Futuro Imperfecto #6: La década que pone fin al Imperio Millennial

Deberíamos haber visto cosas que no creerías, como ataques a naves en llamas más allá de Orión. O rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Al fin y al cabo estamos en 2019, momento en que transcurría el Blade Runner de Ridley Scott, y también cierre de la segunda década del siglo XXI. Pero nos la han vuelto a pegar, así que tendremos que conformarnos con el caos urbano, mezcla de polución y turistas de la película, y resignarnos también a que los coches no vuelen. En todo lo demás los acontecimientos nos han superado, y lo harán aún más en la década siguiente. Esa en que, según los sociólogos, los millennials se harán viejos y la generación Z, que quizá lleve esa letra porque el clima puede convertirla en la última, será la dueña del mundo. Ok, boomer. Vamos con el repaso de la década y la previsión de tendencias.

De generación en generación, ¿regeneración?

Cuatro generaciones, baby boomers, la generación X, millenials y generación Z, han competido a la vez en el mercado laboral. Bueno, es un decir, porque el paro juvenil en España superó el 50% y el futuro del empleo no pinta bien. Las generaciones vienen definidas por la edad y por los impactos sociodemográficos que las dan forma, hasta que adquieren una manera común de entender la sociedad y el entorno. En los próximos años nos encontraremos con varios impactos generacionales. La jubilación de los baby boomers, con los problemas económicos asociados a su salida del mercado. El futuro de las primeras generaciones que van a vivir cien años… o quizá simplemente «sobrevivir», ya que la mala calidad de vida empieza a ser motivo de preocupación desde la adolescencia. La baja natalidad, que algunos postulan buena para «salvar al planeta», otros postulan terrible «para la economía», y quizá simplemente sea una consecuencia natural de los ingresos y el estilo de vida. Nos encontraremos también con el problema del empleo y el déficit, en un entorno donde la deuda es imparable e impagable, donde los países están virando hacia un mayor proteccionismo tras décadas de apertura, y donde tarde o temprano el dinero para pagar todo lo que ahora se considera un derecho se acabará. 

El impacto de estas tendencias sociodemográficas está llevando ya a replantear derechos fundamentales. Quién puede votar y quién no: Podemos propuso rebajar la edad a los dieciséis para ejercer ese derecho, al modo de Austria y Grecia, ya que es la edad legal para trabajar. Privación de libertad con penas más altas para criminales irrecuperables, como la prisión permanente revisable, aprobada por el gobierno del PP, y ya aplicada a casos como el del Chicle, asesino de Diana Quer, fue recurrida ante el Tribunal Constitucional en 2015 por todos los grupos de la oposición. Unos y otros parecen eludir el debate de fondo sobre el asunto, tomando decisiones a golpe de tuit. 

Ese apresuramiento puede estar detrás de la pérdida generalizada de confianza, no solo entre generaciones —millennials achacan sus problemas a boomers—, sino también en los políticos, expertos, y a este paso, en todo lo que nos rodea, con la consiguiente búsqueda de algo nuevo en lo que creer. El nivel de polarización en la opinión pública de la mayoría de los países crece y crece, mientras los políticos confirman, cuando creen que no les escuchan, que les conviene que haya tensión. Vienen tiempos de conflicto y de conflictos.

No parece nada nuevo. Repasando la historia hemos vivido este tipo de situaciones antes ¿La culpa esta vez? En gran parte, de la tecnología

Tecnológicamente, esta ha sido la década del 4G, y ahora viene el 5, con rima

Parecía muy banal cuando lo escuchamos por primera vez, pero ese 4 posibilitó que nuestros teléfonos móviles se convirtieran en pequeños ordenadores. Quién iba a decirnos que nos condenaría también a una conexión permanente con el trabajo, los amigos, y los grupos de Whatsapp. Con el 5G llegará el siguiente paso, el de que nuestros coches y neveras estén conectados a internet. Parece una memez.  

Pero el caso es que no lo es, y en breve todo electrodoméstico, desde una batidora a un timbre, estarán conectados a internet. Es lo que se llama IoT, internet de las cosas, que además de hacernos más vulnerables, posibilitará al fabricante del 5G tener todos nuestros datos. Quien lidera la implantación de esta tecnología es la china Huawei, y eso ha disparado todas las alarmas. Si la compañía es obligada a ceder todos sus datos a China, el país asiático tendría en sus manos el control de nuestro ejército, sistema financiero, comunicaciones, suministro de energía, agua, neveras, etc. Una invasión militar efectiva, sin disparar un solo tiro, y sin enviar tropas.

Estados Unidos puso el grito en el cielo, colocando a Huawei en la lista de empresas con las que no pueden comerciar sus ciudadanos, y obligando así a Apple a dejar de trabajar con ellos. Acaba de seguirle Alemania, con una legislación que pretende ser generalista, pero redactada especialmente para que la empresa no pueda ser la encargada de instalar el 5G alemán. El gobierno chino ha montado en cólera, amenazando con no comprarles un solo coche. Veintiocho millones de automóviles para los que no será fácil buscar un mercado alternativo. La ofensiva ha alcanzado también a Dinamarca, donde el embajador chino ha amenazado a miembros del gobierno de las Islas Feroe con restringir la exportación de salmón a China si no aceptan implantar el 5G… de Huawei. Obviamente, a la noruega Ericsson, con más capacidad de instalación que Huawei, pero patria del salmón, no van a pedírselo. 

¿Y qué defensa hace de sí misma la empresa asiática? La peor posible, afirmando que ellos son buenos y no venderán datos al gobierno chino. ¿El mismo gobierno que les defiende con extorsiones y amenazas en medio mundo? 

Menos mal que en nuestro país tiene vía libre: su consejero delegado asegura en los foros internacionales que España va a ser el ejemplo de Europa en su instalación. Ay, que nos va a tocar la rima del cinco con el 5G chino. 

Esta movida tiene una vertiente imprevisible, porque Estados Unidos está empujando a China hacia su independencia tecnológica completa. Como sea capaz de sacar su propio sistema operativo, distinto a iOs y Android, dejará de necesitar a los desarrolladores estadounidenses. Y es que las guerras, desafortunadamente, suelen tener como positivo el desarrollo de nueva tecnología o conocimiento. Aunque el principio de acuerdo alcanzado puede hacer pensar a muchos que las dotes negociadoras de Donald Trump funcionan, esto es solo el prólogo de lo que está por llegar

Resurge la política de bloques de la Guerra Fría

El presidente Donald Trump y el vice primer ministro Liu He, 2019. Foto: Shealah Craighead / Cordon.

El secretario de defensa estadounidense, máxima autoridad del Pentágono, ha afirmado que China ha desplazado la preocupación militar de EE. UU., para quien Rusia pasa a ser el segundo mayor enemigo, no el primero. Ha afeado al gigante asiático sus intentos por dominar el espacio marítimo al sur del mar de China, así como su injerencia en otros países saltándose leyes internacionales. No solo eso, anuncia una nueva geoestrategia, centrada en limitar la expansión del gigante mediante sus principales aliados en la zona, especialmente Corea del Sur. Los analistas coinciden: esta nueva situación ha venido para quedarse, y ahí tenemos el conflicto que protagonizará los titulares militares de la próxima década.  

De momento, Taiwán ha hecho un llamamiento para no acabar como Hong Kong, y ese abierto desafío al gobierno de Pekín puede entenderse como un intento de alinearse con un posible nuevo bloque de presión estadounidense. 

China no es democrática y tenemos que convivir con ella

Si algo molesta al gobierno chino es que se le denuncie como dictadura. Es lo que tiene reconvertirse al capitalismo, que se abandona la famosa dictadura del proletariado, tan comunista, pero sin abrazar la democracia. Tendríamos que repasar su historia para entenderlo, pero podemos resumirlo en que China, más que un país, es un continente mezcla de varias etnias, lenguajes y creencias, que lleva intentando unificarse bajo la etnia Han desde los tiempos de Mao, y aún antes. Va a hacerlo por las buenas o a la fuerza, y la última minoría con la que se está intentando acabar, con un sistema demasiado similar a los campos nazis, es la etnia uigur. Chinos musulmanes con idioma propio. 

Era un rumor no confirmado hasta que se filtraron una serie de datos de la provincia de Xinjiang, donde están esos nuevos campos de concentración. Ahora sus autoridades destruyen a toda prisa las evidencias del genocidio. Este es el país que nos va a instalar el 5G, del que dependemos tanto económicamente que el aumento de tensión en la guerra comercial con EE. UU. puede hundirnos en una crisis. Coja al azar cualquier producto, cualquier etiqueta, y comprobará que un 80 % de lo que posee tiene la etiqueta Made in China. ¿Vamos a afearle sus costumbres dictatoriales a nuestro proveedor? 

No, y además tendremos que comerciar con él. Quizá debamos hacer caso a Rafael Poch, y aceptar que es un país al que no entendemos lo suficiente, pero que está muy bien gobernado.  

Hemos pasado del presidente negro al blanco, y no nos ha ido mejor

Barack Obama, 2014. Foto: Andrew Harrer / Cordon.

Si algo tuvo la era Obama, el presidente elegido seis meses después de desatarse la crisis de 2008, fue un elogio generalizado del primer negro en la casa blanca. Will Smith llamó a su hijo, llorando, para que viera que, por primera vez, un hombre de su raza gobernaría en Estados Unidos. Poco después le concedían el Nóbel de la Paz al tipo de la gran sonrisa cuyo segundo nombre era Hussein. Menudo chiste después de tanta guerra en Oriente Medio. Al menos Obama reconocía en una entrevista de empleo antes de dejar el cargo que no sabía por qué se lo habían dado. Cosas de suecos.

Y tras el negro, hombre de color, o afroamericano, llegó el blanco, o el zanahoria, según le dé la luz. Donald Trump tiene tan mala prensa como buena tuvo Obama, pero ¿de verdad son tan diferentes? El resumen de los ocho columnistas estadounidenses de The Guardian aseguró al fin de su mandato que no. La sensación es que bajo Obama se instauró la precareidad entre los trabajadores estadounidenses. Ahí estuvo razón del éxito de la gorra roja de Trump con el «Make America Great Again», ligada a hacer regresar las fábricas para sus votantes rurales, los rednecks. Cosa que, claro, no ha sucedido. 

Obama se declaraba adalid de la lucha contra el cambio climático mientras financiaba con fondos públicos mayores explotaciones de crudo en países extranjeros. Deportó a más de 2,5 millones de personas hasta ganarse, concedido por los latinos, el título de «deportador en jefe», imitando el de «comandante en jefe» que todo presidente tiene como mando supremo del ejército. 

Menos mal que nos queda el Impeachment

Si Trump resume los males de nuestro tiempo, siempre podemos echarle. Los demócratas han lanzado el Impeachment, un equivalente aproximado a nuestra moción de censura, que terminaría con su mandato. ¿Funcionará? La aprobación en el Congreso de hacerle un juicio político en el Senado no debe llevarnos a error. Ambos partidos han votado en bloque, y eso quiere decir que los republicanos se han mostrado en contra. Pero para echarle de la presidencia se necesitarán sesenta y siete votos fundamentales que dependen de senadores de su propio partido. 

Lo que van a hacer a Trump en el Senado estadounidense es un juicio, y los senadores norteamericanos no son como nuestros diputados, monos que pulsan el botón que el partido les dicta. Llevan tan a gala su independencia como la honradez, y si unos pocos miembros del jurado consideran que su líder ha cometido traición a sus sacrosantos Estados Unidos de América, le tumbarían. No parece que vaya a ser así, porque el presidente tuitero ha sido listo, y está polarizando el debate como una contienda preelectoral entre demócratas y republicanos, con vista a las próximas elecciones de noviembre de 2020.

Recordemos lo que nos explicaba Roger Senserrich, ningún presidente americano tendría las manos libres para hacer nada, fuera de emergencias, antes de 2020. Nos lo dijo en 2014, usando el término gerrymandering, que, la verdad, parece sacado de las Alicias de Lewis Carroll. Agiliscoso brumeaba. 

O les echamos, o nos echamos todos a la calle. Otra vez.

Protestas desencadenadas por la muerte de Mohamed Bouazizi. Foto: Cordon.

Si algo ha sido esta década, es la de las revoluciones en la calle. Queremos recordar aquí a Mohamed Bouazizi, que no era un activista, ni un revolucionario, ni un héroe. Tan solo un humilde vendedor de frutas, tan desesperado por la confiscación de su puesto por la policía, y las humillaciones posteriores cuando fue a pedir explicaciones, que se quemó a lo bonzo. Su llama incendió Túnez, hizo huir al dictador que llevaba veinticuatro años en el poder, e inició una serie de revueltas denominadas Primavera Árabe

Aunque para ser honestos lo que nos sacudió a nosotros, y con extremada fuerza, fue un movimiento denominado 15M. Nadie tenía muy claro qué era, y lo único seguro en 2011 es que un montón de gente, ya hasta las narices de prometidos brotes verdes, y apaleada por la crisis, acampó en las plazas de media España. No era un movimiento político, sino la sensación de que habíamos dado un gigante paso atrás, con una clase política indiferente e impune, además de soberbia. El movimiento de los indignados lo cambió todo y aquí estamos, todavía sin gobierno, y sin paraíso.

Y eso que durante unos meses pensamos que quizá esta vez íbamos a asaltar, por fin los cielos. Podemos aglutinó el malestar del 15M y puso un partido en las urnas para entregarle nuestra rabia. Bueno, y para que el PP pusiera el grito en el cielo anunciando que regresaban los comunistas, los cuales después decretarían alertas fascistas, y vuelta a empezar. En realidad pocos de sus líderes eran marxistas, casi ninguno estuvo en las plazas, y hasta hubo oportunistas que ascendieron allí declarándose miembros de la PAH. Esta entrevista a Simona Levi explica un poco esa «visión tan particular de la realidad personal» (también conocida como «hechos alternativos»), pero sobre todo históricamente es oro para comprender lo que «Pudieron» ser, y no fue. 

Y esta otra trata de explicarnos que si queremos salir de la crisis tenemos que abandonar o reformar el capitalismo. Hay que darle la razón a Mónica Oltra, la crisis es, o fue, en realidad, una gran estafa. Como las falsas víctimas del 11S o del 11M, o los padres de Nadia, representantes de una nueva moda, el victimismo lucrativo. Curiosamente en todos los casos el resultado es una gran deuda que destruye la confianza.

Tampoco la Primavera Árabe, que nos hizo confiar con esperanza, trajo grandes cambios. Nicaragua, Bolivia, Chile, Colombia, Hong Kong, se han sucedido de revuelta en revuelta, y en todas tiene uno la sensación de que reivindican, con justicia, lo mismo que nuestros indignados, y que los inspirados por Bouazizi. Merecerían tener la razón, pero quizá estemos en el siglo donde toda lucha es estéril. O quizá, poco acostumbrados a pelear, nos demos por vencidos demasiado pronto. 

También es posible que simplemente los que piden cambios en realidad solo quieren uno: «quítate tú para que me ponga yo». No se busca cambiar el sistema o mejorarlo, solo revanchismo con los anteriores para hacer lo mismo que hacían ellos. Ada Colau explicaba cómo la gente le pedía por la calle trabajo para amigos y vecinos, es decir prevaricar. Y basta con un ratito en la cuenta de Twitter de @mejoreszascas para comprobar cuánto político que se quejaba del comportamiento del de al lado lo repite con minucioso mimetismo. Es la moda. Y claro, los políticos han pasado a ser una de las primeras preocupaciones para los ciudadanos de a pie.

La conclusión es que hemos ido de manifestaciones y protestas a movimientos, que se reforzarán cada vez más, saliendo una y otra vez a la calle. Esta vez, educados en no convertirse en partidos políticos, sino en marcarles el camino. Es lo que intentan hacer en Francia la suma de colectivos contra la reforma de las pensiones de Macron, o el Movimiento de las Sardinas en Italia. 

De cincuenta sombras de Grey hasta «El violador eres tú»

Mujeres cantando «Un violador en tu camino». Lima, Perú, 2019. Foto: Carlos Garcia Granthon / Cordon.

Ni la revista Times, al nombrarla persona más influyente en 2012, ni la propia escritora L. E. James imaginaban que al cabo de una década Cincuenta sombras de Grey habría vendido cien millones de ejemplares. Reconocemos el mérito de conseguir esas ventas tras escribir «Oh my» más de setenta veces en el primer libro de la trilogía. Su éxito es una lección para especialistas en marketing y medios de comunicación, responsables últimos de hacer viral algo que no estaba destinado a serlo

Pero hay algo más que pareció pasar desapercibido a las lectoras de entre veinte y treinta años, que han constituido el 70 % de sus compradoras. El protagonista masculino es un maltratador, que trata de controlar lo que ella come, cómo viste, qué coche conduce, y que se cabrea cuando ella no le obedece. Anastasia está lejos de estar empoderada, todo esto la halaga, y mientras nos lo cuenta no para de decir «guau» y hablar de la diosa del sexo que lleva dentro. 

La clave está en las sensibilidades cambiadas, lo que ayer era malo, ahora que estoy en la cima es bueno. Empodera la faja de Kim Kardashian, y Perez Hilton pide perdón a las celebrities a las que haya podido hacer daño con sus comentarios en su blog… ahora que él es una celebrity y no quiere que le hagan lo mismo. El ciclo de la vida, vida en la que debemos evitar o neutralizar a toda la gente tóxica que nos iremos encontrando. Cada vez serán más.

Un grupo de investigadoras publicó un estudio en 2014 advirtiendo del modelo tóxico de relaciones que reflejaba la novela, y su posible negativa influencia en las jóvenes lectoras. Es el eterno debate en que estamos sumidos, ¿no tiene derecho absoluto la ficción a desarrollar su libertad creativa? Error de foco, porque la cuestión aquí es si hoy Penguin Random House se hubiera atrevido a comprar los derechos de una obra erótica publicada en un sello ínfimo de Nueva York. 

Se nos viene encima con mayor fuerza el problema sobre la libertad de expresión. Ya no vale hacer boicots usando nuestra capacidad de compra, es decir no comprando, tal y como explica Enrique Dans en su último libro. Ahora lo moderno es escrachar, prohibir la libertad de expresarse a cualquiera que no nos guste, por cualquier motivo, convirtiendo lugares como las universidades en parques temáticos de lo pírricamente correcto, y actualizando la tradicional quema de libros

Adiós diálogo, negociación, civilización, bienvenidos al conflicto por el conflicto. Cualquier problema, la más mínima molestia, la percepción personal de incomodidad, torna en violencia. La generación blandita lo es para indignarse, pero deja su pasividad para estallar anónimamente en redes o con la cara tapada fuera de ellas. El problema es que a esa generación nunca se le enseñó a luchar, ni aquí antes ni allá en el futuro, por lo que puede llegar a ser utilizada como su Luca Brasi particular por aquellos que mejor sepan venderles el relato o el himno adecuado. 

Terminamos el año en que el himno «El violador eres tú» ha sido coreado en América, Europa, y hasta por las diputadas del Parlamento Turco. Su estribillo, creado por el colectivo Lastesis en Chile, deja claro el problema que persiste todavía en muchas partes del mundo: «Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía». Todo, porque la mujer aún debe demostrar en los tribunales que no deseaba ser violada cuando lo fue. Aquí, con una legislación específica que en lo penal pena más al hombre que a la mujer, vivimos una época que será recordada por «las manadas», grupos de hombres contra una mujer sola. Recordada y distorsionada, tanto, que incluso algunos políticos confunden las manadas con otras… cosas. 

Esta distorsión empieza a suponer un posible riesgo para la presunción de inocencia, que algunos insisten en eliminar; pero sobre todo para la confianza en la justicia, que se ha visto afectada por el populismo y el espectáculo mediático continuado en que viven grandes medios y políticos. En la época de los realities, baratos, rentables y con contenidos tan inevitables como Thanos, incluso el reality por antonomasia, Gran Hermano, no pudo verlo venir ni evitarlo… o eso dicen. 

Es entonces todo un reality, realidad incluida, y por eso hemos confundido ficción con realidad: el artista que creó una falso tour de la Manada de Pamplona ha sido condenado a un año y medio de cárcel y una multa de quince euros. Los medios que tomaron erróneamente por verdadero su falso montaje, creado para denunciar el despreciable tratamiento que realizan en estos casos dichos medios, no han sufrido ninguna consecuencia. Vendrán más condenas y más límites a la libertad de expresión y a otras libertades. 

Es complicado saber el precio que esta sociedad está dispuesta a pagar para que hombres y mujeres lleguen a relacionarse en condiciones de igualdad. Curiosamente se busca ir rápido en el proceso cuando se prevé que la igualdad de género no se alcance hasta 2119. Quizá ni siquiera lo haga nunca. 

Queríamos más mujeres en las carreras STEM y ahora el problema es que cada vez hay menos gente de cualquier tipo en las ingenierías. Queríamos paridad, pero que haya más profesoras de primaria o enfermeras no motiva al cambio. Hay más juezas que jueces, pero a los puestos más altos llegan más ellos. Al menos de momento. 

Quizá no sea tan simple como los himnos y las frases lapidarias de fácil difusión tuitera, quizá haya que entender el problema en detalle para conocer los motivos de algunas de esas diferencias y así plantear posibles soluciones. Lo que es seguro es que podrán identificar a quién vive del problema y no quiere que este desaparezca: repetirá consignas, pedirá que se haga callar a cualquiera que sea crítico o discrepe, y luchará denodadamente por su pan, ocultando datos que puedan arrojar luz sobre el tema. Al menos siempre nos quedará París, donde gritaremos a pleno pulmón «Vive la difference!» y seguiremos combatiendo la intolerancia desde la resistencia.

Nos ha dejado Juego de tronos y el kilogramo, pero tenemos a Rosalía

Rosalía. Foto: Cordon.

Hemos vivido la década del sindiós cultural, por las mezclas de género y la masa decidiendo la creatividad de los autores. Uno de los problemas de los cambios demográficos. De películas en el cine a series en casa. De esperar a la hora señalada cada semana a encerrarnos para ver toda la temporada de un tirón. De recordar a Chanquete con nostalgia a exigir en redes sociales que nos den el final que queremos recordar. Nos quedamos con la explicación de Bárbara Ayuso, que lo resume todo: el escritor no es tu puta

George R. R. Martin vivió acosado para que terminase Canción de hielo y fuego, en parte porque a los fans les obsesionaba ver el final de su serie de televisión, estrenada en 2011. Finalizó antes de que Martin haya acabado de escribir su saga, sin contentar a muchos. Oigan, igual es que faltaba su creador. Será el signo de los tiempos durante la próxima década: la prisa, el atropello. El autor explicaba que los showrunners tuvieron trescientos sesenta minutos, es decir trescientos sesenta páginas de guion, para contar el final, mientras que él no va a bajar de tres mil páginas en su versión. Casi nada.

Y vendrá la limpia, porque lo de crear con calidad no entiende de prisas, ya pueden estar Netflix y HBO obsesionadas con llenar su catálogo. Lo único que consiguen, de momento, es que el 80 % de su producción sea pasable o abiertamente mediocre. El talento de Pareto, de toda la vida, aunque de vez en cuando salve los papeles alguna joya. 

En cuanto al rock, ha muerto. Larga vida al rock. O no, si acaba siendo un producto minoritario, una delicatessen. Led Zeppelin cumple cincuenta años, también el primer festival de Woodstock, y aquel concierto en una azotea de The Beatles. Cuando rebasamos los treinta dejamos de escuchar nueva música, y los rockeros nostálgicos no son más que un producto de la conducta, analizado por la ciencia. El subdirector de esta revista ama el metal, el director es más del indie, todos amamos a Rosalía aunque no la escuchemos. El futuro es el trap y el autotune a tope. Lo dice Jaime Altozano. Y cuando pasa a nuestro lado un chaval con un móvil escuchando algo que no le pondríamos ni a nuestro peor enemigo, un escalofrío nos recorre la espalda. ¿Nos habremos hecho viejos? 

Para saber lo que viene nada como los youtubers, el futuro del entretenimiento disponible hoy en cualquier pantalla. Con ellos podemos entender arquitectura gracias al culo de Kim Kardashian y Ter; entretener a cinco millones de suscriptores con las cosas de niños de MikelTube y LeoTube; o abandonar a los Manolos para ponernos al día con el fútbol de los chavales de Campeones. Sí, también ciencia, magia, una abuela de dragones y mucho más. Cualquiera puede serlo, los niños le dicen a Addeco que es una de sus profesiones preferida, aunque solo unos pocos pueden vivir de ello. Pero quieren ser eso y mucho más.

Pero ya no más…

El nuevo prototipo de la nave de Elon Musk y su compañia SpaceX. Foto: Cordon.

… aunque hay más. Claro que lo hay. Nos ha faltado lo nacional, no le hemos hablado del procés, ni de el día electoral de la marmota, ni del Valle de los Exhumados y su depreciada momia, ni de tantas y tantas cosas que marcaron esta segunda década del siglo XXI. Tampoco del último ataque a la libertad en internet, de las limitaciones en el copyright en la UE, del incendio del Amazonas de París y del Notre Dame de Brasil (los de California ya tal), ni del primer actor y humorista elegido presidente, Volodymyr Zelensky, en Ucrania. No hemos hablado de la nueva carrera espacial, de Musk y Bezos mirando a Marte, de China e India camino de la Luna, o de los fundadores de Google creando alta biotecnología. Tampoco mucho de economía, ni de la deuda, ni del empleo ni de casos como el de Thomas Cook, que quebró por esa dinámica mundial de morir o matar por turismo, sin saber adaptarse a los nuevos tiempos. Sobre todo no le hemos hablado del fin de la risa, y eso que esta vez nos hemos puesto serios. 

Pero no sufran ni se preocupen. Otros les hablarán de todo ello. De un modo u otro, tarde o temprano, siempre encontrarán algunos de esos que viven defendiendo esta bandera negra, con una J y una D. Porque, ¿saben? por encima de cualquier otra noticia, esta ha sido…

… La década Jot Down

El 1 de mayo de 2011 aparecieron, de golpe, trece artículos en una mínima página de internet, otra más en el marasmo de direcciones IP.  Sabemos que se han saltado todos esos enlaces que ponemos para que amplíe la información, pero haga el favor de clicar en este porque fue el primer día de esta revista. Es cierto. Lo sabemos. Viéndolo, nadie hubiera dicho que esos locos de la bola negra fueran a refrescar el periodismo de este país, la forma de escribir artículos, de hacer entrevistas, de mostrarse macarra o erudito, científico, tierno, gonzo, etc. Pero apenas unos meses después, en junio de aquel año, aparecía el primer artículo con el reconocible estilo Jot Down, «El sueño húmedo de la mujer del pescador». 

Jot down significa «apunte rápido y breve», por lo que era evidente que el estilo «yotdaunesco» iba a implicar artículos de dos mil quinientas palabras y entrevistas de dos horas, en persona, en directo y con fotos en blanco y negro. Luego salieron los imitadores, y hasta los jetas que copiaban y pegaban en sus revistas artículos y entrevistas como si fueran suyos, al más puro estilo del sucedáneo homeopático de turno. 

A los primeros se les agradece, como decía el maestro Quino «la diferencia entre el plagio y la inspiración es que inspirarse es lo que hacen tus amigos». Así los vemos, como amigos de la cultura que se han inspirado en unos enamorados del tema, que siendo pioneros parece que han creado escuela. A los segundos no se les guarda rencor. No mucho. No tenemos tiempo para dedicárselo, ya que por aquí pasa medio millón de visitantes únicos cada mes. No personas que repiten, no, 500 000 lectores distintos. Que leen cada artículo durante una media de 14 minutos 23 segundos. Que en sus inicios llegaron a dedicarnos 53 minutos cada vez que venían a saludarnos. Que nos hacen 25 millones de visitas al año. Gente maravillosa como usted, pero también crítica y meticulosa, que incluso a veces nos dejan sus comentarios. Exigentes como para que pensemos en ellos continuamente cuando aporreamos nuestros teclados como estajanovistas pianistas en medio de un complicado concierto. Personas que nos hacen pensar que merece la pena seguir con esto otra década más. Junto a ese hermano pequeño del que no hablamos mucho. Una comunidad a la que queremos ofrecer una visión independiente, un lugar donde se puede hablar de todo y de todos, donde el deporte y el sexo son cultura, y donde el pensamiento crítico nos impide callar, por más que nos exijan silenciar a unos u otros. Y donde, además de escribir, organizar eventos y promover el conocimiento, remamos sin parar.

Ahora que estamos en confianza, es cierto que no hemos cumplido todavía diez años, ya que confesamos que Jot Down nació en 2011. También que la segunda década del XXI no ha acabado todavía realmente. ¡Fake news! Es la moda que viene. Así que no nos tomen demasiado en serio. Que igual que les decimos que las matemáticas desaconsejan jugar a la lotería, les deseamos buena suerte mañana con el bombo. Puede que les toque, o puede que no. En cualquier caso vuelvan por aquí para suscribirse. En Jot Down tienen la seguridad de que siempre saldrán con más de lo que entraron. ¡Tomen nota!


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Jurassic Porn

Imagen: Steveoc 86 (CC)

Una persona no puede decir que ha amado de verdad si nunca ha disfrutado del placer que proporcionan las garras de un velociraptor masajeando sensualmente su zona perianal. Un varón no puede considerarse verdaderamente heteroflexible hasta que no se ha despertado recubierto de semen de pterodáctilo de la cabeza a los pies, y luciendo el aspecto de una tarta merengada, en nido ajeno tras una noche de sexo jurásico. Romper tabúes hoy en día va más allá de la típica gangbang vespertina interracial a la hora de la merienda-cena o navegar por una página de escorts en Madrid, y se convierte en un asunto de proporciones mitológicas: agarrarse al Bigfoot de los tirabuzones durante las sacudidas para mantener los tobillos detrás de la nuca, practicar BDSM con hembras de especies ya extintas,  abrazar el pene erecto de un coloso legendario como quien abraza a un amigo, montar centauros al trote durante el atardecer griego o gemir de placer al frotar el higo entre los cuernos de un triceratops.

Monster erotica

En 2011, un ama de casa estadounidense aprovechó que tenía unas cuantas tardes particularmente ociosas para comenzar a perseguir su sueño de escribir historias que otros pudiesen disfrutar. Sin tener verdadero interés por labrarse un futuro profesional, aquella mujer colocó sus texto en internet a través del servicio Kindle Direct Publishing de Amazon, una plataforma de autopublicación para comercializar libros en formato digital evitando todo el engorro de tener que talar árboles y retribuirles el salario a los herederos de Johannes Gensfleisch zur Laden zum Gutenberg. Pero las ventas de sus primeras historias fueron paupérrimas, sus lectores escasos y las críticas demoledoras. Desencantada con el feedback recibido, la mujer se replanteó su carrera literaria y optó por dejar a un lado sus inquietudes artísticas y fabricar productos que al menos le dieran pasta: adoptó el seudónimo Virginia Wade y comenzó a publicar novelas eróticas nada discretas como La seducción anal de Jennifer o una parodia de Jane Austen titulada Penetración y prejuicio, textos que tampoco disfrutaron de mucho éxito.

Hasta que un día a Wade se le ocurrió escribir una historia que en su cabeza había nacido a modo de chiste: las desventuras pornográficas de unas lozanas excursionistas secuestradas y forzadas por un Bigfoot en lo frondoso del bosque. Un manuscrito que con sus 12 120 palabras (lo que vendría a ser más o menos una veintena de páginas) estaba bastante lejos de poder considerarse una novela al uso y se arrimaba más al concepto de un cuento breve inflado, medio artículo de Jot Down o el discurso ligero de algún líder cubano. Durante las primeras cuatro semanas a la venta aquella ficción erótica cosechó cinco dólares de beneficios, pero llamó lo suficiente la atención como para protagonizar un artículo en la revista Penthouse que propulsaría a la fama las aventuras amatorias del Bigfoot. Año y medio más tarde, la autora ingresaba 30 000 dólares mensuales gracias a aquel texto auto publicado y la conga de secuelas que había producido. No estaba nada mal para un libro titulado Correrse para el Bigfoot, un puñado de páginas donde las palabras «follar» y «Bigfoot» aparecían con envidiable frecuencia, y normalmente formando parte de la misma frase.

Wade no era especialmente virtuosa con las letras, pero el mundo editorial lleva décadas demostrando que eso al mercado le da un poco igual: Dan Brown tiene pinta de lidiar con el ictus cerebral al elaborar párrafos coherentes pero se ha convertido en gasolina magufa superventas, Blue Jeans vende toneladas a pesar de seguir creyendo que tiene quince años, Stephenie Meyer ha ordeñado petróleo de un fanfiction chusco y Christopher Moore ha construido una carrera a base de fotocopiar (mal) a Terry Pratchett. En Correrse para el Bigfoot, la autora firma sentencias como «—¡Es el puto Bigfoot! —murmuró Shelly —¡Es real, Rediós! —exclamó con la mirara horrorizada— ¡Y tiene un pollón!», una prosa valiente que, aunque alejaba ligeramente su pluma de las escuelas literarias clásicas, era capaz de demostrar que la sinceridad a la hora de contar historias a veces es preferible a las formas engoladas.

Lo rentable del negocio transformó aquellos arrumacos lubricados del Bigfoot en una saga de envergadura notable que propició quince secuelas a pesar de que Correrse para el Bigfoot 5, baby se publicitó como el capítulo final, tan solo dos meses antes de que se lanzase Correrse para el Bigfoot 6. Continuaciones que expandieron el universo original propulsándolo hacia nuevos parajes repletos de peludas orgías multitudinarias, penetraciones dobles, maternidad mestiza, voyeurismo tribal en lo frondoso del bosque, sexo anal y algún virginal bigfoot adentrándose en la senda del placer. La saga también se atrevió a ponerse seria dibujando escenas dramáticas donde algún personaje importante fenecía de manera trágica, mientras estaba copulando, eso sí, para no perder el tono. A la altura de Correrse para el Bigfoot 14, Wade había perfeccionado tanto su prosa como para embelesar a sus lectores pariendo sentencias como «Esto no será una acampada de verdad si no hay una fellatio», «Tenía un miembro plagado de venas y con el extremo abultado como una pelota de tenis», «Ggggrrr… gggrrroooaarrrr… Ohdiosmío» o «Ella frotó el pene entre sus manos como si estuviese haciendo un rodillo con plastilina». En un momento determinado, la escritora decidió convertir su creación en una empresa familiar: su marido esbozaba las tramas, su madre se encargó de las traducciones al alemán, su padre ejerció de editor oficial y los beneficios ayudaron a pagar la universidad de su hija: «Solía decirle que los polvetes del Bigfoot le estaban pagando la matrícula» apuntaba la novelista. Lo hogareño de todo el asunto resulta evidente en la imagen pública de hazlo-tú-mismo que potencia Wade: su perfil en Amazon luce un dibujo casero en lugar de una fotografía de la escritora, y su blog personal contiene entrevistas a los lujuriosos sasquatchs coronadas con más garabatos amateurs.

Pero Virginia Wade no se conformó con los empujones del Bigfoot y pronto decidió probar suerte adentrándose en otros campos de la literatura erótica: la cópula histórica (La conquista del gladiador, Secuestrada por los piratas o la saga La lujuria de los vikingos), las perversiones extraterrestres (Correrse para el alien), las artes amatorias de otras criaturas fantásticas (El aquelarre, Correrse para el demonio, Correrse para el espectro o Correrse para el hombre invisible) e incluso la novela de misterio (¿Quién mató a Cole Custer en la biblioteca con un consolador?). En 2013, con el Bigfoot ordeñado en más de un sentido, y tras un par de purgas censoras por parte de Amazon y Pay Pal que retiraron varias de sus novelas del mercado mermando notablemente los ingresos, Wade decidió aparcar la pornografía criptozoológica y adoptó otro apodo para escribir novelas románticas: «Es fácil reinventarse: yo pasé de ser la reina de las guarradas a una monja». Aunque la saga del Bigfoot se ha convertido en el mayor éxito de su carrera, Wade asegura que las novelas romanticonas también le han proporcionado abundantes beneficios. En 2018 la escritora decidió volver a sus orígenes y modernizar su literatura erótica con lo que la gente demanda hoy en día: yoga y más bigfoots. Su nueva saga Namasté con el Sasquatch lleva ya cuatro entregas haciendo el perro boca abajo en lo profundo del bosque.

Estúpida y sensual criptozología erótico-romántica

Lo más hermoso de todo esto es que Wade nunca ha militado sola en las depravadas profundidades del subgénero de la monster erotica, sino que existe una muy extensa lista de escritores que también han hecho carrera encamando humanos con todo tipo de criaturas mitológicas, fantásticas, diabólicas o extraterrestres: Trisha Danes firmó Los demonios aman los culos, Luna Loupe publicó Ordeñada por los aliens (una novela que se define como «erótica lactante de aumento de pecho»), Raven Blackbird tiró de sasquatchxplotaion descarada al lanzar El Bigfoot me dio por detrás y lo disfruté, Clea Kinderton ideó Montada y cubierta por los tritones y Montada y cubierta por los centauros, Vanessa Cox perpetró Atrapada por el cíclope, la católica Emerald Ice es la orgullosa madre de la serie La esclava sexual del alien, Trina Rossi se marcó un Apareada con el Kraken, Evangeline Anderson se puso colosal en Domesticando al gigante, Nikita King escribió El leprechaun cachondo, Kylie Ashcroft concibió Copulando con la planta tentacular de la jungla y K. J. Burkhardt fabricó cosas como Sexo con el robot anatómicamente correcto de mi marido antes de dejar de lado las formalidades en el título y lanzar La puta de Frankenstein pasándose por el papo el detalle de que Frankenstein era el profesor y no el monstruo.

Todas eran historias que a pesar de venderse a precios reducidos (de uno a tres dólares) permitieron a sus autoras  ganarse la vida de manera sana. Al menos hasta que se convirtieron en diana de una ráfaga de puritanismo que sacudió Amazon y otras compañías similares en 2013, cuando un artículo publicado en The -kernel (la revista digital de The Daily Dot) denunció reiteradamente que Amazon estaba plagado de «e-books que celebran la violación, el incesto y el abuso sexual a chicas menores de edad». Desde la compañía de Jeff Bezos optaron por cortar de raíz el problema eliminando todo el material potencialmente ofensivo, obras entre las que se encontraban gran parte de estas novelas de pornografía monstruosa. Algunas de las autoras optaron por cambiar el título de sus creaciones (Correrse para el Bigfoot se transformó en Gemir para el Bigfoot y La esclava sexual del alien se retituló como Las escapadas alienígenas de Sidney) pero aquellos títulos tan poco sugerentes propiciaron que se desplomasen las ventas. Cuando la existencia de literatura erótica en Amazon dejó de ser una noticia con la que llevarse las manos a la cabeza las cosas se tranquilizaron bastante. Actualmente, varias de las novelas citadas más arriba vuelven a formar parte, con su título original, del catálogo de e-books de la compañía americana.

Jurassic porn

Alara Branwen y Christie Sims (autoras que ya se han asomado por aquí en alguna otra ocasión) son los seudónimos que utilizan dos escritoras de éxito justamente para regatear el éxito que han cosechado como escritoras por culpa de un puñado de criaturas cachondas que casualmente están extintas. Su historia comenzó con Sims tanteando el mundo de la literatura erótica como opción con la que sacarse un dinero extra para sufragar sus estudios universitarios. Tras investigar y descubrir que la monster erotica parecía ser un género muy solicitado, la mujer autopublicó digitalmente una historia corta titulada Montándoselo con el dragón, cuyas exitosas ventas le animaron a centrarse en lo de escribir guarradas con bichos en lugar de trabajar horas extra como reponedora de un supermercado.

Pese al éxito, no tardó demasiado en aburrirse de encamar dragones con doncellas y comenzó a masticar una idea, inspirada por Jurassic Park, que le parecía especialmente graciosa: introducir dinosaurios en sus novelas e inventar la dinosaur erotica. Sims escribió su primera historia erótica con dinosaurios implicados y Branwen, una estudiante con la que compartía habitación en la Universidad de Texas A&M, le ayudó a pulir el asunto. Desde entonces se han convertido en las pioneras de un género para el que han facturado cosas como Montada por el T-Rex, Violada por los triceratops, En el nido de los velociraptors, Dino park after dark, Apareándose con el raptor, El deleite de los balaur, Montada en el museo de dinosaurios, Dinosaurio en la grieta o La virgen del velociraptor, entre varias decenas de húmedas aventuras similares. Aunque los calentones con dinosaurios se convirtieron en sus piezas más exitosas, las escritoras también se las apañaron para barajar todo el espectro de fantasías posibles: El confort del fantasma, Orco sin linaje, La novia del hombre-lobo, Montada por el pegaso, Combate con los centauros, Cazadora de goblins, Oso cachondo en Alaska, Cabalgada por la hidra, El hombre-oso contra el hombre-conejo, Secuestrada por el sátiro, Gárgolas en el bosque, Amor leonino o Cachonda por culpa del hombre lagartija también forman parte de su maravillosa bibliografía.

A la hora de hablar de pasta se limitan a ofrecer pistas de las cantidades que manejan: «No vamos a especificar cifras concretas pero digámoslo así: Christine y yo ganamos más que un amigo nuestro que trabaja como ingeniero en Boeing y que un contable que conocemos de Dallas con cinco años de experiencia». A la hora de hablar sobre la sexualidad de sus creaciones apelan a la lógica: «El T-Rex es una criatura frustrada porque con esas patitas no llega a alcanzar su entrepierna».

Let’s go outside

Pese a lo vibrante y colorido de los lascivos subgéneros literarios enumerados hasta el momento, lo verdaderamente epatante se encuentra en el otro extremo de la acera, porque ese es el lugar en el que se asientan la producción de los prodigiosos Hunter Fox y Chuck Tingle, dos autores especializados en monster erotica exclusivamente gay. Fox es el literato que ha legado al mundo de la cultura composiciones como Un dinosaurio monstruoso me forzó a ser gay, Rellenado por el centauro gay, El warlock malvado persigue mi culo, El dragón de tres cabezas castigó mi cuerpo, El pterodáctilo me volvió gay, Mi amante homosexual el dientes de sable, El Spaghetti Monster meneó mi ensalada, Un grifo me destrozó, El pegaso maligno quiere mi culo gay, Empalado por el dragón, Gangbang de cíclopes gays, Un perro-robot me convirtió en gay, Mi primera vez con un unicornio, o el oportunista Magic Spike: dinosaurios strippers.

Pero lo sublime llegó gracias a la pluma de Chuck Tingle, un autor misterioso cuya biografía apunta que nació en Home of truth, una comuna religiosa de los años treinta situada en Utah y que hoy en día se ha convertido en un pueblo fantasma, y reside en Billings (Montana). Su currículo oficial además especifica que posee un doctorado en «masaje holístico» por la Universidad DeVry (una entidad que no ofrece titulaciones en ese campo) y es ducho en el taekwondo (donde «casi» tiene cinturón negro). En los corrillos de literatura erótica está considerado como un ser extremadamente sensual y tiene el mérito de haber creado la historia «tingler», un tipo de narración tan dichosamente erótica como para que el lector no pueda evitar sentir un cosquilleo recorriéndole la columna vertebral al adentrarse en ella. Tingle también es el responsable de Trump Debate Facts, una web que se dedica a debatir afirmaciones que Donald Trump ha hecho públicamente como «Nunca he estado en el Vacío ni probado la carne de aquellos atrapados allí».

Pero lo importante de todo esto es que la obra de Tingle es una producción literaria sublime que va más allá del entendimiento o la razón humana y se eleva hasta alcanzar glorias celestiales. Una colección de cuentos que ni siquiera necesitan ser leídos para ser apreciados en toda su grandeza: sus propios títulos ya son composiciones de orfebrería tan majestuosas como para merecer el honor de ser talladas en mármol y contempladas en los museos o, en su defecto, impresas en pan de oro y enmarcadas sobre la chimenea del salón. Una cosecha extraordinaria que comenzó tímidamente jugueteando con la clásica erótica de los dinosaurios (su primera historia publicada fue Mi triceratop multimillonario anhela culo gay) para acabar generando alguna de las ficciones, protagonizadas a menudo por conceptos antropomórficos, más creativas de toda la historia de la literatura. Veamos:

-Atizado en el ojete por mi concepto lineal del tiempo.

-Hay un bitcoin en mi culo y es muy apuesto.

-Enculado por la sensual manifestación de mi propia negación ignorante del cambio climático.

-El culo de Schrodinger. 

-Pounded by the Pound: convertido en gay por las implicaciones socioeconómicas de los británicos abandonando la Unión Europea. 

-Enculado por mi sensible manifestación del premio a la mejor película mal anunciado. 

-Fake News y empalmes reales.

-Analmente tuyo: el unicornio marinero.

-Viviendo durante ocho años en mi propio trasero inicié un negocio que generó beneficios gracias a la reinversión basada en el sentido común y un marketing estratégico orientado.

-El lunes castiga mi culo.

-Brangelina se separa en dos para encularse a sí misma.

-Sodomizado por el vestido gay que cambia de color.

-Enculado por mi propio culo.

-Destrozado por mi fidget spinner.

-Enculado por Covfefe.

-Azuzado en el culo por el hecho de que el tiempo que se ha tardado en escribir y publicar este libro sea menor que toda la duración del mandato de Tony Scarymoochy como director de comunicaciones de la Casa Blanca.

-Enculado por mi propio libro titulado «Enculado por mi propio culo».

-Domald Tromp Jr. maltratado en el culo por sus reuniones rusas secretas y el encubrimiento extremadamente incompetente de las mismas poco después.

-Horadado por la reacción al título de este libro.

-Vejado en el culo por las acusaciones de saltar sobre el tiburón prehistórico conocido como megalodon.

-La apuesta manifestación física del otoño me volvió gay.  

-Volverse gay por culpa del temor existencial de ser un personaje en un libro de Chuck Tingle.

-Vapuleado por la gran atención mediática que ha recibido mi libro «Pounded by the Pound: convertido en gay por las implicaciones socioeconómicas de los británicos abandonando la Unión Europea».

-El hombre huraño vapuleado por el miedo a su homosexualidad latente por culpa de un dinosaurio que se transforma en unicornio.

Creaciones, que en ocasiones alcanzan el delirio más absoluto, con las que el escritor no solo ha logrado reflejar con precisión a la sociedad contemporánea sino que incluso le han llevado a ser nominado a uno de los premios más prestigiosos de la ciencia ficción.

En abril de 2016, el relato La invasión anal de los raptors espaciales de Tingle logró colarse como una de las finalistas de los prestigiosos premios Hugo en la categoría de Mejor historia corta del año. Unos galardones, considerados como una institución en el mundo de las letras fantásticas y de ciencia ficción, que llevan concediéndose desde 1953 y entre cuyos premiados figuran firmas como las de Isaac Asimov, Connie Willis, George R. R. Martin o Ray Bradbury. Pero la inclusión de una obra de Tingle entre los nominados no respondía a criterios de calidad sino a un sabotaje por parte de los zoquetes de dos colectivos de ultraderecha: los Sad Puppies (de mentalidad conservadora) y los Rabid Puppies (ultraderechistas y supremacistas blancos). Dos tropas de señores llorones encabezadas por hómofobos, racistas y gente que estaba a favor de quitarle el voto a la mujer porque «son criaturas débiles y manipulables», colectivos de tarados con nombre de peluche que planearon rebelarse contra los Hugo al considerarlos demasiado inclusivos y politizados.

Los puppies defendían que los premios se concediesen exclusivamente a hombres blancos hetero, y con dicho fin se organizaron para influir en las votaciones aprovechando que los finalistas a los Hugo se deciden entre los afiliados a la Worldcon (una membresía que se obtenía pagando cuarenta dólares de cuota). De 2013 a 2016, el plan de los puppies fue convertir en finalistas las obras de los escritores ultraderechistas (entre los que, para sorpresa de nadie, figuraban sus fundadores) y también lograr que obras de calidad muy cuestionable acabasen anidando entre los nominados. La invasión anal de los raptors espaciales de Chuck Tingle fue uno de los libros que la pandilla de conservadores lograron colar en las listas, pero el propio autor se lo tomó de la mejor manera posible: etiquetó públicamente a los puppies como una banda de demonios y anunció que, en el improbable caso de ser premiado, su Hugo lo recogería Zoë Quinn, la activista antiacoso que fue hostigada durante el Gamergate por un montón de señoros, algo que escoció mucho a los miembros del colectivo puppie. Entretanto, Tingle aprovechó para sacar rédito de todo el asunto: no solo comenzó a presentarse como finalista del premio Hugo sino que además publicó historias basadas en propio incidente: Castigado en el culo por mi nominación a los Hugo y Enculado por mi fracaso en los premios Hugo. En 2017, recibió con bastante más alegría una nueva nominación, en este caso real y obtenida por sus propios méritos, en la categoría de Mejor escritor aficionado. Y gracias a ello publicó Enculado por mi segunda nominación a los premios Hugo. Un genio.


¿Por qué sabemos que no es así? (y II)

Uri Geller. Fotografía: Cordon.

(Viene de la primera parte)

La física cuántica demuestra científicamente, mediante sus experimentos, que la mente es capaz de modificar la materia. (Josep Pamiés, horticultor).

Carl Sagan dedicó toda su vida a mirar a las estrellas y a contarnos, en un lenguaje que pudiera entender hasta un tronista de MYHYV, qué es lo que había allí arriba, qué sabíamos de todo lo que nos rodeaba y qué no habíamos podido averiguar aún. Consciente de la infinita complejidad del universo, desde los organismos unicelulares casi tan básicos como un tronista hasta la más majestuosa de las galaxias, nunca adoptó el discurso del talibán de las probetas y los cálculos matemáticos que descarta con una mueca de desdén todo aquello que la ciencia no podía probar (o no había probado). Creía, sobre todas las cosas, en la falibilidad de la ciencia y de los científicos, en la experimentación sin juicios previos. Y era esa vocación por no acomodarse entre certezas irrebatibles lo que le legitimaba para mostrarse extremadamente crítico y escéptico ante las pseudociencias, la teología o cualquier afirmación que no pudiera ser refrendada por la observación y el estudio. Si, como científico, adoptó una actitud vigilante ante posibles fallas de las teorías que manejaba, cómo no hacerlo con Uri Geller y sus cucharas artríticas. La suya, no obstante, no era una batalla personal contra Uri Geller, el Maharishi Mahesh Yogui o los Josep Pamiés de la vida, sino una guerra abierta contra la ignorancia, con el saber por bandera. Construir, no destruir. Pero construir con sensatez y utilizando de la mejor manera posible los recursos que la evolución y un cerebro hipertrofiado han puesto a nuestro alcance.

La última obra de Sagan, su obra póstuma, escrita mano a mano con su compañera del alma, Ann Druyan, no giraba sin embargo en torno a los cuerpos celestes ni a emocionantes elucubraciones sobre la existencia de vida inteligente en otros rincones del cosmos. El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la oscuridad, era el testamento vital de un hombre preocupado por la deriva de una sociedad que parecía estar dándole la espalda al conocimiento y la razón en favor de teorías cuando menos descabelladas y esoterismos varios. Una sociedad que, embotada por el entretenimiento de usar y tirar y por los «horrores varios de la estupidez actual» había llegado a confundir ciencia con ciencia ficción. El ciudadano medio, se lamentaba Sagan, dedicaba mucho más tiempo a documentales de dudoso rigor sobre el Área 51 que a informarse sobre el efecto invernadero; ponía más atención en el más allá y sus etéreos habitantes que en el más acá y los apremiantes peligros de la sobrepoblación:

Aquel taxista me reconoció. Tenía muchas preguntas sobre ciencia. ¿Me molestaba que me las hiciera? No me molestaba. Y nos pusimos a hablar. Pero no de ciencia. Él quería hablar de los extraterrestres congelados que languidecían en una base de las Fuerzas Aéreas cerca de San Antonio (Texas), de «canalización» —una manera de oír lo que hay en la mente de los muertos… que no es mucho, por lo visto—, de cristales, de las profecías de Nostradamus, de astrología, del sudario de Turín… Presentaba cada uno de esos portentosos temas con un entusiasmo lleno de optimismo. Yo me veía obligado a decepcionarle cada vez. La prueba es insostenible, le repetía una y otra vez; hay una explicación mucho más sencilla. Pasado un rato, mientras viajábamos bajo la lluvia, me di cuenta de que el hombre estaba cada vez más taciturno. Con lo que yo le decía no solo descartaba una doctrina falsa, sino que eliminaba una faceta preciosa de su vida interior.

Como Thomas Gilovich unos años antes en How we know what isn’t so, Sagan alertaba de los peligros de no emplear ningún tipo de filtro a la hora de dar por válidas creencias, historias para no dormir, o fenómenos de cualquier tipo. Los peligros para nuestra salud, para la naturaleza, los peligros para nuestras decisiones políticas, e incluso para nuestra estabilidad econonómica y mental si, llevados por un exceso de fe, terminamos siguiendo al gurú de turno hasta el desierto o hasta una finca en Guyana. Por desgracia, los peores presagios del creador de Cosmos se nos presentan ahora como la más triste cotidianeidad, en un mundo sobresaturado de información y en el que esa información nos llega desde los cuatro puntos cardinales sin ninguna clase de criba previa o control de calidad y la mayoría de las veces como meros vehículos para el ocio o el chismorreo. Este orden de cosas, conjugado con los «vicios» mentales que hemos desgranado en la primera parte del artículo los que nos hacen creer lo que no es así, parece estar devolviéndonos en parte a épocas en que superstición y ciencia eran, a ojos del pueblo y de sus practicantes, una misma cosa. Los alquimistas vuelven a ejercer de médicos, los consejeros espirituales y los videntes vuelven a hacer las veces de terapeutas, y las cosas son ciertas solo porque no se puede probar que no lo sean. Una suerte de perversión del latinajo in dubio pro reo: ante la duda, debe ser cierto.

La pseudociencia al poder

Pensemos en el caso de la pequeña Rhea Sullins, de siete años, hija del presidente de la Sociedad Americana de Higiene Natural. Su padre creía firmemente que ningún fármaco eran tan efectivo como una semana sin comer o una dieta a base zumos de frutas. Cuando Rhea cayó enferma de neumonía el señor. Sullins la mantuvo dieciocho días bebiendo solo agua y, después de esto, diecisiete más ingiriendo zumitos. Como certificaron los médicos, Rhea murió de un fallo multiorgánico propiciado por un estado de severa malnutrición. Agua, zumos… ¿Qué mal pueden hacer?

Afirmaba Sagan que «se abraza la pseudociencia en la misma proporción en que se comprende mal la ciencia real». Y de esto tienen buena culpa nuestros gobernantes, tan celosos de sus plasmas y sus másters bajados de internet como poco interesados en los controles civiles y la educación científica. Y cada vez que esto sucede, con cada una de estas renuncias «se produce otro pequeño tirón de la pseudociencia». Porque la pseudociencia es muy distinta de la ciencia errónea. La ciencia avanza con los errores y trata de eliminarlos uno a uno. Se llega continuamente a conclusiones falsas y callejones sin salida, pero esas conclusiones han sido formuladas, siempre, hipotéticamente, y las hipótesis se plantean de forma que puedan refutarse. Sin embargo, la pseudociencia es justo lo contrario. Sus hipótesis se expresan de manera que sean invulnerables a cualquier experimento que ofrezca una posibilidad de refutación, por lo que difícilmente puedan ser invalidadas. Los seguidores y los auspiciadores de las pseudociencias, por su parte, se muestran siempre cautos y a la defensiva. Se oponen al escrutinio escéptico. Cuando las hipótesis de los pseudocientíficos no consiguen convencer a los científicos se alegan conspiraciones para suprimirla.

Curo el ébola. Y el sida… El sida no existe

Josep Pamiés. Fotografía: Cordon.

De conspiraciones es de lo que suele hablar, muy encendido, el paradigma español (o catalán) de la pseudociencia y la osadía, el horticultor leridano Josep Pamiés. Sirva él como cabeza de turco en esta exposición de los riesgos de exponerse demasiado y sin demasiadas precauciones a creencias dudosas. Porque este humilde agricultor que niega el sida, asegura poder curar el ébola y factura dos millones de euros al año no será el primero ni será el último de su estirpe, y probablemente no sea tampoco el más peligroso de todos, pero Pamiés y su Dulce Revolución están de moda. Una buena cartera de clientes/incondicionales, y un negocio en expansión a base de vender hierbas sanadoras y la Solución Mineral Milagrosa —el dióxido de cloro que todo lo cura—, le convierten, ¡ay!, en diana de todos los científicos vendidos a la Big Pharma y de los malvados periodistas que tienen la manía de exigir pruebas, datos, estudios. Contra los cuestionamientos, arrogancia. Contra las solicitudes de evidencias sólidas, la nada más absoluta. Y aun así su «revolución» avanza y los miembros de su rebaño hacen piña en torno a él con la lección conspiranoica bien aprendida.

¿Cómo es posible tanta suspensión de incredulidad? ¿Cómo puede ser que Pamiés convenza a miles de personas de que la medicina «oficial» no tiene ni idea y él sí? ¿O cómo puede el negocio homeopático facturar cientos de millones de euros al año despachando bolitas de azúcar? ¿En qué falla una sociedad cuando no logra transmitir algo tan sencillo como que en una dilución homeopática —seis veces, noventa y nueve disoluciones cada vez— hay tantas probabilidades de encontrar la molécula curativa de marras como de dar con una molécula de orina de Hitler en un cubo de agua de mar? Es cierto que la homeopatía da síntomas de estar en franco retroceso, aunque, posiblemente, para ser sustituida por la bioneuroemoción de Enric Corberá, la Estagiria o cualquier otra terapia beneficiosa para las cuentas corrientes de quienes las promueven, pero aun así, según un estudio de 2017 de la Fundanción Española para la Ciencia y la Tecnología, más del cincuenta por ciento de los adultos españoles creen en las propiedades de la homeopatía y casi el sesenta le tiene ley a la acupuntura. Paradójicamente, según ese mismo estudio, solo el veinticinco por ciento cree en los curanderos. Vamos avanzando.

¿Son molinos o son gigantes?

El despropósito tiene dos padres. El primero es el Estado, que, a diferencia de cómo fiscaliza los medicamentos al uso, que han de demostrar que hacen lo que dicen que hacen, solo exige de la homeopatía y similares que sus productos sean inocuos. Vended lo que queráis, pero no me vayáis a matar a nadie. No obstante, el concepto de inocuidad es delicado si lo aplicamos al campo de la salud. Recordemos la historia de la pequeña Rhea Sullin. Todo lo que su progenitor le dio para tratar la neumonía respondía a las exigencias «inocuas» que ahora hace el Ministerio, pero el problema de Rhea o de un enfermo de cáncer que renuncie a los tratamientos tradicionales para abrazar zumos y sales y dióxido de cloro no está en lo que toman sino en lo que dejan de tomar.

El otro padre de esta cadena de catastróficas pifias es, de nuevo, un error de cálculo; o la ignorancia de la que hablaba Sagan. La ignorancia que no se sabe ignorante, la peor de todas. «La mayoría de la gente», decía Gilovich, «no es consciente del poder curativo de nuestro propio cuerpo sin necesidad de que medien médicos, medicamentos o cirugía. El cincuenta por ciento de las enfermedades por las que la gente visita un centro de salud son “autolimitadas”, es decir, se curan gracias a procesos que nuestro organismo pone en marcha de manera automática. De no ser así, las diferentes civilizaciones habrían desechado la búsqueda de tratamientos mucho antes de que se conocieran la antisepsis, la vacunación o los antibióticos. No habríamos llegado vivos hasta aquí sin llevar dentro una maquinaria capaz, la mayoría de las veces, de curarse a sí misma». Las hierbas de Pamiés, la homeopatía, o, por qué no, el Frenadol, aseguran estar curando algo de lo que el cuerpo, en condiciones inmunológicas normales, ya se está ocupando con eficacia y precisión. Pero hay que señalar que la gran diferencia entre el Paracetamol en sobre y las hierbas o la homeopatía son los estudios clínicos y los controles de calidad a los que se prestan uno y otras. La vil farmacopea oficial se somete a los férreos marcajes de Sanidad —les va en ello el negocio—; la medicina pseudocientífica a ninguno en absoluto. Y no deja de ser preocupante que millones de personas renuncien voluntariamente y de buena gana a dichos controles sobre los productos que se meten en el cuerpo serrano. Así, un día te levantas, enciendes la televisión, y Donald Trump es presidente de los Estados Unidos de América. Y visto lo visto, tiene todo el sentido.

Persiguiendo fantasmas

Íker Jiménez en Cuarto milenio. Imagen: Cuatro.

Si dejamos nuestro cáncer, o nuestro ébola, o nuestra fibromialgia en manos de los conocimientos de un agricultor —con todos nuestros respetos para los labriegos—, ¿por qué no vamos a creer en fantasmas, y en médiums, y en la imposición de manos? Hay tanta gente que afirma haber sido testigo de excepción de uno o varios fenómenos de la llamada «percepción extrasensorial», se les da tanta cancha en medios, películas y literatura que, por supuesto, hacemos nuestro el refrán «cuando el río suena, agua lleva». Es el tipo de «ciencia» que le gustaba al taxista desengañado por Carl Sagan. No sorprende, entonces, que Cuarto Milenio sea uno de los programas estrella de la parrilla generalista española, parrilla en la que no encontraremos —no en horas de gente decente, y salvo los «experimentos» de El hormiguero— nada parecido a un Íker Jiménez de la ciencia. Aquí la responsabilidad no recae sobre la oferta, que solo nutre una demanda, ni sobre el Estado, que no entra en asuntos del más allá, sino de una cuestión ya pormenorizada en la primera parte de este artículo: el deseo de creer.

Lo «paranormal» no generaría apenas audiencia si no apelara a creencias ya anidadas dentro de nosotros. Primero nos convencemos de que «debe de haber algo» entre las sombras, monstruos debajo de la cama o voyeurs verdes allí arriba en el cielo y después Íker y su equipo se encargan de nutrir esos cerebros ávidos de fenómenos inexplicables (e inexplicados). Y creemos en la telequinesis o en la telepatía o en las caras de Bélmez porque nuestra voluntad por hacerlo es poderosa. Y fácil de comprender. Para aquellos que creen en lo sobrenatural hay implicaciones, muy seductoras, que les ayudan a cargar con el peso de todas esas preguntas que el ser humano se lleva haciendo desde aquellas largas noches de invierno en cualquier cueva del sur de África. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? Lo sobrenatural nos sugiere que podemos trascender, que la muerte no es el final, que nos reencontraremos con nuestros seres queridos o que llegarán hombrecillos de otra galaxia para mostrarnos el camino hacia la inmortalidad y la sabiduría, o para contarnos que no estamos solos. ¿Quién no querría esas certezas? La mayoría de nosotros estaríamos dispuestos a creer si las evidencias nos parecieran lo suficientemente plausibles. Porque lo cierto es que, por mucho que deseemos creer, si la realidad se interpone y nos obliga a desechar una idea solo alguien que vive fuera de esa realidad se seguirá aferrando al creacionismo o la negación del sida. Así que, ¿cómo llegamos a esas evidencias que nos parecen plausibles? Gilovich lo relacionaba con nuestro día a día, con las experiencias cotidianas y cómo una buena cantidad de testimonios, sucesos que creemos extraordinarios, y algunos bulos, pueden ayudarnos a aceptar que, efectivamente, el río lleva agua.

Jugamos a los dados, pensamos en un número y ese número sale, y entonces creemos que hemos podido ejercer algún tipo de influencia; telequinesis de mesa camilla, o adivinación. Soñamos con Paquito, nuestro compañero de pupitre del colegio, el bueno de Paquito, y al día siguiente nos lo encontramos al doblar una esquina. Tenemos el don de la premonición. Alguien muy cercano muere y al poco tiempo, al abrir un libro, cae al suelo una nota escrita por él y dirigida a nosotros. De alguna manera, desde el más allá, su espíritu nos ha guiado hasta encontrar lo que quería que encontráramos. Los muertos van a un lugar mejor y nosotros somos médiums. Pero, ¿qué tienen en común este tipo de fenómenos? Son coincidencias que presumimos tan increíbles que no podemos creer que se deban al mero azar. Aquí empiezan los problemas y las consultas a doscientos euros la hora con Octavio Aceves. Porque, teniendo en cuenta la cantidad de experiencias, encuentros, pensamientos, que componen una sola vida humana —cientos de miles, millones— lo increíble sería que nunca se produjeran ese tipo de coincidencias. En palabras del paleontólogo Stephen Jay Gould, «El tiempo hace que lo improbable termine siendo inevitable. Dadme un millón de años y conseguiré que la moneda caiga de cara cien veces seguidas». A menudo, o casi siempre, pasamos por alto lo que los estadísticos llaman la Ley de las Grandes Cifras. Alejando la lupa de nosotros mismos y de nuestras pequeñas vivencias, entenderemos que multitud de otros seres humanos están experimentando, quizá en el mismo segundo del mismo día, las mismas «coincidencias» que nosotros, y pensando, igual que nosotros, que todo se debe a capacidades durmientes de nuestro cerebo o a la intromisión de los «fantasmas de nuestros antepasados».

Elegimos no utilizar la cabeza

Sesión de reiki. Fotografía: Ängsbacka (CC).

Damos validez a lo que puede ser refutado o explicado por la mera estadística y sin embargo desdeñamos o no nos molestamos en comprobar la infinidad de estudios que se han llevado a cabo para tratar de arrojar un poco de luz sobre el consenso generalizado de que lo sobrenatural flota en el ambiente y que hay quienes pueden controlarlo. Después de ciento cincuenta años de experimentos en universidades y laboratorios de todo el mundo, con una vasta bibliografía que los respalda, la conclusión es que, si bien no se puede afirmar categóricamente que no exista el alma o que no sea posible mover piedras con el poder la mente, ninguna evidencia ha sido puesta encima de la mesa y todos los que se decían poseedores de algún don especial en este sentido fueron desenmascarados o jamás se prestaron a experimento alguno. Experimentos, por otro lado, tan sencillos de llevar a cabo que hasta una niña de nueve años, Emily Rosa, diseñó uno para averiguar qué había de cierto en el «toque terapéutico», el reiki de hace veinticinco años:

Emily citó a un grupo de personas que aseguraban ser capaces de sentir el «campo energético» que, según dicen, a todos nos rodea, y los colocó uno a uno delante de una mesa. Los puso frente a una cartulina blanca con un hueco en la parte inferior para que pudieran extender los brazos con las palmas hacia arriba. Lo único que veía Emily del sujeto al que «la Fuerza» acompañaba eran sus manos, y lo único que el sujeto veía era una cartulina blanca. Repitió el mismo procedimiento una y otra vez, diez veces por cada sujeto: tiraba una moneda al aire y, dependiendo de si salía cara o cruz, colocaba una de sus manos encima de la del sujeto, sin tocarle. Acto seguido, la investigadora de nueve años preguntaba al maestro o a la maestra del «toque terapéutico» qué mano había colocado encima de la suya, si la derecha o la izquierda. Después de repetir el proceso con veintiún voluntarios y tras doscientos ochenta intentos por parte de estos, lo que el experimento arrojó fue que ni siquiera llegaban a acertar el cincuenta por ciento de las veces, una proporción ni mayor ni menor que la de cualquier persona sin poderes jedi.

Así fue como una cría de primaria desmontó las teorías que sostienen el boyante negocio del reiki y las «energías». Hoy, más de veinte años después, si buscamos Emily Rosa en Google obtendremos menos de sesenta mil resultados. Si buscamos «reiki», el Oracúlo de Brin y Page nos devolverá casi setenta millones de entradas. Tenemos lo que más buscamos. Es hora de dejar de culpar al Estado, a los recortes en educación de Rajoy y a las macroconspiraciones planetarias. Tampoco podemos culpar a los Pamiés, Corberá et al. Al fin y al cabo, estos individuos solo ven un nicho comercial y lo aprovechan, como cualquier otro mercader de productos que necesitamos poco o nada. Somos nosotros, consciente y voluntariamente, quienes elegimos no hacer uso del pensamiento crítico que posee hasta una niña de nueve años. Ahí nos las den todas.

¿Propósito de enmienda?

Todos tendemos a preferir los blancos o los negros a las tonalidades grises, y a todos nos seduce la idea de que lo que (nos) sucede es perfectamente controlable. Además, como ya hemos visto, la tendencia a detectar patrones y estructuras coherentes en eventos fruto del azar está tan arraigada dentro de nosotros que no podemos esperar eliminarla por completo. ¿Qué hacer, entonces, para no caer en la(s) trampa(s)? Hay que encontrar un equilibrio, hay que buscar la compensación. Debemos, sobre todo, mostrarnos reticentes a sacar (o a aceptar) conclusiones a partir de evidencias poco concluyentes o incompletas. En vez de dejarnos llevar por el entusiasmo ante lo que percibimos como prueba irrefutable conviene dar un paso atrás y preguntarnos, como hizo Emily Rosa, ¿qué pasaría si estas personas que afirman detectar las energías que emite el cuerpo humano no pudieran ver a quien tienen delante? ¿Los resultados serían los que ellos afirman que son?

Los creyentes, por ejemplo, llevan la cuenta de las veces que sus plegarias fueron atendidas, y concluyen que existe un Dios que les protege y les entiende. Los ateos, por su parte, no olvidan todas aquellas oraciones que nadie pareció escuchar. Pero todos llegan a sus conclusiones por el camino equivocado, o todos extraen conclusiones de evidencias poco representativas. Todos deben dar ese paso atrás y contabilizar tanto las plegarias atendidas como las que cayeron en el olvido, y también, o ante todo, todas aquellas esperanzas que se hicieron realidad sin que mediara plegaria alguna. Entonces tendrán los elementos de juicio necesarios para decidir si existe un Dios o si todo es fruto de la casualidad y la estadística. Si no nos dejamos llevar por la pereza —que es pecado capital, por cierto— en la mayoría de las ocasiones seremos capaces de reunir una buena cantidad de información. Pero hay que buscarla. En primera persona, si se puede. Tenemos que ser conscientes de que los testimonios que creemos de segunda mano —lo que nos cuenta nuestro mejor amigo, o nuestra pareja— pueden venir de mucho más lejos. Es fundamental cuestionar las fuentes, o preguntar por ellas.

Tanto Sagan como Gilovich, en sus respectivos epílogos, hablaban de la necesidad de estar entrenados en el método científico y de los riesgos de alejarnos demasiado de él. «Una mayor familiaridad con las herramientas (prácticas o teóricas) que la ciencia pone a nuestra disposición nos ayudará a desarrollar los hábitos mentales necesarios para detectar creencias dudosas y diferenciar entre lo que es una evidencia y lo que no lo es en absoluto», concluía Gilovich. Para Sagan, «los mecanismos de la pobreza, la ignorancia, la desesperanza y la baja autoestima se mezclan para crear una especie de máquina de fracaso perpetuo que va mermando los sueños de generación en generación. Todos soportamos el coste de mantener esa máquina en funcionamiento. El analfabetismo es su eje principal».


Pedro Duque: «Conocer mejor la ciencia mejoraría muchísimo la vida cotidiana de las personas»

Esta entrevista fue publicada originalmente en nuestra revista trimestral número 16.

Pedro Francisco Duque Duque (Madrid, 1963) es astronauta y licenciado en Ingeniería Aeronáutica por la Universidad Politécnica de Madrid. Empezó trabajando como programador en el Grupo de Determinación Precisa de Órbitas de la Agencia Espacial Europea (ESA). Su primer viaje al espacio lo realizó en 1998 a bordo del transbordador espacial Discovery. Su segundo viaje fue a la Estación Espacial Internacional (ISS) al bordo de la Soyuz TMA, durante la Misión Cervantes.

Nos encontramos con Duque en las instalaciones de la ESA a las afueras de Madrid, en un edificio decorado con maquetas de satélites a escala. Duque es conciso en sus respuestas y se le iluminan los ojos cuando hablamos del viaje tripulado a Marte, la misión, confiesa, que más desearía liderar.

La gente siempre te pregunta qué hay que hacer para ser astronauta y olvida que te graduaste en la Universidad Politécnica de Madrid con una nota media de 10. ¿En este caso correlación implica causalidad?

Está bien graduarse con buenas notas, pero eso no es lo único. Si se trata de astronáutica, además de estudiar hay que saber, hay que haber trabajado, hay que demostrar que uno puede utilizar bien los conocimientos y obtener resultados concretos, hay que tener capacidades operativas, se pide a la gente que hable idiomas… Hay una serie de factores que deben sumarse.

¿Tenías ya claro que querías ser astronauta cuando estudiabas Ingeniería Aeronáutica? ¿O fue otra cosa lo que despertó en ti la pasión por el espacio?

Yo tenía seis años cuando tuvo lugar el alunizaje del Apolo XI. Todos vimos por la televisión cómo Neil Armstrong ponía el pie en la Luna por primera vez. A todos los que lo vimos nos atrajo tanto que nunca lo hemos olvidado. Desde entonces me acompaña la imagen en blanco y negro del primer paseo del hombre en la Luna con Jesús Hermida describiendo el momento, fue algo absolutamente definitorio en mi vida. Luego me he dedicado a la aeronáutica porque siempre me ha gustado la ingeniería y ver funcionar las cosas por dentro, y como la profesión de mi padre era controlador aéreo me familiaricé desde pequeño con los aviones y las conversaciones con ingenieros. Por eso opté por la Ingeniería Aeronáutica.

En tu discurso de investidura como doctor honoris causa en la Universidad Politécnica de Valencia decías que «la sociedad debe su pujanza a la tecnología y la organización, pero los más jóvenes se afanan poco y esperan poder enriquecerse en poco tiempo por alguna ocurrencia o carambola». ¿Una reivindicación de la cultura del esfuerzo?

Sí, pero no solo de la cultura del esfuerzo. Hay que explicarles a los jóvenes que esforzarse es necesario, pero no porque con esfuerzo vayan a cumplir una obligación, sino porque los esfuerzos tienen como resultado mucha más diversión y muchísimo mayor disfrute en la vida. Solo te diviertes con las cosas cuando las entiendes, y a veces para entenderlas hay que leer y hay que esforzarse. El esfuerzo es una vía para conseguir también el disfrute. Un ejemplo: si me monto en un monopatín, lo piso y me caigo, ya no querré montarme más. Para poder conseguir el gozo de montar en monopatín hay que practicar, hay que trabajar la técnica, y eso implica empezar por esforzarse. Ocurre lo mismo con el conocimiento de las cosas, de cómo funcionan. Hay que estudiar ingeniería, conocer la naturaleza. Eso te proporciona un disfrute al final. Es como ir al Museo del Prado: para disfrutar de los cuadros tienes que saber de pintura. Si no, solo ves monos.

Antes de irte al espacio te dedicaste durante seis años, entre 1986 y 1992, a la determinación precisa de órbitas en el Centro Europeo de Operaciones Espaciales (ESOC) de la ESA en Alemania. ¿Cuál era tu trabajo exactamente?

Consistía en programar los algoritmos matemáticos y físicos que determinan cómo son las órbitas y qué influencias tienen sobre los satélites las diferentes fuerzas que los gobiernan, y cómo podemos utilizar mejor las diversas medidas de las distancias para conocer bien nuestra órbita. Eso es lo que hacíamos donde yo trabajaba, en el centro de control en el Grupo de Determinación Precisa de Órbitas. En ese momento era importante porque teníamos unos nuevos satélites de observación de la Tierra equipados con cámaras fotográficas y era necesario saber exactamente en qué sitio del planeta habían sacado las fotografías, porque cada una se realiza en un determinado minuto, segundo y microsegundo. Lo hacíamos con medidas de láser y con medidas de GPS, y nos divertíamos mucho. Se programaba en Fortran 4 y 77 y seguimos haciéndolo igual, solo que ahora es Fortran 90 o 95 o 2003.

¿Se sigue innovando en la algoritmia?

Ya no se innova mucho. En los años ochenta ya desarrollamos los programas que calculaban los mínimos efectos de las ecuaciones de la relatividad general de Einstein en las medidas del láser. Lo que se hace ahora es conseguir que los programas sean más automáticos, que tengan una presentación más sencilla y que admitan nuevos satélites.

Recibiste entrenamiento en la Ciudad de las Estrellas de Moscú, conocida como «la ciudad militar cerrada número 1», donde también se preparó el cosmonauta Yuri Gagarin. ¿Hablas ruso?

Tuve que estudiar ruso porque allí todas las clases se daban en ruso. Hice un curso intensivo, llegamos allí y los dos primeros días no entendimos nada. Poco a poco nos fuimos adaptando y fuimos aplicando el conocimiento que nos habían impartido durante el curso. Al final todos tenemos que hablar ruso por radio y leer los procedimientos en ruso, y nuestra vida, en realidad, depende de lo bien que hablemos en ese idioma. Así que nos aplicamos bastante.

¿Y la experiencia allí cómo fue?

Rusia ha cambiado mucho. Empezamos a ir allí en el año 1992, tras la caída del telón de acero. Acababa de caer la Unión Soviética y el país atravesaba unas dificultades económicas enormes. La gente que quedaba en el programa espacial estaba por entusiasmo, no por lo que les pagaban. Fueron años durísimos en lo que quedaba de programa espacial soviético, con gente mayor, entusiastas que cobraban poquísimo dinero y a los cuales siempre queríamos ayudar, pero tampoco sabíamos cómo. Los edificios estaban destartalados, en el baño no había papel… Parecía una cosa un poco curiosa que nos atreviéramos a volar en cohetes hechos por aquella gente, pero entendimos que en Rusia se hacía el mismo hincapié en la seguridad que en cualquier otro sitio. En parte, no había dinero para todo porque el dinero se invertía todo en la seguridad.

Incluso antes de salir en la Soyuz fuiste condecorado por Boris Yeltsin. ¿Por qué se te concedió en la Federación Rusa la Orden de la Amistad?

Es una tradición. De las personas que iban a Rusia a volar en los vuelos conjuntos se condecoraba a los astronautas, al que había volado y al que había quedado en reserva con la Orden de la Amistad.

En 1998 fuiste nombrado miembro de la tripulación del STS-95 del Transbordador Espacial y volaste en el Discovery. Tuvisteis un problema en el despegue y se decidió no abrir el paracaídas en el aterrizaje. ¿Temiste por tu vida?

No, de aquello solo nos enteramos cuando ya estábamos en órbita. Se cayó una tapa de metal que no lleva telemetría, o quizás, si llevaba, no estaba activa en ese momento, porque no se espera que el paracaídas se abra durante el lanzamiento. Luego se detectó al ver los vídeos. Supimos a posteriori que habíamos estado en grave peligro, pero no durante el tiempo en que lo estuvimos. Más tarde hicimos las correspondientes averiguaciones y, tras las conversaciones con los expertos de tierra sobre cómo proceder, estrechamos las condiciones de aterrizaje para que pudiéramos llevarlo a cabo de manera que se pudiera frenar en lo que había de pista. Ese paracaídas es importante cuando aterrizas en una pista corta por cuestiones de emergencia, pero cuando aterrizas en la enorme pista de Florida te da igual parar más pronto que más tarde.

En aquella misión te acompañaba John H. Glenn, que entonces tenía setenta y siete años. Glenn y tú os sometisteis a pruebas médicas con el objeto de entender los procesos de envejecimiento. ¿Los experimentos que se efectúan en el espacio son siempre públicos o también los hay secretos?

Son siempre públicos. Eso sí, ocurre que a veces una empresa comercial paga por el uso de la estación espacial para hacer experimentos, ya que esperan descubrir o inventar cosas gracias a ellos, y los resultados solo los conocen ellos. Es normal, porque son experimentos comerciales. Sin embargo, no hay ningún experimento que sea estrictamente secreto, del tipo tecnología militar o algo así. Eso no se hace en la Estación Espacial Internacional y, si lo hacen, yo no me he enterado [risas]. Desde luego, allí arriba no se hace, a no ser que se haga en otros sitios, o con otros satélites o sistemas.

Tu siguiente viaje fue a la ISS en la misión Cervantes, en la que se aprovecha que hay que sustituir la Soyuz salvavidas para realizar una corta estancia en la estación espacial. ¿Por qué es necesario cambiar de Soyuz cada seis meses?

Es una cuestión tecnológica. Todo aparato tiene una vida útil garantizada y las naves Soyuz estaban diseñadas para que fuera de seis meses. Por supuesto que, si las extiendes a nueve meses por algún motivo importante, a lo mejor funcionan igual, pero hay unas baterías cargadas que tienen que funcionar durante esos seis meses; hay unos depósitos con combustibles especiales que no se abren durante esos seis meses, porque hay que tener cuidado para que el combustible no se degrade; etcétera. Hay una serie de imperativos tecnológicos que limitan la vida garantizada del aparato a seis meses. Hoy, en las nuevas naves, se han hecho modificaciones y están teniendo una vida útil garantizada mucho más larga. Creo que están por nueve o diez meses.

Cuando esas naves vuelven, ¿se reutilizan en parte o ya quedan para los museos?

Se queda casi todo para museo. Hay que tener en cuenta que la mayor parte se quema, porque la nave se divide en tres trozos y solo la parte central tiene un escudo térmico. El resto se funde y se vaporiza durante la reentrada. La mayor parte de la nave se pierde completamente. Luego, la cápsula en sí no se puede recuperar porque ha pasado por unas condiciones térmicas extremas, se ha calentado y ha cambiado su estructura metálica, lo que impide que se pueda volver a utilizar. Lo que sí puede hacerse es sacar los ordenadores de la cápsula y volver a instalarlos después, eso sí se puede reutilizar.

¿Volar en la cápsula espacial Soyuz es tan emocionante como parecía en la película Gravity?

Sí, es muy parecido. Aunque no se pueden manejar las cápsulas a voleo como aparece en la película [risas], pero sí, vibras, el paracaídas da un gran tirón, todo eso ocurre. En la película Apolo XIII llueve en la cápsula porque el aire acondicionado no funcionaba y estaba todo lleno de humedad, y en el momento en que la gravedad hace efecto toda esa agua les cae encima a los astronautas. Todo esto son cosas que realmente ocurren.

Como jefe de la Oficina de Operaciones de Vuelo de la ESA, ¿cómo viviste el aterrizaje del módulo Philae en el cometa 67P/Churiumov-Guerasimenko en noviembre de 2014, en el curso de la misión Rosetta?

Esas misiones se controlan en el Centro Europeo de Operaciones Espaciales (ESOC), donde yo mismo trabajé al principio de mi carrera en los años ochenta. Está en Darmstadt, Alemania. Existe una red de antenas distribuida por toda la Tierra que se coordinan desde el ESOC y a través de ellas se realizaron y enviaron todos los comandos y se efectuó la telemetría de Rosetta. Nosotros no tenemos que ver con eso.

El próximo 30 de septiembre la propia sonda espacial Rosetta se estrellará contra el cometa y con eso acabará la misión. ¿Cómo valoras este proyecto de la ESA?

El proyecto ha sido el más importante del programa científico de la ESA hasta ahora, no solo por los resultados, que son muy importantes, también por la comunicación que acompañaba a la misión. Hay otros equipos de la ESA que han efectuado grandes logros, por supuesto, como el satélite que realizó el inventario de todas las estrellas que utilizan los astrónomos, y otro satélite que está haciendo ahora mismo un nuevo inventario mil veces más preciso. No puedes comparar los resultados de uno con los resultados de otro, los dos son maravillosos. Pero, desde el punto de vista de comunicación, hemos hecho un papel muchísimo mejor y la nave Rosetta ha puesto en el mapa de los medios de comunicación a la Agencia Espacial Europea. Y espero que no se estrelle, sino que solo se deposite.

¿Estáis en la ESA al mismo nivel tecnológico y presupuestario que la NASA o la FKA, la agencia espacial rusa?

En presupuesto Europa y Rusia están más o menos igual. El de Rusia llegó a estar muy por encima, pero ahora ha bajado. Pero el presupuesto militar y civil estadounidense es diez veces mayor. Tecnológicamente estamos muy parejos, pero es sencillamente imposible, por mucho que seamos mucho más eficientes, que con esa diferencia económica podamos estar a su mismo nivel global. Hay programas concretos en los que estamos muy por encima, todo el programa de observación de la Tierra es muchísimo más avanzado que el de Estados Unidos, y en las naves como Rosetta o en telescopios estamos a la par con la NASA. También el programa Galileo está tirando y hoy se está poniendo muy cerca del programa americano de GPS. Pero, por ejemplo, en vuelos tripulados Europa participa con un porcentaje muy pequeño.

Si dispusieses de los fondos necesarios, ¿qué misión espacial no realizada te gustaría liderar?

El primer aterrizaje en Marte, como a todo el mundo. Que una nave tripulada descendiese hasta el suelo de Marte daría unos réditos económicos impresionantes, por la tecnología que habría que desarrollar y la competitividad que daría a la industria europea; pero también unos réditos importantísimos desde el punto de vista emocional. La gente entendería por qué hemos hecho esta unión de todos los países europeos: por alcanzar un objetivo grande e importante que solo podemos conseguir todos juntos. Y tendría una ilusión. La verdad es que la cantidad de dinero que se requeriría para ello, comparado con los presupuestos de la Unión Europea, sería irrisoria.

¿Tendría que ser una cosa de la ESA o debería ser una misión conjunta entre todas las agencias espaciales?

Se puede hacer una misión conjunta, pero entonces lo importante es no ser un socio pobretón. Si se hace conjunta, pero hay alguien que pone el 90 % y tú pones el 5 % y otro más pone el otro 5 %, entonces de ahí no sacas ni los réditos de los inventos ni puedes exigir que haya un miembro tuyo en la tripulación. La única manera correcta sería, o bien que lo hiciera la ESA todo entero, o bien que fuéramos al 50 % con alguien, por ejemplo la NASA, que es nuestra agencia casi hermana.

Space X, una compañía privada, ha anunciado su llegada a Marte en 2018. ¿Tú lo ves factible?

Es muy difícil saberlo. No tengo acceso a los diseños y a las características de la misión, las guardan muy celosamente, como haría yo si hubiese invertido tantísimos millones en diseñar la nave [risas]. Pero hasta ahora las afirmaciones de Space X han sido muy fiables. Yo conozco gente que trabaja allí, y trabajan durísimo y hacen inventos permanentemente, se atreven a todo. Yo apuesto a que sí.

¿Y el primer viaje tripulado para cuándo?

Eso va a ser más difícil de saber. Ellos pensaban aterrizar la nave Dragón allí, pero no creen que vuelva. Esa nave no está provista de los sistemas necesarios como para rellenar el combustible y volver, es simplemente posarse, hacer fotos y demostrar que se dispone de la tecnología. Es una misión no tripulada extremadamente válida y útil, es lo que yo haría si tuviese el dinero en la Agencia Europea del Espacio y, por supuesto, el comando del uso de presupuesto. Así que, ¿para cuándo la próxima tripulada? Pues falta aún bastante, porque hay que mandar otra anterior que, de alguna manera, lleve el combustible, o sea capaz de extraerlo de la superficie para rellenar el vehículo nuevamente, y un cohete además que lo saque. Estoy seguro de que hay alguien pensándolo dentro de Space X, y dentro de la NASA tienen que planteárselo también. Y esperemos que la Agencia Espacial Europea, de alguna manera, consiga de la Unión Europea o de alguien el dinero para ponerse al nivel.

¿Qué te pareció la película The Martian?

A mí me gustó bastante, tiene buena factura y pone mucho interés en que todo sea lo suficientemente realista (considerando que es una película de Hollywood, obviamente). Hay algunas cosas un poco raras, claro. Como eso de que le quiten el techo a la nave y salgan con una lona. No he hecho los números, pero me da la impresión de que está pillado por los pelos. Mantener la atmósfera de la estación, lo que es el hábitat en Marte, simplemente con una lona parece exagerar un poquito. Pero no lo sé, insisto, habría que hacer los números. Y sí, la mayor parte de las decisiones son muy razonables y no tan desvariadas como en otras películas como Armageddon.

Las pruebas físicas que realizáis los astronautas son muy exigentes. ¿Serán necesarias para el turismo espacial?

No, por supuesto que no. Muchas de nuestras pruebas no son duras por tener que soportar condiciones extremas, sino por las muchas veces que hay que repetirlas hasta que sale la necesaria perfección de manejo. No es duro estar en una nave espacial desde el punto de vista físico. Está claro que no toda la población aguantaría la aceleración, pero sí un porcentaje enorme. Hay que hacer una centrífuga y mirarlo. Pero nosotros lógicamente tenemos que ir al espacio y resultar operativos, hay que ser capaces de responder a emergencias, etcétera. Pero si la gente va sin mucha preparación y se está mareando dos días y luego está bien, pues tampoco pasa nada.

Ya está en la ISS BEAM, el primer módulo habitable hinchable del complejo. ¿Es el primer paso para la puesta en marcha de un hotel espacial?

Yo creo que sí. Además es el objetivo públicamente declarado de la empresa, no sé si lo conseguirán. Tenemos la suerte de que el espacio atrae tantísimo a las personas que una serie de gente que ha hecho mucho dinero en la famosa burbuja de internet está dedicando fondos a invertir en el espacio, y se están haciendo desarrollos que quizás hubieran sido difíciles de conseguir con los fondos públicos. Los más importantes son Space X, Blue Orbit, la compañía de transporte espacial creada por Jeff Bezos con la intención de llevar gente al espacio unos pocos minutos, y luego los desarrolladores del BEAM: Bigelow Aerospace. Lo que pasa es que esta gente no está acostumbrada a gastar sin mirar el rédito y han traído la filosofía empresarial al sector de los viajes espaciales. Ellos piensan que en algunos años las inversiones van a dar beneficios. De hecho, Space X se ha gastado muchísimo dinero en crear cohetes y las naves espaciales, pero ahora ya están vendiendo billetes a la NASA para los astronautas que van a la ISS por un precio que les resulta rentable. Y los cohetes esos que han inventado, y en los cuales han invertido tantísimo dinero y esfuerzo, los están vendiendo a los operadores comerciales de satélites, e incluso a los militares. Creo que les irá bien y les deseo que les vaya bien, porque eso es lo que hace que todos los ingenieros jóvenes tengan trabajo.

Una de las últimas pruebas de entrenamiento que has realizado ha sido descender ochocientos metros a una cueva en Cerdeña. ¿Cómo conecta la astronáutica con la espeleología?

Hay una serie de elementos que son análogos en las dos disciplinas. Lógicamente, no porque bajar una cueva sea simplemente como salir al espacio, porque eso no es así. Pero hay algunos elementos análogos, como el aislamiento que se sufre en ambos casos o la dificultad de llegar y la dificultad de volver, que obliga a calcular con precisión la cantidad de materiales que se pueden emplear en la empresa. También es similar la ausencia de día y noche y el hecho de trabajar en condiciones duras. Sobre todo, este tipo de entrenamiento constituye un ejercicio de dinámica de grupo en condiciones incómodas, como los que se hacen en las empresas. Después del ejercicio el grupo es más integrado, se conoce mejor. Además de este ejercicio de espeleología, también tenemos un laboratorio que está debajo del mar, en el cual los equipos pasan hasta una semana. Y a los astronautas también se les envía a veces a las montañas.

¿Te lo has pasado bien durante este entrenamiento?

Sí, la experiencia ha sido sumamente positiva. Físicamente ha sido muy duro porque no estamos acostumbrados a esto, no sabemos utilizar de forma eficiente los aperos de escalada. Haces muchísima más fuerza de la necesaria y, por lo tanto, para nosotros es mucho más cansado que para los expertos.

¿Alguno de los que ibais era experto en espeleología?

Entre los astronautas, no. Se contrató un equipo de apoyo porque, si no, ¿cómo vas a llevar a los astronautas de cinco agencias espaciales? Imagina que alguno se rompa una pierna. La seguridad tenía mucha prioridad, como corresponde en estos casos.

En el año 2006 dejaste tu trabajo en la ESA para dirigir la compañía de satélites Deimos Imaging, SL. ¿Quién te convenció para efectuar ese cambio en tu trayectoria profesional? ¿A qué se dedica Deimos Imaging?

Pues me convenció un compañero, que es el director general de la empresa matriz, y también mi compañero Miguel Belló, que estuvo conmigo en ESOC haciendo un trabajo muy parecido al de programación de órbitas. La empresa se dedica a desarrollar y explotar un sistema completo espacial con satélite con estación de tierra. Fue duro al principio porque, tras trabajar de funcionario toda la vida, aprender a hacer funcionar una empresa es difícil. Pero lo he conseguido y tengo mi medallita de haber tenido responsabilidades de gerencia en una empresa. Me desvinculé de Deimos Imaging completamente al entrar otra vez en la ESA. Como ellos trabajan con la ESA había una incompatibilidad manifiesta. Les va muy bien ahora mismo, han multiplicado por tres la plantilla en Valladolid y han adquirido muchísimas más responsabilidades en el nuevo grupo empresarial en el que están.

Tú haces mucho trabajo pedagógico y divulgativo. ¿Cómo está la divulgación en España? ¿Echas de menos una figura patria como Neil deGrasse Tyson?

No, en España hay figuras así, lo único que echo de menos es que se les dé más visibilidad y continuidad en los medios. Pero también es cierto que en Estados Unidos la mayor parte de la población tampoco sabe quién es Neil deGrasse Tyson. Los que nos interesamos por la divulgación científica por supuesto que lo sabemos, pero incluso en su país lo conocerá solamente el 10 % de la población. Y la mayoría ni siquiera sabe qué significa la astrofísica.

Echo de menos que se conozca mejor la ciencia. Que se entienda la ciencia, su funcionamiento. La gente tendría que entender mejor cómo funciona todo este proceso por el cual medimos, estudiamos, pensamos, volvemos a medir y al final obtenemos un resultado a través de eso que llamamos la ciencia. Este proceso, que es bastante sencillo, es sin embargo muy desconocido. Y si se entendiera mejor provocaría cambios inmediatos: no compraríamos tantas estupideces para la salud que solo cuestan dinero y que realmente no ayudan en nada, no se comprarían productos que dicen que quitan el colesterol y resulta que es mentira… Conocer mejor la ciencia mejoraría muchísimo la vida cotidiana de las personas, de hecho. Solo interesándose por cómo decidimos que ciertas cosas son verdad y otras no, y que eso es algo que no depende de la opinión. Pero mucha gente cree que existe la opinión en la ciencia. Que existe una opinión y que existe otra, y que ahí acaba todo. Y eso es una tontería. Contrastadas con los datos, esa multitud de opiniones se convierte en lo que llamamos ley científica, que ya no está sujeta a la opinión. Creo que eso no se entiende bien, y creo que deberíamos esforzarnos por conseguir que se entienda.

Tú tienes una cruzada en internet, aunque la desarrollas con humor, contra los homeópatas y demás magufos.

Lo que me interesa es esto mismo, que la ciencia misma se conozca mejor. Es decir: hablamos de que existió un big bang, de dónde está nuestra galaxia, de los agujeros negros y de todas esas cosas relacionadas con el espacio. Pero, en realidad, de lo que debemos asegurarnos es de que la gente comprenda que la medicina es una ciencia que, como tal, se fundamenta en evidencias. Y que no existe la medicina alternativa, que es algo necesariamente falso. Hay una medicina que funciona y otra que no, y que entonces no debe recibir ese nombre. Todo aquello que funciona se integra dentro de la medicina. La «medicina alternativa» es una palabra tonta. Si consigues explicar eso, si logras que se entienda, consigues una mejora en la sociedad.

Explícame qué son chemtrails.

Una tontería como un piano. Algunas personas creen que los aviones, en vez de estar produciendo estelas por la condensación del aire, vierten productos químicos. Aunque nadie se muere por creer eso. Lo grave es cuando esa gente lo lleva al extremo y ese modo de pensar influye en sus hijos y en su comportamiento, y eso sí tiene consecuencias más graves. Ahí es donde verdaderamente habría que cortar. No hay derecho a que una gente que se piensa que ahí hay químicos en el aire no deje salir fuera de casa a sus niños por miedo a que se contaminen, y lo mismo con la homeopatía; en vez de llevar al niño al médico, le das pastillitas de azúcar porque te lo ha dicho un homeópata.

Hay una gran cantidad de farmacéuticos y médicos titulados que se hacen homeópatas. Eso es ya preocupante.

Ya. Esa gente, lo que hace, es dedicarse a recetar pamplinas durante la fase de «esperar a que se cure solo», pero al menos saben en qué momento eso ya no se cura solo y entonces pasan a recetar medicinas normales, como manda el hospital. Todavía tiene un pase. No es ético y no debería hacerse, pero no es tan mortal como que a los niños no los vacunen. Todo tiene un pase mientras no afecte a los niños.

¿Crees que en España todo el mundo tiene acceso a la mejor educación?

Si no todos a la mejor, todos a una buena educación. La educación pública sigue funcionando a base de inmensos esfuerzos por parte de los maestros, de los directores y de los celadores de los colegios. De momento todavía vamos bien, pero aun así habría mucho que mejorar. Sobre todo, en este aspecto que hemos comentado: que la gente entienda que hay cosas que no están sujetas a opiniones, sino que solo están sujetas a datos.

¿Cuándo te volveremos a ver en el espacio?

Lo que está claro es que no dentro de muchos años, porque ya voy cumpliendo bastantes. Así que, o dentro de tres, cuatro o cinco años, o ya lo dejamos.

Por último, recomiéndanos un libro sobre exploración espacial o astrofísica que sea divulgativo y creas que a la gente le pueda gustar.

Un poco difícil, la verdad. Asimov tenía varios libros que eran bastante asequibles sobre cómo funciona la galaxia, no me acuerdo de los nombres de todos ellos, tenía uno muy bueno de química. En general, yo siempre recomiendo el libro de Carl Sagan El mundo y sus demonios. Simplemente te lo lees y, si piensas como dice ese libro, tienes mucho ganado.


Günter Wallraff: «La desnazificación de Alemania llevó décadas»

Traducción simultánea: Jan Hendrik Opdenhoff

«El periodista indeseable», «el periodista de las mil caras», no faltan frases hechas para referirse a Günter Wallraff (Burscheid, Alemania, 1942) uno de los periodistas más populares de Alemania, cuyas tácticas de investigación, disfrazarse para obtener la información de incógnito, han dado lugar a un verbo en su país, wallraffear, para referirse a sus métodos, y a una sentencia del Tribunal Constitucional que avala sus actuaciones si revelan sucesos de interés público. Su visita al Tres Festival, voces del Mediterráneo, organizado por la Fundación Tres Culturas en Granada, sirve de ocasión para profundizar en su trepidante trayectoria y para reflexionar sobre Alemania, el país más importante de la Unión Europea, donde la ultraderecha vuelve a tener apoyos y el trabajo presenta preocupantes índices de precariedad.

En la actualidad, ¿hay más o menos precariedad laboral en Alemania que cuando usted hizo sus investigaciones para Cabeza de turco?

La situación es diferente. A veces es mucho más grave que antes. Hay una escisión en la sociedad entre los que poseen, que tienen cada vez más dinero o más fortuna, y una capa social que tiene cada vez menos participación en la sociedad económicamente hablando; una capa donde la pobreza pasa de los padres a los hijos; una tercera parte de la sociedad que, desde el punto de vista estadístico, son cada vez más pobres, mientras que un diez por ciento de la sociedad, por beneficios fiscales o a través de herencias, tienen una riqueza que ya es casi como la ley natural. Un diez por ciento tiene el noventa por ciento de la riqueza total. Y no es mi opinión, lo dijo la ministra de Asuntos Sociales.

Las condiciones laborales de los que trabajan a tiempo parcial son cada vez peores. Se despide cada vez más. La persona cada vez es más un factor económico únicamente. Te encuentras con que en negocios como Amazon el número de empleados que causan baja por enfermedad es extremadamente alto. Cambian la mitad de la plantilla cada año. Y esto no solo pasa en Alemania, es un problema internacional. El que inventó todo este sistema, Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo, tiene ideas megalómanas, quiere viajar a Marte, crear un negocio de turismo espacial… Esta es la clase de gente que nos domina, que domina nuestra vida.

¿A qué se debe el actual ascenso de la ultraderecha en Alemania, tiene que ver con esta precariedad laboral?

Durante mucho tiempo lo pensé, pero ahora creo que no es así. Le he dado muchas vueltas. Solo un tercio de los votantes de AfD son de un ámbito precario. Son más bien de las capas medias los que les apoyan. Autónomos, gente con pequeñas empresas… Por eso creo que hay otras razones que impulsan este movimiento. El problema de fondo está en que los otros partidos democráticos han fracasado tratando el tema de la islamización, el islam político. Son partidos a los que yo he apoyado, he votado a los verdes, a los socialdemócratas y a la izquierda.

En nombre del islam se han querido alcanzar parcelas de poder. En las escuelas hay islamización. En las escuelas a las que van inmigrantes hay mucho antisemitismo, posiciones en contra de los derechos de la mujer, homofobia. A los niños que vienen de familias turcas abiertas, se les reprime. Hay incluso violencia contra ellos. Muchos partidos no han tenido en cuenta ese tema. Ahora lo están haciendo poco a poco, pero mientras tanto, la extrema derecha ha creado odio, no intenta solucionar el problema. Quieren crear un enemigo. Trabajan con el resentimiento, el núcleo de este partido son verdaderos nazis. Es un gran problema el que tenemos en Alemania.

Su padre fue emigrante en España, en Hospitalet de Llobregat, entre los años 32 y 36.

Sí, mi padre fue Gastarbeiter en Hospitalet. Conoció a una española, Rosario Burguillo de la Cruz, y fue su gran amor. Los dos se volvieron a Alemania en el 36, pero ella no se adaptó al clima y murió de una enfermedad pulmonar. Mi padre era muy cercano a la cultura española, los españoles se pensaban que era español y a mi padre le gustaba exagerar su españolidad. Me dejó en herencia la entrada de una corrida de toros, se sabía los nombres de los grandes toreros… Era un hombre internacionalista y claramente antifascista. Un ciudadano del mundo. En ese sentido, seguramente he heredado algo de él.

Le marcó de por vida ser ingresado de niño en un orfanato o colegio interno de la posguerra.

Mi padre trabajaba en una fábrica de la Ford, en una sección que llamaban «el infierno de la pintura» por su toxicidad. Las condiciones eran muy duras. Tenía un problema en los riñones, por muchas enfermedades que sufrió a lo largo de su vida, y lo tuvieron que ingresar. Desde ese momento, tuvo que trabajar mi madre y a mí me enviaron al orfanato. Tengo buen recuerdo de las monjas católicas que me cuidaron, eran muy amables. Normalmente se cuentan cosas muy horribles de ellas, pero yo tengo experiencias positivas. Estaban superadas por la situación, estaba todo lleno de huérfanos de la guerra.

Nunca he hecho terapia, pero para mí fue un tanto traumático el día en que entré, me quitaron todas mis cosas y me pusieron un uniforme. Lo último que te quedaba, lo que te unía con tu familia, tu vida fuera, desaparecía. Puede ser que por este motivo me haya dedicado después a hacer lo que he hecho, meterme en otro papel, hacerme pasar por otra persona, para mis investigaciones. Quizá sea uno de los motivos, no el único.

Entró en el servicio militar y acabó en el psiquiátrico.

Soy pacifista por los libros de mi padre y por un profesor de Lengua que tuve que nos pasó literatura crítica y antifascista a los alumnos. En los planes de estudio, lógicamente, no aparecía aquello. Era una especie de crimen hacer lo que hizo este profesor, porque en aquella época había silencio sobre el tema.

Quise ser objetor al servicio militar y aduje que tenía las ideas de Gandhi y Jesús. Yo no creo, pero sí estoy influenciado por el cristianismo, creo que el Nuevo Testamento, al margen de la leyenda, contiene ideas pacifistas revolucionarias. Hice este planteamiento en un ejército que todavía estaba dominado por antiguos nazis, los oficiales eran los de la II Guerra Mundial, y no podías negarte a ir tan fácilmente. No obstante, me alistaron porque entregué mi solicitud demasiado tarde.

Estuve diez meses en el ejército; diez meses en los que intentaron romper mi voluntad. A día de hoy, le tengo que dar muchas gracias al ejército alemán porque sin este periodo traumático hoy sería otra persona, seguro. Hubo gente que fracasó, a la que lograron doblegar, pero yo crecí gracias a esa experiencia. Llevé un diario, gracias al cual crecí mucho como persona, aunque al final me enviaron a un psiquiátrico, como ha dicho. Me dieron un título honorífico, decía: «Personalidad anormal, no apta ni para la guerra ni para la paz» [risas]. Al salir, dejé mi trabajo de librero y me puse a investigar, empecé a hacer lo que hago. Me fui a recorrer los diferentes asilos del país para ver en qué condiciones estaban.

Tengo que reconocer que ahora el ejército alemán está tratando este episodio de mi biografía de forma crítica. En el Museo Militar de Dresde se reflexiona sobre el pasado de la institución y se trata mi caso como algo negativo. Aunque si hubiese vivido en la RDA, con mi forma de ser, con mi valor, seguramente también hubiese terminado en el psiquiátrico, pero no me habrían sacado tan rápidamente. O estaría en prisión.

Dice que había nazis en el ejército. En España el debate sobre la herencia del franquismo está presente en la actualidad. ¿Tenemos algo que aprender de la desnazificación de Alemania?

La desnazificación de Alemania llevó décadas. Mucho tiempo. El tema se superó definitivamente porque los responsables de aquel periodo se murieron. Los nazis dominaban toda la vida social en la RFA. En la justicia, tenías jueces que habían dictado sentencias brutales durante el nazismo y, después de la guerra, eran los que daban las indemnizaciones a las víctimas. Había nazis en la industria. En la cadena de montaje se remangaban, se les veían sus tatuajes de las SS y los compañeros estaban encantados con ellos. Los tenías en el sistema médico, en la policía… A las víctimas ni se las tenía en cuenta ni se quiso tenerlas en cuenta. Se tardó muchos años en poder tratar el nazismo de forma razonable. Eso sí, cuando se hizo, fue de una manera consecuente y razonada. Al fiscal que inició el primer juicio de Auschwitz, Fritz Bauer, le costó muchísimo llevar adelante el proceso. Luego, poco a poco, el tema pasó a los colegios, a los institutos y se puede decir que hoy la desnazificación ha sido un ejemplo.

En cuanto a España, veo el asunto catalán y tengo dudas. Creo que en Europa necesitamos estar juntos. El separatismo no va de la mano con la idea europea. Por otro lado, creo que uno tiene razón cuando pide reflexionar sobre el franquismo y sobre el pasado. Y Rajoy no es la persona que fomente un diálogo o un acuerdo pacífico con vistas al futuro. Ahí veo un problema. Algunos amigos míos fueron a ver a Puigdemont y han intentado mediar en este asunto, ayudar, yo a él no lo conozco personalmente, pero creo que lo que está pasando es una tragedia.

Usted investigó a los antiguos nazis que seguían en posiciones destacadas en la sociedad de la RFA y fue acusado de colaborar con la Stasi. 

Fueron intentos de socavar mi trabajo y ponerlo en tela de juicio. Sí que estuve cinco o seis años en archivos de la RDA utilizando su documentación. El primer caso fue sobre una persona con mucha influencia, Ludwig Hahn. Vivía tranquilamente, como una persona honorable, en Hamburgo y había sido un cargo importante de la Gestapo en el Gueto de Varsovia. Tres fiscales le investigaron e inmediatamente se les apartó del caso. Estaba protegido completamente por un general de la OTAN, Johannes Steinhoff.

En la RDA, a un nazi que trabajó para este hombre se le detuvo, se le juzgó y condenó a muerte. Quise conocerle, por eso viajé a la RDA. Estuve en una oficina de prensa donde parece que estaba toda la Stasi metida, no me dejaron verle y únicamente pude hablar con el fiscal y ver la documentación con fotos de ellos en el Gueto de Varsovia.

En la RFA, me hice pasar por representante de una organización que protegía a antiguos miembros de las SS, la HIAG. Me presenté en casa de Hahn y le advertí de que estaba en peligro, que le iban a arrestar, y él me dijo que no, que estaba totalmente seguro, que no corría ningún riesgo. Toda esta investigación se la entregué a Wiesenthal. A Hahn le tuvieron que juzgar y sentenciarle a cadena perpetua.

No habría ido a la RDA si en aquel momento hubiésemos tenido en la RFA un lugar con documentación para personas con un pasado nazi, pero no lo había. En Berlín Este, Moscú y Varsovia, sí. Hubo tres investigaciones para las que utilicé los archivos de la RDA: esta, una sobre armamento químico y otra sobre nazis juzgados que poco después fueron puestos en libertad. Y años más tarde se quiso desacreditar todo mi trabajo con esta acusación.

Estuve en la RDA varias veces entre el 69 y el 71 y un agente de la Stasi escribió algo sobre mí en sus documentos, ese es el origen. Pero a los que intentaron injuriarme tachándome de colaborador de la Stasi los llevé a juicio y lo gané. No se me puede decir que cooperé con esos servicios secretos. De hecho, en los archivos de la Stasi hay documentación sobre mí. Cinco o seis páginas. Dicen de mí que soy «adepto de la ciencia social católica al que no se le puede convencer de las ideas marxistas-leninistas», en otra parte, siguen, «tiene ideas anarquistas y confusas», y al final del documento se quejan de que también trabajaba con presos políticos de la RDA que habían huido al oeste. La Stasi concluía que yo debía trabajar para algún servicio secreto occidental.

De la RDA y el resto de democracias populares o dictaduras comunistas dijo que se habían aprovechado de «una izquierda tuerta», ya que ustedes, la izquierda de aquella época, lo que criticaba en las dictaduras de derechas no lo quería ver en las de izquierda.

Si vemos las cosas de forma retroactiva, siempre somos más listos. Entonces había un pensamiento de bandos. Yo formaba parte de una izquierda no dogmática, nunca he militado en ningún partido. También he dicho que los consejos comunistas en las empresas son los que mejor luchan por los derechos del trabajador, pero siempre les insistí a los trabajadores en que no podían depender del Partido Socialista de Alemania del Este.

Durante mucho tiempo hablamos de la violación de derechos humanos en los Estados socialistas. Conocíamos casos, no todos, pero sí algunos. Después ya se supo todo. Pero, es cierto, en nuestras publicaciones hablamos poco de ello. O demasiado poco. ¿Por qué? Pues porque los que dominaban los medios oficiales, todos los de la editorial Springer, eran los que justificaban el golpe en Chile, el régimen militar de Argentina, el apartheid en Sudáfrica… Nuestra perspectiva igual fue equivocada, pero pensábamos que si hablábamos mal de la RDA solo iba en beneficio de la derecha. Durante mucho tiempo tuvimos la idea vaga de que se podía llegar a un socialismo más humano. Esa fue la idea también de mi amigo, el disidente de la RDA Wolf Biermann.

Dentro de ese esquema de bandos, me invitaron a un congreso de escritores en la URSS en 1973. Pero yo, ahí, denuncié que se encerraba en psiquiátricos a los disidentes soviéticos. Ya no me invitaron nunca más [risas]. Para mí fue un alivio. Me convirtieron en enemigo en la RDA, durante mucho tiempo no sacaron libros míos allí.

Hasta Gorbachov, que para mí es uno de los filósofos de Estado más importante en estos tiempos, no se rompió ese dualismo de dos bandos. Se generó un pensamiento más abierto, más libre. Podías ser de izquierda, pero estar de acuerdo en algún aspecto con alguien de derechas. Ahí se rompió esa forma de pensar y fue una liberación. Hasta hoy en día.

¿Por qué eligió la dictadura de Grecia para plantarse allí y protestar por los presos políticos? Una protesta que, por cierto, le hizo convertirse en preso político.

Tenía amistad con trabajadores griegos, ya había hecho un reportaje sobre ellos. Se les vigilaba a través de nuestro servicio secreto, que estaba dominado por la derecha todavía en ese momento. Había un comité de solidaridad con Grecia que trabajaba con casos de presos políticos desaparecidos, no se sabía si seguían vivos o no. Viajé allí para conocer la situación de los presos y, evidentemente, me bloquearon, no hubo ninguna respuesta. Y tomé la decisión de meterme yo mismo en el papel de un preso político. ¡El papel más fácil de todas las investigaciones que he hecho! Hice testamento antes, porque nunca sabes, a algunos los mataron mientras protestaban. Me disfracé de griego, protesté, me detuvieron, me torturaron arrancándome la uña del dedo gordo y tuve que hablar. Pero durante un tiempo fui un preso político normal. Estuve en aislamiento y un tribunal militar me condenó a catorce meses. Ahora quiero hacer lo mismo en Turquía, estoy pensando cómo.

Hemos hablado de nazis, de la Stasi, de la URSS, de los coroneles griegos, pero la investigación por la que sufrió peores represalias fue la que hizo sobre el diario Bild.

Bild y la editorial Springer en aquella época dominaban la sociedad. Influían en el pensamiento de la gran mayoría de la gente. Creaban continuamente enemigos para la sociedad. Con formar parte de la izquierda ya lo eras. A cualquier político socialdemócrata un poco crítico ya lo machacaban. Sobre Bild también habló Heinrich Böll en El honor perdido de Katharina Blum. Yo les dediqué tres libros y conocí no a una, sino a varias personas que estuvieron en la misma situación que Katharina Blum y terminaron suicidándose. Gente que no pudo soportar perder la dignidad tras campañas mediáticas.

Recuerdo el caso de una mujer que se había suicidado. Los del Bild se colaron en su casa haciéndose pasar por policías, tomaron fotografías y escribieron que lo había hecho por miedo a hacer limpieza en casa antes de la llegada de la primavera. A su marido los vecinos lo ridiculizaron, sus familiares también. Ese hombre, el viudo, se suicidó inhalando los gases del tubo de escape de su coche. Escribió una carta en la que dijo sentirse como la propia Katharina Blum, que no podía superar esa humillación. Puso que en un principio quería matar al periodista de Bild, pero que no les iba a dejar a sus hijos un padre asesino. La gente con sentido del honor, o con sentido común, nunca debería comprar ese periódico.

En mis libros escribí sobre sus mentiras diarias. Las falsificaciones que hacían constantemente de toda la información. Estuvo bien, porque surgió una campaña llamada «Ya no leemos Bild», donde firmaron muchos políticos, sindicalistas y gente importante y perdieron un millón de lectores. Entonces se cebaron contra mí. Intentaron comprometer mi vida privada. Me pincharon el teléfono. Me hacían seguimientos. Pero gracias a ellos supe dónde nací, en qué hospital, que ya no existía. Lo investigaron y lo sacaron [risas].

Intentaron por medios legales impedir la publicación del libro. Pensaban que iba a ir al juzgado a rendirme, pero pagué doscientos cincuenta mil euros en abogados y di batalla. Entonces le ofrecieron a mi editorial que no publicara el libro y corrían ellos con los gastos legales que habían ocasionado. Seguí hasta la última instancia, el Tribunal Supremo de Alemania, y me dieron la razón. Esa sentencia se llama Wallraff en el derecho alemán. Dice que, si hay injusticias muy graves, las informaciones que se consiguen a través de disfraces o infiltraciones pueden publicarse. Porque prevalece el derecho del público a la información. Esto ha avalado a otros compañeros que trabajan de esta forma.

De todos modos, usted nunca ha publicado nada de la vida privada de ninguno de sus investigados por muy criminales que fuesen.

Es el ámbito privado de las personas. Me enteré una vez de cosas importantes de unos enemigos que tuve en un juicio con las que les podía haber dado un buen golpe, pero no lo hice. Creo que esa información no le interesa a nadie.

¿Logró impedir un golpe de Estado en Portugal?

Fue casualidad. Hice una visita solidaria a una cooperativa que trabajaba sus propias tierras. Todo dentro de una revolución pacífica, algo que me interesaba ideológicamente. El cantante Zeca Afonso, con el que luego fuimos muy amigos, era su símbolo, su canción desencadenó la Revolución de los Claveles. La rosa en el fusil era un símbolo que me resultaba muy cercano, cuando hice la mili, por las noches, colocaba una flor en cada fusil de mis compañeros. Este fue uno de los motivos por los que me enviaron al psiquiátrico.

En cuanto vi lo de Portugal quise colaborar. Reuní fondos para comprar tractores y fui allí a compartir la vida con ellos escribiendo mis crónicas. Iba con una compañera, Helga, que hablaba también portugués. De casualidad, por curiosidad más que nada, se me ocurrió adentrarme en el ambiente de la extrema derecha local. Fuimos a uno de sus locales, estuvimos y nos habríamos marchado sin ningún resultado de no ser porque un chico joven llevaba un pastor alemán. No me gustan mucho los perros, prefiero los gatos porque las personas educan a los perros, pero los gatos educan a las personas. Sin embargo, Helga empezó a acariciar al perro, se puso a hablar con el chico, que preguntó qué hacíamos ahí y aproveché para decirle: «Pues no somos turistas, hemos venido a ver si aquí hay valientes, gente que meta caña y haga algo en contra de lo que está pasando».

Nos fuimos metiendo poco a poco, conocimos a cada vez más personas, pasamos a escondites que tenían en la montaña y nos terminaron preguntando: «¿Quién está detrás de vosotros?». Contestamos: «Una organización que quiere ayudaros». Dije: «En nuestro caso, solo hay un político que apoya esto». No dije el nombre de Strauss, que era un político alemán que tenía contactos con fascistas de todo el mundo, pero se sobreentendió. Y resulta que Strauss tenía contactos con el general Spínola. Me preguntaron por el libro El expediente Odessa, de Frederick Forsyth, sobre un periodista que se infiltra en una organización de extrema derecha. El argumento era exactamente lo que yo estaba haciendo en ese momento. No lo conocía, eso me salvó, y me recomendaron que lo leyera, que merecía la pena.

Llegamos bastante lejos. Nos fuimos a casa y me puse a escribir. Entonces, recibí una llamada, decía que el jefe de la organización nos quería ver. Era un tal Walter, el nombre secreto de Spínola. Nos anunciaron que su líder iba a ir a Düsseldorf a hablar con nuestro jefe. Allí nos lo encontramos, iba con gafas de sol. En el hotel nos reunimos, cuando se quitó las gafas y se puso el monóculo descubrí quién era y no me lo creía.

Llamé a un buen amigo, que era diputado socialdemócrata y sabía pilotar aviones militares, para que se viniera. Tuvo miedo y se escapó [risas]. Dijo que tenía una reunión y no se atrevió a venir. Al final encontré a un amigo dispuesto, que cogió un maletín y se acercó sin saber qué iba a pasar. Cuando conversó con Spínola sobre las organizaciones que había en Portugal no sabía de lo que le estaba hablando, le tuvimos que disculpar diciendo que estaba centrado en Sudáfrica.

Les preguntamos qué acciones habían hecho hasta la fecha. Unos días después, nos mandaron una lista de todos los atentados que habían realizado. Y añadieron una lista de las armas que tenían. Todo esto lo publiqué en una rueda de prensa. Le pasé la documentación al Parlamento suizo, donde vivía el general, y a raíz de esto fue expulsado y huyó a Brasil. Se habló mucho del libro que hice en Portugal, pero se debió todo a la casualidad del perro. No tenía un plan. Es algo que pasa mucho en mi trabajo, que me meto en una historia, pero no sé cómo va a acabar.

Una curiosidad personal, cuando escribió Cabeza de turco, donde su personaje se llama Alí, ¿pensó en la película de Fassbinder Todos nos llamamos Alí que iba sobre la misma temática, sobre los inmigrantes en Alemania?

No directamente. Quizá el comportamiento que tuve como Alí sí que tuvo que ver. Pero siendo Alí fui también yo mismo. Para mí era más fácil comportarme de forma ingenua siendo él que como profesional del periodismo en una tribuna dando un discurso. De hecho, este libro enganchó mucho a los niños. Lo leían muchos chavales de quince o dieciséis años. Hace poco me llegó una carta de un turco, de una familia de inmigrantes, y me dijo que Cabeza de turco fue el primer libro que leyó en toda su vida y que le cambió para siempre, también había sido víctima del racismo y tomó la figura de ese personaje como ejemplo. Y lo trágico es que me escribió una carta llena de reproches, que estaba completamente decepcionado porque estoy trabajando a favor de disidentes políticos en Turquía, creía que Erdogan es el salvador del país. Muchos turcos, que pensaban que era uno de ellos, ahora me ven como el enemigo. Por eso me estoy concentrando tanto en Turquía.

¿Qué impacto tuvo Cabeza de turco? Había casos que superaban lo imaginable, como inmigrantes forzados a limpiar plantas nucleares sin protección.

Las medidas tardaron mucho en llegar, pero se logró mucho con este libro. Luego he publicado una edición nueva con todas las consecuencias que tuvo la obra. Cabeza de turco tuvo mucha acogida, hasta hoy en día mucha gente habla de que gracias a él sintieron solidaridad por los inmigrantes. Los trabajadores de la cuenca del Ruhr hacían colas para comprarlo.

Políticamente, el antiguo ministro de Trabajo y Asuntos Sociales de Renania del Norte-Westfalia creó una comisión de investigación y una unidad de inspección que se llamó «Grupo Alí» y fueron a todas las empresas una por una. La fundición Thyssen tuvo que reaccionar y contratar ingenieros de seguridad, unos doce, que le debieron su puesto de trabajo a mi libro. Tuvieron que pagar indemnizaciones millonarias y de repente todo el mundo se puso a trabajar con mascarillas y cascos, cosa que no hacía antes nadie y era de donde sacaban dinero los que traficaban con la mano de obra. Los que estaban trabajando ilegales lograron contratos de trabajo. Con las ganancias del libro cree una fundación para la convivencia para proporcionar casas a gente que estaba en infraviviendas.

En McDonald’s, donde viví situaciones de racismo cuando estuve infiltrado como Alí, pero también situaciones de falta de higiene, porque se limpiaban los baños con la misma bayeta con la que luego se limpiaban las mesas, porque se desatascaba la taza del váter con utensilios de cocina, tuvieron que hacer muchos cambios. Ahora hay higiene. Eso sí, en las condiciones laborales han tardado décadas en dar el cambio. Estuve en muchas obras donde también se tomaron medidas. Y pasé por muchos juicios que fui ganando.

El libro se tradujo a treinta y ocho lenguas, pero no se publicó en Estados Unidos. Había una opción para que lo cogiera una editorial importante, pero como estaba en juicios no quisieron sacarlo. Luego me dijeron que como ellos no tenían turcos, no iba a interesar [risas].

Vogel, el hombre que llevaba la empresa de trabajo temporal que investigó en el libro, le denunció, pero luego no veo que fueran a juicio. ¿Qué pasó?

Voy a contar una historia que no he contado nunca. En Renania-Palatinado, a este empresario se le acusó de trato inhumano y lesiones, pero los bávaros, que todavía estaban bajo el mando de Franz Josef Strauss, le invitaron a su Land como si fuera una persona honorable. Le dijeron que era él quien tenía que demandar a Wallraff, le convencieron de que él era la víctima. La justicia bávara me demandó a través de Vogel. El documental con todo el material que había recogido en mi investigación se iba a estrenar en la televisión pública y lo canceló la justicia. Hubo una redada en mi casa para confiscar las cintas de la película y me pusieron una multa de cincuenta mil marcos.

Si esto hubiese seguido adelante, no habría podido seguir con mi trabajo nunca más. Vogel siempre decía: «Si yo pudiera hablar, como saque la información que tengo». Le tomé la palabra y le envié a un supuesto editor para ver qué tenía, pero no sabía nada importante. Solo quería dinero. Pidió treinta mil marcos. Este hombre le contestó: «Publicaremos sus revelaciones, pero trabajamos con autores como Günter Grass además de Wallraff, no queremos que los autores tengan litigios entre ellos, si usted recibe el dinero, tendrá que firmar que anulará el juicio contra Wallraff». Aceptó, yo pagué ese dinero y el juicio se acabó. La justicia bávara estaba furiosísima, hasta quisieron cambiar la ley para que esto no volviera a ocurrir.

Tuve unos cuantos juicios, de todos modos. Con las constructoras, con McDonald’s… Thyssen, por ejemplo, contrató a un directivo nuevo, que se puso en contacto conmigo y cambiaron las condiciones de los trabajadores.

Leo una noticia de 1987, dos colaboradores suyos turcos en esta investigación, Levent Sinirlioglu y Taner Aday, se quejaron de que les había pagado menos que a los demás porque eran turcos.

Uno de ellos ya pidió disculpas. Yo tuve dos pasaportes, una persona me dejó sus papeles. Mientras tanto, él no podía trabajar, al no tener documentación. Era taxista. Yo le pagaba todo lo que estaba perdiendo. Entonces, cuando el libro tuvo éxito, me pidió más. Y le di más. Y luego me quiso juntar con sus amigos. Vinieron unos de un oscuro grupo de París y me decían que como él me había dado los papeles, tenía que darle más dinero a su organización y aparecer en eventos para ellos. Yo no sabía qué era eso y luego descubrí que eran una escisión de un grupo terrorista, estaban metidos en atentados. De ahí salieron esas declaraciones. Fue realmente un golpe duro.

¿Tuvo algún contacto con el grupo terrorista anticapitalista que surgió en Alemania en aquellos años, la RAF (Fracción del Ejército Rojo) o la Baader-Meinhof?

En la izquierda nunca me he ubicado dentro de ningún partido y soy pacifista, por convicción. Conocí muy bien a la señora Meinhof porque participé en la revista Konkret, ella publicaba ahí buenos artículos, era una persona muy comprometida. En esta época hice un documental acerca de los niños de las casas de acogida y ella, al mismo tiempo, grabó una película sobre el mismo tema. Después hicieron una acción para sacar de la cárcel a Baader, una tontería, porque habría salido al cabo de medio año, dispararon a gente, lo que fue el inicio de la RAF, y publicaron un manifiesto para justificarse. No me pude creer que eso lo había escrito Ulrike Meinhof. Eran frases de índole fascista, decían que los policías eran hijos de puta a los que había que matar. Había una forma elitista de glorificar la violencia.

Le escribí una carta abierta a Meinhof en un periódico en la que le dije que no la reconocía. Como consecuencia de esa carta, ciertos círculos de la izquierda se enfrentaron a mí. Un año después le hice llegar otra carta personal y le pedí que volviese a la vida normal, que si no podía escribir con su nombre podía hacerlo con el mío, pero no volví a saber nada más de ella.

Hay que tener mucho cuidado de que la RAF no se convierta en algo heroico como fue Robin Hood, porque no lo fueron. Es verdad que hubo una caza sin piedad sobre ellos, cuando se les podía haber ganado para la sociedad de otra forma, pero hubo un momento en el que ya no hubo marcha atrás. No obstante, pese a estos planteamientos que tengo, la derecha siempre me acusó de ser simpatizante de la RAF [risas].

¿Se suicidaron o les suicidaron?

Es un mito que los mataran. Conocí a la hermana de Gudrun Ensslin, que hablaba muchas veces conmigo para darle más fuerza a ese mito. Y yo al principio también tenía mis dudas, aunque solo fuera por razones profesionales. Investigué y al final la misma hermana de Ensslin me reconoció que habían sido suicidios escenificados donde uno quería dar la impresión de que le habían asesinado.

Baader era un personaje que tenía mucha energía criminal, dijo que había que hacer huelga de hambre hasta morir. Y Holger Meins murió por esa huelga, sin embargo, luego se supo que a Baader le llevaba comida a escondidas su abogado. Ahora, cuanto más tiempo pasa, se corre más el riesgo de que se le glorifique, pero no se debería hacer un héroe de él porque no lo era.

Sus investigaciones posteriores fueron sobre el trabajo en un call center, empresas de mensajería, en Lidl… ¿Cuál ha sido de todas ellas la que más le ha impresionado?

La mensajería es una situación pésima y extrema, pero en los call center, donde con tácticas de marketing se intenta vender por teléfono lo que sea a jubilados, lo que les enseñan a los empleados, lo que se aprende, es directamente a estafar.

Estuve infiltrado en uno y el jefe era un turco, uno de los mejores estafadores. Cuando saqué el reportaje vino a decirme que había leído Cabeza de turco y que si llega a saber que era yo me hubiera contado más cosas. Llegamos a ser amigos. Pero luego me vino y me dijo que a su hermano le estaban amenazando de muerte en Turquía, que le habían dado una paliza y enviado al hospital, que si no le enviaba tres mil euros lo iban a matar. Me lo dijo de una forma tan convincente que le presté el dinero y… adiós. Luego me lo encontré, se arrepintió y me hizo una transferencia de cien euros, pero nada más.

Ahora he seguido con este tema. Sale en unos meses un reportaje nuevo de mi equipo. Hay casos de matrimonios que lo pierden todo y están a punto de suicidarse. Es muy popular la venta de certificados de propiedad de oro, que no valen nada. Gastan todo lo que han ahorrado durante toda su vida en eso. Y encima, los mismos que han hecho la estafa, llaman a los estafados haciéndose pasar por una agencia que protege sus derechos para que reclamen y otra vez pagan y otra vez son estafados por los mismos.

Ha luchado para que sus libros no se vendan en Amazon por el trato que da a los trabajadores.

Es complicado. Investigué sobre Amazon y descubrí que es una especie de secta, hay un control total del trabajador, se le controla cada minuto a través de escáner y de cámaras. Si alguien para de trabajar cinco minutos, si se sienta un momento, le llaman inmediatamente. Si hablas con tus compañeros, amonestación. Además, los trabajadores son por temporada. Después de Navidad, cuando baja el negocio, se les cita y se les despide. Hubo un caso de unos que pensaban que iban a seguir trabajando, fueron con los zapatos reglamentarios, al despedirlos tuvieron que devolverlos y les hicieron volverse a casa descalzos en invierno. El inventor de todo esto es el hombre más rico del mundo. Su idea de que la humanidad escape a Marte dejando la Tierra como un basurero inhabitable es de ser un gilipollas megalómano. Por cierto, la editorial Springer le dio hace poco un premio muy importante.

Yo le dije a mi editor que no quería que mis libros se distribuyeran a través de esta empresa porque me hacía sentir culpable. Hubo problemas porque mi editorial dijo que el 18 o el 20% de sus libros pasaban a través de Amazon. Dije que yo renunciaba a ese dinero, pero mi editorial forma parte del consorcio Holtzbrinck y el responsable en Estados Unidos tenía la última palabra. Conseguí que mi editorial no pasara sus libros a Amazon, pero como pueden vender de todo, me he encontrado con que compran mis libros a través de los grandes intermediarios y los tienen. Al menos he logrado que les saquen menos margen de beneficio.

Además, Amazon a las editoriales les pide que manden los libros a Polonia porque allí los gastos son menores, les hace perder dinero dar esa vuelta logística, pero Amazon gana porque las condiciones laborales son peores y hay menos gastos de correo.

También deciden qué libros figuran en las listas de los más vendidos y siempre colocan, casualmente, los que ellos editan. Sus escritores cobran por un algoritmo de lectura, por páginas leídas, lo que les fuerza a escribir material menos denso y lo más popular posible para garantizarse ser leídos. Los autores con peso no aceptan trabajar así, pero por ahora.

En una de sus últimas investigaciones atravesó Alemania caracterizado como un negro. Hubo incidentes que parecían propios de Alabama en los años treinta, no de la UE en el siglo XXI.

Nunca he tenido una sensación tan amistosa con un policía como cuando ocurrió el incidente. Iba en un tren donde viajaban trescientos hooligans. Si no hubiera habido una policía joven que se puso delante de mí y sacó su pistola, no creo que hubiese sobrevivido. Era una agente muy joven y se lo tomó muy en serio. Eran del Dinamo de Dresde. Lo denuncié y tardaron un año en encontrar a los responsables. En una de las reuniones, el presidente del club me dijo: «Como negro, uno sabe que no debe meterse en un tren así». Yo no había hecho nada, solo recoger cascos de botella vacíos. Lo que me duele es que hay periodistas, que están por encima de todo, que me reprochan que ese tipo de reportajes no se pueden hacer. No puedes vestirte como si eres negro a ver si te pegan.

Para caracterizarme estuve a punto de tomar un medicamento que te cambia los pigmentos, pero vi a uno en Estados Unidos que lo usó y luego tuvo cáncer. Por eso no lo hice. Me eché una especie de spray con el que te puedes ir a la piscina y bañarte, que no se te quita. Los que me criticaban decían que debería haber ido con un negro real, pero eso es imposible, una locura, no puedo tomar la responsabilidad por otro y que peligre su integridad. Igual que cuando me he hecho pasar por un sintecho, no puedo poner a gente a dormir en la calle a -15º, eso tengo que hacerlo yo mismo. Trabajo con asesores que han dormido en la calle, pero no los llevé conmigo a pasar lo que pasé, que nos encerraron en un búnker y hubo violencia, no puedo meter a otro en esas situaciones. Sin embargo, ayudé a este hombre a cambio de su información, vivió en mi casa, le ayudé a escribir una autobiografía y el libro se convirtió en best seller. Mantengo el contacto con todos con los que hago investigaciones. Sin embargo, los que critican lo que hago ni hacen nada ni se mueven de sus despachos.

Ahora que menciona que cuando interpretaba a este negro iba cogiendo cascos vacíos, si algo me sorprendió de Alemania en mis últimas visitas, fue ver a tantos ancianos alemanes recogiendo botellas vacías de la basura por las noches.

Cada vez más. Cada vez hay más. La sociedad día tras día es más desigual y la pobreza en edades elevadas funciona como algo programado. Cada vez más ancianos de ahora han pasado por empleos precarios antes y no tienen pensión. En el sur de Europa, sin embargo, las familias ayudan y no se dan tanto estas circunstancias, esto en Alemania es complicado. Los asilos de ancianos son lugares también muy precarios, con poco personal y mal pagado. Cada semana me llegan cartas tanto de familiares de ancianos como de personal de los cuidados que me dicen que no dan abasto y que el sistema no funciona.

Trabaja mucho últimamente, vi que se refería a ello con una metáfora, hablaba de cómo florecen los árboles que están a punto de morir, fenómeno llamado «el florecer de la angustia».

¡Era más joven cuando dije eso! En botánica, los árboles que mueren florecen mucho. Y yo me sentía un poco así. Pesaba que moriría pronto y que tenía que trabajar, que el descanso eterno no tardaría en llegar. Pero hace cinco años me sentía más cerca de la muerte que ahora, en la actualidad me doy todavía dos años. Y si los vivo, es un regalo. Esto me hace vivir de forma más consciente y sin miedo a la muerte, que siempre ha sido un buen compañero, ¡el más fiable!

 


Del Flower Power al Apple Power

Stev Jobs y John Sculley, 1984. Foto: Cordon.

Steve Jobs, ya saben, el fundador de la empresa que lidera la cotización bursátil mundial, nació en San Francisco en 1955 y fue dado en adopción a una pareja de Mountain View, una localidad situada en el corazón de lo que, gracias a gente como él, se conoce como Silicon Valley: el acelerador de partículas del universo virtual, el lugar con mayor concentración de capital riesgo por metro cuadrado. Lo de Jobs siempre fue pensar a lo grande, hasta convertirse en la piedra filosofal de las dos transformaciones que nos metieron de cabeza en el siglo XXI: 1) Hacer de la computación un asunto doméstico, y 2) encauzar el discurso de los movimientos sociales de los años sesenta hacia una industria, neoliberal en sus principios, que ha ideado una nueva concepción del ser humano, lo que en estas páginas llamaremos el «Hombre Nuevo de Apple» (1) o el  HNA.

Vayamos por partes: en el célebre garaje de los padres de Jobs se reúnen en 1976 dos de las mentes más inquietas del momento en el lugar más estratégico posible. Steve Wozniak es el joven genio de la computación obsesionado con el ensamblaje de circuitos, el nerd bonachón salido de alguna película para adolescentes de Richard Donner. Por su parte, Jobs ejerce de pequeño emprendedor con un cuchillo entre los dientes y una ambición desmedida por despuntar en el mundo empresarial. Entre ambos sacarán a la luz la primera computadora personal, aquel Apple I que venderán entre sus colegas del Homebrew Computer Club de Menlo Park, el conciliábulo de geeks de la computación que pretendía sumar la revolución tecnológica a la revolución social que irradiaba desde la vecina San Francisco. Jobs se ejercita por entonces como hippie de manual: solo come fruta, duerme y se sienta en el suelo, viaja a la India, ama a Bob Dylan por encima de todas las cosas y trabaja algunas temporadas en una comuna de Oregón recolectando manzanas de la variedad Macintosh, la popular «Mac» del universo granjero.

El éxito es justo (sobre todo a juicio de quien lo logra) e inmediato. Un año después de sus primeros pinitos en el garaje, es decir, a mediados de 1977, Jobs y Wozniak conectan el home run en su versión «nuevas tecnologías»: antes de cumplir los treinta, y tras la salida a bolsa de la Apple II a finales de 1980, ambos se convierten en millonarios e inauguran la estirpe de los Bill Gates (Microsoft), Sean Parker (Napster), Mark Zuckerberg (Facebook), Elon Musk (Paypal), Jeff Bezos (Amazon) o Larry Page (Google), máximos representantes del nuevo sueño americano que sustituye el relato de superación clásico y su ascenso peldaño a peldaño por un éxito exprés y sin frenos. De eso se trata el mordisco a la manzana.

Jobs emerge por entonces como una de las voces que mejor sabrá explotar el conflicto entre los viejos modelos de negocio y la utopía de las nuevas tecnologías a través de una imagen de marca verdaderamente revolucionaria (en términos mercadotécnicos). A iniciativa de nuestro hombre, y en lo que supone uno de los hitos de la historia reciente de la publicidad, Ridley Scott rodará el anuncio que Apple estrene en la Superbowl de 1984 para anunciar su nueva Macintosh, un comercial en el que presenta un mundo salido de la imaginación distópica de George Orwell contra el que una joven en shorts rojos y walkman abate su maza justiciera: gracias al lanzamiento de Macintosh, «Verás por qué 1984 no será como 1984». La revolución está en marcha: Apple romperá con la dictadura del pensamiento único transformando la comunicación, llevando un terminal a cada casa, empoderándonos contra el sistema emisor-receptor, creando un entorno interactivo donde el ciudadano, representado en el anuncio por un ejército de seres sin voluntad, rompa al fin sus cadenas.

Lo paradójico del mensaje es que promocione, precisamente, un primer Macintosh que, tras el éxito de la Apple II, heredera de las ideas de libre intercambio y pensada para que el cliente la interviniera, inaugura el sistema sellado y no compatible, es decir, la lógica actual de un entorno cerrado cuyos dispositivos generan una dependencia mutua. A ojos de Jobs, la metáfora con la ficción de Orwell se justifica por su paralelismo con la pugna que por entonces Apple, una corporación con un valor de tres mil millones de dólares, mantenía con IBM, el monopolio tecnológico del momento. Así que el Big Brother contra el que se blande el martillo liberador no pasa de una batalla empresarial revestida, en una típica operación «jobesiana», de misión social global. No se confundan: el sistema distópico del que el primer Macintosh pretendía liberarnos no tiene nada que ver con el SISTEMA, sino con un modo de hacer negocios contra el que Apple pretendía proyectar su nuevo esquema empresarial y cultural. Que en el camino te hagas multimillonario no supone, para la retórica de los negocios norteamericana, un conflicto de intereses, sino  la prueba de que estabas en lo cierto.

Modelos humanos

Imágenes: Newsweek.

Como afirma Thomas Frank, además de la revolución hippie, la crisis de los misiles o la guerra de Vietnam, los años sesenta estarán marcados en Estados Unidos por un fuerte despegue económico y unos jóvenes directivos que sueñan con liberarse de las rígidas jerarquías, la ética del esfuerzo y la fidelidad a la empresa en favor de un individualismo estimulado por la cultura de consumo de la naciente clase media: «Mucha gente del mundo de la empresa estadounidense vio la contracultura no como un enemigo que debía hacerse añicos, ni como una amenaza al consumismo, sino como una señal de esperanza, como un aliado simbólico de sus propias luchas contra unos procedimientos rutinarios y una jerarquía insoportable que se había ido acumulando a lo largo de los años». Se podría decir que el advenimiento del neoliberalismo en la década de los setenta bebe de la misma fuente que parte de la cultura hippie más elitista e individualista de los llamados flower children. El cóctel perfecto mezclará, como si los ingredientes estuvieran esperándolo, la revolución vital juvenil con la ética de los negocios, la adopción de eslóganes de renovación espiritual: «Change the world», «Think different», con un nuevo lenguaje corporativo en manos de los nuevos genios de la revolución tecnológica.

Ese mismo año 84 en el que aparece el primer Macintosh será el que Newsweek bautizaría como el año del yuppie en un número dedicado al ascenso del nuevo modelo humano desde los laboratorios de Wall Street. Los redactores de la revista tienen claro que el yuppie, es decir, el «joven urbano y profesional» —(y(oung) u(rban) p(rofessional)— con despacho en las sedes corporativas de Manhattan y gentrificador por naturaleza, nace como una versión evolucionada del hippie, de ahí el sufijo:

Uniendo categorías contradictorias, sus miembros protagonizaron las marchas de los sesenta, después se dispersaron en un millón de solitarios joggers, corriendo por las crestas de sus propias ondas alpha, y de nuevo están ahí, apenas mirando hacia arriba desde las enormes columnas grises del Wall Street Journal según se apresuran hacia el aeropuerto, avanzando por los ochenta desde la parte de atrás de una limusina. […] El banquero que se horrorizaba en 1968 cuando los estudiantes de Columbia ocuparon el despacho del presidente no estará necesariamente tranquilo al descubrir que uno de esos estudiantes tiene hoy un M.B.A y una oficina al final del pasillo, y está lleno de planes para reducir la plantilla de la alta dirección de la empresa.

Para ilustrar el cambio el artículo menciona a Jerry Rubin, miembro fundador del Youth International Party, los yippies que tras irrumpir en la Convención Demócrata de 1968 protagonizarían el famoso juicio de Los Siete de Chicago («Chicago Seven»). Hablamos de un auténtico agitador juvenil que en pocos años pasó de firmar una de las biblias contraculturales, su DO IT!: Scenarios of the Revolution, a convertirse en analista e inversor de Wall Street, defensor de un capitalismo consciente y ecologista (¿les suena?) y organizador de los conocidos Networking Salons en el Studio 54 de Nueva York, donde miles de jóvenes profesionales se peleaban por compartir tarjetas de presentación. No nos sorprenderá que una de las paradas en el viaje vital de Rubin le lleve a convertirse en uno de los primeros inversores de la recién creada Apple, mejor representante de esa tercera vía que proyecta el funcionamiento interno de una empresa joven y creativa al modo de entender el ser humano, la sociedad e incluso la religión, cuyo nuevo fetiche es el objeto tecnológico.

El universo Apple implica el diseño del Hombre Nuevo de Apple, versión mejorada del programa neoliberal donde el empresario de sí mismo, el genio creativo, el individuo decidido a cambiar el mundo es elevado a los altares y encarnado por los propios ejecutivos de la compañía, la «Virtual Class» bajo el liderazgo espiritual de Jobs, quien repite su primer mandamiento a lo largo de entrevistas y charlas: la clave del éxito reside en rodearse de «A players», la élite de los hombres y el modelo perfeccionado del HNA. Por el contrario, el peligro lo encarnan los jugadores «Bes» y «Ces», pues debido a sus complejos e inseguridades se rodearán de «Des» y «Es» en una espiral que lo llene todo de «Zetas»: ¡Desastre y fin de tu empresa! Si algún mérito se asigna Jobs es el de rastrear esos raros ejemplares «A» y ofrecerles una visión común, un camino donde emplear su inteligencia en colectivo.

Autodiséñate

Foto: Shailesh Andrade/ Cordon.

El investigador holandés Peter-Paul Verbeek lleva tiempo interrogándose por la «ética de los objetos»: vigilémoslos, porque los objetos no son inocentes, están cargados de intenciones, concebidos para unos usos e impedidos para otros, atravesados de lenguaje e ideología, pensados para producir, en sus lógicas internas y formas materiales, tipos concretos de seres humanos. Los objetos nos usan, y sería ingenuo pensar que las nuevas tecnologías y el discurso que las produce no están construyendo nuevos modelos de individuo que transforman rápidamente nuestro lugar en el mundo.

Los tiempos, sobra decir, soplan a favor del emporio digital. A finales de 2015, de las diez empresas de mayor cotización bursátil en el mundo cinco corresponden a los gigantes de la tecnología de la información (Apple, Google, Microsoft, Amazon y Facebook), mientras las tres primeras ocupan los tres primeros lugares de la clasificación: ¿cómo los objetos que organizan nuestras vidas no van a fabricar un modelo de individuo? La sociedad digital genera esquemas personales y sociales que se extienden por los aspectos más íntimos de nuestra relación con el entorno y se materializan en gestos que, como ocurre con el selfie, sintomatizan esta nueva producción de identidades.

En su Selfcity, un estudio basado en los resultados de big data obtenidos de seiscientos cincuenta mil selfies tomadas por miles de usuarios de Instagram en cinco ciudades (Nueva York, São Paulo, Bangkok, Moscú y Berlín), Lev Manovich ofrece datos muy significativos: 1) la edad media de quien se retrata es de 23,7 años, 2) las caras muestran mayoritariamente alegría, 3) se retratan significativamente más mujeres que hombres, y 4) entre ellas es más común forzar el posado, lo que motivaría la pregunta de cuál es el patrón al que recurren, y si este se asocia, como todo parece indicar, a los esquemas —sexistas y comerciales— de la publicidad convencional. Hablamos de una identidad nacida para la exhibición y codificación de los gestos, conformados desde la lógica de consumo y su conciencia de lo políticamente correcto: ¿cómo habitar este espacio que gratifica la máxima exposición, la obscenidad siempre que sirva al mandamiento de la hiperinformación y el espectáculo de lo privado, mientras aísla y censura los mensajes realmente subversivos? No olvidemos que la plataforma que fabrica y disemina estas imágenes premia ciertos contenidos, aquellos que se adaptan al espectáculo de uno mismo a través de likes, shares, followers o friends, mientras margina los que se alejan del principio de máxima exposición e impacto visual.  Así que esa identidad en circulación está lejos de ser libre o neutra, pues se produce en el seno una norma visual que la convierte en objeto de diseño e instrumento publicitario.

¿La identidad HNA subjetiva o desubjetiva?, ¿genera individuos más conscientes y emancipados? Frente a quienes en los años noventa, en el momento más álgido de la utopía tecnológica, veían en el universo digital el comienzo de una sociedad más integrada por medio de procesos de comunicación horizontales y cuyos cuerpos virtuales podrían ir más allá de las identidades de género, color y clase social, ahora ganan terreno quienes, como Giorgio Agamben, advierten que la era digital reduce la variedad de experiencias a ciertas funciones que anulan las complejidades y contradicciones que construyen nuestra subjetividad. El algoritmo forja una realidad homogénea que pretende saciar cualquier deseo a través del gesto repetitivo y extraordinariamente limitado del scroll sobre la pantalla. Como corrobora el hecho de que en los nuevos sistemas digitales la comunicación máquina-máquina sea exponencialmente superior a la comunicación individuo-máquina o individuo-máquina-individuo, el sistema no está hecho a la medida del ser humano, sino que sus funciones y aplicaciones últimas, su distribución del tiempo y el espacio, su acumulación y gestión de data pertenecen a dinámicas donde el sujeto solo está supuesto o aparece como un elemento residual que lucha por no verse sobrepasado.

Los mejores representantes del modelo HNA no parecen, sin embargo, sentir limitaciones ni incertidumbres. Son jugadores tipo A: inteligentes, jóvenes, comprensivos, sanos, deportistas, actualizados, competitivos, optimistas y asiduos del yoga, por lo que participan en el juego con la confianza de poder sortear sus dificultades. Solo es necesario explorar las páginas corporativas de los gigantes de la tecnología para observar los modelos más modernos de cíborg, esos HNA colaborando, con una sonrisa, en mejoras que cambiarán el mundo. Lástima que aún no hayan encontrado la máquina que nos haga trabajar, como soñaba Wozniak en su adolescencia, cuatro días a la semana (la anécdota la repite en muchas de sus conferencias como una broma para atraer las risas del público), sino más bien aquellas que tienden a la sustitución y la precarización. A quienes ocupan sectores que pronto serán reemplazados por inteligencia artificial ya se les empiezan a denominar meat puppets, algo así como «marionetas de carne».

Capitalismo digital y hipsters

Marcus Barsoum, de dieciséis años, habla con la prensa tras ser uno de los primeros clientes en adquirir un  iPhone 7 en Sydney, 2016. Foto: Jason Reed/ Cordon.

Pero quizás lo más contradictorio de la utopía tecnológica haya sido su convivencia con un gramaje financiero que ha aprovechado y agrandado las prácticas de la vieja escuela. Hablamos de un universo que ha convertido en moneda común las macrofusiones, la competencia desleal con los mercados locales establecidos, el desvío masivo de capitales a paraísos fiscales o los tratos de favor de los Gobiernos (según el Parlamento Europeo, las ventajas fiscales ofrecidas desde Irlanda y Luxemburgo han causado en Europa un desvío de entre 54 500 y 76 400 millones de euros anuales en impuestos). Otros fenómenos como la deslocalización y precarización de la mano de obra, la extensión del autoservicio (el «hazlo tú mismo» que sustituye a cadenas previas de empleo) y el autoempleo han eliminado muchos de los derechos laborales tradicionales y profundizado en esquemas económicos sin garantías para el trabajador. Si, desde su nacimiento, la tecnología digital se aupó sobre un discurso utópico que concibe cada innovación como un paso más en el camino del progreso, su pretendida necesidad ha servido para justificar modelos empresariales que entienden cualquier restricción o demanda de responsabilidad social como un obstáculo para fines fuera de toda discusión.

En los países anglosajones comienza a hablarse de la gig economy y el gig employment (gig=bolo), cuya lógica del trabajo como complemento tiende a desplazarse al centro de la vida laboral de millones de individuos. La plataforma digital lo posibilita, externalizando el trabajo humano a ciertas acciones subsidiarias de aplicaciones que ofrecen la clave operativa y el canal de comunicación. Evgeny Morozov se refiere al «capitalismo de plataforma» para definir todo un modelo económico donde el proveedor de bienes o el creador de contenidos es vampirizado por el dispositivo de conexión y distribución: Google rastrea contenidos ajenos, Uber no tiene taxis, Airbnb no tiene alojamientos, Spotify no produce música, Ebay no tiene stock, Netflix, YouTube y Amazon podrían prescindir de productos propios… el éxito de esta nueva economía parecería derivado de la gestión de una ingente cantidad de trabajo ofrecido de manera gratuita.

La omniabarcadora industria de la información se ha convertido en el paradigma de la circulación y consumo de identidades, hasta producir su propio sujeto en la forma del hipster, quien recoge el testigo del yuppie como detentador del Zeitgeist actual. Eso sí, en vez  de ocupar un despacho en el bajo Manhattan y trasladarse en limusina, comparte piso y se traslada en fixie. Mucho se ha dicho del hipster y en tono, normalmente, peyorativo: que si es superficial, políticamente conservador, elitista, clasista, esnob, individualista, insolidario, gentrificador, un monigote del que se ha anunciado su deseada muerte en mil ocasiones, un cínico que redime al sistema a través de su consumo «consciente»: organic, ecofriendly, reusable, fair trade… Pero ¿cómo retratar un conjunto tan heterogéneo?, ¿y cómo evitar la superioridad moral de quien traza la descripción? En palabras de Linton Weeks, con hipster designamos una «omnicultura» capaz de extenderse por incontables muestras de la producción de identidades actual, una especie de cajón de sastre donde caben, en mayor o menor medida, todos los estereotipos comercializables. Más que definir una categoría cerrada, una tribu urbana con rasgos de identidad como los de antaño, lo hipster señala una gradación: más hipster, menos hipster, que nos incluye a todos y que, por eso mismo, negamos. Y es que el hipster, como el infierno, son siempre los otros.

Acabemos: las tecnologías que usamos, y mucho más las tecnologías de la información configuran, como afirma Tim Wu, uno de los factores más decisivos del moldeamiento individual y social. Un Wu que, en El interruptor principal, analiza cómo cada industria de la información ha evolucionado desde unos inicios en los que se presentaba como la nueva promesa de libertad y progreso a la adopción de una posición dominante que termina por impedir otras innovaciones y tomar por rehenes a sus clientes. Es lo que Richard Barbrook y Andy Cameron describen como el tránsito «del ágora electrónica», un entorno de comunicación horizontal y abierta, al «mercado electrónico» que establece con claridad la relación entre empresa y consumidores. Parecería que la ideología californiana ha evolucionado de unos orígenes rupturistas a la progresiva absorción de su potencial por la dinámica de los negocios, cada vez más alejada del hacker que interrumpe el sistema y más incorporada a los intereses financieros de los gigantes tecnológicos.

En la presentación de su Iphone7 a finales del año pasado, Apple anunció la salida al mercado, en colaboración con Nike, de su Apple Watch. El dispositivo resume perfectamente las características del último modelo de HNA; su necesidad ininterrumpida de conexión y su devoción por el alto rendimiento deportivo. Apple Watch cuenta, además, con una capacidad de cincuenta metros de inmersión, por lo que presupone un sujeto experto en submarinismo y otros deportes de riesgo, un adicto a la adrenalina que transita entre la oficina virtual y el último Iron Man en alguna isla del Pacífico (y que, si se lo propone, hasta cierra presupuestos mientras corre el Iron Man). Trevor Edwards, presidente de Nike, resumía el giro ideológico al emplear desde el escenario un lema calculado y mucho menos ambicioso de lo habitual para los de Cupertino. El propósito corporativo de ambas marcas consiste en «Hacer la vida más fácil y divertida» («Make life easier and more fun»), una declaración alejada de las utopías revolucionarias de hace unos años. Tras el asalto al poder, toca conservarlo.

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(1) Retomo el concepto que acuñó el Che Guevara en El socialismo y el hombre en Cuba (1965): «Haremos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos. Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo con una nueva técnica. La personalidad juega el papel de movilización y dirección en cuanto que encarna las más altas virtudes y aspiraciones del pueblo y no se separa de la ruta. Quien abre el camino es el grupo de vanguardia, los mejores entre los buenos, el Partido».


Koro Castellano: «El mayor competidor del libro es el Candy Crush»

Koro Castellano para JD 0

Koro Castellano (Madrid, 1963) es licenciada en Periodismo por la Universidad San Pablo CEU. Comenzó su andadura profesional en 1982 como becaria en el semanario Cambio 16. En 1987 entró en la revista Fotogramas y un año después participó en el equipo fundador del semanario El Globo. Posteriormente realizó entrevistas y grandes reportajes en El País Semanal, donde permaneció nueve años, hasta su paso a Vía Digital como responsable de compra de derechos de cine español y más tarde directora de comunicaciones. Ha sido directora general de internet de Unidad Editorial y directora general de Tuenti y de BuyVips. Actualmente es directora de Kindle en español desde el desembarco de Amazon en España en 2011.

Nos recibe en la sede de Amazon y nos conduce a la última planta del edificio donde está la cafetería. Como único elemento diferencial, las paredes están decoradas con las huellas de las manos de los trabajadores de la empresa. No hay rastro de mesas de ping-pong ni espacios futuristas como uno intuye que deben de ser las zonas de relax de los grandes de internet, quizás ejemplificando una de las máximas de Jeff Bezos: «La austeridad y sobriedad potencia la innovación, como cualquier otra limitación».

¿Vale más pedir perdón que pedir permiso?

[Ríe] Sí, y en Amazon también. Yo creo que una de las cosas más importantes es «hacer» y muchas veces si esperas a que te pasen la autorización de si puedes o no puedes hacer algo, eso al final te para y no haces, que es lo importante.

Empezaste como becaria en Cambio 16, ¿cuáles eran las condiciones económicas de aquella época?

Las condiciones económicas eran estupendas… [ríe]. El primer año de becaria iba por las tardes y no cobraba nada y el segundo año, que iba también de becaria en el mismo horario, cobraba la gasolina de la moto.

Parece que cualquier tiempo pasado fue mejor. ¿Tienes la sensación de que los periodistas actuales están un poco instalados en la queja?

Cuando yo empecé como becaria justo coincidió con un ciclo de hundimiento del periodismo, en ese momento la situación era como ahora. Realmente era dificilísimo conseguir un trabajo y el simple hecho de poder ir a una redacción, ver lo que se decía allí y estar con gente que eran periodistas de verdad, de raza, y poder aprender de ellos… Yo hubiera pagado si hubiera tenido dinero, aunque evidentemente no tenía un duro, por poder estar allí en ese momento.

Pasaste por la revista Fotogramas y luego estuviste nueve años en El País Semanal haciendo reportajes y entrevistas. ¿Echas de menos la etapa de periodista?

A veces sí que la echo de menos, fue una época que recuerdo con muchísimo cariño. Viajaba un montón, conocí a gente interesantísima y en aquel momento la redacción de El País era un sitio muy especial.

Cuando entrevistamos a Gumersindo Lafuente nos decía que «las audiencias controlan a los periodistas». ¿Estás de acuerdo?

Cada vez más.

Empezaste en El Mundo con él. ¿Cómo fue tu fichaje?

Sindo había sido mi jefe en El País Semanal y un buen día —yo en aquel momento trabajaba en Vía Digital sonó el teléfono y me dijo: «Acaba de irse media redacción de elmundo.es y me han nombrado director, te tienes que venir conmigo». Y le contesté: «Pero Sindo, si yo no sé nada de internet». Y me respondió: «Yo tampoco, ¿cuál es el problema?» [risas]. Y añadió una frase que para mí resultó irresistible: «Mira, Koro, en el mundo de la prensa llevamos haciendo lo mismo cientos de años, en internet das dos pasos y estás en la selva virgen, donde no ha estado nadie antes». Y yo pensé que eso no me lo podía perder.

¿Aprendiste?

Muchísimo. Yo creo que todos los que hicimos elmundo.es aprendimos mucho los unos de los otros y sobre todo aprendimos mucho de las circunstancias en las que tuvimos la oportunidad de desarrollar el proyecto. 

En su momento El Confidencial informaba de tu cambio laboral con el siguiente titular: «Tuenti ficha como directora general al “cerebro” de internet de El Mundo». ¿Te consideras el cerebro de internet?

Evidentemente no [ríe]. Yo no soy el cerebro de nada, soy una curranta.

También trabajaste con Gustavo García Brusilovsky, nos contó que tras la venta de BuyVIP a Amazon lo primero que le dijeron fue: «Fantástico que estéis en siete países: ahora ciérrame cuatro». ¿Cuánto tuviste que ver en esa decisión y en ese proceso? 

Nada, porque de hecho es la primera vez que oigo esto. Entré para llevar España y por lo tanto estaba exclusivamente centrada en España.

¿Importan los fracasos más que los éxitos?

Hombre, yo no diría que importan más, pero importan. Sobre todo a la hora de construir, no tu carrera, sino tu experiencia y tu manera de aprender. Creo que de los fracasos se aprende más que de los éxitos.

En España los fracasos están mal vistos y no hay segundas oportunidades para los empresarios, pero en Estados Unidos eso es diferente.

Exactamente. En Estados Unidos se da por hecho que una persona que ha cometido errores, que ha fallado, que se ha caído y ha vuelto a saber levantarse, ha aprendido más que uno al que todo le ha salido fenomenal. Nosotros, los españoles, no lo valoramos y en eso nos equivocamos.

¿Tienes en tu equipo directivo a alguien que tenga un fracaso a sus espaldas?

Sobre todo, lo que procuro es tener a gente que sepa reconocer cuándo se ha equivocado y que sepa aprender de los errores. Yo me equivoco todos los días, pero claro, el problema es intentar aprender de esas equivocaciones.

Koro Castellano para JD 1

Antes te has definido como una curranta, ¿por qué?

La discusión sobre los gurús, sobre los cerebros… No te voy a decir que no me encantaría ser uno de ellos, ¿a quién no?, pero creo que hay muy poca gente que realmente sea un visionario. Hay muy pocos Steve Jobs, hay muy pocos Jeff Bezos, hay muy pocos Bill Gates. Y los demás, los que nos dedicamos a esto en el día a día, lo importante es que sepamos que tenemos un objetivo y que queremos llegar a ese objetivo; y para alcanzarlo hay que currar, porque las ideas están fenomenal pero hay que ejecutarlas.

Y como curranta en empresas tan potentes, ¿cómo has llevado la conciliación laboral?

Pienso que a cualquier mujer que esté trabajando y le preguntes cómo lleva la conciliación te dirá que con mucho esfuerzo y, sobre todo, con mucho cargo de conciencia, pero al final la llevas. Personalmente prefiero que mis hijos vean que su madre es capaz de trabajar y aportar algo a la sociedad, de tener una responsabilidad, de tener una disciplina y de conseguir cosas, a que vean que no. No estoy diciendo con eso que alguien que se queda en casa a cuidar de sus hijos no tenga disciplina y responsabilidad, ¿eh? Lo que quiero decir es que este es el camino que yo he elegido y el otro es exactamente igual de válido, pero a mí me gusta que ellos vean que se puede hacer todo lo que tú decidas. Yo decidí esto, podía haber decidido lo otro.

Habiendo estado en empresas tan importantes, ¿te has encontrado con el famoso techo de cristal?

No, yo he tenido esa suerte. Nunca me he encontrado con barreras por el hecho de ser mujer.

¿Quizás por el tipo de empresa? ¿Crees que existe el techo de cristal?

Leo los periódicos, veo las estadísticas y sé que hay muchas mujeres que lo sufren, por eso te digo que yo he tenido la suerte de que a mí no me ha afectado.

Más de la mitad de los españoles reconocen que han empezado a escribir un libro. ¿Es así? ¿Cómo conseguís esos datos?

El 54% ha empezado, pero el 82% no lo ha terminado. Hemos hecho una encuesta porque queríamos entender por qué nuestro servicio de autopublicación estaba teniendo tanto éxito. Cuando nosotros lo lanzamos había tenido ya muy buena acogida en otros países anteriormente y sabíamos que había un público que estaba deseando publicar y que no tenía los medios adecuados para hacerlo, que había unas barreras de entrada muy altas: te pueden rechazar los agentes, las editoriales… Un 2% de los que tienen un libro escrito sin haberlo publicado indican que el motivo es el rechazo de la editorial. Eso lo asumíamos, pero lo que no sabíamos es que iba a tener un éxito tan rápido y tan brutal y por eso, después de darle muchas vueltas, después de hablar de distintas teorías entre nosotros, decidimos preguntar exactamente por qué ocurría esto.

¿Es cierto que hay cuarenta y nueve autores de lengua hispana en el Top 100 de los libros más vendidos en amazon.com?

Esto son datos del mes pasado, pero es una métrica bastante estable. Hay cuarenta y nueve autores que escriben en español que tienen un libro en el Top 100 de la tienda en español de amazon.com.

¿En amazon.es las cifras difieren o se mantienen?

En líneas generales, de los veinticinco libros más vendidos cada semana, prácticamente la mitad, el 48%, suelen ser autores KDP [Kindle Direct Publishing], aunque varía en función de la semana.

Juan Gómez Jurado nos comentaba que Amazon, al cuestionar cómo se estaban haciendo las cosas, ha obligado al sistema a evolucionar. 

Sí, creo que hemos actuado un poco como catalizador del cambio. Cuando Amazon llegó existía un sistema que había estado operando de una manera muy estable durante determinado tiempo, y digamos que nosotros introdujimos una serie de cambios y propusimos una serie de ideas que obligaron a acelerar ese cambio que iba a ocurrir de todas maneras, lo que pasa es que probablemente nosotros ayudamos a empujarlo.

También nos decía que os estáis comiendo a los pequeños libreros. ¿Es así?

No, en absoluto. Yo creo que son modelos complementarios, aunque es verdad que cada vez la gente compra más por internet. En Estados Unidos el 42% de los libros, físicos o digitales, se compran ya por internet, y en el Reino Unido es un 37%. Aquí ese porcentaje terminará llegando antes o después porque esa es la tendencia. Pero a la vez, nosotros abrimos nuestra web para que miles de comercios, incluidas las librerías, venden sus libros en papel a través de Amazon. 

La historia de Libros Alcaná lo ejemplifica muy bien. Alcaná es una librería de libros de segunda mano y de ediciones antiguas que ha subido a Amazon todo su catálogo, que tiene más de setenta mil referencias. Es de las diez librerías que venden en Amazon que más libros tiene en el catálogo de toda Europa. En este caso, internet les facilita el acceso a millones de clientes a los cuales no habrían podido llegar nunca desde su tienda en el centro de Madrid.

Cada vez vemos más librerías, o cualquier otro tipo de pyme o pequeño comercio, que utilizan Amazon como su canal de ventas online.

¿Los autores superventas que empiezan autopublicándose en Amazon acaban siempre pasándose a las grandes editoriales?

No necesariamente. Uno de los grandes cambios que estamos viendo es lo que nosotros llamamos autores híbridos. Un autor híbrido lo que quiere es quedarse con lo mejor de ambos mundos: lo mejor del papel y lo mejor de internet. Hay autores que empezaron publicando en KDP que han pasado a las editoriales tradicionales porque les han fichado, y algunos de ellos están volviendo a la autopublicación porque han decidido que es mejor para ellos mantener el control total del proceso, que eso es lo que les permite la plataforma, y hay otros como Juan que el último libro lo ha sacado con Ediciones B pero que a lo mejor el siguiente decide que lo publica con otra editorial o que vuelve a KDP. Pienso que ahí está la belleza de esto, que nosotros al final tenemos que ofrecerles tanto a los lectores como a los escritores cualquiera de las dos posibilidades y que sean ellos los que elijan. ¿Que tú quieres firmar con una editorial tradicional? Fenomenal. ¿Que te quieres quedar los derechos en digital? Fenomenal también. 

Matilde Asensi, que es el caso más reciente y digamos el más llamativo, es la primera gran autora española que ha vendido los derechos de El regreso del Catón a Planeta en papel y los digitales se los ha quedado ella. En Amazon Matilde es una autora autopublicada y también fue número uno en ventas, de hecho ha sido el libro más prerreservado de este 2015.

Como directora de Kindle en español llevas todos los mercados y ventas de Kindle en este idioma en todo el mundo. ¿Cuál es la mayor diferencia mercadotécnica de esta disolución de fronteras que supone internet?

Esa es la gran diferencia, porque al final te das cuenta de que para un autor que tiene un libro metido en la mesilla, que decide que no tiene nada que perder y que va a probar KDP, no es lo mismo ponerlo a disposición de los lectores en España que ponerlo a disposición de los lectores en ciento setenta y cinco países. Cuando tienes ahí fuera a más de quinientos millones de personas que hablan español, eso te abre unas puertas brutales. Fernando Trujillo, que es un autor español KDP, indie completamente, es el autor más vendido en México en estos momentos. Estos autores, aunque firmaran con una editorial, nunca tendrían esa distribución, porque nunca distribuirían tus libros en Israel, donde por cierto se venden muchos libros en español, o Chile. A través de la autopublicación los pueden vender en todo el mundo sin ninguna inversión previa. El potencial es enorme.

Y luego, para las editoriales, también es un cambio radical. Estamos viendo que ya hay editoriales que venden lo mismo o más al otro lado del Atlántico que en España.

Koro Castellano para JD 2

La sensación que hay es que estáis pasando de ser el enemigo de las editoriales a que os vean como un amigo.

Bueno, desde el momento en que las editoriales han visto que realmente podemos ayudar a vender más libros y a apoyar mucho más a sus autores y a sus títulos, ¿por qué no vamos a colaborar? Además les ayudamos a llegar a una audiencia que cada vez lee más libros digitales y que también compra más libros en papel a través de internet.

Volviendo a lo que hablábamos antes, el ejemplo de México es buenísimo: el 90% de los pueblos de México no tienen librería ni biblioteca pública. ¿Cómo llegan esas personas a la cultura, cómo compra un libro? No tienen librería ni biblioteca pero tienen internet, una manera muy fácil de hacerles llegar esas obras. Por eso la venta por internet está despegando tanto en esos países y por eso se abre una oportunidad buenísima para las editoriales y para los autores. Por no hablar de los clientes que compran en español en amazon.com. Hay cincuenta millones de personas que hablan en español en Estados Unidos y nosotros tenemos una página solo con títulos en español para ellos.

Ya que mencionas las bibliotecas, ¿tenéis algún acuerdo para el préstamo de libros digitales?

En Estados Unidos sí hay un acuerdo para que se puedan tomar prestados los libros de Kindle en bibliotecas, pero en Europa todavía no.

En Estados Unidos los eBooks admiten vídeo y otras características que aún no han llegado a España. ¿Cuál es el motivo? ¿Están previstas como objetivo a medio plazo?

Es una cuestión tecnológica, todavía no tenemos esas funcionalidades disponibles para España. No te puedo desvelar el road map pero obviamente nosotros lo que queremos es tener todas las funcionalidades que permitan enriquecer la experiencia de los lectores y de los autores y esto es algo que nos piden constantemente.

Una de vuestras grandes apuestas comerciales es Kindle Unlimited, que es un sistema análogo a Spotify pero con libros. ¿A partir de qué número de lecturas anuales creéis que es rentable que un usuario se haga socio?

Creo que eso depende muchísimo del tipo de usuario, es como el gimnasio o, como tú bien has dicho, Spotify. Hay gente que quiere estar apuntada al gimnasio porque le da tranquilidad mental y simplemente con ir una o dos veces al mes ya está, porque lo tiene ahí y sabe que puede utilizarlo cuando quiera, y hay gente que considera que si no va todas las semanas es un dinero mal invertido. No soy capaz de decirte una cifra porque es algo muy personal. Creo que tener la posibilidad de leer todo lo que quieras ilimitadamente entre, ahora mismo más de un millón de libros, es una muy buena oportunidad.

¿Y cuál es el feedback que estáis teniendo?

El feedback es más positivo de lo que esperábamos. Al final también volvemos a lo que son las tendencias: la suscripción está aquí y está aquí para quedarse. Habrá gente que quiera seguir comprando sus libros a la carta: «Ha salido Juan Gómez Jurado y me lo quiero comprar ahora mismo». Y habrá gente que diga: «Yo tengo una estantería con un millón de libros para elegir cuando quiera y como quiera y donde hay títulos buenísimos». Nos estamos llevando una muy grata sorpresa.

Amazon ya no paga por descarga sino por páginas leídas. ¿Ha satisfecho este cambio a los autores?

Esta fórmula solo es para los autores de KDP que están en Kindle Unlimited. Todos los cambios tienen que entenderse. Amazon tiene un fondo, que si no recuerdo mal el último mes ha sido de más de doce millones de dólares, por el cual se paga a los autores KDP que tiene sus libros disponibles en Kindle Unlimited. Entonces, si tú has escrito un libro de cien páginas y los lectores han empezado a leerte y resulta que a la página veinticinco lo dejan porque el libro no les interesa, tú vas a cobrar menos que alguien cuyo libro de cien páginas les ha interesado a los lectores hasta el final. Por eso pensamos que es una retribución más justa, porque al final los que deciden si el libro es bueno o no lo es son los lectores. Digamos que es como si tuvieras a un jurado popular ahí fuera que es el que decide qué es lo que se te va a pagar en cada momento.

¿Era una demanda de los propios autores?

Los autores son exigentes. Y es bueno que así sea. Nos piden muchas cosas e intentamos satisfacerles en la medida de lo posible.

Sin embargo resuelves un problema pero generas otro: David Cantone, que es otro de vuestros autores, comentaba en su blog que pagáis a 0.0058 dólares por página leída, que viene a ser entre ciento ochenta y doscientas palabras, y que esto beneficia sobre todo a los autores de ficción porque en los libros técnicos o de consulta a lo mejor la gente solo se lee diez páginas. 

Es una buena reflexión. No obstante, el concepto Kindle Unlimited está mucho más enfocado a la ficción que a los libros de consulta técnica. Dicho de otra forma, seguramente este tipo de libro no sea el mejor título para tener en Kindle Unlimited y seguramente habría que venderlo copia a copia.

¿Cómo se calcula aproximadamente el KDP Select Global Fund?

Actualmente, el fondo tiene 12,7 millones de euros. El porcentaje que les corresponde a los autores lo calculamos contando las páginas de los libros en Kindle Unlimited que los lectores han leído por primera vez y comparando este número con el total de páginas que se leyeron de todos los títulos que participan en el programa.  

Amazon almacena las posiciones de lectura de los libros digitales para sincronizar dispositivos pero imagino que también utilizáis esos datos para otros objetivos.

No, solo para pagar a los autores y sincronizar los dispositivos.

Una curiosidad, ¿podríais decirnos cuánta gente que se descarga El Quijote se lo acaba?

Es que nunca lo hemos medido, estos datos realmente no los analizamos. Sí que te podríamos decir las diez frases más subrayadas de El Quijote, el número de comentarios que se han hecho y, en fin, todo lo que son las funcionalidades que se usan habitualmente, pero nunca hemos hecho el análisis de cuánta gente se ha terminado realmente El Quijote o La montaña mágica, por ejemplo. 

Nosotros siempre damos las frases más subrayadas y lo que sí vi en una ocasión fue un muy buen trabajo de alguien en Estados Unidos que cogió, no me acuerdo bien pero digamos que los veinte libros más subrayados, y vio en qué página estaban las frases. De ahí dedujo, mediante un algoritmo, cuántos de estos libros se terminaban o no, y era muy interesante. Pero insisto, el trabajo era externo a Amazon en base a una información que sí proporcionó Amazon.

Me imagino que con esos datos tendréis que tener extrema precaución.

Exactamente. Nuestra tarea es poner a disposición de los lectores todos los libros jamás publicados. Y ellos deciden si llegan o no al final de las historias.

¿Cuáles son las tres frases de El Quijote más subrayadas?

Lo analizamos hace poco con motivo del 400 aniversario de la publicación de la segunda parte del libro. Y son: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura». La segunda: «Porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma». Y la tercera: «En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio».

Una petición frecuente de los lectores es que se regale la versión digital de un libro comprando la edición en papel. ¿Qué opináis vosotros? ¿Estáis por la labor?

En Estados Unidos existe un programa de Amazon llamado Matchbook, donde tú compras la versión de papel y se entrega la versión digital al cliente, con un precio que va desde 2.99 dólares hasta gratis. Sin embargo, este programa no está disponible en España. Si se lanzara aquí, tendríamos que analizar primero si es factible desde un punto de vista legal.

Koro Castellano para JD 33

Se os ha acusado de posición dominante por tener un formato cerrado. ¿Os habéis planteado que vuestros eBooks puedan ser utilizados en otros lectores que no sean Kindle?

Tener un formato único y propio tiene sus ventajas, pero también tiene sus inconvenientes. Nosotros optamos por el formato propio porque creemos que así podemos mejorar la experiencia de usuario lo máximo posible. Tenemos un ecosistema en el que podemos innovar para enriquecer la lectura, y creemos que eso, al final, es mucho mejor para los usuarios de Kindle. Por ejemplo, no solo se puede sincronizar en el último punto donde dejaste el libro, también tienes acceso a los diccionarios, las notas, los comentarios integrados o, entre otras funcionalidades, Word Wise, muy útil para leer en otro idioma: tú le dices al dispositivo el nivel de inglés que tienes, y el dispositivo ya adivina la palabra que es posible que no sepas y te la traduce sin necesidad de que pongas el dedo encima. También podemos tener tarjetas memo integradas que te permiten marcar y almacenar las palabras que no conoces y luego, cuando ya has terminado de leer, te muestra todas las palabras nuevas que has aprendido. Estas cosas solo se pueden hacer si las desarrolla uno mismo.

Pero Kindle también tiene aplicaciones para PC o para móvil. ¿Por qué un eReader de un fabricante distinto, como por ejemplo Sony, no puede leer vuestro formato?

No es necesario tener un Kindle para leer en Kindle o para comprar libros Kindle, se puede leer en PC, en Android, en tabletas. Otra cosa son los eReaders; si los otros fabricantes desarrollan sistemas para sus eReaders que nos permitan a nosotros poner nuestras aplicaciones, servirían. Nosotros desarrollamos para los sistemas operativos mayoritarios: Windows, iOS, Android…Con un iPhone, con cualquier tableta, puedes descargarte la aplicación Kindle y lees perfectamente.

¿Se lee más en tabletas y móviles o en Kindle?

De momento todavía se lee más en los Kindles, pero el crecimiento de la lectura desde el móvil o tableta es muy elevado.

Hablando de tabletas, ahora habéis sacado la nueva Amazon Fire con un precio muy competitivo si se compra con el sistema de publicidad integrado. ¿Se ha notado en las ventas?

Bueno, es que el precio del Fire sin publicidad integrada también es muy competitivo.

Ya, pero el otro cuesta cincuenta y nueve euros.

No hemos recibido ningún feedback negativo y la verdad es que se está vendiendo muy bien en España. Estamos acostumbrados a la publicidad, la tenemos asumida. Por usar el ejemplo de Spotify, si lo quieres gratis tienes publicidad. No creo que en la cabeza de los usuarios esté ese debate y, en cualquier caso, tienes las dos posibilidades. Si no te gusta recibir ofertas especiales, puedes pagar los treinta euros de diferencia y se eliminan.

¿Por qué las grandes editoriales tienen mejores condiciones en cuanto a márgenes que los autores que se autopublican o las pequeñas editoriales?

Es que la revolución que han traído los libros digitales lo ha cambiado todo: ha cambiado la manera de leer, ha cambiado la manera de comprar y ha cambiado la manera de publicar. En Amazon tenemos acuerdos directos con prácticamente todas las editoriales. Y los negociamos, como cualquier otro distribuidor, en función de varios parámetros como, por ejemplo, el tamaño de su catálogo. En cambio, KDP está pensado para que los autores autopubliquen sus libros. Ellos son sus propios editores. En KDP tenemos un rango de precios que permite que el autor se lleve hasta un 70% del precio que él ha puesto. Y este porcentaje varía en función del precio que decida el autor. ¿Por qué? Según los estudios que hemos hecho y lo que nos dicen los usuarios, pensamos que el precio de un libro digital no debería ser superior a nueve euros. El sistema de tramos nos permite orientar a los autores, decirles que con un precio más elevado van a vender menos y, por tanto, van a ganar menos. De este modo, intentamos encontrar el precio que los consumidores creen que debe costar un libro digital. Hemos preguntado en focus groups cuánto estarían dispuestos a pagar por un libro digital los lectores, que no saben nada de gastos de distribución, de gastos de traducción, de gastos de papel, que solo quieren coger un libro y leerlo. La respuesta mayoritaria que obtenemos, y es una respuesta instintiva, es: «Máximo, nueve euros». 

Nosotros intentamos hacer caso a estos lectores y, de la misma manera, intentamos explicarle esto a los editores. Intentamos darles información y orientación para que sus libros se vendan lo máximo posible.

Entonces, ¿cuál consideras que debe ser el precio medio óptimo de las novedades?

Pensamos que una novedad no debe estar por encima de 9.99€. Pero insisto, no porque lo pensemos nosotros, sino porque es lo que nos han dicho los lectores. A nuestro entender, las novedades deberían estar a ese precio y, evidentemente, los libros de catálogo a mucho menos. Esto forma parte de una discusión muy interesante: la política de precios y los precios móviles. O sea, cómo un libro puede tener distintas vidas en función del precio que tú le vayas poniendo a lo largo de su recorrido.

En países donde existe una ley del precio fijo como Alemania, Francia o España muchas veces tenemos la mentalidad de que un libro tiene un precio y que ese precio es válido para siempre, y no es así. Los editores pueden poner distintos precios a los libros en distintos momentos, y no necesariamente a la baja, para alargar su vida y para llamar la atención de los lectores.

El precio de los eBooks está condicionado también por el llamado entorno de ocio digital. Esa es otra discusión interesantísima: ¿Quién es hoy el mayor competidor de un libro? El Candy Crush.

Finalmente habéis llegado a un acuerdo con Hachette en cuanto al precio de los libros y acaba de salir un informe que refleja que desde que ellos ponen los precios del libro digital sus ventas han caído respecto al año anterior. ¿Confirmaría eso lo que me estás diciendo?

Sí. Hay un tema muy importante: los libros digitales cada vez se venden más, el mercado crece, pero el mercado no solo se compone de las ventas de los libros de las grandes editoriales. El mercado se compone de las ventas de los libros de las grandes editoriales, de los autores autopublicados y de los modelos de suscripción, es decir que tiene tres patas. ¿Qué pasa? Que las grandes editoriales deciden subir los precios de los libros y es evidente que esto afecta a las ventas. Pero el mercado de la lectura digital son las tres patas, no solo una.  

¿Cuál es la relación de crecimiento de España respecto a Europa o Estados Unidos en cuanto a la compra de libros digitales? ¿En España se crece más rápido, está en la media o por debajo de ella?

Nosotros seguimos creciendo estupendamente. Hay países en los que el mercado del libro digital está muchísimo más avanzado, Reino Unido, por ejemplo, donde llevan más tiempo y es un mercado maduro. España e Italia vamos más retrasados, pero nuestras ratios de crecimiento son muy elevados.

¿Crees que influye mucho en las ventas el sistema de recomendaciones de Amazon o Goodreads en relación con la valoración de los medios tradicionales?

Influye muchísimo. Al final, cuando estás a punto de comprarte un libro, tienes dos maneras de saber de qué va ese libro: en los libros físicos la contraportada, que para nosotros es lo que llamamos la página de detalle, en la que alguien te cuenta de qué va: si es un thriller, si es una novela de misterio… Pero luego tienes que saber si ese libro es bueno o no, y para eso las estrellas, los ratings que ponen los usuarios y los comentarios son fundamentales.. Los libros más populares y los que más venden son siempre los que mejores ratings y comentarios tienen.

¿Para cuándo un Goodreads en español? Es una petición de muchos usuarios.

Yo también lo pido [risas].

Solo tenéis diez mil seguidores en la página de Kindle España en Facebook, siendo esta la red social que mejor está funcionando para atraer clientes y realizar ventas. ¿Es una cuestión estratégica no depender de Facebook o estáis en ello y sí queréis vender a través de esta red social?

Habiendo trabajado en Tuenti, te puedes imaginar que mis dudas sobre la eficacia de las redes sociales son inexistentes. O sea, yo soy una absoluta convencida de que son canales que sirven para varias cosas, no solo para vender. Sirven para estar en contacto con tus usuarios, sirven para escucharles, sirven como canal de quejas y canal de feedback, pero también sirven para vender. Lo que nosotros tenemos que entender exactamente es cómo convertir mejor a través de estos canales. No consiste en estar por estar, hay que estar con unos objetivos y con una estrategia.

Eso se arreglaría creando una estrategia, entonces la duda es por qué no habéis trabajado ese canal. Parece que lo veáis más como una competencia o como un «no alimentar al trol». ¿Cuánto está uno dispuesto a depender de Facebook?

Yo personalmente no lo considero un trol y en Amazon tampoco. Creo que estamos intentando entender cómo sacarle el mayor partido y no dar palos de ciego. Me parece que esa sería la traducción más acertada de lo que estamos haciendo.

Koro Castellano para JD 4

¿Vosotros también facilitáis herramientas de marketing, en este caso a las editoriales? ¿Se puede pagar por estar mejor posicionado?

Tenemos distintos acuerdos de marketing con las editoriales, pero pagar para estar mejor posicionado nunca en la vida. De la misma forma que las librerías tiene su mesa de novedades, las editoriales pueden acceder a herramientas que les dan más visibilidad en la página y, si te ven más y compran más, el algoritmo funciona mejor. Son opciones para incrementar tu visibilidad, pero nunca para estar mejor posicionado. Esto lo deciden los lectores.

Hay SEO y hay SEM, digamos.

Está muy bien visto lo del SEO y el SEM porque es exactamente eso: hay un posicionamiento orgánico que no se toca y el algoritmo nunca va a recomendar un libro porque alguien haya pagado, pero sí puede tener más visibilidad

¿Hay alguna editorial grande que ya esté trabajando con vosotros en este sentido?

Esto forma parte de los acuerdos, exactamente igual que en el mundo de papel. Entra dentro de los planes de promoción de las editoriales, igual que en el mundo físico. La editorial va a lanzar un libro y te dice: «esta es mi apuesta para esta temporada ». A nosotros nos gusta vernos como socios de las editoriales en el sentido en que las apoyamos, como por ejemplo con las ofertas de Kindle Flash, las promociones… Todo eso se hace de acuerdo con las editoriales.

¿Cuáles son los criterios para censurar un libro en Amazon?

No censuramos libros. Eso sí, tenemos unos guidelines para los libros autopublicados que especifican que no pueden ser libros racistas, ni sexistas, ni de apología del terrorismo…

Ha habido varios casos de autores quejándose de censura, por ejemplo el de una ficción en la que se hablaba de incesto que fue retirada. ¿Cuál sería el criterio, si es Lolita de Nabokov sí pero si lo escribe otra persona no? Es decir, ¿si está reconocido por la sociedad o si lo edita Planeta sí y si lo hace un autopublicado no?

No, hay una serie de guidelines absolutamente exhaustivas. La subjetividad en estos casos es muy peligrosa y nosotros intentamos no ser subjetivos.

¿Tenéis un equipo de censores?

No [ríe]. Tenemos una serie de procesos automáticos que identifican una serie de características de los libros y luego hay un equipo de gente que toma decisiones. Mein Kampf, por ejemplo, que es un libro prohibido en Alemania, no se vende en amazon.de. Pero eso no quiere decir que tengamos un equipo de censores, quiere decir que tenemos que ser sensibles también al sentimiento de la sociedad en la que operamos.

El año pasado en Francia pusieron en marcha la denominada Ley Amazon, de corte proteccionista, en la que se obliga a Amazon a cobrar por el envío del libro, y Amazon reaccionó poniéndolo a 0.01€ ¿Cuál es el mensaje, se le pueden poner puertas al campo?

No se le pueden poner puertas al campo. Al final nuestra política está siempre centrada en beneficiar al usuario, en beneficiar al consumidor, en beneficiar al lector. Entonces, si tenemos las posibilidades de hacerlo, nuestra obligación será actuar en defensa de ese consumidor.

¿Se ajustan las condiciones que impone Amazon a las editoriales a las normas de competencia de la Unión Europea? Lo digo porque hay una demanda al respecto.

Pues claro que se ajustan. Sí, hay una demanda, pero todo lo que hacemos se ajusta absolutamente a la legalidad y cumplimos la ley en todos los países en los que operamos.

¿En general, crees que ahora se lee menos o más?

Ahora compites contra muchas otras formas de ocio. Compites contra llegar a tu casa agotado, sentarte delante de la tele y que te pongan una reposición de Sálvame o una película, que es gratis, todo es gratis. O, yo qué sé, ver en el telediario lo que ha pasado en París o coger la tableta y meterte en Facebook… Entonces, desde ese prisma, la lectura tiene más competidores de los que tenía antes, y de nuevo aquí el precio tiene un impacto muy importante. Pero nosotros también tenemos datos que podrían contradecir eso: una persona que tiene un Kindle multiplica por cuatro su compra, tanto de libros físicos como digitales, respecto a cuando solo adquiría libros físicos a través de Amazon. ¿Lees más? Compras más.

Según esto, la auténtica competencia de la lectura serían los juegos de móvil o las series de televisión. ¿Hay una pelea por el ocio?

Sí, absolutamente. Hay una pelea por el ocio, hay una pelea por tu tiempo libre y hay una pelea muy encarnizada en el mundo de las aplicaciones. Al fin y al cabo, Facebook es una aplicación, Instagram es una aplicación, el correo electrónico termina siendo una aplicación porque va contigo en los móviles, y tu rango de tiempo libre son unas determinadas horas o minutos al día y eso es muy importante que lo entendamos los que queremos que la gente lea, los que amamos la lectura, los que leemos mucho. Tenemos que darnos cuenta de que estamos en un campo de batalla donde hay gente que viene muy bien armada y a precios muy competitivos o gratis.

La primera librería física de Amazon arma su escaparate basándose en la valoración de los libros que la gente ha comprado por internet, la cantidad de reservas previas y su popularidad en Goodreads. Suena bien.

Sí, digamos que el objetivo es unir lo mejor de los dos mundos. Si tú tienes esa información antes de comprar un libro, te estoy proporcionando una información valiosa, te estoy ayudando en tu proceso de compra. Además, no sé si has visto que recomendamos que lleves el móvil contigo cuando vayas a la tienda. ¿Por qué? Porque tienes más información todavía, mucha más de la que te podamos mostrar en el espacio físico.

¿El objetivo es montar muchas más librerías Amazon?

De momento vamos a ver cómo funciona la primera.

¿Vuestro objetivo final es convertiros en editorial?

Amazon ya tiene una editorial en Estados Unidos que se llama Amazon Publishing, que identifica historias que han triunfado en cualquier lugar del mundo y las edita para que puedan llegar a incluso más lectores. También traducimos libros de autores KDP de otros países al inglés o al alemán. En España acabamos de lanzar ocho títulos de Amazon Crossing, nuestro sello especializado en traducciones. Se trata de libros que han cosechado mucho éxito en el mercado anglosajón y que nadie había traducido al español hasta ahora.

¿Trabajar en Amazon es una pesadilla tal como contaba The New York Times este verano?

Yo no he visto a nadie llorar en su mesa. Sinceramente, no reconozco a la compañía que describía el artículo.

¿No tenéis mesa de ping-pong como en Google?

Solo tenemos manos de colores pintadas en las paredes. No tenemos mesa de ping-pong pero yo tampoco creo que tenerla me hiciese más feliz, sinceramente.

¿Sueles ir a librerías? ¿Cuál es el último libro que has comprado?

Yo sí. El último libro que he comprado es el de Magallanes de Stefan Zweig y lo he comprado en físico en Amazon porque no está en digital, me llega hoy.

Para acabar, recomiéndanos un libro.

El poder del perro, de Don Winslow, un poco bestia pero buenísimo. No encuentro un adjetivo mejor que bestia, es escalofriante. Me lo acabé y empecé El cártel, me metí los dos en vena uno después del otro. He entendido muchas cosas que me hubiera gustado no saber, se te quita la inocencia.

Koro Castellano para JD 5

Fotografía: Lupe de la Vallina

Documentación: Loreto Igrexas


Avances científicos que (casi) pasaron desapercibidos

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Johnny Matherny, el primer hombre en usar una prótesis robótica controlada por la mente. Fotografía cortesía de Bloomberg Business.

Han pasado tantas cosas propias de una novela de ciencia ficción que uno se pregunta si la ciencia ficción empieza a resultar aburrida respecto a la realidad. Por ejemplo, en estos últimos diez años tuvo lugar el experimento global más importante, y costoso, de la historia de la humanidad: el inicio del Gran Colisionador de Hadrones. Localizamos a Higgs, entendiendo un poco mejor la estructura de la realidad, y también se creó antimateria. Concretamente se atraparon treinta y ocho átomos de antihidrógeno: un gramo de esta antimateria, si entrara en contacto con un gramo de materia, generaría la energía equivalente a la bomba de Hiroshima.

Hace veinte años ni siquiera habíamos detectado ningún planeta fuera del sistema solar. La madrugada del 6 de marzo de 2009 lanzamos al espacio un satélite artificial que orbita alrededor del Sol que busca planetas extrasolares, Kepler, y ya ha detectado 1705.

Tras analizarse el meteorito Murchison, descubrimos que en la roca había quince aminoácidos que se habían formado fuera de la Tierra. Ello otorga aún más validez a la teoría de la panspermia, pues algunos de estos aminoácidos todavía no se han encontrado en nuestro planeta. También nos empuja a preguntarnos de nuevo si hay vida allí afuera.

Reino Unido es el primer país del mundo donde será legal concebir a un ser humano a partir del ADN de tres personas, a fin de erradicar algunas enfermedades hereditarias. La técnica de modificación genética ha sido desarrollada por científicos de la inglesa Universidad de Newcastle, y el primer bebé con el ADN de dos mujeres y un hombre podría llegar al mundo en otoño de 2016. Incluso se ha creado ya esperma artificial.

En 2008 había mil millones de dispositivos de internet conectados a la red. En 2012 había más dispositivos móviles conectados a internet que habitantes en la Tierra. Son cifras inconcebibles si las comparamos con las de 1985, un año donde nadie tenía internet, y los teléfonos móviles eran un privilegio del que apenas disfrutaba un millón de personas.

Pero todas estas noticias son solo las crestas de un tsumani hipertecnológico que cambiará el mundo en pocos años, como ya abordamos en El STEM está cambiando el mundo mucho más de lo que crees. Todavía hay más.

Personajes alucinantes

Esta es una lista de hombres y mujeres casi sobrenaturales que están cambiando el mundo. Lo más sorprendente es que casi ninguno de ellos suena demasiado en los medios de comunicación de masas. Como bien sabe Dean Kamen (y por eso fundó el FIRST), pregúntale a un joven acerca de algún deportista vivo y te dirá decenas. Pregúntale acerca de algún científico vivo y probablemente responderá Albert Einstein (¿está vivo?).

Personajes como George Church, el hombre que tiene más patentes que cromosomas en su cuerpo. Sara Seager, la astrónoma que más exoplanetas ha descubierto y que también asesora a Planetary Resources, una empresa de minería espacial (hay más de mil quinientos asteroides que están más cerca que la Luna, una fuente inagotable de, por ejemplo, platino, lo que reducirá los costes de aparatos electrónicos y de motores eléctricos). El director de esta empresa de ciencia ficción es Chris Lewicki, un visionario al que también asesora uno de los fundadores de Google, otro de Yahoo, el director de cine James Cameron y un puñado de astronautas y científicos de reconocido prestigio.

Elon Musk, creador de Paypal, SolarCity (la empresa de energía solar más importante de Estados Unidos), la batería Tesla, el transporte futurista Hyperloop o Space X. Uno de sus planes futuros es enviar a ochenta mil colonos a Marte a un coste de quinientos mil euros por colono. Quizá Marte está muy lejos, por eso Norman Foster ya está diseñando los edificios que las impresoras robot 3D D-Shaper deberán construir en la Luna.

Peter Diamandis, uno de los propulsores de la Singularity University junto a Google y NASA y creador del XPrize, que ha fundado Zero G, una empresa que ya ha llevado a más de diez mil personas, entre ellas a Stephen Hawking, a probar la gravedad cero en un vuelo parabólico. Según su criterio, la búsqueda de recursos y el turismo son las dos grandes fuerzas que han abierto todas las fronteras. También lo hará la frontera espacial gracias a los nuevos planteamientos de Burt Rutan.

Uno de los mayores expertos en computación cuántica (que multiplicará por miles de millones el número de operaciones por segundo de los ordenadores actuales) es Ignacio Cirac, director de la División Teórica del Instituto Max Planck de Óptica Cuántica, Premio Príncipe de Asturias 2006 y Medalla Benjamin Franklin (un galardón que también han recibido Stephen Hawking, Albert Einstein o Marie Curie).

La lista es interminablemente desconocida por el público general, y aquí tenéis aún más ejemplos.

Finalmente encontramos a los tecnofilántropos, una nueva casta de millonarios que se han enriquecido gracias a la tecnología y que, a diferencia de los ricos de rancio abolengo, suelen invertir parte de su fortuna en producir más desarrollos tecnológicos que favorezcan a la humanidad (ya sea por verdadero altruismo como por proyectar una mejor imagen pública). La Fundación Bill y Melinda Gates es la que más ha invertido en investigación médica. Mark Zuckerberg ha donado también el 99% de sus acciones de Facebook. Google ha hecho la mayor inversión de la historia para acabar con las enfermedades cardiovasculares, que matan a más personas en la Tierra que cualquier otra cosa. Jeff Bezos, el fundador de Amazon, consiguió por primera vez en la historia, en noviembre de 2015, que un cohete reutilizable llegara al espacio y más tarde regresara. Este hito reducirá el coste de los viajes espaciales y abrirá la frontera a otros planetas. Elon Musk estaba intentando hacer justo lo mismo, y si Bezos no hubiera existido él lo habría conseguido semanas o meses más tarde.

En 2012 nació la competición Qualcomm Tricorder XPRIZE, cuyo ganador será el que presente un prototipo capaz de registrar datos médicos críticos y diagnosticar al menos trece enfermedades diferentes. El dispositivo tendrá una masa inferior a los 2,3 kg y recordará al tricorder que se usaba en la serie Star Trek.

Google quiere hacer llegar internet a todo el mundo, incluso a los países más pobres, con el Proyecto Loon, y así conseguir que la tecnología permita a los habitantes de dichos países prosperar por sí mismos. Cuatro mil millones de personas nuevas están a punto formar parte de la aldea global 2.0, y ello acelerará todavía más todo lo que internet está provocando. Como escriben Eric Schmidt y Jared Cohen en su reciente libro El futuro digital:

Pronto estaremos todos conectados en la Tierra. Con los cinco mil millones más de personas que se van a unir al mundo virtual, el boom de la conectividad digital aportará beneficios en productividad, salud, educación, calidad de vida, y otras innumerables posibilidades en el mundo físico. Y esto será así para todos, desde los usuarios más elitistas hasta los que están en la base de la pirámide económica.

Por su parte, Facebook ya ha terminado la construcción de Aquila 1, un gigantesco dron que se mantendrá a unos veintisiete kilómetros con energía solar. El dron podrá permanecer en la estratosfera durante tres meses y su labor será radiar internet de banda ancha en las zonas rurales y de difícil acceso con los emisoras terrestres.

Neurociencia

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Primer mapa del cerebro humano. Imagen: Allen Institute for Brain Science.

En estos últimos diez años se ha realizado el primer mapa del cerebro humano, y posee más de cien millones de puntos que señalan la expresión genética y la bioquímica de cada punto, lo que permitirá desarrollar fármacos más eficaces.

Daryl Kipke y Takashi Kizo han creado un electrodo que tiene 0,007 mm de diámetro (un cabello humano tiene un diámetro de 0,8 mm). Es tan diminuto que puede conectarse a una sola neurona humana. Esto permitirá observar qué ocurre en el cerebro a nivel celular, asistiendo en directo a las señales eléctricas que construyen nuestros pensamientos. También permitirá que muy pronto podamos controlar artefactos externos como ordenadores o una silla de ruedas simplemente pensando en ello, como demostraron en 2005 científicos de la Universidad de Brown, del Hospital General de Massachusetts y el Centro Médico de Providence.

Una nanoprótesis devolvió la capacidad de hablar a una persona que había sufrido un ataque. Otra neuroprótesis controlaba la obesidad anulando el deseo de seguir comiendo compulsivamente.

Johnny Matherny se ha convertido en el primer hombre en usar una prótesis robótica controlada por la mente, es decir, como si la prótesis realmente fuera su brazo. La nueva actualización de esta prótesis también permitirá al portador sentir lo que toca.

Un ensayo con escáner cerebral realizado por la Universidad de California, y publicado en la revista científica Journal of Neuroscience, podía predecir que tres cuartas partes de las personas sometidas a la prueba iban a utilizar el producto determinado más activamente de lo que afirmaron. Es decir, que se logró predecir el comportamiento de las personas mejor que ellas mismas.

Nanociencia

Los nanorrobots más pequeños que se han diseñado hasta ahora son creación de científicos de la Universidad de Michigan y miden lo mismo que el punto final de esta oración. Muy pronto navegarán por el interior de nuestro cuerpo. El profesor de química T. Ross Kelly ha construido un nanomotor impulsado químicamente con setenta y ocho átomos. Ben Feringa, de la Universidad de Groningen, ha creado otro motor de cincuenta y ocho átomos, que además se impulsa con energía solar. Son tamaños tan inconcebiblemente pequeños que podríamos tener millones de estos dispositivos en la palma de la mano sin ni siquiera reparar en ello.

El primer paso de estos nanorrobots que viajarán por nuestro cuerpo, como en la película Un viaje alucinante o El chip prodigioso, mejorando nuestro organismo se produjo en la Universidad de Chicago, donde Tejal Desai curó la diabetes de tipo 1 en ratas con un dispositivo de nanoingeniería que incorporaba células pancreáticas. Este dispositivo permitía que entrase la insulina, pero no los anticuerpos que la destruyen. En Harvard, Shawn M. Douglas ya ha creado también un robot de tamaño molecular que envía medicamentos a células específicas, y siete mujeres de Dinamarca ya han probado un nanomédico del tamaño de una cabeza de alfiler que les inyecta cada veinticuatro horas una droga que revierte la osteoporosis (y así se evita que los pacientes abandonen el exigente tratamiento). Ya ha sido aprobado por la FDA.

Un equipo de la Universidad de Nueva Gales del Sur ha concebido un transistor funcional que tiene el tamaño de un solo átomo. Este será el primer paso de una nueva era informática: la atómica.

La nanotecnología es una de las ramas de la ciencia que más rápidamente está creciendo. En 2009, el mercado mundial de la nanotecnología facturaba 11.671 millones de euros. En 2001, el doble. Las previsiones para 2018 son de 3,3 billones.

Robert Freitas propone incrementar nuestros mil billones de conexiones neuronales con nexos de alta velocidad por medio de nanorrobots. Las nanocélulas sanguíneas llevarán doscientas treinta y seis veces más oxígeno a los tejidos por unidad de volumen que las normales. También nos valdremos de leucocitos artificiales, más eficaces que los naturales, lo que permitirá fortalecer nuestro sistema inmunitario. Freitas también estima que lograremos eliminar gracias a la nanotecnología el 50% de los trastornos médicos prevenibles y nuestra expectativa de vida superará holgadamente los ciento cincuenta años. Cuando prevengamos el 90% viviremos quinientos años. Con el 99%, más de mil años.

Enviar nanosatélites al espacio es tan barato que ya se lo pueden permitir incluso las universidades. Ya existen las primeras empresas que alquilan servicios de nanosatélites para tareas específicas. Por primera vez en la historia, los satélites ya no son una competición entre superpotencias económicas, sino un ejemplo más del poder del abaratamiento de la tecnología y la filosofía maker. La colaboración 2.0 también está fuertemente implicada en este movimiento nanosatelital: Skycube, por ejemplo, se patrocina a través de campañas de micromecenazgo a través de Kickstarter.

Ya hay robots de nueve gramos capaces de levantar por una pared de cristal un objeto de un kilo a su espalda, el equivalente a que un humano escalara un rascacielos cargando con un elefante. El modelo denominado µTug de doce gramos puede cargar dos mil veces su propio peso. Si este robot tuviera el tamaño de un ser humano, el equivalente sería arrastrar el animal más grande de todos los tiempos, con ciento veinte toneladas de masa (mucho más que cualquier dinosaurio conocido).

Inteligencia artificial

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Baxter. Fotografía Rethink Robotics.

En 2008, el neurocientífico Henry Markram recreó el modelo de la neocorteza del cerebro de una rata gracias al ordenador Blue Gene de IBM, que es capaz de realizar veintitrés mil millones de operaciones por segundo (un 4% de la capacidad del ser humano).

El Proyecto Cerebro Humano aspira a simular las funciones de los ochenta y seis mil millones de neuronas del cerebro humano, así como los mil billones de conexiones neuronales. Probablemente será un gran paso para crear una mente artificial, y por el camino se averiguarán las causas de seiscientas enfermedades del cerebro.

De momento, los robots ya hacen cosas que parecían inconcebibles hace una década. Es el caso de Baxter, un robot que aprende a trabajar fijándose en otros robots. Es decir, aprende por imitación. Que una inteligencia artificial conduzca el coche por nosotros también parecía una idea propia de películas de ciencia ficción, pero los coches autónomos de Google ya habían conducido, en 2010, más de 1,5 millones de kilómetros por California y Nevada. Coches sin conductor que ruedan a sus anchas tanto por zonas montañosas como por autopistas o entornos urbanos. Incluso han circulado por Lombard Street, en San Francisco, la calle más sinuosa del mundo, esquivando peatones, ciclistas y runners, parándose en los pasos de cebra, obedeciendo los semáforos, siguiendo las normas de tráfico. LIDAR es el responsable de este milagro.

Pero lo que todos queremos es ver a Skynet funcionando (aunque sin sus ínfulas de dominación mundial). Todavía no existe, pero en esta última década nos estamos acercando mucho. Deep Blue, de IBM, perdió al ajedrez contra el campeón mundial, Gary Kasparov. Eso fue en 1997. Deep Blue solo era fuerza bruta, no era capaz de aprender. Pero la siguiente generación de ordenadores de IBM, WATSON, sí que es capaz de hacerlo.

Ahora ya no hay seres humanos capaces de ganar al ajedrez a un ordenador, pero tampoco al juego Jeopardy! Este concurso de la televisión estadounidense consiste en adivinar la pregunta que corresponde a una determinada respuesta, jalonado todo ello con dobles sentidos, juegos de palabras y formulaciones abstrusas. Por ejemplo: «Con mucha “gravedad”, este becario del Trinity College se convirtió en profesor de la Cátedra Lucasiana de Matemáticas de la Universidad de Cambridge en 1669». La respuesta es: «¿Quién es Isaac Newton?». WATSON resultó imbatible en el concurso, ganando incluso a los campeones.

WATSON usa la técnica del machine learning, y ahora ha empezado a estudiar medicina. Le están introduciendo cientos de miles de trabajos médicos, millones de páginas de ensayos clínicos y publicaciones médicas, millones de historiales médicos de pacientes reales… y está aprendiendo. El objetivo es que WATSON se convierta en el mejor médico del mundo, y que un médico de Nairobi o uno de Madrid pueda acceder, por igual, a través de su smartphone, a sus diagnósticos online. El mejor médico del mundo estará así en todos los rincones del planeta, y con un coste marginal próximo a cero. De momento, el Centro de Cáncer MD Anderson de la Universidad de Texas ya usa WATSON para asesorarse acerca de la leucemia. Y el Centro del Cáncer Memorial Sloan Kettering de Nueva York lo está probando para el diagnóstico y tratamiento de cáncer de pulmón, colorrectal y de mama.

Del machine learning estamos también evolucionando al deep learning, que pasa de un aprendizaje automático a un aprendizaje que imita al máximo el hardware y el software del cerebro humano. El deep learning permite analizar imágenes (documentos, vídeos, fotos, etc.) mucho mejor que un ser humano, localizando patrones, tendencias, errores y posibles mejoras. ImagenNET es un concurso anual que premia a la red neuronal artificial que clasifique mejor un grupo de imágenes. En 2011, el ganador clasificó imágenes con una tasa de error del 25,8%. En 2012, la tasa de error solo era del 16,4%. En 2013, fue del 11,7%. En 2014, del 6,7%. En enero de 2015, Baidu logró una tasa de error en el reconocimiento de imágenes del 6%. En febrero, Microsoft alcanzó el 4,9%. En marzo, Google alcanzó el 4,8%. El ser humano tiene una tasa de error que ronda el 5%.

Microsoft ya trabaja en Project Adam, que usa una red neuronal de dos mil millones de conexiones y una base de datos de quince millones de imágenes. Según explica Josep Maria Mainat en su libro Ciencia optimista:

Microsoft ha demostrado que, gracias al aprendizaje profundo, su sistema no solo es capaz de reconocer un perro en cualquier imagen, sino que puede decir con total precisión qué raza es.

Annabell, concebida en 2015 por investigadores de las universidades de Sassari, en Italia, y Plymouth, en el Reino Unido, es ya una inteligencia artificial que aprende por sí misma a hablar y logra una fluidez verbal de un niño de cuatro años. Inicialmente, Annabell respondía con frases aleatorias, pero a partir de las reacciones de los humanos («me gusta lo que dices») fue aprendiendo qué respuestas eran correctas en cada caso. Cada vez está aprendiendo más.

Na Yang y Emre Eskimez, de la Universidad de Rochester, han creado un software que no solo capta las emociones más o menos ocultas en las palabras de las personas, sino que lo hace mejor que los propios humanos en el tono de voz, fijándose en el tono, el timbre o la intensidad del mensaje. Tal y como señala Tyler Cowen en su libro Se acabó la clase media:

En la actualidad, incluso estamos encontrando programas de ordenador capaces de superar las pruebas de Turing estéticas, por así decirlo. Los ordenadores están componiendo música y no siempre es fácil saber qué canción es obra de un ser humano y cuál ha sido compuesta por un ordenador.

No sabemos qué «finisterres» alcanzaremos, pero Stephen Hawking, Elon Musk y Bill Gates advierten ya acerca de los peligros potenciales que presenta el desarrollo descontrolado de una inteligencia artificial. Linus Torvalds, padre de Linux, considera que no debemos tener miedo, y que no nacerá Skynet, sino desarrollos concretos para ciertas áreas: aprendizaje, conducción, reconocimiento de patrones, etc. Para Raymond Kurzweil, sin embargo, la singularidad está muy cerca.

Sea como fuere, según un estudio de la consultora japonesa NRI, que analizó más de seiscientos puestos laborales que ahora realizan humanos, en 2030 el 49% de los mismos los llevarán a cabo de forma automatizada software y/o elementos ruborizados de algún tipo. Esto obligará a que aparezcan nuevos tipos de trabajos humanos aún inimaginables, pero también a la asunción de que el abaratamiento general de los procesos y los productos permitirá que un porcentaje de la población ya no necesite trabajar o trabaje menos horas. Un buen libro para profundizar en este escenario es La sociedad del coste marginal cero, de Jeremy Rifkin. Tal y como señalan también los especialistas Eric Schmidt y Jared Cohen en Futuro digital:

A medida que vayan implantándose las garantías de seguridad para proteger la privacidad y evitar la pérdida de datos, estos sistemas nos liberarán de muchas pequeñas cargas; incluyendo recados, listas de cosas para hacer y diversas tareas de «supervisión»; que a día de hoy añaden estrés y nos ocupan la mente a lo largo del día. Nuestros propios límites neurológicos, que nos llevan a olvidos y descuidos, serán suplementados por sistemas de información diseñados para facilitar nuestras necesidades. Dos de estos ejemplos son las «prótesis» de memoria; los calendarios y las listas de cosas para hacer; y «prótesis» sociales, que nos conectan instantáneamente con ese amigo que tiene los conocimientos relevantes para esa tarea que hay que afrontar.

Biotecnología

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La primera tráquea artificial. Fotografía: University College London.

Craig Venter ha creado la primera vida sintética de la historia, escribiendo desde cero el ADN e introduciéndolo en una bacteria previamente vaciada de información genética. La bacteria se reprodujo posteriormente con normalidad, replicando ese ADN sintético a la perfección, como una imprenta biotecnológica del siglo XXI. Venter, un tanto egocéntrico (algunos le llaman Darth Venter), codificó su nombre en ese ADN, así puede comprobarse inconfundiblemente que las nuevas generaciones de bacterias tienen ese copyright escrito en sus genes. Todavía no es una vida artificial completa (porque requirió de una bacteria real), pero se le acerca bastante.

La investigación en células madre embrionarias se ha visto frenada por diversos credos políticos y religiosos, también morales, pero los investigadores ya han logrado rodear ese problema creando células madre pluripotentes inducidas (iPSC) a partir de células adultas (el descubrimiento hizo que Shinya Yamanaka y John B. Gurdon obtuvieran el Nobel de Medicina y Fisiología en 2012). Así, en 2013, científicos de la Universidad de Kioto crearon un ratón a partir de células madre, por primera vez en la historia. En 2014, se realizó el primer implante en humanos para tratar a una mujer que sufría degeneración macular. Las células madre se obtuvieron de la piel de la paciente y se retrogradaron en el laboratorio para transformarlas en células de la retina.

También se han creado órganos artificiales con iPSC que se introducen en un molde de plástico poroso que, a continuación, se introduce en un biorreactor, una suerte de incubadora, donde permanece sumergido en una solución de nutrientes. En 2011, en el Instituto Karolinska de Suecia se creó así una tráquea artificial que trasplantaron con éxito a un paciente. En ratones ya se han implantado huesos artificiales creados por investigadores de la Universidad de Granada y el CSIC gracias a unas plantillas porosas de carbón activado.

Todavía es más impresionante el logro de Sara Rankin, del Imperial College de Londres, que solo necesitó estimular la médula ósea de ratones para liberar una corriente de células madre de tejidos adultos concretos en la circulación sanguínea. Si sufrimos cualquier lesión en el cuerpo, pues, sin ninguna intervención recibiremos células madre generadas por nosotros mismos para formar nuevos tejidos, huesos, cartílagos, venas, arterias, etc.

Ya se ha creado la primera carne artificial, lo que permite sortear los problemas morales y medioambientales que supone alimentar y matar animales para su consumo (las vacas son las principales emisoras de gases de efecto invernadero). Fundada en 2011, Modern Meadow es una empresa especializada en el desarrollo en laboratorio de carne animal cultivada. La carne artificial está creada con las mismas células que la carne natural. En 2013, investigadores de la Universidad de Maastricht ya anunciaban la primera hamburguesa obtenida de células madre de vacuno. Este tipo de hamburguesa tendrá un un 96% menos de emisiones de gases de efecto invernadero y supondrá un 99% menos de superficie cultivada.

Energía solar

Una de las principales fuentes de energía del futuro será el Sol, y esa idea ya no suena a flower power. La razón, de nuevo, se la debemos al crecimiento exponencial de la eficiencia de las placas solares. Entre 1975 y 2012, las placas fotovoltaicas han pasado del 2 al 45% de su tasa de conversión de energía solar en electricidad, según explica Juan Scaliter en su libro Exploradores del futuro. El coste se ha reducido en la misma proporción. De seguir creciendo a esta velocidad, en 2027 ya podríamos generar toda la energía actual exclusivamente con la luz solar.

Esta curva de aprendizaje muestra el llamado efecto Swanson (en honor a su creador, Richard Swanson, fundador de SunPower), que establece que el coste por vatio cae un 20% cada vez que se dobla la capacidad solar mundial. Paralelamente, un «internet de la energía» cambiará la forma de generarla y distribuirla. Las personas se autoabastecerán de energía solar y producirán excedentes que podrán compartir con sus semejantes, en un sistema similar al peer-to-peer que nos permite compartir archivos digitales.

Impresión 3D

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Impresora 3D. Fotografía: DWS Lab.

En 2014 algunas patentes muy importantes sobre impresión 3D se han hecho públicas, lo que permite usar la tecnología laser sintering, que produce un acabado perfecto en las muestras. Tanto herramientas como comida saldrán de impresoras cada vez más económicas. Organovo es una empresa que ya comercializa para investigación tejido hepático impreso en 3D. Antes de 2020, su director, Keith Murphy, asegura que ya imprimirán órganos completos para ser trasplantados. Tal y como lo explica Josep Maria Mainat en su libro Ciencia optimista:

La cosa funciona así: primero se crean una serie de «biotintas» con diferentes tipos de células madre humanas. Entonces una impresora 3D adaptada especialmente para esta tarea empieza a colocar los materiales biológicos, capa a capa, siguiendo un modelo digital del órgano humano deseado, diseñado previamente por ordenador con un programa de modelaje en 3D.

Chris Anderson, en su libro Makers, se muestra profundamente optimista con esta tecnología. También Peter H. Diamandis en Abundancia:

Mientras que las primeras máquinas eran simples y lentas, las versiones actuales son rápidas y ágiles y capaces de imprimir con un amplio abanico de materiales: plástico, vidrio, acero e incluso titanio. Los diseñadores industriales utilizan las impresoras 3D para hacer cualquier cosa, desde pantallas para lámparas y gafas hasta prótesis artificiales a medida. Incluso se utilizan en hobbies, produciendo robots que funcionan y aviones que vuelan autónomamente. Las empresas de biotecnología están experimentando con la impresión de órganos en 3D, mientras, el inventor Behrokh Khoshnevis, un profesor de ingeniería de la Universidad del Sur de California, ha desarrollado una impresora 3D a gran escala que suelta cemento para la construcción de casas baratas con varias habitaciones en los países en vías de desarrollo.

Educación

Mientras continuamos con ideas pedagógicas del siglo XIX y profesores del siglo XX para enseñar a alumnos del siglo XXI, los MOOC o Masive Open Online Courses ya han desembarcado en medio planeta. Las clases tradicionales y presenciales están siendo complementadas por decenas de iniciativas (de las que también se aprovechan alumnos de cualquier rincón del mundo sin recursos para asistir a tales clases), como son MITX (la unión online de MIT y Harvard), Khan Academy, Tor, Altius, Latimer Education, ITunesU, Capella University, Minerva Project…

Este tipo de educación no solo es más universal y más barata, sino que permite que se prodiguen las clases grabadas de los mejores profesores, que las evaluaciones las realicen los propios alumnos corrigiéndose mutuamente, que las aulas rompan sus paredes para proyectos mayores (Skype in Classroom) y, sobre todo, mejore la eficiencia: los alumnos aprenden un 60% más rápido, y son capaces de adquirir cinco veces más información que sus compañeros de educación presencial.

Hasta la democracia está siendo revolucionada desde hace unos años desde organizaciones políticas como el Partido Pirata sueco. Una de las ideas que podrían implantarse en breve es la llamada democracia líquida, que además de ser en tiempo real permitirá delegar nuestro voto a las personas que consideremos más competentes en los asuntos sobre los que debemos decidir. En este escenario ni siquiera serían importantes los políticos profesionales o los partidos.

Conexión

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Sahal Gure Mohamed, de 62 años, con su móvil en el campo de refugiados de Ifo, en Dadaab, Kenia. Fotografía: Internews Europe (CC)

Si en 2011 había quinientos millones de teléfonos móviles en África y quince millones de smartphones, en 2015 se estima que haya más de setecientos millones de teléfonos móviles y ciento veintisiete millones de smartphones. En Kenia, por ejemplo, KAZI 560, una agencia de contratación, emplea móviles para conectar a trabajadores potenciales con empleadores potenciales. Sesenta mil keniatas encuentran trabajo a través de internet. En Zambia, los campesinos usan el teléfono móvil para comprar semillas y fertilizantes. Ushahidi («testigo» en swahili) es una ONG que se aprovecha de la enorme penetración de los teléfonos móviles, el smartphone y el WiFi en los países en vías de desarrollo para que ellos mismos prosperen. Kiva conecta a los países ricos y pobres sin intermediarios en forma de ONG, como describe Yochai Benkler en El pingüino y el Leviatán: «Kiva lo logra proporcionando información para humanizar los receptores».

Tal y como también escribe Frederic Martel en su libro Smart:

Sin electricidad, los móviles se recargan con las baterías de los camiones o con pequeños paneles solares. La conexión a internet pasa en general por una llave 3G. En un bungaló del Kliptown Youth Program, unos jóvenes andrajosos consultan su página de Faceook en unos PC conectados con gruesos cables a internet. Otros utilizan una aplicación, muy popular en Sudáfrica, denominada Mixit, que permite enviar gratuitamente mensajes instantáneos a los amigos desde cualquier teléfono móvil. También veo a unos chiquillos sentados en el suelo que matan el tiempo con videojuegos en pequeños portátiles de cien dólares de plástico verde manzana, los famosos portátiles XO regalados por la ONG americana One Laptop per Child.

La Primavera Árabe puso en evidencia hasta qué punto la conexión 2.0 es poderosa, tal y como explica Noel Ceballos en Internet Safari:

… cuando el 0,26% de la población egipcia que estaba activa en la red social (según un estudio de la Escuela de Gobierno de Dubái) consiguió convertir su lucha en trending topic a nivel global. Tras el 25E se produjo un boom de bebés llamados Twitter y Facebook en Egipto, casi al mismo tiempo que las calles de Libia se llenaban de pintadas con el logotipo del pájaro piando. Para algunos habitantes del Tercer Mundo, Twitter se había convertido en un icono de la revolución.

El Internet de las Cosas (IoT) todavía es un concepto vago para la población general. El concepto fue propuesto por Kevin Ashton en el Auto-ID Center del MIT en 1999. El IoT solo consiste en una serie de sensores diminutos que podrán incorporarse a toda las cosas que nos rodean, desde la ropa hasta un coche, pasando por el hilo dental. En 2003 apenas había tantos sensores como un cuarto de la población mundial. En 2007, la cifra se dobló. A finales de la década de 2010, Cisco pronostica que habrá un billón de sensores. Según ABI Research, más de treinta mil millones de dispositivos se conectarán de forma inalámbrica a la Internet de las Cosas para el año 2020. Todo ello cambiará la estructura económica y energética, como explica Jeremy Rifkin en su libro La sociedad del coste marginal cero:

… serán procesados mediante análisis avanzados y transformados por algoritmos predictivos que se programarán en sistemas automatizados para mejorar la eficiencia termodinámica, aumentar drásticamente la productividad y reducir casi a cero el coste marginal de producir y distribuir toda una gama de bienes y servicios por toda la economía.

En Futuro perfecto, Steven Johnson nos recuerda con datos, estadísticas y un enfoque centrado en cómo internet está convirtiendo a los individuos en una red o un superorganismo más inteligente y armónico, que el futuro de la humanidad es la colaboración 2.0. Ya hemos empezado a comprobarlo en creaciones como Wikipedia (hace una década nadie habría apostado que la gente no profesional y sin remuneración conseguiría dejar sin trabajo a los enciclopedistas profesionales, e incluso ser tan exacta como la Encyclopaedia Britannica). Hace diez años tampoco existía Kickstarter, que incluso consigue superar a empresas como Sony en el campo de la innovación. No en vano, Kickstarter, que fue fundado en 2008 por Perry Chen, Yancey Strickler y Charles Adler, fue considerado por la revista Time como uno de los «Mejores Inventos de 2010».

Porque internet ha propulsado el llamado crowdsourcing, que se define como el hecho de externalizar tareas que normalmente son llevadas a cabo por individuos concretos a un grupo de personas o comunidad (multitud) a través de una convocatoria abierta.

Cuando Shoshana Zuboff escribía en la década de 1980 el profético libro In the Age of the Smart Machine, advirtiendo que los ordenadores suprimirían las jerarquías de las organizaciones, otorgando el conocimiento (el poder) al pueblo, todavía no existía internet. En la última década, es justo lo que está ocurriendo. Clay Shirky, autor de Excedente cognitivo, lo tiene claro: esta clase de organización, la hiperconectada, permite que la suma de inteligencias genere una inteligencia emergente más flexible, eficiente y, en suma, brillante, que las inteligencias individuales en las que ahora depositábamos nuestra confianza. Yochai Benkler en su libro La riqueza de las redes sociales es aún más optimista, y cree que las civilizaciones futuras serán mentes colmena. Tal y como abunda en ello el psicólogo Dan Ariely en su libro Las trampas del deseo:

Merkaat ha democratizado la emisión de vídeo en streaming en cualquier momento y en cualquier sitio, como si dispusiéramos de nuestra propia productora de televisión. Tripadvisor y Foursquare ha democratizado la crítica gastronómica, hotelera y de cualquier otro servicio. Lo que caracteriza a todos estos servicios es que no los enriquece ningún experto, ni profesional, ni persona que cobra dinero por sus servicios. Los servicios se enriquecen y ofrecen más información que nunca antes en la historia debido a la colaboración entre pares, entre semejantes.

La mente colmena, además, será millones de veces más eficiente, e inteligente, gracias al apoyo del Big Data. El diagnóstico médico a través del Big Data, por ejemplo, eliminará en breve a la mayoría de los profesionales médicos (y sus alarmantes cifras de errores diagnósticos).

Cosas que no dejan de pasar

Este artículo, que puedes complementar con la lectura de El STEM está cambiando el mundo mucho más de lo que crees, es solo una porciúncula de lo que está ocurriendo ahora mismo en el mundo. En realidad están pasando millones de cosas más, algunas de las cuales seguramente son más asombrosas.

Dentro de poco habrá más personas que nunca participando en este cambio, incluidos miles de millones que aún ni siquiera tienen internet y que muy pronto sí podrán participar en la aldea global. Los próximos diez años, ley de Moore mediante, crecimiento exponencial extrapolado a cosas, tecnologías y personas, serán mil veces más excitantes.

Fotogrfía: transCam (CC)
Fotografía: transCam (CC)


Pilar Gómez-Borrero: «O dejamos de hacer trampas o asumimos las consecuencias»

Pilar Gómez-Borrero para Jot Down 0

Pilar Gómez-Borrero estudió Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid. Periodista de calle casi desde que acabó la carrera, guarda un grato recuerdo de sus comienzos y se muestra agradecida y orgullosa por lo que tuvieron de auténtica escuela aquellos primeros años. Supo ver en seguida qué podía suponer la red para el periodismo, y se lanzó en cuanto tuvo ocasión a explorar las nuevas posibilidades que se abrían. Ha participado de forma activa en el nacimiento de muy diversos medios digitales así como en la evangelización, como a ella le gusta decir, de las personas con las que ha trabajado en los distintos medios de comunicación por los que ha pasado, desde sus inicios en el Grupo Recoletos, pasando por el Grupo Zeta, y como directora de desarrollo de negocio en Secuoyas. Considerada como una pionera y experta en todo lo que a medios digitales se refiere, es también en la actualidad profesora en el Máster Universitario en Marketing y Publicidad Digital. Habla con entusiasmo de la red y todas sus posibilidades, mostrando en todo momento un bagaje y un pragmatismo en absoluto reñidos con unas enormes ganas de seguir adentrándose en nuevos proyectos, de seguir abriendo camino.

¿Qué hace una chica como tú en un negocio como este?

La verdad es que divertirme, porque realmente es todo tan nuevo, está todo tan por hacer y es tan diferente, que me resulta muy interesante. Así que estudiando todos los días e intentando aprender y ver si puedo contribuir y ayudar a que vayamos un poco más rápido en esta transformación del negocio tradicional a lo digital.

Sin embargo, hay gente que no se está divirtiendo.

Es cierto; hay muchas circunstancias a tener en cuenta. Para entenderlo hay que ponerse en el lado de los que están ahora mismo en medios tradicionales. Es fácil criticar cuando uno está fuera. Cuando uno está dentro es distinto. Hay que comprenderles; son personas que llevan muchísimo tiempo trabajando de la misma manera, con procesos muy sistemáticos y con horarios constantes. Si a esto le sumas que un cambio nunca apetece, la importante necesidad de formación —tienes que aprender a hacer cosas de otra forma—, el componente tecnológico, el rechazo es doble e incluso triple.

Estamos además en una situación donde los cambios son vertiginosos. Si miras dentro de un medio puedes ver que hay personas que llevan cuarenta  años haciendo exactamente lo mismo. El cambio en un entorno así no es fácil, mucho menos rápido. Por otra parte, lo que sí es rápido es lo que está ocurriendo, los cambios en el sector de los medios de comunicación. Cuando tienes una coyuntura de crisis, cuando no te salen los números por ningún lado, cuando bajan abruptamente los ingresos por publicidad y los costes suben, cuando ves que tu futuro inminente puede ser que te despidan con todo lo que ello conlleva, en resumen: cuando vives en primera persona la tragedia personal y eres consciente de cómo te puede condicionar, económica y socialmente, te bloqueas. Y cuando estás bloqueado no contribuyes a que las cosas vayan a cambiar, no tienes esa visión ni te planteas el necesario «venga, vamos a intentar cambiar para mejorar, vamos a cambiar el chip, a adaptarnos a lo digital». No es sencillo. Y hay también que diferenciar entre el periodista que puede y debe cambiar a nivel personal y profesional, y la visión a nivel directivo: «A ver, hago cálculos, ¿el negocio puede tirar tal y cómo está aún cinco o diez años más? ¿Sí? Pues ya está, para qué me voy a complicar yo la vida si son los que me quedan para jubilarme…».

¿Cuando llegas al mundo del periodismo qué es lo que te encuentras?

Empiezo en el Grupo Recoletos. Entré en la parte de local, donde hacíamos desde la página uno hasta la última; es decir, desde la vida social hasta la entrevista con el concejal, que entonces era «lo más» [sonríe]. Cuando empiezo la vida era totalmente diferente, y evidentemente no había Internet, ni móviles, ni nada de lo que existe ahora. Aún me acuerdo de cuando me iba a casa los viernes y me decía «por favor, que ocurra algo en el distrito gordo, gordo, porque tengo la página tres abierta» o «tengo una entrevista que como no consiga hablar con la otra parte y tenga su versión del tema no puedo publicarla». ¡Y a ver qué hacía para cerrarla! No había móviles para localizar a una persona, dependías totalmente de la secretaria del señor al que había que localizar, y lo que era peor: podían llamarte al fijo y tú no estar en ese momento disponible… Pues esas eran las herramientas que tenías para trabajar.

En el momento en que aparece Internet empezamos a poder manejar otras fuentes de información, y nuevos tipos de acceso a los informadores. Algunos de mis alumnos todavía me preguntan hoy: «Y cuando no existía Internet, ¿cómo buscabas la información?». La fuente principal de información que teníamos los medios eran los porteros. Hablo de prensa local y de aquí en Madrid. Eran los que lo sabían todo. Si tenías dudas sobre cómo localizar a alguien o si querías saber qué se movía por el barrio el gran activo era este. Tu agenda, la famosa agenda de contactos, eran los porteros en su mayoría.

Esa fue mi vida en local. Estuve tres años, pasando por diferentes gacetas locales, y la verdad es que es una experiencia que curte mucho. Me iba con los basureros, o a Mercamadrid para ver cómo llegaba la fruta de madrugada al mercado, cosas así. Recuerdo por ejemplo un reportaje a catorce porteros que cumplían veinticinco años de servicio ininterrumpido cada uno, veinticinco años en una misma portería. Buscabas noticias de este estilo, reportajes humanos, puntos de vista diferentes.

Después, en el año 97, oí lo de Internet y me fui de cabeza. Me sonaba a algo distinto, diferente. Estábamos en lo que llamábamos la ciberchapel, porque en realidad era una antigua capilla, en la calle Recoletos. Ahí nos poníamos a editar digitalmente, a hacer pruebas con los textos, todo por supuesto en html. También empezamos a evangelizar internamente un poco. Nuestro trabajo era crear esas ediciones digitales que poco a poco fueron creciendo. Ahí es cuando me engancho realmente al digital. Primero participando en la creación en Internet de las cabeceras que ya existían dentro del grupo Recoletos, como Telva, Diario Médico y Gaceta Universitaria; en el 2000 paso a coordinar todas y en el 2003 paso a ser subdirectora. Más adelante me involucré también en Marca y Expansión, y también estuve dedicada a hacer productos nuevos. Por ejemplo, me encargué de sacar en el 99 estarguapa.com. Era una marca nueva, no asociada al principio a Telva, que nacía buscando otro tipo de audiencia.

¿Y cómo fue ese cambio cultural? Porque para empezar tuvisteis que aprender a programar, ¿no?

Sí. Totalmente. Había que saber html, pero te ayudaba nada más un poquito, no tenía nada que ver con el potencial de WordPress de ahora, que es muy intuitivo. Tenías que actualizar los pocos artículos que nos dejaban de la edición impresa, los volcábamos, y a trabajar. Tenías que tener mucho cuidado: si no cerrabas bien el código se descuadraba todo. Hasta aprender html ayuda, todo contribuye a tener luego una visión más amplia. Por ejemplo, te puedo contar que yo ahora miro a menudo el código fuente de las páginas porque te da mucha información. Si no supiera interpretarla no podría hacerlo. Todo suma. Aprender siempre suma.

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¿Cuando arranca el proyecto es solo un «vamos a generar contenidos» o había ya un modelo de negocio detrás del mismo?

Ni nos lo planteamos. Ahora esto yo lo pregunto mucho cuando hablo con consultores, «¿Para qué queréis una página web? ¿Cuál es vuestro objetivo?». No me vale el típico «es que todo el mundo tiene una». Pero la verdad es que nosotros en ese momento no nos hicimos la pregunta. Simplemente vimos un canal nuevo y pensamos que había que estar ahí. Fue más la parte tecnológica la que nos empujó hacia estos desarrollos, a estar presentes en Internet, y luego a ir evolucionando en función de lo que estaba cambiando. Vimos que para hacerlo la clave no era el modelo de negocio, lo que necesitábamos era tener contenido. Por ejemplo, nuestro objetivo era ir a Telva y decirles que nos dieran un par de artículos para así alimentar la página web. La respuesta, claro, fue: «Estás loca, ¿cómo vamos a darte contenido para la web?». Había un rechazo, un «Ni de broma, no sabes lo que dices, ¿cómo se te ocurre?». Luego, cuando ya eran contenidos caducos, cuando ya no estaban en el quiosco, sí te dejaban alimentar con ellos la web. Así íbamos probando, viendo qué funcionaba.

Te puedo contar como anécdota que fui a dar un curso de formación interno a Telva. Una vez allí, mientras explicaba qué era Internet y en qué consistía, me di cuenta de que una de las redactoras no me prestaba atención porque estaba preocupada: tenía que cerrar un reportaje. Así, que pensé «vamos a hacerlo práctico» y le dije: «Perdona, ¿con qué estás?». No me olvidaré nunca: estaba con una entrevista a Alejandro Sanz. Tenía recortes de otras revistas donde le habían entrevistado, pero no lo había cerrado todavía. Estaba montando todo el artículo a partir de ese material. Me senté con ella y me puse a buscar, qué había en la red sobre Alejandro Sanz… y ahí ya cambió totalmente su actitud. Ojo, no existía Google aún, pero aun así buscando encontramos el club de fans, sus próximas giras, incluso algunas cosas inéditas. Eso le hizo ver la herramienta de otra forma.

Más adelante ya tuve un espacio en la revista para, digamos, específicamente evangelizar. Explicaba la diferencia, por ejemplo, entre una página web y un correo electrónico [sonríe]. Recuerdo también «El café con Telva». La gente nos hacía llegar —en el año 99— preguntas para la gente a la que teníamos acceso. Por ejemplo: «¿Qué le preguntarías a Nieves Álvarez?». Después vía fax me llegaban manuscritas por parte de Nieves las respuestas, yo las pasaba a máquina y a publicar. Igual que el Whatsapp ahora, ya ves…¡Pasaban dos semanas entre pregunta y respuesta!

El caso es que la idea estaba ya ahí. Investigábamos esas nuevas audiencias para engancharlas al digital.

Sin embargo, quince años después, gente como Pedro J., que incluso empieza joven, con veintiocho años es el director de un periódico, muestran una visión particular hacia lo digital.

Bueno, me hablas precisamente de una persona que sí que ha apostado por lo digital. Hace tres años le entrevisté y realmente me interesaba hacerle una pregunta. Él llevaba casi treinta años dirigiendo periódicos y le pregunté, siendo un poco mala, que cómo habían cambiado sus hábitos a la hora de informarse cuando se levanta por la mañana. Imagino que antes era ponerse la radio por la mañana, leer el periódico… ¿Y ahora? ¿A qué redes está suscrito? ¿A quién sigue más? Y contestó algo como «Está el iPad…». Poco después de nuestra entrevista abriría una cuenta en Twitter, que para mí es un ejemplo de cuenta, a la que se le dedican muchas horas. Incluso en el año 2011 hizo una convocatoria porque quiso conocer a sus followers. Fueron creo que unos cien. Es decir, que ha dado unos pasos que no todo el mundo ha dado. Luego ciertamente está El Mundo y su cambio de piel, que no de mentalidad; han seguido aplicando las mismas estructuras, quieren trabajar las audiencias, sí, pero no las están trabajando como creo que requiere el canal.

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Relacionándolo con el tema de la influencia, en el sentido de que nos encontramos con algunos medios que parece que por el mero hecho de decir algo como «tenemos la comunidad de El Mundo» ya lo tienen, la comunidad existirá cuando tú la hayas creado, cuando aparezcan todos los elementos. Es decir, no basta con decirlo.

Creo que es una manera de creérselo ellos mismos. Es verdad que da esa sensación, plantean cosas como si realmente estuvieran innovando, y no me lo parece. En mi caso, estoy obsesionada con el tema de cómo presentamos la información. Incluso tuve una discusión trabajando para Grupo Zeta donde me decían: «Es que ayer no funcionaba la página», «¡Cómo qué!». Lo que querían decir, era que no estaba maquetado el contenido en la web exactamente igual que en el periódico. Y, claro, por supuesto que no, «¿pero a que usted en el periódico impreso no ha podido poner una infografía o un vídeo?». Se habla de cosas diferentes, se mezclan, tal vez por desconocimiento. Y no tiene sentido.

Los medios tienen dos activos muy importantes: la marca y la audiencia. Y no creo que ese poder que tienen todavía con la marca implique que los ciudadanos se vayan a matar por estar ahí para ellos. Además, están poniendo una barrera: «A partir de aquí está lo que opinan los ciudadanos». Eso no es ni escuchar a los ciudadanos ni estar integrándolos en tu soporte. Seguimos replicando estructuras y cosas que se han hecho en el pasado, no se está haciendo nada nuevo.

El modelo de Wikipedia creo que es una asignatura pendiente de los medios. Por poner un ejemplo, imagina que estamos hablando de un tema que no es puntual en el tiempo, no nace y muere hoy. Es un tema que va a tener un cierto recorrido temporal. Bien, pues vas a cualquier diario online y lees lo nuevo en relación con ese tema, y ves multitud de enlaces con noticias relacionadas. Pero si no estás al tanto de todo, si no tienes toda la información, si te has perdido algo anterior, tendrás que hacer clic en cada uno de los enlaces, sin saber cuál viene primero y cuál viene después cronológicamente, de manera que vas a perder una cantidad de tiempo importante. Donde más tendría que hacerse hincapié ahora es en investigar en esa forma más gráfica de contar las cosas, acercándose a lo que quieren saber y obtener los ciudadanos y cómo quieren obtenerlo. Ahora la atención es más corta, de manera que hay que aprender a dar el contenido de una forma más eficaz, más directa, que además aporte un valor. Publicar las FAQ de cualquier tema o incluir una barra temporal donde se incluyan los hitos de ese tema, por ejemplo. Aprender a hacerlo así desde el principio. Y combinarlo con vídeos, imágenes, y enlaces, pero aquellos que te van a ir enriqueciendo, no porque sí. Y ocurre que esto no se hace. Las noticias siguen siendo mucho texto; en el fondo es la misma manera de contar las cosas. Creo que se debería investigar y trabajar en esa dirección. Ver cómo se ha de presentar la información dependiendo del soporte para dar más valor a la audiencia.

Y de repente desaparecen las barreras de entrada. Llegan los bloggers, gente que aprovecha esta oportunidad.

En el momento en que no hay barrera de entrada para publicar se tiene un problema. El que demuestra que su contenido es interesante, que está bien trabajado y aporta, tiene tráfico. Es la consecuencia directa de hacer bien las cosas. Es una competencia natural y creo que es positiva. Los medios se tienen que poner las pilas.

Más recientemente me acercaba a las redacciones tradicionales, y a la hora de evangelizar, esto que hablábamos antes y que sigo haciendo, una de las primeras cosas que hacemos es crearles un blog. Y es que la columna tradicional en papel pasa a convertirse en el blog. Además, viene con un comentario trampa: «Fíjate que ahora vas a saber cuánta gente ha leído tu artículo». Aparece la posibilidad de tener comentarios, de ver qué opina la gente. Si además al de al lado también le das un blog se crea también una competencia. Pero aparece el ego, y luego llega el problema: ya no se trata de escribir una columna, que tras hacerlo y publicar uno se iba a casa y ya está. No. Ahora la gente podía dejarte comentarios, sí, pero también podía saber incluso más que tú, complementar lo que ahí se decía. Porque los que solo critican dan más igual. A esos la gente los filtra y no importan. Otra cuestión era que uno podía también saber realmente cuántos seguidores leían de verdad su columna, y tal vez no eran tantos como uno se pensaba. Una segunda fase en este proceso: se empiezan a cerrar blogs.

El crear contenidos de calidad es el gran caballo de batalla. Hablas además en tu libro de uno de los grandes ejemplos de la historia, el Watergate; dos periodistas durante un año entero investigando. Ahora nos encontramos con una gran cantidad de gente que genera muchísimo contenido, e incluso en muchos casos creado sobre modelos de negocio variable y con gente que no cobra. Lo cual puede ser sostenible solo hasta cierto punto, y aun así no parece que salgan las cuentas.

A los medios de comunicación no les salen las cuentas, pero no les van a salir tampoco en digital si siguen así. Las estructuras no aguantan, los costes que tienen son ingentes y además son costes que van creciendo porque sube todo lo relacionado como la energía y el papel. Y por el otro lado los ingresos bajan.

Si tu principal fuente de ingresos es la publicidad y te baja a un ritmo tan rápido, y además sigue bajando con una tendencia clara… pues para empezar se pierde de vista el objetivo del medio de comunicación, que es el de crear contenido y el de informar. Y así vamos mal. No digo que no haya que reestructurar y reducir costes, pero sí implica que al final vas a hacer un producto a base de agencias. Si lo haces con gente con muy poca experiencia, sin que haya habido una transferencia de conocimiento previa, lo que ocurre es que estás perdiendo tu activo más importante. Hay gente con mucha experiencia que ya no está en los medios tradicionales pero que están creando nuevos medios, por lo que se está convirtiendo en competencia del medio del que proceden. En una competencia seria de hecho.

Eso sí, también es cierto que el otro activo, la marca, aún significa algo. El mirar la procedencia de una información, ver de qué medio se trata. Todavía hay un margen de confianza que tienen que aprovechar.

Pilar Gómez-Borrero para Jot Down 3

¿Se ha perdido a raíz de todos los escándalos que ha habido?

Sí es cierto que la repercusión de todo esto ahora es mucho mayor y, sobre todo, mucho más rápida. Fe de errores y rectificaciones en medios siempre ha habido, no es un fenómeno de ahora. Lo que ocurre es que con la inmediatez sí que parece que hay más posibilidades de fallar. No creo que haya que darle tanta importancia mientras  seas capaz de reconocerlo, de rectificar, de ser igual de rápido a la hora de disculparte. No es algo que te penalice de cara a la audiencia.

Parece que ya está empezando a estar claro además que la inversión publicitaria en Internet no está compensando la caída de la inversión publicitaria en papel.

Lo hemos hecho mal desde el principio. Es muy difícil ese cambio. Cuando te hablaba antes de las redacciones tradicionales y de lo costoso que está siendo el cambio, no te quiero ni contar en la parte comercial. Imagínate un comercial que lleva toda la vida con sus cuatro o cinco contactos comerciales, con un presupuesto anual muy marcado, cuentas a gestionar de un mismo tipo, etc., es decir un trabajo que le lleva muy poco tiempo. Pero llega Internet y todo cambia. Puedes personalizar y elegir la sección en que apareces, se pueden ofrecer mil cosas nuevas y diferentes, por lo que hay que aprender un montón de cosas para vender bien y el funcionamiento del medio es completamente diferente. Vuelvo a decir, hay que ponerse en la piel del otro antes de juzgar. Bueno, pues el resultado es que la comodidad se ha acabado, hay que ponerse a estudiar, a trabajar duro, además es tecnología lo que hay que aprender, con palabras rarísimas que no se sabe qué significan, y sobre todo aprender todo eso no para usarlo directamente sino para poder vender en este nuevo medio.

Ahora se ve cuánta gente hace clic en el anuncio. Si llegas con una cifra muy mala resulta que la publicidad en Internet puede no interesar tanto, y ya se sabe lo que cuesta. Es entonces muy complicado vender bien. Y es una de las cosas que deberían de trabajarse más ahora, ya no solo el tema de cómo ha de ser esa publicidad, que es un tema que pertenece más a los creativos, sino por ejemplo a la hora de estructurar tu página, cuántos formatos diferentes va a tener, habrá algunos que sean invendidos y entonces no te quedará más que meter autopromos.

Las promociones de productos, ¿es algo que no se ha sabido o no se ha querido trasladar al nuevo medio?

Exactamente. Había una promoción, incluso, si no recuerdo mal de La Gaceta, que regalaban una barra de pan. No sé, yo llevo muchos años intentando evangelizar internamente, avisando, advirtiendo de que estamos en una espiral que no puede parar. Si dejas de regalar algo ya no vendes. Y no viene de ahora, son muchos años dando vueltas a este tema.

Sí que se ha visto que el cambio de modelo es un hecho, que Internet es un canal muy válido, y ahora se trata de ver cómo hacemos para que sea viable. Es decir, cómo ser capaces de generar un contenido exclusivo, bien tratado, documentado, investigado y que sea diferencial, y entonces cobrar por ello. ¡Claro que sí! ¿Por qué no voy a poder cobrar por ello? Creo que cada vez más la gente es consciente de esto. Si les das un contenido que les interesa acabarán pagando. Al principio, lógicamente, será reticente. Habrá que ver por qué tipo de contenidos la gente está dispuesta a pagar, es decir, investigar. Yo sí soy partidaria de empezar a buscar fórmulas que permitan esto. Tienes que facilitar mucho el método de pago, por ejemplo, que sea intuitivo, automático, rápido cuando menos.

Me gusta mucho también el crowdfunding, pero no solo apostar por el tema de donativos. Por qué no proponemos temas y vemos quién está interesado en apostar y aportar por la creación de esos contenidos. Es decir, ver qué contenidos interesan.

Otro asunto que creo que no se ha hecho nada bien es el de las bases de datos. Nos hemos peleado por los dos millones de visitantes únicos. ¿Y qué? ¿Eh? ¿Ahora qué? Dime cuánto ingresas por cada usuario que te está entrando. Las audiencias están muy poco trabajadas. En torno al veinte o treinta por ciento del tráfico que están atrayendo los medios viene de las redes sociales, otro alto porcentaje puede venir de Google… Es decir, que podemos tener una idea clara entonces de cómo se mueve el contenido y trabajarlo.

Y está claro también que muchas veces no se tiene estrategia en redes sociales. Lo preguntas y es un «pues lo publicamos y lo enviamos». No hay un objetivo definido. Al final todo esto se podría resumir en lo que decía al principio: «¿Qué es lo que pretendo?». Y, en función de esto, actuar. La sensación que a mí me da en la mayoría de los casos es que detrás no hay una estrategia sólida, un objetivo que permita ver por dónde quieren ir, a dónde pretenden llegar.

Pilar Gómez-Borrero para Jot Down 4

Estando como estás investigando regularmente nuevos proyectos, ¿qué casos o ejemplos conoces de gente que te parece que está haciendo cosas interesantes?

¿En medios de comunicación? Bueno, pues por ejemplo eldiario.es es un proyecto muy interesante y transparente, te cuentan en qué se gastan hasta el último céntimo. También me interesan medios más especializados como Materia. Creo que estamos en un momento muy interesante porque, como apuntaba antes, hay mucha gente que proviene de medios más tradicionales, haciendo cosas nuevas y que trabaja con mucha sensatez, haciendo muy bien las cosas.

Tal vez uno de los problemas de los medios, no necesariamente digitales, es el modelo de negocio, el que lo que hagan sea rentable.

Si tu activo o empresa está basada en generar un contenido informativo, y además procesarlo, hacer periodismo, ahí para mí no tendría que haber ningún tipo de duda. Es cierto que como marca puedo ser un escaparate de otras cosas, y que por ahí pueden venir también otros ingresos, como vemos con el uso del comercio electrónico; pero son temas satélites, servicios añadidos. El foco, el principal, tiene que seguir siendo la información. No se puede perder esta perspectiva. Distinguiendo además qué es opinión y qué información. En esto no hay nada nuevo.

Aparece además el problema de la medición de audiencias y salen todas las vergüenzas.

Con este tema yo creo que lo que habría que hacer es un borrón y cuenta nueva. Habría que intentar salvar la imagen de otra forma. Lo que venía siendo el caramelo cambia, y de ser la panacea para el marketing, la publicidad, e incluso para los propios medios como herramienta para conocer su audiencia a la situación actual, pasa a ser algo bien distinto. Aquí se trata de dos cosas: personas y sus intereses. Detrás de cada medio, de cada web, lo que hay son personas, no son máquinas. No son navegadores, ni dispositivos. Y esas personas tienen unos intereses, que son los que tenemos que empezar a saber cuáles son. Hay que escuchar a la audiencia para saber cuáles son esos intereses y así poder amoldarse a ellos. Si en vez de hacer esto lo que hacemos es repetir «somos el primer medio», y luego ya buscaremos el dato o la fuente que se adapte a esto que estamos diciendo, vamos mal a largo plazo. Sobre todo porque lo que resulta es que los datos al final ni coinciden, ni cuadran, ni nadie se los cree ya.

El resultado entonces es que lo único que se ha hecho, con una herramienta que podía ser fantástica y muy potente para conocer a la audiencia, es crear una desconfianza enorme. Así que o dejamos de hacer trampas o asumimos las consecuencias.

Por otro lado, muchos regionales están funcionando bien. Warren Buffet ha comprado varios periódicos locales, hace poco saltaba la compra del Boston Globe, Bezos salva (entre comillas) el Washington Post

Si alguien decide invertir en medios de comunicación, en este caso comprar periódicos, es porque le ven una rentabilidad, porque creen que va a ser un activo valioso. Y no a corto plazo, como podía serlo en otras épocas, pero sí por la proyección que puede tener esa publicación. Bezos sí sabe cómo trabajar esos intereses, esas audiencias que comentábamos. Nadie compra un periódico a ese nivel por un motivo sentimental. Se hace porque entienden que a medio plazo les va a reportar, seguro, un beneficio.

¿Necesitamos credibilidad?

Es lo que tienen que aportar las marcas, las cabeceras que tienen esa credibilidad. Pero la confianza, y volvemos a lo mismo, hay que ganársela. Hay que trabajarla muy bien y demostrar además que ese contenido es de interés para la gente que está accediendo a tu site. No la maltrates cuando entre a visitarte, cuídala, mímala. Muéstrale que le estás dando un contenido adaptado a sus intereses y que le escuchas.

¿Cómo ves el futuro de los medios en España?

¿Digital o tradicional? Porque se sigue haciendo una diferencia por parte de los propios medios. La famosa integración no lo ha sido por convicción, sino por necesidad. Necesidad económica, además. Pero no ha habido una política de concienciación y de transferencia de conocimientos. Ha sido una cuestión de números, sobre todo en lo relativo al personal: echar a un determinado número, recolocar a otros, reubicarlos. Este escenario, lógicamente, contribuye a que las cosas no vayan tan bien. Todavía se ve de un lado al papel y de otro a estas otras «apuestas informativas digitales». Así que veo que por un lado no es fácil, que es una situación muy dramática por la que están pasando los medios tradicionales, una situación que ni es fácil ni es de rápida solución; y por otro lado, volviendo al inicio, veo que existe un ambiente, un apasionante caldo de cultivo muy interesante en torno a todo lo que se está produciendo en los medios digitales. Creo que nos queda todavía mucho por ver, por experimentar. Tenemos que ir analizando sobre todo cómo preparar el contenido, cómo presentarlo. No invertir tiempo en apps que luego no se utilizan, por ejemplo. Es un momento muy interesante, en cualquier caso.

¿Cuáles son las perspectivas para los periodistas? Sobre todo para los estudiantes de Periodismo, para la «cantera».

En la situación actual podría justificar una carrera de Periodismo, que en otros países no existe como tal ya que es una especialización. Pero deberían cambiarse para ello radicalmente los planes de estudio de Periodismo dentro de la universidad. Para todos los que tenemos la suerte de tener ya una experiencia y nos encontramos con esta realidad no es igual que para todos esos nuevos periodistas que salen de las facultades de Periodismo y que no van a poder trabajar en El Mundo, El País, el ABC, donde te colocaban en un puesto y ya estaba hecho. La vida era la que te iba a llevar después por un lado o por otro. Y ahora yo creo que la gran ventaja es que nos podemos preguntar, dado que no tenemos nada que perder ya que el coste de oportunidad es cero, qué nos gusta hacer y qué es lo que queremos. Eso incluso antes de empezar la carrera. Creo que la gran baza de Internet es cómo te permite conectar con el resto de gente. Hay que dedicar muchas horas a crear perfiles en redes sociales como Linkedin, por ejemplo, dedicar esfuerzo sobre todo a generar contenidos, e intentar crear cosas interesantes. Si se hace entonces hay muchas oportunidades. Tanto para crear nuevos medios como para sumarse a los existentes.

Es cierto que no nos han educado para vivir con tanta incertidumbre. Esta es la generación, siempre lo digo, de la incertidumbre. Uno sabe dónde está pero no dónde va a estar el año que viene. Y creo que esta incertidumbre, sobre todo la económica, acaba siendo también sentimental: cuando uno está tenso y preocupado no es el más simpático de los humanos. Todo esto al final confluye en que si no estás bien tampoco tu productividad y tu forma de ver tu trabajo serán las mejores. No nos han educado para vivir así. Pero una vez que lo has asumido y eres capaz de vivir con esta incertidumbre sí creo que este es un modelo mucho más enriquecedor.

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Fotografía: Guadalupe de la Vallina


Gustavo García Brusilovsky: «En España seguimos dando un catálogo formativo completamente desfasado»

Gustavo García Brusilovsky para Jot Down 0

Nos citamos con Gustavo García Brusilovsky (Buenos Aires, 1966) a las nueve de la mañana en la cafetería del Círculo de Bellas Artes de Madrid, apenas a cinco minutos caminando de su siguiente parada del día, unas jornadas sobre negocios digitales donde hablará de las oportunidades del mundo digital para crear empleo y ayudar a salir de la crisis actual. Aun así Gustavo nos reserva dos horas para hablar tranquilamente. Llega con chaqueta pero sin corbata, y con una perenne sonrisa que avisa sobre su espíritu optimista. Con una extensa carrera internacional en puestos de responsabilidad en empresas multinacionales referentes como IBM, McDonalds o Procter&Gamble es sin embargo más conocido por uno de sus proyectos empresariales más reciente, BuyVIP.com.

Nos habla más de sus hijos que de negocios, con una visión sobre el mundo de la creación de empresas un tanto alejada de los tópicos patrios. Valora sus errores y explica sin tapujos cómo ve el presente y el futuro del mercado de empleo en España, o el impacto del emprendizaje en el mismo, quizá la burbuja de moda ahora mismo. Básicamente una refrescante dosis de sentido común y optimismo realista.

El perfil típico del emprendedor que está actualmente en la mente de todo el mundo es un joven apasionado de la tecnología que trabaja sin descanso en hacer crecer su empresa. Y, de repente, llega alguien cómo tú, creas BuyVIP, se lo vendes a Amazon y rompes todos los moldes.

No creo que haya un perfil que sea tan específico de lo que es ser un emprendedor. Algo que me incomoda bastantes estos últimos años es el exceso de énfasis en el perfil emprendedor. No creo que haya emprendedores, sino que ser emprendedor es una forma de vida que, en muchas ocasiones, acaba con una persona creando su propio negocio. La primera vez que  me preguntaron ya hace tres o cuatro años en qué momento decidí ser emprendedor mi respuesta fue «nunca». En ningún momento me planteé que quisiera ser emprendedor. Sí que en un momento determinado de mi vida me planteé que quería hacer cosas que fueran mis propios proyectos, que me dieran libertad, que pudiera demostrarme a mí mismo si estaba acertado o equivocado. Evidentemente, cuando es un proyecto que es tuyo le echas muchas más horas, todas las que quieres. Si además ese proyecto tiene un éxito aunque sea relativo puede volverse también muy adictivo. En muchos casos se convierte en una carrera contrarreloj en entornos de internet, que son muy poco sostenibles y, por tanto, muy exigentes.

En mi caso estamos hablando de una persona que ya tiene una experiencia, que quiere montar su propio negocio y que ve en la tecnología  una excusa para poder hacer algo que, de otra manera, me hubiera costado hacer mucho.

Creo, en definitiva, que el emprendimiento se debe ver más como una forma de pensar, de vivir. Y hoy en día, es cierto, tiene un buen encaje en el mundo en que vivimos: se han caído muchos modelos a los que nos habíamos aferrado con mucha seguridad, y es la tecnología lo que está detrás de este enorme cambio. Es posible reinventarse; un modelo de trabajo por cuenta propia que es lo que hoy en día se conoce como emprendimiento.

No es la primera vez que ocurre en nuestra historia. Antes el español era mucho más emprendedor, durante muchos años ha dejado de serlo y ahora tiene una excusa para volver a serlo. Y, en general, los países con un nivel de emprendimiento alto son países  de innovación, de valor añadido; países que tienden a desarrollarse y crear empleo. Esto a medio y largo plazo va a ser muy positivo.

Gustavo García Brusilovsky para Jot Down 1

Dice la RAE que emprender es «acometer y comenzar una obra, un negocio o un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro»  ¿Cómo se ve el riesgo desde dentro, cómo se gestiona?

La concepción de riesgo se hace un poco a medida de cada uno. También depende del entorno. Si nos fijamos en un país como Alemania, primera potencia económica europea, nos encontramos con que es un país muy poco proclive al riesgo. Hay empresas muy grandes con un gran éxito. De manera que sacar de ahí a un alemán para trabajar en una start-up  es extremadamente difícil. Dicho esto, hay un montón de start-ups muy potentes en Alemania.  También hay que distinguir: por un lado está Múnich, que es cuna de grandes empresas, y por otro Berlín, que es la ciudad de las grandes start-ups.  Va también esto un poco relacionado a cómo se ha dividido históricamente el país. Hay perfiles que son distintos dependiendo de la zona.

Lo cierto es que cuando tienes un entorno en el que no hay mucho que perder, volviendo al caso de España, donde los empleos públicos ya no son lo que eran, donde que te despidan está a la orden del día, y donde las empresas y en general en el sector privado están sufriendo muchísimo; donde no hay una gran garantía o seguridad en el empleo por cuenta ajena en definitiva, probablemente la aversión al riesgo cambia radicalmente. Trabajar por cuenta ajena, además, nos limita en muchos sentidos.

Creo que hoy en día los riesgos son más psicológicos que otra cosa. Cuando uno tiene una seguridad alta en uno mismo esta aversión al riesgo es menor.

Es posible que mucha gente se desanime porque considera que hay que tener un perfil tecnológico y cierto conocimiento especializado para lanzarse a proyectos en internet. Sin embargo tú no tienes un marcado perfil tecnológico, ¿no?

No es del todo así: soy diplomado en informática (se ríe). Aunque soy también licenciado en Química bioquímica, tengo también algún MBA, varias cosas de estas… Y, aunque no he ejercido de informático, eso me ha dado una base técnico-científica muy importante que me ha sido muy útil.

Dicho esto, la respuesta es que no es el caso: los mejores emprendedores que conozco no son gente de tecnología, es gente con mucho sentido común y que ha sabido relacionarse con la gente adecuada. Obviamente, en un proyecto de internet la tecnología juega un papel importante. Ahora bien, según el caso, esta puede ser un papel importante o muy importante. Si se trata por ejemplo de una tienda online puedes bajarte un software que más o menos una persona preparada puede implementar y entonces ya tiene esta parte cubierta. Si entramos en el mundo del móvil, probablemente tendremos que contar con un equipo mucho más aventajado y saber dirigirlo. Pero al final montar negocios es saber montar equipos, saber identificar qué es lo importante para el negocio en el que nos vamos a embarcar y ver cómo consigo la mejor gente posible dentro de mis limitaciones, que pueden ser económicas o de entorno en general, para poder llevar a cabo esos elementos claves, lo que se llaman los elementos clave de éxito.

Cuando me planteo un proyecto esto para mí es lo más importante: ¿qué es lo que le hace falta a este producto para tener éxito y cómo me estoy asegurando de que cuento con los elementos adecuados para poder llevar estos elementos de éxito a buen puerto por encima de todo? Unas veces puede ser a nivel de tecnología y otras a nivel de contactos comerciales, o en otros casos a nivel de capacidad de generar mucho tráfico.

La formación previa me ha servido más bien poco. Me ha servido más el sentido común, el saber trabajar en equipo, el saber buscar la gente adecuada, o la experiencia de los últimos cuatro años. Sobre todo la experiencia por las cosas que me han ido mal. Las que me han ido bien me han ayudado menos. Esta experiencia es la que se debe compartir.

El otro día decía Rodolfo Carpintier que apoyando a los emprendedores quizá se podrían crear trescientos mil empleos, pero que apoyando a las pymes se podía conseguir diez veces más. ¿Qué crees que es lo que debería hacer desde una perspectiva de legislación y de infraestructura el gobierno en este sentido?

Lo primero es puntualizar que estoy completamente de acuerdo con Rodolfo, aunque decir trescientos mil es ambicioso. Una empresa como BuyVIP, que llegó a facturar más de cien millones de dólares, de los cuales la mitad fueron facturados en España, apenas llegó a tener unos trescientos cincuenta trabajadores en toda Europa, un poco menos de la mitad de estos en España. Luego con los indirectos tal vez puedas duplicar esa cifra, no mucho más.

No creo que los emprendedores vayamos a cambiar nada directamente. Estoy de acuerdo con Rodolfo en que el cambio va por que las mismas pymes sean las que emprendan, que sean los propios negocios los que evolucionen hacia internet, den mayores servicios… Son las que realmente pueden dar un millón de empleos. Pero no es nada fácil, porque  estamos hablando de muchísima gente a la que hay que evangelizar, tienen que hacer un cambio, hacer las cosas de otra forma. Cuando las pymes lleguen a incorporarlo, si llegan antes de que las pymes noruegas, alemanas… cuando lo hagan y sean las que acaben llevándose el mercado europeo, habrá un cambio importante en España. Si no, va a ser un cambio importante, pero no positivo.

Rodolfo hace poco publicó un libro sobre cómo aprovechar la oportunidad  de internet. Y estaba cien por cien enfocado en las pymes. Describe un caso casi de escuela de negocio, de una pyme más o menos ficticia; va dando los pasos para integrar internet. Es un caso muy bonito.  Confío en que la pyme de toda la vida haga ese cambio. Más bien ya lo está haciendo, lo que hay que ver es si a la velocidad adecuada. Nos podemos encontrar en España con el efecto de los todo a cien ahora también en el comercio electrónico. En su día las tiendas de barrio ya sufrieron mucho por esto. Hoy día internet es un acelerador bestial: el segundo país que más vende vía comercio electrónico en el mundo es China, y muy pronto será mayor que Estados Unidos. Entonces, lo que deberíamos pensar es que estar en una calle en Madrid, en una determinada esquina, no te asegura ya nada. Evidentemente tendremos que pensar en el impacto que van a tener los clientes cercanos. El que no dé valor añadido va a  sufrir mucho.

¿Qué puede hacer el gobierno para que esto no sea así? En general, debe hacer dos o tres cosas, no mucho más. Los organismos públicos tienen que estar para  apoyar a los ciudadanos y apoyar a las empresas. España es un país de pymes, con lo cual es muy importante que estas sean foco de ayudas. Las grandes empresas españolas tienen un nivel de competitividad, esto todos lo sabemos, igual o mayor que las grandes empresas extranjeras. El desafío son las pymes.

Primero lo que hay que hacer es informar de que este es el camino por el que tenemos que ir. Igual que se hacen campañas de tráfico. Lo segundo es quitar barreras. Todos los que estamos en internet vemos cómo al querer contratar gente de fuera —en España no tenemos las capacitaciones adecuadas en muchos casos— puedes estar meses resolviendo cuestiones administrativas. Nosotros vimos esto en el caso de una empresa importante, Alice.com y Home24x7, que eran dos empresas similares, una española y otra americana, supermercado online, con un modelo disruptivo, donde España podía haber tenido un campeón internacional. Cuando fusionamos las empresas nos llevó casi nueve meses hacer esa fusión. Todo este tiempo de mantener los costes duplicados de una empresa en internet básicamente acaban con un proyecto. Ahí se fue la mitad del dinero que habíamos levantado para financiar lo que tenía que haber sido crecimiento y no una espera administrativa. Así es imposible competir. El modelo americano es mucho más flexible.

Lo tercero que puede hacer el gobierno es ayudar, facilitar que ocurran cosas. En este sentido hay que hacer muchos cambios. La Ley de Emprendedores esboza algunas acciones pero no creo que vayan a suponer grandes cambios… La parte positiva de esta ley es que toca muchos puntos, eso fue una sorpresa agradable, pero lo cierto es que no toca ninguno con la agresividad suficiente como para que la gente diga, «caray, me vengo a España». Si queremos que España sea un caldo de cultivo para emprendedores tenemos que tener claro  que hay que hacer algo mucho más disruptivo. Y para que eso ocurra en tecnología hace falta capital, y para que tengamos ese capital nos hace falta que vengan inversores de fuera, en España no tenemos ese entramado financiero. Incluso en Europa es bastante limitado.

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Hablabas antes del tema de la formación y de la capacitación. ¿Por dónde se podría empezar, cuáles tendrían que ser los primeros pasos y hacia dónde tendría que enfocarse el tema de la formación para poder empezar a obtener esos elementos clave del éxito?

El tema de la formación es un tema muy delicado. Me alegra que me hagas esta pregunta. Es uno de los problemas de base que tenemos. En España seguimos dando un catálogo formativo completamente desfasado. Está muy bien tener muchos abogados, muchos físicos… todo eso está muy bien. Pero, en realidad, ya no hay mucho empleo para esos puestos de trabajo. Lo que acaba ocurriendo es que la gente estudia una cosa y luego se recicla. Esto lo único que implica es que uno tarda mucho tiempo en poder incorporarse de una forma efectiva  al mercado de trabajo. Con lo cual, nos encontramos con que la diferencia que tenemos  a nivel de capacitación en España se está convirtiendo en un abismo, y en los últimos años se  ha incrementado mucho. Hay muy poca gente con capacidad para programar bien. Hay muy buenos programadores, pero hay muy pocos programadores  de móvil, o de gestión de base de datos en internet, muy pocos gestores de sistemas y  de servidores para internet… Los que hemos empezado nos hemos ido dando de golpes con todo y hemos ido formando a la gente on the job. Incluso en marketing, donde hay grandes profesionales en España, antes lo hablábamos, es muy difícil encontrar un profesional de marketing tradicional que lo sea también de internet. O encuentras uno o encuentras otro, cuando lo que necesitamos es alguien que tenga la doble capacidad: el componente estratégico y el dominio de las herramientas actuales, que son sobre todo digitales. Hay muy poca gente con esta doble capacitación.

Antes hablábamos de que montar negocios en internet es muy parecido en el fondo a montar negocios en entornos fuera de internet. Tienen un montón de cosas en común: lo necesario en ambos casos es el sentido común, la aversión al riesgo, tener ambición a largo plazo y al mismo tiempo saber qué hacer a corto para construir ese camino a largo. Lo que ocurre es que los negocios en internet implican además otra serie de conocimientos adicionales. Los buenos profesionales son en realidad gente que ya lleva un tiempo. En España no hay formación en esta sentido. Y cuesta entonces muchísimo encontrar a buenos profesionales a la hora de montar un negocio en internet.

Hay formación, pero la mayoría no sirve para nada. Sí sé que ir a la universidad es bueno, a mí me encantó ir. Creo que es positivo. Pero es cierto que el 80% de las cosas que aprendí en ella no me han servido para nada. Esto para mí es clave. Cuando uno va a Estados Unidos hay millones de profesiones que ni existen en España. Esos conocimientos aquí los tiene gente autodidacta. La formación creo que es el problema más importante que tenemos en España. Antes lo era el genoma… Recuerdo dar una charla a estudiantes en el 2008, preguntar quién quería ser emprendedor y no levantar la mano nadie, preguntar quién quería trabajar en un organismo público y todos. Era un entorno donde era difícil encontrar gente motivada.

Este tema ha cambiado, ha mejorado justamente por la crisis, es otro efecto colateral positivo. Lo que no ha cambiado es el tema educacional, que es uno de los que personalmente me preocupa más; no veo en el día a día grandes acciones para cambiar esto. Probablemente tenga que surgir de la iniciativa privada, donde sí se empiezan a ver propuestas y alternativas.

En este sentido creo que en los próximos años el nivel competitivo de España será preocupante, precisamente por todo este tema.

Gustavo García Brusilovsky para Jot Down 3

Los proyectos emprendedores y en internet dan la sensación de que son algo muy absorbente, ¿cómo se plantea uno gestionar la vida familiar? ¿Existe la famosa conciliación cuando está implicado en proyectos de este tipo?

¡Siguiente pregunta! (sonríe). No, te respondo, es un tema importante. La verdad es que, siendo realista, en la vida no puedes hacer todo a tope. Desgraciadamente no hay una respuesta a eso. Un proyecto que sea muy absorbente, tarde o temprano te hará pagar un precio a nivel personal. Podría decir lo que siempre suele salir en todas las entrevistas, que lo importante es la calidad del tiempo, no la cantidad.  Eso no es cierto. Es muy posible que el tiempo de calidad que les das a tus hijos tus hijos no entiendan que es tiempo de calidad que tienes que darles. Son tus hijos quienes establecen eso. Los niños cuando son pequeños, evidentemente, requieren todo el tiempo del mundo. Menos no es suficiente. La mayoría de las personas que yo he visto en entornos parecidos, muy exigentes, que te absorben, a nivel familiar han sufrido mucho.

Yo lo que me planteé es que no me quería perder un periodo que es el que va desde los tres años a los trece, que es muy importante, cuando ellos ya empiezan a entender… Luego ya pasan de ti. Es el tiempo que tienes, esos diez años. Esto para mí fue un motivo para vender la empresa. Vi esta oportunidad. Vi que si seguía trabajando al mismo ritmo iba a perder esto. Mantener el ritmo que llevaba suponía elegir algo que no quería.

No tengo soluciones mágicas, no creo que las haya. Lo que sí aprendí es que ahora me cuesta mucho darle el nivel de dedicación a una empresa como en su día lo tuve a  BuyVIP. Trato de organizarme el tiempo pero cambio las prioridades. Cuando estaba en BuyVIP mentiría si dijera que lo más importante no era la empresa, después los hijos, después el resto de la familia y lo último yo mismo. Durante tres o cuatro años apenas me cuidé, no hacía más que trabajar, y eso tampoco es bueno, te quita años de vida. Ahora mi planteamiento es distinto. Soy, por lo menos, consciente de todo esto. Mi prioridad es cuidarme físicamente… Veo las cosas con otra perspectiva.

También soy ahora más consciente de las malas prácticas, cómo a veces cuando se trabaja demasiado y este trabajo no tiene un impacto real en el negocio, pero sí en tu vida personal. Hacerlo mal me ha llevado a ver cómo debería hacerlo un poco mejor.

En cuanto a nuestro caso particular, dejar el bolígrafo a las cinco de la tarde hubiera sido impensable en BuyVIP. No es posible esto para una empresa que está en crecimiento, es muy imperfecta y te absorbe muchísimas horas, o por lo menos yo no soy tan eficiente.

Ahora sí soy mucho más exigente, estoy trabajando en otro proyecto, y me marco otros tiempos. Por ejemplo, todo el mundo sabe que los martes, cuando llegan las cuatro y media he de irme a recoger a mis hijos, si no el autobús se los lleva hasta el final de la ruta. Y es algo que sabe el resto, que se comprende. Bien es cierto que sigo conectado. Si hay algo urgente, lo hago.

Uno de los directivos de IBM –no de una start-up— me dijo una vez: «Al final las empresas,  todas con un nivel más o menos alto y todas con gente buena trabajando en ellas, que más éxito tienen, lo que realmente marca la diferencia, es el tiempo que se trabaja». Esa dedicación en tiempo es lo que marca la diferencia. Si yo trabajo de ocho a cinco y tengo un competidor que trabaja de ocho a ocho, lo normal es que él gane.

En definitiva, el que trabaja mucho va a pagar un precio, y tiene que ser consciente del precio que va a pagar, si le compensa o no a nivel familiar, etc.

En medio de un proyecto como BuyVIP, te animas a lanzarte a un programa de televisión, reservas parte de tu tiempo para un programa además muy particular ¿Qué fue lo que te animó? ¿Cómo llegaste a conocerlo, primero, y cómo fue la experiencia?

Te refieres a El secreto, ¿no? Ellos se pusieron en contacto con nosotros, dábamos el perfil de lo que estaban buscando. Fue algo además muy discutido en la empresa, a mí me absorbió dos semanas por completo. A nivel personal con lo que me «chantajearon » fue con algo emocional, me llevaron a un hospital con niños enfermos y ya me tuvieron acongojado todo el rato. Sales de tu vida y te colocas en el papel realmente porque son situaciones muy extremas.  Ahora bien, como ejercicio de relaciones públicas es algo realmente delicado. Era lo que a los inversores de la empresa les daba mucho miedo, bueno más bien les hacía sentir respeto. Vi algunos programas que me enseñaron y había veces que se quedaba muy mal.

Lo cierto es que las historias me impactaron. Algunas eran muy duras.  Y, claro, esto va en el espíritu del emprendedor, el querer resolver problemas. Y algunos son de muy difícil solución, otros directamente no la tienen.

Me gustó mucho la actitud de la gente de mi empresa, se implicaron mucho. Me demostraron una vez más lo fantásticos que eran. Fue duro, también, se pasaba mal. Te daban muy poco dinero para comer, creo que eran cuarenta y siete euros para toda la semana, al final estaba desfallecido. Recuerdo que una vez terminaron por darme una sopa y unas natillas a escondidas.

Gustavo García Brusilovsky para Jot Down 4

En un mundo globalizado como el que estamos las diferencias culturales son muy importantes ¿Cómo se hace para gestionar ese tipo de diferencias culturales? Sobre todo porque cuando creáis BuyVIP tenéis muy claro que tiene que ser un proyecto internacional, que no se puede quedar en un proyecto local.

Sí… A mí Rodolfo Carpentier me dio dos consejos. Uno no lo seguí, pero el otro… Me dijo «tienes que estar por lo menos en dos países. Uno va a ser España, sois españoles, y el otro tiene que ser uno de los principales países europeos, Inglaterra, Francia o Alemania». No podía estar más de acuerdo con él. Soy ciudadano global, nací en Argentina, viví a caballo en dos países. Tuve también que vivir tres años en París, y la experiencia para mí fue fundamental. Creo que para montar una empresa internacional esto es importante, tener esta experiencia.  Si no has tenido una vivencia internacional esto es muy difícil. Cuando yo dejo IBM monto una empresa con un alemán. Yo hago el roll-out de la empresa en España, Francia, Inglaterra (que luego lo cerramos) pero el socio fundador de esta empresa, en la que yo era del 2000 al 2005 socio minoritario, sería luego mi socio en BuyVIP del 2005 al 2010. Y es un alemán. Con lo cual eso me permite ya tener una referencia, me ayudó a tener un equipo muy bueno en Alemania, que es un mercado muy interesante y es una de las razones por las que nos compra Amazon.

Creo que Erasmus nos ha hecho un grandísimo favor. Ese salir fuera es fundamental. El mayor obstáculo que tenemos ahora en España no es otro que el inglés. Tenemos un nivel en España sencillamente terrible. Y cuando ves otros países te das cuenta, con el español no vamos a ningún sitio. Es un gran problema a nivel formativo. Si no somos capaces de hablar, de negociar, de relacionarnos fuera de España… Y también es importante, aparte del idioma, el poder convivir en otro país, conocer esa cultura.

Ya en IBM tenía que gestionar proyectos que requerían levantarme un día en Finlandia, otro en Nueva York… y era divertidísimo, no tenía nada que ver trabajar con un finés que con un ruso, por ejemplo. A un alemán si le dices dos veces una cosa le estás ofendiendo y a un español si no se lo dices dos veces… Bueno, esto pasa más en Italia. Cada cultura en Europa es muy suya, hay que saber cómo tratarlos. Es otro desafío cuando se trata de montar un negocio internacional.

Una de las ventajas de BuyVIP es que se internacionaliza muy rápido. Y una de las desventajas es que nos internacionalizamos demasiado. Una de las primeras cosas que hace Amazon cuando compra BuyVIP es decirme «fantástico que estéis en siete países: ahora ciérrame cuatro». Para mí esto fue un trauma. Le dediqué mucho tiempo a esto, fue un aprendizaje, le dediqué un esfuerzo enorme, y fue un error. Los recursos se te acaban a mitad de camino.

¿Hasta qué punto te sigues formando en tu día a día? ¿Cómo lo haces? ¿Cómo te mantienes fresco y entrenado?

El gran reto de la vida que nos ha tocado vivir es la sostenibilidad. No es solo un reto respecto a conservar el entorno que nos rodea. Nuestras vidas cada vez son más difíciles, los trabajos ya no son sostenibles, lo que hacemos hoy mañana puede ya no tener uso… mañana o incluso no tenerlo nunca. Estar reciclándose diariamente es ley de vida. En ese sentido me levanto por la mañana y tengo una idea. Y de muchas de ellas, además, me digo, «¿a que no tienes los arrestos que hacen falta para ponerla en marcha?». Cuando estás dirigiendo una empresa te reciclas a diario, si no, cierras. Es una necesidad de reciclaje continuo. Te mantiene fresco… ¡o te vuelve loco! He visto los dos casos.

Básicamente me fuerzo a inventar cosas nuevas todos los días.  Si hoy montara BuyVIP como lo hice en su momento, fracasaría. Ahora ya ese esquema, que en su momento era pionero, no sirve. Con lo que tienes que hacer las cosas de otra manera.

Al final lo que aprendes lo aprendes en el día a día. El mundo de las start-up es bestial, te somete a un nivel de exigencia  y de reciclaje continuo.

Me gustaría concluir con una anécdota. Cuando Bezos compra Zappos hace un vídeo de ocho minutos, de los cuales la mitad están dedicados a contar errores que cometió en Amazon, y luego la otra mitad son las cuatro cosas que aprendió de los éxitos en Amazon. Yo tuve el placer de conocerle durante la compra de BuyVIP por Amazon y gran parte del tiempo de la reunión lo paso haciéndome preguntas, mostrando una gran curiosidad por aprender y saber más. ¡Nosotros éramos una empresa de cientos de empleados y ellos de decenas de miles!

La frase de Bezos con la que acaba el vídeo que comentaba es para mí la que resume todo esto: «Todos los días son el primer día».

Gustavo García Brusilovsky para Jot Down 6

Fotografía: Ángel L. Fernández