Rosa María Mateo contra el ruido y la furia

Archivo RTVE

Ha sido una de las profesionales más importantes de la historia de la televisión de España. En los cerca de cuarenta años que estuvo en antena demostró que se puede informar con rigor y compromiso —sin desprenderse de su propia personalidad— en los servicios informativos de Televisión Española y Antena 3 Televisión. Sin embargo, en 2003 desapareció de forma repentina de la pequeña pantalla.

Su popularidad fue inabarcable desde que empezó a presentar Informe semanal en 1974, «el único programa informativo que ha ganado dinero en la televisión, porque los programas informativos pierden dinero siempre», cuenta la propia Rosa María Mateo. Ahora vive en paz, en Boadilla del Monte, junto al actor Miguel Rellán. Modera coloquios, debates, participa en conferencias, rueda cortos como actriz y cuida del jardín de su casa. Es común verla en los llamados Encuentros con el Público del Teatro Español. «El otro día pusieron Las troyanas, de Eurípides. Lo estuve leyendo y me di cuenta de que seguimos siendo igual. Creo que los seres humanos, desde que nos bajamos de árbol, hemos cambiado muy poquito», apunta reflexiva.

Los años universitarios del teatro

Su vida fue un cambio constante desde el principio: a los quince días de vida (nació en Burgos, en 1942) su familia se la llevó a Madrid siguiendo el destino que le correspondía a su padre, militar de profesión, que también hizo que fuese a Valencia tres años después. Allí empezaría a estudiar Derecho.

Cuando entró en la facultad tuvo claro que quería hacer teatro, así que preguntó quién era el director del TEU (Teatro Español Universitario). Resultó ser Pepe Sanchís, estudiante de Filosofía. Se acercó a él y le contó lo mucho que le apasionaba subirse a las tablas. Un día, Pepe montó Antígona. «A mí me dijo que si quería hacer de Ismene, la hermana de Antígona, pero me parecía una imbécil absoluta y una cobarde. Antígona respondía al tipo de joven que lo quiere todo ya». Allí coincidió con el cantautor Raimon, que hizo de Heón, el novio de Antígona. «En los ensayos cantaba “Al vent” con la guitarra. Todavía estaba en la facultad estudiando Filosofía», detalla.

Estudiando Derecho solo había diez mujeres. Corrían los años sesenta. Rosa María Mateo, con una clara postura feminista, recuerda que la cifra no varió en todo el tiempo que estuvo en la facultad: «En general, las mujeres estudiaban Magisterio o Periodismo. Y la Iglesia tenía una carrera de Periodismo que duraba tres años, pero yo creo que la establecieron para tener controlada a la gente que iba a escribir en los periódicos». De entre todas, Filosofía era la carrera en la que más mujeres había: «Creo que eso es porque era una carrera más femenina y Derecho una más masculina. Además, en Filosofía se podía ser profesora y tener otro tipo de salidas. Se suponía que la cultura era menos productiva económicamente, por eso los chicos no querían estudiar Filosofía, porque no era una carrera con grandes salidas, entonces iban a ganar menos dinero. Las mujeres siempre se han dedicado a las profesiones peor pagadas».

Ahora lo piensa y confiesa que le hubiera gustado más estudiar Filosofía, pero también piensa que Derecho es una carrera bonita, salvo algunas asignaturas: «El derecho administrativo, por ejemplo, me parece un peñazo absoluto», reconoce con hastío. Se preparó las oposiciones y tuvo que terminar en Madrid dos asignaturas que le quedaron. Hasta que acabó, pasaron diez años. También se examinó en la Escuela Oficial de Cinematografía: «Hice el examen embarazada. Fue en octubre o noviembre y mi hijo nació en enero». Pasó el examen, pero se aburrió y acabó marchándose después de un tiempo.

La primera vez que pisó un estudio de Radio Nacional de España no fue en calidad de periodista, sino de actriz de radioteatro, en Valencia. «Como lo hacíamos por la noche tenía que acompañarme mi hermano, porque mi padre no me dejaba salir de casa a esas horas (entre las nueve y las diez)».

Érase una vez… una locutora de continuidad

Archivo RTVE

Al aprobar las oposiciones, Rosa María Mateo inicia en 1966 una nueva etapa en la segunda cadena de Televisión Española como locutora de continuidad. «Era una tontería de trabajo. Entraba a las seis de la tarde o así y me marchaba a las doce de la noche. Estaba en una salita pequeña con las niñas de la primera cadena. Me quedaba sentada, pintadita, esperando a que empezara la emisión para contar los programas que iba a haber. Si se estropeaba la tele y ponían la carta de ajuste —una cosa maravillosa—, yo decía: “Disculpen la interrupción…”». Al poco tiempo entró su compañera Elena Martí.

A pesar de no recordarlo, también hizo de modelo ocasional en Luz verde, presentado por Natalia Figueroa. «Te juro que me ponen en un interrogatorio con gente expertísima y no podría decir nada», se defiende. Por su memoria aparecen programas como Buenas tardes, con Raúl Matas, pero otros, como La segunda cadena informa o De la A a la Z, se esfumaron del recuerdo. Fue entre 1972 y 1973 cuando condujo el concurso basado en cuestiones sobre el uso del vocabulario castellano.

Cuando sus compañeras hablaban del tiempo que llevaban trabajando en TVE pensaba que no iba a poder aguantar tanto tiempo allí. «Me gusta hacer las cosas bien: si cuido el jardín, por ejemplo, quiero que esté bien, y me indigno conmigo misma si lo hago mal. Siempre he intentado hacerlo lo mejor que pude en televisión y lo más honestamente posible, pero no me gustó nunca trabajar en televisión».

Burladeros en los pasillos de RTVE

Carta de amor de un asesino, 1972. Imagen: Elías Querejeta Producciones Cinematográficas S.L.

El entorno y ambiente de la televisión no eran de su agrado, a excepción de algunos momentos. «Como decía un viejo periodista: “Lo único que faltaba en Televisión Española eran burladeros en los pasillos”, porque los cuchillos volaban por el aire. Había enemistades, gente que quería ser más… Esas cosas terribles que pasan en los trabajos». Otra isla de felicidad, además de la época de Informe semanal, fue la que abarcó la última edición del Telediario, con Pedro V. García de director: «Es un ser absolutamente adorable. Formamos un equipo muy bueno, muy a nuestro aire». Pero la felicidad nunca es permanente. «La vida tiene muchos ratos en los que no eres feliz. Pues en la tele pasaba un poco igual. No todo el tiempo yo era desgraciada, pero tampoco era feliz, salvo en esos pequeños momentos aislados», añade.

En medio de toda la vorágine pudo rodar la película Carta de amor de un asesino (1972), dirigida por Francisco Regueiro y con José Luis López Vázquez. Ella hacía el papel de Charo. «Me pareció una película muy floja después. Sentía que yo no servía para eso. Creía que todo el mundo lo hacía muy bien y que yo era un pato. No era mi sitio y no iba a ser actriz». La película no llegó a estrenarse, aunque pudo emitirse más tarde, en diciembre de 1988. «Ahora he rodado un corto y lo he pasado muy bien. Todo lo contrario de lo que me sucedió aquella vez». ¿Con el tiempo se ven mejor las cosas? «No. Con el tiempo les das menos importancia a las cosas y te das menos importancia». Tras la frase, Miguel Rellán se despide; saldrá un momento de casa.

En los setenta, Rosa María Mateo ya se sentía herida: «Pensaba que la carrera de periodista no era más importante que la de Derecho, sobre todo porque no me interesaba nada lo que hacía. Yo estaba allí porque quería ser independiente, aunque en ese momento ya tenía un hijo y tenía que ganar dinero para mantener mi casa, porque me separé muy pronto de mi marido. Es lo que me hizo permanecer en televisión», explica con sinceridad.

Del Telediario a Informe semanal

Lo que le gustaba a Rosa María de Televisión Española eran los informativos. En 1973, Juan Luis Cebrián, entonces director de informativos, tuvo el ojo de ponerla en el Telediario, pero en 1974 ya pasó a presentar Informe semanal, dirigido por Pedro Erquicia. «En aquel momento fue muy importante, porque era el único programa que analizaba en profundidad determinadas noticias. Podían ser desde las fiestas de un pueblo hasta el fenómeno Elvis Presley. No era solamente una cosa política, aunque tenía temas nacionales e internacionales. Los nacionales con mucho cuidadito, porque teníamos un censor, pero Pedro Erquicia sabía manejar muy bien esas historias».

El sábado 31 de marzo de 1973 nacía Semanal informativo, título que fue sustituido por Más allá de la noticia hasta el 16 de noviembre de 1974, cuando pasó a llamarse tal y como se le conoce hasta la fecha. El propio Erquicia lo recordaba en una entrevista: «Estaba dirigiendo la primera edición cuando el director de informativos me pidió que pensara en un programa para los sábados por la noche. Analicé la programación de Televisión Española de los últimos seis años y había una laguna muy clara: nunca se había hecho un programa de primera hora con reportajes de temas tratados con profundidad. Existía Primera plana, una copia del programa de la televisión francesa Cinq colonnes à la une, pero nada más». Informe semanal, finalmente, se basó en el 60 Minutes de la CBS.

Rosa María Mateo trabajó con un equipo de reporteros, pero sobre todo de reporteras: Ana Cristina Navarro, Carmen Sarmiento, Soledad Alameda… También estaban Antonio Gasset, Javier Basilio, Ramón Colom o Baltasar Magro, aunque ellos dos entraron un poco más tarde. Colom llegó a dirigir y a presentar el programa en los ochenta. Después, en 1990, fue nombrado director de Televisión Española.

Magro, en su caso, salió para estar en los informativos diarios. «Baltasar era un reportero nato. Me dio mucha pena que dejara de hacer reportajes y pasara a los informativos. Hizo un reportaje fantástico sobre Yoyes. Recuerdo que aquel programa lo vi en la redacción, en un monitor, al lado de Mario Onaindia». ¿Y qué ha pasado ahora? «No lo sé. Era otra cosa. Franco vivía, aunque estaba a punto de morir. Todavía no habíamos hecho la Transición y estaba como entre aguas: el final del franquismo y el principio de lo que fue luego la Transición. La gente tenía muchas ganas de ver y de hacer cosas. Ahora creo que todo está muy mediatizado», dice, poniendo como ejemplo de esta mediatización a las empresas. España seguía siendo España.

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Ruido de sables (I)

A pesar de la entrada en vigor de la Constitución española el 29 de diciembre de 1978, España seguía siendo un país con más dudas que certezas. «Desgraciadamente, el franquismo ha marcado demasiado a nuestro país. Tienen razón cuando dicen eso de que Franco lo dejó todo atado y bien atado. España sigue dividida de una forma muy agresiva y en dos bandos irreconciliables. Los políticos del Partido Popular critican que la izquierda siga hablando de los muertos y de la guerra diciendo que eso ya había pasado hace mucho tiempo. Y no, mire, porque precisamente ellos están hablando en un tono que demuestra que no pasó hace tanto tiempo».

La crisis, mociones de censura… Las espadas estaban en alto, pero ¿quiénes, además del entorno político, podían saberlo? Los periodistas: «Había ruido de sables en el ambiente porque el diario Arriba publicaba unos artículos terribles (creo que en algunos debían hablar en clave). Ahora, de eso a que hubiera un golpe de Estado… Había un ambiente, como un tufo, y es verdad que, quizá, la gente de a pie no se enteraba, pero los periodistas sí. Pero no puedes salir y asustar a la gente diciendo que hay unos militares que quieren abortar la democracia». La información puede volverse distorsionada por el camino, como en el juego del teléfono escacharrado; por eso es importante ver venir los acontecimientos, quizá por supervivencia.

Leopoldo Calvo-Sotelo fue elegido como candidato a presidente por el rey Juan Carlos I el 10 de febrero de 1981. Rosa María Mateo había estado entrevistándolo en su casa el 22 de febrero, un día antes de ser investido en el Congreso de los Diputados. La entrevista, de hecho, debía emitirse al día siguiente.

Ruido de sables (II)

El 23 de febrero, la periodista se encontraba en los sótanos de la Casa de la Radio, en el departamento de maquillaje. En un paréntesis de la sesión, se acercó a los monitores internos para seguir la votación. Cuando era el turno del diputado del PSOE Manuel Núñez Encabo, el teniente coronel Antonio Tejero irrumpió en el salón del Congreso gritando «¡Quieto todo el mundo!» y disparando al aire. «En aquel momento, cuando estás viviendo una situación así, piensas que puede pasar lo peor. Pero estás informando y olvidas el miedo», aclara, antes de explicar una de las órdenes que recibieron de los mandos militares: «No querían que diéramos en televisión las imágenes de lo que estaba ocurriendo en el Congreso de los Diputados». Era, además, una grabación de rutina y no se estaba emitiendo en directo, pero los golpistas destrozaron las cinco cámaras de Televisión Española menos una. El realizador Pepe Marín observaba atónito los acontecimientos desde las unidades de televisión situadas en la plaza de las Cortes.

No obstante, las imágenes de lo sucedido pudieron ser vistas por los españoles al día siguiente, después de que soltaran a todos los congresistas. Podía ser una medida para salvarlos: «No sabíamos si los iban a matar. Cuando por la noche sacaron a algunos de ellos y se los llevaron pensamos que los iban a fusilar. Ahí estábamos preocupados, pero no por nosotros mismos, sino por lo que estaba ocurriendo». Los truenos se escuchaban a lo lejos, pero la tormenta ya estaba encima.

«Buenas noches. En el contexto de los hechos ocurridos esta tarde en el Congreso de los Diputados, Televisión Española quiere informar que, al filo de las ocho menos cuarto de la tarde, fuerzas militares con material blindado y a las órdenes de un capitán ocupaban las instalaciones de RTVE», anunciaba Iñaki Gabilondo (director de informativos) en un avance.

El destacamento miliar llegado a Prado del Rey fue, en primer lugar, al despacho del director de Televisión Española (Miguel Ángel Toledano) para darle la orden de continuar con la emisión con toda normalidad. Después se dirigieron al despacho del director general (Fernando Castedo), que se encontraba en la Casa de la Radio. A él le ordenaron poner música militar por Radio Nacional. «Un compañero y yo —rememora Rosa María Mateo— nos acercamos a un soldadito que estaba en la puerta del director general para preguntarle si él era de los buenos o de los malos». El militar, al que le temblaba hasta el fusil, ni siquiera supo qué contestar.

La noche de los transistores

A través de su secretaria, Castedo pudo ponerse en contacto con Jesús Picatoste (subdirector general) para hablar con el director de Televisión Española y después con el secretario general de Zarzuela (Sabino Fernández Campo). Era preciso que el rey hablara por televisión para pedir serenidad y poner orden constitucional (dentro de la legalidad vigente), pero había que salir de Prado del Rey e ir al Palacio de la Zarzuela. Algo más de quince kilómetros separaban un punto de otro

El periodista Jaime Olmo reproducía en Infolibre las palabras que el propio Fernando Castedo le había dado en una entrevista, en los ochenta, sobre cómo él y Jesús Picatoste consiguieron grabar el mensaje del rey después de haber hablado con Fernández Campo: «En la primera llamada me pide que mande a alguien que filme a su majestad, y le digo a Toledano que prepare dos equipos y que se pongan al mando Picatoste y Erquicia, para ver cuándo pueden salir hacia Zarzuela». De manera posterior, Fernández Campo pide que le pasen por teléfono al capitán que mandaba a los militares que ocupaban Prado del Rey para que estos abandonaran las instalaciones de televisión. «En un primer momento, el oficial niega obedecer otras órdenes que las de su inmediato superior, pero tras conectar con su unidad deciden por fin retirarse de Prado del Rey. Eran poco más de las nueve de la noche e inmediatamente digo a Iñaki Gabilondo que se ponga delante de la cámara e informe de lo que está pasando, mientras los equipos salen hacia Zarzuela en dos coches, ya que entonces no teníamos enlace fijo con el Palacio».

En otro avance informativo, Rosa María se dirigía a los españoles: «Estamos a la espera de poder ofrecerles las palabras de su majestad el rey don Juan Carlos sobre los acontecimientos que se están desarrollando en el Congreso de los Diputados donde, como ya les hemos informado, un grupo de miembros de la Guardia Civil, al mando del teniente coronel Tejero, ha ocupado la Cámara y mantiene retenidos a la totalidad de los miembros del Congreso». La emisión del mensaje del monarca era clave, ya no por su contenido, sino por la tranquilidad de los ciudadanos y ciudadanas que, tal vez, no escucharon a tiempo el ruido de sables. A las nueve y diez, las fuerzas militares abandonaron RTVE. «En el transcurso de la hora y media que duró la ocupación, el oficial que mandaba las fuerzas militares mantuvo varias conversaciones telefónicas con otros mandos. El personal de Radio Televisión Española se mantuvo en sus puestos con absoluta calma y sin que se produjera el más mínimo incidente», contaba ya entrada madrugada.

La tranquilidad llegó cuando entraron los GEO (Grupo Especial de Operaciones de la Policía Nacional) y se pusieron allí, de pie. «Estos pisaban fuerte: O nos mataban o nos salvaban, pero desde luego teníamos muy claro que hacían muy bien lo suyo».

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No tan buenas noches

El 27 de febrero, cuatro días después del fallido golpe de Estado, Rosa María Mateo leía delante del Congreso de los Diputados el emblemático comunicado firmado por los cuatro partidos principales: Alianza Popular (AP), Partido Socialista (PSOE), Unión de Centro Democrático (UCD) y Partido Comunista (PCE). Según datos publicados por El País, en Madrid hubo alrededor de un millón y medio de personas manifestándose. Todas estaban para defender lo mismo que estaban defendiendo los políticos, entre los que se encontraban Manuel Fraga Iribarne y Santiago Carrillo.

Es distinto hablarles a millones de personas a través de una cámara que en persona. «Pensé que no era la persona adecuada para salir ahí y que no iba a poder hablar, porque no había hablado nunca en la calle», confiesa. Pero la angustia desapareció cuando echó a andar la marcha. «No me imaginaba que pudiera haber tanta gente. Cuando pasamos por Atocha y vimos que todo estaba lleno se me saltaron las lágrimas. ¿Cómo no iba a hablar? Ahí tuve muy claro que me iba a salir la voz y que no importaba nada. Tenía que leer el manifiesto. Fue la gente la que me dio la fuerza porque, como ellos, también estaba pidiendo democracia y libertad».

No hubo un antes y un después en su carrera profesional tras la lectura del manifiesto, pero sí cambiaron otras cosas: «Aquella noche, cuando volví para hacer el Telediario, mis compañeros no me dijeron absolutamente nada. Nadie dijo nada en la redacción. Durante muchos años esas imágenes no aparecieron en Televisión Española». ¿Por qué motivo? No sabe qué contestar. Entonces se lanza otra pregunta: ¿Celos profesionales? «Sí», responde. «Pero es igual. Cuando se celebró el vigésimo quinto aniversario de Informe semanal se prohibió que se me nombrara».

Así conocí a Fidel Castro

Joaquín Sabina dice que fue Rosa María Mateo quien le hizo la primera entrevista —en televisión— de su vida. De todas las personalidades que ha entrevistado, Rosa no puede olvidar la vez que sufrió con una actriz italiana enfadadísima a la que tuvo que tranquilizar por una demora de dos horas debido a que algo del equipo se había estropeado. También entrevistó a la sexóloga Shere Hite, pero tiene «el vago recuerdo» de que le cayó mal. Y con Raísa Gorbachova, esposa de Mijaíl Gorbachov, hubo acercamiento, pero se quedó en intento: «Fuimos al Pardo y los rusos nos trataron un poco mal. Nos tuvieron que salvar dos diplomáticos españoles porque estos otros nos fusilaban al amanecer». Con cada entrevista, una lección aprendida.

Fila 7, dirigido por Manolo Pérez Estremera, era un espacio sobre cine que presentaba Rosa María en la segunda cadena de TVE. En 1984 le tocó ir a Cuba para cubrir el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. «Le dije al director de informativos que probablemente íbamos a ver a Castro: “Si consigo una entrevista con él, ¿se emitirá? Porque si no ni me molesto”. Y me respondió: “¿Tú qué vas a conseguir una entrevista?”». El ninguneo estaba a la orden del día: «Era chica e imbécil, porque ser chica e imbécil es lo mismo», apostilla con sarcasmo.

En La Habana se acabaron juntando dos equipos de TVE por la celebración del veinticinco aniversario de la revolución. Allí se encontraba el periodista Vicente Botín con el realizador Antonio Gasset. «En un momento determinado —según Botín— me acerqué al comandante y comencé a hablar con él. Yo había ido a La Habana con un equipo de Televisión Española para hacer un reportaje sobre el veinticinco aniversario de la revolución y me sabía de memoria su vida y milagros. […] Lejos de sentirse incómodo, Fidel Castro se mostró sorprendido de que llevara la conversación al terreno personal y me preguntó de sopetón: “Chico, ¿quién tú eres?”. Yo le dije el motivo que me llevó a Cuba con la promesa, aunque incierta, por parte de su embajador en Madrid, de que quizás podría hacerle una entrevista. “Pues nadie me ha dicho nada, chico. No sabía que había aquí un equipo de Televisión Española y mucho menos que tuvieras la pretensión de entrevistarme”. Se quedó un momento en silencio y luego llamó a su secretario particular, José Miyar Barruecos. “Chomi, apunta el nombre de este compañero, que mañana vamos a conversar”», detallaba en un reportaje publicado en la web de RTVE con el título Y en eso, llegó Fidel. Historia de una entrevista.

Rosa María Mateo, por su parte, cuenta otra versión de los hechos y se indigna al escuchar la de Vicente Botín: «Siento decirle a mi compañero que eso es mentira. Yo me iba a ir de la fiesta (llevaba tacones y nunca los he soportado) y un político me llamó: “Hay una fiesta más pequeña y el Comandante quiere que estés en ella”». Y entró. En ese evento también conoció al escritor Eduardo Galeano, quien recordaba parte de la conversación en El libro de los abrazos.

En un momento de la fiesta se acercó a Castro para llamarle la atención, educada «pero como una guasa». Alguien, tal vez del equipo de seguridad, quiso apartar a la periodista: «Como ve, Comandante, me están quitando de aquí porque soy incómoda, porque he debido decir alguna cosa que no debía», dijo. Ahí empezaron una charla. «Me preguntó de dónde era y qué estaba haciendo allí. Le respondí que había ido para hacerle una entrevista». Pero Fidel Castro no concedía muchas entrevistas. En realidad, muy pocas o ninguna. «Tengo pedidas muchas entrevistas de todo el mundo», se excusaba Castro, aunque Rosa María no cejaba en su empeño: «Pero el “no” ya lo tenemos, Comandante». Al final, el presidente cubano aceptó hacer una entrevista y Rosa María pensó en compartir el trabajo con sus compañeros. «Le dije a Vicente Botín que fuéramos a preparar la entrevista, pero se negó en redondo; íbamos cada uno por nuestro lado».

Ella no quería salir en aquella entrevista, pero salió. «Estaba de espaldas. Creo que no se me veía la cara y llevaba el pelo largo y un lacito». A la vuelta del viaje, ya en Prado del Rey, fue a la sala de montaje. Allí se encontró con Botín: «Me echó de la sala de montaje porque pedí que me quitaran de la entrevista. No quería aparecer en ella. “Te quedas tú con la entrevista, pero no me importa”, le dije. Yo tenía tanta responsabilidad en esa entrevista como él, así que quería estar presente en la sala de montaje. “Aquí el periodista soy yo”, me contestó Vicente Botín antes de echarme». Luego fue a hablar con el director de informativos para quejarse, pero este no le hizo ningún caso. «Estoy hasta las narices de que la gente cuente tantas mentiras», protesta Rosa María para poner punto y final.

En portada

La entrevista a Fidel Castro se emitió el 5 de enero de 1984 en el estreno de En portada, un programa de reportajes y actualidad similar a A toda plana. «Fue un desastre —analiza— y una mala entrevista, tanto por parte de Vicente como por la mía. No estaba bien hecha. Ahora me avergonzaría de hacer esa entrevista, pero no porque fuera el comandante Fidel Castro y de izquierdas y comunista, sino porque estaba mal hecha, profesionalmente hablando y desde mi punto de vista. Estoy contando las cosas como pasaron». Fidel Castro, detalla, tampoco dejaba hablar: «Cuando le preguntaban una cosa él no contestaba, sino que terminaba la perorata que estaba haciendo y respondía al cabo de media hora».

Rosa María Mateo vio la entrevista con su hijo en casa. «Me tuvo que dar la mano porque estaba muy indignada. Pillé un cabreo terrible. Yo no quería aparecer en aquella entrevista por todo lo que había pasado por dentro». Para colmo, todas las críticas se las llevó ella: «No fue Vicente Botín al que llamaron “comunista” ni dijeron que se le caía la baba. Fue a mí, que además estaba de espaldas. Me pusieron a caer de un burro», dice, aludiendo a la crítica publicada por el diario ABC el jueves 16 de febrero:

La babeante entrevista que Rosa María Mateo hizo al dictador cubano Fidel Castro la ha desacreditado definitivamente entre los profesionales del medio. Hay una Rosa María Mateo antes de Fidel y otra después. Ahora, los profesionales dicen de ella que desprestigió a la profesión al adoptar ante Fidel Castro la actitud de propagandista y no la de periodista. «Solo le faltó —dicen— limpiarle los zapatos. La Mateo colocó en un altar a Castro y le adoró sumisa obsequiándole con nubes de incienso. Una vergüenza para ella y para toda la televisión».

(Reseña completa publicada en ABC)

Adiós, Televisión Española

Cuentan que presentó su dimisión en 1984 porque no estaba de acuerdo en cómo se iba a dar la noticia de la segunda visita a España del papa Juan Pablo II, pero en realidad no dimitió, sino que dijo que no iba a darla tal y como estaba escrita: «Parecía la hoja parroquial. Era un panfleto, no una entradilla de telediario. Además, el papa ya no estaba en Madrid; se había ido el jueves y nosotros estábamos ya en sábado o domingo. Cuando me puse a corregir oí una voz que dijo: “No se toca ni una palabra”. Me dio la risa: “Eres el que ha escrito esto, ¿no? ¿Quién eres?”. Resulta que era el director del telediario. No la quise leer pero tenía que hacerlo por narices. Entonces cogí el papel y lo leí», explica poniendo su mano frente a la cara, como si fuera un folio. Cuando salió del plató la discusión ya estaba servida.

En aquella época, Jesús Hermida y Rosa María Mateo compartieron Crónica 3, donde entrevistaron, entre otros, a Raphael. En 1989, pero en RNE, presentó con Diego A. Manrique Modernos populares. En un encuentro digital de El País, en 2014, Diego respondía a un usuario que le preguntaba por los audios de los programas. «No creo que sea posible recuperarlos: hace unos años investigué en la fonoteca de RNE a ver cuántas ediciones de Modernos populares se conservaban. Y fue desolador: solo habían guardado un par de ellos. Tengo todas las sospechas de que Diego Carcedo mandó que se destruyeran. Era entonces el capo de RNE y tenía unas ideas un tanto peculiares sobre el programa: decía que poníamos demasiada variedad de música, que prefería que no saliéramos de la discografía de Joan Manuel Serrat y los Beatles. Como no le obedecimos, nos quitó el programa. ¿Moraleja? Ojo con los progres», advertía Manrique.

«Puede ser», contesta Rosa María al conocer la opinión de su compañero. «Yo no sé qué le pasó a Diego Carcedo. Cuando volvió de Estados Unidos teníamos una buena relación de compañeros, pero no he logrado saber nunca por qué dejó de dirigirme la palabra». Eran cosas que pasaban en televisión.

¿Todo este cúmulo de situaciones fue lo que hizo que se fuera de TVE? «Fue otro cúmulo, pero ese ya no lo voy a contar. Es privado, pero laboral. Me pusieron en una situación en la que dije: “Se acabó. Al primer trabajo que pase me marcho de esta casa”. Fue la última patada en la boca. Llega un momento en que no aguantas más y dices que se las den a sus padres, si quieren, pero que a ti ya no te dan más patadas».

Antena 3

Hola, Antena 3 Televisión

El fichaje de Rosa María Mateo por Antena 3 Televisión fue una casualidad: si no le salía otra cosa, iba a tener que quedarse en Televisión Española. No tenía más remedio, pues era su trabajo y comía de ello. Pero a los quince días llamó el productor de cine y televisión Pedro Costa y le dijo que quería hablar con ella.

Costa estaba preparando un programa y quería saber quién podía ser la persona adecuada para presentarlo. «Fui a cenar con él, hablamos del programa y le di nombres de gente que podía hacerlo. Al volver a casa me preguntó: “¿Y tú?”. Pero a mí no me interesaba un programa de sucesos. Entonces me dijo: “Pues piénsatelo”. Me fui a casa y de pronto pensé: “Acabo de decir hace quince días que yo me marchaba con el primer trabajo que me ofrecieran fuera de Televisión Española”. Llamé a Pedro Costa y le dije: “Lo hago”». Hablaron con Antonio Asensio (Presidente del Grupo Zeta) y la transición de cadena se hizo realidad.

El 29 de abril de 1993, a las nueve y cuarto de la noche, se presentaba Al filo de la ley, pero fue cancelado el 25 de agosto de ese mismo año. «No me gustaba el programa que estaba haciendo, no me sentía cómoda hablando de estas cosas. Creo que la única cosa que me interesó de todo el tiempo que estuve en Al filo de la ley fue la entrevista a Ramón Sampedro. Estuve con él, en su casa, en A Coruña. Fue un día muy especial y la única cosa positiva que saqué del programa», concluye. Después pasó a presentar los informativos del canal hasta 2003.

Las consecuencias (todo vale en la guerra)

El 11 de septiembre del 2001, en un avance informativo de las noticias de la noche de Antena 3, Rosa María Mateo hacía balance del atentado —reivindicado por Al Qaeda— en el World Trade Center de Nueva York: «Señoras y señores, muy buenas noches. Hoy se ha producido el atentado más grave de la historia en tiempos de paz. Un ataque múltiple contra las Torres Gemelas de Nueva York, contra el Pentágono de Washington y contra Camp David. Los seis aviones civiles, secuestrados y estrellados contra distintos objetivos o derribados por la aviación norteamericana, cambian el estado de las cosas. No solo en Norteamérica, sino en el resto del mundo».

La respuesta del entonces presidente de los Estados Unidos George W. Bush a los atentados que había sufrido Norteamérica no se hizo esperar. Además de reforzar la seguridad con la aprobación de la USA Patriot Act (conocida como Ley Patriótica), Bush empezó la «guerra contra el terror». La ofensiva —operación Justicia Infinita al principio y Libertad Duradera después— comenzó el 7 de octubre de 2001 con la invasión a Afganistán.

El 8 de octubre, Antena 3 Noticias emitía un especial presentado por Ernesto Sáenz de Buruaga sobre el conflicto. En los puntos más calientes estaban los siguientes corresponsales: Emilio Sanz (Afganistán), Carlos Hernández de Miguel (Paquistán), Ricardo Ortega (Nueva York), Carmen Vergara (París), José Ángel Abad (Londres) y Francisco Medina (Gaza). «Estas veinticuatro horas han sido, sin duda, las más largas de la vida del presidente [Pervez] Musharraf», relataba Carlos Hernández desde Peshawar (Paquistán). Fue de los primeros periodistas en llegar al país fronterizo con Afganistán.

A finales de octubre, Carlos Hernández regresa a España desde la frontera entre Paquistán y Afganistán. Con él va el cámara Diego Contreras y el realizador Alfonso Molina. El azar quiso que el avión llegara a Madrid con bastante demora. El equipo, antes de reencontrarse con sus respectivas familias, debía ir a Antena 3 Televisión, en San Sebastián de los Reyes. Rosa María Mateo, que presentaba el informativo de medianoche, los esperaba en la redacción. «Uno a uno nos abrazo, nos felicitó y nos dijo que habíamos hecho un trabajo admirable. Que un mito como ella nos dijera eso, con todo lo que ella había hecho en su vida, fue muy emocionante», recuerda Hernández. Pero la vuelta al hogar iba a tener que esperar todavía; le pidió a Carlos, como último favor, que se quedara, porque quería tenerlo en directo en el plató. «Obviamente acepté y me volví a quedar congelado cuando, en pleno directo, al presentarme, me dijo: “¿Me dejas que te dé un abrazo?”. Y nos abrazamos delante de las cámaras».

Por motivos profesionales

En el año 2003, Antena 3 Televisión presenta un ERE autorizado por el Ministerio de Trabajo (con Eduardo Zaplana al frente). Doscientos quince trabajadores de la cadena iban a quedarse sin empleo. Rosa María, al igual que Carlos Hernández, fue despedida y se enteró por una compañera. En su momento declaró: «Estoy muy orgullosa de que me despidan no como a una estrella ni como a una figura sino como a una trabajadora de televisión». Carlos, pasado el tiempo, reconoce que fue todo muy duro: «Muchos éramos conscientes de que aquel ERE no era una herramienta para sanear las cuentas de la empresa. De hecho, Antena 3 Televisión ganaba dinero en aquellos momentos».

Aquel ERE resultaba ser un punto de inflexión en el que se daba por finiquitada una época y se abría otra. «Querían acabar con la estabilidad laboral, los salarios dignos y también con buena parte de la libertad que gozábamos los periodistas. Su objetivo era que todos fuéramos subcontratados y generar unas condiciones laborales que impidieran a los periodistas, cámaras o productores, realizar su trabajo con dignidad y con libertad». Por ese motivo fueron muchos los trabajadores que se opusieron frontalmente al ERE. «Perdimos la batalla, pero en la derrota se demostró que teníamos razón. El hecho de que despidieran a Rosa María probaba que no se trataba de que sobraran malos profesionales sino de otra cosa bien diferente: había llegado la época de los tiburones empresariales que solo buscan ganar la mayor cantidad de dinero posible aunque para ello tuvieran que vender sus informativos al Gobierno de turno», espeta Carlos por correo electrónico.

Rosa María Mateo iba a cumplir treinta y ocho años en antena cuando se enteró de su despido. «Fue un sábado por la noche. Miguel [Rellán] y yo estábamos sentados en el sofá y sonó el teléfono. Era una compañera —a la que quiero muchísimo— de Antena 3. Me dijo: “Rosa, estás en la lista”. A mí nadie me había llamado para decirme que me iban a echar. Es más: los subdirectores de informativos, cuando el viernes por la noche yo estaba haciendo el informativo de las dos de la mañana, ya sabían que me iban a echar, pero ninguno tuvo la valentía de decírmelo. Fueron unos cobardes absolutos. La gente es miserable», lanza con amargura.

Después de colgar el teléfono, Rosa María le comunica a Miguel Rellán que había sido despedida. El actor se preocupa por ella: «¿Estas bien? ¿Quieres que salgamos a tomar un gintonic?». «Miguel no bebe, pero nos fuimos a tomar un gintonic y se acabó. Ese fue mi problema con Antena 3. Y ya nunca volví». Carlos Hernández insiste en que son los hechos los que apuntan a que no fue una operación legítima, ni justificada, «sino más bien una chapuza que solo pudo llevarse a buen término por la connivencia gubernamental», matiza, y además pregunta: «¿Alguien cree que se puede despedir a Rosa María Mateo por motivos profesionales? Pues eso dijeron». No hay mucho más que añadir.

Siempre quedará París

Jacques Brel ha sido el único hombre al que Rosa María Mateo ha dedicado una poesía. Los días 14 y 15 de julio de 1989 el Telediario 2 iba a hacerse desde París por la conmemoración del segundo centenario de la Revolución francesa. Fue el primer informativo de la televisión en España que se emitía en directo y en exteriores. Rosa María y Ana Castells se encargarían de conducirlo.

En 1978 presentó con Isabel Bauzá, Jana Escribano, Isabel Tenaille y Marisa Abad el debate sobre el texto de la Constitución. El primer tema a tratar fue el machismo en la Constitución. Así abrió Rosa María Mateo el especial: «El martes pasado, a esta misma hora, estuvieron en sus pantallas unos compañeros que trabajan aquí, en televisión: Jesús Hermida, Martín Ferrand, [Miguel] De la Quadra-Salcedo, [Pedro] Macía y [Félix] Rodríguez de la Fuente. Todos ellos acompañados de Joaquín Soler Serrano. En aquel momento, Jesús Hermida dijo que aquello era discriminatorio, que faltaban mujeres. Bueno, pues aquí estamos las mujeres». Después de treinta y seis minutos de debate, el programa se acaba. Para despedirse, Rosa María vuelve a tomar la palabra: «Rogamos que nos perdonen si en algún momento les hemos molestado».

Matías Prats dice de su compañera que es «una referencia dentro del periodismo español». Incluso una pionera si se tienen en cuenta ciertas fechas de la historia de la televisión. En esa línea, Borja Terán (crítico y periodista especializado en televisión) explica que «los ochenta fueron muy revolucionarios y se posicionaron en Televisión Española unos rostros que luego serían muy importantes en los noventa: Rosa María Mateo, María Escario, Olga Viza o Concha García Campoy. Fueron años —en la televisión— en los que las mujeres tomaron la relevancia periodística que se merecían. Después se ha optado más por la cara bonita, el busto parlante, pero no por el periodista —da igual el sexo— de presencia». Sin embargo, Borja reconoce que sí hay periodistas con más fuerza editorial, como Vicente Vallés. «Me cuesta más buscar mujeres que de verdad transmitan esa fuerza editorial, más allá de Cristina Pardo o Ana Pastor», concluye.

¿Tendría cabida Rosa María Mateo en los informativos actuales? O, mejor dicho, en los informativos que están por llegar: «El público demanda gente que le mastique mejor la información. Gente que no lea lo que ya ha visto en todos los medios digitales y redes sociales. Gente que le explique el contexto. Rosa María tiene esa fuerza de explicar el contexto con cierto carisma». Para el periodista de La Información, «la mirada propia y ser auténtico es un plus en la televisión» que traspasa la pantalla.

No son pocos los galardones que ha recibido Rosa María Mateo a lo largo de su trayectoria, pero después de todo, y ante las expectativas de futuro, ¿en qué cree? Cuando la noche de invierno cae sobre la tarde, la histórica periodista contesta por última vez: «Yo creo en las personas, no en las profesiones».

Archivo RTVE.

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Bibliografía y hemeroteca:

El País, 7 de noviembre de 1983

ABC, 16 de febrero de 1984

El País, 2 de febrero de 1993

Cadena SER, 10 de noviembre de 2003

El País, 11 de noviembre de 2003

«Dos estrellas paradas. Crónica», El Mundo, 16 de noviembre de 2003

«La mujer a las cinco de la tarde», Juan Cruz. El País, 16 de noviembre de 2003

El Mundo, 18 de junio de 2008

La Vanguardia, 14 de enero de 2011

«El 23F y el inexplicado retraso en emitir el mensaje del rey». Infolibre, 25 de agosto de 2013

Juego de espejos. RNE, 7 de octubre de 2013

Jenesaispop, 4 de junio de 2014

Hoy empieza todo. RNE, 10 de julio de 2017

Blog Carta de ajuste, Alejandro Macías

Archivo RTVE

Archivo Antena 3 Televisión


Guillermo Ortiz: Fabio Parra, José María García y la última Vuelta a España de Perico Delgado

Perico Delgado en la contrarreloj de Medina del Campo. Foto: José-Manuel Benito (CC)
Perico Delgado en la contrarreloj de Medina del Campo. Foto: José-Manuel Benito (CC)

En la llegada a Madrid, ya después de la entrega final de maillots y trofeos; besos y más besos de Leticia Sabater y demás azafatas de la organización, Pedro Delgado llegaba al set de TVE en la Castellana para charlar con el mítico Pedro González. Junto a él, también sentado, despatarrado en su silla como solo lo están los ciclistas después de seis horas sobre la bici quedaba Fabio Parra. La Vuelta había sido tan competida como lo venía siendo cada año desde que la televisión había apostado por el ciclismo: apenas treinta y cinco segundos entre el segoviano y el colombiano.

Todo eran sonrisas hasta que las sonrisas se convirtieron en revancha: el público empezó a cantar «García, cabrón; Perico, campeón» hasta llegar a hacer incomprensibles las declaraciones de los protagonistas. García, por supuesto, era José María García, en el apogeo de su influencia radiofónica y Perico era el gran ídolo de la afición española, algo así como Contador ahora pero con el atractivo de lo nuevo, del que no ha aparecido después del dominio de Indurain.

El pique de García y Delgado venía de antes, de mucho antes y no fue a mejor con los años: el locutor narraba la Vuelta en primera persona y tenía tal control sobre la organización que podía permitirse conectar en directo con los coches de todos los equipos españoles cada vez que lo considerara oportuno. Antena 3, por entonces su hogar, se volcaba incluso en los boletines horarios de la mañana, dedicándole cinco o diez minutos a etapas intrascendentes.

Si Delgado era la gran atracción de la Vuelta y la Vuelta parecía coto privado de García, ¿a qué el desencuentro? El estallido hay que buscarlo el año anterior, cuando Perico optó por correr el Giro para preparar el Tour. La noticia no sentó nada bien y recibió críticas despiadadas que acabaron en nada cuando el segoviano acabó ganando en Francia apenas unas semanas después, pese al conocido positivo por Probenecid que acabaría archivado gracias a Luis Puig.

Puede que a García se le fuera la mano y puede que a Delgado y al equipo Reynolds en general le sentaran especialmente mal sus críticas. El caso es que Perico, doblando la apuesta, se convirtió en comentarista de la SER y analista en carrera de las vueltas donde participaba, con una intervención grabada que se emitía por la mañana temprano, en el programa que presentaba Iñaki Gabilondo y otra intervención, en falso directo, en El larguero, el programa que arrancaba por entonces de la mano de José Ramón de la Morena.

Este desencuentro perfilaba lo que serían los años noventa: Delgado, Indurain y Banesto con la SER; Javier Mínguez, Amaya y sobre todo, Manolo Saiz y la ONCE, con Antena 3 y luego la COPE. Eso, en ciclismo. En el resto, ya saben, que si Míchel o Clemente, que si Lorenzo Sanz o Florentino Pérez y así sucesivamente.

En cualquier caso, y volviendo al 15 de mayo de 1989, día en el que Perico Delgado ganaba su segunda y última Vuelta a España, probablemente esa guerra no se habría desatado con tanta virulencia, el público no habría gritado con tanto despecho de no ser por un gesto que García denunció y que tenía difícil explicación: poco antes de la salida de esta última etapa entre las míticas destilerías DYC y Madrid capital, con todo el pelotón ya formado, a Delgado no se le ocurre otra cosa que pasarle un sobre al ruso Ivan Ivanov delante de las cámaras.

¿Qué llevaba ese sobre? Según García, dinero por haberse dejado comprar en la etapa del día anterior. Según Delgado, su dirección en Segovia por si algún día quería pasarse a verle. Hay que reconocer que la inocencia de Perico en ocasiones resulta entrañable. En cualquier caso, fuera recompensa o simple cortesía de anfitrión, la imagen de aquel sobre pasando de mano española a mano rusa dio la vuelta a todo el país, aunque ahora resulte imposible de entender sin un contexto. El contexto de la penúltima etapa, la decisiva de aquella Vuelta, celebrada el día anterior.

Colombianos al ritmo de La Unión

Presten atención al vídeo. No ahora, cuando terminen de leer al menos este apartado, para evitar spoilers. Eran los tiempos del As en blanco y negro y José Luis Corcuera asistiendo como invitado en su puesto de ministro de Interior. Delgado empieza la etapa con cincuenta y siete segundos de ventaja sobre Parra, muchos menos de los que se preveía al principio de la competición, cuando el vigente campeón del Tour partía como único favorito. ¿Cómo se había fraguado esa ventaja? Lo explicamos brevemente.

Eran los tiempos de esplendor de los «escarabajos» colombianos. Igual que ahora tenemos a Quintana, Urán, Betancur y compañía, ya bien establecidos en Europa; a finales de los ochenta se confundían los consagrados —Parra, Herrera, Vargas, Camargo— con los aspirantes ya en equipos españoles —Morales, Rincón, Omar Hernández—, con balas perdidas que aparecían de la nada como el gran Martín Farfán, cuyo positivo por estimulantes en esta misma Vuelta a España no impidió por supuesto su fichaje, el año siguiente, por el Kelme, donde multiplicó su rendimiento.

En esa lucha se vio metido desde el principio Perico, sometido a una emboscada constante en su propia casa. Sus victorias casi consecutivas en Cerler y Valdezcaray, esta última contra el crono, parecían despejar un poco su camino: un minuto sobre Parra y Echave, casi dos sobre Fuerte y una contrarreloj llana aún por disputarse en Medina del Campo. No contaba nadie, sin embargo, con el hundimiento del segoviano en los Lagos de Covadonga, una ascensión que tradicionalmente le ha deparado lo mejor y lo peor. Al salir de Asturias, con tres etapas por disputar, Delgado aventajaba en tres segundos a Parra, en un minuto a Vargas y en menos de dos a Álvaro Pino, Ivan Ivanov y Fede Echave.

La Unión seguía con la matraca del «Más y más» y los expertos hacían sus cuentas: si Parra perdía más de un minuto en la llana contrarreloj de Medina, podía dar la Vuelta por perdida. Si conseguía estar en los tiempos de Delgado, todo se jugaría en la sierra madrileña. Eso sin descartar un etapón de Echave que le pusiera de nuevo entre los favoritos después de un mal día en Branillín.

Perico ganó en Medina del Campo. Escalador reconvertido a contrarrelojista de largas distancias. La diferencia en la ciudad de Isabel la Católica fue finalmente de cincuenta y cuatro segundos, justo lo que Parra quería evitar a toda costa.

El zafarrancho de Navacerrada

Ahora sí, ahora le pueden dar al play del vídeo anterior y ver la etapa resumida, con ese toque de España ochentera de nuestra infancia. Delgado se ve campeón y no solo por los segundos de ventaja sino por la mística de aquel recorrido, el mismo en el que, a rueda de Pepe Recio, consiguió remontar seis minutos a Robert Millar y birlarle una Vuelta a España que tenía en el bolsillo. ¿Podría pasarle eso mismo a él? Complicado. El Reynolds, tras el abandono de Indurain, no tiene el mejor equipo posible, pero Echávarri es perro viejo y sabrá encontrar aliados.

Aparte, no está nada claro que Parra sea mejor escalador que el segoviano. Más consistente, seguro, pero en las grandes citas… Ahí, el talento de Fabio no siempre se muestra al cien por cien. Para que se hagan una idea, nada más acabar la contrarreloj, el colombiano declara a la prensa, cabeza gacha: «Perico ya es el ganador de la Vuelta» y la verdad es que tiene sentido, pero si el talento de Parra estaba bajo sospecha cuando había algo que ganar, su coraje destacaba cuando todo estaba perdido.

Así, en esta penúltima etapa que une Collado Villalba con la citadas destilerías de whisky segoviano, el Kelme monta un zafarrancho en Cotos que deja a Omar Hernández en un grupo delantero. El Reynolds tira atrás hasta el punto de agotar a Gorospe, una de sus bazas para controlar la etapa. Parra afila el cuchillo y decide atacar en Navacerrada una, dos, tres, cuatro veces… hasta que a la quinta se va definitivamente de Perico, que mira hacia atrás buscando un compañero pero no encuentra a nadie que le eche una mano.

Ahí es donde aparece Ivanov, líder de la combinada. No se le ha perdido nada en la fiesta, tiene su quinto puesto en la general asegurado y ha ganado ya una etapa días atrás. ¿Qué le queda por hacer en la carrera? Cuidar a Delgado. «El hada madrina», dice el comentarista de televisión mientras se ve cómo Ivanov no solo tira del grupo sino que mira continuamente hacia atrás para vigilar que no se descuelgue un desfondado Perico.

En el grupo de arriba quedan tres colombianos: Parra, Hernández y Camargo, al que lógicamente le han prometido la etapa si gana. La ventaja llega a los cincuenta y ocho segundos y no tiene pinta de que vaya a bajar, pero ahí sigue Ivanov inasequible al desaliento y cuando Ivanov parece cansarse entra Suykerbuyk o Unzaga o Santos, todos a una. Al final, la ventaja queda en meta en solo veintidós segundos, que no sirven para nada, con la sensación de que Echávarri es un director muy listo y que Perico es un hombre con suerte.

De Luxemburgos y Florentinos Pérez

Luego, ya saben, el sobre en la salida del día siguiente con la dirección y el teléfono y tal, José María García indignado después de arrastrar su rabia durante tres semanas, el público con ganas de revancha y el principio de algo que se podría llamar «maldición» para Pedro Delgado y que probablemente fuera, sin más, la dureza del deporte profesional. Todavía en 1989, Perico se presentó en Luxemburgo como gran favorito junto a Laurent Fignon para reeditar su victoria en el Tour. Llegó casi tres minutos tarde a la salida, se desfondó en la contrarreloj por equipos posterior y ya no fue capaz ni de acercarse al francés ni a Greg LeMond, ganador final de aquella carrera.

En 1990, de nuevo favorito indiscutible para la Vuelta, se le coló una «escapada bidón» de Marco Giovanetti que le relegó al segundo lugar mientras que en el Tour una gastroenteritis le alejaba del podio de París. A partir de ahí, el principal problema de Delgado no fue la mala suerte, ni siquiera la edad —tenía ya treinta y un años— sino el hecho de compartir equipo con Miguel Indurain. Tuvo momentos de gloria como aquel Tour de 1992 en el que volvió a terminar entre los diez primeros, luchando con su viejo amigo Stephen Roche, o la Vuelta de aquel mismo año, que se empeñó en ganar cuando el poderío suizo de los Zülle y Rominger, uno de los muchos clientes de Michele Ferrari, ya hacía imposible cualquier heroicidad.

Su última gran vuelta la disputó en 1994. Quedó tercero a casi diez minutos de Rominger. Años, insisto, muy locos en el ciclismo profesional. De Parra no se supo demasiado después de aquella enorme decepción: del Kelme pasó al Amaya y ahí languideció un par de años, siempre cumplidor, hasta que se retiró en 1992, antes de que la EPO le retirara a él. Nunca tuvo el carisma de Herrera ni el palmarés de Delgado, pero sin él no se puede entender el ciclismo de finales de los ochenta y principios de los noventa.

José María García pasó a la COPE, luego a Onda Cero, llegó a convencer a Telefónica de que comprara los derechos de la Vuelta —aquel fugaz «maillot oro»— y cuando todo parecía ir sobre ruedas se ve que pisó el callo equivocado y desapareció del mapa mediático. Él dice que fueron Aznar y Florentino Pérez porque el infierno siempre son los otros, pero eso daría, sin duda, para otro artículo en otro momento o una investigación de Eduardo Inda.


Enric González: El reloj de Hildy

primera plana

Es muy curioso esto que llaman credibilidad. Referido a la prensa, parece consistir en algo relacionado con el narcisismo y el onanismo. Atribuimos credibilidad a quien piensa más o menos como nosotros, dice lo que decimos nosotros (o nos gustaría decir) y nos hace sentir en posesión de la razón. Ningún periodista español es creíble para todos. Ni Soledad Gallego-Díaz, la profesional más solvente que conozco: por el hecho de trabajar para El País y la SER, un sector de la audiencia la mantendrá por principio bajo sospecha. Un lector de El País (el diario de la falsa foto de Hugo Chávez) recela por sistema de lo que publica El Mundo (el de la conexión Mondragón), y viceversa; quien lee fielmente a Hermann Terstch piensa que Ignacio Escolar es un propagandista sectario, quien consume prensa del nacionalismo catalán atribuye las peores manipulaciones a la prensa «de Madrid», y a Iñaki Gabilondo siempre habrá quien le saque un asunto de calzoncillos superpuestos. Las cosas funcionan así. Nuestros prejuicios, sumados a otros prejuicios similares, constituyen un nicho de mercado. Cada día más precario, ciertamente. Quizá porque tantas credibilidades enfrentadas desgastan la fe más sólida.

Algunos dicen que Jordi Évole se ha jugado su credibilidad (y la ha perdido) con el falso documental sobre el 23-F. Vaya. Qué desgracia. Me parece muy bien que una parte de la audiencia le critique y otra parte le aplauda, porque para eso está: para ser audiencia y opinar. Resultan un poco más chuscas las críticas de ciertos profesionales que conocen a la perfección las patrañas de sus propios medios, contribuyen a ellas cuando hace falta o las soportan en silencio, porque hay que pagar la hipoteca y educar a los niños. ¡Cuánto pontífice de la verdad!

A mí no me gustó demasiado el falso documental. Llegó a aburrirme. Y, sin embargo, me pareció muy bien. Évole hace televisión. Como artefacto televisivo, el programa cumplió sus objetivos de forma abrumadora: obtuvo audiencia y suscitó debate. Cuando opera bajo la etiqueta de Salvados, Évole cultiva un periodismo mestizo, una información-entretenimiento que satisface a millones de personas. Me incluyo entre ellas. Otras veces, como el domingo, Évole hace otras cosas. Y asume riesgos. Personalmente, habría preferido ahorrarme las excusas posteriores («les contamos esto porque no podemos contarles la verdad»), un poco bochornosas, pero ese es un asunto menor. Lo importante es la provocación, algo bien sabido por los participantes en las tertulias políticas televisivas. Si quieren periodismo puro, austero, riguroso, búsquenlo en algún libro o criben la prensa diaria hasta encontrar una pepita (las hay) de ese material rarísimo. No se lo exijan a la industria. La industria es otra cosa. La industria, amigos míos, existe para ustedes, para sus prejuicios y sus puñetas.

Tiendo a pensar que podríamos confiar un poco más en la prensa, fuera cual fuera el soporte, si cada uno de sus productos incorporara algo parecido al making of; un relato de cómo se ha construido la información. A eso, en una época, se le llamó nuevo periodismo. Disculpen la divagación, temo que no venía al caso.

Me acojo a la disculpa anterior para precisar que yo no me fui de El País por los despidos (aunque oficialmente fuera uno de los despedidos), ni por las malas formas con que se planteó el expediente de regulación de empleo. Me fui a otro periódico, El Mundo, que también despedía a gente. Lo que me parecía intolerable en El País tampoco era el ambiente opresivo, muy característico de la casa, ni algunas tonterías que se publicaban junto a piezas espléndidas, sino el cinismo de su máximo responsable, Juan Luis Cebrián: el hombre que ha conseguido ganar fortunas arruinando a accionistas y despidiendo a trabajadores; el hombre que debía defender el periódico y lo despreciaba públicamente.

Me fui a trabajar para un director, Pedro J. Ramírez, que también había hecho del cinismo un arte. ¿Han visto la película Primera plana? No la de Howard Hawks (un buen director no puede parecerse a Cary Grant), sino la de Billy Wilder, con Jack Lemmon como el reportero Hildy Johnson y Walter Matthau como el director Walter Burns. ¿Recuerdan el final? ¿Recuerdan lo que ocurre con el reloj que Burns regala a Hildy? Ahí está todo. Ahí está lo que en mi opinión, absolutamente subjetiva, redime a Ramírez. No me importa trabajar para un jefe que me engañe, me explote o me estafe, mientras ame su periódico y me engañe, me explote o me estafe en beneficio del periódico. Es decir, del oficio. Es decir, de algo muy imperfecto para un público muy imperfecto. Me gusta trabajar para alguien que, como yo, disfrute con este asunto tan sucio e impugnable, tan estúpido, tan poco rentable, tan falto de credibilidad y, aunque a estas alturas no se lo crea casi nadie, tan necesario que llamamos periodismo.


Juan Ramón Lucas: “Hay un poder en la sombra que mueve cosas sin que los ciudadanos podamos hacer nada”


La sensación que tengo mientras esperamos a Juan Ramón Lucas ( Madrid, 1958) en el Círculo de Bellas Artes no es la de estar a punto de entrevistar a un personaje público, me invade más bien la mezcla de inquietud y anticipación de quien aguarda la cita con un viejo amigo. Y es que para el que suscribe, como para millones de españoles, el presentador de En días como hoy conseguía, sobre todas las cosas, transmitir tal sensación de cercanía que, más de una vez, me sorprendía a mí mismo felicitándole o  discutiendo con él  en nuestra cita diaria, entre las 8 y cuarto y las 9 de la mañana, mientras conducía el coche camino del colegio de los críos. Dentro de unos instantes voy a tener la ocasión de hablar con él en persona; aparece por la puerta, dandi como una reencarnación de Oscar Wilde y tan cálido en persona como parecía en las ondas. La voz no miente.

John Humphrys es uno de los presentadores del matinal de BBC Radio desde enero de 1987. ¿Qué podría copiarle RTVE a la BBC para mejorar?

La BBC es un modelo. La estabilidad es un arma que nunca se ha utilizado en la radiotelevisión pública y que, por tanto, se desconoce, pero estoy seguro de que es muy eficaz. El mantener a una persona durante mucho tiempo —evidentemente, con la consideración previa de que es un programa que gusta y va creciendo de audiencia— debe de ser una cosa muy saludable. Yo lo he experimentado solo durante cinco años.

¿Cómo evolucionaron los índices de audiencia de En días como hoy?

Muy bien desde el principio. En términos absolutos, en los cinco años pasamos de 600.000 a 1.400.000 oyentes; y en términos anuales íbamos a un incremento del 25% cada año. Era un producto que desde ese punto de vista estaba funcionando.

¿Qué criterios han seguido entonces en RTVE para dejar de contar contigo para conducir el matinal de RNE1?

Lo desconozco absolutamente. Lo he preguntado, pero no he recibido una respuesta más allá de una generalidad como que se pretendía modificar los criterios y lo que yo estaba haciendo no entraba en esa nueva idea de radio pública. Bueno, ellos sabrán.

¿Es posible una RTVE pública sin gulags y purgas a cada cambio de gobierno?

Yo creía que sí, pero tengo tendencia a ser ingenuo. Pensaba que se iba a mantener el modelo porque estaba funcionando. Era una radio pública de servicio, que no se casaba con nadie y que ofrecía algo que los ciudadanos estaban comenzando a captar como tal, que era un discurso público en el sentido de que se manifestaban todo tipo de opiniones y todo el mundo podía participar. Además, aunque seguramente no me corresponde decirlo a mí, creo que había calidad. Nuestro esfuerzo diario era para conseguir calidad, cercanía y servicio.

Además vuestro programa se caracterizaba por su dinamismo. ¿Cómo se consigue mantener la atención del público durante horas?

No tengo la respuesta a eso, solo se me ocurre pensar que nosotros trabajábamos cada tema del programa como si fuera a ser el único. Había una serie de secciones que exigían a sus responsables rigor y solvencia, y había un informativo que mantenía el mismo criterio. Si entiendes el lenguaje radiofónico y buscas la excelencia radiofónica terminas haciendo un producto que, a lo largo de sus seis horas, es irregular y tiene altibajos, pero en general ofrece una tónica interesante; y ahí están los resultados de audiencia.

¿Cómo se las componen los profesionales para no agotarse? ¿Cómo se mantienen la ilusión diaria y no caer en la monotonía?

Disfrutando de tu trabajo. Para mí esos cinco años han sido un privilegio: levantarme a las tres de la mañana, prácticamente no tener vida social, estar con la gente que quieres siempre limitado por la falta de sueño, recortar tiempo de ocio para dormir debido al compromiso que tienes con los oyentes… pero incluso renunciando a todo eso cuando sonaba el despertador cada día lo primero que pensaba era “¿Pero qué hago?”, pero eso era el primer segundo, es lo que pasa cuando te levantas a las tres de la mañana en cualquier circunstancia, pero inmediatamente pensaba “¿Y lo bien que me lo voy a pasar?”. Y así hasta el final.

En España, las radios generalistas tienen prácticamente la misma programación radiofónica en cuanto al timing. ¿Hay estudios que fundamenten la idoneidad de esa programación o no hay razón para que la parrilla de la radio no evolucione?

Que yo sepa no las hay, pero está evolucionando. Aquí la radio de grandes magazines la inauguraron Luis del Olmo e Iñaki Gabilondo, y la supieron mantener. Luego hubo algunas incorporaciones, como Antonio Herrero en el tema informativo, Carlos Herrera… y después entra una tercera generación de gente como Carles Francino, yo mismo, Federico Jiménez Losantos en otro registro… que mantienen ese modelo porque funcionaba y era cercano. Lo que pasa es que ese modelo exige una cierta capacidad de manejar diferentes lenguajes radiofónicos, porque de 6 a 9 como hacía Iñaki, como hacía Luis y como hace Carlos Herrera manejas un lenguaje determinado, que es el informativo, y tiene que ser solvente; pero a partir de las 9 manejas otro más parecido al entretenimiento. Entonces, si eres capaz de manejar ambos registros y hacerlo con una cierta solvencia te puedes adaptar ahí, pero esa no es la tendencia general. Las otras grandes emisoras lo que hacen es un tiempo de información que suele durar hasta las 8 o las 9 según el país y a partir de ahí magazine. Y es lo que ahora se está empezando a hacer. Carlos Herrera mantiene el modelo, pero la SER lo ha cambiado, Pepa Bueno está de 6 a 10 y Gemma Nierga de 10 a 12.

Hay una gran dificultad para que la misma persona sea tan polifacética como para hacer una entrevista de alto nivel y al cabo de un momento estar riendo con “los cítricos”.

Iñaki Gabilondo me ha dado muchos consejos, y uno de ellos, que yo siempre seguía, era que cuando estés con el micrófono abierto, piensa en el oyente, pero no en abstracto, sino en un oyente que es persona. Y yo lo hacía en cada momento. Cuando estás haciendo una entrevista estás pensando en el oyente y cuando estás haciendo un magazine estás pensando en el oyente. Si tienes alguna duda te conviertes tú en oyente y entonces (al menos a mí me funcionaba) eres capaz de hacer una entrevista más o menos seria y después estar riendo con esos a los que habías entrevistado con La mirada cítrica. Yo pensaba en el oyente, me convertía en él y me divertía mucho. Y vuelvo a la historia: creo que es esencial en radio que la persona que lo está haciendo esté disfrutando. Y no solo disfrutando, sino sintiendo que está comprometido. Yo me lo paso muy bien, pero además tengo que hacerlo bien, porque cada persona que está escuchando la radio en cada minuto tiene el mismo derecho a que lo des todo tanto a las 6:05 como a las 11:45.

Hasta hace poco nos parecía más fácil tener un presidente negro que encontrar a una mujer conduciendo un matinal. Ahora la SER ha dado un paso al frente y ha colocado a dos, Gemma Nierga y Pepa Bueno. ¿Qué te parece el experimento? ¿Dos mejor que una?

De entrada, es cierto que en esto de la comunicación no hay una proporción entre las mujeres que hay en los medios o en el país y quienes tienen responsabilidad. Pero la radio es un medio tan íntimo que me parece que, a lo mejor, no diferencia hombre y mujer. Tú escuchas la radio porque escuchas a alguien que te resulta cercano y convincente, y eso no es cualidad de hombre o mujer, y diferenciarlo me parecería peligroso. Dicho lo cual, creo que el número de mujeres que está en la responsabilidad más alta, y no solo en los medios, no se corresponde con la realidad del país ni del propio sector.

Si Pepa Fernández te dice ven, ¿lo dejas todo?

Sí, porque la quiero mucho y me parece la profesional más solvente que había y que hay en RNE, con muchísimo respeto a todos los demás. En estos momentos es un referente en radio importantísimo.

Era muy bonita la relación que había y los mensajes que os mandabais de un programa al otro.

No sé cómo están ahora las cosas por RNE. Amigos y compañeros me cuentan cosas y eso forma parte de conversaciones privadas, pero lo que sí sé es que en esos cinco años todos en RNE sabíamos que formábamos parte de un cambio en la radiotelevisión pública. Y todos trabajábamos con entusiasmo en esa dirección. Es una de las cosas más hermosas que me quedan de esos cinco años en RNE.

Además había mucha pluralidad, porque el personaje que representabas tú por la mañana se parecía bien poco al de Toni Garrido por la tarde, y naturalmente Pepa no se parece a nadie.

También estaba la gente de informativos; Íñigo Alfonso por la tarde, Rafa a mediodía… trabajábamos en común, intentábamos que no hubiera compartimentos estancos… Todos trabajábamos para una radio abierta, pública y que la gente se hacía suya.

En cuanto a los tertulianos, ¿hasta qué punto el director del programa tiene libertad de elección? ¿No hay “sugerencias” desde las altas instancias?

Yo he elegido siempre los tertulianos que he querido. Sí hay sugerencias, también se proponen; pero siempre se hace, como todo, de acuerdo con la dirección de informativos y de RNE. Durante esos cinco años nadie me ha impuesto nunca absolutamente nada.

¿Cómo se consigue un equilibrio de opinión entre los tertulianos?

Es imposible y quien lo busque no lo va a encontrar. En la última etapa nosotros teníamos solo a dos, intentando buscar ese equilibrio, pero no siempre era posible porque estaban de acuerdo en muchos temas. Hay quien intenta tener a tres tertulianos, dos de una tendencia y el otro de otra, pero eso no acaba de funcionar.

En la tertulia siempre tienes el riesgo de que se desmadre.

Si pones a dos del PP y uno del PSOE que sean militantes sí te va a funcionar, pero es un riesgo para las tertulias el que las personas que están en ellas se comprometan con un determinado partido político, porque para eso pones a políticos y no engañas a la gente. Yo tenía tertulianos conservadores y otros más a la izquierda que a veces coincidían. Intentas que haya tendencias con uno conservador y otro que no, pero no es matemático. En la radio no hay matemáticas nunca. Lo único matemático de la radio es el tiempo, y eso no lo dominas tú. Hace falta mucha intuición y conocer a los personajes.

 ¿Cómo se evita que sea un gallinero o un cementerio?

Con mano dura, y reconozco que yo no siempre la tenía. Pero es más fácil resucitar un cementerio que silenciar un gallinero. Les pinchas y ya está, pero un gallinero… cuando empieza a calentarse…

Los tertulianos están casi siempre centrados en la actualidad política y económica, ¿por qué no traer más especialistas? ¿Por qué no diversificar más los temas? Por ejemplo, un pronuclear y un antinuclear.

En la escaleta de todos los días teníamos los tertulianos políticos. También buscábamos hechos de actualidad, no tanto a la actualidad diaria, y eso es una buena sugerencia: entrar en otros territorios: nuclear o no nuclear, ecologista o no ecologista, toros sí o toros no, educación público a o privada… Teníamos secciones en las que se planteaban debates, pero es verdad que seguramente faltaba que hubiera una sección semanal en la que se debatiera no solo de política sino de asuntos más cercanos. Lo que hacíamos era que los expertos explicaran y los ciudadanos les rebatieran a través de la red.

¿A qué personaje del siglo XX le hubiese gustado entrevistar?

Me hubiera gustado entrevistar a la madre Teresa de Calcuta, Ronald Reagan, a cualquiera de los Beatles, a Jimi Hendrix… a cualquiera de las personas que admiro o a cualquiera de las personas que me parece que han hecho algo admirable. Pero también a personas que han hecho cosas importantes, aunque no los admire, como Mao, Hitler o Franco. Y luego hay una clase de gente corriente, “the ordinary people”, que hace cosas extraordinarias.

En alguna ocasión ha comentado lo mal que te llevabas con Internet, sin embargo en Twitter tiene más de 100.000 seguidores ¿qué valor tiene esta herramienta para un periodista?

Hoy mismo he leído que cualquier periodista tiene que estar en Twitter. Es absolutamente cierto, y estás sometido, aunque no tanto como los políticos, a que la gente te zurre y la exposición pública, y eso no siempre es grato. Pero tienes que saber lo que pasa, lo que se cuenta y lo que la gente opina de tu trabajo. Además te facilita el poder comunicarte con cualquiera. Es fundamental para un periodista para saber en qué mundo está.

¿Estás de acuerdo con lo que nos dijo Ramón Trecet de que el valor de un periodista equivale a su número de seguidores en Twitter?

No. Yo tengo muchos seguidores en Twitter. Hay muchos periodistas que son mucho mejores que yo, que tienen menor repercusión pública pero mayor influencia por lo que escriben y donde escriben, que tienen menos seguidores. Hay periodistas con 60.000 o 25.000 seguidores que son mucho más importantes que los que tenemos 100.000.

La radio era fundamentalmente un medio para consumir la información al instante. Sin embargo, hay un auge en el uso de los podcasts, donde el oyente se centra en los contenidos que le interesan. ¿Se tiene en cuanta en las redacciones este nuevo elemento en la radio?

No. Otra gente quizá sí. Para nuestro programa Internet era, en primer lugar, un medio de difusión y, en segundo lugar, un medio de encuentro con los oyentes. Y cuando piensas en difusión en radio siempre piensas en directo, porque es el mayor valor que tiene: el hacerla en directo. Internet te ofrece una posibilidad nueva, que es escucharlo más tarde o escuchar solo lo que quieres; pero cuando te planteas un programa que entraña dificultad y tan largo, te lo planteas en directo y lo haces en función de los horarios vitales de la gente a esas horas. A primera hora de la mañana la gente quiere información, luego se relaja… tratas de acompasar la radio a las horas, y eso casa mal en otro momento. Sin embargo, hay cosas como La mirada cítrica que se puede escuchar a cualquier hora. O una entrevista. Pero una noticia en directo es más difícil. Yo siempre planteo la radio como la vida  que transmites en el momento en que hablas.

¿Crees que en el futuro los podcasts van a influir en la producción de los programas?

A lo mejor me falta el criterio para ver el futuro, porque las cosas cambian muy deprisa. Hace dos años y pico jamás pensé que podía tener 100.000 seguidores en Twitter. ¿Qué es eso de Twitter? Y ahora estoy a punto de abrir un blog. Voy muy poquito a poco, pero soy incapaz de predecir el futuro. Lo que sí creo es que la radio será siempre lo mismo, igual que el periodismo de esencia será siempre lo mismo. Tú puedes escribir en la redes, transmitir vía satélite o utilizar un holograma, pero siempre cuentas lo que pasa y le interesa a la gente. El día que la radio deje de ser ese medio que te hace compañía, te cuenta las cosas en el momento y sientes como tuyo habrá muerto la radio. Cuando la radio la haga un robot y sea una noticia tras otra ya no la escucharás, lo mirarás en internet. La radio tiene un elemento que no puede morir nunca, es lo que hace que el diálogo que mantenemos tú y yo aquí tenga sentido, es el calor, la temperatura, como decía Gabilondo, la cercanía. La radio tiene eso y su futuro pasará por conservarlo o expandirlo. No sé cómo, pero siempre tiene que tenerlo.

 

El periodismo impreso ya está viviendo el nuevo cambio de paradigma, y en breve en los coches se podrán escuchar emisoras de radio a través de Internet. ¿Has pensado en ello? ¿Qué pueden aportar locutores-blogueros al panorama radiofónico actual?

Mientras el lenguaje que utilicen sea el radiofónico, supongo que aportarán riqueza. Pero puede pasar como pasa a veces en Internet, y es que hay tanta basura que cuesta diferenciar. Es un riesgo, pero todo progreso lo es. Estamos ahora con el debate de los derechos de autor, por ejemplo. Las cosas tienen que cambiar. Hay cosas que hace tres años eran inimaginables, era imposible pensar que las redes tendrían la influencia e importancia que tienen ahora. Pues tendrás que adaptarte. En esto siempre va a ganar quien busque la excelencia, y la excelencia supone, teniendo claro el lenguaje de la radio, adaptarte a los tiempos y pelear. Yo siempre pongo el ejemplo del flamenco: Enrique Morente, que a mí me parece más innovador que Camarón de la Isla, entendía muy bien el flamenco, sabía mucho y lo cantaba muy bien; y por eso lo que él hacía a algunos le parecía una barbaridad, porque eso era el futuro. Él había entendido muy bien que el progreso era eso. Y el flamenco, igual que todas las artes, cambia cuando alguien que lo conoce muy bien y maneja muy bien su esquema empieza a intentar cosas diferentes. Yo no creo que un mono y un niño que pinten son el futuro del arte. Eso está muy bien y puede ser un soplo de aire fresco en un momento determinado, una ráfaga de viento, pero se cierra la ventana y nos quedamos con lo esencial, que es conocer ese arte y, partiendo de él, empezar a cambiarlo. Camarón fue el más valiente porque en esa época nadie pensaba que se pudiera cambiar el flamenco, pero Morente ha cambiado más las cosas y se ha atrevido más. Volviendo a lo nuestro, que vengan todas las posibilidades de escuchar radio, pero solo la gente que sabe de radio y es capaz de ver el futuro y trabajar conociendo ese lenguaje sin salirse de él… luego a lo mejor te sale. Las cosas hay que hacerlas desde el conocimiento. Yo puedo ser antinuclear y puedo discutir contigo, pero tú tienes muchos más conocimientos que yo, y eres tú quien decide si se puede ser ecologista y pronuclear porque tienes un conocimiento de ambos campos. La radio es comunicación directa, es temperatura. Hazla por internet, por megáfono o como quieras, pero hazla desde dentro de la radio.

De “Internet” es difícil defenderse. ¿Te embargaron sentimientos de impotencia cuando Periodista Digital se hizo eco de la información que publicó CCOO relativa a tus relaciones comerciales con RTVE?

Sí, aunque no me gusta mucho hablar de ello porque si te digo que me hizo daño estoy procurando que alguien se alegre. En términos generales te diré que cuando uno es objeto de una información que no está contrastada y que además es falsa, duele. Pero al final te acabas acostumbrando.

Pero hubo gente que salió públicamente en defensa tuya.

Sí, pero ante esos ataques ¿qué puedes hacer? Últimamente también he recibido críticas por el anuncio de Securitas Direct de gente que piensa que rompe la ética periodística.  ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Incluso aunque yo, que no es el caso, me hubiera equivocado, ¿qué tiene que ver eso con la ética periodística? No juzgues mi trabajo utilizando un elemento externo a ese trabajo. ¿Tú sabes si el hecho de que yo haya hecho un anuncio ha conllevado que yo, informativamente, le dé un trato de favor a esa empresa?

Quizá habría pasado lo mismo si hubieras anunciado cualquier otra cosa, es el ataque al personaje público.

Si lo próximo que yo haga hay gente a la que no le gusta me van a decir que me he vendido. Lo de siempre. Siempre va a haber gente que te critique. Twitter me permite acostumbrarme a eso. Cuando hacía la tele de vez en cuando me llegaba una hostia, pero te sentías el rey del mundo, que a todo el mundo le gusto. Que no es así, pero Twitter en este sentido es muy interesante, porque cuando tú te crees que eres inmenso viene alguien y te dice que no, y te zurra. Muchas veces esos golpes que te dan no tienen sentido, son vómitos, exabruptos, pero muchas veces dicen cosas sensatas, y ahí lo reflexiono y dialogo. A veces me defiendo. Si son gente que simplemente insulta ni me meto. A veces lo que he hecho ha sido retwittear el insulto, y entonces se monta una polémica y ese alguien que te ha insultado sale apaleado. Pero eso solo lo he hecho una o dos veces con gente que me ha insultado abiertamente. Es más, lo hice una vez con alguien por un tema muy sensible para mí, que es el cáncer. Calificó de patochada lo que yo hacía para la fundación que preside mi mujer en los actos para recaudar dinero para financiar becas de investigación. Ahí fui a saco. Cuando se meten conmigo o me insultan como mucho respondo una vez, pero no entro al trapo. Ante las críticas constructivas sí reacciono y lo intento aplicar en la siguiente ocasión. En concreto, respecto a lo que me preguntaste, es completamente falso. Ni he ganado tanto dinero ni de lejos ganaba el dinero que se decía.

Es que cualquiera que tenga una empresa sabe que facturación no es igual a beneficios.

Hablaban de lo que facturaba para hacer los programas de la tele como si hubiera sido lo que yo había ganado. Si miras lo que valen los programas de la tele, un millón de euros al año es una mierda. Es la mitad de lo que cuesta cada programa tipo Operación triunfo. Nosotros, que somos una productora muy modesta, habíamos facturado en dos años dos millones de euros. Pero facturado. Con un beneficio industrial del 10%. Y de ahí tienes que pagar otros gastos que no estaba en esa producción y a gente que no estaba en ese programa.

¿Hasta dónde llevarías la transparencia en todo lo relacionado con lo público?

Hasta donde se pueda.

¿Simpatizas con el movimiento 15M?

Lo observo con atención y simpatía, pero veo que desde sus inicios hasta ahora se ha producido una evolución que puede que lo espante, porque siendo capaces de recoger un importante sentimiento popular no están siendo capaces de ofrecer alternativas.

¿Y con Anonymous?

En algunos casos Anonymous ha hecho cosas que sobrepasan los límites de lo aceptable. La intimidad de las personas me parece sagrada. De hecho, enlazando con la penúltima pregunta, el límite de lo público podría estar en la intimidad de las personas.

El hecho de estar siempre en primera línea de la actualidad te habrá permitido conocer muchos datos e informaciones a micrófono cerrado. ¿Hasta qué punto desconocen los ciudadanos lo que se cuece en las altas esferas?

Los periodistas no sabemos mucho de eso. Tengo amigos políticos que me cuentan cosas y opiniones, y luego oigo que en público dicen cosas diferentes. Tengo la percepción de que se cuecen muchas cosas que desconocemos y de que hay un nivel de poder político y económico, que está lejos de nuestras posibilidades como ciudadanos, que maneja mucho más de lo que parece. Que hay un poder en la sombra que mueve cosas sin que los ciudadanos podamos hacer nada, seguro. Que tengo algunas sospechas, también. Pero que pueda demostrar y contar, nada. Pero no por ser periodistas necesariamente sabemos más. Cuando no estás en una conspiración no suelen hacerte partícipe de ella.

En tu próxima etapa qué te gustaría, ¿radio o televisión?

Radio. Es la novia que un día perdí y que no sabía que la quería tanto hasta que volví a encontrármela. Ahora ya lo sé. Lo que pasa es que ahora mismo el futuro va más por la tele por proyectos que todavía no puedo desvelar.

En diversas ocasiones has manifestado tu desagrado por la telebasura. ¿A qué consideras que se debe el éxito de audiencia de la misma?

La telebasura es la tele que desinforma y manipula. Me he preguntado muchas veces por qué tiene tanto éxito y solo encuentro una razón: nos gusta ver la mierda de los demás y pensar que, si yo tengo problemas, el otro también. En la calle ves a gente discutiendo, pegándose o vomitando y a lo mejor tienes un poco de pudor. Pero si estás solo en tu casa, sentado en tu sofá con una cerveza, y ves desfilar todo eso, lo ves y no se entera nadie. Y luego dices que ves los documentales de La 2. Pero he visto eso porque mi instinto animal disfruta viendo cómo se devoran mis congéneres. Ese tipo de relación son los medios de comunicación nos pone ante nuestro yo más animal. No puedo pegarle un puñetazo a mi jefe, pero me gusta ver cómo alguien le pega un puñetazo a otro y puedo identificarme con él. No lo sé, no soy psicólogo ni sociólogo, pero como me he hecho muchas veces esa pregunta creo que tiene que ver con nuestro comportamiento más primario.

Una pregunta con trampa: ¿consideras los reality shows telebasura?

Depende de lo que cuenten y del producto que te vendan. Operación triunfo es un reality y no es un ejemplo de televisión educativa, pero no es una televisión agresiva. Y ha sacado gente con talento. Hay programas en los que se potencian ciertos talentos. Por el tamiz de la televisión, cierto, pero es que todo lo que pasa por la televisión tiene un punto de contaminación porque tiene un punto de espectáculo. Pero salvando eso creo que hay productos televisivos de formato reality que son plausibles y que hasta pueden ser enriquecedores.

¿Te arrepientes de haber conducido Confianza ciega?

No me arrepiento de nada de lo que he hecho en mi oficio, ni siquiera de las cosas más infames. Porque todo me ha servido para, al final, tener un zurrón lleno de cosas buenas y malas de las que aprendo. Si uno transitara por la vida quedándose solo con lo bueno no aprendería en la puta vida. Todo lo que he hecho tiene un valor, incluso los errores que he cometido, que han sido muchos, porque me sirve para no repetirlos, para hacerme crecer o hasta para enseñar a mis hijos lo que no hay que hacer. Las cosas malas que nos pasan también son vida y nunca te tienes que arrepentir de tus equivocaciones, lo que tienes que hacer es aprender, porque a lo mejor si no las hubieras hecho no lo habrías aprendido. Nunca te arrepientas de tus errores.

Jordi González tiene mucha audiencia con El gran debate consiguiendo que muchos telespectadores sigan cuestiones de actualidad. Sin embargo el tratamiento del programa no puede evitar las tendencias sensacionalistas de la cadena. ¿Cómo valoras este tipo de programas?

Creo que está en el límite, a veces plantea debates interesantes. El problema de la televisión es que hemos acostumbrado a la audiencia a determinados mecanismos primarios. Hemos habituado al público a un lenguaje determinado y a que la tele tiene que ofrecerte espectáculo. E identificamos espectáculo con sorpresa, sorpresa con conmoción y conmoción con conmoción de cintura para abajo. Al final, salvo excepciones, se termina haciendo una televisión que puede ser buena en los contenidos pero que tiene que ir servida en esa bandeja. Ahí las televisiones privadas tienen un hándicap que no deberían tener las públicas, y es que tienen que ser rentables. La rentabilidad llega con la publicidad y la publicidad con la audiencia. Ese filtro del lenguaje televisivo contaminado tiene más peso en las televisiones privadas que lo que debe tener en las públicas. El gran debate me parece un formato que está muy bien, muy interesante. Y Jordi González es muy bueno. Tiene el hándicap que a veces tiene que hacer concesiones a un cierto lenguaje televisivo, pero en el fondo me parece que el programa está muy bien.

¿Estarías dispuesto a conducir un programa de debates en esa línea?

¿Por qué no? Lleva ya el suficiente tiempo como para que el que me propusiera una cosa así supiera hasta dónde voy a llegar. Si me dejan hacer sí, claro. Con esto no estoy pidiendo trabajo, ¿eh?

¿Te ha interesado alguna vez el periodismo de investigación?

Mucho.

¿En qué estado se encuentra?

En eso los sajones nos dan cien mil vueltas. El periodismo está pasando una etapa de crisis que se traduce en falta de medios, y eso lleva a cierta relajación en lo que es más caro del periodismo, que es la investigación, la búsqueda. A veces se confunde periodismo de investigación con periodismo de filtración, que no es lo mismo. Cuando te filtran algo te lo están filtrando. Cuando tú investigas, sigues, giras… es otra cosa. Y eso cuesta dinero y ahora anda un poco a la baja.

¿Cuáles son tus referentes periodísticos internacionales? ¿Qué TV consumes?

BBC, los británicos son muy sobrios y eficaces. En general para audiovisual, los sajones. En España no se hace mala televisión informativa, pero siempre tienes que tener en cuenta qué televisión estás viendo para filtrar un poco. Mis referentes internacionales son BBC y CNN, pero tampoco hay nada especial. Me gusta mucho cómo los franceses son capaces de vender lo suyo con éxito aunque sea aburrido.

Los franceses son los únicos que todavía se atreven a tener a cuatro tíos dando la brasa en una tertulia.

Y tener una audiencia espectacular. Sigo a los británicos como referente, pero admiro a los franceses por la capacidad que tienen de ser aburridos y tener éxito.

¿Consideras necesarias las televisiones autonómicas?

Sí como concepto, pero no las que se están haciendo. La televisión autonómica es una televisión pública, e igual que defiendo la sanidad pública, defiendo la televisión pública, la radio pública, la educación pública… Es verdad que a veces las televisiones son un despilfarro, pero son una oportunidad de servir a los ciudadanos. No se ha hecho así, pero debería. Desde ese concepto defiendo la televisión pública. Eso sí, no defiendo las televisiones gubernamentales ni las televisiones del dispendio.

El consejo de administración de Canal Sur cuesta un millón de euros.

Pues a lo mejor hay que revisarlo. No lo sé, no soy un gerente. Seguramente los gastos de las televisiones públicas hay que revisarlos, pero creo en una radiotelevisión pública de servicio y plural: la BBC.

Hace poco aparecías en tu tierra natal apoyando con su presencia la fundación contra el cáncer que tiene tu mujer. ¿Qué te lleva a involucrarte en este tipo de actos?

La toma de conciencia, la influencia de Sandra, que tiene mucho carácter y pelea duro y una cosa que siempre he pensado: que quien tiene una proyección pública está obligado a comprometerse. Si lo que tú haces puede influir no puedes quedarte quieto en casa. Tienes que mover conciencias.

Eres patrono. ¿Cuál es el objetivo de la fundación?

Impulsar la investigación y crear conciencia sobre la enfermedad. Y cuando digo crear conciencia quiero decir saber que está, saber qué podemos hacer, saber que se puede curar y saber lo importante que es una actitud positiva. En cuanto a apoyo a la investigación, fundamentalmente financiación de proyectos a través de becas.

En Estados Unidos la financiación privada de la investigación es inmensa y en España es nula.

Como fundación que somos no recibimos ni un duro público, nada. Estamos auditados y tenemos un control del Ministerio de Educación y Ciencia para las becas. Tenemos un patrono de la fundación que es Manel Esteller, que es uno de los mayores expertos en epigenética del mundo, y cuando presentamos la fundación hizo un gráfico muy gracioso. Ponía un grupo de batas blancas, las oscurecía y dejaba solo una y media, y decía: “Esto es lo que financia el Estado”.

¿Ha leído el libro de tu mujer Las cuentas de la felicidad?

Unas cuantas veces. El libro es muy bueno, y lo que yo sé del libro es que es auténtico y le ha costado mucho escribirlo. El otro día alguien decía en Twitter que a saber quién lo ha escrito. Pues lo ha escrito Sandra, y ha tardado ocho años porque cada vez que se ponía era un dolor tremendo. Al final le dio el último impulso y lo sacó. Es un libro escrito con mucho dolor pero con muchas ganas.

A qué eres más aficionado, ¿a las motos o la lectura?

[Se lo piensa largo rato] La emoción de la moto es más intensa. Monto en moto (una Goldwing) casi todos los días y leo todos los días, peor la emoción de la moto es más inesperada, más sorprendente. Y eso que la Literatura te lleva por donde te lleva.

¿Qué libro estás leyendo ahora?

Estoy leyendo, totalmente fascinado, y lo empecé ayer, La voluntad y la fortuna, de Carlos Fuentes. Acojonante. De hecho estaba deseando llegar aquí pronto y en el metro no me ha dado tiempo a leer. He terminado hace poco La berlina de Prim, de Ian Gibson, que me ha gustado.

¿Y lo de la Goldwing?

Me la compré porque me gusta mucho hacer viajes largos, y casi siempre viajo con mi mujer. Entonces, yo era más partidario de una moto, pero ella hizo valer algo que es incuestionable: quien va conduciendo soy yo, y quien va disfrutando de la conducción soy yo, así que al menos la tengo que dejar ir cómoda. Y la Goldwing es un coche de dos ruedas.

Fotografía: Gonzalo Merat
Transcripción: Luis Marcelino


Fernando Sánchez Dragó: “Lo que más me ha enseñado en la vida han sido las ingestas de LSD”

El autor de El sendero de la mano izquierda, donde cuenta el secreto de la felicidad y Soseki: Inmortal y tigre, dedicado a su célebre mascota, es conocido por el gran público principalmente por su faceta de presentador de televisión —al que debemos algunos de los momentos más memorables de la pantalla— aunque también se le puede definir de otras muchas maneras: profesor en diversos países, actor en series y películas, místico sin iglesia, tertuliano siempre polémico, pansexual, apátrida por vocación, ganador del Premio Nacional de Literatura, niponófilo con la misma pasión con la que detesta España, entusiasta de las pastillas (de las de herbolario y de las buenas), joven de 75 años, anarquista reaccionario y poseedor del raro privilegio de tener una especie de escarabajo bautizada con su nombre (el Somaticus sanchezdragoi). Pero, por encima de todas las cosas, nos dice, aquello a lo que nunca podrá renunciar en la vida es a su condición de viajero, lector y escritor.

Hace poco citaba una frase de William Blake: “La persona que jamás cambia de opinión es como el agua estancada: su mente cría sabandijas”. Supongo que por su trayectoria personal se sentirá especialmente identificado.

Sí, efectivamente. Pero habría que matizarlo un poco. El que no cambia nunca de opinión es que está muerto, es un marmolillo. Esta clase de gente que te dice “yo soy de izquierdas de toda la vida” o “yo seré de derechas hasta que me muera”. Evidentemente todos vamos cambiando físicamente, psíquicamente y a medida que se van modificando nuestras circunstancias. Pero sin embargo hay algo que permanece: el sentido del propio yo. Vas envejeciendo, te resulta difícil reconocer en el espejo la imagen que te arrojó hace 20 o 40 años y sin embargo la conciencia del propio yo sigue existiendo. ¿Y qué es lo que nos confiere ese sentido de la identidad? Yo creo que es el carácter. Nacemos con un determinado carácter y eso es prácticamente lo único que no cambia a lo largo de la vida. Por supuesto que se manifiesta de diferentes maneras, pero el carácter permanece y te lleva a mantener una determinada actitud ante las cosas. Desde ese punto de vista me sorprende que aparentemente he sido versátil, he sido de izquierdas cuando tenía 20 años, milité incluso en el Partido Comunista. Y ahora en cambio no tengo nada que ver con la izquierda —lo que no significa que tenga mucho en común con la derecha—. Sin embargo cuando leo no te digo ya mi primera novela, escrita a los 23 años, cuando leo cosas que escribía en el colegio con 8 o 10 años, los primeros poemas en la universidad… La verdad es que me sorprendo al decir cosas que sigo diciendo ahora. Los hinduistas dicen que estamos viviendo en la época del Kali Yuga: la época de disolución y materialismo, donde todos los valores éticos y estéticos se van al traste y entonces uno se olvida de quién es. El ser humano no puede cumplir con ese viejo precepto de la eterna sabiduría, sophia perennis, que es “conócete a ti mismo”. Eso es muy difícil en el momento actual. Ya los vedas, hace miles de años, proponen un juego muy curioso llamado el Vichara. Es una palabra sánscrita que se podría traducir como juego de la indagación del yo. El juego consiste en lo siguiente: coges un papel y en dos minutos tienes que responder a la pregunta “¿Quién soy yo?” Y dices lo primero que se te pase por la cabeza. Vuelves a coger otro papel y respondes a la misma pregunta, pero sin dar ningún dato de tu biografía. Coges en tercer lugar otro papel y tienes que responder sin ningún dato sobre opiniones o creencias. Y en cuarto lugar, coges otro papel y tienes que responder sin dar datos sobre tu aspecto físico. De esa forma, dicen los vedas, habrás averiguado quién no eres, que es el primer paso para saber quién eres. Por eso, hayas sido de izquierdas o de derechas, español o guatemalteco, todo eso puede haber ido cambiando, pero la conciencia del yo permanece.

En los años 80 se definía como antieuropeísta, debían ser tres o cuatro en toda España, pero en estos momentos el rechazo a Europa parece estar mucho más extendido.  

Es sorprendente. Y no voy a ocultar que en cierto modo me enorgullece. Tengo colgado a la entrada el telegrama que envié al Ministerio de Justicia pidiendo, ante la infamia cometida, el estatuto de apátrida. Recibí la callada por respuesta, pero se armó un gran barullo. Aquello saltó a la prensa —yo era prácticamente el único disidente— y me empezaron a llevar a entrevistas. Recuerdo una con Iñaki Gabilondo en la que, solo ante el peligro como en aquella película, yo era el único del debate que atacaba a Europa. En aquella época tenía Gabilondo un artilugio llamado el Sermómetro, que era una encuesta realizada tras el debate a partir de las miles de llamadas que se recibían y ante el estupor de todo el mundo casi toda España —salvo Castilla y León y, por los pelos, Cataluña— me dio la razón. Fundé entonces la Agrupación de Comunidades Ibéricas Miguel de Unamuno, para la salida de España y Portugal del Mercado Común. Recibí adhesiones sorprendentes de gente que no conocía en aquél momento como Albert Boadella o Saramago. Finalmente aquella agrupación quedó en nada, porque yo sirvo para lanzar ideas pero no para gestionarlas.

Pero cuando entramos en el euro, recuerdo que una novia de mi hijo ante mi asombro se levantó a las 12 en punto diciendo “¡qué ilusión, ahora empieza el euro, quiero ser la primera en tener uno!”, se bajó a la calle y en el primer cajero saco unos euros y volvió orgullosísima. Fue entonces cuando escribí un artículo contándolo y diciendo que esto iba a ser un desastre, que no se pueden juntar churras con merinas y que era un juguetito de los políticos que iba en contra del sentido común. Y ahora me están dando la razón. Europa se hunde, es un desastre, no hay nada que hacer. Europa dentro de poco será el tercer mundo. Continuamente voy y vengo de Oriente, que es lo que realmente está creciendo: India, China, Malasia, Vietnam, Corea… y tengo impresiones parecidas cuando voy de Bangkok a París a las que tuve en 1967 cuando desde Roma llegué a Bopal. Y esto es algo de lo que los europeos no se dan cuenta, están ciegos y sordos. Mudos no, porque hablan y hablan sin parar, pero sin decidir nada. Pero ya verás como Europa se va al diablo.

¿Entonces qué es lo que va a pasar? Un nuevo orden mundial. En la historia universal hay corrientes telúricas que cuando llega su momento se abren paso a una velocidad vertiginosa y no hay quien las detenga. Hubo un milenio que fue el del Mediterráneo: el milenio de la Natividad, de la Hélade, de Egipto… Luego otro milenio que fue del Atlántico, el de Estados Unidos, Inglaterra, los imperios coloniales… y ahora llega el milenio del Pacífico. Hay tres grandes bloques emergentes en el mundo: uno es Rusia, otro es el sudeste asiático y el otro los países musulmanes. Estos últimos están desunidos entre sí, pero en el momento en que se unan Europa se va a convertir en un parque temático, en un museo. Los rusos, musulmanes y chinos vendrán a disfrutar de nuestra gastronomía, a beber nuestro vino, a tirarse a nuestras mujeres y visitar nuestros museos.

Entonces los valores occidentales de libertad, democracia… ¿Están en peligro?

Creo que la democracia ha llegado a su punto final. La democracia es un régimen político con sus virtudes y sus defectos, como todos los sistemas, y que cumple su función. Creo que en estos momentos —y no lo estoy defendiendo, no mates al mensajero— como observador me limito a señalar que hay un nuevo sistema político que emerge con extraordinario vigor que es el sistema chino: libertad económica y autoridad política. Es como vive un estudiante en casa de sus padres, ellos son quienes gobiernan la casa, quienes se ocupan de resolver los enojosos problemas administrativos… y mientras tanto el estudiante va a estudiar, le dan una paga el fin de semana, sale, entra, chicolea, se va de botellón… Pues bien, ese es el sueño de todo chino y en definitiva de todo ser humano, por lo que esta nueva fórmula es la que va a acabar imponiéndose.

¿Pero los chinos no querrán imitar a Occidente también en ese aspecto, reclamando más libertades?

¿Imitar un sistema que nos ha llevado al desastre? ¿Cuál es la raíz del desastre económico del mundo occidental? Tiene nombre: un “malhechor” que se llama Keynes. Europa tiene una ideología, que es la socialdemócrata. Y tan socialdemócrata es Rajoy como Rubalcaba, Merkel y Cameron, por muy liberales que se proclamen. No son liberales. El liberalismo hoy día en el mundo occidental no existe. ¿Entonces en qué consiste la democracia, el Estado del Bienestar? Era algo sostenible a corto plazo, dentro de ciertos niveles, mientras no se produjera el fenómeno de la inmigración. Pero en el mundo actual el Estado del Bienestar no es posible. El Estado del Bienestar significa holgazanería, hedonismo y falsa solidaridad. Consiste en que medio país viva a costa del otro medio, como las cigarras. A mí me llama mucho la atención que cuando voy a Japón o a otro sitios y digo que soy español, una de las respuestas más frecuentes que suscita mi declaración es “ah, viene usted de esa parte del mundo donde la gente vive sin trabajar”. Y es verdad, así que no creo que los chinos tengan el menor interés en imitar el Estado del Bienestar. El Estado que yo propugnaría es el Estado de la responsabilidad. Somos hijos de nuestras obras, yo en esto coincido con Escohotado, Los enemigos del comercio me parece importantísima. Es un saludable egoísmo —practicado dentro de las normas del sentido común— tal como decían los filósofos anglosajones del siglo XVIII y XIX lo que nos puede llevar a organizar la sociedad de una manera adecuada. Si yo defiendo a los míos, si yo cultivo mi huerto tal como decía Voltaire y todo el mundo hiciera lo mismo, el mundo sería un vergel.

Ese individualismo que usted reivindica… ¿No se contradice con su interés por una sociedad tan opuesta a esos valores como la japonesa? ¿No resulta Japón un tanto asfixiante en ese aspecto?

Vamos a puntualizar. Japón es un país admirable, entre otras cosas porque es completamente distinto a los demás. Ahí hay un misterio que no sé a qué se debe, quizá a la condición de insularidad que hasta hace 150 años ha caracterizado la historia del país. Pero el mundo se divide entre Japón y los demás. Así que cuando yo llegué a Japón en 1967, después de estar un año allí, escribí una larga serie de artículos que se publicaron en España —con pseudónimo porque estaba exiliado— y el título general que puse a esas ciento y pico páginas fue el de Los marcianos están entre nosotros. Cualquier consideración que hagas sobre Japón no sirve para el resto de la humanidad y viceversa. Dicho esto, tengo que decir que mi admiración por Japón es por el Japón de los daimyō, de los samuráis, de Mishima, del bushido, no por el Japón actual. Aunque es verdad que el actual tiene una cosa extraordinaria y es que todo el mundo cumple con su deber. Eso es la herencia del bushido, casi nadie engaña a nadie. No hay delincuencia de ningún tipo, puedes dejar las puertas de tu coche o tu casa abiertas y todo el mundo va a respetar lo que haya en el interior. Todo eso hace que vivir allí relaje extraordinariamente.

Tu estás aquí en España y tienes la impresión —por desgracia corroborada por los hechos— de que está todo el mundo engañándote. Llamas al fontanero para que te arregle la cisterna y lo primero que hace es culpar al fontanero anterior diciendo “uy, lo que le han hecho aquí”. Te engaña tu jefe, tu subordinado, la comunidad de vecinos, los políticos… es una sensación agobiante, acabas extenuado viviendo en países como España, Italia o Grecia. Pero llegas a Japón y te relajas porque todo funciona a la perfección. No como un reloj suizo, sino como un Seiko en este caso. Dicho esto, debo admitir que ahora en Japón me asfixio. De hecho ya no vivo allí, aunque voy de vez en cuando porque ha sabido conservar casi como en un congelador las formas tradicionales hasta extremos que la gente no conoce. La gente cuando piensa en Japón piensa en Tokio, en la ultramodernidad. Pero es el país del mundo con más superficie boscosa. El 73% de la principal isla está cubierta por bosques impenetrables, en ese Japón holográfico, que vive a espaldas de Tokio, de Osaka, vive refugiado un Japón tradicional, con miles y miles de pueblos con la vieja arquitectura, con el ritmo de los viejos tiempos, es algo fascinante. Voy allí a buscar eso, no el otro Japón, que se ha convertido también en un país socialdemócrata. La socialdemocracia es la intromisión de los poderes públicos. No tenemos un resquicio de libertad, probablemente en estos momentos hay catorce cámaras grabando lo que decimos tanto o más cuando mi buena amiga Esperanza Aguirre vive al otro lado de esa pared, en el portal de al lado (risas).

No lo digo por ella, pero está todo controlado, todo prohibido, yo me ahogo en la España de hoy en comparación con la que conocí, que era la España de Franco. Esto tampoco es defender el régimen de Franco, es defender una sociedad en la que había libertad, por ejemplo, para ir a la farmacia a comprar lo que me diera la gana, y ahora prácticamente no puedo comprar ni una aspirina. Donde podía coger un avión y no someterme a las vejaciones que ahora nos imponen. Ahora vivimos entre barrotes, los terroristas han triunfado, en nombre de la seguridad —que es la mayor estupidez del mundo, porque no hay nada más inseguro que estar vivo— nos han metido a todos en la cárcel. Pues esto en Japón llega hasta extremos inverosímiles, la intromisión hasta en los últimos recodos de la vida cotidiana de los poderes públicos llega a ser agobiante, más que en ninguna otra parte.

Hablando de Japón, hay ciertas tradiciones que supongo que usted conocerá y no sé si habrá practicado, como el Nyotaimori o body sushi.

El mundo actual está hecho de ocurrencias, ingeniosidades. No sé si has leído cómo en China han dictado una ley por la cual en un retrete público solo puede haber dos moscas, más de dos es delito. Pues Japón está lleno de estupideces como esa, pero eso del body sushi y las muñecas hinchables es mínimo, es lo que se recibe en el mundo occidental del Japón. Hacen un documental o un reportaje sobre ese país y siempre salen estas cosas. Yo voy allí y no las veo, y he vivido casi 10 años de mi vida en Japón.  Por supuesto que existe, no digo lo contrario, pero por ejemplo nunca he visto uno de esos hoteles en los que las habitaciones son cápsulas. Son aspectos mínimos pero muy llamativos que definen a los ojos de los no japoneses esa sociedad, una de las más falsificadas por los periodistas que he visto.

Body sushi… nunca he practicado tal cosa, evidentemente si me colocas aquí a una hermosa chavala japonesa… a mí la comida que más me gusta es el sushi y las chicas japonesas me gustan con delirio. Así que me la pones delante con sushi o sashimi encima, yo encantado me lo como. Pero no me puedo tomar en serio estas cosas, que también se han hecho en el mundo occidental, con chocolate o poniendo crema en el sexo a una mujer o ella a ti en tu pene y luego te lo chupa.

¿Y el shibari, que consiste en atar a una mujer con cuerdas?

Pero eso también se ha hecho toda la vida, es el sadomasoquismo. Al fin y al cabo si miras las posturas del Kamasutra, la mayor parte son irrealizables a menos que tengas un entrenador personal que te esté colocando una pierna de determinada manera o estés maniatado y colgado con poleas del techo. El mundo actual ha perdido el sentido común, yo todos los años hago un viaje con mis hijos y mis nietos, un viaje sagrado en el que a lo mejor un año vamos a la India, otro a Nepal, a Senegal, a Tanzania… Este año hemos hecho un viaje más corto, a Italia, concretamente a Cerdeña, Sicilia y Nápoles. Cerdeña es una isla curiosísima, es una especie de viaje a la prehistoria, la prehistoria está viva allí como en ninguna otra parte del mundo. Y en lo que es la Toscana, el Toledo, el corazón que es Nuovo, que está allí enclavado en las montañas que es donde se produjo este famoso fenómeno del bandolerismo sardo que duró hasta hace muy pocas décadas. Pues allí hubo algo que me llamó mucho la atención y sobre lo que quiero escribir algo. A comienzos del siglo XIX habían llegado los Saboya, la dominación española se había ido y representaban entonces la modernidad, tomaron una serie de medidas que a los campesinos sardos les parecieron disparatadas, entre otras cosas porque les expropiaron muchas tierras. Entonces se produjo un fenómeno curiosísimo de anarquismo conservador, de anarquismo reaccionario por así decirlo, como lo soy yo mismo, Escohotado o Boadella, y ese movimiento, que llegó a ser poderosísimo y puso en jaque a las autoridades, tenía un grito de guerra que es como se llegó a conocer el movimiento, “volvamos atrás”. Yo si tuviera que proponer ahora un manifiesto sería ese. Volvamos atrás, recuperemos el sentido común, recuperemos las viejas palabras, los viejos valores, las viejas costumbres.

¿Regresar atrás hasta cuando?

Todos hemos pensado alguna vez en qué momento de la historia nos hubiera gustado nacer. Yo lo he pensado en infinidad de ocasiones desde que era joven, y desde luego el momento de la historia en que más me disgusta nacer es precisamente el que he nacido. Cualquier momento anterior me hubiera gustado más. Por eso si me dices a mí —y no lo puedo proponer para los demás— que aparece aquí Mefistófeles y me dice aprieta botón y vuelves a nacer en el momento de la historia universal que prefieras: siglo VI antes de Cristo. Es el siglo de Buda, de Confucio, de Lao-Tsé, de Zaratustra, de los movimientos órficos, de Pitágoras, los presocráticos… Ese es el mejor momento de la historia universal. Todo lo que sabemos se dijo en ese siglo y desde entonces el mundo está en continua decadencia.

Respecto a estas épocas anteriores el consumo de drogas parece haberse centrado en el aspecto lúdico, se ha perdido la parte de ritual, de experiencia espiritual.

Eso es gravísimo, el hombre se ha drogado siempre y siempre se drogará. Hasta los animales se drogan; los monos, los elefantes de Namibia cuando toman bayas fermentadas del suelo: Hubo hace años una película deliciosa con esto. Drogarse está en la condición humana. Cuando follamos nos estamos drogando, el laboratorio interior está produciendo una serie de hormonas, de sustancias químicas como la oxitocina. Entonces la droga ha sido siempre un instrumento de éxtasis, para caer en trance, para encontrar respuestas o aproximaciones a las respuestas de las grandes preguntas como quiénes somos, a donde vamos, de donde venimos…etc. Y ahora en el mundo moderno, con la frivolidad que lo caracteriza, primero todas las drogas se meten al mismo cajón y pasan a ser estupefacientes. Y no tienen nada que ver las drogas llamadas alucinógenas con los opiáceos, las anfetaminas… son todas completamente diferentes y de efectos totalmente distintos. El siglo del que antes hablaba era el siglo de Eleusis, que va desde el siglo VII ac. hasta que monjes nestolianos fanáticos del siglo IV después de Cristo reducen a cenizas el viejo santuario iniciático de Eleusis. Todos los grandes espíritus del paganismo, artistas, políticos, todos ellos habían ido a iniciarse en los Misterios Mayores de Eleusis, porque como en todos los ritos sagrados había Mayores y Menores, algo que heredó el cristianismo, pero este quitó el principio activo de los ritos Mayores, que consistían en la ingesta de esa misteriosa sustancia, el kykeon, que llevaba a un estado de trance. El uso de tales sustancias es lo más importante que yo he hecho en la vida. Lo que más me ha enseñado en la vida han sido las ingestas de LSD, mescalina, peyote, ayahuasca…

¿Alguna experiencia en concreto que le haya marcado?

Sí, están en varios de mis libros. Fundamente en Los caminos del corazón, una novela que recoge mis largos viajes asiáticos de hippie en los 60, y en el primer volumen de mis memorias generales, Esos días azules: memorias de un niño raro. Y en un primer volumen de mis memorias espirituales —iban a ser dos—  que se llama La del alba sería: mis encuentros con lo invisible. En ese libro me explayo sobre las experiencias más importantes que he llevado a cabo con ese tipo de sustancias y que sigo llevando. Solo la ingesta razonable —“nada en exceso” nos advertía el santuario de Delfos—, todo puede hacerse con cabeza y nada de una forma excesiva. Porque es cierto que yo he visto muchos de los mejores cerebros de mi generación destruidos por el alcohol y por otras drogas, nunca por las de este tipo, que ni generan adicción ni ningún efecto sobre el organismo y que únicamente liberan sustancias ya existentes en el cuerpo. Nunca han llevado a nada malo a nadie excepto a aquellas personas que ya tenían previamente tendencias neuróticas o psicopáticas, que sí las podían desarrollar. Como te estaba diciendo, ese tipo de experiencias psicodélicas Escohotado prefiere lo de psiquedélico, de ambas maneras puede decirse— no solo han sido las experiencias de conocimiento, de gnosis, más profundas que yo he llevado en mi vida, al lado de la meditación, sino también las más arrebatadoras y embriagadoras experiencias de felicidad que he tenido nunca. De felicidad cordial, de amistad, de sexo, de emoción ante el anima mundi… los momentos más felices de mi vida han sido los vividos bajo los efectos de esas drogas.

¿Se definiría como un místico sin religión?

Sí, sin duda. Un místico sin iglesia. Se proponen diferentes etimologías para la palabra “religión”. Una dice que proviene de “releer”, que está bien, es efectivamente reinterpretar las experiencias de tu vida. Otra interpretación dice que proviene de “religar”, volver a unir lo que inicialmente estaba separado, lo que la espada del demonio separó en la unidad del cosmos. Desde ese punto de vista la palabra religión me gusta, lo que pasa es que ese término en el mundo occidental ha quedado vinculada al concepto de iglesia. Iglesia en el estricto sentido de la palabra solo la hay en el cristianismo. Las tres grandes religiones monoteístas —judaísmo, cristianismo e islam— son idénticas entre sí, y nacidas de una revelación que es un camelo, una revelación no es más que un estado psicopático. Son experiencias esquizofrénicas como la de Pablo y su famosa caída del caballo a las puertas de Damasco. Sin embargo las religiones orientales son politeístas, allí los dioses son de función, no de raza, su santoral está formado por el dios de los herreros, el dios de los escritores, etc. Nadie ha ido nunca a la guerra en nombre de Shiva o de Buda. En cambio todas las grandes guerras de la humanidad han sido en nombre de Alá, Yahveh o Cristo. En dichas religiones monoteístas surge el concepto de iglesia y la definición de un dogma. Y en el momento en que defines un dogma viene la exclusión: los buenos y los malos, los fieles y los pecadores…

Aún así la sinagoga no es una iglesia, una sinagoga es una especie de púlpito donde cada rabino inventa su propia doctrina. La mezquita tampoco es una iglesia en sentido estricto. Así que como decía la iglesia solo existe en el cristianismo y por tanto claro que soy un místico sin iglesia, como todos los místicos de la historia universal en todos los ámbitos culturales y geográficos. El místico es un científico. El místico no cree en nada, no tiene fe. El místico es un científico que tiene un laboratorio: su cerebro. En él induce fenómenos mediante una serie de experimentos, que pueden ser las situaciones límite como el peligro, el arte, el éxtasis, la ingesta de determinadas drogas, la soledad, el ayuno… el místico provoca todo este tipo de experiencias y estudia las modificaciones que generan en su conciencia con la misma meticulosidad con la que un químico observa el movimiento de las bacterias, microbios o lo que se a través de un microscopio. Entonces llega a conclusiones universales. Lo que dice el místico chino, hindú, sufí o cristiano es exactamente lo mismo, usando obviamente un lenguaje y unas metáforas diferentes. Pero el meollo de sus conclusiones es la misma, de la misma manera que una química china y otra americana.

Ahora que menciona la ciencia, en los últimos años han proliferado estudios científicos y filósofos como Daniel Dennet que hablan de la religión y de los sentimientos que la inspiran como un fruto accidental del funcionamiento del cerebro. Es decir, algo puramente fisiológico, quizá fruto de la selección natural. ¿Perderían entonces todo su valor?  

En el mundo hay ahora una cuarta religión monoteísta además de las tres que te acabo de citar, que es la ciencia. El científico desempeña ahora el mismo papel que el hierofante en los templos egipcios en la época de los faraones. Su función era recibir a la muchedumbre de peregrinos  que llegaban al propileo del templo y se dirigía a ellos con toda una parafernalia, con instrumentos musicales y voz engolada diciendo “acabo de estar en el pronao y Ra o Amón me ha comunicado… etc”, lo que él creía que eran los secretos del universo, cómo funcionaba el mundo. Esto es lo que hace ahora el científico: se encierra en una torre de marfil y de vez en cuando desgrana verdades como puños en un lenguaje críptico, inasequible al profano y revestido de autoridad, que cada 20, 30 o 40 años se descubre que era falso porque cambia el paradigma científico. De la misma manera en que se ha ido pasando de Aristóteles a Newton y de Newton a la física cuántica… etc. Entonces en estos momentos sales a la calle y cualquier problema del que hables, por ejemplo el Sida, la respuesta inmediata del hombre de la calle es “algo encontrará la ciencia”. Es una cuestión de fe. Al desaparecer los dioses, los sacerdotes, las religiones… ese miedo que anida en el corazón del hombre, por el que surge la idea de un dios salvador exterior a nosotros que nos conducirá al cielo tras la muerte, hace que el científico pase a adoptar ese papel a los ojos del hombre de hoy. Antes te hablaba de la diferencia entre las religiones monoteístas y las orientales, en las segundas no hay revelación sino iluminación. Tras once años sentado debajo del árbol de Bo, llega un momento en que llega al éxtasis, al nirvana, se le rompe el cerebro, resuelve el kōan de la existencia. Es una iluminación desde dentro, eso es lo que hace el místico, es un fenómeno real, científico, no es un fenómeno de fe. Todo lo demás son pamplinas.

La situación actual en España es de enorme pesimismo, el futuro se pinta muy negro, ¿qué actitud deberíamos tener ante todo esto? ¿Indignación, resignación, esperanza…?

No me siento español. No soy español ni de ninguna parte. Tengo en mi casa del pueblo donde vivo —que eso ni es España ni es nada, es como Macondo— un cartel en latín que dice “Ubi bene ibi patria”, que significa “Allí donde estés bien, está tu patria”. Miguel Hernández decía “donde están mis zapatos está mi patria”. Si yo estoy bien conmigo mismo, esa es mi patria. Entonces no me hables de España, me resulta absolutamente indiferente. La he dado por perdida, España no tiene arreglo, parafraseando a Primo de Rivera es una unidad de destino en lo infernal. El problema de España son los españoles. Los españoles han andado siempre a la greña desde la época de las tribus, arranca de la prehistoria, es una maldición no secular sino milenaria. Están todos enfrentados, España es el país del mundo en el que más guerras civiles ha habido y esto es un frío dato historiográfico. García Lorca dijo que aquí pasó lo de siempre, murieron cuatro romanos y cinco cartagineses, y eso sigue pasando.

Hoy en día gracias a dios de forma incruenta, pero el espíritu que condujo a la Guerra Civil está vivo en las calles exactamente igual. La fragmentación de las autonomías, esto es un delirio español, que ningún extranjero con dos dedos de frente y los pies en el suelo entiende. El español es una cigarra. ¿España? Siesta, fiesta y zarzuela. Estamos en plena crisis, estamos verdaderamente al borde del precipicio y aquí van a suceder cosas muy graves, están ya sucediendo. ¿Y qué hace la gente? Está todo el mundo en los bares, aquí la fiesta empieza el jueves. En Soria empieza la semana que viene las Fiestas de San Juan, igual que el valenciano con las Fallas, el pamplonés con los San Fermines o el sevillano con la Feria de Abril, además de tener un mes entero de vacaciones —cosa que un americano o un japonés no entenderían en su vida— ,además de tener todos los puentes habidos y por haber porque aquí todos somos pontífices, además de tener fiestas de guardar y de no guardar a lo largo del año, además de no dar golpe a lo largo de la semana, porque aquí desde el jueves hasta el lunes por la tarde no trabaja nadie, encima llegan este tipo de fiestas y durante doce días, digo bien, doce días, se detiene por completo la actividad económica de la ciudad ¿Tú crees que puede levantar cabeza un país que vive de esa forma? Somos los PIGS junto a Italia, Portugal y Grecia porque hemos sido siempre pobres. ¿Es eso una casualidad o una causalidad? ¿Por qué los países del centro de Europa han sido siempre ricos y nosotros no? Parecía que habíamos salido de pobres, porque cuando entramos en Europa nos dieron un montón de dinero. ¿Y qué hicimos con ese dinero? Gastárnoslo alegremente, como la cigarra, sin pensar en lo que sucederá cuando llegue el invierno. Cargándonos con la burbuja inmobiliaria el país y el paisaje. Ha quedado un país devastado y ahora encima Europa tiene que volver a socorrernos. Somos los mendigos del mundo.

Este rescate que se está produciendo es una ineluctabilidad histórica. Te voy a citar cuatro fechas: siglo XVI, Felipe II, la Armada invencible. Se va al diablo el poderío naval, España pierde el dominio de los mares, le traen la noticia a Felipe II y lo pillan rezando y no se inmuta, “no envié a mis naves para luchar contra los elementos” y sigue bisbiseando jaculatorias arrodillado en un reclinatorio. Siguiente siglo, Batalla de Rocroi, los invencibles tercios españoles son derrotados por el Duque de Enghien y a partir de ese momento España es expulsada de Europa y nos convertimos en lo que somos ahora: el hazmerreír del mundo. Tercera fecha: el desastre de la pérdida de las colonias de 1898. Francisco Silvela, Jefe de Gobierno, ese día en que perdimos las últimas migajas, Cuba y Filipinas, escribe un artículo llamado España sin pulso. ¿Qué hacen ese día los madrileños? Llenan la plaza de toros, llenan las horchaterías, eran las fiestas de la Paloma… por favor, ¡Qué importaba que se hubieran perdido las colonias! Lo primero es lo primero. Y esto último del rescate que acaba de ocurrir es una continuación de lo anterior, es el golpe en la nuca del conejo. Así que por mi parte, que vengan los de la troika, que por lo menos pongan orden en nuestras cuentas y nos obliguen a trabajar, que es lo que no hemos hecho en nuestra puta vida.

Para ir finalizando, tiene usted 75 años…

Desdichadamente (risas)

¿A estas alturas qué le queda por hacer?

¿Qué es envejecer? Hay una anécdota que me gusta de Stevenson, uno de los más grandes escritores que han existido. Era un hombre de salud frágil y llevaba una vida bohemia. Un día fue al médico y este le dijo “Señor Stevenson, si sigue llevando esta vida morirá joven”, y  le respondió con una frase maravillosa: “doctor, siempre se muere joven”. Al comienzo de la entrevista te hablaba del carácter, hay personas que nacen viejas y mueren viejas, y personas que nacen jóvenes y mueren jóvenes. Yo nací joven y —aunque sea una locura porque igual me muero en 48 horas— me siento exactamente igual que como me sentía a los 20 años, y vivo de la misma manera que con esa edad. Viajo como cuando era un hippie de los años 60, de cuneta en cuneta, y, si hay que dormir en un templo, se duerme. No te creas que voy a hoteles de cinco estrellas, que los detesto. Si veo a una chica guapa por la calle como a esta fotógrafa que tenemos aquí, los ojos se me van detrás de ella, por desgracia los ojos de la chica mona ya no se van detrás de mí como cuando tenía 20 o 30 años. Pero quiero decir que tengo la misma actitud. Y de la misma forma que a esa edad tenía mil proyectos y me metía en la cama y se me ocurrían mil cosas, ahora igual: ya sea desde escribir un libro a crear un hotel de gatos en Castellfrío. Ahora estoy obsesionado con abrir un hotelito en Laos o en Camboya. Yo me doy cuenta de que quince vidas que tuviera no me bastarían. Envejecer es dejar de tener proyectos, detenerte. ¿Cómo es posible que la gente se jubile? La jubilación es una violación de los derechos humanos. Si uno quiere jubilarse allá él, ¿pero que te obliguen? Jubilarse es una enfermedad letal. Por eso tengo 75 años pero me siento joven. Mira que he hecho cosas… si alguien grita fuego corro, pero para acercarme al fuego. Me pasó el año pasado con el terremoto de Fukushima. Me pilló en Bangkok, y lo primero que hice fue irme a Japón y concretamente al propio lugar del terremoto, desde donde publiqué 35 crónicas. Toda mi vida la he vivido así, pero he procurado hacer las cosas con cabeza. No me he muerto en ninguna de estas aventuras y he procurado cuidar mucho el aspecto físico. He elaborado ese famoso elixir de la eterna juventud, por el que me tomo 70 pastillas al día, todas ellas de herbolario. Son sustancias que he ido encontrando buceando por una parte en la tecnología punta y por otra yéndome a los mercados, a los bazares, a los chamanes… esto de momento me permite la vitalidad de carácter que tengo, que sé que puede terminar en cualquier instante, qué le vamos a hacer. Así que esa vitalidad psíquica va acompañada de una vitalidad física que me permite seguir viviendo como he hecho siempre. Cuando me operaron del corazón, uno se plantea qué va a ser de mí a partir de ahora. Y entonces te das cuenta de qué es lo verdaderamente irrenunciable que hay en tu vida, aquello que si lo pierdes ya no te importa morir. Me di cuenta de que en mi vida solo hay tres cosas realmente imprescindibles. A mí me gusta mucho comer, también beber una buena botella de champán o de vino y me gustan mucho las mujeres… todo eso me gusta muchísimo. Pero yo puedo vivir sin follar y puedo rechazar la buena comida y el alcohol. Sin embargo hay tres cosas a las que no puedo renunciar: viajar, leer y escribir. Mientras pueda seguir haciendo esas tres cosas, seguiré sintiéndome igual de joven que me siento ahora.

Fotografía: Guadalupe de la Vallina


Federico Jiménez Losantos: “La monarquía actual es una mezcla de incompetencia y corrupción”

La biografía de Federico Jiménez Losantos es de todo menos aburrida y convencional. En ella encontramos comunas libertarias en la Barcelona de los años 70 y un amor fugaz en un campo de concentración de la China maoísta; grupos pictóricos avant de la avant-garde y revistas de psicoanálisis; candidaturas por el Partido Socialista de Aragón a las elecciones catalanas y un libro de haikus. Por su vida desfilan, algunos rompiendo el paso, los hermanos Labordeta (José Antonio y Miguel), Alberto Cardín, Santiago Auserón, Quim Monzó, el PCE, el PCUS y Kaka de Luxe. De cómo todo ello desembocó en una ideología liberal, es algo que nos cuenta una mañana justo después de terminar el programa que de lunes a viernes dirige en Es Radio. De lo que no forma parte de su trayectoria vital, pero sí de la de todo un país, también expresa su punto de vista: la Iglesia Católica, el Partido Socialista de ayer y de hoy, la Familia Real (incluyendo a Froilán) y la literatura y el Mal. Porque oigan, no es necesario nacer en una gran ciudad para tener una vida más que interesante.

Naciste en un pueblo muy pequeño, Orihuela del Tremedal, y conseguiste una beca para ir a estudiar a Teruel, donde mantuviste una relación muy estrecha con José Antonio Labordeta. ¿Qué recuerdo guardas de él?

Fue mi profesor y mi amigo, casi un segundo padre. Labordeta me daba clases de Historia del Arte y José Sanchis Sinisterra, a quien acaban de dar el premio Max de teatro, era mi profesor de Literatura. En esos años de mi adolescencia, desde los quince años que tenía cuando empezaron a ser mis profesores hasta los diecisiete, es decir quinto, sexto y COU, entonces PREU, estuvimos haciendo teatro. Hicimos de todo y lo pasamos divinamente. Mi padre murió cuando yo tenía dieciséis años y, de alguna manera, entre ambos formaron la figura paterna de mi adolescencia; sobre todo Labordeta, que era un hombre mucho más cálido. Aparte de que fue quien me dio los libros y orientó mis lecturas. En fin, una persona muy generosa.

Mantuviste con él una relación cordial, pese a la divergencia política.

Hasta el final. Siempre he dicho que el problema de Labordeta es que no tenía ideas políticas. Yo tenía ideas equivocadas, pero él tenía manías y afectos. Era una persona más de sentimientos que de ideas. Pero faltaría más que fuéramos tan sectarios uno y otro como para estropear una relación de tanto tiempo por una cuestión política. Significaría que seríamos sectarios, chequistas, y eso ni lo he sido nunca yo, ni lo fue nunca Labordeta.

Labordeta apoyó a Trama, el grupo de artistas que fundaste a principios de los años 70.

Es quien pagó el único cuadro que vendimos. En ese grupo estaba Broto, que luego ha hecho tanta carrera en todo el mundo; estaban Javier Rubio, Grau y Gonzalo Tena, que también había hecho teatro conmigo en Teruel, junto con Labordeta y con Pepe Sanchís. Es un grupo que está muy unido a Teruel desde el principio, como casi todas las empresas culturales aragonesas de los 70: la revista Andalán y muchos otros proyectos que vienen del instituto de Teruel.

¿Te parece justificado que Broto sea el más reconocido del grupo?

Es el que más en serio se ha tomado su trabajo. Desde el principio fue un tipo que a las ocho de la mañana se iba a un estudio que tenía en Barcelona; su mujer Rosa —matrimonio que continúa unido a día de hoy, algo milagrosos en nuestra generación— trabajaba para que José Manuel pudiera pintar. Tuvo siempre claro que iba a pintar y sólo a pintar. Creo que tanto en Gonzalo como en Javier y, en menor medida, en Javier Grau, no había esa cosa obsesiva que es típica de los pintores y que hace falta para mantenerse, junto con la suerte y un buen marchante, en su caso Maeght, que lo cogió justo cuando formamos el grupo Trama. Lo que ha sabido es mantenerse mucho tiempo, cosa que es muy complicada. Cuando ya ganas dinero no te apetece seguir manteniendo la disciplina de levantarte a las siete a pintar.

¿Qué aportasteis como grupo artístico?

Lo que hicimos fue la crítica del arte conceptual a partir de un movimiento que se produjo en toda Europa. En Francia se llamó Art Brut; en España además de nosotros estaba Antoni Tàpies, precisamente porque era quien estaba más en contra de los montajes conceptuales, que me siguen pareciendo un verdadero horror. Tàpies nos ayudó mucho, fue como nuestro padrino.

¿Lo que llaman instalaciones?

Bueno, “performance” y tal. A mí que una señora se depile en Venecia me da igual. Había una mujer en Barcelona, esto es maravilloso, que se enterraba viva y se iba fotografiando conforme pasaban las horas. Y luego se fotografiaba encima de un árbol. Que alguien se saque doce fotos en distintos estados de enterramiento me parece una tomadura de pelo. Si para algo sirve Velázquez es para evitar esas bobadas. Pero en nuestra época mandaba de tal manera el arte conceptual que resultábamos unos tipos rarísimos los que queríamos volver a un tipo de arte que, si bien no era figurativo, sí era arte, era pintura. Y en este sentido el grupo tuvo mucho eco, sobre todo por el talento de estos cuatro pintores —yo afortunadamente no pintaba; hacía textos, que era peor—. Eran muy buenos; desde el principio se vio que Broto iba a triunfar.

¿Qué pintores contemporáneos te gustan?

Podría repetir lo que dijo Dalí un día que estaba afortunado. Salía del Museo del Prado y le dijeron “Don Salvador, ¿qué hay de nuevo?”; y él respondió “¿Qué hay de nuevo? ¡Velázquez!” Cada día me gustan más Velázquez y los clásicos. Me gusta mucho Matisse; de la parte impresionista, la que está cerca de lo fauve … de abstracto me gusta Rothko; me gusta parte del expresionismo abstracto americano. Me gusta Ferran García Sevilla, que era amigo nuestro en Barcelona; me gusta Broto, me gusta el primer Barceló, no el africano este medio místico, me gustan cosas de Sicilia, Pelayo Ortega… siempre ha habido muchos pintores buenos en España, lo que quizá no haya ahora es un marketing para una generación, eso antes se hacía. Se decía, por ejemplo, que tal pintor era del grupo Trama: empezaron aquí, acabaron aquí… ahora eso no se hace.

¿Por qué?

Creo que por falta de ambición de las galerías y porque el crítico de arte va lampando y pilla cualquier cosa, pero siempre el pintor suelto. Eso al pintor le viene bien a corto plazo. A la larga, creo que comercialmente es mejor tener una generación o grupo que te identifique.

¿Cómo surgió la idea de hacer Diwan?

Empieza en la revista de literatura que hacemos Cardín y yo en la Universidad Central de Barcelona. Es la continuación de la revista de literatura, que se hacía en catalán y en castellano. Allí empieza a escribir Quim Monzó, por ejemplo. El primero que publica a Monzó en catalán soy yo, aunque ahora se echa a perder en La Vanguardia. Y mucha otra gente que escribía en catalán y castellano, porque era la libertad que siempre defendimos. De la revista de literatura salen Diwan y Trama. Diwan es una revista trimestral de la que salen doce números y se dedica a la literatura, la filosofía y el psicoanálisis. Trama se centró en pintura, pero sólo sacó dos números, pagados ambos por Maeght, por supuesto.

¿Qué recuerdas de Alberto Cardín?

Viéndolo en perspectiva, junto con Labordeta es de esas personas importantes en tu vida, de las que te hacen ver las cosas de una manera especial. A los dieciséis años es normal, quién no tiene un profesor que le marca una vocación; pero Alberto era una persona muy singular, muy complicada, muy torturada y atormentada, y he contado en Barcelona, la ciudad que fue cómo llegué a conocerlo. Él venía de Canadá con una especie de piel roja teñida, con los ojos pintados y con paillettes dorados en la cara. No es que fuera una loca, es que iba más allá de lo que entonces se veía aquí en España. Pero luego era un tipo muy serio, alumno de Gustavo Bueno; había estudiado antropología y había basado su tesis sobre la homosexualidad en los indios de las praderas, pero al final la quemó, la tiró, o lo que fuera. Llegó a Barcelona; yo sabía bastante de política, de marxismo, de psicoanálisis; él sabía de filosofía clásica, de teología, de antropología… y de ahí viene el grupo. No entró mucho en la pintura, no la entendía. Pero sí fue una época de unos cuatro o cinco años de una intensidad creativa en aquella Barcelona de los 70, que era maravillosa. Nos pasábamos el día en la Filmoteca, porque la universidad siempre estaba cerrada y te regalaban el aprobado; yo iba a algunas asignaturas a examinarme simplemente para obtener la matrícula de honor. En un año determinado fui ocho días a clase, y tengo de ese año dos o tres matrículas de honor. Pero en cambio era la Barcelona donde estaban García Márquez, Vargas Llosa, etcétera, que venían a contarnos su obra a las clases de Literatura Hispanoamericana. El resto del tiempo lo pasábamos en la Filmoteca y hablando en el Café de la Ópera. Fueron unos años maravillosos. Vivíamos casi del aire en una especie de comuna en la calle Hospital y lo pasábamos muy bien; los heteros vivíamos en una comuna y los homos vivían en otra, en la calle Portaferrissa. Cardín era un tipo imposible para mantener una amistad formal con él a largo plazo, porque necesitaba reñir con la gente de vez en cuando, pero era un tipo de una calidad intelectual extraordinaria. Fuimos un tándem que funcionó muy bien durante un tiempo.

¿Ves alguna diferencia entre él, que se podría considerar un activista homosexual…

Sí, el primer libro sobre el SIDA lo escribe él.

…con los activistas homosexuales actuales?

No tienen nada que ver, en absoluto. Alberto era homosexual y lo decía, como lo era Ocaña o lo era Nazario, de una manera digamos normal. Lo que se buscaba es que no fuera una actividad penada por la ley. Pero hacer carrera política por tu opción sexual es como hacer carrera política persiguiendo gays, una cosa execrable. Alberto desde el principio tuvo una relación malísima con el FAGC, que era el Front d’Alliberament Gai de Catalunya. Es decir, la fachada política de izquierda y nacionalista del movimiento gay en Barcelona, que tiene mucha fuerza. Es el primero que en España realmente conquista zonas enteras. Las Ramblas era un paraíso gay, donde bajaban a ligar los niños de la parte alta de Barcelona los fines de semana. Bueno, los niños y los padres. Se ha ganado mucho en algunas cosas, pero lo que era un activismo que buscaba la igualdad se ha convertido en una búsqueda de la subvención de la diversidad. La diversidad es natural, la opción sexual de cada uno, que además puede cambiar a lo largo de la vida, depende de con quién te encuentres; no es algo que tenga que estar penado, pero tampoco subvencionado. Es una opción libre, y eso Alberto lo vio desde el principio porque lo sufrió con el FAGC. Ahora se ve con más claridad que entonces.

¿Qué te empujó a hacer periodismo? Porque tu formación es en Filología.

Me empujó Pedro Jota. Después del atentado de Barcelona vengo a Madrid y entonces Pedro Jota empieza a pedirme colaboraciones —había estado en El País hasta un año antes—. El País se pasó a Jordi Pujol, yo me fui y me fichó Sánchez-Dragó para Disidencias, suplemento cultural de Diario 16. Entonces se le metió en la cabeza a Pedro Jota que necesitaba un jefe de opinión igual que El País tenía a Javier Pradera y el ABC a Darío Valcárcel. Se empeñó en que tenía que ser el jefe de opinión. Yo no quería.

En Diario 16.

Exacto, que era un periódico extraordinario y burbujeante. Aquello era un caos, pero un caos creativo. Después de un año, cuando llegan las elecciones de 1982, pido una excedencia de un año para probar el periodismo. Más que nada para que Pedro Jota dejara de darme la paliza, porque es el tío más pesado del mundo. Empiezo a hacer editoriales en Diario 16 y entonces saca Maravall una ley de incompatibilidades que obligaba a estar 40 horas en el instituto, y yo estaba en la cátedra de Literatura del Lope de Vega de Madrid, que es el último instituto femenino que ha habido. Claro, de pasar de ver a las chicas de COU de 16 a 17 años todos los días a ver a Pedro Jota, Fernando Reinlein y José Luis Gutiérrez había un cambio estético a peor. Pero la temperatura política tenía una adrenalina especial: cómo se vivía después del golpe, el juicio del 23F, los mapas que aparecían indicando cómo podían entrar para fusilarnos primero a los de Diario 16 y después a los de El País, que estaban detrás… Y entré, como digo, porque Pedro Jota se empeñó; y además yo pensaba que era temporal, y ya ves.

¿Cómo es lo de estos esquemas o mapas que acabas de mencionar?

Durante el juicio del 23F aparecieron varios esquemas de la toma de Madrid, lo que se llamó “El golpe de los coroneles”. Una vez fallido el de los generales Armada y Milans, tenían preparado lo que se llamaba un golpe duro —aunque yo no sé de ningún golpe que sea blando— que denominaron “el de los coroneles”. Como habían escarmentado, sabían que lo primero que tenían que hacer era neutralizar los medios de comunicación. Y en la calle San Romulado nº 26 estaba Diario 16; pillaba justo a la entrada y muy cerca estaban El País y Cambio 16. Había un esquema, creo que se publicó en Diario 16, según el cual los primeros a los que les tocaba era a nosotros. Estábamos en la sexta planta; lo terrible es que en la tercera estaban los de El Alcázar, que era el periódico golpista. Pues hubo gente que pasó a tomar café con los de El Alcázar. ¡Nosotros, que éramos liberales los de opinión y rojos el resto! No entiendo cómo hay gente que tiene esa habilidad. Claro, son los que se salvan en los golpes y las guerras civiles. Había gente que desde que apareció aquel mapa del golpe de los coroneles empezó a tomar café en El Alcázar. Cada vez que subíamos en el ascensor era tremendo: unos íbamos al tercero y otros al sexto, y se supone que unos iban a fusilar a otros. Era una cosa grotesca. El Alcázar lo cerraron de una manera injusta, porque no fue por golpista sino por otras historias, y lo que lamento es que tenían un escritor sensacional, García Serrano, y dejamos de tener la oportunidad de leerlo. Era un prosista magnífico. Todo lo que decía eran barbaridades, pero qué bien las escribía.

Has mencionado antes del atentado de Terra Lliure contra ti. ¿Fue por escribir Lo que queda de España, por el manifiesto de los 2.300 o por otras razones?

Fue por el manifiesto, básicamente, aunque también porque había publicado en el 79 Lo que queda de España, la primera vez que se denuncia lo que ha pasado en Cataluña. Es decir, la imposición del catalán en todos los ámbitos de la vida pública y la prohibición —ni siquiera llegué a suponer que llegarían a multarlo— de utilizar el castellano o español, que es la lengua de la mayoría de la población de Cataluña, donde hay más gente que tiene como lengua materna el castellano que el catalán. Creo que ellos querían hacer un escarmiento y me encontraron a mí como le podía haber tocado a Amando de Miguel u otro, pero yo era el más fácil de secuestrar, porque tenía un horario nocturno en el instituto que lo favorecía. Tuve la suerte de escapar con vida, me podía haber quedado allí, pero me secuestraron con una compañera que se pudo desatar —me dejaron atado a un árbol con un tiro en la rodilla— y tuvimos la suerte de que en seguida pasó un coche de la policía que estaba haciendo la ronda por las afueras, cerca de donde está La Masia del Barça —entonces no estaba allí esa escuela de arte dramático—, y al cuarto de hora o media hora la policía me llevó al hospital. Porque Terra Lliure anunció el secuestro y el atentado dos horas después, así que me habría muerto atado a un olivo… ni siquiera era olivo, era algarrobo.

Tú empezaste siendo comunista…

Empecé en el PCE.

…pasaste por el Partido Socialista de Aragón…

No, estuve tres meses. Quería algo como lo que hoy en día es el movimiento Ciudadanos. Nos enteramos de que se iba a presentar el Partido Socialista Andaluz a las elecciones catalanas, contra la catalanización forzosa, y yo tenía amigos —Labordeta no estaba, aunque había participado en la fundación del partido, pero sí Emilio Gastón, el que luego fue Consejero de Justicia de Aragón y diputado en Madrid— que estaban también muy cabreados. Porque tanto defender el idioma catalán para eso… yo estuve en Monserrat, en el primer congreso de la lengua catalana que se celebró en la clandestinidad, pero una cosa es la libertad y otras es cambiar una dictadura por otra. Entonces quisimos hacer el Partido Socialista de Aragón en Cataluña para, junto a otros grupos, crear un movimiento que fuera de carácter nacional, por supuesto con muchos elementos catalanes. Es lo que veintitantos años después fue Ciudadanos. Aquello fracasó porque en las elecciones de 1980, las que ganó Pujol, a pesar de que teníamos el apoyo de Tarradellas y de mucha gente que conocía a Pujol y sabía lo que iba a hacer, al final UCD prefirió pactar con el PSA, que se presentó en solitario. Un amigo de esa época también de Diwan, Santiago Trancón, que era del PSOE, junto con otros del PSOE y de UGT, hicieron el manifiesto de los 2.300. Yo ya tenía el traslado a Madrid, ya estaba harto de Barcelona, y como no me iba a poner a pegar tiros por allí, decidí venirme a Madrid. Entonces ocurrió el atentado, del que luego han presumido tanto, que tuvo un efecto letal. Todos los que habíamos vivido la Barcelona libertaria de los 70, en los 80 es que te jugabas la vida.

¿Es cierto que fue en un viaje a China donde pensaste que el comunismo era un error?

No, ya lo tenía pensado. Terminó de convencerme un campo de concentración que nos enseñaron en el año 76, el último año de vida de Mao. Allí conocí a una chica, que estaba allí presa, y tuve una especie de flechazo. Era hija de los comunistas chinos que habían estado en París co Zhou Enlai y en la guerra civil española. ¡Se sabía canciones de la guerra civil! Ver a una chica que te gusta y que le gustas y no saber si al día siguiente la iban a fusilar, porque en un campo de concentración te pueden matar en cualquier momento… Pero yo ya no era comunista, sobre todo por la lectura de Solzhenitsyn, de los disidentes rusos y de algunos liberales españoles, como Madariaga. Pero no es lo mismo leerlo que verlo.

¿Cómo tuviste acceso al campo?

Según la teoría maoísta, España era el eslabón más débil del capitalismo mundial. Después de la Revolución de los Claveles le tocaba a España, pero no querían que, como Portugal, terminara dentro de la órbita soviética. Entonces, a través de una agencia que era de gente que estaba ligada a Bandera Roja —que era, digamos, la rama fina del PSUC—, donde estuve yo unos meses, nos hacían un precio tirado y estuvimos prácticamente un mes recorriendo China sin restricciones porque éramos de fiar. Había algunos turistas de relleno y había otros que o bien éramos excomunistas o comunistas de tendencia maoísta. Total, que allí nos plantamos cien tíos; nos tiramos todo un mes viéndolo todo. Porque como éramos de confianza nos enseñaban desde refugios antinucleares grotescos hasta campos de concentración. Lo piensas ahora y dices que ese país estaba loco. Efectivamente, estaba loco. En Pekín brindaban a favor de Deng Xiaoping y en Shanghai deseaban la muerte a Deng Xiaoping mientras brindaban. Pero allí, más que descreer del comunismo, que eso ya había sucedido, experimenté la voluntad de combatirlo, que no es lo mismo. Una cosa es dejar de ser comunista y otra cosa es ser anticomunista. Esa noche en aquel campo de concentración, lo recuerdo como si fuera hoy, lo que me hice fue el propósito de que todos los días de mi vida estarían dedicados a combatir eso y lo que se le pareciera.

¿El comunismo es una buena idea que salió mal o es una mala idea?

Es una mala idea que se basa en un buen sentimiento, el de ayudar a los demás y a los pobres, el de la igualdad, el de que la gente que hemos nacido en un hogar pobre tengamos los mismos derechos y las mismas posibilidades que alguien que ha nacido en una casa rica, el de ayudar al que no se puede valer… ese sentimiento hizo que, al menos en mi generación, el comunismo fuera una sustitución del catolicismo; perdías la fe pero no el sentimiento católico de la caridad y la humanidad. Eso se traslada como sentimiento a la ideología comunista. Pero la ideología comunista no tiene nada de caritativa, es implacable. Ni tiene nada de igualitaria, es radicalmente desigual, porque el partido único tiene derecho a todo y los demás tienen derecho a obedecer. De manera que es una pésima idea que no ha dado lugar más que a más pobreza para los pobres, a crear una nueva casta privilegiada, que es la del partido comunista, pero que está basada en un sentimiento noble, que es el sentimiento de ayudar a los que menos tienen. Lo que pasa es que cuando las cosas se lían y se mezclan… se dice que con buenos sentimientos no se hace buena literatura. Pues tampoco se hace buena política.

¿Qué diferencia hay entre ser liberal y ser de ultraderecha?

Para un socialista ninguna, porque como tenemos el partido socialista más tonto de los últimos setenta años, no tienen ni idea de nada. Nunca han sido muy listos, pero por lo menos antes de la guerra contaban con Besteiro y todo su grupo, que era gente civilizada. Todavía en el primer gobierno de Felipe González había gente con cultura. Estaba Boyer, estaba MaravallAlfonso Guerra no, que no había leído más que las solapas de los libros, pero había gente de categoría intelectual: Gómez Llorente, Tierno… era un partido socialista que tenía lecturas, y a nadie se le ocurría decir que un liberal es la ultraderecha, porque la ultraderecha en todas partes es estatalista y antiliberal. Lo ha sido en España, lo es en Francia y lo ha sido en todas partes. Solamente un merluzo puede creer que un liberal es de ultraderecha o aún peor: que uno de ultraderecha es un liberal. Pero es que tenemos una izquierda que domina los medios y los eslóganes, que está compuesta básicamente por analfabetos y por iletrados. Es como decir que quien mejor come carne es un vegetariano. No. O es carnívoro o es vegetariano. O es liberal o es de ultraderecha, pero las dos cosas no pueden ser.

Me gustaría mencionarte unos aspectos de la teoría liberal y a ver cómo me los puedes justificar.

Eso quiere decir que los quieres atacar…

Si no lo tengo mal entendido, el liberalismo defiende que cada cual se pague su atención sanitaria.

No, veo que tienes los prejuicios de Barranco y de Tomás Gómez.

¿En qué consiste entonces?

La teoría liberal sostiene que el Estado tiene que subvenir a aquellas personas que no tienen manera de valerse: un parado, un enfermo, alguien que necesita un trasplante y no tiene dinero… ¿Tenemos que pagar todas las operaciones? ¿Si los niños de las Koplowitz necesitan una operación la tenemos que pagar todos con nuestros impuestos? Pues no. Hay un área que el Estado tiene que atender en la Sanidad y otra que no. A mí me encanta ir a la farmacia, soy de los que se compran vitaminas y tal. Me las pago yo. Si fuera médico me haría una receta y me saldría gratis, pero eso me parece una estafa. La Sanidad en España tiene un parte que está muy bien —dicho sea de paso, la que monta Franco en los años 60-70, ésa es la Seguridad Social que tenemos—, que hay que mantener, que es la de ayudar al que no tiene medios. Pero el que tiene dinero no puede abusar de los que están machacados a impuestos: el autónomo, el camarero, los que trabajan doce horas diarias para luego estar pagando la universidad o la sanidad de alguien que tiene dinero. Las cosas no son gratis salvo para el que no tiene con qué pagarlas.

¿Qué te parecen las medidas en cuanto a Sanidad que han salido este mes de abril?

Me parecen confusas. El decir que en función de la renta se pagará más o menos… eso es imposible. ¿Cómo dices la renta que tienes al mismo tiempo que haces una amnistía fiscal? ¿Y los que trabajan en negro y viven de la economía sumergida y dicen que no cobran nada pero te llegan con un Mercedes? Creo que eso es un error. En mi opinión, si hay que pagar el 20% de las recetas, hay que pagarlo, y al que no tiene, que está dentro de las medidas, se lo paga el Estado. En Alemania tienen tres escalones de pago. Primero para ir al médico, que cuesta un euro. Después, para obtener una receta del médico pagas diez euros. Y a partir de ahí depende: el 30, el 40, el 50% de la atención sanitaria, si lo puedes pagar. Si eres un indigente o estás en paro, no. Y eso está claro, son reglas contantes y sonantes. Recauda el Estado y, con lo que recauda a unos, puede curar a otros. Creo que en España el PP no se ha atrevido a acercarse a la fórmula alemana, que es parecida a la de Italia, a la de Holanda, que empieza a ser la de Francia… y nos hemos quedado en un término medio ineficaz porque resulta que la gente se va a cabrear, el Estado no va a recaudar y la Sanidad no va a ser mejor. Las cosas hay que tenerlas claras y ejecutarlas de una vez, no hacerlas por parcelas o a tramos por el qué dirán o qué pensarán. Estamos en quiebra, la Sanidad gasta lo que no tenemos, hay un derroche en medicinas evidente porque cada español tiene una farmacia en casa. Un médico te atiende dos minutos y te da cuatro recetas. Eso hay que cambiarlo y tampoco hace falta inventar. ¿Cómo lo hacen en Europa? Alemania lo hace así, Italia lo hace así, Holanda lo hace así, Austria lo hace así… tampoco vamos a ser muy originales. Si a ellos no les va mal vamos a probar y si nos va mal, se rectifica. Las medidas las tomas o no las tomas, pero eso de un poquito, no sirve para nada. España está en quiebra y tiene que hacer un recorte en gasto total y brutal, pero empezando por la casta política. A mí me sobran las 17 autonomías y las diputaciones, pero de eso no tocan nada. Y luego en la Sanidad tocan, pero poco. ¡Pues asume las fórmulas europeas! Ya sabemos que son años malos, pero así tampoco vamos a salir de pobres.

¿Un liberal está a favor del despido libre?

Yo estoy a favor del contrato libre. Hay veces que es injusto que se produzca un despido. En Estados Unidos pagan una o dos semanas por el despido, y allí prácticamente no hay paro. Pero allí la gente se mueve muchísimo, vive en seis estados distintos a lo largo de su vida. En España nacemos, crecemos, no nos reproducimos y morimos prácticamente en una esquina de una manzana. Ahora no, vuestra generación va a tener que volver a echarse a Europa a trabajar porque aquí se ha acabado, hemos gastado lo que no teníamos. Las empresas tienen que tener beneficios para ser empresas, no subvenciones. Vivir en el mercado. El problema es que en España tenemos una tradición de empresa pública enorme donde los sueldos no tenían nada que ver con la productividad, sino que eran como ministerios, por ejemplo Telefónica. Y tenemos otra tradición aún peor, que es de empresas privadas subvencionadas, que dependen de las concesiones del gobierno. Yo entiendo que ahora la actividad sindical proteste, porque no les están pagando por lo que producen, sino por lo que paga el Estado, que también son ellos. Es decir, hay un mercado que no es un mercado de trabajo libre. Cuanto más barato es el despido, más fácil es contratar. Cuanto más caro es despedir más caro resulta contratar y menos se contrata. Hay un 50% de paro juvenil en España. ¿No podría al menos el 25% de ese paro juvenil ser enjugado por empresas? No se atreven. Pero no por los sueldos que se pagan, que son míseros, sino porque la Seguridad Social te dobla la inversión. Eso no se ha abordado en serio. Y además tenemos estos sindicatos, que son lo peor de lo peor. Yo tengo un gran respeto por el sindicalismo clásico, hasta Nicolás Redondo y Marcelino Camacho. Ahí se acaba el sindicalismo que yo he conocido en el antifranquismo; era gente que trabajaba y que después dedicaba dos o tres horas diarias a trabajar para el sindicato. Nicolás Redondo no era el de la UGT, era el de la Naval. Camacho no era el de Comisiones, era el de la Perkins, que era donde trabajaba. Ahora están todos liberados de tan penosa costumbre. Y los sindicatos de los partidos de izquierda y de derecha en el gobierno han sido incapaces de hacer una ley de huelga. Hay que rehacer por completo el mercado laboral en España; si queremos que se contrate mucho tiene que ser barato despedir. Pero cuando se hace un contrato porque alguien vale, el contrato tiene que ser claro y, si despides a uno de forma injustificada, debe aplicarse una indemnización seria, como se hace en los países donde esto funciona.

¿Estás a favor de la despenalización de las drogas?

Depende de qué drogas. Las drogas de diseño, que son las que más se consumen, cambian cada fin de semana, y para legalizar algo tienes que tener químicamente señalado de qué se trata. Antes de la guerra, en España se vendía heroína y cocaína en las farmacias. Era pura y te la daban con receta. Hoy nos parece impensable, pero era una sustancia claramente establecida, y en la farmacia sabían qué llevaba, cada excipiente, lo que podía tolerar, de cuánto era una toma. Lo mismo con la morfina; después de la primera guerra mundial se dieron muchos casos de morfinómanos, debido a los dolores de las heridas. El problema es que podría haber estado relativamente claro hasta la cocaína, pero en estos momentos eso puede suponer la mitad del consumo de droga. Las drogas crecientes son las de diseño, las que te las hacen a la carta: tienen elementos de cocaína, elementos relajantes, elementos psicotrópicos, etcétera. Y eso no se puede controlar, es imposible; no hay ministerio de Sanidad que pueda seguir la marcha renovadora continua de los fabricantes de droga. Ahora tenemos la peor situación: a los que consumen droga les sale gratis y a los camellos no. ¿En qué quedamos? O lo prohíbes o no lo prohíbes. Y si no lo prohíbes di qué es lo que no prohíbes. El problema es que hay algunos que tienen un nivel de adicción a algunas drogas… en el hachís es llevadero, pero en la heroína no. Entonces, ¿cómo puede el Estado hacerse responsable de que se venda heroína en las farmacias? Cuando venga un chico de 16 años que se haya muerto de sobredosis ¿qué se le dice a su padre? Es un asunto que estaba más claro antes y que ahora está bastante claro para lo que se llama drogas blandas. Una de las más duras es el alcohol, y no está prohibida. Aunque a este paso acabará estándolo, porque no puede ser que a los trece años estén borrachos perdidos, como pasa en España con el botellón. Pero las grandes drogas, que tradicionalmente han sido el gran reto… ¿Se acabaría con el tráfico de cocaína, y por lo tanto con los gángsters y crímenes si se legalizara? Pues con la cocaína tal vez, pero desde luego la heroína, el crack, el cristal y las drogas de diseño no, porque no puedes controlar el producto, y el Estado no se puede hacer responsable de algo que puede ser devastador, más que para el cuerpo, que también, para la cabeza.

¿Y en cuanto a la prostitución?

Hay que legalizar la prostitución libre. Lo que hay que perseguir es la trata de blancas. Bueno, de blancas, de blancos, de negras y de negros. En España, aunque la ley lo dice, no se aplica. El macró (viene de maquereau) es libre y el chulo tiene normalmente buenos tratos con la policía. Se está creando una prostitución para pobres, que es la de las pobres putas del este y de África que vienen en mafias y que están controladas por las mafias, y después tenemos otra prostitución, de lujo, que son las que lo son porque quieren, porque lo necesitan para pagarse los estudios, para salir de la crisis, porque tienen un hijo enfermo o, simplemente, porque quieren hacerse ricas y aprovechan su aspecto físico. Hay que legalizar todo lo que se pueda legalizar en la prostitución y hay que perseguir todo lo que no sea legalizable, es decir, todo lo que suponga trato de seres humanos como animales.

Si alguien en España quiere votar a un partido liberal, ¿qué opciones tiene?

Lo tiene regular. En las últimas elecciones voté al Congreso a UPyD y al Senado al PP, pero más que nada porque en mi casa había una guerra civil entre los de UPyD y los del PP. Y como el Senado no sirve para nada, voté al PP. Es difícil. Ahora, el partido nacional con posibilidades más renovador y con menos corsés ideológicos es UPyD. No es un partido liberal, es más bien socialdemócrata, pero salvo alguna parte del PP, como Esperanza Aguirre en Madrid o Bauzá en Baleares, que son más liberales, en el Partido Popular son conservadores y muchas veces son tan socialistas como los socialistas. UPyD es lo que veo más cercano en algunas cosas al liberalismo. Pero no hay un partido liberal y tampoco hace falta que lo haya. Yo preferiría que hubiera liberales en todos los partidos, incluyendo el PSOE.

¿Te parece muy distinta la improvisación y descoordinación que ha tenido hasta ahora el PP con la que tenía el gobierno de Zapatero?

El gobierno de Zapatero ha conseguido vendernos tantas mulas ciegas… ¡lo último que hizo el gobierno de Zapatero es bombardear Libia, donde no se nos había perdido nada! Gadaffi no había hecho nada excepto pagar a políticos y partidos españoles desde la transición. Gadaffi era un chorizo, era Carmen de Mairena sin pasar por la ducha, una cosa grotesca, un déspota y un asesino; pero lo que ha venido después son tribus igualmente criminales. Y al mismo tiempo en Siria estaban y están matando a mucha más gente y ahí no interveníamos. ¿Por qué? Porque la operación de Sarkozy era Libia, que parecía fácil. Resultó relativamente fácil. Y ahí que nos lanzamos los españoles en plan machote con dos aviones a bombardear Trípoli. Vendían la cosa y veías a los titiriteros “¡Oh, Zapatero!”, a la Bardem “¡Ista, ista, ista, Zapatero feminista!”… cretinista, más bien. Lo que siempre ha hecho muy bien el PSOE, incluso en los peores tiempos, es la propaganda. Y lo que es incapaz de hacer el PP no es la propaganda, es simplemente la comunicación. La propaganda ni se les ocurre. Esto de mentir porque es una forma de hacer política ni les cabe en la cabeza. No entienden lo de la comunicación humana. Por ejemplo, lo de Sanidad. Son incapaces. Las reformas económicas: muchas vienen dictadas desde Bruselas por nuestra crisis y la deuda. ¿Alguien ha visto algún programa en la televisión pública en la que se explique cuál es nuestra situación financiera y por qué durante cuatro años vamos a tener que restringir el gasto público? Nadie lo ha hecho, y Mariano Rajoy no dice nada. Es desesperante, el PP no hace nada y le cargan todo y el PSOE hace de todo y no le cargan nada.

Recuerdo que —de esto hace ya casi un año— Cesar Vidal me comentó que él no estaba de acuerdo en que ésta fuera la clase política menos preparada que había tenido España. ¿Estás de acuerdo?

Bueno, es que hemos tenido alguna… Fernando VII hizo ministro a un aguador. Pero porque era el que le llevaba de putas por Madrid; era el mejor experto en las casas de lenocinio de la época, y esto era muy apreciado por su majestad. Ahora el Gobierno tiene un nivel medio-alto; no llega al nivel del primer gobierno de Felipe González, ni por supuesto al del primer gobierno Aznar, que ha sido, con diferencia, el más preparado que hemos tenido. Pero hay una diferencia con los años de la transición en UCD y también en el PSOE, y es que la gente que se metía en la política entonces perdía dinero. Y ahora, sin la política, no tendrían un sueldo del que vivir… del que vivir bien. La degradación intelectual va pareja con la dependencia moral de lo que debería ser una opción, pero no una profesión. Yo respeto al que se dedica a la política, porque además es un trabajo de perros, es horrible. Eres el malo de la clase siempre. Pero a veces se hacen cosas buenas. Pero claro, gente que a los dieciocho años entra en las juventudes de un partido, a los diecinueve es concejal de un pueblo, a los veintidós es diputado regional y a los veintiocho es diputado nacional, no ha trabajado nunca, no ha hecho una carrera, no sabe lo que es el mundo real porque vive en la burbuja política y todo depende del partido. Si el partido lo pone en las listas, pues es padre de la patria o madre de lo que sea. Y si no, no es nada. Eso es lo peor de lo que está pasando: la profesionalización de la casta política, porque llamar “clase” a eso, con la poca “clase” que tienen, es lamentable.

¿Me puedes citar cinco políticos de izquierdas actuales que te merezcan respeto?

¿Actuales? Hombre, Obama es el mejor publicista y el más elegante que ha tenido la izquierda. En Italia todo el grupo de Monti (no el partido socialista, sino el grupo en torno a Monti) tiene un buen nivel. Y aunque ahora está desaparecido, el grupo Manifesto de Rosana Rosanda me parece que es bastante bueno. En Alemania, el partido socialista siempre ha tenido un gran nivel. Pero lo que más me gusta de los socialdemócratas alemanes son los sindicatos, que siempre han sido el verdadero poder en la izquierda alemana. Hace poco vino aquí el presidente de los sindicatos y lo primero que dijo es “jamás aceptaría ni un euro de subvención, porque sería perder nuestra independencia”. Y Alemania tampoco es que sean bolcheviques, pero hay una izquierda decente. También respeto el partido laborista de Tony Blair. Se equivocaba en lo de la educación, en eso han sido calamitosos todos. Pero en cambio en otras cosas no. Y, por ejemplo, el sector público y la atención a los desfavorecidos me parece lo más respetable de la izquierda, pero con coherencia. Lo que no puede ser es estar en Francia diciendo que hay que nacionalizar todo y te llamas Strauss-Kahn, que lo único que nacionalizas es la orgía y el puterío. El problema en la izquierda es que hay que encontrar una izquierda decente. Pero también una derecha decente. Me gustan bastante los del partido liberal social demócrata en Inglaterra. Ya digo, la parte del partido laborista que va en la senda de Blair.

¿En España no salvas a ninguno?

En España Rosa Díez es la única que viene de la izquierda-izquierda, del PSOE-PSOE. Me parece que es muy respetable el trabajo de USO como sindicato. Es el único que ha renunciado a los liberados. A esa izquierda no es que la respete, es que la venero, es el modelo que tendría que haber. Porque, además, si la izquierda es decente, la derecha está obligada a ser decente. Si la izquierda roba y hace los EREs falsos de Andalucía, la derecha dirá que aunque sea la mitad… pero se lo llevará. El problema es que igual que para el bien hay competencia, para el mal también. Y en los medios españoles, en la propaganda, manda la izquierda. De manera que no solamente se echa a perder la izquierda y su base social, no, es que además se echa a perder al resto. UPyD es para mí, de la gente de izquierda moderada, el único partido que me parece respetable. Dentro del PSOE por supuesto que hay gente respetable, pero el conjunto, sobre todo después de los años de Zapatero, no hay por dónde cogerlo.

¿Está pasando la monarquía su peor momento desde 1931?

No, le vienen peores momentos.

Me refiero hasta ahora.

Sí, sí, sí… en El Linchamiento dije que el rey tenía que abdicar; era la época del Estatuto de Cataluña y las negociaciones con la ETA. Si no tenía o fuerza o voluntad, o estaba pillado ya sea por negocios o por lo que sea, chantajes o vete tú a saber —ahora vamos sabiendo más cosas— por el gobierno del PSOE, tenía que abdicar y dejar paso a su hijo, que no está metido en ningún tinglado. Pero el jefe del Estado tenía que haber actuado entonces, porque lo podría haber hecho perfectamente en el caso del Estatuto de Cataluña y en las negociaciones con la ETA. No lo hizo. Eso sí, se cargó la COPE para fundirme a mí. Pero gracias a eso tenemos Es Radio; se lo debo a su Majestad. Yo creo que o abdica pronto o… pero por pronto me refiero a este verano.

¿Por qué crees que con Felipe VI sería distinto?

Para empezar es difícil que sea peor. Pero en todo caso es la última posibilidad de la monarquía. También se puede hacer un referéndum sobre la república, pero España no está para dar muchos escándalos —es que estamos en quiebra—. Es decir, si el jefe del Estado se va con una rubia alemana a cazar elefantes y casi se rompe la crisma y fallece en Botsuana, la imagen que eso supone para España es letal. Por lo menos el príncipe es formal, y Letizia lleva las niñas como un clavo, no como Froilán, que se pega tiros en los pies. Pero es el último cartucho, yo creo que el príncipe ahora… es que no queda… no le queda nada más a la monarquía, salvo la república. Y el gran problema de la república no es sólo que en España siempre ha salido mal, no. El problema de la Primera es que tuvimos cuatro repúblicas distintas en un año. Luego la otra fue mucho peor porque fue sectaria y contra media España desde el principio, y acabó en una guerra civil que se veía venir desde antes. Pero el problema es que ahora tenemos el lío del estado autonómico, que en una república sería la república de una parte de España porque el resto, olvídate. Es decir, hay que partir de esa base. Prefiero una república sin Cataluña y sin otras partes donde no se acepta la igualdad de los españoles ante la ley y se persigue, por ejemplo, la lengua española. Prefiero una república que sea un tercio de la España actual donde todos seamos iguales ante la ley.

A una monarquía…

A una monarquía como la actual, que es una mezcla de incompetencia y corrupción. Pero si pudiéramos tener una monarquía parlamentaria —que a la gente le gusta porque simboliza la unidad de España y es un sentimiento muy profundo, muy anclado en la gente— pues ideal, porque tenemos una república coronada. Pero sin corrupción y con un sentido nacional. Y haciendo valer la igualdad de los españoles ante la ley, que es la tragedia de la monarquía actual: ha permitido que se carguen la nación y que arruinen al estado.

¿Cómo son tus relaciones con la iglesia católica? Mucha gente ignora que no eres católico.

Nunca he sido católico, a los dieciséis años perdí la fe. Cuando estaba en la COPE nadie me exigió ser católico, ni por supuesto lo he proclamado yo nunca. Al revés, siempre decían los meapilas del PSOE, que los hay, “es increíble que la COPE la dirijan un ateo y un hereje”. Porque César sí cree, pero es protestante. Y yo ni creyente. Pero de cultura política sí soy católico. Es decir, mi idea del bien y del mal está formada en el catolicismo.

¿Más que en el protestantismo?

Sí, totalmente. A mí los protestantes me parecen muy antipáticos. César es mi amigo, pero a mí me gusta más el catolicismo. Sobre todo por una cosa que con los años aprecias más: la piedad, la compasión. Y es verdad que el catolicismo es una religión más débil que el protestantismo, porque se basa menos en la fe. Pero como yo no tengo fe, me gusta mucho más la caridad de la parte católica que tiene caridad, porque hay otra parte que son unos hijos de Satanás. Pero yo cuando he estado en la COPE he tenido la ocasión de tratar a muchas monjas, frailes, curas, que están haciendo un trabajo… monjas que se dedican a atender enfermos terminales de SIDA… cómo no tener respeto a esas personas. Y ésa es también parte de la Iglesia. Hombre, yo entiendo que para la izquierda la caricatura del Vaticano es divertida, pero desde luego, al lado del Islam, el cristianismo es una bendición celeste, y al lado del protestantismo el catolicismo es muy llevadero. De manera que yo no soy católico pero sí creo que entre los católicos hay una parte muy buena, sobre todo una parte joven muy buena que tiene ganas de ayudar al prójimo. Yo quiero vivir con esa gente, con quien no quiero vivir es con Urdangarin.

¿No le pega más a un liberal ser protestante? Es decir, ¿los Estados Unidos serían lo mismo si hubieran sido católicos en vez de protestantes?

Eso es discutible; los protestantes se dan mucho pote. Hay países protestantes que son una basura. Por ejemplo, en Brasil hay muchísimos millones de protestantes y salvo Kaká no he visto a nadie de fuste. Y a Kaká le estafó su jefe —protestante, por cierto— seis millones de dólares recientemente, y ha abandonado la secta. Quiero decir que no es cierto que las diferencias teológicas entre protestantismo y catolicismo sean tan importantes. Yo creo que ahora le preguntas a cualquiera que vaya a misa a un servicio protestante en qué consiste el misterio de la Santísima Trinidad y no sabe contestarte. Y no sabe si está a favor o en contra. La religión se ha vivido como dogma, como teoría, como teología, en otra época de una manera “a vida o muerte”. Ahora no es que no se viva “a vida o muerte” que me parece muy bien… salvo los islamistas, que esos es siempre “a muerte”. Contra los otros y ellos a vivir… bien es verdad que con las huríes…permanentemente vírgenes, que parece una incomodidad, y ya eso la convierte en una religión poco deseable. La religión ahora tiene un perfil mucho más difuso y hay buena parte de la religión, como pasó con mi generación, educados digamos en lo que se llamó nacional-catolicismo, que en la izquierda o en la derecha conservan los valores católicos: la humildad, el no abusar del débil, el ayudar al que no se puede valer… en fin, lo que es la caridad en un sentido amplio. Yo creo que el protestantismo tiene esa parte casi convertida en industria. Nadie da más dinero para los pobres de todo el mundo que los protestantes norteamericanos. Nadie ayuda más a la gente. Los protestantes tienen una fe mucho más clara, mucho más fuerte. Pero ya digo, como yo no la tengo… el liberalismo moderno no nace con los protestantes, que nunca lo fueron al principio. Nace en la Escuela de Salamanca con los teólogos católicos españoles, a quienes luego copia la Escuela Austríaca. Hay una frase maravillosa de Luis de Molina, el que teorizaba el regicidio, que decía que al príncipe cristiano que bastardea el valor de la moneda hay que matarlo. Hay que decirle primero que no lo haga y luego hay que matarlo, porque eso de devaluar —que es lo que hacía metiendo estaño en vez de plata— es robarles a los pobres en sus bolsillos. Y en cuanto al valor justo de las cosas —que siempre es la gran cuestión— decía Fray Tomás de Mercado —un gran pre-economista, teólogo, etc.— que el valor justo de las cosas depende de la participación de tantas personas (las que eligen, las que demandan, las que ofrecen, a cómo se cotiza, lo que cuesta el viaje, etc.) que sólo lo sabe Dios. Sólo Dios sabe el valor justo de las cosas. Los mortales tenemos que conformarnos con el precio del mercado.

Volviendo un poquito a hablar de cultura, tienes muy buenas relaciones con Alaska, Loquillo, Sabino Méndez…

Sí.

¿Qué nos puedes contar de la Movida madrileña?

La conocí cuando empezaba. Cuando vivía en Barcelona, los dos últimos años, venía a Madrid muy a menudo: a exposiciones de pintura, a conferencias, al programa de Paloma Chamorro, etc. Y es cuando empezaba la Movida. Yo escribo en el catálogo de Madrid DF, que es el comienzo —también luego hubo otro de Madrid 80—. Cuando empieza la movida en el terreno de la pintura es cuando empieza realmente la movida. Y junto a la gente que empezaba a pintar estaban los que empezaban a cantar, si es que a aquello se le podía llamar “cantar”. Traté sobre todo a los hermanos Auserón. A Kathy François, la mujer de Santiago, le publiqué en Diwan sus primeras cosas en español. Escribía muy bien. Y Las Chinas, en fin, los primeros Kaka Deluxe: recuerdo a Fernando Márquez cuando presentó Paraíso. Era fantástico, porque Márquez (que se hizo falangista) era una cosa realmente sorprendente. Le convencí de que no se fuera de jefe de formación cuando lo quería fichar Vestrynge, que era bastante nazi. Le dije: “pero Fernando, ¿dónde vas con Alianza Popular?¿dónde vas, Fernando? Pero si lo tuyo no es esto, si éste es un hortera, hombre. Tú eres un chico fino”. En esos años salieron grupos como setas. Cada vez que volvía a Madrid, dos meses después, había cinco grupos más. Todos eran bastante malos, pero en todos se veía talento. Si aguantaban el tirón desembocaban en trayectorias extraordinarias. La movida luego fue sobre todo un marketing que hizo el gobierno Galván muy hábilmente, y alguno que se dejó subvencionar por el PSOE. Pero salvo en la canción y algo en la pintura, no ha sobrevivido nada.

¿Tuvo algún valor cultural?

Hombre, tuvo el valor de romper con la parte izquierdosa de la canción-protesta, etc. Eso en la música. En el cine tiene valor el primer Almodóvar, el de Pepi, Lucy y Bom; tenía gracia porque las películas eran malas, pero rompía con el rollo de Carlos Saura, que era una cosa absolutamente insoportable. Es decir, el rollo progre del final del franquismo. En ese sentido fue un elemento de desintoxicación. Pero cosas duraderas, pocas.

No te parece que haya nada que aguante el paso del tiempo.

Desde luego, de literatura, nada de nada.

Hablando de Literatura, del panorama literario actual ¿qué te gusta?

Leo sobre todo novela negra y a los clásicos. De ahora a Jorge Volpi, a Jaime Bayly es una generación sobre los cuarenta o cincuenta años, que es cuando un novelista empieza ya a producir. Hay alguna excepción, pero lo normal es que la novela sea un género de madurez. Tengo un problema con la literatura en España, y es que la mitad no saben español; como soy filólogo, estas cosas me las tomo muy a pecho. Para leer mal español, leo traducciones de novela negra, que es lo que más me divierte. Pero por desgracia creo que en España estamos viviendo el peor momento literario en muchísimo tiempo. Y nos podemos consolar con mexicanos, peruanos, algún argentino… es decir, los países donde aún se habla español.

¿Conoces a Julián Ríos?

Hombre, claro.

¿Te gusta?

Hice una cosa medio conceptual cuando él publicó una novela que se titula Larva; creo que no la publiqué. Sacó un capítulo y yo escribí una serie de poemas con unas descripciones que él hacía de Londres. Ríos me parece interesante, pero me parece interesante un libro. Lo demás es lo de Joyce en Finnegan’s Wake, que está bien, pero renuncias a que te entiendan y a comunicar nada. Me parece que tiene un talento extraordinario, pero la gente que tiene ese talento tiene que mostrarlo en la narración clásica. Es decir, mejor que Cervantes no vamos a ser, pero hay que tratar de estar a la altura.

Cuando lees a autores que te resultan —a lo mejor es un poco fuerte decirlo así— “políticamente repulsivos” o “ideológicamente repulsivos”…

No, no los leo.

No los lees.

Bueno, a alguno. A Javier Marías. Cometí el error de leer Todas las almas.

¿Te gusta?

Pero cómo me va a gustar, si escribe fatal. A diferencia de su padre, que pensaba bien y era una persona sensata. Pasa con todos los niños de papá; su padre era de derechas, así que él tiene que ser de izquierdas.

¿Y Céline, por ejemplo?

A mí en Céline hay algo que no me gusta, que es el mal. Céline es nazi porque le gusta el mal. En la vida hay que luchar contra el mal y buscar el bien, y en la literatura creo que eso también se nota. Céline es un buen novelista. Hay algunos… Ernst Jünger es un hijo de puta, pero es un gran escritor. Pero en general yo creo que el gran novelista es bueno. O sea Galdós, Pardo Bazán, Cervantes

Tolstói

Tolstói no. Tolstói es un hijo de puta. Un novelista bastante bueno, aunque irregular. Me acabo de leer La felicidad conyugal, y cómo se nota que era un hipócrita, un infeliz y un desgraciado; la parte del amor está maravillosamente descrita, pero la de la traición la solventa con el descabello. Pero a mí me gustan los escritores que crean un mundo en el que nos vemos reflejados al margen de las generaciones. El amor, el sexo, la vida, la muerte, la avaricia, la piedad, los conflictos que se producen entre los afectos, las necesidades… Y eso ya está hecho, no vamos a mejorar fácilmente a Galdós. Pero como Galdós no conocía el siglo XXI, se puede hacer eso, ¿no? Estamos demasiado empeñados en hacer una literatura que no parezca literatura, y con eso lo que hemos conseguido es no tener lectores.

¿De dónde viene tu gusto por los haikus?

Viene de Labordeta. Empecé leyéndolos prestados de la biblioteca de Miguel Labordeta, el hermano de José Antonio, al que le gustaba la literatura oriental, y a mí me prestó libros de poesía japoneses. La que más me influenció, porque me pilló a los 17-18 años, cuando empezaba a escribir poesía casi profesionalmente, fue una antología de poesía coreana. Y siempre me ha interesado por dos razones: porque tiene una idea panteísta de la naturaleza sin ser un canto ecologista, sino a la vida de otra manera. Por eso mi libro de haikus se llama La otra vida, que es la que uno piensa cuando desaparece del mundo, y es la piedra, el árbol, una historia de amor que viviste, otra persona, tú mismo en el recuerdo… lo que me gusta del haiku es que de una manera muy delicada tiene que tocar la fibra del lector. Aparte, tienes que acertar, porque si escribes treinta haikus tienes que tirar 29; estás en un momento de exuberancia que crees que has dado con la tecla pero al cabo de un mes ves que aquello no va. Y eso es porque el haiku tiene que ser muy bueno, y si no lo es, no vale la pena. La poesía tiene la ventaja de que como no la lee nadie, puedes hacer lo que te dé la gana. Y encima me puedo permitir que me editen libros de haikus y que me los paguen, que ya es el colmo.

Tus detractores suelen referirse a ti como “el locutor”. ¿Es necesario tener la carrera de Periodismo para ejercer de periodista?

A la gente que trabaja conmigo siempre les digo que hagan otra carrera y luego, si quieren, Periodismo. Por supuesto que no, yo no sé cuántos profesores de Periodismo tienen una columna en un periódico nacional. ¿Uno, tal vez dos? ¿Cuántos tienen programa de radio? Ninguno. Entonces, ¿de qué dan clase? Pero bueno, me han dicho cosas peores que locutor. A Carlos Herrera le encanta lo de locutor. A Luis del Olmo no le gusta; a Iñaki Gabilondo tampoco le gustaba… pero a Carlos le encanta. A mí, mientras no me lo digan con k me parece bien.

¿Qué cualidades debe tener un buen periodista?

La fundamental es la honradez. Es decir, tratar de contar las cosas como son, o como las ves. Luego acertarás, te equivocarás, pensarás que un gobierno lo hace mejor o peor; viéndolo en perspectiva pensarás que fuiste demasiado duro con un político y en cambio a otra arpía le perdonaste todo porque no sabías lo mala que era… estas cosas suceden. Pero que en el momento de dar la información o tu opinión seas honrado, que no engañes a la gente. Ésa es la principal. Luego tienes que saber español, es bastante necesario, y si tienes una formación básica en Historia y política, mejor. Si además quieres hacer un periodismo más especializado… si quieres hacer tribunales tienes que hacer Derecho, si quieres hacer crónica negra, Criminología. Vamos a una especialización inevitable, pero lo principal es ser honrado.

Estás bastante de acuerdo con Soledad Gallego.

Pero no estoy en su empresa, que demuestra lo contrario.

¿Qué te parece el diario ABC?

El ABC verdadero, como le llama Anson, fue un gran periódico, y espero que sobreviva porque pasé diez años escribiendo todos los días y está muy bien. Pero como es tan periódico, tiene muchas dificultades para sobrevivir.

¿En qué sentido?

Es un gran periódico de papel, y todos los grandes periódicos de papel tienen una supervivencia difícil.

Hablando de cerrar medios, ¿qué opinas del cierre de Público?

Que ha saneado bastante el irrespirable ambiente de lo que no es periodismo, sino una verdadera basura. No voy a fingir que me preocupa el cierre de Público, cuando sacaba montajes míos bajo el título de “El predicador condenado”. Eso es de pasquín de señoritos, que es lo que era. Pasquín de Roures para conseguir las concesiones de Zapatero. No tenía otra función más que ayudar a los negocios de Roures, y se ha hecho una basura. No es la única basura en España, pero de las escritas… naturalmente, seguro que hay gente estupenda en Público y que hay gente buena que trabajó allí como podría haber trabajado en otro sitio, pero el proyecto intelectual me parece una porquería.

¿Qué opinas de Rafael Alberti?

Maravilloso hasta el año 34. Luego, potable en los años 50. El primer Alberti es extraordinario; en cuanto entra en política es una calamidad, pero una parte del exilio, el de Argentina, produce dos buenos libros: el dedicado a Cádiz Ora Marítima, otro que me gusta mucho, Baladas y canciones del Paraná, en el que hace un tipo de verso largo, como el de Cernuda. Como fue un gran escritor esa parte es indiscutiblemente muy buena. Hacía unos sonetos sensacionales, pero lo que hizo en Roma o luego aquí me parece… ¡bah! Me gusta su pintura.

¿Y de Miguel Hernández?

Es muy interesante, porque es trágica la historia de que muere cuando está haciendo la mejor poesía. Lo estudié mucho de cuando estuve investigando la vida de El Campesino, porque él fue su comisario político, que era lo más cruel del ejército comunista, y al final aquello fue lo que lo llevó a la cárcel. Me gusta muchísimo el último Miguel Hernández, y me parece muy interesante el primero. Aunque parece un poco tosco, de hecho se burlaban de él Neruda y esos cabrones: le llamaban Cara de Patata. Pues Cara de Patata era más poeta que Neruda de aquí a Lima. Luego hay una cosa de Miguel Hernández muy rara, que son los Autos sacramentales. Hay uno que es Quién te ha visto y quién te ve, y sombra de lo que eras que es una cosa verdaderamente de locos, sólo igualada por Gerardo Diego y La fábula de Equis y Zeda. Es una cosa gongorina y disparatada. A ellos les encantaba el barroco, y Miguel Hernández se tomó muy en serio lo de aprender a escribir. Al final, con los sentimientos más básicos, consigue una literatura casi perfecta. Desde Fray Luis de León hay pocos tan desnudos y, al mismo tiempo, elocuentes. Pero es porque tiene todo un trabajo detrás. La gente piensa que Hernández era un improvisador, y no. Era un tío muy estudioso que había trabajado mucho, que se había leído el Siglo de Oro y que escribía autos sacramentales. Miguel Hernández me parece una historia conmovedora, porque además le quedaban treinta años de gran poesía.

¿Qué opinas de Pep Guardiola?

No era malo como centrocampista. Representa lo políticamente correcto en España. Es decir, la hipocresía. Como hipócrita es un verdadero artista, un genio. Ha conseguido que se le perdone todo, y que a los que se le oponen no se les perdone nada. No he visto cosa igual. Puede mentir con tal tranquilidad, poniendo esa cara y ese tono… pero a ver, ¡que te hemos visto dar patadas! ¡Que hemos visto meter goles con la mano! Vende la mula ciega que es impresionante. Espero que sea el próximo presidente de la república catalana.

¿Qué opinas de Mario Vargas Llosa como político y como escritor?

Como político lo hizo mal; como candidato y ahora apoyando a Ollanta Humala. Como escritor es de los grandes del siglo XX y del XXI. Escribió sus primeros libros extraordinarios muy joven, jovencísimo: Los Jefes, Los Cahorros, La Ciudad y los perros, Conversación en la Catedral… Después escribe varias obras muy irregulares. A mí me gusta mucho Historia de Mayta, la reflexión que hace en novela del terrorismo de Sendero Luminoso. Y después va y escribe La fiesta del chivo. Cuando ya nadie lo esperaba, a los sesenta y tantos años, de pronto va un tío, con la escuela del que tiene la facilidad para escribir, y escribe una novela acojonante, extraordinaria. Siempre he tenido buena relación con Mario, pero a distancia, porque a él le gusta tener corte y a mí, si no me gusta el rey de España, imagínate el rey de Perú.

¿Fernando Savater?

Es un tipo con mucho talento, pero fatalmente unido a la progresía. Le sacas de la progresía y no respira. Al final sigue siendo el mejor escritor de El País, que tampoco es decir mucho. Es uno de los grandes escritores, también uno de los grandes políticos. Lo que pasa es que es un tanto inconstante y frívolo. Pero ojalá toda la izquierda fuera como Savater.

¿Juan José Millás?

Éste es como Javier Marías pero todavía más triste, es una cosa indescriptible. Es el columnista que hubiera salvado Público.

La princesa de Asturias, Letizia Ortiz, ¿qué te parece lo que está haciendo y lo que puede hacer?

Hará lo que pueda para salvar el negocio familiar. Lo tienen muy difícil, él y ella. Es curioso, al principio a Letizia le aplaudía la izquierda y la odiaba la derecha porque creían que se cargaba la monarquía, y ahora sucede justo al revés: a la hija del taxista le apoya la derecha porque es la que no roba y la que está trabajando —yo creo que con un afán de perfeccionismo excesivo— porque quiere que alguna de sus hijas sea reina de España y porque ya está metida y sigue hasta el final. Ahora le apoya la derecha y la izquierda la pone verde. Sabina primero la acoge y después la sacrifica. Me parece una historia casi conmovedora, sobre todo porque ha conseguido algo realmente milagroso: casarse un Borbón y que le sea fiel. No hay precedentes. Desde Carlos III no ha habido un caso igual en la Historia de España. ¡Un Borbón decente! Quiero decir, que una vez se casa, son una pareja unidísima; unidos contra todos, también hay que decirlo. Letizia tiene una novela.

¿Quién va a ser, después de Camps, la próxima portada de Telva?

La Infanta Cristina no da entrevistas, pero por ahí podrían enfocar el asunto. El que merecía una portada de Telva, de Diez minutos y de El caso es Griñán, porque eso es robar y no lo de Camps, que por cierto está un poco “p’allá”. ¡Dice que está preparado para ser presidente del Gobierno! Claro, claro… y yo para sustituir a Guardiola en el Barça. La gente se vuelve loca con la política.

Fotografía: Carlos García Martínez


Iñaki Gabilondo: “La democracia es una herramienta capital, pero está roñosa”

Todo el mundo sabe quién es Iñaki Gabilondo. Además, aquellas almas torturadas que insisten en mantenerse en contacto con las tribulaciones del mundo moderno, ese que Chaplin ya retrató hace más de siete décadas, pueden hacerlo mediante el videoblog que se emite en la Cadena Ser y en la versión digital del diario El País, y que no sin segundas intenciones, presumimos, se titula “La Voz de Iñaki”. Los que prefieran ambientes más calmados, diríamos que casi resignados a sobrevivir como mejor se pueda, también encontrarán la voz de Iñaki conversando con quien más le apetece en su programa epónimo de Canal +; al menos mientras no lo devore la máquina que pusieron en marcha las mamachichos hace ya veinte años y que nadie ha sabido parar ni vislumbrar cuál es el límite de su voracidad. De algo de eso hablamos en la entrevista. También de sus agradablemente sorprendentes gustos literarios, en los que demuestra pocos prejuicios y un gusto a prueba de suplementos culturales, y de cómo nos amargó la comida a la mitad mas uno de españoles el 26 de abril de 1981 al abrir el telediario con una imagen de Ulrich Stielike que ya forma parte de la leyenda del deporte. Hay cosas que nunca se olvidan.

Gabilondo llega a la cita con puntualidad británica o taurina, según los gustos de cada cual, pero no es síntoma de angustia, trasiego o precipitación. Se le ve calmado, sosegado; no es extraño que haga mención a las Cuatro Últimas Canciones de Richard Strauss como unas piezas especialmente queridas por él. El carácter otoñal de estos lieder podrían definir muy bien al Iñaki Gabilondo de 2011: “Oh, inmensa y dulce paz, tan profunda en la puesta de sol, qué fatigados estamos por haber caminado. ¿Será ésta, entonces, la muerte?”*. No lo creemos, pero si lo es, resulta extremadamente amable y cercana.

*Richard Strauss, Vier Letzte Lieder, “Im Abendrot”

En tu nuevo programa en Canal + haces entrevistas en profundidad. ¿Pensabas que se echaba de menos este tipo de programa en la televisión?

Echaba de menos la oportunidad de trabajar sin prisa y sin reloj. He estado 40 años haciendo entrevistas, pero siempre en directo, por lo que el reloj me empujaba a mí y yo tenía que empujar al invitado. Era un juego de preguntas y respuestas; y ya tenía ganas de hacer un programa de conversación, donde la diferencia fundamental es que no hay reloj; para mí no tener esa angustia y presión es una novedad. Creo que este formato permite no quedarse en la anécdota, sino ir a los procesos de creación, a los elementos más profundos. En el caso de Vargas-Llosa, por ejemplo, cómo vive un autor el invento de la ficción mientras está viviendo la realidad, o para qué sirve la ficción. O el otro día, que grabé la de Pedro Almodóvar; cómo es su mundo, cuáles son las constantes que le preocupan.

Se pide una televisión de calidad, pero luego vemos que propuestas como las de Canal+, basadas en cuidar su programación, no reciben la respuesta esperada de los espectadores. ¿Por qué es tan difícil en televisión emitir una programación de calidad, al contrario de lo que ocurre en la radio, por ejemplo?

La televisión es carísima. En la radio haces cualquier cosa con dos personas o tres, pero en televisión el equipo mínimo es muy grande: iluminadores, montadores, cámaras, maquilladores… y eso lo encarece mucho. Además, los canales que buscan los grandes públicos tienen unas grandes posibilidades económicas, mientras que el resto tienen que reducir sus presupuestos. Tendría que haber sitio para todos, pero la realidad es que es dificilísimo encontrar ese público “reducido”. No sólo para Canal +, mira lo que le ha ocurrido a Veo y a todos los canales que están intentando asomarse en la TDT; ninguno está pudiendo resistir porque la televisión es terriblemente cara. Por eso me irrito cuando dicen que si a la gente se le da una porquería es porque lo demanda. Me parece de recochineo que, encima que la gente se traga esa bazofia, sea culpable. No lo puedo aceptar, la gente ya tiene bastante con vivir y sobrevivir, que es muy duro. La gente quiere evadirse y se distrae, pero se distraería también con cosas mucho menos degradantes y denigrantes. Me parece intolerable que la búsqueda de los públicos populares se haga a costa de irse rebajando hacia la indignidad. Y me parece como para enfadarse mucho que encima se invoque el gusto del público, echando la segunda capa de mierda. La televisión puede y debe ser muy popular y tampoco puede aspirar a grandes niveles de intelectualidad. Puede aportar diversión, evasión, entretenimiento, pero tirarse abismo abajo hacia el basurero es otra cosa.

¿Qué se siente cuando CNN+ se ve sustituido por Gran hermano 24 horas?

Fue lo primero que hizo Telecinco al pasar el canal a sus manos y es una metáfora perfecta de lo que estábamos ahora comentando. Yo sentí pena, porque no acabé de entenderlo. Evidentemente, Paolo Vasile es muy dueño de hacer lo que crea conveniente, pero creo que podría haber programado algo menos radical para hacer una transición más suave.

Llevas 40 años ejerciendo de periodista. Aparte de las obvias diferencias tecnológicas, ¿qué ha cambiado en estos años?

Las diferencias entre un periodista de entonces y uno de ahora son enormes, pero son menos que entre aquel país y este. Por eso es muy difícil responder a la pregunta, porque estamos en un país que no tiene que ver con aquel. Pero nada. Es como si habláramos de Suecia y China. Algunas cosas sí que son fáciles de enumerar; por ejemplo, la libertad. Cuando yo empecé, la información estaba prohibida. No tiene nada que ver: ni en los contenidos, ni en las estructuras, ni en las formas, ni en los medios, ni en los públicos… era otro mundo.

He oído esta mañana que comentabas que hay una gran diferencia de velocidad entre las noticias y la Justicia.

Ese es uno de los grandes problemas de las democracias modernas. Cuando murió Franco yo tenía 33 años y llevaba tiempo suspirando por la llegada del Estado de Derecho. Y, cuando por fin llegó, me di cuenta de que es garantista y lento. Acabo de oír que se va a modificar la Ley de Enjuiciamiento Criminal, por lo que se van a aumentar las garantías, cosa que va a ralentizar el proceso. Así debe ser, el Estado de Derecho le otorga derechos a los ciudadanos, todo debe probarse y demostrarse; y esto es lento. Por su parte, el periodismo va creciendo y aumentando su ritmo y velocidad y nos encontramos con que, cuando sucede un hecho relacionado con la Justicia, mientras ésta inicia su lento camino, el periodismo machaca informativamente el asunto y puede caer en precipitaciones, como anticipar juicios que no son justos. Este desajuste es un gran problema, y nunca he sabido cómo se podría resolver. Yo siempre le pregunto a los compañeros: “¿Qué prisa tenemos? ¿Qué necesidad tenemos de decir ya hoy si es culpable o no?”. Evidentemente, no podemos ir tan lentos como el proceso judicial, pero sí podemos tener un poco de precaución y calma. Es distinto cuando hay una clara responsabilidad política. No sé si es delito o no, pero sí sé si hay responsabilidad política. Pero en el ámbito privado… el caso de Strauss-Kahn: primero lo demonizaron y ahora casi lo canonizan. Me parece una tontería. O Teddy Bautista: no tengo ninguna prisa en saber hoy si es culpable o no. Un compañero iba diciendo que Franco había muerto diez días antes de que realmente muriera y, cuando de verdad murió, dijo que él había sido el primero en decirlo. En general, yo recomendaría calma y precaución.

¿Dónde está el límite de la libertad de expresión? Y no me refiero a casos obvios de calumnias y ofensas al honor, sino a la manera de enfocar ciertos asuntos con los que se suele exigir cierta responsabilidad, aunque sean veraces.

No creo que el periodismo se deba preocupar de ayudar más o menos. El periodismo tiene que cumplir con su misión contando las cosas que son ciertas y que están confirmadas, por mucho estropicio que pueda causar. Para mí no hay exceso cuando hay una información cierta, real y continuada. Yo acuso al periodismo de excesos cuando se dan por confirmadas noticias que no lo estaban, o cuando se han contado cosas que no eran ciertas. Mis compañeros no acostumbran a estar de acuerdo, pero yo suelo decir que el periodismo tiene que respetar determinadas cosas que, al menos a mí, me parecen importantes. Las llamo la civilidad. El periodismo actualmente sostiene que uno no debe detenerse mientras no viole el Código Penal o el Código Civil, que no hay ningún motivo para que uno se detenga antes de llegar al delito. Pero yo creo que sí hay un terreno en el que uno puede detenerse antes, al que yo llamo la civilidad. Y pongo el ejemplo de cuando era pequeño e iba a casa de mis abuelos; en los trenes ponía “Prohibido escupir bajo multa de 1 peseta”. Ahora ya no lo pone, pero eso no quiere decir que ya se pueda escupir. Creo que son cosas que hay que respetar. No es que no esté prohibido escupir, sino que se supone que ya no hace falta recordarlo. Hay determinadas cosas que no están en la Ley porque están ya en lo conquistado por la sociedad y si dejas de respetar lo conquistado por la sociedad, haces daño. La política y el periodismo han renunciado a proteger esos territorios de civilidad conquistados, y entonces yo digo “escupo porque en ninguna parte pone que esté prohibido escupir”. Francisco Camps, por ejemplo, dice que lo de los trajes no es delito. Yo no sé si lo es o no, pero está fatal. Mi madre te hubiera dicho que eso no se hace. Aceptar que te regalen unos trajes unos señores que están en la cárcel acusados de enormes delitos… te puedo asegurar que no se hace. Y si él se escuda en que no es delito, está destruyendo los territorios de la decencia. Estoy seguro de que si el hijo de Camps le levanta la voz a su madre Camps le reprenderá, y si el niño le pregunta que dónde pone que eso sea delito, le responderá que no es que sea delito, pero que no se hace. Con esto quiero decir que hay unos territorios donde el periodismo y la política no tienen respeto a las personas. Mire, señor Camps, nosotros no le vamos a condenar porque no sabemos si es delito o no, pero ¿quiere hacer el favor de irse a su casa habida cuenta de que eso es algo que no puede hacer en nombre no del Código Civil, sino del código de la dignidad social que nos ha costado siglos conquistar? Me gustaría que tanto el periodismo como la política fueran más respetuosos con cosas que, pese a no ser todavía delito son, claramente, comportamientos indefendibles. Y pongo el ejemplo de Camps como podría poner muchos otros, como el de Fabra. No sé si este señor es culpable o no, pero con la catarata de cosas que tiene encima no me digas que no debería haberse quitado de en medio. Estas cosas creo que son las que escandalizan a la sociedad, y no una acción periodística cierta que produzca un fuerte cataclismo. Mira, mala suerte. Es un hecho informativo, si es cierto yo lo cuento y no tendría que preocuparme de las consecuencias, salvo en los casos que he nombrado anteriormente

¿A la oposición política se le debe exigir un sentido de la responsabilidad?

La política se juega sin ninguna sutileza, a cañonazos. Se juega a demoler, y no se preocupa por los efectos secundarios. Tira a dar. Es lo primero que aprendí cuando estaba de director de informativos en el 81 y la UCD en el poder y vi las guerras dentro del propio partido. Los distintos grupos dentro de la UCD llegaban a unos enconamientos que yo nunca había podido imaginar. Recibía dossiers contra ministros enviados por otros ministros. Y me di cuenta de que en la política el mayor enemigo está siempre dentro. Con el paso de los años he visto cómo se las gastan las oposiciones. La de Felipe González a Adolfo Suárez fue feroz. La de José María Aznar a Felipe fue la leche… de una gran ferocidad. A mí me irrita, pero sobre todo por la falta de finura, lo basto. Hay una prisa inconmensurable por llegar al poder. Se juega con las verdades, las verdades a medias, las mentiras, los elementos minúsculos convertidos en muy graves. La actual oposición me parece igual que las anteriores: tremendista, exagerada, brutal… y especialmente en el caso del Partido Popular. Yo le decía a gente del Partido Popular: “En España debería haber una ley que sólo tuviera dos artículos: Artículo primero: ‘Siempre debe gobernar el PP’. Artículo segundo: ‘En el caso de que no gobernara el PP entra en vigor el artículo primero’. Y es que solamente hay paz cuando gobierna el PP. Cuando no es así esto es un sinvivir. Soy crítico con la oposición del PP pero hace ya tiempo que he visto que la política se las gasta con ferocidad, con muy poca clemencia, tirando donde más duele. Lo malo es que en España hay un factor que es el odio. No sé si viene de la propia memoria, de la memoria de las guerras, de las dos España; hubo un momento en el que no era así. Durante la Transición, pero luego la cosa se fue exacerbando. Aznar y González se odian. Si ellos estuvieran aquí dirían que la palabra no es esta, pero lo que sienten es lo que el público en general entiende por odiar. Y creo que eso se ha transmitidos a los partidos políticos durante los años en los que Aznar fue brutalmente fiero con González. Durante ese tiempo se incubó un odio que se extendió y los medios de comunicación parecieron estar también participando de ese odio y recibiendo el cariño o el odio de la sociedad, y creo que es una situación que ahora se mantiene. Creo que el PP odia a Zapatero. Y el PSOE a Aznar, aunque creo que a Rajoy no. Y si la palabra odio es demasiado, dejémoslo en rencor. Pero hay una dosis no racional en manos de gente que tiene que gestionar la máxima racionalidad, que es lo público y lo político. Y a mí eso me ha dolido y decepcionado muchísimo. No me inquieta que la oposición sea dura con el gobierno, pero la acompaña una inquina y odio que hace mucho daño, y que está ya en la sociedad. Creo que hay pocos ciudadanos que duden de lo que estoy diciendo. En la sociedad habita un rencor que hace que la gente de un pensamiento u otro vivan con gran dificultad. En estados Unidos hay elecciones y ves que en un barrio un señor tiene un cartel de apoyo a un candidato y su vecino apoya al otro, no tienen más problema. Pero España es un país muy difícil y peligroso. Se juega siempre demasiado fuerte sin recordar que España es un país con un currículum muy malo y hay que ser muy cuidadoso. En ocasiones yo he sido muy duro con mis críticas, pero no he tenido nunca un mínimo sentimiento de rencor. Algunos me caen mejor y otros peor, pero eso nunca me ha obnubilado el juicio. Pero veo que a gran parte de la sociedad sí, y me indigna y ofende que la política no se haya dado cuenta de eso. La gente no sólo está dándole la espalda a la política, sino que ha recibido de esa política un regalo envenenado: unas rencillas que las cúpulas políticas a las bases de la sociedad que ya tenían bastante con ocupar su cabeza en otros asuntos. La falta de control, los excesos brutales sin venir a cuento, las tonterías que se dicen todos los días para hacer daño… me parecen degradantes, y creo que le han hecho mucho daño a la política y al periodismo, porque para la gente ambas habitan en un mismo lugar, de espaldas a ella, preocupadas únicamente de sus cosas y utilizando las cosas de la gente como excusas para librar sus batallas. No está habiendo suficiente consciencia de la magnitud del fenómeno y creo que la democracia es una herramienta capital pero está roñosa. Creo que los partidos políticos son imprescindibles, pero están cansados; tienen que pararse a reflexionar muy seriamente, pero no lo están haciendo y están provocando, aunque involuntariamente, mucho daño.

¿Puede ser que sea la misma gente desde hace tanto tiempo lo que va acumulando ese rencor? ¿Hace falta una renovación?

Puede ser, no lo sé. Pero yo no veo en la nueva generación política nada diferente a lo que estamos comentando. Algunos se manejan con una impudicia y una falta de sentido que no me parece demasiado renovadora. Pero sí hay una nueva generación; a ver si con ella se depura un poco la atmósfera.

¿Por qué en España están tan identificados, casi inseparablemente mezclados, el periodismo y la política?

La política y el periodismo siempre han vivido muy cerca. El problema es que en España no han llegado a colocarse a la distancia exacta. En invierno se buscan para darse calor pero tienen que tener cuidado de no acercarse demasiado porque entonces se hieren. La distancia exacta es la clave. Y el periodismo y la política, como son actividades que viven muy cerca tienen que tener muchísimo cuidado, pero en España se ha perdido completamente la distancia, y se han roto las distancias de precaución y seguridad. Y tiene su explicación: procede del pasado, de la Transición, de cuando no había política organizada ni Parlamento, cuando la prensa y la política se entendieron a sí mismas como hermanas siamesas contribuyendo en la construcción de la democracia, y luego no se han sabido separar. Te pongo un ejemplo: en Francia todos saben que Le Monde es un periódico de izquierdas y Le Figaro es un periódico de derechas. Por lo tanto, no es malo que un periódico sea de derechas o de izquierdas, aunque haya quien crea que para que sea independiente tiene que ser como si hubiera venido de Marte, sin puntos de vista sobre las cosas. El problema es que no tiene que parecerle a la sociedad vinculado orgánicamente a una estructura, aunque sepa que con ella tiene una mayor afinidad. En España El País es independiente del PSOE pero, a lo largo de los años, como se han vivido con demasiada poca precaución las proximidades, la gente los ve como parte del mismo bocadillo. Como puede ver a la COPE formando parte del mismo bocadillo que el PP, o al ABC. No se han cuidado las distancias y cuando hay distancias el público no las cree. Entre el ABC y el PP hay afinidades, pero las editoriales del ABC las hace el ABC, no las hace el PP. Sin embargo, para la gente forman parte de lo mismo. Porque han llegado a vivir de demasiado cerca y a compartir demasiadas cosas y vivir una cierta incondicionalidad. Yo creo que con la incondicionalidad el periodismo muere. Y eso que a mí mucha gente me acusa de ser del PSOE. Soy más de izquierdas que de derechas, siempre lo he sido, y me siento mucho más afín al PSOE que al PP, pero me siento igual de independiente respecto a uno que respecto al otro, y toda la vida lo he sido. Pero el público nos ve a todos formando parte de una misma papilla. Cuando un periódico es de una ideología inmediatamente lo identifican como una herramienta del partido. Evidentemente, todos los periódicos pueden legítimamente tener sus afinidades, pero tienen que mantener las distancias para diferenciarse de los partidos. Actualmente no hay un solo ciudadano que lo crea.

¿Ejerce el periodismo una labor de control sobre el Ejecutivo, quizá por dejadez del Parlamento, que es a quien correspondería?

El periodismo siempre ha ejercido un papel de control sobre el Ejecutivo, incluso en el caso liberal. Y, si guarda las distancias y es independiente, es lo que le corresponde hacer. El periodismo no sé si será el cuarto poder, pero es el otro contrapoder. Que el Parlamento no esté haciendo bien su tarea sería un asunto distinto.

¿Qué opinión tiene de Twitter?

No tengo cuenta porque no dispongo de tanto tiempo.

¿Dificultan estas tecnologías la labor de cribar las informaciones verídicas?

Estamos hablando de herramientas. Puedes enviar un mensaje por paloma mensajera, en burro, por avión o por internet, pero son medios de transportar mensajes. Y ahora parece que el periodismo sólo tenga la obsesión por la herramienta, sin pararse a pensar qué es lo que tiene que contar, cómo lo tiene que contar, a quién se lo quiere contar y por qué lo quiere contar. Si ahora ves un “Congreso sobre el futuro del Periodismo” sabes que se va a hablar de herramientas. O de empresa periodística. Vamos a estar inundados por una catarata de hechos noticiosos contados por nadie sabe quién, viniendo nadie sabe de dónde y no sabiendo nadie con qué intención ni con qué parcialidad o elemento de juicio. En un primer momento el mundo pensó que ya hacía innecesario el periodismo, pero muy poco después se dio cuenta de que lo hacía más necesario que nunca. Hace necesarias las organizaciones o estructuras —que ya no serán como las de antes— para otorgar los certificados de solvencia mínimos. Igual que para que circule un producto farmacéutico ha de dar su visto bueno alguien que entienda del tema, la información puede llegar de donde sea y como sea, pero alguien durante el proceso ha de validarla; porque si no puede pasar que nos llegue mucho material que nos intoxique o, como en el caso de Wikileaks, que alguien quiera difundir. Si a ti te ponen 50 toneladas de papel la responsabilidad de saber qué tiene eso de informativo tiene que corresponderle a alguien. El periodismo será diferente, las estructuras no serán las mismas y cambiarán los medios, pero algún tipo de formato que se ocupe de seleccionar lo más interesante, contextualizarlo, hacerlo comprensible y ordenarlo es imprescindible, porque si no la sociedad no estará sobreinformada, sino narcotizada por una sobredosis de información en la que estará mezclado lo bueno, lo malo, lo fragmentario, lo completo, lo intencionado y lo no intencionado, todo en un chorreo imposible de descifrar.

¿Qué podría haber pasado en un 11-M con Twitter, por ejemplo?

O en cualquier otra cosa. El periodista va a ser más imprescindible que nunca. Y luego la gente otorgará su confianza o no a las marcas que le parezcan de mayor solvencia. Creo que con internet el periodismo no ha hecho sino crecer.

¿Qué opina de las descargas de contenidos y el acceso gratuito a la cultura?

Yo nunca he acabado de entender lo de lo gratuito, porque puedes decir “me he bajado una película y me he comprado un billete a Miami”. ¿Y por qué no te has bajado un billete y te has comprado una película? ¿Internet ofrece el derecho a la gratuidad? ¿Por qué entonces accedes a internet para bajarte unas cosas pero otras las compras? Y me dirás que porque no has podido. Es decir, internet otorga el derecho a la gratuidad salvo si no hay más remedio que pagar. ¿Qué ocurrirá entonces si, como The Economist pronosticó hace tres meses, en un futuro se pueden bajar objetos físicos? Eso conllevará que todas las estructuras de negocio anteriores estén condenadas a cambiar y adaptarse, igual que está pasando ahora con la industria musical y cinematográfica, pero no quiere decir que otorgue la gratuidad. Internet no es la gratuidad. Si lo fuera, ¿por qué no reclamar gratis la corbata que te has comprado por internet? Creo, además, que aún no se ha descubierto el sistema para que la gente tenga derecho a manejar los productos de una manera nueva y no los abusos que imponían las estructuras anteriores: “Llévese este disco con 70 canciones aunque sólo desee una”. Los internautas tienen razón cuando dicen que ese mundo no puede continuar igual, pero a mi juicio no tienen razón cuando dicen que tienen derecho a la gratuidad.

Se argumenta que, igual que la sanidad o la educación, la cultura debe ser gratuita.

Pero es que no lo es. Será pública, pero no gratuita. Cuando vas a un hospital no aceptarías que no hubiera toallas o material de quirófano, y todo eso se ha de comprar y pagar. Hay una necesidad absoluta de transformar los mecanismos de comercialización, pero no entiendo que si Steven Spielberg hace una película en la que 200 tíos han estado trabajando todo un año alguien pueda reclamar ese trabajo gratis. Si yo me compro un periódico pago un euro, pero hay otros que reclaman leerlo sin pagar. ¿Y quién paga a los periodistas que lo han hecho?

¿La sociedad española está cada vez más malcriada? Cada vez se nos dan más cosas y seguimos pidiendo más.

Puede ser, pero en el caso de internet no creo que sea por eso. Estamos comentando algo que está sufriendo una transformación vertiginosa cada segundo que pasa, es como si estuviéramos comentando una situación en el interior de una ciudad que está viviendo un terremoto. Nada de lo que estamos ahora diciendo va a ser igual mañana por la mañana. Entonces, todos los juicios han de ser muy profesionales. Lo único que es evidente es que las estructuras que hemos conocido van a cambiar y se van a dibujar otras completamente diferentes.

Siguiendo con la cultura, eres miembro asesor del Consejo del Teatro Real.

Sí, soy muy aficionado a la música en general, pero mi labor no consiste en nada, en realidad. Es una figura que aparece en los estatutos del Teatro Real pero que, sin embargo, hasta ahora no existía, y que Gerard Mortier ha decidido crear. Este consejo asesor está compuesto por 12 personas, lo preside Mario Vargas Llosa y lo forman, entre otros, EugenioTrías, Núria Espert, Gutiérrez Aragón, el antiguo director del Teatro de París, que era pareja de Yves Saint Laurent (se refiere a Pierre Bergé)… Por el momento hemos celebrado una reunión, la constituyente, que fue muy bonita, por cierto. Y se supone que la presencia de gente no vinculada orgánicamente al Teatro ayuda a la dirección sobre por dónde podría ir el Teatro, los géneros… en fin, un grupo asesor. La reunión nos sorprendió a todos por lo interesante que fue, porque no nos lo esperábamos; creíamos que iba a ser algo simplemente más protocolario.

¿A qué achacas el que la cultura musical en España sea tan pobre? Por ejemplo, hemos tardado mucho tiempo en tener un Teatro de la Ópera decente en Madrid.

No ha habido ninguna educación musical. España es el país con una educación musical más pobre, y no veo ninguna intención de reavivarla. El analfabetismo que la sociedad española tiene en materia musical es sencillamente enciclopédico. Aunque crecen las bolsas de afición minoritaria, son muy fuertes en cada ciudad y se llenan los conciertos, los grandes grupos mayoritarios de la sociedad no saben quién es Beethoven ni les importa no saberlo.

Sigue siendo muy difícil encontrar una buena entrada

Mira, mañana se va a poner el San Francisco de Asís de Olivier Messia en el Madrid Arena, y ahí va a haber sitio. Y es una obra muy difícil, interesante y especial.

¿Me podrías decir algunas obras musicales imprescindibles?

A mí me gusta mucho la música sinfónico-coral, y de éstas seleccionaría el Requiem de Mozart. También me gusta mucho Richard Strauss, y elegiría su ópera Salomé. Además, cualquier cantata de J.S. Bach. La voz humana me parece el instrumento más mágico que hay… también escogería Pelleas y Melisande de Debussy… no sé, es que hay millones que podría elegir. Los lieder… mira, de Strauss antes que Salomé me quedaría con las Cuatro Últimas Canciones.

¿Te gusta la música de cámara?

Sí, me gusta mucho, pero algo menos que las anteriores.

¿Hay alguna obra que te gustaría ver en el Teatro Real pero que crees que sería imposible de montar?

El público de Madrid, y especialmente el de los estrenos, tiene un caracter extremadamente conservador, pero ha ido perdiéndolo porque ha entrado en obras que antes no entraba. No estamos hablando de obras de Janacek, por ejemplo, pero a medida que se van poniendo obras más de “vanguardia” la gente va entrando bien, lo cual demuestra que todos los que no nos hemos educado en eso estamos entrando cada vez con más alegría. Y eso demuestra que, en la música, vamos aprendiendo según vamos oyendo. A mí me gustan cada vez más las obras modernas. Recuerdo que al principio, con El Quijote de Halffter, parecía que la gente no se atrevía, pero la cosa ya va cambiando. Lo más difícil es mantener el equilibrio entre el repertorio clásico y la incorporación de elementos de vanguardia. Y es que Madrid es una ciudad muy curiosa: hay un grupo social que es coleccionista de acontecimientos. No es que le guste la música o los toros, pero si torea José Tomás está en la plaza, si viene la Filarmónica de Los Ángeles quiere tener una entrada… pero atraído por el evento social.

Supongo que, como buen vasco, eres aficionado a la gastronomía y el buen comer. ¿Prefieres la gastronomía clásica o la avanzada de, por ejemplo, Mugaritz?

Tengo la suerte de ser gran amigo, incluso hermano diría, de algunos de los más grandes maestros, pero ésa es una cocina para algunas veces. Yo soy un clásico, me gusta la cocina que hacía mi madre, la cocina para comer. Pero, de cuando en cuando, está bien aproximarte a los templos de los artistas. Un huevo frito, un besugo al horno; a las otras filigranas hay que acercarse sólo de cuando en cuando. Ferran Adrià me dijo una vez: “A mi casa no se viene a cenar.” Y es que estaría uno loco si lo hiciera, a elBulli ibas a otra cosa. Al Celler de Can Roca, en cambio, sí que puedes ir a cenar que, por cierto, es el mejor restaurante de España. Hace poco estuve en San Sebastián y me fui a cenar con Juan Mari (se refiere a Arzak) pero nos fuimos a otro sitio, nada de vanguardias, fuimos a comernos un rodaballo.

Si llegara un extranjero al País Vasco, ¿a qué dos sitios lo llevarías a comer?

¿Dos? Pues me metes en un lío, porque tengo más de dos amigos íntimos con restaurante. Pero uno de ellos sería Akelarre, de Pedro Subijana, porque además de la comida el paisaje es espectacular, por lo que lo llevaría a almorzar. Y para no pelearme con Juan Mari Arzak o Martín Berasategui lo llevaría a Orio, a comerse un besugo.

¿Y en Madrid dónde te quitas el gusanillo?

Quizá en la Trainera, por ejemplo. Hay muchos.

Si hablamos de Literatura, ¿qué te gusta leer?

He sido un hombre muy afortunado porque siendo tan desordenado como soy, por razones misteriosas he conservado una tradición que la gente que me rodea sabe que es sagrada para mí: todos los días oigo música y todos los días leo. Todos los días. Incluso cuando madrugaba me levantaba 20 minutos antes para leer, aparte de que a otras horas también leía. Y leía Literatura. No puedo hacer las dos cosas juntas, es imposible. Si estoy leyendo y suena música es como si me hablaran dos personas a la vez y siempre gana la música. Soy mucho más lector de ensayos que de novela. Y de poesía también, aunque empecé muy tarde. Me fascina sobremanera, pero entiendo muy poquito.

¿Tiene algún problema en leer autores moralmente o ideológicamente reprobables, pero de gran calidad literaria? ¿Autores fascistas, por ejemplo? ¿Céline?

Me reservaría mi juicio, pero no se trata de que no haya que acercarse para que no te contaminen, nunca he tenido ese prejuicio. Leo lo que me parece interesante, sería muy lamentable lo contrario. Cuando leo Historia, leo Historia; me confirme o no mi punto de vista. Ya sé, por ejemplo, quién es Céline, pero me acerqué a él con todo respeto. Cuando lo lees, no en todos los casos está haciendo expresión de su ideología. Tengo más problemas con los que he conocido. Me cuesta más separar su arte de su personalidad. Si lo he conocido y su manera de ser no me gusta reconozco que tengo un prejuicio muy grande al acercarme a su obra. Sé que no es bueno tener ese prejuicio, pero no puedo evitarlo. Sin embargo, con los del pasado… por ejemplo, la relación de Mahler con Alma (su mujer) no me llega a afectar. Luego pasa otra cosa: siempre he tenido una idea un tanto clásica, antigua u oriental.

¿Oriental?

Sí. Hay un libro muy bueno, de Jean-François Revel, en el que explica que, viviendo en una casa muy moderna por la que desfilaban las más importantes eminencias y personalidades culturales, le sorprendió ver que era compatible ser sabio con ser un ladrón o un hijo de puta. Entonces descubrió que le gustaba el budismo porque allí la sabiduría consiste en vivir de una determinada manera y no en decir unas determinadas cosas. De hecho, los sabios de la Antigua Grecia no pretendían solamente tener luminosas ideas, sino vivir de una manera adecuada a esas ideas. Y a esos efectos soy bastante clásico. Si la vida de una persona es un clamoroso disparate yo no le creo y si resulta que es un gran creador, me siento muy prejuzgado hacia él. Uno tiene que ser honesto en la vida, no en su discurso. El otro día me decía Mario Vargas Llosa hablando de la ficción “Fíjate, leo Madame Bovary y aún soy capaz de llorar” y claro, me quedé con ganas de preguntarle “¿Pero a que si le pasa a tu vecina no lloras?”. Y es ahí donde habría que llorar. En ese sentido tengo muchos problemas para separar a la gente que conozco de su obra.

¿Hay algún libro que te impactara cuando lo leíste?

Con El cantar de los cantares me llevé una gran sorpresa porque yo pensaba que iba a ser muy tedioso, y resulta que es un libro de amor maravilloso y me dedicaba a ligar con él. Otros ligaban con Neruda. Y ya el que sabía tocar la guitarra lo tenía más fácil; algunos de mis amigos aprendieron sólo para ligar y luego han sido grandes artistas, como Serrat. Pero yo ligaba recitando El cantar de los cantares. Después Juan Rulfo y Jorge Luis Borges: me fascina, me deslumbra, hace fuegos artificiales a mi alrededor.

¿Relees mucho?

Sí, mucho.

¿Y se te olvidan…?

Sí, se me olvida todo, pero hace ya mucho tiempo que no me importa. Hubo un momento, cuando era más joven, que además de aprender quería aprehender, y cuando me di cuenta de que se me iban olvidando títulos, autores… sufría, porque me daba la impresión de que no estaba convirtiendo en útil lo que estaba aprendiendo. Pero hace ya unos 30 años que eso no me importa absolutamente nada, porque lo que pretendo me satisface y disfruto es la impregnación. Igual que con la música, no la quiero para nada más, para ningún uso posterior, lo que me haya dejado me vale.

Tanto leer como escuchar música son dos actividades introspectivas. ¿Te cuesta encajarlos en tu vida profesional o personal?

No, porque son dos aficiones que arrastro desde muy pequeño, por lo que todo aquel que me conozca me habrá conocido ya así, no es algo sobrevenido. Tuve la suerte de tener un profesor en Pamplona que me abrió el mundo de los libros. Nos hacía leer un libro y defenderlo en voz alta, explicando y razonando las motivaciones y actos de un personaje… me cambió la perspectiva, pasaron a ser algo distinto. Y tuve un profesor de Historia, que se llamaba Comellas, que el primer día me cambió también la visión de la Historia cuando dijo: “El día que mataron a Prim hacía mucho frío en Madrid.” Gracias a esa frase descubrí que el día que mataron a Prim había sido un día de verdad, que hacía frío, que la gente paseaba por la calle de verdad… me cambió la perspectiva de la Historia, me hizo ver la vida como una secuencia de eslabones en cadena, que por las calles por las que yo paso ha pasado otra gente, ha pasado Prim. Toda la gente que me ha conocido me ha conocido así. Tengo la suerte de que me gustan muchas cosas. Me gusta mucho la música y los libros, pero también me gusta el campo, el mar, comer, beber, salir… la gente a quien no le gusta comer y beber me inspira un poco de recelo. Es decir, no me quedo en casa encerrado, me gustan muchas cosas, por lo que no he condenado a ninguna persona a eso. O el fútbol, también.

Un recuerdo tuyo que tengo es abrir el telediario con un gol de Zamora.

Fue divertido, porque en la redacción casi todos eran del Madrid y yo me he criado en el antimadridismo, aunque nunca he sido anti nada. Estaba la Real Sociedad a punto de ganar la Liga y el debate era qué íbamos a hacer; yo dije que si ganaba el Madrid no hiciéramos nada, porque el Madrid ganaba casi siempre, pero si ganaba la Real sí, porque eso era un notición. Cuando Zamora metió el gol que le daba el título a la Real, los jugadores del Madrid que estaba en el campo en Valladolid se echaron las manos a la cabeza y yo dije: “Esa imagen de Uli Stielike con las manos en la cabeza la quiero congelada quince segundos.” Me dijeron: “Eso ¿por qué?” Y contesté: “Primero porque la Real es quien ha ganado y es más noticia que si gana el Madrid y segundo porque soy el jefe”. Y a continuación le dije a Matías Prats: “Matías, quítate de ahí.”

¿Me podrías definir en una palabra a Luis del Olmo?

La radio.

¿Carlos Herrera?

El hedonismo.

¿Julia Otero?

El realismo.

¿José María García?

La omnipotencia.

¿Gemma Nierga?

La vida.

¿Carles Francino?

El aire.

¿Isabel Gemio?

Hace mucho que no trato con ella, la verdad…

Cuando en 2004 Zapatero ganó dijiste que estabas muy esperanzado. ¿Te ha defraudado? Hace unos días entrevistamos a César Vidal y lo comparó con Felipe II.

Es alguien a quien han atropellado los acontecimientos. Creo que es un demócrata y un hombre con mucha ilusión. Zapatero ha cometido, sobre todo, un error, y es que creo que ha sobrevalorado su capacidad e infravalorado los problemas. En todos los casos. Con el estatuto de Cataluña, por ejemplo, no se estaba dando cuenta de que era más complejo de lo que él creía y no se estaba dando cuenta de que no tenía capacidad de gestionarlo. Negociación con ETA: se creía que era más fácil de lo que era y se creía que tenía más capacidad de resolverlo de la que tenía. Y con la crisis económica igual. Siempre ha medido mal su capacidad y la complejidad de los problemas. Yo le preguntaba cómo iba la negociación con la ETA y él me decía: “Bien, bien”; yo le contestaba: “Hombre, tú sabrás más que yo, pero a mí me parece que esto es más difícil de lo que crees.” Siempre tuve la impresión de que no midió bien la complejidad de los asuntos que afrontaba. No, yo no le llamo tonto, que cada cual le ponga el adjetivo, lo que digo es que veía los problemas más simples de lo que eran. Y ni eran tan simples ni tanta su capacidad. Y creo que su primera legislatura hizo cosas muy importantes desde el punto de vista social.

¿Cuál es la mayor virtud y el mayor defecto de Mariano Rajoy?

Mariano ha sido un segundo profesional y de primero no se sabe cómo va a ir. Es un enigma para todos: para mí, para su partido y para él mismo. Su mayor virtud es la serenidad y su mayor defecto es la indecisión; aunque él a la indecisión la llama sabiduría de espera, pero yo lo llamo indecisión.

Fotografía: Gonzalo Merat


Cristina Teva: “El objetivo de Bardem y Penélope no era ser estrellas, por eso lo han conseguido”

Los abonados a Canal+ que gozan de la paciencia y de la laxitud laboral necesarias para aguantar despiertos toda la noche de entrega de los premios de la Academia de Cine, conocidos aquí y allí como los Oscar, saben que desde el año 2006 Cristina Teva, que además actualmente presenta el programa Cinexprés en la misma cadena, es la encargada de lidiar con la alfombra roja y las estrellas de Hollywood que levitan sobre ella repartiendo dádivas, la mayoría infringiendo alevosamente las más básicas leyes universales que desde al menos los años veinte eran la salvaguarda del buen gusto en el vestir. Es una labor sin duda envidiable, y que debe de inspirar las más enrevesadas intrigas bizantinas con el único propósito de desplazarla del puesto y así tener la oportunidad de oler el sobaco de Clooney o revisarle los puntos negros a la Jolie. Esperamos que todas esas conspiraciones terminen sus días frente a un pelotón al amanecer. Pero quizás todo no sea más que oropel, y detrás de las estrellas ya sólo quede un grandioso pasado. Queremos saber cómo son las estrellas de cerca, y no perdemos la esperanza de que nos confiese que realmente no existen, que no son reales, que no están ni allí ni en ninguna parte que podamos alcanzar en esta vida.

Llevas desde el 2006 yendo a Los Ángeles para estar en la alfombra roja de los Oscars. Durante estos años, ¿quién te ha sorprendido por su amabilidad?

Todo el mundo es muy amable. Están emocionados por estar allí y se prestan a hablar contigo con facilidad. Me cuesta elegir a alguien, pero me dejan especial poso los españoles. Recuerdo a Alberto Iglesias, que además creo que es el primero a quien entrevisté. También Javier Fesser, Maribel Verdú… los hispanohablantes en general, porque se sienten más cómodos hablando en su idioma. Pero lo que más me sorprende, en medio de todo ese histrionismo de estar saludando al público, es ver a alguien realmente emocionado mientras defiende su película a muerte. Como Forrest Whitaker, David Strathairn —el de Buenas noches y buena suerte o Clint Eastwood, y eso que para Eastwood una alfombra roja es casi como pasearse por el pasillo de su casa. Eso no siempre pasa con los actores, no siempre se sienten orgullosos de la película que han hecho

Pero son actores. ¿No crees que están representando un papel?

Hay de todo. Sí es cierto que forma parte de su trabajo, pero creo que esa tarde no les cuesta especialmente estar emocionados o simpáticos.

¿Y algún borde?

Claro, también los hay, pero me hace gracia. En el momento me lo hacen pasar mal pero no es algo que me deje traumatizada. Recuerdo a Alan Arkin, el abuelo de Pequeña Miss Sunshine: tienes esa imagen del típico abuelo simpático y en cambio fue muy parco en palabras. O Anthony Hopkins, que da la sensación de ser ese tipo de personas que están siempre midiendo tu inteligencia, como si cada respuesta fuera un acertijo. Y medirse con él es complicado porque no estás en igualdad de condiciones: él es Anthony Hopkins y tú estás muchos años de experiencia por detrás.

¿Has coincidido con él en la alfombra roja o también le has entrevistado en otro contexto?

Le entrevisté en la alfombra roja pese a que ese año no estaba nominado. Para estos casos en los que aparece una celebridad invitada llevo una serie de preguntas genéricas. Le pregunté sobre su visión acerca de la evolución de la ceremonia, y me contestó algo así como “las cosas han cambiado, y parece que hoy va a llover”. Y claro, me quedé con una cara de idiota…

¿Y cómo has visto tú esta evolución de la ceremonia, en estos años en que has acudido?

No he visto grandes cambios. A nivel logístico, en años anteriores había un arbusto separando a los periodistas de los actores y este año pusieron una valla, lo que facilitaba el trabajo, porque estabas más cerca. Pero poco más.

¿Cómo llamas la atención de las estrellas cuando estás en la alfombra roja?

Algunos van en fila atendiendo prácticamente a todas las entrevistas y supongo que serán los que tienen ganas de hablar, porque están orgullosos de su película, o porque no están agotados de la campaña pre-Oscars. Otros sí van seleccionando los medios con los que hablan y gran parte del mérito de que hablen conmigo es de mi compañero Guillermo de Mulder, que conoce a todo el mundo.

¿No da un poco de corte?

Al principio sí, pero cuando ya llevas cinco horas allí entras en la vorágine y les gritas por inercia, para llamar su atención. Además, ya puedes gritar como una loca que casi ni se te oye, porque todo el mundo está muy exaltado.

¿Qué pensaste la primera vez que te dijeron que te enviaban a los Oscars?

Que estaban locos. Yo en aquella época ni siquiera trabajaba en Canal +, sino en 40TV, y sólo llevaba seis meses, era una novata. Lo que pasa es que estábamos en el mismo edificio y nosotros hacíamos un programa en el mismo pasillo. Supongo que alguien debió de pasar por allí y propuso que me hicieran una prueba. Fue pura casualidad. Lo típico que se dice de estar en el momento adecuado en el lugar adecuado. Tuve mucha suerte.

¿Ves muchas diferencias entre la manera de trabajar en EEUU y en España?

Cuando voy allá estoy entre cinco días y una semana, por lo que no me da mucho tiempo para ver cómo trabajan los periodistas. Sí he visto que allí son muy cotillas respecto a la vida privada de las “celebrities”, pero menos corrosivos.

¿Y los actores?

Para cualquier actor la promoción de la película es algo soporífero y aburrido, porque han de decir lo mismo muchas veces y todo el mundo les hace las mismas preguntas.  Pero me parece que los actores que viven en Hollywood tienen más asumido que forma parte de su trabajo y lo llevan mejor.

Hablas muy bien inglés, pero ¿algún actor te ha dejado en evidencia porque no has entendido nada de lo que te decía?

Sí, claro que sí, lo que pasa es que no es muy difícil entenderles porque les haces dos preguntas en las que no es necesario ningún feedback. Además, llevas casi un mes estudiándote la terminología relacionada con las películas de ese año. Lo que sí acostumbra a pasar es que no les entiendes porque no les oyes. Hay mucho ruido, incluso hay unos regidores que animan al público a gritar para crear ambiente.

Igualmente, ¿tienes preparada alguna respuesta estándar por si se da el caso de que te preguntan desde Madrid qué ha dicho?

No, porque tampoco hacemos ese tipo de conexiones. Sí que lanzo algunas preguntas a quienes están en el plató de Madrid, pero a la inversa no lo hacemos porque es muy difícil. Los vídeos de la alfombra roja se emiten en falso directo. Quizá te pasas cinco horas para poder hacer diez entrevistas, por lo que un directo real no es posible. Yo voy haciendo las entrevistas y ellos las van emitiendo cuando ya están grabadas. Lo que sí me ha pasado alguna vez es tener que improvisar una entrevista en inglés e ir traduciendo las respuestas. Es terrible. Supongo que me dejo mucha información cuando hago la traducción, pero hay que hacerlo y se hace. Eso sí, en los Oscars mis compañeros me lo ponen muy fácil.

En 2006 coincidió el que acudieras por primera vez a la alfombra roja y el que nominaran a Penélope Cruz como mejor actriz. ¿Cómo has visto su progresión de “actriz popular” a “estrella”?

Mi experiencia con Penélope siempre ha sido maravillosa: se detiene a hablar con nosotros, es generosa, siempre está muy emocionada… incluso ha habido ocasiones en las que ya nos había pasado de largo y al oír que estábamos allí, se ha dado la vuelta y ha venido a hablar con nosotros. A nivel cinematográfico creo que ha sabido salirse del típico papel de chica guapa con galán al lado, como en La mandolina del capitán Corelli junto a Nicholas Cage, Todos los caballos bellos junto a Matt Damon o Vanilla sky junto a Tom Cruise. En aquella época sólo le daban buenos papeles en Europa, como en la italiana No te muevas o en Volver, de Pedro Almodóvar. Y creo que fue con la nominación por Volver cuando en América se dieron cuenta de lo gran actriz que es.

¿Y la progresión de Javier Bardem?

Exactamente igual. Parece que sus escaladas hacia la cumbre hayan sido paralelas: en el 2000 fue premiada Todo sobre mi madre, en la que participaba Penélope, y también fue nominado Bardem por Antes de que anochezca, de Julian Schnabel. Después de eso Bardem hizo papeles menores, como en Collateral, hasta que llegó Amenábar con Mar adentro.

¿Qué tienen ellos que no tengan otros que no ha podido entrar en Hollywood?

Bardem lo dice muy bien, parafraseando a Bigas Luna: “el éxito es talento, compromiso, suerte y salud al 25%”. Creo que han sabido combinar a la perfección estos ingredientes y sobre todo han tenido fe en ellos mismos, que es lo más difícil. Cuando Penélope recibió el Oscar lo resumió muy fácilmente: “no eres demasiado alta, no eres demasiado delgada, no hablas inglés lo suficientemente bien… todo son peros”. Lo más importante es tener fe en lo que haces y adorar esta profesión por encima de todo.

¿Hay algún actor o actriz español que pienses que debería ser una estrella?

Lo de ser una estrella es muy distinto. Tengo la sensación que el objetivo de Bardem y Penélope no era el ser estrellas, y por eso lo han conseguido. Si tu objetivo en la vida es ser una estrella lo llevas complicado. Eso es algo que acompaña a lo demás. Pero sí creo que hay otros actores con mucho talento, como Sergi López, me apasiona. O Elena Anaya. Pero creo que se sienten más cómodos trabajando en Europa, artísticamente les llama más. López, por ejemplo, trabaja mucho en Francia; y Anaya acaba de hacer una película francesa que presentó en la Mostra de Valencia. O Maribel Verdú, que ella misma lo dice: no quiere ir a Hollywood.

¿En Hollywood quedan estrellas como las de antes: Cary Grant, Grace Kelly…?

Jack Nicholson, Meryl Streep, Susan Sarandon, Al Pacino, Robert de Niro… yo creo que sí, pero con las perspectiva del tiempo los clásicos se vuelven más clásicos y eso los engrandece.

De los últimos Oscar, ¿cuál fue la película que más te gustó?

Me cuesta mucho decir cuál es la mejor y cuál la peor, pero me gustaron mucho Biutiful, Animal kingdom… me suelen gustar más las películas más pequeñitas y sin tantas nominaciones. En ese sentido también me gustaron mucho Rabbit hole, con Nicole Kidman, Blue Valentine o The fighter. Cuando en Hollywood se generan demasiadas expectativas sobre algo se rompe la magia.

¿Y alguna que no fuera a los Oscar y te gustara?

Y también la lluvia, de Icíar Bollaín, me quedé muy chafada cuando no fue nominada.

¿Hay mucho chanchullo en los Oscar?

No lo sé, pero creo que no. Lo que pasa es que siempre hay grandes favoritos e, igual que en los premios Goya, podemos intuir por dónde van a ir los tiros. Por ejemplo: este año estaba tan claro que Colin Firth y Natalie Portman iban a ganar que eso le quitó emoción. Pero siempre hay sorpresas. La campaña pre-Oscars es como una campaña electoral y los actores, aunque no están obligados a ello, saben que si quieren ganar el Oscar tienen que hacerla.

¿Has estado en alguna de las juergas post-Oscars?

No, no he estado nunca, en ninguna. Cuando acaba la ceremonia se acaba mi trabajo y me voy al hotel a desmayarme. Las mejores fiestas las organiza mi compañero Guillermo de Mulder en su casa con amigos, pero a las otras no he tenido la suerte de asistir.

¿Y si te invitaran a una de Charlie Sheen, irías?

Por supuesto.

¿Antes que a una de James Cameron?

Es complicada la pregunta. Pero entre que Avatar no me gustó nada y el pique que lleva Cameron con Kathryn Bigelow —que me parece una mujer estupenda— creo que me lo pasaría mejor en una fiesta con Charlie Sheen. Pese a que no apruebe esa vida tan tóxica que lleva. Estaría como observadora, sin participar activamente en toda su toxicidad, pero podría decir «estuve en una fiesta de Charlie Sheen, sobreviví y no acabé en la cárcel».

Has trabajado como modelo, ¿hay tantos puñales detrás de las pasarelas?

Yo he trabajado como modelo igual que trabajé envolviendo regalos en una tienda: fue algo anecdótico. Pero por lo poco que vi, diría que no. Lo desmitifico todo.

¿Y en las redacciones?

Tengo la suerte de trabajar en Canal +, que es como una isla, porque no dependemos de la audiencia sino de nuestros abonados, por lo que me imagino que no tiene nada que ver con otras televisiones.

Deduzco entonces que eres feliz allí. ¿Qué pasaría si se acabara?

Me dolería mucho, pero supongo que intentaría ser feliz allí donde trabajase.

¿Discutes mucho sobre cine con Boyero?

Tampoco lo veo tanto, pero las veces en que he hablado con él ha sido en su programa, Boyero y Cía: allí cada uno da su opinión de manera respetuosa y ya está. No siempre comparto sus opiniones pero me cae muy bien, es un tipo muy honesto y un apasionado del cine. Lo de comulgar o no con sus opiniones… para eso están los críticos.

Hablando de los críticos, ¿realmente hay parámetros para juzgar si una película es buena o mala, o simplemente se limitan a expresar si les ha gustado o no?

Creo que sí hay unos parámetros mínimos. Cualquier persona a la que le guste el cine sabe decir si los actores están bien dirigidos, si está bien hecha la fotografía… hay unos aspectos básicos.

¿Te gustan los festivales de cine?

Poder asistir a un festival de cine es una maravilla. Y tampoco he ido a tantos: San Sebastián, Sitges, Ibiza, Granada, Huesca, la Seminci… pero, por ejemplo, nunca he estado en el de Venecia o en el de Cannes, cosa que me encantaría. Evidentemente en los festivales se presentan muchas películas que no te gustan, pero a veces te encuentras algunas que te atrapan en la butaca y es una sensación increíble.

¿Te produce sopor el cine asiático?

Sí es cierto que parece que en los festivales las películas que triunfan son las soporíferas que nadie comprende, con planos secuencia de una vaca que duran diez minutos, pero hay de todo. No por el hecho de ser una película jordana tiene por qué ser aburrida.

¿A quién te gustaría entrevistar?

Joaquin Phoenix, que asistió al programa de televisión de David Letterman, haciendo el papel de súper colgado. Me habría encantado entrevistarlo en ese momento y cuando se salió del papel. Además, Joaquin Phoenix me parece un actor con un talento impresionante.

Hace unos años Álex de la Iglesia dijo que, a fin de cuentas, los cineastas hacen cine para el público, como dando a entender que la gente del mundillo se da mucha importancia. ¿Pasa esto en Hollywood?

No, en Hollywood tienen clarísimo que hacen las películas para el gran público. Quizá en Europa sí hay cineastas que hacen las películas que a ellos les gustan incluso a sabiendas de que no van a llenar la sala.

¿Qué te pareció Ricky Gervais en los Globos de oro?

Me encantó. Lo comentaba con mi compañero David Broncano —que es cómico— y es que creo que un cómico está para eso, para reírse de lo bueno y de lo malo. Todos sabemos dónde están los límites del buen gusto o la indecencia, pero creo que no los cruzó. Quizá es que no están acostumbrados a que la gente haga chanza con sus vidas, pero un cómico tiene la obligación de hacer este tipo de cosas. Igual que hizo Buenafuente en los premios Goya con la ley Sinde. Pero vamos, hay gente que se lo tomó con mucho sentido del humor, como Robert Downey Jr, que al subir a entregar un premio le devolvió la pelota. En cambio, había otros súper indignados. Tampoco es que dijera nada que no pensaran todos los presentes o que fuera cruel. Yo creo que fue una de las ceremonias más divertidas, a diferencia de la ceremonia de los Oscar, que fue soporífera. Tenían tanto miedo de que pasara algo parecido que se fueron al otro extremo.

A nivel de belleza, ¿quién es la celebridad que te ha impactado más en vivo?

Yo es que no me creo ningún tipo de expectativa con nadie, pero vamos, los guapos son guapos. Y al contrario. Dolly Parton es horrible, no hay por dónde cogerla. Hace unos años me daba mucha rabia Nicole Kidman, porque la veía tan estirada con el botox… pero este año ha sido diferente. Creo, incluso, que salió en un gag del Saturday night live riéndose de la cirugía estética. Me da más pena verlas muy estiradas que el comprobar que no son tan altas como pensaba, por ejemplo.

¿Y el carisma?

Es que es complicado no verle el carisma a alguien que está nominado a los Oscars. Para mí, más que con el glamour o la belleza, el carisma tiene que ver con el talento o la admiración. Clint Eastwood o Robert Altman, por ejemplo.

¿Alguna anécdota de este año?

Hacía muchísimo frío y Jeremy Renner (el protagonista de En tierra hostil) que estaba nominado por The town, la película de Ben Affleck, cogió un abrigo en mitad de la entrevista y me lo puso por encima. Son ese tipo de cosas tan humanas que, viniendo de una estrella de este calibre, te sorprenden. Pero recuerdo siempre lo que me pasó en mi primer año. Yo estaba muy nerviosa —hiperventilando— mientras entrevistaba a Eric Bana. Y entonces George Clooney, a quien yo ya había entrevistado, se puso a hacer el ganso por detrás de Bana, cachondeándose de él. Y es algo por lo que siempre le estaré agradecida: aligeró enormemente el peso que yo llevaba en ese momento.

¿Y alguna perrería?

No fue una perrería exactamente, pero le hice una pregunta a Jason Reitman, director de Up in the air y Juno… y no me contestó, se fue por las ramas. Eso me dio mucha rabia. Prefiero la bordería de Anthony Hopkins que una respuesta así, como quien contesta a un loco. Yo estoy un mes estudiándome la vida de estas personas y preparando cada pregunta que quiero hacer, porque tienes muy poco tiempo, y que luego te hagan esto…

¿Y eso te influye para ver con otros ojos lo próximo trabajo que haga?

No, porque no me lo tomo como nada personal. Me fastidia el gesto, pero no le pongo una cruz a la persona, porque todos podemos tener un mal día. Además puedes ser un borde y hacer películas maravillosas. Este tipo de cosas las observo con mucha distancia.

¿Hay alguna película encumbrada que a ti no te haya gustado o alguna película denostada por la crítica que a ti te encante?

El discurso del rey no me emocionó especialmente. Sé que ha tenido una gran repercusión para la gente sordomuda, pero a mí no me llegó. No me parece una mala película, es muy académica, las interpretaciones son geniales: Geoffrey Rush y Colin Firth están maravillosos, pero a mí no me emocionó. El señor de los anillos y este tipo de sagas fantásticas me horrorizan, igual que Avatar. Me gusta la ciencia-ficción, como Moon o Blade runner, pero que El señor de los anillos se lleve once Oscars me parece un sacrilegio. Pero vamos, tampoco le doy demasiada importancia. Los Oscars son una lotería. En la historia hay grandes cineastas que nunca han sido premiados.

¿Te parece que el cine de entretenimiento era de más calidad hace 50 años que ahora? ¿El señor de los anillos frente a Ben-hur, por ejemplo?

Es complicado comparar películas con tantos años de diferencia, porque la técnica ha avanzado mucho. Es como comparar la versión antigua de Furia de titanes con la que han hecho hace poco. Cuando se mira una película hay que tener en cuenta cuándo y con qué medios se hizo. Por ejemplo, La guerra de las galaxias. Para las últimas se usaron muchas innovaciones técnicas y probablemente no son mejores que las primeras. Pero vamos, yo tampoco soy una experta en cine. Me encanta y doy mi opinión como espectadora.

¿Te gusta el cine clásico o te parece demasiado “ñoño”?

Me encanta. Hay películas que en mi casa vemos siempre, como Siete novias para siete hermanos, Un hombre tranquilo o Casablanca.

¿Y el cine mudo?

Chaplin es un genio, pero no me pongo en casa a ver películas de cine mudo.

¿Alguna vez has tenido ganas de salirte de la sala a mitad de película?

Nunca lo he hecho, pero sí he tenido ganas. Por muy mala que sea una película, tengo ganas de saber qué pasa al final; la curiosidad gana al aburrimiento.

¿Y si es porque el tema te resulta desagradable?

También me ha pasado, pero no he llegado a salirme del cine. Me pasó con Canino. La encontré muy cruel y me resultaba muy desagradable, pero me parece una obra maestra.

¿Qué críticos te gustan?

No me gusta leer críticas, para que no me sugestionen; pero Boyero me cae muy bien y le tengo mucho cariño. Y Javier Ocaña me encanta, es un grande.

¿Te gustaría que te ofrecieran algún papel en una película?

No, no tengo vocación de actriz. Me parece un trabajo muy difícil y me daría mucha vergüenza. Si hasta me da vergüenza presentar un programa… imagínate hacer una película. Ahora, si me llama Almodóvar, lo primero que le preguntaría es “¿dónde hay que firmar?”. Espero descubrir mi vocación cuando sea mayor. Estudié periodismo y no sé si lo soy, pero lo intento. Aunque no creo que para ser un gran comunicador haya que estudiar periodismo… hay periodistas que no transmiten nada.

¿Te atrae más el realismo histórico de Los Tudor o la magia de Harry Potter?

Hay películas fantásticas que están muy bien, pero es un género que, a priori, no me entusiasma. De Harry Potter tuve que ver la saga entera porque fuimos a entrevistarlos a Londres, así que imagínate la sobredosis. De Los Tudor también tuve que ver cuatro temporadas seguidas porque fuimos a visitar el rodaje en Dublín pero, en este caso, me encantó. Decía Jacinto Antón, el periodista especializado en cultura, que Los Tudor era una mezcla de Shakespeare y Calvin Klein.

Entonces, ¿te gustan las series?

Sí, pero me cuesta mucho engancharme a una. No tengo la paciencia de entrar en una rutina para verlas, aunque reconozco que las series de ahora tienen una calidad extraordinaria que muchas veces supera a la calidad de las películas. Me gustó Perdidos, Mad men… y hay una serie que me apasiona y no es de las típicas. Se llama Todos contra Juan, una serie argentina con Gastón Pauls. Es una parodia constante de la vida de un actor fracasado, y se ríe de todo, desmitifica todo lo que envuelve al mundo del cine. También me parece buenísima una española muy parecida: ¿Qué fue de Jorge Sanz?

Ha sido un buen recurso de Jorge Sanz para intentar recuperar algo del protagonismo que había perdido con los años.

Sí, pero es que creo que pretender estar siempre en la cumbre no es sano. Quizá para Jorge Sanz el éxito ahora mismo es poder estar en una terraza tomándose una cerveza, cuando hace veinte años no lo podía hacer. El éxito es muy relativo. Pero sí, supongo que a nivel mediático sí le ha servido para remontar.

Te hemos entrevistado a ti, a Michael Robinson, a Ana García-Siñeriz… ¿a quién más de Canal + nos recomendarías?

A mi compañero David Broncano, que lo tengo al lado todas las semanas y con el que te ríes un montón. Te diría también a Iñaki Gabilondo o Juan José Millás, pero he querido nombrarte a alguien no tan conocido.

Fotografía: Gonzalo Merat