del Villarreal, club al que escogiste porque, dijiste, era el «más serio» de los que te pretendía.

Tuve varias ofertas. El más importante fue el Betis, el Levante me mareó también un poco, pero me fui con el Villarreal porque estaban en Europa y competían. Acerté. Conseguí ahí la plenitud futbolística. Si fui al Mundial con 33 años fue gracias al Villarreal, si me hubiera ido al Levante, que ese año bajó a segunda, no lo habría logrado. En Coruña sembré y recogí en Villarreal, donde logramos el mejor puesto de la historia, segundos, y salimos con el autobús como si hubiéramos ganado. Lo que ha hecho Roig es espectacular. Igual que en Coruña, que su realidad era estar en primera, mantenerse, y eso la gente no lo veía porque venía de unos años buenísimos.

Tuviste a Pellegrini y a Valverde; uno llegó al Madrid y el otro, al Barça.

Pellegrini, junto con Caparrós, ha sido el mejor entrenador que he tenido. Nunca se ponía nervioso. No le salió lo del Madrid, pero lo merecía. Con él no hice más que disfrutar del fútbol. No hacíamos tiquitaca como el Barça, pero sí minitiquitaca. Íbamos con jugones de verdad, Cazorla, Senna, Cani, Rossi, Nilmar, Borja Valero… Un Barça en miniatura. Luego llegó Valverde y quiso cambiar un poco el dibujo a un 4-4-2 más defensivo y nosotros no lo pillamos. La culpa es siempre a medias, pero creo que fue más nuestra. No asimilamos lo que nos pedía. Cuando se marchó fue muy emotivo porque le queríamos mucho y nos sentíamos culpables de no darle lo que pedía. Pero eran cosas que no podíamos hacer, que los extremos bajasen a defender, a Pirés lo mataba… Pellegrini en cambio era: «Si nos meten uno, tranquilos, ya meteremos dos». Ahora en el Barça si Valverde pone un 4-4-2 lo matan.

¿Por qué se fue Luis de la selección?

Durante la celebración él ya era consciente de que no podía seguir. Ya tenían a otro firmado, porque nadie esperaba que fuésemos a ganar. Eso es al menos lo que me llegó a mí.

¿Del Bosque qué mantuvo y que tocó?

Su presión añadida era que veníamos de ganar la Eurocopa. Ya estaba todo encaminado, la columna vertebral hecha, no quiso tocar muchas cosa y le fue bien.

Metió el doble pivote.

Sí, que fue muy criticado tras la derrota ante Suiza. Todos los entrenadores tienen que meter algo suyo, porque todos tienen sus cosas. No creo que esa derrota fuese por el doble pivote. El sacrificado fue el pobre Silva, porque de Busquets dijo que, de poder ser un jugador, Del Bosque hubiese querido ser Busquets. Le reafirmó. Eso fue importante, Busquets tenía 21 años. Pocos aguantan la presión como lo hizo él. Por eso ha llegado él donde ha llegado y no yo [risas].

Mi única virtud es que he sabido siempre dónde está mi límite, al final el fútbol es inteligencia. Nunca me habrás visto hacer una bicicleta porque podía descarrilar y rotura de tibia y peroné. Si lo mío era cortar y dar, yo cortaba y daba. Como decía Luis de sí mismo: «Yo era malo, pero era listo de cojones».

A ti se te cuestionó.

¿Sí? No me acuerdo. En la selección siempre he tenido la suerte de estar un poco al margen por no ser del Barça o el Madrid. Yo le daba igual a los polemistas. No hablaban ni mal, ni bien. Estaba entre dos aguas. En ese partido contra Suiza yo en lo único que estaba pensando fue en que era mi debut mundialista. Estuve pendiente del saque de centro y cuando lo hicieron, dije: «¡Ya! soy mundialista, le contaré a mis hijos que soy mundialista». Para mí jugar un minuto en un mundial ya era un triunfo. Luego acabé jugando todos los minutos, junto a Piqué y Casillas, que esa es otra.

Casillas también aguantó lo suyo porque se le ponía en duda por la presencia de Sara Carbonero.

Igual fue una motivación, ¿no? Antes, en la Copa Confederaciones, Sara estaba detrás de la portería. Nosotros en el calentamiento la mirábamos, porque si una chica es guapa, pues… y ya nos dijeron que tenía casi pareja. Fue todo muy secreto, como lo de Piqué y Shakira, que yo no me enteré hasta después del Mundial. De hecho, yo andaba por ahí diciendo todo el rato que quería hacerme una foto con Shakira. Pero no creo que esto fuese una distracción para nadie, sino al contrario. Te motiva.

Luis os criticó en los medios por salir con el partido de Suiza ganado.

Ni me enteré. Pero sí que es verdad que no salimos con la tensión adecuada, en lugar de salir al cien por cien sí que salimos al ochenta por ciento.

Después de Suiza fueron todo finales.

El primer día, el de Honduras, me llegó Del Bosque en la merienda y me dijo que ayudase un poco a los jóvenes, que venía un partido jodido. Eso me llenó de confianza, que viniera el míster a decirme algo a mí, en privado, me sorprendió. Porque lo normal era que hablase con Casillas y con gente con más peso. Después de lo de Suiza, a todos los partidos fuimos con la maleta hecha por si después nos íbamos a casa.

Lo de Chile fue un parto.

Honduras fue terrible, pero sabías que podías ganar. Contra Chile ya teníamos más dudas. Los equipos sudamericanos se nos dan fatal, presionan mucho. Un equipo de Bielsa además es complicadísimo. Estábamos acojonados, menos mal que metió Villa eso desde el medio campo. Fue un partido feo no, feísimo. De cojones. Cuando nos marcaron el 2-1 no sabíamos si atacar o defender.

Fue la primera vez que esa selección se echó para atrás.

Nosotros no sabíamos que a Chile le valía, fueron ellos los que pararon. A nosotros nos daba igual el otro partido, solo nos valía ganar. Teníamos el miedo en el cuerpo. Un resbalón, cualquier cosa, en fútbol puede pasar de todo, y a casa. Yo me quedé a atrás, lo único que tenía claro es que no podían meternos un gol, si no metían estábamos en octavos y me dediqué a eso.

Piqué recibió por todos los lados, estaba todo el día sangrando.

Ahí es donde se enamoró Shakira, al verle con esa cara [risas]. Pero, fíjate, después van y le silban. A un tío que siempre que le han llamado se ha entregado. Después, que cada uno piense lo que quiera en su vida privada, pero si defiende tu país o tu camiseta respétalo, ¿no?

El partido de Portugal, tácticamente, fue el más complicado que disputó esta selección junto con el de Italia de la Eurocopa.

Es que Portugal tenía muy buena selección. También nos tenían ganas. Cuando jugué en el Benfica noté que había algo de rivalidad entre portugueses y españoles, no los veo como los mejores hermanos. Siempre he visto que nos tienen ganas. Fue un partido duro y jodido. A mí, a nivel personal, me vino Toni Grande y me dijo: «Joan, has hecho el partido de tu vida». Dije: «Coño». Recuerdo que me cayó a la banda Cristiano porque tengo un par de fotos guardadas. Y el gol nuestro, si hubiera habido VAR, igual nos lo anulan, que estaba en fuera de juego Villa.

Vaya faltas nos tiró Cristiano Ronaldo.

Es que el balón ese era un desastre. Lo hicieron a propósito para Cristiano. Le metías y no sabías dónde iba. Me pongo en la piel de Iker y… cada falta era una lotería. Era casi un penalti, o peor, que de lejos es más difícil porque el balón se mueve más. No sé quién aprobó esa pelota, a mí no me gustó desde el principio.

Infartitos contra Paraguay.

Falló un penalti Cardozo en el 70. Fue el partido que más sufrí. Es que los equipos sudamericanos siempre se nos han dado mal, son rocosos, nos asfixian, nos viene mejor el estilo europeo. Vas de mala gana, te meten en su terreno y psicológicamente te ganan. Si nos llegan a meter el penalti, que se lo para Iker, estoy convencido de que nos eliminan. Luego tuve a Cardozo en el Benfica y me dijo que nunca los tiraba así, que ese día cambió. Y luego sacó Casillas y nos pitaron penalti a nosotros. Lo tiró Xabi Alonso, lo metió y le hicieron repetirlo, pero en esa jugada hubo otro penalti que no pitaron. Y al poco después entra el gol, un remate al palo de Pedro que coge Villa, chuta y da al palo, al otro palo y gol. Fíjate lo que es la suerte. No hicimos un fútbol brillante en ese mundial, pero fue eficaz. 1-0, 1-0 y 1-0. Esas fueron nuestras eliminatorias, se divirtió más la gente en la Eurocopa, pero un Mundial lo absorbe todo.

¿Cómo afrontaste la final?

Me dijo un amigo unos días antes: «Para salir al campo, ponte una moneda en la media y una vez dentro la lanzas y la entierras en el césped». Respondí: «Vamos a ver, tío, que mañana voy a jugar una final del Mundial, que no es la fiesta mayor». Y me dice: «Si quieres ganar, haz eso». Por la noche empecé a dudar, «¿y si no lo hago y perdemos?, a ver si va a tener razón». Con un par de cojones, me puse un euro en la media, el himno, tal cual, todo chulo, y mientras hacían el sorteo, tiré mi moneda y la clavé con el dedo en el césped, que debe estar todavía ahí. Yo no la toqué.

Cuando salté al campo, miraba la copa. Cómo brillaba. Ver la copa que habían levantado Matthäus, Maradona… La miré porque, ¿y si no la volvía a ver? Me impresionó mucho lo que brillaba. Pensé en Maradona, cómo se lo tuvo que pasar en el Estadio Azteca, levantándola delante de ciento veinte mil personas. Cuando sonaron los himnos, se me pasó un flash de mi carrera: «Yo qué hago aquí, con todo lo que he jugado en campos de tierra», me puse como melancólico, «cincuenta millones de españoles viendo el partido». Veía imágenes de mí cuando era pequeño.

Mis padres vinieron a partir de las semis, eso me puso muy contento, que me vieran jugar un Mundial. Al estar ellos en el campo me sentí un poco protegido, respaldado. Estás a doce horas de España, pero no estás solo. Entonces empezó el partido y se pusieron a meternos unos palos… En el minuto 13 o 14, me da un pase Puyol, la recibo, viene Van Persie y me da en el pie de apoyo. Le sacaron amarilla, pero sentí que me había reventado el tobillo.

¿Jugaste lesionado?

En el descanso estuve con el fisio. No me enteré de nada de la charla que dio Del Bosque. Tenía el tobillo hinchadísimo, con un esguince de caballo. Pensé que no podía jugar. Le dije al fisio: «Hazme lo que sea, pero que pueda jugar». Me dio un Nolotil o algo así, algo rojo. Me tuve que quitar el cordón de un par de ojales de la bota para poder atármela y probé en la carrera para salir al campo, si no podía, me volvía, se lo tuve que prometer. Pero pude. En cuanto empezó la segunda parte, ni me acordé del tobillo. Sería la adrenalina, pero no sentía dolor. Acabó el partido y estuve un mes de baja. Tenía el tobillo negro.

¿Os sorprendió la forma que tuvieron de salir?

Mucho. ¿Cuándo Holanda ha sido así de agresiva? Yo creo que ahí perdieron la final. Fue el equipo más violento de todo el torneo en ese partido. Paraguay fue mucho más noble que ellos y se supone que los sudamericanos son los aguerridos. ¿Lo de Van Bommel con Iniesta, que habían sido compañeros en el Barça y tuvieron un rifirrafe? Para sacar de quicio a Iniesta hay que… Y ya no te digo la patada de De Jong a Xabi Alonso, todavía no me explico cómo en el mundo del fútbol eso no es roja por mucha final que sea. Si es roja es roja, aplica el reglamento. Eso no es cargarse una final, el que se la ha cargado es De Jong, no el árbitro.

¿Cómo viste la ocasión de Robben?

Yo iba detrás de él, fui el que mejor lo vio de todo el planeta. Sin pagar entrada [risas]. Le grité: «¡Kiricocho!».

¿Cómo?

Kiricocho. El segundo de Pellegrini, Rubén Cousillas, cuando teníamos una ocasión en contra, decía «kiricocho», que es un mal fario para el rival. Se me quedó grabado. En esa jugada, a Piqué le pasó por debajo de la pierna, no sé por qué, pero el otro cuando arrancó la moto yo ya no llegaba. Solo me quedó correr a la desesperada y decirle «¡kiricocho!». Y va y la falla, tío. Rubén Cousillas tenía muchas manías, antes de cada partido se encerraba en los cagaderos y empezaba a rezarle a la Virgen…

Llegó el gol.

Cuando marcó Iniesta, miré el marcador y del 117 al 120, esos tres minutos, fueron los más largos de mi vida después de mi boda. Duró igual que todo el Mundial. Nos quemaba el balón, fue una cosa de locos. Despejábamos y Torres corría todos los balones. Yo le metí uno y se rompió al intentar controlarla. Una rotura de caballo.

Del gol no me acuerdo tanto. El carrerón de Navas, no me acuerdo. Vi que Iniesta pegó un taconazo y pensé: «Hostia, qué haces con taconazos en mitad del campo, no la perdamos ahí». Siguió la jugada, Torres metió un centro que despejaron y le cayó a Cesc, le dio el pase a Iniesta, que estaba en fuera de juego en el primer pase… Ahora no me acuerdo. Mira, ese gol no he vuelto a verlo nunca. No lo veo cuando sale en la tele porque tengo miedo de que lo falle. En serio, por superstición intento no verlo, a ver si me van a quitar la estrella.

Superstición a posteriori.

Quiero ver todas las imágenes del Mundial, menos el gol. Cuando chutó Iniesta y marcó, el estadio se quedó como… ¿qué ha pasado? De repente, vi que Iniesta salía corriendo, pensé «¿Gol? ¿Gol?», vi al linier pirarse para mitad de campo y empecé a correr como un loco hacia ellos, fueron ochenta metros, la carrera más rápida que he hecho en mi vida en un campo de fútbol. Caímos todos, dentro del montón me encontré con Xavi, me di un abrazo con él, y ya está. La camiseta de Jarque para mí fue una sorpresa, no sabía que la llevaba. Es caprichoso el destino, Iniesta estuvo a punto de no ir al Mundial, tuvo una especie de depresión, le trató un psicólogo. Le pusieron vídeos de motivación…

Luego el balón nos quemaba, solo dábamos pelotazos, y recuerdo que se fue de fondo una y le dije a Iker cuando iba a por ella: «Por tu madre, no saques, por tu madre», que se jugase una tarjeta o lo que fuera. Y tal y como lo plantó para sacar, el árbitro pitó el final. Todos nos pusimos a llorar, te derrumbas ahí, es algo… toda la tensión…

El fútbol tiene tal magnitud. Tú piensa que por dos días o tres unimos a toda España. Esto no lo han conseguido ni los políticos. Por dos días, unimos a todo un país. Otra cosa que me emocionó fue que, cuando acabó todo, me encontré con mi familia, que estaba ahí en un córner, y vi que mis padres estaban llorando. Yo nunca había visto eso en mi vida. Todavía me emociono al recordarlo.

La putada es que tanto en 2008 como en 2010 me tocó doping. Me perdí las dos celebraciones en el vestuario, en las dos estuve con un tío persiguiéndome.

También te perseguía un periodista japonés.

Mutsu Kawamori, es amigo mío. En 2004 nos conocimos, hace Champions, campeonatos internacionales para una revista. En 2008 me trajo unos amuletos orientales de buena suerte. Yo los llevaba en el neceser. Lo veían los compañeros, me pedían y yo iba repartiendo. Ganamos Eurocopa y Mundial, no sé si tendría que ver [risas].

¿Cómo llevaste el declive profesional?

Con 33 tacos ya te ves que… Del Bosque lo hizo muy bien, me mantuvo un añito más y el terreno ya estaba preparado para Jordi Alba en la Eurocopa de 2012. Con el Benfica fui al sorteo de la Eurocopa en Kiev, me encontré con Del Bosque y me llamó a un aparte para pedirme disculpas. Le dije que no tenía que darme ninguna explicación.

En el Villarreal, Garrido me dijo que no me quería. Por eso me fui a Lisboa y mira, me ahorré un descenso. Luego volví al Espanyol un poco para desquitarme, que me estuvieron silbando diez años, pero es donde me formé. Salvamos la temporada con Aguirre tirando de los veteranos, yo sacando los córners y Simao rematándolos, mira cómo estábamos. Me acuerdo de que con él pactaba las broncas. Me avisaba antes de que me iba a gritar, que le siguiera el rollo, y luego me montaba la de dios delante de los jóvenes.

Y ya me había retirado cuando me apareció la oportunidad de ir a la India, que decían que iban a montar una NBA del fútbol, con jugadores franquicia, y me fui. Me lo pasé muy bien, campos enormes llenos, con Del Piero, Anelka, Pirés, fuegos artificiales, pero unos mosquitos gordísimos… Luego la pobreza que vi por ahí me sirvió como cura de humildad. Vienes aquí y te das cuenta de que nos quejamos por nada.

Todavía me dio tiempo a ir a Bélgica, en el Lierse, estuve lesionado y descendimos, me rompí el cruzado. Mi último club fue en Andorra, el Santa Coloma, que jugábamos la Champions. Nos tocó un año en Armenia y la pena fue que, el segundo, que estaba deseando meterme otro viaje, nos volvió a tocar en Armenia.

¿Qué pasó con lo de Guanyarem? Dijiste que se utilizó tu imagen para intereses políticos.

Cuando me ha llamado la selección catalana he ido, cuando me ha llamado la española, he ido. Nunca en beneficio político de nada. Para mí, el deporte no tiene nada que ver con la política. Sí que he visto que aquí en Cataluña nos han apretado un poquito, nos pusieron una pancarta y nosotros, muchos, no lo sabíamos. No era un engaño, pero era como «¿Qué tiene que ver la política aquí ahora?». También nos decían que, cuando sonase el himno catalán, aunque no nos lo supiéramos, que se viera como que lo cantábamos. Yo pensaba: «¿Y por qué? Cada uno que haga lo que quiera, ¿no? Si lo quiere cantar o no». Cosas que…

Lo cierto es que al final los que más van a la selección catalana son los del Espanyol.

¿Y tú has visto alguna vez al presidente de la Generalitat en un partido del Espanyol? Si en el palco del Barça parece que le han puesto un piso… Así nos va. El fútbol es un deporte, un espectáculo, y la política otra cosa. Si lo quieres mezclar, nos equivocamos todos.

¿Qué le pasa ahora a España?

Yo estuve en el momento adecuado en el lugar adecuado. Nosotros cuando subimos de la sub-21 no teníamos presión, España era siempre un desastre. Ahora ya hay ahí una estrella en el escudo. Lo mismo le pasó a la Italia campeona del mundo y antes a Francia. Pero estoy ilusionado con los Asensio, Isco, Morata, Odriozola, Rodri, Koke, Saúl… Creo que la esencia sigue siendo el toque, la selección no la va a perder. Igual Luis Enrique prefiere ataques más directos, pero su esencia es la posesión. Si no es en esta Eurocopa, que tenemos que ser de las fuertes, será en el Mundial. Por madurez y por todo. Pero el fútbol ha cambiado mucho. Es muy exigente actualmente. Ahora quieren máquinas. Estoy flipando con la de lesiones que hay en primera división. Exprimen al máximo el cuerpo humano. Buscan tanta perfección que el cuerpo humano no responde.

Coautor 720


Ángel Cappa: «Los entrenadores tienen esperanzas, alegrías, dudas… los directivos solo tienen miedo»

Fotografía: Begoña Rivas

Mantiene una lucha desde que empezamos a saber de él en España contra el fútbol especulativo. Sostiene firmemente que ganar no lo es todo, que lo que importa es el juego. Fue recibido con división de opiniones, pero tras la irrupción del Barça de Guardiola y la selección española campeona del mundo, Ángel Cappa (Bahía Blanca, 1946) tuvo que sentir un placer íntimo. Él ya lo había dicho. En sus textos publicados en los noventa ya elogiaba un fútbol al que denominaba tiqui-tiqui. Ahora ya no quiere entrenar, se encuentra en un plácido retiro, y es un buen momento para comentarlo todo en perspectiva.

Le he tenido que llamar a un fijo. ¿No tiene móvil?

No, no tengo. No me hace falta, es simplemente por eso. Me parece que es un elemento muy útil para la vida, pero si yo no lo necesito, para qué lo voy a tener.

¿Cómo era su barrio, Villa Mitre, en Bahía Blanca?

Un barrio obrero, de gente trabajadora y humilde, donde el fútbol ocupaba el centro de todas las actividades y todas las aspiraciones. También era un lugar plural. En mi generación, todos nuestros abuelos eran extranjeros, los míos españoles e italianos. Una vez a mi mujer, que es española, le hice un repaso de todos los vecinos de mi barrio y uno era catalán, el otro gallego, otro siciliano… solo uno tenía un abuelo argentino y, de críos, no le creíamos. Nos lo aseguraba y le decíamos: «Nooo, mentira» [risas]. Porque era una cosa extrañísima.

También había árabes, judíos… Nosotros compartíamos todo con una familia judía que vivía al lado de mi casa. Nos invitaban a sus fiestas y nosotros éramos católicos, más de forma rutinaria que otra cosa, pero lo éramos. Los árabes también nos llevaban a su casa cuando celebraban sus fiestas, pero era algo natural. No lo veíamos como un suceso excepcional. Era nuestra convivencia diaria. Me acuerdo de un español que iba muy encorvado porque en la Guerra Civil le habían pegado un tiro en la columna. Él nos contaba cosas de España.

En resumen, para mí, el significado de la palabra extranjero solo lo sentí cuando vine a España. Cuando tenías una discusión de tráfico y te decían: «¡Vete a tu país, indio!». Era extraño, porque este era el país de mi familia. Creo que tuve una educación muy sana, porque un entorno como en el que me crie en Argentina te quita la idiotez del nacionalismo. Esa tontería de considerar que tienes más derechos en tu país que un extranjero, lo cual es estúpido.

Su familia española era pobre.

Mi abuela me contaba muchas cosas de su vida. Ella había asumido lo que la ideología dominante quiere que la gente piense, que era un hecho de la naturaleza que fuese un ser inferior a sus patrones, a sus jefes. Sus experiencias nunca me las contó como una cuestión de rebeldía o como algo injusto. En Argentina tenía que trabajar, por ejemplo, hasta el momento del parto. Tuvo mellizas, cosa que no sabía porque no iban al médico, y cuando salió la primera hija la comadrona se fue. Mi abuela le gritaba: «¡Que todavía tengo algo!». Y le contestó: «Lo que tienes es un tumor». Y se fue. Mi abuela le dijo a su marido: «No te muevas de aquí que tengo otro hijo». Y así tuvo a la segunda melliza, con su marido. Sobrevivían porque eran muy sanos, orgánicamente muy fuertes. Porque en estas condiciones tuvo ocho hijos y todos crecieron sanos y sobrevivieron.

En el barrio, la pelota para ustedes era como una deidad.

Jugábamos con pelotas de trapo. Para conseguir una de cuero, lo que hacíamos eran rifas con los últimos números de la lotería nacional. Hacíamos los boletos y regalábamos una botella de vermú y cuatro vasos, pero nadie lo cobraba. Quién iba a reclamar eso… todos los vecinos compraban un número para que pudiéramos tener pelota. Una sola vez reclamaron el premio; una señora cruzó al terreno baldío, que nosotros llamábamos portrero, y nos exigió el premio. Tuvimos que ir a comprar la botella y los cuatro vasos [risas].

Todo esto teníamos que hacer para tener pelota, que era un lujo, un privilegio. Luego íbamos a la carnicería a que nos diesen grasa para echarle en las costuras. La llevábamos al campo envuelta en papel de periódico, engrasada, y nadie la tocaba hasta que hacíamos los equipos. Era como un rito que indicaba el amor que teníamos por la pelota. Porque la pelota era un instrumento que nos daba la felicidad, pero también gracias a ella teníamos identidad. Eso que hacíamos con la pelota nos pertenecía, era nuestro y nos daba prestigio. En el barrio, el tipo más respetado era el que mejor jugaba al fútbol. Al matón lo que le teníamos era miedo, el respeto siempre iba al mejor futbolista.

Por aquel barrio luego te encontrabas con personajes como el Manco Gamero, que era un extremo derecho de una habilidad extraordinaria. Cuando jugaba, tiraba los centros levantando la pelota. La subía y te enviaba el centro de volea. Y era manco, le faltaba una mano. Cuando ya era mayor, le gustaba la bebida e iba a los bares, le tiraban una moneda, la levantaba con el pie, la iba subiendo dando toques, hacía jueguito y se la metía en el bolsillo de la camisa. Todo a cambio de un vaso de vino.

Su padre era peluquero y en su peluquería usted escuchaba a la gente hablar de fútbol veinticuatro horas.

Las discusiones eran muy puristas. Supongamos que el 9 tiró a puerta e hizo gol. Y discutían si era correcto, o si se la debería haber pasado al 10 en lugar de tirar a puerta, porque la jugada era esa, el pase. Se estaban una hora con eso. No he vuelto a ver nada igual hasta que vine a España y vi a gente hablar de toros. A mi suegro le gustaban mucho y miraba si el diestro había levantado bien la barbilla, cómo tenía el codo, porque no solo era el valor del torero, también la estética.

Cuando le leo a usted escribir sobre fútbol, me recuerda a los taurinos que van a San Isidro y les dan igual los triunfos, las orejas que se han cortado; se quedan con un derechazo, un natural. Solo un detalle les vale por toda la feria.

Esa analogía es correcta. Una vez aquí fui a ver una corrida de toros con un extorero que iba al gimnasio conmigo y me lo explicó todo. Lo entendí, vi el arte que encerraba eso, pero a pesar de haber ido sin ningún tipo de prejuicio, me impactó mucho cuando maltrataron al toro picándolo y cuando lo mataron. No anuló lo otro, pero me conmovió. Lo que me pareció más curioso es que salió un toro y lo devolvieron porque no era bueno. Solamente con verlo correr ya sabían que no estaba bien. Para mí era algo insólito.

Ahí hice una analogía con el fútbol, como cuando ves a un jugador controlar un balón y ya sabes que no es bueno. Lo que me dio pena es que me alegré porque pensé que ese toro iba a sobrevivir y me dijeron: «No, lo matan adentro». Vaya.

En nuestro club, el Villa Mitre, teníamos a gente como esos taurinos. Recuerdo al Tintín Prieto. Un señor que iba siempre con sombrero y puro, un Humphrey Bogart de los barrios. Todo un personaje. Era un sabio de los que ahora no tendrían lugar, porque con internet y un teléfono se sabe quién ha hecho cada gol que se ha marcado en la historia del fútbol, pero él lo recordaba todo por sí solo. Todo el mundo le consultaba y le preguntaban qué tal era cada jugador nuevo. Tenía dos frases. Una: «Ponele un sobretodo». Un abrigo, porque era un tipo muy frío. Y la otra: «Dale un sándwich», porque parecía famélico. Era de los tipos que tenían prestigio porque nunca les agradaba nada. Como si hubieran visto en otra época algo celestial. ¿Qué habrá visto este tipo que no le gusta nada?, te preguntabas. A lo sumo, si aparecía alguien tipo Messi o Maradona decían: «Juega bien». Y ya [risas].

Eran caballeros, pero luego en la grada…

Había uno, el Garfa Cortina, que era amigo de mi padre desde niño. A mí me había visto debutar en Villa Mitre, pero luego me pasé a Olimpo, que era el enemigo. Un equipo del centro, de la gente que tenía dinero. Una vez nos pintó la casa y cada vez que venía yo le abría la puerta y desayunábamos juntos. Una semana yo jugaba contra Villa Mitre, vino a casa como de costumbre, no lo mencionamos, el domingo salté al campo y me cayó una lista de insultos, «la puta que te parió, la concha de tu madre». Miré y era él. Pero el lunes volvió a casa tan pancho y me dijo «¿Qué hacés, negrito?», que así me llamaban, como si no hubiera pasado nada, y desayunamos. El tipo me quería, pero no podía evitar putearme porque me había ido al máximo rival.

¿Cómo fue ese debut en Villa Mitre?

Tenía solo once años, pero fue la emoción más grande de mi vida. Esta y cuando debuté en primera. Que te elijan entre doscientos niños ya te daba un estatus distinto y un respeto. En ese partido tuve gripe y no se lo dije a nadie, ni a mis padres. Ponerme la camiseta de Villa Mitre era lo más. He vivido muchas emociones en el fútbol, pero ninguna superior a esa. No aspiré a otra cosa que a jugar en ese equipo.

Pero luego, como ha dicho, fichó por el máximo rival.

Porque en Villa Mitre en esa época no cobrábamos. Fue el dinero, el vil metal. Me dieron un departamento solo por firmar. Y un sueldo, que alcanzaba justo para vivir, pero ya eras profesional.

Un día se dio cuenta de que no era una estrella.

Sí, fue con una selección de Bahía Blanca. Venían a jugar equipos de Buenos Aires en verano y nos enfrentamos a River. Estaban dirigidos por Renato Cesarini y había grandes figuras, Amadeo Carrizo o Ermindo Onega, gente de esa época. En un momento me dieron una pelota, yo era volante central, mediocentro, y entré para hacer gol; vi que Carrizo se tiró hacia mí, la crucé y le dio en los pies. Luego perdimos con dos goles de Lallana, un delantero que tenían. Yo tenía que haber amagado. Solo con no tirar, Carrizo se habría caído y habría hecho el gol. Ahí me di cuenta, me dije que si yo no amagué fue porque no estaba en ese nivel. Ese era mi tope.

Después de eso no pude ni volver a casa por mi padre, que era muy crítico conmigo. Sabía que me estaría esperando y me quedé en un bar hasta las tres de la mañana o las cuatro. Pensaba que ya estaría dormido cuando entré, pero nada más poner un pie en casa se encendió la luz y escuché: «Cómo fallás ese gol, tenés que amagar ahí» [risas]. ¡Yo lo sabía! Pero la emoción de hacerle un gol a Carrizo me pudo, era un ídolo, era como marcarle a Casillas.

Se retiró por una lesión.

Me rompí los ligamentos internos de la rodilla derecha. No me operé y debería haberlo hecho, entonces dije que para qué seguir.

Y se pone a estudiar Filosofía. ¿Por qué?

Ya había empezado a estudiar Pedagogía, pero yo quería encontrarle razones a la injusticia que había vivido y que vivía en mi barrio. Entonces, en los sesenta, en Argentina y en toda América Latina estábamos en un proceso de liberación, de construir una sociedad más justa. La carrera era Filosofía y Psicopedagogía y me ayudó mucho. Por ejemplo, yo era agnóstico, pero conseguí aprender y respetar la religión. Tuve contactos con el Movimiento de los Curas del Tercer Mundo y me di cuenta de lo lejos que estaba la gente de derechas de seguir el cristianismo.

El fútbol argentino que usted dejó atrás al retirarse estaba cargado de valores, usted alguna vez ha hablado de Rosario.

Cuando Menotti jugó en Boca, una vez iban perdiendo y Rattín, un ídolo local, le dijo: «Flaco, corré que nos matan». Y le contestó: «Lo único que falta es que yo para jugar al fútbol tenga que correr». Menotti proviene de Rosario [risas].

Es una ciudad que tiene un concepto de buen juego por encima de todas las demás. En todas partes te pedían que no tirases el balón a cualquier lado, que fuera a un compañero, pero en Rosario más, eran los puristas. Era la escuela del Trinche Carlovich, que nunca llegó a primera, pero que es un ídolo porque jugaba muy bien.

Otro día a Menotti con Boca le dieron una patada. Él, que tenía fama de frío, como he explicado, se dio la vuelta, salió corriendo detrás del tipo, se tiró a sus pies, le quitó la bola, recuperó, y luego Boca ganó. Fue el figura. Entonces Menotti volvió a Rosario, a su quiosco de siempre, a comprarse la revista, y el quiosquero no lo miraba. Le dijo Menotti: «¿Qué pasa? ¿No jugué bien?». Y le contestó: «Andate, ¿ahora tú también te tirás a los pies?». Tirarse a los pies del rival en Rosario era una traición al estilo. No lo permitían. Era una grosería.

En Bahía Blanca yo ya había vivido episodios similares. Recuerdo por ejemplo a Angelito Strano. Jugábamos un partido de la Copa Competencia, por eliminatorias. En el último minuto, no me acuerdo si íbamos empatados o perdiendo, pero nos pitaron un penalti que era decisivo. Nadie quería tirarlo y él se fue a por el balón. Angelito era un atrevido, no jugaba casi nunca porque no iba a entrenar. No iba con él. Y no lo ponían. Aquel día faltó alguien y salió. Y quiso tirar el penalti, pero lo hizo suavecito, muy despacio, a las manos del arquero. En el vestuario luego lo querían matar todos: «¡Qué hiciste, animal!». Y entonces el tipo recurrió a un concepto que era una forma de entender el juego. Era tartamudo, además, y dijo: «Co, co, co, con penales no se ga-ganan los par-partidos».

Eso era verdad; existía, ganar de penalti o de falta era ganar, te alegrabas, pero no estaba muy bien visto. Había que ganar con un gol de jugada. Ahora, nunca supimos si dijo eso porque lo creía o como excusa porque falló el penalti [risas].

Pero, años atrás, sí que existió Armando Galluci, yo era niño cuando jugaba en primera división en Bahía Blanca, pero tenía la particularidad de que tiraba los penaltis de rabona. Años después le preguntaron: «¿Armando, vos por qué tirabas los penaltis de rabona?». Y contestó: «Qué querés, de penalti…». Como diciendo que era mucha ventaja. Como si un Tyson peleara con un chico de quince años. Y luego con el tiempo leí a Di Stefano decir que ellos los goles de penalti no los celebraban. Levantaban la mano, no se iban a poner a llorar, pero no había euforia por respeto al rival. Esos eran los valores que existían en el fútbol. Podría parecer que un tío que se tiraba los penaltis de rabona fuese un pedante, pero no, era respeto.

Su ídolo era Ernesto Grillo.

Fue el que marcó el día que por primera vez Argentina le ganó a Inglaterra en 1953. Fue un gol de pillo; entró en el área por un lado, el portero se pensó que haría un pase y se la coló por el primer palo. Fue un 14 de mayo, que desde entonces es el Día del Futbolista Argentino. Grillo jugaba en Independiente, con las medias caídas. Yo tenía un póster que te daban comprando mermeladas Cirio. Me acuerdo hasta del eslogan: «Confitura Cirio, qué ricas que son y qué fuerzas que dan, confituras Cirio para toda edad» [risas]. ¡Estaba harto de comprarlas por el póster! No sé cuántas tuve que comprar hasta que el póster me salió de Grillo. Lo puse en el ropero, por la parte de dentro, y al ir a la cama, abría le ropero y me dormía mirando a Grillo.

El día que marcó Grillo, un periodista tituló: «Perón nacionalizó los ferrocarriles y Grillo el fútbol». Su juego era muy particular. Yo solo lo vi en Boca, donde decían que su forma de jugar ya había cambiado tras su paso por el Milan. Pero decían que iba corriendo y se paraba, subido con los dos pies encima de la pelota. Era una cosa… También era muy gambeteador, hacía goles… Su Independiente vino a España, con la famosa delantera de Micheli, Cecconato, Lacasia, Grillo y Cruz, que era la delantera de la selección argentina, jugó contra el Real Madrid y le metió 0-6. Durante veinte años el Madrid envió telegramas para jugar la revancha e Independiente no la quiso jugar nunca [risas]. Grillo era el símbolo de ese equipo.

¿Y Antonio Sastre?

Sastre estuvo en Independiente en los años treinta y cuarenta. Yo lo recuerdo por los cromos. Era Maril, De la Mata, Erico, Sastre y Zorrilla. Arsenio Erico era el ídolo de Di Stefano, un centro delantero paraguayo. Y Sastre era muy talentoso, muy de academia. Jugaba en todos los puestos, decía que tenía tanta pasión por el fútbol que le daba igual dónde le pusieran. Incluso llegó a jugar de portero.

Un fotógrafo argentino, Fredy Grunberg, me contaba siempre una historia de Reinaldo Merlo, de River, el Mostaza. Tras un partido en el que corrió por todo el campo, un periodista le preguntó «Pero vos, Mostaza, ¿cuántos pulmones tenés?». Y le contestó: «Uno, uno, como todo el mundo».

Sí, se equivocó, ¡pero lo dijo con toda humildad! Quería decir que no era mejor que nadie… [risas]. Me gusta mucho leer sobre los jugadores antiguos y he tenido la suerte de poder conversar con Di Stefano, con Pedernera, con Sívori… y de España con Chus Pereda, con Luis Suárez… para que me contaran. Creo que es importante conocer de dónde venimos. Mi padre nunca paraba de hablarme de esta gente.

Hubo un entrenador brasileño, Osvaldo Brandão, que dijo que Sastre les enseñó a ellos a jugar al fútbol cuando pasó por el São Paulo. Era la época de los «wines», los extremos, que los llamaban a todos «el Loco»: el Loco Bernao, el Loco Corbatta, el Loco Carro de mi ciudad; a todos les decían «loco» porque eran anárquicos, arbitrarios. Y eran «wines» de wing. Nosotros conservamos la terminología inglesa, aquí no porque Franco nacionalizó los nombres. Decíamos half, inside, el volante central era central half, que acabó siendo «centro has». O como órsay, que finalmente la Academia ha aceptado.

Se habla también de que Maradona es el mejor de Argentina con permiso de René Houseman, que luego también tuvo sus problemas, con la bebida en este caso.

Era un jugador de esos que salen y no sabes por qué. Menotti le entrenó en el Huracán, que salió campeón en el 73. Le pregunté al Flaco qué le decía antes de jugar y me dijo que nada, que a un jugador así no le podías decir nada, porque todo lo hacía por intuición. Este te gambeteaba en el aire, algo que solo se lo he visto hacer después a Mágico González. Saltaba y, cuando parecía que la iba a parar, hacía una cosa y te gambeteaba. Estaba al nivel de Garrincha y todos estos tipos. René no vivía el fútbol como nosotros, no le daba esa importancia. Se lo gastaba todo. Venía de una gira por Europa y le estaban esperando al llegar todos los amigos del barrio porque le había comprado una radio a uno, otra cosa a otro… Igual que Mágico.

Menotti me contó que una vez no fue a una concentración. Si no estaba Houseman era como si no estaba Messi. Se fueron a buscarlo al barrio y se lo encontraron jugando un partido en la calle por dinero. Eso se hacía mucho, y apostabas con tipos muy bravos. A Obdulio Varela, el uruguayo, le preguntaron si tenía miedo en Maracaná cuando ganaron allá y dijo: «¿Cómo voy a tener miedo? Miedo me da jugar en mi barrio por dinero». Entonces cuando llegó el Flaco vio que René no estaba jugando, estaba en el banquillo. Se acercó, le tocó el hombro y le dijo: «René, ¿qué hacés acá?». Y le contestó: «¿Que qué hago acá? Fíjese en el titular, es un fenómeno» [risas]. Pensó que le recriminaba que no estaba jugando.

Se dejó usted bigote nada más retirarse.

Las modas. Los que estábamos en la militancia de izquierda llevábamos o barba o bigote, era una manera de identificarse. Una vez que me lo dejé, me escondí detrás. Nunca me preocupó, pero yo sé que no soy Paul Newman y el bigote me viene bien para taparme la cara.

¿Cómo vivió el golpe de Estado?

Militaba en el peronismo de base. Esto lo conté una vez en México y el periodista escribió «terrorismo de base». Casi muero cuando lo leí. Nosotros éramos un movimiento de izquierdas que cuestionaba el liderazgo de Perón. En aquella época el golpe se veía venir, pero lo que no esperábamos fue su brutalidad.

Fue parte de un contraataque del poder económico en toda Sudamérica impulsado por Estados Unidos y también por las oligarquías autóctonas. El golpe en Argentina lo prepararon los civiles y los militares fueron el instrumento para imponer unas medidas económicas que venían de la escuela de Chicago.

La brutalidad la vimos enseguida. Los militares agarraban a uno, lo mutilaban y lo dejaban en un lugar bien visible. Era una campaña para aterrorizar a la gente. Estabas en una cafetería, aparcaba un coche en doble fila, salían unos vestidos de civil, se llevaban a alguien y la gente seguía como si nada. Pensaban la famosa frase «algo habrá hecho», estaban todos aterrorizados.

Usted ha dicho que estos días el fútbol le salvó la vida.

Es cierto. Llevaba unos panfletos en mi Citroën 3CV. No sé qué ponía, «abajo la dictadura», «militares asesinos». Nos subíamos a algún edificio o lugar estratégico y los lanzábamos. Un día me pararon en un control. El militar que me pidió la documentación me dijo: «Ah, sos Cappa, el futbolista». Dije que sí y me dejaron pasar sin revisar el coche. Ahí me dije: «Una como esta más no voy a tener». Y me fui del país.

Comentó en Público que guarda más rencor a los civiles que organizaron todo eso que a los militares, que no eran más que «mamarrachos que se creían patriotas».

No, a ver. Sí que les guardo rencor, porque además eran criminales, ladrones. Se constituyeron en una mafia al margen de las torturas. Cuando detenían a alguien después se llevaban los electrodomésticos. Antes de matar a alguien le hacían firmar una escritura por la que le daba la casa a un militar. Luego estaban esperando a que las embarazadas tuvieran el niño para quedárselo y matarlas a ellas. Lo que quería decir es que fueron el instrumento de un poder económico. No fue un golpe de cuatro locos militares.

Llegó a Madrid en 1976, al barrio de Canillas.

Lo que encontramos fue una solidaridad enorme de la gente. Fue conmovedor. Después de vivir en un hostal alquilamos una casa vacía, que no tenía nada. No me quedaba mucho dinero y los vecinos nos trajeron colchones, con mantas, con sábanas, comida… Tengo un recuerdo espléndido.

Luego trabajé de todo. Fui negro. Me mandaban ir a la Biblioteca Nacional a resumir libros. No sabía ni para quién ni para qué. Generalmente, eran capítulos referidos a lo sexual. Supongo que luego aparecían en los quioscos como libritos de bolsillo sobre sexo. Después iba a vender lámparas y vidrieras, vendí enciclopedias.

También estuve de contable. Trabajaba ocho horas. Entraba a las nueve y muchos días a las nueve y veinte ya había acabado mi trabajo, pero me tenía que estar hasta las ocho de la tarde. Me obligaban. Era terrible. Me veía ahí toda la vida y me daba algo… Les dije que me daba igual que no me pagasen la Seguridad Social, que la necesitaba para que me dieran la nacionalidad, que solo pedía poder irme de allí cuando acabase mi trabajo, pero no. Tenía que estar las ocho horas [risas].

Y al poco de establecerse se encontró con los asesinatos de Atocha.

Para mí fue como: «¿Y ahora dónde voy?». Si se interrumpía el proceso democrático y volvía la extrema derecha la cosa era peligrosa para todos nosotros. Por otro lado, en Argentina, con la Triple A, estábamos ya habituados a estas matanzas.

Aquí se unió a otros argentinos para pedir el boicot al Mundial.

Hicimos una revista, El Correo Argentino, para denunciar la dictadura. En el 78 pedimos el boicot al Mundial, pero luego nos juntábamos para ver los partidos, cantar los goles y festejar. Pero fíjate una cosa, en Argentina, mientras tanto, me enteré años después de que en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada, la ESMA, el centro de torturas más importante, los presos veían los partidos junto con sus torturadores y gritaban los goles.

Igual es indecente decirlo, pero es que parece un sketch de Monty Python.

Se dieron casos muy raros, para estudio de psicología. También salieron parejas. Torturadores que terminan casándose o viviendo con una torturada, violada. Increíble.

¿Su amigo Menotti cómo llevó dirigir esa selección siendo comunista?

Me dijo que lo consultó con el partido y que le dijeron que no lo dejara, que ese era un momento de alegría de la gente. No le estaba haciendo el juego a la dictadura, sino que les facilitaba la posibilidad de reunirse. Y es verdad, la gente salió a la calle, se juntaron, cosa que estaba prohibida. La dictadura trató de aprovechar el deporte, lo hacen todos los Gobiernos.

Tiempo después, me fui a ver un Argentina-Holanda a Berna, en Suiza, para ver a Maradona, aunque era como la revancha, y estuve con unos amigos que llevaron una pancarta que decía: «Videla Asesino». Esa pancarta la taparon en la televisión argentina con un anuncio de la próxima actuación de Les Luthiers.

¿Cómo empezó a colaborar con Menotti?

Menotti necesitaba a alguien en Europa para pasar informes, a alguien a quien no conociera nadie. Un amigo común me recomendó y empecé a trabajar para la AFA. Nos conocimos en persona en Wembley, el día en que Maradona hizo ya la jugada en la que regateó a todos, pero esta vez se le fue fuera por poco. Por cierto, que Diego cuenta que su hermano le dijo después del partido que tenía que haber gambeteado al portero y que luego en el 86 se acordó, lo hizo y ahí sí la metió.

Cuando regresó a Argentina también se fue a verlo.

En el 81 la dictadura estaba en las últimas. Me estaba esperando mi padre con una entrada para un River-Boca; estaban Brindisi, Maradona, Kempes, Alonso… Empataron con goles de Kempes y Maradona. Recuerdo que le cayó la bola a Alonso, que era muy hábil, y escuché gritar a un hincha: «¡Humille, Beto!». Ahí me di cuenta de que estaba en Argentina. Le pedían que no solo ganase al rival, no bastaba, había que humillarlo jugando bien, con algún caño, alguna jugada.

En el Mundial del 82 ya trabajó para Menotti viendo a los posibles rivales.

Por suerte me tocó Brasil y disfruté como un loco. Argentina no tuvo la ambición del 78 y tuvo mala suerte de perder el primer partido contra Bélgica, el cual, por cierto, vi junto a Serrat en el Camp Nou. Parece increíble, pero a Francia después de ganar Mundial y Eurocopa le pasó igual. O a España… Se desinflan. Pasa un ciclo y…

Cuando Menotti llegó al FC Barcelona siguió contando con usted como ojeador. ¿Qué tenían de particular sus métodos, sus entrenamientos? Se dice que lo cogió todo de su época como futbolista en el Santos de Pelé.

Tomó cosas. Menotti era un tipo muy observador. De los que son entrenadores ya cuando son jugadores, como Guardiola. En el Santos jugó una temporada. Estaba en The Generals, en Estados Unidos, y se enfrentaron al Santos. Pelé le vio y le dijo: «Qué hacés acá, vente con nosotros». Pero Menotti jugaba en su puesto, de 10. Cuando llegó al Santos el entrenador le preguntó dónde quería jugar y le contestó que de 10. Y el entrenador le dijo: «Bueno… acá lo va a tener difícil» [risas]. Estuvo de suplente, porque jugaban Dorval, Mengálvio, Coutinho, Pelé… y sacó muchas cosas viéndoles, en los partidos y en los entrenamientos.

Al Barcelona le hacía jugar sin balón… pero como si lo tuviera. Con un balón imaginario.

Sí, iba él diciendo por dónde iba la bola y les hacía desmarcarse, moverse, achicar. Era un creador en los entrenamientos. Improvisaba cosas de acuerdo a cómo veía a los jugadores. Lo veías desde fuera y parecía que respondía a algo muy planificado, pero lo que tenía preparados eran los conceptos, no la forma de trabajarlos. Aquí iba diciendo «¡La tiene Migueli!». Y Migueli hacía como que tenía la pelota. «Se la pasa a Julio Alberto, ¡la perdimos! Achican ahora, vamos a recuperarla». Iba relatando el partido.

Pero lo que estaba haciendo era utilizar la pizarra para explicar algo, solo que en el mismo campo. Entonces el público barcelonista no era como ahora, no tenían la cultura de la posesión, había que ir hacia delante, te silbaban si pasabas la pelota para atrás. Para Menotti era mejor una pelota hacia atrás segura que dividida hacia delante, y eso no se entendía.

Yo, como ojeador, lo que pasé fue frío. Una vez en un Osasuna-Cádiz me tuve que ir a casa. Era en diciembre, me acuerdo que Mágico González estaba con guantes y leotardos sin moverse en el campo, quieto. Hacía un frío tremendo. Me tuve que ir al hotel corriendo a tomarme una sopa. Años después fui entrenando al Tenerife y aguanté porque la gente que estaba al lado me pasaba el Pacharán. Pero ser ojeador me sirvió para conocer a Valdano. El Barcelona jugaba con los rivales que iba dejando el Zaragoza y entonces me encontraba siempre con él.

A Menotti le ganó Clemente con su Athletic de Bilbao luchador.

No, no, tenía muy buenos jugadores. Nadie gana con equipos luchadores solamente. Sarabia, Argote, De Andrés… eran muy buenos. Sin Clemente habrían jugado mejor al fútbol, no me cabe duda. No ganaron porque Clemente fuese rácano, sino porque eran buenos. Menotti tuvo mala suerte. Maradona se contagió de hepatitis y luego se le lesionó, y Schuster se dislocó un dedo y se quedó dos meses fuera. Menotti decía: «Con todos los jugadores que tengo se me lesionan dos: Schuster y Maradona».

En el 86 Argentina ganó el Mundial con Bilardo.

Bilardo tuvo una virtud muy importante, convocó muy buenos jugadores. Batista, Burruchaga, Enrique, Maradona, Valdano… Eran muy buenos, y Maradona estaba en su esplendor.

Su primera experiencia como entrenador fue en Banfield. Puso en marcha un sistema que le criticaban llamándolo «tiqui-tiqui», del que decía usted: «Hay que diferenciar el tiqui del toque».

Teníamos que quedar entre los cuatro primeros para entrar en lo que iba a ser la segunda división nacional, que se estaba creando. Íbamos últimos, el presidente me llamó y me dijo: «Aquí hay mucho tiqui-tiqui, mucho pase, y hay que ganar los partidos». Luego salimos primeros y nos clasificamos. Entonces el presidente, como ocurre, ya fue muy amigo mío. Ahí empezó el tema del tiqui-tiqui. Después, en el Real Madrid también nos lo decían como algo peyorativo. Nos acusaban de tener mucho pase.

Hay tópicos en el fútbol muy difíciles de derribar. Se cree que la posesión es un lujo que tú te das. Como si les dices a los jugadores que no pueden tirar a puerta si no han dado equis pases. Eso es una tontería. Si se juega con la pelota, vamos a tenerla para crear una situación de gol. Si se puede en dos toques, mejor que en cinco. Pero la ocasión tendrá que llegar en los toques que sean necesarios. No es una opción estética, que sería válida de todos modos, es eso.

Supongo que cierta satisfacción sí sentiría cuando el Barça y España ganaron todo haciendo lo que aquí se dio en llamar tiquitaca.

Lo más fácil es la lucha, el coraje… Cruyff me lo dijo un día claramente. Le pregunté: «Johan, ¿por qué hay tan pocos entrenadores que se adhieran a esta manera de jugar?». Y me respondió: «Muy fácil, porque hay que saber». Lo otro es «Venga, luchar» y ya está. En cambio, para jugar al fútbol bien hay que saber, y eso es más difícil. Y luego está el periodismo, que siempre vio mal ese juego. La crítica periodística vive de etiquetas, como «vertical», «primera etapa», «intensidad». Un equipo pierde y es que no tuvo «intensidad». Si gana, «es intenso». De pronto llegaba el Barça tocando, dos, tres veces, y salía Iniesta solo por la banda y les pilló de sorpresa a todos. No lo esperaban.

¿Y cómo criticar a Guardiola si ganaba todos los días? ¿Cómo criticar a España si ganó lo imposible jugando así? Pero fíjate que perdieron contra Suiza en Sudáfrica y ya saltaron. Yo siempre digo que la inteligencia está bajo sospecha. El inteligente perturba. Mira lo que le costó a Iniesta ser titular. Y a Xavi, que estaba ya por irse del Barça. Dos jugadores que pasarán a la historia del fútbol como dos de los más importantes. Iniesta tuvo que marcar en Wembley a Inglaterra para ser aceptado. Recuerdo que en aquella época en la que yo defendía a Iniesta, una vez contra Irlanda salió Albelda, que me parece un gran jugador. Pero yo no lo entendía. Para mí había mucha diferencia futbolística entre él e Iniesta. Y alguien, que no voy a decir quién, me dijo: «Para luchar, Ángel, que Irlanda es muy luchadora». Entonces le contesté yo: «Si va a jugar solo Albelda va a perder, porque son once luchadores contra uno. ¿Por qué no jugamos mejor al fútbol y ya está?».

Mira cómo critican ahora a Guardiola, y Mourinho, que va por detrás en la tabla, les parece normal. Está más aceptado lo que hace. A mí esto me cuesta entenderlo.

Ese Banfield marcó el gol de su vida.

Salimos jugando desde el fondo. Había dos jugadores, Benítez y García, que fueron subiendo la pelota tocándola. Según subían, la gente se iba levantando de sus asientos. Fue uno de esos momentos mágicos que ocurren también en el fútbol, como en el teatro y en el cine, en los que se para el tiempo. Cuando uno se instala en la eternidad. La jugada siguió, uno recibió el pase, se abrió de piernas y la dejó pasar; otro la recibió, regateó al portero y marcó. La gente deliraba. Yo me quedé sin palabras. Después me dieron la grabación del gol donde un locutor decía: «Si somos respetuosos con el fútbol, aquí tiene que acabar el partido». Uno aspira a esos momentos mágicos. Vale lo mismo si lo metes con el culo, pero no es lo mismo.

Luego dirigió la cantera del Boca de Menotti, pero cogió al primer equipo.

Menotti tuvo una urgencia, una brida, una oclusión intestinal, y me hice cargo del equipo cuatro partidos. Menotti entonces era como Guardiola en el Barcelona. Si le decía a un jugador: «Hola, cómo andás», el futbolista se conmovía. «Andá, mirá lo que me dijo Menotti» [risas]. Yo tuve que llegar a la concentración y dar la charla al día siguiente. Jugaban Gatti, Higuaín, Tapia, Rinaldi… tenían entidad. Afortunadamente, ganamos. Dejé el equipo en la final y ahí se lo devolví a Menotti.

Gatti seguía ahí y ya tenía cuarenta años.

Cuatro porteros me han deslumbrado. Carrizo, de River. Gatti, Ubaldo Fillol e Iribar. Gatti, concretamente, por el dramatismo que le quitaba al juego. Y por cómo se anticipaba a la jugada. En el entrenamiento, cuando le tiraban, decía por dónde iba a ir la bola para ver si acertaba. Y era un portero que jugaba, no atajaba. En una entrevista le pusieron una parada de Fillol que era imposible. Le cabecearon, voló y la paró. El periodista le preguntó a Gatti: «¿La habría atajado usted?». Porque Gatti no era de volar. Y dijo: «Yo no, pero a mí no me cabecean» [risas].

Iribar también se anticipaba. Todos los disparos los recibía quieto, parecía que era fácil, pero estar ahí no lo era, plantado donde iba el tiro.

Cuando luego fue a Huracán, les puso como ejemplo a los delanteros a Hugo Sánchez.

Al Toti Iglesias, concretamente. Yo en Madrid veía que Hugo Sánchez definía todos los goles a un toque. No me lo podía creer. Así que me fui al Bernabéu una temporada a ponerme detrás de la portería a mirar solamente a Hugo Sánchez. Del mismo modo que antes ya había ido a mirar solo a Butragueño, pero para disfrutar. Hugo se ubicaba en el lado contrario del que venía la jugada. Le permitía estar siempre de cara a la jugada, perfilarse muy bien. Cosa que hace de manera excepcional ahora Luis Suárez. Siempre está perfilado para el gol, una virtud que no tiene Diego Costa, por ejemplo. Lo de Hugo se lo enseñé a Toti Iglesias y lo incorporó.

Del Mundial de Italia, del que se criticó su juego, usted siempre dice que no le gustó ni a Kissinger.

Porque escribió un artículo en El País criticándolo. Lo tengo guardado. Como buen representante de los explotadores, que eso es lo que era, además de un asesino —ahí están los documentos desclasificados donde se prueba cómo mataron a Letelier, o a los generales que no se sumaron al golpe de Pinochet—, a Kissinger le acabó gustando el fútbol porque lo veía como un buen instrumento de dominación. En el Mundial del 90 se dio cuenta hasta él de que era un desastre. Decía que Argentina no tiró a puerta en la final y que el fútbol así no podía ser.

¿Cómo se gestó la dupla que hizo con Valdano en Tenerife?

Hay un poema de Benedetti que dice «con tu quiero y con mi puedo vamos juntos, compañero». Yo tenía experiencia y él no, pero yo jamás habría accedido a esos equipos sin su nombre. Hicimos esa dupla tan productiva no por los triunfos, sino por las vivencias, porque fueron cuatro años en los que nos lo pasamos muy bien.

En Tenerife teníamos muy buenos jugadores. Estaba Redondo, que era extraordinario. Fue de los mejores que yo he visto en ese puesto. Tenía una convicción futbolística a prueba de balas. Le gustaba la pelota. Se cuidaba. Jugaba para ser el número uno. Decías: «Con este voy a cualquier lado, en cualquier cancha y contra cualquiera». También estaban Pizzi, Chano, Estebaranz… era una gran plantilla.

Y le dio dos noches negras al Real Madrid.

El primer partido lo perdió el Madrid, nosotros jugamos mal. Si lo ves ahora y le quitas los goles crees que ganó el Madrid, pero estaban tan nerviosos que se hicieron dos goles ellos solos. El de Rocha y la jugada famosa de Sanchís y Buyo. En el segundo no, el Tenerife jugó mucho mejor que el Madrid y eso que no estaban ni Redondo ni Chemo del Solar. Pero ellos no perdieron la liga en estos partidos, ya se habían dejado un montón de puntos antes. De hecho, nosotros el primer año también ganamos al Barcelona. Se ha quedado la leyenda de que le quitamos las ligas, pero no fue exactamente así. Además, en el segundo año nos jugábamos la UEFA.

También recuerdo que el Madrid vino con un psicólogo que les había dicho a los jugadores que no pensasen que el año anterior habían perdido el partido, sino que imaginasen que se les había muerto un familiar y fueron a su funeral. Entonces les dijimos a nuestros jugadores que, en el campo, les recordaran que no se había muerto nadie el año anterior, que habían perdido como les iba a volver a pasar.

Esa temporada, la atención estaba en Madrid y Barcelona, mientras se libraba una batalla mucho más dura por la UEFA que involucraba no solo al Sevilla y al Tenerife, sino a dos filosofías: el bilardismo y el menottismo.

En Sevilla nos ganaron 1-0 y en Tenerife les metimos tres. Fíjate lo que es el bilardismo, recuerdo que iban perdiendo 3-0, tomaba la pelota Simeone y Bilardo le gritaba «No, pará, pará», porque lo que no quería era que le metieran más goles.

El escritor sevillista José Lobo se queja de que, si las victorias hubiesen valido tres puntos, habrían ido ellos a la UEFA, que ustedes llegaron gracias a los empates.

No lo sé. Hubo mucha rivalidad en el primer partido que jugamos, tuvo mucha repercusión. Echaron a Maradona porque Redondo y Pizzi se le tiraron a los pies y el árbitro le sacó tarjeta amarilla a Pizzi, pero Maradona le dijo que había sido el cinco, Redondo, que ya tenía tarjeta, y echaron a Maradona por protestar. Para mí, ese día, con lo que me quedé fue con la primera vez que, en una falta, vi que la tirasen por abajo.

Maradona se esperó a que la barrera saltase y se la coló por debajo de los pies. Luego lo han hecho otros, creo que Messi la ha metido, pero Maradona, aunque estuviera de vuelta en Sevilla, seguía siendo descomunal.

En la 94-95 ficharon por el Real Madrid.

Me vino bien por mi suegra, que no cenaba si perdía el Madrid. Después de lo de Tenerife, que se le quedó el champán en la nevera, a mis hijos les daba miedo ir a su casa [risas].

Tenían que acabar con la hegemonía de Cruyff.

Nunca lo vi así, es la primera vez que lo escucho. Solo pensábamos en ser campeones.

Pero fue con una propuesta más parecida a la de Cruyff después de que «el nuevo Sacchi», Benito Floro, no resultara.

Programamos un centro del campo con Míchel, Redondo, Laudrup y Martín Vázquez. Entones muchos periodistas nos preguntaban: «¿Y quién se la quita al rival?». Yo no entendía, les replicaba: «Pero ¿por qué les dan la pelota a los rivales si la vamos a tener siempre nosotros?».

Les recibieron con pintadas en el Bernabéu que decían «no queremos ni rojos ni sudacas».

Fue una parte de extrema derecha del Fondo Sur. Todavía cuando opino hay fascistas que, diga yo lo que diga, me critican por la ideología de izquierdas que tengo. Yo lo que dije en aquel momento fue que los ladrillos sobre los que ellos insultaron a un sudaca estaban ahí puestos por un sudaca. Por Di Stefano.

La Quinta iniciaba el declive.

Míchel todavía estaba bien. Butragueño ya no estaba tan vigente, pero él lo tomó bien. Por dentro estaría mal, pero lo asumió con naturalidad, como un caballero, que es lo que es.

¿Redondo interrumpió la trayectoria de Milla?

Posiblemente, no lo sé. Los jugadores de primera para mí se dividen en buenos, muy buenos, excelentes y cracks. La diferencia entre Milla y Redondo es que Milla era excelente y Redondo, un crack. Pero cuando Redondo no estuvo, Milla jugó de forma notable.

Ustedes han cargado siempre con que no querían a los jugadores que fueron los más destacados ese año: Amavisca y Zamorano.

Es un mito que no hay manera de destruir. Yo estaba empeñado en traer a Cantona, lo que me dejaba fuera a Zamorano, que no quiso irse. Dijo que se iba a quedar a ganarse el puesto. Y lo hizo de cara, de buenas maneras. Pero Amavisca nunca fue cuestionado. En ningún momento. No sé por qué se le incluyó, será cosa de algún dirigente.

Usted escribió de Amavisca al final del año: «Fue clave todo el año, pero será mejor cuando agregue pausa».

Amavisca tal vez con un poco de pausa habría jugado un poco mejor, pero ahora con el paso del tiempo creo que tal vez no era un jugador de pausa. Si se paraba, jugaba peor. Amavisca era mejor con carrera. Seguramente el equivocado fuese yo.

Martín Vázquez jugó mucho ese año, pero para usted siempre buscaba la opción más complicada.

Es cierto, porque tenía mucha calidad para hacerlo, y la más complicada es la que desconcertaba al rival. Si tenía un pase fácil para el lateral derecho, él ya había visto que el izquierdo estaba entrando entre dos rivales y se la ponía. Esa era la más complicada y la hacía por su exuberante calidad.

Hierro y Sanchís le producían deleite.

Yo había sido defensor y me ocupaba de la línea de atrás. Nunca he visto una pareja de centrales mejor. Todo es opinable, igual un mourinhista me mata, pero creo que mejor que Hierro y Sanchís no ha habido nada. Los dos se compenetraban. Hierro se anticipaba al espacio, porque, como no era rápido, buscaba cortar el juego porque sí era rápido mentalmente. Sanchís era rápido en tramos cortos y en el mano a mano, infranqueable.

Cuando teníamos el partido ya definido me gustaba que los rivales encarasen a Sanchís solo por el placer de ver que nadie podía pasarle. Además, con la pelota era muy hábil porque había sido centrocampista. Luego Quique Flores también era notable atrás. Decían que no marcaba bien, lo que se dice de todos los defensas que son buenos con la pelota, y sí era buen marcador. Era intuitivo, de los laterales más completos que vi. Chendo por su parte era extraordinario en la marca.

Chendo, que le tiró un caño a Maradona.

El fútbol al revés, dijo Valdano. Los pajaritos se tiraron a las escopetas. Pero es cierto, le tiró un caño y le sacaron tarjeta a Maradona porque le hizo falta. Todo al revés.

Hicieron debutar a Raúl. Citó a Miguel Hernández para describirlo en su día: «es como el niño yuntero, masculinamente serio».

Fíjate los niños yunteros, lo que describe esa poesía, lo que tenían que hacer. Raúl era así, ponía cara de hombre siendo un niño de diecisiete años. Salió de una ocurrencia que traje de Argentina de hacer una selección con los mejores de la cantera, entrenarlos y jugar con ellos una vez por semana. Ahí apareció, con una capacidad goleadora que le va a durar hasta que tenga ochenta años. En dos amistosos vimos que estaba a la altura de cualquiera, por eso lo incorporamos. Luego fue creciendo, como les ocurre a todos los jugadores inteligentes, van incorporando el conocimiento del juego a sus virtudes naturales. Lo único que pudo vencer a Raúl fue el tiempo.

Lo del Odense fue un mazazo.

Tengo el partido grabado y lo veo de vez en cuando. Allí fue facilísimo y en Madrid tuvimos, sin exagerar, quince ocasiones de gol. Ellos en un contragolpe hicieron uno. A pesar de perder, estábamos clasificados. Hubo un córner. Valdano y yo nos desesperamos gritando que no subieran a rematar. Pero con ese espíritu de querer ganarlo todo, subieron y en el rebote nos hicieron el segundo. Después, en el vestuario le dije a Valdano que íbamos a salir campeones. No por subir la moral, sino porque solo nos quedaba la liga.

Una liga coronada por el 5-0 al Barcelona.

La jornada antes habíamos ganado 0-5 al Valladolid, el equipo tenía mucha confianza. Nunca nos planteamos hacerle cinco al Barcelona, pero el equipo jugó bien y en el primer tiempo, 3-0, tres goles de Zamorano. Cuando entramos al vestuario había una euforia incontrolable. Todos gritaban. Los jugadores sí que se acordaban del 5-0 que habían sufrido en contra en año anterior. Míchel, que estaba con muletas, bajó al vestuario, tiró las muletas, se puso a abrazarse a todos. Nosotros no podíamos ni hablar.

Quique Flores, que había recibido una falta fuerte de Stoichkov, estaba en la camilla y gritaba: «¡Yo sigo, yo sigo, estoy bien!». Había una locura. No me dieron bola a decirles que había que ganar el partido. Y salí convencido de que les metíamos cinco. Cuando hay esa locura, cuando hasta Laudrup gritaba… Luego, al final del partido, se me acercó, así como era él, serio, y me dijo: «Yo gané diez a cero» [risas]. Para mí fue el día de Zamorano. Hizo tres, y luego en el cuarto tiró al palo y la empujó Luis Enrique, y el quinto fue otra vez un pase de Zamorano, que esta vez remató Amavisca.

El año siguiente empezó mal, perdiendo la Supercopa contra el Deportivo, y la temporada fue un desastre.

La situación institucional del club era muy complicada. Querían reemplazar a Mendoza y para ello lo cercaron económicamente. Mendoza dijo que se iba si le perdonaban el aval que había puesto para ser presidente, y ahí estaba la lucha. Dentro del club no le dejaron dinero para fichar y los bancos no le dieron crédito. Tuvimos que traer jugadores lo más baratos posible.

Ustedes pagaron el pato de esa situación en la oportunidad de su vida.

Podíamos haber salido campeones cuatro años seguidos. Sabíamos que había que renovar la plantilla, cosa que se hizo al año siguiente. Nosotros lo intentamos, no pudimos hacerlo y los jugadores se enteraron. Así que nos quedamos sin fichajes y a malas con la plantilla. Petkovic y Rincón, que no eran malos jugadores, vinieron porque costaron muy baratos.

Rincón se encontró con las pintadas también: «Negros no».

Fíjate la cantidad de negros que vinieron al Madrid después. Aparte de esto, a él le afectó la situación que se vivía, que no era normal. Todo eran nervios, un clima que no era el adecuado. Pero Rincón era un jugador extraordinario.

El Ajax de Van Gaal les dio un baño en Champions.

En Ámsterdam no, incluso diría que estuvimos mejor, pero en Madrid nos dieron un baile extraordinario. El Bernabéu en silencio, recuerdo que se oía el ruido de la pelota: tac, tac. Nos ganaron 0-2, pero porque les anularon dos goles que nadie sabe por qué. Perdiendo 0-2 yo estaba mirando la hora. No existimos.

Su sociedad con Valdano se rompió ese año, él dijo que ustedes dos no eran «hermanos siameses».

Hice unas declaraciones que fueron error mío porque comprometí a todos los demás. Dije que no me quedaría en caso de que no hubiera un proyecto y que en ese momento no lo había. Cosa que era verdad, pero comprometí al resto del cuerpo técnico. Si se quedaban, mal. Si se iban, yo lo había provocado. Yo era un tipo muy calentón, entonces. Reflexioné y me eché atrás. Luego en la comisión directiva les hubiera dicho de todo por lo hipócritas que eran, porque sabía cuáles querían que el equipo fuera mal para echar al otro ¡porque me lo habían dicho en privado! Y con Valdano también hubo diferencias, naturalmente. Diferencias lógicas, porque no se puede pensar exactamente igual siempre. El grupo bicéfalo que éramos, que había funcionado hasta ese momento, ahí se rompió. Él desde ese día tuvo su forma de ver las cosas y yo otra distinta.

El mayor enemigo del Madrid muchas veces es él mismo con sus intrigas palaciegas.

Suele ocurrir. Tampoco es un hecho extraordinario en el fútbol…

El Rayo les echó ganando en el Bernabéu.

Ahí la situación ya estaba rota. Era complicadísima. De lo que me acuerdo es de Ezequiel Castillo encogiéndose de hombros, diciéndonos que lo sentía. Sabía la situación que estábamos viviendo, pero tenía que ganar su partido.

Reapareció usted con Las Palmas de Valerón y el Turu Flores.

Valerón era un crack, verdaderamente. Dominaba todas las facetas del juego y como persona es más bueno que el pan. Pero al tercer o cuarto partido se rompió el menisco. Hay que tener mala suerte. El Turu era extraordinario también, pero había que verlo con un bote de aspirinas al lado, porque te volvía loco en cada jugada con sus ocurrencias, pero, de repente, cuando estabas a punto de sacarlo del campo, te hacía un gol maravilloso, un gol que ni Pelé. Era así el Turu.

Y le echaron tras perder con el Valencia de Valdano.

Otro mito, ya me habían avisado de que no seguía antes de ese partido. Recuerdo que esa directiva también… me dijo uno: «Mire, yo no entiendo de fútbol, pero…». Al salir de esa reunión ya le dije a mi mujer que hiciera las maletas. Pero fue un error mío. Lo manejé mal. No debí haberlo hecho desde el conflicto. Teníamos que haber hecho el equipo el primer año y tratar de ascender el segundo. Pero había urgencias. Los directivos están todos cortados por el mismo patrón. Los entrenadores tienen esperanzas, alegrías, temores, dudas, certezas. Los directivos solo tienen miedo, nada más.

Después de una mala racha en México y en el Tenerife, ganó su primer título como entrenador en Perú.

Ya lo gané en Madrid.

Me refiero como primer espada.

Éramos dos espadas, esto lo voy a defender porque era verdad. Valdano y yo éramos una dupla. No es por presumir ni por nada: es que éramos dos.

En Perú tuve una experiencia maravillosa. Nos pagaron solo dos meses y los directivos se marcharon. Nos dejaron a jugadores y cuerpo técnico solos sin cobrar. Poníamos dinero nosotros para ir pagándole algo a los chicos porque no tenían ni para el autobús. Hicimos una reunión, decidimos no marcharnos, pero si seguíamos tenía que ser a muerte. Y salimos campeones. Todavía se recuerda allí ese campeonato. Salíamos diciendo que jugábamos por la hinchada. Fue hermosísimo. Y cuando estábamos celebrando el título aparecieron de nuevo todos los directivos. En el hotel les dijimos que les obsequiasen con algo a los jugadores para celebrar, y ni las cervezas pagaron. Las tuvimos que pagar nosotros.

En Huracán, se apodó al equipo «Los Ángeles de Cappa». Según encuestas en prensa argentina, el equipo favorito de los aficionados en los últimos años.

Lo más bonito fue que ese equipo demostró que el fútbol argentino tiene una identidad y la gente celebra cuando se juega como ellos lo sienten, se gane o no. Todavía voy a Buenos Aires y la gente de Huracán se baja de los coches y me abraza. Tuvieron que apelar a lo más turbio de la corrupción del fútbol argentino para quitarnos el campeonato. Jugábamos contra Vélez en su campo en el último partido, donde nos jugábamos los dos el título. Tengo indicios de que el árbitro y los jueces de línea cometieron errores decisivos y no fue de forma involuntaria.

Se interrumpió el partido por el granizo, hubo un gol de Huracán válido que se anuló y después ellos le hicieron falta al portero en un choque, perdió la pelota, le cayó a uno de ellos y gol. Fue un partido con pocas ocasiones y el árbitro tuvo que aprovechar esto alevosamente porque no tuvo más oportunidades, si no, empatábamos y ganábamos el campeonato. Hubo un periodista que hizo una nota que tengo guardada donde le agradecía a Brazenas, el árbitro, que nos robase, porque haber ganado habría sido vulgar, estarías a la altura de cualquiera que ganó, escribió. Nosotros merecimos ganar y nos robaron el campeonato, por lo tanto, seguimos siendo románticos. Me llegó, aunque era irónico todo, por supuesto.

Los hinchas de Vélez le gritaban despectivamente «subcampeón».

Fíjate cómo esta sociedad solo valora y respeta el triunfo, el éxito. Ser subcampeón es una deshonra.

Dice que, en la actualidad, peor que se juega en Argentina no se juega en ninguna parte.

Se perdió la identidad. Los jugadores están simplemente para irse. El campeonato es un escaparate para venderlos. Y lo de los dirigentes es un caos absoluto y una corrupción total, un desastre. Ahora han surgido entrenadores jóvenes que vuelven a defender el fútbol. Pero salen jugadores, como Pastore, que estuvo en veinte partidos en primera y se marchó. Como Higuaín, como Aimar, cualquiera que nombres. Es muy difícil hacer nada. Es un campeonato para vender jugadores. Además, ahora irá a peor, porque quieren privatizar los clubes, convertirlos en empresas, en esta oleada privatizadora de Macri.

Usted habla de que existe fútbol de derechas y fútbol de izquierdas. Yo, la verdad, si quisiera transmitirle a mi hijo los valores del sindicalismo a través del fútbol, le pondría a la Grecia que ganó la Eurocopa. Un equipo que teniendo menos que los demás, por su solidaridad entre ellos, su compromiso, lograron imponerse a todos.

El compromiso colectivo es una virtud destacable, el compromiso con una idea, pero también se puede tener compromiso para asaltar un banco. Hay que ver para qué es ese compromiso. Si tienes una banda y atracas un banco, tienes un compromiso para el mal. Estados Unidos también tuvo un compromiso en las Azores para invadir un pueblo y quitarle el petróleo. El compromiso en el juego es para jugar bien o para jugar mal. Se puede tener un compromiso, como el del Celta de Vigo, que con un equipo modesto juega bien al fútbol. Porque no hay ninguna receta que me diga que yo voy a ganar con este juego o con el otro. Lo más racional es que se gana jugando lo mejor posible. Siendo defensivo también, pero con un fútbol modesto ser campeón es muy difícil.

También se puede comprometer uno con grandes jugadores para que el rival no juegue, que lo respeto, pero yo creo que uno debe comprometerse para jugar bien. Porque no se trata solo de ganar, el fútbol también es para disfrutar. El fútbol es un animal de dos cabezas, la eficacia y la belleza. Si le quito la belleza, también puedo ganar. Y si le quito la eficacia, me queda la belleza. Pero también podría perder quitando la belleza, y habría perdido dos veces. Y si gano jugando bien, como dice Xavi Hernández, gano dos veces. Yo apuesto por eso. La izquierda le da valor a la belleza y la derecha no, en términos generales, a ellos les importa la eficacia, el dinero y punto. Lo importante es tenerlo. Aunque destruyas el planeta. Como Bush, que no firmó Kioto porque la economía no podía parar. Podía romper el planeta, pero no la economía.

¿Cómo logra un entrenador hacer causa con los jugadores?

No hay una norma. Lo principal de un entrenador es crear un compromiso colectivo sobre una idea. Esta es la idea y nos comprometemos todos a defenderla. El mérito extraordinario que tiene Simeone es eso. Estableció una idea y los jugadores cumplen esa idea a rajatabla. Ahora, ¿cuál es la receta? No la hay. ¿Cuál es la receta para conquistar a una persona, a un hombre o a una mujer? Hay quien lo hace con la fama, otros con el dinero, otra opción es el conocimiento… En mi caso, hablo mucho [risas]. Pero no hay receta. Para el entrenador es igual. No voy a decir el nombre, pero había un entrenador en Argentina, uno de los que más triunfos logró en el país y con distintos equipos, que era muy hábil para elegir los jugadores, y después se hacía querer por ellos. En las concentraciones estaban hasta las cuatro de la mañana jugando a las cartas, con whisky, fumando, jugando al billar. Era increíble. Y la charla que les daba era solo «Venga, vamos, vamos». ¡Y se mataban por él los jugadores! ¡Lo amaban! Lo querían como a un hermano. Luego otros son rígidos y también les responden, o no. Porque es que no hay una norma.

Para insultarle a usted le llaman filósofo.

Claro, o poeta. Porque para la ideología dominante los filósofos y los poetas sobran. Yo jamás traicioné lo que pienso. Me equivoqué, muchas veces, pero nunca renuncié a lo que pienso para sacar ventaja.


The Coconut Effect

Los caballeros de la mesa cuadrada. Imagen: EMI Films.

En una escena de Warcraft: el origen, el personaje de Draka (una criatura generada por ordenador e interpretada por Anna Galvin) eleva un gigantesco machete a modo de defensa ante una posible amenaza, un gesto que llega hasta el espectador acompañado del silbido que produciría una espada al desenfundarse de una vaina de metal. Segundos más tarde, el mismo sonido vuelve a escucharse cuando Draka coloca el filo del machete sobre el cuello de un orco. Pero en ninguna de las dos ocasiones una espada ha sido desenfundada.

En Los caballeros de la mesa cuadrada, los protagonistas se desplazan simulando que montan a lomos de caballos invisibles mientras varios personajes los acompañan entrechocando cocos vacíos para imitar el sonido que producirían los cascos de jamelgos al trotar. Una ocurrencia muy celebrada que en realidad había nacido como consecuencia de la escasez de medios: el presupuesto del film no daba para alquilar caballos y a los Monty Python se les ocurrió sustituir los corceles por parejas de cocos en la pantalla. El sonido del trote reemplazó la presencia misma de la montura y la coña funcionó mejor de lo previsto. Pero un caballo correteando por el bosque nunca habría sonado así.

Warcraft: el origen. Imagen: Universal Pictures.

El filo de los cuchillos no tintinea con una resonancia metálica al cortar el aire ni los cocos vacíos chocando entre sí retratan fielmente el trote de un caballo. Pero la memoria popular ha asimilado que esos son los únicos sonidos válidos en determinadas ocasiones y, como consecuencia de ello, el público tiende a experimentar un rechazo inexplicable cuando no se los encuentra en la pantalla.

The Coconut Effect

Uno de los mayores logros del cine ha sido crear un universo alternativo regido por sus propias normas y sus propios sonidos. Una realidad paralela cuyos clichés han adquirido tanta consistencia como para superar las barreras de géneros, nacionalidades, directores o superproducciones y convertirse en verdades universales. Las cosas en la gran pantalla se comportan de otra manera porque la realidad nunca ha sonado del mismo modo que la ficción, algo lógico teniendo en cuenta que el mundo real tiende a ser mucho más aburrido que el ficticio: ni los coches circulan rellenos de nitroglicerina, ni el FBI tiene por costumbre presentarse en helicóptero, ni los hackers son gente molona que huele sano, ni abrir la puerta de un avión en pleno vuelo es tan sencillo como girar un pomo y empujar fuertecito. Pero es mucho más divertido, y da mucho más espectáculo, creer que todo eso es así.

«The Coconut Effect», un concepto que también suena mucho mejor que «el Efecto Coco», es la denominación que se utiliza para describir aquellos efectos sonoros que no son fieles a la realidad pero a pesar de ello tienen que ser incluidos en las películas porque el público se ha acostumbrado demasiado a ellos. Se trata de sonidos totalmente irreales cuya ausencia paradójicamente es interpretada por la audiencia como poco realista. Un protocolo por cuyo aro ha de pasar cualquier película si quiere que el público no tenga la impresión de que algo desafina en el conjunto. The Coconut Effect hereda su nombre de la tradición clásica de utilizar un par de cocos para simular el galope de un equino, un truco que a pesar de haberse convertido en estándar sonoro tiene poco de acertado: los cascos de un caballo solo podrían retumbar como cocos entrechocando entre sí en caso de que el jamelgo circulase sobre algún tipo de pavimento sólido. Pero la mayoría de películas que contienen un rocín al galope suelen obligarlo a corretear sobre campo, grava, monte o caminos agrestes (superficies que amortiguarían el sonido por completo) y no sobre autopistas o adoquines urbanos. A pesar de esto, y de que la mayoría de las veces el sonido ni siquiera está sincronizado con los pasos del animal, el público se ha acostumbrado tanto a contemplar a los jinetes cabalgar entre los ecos de cocoteros como para demandar aquel efecto de manera inconsciente: las escenas con caballos que no suenan de ese modo dan la impresión de estar incompletas.

En el filo

Los cuchillos cantarines son uno de los mejores y más populares representantes del Efecto Coco. La secuencia de Warcraft: el origen mentada más arriba es tan solo un ejemplo de filo sonoro de entre los varios miles que el mundo del entretenimiento ha ido amparando a lo largo de su historia. Porque cualquier película en la que un personaje aparezca en escena empuñando o blandiendo un arma cortante está obligada a aderezar las imágenes con el sonido metálico producido por la hoja de un arma desenfundándose, independientemente de que el objeto en cuestión no esté enfundado, ni afilado, ni en contacto con otro metal. Lo gracioso del asunto es que los espectadores están tan acostumbrados a dicho recurso como para que no les chirríe lo más mínimo, hasta el punto de creer inconscientemente que la escena no funciona si no escuchan el susurro metálico en ella.

La trilogía El Señor de los Anillos comandada por Peter Jackson está repleta de soldados con espadas en vainas de cuero que al ser desenfundadas producen el sonido característico de fricción entre dos metales. En principio, el equipo de la película había optado por ahorrarse aquellos efectos sonoros tan sobados al considerarlos poco creíbles, pero tras los primeros pases de prueba decidieron recular y tirar por el tópico al observar que la audiencia no reaccionaba con gusto si las tizonas eran poco melodiosas. No hay nada malo en jugar a aguzar las hojas hasta la exageración en los mundos imaginados: en Kung-fu Panda un arma legendaria luce un filo tan potente como para poder cortar al espectador que se atreva a mirarla y en las novelas de Terry Pratchett un personaje porta una guadaña capaz de trocear pa/la/bras. Pero los efectos sonoros que acompañan a los hierros en el cine están tan sobados como para haber acabado convirtiéndose en un chiste demasiado largo.

El Señor de los Anillos: El retorno del rey. Imagen: New Line Cinema.

Michael Myers se paseó por la franquicia Halloween fardando de colección de cuchillos, unos puñales que siempre aparecían en el plano escoltados por un silbido metálico. Lo mismo ocurría con aquella muñeca chochona descarriada llamada Chucky en la saga Muñeco diabólico, una serie de películas donde el sonido de una hoja tintineando aparecía incluso cuando el personaje agarraba cosas que ni siquiera tenían filo alguno, como un martillo. Algo similar a lo que ocurría en Sé lo que hicisteis el último verano, donde un villano con pinta de doppelgänger del Capitán Pescanova se las apañaba para lograr que el garfio con el que trinchaba al reparto zumbase como un cuchillo. En Escuadrón Suicida, Harley Quinn (Margot Robbie) intentaba acuchillar a Batman (Ben Affleck) con un arma que producía un silbido de metal a pesar de que la escena tenía lugar bajo el agua. En Pacific Rim, una espada gigantesca atronaba de manera espectacular a profundidades submarinas. Kingsman: servicio secreto tenía en su reparto a un personaje con cuchillas en lugar de pies, Gazelle (Sofia Boutella), cuyas zancadas cuando las navajas estaban a la vista llegaban acompañadas de ululares metálicos. En Spider-Man 2, Harry Osborn (James Franco) lograba extraer aquel sonido metálico de una daga con el simple gesto de recogerla del pedestal donde estaba expuesta. También resonaron de manera muy musical las armas afiladas que se empuñaron en Kill Bill (donde las espadas emitían el silbido incluso cuando no estaban en movimiento), Razas de noche, Hellboy 2, cualquier adaptación cinematográfica de Los tres mosqueteros, Star Trek (2009), Drácula: la leyenda jamás contada, Misery o Alta tensión entre muchas otras producciones amigas de afilar el oído. La aparatosa pelea de Matrix: Reloaded en la opulenta chabola del Merovingio se pasó de rosca al adornar los vaivenes de las espadas, cuchillos, lanzas, sais, machetes y demás cubertería afilada con una sobrecarga tan exagerada de silbidos y filos sonoros como para que en ocasiones tanto chiflido llegase a eclipsar a la banda sonora.

Pero el efecto más maravilloso de filo cantarín, o parodia del mismo, tiene lugar en una escena de aquella Bichos de Pixar donde una tropa de actores representaba Robin Hood utilizando a uno de los personajes, el insecto palo, a modo de espada. Porque el pobre animalillo se veía obligado a imitar de viva voz el sonido característico de las espadas que zumbaban en la ficción: «Siuuh siuuh clang clang».

Best atrezzo ever. Bichos. Imagen: Walt Disney Pictures.

Cacharrería

La tecnología en la ficción es otro de los terrenos donde los cocoteros brotan de manera repentina. En la pantalla, cualquier personaje que necesite trabajar ante un ordenador siempre lo hará acompañado del mismo sonido: el producido al aporrear el IBM model M, aquel teclado cuyo soniquete mecánico resultaba reconocible incluso fuera de plano. Y todo aparato electrónico será más eficiente y sofisticado cuanto mayor sea el número de pitidos y ruiditos que emita: El cachivache que utiliza Deckard (Harrison Ford) para analizar fotografías en Blade Runner, los ordenadores de Casino Royale, Alien, Numb3rs, NCIS y Star Trek, o el sistema operativo de Jurassic Park donde un mero cursor parpadeante produce un pitido intermitente.

A la hora de representar fielmente los videojuegos, tanto el cine como la televisión adoptan la apariencia de un par de señores demasiado mayores que no entienden qué coño están haciendo. Y es que las películas y las series tienen la molesta manía de convertir, de manera no intencionada, el mundo de los juegos de consola u ordenador en un hobby estrictamente retro gracias a los efectos sonoros: hasta hace relativamente poco, los videojuegos en la pantalla siempre llegaban envueltos en sonidos de 8-bits (aquellos que ya tienen tres décadas de antigüedad a la espalda) porque el wakawaka de Pac-Man y los pitidos de la Atari siguen siendo la idea que tienen los guionistas más talluditos de cómo debería de sonar un juego. En Supernatural, una Nintendo DS escupe los efectos sonoros del Donkey Kong de la Atari 2600 (un juego treinta años más viejo que la consola), en Los Soprano un personaje jugaba al Max Payne (un thriller noir repleto de tiroteos a lo John Woo) entre pitidos y zumbidos láser, Weeds sustituía los sonidos del Wii Sports por ruidillos añejos  y en Training Day un crío juega a una Dreamcast (una consola lanzada en 1999) que suena como las máquinas recreativas setenteras.

Blade Runner. Si los cacharros pitan mucho estamos hablando de un futuro avanzado. Imagen: Warner Bros.

La tecnología militar de ficción también suele presentarse forrada en cáscaras de coco. El cine ha sentenciado que todos los radares siempre producen el mismo pitido, el del sónar británico ASDIC utilizado en submarinos durante la Segunda Guerra Mundial. Y también de nacionalidad anglosajona parecen ser la totalidad de sirenas que atruenan en los mundos de ficción en caso de alarma, porque todas resuenan exactamente igual que el modelo Carter fabricado por Gent’s of Leicester y utilizado durante conflictos bélicos como la Segunda Guerra Mundial o la Guerra Fría. Los alemanes entretanto se encargaron de hacer famosa otro tipo de sirena guerrera, la Trompeta de Jericó que llevaban instalada los bombarderos Ju-87 apodados popularmente Stukas. Un artilugio de bramido espeluznante que en la guerra se utilizó a modo de arma psicológica para infundir terror entre las tropas enemigas y que curiosamente el cine adoptó como el sonido típico que uno esperaría escuchar cuando un avión cae en picado. Un estruendo, apodado como «el grito del Stuka», que ha sido utilizado miles de veces en el cine acompañando aviones en pleno bombardeo (Dunkerke, Los cañones de Navarone), pájaros encabronados (Birdemic), pterodáctilos aún más encabronados (Jurassic World), helicópteros en caída libre (Solo para sus ojos) o torres sobrecargadas de travestis galácticos que se desploman (The Rocky Horror Picture Show).

A la hora de adentrarse en el polvorín, los militantes del departamento de sonido lo tienen muy claro: las armas no producen el suficiente estruendo en el mundo real. En el cine de Sergio Leone las pistolas retumban como rifles y los rifles parecen cañones, una minigun en un film de acción tiene la costumbre de sonar como la mucho más llamativa ametralladora Browning de calibre 50, Bonnie and Clyde elevaba de manera poco natural el sonido de cada balazo y series como Miami Vice embellecían los tiroteos haciendo que las pistolas de mano atronasen como escopetas al ser disparadas. El caso de Indiana Jones es encantador, porque Steven Spielberg y George Lucas no solo sustituyeron el sonido de su pistola por el de un rifle para darle más empaque a los disparos, sino que además decidieron que la personalidad del héroe debía de contagiarse a su arsenal: cuando Indy aprieta el gatillo en la pantalla, independientemente del modelo de arma que esté empuñando, el disparo siempre suena del mismo modo.

En el espacio profundo todo el mundo puede oír tus gritos

Es cierto que la mayor parte de la población no está excesivamente acostumbrada a lo de pasear a menudo por el espacio exterior. Pero los que confían en la ciencia y no tienen el espíritu magufo de Iker Casillas, también saben que en el espacio es imposible escuchar cualquier tipo de sonido por todo aquel tema de que a las vibraciones no se les da demasiado bien lo de viajar a través del vacío. Aun así, la mayoría de espectadores están acostumbrados a escuchar en el espacio muchas explosiones rotundas y rayos láser que silban (Star Wars, Wing Commader, Star Trek), maquinaria ruidosa (The Cloverfiled Paradox, Alien, Gravity, Armageddon) o incluso conversaciones sobre la superficie lunar (Superman II). Pero en estos casos el departamento de sonido tiene toda la razón del mundo: los fuegos artificiales con el mute puesto no tienen ninguna gracia y aquí resulta conveniente hacerle la cobra a la lógica.

Gravity, mejor oírlas venir. Imagen: Warner Bros. Pictures.

The Fast and the Furious

En la vida real los neumáticos de los coches chirrían al derrapar sobre el asfalto. En las carreras cinematográficas las ruedas de los vehículos también son capaces de chillar como si estuvieran derrapando sobre suelo sólido al circular sobre superficies en las que ese sonido es imposible que se produzca: montes embarrados, senderos boscosos o aquella carretera de gravilla por la que Sean Connery escapaba en Agente 007 contra el Dr. No. Aunque el auténtico protagonista a la hora de hablar de ruedas en el cine es el motor V8 y el rugido que produce, uno tan reconocible para el americano medio (aquel motor habitaba los mejores vehículos de USA durante la década de los sesenta) como  para convertirse en el ruido estándar de la práctica totalidad de los coches que aparecen en pantalla. No solo se ha utilizado en films de ficción como Misión Imposible: nación fantasma, Regreso al futuro o La guerra de los mundos (2005), sino que hasta ciertos programas televisivos dedicados a los amantes de los motores como Top Gear se han atrevido a sustituir el runrún de los motores más sosos por una pista de audio con el bramido del V8 para darle más garbo al asunto.

Ronda de cocos

Los cuchillos que silban, los aviones que gritan y los ordenadores que pitan no están solos en el archivo de FX sonoros con alma de coco de los mundos de ficción. Porque a lo largo de miles de películas, series y videojuegos muchos soniquetes están condenados a repetirse eternamente de manera similar (o en ocasiones directamente idéntica) para que la audiencia no se sienta defraudada: el silbido que producen los rayos de luz en pantalla (Entrevista con el vampiro, En busca del arca perdida o las campanillas que acompañan a la piel resplandeciente de Edward Cullen en Crepúsculo), el célebre chirriar de una puerta metálica, el clic que hacen las minas cargadas (Volar por los aires), el tintinear de cristales rotos sobre cualquier tipo de superficie (los de La jungla de cristal se han importado a numerosas películas), el timbre de una máquina registradora al abrirse, el bramido de un elefante en la jungla (algo que resuena incluso en La isla de las cabezas cortadas, una película ambientada en el Caribe, terreno famosísimo por sus comunas de elefantes), la campana que anuncia la llegada de un tren en un paso a nivel, los puñetazos más sonoros (cualquier cosa en la que participaran Bud Spencer y Terence Hill), los truenos que adornan los castillos malvados (este en concreto junto al denominado Dobly Digital Thunderclap y el clásico Castle Thunder son probablemente los tres truenos más resobados de la historia), los pedazos de metal que repiquetean contra el suelo tras una explosión o la única rana que croa en todos los charcos y pantanos de todas las películas conocidas por la humanidad.

Terence Hill y Bud Spencer, hostiólogos. Le seguían llamando Trinidad. Imagen: AVCO Embassy Pictures.

La productora Hanna-Barbera, una compañía famosa por hacer creer al mundo que unos dibujos animados baratos eran la hostia, es la que se lleva la palma a la hora de hablar de fondo de armario sonoro. Dicha empresa posee una tremenda y notable biblioteca personal de efectos de audio. Un archivo entre en el que es posible localizar la carrera a ritmo de bongos de cualquier cartoon, la resonancia de todos los porrazos animados imaginables o el mordisco cómico a traición, entre muchos otros efectos maravillosos. Un catálogo tan celebrado como para que prácticamente toda la industria del entretenimiento, desde Disney hasta Chuck Jones, se dedicase a meterle mano durante décadas hasta el día de hoy: Patoaventuras, Scooby-Doo, Winnie the Pooh, Ren y Stimpy, Bob Esponja, My Little Pony, La casa de Mickey Mouse, Chip y Chop, Los Picapiedra e incluso algunas entregas del videojuego Mario Party son tan solo un puñado de ejemplos de los centenares de shows que tiraron del ruidoso archivo de Hanna-Barbera.

Wilhelm scream

En 1951, Gary Cooper protagonizó un wéstern llamado Tambores lejanos y el mundo escuchó por primera vez el que se convertiría en el grito más famoso de la historia del cine. Un berrido que nació mordido y acompañado: a la hora de sonorizar una escena de la película en la que un hombre era atacado por un caimán en un pantano, el equipo encargado de los efectos sonoros grabó seis chillidos diferentes y los envasó en una lata etiquetada «Un hombre es mordido por caimán y grita». La película finalmente utilizó la quinta toma para la escena de la merienda del cocodrilo, pero también tiró de los aullidos de las tomas cuarta, quinta y sexta para darle vidilla a los tiroteos de otra secuencia.

Lo importante es que aquella lata repleta de alaridos circuló entre los currantes de postproducción con cierto éxito. Una veintena de películas y producciones televisivas recurrieron a ella para embellecer muertes en el lejano Oeste (Grupo Salvaje), hazañas bélicas (Boinas Verdes), invasiones de hormigas gigantes (La humanidad en peligro) o a más gente convirtiéndose en tentempié de caimanes (Tierra de faraones). Producciones que se valían de los seis chillidos registrados pero que parecían tener preferencia por utilizar uno de ellos en concreto: el registrado en la cuarta toma.

La carga de los jinetes indios. Imagen: Warner Bros.

A finales de los sesenta aquel bramido llegó a las manos de Ben Burtt, el diseñador de sonido encargado de alegrar las aventuras espaciales de Star Wars, mientras rebuscaba ruiditos con los que revestir la película. Burtt localizó el rollo con el grito y decidió incluirlo en la escena de La guerra de las galaxias en la que un stormtrooper se precipitaba al vacío tras ser derribado por uno de los disparos de Luke Skywalker. El técnico investigó la procedencia del alarido y decidió bautizarlo como «Wilhelm scream» al descubrir que en la película La carga de los jinetes indios de 1953 un soldado llamado Wilhelm lo profería tras recibir un simpático flechazo en el muslo (aunque en la misma película el grito se infiltraba en un par de escenas más durante las batallas). Desde entonces, Burtt convirtió el aullido en una especie de broma personal y comenzó a infiltrarlo en todas las películas en las que trabajaba, la familia Star Wars (El Imperio contraataca, El retorno del jedi o incluso el terrorífico The Star Wars Holiday Special), las correrías de Indiana Jones, Más american graffiti, Howard… un nuevo héroe, Willow o Always (Para siempre). Lo más gracioso de todo es que Burtt se encargó de llevar aquel alarido al cine de la manera más personal posible: en El retorno del jedi interpretó al coronel Dyer, un secundario fugaz que, tras ser golpeado por una caja de herramientas arrojada por Han Solo, se escoñaba barandilla abajo aullando el grito Wilhelm.

La guerra de las galaxias. Imagen: Walt Disney Studios Motion Pictures.

De repente, aquel efecto sonoro se convirtió en una broma dentro del gremio y todos los diseñadores de sonido se pusieron de acuerdo para añadirlo en cualquier producción posible. A día de hoy ese Wilhelm scream ha aparecido, que se sepa, en más de tres centenares de películas y episodios televisivos: Aladdin, Reservoir Dogs, Batman vuelve, Juno, Sin City, Arma letal 4, Cars, El quinto elemento, Ovejas asesinas, Crepúsculo, Monstruos contra alienígenas, Up, Spider-Man, Zombie Strippers, El Señor de los Anillos, Padre de familia, Gracias por fumar, Malditos bastardos, Speed Racer, Programa de protección de princesas, Angel, La niebla, Gru: mi villano favorito, Machete, 30 días de oscuridad, King Kong, Lluvia de albóndigas, Poltergeist o La vida de Calabacín entre muchas otras. La fama de ese FX sonoro llegó a ser tan apabullante que cuando la película Star Wars: los últimos jedi anunció que no lo iba a utilizar en su metraje el dato se convirtió en noticia de interés. Buzz Lightyear lo grita en Toy Story y al pobre de Ben Burtt no dejan de invitarle a las Comic-Cons para que cuente por  gritonésima vez toda la historia del berrido a pesar de que el hombre es responsable de cosas mucho más interesantes como las voces de E.T. o Wall-E y el papá de efectos sonoros tan interesantes como el «audio black hole».

Pero lo curioso del grito Wilhelm es que a estas alturas se ha convertido en el efecto sonoro menos efectivo de toda la historia del cine, una especie de Efecto Coco invertido: gracias a su sobrexplotación salvaje, con centenares de films haciendo uso de dicha voz, escucharlo en el metraje solo consigue sacar por completo de la película a cualquiera que esté al tanto del chiste. Al contrario de lo que ocurre con los más destacados representantes de The Coconut Effect, el legado de Wilhelm algo que hoy en día la audiencia reza por no escuchar.

Los caballeros de la mesa cuadrada. Imagen: EMI Films.


El balón de la discordia

Estadio Rhein Energie, Colonia, 2012. Fotografía Cordon Press

El tópico es mentira. O, como mínimo, una grandísima falacia. El fútbol no une, divide. Y lo hace como solo puede hacerlo una guerra. Podemos repetir el lugar común recordando aquello de que uno es la extensión de la otra por vías pacíficas; y aun esto es una verdad a medias. Solo tienen que asomarse un fin de semana a cualquier campo, no ya estadio profesional, de infantiles a poder ser, y escuchar. No a los niños, lo que forma parte de los gajes del oficio —la guerra psicológica, que diría Luis Aragonés—, sino a los adultos. Lo que sueltan por la boca algunos respetables padres (y madres) de familia solo es comparable a los intercambios lingüísticos entre una y otra vera de la línea del frente. Desde las Termópilas al Ebro, pasando por Verdún. La explicación es simple: el fútbol es un juego convertido en deporte transformado en negocio tamizado de espectáculo. En manos del hombre, es un lugar al que se viene a ganar o perder. Y del que pierde nos acordamos exactamente lo que dura el árbitro en detener el pitido final que da por declarado al vencedor. Por eso es la guerra. En ocasiones, más importante. En 1914 el Gobierno inglés suspendió todas las competiciones deportivas con excepción del fútbol. La temporada 1914-15 se jugó completa porque los ingleses aún creían que la contienda sería cosa de semanas y no vislumbraban la matanza que se avecinaba. Por si acaso, en febrero de 1914 se creó el Football Batallion, iniciativa para reclutar a futbolistas y defender al país. Muchos jugadores perderían la vida en las trincheras franco-belgas. Los que se negaron a luchar, como Jimmy Hogan, eran traidores a los que solo el tiempo —y el fútbol— perdonaría.  

No me malinterpreten. Amo el fútbol, está en mi lista particular de filias al nivel de la literatura, el cine y los cómics. Podría decir, como Albert Camus, que todo lo que sé del mundo lo aprendí en el fútbol, pero mentiría. Es solo casi todo, el resto lo aprendí de los libros, los cómics y las películas. Lo único cierto es que el fútbol, el juego más hermoso inventado por el ser humano (obviemos que fue un inglés, según la versión aceptada), es la más fiel metáfora de la vida. Capaz de albergar lo mejor y lo peor; un lugar al que, como a la guerra, se viene a vivir o morir. Por eso el fútbol es la única guerra hermosa y, para bien o para mal, toda la belleza del mundo cabe en los límites de una cancha de juego. También, en ocasiones, todo el horror. Lo hizo el 29 de mayo de 1985 en el Estadio de Heysel de Bruselas, en Bélgica, donde en los prolegómenos de la final de la Copa de Europa entre el Liverpool y la Juventus se dejaron la vida en las gradas treinta y nueve aficionados, la mayoría juventinos. Aquel partido, que nunca debió haberse jugado, comenzó con hora y media de retraso y cuando Platini marcó el gol (de penalti) que les daría la victoria a los italianos todavía quedaban cadáveres sin retirar de la grada.

La violencia ha estado asociada al fútbol desde sus orígenes, sostiene Jonathan Wilson, periodista británico bien conocedor del fenómeno ultra. Y esto ha sido así porque el fútbol ha servido siempre como válvula de escape de conflictos y desigualdades de índole política. Su explosión fue a partir de la década de los setenta, coincidiendo con las grandes reconversiones industriales que dejaron a millones de trabajadores en la calle. Heysel señaló para siempre a una especie, el hooligan, que trasladó la guerra a la grada. Solo recuerden su vocabulario: frentes, comandos, brigadas, bloques, batidas o salir a cazar. Grupos integrados por soldados cuyo uniforme son los colores de su equipo. Carne de cañón lista para saldar en las calles las cuentas que quedan pendientes en la cancha. O antes de entrar a ella. Heysel fue solo el gran inicio de un fenómeno con manifestaciones tan esporádicas como trágicas. La última, el 1 de febrero de 2012 en el Estadio de Port Said, Egipto, tras concluir el partido entre el Al-Ahly y el local Al-Masry. Tras la victoria de este último, un grupo de sus ultras cargó contras los aficionados del capitalino Al-Ahly. Un total de setenta y cuatro personas fueron asesinadas aquella noche en un país que, tras la fallida Revolución blanca de 2011, sigue siendo un polvorín custodiado con mano de hierro por los militares.

El hombre es un ser primitivo que se deja llevar por sus instintos. Lo sabe cualquiera con dos dedos de frente y lo saben las manos que mecen las cunas. Por eso el fútbol siempre ha sido una herramienta de la que tirar a conveniencia. Para enardecer expresiones de patriotismo, léase la Argentina de los milicos durante la guerra de las Malvinas; o de control, léase el uso que los regímenes comunistas hacían del juego, cuyos principales equipos estaban siempre asociados a los brazos fuertes del Estado, ejército y policía. En el caso de España, control y proyección (inter)nacional del país siempre han ido de la mano. Desde la Guerra Civil hasta que Iker Casillas levantó la Copa del Mundo al cielo de Johannesburgo el 11 de julio de 2010. Pasando por el franquismo —que explotó hasta la saciedad el gol de Marcelino ante las hordas comunistas en la Eurocopa de 1964—, y sin olvidar el més que un club, l’expressió d’una nació barcelonista.

Todo forma parte del juego y bien haríamos en asumirlo y pasar página.

Por culpa del fútbol se ha muerto y se ha matado. Murieron algunos de los jugadores del FC Start cuya leyenda, en mitad de la Segunda Guerra Mundial, es quizá una de las cumbres más románticas del deporte y sirvió de inspiración para al menos media docena de películas, la más famosa (y la versión más libre), Evasión o victoria (1981). Como película no pasa de mediocre y maravillosa al mismo tiempo, pero encierra dos verdades absolutas. La primera es que nadie como Pelé, en la escena en que expone la táctica del partido trazando con una tiza sus movimientos para driblar alemanes hasta meter el esférico en la portería germana, ha explicado la esencia del juego. La segunda es que Sylvester Stallone es, sin discusión, el peor portero de la historia; incluso peor que actor.

Ultras del Al-Ahly, 2015. Fotografía Amr Sayed Cordon Press.

Nótese que he dicho leyenda, con título incluido, El partido de la muerte (película de 1963), y no historia, porque esta es mucho menos romántica. En la Kiev ocupada por los nazis en 1942, varios exjugadores del Dinamo y el Lokomotiv fundaron un equipo que, entre el 21 de junio y el 6 de agosto, disputó una docena de encuentros con combinados de distintas guarniciones militares. Los ganó todos por amplias goleadas, pero el último, el 9 de agosto, inauguró un mito que, a grandes rasgos, sigue así: el combinado alemán, el Flakelf, integrado por pilotos y soldados de la defensa antiaérea, se juega su prestigio como fuerza de ocupación; los ucranios, su supervivencia. Deben perder, de lo contrario morirán. Eligen honor y pagan frente al pelotón de fusilamiento. Lástima que sea todo falso.

Es cierto que el partido tuvo lugar y que los locales ganaron. También que cuatro jugadores del Dinamo murieron, tres fusilados en el campo de detención de Syrec, en los alrededores de Kiev, y uno torturado por la Gestapo; pero no por la afrenta a los alemanes, sino días después de un partido cuyos testigos presenciales dicen que fue limpio y correcto por ambos lados. Las víctimas fueron asesinadas porque había una guerra y los alemanes estaban obsesionados con los espías y saboteadores. Todos sabían que el Dinamo era un órgano del NKVD, la policía secreta soviética.

Muchas décadas después, el partido de la muerte sigue siendo carne de propaganda. El estreno de la última versión cinematográfica del mismo, la rusa Match (2012), se pospuso en Ucrania porque coincidía con la Eurocopa y los jugadores ucranios eran presentados como colaboracionistas. Mucha historia había ya en los estadios. Cualquier encuentro que enfrente a las selecciones de Ucrania, Alemania, Polonia o Rusia acaba por desbordarse a causa del peso de la historia, nada amigable, que comparten los cuatro países.   

Andrés Escobar Saldarriaga era un defensa colombiano. Tenía fama de elegante y tranquilo y, tras un mal resultado, solía recordar a los periodistas que «la vida no termina aquí». Aquí era el terreno de juego. Pero la suya finalizó diez días después de su último partido con la selección colombiana en el Mundial de Estados Unidos de 1994. Aquel día, Escobar tuvo la mala fortuna de marcar en propia meta, gol que a la postre significaría la eliminación de su país. El 2 de julio de 1994, Humberto Muñoz Castro, chofer de los hermanos Pedro David Gallón Henao y Juan Santiago Gallón Henao, conocidos narcotraficantes y paramilitares, vació su revólver sobre Escobar, quien minutos antes había intercambiado palabras con sus jefes. Siempre se dijo que su muerte era una venganza relacionada con las apuestas deportivas del país. Lo cierto es que en la época de la violencia chica —las guerras entre el Estado, los paras y los narcotraficantes durante los años ochenta y noventa— fútbol y narco siempre han estado relacionados en Colombia.

El fútbol ha provocado guerras y las ha finalizado. Entre el 14 y el 18 de julio de 1969 las repúblicas de El Salvador y Honduras se fueron a la guerra durante cien sangrientas horas. La razón oficiosa fue la creciente tensión entre ambos países con motivo del partido de clasificación para el Mundial de 1970 que enfrentó a ambas selecciones nacionales. Sobra decir que ambos países estaban en manos de militares y terratenientes corruptos (perdón por el oxímoron), ocupados en incentivar el odio entre los pobres hondureños y los vecinos más pobres, los trescientos mil inmigrantes salvadoreños que trabajaban en el banano. «Hemos roto las relaciones con El Salvador. Posiblemente haya una guerra». La noticia la dio a los jugadores hondureños, en el mismo vestuario del Azteca de Ciudad de México, el coronel y embajador Armando Velázquez. Era el 27 de junio de 1969 y faltaba poco para lo inevitable. Aquel día El Salvador había sellado el pase al Mundial en el tercer encuentro de desempate (3-2, entonces no había goles con valor doble) de un choque más parecido a una pelea de bandas callejeras que a una eliminatoria mundialista. En realidad, fue la Junta Militar salvadoreña, comandada por Fidel Sánchez Fernández, quien disparó primero mandando unos aviones —que, de viejos, a duras penas conseguían volar— sobre Tegucigalpa mientras sus soldados cruzaban la frontera hondureña. Honduras replicó encerrando en campos de concentración a los salvadoreños que trabajaban en su territorio. «A algunos los tenían recluidos en el Estadio Nacional. Metían un tiro a una persona y decían que era salvadoreño. Y olvídate», recordaría mucho tiempo después el jugador hondureño Miguel Ángel «el Shinola» Matamoros. El estadio convertido en matadero es un clásico que perfeccionaron como nadie los militares chilenos tras el golpe de 1973.

Estadio Olímpico, Estambul, 2014. Fotografía Cordon Press.

Aquella «guerra del fútbol», como la bautizaría el periodista polaco Ryszard Kapuściński, dejó entre dos mil y seis mil muertos según los distintos recuentos, unos quince mil heridos y a El Salvador debutando y haciendo el ridículo (por si la guerra fuera poco) en el Mundial: perdió los tres partidos, recibió nueve goles y no marcó ninguno. Tras diez años sin relaciones entre los dos países, estas fueron retomadas: con un partido.

Hay quien sostiene que la guerra en la antigua Yugoslavia empezó la tarde del 13 de mayo de 1990 en el Estadio Maksimir de Zagreb sin dar tiempo siquiera a que el Estrella Roja y el Dinamo de Zagreb se disputaran el balón. Tiempo después, Zvonimir Boban, futbolista de toque exquisito y uno de los protagonistas de aquel día, declararía: «Ahí estaba yo, una cara pública, dispuesto a arriesgar mi carrera, todo lo que la fama puede comprar, por un ideal, por una causa: la causa croata». «Ahí» era Boban en mitad del campo y lanzándole una patada a un policía que estaba aporreando a un seguidor croata. La foto dio la vuelta al mundo. Es cierto que la explosión de Yugoslavia era solo cuestión de tiempo. Lo es también que el fútbol solo era el adelanto de lo que estaba por llegar. En la Prva Liga, máxima competición yugoslava, participaban dieciocho equipos, cada uno con una afición de marcada ideología. El FK Sarajevo representaba a los bosnios musulmanes; el Zrinjski Mostar, a los bosniocroatas; el Borac Banja Luka, a los serbobosnios. El Dinamo de Zagreb era la quintaesencia del nacionalismo croata, hasta el punto de que Franjo Tudjman, presidente que declararía la independencia de la joven república en los albores de la guerra, llegó a ser su máximo mandatario. El Estrella Roja, por supuesto, era su némesis, imagen de la pureza serbia y del unionismo yugoslavo de la era Tito. Y así hasta completar dieciocho equipos. Aquel partido que nunca fue sería el culmen del fenómeno hooligan, marcando su paso de la grada a la trinchera, ya que muchos de aquellos ultras engrosarían las unidades militares que se masacrarían mutuamente durante los siguientes cuatro años. Allí estaba, por ejemplo, Željko Ražnatović, alias Arkan, patriota serbio, a quien los propios servicios secretos de Slobodan Milošević habían dado vía libre para que ensayara en la grada lo que después haría con sus Tigres en Bijeljina y Zvornik a los musulmanes bosnios.

El 22 de junio de 1986, en el Estadio Azteca de la ciudad de México, Maradona devolvió el orgullo a todo un país herido tras la humillación ante la Marina británica en las Malvinas cuatro años antes. Es cierto que no fue la mano de Dios sino la de Diego, pero lo supo este al bautizar su gol, lo certificó Mario Benedetti cuando dijo que aquel gol «es, por ahora, la única prueba de la existencia de Dios», y lo entendió un país, que estalló con la narración que Víctor Hugo Morales hizo del segundo tanto al preguntarse, al borde del éxtasis, «¡Barrilete cósmico, de qué planeta viniste, para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina!».

Catarsis colectiva o redención personal. Para esto último le sirvió el fútbol al alemán Bert Trautmann, exparacaidista en la Luftwaffe durante la Segunda Guerra Mundial, preso de los aliados en Inglaterra, país que nunca abandonó para acabar convirtiéndose en una leyenda en el Manchester City, con quien ganó la FA Cup en la temporada 55-56 y donde jugaría quince años.

Porque, si el fútbol puede iniciar una guerra, también puede pararla. Lo hizo hace ciento tres años en la localidad belga de Ypres, cuando británicos y alemanes dejaron de matarse por unas horas en la Navidad de 1914 y acabaron echando un partido. Lo hace cada día, en cualquier campo de refugiados de mundo, cuando unos niños olvidan la barbarie a su alrededor corriendo detrás de un balón hecho de harapos. Esa, y solo esa, es la grandeza del juego.


Andoni Zubizarreta y Enric González o si Messi está contento, lo demás es fácil

Andoni Zubizarreta para Jot Down 0

Andoni Zubizarreta (Vitoria, 1961) es un fajador. Como guardameta del Athletic, del Barcelona y de la selección solía recibir críticas por su mal juego con los pies. Cruyff le despidió tras la derrota frente al Milan en la final de Atenas y le dejó sin equipo. Ahora, gran parte de la afición le cuestiona como director deportivo barcelonista. Es un hombre tranquilo y reflexivo. La entrevista se desarrolla ante uno de los campos de entrenamiento.

¿Qué tal trabajo es el suyo?

Es un trabajo apasionante. En caso de que te guste el fútbol, evidentemente. Estás trabajando en lo que sería el back office, en lo que sería la organización de la obra. Desgasta por lo que tiene de exposición pública, porque todas las decisiones o no decisiones son sometidas a escrutinio sin esperar a si han sido buenas o malas en función del tiempo en que se han tomado y en el que se han podido desarrollar. Desde el punto de vista personal, y me refiero a la familia, es difícil de llevar porque nuestra semana de trabajo no es una semana normal, incluye sábado y domingo y el lunes recomienza. La gente encuentra momentos para disfrutar en familia en fines de semana, Navidades, verano, pero nosotros vivimos al margen de ese calendario. Puedes programar algo importante para un día, pero si ha pasado algo o han cambiado el partido del martes al miércoles… Como observatorio, mi trabajo es apasionante. El fútbol es un sitio espléndido para mirarse uno mismo, al deporte, a la sociedad, al momento social, al político…

¿Y de uno mismo qué se ve?

Te encuentras ante tus limitaciones, tus circunstancias, descubres que hay cosas que puedes hacer pero que no eres Superman. Mi cargo es director del área de fútbol, y me doy cuenta de que dirigir, en el sentido de mandar o imponer, es algo fuera de mi alcance. Lo que hago básicamente es planificar, ordenar y organizar. Puedo proponer, convencer, ofrecer posibilidades y opciones para no tener que acabar enrocado en una situación. En una organización clásica de empresa mi posición estaría por encima de la de los entrenadores y la de los jugadores, pero es evidente que en el fútbol los entrenadores y los jugadores son los que llevan la parte del negocio, que además es la que al público le gusta.

La suya es una posición extremadamente expuesta. Después de cada partido se opina sobre usted, que ni ha jugado ni ha hecho la alineación.

Es uno de los aspectos del trabajo a los que tienes que acostumbrarte. Cuando fichas a un jugador culminas una decisión que empezó a tomarse a veces hasta dos años antes. Son análisis largos. Seguimos al jugador que queremos fichar durante muchos meses en muchos partidos.

¿Ahora mismo a cuántos estaría siguiendo?

¿Un número?

Aproximado, si quiere.

En la primera parte de la temporada, desde agosto hasta noviembre, hacemos una observación global. Ahora ya sabemos cuáles pueden ser razonablemente las necesidades que podemos tener para la temporada que viene (si el tema FIFA se soluciona), y repasamos la situación de jugadores que ya habíamos marcado como posibles incorporaciones por si surgiese una lesión grave y surgiera la posibilidad de fichar, previa consulta a la FIFA. Ahora mismo nos fijamos en unos veinte o veinticinco jugadores. Aunque eso depende de dónde mires, porque en fútbol formativo la cantidad de partidos que se ven al año es bestial, vemos a muchísimos jugadores. Lo que se hace para el primer equipo es más claro y visible, pero lo que hago durante una semana normal tiene mucho más que ver con cuestiones ajenas a la planificación. Puedo tener dos reuniones sobre renovaciones o situaciones contractuales; sin embargo, mucho de lo que hago está relacionado con la metodología, con resolver temas de gente que tenemos por ahí viendo partidos, con pagar las facturas que pasan… Son cosas más relacionadas con la administración que con el campo.

Creo que dedican bastante tiempo a una cuestión de metodología.

No encuentro una palabra mejor que esa, metodología. Somos un club que se caracteriza por proponer una forma de jugar al fútbol diferente. Un amigo entrenador me decía que el fútbol consiste simplemente en cómo llevar el balón desde tu portería hasta la contraria, y cada uno propone una fórmula. Nosotros proponemos la combinación en el juego, la creación de superioridades en un sitio para llevar el balón a otro… por eso tenemos un perfil de jugador un poco especial y buscamos una comprensión del juego un poco más compleja de la habitual, que ya es de por sí compleja. El fútbol es probablemente el juego más sencillo que existe si nos fijamos en sus reglas, pero es enormemente complejo en su desarrollo: campo grande y once contra once; las posibilidades que se dan ahí son muchísimas, y eso lo hace extraordinariamente rico e interesante. Esa es la parte que me gusta. Nuestros primer y segundo equipos son un referente en todo el mundo, y lo que hemos hecho ha sido trasladar eso del Barça B hacia abajo. Todo el mundo dice que a nuestros equipos, desde pequeños, se les ve jugar de una forma determinada: en la posición de 4 incluso un niño de nueve años se parece a Busquets, los interiores se parecen a Xavi o Iniesta… esas cosas se reconocen. Porque buscamos ese tipo de jugadores, pero también por cómo trabajamos con ellos para que vayan desarrollando su talento, vayan adquiriendo ciertas habilidades y características a partir de ese proceso de formación. No sería lo mismo que un programa académico de un niño que entrara a la escuela con ocho años, pero se podría asemejar. Y en ese proceso estamos. Tenemos la ventaja de contar con Paco Seirul·lo, que es el motor de esa metodología. Metodología es una palabra que no nos gusta, sería más apropiado hablar del desarrollo del jugador o el crecimiento de su talento, pero aún no hemos encontrado unas siglas o un nombre chulo para eso. Tenemos a Seirul·lo y tenemos a Jordi Roura y Aureli Altimira, que han estado en el primer equipo y ahora trabajan en las categorías inferiores. Disponer de esa experiencia ofrece una oportunidad única, porque es muy difícil que entrenadores del primer equipo bajen al fútbol formativo. Además estamos en el proceso de recoger datos en un programa informático para cruzarlos luego y que nos den pautas para el futuro. Lo organizamos todo alrededor del jugador. Para nosotros, los datos fundamentales son el juego y el jugador. El juego lo hace el jugador, así que definiendo lo que queremos como juego decidimos qué tipo de jugadores queremos y qué tipo de mentes queremos en ellos. No pretendemos hacer ciencia sino registrar lo que nos vaya pasando para ver si en tres o cuatro años, mirando ese mapa de cosas que nos han ido pasando, somos capaces de detectar pautas.

Andoni Zubizarreta para Jot Down 1

Esa es la parte que se puede desmenuzar en estadísticas. Luego está la tormenta perfecta en la que llevan unos cuantos años: Guardiola se va, se queda Tito, se pone enfermo, llega la sanción de la FIFA por algo que se ha hecho mal, Xavi se va y al final se queda…

la marcha de Víctor Valdés

… un conflicto muy vistoso para el público entre la directiva actual y las anteriores… Todo esto no era previsible, pero es lo que tienen que manejar ahora, incluyendo la necesidad de realizar los fichajes de dos años por si la FIFA mantiene su sanción.

El fútbol es el juego de lo imprevisible, es donde pasa aquello que no iba a pasar. Hoy estaba leyendo en un artículo de Icon que el fútbol es de letras, porque es muy difícil de parametrizar. Por eso almacenamos datos, para ver si encontramos claves. En fútbol puede ganar el equipo que menos tiene la pelota, el que menos chuta… se puede ganar hasta sin chutar porque el rival puede meterse un gol en propia puerta. En el Barça se han dado situaciones impredecibles muy complejas. Cuando yo aterricé aquí en 2010 las grandes preguntas que se planteaba el Barça eran si podría mantener su nivel de excelencia en el juego y cómo hacer la transición de Pep Guardiola, que era un referente, no solo en la gestión del vestuario sino también en la comunicación. Esas eran las dos preguntas. Visto desde ahora, ojalá las preguntas hubieran sido solamente esas dos. Ocurrieron algunas desgracias humanas, como en el caso de Tito Vilanova o el de Abidal. A veces olvidamos que los deportistas son personas que pueden ponerse enfermas. En el caso de Abi, recuerdo que estaba viendo un entreno en el Campo 2 con el director de nuestros servicios médicos y comentábamos lo bien que estaba físicamente Abidal. Y de repente apareció el cáncer.

Fueron dos casos de cáncer.

Estadísticamente es muy raro. Ha habido casos en otros clubes, como el del recientemente fallecido entrenador de baloncesto de Zaragoza, pero dos a la vez en un mismo club… Eso implica un desgaste personal muy grande, porque las decisiones profesionales que tienes que tomar están impregnadas de elementos emocionales. Decidir sobre la marcha de Abi fue muy complejo. Uno no puede aislarse de lo que ha vivido con él durante dos años.

¿Cómo se le quedó a usted el cuerpo?

Te quedas mal. Aunque tengas tranquila la conciencia, aunque hayas tomado la decisión después de haber consultado a todo el mundo y creas que es la mejor posible, te sientes mal. Deja heridas. De ahí viene eso que decía de aprender sobre uno mismo, de esas situaciones y de cómo las vas asimilando. La transición de Pep a Tito también ha sido compleja y nos ha dejado muchas heridas emocionales y personales.

Parecía que podía ser una transición más o menos amigable cuando se planteó.

Han pasado dos años desde aquello y tantas cosas… En ese tránsito también pensamos que lo fundamental era el juego y nuestra idea del juego. Es decir, qué somos y cómo somos, y esa fue nuestra guía de decisión. La mejor solución nos parecía Tito, que suponía la continuidad de la idea y del modelo. Preguntado Pep Guardiola sobre si tenía alguna pega, dijo que no. Lo que pasa es que somos personas y en ese tipo de separaciones siempre se dejan muchas cosas desde el punto de vista personal. En el caso de Tito, la transición resultó especialmente difícil por su enfermedad, su estancia en Nueva York para el tratamiento, la reaparición de su enfermedad… Mantuvo en un contexto personal un asunto que debería haber sido puramente profesional. En resumen, ha sido duro. El problema de las relaciones entre las juntas directivas viene de 2010 y nosotros intentamos mantenernos al margen. Somos simples observadores de lo que va pasando en el día a día del club. Es una vida agitada, pero seguramente no lo es más que la que encontraremos si salimos de los límites del Camp Nou y de las oficinas y nos vamos tres calles más arriba.

En todas partes hay agitación.

Me da la sensación de que sí. La agitación está en casi todas partes. Y no hablo solo de política, sino también en lo empresarial, en lo social… Por eso el fútbol es un sitio bastante interesante desde el que mirar el mundo. En cuanto a lo de la sanción de la FIFA, es una situación realmente excepcional, porque no se había dado antes. Al principio intentamos entender qué era lo que había pasado, porque habíamos seguido procedimientos absolutamente aceptados. Luego entendimos que dentro de esos procedimientos, como el presidente dijo, había una serie de acciones administrativas incorrectas, y estamos trabajando para que la FIFA comprenda que nunca hubo intención de vulnerar las reglas. No somos un club que compre niños para venderlos o dejarlos tirados, sino al revés.

Pero son conscientes de que en el fútbol infantil se producen abusos muy graves.

Indiscutiblemente, porque los vemos y los conocemos, pero no somos un club que constituya una referencia negativa, sino al contrario. Sin embargo, nos ha caído una sanción ejemplarizante en una cuestión extremadamente sensible. Y no sensible en lo deportivo, sino en lo social, tiene que ver con el tráfico de niños para su utilización en la industria y negocios oscuros. Ahí el fútbol vuelve a ser un sitio desde donde mirar y tal vez emprender acciones que puedan ser útiles para la sociedad. Por otra parte, se nos plantean situaciones complejas. En España hay muchos niños que han venido con sus familias sin una situación legalizada, jueguen o no jueguen a fútbol, y sin embargo van a la escuela juntos. El fútbol es un elemento de integración. ¿Cómo se compagina eso con una ley que diga que no se pueden mover de su país?

Andoni Zubizarreta para Jot Down 2

¿Les ha tocado porque se trata del Barça y convenía hacer un castigo ejemplarizante, o porque han fallado los contactos institucionales?

Si aceptásemos que los contactos institucionales solucionan esos problemas hablaríamos de un mundo que no sé si es el que queremos. Somos un club muy transparente para lo que son los clubes de fútbol en general. De nuestras cosas se sabe y se conoce. Y al saberse y conocerse hay unos organismos que pueden actuar sobre nosotros. Tendremos que aceptar que eso nos puede pasar. Si fichamos a un chaval de catorce años, a los dos días ya ha aparecido en algún medio de comunicación. Otros grandes clubes de Europa reciben menos atención. Pero esa es una de nuestras características, y a partir de ahora nos tendremos que adaptar a trabajar con un nivel de corrección extraordinario. Si pudiéramos volver a 2010, cuando asumí el cargo, no haríamos algunas de las cosas que hicimos, vistas las consecuencias. Pero si tenemos en cuenta cómo se gestionaban estas cosas en el fútbol de 2010, no hicimos nada que no se hiciera normalmente. No sé si es porque somos nosotros y eso lo hace más ejemplarizante, solo sé que estamos en esa situación y que tenemos que resolverla, sobre todo por dos cuestiones: porque el Barça indiscutiblemente no vulnera los derechos de los niños y porque los chavales afectados no tienen la culpa y lo que quieren es jugar a fútbol en un club como el Barça. Debemos mantener la confianza de aquellos que nos dejan lo más preciado que tienen, que es un hijo. Siempre trabajaremos en eso, igual que hemos trabajado en las campañas de concienciación contra el tráfico de niños, por la alimentación, contra los abusos sexuales… Este club siempre ha estado muy cerca de todo este tipo de cuestiones.

Me habla usted de cómo gestionar todo esto desde un punto de vista profesional.

De intentarlo.

Antes comentaba el caso de Abidal. Uno de los atractivos del fútbol es su componente emocional. Pero ustedes intentan mantener una actitud profesional. ¿Cómo se maneja eso?

En el caso de Abidal quizá hubiese sido más fácil y popular dejarle continuar, porque en este tema se han hecho muchas cosas de las que no vamos a hablar…

¿En el caso de Abidal?

Sí. Se ha hecho lo que se ha hecho y no quiero hablar de ello. Y como no voy a escribir un libro de memorias tampoco aparecerán allí. Me refiero a cosas que pertenecen al ámbito de la vida, no a la comunicación externa. En ese tráfico de emociones no entraré nunca. Tomaré las decisiones que tenga que tomar. Aunque estén marcadas por un elemento emocional, decidiré sin tener en cuenta qué es lo más cómodo y da mejor imagen. Cuando me encuentro con Abi nos abrazamos, y eso es lo que realmente me importa. Hemos discutido y hablado mucho, porque la vida nos colocó en una situación en la que tuve que decirle que no contábamos con él. Los dos aprendimos mucho de nosotros mismos. Abi tiene las puertas del Barça siempre abiertas [un día después de realizarse esta entrevista, Abidal anunció su intención de incorporarse al cuerpo técnico barcelonista a final de temporada], porque es alguien que nos ganó a todos y ganó una batalla muy difícil. Fue complicado dialogar con alguien que no hablaba desde una posición profesional, la que podría darse con un jugador que no es consciente de su edad y cree que aún le quedan años (como me pasó a mí mismo), sino que hablaba desde la emoción. No resultó fácil decirle lo que a mí me parecía mejor. Ese día volví a casa noqueado. Somos profesionales pero nos movemos entre emociones. Uno de los elementos más difíciles de medir en el juego es el impacto emocional que puede tener que, por ejemplo, en una final de Champions entre el Barça y el Madrid jueguen Messi y Cristiano Ronaldo o no jueguen: la convicción que pueda tener tu público, la de tus propios compañeros… En otro tipo de deportes creo que el impacto resulta menor. Esa parte emocional está en todas las decisiones que tomamos. Cuando yo explico por qué hemos fichado a un jugador, por ejemplo, siempre aparece ese elemento. O cuando tienes que contestar a las preguntas después de haber perdido un partido.

Hablando de sentimientos, tras la final de Atenas, cuando dejó de ser jugador del Barça, ¿cómo se sentía?

Pasaron tantas cosas… ¿Después de Atenas o después de después de Atenas? A ver, empecemos por después del partido. No solo supuso la decepción de perder, que perder una final de la Copa de Europa ya te genera mucha, sino sobre todo el no haber llegado a competir. Un 4 a 0 en una final te da la sensación de que no has tenido ninguna posibilidad de ganar. A ese nivel y con nuestro equipo, debíamos haber generado más posibilidades de ganar. Me fui decepcionado del todo: por no haber sido capaz de resolver las situaciones que tuve, porque podríamos habernos ayudado más como equipo, pensando en qué nos equivocamos en el previo tras ganarle la liga al Dépor, pensando si ese pico emocional nos vino bien o mal… esas cosas te las llevas en la cabeza para toda la noche tras el partido. Y te vienen continuamente los dos primeros goles antes de la media parte y el de Savicevic, qué tendrías que haber hecho para que no te lo marcaran, que si no lo hubiesen marcado quizá habríamos podido hacer algo… eso es lo que te viene a la cabeza. Después del partido, en el vestuario, nos conjuramos para volver a la final de la Champions al año siguiente. Pero, claro, a mí ya no me fue posible porque tuve que dejar el Barça. Y eso me cambió el parámetro de medir las cosas. Me parecía que perder una final de la Copa de Europa por 4 a 0 era terrible, pero perderla y encontrarte sin equipo cuarenta y ocho horas más tarde ya era una sensación de abandono absoluto. A pesar de que tuve el cariño de los compañeros y la gente, por dentro estaba destruido. No tenía ni agente ni nada de nada. Me encontré yendo a la presentación del Mundial de Estados Unidos sin equipo. En 1994 quedar libre no era como en 2014. Ahora parece una oportunidad de negocio. Entonces suponía un cierto estigma. No sabía qué hacer, nunca había tenido agente, había estado cinco años en el Athletic y ocho en el Barça, pensé que iba a acabar mi carrera en el Athletic y no lo hice, después pensé que iba a acabar mi carrera en el Barça y tampoco lo hice… Tuve la suerte de que el Valencia me llamó y pude resolver mi situación durante el Mundial.

¿Entendió que se le señalara como culpable máximo de un equipo que estaba en decadencia?

Si lo tomo como que alguien me quería señalar porque creía que mi tiempo en el Barça se había acabado, como una decisión profesional, lo puedo entender, es lo que hablábamos antes. Nos llevaría a una pregunta en el terreno de las hipótesis: ¿qué habría pasado si hubiéramos ganado la final? ¿La decisión habría sido la misma? En el mundo real, alguien tomó una decisión con respecto a mi carrera y yo quiero pensar que lo hizo bajo criterios absolutamente profesionales.

Usted fue reemplazado por dos porteros de nivel bastante discreto, Busquets y Angoy.

Ocupar la portería del Barça no es nada fácil.

¿Por lo del juego con los pies?

El mío era maravilloso. [Risas] A veces pienso que si hubiera tenido el juego que tienen con la zurda Ter Stegen, Bravo o Masip, todos ellos diestros, mi carrera habría sido diferente. Pero vuelvo a lo del principio: cuando se toma una decisión de ese calibre hay que haberla pensado, y hay que tener una opinión clara sobre quién puede ser el mejor portero para el Barça, sea más conocido o menos. En aquel momento comenzó un gran debate sobre la portería del Barça y pasaron por ella muchos jugadores [trece], hasta que se asentó Valdés, con algunas dificultades en su primera fase. En cualquier caso, quien tomó la decisión de reemplazarme fue alguien que sabe de fútbol. Johan Cruyff conocía el equipo y sus necesidades. Otra cosa es que su decisión saliera bien o saliera mal.

Andoni Zubizarreta para Jot Down 3

Nunca me ha parecido —es una opinión personal— que el Dream Team estuviera a la altura de los grandes equipos de la historia. En ciertos momentos cruciales tuvo suerte, y lo que Cruyff aportó fue sobre todo un espíritu, una forma de ver el juego.

Johan Cruyff tiene una visión diferente del fútbol. Primero, porque lo mira desde la atalaya de Johan Cruyff, alguien único. Eso le permite proponer ciertas cosas que funcionan a partir de su leyenda, como lo de «salid y disfrutad» en Wembley. Pues sí. Pero también teníamos una ordenación habitual para jugar, que era un 3-4-3 con rombo, y en esa final jugamos con un 4-3-3, con el interior izquierda reconvertido en lateral. Nadie, sin embargo, ha entrado en ese tipo de debates, de si el sistema se cambió o no, entre otras cosas porque ganamos y porque aquel equipo que jugó en Wembley fue reconocible en su juego y en su idea de cómo quería jugar. Los grandes personajes tienen ese tipo de cosas… Sí, una vez Cruyff alineó a doce jugadores, pero en aquella época las alineaciones se daban de otra manera, de viva voz o escritas en una pizarra, y podía haberle pasado a cualquiera. Cualquier cosa hecha por Cruyff adquiere el nivel de leyenda. Yo creo que aquel Barça tuvo mucha influencia en la forma de jugar al fútbol, porque funcionar con tres defensas…

Absolutamente: Cruyff cambió el fútbol.

No solo lo cambió. Además lo hizo ganando. El último gran equipo que había propuesto una fórmula similar había sido la Holanda de 1974, que perdió la final. Se recuerda a aquella selección como se recuerda al Ajax, pero quien ganó la final fue Alemania. La Holanda conocida como la Naranja Mecánica proponía combinación y jugadores polivalentes. El futbolista no tenía una posición estable, su posición era la que ocupara en cada momento y cuando un portero subía a rematar un córner, era delantero. Esa innovación careció de desarrollo inmediato. El fútbol tendió más a lo físico hasta que el Dream Team recuperó la idea y ganó con ella una Copa de Europa.

Creo que Guardiola llevó las ideas de Cruyff hasta niveles muy difíciles de superar. El Barça de las finales de Londres y Roma sí me parece uno de los mejores equipos de la historia.

Estoy de acuerdo. Y, sin embargo, los éxitos de Guardiola fueron posibles por un disparo desde fuera del área de Andrés Iniesta en Stamford Bridge que entró por la escuadra en un partido donde la suerte jugó un papel determinante, por una tanda de penaltis que Pinto resolvió en una final de Copa… El fútbol es impredecible. Lo que ese Barça de Pep consiguió en su momento fue dominar las variables que un equipo puede controlar, como la organización o la estructura. Hay cosas que en principio no se pueden controlar, como una decisión del árbitro. Pero sí se puede, por ejemplo, proponer a los jugadores una cierta forma de relacionarse con el árbitro. Pep consigue controlar lo controlable gracias al equipo y a su cuerpo técnico. Seguramente lo hace desde un punto de vista más estructurado que el que podía tener Johan Cruyff, pero es que de estructurar la idea de Cruyff se encargó Louis Van Gaal. Quizá le dio al equipo demasiada estructura y eso lo bloqueó. El proceso es ese, un debate continuo sobre la libertad y creatividad o la organización como elemento de sujeción y apoyo para que los creativos se sientan seguros, sobre hasta qué punto cuando crece la organización bloquea a los creativos y cuando crecen los creativos se independizan de la estructura porque creen que limita su creatividad.

También se debate ahora sobre el menor protagonismo de los centrocampistas frente a un triplete de ataque con Messi, Neymar y Suárez.

¿Y cuál era el que tuvo Guardiola el primer año? Thierry Henry, Messi y Eto’o. Ahí lo dejo.

Cierto.

Los debates vienen casi siempre condicionados por el resultado. En 2008 los atacantes que van a la final de Roma son Leo jugando por la derecha de extremo entrando, Eto’o como un punta pero no de referencia y Henry partiendo de la banda entre lateral y central. Luego se va Eto’o, pero viene Ibrahimovic. Se va Henry, pero viene David Villa. Crece Pedro, que es campeón del mundo. Tenemos aquella delantera «MVP» de Messi, Villa y Pedro que gana otra vez al Manchester United en Wembley. Cuando miras con perspectiva histórica, esos debates los hemos tenido siempre: cómo se integra Leo con los demás delanteros (sobre todo con Ibrahimovic), qué pasa con los delanteros que vienen…

Si la historia continúa como hasta ahora, Suárez y Neymar tienen los días contados, porque las sucesivas delanteras del Barça han sido Messi y gente que dura relativamente poco.

No creo que sea exactamente eso. Detectamos, y es algo que viene de la época de Pep, que los equipos nos analizaban y nos creaban problemas, como nos los creó el Rubin Kazán, que jugaba con una línea de diez y un mediapunta. Mourinho encontró unas soluciones, entre comillas, para poder jugar contra nosotros, que consistían en interrumpir mucho el juego para que no tuviera continuidad, dejar el césped alto para que la velocidad del balón se redujera… Mourinho no resolvió la ecuación a partir del juego. Pero con el Madrid encontramos cada vez más problemas. Necesitábamos encontrar nuevas opciones. Algunas de las que hemos ido proponiendo han salido bien y otras no tan bien. Hay que tener en cuenta que nos comparamos con nuestro mejor momento. Y estamos queriendo ver siempre al mejor Messi que jamás hayamos visto, cuando en la realidad nuestros mejores momentos se dan solo de vez en cuando. Eso me vale también para Cristiano. Cada setenta y dos horas les pedimos su mejor momento. A veces te vas del campo diciendo que aunque haya marcado dos goles, haya creado oportunidades y haya tirado dos balones al palo, a Messi le ha faltado algo.

Andoni Zubizarreta para Jot Down 4

¿Cómo se gestiona un Messi?

Pep da una de las soluciones, y es que Leo esté contento. Porque si lo está, lo demás es fácil. Interpreto ese contento no como la sonrisa permanente o la felicidad, sino que esté en un sitio en el que pueda competir a la altura de lo que necesita. Que esté en situación de poder ser lo que él es. Leo no pide grandes palabras ni discursos porque él tampoco es de grandes palabras o discursos, es de hechos. Y hechos de la raya para dentro, entendiendo esto como de vestuario. Quiere jugar en un equipo competitivo y que sus compañeros compitan y también hagan goles si él no tiene el mejor día.

A usted deben pedirle que monte una plantilla que funcione bien con Messi, porque él es el factor inamovible.

La pregunta sería al revés: ¿cómo se puede funcionar mal con Messi? Desde un punto de vista profesional Leo tiene un altísimo nivel de exigencia, propia y de los demás.

¿Messi funcionaba bien con Ibrahimovic?

Hubo problemas, pero eso se constató luego. Aunque yo no estaba aún aquí, al principio se dijo que Messi, Ibra y Henry componían una delantera que aportaba juego aéreo y presencia física, recursos que hasta entonces no teníamos.

A la hora de fichar, ¿piensan si un tipo de carácter encajará o no?

A partir de lo que vemos en el equipo durante la temporada y de las conversaciones con los entrenadores buscamos aquellas cosas que nos puedan ayudar a que el potencial de los jugadores sea mayor. Y los jugadores van evolucionando. Hoy Messi no es el mismo que empezó jugando de banda para dentro. Neymar, por ejemplo, nos da mucha calidad fuera, por lo que los rivales tienen que jugar más abiertos y eso genera espacios. En el caso de Luis Suárez pasa lo mismo que con Alexis, buscábamos a alguien que jugara de fuera adentro y que pudiera aportar en la primera presión. A ver, si yo sé que hay un jugador que con Leo tiene una relación personal extraordinariamente mala… pero tampoco querría a un jugador que tuviera una relación extremadamente mala con Xavi o con Busquets. Sería una temeridad. Luego el proceso del vestuario hace que haya mejores y peores relaciones, sinergias mayores. Al final, todos se relacionan en la búsqueda de su mejor nivel competitivo. Johan Cruyff dice que el jugador siempre juega primero para él mismo. El jugador vive de su físico y eso es algo muy inestable. Tú entras al campo en el entrenamiento de antes de un partido y sales a los dos minutos con una rotura muscular que te retira tres semanas. Esa incertidumbre hace que el jugador primero defienda su nombre, su prestigio, su capacidad, su carrera, su empresa, que es él… y luego defiende a sus compañeros porque los necesita. El futbolista se pone una camiseta y un escudo que representan a un club, a una gente, a unos señores que delegan en él la posibilidad de jugar. Ese es el proceso, pero si lo reducimos al mínimo encontramos a un jugador, con sus capacidades e incertidumbres, que espera en el túnel de vestuarios la hora de salir al campo.

¿Qué le pasa al Barcelona con los centrales?

¿Qué pasa con los centrales en el mundo? En realidad les está pasando lo mismo a los centrales y a los laterales, a todos los jugadores de la defensa. Antes las superioridades en el juego las solían hacer los delanteros y algún centrocampista creativo, como Pelé o Cruyff, jugadores que eran capaces de marcar la diferencia con un pase, un tiro, una falta, su capacidad de aglutinar… De ahí para atrás la diferencia la marcaba la fortaleza defensiva, la capacidad de mantener el cero en la portería. Defender, no dar oportunidades al contrario, y que los buenos delanteros resolvieran el partido. Ahora, con la evolución que ha experimentado el fútbol, les pedimos a los de arriba más tareas defensivas y a los que están atrás que aporten en tareas ofensivas, que los laterales no sean laterales sino que se incorporen arriba, que los centrales nos saquen la pelota jugada para poder dividir y crear superioridades… Eso ha llegado incluso hasta los porteros. Durante muchos años el Barça ha creado superioridades utilizando al portero como un jugador más: cuando nos presionaban le dábamos el balón a Valdés. Eso es una evolución del juego. Hoy parece que un portero, más que parar, deba jugar bien con los pies. Lo que les ha pasado a los centrales es que antes eran jugadores físicamente estables en el sentido de que no tenían un gran desplazamiento en el campo, que su juego contra los delanteros era muchas veces muy físico, con mucho choque. Cuando tenían el balón se oía esa frase de «dásela al que sabe». El fútbol de ahora les pide a los centrales que paren el balón, que elijan un buen pase o incluso que inicien ellos el juego. Vemos a Mascherano o a Bartra incorporarse al centro del campo para dar un pase…

Entre nosotros, Mascherano no es central.

Es un central reconvertido, por decirlo de alguna manera. Al final, cuando el rival te domina y te ataca, o en las acciones a balón parado, cuando el juego se iguala porque no hay ni posesión ni dominio sino un tío que tira el centro y unos que saltan, lo que les pedimos a los centrales es que vuelvan a su característica principal, que es ser un defensa: defender y mantener la portería a cero. Lo que nos pasa a nosotros con frecuencia es que dominamos la posesión, el contrario ataca poco y les pedimos a los defensas que actúen como centrocampistas. Y la mezcla entre las dos cosas resulta difícil. Dentro de unos años, en Europa habrá centrales que hagan las dos cosas, pero en este momento les pedimos demasiado. Los centrales históricos se sentían confortables a unos veinticinco metros del área, con la espalda protegida porque el portero podía salir para proteger un pase en profundidad, y sin necesidad de correr muchos metros. Eran los jugadores de mayor envergadura y menor velocidad. Nosotros hemos tenido la suerte de contar con la pareja PiquéPuyol, que representaban eso: Puyol sería el defensa rápido y Piqué el de sacar el balón. Ahora la defensa es una tarea colectiva. Ya hace unos años, Nike hizo un anuncio sobre el Barça que decía: «Somos uno, somos delanteros que defienden, somos defensas que atacan». Eres defensa si estás en la línea defensiva aunque seas un extremo.

Pero cuando al Barça le sacan un córner, muchos añoran a un tipo alto, un Migueli, que despeje como sea.

Los equipos de hoy lanzan mejor las faltas y los córners, tienen mejores lanzadores. Y el marcaje ya no es uno contra uno. Si marcas uno contra uno estás muerto, porque con dos bloqueos te van a dejar un jugador solo y el jugador pequeño va a ser el que marque. Muchas veces los goles no los hacen los jugadores grandes, sino los pequeños. Los grandes atraen a la defensa. Desde ese punto de vista el juego estratégico se ha enriquecido enormemente, por eso necesitas jugadores que entiendan mejor el juego, no la acción. No es un «márcame bien a ese», porque tú lo puedes marcar muy bien, pero te hacen una pantalla y el jugador remata. Tienes que entender que eso puede pasar, ver si hay alguien que te lo va a hacer… y al revés, eso es lo que vas a intentar provocar en la otra área. Por eso el juego se ha vuelto más complejo, más de detalles. Hemos hablado mucho de la derrota en el Bernabéu. Hasta el gol en el córner el Madrid no nos había creado superioridades ni había dado la sensación de dominar, y los goles que nos hicieron fueron en un penalti y en una jugada de estrategia. Pero es que hoy en día eso es una parte fundamental del juego, se trabaja muy específicamente.

Andoni Zubizarreta para Jot Down 5

El Atlético de Madrid defiende esas jugadas mejor que el Barça. Y el Real Madrid también.

Acepto lo del Atlético de Madrid porque está estructurado de otra manera como equipo. Aunque el gol que les hizo Neymar en la Supercopa fue un remate de cabeza. Si nos vamos al Madrid, está menos claro. El debate del madridismo precisamente es ese: cómo se defienden las jugadas. Luego contra nosotros metieron el gol de cabeza. Bueno, pues esas son las contradicciones que tiene el fútbol, y ya está. Es un recurso con el que los equipos cada vez crean más dificultades. En mis tiempos había un lanzador en cada equipo. Hoy en día hay lanzadores diferentes y la pelota cae más, coge más velocidad.

También el balón es más ligero.

El primer gol que le mete el Atlético de Madrid al Real Madrid es un córner que pasa por encima de Cristiano. El error de Cristiano es mínimo, me parece que da un paso, no da ni dos, para intentar anticipar, y la pelota le pasa por encima, se anticipa Tiago y hace gol. El fútbol se está decidiendo últimamente, sobre todo en los grandes partidos, en espacios muy pequeños y distancias muy pequeñas. Cuando ya se rompe el partido de Madrid empiezan a aparecer más espacios, pero hasta ese momento los partidos son más justos que en nuestro tiempo, cuando el espacio era mayor. Si te dan más espacio tienes más tiempo, y si te dan más tiempo puedes pensar, ejecutar… hoy el tiempo se ha reducido extraordinariamente. La exigencia de ejecutar rápido es la clave.

El tiempo se ha reducido en todos los aspectos. ¿Cuánto habrá que esperar, por ejemplo, a Douglas y Vermaelen?

Parece que todo ha de ser inmediato. Si pensamos en los medios de comunicación, ¿dónde está el tiempo, la reflexión, las posibilidades de analizar y hacer una investigación larga? Eso ya no existe. Existe Twitter, la información inmediata que lleva a unas conclusiones absolutas, y luego se cambia el mensaje para sacar otras conclusiones absolutas. Esa es la sociedad en la que estamos. Pero hay que dar tiempo para ver si un jugador se adapta y luego veremos si los resultados son buenos o malos. Nuestra exigencia es muy alta. Estamos en ese proceso. Si fichamos a jugadores hechos, se nos critica; si fichamos a un jugador como Douglas, que creemos que una vez que se adapte a nuestro fútbol nos dará recorrido, también. Todo es para ahora o para ayer. Sin embargo, el tiempo es necesario. El Madrid ganaba en Anoeta 0-2, pero le remontaron y perdió 4-2, y luego perdió contra el Atlético y ya se organizó la crisis, que si el Madrid nunca ha ganado una liga cuando ha estado a no sé cuántos puntos, que si le faltan jugadores, que si Casillas… ahora, en noviembre, ya estamos en algo totalmente distinto. Una de las cosas más difíciles del fútbol es mirar con perspectiva y ser consecuente con lo que buscas. Si miro la alineación del Madrid veo jugadores de treinta años, si miro la del Ajax veo jugadores de veinte… ¿cuál quiero mirar? ¿Digo que trabajo para el futuro y miro la del Ajax? No, intento mezclar.

Acaba de mencionar a Casillas. ¿Qué pensaba usted durante toda esta mala época de Casillas?

Me alegraba de que en mis tiempos como portero no existiese Twitter. Con todo lo que me sacudieron, si encima hubiese habido Twitter habría sido un escándalo. Sobre Casillas volvemos a lo de antes. De él recordamos sus paradas milagrosas, y esperamos que haga un milagro por partido, y cuando deja de hacer un milagro por partido y los rivales aciertan o él no está tan acertado o la defensa le deja vendido…

¿Afecta mucho al jugador la percepción de que el técnico no le tiene confianza?

Se nota mucho, sí. Aunque podríamos debatir sobre qué es la confianza, y cómo se construye, se gana, se pierde, si se otorga a cambio de nada o si se otorga a cambio de trabajo y dedicación… No hablo de Casillas, hablo como concepto general. Una parte del vestuario es el entrenador, que hace alineaciones, piensa en cómo ganar al Almería, hace una convocatoria… pero hay también otro tipo de elementos, como quién viaja, quién juega, cómo juega, si jugando en Almería me siento reforzado, si no me siento reforzado, si el de Almería es un partido de los menores y lo que quiero es jugar los mayores, si me va bien porque me da confianza… Toda esa otra sinfonía de relaciones personales y la interpretación que se hace de las cosas. Al final el entrenador gestiona las suyas y las de su equipo de trabajo, pero también las de las veinticinco personas que tiene en el vestuario. Uno puede interpretar una decisión como algo puramente profesional, como lo hice yo con la decisión de Johan Cruyff sobre mi continuidad, y dejar ahí las cosas. Pero también le puede dar mil vueltas. El futbolista es un hombre joven cuya vida consiste en estar en el campo y jugar. La cuestión de la confianza es de las más complejas.

Andoni Zubizarreta para Jot Down 6

Volviendo a su trabajo, ¿hay algún tipo de fair-play entre los directores deportivos? Porque se supone que compiten por llevarse los mejores jugadores.

Conozco a algunos. De España a casi todos, porque coincido con ellos en los palcos. Cuando jugamos contra el Manchester City estuve hablando con Txiki Begiristain, porque él sabe qué es estar aquí, en el Barcelona. Hablamos con mucha naturalidad. Sabíamos que el City buscaba centrales, como nosotros. No hace falta ocultar las cosas. Cada uno tiene sus características y ofrece cosas distintas. No digo que haya un código de comportamiento, pero todos sabemos a qué nos dedicamos. Yo intento, en mi relación con clubes españoles, comprender la posición ajena. Si nosotros tenemos como club unas circunstancias, los otros también las tienen, e intentar entender eso te ayuda en los procesos de negociación y comunicación. Nos respetamos sabiendo que todos vamos a ir a buscar aquello que más nos interesa. Yo puedo tener unas necesidades determinadas, pero si Matthias Sammer, el director deportivo del Bayern, ve mi equipo puede, más o menos, intuir qué necesito, igual que cuando veo la plantilla del Bayern intuyo qué les podría faltar dentro de un año y hacia dónde se van a mover en el mercado. Y como nos movemos en paradas similares del mercado tenemos información de con quién ha estado hablando cada uno; igual que nos dan esta información a nosotros, evidentemente se la dan a los demás.

¿Qué tiene alguien como Ramón Rodríguez, Monchi, el director deportivo del Sevilla, para llevarse casi siempre el mejor pescado y al mejor precio?

Ramón lleva muchos años en el negocio. Además la gente con la que trabaja es de su confianza y completa mucho su mirada. Y tiene la capacidad de elegir y decidir rápido. Su club es más pequeño, por lo que a veces la toma de decisiones es más rápida. También podríamos sentarnos y repasar, porque…

Habrá fallos, pero encuentra joyas.

Me gusta mucho su discreción, es un tío que trabaja y no da explicaciones continuamente. Se mueve, tiene a su gente viendo mucho fútbol por ahí… y dentro de eso, en lo que son las circunstancias de su equipo, es capaz de ir encontrando a esos jugadores… ahora mismo tiene a dos jugadores nuestros, Denís y a Gerard Deulofeu, que son muy buenos. Y en cuanto supo que podíamos cederlos decidió que eran interesantes para su proyecto. El Sevilla es un muy buen equipo para ellos.

¿Cuánto aguantará usted en esto?

Tengo contrato hasta 2016. Pero en el fútbol, y eso lo aprendí en mi primera época en el Athletic, hay que planificar a medio y largo plazo sabiendo que todo puede cambiar en un momento.

¿Se ve muchos años como director deportivo?

No creo. Quizá fuera, en otro equipo. Los clubes ingleses y alemanes tienden a ser más estables. España tiende a ser, en todo, un país más efervescente. El caso de Monchi es muy singular y está asociado al club, a la propiedad, a que es el hombre de confianza de Del Nido… y esa relación se ha mantenido mucho tiempo. Yo disfruto cada día como si fuese toda una vida. Realmente, hay días aquí que parecen años.

Andoni Zubizarreta para Jot Down 7

Fotografía: Alberto Gamazo


Guillermo Ortiz: El último córner de Iker Casillas

Nada apuntaba a que la historia de amor fuese a acabar de manera tan abrupta pero supongo que es lo que tienen las historias de amor: van inclinándose hacia el odio muy poco a poco y cuando cruzan la línea roja ya no hay vuelta atrás. Iker Casillas venía de ser campeón de Europa con la selección española, su tercer gran trofeo en cuatro años. La temporada anterior, con él en la portería, el Real Madrid de Mourinho había ganado la liga llegando por primera vez a los cien puntos y acabando con tres años de dominio de Guardiola y su Barcelona. Solo los penaltis habían impedido al equipo llegar a la final de la Champions League y desde luego Casillas no tuvo culpa alguna: paró uno de los cuatro lanzamientos de los alemanes, pero los fallos de Cristiano Ronaldo, Kaká y, sobre todo, Sergio Ramos, fueron un lastre excesivo.

Iker, además, acababa de cumplir treinta y un años, una edad ideal para un portero. Siempre tuvo lagunas técnicas marcadas por un exceso de confianza en sus posibilidades, pero desde 2002, cuando Vicente del Bosque le mandó al banquillo sin aviso previo, a ningún entrenador parecía haberle importado. Casillas fue indiscutible de nuevo con Del Bosque en 2003 como lo sería después con Queiroz, Luxemburgo, Iñaki Sáez, Luis Aragonés, García Remón, Fabio Capello, Bernd Schuster, Juande Ramos, Manuel Pellegrini y ahora José Mourinho.

Dotado de una intuición y unos reflejos sobresalientes, a Casillas se le tenía como algo más que un hombre con suerte y talento, de ahí que se le empezara a llamar «el Santo», un apelativo cargante. Nunca tuvo lesiones graves y siempre aparecía en el momento clave. Incluso cuando Del Bosque le dejó en el banquillo en la final de Glasgow ante el Bayer Leverkusen, la lesión de César hizo que el canterano saliera en los últimos minutos para aguantar el vendaval germano y salvar la novena Copa de Europa con dos intervenciones milagrosas.

Si por entonces ya presentaba problemas en las salidas por alto o en los lanzamientos de falta, estos pasaban desapercibidos ante el aluvión de tiros a bocajarro salvados a una mano. Puede que tanta efusividad, tanto elogio desmedido, acabara relajando aún más los métodos de entrenamiento del portero. Algo así pareció insinuar Mourinho cuando el 22 de diciembre de 2012 le dejó en el banquillo de La Rosaleda. Quizá fuera un toque de atención o quizá fuera algo más, el caso es que las cosas no volvieron a ser iguales.

Los días de Adán y Diego López

El partido de Málaga lo jugó Adán y recibió tres goles. El Madrid quedaba a dieciséis puntos del Barcelona en la clasificación antes incluso de acabar la primera vuelta y todo apuntaba a que la temporada se iba a hacer muy larga en Chamartín. En rueda de prensa, Mourinho se limitó a explicar que, para él, «Adán estaba en mejor forma que Casillas». Nunca se supo si aquello era un elogio a uno o un menosprecio al otro. Lo rápido que desapareció Adán de las convocatorias invitan a pensar en lo segundo.

En cualquier caso, el técnico estaba en su derecho de confiar en quien quisiera y poco habría pasado de no ser por la guerra civil en la que ya estaba metido el Madrid desde hacía meses. Una parte de los aficionados se sintió ofendida: Casillas era un mito y, como mito, merecía paciencia. La otra parte entró a degüello animada por el propio entrenador: se vendió la titularidad de Adán como un derecho del que se le quería privar, el triunfo del canterano trabajador y sobre todo se criticó la cantidad de goles que recibía el Madrid con Casillas en la portería, cuando apenas habían sido diez en dieciséis partidos de liga, menos que Barcelona y Atlético de Madrid.

La sensatez se perdió por completo y no se ha vuelto a recuperar. Todo era una cuestión de adoración o desprecio absoluto, odio. Las filtraciones eran constantes: Casillas le contaba todo a su novia para que lo utilizara contra el entrenador, Casillas habló con Xavi para bajarse los pantalones ante el Barcelona en vez de luchar como lo hacía Mourinho… No fueron días fáciles porque casi nadie optó por explicar la situación de manera sensata, algo parecido a esto: Mourinho, simplemente, no estaba contento con el rendimiento y el trabajo de uno de sus jugadores y lo apartaba momentáneamente del once inicial. Con la liga ya perdida, si se piensa, tampoco era ningún escándalo. Pero lo fue, vaya si lo fue.

Adán jugó de titular el siguiente partido, en casa contra la Real Sociedad. Jugó cinco minutos, exactamente, lo que tardó en equivocarse en un despeje y tumbar a un delantero rival obligando al árbitro a expulsarle. Salió Casillas y el equipo ganó. Se llevó tres goles, eso sí, pero parecía que la suerte volvía a favorecerle: sale tu suplente, la lía y además se lleva un partido de suspensión. Condiciones ideales para ganarse el favor del público y volver a la «normalidad» anterior.

No pudo ser. Casillas disputó tres partidos de liga y el correspondiente de copa sin encajar ni un solo gol. En lo que parecía un encuentro intrascendente en Valencia, donde el Madrid defendía el 2-0 de la ida, Arbeloa y el portero fueron a por el balón a la vez y el lateral acabó dándole una patada en la muñeca que le dejaría fuera de combate durante un par de meses. Consciente de que con Adán y Jesús como porteros el Madrid no iba a ningún sitio, Mourinho fichó a Diego López, un hombre que llegó a ser convocado con la selección pero que ahora era suplente habitual en el Sevilla tras años de cierta gloria en el Villarreal.

Diego asumió la portería y cumplió con solvencia. No ganó por sí mismo partidos pero tampoco los perdió. Le llovieron palos por todos lados por ser «el otro», como si el Madrid se hubiera convertido en una telenovela. Casillas no volvió a jugar en todo el año. El equipo cayó de nuevo en semifinales de la Champions, destrozado en Dortmund por la contundencia de Lewandowski y perdió la final de Copa, en lo que sería el último partido de Mourinho en el banquillo. El gol definitivo, en la prórroga, llegó por alto, tras un saque de esquina.

De topos y negociadores

El problema lo heredó Ancelotti y lo manejó a su manera, es decir, sin mojarse. Entendió que Diego López merecía respeto por su trayectoria del año anterior y le dejó de titular en la liga. Quiso dejar claro que Casillas seguía siendo parte importante de la plantilla y le dejó de titular en copa y Champions League. La decisión tenía sentido en el contexto en el que se tomaba pero provocó infinitas críticas, como era de esperar. Los haters de Casillas le calificaban de protegido de la prensa y del presidente y se le colgó el sambenito de «topo», insinuación que había dejado caer Mourinho y que se fundaba, repito, en su relación con Sara Carbonero, periodista estrella de Mediaset.

Estos mismos argumentos, casi calcados, los utilizaban sus admiradores: Casillas no era titular por una conspiración universal urdida también por Florentino Pérez y buena parte de la prensa afín. No se atenía a méritos y lo que se buscaba era que el portero se marchara del equipo porque no se llevaba bien con determinados directivos. En esa situación, Diego López era poco más que un usurpador, poco importaba su buen rendimiento —no espectacular, sí correcto— ni sus años en el club, desde la cantera hasta sus temporadas en el primer equipo a la sombra del mejor Iker.

Aquello se convirtió en un despropósito: Casillas salía en Champions, se comía el balón por alto, lo remediaba con un paradón y ya teníamos a las dos Españas: una solo veía el córner mal defendido, la otra solo veía la reacción milagrosa. Unos eran «piperos» y los otros, «yihadistas». Para mayor confusión, el equipo acabó ganando las dos competiciones en las que jugó Casillas y perdió, en un ejercicio brutal de desconexión mental, la que jugó Diego López. En el partido decisivo, el de Lisboa ante el Atlético de Madrid, el portero de Móstoles cometió un error garrafal que le costó el gol a su equipo. Un error que no pudo remediar y que si quedó en anécdota fue por el cabezazo de Sergio Ramos en el minuto 93 que mandó el encuentro a la prórroga.

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¿Se imaginan lo que habría pasado si el Madrid pierde ese partido y, con el partido, la mitificada décima Copa de Europa? El ruido y la furia, por supuesto, pero quizá eso habría sido mejor para todos que lo que estamos viviendo ahora.

Una situación insostenible

¿Y qué estamos viviendo ahora? Una prolongación del sinsentido. Una situación muy desagradable. Viendo el desajuste en la portería, Florentino Pérez decidió fichar a un tercer portero, Keylor Navas, llamado a desempatar esta partida interminable. El fichaje se entendió como una invitación a Casillas a marcharse, pero Casillas no se marchó. Si no hubo ofertas o él no las aceptó, lo dejo a la imaginación de cada uno porque se ha leído de todo. No solo no se marchó sino que Ancelotti le puso de titular en liga y en Champions, lo que provocó que se acabara yendo Diego López, considerado, y no sin razón, el eslabón más débil de la cadena.

La decisión de fichar a Navas para dejarlo en el banquillo a favor de Iker está resultando cruel: ni uno juega ni al otro le perdonan que juegue en su lugar. Ahora, el usurpador es el antes usurpado. El debate, además, se ha trasladado de manera ruidosa a la selección, convirtiendo una bronca madridista en una bronca nacional, si es que no lo era antes. La deficiente actuación de Casillas en el Mundial no ayudó a acabar con los debates. Si, después de todo, Iker hubiera acabado la temporada como campeón de Europa y del mundo, alguno andaría ahora pidiendo balones de oro, pero Brasil fue otra pesadilla.

Sus errores ante Holanda y Chile fueron clave en la decepcionante actuación de España y nos recordaron lo importantes que habían sido sus aciertos en el pasado, todos los defectos que permanecieron ocultos tras el pie milagroso o la mano en el último segundo. El empeño en mantenerlo por parte de Vicente del Bosque ha convertido al seleccionador también en objeto de críticas despiadadas. Ambos están en casos parecidos: lo fueron todo y ahora parecen más problema que solución. Es algo que ha pasado siempre en el deporte profesional y que seguirá pasando pero que no deja de conmover cada vez que sucede.

¿Qué hacer con ellos? El método de Del Bosque está llamado a vivir un «último baile» en Francia 2016 o un estrepitoso fracaso. Parece que no puede haber punto medio. ¿Jugaría mejor España o marcaría más goles su delantero con otro seleccionador en el banquillo? No lo creo. Puede que sí. Es un debate en cualquier caso abierto y en el que es razonable mantener tanto una cosa como la contraria, porque esto no deja de ser fútbol.

Con Casillas, lo tengo algo más claro. No sé si volverá al nivel que tuvo hace unos años, a ese nivel de «santo» e ídolo de masas. Lo que sería heroico sería que lo hiciera en este Real Madrid y en esta selección. Es imposible jugar cuando tu propia afición te silba cada vez que tocas el balón y determinada prensa te ridiculiza cuando cometes un fallo. Casillas no cuidaba su técnica porque estaba convencido de que iba a parar cualquier balón que le chutaran y ahora que igual va más al gimnasio —o no, o qué más da— tiene un miedo atroz a que la pelota le supere.

Y con miedo te marca goles hasta Eslovaquia a poco que se abra la barrera. Casillas está dolido y puede que tenga razón o no. Parte del vestuario está cabreado con él y puede que tengan motivos o no. Muchos aficionados del Madrid le consideran un topo inútil y puede que eso sea justo o no. Yo no entro en eso, no entro en el «deber ser» porque no sirve de nada. Yo entro en lo que es, en la situación insostenible actual en la que nadie está contento y hasta el portero de Luxemburgo aprovecha sus quince minutos de gloria para decir que estás acabado.

Iker es uno de los porteros más impresionantes que he visto en mi vida, lo que no quita para que algunos de sus defectos sean obvios. ¿Tiene futuro en otro equipo? Creo que sí. ¿Tiene futuro en el Madrid? Es muy improbable. De que se quede en la capital o no probablemente dependa a su vez su futuro en la selección. La ventaja con la que juega es que en 2015 no hay torneo que jugar, así que tiene un año más para esperar a que las aguas se calmen.

Si no lo hacen, más nos vale que la rodilla de Valdés aguante al menos un par de años más. Los que necesita De Gea para madurar definitivamente. Los cambios generacionales tienen algo de divorcio: hay demasiados abogados de por medio y todos quieren sacar tajada. Quizá haya algo más que los niños y el coche y quién tenía razón. Quizá haya algo parecido a tranquilidad y llegar a casa sin ataques de ansiedad. Al menos una de las dos partes debería darse cuenta de una vez.


Catorce últimos bailes: las catorce cosas que podríamos ver por última vez en 2014

1. El último partido de Pau Gasol con la selección española

Pau Gasol. Foto REUTERS Cordon Press
Pau Gasol. Foto: REUTERS / Cordon Press

LA SITUACIÓN: Quien dice Pau Gasol dice la generación de 1980, es decir, Juan Carlos Navarro, Felipe Reyes y, con un año de diferencia, José Manuel Calderón. Lo normal es que las estrellas, a esa edad, se reserven en los Mundiales para brillar en los Juegos Olímpicos, especialmente cuando es el oro que se le resiste a esta generación. Sin embargo, da la sensación de que este Mundial de 2014 no es una preparación para nada sino la culminación de un enorme proyecto que empezó hace quince años con el oro en otro Mundial, junior, en Lisboa, y que ha dejado en el camino tres medallas de oro, cuatro de plata y otras dos de bronce en distintos Europeos, Mundiales y Juegos.

EL PRONÓSTICO: Pau cumple treinta y cuatro años, como Navarro. Los dos arrastran serios problemas físicos que les han impedido brillar durante el último año y medio. Lo normal sería que dijeran adiós a la selección… salvo que el torneo se dé mal y quieran una última venganza en 2016 o que se dé tan bien que quieran alargar su carrera internacional dos años más. Sería una machada en toda regla. Felipe Reyes ya se retiró en 2012 para volver ahora, así que sí, podrían aguantar tres años más, pero lo normal sería que esta generación se retirara en casa, ante su público y a ser posible con una medalla colgada al cuello.

2. El último partido de Xavi con la selección española

Xavi Hernánez. Foto Miguelez Sports Cordon Press
Xavi Hernánez. Foto: Miguelez Sports / Cordon Press

LA SITUACIÓN: Otro deportista de la sensacional camada de 1980, Xavi ha sido el estandarte de la selección que ha encadenado dos Eurocopas y un Mundial por primera vez en la historia del fútbol. No es poca cosa. A eso añadan siete ligas, tres Champions y dos Copas del Rey. Sin embargo, a nadie se le escapa que su rendimiento en los últimos meses ha dejado bastante que desear, y no es normal que a esa edad un deportista mejore. Puede que volvamos a ver al gran Xavi en momentos puntuales y puede que esos momentos puntuales los viva durante el Mundial de 2014, pero pedirle a su cuerpo que aguante más años sin descansar en verano parece un exceso.

EL PRONÓSTICO: Del Bosque llamará a Xavi para el Mundial pase lo que pase porque, como él mismo diría, «es uno de los nuestros». Lo normal es que sea incluso titular, junto a Busquets, Xabi Alonso e Iniesta. Ahora bien, si los resultados no llegan, hay demasiada gente en la prensa esperando con el hacha para atizarle y no se lo pensarán dos veces. Incluso aunque las victorias acompañen, dentro del propio equipo aprietan fuerte los Cesc, Cazorla, Silva, Mata jugadores que se ven perjudicados por la decisión táctica de meter a cuatro centrocampistas puros y que llevan demasiados años esperando su oportunidad, tantos que igual llegan Thiago y Koke y se la levantan. En resumen, parece claro que el Mundial 2014 será la última vez que veamos a Xavi vestir la camiseta de la selección y lo contrario sería incluso una mala señal para nuestro fútbol en términos de renovación.

3. La última final de Grand Slam de Roger Federer

Roger Federer. Foto Barnaby Nerberka  Demotix  Cordon Press
Roger Federer. Foto: Barnaby Nerberka / Demotix / Cordon Press

LA SITUACIÓN: Federer no nació en 1980 sino en 1981. No es una gran diferencia. Cuando ganó su decimosexto Grand Slam en Australia 2010, cuarto en cinco torneos por entonces, parecía que su récord se iría más allá de los veinte pero llegó el gran bache: solo dos finales y un título en los siguientes quince «grandes». Eclipsado por Nadal, Djokovic y, en parte, Murray; Federer ha acabado 2013 fuera de los cinco primeros del mundo y en sus dos torneos favoritos, Wimbledon y US Open, no llegó ni a cuartos de final. Con todo, hay algo a su alrededor que recuerda al Sampras de 2002, el que estaba completamente acabado y ganó en Nueva York en su último partido como profesional. Aquello sí que fue una despedida a lo grande. Federer ya ha declarado varias veces que no espera un final así, que seguir o no dependerá de lo que se divierta jugando y no de tal o cual resultado. Eso debería asegurar un par de años más en el circuito, quizá tres si decide llegar a Río de Janeiro, pero, ¿cuánto tiempo le queda en la élite?

EL PRONÓSTICO: Creo que sí, que a Federer le queda un «último baile» y que ese baile le llevará a la final de un grande, lo gane o no, que eso es otra cosa. Ahora bien, cuando pienso en qué grande en cuestión podría ser el escenario de su última gran exhibición no me salen las cuentas: en pista dura, Djokovic y Nadal son demasiado fuertes, igual que en tierra batida, aunque en orden inverso. Eso deja Wimbledon como única alternativa, pero ya ganó contra pronóstico en 2012 y romper dos veces los pronósticos a los casi treinta y tres años parece una exageración. Dependerá de sus rivales más que de él: si Nadal y Djokovic siguen al ritmo de 2013, no veremos esa última final de Federer. Si bajan un poco… cuenten con el suizo.

4. La última victoria de Valentino Rossi en Moto GP

Jose Breton Cordon Press
Valentino Rossi. Foto: Jose Breton / Cordon Press

LA SITUACIÓN: El propio Rossi ha dejado entrever que esta será su última temporada y nada hace indicar que no quiera despedirse a lo grande. Probablemente esté demasiado mayor para luchar por el título con el trío de españoles MárquezLorenzoPedrosa, pero no lo está para ser competitivo, al menos mientras corra en Yamaha, desde luego. El piloto más grande de los últimos cuarenta años no puede despedirse en la línea de los últimos cuatro años, así que luchará en cada carrera por esa última celebración carismática en frente de sus seguidores y del mundo entero. ¿Bastará con las intenciones?

EL PRONÓSTICO: Vale es muy querido entre sus rivales, mucho más desde que ha dejado de ser una amenaza seria para el título. Otra cosa es que le vayan a dejar ganar para que se quede a gusto. Ni se lo planteen. Supongo que las opciones de Rossi de llevarse un último Gran Premio dependen de dos factores: el primero, que la Yamaha sea más competitiva que el año pasado; segundo, que el Mundial no llegue tan igualado a las últimas carreras y los mejores puedan relajarse un poco. Como en el caso de Federer, no depende tanto de él como de los demás. Nadie mejora a los treinta y cinco años, ni siquiera los genios.

5. El último partido de Estudiantes en la ACB

El Estudiantes en un partido de enero de 2013. Foto Javier Lopez Demotix  Cordon Press
El Estudiantes en un partido de enero de 2013. Foto: Javier Lopez / Demotix / Cordon Press

LA SITUACIÓN: Solo tres equipos han jugado todas las ediciones de la liga española de baloncesto, llámese Liga Nacional, Liga ACB, Liga Endesa o como quieran. Uno es el Real Madrid, otro es el Joventut de Badalona y el tercero es el Estudiantes, único de los tres que nunca se ha llevado el título. Ya en 2012, el Estu debería haber bajado a la LEB, pero la imposibilidad económica de pagar el canon ACB por parte de los equipos que se habían ganado el puesto en las canchas junto a la venta de la licencia del Alicante hicieron que tanto los estudiantiles como el Valladolid se quedaran un año más en la primera división del baloncesto español. Dos años más tarde, las cosas no parecen haber ido a mejor para ninguno de los dos equipos: ambos ocupan las últimas plazas de la clasificación, siguen con su baile de fichajes temporales y aumentan los rumores sobre sus considerables deudas.

EL PRONÓSTICO: Lo primero sería confirmar que el Estudiantes queda entre los dos últimos de la clasificación, que está por ver. Si eso sucede, estaríamos ante el escenario de 2012: ¿Los que tienen que subir disponen de dinero para hacerlo? Otra hipótesis: ¿El propio Estudiantes tiene dinero para ser viable a ese nivel competitivo? Lo cierto es que, salvo desastre, o que suba el River Andorra, que parece el único con dinero en la LEB, lo normal es que un año más nadie baje. Ahora bien, si sube uno, aunque solo sea uno, bien haría el Estudiantes en no confiarse.

6. El último partido de Messi con la camiseta del Barcelona

Lionel Messi. Foto R. Solana Cordon Press
Lionel Messi. Foto: R. Solana / Cordon Press

LA SITUACIÓN: En los últimos meses parece que son legión los que se empeñan en alejar a Messi del Barcelona, empezando por la torpeza de algún directivo blaugrana. El caso es que lo impensable, que Messi salga del club que le vio debutar como profesional, parece cada vez más posible, sea porque la directiva ve posibilidad de hacer negocio con él, sea porque la oposición está empeñada en repetir que la directiva quiere hacer negocio con él. Con el Barcelona y su entorno nunca se sabe. Mientras, el jugador está metido en una serie de fregados económicos y médicos que parecen ocultar la evidencia: cuando está en el campo, aunque sea cojo, no tiene par.

EL PRONÓSTICO: Nadie va a vender a Messi. Esas cosas no se hacen. La teoría de la conspiración dice que se están forzando determinadas situaciones para que el jugador o su padre o quien sea se harte y pida el traspaso. No creo que suceda nada de eso. Messi renovará y seguirá en el Barcelona. Lo contrario sería un desastre para el club catalán, pero, de nuevo, con el Barcelona nunca se sabe…

7. El último Gran Premio de Fernando Alonso en Ferrari

Fernando Alonso. Foto PRESSE SPORTS  Cordon Press
Fernando Alonso. Foto: PRESSE SPORTS / Cordon Press

LA SITUACIÓN: El mejor piloto llegaba a la mejor escudería en 2010. ¿Qué podía salir mal? Todo. Absolutamente todo. Malas decisiones tácticas, excesos de adrenalina, una prensa forofa, acusaciones de un lado al otro tapadas por reconciliaciones algo forzadas y sobre todo, el dominio abrumador de Sebastian Vettel y su Red Bull. Para rematar, en 2014, a Alonso le han puesto a Raikkonen como compañero de equipo, justo lo que ninguna estrella querría, una situación que no llega a la vivida con Hamilton en McLaren pero se acerca.

EL PRONÓSTICO: Los rumores apuntan a que Alonso está tanteando abiertamente el mercado para el próximo invierno y puede que la «Scudería» por fin cumpla su sueño de fichar a «Baby Schumi» si este se cansa de acumular títulos en Red Bull. Sinceramente, nada hace pensar que este año vaya a ser mejor para Ferrari en lo deportivo ni en lo extradeportivo. Si Alonso consigue ser competitivo, llevarse bien con Kimi y arreglar sus diferencias con Montezemolo sobre cómo gestionar las crisis, estaríamos ante algo parecido a un milagro. Como milagros, en la vida, hay más bien pocos, apostemos por que Fernando se va. ¿Adónde? Ni idea. Por disparatado que parezca, suena McLaren.

8. La última carrera de Michael Phelps

Michael Phelps. Foto REUTERS Cordon Press
Michael Phelps. Foto: REUTERS / Cordon Press

LA SITUACIÓN: Michael Phelps se retiró tras los Juegos Olímpicos de Londres 2012 como el mayor campeón de la historia del olimpismo. Sin embargo, su decisión de pedir a la USADA que le siga controlando, requisito que debe cumplir todo deportista profesional estadounidense, invita a pensar que Phelps al menos se está pensando aguantar hasta  2016. Ahora bien, una cosa es pensar el éxito y otra, conseguirlo. También Mark Spitz se planteó volver en Barcelona 1992, veinte años después de su sorprendente y prematura retirada gloriosa en Múnich, y acabó dándose por vencido en los trials norteamericanos.

EL PRONÓSTICO: Los grandes campeones, los grandes competidores en general, tienden a aburrirse cuando están en casa sin hacer nada. Es un paso muy complicado, de ahí que la palabra «regreso» siempre esté lista en las imprentas hasta que lógicamente la edad hace que sea impensable. No es el caso de Phelps, que ni siquiera ha llegado a la treintena. Podría intentarlo, por qué no, en algún evento menor. Este año no hay campeonato del mundo de piscina larga ni Juegos Olímpicos. Puede que vuelva, nade por debajo de sus marcas y lo deje. Puede que vuelva, gane a todos, y siga dos años más, pero si uno lo piensa, una cosa es hacer un poco el gamberro porque estás aburrido en casa y otra, aguantar tres años más de sacrificios diarios. No apostaría por ello, pero sería precioso.

9. La última victoria de Rafa Nadal en Roland Garros

Rafa Nadal. Foto  ANADOLU AJANSI  Cordon Press
Rafa Nadal. Foto: ANADOLU AJANSI / Cordon Press

LA SITUACIÓN: Si después de estar siete meses retirado, sin poder entrenar siquiera, llegas a la tierra batida, juegas ocho finales, ganas seis, y entre ellas está Roland Garros, es que tu dominio es insultante, casi ridículo para tus competidores. Esa es la situación de Rafa Nadal, que en 2013 ganó Roland Garros por octava ocasión después de pasearse en la final ante David Ferrer, aunque Djokovic le hizo sudar sangre en semifinales. En el horizonte de 2014 solo aparece de nuevo el serbio, así que es de suponer que la cosa estará entre ellos dos con una ventaja para el mallorquín: jugar en tierra es algo natural para él y un esfuerzo mental y técnico para Nole.

EL PRONÓSTICO: Para que se cumpla el enunciado tienen que darse dos circunstancias: que Nadal gane su noveno Roland Garros en diez años, que es una barbaridad, y que además no lo vuelva a ganar, que a los veintiocho años recién cumplidos sería mucho decir. Son dos circunstancias asumibles y permítanme que apueste por ello: Nadal gana este año Roland Garros pero, casi por una cuestión de estadística, no lo consigue en el futuro, sea por sus rodillas, porque Djokovic da otro salto mental o porque después de siete años aparece por fin alguien nuevo en el mundo del tenis.

10. El último pódium de Alberto Contador en el Tour de Francia

Alberto Contador con Andy Schleck. Foto REUTERS Cordon Press
Alberto Contador con Andy Schleck. Foto: REUTERS / Cordon Press

LA SITUACIÓN: Desde que diera positivo por clembuterol en el Tour de 2010, Alberto Contador no ha vuelto a brillar al mismo nivel en la ronda francesa: un quinto puesto que quedó anulado en 2011, un año de sanción en 2012 y un regreso tímido, esta vez cuarto, en 2013, sin ganar etapa alguna. En medio, eso sí, la Vuelta a España de 2012, con diferencia la competición donde la montaña tiene más importancia, llegando en ocasiones a extremos ridículos. ¿Puede Contador derrotar al Sky y volver a imponerse en París? Es complicado. ¿Puede al menos subir un peldaño y llegar así al pódium? Eso parece más asequible, aunque en absoluto será fácil.

EL PRONÓSTICO: De nuevo estamos ante un enunciado algo tramposo. Contador no solo tendría que subir al pódium en 2014 sino hacerlo por última vez. La primera condición no parece complicada. Ahí estará Nibali y el que toque del Sky, puede que Froome, puede que Porte, pero el resto de competidores son aún una incógnita. El problema no es solo su pérdida de potencia y arrancada sino su empeño en rodearse de un equipo no demasiado solvente y además de nuevo azotado por la sospecha del dopaje, todo un clásico allá por donde va el pinteño, sea el Liberty de Manolo Saiz, el Discovery Channel de Bruyneel y Armstrong, el Astana de Vinokourov y Pepe Martí o ahora el Saxo Bank de Bjarne Riis. Sin estabilidad, los resultados son complicados.

De conseguir ese pódium, ¿sería el último? Hace un tiempo, a los treinta y dos años, un ciclista estaba sentenciado en las grandes vueltas, ahora puedes ganar con cuarenta y uno a rivales que rozan los treinta y cinco. ¿Cómo es eso posible? Prefiero no saberlo. En cualquier caso, parece que los mejores tiempos de Contador han quedado atrás y que este año se presenta como un «ahora o nunca» en el que yo apuesto por que sí, que al menos al pódium sube, aunque no sé a qué escalón.

11. La última parada de Iker Casillas con el Real Madrid

Iker Casillas. Foto Gregorio López Cordon Press
Iker Casillas. Foto: Gregorio López / Cordon Press

LA SITUACIÓN: Iker Casillas venía de ganar su segunda Eurocopa con España y su quinta liga con el Real Madrid. Todo eso le permitía aspirar con sentido si no al Balón de Oro si a un puesto alto en la votación. Si aparte de sus proclamadas virtudes, Casillas presentaba defectos —problemas en el balón parado, pobre juego con los pies, cierta torpeza en las salidas por alto— lo cierto es que habían pasado doce años desde su debut como para ir asimilándolos. En ese momento, Mourinho hizo balance y decidió que no le compensaba. El candidato a Balón de Oro pasó a peor portero que Adán, luego peor portero que Diego López, luego un topo antimadridista y en esas sigue al cierre de esta edición. Qué demonios pasó en medio, nadie lo sabe. Hay quien apunta al presidente y su mala relación con el capitán y hay quien apunta sin más al portero y sus supuestas ligerezas con la prensa, aunque sin esclarecer en ninguno de los dos casos a qué demonios se refieren. El caso es que Iker no juega y cuando un campeón que va a cumplir treinta y tres años no juega, es inevitable sospechar que su marcha está cerca.

EL PRONÓSTICO: No pinta bien. Me cuesta pensar que Casillas no juega por motivos puramente extradeportivos y por otro lado me cuesta asimilar la inquina con la que algunos aficionados le tratan. Casillas, ya he dicho, es un portero con defectos y el empeño en camuflarlos por determinada prensa tampoco le ha hecho ningún bien, pero o bien no es peor que Diego López y merece jugar o bien es peor que Diego López y para ser suplente lo mejor es que se vaya. Que parece lo más probable. Seguramente, a la Premier League.

12. Los últimos play-offs de Kobe Bryant

Kobe Bryant. Foto REUTERS  Cordon Press
Kobe Bryant. Foto: REUTERS / Cordon Press

LA SITUACIÓN: Kobe era una figura en los Lakers con dieciocho años. Eso no es cualquier cosa en términos de exigencia diaria, tanto propia como ajena. Cuando a las dudas le sucedió el éxito en forma de cinco anillos, puede que al jugador le invadiera una cierta sensación de eternidad. Pasa a menudo. Todo ese rollo de «si lucho contra un oso, rezad por el oso». No, Kobe, si luchas con un oso no cuentes con ganarle. Ni tú ni nadie a este lado de Chuck Norris. La realidad de Bryant es la de un excelente jugador ya algo venido a menos antes de su grave lesión de rodilla y definitivamente tocado por dicha lesión y la recaída de hace un par de semanas. Ya no tiene dieciocho años, en 2014 cumplirá treinta y seis. La mitad de su vida jugando en la NBA. Si le queda algo —y le quedará— lo tiene que dar ya, el problema es que el resto de su equipo no está en la mejor situación.

EL PRONÓSTICO: Dependerá de nuevo de dos factores y el primero es obvio: los Lakers tienen que clasificarse para play-offs, cosa que ahora mismo tienen en chino, y más con Nash, Gasol, Henry y el propio Bryant lesionados. Recién renovado, es muy improbable que Kobe se retirara por el fracaso del equipo… pero aquí entra el segundo factor: ¿Cómo volverá Bryant?, ¿ama tanto el deporte como para seguir jugando pase lo que pase, igual que Jordan, que luchaba con cuarenta años por meter a los Washington Wizards en play-offs? Está por ver. Puede que todo vaya mal este año y que haya una nueva oportunidad el año que viene. Puede ser. El problema es que la Conferencia Oeste no hace prisioneros.

13. El último triunfo de Tiger Woods

Tiger Woods. Foto: Carrie Jesenovec / Icon SMI / Cordon Press
Tiger Woods. Foto: Carrie Jesenovec / Icon SMI / Cordon Press

LA SITUACIÓN: El problema de Tiger Woods está en el listón. Su empeño en dejar el listón a una altura imposible desde que era un posadolescente. Hasta 2008, su carrera era un sueño. Con solo treinta y dos años había ganado catorce torneos de Grand Slam, sumaba quinientas semanas como número uno del mundo, es decir, toda una vida, y solo sus fracasos en la Ryder Cup servían como «pero» a su trayectoria. A partir de ahí, todo ha sido un desastre, al menos en términos de titulares: lesión de rodilla en el US Open de aquel año, derrota impensable ante Y. E. Yang en el PGA de 2009, incidente familiar con divorcio incluido… y lenta vuelta al número uno del mundo donde, muchos no lo saben, sigue instalado desde hace más de un año. ¿El problema? Que en los grandes ya no gana. Y sin grandes, ya saben, no hay paraíso.

EL PRONÓSTICO: Aquí me mojo claramente, Tiger Woods ganará un grande en 2014… pero no será el último. Tiene treinta y ocho años, que es una edad razonable en el mundo del golf, y da la sensación de que cuando rompa el bloqueo mental que le atenaza en las grandes citas y consiga ganar una de ellas, la inercia le hará llevarse dos o tres más. Claro que lo mismo llevan diciendo quince años de Sergio García, así que tampoco hay que hacer mucho caso a las predicciones.

14. El último campeonato del mundo de Sebastian Vettel con Red Bull

Sebastian Vettel. Foto PRESSE SPORTS  Cordon Press
Sebastian Vettel. Foto: PRESSE SPORTS / Cordon Press

LA SITUACIÓN: Desde 2010 a 2013, Vettel ha conseguido cuatro títulos de maneras muy distintas: paseándose de principio a fin en 2011 y 2013, remontando en 2010 y agarrándose a su ventaja pese a trompos y choques en 2012. Puede que todo sea mérito del Red Bull y puede que el chico también haya hecho algo por ganar temporada tras temporada, que no lo regalan. Con el cambio de reglas, se supone que el dominio de la escudería austro-inglesa debería remitir… pero no sé si el resto de equipos lo ven con el mismo optimismo que la prensa. Sabedor de que seguirá siendo líder indiscutible en su box y que el récord de cinco títulos consecutivos de Schumacher está a su alcance, es probable que Seb quiera dar el 110% en el que puede ser su último baile con Red Bull.

EL PRONÓSTICO: Vettel tiene motivos para cierta queja: cuando Prost o Senna ganaban con el McLaren supersónico de los ochenta es que eran enormes pilotos, cuando lo hacía Schumacher con Ferrari, lo mismo… ¿Qué mejor manera de acallar a sus críticos que ganando un quinto título y marchándose a otro equipo para seguir con sus triunfos? En el horizonte no aparece rival alguno para el alemán, así que su quinto título no es algo descabellado… y su marcha posterior, tampoco. Cuadra.


Chema Caballero: “No interesa que África cambie, interesa que la podamos seguir manejando”

Chema Caballero para Jot Down 1

Chema Caballero (Castuera, Badajoz) dirigió uno de los escasos programas de éxito para la recuperación de niños soldado. Su vida y su pasión es Sierra Leona, el país de los diamantes de sangre y las manos cortadas. Testificó en La Haya en el juicio contra Charles Taylor, ex presidente de Liberia y responsable de decenas de miles de muertos en las guerras de los años noventa. Fue misionero javeriano hasta que las trabas y envidias de algunos de sus superiores le expulsaron de la vida religiosa, pero no de la lucha por la vida.

En realidad eras una ONG que decía misa.

La labor social siempre ha sido fundamental. Cuando llegas a un lugar como Sierra Leona en 1992, con la guerra recién comenzada, las circunstancias te empujan a hacer cosas, no a predicar. Si la gente está muriendo, vive en campos de refugiados, si se producen matanzas a tu alrededor… ¿Qué vas a hacer? Lo urgente es atender al ser humano; lo demás, viene después.

¿Es este cambio general en los misioneros que llegan a África? ¿Se mantiene el objetivo de evangelizar?

No todo el mundo lo hace. En los últimos años está llegando gente muy sacramental: lo suyo es convertir y bautizar. Cuando tienes delante a una persona sedienta, hambrienta, herida, que huye o en cualquier forma de esclavitud o prisión… ¿Vas a decirle que Dios es amor y le ama? ¿Dónde se refleja lo que le estás contando? Hay que crear las condiciones para que esa persona se dé cuenta de que las cosas pueden ser distintas, y entonces quizá se puede hablar de amor, paz y libertad.

A los viajeros-turistas, a los periodistas que estamos un rato y nos marchamos, la realidad nos acaba modificando, pero a los que os quedáis mucho tiempo, ¿cómo os cambia ver ese horror y dolor constante, saber que tus limitaciones son grandes?

Yo era una persona preparada: había estudiado, sabía idiomas, pero cuando llegué a Sierra Leona me di cuenta de que el inglés no me servía de nada, tenía que aprender el krio [el idioma local]. Su forma de comprender el mundo y la vida eran muy distintas. Mis estudios no servían prácticamente de nada. Darte cuenta de que eres un extranjero que no entiende la cultura ni lo que está sucediendo a tu alrededor te obliga a recolocarte. Es la primera cura de humildad. Crees que vienes a salvar y te das cuenta que al primero que tienes que ayudar y salvar es a ti mismo. Me di cuenta de que no podía imponer nada, tenía que ser uno más, vivir con ellos en la medida de lo posible y compartir su vida. Luego, saber que lo que haces es una gota en el océano. Construyes una escuela, un hospital, cambias la realidad de una aldea, pero alrededor hay otras 20 aldeas que siguen igual.

Me recuerda a El antropólogo inocente, el libro de Nigel Barley. Convive con una tribu del norte de Camerún, pasa todo tipo de penurias y enfermedades, estudia sus costumbres y cuando regresa a Inglaterra se da cuenta de que lo único que ha aprendido son las preguntas que no ha hecho y tiene que regresar para hacerlas. Comentabas antes de la entrevista que una de las situaciones que más risa producen en África es que un blanco se proclame ateo. Les resulta inconcebible. ¿Por qué les choca tanto?

En las ciudades empieza a darse el caso de jóvenes que se plantean cosas. Alejados del mundo tradicional se hacen más preguntas que quien vive en un medio más rural donde depende del ritmo de la naturaleza; tienen mucho miedo y la magia negra está presente por todos lados. Allí, la necesidad de creer es más fuerte. He visto a blancos decir que Dios no existe y la gente se desternillaba. Lo mismo pasó en Europa durante siglos: naces en una cultura, y la religión es parte de ella; todo aquello que es distinto produce extrañeza. En África se está produciendo una evolución grande, sobre todo en las ciudades: los jóvenes estudian, se conectan a las redes sociales, ven todo tipo de canales de televisión, leen. Entonces surgen este tipo de preguntas.

¿Cómo modificó tu visión de la religión el paso por África y el contacto con otras culturas?

He pasado por un proceso grande. Llegas ingenuo con la idea de un Dios grande, Padre. Lo ves como un liberador de todas las opresiones, influido quizá por la Teología de la Liberación, que también está surgiendo en África. Después te das cuenta de que la idea de la bondad innata del ser humano no existe, igual que no existe aquí. Cuando me encuentro en medio de la guerra, cruzo el frente y veo a gente atrapada en aldeas que quedaron entre los rebeldes y el Ejército… Cuando escucho a los menores-soldados, niños maltratados y usados en la lucha, a las niñas que fueron violadas … Surge un momento muy fuerte de rebeldía. Este Dios es bueno, Padre, cuidadoso, pero… ¿Dónde coño está?

Una vez me dijiste en Sierra Leona que a veces, en medio de tanta barbarie, no veías a Dios. Te contesté que no te podía ayudar demasiado porque no creo en él.

Has conocido Sierra Leona en 1999, los años duros de la guerra. Hay maldad y violencia por todas partes y yo voy a predicar un Dios bueno y fuerte, les digo que deben rezar para que les proteja… Eso rechinaba; me obligó a hacerme preguntas. ¿Dónde coño estabas cuando violaban a estas niñas? Si eres un Dios bueno, ¿cómo permites estas cosas? ¿Por qué siempre ganan los malos y los que están más jodidos son los buenos?

En España también siempre ganan los malos.

Sí, pero eso es otro tema.

Los malos de guante blanco…

Lo que sucede en África no es independiente de lo que sucede en Europa, es la consecuencia. Ahora, de repente, Francia entra en Mali: todos los intereses económicos, geopolíticos… En África son marionetas de lo que pasa aquí. Eso también hace que me plantee cosas. ¿Qué puedes hacer para cambiar la situación de la gente? ¿Cómo les consuelas? Es verdad que con el tiempo, tras darle muchas vueltas y recordar lo vivido, vas descubriendo un Dios distinto. No es el Dios todopoderoso y omnipotente, sino que es el dios pequeñito, el de las pequeñas cosas. Él está dentro; me he dado cuenta de que siempre ha estado ahí, me ha estado guiando y empujando a hacer cosas.

¿Ahora vives la religión con más o menos fuerza?

Creo que cada vez soy más fuerte. La fe en Jesús es fuerte, no se tambalea. Es cierto que se ha producido una gran desilusión con la jerarquía, sobre todo al llegar a España y ver lo que está pasando: en España hay una jerarquía que se dedica a buscar privilegios, prebendas, inciensos y ceremonias y se despreocupa de lo que realmente está pasando en la sociedad.

Un amigo, excorresponsal en Roma, sostiene que hay Papas y cardenales que no creen en Dios. Después encuentras a monjas que reparten preservativos en Ruanda y cuando les dices que está prohibido por el Vaticano, se ríen y responden que si hay un conflicto entre el Vaticano y Dios, ellas han elegido a Dios y obedecer el quinto mandamiento, el no matarás. ¿Por qué las jerarquías están tan alejadas de la realidad?

Es fortísimo. La Iglesia soy tanto yo como el señor Rouco Varela; hay otros ámbitos de la Iglesia donde se vive más en comunidad. En España siempre encuentras cristianos de base donde hay paro, sida, pobreza y menores abandonados. En el 15-M ha habido mucho cristiano de base. Cuando hay mareas hay mucho cristiano de base. Eso quiere decir que la Iglesia está dando la cara en muchos sitios.

¿Creen en Dios aquellos que deciden sentarse en la mesa del poder?

Dudo mucho que realmente crean en Dios, o en el dios católico. Si lo hicieran no estarían todo el día en la calle pidiendo que todos hagan lo que ellos dicen. Por lo menos serían capaces de amar, perdonar y dialogar.

Chema Caballero para Jot Down 2

¿Cómo compite esa Iglesia católica tan distante con el islam y los telepredicadores educados en Estados Unidos?

El gran fenómeno de África son las neopentecostales. Son muy difíciles las conversiones del islam al cristianismo o del cristianismo al islam, pero es muy fácil que se pasen del catolicismo a estas sectas. A pesar de que África es el continente en el que más crece la Iglesia católica, porque se bautizan en masa, es también donde más gente abandona la Iglesia.

Lo que este tipo de sectas venden es esperanza, milagros, y lo que hacen es quitarles la esperanza, lo único que tienen.

El asunto tiene dos vertientes. Una positiva. Estos grupos están en la base del surgimiento de la clase media en África; predican un Jesús rico, a diferencia de la Iglesia católica donde Jesús siempre es pobre, a pesar de que los obispos vayan llenos de oro. Ellos no; si eres rico es que Dios te ama. Están en línea con la teología judía y el Antiguo testamento. Por eso en Nigeria y Ghana se ven pastores que se mueven en limusinas, visten a la última moda y viven en casas impresionantes; es símbolo de que Dios te ama. Favorecen el enriquecimiento personal. Estas iglesias son pequeños bancos que ayudan, en forma de negocios piramidales, promocionan a la gente para que ascienda de categoría social. Al mismo tiempo, para enriquecerse, cortan los lazos con la familia tradicional. En África, cuando alguien tiene algo de dinero debe ayudar a la familia del pueblo, y esa costumbre dificulta que la gente ahorre. Al romper estos lazos con la familia tradicional se permite que la gente prospere. Eso es positivo. El lado negativo es que se trata de una religión sin ningún compromiso social o político. Igual que pasó en Latinoamérica con la CIA, que financió sectas para romper la hegemonía de la Iglesia católica, sospecho que EE. UU. y otros países están detrás de ese tipo de grupos. Para frenar el avance del islam y para que no haya problemas políticos e imponer gobiernos sin que haya protestas.

Se te conoce sobre todo por tu trabajo con los niños-soldado en Sierra Leona. Muchos de los programas que han fracasado en Congo y Uganda se desarrollaron en medio de la guerra. En Sierra Leona se firmó la paz en julio de 1999, una paz en la que nadie creía, pero que permitió la desmovilización de cientos de niños-soldado. Tu orden religiosa, los javerianos, te envía a Lakka, al sur de Freetown, para trabajar con esos niños. Unicef financia un programa de ocho semanas. En ese tiempo esperan el milagro: el niño se da una ducha, deja de ser soldado y retorna a la sociedad en la que ha cometido crímenes. Descubres que esto es imposible.

Se necesitan seis meses para que un niño empiece a hablar de su pasado.

¿Cómo es la experiencia? Llegas a Saint Michael en Lakka, un antiguo hotel, un lugar idílico junto al mar, lejos de la guerra. En el programa entran niños de todas las edades, desde los seis a los 18 años, cada uno con sus heridas. ¿Qué haces?

Primero no sabíamos qué hacer. Fue un proyecto pionero. Otros proyectos que tomaron como referencia Saint Michael fracasaron porque no había dinero suficiente. Unicef decía que en seis u ocho semanas los niños tenían que irse del centro. Ha sucedido en Liberia, Uganda y, sobre todo, en la República Democrática de Congo. Los niños pasan por un centro y a las seis u ocho semanas regresan a sus aldeas y en poco tiempo se unen a una guerrilla o al ejército porque no tienen nada. El grupo les da protección y les da de comer. No han tenido la oportunidad de sacar fuera lo vivido, de cambiar la violencia por algo que les permita sobrevivir. Al principio llegó mucho dinero a Saint Michael; los niños-soldado estaban de moda. Después empezó a reducirse y surgió lo de las seis u ocho semanas. Nosotros teníamos la experiencia de que un niño necesita seis meses para empezar a hablar de lo que ha hecho, de sus miedos. Una vez que se produce la catarsis, se puede empezar a trabajar con él.

Algunos de tus ayudantes en Saint Michel eran exguerrilleros con dotes de mando.

En cierto momento tuvimos que contratar a tres exguerrilleros para mantener la disciplina. Cuando yo, blanquito, castigaba sin jugar a fútbol a uno que se había pegado con otro se descojonaban de mí. Eran chavales que venían de una vida en la que por cualquier tontería los fusilaban o los azotaban; así que necesitábamos gente que supiera cómo imponer disciplina.

Cuando llegaba un grupo al centro podías saber, solo con observarles, quién era el jefe. Muchos pertenecían a una unidad militar donde el jefe era un niño de 12 años al que los de nueve le cedían el sitio. Tu primera misión fue romper ese grupo, romper la cadena de autoridad.

Había que romper el grupo. Si te llegaba un grupo guerrillero que había trabajado junto…

Matando…

Matando, sí. Lo primero era identificar a los líderes para dejarles claro que allí ya no existían los mandos militares, que todos éramos iguales. Después había que separarlos y hacer un seguimiento de los líderes. Seguían demandando a escondidas que los miembros de su grupo hicieran cosas por ellos: “Lávame la ropa”, “lava tú por mí”… Utilizábamos castigos que afectaban a su autoridad. Que un jefecillo tuviera que barrer mientras los demás jugaban a fútbol era bastante humillante para él.

¿Cómo se controla la violencia interna para que ese acto de educación no provoque un estallido, que el niño vaya aceptando la disciplina?

Había broncas fortísimas con chavales violentos que ante cualquier confrontación respondían con violencia. Lo primero es no tener miedo, no amedrentarte, no bajar la mirada. Jugábamos con una ventaja: como yo dirigía el centro me veían como jefe, y tenían miedo de enfrentarse al jefe. Cuando el pueblo vecino quería matar a los chavales quien dio la cara fui yo. Eso ayuda a que se sientan protegidos, a tener autoridad. Te vas ganando su confianza en el día a día, en el diálogo, en el trato. Una gran diferencia con otros programas: yo vivía con ellos las 24 horas. También tenía a Shaka Falay, un exguerrillero que era mi guardaespaldas. Siempre estaba detrás por si había cualquier problema.

¿Te has sentido en peligro?

Varias veces.

Por parte de ellos y de los vecinos.

Es verdad que por parte de ellos ha habido reacciones muy violentas. Recuerdo un chaval que cogió un hacha. Eso ha pasado varias veces, pero en seguida los demás hicieron un círculo, algo instintivo. He sentido el peligro pero no me he sentido amenazado. Las peores amenazas vinieron de fuera, cuando la gente que vivía cerca de Saint Michael —desplazados, refugiados, gente que había sufrido y perdido a familiares a manos de niños como estos— vieron que ellos estaban bien jodidos en campamentos y sin atención mientras que los niños comían tres veces al día, jugaban al fútbol, tenían ropa limpia… Eso crea muchos recelos.

¿Cómo te ganas a los vecinos?

Una vez me secuestraron cuando volvía de Freetown. Me sacaron del coche y me encerraron. Entonces unos chavales salieron del centro, me rescataron en volandas y quemaron cuatro o cinco casas. Estuvimos seis días rodeados por gente del pueblo. Tuvimos que negociar con los jefes de las aldeas. Ellos no sabían que los niños eran niños-soldado. Los del pueblo venían con machetes, pero los chicos podían hacer mucho más con una piedra que ellos con sus cuchillos. Negociamos y los fuimos implicando poco a poco en el programa. Les hicimos entender que era por el bien de todos, que si mañana los chavales salían del centro cabreados podían arrasarlo todo. Conseguimos que Unicef nos diese dinero para la comunidad. Los chiringuitos que montamos en la playa los llevaban personas de los pueblos. Les conseguimos barcas para los pescadores. Fuimos trabajando con ellos y haciéndoles ver que también eran responsables. En mayo del 2000 se presentó en el centro Foday Sankoh, el jefe de la guerrilla. Pensábamos que nos iban a atacar porque los rebeldes estaban a dos kilómetros. Los vecinos se ofrecieron a esconder a los chicos es sus casas para protegerlos de la guerrilla. En un año y medio había cambiado por completo la actitud de la población local.

¿Cómo vivieron ese día los niños en el que tú, jefe blanco, se enfrenta al jefe de la guerrilla?

Fue un momento muy tenso. Sankoh los reunió y les hizo cantar el himno de la guerrilla. Les dijo que se los iba a llevar. Entonces me enfrenté. Le dije que de allí no se movía nadie, que el responsable era yo. Me contestó que no sabía con quién estaba hablando, que volvería porque los niños eran suyos. Cuando se marchó dije a los chavales que se fueran a la playa a jugar, que no pasaba nada. Subí a mi habitación, me encerré y lloré, me vino un ataque de miedo. A los cinco minutos convoqué una asamblea y les expliqué la situación con los rebeldes a las puertas de la ciudad. Les dije: quien quiera marcharse se puede ir, la puerta está abierta. También dije que a quien se quedara no le iba a pasar nada. Ni un solo chaval se movió. Se quedaron todos.

Quizá tu primer gran éxito.

Posiblemente. O el primero fue cuando negociamos con la comunidad y no pasó nada y el segundo sea este. Y eso te da mucha autoridad.

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Cuando los niños te cuentan sus historias, cómo han matado, cómo han violado, cómo les han obligado a comer carne humana… Llegan con heridas muy profundas, les han robado la infancia. ¿Cómo les ayudas? A menudo has utilizado su mundo mágico para deshacer miedos y fantasmas, porque los muertos se les aparecen, a veces disfrazados de animales. ¿Cómo entras en contacto con ellos a través de ese mundo mágico?

Se ha utilizado mucho la magia negra y los ritos para fidelizar a estos niños, el miedo está muy presente. Todos llevan su yuyu, un amuleto; puede ser un anillo, la calavera del primer hombre que mataron, cualquier cosa que les protege. Cuando les obligas a quitarse el anillo pierden su seguridad, empiezan a tener miedo a las posesiones de los espíritus, a los muertos… En el fondo es solo miedo a la venganza.

¿Cómo lo manejas?

Primero racionalizándolo. Haciéndoles ver que no les va a pasar nada. Si ha hecho algo malo vamos a ver cómo hace el bien… Después aprovechando el poder de la religión: “Si te fías de mí te voy a dar una bendición y no te va a pasar nada; esos muertos o espíritus que te llaman no te van a hacer nada”. En el caso de posesión de un espíritu, llamaba a Mary, la curandera del pueblo. Ella hacía su conjuro y el chaval se quedaba genial, perdía el miedo.

¿A qué le tienen más miedo, a los muertos o a los vivos?

En África el mundo espiritual y el real conviven constantemente, pero el momento más duro para los chavales era cuando tenían que salir, tenían miedo de ser reconocidos, de encontrarse con una víctima. Por eso hablaban muchas veces de que habían matado o violado, pero muy pocas de que habían cortado manos, porque sabían que los amputados estaban por las calles de Freetown y cualquier día podían ser reconocidos.

¿Ha habido casos de reconocimiento, de perdón?

En las aldeas ha habido casos de gentes que se han pedido perdón porque se han encontrado. Empecé el trabajo a través de la radio, mediante campañas, para intentar que la gente viese a estos chavales no solo como verdugos, que lo eran, sino también como víctimas que habían sido manipuladas. Conozco el caso de uno chico que estaba en uno de los pisos tutelados que teníamos —donde los vecinos no sabían quiénes eran esos chicos, pensaban que eran de las familias de acogida—. Un día le llamó un vecino y le preguntó si se acordaba de él. Le contestó que no se acordaba. “Pues un día estábamos mi mujer y yo cocinando para nuestros cinco hijos y solo teníamos arroz, llegasteis tú y tu grupo, os reísteis de nosotros, tirasteis el arroz y lo pisoteasteis. Era la única comida que teníamos y tuvimos que caminar dos o tres días por el bosque hasta llegar a una ciudad sin nada que comer. Sé que no eres culpable, que te obligaron, y quiero que sepas que te hemos perdonado”. El chaval cuando me lo contaba estaba asustado. Ahora se ha hecho muy amigo del vecino y está todo el tiempo comiendo en casa con ellos. Se han dado este tipo de historias. En 1999, cuando los rebeldes abandonaran la ciudad, quemaron a muchos usando neumáticos, hubo muchas venganzas, pero de los que han salido del centro no he conocido ningún caso.

El centro ha tenido varios éxitos: niños que han llegado a la universidad y la han terminado.

Sí; hay varios, que incluso están trabajando. Hay un abogado, gente que ha hecho Magisterio; tenemos 25 chavalillos que están en la universidad o en escuelas técnicas…

¿Cuántos niños y niñas pasaron por el centro?

Por mi centro fueron más de 3000. Las estadísticas son siempre un poco raras porque había chavales que se iban y volvían, pero más de 3000.

Supongo que con las niñas era diferente; habían sido esclavas sexuales y sus historias eran más difíciles de contar.

Mi gran espina son las niñas; nos costaba mucho más llegar a ellas. A pesar de que teníamos trabajadoras sociales era muy difícil que contasen su historia. Al principio no nos dimos cuenta. Conseguíamos que los chicos contasen su historia, pero las chicas solo hablaban de su parte de mujer-soldado. La otra, la de los abusos sexuales, era muy difícil que la explicaran, por cultura y vergüenza. Cuando daban síntomas de normalidad regresaban con sus familias. A los pocos meses de llegar al centro iban desapareciendo. Es posible que tuvieran la autoestima muy baja y muchas heridas que no habíamos acabado de curar; muchas terminaron en la prostitución. Era una salida fácil: había mucha demanda con 17.500 cascos azules en Sierra Leona. Hay una chica llamada Aicha, que hemos intentando sacarla muchas veces, darle una oportunidad. Me decía: “Si me voy con un blanco gano 100 dólares en una noche, y trabajando en la peluquería que me ayudaste a montar, para ganar 100 dólares tengo que trabajar años”. En el fondo tiene razón; no puedes competir. También es cierto que hemos conseguido rescatar a muchas de estas chicas cuando ya estaban cansadas o no eran tan bonitas.

¿Cómo afrontabas las relaciones sexuales entre los jóvenes en Saint Michael? ¿Estaban prohibidas, mirabas para otro lado?

Son chavales que desde muy pequeños están acostumbrados a tener relaciones. Tuvimos que trabajar mucho el respeto a la mujer, porque sus relaciones eran de una forma muy violenta. Había una norma que prohibía tener relaciones sexuales en el centro, pero ¿hasta dónde puedes controlar? Al final terminamos repartiendo preservativos porque ¿cómo vas a cortar eso? No tienes ningún derecho a cortar ese tipo de relaciones. Simplemente hablar, formarles e intentar que funcione el respeto.

¿La postura oficial de la Iglesia sobre el preservativo está muy alejada de la realidad?

He tenido gente —y no quiero dar nombres porque quizá los conoces— que me ha dicho “mientras yo no lo sepa… porque oficialmente no lo puedo permitir”. En el fondo están dándose cuenta. Es una hipocresía.

¿Por qué es tan difícil para un cardenal o un papa decir que el preservativo evita muertes?

Sobre todo en África es un instrumento de vida. No lo sé; como viven en su mundo, con sus palacios, no tienen estos problemas.

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José Ricardo de Prada, un juez español que trabajó en el Tribunal de Derechos Humanos de Sarajevo, sostiene que donde ha habido violación masiva de derechos humanos es imposible la justicia, pero que es posible conseguir una cantidad suficiente de ella para que las víctimas sientan que se ha hecho justicia. ¿Hay una cantidad de justicia suficiente en Sierra Leona con el Tribunal Especial de la ONU?

No. Se sabía que el Tribunal Especial no iba a poder hacer gran cosa. Se ha juzgado a los jefes, pero la gente no los veía en el día a día. Fui a testificar en el juicio contra Charles Taylor en La Haya y al volver a Sierra Leona mucha gente me decía que estaba muy bien que hubiera ido hasta allí para contar esas cosas, pero también decían que ese señor no les había hecho nada. Es verdad; quien se lo ha hecho es el coronel Sidi que sigue viviendo en Madina, al norte de Sierra Leona, donde es entrenador de fútbol, vende los viernes en el mercado y nunca le ha pasado nada. La gente lo ve todos los días y sabe que es responsable de muchas de las cosas que han sucedido en la zona: violaciones, niños-soldados. No ha habido ningún acto de perdón ni de reconciliación.

Los amputados son el recordatorio permanente de la guerra, del horror.

Muchos amputados preguntan qué pasa con ellos. Les han fabricado unas casitas en medio de guetos, fuera de las ciudades, lejos y aislados, invisibles. Ellos se han rebelado y se han ido a vivir a Freetown. No ha habido justicia. La Comisión por la Verdad y la Reconciliación era un instrumento que podría haber suplido lo que el Tribunal Especial no podía cubrir. No funcionó por falta de medios. Recorrió diferentes distritos para hacer su ceremonia de la reconciliación. Cuando llegó a Kambia, la capital de mi distrito, pregunté a maestros que habían sufrido o sido testigos por qué no iban a dar su testimonio ante la comisión, y me decían: “Mira, tengo que andar un día entero desde mi pueblo hasta Madina, coger el transporte para Kambia y al llegar allí tengo que dormir; además no sé si cuando llegue a Kambia me van a escuchar. ¿Quién me va a dar el dinero para ir y volver?”. No hubo una intención real de escuchar todos los casos, y a pesar de eso se hicieron unos informes muy buenos. Lo mejor de la comisión es su informe final. También dieron unas recomendaciones que nunca se han puesto en práctica. No se logró la reconciliación pero hizo un documento histórico excelente para entender la guerra.

La gente se conforma con poder contar su historia.

Exacto. Esa debería haber sido la función de la comisión.

Hablamos de decenas de miles de víctimas.

Sí, pero es todo tan relativo… Cuando hablan de niños-soldado, las cifras oficiales son de 7000, pero ¿y todos los que se han quedado por el camino? Realmente no lo sabemos.

Y los desplazados.

Se ha hablado de dos millones y medio o tres millones de desplazados.

No tenemos tiempo para escuchar a millones de personas, aunque para ellos es esencial contar su historia.

La clave es que todos hubieran podido contar su historia. Lo dice la gente; no quiere que a ese pobre hombre, el coronel Sidi, le pase nada, lo que quiere es contar su historia. Ha faltado eso. En Liberia aún se ha hecho mucho menos; no ha tenido ni tribunal especial ni dinero para una comisión. No ha habido un trabajo de reconciliación nacional.

No hubo una figura como Desmond Tutu. Aunque su comisión no llegó a todas las víctimas en Sudáfrica, la fuerza y carisma del personaje suplió el déficit. Es curioso; hablamos de unas comisiones de la verdad para África cuando nunca han existido en España. Aquí no hablamos de la guerra civil, sigue prohibido.

Y así estamos: las heridas siguen abiertas y hay mucha gente que aún no ha visto justicia. En el fondo nos ha pasado lo mismo.

¿Se puede avanzar sin resolver ese pasado?

¿Cuándo termina una guerra? ¿El día que se firma la paz o cuando realmente se hace justicia a todas las víctimas? Un conflicto se cierra cuando hay una reconciliación nacional, porque la historia la cuentan los vencedores, y la visión que tenemos es la suya. Pasó en Sierra Leona: gran parte de los que están en el poder son los que estaban antes de la guerra, o los que se han enriquecido durante la guerra..

Existe un informe del Banco Mundial sobre Sierra Leona y Liberia que llega a la conclusión de que a pesar de haber enviado miles de cascos azules y millones de dólares no se han modificado las causas que provocaron la guerra. Sucede en Bosnia-Herzegovina, candidato a entrar en la Unión Europea. ¿Por qué lo hacemos tan mal?

No lo sé; creo que no interesa. Es más fácil mandar dinero porque en el fondo es un beneficio. ¿Quién ha mandado dinero a un país como Sierra Leona o Bosnia? Los que después se están beneficiando de ese país. Ahora mismo Reino Unido es el dueño de Sierra Leona.

Los diamantes de sangre…

Los diamantes, el petróleo, el coltan, las minas de hierro, que es lo que está dando más dinero al país… Siempre hay un interés y no interesa que África cambie, lo que interesa es que la podamos seguir manejando.

Mucha gente que se ducha por las mañana consigue agua caliente con solo abrir el grifo. Ese agua tiene un precio. Alguien la está consiguiendo en tu nombre saltándose los derechos humanos y las leyes.

Me puedes grabar con este móvil gracias al coltan de la República Democrática del Congo, o lo que están haciendo ahora los franceses en Mali.

¿Qué hacen allí?

El uranio. ¿De dónde lo sacan? Mali es una zona clave para controlar el sur del Magreb. El enunciado es simple: “Las materias primas son escasas, están en África y yo las necesito”.

¿Y el papel de China?

China está comportándose igual. Está metiendo muchísimo dinero, hay chinos por todos lados. Desde hace años hay un restaurante chino en Kono, la capital de los diamantes de Sierra Leona. Las grandes infraestructuras de África las construyen los chinos. Algo tan simbólico como el edificio de la Unión Africana, en Addis Abeba, lo han construido los chinos. Además se lo han regalado a la Unión Africana.

Una inversión…

Una inversión. Hemos regalado el edificio, pero nos lo estamos cobrando. China necesita tantas materias primas como Occidente. Lo bueno es que China ha encontrado en África un mercado donde vender productos. Todo lo que se compre en un mercadillo de África es chino: zapatillas, ropa, pilas, plásticos… Todo viene de China, para ellos es un mercado potente.

Antes una diferencia de clase social era los que tenían chanclas y los que no, luego los que tenían bicicleta y los que no, y ahora los que tienen moto y los que no.

Ahora empiezas a ver todoterrenos por todos lados.

Quizá nos estemos quedando con el cliché del África pobre cuando existe una eclosión de la clase media. Mucha gente que antes se iba, se queda; mucha que se había ido, regresa.

Estaba en Maputo, en un café precioso en la avenida Mao-Tse-Tung, tomándome un café con una bola de nata, algo muy portugués, junto a unos amigos mozambiqueños. Llegó una española y me dijo que estaba harta de eso, que quería conocer la verdadera África. ¿Qué es el África verdadera? ¿El negrito medio desnudo tocando el tam-tam? El África verdadera también está en las ciudades donde puedes encontrar de todo, con discotecas y centros comerciales. No nos olvidemos de que África está creciendo mucho económicamente. Se calcula que en 2013 puede crecer entre un 7% y un 9%, con algunos países en el 30%; mientras que Europa probablemente decrezca un 0,5%.

¿Cuál es la gran revolución en África?

La gran revolución de África son los móviles. Están llegando a cualquier lado.

Porque no existen las líneas terrestres; los europeos no las dejaron tras las independencias. El móvil ha suplido esos tendidos y permiten conectarse a las redes sociales.

Hay chavales en Madina que me mandan fotos por Facebook a través del móvil. Hace cuatro años en Madina no teníamos teléfono ni móvil; había que ir a la ciudad para llamar. Ahora la aldea más perdida tiene móvil, una televisión con antena por satélite, un pequeño generador con grupo electrógeno y la gente sigue los partidos de fútbol; están al día de la Liga española mejor que tú. Hace poco estaba en Chad, en una ciudad que se llama Bongó, y había dos cines: uno se llamaba “Pep Guardiola” y el otro “José Mourinho”. En uno se juntaban los seguidores del Barça y en otro los del Real Madrid. Ahora han abierto uno que se llama “Josep Guardiola & José Mourinho”, para hacer las paces. Se sigue muchísimo el fútbol y la música. ¡La gente en cualquier aldea sabe qué está pasando en cualquier momento!

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Iker Casillas fue a Sierra Leona, a verte hasta Madina…

Fue como si bajase Dios del cielo. Fue increíble. En el pueblo no se lo creían hasta que lo vieron llegar. Los chavales se quitaron la camiseta y la tiraron al suelo para que Iker no pisase barro… Estuvo tres o cuatro días con ellos. Fue algo muy bonito.

No lo olvidarán en la vida.

Nunca. Las fotos que se hicieron con él son como el gran trofeo.

Un acontecimiento que marca el calendario: “Dos años antes de que viniera Casillas”.

Posiblemente. Ahora los niños se llaman Iker como antes los niños se llamaban David Bisbal cuando vino a Sierra Leona.

¿Sirve para algo que los famosos se impliquen en este tipo de acciones?

Llegas a gente que de otro modo no llegarías. Puedes estar todo el día hablando de menores soldados, pero hasta que Bisbal no hizo la canción no tuvo un gran impacto en España. Que Iker Casillas viniera a Madina supuso que mucha gente después quisiese implicarse en el programa de educación en las escuelas. Da a conocer realidades que de otra forma no se pueden conocer. Aunque también ha habido famosos que están aprovechándose de esto, los que necesitan fama. “Si me hago unas fotos con cuatro niñitos negros a mi alrededor quizá consiga salir en una revista”. Como todo, puede ser muy bueno o malo, según se utilice.

¿Has vuelto a ver a Casillas?

No.

Pero él sigue yendo a sitios. Estuvo en Perú, me parece. Se dedica a hacer viajes solidarios.

Creo que fue su primer viaje de este tipo, y si después ha seguido quiere decir que, de alguna forma, le impactó. Un año más tarde la fundación del Real Madrid invitó a Madrid a doce chavales y Casillas se acordaba de ellos y de sus nombres. Es decir, se implicó.

Tú, que eres muy del Real Madrid; llegaste a mantener en Sierra Leona a dos equipos que se llamaban Real Madrid. ¿Cómo es eso?

Llegamos a una zona que había sufrido mucho con la guerra y quería ayudar a los jóvenes, que habían sido niños-soldado y víctimas, y la única forma era el fútbol. Además era un lugar muy hosco, desconfiado de los que vienen de fuera, y los primeros que se apuntan a estas cosas son los más jóvenes. Empezamos con un equipo de pequeños, el Real Madrid de Madina. Luego, esos chavales acababan el instituto y volvían a sus aldeas pero querían seguir jugando al fútbol. El pueblo rival de Madina, que es Kukuna, también quería llamarse Real Madrid, no iban a ser menos, y entonces hubo el Real Madrid de Madina y el Real Madrid de Kukuna. Y luego los más grandes, que formaron otro equipo, dijeron que si esos se llamaban Real Madrid ellos se iban a llamar Barça, para tener la rivalidad. Entonces, teníamos dos Real Madrid y un Barça. Bueno, y un par de Real Valladolid.

¿Valladolid también?

Sí, porque nos mandaron bastantes camisetas del Valladolid e hicimos varios equipos. Pero sobre todo chicas, porque conseguimos que empezaran a jugar justo en ese momento, y les dimos las camisetas del Valladolid.

En Kabul me sorprendió que la mayoría de los niños de un barrio quisieran ser médicos. Me explicaron que veían una serie india de médicos, una especie de Doctor House. Ramazan Bashardost, candidato presidencial en 2009,me dijo que habíamos mandado todo lo que ya les sobraba, soldados y armas, que hubiera bastado con series de televisión.

No creo en la ayuda de Estado a Estado, porque está muy condicionada. Más allá de lo que se hace materialmente están los valores. Hablar con unos chavales y hacerles ver que las cosas pueden ser distintas, que estudiar tiene un significado, que existe una cultura del esfuerzo, el respeto a una chica. Estos valores son más importantes que construir una escuela. Algo bueno de la crisis económica, que afecta a la cooperación, es que mucha gente se está dando cuenta de que a lo mejor no hace falta que haya tanto blanco allí porque a lo mejor no hace falta construir tantos pozos. A lo mejor los africanos pueden hacerlo y tienen los medios. Nosotros deberíamos ayudarles a ser conscientes de esa fuerza que tienen para que las cosas sean distintas. El retorno de africanos a sus países, gente muy formada, que ha visto otros mundos, conseguirá que cada vez haga menos falta este tipo de cooperación. La cooperación siempre es necesaria y positiva, pero tendríamos que repensarla. Creo más en la transmisión de valores que en la transmisión de dinero.

Has sido cura. ¿Tienes derecho a desempleo? ¿Te pagaban la Seguridad Social?

No; yo cuando salí, salí sin nada, sin Seguridad Social ni paro.

¿No os pagan la Seguridad Social?

No; nada. Menos mal que tenía amigos…

¿Ni Seguridad Social, ni IBI…?

En mi caso, al menos, no.

¿Y cómo te apañas? ¿Qué haces ahora?

¿Estudias o trabajas? [Risas] Doy algunas clases, hago alguna asesoría para ONG, escribo lo que puedo en el blog de El País, en alguna otra revista… y con eso llego a final de mes. Arañando de aquí y de allá.

Bienvenido al Primer Mundo.

Muchas gracias.

Chema Caballero para Jot Down 5

Fotografía: Guadalupe de la Vallina


Vicente del Bosque: “El Real Madrid no me debe nada”

El ojo periodístico contempla a Vicente Del Bosque retrepado sobre un sillón del hotel Eurobuilding de Madrid. La cita es a las nueve y media de la mañana y el seleccionador español de fútbol ha llegado con diez minutos de adelanto. La mirada calmada del ojo periodístico ante la presencia del protagonista se altera ante un personaje que cruza en diagonal por delante del seleccionador. Es Jorge Valdano. ¿Se saludarán? —se pregunta la curiosidad  periodística, quizá ávida de saber si hay algo de relación, si impera la educación o de si aquella no renovación de Del Bosque en 2003 firmó una ruptura en la que no caben ni los formalismos—. Por un momento parece que no habrá saludo, el ex director general del Real Madrid parece vestir su rostro con la mirada del ciego que no quiere ver porque ya ha visto. Pasa un par de metros de largo. Del Bosque también parece haber adoptado la mirada ciega de quien fue uno de los integrantes de aquella primera junta directiva de Florentino Pérez que decidió que un ciclo ganador se había agotado en medio de la victoria; de que aquel bigote setentero y la planta desgarbada de Del Bosque iban de la mano de un libreto obsoleto. Puede que por la presencia del elemento periodístico, al final hay un apretón de manos. Valdano se para, da un par de pasos hacia atrás y Del Bosque se yergue y avanza hacia su ex jefe. Un saludo y unas palabras banales en menos de 30 segundos. “Por qué no íbamos a saludarnos. Yo no tengo nada contra Valdano, aunque formó parte de la decisión de no renovarme. Que no siguiera en el Madrid puedo hasta entenderlo, pero las formas…”, asegura Del Bosque. Su salida del club en el que estuvo 26 años aún colea, tanto que su negativa a recibir de manos de Florentino Pérez la condición de socio de honor causó un gran revuelo mediático. De esta cuestión, de la Eurocopa, de la formación de los jóvenes, de la derrota del PSOE, del estado general del fútbol, de Urdangarín, de su sucesor… habla Del Bosque. Conciso, cortito y al pie.

Su única gran competición internacional fue la Eurocopa del 80.

Sí, fui titular durante casi toda la fase de clasificación, pero no llegué en las mejores condiciones físicas. Tenía unos problemas de pubis de los que me operé al término de esa Eurocopa y también había una gran competencia. Casi todos los jugadores de la Real Sociedad estaban en plenitud y eran la base de aquella selección. Sólo jugué el partido que perdimos ante Bélgica (2-1).

Zamora salió de aquella Eurocopa como uno de los mejores centrocampistas del mundo.

Hizo un gran partido ante Italia, que eran los anfitriones y favoritos. Empatamos a cero, pero merecimos ganar y Zamora estuvo magistral en la dirección. Aquella selección fue luego la base de la del Mundial 82 al que tampoco fui. En el del 78 no acudí a Argentina por una lesión de peroné que precisamente me produjo Zamora en el viejo Atocha. No me recuperé a tiempo o, si me recuperé, Kubala estimó que debían ir otros.

¿Cómo era Kubala?

Muy buena persona, muy generoso, muy altruista, un tío más pendiente de los demás que de él mismo, no digo que fuera malo para él porque no… No hay nadie que hable mal de él.

¿Ese perfil de entrenador ya no existe?

Eso no puede extinguirse nunca, es como las buenas maneras en todos los órdenes de la vida. Son valores intemporales; el conocimiento, la capacidad, el esfuerzo… deben ir acompañados de humanidad, sin eso es muy difícil liderar un grupo humano. El autoritarismo creo que ya no existe, me da la impresión de que el camino es el de toda la vida, el de las buenas relaciones humanas.

Ese paternalismo no aparece en los registros de muchos de los nuevos entrenadores.

No es paternalismo (se rebela ante esa expresión). Un padre que tiene que dirigir una familia debe educarla y orientarla bien e intentar exigirle a sus hijos. En este caso estamos hablando de deportistas de élite, por tanto el entrenador debe ser exigente y a la vez humano. ¿Por qué no puede ser así?

¿Qué recuerda de la concentración de la Eurocopa 80?

Ufff, han pasado de 30 años, no tengo ni idea; sí que recuerdo que el último partido lo jugamos en Nápoles. Teníamos una buena selección, pero no sé si en el pasado estábamos marcados por un cierto negativismo o mala suerte. De aquel campeonato recuerdo principalmente a la selección belga, que impuso un modo de juego muy parecido a lo que hacían los holandeses en su tiempo: adelantaban líneas y provocaban el fuera de juego, con un Gerets extraordinario. Me quedé menos con Italia, que luego fueron campeones del mundo, y con los alemanes, que conquistaron esa Eurocopa, que con los belgas. Bélgica presentó algo relativamente novedoso.

Ha hablado de mentalidad, ¿antes el deportista español salía acomplejado?

Hablo por mí y creo que sí. En relación a otros países teníamos un cierto complejo, pero no sólo en el deporte, sino a todos los niveles. Afortunadamente España lo ha subsanado, creo que estamos al nivel de Europa en cualquier actividad de la vida. Se ha producido un progreso. Antes los entrenadores españoles salían por Europa a ver las diferentes escuelas; los yugoslavos, los alemanes, los italianos, los rusos, los franceses… Ahora vienen ellos aquí. Raro es ver un partido de categorías inferiores en las que no se note la mano del entrenador.

¿Sigue yendo a ver partidos de juveniles?

El otro día fui a ver un torneo juvenil de regional preferente en Castellón. Nunca me alejaré del fútbol amateur.

¿Ha renunciado a algo por ser seleccionador?

En lo personal no y en lo deportivo tampoco, estoy donde quiero estar. No ambiciono más que la responsabilidad que tengo y trato de cumplir como cualquier empleado. Los que llevamos tanto tiempo tenemos la obligación de defender nuestro deporte. Creo en el deporte y en el fútbol limpio, aunque traten de contaminarlo. Ni a nivel de árbitros, ni del dopaje, por lo menos lo que yo conozco; en el fútbol no hay síntomas de preocupación, a lo mejor soy un incauto. No digo que no haya casos aislados que yo desconozca, pero en lo que he vivido yo no he conocido nada.

¿Por qué entonces esas declaraciones de Noah e Hinault?

No sé, no sé… El cambio al éxito se produce por algo. No es que de la noche a la mañana ya seamos buenos en todo. Ha habido un progreso en los entrenadores, una mejor formación, por todo el país hay instalaciones deportivas de primer nivel… En el fútbol, por ejemplo, ahora exportamos jugadores y entrenadores. Lo de Benítez en el Liverpool ha sido impresionante. Todos los auxiliares están muy preparados, no son solo voluntarios, aunque aún hagan falta en determinados deportes o escalafones del fútbol.

Volviendo a esa Eurocopa del 80, en la fase de clasificación ante Rumanía, usted hizo un regate pasándose el balón por encima de la cabeza de espuela, el mismo que hace Ardiles en la película Evasión o victoria. Es un regate que no se ha vuelto a ver y eso que ahora futbolistas como Thiago o Nilmar abanderan eso que se llama el free-style por las virguerías que hacen con el balón.

Ese regate lo aprendí con 13 años de Saro, un extremo del Salamanca que tenía mucha calidad. Se lo vi hacer y lo copié. Recuerdo que lo hice en ese partido con Rumanía y alguna vez en el Bernabéu y Miljanic, una persona a la que aprecio mucho, me dijo que ese regate era para el circo. Tampoco abusé de él, es un recurso más, en el fútbol vale todo si es eficaz.

O que no humille al rival.

Humillar no, era un regate en una situación extrema en el que no tienes otra salida.

¿Y cuando Cristiano hace esas virguerías?

A mí no me disgustan siempre y cuando se hagan en un tono de normalidad. Aquellos que están dotados técnicamente para hacer estas cosas… Casi todo el fútbol está compuesto de acciones sencillas y su belleza son esas acciones distintas. Me quedo con la sucesión de acciones técnicas de un partido, es lo más bonito del juego para el espectador.

¿No hay victimismo encubierto en el enfado de los que sufren esas virguerías?

No se enfadarán solo por una cuestión técnica hecha en unas circunstancias determinadas del juego, supongo que habrá algo más.

Se acaban de cumplir seis años de la muerte de Best, representaba como pocos el fútbol callejero. ¿Hay algún futbolista en la actualidad que conserve esa esencia?

El jugador más de calle que representa el fútbol de cuando jugábamos en la calle es Messi. De cuando muchas veces éramos tres, uno era el portero y los otros dos se encaraban. Así se aprendía a regatear.

Sin embargo, Messi ha tenido poca calle. Desde muy pequeño ingresó en La Masía.

Sí, pero las condiciones innatas están ahí y le hacen ser el más natural.

Ya no se juega en la calle.

No se puede ir en contra del progreso, nosotros teníamos un balón y ahora los chicos tienen la videoconsola. Pero es bueno que el fútbol se vaya organizando; hay escuelas, hay campos de hierba artificial, campus de verano.

¿Y hay negocio?

Creo que no, los clubes pequeños tienen que cobrar a los alumnos, ya está bien de vivir de las rifas; cobran igual que las cuotas que paga el que hace judo o natación. No creo que se lucre nadie con eso.

No se trata de vivir de rifas, pero sí hay un maltrato al hincha con los estadios llenos de palcos exclusivos y el precio de las entradas. Ir al fútbol se está convirtiendo en un consumo de lujo.

El fútbol es una gran industria, parecía que la llegada del marketing no iba suponer un encarecimiento de las entradas pero ha sucedido. No es nada bueno pero claro, hay grandes contratos y todos los espectáculos a los que vayas valen dinero; y el fútbol, sin perder su esencia de deporte, lo es.

La dimensión que ha alcanzado el fútbol no se contempla sin las clases menos pudientes para las que ahora es difícil ir al estadio.

Sí, sí, aunque imagino que para el que es socio y hace sus previsiones de todo el año no sé si es tan gravoso, lo que sí se ha puesto desorbitado es el precio de una entrada para un partido. Para el socio creo que entra dentro de lo tolerable a pesar de las dificultades de todo el mundo. Cuando hablo de la balanza del fútbol hablo de la parte deportiva, pero la crisis se está notando mucho. El Salamanca, por ejemplo, atraviesa una grave dificultad. Se han perdido sponsors y la crisis inmobiliaria también le ha afectado por presidentes que se dedicaban a ello.

Como director de cantera del Madrid que fue, ¿no es demasiado duro y exigente sacar a un niño de su entorno familiar y meterlo en la residencia de un club?

Nosotros éramos refractarios a sacar chavalines de provincias muy jóvenes, tampoco tuvimos una experiencia muy positiva en eso. Messi es un caso aislado. Aunque los tiempos han cambiado, los clubes se preocupan de su formación y el que es buen estudiante lo sigue siendo en su casa o en un club. No creo que sea duro, son tiempos felices, yo tengo un recuerdo imborrable de esos años en Madrid. De mi formación en el invierno, de ir a clase, de los veranos en los que nos llevaban a Cedeira para hacernos más fuertes en los que nos daban carne, pescado y leche gallega… Naturaleza, montaña.

En uno de sus últimos partidos como jugador en el Bernabéu, Maradona marcó ese gol en el que se paró en la línea de portería y dejó pasar a Juan José.

Una obra que dice el jugador que fue.

¿Mejor que Messi?

No creo que tenga que posicionarme por uno o por otro, no se pueden comparar. A mí me encanta Messi, pero no se puede olvidar todo lo grande que fue Maradona.

¿Qué análisis hace del Messi estelar del Barça al menos decisivo con Argentina?

Hay cuestiones en fútbol que son inexplicables, como cuando un equipo no juega bien y se buscan eufemismos como la actitud porque no sabemos explicarlos. No creo que sea el estilo porque él lo marca, no le encuentro ninguna lógica.

¿Ni siquiera que Argentina no tiene centrocampistas como Xavi o Iniesta?

No digo que no sea eso, pero no es fácil demostrarlo.

¿Y a Torres qué le pasa?

Es otra cosa inexplicable. Ha tenido un recorrido en el Liverpool fantástico, ha cambiado de equipo, supuestamente le debe haber servido de estímulo por haber cambiado de rutina de club. Puede haber una falta de adaptación… no sé. Vamos a esperar estos seis meses a ver cómo va.

¿Peligra su puesto en la Eurocopa?

Tenemos un grupo bastante estable entre los que está él, pero eso no quiere decir que sea intocable. Intocable no, porque tenemos que ser justos con todos los que compiten con él.

¿Será una lista por estados de forma o habrá una mezcla?

Habrá de todo, no quiero ser radical en algunas cosas. Si fulano no juega no viene… A lo mejor ha jugado pocos partidos pero ha jugado bien. Puede que hasta nos venga bien gente que llegue fresca y con reservas. No será lo de “el que no juega no viene”; es relativo.

Ha señalado a Alemania como la gran amenaza.

Siento una gran admiración por el fútbol alemán. Sin perder sus valores de toda la vida han evolucionado, ahora tienen centrocampistas de la misma clase que los nuestros y Löw ha sido el artífice. Además me cae bien, tuvo un comportamiento muy deportivo en la semifinal del Mundial.

¿Percibe que se está copiando el estilo español?

No sé, me parece que si miramos para nosotros sí hay un mimetismo de todas las selecciones inferiores con la absoluta, eso va a ser bueno. Si cuando llegué yo el camino estaba marcado, no creo que cuando en el futuro venga otro entrenador lo cambie.

¿El futuro es Milla?

Claro que puede ser, me cae bien Luis. Creo que lo está haciendo bien y nos llevamos bien, es buen chico y humano, con buenos conocimientos; me alegraría que fuera él pero con esto no quiero decir que tenga que ser, hay muchos entrenadores que también están capacitados.

Milla tiene la ventaja de que se crió en La Masía y fue precursor como jugador del estilo del Barça y del que ahora tiene la selección.

Sí, y lo interpreta bien, lo ha hecho en el campo como jugador; pero no solo es eso, también hay que saber transmitirlo.

De los rivales en la Eurocopa, ¿quién es más Italia ahora? ¿Irlanda con Trapattoni, o los italianos bajo la dirección de Prandelli que apuesta por jugadores más técnicos, incluso bajitos como los españoles?

Trapattoni es admirable, después de tantos años en la élite de los clubes ha devuelto a Irlanda a una gran competición aunque por mucho que quiera no creo que vaya a ir en contra de las características de los jugadores irlandeses. Irlanda va a jugar como siempre un fútbol rápido, agresivo, más o menos estético, pero de gran fuerza y eficacia. Italia ha hecho un relevo generacional, ya tuvimos la experiencia de Bari que en el primer tiempo nos dominaron

Esos cambios de estilo también han llegado a un club por el que tiene simpatía como es el Athletic. ¿Qué le parece Bielsa?

Puedo hablar de la imagen que da. Me falta contenido, no sé cómo trabaja, pero todos los comentarios son positivos, es un entrenador apasionado. El Athletic ha tomado una dirección y la gente que le conoce me habla muy bien de él.

¿Es osado Bielsa al tratar de cambiar un estilo muy arraigado en San Mamés?

Vamos a ver, ya desde hace muchos años el Athletic no era el Athletic que representaba el fútbol vasco, no sé poner la frontera, no sé si fue cuando Iñaki Sáez se hizo cargo de las categorías inferiores. Tampoco se puede hablar de un cambio de hace tres o cuatro años, no digo que algunas veces no hiciera un fútbol más directo. Lo que tiene desde hace tiempo son jugadores de calidad que elaboran fútbol.

¿Ha notado la mano de Bielsa en Llorente y Javi Martínez cuando los tiene en la selección?

No se puede ir contra las características de Fernando, pero es evidente que pueden hacer más cosas. En cuanto a Javi Martínez, es un cambio de posición y también creo que puede jugar perfectamente de central.

Hay una línea imaginaria que identifica entrenadores que tiene que ver con los cambios de posición. Los que se preocupan más de la defensa adelantan a los centrales, Clemente a Hierro, Mourinho a Pepe, y los que piensan más en construir los retrasan, Bielsa por ejemplo a Javi Martínez, Muniain, De Marcos. Guardiola a Busquets y Mascherano…

Normalmente los jugadores tienen un proceso de retroceso, yo empecé de delantero centro, Iñaki Sáez de extremo y acabó de lateral. Lo más normal es que vayan hacia atrás, pero cuando hablamos de Hierro… Más allá de la amistad que nos une… Algunos se echarán las manos a la cabeza, pero para mí ha sido mejor que Beckenbauer en todo; defensivamente, en construcción, como goleador. Él y Pirri, de los centrocampistas defensivos, los más completos que ha habido.

Hierro fue fundamental en Suráfrica porque aportó su experiencia en mundiales para manejar todo aquello que no trasciende en una convivencia. ¿Cómo suplirá ese vacio?

Sería de tontos negar eso, Fernando lo hizo muy bien, formamos un gran equipo, pero como todo en la vida, todos somos importantes y nadie imprescindible.

La victoria en el Mundial no se utilizó políticamente, pero sí se habló de una inyección de optimismo ante una crisis económica que ya asomaba y a la hora de construir un país menos tenso.

No se puede negar que tuvo una repercusión tremenda, pero pretender que de golpe y porrazo por ganar un Mundial el país se una es una bobada.

¿Intuye que ante la dura primavera que le aguarda al país con los recortes que afrontará el gobierno de Rajoy se les cargue con la responsabilidad de darle alegría a un país con más de cuatro millones de parados?

Es normal, vamos a intentarlo, pero esto es solo deporte y el que no lo entienda así es que está muy alejado de la realidad. Por la calle los chavales nos dicen que hay que ganar la Eurocopa. Hay veces que pienso,  joder, estamos criando malos chavales que sólo piensan que la vida es ganar. Vamos a luchar por ganar, claro, pero también hay que educar a los chavales sabiendo perder.

¿La derrota educa más que la victoria?

Hay ocasiones en las que sí, pero también hay que saber ganar, que no es fácil, no herir. En ese sentido, esta selección ha sabido ganar, tanto en 2008 como en 2010.

Hablando de derrotas, ¿qué lectura hace un hombre de izquierdas de la del PSOE en la últimas elecciones generales?

Había una corriente de difícil solución para el Partido Socialista porque hubo un desgaste por la crisis económica que en España afectaba al PSOE en forma de una gran pérdida de votos y que en Italia, por ejemplo, ha afectado a la derecha hasta el punto que han alterado la soberanía al tener que sustituir a Berlusconi por un técnico como Monti. Quiero decir que todo esto no responde a una ideología, sino a la situación económica que se vive en todo el mundo y en Europa especialmente.

¿Sabe que es una prima de riesgo?

Sí, claro, aunque soy profano, pero de algo me entero.

¿Qué le parecen las agencias de calificación?

Pues imagino que son expertos. Creo en las buenas intenciones. Creo en los políticos, por ejemplo; algunos niegan al político por principios, yo no. Creo en muchos de ellos, sobre todo algunos que llegan a ciertos niveles que en la empresa privada ganarían más dinero. En este país la corrupción no es tan llamativa —aunque ha habido—; los grandes líderes, los que nos han dirigido, de uno y otro lado, no se han beneficiado.

Hablando de corrupción, ha estallado el caso Urdangarín, ex deportista de élite y miembro de la familia real.

Tiene una lectura muy positiva: nadie está exento de cumplir las obligaciones con la justicia. Es un hecho relevante de salud.

¿Qué le parece el 15-M?

Son movimientos que siempre que se hagan desde las buenas intenciones, que se intente transformar a la gente y la sociedad sin utilizar la violencia, hay que apoyarlos.

¿En qué punto se encuentra la prensa deportiva?

Prefiero no jugar a eso… Tengo mi opinión, pero no quiero entrar. Tengo periodistas de referencia, hay gente válida, y hay otros que no son referentes, pero que también son ejemplo de lo que no se debe hacer. Soy más de radio, aunque también sigo alguna tertulia televisiva. Tengo mis preferencias, aunque no tengo a nadie proscrito. Creo que es una virtud saber escuchar.

¿Su rechazo a la insignia que le ofrece Florentino Pérez?

No es una insignia, es ser socio de honor. El Madrid no me debe nada de nada, es un asunto que me incomoda, me entristece enormemente y algunos de una forma cerril no se enteran, pero no puedo luchar contra eso y no quiero convencer a nadie. Tengo mi propio pensamiento y no voy a intentar justificarlo ni a decir “lo hago por esto, por esto y por esto”. No voy a entrar a eso. Tengo mis propias manías y a lo mejor no debía de ser así.

¿Pero refleja una fricción con el club?

Con el club ninguna, me lo ha dado todo, es que me parece mentira. A mí nadie me puede enseñar qué es el madridismo porque he luchado por un balón o por ir a por un chaval a las tres de la madrugada, yo que sé. No tengo que dar lecciones a nadie, pero tampoco me las tienen que dar a mí. No quiero roces, pero sé cómo es la vida, tengo mi propio conocimiento de lo que es querer a un club. Quiero dejar sentado que el Madrid no me debe nada, al contrario, hay muchos del club que han hechos cosas por mí impagables e imborrables.

Siempre habla del club, no de sus actuales dirigentes.

Claro, porque el club está por encima de todo, por eso digo que nadie me debe dar lecciones de nada; pero ya sabemos la contaminación que hay en este asunto.

Para finalizar y aliviar tensiones, un poco de gustos personales y, cómo no, su visión a posteriori de el clásico. ¿Le gustan los toros?

Bueno, tampoco me disgustan, no soy aficionado ni un entendido, aunque de chavalín sí me gustaban.

¿Qué opina de su prohibición en Cataluña?

Es un tema complicado, sería bueno que dejaran libertad para el que quiera ir, que se tuviera la posibilidad individual de decidir. Malo es siempre imponer.

¿Y el boxeo?

De pequeño en Salamanca había muchas veladas e iba. Es un deporte en el que hay que dominar una cierta técnica.

¿Era más de Ali o de Frazier?

Me gustaba mucho Ali, que además era un personaje por todo lo que significaba socialmente. Aquí también había granes boxeadores como Pedro Carrasco, o Urtain, a quien conocí. No me imagino que ahora se llene un pabellón como entonces. Recuerdo que ya en Madrid yo vivía en Iglesia e íbamos andando de noche a los combates del Palacio de Deportes.

¿Ferran Adrià o Arguiñano?

De cocina sólo entiendo la de mi madre y la de mi mujer, prefiero los platos tradicionales.

¿Qué lee ahora?

Estoy leyendo un libro de Unamuno, de Salamanca, de su historia. Mi padre siempre me llevaba al cementerio una semana antes de los Santos y siempre pasábamos por la tumba de Unamuno. Desde entonces es un personaje que me ha llamado mucho la atención, un hombre liberal, con respeto hacia los que no pensaban como él.

¿Cómo analiza el clásico?

A mí me encantó, creo que al Madrid le falto ese vértigo de otros días y que el Barcelona supo domar poco a poco el partido.

Guardiola hizo hincapié en el juego de pie de Valdés pese a su error.

Si, y lo comparto. Es como el portero que no va bien por arriba y se queda, yo prefiero que salga.

Suponiendo que Valdés por estado de forma o por lesión desbancara a Casillas, ¿incorporaría a la selección ese arma para jugar desde atrás o lo prohibiría?

Si es iniciación de juego, mientras se pueda me identifico plenamente. Es uno de los detalles que reafirma el estilo, en el Barça hay una falta lejos de su área y no busca un balón largo; y aunque estén rodeados de contrarios sacan en corto. Es su estilo, que lo representa principalmente el medio del campo, y sí hace falta Valdés. Aunque Iker no nos cambia el estilo de la selección.

¿Xabi Alonso se ahoga ante el centro del campo del Barça?

Xabi Alonso está haciendo una temporada fantástica y jamás le echaría la culpa de lo que pasó.

Fotografía: Guadalupe de la Vallina


Carlota Reig: “Hemos endiosado a muchos deportistas”

“Normalmente no voy tan maquillada, pero vengo directa de hacer el Telediario”. Carlota Reig (Madrid, 1984) llega puntual a la Nevera del Ramiro de Maeztu, el legendario instituto por el que Club Estudiantes es tal. Va armada de una de esas sonrisas amplias y sinceras capaces de abrir casi cualquier puerta, lo que unido a sus 177 cm. hizo que el gran Andrés Montes le adjudicara el mote de Julia Roberts. Carlota lleva desde los 24 años frente a las cámaras de LaSexta Deportes y acaba de cubrir el Europeo de baloncesto en el que la selección española resultó campeona, todo un logro para esta periodista de mirada penetrante y dicción impecable. Tras una sesión de fotografía en las canchas, buscamos un lugar tranquilo y apartado de los estudiantes que entrenan y podrían arremolinarse a nuestro alrededor por estar en plena edad de conocer el Mal, y ya lejos del cartel de “No echen de comer a los dementes” conversamos largamente acerca de su profesión y, sobre todo, en lo que respecta al baloncesto.

¿Hubo algún medio, programa o personaje que te inspirara para ser periodista?

Siempre quise serlo, pero no por ningún medio o personaje en particular. Desde pequeñita me gustaba mucho escribir; pero no como un diario, sino reflexiones de las cosas que me pasaban y por qué podían pasarme. Y no sólo por escribir, sino porque también me interesaba mucho la actualidad, lo que estaba pasando en el mundo. Por eso decidí que me gustaría ser periodista.

Deduzco, por lo tanto, que el periodismo deportivo no es tu vocación. ¿Te gustaría trabajar en otros campos?

El deporte me interesa —de hecho los he practicado casi todos— pero también me interesa la política. Empecé trabajando en Real Madrid Televisión y en deportes me quedé. Es algo que me encanta, pero la verdad es que no informas de nada serio, te limitas a entretener. El día del adiós de ETA, por ejemplo, los otros periodistas te dan un poco de envidia sana; me gustaría hablar de eso, no de si Higuaín ha metido más goles con la derecha que con la izquierda.

¿Crees que el periodismo deportivo tiende últimamente a lo fácil?

Sí, son muchos tópicos que al final te cansan. Y no sólo en el lenguaje, estoy harta de escuchar “abrió la lata”. Cuando cojo un periódico deportivo y leo “mejor promedio goleador de Europa”, me aburre. Pero también me pasa con algunos diarios nacionales; llego al final y me doy cuenta de que no he leído ninguna historia interesante.

El otro día, por ejemplo, la portada de un periódico deportivo se centraba en un entrenamiento del Madrid pese a la de historias interesantes que genera el deporte.

Lo que cuenta es el dinero. Si metes en portada que, por ejemplo, Marta Domínguez vuelve a ganar una carrera, puede que vendas un periódico. Si la haces de un entrenamiento del Madrid con Cristiano Ronaldo, Mourinho e Íker Casillas vendes el doble. Por desgracia es así.

¿Te gustaría probar otro medio además del televisivo?

¿Por qué no? Aún no estoy preparada, para escribir tienes que seguir una serie de pautas, pero sí, en algún momento me gustaría escribir. Aunque no de deportes.

¿Cómo ves el papel de una mujer joven como tú en un mundo que tradicionalmente ha sido de hombres?

Ha habido otras mujeres antes que yo que han roto el estereotipo de que tiene que haber un hombre en un campo de fútbol o una cancha de baloncesto. En mi caso, por ser mujer, no he conseguido ni más ni menos. Hay a quien le puede chocar aún que le dé un abrazo o dos besos a los jugadores que me encuentro, pero ¿qué haría un tío? Pues chocaría la mano, daría un abrazo y unas palmadas en la espalda. Quizá queda un poco raro, pero ¿qué más da?

¿Los jugadores te tratan de forma distinta que a tus compañeros?

Creo que no, aunque siempre tienes el puntito de que un hombre le va a prestar más atención a una mujer que a otro hombre, sois así. Estoy convencida de que si un deportista tiene a un lado a un periodista-hombre al que no conoce y al otro a una periodista-mujer a la que tampoco conoce, en el 80% de los caso se va a ir hacia la chica.

¿Existe un tapón generacional que impide a periodistas jóvenes alcanzar puestos de más relevancia?

Presenté mi primer informativo con 24 años, que me parece una pasada. Ahora tengo 27 y me dejan hacer cosillas, pero es que en LaSexta siempre hemos sido todos muy jóvenes. Sí que es cierto que en TVE, por ejemplo, los periodistas duran y duran. Caen gobiernos, cambia el siglo y siguen los mismos presentadores. Cosa que no me parece mal, pero no hay relevo. En la radio ahora también hay muchas mujeres. Están Àngels Barceló, Julia Otero… Pero sí, me gustaría ver, además de a mujeres presentadoras, a mujeres mandando. En LaSexta, por ejemplo, apenas hay. Tenemos una editora que rige los contenidos, pero los tres grandes jefes de la cadena son chicos; estaría bien que hubiera alguna chica ya que somos casi todo mujeres.

¿Cómo analizas el creciente sensacionalismo que últimamente rodea a muchos programas deportivos?

A mí no me gusta, pero entiendo que es entretenimiento y el deporte no tiene que ser serio. Una cosa es que en un campo muera un deportista de un ataque al corazón o pase algo en la IndyCar como pasó hace poco. Pero si no, te estás dedicando a entretener. Intentas que la gente pase un buen rato entretenida e informada sobre deporte. Por lo tanto, sensacionalismo, depende.

¿Notas en la prensa en general un cierto amarillismo? ¿La prensa deportiva se ha convertido en prensa del corazón para hombres?

Sí, pero es lo que quiere este país. LaSexta hizo un especial de Al rojo vivo sobre el adiós de ETA mientras al mismo tiempo en Telecinco emitían Sálvame; la diferencia de audiencias fue brutal. Piensas que en España a nadie le interesa que una banda terrorista deje las armas, que interesa más qué le pasa a Belén Esteban por la cabeza. Es triste, pero es el país en el que vivimos.

Parece que prefiramos otros medios cuando lo que queremos es mera información.

Puede ser. Lo primero que hago por las mañanas es entrar en Twitter, ver qué ha pasado. Sigo, además de amigos, a periodistas y agencias de noticias; es como un teletipo. Me gustan los informativos, pero para ver cómo lo cuenta cada uno, es algo periodístico. Ahora mismo si te interesa buscar información o saber qué ocurre en el mundo vas a internet y está todo.

¿Crees entonces que en la televisión van a desparecer los informativos como tal?

Quedan muy pocos informativos que se dediquen sólo a informar. Prácticamente todos son una especie de magacín. Tienes información seria de política, pero también te meten reportajes sobre Halloween. Sólo es diferente en TVE, pero porque es como una burbuja; siguen haciendo las cosas igual que hace 20 años. Han evolucionado y han ido mejorando, pero siguen trabajando como se trabajaba antes; son los que aportan más información pura y dura. El resto intentan dar otro tono. El de LaSexta, por ejemplo, me parece más fresco, pero es verdad que no te informas.

¿Cuál debería ser la función de un periodista?

Aparte de informar y entretener, debería ayudar a mejorar cosas, sobre todo mediante la denuncia. Por ejemplo, lo que ha ocurrido en Libia y en Egipto ha sido gracias a los medios de comunicación. Si en la otra parte del mundo no estás viendo cómo está la plaza de Tahrir, no te crea una conciencia que te hace ver que están oprimidos y que necesitan ayuda. Y eso lo hace un medio de comunicación. Sirve para denunciar injusticias aquí o en cualquier sitio.

Es decir, para actuar como el cuarto poder que se supone que es. ¿Crees que está muy sujeto a los otros poderes, por lo que estamos lejos de conseguirlo?

Creo que hay esperanza. Atravesamos un período muy complicado, sobre todo por las elecciones que se avecinan, pero normalmente un medio de comunicación o un periodista tiene que ejercer un control sobre el poder. Si nadie informara de nada algunos políticos seguirían robando. No creo que estemos a años luz de esa situación. Francisco Camps, por ejemplo, dimitió por presión popular, y eso lo logran los medios de comunicación. Pero por ejemplo con lo de Blanco, lo de los 200.000€ del primo, lo está sacando todo un medio de comunicación; me pregunto hasta qué punto ese medio tiene interés en cargarse a Blanco. Hay que lidiar con todo. Pero no estamos tan lejos.

¿En la universidad se forma correctamente a los periodistas?

Depende. Yo tuve algunas clases que me sirvieron de mucho y otras que absolutamente nada. Además, a partir de tercero casi ni pisé la universidad. Me acuerdo de un profesor que nada más entrar dijo “¿Tú qué quieres ser?” Uno contestó “Periodista deportivo”. Y le dijo “Pues coge una cámara, vete a un estadio de fútbol y busca una historia curiosa. En esta universidad no pintas nada, no vas a aprender nada.” En cierto modo es verdad, para que te cuenten la Historia del Periodismo y poco más.

¿Qué opinas de que en la mayoría de los puestos más mediáticos —tertulianos y opinantes— , tanto en radio como en televisión, estén copados por gente ajena a la profesión?

Me aburre bastante ver a periodistas hablando sobre algo, porque al final solo son periodistas. Sobre una trama corrupta en política, por ejemplo, prefiero que me hable un político. Igual que en deporte, me aburren las tertulias de periodistas hablando de fútbol. Es verdad que los jugadores, a veces, no tienen mucho que decir, pero siempre es más interesante.

Si fueras la dueña de un gran emporio, ¿cómo sería tu medio de comunicación perfecto? ¿Qué crearías?

Probablemente, con lo tiempos que corren en los que al papel le queda poquísimo y en la tele la competencia es durísima, sería una agencia de noticias a través de internet, con perfiles individuales en los que el usuario pudiera seleccionar lo que le interesa. Creo que hacer previsión para las masas o el público en general ya no vale. Tienes que centrarte en un determinado sector, más individualista, como los canales de pago.

¿Cómo recuerdas a Andrés Montes delante y detrás de las cámaras?

Era un fenómeno, pero coincidí muy poco con él. Estuve los últimos 15 días en Polonia, que fue su último Europeo con LaSexta; al poco de regresar murió. Era una persona que impresionaba bastante. Mucha gente me preguntó si se había suicidado, y yo decía que no, pero que no me extrañaba que hubiera muerto porque al salir de los pabellones íbamos caminando a cenar y él, que creo que tenía tres by-pass, no podía dar dos pasos sin descansar. Y delante de las cámaras, narrando un partido de baloncesto, era un genio, el mejor. No ya sólo por los motes, lo hacía divertido. Un partido que podía ser un coñazo te lo contaba de otra manera. Además era un tipo muy peculiar, se ponía a hablar de música, era muy culto… me gustaba mucho. Ponía motes a todos. A mí, desde el primer día, me llamaba Julia Roberts. Estaba cenando tranquilamente y se dirigía a mí como Julia.

¿Y la química con Daimiel?

Muy bien. Cuando Montes murió Daimiel estaba tocadísimo. Andrés hablaba muchísimo de Daimiel. Salió del Plus hacia laSexta porque le hicieron un contratazo; pero él mismo, cenando, siempre estaba “porque con Daimiel… con Daimiel…”. Un fenómeno.

Hablemos un poco de la actualidad del baloncesto. ¿Qué opinas de los fichajes por parte de clubes europeos de jugadores afectados por el lockout de la NBA? ¿Pueden quedar descompensadas cuando éstos se marchen?

Como marketing me parece brutal. Tener en la liga a los Gasol entrenando con el Barça y en el Madrid dos NBA como Ibaka y Rudy Fernández es una pasada. Pero cuando se vayan va a ser un problema, sobre todo en el caso del Madrid. Rudy solo está levantando un montón de partidos pero, cuando no esté, ¿qué vas a hacer? Si se alarga mucho el lockout puede valer, pero lo cierto es que la temporada ACB no vale para nada, ni ser primero te da demasiado. Hasta los playoffs no se decide nada y la temporada regular prácticamente no cuenta. Veremos hasta cuándo dura.

¿Y el caso concreto de Ibaka, que es para sustituir a un lesionado?

Ése sí me parece un buen fichaje, porque es un tío que atrae a gente al pabellón y va a aportar cosas en defensa que hoy por hoy no puede aportar mucha más gente. Me parece un fichaje muy bueno.

El Barça dice que descarta los fichajes del lockout, pero se comenta que intentó fichar a Ibaka que, de hecho, es del Barça, y a Rudy. ¿Ésta es la primera victoria del Madrid en los despachos desde el fichaje de Sabonis?

Sí, en mucho tiempo. A mí me ha llegado que el Barça se interesó por Rudy. Y también es verdad que el Barça ha dicho que descarta hacer fichajes, pero si en enero sigue el lockout me extrañaría mucho que no intentaran fichar a Gasol. Oye, que si no lo quieren, alguien lo fichará. Eso de que no se meten en fichajes de lockout no me lo creo. No se meten porque no han podido.

¿Hay algún equipo en Europa que pueda ganar a un Barça con los Gasol?

Creo que es imposible.

¿Crees que Mark Cuban permitiría a Rudy romper su contrato para jugar en España toda la temporada?

Lo veo muy difícil. Mark Cuban es un tipo bastante especial y creo que está esperando a ver cómo juega. Hizo unas declaraciones cuando terminaba la pasada temporada diciendo que le gustaría verle, que cree que podría ser titular. Y el propio Rudy quiere ver qué hay de cierto, porque ¿a qué jugador no le gustaría triunfar en la NBA?

¿En la NBA entrará en la rotación igual que en Europa o será más un especialista tipo “microondas”?

No creo que pueda tener la repercusión que tiene en Europa, y él lo sabe, porque allí cuesta confiar en un jugador extranjero. Y además, pese a que el año pasado tuvo más minutos, llega a un equipo veterano pero campeón y creo que su posición está bastante cubierta. Pero allí hay partidos cada tres días, hay lesiones… hay que ver cuándo empieza la temporada y si al final Rudy se va o no.

¿Crees que Ricky Rubio se puede adaptar bien al juego de Adelman en Minessotta con un juego como el de los Sacramento Kings de Bibby?

Ricky necesita libertad para jugar; en los sistemas muy esquematizados, basados en el libro de jugadas, está más atado. Ha de ser creativo porque tiene más talento que nadie y cuando lo quiere sacar no hay un base mejor que él, pero los sistemas le agobian bastante. En la selección española, por ejemplo, juega maniatado, y tanto él como su familia están contentos porque en la NBA va a tener más libertad de juego.

¿Los esquemas de Xavi Pascual en el Barça eran demasiado rígidos para él? Porque los resultados del entrenador son innegables.

Sí, los resultados de Pascual son innegables y tiene gente en la plantilla como Navarro, por ejemplo; conseguir eso no es fácil. A Ricky le afectó mucho el momento de si se iba o no, tomar la decisión, se metió mucha gente por medio, el Madrid estuvo a punto de ficharle, al final acabó en el Barça, él es del Espanyol… Creo que, una vez allí, después de la vorágine, no supo recuperarse, y la decisión de la NBA le afectó un montón, por eso me parece magnífico que se vaya ahora.

Hoy en día todos sabemos casi con seguridad quién va a llegar a la Final Four de la Euroliga. ¿Crees que un sistema imitando al de la NBA con límites salariales, sin descensos, etc, igualaría la competición o el hecho de ser el Madrid o el Barça siempre te dará ventaja sobre el Alba Berlín?

Creo que dará ventaja, pero es algo que nunca se sabe. El año pasado el Bilbao Basket ganó al Madrid en los playoffs de la Liga ACB, cuando te juegas la temporada. Y la diferencia de presupuesto es brutal. El otro día me decía Sergio Scariolo, que ahora está con el Armani Jeans, que no son competitivos porque han de jugar con un mínimo de italianos. Pues estuvo ganándole al Madrid de 10 o 12 puntos.

¿Matará la Euroliga a la ACB?

O la ACB espabila o… no sé qué vuelta le pueden dar, porque yo lo he estado pensando y no se me ocurre, pero tienen que hacer algo; tienes un montón de partidos que sabes que no te valen para nada.

¿Qué milagro tiene que hacer Querejeta para ganar la Euroliga con Baskonia?

Es raro. Creo que al final les falta competitividad en los momentos clave, porque será por jugadores… Los jugadores que ha tenido el TAU han sido espectaculares: Luis Scola, Pablo Prigioni, Thiago Splitter, Marcelinho Huertas… Es verdad que el año pasado les tocó un grupo difícil, pero vi los partidos en los que cayó eliminado y parecía que había ansiedad.

¿España puede quitarle el oro a Estados Unidos en unos Juego Olímpicos?

Espero que en Londres 2012, porque no creo que a Pau, a Navarro o a Calderón les queden muchos más campeonatos. Era muy curioso porque en el Europeo no te decían que querían ganar el campeonato, sino desde el primer día querían llegar a la final para meterse en las Olimpiadas, era su objetivo. Y es que ya tienen una plata, pero un oro ante EEUU sería una pasada.

¿Qué parte de responsabilidad tiene Scariolo de la victoria en este último europeo?

Mucha. El último partido me pareció impecable. Es verdad que en otros partidos, en algunos tiempos muertos, jugadas decisivas o últimas posesiones no había estado muy acertado. Pero es que no es fácil, es un equipo en el que todos están acostumbrados a jugar. Llull, en el Madrid, juega casi todos los minutos; en un momento sentó a Pau y éste se enfadó; no es fácil lidiar con estas estrellas. Muchos dicen que en la selección manda Pau, y es verdad, pero hasta determinado punto. Hay un entrenador que les coloca, que les cambia jugadas… creo que es un buen entrenador para la selección.

¿Qué debe de decir Carlos Suárez cuando ve a Rudy defendiendo a “treses” altos?

Pues Rudy no lo hizo mal, pero es que lo de Carlos Suárez fue un poco raro: cuando fue descartado, salió diciendo que Scariolo le había prometido contar con él. Yo dudo que Scariolo le prometiera nada, es imposible. Si tienes catorce plazas te quedas a Suárez, porque es el único “tres” puro de la selección, pero con doce… ¿dónde cabe Suárez ahí?

¿Para ti Víctor Claver es un “cuatro”?

Scariolo lo ponía de “cuatro” y él se perdía bastante, mientras que en el Valencia juega de “tres” y se le da mejor, pero creo que a Claver lo que le pasa es que en la selección no termina de decir “aquí estoy yo y puedo aportar esto y eso”. Y es que en ninguno de los campeonatos a los que ha ido ha conseguido aportar nada más que tres minutos.

Pero promete, porque cuando se pone a jugar es una máquina.

Sí, porque en el Valencia sí lo hace.

¿Navarro hubiera llevado a la selección española donde está si no existiera Pau Gasol?

Creo que en un 90% sí. Navarro es un jugador imprescindible. En este Europeo, donde ha acabado como MVP, sobre todo en los últimos tres partidos, todo el ataque ha sido suyo: partidos de 35 puntos, una locura. Y los momentos en los que Pau estuvo más flojo del tobillo por la lesión el peso lo llevó Navarro. Aun con Pau al 100%, si no tienes a alguien como Navarro, Pau no te gana siempre él solo los partidos.

También un gran cambio en defensa de Navarro, porque recuerdo aquellos tiempos en los que metía 30 puntos y no ganábamos nada.

Es verdad.

Hace poco subiste una foto a Twitter de Ibaka y Mirotic jugando juntos en el Madrid. ¿Lo veremos alguna vez en la selección española?

Por lo que me dicen de la Federación, ya están trabajando en ello. Me parece genial, no tengo ningún problema en que haya jugadores nacionalizados que provengan de otros países. Todos suman y prácticamente se han criado aquí. Su baloncesto y formación es española.

Teniendo en cuenta que al que botarían de la selección sería a Felipe Reyes, ¿qué crees que les puede hacer un animal como él en los entrenamientos del Madrid de este año?

(Risas) No creo que fuera necesariamente a Felipe. Este año fue Felipe quien dijo que quería ir, y por eso le convocaron. Nadie pensó en prescindir de Felipe, primero le preguntaron si quería venir.

Si fueras seleccionadora de cara a los Juegos de Londres, ¿mantendrías a Felipe y te cargarías a Claver para que lo sustituyera Mirotic? Porque los Gasol van a ir.

Sí, me cargaría a Claver.

¿Es mejor Mirotic que Claver?

A mí me gusta más.

La selección española de baloncesto, tanto masculina, como femenina, juveniles, en silla de ruedas… no para de ganar medallas verano tras verano. ¿Cuál es el secreto del éxito de la Federación?

Se preocupan mucho por el equipo. Ni siquiera Estados Unidos en el pasado Mundial llevaba a tanta gente como España. Al menos en la absoluta, que es lo que conozco yo. Dos fisioterapeutas, un médico, uno de prensa… y la propia Federación lo dice, que se apuntan tantos jugadores porque les dan muchas facilidades. Saben que van a estar cuidados todo un mes, les encanta porque para ellos es como un campamento de verano, se van con sus colegas a jugar unos partidos, y encima ganan porque son muy buenos. Lo tienen todo: masaje aquí, masaje allí, máquinas especiales… por eso van tantas estrellas NBA, que no es fácil. En otras selecciones renuncian, o dicen que es que acaba de nacer su hija. Navarro lleva diez veranos yendo con la selección, sin estar con sus hijas, y por supuesto que quiere estar con ellas.

Cuando llegó Colangelo a USA Basketball dijo que la idea era imitar a España. Por algo será.

Claro, y además Colangelo siempre está en los campeonatos. Recuerdo una charla con él hace unos veranos, no recuerdo si fue el pasado Europeo o Mundial, en las que también estaba Calderón, que estaba lesionado, y éste decía que él iba allí con su preparador pero además estaban los fisios de la selección. Es que esto no lo tiene ningún otro equipo.

Y es el más europeísta de todos los “general manager” americanos.

Sí, es verdad, es muy majo.

¿Qué será del basket femenino en España cuando se retire Amaya Valdemoro?

Muy poca gente se había fijado en el baloncesto femenino y entonces pareció Amaya con su cinta de la bandera de España, que la veías y decías “Es Rafa Nadal, pero en tía y en baloncesto.” Ahora está con las dos muñecas rotas y estuve el otro día en su casa para un reportaje. No puede hacer nada, ni ir al baño, ni ducharse sola, con 35 años. Tiene una especie de museo lleno de trofeos en su casa y una foto muy curiosa, en la que están ella y Pau muy jóvenes. Y es que está casi a la altura de Pau.

¿Hasta dónde llegaría la selección española si fuera una franquicia NBA?

Sería un equipo bastante potente. A la actual la meto en playoff. Nuestro quinteto titular es quinteto NBA. Metes a los Gasol juntos, a Rudy, a Calderón, Ibaka desde el banquillo, Navarro…

¿Cuántos partidos tendrá la liga regular de la NBA este año?

Yo creo que el lockout no va a durar mucho. Me ha explicado el propio Calderón que a los jugadores les dan muchas charlas sobre cuánto dinero van a ganar; sientan a los recién llegados o a los que les van a poner un salario muy alto y les ponen una persona para gestionarlo. Por ejemplo, si se casan, que hagan separación de bienes, que no se metan en muchos líos de empresas, cosas así. Hace poco estuvimos con Pau en La Rioja y nos dijo que era imposible que el lockout durara mucho, porque los jugadores se gastan muchísimo dinero y no van a poder estar muchos meses sin cobrar.

¿Cómo puede influir una temporada corta y compensada en el equilibrio de poderes de la NBA? Decía Rajon Rondo que a su equipo le iba muy bien, debido a la alta media de edad de la plantilla. ¿Le da esto una última oportunidad a Boston de ganar el anillo?

A mí me impresionó el palo que se llevaron los Celtics el año pasado. Kevin Garnett, por ejemplo, no espabiló hasta los últimos partidos. Y es que los Celtics son Pierce, Garnett, Allen y Rondo, que es el único joven de los importantes. Por supuesto, si hay pocos partidos los Celtics van a a ser unos de los beneficiados.

¿Ganará Lebron James un anillo alguna vez?

Seguro. Tiene equipo.

¿Qué opinas de él?

Me parece un jugador bastante chulo. Una persona que lleva un tatuaje en la espalda que dice “el elegido” tiene un problema. Puede ser muy bueno, pero no sé hasta qué punto decírtelo tú mismo y retar a la grada cada vez que metes un punto diciendo que eres el mejor es conveniente. ¿Luego qué pasa? Pues que llegas a los playoff, el momento de la verdad, y no haces nada, que es lo que sucedió. Su equipo, Miami, perdió por él, porque tuvo un bajón. Eso quiere decir también que es un jugador muy bueno, vital, pero que si se le va la cabeza te quedas sin equipo.

¿A qué equipo tiene que ir Steve Nash para conseguir un anillo?

Dallas le habría ido muy bien. Tiene pinta de que este año va a saltar de Phoenix, lo que pasa es que allí le quieren muchísimo. No lo sé, porque se podría pensar que quizá a los Spurs, pero es que Tim Duncan ya está llegando al final de su carrera en la élite. Quizá le pondría en un equipo nuevo. ¿Por qué no con Ricky? Te lo llevas a los Timberwolves, que han cogido a los primeros del draft y tiene allí a un veterano para hacer jugar a los nuevos, y de paso aprende Ricky; como pasó en Chicago. Estaba fatal hasta que apareció Rose, y un jugador es capaz de levantar un equipo. Te metes en playoff, y si ahí suena la flauta…

¿No lo ves como sustituto de Fisher en los Lakers?

No. Luego seguro que me equivoco y pasa lo contrario.

Que quede claro que se trata de periodismo-ficción.

Si es periodismo ficción, entonces prefiero a Calde en los Lakers.

¿Quién va a ser el próximo español en la NBA?

Creo que será Mirotic.

El primer partido de la final de la última ACB en TVE tuvo 614.000 espectadores (4% share), mientras que la final del Eurobasket en LaSexta tuvo 4,7 millones (31,4%). ¿Dónde está el problema?

Creo que además de cómo trate el medio a las retransmisiones también influye el equipo. Ver a la selección es muy goloso. Sería injusto decir que es porque lo hacemos mejor, porque no es lo mismo ahora, con los Gasol jugando una final, que antes. Pero a mí me pareció un error que el primer partido suyo no fuera el debut de Rudy. Tienes a un NBA que ha firmado por un pastón. ¿Cómo no abres con ese partido? Yo no lo entiendo, pero supongo que hay gente en TVE y Teledeporte que se dedica a pensar eso y tendrán sus razones.

La semifinal del europeo entre Francia y Rusia en Marca TV tuvo 590.000 espectadores y un share del 5,7%, que es más que el primer partido de la ACB que comentaba antes. ¿No habíamos quedado en que el básket era un deporte para unos pocos entendidos y que realmente no llega a la masa? ¿Hay 600.000 entendidos que ven unas semifinales en las que no juega España?

Pero es que creo que Marca lo hizo muy bien. Y volviendo a lo de Teledeporte de antes, el otro día debuta Ibaka, y yo no lo vi por la tele, pero según me contaron no hubo ni un solo plano corto de Ibaka, no tienes la reacción del público… no sé, me parece que no tratan excesivamente bien el producto, que es supergoloso teniendo aquí ahora a jugadores NBA. Sabiendo lo que comentábamos antes, que la temporada regular no vale para mucho, ¡explota eso!

En la NBA los periodistas pueden entrar al vestuario, pinchan a los entrenadores en los tiempos muertos para oír que dicen… ¿crees que eso se podría importar para mejorar el producto?

Claro que sí. Pero no sólo en baloncesto, también en otros deportes. Me parece algo de locos que puedas hablar con Fernando Alonso tres minutos antes de subirse a un coche a 300 por hora y que no puedas hablar con un jugador de fútbol diez minutos antes de saltar al campo porque se va a desconcentrar. ¿Estamos locos? Hemos endiosado a muchos deportistas, y eso es un problema, porque cuando les pides que se salgan de lo que están acostumbrados te dicen que no.

¿Qué podría hacer la ACB para mejorar las audiencias? Y no tires para casa, aparte de llevarse las retransmisiones a LaSexta.

Oigo mucho rumor, pero no sé si se lo van a llevar a LaSexta. Tal y como estamos, con la crisis y a las puerta de una fusión, no sé hasta qué punto se va a hacer. Incluso me parece que a Teledeporte todavía le queda un año, no tengo muy claro cómo está lo de los derechos. Creo que han de crear un sistema de competición distinto en el que cada partido sea trascendental. Yo los veo, me gusta la emoción de cada partido, pero también veo los de fútbol porque sé que si pierden son tres puntos menos y la Liga se les escapa.

¿Abogarías por eliminar el playoff?

O un formato que sea un playoff contante. No sé si para eso se tendrían que quitar partidos,o algo que te haga decir: “Bueno, de acuerdo, voy a ver 30 partidos, pero van a valer para algo.”

Parece que las audiencias de la ACB mejorarán con los fichajes del lockout, pero ¿crees que se mantendrán cuando esos jugadores se vayan? ¿Se conseguirá enganchar a la gente?

No sé si será definitivo, pero ahora está atrayendo gente. Que se queden es difícil, aunque aparte hay mucho seguidor de baloncesto que no soporta la NBA. Pero también hay mucha gente que, por lo general, no entiende gran cosa de baloncesto, que han empezado a verlo ahora que hay NBA. Así que a lo mejor éstos se quedan un poquito más.

¿Eres de NBA o de baloncesto europeo?

Me gustan mucho los dos, no sabría quedarme con uno. Es verdad que la NBA es la locura, un ataque sin defensa, jugadas más espectaculares; sin embargo el baloncesto europeo está más pensado, es más táctico.

¿Qué se siente gritando la palabra “cojones” en prime time ante cuatro millones de espectadores?

No me di cuenta. Es decir, fui consciente al decirlo, pero no me di cuenta de lo que había pasado hasta que salí y vi que me había reventado el móvil: llamadas, mensajes, Twitter… en seguida dije: “Madre mía”. Pero bueno, estaba mi jefe allí, que es un loco del baloncesto, y se rió, así que bueno… Llevábamos en directo en el pabellón desde las cinco de la tarde, eso fue hacia las diez y media, acabas de ganar, de estar en el vestuario donde te han tirado agua… La historia fue que yo entré en el vestuario y me dijo Navarro que en un momento podría volver a entrar, pero que saliera que querían hablar ellos un minuto. Pero yo estaba con Scariolo dentro del vestuario listos para entrar en directo y preguntarle tres cosillas. Entonces Navarro empezó a tirar agua y yo me salí, como me había pedido, y justo en ese momento me dijeron: “¡Venga, Carlota, hablando!” Y lo que dices es “No, tío, llevo media hora esperando a que me des paso y ahora no puedo.”

Leído en los foros de acb.com: “Apenas sabe de basket, no sabe de geografía, no sabe contar, de sentido común va escasa. Puede tener más habilidades, pero eso queda en el secreto de su entrevista de trabajo.” ¿Se hubiera escrito esto de Carlos Reig?

No, pero también es cierto que, al ser mujer, se fijan en otros aspectos, pero a mí me preocupa cero, porque no me he parado a leer los foros, ya que sé cómo funciona esto. Cuando empecé miré alguno y, la verdad, mejor no gustarle a todo el mundo, porque entonces tienes un problema: eres plano, inane, no dices absolutamente nada. Mejor recibir alguna crítica. Y esto, personalmente, no lo leo. Hace un tiempo en Twitter, durante una discusión con un tipo sobre una información, me dijo que tenía 16 años. Claro, es que estás hablando con gente de 16 años que se sienta ahí y ¡venga! A mí, desde luego, ningún foro me va a decir cómo tengo que hacer mi trabajo.

¿Por qué todas las presentadoras de LaSexta son jóvenes y bellas en una cadena que mantiene en nómina a Antonio Lobato, Mel Otero o Berto Romero?

Me encanta compartir cadena con Berto, me parece un crack. LaSexta empezó como una nueva moda, por así decirlo, de la periodista mujer, y yo soy fan absoluta de Mamen Mendizábal, me parece una periodista acojonante: cómo cuenta la información, lo que sabe, qué puede aportar… y resulta que además es muy atractiva. Es cierto que también hay mucha moda de poner una presentadora guapa que no tiene mucho que decir pero que, bueno, tiene muchas aptitudes para trabajar en la tele, que se come la cámara, por así decirlo. No estoy muy a favor porque puedo ser perjudicada en algunos momentos, pero el negocio es ése.

¿Y por qué con los hombres no? También hay periodistas muy atractivos con cuerpazo y no se les señala por eso.

A lo mejor es por esta peculiaridad de cierto tipo de hombres, igual que llegan Carnavales y se disfrazan de mujer, cada vez que sale una mujer en la tele opinan de ella. No sé, yo cuando estoy en mi casa y sale un tío no me pongo a escribir a ver con quién se ha acostado para tener ese puesto. Me da igual, si es guapo, pues mira, mejor, pero a mí me interesa más lo que me vaya a decir que su belleza.

Esta pregunta no va por ti, sino por el medio en general. ¿Es Twitter el juguete de los malos periodistas?

No lo sé. Yo meto cosas de deporte y política, pero sobre todo son apreciaciones personales, pocas veces he puesto información. Lo usé mucho, eso sí, con la selección. Pero es verdad que nos fiamos mucho de Twitter. Mañana puedo escribir que me acabo de cruzar a Rubalcaba y Rajoy discutiendo ferozmente en plena calle; la gente lo empieza a retwittear y al final has creado una noticia de la nada por lo que, en ese sentido, puede ser un peligro.

¿Qué haces en los ratos muertos, cuando estás tantos días fuera de casa siguiendo a la selección?

Me llevo libros, mi portátil… me gusta estar tranquila en mi habitación escuchando música, porque la verdad es que no tienes muchos ratos libres. Quizá dos o tres horas por la tarde, pero luego estás que si un entrenamiento, un partido… Yo tenía que hacer cosas cada día para los dos informativos, y luego los partidos. Y muchas veces te vas a ver un partido, porque si es un europeo están los mejores jugadores y te apetece verlos. Pero sí, fuera del baloncesto, leer. Me llevé 100 años de cosa nostra, de Eric Frattini, porque me interesa mucho el tema de la mafia, y estoy con El pintor de batallas, de Pérez-Reverte, que me lo recomendaron y me parece un libro espectacular.

¿Sigues alguna serie de televisión?

Estoy con Los Soprano y terminé, allí precisamente, The Wire.

¿Qué te pareció?

Un escándalo. Buenísima. De hecho, estuve en Baltimore y me arrepiento de no haberla visto antes porque tengo ganas de volver, pasearme por las calles…

Un sitio curioso para hacer turismo.

Después de ver la serie me apetece mucho volver.

Te íbamos a preguntar algo de música, pero ya sabemos que Coldplay, así que…

No, me gusta mucho Coldplay, pero también me gusta mucho la clásica, me relaja mucho; también la música celta, me encanta el piano…

¿Lo tocas?

No, ni una tecla, pero siempre me ha llamado mucho la atención. Me hubiese encantado aprender y aprenderé algún día. Me gusta un poco de todo.

Dime tus tres libros favoritos, que te gustaría releer.

Génesis, El hombre en busca de sentido y me está gustando mucho el de Reverte, pero no me quiero lanzar porque aún no me lo he acabado y quizá me decepcione al final; así que el tercero sería El perfume.

Ahora, para terminar, te vamos a hacer la clásica batería de preguntas del estilo “quieres más a papá o a máma”: ¿Bombitas de Navarro o “fadeaway” de Nowitzki?

Bombitas de Navarro.

¿El gol de Iniesta en la final del Mundial o el tiro final de Jordan en Utah?

El gol de Iniesta.

¿Magic o Stockton?

Magic.

¿Petrovic o Kukoc?

Petrovic.

¿Ramón Trecet o Andrés Montes?

Montes.

¿Daimiel o Segurola?

Segurola.

¿Estudiantes o Joventut?

Joventut.

¿Cichi Creus o Alberto Herreros?

Creus como responsable de sección y como jugador, sin duda, Herreros.

¿Aíto García-Reneses o Pepu Hernández?

Pepu.

¿Lakers o Celtics?

Lakers.

Fotografía: Guadalupe de la Vallina