Pepe Colubi: “La reflexión a través del humor me parece una actitud vital, filosófica”

Pepe Colubi nació en 1966 en Madrid, ejerce de asturiano y para completar el tour nacional y atender a todas las sensibilidades nos encontramos con él en Barcelona. Es complicado encuadrarlo en alguna rama laboral pues él mismo se desmarca de cualquier calificativo, aunque por su labor como guionista, crítico o periodista en programas y medios como Ilustres Ignorantes, El Jueves, y muchos otros, y su faceta de escritor bien podría aplicársele el tópico “un profesional como la copa de un pino” así, en general. Profesional en muchas vertientes, no solo dentro del humor cerdo que acostumbra compartir en Ilustres Ignorantes o su cuenta de Twitter. Tanto que cuando nos reunimos con él en el hotel Barceló Raval, y enterado de que venimos directos de las oficinas de una productora pornográfica, se muestra dispuesto a superar la situación dejándose fotografiar mientras lame el ano de una escultura ecuestre, para regocijo de unos serios empresarios alemanes que allí orbitaban, entre cata de vino y expolio de riqueza patria, y no dudaron en unirse. Y además de todo esto, fue capaz de atendernos en la larga conversación que sigue.

Las notas que se escriben sobre ti te califican como periodista y escritor. ¿Qué te consideras más?

No lo digo por epatar, pero realmente no me considero nada. Todos los trabajos que he hecho en la vida han venido por casualidades no buscadas. Yo nunca pensé en ser periodista ni en escribir; hago muchas cosas porque hay que hacerlas, pero mi ansia y mi anhelo es no hacer nada.

No hacer nada de una manera activa.

Sí, yo relleno la Bonoloto con una fe casi ciega. En la Primitiva pongo mi edad. Empecé poniendo 18, que es cuando en España salió la Primitiva, ahora pongo 46… y se me acaban ya los números, porque son 49. Me quedan tres años para hacerme millonario. Empecé en la radio de casualidad, el primer libro fue un encargo, empecé a escribir en periódicos por mucha casualidad… de hecho, el primer reportaje que hice en un periódico fue porque quería ir a los campamentos del Polisario en Tinduf, en el Sáhara, y hacía falta un periodista para poder entrar en esa caravana de ayuda. Entonces me puse en contacto con un periódico asturiano y aceptaron. Y luego resultó que les gustó lo que hice. Pero no iba más allá, tengo memoria de pez, no tengo un plan… y así me va. Pero a raíz de eso que escribí me pidieron que les enviara algo más. En esos años lo que tenía hecho era un reportaje de opinión sobre la Teletienda, que todavía entraba por parabólica. Y entonces ese periódico me propuso escribir algo sobre la tele, de ahí vino ese primer libro. Como ya he dicho, no tengo un plan, por lo que me daría mucha cosa denominarme como escritor y, ni mucho menos, periodista. Me gustaría decir que soy periodista, pero no tengo el don. Toco mucho la guitarra, pero muy mal y jamás me pagarán por ello. Entonces… podemos decir escritor, pero lo matizo mucho porque luego ves gente con el pánico al folio en blanco, la necesidad de expresar, el trabajo constante… y ahí yo no encajo. Tengo la suerte inmensa de haber publicado libros y de tener más o menos una continuidad, pero no ha sido buscada, por eso no me atrevo a decirlo abiertamente.

Dices que el primer libro que publicaste fue de casualidad, pero para California 83, la novela, sí tenías una idea e intención. Estuviste cinco años con ella de un lado a otro.

Sí, pero también fue todo un poco casual. Hay un amigo, Enrique Bueres, que fue fundamental porque, como cuento en los agradecimientos de la novela, un día de mayo del año 2000 empecé a contar unas historietas que realmente me habían pasado en California, donde estuve en el año académico 1983-84. Y Enrique me dijo que eso podía ser una novela. Y, en ese proceso impetuoso mío, dejé pasar dos años hasta que empecé a escribir. Cuando acabé estuve cinco años enviándola y hablando con distintas editoriales. Finalmente, y de nuevo de una manera muy casual, me llamó Espasa para un encargo, que sería lo que luego salió como Pechos fuera, y aproveché para ofrecerles mi novela. Quiero dejar de decir la palabra casualidad, pero la editora de ficción, por pura casualidad, acabó leyéndola en el momento adecuado y se decidió a lanzarla. Todo es como parte de un plan imprevisible. El feedback que he recibido después de su publicación me ha hinchado el pecho. Por eso ahora debería seguir la senda de la novela, pero aquí estoy, viendo la vida pasar.

¿Quizá una segunda parte?

Pues desde que salió, en 2008, la idea está ahí. Si alguna vez me decido será la continuación de este personaje en España. Hace muy poco empecé una especie de intento, pero como todo lo mío: sin ningún plan ni estructura, todo lo antiescritor que se pueda ser, porque quería ver por dónde tira. De manera natural me sale continuar con el mismo personaje y, como veo que de manera constante —aunque minoritaria— los que han leído la novela me piden una continuación, podríamos decir que estuve en ello. El mismo personaje, igual de patoso, despistado y fantasioso pero en la España de los 90.

Y supongo que con menos problemas para conseguir cerveza.

Cerveza toda la que quiera. Los mismos problemas para follar, eso sí lo tengo claro.

En diez años la cosa debería haber mejorado.

Tendría más pericia, pero… bueno, la primera escena de la continuación es sexual. La segunda palabra de la novela es “chorromoco”. Por cierto, siempre que la cito aprovecho para reivindicar a Federico Corriente, que es el traductor de Irvine Welsh en Anagrama, porque lo considero el descubridor y difusor de la palabra “chorromoco”. Como hallazgo lingüístico me parece fascinante que mezcle el tipo de sustancia y el tipo de eyección, porque es chorro y es moco, para describir el semen. La primera palabra de este inicio es un artículo, y la segunda es “chorromoco”.

Se dice que en la ficción es muy importante el arranque: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…” Creo que “chorromoco” tiene incluso un futuro mayor como inicio de novela.

Mira, tal y como lo dices me está apeteciendo quitar el artículo. “Chorromoco”, punto y ya seguir.

¿Sacaste algo en claro de estar en California en 1983, aparte de aprender inglés, conseguir alcohol e ir a un concierto de The Clash?

De hecho fui a dos. Hice más cosas de las que salen en la novela, igual que hay cosas en la novela que no me ocurrieron.

¿La “novela del chorromoco” será ficción o ahora también te ocurren cosas extrañas?

No lo tengo claro, porque escribir California 83 cuando decidí cómo era fue muy fácil. Tenía una estructura muy clara y una serie de acontecimientos que pude espaciar entre los diez meses, porque tampoco es cronológicamente exacta. Eso sí, cuando nombro algo está muy datado. Por ejemplo, el concierto de Police al que fui o al de The Clash. También fui a uno de David Bowie, pero ya me parecía demasiado para Pipi. El concierto de cierre de la gira Serious moonlight, brutal, pero fue a la semana de llegar a California, y era demasiado espabilado para Pipi. En los 90… pasaron muchas cosas musicales. Uno de los puntos vitales en el camino es el Nevermind de Nirvana o la irrupción de Rage Against The Machine. Pero luego tuve la suerte de que trabajé en el Festival de Cine de Gijón y conocí a mucha gente muy interesante que además trabajaba en rollos de música, por lo que es muchísima más información y mucho más difusa. Entonces, o abarco toda la década de los 90 o ficciono cosas que he vivido… Pero es que tampoco tengo claro ni en qué ciudad va a ocurrir. California 83 sucede en San José, pero es totalmente falso, las calles que nombro no existen. No se puede hacer un tour de la novela.

Ahí has perdido mercado.

De eso me di cuenta luego, pero da igual, era una forma de situarlo.

Ahora que has mencionado los 90 y Nirvana, vamos a hablar un poco de música. ¿Fueron los 90 el último momento de gran éxito comercial del rock?

Es que estamos hablando de la época preinternet. Igual que hay que hablar de otros movimientos pre-MTV y de qué manera el vídeo mató a la estrella de la radio. De hecho, la primera vez que oí a Nirvana fue en la MTV, el Smells like teen spirit. E hice algo que ahora suena obsoleto y viejuno, pero era la que podía hacer: fue a mi tienda de discos habitual y les pedí el Nervemind. Todavía no había llegado y a los pocos días me llamaron por teléfono para avisarme de que ya lo tenían. Esto ahora mismo suena prácticamente a Atapuerca, pero es que el consumo de música tiene que ver con la repercusión de cualquier movimiento. Respecto al grunge soy muy fan. En 1995 o 1996 tuvimos de invitado en el FICX a Doug Pray, que dirigió el documental Hype!, sobre el grunge. En su día me impresionó mucho y el tío me cayó de puta madre. Se dedica a desmitificar un poco. Claro, hablar ahora de mito con Kurt Cobain muerto y lo que pueda quedar de Soundgarden y todos estos… hay una distancia desde la que se puede hablar, pero en esa época… Por eso, hablar del grunge como último gran movimiento…

Más que el grunge me refiero a la década de los 90, porque aparte de Nirvana, Soundgarden, Pearl Jam y los grandes del grunge, también fue el momento de la gira del Use Your Illusion de Guns ‘n Roses o del negro de Metallica… grupos que llenaban estadios, los chavales se compraban las camisetas y se los querían follar, y que eran un fenómeno social. Ahora hay nuevos grupos de rock, pero ya no son fenómenos sociales.

Lo que echo en falta ahora es un recambio generacional de espectadores. Hay muchos factores, pero uno de ellos y que no se puede negar es la mala influencia de los “reality-shows” musicales. Hablo de gente muy joven. Recuerdo cuando yo tenía catorce o quince años,  teníamos otra forma de consumir porque era lo que había. No digo que sea ni mejor ni peor, pero te especializaba de otra manera. No me gusta llegar a axiomas ni sé llegar a verdades absolutas, pero cuando de pronto tienes acceso a los 13 LPs de un grupo de golpe… tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Y uno de los inconvenientes es que no lo valoras de la misma manera. No quiero sonar a batallitas, pero cuando alguien iba a Londres y le encargabas vinilos, a ese vinilo le dabas unas oportunidades que ahora no le das. Recuerdo LPs sobre los que pensaba que, como me habían costado 800 pesetas, tenía que tener algo y lo escuchaba y lo escuchaba hasta que lo desechaba, pero ya con un juicio crítico tremendo. Pero me da la impresión de que no hay un recambio generacional y los grupos que triunfan absolutamente duran muy poco. No sé si es bueno, malo o, simplemente, un nuevo hábito de consumo. Ahora las grupos que llenan son Muse, Coldplay, siguen siendo U2… me parecen fans muy válidos, pero creo que tienen otra manera de relación con la música. Antes la música era un ocio más absorbente, ahora está muy relacionada con otras cosas, y ahí hay una parte positiva. Por ejemplo: sale el nuevo videojuego de Call of duty y es una revelación absoluta. El Grand Theft Auto 5, por ejemplo, para mí también es música. A mí me gusta mucho mucho el reggae y me llama mucho la atención cómo hay gente que, sin darse cuenta, tiene una cultura de reggae gracias a la emisora de reggae del GTA. Pedro Vera, el dibujante, es muy amigo mío, y a él no le interesa el reggae en absoluto, pero un día le enseñé una portada de Scientist, que es un artista mítico de dub en los 80, porque quería enseñarle el dibujo que había. Le gustó la portada y no le hizo más caso, pero luego puse el disco y se quedó flipando. Me dijo que esas canciones él las oía en la emisora del GTA. No sabía quién era, pero conocías las canciones. Y eso dice mucho a favor de la investigación musical que han hecho en el GTA y del buen gusto que tienen.

Los videojuegos son ya superproducciones. Hay un grupo ruso que apenas conocería nadie, Kinó, pero una canción suya salía en el GTA y se hizo famosísima.

Yo no soy fan del GTA, pero comentándolo con Pedro y animados por unas cervezas me puse casi místico y resulta que ese LP me lo compré en 1983 en California y, unos años más tarde, el CD en Londres; y lo he escuchado hasta la saciedad. Yo lo consideraba muy minoritario, pero paralelamente había millones de jugadores de GTA que tenían las canciones perfectamente localizadas. Puede que no hubieran investigado de quién eran, pero las conocían y apreciaban tanto como yo. Por eso, volviendo al tema, el consumo de música ahora está mucho más difuso, es otro tipo. Estamos viendo cómo se venden menos discos. Es obvio, evidente y comprensible. Estamos en el proceso de adaptarnos a otro tipo de consumo musical.

Supongo que lo que más tocarás con la guitarra y pincharás es reggae.

Quiero dejar claro que soy un fraude en todo lo que hago. Cuando pincho discos me gusta decir que soy “pinjahdiscos” (Jah es el dios rasta). Y tengo otra faceta, si se puede decir así, que también es un fraude, que es que pincho brasileño. No es que sea una maravilla, pero si me llaman para pinchar otro tipo de música diré que no, aunque con gran dolor porque me gusta. Cuando pincho reggae suelen ser vinilos porque tengo una colección que me da para pinchar unas cuantas horas. No hago grandes virguerías, pero como hobby lo gozo muchísimo.

Es decir, que así como en el programa Ilustrres Ignorantes habláis de lo que no sabéis, en música te gusta pinchar solo lo que conoces.

Sí, pero sin grandes alardes. Para dar un ejemplo: pincho reggae y pongo muchísimo a Bob Marley. Hay gente muy purista que no lo aprobará porque le parecerá que está muy oído, pero a mí me sigue pareciendo grandioso. Luego, hago una cosa que está muy mal vista, y es que si alguien me pide una canción y la tengo, la pongo. Queda fatal, pero si alguien me pide una canción, yo la tengo y encaja con el momento, qué más quiero que esa persona disfrute. Además yo soy mucho de dar la vara a los disk-jockeys.

Empatizas con el que te la pide.

Sí, sí. Es más, si tengo la canción y me encaja soy capaz de quitar la que tengo ya preparada. Y si la que me lo pide está buena ya no te digo nada.

Ese tipo de cosas suelen influir.

Hombre… ¿y a quién no? No, fuera bromas: si es un feto malayo pero la canción encaja la pondré igualmente.

¿Los DJ te hacen caso cuando les pides cosas?

Tampoco me arriesgo mucho, porque más o menos sabes quién te escuchará. Si es un DJ de esos profesionales ni llegas a la cabina, pero no me quejo del caso que me hacen. Suelo enviar a amigas que estén buenas a que pidan ellas, y si lo pide una tía buena puede entrar hasta Camela.

Varias veces has dicho que donde más cómodo te sientes es en Ilustres Ignorantes. ¿Qué es lo que hace que sea así?

Que no se parece a nada. Tampoco tengo un currículo tremendo en televisión, pero he estado en Channel nº4, que era un programa “mainstream” en las tardes de Cuatro, he estado en Paramount comedy con Ricardo Castella, con el que también tenía libertad absoluta… pero en Ilustres hay varios elementos que lo convierten en algo insólito. Para empezar estoy con Cansado y Coronas. Si en los años 80, cuando veía con una admiración absoluta El orgullo del tercer mundo, me hubieran dicho que yo compartiría programa o incluso escenario como estamos haciendo con la gira, con Cansado, me hubiera tumbado para esperar ese momento, porque es una especie de cumbre en la vida. Pero es que encima estoy con Coronas, con el que llevo años trabajando en guiones, colaboraciones y mesas redondas… que entre los tres haya esta cosa tan hortera que se llama química, pero que la hay, y luego oyes hablar a Cansado, que tiene el culo pelado de experiencias televisivas y teatrales de todo tipo, y entiendes por qué a él le motiva tanto algunas cosas que compartes honestamente, como el buen rollo que tenemos, la preparación… llevamos cinco años haciendo Ilustres, y parte de la preparación son estos cinco años de rodaje que llevamos. Pero estamos hablando de un programa básicamente improvisado en el cual tenemos muy pocas pautas previas. Sabemos alguna pregunta, pero no todas las que va a hacer Coronas. Es muy importante el apoyo, porque puedes arriesgar muchísimo, cosa que no me ha pasado jamás en la tele. A veces hago chistes y luego, cuando los oigo, me dan ganas de pegarme un tartazo en la cara, pero es una prueba de ese relax que permite que te arriesgues sin ningún tipo de compromiso con un chiste arriesgado, elevado, absurdo, una broma privada o incluso malo porque ahí están Coronas o Cansado —o incluso los invitados— que en seguida van a coger el testigo y tirar hacia otro lado. No hay esa presión que puede tener un monologuista, aunque estoy hablando sin tener ni puta idea porque no hago monólogos. Pero esa presión del chiste que no funciona se me antoja como una pesadilla tremenda. En Ilustres además contamos con la libertad absoluta que nos da Canal +, que es un lujazo en la televisión actual. Por eso creo que es un buque insignia de Canal +, porque esto jamás podría estar en un canal generalista.

Viendo el programa es la sensación que uno se lleva. En un canal generalista has de pensar muy bien lo que vas a decir, mientras que en Ilustres parece que si se os ocurre algo lo dejáis ir.

O, en un generalista, quizá si te dejas llevar para el siguiente programa ya no te llaman, porque los límites están mucho más marcados. Pero ya no solo lo que puedas o no decir, tampoco vamos a vender que vivimos en un estado represor, sino simplemente el formato: cinco tíos sentados a una mesa hablando, sin SMS ni piezas fuera de la mesa, con tiempo para expresarse… es un formato que ya es llamativo que sea tan novedoso con toda la oferta de canales que hay. Resulta distinto y original.

Además del formato, el mismo humor. ¿Crees que cada vez está peor visto tocar ciertos temas o decir ciertas palabras? ¿Dónde crees que está el límite si es que lo hay? Parece que el rey, por ejemplo, ya no es tan intocable.

El caso del rey me encanta porque, aunque no es mérito de Ilustres, hay que recordar que hace unos años secuestraron una portada de El jueves. Todo ese proceso me pareció fabuloso. Yo estoy en la revista, y lo viví muy de cerca. Un detalle curiosísimo, que lo cuenta Manel Fontdevila —que es el autor del dibujo con guion de Guillermo—, es que la postura en la que el príncipe y Letizia están en la portada mucha gente la asociaba a un anal. Que ya es curioso, porque hay maneras de penetrar vaginalmente desde atrás. Eso de entrada. Y segundo, decían que era una postura vejatoria, y la explicación de Manel, que es el dibujante, me parece fantástica: es la única postura en la que puedo dibujar los dos rostros de frente. Y eso anula todas las pajas mentales que gente muy ofendida pudo hacerse. Es una simple cuestión práctica. Pero tampoco es mérito exclusivo de El jueves. Recuerdo que fue muy llamativo cuando en Crónicas marcianas Manel Fuentes comenzó a imitar al rey. Simplemente se ponía una banda e imitaba la voz. Pues eso fue un pequeño peldaño que nos sorprendió a todos. Era humor blanco, pero nos llamó la atención. Esto ahora se nos olvida porque el rey mismo ha dinamitado la poca credibilidad que tenía y todos los humoristas de España le agradecen que sea una persona tan sumamente torpe, engreída y cochambrosa. El rey parece una factoría de crear chistes para humoristas.

Parece que haya estado retenido durante un tiempo y ahora, de repente…

Pero ha sido un proceso muy natural. En España hay cosas que han ido muy despacio, y esta era una de ellas. Siempre se nombra con envidia el ejemplo de la monarquía inglesa, pero aquí hay una diferencia muy importante porque la monarquía inglesa en general es querida en Inglaterra, pero la de aquí cada vez menos. Además, el tipo de manipulación que propugnan desde la misma Casa Real, como el programa Audiencia abierta que hacen en Televisión Española los sábados por la mañana, es demencial. Es como un retroceso. Les hace más daño que el presunto beneficio que puedan sacar de un ejercicio de lameculismo tan llamativo, obsoleto y rancio.

Ni Peñafiel en sus tiempos.

Pero ahora Jaime Peñafiel, al fin y al cabo y a su manera, también les mete caña. Como está resentido con Letizia y con la reina es un palaciego incómodo. Son ellos mismos, con esa especie de escudo protector tan absurdo que han intentado crear a lo largo de los años alrededor de la figura del rey. Yo me imagino al propio rey dentro de ese escudo haciéndolo añicos con un pico: la cacería en Botsuana, las disculpas que pide, el ojo morado, las caídas frecuentes… y luego cosas más serias, como los tejemanejes económicos que hay detrás. Un rey que empezó con una mano delante y otra detrás y ahora tiene una fortuna respecto a la cual nadie se pone de acuerdo en cuántos miles de millones son, con asuntos muy turbios por ahí metidos y una píldora dorada por los empresarios más nefastos del país… no se sostiene por ningún lado. Es bueno recordar que hace no tanto tiempo, unos quince años, aunque por la constitución es una figura inviolable, había gente que se sujetaba mucho y tenía mucho cuidado con decir según qué cosas. Esa veda se ha abierto y, volviendo a la pregunta del límite, yo creo que los límites se los tiene que poner cada uno. Yo sé qué cosas no me hacen gracia, pero es que el humor funciona así. Siempre lo comparo con un portero de fútbol que chuta el balón. Él sabe cómo coge el balón y cómo lo patea, pero el balón cae muy lejos y puede caer entre jugadores enemigos igual que puede recogerlo un jugador de su propio equipo. Pero tú lanzas el balón: sabes lo que quieres decir, cómo lo dices y de qué te estás riendo. Twitter es un ejemplo magnífico. Haces un chiste que para ti está muy claro y definido y, de repente, es alucinante por dónde te sale la gente. Esto es algo muy obvio del lenguaje escrito, que es una fuente continua de errores de interpretación. Si nos pasa con los whatsapp con nuestros amigos o pareja y se monta una bola tremenda, en el humor es todavía más evidente. En Ilustres me pasa a menudo con los chistes guarros. Cuando se sacan de contexto son una cerdada sin más, pero mucha gente que ha visto el programa habitualmente sabe que cuando digo alguna cerdada evidente es, simplemente, eso: un chiste cerdo. Y no tiene más recorrido. Otras veces puede tener algo detrás, pero hay gente que a veces se escandaliza sin más. Y no he tenido ninguna queja, pero quizá hay gente que me identifica demasiado con eso.

Encadenar chistes cerdos para crear tensión escénica esperando el siguiente es un arte.

Lo mío no ha sido buscado ni es premeditado. Pero si te fijas en la televisión es curioso. Hablamos, por ejemplo, de las cadenas “mainstream”: se permite todo tipo de violencia, no hay límite: degollar, descuartizar, violar… se permite todo tipo de sangre y de violencia, se permite el sexo sugerido y las palabrotas están mal vistas. Una blasfemia no se permite. Un sexo sugerido y sin mostrar la polla en erección es posible, pero con la violencia no hay problemas. Por favor, que venga un sociólogo y saque conclusiones. Es decir, sí que hay un tabú que me resulta muy llamativo. Hace muchos años en un artículo yo proponía que, igual que hay Ciencias Sociales o Ciencias Naturales, se estudiaran las Ciencias Marrones. La escatología está presenta en la vida de todos cada día. Y si no está presente tienes un problema que puede ir desde el estreñimiento hasta dolencias más graves. Yo no digo que hablemos todo el rato de eso, pero me llama la atención que una mención escatológica o sexual, por educada o cortés que resulte… porque se puede ser cortés, puedes usar la palabra “secreción”…

O chorromoco.

O chorromoco, o zumo del amor si quieres ponerte cursi, o lo que sea. Pero sigue llamando la atención. Yo no tengo una teoría muy formada de por qué, pero a mí me viene muy bien, porque uno de los aciertos de Ilustres creo que es que hablamos de estos temas con naturalidad. Es decir, no hay voluntad de epatar, de llamar la atención o transgredir, es naturalidad. Y si dentro del acto sexual existe el flujo vaginal y el semen, pues nombrémoslo igual que hablamos de las mariposas en el estómago para hablar del amor. Para mí, una de las claves del éxito de Louis C.K., el monologuista, es que trata estos temas con absoluta naturalidad. Podemos hablar de las comidas en los aviones y del aparcamiento del Ikea, pero la polla también tiene un mundo muy natural y de andar por casa. Hay más gente tocándose la polla que en Ikea. Mucha más.

Ahí tenemos un aforismo.

Hostia, pues sí, me tengo que hacer una camiseta. Lo del chiste de la gente que no sabe salir de Ikea… hay mucha más gente que no sabe entrar en un coño.

Me he acordado de Bill Hicks, cuando en sus monólogos decía: “Tranquilos, va a haber chistes de pollas”.

Es que Bill Hicks era indispensable. Es todo ese punto de más que tiene la stand up americana. Está muy bien que haya una base costumbrista, pero cuando hablas de George Carlin o Bill Hicks y ves que tienen ese punto más que es reflexión a través del humor, me parece ya una actitud vital, filosófica. Y me pongo muy serio, me parece la manera de entender y vivir la vida, de saber que hay ciertas cosas que nos están intentando imponer. Todo lo que decía Carlin sobre la religión me parece axioma. Recientemente lo vi y puse en Twitter lo que decía Bill Hicks sobre las banderas, esa relación casi obsesiva del patriota con la bandera… y además lo hacen desde el humor. Y es que el humor es eso, es una manera de tamizarlo todo. Me gustaría que en los momentos realmente crudos de mi vida me siguiera saliendo la vena humorística, como así ha sido cuando he tenido alguno. Mira, te voy a contar uno: mi madre era muy fan de Muchachada Nui, y entre mis tres hermanos y yo decidimos poner encima de su féretro una chapa de Enjuto Mojamuto. Y en el tanatorio asistimos gozosos a la escena de la gente que se acercaba a presentar sus respetos y veía a Enjuto Mojamuto. Pues el “reconfort” que los cuatro hallamos en la idea de nuestra madre viendo ese momento fue una manera de aliviar el duelo, que era enorme, y no era más que una manera de suavizar a través del humor.

En España hay una gran cultura humorística desde hace siglos, pero está menospreciada frente a otros géneros. ¿Por qué es así?

Es que creo que la comedia está minusvalorada en todo el mundo. En los Oscar, por ejemplo, una película de coña no se lleva premio así lo maten. A mí me encantó Resacón en Las Vegas. Sin perder el horizonte de que la pareja y la familia tienen un valor, hay un canto a la juerga como actitud vital y necesaria absolutamente fascinante. Luego, todo el desarrollo de la película me gustó mucho. Y los títulos de crédito son ya míticos, son parte de la historia del cine. Y, por supuesto, no fue ni nominada. En los Globos de Oro sí rascaron algo, pero es otra cosa. Otro caso aplicado a la tele: House. Es un drama cuya mayor virtud parece ser la actitud cínica, distante y humorística de House. Pues para mí aún era más cabrón el doctor Becker, en la serie de Ted Danson. ¡Es que fumaba! Y eso es peor que la vicodina. Pero lo que pasaba es que era una sitcom. Entonces, automáticamente el mensaje se diluye. Ves a House sufriendo con su adicción mientras que Becker era positivo. Pues al ser sitcom parece que no cuenta. Y esto pasa continuamente con el ejercicio artístico de la comedia. Si sabes que es comedia parece que el mensaje pierde fuerza y valor. No voy a decir que hacer llorar me parezca fácil, pero sí es mucho más fácil que hacer reír de una manera sincera y honesta, no hablo de un tartazo en la cara. Veo muchísimo más mérito en cualquier capítulo de Rockefeller Plaza que en Mujeres desesperadas, que tiene ese tono de “dramedy”. Está pasando en Hollywood, pues en España también se aplica.

Me refería más a la literatura: la cultura anglosajona, por ejemplo, valora muchísimo a los escritores humorísticos, hablo del ámbito académico. Nosotros sin embargo los tenemos, parece, en un escalón inferior.

Un gran ejemplo de eso es Eduardo Mendoza. Las novelas de ese detective raro están consideradas por la crítica como obras menores. En cambio, parece que el Mendoza trascendente de La ciudad de los prodigios es el que cuenta. Pues lo siento mucho, pero para mí no, yo me quedo con el otro Mendoza. Y no es por hacer de menos a su parte más seria. A veces me parece que el propio Mendoza, que es tan humilde y educado, en su discurso habla de sus novelas cómicas en un sentido menor.

El propio Mendoza, en el prólogo de El misterio de la cripta embrujada, explica que aunque se lo pasó en grande escribiéndola fue una especie de descanso entre dos novelas serias.

Y esa es la impresión que da en muchas de las entrevistas promocionales. Mauricio y las elecciones primarias, por ejemplo, reconociendo que está muy bien escrita, no me interesa tanto como otras. La última humorística, sin embargo, reconociendo que la intriga al final se le va un poco, la manera de escribir y los hallazgos literarios y lingüísticos que tiene en cada frase, de qué manera le da la vuelta a una situación que ya es absurda de por sí… es una gozada. Puede que la trama argumental no te interese tanto pero la forma es impecable. Sin embargo, no está valorada, ni siquiera por el propio Mendoza. Y en televisión pasa lo mismo, de repente ha habido una eclosión de humor que se ha ido diluyendo y que ya va por géneros, sobre todo a las series. Pero acuérdate de que estaba Vaya semanita, Agitación + IVA, Corriente alterna, Splunge, El informal… esto se concentró en un período de unos diez años y, de pronto, parece que las cadenas creen que no hace falta humor. O el caso insólito y llamativo de Neox, que tiene en la nevera la tercera temporada de Museo coconut desde hace mucho tiempo y no la emite. Yo creo que había un remanente de espectadores que venían de la segunda de Coconut y hay un grupo de fans del “grupo de Albacete”, alrededor de Joaquín Reyesy compañía… En nuestra historia hay otra carencia importante que es la ausencia de sitcoms. Y ya no digo de producción propia, que es evidente, sino de importación. En su día triunfó Cheers. Es verdad que no había muchas más opciones de televisión, pero las grandes sitcoms americanas de los últimos años han pasado por España con más pena que gloria. Y me refiero a Seinfield, a FrasierFriends tuvo su momento, eso sí. Y no es que no haya hueco, me acuerdo de que a mediados de los 90 El príncipe de Bel-Air tenía millones de espectadores a las 2 de la tarde, esa franja tan rarísima donde también han funcionado Los Simpsons. Hay un público para consumir series americanas de 23 minutos. Antena 3 lo intentó muy vagamente con Seinfield en prime time.

Aquí en España se hizo el remake de Cheers.

Para que veas el trato que se le da a las series. Y cuando digo sitcom son 23 minutos, no el pecado que hicieron con Siete vidas, por ejemplo, que duraba 50 y eso, para los guionistas, es lo peor. Ala… Dina creo que duraba media hora, o 24 horas, con Pilar Bardem; en Cataluña estaba Plats bruts… pero no hay una tradición. Farmacia de guardia podría haber sido nuestro I love Lucy, era un buen punto de partida: una serie familiar, blanca… pero de allí se pasó directamente a Médico de familia. Cuando la estrenaron, a principio de los 90, al ver las promos, pensé que era un poco Padres forzosos, y con ese convencimiento vi el primer capítulo, pero comprobé que no era eso, que era un drama con tintes familiares con una duración excesiva. En la educación audiovisual tenemos ese hueco tremendo. Incluso en la producción. Estoy seguro de que los guionistas, actores y demás han visto y conocen sitcoms, pero desde el punto de vista de educación audiovisual del espectador… Tengo una teoría de que a mediados de los 90 alguien compró un contenedor de series para La 2 de Televisión Española. Durante un período muy gozoso de mi vida la madrugada de La 2 era todo sitcoms. Quizá había cuatro capítulos de cuatros sitcoms distintas cada madrugada. Creo que las compraron a pedo pero luego ningún ejecutivo o programador les encontró el hueco que merecían. En América Los Simpsons están en horario de prime time, y aquí están a las dos de la tarde.

Recuerdo que, si no simultáneamente a Farmacia de guardia, casi, estaba Los ladrones van a la oficina.

No sé si esa sí era de media hora, pero fíjate qué reparto. Era la polla. Creo que la reponen en Neox o Nova.

¿Qué sitcoms americanas estás siguiendo ahora?

Estoy encantado con la reposición de Frasier en La 2. Hasta tengo una alarma en el móvil, porque si estoy en casa me pilla currando. La interrumpieron en verano para emitir Curro Jiménez en su lugar…

Es muy de verano: o eso o Verano azul.

Y al poco se murió Sancho Gracia… no estoy relacionándolo, pero bueno. También fui muy feliz cuando hace dos años Neox emitía Scrubs, tres o cuatro capítulos diarios. Fue una manera de ponerme al día con la serie, que me parece fantástica. Acabé siendo muy fan. Ahora mismo lo soy de Rockefeller Plaza, por decir una que se esté emitiendo. Creo que llevan seis temporadas y hablan ya de acabar. Me parece espectacular. El personaje de Alec Baldwin me deja boquiabierto. Además tiene este componente añadido que me interesa de metatelevisión: los entresijos de un supuesto Saturday night live en el que Tina Fey es coordinadora de guion, como era en el SNL original, los cameos… me sorprende constantemente. Otra de la que soy muy fan y veo que me estoy quedando solo es Episodes, que está ahora emitiendo Canal + su segunda temporada. Es Matt LeBlanc, el de Friends, haciendo de sí mismo. También es metatelevisión. Son unos guionistas ingleses que tienen una serie de éxito en Inglaterra y un productor americano los contrata para que hagan la versión americana. La versión británica es un viejo profesor en un internado británico pero para la americana el productor les impone a Matt LeBlanc para que haga de profesor de un equipo de hockey. De hecho LeBlanc se llevó el Globo de oro. Me gusta pillar series. También pongo DVDs, pero me gusta pillarlas en directo, por eso estoy muy atento a Neox o Fox, que ahora está con Cómo conocí a vuestra madre o The big bang theory, de la que creo que ya estoy en el punto de que no me gusta.

¿Culpa de Sheldon?

Sí, Sheldon en la vida real sería insoportable. Es la ventaja de las sitcoms respecto a otros géneros, da igual que te pierdas quince capítulos que puedes retomarlo en cualquier momento. Por eso cada vez me cuesta más engancharme a un drama actual.

Volviendo al asunto: ¿en que te apoyas para hacer humor?

Insisto en que no me considero humorista y no lo digo para epatar o hacerme el guay.

¿Entonces es involuntario?

Tiene mucho que ver con la actitud vital. A mí siempre me sale un comentario humorístico, irónico, cínico o absurdo. Por eso me identifico mucho con Chandler [el personaje interpretado por Matthew Perry en Friends]. Chandler es un poco irritante en la vida real. Tiene un humor que viene del siglo XIX, es el humor por la contraposición con lo normal. En la revista MAD, revista satírica norteamericana, durante años hubo una sección que era algo así como “Respuestas idiotas a preguntas obvias”. Y ese es el humor de Chandler. Recuerdo un ejemplo en la revista MAD en el que había un avión en vuelo y una cola para el baño. Llegaba una persona y le preguntaba al último si eso era la cola para el baño, a lo que este respondía que no, que los que estaban de pie era porque tenían una fobia que les impedía volar mirando hacia delante. Pues eso es Chandler: “No sé si cocinar cordero o pato. Pues los corderos son más miedosos porque si no la película habría sido El silencio de los patos”. Hace gracia, pero en la vida real es irritante. Cuando alguien te hace una pregunta que es obvia y tópica pero que tiene un sentido porque es una manera retórica de hacer avanzar la conversación y tú sales por peteneras es porque te hace gracia, pero solo a ti. Yo esto lo uso mucho. En la serie Sigue soñando, que es también de Kaufman y Crane, hay una escena que me encanta y que resume mi infancia: el hijo de Martin Tupper está en casa y se pone la cazadora y se carga la mochila y el padre le pregunta si se va. Y el niño le contesta que no, que acaba de llegar y lo está haciendo todo al revés. Pues eso era mi infancia: un continuo gilipollas contestando siempre lo que no tocaba. Por cierto, se me está yendo la olla… ¿a qué venía esto?

A tus referentes.

Cierto. Por eso, hablando de esta actitud vital, hay una generación anterior de humoristas que dividían su faceta de humorista de su faceta cotidiana. Lo típico que conoces a un humorista y es muy serio. Hay una nueva generación —Javier Coronas, Raúl Cimas… los humoristas de nuestra generación— que tienen una actitud vital de coña y que la aplican a su trabajo con la suerte de poder vivir de ello. En mi caso no tengo un referente claro. Sí sé a quién me gustaría parecerme. Me gustaría tener la profundidad de Carlin o Hicks, pero lo mío es mucho más espontáneo y absurdo. En cualquier tema, por serio que sea, hablo con un tono irónico. Me gusta más decir irónico que humorístico, porque no siempre busca la risa algo que se dice en ese tono, a veces busca la reflexión. Yo escribo mucho, libros y artículos, y siempre intento lograr esa distancia irónica. Si tuviera que citar un referente quizá citaría a Mendoza más que a Jerry Seinfield, que también tiene su miga. Hablando de Seinfield, lo que está haciendo ahora me parece… Seinfield siempre había sido el que peor me caía de los cuatro en la serie. Me parecía el más fácil y obvio, el apoyo para que los otros se lucieran, pero ahora me ha cambiado totalmente el chip. Hace una cosa que se llama Comedians in car getting coffee, que cuelga gratis en Internet y de las que debe de llevar ocho o nueve entregas. Es una entrevista muy bien montada en la que él va en un coche de su colección a buscar a un cómico y van a tomar un café; y mientras van hablando de la vida. Son quince o veinte minutos, pero es alucinante. El capítulo que le dedicó a Kramer ya lo he visto varias veces y no deja de asombrarme, porque en 17 minutos hablan de todo: del rodaje de Seinfield, de una crisis que tuvo Kramer hace unos años cuando empezó a lanzar insultos racistas hacia unos espectadores negros que le reventaron el show… Hay otro capítulo con Alec Baldwin, otro con Rick Gervais, con Larry David… El formato ni siquiera es original, ya lo hacía un cómico inglés, pero te permite descubrir cositas muy divertidas y, a la vez, interesantes. Y ese es el tipo de humor que me interesa más. O el humor que descubrió Rick Gervais con The office, ese humor incómodo, anticómico, esa risa por vergüenza ajena… y fíjate, en España lo emitió Cuatro, en verano y a las dos de la mañana. Además el primer capítulo lo vi sin referentes, sin saber quién era Gervais, y dije: “¡Pero si esto es la polla!” Pasó sin pena ni gloria pero es un referente para los humoristas de todo el mundo. Es un tipo de humor que no es tan obvio ni evidente, es más incomodidad, pero del que puedes sacar mucha más enseñanza que de un tartazo en la cara, del que también soy defensor. Me puedo pasar horas viendo vídeos caseros de banquetes de boda. Me parece tan llamativo que haya gente que haya estado meses preparando el momento más importante de su vida y, de pronto, queden inmortalizados resbalando en un baile mientras se agarran a las cortinas y se rompen el vestido…. tiene una gran fuerza de parodia y vergüenza ajena. Reconozco que a veces los busco por Youtube.

Hablando del humor y el absurdo, y volviendo a Ilustres Ignorantes, se ve claramente que el estilo de humor de cada uno se acopla con el de los otros. ¿Cómo crees que encaja el tuyo con el de Coronas y el de Cansado?

Para el espectador menos atento Coronas hace una labor invisible, pero es muy importante. De entrada, repartir juego. Está pendiente de muchas cosas, y en el directo se encarga de que todo el mundo hable más o menos por igual de tiempo, si quieren o no. Evidentemente yo no hablo lo mismo que Cansado, pero no es algo que esté preparado, yo soy más de hachazo y Cansado tiene un humor que desarrolla.

Esa especie de erudición absurda tan suya.

Exactamente. Pero además notas que realmente hay una erudición detrás. Él es un gran estudioso de la historia y juega a juegos de guerra con soldaditos, que requieren una gran preparación histórica. Y además tiene una curiosidad insaciable. Y todo eso lo aplica. Además tiene unas tablas, una manera de contar, un tempo, unos giros radicales que, aunque yo quisiera, no sabría, porque es un don, un arte. A mí me sale más el comentario breve y, cuanto más pueda condensarlo, mejor.

Humor minimalista.

O quizá es pura vagancia, para no extenderme. Si alguna vez el cuerpo me pide extenderme yo noto que no es mi medio natural. Y tengo la suerte de que esto haya encajado así, porque nos compensamos genial. Luego está Coronas, que mete sus puntualizaciones y hace sus juegos de palabras; ya no solo con nosotros dos, con los invitados también. Coronas es como el bosón de Higgs que está uniendo a un electrón —mi caso— con el núcleo del átomo, que es Cansado. No sé de dónde he sacado esta comparación, pero ahora que lo pienso está bien. El núcleo del átomo creo que es Cansado.

Aunque solo sea por el peso atómico del tiempo que pasa hilvanando esos discursos.

Incluso hay esta regla no escrita de que la primera respuesta la da Cansado. Javi plantea la pregunta y le pide la opinión a Javier. Y es como un fractal, abre temas para aburrir. Cansado tiene más ojo analítico que yo porque lleva más años y porque tiene mejor interiorizado el método. Él se da cuenta de que no hay competencia, siempre estamos a favor. Incluso los invitados que vienen, que suele ser gente que ya conoce el programa o que son afines, hay una especie de respeto entre todos. Lo que decía antes de una broma que puede fallar. Las dos primeras temporadas, que grabábamos en un estudio por la mañana, se notaba, en mi caso sobre todo, lo que Coronas llama “capitanas”. En Aragón se llama así a los matojos secos que bajan rodando por Los Monegros. Yo era un experto en capitanas, había chistes que ya no solo el público del estudio sino la propia mesa me miraba como diciendo “What the fuck?” Y ahí no me quedaba más que encoger los dedos dentro de los zapatos y que pase. Eso me vino muy bien como proceso para que ahora sea totalmente inmune. Ahora me da igual, no tengo filtro ni para bien ni para mal, lo suelto y más de una vez ocurre que no funciona. Pero siempre noto que entre los tres se ha creado buen rollo. Que no siempre tiene que haberlo entre humoristas, me acuerdo de la película Muertos de risa, de Álex de la Iglesia. Y aquí todos vamos a favor, incluso reforzados por la experiencia que está siendo la gira. Llevamos alrededor de año y medio haciendo una gira muy puntual y hacemos quizá un bolo al mes, pero esa experiencia ha reforzado esa especie de lazo entre nosotros que hace que cada uno estemos muy cómodo con el papel que juega.

¿Es fácil integrar a los invitados en esa dinámica?

Nosotros contamos con que el invitado haya visto el programa y eso siempre ayuda. También invitamos siempre a gente afín, que nos caiga bien y que esté un poco por la labor. Supongo que habrá gente que diga que no, pero a poco que veas los 23 minutos de un programa pillas el timing. Te llevas sorpresas fantásticas. Recuerdo a Pedro Vera. Era una incógnita, porque no es una persona acostumbrada a estar frente a las cámaras. Resultó que es un gran seguidor del programa y pilló perfectamente el timing. Además los chistes que dijo eran buenísimos. Y fue un descubrimiento de tal magnitud que va a ser nuestro invitado para el bolo que hacemos próximamente en Murcia. Creo que no es tan difícil encajar. Puede crear algo de respeto, porque cualquiera que vea el programa verá a tres tíos que van de la mano y que están muy engrasados, pero también, y nos ha pasado con todos los que han pasado por allí, todos los invitados acaban sintiéndose cómodos porque todos remamos a favor de obra, y ese es el papel de un programa amable que no busca quedar por encima de nadie.

Lo que comentabas antes de que Cansado es el primero en responder ayuda a que se cree la tensión que entonces permite tu comentario.

Sí, es que si la primera respuesta fuera el hachazo… De hecho, si yo fuera el primero en contestar me vería obligado a desarrollar un poco más, sería más incómodo. Lo de Cansado es muy meritorio, es como ver un buen gol, que parece fácil, pero no; él lo hace parecer fácil, pero está creando una expectación. Recuerdo uno que era sobre qué inventarías que no esté en el mercado. Se tiró un buen rato y dijo que en su familia todos eran calvos, así a su manera, con esas iteraciones: “En mi familia son todos calvos, ¿eh?, pero todos, no hay nadie que no sea calvo, nacemos con pelo y tal pero en seguida nos quedamos calvos, yo no sé si pasa en otras familias pero en la mía todos calvos…” y que no inventaría un crecepelo para sus hijos, sino que todo el mundo fuera calvo. Te prepara para una cosa y de repente te abre otra puerta. Es un mérito fantástico, por eso lleva tantos años haciéndolo con Faemino.

Dijiste en Twitter que cuando llegaras a cierto número de seguidores ibas a ser chica en un bukkake. 

Cada vez que voy a alcanzar un número redondo hago una promesa. También dije que iba a follarme un cerdo delante de las cámaras de Telecinco y, en el último, dije que me iba a vestir. Pero como en Twitter no hay notarios ni nadie que te exija hacer una webcam con eso, lo voy haciendo en privado.

Hablando de cámaras, has escrito que la televisión ya tocó fondo.

Yo escribí Planeta rosa, que es sobre el mundo del corazón, y el libro acababa con dos premisas contrapuestas y explicaba que ambas eran validas. Una era que había tocado fondo y otra que no. Y en ambos casos explicaba por qué. De una manera muy poco rigurosa, pero daba dos opciones para que cada lector escogiera la que más le gustara. Y esto lo mantengo. No soy tan negativo con la visión de la tele. Hay una frase que me indigna mucho, y es esa de que pones la tele y no dan nada. Es mentira. Todavía tenemos la idea esa de que como la televisión no se paga, en cualquier momento que enciendas la tele tiene que haber algo que te guste, a diferencia de cuando eliges un libro, un videojuego, un partido de fútbol o una película en el cine, que te lo piensas y escoges. Pues no funciona así y hay que cambiar ese chip. La mala tele es muy subjetiva. Cada uno tiene la opción de elegir y ver la tele que le guste o de no verla. Cuando hablas de un programa abiertamente malo y pernicioso, con la alegría que se usa la palabra “telebasura”… por ejemplo Sálvame, que es el blanco de todas las críticas. Pongamos que tiene tres millones de espectadores. Eso significa que 42 millones de españoles no lo ven. Me encanta este juego del espejo porque no sé por qué se le da tanta importancia a tres millones de personas frente a 42 millones que no lo están viendo. Me gustaría que funcionara mejor un canal como Canal +, TNT o Neox, que hace tanto caso a la sitcom extranjera pero no es así. Hay una audiencia cautiva de la tele generalista que tiene que ver eso porque no tiene tele de pago o porque no le interesan otros programas, pero yo defiendo que haya una tele para todo el mundo. Y todo el mundo incluye que haya gente que quiera ver prensa del corazón. Otro motivo para el optimismo, si quieres llamarlo así, es que hay muchos más realities que han fracasado que los que han triunfado. Un reality que haya triunfado de verdad porque se mantenga es Gran hermano. Es el único. Ahora ponte a mirar la lista de realities fracasados incluso en la primera temporada: Escuela de actores, El bus

Pero Confianza ciega fracasó y era muy grande.

Confianza ciega yo lo considero un reality de culto.

Nube es un personaje mítico.

Por cierto, que allí trabajaba Borja Cobeaga, seguro que tiene muchas anécdotas que contar. Incluso hay otros realities que han fracasado al cabo del tiempo, como La casa de tu vida, El número uno… Cuando salió Gran hermano recuerdo a muchos agoreros diciendo que era el fin de la tele. A mí no me interesa para nada el uso que las cadenas hacen de los realities. Es decir, toda la invasión de Gran hermano cuando se está emitiendo: Ana Rosa Quintana por la mañana, Tania Llasera por la noche, los de Sálvame por la tarde… están todos hablando de Gran hermano. Y eso no es que sea bueno o malo, es que es cansino. A mí no me interesa, y no lo veo, pero el formato en sí lo veo válido. Y más cuando tantísimos realities han fracasado por el camino. Yo soy mucho más optimista, creo que por poco dinero tienes una opción muy amplia de canales. Además yo defiendo mucho el zapping como manera de ver la tele. Es decir, todo el tiempo que tardo en ver qué hay en cada canal para mí ya es una manera de ver tele. Muy fragmentada, pero me parece válida. Aunque para eso hay que vivir solo. Bueno, y para tocar la guitarra todo el día también. Y para masturbarte en el sofá.

Fotografía: Alberto Gamazo


Goyo Jiménez: «La obligación del humorista es reírse de todos, como Aristófanes»

Podríamos definir a Goyo Jiménez (Melilla, 1970) como un humorista ilustrado. O como la víctima de la picadura de un payaso radioactivo según sus propias palabras. Además de pertenecer a la prolífica generación de comediantes de stand-up que recorren teatros y locales de toda la geografía nacional, ha trabajado en numerosos programas de televisión y tiene un lado oscuro como actor serio, director, guionista y “lo que surja” en el mundo del espectáculo. Actualmente compagina su labor como presentador de No le digas a mamá que trabajo en la tele con las representaciones en directo del monólogo Aiguantulivinamerica, la puesta en marcha de uno nuevo y las actividades fisiológicas propias de cualquier ser humano. La entrevista tuvo lugar en La chocita del loro de Gran Vía de Madrid, poco antes de salir al ruedo y lidiar con las dos horas de soliloquio enardecido  que recita varios días a la semana.

Estudiaste Derecho y Arte Dramático, disciplinas muy distintas. ¿Te sirvió de algo estudiar cualquiera de ellas? 

Sí, todo lo que estudia uno, si lo estudia bien, le sirve. Sobre todo en este trabajo que tengo yo que consiste en ser un océano de sabiduría con un dedo de profundidad. Todo me ha venido bien; me encanta la Historia, la estudio por mi cuenta; me gusta la Física, sobre todo la Física del Cosmos; me gusta estudiar Publicidad… al margen de las licenciaturas o carreras a las que haya podido acceder, me gusta estudiar de todo. En este trabajo tienes que tener una capacidad de recurso, que es lo que te hace marcar la diferencia con los otros: el poder hablar con cualquier espectador de cualquier cosa.

Los conocimientos en Derecho también te pueden servir para defenderte de lo dicho en un escenario.

 Exactamente, en más de una ocasión.  Además, trabajando en televisión, te viene muy bien saber de Derecho para saber dónde está el límite. Yo a veces gastaba una broma: tenía un Código Penal al lado de la cama y cuando llevaba a una chica le decía “espera un momento, me voy a asegurar de que lo que te voy a hacer no es delito”.

Si tuvieras que ejercer de abogado, ¿preferías defender al diablo o estar en la acusación contra Dios?

Si tengo que ceñirme a los estrictos principios de la abogacía mi obligación sería defender al diablo, porque hasta él tiene derecho a una defensa; y, en cuanto a Dios, lo complicado sería entregarle la orden de comparecencia. A ver qué agente judicial se le acerca. Al diablo es fácil encontrarle, hay un montón de sitios que frecuenta.

Se podría decir que eres un hombre muy precoz. En tu página web pone que desde los 18 años eres autor, director y actor y que has interpretado obras de teatro greco-romano, contemporáneo y obras del teatro clásico español (Cervantes, Lope, Tirso, Shakespeare, Molière). Mucho cuidado no es que hayas puesto en la web…

No, la verdad es que no, Además, es de mi ex. Pero, efectivamente, he tenido la fortuna de tocar un montón de palos en proyectos diferentes. Lo de ser precoz me lo ha dicho más de una mujer y la verdad es que yo me subí a un escenario muy jovencito. La primera vez fue en una de esas obras de la escuela, en la que me daban a mí el papel que tenía más texto porque tenía buena memoria; y de ahí que me dijeran que valía para actor —solo por la cuestión de la memoria— y eso me fue llevando por estos derroteros; y, bueno, he comido de esto, he podido vivir de esto desde muy joven. Igual he trabajado en escenografías, que he iluminando, que he llevado el sonido… he hecho absolutamente de todo, me ha ido bien y he sido feliz. Ese es el resumen que hago. He tenido la suerte de que todos los trabajos que he tenido, salvo rara excepción, me han gustado.

También ofreces en tu página links a  You Tube de tus monólogos que ya no están disponibles por infracción de derechos de copyright. ¿Cuál es tu opinión acerca de los derechos de autor? 

La verdad es que tengo la página como la tengo porque soy un desastre. Antes que autor soy un desastre. Además, como tengo tantísimo lío no me he podido ocupar de la web. Mira, como abogado (ríe), los romanos tenían una ley que se llamaba tabula picta según la cual tenía más valor lo que se había pintado en la tabla que la tabla misma, es decir, el Tribunal Romano le daba la razón al artista porque era el que había pintado. Yo creo que la propiedad intelectual debe existir y debe estar controlada, que debe ser del que la ha generado y que tiene que tener los medios para controlarla. De ahí a todo lo que se ha generado con las sociedades, sobre quién tiene más derechos, si el autor o el interprete… Creo que sin propiedad intelectual se acaba el mundo del creativo. Yo no voy a la panadería a llevarme el pan sin pagar. Te he contado todo este rollo romano para venir a decir que esto ha sido así siempre. Zorrilla murió en la miseria porque vendió los derechos de Don Juan Tenorio a un editor por una cantidad irrisoria y como la ley de entonces no le permitía cobrar derechos de autor, cada vez que se representaba la obra él tenía que ver que aquello era un éxito y no cobrar un duro.

Todos los humoristas a los hemos entrevistado te han nombrado como un referente en el panorama actual, ¿cuáles con los tuyos?

Lo primero, dar las gracias a todos los que me han nombrado por ser tan buena gente. Actualmente tenemos un panorama muy rico en el mundo del humor, no sé si es por la crisis que la gente tiene necesidad de reír. Estamos conviviendo los que fueron nuestros maestros, los que fuimos aprendices y gente que está llegando muy buena. De Faemino y Cansado soy fan a muerte desde que tengo uso de razón. Luego he tenido la suerte de trabajar con gente a la que admiro, como José Mota, con el que en muchas ocasiones he tenido que parar de grabar porque me entraba la risa. Considerando humoristas a la gente que genera su propio material y lo pone en escena, ya sea en radio, televisión, cine o teatro pues: Santiago Segura, Miki Nadal, que me ha enseñado a hacer humor en televisión, Dani Rovira, que trabaja conmigo en el programa y es un tipo que me hace mucha gracia. Tengo una plantilla estupenda: Daniel Perdomo, Raúl PérezIñaki Urrutia… Hay un panorama tan amplio: Ángel Martín, Quequé, Leo Harlem, Dani de la Cámara… En este mismo teatro tenemos a Luis Piedrahita. Es un abanico creativo con estilos muy diferentes. Hovik, yo os recomiendo mucho a Hovik, que es un señor que era boxeador y que tiene una pluma exquisita…

Lo entrevistamos, ha colaborado con la revista posteriormente y hemos venido a verle actuar aquí, en la Chocita del loro. Es genial.

Sobre todo es que él está en otro terreno, trabaja entre la poesía y el humor. Se sitúa en esa delgada línea que separa la tragedia de la comedia y juega con esas tensiones muy bien. Lo que destacaría sobre todo de estos últimos años del humor es que cada vez hay más humor y menos parodia, menos gracieta. Se ha dado importancia al texto, a la idea; hemos prescindido ya del chiste de digestión rápida y hemos pasado al espectáculo, donde se exponen ideas.

Te voy a transmitir el comentario de un lector cuando entrevistamos a Quequé y hablábamos de esto mismo, nos decía: “también estaban como monologuistas Manolito Royo, Fernando Esteso, Andrés Pajares y otros muchos que pululaban por las salas de fiestas. Pero creo que los monólogos de antes de El Club de la Comedia estaban dirigidos a un público más amplio de lo que están ahora. Por ejemplo, Goyo Jiménez hace referencias que mucha gente no sabe de que está hablando…”

No, no estoy de acuerdo. No me voy a meter a valorar lo de los demás ni nadie pretende despreciar el trabajo de otros. A mí hay muchas cosas de Fernando Esteso y de Andrés Pajares que me han hecho reír, pero son gente que contaba chistes. De momento prescindes de la autoría. Cuando escribes algo no te dedicas a contar chistes. Yo cuando monto un espectáculo lo que hago es analizar situaciones, es más, ni siquiera me preocupa rematar en una pegada cómica; estoy analizando fundamentalmente una cosa: la estupidez. Por ejemplo, la primera estupidez que analizo en este espectáculo que represento dentro de un rato es la de dar por hecho un background americano y decir “esto es bueno y lo otro es malo”; aquí todo el mundo dice que el cine español es malo, pero parece creíble que todos los teléfonos empiecen por 555 o que cuando empujan a un tipo por la calle y se da un hostiazo digan: “tenga cuidado amigo, mire por dónde va”. Si hubiese nacido en la época romana, estaría haciendo observaciones sobre el humor íbero y sobre cómo los romanos nos estaban cambiando. No me preocupa el acabado del chiste, me preocupa el mensaje que estoy lanzando. Es otro tipo de trabajo. Hovik hace un trabajo que te hace reflexionar sobre otras cosas. Luis Piedrahita analiza los comportamientos ridículos con las cosas pequeñas. No es ni en técnica ni en contenidos la misma situación que contábamos antes.

Gila sí hacía esto. 

Ves: sí. O Ramper, incluso, que era anterior. Gila está riéndose de la guerra, de la estupidez humana. Vamos a entender una cosa, y no me estoy comparando, El Quijote es un libro de humor, así lo concibió Cervantes y tuvieron que venir unos exégetas alemanes en el s. XIX a decirnos: “no, no, esto es un libro mucho más profundo”; pues alguien tendrá que venir a decirnos que Gila es mucho más profundo de lo que en su momento parecía, pero tendrá que pasar mucho tiempo para que valoremos la estupidez que refleja este señor cuando se ríe de una guerra, ¡un señor que ha vivido esta guerra, al que se fusiló y que se salvó porque no le dieron el tiro de gracia! Si eso es comparable a contar  un chiste sobre preñar a la secretaria o acostarse con la vecina… No. Son dos técnicas, dos mensajes, dos maneras diferentes de hacer humor. Insisto: con todo el respeto a todos, porque los ha habido muy buenos. ¿Sabes quién hacía este tipo de cosas? Pepe da Rosa padre, yo recuerdo las grabaciones que escuchaba en mi casa y era un tipo que se ponía a hablar de la mitología griega desde el punto de vista de un andaluz. Eso no eran chistes. Un chiste es una gracia genérica de autor anónimo que vuela de boca en boca. Cuando alguien prescinde de la autoría ya no es un humorista, en mi opinión; es un cómico o un contador de chistes. Es un intérprete, pero no un creador. Y es una cosa que reivindico: la diferencia entre esta hornada y la anterior es que nosotros creamos nuestro trabajo, lo ponemos en escena y lo interpretamos. Lo digo por mí y por todos mis compañeros. Pero por mí el primero (ríe)

¿Qué tipo de humor sobrevive al paso de los siglos como texto en sí y qué tipo de humor solo sigue haciendo gracia según de hábil sea el comediante que interpreta?

Basta con leer a Ovidio, a los mimiambos griegos o a Aristófanes para entender qué tipo de humor nos sigue haciendo gracia. Aristófanes hacía chistes sobre los políticos corruptos, y piensas: qué poco hemos cambiado. Es curioso, porque en la época franquista se hacía y gustaba mucho Aristófanes precisamente porque se metía con la democracia, porque insultaba a los demócratas atenienses llamándoles corruptos, entonces la intelectualidad lo identificó como un humorista reaccionario y retrógrado, cuando en realidad ha sido el máximo exponente de la libertad de expresión, que es decirle a los mandatarios que tenía sentados en primera línea lo que pensaba de ellos, a través de su actores. Mark Twain: miras EEUU y sigue igual que cuando él escribía. Jonathan Swift  bromeaba con el exceso de natalidad en Irlanda, el hambre que pasan y  propone, él como irlandés, que se coman a sus hijos para resolver tanto el exceso de natalidad como el problema del hambre. El humor moderno es el humor anglosajón y el humor literario. En este país hemos tenido unos exponentes que han estado, otra vez por motivos políticos, minusvalorados, como Jardiel Poncela, Miguel Mihura, que eran personas que vivían de su ingresos teatrales o periodísticos y que tenían una mente evidentemente conservadora,  y aquí muchas veces hemos juzgado el talento en virtud de la posición política del autor. Esto nos ha llevado a dejarnos de reír de según qué cosas. Creo que el humorista debe ser una persona absolutamente libertaria y no debe afianzarse a ninguna idea política porque se estropea como humorista. La obligación de un humorista es reírse de todos, como Aristófanes; de la derecha, de la izquierda, del centro, de la iglesia, de anticlericalismo, de Mahoma… Por Dios, después del esfuerzo que le ha costado a Europa liberarse de sus fantasmas y poder reírse de las religiones, ¿no vamos a poder reírnos de esto?

¿Crees que ahora la corrección política ejerce el papel de la censura?

Sí, por supuesto. Es una cosa que yo he llegado a decir en este espectáculo: miramos al de al lado muchas veces para saber si me debo reír o no,  miramos a ver cómo se está riendo la platea para ver si en según qué momento se le tensa el culillo al público; pero además con cosas absolutamente estúpidas, basta con que menciones “terrorismo” o “violencia doméstica” para que la gente se tense. Hay un chiste sobre bombas, sobre cómo las hacen los americanos que “tú la ves y dices, sí señor, esto es una bomba, con sus cables, su reloj… aquí la meten en una olla o un tupperware. Es que son mierdas hasta para hacer bombas” y hay un momento en que la gente se plantea ¿me debo reír de esto o no me debo reír? Esto a mí me interesa como ingrediente, no como constante ni como línea de definición de un espectáculo, pero sí me interesa que la gente se plantee de qué coño se ríe. ¿De qué te ríes, tío? No hay cosa más reconfortante que reírse, pero visto desde fuera no hay nada más cruel que ver a alguien riéndose, porque la mueca de la risa es la más cercana a la crueldad. En mi nuevo espectáculo, que estoy rodando fuera de Madrid y que se llama “En verdad os digo” hay un momento en el que digo que estoy absolutamente en contra del racismo y que no soportaría que nadie entre el público fuera racista, que estoy dispuesto a devolver el dinero de la entrada al que sea racista y pido que levante la mano. Nunca la levanta nadie. Entonces digo que si hay alguien racista pero no se atreve a confesarlo, yo tengo un método para erradicar el racismo y consiste en exterminar a todos los gitanos y a todos los bomberos. Y pasa lo que te está pasando a ti ahora, que la gente se pregunta: ¿y a los bomberos por qué? Pero nadie se pregunta por qué a los gitanos.

Eso es como lo del código militar aquel que aconsejaba no juntarse con gitanos ni murcianos.

Ah, no, eso es de la Real Pragmática, que decía algo así como “prohibida la entrada a gitanos, murcianos y gente del malvivir”. Aclaro que no es murciano porque sea de Murcia, sino porque “murciar” en castellano cervantino, en germanía, es robar.

Pero al entenderlo como natural de Murcia, se pregunta lo mismo: ¿los murcianos por qué?

Efectivamente. Es como cuando alguien dice “yo no tengo nada en contra de los homosexuales, yo tengo muchos amigos homosexuales”. La gente alardea de los muchos amigos homosexuales que tiene, ¿entonces qué problema hay con la homosexualidad en la práctica si son nuestros amigos? Javier Veiga hacía una línea que se situaba muy al límite, porque decía “estoy en contra de la violencia doméstica, en mi casa no se puede bromear con la violencia doméstica, el día que a mi mujer se le ocurra hacer un chiste de violencia doméstica le meto una hostia que le arranco la cabeza”, el público no sabía si reírse o no. Es el clásico chiste por contradicción, de línea fácil, pero que pone a la gente en esta situación de preguntarse “de qué me estoy riendo”. El humor debe de abarcar todo lo que no haga daño personalmente, es decir, yo estoy totalmente en contra de hacer chistes de “Fulanito Pérez Martín” porque es un hijo de puta y me voy a reír de él. No soporto el humor con nombres, los chistes de Carlos Sainz, de Falete, de Melendi… no los soporto. Es el recurso de la falta de talento. Cuando no sabes qué hacer, tiras del pobre Carlos Sainz. En mi opinión, habría que hacer un chiste sobre el que se ríe de Carlos Sainz. Propongo una cruzada para erradicar esos chistes.

¿Y qué vamos a hacer sin chistes de Carlos Sainz?

Y sin los chistes del tanga de Falete, ¿verdad que sí? Pero es que, ¿ves?, un humorista de verdad hace esta queja y luego dice: esto me agobia más que el tanga de Falete.

Cuando hemos hablado con otros humoristas nos han manifestado su desinterés por trabajar en televisión. Javier Coronas en concreto nos dijo: “si quieres la televisión pase lo que pase tendrás que hacer cosas que luego no podrás contar a tu madre, como el programa de Goyo Jiménez. O que venga un amigo y te diga: “Vaya mierda de programa haces, me gustabas más en…”  ¿Te has sentido así en televisión?

 Como te he dicho al principio, he hecho muchos trabajos, de todo tipo, y en todos he sido muy feliz. He tenido un ingrediente, dos, tres… todos, que me han llevado a la felicidad. Evidentemente, trabajando en televisión hay cosas que te gustan y cosas que no, como trabajando en el teatro. Te puedo hablar de todas las veces que he trabajado en televisión y de lo que me ha gustado o no; ahora estoy presentando y esa es la parte diferente. Parece que presentar un programa te convierte en la cara visible, si las cosas van bien dices “hay un equipo detrás” y cuando vas a recoger premios dices “quiero agradecer a todo el equipo…” pero cuando va mal, las hostias para el presentador. Propongo que cuando las cosas vayan mal le pase el marrón a todo el equipo y cuando recoja un premio diga “esto me lo he ganado yo solo, que le den por culo a la gente”. Yo tengo un equipo con el que me lo he pasado muy bien, puede que nos hayamos equivocado en la elección del proyecto, del formato… Uno no tiene el control del trabajo. Hay una serie de creativos que son los que plantean en qué dirección tiene que ir el programa y uno tiene que ser un profesional, cuando estás ejerciendo de presentador, que intente llevar el planteamiento de quien dirige y quien crea hacia delante. Esa es mi labor en ese programa. Estoy presentando. Si yo hiciese mañana mi show y tuviera la capacidad de decidir hacia dónde va, pues lo haría de otra manera. Ahora estoy presentando un programa, simplemente eso. Y podré estar más o menos de acuerdo con lo que estoy haciendo —que ya te digo que como en todo habrá cosas que me gustan más y otras menos— pero te aseguro que no será por falta de esfuerzo del equipo, porque se han dejado la piel del primero al último, ni será porque Mediaset y la cadena no nos hayan dado todas las posibilidades del mundo, porque nos las han dado. Quejas cero. Yo entiendo que la gente se pueda sentir defraudada y diga “me gustas más cuando haces otras cosas que cuando haces esto”. ¿Quién acaba decidiendo lo que permanece y lo que no? En el teatro la entrada, en la televisión la audiencia; pues bueno, pues si al final no tenemos la audiencia suficiente nos tendremos que ir a nuestra casa y ya está.

Ahora os han cambiado de  horario.

Porque estamos mal de audiencia, no te lo voy a negar. Además es una franja complicada. A mí me han dado todo tipo de retos, por ejemplo, yo trabajé con José Mota y mi labor con él consistió en ayudarle a orientar una carrera que venía de veinte años casi de pareja y transformarlo en otra cosa. Y nos podíamos haber hostiado perfectamente, pero salió bien; entonces eres estupendo y todo es maravilloso, si llega a salir mal, pues qué le vamos a hacer. No voy a dejar de hacer trabajos porque salga pueda salir mal, si me convencen. Yo acepté este trabajo fundamentalmente por la persona que lo estaba generando, Ángel Ayllón, al que quiero mucho y tengo un gran respeto, que es el creador de Sé lo que hicisteis y el último director de El Club de la Comedia cuando estaba yo. No voy a decir ahora, como ha ido mal de audiencia, que la culpa es de otros. La culpa es de que las cosas no cuajan, no funcionan por muchísimos motivos.

En alguna ocasión os han acusado de ser una imitación. Vosotros mismos os parodiáis haciendo imitaciones, por ejemplo, de El Hormiguero.

Nosotros empezamos el programa con una sección que se llama “Culo veo, culo quiero” en la que vamos a hacer lo que hacen otros, de forma descarada. ¿Qué era Tonterías las justas? Era una imitación de Sé lo que hicisteis cuando arrancó, hasta que tuvo su propia personalidad. El hormiguero se ha dedicado a traer secciones sacadas de otros programas, cualquier persona que vea un poquito de televisión internacional se da cuenta. Cuéntame, que es la serie más valorada de la televisión española, es Aquellos maravillosos años. Es que en la televisión está todo inventado desde los años cincuenta.

En la franja horaria de tu programa el líder en audiencia es Amar en tiempos revueltos.

Por supuesto. La televisión tiene que entender que el fraccionamiento que ha habido conlleva otro tipo de audiencias. El programa que hace Javier Coronas, en el que he estado y del que me declaro seguidor, tiene una audiencia mínima que puede tener hueco en una televisión temática determinada.  Las generalistas -por llamarlas generalistas, porque ahora están todas igual en la parrilla digital- se tienen que dar cuenta de cuáles son sus nuevos objetivos, su target de público y a qué pueden aspirar. Porque no es un problema nuestro solo, es un programa de la tarde de la cadena y de la tarde de La sexta y de muchas cadenas. Yo me fui de Antena 3 después de hacer UHF y nos decían que un 17% que hacíamos por la noche no era suficiente, porque estaba Sardá cosechando un cuarenta y tantos. ¿Dónde está la sensatez? Está en lo que tardan la publicidad y las cadenas en adaptarse. Muchas veces pasa como en las empresas: no se trata de ganar más, sino de reducir costes; es decir, hagamos un programa más modesto. Si de algo me arrepiento de este programa —que te vuelvo a repetir que estoy encantadísimo de haber trabajado en él— es de no haber tenido más margen de locura, de decir “que le den por saco a todo, vamos a hacer lo que nos dé la gana y si nos quieren ver que nos vean y si no, no”, porque al final uno ha de fiarse de lo que le hace feliz, de lo que gusta hacer.

Yo os he ido viendo de forma esporádica y me parece que empezasteis mal, al cabo de un tiempo sí se os veía con más naturalidad, pero supongo que ya no habías captado a la audiencia.

Hemos tenido momentos de audiencia que han estado bien, en que hemos superado a Otra movida. Tonterías las Justas arrancó con unos resultados pésimos en Cuatro. La cadena nos ha dado oportunidades y nos ha cambiado de horario para reubicarnos. Intenta salvarnos porque nos ve trabajar con ganas, pero es un programa con varios handicaps, con un equipo formado para una determinada cosa. Es como cuando te planteas por qué el Madrid no lo gana todo sobrado. Pues yo qué sé. Nosotros hemos tardado mucho en encajar entre colaboradores. Y ahora hay una empatía maravillosa, pero hemos tardado mucho, más de lo que da el tiempo en televisión. Pero de verdad te lo digo, incluso con ternura, que es de esos proyectos en los que te fastidia, porque miras a tus compañeros y dices “joder, es que son muy buena gente”. Soy el primero que ha pensado que a lo mejor el presentador no ha calado y no he sabido generar esa empatía para que un proyecto cuaje, y se lo he dicho muchas veces al productor: si me tengo que ir a casa, me voy y buscas otro presentador que solucione el problema. Lo que a mí me preocupa desde el primer día es el resultado general, si no, no me hubiera metido, porque sabía que las hostias iban a ser para mí. He intentado implicarme en todo lo que he podido, en todo lo que se me ha permitido, pero yo al fin y al cabo soy el presentador.

Trabajaste con La Fura dels Baus, ¿cómo son las cenas de empresa en la compañía?

 Bueno, hace tiempo que no sé de ellos, pero hace mucho que dejaron ya de ser punkis; han pasado de okupas a tener una masía en el Pirineo.

Y ahora trabajas para Vasile.

Con Vasile he tenido oportunidad de hablar una vez y me ha parecido un tío muy divertido, te lo digo en serio. No tengo más elementos de juicio que la breve entrevista que tuve con él y me pareció un tipo muy ingenioso; muy fino, muy fino, muy fino. Yo estudié Comedia del Arte en Italia y es ese humor italiano, destilado, fino.

A tu predecesor no le despidió muy elegantemente.

Sí, bueno, cada uno cuenta la corrida según le ha ido. El día de mañana a lo mejor te llamo y te digo: oye, quiero rectificar porque Vasile me ha pegado con un palo en la espalda; pero de momento… Jesucristo decía: Por sus acciones les conoceréis y no por sus palabras. Yo no he tenido más que buenas maneras y, ya te digo, cualquier otro programa con esos resultados estaría fuera hace tiempo y se nos ha mantenido en confianza.

En el mundo del humor ¿ser de Albacete es jugar con ventaja?

¿Sabes qué pasa? Que Albacete es una ciudad muy franca, muy abierta, en la que se conserva lo mejor del pueblo a la vez que es muy cosmopolita y entra lo mejor de fuera. Lo bonito es eso, que sigues manteniendo esa filosofía pueblerina pero de repente tienes unas ínfulas de ciudad del mundo, que es lo que es Albacete. Ya lo decía Azorín: la Nueva York de La Mancha, y no lo decía solo por el skyline que hacía Albacete cuando se acercaba por la carretera, sino porque es cierto que es una ciudad de gente industriosa, que ha viajado mucho, que se ha ido fuera y ha vuelto con innovaciones. Este humor albaceteño se ha plasmado a raíz de José Luis Cuerda que —sin ser de Albacete, porque es de Madrid— se fue a vivir allí por una historia muy divertida, por una casa que su padre ganó jugando al póquer. José Luis entró en contacto con Albacete y con el espíritu manchego y le salió esa película maravillosa que conocemos todos que es Amanece, que no es poco. En Albacete había dos o tres compañías de teatro y aquello nos impresionó, nos marcó eso de vernos desde fuera y decir “ah, pues somos graciosos”. El caso es que nos echamos a las derroteras; yo venía haciendo humor desde siempre y luego tuve oportunidad de contactar con Raúl [Cimas], con Ernesto [Sevilla], con Joaquín [Reyes]. Lo primero que hicimos en plan serio fue haciendo club de la comedia juntos en Albacete, ellos se marcharon a Paramount y yo al El Club de la Comedia. Luego se ha juntado que yo empezara a trabajar con José Mota, que es de Ciudad Real, y utiliza un lenguaje muy propio de La Mancha próxima a Andalucía,  la de Don Quijote. Cuando me puse a trabajar con él lo traicioné, porque en las temporadas anteriores ya tenía agotada su terminología de Ciudad Real y empecé a meter palabros albaceteños, pero además le engañe porque metí cosas de Quevedo y de Góngora y él las decía todo convencido. Luego salió una maravillosa columna de Raúl del Pozo en El Mundo felicitando a la sección de El tío la vara, que la escribía yo, porque recuperaba lo mejor de lo gongorino y lo quevedesco. Fue muy divertido el experimento. Pero lo cierto es que muchas palabras que se utilizan en los pueblos no son otra cosa que castellano antiguo, si te dicen que “sagato” que has liado, se refieren a una palabra que es prácticamente fabla aragonesa en la zona manchega, que significa “humareda”.

Se rumorea tu nombre como posible conductor de “Academia de sexo”, ¿tienes alguna formación especial en el tema para enfrentarte a este reto?

Sí, claro. Evidentemente (ríe). Soy un magnífico amante con una dilatada experiencia sexual. No, a ver: yo tengo un perfil de presentador que consiste en que tengo una cultura amplia que me permite ocuparme de determinados aspectos; cuando la cadena, o en este caso la productora, te pide hacer una prueba —en la que a la vez tú pruebas si te gusta el proyecto— pues es en función de eso, de poder transmitir una serie de ideas con soltura, con naturalidad y poder aportar. Sé lo que es un prepucio, sé lo que es el punto G y tengo determinadas nociones biológicas básicas para saber de lo que estás hablando, cosa que ahorra mucho trabajo. Ya te digo que esto fue un poco probarnos ambos.

Te vamos a poner a prueba. ¿Tú sabes algo del sexo con pulpos?

¿Del sexo con…?

Pulpos.

Sé que Troy MacClure lo hacía con pescados. Yo el sexo con pulpos lo he probado pero más en plan bondage: en lugar de usar cuerdas utilicé pulpos de los de sujetar la vaca del coche, que son muy prácticos.

Para despedirnos, háblanos de tu próximo espectáculo teatral.

No sé cuando lo voy a poder estrenar, porque sigo vendiendo entradas de Aiguantulivinamerica, se me ha parado otro espectáculo intermedio que estoy haciendo en otras salas, que es Al fin solo, y este último, en el que estoy trabajando y con el que estoy apasionado, cuyo título provisional es En verdad os digo que, como su propio nombre indica, tiene mucho de evangélico, en cuanto que se trata de hacer una revelación y en el que yo me creo un iluminado. Habla de las verdades del barquero, de las cosas que nos han conducido al sitio en que estamos. Empezando por la mercadotecnia, siguiendo por nosotros que hablábamos del dinero que costaban los pisos como si lo tuviéramos, de los pisos como si fuesen nuestros sin recordar que son de un banco, de nuestras mujeres y nuestros maridos como pensando que nos van a querer toda la vida… en definitiva, la falsedad en la que vivimos, impuesta o sostenida por nosotros mismos. La única verdad es que te vas a morir. El reto para mí es hablar de todo esto haciendo reír. Y, sobre todo, si hay una solución. Una cosa que me llama la atención es que te acercas a las estanterías de libros de sociología en cualquier tienda y te encuentras un montón de admiraciones: ¡Indignaos!¡Revelaos! ¡No os conforméis!

“¡Iros a tomar por culo!” como decía Xavi Puig hace poco en una parodia en El Mundo Today.

(Risas) Esa es la solución, decir todo entre admiraciones. La solución, no nos engañemos, no consiste en que ahora tenemos que ser más productivos que los chinos; la solución es convertir a los chinos en españoles: hacer que tengan siesta, que sean tan vagos como nosotros, tan quejicas como nosotros, que tengan cientos de sindicalistas, de concejales… O sea, transmitirles todo lo que nos ha frenado a nosotros para frenarlos a ellos. De la misma manera que cuando llegamos a América los destrozamos con la viruela y el sarampión, destrocemos a los chinos con nuestro modus vivendi y verás cómo el mundo se hace español y no al revés. Esta es la idea que transmito en el espectáculo. A mí no me joden la vida y me hacen trabajar más, me ha costado mucho llegar a un modo de vida, ¿la solución va a ser que volvamos a ser esclavos? No, señor, no. Lo irritante de este asunto es que yo entiendo que los alemanes, que venden más de cien mil millones de euros a los chinos, es decir, que tienen la balanza de pagos positiva, quieran tener relaciones sin impuestos con China; pero nosotros compramos a China sin impuestos de exportación para que venda Alemania, porque estamos en la UE, porque nosotros vendemos una mierda y sin embargo comprar todo lo que compramos a China sin impuestos se ha cargado el textil, el calzado, la juguetería… Para que los chinos produzcan como producen sus trabajadores no tienen derechos, tienen que trabajar a destajo… ¿de verdad queremos ser así? No creo que sea el camino, aunque tampoco lo es ¡Indignarse!

 


Javier Coronas: “Shakespeare está sobrevalorado, en realidad era un mierdas”

Javier Coronas prefiere jugar en casa y nos convoca en la Sala Galileo Galilei de Madrid, sede cada mes de la grabación de su programa Ilustres ignorantes que emite Canal Plus, la cadena donde se dio a conocer a nivel nacional gracias a Lo + plus. Catalán de nacimiento, aragonés de adopción y madrileño en el día a día, Coronas no se calla la boca ante nada: reivindica su trabajo más allá del humor, basado siempre en la independencia y la libertad, y nos deja unas cuantas perlas dirigidas a los directivos de determinadas cadenas de televisión, los políticos profesionales, los cómicos tibios…¡e incluso Shakespeare!

Hemos leído que considera a Faemino y Cansado los mejores humoristas de la historia de España. ¿Le confirma la idea trabajar con Javier Cansado en Ilustres ignorantes?

Por supuesto que sí, me reafirma y me hace ver de cerca que no solo es uno de los mejores humoristas de la escena española, sino que es una de las mejores personas que te puedes cruzar para trabajar o para tomar unos albaricoques.

Cuando los entrevistamos y les preguntamos por sus humoristas/monologuistas favoritos, Cansado nos recomendó sin dudarlo a Hovik, entre otros. Para nosotros ha sido un gran descubrimiento y, curiosamente, empieza a sonar más su nombre desde que aparece en Hispania. ¿Cree que está poco valorado hacer reír en nuestro país? ¿No les toman en serio?

Sí, está muy poco valorado, de hecho estamos entrando en una dinámica en la que el humor solamente sirve para contar otra serie de noticias que no tienen nada que ver, o sea, sirve para suavizar contenidos que en teoría cuesta más que entren a las personas que no les gustan. Con el humor se intenta meter por la boca contenidos del corazón y eso es un error; utilizar el arma del humor para una función que no tiene sentido. Un humorista tiene que ser libre y en España hacer humor libremente desde dentro es muy difícil.

¿Estamos hablando, de alguna manera, de Sé lo que hicisteis?

No, no, estamos hablando de muchos programas, aparte de SLQH, que les imponen como norma que jueguen con contenidos de la cadena para promocionar los programas de esa misma cadena. Hay muchos contenidos con los que es muy difícil hacer humor no por el contenido en sí, sino porque contrastan con lo que es el humorista de verdad. Sería muy difícil que Faemino y Cansado te pudieran hacer comentarios de Gran Hermano, no lo harían nunca, lógicamente. Sería infrautilizar o utilizar mal a Faemino y Cansado si los tienes para hacer comentarios de Gran Hermano. Y me refiero a ellos como a cantidad de humoristas que hay en la televisión que los utilizan para vender un producto que les hace perder prestigio a ellos porque ellos son buenos haciendo otra cosa y no les tienen haciendo las cosas para las que realmente sirven. No sé si me explico…

Sí, pero si me pusiera un ejemplo, sería perfecto.

Hay miles de ejemplos. Hay cantidad de programas: SLQH, No le digas a mamá que trabajo en la tele, Tonterías Las Justas… Marca mucho la cadena en la que estás, pero hacer programas de humor en determinadas cadenas te obliga a jugar con una serie de contenidos que te empobrecen el producto en cuanto al humor

¿Ha sido esa su experiencia en Canal Plus?

No. Ilustres ignorantes, por ejemplo, no tiene nada que ver con la televisión convencional y solamente se podría hacer en Canal Plus porque es la única cadena que me ha dado la libertad absoluta para hacer lo que yo quiera hacer, el humor que me gusta y no solamente a mí sino a la gente que ve el programa. Apoyando esa opción y dándole fuerza han conseguido algo que ahora mismo sería inviable en cualquier cadena. Y este programa, llevando ya más de 50 emisiones, si lo lleváramos a otra cadena nos dirían que eso es totalmente antitelevisivo. Es prácticamente un programa de radio en el que casi todo está improvisado y nadie sabe lo que va a pasar ni lo que va a decir nadie. Eso crea una inseguridad a los directivos y a la cadena, que no se dejan llevar. En nuestro caso, sí se han dejado.

¿En ningún caso os han obligado a quitar algo del montaje al cuadrar el “falso directo”?

Nunca. Es un “falso directo” que, si el programa dura 28 minutos, nosotros grabamos 31, es decir, quitamos las pausas de reacción de alguno, limamos algunas cosas o a lo mejor alguna frase que se queda larga de alguien, pero empezamos a grabar y no se para y nadie dice “Vamos a cortarlo”. Se han dicho muchas burradas, la mayoría atribuidas a Pepe Colubi, que es un maestro en el arte de decir burradas, pero nada, nunca, ningún tipo de censura… y encima no solamente ningún tipo de censura, sino plena libertad para trabajar, cosa que hoy en la tele es casi histórico, haciendo humor. Si haces un informativo supongo que más aún.

¿Esa libertad la ha tenido siempre?

Cuando estuve en Lo + Plus toda la libertad del mundo. Luego, en otro programa que se llamaba XXL, sí tuve algún problema por alguna cosilla… religiosa.

Salgamos un poco de la televisión. Cuando escucha la expresión “humor inteligente” le dan ganas de…

De ver el coeficiente intelectual de quien lo dice. Lo del humor inteligente es un poquito a gustos. El humor es el humor. La etiqueta de humor inteligente se da a lo mejor, no sé, ¿para diferenciarlo de otros humoristas que son más chabacanos? El humor es reírse; cada uno tiene su estilo, tiene su manera y tiene sus trucos. No sé exactamente cuál es el humor inteligente y cuál no. ¿Quién es el juez que dice: “Esto es inteligente y esto no”? Nunca sería yo ese el juez. Hay un humor más facilón, más verdusco, más de caca, culo, pedo, pis… hay humor más absurdo que no se entiende precisamente porque es demasiado absurdo. Nosotros lo utilizamos mucho. Cuando estás hablando con alguien y haces un chiste que no ha colado y dices: “Es que es humor inteligente”. Es una coletilla más para decir que, como no lo habéis entendido, estoy por encima de vosotros.

En este país tenemos monologuistas, imitadores, cuenta chistes, payasos, mimos y, por último y en solitario, a El Tricicle. Teniendo en cuenta que llevan más de treinta años llenando teatros, ¿cree que es la fórmula más complicada de imitar?

¿La de El Tricicle? Yo creo que es muy difícil… Bueno, estuvo Vol-Ras y otros grupos que hicieron mimo, pero es muy difícil hacer lo que ha hecho El Tricicle y sobre todo sin hablar. Contar tantas cosas como han hecho ellos es muy complicado. La gente que nos dedicamos a la radio o a la televisión somos más de quedarnos en casa escribiendo idioteces y apuntar cosas cuando vas por la calle para hacer un guion… pero ellos, aparte de escribir, tienen una composición de expresividad que no tenemos ninguno. Faemino y Cansado serían las únicas personas que, hablando, no haciendo mímica, han conseguido lo mismo, haciendo muchísimas más funciones. Porque El Tricicle lleva treinta años, pero han descansado algunas temporadas. Faemino y Cansado no paran, actúan cada semana en cualquier lado llenando sin tener presencia en medios de comunicación, sin hacer entrevistas en ningún lado.

En Twitter: “El programa más largo que conoce Eva Hache es el de la lavadora”. ¿Es más complicado que una mujer nos haga reír o tienen un sentido del ridículo mucho más desarrollado que nosotros?

Yo es que creo que la frase no es verdad, le falta conocimiento de la historia. Noche Hache estuvo tres o cuatro años en antena y era un programa diario. Hay muy buenas humoristas mujeres, lo que pasa es que somos muy cansinos, el hombre ha sido más aparatoso… pero van apareciendo últimamente. Por ejemplo, la niña de Shrek, Silvia Abril o Ana Morgade, que es un portento. Cada vez hay más y en el mundo del monólogo, bueno, Raquel Martos. Van saliendo, lo que pasa es que la proporción es infinitamente más pequeña. También creo que hay más vergüenza en la mujer. Nosotros somos siempre más bichos y más idiotas, nos cuesta menos perder la compostura.

¿Y a la hora de hacer reír? ¿Nos cuesta más reírnos con una mujer?

Para nada, yo me he reído con Eva muchísimo y con Ana Morgade, mogollón. Nunca se me ha ocurrido mirar el sexo para que me hagan reír y en Estados Unidos funcionan cantidad de humoristas que llevan años en lo alto. Aquí nos cuesta adaptarnos un poquito más, habría que quitar a unos cuantos tíos que son malos y meter más chicas y así compensamos (risas)

¿La generación Paramount ha aportado algo nuevo al humor de este país o simplemente ha vuelto a popularizar algo que ya estaba ahí?

El papel de Paramount Comedy ha sido muy importante porque ha permitido que muchos humoristas que estaban empezando tuvieran la oportunidad de hacer lo que ellos realmente querían: sin trabas, sin premisas, sin presiones de audiencia… Cuando se hacen las cosas con poco presupuesto, con muchas ideas y con mucha libertad salen cosas muy chulas y se descubre a gente muy buena. No quisiera hacer yo una lista porque seguro que me dejo a algún amigo y no quiero dejármelo. Desde los más antiguos de La Hora Chanante o Dani Mateo hasta David Broncano, que lo está petando ahora por dónde va… dentro de ese círculo es una apuesta muy chula para que la gente pueda hacer el humor que realmente le gusta. Ahí viene la contradicción del humorista: la televisión te llama porque ha visto que hacías un trabajo que les gusta, pero cuando te fichan te dicen: eres muy bueno poniendo baldosas… así que te vamos a fichar y nos vas a pintar los techos… “Pero yo, lo que mejor hago, es poner baldosas”… “Sí, pero queremos que pintes los techos igual de bien que pones las baldosas”. Ese es el gran error.

Por ejemplo, Ricardo Castella, que se ha tenido que amoldar a todo tipo de formatos de cadena en cadena rellenando huecos.

Ese es otro de los vicios de la televisión: “Este programa nos está quedando serio, así que metemos aquí a alguien que nos haga cinco minutos de humor”… en un marco en el que es imposible. Están hablando de una niña que ha desaparecido, que la busca la familia desesperada y, de repente, “que pase un humorista y que haga chistes”. Lógicamente acaban diciendo que no funciona. ¡Pues claro que no! El perfil de audiencia que tienes quiere saber es si han encontrado a la niña, si está viva y si la han violado o no. Pretenden edulcorar programas serios con pinceladas de humor en lugar de decirle al humorista de turno: “Haz un programa de humor y hazlo como tú quieras, luego ya veremos lo que pasa”

Ángel Martín antes de quemarse por completo en la tele y con un contrato multimillonario decide dejar a La Sexta plantada y se va a hacer un musical precisamente con Castella. ¿El que ríe el último ríe mejor?

No creo que se trate de quién ríe último y quién ríe primero. Todo lo que hagan Ángel Martín o Ricardo Castella, siempre que sea lo que ellos quieren hacer, me va a parecer chulísimo. He visto el espectáculo y me encanta, porque hacen lo que quieren y disfrutan haciéndolo. Cuando un amigo disfruta de su curro a mí me van a hacer reír muchísimo. La televisión está cerrando las puertas al humor para abrirlo al teatro; es el único sitio en el que realmente haces lo que quieres hacer y las consecuencias son para ti. Si no llenas no llenas y si llenas, fantástico, pero nadie te dice lo que tienes que hacer.

Aun a costa de dejar a La Sexta plantada, insisto…

En el mundo de la televisión hay dos tipos de personas: los que están en televisión porque realmente necesitan estar en televisión y los que están porque les han dado la oportunidad de hacer lo que les gusta, que es hacer reír. Se puede hacer en muchos medios y de muchas maneras. Una vez me dijo Ángel Martín: “Hay gente que mata por estar y hay gente que quiere estar donde quiere estar”. Entonces tienes que elegir; si quieres la televisión pase lo que pase tendrás que hacer cosas que luego no podrás contar a tu madre, como el programa de Goyo Jiménez. O que venga un amigo y te diga: “Vaya mierda de programa haces, me gustabas más en…” Te tienes que tragar todo eso. Es cuestión de una escala de valores y la de Ángel está muy bien puesta. Muchos tendrían que aprender de él.

Parafraseando APM: ¿la televisión es cultura?

La televisión claro que es cultura y desde luego el APM es el mejor programa que se hace ahora mismo en televisión, de eso quiero dejar también constancia. En la cultura tiene que haber diversidad e igual que hay un montón de libros que son una puñetera mierda y tienes que leer los buenos para tener una cultura chula, con la televisión lo que tienes que hacer es elegir y saber apagar el botón cuando quieras. Saber qué programas tienes que ver o cuáles deberías ver si lo que buscas es cultura… Con todos los canales que hay… cuesta un poquito, pero se puede elegir y tampoco hay que ver 14 horas de televisión. Otra cosa es que enciendas la televisión, te quedes ahí pillado y te quejes: “Es que solamente echan mierda”. No lo veas, no les des audiencia, busca cultura y encontrarás cultura. Hay gente que La 2 se la pasan en el zapping, ni se paran a ver.

¿Es lo políticamente correcto el fascismo contemporáneo, como nos dijo recientemente Félix de Azúa?

Lo políticamente correcto es el agua tibia, pero siempre ha sido así. Es el no mojarse y en cuanto al humor, la manera de ser gracioso pero sin ofender. Todavía hay muchos temas en televisión que no se pueden tocar porque al día siguiente te cae la bronca o directamente paran la grabación.

Habla entonces de una censura más de la cadena que del propio humorista.

Hay humoristas y humoristas. Claro que te autocensuras bajo tus prismas, pero la cadena está por encima de tu autocensura. La tuya es la lógica, luego hay muchas cosas que una cadena no te deja decir y hay muchos estamentos con los cuales no te puedes meter porque no está permitido o porque a lo mejor hay muchos accionistas en esa propia cadena de ese mismo estamento.

¿Puede un humorista hacer humor sobre cualquier tema, materia o circunstancia vital?

Ahora mismo no está permitido, pero yo creo que se debería. Hay que hacer humor sobre todo y hay que saber el momento en el que se hace y cómo se hace. Reírnos todos de todo y decidir que no hacer humor de determinadas cosas o determinadas personas en el fondo te hace discriminarlas. ¿Por qué nos podemos reír de una persona que es gorda y no de una persona que es invidente? Estás menospreciando al invidente cuando los invidentes son los primeros que hacen chistes sobre su propia invidencia. ¿Por qué no hacemos chistes pensando que estamos riéndonos de una situación concreta y no de una enfermedad?

¿Qué opinión le merecen los chistes sobre el 11-M, el 11-S, el Holocausto…?

Sobre el 11-S Padre de Familia ha hecho muchos chistes. Aquí no podríamos hacer esto, no se puede hacer un chiste sobre el 11-M… Yo, desde luego, me autocensuraría.

¿Por qué? ¿Por qué con eso en concreto?

Me autocensuraría porque estaría jugando con el dolor de muchas personas. No me parece rentable hacer una gracia cuando sé que muchísima gente va a sufrir esa gracia, aparte de las demandas y todo eso, que es otra historia… Pero sin embargo sí haría chistes con personas en sillas de ruedas como hace Little Britain, por ejemplo. Es una manera, decía, de no excluirlas de la sociedad. Todos somos personas, tengas las piernas inmovilizadas o no tengas las piernas inmovilizadas. En Padre de Familia hacen chistes de todo: negros, religiones… el Islam, por ejemplo, porque es muy fácil meterte con la Iglesia pero no meterte con el Islam (reflexiona)… Bueno, es muy fácil meterse con la Iglesia si te dejan en la cadena, pero nos faltan años hasta llegar a eso.

¿Recuerda lo que le pasó a Vigalondo cuando bromeó en Twitter sobre el Holocausto?

Sí. Me pareció una prueba más de que con determinados temas están esperando a que hagas un chiste fuera de lo normal para crucificarte y ya está. Nadie montó ningún escándalo cuando Martes y Trece decían “Mi marido me pega mucho”. Ahora, si lo haces… no lo van a emitir.

¿Y la reacción de El País que le había elegido como imagen de un producto nuevo, original, imprevisible…?

Bueno, El País es muy libre de hacer lo que quiera hacer. Yo pienso que la situación se magnificó mucho más de lo que merecía y no deja de ser un chiste más del estilo de Nacho Vigalondo, que todo el mundo sabe cómo es; no creo que estuviera riéndose de las víctimas del holocausto ni muchísimo menos. Lo contrario. Y no creo que sea un tipo que vaya de ese palo. Es un humorista y tiene ese sentido del humor, que es su estilo y es diferente. Yo, si fuera director de El País, seguramente no lo hubiera despedido. Es curioso, porque El Mundo nunca echaría a Salvador Sostres.

Ni a Sánchez-Dragó.

Pero la línea editorial de cada medio de comunicación… Lo puedes comprar y el hecho de que lo compres no quiere decir que estés de acuerdo con todo lo que se dice en ese periódico, sea el que sea. Depende mucho de quién esté arriba. Es lo que te decía antes de la televisión: lo que me estás diciendo tú es lo que pasa en cualquier programa de televisión donde hagas humor. En el momento en que te subas un poco a la parra y no te ajustes a las normas, te vas a la calle. Yo en Zaragoza llevo haciendo años un programa que se llama Oregón TV y me lo han rescindido este verano teniendo el doble de audiencia o superando al menos la media de la cadena todas las semanas, en el peor horario de la semana, con un presupuesto ínfimo… funcionaba perfectamente. Lo han cancelado únicamente porque no nos callamos la boca y hacíamos crítica política.

Curioso, porque leí una entrevista tuya hace unos años en la que decías lo contrario: que tenías bastante libertad con respecto a los políticos.

Sí, bueno, sería hace tres años… Empezamos dando caña, estaba el PSOE y también le dábamos caña —bueno, le dábamos caña a todo el mundo—, pero como tenía unos niveles de audiencia brutales la gente estaba enfervorecida. A medida que se fueron acabando los cuatro años de concesión de los directivos de la televisión autonómica las cosas fueron cambiando porque, claro, ahora hay que templar aguas y nosotros seguíamos metiendo caña cada vez más y cada vez más hasta que nos dicen “vale”; nosotros decimos “no” y lo seguimos haciendo. Nos intentaron cancelar hace un año y se echó la gente a la calle, mandando correos… nos tuvieron que readmitir. Ahora nos cancelan y no tiene que ver con el partido político que suba. Somos incómodos: tenemos audiencia, somos un programa de la tierra, la gente de Aragón es la que paga… y nos vamos porque la televisión autonómica de cada región es un brazo político del partido que gobierne. Lo son todas. Y en una cadena autonómica hablar mal de la gente que gobierna está muy mal visto, así que al final resulta que te van ahogando, ahogando, ahogando… y ante esa gente tienes dos opciones: callarte o decir lo que está pasando, porque la gente no es gilipollas.

¿Hasta qué punto determinados políticos creen que la gente es gilipollas?

Les da exactamente igual lo que dice la gente, van a hacer lo que quieran. Su mentalidad es: “La gente es gilipollas porque piensan que opinando me van a convencer de lo que debería hacer. Son gilipollas si piensan que por su indignación voy a mover las piernas o el señor de turno se va a dejar de llevar los 3000 millones que se lleva todos los años” (Breve pausa) ¡Me estoy calentando, eh! (Ríe) ¡Vas a hacer que no me contraten en ningún lado!

Como catalán “universal”, ¿qué capacidad tiene Cataluña para reírse de sí misma?

Hombre, lo que pasa es que cualquier chiste que se hace sobre Cataluña es sobre “la pela”. Tienen que estar hasta los huevos de que esto sea así. Igual que en Aragón el chiste es que “como sois tan cabezudos, no se puede hablar con vosotros…” Son los tópicos y ya está, pero creo que el catalán sí se sabe reír de sí mismo y Buenafuente lleva años haciéndolo: veía a Buenafuente cuando vivía en Barcelona haciendo Una altra cosa o La Cosa Nostra desde que empezó con El Terrat en la radio y todos los programas que ha habido, incluso Crackovia

Polonia

Polonia. Que además hacen una autocrítica cojonuda, lo que pasa es que a lo mejor esa autocrítica si se hiciera fuera estaría mal vista.

Hablábamos antes de que un invidente hace un chiste de invidentes y no pasa nada, igual que un catalán puede criticar a otro catalán pero si lo hace uno de fuera parece un ataque.

Claro, nosotros en Oregón TV hemos hecho sobre los bienes de La Franja y sobre Cataluña que, en teoría, es país colindante con Aragón y chistes históricos… y hemos tenido problemas con gente de Cataluña que no le ha sentado bien. Creo que pasa con todas las regiones, quiero decirte, estoy seguro de que uno de Aragón ve una caricatura de un maño en la televisión de Andalucía y piensa: “Mira estos, riéndose de nosotros, sacan un tío cantando una jota”. Eso lo puedes hacer si eres de la región. Nosotros nos hemos metido muchísimo con Aragón en el programa, a diario, y la gente lo ha aceptado muy bien. Mira que la gente de Aragón es muy de “eh, no te metas con la jota”… pues nosotros nos hemos metido con todo.

Habla con mucha admiración de El Terrat, incluso coincide usted con Buenafuente y otros en el proyecto fotográfico Captura.org.

Sí, coincidimos en lo de Captura, lo que pasa es que soy un desastre y hace tres años que no mando una foto. La idea original era hacer una página donde gente y amigos de El Terrat nos hacíamos fotos con tontunas o cosas bonitas… en la web tienes tu casillero y se van colgando, hay mucha gente metida, como Blanca Portillo… Yo empecé muy fuerte pero luego me fui quedando. Llegamos a hacer una exposición en PhotoEspaña y los pocos fondos que recaudamos fueron para una ONG en África y cosas así.

¿Sigue pensando que Salvados es el programa más valiente de la televisión actual?

Cuando salió, nada más estrenarse, dije que era el programa más valiente porque es el tipo de programa que a mí me gusta hacer. Un programa en el que no haya plató, en el que nada esté milimétricamente preparado y dé pie a la improvisación y a ser tú mismo. El Follonero (Jordi Évole), en ese sentido, es un crack, tiene mucho mérito lo que hace: pocos medios, barato, mucha cara y mucha imaginación.

¿En términos de “cara e imaginación” ha salido algo desde entonces que lo supere?

Que lo supere, no, pero lo que hemos hecho nosotros en Sobre la marcha, este año en Canal Plus, está fundado en esas mismas normas: poco guion y los contenidos supeditados a lo que nos pueda pasar por la calle. Subíamos cada día a un domicilio sin estar producido, el tipo de programa que me gusta hacer a mí.

Aparte de Sobre la marcha, el bombazo de la temporada en el Plus ha sido Ilustres ignorantes. ¿Por qué nos cuesta tanto decir “no lo sé”?

Porque el ser humano tiene una capacidad innata, que es la de mentir y, sobre todo, fingir que es mejor de lo que parece. Decir que no sabes algo es mostrar una carencia, con lo que es mejor inventártelo o hacer ver que lo sabes… es mejor fingir que has visto la película a decir “No, no la he visto”. Optamos por el “Sí, la he visto, pero fue hace mucho tiempo”. “¿Te acuerdas de la actriz esa que…?” “Ah, sí, sí, sí…”

¿Imaginas el momento en el que en plena rueda de prensa a un político se le ocurriera decir “No lo sé”? ¿Se ganaría el cariño o la desconfianza?

La siguiente pregunta sería “Si usted no sabe las cosas, ¿qué hace ahí?”, ¿no? Lo verían como una debilidad supina, la gente necesita que le mientan. Necesitan tener fe. Si les dicen “no tengo ni puñetera idea”, imagina. Yo no soy partidario del “no lo sé” sino del “NI PUTA IDEA”, haciendo énfasis para que así no haya una segunda pregunta. Un político no puede decir eso, tiene mil frases que le hacen salir, entrar por la rotonda y volver a abandonarla por donde quiera. “En el tiempo que llevamos… solucionando los temas… esperemos que al final encontremos una vía rápida… que sea posible para todos y que nos agrade de manera generalista… a todos los votantes” Pfff… ¿qué ha dicho?

Nada

Pues eso. Hay que saber leer también lo que dicen los políticos. Pero, ¿no estábamos hablando de Ilustres ignorantes?

De lo significativo del título al mezcla un adjetivo supuestamente positivo con una cualidad que se suele interpretar como algo negativo.

Sí, al principio querían que se llamara Ignorantes ilustres pero lo conseguí cambiar a Ilustres ignorantes, que es todo lo contrario. Por el propio formato de show en directo lo estamos llevando de teatro en teatro. Debutamos en julio en el Capitol, en Barcelona, hora y media en vivo y con varios temas que tratar. Es un experimento muy absurdo que no sabemos cómo saldrá pero vamos a seguir intentando llevarlo a cabo en la televisión y en el teatro.

¿Mismos invitados, Pepe Colubi y Javier Cansado?

Sí. Vamos a intentar jubilarnos con este programa absurdo que nadie entiende, que casi nadie ve pero que llevaremos puerta a puerta si hace falta. Además, como no hay guion, no hay nada que ensayar y no te puedes olvidar del texto. La única obra de teatro que nunca verás igual dos días. No porque innovemos, sino porque habremos olvidado lo que habíamos dicho el día anterior.

El español sólo entiende las cosas en términos de odio o envidia. Si no lo puede explicar en esos términos, desconfía”. ¿Hasta qué punto estaría de acuerdo con esa frase?

Eso es España. En una ciudad hay dos equipos y se odian, en una región hay dos equipos de la misma provincia y se odian, hay competiciones de castellers, hay competiciones de petanca y estamos compitiendo siempre para ver quiénes son mejores. España es así.

¿Odio y envidia?

Odio no, pero envidia sí. Creo que fuera de España también. ¿Qué país es el bueno? ¿Los suecos, los australianos… ?

Humor cultural entonces: en la época romántica se empezaron a atribuir significados trágicos al Quijote, que hasta entonces había sido universalmente considerado un libro de humor. ¿Fue una aportación positiva o terminó desvirtuando la imagen de la obra?

(Risas) ¿Qué cojones me estás preguntando del Quijote? ¡Yo he venido a hablar de mi libro! (Más risas) No, yo creo que el Quijote puede ser lo que quiera. Es una Biblia, para mí, en cuanto a trágico y a cómico. Lo puedes coger por donde quieras; te puede parecer el libro más trágico del mundo, te puede parecer un capítulo cero de Amanece que no es poco… Yo lo veo una mezcla de todo, es un libro que lo puedes leer bajo el prisma que tú elijas. Si eres muy romántico lo puedes ver como un libro épico, si eres más absurdo, como yo, pensarás “Madre mía, ¿este tío que se había fumado para escribir esto?” Lo que demuestra que es un gran libro es precisamente que tenga muchas lecturas. Harry Potter no tiene tantas.

Shakespeare fue un grandioso escritor de tragedias, pero ¿a alguien le hacen gracia sus comedias o queda mal decir que el humor no era su fuerte?

Shakespeare está sobrevalorado. A Shakespeare siempre se le ha tenido como un ídolo porque es muy difícil pronunciarlo y escribirlo. Como era muy difícil decir que no lo conocías o que no sabías escribirlo, empezó a cobrar una importancia supina entre la sociedad. Pero Shakespeare en realidad era un mierdas (risas)

Aunque en Inglaterra no les cueste nada pronunciarlo.

Eso es por la cultura inglesa. Allí incluso los niños de tres años hablan inglés de maravilla, cosa que aquí no pasa (más risas) ¡Y eso es culpa de Zapatero!

¿No hay muchos pasajes de la Biblia que son una especie de versión temprana de Jackass?

Yo aquí me quedo con la Biblia de los Monty Python, con La vida de Brian, que me parece más real. La veo más en la línea de los Monty Python que en la de Jackass. Además tengo que decirte que la Biblia no me la he leído, he visto la peli, pero leérmela no me la he leído (risas). Esperé a ver la peli y tampoco me interesó mucho, así que tampoco puedo opinar. La única Biblia que he visto así en pantalla ha sido La vida de Brian y me parece una opción bastante chula.

¿Cree que Nostradamus sigue retorciéndose de risa en su tumba al ver que se siguen intentando interpretar sus cuartetas?

Creo que Nostradamus era el Paco Porras del pasado. Es como si, dentro de 50 años, la gente siguiera leyendo el futuro con hortalizas. Estaría bien meter todos sus DVDs en una cápsula para que dentro de un siglo la gente dijera “En la Tierra, en 2011, el futuro se regía por las predicciones de Paco Porras”. Nostradamus era el Paco Porras que estaría ahí en el Crónicas Marcianas de su época haciendo sus mierdas y por eso luego se ha magnificado.

Hay quien dice que un árbol que cae en un bosque vacío no hace ruido porque nadie lo escucha. ¿La creación de un humorista puede ser buena aunque nadie se ría?

Un chiste es una mierda si no se ríe nadie, está hecho para que la gente se ría. Otra cosa es que te haga gracia a ti, pero es una cosa particular. Si lo has escrito es que te ha hecho gracia, porque cada cosa que escribes es para hacerte gracia a ti mismo en primer lugar. Cuando lo haces en público y no se ríen… o es una mierda de chiste o es humor inteligente que no lo han entendido porque no están preparados, que también puede ser. Hay determinados sitios en los que actúas que a lo mejor no son los apropiados.

El humor es comunicación, si al público no le ha llegado…

Claro, y a lo mejor no le ha llegado por diferentes causas, quiero decir, un monólogo mío que lo haga delante de un grupo de gente de la edad de mis padres pues, lógicamente, no va a funcionar. Yo a mis padres no les hago gracia. A mis padres les hacen gracia Los Morancos, pero eso es lógico, no puedo luchar contra eso.

Recomiéndenos un restaurante, uno, en Barcelona. El mejor. Lo mismo en Madrid.

¿Y por qué no dos en Zaragoza?

Como usted prefiera…

Es que en Barcelona y en Madrid, ninguno, ni idea… En Zaragoza me quedo con un bar que se llama Bar Praga. Es un bar multifuncional donde he pasado muchos de mis mejores momentos y, por otro lado, Casa Hermógenes, que es un bar pequeñito donde se come muy bien.

Lectura imprescindible, sea o no novedad. Algo que nos aproxime a Javier Coronas persona.

Con lo que estoy ahora de David Trueba, Saber perder. Me parece una lectura muy interesante y que te hace reír más de lo que él piensa. No porque te rías de su trabajo, sino porque es muy gracioso escribiendo.

¿Quién, según  su  criterio, debería ser nuestro siguiente entrevistado?

Malena Gracia (risas)… No, mejor José Luis Cuerda.

 

 

Fotografía: Jesús Llaría