2012 en doce canastas

Al grano y sin paños calientes: el 2012 será recordado, desde el punto de vista baloncestístico, como el año en el que LeBron James se encontró al fin con la historia ganando el MVP de la liga regular, MVP de la Final, el anillo de la NBA y la medalla de oro en Londres 2012. Además, fuimos testigos del hype Jeremy Lin, de la llegada, caída y vuelta de Ricky Rubio, de la sorprendente Final Four de la Euroliga y de otro USA-España para el recuerdo en una final de Juegos Olímpicos. Y, por supuesto, de muchas canastas espectaculares.

La mejor canasta del mejor jugador del mundo (en el 2012)

Por méritos propios, James debía aparecer en el primer lugar de esta relación de vídeos. Y qué mejor manera. Como una metáfora de su temporada, en la que ha estado a un nivel inalcanzable para los demás, este alley oop por encima del jugador de los Bulls John Lucas ilustra a la perfección la potencia y habilidad de El Elegido: remonta la línea de fondo para coger en el aire con una mano el gran pase de Dwyane Wade y hundir el balón en el interior de la canasta, pasando literalmente por encima de la defensa. Y además, para redondear el partido, acabó con 35 puntos, 11 rebotes y 5 asistencias. Definitivamente, un año horrible para los LeBron haters.

NOBODY expects the Spanish Inquisition!

JJOO

Nobody? Bueno, nosotros siempre creímos en las posibilidades de la selección española de jugar la revancha de la final de los Juegos Olímpicos de Pekín. Cuatro años después, en Londres, se volvió a presenciar un partido vibrante, lleno de acciones de calidad por parte de dos equipos plagados de estrellas. Tal vez, la imagen que mejor ilustra la sensación que nos quedó a los aficionados españoles la dio Pau Gasol, cuando las cámaras mostraron un primer plano de su cara, estando en el banquillo, a falta de minuto y medio para el final y el marcador parecía que ya no daba opciones a España. Se pudo leer en sus labios (y en su gesto de decepción) un “qué pena” que nos hizo un nudo en la garganta… y borró de un plumazo las dudas, la derrota contra Rusia, la polémica de la relajación contra Brasil que nos permitió librarnos de USA hasta la final. Sirva la conexión Sergio RodríguezRudy Fernández como recuerdo de lo que pudo ser y no fue, porque, francamente, no parece que a medio plazo volvamos a tener el oro tan cerca como lo estuvo en Londres

El triple de Marcelinho

Primer partido de la final de la Liga ACB 2012. El Real Madrid gana por 2 puntos y tiene el balón a falta de 10 segundos, existiendo un desfase de 3 segundos entre la posesión y el tiempo de partido. Sorprendentemente, el Barcelona renuncia a hacer falta personal y confía su suerte a que el Madrid no anote. Sergio Llull aguanta el balón hasta que le quedan 3 segundos de posesión y lanza un triple. El rebote lo coge la defensa azulgrana con poco menos de cuatro segundos por jugar. El balón le llega a Marcelinho Huertas que corre hacia la canasta contraria pero apenas le da tiempo a rebasar el medio campo, desde donde salta para realizar el lanzamiento, en carrera, a una pierna… ¡y lo anota! Pablo Laso se va con un monumental cabreo al vestuario, negando con la cabeza, porque han perdido el partido en el último segundo de forma increíble. Fueron los tres primeros puntos del base brasileño en el partido, suficientes para que su equipo ganara y se adelantase en la serie final, una de las más igualadas y entretenidas de los últimos tiempos.

La manoletina de Printezis

En la temporada 2011-2012, el CSKA de Moscú contaba con una de las mejores plantillas a nivel continental de las últimas décadas con nombres como Kirilenko, Shved, Krstic, Teodosic, Siskauskas, Khryapa, Kaun… y su superioridad en la Euroliga era incontestable, llegando con un balance de solo 2 derrotas en 21 partidos a la final de la competición europea más prestigiosa. Incluso ya saboreaba el triunfo en el minuto 28 de la misma, cuando ganaba por 19 puntos al Olympiacos. Pero entonces comenzó la remontada del equipo griego que, con un parcial de 14-0, volvió a dar vida al partido. En un final de infarto, el CSKA desaprovechó dos tiros libres a falta de 9 segundos que podían haberles dado el título; tras el rebote, el Olympiacos dio el balón a Vassilis Spanoulis, su mejor jugador, quien penetró con decisión y dobló el balón a Giorgos Printezis que, con un tiro lateral a una mano un poco extraño, logró la canasta del título para su equipo. El proyecto deportivo millonario del CSKA se quedó con la miel en los labios.

El mejor alley oop del 2012 (y tal vez de todos los tiempos)

Para valorar esta jugada basta con observar al banquillo de los Houston Rockets, que está en segundo plano del espectacular vuelo del jugador de los Nets Gerald Green: son incapaces de reprimirse y, si tuvieran carteles con puntos como en un concurso, también levantarían su dieces. Porque con ese mate Green podría haber ganado varios concursos en los 80 y 90 por innovación, salto, potencia, plasticidad y coordinación. Basta recordar que Dominique Wilkins solía conseguir grandes puntuaciones en los slam dunk contest con molinos similares que sorprendían al público hace ya un cuarto de siglo, pero ejecutados sin alley oop y sin alcanzar esa altura con la cabeza. No es de extrañar que Green fuera campeón del concurso de mates en el 2007 y subcampeón en el 2008.

La bestia parda

Blake Griffin es una máquina de fabricar highlights. Este año le ha cogido el gusto a arrollar a todo lo que se ponga por delante a la hora de ir a por el aro, dejando incluso a Pau Gasol posterizado no una, sino dos veces en el mismo partido. La verdad es que la canasta del vídeo no es un mate propiamente dicho (acotar qué es un dunk es motivo de animados debates), pero la sensación de fortaleza que transmite la canasta de Griffin, superando la oposición de Kendrick Perkins, es una definición bastante buena de matarla. Esta jugada se está convirtiendo en marca de la casa porque unos meses atrás Griffin había realizado una acción similar sobre Timofey Mozgov (incluso Micah Downs realizó uno muy parecido en la ACB sobre Fran Vázquez). Viendo este derroche físico no es demasiado arriesgado aventurar que tal vez, dentro de unos años, una raza afroamericana-pelirroja domine la NBA y por tanto, el baloncesto mundial.

Linsanity

La sensación del año. Una serie de circunstancias adversas para los Knicks propició que Jeremy Lin, que solo había jugado 55 minutos en total en los 23 encuentros anteriores, encadenara varios partidos estelares, culminando su particular versión del cuento de la cenicienta con el triple de la victoria frente a los Raptors. Al finalizar la temporada 2011-2012 dejó los Knicks para fichar por los Rockets y, debido a que tal vez se sienta eclipsado por el emergente James Harden, no está rindiendo al mismo nivel que aquellos días de ensueño. Pero desde luego, Lin es todo un titular de la NBA (probablemente, hasta acabe siendo un allstar) y no un jugador para los minutos de la basura.

Ricky is back!

Confiamos en sus posibilidades cuando partió hacia la NBA, nos alegramos enormemente de su impacto en la liga y nos rompimos todos un poquito cuando su rodilla se hizo añicos. Aunque más lentamente de lo que nos gustaría en unos Wolves que parece que los ha mirado un tuerto en lo referente a las lesiones, Ricky comienza a coger el ritmo de la competición y el nivel de juego que tenía antes de la lesión, cuando realizaba pases complicados con una facilidad pasmosa. Como el que dio a Greg Stiemsma en la noche de su regreso: sin mirar, a una mano, por entre sus piernas y evitando un mar de brazos, para que su compañero reciba en una posición franca para lograr la canasta. Una maravilla.

Na-va-rro

Navarro

La última jornada de la ACB del año nos trajo una de las mejores actuaciones en esta liga de Navarro, que anotó 33 puntos (¡solo falló un lanzamiento!), cogió seis rebotes y dio tres asistencias. El triple al final del tercer cuarto del partido contra el Real Madrid, cayéndose, desequilibrado y a la pata coja, puede parecer un churro, de esos tiros que solo entran una vez en la vida. Pero a Navarro le hemos visto meterlos así más veces, como en las semifinales del Eurobasket 2011 contra Macedonia, para desesperación de su entrenador. Como dijo nuestro colaborador Lartaun de Azumendi en Twitter, Juan Carlos es el mejor jugador español de la historia libra por libra. Es un fenómeno, me quedo sin palabras… así que, una vez más, retomo las del blog de Lucio Angulo:

Hoy te toca defender a La Bomba Navarro, lees sus características en el scouting: “Puede penetrar a canasta con ambas manos, arma el tiro rápido por lo que es importante estar cerca de él. Cuidado con pegarse en exceso pues es listo para sacar faltas. No dejar de defenderle lejos del aro, puede sorprender con tiros de larga distancia (hasta 7 metros) con buenos porcentajes. Precaución con su primer paso, que no nos pille de sorpresa, excelente en tiros de 2 lanzando por encima del defensor. No enviarle a la línea de tiros libres ya que saca así muchos puntos…”

Y llega el partido. Y Navarro te mete un triple. Y el entrenador grita:

—¡Que no te separes! ¿No lees el scouting?

—Sí, entrenador, sí.

Los blancos la saben meter

Real Madrid

Contraataque del Real Madrid que arranca Sergio Rodríguez driblando a dos contrarios, da un pase de 15 metros a una mano mirando al otro lado a Nikola Mirotic, que recibe a la altura de la línea de personal contraria y cuelga el balón para que Llull machaque la canasta contraria en un alley oop espectacular. El baloncesto ofensivo y dinámico que está desarrollando el Real Madrid entrenado por Laso merece un reconocimiento, que además en esta temporada 2012-2013 le está reportando éxitos deportivos: entre ACB, Supercopa y Euroliga, lleva un parcial de 21 victorias y 1 derrota, y sus más de 94 puntos por partido en esta edición de la Liga Endesa parecen cifras de otras épocas.

¿Quién demonios es James Justice?

El slam dunk contest de la NCAA nos dio a conocer a un pequeño jugador que parece una pelota de caucho debido a su salto vertical de 132 cm. Con menos de 1,80 m de altura, este base de la desconocida universidad Martin Methodist College dejó a todo el mundo boquiabierto con una colección de mates espectacular, culminado con un cross complicadísimo para alguien de su estatura. No obstante, parece que de momento no le veremos competir en el baloncesto profesional puesto que le han contratado los Harlem Globetrotters.

La no-canasta

Faverani

Es prácticamente imposible meter una canasta desde un lugar más alejado del campo de juego; tal vez, un metro o dos más si te vas al vértice de la cancha. Vitor Faverani, tras capturar un rebote bajo su aro y ante la inminencia del final de cuarto, lanza a la desesperada y ¡clava la canasta! Lamentablemente para su equipo, el tiro se realizó fuera de tiempo, pero merece ser recordado.


Objetivo: la final de baloncesto de Londres 2012

 Sabemos que nos pueden ganar.

Mike Krzyzewski (1947), entrenador de la selección de Estados Unidos.

Los Juegos Olímpicos de Londres están en marcha, y con ellos, el torneo de baloncesto masculino. Hace seis meses, cuando aún había grandes interrogantes sobre la final olímpica de este deporte, veíamos las cosas de un modo; hace tres, de otro. Echemos el último vistazo ahora, cuando ya queda poco margen para la especulación.

A mi derecha: Aquiles (Estados Unidos)

Finalmente, los norteamericanos presentarán un equipo bastante más flojo que el esperado hace unos meses, lo cual no implica que dejen de ser los máximos favoritos para el oro. Su lista definitiva de 12 jugadores es la siguiente:

Carmelo Anthony, Chris Paul, Kevin Durant, Kobe Bryant, Kevin Love, LeBron James, Russel Westbrook, Deron Williams, Tyson Chandler, James Harden, Andre Iguodala y Anthony Davis.

La verdad es que siguen asustando a pesar de las ausencias. Para captar realmente el potencial que han perdido solo tenemos que pensar en el equipo que se ha quedado fuera por lesión o motivos extradeportivos: Rose, Rondo, Wade, Odom, Aldridge, Bosh, Howard, Bynum, Gay, Gordon, Billups y Griffin, una escuadra que, de competir en este mismo torneo, automáticamente sería candidata a la final. Son ausencias que han mermado notablemente su equipo, que no es el más fuerte que podrían haber presentado. Esta reflexión en voz alta viene al hilo de unas declaraciones de Bryant, en las que afirmaba que el equipo que irá a Londres podría ganar algún partido al Dream Team de Barcelona 92. Larry Bird, flemático, dio la razón a Bryant diciendo que todos ellos tenían ahora unos cincuenta años y que él hacía al menos 20 que no tocaba un balón. Fue y sigue siendo un grande. En fin, son discusiones absurdas generadas a partir de una afirmación gratuita (pero no descabellada) de Bryant, porque está claro que con el Dream Team formaron el mejor equipo que podían presentar (salvo Laettner, claro) y era insultantemente superior a sus rivales tanto por la calidad de su plantilla como por el retraso del resto del mundo baloncestístico respecto a la NBA. No olvidemos que era tal la diferencia entre el basket FIBA y el norteamericano que hasta 4 años antes les bastaba con llevar a los mejores jugadores universitarios para prácticamente asegurarse el oro en los JJ.OO. Y en sus declaraciones, el escolta de los Lakers solo dijo que este equipo podría ganar algún partido al Dream Team, quienes por cierto perdieron un amistoso-entrenamiento frente a una selección de jugadores universitarios antes de ir a los Juegos de Barcelona. Son datos que parece que se pierden en la memoria, como el supuesto fair-play del Dream Team original que no fue tal, con ese aire de sobraos, de risitas, de malabarismos frente a rivales que iban perdiendo de 30… sin olvidar a Barkley haciendo cosas como esta. Arrasaron a sus rivales, sí, pero no fueron precisamente un ejemplo de deportividad.

LeBron James, a por el anillo y oro olímpico en una misma temporada

La fase de preparación del equipo estadounidense ha servido para reafirmar dos sospechas:

  1. Cuando juegan bien, no hay equipo que sea capaz de ganarles.
  2. Cuando se atascan y su rival juega muy bien, se les puede llegar a tutear.

Los ejemplos de este segundo punto se han podido constatar en el primer cuarto contra Brasil (27-17) y contra España (23-21), y en el segundo y último cuarto contra Argentina (24-16 y 19-14, respectivamente). Ante un oponente que movía el balón con seguridad, hacía puntos en la pintura, aprovechaba los ventajosos cambios automáticos en defensa unido a una relativa falta de puntería de los norteamericanos, estos tres equipos (todos ellos candidatos a medalla, no lo olvidemos), les pusieron en aprietos…

… momentáneamente, claro. Porque después, lo ya sabido: minutos de defensa asfixiante al balón, incluso con 2 contra 1, y manos interceptando todas las líneas de pase para lanzar contraataques rapidísimos. Y cuando te quieres dar cuenta, te han endosado un parcial de 7-0 en dos minutos. Es muy difícil mantener la cabeza fría para evitar que el nerviosismo genere nuevas pérdidas y pararlos en la cancha cuando entran en ese ritmo de juego; a veces solo se pueden salvar los muebles desde la banda, ya sea pidiendo tiempo muerto en cuanto encadenan dos contraataques y hace falta espabilar a los tuyos o haciendo zancadillas desde el banquillo cuando salgan veloces a la contra. Una solución efímera, limitada al número de tiempos muertos o faltas descalificantes.

Por otro lado, un equipo estigmatizado porque juega gran cantidad de minutos sin pivots puros (porque puede ser una grave desventaja en defensa), ha demostrado que no lo es en contraataque e incluso, en ataque estático, como se pudo ver cuando Pau Gasol intentó defender a Anthony en la línea de tres y le enchufó dos en la cara. Y ese va a ser su planteamiento. En los partidos amistosos ha quedado claro que el núcleo duro del equipo lo forman James, Bryant, Durant y Anthony, con irrupciones puntuales de Paul, Williams o Westbrook. Love, Iguodala y Chandler tienen una labor mucho más oscura y el papel de Davis y Harden hasta el momento ha sido prácticamente testimonial. Su juego se basará en el talento individual, la potencia física y el acierto en el tiro exterior. Si no tienen un buen día en los lanzamientos triples (muy difícil teniendo a Durant, Anthony, Bryant, Paul…) pueden pasarlo mal ante defensas zonales muy cerradas con poderío interior, como Brasil o Francia (además de España, por supuesto). Aún así, que no nos engañen: con esta tropa, si jugasen 100 veces este mismo torneo, lo ganarían más de 95. Así que, efectivamente: ¡hay posibilidades!

Bueno, vale. Basta de risas. Quien dice 95 de 100, dice 99 de 100

 

A mi izquierda: Paris (España)

Tras tantos debates, el sustituto de Ricky Rubio ha sido la única sorpresa en una convocatoria continuista:

Pau Gasol, Rudy Fernández, Sergio Rodríguez, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Víctor Claver, Sergio Llull, Víctor Sada, Marc Gasol, Fernando San Emeterio y Serge Ibaka.

Hasta el día 12 de julio estuvo en la selección Rafa Martínez en vista de que Rudy y Navarro estaban tocados. Si bien el nuevo jugador del Real Madrid ya ha jugado buenos minutos, es más preocupante el estado físico de Navarro. No se puede fiar todo el futuro en el torneo al juego interior, por muy superiores que seamos sobre el papel: sin amenaza de lanzamiento exterior no se generan espacios para que nuestros pivots puedan sumar en la pintura. Por este motivo es imprescindible que el escolta barcelonista alcance un estado de forma apropiado cuanto antes; incluso por encima de Marc Gasol, ya que las posiciones interiores están mejor cubiertas -al menos hasta el partido contra Brasil (el último de la primera fase)- y, por supuesto, la de Sergio Rodríguez. Porque si queremos llegar a la final y disputársela a USA, necesitamos que los mejores estén bien: se ha notado un significativo bajón en algunos partidos cuando ha salido la llamada segunda unidad, sobre todo en los dos últimos (Argentina y USA) que comenzó con el equipo español como un vendaval pero se fue diluyendo con los cambios. Es muy importante que los partidos más sencillos se resuelvan cuanto antes para dar a los titulares descanso, y así, en los partidos decisivos utilizar el máximo de minutos a los 8-9 jugadores importantes, hasta que resuelvan el partido.

A pesar de nuestros esfuerzos, Carmelo Anthony nos hizo un hijo de madera en el partido amistoso del 24 de julio

Tras los encuentros amistosos no creo que quede nadie que piense que Mirotic debía haber sido convocado en lugar de Ibaka. Los rebotes, tapones e intensidad del jugador de los Thunder han sido de lo mejor de la preparación (junto con Pau, como siempre), aunque puntualmente  ha perdido los nervios en alguna refriega. Tanto Rudy (por la lesión) como Calderón (algo descontrolado los primeros partidos) han ido de menos a más, mientras que Rodríguez y Marc han estado a la altura de lo que se espera de ellos cuando han podido jugar. Llull, por la merma de minutos del convaleciente Navarro, ha tenido una gran presencia en algunos encuentros y es muy necesario para el juego de España, tanto en contraataques como en defensa y ocasionalmente en el lanzamiento exterior. Claver ha estado bastante activo y descarado, como si su fichaje por los Blazers le hubiera dado una inyección de autoestima, aunque todo sea que llegue la competición oficial y chupe banquillo en cantidades industriales como otros veranos. Por el contrario, Sada y San Emeterio (bastante apagado) no han respondido a las expectativas al menos en los amistosos, y tienen papeletas para ser los jugadores 11 y 12 de la rotación.

Los amistosos nos han permitido confirmar las sospechas sobre el sistema que utilizará la selección: en ataque, la primera opción será meter el balón al interior y a partir de ahí generar juego, hacia dentro o hacia fuera. Los mejores momentos de la selección han venido cuando han entrado los tiros exteriores, por eso es de capital importancia recuperar a Navarro… y acertar con los tiros libres (fallones ante USA), para disuadir al rival de la táctica del Hack-a-Shaq. En defensa no se aprecian muchas dudas, aparte de los legendarios teóricos problemas para defender al 3 contrario,  y los brazos interminables de Pau e Ibaka dificultarán gran cantidad de tiros, cuyos rebotes o rechaces habrá que aprovechar para lanzar contraataques. También parece que será frecuente ver la zona 2-3. En resumen, tenemos claro a lo que jugamos. Ahora hay que ponerlo en práctica.

El cuadro

Finalmente, el resultado del sorteo (1) dictaminó que el grupo de España lo completara Rusia, mientras que los otros dos equipos clasificados en el Preolímpico (Lituania y Nigeria –la sorpresa-) quedaban encuadrados en el otro grupo, el A. Demos un pequeño repaso a los rivales de la selección en su grupo, el B:

Shved, junto con Rudy, tiene uno de los cabellos más rebeldes del torneo

Rusia: El último en llegar se ha convertido automáticamente en el rival más duro del grupo. Peligro en todas las líneas, destacando al polivalente Andrei Kirilenko que una vez más será el jugador que más problemas nos dé en defensa y en ataque, tirando desde fuera o penetrando. Su temporada en la Euroliga ha sido imperial. Junto a él, la otra amenaza es el que ha sido su compañero este año en CSKA y en el futuro en los Wolves, Aleksey Shved, que puede reventar un partido en cualquier momento con su lanzamiento exterior y su creatividad, aunque por suerte su línea de juego es bastante irregular. Rusia también cuenta con jugadores interiores grandes y competentes, pero no deberían plantear excesivos problemas. Vence España por unos 10 puntos.

Brasil: Tal vez el único juego interior puro, junto el músculo de Francia, que puede tutear a nuestros interiores: Tiago Splitter, Nené Hilario y Anderson Varejao, contando además con las rachas de Marcelinho Huertas y Leandro Barbosa por el exterior, pueden hacer pasar una mala tarde a cualquiera (que le pregunten a USA). Un rival muy incómodo si está entonado. España gana de 10.

Gran Bretaña: La grada y presunto favor arbitral son sus grandes bazas. Y ya. No valen excusas, si vamos a por el oro Gran Bretaña no puede hacernos sufrir. En el amistoso del 9 de julio, el primero de la selección, se les ganó (con algo de esfuerzo) a pesar de jugar sin Rudy ni Navarro. España tiene que ganar de 15-20.

Australia: Un quinteto en el que estén David Andersen y Matt Nielsen nos podría dar problemas, con la amenaza en el lanzamiento de 3 del primero y los fundamentos en la zona del segundo, quien por cierto ha estado lesionado durante la preparación. Correosos, pondrán en apuros a todos los favoritos del grupo, pero España ganará de 10-15.

China: no hay disculpas, ya no está Yao Ming. Todo lo que no sea ganar cómodamente de más 15 puntos y dando descanso a los titulares, se debería considerar una sorpresa.

El último día de la primera fase (lunes 6 de agosto) se jugarán dos partidos que en principio son decisivos para que España se encuentre con USA solo en la final. En el Grupo A, los norteamericanos juegan contra Argentina, y en el B, los españoles contra Brasil. Podría darse la desgracia de acabar España invicta, que en el encuentro siguiente Argentina diera la campanada y que el cuadro acabase cruzando a los dos equipos antes de la final. Ídem si Brasil nos derrota. Pero todo apunta (al menos, mis pronósticos) que la clasificación de los grupos quedará del siguiente modo:

Grupo A: USA-Argentina-Francia-Lituania

Grupo B: España-Rusia-Brasil-Australia

De esta forma, España se cruzaría con Lituania en cuartos y con el ganador del Brasil-Argentina en semifinales.

Lituania: El torneo le llega muy pronto para el pivot europeo del futuro (Valanciunas) y demasiado tarde para el nuevo base del Barcelona (Jasikevicius). Sufrirán para entrar en la segunda fase, sobre todo tras la lesión del pivot Robertas Javtokas. Su jugador más peligroso será Kleiza, uno de los favoritos para el título de máximo anotador del torneo si está fino, que nos dará muchos problemas en los desajustes defensivos (si lo defiende un bajo, posteará; si lo defiende un alto, lanzará triples). No obstante, España debería ganar de unos 15 puntos.

Manu Ginobili frente a Kobe Bryant. Ambos, con un oro olímpico, quieren subir de nuevo a lo más alto del cajón

Argentina: El resultado del amistoso contra España fue muy engañoso. Los primeros minutos de los nuestros han sido de los mejores que ha jugado esta generación, tanto en defensa (aunque los argentinos también fallaron más de lo habitual) como en ataque, con puntos de todas las facturas. Es más justo para evaluarlos su partido contra USA, en el que no perdieron la cara en ningún momento. En su contra tienen que cuentan con una plantilla competitiva corta por lo que el cansancio puede ser un factor muy importante una vez llegados a semifinales, sobre todo tras el partido de cuartos que tendrán que jugar a cara de perro frente a Brasil. España, por descontado, gana, pero sufriendo y por menos de 10 puntos. Son mis favoritos para el bronce, partido en el que se encontrarían con los franceses. La generación argentina merece acabar su ciclo con otra medalla, por talento, garra y calidad.  Y por Manu Ginobili, un grande.

Y la gran final: USA-España. Insisto, 95% de posibilidades de que nos ganen, incluso sin apuros. Pero ese 5% nos hace albergar esperanzas. Que salgan los sistemas, que entren los tiros, no perder la calma si nos roban un par de balones, jugar con cabeza… Sinceramente, creo que perderemos la final. Pero por menos de 10 puntos y espero que brindando un espectáculo a la altura del precedente de hace cuatro años.

Por otra parte, tal vez deberíamos ignorar estos debates y centrarnos en otros más importantes: puede que estas sean los últimos (o penúltimos) JJ.OO. donde el baloncesto tenga tanto atractivo porque David Stern ha declarado recientemente que no quiere que las grandes estrellas participen en los Juegos, sino que lo hagan los jugadores jóvenes, a semejanza del fútbol. En ese caso, volverá la hegemonía norteamericana porque a medio plazo no se vislumbra ningún país que tenga suficiente potencial con su selección sub 23 para hacer sombra a los mejores norteamericanos de esa edad. Sean o no sean los últimos JJ.OO. con este nivel en la competición baloncestística, esperemos que para nosotros sean inolvidables. Positivamente, claro. El torneo está en marcha, veamos qué nos ofrece.

(1)  En efecto, al final las plazas del preolímpico se asignaron por sorteo y no según clasificación en el mismo. A pesar de que en su momento fue dicho así por el presidente de la FEB, Jose Luis Sáez, las bases de la FIBA lo decían así, aunque hasta unas horas antes del mismo se seguían con las dudas.


Panem et circenses

El inhóspito paisaje postindustrial de Hackney, al este de Londres, ha inspirado multitud de proyectos a lo largo de los años: tanto habitantes como arquitectos, escritores, artistas y políticos han sido responsables de que Hackney no haya dejado de ser lienzo de incontables sueños. La regeneración urbana de Hackney a raíz de la candidatura olímpica de Londres ha mutilado todas esas fantasías; al menos eso mantuvieron Stephen Gill, Anna Minton, Will Self y Saskia Sassen en 2012 Una Historia que Contar [2012 A Story to Tell], un debate que se celebró a principios de mes en el Southbank Centre, organizado por la Architectural Association, el Festival de Arquitectura y el Festival Literario de Londres.

Ya no es ni original recurrir al latinajo panem et circenses para referirnos al descerebrado entretenimiento del populacho. Ni falta nos hace asistir a nuestros anfiteatros contemporáneos; nuestras saturnales se distribuyen a domicilio. Una de ellas está a la vuelta de la esquina: las Olimpíadas de Londres 2012. Desde el viernes, prepárese para tragar noticias de récords y medallas de atletas nacionalizados en países que ni sabía que existían; atletas que redimirán al Reino Unido de sus complejos de obesidad mórbida y tratarán de avivar su ya exacerbado patriotismo.

Will Self aludió a ello en un evento celebrado en Londres a principios de mes. Self discutió junto a Anna Minton, Stephen Gill y Saskia Sassen cómo los Juegos Olímpicos de 2012 no son sino parte de una tendencia que está engullendo a su ciudad anfitriona paulatinamente, convirtiéndola en una entidad abominable, antidemocrática y, en definitiva, antiurbana. Partiendo de que todo el municipio de Hackney se ha llevado un lavado de cara con aguarrás que, habiendo sido pagado por el contribuyente, se ha vendido a la familia real catarí para ser administrado como propiedad privada; estos cuatro intelectuales pusieron las peras al cuarto a toda cuanta autoridad de medio pelo o arquitecto consagrado se paseara por el Southbank aquella tarde.

No olvidemos, por aquello de la relevancia de este debate dentro de nuestras fronteras, que Madrid aspira a ser ciudad olímpica en 2020 (tras los estrepitosos fracasos de 2012 y 2016) y sostiene la candidatura con los mismos argumentos infundados con los que Londres calla al tributario quejica: que si el legado, que si el deporte y la actividad física… olvidando la situación desesperada de la deuda griega que sin duda fue agravada por aquella Atenas 2004 que ya ni Zeus recuerda.

Ni la villa olímpica es el único espacio londinense que se las da de público sin serlo, ni los escépticos se acaban con los ya citados. Por un lado, pues, están los Juegos como síntoma de una tendencia de mucho más alcance, tendencia que lamentablemente no parece terminar en los límites de Londres. Esta tendencia es la privatización de las calles y espacios que antes eran públicos, y la vigilancia orwelliana que de ello se colige. Por otro lado podemos hablar de los Juegos como un universo en sí mismos, un universo con partidarios acérrimos y detractores; entre estos últimos sin duda contamos con los cuatro ponentes invitados a 2012 Una Historia que Contar.

En las metrópolis contemporáneas, la frontera entre lo público y lo privado se ha vuelto borrosa, y esto no parece haber sucedido por casualidad. Anna Minton, periodista, es autora de Ground Control, volumen donde analiza dicha situación en el contexto de Gran Bretaña. Es también Minton quien, tanto en su libro como en su intervención en 2012 Una Historia que Contar, señala que esta situación no es nueva sino que ya existió en la Inglaterra decimonónica y hubo de ser abolida por oposición popular. Esta vez, en vez de duques y condes, son corporaciones y multinacionales las que van adquiriendo terrenos urbanos. Una vez dueñas, infestan las falsas calles con cámaras de circuito cerrado, guardias de seguridad, y una cantidad ingente de cartelitos que le indican a uno cómo debe comportarse en cada lugar, recordándole que no debe fumar, poner los pies sobre los bancos u osar tomar instantáneas del lugar. Sí, los fumadores son uno de los colectivos más perseguidos en estos espacios, casi tanto como los ciclistas, y no hablemos de aquellos que tienen por costumbre calzarse patines. Dichos comportamientos ilegales serán interceptados en las horas y horas de metraje que hacen de sentarse a ver las ocho horas de Empire un plan entretenido.

Esta privatización de los espacios trae consigo repercusiones arquitectónicas, urbanas, sociales e incluso poéticas que poco pueden imaginarse los yuppies que aspiran a hacerse con uno de esos apartamentos pijos que parecen sacados de la última serie de moda; sí, de esos desde los que se ven las ventanitas iluminadas de los rascacielos que no se apagan por las noches porque es más caro darle al interruptor cada mañana que mantenerlo encendido durante la noche. Si no ellos, ¿quién se siente actor o agente de espacios urbanos privatizados cuyas actividades sociales y comerciales no tienen lugar más que en el seno de instituciones carentes de espontaneidad, tales como franquicias y cadenas de toda cuanta necesidad se pueda imaginar? Los núcleos urbanos han sobrevivido desde sus orígenes neolíticos como entidades válidas o, al menos, prácticas, para el desarrollo social de las comunidades porque, según sostuvo Saskia Sassen, son complejos y se mantienen inconclusos. La privatización de los espacios urbanos y las ya mencionadas características de los mismos, las cuales Minton describió con su prosa, clara y directa, propia de alguien que, como ella, está acostumbrado a no andarse con rodeos, convierte a la ciudad en un sistema que, si bien poderoso, se concibe esta vez como completo. Esto, pues, desde el punto de vista de Sassen, no hace sino privar a la ciudad de uno de los ases que durante siglos se guardaba en la manga, de una de las características que le permiten sobrevivir a reinos, imperios, invasiones; de lo que Sassen pasa a llamar competencia urbana, el contubernio entre el espacio urbano y sus gentes.

Es en esta cópula, en este entender la ciudad como un papel en blanco, donde se escriben las historias cotidianas de amor, celos, gritos, rutina y frituras de las que urbanistas y arquitectos pasan olímpicamente, nunca mejor dicho; donde los ciudadanos ejercen lo que Self califica de derecho a la territorialidad, convirtiéndose en actores de su ciudadanía en lugar de meros consumidores. Stephen Gill ha dedicado gran parte de su vida a contar esta interacción entre la vida de Hackney y Hackney mismo; según él, a capturar el sentimiento o esencia del lugar, más que su percepción visual. Las fotografías tomadas en lo que se convertiría en la villa olímpica muestran un estado de transición urbana sin precedentes, un lugar sencillo en el que pequeños cambios anunciaban la llegada del monstruo olímpico, del mismo modo que los pájaros huyendo de Pompeya anunciaron la erupción del Vesubio sin que nadie supiera leer esas pistas como lo que eran: avisos. Nada de lo que Gill llevaba fotografiando desde 1999 sigue ahí. En su lugar se erigen estructuras tales como el estadio olímpico, el centro acuático y el contestado velódromo, sobre el que Will Self consideró oportuno recordar a la audiencia que el velódromo de Herne Hill, al sur de Londres, va a ser demolido dada la demanda social por las carreras ciclistas. Por si fuera poco, según Iain Sinclair, colaborador de Gill en numerosos de sus proyectos y medalla de plata a los 200 m anti-olímpicos por detrás de Self; la experiencia olímpica no será sino una prima de tres semanas de duración al centro comercial de Westfield, a través del cual, sospechosamente, se ha previsto el acceso a la villa olímpica. Gill y Self, pues, dedicaron su intervención en 2012 Una Historia que Contar al microcosmos de Londres 2012 como paradigma incuestionable de la aberrante relación de la arquitectura urbana contemporánea con el panorama financiero, muy aventajada con respecto a la relación de dicha arquitectura con el ciudadano.

Hay también quien se muestra satisfecho. Sebastian Coe, por ejemplo, del Comité Organizador de los Juegos, recuerda la pila de frigoríficos abandonados que había en parte de lo que ahora es la villa olímpica. Stephen Gill nos había mostrado el mercadillo semanal —ilegal, o cuando menos, alegal— que los habitantes de Hackney montaban al lado del montón de clorofluorocarburo que chorreaba de esas neveras noventeras; que nadie sepa qué es ahora de ese mercado le quita a uno el hipo y el ozono de un manotazo; casi tanto como saber que unos 450 hogares fueron desahuciados para dejar paso a los bulldozers. Tal es el caso de Julian Cheyne, que ha perdido su casa y se pregunta por qué los Juegos no podían haberse celebrado en instalaciones ya existentes. Otros, como Wretch 32, rapero, esperan que los ánimos del país levanten cabeza al presenciar los Juegos, que según él traen buenas vibraciones a la ciudad; refiriéndose al descontento general debido a la recesión económica, que aquí también salpica, sobre todo a las clases menos favorecidas.

Si estas son las consecuencias para una urbe tal que Londres, uno no deja de preguntarse qué hace Madrid aspirando ser la Atenas de 2020. Con ello quiero decir, pues, que este debate no es en absoluto ajeno a España y que lo que el londinense no ha tenido agallas de exigir, todavía está a tiempo de ser advertido y reclamado por el ya castigado españolito de a pie. Por lo menos, desde el punto de vista de la usurpación arquitectónica de los nuevos espacios, cuya condición de corporativizados, privatizados y videovigilados impide que sean apropiados por el actor público, y de la aniquilación de la anarquía cotidiana a la que aludió Saskia Sassen; desde esa perspectiva, insisto, me atrevo a decir que estas cuestiones son tan relevantes en Madrid como lo son en Londres. Más, casi, porque la percepción y el uso del espacio público en España son más ricos y variados que en el Reino Unido. Sea por el clima o las costumbres, el espacio urbano público parece ser concebido en y para el Mediterráneo: piazza, plaza, agora, espacios de interacción urbana al aire libre. Cenas en la calle, verbenas, ruidos, niños y rayuela, la ausencia de los cuales desconcierta al que llega al país anglosajón, novato, pretendiendo tomarse un refresco al aire libre a las siete de la tarde. Perder el tiempo en la calle, loitering, esa costumbre de largas y aburridas tardes de verano que el espacio corporativizado detesta y se ha propuesto exterminar. El espacio urbano no es sino en la vida que el ciudadano le insufla; suprimir los espacios públicos en Madrid post-2020 —o, para el caso, en el más mínimo centímetro cuadrado de ciudad española—, y sustituirlos por espacios corporativizados, se entiende a partir de los temas tratados en 2012 Una Historia que Contar que es una amenaza a su tejido urbano. Y eso sin contar con la posibilidad de que las costosas instalaciones olímpicas queden abandonadas al cabo de pocos años.

El espacio público-no-público, si es que esta improvisada terminología lo describe bien, crea tejido urbano de mala calidad, débil, endeble y quebradizo, ya que es un espacio amenazado por el corporativismo y del cual el ciudadano no se siente parte, un espacio con el cual no hay intimidad. No es creado por ni para el ciudadano, sino que se impone sobre él. El tejido urbano de Londres es sabidamente recio, escurridizo de cara al promotor que se planta ante él con la pretensión de una regeneración urbana que, no nos engañemos, tiene las de ser chapucera y por ello, efímera. El humor cínico de Self, la delicadeza y el tacto de las imágenes de Gill, y la racionalidad de Minton y Sassen… todos y cada uno de estos enfoques coincidieron en lo esencial: en cómo el carácter de Londres, su personalidad ecléctica y soñadora, enmudece ante el avance de una arquitectura cuyo móvil son los tentáculos financieros de un sistema ajeno a la cotidianidad urbana. Todos ellos terminaron sus intervenciones con notas optimistas, esperando que la recesión económica en la que Europa se encuentra sumida en este momento obligue a inventar alternativas, modelos sostenibles.

La identidad de esta capital dependerá del calado del fracaso de la regeneración olímpica. Mientras sea la especulación financiera la que lleve las riendas de construcciones de tal envergadura, no dejarán de verse colosales pirámides de cristal y cemento que se erigen para un festival supuestamente justificado, hasta el más absoluto y repugnante hastío, por una onerosa cantidad de ambigua y falaz propaganda; un festival que no celebra, según defendió Self hacia el final de su discurso, nada más que la versión más patética y deplorable de la sociedad del espectáculo que Debord pudo haber imaginado. Y ahí lo deja: “Disfrútenlo”.

 

Ilustración: © Patricia Mato-Mora, 2012.


Madrid, los Juegos y el problema de los intangibles

A principios de los ochenta algún tipo inteligente trabajando para Pepsi se dio cuenta de que, a ciegas, la gente prefería el sabor de Pepsi al de Coca-Cola. En cambio, Coca-Cola era la más vendida de las dos. Pepsi tenía un problema de imagen. El mismo que tiene la ciudad de Madrid.

Si quiere existir, Madrid tiene que organizar los Juegos Olímpicos.

El gran problema de la ciudad de Madrid no es la falta de mar. Ni el frío que hace en invierno, ni el calor asfixiante del verano. El problema de Madrid es de imagen. En el extranjero nadie sabe qué hay en Madrid. Si uno hace la prueba fuera de España —yo la hago de manera regular— la respuesta más habitual a la pregunta “¿qué sabes de Madrid?” tiene que ver con su principal equipo de fútbol (al Atleti en cambio ni lo nombran). La segunda respuesta, si llega, se refiere al Museo del Prado. Y ya está. Poca, muy poca gente, conoce qué es el Palacio Real o la Plaza Mayor. Y la verdad es que tampoco es tan raro: Madrid no es una ciudad bonita.

España es, a bote pronto junto a Estados Unidos, Brasil y Turquía, uno de los pocos países del mundo en el que su capital no es la ciudad más visitada. ¿Qué tiene Barcelona para recibir 1,7 millones de turistas más al año? La respuesta es sencilla: tangibles. La Sagrada Familia. Las Ramblas. El Maremágnum. La estatua de Colón. Picasso, Dalí, Gaudí y Ferran Adrià. Y el mar, claro. Porque en la cabeza de la gente Barcelona corresponde a una suerte de vanguardia mediterránea, de innovación desenfadada. Y más allá de los Pirineos, París es la Torre Eiffel, la Mona Lisa, el queso, el vino, la baguette y el rollo amor. Amsterdam, Van Gogh, los canales y los porros. Londres, el Big Ben, el double decker rojo, Picadilly y las pintas de cerveza. Y así en adelante. Suena a cliché barato, pero en publicidad el estereotipo suele funcionar.

El problema de Madrid es que es una ciudad de intangibles. Hubo una época en la que alguien quiso que las Torres KIO fueran el icono de la ciudad. Hoy, palidecen a la sombra de cuatro torres gigantes nacidas del boom inmobiliario, y llevan por condena el logotipo de una de las cajas de ahorros responsables de ese agujero negro llamado Bankia. El otro día El País recogía unas declaraciones de Gallardón en las que afirmaba, sin siquiera levantar ni una de sus monumentales cejas, que el cartel de Tío Pepe de Sol es a Madrid lo que la Torre Eiffel a París. Y así.

El problema, insisto, son los intangibles. Lo increíble de Madrid no son sus monumentos, ni sus calles, ni sus museos. Lo que tiene Madrid es el ambiente. Es irse de compras al mercado de Fuencarral. Es salir de copas un martes del mes de noviembre. Es un bocata de calamares en la Plaza Mayor. Es la plaza del Dos de Mayo. Es comer en la Latina un domingo de mayo. Es la gente.

Madrid hay que probarlo, y es por eso que el masivo efecto llamada de los Juegos Olímpicos sería la mejor campaña publicitaria que jamás podría hacer la ciudad.

 


A tres meses de la final de baloncesto de Londres 2012

Como el que no quiere la cosa ya han pasado tres meses más y hemos rebasado la barrera psicológica de los 100 días para el comienzo de los Juegos Olímpicos de Londres. Entre el anterior análisis y éste ha habido varias novedades de interés, que pasaremos a relatar.

Habemus cuadro. O casi

Qué bonitas, las bolitas

El lunes 30 de abril se realizó el sorteo de los grupos que conformarán el cuadro de competición de los JJ.OO. de Londres. El proceso ha sido un tanto opaco porque nos enteramos el mismo día que los bombos se iban distribuir de la siguiente manera: USA-España, Francia-Australia, Argentina-Brasil, China-Túnez, Gran Bretaña-1º Preolímpico, 2º Preolímpico-3º Preolímpico, una disposición de emparejamientos que no responde ni al ranking FIBA, ni a la clasificación del último Mundobasket o de la última edición de los JJ.OO. Sea como sea, las bolitas decidieron que los grupos iban a ser los siguientes:

Grupo A: USA, Francia, Argentina, Túnez, 1º Preolímpico y 2º Preolímpico.

Grupo B: España, Australia, Brasil, China, Gran Bretaña y 3º Preolímpico.

En teoría, el Grupo A ya cuenta con un equipo prácticamente imbatible a priori (USA) y dos equipos potencialmente cuartofinalistas (Francia y Argentina), mientras que en el B sólo se perfila Brasil como rival potente para España… y se está a la espera del 3º del Preolímpico, que a día de hoy es una incógnita y será un puesto por el que habrá literalmente tortas en el torneo previo que se jugará en Venezuela. Contrariamente a lo que se hizo en otros Juegos, donde se realizó un nuevo sorteo entre los tres equipos repescados, para Londres ya está todo el pescado vendido porque su ubicación en un grupo u otro depende de su clasificación, según confirmó el propio José Luis Sáez. Visto el resultado del sorteo, la final del preolímpico no va a ser un partido que pase a la historia por su intensidad, ya que no se jugarán gran cosa.

Puestos a especular y teniendo en cuenta el mayor potencial del Grupo A, es posible que algún equipo opte por dejarse llevar en semifinales y fiarlo todo a conseguir la victoria en el partido por el tercer y cuarto puesto. ¿Muy arriesgado? Sin duda. Pero solo hay que imaginar la primera fase del Grupo A si, por ejemplo, se compone de USA, Francia, Argentina, Rusia, Lituania y… Túnez (pobre Túnez, por cierto): 10 partidazos a muerte y 5 palizas. Cualquiera de las favoritas para clasificarse en ese preolímpico (las mías: Lituania, Rusia y Grecia) encuadrada en el Grupo B tendría bastantes boletos para pasar a cuartos, mientras que en el Grupo A… sería bastante más complicado. No descartaría del todo ver unas semifinales jugadas al despiste.

Así como dije en el anterior artículo que prefería estar en el grupo de USA para reducir las posibilidades de encontrarnos con ellos en los cruces, también dejé claro que la mayor parte de nuestras esperanzas por reeditar la final nos las jugábamos en el sorteo. Y así ha sido. Siempre hablando sobre el papel y sin conocer aún las plantillas definitivas, creo que España tiene una primera fase bastante placentera, donde acabar invicta es un objetivo bastante factible que además nos garantizaría no encontrarnos con USA hasta la final, siempre y cuando los americanos hagan lo que suponemos: marchar como una locomotora hacia la medalla de oro. Esperemos a julio para hacer análisis más detallados del resto de rivales.

La lesión de Rose: lamentable para los amantes del baloncesto y catastrófica para las aspiraciones de los Bulls pero… ¿buena para los intereses de España? (la selección de baloncesto, se entiende)

Jerry Colangelo pone un circo y se le lesionan los gigantes

Aunque el núcleo duro de los que estarán en Londres representando a USA se mantiene (a día de hoy), la lista de preseleccionados que hicieron pública en enero ha tenido una serie de bajas, algunas de ellas muy importantes. El mismo día que se presentaba el partido amistoso USA-España que se anuncia como anticipo de la final de los JJOO, se daba a conocer que Dwight Howard tenía que pasar por el quirófano para operarse de una hernia discal, quedando automáticamente descartado de la selección norteamericana. Por cierto, que Andrew Bynum, en un arranque difícil de explicar, le faltó tiempo para borrarse como sustituto del pivot de Orlando Magic, ya que “prefiere cuidar sus rodillas de cristal”. Y parece que fue ayer cuando se dejó ver con una playmate a hombros en lugar de operarse de dicha articulación. Angelito.

La otra gran ausencia de los norteamericanos será Derrick Rose, MVP de la pasada temporada, que se rompió los ligamentos de la rodilla durante el primer partido de playoff. Chauncey Billups y LaMarcus Aldridge también se caen de la lista por lesión, aunque no contaban con muchas papeletas de estar entre los que viajarán a Londres. Lamar Odom, por su parte, a día de hoy sigue contando para Colangelo, aunque Dallas Mavericks rescindiera su contrato sin acabar la temporada (por bajo rendimiento vinculado a causas extradeportivas, o viceversa). Personalmente, no apostaría fuerte por que Odom sea uno de los 12.

Señoras que posan con Kevin Durant y LeBron James

Las bajas de Rose y sobre todo, Howard, son muy importantes para la selección norteamericana. Si bien una terna de playmakers formada por Chris Paul, Deron Williams y Russel Westbrook no desentona frente a otra formada por Rose y dos de ellos, la sustitución (teórica) de Howard por Tyson Chandler sí que es significativa, sobre todo en aspecto ofensivo. Llama la atención que el propio cuerpo técnico de USA Basketball haya destacado el potencial del juego interior de España (Pau, Marc e Ibaka) y que aparenten confiar en pararlo con el center de los Knicks más los minutos en la pintura de Kevin Love y Blake Griffin, que por cierto se han ganado el puesto con su gran regular season.

Bueno, que también está Chris Bosh. Acabáramos.

Puede que solo sea una cortina de humo y sí que estén realmente preocupados; tras las primeras lesiones, dijeron que había suficientes nombres de entidad en la preselección para construir un equipo con el que ganar el oro en Londres. Al poco, y sobre todo tras la lesión de Rose, recularon. Así, han anunciado dos nuevas incorporaciones al roster: James Harden y Anthony Davis, jugadores que tienen aspecto de ser referentes a medio plazo pero que no deberían quitar el puesto a otros preseleccionados. A pesar de su excelente temporada (que le ha valido ser nombrado Mejor Sexto Hombre), Harden tiene en contra que hay demasiados pesos pesados en el backcourt. Pero si Dwyane Wade sigue haciendo declaraciones en la misma línea de las últimas semanas, en las que tan pronto insinúa que unos cuantos dólares por ir a Londres no vendrían mal o que igual está cansado, apostaría por la inclusión del barbudo jugón de los Thunder en la lista definitiva. En cuanto a Davis, el freshman de la universidad de Kentucky, su presencia en la selección tendría el sabor de otras convocatorias donde USAB hacía un gesto al baloncesto universitario, como la de Emeka Okafor en Atenas 2004 o como cuando Christian Laettner fue nombrado integrante del Dream Team en lo que muchos entendieron como un gesto de discriminación positiva. Por cierto, las paradas de metro de Londres se van a renombrar con motivo de los Juegos como homenaje a las grandes leyendas olímpicas. Bien, pues Laettner ha dado nombre a una de ellas; por comparación, el bañador de Mark Spitz debería tener en su honor una terminal calatravesca. O dos, si son pequeñas.

Barkley, Bird, Magic y… ¡Laettner!, en posición de alerta felina

En muchos medios se ha culpado de la plaga de lesiones a la carga de partidos de esta temporada, comprimida por el lock out. Es cierto. En parte. La de Rose, como la de Ricky Rubio, fue fortuita en el sentido de que se puede producir en cualquier lance de un partido, no por sobrecarga. Más peligroso para la integridad del plantel norteamericano es la Final de la NBA, que puede acabar allá por el veintitantos de junio, apenas un mes antes del inicio del torneo olímpico. Hay muchas posibilidades entonces de que Kevin Durant, LeBron James, Westbrook, Bosh y Wade (Heat y Thunder son dos de los máximos favoritos para jugar la Final), 5 jugadores sobre 12, lleguen bastante cansados a la ciudad inglesa.

Resumiendo, si no hay lesiones o espantadas de última hora, entiendo que USAB mantendrá la misma filosofía de juego: un único cinco puro con un puñado de ala-pivots polivalentes que sirvan de comparsa a la batería de exteriores y aleros que son los verdaderamente imparables en el basket FIBA. Según este criterio, los 12 que representarían a USA en Londres serían: Carmelo Anthony, Blake Griffin, Chris Paul, Chris Bosh, Kevin Durant, Kobe Bryant, Kevin Love, Dwyane Wade, LeBron James, Russel Westbrook, Deron Williams y Tyson Chandler. Quedarían fuera los otros preseleccionados: Lamar Odom, Anthony Davis, James Harden, Eric Gordon, Rudy Gay y Andre Iguodala. Una selección aparentemente un poco inferior que la que suponíamos en enero, pero ¿suficiente para ganar el oro?

Anuncio del USAB-España de julio. Posterized! Digo… ¡Barcelona!

Nosotros tampoco estamos para muchos trotes

Hace un par de meses todos nos rompimos un poquito al confirmarse los peores diagnósticos iniciales: Ricky Rubio se había lesionado de gravedad en la rodilla, perdiéndose el resto de la temporada y los Juegos Olímpicos.

Siendo pragmáticos, si lo analizamos en perspectiva y con frialdad es difícil aventurar si hemos salido perdiendo en el intercambio de piezas con Rose porque si bien el americano es un jugador que te gana los partidos, le sustituirá otro que es de la misma calaña. En cambio, la lesión de Ricky abre un abanico de (limitadas) posibilidades para Sergio Scariolo a la hora de elegir sustituto:

— Raül López. Ha demostrado tener aún minutos de calidad en sus piernas, aportando puntos y dirección saliendo del banquillo cuando Aaron Jackson se cansaba o simplemente no atinaba. A lo largo de la temporada nos ha dejado muchos encuentros con actuaciones reseñables como su partidazo de Euroliga frente al Montepaschi Siena, canasta ganadora incluida. Tiene el perfil perfecto de segundo base y se complementaría con Víctor Sada (lo que uno tiene de capacidad ofensiva, el otro lo compensa con su defensa y físico), al que seguiremos considerando el tercer base de la selección.

— Sergio Rodríguez. Podría ser la hora de volver a la selección, aunque su año aparece entre sombras porque su compañero de equipo (con el que ahora iremos) le ha comido la tostada en números, focos y premios. Su convocatoria podría ser una especie de inversión a medio plazo, porque la quinta de los juniors de oro va sumando años.

— Sergio Llull. Todos contamos con que estará en Londres, pero su gran temporada en el Madrid, donde ha jugado la mayoría de los minutos como base, hace que le consideremos como el sustituto natural de Ricky como suplente de José Manuel Calderón. Diversos MVPs de la jornada, incluido en el mejor quintero de la ACB y MVP de la Copa del Rey, dan la razón a Pablo Laso cuando decidió hacerlo jugar de uno.

Según ha dicho en Twitter, la rodilla va bien y ya ha comenzado a andar. Ánimo, Ricky

Si Llull abandona el puesto de escolta nos queda una vacante aún más complicada de llenar: o bien pasamos a Rudy Fernández (aún convaleciente de una lesión en la espalda) a la posición de dos alternándose con Juan Carlos Navarro (que toda la temporada ha arrastrado una fascitis plantar) por que se necesitaría otro alero, o se convoca a otro escolta. Dependiendo del caso, podrían entrar en el roster Carlos Suárez, Rafa Martínez o hasta Álex Abrines, para ir preparando el relevo generacional.

En cuanto al juego interior, estamos de suerte porque a pesar de la dura temporada y la carga de minutos (Pau y Marc están entre los 12 jugadores que más minutos han jugado en la temporada regular de la NBA e Ibaka probablemente alargue su participación en el playoff hasta la Final), los nuestros están bastante sanos. El único jaleo se ha debido a Nikola Mirotic, y en dos frentes distintos, además.

Por un lado, en una entrevista de hace un par de semanas Mirotic vino a decir que prefería quedarse entrenando en solitario que acudir como invitado a la concentración de la selección porque veía razonable que Ibaka ocupe la plaza de jugador asimilado. Unos días después, Scariolo en persona salía al paso diciendo que Mirotic no había querido decir eso y que contaba con él. Lo que nos lleva a la conclusión de que lo convocará… ¿también para los Juegos? Porque el otro frente se produjo a finales de enero, cuando unos tweets cruzados entre Rafa Vecina, Víctor de la Serna y Ramón Trecet a alguno nos dejó con el culo torcido:

@vdelaserna @trecet Tranquilos q se prepara la revolución. Mirotic e Ibaka podrán ir juntitos a las olimpiadas!! D buena tinta…

@Rafavecina @vdelaserna Rafa,en medio del lio de tuits que recibo, llegas tu con la espoleta… Que pueden jugar juntos Mirotic e Ibaka?JODÓ

@trecet @Rafavecina Hay una gaseosa categoría de jugador asimilado por formación, que PUEDE no contar como nacionalizado. Berisha-Kelati…

Después de aquello, no se ha vuelto a saber nada que nos haga suponer que podrán ir los dos (la normativa es bastante clara al respecto), aunque las declaraciones de Scariolo alimentarán rumores y esperanzas. De todas formas, la FIBA debería ponerse seria con el asunto de asimilados y nacionalizados para que no sigan ocurriendo casos como el escolta de origen estadounidense Jaycee Carroll, que no se sabe bien si se siente más de Montenegro o de Azerbaiyán. Un singular conflicto en su sentimiento patriótico. Tampoco nos podemos olvidar que la asimilación de Ibaka también parece en cierto modo… artificial, porque bien podría haber elegido jugar con Francia si se hubieran dado otras circunstancias en su momento.

Ibaka con la camiseta de Congo jugando contra USA en el Nike Hoop Summit de 2008; en el 2006 formó parte de la selección Sub18 de dicho país africano. También estuvo en el Prissé-Macon francés. Pero juega con España. Tal vez no deberíamos agitar mucho el avispero con lo de Mirotic

Y llega la hora de mojarme. ¿López, Rodríguez, Llull…? Llull, Lulll, Llull. No tendría mucho sentido sacar a Llull de la posición en la que mejor le hemos visto jugar y que, además, ninguno de los otros candidatos puede mejorar. ¿Suárez, Rafa Martínez, Abrines…? Carlos Suárez. En caso de necesidad Llull podría tener minutos en cancha como escolta, y con Suárez reforzamos la posición de alero. ¿Mirotic? No si está Ibaka, porque no parece que la FIBA vaya a flexibilizar la normativa para que puedan jugar ambos.

En resumen, los 12 por los que apuesto son: Pau Gasol, Rudy Fernández, Carlos Suárez, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Víctor Claver, Sergio Llull, Víctor Sada, Marc Gasol, Fernando San Emeterio y Serge Ibaka.

Ya queda menos para el 12 de agosto.


Arvydas Sabonis, el hombre que pudo reinar

El 8 de abril de 2004, el Zalgiris viajaba a la cancha del Maccabi de Tel-Aviv. Duelo habitual en los 80, el partido tenía un atractivo impresionante: el ganador se clasificaría para la Final Four que precisamente tendría lugar en la capital administrativa del estado de Israel. En la ida habían ganado los lituanos con solvencia, pero un despiste en casa, la semana anterior, ante el Pamesa Valencia, les había dejado en esa situación de todo o nada. Al frente, como capitán, un tal Arvydas Sabonis, 39 años para 40, MVP de la fase regular de aquella Euroliga y MVP del Top 16 previo a las semifinales.

Sabonis ya lo había ganado todo en Europa, tanto a nivel de clubes como de selección, pero un éxito más al borde de la cuarentena sería una despedida excelente de la competición. En 1986, Petrovic le impidió alzarse con la Copa de Europa en uno de los pocos momentos en los que el zar lituano perdió los papeles y acabó lanzándole un alevoso puñetazo a Nakic. En 1993, fue Maljkovic y su correoso Limoges los que le separaron de la Euroliga con una tela de araña defensiva que volvió loco al Real Madrid en las semifinales de Atenas. Solo dos años después, en Zaragoza, junto a Joe Arlauckas, pudo Sabonis redimirse. Después viajó a la NBA. Ahora, de vuelta, tenía la Final Four a apenas 40 minutos de distancia.

El partido fue bien para los de Kaunas. Prontas ventajas, mucha tensión en el Maccabi, que se jugaba la temporada y un Arvydas Sabonis imparable, 29 puntos, 9 rebotes, 3 asistencias, 4 triples y 36 de valoración antes de quedar eliminado por faltas. A falta de dos segundos, la clasificación podía darse por hecha: el Zalgiris ganaba por tres puntos de diferencia (91-94) y Giedrius Gustas disponía de dos tiros libres para sentenciar el encuentro. Lo que necesitaba el Maccabi no era un solo milagro sino una sucesión improbable. Lo que necesitaba el Maccabi era que Gustas fallara los dos tiros libres, que en el segundo no hubiera rebote y no se perdiera tiempo porque Tanoka Beard hubiera entrado en la zona, y que del saque de fondo posterior saliera un pase de béisbol de unos 25 metros para que Derrick Sharp anotara un triple desesperado, sin equilibrio, con una mano delante, sobre la bocina.

Lo que necesitaba el Maccabi era exactamente lo que terminó sucediendo.

La cara de Sabonis en el banquillo era de una incredulidad total. Con el pelo cortado a cepillo, sin el bigote que se afeitara años atrás, claramente avejentado por más de 20 años de baloncesto profesional, el pívot más importante del baloncesto europeo contemporáneo quería matar con la mirada a Gustas, a Beard, a Sharp… a todos los que se habían conjurado para quitarle la gloria. El Zalgiris no fue rival en la prórroga y el Maccabi no solo ganó aquel partido sino que se paseó en la final para ganar su primer título europeo en 23 años.

Sabonis abandonó el Nokia Arena —“La Mano de Elías”, para los nostálgicos— cojeando como siempre y con la idea de la retirada en la cabeza. No se oficializaría hasta el año siguiente porque el lituano era un hombre sin prisas. Un genio calmado por la vida y las lesiones. Soviético de la vieja escuela, fervoroso patriota lituano, en su última temporada en Europa —la que cualquier otro se hubiera tomado como una gira de aplausos y reconocimientos— había promediado 16,7 puntos y 10,7 rebotes para una valoración media de 26,3; la más alta de todos los competidores.

De nuevo, Sabonis había conseguido que lo difícil pareciera fácil, esa fue siempre su principal virtud. Su falta de aparatosidad, su dominio del juego en lo colectivo y en lo individual. Un hombre que te ganaba con un mate, un rebote, un tapón, una asistencia o un triple. Un año después de la retirada, charlando con el recién nombrado seleccionador español, Pepu Hernández, no pude evitar preguntarle cuál era el mejor rival al que se había enfrentado nunca entrenando al Estudiantes. Puede que esa pregunta ahora no tenga mucho sentido, pero hablamos de los años en los que el Estudiantes jugaba Final Fours. Su respuesta, sin dudarlo, fue: “Sabonis. No había manera de pararlo”. No, no había manera. No la había en 1982 y no la había en 2004, aunque obviamente el jugador ya no era el mismo.

Del Mundial de Colombia al Mundial de España: la explosividad juvenil

Sabonis era un chico de 17 años que superaba los 2,10. Era complicado que pasara desapercibido, incluso dentro de un modelo que producía constantemente hombres interminables como Tkachenko: rocosos, fajadores, hieráticos… en una palabra, ordenados soviéticos con la presión de las autoridades siempre detrás. Como juvenil había deslumbrado en una gira por los Estados Unidos ante distintas universidades, siendo proclamado por el legendario Bobby Knight como “el mejor pivot joven no americano”. Su debut en la primera división soviética, con el Zalgiris de Kaunas, había sido bastante impresionante: titular casi desde el principio, un soplo de aire fresco dentro del siempre enrarecido ambiente de la liga de la URSS. Durante décadas, el CSKA de Moscú, no solo dominaba en las canchas sino en los despachos, haciéndose con los mejores jugadores de los demás equipos y sirviendo de base para la selección soviética.

El Zalgiris tenía que vivir con ello y, de hecho, no ganaba un título desde los años 50. En 1980 fue subcampeón de la URSS y eso sirvió para poner al baloncesto lituano de nuevo bajo los focos. Todo ello sin duda ayudó a que Aleksandr Gomelski decidiera seleccionar a Sabonis para el Mundial de Cali. Los soviéticos tenían muchos más reparos que los yugoslavos a la hora de tomar riesgos, pero aquella selección tenía margen de error: en plena transición del equipo que, liderado por Belov, ganara la medalla de oro olímpica en 1972, la Unión Soviética había parado a la generación de oro balcánica en los Europeos de 1979 y 1981, aunque hubiera caído ignominiosamente en sus propios Juegos Olímpicos de 1980, y se presentaba como gran candidata al título de Campeón del Mundo, con la única resistencia que la selección estadounidense de Doc Rivers y John Pinone pudiera ofrecer.

Sabonis ya era por entonces un jugador impresionante: pese a su juventud, aquel chico estaba perfectamente formado. Alto, delgado, fibroso y ágil, un rasgo poco común entre los pivots soviéticos, el adolescente disfrutó en Colombia de sus primeros minutos de fama, aunque fueran muy escasos, pues la rotación soviética estaba bien definida: Lopatov, Tkachenko, Tarakanov, Belostenny… Su única derrota en todo el torneo llegó ante Estados Unidos en la liguilla clasificatoria, pero en la final se tomaron cumplida revancha con un agónico 95-94. El papel de Sabonis, como decíamos, fue testimonial, pero su sola presencia ya anunciaba algo grande.

El aprendizaje continuó en los años siguientes, con los ojeadores estadounidenses ya tras sus pasos. Repitió convocatoria con la selección para el Europeo de 1983 tras su gran actuación en el Mundial Junior de Palma de Mallorca pero su papel volvió a ser discreto. En 1984, la decisión de Andropov de boicotear los JJOO de Los Angeles nos privaron de observar su evolución de primera mano y hubo que esperar a Sttutgart, en 1985, para ver la versión más atlética y poderosa de Sabonis: la URSS no solo ganó el torneo con cierta suficiencia sino que Arvydas fue elegido MVP con solo 20 años, constituido en el eje del triángulo lituano que formaría con Kurtinaitis y Chomicius y que tantos éxitos le daría a la selección y al Zalgiris. Años después, se sumaría un jugador clave, diferenciador: Sarunas Marciulionis.

En aquel Europeo, Sabonis abrumó con su juventud y su potencia. Era distinto incluso en su aspecto: melena al aire, contundente bigote propio de la aldea gala de Asterix. El veinteañero podía taponar, rebotear y tirar de tres con facilidad… pero su punto fuerte era la agilidad y la capacidad para culminar el contraataque. Verle correr la cancha botando desde sus 2,20 o recibir el balón en la línea de tiros libres en plena transición para acabar en un violento mate apuntaba a un estrellato inminente, el más brillante que ningún jugador europeo hubiera alcanzado jamás. Los Atlanta Hawks le seleccionaron en el “draft” de la NBA aquel verano, pero, al ser menor de 21 años, la elección se anuló, para provecho de los Portland Trail Blazers, que consiguieron sus derechos un año después utilizando su primera ronda, algo casi inédito en los tiempos en los que los europeos eran auténticos apestados en Estados Unidos y ni siquiera Drazen Petrovic conseguía la atención que se merecía.

En solo un par de años, Sabonis pasó de ser una promesa ilusionante al segundo jugador más dominante del continente: su Zalgiris acabó con la dictadura del CSKA y consiguió tres ligas consecutivas: 1985, 1986 y 1987. Precisamente el primero de esos tres títulos permitió a Sabas jugar la Copa de Europa por primera vez y su debut no pudo ser mejor: gracias a su victoria contra el Real Madrid de Corbalán, Wayne Robinson, Brian Jackson y compañía, los lituanos se plantaron en la final ante la todopoderosa Cibona de los hermanos Petrovic. Frente a frente quedaban los dos mejores post-adolescentes surgidos en décadas: Drazen frente a Arvydas. El campeón frente al aspirante. El histrión frente al hombre calmado y silencioso.

La victoria fue para los balcánicos. Meses después de aquella final, Petrovic y Sabonis volverían a encontrarse, esta vez en las semifinales del Mundobasket de España, en el Palacio de los Deportes de Madrid. La historia, entonces, sería diferente.

Una carrera en peligro: las misteriosas lesiones de 1986 y 1987

Pese a contar con solo 21 años, Sabonis era ya una referencia mundial. El juego de la URSS giraba a su alrededor y su paso a la NBA se daba por hecho, solo obstaculizado por la eterna burocracia soviética, que acababa de ver cómo un joven Mijaíl Gorbachov llegaba a la presidencia del país prometiendo cambios tranquilos. Los rumores de lesiones y molestias aparecían de vez en cuando, obligándole a llevar una aparatosa rodillera, pero él seguía destrozando tableros y corriendo como un gamo. En el último partido de la final ante el CSKA de Moscú, parece que sintió algo distinto, doloroso: un golpe seco en la parte de atrás del pie, el tendón de Aquiles. Nadie le dio importancia entonces, pero aquello era un primer aviso.

Llegó a España en el verano de 1986 con su melena juvenil que recordaba a los cantantes de Bon Jovi, Europe, Guns and Roses… Olía a espíritu adolescente. Había afeitado su bigote y el rojo le sentaba de maravilla. Como eran los mágicos 80 madrileños, aquella época de reacción a la reacción, Sabonis y la URSS pronto fueron acogidos como héroes locales. Si Sabonis estaba lesionado, no lo parecía. Cierto es que el coronel Gomelski limitaba en ocasiones sus minutos de juego pero es que aquel equipo tenía demasiada calidad como para fijarla en un solo quinteto: a los ya conocidos Kurtinaitis, Chomicius, Belostenny , Valters, Tarakanov… había que sumar a Volkov, Sokk o Tikhonenko, un tirador letal.

La Unión Soviética se plantó en semifinales después de ganar sus diez partidos en Ferrol y Barcelona, con unas diferencias y unas anotaciones escandalosas. En la capital esperaba Yugoslavia, su bestia negra de los 70. Petrovic era el hombre más odiado del planeta y Madrid era el epicentro de ese odio. Los yugoslavos estaban también en plena transición, incorporando jóvenes jugadores como Divac o Vrankovic, a los que luego se juntarían los Paspalj, Kukoc, Radja y compañía.

Yugoslavia ganaba fácil: nueve puntos arriba a falta de un minuto, pero el público seguía animando a la URSS. Los jugadores plavi celebraban en el banquillo cuando Sabonis anotó a tabla un triple a priori intrascendente… Nada más sacar de fondo, con la mente ya en la final, Tikhonenko robaba y anotaba otro triple desde la esquina. En un abrir y cerrar los ojos, la URSS se colocaba a tres puntos con algo más de medio minuto por jugar. Eran otros tiempos: Yugoslavia podía permitirse agotar la posesión a base de forzar faltas y negarse a tirar tiros libres. Los soviéticos se desesperaban: una falta, dos faltas, tres faltas… La presión era constante pero poco fructífera, los yugoslavos se manejaban como peces en el agua en estas situaciones.

Hasta que Cutura cometió un error impropio a falta de 15 segundos y ese error no fue otro que sacar de fondo y pasarle el balón a Vlade Divac, 18 años, nervioso como un flan. Divac recibió y se lio a botar. Tanto se lio que cometió dobles. En la jugada posterior, Valters aprovechó un bloqueo directo de Sabonis para empatar el partido. En la prórroga, la URSS se impondría cómodamente y ganaría el pasaporte para disputarle a los Estados Unidos el título, como en Colombia… solo que esta vez David Robinson, Tyrone Bogues y sus chicos conseguirían llevarse la victoria.

Nadie podía imaginarlo pero aquel verano de 1986 fue el último en el que vimos al gran Sabonis.

Sobre cómo se produjo la rotura definitiva del tendón de Aquiles se han oído muchos rumores. Según la prensa soviética se cayó por unas escaleras; según otros, la caída se produjo motivada por la rotura previa. Se echó la culpa a la mala suerte por no reconocer una obviedad: a aquel chaval se le venía forzando por encima de sus posibilidades. A los 21 años, Sabonis había disputado dos mundiales y dos europeos, no había tenido el descanso necesario durante el verano y acusaba el lógico aumento de peso y musculatura que sus articulaciones no podían soportar con la misma facilidad.

Empeñados en negar la realidad, ese hábito tan soviético, Sabonis siguió jugando partidos sueltos a lo largo de la temporada 1986/87, aunque visiblemente mermado. Los tratamientos “conservadores” no parecían funcionar para desesperación de los directivos de Portland, enfrascados en una eterna negociación con las autoridades rusas por su fichaje. El empeño en explotar al caballo de carreras hasta el último aliento fue desolador: Sabonis se perdió el Eurobasket de 1987 y solo cuando sus problemas se habían extendido a talón, tobillo y rodilla y su carrera realmente estaba en peligro, la Unión Soviética autorizó su viaje a Portland, donde se le operó, colocándole una prótesis que le acompañaría el resto de su vida y que dificultaba muchísimo sus movimientos.

Sabonis regresó a casa en 1988 dispuesto a prepararse para los Juegos Olímpicos de Seúl, los primeros para su selección en ocho años. Pocos tenían confianza en que aquel jugador de apenas 23 años pudiera ser una sombra siquiera de lo que había sido en 1985.

La vuelta por todo lo alto: Seúl y el Fórum Filatélico

Mucho se ha hablado de cómo llegó Sabonis a los Juegos Olímpicos de Seúl. Por un lado, los problemas políticos de Lituania ya estaban presentes. La “perestroika” de Gorbachov había dado rienda suelta a reivindicaciones políticas y nacionales de todo tipo, agravios que venían del estalinismo y el leninismo y que por fin encontraban un cauce. Las repúblicas bálticas empezaban a formar los parlamentos que después declararían su independencia de manera unilateral y aquel equipo soviético dependía por completo de sus estrellas lituanas.

Sin embargo, ni las lesiones ni el desafecto político iban a detener a Sabonis. En 1980 era un crío y en 1984 se encontró con el boicot. 1988 era su año y se encontraba con tres rivales: la Yugoslavia de Petrovic, más los chavales de Jugoplastika y Partizán; los Estados Unidos encabezados por Dan Majerle, Danny Manning o David Robinson… y las serias dudas sobre su estado físico. La URSS podía ganar con un Sabonis al 100% pero nadie esperaba que estuviera siquiera al 50%.

La cosa se quedó en un punto medio. Sabonis no arrasó pero sí fue decisivo en aquellos Juegos Olímpicos. Lo fue especialmente en las semifinales ante Estados Unidos, donde anotó 13 puntos y cogió 13 rebotes, complementando perfectamente a Marciulionis, la verdadera estrella de aquel campeonato, y se fajó con David Robinson todo lo que pudo, aunque el estadounidense se fue a los 19 puntos y 12 rebotes en solo 23 minutos. Aquel Sabas, de nuevo con bigote, de nuevo con melena, pero mucho más limitado en el uno contra uno, con dificultades para atacar el aro más que recibiendo el pase doblado de un compañero, tenía que reinventarse a los 23 años y aquel fue el primer paso.

La medalla de oro, frente a Yugoslavia en la final, el último gran partido que perderían los Kukoc y compañía en cuatro años, fue la culminación de un trabajo titánico. Solo estar en Corea ya era un éxito para Sabonis; volver con el oro a Kaunas después de 20 puntos, 15 rebotes y 3 tapones en el partido decisivo, un sueño. Aquellos Juegos cambiaron por completo el baloncesto contemporáneo. Estados Unidos se dio cuenta de que no podía seguir compitiendo con universitarios a ese nivel y decidió empezar a dar forma al proyecto “Dream Team” que fructificaría con la exhibición de 1992. Por otro lado, los jóvenes jugadores soviéticos y yugoslavos empezaron a saltar progresivamente a la NBA. Primero, Marciulionis, Volkov, Petrovic y Divac, luego Radja y Paspalj… Kukoc esperaría hasta 1993 y el propio Sabonis hasta 1995.

Mientras tanto, el lituano tenía otros planes: asentar su físico para volver a dominar Europa y huir cuanto antes de la Unión Soviética.

Lo primero lo consiguió rápidamente: la temporada 1988/89 fue de transición en el Zalgiris. Sabonis era un jugador más inteligente aún, muy consciente de sus limitaciones y que necesitaba descansos prolongados, pero aún imparable cuando estaba fresco físicamente. Mejoró su tiro de tres, su capacidad de pase y sus movimientos defensivos. En lugar de rendirse, luchó para ser otro jugador pero igual de infranqueable. En el verano de 1989, la URSS viajó a Zagreb para intentar hacerle frente a la anfitriona Yugoslavia en el Eurobasket pero cayó en semifinales ante la Grecia de Nikkos Gallis, la misma que le había derrotado en la final dos años antes. Sabonis cumplió, como siempre, pero se palpaba la desgana, la desmotivación, la disidencia. Aquella bandera no era su bandera, aquel país al que representaba era el enemigo potencia del país que le había criado.

Después de muchos años intentándolo, ese verano, por fin, el lituano pudo salir de la URSS, aunque no se permitió su marcha a los Estados Unidos, todavía el gran enemigo político. A cambio, un hábil empresario, Gonzalo Gonzalo, presidente del modesto Forum Filatélico de Valladolid y posteriormente del equipo de fútbol de la misma ciudad, consiguió que la gran estrella europea se fuera a jugar a la ACB junto a su inseparable Valdemaras Chomicius, al que luego sustituiría Tikhonenko. Alrededor de ellos dos, construyó un equipo más que interesante, con la vuelta de Juan Antonio Corbalán a las canchas después de dos años retirado, o la presencia de jóvenes estrellas como Miguel Ángel Reyes, Lalo García o el polémico Miguel Juane.

En Valladolid se pellizcaban y no se lo creían. De la noche a la mañana tenían un equipo que era la envidia de Europa y que estuvo a punto de conquistar una Copa Korac ante el todopoderoso Il Messagero de Roma encabezado por Dino Radja. Sabonis tuvo tres años esplendorosos, con bigote y sin bigote, con melena y sin melena, sus dos rodilleras siempre acompañándole, algo hinchado pero más listo que nunca. El primer año promedió 23,3 puntos y 13,4 rebotes más casi 4 tapones por partido. Todo esto, visiblemente cojo. En su segunda temporada se fue a los 18,4 puntos y 10,5 rebotes, aunque con algún problema de lesiones, y se despidió de Pucela con una última temporada magnífica: 21,8 puntos, 13,3 rebotes y una media de 31,1 de valoración por partido.

Con 27 años, Sabonis tenía que volver a plantearse si ir a Estados Unidos o quedarse en Europa. Valladolid se le quedaba pequeño, pero las dudas de Portland seguían presentes: ¿Aguantarían sus rodillas y tobillos la exigencia de 82 partidos de liga regular más play-offs?, ¿merecía la pena correr el riesgo? Instalado ya en España, habituado a una cultura tan distinta de la báltica y liberado ya, como su Lituania natal, del yugo soviético, Sabas encontró un punto medio ideal: el Real Madrid, al que acudiría como salvador después de seis temporadas sin conseguir la liga, algo inédito en la historia del club. Ramón Mendoza necesitaba un héroe para su sección de baloncesto, alguien que pudiera revitalizarla y lo apostó todo por el lituano. A posteriori, queda claro que hizo muy bien.

Los años del Real Madrid: Liga, Copa y Euroliga

El Sabonis que llegó a Madrid en el verano de 1992, después de debutar con la nueva selección lituana en los Juegos Olímpicos de Barcelona y conseguir una meritoria medalla de bronce, no recordaba en nada al que rompía tableros en los Torneos de Navidad ocho años antes. Pesaba más, estaba más lento, tenía vendas en cada parte de su cuerpo y la arrogancia de sus mates juveniles había dado paso a un liderazgo silencioso, mágico, indurainesco. Aquellos tres años en el Real Madrid fueron probablemente los mejores de su carrera, desde luego no a nivel físico, pero sí en cuanto a comprensión del juego, a dominio de cada faceta del deporte.

En mi vida de aficionado al baloncesto, incluso como aficionado al Estudiantes, el eterno rival del Madrid, nunca he visto nada parecido. Sabonis se ganaba el respeto de todos, anotaba incluso desde el suelo, reboteaba como un animal, siempre a base de ganar la posición con inteligencia, manejaba su cuerpo a la perfección, pasaba con una mano, con dos manos, en bote, en suspensión. Aquel hombre era una exhibición táctica en cada partido y todo sin hacer ruido, sin más aspavientos que su desesperación cada vez que dos o tres defensores se le colgaban encima y la falta le acababa cayendo a él.

Sabonis no solo imponía respeto, imponía miedo. Consiguió en el Real Madrid lo que Petrovic no pudo en su día: ganar la liga, en cinco partidos, al Joventut de Lolo Sainz y Jordi Villacampa. También ganó la Copa, ante el mismo rival. En la Euroliga, se clasificó para la Final Four y solo la trampa táctica de Bozidar Maljkovic le derrotó en un partido infame de todo el equipo. Sus números lo dicen todo de aquel año, jugando en uno de los grandes de Europa: 17,1 puntos, 11,5 rebotes en liga regular… y 18 puntos con 13,7 rebotes en play-off, rozando los 30 de valoración.

El equipo se había quedado a dos partidos del triplete. Clifford Luyk dirigía al equipo desde el banquillo, Isma Santos se ocupaba de la estrella rival y Antonio Martín encabezaba un grupo de españoles veteranos del que también formaban parte los Biriukov, Romay, Llorente y compañía. En la temporada 1993/94 llegó Joe Arlauckas y se formó probablemente la mejor pareja de extranjeros de la historia reciente de la liga ACB. Arlauckas era todo lo contrario a Sabonis y por tanto su complemento ideal: agresivo, retador, furioso, anotador compulsivo y en ocasiones egoísta, un competidor descomunal que bien tiraba de cuatro metros como machacaba a una mano un contraataque de manera rabiosa.

La conexión Arlauckas-Sabonis dio otro título de ACB al Real Madrid y le daría una Euroliga al año siguiente, la primera en 15 años, la última hasta la fecha. El lituano estaba en su plenitud, con partidos como el del Coren Orense donde alcanzó los 66 de valoración (32 puntos y 27 rebotes), pero la cabeza de todo el equipo, ya con Zeljko Obradovic en el banquillo, estaba en la defensa. Una defensa encabezada por Santos y García Coll, dos jornaleros, más Antúnez, otro portento físico, y Jose Lasa, un base cerebral. El ataque quedaba en manos de Joe y Arvydas y con eso bastaba. El Madrid no ganó la ACB pero Sabonis consiguió sus mejores números de su carrera en España: 22,9 puntos y 13,2 rebotes para una media de 34,2 puntos de valoración por partido.

Nadie ha vuelto a hacer una animalada semejante.

En Europa, como ha quedado dicho, Obradovic volvió a llevar al equipo a la Final Four, esta vez en Zaragoza. El rival, como dos años antes, el Limoges, al que batió fácilmente, dejándolo en apenas 49 puntos. La final le enfrentaba al multimillonario Olympiakos de Volkov, Tarlac, Sigalas y el anotador compulsivo Eddie Johnson. No fue un partido brillante, pero tampoco fue necesario: el Madrid dominó de principio a fin y se impuso 73-61. Arlauckas anotó 16 puntos, Sabonis, 23 con 7 rebotes y una gran defensa sobre Fassoulas y Tarlac. El “Zar” había ganado un Mundial con 17 años, un Europeo con 20 y unos Juegos Olímpicos con 23. Ahora tenía en su palmarés, por fin, la Euroliga, la que el fallecido Petrovic le quitara en 1986. ¿Qué reto le quedaba en Europa? Ninguno.

Tras un Eurobasket 1995 espectacular, en el que Marciulionis y él plantaron cara hasta el final a la todopoderosa Yugoslavia de Djordjevic, con 20 puntos, 8 rebotes y amargas lágrimas en la cara tras su expulsión por una técnica dolorosísima que a punto estuvo de provocar la retirada de los lituanos del partido, Sabonis, a punto de cumplir los 31 años, se decidía por fin a dar el salto a la NBA.

La NBA, o cómo dejar claro que habría podido ser el mejor pívot de su época

Era extraño ver a un rookie treintañero y con tantos títulos a sus espaldas. Un rookie que provocara tanto respeto en todos lados. Sabonis había derrotado a los Estados Unidos en Seúl y los había puesto contra las cuerdas en España. Su nombre sonaba para los Blazers desde el verano de 1986, diez temporadas esperando la llegada del hijo pródigo, quien, por inseguridades, lesiones o simple comodidad se negaba a dar el salto. Ahora, después de la mejor temporada de su vida, sí se sentía preparado y en Portland le esperaban con los brazos abiertos.

Aquellos Blazers seguían la estela del equipo que fue dos veces finalista en 1990 y 1992 y contaba con excelentes jugadores como Rod Strickland o Cliff Robinson pero tenía grandes problemas en la pintura y sobre todo en la lectura del juego. Sabonis complementaba las exuberancias físicas de sus compañeros con sentido común y trabajo en equipo. Había pasado por todo eso antes: a diferencia de Petrovic, que necesitaba el protagonismo continuamente, la lesión obligó a Sabonis a confiar menos en sí mismo y más en sus compañeros.

Pese al respeto, da la sensación de que en la NBA no eran conscientes de lo bueno que seguía siendo Sabonis. Probablemente lo habrían visto en los Juegos Olímpicos durante su época de espigado y fibroso y se sorprenderían al verlo más lento y fondón, pero Sabas dejó las cosas claras desde el principio: como rookie, promedió 14,5 puntos y 8,1 rebotes… ¡en 23 minutos! PJ Carlesimo, su entrenador por entonces, le regulaba lo máximo posible porque era imposible que un hombre de 220 centímetros, 125 kilos y los pies destrozados aguantara el ritmo de toda una temporada si se le forzaba como le forzaron en sus años de juventud en la URSS, que tanto lamentaría después. Si no fuera por esa limitación de minutos, a nadie le cabe duda de que Sabonis habría conseguido el galardón de novato del año por delante de Damon Stoudemire. Pese a todo, sí entró en el quinteto ideal.

Sabonis siguió creciendo como creció su equipo. A la juventud imperante se le fueron añadiendo talentos puros como Rasheed Wallace, Steve Smith, Brian Grant, Bonzi Wells, Scottie Pippen… El lituano era la referencia de orden en un equipo que llegó a ser conocido como los Jail Blazers por los continuos problemas de sus jugadores con la justicia. Su mejor temporada sería la 1997/98, con 17 puntos, 10 rebotes y 3 asistencias de media. La única en la que superó los 30 minutos de juego. ¿Se imaginan dónde habría llegado este jugador con 24 años, los pies sanos y 40 minutos por partido? Esa será siempre la gran pregunta.

Aquella temporada fue la última a altísimo nivel. La siguiente tuvo que lidiar con algunas molestias y la inevitable competencia de talentos más explosivos bajo los tableros. Sabonis tenía ya 35 años pero nadie se atrevía a quitarle su posición en el quinteto inicial. Ganador de todo en Europa, nunca estuvo más cerca del anillo que en 2000, cuando los Blazers estaban a un solo cuarto de eliminar a los Lakers en su propia cancha y acceder a la final contra los Pacers cuando se vinieron estrepitosamente abajo y desperdiciaron definitivamente su talento. A partir de entonces, el entusiasmo se acabó. Sabonis parecía un abuelo resignado entre tanto tiroteo y posesión ilegal de drogas, entre tanto gangsta rap, individualismo y técnicas de niñatos. Sus códigos eran otros. Sus códigos eran los soviéticos de 1982. En 2001 dijo basta y se retiró durante un año. Firmó con el Zalgiris pero no llegó a jugar ni un partido. Ese era el final de Sabonis para todos, merecido… Sin embargo, cuando los Blazers le llamaron en 2002, el lituano volvió a Portland para un último baile.

Blazers y Zalgiris, un adiós por todo lo alto

Los Blazers no conseguían encontrar un pívot mejor que Sabonis en ningún lado. Pese a sus lesiones, pese a su ya evidente lentitud en defensa, nadie podía dar 20-25 minutos de mayor intensidad que aquel veteranísimo de 38 años. En la mente de Paul Allen, el multimillonario propietario de la franquicia, estaba acabar por fin con la racha de los Lakers de Shaq, Kobe y Phil Jackson. Seguía teniendo a los Wells, Wallace, Davis, Stoudamire… y había añadido a dos jóvenes refuerzos: Zach Randolph y Ruben Patterson.

No funcionó.

Se fueron a las 50 victorias de nuevo pero cayeron en primera ronda de play-offs ante los Mavericks. Sabonis tampoco estuvo a la altura de las expectativas. Solo fue titular en un partido, su media de minutos bajó a 15, con unos promedios de 6 puntos y 4 rebotes. Fue una despedida amarga, un poco innecesaria, algo parecido a lo que hiciera Jordan con los Wizards. En total, como treintañero lesionadísimo, Sabonis jugó 521 partidos en la NBA. Sus promedios: 12 puntos y 7 rebotes en uno de los mejores equipos de la competición.

Volvió a Kaunas y se apuntó de nuevo al Zalgiris, sin saber si esta vez jugaría o no. Como hemos visto al principio, jugó y vaya si jugó. Se esperaba un Sabonis como el de su última temporada en la NBA: torpón, lento, desmotivado… pero no, Sabonis en Europa era Sabonis en Europa. MVP de la primera fase, MVP de la segunda, si no hubiera sido por aquel triple imposible de Sharp, ¿quién sabe si no hubiera ganado su segunda Euroliga justo el año de su retirada? Casi 17 puntos y 11 rebotes por partido justo antes de cumplir los 40, es decir, 22 años después de su imponente aparición en Cali.

Estuvo un año más deshojando la margarita. Te tiene que gustar mucho el baloncesto para soportar tanto dolor partido tras partido, año tras año. Te tiene que encantar. Lo que uno echa de menos en algunos de los jugadores actuales es ese divertimento, esa pasión. Para Sabonis el baloncesto lo era todo. Ganar lo era todo, o al menos competir hasta el final. Se planteó un nuevo regreso con 40 años. Sus estancias en Málaga, donde sus hijos crecían, levantaron rumores de un posible fichaje por el Unicaja, pero nunca se materializó.

Sabonis, sin hacer ruido, como casi toda su carrera, anunció su retirada, se otorgó a sí mismo un puesto más o menos testimonial en la directiva del Zalgiris y se dedicó a la buena vida. En septiembre de 2011, la vida le dio un nuevo susto en forma de infarto. Se recuperó rápidamente. El mundo del baloncesto respiró aliviado. Sabonis fue primero una bestia física, después fue un competidor brutal, pero siempre se distinguió como un jugador noble, respetuoso, admirado por todos. Una de esas figuras que trasciende su equipo y su deporte. La camiseta roja de la CCCP volando por encima del aro en busca de otro tablero que estallar, melena al aire, bigote poblado, el 11 ó el 15 a la espalda y por debajo de la camiseta roja otra camiseta roja, por si había dudas.


Santiago Segurola: “Lo que más me duele del fútbol actual es el maltrato al hincha”

Santiago Segurola ejerció durante siete años como redactor jefe de Deportes en el diario El País para a continuación ocupar el mismo puesto en la sección de Cultura, una experiencia de la que, según nos cuenta, salió con la mosca detrás de la oreja y los ojos muy abiertos. Como ya hay quien ve teoremas matemáticos, movimientos sinfónicos y el platonismo más puro en los pases de Xavi y los culebreos de Messi, se comprende sin dificultad que Segurola es lo más cercano al hombre del Renacimiento que podemos encontrar en estos tiempos modernos. Con él hablamos por tanto del canon cultural del siglo XXI: deporte y rock and roll. Del fin del hincha y del fútbol competitivo tal y como lo conocíamos. De Guardiola, Spitz y Phelps. De The Who o lo que queda de ellos. Y del Athletic, cómo no; el último reducto, una manera de entender la afición que está desapareciendo y quizá nunca volvamos a ver. Y como toda Era necesita su malvado, su Nerón, su Atila, su Robespierre, su Káiser Guillermo, alguien que haga tábula rasa de las maravillas de la civilización y deje sólo desolación a su paso, también sale a colación el portugués más famoso desde Vasco de Gama. Y se pronunció su nombre y del mar (Cantábrico) no salió la bestia de siete cabezas, cada una con siete cuernos y sobre ellas el nombre de blasfemia…. Mmmmh, curioso.

¿Hasta qué punto influye el deporte en la cultura? Es decir, desde el punto de vista del espectador, ¿se puede considerar el deporte como cultura? ¿O simplemente es un pasatiempo?

Creo que el deporte está relacionado con las emociones, con las pasiones, con la niñez… y ahora mismo con la industria del espectáculo. No creo que se pueda llamar cultura, ni mucho menos. Digamos que lo que hay es un masificado divertimento social. El deporte ha adquirido en esta sociedad una preponderancia extraordinaria.

¿A qué se puede deber esta preponderancia? ¿Alguna vez en la Historia había sido el deporte tan importante?

El deporte siempre ha tenido una gran importancia social. La tuvo con los griegos y sus Juegos Olímpicos. La tuvo con los romanos mediante aquello que se denominaba circo y que no sé si podríamos llamar deporte, pero que tenía esa conexión popular con los juegos. En el Medievo se expresó a través de los tornes, por ejemplo. Y desde luego desde la Revolución Industrial, como vehículo de esparcimiento de la clase obrera y después impregnando a todas las clases sociales, en todos los países. Ahora es un hecho universal que además ofrece una tremenda derivada económica. Actualmente, junto con el cine y el videojuego es la gran industria del espectáculo.

¿Miras con nostalgia cómo se ha ido profesionalizando, cómo cada vez se ha ido convirtiendo más en un espectáculo?

No creo que la palabra adecuada sea nostalgia, pero hay cosas que no me gustan del deporte actual. Por ejemplo en el fútbol, y hablo del fútbol porque es el gran espectáculo deportivo actual, me molesta mucho la idea de que el hincha es prescindible, que el imprescindible sea el consumidor. El hincha, el aficionado que ha tenido esa relación más apasionada con el fútbol, es prescindible porque lo que interesa es el negocio puro y duro. Y el negocio ya no te lo proporciona el hincha de toda la vida cuando va al estadio. Los estadios se están convirtiendo en lugares de reunión para ejecutivos y gente de capacidad adquisitiva alta. Comienza a segregarse a los aficionados. Se le está impidiendo participar de aquello que ellos mismos crearon a principios del siglo pasado. Los estadios están repletos de palcos VIP para ejecutivos y grandes corporaciones. Eso me decepciona. Me parece una perversión relacionada con la estructura social contemporánea y con los intereses económicos. No voy a hablar de nostalgia, pero lo que más me duele ahora mismo es el maltrato al hincha.

¿En Inglaterra se cuida más al hincha?

En Inglaterra el hincha tiene algo parecido a la conciencia de clase. Tiene una conciencia colectiva más arraigada y hace valer sus derechos. Poseen una cierta mentalidad sindical en cuanto a su relación con los clubes, pero también les cuesta. Vemos lo que está pasando en el Manchester United, donde grupos de hinchas están en constante rebelión contra los Glazer, los propietarios del club. Cada vez es más caro ir al fútbol, cada vez los propietarios están más interesados en las relaciones con las grandes corporaciones y establecen unos precios inasumibles para el ciudadano medio. Da la impresión de que se construyen estadios para ricos.

El argumento que se suele emplear para defender esta industrialización del fútbol es que es imprescindible para generar los ingresos necesarios para contratar a las grandes estrellas, para tener las mejores plantillas y dar el mejor espectáculo.

Tampoco lo tengo muy claro. Siempre ha habido grandes equipos, pero digamos que era un fútbol menos fracturado, donde había posibilidades reales de lograr un título para media docena de equipos. Esto se ha acabado, y no sólo en España, donde todo prácticamente se reduce al Madrid y al Barça, sino en toda Europa. Se ha generado una oligarquía en el fútbol que es decepcionante, porque está eliminando la verdadera competición, al menos en los territorios nacionales. En Europa hay ocho o diez grandes equipos que han dominado en los últimos años y que van a seguir dominando cada vez más: Manchester Utd, Chelsea, Real Madrid, Barcelona, Milán, Inter, Bayern… y poco más. El resto es un fútbol sin expectativas, sin esperanzas, equipos que intentan llegar a ese estado aristocrático y no lo consiguen. Al contrario, se endeudan y se alejan cada vez más. El fútbol va hacia una nueva aristocracia que a mí me parece muy preocupante, porque no todo el mundo es del Madrid o del Barcelona, del Milán o del Inter, del Manchester o del Chelsea. Todos esos aficionados no vinculados con los grandes acaban sumidos en la frustración. Desde el año 90 hasta 2006, cinco equipos ganaron la Liga: Real Madrid, Barcelona, Atlético, Valencia y Deportivo. En los 80, la ganaron cuatro equipos: Real Madrid, Barcelona, Real Sociedad y Athletic. Y en los setenta otros cuatro. Eso está bien. Es una proporción justa. El Madrid y el Barça siempre han sido preponderantes, pero las diferencias de puntos que estamos viendo ahora son una barbaridad. Además es algo irreversible. Los derechos de televisión hacen que el Madrid y el Barcelona ingresen 180 millones de euros por temporada, mientras el tercer equipo está en 50 ó 60. Así es imposible. En España ya no existe la competición, que es el factor principal del deporte. Es un duopolio y nada más.

¿Se podrían aplicar topes salariales, como hacen en los EE.UU para precisamente proteger la competición, y por tanto el espectáculo?

En EE.UU intentan que haya una estructura competitiva muy cohesionada mediante dos fórmulas: los topes salariales y el draft universitario, que aquí tampoco existe. Ellos tienen un potentísimo deporte universitario que sirve como trampolín para el deporte profesional. Cada año los equipos profesionales más débiles pueden elegir los mejores deportistas universitarios, que es una manera sensata de equilibrar fuerzas, o intentarlo. Es decir, salvar la competición. Pero aquí no tenemos esa estructura universitaria ni esa tradición y, francamente, de aquí a 10 ó 15 años supongo que tendremos una Superliga europea, quizá mundial, para esta nueva oligarquía futbolística. El resto a ver cómo sobrevive. Es matar la relación local del hincha, con el equipo de su ciudad, de su entorno. Por lo que parece, a la Liga de Fútbol Profesional le importa muy poco. Lo de la LFP es un disparate, no acabo de entender qué papel juega. Parece que lo único que pretende es recaudar dinero y proteger a los dos más fuertes. Es un organismo incapaz de articular medidas convenientes para el fútbol.

¿Cuánto crees que puede durar esta edad de oro que está viviendo el fútbol español, concretamente la Selección? ¿Vamos a ser como Hungría y Polonia, que tuvieron una época de gloria que pasó más o menos rápidamente?

Polonia y Hungría no tenían dos equipos como el Barça y el Madrid. O como el Athletic, el Atlético, el Valencia… La estructura del fútbol español siempre ha sido muy potente. Tiene una población muy importante, tiene una liga potentísima… no tiene nada que ver con casos como el de Hungría. Se fundó la Copa de Europa y el Madrid la ganó cinco veces seguidas. Después la ha ganado el Barcelona. El Valencia, el Atlético y el Sevilla tienen títulos europeos. Otra cosa es que hasta ahora no se viera reflejado en los resultados de la selección. A veces pienso que el hecho de vivir en una dictadura significaba una ausencia de debate total, incluido el fútbol, y eso derivaba en una apasionada pero pobre cultura futbolística, con esa divisa terrorífica de la furia. O sea, cojones y españolía. En ese sentido Cruyff generó un debate que le enfrentó con el fútbol más carca, el que defendía el cuento de la furia y todo eso: el fútbol con dos cojones. Cruyff ayudó mucho en ese sentido, impregnó el gusto por el fútbol y fue contracultural, fue contra las ideas dominantes, primero en España y luego en el mundo. No fue el único. El Madrid de la Quinta del Buitre fue un gran precedente, un equipo amado por la gente y maltratado por la prensa. Mientras el mundo preconizaba un fútbol defensivo, los dobles pivotes, los carrileros, el contraataque, la táctica, más táctica —¡hasta Brasil se olvidó de los mediocampistas y se dio al doble pivote y la caja mágica!—… mientras todo el mundo iba por ese camino, España empezó a generar mediocampistas con gusto por la posesión, que trataban bien la pelota; España ocupó ese lugar que el resto dejó vacío. Si sigue por esa línea tendrá unas señas de identidad que son fundamentales en el fútbol, las que no tuvo anteriormente.

¿Qué te parece el fichaje de Cesc?

Me parece un excelente fichaje en contra de lo que mucha gente piensa. El Barcelona tiene muy buenos centrocampistas, pero Cesc añadirá una mirada un poco más larga, más cercana al área.

¿Cuáles son las mejores virtudes del Barcelona?

Es un equipo que sabe muy bien lo que quiere, muy compacto, con unos jugadores inteligentísimos. Y es tremendamente competitivo, rara vez verás al Barcelona perder una final. Tiene una capacidad ofensiva probada y una capacidad defensiva no tan aclamada pero extraordinaria, que se anticipa incluso a sus puntos débiles. Saben que sufren en algunas cuestiones, en las situaciones de balón parado, así que conceden pocas faltas alrededor del área y muy pocos saques de esquina. En ese sentido, la final de la Liga de Campeones fue ejemplar.

¿Y sus defectos?

Quizá sin Messi se vuelvan un poco más retóricos. Messi convierte un equipo extraordinario en un equipo monumental.

¿Qué papel tiene Guardiola en la formación de este equipo? ¿Era un equipo ya construido?

El Barça ya tenía una cultura, un método, pero el papel de Guardiola es sensacional, es el mejor entrenador que he visto nunca. Ha logrado hacer un equipo extraordinario, diferente, nadando a contracorriente. Además le ha dado esa capacidad defensiva que faltaba en el Barça de Cruyff y que no se acabó de concretar en el de Ryjkaard. Es, además, un Barça que ha profundizado en la cantera sin necesidad de hacerlo. Podía haber elegido la vía más común, la de los grandes clubes que se nutren casi exclusivamente del mercado mundial de fichajes. Frente a una idea hipercapitalista del fútbol, que representa el Real Madrid, el Barcelona ha construido un equipo con una cara más humana.

Alfredo Relaño nos comentaba no hace mucho que el real Madrid ha perdido su razón de ser con los grandes fichajes. Que hasta no hace mucho era el equipo de toda España, con jugadores que procedían de todas partes del país, y que ahora con los grandes fichajes eso se ha perdido. ¿Estás de acuerdo?

No sé si ha perdido su razón de ser, su razón de ser es otra y no sé dónde va dirigida. Era el equipo del pueblo por antonomasia, era la mitad más uno, era Boca Juniors, era el equipo de todos los lugares y de todas las clases. Y ahora veo un Madrid que quiere crecer en el mercado pero que está muy replegado, que se achica viendo fantasmas exteriores, conspiraciones. Es un Madrid que ha decidido vivir en el conflicto, y eso va contra su naturaleza. Ha adquirido una mentalidad de trinchera, y eso es malísimo para el institución. El Madrid siempre fue un equipo optimista, expansivo, dominante. Y ahora ha perdido esas señas de identidad. Supongo que volverán a ellas, pero no encuentran la manera de batir al Barcelona. El Madrid está sumido en un periodo de urgencias y angustia.

¿Qué papel juega Mourinho en este repliegue?

Mourinho es un personaje fascinante, complejo, listo, con el punto pueril de los chiquillos ruidosos y manipuladores. No comparto muchas de sus ideas y casi ninguna de sus actuaciones públicas, pero está claro que es un personaje más que relevante en el mundo del fútbol, quizá porque entiende muy bien los tiempos que corren: la necesidad de mandar un mensaje agresivo casi cada día, la necesidad de ocupar todos los espacios mediáticos, de proporcionar mensajes que se amplifiquen inmediatamente en la prensa y en las redes sociales, aunque sean contradictorios y tengan una rápida fecha de caducidad. Lo importante es el mensaje y su capacidad de difusión, de penetración social. Mourinho ha convertido el fútbol en un reality show, que es exactamente la fórmula que funciona. Basta echar un vistazo a la televisión. Eso lo hace muy bien, es muy astuto. También me parece un personaje temible por su comprobada capacidad para generar crispación, para funcionar como un personaje divisorio, no sólo en el mundo del fútbol, sino divisorio social, porque su figura trasciende el mundo del fútbol. Hablamos del hombre que acabó en un mes con el estado de felicidad en el que se encontraba el fútbol español tras la conquista del Mundial. Mourinho ha alimentado una bestia difícil de dominar. Y al Madrid lo ha convertido en club sumido en la infelicidad, o al menos en un stress galopante.

¿Le afectó demasiado el 5-0 de la pasada temporada?

Yo creo que sí y no había razón para ello. Se dramatizó demasiado y tampoco pasaba nada. El Barcelona le puede ganar 5-0 a cualquiera. El mismo equipo que perdió 5-0 en el Camp Nou hizo un excelente partido en la ida de la Supercopa y en la vuelta, donde sólo hubo un cambio en la alineación inicial: Coentrao por Marcelo.

Comparemos los números de la primera temporada de Mourinho en el banquillo del Real Madrid con los de Pellegrini. ¿Cree que es argumento de peso una Copa del Rey para que Mourinho siga dirigiendo al equipo o se ha dado más importancia a su manera de enfrentarse al entorno?

Es lógico que Mourinho tenga la oportunidad que Pellegrini no tuvo. Es un excelente entrenador, por supuesto, con un historial de gran nivel. Ha ganado casi todo en todos los sitios, con el Oporto y el Inter, y con el Chelsea, donde no pudo lograr la Liga de Campeones. Desde el punto de vista competitivo es un técnico que asegura un gran rendimiento. El Madrid necesita dar continuidad a sus entrenadores y no caer en el tremendismo que le ha caracterizado en los últimos años, donde ha sido víctima de sus urgencias, de su incoherencia. En el Madrid se habla de proyectos largos cada año, una contradicción que afecta sobre todo a Florentino Pérez, que ha hecho una cosa y la contraria desde que llegó al Madrid en 2000. En ese sentido, es un presidente decepcionante. Hemos visto el Madrid galáctico, el de los Zidanes y Pavones, el de Benito Floro y López Caro, el de la españolización en la temporada de Pellegrini con los fichajes de Albiol, Xabi Alonso y compañía, y el Madrid de Mourinho y la conexión portuguesa a través del superagente Jorge Mendes. El caso de Pellegrini es muy relevante porque desde el principio se encontró con la enemiga de Florentino Pérez y José Ángel Sánchez, actual Director General del club y, sin duda, el directivo con más poder en la historia del fútbol español. La campaña mediática contra el técnico chileno fue furibunda desde el primer día. Los mismos que dentro del club acusan de antimadridista a cualquiera que se atreva a criticar a Mourinho y sus actos, colaboraron para colocar a Pellegrini en una situación insostenible. Casi me pareció un acto de sabotaje interno, porque no hay manera de dirigir a un equipo cuando desde las altas instancias del club hacen todo lo posible por desprestigiarte. Me pareció milagroso que el Madrid, devaluado por la ausencia de Cristiano Ronaldo durante casi dos meses y de Kaká en el tercio final de la temporada, fuera capaz de apurar al Barça hasta el último partido, con 96 puntos y 103 goles, después de perder a Sneijder y Robben poco antes de comenzar el campeonato.

La rivalidad Barça-Madrid está alcanzando cotas históricas (histriónicas, incluso). Dígame, en su opinión, qué parte de culpa tienen los medios y qué parte de culpa tienen los propios clubes (sus dirigentes, sus entrenadores) ¿Cree probable, tal y como dijo recientemente Pep Guardiola, que acabarán haciéndose daño? ¿Llegará la sangre al río?

Guardiola apuntó algo que se sospecha desde hace tiempo: la tensión ha alcanzado límites intolerables. Si los dirigentes y el entorno mediático hicieran bien su trabajo, es decir no crisparan un ambiente que ya está suficiente caliente, las cosas mejorarían. Por desgracia, tiene razón. La situación se ha descontrolado tanto que puede ocurrir cualquier desgracia. Hace 16 años, el Madrid acabó con la hegemonía del Barça, que había ganado cuatro Ligas consecutivas, y terminó con el esplendoroso periodo de Johan Cruyff sin convertir el escenario en un lodazal. Lo  hizo con un equipo bastante humilde pero capaz de batir 5-0 a aquel Barça lujoso, el de Stoitchkov, Koeman, Romario, Guardiola y compañía, un equipo que hasta cierto punto podía competir en celebridad con el Barça actual. Lo hizo sin broncas, con una buena relación de los entrenadores, Cruyff y Valdano, y con un efecto durísimo para el Barça. Cruyff fue despedido un año después y el equipo se desmembró. En ese sentido, este Madrid, alimentado por el incendiario carácter de Mourinho,  no está a la altura de su tremendo prestigio en el mundo. Tampoco intimida al Barça. Al contrario, el Madrid está sacando lo mejor de un Barça que, lejos de estar saciado de éxitos, no baja un milímetro su nivel competitivo. Ahí están los datos: 12 títulos en tres años.

¿Es Messi mejor que Maradona?

Suelo decir que Messi es Maradona todos los días, y con más gol.

¿Juega para el Barça o el Barça juega para Messi?

La relación Barça-Messi, desde el punto de vista del juego, ha alcanzado el punto perfecto. El Barça obtiene lo mejor de Messi. Y al revés: Messi no encontrará un mejor equipo para ofrecer su inigualable repertorio. El fútbol tiene ecosistemas muy delicados que conviene administrar con mucho cuidado. Lo sabe Guardiola y lo sabe Messi, sufriente en la selección argentina, donde no encuentra la complicidad que necesita en el campo. Desde que llegó, Guardiola ha hecho todo lo posible por convertir a Messi en el eje central del juego del Barça. Le sacó de la banda derecha, le trasladó a una zona de mayor participación, le quitó los egos de Ronaldinho, Eto’o e Ibrahimovic, le despejó cualquier obstáculo por el camino. En ese aspecto, Guardiola no solo ha sido muy inteligente, sino extremadamente generoso. Son muchos los entrenadores que pretenden estar por encima de los jugadores y someterles a situaciones que convienen a los técnicos y menos a los futbolistas. Guardiola ha sido una bicoca para Messi, pero la respuesta del jugador ha sido grandiosa.

Aparte de Messi y Maradona ¿qué jugador es el que más te ha impresionado?

Cuando yo era adolescente, me gustaba Cruyff. Luego, Maradona, por supuesto. Ronaldo, el auténtico, me ha parecido excepcional. Messi está a la altura de los cuatro o cinco mejores de la historia. Por lo demás, recuerdo a Platini, Beckenbauer, Bobby Charlton, Van Basten y unos cuantos brasileños, Gerson, Rivelino, Zico. De los españoles, Xavi, Hierro, Amancio, Iniesta y mi ídolo: Iribar. Siempre tuve debilidad por aquellos jugadores de la Liga inglesa que eran maravillosos en el campo y terribles fuera: George Best o Stan Bowles.

¿Te habría gustado ver jugar a algún equipo en particular?

(Muy decidido) Al Athletic de los años 30, el que ganó cuatro ligas. El de Lafuente, Iraragorri, Bata, Chirri y Gorostiza.

¿Cómo ves a Bielsa este año en el Athletic?

Maravillosamente, con la mayor esperanza del mundo. Está en el club adecuado para su personalidad y él es el entrenador adecuado para la personalidad del club. Espero que le vaya bien primero porque es mi equipo, y después porque es un gran entrenador. Cuando me preguntan sobre las personas que me he encontrado en mi vida como periodista y que más impacto me han causado, no tengo ninguna duda: son Bielsa y Rafael Azcona. Por lo demás, su ideario tiene que ver mucho con el fútbol europeo, con el Ajax de hace 15 años; un fútbol muy dinámico, muy agresivo, organizado. Deberían ser cualidades que le vayan muy bien al Athletic.

El que jugaran extranjeros en el Athletic ¿mataría un poco la identidad del club?

Eso es algo que la gente del Athletic tiene que decidir. Yo pienso que para ser como los demás y perderme en el anonimato, prefiero ser como soy. Es decir, me gustaría que siguiera así. Tampoco nos ha ido tan mal. El Sporting y la Real abandonaron sus señas de identidad y pasaron unos años malísimos, y la gente del Athletic en general defiende esta idea. Es el equipo de la gente, del barrio, del chico que conoces de la calle y que crees que algún día puede jugar en el Athletic. Es una idea romántica que te dice que con esfuerzo y talento puedes llegar a jugar en el Athletic… y eso ya no lo tiene nadie. Ojalá siga así 2000 años más.

Cambiando de tercio, ¿faltan estrellas en la NBA a la altura de las de finales de los 70, los 80 y principios de los 90?

A finales de los 70 la NBA estaba hecha una ruina y tuvo la suerte que aparecieran Larry Bird y Magic Johnson en los Celtics y los Lakers, que tradicionalmente eran los dos grandes equipos de la liga. Se dieron todas las circunstancias favorables: Hollywood y la clase trabajadora, costa Oeste y costa Este, negro y blanco, uno procedía de una ciudad industrial y el otro del campo… esas cosas. Funcionó todo tan bien que parecía escrito para una película. Si a todo esto se le añade Michael Jordan, de repente el mundo descubre la NBA y claro, es difícil mantener esa edad feliz. Pero no estoy de acuerdo con que haya crisis de buenos jugadores. Tenemos jugadores como Bryant, Le Bron James, Dwyane Wade, Kevin DurantTim Duncan ha sido fantástico. Shaquille también. Ha habido muy buenos jugadores, no sé si ha habido tan buenos equipos, pero ha habido y hay jugadores extraordinarios. Se produjo un horror al vacío cuando se retiró Jordan, pero ahora mismo tenemos 10 ó 15 jugadores que están a la altura de los mejores de los años 80.

¿Quién consideras que ha tenido más influencia en la NBA de hoy, el showtime de los Lakers o los Bad Boys de Detroit?

El showtime. Desde luego en cuanto a influencia popular. Entre los técnicos quizás haya tenido más importancia Chuck Daly, hasta el punto de que todos los técnicos le imitaban. Incluso Pat Riley terminó siendo una especie de Daly en Miami. Pero la imagen del baloncesto volador, la que está en la cabeza de la gente, es la del showtime de Kareem, Worthy, Magic…

¿Qué se podría considerar un buen año para Ricky Rubio en la NBA?

Que hubiera temporada de NBA, eso lo primero. No creo que tenga problemas de competencia en el puesto de base, no en los Timberwolves, pero no puede estar en el 30% de tiro, eso lo tiene que mejorar. Para que triunfe en la NBA tiene que estar entre el 43% y el 45% de tiro. Si no lo logra, no va a tener trascedencia. Para que te soporten un 38% o 40% pelado de tiro tienes que ser un fenómeno, un Allen Iverson. Condiciones tiene, pero tiene que alcanzar esos porcentajes en el tiro.

¿Sigue habiendo mucha distancia entre el baloncesto de la NBA y el europeo? ¿Cómo lo haría el campeón de la Liga europea en la NBA?

Lo haría mal. Un gran equipo europeo de ahora mismo puede ganar partidos concretos, pero no podría soportar una temporada de 82 partidos en plan competitivo. Quedaría el último o de los tres últimos.

¿Consideras que se ha perdido el espíritu del olimpismo? Con el profesionalismo, la celebración de los Juegos en China…

El olimpismo era muy hipócrita, y bajo su bandera del olimpismo se cometían muchos desatinos. Por ejemplo, los dirigentes podían castigar sin medallas o sin competir a un chico que había cobrado 100 dólares en alguna competición y, sin embargo, se permitía que compitieran los profesionales del Este encubiertos como coroneles o sargentos del ejército. Esto significaba que un chico de una universidad de EE.UU no podía seguir compitiendo una vez terminado su periodo estudiantil. Por eso casi todos los grandes atletas norteamericanos se retiraban con 22 ó 23 años, puesto que no había atletismo profesional ni podían participar en los Juegos. Así se perdieron verdaderas maravillas del atletismo. Durante décadas, el amateurismo fue una falacia que ocultaba un profesionalismo bajo cuerda. Todo eso cambió y creo que cambió para bien, porque si no habrían muerto los Juegos Olímpicos. Los JJOO tal y como los concibió el barón de Coubertin no tenían sentido ya en los años 60. Samaranch supo ver muy bien por dónde iba el negocio y lo sacó de la ruina más absoluta. La gente quería ver a los mejores en los Juegos Olímpicos. Querían ver a Larry Bird y a Magic Johnson, y los vieron. Lo que sí es cierto es que hemos entrado en un tiempo de codicia. En ese sentido los JJOO pueden morir de éxito, de gigantismo, preso de la misma burbuja que ha llevado a la economía a la crisis actual.

En cuanto al medio fondo, ¿la distancia que nos sacan los africanos es imposible de recortar?

Hay que tener cuidado con la mirada racista y simplona. Los africanos son muy buenos, pero hay un cierto abandono del fondo y el medio fondo en Europa. En ese sentido es interesante el resurgir del fondo y medio fondo estadounidenses. Si uno mira las carreras de 5.000, 10.000 y maratón encontrará cantidad de chicos blancos americanos: Wheating, Centrowitz, Solinsky, Hall, Tegenkamp… hay una cantidad increíble. No tienen las marcas de los kenianos, pero hacen unos registros muy interesantes. Hay una nueva fascinación de los americanos por el fondo, quizá tenga que ver con esa generación que está preparando Alberto Salazar en Oregón, no lo sé, pero demuestra que hay posibilidades. Y tampoco los kenianos están haciendo mejores marcas que las de Ovett, Cram, Coe o José Luis González. Nadie ha bajado de 3:30 este año, aunque Kiplagat está en condiciones de lograrlo en cualquier momento. En los años 80 diez europeos bajaban de 3.33 y se acercaban a los 3.30 minutos. Si hace treinta años se podía hacer, ¿por qué ahora no? Hay una resignación muy preocupante.

¿Qué tenía Mark Spitz que le falte a Michael Phelps?

Nada. Le sobra. Spitz fue maravilloso, pero no siempre fue el Spitz de Múnich 72. Le pudo el pánico en México 68. En una prueba fue 8º si mal no recuerdo. Sí, fue el primero en ganar siete medallas, tenía el aspecto de un actor de cine, fue el primero que se atrevió a hacer un guiño comercial con aquello de las zapatillas, tuvo un gran póster con lo de las siete medallas… bueno, fue un nadador fabuloso y además tiene el mito del que lo gana todo y se retira. Pero Phelps es extraordinario.

¿Es el mejor nadador que has visto?

Sin duda. Le vi en los JJOO de Sydney 2000 y ya fue el americano más joven desde los años treinta en clasificarse para unos Juegos Olímpicos. Era un niño de 15 años recién cumplidos y se plantó en la final de 200 mariposa. Pasó séptimo por los 150 metros e hizo los 50 últimos metros más rápido que nadie. Terminó quinto. Entonces pensé: este chaval va a ser un fenómeno. Menos de un año después estaba batiendo récords del mundo. Y ahí sigue 11 años después. A mí me parece un nadador extraordinario. No sé si no tiene el carisma de Spitz, pero es un genio. Y además, a diferencia de Spitz, que ganó todas las pruebas en Múnich con bastante facilidad, ha tenido algunas victorias dramáticas, como la de los 100 mariposa frente a Cavic en los Juegos de Pekín. Un genio.

¿Qué periodistas deportivos tienes interés en leer?

Alfredo Relaño, Ramón Besa, los reportajes y las entrevistas de Luis Martín para El País. Luis Martín me parece el mejor reportero que hay. Gerardo Riquelme, que trabaja conmigo en Marca. Los artículos de Golobart en La Vanguardia… hay muchos. Sámano, también. Y Jon Agiriano, uno de mis favoritos, en el Correo de Bilbao.

¿No se puede separar la faceta hincha de la profesional cuando se trabaja como periodista deportivo? ¿O es que simplemente se venden más periódicos siendo un forofo?

Claro que se puede, no hay ningún problema si eres un profesional. Eso es un problema del actual periodismo deportivo, que quiere convertirnos a los periodistas en bufones. Se nos ponen camisetas, se nos adjudican trincheras y parece que cada día tenemos que actuar como el personaje que han creado para nosotros o que nosotros mismos nos hemos creado. Es un periodismo decepcionante.

¿Ha ido a peor con los años?

No quiero ponerme doctrinario, la verdad. Pero a mí no me gusta el derrotero que ha tomado

En Barcelona a Eduardo Inda se le considera poco menos que Santiago Bernabéu, el paradigma del hincha merengón. ¿Qué tal se trabaja con él?

No sé cómo le verán los demás. Él era el director de Marca, tenía una visión del periodismo y en muchos aspectos no coincidíamos, pero era el director y le tocaba tomar decisiones. No me gusta entrar en cotilleos.

Cuando eras redactor jefe de Cultura en El País ¿con qué rama de la cultura te sentías más cómodo?

Pretendía sentirme cómodo con todas, pero no lo conseguí con ninguna. Me encontré con un mundo mucho más complejo que el del deporte y en muchos sentidos mucho peor que el del deporte. Era un mundo muy impermeable, hermético, con un periodismo a la carta, absolutamente ligado a la industria, que es una forma de mal periodismo. Esa supeditación a la industria cultural, extremadamente poderosa por otra parte, era deliberada, o cuando menos consentida. Los centros de decisión del periodismo cultural están en los despachos de la industria, en las discográficas, de las editoriales, productoras de cine…Ahí tiende a decidirse qué se escribe, cuándo se escribe y cómo se escribe. Es muy cómodo y gustoso vivir con esa relación de dependencia porque te cuidan muy bien. Y eso genera un periodismo de alfombra, acrítico, plano. Yo me he encontrado con gente maravillosa dentro del mundo de la cultura, pero también me he llevado una decepción muy grande con esa forma de tejer el periodismo: la industria decide y el periodista acata.

¿Lees con mucho escepticismo las secciones culturales?

Sí, pero también sé buscar los periodistas que valen muchísimo y los encuentro. Por ejemplo Antonio Lucas en El Mundo, o Javier Rodríguez Marcos, en El País, que me ayudó muchísimo y me abrió los ojos en muchas ocasiones. Pero tengo que buscarlos. Más que de escepticismo, mi reacción es de repliegue. Tengo cierto cuidado al leer las secciones de cultura.

¿Qué te gusta leer?

Cada día leo menos novelas. Leo periódicos, revistas… no creas que leo tanto.

¿Tienes algún autor favorito?

Me gustan mucho los americanos, la novela negra, Hammett, Chandler, aunque era inglés, Chester Himes. Disfruto con los perfiles de Truman Capote, con la picardía y la mala uva de Dorothy Parker. Por eso mismo también me gusta la francesa Colette. Hay un mexicano extraordinario: Jorge Ibargüengoitia. En general, me atrae mucho la limpieza con la que escriben los norteamericanos. Van directos al grano. Me gusta mucho esa frescura.

¿Qué tipo de música te gusta?

Nací en el 57 y comencé a escuchar pronto la música de los 60, porque tengo hermanos mayores. Escuchaba todos los domingos el programa de Ángel Álvarez en Radio Nacional. Me gusta mucho el pop inglés de los 60 y de los 90, el rock americano, aunque el soul quizás sea mi música favorita, sobre todo el soul de Memphis y Nueva Orleans. Soy aficionado porque la música me distrae de otras tensiones, me sienta bien.

¿Te parece que el rock tiene un cierto nivel cultural?

El rock es la música popular del siglo XX junto al jazz y al blues. De alguna manera representa otra manera de cumplir con el papel de los trovadores en otras épocas. Música para el pueblo llano. Han cambiado las tecnologías y hoy en vez de ir con una bandurria se va con una guitarra eléctrica. A mí esa idea un poco aristocrática de que la única música que tiene trascendencia es la sinfónica, la ópera y tal, no le veo mucho sentido. Me parece una idea elitista, discriminadora. No me gusta. Los años 60 no se entienden sin el pop y el rock y sus consecuencias sociales.

¿Fue el grunge el último estertor del rock? ¿Hay algo de los últimos veinte años que te guste?

Es que no quiero ponerme nostálgico… pero yo creo que el rock se corona alrededor del 71 ó 72, y después no es que se acabe todo, porque creo que el hip hop es un territorio fascinante, territorio que no he frecuentado. En cualquier caso, me importa poco si el rock ha alcanzado sus límites o no. Me lo paso bien y me sirve.

Dime cinco discos que consideres imprescindibles

Revolver (The Beatles), After the Gold Rush (Neil Young), What´s Going On (Marvin Gaye), Loaded o cualquiera de la Velvet, aunque no sé cuál de ellos. Pero más que el del plátano, me gustan los dos últimos. Y luego, como me gustan mucho los Kinks y los Who, no sé, me cuesta decidirme… quizás el Who´s Next (The Who)

El más moderno es After de Gold Rush, que es del 70 ó 71…

Del 71. Bueno, de ahora me gustan Wilco, el Summerteeth me parece un disco buenísimo, el Screamadelica de Primal Scream, el Loveless de My Bloody Valentine. Pensándolo bien son discos de hace más de 10 años, algunos de 20.

¿Irías a ver a los Who ahora?

No sólo iría, sino que fui cuando vinieron a España por primera vez, en julio de 2006. No había nadie en El País para cubrir la crónica, así que fui yo, que acababa de incorporarme a la sección de Cultura. Sólo estaban Roger Daltrey y Pete Townshend, con el hijo de Ringo Starr a la batería. Fue un concierto buenísimo, hice la crónica y además tengo el concierto en vídeo. Así que la respuesta ahí la tienes.

¿Te gustan todos sus discos?

No, todos no. Tuve muchas dudas con Quadrophenia, al principio no me convencía demasiado, pero luego supe apreciar unas cuantas canciones muy buenas. Pero su obra cumbre es Who’s Next, y quizá también el Live at Leeds. Pero Who’s Next es superior a todos, incluido Tommy.

Fotografía: Fernando Olalquiaga