Altius, altius, altius

Edificio Flatiron. Fotografía: Rob Sinclair (CC).

Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. Nos haremos famosos.

Génesis 11:4.

Antes de que hiciera llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra por sus graves e irreversibles pecados, el dios colérico y tornadizo que se representa en el Antiguo Testamento ya hizo gala de su volcánico carácter cuando el ser humano quiso construir una gran torre, el primer rascacielos de la tradición judeocristiana. Si se lee literalmente ese fragmento del Génesis, la verdad es que no se encuentran motivos para que Jehová quisiera, dicho sin rodeos, putear a los humanos por edificar en vertical. El análisis tradicional explica que YHVH quiso castigar a los hombres por su prepotencia, pero puesto que ya sabemos lo que evoca un esbelto edificio, todo lo que no sea una interpretación freudiana con tintes castradores se antoja insuficiente y tendenciosa. 

Aunque este primer párrafo pueda parecer un ejemplo de libertinaje por «falta de respeto a la religión», resulta más interesante la primera acepción del término. Esa ansia por construir más y más alto, ese «desenfreno en las obras», se ha dado desde el origen de los tiempos en varias culturas (pirámides, zigurats…), e incluso más tarde, cuando el recuerdo de la ira divina que propició la creación de las escuelas de idiomas perdió fuerza, la propia sociedad cristiana impulsó la construcción de catedrales cuyos pináculos, agujas y cimborrios pugnaban por llegar simbólicamente al cielo, por dignificar a su deidad o por emitir señales a civilizaciones extraterrestres, según distintas versiones. No obstante, muchos ortodoxos que en el primer tercio del siglo XX seguían a rajatabla las enseñanzas de la Biblia, creyeron estar reviviendo en sus carnes una reedición de la Torre de Babel. 

Torre de Babel versión art déco

Desde el año 1913 hasta 1930, el Edificio Woolworth era, con 241 metros, el más alto del mundo. Inspirado en la arquitectura gótica europea, su promotor Frank Woolworth se vanagloriaba de haber pagado a tocateja la construcción de la denominada Catedral del Comercio. Pero su récord iba a ser batido ampliamente a finales de los años 20 porque se estaban construyendo dos rascacielos que tenían proyectado superar esa cota: la sede del Banco de Manhattan y el Edificio Chrysler. El primero de ellos, hoy denominado Edificio Trump, se las prometía muy felices cuando, sobre plano, su altura final de 283 metros superaba la cifra que había anunciado el segundo. Pero el Edificio Chrysler se guardaba un as en la manga… o mejor dicho: se guardaba una antena gigantesca en el hueco de las escaleras. En un proceso constructivo complejo pero ejecutado limpiamente en 90 minutos, aquel miércoles 23 de octubre de 1929 emergió de las tripas del rascacielos en obras, emulando la famosa escena en el barro de Lucía y el sexo, la aguja, enhiesta y brillante, alcanzando 319 metros de altura y rompiendo el techo de todas las estructuras construidas por el hombre hasta entonces (incluida la Torre Eiffel) para disgusto del Banco de Manhattan, que veía minimizado su esfuerzo (1). Lo que parecía una proeza que iba a estar en boca de todo el mundo al día siguiente, se eclipsó por una noticia de alcance: el colapso de la Bolsa de Wall Street el 24 de octubre de 1929, el denominado Jueves Negro, lo que para ciertos fundamentalistas fue un castigo divino no solo por haber osado a competir por tocar el cielo con una estructura que ni siquiera guardaba un parecido reverencial con las catedrales góticas, sino por batallar con soberbia por llegar más alto que nadie (2).

Poder es querer (tener un rascacielos)

Y es esa soberbia mezclada con libertinaje, ese desenfreno por autoproclamar el poder, lo que ha impulsado la construcción de la gran mayoría de rascacielos que buscan aparecer en los libros de récords. En este sentido, la construcción del Burj Khalifa en Dubái ha sido toda una exhibición de fuerza puesto que sus promotores querían que alcanzase una cota que perdurase. Así, su cúspide está a unos 828 metros del suelo; es decir, casi un 50% más alto que el anterior tope (3) o lo que se dice ganar sin necesidad de foto-finish. Y el Burj Khalifa seguirá siendo el número uno hasta que cristalice la idea del año 1956 de Frank Lloyd Wright de la Torre de Una Milla (cuyos bocetos recuerdan bastante al Burj Khalifa, por cierto), que parecía que en su momento iba a retomar Norman Foster en Tokio y que ahora tiene en mente una corporación árabe, o hasta que los chinos quieran dar un puñetazo en la mesa llevando a cabo alguno de los proyectos kilométricos que tienen danzando desde hace tiempo.

Pero esa mentalidad falocéntrica que promueve la construcción de esbeltas construcciones que funcionen como faro que proclame el lugar donde se ostenta el poder, da lugar a casos que si se piensa bien son absurdos, como por ejemplo el Centro de Proceso de Datos del Banco Santander, en Cantabria. Se trata de una construcción rodeada de fuertes medidas de seguridad, un búnker en realidad, y que guarda en su interior servidores con archivos informáticos tanto de dicho banco como de cualquier empresa que pague un canon; es decir, información valiosísima y confidencial. ¿Y cómo se remata este complejo que debería tener un aire discreto donde conviven vistosos volúmenes de acero corten con más perímetros vallados que el Área 51? En efecto: con una torre, de altura moderada (65 m) eso sí, pero que, al estar en un alto, se ve a decenas de kilómetros de distancia. Se da la casualidad de que la torre de comunicaciones está coronada con un cartel luminoso con el símbolo de dicha entidad financiera, que parece una llamarada, por lo que popularmente se le conoce como «el ojo de Sauron» y se dice que se ve desde el despacho del propio Emilio Botín en el paseo Pereda de Santander. Los que estén familiarizados con la obra de Tolkien reconocerán que esto sí que es un símbolo de poder con todas las letras, por lo que no es extraño que haya más rascacielos con cierto parecido con la fortaleza de Mordor, como por ejemplo la Torre Bankia en Madrid (250 m), el Kingdom Centre en Riad (302 m) o el Centro Financiero Internacional de Shanghái (492 m), que cuentan con sendas aberturas en su coronación que parecen un ojo. De hecho, en el proyecto del rascacielos de Shanghái el agujero tenía forma circular recordando aún más a una pupila, pero se cambió a la forma trapecial actual porque «evocaba la bandera de Japón», según la versión oficial. Un nuevo caso para los amantes de lo conspiranoico. 

En todas partes cuecen habas y construyen rascacielos

Pero el ímpetu por llegar más alto no es un mal endémico de los países capitalistas, sino que también se dan casos tanto en Corea del Norte como en la antigua URSS. En Pyongyang se encuentra el Hotel Ryugyong que, con unos 330 metros de altura, es el edificio más alto del país. La construcción estuvo parada durante varios años debido a la escasez y restricciones que sufren las tierras del Amado Líder. Y es que, por la noche, apenas pueden iluminar las calles, pero ahí tienen un trípode colosal para que se alojen los pocos y controlados turistas que dejan atravesar sus fronteras. Un despilfarro. En cuanto a la URSS, una de las formas con las que Stalin quiso demostrar al mundo el poderío de su sistema político y económico fue la construcción de edificaciones de gran altura en las ciudades más importantes que estaban bajo su yugo y cuyo principal ejemplo son las llamadas Siete Hermanas que se levantaron en Moscú, también conocidas en algunos lugares como «la tarta de cumpleaños de Stalin» por sus formas pasteleras. Una de ellas, el edificio principal de la Universidad Estatal de Moscú (240 metros) fue el más alto de Europa durante casi cuarenta años hasta que fue desbancado por el Messeturm (257 m), de Frankfurt; otro simbolismo: un edificio universitario de un país comunista fue derrocado por un rascacielos alemán de oficinas cuya forma está inspirada en unas monedas apiladas. Por desgracia para los aficionados a las construcciones en altura, la URSS no emprendió una carrera por alcanzar cotas más altas que los norteamericanos, como sí sucedió en la industria aeroespacial. Por su parte, China hoy en día no es que sea un ejemplo de comunismo pero es una potencia mundial en rascacielos (4), lo que podría interpretarse como una causa o una consecuencia. Tal vez el ejemplo más descarnado del hambre por la verticalidad que tienen los chinos se produjo cuando un rascacielos fue demolido a mitad de las obras porque la promotora, exultante por sus estratosféricos beneficios, ¡quiso construir otro más grande en el mismo sitio!

Fotografía: Jimmy Baikovicius (CC).

Forma, sentido y verticalidad

Si le pide a un niño que dibuje un rascacielos, con seguridad habrá interiorizado el concepto y el resultado será similar al Empire State, o a las extintas Torres Gemelas si el chaval es minimalista. Pero, aunque los bloques prismáticos son la tipología más extendida, hay infinidad de propuestas construidas. Probablemente, el rascacielos más imaginativo sea el Burj Al Arab (321 m) en Dubái, cuyo perfil recuerda a un velero. Por si esto no fuera suficiente singularidad, se rumoreaba que en el interior del fenomenal atrio de este hotel, de colosales dimensiones, podían formarse nubes. Y para terminar de epatar, en su helipuerto, que se halla en un voladizo a más de 200 metros del suelo, han peloteado tenistas de primera línea. 

Desde el punto de vista estético, también existen rascacielos con un diseño… atrevido, como los pirulos que han plantado Foster y Jean Nouvel en Londres (30 St Mary Axe, 180 m de altura) y Barcelona (Torre Agbar, 145 m), respectivamente. Y quien dice pirulos, dice supositorios, balas, consoladores, pepinillos… o falos, en definitiva. Nouvel insiste en que se inspiró en la obra de Gaudí y en las montañas de los alrededores, pero apuesto a que, si le hacen un test de Rorschach con una mancha con la forma de la Torre Agbar, no serían esas las respuestas que daría. No obstante, los rascacielos en general son bastante paralelepipédicos, predecibles y aburridos. Quién sabe si Apple, que cambió la forma de escuchar y comprar música y revolucionó el mundo de los móviles y las tabletas, hará lo mismo con las sedes corporativas puesto que el edificio que les ha diseñado con este fin el ubicuo Foster tiene forma toroidal, como una rosquilla: hay quien piensa que nada mejor para derrocar ese símbolo del heteropatriarcado que son los rascacielos que «un agujero» (5), aunque los detractores de los productos de la manzana, que siempre esgrimen argumentos relativos a la virilidad, probablemente sientan reafirmados sus prejuicios.

Para finalizar, hasta ahora hemos estado hablando de edificios que son muestras del libertinaje de sus promotores, pero hay un rascacielos que provocó el libertinaje en las calles: el Edificio Fuller, más conocido popularmente como Edificio Flatiron, de 87 metros de altura, y uno de los rascacielos más antiguos de Nueva York (fue inaugurado en 1902). De bellísimo y audaz diseño, condicionado por la planta triangular del solar, parecida a una plancha (flatiron significa plancha en inglés), en función de la posición desde donde se mire su fachada parece un edificio laminar, una columna, un buque o un portentoso pene. Por si este último fuera poco motivo para escandalizar a la puritana sociedad neoyorquina de principios de siglo XX, la peculiar morfología del Flatiron provocaba un efecto en el viento bastante curioso ya que levantaba las largas faldas de las viandantes. Ante el riesgo de tumultos, la Policía municipal recibió órdenes estrictas de disolver a empujones a los voyeurs que merodeaban en espera de una ráfaga de aire picarona que saciara, aunque fuera momentáneamente, sus bajos instintos.


(1) No obstante, el Banco de Manhattan fue el edificio más alto del mundo durante poco más de un mes, el breve lapso que pasó entre su inauguración en abril de 1930 y la del más bello representante del art déco, el Edificio Chrysler, que tampoco ostentó el récord durante mucho tiempo puesto que en menos de un año abrió sus puertas el Empire State Building, de unos 443 metros de altura.

(2) Aunque puestos a buscar castigos divinos, profecías cumplidas y delirios nostradámicos, no faltaron quienes sacaron interpretaciones de ese calibre tras el atentado y caída de las torres del World Trade Center de Nueva York. También daría para mucho análisis simbólico el cambio de nombre del poético Torre de la Libertad al más prosaico One World Trade Center que recibe ahora la estructura principal de la Zona Cero.

(3) Hasta la inauguración del Burj Khalifa en 2010, el edificio más alto del mundo eran las Torres Petronas, de unos 452 metros de altura, que en el momento de escribir estas líneas también han sido superadas por las Torres de Abraj Al-Bait (unos 601 metros).

(4) China es una potencia mundial en rascacielos puesto que dieciséis de los cincuenta edificios más altos del mundo están en este país. Y subiendo.

(5) Hablando de agujeros y símbolos del heteropatriarcado, la Torre Iberdrola (165 m) de Bilbao resalta dentro del valle en el que se encuentra encajonada la capital vizcaína, también denominada cariñosamente Botxo (hoyo, agujero en euskera), por ese motivo. En ese caso, las reminiscencias fálicas se diluyen dado que la Torre Iberdrola, como elemento sobresaliente en el «agujero», guarda más similitudes con un clítoris que con un pene.


Teresa Sapey: «Los arquitectos no somos genios, nos equivocamos como cualquier otra persona»

Teresa Sapey para Jot Down 0

Cuando entras en el estudio de Teresa Sapey, (Cuneo, Italia, 1962) te encuentras una gran pantalla que proyecta videoinstalaciones, una pieza de Lego gigante y mullida que hace las veces de sofá, jarrones multicolores con la forma de una cabeza poliédrica y una estantería hecha de metacrilato y macarrones. Y es que Sapey es arquitecta e interiorista, pero también diseñadora e incluso cocinera.

Establecida en Madrid desde 1988, su salto a la popularidad se produce en 2005, cuando participa en el proyecto colectivo del hotel Puerta de América, junto a arquitectos de enorme reconocimiento como Jean Nouvel, Zaha Hadid o Norman Foster, encargándose de la planta de aparcamientos. Su vigorosa y colorida manera de entender unos espacios que, hasta ese momento, se consideraban secundarios, le labra una merecida fama y comienza a realizar proyectos de parkings por toda España, que se publican y publicitan por todo el mundo.

Sapey también tiene una extensa carrera en interiorismo y diseño, además de impartir clase en universidades de Italia y Canadá, así como en la Universidad Camilo José Cela de Madrid. Además ha publicado varios libros donde intenta transmitir su visión y su comprensión de la arquitectura, del espacio, del color, de la forma y hasta del mundo.

Si nuestra investigación es correcta, tu estudio era antes un tablao flamenco que reformaste. ¿Es cierto?

Famosísimo. El tablao flamenco. Tiene una historia, te la voy a contar porque es de esas cosas que merecen la pena en la vida.

Nosotros antes teníamos un estudio de arquitectura que estaba en un taller de coches, precioso, espectacular, con doble altura de diez metros… pero fíjate que me parecía un concepto de los ochenta o noventa, no de los dos mil. Además, cuando vino la crisis tuve que prescindir de mucha gente, y no hay nada peor que prescindir de gente por razones que no son personales ni profesionales, pero no te queda más remedio; entonces, el antiguo estudio se me quedó, por un lado grande y por el otro, me daba una pena como pegajosa entrar en ese espacio donde me lo había pasado tan bien y que me recordaba al pasado. Así que necesitaba un cambio, y también quería un cambio de barrio, porque el barrio donde estaba el antiguo estudio sufrió mucho con la crisis. La mayoría de los locales quedaron vacíos y era todo un poco depresivo.

Busqué durante mucho tiempo pero no encontré nada, había visto como cincuenta sitios en Madrid y ninguno me encajaba, pensé que me iba a tocar irme a una oficina pija, burguesa; algo que odio. Un día, de manera casual, pasé por esta zona, que a mí siempre me pareció una zona cara, casposa, triste y gris, pero me crucé con la puerta de este local. Enseguida me gustó la puertecita y encima había un cartel de «se alquila». El portero, que era listo, me vio y dijo: «pero si yo tengo la llave, si quieres te lo enseño». En el momento en que me abrió la puerta supe que este era el sitio. Me pareció alucinante, era abierto, diáfano… y el portero me dijo: «es que este era el tablao flamenco más famoso de Madrid. El Zambra». Tengo aún los tubos donde se colgaban los trajes.

Todo el mundo estuvo en Zambra, todo el mundo pecó en Zambra; aquí se ha bebido y se ha pecado como en ningún otro sitio. Fíjate que aquí fue donde ocurrió la historia entre Luis Miguel Dominguín y Ava Gardner. Aquí. Este sitio huele a pecado y a mí me gustan los sitios de pecadores. Ava Gardner se enamora locamente de Dominguín aquí; ella se alojaba en el Palace y tras esa primera noche en el Zambra, se van caminando al hotel un poco haciendo eses por las cosas del alcohol. A la mañana siguiente, Dominguín se levanta temprano, se viste rápidamente y, cuando le ve Ava Gardner le dice: «Pero ¿dónde vas tan temprano?» a lo que el torero le contesta: «Pues a contar que acabo de pasar la noche con Ava Gardner».

Eres arquitecta, pero también interiorista, y además diseñas mobiliario, lámparas, vasos, libros… ¿La arquitectura es todo? ¿Lo engloba todo?

Absolutamente. Hasta la ropa. Incluso, como arquitecto, yo pienso que el primer proyecto eres tú. Los trajes son arquitectura, arquitectura que te puedes poner. Hay arquitectura que penetra y arquitectura penetrante. La arquitectura penetrante es la que llevas en tu piel; cómo te vistes, cómo hablas, cómo te mueves.

Para mí, el arquitecto es un creador; no importa el tamaño del proyecto. Hay microarquitectura y maxiarquitectura. Desde la ciudad hasta la cuchara. Por ejemplo, yo no veo la diferencia entre espacio interior y espacio exterior. Hay un gran problema que he visto en España, que sucede cuando el arquitecto solo se ocupa del «edificio», no acaba el proyecto y el diseño interior lo hace otra persona. Y se cargan el proyecto. Los buenos proyectos son los que abarcan todo: el tirador, el zócalo, la luz, el mobiliario, el espacio. ¿Tú crees que Frank Lloyd Wright ponía a otra persona a hacer sus interiores? ¿Tú crees que [JaquesHerzog y [Pierre] De Meuron no acaban sus proyectos?

O Álvaro Siza, que diseña hasta el detalle de las carpinterías.

Exacto. Y eso para mí es la arquitectura. Han hecho óperas, montajes de teatro, tiendas, paquetería; lo que el cliente les pida.

Entonces, si el concepto es tan global, ¿crees que la arquitectura y el diseño afectan a los usuarios incluso de manera psicológica?

En España está sucediendo un problema enorme, porque no llega nada de diseño. Estamos empobreciendo la estética, y por tanto, el estado de ánimo del ciudadano. El ciudadano no deja de ser víctima de la crisis, pero no tiene ninguna culpa si quiere comprarse un sofá o una silla o una cocina y no tiene elección posible, no existen apenas productos, no puede comprar algo bonito porque nadie se lo ofrece. En Londres, en Berlín, en Ámsterdam… por supuesto en Milán São Paulo, Nueva York, tienen de todo; mientras que en Madrid no hay nada, es como un pueblo. Es tristísimo. En España han cerrado ocho mil tiendas de diseño y las que quedan tienen los restos de almacenes desde hace cuatro años. Si quieres algo chulo, o eres inteligente y compras on line o te coges un vuelo a Milán, que por suerte, es asequible con los vuelos low-cost, y lo compras allí.

¿Qué sucede? Pues que el ciudadano se ha «horterizado», se ha secado como una planta a la que no riegas. Viven mal porque estamos empobreciendo los hábitats de las personas. Estamos empobreciendo la cultura; solo queda Vitra, IKEA y dos tiendas más, apenas puedes comprar por catálogo.

En Barcelona la situación es un poco mejor, como siempre. Fíjate que hasta en Marbella hay mejor oferta que en Madrid.

Teresa Sapey para Jot Down 1

Y eso que Marbella es la Las Vegas española.

Pues por lo menos hay una tienda de Pedro Peña, que es muy bonita. Yo firmaría por tener un showroom de Pedro Peña en Madrid.

Además, no solo afectamos la psicología, sino que afectamos el bolsillo. Si tú consigues que una tienda aumente sus ventas gracias al diseño, estás favoreciendo el bolsillo de tu cliente. Cuando hicimos el proyecto de la tienda de Custo en la calle Claudio Coello, el local era uno de los locales más gafados de Madrid, había cambiado cinco veces de dueño en cinco años. Con una pequeña reforma la tienda fue récord de ventas en Europa.

Cuando Gallardón me encargó el proyecto de la iluminación de la calle Serrano, me dijo que quería aumentar las ventas de las tiendas de la calle. Quería difundir un espíritu navideño ateo y apolítico, porque el verdadero objetivo de la iluminación navideña es hacer que la gente entre en las tiendas y compre. El proyecto de arquitectura tiene mucha más responsabilidad, aparte de la estética y funcional. Si un hotel que has reformado, como hicimos con el Room Mate Pau de Barcelona, sube la ocupación al 100%, entonces tomas ese éxito como tuyo al menos en parte, porque la cadena hotelera ya existía, el hotel ya existía. Eres tú con tu creatividad quien cambia la ocupación del hotel.

Este estudio no es la única vez que diseñas para ti misma. Una de tus obras es la reforma para el apartamento en Sestriere, que la haces para ti. Tú eres la arquitecta y la clienta. ¿Hay diferencia entre diseñar para un usuario externo y hacerlo para uno mismo? ¿Eres muy exigente contigo misma?

Soy muy exigente, sí, pero al mismo tiempo, «en casa del herrero, cuchillo de palo», porque fíjate, ahora mismo estoy viviendo en un hotel, el Puerta de América, en una suite de Mark Newson que me parece la pera. Porque no quiero quemar mi energía, no quiero perder tiempo con la nevera que no funciona, con el portero, con la basura; porque en este momento mi trabajo exige muchísimo de mí y estoy dando el máximo, y necesito mi creatividad y mi disponibilidad al 100%, veinticuatro horas al día. Porque creo firmemente en mi profesión. Y si no funciona, me haré pintora, cocinera o jugadora de bridge [risas].

En cuanto a lo de Sestriere, tiene una historia que te voy a contar. El edificio fue premio de arquitectura italiana en 1985; el proyecto estrella de [Roberto] Gabetti e [Aimaro] Isola, arquitectos famosísimos en Turín y en toda Italia, verdaderamente espectaculares. Pues el caso es que Gabetti estaba casado con la tía de una compañera mía del colegio, que era descendiente, ni más ni menos que del rey Vittorio Emanuele. Cuando yo era pequeña, me iba con mi amiga a jugar al castillo de Vittorio Emanuele y corríamos y saltábamos por ahí como locas, y el pobre Gabetti estaba histérico. Pasaron los años y cuando hice el examen de estado para la autorización de arquitecto, ¿quién me tocó como presidente de la comisión?: Gabetti [risas]. Yo estaba muerta de miedo, me acordaba de las trastadas que había hecho de pequeña y pensaba «no puede ser». Cuando me toca la prueba oral, Gabetti me pregunta: «Señorita Sapey, ¿me puede describir un sistema de saneamiento?». Salí del paso como buenamente pude, así que Gabetti me mira y me dice: «Señorita Sapey, dibuja usted muy bien, pero le hacen falta unas botas de goma; le falta ir un poco más a la obra».

Segunda parte de la historia: mi mejor amiga de la universidad era de la familia de los dueños y constructores del edificio de Sestriere. Así que Gabetti hizo el proyecto para la familia de mi amiga Donata. El edificio era modernísimo, se entraba por arriba y se bajaba hacia las viviendas, tenía tiendas, un club, un restaurante… era precioso, espacial. Los constructores se guardaron los últimos pisos, los más bonitos; pero al cabo de quince años querían venderlos. Así que me llamó mi amiga Donata y me dijo: «Teresa, vendemos los últimos pisos de Sestriere. Por favor, cómprate uno». Y me compré uno, porque para mí significaba comprar arquitectura, pero también comprar historia, comprar mi pasado.

Tu vida, casi.

Claro, mi vida. Y sí, soy exigente, pero cuando entré en ese piso, por ejemplo, no cambié el color de las carpinterías, de las ventanas o las puertas, porque para mí, eso formaba parte del alma del edificio. Estaba respirando el alma de la arquitectura; yo quería respetar a Gabetti e Isola lo máximo posible.

A lo mejor, si el edificio no tuviese ese ambiente o esa historia detrás podrías haberlo cambiado más.

Claro, pero no podía, no lo hice. Para que entiendas lo exigente que fui conmigo; tardé dos años en hacer ese proyecto, porque quise encontrar cosas relacionadas con la montaña, y además tenían que ser muy baratas. Quise respetar los ochenta, los ochenta y cinco, y rebuscando encontré dos sofás que retapicé con lona de saco, dos sillas de la Baviera, espectaculares, del siglo XVIII pero modernísimas. Lo hice con muchísimo cariño.

Cuando los arquitectos nos enfrentamos a nuestro primer proyecto, intentamos meter todo lo aprendido en la carrera: colores, espacio doble, curvas, giros. Todo. ¿Recuerdas cómo fue tu primer proyecto?

Perfectamente, fue para la secretaria de mi padre, que era una chica de campo y quería construir una ampliación de su casa en el pueblo. En una casita de pueblo total, de campo. Como no podía pagar el proyecto en dinero, me pagaba en trufas.

Casi salías ganando al cambio.

Pues sí porque son carísimas. La chica entrenaba perros para encontrar trufas y mis honorarios eran trufas. Y yo encantadísima, porque cada fin de semana me invitaban a comer, yo comía estupendamente y además me regalaban una trufa blanca.

¿Hay algún proyecto tuyo que consideres tu preferido?

Pues ahora te diría que el parking del Puerta de América, porque lo veo todos los días y me encanta. También me siento muy contenta con la iluminación de la calle Serrano porque la gente se para, lo fotografía, me manda las fotos a mí… En general los que me gustan más son los últimos, porque los últimos son donde das el máximo; hay una evolución y tú sabes que es donde más te has esforzado. Aunque también hay otros con los que no estoy tan contenta.

Teresa Sapey para Jot Down 2

¿Tienes alguno del que te arrepientas de alguna manera?

No especialmente, aunque hay algunos que quieres que se acaben y ya. Cobras, los cierras y te olvidas. No los publicas.

Tanto en los que te gustan como en los que te gustan menos, ¿qué elementos en común crees que tienen tus obras, si los tienen? ¿Crees que hay un «estilo Sapey»?

Creo que sí. Piensa que yo también estudié Bellas Artes, así que para mí, el espacio es un lienzo. Soy una persona plástica y juego principalmente con dos elementos: la luz que es una materia y el color, que también es materia. Incluso el blanco es materia.

¿Y dirías que ese estilo muestra algo sobre ti misma, de ti como persona?

Estoy segurísima, porque al final nosotros escribimos nuestra vida personal a través del espacio. El espacio que proyecto es mi diario, y refleja mi vida, mi experiencia, mi cultura. ¿Cómo? Imagino que en cada proyecto es distinto, pero siempre reflejas lo que eres. Y yo uso el mundo para inspirarme.

Acabas de decir que te sientes más orgullosa de tus últimos proyectos. ¿Cómo crees que has evolucionado a lo largo de tu carrera?

Por ejemplo, ahora ya no tengo miedo de ser un poco barroca o cursi; antes pensaba que el arquitecto tenía que ser superminimal y limpio. Con los años me dado cuenta que hay ornamentos que son superfluos, si quieres citar a Adolf Loos, pero también hay ornamentos que son arquitectura pura, espacio. No son superfluos, son parte de la arquitectura, del volumen.

Y me ha pasado lo mismo con el color; antes me daba miedo el color y ahora quiero que la arquitectura sea cálida, exuberante, sexy y erótica. Ya no me da miedo; ¿que no te gusto? Pues hay otros arquitectos. Es como la moda; si eres Prada, no eres Chanel o Armani. Si te gusta Herzog y De Meuron, no te puede gustar Álvaro Siza.

A lo mejor te pueden gustar ambos, pero otra cosa es que quieras o necesites uno o el otro para un determinado proyecto.

Exacto. Una cosa es que te gusten ambos pero en algún momento tienes que elegir a quién le encargarías tu proyecto. Y entonces tendrás que decidir, ¿quién quieres que te haga tu proyecto? ¿Tadao Ando, David Chipperfield, Zaha Hadid…?

¿Dónde te inspiras? ¿Qué lees? ¿Cómo te mantienes actualizada?

Primero debo hacer una confesión: me he hecho una iPadadicta. Es mi amor, vivo con él, duermo al lado de él. Es mi vida el iPad: es ligero, no ocupa mucho, no fastidia, es un supercompañero… y casi todo lo leo en el iPad. Leo cosas muy específicas, revistas de arquitectura y diseño como Domus, Frame o Dezeen, que me encantan; también leo blogs de arte. Mezclo mucho el arte con la arquitectura.

Y también leo periódicos, claro… El País, La Stampa… Internazionale. Me gusta muchísimo Internazionale, muchísimo.

¿Y todo te inspira? ¿Incluso lo que no es específicamente artístico o arquitectónico?

Todo me inspira, me inspira muchísimo, porque me doy cuenta de cómo va el mundo, de lo que pasa en el mundo. A mi manera, un poco abstracta e irreal, pero es que yo soy abstracta e irreal. ¿Y qué?

Todos somos un poco abstractos e irreales.

Claro, fíjate que yo en un momento tuve miedo de no poder seguir siendo arquitecta, me lo planteé. Pero de momento estoy. Sí, ahora tengo pocos proyectos aquí y esto se ha convertido en un laboratorio de creación y exportación; exportamos creatividad. Ahora estamos en Bogotá, en Londres y en Rotterdam, fíjate.

¿Tienes algún arquitecto o artista o diseñador a quien admires especialmente, que te inspire?

Sí: adoro a Patricia Urquiola. Soy una tremenda fan suya, es mi ídolo, me encanta. También Marina Abramovic, Cristina Iglesias… fíjate, todo mujeres.

¿Hay algún espacio, edificio, algún lugar que consideres tu preferido? ¿Que tenga especial importancia para ti como arquitecta?

Pompeya me cambió la vida, cuando visité Pompeya me cambió la vida. Y también Villa Poppaea, la casa de la mujer de Nerón en Torre Annunziata, la visité el año pasado y me temblaban las manos y las piernas; en las paredes estaba Sol Lewitt. Había rayas blancas y negras cruzadas sobre todas las paredes. Era Sol Lewitt en el siglo I antes de Cristo. Me dije: ¿Qué hemos hecho? No hemos hecho nada, ya estaba ahí hace dos mil años.

Teresa Sapey para Jot Down 3

Vamos a hablar de aparcamientos, algo por lo que eres especialmente conocida en la actualidad ¿Es cierto que te llaman Madame Parking?

Sí. [Sonríe]

¿Quién te lo llamó por primera vez?

Fue Jean Nouvel. Cuando hicimos el hotel Puerta de América no me conocía nadie y nunca nadie había hecho un aparcamiento, así que me dieron el apodo de Madame Parking. La verdad es que a mí me encanta, me siento muy identificada.

Es bonito, parece el nombre de una superheroína de cómic.

Sí, es de cómic, es muy bonito. Todo el mundo estaba alucinado con la idea de hacer un parking de diseño. Yo misma nunca lo había hecho, yo quería encontrar un espacio de proyecto, y nadie había pensado en hacer un parking de diseño.

Cuéntanos cómo entraste en el proyecto del Puerta de América.

Justamente hablando con Pablo Couto, director general y consejero de Hoteles Silken, me dijo que no quedaba ni un metro cuadrado para dar a ningún arquitecto. Nada, ni el ascensor de servicio, me dijo. Y yo le pregunté: «¿y el parking?»; y se quedó alucinado. Nunca había visto un parking de diseño.

Cuando le presenté el proyecto en Vitoria, sonó el teléfono y era Frank Gehry, que para mí es el gran arquitecto de nuestro tiempo, para preguntar si podía participar en el proyecto y Couto le dijo: «ahora sí que no hay nada, ni el parking».

Es verdad, Gehry es de los pocos arquitectos-estrella que no participan en el Puerta de América. Casi hubiera sido preferible que no estuvieran Victorio y Lucchino y hubiesen dejado sitio a Gehry, ¿no crees?

Seguramente, pero piensa que Victorio y Lucchino eran gente de la casa, y hay una ética de amistad. Por otro lado, la planta de Victorio y Lucchino ya no existe en el hotel, la cambiaron.

Yo creo que el Puerta de América es un cambio epocal: es un edificio en el que participan dieciocho arquitectos, y dieciocho arquitectos hacen el mismo proyecto de dieciocho maneras diferentes. Es un museo de la arquitectura. Me parece precioso. Mucha gente lo ha criticado pero no, es un proyecto genial.

¿Trabajabais coordinados o cada arquitecto se comportaba de manera independiente?

Todo independiente. No podíamos ni ver los proyectos de los demás, estaba totalmente prohibido. Nadie vio lo que proponían los demás, nadie. Secreto total.

Tras el Puerta de América comienzas a hacer aparcamientos. ¿Cómo son tus objetivos cuando te enfrentas a espacios que se suelen considerar tradicionalmente oscuros o secundarios?

Sí, se consideraban no-espacios. Pues me parece un grandísimo challenge, una oportunidad para dar vida a un espacio muerto. Desde allí, yo empecé reflexionar sobre la arquitectura moderna, y me di cuenta de que, sin querer, en nuestra sociedad habíamos inventado muchísimos espacios de paso. Y nos pasábamos mucho tiempo de nuestra vida en estos espacios de paso, pero no habíamos dado ninguna emoción o cariño a esos espacios. Es un poco lo que pasó con las industrias o las fábricas; se consideraban solo espacios para trabajar, pero cuando nos dimos cuenta de que pasábamos años y años dentro, empezamos a darle cariño y a diseñar los espacios de trabajo.

Pues estos son los espacios de paso de nuestra era, una era posindustrial, una era tecnológica. Tenemos los aeropuertos, el metro, los túneles, los aparcamientos… todos estos son espacios de nuestra época.

Además, es que el coche se tiene en cuenta desde el Movimiento Moderno.

Las primeras casas con parking las hace Le Corbusier. Jean Prouvé hace las primeras casas modulares con aparcamientos. Y sin embargo, hasta la actualidad, nadie se ha interesado por los espacios del coche; el coche se considera un elemento de poder, de símbolo de estatus, de símbolo de virilidad, de rapidez. Pero luego el coche se tiraba en un sitio donde nadie iba a verlo, a visitarlo.

Cuando la gente empieza a coleccionar coches es cuando se empieza a tener en cuenta el parking, el espacio donde se guardan los coches.

Como un museo de ese objeto tan bonito que es el coche.

Claro, entonces empecé a interesarme en estos espacios, estos proyectos de aparcamiento, que me parecen fascinantes. Además, es que hay mucho trabajo, pero fíjate cómo se siguen entendiendo estos espacios; yo tenía un concurso presentado y ganado para un parking en Barcelona. Hecho el proyecto y entregado, la constructora lo anuló porque tenía miedo de que diese una imagen de gasto superfluo en Barcelona.

O sea, que pensaban que dar vida a un parking era un gasto superfluo. Preferían que se siguiese entendiendo como un espacio secundario.

Tenían miedo de que, en este momento de crisis y de recortes, el aparcamiento diese imagen de gasto superfluo.

Tampoco es que el gasto de cambiar el aspecto de un aparcamiento sea tan elevado.

Justamente ese es el problema, que es un gasto muy pequeño pero tiene una enorme visibilidad; y no querían que esa visibilidad fuese negativa. Fíjate lo que te voy a contar, cómo se entiende este cambio cultural; yo diseño la luz de Navidad de la calle Serrano de manera modular, se puede cambiar la disposición como queramos sin gastar nada. Pues me dijeron desde el Ayuntamiento de Madrid: «ni se te ocurra cambiar nada porque tenemos miedo de que alguien piense que hemos gastado de más». Y ahí lleva cinco años exactamente igual que el primer día, y eso que yo la había diseñado para poder cambiarla.

Teresa Sapey para Jot Down 4

En los parkings, aparte del color, sueles usar la palabra escrita, el texto.

Sí, es verdad, en el del Puerta de América o en el de Vázquez de Mella, donde hay un texto de Dante.

¿Cuál es tu intención a la hora de poner esos textos? O sea, no es estrictamente arquitectónico, ¿no?

Te voy a contar varias cosas. Primero, yo veo los parkings como espacios un poco parecidos a IKEA: tú entras y da igual lo rápido que aparques porque siempre vas a tener que hacer un recorrido. Ya sabes que en IKEA estás obligado a pasar por toda la tienda antes de llegar a las cajas; pues los parkings tienen exactamente el mismo concepto espacial. No puedes entrar y salir del parking así como así, tienes un tiempo. Pues en este tiempo yo puedo cultivarte, puedo hacerte discípulo mío. En ese espacio y durante ese tiempo yo puedo comunicarte lo que me dé la gana: política, sociedad, cultura, arte… lo que quiera. Te puedo hacer una campaña. Tu paseo del parking puede durar diez minutos o tres, pero siempre vas a tener que hacerlo. Si en ese paseo cambias el paisaje, el recorrido va ser mucho más agradable para ti: no te vas a dar cuenta de que estás en un subterráneo, en un sitio oscuro. Al revés, puedes aprender de arte, de literatura, puedo subirte la moral, puedo ponerte de buen humor o de mal humor. Te puedo emocionar.

En cuanto al grafismo; piensa que cuando yo estudié arquitectura me formé tanto con el futurismo de Marinetti como con la Bauhaus. Y la Bauhaus es la que dice que todas las artes son iguales. Yo soy hija de esta época. Por ejemplo, Gianfranco Ferré era arquitecto pero luego se convirtió en modista. La moda, el teatro, la pintura, la música, las artes gráficas, la cerámica, todas tienen importancia. La primera vez que la moda tiene reconocimiento museográfico es en nuestro siglo, antes era un arte menor.

O la tipografía.

Claro, para mí, la tipografía es parte de nuestra profesión. Es que el arquitecto se tiene que ocupar de todo. La señalética, la gráfica que hemos hecho para el hotel Pau de Barcelona es en sí misma un proyecto de arquitectura; tanto como lo puede ser el baño, la estructura, el volumen o la fachada.

Hablando de diseño y de esas otras artes que no son arquitectura. ¿Has pensado alguna vez en tu camino hacia el mundo del diseño como una salida a la crisis de la construcción? ¿Te has reinventado?

Creo que no, no he tenido tiempo. Este cambio lo que me ha hecho es no poder elegir los proyectos que entraban en el estudio. Antes podía hacer una elección, podía decir que no a algunos, ahora, con la disminución de trabajo, tengo que decir que sí a todo.

Pero lo haces con la misma energía y dedicación.

Por supuesto, los proyectos son muy buenos. Diría que los proyectos que tengo ahora son de mucha mejor calidad, e incluso más grandes. Con todo, el concepto de estudio también ha cambiado; ahora es como una nube. Teniendo proyectos en Londres, en Rotterdam o en Bogotá necesito asociados en cada ciudad, pero la calidad de proyecto en sí seguramente ha mejorado.

El hecho de hacer diseño me parece estupendo. Me gustaría hacer más diseño, porque me encanta el diseño y me encanta tener objetos en producción. El problema es que la industria en España no parece apostar por ello, pero me gusta mucho el diseño, qué pena que no esté haciendo más diseño.

Lo que no me gusta es quejarme de una situación en la que estoy; si no me gustase la situación, dejaría de ser arquitecta. ¿Que hemos bajado los honorarios? Sí, ¿y qué?

Pero no todo el mundo lo ve así, ¿cómo convencerías a los arquitectos o a los estudiantes que ven tan negro el futuro de la profesión?

Primero, no pueden ver negro el futuro de una profesión que siempre será útil a la sociedad. Y segundo, que se espabilen ya. Que aprendan inglés, que viajen; hay muchos países donde hay trabajo. Incluso hablando español; medio mundo habla español. Tampoco hay que estar en España, eso es un poco cateto. En China, en la India, en África, en Sudamérica hay trabajo. El mundo es redondo, tiene 360 grados, no hay que quedarse en el pueblo. Y por último, hay arquitectos que son arquitectos como si fuesen médicos: todo o nada. Y tú puedes ser arquitecto y ser crítico, divulgador, especialista en energías renovables, instalaciones, certificaciones, nuevos materiales… no todo es crear. Y si quieres ser creativo, inventa; pero inventa tu profesión, inventa una nueva profesión.

Tú misma viniste a España desde tu Italia natal con la carrera recién terminada. ¿Cómo fueron esos primeros momentos en nuestro país?

Fue muy duro. Si la gente cree que es duro ahora, tendrían que haber emigrado cuando llegué yo a España. Me denegaron el permiso de residencia y tuve que hacer un recurso al Estado español y lo gané. Me costó varios meses colegiarme en el Colegio de Arquitectos. Además, es que no tenía nada de trabajo, cero.

Yo venía de París, donde había trabajado con Alberto Pinto, el estudio más de moda en París; con Jaques García, que era un estudio importantísimo, con cuarenta personas. Cuando llegué aquí, nada; no encontraba ni parmesano. Llevaba la maleta como un emigrante. Telefónica tardó meses en ponerme la línea. Fue muy duro.

Entonces empecé a trabajar con Rafael de La-Hoz, un estudio muy bueno, muy grande. A partir de ahí ya pude comprarme una casa, me quedé embarazada de mellizos y sí, pude empezar a hacer mis proyectos. Pero tuve años muy muy duros, con muy poco trabajo. Fue durísimo.

¿Dirías que ahora es más fácil empezar a trabajar en otro país?

Sí, claro. Es mucho más fácil ahora, es mucho más fácil darse a conocer. En mi época no había ni blogs ni internet ni nada; la gente te conocía porque te hablaba. Ahora hay un mundo en el que tú te puedes dar a conocer muy rápido, es otro universo. Si existe el networking, conviértete en netcreative, en netarchitect.

Teresa Sapey para Jot Down 5

Se dice que la arquitectura es muy vocacional, y sin embargo hay muchas sagas. Muchos hijos de nietos de arquitectos.

Pues fíjate, mi hija estudia arquitectura pero no le interesa tanto ser arquitecta. Ella quiere ser escritora, crítica o divulgadora de arquitectura. Eso sí, mis dos hijos han mamado el mundo del arte y como decía mi hijo: «lo único de lo que se habla en nuestra casa es de estética». Entonces claro, mis hijos están cerca del arte; van a exposiciones, conocen objetos, edificios, detalles, artistas, arquitectos.

Lo han respirado.

Cuando iban a casa de algún amigo, yo les preguntaba: «¿Cómo es su casa?», y ellos me contestaban: «Es muy bonita mamá, pero a ti no te gustaría» [risas]. Dicho esto, creo que ninguno de mis hijos ha heredado la creatividad plástica que tengo yo. Ellos son creativos de otra forma, pero yo soy más plástica y creo que lo soy desde muy pequeña, casi desde recién nacida, así que quizá sí es vocacional.

Hace unas semanas, nuestra compañera Patricia Mato-Mora escribía un artículo sobre la supuestamente llamada arquitectura femenina en el que recogía intervenciones más pequeñas y delicadas, a veces mínimas, a veces efímeras; y cómo los estudios de arquitectura donde había planteado un trabajo similar lo habían calificado como arquitectura femenina. ¿Existe la arquitectura femenina?

Sí. Y qué bonito. Seguramente serían estudios convencionales, donde lo que se busca es una arquitectura unisex. Pero sí que existe una arquitectura femenina, porque existe una sensibilidad femenina.

Las mujeres tienen una sensibilidad distinta que esencialmente es más práctica. Saben utilizar mejor las casas. También hay hombres femeninos y mujeres masculinas, pero creo que sí existe una sensibilidad arquitectónica absolutamente femenina. La arquitectura de Zaha Hadid es como ella, es un autorretrato. Kazuyo Sejima; sus obras son ella, están como de puntillas. Carme Pinós, Patricia Urquiola… trabajan como son ellas.

¿Has tenido algún problema en tu trabajo por el hecho de ser mujer?

Pues sí, supongo que sí, aunque también he tenido alguna ventaja. Por ejemplo, no puedo trabajar en ciertos países árabes por el hecho de ser mujer, Argelia, Arabia… Quizás también he tenido límites con determinados contratos a los que no he tenido acceso por ser una mujer pequeña, con mi fisionomía… a lo mejor a la hora de encargarme un aeropuerto se lo han pensado dos veces. Pero creo que no pasa absolutamente nada, haré otros proyectos. Tengo unos límites que son distintos a los que tienen otras personas. Puede que quien tiene un proyecto de aeropuerto no tenga los proyectos de casas que tengo yo, o las sillas o el diseño.

¿Ha cambiado el trato hacia las arquitectas en estos treinta años de carrera que llevas?

No sabría decirte. Yo nunca he tenido la sensación de que se me tratase distinto por ser mujer y no he tenido ningún problema nunca. Siempre me han tratado igual y me he comportado igual.

Eso sí, la arquitectura es una profesión que requiere mucho estudio, pero también mucha práctica, constante, absorbente. Y eso es muy duro para las mujeres. Si quieres hacer arquitectura al pie del cañón, con las botas de goma, tienes que trabajar veinticuatro horas al día, sábado y domingo, trescientos sesenta y cinco días al año.

¿Y respecto a la familia?

Por eso lo digo. Es una tragedia, mira qué familia tengo yo, que vivo en un hotel. No puedes tener familia. Es una profesión antifamilia y antipareja, porque tú estás trabajando como una loca; con crisis, sin crisis. Tienes que atender a clientes, vives en hoteles, en trenes, en aviones. Estás siempre con concursos, que ganas, que pierdes, que ganas, que pierdes. Con un estrés constante siempre, con una responsabilidad enorme siempre. Es una tragedia todo, es una profesión para gente sin familia. Date cuenta de cuántos arquitectos se han separado y se han vuelto a juntar treinta veces. No existen arquitectas buenas con una vida privada de verdad, con hijos y los fines de semana libres.

Es que no puedes, yo trabajo todos los fines de semana. No puedes tener una familia cuando un fin de semana estás en Londres, otro en Dubái y el otro estás trabajando en el estudio.

¿Y eso no es una desventaja respecto a los hombres? Porque el rol del hombre en la sociedad parece que sí le permite «pasar» un poco de la familia.

Sí es una desventaja, pero creo que la responsabilidad es la misma, y la situación familiar nunca es normal.

Vamos a hablar un poco de otra faceta que desarrollas. Has escrito varios libros y das clase en la universidad. ¿Cuál crees que es la labor de los arquitectos como divulgadores de nuestro trabajo y nuestro pensamiento?

Se me ocurre una frase del escritor piamontés Cesare Pavese. Tras su suicidio, se encontró una nota escrita a lápiz que decía: «Perdonadme y os perdonaré». Los arquitectos no somos genios, nos equivocamos como cualquier otra persona, somos personas normales en el mundo; perdonadnos si nos hemos equivocado en algún proyecto. Perdonadme si he hecho algo mal, lo he hecho con la mejor intención, pero soy humano y tengo mis límites. Un catedrático de universidad me dijo una vez algo que me pareció espantoso: «Hay muy pocos arquitectos que no hayan metido la pata alguna vez en su carrera profesional».

No creo que haya ninguno.

Sí, te voy a decir uno: [Konstantin] Melnikov. Apenas construyó su casa y luego se enfadó con el poder y decidió no volver a construir. Si construyes dos edificios seguro que no te equivocas. Le Corbusier, Wright, todos ¿tú crees que todo lo que construyeron era publicable?

¿Crees que, a menudo, los arquitectos hablamos y escribimos solo para arquitectos?

Ha habido un tipo de arquitecto que hablaba solo para arquitectos, pero eran arquitectos que no han construido ni una casita de perro, y esos no me interesan. Son pensadores de arquitectura. Hablan de arquitectura, no hacen arquitectura. Pero hay dos categorías; el que escribe encantado sobre arquitectura y el que lo hace frustrado porque le gustaría haber construido, le gustaría ser arquitecto de verdad. Y estos vienen con el colmillo retorcido, siempre dispuestos a sacar lo malo. A mí no me importa; que hablen de mí aunque lo hagan mal.

Sapone Sapey y Sapore Sapey son probablemente tus libros más conocidos y quizá los más interesantes, porque no son libros estrictamente para arquitectos. ¿Los pensaste desde el principio así?

Es justo lo que quería hacer. Un objeto de deseo, una cosa fácil, con pocas palabras y muy visual, porque la gente ahora no lee nada. Es exactamente el resultado que buscaba.

Un poco como las redes sociales, donde los mensajes son cada vez más cortos y cada vez más visuales.

Creo que estamos volviendo un poco a los jeroglíficos [risas]. Somos escritores de imágenes.

¿Y crees que hay un camino para los arquitectos en las nuevas tecnologías? ¿En las redes sociales? ¿En la comunicación?

Evidentemente. En los blogs, en las webs, en las páginas de diseño. Es un camino interesantísimo. Que se espabilen todos los que se quejan, porque el camino está ahí mismo.

Eres buena cocinera y te gusta cocinar. De hecho, en Sapore Sapey estableces relaciones entre la cocina y el diseño. ¿Cuáles son estas relaciones? ¿Tienes alguna relación que te guste especialmente entre la cocina y la arquitectura?

Pues por ejemplo, este verano, mi hija y yo hemos reescrito el libro de recetas de la familia y he hecho todos los dibujos con el iPad.

¿Tenéis un libro de recetas de la familia?

Sí, es muy divertido. Mira, la cocina tiene ingredientes, como la arquitectura. Y aunque la cocina suele tener ingredientes más variados que la arquitectura, la cocina italiana casi siempre se basa en la harina, el huevo, agua, aceite, tomate…en el momento en el que sabes cuantificar y mezclar estos mismos ingredientes de diferentes maneras, obtienes recetas diferentes. Pues la arquitectura es un poco igual. Tiene casi siempre los mismos materiales: hormigón, madera, acero, vidrio…y es como mezcles, cuantifiques y combines esos materiales, como obtienes distintas arquitecturas.

¿Tienes alguna receta preferida?

Tengo varias, la mermelada de naranja amarga; el risotto, que es mi plato estrella, con tomate, albahaca y aceite de trufa. Y también la crostata, que es la tarta de la familia y me gusta lo que no está escrito. Me la puedo comer entera.

¿Le metes algún tipo de creatividad plástica a tus recetas, o son tradicionales?

Seguramente le pongo alguna cosa especial, porque no soy capaz de no ser plástica, pero si lo hago, no me doy cuenta.

Eres arquitecta, diseñadora, escribes, cocinas… ¿Qué crees que te falta por hacer?

Me gustaría diseñar una bodega de vino. Me gustaría diseñar el parking para un coleccionista de coches, para un coleccionista privado, como un museo de coches. Y también me gustaría diseñar algo con proyecciones, con videoarte, que me gusta muchísimo. Creo que es el camino; el espacio sin construcción. Claro que también me gustaría que me encargasen una vajilla, toda una línea de cocina. O incluso una forma de pasta; unos maccheroni diferentes o unos fusilli diferentes.

Teresa Sapey para Jot Down 6

Fotografía: Guadalupe de la Vallina


Arquitectura milagrosa

Arquitectura milagrosa. Hazañas de los arquitectos estrella en la España del Guggenheim
Llàtzer Moix
Editorial Anagrama, 2010

Museo Guggenheim de Bilbao solo hay uno (aunque no lo parezca), pero en los últimos 15 años, que son los que lleva abierto el edificio de Frank Gehry, numerosas ciudades españolas quisieron clonar el modelo: crear una gran obra arquitectónica como emblema urbano que atrajera masas de turistas. Había dinero, había trabajo y había políticos con ganas de tener su propio Guggenheim a toda costa. Y para ello, entregaron el dinero de las arcas públicas a arquitectos estrella, una práctica con tantas garantías de éxito como dar dos pistolas a un chimpancé. Aunque depende de lo que cada cual considere éxito, claro está. Este es el punto de partida del libro (el efecto Guggenheim, no los simios armados), en el que se hace un recorrido por la burbuja de arquitectura singular que asoló la geografía española, con inevitables paradas en Valencia (Ciudad de las Artes y las Ciencias), Santiago de Compostela (Ciudad de la Cultura), Barcelona (Fórum), Zaragoza (Expo 2008), etc. en donde los nombres de Herzog & De Meuron, Peter Eisenman, Zaha Hadid o Jean Nouvel se utilizaron de escaparate (tanto o más llamativo que la propia obra construida) internacional.

Es bastante curioso el caso del museo de Gehry. Era un edificio que muy pocos querían, tanto por el enorme desembolso que supuso (cuando Bilbao tenía otras necesidades en apariencia más prioritarias) como porque muchos pensaban que no era buena idea la construcción de un contenedor de arte en el que iba a primar lo de fuera y donde además no se tenía el control (ni la propiedad) sobre las colecciones que se iban a exponer. Pero la transformación de Bilbao estaba lanzada además del Guggenheim, como nos dijo su alcalde Iñaki Azkuna, desde un red de metro con estaciones diseñadas por Norman Foster, junto con otras edificaciones singulares (el Palacio Euskalduna, la rehabilitación del Museo de Bellas Artes, la Alhóndiga…) pero sin dejar de lado la importante regeneración ambiental del entorno del Nervión, por aquel entonces conocido cariñosamente por algunos como Río Chocolate, por la textura, que no el olor. Este fue un detalle que se escapó voluntaria o involuntariamente a los políticos que intentaron repetir en sus dominios el efecto Guggenheim: no fue solo el edificio, la ciudad tenía claro hacia dónde quería ir; no plantaron una coliflor metálica pegada a la ría y les sonó la flauta por casualidad.

Ya han pasado un par de años desde la publicación de Arquitectura milagrosa, pero su vigencia es total a día de hoy como prueba documental sobre la desgracia que es tener en el poder a políticos inconscientes, envidiosos, cortoplacistas y esclavos de las apariencias y del qué dirán (y que, desgraciadamente, son un reflejo de la sociedad que les vota). Aunque también se repasan iniciativas privadas como por ejemplo la euforia constructiva de los bodegueros o el Cuatro Torres Business Area de Madrid, se tratan de eso mismo: iniciativas privadas, allá ellos con sus gastos. Lo que resulta realmente vergonzoso es utilizar dinero público para medrar. Y eso es lo que nos cuenta Moix a través de las crónicas de sus visitas a varias ciudades y entrevistas a distintos protagonistas, con un lenguaje claro alejado de tecnicismos arquitectónicos que por lo general son disuasorios para muchos lectores.

Especialmente llamativos son los trapos sucios que esconden opacos concursos públicos que son capaces de otorgar el primer premio a un edificio de planta cuadrada y, cuando se construye, resulta que este es triangular. No hace falta saber mucho de geometría para entender que algo no encaja. O en otros casos, en los que el pliego del concurso podía llegar a ser tan restrictivo en el acceso de los participantes como sugerir que los concursantes debían haber ganado el Pritzker, el galardón más reconocido en el mundo de la arquitectura. Para hacernos una idea, es como si en los Oscars solo se permitiera concursar a películas que estuvieran dirigidas por ganadores del premio de la Academia. Todo por tener una firma de prestigio. Y esa exclusividad se pagaba a un precio muy alto, aunque daba lugar a divertidas situaciones fruto de la excentricidad de las supervedettes de la arquitectura; sin poner nombres, cito algunos casos que se recogen en el libro: en cierta obra, la mayor discusión se produjo a raíz de la desaparición del casco negro del arquitecto, un objeto imprescindible para el desarrollo de los trabajos porque hacía juego con su habitual indumentaria de luto. En otra ocasión, a otra estrella se le adjudicó un concurso, redactó el proyecto y dirigió la construcción, pero en todo ese tiempo solo pisó tres veces la ciudad donde se ubicaba la obra. Y por último, otro arquitecto tuvo que ser preguntado si en el precio de una maqueta había incluido por error un cero de más…

… bueno, este último caso creo que es bastante fácil de adivinar. Los otros tendrán que descubrirlos, junto a un montón de situaciones absurdas que podrían ser tomadas a risa si no fuera porque estos gags nos han costado miles de millones de euros.


Iñaki Azkuna: “Que Otegi esté en la cárcel me parece injusto”

Iñaki Azkuna (Durango, 1943) es alcalde de Bilbao desde el año 1999 y ha vivido en primera persona la proyección internacional de la ciudad del Guggenheim de Frank O. Gehry. Habíamos pretendido realizar la entrevista el otoño pasado, pero un nuevo tratamiento del cáncer que le afecta desde 2003 nos obligó a posponerla. Con fama de ser un hombre temperamental, capaz de llamar pesetero a Santiago Calatrava cuando nadie tosía al arquitecto valenciano, nos recibe en una sala adjunta a su despacho en el Ayuntamiento, donde desde un rincón nos observa con cierta ironía un busto de Unamuno. Nos vende Bilbao con pasión y orgullo y convencería a cualquiera que niegue la mayor a la ciudad; con una sonrisa nos reconoce la fama de fanfarrones de los bilbaínos, aunque: “qué le vamos a hacer, hay cosas mucho peores que esa”. En el trato se muestra cordial pero directo y rotundo, con respuestas no exentas de cierto sentido del humor, lo que nos lleva a contextualizar algún comentario como el que ha aparecido en la prensa el día de la entrevista (“los chinos duermen y procrean en sus tiendas. No sé dónde se mueren, pero son competencia”). Antes de entrar en política y formar parte del Gobierno Vasco con el PNV, trabajó como médico.

El doctor Pedro Cavadas ha creado polémica al decir que los niños quieren ser médicos para llevar una bata blanca, por el dinero o por ligarse a las enfermeras. ¿Y usted?

Yo desde luego no quise ser médico ni por las enfermeras ni por el dinero. Quise ser médico porque me gustaba la profesión. La vocación me fue entrando porque vi ejemplos médicos ilusionantes y ejemplares.

Siempre tuvo claro que quería ser médico, antes que político.

Nunca pensé en ser político; pensé en ser médico. Es más, los políticos primero deberían ser buenos profesionales, lo mismo albañiles que abogados que cirujanos. Pero creo que hay que tener un trabajo, una profesión, y no estar al albur del partido correspondiente.

Entonces no cree que se deba entrar en el aparato del partido desde joven, sino que hay que tener experiencia profesional anterior.

Creo que sí. Y si se tiene experiencia en la administración pública y en la administración privada, mejor que mejor.

¿Y un gobierno de tecnócratas en lugar de políticos?

No he dicho eso. Hay que tener una experiencia en la vida profesional, y al mismo tiempo ir haciéndote político. Te haces político por muchas cosas: unos por servicio a los demás, otros porque les gusta el poder, otros porque creen que así van a alcanzar unas cimas tremendas… y la mayoría de los políticos porque llevan dentro, en la sangre, una forma de ver y transformar el país que sea a su imagen y semejanza. Otra cosa es que lo consigan.

O que les dejen…

En contra de lo que se está diciendo en este momento en España, la mayoría de los políticos que conozco son gente honrada. Y hay algún sinvergüenza que otro al que efectivamente al final se le nota.

¿Tal vez por la situación económica se necesita cargar contra alguien y se carga contra los políticos?

Ya… el Motín de Esquilache fue por los sombreros, pero debajo subyacía algo; la noche de San Bartolomé fue porque los protestantes mataron a los católicos, no solo porque eran unos talibanes, sino porque subyacían también unas ansias de poder… siempre hay algo detrás. Lo que no se puede hacer ahora es echar la culpa a los políticos. Hombre, los banqueros algo tendrán que decir, los comerciantes, los que han hechos pingües negocios en múltiples actividades y los mangantes de guante blanco que nos han arruinado también algo tendrán que decir. Y todos esos no han sido políticos.

Todos tenemos en mente casos de figuras que no son políticas y que al parecer han tenido ciertos ingresos de alta cuantía y difícil justificación para la opinión pública, como los casos de Iñaki Urdangarin y Santiago Calatrava, por ejemplo.

Hay que esperar a los juicios, hay que ser prudentes en vez de ser tan maledicentes en este país. Esto no es el Dos de Mayo ni hay que pasar a cuchillo a los franceses. Veremos lo que dice el juez de Urdangarin no sea que tanto hablar, tanto hablar, al final no pase nada… Y de Calatrava no tengo nada que hablar.

(decepcionado) Vaya… Usted como alcalde de Bilbao puede que sea uno de los más envidiados del Estado, o incluso de Europa, por el nivel económico, por ser un ejemplo de cómo transformar una ciudad, porque el Ayuntamiento no está endeudado…

Sí, pero no se equivoque. Nosotros estamos mal como los demás. Lo que pasa que… ¿cómo es ese dicho? ¿En el reino de los ciegos el tuerto es el rey? Sí, nosotros estamos menos mal que otros, pero tampoco estamos bien. Lo que pasa es que tuvimos dos cosas buenas a favor: en los últimos 11 años hemos ido pagando nuestras deudas y en este momento nos encontramos con una deuda cero con los bancos, lo que no quiere decir que no tengamos una deuda puntual con un ciudadano si nos gana un juicio. Y en segundo lugar, nosotros en el 2008 nos dimos cuenta de la que venía y comenzamos a ajustarnos, cosa que tenía que haber hecho Zapatero mucho antes. En el Ayuntamiento empezamos a hacer un ajuste con grandes críticas, porque aquí todo el mundo critica, ¿verdad?: “¡Ah, lo que tenéis que hacer es invertir más, gastar más!”. Mira la que ha venido. Estamos todos en una situación de ajuste tremenda. Es más, creo que 2013 va a ser peor que 2012 porque este año va a ser fiscalmente muy malo y los frutos se recogen en 2013. En 2013 lo vamos a pasar muy mal.

Desalentador.

Desalentador en ese sentido, pero esperanzador en el sentido de que haciendo ajustes, poniendo orden y seriedad en la casa —que ya es hora de que se ponga orden y seriedad en España—, igual salimos de la crisis. Y digo igual porque no puede ser que en los últimos 20 años hayan crecido las universidades y los aeropuertos como hongos, la alta velocidad ha parado en todas partes… ¿Puede aguantar eso el país? Alguien tendrá que poner freno a ese tipo de cosas. Hay que poner seriedad para que no nos pase como en Grecia, que primero engañaron a la Unión Europea con sus cifras y luego han seguido engaño tras engaño. Hasta que la bola ha crecido tanto que no cabía en el palacio.

En una entrevista reciente dijo que para salir de la crisis hacía falta un espíritu como el que tuvo la población de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. ¿Cree que está realmente en manos del pueblo recuperarnos?

No, pero lo que no puede ser es que España quiera salir adelante con 50 huelgas al día y echándonos los trastos todos, entre comunidades autónomas y el gobierno central. Esto es una jaula de grillos y evidentemente así no se sale adelante. Se sale adelante con un espíritu común, diciendo “¡vamos a salir adelante!” y poniendo los mimbres necesarios para hacerlo. Pero si estamos aquí cada dos por tres de huelga, a golpes, echándonos los trastos… mala solución.

Pues parece que solo nos queda esperar porque según el Ministro de Economía España ha hecho ya todo lo que tenía que hacer.

Yo creo que le queda mucho por hacer. Acabo de decir un montón de cosas. Los trenes, los aeropuertos, las universidades… ¿todos tenemos que tener de todo?

Pero en eso no tenemos marcha atrás si son obras ya ejecutadas.

Vamos a ver, ¿cuántos ayuntamientos han hecho polideportivos y no los pueden abrir? Hay un montón en España que no pueden ni pagar la luz. Hombre, racionalicemos las cosas. He visto una lista de los aeropuertos que son deficitarios y la mayoría lo son. Se quieren construir puertos a 20 km de donde hay otro puerto. Los clubes de fútbol deben unos 800 millones a Hacienda. Son locuras que se hacen y que luego lo pagamos entre todos.

Me da la sensación de que los clubes de fútbol son intocables.

Si son intocables, viva la constitución de Cádiz. Si Hacienda no cobra a los clubes, que tampoco nos cobre a los demás.

¡Me parece bien! Ya que hablamos de fútbol, me llama la atención que tengan el Ayuntamiento engalanado con los colores del Athletic.

Bueno, hemos puesto una banderola muy baratita con los colores del Athletic. Tenemos ilusión de ir a Madrid, y quién sabe si podremos ganar al Barcelona.

Es que me he acordado de la polémica de las banderas en el Ayuntamiento, cuando dijo que por usted no ponía ninguna.

Ninguna. No me gusta ninguna. Solo pongo la del Athletic. No me gustan las banderas, ni los banderizos; este país ha sufrido mucho por los banderizos. Por una bandera se ha matado a gente. Pero no hace falta irnos a hace tres siglos, en la Transición por una bandera ha muerto gente. No las odio, pero no soy un fanático de ponerlas. La del Athletic no es una bandera, es un color de Bilbao que  quizá sea una de las cosas que más una en Bilbao y en Bizkaia.

¿No cree que se le da demasiada importancia al fútbol? Al fin y al cabo es solo un deporte.

Seguramente, pero las emociones no hay quien las controle. Vamos a dejar que las emociones vayan por su cauce y ya pararán, ahora que estamos en racha.

Pero esas emociones, espoleadas desde diversos intereses como son los propios directivos o la prensa, ¿no pueden ser hasta peligrosas?

Ya. Pero ¿qué me está proponiendo? ¿Que saque un bando prohibiendo que se hable de fútbol?

(Risas) No, pero por ejemplo se ve como algo absolutamente normal insultar dentro de un campo de fútbol. Al portero, simplemente por sacar de portería, ya se le llama cabrón.

A los políticos nos llaman cabrones por mucho menos que sacar de portería (risas). Pero al fin y al cabo sí, es un deporte. Por tanto lo que tenemos que hacer es canalizar esas emociones y si ganamos la Copa pasarlo bien y punto. Sin más. Aunque naturalmente esas emociones también influyen en la ciudad, e incluso tienen una vertiente económica, no hay duda de que aumenta la moral de la gente y en un momento dado la ciudad está mucho más reconfortada e incluso es más fácil sacar la mano del bolsillo estando contento que estando triste.

¿Cómo ve el partido, la final de Copa?

Bueno, vamos a ir a ver qué pasa, a disfrutar o a sufrir, pero con la cabeza alta. Y vendremos con la cabeza alta. Si ganamos estupendo, y si perdemos… bueno, hemos estado y hemos sido subcampeones.

¿Le ha gustado el equipo de Bielsa?

Sí, ha tenido unos cuantos partidos que me han gustado mucho, sobre todo los europeos y después de una época del Athletic que ha sido aburrida. Tiene un buen equipo en este momento, puede dar juego.

Y ahora el Ayuntamiento forma parte del accionarado del nuevo estadio, San Mames Barria.

Hemos transformado las tasas y licencias que tenían que pagar por la obra en acciones. Nosotros no perdonamos, transformamos lo que nos tenían que pagar en tasas y licencias en acciones. Somos el accionista minoritario pero estamos en el Consejo de Administración y colaboramos con la ciudad. Hicimos lo mismo con el Guggenheim y el Euskalduna.

¿El desarrollo de Bilbao podría haber llegado a lo que es sin el Guggenheim?

No sería lo mismo, pero… vamos a decirlo al revés. El desarrollo de Bilbao ha sido además del Guggenheim. Es decir, ha sido sobre todo la limpieza de la ría, con la construcción de unos grandes colectores que llevan nuestras miserias a unos puntos determinados, y la recuperación de las orillas de la ría. Esas orillas eran tinglados industriales, navales, que nos alejaban de la ría a los bilbaínos durante cientos de años. Y las hemos recuperado. Ahora hay cinco kilómetros de paseos y el agua de la ría está mucho más limpia que hace 20 años. Ese ha sido el gran desarrollo de Bilbao y aparte de eso hemos tenido la fortuna de creer y crear el Guggenheim, porque muy poca gente creyó en aquel momento en él. Para mí es la mejor obra que ha hecho Frank Gehry en el mundo. Y luego el Palacio Euskalduna, la rehabilitación del Museo de Bellas Artes, la Alhóndiga… Se han hecho todas esas cosas entre las instituciones y también ayudados por las empresas privadas. El Guggenheim claro que es el faro, pero hay más cosas que han sido importantes. Para los que desde hace 50 años no habían visto pelota mano en Bilbao el frontón ha sido una maravilla, y el Bilbao Arena que hemos hecho entre Diputación y  Ayuntamiento.

Si un alcalde se puede equiparar a un presidente de un equipo de fútbol y los campeonatos son los edificios de firma arquitectónica, ¿Bilbao es la urbe que actualmente tiene la mejor sala de trofeos?

Dios me libre de equipararme a un presidente de un equipo de fútbol. ¡Dios me libre!

Perdone. No me lo tenga en cuenta.

Pero… sí, Bilbao en los últimos diez años ha cosechado muchos “trofeos”. En los años 70 Barcelona fue la gran capital del urbanismo español, luego Bilbao ha sido una urbe también muy importante en cuanto a desarrollo urbanístico y en cuanto a cambio de una ciudad industrial, gris y fea a una ciudad más transparente, más abierta, una ciudad que ha cambiado totalmente.

¿Quién podría faltar, qué trofeo, qué arquitecto le gustaría a usted?

Fue una pena lo de Jean Nouvel. En el RAG iba a hacer una cosa muy hermosa, pero con la crisis no ha podido ser. Cuando Jean Nouvel estuvo aquí, en Bilbao, nos enseñó unos bocetos extraordinarios, iba a hacer una cosa bellísima. Ahora no puede ser, y van a hacer viviendas de otra manera. Sí, nos falta Jean Nouvel.

Porque con Óscar Niemeyer en Avilés y Renzo Piano en Santander…

A Renzo Piano se le dio la posibilidad de hacer el master plan de Zorrotzaurre, y no sé qué pasó que al final lo hizo Zaha Hadid, con la cual tenemos mucha amistad. Es una gran persona y una gran arquitecta.

Creo que Zorrotzaurre va a salir a exposición pública nuevamente, ¿es verdad?

Sale el plan especial otra vez. La ley del suelo es un rollo, es tan garantista que cada paso que damos tiene que salir a exposición pública, que está muy bien, pero si luego cambias una coma también hay que sacarlo. Es tremendo, un martirio, pero bueno.

Igual le vienen bien estos parones a la tramitación del plan especial para dar tiempo a que mejore la situación económica.

La situación económica no se va a arreglar con los parones. Se arregla con seriedad y ordenando la casa, que es lo que tiene que hacer Mariano Rajoy.

Usted quería transformar el arco de San Mamés en un puente en Zorrotzaurre.

Fue una idea que me dieron los ingenieros y no era mala. Un puente en Zorrotzaurre, solo para peatones, era muy bonito, y así el arco tenía una finalidad. Otros quieren destrozarlo y llevarse un pedazo a su casa. Hay gustos para todos. Se hará lo que quiera el Athletic, y nosotros lo aceptaremos.

Además del desarrollo de Zorrotzaurre, la otra gran obra que está pendiente en Bilbao es la entrada de la alta velocidad.

La entrada de la alta velocidad a Bilbao es fundamental. Va a ser importantísimo para toda la Cornisa Cantábrica, para Bilbao y para Euskadi. Las obras van bien hasta Basauri. La entrada a Bilbao va a ser más complicada. Pero no creo que aquella presentación que hizo el ministro José Blanco sobre la remodelación de la estación se pueda llevar a cabo en unos cuantos años, mientras persista la crisis. Lo mismo creo que no se va a poder hacer en otras ciudades. Pero el tren de alta velocidad entrará en Bilbao. El Vitoria-Bilbao va viento en popa, y para el año 2015 o 2016 estaremos en el tren de alta velocidad.

El 2015 o 2016 está muy cerca y la entrada en Bilbao presenta muchos problemas…

¡Estamos en el 2012, hombre! No hay tantos problemas, lo que no hay es dinero.

Respecto a la deuda del ayuntamiento de Bilbao ha salido recientemente el alcalde de Barakaldo diciendo que sí, que el Ayuntamiento de Bilbao no tiene deuda pero que el organismo Bilbao Ría 2000, que se encarga de las actuaciones urbanísticas tanto en Bilbao como Barakaldo, debe 218 millones de euros.

Ese organismo se creó para reconstruir Bilbao después de las inundaciones. Fue un acuerdo político entre la administración vasca y la española. Y luego, los socialistas añadieron Barakaldo. Primer asunto. Segundo: Bilbao Ría 2000 ha hecho unas obras maravillosas en Bilbao y en Barakaldo. Y tercero: efectivamente, a Bilbao Ría 2000 le cogió la crisis en plena faena de las obras y nos hemos endeudado, pero también hay que decir que Bilbao Ria 2000 tiene un respaldo de terrenos y valores. Y no voy a entrar en discusión con el alcalde de Barakaldo porque si quiere discutir tiene el consejo de administración de Bilbao Ría 2000, donde está representado.

Ahora que se está hablando mucho de Patxi López en los medios por la ruptura del pacto y por la investigación a su cuñado…

(interrumpiendo) No estoy de acuerdo. Patxi López sale todos los días en la prensa estatal. Y en la prensa vasca es el único que sale. En Euskal Telebista, por ejemplo, las noticias son Patxi Lopez y los demás apenas salimos seguramente porque somos gente carente de interés. Lo del cuñado lo dejamos en manos de la decisión de los tribunales. Y en cuanto a la ruptura del pacto, se veía venir. Esas cosas no duran toda la vida. Evidentemente el acceso al poder en España del PP ha hecho que las cosas se equilibren. Patxi López ha mostrado su faz de izquierdas dándole un poquito de grasa a Rajoy, y naturalmente Antonio Basagoiti no lo puede aguantar y se rompe. Estaba más claro que el agua.

La ruptura del pacto también parece marcada por los tiempos políticos: se acercan las elecciones al Gobierno Vasco.

Naturalmente, llegadas las elecciones cada uno se va a su convento, cada uno muestra su faz. Y en este caso está claro que Basagoiti no podía seguir apoyando al lehendakari.

¿Se presentan como las elecciones al Gobierno Vasco más abiertas desde los años 80?

Hombre, lo que creo es que en aquellos primeros años la gente todavía no tenía un voto consolidado, y ahora tiene más opciones. La ciudadanía es mayor de edad, ya sabe a quién votar, ya sabe lo que hacemos, ya sabe el grado de honradez, de seriedad de cada uno… bueno, vote usted a quien quiera, señor o señora, está usted en su derecho. El voto le corresponde al ciudadano, no se le puede hurtar esa propiedad.

Pero luego resulta que en Grecia una formación política como Amanecer Dorado recibe un apoyo significativo en las urnas y todo el mundo se lleva las manos a la cabeza por lo que vota la gente.

Yo sería partidario de ilegalizar en Europa todos los partidos nazis. Tenemos una experiencia amarga en Europa con el nazismo; sabemos lo que es el fascismo en España, en Italia, en Alemania… en todos los países ha habido ramas nazis, por eso no me andaría con chiquitas. Y desde luego creo que los griegos harían muy bien en prohibir a Amanecer Dorado. Con los nazis no andaría jugando, no quiero saber nada de ellos. Esos son los que no quieren la democracia. Y con todos los errores que puede tener la democracia, con todas las debilidades que puede tener la democracia, es el menos malo de los sistemas.

¿Qué opina del movimiento 15M que precisamente propone modificar la democracia tal y como la tenemos planteada para corregir esos errores?

El 15M ha surgido porque estamos en la situación en la que estamos. En 2005 no surgió, cuando nadábamos en la abundancia. Han surgido ahora, con una tasa de paro tremenda que va en aumento, con una situación económica catastrófica y es natural que estén indignados: están cabreados y, sobre todo, sin un puesto de trabajo. Pero yo tengo mis dudas de que se vaya a consolidar ese movimiento.

¿Por qué?

Cuando digo consolidar quiero decir canalizar el movimiento. Porque una cosa es que todos los años se celebre el día de los indignados y que se reúnan en las plazas de las ciudades y lo recuerden. Eso es una cosa, pero otra cosa es canalizar ese movimiento hacia un movimiento político, hacia un partido o hacia algo que sea una alternativa. Porque si no, ¿qué?

Entonces no cree que las ideas del 15M se puedan llevar a la práctica.

Si las ideas son estupendas… ahora le voy a decir una idea estupenda: todo el mundo debería ser bueno. ¿Y? ¿Eso cómo se traduce? Unos siguen siendo buenos, y otros son malísimos.

Volviendo a las elecciones al Gobierno Vasco, ¿cuál cree que será el resultado?

¡Ay, amigo! Si supiera eso estaría en una peana.

También es verdad. Reformulo la pregunta. Viendo los últimos resultados de las distintas elecciones del año pasado, ¿podrían seguir la misma línea?

No son las mismas elecciones. Las autonómicas suelen ser diferentes. Hombre, no creo que en el próximo mandato el lehendakari sea socialista. En primer lugar no creo que vaya a haber un pacto PP-PSOE y está por ver las fuerzas políticas qué números sacan, que es una incógnita en este momento. Si lo supiésemos, estaríamos muy contentos todos.

O muy disgustados. En estos días ha llamado la atención que en una consulta interna del PNV ha resultado Ibarretxe como el segundo más votado para presentarse a lehendakari, por detrás de Iñigo Urkullu.

Juan José Ibarretxe ha dicho en público y a mí en privado que no se presentaba nuevamente a la primera línea. Es incidir nuevamente en lo mismo; ha sido lehendakari, vicelehendakari, presidente de las juntas de Álava… ha sido todo en la vida política de este país. Pues punto. No mareemos la perdiz.

¿Puede ser un voto de castigo interno (a Urkullu) votar a alguien que no se quiere presentar?

Eso ya me parecen conjeturas. Yo como alcalde no soy tan inteligente como para entrar en esas conjeturas.

En algunos círculos se contaba con que, hasta que ha salido la sentencia de Arnaldo Otegi, iba a ser el siguiente lehendakari.

A mí me parece un error tenerle en la cárcel. Me parece un error porque la impresión que tenemos en el País Vasco, o por lo menos mucha gente, es que Otegi sí ha dado pasos para conseguir la paz en el país y para que ETA deje las armas. Yo sí tengo esa impresión. Por tanto que Otegi esté en la cárcel me parece injusto.

Si por ejemplo Otegi saliera mañana de la cárcel y…

Si no va a salir; no me diga que si va a salir. Le han metido 10 años, joder, ¡qué va a salir mañana!

(Risas) De acuerdo, no hagamos hipótesis. Pero por ejemplo Martin Garitano, el diputado general de Gipuzkoa, ha dicho que si por él fuera mañana mismo estarían todos los presos de ETA en la calle.

Ah, bueno. Pues que los saque. Si tiene poder para eso que los saque.

¿Eso mejoraría en algo la situación?

Los presos no van a salir. La sociedad española no lo va a permitir. Saldrán los que tengan que salir. Lo que sí se puede hacer es acercar a los presos a Euskadi, a sus casas. Pero ya se ha dicho en el anterior gobierno y en éste que amnistía no va a haber. Parece ser que la propia Constitución lo prohíbe. Por tanto, si amnistía no va a haber, me parecen loables los deseos del diputado general de Guipuzkoa, pero eso no es posible, no van a salir. Sí son posibles vías por medio del Derecho y de las leyes por las cuales un preso puede buscar fórmulas para redimir sus penas de otra forma, la vía Nanclares o vía lo que sea. A mí me parece bien eso. Los que tienen 30 asesinatos no van a salir. Nosotros estamos de acuerdo con el acercamiento. Y como a Otegi no se le conocen crímenes me parece un error fundamental que a un político como él le tengan en la cárcel.

Los incidentes por el desalojo de Kukutxa, el caso de Iñigo Cabacas, las críticas por las cargas policiales aparentemente desproporcionadas para disolver concentraciones… ¿se están desprestigiando las fuerzas de orden público?

No tienen nada que ver unos casos con otros. La Ertzaintza tuvo un problema con Iñigo Cabacas, un problema desgraciado, y el pobre chaval ha resultado muerto, pero eso está en los juzgados y habrá que aceptar lo que resulte. Creo que a la Ertzaintza no se le puede estropear su historial por ese hecho solo. Es un hecho que tendrá que ser sometido a la justicia y aclararlo. Pero dicho eso también digo que a la Ertzaintza no se le puede ahora acusar como han hecho algunos llamándoles asesinos. ¿Asesinos? Si han sido asesinados unos cuantos de ellos durante los últimos 30 años. Las policías cumplen con su función. Y no sé si nos hemos dado cuenta de que la función de la policía suele ser en general coercitiva. La policía no es los de la Adoración de la Buena Muerte que van los viernes a rezar. La policía cuando entra, entra. Seguramente se ha cometido algún error de planificación o de ejecución, y eso es lo que tiene que aclarar el juez. No se puede poner a caldo a todas las policías por hechos aislados. Fíjese en la Transición los excesos que hubo, y ahora ¿qué pasa? ¿vamos a poner a todos los cuerpos policiales a parir porque hubo esos excesos? Y menuda gente hubo en la Transición. Pero no se puede destruir la honorabilidad de un cuerpo policial por unos hechos aislados. Yo por lo menos no estoy de acuerdo.

En el caso de Cabacas, las mayores críticas llegaron de la izquierda abertzale y usted les acusó de manipulación repugnante y de que no los había visto decir las mismas cosas en relación a los asesinatos de ETA.

La izquierda abertzale ha estado jaleando a ETA, entonces no me den ustedes lecciones de democracia. Y no me diga que la policía es asesina cuando ustedes han estado apoyando esos asesinatos. No lo admito. Y desde luego la izquierda abertzale se ha pasado diez pueblos en ese caso. Así como la familia fue ejemplar y los amigos, la izquierda abertzale no lo ha sido ni mucho menos.

Hace unos 15 años, la primera vez que fui a las txosnas de la Semana Grande de Bilbao, me llamó la atención que algunas zonas tenían colgadas fotos de presos de ETA y anagramas de ETA, mientras la gente seguía bebiendo y bailando como si nada, como si fuera normal. Pero luego, se han ido eliminando estas pancartas. ¿Se debe más a las leyes que prohíben la exhibición de estos símbolos o a un cambio en la percepción de la ciudadanía?

Normal no era. Solo que en ciertos sitios de Bilbao, un mundo especial —que era el mundo de la izquierda abertzale— es el que manejaba los hilos de todo eso. Y aparecían las fotos de los presos e incluso algún anagrama de ETA que tuvimos que quitar. Naturalmente eso ha ido evolucionando y primero se les ha ido cerrando un poco el espacio, siendo persistentes con ellos, les hemos controlado más. Y luego la evolución política ha sido la que ha sido. La evolución de ETA, que ha sido catastrófica, también ha tenido que influir en ese mundo. Porque ETA todavía podría llegar a matar a alguien, pero ETA está vencida en el sentido de que al final una sociedad que tuvo miedo, una sociedad que no reaccionó al principio, luego ha reaccionado y ha reaccionado muy bien. Ahora vienen algunos historiadores catastrofistas diciendo que esta sociedad no se movió nunca… no se movió porque tenía miedo. Hace 30 y 40 años primero teníamos miedo de Franco y después de ETA. Es normal. La sociedad en su conjunto ha sido miedosa, se ha retraído. Pero poco a poco ha ido saliendo y ha ido viendo que ETA nos llevaba al suicidio político, al suicidio de un país que solo le faltaba saltar de un acantilado al mar. Yo creo que ha sido una evolución muy positiva y la sociedad en ese sentido ha reaccionado bien, los partidos políticos a pesar de sus diferencias también han estado en lo fundamental de acuerdo y bueno, hoy es el día que hay que aprovechar la situación en la que estamos. El gobierno tiene que ser inteligente, ser enérgico por una parte pero flexible por otra… ahí estamos. Así como he dicho que los presos que tienen muertos encima de su espalda no los van a soltar, hay otras medidas de acercamiento, medidas que el propio código penal actual permite, pues pongámoslo en marcha. También hay gente en España que dice no, que ni se aplique el Código Penal. Oiga, el código cómo no vas a aplicarlo si es la legalidad vigente; si no respetamos la legalidad esto no es un estado de derecho. Y si no es un estado de derecho esto es la selva. Y como yo no quiero vivir en la selva sino en un estado de derecho, pues hay que aplicar la ley. La que nos gusta y la que no nos gusta, pero tenemos que aplicarla.

Fotografía: Roberto Ortiz